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LOS MECANISMOS QUE SUBYACEN EL APRENDIZAJE

César Ruiz de Somocurcio

Los aportes que la neurociencia viene dándole a la educación dan una mirada diferente y
complementaria a las estrategias que el educador desarrolla para lograr el aprendizaje, es decir
este nuevo conocimiento le permite entender cómo funciona el cerebro cuando aprende y le
ofrece la oportunidad de innovar y transformar la enseñanza.
Por ello, uno de los objetivos en el campo de la Neuroeducación es que el educador comprenda
cómo el cerebro aprende para luego lograr una propuesta pedagógica más efectiva y significativa.
Por esa razón, se hace imprescindible que el docente conozca y entienda también los mecanismos
que subyacen al aprendizaje con el fin de planificar estrategias más apropiadas.
El concepto de aprendizaje propuesto por Campos (2014) “es un proceso cíclico continuo, que
está relacionado con los cambios que ocurren en un individuo a escala neuronal, cognitiva y
conductual (motor-social-emocional-moral). Es el resultado de la interacción entre factores
genéticos y ambientales, modulado por el proceso de neurodesarrollo y por la calidad de las
experiencias a nivel individual y cultural. Es vital para el ser humano, pues permite su adaptación
al entorno, su supervivencia, su desarrollo y su interacción con el medio y las personas que lo
componen”, permite entender que el aprendizaje y la memoria implican modificación en las
conexiones neuronales y, por ello, cambios estructurales en el cerebro.
Si bien cada ser humano posee un cerebro único e irrepetible determinado por esa influencia de
los factores genéticos y las experiencias culturales, ambientales, familiares e individuales, es
importante saber que los mecanismos por los cuales se desencadena y se da el proceso de
aprendizaje son comunes a todos los que conformamos la raza humana.
Por otro lado, sabemos que nuestro cerebro es plástico y está expectante y dependiente de las
experiencias, por lo tanto éstas tienen un valor fundamental para el aprendizaje y la memoria. La
especificidad de la información, proveniente de cada experiencia, permitirá la estimulación de las
neuronas que conforman un determinado circuito, y la frecuencia, intensidad, duración y
oportunidad de esta información aumentará la tendencia a que dicho circuito neuronal se vuelva a
estimular una y otra vez, generando una activación de neuronas tal, que si empiezan a dispararse
constantemente y en conjunto, se reforzará el circuito que irá estableciendo y formando las
memorias.

La construcción de los aprendizajes se realiza involucrando diferentes circuitos neuronales y


abundantes mecanismos cerebrales, que vamos conociendo desde un nivel de análisis celular,
hasta un nivel de análisis más amplio, el de sistemas, como percepción, atención, memoria, cuyas
consideraciones son de gran interés para el ámbito de la Neuroeducación.

El cerebro es un órgano diseñado para el aprendizaje, por lo tanto viene preparado con sistemas y
habilidades cognitivas para lograrlo. La base del desarrollo cognitivo está en la interacción de los
dominios físicos, psicológicos y biológicos, con los sistemas cognitivos (percepción, atención,
memoria, razonamiento, lenguaje, entre otros) y las habilidades de aprendizaje básicas (imitación,
analogía, cognición y razonamiento) (Goswani, 2008).
Por lo tanto cuando enfrentamos a un estudiante a una tarea cognitiva éste debe iniciarla y
mantener la acción, seleccionar y eliminar la información que no usa, detectar errores y modificar
acciones, asimismo finalizar con eficacia.
Para ello debe activar e integrar una serie de sistemas que le permitan que la información que
recibe se convierta en conocimiento y sea almacenada adecuadamente en la memoria de largo
plazo. Para que esto ocurra deben darse los mecanismos por los cuales se activa, desencadena y se
da el proceso de aprendizaje, de modo que se vayan activando los diferentes sistemas, como la
percepción, la atención, la memoria, el razonamiento, el emocional y el lenguaje entre otros.

1. ¿CUÁLES SON LOS MECANISMOS NATURALES DEL CEREBRO INVOLUCRADOS CON EL


APRENDIZAJE ¿

Aprender requiere activar los procesos cognitivos que permitan tomar los estímulos del entorno y
convertirlos en conocimiento que pueda ser almacenado en la memoria de largo plazo.
Recordemos que si bien cada cerebro es único e irrepetible, los mecanismos por los cuales se
desencadena y se da el proceso de aprendizaje son comunes a todos.
Como se puede apreciar en la figura, para aprender, el cerebro sigue una secuencia previsible de
un conjunto de sucesos que se dan desde el input sensorial hasta la integración de varios circuitos
neuronales, haciendo posible el almacenamiento de la información y su evocación. Desde este
esquema, podemos entonces dar mayor atención a algunos de los mecanismos que suceden en el
cerebro para repensar la planificación de las actividades pedagógicas. Esta secuencia de etapas,
como veremos, es cíclica y se repetirá cada vez que haya una nueva experiencia de aprendizaje.

1.1 PRIMER MECANISMO: PREPARACIÓN E INICIACIÓN.

Cuando estamos expuestos a una experiencia de aprendizaje, lo primero que ocurre es el input
sensorial: la voz del profesor, el gráfico en la pizarra o la textura del objeto nos darán el estímulo
que ingresará por los canales sensoriales. A partir de este input, se desencadena una serie de
eventos que activarán los primeros sistemas que nos permitirán aprender.

a. Fase de activación de los sistemas sensoriales

Al recoger la información del entorno, nuestros sistemas sensoriales hacen un registro (visual,
auditivo, olfativo, somatosensorial, gustativo). Este registro mantiene la información el tiempo
suficiente para que el cerebro pueda ir procesándola, pasando de la sensación pura a la
percepción (Momento en el que el cerebro genera una representación mental de la sensación)
Según Schiffman (2004), la percepción es “el resultado de la organización e integración de las
sensaciones en una conciencia de los objetos y sucesos ambientales” . La percepción le da sentido
a los estímulos, activando el sistema atencional, la emoción y la memoria de trabajo. La
interacción entre el conocimiento previo y el input perceptivo real lleva a la percepción.

Una vez que se inicia la percepción se da origen al proceso de activación del sistema atencional,
que implicará la selección de cierta información para procesarla con detenimiento e impedir que
otra información se siga procesando, es decir, apoya la concentración en un input, focalizando la
atención y excluyendo cualquier otra información.

b. Fase de incorporación del sistema atencional

Una vez activados los sistemas atencionales, estas redes neuronales, distribuidas por todo el
cerebro, procesarán diferentes aspectos de la tarea desde la percepción del estímulo. Se inicia con
la activación de la red de alerta, asociada con la percepción abajo-arriba y arriba-abajo, asociando
las áreas cerebrales ante la presencia de una señal que anuncia el objetivo. Este sistema favorece
la ubicación rápida del estímulo, además permite suprimir los estímulos competidores. La atención
es importante para el aprendizaje porque en el entorno de un estudiante hay cientos de estímulos
y, estar atentos, significa esforzarse en mantenerla sobre aspectos que la realidad demanda y
porque debe asegurar la ejecución de la misma (Fuentes y García, 2010).

c. Fase de las emociones en el aprendizaje

Todo evento que inicia despierta expectativa y asombro. El cerebro activa tanto la corteza
prefrontal como los ganglios basales (ruta de recompensa) generando una recompensa lo que
tiende a repetir la acción o la conducta. (W. Assad. 2012).

Las reacciones emocionales mejoran y garantizan nuestra capacidad de almacenar recuerdos, por
lo tanto contribuyen con nuestro aprendizaje, favoreciendo que la atención se oriente de manera
automática y se mantenga. La amígdala juega un rol decisivo en la manifestación del
condicionamiento y en la memoria al interactuar con el hipocampo. Por lo tanto, las emociones
modulan el almacenamiento de las memorias declarativas.

d. Fase de activación de la memoria de trabajo

La memoria de trabajo activa los circuitos de todos los sistemas de memoria para el
almacenaje del conocimiento, asociando la información recibida desde la memoria sensorial con
los patrones almacenados en la memoria de largo plazo. Retiene la información el tiempo
suficiente para que las “tareas” se cumplan e involucra a los sistema de atención ejecutiva para el
logro del aprendizaje.

Una de las funciones de nuestro cerebro cuando se activa para el aprendizaje, es la formación
de conceptos a partir de la categorización que le da significado a cada elemento recogido por los
sentidos, para lo cual debe codificarlo, almacenarlo y evocarlo. En este sentido, la calidad del
conocimiento previo determinará cómo se desencadena la cascada de eventos requeridos para el
aprendizaje, y permitirá de alguna manera definir qué tan nuevo o significativo es un determinado
objeto o fenómeno. Los conceptos son las organizaciones mentales básicas para la vida, ya que
ellos nos permiten hacer un resumen de las representaciones de nuestras experiencias con el
entorno surgidas de la categorización de la realidad (Mareschald, 2010).

En esta fase, una vez activado el mecanismo de preparación e iniciación que construye la base del
aprendizaje y que posee todo cerebro humano, facilitará la creación de las condiciones necesarias
para que, a través de la sensopercepción, la atención, la memoria de trabajo activada y las
emociones accionando el circuito de recompensa, se abran los canales para enfrentar toda
experiencia para aprenderla con eficiencia, al codificarla, almacenarla y evocarla.
1.2 SEGUNDO MECANISMO: LA ADQUISICIÓN DE CONOCIMIENTOS Y HABILIDADES DESDE LA
EXPERIENCIA

Durante muchos años los neurocientíficos vienen intentando entender cómo el cerebro extrae el
conocimiento y las habilidades de las experiencias y los convierten en comportamiento. Para un
educador, la gran meta del aprendizaje es que el estudiante pueda no solamente aprender sino
que use adecuadamente y de manera fluida lo que aprendió. En este sentido, se hacen
imprescindibles las experiencias que promuevan diversas alternativas para que el cerebro
adquiera un conocimiento o habilidad, algunas de ellas ya mencionadas anteriormente
(sensibilización, condicionamiento, imitación, inducción, reforzamiento, entre otros).

Todos los seres humanos adquirimos conocimientos y habilidades de diferentes formas y en


grados de destreza individual, por lo que debemos promover actividades que promuevan el
aprendizaje desde la experiencia que permitan un desarrollo jerárquico del conocimiento, una
acción de andamiaje[1], retroalimentación y que conecten con aspectos significativos del contexto
(Schwartz, 2014) empleando espacios de reflexión, acción y metacognición. Es así que las
experiencias van a permitir que aprendamos y conforme vamos practicando y almacenando lo
aprendido en la memoria, nos vamos haciendo más diestros y más hábiles. Algunos aprendizajes
son más complejos que otros, por lo que las experiencias deberán considerar la frecuencia,
intensidad, duración y oportunidad adecuadas para una práctica efectiva.

En relación a este mecanismo utilizado por el cerebro – aprender desde las experiencias – sería
ideal que el educador planificara actividades que activen a los sistemas sensoriales de forma
adecuada, no ambigua, para lograr mantener los sistemas atencionales y motivacionales activos
orientados a que la memoria de trabajo active las redes neuronales específicas y se pueda lograr el
aprendizaje.

Como el aprendizaje es el resultado del funcionamiento de nuestro sistema de procesamiento de


información, los contenidos del aprendizaje cognitivo son codificados en los almacenes de la
memoria: no solo en la memoria explícita por lo percibido y el significado semántico, sino que
algunos contenidos informativos se almacenan en la memoria implícita, concretamente en la
memoria de condicionamiento o asociación estímulo-respuesta (Nieto, 2011).

Para J.M. Nieto (2011), existen dos únicas formas de percibir la información para construir el
conocimiento:

Ü EL APRENDIZAJE DIRECTO. Se construye el conocimiento sobre un objeto a partir de la


observación y manipulación directa, además de la reflexión sobre éste. Es un proceso personal de
ensayo y error. En este tipo de aprendizaje se encuentran las vivencias, experimentos, entre
otros. Con el avance de la tecnología se incorpora otra forma de tener experiencias directas, por
ejemplo la simulación.

Ü EL APRENDIZAJE INDIRECTO. Se logra a través de la información que recibimos de otras


personas y experiencias. Se desarrolla sobre el objeto ausente y es el resultado de utilizar las
fuentes del lenguaje verbal y no verbal, como los textos impresos o electrónicos, gestos
corporales, comunicaciones orales, icónicas, signos, música, entre otros.

En este sentido, el cerebro usará diferentes mecanismos para la adquisición de los aprendizajes a
través de las experiencias vividas en el día a día, sean ellas formales (planificadas por el educador)
o informales (implícitas en las relaciones humanas y en las relaciones con los objetos). La
experiencia aportará también, el punto de partida, cognitivo, afectivo y valorativo, que le
despierta el objeto de aprendizaje, imprescindible para el conocimiento.

En este momento los sistemas activados van recogiendo la información a partir de la experiencia
de aprendizaje directo e indirecto para ir codificando, almacenado y evocando el conocimiento.

1.3 TERCER MECANISMO: LA ORQUESTACIÓN DE REDES

La orquestación de redes consiste en mantener activados los circuitos neuronales característicos


que se dieron como producto de la percepción, activación de los sistemas atencionales y la
memoria de trabajo. Todo aprendizaje significa activar las redes neuronales y con ello generar
cambios en las conexiones sinápticas y en las estructuras neuronales, que conocemos como
plasticidad neuronal. Por eso, en esta etapa hace falta que las experiencias de aprendizaje se den
con una determinada frecuencia, intensidad y duración; así como en el momento oportuno, para
de este modo asegurar una adecuada activación neuronal y alcanzar la consolidación de la
memoria.

a. Fase de la retroalimentación y metacognición

Como sabemos el aprendizaje envuelve cambios físicos y químicos en las neuronas y a nivel de las
sinapsis que las relacionan con otras neuronas. Es decir, provoca cambios a nivel sináptico, dado
que crea nuevas formas de conexión neuronal y nuevos senderos, haciendo más eficientes las
funciones de los circuitos y sistemas involucrados.

Aquí, para favorecer la formación de redes, son claves la retroalimentación y la metacognición, así
como los procesos de andamiaje y conexión significativa. Estos permitirán ajustar o aportar al
proceso de consolidación del aprendizaje.

La retroalimentación, no solo fortalece los circuitos sino que proporciona información esencial
para el éxito del aprendizaje ya que permite determinar las consecuencias de las acciones y
relacionada con el ajuste del comportamiento de los niños en el éxito del cognitivo (Meyer y col,
2014). En este sentido en cuanto la retroalimentación sea más inmediata sobre la precisión de la
predicción, a pesar de ser un aprendizaje difícil, se persevera, se ajusta y se logra mejores
resultados en un aprendizaje.

Por su parte, la metacognición implica atención, resolución de conflictos, la corrección de errores,


el control inhibitorio, y la regulación emocional. También está asociada con en su acción con el
control ejecutivo, la memoria de trabajo, y la función del lóbulo frontal. Se presume que la
metacognición esta mediada por un circuito neuronal que implica regiones del cerebro
mediofrontal (Shimamura, 2000) (Fleming, 2013).

Al trabajar diversas redes en conjunto, la memoria de trabajo codificará los mecanismos de la


plasticidad sináptica y la formación de nuevas redes activando los circuitos neuronales. Es un
momento en que se busca la profundización del significado, que implicará interpretar la
información, relacionarla con otra y reflexionar sobre ella.

La práctica constante y repetida es una forma efectiva de aprender algo porque fortalece las
redes, haciendo que la vía neural activada sea más eficiente para ejecutar ese aprendizaje.

La memoria de corto plazo actuará como conjunto de los procesos que permiten el
almacenamiento temporal de la información necesaria para realizar cualquier actividad cognitiva
compleja, en asociación con la atención, componentes de la memoria de corto plazo y memoria de
largo plazo. Participa de la recuperación y el repaso, la planificación, y toma de decisiones, cálculo
y cómputo sobre representaciones. Se convierte en el eje central de la cognición (Ruiz-Vargas,
2011). Es un sistema que flexibiliza el almacenamiento de los conocimientos en la memoria de
largo plazo, con su procesamiento.

Los procesos realizados por la memoria de trabajo son codificación, almacenamiento y


recuperación. Para la recuperación, la memoria explora la búsqueda de la información a recuperar
en la memoria de largo plazo, a través de un proceso en paralelo y rápido. La recuperación
parece no depender de un proceso sino de varios. Por todos estos procesos es que a la memoria
de corto plazo se le conoce como motor de la cognición.

Como vimos tanto en la retroalimentación como en la metacognición, el sistema atencional, a


través de la atención ejecutiva, trabaja con la memoria de trabajo lo que permite mantener la
atención en una tarea o en la obtención de una meta.

Por lo tanto, una de las estrategias que puede utilizar el educador para darse cuenta de que los
estudiantes están orquestando u organizando el conocimiento o habilidad adquiridos de forma
adecuada, es fomentar el desarrollo de habilidades metacognitivas, así como utilizar la
retroalimentación para ajustar los procesos o darse cuenta de los aprendizajes logrados.

1.4 CUARTO MECANISMO: LA INTEGRACIÓN FUNCIONAL

La integración funcional significa que el conocimiento fue codificado, almacenado y está


disponible para ser evocado cuando se lo necesite, es decir, se generaron los patrones de redes en
la memoria de largo plazo. La integración funcional de dos estructuras cerebrales depende de su
nivel de interacción, cuanto mayor sea ésta mayor será su integración. Por lo tanto, cuanto más
limitada sea su interacción con otras estructuras mayor será su diferencia funcional (Goldberg,
2001).

La integración funcional está relacionada con las regiones y redes neuronales que participan en los
diferentes momentos del aprendizaje y la forma en que éstas interactúan entre sí y pasan
información de una a otra hasta que el aprendizaje se logre.

Cuando hablamos de la memoria, no hablamos de una sola, sino de muchas de ellas o,


expresándolo mejor, estaríamos hablando de un sistema de memorias que deben interaccionar
para lograr una integración funcional. En este sentido, se va integrando la información
almacenada en los diferentes sistemas de memoria para construir el aprendizaje. Así, por ejemplo,
podríamos mencionar que la memoria semántica sabe el qué, la memoria la episódica sabe el
cuándo y la procedimental sabe el cómo.

Se activan una serie de redes neuronales que se van integrando a medida que se va consolidando
la memoria. Se dan cambios en las redes, en las estructuras cerebrales y se produce la
consolidación de la memoria de largo plazo explicita e implícita.
La codificación según Smith (2008) es el término empleado para designar los diversos procesos
mentales mediante los cuales la información se transforma en una representación de memoria. La
experiencia de aprendizaje activa todos los procesos de codificación tanto de la memoria
declarativa como no declarativa. La codificación es una consecuencia inmediata del hecho de
atender un estímulo y procesarlo. Lo que influye en la eficacia es el modo en el que se procesa el
estímulo y no la razón por la que se realizó el procesamiento.

La recuperación depende de cómo se ha codificado la información y la codificación a su vez


permite explicar cómo es almacenado el estímulo. La recuperación se explica por la teoría de los
niveles de procesamiento en la que la codificación se considera un subproducto del procesamiento
del estímulo. El análisis del estímulo se realiza desde un nivel poco profundo, perceptivo, hasta un
nivel profundo de análisis semántico, basado en el significado que relaciona la información
entrante con el conocimiento ya almacenado en la memoria, dando mayor probabilidad que el
estímulo se recuerde.
Otro aspecto que favorece la codificación es por efecto de generación, es decir, el aprendizaje es
mejor si se puede generar información objetiva a partir de la memoria. Generar información
basándonos en la memoria es un fenómeno de codificación más potente que solo procesarla.
Según los especialistas este modelo es mejor porque la generación de codificación inicial se solapa
con la de recuperación.
El efecto de espaciamiento, es decir la pauta de una secuencia temporal en el proceso de
aprendizaje favorece la codificación. Investigaciones han probado que la repetición masiva en un
momento es menos efectiva que una que se haga en repeticiones bajo una distribución
conveniente, ya que es más probable que se recuerde un estímulo que se ensaya de distintas
formas en diversos ensayos.

Las memorias codificadas experimentan consolidación, un proceso que las modifica de manera
que con el tiempo se vuelven más estables y al final existen independientemente de los lóbulos
temporales mediales. Una hipótesis de la consolidación es que durante el sueño, mediante un
proceso de reinstauración o repetición, se consolida la memoria en la corteza cerebral. Así, los
lóbulos temporales mediales se requieren para recuperar las memorias no consolidadas pero, una
vez consolidadas se pueden recuperar directamente de las regiones laterales corticales.

Por otro lado, la recuperación significa la disponibilidad y accesibilidad a la información


almacenada en la memoria de largo plazo. Según Tulving, la recuperación de la información
depende de la accesibilidad y la disponibilidad. Esta diferencia se marca porque la experiencia nos
dice que a veces podemos recordar algo en un momento posterior, sea sin ayuda o con ayuda de
claves o indicios.

Los estudios en las formas de recuperación dieron origen a la diferenciación entre memoria
explícita o declarativa e implícita o no declarativa, es decir la manera que tienen estas memorias
de expresar sus contenidos.
La memoria explícita se define como el tipo de recuperación que se revela cuando la tarea exige la
recolección consciente de experiencias previas, mientras que la memoria implícita es aquella que
se revela cuando la realización de una tarea se ve facilitada en ausencia de una recolección
consciente (Ruiz, 2010).

En el caso de la memoria no declarativa el recuerdo opera fuera de la conciencia. No somos


conscientes sobre cómo influye la memoria implícita en nuestra conducta y no podemos describir
el contenido de los recuerdos implícitos recuperados. Su recuperación e influencia se expresan
implícitamente mediante cambios de conducta. La memoria no declarativa da base a formas de
aprendizaje que son cualitativamente distintos y funcionalmente independientes de la memoria
declarativa.

Es importante mencionar que cuando se produce un aprendizaje, a menudo podemos observar


cambios asociados a la función biológica, como afirma P. Howard-Jones (2010), es decir, el
aprendizaje va acompañado de un cambio de los patrones de actividad en las redes cerebrales y
no de un incremento o disminución de una única región.

Por lo tanto, una de las estrategias que puede utilizar el educador para darse cuenta de que los
estudiantes han integrado funcionalmente el aprendizaje, es decir si se dieron los cambios en los
patrones de activación de redes, es observando la capacidad o habilidad de transferir el
conocimientos para la resolución de problemas a situaciones nuevas.

Estos mecanismos que subyacen al proceso de aprendizaje que hemos descrito se dan en un
proceso cíclico, que se repetirá cada vez que haya una nueva experiencia de aprendizaje y se tenga
que construir un nuevo conocimiento en la memoria.

Todo esto lleva a que en el transcurso de la vida, las experiencias creen aprendizajes que van
enriqueciendo los circuitos neurales únicos que definen nuestra conducta individual.