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DERECHOS FUNDAMENTALES DEL NIÑO, NIÑA Y ADOLESCENTE:

Los derechos del niño, niña y adolescente están suscritos en la “Declaración Universal de los
Derechos del Niño”, en la “Convención Internacional de los Derechos del Niño”, y en nuestro
Código de los Niños y Adolescentes, estos cuerpos legales recogen los derechos civiles, políticos,
económicos, sociales y culturales de todas las personas menores de 18 años. Sus derechos están
íntimamente relacionados con las obligaciones y responsabilidades del Estado. Algunos de los
derechos fundamentales son los siguientes:

A. DERECHO A LA VIDA:

Dentro del contexto normativo constitucional, el derecho a la vida junto con el derecho a la dignidad,
ocupan la cúspide de los derechos fundamentales, en casi todos los ordenamientos jurídicos del
mundo.

El derecho a la vida es un derecho universal, es decir que le corresponde a todo ser humano. Es un
derecho necesario para poder concretizar todos los demás derechos universales. El derecho a la vida
significa tener la oportunidad de vivir nuestra propia vida. Si no hay vida, no tiene sentido que
existan los demás derechos fundamentales.

Para los niños el derecho a la vida es la oportunidad de vivir su infancia y poder crecer, desarrollarse
y llegar a la edad adulta. El derecho a la vida de los niños está compuesto por dos derechos
fundamentales: el derecho inherente a la vida y el derecho a la supervivencia y al desarrollo.
Por otro lado, el derecho del niño a la vida implica también el hecho de asegurarles la posibilidad de
crecer y desarrollarse en un ambiente favorable. Es indispensable, por tanto, que puedan
beneficiarse de servicios médicos adecuados, de una alimentación equilibrada, de una educación de
buena calidad, así como de un ambiente saludable.

B. DERECHO A LA INTEGRIDAD PERSONAL:

Dentro del marco teórico encontramos un acercamiento conceptual del derecho a la integridad que
menciona que se reconoce a este derecho la indemnidad e intangibilidad de todas las dimensiones
del ser humano. Comprenden tanto el aspecto fisiológico como el psíquico y el moral.

El derecho a la integridad personal reconoce el atributo a no ser sometido o a no autoinflingirse


medidas o tratamientos susceptibles de anular, modificar o lacerar la voluntad, las ideas,
pensamientos, sentimientos o el uso pleno de las facultades corpóreas. Asimismo, el derecho a la
integridad personal tiene implicación con el derecho a la salud, en la medida que ésta última tiene
como objeto el normal desenvolvimiento de las funciones biológicas y psicológicas del ser humano:
deviniendo, así, en una condición indispensable para el desarrollo existencial y en un medio
fundamental para alcanzar el bienestar individual y colectivo.

C. DERECHO A LA IDENTIDAD:

Dentro del catálogo de derechos constitucionales reconocidos por nuestra Constitución Política
vigente encontramos el derecho a la identidad como uno de los derechos fundamentales para la
convivencia entre las personas y el desarrollo individual de esta misma. En la medida que es una
garantía constitucional, despliega su eficacia en diversos ámbitos que inciden en la protección de una
amplia gama de derechos constitucionales; asimismo, repercute en una serie de aspectos legales
regulados tradicionalmente en el Código Civil -inscripción del nombre, documento de identidad,
partidas o registros- dándoles una nueva configuración. De esta forma, el derecho a la identidad
cumple una función primordial dentro de la vida de las personas.

Cabe precisar que dentro del campo del derecho de familia, la identidad es una problemática que
afrontan los niños en relación con su filiación principalmente paternal, debido a que una gran
cantidad de procesos judiciales sobre filiación y vinculados a ellos como la pensión de alimentos,
encuentran en la identidad un gran obstáculo para que los niños puedan acceder a una pensión
digna, que le permita su desarrollo en todas las esferas de su vida.

El derecho a la identidad, tiene una serie de elementos que lo estructuran y son importante para su
configuración y dinámica. Tales elementos, son de gran importancia para el ejercicio del derecho a la
identidad. Dentro del contexto que nos toca trata, estos elementos cumplen un rol transcendental
para que las personas como los menores de edad puedan lograr tener una identidad que les
permitan tener igualdad de condiciones frente a otras personas.

El Tribunal Constitucional ha desarrollado acertadamente esta serie de elementos como la partida de


nacimiento y el documento de identidad, ambos fundamentales para el ejercicio del derecho a la
identidad y demás derechos como el derecho al sufragio y demás derechos donde la identidad
cumple un rol de personalización, en determinadas circunstancias de su vida con especial significado
y consecuencias jurídicas.

D. DERECHO A TENER UNA FAMILIA Y NO SER SEPARADO DE ELLA:

Es preciso decir sobre el presente derecho, que los niños, las niñas y los adolescentes tienen derecho
a tener y crecer en el seno de la familia, a ser acogidos y no ser expulsados de ella.

Los niños, las niñas y los adolescentes solo podrán ser separados de la familia cuando esta no
garantice las condiciones para la realización y el ejercicio de sus derechos conforme a lo previsto en
este código En ningún caso la condición económica de la familia podrá dar lugar a la separación.

El Tribunal Constitucional ha reconocido este derecho dentro de su jurisprudencia, debido que en la


actualidad existe una considerable cantidad de proceso judiciales sobre tutela de menores en las
cuales, los padres o personas a cargo de los menores, llevan acciones en las cuales, los padres o
personas a cargo de los menores, llevan acciones tanto jurídicas y de índole personal que, afectan los
derechos del niño como lo menciona la siguiente sentencia:

“Este Tribunal Constitucional ya ha tenido oportunidad de pronunciarse sobre el derecho del


niño a tener una familia como un derecho constitucional implícito que encuentra sustento en
el principio-derecho de dignidad dela persona humana y en los derechos a la vida, a la
identidad, a la integridad personal, al libre desarrollo de la personalidad y al bienestar
consagrados en los artículos 1 y 2, inciso 1) de la Constitución. Se trata de un derecho
reconocido implícitamente en el preámbulo de la Convención sobre los Derechos del Niño,
según el cual “el niño para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer
en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”, así como en su
artículo 9.1, que establece que “los Estados Partes velaran por que el niño no sea separado
de sus padres contra la voluntad de estos”, derecho reconocido también expresa en el
artículo 8 del Código de los Niños y Adolescentes, que señala que el niño y el adolescente
tienen derecho a vivir, crecer y desarrollarse en el seno de su familia”.

Asimismo, este Colegiado ha reconocido que el disfrute mutuo de la convivencia entre padres e hijos
constituye una manifestación del derecho del niño a tener una familia y no ser separado de ella, y
que aun cuando los padres estén separados de sus hijos impone que la convivencia familiar deba
estar garantizada, salvo que no exista un ambiente familiar de estabilidad y bienestar y que la
autoridad que se le reconoce a la familia no implica que esta pueda ejercer un control arbitrario
sobre el niño, que pudiera generar un daño para su bienestar, desarrollo, estabilidad, integridad y
salud. En este sentido, el niño necesita para su crecimiento y bienestar del afecto de sus familiares,
especialmente de sus padres, por lo que impedírselo o negárselo sin que existan razones
determinantes en función del interés superior de aquel, entorpece su crecimiento y puede suprimirle
los lazos afectivos necesarios para su tranquilidad y desarrollo integral, así cómo generar la violación
de su derecho a tener una familia.

E. DERECHO A LA SEGURIDAD MORAL Y MATERIAL DEL NIÑO:

Con referencia al derecho a la seguridad moral y material del niño, podemos encontrar que este
derecho fue reconocido por la Convención sobre los Derechos del Niño que fue adoptada por la
Asamblea de las Naciones Unidas en noviembre de 1989. Ha sido ratificada por 191 países,
convirtiéndose en el primer tratado internacional de derechos humanos con una aprobación casi
universal.

Dentro del contenido de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional ha tenido a bien desarrollar el
aludido derecho, debido a su relevancia importancia para la protección de los derechos del niño en
su conjunto, debido como antes lo mencionamos son una población vulnerable y expuesta
constantemente a ser afectados en su integridad física, psicológica y moral.

La presente jurisprudencia citada fue desarrollada dentro del contexto de la tenencia del menor, los
cuales afectaron los derechos constitucionales del menor, como el aludido y el derecho a la libertad
personal.

Por tal sentido, el reconocimiento que el supremo colegiado constitucional estableció, se desarrolló
en los términos siguientes:

“Asimismo el Tribunal Constitucional, sobre la base del derecho a crecer en una ambiente de
afecto y de seguridad moral y material, reconocido en el Principio 6 de la Declaración de los
Derechos del Niño, que establece que “el niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su
personalidad necesita de amor y comprensión. Siempre que sea posible deberá crecer al
amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en una ambiente de afecto y
seguridad moral y material”, ha entendido que el Estado, la sociedad y la comunidad asumen
la obligación de cuidar, asistir y proteger al niño para procurar que tenga un nivel de vida
adecuado y digno para su desarrollo físico, psíquico, afectivo, intelectual, ético, espiritual y
social.

Así, la eficacia de este derecho pone de relieve la importancia de las relaciones parentales, toda vez
que los padres son los primeros en dar protección y amor a sus hijos, así como en satisfacer sus
derechos. Sin embargo, ello no puede impedirle ni restringirle su derecho a mantener de modo
regular relaciones personales y contacto directo con el padre separado. En este sentido, el artículo
9.3 de la Convención sobre los Derechos del Niño establece que los Estados Partes tiene el deber de
respetar “el derecho del niño que esté separado de uno o de ambos padres a mantener relaciones
personales y contacto directo con ambos padres de modo regular, salvo si ello es contrario al interés
superior del niño”. Al respecto es necesario precisar que el deber de respeto referido no solo debe
ser cumplido por el Estado, sino también por la familia, la sociedad y la comunidad.

F. DERECHO A LA SALUD:

El derecho a la salud en los niños es uno de los derechos fundamentales de los niños a los que
debería acceder cualquier niño, independientemente del país en el que resida. Un derecho vinculado
al derecho a la vida, la alimentación, la vivienda, el trabajo, la educación, la dignidad humana y la
igualdad. Es necesario entender que la salud es un derecho que requiere especial atención, pues su
transgresión atenta directamente contra el derecho a la vida, no solo en lo relacionado con la
existencia de la persona sino en la calidad de vida que la misma debe tener.

El Tribunal Constitucional ha sostenido que el derecho a la salud comprende la facultad que tiene
todo ser humano de mantener la normalidad orgánica funcional, tanto física como mental; y de
restablecerse cuando se presente una perturbación en la estabilidad orgánica y funcional de su ser.

G. DERECHO A LA EDUCACIÓN:

Para una mejor comprensión del derecho a la educación vinculada ínfimamente con los derechos del
niño y su desarrollo en todos sus ámbitos. El derecho a la educación es, sin duda, uno de los más
importantes derechos de la niñez y quizás el más importante de los derechos de segunda generación
también denominados económicos, sociales y culturales. Aunque no se puede, en sentido estricto,
plantear que existan derechos importantes y otros secundarios, la afirmación anterior se funda en el
hecho según el cual es a través en buena medida de la educación en sus distintas formas y
modalidades como el ser humano, biológico o especifico, deviene en ser social, en personas, en
hombre o mujer, y es a través de ella que adquiere las condiciones y capacidades necesarias para
vivir en sociedad. En este sentido, la educación en todas sus manifestaciones es la vía por excelencia
de la socialización human, es decir, la vía de su conversión en un ser social.

Asimismo, la educación de calidad es tanto un derecho fundamental para todos como un facilitador
clave para la consecución de otros derechos. Los Estados están obligados, colectiva e
individualmente, a hacer que la educación de calidad esté disponible para todos, a todos los niveles y
de forma gratuita. Todos los niños de cualquier establecimiento educativo tienen el derecho
fundamental a una educación de calidad impartida por docentes de calidad. Las legislaciones locales
y nacionales en materia educativa deben ser acordes con los tratados de derechos humanos
internacionales. La educación debe ser disponible, debe haber instituciones y programas de
enseñanza en cantidad suficiente en el Estado Peruano; accesibilidad, las instituciones y los
programas de enseñanza han de ser accesibles a todos, sin discriminación; aceptabilidad, la forma y
fondo de la educación, comprendidos los programas de estudio y los métodos pedagógicos han de
ser aceptables, pertinentes, adecuados culturalmente y de buena calidad; y adaptabilidad, la
educación ha de tener la flexibilidad necesaria para adaptarse a las necesidades de sociedades y
comunidades en transformación.

H. DERECHO AL DEPORTE:

El derecho al deporte es una manifestación del derecho al libre desarrollo de la personalidad y al


derecho a la educación, que en los niños se manifiesta de forma recreativa pero tiene principal
influencia e incluso determina gran parte de su desarrollo físico y psicológico.

La Convención sobre los Derechos del Niño, en su artículo 31 especifica que los Estados Partes de
esta convención deben respetar y promover el derecho del niño a participar plenamente en la vida
cultural y artística, propiciando oportunidades apropiadas en condiciones de igualdad.

El Estado debe tomar en cuenta que el juego, la recreación y el deporte, además de ser un derecho,
son maneras eficaces de acercarse a los menores de edad marginados, discriminados, huérfanos, a
los que tienen limitaciones mentales o físicas, a los que viven o trabajan en la calle, a los que son
víctimas de explotación sexual.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Hawie, I. (2015). “Manual de jurisprudencia de Derecho de Familia”. Lima: Gaceta Jurídica S.A.

Chunga, F. (2002). “Derecho de Menores”. Lima: Editora Jurídica Grijley E.I.R.L.