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El Applied Behavior Analysis (ABA por sus siglas en Inglés) o Análisis conductual

aplicado (ACA) es uno de los modelos de intervención de base cognitivo

conductual mayormente empleado para el tratamiento de los síntomas

característicos de los trastornos del espectro autista mediante el uso de

programas especializados, fomentando el desarrollo de nuevas conductas y

habilidades en sujetos que portan esta condición (Ale, 2010).

Este método creado y desarrollado por Ivar Lovaas también se conoce con el

nombre de “Manejo de contingencias” se aplica, de igual manera, en diversas

patologías y ha mostrado ser la intervención más efectiva en trastornos del

espectro autista (Schreibman, 1988; Smith, 1993; Newson & Rincover, 1989;

citados en Matos & Mustaca, 2005),

El análisis conductual aplicado surgió como un enfoque terapéutico basado en

la utilización de los principios del aprendizaje y la conducta descubiertos por

medio del análisis experimental de la conducta (Fisher, Groff & Roane, 2012).

Varios trabajos evidencian que la intervención basada en estos principios

comparada con otros tratamientos, produce mejorías importantes y duraderas en

una gran proporción de personas con trastorno del espectro autista, logrando un

incremento en sus habilidades intelectuales, emocionales, académicas y

sociales, permitiéndoles aprovechar mejor las posibilidades que le brinda el

medio social y educacional (Matos & Mustaca, 2005).

Este modelo básicamente ayuda a los niños/as a aprender nuevas habilidades,

incrementar, mantener, generalizar o transferir conductas a otras situaciones,

asimismo se interviene en pos de restringir, reducir o disminuir las condiciones

en donde ocurren conductas desadaptativas (Salvadó, Manchado, Palau,

Rosendo & Orpí 2005 citados en Mulas et al., 2010).


Análisis Conductual Aplicado (ABA) es un tipo de intervención conductual,

creado en la década de 1960, siendo el Dr. Lovaas uno de sus mayores

exponentes. Sus programas implican un entrenamiento exhaustivo y altamente

estructurado (Mulas et al., 2010), con el objetivo de enseñar nuevos

comportamientos y habilidades principalmente sociales, emocionales y

comunicativas, así como de erradicar conductas inadecuadas (Güemes et al,

2009). Por ejemplo, busca enseñar a saludar, jugar y disminuir o eliminar

conductas agresivas, de exhibicionismo, entre otras (Parentelli, 2016).

Sus programas plantean como hipótesis de trabajo que “los niños con autismo

tienen un déficit de aprendizaje-desarrollo”, que podrán mejorar a través de los

principios de la psicología del aprendizaje (Güemes et al, 2009, p. 10).

Por ello, enfoca su trabajo terapéutico en desarrollar, mantener o modificar una

conducta (Iyaca, 2014), utilizando mecanismos para reforzar los

comportamientos positivos y extinguir los negativos o inadecuados (Marcelli,

2007).

Para eso se utilizan las técnicas de estímulo-respuesta-refuerzo, donde a una

respuesta correcta le corresponde un refuerzo y a una incorrecta se la ignora o

corrige (Mulas et al., 2010). Para realizar este ejercicio es necesario generar un

antecedente, que sería un estímulo verbal o físico, por ejemplo una orden o

petición. En segundo lugar, debe darse un comportamiento resultante, que es la

respuesta o falta de la misma. Y por último, una consecuencia que va a depender

de la conducta; si es correcta se refuerza y si no lo es, se ignora (Kern et al, s.f.).

Por ejemplo, para que aprenda a saludar, se lo enfrenta a la situación repetidas

veces, se le muestra la conducta modelo y se le pide que salude. Ante una


respuesta correcta, se le brindará un refuerzo, que puede ser felicitarlo o

brindarle un momento con algún estímulo que sea de su interés.

Iyaca (2014) detalla los tipos de reforzadores que utilizan las intervenciones

conductuales: Alimentarios, tangibles, de actividad, de posesión, sociales,

privilegios, de escape y automáticos. Siempre se tendrá en cuenta que ese

reforzador sea de interés para ese paciente en particular. Algunos ejemplos

pueden ser: galletas, un muñeco, mirar videos, elogios, permiso de realizar una

actividad estereotipada, entre otros. Deberán aplicarse de forma inmediata, es

decir, dentro de los dos segundos de producida la conducta. Pero éstos no son

universales, lo cual implica que no funcionarán en todas las personas por igual.

Por ello es muy importante que se elabore un programa de reforzadores

personalizado a partir de la observación directa y conocimiento del paciente, así

como entrevistas con familiares que profundicen estos aspectos. Por ejemplo, si

un interés restringido del niño son los dinosaurios, un posible reforzador será

dejarlo jugar o hablar por un momento de ello. Iyaca (2014) agrega además que

es conveniente “variar los refuerzos, para disminuir la posibilidad de que

produzcan saciedad por repetición”.