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ACCIDENTE DE TRABAJO (HECHO DE LA

VÍCTIMA, APLICACIÓN DE LA
COMPENSACIÓN DE FALTAS)

MAGISTRADO PONENTE: LEVIS IGNACIO ZERPA


Exp. Nº 2001-0178 / 2001-0224

En el expediente llevado por ante esta Sala Político-Administrativa, signado con el


No. 2001-0178, se constata que el ciudadano PEDRO PABLO MORANTES, titular de la
cédula de identidad No. 9.248.144, asistido por los abogados Juan Agustín Ramírez Medina
y Carlos Humberto Pérez Roa, inscritos en el INPREABOGADO bajo los números 71.471
y 25.760, respectivamente, interpuso el día 10 de abril de 2000, ante el Juzgado Cuarto de
Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del
Estado Táchira (en su carácter de distribuidor), demanda por daños morales contra la
sociedad mercantil C.A. ELECTRICIDAD DE LOS ANDES (CADELA), inscrita por
ante el Registro Mercantil Primero de la Circunscripción Judicial del Estado Táchira, en
fecha 30 de marzo de 1993, bajo el No. 13, tomo 16-A.

Recibida la demanda en virtud de su distribución, por el Juzgado Tercero de Primera


Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del Estado
Táchira, mediante auto del 18 de abril de 2000, el referido tribunal admitió la demanda
cuanto ha lugar en derecho, ordenando emplazar a la demandada en la persona de su
representante legal, a fin de que diese contestación dentro de los 20 días de despacho
siguientes a su citación.

En fecha 08 de junio de 2000, los antes identificados profesionales del derecho,


actuando esta vez en su carácter de apoderados judiciales del ciudadano Pedro Pablo
Morantes, presentaron escrito contentivo de reforma de la demanda, el cual fue admitido
mediante auto del 19 de junio de 2000. En dicha providencia se ordenó emplazar a la parte
demandada con el objeto de que diera contestación a la demanda dentro de los 20 días
siguientes a la fecha de su citación; y se acordó notificar al Procurador General de la
República, por haber sido interpuesta la presente demanda, contra una empresa en la cual
el Estado venezolano tiene intereses y participación accionaria.
Por oficio No. 01595 del 29 de agosto de 2000, el Director General Sectorial de
Personería Judicial (E) de la Procuraduría General de la República acusó recibo de la
comunicación que dirigiera este Alto Tribunal al Procurador General de la República, a fin
de notificarle de la presente causa; asimismo, ratificó la suspensión del proceso durante el
lapso de 90 días continuos, de conformidad con lo establecido en el artículo 38 de la Ley
Orgánica de la Procuraduría General de la República, entonces vigente. Asimismo, el
funcionario remitente solicitó la aplicación del principio de la comunidad de los lapsos
procesales, establecido en el artículo 204 eiusdem. Por último, señaló que en virtud de que
el monto estimado de la demanda era de un mil millones de bolívares (Bs.
1.000.000.000,00) y que la sociedad demandada se encuentra adscrita al Ministerio de
Energía y Minas, el conocimiento de la presente controversia debía atribuirse a la
Sala Político-Administrativa de este Alto Tribunal, de acuerdo con lo previsto en el numeral
15 del artículo 42 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, vigente a la fecha en
que fue remitido el mencionado oficio.

Por escrito consignado por la representación de la parte actora, ésta solicitó que el
Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la
Circunscripción Judicial del Estado Táchira se declarara incompetente, en razón del valor
de la cuantía y declinara la competencia en la Sala Político-Administrativa del Tribunal
Supremo de Justicia, conforme a lo preceptuado en la norma de la Ley Orgánica de la
Corte Suprema de Justicia, antes citada; cuestión que fue acordada por el referido juzgado,
mediante auto del 01 de febrero de 2001.

Una vez recibido el expediente en esta Sala Político-Administrativa, por auto de


fecha 07 de marzo de 2001, se designó Ponente al Magistrado Levis Ignacio Zerpa, a los
fines de decidir la declinatoria de competencia.

En fecha 11 de mayo de 2001, la Sala dictó sentencia publicada el día 15 del mismo
mes y año, y registrada bajo el No. 932, por la que aceptó la competencia para conocer y
decidir el caso planteado.

Realizada la notificación de la parte actora y de la Procuraduría General de la


República, de la sentencia arriba descrita; en fecha 16 de octubre de 2001, el abogado
David Bernardo Rosales Almenar, inscrito en el INPREABOGADO bajo el No. 46.591,
actuando en su carácter de apoderado judicial de CADELA, se dio por citado en nombre de
su representada.

El día 29 de noviembre de 2001, el antes aludido profesional del derecho, presentó


escrito contentivo de la contestación de la demanda, en el cual solicitó, adicionalmente, la
acumulación de la presente causa distinguida con el No. 2001-0178, con la causa contenida
en el expediente No. 2001-0224.

En fecha 22 de enero de 2002, la representación judicial de CADELA presentó


escrito de promoción de pruebas, las cuales fueron admitidas mediante auto del Juzgado de
Sustanciación, de fecha 20 de febrero de 2002. En dicha providencia, se acordó
igualmente, la remisión del expediente a la Sala, a los fines del pronunciamiento
correspondiente a la acumulación solicitada.

Mediante escrito presentado el 12 de marzo de 2002, el apoderado de la parte


demandante solicitó nuevamente la acumulación de las causas llevadas en el presente
expediente y en el que se encuentra signado con el No. 2001-0224; asimismo, pidió que se
repusiera la causa y se dejara sin efecto el auto de admisión de pruebas de fecha 20 de
febrero de 2002. Tal petición, fue rechazada por el representante judicial de CADELA, en
diligencia consignada el 24 de abril de 2002.

En virtud del escrito presentado por la parte accionante, y por cuanto se encontraba
concluida la sustanciación de la causa, por auto del 25 de abril de 2002, el Juzgado de
Sustanciación acordó pasar las actuaciones a la Sala, a los fines de la decisión
correspondiente.

Mediante providencia del 02 de mayo de 2002, se designó Ponente al Magistrado


Levis Ignacio Zerpa, con el objeto de decidir sobre la solicitud de acumulación de la
presente causa, con la signada bajo el No. 2001-0224.

En fecha 20 de junio de 2002, la Sala dictó sentencia publicada el día 25 del mismo
mes y año, y registrada bajo el No. 882, a través de la cual declaró la nulidad de las
actuaciones realizadas en el presente expediente, con posterioridad a la solicitud de
acumulación; asimismo, ordenó acumular a la presente causa, la contenida en el expediente
signado con el No. 2001-0224, y suspender el presente proceso hasta tanto la causa cursante
en el referido expediente, se encontrara en el mismo estado de apertura del lapso de
promoción de pruebas.

Por auto de esta Sala, de fecha 26 de noviembre de 2002, se ordenó pasar las actas
procesales correspondientes al presente expediente, al Juzgado de Sustanciación, a los fines
de dar cumplimiento a la acumulación ordenada.

ANTECEDENTES DEL EXPEDIENTE N° 2001-0224

En virtud de que por sentencia publicada el día 25 de junio de 2002, registrada bajo
el No. 882, en el expediente No. 2001-0178, se acordó la acumulación de la causa seguida
en el mismo con la que se lleva en el expediente signado con el No. 2001-0224, esta Sala
considera necesario señalar las actuaciones realizadas en este último expediente, hasta la
etapa probatoria, fase en la que quedó suspendido el juicio seguido en el expediente No.
2001-0224, y a partir de la cual quedarían acumuladas ambas causas.

En este sentido, revisadas las actas procesales del expediente No. 2001-0224, se
observa que por escrito presentado en fecha 15 de marzo de 2001, por el abogado Carlos
Humberto Pérez Roa, actuando en su carácter de apoderado del ciudadano PEDRO
PABLO MORANTES, antes identificados, el referido profesional del derecho interpuso
demanda por daños materiales contra la sociedad mercantil C.A. ELECTRICIDAD DE
LOS ANDES (CADELA), también identificada supra.

Pasadas las actas al Juzgado de Sustanciación, por auto del 24 de abril de 2001, éste
admitió la demanda cuanto ha lugar en derecho, ordenando emplazar a la demandada en la
persona de su representante legal, a fin de que diese contestación dentro de los 20 días de
despacho siguientes a su citación, una vez vencido el lapso otorgado como término de la
distancia. Asimismo, se dispuso la notificación de la Procuradora General de la República,
conforme al artículo 38 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República.

Efectuadas como fueron la citación y la notificación a las que se refiere el auto


anterior, por oficio No. 01383 del 29 de junio de 2001, el Director General Sectorial de
Personería Judicial (E) de la Procuraduría General de la República acusó recibo de la
comunicación que dirigiera este Alto Tribunal al Procurador General de la República, a fin
de notificarle de la presente causa; asimismo, solicitó la suspensión del proceso durante el
lapso de 90 días continuos, de conformidad con lo establecido en el artículo 38 de la Ley
Orgánica de la Procuraduría General de la República, entonces vigente. Asimismo, el
funcionario remitente solicitó la aplicación del principio de la comunidad de los lapsos
procesales, establecido en el artículo 204 eiusdem.

Por auto del 04 de julio de 2001, el Juzgado de Sustanciación acordó pasar el


expediente a la Sala.

Recibidas las actas procesales por la Sala, mediante auto de fecha 17 de julio de
2001, se designó Ponente al Magistrado Hadel Mostafá Paolini, a los fines de decidir la
suspensión de la causa solicitada conforme a lo dispuesto en el artículo 39 de la
Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República.

Por sentencia dictada el día 06 de febrero de 2002, publicada el 07 del mismo mes y
año, y registrada bajo el No. 227, esta Sala declaró el decaimiento de la solicitud formulada
por la ProcuraduríaGeneral de la República, relativa a la suspensión de la causa por el lapso
de 90 días, de conformidad con lo previsto en la Ley que rige las funciones de ese
organismo. Asimismo, ordenó remitir el expediente al Juzgado de Sustanciación a los fines
de la continuación del procedimiento, previa la notificación de las partes y de la
Procuraduría General de la República, de dicha decisión.

Mediante comunicación No. 01219 del 19 de abril de 2002, el Director General


Sectorial de Personería Judicial (E) de la Procuraduría General de la República acusó
recibo de la comunicación recibida de este Supremo Tribunal, por la cual se le notificó de la
decisión publicada en fecha 07 de febrero de 2002. Adicionalmente, manifestó su
ratificación a la suspensión del proceso, por un lapso de 30 días continuos, de acuerdo a lo
establecido en el artículo 95 del Decreto con Fuerza de Ley Orgánica de la
Procuraduría General de la República.

Efectuado el pase del expediente al Juzgado de Sustanciación y hechas las


notificaciones a que se refiere la decisión señalada precedentemente, a los fines de dar
continuación al procedimiento, la representación judicial de CADELA presentó escrito en
fecha 03 de octubre de 2002, por el cual dio contestación a la demanda.

Por escrito presentado el 29 de octubre de 2002, el apoderado del accionante,


solicitó el cotejo de las documentales por él consignadas, y marcadas distinguidas con las
letras B y C, así como el informe de fecha 12 de septiembre de 2000, emanado de la
Gerencia de Seguridad Integral de CADELA, con los originales que reposan en los archivos
de dicha sociedad mercantil, en vista de la impugnación que de tales documentos formuló
la parte demandada en su escrito de contestación de la demanda. Dicha prueba fue
admitida por el Juzgado de Sustanciación, mediante auto del 19 de noviembre de 2002.

En fechas 01 y 03 de abril de 2003, la parte actora y la sociedad mercantil


demandada consignaron, respectivamente, sus escritos de promoción de pruebas.

Por escritos presentados los días 23 de abril y 13 de mayo de 2003, el apoderado de


CADELA hizo oposición a las pruebas promovidas por el accionante.

Mediante sendos autos del 18 de junio de 2003, el Juzgado de Sustanciación declaró


la extemporaneidad de la oposición formulada por la parte demandada y admitió las
pruebas promovidas por el actor; y por otro lado, admitió aquéllas promovidas por la
representación de CADELA.

Por diligencia consignada en fecha 30 de septiembre de 2003, la parte demandante


solicitó que se prorrogara el lapso de evacuación de pruebas, lo cual fue acordado mediante
auto del 01 de octubre de 2003.

A través de diligencia presentada en fecha 20 de abril de 2004, ratificada el 18 de


mayo de 2004, el apoderado del ciudadano Pedro Pablo Morantes solicitó al Juzgado de
Sustanciación que ordenara al Juzgado Tercero de los Municipios San Cristóbal y Torbes
de la Circunscripción Judicial del Estado Táchira, la evacuación de la prueba de exhibición
promovida por dicha parte, por ser este tribunal el comisionado para ello, al considerar que
“… vulneró flagrantemente los derechos de [su] representado al engavetar la comisión
durante más de dos (2) meses sin [permitirles] a ninguna de las partes ejercer acto alguno
de impulso procesal en perjuicio del lapso de evacuación de pruebas …”, y que tal
perjuicio se tradujo en la negativa de la parte demandada, de firmar la boleta de intimación
a fin de acudir a exhibir los documentos solicitados.

En 05 de mayo de 2004, el apoderado de CADELA se opuso a la petición formulada


por la representación del actor, señalando que la misma era extemporánea.
Por auto de fecha 03 de junio de 2004, el Juzgado de Sustanciación declaró
improcedentes los alegatos esgrimidos por el demandante y ajustada a derecho la actuación
del tribunal comisionado, “… toda vez que se realizaron los trámites conducentes a fin de
cumplir estrictamente con los asuntos que le fueron delegados …”. Finalmente, se dispuso
el pase de las actuaciones a la Sala, en virtud de encontrarse concluida la sustanciación de
la causa.

Mediante providencia del 19 de agosto de 2004, se designó Ponente al Magistrado


Levis Ignacio Zerpa, fijándose el tercer día de despacho para comenzar la relación.

El 26 de agosto de 2004 comenzó la relación de la causa y se fijó la oportunidad


para que tuviese lugar el acto de informes, la cual fue diferida por auto del 21 de septiembre
de 2004; fecha en la que comparecieron los apoderados de ambas partes y consignaron sus
respectivos escritos de conclusiones.

El día 17 de enero de 2005, se incorporaron a esta Sala Político-Administrativa del


Tribunal Supremo de Justicia, los Magistrados Emiro García Rosas y Evelyn Marrero Ortíz,
designados por la Asamblea Nacional el 13 de diciembre de 2004, quedando integrada esta
Sala por cinco Magistrados, conforme a lo dispuesto en el artículo 2 de la Ley Orgánica del
Tribunal Supremo de Justicia de la República Bolivariana de Venezuela, a saber:
Presidente, Magistrado Levis Ignacio Zerpa; Vicepresidente, Magistrado Hadel Mostafá
Paolini y Magistrados Yolanda Jaimes Guerrero, Evelyn Marrero Ortíz y Emiro García
Rosas. En esa misma fecha se ordenó la continuación de la causa en el estado en que se
encontraba.

El 18 de enero de 2005, terminó la relación y se dijo “Vistos”.

El 02 de febrero de 2005, fue elegida la actual Junta Directiva del Tribunal Supremo
de Justicia, quedando conformada la Sala Político-Administrativa de la siguiente forma:
Presidenta, Magistrada Evelyn Marrero Ortíz; Vicepresidenta, Magistrada Yolanda Jaimes
Guerrero; Magistrados Levis Ignacio Zerpa, Hadel Mostafá Paolini y Emiro García Rosas.
Asimismo, se ordenó la continuación de la causa, en el estado en que se encontraba.

Mediante diligencia del 12 de enero de 2006, la representación de la parte


accionante solicitó que se dictara sentencia en la presente causa.

II

ALEGATOS DE LA PARTE ACTORA

1.- Señalan los apoderados del actor que en horas de la mañana del día 23 de agosto
de 1997, su representado se presentó en la sede de CADELA, ubicada en la ciudad de San
Cristóbal, Estado Táchira, a fin de cumplir con sus labores habituales, las cuales
desempeñaba en esa sociedad mercantil, en el cargo de electromecánico.
Agregan que en la referida oportunidad, se le giraron instrucciones para que se
trasladara hasta la subestación eléctrica de Rubio, también en el Estado Táchira, a los fines
de corregir las fallas observadas en la misma, en compañía del personal designado de
la cuadrilla de operaciones, integrada por el demandante así como por el ingeniero Noel
Pérez Pernía, el técnico Leonardo Flores y el electromecánico Michael Prato.

Indican que los trabajos en la referida subestación se iniciaron a las ocho y


cincuenta y cinco de la mañana, sin contar con la presencia del ingeniero Noel Pérez
Pernía, el caporal Omar Guerrero y el electromecánico Erick Contreras, quienes “… han
debido estar presentes en el operativo realizado”.

Explican que en la subestación de Rubio, la Jefatura de Líneas de Rubio debía


transferir la carga de los 8 circuitos de la subestación, a las subestaciones de San Cristóbal,
Agua Dulce y San Diego, con el objeto de dejar sin tensión (electricidad), la subestación de
Rubio a nivel de 13.8 kilovoltios, y proceder entonces a la corrección de los puntos
denominados puntos calientes.

Señalan que los trabajos concluyeron aproximadamente a las doce y media de la


tarde, “… procediendo de inmediato el jefe de líneas, ciudadano LENÍN MALDONADO, a
informar al supervisor de la subestación, que había terminado los trabajos de
transferencia de los circuitos; y así proceder a la conclusión de ajustes de los puntos
calientes”. Expresan que más tarde, aproximadamente a la una y cuarenta y cinco de la
tarde, cuando ya habían terminado las labores asignadas, el Técnico Leonardo Flores
ordenó al ciudadano Pedro Pablo Morantes, subir nuevamente al poste para corregir un
punto que no había advertido. Así, explican, al proceder su representado a corregir la falla,
ya los circuitos eléctricos estaban abiertos, pues el jefe de línea había olvidado cerrar los
mismos, por lo que su representado recibió dos descargas eléctricas, las cuales le
produjeron quemaduras de segundo y tercer grado, en un 45% de su cuerpo.

En relación con este último aspecto, se deja constancia que en el escrito contentivo
de la demanda incoada por daños materiales por el ciudadano Pedro Pablo Morantes, contra
CADELA, y llevada en el expediente No. 2001-00224, se expresa que las lesiones sufridas
por el accionante, consisten en quemaduras en un 60% de su cuerpo, con amputación de
ambas manos y tercio medio inferior del antebrazo, así como del segundo y tercer dedo del
pie derecho; porcentaje que, según la representación judicial del actor, se menciona en un
informe de fecha 12 de septiembre de 2000, emitido por la Presidencia de CADELA, y
dirigido a la Presidencia de la Compañía Anónima de Administración y Fomento Eléctrico
(CADAFE).

Aclaran que la primera de las descargas eléctricas se produjo “… entre el poste del
pórtico y el puente que va al seccionador de la línea de la fase “R”; y la segunda
descarga, al caer encima de los puentes que van al seccionador de línea, …”.
Añaden que a causa del accidente sufrido, el ciudadano Pedro Pablo Morantes fue
trasladado por sus compañeros de trabajo, al Hospital de Rubio y, posteriormente, a la
Policlínica Táchira, por orden de los médicos de guardia del primero de los mencionados
centros asistenciales, debido a la gravedad de las lesiones ocasionadas: quemaduras en los
brazos, manos, cuello, espalda y piernas; así como lesiones de carácter total y permanente a
nivel de ambos brazos y dedos del pie derecho, pues estos miembros le fueron amputados.

Así, expresan, el accidente descrito dio lugar a una incapacidad absoluta y


permanente de su representado, para el trabajo y para el desempeño de sus labores
habituales.

2.- Seguidamente, los apoderados del ciudadano Pedro Pablo Morantes aluden al
Informe No. ER/21030-028, de fecha 09 de septiembre de 1997, emanado de la Gerencia de
Seguridad Integral de CADELA, suscrito por el ingeniero José Manuel Toro Sánchez, quien
dirigía, para esa fecha, el referido despacho. Sostienen que en dicho documento, se indica,
entre otros aspectos, que la ocurrencia del accidente obedeció a la existencia de una
condición insegura en la subestación, “… al existir tensión de punta a nivel de 13.800
voltios en el circuito “RUIZ PINEDA” …”, cuestión que según el informe, no podía ser
advertido por el accionante en el momento en que procedía a ejecutar los trabajos que se le
requirieron, pues se suponía que el circuito estaba desenergizado.

Exponen también que en el documento in commento, se menciona que en vista de la


ausencia de algunos trabajadores el día del accidente, no se habilitó un número de ellos,
igual o mayor a la cantidad que se emplea en los trabajos realizados en la subestación San
Diego, el día 21 de agosto de 1997. De igual manera, señalan que se advierte en el informe
que para ejecutar las actividades en las que participó su poderdante, no se utilizó la planilla
correspondiente a la planificación del trabajo de sitio, usada en tales casos; tampoco fueron
coordinadas ni supervisadas las pruebas de verificación de ausencia de tensión por parte de
los supervisores de las cuadrillas de subestaciones y la Jefatura de Líneas de Rubio, labores
que se asignaron al caporal liniero subalterno, quien las realizó sin precisión ni
coordinación.

Denuncian igualmente, con base en lo expuesto en el referido informe, que “… no


se realizó el chequeo de la apertura de los seccionadores de los ocho (8) circuitos de 13.8
Kv. [kilovoltios], a la salida de la subestación de Rubio; no se realizó la prueba de
tensión, para determinar su ausencia, con el equipo verificador, el cual emite una señal
lumínica y sonora, cuando está en presencia de un elemento de tensión. Dicha prueba fue
ejecutada con pértiga telescópica (equipo de maniobra), pero no con un equipo de prueba
de tensión; circunstancia ésta que no permitió la verificación de tensión de todos los
circuitos en la subestación [de] Rubio, ya que quedó demostrada la existencia de tensión
de punta en el circuito “RUIZ PINEDA”, lo que motivó a que ocurriera el accidente. Los
Supervisores no extremaron los controles sobre los puntos de seccionamiento, con el objeto
de garantizar la ejecución de las maniobras de transferencia de carga de la subestación de
Rubio a otras subestaciones. Tampoco fueron asentadas en el Libro de Novedades, las
maniobras efectuadas ese día por la Jefatura de Líneas”. (sic)

Así, explican, al encontrarse energizado el circuito de 13.8 Kv. “Ruiz Pineda”, para
el momento del accidente, se violaron las siguientes normas:

2.1.- Norma 244-88, sobre Seguridad en el Mantenimiento de Líneas y Redes de


Distribución Aérea, en los numerales 4.1.1, 4.1.2, 4.1.9, 4.2.1 y 4.7.1.

2.2.- Norma 243-88, sobre Seguridad en las Operaciones de Subestaciones de


Distribución, en sus numerales 5.1.1, 5.1.2, 5.1.9, 5.2.1 y 5.7.1.

2.3.- Norma 337-91, referida a la Seguridad en el Mantenimiento de Equipos en


Subestaciones de Distribución, en sus numerales 5.1.1, 5.1.2, 5.1.9, 5.2.1 y 5.7.1.

2.4.- Norma 338-91, sobre Seguridad en la Operación de Redes de Distribución de


Tipo Aérea, en sus numerales 5.1.1, 5.1.2, 5.1.9, 5.2.1 y 5.7.1.

2.5.- Artículo 19, numerales 1, 3 y 5, de la Ley Orgánica de Prevención,


Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo.

3.- Indican los apoderados del actor que con ocasión del accidente referido, dicho
ciudadano pasó a ser una persona físicamente impedida de proveer a sus necesidades y las
de su familia, y recibía, para el 15 de marzo de 2001, fecha en que fue interpuesta la
demanda por daños materiales, una pensión de jubilación de ciento dieciséis mil trescientos
treinta y un bolívares con cuarenta y siete céntimos (Bs. 116.331,47) mensuales, que en su
parecer, escasamente alcanzaban para cubrir los gastos de manutención de cualquier
persona sin responsabilidades familiares.

Aclaran que el ciudadano Pedro Pablo Morantes debe cubrir las necesidades básicas
de su grupo familiar, el cual estaba compuesto, al momento de incoar la presente demanda,
por tres hijos menores de edad.

Señalan que el daño causado a su representado constituye un hecho ilícito, debido a


la conducta imprudente y negligente de CADELA, que da lugar a la responsabilidad
extracontractual de dicha sociedad mercantil. En este sentido, en el escrito de la demanda
incoada por daños materiales, invocó el artículo 1.193 del Código Civil, el cual prevé la
responsabilidad extracontractual por guarda de cosas.

De allí que el apoderado del demandante, a quien correspondió incoar en nombre de


este último, la demanda por daños materiales (expediente signado con el No. 2001-0224),
estima el lucro cesante en la cantidad de tres mil ciento setenta y seis millones
cuatrocientos sesenta y dos mil setecientos veintitrés bolívares con sesenta y un céntimos
(Bs. 3.176.462.723,61), en virtud de los salarios que dejó de percibir el ciudadano Pedro
Pablo Morantes por la pérdida de su capacidad para laborar, tomando en cuenta el promedio
de vida útil del venezolano, estimado por la Oficina Central de Estadística e Informática en
70 años. Sin embargo, señalan, en los cálculos realizados para solicitar la cantidad
indicada, se utilizó la edad de 60 años.

En relación con este punto, agregan que lo solicitado se basa en una proyección de
los aumentos salariales de los últimos 20 años, lográndose determinar “… que de acuerdo
a la Política Fiscal y Económica del Gobierno Nacional en lo sucesivo se experimentarán
aumentos de mayor a menor cuantía de acuerdo a los índices inflacionarios del
País, …”. Por tanto, la cantidad pedida, queda desglosada de la siguiente manera:

3.1.- Por concepto de sueldos y salarios dejados de percibir por el accionante


durante 32 años de vida útil, se tiene la cantidad de setecientos cuarenta y dos millones
setenta y nueve mil quinientos diecinueve bolívares con setenta y cuatro céntimos (Bs.
742.079.519,74).

3.2.- Por antigüedad, a razón de 60 días por año, y de acuerdo al salario integral que
dejará de devengar su poderdante, se obtiene la suma de ciento sesenta y dos millones
setecientos dieciséis mil trescientos noventa y cuatro bolívares con sesenta y ocho céntimos
(Bs. 162.716.394,68).

3.3.- Por vacaciones, de conformidad con la Convención Colectiva vigente a la


fecha de interposición de la demanda por daños materiales, y que si no fuera por el hecho
ilícito, aún ampararía a su representado, se tienen 45 días al año, lo que se traduce en un
total de noventa y dos millones setecientos cincuenta y nueve mil novecientos treinta y
nueve bolívares con noventa y seis céntimos (Bs. 92.759.939,96).

3.4.- Por concepto de utilidades, la Convención Colectiva prevé 100 días de salario
por cada año; de allí que resulte la cantidad de doscientos treinta y un millones ochocientos
noventa y nueve mil ochocientos cuarenta y nueve bolívares con noventa y un céntimos
(Bs. 231.899.849,91).

Así, explican, la suma de los montos por los anteriores conceptos, arroja la cantidad
de un mil doscientos veintinueve millones cuatrocientos cincuenta y cinco mil setecientos
cuatro bolívares con treinta céntimos (Bs. 1.229.455.704,30)

3.5.- Adicionalmente, reclaman los intereses legales y de mora sobre el monto antes
señalado, del 12% y del 6%, respectivamente, que sumados dan como resultado el
porcentaje del 18% a ser calculado sobre la mencionada cantidad, operación matemática de
la que surge el monto de un mil novecientos cuarenta y siete millones siete mil diecinueve
bolívares con treinta y un céntimos (Bs. 1.947.007.019,31).

Este última cantidad, sumada a su capital, arroja el total, ya referido, de tres mil
ciento setenta y seis millones cuatrocientos sesenta y dos mil setecientos veintitrés
bolívares con sesenta y un céntimos (Bs. 3.176.462.723,61).
4.- Por su parte, los profesionales del derecho que, en representación del ciudadano
Pedro Pablo Morantes, interpusieron la demanda por daños morales contra CADELA
(expediente No. 2001-0178), señalan que su mandante sufría de una depresión severa y
reacción de stress post-traumático. Asimismo, explican que luego de haber sido
examinado, se determinó que el accionante padecía de “… atención disminuida, con facie
de tristeza; concentración dispersa, orientado auto y alopsíquicamente; afectividad
resonante hacia la tristeza, con llanto fácil, lenguaje poco fluido con expresión de
minusvalía; pensamiento lento con ideación depreciativa personal, sensopersección donde
manifiesta sentir ambos brazos; nivel intelectual con impresión normal; …” (sic); por lo
cual, desde el momento en que ingresó a la Policlínica Táchira y hasta la fecha en que fue
interpuesta la demanda por daños morales (10 de abril de 2000), aún recibía tratamiento
psicofarmacológico y psicoterapéutico.

Con fundamento en las normas contenidas en los artículos 1.185 y 1.196 del Código
Civil, solicitan que su representado sea indemnizado por el daño moral que se le causó,
pues al serles mutilados sus dos brazos, quedó incapacitado por el resto de su vida; aclaran
al respecto que luego de haber sido el sostén de su hogar, conformado por sus tres hijos y
dos tíos, no puede valerse por sus propios medios, siendo sus tíos quienes han tenido que
velar por él, atendiéndolo en todas sus actividades cotidianas, todo lo cual le ha generado
graves trastornos psicológicos.

Por lo dicho, estiman el concepto en referencia en la cantidad de un mil millones de


bolívares (Bs. 1.000.000.000,00).

III

DEFENSAS DE LA PARTE DEMANDADA

1.- En la oportunidad de dar contestación a la demanda, el apoderado de la sociedad


mercantil CADELA rechazó y contradijo, en forma genérica, la demanda incoada contra su
representada. Sin embargo, admitió los hechos que a continuación se indican:

1.1.- El ciudadano Pedro Pablo Morantes prestaba sus servicios a CADELA.

1.2.- El día 23 de agosto de 1997, el accionante se presentó en su lugar de trabajo y


recibió instrucciones de dirigirse a la subestación de Rubio, junto a la cuadrilla de
subestaciones, integrada por el ingeniero Noel Pérez Pernía, el técnico Leonardo Flores y el
electromecánico Michael Prato.

1.3.- El ingeniero Noel Pérez Pernía no pudo asistir a la referida subestación ese
día. Tampoco asistieron el caporal Omar Guerrero y el electromecánico Eric Contreras.

1.4.- El personal designado se presentó en la sede de la Jefatura de Líneas de Rubio,


con la finalidad de corregir los puntos calientes en la mencionada subestación.
1.5.- Recaía en la Jefatura de Líneas de Rubio, la responsabilidad de transferir la
carga de los 8 circuitos de esta subestación, a las subestaciones de San Cristóbal, Agua
Dulce y San Diego, a fin de dejar sin tensión la subestación de Rubio a nivel de 13.8
kilovoltios; asimismo, admite “que luego le correspondiera proceder a la corrección de los
puntos calientes”.

1.6.- Los trabajos concluyeron a las doce y media de la tarde.

1.7.- El ciudadano Pedro Pablo Morantes recibió 2 descargas eléctricas.

2.- Niega, por otra parte, los siguientes hechos:

2.1.- Que los trabajadores que no asistieron a las labores encomendadas en la


subestación de Rubio, debieron estar presentes en ese operativo.

2.2.- Que el Jefe de Líneas, ciudadano Lenín Maldonado, haya informado al


supervisor de subestaciones, que se habían terminado los trabajos de transferencia de
circuitos de las subestaciones, para así efectuar las actividades de ajustes de los puntos
calientes.

2.3.- Que a la una y cuarenta y cinco de la tarde, luego de la conclusión de los


trabajos, el técnico Leonardo Flores le haya ordenado al accionante que subiera
nuevamente al poste para corregir un punto que al primero se le había pasado por alto.

2.4.- Que las descargas eléctricas recibidas por el ciudadano Pedro Pablo Morantes,
le produjeran quemaduras de segundo y tercer grado, y que dicho ciudadano sufriera
quemaduras en su cuerpo, en los porcentajes señalados (45% en la demanda por daños
morales, y 60% en la demanda por daños materiales).

2.5.- Señala que “… es falso que [el demandante] perdió el 100% o la totalidad de
sus brazos, aunque lamentablemente, perdió los antebrazos por debajo del codo”.

2.6.- Que antes del accidente, el ciudadano Pedro Pablo Morantes gozara de plena
salud y capacidad.

3.- Adicionalmente, el apoderado de CADELA alega en el escrito de contestación


de la demanda, consignado en el expediente No. 2001-0224, que en el accidente sufrido por
el actor medió la denominada culpa de la víctima, pues éste no usó los implementos, como
ropas y guantes de seguridad, que hubiesen impedido la ocurrencia del hecho trágico
cuando se produjeron las descargas eléctricas.

4.- Impugna y desconoce, de conformidad con lo establecido en el artículo 429 del


Código de Procedimiento Civil, tanto el informe ER/21030-028, de fecha 09 de septiembre
de 1997, como el que data del 12 de septiembre del mismo año, presuntamente emanados
de la Gerencia de Seguridad Industrial y de la Presidencia, ambas de CADELA,
respectivamente.
Asimismo, desconoció e impugnó en sus firmas y en su contenido, dichos
documentos. En consecuencia, niega:

4.1.- Que de tales informes se evidencie que la ocurrencia del accidente obedeció a
una condición insegura en la subestación, y que dicha situación no haya podido ser
advertida por el actor, mientras ejecutaba los trabajos.

4.2.- Que resultara lógico suponer que el circuito estuviera desenergizado.

4.3.- Que el ciudadano Pedro Pablo Morantes haya recibido la descarga eléctrica al
hacer contacto con los puentes, y que tal situación haya dado lugar a las consecuencias
descritas por éste.

4.4.- Que debió habilitarse un número igual o mayor que el de los trabajadores
empleados en la subestación San Diego el día 21 de agosto de 1997.

4.5.- Que no se haya utilizado la planilla correspondiente a la planificación del


trabajo del sitio.

4.6.- Que no fueran coordinadas ni supervisadas las pruebas de verificación de


ausencia de tensión por parte de los supervisores de las cuadrillas de subestación y por la
Jefatura de Líneas de Rubio.

4.7.- Que la actividad descrita en el punto anterior, haya sido asignada al caporal
liniero subalterno, y que éste las haya ejecutado sin precisión ni coordinación.

4.8.- Que no se haya realizado la prueba de apertura de seccionadores de 8 circuitos


de 13.8 kilovoltios.

4.9.- Que no se haya realizado la prueba de ausencia de tensión con el equipo


verificador; que dicho examen se haya llevado a cabo con pértiga telescópica, y que ésto
diera lugar al accidente.

4.10.- Que los supervisores no hayan extremado los controles sobre los puntos de
seccionamiento para garantizar las maniobras de transferencias de cargas de la subestación
de Rubio a otras subestaciones.

4.11.- Que no se haya asentado en el Libro de Novedades, las maniobras efectuadas


ese día por la Jefatura de Líneas de Rubio.

4.12.- Que el accidente sufrido por el accionante sea atribuible a su representada;


aclara al respecto, que éste ocurrió por la negligencia del actor.

4.13.- Niega igualmente, la infracción de las normas mencionadas por el actor y, en


todo caso, que las mismas estén vigentes.
5.- Niega la procedencia de los supuestos daños demandados, y en particular,
sostiene que la indemnización solicitada por concepto de daño moral, es exagerada. En este
sentido, rechaza las cantidades solicitadas por la parte actora, de la siguiente manera:

5.1.- En cuanto a la suma reclamada por el accionante, de setecientos cuarenta y dos


millones setenta y nueve mil quinientos diecinueve bolívares con setenta y cuatro céntimos
(Bs. 742.079.519,74), por concepto de sueldos y salarios dejados de percibir durante 32
años que le restaban de vida útil para la fecha del accidente, aclara que hasta ese momento,
el actor había trabajado para CADELA durante 10 años, y le quedaban 15 años como
tiempo útil al servicio de dicha sociedad mercantil, en razón de que se causa el derecho a la
jubilación, una vez cumplidos 25 años de servicios.

Agrega que el actor no determinó tal cantidad, y afirma que el lucro cesante no debe
ser reparado, pues se le otorgó al ciudadano Pedro Pablo Morantes, una pensión de
jubilación “… superior al salario mínimo de por vida”, más el disfrute de los beneficios del
contrato colectivo, como son medicina, servicios médicos, seguros y otros. Al respecto,
explica que la pensión se actualiza según la ley y la convención colectiva.

Alega la improcedencia del concepto objeto de reclamo, por cuanto es futuro e


incierto y, en todo caso, ya fue indemnizado o sustituido por la pensión de jubilación.

5.2.- Impugna también los conceptos demandados de antigüedad, vacaciones y


utilidades, en virtud de que, a su juicio, no han sido causados, por lo que constituyen
hechos futuros e inciertos.

5.3.- Rechaza los intereses de mora que reclama el accionante, pues en su parecer,
su representada no ha incurrido en retardo; asimismo, reproduce los argumentos expuestos
anteriormente, por considerar que el concepto reclamado es futuro e incierto.

6.- Además, el representante de CADELA impugna y desconoce el informe médico


psiquiátrico, supuestamente emanado del doctor Santos Izaguirre Vilera; asimismo, niega el
diagnóstico que realizó el referido médico tratante al ciudadano Pedro Pablo Morantes.

7.- Por último, solicita que la demanda incoada sea declarada sin lugar, con expresa
condenatoria en costas a la parte actora.

IV

DE LAS PRUEBAS

1.- Examinadas como han sido las actas que conforman el expediente No. 2001-
0178, se pudo constatar que la parte demandante acompañó al escrito contentivo de la
demanda, las siguientes documentales:

1.1.- Copia simple de informe No. ER/21030-028, de fecha 09 de septiembre de


1997, emanado del ciudadano José Manuel Toro Sánchez, Gerente de Seguridad Integral de
CADELA, y dirigido a la Gerencia Zona Táchira de dicha sociedad mercantil, en el cual se
tratan “… los pormenores del accidente de origen eléctrico, ocurrido en la
Subestación Rubio el día 23 de agosto de 1997, y en el cual resultó lesionado el trabajador
Pedro Pablo Morantes, adscrito al Departamento de Subestaciones”.

1.2.- Informe médico psiquiátrico (consignado en original) del ciudadano Pedro


Pablo Morantes, emitido en fecha 20 de marzo de 2000, por el médico psiquiatra-
psicoterapeuta Santos Izaguirre Vilera.

Esta prueba, así como la referida al informe No. ER/21030-028, de fecha 09 de


septiembre de 1997, arriba descrito, fueron objeto de ratificación por vía testimonial,
conforme a lo dispuesto en el artículo 431 del Código de Procedimiento Civil, y se
practicaron en fechas 31 de octubre y 14 de noviembre de 2003, respectivamente; por ante
el comisionado Juzgado Tercero de los Municipios San Cristóbal y Torbes de la
Circunscripción Judicial del Estado Táchira.

2.- Por otra parte, en el expediente 2001-0224, la parte actora consignó, junto con el
escrito de la demanda, el informe No. ER/21030-028 ya descrito, así como los siguientes
instrumentos:

2.1.- Documento presentado en copia simple, denominado Evidencias Fotográficas,


de fecha 09 de septiembre de 1997, el cual forma parte del informe No. ER/21030-028, y
contiene fotografías de la subestación de Rubio.

2.2.- Copia simple de memorándum No. 21460-365, de fecha 12 de septiembre de


1997, mediante el cual la Gerencia de Zona Táchira – Unidad de Operación y
Mantenimiento, participa a la Gerenciade Seguridad Integral, (ambos, despachos de
CADELA), que los ingenieros Freddy Chacón y Noel Pérez, Jefe del Distrito San Antonio
y Jefe del Departamento de Subestaciones, respectivamente, se encontraban en la sede de la
Unidad de Operación y Mantenimiento, en actividades relativas a la elaboración
del Presupuesto año 98 y Plan Operativo 98 , conforme a los lineamientos impartidos
por la Coordinación de Planificación y la Gerencia de Zona Táchira.

2.3.- Copia simple de memorándum No. 21030-342 del 28 de agosto de 1997,


mediante el cual la Gerencia de Seguridad Integral de CADELA notifica a la Gerencia de
Recursos Humanos – Coordinación de Bienestar Social de dicha sociedad mercantil, del
accidente laboral sufrido el día 23 de agosto de 1997, por el trabajador Pedro Pablo
Morantes, quien laboraba como liniero electricista II, adscrito al Departamento de
Mantenimiento Especializado.

2.4.- Copia simple de comunicación de fecha 28 de agosto de 1997, emanada de la


Gerente Zona Táchira de la Sociedad Técnica Administradora de Riesgos de Salud, C.A.,
mediante la cual hizo llegar a la Gerencia Zona Táchira de CADELA, un corte de cuenta
de la Policlínica Táchira, correspondiente a la hospitalización del ciudadano Pedro Pablo
Morantes, quien se encontraba recluido en dicho centro médico desde el día 23 de agosto de
1997, en virtud de haber sufrido un accidente laboral.

2.5.- Copia simple de telex de fecha 23 de agosto de 1997, emanado de la


Gerencia de Seguridad Integral de CADELA y dirigido a Seguros Catatumbo, mediante el
cual se notifica a esta última del accidente laboral ocurrido el 23 de agosto de 1997, en el
que resultó afectado el accionante.

2.6.- Copia simple de informe No. 21022-039, de fecha 12 de septiembre de 1997,


emanado de la Presidencia de CADELA, y dirigido a la Presidencia de CADAFE, en el
cual se trata “… la reconsideración para otorgamiento de beneficios socio económicos y
médicos para el trabajador Pedro Pablo Morantes jubilado por incapacidad total y
permanente”.

2.7.- Documento denominado Hoja de Cálculo de Salarios y demás Prestaciones /


Lucro Cesante, el cual no presenta autoría ni fecha de elaboración.

2.8.- Comunicación de fecha 13 de septiembre de 2000, emanada de los abogados


Juan Agustín Ramírez y Carlos Humberto Pérez Roa, antes identificados, quienes en
representación del accionante, dirigen al Presidente de CADELA “… un posible arreglo
judicial a la solución del caso relacionado con la demanda que por Daños Morales ha sido
incoada [por su mandante] contra la empresa C.A. ELECTRICIDAD DE LOS ANDES
(CADELA)”, así como una propuesta que incluye la reparación por concepto de lucro
cesante.

3.- Asimismo, en la oportunidad legal correspondiente, la parte actora promovió el


mérito favorable de los autos y, además de algunas documentales enunciadas anteriormente,
promovió las que siguen:

3.1.- Informe Médico Integral de fecha 01 de febrero de 2002, elaborado en relación


con el paciente Pedro Pablo Morantes y suscrito por el doctor Miguel Alberto Pinto
Alvarado. Este documento presenta membrete de la Policlínica Táchira Hospitalización,
C.A.

Dicha prueba fue ratificada por vía testimonial, conforme a lo dispuesto en el


artículo 431 del Código de Procedimiento Civil; acto que se llevó a cabo en fecha 03 de
noviembre de 2003, por ante el comisionado Juzgado Tercero de los Municipios San
Cristóbal y Torbes de la Circunscripción Judicial del Estado Táchira.

3.2.- Constancia de fecha 05 de mayo de 1998 (consignada en copia simple),


emitida por el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, en la cual se deja constancia
que el asegurado Pedro Pablo Morantes “… fue valorado (a) el 16-04-98 por presentar:
AMPUTACIÓN DE AMBAS MANOS. ACCIDENTE LABORAL. Determinándose un 67%
que corresponde a una incapacidad total y permanente.”
3.3.- Informe médico practicado el día 04 de octubre de 2000, en la ciudad de
Caracas al ciudadano Pedro Pablo Morantes, por el doctor Antonio de Santolo.

3.4.- Normas sobre Seguridad en el Mantenimiento de Líneas y Redes de


Distribución Aéreas, elaboradas por CADAFE (Norma 244-88).

3.5.- Informe No. 21022-047, dirigido en fecha 24 de octubre de 2000, por la


Gerencia de Recursos Humanos-Coordinación de Bienestar Social, para la Gerencia de
Recursos Humanos-Grupo de Trabajo-Desarrollo Social- CADAFE Caracas, cuyo asunto a
tratar es el Informe Socio-Económico del Grupo Familiar del Trabajador Jubilado por
Incapacidad Pedro Pablo Morantes.

3.6.- Tres partidas de nacimiento, correspondientes a los hijos del accionante:


Freddy Alexander, Pedro Jesús y Jhon Anthony, nacidos en fechas 16 de febrero de 1989,
25 de noviembre de 1990 y 22 de agosto de 1997, respectivamente.

3.7.- Exhibición de las pruebas referidas a:

3.7.1.- El Informe No. ER/21030-028 del 09 de septiembre de 1997, antes descrito.

3.7.2.- Memorándum No. 21030-342 del 28 de agosto de 1997, antes descrito.

3.7.3.- Telex de fecha 23 de agosto de 1997, enunciado anteriormente.

3.7.4.- Informe No. 21022-047, de fecha 24 de octubre de 2000, ya mencionado.

3.7.5.- Informe No. 21022-039, del 12 de septiembre de 2000, también descrito


precedentemente.

3.7.6.- Normas de Seguridad en el Mantenimiento de Líneas y Redes de


Distribución Aéreas.

Respecto de esta prueba de exhibición, se deja constancia que la misma no fue


evacuada por el tribunal comisionado, por haberse vencido el lapso establecido para ello.

3.8.- De igual forma, el apoderado del accionante promovió inspección judicial, de


conformidad con lo previsto en el artículo 234 del Código de Procedimiento Civil, a
realizarse en los archivos de CADELA, a fin de hacer constar que en los mismos reposan
los documentos enunciados en el punto anterior, cuya exhibición fue solicitada.

Así, en fecha 03 de noviembre de 2003, el Juzgado Tercero de los Municipio San


Cristóbal y Torbes de la Circunscripción Judicial del Estado Táchira, comisionado para
evacuar esta prueba, se constituyó en la Gerencia de Seguridad Industrial de CADELA; y
trasladándose luego a los archivos generales de esa sociedad mercantil, ubicados en el
edificio administrativo, dejó constancia que en el sitio se encontraba presente el ciudadano
Jesús López, titular de la cédula de identidad No. 17.206.655, quien manifestó ser el
encargado de los archivos y expresó que sólo se encontraban allí los archivos de
contabilidad.
3.9.- Promovió también, prueba testimonial de los ciudadanos que a continuación se
mencionan:

3.9.1.- Sonia Dayana Salazar Duque, titular de la cédula de identidad No.


11.659.403, quien a la fecha en que fue introducido el escrito de pruebas, se desempeñaba
como administradora de la Clínicade Reposo Mental Virgen de Coromoto.

3.9.2.- Michael Prato, titular de la cédula de identidad No. 11.499.607, quien se


desempeñaba como electromecánico en la cuadrilla de operaciones, de la cual formaba
parte el ciudadano Pedro Pablo Morantes.

Revisadas como fueron las actuaciones procesales, aparece que los ciudadanos
Sonia Dayana Salazar Duque y Michael Prato, no comparecieron en la oportunidad fijada, a
los fines de rendir testimonio.

4.- Por su parte, la representación judicial de CADELA promovió, dentro del lapso
respectivo, el mérito de los autos en cuanto resultara favorable a su
poderdante. Adicionalmente, promovió las pruebas que se enuncian de seguidas:

4.1.- Comunicación de fecha 13 de septiembre de 2000 (consignada en copia


simple), descrita en el punto 2.8 del presente capítulo.

4.2.- Prueba de informes, promovida de conformidad con lo establecido en el


artículo 433 del Código de Procedimiento Civil, a los fines de solicitar “… información y
copia a la gerencia de seguridad industrial de CADAFE, de la normativa referida a las
obligaciones y Medidas de Seguridad que deben cumplir los trabajadores del sector
eléctrico, en el desempeño de sus labores, específicamente la Normativa contenida en la
Norma 244-88, sobre “Seguridad en el mantenimiento de líneas y redes de distribución
Aérea” …”.

Se deja constancia que mediante comunicación de fecha 22 de agosto de 2003, el


Consultor Jurídico (E) de CADAFE remitió al Juzgado de Sustanciación de esta Sala, copia
completa de la norma CADAFE No. 244-88 “SEGURIDAD EN EL MANTENIMIENTO DE
LÍNEAS Y REDES DE DISTRIBUCIÓN AÉREA”.

4.3.- Prueba testimonial, a ser rendida por los ciudadanos Leonardo Flores, Michael
Prato y Noel Pérez, todos trabajadores al servicio de CADELA.

Efectuada la revisión del expediente, pudo constatarse que no fueron evacuadas las
testimoniales promovidas por la parte accionada.

DE LA COMPETENCIA DE LA SALA POLÍTICO- ADMINISTRATIVA


DEL TRIBUNAL SUPREMO DE JUSTICIA
En virtud de la entrada en vigencia de la nueva Ley Orgánica del Tribunal Supremo
de Justicia de la República Bolivariana de Venezuela, publicada Gaceta Oficial N° 37.942
de fecha 20 de mayo de 2004, debe esta Sala pronunciarse sobre la competencia para
seguir conociendo de la presente causa, en virtud de que el referido texto legal contiene
disposiciones expresas respecto de sus competencias, conforme a lo dispuesto en su artículo
5, numerales 24 al 37.

En tal sentido, por remisión que hace el primer aparte del artículo 19 de la Ley
Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia de la República Bolivariana de Venezuela, cuyo
texto establece que “Las reglas del Código de Procedimiento Civil regirán como normas
supletorias en los procedimientos que cursen por ante el Tribunal Supremo de
Justicia”, resulta aplicable el artículo 3 del Código de Procedimiento Civil, según el cual la
jurisdicción y la competencia que deben tomarse en cuenta para todo el transcurso del
proceso, ante los cambios sobrevenidos en ellas, son las reglas o criterios atributivos que
existían para el momento de la presentación de la demanda.

En efecto, dicho artículo establece:


“Artículo 3.- La jurisdicción y la competencia se determinan
conforme a la situación de hecho existente para el momento de la
presentación de la demanda, y no tienen efecto respecto de ellas los
cambios posteriores de dicha situación, salvo que la ley disponga otra
cosa.” (Destacado de la Sala).

Este principio general, cuyo origen proviene del derecho romano, se


denomina perpetuatio jurisdictionis, y tradicionalmente la doctrina ha abarcado en él a la
jurisdicción y a la competencia.

Sin embargo, en el presente caso no se trata de una afectación de la jurisdicción


sino de una variación en la competencia, razón por la cual el principio más apropiado,
conforme a lo expuesto por el Maestro Luis Loreto, es el de la llamada perpetuatio fori,
(Ensayos Jurídicos, “Principios Fundamentales en la reforma del Código de
Procedimiento Civil Venezolano”, Fundación Roberto Goldschmidt. Editorial Jurídica
Venezolana, Caracas 1987. p. 19) igualmente contenido en el artículo 3 eiusdem; en el
entendido de que el principio se aplica a las circunstancias que constituyen los criterios
atributivos sobre los cuales un tribunal puede conocer una causa, esto es la materia, el
valor, el territorio, o el grado del tribunal.

Ahora bien, ante la existencia de estos dos principios consagrados en el texto legal
referido, esta Sala teniendo presente que la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela en su artículo 2, establece que Venezuela se constituye en un Estado
Democrático y Social de Derecho y de Justicia; considera que ambos principios deben ser
armonizados en plenitud, con los valores, garantías y normas procesales constitucionales
vigentes, tales como los derechos fundamentales del justiciable, a una justicia accesible,
idónea, transparente, autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, y a un
proceso sin dilaciones indebidas, sin formalismos o reposiciones inútiles y al servicio de la
justicia (artículos 26 y 257 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
y artículo 18 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia).

Es por ello, que en observancia a lo dispuesto en el artículo 335 de la


Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y a lo establecido en el segundo
aparte del artículo 1° de la Ley Orgánicadel Tribunal Supremo de Justicia de la República
Bolivariana de Venezuela, los cuales establecen que “El Tribunal Supremo de Justicia
garantizará la supremacía y efectividad de las normas y principios constitucionales”; esta
Sala Político Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia, en su carácter de garante de
los principios y valores constitucionales, entiende que al no haber establecido la nueva Ley
Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, disposición expresa que afecte la competencia
de las causas que actualmente conoce, en aplicación de las premisas expuestas y conforme
al principio de la perpetuatio fori, debe reafirmar su competencia para conocer y decidir la
presente controversia. Así se decide.

VI

PUNTOS PREVIOS

1.- Con carácter previo al estudio del mérito del asunto presentado a la
consideración de este Alto Tribunal, debe la Sala referirse a la decisión adoptada por el
Ejecutivo Nacional mediante Decreto No. 4.492, de fecha 15 de mayo de 2006, publicado
en Gaceta Oficial No. 38.441 del 22 de mayo de 2006.

En el referido decreto se estableció lo siguiente:


“Artículo 1.- Se ordena la fusión de las sociedades: Compañía Anónima
Electricidad de Oriente (ELEORIENTE), Compañía Anónima Electricidad
de Occidente (ELEOCCIDENTE), Compañía Anónima Electricidad del
Centro (ELECENTRO), Compañía Anónima Electricidad de los Andes
(CADELA) y Sistema Eléctrico de Monagas y Delta Amacuro (SEMDA), de
conformidad con lo establecido en el artículo 346 del Código de
Comercio”.

En virtud de lo anterior, los derechos y obligaciones correspondientes a cada una de


las sociedades mercantiles mencionadas serán asumidos por la Compañía Anónima de
Administración y Fomento Eléctrico (CADAFE), a la que se transmitirá también el
patrimonio de las primeras, por tener ésta el carácter de sociedad subsistente (artículos 2, 4
y 5, eiusdem).
En consecuencia, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 4 del cuerpo
normativo in commento, las sociedades indicadas en el dispositivo transcrito, se
considerarán disueltas de pleno derecho con fundamento en lo preceptuado en el numeral 7
del artículo 340 del Código de Comercio, quedando así extinguidas sin que por ello se
proceda a su liquidación.

Ahora bien, habida cuenta que de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 11 del


Decreto No. 4.492, éste entró en vigencia el mismo día de su publicación en la
Gaceta Oficial, los derechos u obligaciones que deriven del pronunciamiento que
corresponda emitir en la presente decisión, con ocasión del juicio incoado por el ciudadano
Pedro Pablo Morantes contra la Compañía Anónima Electricidad de los Andes (CADELA),
recaerán en CADAFE, por haber operado la fusión por absorción antes señalada.

2.- Por otro lado, la Sala estima pertinente analizar algunas pruebas traídas al
procedimiento por las partes, a los fines de determinar el valor probatorio que ellas tendrán
en esta causa; ello, sin perjuicio del proceso de valoración que resulte pertinente hacer más
adelante, respecto de otras probanzas. En este sentido, se observa:

1.- Entre otras probanzas consignadas (en copia simple) por la representación del
actor junto con el escrito de la demanda interpuesta en el expediente No. 2001-0224, se
cuentan siguientes: a)Memorándum No. 21030-342 de fecha 28 de agosto de 1997,
emanado de la Gerencia de Seguridad Integral de CADELA y dirigido a la Gerencia de
Recursos Humanos – Coordinación de Bienestar Social también de esa sociedad
mercantil; b) Memorándum No. 21460-365, del 12 de septiembre de 1997, por el que la
Gerencia de Zona Táchira – Unidad de Operación y Mantenimiento, dirige información a la
Gerencia de Seguridad Integral, (ambos, despachos de CADELA); y c) Telex de fecha 23 de
agosto de 1997, emanado de la Gerencia de Seguridad Integral y dirigido a Seguros
Catatumbo; todos los cuales fueron descritos bajo los puntos 2.2, 2.3, 2.5 y 2.6 del Capítulo
III de este fallo, denominado De las Pruebas, y sobre los que no se evidencia impugnación
alguna por parte de la accionada.

Si bien los primeros dos documentos se distinguen del último en que presentan la
característica de ser internos de CADELA, todos participan de la misma naturaleza, cual es
la de ser documentos privados, los cuales no pueden ser valorados con base en la previsión
contenida en el artículo 429 del Código de Procedimiento Civil, pues dicho dispositivo
dispone el tratamiento de las copias o reproducciones fotográficas, fotostáticas o por
cualquier otro medio mecánico claramente inteligible de los documentos públicos y
privados reconocidos o tenidos legalmente por reconocidos.

Tampoco pueden considerarse entre los denominados documentos administrativos


(que en el proceso de valoración han de asemejarse a los documentos privados reconocidos
o tenidos por reconocidos según criterio pacífico y reiterado de esta Sala), toda vez que
CADELA se encuentra constituida bajo la forma de sociedad mercantil.
Dicho esto, como quiera que las pruebas en cuestión no cumplen con las
características requeridas por el referido artículo 429, por no tratarse de documentos
públicos o privados reconocidos o tenidos por tales, ellas tendrán el valor de principio de
prueba, a los fines de la posterior exhibición de sus originales.

Por consiguiente, visto que no consta en autos que haya sido promovido un medio
probatorio capaz de demostrar su veracidad, será preciso considerar que los instrumentos
indicados en este punto carecen de eficacia probatoria, por lo que deberán ser desechados a
los efectos del análisis del asunto debatido en este juicio. Así se decide.

2.- De igual forma, se cuentan entre las probanzas consignadas por el accionante en
la oportunidad de interponer su demanda (expediente 2001-0224), copia simple de
comunicación de fecha 28 de agosto de 1997, emanada de la Gerente Zona Táchira de la
Sociedad Técnica Administradora de Riesgos de Salud, C.A. y dirigida a la
Gerencia Zona Táchira de CADELA, la cual se describió en el punto 2.4 del capítulo de
esta decisión, relativo a las pruebas aportadas por las partes.

Sobre esta documental, deben considerarse reproducidos los argumentos esgrimidos


en el punto precedente, por lo que la misma deberá quedar excluida del análisis probatorio
que habrá de realizar la Sala para pronunciarse sobre la controversia que le ha sido
planteada. Así se decide.

3.- También consignó la parte actora, instrumento denominado Hoja de Cálculo de


Salarios y demás Prestaciones / Lucro Cesante, del cual se dejó constancia en el punto 2.7
del Capítulo III, De las Pruebas, que no presenta fecha ni autoría.

Tal omisión impide a esta Sala otorgarle eficacia probatoria, pues la autoría
determina en el proceso de valoración, el tratamiento que ha de darle a la prueba el
juzgador.

Así, en el supuesto de que el instrumento hubiese emanado de un particular, este


último tendría que ser llamado a juicio con la finalidad de ratificar el documento por vía
testimonial, de conformidad con lo previsto en el artículo 431 del Código de Procedimiento
Civil; y si el caso es que la autoría era atribuible a algún ente de la Administración Pública,
o hacen fe pública por haber mediado la actuación registral o notarial, en ausencia de
impugnación por la parte a quien le fueron opuestos, éste habría sido objeto de otras
consideraciones bajo las cuales hubiese sido posible tenerlo por válido en la presente
causa.

En consecuencia, respecto a la señalada probanza, al no disponer de una


información de tanta importancia como lo es la relativa a la persona o ente del cual emanó
el documento, no puede la Sala darle valor probatorio a los efectos de la resolución de la
controversia aquí presentada. Así se decide.
4.- En el escrito contentivo de la contestación de la demanda, la representación
judicial de CADELA impugnó los documentos mencionados en los puntos 1.1, 1.2 y 2.6 del
Capítulo III de este fallo, todos consignados por la parte actora, a saber: a) El informe No.
ER/21030-028 del 09 de septiembre de 1997, supuestamente elaborado por la Gerencia de
Seguridad Integral de dicha sociedad mercantil; b)El informe No. 21022-039 de fecha 12
de septiembre de 1997, emanado de la Presidencia de CADELA y dirigido a la
Presidencia de CADAFE; y c) El informe psiquiátrico, emitido por el médico Santos
Izaguirre Vilera.

4.1.- Respecto del primer documento, es decir, el que se encuentra signado con el
No. ER/21030-028, se aprecia en el expediente que en la oportunidad correspondiente, el
apoderado del accionante promovió, de conformidad con lo establecido en el artículo 431
del Código de Procedimiento Civil, prueba testimonial a ser rendida por el ciudadano José
Manuel Toro Sánchez, quien aparece como firmante del mismo, en su carácter de Gerente
de Seguridad Integral de CADELA.

Ahora bien, de la revisión de las actas procesales pudo constatarse que en fecha 14
de noviembre de 2003, rindió declaración por ante el comisionado Juzgado Tercero de los
Municipios San Cristóbal y Torbes de la Circunscripción Judicial del Estado Táchira, el
ciudadano José Manuel Toro Sánchez, destacando en el acta que se levantó para dejar
constancia del referido acto, lo siguiente:
“(omissis) … PRIMERO: Diga el testigo, qué cargo ocupó usted para la
fecha 23/08/1997, en que ocurrió el accidente de trabajo al ciudadano
PEDRO PABLO MORANTES? CONTESTÓ: “Gerente de Seguridad
Integral”. SEGUNDA: Diga el testigo, si en su condición de Gerente de
seguridad industrial, en fecha 09/09/1997, usted presentó un informe
pormenorizado del accidente ocurrido al ciudadano PEDRO PABLO
MORANTES, dirigido a la Gerencia de la Zona Táchira, signado con el N°
ER/21030-028? CONTESTÓ: Sí, creo que fue el informe que me
indicaron en la pregunta … (omissis)”. (Destacado de la Sala).

Del extracto anterior de la testimonial evacuada, se observa que el declarante utilizó


una expresión que parece denotar duda. No obstante ello, es preciso destacar que efectuada
detenidamente la lectura de las respuestas aportadas a las preguntas y repreguntas que se
hicieron al testigo, de las cuales se evidencia que éste tenía pleno conocimiento de la
documental referida, lo dicho por el ciudadano José Manuel Toro Sánchez ante la segunda
pregunta formulada, genera en el ánimo de esta Sala la convicción de que dicha respuesta
no tiene naturaleza dubitativa; antes bien, en su criterio, ella fue emitida como una
manifestación propia del lenguaje coloquial al que está acostumbrado el ciudadano común.

Lo expuesto encuentra apoyo en la contestación del testigo a la última pregunta:


“ÚLTIMA: Diga el testigo, si es suya la firma que aparece en el informe
signado con el N° ER/21030-28 y si es cierto el contenido de dicho informe,
el cual presento en este acto a su vista (El Tribunal le pone de manifiesto el
informe No. ER/21030-28 que en copia fotostática se encuentra inserto en
autos, quien tomó su tiempo para la revisión pormenorizada del contenido y
firma del mismo) Contestó: Sí es mi firma y el contenido del informe indica
lo que aconteció en el accidente. … (omissis)”

En consecuencia, vista la ratificación del informe distinguido con el No. ER/21030-


028, efectuada conforme a la normativa legal pertinente, esta Sala le otorga pleno valor a
los efectos de realizar el análisis del asunto debatido en este juicio. Así se decide.

4.2.- No procedió de igual manera la parte accionante en relación con el informe


No. 21022-039, pues no hay evidencia en autos de que el mismo haya sido ratificado por
vía testimonial por su firmante, conforme a lo preceptuado en el artículo 431 eiusdem, a los
fines de otorgarle fuerza probatoria al documento señalado.

Tampoco mostró diligencia en la fase correspondiente, promoviendo otras pruebas


que coadyuvaran en la valoración del documento en cuestión, como, por ejemplo,
solicitando prueba de informes a los efectos de que CADAFE (sociedad mercantil que, para
esa fecha, era un tercero ajeno al juicio), se dirigiera a esta Sala refiriendo la recepción de
dicho informe; o pidiendo la práctica de una inspección judicial en los archivos de esta
última.

Así, en vista de que nada hizo la parte actora para que el documento in
commento sea tenido en cuenta en el análisis del mérito de la controversia, a juicio de la
Sala, el mismo no tendrá valor probatorio en el presente procedimiento. Así se decide.

4.3.- En lo concerniente a la impugnación formulada al informe psiquiátrico,


emitido por el médico Santos Izaguirre Vilera en fecha 20 de marzo de 2000, se observa
que el mismo fue ratificado por dicho ciudadano, mediante prueba testifical practicada el
día 31 de octubre de 2003, por ante el tribunal comisionado por este Alto Tribunal para
tales fines; ello, de conformidad con lo establecido en el artículo 431 del Código de
Procedimiento Civil.

Por consiguiente, el mismo deberá ser valorado favorablemente, a los fines de


resolver la controversia planteada. Así se decide.

5.- Igual consecuencia jurídica que la verificada respecto al informe psiquiátrico


analizado en el punto anterior, deberá seguirse en relación con el informe elaborado y
suscrito el día 01 de febrero de 2002, por el médico Miguel Pinto Alvarado, el cual
presenta, en su parte superior, membrete del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales /
Hospital General Dr. Patrocinio Peñuela Ruiz / San Cristóbal – Edo. Táchira, señalándose
seguidamente: Policlínica Táchira Hospitalizació, C.A. / Informe Médico Integral.

El referido documento, consignado su original por la parte actora en la oportunidad


de promover pruebas, fue objeto de ratificación por vía testimonial, actuación que se llevó a
efecto de acuerdo a lo previsto en el artículo 431 eiusdem, en fecha 03 de noviembre de
2003, por ante el comisionado Juzgado Tercero de los Municipios San Cristóbal y Torbes
de la Circunscripción Judicial del Estado Táchira.

En consecuencia, en criterio de la Sala, esta probanza desplegará toda su eficacia


jurídica en el presente juicio. Así se decide.

6.- Por último, el informe elaborado en fecha 04 de octubre de 2000 por el médico
Antonio de Santolo, cuyo original también fue consignado junto con el escrito de
promoción de pruebas; así como la constancia emitida por el médico Tito Nilo Negrón
Portillo el día 05 de mayo de 1998 (presentado en copia simple en la misma oportunidad),
no serán valorados favorablemente a los efectos de la decisión a tomar en esta causa, toda
vez que, tratándose de documentos emanados de terceros ajenos al juicio, no operó sobre
ellos la ratificación requerida en el artículo antes mencionado, para que sean tenidos como
pruebas fidedignas. Así se decide.

VII

MOTIVACIÓN

El caso que en esta oportunidad toca a esta Sala analizar, se contrae a determinar la
procedencia o no de la indemnización que reclama el ciudadano Pedro Pablo Morantes a
CADELA por el accidente laboral ocurrido el día 23 de agosto de 1997, en virtud de haber
recibido dos descargas eléctricas, a consecuencia de las cuales sufrió quemaduras en parte
de su cuerpo, así como la pérdida parcial de sus extremidades superiores.

1.- Ahora bien, visto que la parte accionada admite algunos de los hechos narrados
por la representación del actor, esta Sala considera necesario señalar aquellas circunstancias
sobre las que no ha sido planteado el debate y que, en consecuencia, no requieren de
actividad probatoria alguna por las partes; éstas son:

1.1.- Para la fecha en que se verificó el infortunio, el accionante trabajaba para


CADELA. Dicho accidente tuvo lugar mientras éste ejecutaba labores que le fueron
asignadas por la sociedad demandada.

1.2.- El día 23 de agosto de 1997, el actor, junto con otros trabajadores (integrantes
algunos de ellos de la cuadrilla de subestaciones, a la cual pertenecía el actor), recibió
instrucciones de dirigirse a la subestación de Rubio, Estado Táchira, a fin de corregir lo que
denominan las partes como puntos calientes. Para ello, previamente la Jefatura de Líneas de
Rubio debía transferir la carga de los 8 circuitos de la subestación a las de San Cristóbal,
Agua Dulce y San Diego, con la finalidad de dejar sin tensión la primera a nivel de 13,8
kilovoltios.

1.3.- El ingeniero Noel Pérez Pernía, quien formaba parte del equipo en el cual
trabajaba el accionante, no pudo asistir el día señalado, a la subestación de Rubio.
1.4.- Los trabajos encomendados concluyeron aproximadamente a las doce y media
de la tarde

1.5.- El ciudadano Pedro Pablo Morantes recibió 2 descargas eléctricas que se


produjeron en el momento en que dicho ciudadano ejecutaba las actividades asignadas en la
subestación de Rubio, a consecuencia de las cuales perdió sus dos antebrazos.

2.- Señalados como fueron los aspectos no debatidos, se estima conveniente hacer
referencia a las condiciones físicas y de orden psicológico del ciudadano Pedro Pablo
Morantes, conforme a los elementos que surgen de las actas procesales y la valoración que
de ellos deba hacer la Sala.

En este sentido, se observa:

2.1.- A consecuencia de las 2 descargas eléctricas recibidas, la representación del


actor alega que éste sufrió quemaduras de segundo y tercer grado, y lesiones que le
ocasionaron la amputación de ambas manos y tercio medio inferior del antebrazo, así como
del segundo y tercer dedo del pie derecho.

2.2.- Por otro lado, la parte accionada argumenta que es falso que las señaladas
descargas eléctricas le hayan producido al demandante, quemaduras de segundo y tercer
grado; igualmente, es falso, en su decir, “… que perdió el 100% o la totalidad de sus
brazos, aunque lamentablemente perdió los antebrazos por debajo del codo”.

Adicionalmente, niega que antes del accidente, el ciudadano Pedro Pablo


Morantes gozara de plena salud y capacidad.

2.3.- De los informes médicos a ser tenidos en cuenta a los fines del análisis a
realizar sobre los daños aparentemente ocasionados al accionante, y cuya valoración fue
analizada en el capítulo VI, titulado Puntos Previos, se derivan los siguientes hechos:

2.3.1.- En el Informe Médico Integral, emanado del médico Miguel Pinto Alvarado,
se indica:
“NOMBRE: Pedro Pablo Morantes
EDAD: 32 a (sic)
EMPRESA: CADELA
Paciente masculino quien para el día 23-08-1997, contando con 28
años de edad, sufrió descarga eléctrica de alta tensión, (…) ingresando
en esta emergencia por accidente eléctrico, quemaduras graves de
IIIer. (sic) grado en 60% de superficie corporal (tórax anterior y
posterior, brazos, antebrazos, manos, muslos y pie derecho, en malas
condiciones generales y deshidratación severa. (…) Fue intervenido
quirúrgicamente: 23-8-1997 = Limpieza quirúrgica. 24-8-1997 =
Limpieza quirúrgica. 25-8-1997 = Limpieza quirúrgica. 26-8-1997 =
Limpieza quirúrgica. 27-8-1997 = Limpieza quirúrgica. 30-8-1997 =
Necrectomía de piel + amputación del IIIer. (sic) dedo del pie derecho.
03-09-1997: Amputación del miembro superior izquiero por gangrena y
amputación del II° (sic) dedo del pie derecho por necrosis. (…) 9-1997
= Transplante de piel con injertos en tórax, cuello y hombro izquierdo.
23-9-1997: Transplante de piel con injertos en ambos muslos. 26-9-
1997: Limpieza de injertos.
IMPRESIÓN DIAGNÓSTICA:
1.- Amputación de antebrazos derecho e izquierdo.
2.- Quemaduras graves de IIIer. (sic) grado en 60% superficie corporal.
3.- Amputación de II° (sic) y IIIer. dedos del pie derecho.
4.- Transplantes de piel con injertos cutáneos libres.”

De igual forma, en el acto mediante el cual el autor del Informe Médico


Integral ratificó dicho documento, éste contestó a la sexta pregunta, lo que se indica a
continuación:
“(omissis) … SEXTA: Diga el testigo, si después del accidente, es decir
el día 23/08/1997, usted ha seguido tratando médicamente a PEDRO
PABLO MORANTES” Contestó: “Sí lo traté desde el 23/08/97 hasta
que curaron definitivamente las lesiones y cicatrizaron las heridas”...
(omissis)”.

Llama también la atención, la séptima repregunta formulada en la misma


oportunidad:
“SÉPTIMA: Diga el testigo, en qué fecha cicatrizaron las lesiones que
usted dice haber tratado al paciente PEDRO PABLO
MORANTES? (…) Contestó: A partir del 23/08/97 las cicatrices de las
lesiones sufridas por la amputación de ambos brazos, los puntos
tomados en ambos muñones debieron ser retirados aproximadamente a
los quince días después de las cirugías de las amputaciones e
igualmente eso es el término que se toma para retirar los puntos donde
se colocaron los injertos cutáneos y también para las amputaciones de
los dedos del pie.” … (omissis)”.

2.3.2.- En lo que concierne a la afectación emocional del ciudadano Pedro Pablo


Morantes, por los daños que éste imputa a CADELA, el ciudadano Santos Izaguirre Vilera,
médico psiquiatra y psicoterapeuta, expresa, en su informe, lo que sigue:
“DATOS PERSONALES:
Nombre: Pedro Pablo
Apellidos: Morantes
(…) Edad: 31 años
(…) Antecedentes Relevantes:
Hijos: 3 varones (…) Hospitalizado en la Policlínica Táchira por haber
sufrido quemaduras de tercer grado por descarga eléctrica,
ocasionándole complicaciones de amputación ambos brazos, en agosto
de 1.997.
Examen Mental
(…) - Atención disminuida durante las entrevistas Psiquiátricas, con
facie de Tristeza.
- Concentración dispersa.
- Orientado auto y Alopsíquicamente.
- Afectividad Resonante hacia la tristeza, con llanto fácil.
- Lenguaje poco fluido con expresión de minusvalía.
- Pensamiento Lento con ideación depreciativa personal.
- Sensopersección, manifiesta sentir ambos brazos.
- Nivel intelectual, impresiona normal.
Diagnóstico: Depresión Severa y Reacción de Stress Post-Traumático.
Tratamiento recibido Rivotril de 2 mg. Vía oral hora sueño, Anoxen de
20 mg. Vía oral 8:00 a.m., Psicoterapia Conductual Semanal.
Este paciente recibe tratamiento Psicofarmacológico y
Psicoterapéutico, desde el momento de su ingreso a la
Policlínica Táchira, y posterior al egreso de la misma hasta la presente
fecha”.

Adicionalmente, en la testimonial evacuada con el fin de ratificar el informe


correspondiente al paciente Pedro Pablo Morantes, destacan la quinta y sexta preguntas,
formuladas al médico tratante:
“QUINTA: Diga el testigo, si el ciudadano PEDRO MORANTES ha
sido tratado desde el momento en que ocurrió el accidente hasta la
presente fecha, en la clínica de reposo mental Virgen de Coromoto?
CONTESTÓ: “Sí”. SEXTA: Diga el testigo, si durante la atención
médica que usted le ha prestado a PEDRO MORANTES, ha observado
una mejoría psiquiátrica de su estado o por el contrario se ha
acentuado o mantenido su afección de orden psiquiátrico?
CONTESTÓ: A pesar de haber recibido tratamiento psicoterapéutico y
estar recibiendo el mismo en combinación con psicoterapia conductual
no se ha observado la mejoría esperada durante el tiempo en
tratamiento”… (omissis)”.

Asimismo, resalta en el referido acto, la quinta repregunta planteada por el


apoderado de CADELA a dicho profesional de la medicina:
“(omissis) … QUINTA: Diga el testigo, si usted expidió dicho informe
médico el día 20/03/2000, por qué motivo ha manifestado bajo
juramento que el paciente no observa mejorías” Contestó: “Sí
reconozco que fue expedido el 20/03/2000, y porque no ha existido
remisión total de los síntomas depresivos y del estrés post-
traumático. … (omissis)”.

De esta manera, conforme a lo expresado por los dos médicos tratantes, tanto en los
aspectos físico como emocional o psicológico, esta Sala tiene por ciertos lo señalado en los
informes expedidos, parcialmente transcritos supra, habida cuenta que la parte contraria no
aportó prueba alguna que aminorara la fuerza probatoria de los indicados instrumentos. Así
se decide.

3.- Expuesto lo anterior, pasa esta Sala a establecer los hechos denunciados por la
parte actora como generadores de los daños que se le ocasionaron, conforme a lo que se
derive de los argumentos esgrimidos por las partes y las probanzas aportadas por ellas.

3.1.- En criterio de la Sala, el análisis a realizar debe partir del informe No.
ER/21030-028, de fecha 09 de septiembre de 1997 (consignado en copia simple por la parte
actora), el cual fue suscrito por el ciudadano José Manuel Toro Sánchez, en su condición de
Gerente de Seguridad Integral de CADELA. De esta prueba es preciso acotar lo siguiente:

3.1.1.- Según lo indicado por el propio firmante del documento aquí señalado, en la
prueba testimonial rendida en este juicio, el informe No. ER/21030-028 es producto de la
recopilación de información efectuada por el ingeniero Reinaldo Quintero, quien efectuó
dicho trabajo en compañía de un técnico cuyo nombre el testigo dijo no recordar.
Concretamente, expresó a la sexta pregunta, lo siguiente:
“SEXTA: Diga el testigo, si en el informe presentado por usted observó
que no se realizó el chequeo de apertura de los seccionadores de los
ocho circuitos de 13.8 kv [kilovoltios] a la salida de la sub-estación de
Rubio, por parte de la cuadrilla de sub-estaciones? CONTESTÓ:”El
levantamiento de la información fue realizada por el Ingeniero
REINALDO QUINTERO, de un técnico, no recuerdo el nombre de él,
ellos fueron los que hicieron la investigación del accidente, …
(omissis)”.

Esta afirmación quedó ratificada una vez que el apoderado de CADELA le formuló
al testigo la primera repregunta:
“(omissis) … Primera: Diga el testigo, si usted cuando realizó el
informe de fecha 09/09/1997 se desempeñaba como gerente Jefe de
Seguridad integral en representación de la empresa CADELA?
Contestó: No lo realicé, el informe fue realizado por el Ing. Reinaldo
Quintero, como gerente lo revisé en carácter de Gerente de seguridad
integral de CADELA … (omissis)”.

Dadas las declaraciones precedentes, es claro que la información contenida en el


documento cuyo contenido y firma fueron ratificados, no fue obtenida en forma directa e
inmediata por el testigo, sino que se obtuvo a través de dos empleados (el ciudadano
Reinaldo Quintero y un técnico, cuyo nombre no se menciona) al servicio de la Gerencia de
Seguridad Integral de CADELA, a quienes les fue asignada dicha tarea.

Lo expuesto permite afirmar que el testigo llamado a juicio para la ratificación del
instrumento que se quiso hacer valer, reprodujo también, por medio de su declaración,
hechos que no presenció, establecidos en el informe bajo estudio y relacionados con el
accidente que afectaron al accionante. Con ello, se ve vulnerado, en cierta manera, el
principio que rige en materia probatoria, relativo a la originalidad de la prueba, que en el
caso concreto implica que el testimonio debe ajustarse, en la medida de lo posible, al hecho
que se quiere probar, por lo cual la intermediación en esta relación testigo-hechos
percibidos y deducidos por él, aumenta las posibilidades de que el juzgador establezca
equivocadamente circunstancias de tiempo, lugar, así como características e incluso, la
identidad personas o cosas; y disminuye, por tanto, la eficacia probatoria de lo declarado.

No obstante lo dicho, no escapa a la apreciación de esta Sala que el informe que fue
objeto de ratificación por José Manuel Toro Sánchez, fue producto de una investigación
llevada a cabo por la Gerencia de Seguridad Integral de CADELA, la cual, como lo indica
su nombre, debe tener entre sus funciones la de prevenir accidentes laborales y llevar a
cabo los estudios e investigaciones que sean necesarios una vez ocurridos infortunios como
el sufrido por el accionante; ello, con la finalidad de proponer e implementar las medidas
que se consideren convenientes para evitar, en lo sucesivo, la ocurrencia de tales
situaciones, e igualmente, para cumplir con la denuncia por ante el Instituto Nacional de
Prevención, Salud y Seguridad Laborales, de enfermedades ocupacionales, accidentes y
cualesquiera otras condiciones patológicas que ocurrieren dentro del ámbito laboral.

A la ejecución de las actuaciones descritas se encontraba obligado todo empleador,


conforme al numeral 2 del artículo 19 de la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y
Medio Ambiente de Trabajo (publicada en Gaceta Oficial No. 35.028 de fecha 17 de agosto
de 1992), normativa vigente para la fecha del accidente del ciudadano Pedro Pablo
Morantes, (derogada por la ley del mismo nombre, publicada en Gaceta Oficial No. 38.236
del 26 de julio de 2005).

Así, la averiguación de los acontecimientos desarrollados el día 23 de agosto de


1997 en la subestación de Rubio se llevó a cabo bajo la dirección del ciudadano José
Manuel Toro Sánchez quien debió delegar en dos subalternos la función de recopilar los
datos y hacer las entrevistas requeridas para la elaboración del informe No. ER/21030-
028. Esto se deduce de lo señalado por el testigo una vez que se le planteó la quinta
repregunta:
“(omissis) … QUINTA: Diga el testigo, que el informe que usted
remite a la gerencia de la Zona de CADELA el día 9/9/97 lo hizo en
base a recopilaciones, informaciones, notas y datos que le señalaron y
lo prevén los trabajadores de rango inferior a usted? Contestó: “El
levantamiento de la información fue realizado por el Ing. Reinaldo
Quintero y por el técnico que no recuerdo el nombre (sic), se hace en
el sitio de los acontecimientos y se recopila evidencias por
fotografías, entrevistas a los trabajadores que tenían que realizar las
aperturas o cierres de seccionadores para transferir los circuitos de
la subestación Rubio a otras subestaciones aledañas en función de
esas actividades se realiza y se analiza el informe … (omissis)”.

Asimismo, infiere la Sala que por razón del cargo que ejercía dicho testigo dentro de
la estructura organizativa de CADELA y por cuanto fue él quien suscribió el informe
ratificado, debió reunirse con los empleados a quienes encomendó las labores preliminares
de recolección de datos para llegar a las conclusiones que finalmente fueron formuladas en
el documento in commento.

Por tanto, si bien el testigo en referencia no es de los que denomina la doctrina


como presencial, lo que llevaría a esta Sala a restar eficacia probatoria al informe No.
ER/21030-028, por las razones precedentemente expresadas, esta Sala le otorga pleno valor
en el presente juicio. Así se decide.

3.2.- Ahora bien, atendiendo a los daños que dice haber sufrido el accionante
(quemaduras, pérdida de los dos antebrazos y afectación emocional), así como al contenido
del informe ratificado por quien lo suscribió y, además, quien fuera en su momento Gerente
de Seguridad Integral de CADELA, se observa que en dicho documento se indica:
“ANÁLISIS DEL ACCIDENTE:
La ocurrencia del accidente obedece a la existencia de una condición
insegura en la Subestación, al haber tensión de punta a nivel de 13.800
voltios en el circuito “Ruiz Pineda”. Esta situación no podía ser
advertida por el trabajador Pedro Pablo Morantes en el momento en
que procedía a ubicarse en ese sector, ya que se consideraba que este
circuito estaba desenergizado (…) Es de hacer notar que el circuito
Ruiz Pineda al igual que los siete (07) restantes de la
Subestación Rubio debían permanecer sin tensión, mientras duraran
los trabajos de corrección de puntos calientes por parte de la
Cuadrilla de Subestaciones.
OBSERVACIONES:
El Departamento de Subestaciones está conformado por el siguiente
personal:
Ing. Noel Pérez, Jefe del Departamento
Técnico Leonardo Flores, Supervisor de Mantenimiento
Omar Guerrero, Caporal
Pedro Pablo Morantes, Michael Prato y Erick Contreras,
Electromecánicos
Para el día del accidente la cuadrilla la integraron el Técnico
Leonardo Flores, en condición de Supervisor, y los electromecánicos,
Pedro Pablo Morantes y Michael Prato. El ingeniero Noel Pérez alegó
no poder asistir por razones de elaboración de presupuesto, el caporal
Omar Guerrero no se presentó y el electromecánico Erick Contreras se
encontraba de vacaciones. Este trabajador no fue sustituido por
personal eventual.
De igual manera se observó, que en la actividad realizada el día jueves
21-08-97 en la Subestación San Diego, con cuatro (04) circuitos,
(cuatro menos que la Subestación Rubio), laboraron por parte del
Departamento de Subestaciones, los siguientes trabajadores: el Ing.
Noel Pérez, Jefe del Departamento; el Técnico Leonardo Flores,
Supervisor de Subestaciones, Omar Guerrero, Caporal de la Cuadrilla,
y los electromecánicos Pedro Pablo Morantes y Michael Prato.
Por su parte la Jefatura de Líneas de Rubio para las maniobras de
transferencia de carga de los circuitos de la Subestación San Diego
a la Subestación Rubio, habilitó dos (02) cuadrillas de dos (02) linieros
cada una y al Jefe de líneas en su condición de Supervisor de las
Cuadrillas, mientras que para las maniobras de transferencia de carga
de la Subestación Rubio (8 circuitos en 13.8 Kv.) a la
Subestaciones San Cristóbal, Agua Dulce y San Diego efectuadas el día
23-08-97, sólo estuvieron presentes el Jefe de Líneas técnico Lenín
Maldonado, el Caporal Alvaro Quintero y una Cuadrilla integrada por
los linieros Saúl Mendoza e Iván Berbesí. El trabajador Saúl Mendoza
había solicitado permiso para retirarse a la 1:00 p.m.
El hecho de transferir mayor número de circuitos de la
Subestación Rubio a las diferentes Subestaciones adyacentes obliga a
pensar en la necesidad de haber habilitado un número igual o mayor
de trabajadores al utilizado en los trabajos realizados en la
Subestación San Diego el día 21-08-97.
No se evidenció el uso de la Planilla “Planificación del trabajo en
sitio” tanto por parte del Departamento de Subestaciones como de la
Jefatura de Líneas de Rubio, la cual es utilizada para la ejecución de
maniobras programadas (anexo).
No fueron coordinadas ni supervisadas las pruebas de verificación de
ausencia de tensión por parte de los supervisores de la cuadrilla de
Subestaciones y de la Jefatura de Líneas de Rubio, según se desprende
de los testimonios de los trabajadores de ambas cuadrillas. Esta
actividad fue asignada al personal liniero subalterno, no teniendo
precisión sobre quienes realizaron dicha prueba, ya que el trabajador
Michael Prato manifestó no haber participado en la misma como lo
señala el Jefe de Líneas Lenín Maldonado.
No se realizó el chequeo de la apertura de los ocho (08) circuitos de
13.8 Kv. a la salida de la Subestación Rubio, por parte de la cuadrilla
de Subestaciones.
La prueba de Ausencia de Tensión no se realizó con el equipo
verificador de ausencia de tensión, el cual emite una señal lumínica y
sonora, cuando está en presencia de un elemento con tensión. Dicha
prueba fue ejecutada con pértiga telescópica (equipo de maniobra,
pero no de prueba de tensión), no comprobándose en todos los circuitos
de la Subestación Rubio, ya que quedó demostrada la existencia de
tensión de punta en el circuito “Ruiz Pineda”, que motivó la
ocurrencia del accidente.
La mayoría de los puntos de seccionamiento de los circuitos a la salida
de la Subestación Rubio se encuentran distantes de la misma, por lo
que no se puede observar desde allí si se encuentran abiertos o
cerrados. Esta situación obligaba a los Supervisores a extremar los
controles sobre tales puntos de seccionamiento, a fin de garantizar la
ejecución de las maniobras de transferencia de carga de la
Subestación Rubio a otras Subestaciones.
Las maniobras efectuadas por la Jefatura de Líneas Rubio no fueron
asentadas en su totalidad en el libro de novedades, asimismo al
realizar las operaciones para llevar los circuitos a su condición
normal; las maniobras no fueron indicadas en el libro de novedades,
transcribiéndolas en una hoja aparte anexándola al libro de
novedades.”

Adicionalmente, algunas de estas circunstancias fueron corroboradas por el testigo:


“(omissis) … NOVENA: Diga el testigo, si de acuerdo al informe
presentado por el Ing. Reinaldo Quintero en el sitio donde ocurrió el
accidente, en la sub-estación de Rubio, no se realizó la prueba de
ausencia de tensión con el equipo verificador de ausencia de tensión, el
cual emite una señal lumínica y sonora? Contestó: según la
información suministrada por el Ing. Reinaldo Quintero, determinó que
no se había utilizado el equipo verificador de ausencia de tensión”.
DÉCIMA: Diga el testigo, si según el informe presentado por el Ing.
Reinaldo Quintero, dicha prueba fue realizada por un equipo no
adecuado denominado “pértiga telescópica”, lo cual no determinó en
todo caso la ausencia de tensión en dicho circuito? Contestó: De
acuerdo a la investigación se determinó que se hizo una prueba con la
pértiga telescópica, equipo no adecuado para verificar ausencia de
tensión, ya que sólo es un equipo para realizar maniobras u
operaciones. … (omissis)”.

Por lo que respecta a la observación realizada en el informe No. ER/21030-028,


según la cual, para ejecutar las correcciones encargadas por CADELA, el número de
trabajadores que se enviaron a la Subestación de Rubio debió ser igual o superior al
utilizado para realizar trabajos en la subestación San Diego el día 21 de agosto de 1997,
respondió el testigo:
“(omissis) … Eso es como una sugerencia, ya que lo establece el área
operativa correspondiente quien realiza las maniobras … (omissis)”.

En consecuencia, de los extractos del informe No. ER/21030-028 y de la testimonial


practicada, se aprecia que se produjeron irregularidades en los trabajos realizados por la
cuadrilla de subestaciones de CADELA, en la cual laboraba el ciudadano Pedro Pablo
Morantes, y que contribuyeron a generar el accidente ya señalado. Tales irregularidades se
refieren, concretamente, a:

3.2.1.- Falta de coordinación y vigilancia en las pruebas de ausencia de tensión, por


parte de los supervisores de la cuadrilla de subestaciones y de la Jefatura de Líneas de
Rubio, dado que no advirtieron la existencia de tensión de punta a nivel de 13.800
voltios en el circuito Ruiz Pineda.

3.2.2.- No se utilizó la Planilla denominada Planificación del trabajo en sitio por


parte del Departamento de Subestaciones ni por la Jefatura de Líneas de Rubio, cuestión
que impide saber si los trabajos asignados fueron programados con anterioridad a su
ejecución.

Cabe acotar en este punto, que si bien no hay mayor información en autos sobre el
uso obligatorio o no de esta planilla, aun cuando no se considerara como indispensable para
las actividades a desarrollar, su importancia aparece evidente en la Norma No. 244-88,
incorporada al juicio mediante prueba de informes requerida a CADAFE. Esta normativa
impone a los trabajadores del sector eléctrico (y en particular a los supervisores), la
previsión de establecer un procedimiento seguro antes del inicio de las labores en líneas y
redes de distribución aérea.

Señala la normativa mencionada:


“4. CONDICIONES GENERALES
4.1. TRABAJOS EN CIRCUITOS DE DISTRIBUCIÓN
4.1.1. Antes de iniciar cualquier trabajo, debe efectuarse una reunión
del personal que participará en el mismo, a fin de dar a conocer el
plan de trabajo y generar las instrucciones claras y precisas a cada
trabajador. Dicho plan no debe ser modificado sin antes discutirlo
nuevamente. Si el supervisor nota alguna anormalidad en la ejecución
del trabajo, procede a detenerlo, y acordar con las unidades
involucradas y el personal un nuevo plan para así eliminar posibles
causas de accidentes.
4.1.2. Antes de comenzar cualquier trabajo, se debe tener cuidado en
establecer un procedimiento seguro, de acuerdo al plan establecido.
(…) 4.2. RESPONSABILIDADES DEL SUPERVISOR
4.2.1. El supervisor debe elaborar un plan de trabajo antes de iniciar
cualquier actividad de operación y mantenimiento sobre el sistema. …
(omissis)”.

3.2.3.- La prueba de ausencia de tensión se realizó con un instrumento (pértiga


telescópica) que resulta inapropiado para tal fin, y no con el equipo verificador de ausencia
de tensión.

Al respecto, la Norma No. 244-88, bajo el título de Condiciones Generales,


preceptúa:
“4.1.6. Una vez que el C.O.D. [Centro de Operaciones de Distribución,
unidad perteneciente al Departamento de Distribución de CADAFE,
según se deduce de la Planilla de Solicitud de Corte Programado que se
acompañó a la Norma 244-88] ha notificado la suspensión del servicio,
el Jefe de Cuadrilla o Caporal debe verificar la ausencia de tensión en
el sistema, por medio de un verificador de ausencia de tensión,
seleccionado de acuerdo al nivel de tensión de trabajo, al cual
previamente le ha sido comprobado su funcionamiento (Véase Norma
Verificador de Ausencia de Tensión).”

De igual forma, esta normativa establece cómo debe chequearse la ausencia de


tensión:
“4.7. COMPROBACIÓN DE AUSENCIA DE TENSIÓN
4.7.1. Para determinar la ausencia de tensión se empleará un
verificador de ausencia de tensión utilizando un equipo aprobado y
seleccionado de acuerdo al rango de tensión en que se está
trabajando. El trabajador que hace la prueba deberá mantenerse con
su apropiado equipo de protección personal.”

3.2.4.- La cuadrilla de subestaciones no realizó el chequeo de la apertura de los ocho


(08) circuitos de 13.8 Kv. que forman parte de la Subestación de Rubio, a su salida.

3.2.5.- La cuadrilla de subestaciones que se dirigió a la Subestación de Rubio para


efectuar las correcciones que se consideraron pertinentes, estaba integrada el día 23 de
agosto de 1997, por tres personas (el Técnico Leonardo Flores, en condición de Supervisor,
y los dos electromecánicos, Pedro Pablo Morantes y Michael Prato).

Sobre este aspecto, es preciso señalar que aun cuando la Sala no cuenta con mayor
información que la que ofrece la Norma 244-88, en cuyo punto 4.1.7 señala que todo
trabajador que realiza trabajos en redes o subestaciones (S/E), debe estar acompañado por
lo menos, de otro trabajador; la presencia de los trabajadores que normalmente
conformaban la cuadrilla de subestaciones y que ese día se ausentaron por distintas razones,
había podido marcar una diferencia notable en los trabajos desarrollados en la
Subestación de Rubio.

De allí que concuerde la Sala con la observación planteada en el Informe No.


ER/21030-028, en cuanto al número de trabajadores que se enviaron a realizar actividades
en la Subestación de San Diego (la cual cuenta con la mitad de los circuitos que presenta la
Subestación de Rubio), dos días antes de la ocurrencia del infortunio laboral; labores para
las cuales se habilitaron 2 cuadrillas de dos linieros cada una, además del Jefe de Líneas en
su condición de supervisor de dichas cuadrillas. Específicamente, se indica en el informe:
“El hecho de transferir mayor número de circuitos de la
Subestación Rubio a las diferentes Subestaciones adyacentes obliga a
pensar en la necesidad de haber habilitado un número igual o mayor
de trabajadores al utilizado en los trabajos realizados en la
Subestación San Diego el día 21-08-97.”

Esto permite inferir que la sociedad mercantil demandada no mostró diligencia en


hallar personal sustitutivo del que se ausentó a sus labores habituales el día 23 de agosto de
1997.

Por consiguiente, en vista de lo dicho supra, llega la Sala a la conclusión de que se


presentó durante los trabajos llevados a cabo por el personal de CADELA el día 23 de
agosto de 1997 en la Subestación de Rubio, una serie de irregularidades, algunas de las
cuales son violatorias de la normativa interna que CADAFE impone a sus filiales
(concretamente, la Norma 244-88, sobre Seguridad y Mantenimiento de Líneas y Redes de
Distribución Aérea), a los fines de establecer condiciones seguras en sus procedimientos,
para desarrollar eficazmente las actividades que integran el sector eléctrico, de generación,
transmisión, distribución y comercialización de la energía eléctrica.

De tal manera que, a juicio de esta Sala, las irregularidades descritas se


constituyeron en circunstancias inseguras que contribuyeron en la producción del accidente
del cual fue víctima el ciudadano Pedro Pablo Morantes. Así se declara.

4.- Ahora bien, visto que lo que se pretende imputar a CADELA en el presente caso,
es su responsabilidad como guardián de las instalaciones eléctricas en las cuales se verificó
el trágico evento, es preciso hacer unas breves consideraciones al respecto.

Establece el artículo 1.193 del Código Civil que:


“Toda persona es responsable del daño causado por las cosas que tiene
bajo su guarda, a menos que pruebe que el daño ha sido ocasionado
por falta de la víctima, por el hecho de un tercero, o por caso fortuito o
fuerza mayor. … (omissis)”.

El dispositivo parcialmente transcrito contempla una de las formas bajo las cuales se
verifica la denominada responsabilidad especial (la cual puede producirse por hecho ajeno
o por cosas), en contraposición con la responsabilidad por hecho propio; siendo ambas,
clasificaciones desarrolladas ampliamente por la doctrina, derivadas de la responsabilidad
civil delictual o por hecho ilícito.

Estas dos clasificaciones generales, a saber, la responsabilidad especial (en sus dos
versiones), y la ordinaria, presentan diferencias marcadas que a la vez se erigen en sus
características más notables. Destacando como la principal de ellas el hecho de que
mientras en la responsabilidad ordinaria el civilmente responsable es quien causó el daño;
en la especial, lo es un tercero por el ilícito causado por una persona o una cosa con las
cuales tiene un especial vínculo, en virtud de encontrarse bajo su dirección, guarda, control
o vigilancia.

En segundo lugar, es preciso señalar que la culpa del agente causante del daño ha de
ser demostrada en el supuesto de la responsabilidad ordinaria, en tanto que la culpa del
civilmente responsable se presume en la segunda de estas categorías, siendo esta
presunción de carácter absoluto en algunas situaciones (tratándose del dueño o principal, o
el guardián de la cosa), y juris tantum (cuando lo que se analiza es la culpa de los padres,
tutores, preceptores o artesanos por los daños cometidos por los menores que habiten con
ellos, así como por los alumnos y aprendices, según sea el caso).

Es así que atendiendo al asunto objeto de controversia, el accionante atribuye la


responsabilidad de los daños sufridos el día 23 de agosto de 1997, a CADELA, por
considerar que es dicha sociedad mercantil es el guardián de las instalaciones y de los
conductores de electricidad.

Expuesto lo anterior, cabría preguntar si en razón de haber actuado el accionante en


calidad de trabajador al servicio de la demandada en la Subestación de Rubio en la señalada
fecha, sería posible afirmar que se está en presencia de una responsabilidad de naturaleza
excepcional a cargo de CADELA. Sobre este aspecto, en criterio de la Sala, la respuesta ha
de ser afirmativa, pues si bien la demandada ejecuta sus acciones a través su personal, no es
menos cierto que se verifica aquí la autoridad y, por tanto, el control de CADELA sobre las
referidas instalaciones; ello, sin dejar de mencionar que es esta sociedad mercantil la que se
beneficia directamente del uso de los equipos, tendido eléctrico e instalaciones que están
bajo su guarda, como prestadora del servicio eléctrico.

De allí que tratándose de una responsabilidad por guarda de cosas la que se imputa a
CADELA, no precisa por parte del denunciante, que sea demostrada la culpa de la
demandada en los hechos generadores de los daños verificados en la humanidad del
ciudadano Pedro Pablo Morantes.

5.- Mención aparte merece, en este estadio del análisis, el aspecto referido a la
condición de trabajador del demandante, lo que conduciría a pensar que su pretensión debe
ser resuelta a la luz de la legislación laboral. Esto, a juicio de la Sala, no es óbice para que
sea solicitada la indemnización que corresponda en virtud de lo preceptuado en el Código
Civil, por daños materiales y morales, criterio que resulta cónsono con lo expuesto por la
Sala de Casación Social en casos similares, en los que se presenta la duda sobre la acción a
ser ejercida por la víctima de un accidente de orden laboral.

Particularmente, en el fallo dictado el día 25 de octubre de 2000, en el expediente


No. 00-132, (caso: José Alfredo Torrealba Moreno contra la sociedad mercantil Compañía
Anónima Electricidad de Occidente), la referida Sala señaló lo siguiente:
“En la actualidad el régimen de indemnizaciones por accidentes de
trabajo está previsto, esencialmente, en cuatro textos normativos
distintos, que son: la Ley Orgánica del Trabajo, la Ley del Seguro
Social Obligatorio, la Ley Orgánica de Prevención Condiciones y
Medio Ambiente del Trabajo y el Código Civil.
Las disposiciones previstas en la Ley Orgánica del Trabajo en relación
con las indemnizaciones por accidente de trabajo están contenidas en el
Titulo VIII de la citada Ley, “De los infortunios en el trabajo”, y están
signadas por el régimen de la responsabilidad objetiva del empleador,
contemplada en el artículo 560 eiusdem, según el cual el patrono debe
responder e indemnizar al trabajador por los accidentes de trabajo o
enfermedades profesionales, provengan del servicio mismo o con
ocasión de él, aunque no haya imprudencia, negligencia o impericia o
inobservancia de los reglamentos por parte de la empresa o de los
trabajadores. La propia Ley Orgánica del Trabajo, establece el monto
de las indemnizaciones que por concepto de incapacidad debe recibir el
trabajador o sus familiares en caso de muerte de aquél.
(…) Entonces, según las previsiones del artículo 560 de la Ley
Orgánica del Trabajo, y siempre que no concurra alguna de las
circunstancias eximentes previstas en el artículo 563 eiusdem, el patrono
responderá ante la mera ocurrencia del accidente de trabajo o del
padecimiento de la enfermedad profesional, sin que fuere relevante las
condiciones en que se haya producido el mismo.
Para que prospere una reclamación del trabajador en estos casos
bastará que se demuestre el acaecimiento del accidente del trabajo, o el
padecimiento de la enfermedad profesional, y la demostración del grado
de incapacidad sobrevenida será relevante a los fines de determinar el
monto de la indemnización.
Ahora bien, por disponerlo así el artículo 585 de la Ley Orgánica del
Trabajo, este régimen tiene una naturaleza meramente supletoria,
respecto de lo no previsto en las leyes de seguridad social, básicamente
en la Ley del Seguro Social Obligatorio, cuando el trabajador esté
amparado por el mismo Seguro Social obligatorio.
En caso que el trabajador que sufrió un accidente de trabajo o padece
una enfermedad profesional, esté cubierto por el Seguro Social
obligatorio, conforme a lo previsto en el artículo 2° de la Ley del Seguro
Social quien pagará las indemnizaciones debe ser el Instituto Venezolano
de los Seguros Sociales, cuya responsabilidad está prevista en el Título
III, de las Prestaciones en Dinero, concretamente en los artículos 9° al
26 eiusdem.
La Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del
Trabajo tiene como objeto regular la parte preventiva de los riesgos
laborales, según se expresa en su artículo 1°, y a tal fin dispone en su
artículo 33, un grupo de sanciones patrimoniales, administrativas y
penales para los casos en que el accidente de trabajo o la enfermedad
profesional se produzca por la no corrección por parte del empleador, de
una condición insegura previamente advertida y conocida por el
empleador.
Concretamente, en el caso de las sanciones patrimoniales dispone la Ley
Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo, en
los parágrafos primero, segundo y tercero del artículo 33, que el
empleador debe indemnizar al trabajador por las incapacidades
ocasionadas por enfermedades profesionales o accidentes de trabajo, o a
sus parientes en caso de muerte del trabajador, cuando dichos
infortunios se produzcan como consecuencia del incumplimiento de las
normas de prevención, sabiendo el empleador que sus trabajadores
corrían peligro en el desempeño de sus labores y no corrigió las
situaciones riesgosas.
En este caso, el empleador responde por haber actuado en forma
culposa, con negligencia, imprudencia o impericia, y siempre será
preciso que en caso de reclamación de la indemnización correspondiente
el trabajador demuestre que el patrono conocía de las condiciones
riesgosas.
(…) Finalmente, el trabajador puede exigir al patrono la
indemnización por daños materiales y morales prevista en los artículos
1.185 y 1.196 del Código Civil, siempre que compruebe que el
accidente de trabajo o la enfermedad profesional son producto del
hecho ilícito del empleador.
Las indemnizaciones antes indicadas, previstas en la Ley Orgánica del
Trabajo, cuando no sea aplicable la Ley del Seguro Social, en la Ley
Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo y
en el Código Civil, pueden serle exigidas al patrono en forma conjunta,
puesto que al responder a supuestos de hechos distintos el ejercicio de
una cualquiera de ellas no implica la renuncia de las demás. …
(omissis)”. (Destacado de la Sala).

Por tanto, habida cuenta que esta Sala acoge plenamente el criterio esgrimido por la
Sala de Casación Social, aquí transcrito, nada impide que el ciudadano Pedro Pablo
Morantes, no obstante haber sido empleado de CADELA para el momento de la ocurrencia
del accidente en el cual resultó lesionado, solicite las indemnizaciones contempladas en el
Código Civil, en razón de los daños materiales y morales alegados.

5.- Con fundamento en los argumentos explanados supra por esta Sala, surge
patente que en el presente caso, media la responsabilidad de CADELA en los hechos
dañosos que afectaron al accionante. Así se decide.

Sin embargo, efectuada la consideración precedente, no puede dejar de advertirse


que la demandada podría ser responsable solamente en la medida en que participó, junto
con la víctima, en la producción del daño, si de los autos se deriva que ésta habría
contribuido a generarlo; situación que pasa a estudiar la Sala a continuación, habida cuenta
que la representación judicial de CADELA opuso como defensa, el hecho de que habría
mediado en el accidente ya descrito, la falta de la víctima.

De esta forma, se estima pertinente considerar nuevamente las circunstancias bajo


las cuales se produjo el infortunio de trabajo, pero esta vez, para analizar la actuación del
ciudadano Pedro Pablo Morantes en la oportunidad en que ejecutó las actividades asignadas
en la Subestación de Rubio, previas a la producción de las dos descargas eléctricas que
recibió.

5.1.- Así, señala la parte demandada que “… el accidente de la pérdida de los


antebrazos y de los dedos de los pies, se debió a la culpa de la víctima, por no haber usado
y haberse colocado sus implementos, ropas, guantes de seguridad que hubiesen evitado el
accidente al momento de la descarga eléctrica. El Sr. Pedro Morante, de acuerdo a la
normativa interna y a toda las instrucciones (sic) que se le impartió (sic), estaba obligado
a usar sus equipos de seguridad, lo cual omitió y por lo cual el accidente fue causado por
su culpa y negligencia, y de haber usado sus implementos de seguridad, al momento de la
descarga, no hubiese sufrido daño alguno.”

Pues bien, aun cuando la Sala no lo encuentra fehacientemente comprobado en


autos, existe la posibilidad de atenuar las consecuencias de una descarga eléctrica, si se
utilizan los implementos adecuados para realizar los trabajos como los que se
encomendaron al accionante. Se infiere lo dicho, del texto de la Norma 244-88, relativas
a la Seguridad en el Mantenimiento de Líneas y Redes de Distribución Aérea, aportada al
juicio por CADAFE en virtud de la evacuación de la prueba de informes correspondiente,
en la cual se indica:
“4. CONDICIONES GENERALES
4.1. TRABAJOS EN CIRCUITOS DE DISTRIBUCIÓN
4.1.12. El trabajo debe ejecutarse únicamente con equipo apropiado y
certificado por la Gerencia de Seguridad Industrial, tanto desde el
punto de vista de calidad como de higiene.
4.3. RESPONSABILIDAD DE LOS TRABAJADORES
4.3.2. Usar obligatoriamente, reclamar y mantener en buenas
condiciones, los implementos de seguridad personal, dando cuenta de
inmediato al responsable de su suministro, de la pérdida, deterioro o
vencimiento de los mismos. El trabajador debe informar al Supervisor
y al Comité de Higiene y Seguridad Industrial, cuando, con fundadas
razones, los implementos a que se refiere esta disposición no sean
apropiados para los riesgos que se pretenden evitar.”

Ahora bien, revisadas como fueron las actas procesales, observa la Sala que la
sociedad accionada nada probó respecto de este alegato.
En este sentido, atendiendo a lo preceptuado en el artículo 506 del Código de
Procedimiento Civil, según el cual las partes tienen la carga de probar sus respectivas
afirmaciones de hecho, y visto que no hay en autos prueba alguna que permita afirmar que
el ciudadano Pedro Pablo Morantes no había utilizado la indumentaria apropiada para
realizar las correcciones de los denominados puntos calientes, resulta forzoso para la
Sala desechar el argumento de la demandada, conforme al cual pretendía que quedara
eximida su responsabilidad en los hechos verificados el día 23 de agosto de 1997, en la
Subestación de Rubio. Así se decide.

5.2.- Por otra parte, en la testimonial rendida por el ciudadano José Manuel Toro
Sánchez, en la cual ratificó el informe No. ER/21030-028, éste se refirió al correcto
proceder que se esperaba del accionante en las condiciones bajo las cuales trabajaba:
“DÉCIMA PRIMERA: Diga el testigo, si de acuerdo a las
investigaciones practicadas por el Ing. Reinaldo Quintero sobre el
accidente ocurrido, así como del informe presentado por ustedes se
determinó que el hecho anteriormente descrito no podía ser advertido
por el trabajador PEDRO PABLO MORANTES en el momento en que
procedía a ejecutar su trabajo, tomando en cuenta que el circuito no
estaba desenergizado? Contestó: “Como trabajador de la cuadrilla de
sub-estaciones (sic) [el ciudadano Pedro Pablo Morantes] debería saber
que tenía que verificar ausencia de tensión, responsabilidad de todos
los trabajadores que trabajan en el área operativa del sector
eléctrico. … (omissis)”.

Sobre esta obligación, que según el testigo, se encuentra a cargo de los supervisores
de la cuadrilla y de cada trabajador, se observa que la Norma 244-88 sobre Seguridad en el
Mantenimiento de Líneas y Redes de Distribución Aérea, establece lo que sigue:
“4. CONDICIONES GENERALES
4.3. RESPONSABILIDAD DE LOS TRABAJADORES
(…) 4.3.5. Debe inspeccionar el sitio de trabajo, antes de iniciar
cualquier actividad, a fin de determinar adecuadamente las
condiciones existentes.
(…) 4.3.13. Cada trabajador, en el desarrollo de sus funciones debe ser
razonable, cuidadoso y además, deberá actuar, de manera tal, que
garantice su misma seguridad, la de sus compañeros y la del público en
general.”

La normativa transcrita no obliga expresamente a los trabajadores del sector


eléctrico a verificar la ausencia de tensión antes de iniciar las actividades que se le
encomienden. Sin embargo, considera la Sala que este deber se encuentra implícito dentro
de las obligaciones relativas a la inspección del sitio de trabajo y de ejecución de sus
funciones con razonabilidad y cuidado, a las que alude el capítulo de la Norma 244-88,
sobre las responsabilidades de los trabajadores.
A mayor abundamiento, estima la Sala que la labor de constatar previamente que los
conductores se encuentran desenergizados, constituye, por simples razones lógicas, el
mínimo grado de diligencia que se debe esperar de un trabajador prudente; más, cuando el
nivel de peligrosidad del trabajo desempeñado, como ocurre en el caso de autos, obliga a
extremar medidas que generen condiciones laborales razonablemente seguras, que permitan
preservar tanto su integridad como la de las personas que lo rodean durante el ejercicio de
sus funciones.

De allí que la ausencia de mención expresa en las normas internas de CADAFE, por
lo que concierne a la verificación de ausencia de tensión por parte del trabajador, no es
óbice para que ésta actuación se configure como un requisito impretermitible a realizar con
anterioridad a las labores en las cuales sea necesario manipular materiales, equipos o
instalaciones destinados a transmitir energía eléctrica.

Por ello, concuerda la Sala con la opinión emitida por el entonces Gerente de
Seguridad Integral de CADELA, en cuanto a que a cada trabajador del área operativa del
sector eléctrico, le corresponde hacer la verificación antes aludida. En consecuencia, debe
concluirse que el actor, en cierta medida, contribuyó en el evento en el cual resultó
lesionado, habida cuenta que el accidente tuvo lugar con posterioridad al momento en que
se entendió terminada la corrección de los puntos calientes, y el técnico Leonardo Flores
advirtió que se había omitido uno de ellos, por lo cual ordenó al accionante subir
nuevamente a las instalaciones para corregirlo. Así se declara.

Este nuevo elemento, es decir, la intervención del ciudadano Pedro Pablo Morantes
(que en el caso de autos se traduce en una omisión al no chequear la ausencia de tensión),
en la producción del infortunio laboral, lleva a la Sala a referirse a un aspecto de singular
relevancia, cual es el de que la participación de la víctima en la generación del accidente,
no ha de ser tenida como una eximente de responsabilidad de la sociedad mercantil
CADELA, dado que, como se explicó anteriormente, se pudo constatar que el
procedimiento ejecutado por la cuadrilla de trabajadores enviados por CADELA a la
Subestación de Rubio el día 23 de agosto de 1997, abundó en irregularidades que crearon
una condición de mayor riesgo para los integrantes del equipo y derivaron en el accidente
sufrido por el accionante.

Antes bien, la participación del accionante en los hechos dañosos, aunada a la de la


sociedad demandada, declarada supra, deberá ser resuelta partiendo de la premisa según la
cual las faltas en las que incurrió cada parte, habrán de ser compensadas en la medida de la
injerencia que cada una tuvo en la ocurrencia del infortunio laboral.

Lo expuesto encuentra su fundamento legal en el artículo 1.189 del Código Civil,


según el cual:
“Cuando el hecho de la víctima ha contribuido a causar el daño, la
obligación de repararlo se disminuirá en la medida en que la víctima ha
contruibuido a aquél.”
Así, preceptúa este texto legal que cuando en la producción del hecho ilícito,
concurren tanto el agente como la víctima, quedará disminuido el resarcimiento del daño en
la medida en que la última ha contribuido a generarlo.

Una solución como la señalada es, por supuesto, la ajustada a derecho, en tanto que
de los autos no se evidencie que la víctima actuó en forma intencional para lograr el
resultado dañoso, o asumió el riesgo de su ocurrencia a pesar de no haberlo querido;
situaciones que inevitablemente darían lugar a liberar de toda responsabilidad al supuesto
agente del daño. Pues bien, como quiera que del expediente no surgen elementos con base
en los cuales quede probado que la voluntad del afectado estuvo dirigida a provocar el
incidente que le ocasionó las lesiones descritas, o que aun sin tener tal intención, asumió el
riesgo de actuar en condiciones inseguras bajo la creencia de que no ocurriría un evento
como el sufrido, considera la Sala que lo aplicable al caso, es la ya mencionada
compensación de faltas entre CADELA y el ciudadano Pedro Pablo Morantes. Así se
decide.

Esto se traduce en acordar un resarcimiento a la víctima (tanto en lo que se refiere al


daño material como al moral), acorde con la participación que tuvo en el accidente la parte
demandada que, como se indicó, no le corresponde a la última en su totalidad; siendo
preciso advertir en este punto que la adopción de esta medida supone un juicio de valor por
parte del sentenciador, dado que al respecto (y por razones obvias) nada ha tasado el
legislador.

6.- Efectuados los razonamientos precedentes, corresponde entonces dilucidar lo


atinente a los montos a ser pagados por CADELA al accionante, teniendo presente que las
demandas interpuestas persiguen el pago de la cantidad de tres mil ciento setenta y seis
millones cuatrocientos sesenta y dos mil setecientos veintitrés bolívares con sesenta y un
céntimos (Bs. 3.176.462.723,61) por concepto de lucro cesante (expediente No. 2001-
0224), y un mil millones de bolívares (Bs. 1.000.000.000,00) por concepto de daño moral
(expediente No. 2001-0178).

A tales fines, se observa:

6.1.- En lo que concierne a los daños materiales, y concretamente al lucro cesante,


el accionante discrimina el total reclamado, en los montos que a continuación se
mencionan:

6.1.1.- La cantidad de setecientos cuarenta y dos millones setenta y nueve mil


quinientos diecinueve bolívares con setenta y cuatro céntimos (Bs. 742.079.519,74), en
virtud de los salarios dejados de percibir durante 32 años de vida útil.

6.1.2.- La cantidad de ciento sesenta y dos millones setecientos dieciséis mil


trescientos noventa y cuatro bolívares con sesenta y ocho céntimos (Bs. 162.716.394,68),
por concepto de antigüedad.
6.1.3.- El monto de noventa y dos millones setecientos cincuenta y nueve mil
novecientos treinta y nueve bolívares con noventa y seis céntimos (Bs. 92.759.939,96), por
vacaciones, de conformidad con la Convención Colectiva vigente a la fecha de
interposición de la demanda por daños materiales.

6.1.4.- La cantidad de doscientos treinta y un millones ochocientos noventa y nueve


mil ochocientos cuarenta y nueve bolívares con noventa y un céntimos (Bs.
231.899.849,91), por concepto de utilidades, conforme a la Convención Colectiva, la cual
prevé 100 días de salario por cada año.

6.1.5.- Los intereses legales y de mora sobre el monto que resulta de la sumatoria de
los conceptos anteriores, de un mil doscientos veintinueve millones cuatrocientos cincuenta
y cinco mil setecientos cuatro bolívares con treinta céntimos (Bs. 1.229.455.704,30), a ser
calculados al 12% y 6%, respectivamente. Así, considera que sumados estos porcentajes,
se obtiene un 18% a ser aplicado al cómputo por concepto de intereses. De esta operación
matemática surge el monto de un mil novecientos cuarenta y siete millones siete mil
diecinueve bolívares con treinta y un céntimos (Bs. 1.947.007.019,31), que sumado a su
capital, arroja el total ya referido, de tres mil ciento setenta y seis millones cuatrocientos
sesenta y dos mil setecientos veintitrés bolívares con sesenta y un céntimos (Bs.
3.176.462.723,61).

Así, lo demandado, se puede expresar, a efectos ilustrativos, en la


siguiente tabla:
INDEMNIZACIÓN RECLAMADA
POR LUCRO CESANTE

CONCEPTO MONTO EN BOLÍVARES

1. Salarios dejados de percibir


(32 años de vida útil) 742.079.519,74

2. Antigüedad 162.716.394,68

3. Vacaciones 92.759.939,96

4. Utilidades (100 días de salario por año) 231.899.849,91

SUBTOTAL 1.229.455.704,30

5. Intereses legales y de mora sobre el


subtotal, del 18% (12% + 6%, 1.947.007.019,31
respectivamente)

TOTAL (SUBTOTAL+INTERESES) 3.176.462.723,61

Por otra parte, se observa que en su escrito de demanda, el demandante admite que:
“Derivado de las lesiones sufridas; el ciudadano PEDRO PABLO
MORANTES, pasó a ser un joven que gozaba de plena salud y
capacidad, a ser una persona mutilada, físicamente impedida de
proveer a sus necesidades y las de su familia, como lo hacía antes del
accidente con una pensión de jubilación al 16-03-99, de CIENTO
DIECISÉIS MIL TRESCIENTOS TREINTA Y UN BOLÍVARES CON
47/100 (Bs. 116.331,47) mensuales; y de CIENTO NOVENTA Y UN
MIL DOSCIENTOS CUARENTA Y OCHO MIL (sic) BOLÍVARES CON
95/100 (Bs. 191.248,95) mensuales al 31-12-2000, que escasamente
alcanza para cubrir los gastos de manutención de cualquier persona
sin obligaciones y responsabilidades familiares, ahora mucho menos le
puede alcanzar esta pensión, a PEDRO PABLO MORANTES, para
cubrir las necesidades básicas de su grupo familiar … (omissis)”.

Expuestos los alegatos del actor, es preciso aclarar que la figura jurídica de la
pensión (en sus distintas variantes: de vejez, de jubilación, y de invalidez) constituye un
beneficio del trabajador a cargo del empleador o del Estado, al cual se hace acreedor en
virtud de la ocurrencia de una circunstancia prevista en la ley, como haber cumplido una
determinada edad o tiempo al servicio del patrono, haber sido víctima de un accidente
laboral que haya dado lugar a una incapacidad de índole temporal o definitiva, absoluta o
permanente para trabajar, entre otras.

Ahora bien, de los argumentos esgrimidos por la parte actora, infiere la Sala –puesto
que al respecto no hay evidencias en el expediente– que la pensión que le fue acordada al
ciudadano Pedro Pablo Morantes, erróneamente considerada “de jubilación”, es en realidad
una pensión por incapacidad (que en este caso es absoluta y permanente), en virtud de las
lesiones que sufrió mientras laboraba para CADELA.

Así, volviendo a los conceptos solicitados como lucro cesante, mal podría la
Sala acordar el pago de los salarios que habría dejado de percibir el ciudadano Pedro Pablo
Morantes, así como de las cantidades dinerarias por antigüedad, vacaciones, utilidades e
incluso, intereses, al tiempo que recibe, mensualmente, una pensión. Ello, por cuanto tales
pagos constituirían una doble indemnización para la víctima.

De allí que surja como forzosa consecuencia, declarar la improcedencia de lo pedido


por el actor por lo que respecta a los daños materiales por lucro cesante, denunciados como
sufridos a consecuencia del accidente laboral. Así se declara.

Dicho lo anterior, no puede pasar inadvertido la Sala, el hecho de que los principios
que rigen nuestra Carta Magna, imponen al Estado la obligación de procurar el respeto de
los derechos fundamentales de sus ciudadanos, propugnando el bienestar de éstos, y
creando las condiciones para garantizar el disfrute de una vida digna, aspecto característico
de un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia. Por ello, como quiera que el
accionante recibe una pensión mensual que se presume emanada de CADELA, a juicio
de la Sala dicho beneficio deberá ser actualizado anualmente, en razón del valor de la
unidad tributaria en cada oportunidad.

En consecuencia, en sustitución de los montos hoy en día percibidos por el


accionante en virtud de la referida pensión, y que a su vez, sustituyen la ganancia dejada de
percibir por éste con motivo del evento del cual resultó lesionado, se acuerda el pago de
una asignación mensual, correspondiente a una pensión vitalicia, a cargo de CADELA, por
la cantidad equivalente a cuarenta (40) unidades tributarias. Así se decide.

6.2.- En la demanda interpuesta en el expediente No. 2001-0178, solicita el


ciudadano Pedro Pablo Morantes que por concepto de daño moral, le sea pagada la cantidad
de un mil millones de bolívares (Bs. 1.000.000.000,00).

Habida cuenta de los razonamientos precedentemente expuestos por esta Sala, así
como de los alegatos de ambas partes de los cuales se colige que el accionante sufrió, a
consecuencia de las descargas eléctricas recibidas, la pérdida de miembros de su cuerpo;
ello, aunado a los informes médicos ya valorados, de los cuales se evidencia que se
verificaron múltiples lesiones en su humanidad, que incluyeron la amputación de sus
antebrazos derecho e izquierdo, así como de dos dedos del pie derecho, quemaduras de
tercer grado en 60% superficie corporal y transplantes de piel, la Sala no tiene duda alguna
que tales afecciones generaron en él un desmedro en su estado emocional, tal como lo
señala el informe psiquiátrico de fecha 20 de marzo de 2000, elaborado y ratificado en
juicio por el médico Santos Izaguirre Vilera.

Por tanto, se considera procedente el pago de los daños morales reclamados por el
actor, pero en virtud de que este concepto puede ser establecido conforme al prudente
arbitrio del sentenciador, esta Sala lo acuerda, no por la cantidad pedida, sino por el monto
de CIENTO QUINCE MILLONES DE BOLIVARES (Bs. 115.000.000,oo). Así se decide.

VIII

DECISIÓN

Por los razonamientos expuestos, la Sala Político-Administrativa del Tribunal


Supremo de Justicia, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad
de la Ley, declara PARCIALMENTE CON LUGAR las demandas que por daños
materiales y morales fueron incoadas por el ciudadano PEDRO PABLO
MORANTES contra la sociedad mercantil C.A. ELECTRICIDAD DE LOS ANDES
(CADELA).

En consecuencia, en virtud de la fusión por absorción de las empresas del sector


eléctrico señaladas en el Decreto No. 4.492, publicado en Gaceta Oficial No. 38.441 de
fecha 22 de mayo de 2006, entre las cuales se encuentra la sociedad demandada, se condena
a la COMPAÑÍA ANÓNIMA DE ADMINISTRACIÓN Y FOMENTO ELÉCTRICO
(CADAFE), a pagar al ciudadano Pedro Pablo Morantes, los siguientes conceptos:

1.- Una asignación mensual, correspondiente a una pensión vitalicia por incapacidad
absoluta y permanente, de la cantidad equivalente a cuarenta (40) unidades tributarias, en
sustitución de la que ya recibía de CADELA en virtud del acaecimiento del infortunio
laboral sufrido por el actor.
2.- Los daños morales causados al actor, estipulados en la cantidad de CIENTO
QUINCE MILLONES DE BOLIVARES (Bs. 115.000.000,oo).

Publíquese, regístrese y comuníquese. Cúmplase lo ordenado.

Dada, firmada y sellada en el Salón de Despacho de la Sala Político-


Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los cuatro (04) días del mes
de octubre del año dos mil seis (2006). Años 196º de la Independencia y 147º de la
Federación.
La Presidenta
EVELYN MARRERO ORTÍZ
La Vicepresidenta
YOLANDA JAIMES GUERRERO

Los Magistrados,
LEVIS IGNACIO ZERPA
Ponente
HADEL MOSTAFÁ PAOLINI

EMIRO GARCÍA ROSAS

La Secretaria,
SOFÍA YAMILE GUZMÁN
En cinco (05) de octubre del año dos mil seis, se publicó y registró la anterior sentencia
bajo el Nº 02176.
La Secretaria,
SOFÍA YAMILE GUZMÁN