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AUTOGESTION Y AUTONOMIA

Autonomía (del griego auto, "uno mismo", y nomos, "norma"). La autonomía y la


autogestión han sido desarrollados por el pensamiento y práctica anarquista y
libertaria, y constituyen sus pilares fundamentales (Goodman, 1972/2011:32);
frente a toda forma de dominación o poder externo, el anarquismo reivindica la
autonomía, individual y/o colectiva, de los sujetos.
Desde una perspectiva libertaria se pueden delinear tres sentidos de la autonomía,
que para el propósito del trabajo los entiendo de manera conectada.
La primera, proveniente del cánon clásico anarquista, entendiende la autonomía
como la capacidad del sujeto, individual o colectivo, para darse normas a uno
mismo, de tomar decisiones sin influencia de presiones externas o internas. Como
diría Paul Goodman “la capacidad de iniciar una tarea y hacerlo en la manera de
uno” (Goodman, 1972/2011:31). En el mismo sentido Nadir afirma que la
autonomía es simplemente la idea de que no hay nadie más calificado que tu para
decidir cómo vivir, que nadie debería ser capaz de votar en lo que haces con tu
tiempo y tu potencial -o para el caso, cómo el entorno en el que vivimos es
construido (Nadir, 2006)
La segunda, relacionada con la ecología y las teorías de la complejidad, sostiene
que un sistema es autónomo si utiliza su propia información para modificarse a sí
mismo y su entorno/ambiente para mejorar su supervivencia, en respuesta a
estímulos ambientales e internos para modificar sus funciones básicas e aumentar
su viabilidad (Collier, 1999:1). Es decir, los sistemas autónomos controlan
activamente las condiciones de su propia existencia a fin de aumentar su
viabilidad global (Collier, 2006:2). Acá se enfatiza la autonomía en términos de
interacción con el entorno.

La tercera, que articula ambas y considera que la autonomía es el dominio de las


interacciones (Soñador Social, 2004); en efecto, es en las interacciones –
ambientales y al interior del sistema, donde uno puede tener la información que le
permita retroalimentarse, y todo este proceso es desarrollado “en la manera de
uno”. En las interacciones, la autonomía es una interdependencia libre entre
aquellos con quienes se comparte un consenso, se actúa libremente (es decir, sin
esperar el permiso o instrucciones de cualquier otra persona) con el fin de
establecer cooperativamente la autogestión de la totalidad de la vida (Nadir, 2006).
Así, la autonomía remite a las fuerzas constitutivas de los seres humanos, a su
potencia y a su capacidad de desarrollar la totalidad de los recursos que se
necesitan para lograr dos objetivos: 1) afirmasrse a sí mismos; 2) asociarse con
otros creando así una fuerza vital cada vez más poderosa (Colson, 2001: 47-48).
El dominio de las interacciones demanda el “el gobierno de si” (Foucault, 1987),
por tanto la autonomía se expresa en la autogestión: “Ser autónomo no es otra
cosa que tener la posibilidad de autogestionar su vida, que se traduce en
autogestionar su trabajo, sus acciones, sus metas, en el seno del colectivo al que
se pertenece” (Mendez y Vallota, 2006:60); de hecho, la autogestión es sinónimo
de autogobierno (Bertolo, 1984:1) .

La autogestión no es un fin que debemos alcanzar en algún momento del proceso;


no es parte de una teleología finalista. Tampoco, como sostienen sus lecturas
instrumentalistas, es un medio para lograr algo ; la autogestión no es una
herramienta, o no solamente, utilizable en cualquier contexto. La autogestión, si
bien es “un caracter del ser humano” (Mendez y Vallota, 2006:59), ha sido, antes
que nada, una reivindicación y una práctica social (Bertolo,1984:2), por tanto antes
que un fin o un medio (o su suma) es un método de organización (Bertolo, 1984;
Perez, 2004/2012:3): una “cremallera, no sólo entre medios y fines, sino también
entre teoría y práctica social” (Bertolo,1984:2) . Por ello, la autonomía “implica un
modo de estar en el mundo, un uso intensivo de la creatividad y de la
imaginación…” (Albertani, 2011:49).

Otro aspecto de la autogestión es que no se la habla, se la practica (Lourau,


1984), pues “la única forma de lograr la autogestión es mediante la ejecución de
acciones autogestionarias” (Mendez y Vallota, 2006) (61); solo habrá autogestión
practicándola. Como señala Bertolo “a la autogestión a través de la autogestión”
(Bertolo, 1984:20). Al ser una práctica, “su estructura, organización y aun su
existencia son y serán fruto del deseo, el pensamiento y la acción de los miembros
del grupo involucrado…sin preconceptos ni imposiciones…” (Mendez y Vallota,
2006: 61).

Existen algunos principios fundamentales de la autogestión


Democracia directa. La autonomía implica democracia directa en todos los
espacios, - apoyarse unos a otro para desarrollar nuestras capacidades de
escuchar, cooperar, conectar, compartir, imaginar (Heckert, 2009). Por ello, en una
práctica autogestionaria no existe delegación del poder, la asamblea es soberana,
existe revocabilidad de todos los mandatarios en cualquier momento (Bertolo,
1984:5); exige el reconocimiento de la autoridad, pero basada en la influencia
moral derivada de la virtud; la rotación continua (a intervalos más o menos largos
según su naturaleza), de todas las funciones de coordinación, de todas las
funciones dirigentes imposibles de ejercitar colectivamente (Bertolo, 1984, 10).

La autogestión no es participación, pues no hay un poder externo que permita


“participar de la gestión”; en el espacio, emprendimiento, experiencia
autogestionada “es la totalidad de los miembros… que asume su dirección y
administración (Mendez y Vallota, 2006:64), pues estamos hablando de “la
efectiva posibilidad y capacidad de todos los trabajadores, de actuar y decidir con
conocimiento de causa” (Bertolo, 1984:7). En suma, la autogestión individual o
colectiva exige una radical socialización del poder. (Bertolo, 1984; Perez,
2004/2012:2).

Articulación de descentralización y federalismo. Para Proudhon el federalismo es


una teoría de las relaciones humanas: “relaciones solidarias y horizontales entre
individuos, relaciones del individuo con el grupo y relaciones de los grupos entre
sí” (Albertani, 2011:54). Ser autónomo implica ser descentralizado y al mismo
tiempo federado: “sólo federándome con los demás puedo conquistar mi propia
autonomía” (Albertani, 2011:54).

Pérez considera que la autogestión federalista “significa un poder socializado que


no esté concentrado o monopolizado en roles sociales determinados, sino mas
bien extendido a todas las articulaciones del cuerpo social con función universal e
igual” (Perez, 2004/2012:2).

Basado en la solidaridad y el apoyo mutuo. Mendez y Vallota consideran que


existen tres condiciones para ir construyendo la autogestión: apoyo mutuo,
solidaridad, cooperación (Méndez y Vallota, 2006). Por su parte, Pérez señala que
federarse “… es unirse, de abajo hacia arriba, en la práctica de la cooperación y
de la solidaridad, es organizarse entre los que tienen comunidad de intereses y de
sentimientos libertarios para formar una comunidad sin autoridad, ni coacción de
ninguna naturaleza. (Perez, 2004/2012:2).

Division del trabajo social no jerárquico. La práctica autónoma y autogestionaria es


contradictoria con la división jerarquica del trabajo, donde unos piensan y deciden
y los demas actuan. Para Amadeo Bertolo la raíz de la dominación es la división
jerárquica del trabajo social, y por tanto, “la autogestión será una envoltura hueca
si no presupone la integración del trabajo manual e intelectual, ejecutivo y
organizativo” (Bertolo, 1984:7).

Resilencia. Una práctica autónoma al ser flexible es altamente resilente, pues es


capaz de adecuarse a las modificaciones de condiciones externas.
Apuesta por lo local y micro. La escala no es un tema menor: no son posibles las
prácticas autónomas en espacios y proyectos gigantes; por el contrario, la escala
humana es el límite de la autonomía y la autogestión.
NOTAS
(1) La palabra autogestión, aunque emergente desde la experienc ia yugoslava,
nace del término samo-pravlenija que Bakunin utilizaba para referirse a la
autoadministración y al autogobierno. (Perez, 2004/2012:2)
(2) Unas palabras sobre la autogestión entendida como un fin o como un medio,
Bertolo señala que tal perspectiva “deriva y/o lleva, a una concepción
terriblemente limitada y limitativa, de la sociedad y del hombre. La autogestión
entendida como medio se presta a usos mixtificadores, se deja integrar, en forma
de descentralización de cotas más o menos insignificantes, de poder, en nuevos
sistemas tecnoburocráticos de participación. Una y otra definición pueden dar
lugar a nuevas y obscenas formas de interiorización del poder, es decir, a un
autocontrol inducido, a una autodisciplina piloteada, en una sociedad jerárquica, a
una autoexplotación, a una dominación consensual (Bertolo, 1984:4).
(3) “Un modo de investigar y expresar la coherencia entre estos y aquellos, en
términos organizativos, y con referencia tanto a la crítica teórico-práctica de lo
existente, como a la propuesta de estructuras sociales alternativas” (Bertolo,
1984:4).