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INTRODUCCIÓN

2.1 EL DESARROLLO PSICOMOTOR EN LOS NIÑOS Y NIÑAS HASTA LOS SEIS AÑOS.

2.2 LA PSICOMOTRICIDAD EN EL CURRÍCULO DE LA EDUCACIÓN INFANTIL.

2.3 LA SENSACIÓN Y PERCEPCIÓN COMO FUENTE DE CONOCIMIENTOS.

2.4 LA ORGANIZACIÓN SENSORIAL Y PERCEPTIVA.

2.5 LA INTERVENCIÓN EDUCATIVA.

CONCLUSIONES

INTRODUCCIÓN

En la Etapa de Educación Infantil el niño va a experimentar grandes cambios y progresos en todos los ámbitos del
desarrollo: mental, motor, afectivo social y lenguaje.
Cada niño tiene su propio ritmo de crecimiento y desarrollo, por tanto, atenderemos a la generalidad. Tanto el
ambiente familiar como el educativo van a determinar su desarrollo.
Conocer cada etapa, saber de sus posibilidades y de sus necesidades, es imprescindible a la hora de establecer unos
objetivos, unas unidades didácticas, una programación.

Este tema está dedicado a conocer el desarrollo psicomotor, la evolución de las habilidades y destrezas motrices y
cómo organizar la intervención educativa para planificar estos contenidos en el aula.

2.1 EL DESARROLLO PSICOMOTOR EN LOS NIÑOS Y NIÑAS HASTA LOS SEIS AÑOS.
El desarrollo motor y psicomotor se llevan a cabo en etapas sucesivas, cada una de las cuales viene preparada por la
anterior, y ha de conducir al niño a una madurez mayor en la siguiente. A lo largo de las etapas, los movimientos
voluntarios e intencionales serán cada vez más adaptados, y la adquisición de automatismos finos y precisos
convertirán al niño en un ser maduro y evolucionado.
Al nacer es un ser frágil, y a lo largo de una serie de etapas ha de completarse y adquirir autonomía e independencia
de movimientos.
Ya se ha visto como el desarrollo sigue unas leyes de maduración, y requiere unas condiciones neurológicas que
harán posibles las sucesivas adquisiciones motrices a lo largo de las etapas.
Se constatará como las posibilidades motrices y posturales varían con la edad y se vuelven más complejas a medida
que el niño crece.
Las adquisiciones motoras no han de entenderse como logros independientes unos de los otros, y solamente guiados
por un plan preinscrito en los genes o en el cerebro; en conjunto el desarrollo motor debe entenderse no como el
mero despliegue de un calendarios predeterminado, sino como el producto de la acción conjunta de la programación
madurativa con las circunstancias ambientales y las características del propio bebé.
De hecho, existe un margen de variación relativamente amplio en la edad concreta en que cada bebé adquiere cada
uno de los hitos del control postural. Por ejemplo, un niño se podrá mantener sentado sin apoyo dentro del margen
de edad de 5−9 meses. El 50% de los niños lo consiguen a los 7 meses. Parte de esas diferencias está relacionada con
la cultura, pues algunas culturas estimulan la adquisición temprana a través de la práctica y el entrenamiento
repetido, mientras que otras no creen en que tal entrenamiento tenga interés alguno, y aún otras tratan incluso de
postergar el momento en que ocurre la independencia motriz, por ejemplo, para evitar que niños muy pequeños se
acerquen al fuego o se alejen solos del cuidado materno.

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Desde luego, como la adquisición de ciertas habilidades tiene límites establecidos por el programa madurativo y por
la necesidad de adquisiciones previas (para sujetarse de pie, antes hay que ser capaz de sostenerse sentado, de
controlar el movimiento de las piernas y de ser capaz de mantener el equilibrio). Por más que se estimule a un bebé
en esa dirección no se puede conseguir que camine con soltura a los 7 meses. Lo cierto es que incluso en el interior
de una misma cultura se observan diferencias entre unos bebés y otros.
Tales diferencias se refieren por un lado al calendario concreto de aparición de las habilidades, por otro al hecho de
que algunos bebés se saltan algunos de los hitos (por ejemplo, algunos bebés no gatean nunca, usando para
desplazarse otros procedimientos, como usar las manos como remos estando sentados).
Las diferencias interindividuales pueden relacionarse con factores varios, como la herencia concreta que un niño haya
recibido, o como la estimulación mayor o menor que encuentre en su ambiente.
No se observan diferencias del control postural en el calendario de su adquisición ligadas al género: niños y niñas
tienen ritmos de adquisición bastante semejantes, estando las diferencias entre unos y otras ligadas no al género,
sino al conjunto de influencias que se han mencionado.
Tampoco se ha de olvidar que el desarrollo motor supone una evolución paralela y una influencia recíproca entre el
desarrollo neuromuscular y el desarrollo psicológico.
El Neuromuscular permite al niño adquirir el tono de los músculos necesario para mantener las posiciones (cabeza
recta, sentado y de pie), y el dominio de la motricidad coordinada (marcha, manipulación, etc.) El desarrollo
psicológico supondrá madurez cognitiva y afectiva.
El desarrollo motor depende no sólo de la madurez del cerebro, sino de una alimentación adecuada, de buenas
condiciones de vida e higiene, de un buen clima afectivo...
El desarrollo psicomotor parte de los movimientos incontrolados, no coordinados, que proceden a modo de
sacudidas y que afectan tanto a los brazos como a las piernas del niño recién nacido y al total control de los
movimientos son voluntarios. La meta implica un componente externo o práxico (la acción), pero también un
componente interno o simbólico (la representación del cuerpo y sus posibilidades de acción).
El paso de las limitaciones de las primeras semanas a los logros que se dan ya en el segundo semestre del segundo
año y los posteriores, se realiza ajustándose a dos grandes leyes fundamentales:
a) ley céfalo‐caudal del desarrollo, según la cual se controlan antes las partes del cuerpo que están más próximas a la
cabeza, extendiéndose luego el control hacia abajo.
b) ley próximo‐distal, se refiere al hecho de que se controlan antes las partes que están más cerca del eje corporal
(línea imaginaria que divide al cuerpo de arriba abajo en dos mitades simétricas) que aquellas otras que están más
alejadas de dicho eje. El control de las partes más alejadas del eje corporal (muñeca y dedos) no se consigue en la
primera infancia, sino que se alcanza en los años preescolares (control de la muñeca y, en menor medida, de los
dedos) y en los inmediatamente posteriores (control ya muy fino de los movimientos de los dedos).
Debemos tener en cuenta dos conceptos que implican desarrollos complementarios:
** “psicomotricidad gruesa”, relacionado con la coordinación de grandes grupos musculares implicados en los
mecanismos de la locomoción, el equilibrio, y el control postural global. Grandes hitos de desarrollo son: control
postural de la cabeza, coordinación ojo‐mano, posición sentada, locomoción antes de andar (gateo), mantenerse de
pie y caminar.
**“psicomotricidad fina” relacionado con el control de movimientos finos como el de los dedos.
La ley próximo‐distal explica por qué el dominio de la psicomotricidad fina es posterior al dominio de la motricidad
gruesa.

2.2 LA PSICOMOTRICIDAD EN EL CURRÍCULO DE LA EDUCACIÓN INFANTIL.


El desarrollo motor de los niños depende principalmente de la maduración global física, del desarrollo esquelético y
neuromuscular. Los logros motores que los niños van realizando son muy importantes en el desarrollo debido a que
las sucesivas habilidades motoras que se van a ir adquiriendo hacen posible un mayor dominio del cuerpo y el
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entorno. Estos logros de los niños tienen una influencia importante en las relaciones sociales, ya que las expresiones
de afecto y juego se incrementan cuando los niños se mueven independientemente y buscan a los padres para
intercambiar saludos, abrazos y entretenimiento. En el desarrollo motor pueden establecerse dos grandes categorías:
Motricidad gruesa (locomoción y desarrollo postural), y Motricidad fina (prensión).

El desarrollo motor grueso se refiere al control sobre acciones musculares más globales, como gatear, levantarse y
andar. Las habilidades motoras finas implican a los músculos más pequeños del cuerpo utilizados para alcanzar, asir,
manipular, hacer movimientos de tenazas, aplaudir, virar, abrir, torcer, garabatear. Por lo que las habilidades motoras
finas incluyen un mayor grado de coordinación de músculos pequeños y entre ojo y mano. Al ir desarrollando el
control de los músculos pequeños, los niños ganan en competencia e independencia porque pueden hacer muchas
cosas por sí mismos.

Los logros motores de los niños han sido suficiente y repetidamente estudiados por pediatras, neurólogos,
psicólogos, etc., hasta el punto de existir tablas de adquisición de conductas evolutivas, indicando los hitos del
desarrollo motor y psicomotor

La Motricidad Fina. Comprende todas aquellas actividades del niño que necesitan de una precisión y un elevado
nivel de coordinación. Esta motricidad se refiere a los movimientos realizados por una o varias partes del cuerpo, que
no tienen una amplitud sino que son movimientos de más concreción. Se cree que la motricidad fina se inicia hacia el
año y medio, cuando el niño, sin ningún aprendizaje y quizás movido por su instinto, empieza a poner objetos uno
encima de otro, a hacer borrones con lápices, cambiar las cosas de sitio, etc....

Desarrollo de la Motricidad Fina. EI desarrollo de la motricidad fina juega un papel central en el aumento de la
inteligencia, debido a que se experimenta y aprende sobre su entorno. Las habilidades de motricidad fina se
desarrollan en un orden progresivo, aunque se pueden dar grandes progresos y estancamientos o retrocesos sin
consecuencias para el desarrollo normal.

0 a 12 meses: No hay control sobre las manos aunque al final del año ya se nota el progreso. Si se toca su palma,
cerrara su puño muy apretado, pero esto es una acción de reflejo inconsciente llamado "reflejo Darwinista", y
desaparece en un plazo de dos a tres meses. Así mismo, el infante agarrara un objeto puesto en su mano, pero sin
ningún conocimiento de lo que está haciendo. La coordinación ojo-mano comienza a desarrollarse entre los 2 y 4
meses, comenzando así un periodo de práctica llamado ensayo y error al ver los objetos y tratar de tomarlos. A los
cuatro o cinco meses, la mayoría de los infantes pueden tomar un objeto que este dentro de su alcance, mirando
solamente el objeto y no sus manos. Llamado "máximo nivel de alcance”, este logro se considera un importante
cimiento en el desarrollo de la motricidad fina. En el segundo semestre de esta etapa, comienzan a explorar y probar
objetos antes de tomarlos. Uno de los logros motrices finos más significativos es el tomar cosas usando los dedos
como tenazas (pellizcado), lo cual aparece típicamente entre las edades de 12 y 15 meses.

1 a 3 años: Su desarrollo y curiosidad empujan al niño a manipular objetos cada vez de manera más compleja,
incluyendo la posibilidad de empujar palancas, girar las páginas de un libro, marcar números del teléfono, etc... Los
dibujos que realizan son garabatos, pero empezaran a realizar figuras más o menos circulares que les servirán de
patrón para otros dibujos más complejos. Jugarán con cubos y piezas que podrán poner una encima de otra hasta un
cierto nivel.

3 a 5 años (etapa pre-escolar): los retos en esta etapa, tales como el manejo de los cubiertos o atarse los zapatos,
representan un salto evolutivo motriz importante. Cuando los niños tienen 3 años, el control del lápiz puede ser
grande y dibujan círculos sin que sean garabatos, animándose a dibujar figuras humanas o animales, aunque los
trazos son muy simples. A los 4 años, se usan las tijeras, se copian formas geométricas y letras, se usan con criterio
la plastilina y se pueden abrochar botones grandes. Algunos niños, usando la letra de palo, escriben su nombre y el

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de familiares o amigos cercanos.

5 años (etapa escolar): A partir de aquí, la mayoría de niños consolidan y avanzan claramente más allá del desarrollo
logrado en la etapa pre-escolar, en sus habilidades motoras finas, perfeccionando lo adquirido. Pueden cortar, pegar
y trazar formas con criterio. Pueden abrochar botones más pequeños y tener control absoluto sobre aquellas tareas
rutinarias, tanto en el ámbito escolar como en el familiar.

Los aspectos de la motricidad fina que se pueden trabajar a nivel escolar y educativo en general son:

1- Coordinación Viso-Manual. La coordinación manual llevará a dominar su mano. Los elementos más afectados,
que intervienen directamente en este proceso son la mano, la muñeca, el brazo y el antebrazo. Es muy importante
tenerlo en cuenta ya que antes de que el niño pueda controlar sus movimientos en un espacio reducido como es un
papel, será necesario que pueda trabajar y dominar este gesto más ampliamente en el suelo, pizarra y con elementos
de poca precisión. Las actividades que ayudan a desarrollo la coordinación viso-manual son pintar, punzar, enhebrar,
recortar, moldear, dibujar, colorear, etc... Se hace necesario el conocimiento de cada uno de los dedos
individualmente y en conjunto para el dominio de las tareas, aunque no será hasta los 10 años cuando se asegurará
su dominio. Hasta esa edad, las manos se ayudan (en la etapa pre-escolar) una a la otra en algunas tareas de
precisión y será el progreso escolar a partir de los 5 años el que le llevará a la precisión y control individual de sus
manos y dedos.
2- Coordinación Facial/ Gestual. Este es un aspecto de suma importancia ya que tiene dos componentes: el
dominio muscular y la posibilidad de comunicación y relación que tenemos con la gente que nos rodea a través de
nuestro cuerpo y especialmente de nuestros gestos voluntarios e involuntarios de la cara. Es parte importante en
la comunicación del niño y se debe facilitar que controle y domine muscularmente su cara. Su importancia se debe a
que permitirá exteriorizar emociones, sentimientos y le ayudará a relacionarse, pues su cara dirá con gestos lo que no
sepa o pueda explicar con palabras.

3- Coordinación fonética. Se hace necesario su seguimiento y estimulación, pues el niño deberá emitir a lo largo de
su madurez, la emisión sistemática de cualquier sonido. Hay que estimular su desarrollo hablando, jugando e
incitando al niño a relacionar objetos, personas, animales con sonidos, nombres, etc... Con ello ejercitaremos su
parte fonética y a la vez, su memoria. La imitación es un buen método de aprendizaje. Hacia el año y medio el
niño puede tener la madurez para iniciar un lenguaje pero no contendrá demasiadas palabras y las frases serán
simples. Estos juegos motrices tendrán que continuar sobre todo para que el niño vaya adquiriendo un nivel de
conciencia más elevado. Entre los 2-3 años el niño tiene posibilidades para sistematizar su lenguaje, para
perfeccionar la emisión de sonidos y para concienciar la estructuración de las frases y hacerlas cada vez más
complejas. Al final del tercer año quedarán algunos sonidos para perfeccionar y unas irregularidades gramaticales y
sintácticas a consolidar. Entre los 3 y 4 años, consolidará y dominará el aparato fonador, hablará con total consciencia
y coherencia y será en la escuela donde madurará lingüísticamente finalizando este proceso tan importante para
la comunicación.

La motricidad gruesa. Es la parte de la motricidad referente a los movimientos de los músculos que afectan a la
locomoción o del desarrollo postural como andar, correr, saltar, etc., es decir, todo lo que tenga que ver con el
desarrollo del niño que afectan a grupos de músculos sin tener en cuenta el detalle o la precisión que requiere
la motricidad fina. A continuación detallaremos el desarrollo de la motricidad gruesa en las diferentes fases de
crecimiento.

Fases de la motricidad gruesa. En el desarrollo motor, según la edad, se observan cinco fases:

0 a 6 meses: Dependencia completa de la actividad refleja, en especial la succión. Hacia los tres o cuatro meses se
inician los movimientos voluntarios debido a estímulos externos.
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6 meses a 1 año: Se caracteriza por la organización de las nuevas posibilidades del movimiento. Se observa una
movilidad más grande que se integra con la elaboración del espacio y del tiempo. Esta organización sigue
estrechamente ligada con la del tono muscular y la maduración propia del proceso de crecimiento, la cual se
enriquece continuamente debido al feedbak propio del desarrollo cognitivo. Cerca del año, algunos niños caminan
con ayuda.

1 a 2 años: alrededor del año y medio el niño anda solo y puede subir escalones con ayuda. Su curiosidad le hace
tocar todo y se puede sentar en una silla, agacharse, etc..., A los 2 años el niño corre y puede saltar con los dos pies
juntos. Se pone en cuclillas, sube y baja las escaleras sintiendo el apoyo de la pared.
3 a 4 años: se consolida lo adquirido hasta el momento, se corre sin problemas, se suben y bajan escaleras sin ayuda
ni apoyos, pueden ir de puntillas andando sobre las mismas sin problemas. Al llegar a los 4 años se puede ir solo con
un pie, el movimiento motor a lo largo del año se irá perfeccionando hasta poder saltar, mover, subir y bajar por
todas partes.

5 a 7 años: El equilibrio entra en la fase determinante, donde se adquiere total autonomía en este sentido a lo largo
de este período. En esta fase, se automatizan los conocimientos adquiridos hasta el momento, que serán la base de
los nuevos conocimientos tanto internos como socio-afectivos. Las posibilidades que se abren al niño delante de las
siguientes fases de crecimiento (adolescencia, pubertad) hasta llegar al desarrollo completo vendrán marcadas
ineludiblemente por lo adquirido y consolidado en estas etapas.

A partir de los 7 años la maduración está prácticamente completada, por lo que a partir de ahora y hasta los 12 años
es el momento idóneo para realizar actividades que favorezcan el equilibrio y la coordinación de movimientos.

Los aspectos de la motricidad gruesa que se pueden trabajar a nivel escolar y educativo en general son:

1. Desarrollar destreza en los movimientos de los brazos y la interacción social adecuada. Jugar a la pelota
2. Mejorar la coordinación y seguridad de las habilidades de motricidad gruesa. Subir y cruzar una serie de
pequeños obstáculos.
3. Mejorar la coordinación y el equilibrio, y desarrollar la habilidad de seguir un itinerario visual. Seguir una ruta
mezclando alternando movimientos de por debajo, por arriba, y alrededor de un serie de obstáculos simples.
4. Mejorar el equilibrio. Recoger objetos del suelo sin perder el equilibrio.
5. Mejorar la habilidad de caminar mientras carga con objetos. Recoger, cargar y apilar cuatro bloques grandes.
6. Mejorar el equilibrio, coordinación y habilidad de moverse independientemente. Subir escalones con los dos
pies en cada peldaño.
7. Combinar el control óculo -manual. Seguir un objeto visualmente, controlarlo manualmente y dirigirlo de nuevo
hacia un objeto. Coger una pelota rodando y luego hacerla volver sin ayuda.
8. Fomentar el desarrollo de la musculatura de los brazos y aprender a rodar una pelota. Rodar una pelota contra
una pared y recogerla correctamente sin ayuda.
9. Mejorar el equilibrio y desarrollar con seguridad las habilidades de motricidad gruesa. Caminar unos seis metros
sin ayuda. Mejorar el equilibrio y aprender varias formas de caminar. Caminar de lado y hacia atrás mientras conserva
el equilibrio.
Mantenerse derecho en un solo pie unos cinco segundos sin ayuda y sin perder el equilibrio.

2.3 LA SENSACIÓN Y PERCEPCIÓN COMO FUENTE DE CONOCIMIENTOS.

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La sensación y la percepción son las vías a través de las cuales el niño elabora sus conocimientos sobre sí mismo y
sobre el mundo que le rodea.

A partir de las sensaciones y las percepciones se van formando los procesos superiores del conocimiento, la
inteligencia y el lenguaje. La inteligencia se desarrolla a partir de informaciones sensoriales y exploraciones motrices
desde los primeros meses.

Los órganos de los sentidos son los canales que permiten que las experiencias sensoriales lleguen al cerebro. Su
estado tienen una importancia vital para el desarrollo de los conocimientos, de tal forma que un niño con alguna
deficiencia sensorial (ceguera, sordera...) tendrá dificultades para adquirir determinados aspectos de la realidad.
El niño, al nacer, tiene los órganos de los sentidos preparados para funcionar, aunque unos se hallan más
desarrollados (olfato, gusto y sensibilidad de la piel) que otros: audición y visión.
La función de la educación es desarrollar al máximo todas las capacidades sensoriales existentes y, a la vez, detectar
las posibles deficiencias para compensarlas con el tratamiento adecuado.
La sensación es la forma primera y más sencilla de la vida mental, ya que todos los demás estados mentales se basan
en ella. Es un proceso neurofisiológico. Es la recepción de la información que proviene del propio cuerpo y del medio
a través de los diferentes receptores cerebrales que se encuentran distribuidos en el cuerpo, algunos de los cuales
ocupan lugares muy específicos y, en cambio, otros están generalizados.
Las sensaciones son el punto de partida del conocimiento, nunca se producen como hechos aislados, sino
interrelacionadas con otras sensaciones y elementos afectivos.
Las sensaciones suelen clasificarse en:
*Interioceptivas, informan de los procesos interiores del cuerpo, captando estímulos procedentes de las vísceras.
Representa las formas de sensaciones más difusas y mantienen cierta afinidad con los estados emocionales.
*Propioceptivas, informan sobre situaciones del cuerpo en el espacio, sobre la postura y sobre el movimiento. Se
concretan en sensaciones kinestésicas y vestibulares. Están vinculadas a comportamiento motriz, a los músculos,
tendones y articulaciones.
*Exteroceptivas, proporcionan datos del entorno y adoptan la forma de visuales, olfativas, auditivas, gustativas y
táctiles.
En toda sensación hay un componente físico (estímulo), un componente fisiológico (receptor, órgano sensible y
neurona sensorial) y un componente psicológico (toma de conciencia del hecho que dio origen a la sensación). Se
producen a través de los sentidos y son el punto de partida del conocimiento. La mente los compara y asocia con
experiencias sensoriales pasadas, las interpreta y les da un significado y se convierten en una percepción.

La percepción es un proceso mental que se encarga de interpretar y codificar los datos que aportan las sensaciones.
Es el resultado de procesos de orden superior por integración o adición de mensajes. Las percepciones son las
informaciones que se obtienen mediante los sentidos y se codifican en el sistema nervioso central. En toda
percepción hay tres fases:
 Sensación.
 Discriminación e identificación de impresiones sensibles.
 Unificación de impresiones sensibles actuales con experiencias pasadas.
La percepción es un acto de incorporación de información sensorial (aquello que llega a los sentidos y accede a la
conciencia); se acompaña de la tención que es una percepción selectiva. Percibir significa seleccionar esa parte de la
información y prestarle atención.
El conocimiento del mundo exterior se produce a través de los sentidos, por lo que es fundamental el buen
funcionamiento de éstos.

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El desarrollo y educación de los sentidos es, por tanto, un punto fundamental para conocer el cuerpo, diferenciar sus
partes y poder establecer relaciones con los objetos; y se hace imprescindible para poder desarrollar las posibilidades
de percepción del propio cuerpo.

2.4 LA ORGANIZACIÓN SENSORIAL Y PERCEPTIVA.


La organización de las informaciones obtenidas implica unos mecanismos biológicos y unos procesos psicológicos. La
percepción sigue a la sensación y es la encargada de originar las representaciones mentales del mundo exterior que
hacen posible el conocimiento.
Así podríamos distinguir dos fases en el funcionamiento del sistema sensorioperceptivo:
-La recepción de estímulos a través de los órganos de los sentidos
-El análisis de estas sensaciones en base a mecanismos mentales de memoria, motivación y el tono afectivo.
Estos dos momentos son inseparables en la práctica, ya que tiene lugar de forma simultánea e indisoluble.

La organización sensorial.
Es la responsable de la captación de estímulos a través de los sentidos y de su transmisión al cerebro, donde se
registran como sensaciones. Los sentidos son funcionales en el momento del nacimiento, los órganos, el nervio y las
zonas del cerebro encargadas de cada sentido entran en acción ante el estímulo y permiten al niño recibir
información
Se afirma que muy pocos meses después del nacimiento el mundo perceptivo del niño ha alcanzado niveles de
funcionamiento semejantes en muchos aspectos a lo de los adultos .Los sentidos no funcionan en completo
aislamiento, ya que existe una coordinación intersensorial que enriquecen las percepciones.

La organización perceptiva.
Se encarga de estructurar, interpretar y codificar las sensaciones dotándolas de significado. Están determinadas por
diferentes aspectos:
-Fisiológicos, cualidades de las recepciones sensoriales, estado del sujeto, edad,…
-Psicológicos, motivaciones, experiencias pasadas, atención, memoria, afectividad, contexto cultural,…
-Mecánicos, intensidad del estímulo, condiciones físicas del medio, distancia,…

La organización perceptiva es el resultado de un proceso y se distingue por unas características.

A/ Proceso. La evolución perceptiva sigue estas pautas

*Percepción VISUAL. Cuando el niño nace tiene una agudeza visual limitada pero progresa rápidamente y su
cristalino posee la capacidad de acomodarse en función de la distancia. Los recién nacidos no solo ven sino que son
capaces de hacer exploraciones visuales. A los tres meses perciben y diferencian los colores con precisión. A los 5
meses su visión es similar al adulto.

*Percepción AUDITIVA. Los recién nacidos oyen normalmente, aunque es posteriormente cuando afinan eta
capacidad y son sensibles a la intensidad de los sonidos: los ruidos fuertes les perturban, la voz de su madre y la
música suave les tranquilizan: Son capaces de localizar el sonido girando la cabeza hacia su procedencia y diferencian
la voz desde los primeros días. Al igual que en la percepción visual, muestran preferencias por unos sonidos sobre
otros, en especial por la voz humana.A los tres mese comienzan a diferenciar unas voces de otras, reconociendo las
más familiares, sobre todo la de la madre. A los cuatro meses consiguen la madurez auditiva.

*Percepción OLFATIVA. Está muy desarrollada desde el nacimiento y giran la cabeza hacia los olores agradables y
capta los desagradables. Muestra preferencia por el olor de la leche materna y el olor corporal de los padres, le
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desagrada el olor de lo cítrico, los detergentes, el tabaco,…Durante el primer año memoriza muchos olores del
ambiente. Pero puede perderse parte de la capacidad olfativa por falta de estimulación.

*Percepción GUSTATIVA. Desde el nacimiento hay preferencias por los sabores dulces sobre los amargos o salados y
reaccionan más a medida que aumenta la concentración de glucosa.

*Percepción TÁCTIL. Es su primer lenguaje pues a través de la piel se comunica con los demás. A través del contacto
con la piel de la madre capta vibraciones y experimenta sentimientos y emociones, iniciando su desarrollo socio-
afectivo. En principio es la boca el órgano táctil más evolucionado desarrollándose paralelamente a la motricidad,
otras áreas especialmente sensibles son las yemas de los dedos, las palmas de las manaos, las plantas de los pies,…

B/Características.

*Intermodalidad de la percepción, los diversos sentidos están coordinados entre sí.

*La discrepancia, atracción por los estímulos diferentes a laos conocidos.

*La complejidad, interés creciente por estímulos cada vez más complejos.

La discriminación perceptiva es la capacidad para distinguir, diferenciar y reconocer las cualidades, matices y detalles
de la realidad. Esta capacidad se agudiza a través de la intervención educativa.

El cuerpo no es solamente el origen de todo conocimiento, sino que es asimismo el medio de relación y de
comunicación con el exterior, de ahí que la Educación Infantil contemple la importancia de que el niño vivencie su
cuerpo y el mundo a través de la actividad física, el juego y el movimiento, de la observación y la experimentación
a través de los sentidos. El desarrollo integral del niño pasa inexcusablemente por la sensación y la percepción, por
la estimulación y la actividad constructiva del niño.

2.5 LA INTERVENCIÓN EDUCATIVA.

Al igual que el aprendizaje de habilidades instrumentales relacionadas con el cálculo o la lecto-escritura no se dejan
al azar, el desarrollo de las habilidades motrices también debería seguir un proceso de enseñanza-aprendizaje
sistematizado para evitar lagunas o un bajo nivel en la competencia motriz de los niños, es necesario considerar
además que es importante para la autoestima del niño ser eficiente en los juegos motores, ser capaz de realizar las
proezas motrices que realizan otros niños de sus edad. Estamos plenamente convencidos que un niño feliz es aquel
con una autoestima elevada; teniendo esta premisa como finalidad pretendemos como objetivos ayudar al niño en
su autoconocimiento personal y desarrollar al máximo sus niveles de competencia motriz.
La educación psicomotriz o una educación a través del cuerpo y el movimiento en la etapa de educación infantil que
pretenda contribuir al desarrollo integral del niño será una educación que eduque a través del cuerpo, por el cuerpo
y para el cuerpo y partiendo del movimiento englobamos los demás aspectos de la personalidad: aspectos
perceptivos, cognitivos, emocionales y sociales.
Tenemos que diferenciar dos conceptos diferentes: formación y aprendizaje. El primero hace referencia a que el niño
tenga variedad de vivencias en torno a un mismo núcleo o patrón motor; y aprendizaje supondría el llegar a dominar
una determinada habilidad. En esta etapa tenderemos más a la formación que al aprendizaje.
Las gran mayoría de las orientaciones metodológicas podemos deducirlas de la observación activa de sus propios
juegos, de su forma de relacionarse con los objetos y con los demás, de cómo actúan mientras juegan en el parque
infantil, en el patio de recreo o en un rincón de su cuarto.
Indicaremos algunas orientaciones metodológicas a considerar.
El niño es el protagonista en la construcción de los aprendizajes: Ante una situación se implica en una intensa
actividad motriz de búsqueda, exploración, experimentación, de equivocaciones, de aplicar soluciones personales y

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en una intensa actividad cognitiva: un proceso de reflexión interno que le hará ir encauzando cuales respuestas de
todas las que ha utilizado le resultan más convenientes para conseguir lo que se propone.
El niño de educación infantil ya tiene un bagaje perceptivo-motor que ha ido adquiriendo desde su nacimiento,
hemos de partir de sus conocimientos y experiencias previas: de la imagen corporal que tiene de sí mismo, de sus
capacidades de movimiento, pues ya ha acumulado muchas vivencias motrices
Para que el niño siga avanzando en su formación las situaciones con las que se debe encontrar deben suponerle un
reto, una dificultad alcanzable, un problema, le deberá suponer un esfuerzo de poner en práctica todos los recursos
motrices de los que dispone para conseguir éxito en su propósito. Esto debe implicar que las situaciones que
nosotros propongamos sean motivantes para que ellos las perciban como un reto a superar, en la gran mayoría de los
casos, deberían conseguirlo.
En el aprendizaje, en este proceso de formación de capacidades hemos de considerar la capacidad de aprender
considerando la ayuda ofrecida por otros compañeros y la del maestro, hemos de considerar que el proceso de
formación es un proceso de interacción social.
Tenemos que tener presente las diferencias individuales entre todos los niños, es diferente en cuanto al momento
de desarrollo evolutivo en el que se encuentran como en la estimulación que han recibido. Lucía se tira por el
tobogán una y otra vez, pero cada repetición es diferente, a veces varía la salida encontrando multitud de variantes
posibles: se desliza sentada, de rodillas, tumbada boca arriba, boca abajo, durante el deslizamiento juega a subir los
brazos, a intentar girarse, o varía la recepción: con un pie, con el culo, frenando la velocidad para detenerse antes de
caer al suelo.
Sobre un mismo patrón motor debemos buscar la máxima variedad posible, no tendemos a que llegue a
automatizar ningún gesto o movimiento, lo que supone poner limitaciones al repertorio motriz del niño, sino que
aprenda patrones de movimiento con múltiples variables, que pueda adaptar en función de lo que esté percibiendo,
que no sea un simple modelo a imitar, sino (es muy típico en algunas actividades de expresión como la danza o
sevillanas o en predeportes, repetir muchas veces un movimiento gesto técnico ideal), nosotros pretendemos
fomentar la creatividad, se busca la plasticidad, la versatilidad del movimiento, desarrollar en el alumnado un
amplio bagaje motriz, una gran variedad de recursos motrices.
La actividad cognitiva y la actividad motriz quedan patentes cuando proponemos juegos que impliquen la
resolución de problemas motrices sencillos, éstos planteados como un reto: “¿Quién es capaz de...?”, “A ver a quién
se le ocurre la manera de...”, “¿Cómo podéis hacer…?” provocan en los niños la necesidad de querer investigar; en un
clima seguro y de confianza, el niño explorará sus propios recursos, se lanzará a buscar nuevas respuestas para
solucionar el problema. Nosotros siempre esperamos sus respuestas, se refuerzan las nuevas conductas aparecidas,
se potencia seguir buscando nuevas soluciones, ante las respuestas erróneas, no se critican sino que si observamos
que el niño con sus propios medios o con la ayuda de los demás niños no lo conseguirá, reorientamos la búsqueda;
se aceptan todas las respuestas desechándose sólo las peligrosas.
El conocimiento del cuerpo y de sus posibilidades de movimiento es el resultado de sus propias experiencias y
vivencias, de la reflexión sobre sus propias acciones. El cuerpo vivenciado frente al cuerpo estudiado a través de
fichas.
La mayoría de las veces la percepción del miedo es subjetiva, pero muy respetable y más aún con niños. ¿Por qué
utilizamos tanto la frase “¡Que no pasa nada!”, “¡Que no te va a hacer nada!”(Por ejemplo, cuando Laura huye
despavorida con la cara blanca de pánico, y gritando, porque el perro de unos amigos de sus padres se apresura
rápidamente a jugar con ella), ¿tiene sentido racionalizar el miedo con una niña de 6 años a la que se le acerca un
perro a toda velocidad? Daremos el tiempo necesario a que los niños nos pidan los apoyos suficientes para querer
afrontar la situación que le genera tensión, miedo. La misma consideración podríamos hacer con el dolor.
Cuando el niño ha tenido la propia iniciativa de afrontar una situación, bien es cierto que éstos juegan al límite del
peligro consecuencia de estar buscando siempre nuevos retos, nuestra misión es tener todo el posible riesgo
controlado y estar presentes en todo momento. Hay situaciones dentro de nuestras clases que pueden parecer
peligrosas según los ojos que las miren, el maestro puede proponer situaciones que pueden parecer peligrosas, pero
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que objetivamente no lo son cuando tenemos controlados todas las contingencias: tenemos zonas de seguridad,
revisamos el material a utilizar, su fijación al suelo, revisamos lo que los niños han montado por su cuenta,... Hay que
dotar todo el proceso de enseñanza de un ambiente de confianza y seguridad.
Ayudar a la asimilación comprensiva de los conocimientos y los procedimientos, no diciéndole al alumno cómo
puede hacerlo, sino utilizando el conocimiento de resultados interrogativo, preguntándole, por muy pequeño que
sea, cómo ha realizado ese movimiento, cómo ha hecho para conseguir su propósito; por ejemplo, ¿por qué has
utilizado esa mano?, ¿cómo has conseguido salirte tu sola?,...Con ello estamos favoreciendo el conocimiento de las
acciones.
Todas las clases se desarrollarán en un clima afectivo donde el alumnado se sienta seguro de poder expresarse
libremente, donde se valoren todos sus intentos por explorar, no se consideren sus errores, se sienten con la
confianza de dar rienda suelta su imaginación motriz, su movimiento expresivo, sus emociones y afectos.

LA SESIÓN DE CLASE
Cuando los alumnos entran al gimnasio son recibidos con música, les dejamos un tiempo de juego libre para que
descarguen la tensión acumulada en sus “músculos” después de haber hecho sus trabajos de mesa, tiempo que
aprovechan para subirse a las colchonetas, a las espalderas, corren libremente, se persiguen, luchan,… y el maestro
para abrochar cordones sueltos, quitar prendas que sobran, dar algún “arrumaco” al pequeño que entra serio,
felicitarlas por traer su ropa deportiva,…
Utilizamos dos esquemas distintos para el desarrollo de la sesión:
ESQUEMA A)
Parte introductoria: Comenzamos con una actividad muy dirigida y en gran grupo en la que el alumnado imita todos
los movimientos que va realizando el maestro al ritmo de una música, no se pretende la copia exacta de los
movimientos que realizamos, pues cada niño imprime su propio “yo motriz”.
Parte principal: Desarrollamos de forma global los contenidos, a lo largo de la sesión va apareciendo, aunque sea
mínimamente, aspectos de todos los bloques de contenidos: capacidades perceptivo-motrices, habilidades,
expresión corporal, etc.
En esta fase tenemos que tener presente las características de desarrollo en estas edades:
Alternaremos actividades que requieran mayor atención y concentración con otras en las que solamente tengamos
que tener presente una consigna (un juego de imitación frente a un juego de persecución).
Alternar periodos de mayor intensidad con otros más tranquilos
La duración de los juegos, aunque establecida aproximadamente de antemano, es revisable en función de cómo
van reaccionando a la propuesta.
En la medida de lo posible permitirles jugar el mayor tiempo posible, sin hacerles esperar en filas, sentados viendo
como un amigo lo hace y todavía le quedan 7 u 8 más delante de él.
Propondremos tareas en las que tengan que jugar con ellos mismos y juegos que inviten a relacionarse con los
demás.
Hay que estar atentos a cómo evolucionan, aunque el juego es a veces demasiado motivante, en ocasiones
tendremos que plantearnos dar un tiempo de descanso para beber agua, hacer pipis, evitando así el continuo ir y
venir de los alumnos.
Parte final: “Después de la tempestad viene la calma”, y esa calma también le entusiasma: juego de relajación,
contarles un cuento corto, masajes, visualizaciones, estiramientos,…
Para terminar la sesión hacemos una puesta en común, recordatorio de todo lo vivenciado una veces de forma oral
en asamblea y otras de forma dibujada o escrita (una palabra o una frase para los más avanzados), también
aprovechamos para comentar algún conflicto.
Entre todo y todas recogemos el material.
ESQUEMA B)
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Parte introductoria: Se parte de un centro de interés: desde tener un globo en sus manos a ir encontrándose material
dispuesto por el espacio donde poder colgarse, o esconderse, o reptar… El alumno experimenta, explora, prueba,
investiga.
Parte principal: La maestra va encauzando la tarea teniendo en cuenta el material, principalmente va encaminado al
desarrollo de las habilidades. Partiendo de lo que hemos observado, vamos enriqueciendo las posibilidades
corporales y de movimiento que el material posibilita.
Después de un descanso para beber agua, seguimos con propuestas relacionadas con el ritmo, el esquema corporal,
la expresión corporal (bailamos, hacemos de gigantes subidos en unos zancos, nos desplazamos como animales,
representamos diferentes roles,…)
Parte final: Igual que antes intentaremos relajarnos con música tranquila o contando un cuento. Comentaremos la
sesión y recogeremos.
CONCLUSIONES

El desarrollo psicológico de los niños en los primeros años, ha de entenderse como un todo integrado en los aspectos
motrices y psicológicos. Durante la primera infancia, motricidad y psiquismo están imbricados o confundidos, ambos
son dos aspectos indisolubles de una misma organización.
A través de la acción el niño va a descubrir el mundo que le rodea, va a tener conocimiento de las cosas y de sí
mismo. En los primeros años necesitará actuar sobre los objetos y situaciones para conseguir controlar sus propios
movimientos y poder expresarse de la manera más adecuada posible. La actividad motriz será fundamental para su
desarrollo.
Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de las funciones motoras se desarrollan en la primera infancia, es de
singular importancia dar a este aspecto del desarrollo del niño la relevancia que tiene, evitando situaciones
prolongadas de sedentarismo y poniendo siempre a los niños en disposición de poder moverse y experimentar en
función de sus posibilidades. Todo ello favorecerá no sólo su salud física, sino también la intelectual, adaptativa y de
interacción con el entorno.

Como docentes debemos planificar el desarrollo motor de nuestro alumnado ayudándolo a experimentar todas las
posibilidades motrices de su cuerpo en un proceso ordenado de consecuciones sino es así se podrían producir
perturbaciones en el desarrollo global de los niños. El educador deberá compensar las carencias socio-familiares de
algunos niños proporcionándoles un ambiente rico en estímulos auditivos, visuales, táctiles...,un espacio amplio para
moverse y explorar, a fin de ayudarle a construir habilidades perceptivas, motrices, lingüísticas y socio-afectivas.

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