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Sé cuidadoso. No graves tu conciencia.

Lleva tu vida como si tuvieras que pasarla en una


palestra llena de gente chismosa. Evita la fanfarronería. Si ves en ti algo que te hinche de
orgullo, obsérvate más de cerca y encontrarás materia más que suficiente para humillarte.
Sé sensato. Date cuenta que no todos los hombres han sido creados iguales, porque no hay
igualdad en la naturaleza. Sin embargo, jamás ha nacido un hombre cuyo trabajo no haya
nacido con él.

Trabaja cada día como si fuera el primero, pero trata con ternura las vidas que tocas, como si
todas debieran acabarse a medianoche. Ama a todos, incluso a los que te repudian; el odio es
un lujo que no puedes permitirte. Busca a los menesterosos. Aprende que el que da con una
mano recogerá siempre con las dos.
Consérvate en buen estado de ánimo. Por encima de todo recuerda que se necesita muy poco
para llevar una vida feliz. Mira hacia arriba. Camina siempre adelante. Aférrate a Dios con
sencillez y recorre en silencio tu sendero hacia la eternidad, con caridad y con una sonrisa.
Cuando partas, todos dirán que tu legado fue dejar un mundo mejor que el que tú encontraste.