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Aplicaciones de la biónica

Corazón artificial (1982). Otro de los grandes objetivos de la biónica es remplazar el corazón
humano con un dispositivo artificial. La mecánica básica del corazón es la de un sistema de
bombeo, pero las sutilezas del nuestro músculo más importante hacen que imitarlo de manera
permanente sea un reto aún pendiente.

Los corazones artificiales se utilizan principalmente para mantener con vida a los pacientes
que esperan un trasplante. Pero en diciembre de 1982 un equipo de investigadores de la
Universidad de Utah (EEUU) se atrevió a implantar un dispositivo para sustituir
definitivamente al corazón. El receptor, Barney Bailey Clark, sobrevivió 112 días con su
corazón artificial. Desde entonces la mejora en el mecanismo, el control del rechazo (igual
que en los trasplantes) y en las baterías han permitido alargar la supervivencia hasta más de
7 años seguidos con un mismo corazón artificial.
La función de un corazón artificial es la misma que la de un corazón bilógico, el AbioCor
posee las cavidades para bombear la sangre en sus mitades izquierda y derecha. La sangre
que oxigena los pulmones fluye hacia la cavidad izquierda, de donde sale a recorrer todo el
cuerpo; la sangre con una existencia de oxígeno agotado entra y sale por la cavidad derecha.
Entre estas cavidades existe un mecanismo herméticamente sellado que desempeña la
función de las paredes cardíacas, que genera movimientos de bombeo de sangre, en su
interior un motor eléctrico hace girar una bomba centrífuga entre 5000 y 9000 rotaciones por
minuto, esta bomba expulsa un líquido viscoso hidráulico, un segundo motor gira la válvula
de cierre o apertura. Cuando la sección izquierda se llena del fluido su membrana se empuja
hacia afuera expulsando así la cavidad izquierda a la sangre, simultáneamente el líquido
hidráulico sale de la sección derecha por lo cual su membrana se desinfla dejando libre esta
cavidad para que la sangre entre. Estas válvulas cardiacas están fabricadas de plástico, los
conductores de entrada están conectados a las aurículas izquierda y derecha del corazón
extirpado y los conductores de salida a las arterias de aorta y pulmonar. El corazón artificial
pesa aproximadamente un kilogramo, más el peso de la batería interna, bobina de inducción
eléctrica y el módulo de control otro kilogramo más, unos 20 watt de energía eléctrica por lo
que es necesario que se esté cargando constantemente, por lo que se utiliza las baterías de
litio el cinturón del paciente.
Piel Artificial.- La piel sintética consta de una matriz de colágeno producida por las mismas
células de piel humana, los fibroblastos, que son responsables de liberar el colágeno en la
piel natural. Los fibroblastos entretejen una estructura de colágeno que imita la que se
encuentra en la piel, y que comparte muchos de sus atributos estructurales. Los científicos de
la compañía británica creen que la combinación de fibroblastos humanos vivos en una matriz
de fibroblastos humanos producidos artificialmente apuntala la integración y aceptación de
la piel nueva.

Esta innovadora piel consta de dos capas: la superior posee un mecanismo de detección
(mediante un sensor que reconoce la presión al tocar un objeto o una persona y sentir, por
ejemplo, la diferencia entre un apretón de manos suave y uno fuerte) y la inferior se encarga
de enviar señales eléctricas a las células nerviosas como si de código Morse se tratara.

La piel está construida con millones de nanotubos de carbono comprimidos con plástico,
permitiéndoles ser mejores conductores de la electricidad gracias a esa compresión. Así, el
sensor de plástico es capaz de imitar la piel humana y la forma en que transmite información
de la presión en el cerebro se realiza en forma de impulsos eléctricos cortos.

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