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Anexo I
Anexo I: Contexto de surgimiento y desarrollo del teletrabajo.

Introducción al capítulo 5 de la tesis de grado del Lic. en Comunicación Social, Diego Colombo: Impacto del
Teletrabajo en la cultura organizacional, intervenciones posibles en el campo de la comunicación.

Desde su surgimiento, el teletrabajo fue considerado como una nueva forma de organización del trabajo,
que puede ser aplicada en diversas actividades tanto de la producción como de los servicios. El teletrabajo
surge en los Estados Unidos en la década de 1970, por dos motivos centrales. Por un lado, debido a la crisis
económica y energética que vivió el mundo occidental en esos años. En este contexto el teletrabajo
disminuía sus gastos de movilidad, favorecía la concentración de los trabajadores y por otra parte las
empresas ahorraban en infraestructura.

Paralelamente, otros de los motivos que favorecieron el surgimiento del teletrabajo fue una mayor
concientización de las autoridades con respecto a la gestión urbana medioambiental. De esta manera
se descongestionarían los principales centros donde se concentra la principal actividad laboral. En este
sentido, se aliviaría también el tráfico con el consecuente ahorro de tiempos para los trabajadores.

Ahora bien, aquí es conveniente hacer un paréntesis, dado que la descripción presentada en los
párrafos anteriores pertenece principalmente al discurso del management, que impulsa, promueve y
defiende el teletrabajo. Existen a su vez otras miradas, principalmente desde la academia, que son
detractoras de la postura anterior. Aseguran que el teletrabajo constituye una clara estrategia en una
nueva etapa del Capitalismo, que apunta a reducir costos en infraestructura para las empresas y trasladarlos
hacia el trabajador ya que es quien debe procurarse un lugar, los servicios básicos y, en muchas
oportunidades –sobre todo en nuestro país‐ el equipamiento.

Por otro lado, el teletrabajo representa un modelo de organización del procesode trabajo que intensifica
la jornada laboral, aisla al trabajador de su grupo directo y permite debilitar las organizaciones entre
trabajadores, dejando la puerta abierta para la precarización laboral y a formas de control más sutiles pero
más efectivas.

En este sentido, podemos recuperar los conceptos de Lenguita, Duhalde y Villanueva:

“El teletrabajo a domicilio favorece dos técnicas de disciplinamiento laboral. La primera es de orden
social, expresa una forma de subordinación a través de la “amenaza” al desempleo. Tal situación produce
una atomización de la fuerza de trabajo que impone la aceptación de empleos precarios (el incremento del
trabajo informal da cuenta de este desarrollo). La segunda técnica es de orden estrictamente productivo, se
despliega sobre la coordinación del colectivo de trabajo al favorecer una gestión “deslocalizada” de los
puestos de trabajo.”
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Claramente, detrás de la implementación del teletrabajo es necesario tener en cuenta una serie de
factores productivos, sociales y económicos para lograr entender su surgimiento y desarrollo.

Debido a los objetivos que planteo en el presente trabajo, no ahondaré en la valoración y apreciación de
estas cuestiones mencionadas párrafos atrás. El teletrabajo es un fenómeno complejo sobre el que debe
realizarse un profundo análisis de las consecuencias que acarrea para trabajadores y empresas.

En este caso, se plasmará el impacto del teletrabajo como nueva forma de organizar el proceso de trabajo
que impacta sobre la cultura corporativa y la comunicación.

Volviendo al desarrollo histórico del teletrabajo, Jack M. Nilles es el primer autor que realiza una descripción
de esta modalidad laboral durante los años setenta. Nilles, profesor de la University of Southern California,
definió al teletrabajo inicialmente como sinónimo de teledesplazamiento (telecommutin), o sea la
posibilidad de trabajar utilizando comunicaciones remotas, y mencionaba que el teletrabajo permitía la
posibilidad de enviar el trabajo al trabajador en lugar de enviar el trabajador al trabajo.

A partir de aquí, tiene lugar el discurso que afirma que el teletrabajo permite el aumento de la
productividad individual debido a un mayor aprovechamiento del tiempo, la concentración y la reducción de
tiempos muertos.

Los aportes de Nilles inauguraron el discurso que asocia el teletrabajo con eficiencia, efectividad y
competitividad de las empresas que lo implementan, superando a otras formas de organización laboral.
Más allá de la afirmación positiva o negativa de estos supuestos, es claro que el teletrabajo se inserta dentro
de un nuevo paradigma productivo, que contempla una organización flexible y preocupada por la demanda
y expandida a nivel global.

Ahora, si bien el teletrabajo aparece a principios de los años setenta, logra su impulso definitivo durante
la década del noventa. Es en este período cuando alcanzan un gran desarrollo las Tecnologías de la
Información y la Comunicación y su implementación en el marco de las organizaciones, sobre todo aquellas
que pertenecen al sistema productivo. El punto de inflexión fue el auge de Internet y el correo electrónico,
dos herramientas clave para el desarrollo del teletrabajo y hoy consolidadas en la realidad diaria de las
personas y las organizaciones.

Durante esta década por ejemplo, se desarrollaron los primeros estudios sobre el tema, impulsados
principalmente por la Unión Europea (UE). Estos informes significaron los primeros datos formales sobre
la implantación del teletrabajo y unos de los primeros signos preocupación por parte del Estado. En este
caso, impulsando proyectos para alcanzar un desarrollo efectivo y eficiente del teletrabajo.

A partir de aquí, se registran numerosas iniciativas para la implementación de esta modalidad laboral,
como forma de autoempleo y/o como desencadenante de nuevas profesiones relacionadas con el
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desarrollo de las TIC, en las que el teletrabajo ocuparía un lugar central. De hecho, tanto en Europa como
en Estados Unidos –y desde hace algunos años, también en América Latina‐ el teletrabajo fue considerado
como un instrumento en la lucha contra los altos índices de desempleo, y así mejorar las posibilidades de
empleabilidad.

En el caso de Europa, las iniciativas más reconocidas fueron ADAPT, HORIZON y NOW, dirigidas a
colectivos específicos: trabajadores industriales, personas desempleadas con escasas posibilidades de
inserción laboral (discapacitados, reclusos y ex reclusos principalmente) y, por último, destinado a la
inserción laboral de la mujer. Si bien tuvieron una gran difusión a lo largo de todos los países de la
UE, la realidad es que su implementación terminó a cargo del Estado y con una débil presencia de
organizaciones del sector privado.

Hacia 1997, el Green Paper on Partenership for a new organization of work ‐que fue promovido por la
Comisión Europea‐ dejó en claro la gran oportunidad que plantea el teletrabajo como generador de nuevas
posibilidades laborales. En el documento se auguraba un futuro próspero para el teletrabajo, debido a la
creciente reducción de costes de los equipos de telecomunicaciones, las nuevas ideas en el management
empresarial y la –hasta ese momento‐ posición favorable de los sindicatos hacia el teletrabajo (Belzunegui
Eraso, 2001: 55).

El año 1997, en el que el Green Paper... fue publicado, marca un punto de inflexión en la consideración de
la sociedad europea y norteamericana con respecto a la implementación del teletrabajo. El discurso del
teletrabajo entonces comenzó a girar en torno a cuatro ideas centrales:

1. El teletrabajo como herramienta para incrementar las posibilidades de empleo de la población


en general, y en especial para aquellos colectivos usualmente excluidos, como los mencionados
anteriormente. Por otra parte, para aquellos que se encuentran en una situación favorable de empleo el
teletrabajo les permite desarrollarse aún más, y tener tiempo para sus tareas personales. Es decir,
posibilita un mejor balance entre la vida privada y laboral.
2. El teletrabajo produce un impacto positivo en el medioambiente debido a la no utilización de
vehículos de traslado al trabajo.
3. El teletrabajo permite un mayor desarrollo regional si se logra la participación de instituciones
y empresas para la implementación de experiencias de teletrabajo.
4. El teletrabajo se concibe, ante todo, como un instrumento para mejorar la competitividad de
las empresas y de los trabajadores, y que tiene resultados positivos en la relación servicio‐cliente
(Belzunegui Eraso, 2005: 55).

A partir de este momento, se registra tanto en los Estados Unidos y –más aún‐ en la UE un debate acerca de
las condiciones legales en las que el teletrabajo se desarrolla, ya que hay un fuerte vacío sobre el tema.

El perfil de los teletrabajadores


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A lo largo del desarrollo del teletrabajo en los últimos años, fueron precisándose algunas características
del perfil que poseen en forma general los teletrabajadores. En primer lugar, la característica central es la
amplia dispersión geográfica, que puede atentar contra la posibilidad de organización de intereses
colectivos y de agrupamiento sindical.

Por otra parte, los teletrabajadores trabajan en profesiones y oficios muy diversos, incluso al mismo
tiempo, dedicándose a una gran variedad de empresas para asegurarse un ingreso considerable. Es
posible que esta heterogeneidad y variedad de actividades afecte a la formación de una identidad colectiva
con el resto de los trabajadores, coartando las chances de una acción común y coordinada por parte de los
trabajadores.

Por último, y aunque este debate no se encuentra aún hoy cerrado, la polivalencia es otra de las
características que posee el perfil de los teletrabajadores. Estos deben adquirir múltiples competencias
que antes no eran necesarias para el trabajo en la sede de la compañía, y que no sólo tienen que ver con
una mejor utilización de la tecnología. Me estoy refiriendo a que los teletrabajadores también deben
poner en juego competencias actitudinales fundamentalmente, como la responsabilidad, la disponibilidad
en forma amplia, la autonomía, el autocontrol, la concentración y la organización de las tareas.

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