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CAPÍTULO 29

Identidad social y personal


J. Francisco Morales

Objetivos
Proporcionar una breve síntesis de los aspectos esenciales de las teorías de la identidad y de la
categorización del yo expuestos en capítulos anteriores de este manual.
Resaltar, a continuación, las tres aportaciones más innovadoras y de mayor impacto de la Teoría
de la categorización del yo como introducción a los desarrollos recientes que han profundizado
más en las dos teorías de partida (identidad social y categorización del yo) y han conseguido su
extensión y ampliación.
Exponer los dos desarrollos elegidos: el Modelo SIDE, propuesto por Spears (2001), y el Modelo
SAMI, propuesto por Simon (2004):
• En el Modelo SIDE (por sus iniciales en inglés, Social Identity of Deindividuating Effects)
destacan la atención a los aspectos estratégicos del manejo de la identidad y la importancia
de las audiencias ante las que la identidad se despliega.
• El Modelo SAMI (por sus iniciales en inglés, Self-Aspects Model of Identity) examina la
identidad personal, sus funciones psicológicas, sus componentes y su evolución histórica.

29.1 Introducción
En el Capítulo 1 “Definición de la Psicología social” se señaló que la identidad social es, según
Tajfel, el resultado de la autodefinición a partir de la pertenencia a un cierto grupo social,
mientras que la identidad personal se aplica a los casos en los que la persona se define a partir
de sus rasgos únicos e idiosincrásicos.
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788 PSICOLOGÍA SOCIAL

A lo largo de este manual, se han dedicado muchas páginas


al análisis de los conceptos de identidad y categorización,
en claro reconocimiento del papel central que desempeñan
estos conceptos en muchos procesos psicosociales.
La categorización y la identidad (social y personal) con-
tribuyen a organizar la experiencia de la persona en su
mundo social. Por ello, constituyen una especie de eje
articulador o hilo conductor de todos o la mayoría de los
procesos psicosociales, como se tratará de mostrar en
Henri Tajfel (1919-1982) este capítulo.

En el próximo apartado se realizará un breve recorrido por los aspectos de la identidad y la


categorización analizados en distintos capítulos del manual para ilustrar el papel articulador
que desempeña la identidad dentro de la Psicología social.

29.2 Una breve síntesis de los contenidos identitarios en los


capítulos del manual
El Capítulo 1 del manual (Definición de la Psicología Social) propone la Teoría de la Identi-
dad Social como un ejemplo de la complejidad de los procesos que estudia la disciplina. La
identidad social es el resultado de procesos cognitivos, evaluativos y emocionales. Además, su
surgimiento, estabilidad y cambio descansan sobre procesos de naturaleza individual, grupal
y colectiva. Es lo que muestra la Figura 1.1 del Capítulo 1.

Identidad social como identidad colectiva

El Capítulo 24 (Comportamiento colectivo y movimientos sociales en la era global) pone un


cuidado especial en señalar la fusión entre identidad social e identidad colectiva. De la defini-
ción de esta última se deduce que los dos términos son intercambiables, En efecto, la identidad
colectiva es la autodefinición grupal, es decir, la definición que el grupo hace de sí mismo, el
resultado final de las percepciones que los miembros tienen de su grupo, que viene a ser la
suma de “las cualidades y características atribuidas a un grupo por sus miembros” cuando
estos piensan en sí mismos como un “nosotros”.

Necesidad de una identidad social

En ese mismo capítulo (24), se afirma que la identidad social es el “cemento aglutinador del mo-
vimiento colectivo” y se da a entender que, en la sociedad contemporánea, las personas sienten
una necesidad de identidad social. Se atribuye la aparición de nuevos movimientos sociales a la
existencia de una “cierta confusión de identidad”. Y es que las experiencias de las personas en el
mundo actual se caracterizan, en gran medida, por la desorientación y la pérdida de sentido.

Necesidad de una identidad social positiva

En el Capítulo 23 (Prejuicio y estigma: efectos y posibles soluciones) se sugiere indirectamente


la necesidad de que esa identidad social sea positiva ya que, de acuerdo con el planteamiento de
Identidad social y personal 789

Major (véase, por ejemplo, Major, McCoy, Kaiser y Quinton, 2003), cuando la propia identidad
está devaluada, y existe en la sociedad un consenso amplio sobre esta devaluación, se genera
un estrés similar al causado por otros tipos de estresores.

Flexibilidad de la identidad social

El Capítulo 25 (Memoria colectiva y social), por su parte, subraya la flexibilidad de la identi-


dad social, como demuestran los estudios sobre identidad social étnica, que ponen de relieve
la gran capacidad de adaptación de este tipo de identidad a distintas situaciones y coyunturas.
Algo parecido ocurre con la expresión de la identidad colectiva en la memoria histórica, dado
que se ha constatado que en las reconstrucciones del pasado se inventan elementos que luego
acaban por considerarse centrales en la definición del propio grupo.

Regulación de la autoimagen de la persona

La memoria colectiva ayuda a conseguir una cierta identidad social. Las personas se apropian
de algunos hechos del pasado y los convierten en elementos centrales de la identidad, aunque
ello sea a costa de forzar la imagen de la historia hasta que resulte positiva y se la pueda hacer
encajar con las aspiraciones y deseos del momento actual. Este proceso se explica con detalle
en el Capítulo 25 y se completa en el Capítulo 26 (Representaciones sociales de la historia: es-
tudios y aplicación a sociedades con un pasado traumático), en el que se atribuye a la necesidad
de mantener una identidad social positiva los intentos que hacen las personas para dotar de
significado a los hechos del pasado.

Regulación de la conducta dentro del propio grupo

El Capítulo 6 (Categorización Social y construcción de las categorías sociales) acentúa el papel


de la identidad en la desindividuación, lo que desmiente la afirmación de muchos autores que
hablan de una conducta caótica e impulsiva en las multitudes. No es eso lo que ocurre. Las
personas, lejos de perder su identidad en las multitudes, actúan sobre la base de la identidad
social relevante en ese momento: en otras palabras, cuando las personas están en un grupo o en
una multitud, “actúan en función de las normas propias del grupo en el que se encuentran”.
La identidad ejerce un poderoso impacto sobre los estereotipos a través de varias vías
diferentes, como se señala en el Capítulo 8 (Estereotipos). La primera vía es la tendencia de
las personas a tener una imagen más positiva de su propio grupo. Además, las personas del
mismo grupo generan estereotipos similares sobre los miembros de otros grupos, puesto que
los estereotipos ayudan a representar al propio grupo como “diferente y mejor” que los grupos
rivales u opuestos. Aunque no tiene por qué ocurrir así necesariamente, ya que depende de
ciertas condiciones, ello suele desembocar en la discriminación del exogrupo.

Regulación de la conducta hacia los otros grupos

El papel central de la identidad social en la regulación de la conducta hacia los otros grupos
se manifiesta en el Capítulo 22 (El estudio del prejuicio en la Psicología social: definición y
causas): la Teoría de la identidad social es la más utilizada en Psicología social a la hora de
intentar explicar las relaciones intergrupales.
790 PSICOLOGÍA SOCIAL

Regulación de las relaciones con el ambiente físico

La identidad cumple una función importante en la organización del ambiente físico. Como
se ha señalado en el Capítulo 4 (Bases ambientales del comportamiento social), una de las
funciones del espacio personal es, precisamente, mantener la identidad personal. El espacio
personal nos ayuda a “mostrarnos como seres independientes y distintos de los demás”. En
este sentido, el espacio personal extiende nuestro “yo” más allá de nuestra piel.
A ello hay que añadir que las personas tienden también a considerar los propios “territorios
primarios” como una extensión de la propia identidad. Así lo pone de manifiesto la utilización
de “señales que comunican claramente los límites del territorio”.
En el Cuadro 29.1 se puede abarcar de manera rápida la breve síntesis que se acaba de presentar.

Cuadro 29.1: La complejidad de los procesos implicados en la identidad.

Qué es Características Para qué sirve

Resultado de procesos cognitivos, Necesidad de una identidad Regulación de la autoimagen


evaluativos y emocionales social de la persona
(Capítulo 1) (Capítulo 24) (Capítulos 25 y 26)
Resultado de procesos de naturaleza Necesidad de una identidad Regulación de la conducta
individual, grupal y macrosocial social positiva dentro del propio grupo
(Capítulo 1) (Capítulo 23) (Capítulos 6 y 8)
Identidad social = identidad colectiva Flexibilidad de la identidad Regulación de la conducta
(Capítulo 24) social hacia el otro grupo
(Capítulo 25) (Capítulo 22)
Regulación de las relaciones
con el ambiente físico
(Capítulo 4)

29.3 Tres aportaciones innovadoras de la Teoría de la categorización


del yo
La Teoría de la categorización del yo surgió a finales de los años ochenta del pasado siglo
como una continuación y extensión de la Teoría de la identidad social. Su papel dentro de la
Psicología social ha sido importante, porque ha servido como plataforma de lanzamiento
de muchas teorías psicosociales vigentes en la actualidad. En este apartado se revisarán tres de
sus principales aportaciones, por su carácter innovador y el impacto que han ejercido.

El proceso de despersonalización

Es el proceso que tiene lugar cuando la persona se categoriza a sí misma como miembro de su
grupo. Por ejemplo, cuando alguien dice: “soy alemana”. En ese momento, deja de percibirse
como alguien único y diferente a todos los demás y se considera igual que el resto de personas
de su grupo, equivalente a ellas e intercambiable con ellas. En otras palabras, se ve a sí misma
como disciplinada, culta, rica, aficionada a los viajes, y así sucesivamente, ya que se aplica los
rasgos que son estereotípicos de los alemanes
Identidad social y personal 791

Los tres niveles de categorización

En las páginas iniciales del Capítulo 6 (Categorización social y construcción de las categorías
sociales) se hace una exposición detallada de los tres niveles de categorización postulados por
la Teoría de la categorización del yo (interpersonal, intergrupal, interespecies). También se in-
dica que estos tres niveles presentan tres características fundamentales (señaladas igualmente
por Simon, 2004, p. 38).
La primera es que se considera que los tres niveles son funcionalmente antagónicos, es
decir, cuando uno de los niveles es operativo, la actuación de los otros dos queda inhibida.
Este va a ser uno de los puntos más debatidos en los últimos desarrollos de esta teoría, como
se verá más adelante.
La segunda es que, en el nivel intermedio (el intergrupal), lo crucial es la relevancia o
ausencia de relevancia de la dimensión de comparación. Es decir, este nivel será operativo si, y
sólo si, las personas piensan que la comparación que se establece tiene sentido en esa situación.
Así, para un psicólogo social en un congreso de Psicología la dimensión de comparación será
Psicología social frente a Psicología individual, mientras que en un congreso de psiquiatras
será más bien Psicología frente a Psiquiatría.
La tercera es que el contexto influye en los niveles de categorización. De aquí que un con-
texto que hace saliente un grupo al que pertenece la persona active el nivel intermedio. En este
caso, la persona dejará de pensar en sí misma como un ser individual e independiente y pasará
a verse como miembro de un grupo e intercambiable con los otros miembros de ese grupo. Es
decir, la identidad social prevalecerá sobre la personal. Ahora bien, un contexto determinado
hará saliente un cierto grupo, por lo que activará una identidad social concreta e inhibirá otras
(véase el ejemplo del Cuadro 29.2).

Cuadro 29.2: Un ejemplo de activación de una identidad social de la persona e inhibición de


otra identidad social posible.

Cuando en una empresa la jefa de personal toma la decisión de despedir a un número elevado de traba-
jadores, es más probable que las trabajadoras en riesgo de ser despedidas se identifiquen, ante todo,
como trabajadoras. En este caso, la dimensión de comparación relevante es jefe-trabajador, mientras
que mujer-varón deja de tener relevancia.

El concepto de prototipo

Es otra aportación de la Teoría de la categorización del yo. Expresado de un modo sencillo,


el prototipo es la persona que mejor representa la posición del grupo en alguna dimensión
importante para el grupo. Conviene añadir que también puede ser prototípica una idea, una
actitud, o incluso un grupo (sindicato, partido político, equipo de fútbol).
La posición prototípica es la que más se parece a la mantenida por los miembros del grupo
y la que, a la vez, más se diferencia de la de los miembros de los otros grupos. Se calcula
como la distancia media entre la persona y los miembros del exogrupo partido por la distancia
media entre la persona y el resto de los miembros de su grupo.
La importancia del prototipo radica en que cumple varias funciones. Para empezar, repre-
senta el valor central del grupo, su posición normativa (la de mayor influencia).
Es, a la vez, la base de las diferencias dentro del grupo, ya que los miembros del grupo se acer-
can más o menos a esa posición y, en esa medida, son más o menos respetados e influyentes.
792 PSICOLOGÍA SOCIAL

Entre los desarrollos más sistemáticos de la Teoría de la identidad social y de la Teoría de


la categorización del yo cabe citar el Modelo SIDE, propuesto fundamentalmente por Spears
(2001), y el Modelo SAMI, propuesto por Simon (2004).

29.4 El Modelo SIDE


Este modelo, cuyas iniciales (Social Identity of Deindividuating Effects) indican que se desa-
rrolló en estrecha conexión con el estudio de los efectos de desindividuación (véase el alcance
de este término en el Capítulo 24 sobre comportamiento colectivo y movimientos sociales en
la era global), realiza una serie de aportaciones importantes al desarrollo de las teorías de la
identidad social y de la categorización del yo.

La autodefinición individual

Spears (2001), sin eludir el término identidad, prefiere hablar de autodefinición. También de-
fiende la polaridad individual-colectiva frente a la introducida por Tajfel personal-social. En
su planteamiento teórico, la autodefinición colectiva es la que surge de la comparación con
otros grupos y la autodefinición individual aquella cuyo contenido depende de comparaciones
sociales interpersonales (es decir, con otras personas individuales). En su opinión, induce a
error la utilización (por otra parte habitual) del término identidad social para referirse al yo
colectivo, es decir, el que surge de la autodefinición colectiva, ya que sugiere que no es social la
autocategorización individual, la que surge de la autodefinición individual.
Ocurre, sin embargo, que para la Teoría de la categorización del yo, todas las identidades
están socialmente definidas, de forma que el contenido de la autodefinición está determina-
do por el contexto comparativo social concreto. La mejor prueba de ello es lo que se podría
denominar “reversibilidad de los atributos individuales y grupales”, expresión que alude a la
imposibilidad de separar de modo tajante los atributos que pueden definir el yo individual y
los que pueden definir el yo colectivo.
Spears propone el siguiente ejemplo: si alguien (un varón) quiere distinguirse de una ami-
ga (y generar, de esta forma, una autodefinición individual), es muy posible que recurra a
rasgos personales. Pongamos por caso que el varón en cuestión dice: “mi amiga es extravertida
y yo no”. Efectivamente, en este caso el rasgo que se utiliza para la distinción es personal e
idiosincrásico. Pero nada impide que esa persona siga diciendo: “además, ella es dependienta,
y yo no; ella es mujer, y yo no”. Y en este segundo caso la distinción se basa en pertenencias
grupales (y sigue siendo una autodefinición individual).
A la reversibilidad de los atributos individuales y grupales hay que añadir el hecho de que,
en ocasiones, las pertenencias grupales de una persona son tan importantes para ella que
inundan, por así decir, su autodefinición individual y su vida “personal”. Se trata de casos
en que una autodefinición, en principio colectiva, acaba siendo crónicamente accesible para
la persona y se usa como base para la comparación, la diferenciación y la autodefinición in-
dividual. Es lo que sucede con frecuencia a personas que para sus amigos y conocidos son “el
profesor”, “el capitán” y similares.
Es importante advertir (y esto se verá también en el Modelo SAMI propuesto por Simon)
que los rasgos individuales, distintos, sin duda, de las categorías sociales, se pueden convertir
ellos mismos en dimensiones de categorización social cuando el contexto lo exige (Spears,
2001, p. 184). Un ejemplo clásico es el siguiente: el rasgo inteligente es un rasgo de personalidad.
Identidad social y personal 793

Pese a ello, puede usarse, y se usa de hecho, para definir un grupo, como en un aula, cuando el
maestro estratifica el grupo de clase en función de su aptitud. Algo parecido se puede aplicar
al rasgo extravertido. Generalmente se utiliza para describir a personas individuales, pero a
veces se habla también del grupo de extravertidos (los amantes de las fiestas).
El punto importante es que la mayoría de los atributos individuales, por no decir todos,
se pueden experienciar también como compartidos o sociocategoriales, de manera que sirven
como base para una identidad colectiva en las condiciones sociales apropiadas.
Es un mérito de Spears dar un paso adelante para intentar concretar cuáles son esas condi-
ciones. Su pregunta clave es cuándo se va a producir una autodefinición individual y cuándo
una colectiva, y qué efectos tendrá el que se produzca una u otra. A grandes rasgos la respuesta
es que el nivel y el contenido de la autodefinición será un reflejo de la interacción entre el
contexto y el perceptor.

Variables personales, contextuales y el efecto de la audiencia

Las variables personales (organísmicas, para Spears) de accesibilidad, conocimiento del contexto
e identidad grupal, entre otras, ejercen su influjo sobre lo probable que resulta la adopción, por
parte de las personas, de una perspectiva grupal o individual. A lo largo de su trayectoria vital las
personas pasan por una serie de experiencias, en virtud de las cuales adquieren ciertos valores,
motivaciones y aspiraciones a lograr determinadas metas. Si la experiencia de pertenecer a un
grupo ha desembocado en maltrato, pongamos por caso, probablemente el deseo de pertenecer a
ese grupo se reducirá. Ahora bien, si la meta a la que aspira la persona es llamar la atención sobre
el maltrato que ha padecido, seguramente intentará que todos conozcan esa pertenencia.
En definitiva, Spears sugiere que las variables propiamente personales e individuales in-
fluyen en la autodefinición, lo que representa una innovación con respecto a las dos teorías de
partida (identidad social y categorización del yo).
Entre los efectos del contexto Spears distingue los que tienen que ver con una dimensión
propiamente cognitiva de los que se relacionan con una dimensión estratégica. La introducción
de esta última es otra de las innovaciones del modelo propuesto por este autor. Los efectos cog-
nitivos del contexto son los que analizan las teorías de la identidad social y de la categorización
del yo. Por lo general, son automáticos y requieren poca intervención o motivación consciente.
Los efectos estratégicos tienden a ser conscientes y motivados y ocurren cuando, ante una
amenaza a la identidad, surge la motivación de defenderse, de retirarse, o de disimular. Tam-
bién cuando hay que elegir entre identidades o cuando se actúa delante de una audiencia ante
la que la persona se siente responsable de algún modo.

Un ejemplo de efecto cognitivo: el estudio de autoestima privada vs. colectiva


Se medía la autoestima personal y la colectiva (véase la definición de ésta en el Capítulo 23,
“Prejuicio y estigma: efectos y posibles soluciones”) de los miembros de un grupo. A los auto-
res (Jetten, Branscombe y Spears, 2001) les interesaba sobre todo conocer las reacciones de los
miembros periféricos, es decir, los alejados del prototipo, los menos representativos del grupo,
cuando se les informaba, en unos casos, de que iban a ser prototípicos de su grupo o, en otros,
de que iban a ser todavía más marginales.
El pronóstico era que aquellos a los que se les había creado la expectativa de que iban a ser
prototípicos mejorarían más su autoestima colectiva que la personal. Por el contrario, los que
esperaban ser aún más periféricos mejorarían más su autoestima personal que la colectiva, en
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un intento de amortiguar el rechazo de su grupo. Esto fue lo que se encontró. No hubo ningún
cambio en la autoestima de las personas cuya posición grupal permaneció constante.
Según Spears (2001, p. 181), se pueden extraer de este estudio dos conclusiones. En primer
lugar, existe una especie de intercambio entre el nivel personal de autoestima y el nivel colec-
tivo de autoestima que corresponden, respectivamente, a los niveles individual y colectivo del
yo. Es lo que en la Teoría de la categorización del yo se denomina “relación de antagonismo
funcional entre los niveles”. En segundo lugar, el efecto es automático, no precisa procesa-
miento consciente; es, en la terminología de Spears, “cognitivo”.

Estudio sobre anonimato y grupos de identidad común y de vínculo común


Los grupos de identidad común son los que interesan fundamentalmente a las teorías de la
identidad social y de la categorización del yo. Ponen el énfasis, por así decir, en “el grupo
dentro el individuo”, es decir, son grupos con los que la persona sabe que comparte puntos
de vista y atributos comunes. Por ello, hacen saliente la identidad colectiva. El ejemplo típico
sería la nacionalidad, el género o el partido político. No es necesario que una persona conozca
a otra de su misma nacionalidad (género, partido político) o que interactúe con ella para que
piense que las dos compartirán una serie de valores y puntos de vista. En este sentido, los
grupos de identidad común no se basan en la interdependencia de quienes los componen, sino
en el hecho de compartir una identidad.
En cambio, de los grupos de vínculo común se podría decir que acentúan “el individuo
dentro del grupo”. Son grupos con cuyos componentes la persona piensa que se va a llevar
bien, porque tienen intereses comunes o porque realizan actividades que ella no podría rea-
lizar estando sola. Tienden a fomentar la identidad individual. El ejemplo típico es el equipo
deportivo, el club de montaña y, en general, todos los grupos que se forman para permitir a
sus miembros realizar actividades en las que todos están interesados, pero que no se pueden
realizar de forma aislada. En estos grupos la base es la interdependencia de medios y fines, y
no el hecho de compartir la identidad.
Los estudios de Postmes y Spears (1998, 2000) intentaban averiguar si en condiciones de
anonimato (imposibilidad de ser descubierto si se infringe la norma) las personas actuarían
de igual forma en un grupo de identidad común que en uno de vínculo común. Tal como
se pronosticaba, había diferencias notables entre los dos tipos de grupo. Así, mientras en el
grupo de identidad común la condición de anonimato incrementaba la saliencia de grupo y la
conformidad a las normas de grupo, ocurría lo contrario en los grupos de vínculo común. En
estos lo que hacía más intensa la conformidad a la norma era la condición de identificabilidad,
es decir, la posibilidad de ser descubierto.
El interés de este estudio es que constituye un ejemplo claro de ausencia del antagonismo
funcional entre niveles que postula la Teoría de la categorización del yo. En efecto, demuestra
que en los grupos de naturaleza más individual (grupos de vínculo común), la condición de
identificabilidad, es decir, aquella en la que se ve a los otros miembros del grupo, sirve para
fortalecer los lazos interpersonales que definen este tipo de grupo. Por tanto, un aspecto del
contexto relacionado con el grupo activa aspectos del yo individual.

Estudios sobre alta y baja identificación y afirmación del yo colectivo


El antagonismo funcional reaparece en estos estudios (Doosje, Ellemers y Spears, 1995; Spears,
Doosje y Ellemers, 1997), innovadores en la medida en que una variable de tipo personal, en con-
creto, la alta o baja identificación con el grupo, desempeña un papel crucial. El punto de partida es
la tensión que surge entre el yo individual y el colectivo ante una amenaza a la identidad. La forma
Identidad social y personal 795

en que se responde a esta amenaza está estrechamente relacionada con lo que Spears denomina
inversión anterior en los niveles de autodefinición. Es decir, las personas que hayan dedicado la
mayor parte de sus esfuerzos a desarrollarse personalmente como individuos responderán de
forma muy diferente a las que se hayan orientado más bien hacia las aportaciones al grupo.
En los estudios citados, las amenazas a la identidad se referían fundamentalmente al es-
tatus y la distintividad del propio grupo. La respuesta habitual de los participantes bajos en
identificación a la amenaza era el intento de distanciarse del grupo en modos diversos. En
cambio, ante esa misma amenaza, los altos cerraban filas con el grupo y afirmaban su yo
colectivo. Un resultado complementario es muy ilustrativo: los altos en identificación tendían
a diferenciar el endogrupo del exogrupo más que los bajos en la condición de amenaza grupal,
y especialmente en la dimensión estereotípica negativa del endogrupo. En otras palabras, afir-
maban su yo colectivo aun a costa de una autoimagen negativa.
La conclusión general de estos estudios es que la amenaza a la identidad introduce una
cuña entre el yo individual y el colectivo. La respuesta a la amenaza depende de que la persona
otorgue prioridad a su yo individual o a su yo colectivo.

Efecto estratégico del contexto: la influencia de la audiencia


Si los participantes en un estudio son conscientes de que hay una audiencia que va a conocer
su conducta, activan las estrategias para presentar su yo colectivo. En el estudio de referencia
(Postmes, Branscombe, Spears y Young, 1999), todos los participantes eran varones y tenían
que manifestar su opinión sobre los privilegios o desventajas de los hombres con respecto a
las mujeres. Se informaba a la mitad de ellos de que la investigación en la que participaban
se realizaba en nombre de una publicación feminista, y a la otra mitad de que se hacía por
encargo de una publicación de carácter conservador orientada a lectores masculinos.
Los participantes bajos en identificación, en la condición “publicación feminista”, adap-
taban su conducta para adecuarse a las expectativas de la audiencia. En concreto, disminuían
sus quejas por las desventajas masculinas. Vale la pena resaltar que este resultado pone de
manifiesto que la conciencia del yo colectivo, y la forma en que se supone que este es percibido
por la audiencia colectiva, se usó para servir a fines individuales. En cambio, en esta misma
condición, los altos en identificación no modificaban sus respuestas, lo que equivale a la afir-
mación de su yo colectivo.

29.5 El Modelo SAMI

Simon (2004), al igual que Spears, y por las


mismas razones, prefiere la polaridad indivi-
dual-colectiva a la personal-social y utiliza de
manera intercambiable los términos identidad
y yo (véase Cuadro 29.3).
El modelo que propone (SAMI, A Self-Aspects
Model of Identity) intenta ser innovador en
el ámbito de investigación de la identidad
Bernd Simon social y, a la vez, integrador.
Universidad Christian-Albrechts en
Kiel (Alemania)
796 PSICOLOGÍA SOCIAL

El carácter integrador del Modelo SAMI se manifiesta en que:


• Combina los conceptos de las teorías de la identidad social y de la categorización del yo con
los de la Cognición social.
• Presta una atención especial al estudio de la otra cara de la identidad, la individual, oscu-
recida en las teorías originales.
• Amplía la definición de la individualidad (no sólo distinción, sino también independencia),
• Además de tener en cuenta las variables del contexto, explora las variables personales capa-
ces de influir en la identidad individual y colectiva.
• Analiza las funciones de la identidad.
• Sitúa históricamente el desarrollo de la identidad individual y colectiva.

Cuadro 29.3: Uso de los términos “yo” e “identidad”.


• El término yo se usa, por lo general, en la literatura de Cognición social, en la que el acento se pone
en el concepto de yo como representación cognitiva.
• El término identidad se utiliza con preferencia en las perspectivas que ponen el acento en el contexto
socioestructural.
• El enfoque integrador SAMI recoge los dos términos.
Fuente: Simon (2004, p. 49).

Simon concede una importancia crucial al proceso de autointerpretación. Lo define como


“un proceso socio-cognitivo, por medio del cual las personas dan coherencia y sentido a sus
propias experiencias, es decir, a sus relaciones con el contexto físico y social.” (2004, p. 45). La
autointerpretación es la base de la comprensión que las personas tienen de sí mismas, es decir,
de su identidad, y ésta, a su vez, influye en sus percepciones y en su conducta.

Los aspectos del yo


Los aspectos del yo son los elementos que conforman la autointerpretación.
Se trata de un concepto original de Linville (1985), autor destacado del campo de la Cog-
nición social. Se define como una categoría cognitiva que sirve para procesar y organizar la
información y el conocimiento sobre uno mismo y que se caracteriza por su gran amplitud, ya
que puede incluir, entre otros, características o rasgos psicológicos generalizados (extraverti-
do), rasgos físicos, (alto, rubio), roles o papeles sociales (médico, asesor financiero), capacida-
des (oído para la música), gustos (preferencia por la comida china), actitudes (actitud favorable
hacia las actividades al aire libre), conductas (práctica del alpinismo) y pertenencias grupales
o categoriales explícitas (pertenencia a una ONG).
La saliencia y la cronicidad de los aspectos del yo afectan a la autointerpretación. La
saliencia depende del contexto situacional inmediato. Por ejemplo, el aspecto del yo “tí-
mido” seguramente será más saliente en la autointerpretación en una fiesta que en una
reunión familiar. La cronicidad es función de la importancia personal y/o de la invarianza
sociocontextual. Es decir, si la timidez ha sido causa de graves problemas para una perso-
na en su niñez, es probable que adquiera una gran importancia personal para ella, por lo
que se puede pronosticar que será un aspecto del yo saliente en muchas situaciones de su
vida adulta (e influirá poderosamente en la autointerpretación que esa persona haga de sí
misma). Y si alguien es excluido de la sociedad por su pertenencia grupal (el caso de los
judíos en la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial y su confinamiento en campos de
Identidad social y personal 797

concentración), es muy probable que la causa de la exclusión (en este caso, el hecho de ser
judío) se convierta en un aspecto del yo saliente mientras dure la exclusión (en el ejemplo
propuesto, durante su confinamiento).
Sería un error, sin embargo, advierte Simon, concluir que los aspectos del yo son estructu-
ras cognitivas rígidas. Todo lo contrario. En muchas ocasiones también se construyen “sobre
la marcha” en la memoria de trabajo a partir de información específica saliente en la situación
concreta y del conocimiento más general que se obtiene de la memoria a largo plazo.

Identidad individual e identidad colectiva

Simon (2004, p. 49) define la identidad colectiva como una autointerpretación centrada en un
aspecto del yo socialmente compartido. Se basa primordialmente en un único aspecto del yo que
la persona comparte con otras personas, pero no con todas, en un contexto social relevante.
La característica fundamental de la identidad colectiva es su unidimensionalidad. Esto
quiere decir que cuando alguien afirma, por ejemplo, “ante todo, y sobre todo, soy cris-
tiano (o musulmán, o militar)”, las diferencias interindividuales en otras dimensiones de
los aspectos del yo son irrelevantes, y la intercambiabilidad o semejanza de uno con las
otras personas que comparten el mismo aspecto del yo pasa a formar parte del telón de
fondo psicológico. La razón es que el proceso psicológico crítico que subyace a la identidad
colectiva es el proceso de centrar o focalizar la autointerpretación en un único aspecto del
yo socialmente compartido.
Lo anterior no implica que otros aspectos del yo estén ausentes en la identidad colectiva,
sino más bien que, cuando existen, se trata de aspectos del yo adicionales, es decir, secunda-
rios, en el sentido de que vienen exigidos o están implicados por el aspecto del yo focal. En
un ejemplo de un apartado anterior se vio que cuando una persona se define como “alemana”
(rasgo focal), también se ve a sí misma como disciplinada, culta, rica, aficionada a los viajes,
entre otros rasgos estereotípicos de los alemanes y, por tanto, secundarios, ya que se despren-
den del rasgo focal (“alemana”), que es el que define su identidad colectiva.
Una persona puede tener muchas identidades colectivas, en la medida en que cualquier
persona tiene múltiples aspectos del yo socialmente compartidos. Simon (2004, p. 50) ad-
vierte que esto es algo que ya señaló William James al afirmar que “una persona tiene tantos
“yos” sociales diferentes como grupos distintos de personas cuya opinión tiene en cuenta o
le importan”.
La identidad individual es, para Simon (2004, p. 50), la autointerpretación basada en
una configuración compleja de aspectos del yo diferentes y no redundantes; por ejemplo,
soy mujer, cristiana, de pelo negro, aficionada a la música y a la cocina francesa, abogada,
y así sucesivamente.
La característica más acusada de la identidad individual es la exclusividad. De hecho, un
conjunto o configuración suficientemente amplia de los aspectos del yo no redundantes dará
lugar a una identidad social pronunciada y exclusiva, de modo que la probabilidad de que otra
persona posea un conjunto idéntico de aspectos del yo resultará bastante improbable.
La identidad individual va estrechamente unida a la independencia. La existencia de muchos
aspectos del yo diferentes es una garantía de variabilidad, flexibilidad y, en última instancia,
de independencia psicológica. Una persona madre de familia numerosa y, a la vez, académica de
la Real Academia de la Historia, dependerá menos de la aprobación de sus compañeros
798 PSICOLOGÍA SOCIAL

de Academia si, como es probable, tiene acceso a una fuente alternativa de autoevaluación o
autoestima positiva en su círculo familiar. En general, la persona que tiene disponibles para
su autointerpretación un número elevado de aspectos del yo tendrá una mayor capacidad de
elección y, por tanto, su dependencia con respecto a cada uno de los aspectos del yo para la
satisfacción psicológica de las necesidades será menor.
La conclusión que extrae Simon (2004, p. 51) de lo anterior es que hay, al menos, dos com-
ponentes de la identidad individual: la autointerpretación como un individuo distinto (esto
es algo en lo que, desde el principio, han insistido las teorías de la identidad social y de la
categorización del yo) y la autointerpretación como un individuo independiente (esta es una
aportación innovadora de Simon). Los dos componentes están relacionados entre sí.
La identidad individual tiene el mismo carácter social que la colectiva. Los aspectos del
yo no son facetas absolutas de mónadas aisladas, sino facetas relacionales de seres humanos
interdependientes. Son productos sociales que adquieren significado en la interacción social.
Además, la identidad individual, al igual que la colectiva, tiene su origen en condiciones socia-
les concretas y se apoya en ellas. Las dos (individual y colectiva) funcionan como mediadoras
entre estas condiciones y las percepciones y conductas sociales de las personas. En resumen,
por lo que respecta a su contenido, su origen y su función. la identidad individual es tan social
como la colectiva,
Por eso, aunque a primera vista se diría que una persona tiene sólo un conjunto único
de aspectos del yo y una sola identidad individual, lo cierto es que en nuevas situaciones se
pueden construir nuevos aspectos del yo y, en situaciones diferentes, se pueden procesar y usar
para la autointerpretación diferentes subconjuntos o combinaciones de aspectos del yo.
Un resumen del enfoque de Simon sobre las diferencias y parecidos entre la identidad co-
lectiva y la individual se presenta en el Cuadro 29.4.

Cuadro 29.4: Diferencias y parecidos entre la identidad colectiva y la individual.

Identidad colectiva Identidad individual

Definición Autointerpretación centrada en un aspecto Autointerpretación basada en una


del yo socialmente compartido configuración compleja de aspectos
del yo diferentes y no redundantes

Características Unidimensionalidad Exclusividad (individuo distinto)


Independencia

Número Existen múltiples identidades colectivas Existen múltiples identidades


individuales

Origen Condiciones sociales concretas

Función Median entre las condiciones sociales en las que se originan y las percepciones y
conductas sociales de las personas
Fuente: Simon (2004).

El cuadro que se presenta a continuación completa el alcance del Cuadro 29.4.


Identidad social y personal 799

Cuadro 29.5: No sólo antagonismo.


Desde la perspectiva de las teorías de la identidad social y de la categorización del yo, la identidad
colectiva y la individual se ven como antagonistas. Simon (2004) cree, en cambio, que la relación que
existe entre estos dos tipos de identidad es más compleja de lo que sugiere un simple antagonismo.
Para empezar, un aspecto del yo (alemana) puede sentar la base de la identidad colectiva de una
persona en un momento dado, cuando la persona afirma: “soy alemana”. Pero ese mismo aspecto, en otro
momento, puede contribuir, al lado de otros aspectos del yo, a la propia identidad individual. Es lo que
sucede cuando la persona afirma: soy alemana, joven, luterana, de pelo negro, aficionada a la música,
la cocina francesa y los viajes y abogada.
Es decir, los aspectos del yo cumplen una función dual, lo que les permite articular la identidad indivi-
dual y la colectiva y reforzarlas mutuamente. Esto es lo que se muestra a continuación:
• Identidad individual: reserva de identidades colectivas
La identidad individual recoge los sedimentos de identidades colectivas que la persona ha experimentado
en el pasado (algo así como sus huellas). Conviene recordar que la mayor parte de los aspectos del yo
pueden sentar la base de una identidad colectiva. Por tanto, la identidad individual es una reserva de
posibles identidades colectivas, tanto experimentadas con anterioridad como todavía por experimentar.
• Identidad colectiva: fuente de la independencia individual
La multiplicidad y diversidad de las identidades colectivas de una persona conforman un sistema complejo
de coordenadas o aspectos del yo sociales. Son esas coordenadas las que permiten a la persona ubicarse
socialmente, por lo que facilitan que se vea a sí misma como un individuo distinto e independiente.
Fuente: Simon (2004).

Variables de la persona

Las variables de la persona pueden llegar a ser antecedentes poderosos de la identidad indivi-
dual y colectiva. Cada persona, a lo largo de su vida, tiene experiencias vitales muy singulares,
por lo que serán diferentes:
• El número de aspectos del yo que cada persona tiene disponibles para la autointerpreta-
ción, lo que, en el Modelo SAMI, se conoce como “complejidad”.
• La “importancia personal o subjetiva” y la “valencia” de esos aspectos del yo (véase Simon,
2004, p. 73).
Importancia personal y valencia de los aspectos del yo
La identidad colectiva descansa, como ya se ha señalado, sobre una autointerpretación fo-
calizada, es decir, concentrada en un solo aspecto del yo. En cambio, la identidad individual
surge de una autointerpretación compleja o desconcentrada, dicho de otra forma, de una
combinación de aspectos del yo diferentes y no redundantes. Por tanto, los factores o variables
que activan el proceso de concentración fomentarán la identidad colectiva y los que activan la
descentración favorecerán, en cambio, la identidad individual. Véase el Cuadro 29.6.

Cuadro 29.6: Identidad colectiva como función de la importancia personal y la valencia.

La importancia personal de los aspectos del yo favorece el proceso de concentración porque atrae la
atención de la persona y ocupa el primer plano psicológico durante la autointerpretación. A la inversa,
un aspecto del yo de escasa o nula importancia hará que la persona recurra a otros aspectos del yo
adicionales en la autointerpretación y hará que esta se base en la identidad individual.
Por lo general, las autoevaluaciones positivas se prefieren a las negativas. En consecuencia, lo más probable
es que las personas se centren en un aspecto del yo de valencia positiva. Si no les queda más remedio que
prestar atención a algún aspecto del yo negativo, dado que esto produce aversión, tenderán a incorporar as-
pectos del yo adicionales a la autointerpretación, de manera que esta se basará en la identidad individual.
Fuente: Simon (2004, p. 76).
800 PSICOLOGÍA SOCIAL

En consecuencia, la elevada importancia personal y la valencia positiva de los aspectos del


yo facilitarán la construcción de la identidad colectiva. Así lo demuestra el trabajo de Simon
y Hastedt (1999).
La tendencia general a preferir las autoevaluaciones positivas no excluye la posibilidad de
algunas excepciones. De hecho, estas se han documentado en diversos estudios. Por ejemplo,
en un apartado anterior de este mismo capítulo, titulado “Estudios sobre alta y baja identifi-
cación y afirmación del yo colectivo”, al resumir el trabajo realizado por Doosje, Ellemers y
Spears (1995) y por Spears, Doosje y Ellemers (1997), se señaló que uno de los resultados de
interés era que los participantes altos en identificación afirmaban su yo colectivo aun a costa
de tener que aceptar una autoimagen negativa. Pero esta y otras excepciones no contradicen la
tendencia general que Simon pone de manifiesto, ya que la identidad cumple varias funciones
(véase un apartado posterior de este mismo capítulo) y, en ocasiones, es más importante la
“distintividad” o la “agencia” que la positividad (valencia positiva).

Complejidad del yo
Simon y Kampmeier (2001) investigaron el impacto de la complejidad como variable personal.
A diferencia de lo que sucedía con la importancia de los aspectos del yo y con la valencia, de la
complejidad elevada del yo cabe esperar que:
• Fomente la autointerpretación en función de muchos aspectos del yo diferentes.
• Al mismo tiempo, impida la concentración de la autointerpretación en un solo aspecto del
yo, lo que bloquearía el proceso crítico que subyace a la identidad colectiva.
Se diría, por tanto, que la complejidad elevada del yo promueve la identidad individual.
De forma complementaria, la autointerpretación de las personas de baja complejidad del yo
debería estar basada en la identidad colectiva. Sin embargo, no es así, a causa del énfasis de mu-
chas e importantes sociedades contemporáneas en la identidad individual, que se presenta como
un valor cultural deseable y como una meta a la que todas las personas deben aspirar. Por eso, las
personas de baja complejidad del yo estarán motivadas para salvaguardar su individualidad.
Lo anterior da lugar a una paradoja:
• En los casos de complejidad del yo alta, es improbable la construcción de la identidad colecti-
va por la falta de ajuste yo-categorías sociales; la identidad individual surge entonces como la
que mejor encaja; desde una perspectiva estrictamente cognitiva, por tanto, habría que pro-
nosticar que a la complejidad del yo alta le debería corresponder una identidad individual.
• En los casos de complejidad del yo baja, también es improbable la construcción de la iden-
tidad colectiva, si bien por una razón diferente, en concreto, su carácter de motivación
aversiva; así pues, de nuevo la identidad individual se revela como la más atractiva en este
caso, aunque ahora desde una perspectiva diferente, la motivacional.
La solución a la paradoja anterior está en el nivel medio de complejidad del yo. Este es el
más apropiado para la identidad colectiva y el menos apropiado para la individual porque:
• No son excesivamente bajos ni el ajuste sociocategorial ni la motivación o disposición a la
construcción de una identidad colectiva.
• Las exigencias que plantean el ajuste, por un lado, y los factores motivacionales, por otro,
no son lo suficientemente fuertes para la construcción de una identidad individual.
En el trabajo de Simon y Hastedt (1999), de hecho, los participantes con complejidad me-
dia mostraban una tendencia significativamente más fuerte a la construcción de la identidad
colectiva que las otras dos submuestras (complejidad alta y baja), aunque sólo cuando los
aspectos del yo eran positivos.
Identidad social y personal 801

Sin embargo, cuando estos aspectos eran negativos, la identidad individual parecía la elec-
ción preferida, independientemente de la complejidad del yo. No había diferencia entre las tres
submuestras. Al parecer, los participantes con aspectos del yo negativos estaban demasiado
preocupados por las implicaciones negativas de la evaluación del yo de forma que la construc-
ción de la identidad colectiva resultaba aversiva, independientemente de la complejidad.
En conclusión, un nivel medio de complejidad del yo parece el más conducente a la identi-
dad colectiva, al menos si la identidad se basa en un aspecto positivo del yo.

Variables del contexto social

Ya se ha señalado, en el Capítulo 1 de este manual (Definición de la Psicología Social), la im-


portancia del contexto social en la construcción de la identidad, y, en un apartado anterior de
este capítulo, se ha mostrado el papel relevante de las variables de contexto en el Modelo SIDE
de Spears (2001). De igual manera, para Simon (2004, pp. 82-86), en la autointerpretación y en
la construcción de la identidad, al contexto social le corresponde un papel complementario de
las variables personales.
Una aportación innovadora de Simon es la distinción entre el nivel macro del contexto
y sus niveles intermedios. El primero (macro) se refiere al hecho de que, en las sociedades
occidentales modernas, el clima social general tiende a favorecer la identidad individual frente
a la identidad colectiva, lo que se analizará en un apartado posterior de este mismo capítulo
(Desarrollo histórico de la identidad individual y colectiva).
Por lo que se refiere al nivel intermedio del contexto, Simon destaca dos de sus facetas
que influyen en la construcción de las identidades individuales y colectivas: la valencia de los
aspectos del yo y su frecuencia y significado.

Valencia dependiente del contexto de los aspectos del yo


Diferentes circunstancias pueden otorgar una cierta valencia a un aspecto concreto del yo. El
ejemplo de Simon es ilustrativo: ser alemán probablemente tendrá valencia positiva en una
convención de fabricantes de automóviles, pero es seguro que su valencia será negativa en un
contexto en el que se conmemore el Holocausto judío de la II Guerra Mundial provocado por
la Alemania nazi. Por tanto, el primer contexto (convención automovilística) llevaría a una
autointerpretación concentrada (identidad colectiva como alemán) y el segundo (conmemo-
ración del Holocausto) a resaltar aspectos del yo adicionales para evitar o diluir implicaciones
negativas para la autoevaluación (identidad individual).
El estudio de Simon, Pantaleo y Mummendey (1995) utilizó, en una muestra de participantes
de diez nacionalidades diferentes, como medida de identidad colectiva la asimilación yo-endo-
grupo (estimaciones de las semejanzas yo-endogrupo menos (–) estimaciones de las diferencias
yo-endogrupo). Encontró que esta medida era significativamente menor en la condición de va-
lencia negativa (en la que se pedía a los participantes que escribiesen una lista de rasgos negativos
de su país) que en la de valencia positiva (los rasgos que se les solicitaba eran positivos). Otro
resultado de interés era que los participantes de nacionalidad alemana generalmente mostraban
una asimilación yo-endogrupo significativamente menor que los participantes no alemanes.
Según los autores, hay, al menos, dos razones que podrían explicar este resultado:
• A diferencia de los participantes alemanes, los no alemanes se encontraban fuera de su país
(el estudio se realizaba en Alemania) y, por tanto, en una posición de minoría numérica
durante la investigación. Eso quiere decir que la nacionalidad era un aspecto del yo poco
frecuente y, por tanto, capaz de captar la atención en los participantes no alemanes.
802 PSICOLOGÍA SOCIAL

• Existe la posibilidad de diferencias crónicas en la valencia asociada a la nacionalidad. En


el caso de los participantes alemanes se comprobó que los atributos que enumeraban rela-
cionados con la nacionalidad eran menos positivos que los que enumeraban el resto de los
participantes no alemanes con respecto a sus nacionalidades respectivas.
Se encontró un resultado similar en otro estudio que utilizó el mismo procedimiento,
pero esta vez con participantes alemanes (N = 46) e italianos (N = 77). La asimilación yo-
endogrupo disminuía en la condición de valencia negativa en comparación con la condición
de valencia positiva. De nuevo, los participantes alemanes se mostraban menos dispuestos a
abrazar una identidad colectiva. Mostraban menos asimilación yo-endogrupo.
En resumen, se puede decir que los dos estudios demuestran que las variaciones depen-
dientes del contexto en la valencia de los aspectos del yo afectan a la autointerpretación y a la
construcción de la identidad.

Frecuencia y significado de los aspectos del yo


La evidencia empírica indica que los aspectos del yo que se comparten con sólo una minoría
de otras personas en un contexto dado tienden a adquirir un gran capacidad de captar la aten-
ción. Las personas que comparten un aspecto del yo minoritario, por lo tanto, probablemente
centrarán su autointerpretación en este aspecto del yo y la basarán en la identidad colectiva.
Pero la distintividad numérica por sí sola no es suficiente. Ese aspecto del yo minoritario en el
contexto también debe poseer significado y relevancia. Por ejemplo, ser el único hombre en un
congreso feminista cumple las dos condiciones de distintividad numérica y relevancia contex-
tual. Es casi seguro que no tendrá relevancia contextual ser el único hombre en la parada del
autobús en el centro de una ciudad.
Esto es lo que intentó contrastar un estudio realizado por Simon, Hastedt y Aufderheide
(1997). Había dos variables independientes: frecuencia (mayoría vs. minoría del aspecto del
yo) y significado (alto vs. bajo). Para medir la identidad se utilizaron tres índices compuestos:
• Asimilación yo-endogrupo (estimaciones de las semejanzas del yo con el endogrupo me-
nos (–) estimaciones de las diferencias yo-endogrupo).
• Homogeneidad del endogrupo.
• Prototipicalidad (autoasignación del grado en que la persona se considera un miembro
típico de su grupo menos (–) autoasignación de unicidad como persona individual).
Tal como se esperaba, los participantes con un aspecto del yo minoritario se decantaron
significativamente más por la identidad colectiva que los participantes con un aspecto del yo
mayoritario, pero sólo cuando el significado era alto.

Funciones de la identidad
Hay, al menos, cinco funciones de la identidad (Simon, 2004, pp. 66-68) relacionadas con las
necesidades siguientes: pertenencia, distintividad, respeto o estima, comprensión o significa-
do, y agencia.
• Pertenencia: por medio de la identidad la persona adquiere un lugar en el mundo social, un
lugar al que siente que pertenece. En el caso de la identidad colectiva, esto es algo indudable, y lo
mismo sucede con la identidad individual, que sirve de ancla a la persona en el mundo social.
• Distintividad: la identidad no sólo refleja lo que se es, sino lo que no se es. La identidad
colectiva marca la distintividad con respecto a los exogrupos, es decir, personas que no
comparten el aspecto focal del yo, La identidad individual garantiza la distintividad con
respecto a otras personas individuales.
Identidad social y personal 803

• Respeto: por sí sola, la identidad no es una fuente autosuficiente de respeto. Necesita del
reconocimiento respetuoso de otros relevantes. La identidad colectiva garantiza el respeto
mutuo y compartido de todas las personas que pertenecen al mismo grupo. Con todo, el
respeto es algo problemático, porque no depende sólo del endogrupo, sino que también
tiene que obtenerse del exogrupo, lo que no siempre es posible. Ahora bien, el verdadero
problema lo plantea la identidad individual porque, a diferencia de la colectiva, no garan-
tiza el acceso privilegiado al respeto de los otros similares.
• Comprensión: con la identidad las personas adquieren una perspectiva sobre el mundo
social. De nuevo aquí la identidad colectiva tiene ventaja sobre la individual, porque la
primera da acceso a una perspectiva que es socialmente compartida y por tanto fortalecida
por medio de los procesos de validación social.
• Agencia: a través de la identidad las personas se reconocen a sí mismas como origen de sus
pensamientos y acciones y como agentes sociales influyentes. La identidad colectiva por lo
general señala que uno no está solo, sino que puede contar con el apoyo y la solidaridad
de otros miembros del endogrupo de manera que, como grupo, uno se puede sentir con
frecuencia como un agente social mucho más poderoso y eficaz. En otras ocasiones, sin
embargo, las restricciones impuestas por el propio grupo (por ejemplo, normas y obliga-
ciones) hacen que sea la identidad individual la que sirva mejor la función de agencia.

Evolución histórica de la identidad individual y colectiva

Una aportación interesante del trabajo de Simon sobre la identidad es su decisión de estudiarla
como un proceso que ha evolucionado a lo largo de la historia y, más en concreto, que ha
sufrido modificaciones importantes en el tránsito de la sociedad tradicional y preindustrial a
la sociedad moderna industrial y posindustrial.
Simon (2004, pp. 60-61) recuerda algunas de las características de la sociedad moderna,
entre ellas la división del trabajo, la industrialización, la urbanización, la comunicación de
masas, la alfabetización y la construcción de la nación, junto a la permeabilidad y la movilidad
social, la igualdad formal, la individualización de los intereses y la competición universalista.
Recuerda igualmente este autor algo que es sobradamente conocido, en concreto, que, en el
paso de la sociedad tradicional a la sociedad moderna, los colectivos preindustriales y tradicio-
nales, como la familia, la tribu y la aldea, perdieron su capacidad para sustentar los vínculos
sociales entre las personas.
La sociedad moderna es compleja. Lo es porque, debido a la diversificación del tejido social,
el sistema de coordenadas sociales necesarias para ubicarse es ahora más difícil de dominar
que en el pasado, y porque las personas ya no pertenecen a un único grupo social o colectivo
dominante que regula todos los aspectos de su vida “de la cuna a la tumba”, como se solía
decir. Al contrario, pertenecen a la vez a un número creciente de grupos sociales diferentes
(grupos profesionales, comunidades de vecinos, partidos políticos, equipos deportivos, entre
otros) que, con frecuencia son interdependientes pero que, en ocasiones, compiten entre sí. La
persona individual se ha visto obligada a reformular su relación con la sociedad, de manera
que, si bien es cierto que el grupo incorpora a muchos individuos, ahora también lo es que el
individuo incorpora muchos grupos.
Es algo característico de la sociedad moderna el que ofrezca acceso a aspectos del yo adicio-
nales y no redundantes. De esta forma expande la base para la autointerpretación y consigue
que se base en un complejo creciente de aspectos del yo y fomente, de esta manera, la identidad
804 PSICOLOGÍA SOCIAL

individual. Simon comparte la visión de varios autores que defienden que en Europa, desde la
Edad Media, se ha ido perdiendo el equilibro entre la identidad colectiva y la identidad indi-
vidual. Esta última ha adquirido gran predominancia. En Europa y los países occidentales, el
proceso de civilización fomenta la autointerpretación de las personas como individuos “auto-
contenidos”, con un yo privado interno, separadas de las otras personas que no tienen acceso a
ese yo privado y que son, por así decir, externas a la persona. A su vez, la predominancia de la
identidad individual encuentra su expresión en fenómenos como la privatización psicológica,
el subjetivismo reflexivo y la autoexpresión individual.

Identidad y construcción de la nación

La predominancia de la identidad individual es compatible con la identidad colectiva basada en la


nacionalidad. De hecho, la construcción de la nación es un elemento de modernización. La iden-
tidad nacional es, sin lugar a dudas, una forma moderna, postradicional, de identidad colectiva.
Todos los ciudadanos pueden planificar su propio destino y son independientes cada vez
en mayor medida de las estructuras y colectivos intermedios que, de esta forma, pierden su
capacidad de integración y de unión. En justa reciprocidad, cada ciudadano individual tiene
que mostrar adhesión al estado-nación e identificarse con él.

29.6 Resumen
Este capítulo comienza con una enumeración de los aspectos de la identidad social y personal que se han
considerado en diversos capítulos del manual. Esta enumeración sirve para mostrar el papel que juega
la identidad como conector de procesos psicosociales diferentes.
A continuación, se resaltan tres aportaciones importantes de la Teoría de la categorización del yo, como
una introducción o preparación para la presentación de los dos modelos identitarios (SIDE y SAMI a los
que se dedica la mayor parte del capítulo. Estas tres aportaciones (proceso de despersonalización, niveles
de categorización y concepto de prototipo) permiten abordar de una manera adecuada los desplazamientos
de la identidad individual a la colectiva y viceversa, la preferencia de las personas por unas identidades
colectivas concretas y, en general, el papel que juega la identidad en muchos procesos psicosociales.
El siguiente gran apartado se dedica a la descripción del Modelo SIDE, propuesto por Spears y sus cola-
boradores. De este modelo se destacan sus aportaciones fundamentales, en concreto, la atención que
presta a la influencia de las variables personales sobre los desplazamientos de la identidad individual
a la colectiva y viceversa, la incorporación a las variables de contexto del papel de la audiencia ante la
que se despliega la identidad, la distinción entre efectos cognitivos del contexto y efectos estratégicos,
la importancia concedida a los niveles crónicos de baja o alta identificación con el grupo y la diferente
dinámica de la identidad en los grupos de identidad y los de vínculo común.
El último apartado se dedica al Modelo SAMI, centrado sobre los aspectos del yo y el proceso de
autointerpretación. En este modelo se estudian con mayor detalle las variables de la persona y las
del contexto, que ya se habían introducido en el modelo descrito en el apartado anterior, y genera un
interesante debate sobre las funciones psicológicas de la identidad y la evolución histórica de este
proceso en las sociedades occidentales.
Identidad social y personal 805

Términos de glosario
Aspecto del yo Identidad colectiva
Despersonalización Identidad individual
Distintividad Prototipo
Efecto de la audiencia
(sobre la autodefinición)

Lecturas y otros recursos recomendados


Morales, J. F., Páez, D., Deschamps, J. C. y Worchel, S. (Eds.) (1996). Identidad Social: Aproxi-
maciones psicosociales a los grupos y a las relaciones entre grupos. Valencia: Promolibro.
Este volumen reúne una serie de trabajos de autores de distintas nacionalidades sobre as-
pectos centrales de la identidad social y personal. Entre otros, cabe destacar el trabajo de
Deschamps sobre las relaciones entre identidad social y personal, de Oakes, Haslam y Tur-
ner sobre el concepto de prototipo, de Páez y colaboradores sobre identidad, autoconciencia
colectiva y valores individualistas y colectivistas, de Marques sobre el efecto “oveja negra” y
de Drigotas, Insko y Schopler sobre el llamado efecto de discontinuidad.
Rodríguez-Bailón, R., Molero Alonso, F. y Morales, J. F. (2004). Cultura, Liderazgo y Poder. En
D. Páez, I. Fernández, S. Ubillos y E. Zubieta (Eds.), Psicología Social, Cultura y Educación
(pp. 719-749). Madrid: Pearson Prentice-Hall.
En este capítulo se dedica un amplio espacio a describir los estudios en los que se aplican
las teorías de la identidad social y de la categorización del yo al liderazgo.