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Tipos de psicofármacos: usos y efectos

secundarios

¿Qué clases de psicofármacos existen y para qué se utilizan?

El hecho de que existan una gran cantidad de síntomas y trastornos diferentes ha provocado
que exista una amplia variedad de fármacos para tratarlos, divididos en diferentes tipos de
psicofármacos. Ninguna de estas categorías es, de por sí, mejor que el resto, y su utilidad
dependerá de cada caso. Sin embargo, los psicólogos clínicos y los psiquiatras los deben
conocer todos para ofrecer el mejor tratamiento posible a sus pacientes.

Procedamos a ver a continuación los diferentes tipos de psicofármacos que existen en la


realidad.

1. Neurolépticos/antipsicóticos

Empleados principalmente como método de control de las crisis psicóticas, este grupo de
psicofármacos eran antiguamente denominados tranquilizantes mayores debido al nivel de
sedación que sus primeras versiones provocaban. Existen diferentes grupos dentro de este
conglomerado, ejerciendo efecto principalmente en la transmisión de dopamina en distantes
regiones cerebrales.

Dentro de los neurolépticos podemos encontrar:

1.1. Antipsicóticos clásicos/típicos

El mecanismo de acción de estas sustancias se basa en el bloqueo de los receptores de


dopamina (concretamente los receptores D2) de la vía mesolímbica, bloqueo que provoca un
cese de los síntomas positivos de la esquizofrenia y trastornos psicóticos (alucinaciones,
delirios, etc.).

Sin embargo, la actuación de este tipo de medicamentos no se da únicamente en el circuito


mesolímbico, sino que afecta al resto de vías dopaminérgicas, pudiendo provocar efectos
secundarios en diferentes facetas como el movimiento (por ejemplo temblores, discinesias
tardías, inquietud o baja espontaneidad) o la reproducción (emisión de leche por los pechos
independientemente del sexo o amenorrea entre otros).

Además, estos medicamentos tienen muy pocos efectos en los síntomas negativos (falta de
lógica, lenguaje pobre, lentitud motora y mental), siendo su efecto prácticamente inexistente
en este sentido. Dentro de este grupo se pueden encontrar la clorpromacina, el haloperidol o
la pimozida, entre otros.
1.2. Antipsicóticos atípicos

Con el objetivo de producir una mejoría también en los síntomas de tipo negativo y reducir
los efectos secundarios debidos a la afectación de otras vías se sintetizaron los antipsicóticos
atípicos. Este tipo de neuroléptico actúa bloqueando la dopamina y la serotonina,
logrando con el bloqueo de la segunda eliminar los efectos secundarios del bloqueo de la
primera.

Asimismo, dado el mayor número de receptores de serotonina en la corteza y el hecho de que


ésta actúa como inhibidora de la dopamina, la inhibición de la dopamina provoca un aumento
de la actuación de la dopamina en las zonas mesocorticales, cosa que provoca la mejoría de
los síntomas negativos. A pesar de todo, si pueden presentar algunos efectos secundarios
como hipotensión, taquicardia, mareos o sedación. En el caso de la clozapina existe además
el riesgo de agranulocitosis, alteración en el recuento de glóbulos rojos y blancos que puede
llegar a ser mortal si no se controla.

Dentro de este grupo encontramos la clozapina, la risperidona, la olanzapina, la quetiapina, la


sulpirida y la ziprasidona. Dado que pertenecen a diferentes familias, pueden tener mayor o
menor efecto en determinadas alteraciones, funcionando no solo para trastornos psicóticos
sino para otros como trastornos por tics, autismo, TOC y trastornos del estado del ánimo.

2. Ansiolíticos e Hipnótico-sedantes

La presencia de problemas de ansiedad es un fenómeno frecuente en la sociedad actual,


siendo el tipo de trastornos más frecuentes. Con el fin de combatirla se han generado los
ansiolíticos.

Este tipo de psicofármaco actúa ejerciendo un efecto depresor sobre el sistema nervioso,
provocando un descenso en el nivel de actividad de la persona. Generalmente actúan sobre
la hormona GABA, potenciando su acción inhibitoria. Algunos tipos de psicofármacos
incluidos en esta clasificación son empleados como sedantes, para facilitar el sueño, mientras
que otros son empleados para lograr simplemente una relajación física y mental.

Dentro de este grupo podemos encontrar los siguientes subtipos:

2.1. Barbitúricos

Este grupo de psicofármacos fueron los más populares hasta el descubrimiento de las
benzodiacepinas a la hora de tratar la ansiedad. Sin embargo, el riesgo de estos medicamentos
es que presentan una elevada capacidad de provocar dependencia, no siendo infrecuente la
intoxicación por sobredosis e incluso la muerte. Asimismo a largo plazo podrían provocar
daños neurológicos.

2.2. Benzodiacepinas

El descubrimiento de este tipo de psicofármacos ayudó en gran medida al tratamiento de los


trastornos de la ansiedad, presentando una serie de beneficios que los han hecho en la
actualidad los psicofármacos más comercializados para la ansiedad. Concretamente, además
de un efecto inmediato presentan menos riesgo para la salud que los barbitúricos,
produciendo menos efectos secundarios, siendo menos adictivos y provocando una sedación
menor.

Además de por su efecto ansiolítico las benzodiacepinas son utilizadas como sedantes e
incluso como anticonvulsivos. Sin embargo en tratamientos largos pueden generar
dependencia así como abstinencia tras el cese de su consumo, de modo que se han de seguir
las prescripciones médicas con rigor y pautar correctamente su toma y retirada.

Se trata de un tipo de sustancia que favorece la función inhibitoria del GABA, siendo
agonistas indirectas de este neurotransmisor. Si bien se distribuyen de forma inespecífica
por todo el cerebro, la corteza y el sistema límbico es donde presentan mayor actuación.

Dentro de las benzodiacepinas existen también diversas tipologías, atendiendo a si poseen


acción larga (precisan de más tiempo para hacer efecto pero tiene una duración mucho mayor
a la del resto), intermedia o corta (acción inmediata y de corta duración, ideal para crisis de
pánico), es decir dependiendo de la vida media de la sustancia en el organismo.

Algunos ejemplos de benzodiacepinas son los conocidos triazolam, alprazolam, lorazepam,


clonacepam o bromazepam (más conocido por su nombre comercial, Lexatin).

2.3. Hipnótico-sedantes de acción corta.

Zaleplom, Zolpidem y Zopiclona son los nombres de tres fármacos que, al igual que las
benzodiacepinas, actúan como agonistas del GABA. La principal diferencia con las
benzodiacepinas es que mientras estas actúan sobre todos los receptores GABA, los
hipnóticos sólo actúan sobre los receptores vinculados al sueño, no afectando a cognición,
memoria ni función muscular.

2.4. Buspirona

Este psicofármaco es empleado especialmente en casos de trastorno de ansiedad generalizada.


Su mecanismo de acción se centra en la serotonina, siendo agonista de ésta. De este modo es
uno de los pocos ansiolíticos que no tienen relación con los receptores GABA. No provoca ni
dependencia ni abstinencia. Sin embargo, presenta la desventaja de que el efecto de esta
sustancia puede tardar más de una semana en hacer efecto.

3. Antidepresivos

Después de los trastornos de ansiedad, los trastornos del estado del ánimo son algunos de
los más prevalentes en la población general, especialmente en el caso de las depresiones.
Para tratar este problema disponemos de esta clase de psicofármacos, que plantean diferentes
alternativas:

3.1. Inhibidores de la enzima MonoAmino Oxidasa (IMAOS)

Los primeros antidepresivos en ser descubiertos, este tipo de psicofármacos fue hallado
accidentalmente mientras se buscaba un remedio contra la tuberculosis. Su
funcionamiento se basa en la inhibición de la enzima monoamino oxidasa, la cual se encarga
normalmente de eliminar el exceso de monoaminas (concretamente la serotonina, la
dopamina y la noradrenalina).

Esta tipología de antidepresivo tiende a no usarse como tratamiento de elección, reservándose


para casos que no respondan a otros fármacos. El motivo de esto es que presentan un riesgo
elevado de crisis hipertensiva, siendo necesario un control exhaustivo de su administración y
habiéndose de controlar que no se consuman determinados alimentos que contengan tiramina
o sean ricos en proteínas (como chocolate, pescado seco, queso, café, cerveza…). Asimismo
presenta otros efectos secundarios como posible anorgasmia o aumento de peso.

Dentro de las IMAOS se pueden encontrar Irreversibles y no Selectivos (su función es


destruir por completo la enzima MAO) y Reversibles y Selectivos que únicamente inhiben la
función de la MAO sin destruirla, con lo que si hay un exceso real de monoaminas la enzima
podría funcionar. Ejemplos de IMAO serían la Isocarboxacida y la Moclobemida.

3.2. Tricíclicos y tetracíclicos

Encontrados mientras se investigaba la creación de neurolépticos, este tipo de psicofármaco


fue hasta el descubrimiento de los ISRS los más utilizados para el tratamiento de la
depresión. Su nombre proviene de su estructura en forma de anillos. Su actuación se basa en
inhibir la recaptación tanto de serotonina como de noradrenalina, con lo que éstas hormonas
permanecen durante más tiempo en el espacio sináptico teniendo un efecto más largo. Los
efectos de estos fármacos empiezan a notarse tras dos o tres semanas.

Sin embargo, al margen de su efecto sobre serotonina y noradrenalina también afectan otras
hormonas, siendo antagonistas de la acetilcolina, la histamina y bloqueando algunos
receptores de noradrenalina. Por ello pueden causar efectos antihistamínicos y
anticolinérgicos (sequedad de boca, estreñimiento, visión borrosa…). También pueden causar
muerte por sobredosis, con lo que se han de regular con especial precaución.

Algunos famosos antidepresivos tricíclicos son la imipramina (utilizada además de en


depresión en trastornos de ansiedad y parasomnias) o la clomipramina (usada también como
tratamiento en el TOC y la anorexia).

3.3. Inhibidores Específicos de la Recaptación de Serotonina (ISRS)

Los ISRS son un tipo de psicofármaco que se caracteriza por, como indica su nombre,
inhibir la recaptación de la serotonina de manera específica. Es decir, impedir que la
serotonina sea reabsorbida de manera que esté más disponible y se prolongue su presencia en
el cerebro, sin afectar a otros neurotransmisores.

En este grupo de psicofármacos encontramos la fluoxetina (el conocido Prozac), la


paroxetina, la sertralina, la fluvoxamina, el citalopram y el escitalopram.

Se trata del tipo de antidepresivo con mayor nivel de seguridad y menores efectos
secundarios, siendo tratamiento de primera elección en muchos casos, y no únicamente ante
la depresión mayor sino también en otros trastornos. Concretamente resultan tratamiento
farmacológico de elección en el TOC, así como en trastornos de la alimentación (la
fluoxetina es el más eficaz en casos de bulimia)
3.4. Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Noradrenalina

Al igual que los ISRS, la actuación de este tipo de fármaco se basa en inhibir la recaptación
de una hormona de manera que tenga una mayor presencia en las sinapsis neuronales,
siendo en este caso la noradrenalina el neurotransmisor en cuestión. La reboxetina es el
fármaco más relevante en este sentido.

3.5. Inhibidores Duales de la Recaptación de Serotonina y Noradrenalina

Actúa de igual forma que los tricíclicos, pero con la diferencia de que únicamente afectan a
los neurotransmisores en los que se pretende actuar. Es decir, son específicos, con lo que
se eliminan gran parte de los efectos secundarios. El ejemplo de fármaco de este tipo
disponible en la actualidad es la venlafaxina.

4. Estabilizadores del ánimo/Eutimizantes

Otro de los principales trastornos del estado del ánimo es el trastorno bipolar. Con el fin
de mantener un estado del ánimo equilibrado y estable, también se dispone de dos tipos
básicos de psicofármaco:

4.1. Sales de litio

Si bien se propone que produce una alteración de la proteína G que modula la transmisión de
mensajes en las sinapsis neuronales, el mecanismo de acción de este tipo de psicofármaco no
es aún del todo conocido. A pesar del desconocimiento exacto del porqué, este medicamento
ha demostrado una elevada eficacia en tratar episodios maníacos y mantener el ánimo
estable.

Sin embargo, presenta la desventaja de que la diferencia entre la cantidad necesaria para
producir un efecto eutimizante y la necesaria para la intoxicación es muy estrecha, siendo
imprescindible el control mediante análisis del nivel de litio en sangre. Además puede
producir algunos efectos secundarios tales como diarreas, acné, temblores, pérdida de cabello
o pérdidas cognitivas, con lo puede haber una cierta resistencia al tratamiento.

4.2. Anticonvulsivos

Si bien estos medicamentos fueron elaborados con el fin de controlar las convulsiones en
casos de epilepsia, los estudios han demostrado que también poseen una gran eficacia
para tratar la bipolaridad.

Su funcionamiento se basa en favorecer la acción del GABA y reducir la del glutamato.


Principalmente son utilizados el ácido valproico, la carbamazepina y el topiramato.