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Fantasía.

De lo que es.

Del Inicio, que no tiene causa, se distendió el tejido del tiempo y el espacio. De
este violento estiramiento, que sigue creciendo hasta nuestros días, se crearon las
cosas del mundo, de la parte más pequeña a la más grande se fueron uniendo
como rompecabezas en una danza armónica, completamente fortuita y caótica.

De este Manto se crearon las sustancias primigenias, que se derivan del inicio y
difieren entre sí sólo por la cantidad y el orden de elementos que los componen. Y
a medida que se distendía el manto se creaban más y más cosas, que disentían
aún más rápido el tejido del mundo.

Hubo un momento en el que en medio del baile en el que comenzó el conteo de


los sucesos entre sí, porque mientras más se distendía el tejido a mayor velocidad
se unían las sustancias primigenias. Sin embargo en el momento en el que
parecía que el mundo físico se creaba a sí mismo ocurrió un violento golpe, pues
las partes más pequeñas del mundo se desgarraron y estuvieron a punto de
desaparecer de nuevo en la nada. Pero se aferraron las unas a las otras y por
breves momentos se distienden y se desgarran y vuelven a unirse. Y los espacios
entre ellas se volvieron inconquistables ya que donde antes estaba una de estas
partes primigenias, un momento después desaparece, para volver a aparecer en
otro lugar, burlando el orden natural. Y es así que la Voluntad se esfuerza por unir
las cosas pero el violento golpe se esfuerza por separarlas y se dice que el mundo
tiende a cada paso a desgarrarse y desaparecer y se mantiene en un equilibrio
que podría terminarse con cualquier alteración a las ondas que se hicieron de esta
lucha.

Fue así como se creó el mundo y el tejido del tiempo y el espacio sigue ondulando
según su propia voluntad. Qué creo aquél violento golpe nadie lo sabe, pues
escapa de todo conocimiento por nosotros recabado, aunque es seguro que de no
haberse dado las cosas del mundo serían muy distintas a como son. Porque
aquello que es también no lo es, cuando parece que se estabiliza y se puede
aprehender cambia violentamente su forma y su ser. Qué hay más allá del tejido
tampoco se sabe, pues es para nosotros desconocido. Se ha dicho que el mirar a
los bordes del manto extraería el ser de aquél desdichado que mire dentro del
vacío, al que llamamos así por nuestra falta de comprensión. Y es ese mismo
vacío que llevamos cargando a cada momento, pues las sustancias primigenias,
que nos dan nuestro ser son y a la vez no lo son, y todo cuanto hay en el mundo
desaparece y vuelve a aparecer, por momentos tan rápidos que podrían no ser y
sin embargo son, tal como la vida de todos, que es, pero para el mundo no.
Es en éste inhóspito conjunto de luchas, desgarramientos, uniones y fortalezas de
lo que se compone todo.

Pronto comenzaron los Primeros. Aquellos que se les dieron la inmortalidad y el


conocimiento de las partes de que están hechos y gobiernan cada una de sus
naturalezas. Pero están condenados a la soldad interminable pues no pueden
hablarse entre sí ya que no les es dado el comprender otras sustancias. Y no
habitan el mundo físico si no lo desean, pues en su ser está en el mismo tejido del
mundo, cada cual en su sustancia. Pero cuando eligen materializarse pueden
adoptar cualquier forma que deseen, como una fuerza de empuje y sostén y
también como un viento despiadado o como un fuego que consume el manto, o
como una nada que todo lo consume.

Sucedió que se pusieron a trabajar, pues en su naturaleza está el mismo


movimiento del distender del manto y dentro de cada uno estaba el deseo y el
empuje de crear, pues esa era la Voluntad. Sin embargo una vez comenzaban una
obra, se detenían y la destruían sólo para verla formarse de nuevo y no pocas
ocasiones el trabajo de uno interrumpió al del otro.

Así pasó mucho tiempo, que se creaba a sí mismo a medida que crecía el
espacio. Y se fue llenando de vientos. Y ahí donde los primeros habían trabajado
quedaron hundidas partes del manto, cómo pliegues que quedan después del uso.
Fue en esos pliegues que las cosas comenzaron a ser. Se dice que las cosas del
mundo no son más que una y la misma cosa, ordenada a partir del mismo origen,
pero martillado y plegado y replegado sobre sí mismo: donde hay una sustancia
liviana como el viento, la hay otra dura e inquebrantable unida a sí misma y
aferrándose conformando un material más denso.

Y el mundo se movió, como debía hacerlo para ser, pues nada está hecho para
mantenerse quieto ya que sigue parte de la Voluntad que expande el tejido.

Pronto para el digito del tejido, pero mucho tiempo después para el nuestro, las
cosas comenzaron a ralentizarse. Y ahí donde antes había fuegos despiadados y
vueltas todo comenzó a moverse en una constante. Y hay quien ha dicho que esa
constante no es más que un breve momento en el manto en el que las cosas
comenzarán a detenerse y el manto se contraerá y dejará de ser. Hay también
quién ha dicho que el manto se distiende cada vez más y más y que se desgarrará
completamente. Otros piensan que mucho de lo que se pueda pensar ya ha
pasado, pasará y volverá a acontecer, pues el resquicio de la discordancia por el
violento golpe hizo que las cosas dejaran de ser incluso antes de ser y que no
somos más que el fantasma de aquello que debió… como un humo que se
formula a sí mismo en el tiempo y el espacio y que sin embargo no tiene una
materialidad, se disuelve.

Pero al ralentizarse y mantener el movimiento en una aceleración ideal es cómo


fue posible que los Primeros pudieran ver lo que habían echado a andar con sus
trabajos. Y entonces descansaron y miraron. Fue así cómo inició la luz. Y de ella
partió todo lo demás como un fluido que se desplaza ya por sí mismo. Y Se
hicieron las estrellas y los planetas y todo cuanto hay en el mundo. Los Primeros
se enfocaron en un pequeño montículo de sustancia que se creó una masa
informe que fue adquiriendo la forma de una esfera por el movimiento y el
repliegue de las sustancias de que se conforma sobre ellas mismas. Porqué se
fijaron en él se nos ha dicho que fue ya que todo cuanto hay en el manto es una y
la misma cosa y aquello que pasa en una parte de él pasa también en la otra y no
hay diferencia y que si nosotros vemos en nuestra pequeña concepción del ser
diferencia, no es más que la discordancia entre el Primero de quién provenimos
con los otros, ya que todo lo que no es él nos es ajeno. Y es que se ha dicho que
si pudiéramos ver el Manto en toda su extensión no veríamos más que una tela
uniforme e idéntica en cada una de sus partes.

Poco a poco las cosas caían sobre sí mismas y despertaban de lo profundo de las
entrañas del mundo el conjunto de seres primitivos que traían consigo los
designios de los Primeros, pues fue el deseo de estos que dichos seres fueran, y
conforme surgían, los Primeros deseaban que los seres fueran a la imagen que
ellos tenían de sí mismos: fue así como el mundo que es se llenó de seres que
corrían o nadaban, que volaban o se arrastraban. Y los movía el mismo deseo de
ser que venía de los Primeros, que a su vez venia de la Voluntad, inherente al
Inicio.

De todos estos seres hubo quienes des oyeron su propia naturaleza, pues el vacío
que había entre los elementos de los que estaban hechos les impidió oír el
mandato de su propia composición y el desgarramiento de su ser los llevó a ser
aquello que no era su designio, según el deseo de su creador.

Cuántos Primeros hay no podemos saberlo ya que su naturaleza nos es ajena.


Aún el Primero de quienes viene la raza de los hombres nos es completamente
ajeno y nos habla pocas veces. Y es que cuando se nos dio la Palabra como una
forma de poder contener el desgarre del Manto fue cuando comenzamos a contar
el tiempo y los sucesos, y a nombrar las sustancias del mundo, pero no fue la
Palabra que usan los Primeros entre sí, pues dicha forma trasciende nuestro ser y
no es más que una sombra que se disuelve.
Son pocas las cosas que puedan decirse sobre lo que estuvo antes de ello, pues
lo que podemos ver no es más que la reverberación de los sucesos, como las
ondas sobre el agua cuando cae una piedra.
De los primeros y cómo se formó el mundo.

Poco se nos ha dado sobre esto en los registros de los que contamos. Se dice que
mientras el mundo se hacía y se formaba y que los trabajos de los Primeros se
batían en una danza por ser poco comprendían unos de otros. Sin embargo fue
designio de la Voluntad que comenzaran a comprenderse para contener el oleaje
y despliegue que se hacía en el manto. Y comenzaron entonces a hablar, y
pusieron atención unos a otros.

Fue esto lo que permitió que ahí donde habían dejado pliegues por interrumpir sus
labores comenzaran a formarse tumultos y alcanzaron a ver lo que sería.
Entonces guardaron silencio y una vez que se formó la tierra plantaron en ella las
semillas de su propia naturaleza, desde la parte más ínfima de su sustancia, para
que germinara según ellos mismos. Y aquellos primeros seres que después de
mucho tiempo crecieron y germinaron se convirtieron en una imagen de los
primeros, aunque menor en categoría y sometidos a la voluntad de su creador.
Muchos de ellos obtuvieron el don de poder convertiste en la presencia de su
creador y desde entonces permanecen unidos a su amo, realizando las tareas
encomendadas por ellos. Pero hubo unos que eligieron

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