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ERRORES EN LA ARGUMENTACIÓN:

LAS FALACIAS Y CÓMO COMBATIRLAS.


Victórico Muñoz Rosales

I. LOS ERRORES ARGUMENTATIVOS.

Desde los griegos se postuló a la razón —el logos— como una facultad propia del hombre;
Aristóteles (384-322 a. C.) definía al hombre de acuerdo al género de cosas a las cuales más se
aproximaba y, dentro de ellas, por lo que específicamente se diferenciaba: el hombre como
animal, pero racional. Para Immanuel Kant (1724-1804) la nota característica de todo ser
humano es también la racionalidad. Ambos autores y todos los que concordando con ellos,
conciben que la racionalidad, propiedad distintiva en el ser humano, es única y universal.
Nuestra racionalidad viene estructurada por una lógica interna que explica sus
procedimientos, la manera como producimos ideas, la forma como razonamos. Al razonar
creamos nuevas ideas a partir de datos anteriores o premisas, las cuales se unen en una relación
de consecuencia necesaria con la conclusión. Los argumentos en general tienen dos elementos:
las premisas o la justificación (que tiene la función de apoyar la tesis que se defiende) y la
conclusión o tesis.
La argumentación entendida como el proceso mediante el cual justificamos con razones
algún punto de vista, tiene entre otras finalidades persuadir, discutir, convencer o ejemplificar
el procedimiento por el cual solucionamos.
Al argumentar, puede evidenciarse el lazo necesario (en el mejor de los
casos) que en una relación de consecuencia se establece entre las premisas y la
conclusión. Y se cometen errores en la argumentación cuando falta o falla esta
relación.

Una situación que se ha repetido a lo largo de la historia del la ciencia y la reflexión


filosófica es que, a partir de los mismos datos o premisas, se pueden llegar a conclusiones
diferentes. Algunas de ellas correctas y otras con dudosa credibilidad ¿a qué se debe este
fenómeno? Una de la s explicaciones apunta hacia simples errores en la estructuración de
nuestros razonamientos.
Son diferentes los contextos en los que argumentamos: el diálogo, el debate, la
investigación científica, el alegato jurídico, entre otros. En cualquiera de estos contextos,
debemos considerar algunos aspectos:

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Puede ser que el blanco de la discusión y ataque sea las personas portadoras
de los argumentos y no los argumentos mismos —éstos pasan a segundo plano.
Es posible que aún cuando alguna parte tenga u ofrezca razones y la otra no, o
al menos no mejores; no siempre gane la que lleva el esfuerzo racional con corrección en
la argumentación —no siempre gana el que tiene la razón.
Sucede también que podemos expresar juicios y estructurarlos aparentemente
de manera correcta en un razonamiento, pero bajo un cuidadoso análisis —lo cual no
siempre es posible en el momento, al calor de la discusión, sino muy posteriormente—
resulta que eran incorrectos o inválidos o con premisas falsas, y en casos graves, los tres
problemas.
Con bastante frecuencia sucederá que alguno de los interlocutores o partes en
la discusión, si no es que ambos interlocutores o todas las partes involucradas, traten de
engañar, de “ganar” la discusión o el debate como sea, a la mala, echando mano de
argucias (que no argumentos), marrullerías, hasta mintiendo o incluso usando la violencia.
Es fácil caer en algunos de esos errores en la argumentación, aún cuando pretendamos
ser racionales y tratar de estructurar lógicamente nuestros razonamientos, podemos fallar.
Una razón de tal falla reside en la falta de conocimientos lógicos o en el poco desarrollo
de habilidades lógicas aplicadas o de ambos. Claro, también las fallas pueden ser
intencionales.

Debe quedar claro que es diferente conocer de lógica que desarrollar la


habilidad para aplicarla (así como es diferente atribuirnos racionalidad que tener
acciones racionales).

A veces los contextos en los que proponemos nuestra argumentación, afecta la


eficiencia y eficacia de la misma. Generalmente, cuando iniciamos un diálogo racional sobre
algún problema a resolver, tratamos de formular algún argumento contundente que
fundamente nuestra tesis o conclusión de manera irrefutable; puede pasar que, por tratar de
“ganar”, no conseguimos descansar nuestra conclusión en premisas pertinentes, vale decir que
no hay relación entre las premisas y su conclusión. Los errores también se dan cuando se
pretende atacar al contrincante para mostrar lo errado, equivocado, insostenible o de su
argumento o la falsedad de su tesis, haciendo a un lado el juego limpio, los principios éticos y,
nuevamente sólo tratando de “ganar” la discusión o el debate.

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II. LAS FALACIAS
Uno de los errores en la argumentación más usuales consiste en expresar argumentos
que parecen buenos argumentos pero que no lo son, que parecen válidos pero resultan
inválidos (cuando es posible que sus premisas sean verdaderas y su conclusión sea falsa).
Asimismo, en ocasiones creemos haber hecho un razonamiento válido, pero bajo análisis
lógico resulta que no lo es, pues no hay relación de consecuencia lógica entre las premisas y la
conclusión.
Falacias se denomina a este tipo de argumentos en donde no hay
relación de consecuencia y, por lo tanto, de las premisas no se infiere la
conclusión de las premisas, resultando argumentaciones inválidas, aunque
parezcan válidas.

En la actualidad se hace énfasis a su incorrección e invalidez pero sobre todo al hecho


de que siendo incorrectos e inválidos, nos sorprendan y persuadan al parecernos válidos o
correctos. Copi reserva el nombre de Falacia a los “argumentos que, aun cuando sean
incorrectos resultan persuasivos de manera psicológica…” (Copi y Cohen, 2005; 126). Así
pues, uno de los aspectos importantes de las falacias consiste en su poder persuasivo (sea que
nos “parezcan” válidas por las influencias del contexto, el mal uso del lenguaje y al mover
nuestros prejuicios, pasiones o emociones) lo cual hace que las aceptemos, aun cuando no
debemos.
Las falacias informales se dividen en falacias por inatinencia y por ambigüedad.
Las falacias por inatinencia son aquellas cuya corrección o invalidez está en que la
conexión entre premisas y conclusión no es lógicamente adecuada, no es pertinente y la
conclusión no se sigue o infiere de las premisas. Al fallar ese aspecto se constituye en un error
del razonamiento y, por lo tanto de la argumentación. Por su parte las falacias de ambigüedad
se cometen por un mal uso o abuso del lenguaje, tal mal uso se caracteriza por la falta de
claridad en los términos que aludidos en las proposiciones usadas en el argumento..

Tenemos así la siguiente clasificación de las Falacias: informales se


dividen en falacias por inatinencia y ambigüedad, por una parte las falacias de
inatinencia son: Ad hominem, ad verecundiam, ad populum, ad baculum, ad
misericordiam, ad ignorantiam, Accidente, Causa falsa, Petición de principio,
Conclusión irrelevante, entre otras. Las falacias de ambigüedad, por otra parte,
son: Equívoco, Anfibología, Énfasis o acento, Composición, División, entre otras.

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En lo que sigue, veremos con más detalle en qué consisten algunas de ellas.

Falacias Informales por Inatinencia.

1. Falacia ad hominem (contra la persona). La argumentación falaz ad hominem resulta de


pretender convencer o persuadir de la falsedad de la conclusión del otro y de su
argumentación, atacando a la persona portadora del argumento más que al argumento mismo.
Al hacerlo de esta forma se dejan en segundo plano las afirmaciones del interlocutor para
centrarse en él. El error lógico en la argumentación ad hominem consiste en que la conclusión
de quien la realiza no se infiere de proposiciones referidas al asunto en discusión, sino que se
apoya en otros aspectos centrados en la persona (como son atacar la forma de ser, de pensar o
vestir de la persona que son irrelevantes, vale decir, no vienen al caso), en vez de dar razones
que apoyen su conclusión, en su lugar pone otros elementos no pertinentes que fallan en la
relación lógica premisas conclusión.

2. Falacia ad verecundiam (por autoridad). Esta falacia se caracteriza por tratar de


fundamentar una conclusión sobre la autoridad, fama, reconocimiento o calidad de experto
que alguien pueda tener en algún área o campo, en lugar de ofrecer razones. El error lógico
consiste en sustituir la relación de consecuencia lógica entre premisas y conclusión,
aduciendo elementos diferentes (fama, autoridad) que no tienen que ver con el asunto y que,
aparentemente fundamentan su dicho. Parece una forma invertida de la falacia ad hominem
donde se ataca a la persona, aquí se sobrevalora alguna condición que, por transferencia, hace
que el otro se ponga en su lugar y obtenga su adhesión.

3. Falacia ad baculum (por la fuerza). En esta forma falaz de argumentación en vez de


brindar razones que sirvan de premisas a la conclusión se intercambian por amenazas o por
apelación a la fuerza, con el fin de sostener (imponer) su posición. Esta es una de las falacias
más comunes y “persuade” prioritariamente por el contexto o circunstancia en que se utiliza y
por la emociones que involucra (miedo, temor). No obstante, algunas expresiones de esta
falacia pueden ser muy sutiles.

4. Falacia ad populum (por el pueblo). Se incurre en esta falacia para lograr que se acepte
una conclusión apelando a las emociones del pueblo o de la mayoría, quienes
independientemente de las razones aducidas (o sin ellas) se persuaden de aceptarla. Se
argumenta falazmente en esta forma para obviar las verdaderas razones que probablemente
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no serían aceptadas por la mayoría; también se usa para lograr la adhesión individual
apelando a esa mayoría. Como en todas las falacias no hay relación de implicación entre las
premisas y la conclusión o bien se sustituyen las razones o premisas por otros elementos
extra-lógicos.

5. Falacia ad misericordiam (por piedad). Se comete esta falacia cuando al argumentar


utilizamos todo tipo de marrullerías que muevan el consentimiento del otro a aceptar nuestra
conclusión, más que por razones, “tocando” su sensibilidad y piedad.

6. Falacia ad ignorantiam (por desconocimiento). En la argumentación ad ignorantiam, se


falla en la inferencia entre premisas y conclusión, sencillamente porque en lugar de buscar
una razón, se alude al desconocimiento de cierta información. Nuevamente, se emplea un
recurso extralógico para sustentar una afirmación. En esta falacia se pretende sostener la
conclusión como verdadera únicamente porque no hay prueba o premisas que nos indiquen lo
contrario (se desconocen o ignoran) y viceversa; es decir, también se podría utilizar para
sostener que algo es falso por no haber pruebas o premisas que indiquen lo contrario.

7. Accidente. La argumentación por accidente constituye una falacia en la cual se aplica


indiscriminadamente un principio, regla o enunciado general, pasando por alto las
condiciones bajo las cuales es aplicable o verdadero. Vale decir que se aplica una regla general
a casos particulares sin considerar la variación circunstancial en que se desarrollan.

8. Accidente inverso. Si en la falacia de accidente se aplica un razonamiento


(incorrectamente) a casos particulares sin tomar en cuenta los “accidentes” (es decir,
circunstancias no esenciales), en la falacia de accidente inverso se aplican a todos los casos lo
que corresponde sólo a casos específicos o particulares; de unos cuantos elementos, datos o
premisas se concluye su aplicación a todos. El error en la argumentación consiste en
generalizar lo que ocurre en uno o algunos a todos.

9. Causa Falsa. Esta argumentación falaz concluye que algo ha ocurrido o es efecto de y por la
presencia de ciertos hechos o premisas que se dieron cuando sucedió lo que se sostiene; es
decir que toman como causa, antecedente o premisa de algún efecto o conclusión, elementos
sólo relacionados paralelamente, pero no directamente.

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10. Petición de principio. La argumentación falaz conocida como petición de principio utiliza
la argucia de poner entre las premisas la conclusión a la que supuestamente quiere llegar; con
ello lo que quiere demostrar está implícito en los antecedentes y no sólo en la conclusión.

11. Conclusión irrelevante. Como su nombre lo indica, la conclusión irrelevante, realiza una
inferencia que no viene al caso desde las premisas con que cuenta; dicho de otra manera, las
premisas pierden pertinencia o relevancia de acuerdo a lo que se concluye pues no hay
relación con ellas.

Falacias Informales de Ambigüedad.

1. Equívoco. Esta falacia utiliza en las premisas y/o la conclusión algunos términos del
lenguaje que tienen dos o más significados, sin especificar cuál de ellos es el que se está
utilizando, lo que lleva a errores de sentido; la argumentación poco clara en sus términos
confunde al interlocutor debido a los diferentes significados con los que son usadas las
palabras o frases.
2. Anfibología. La anfibología contiene más de un significado, no en alguno de sus términos,
sino en la estructura sintáctica de la proposición completa; se trata igualmente de una
argumentación que hace mal uso del lenguaje, lo cual le lleva a tener diferentes sentidos.

3. Énfasis o acento. Esta falacia se comete cuando, por el mal uso del lenguaje a partir del
énfasis o acento que se pone en la expresión, se obtienen interpretaciones diferentes, dejando
en la ambigüedad lo que verdaderamente se quiso decir.

4. Composición. En esta argumentación falaz se atribuyen las cualidades de las partes de un


todo al todo en su conjunto; se trata de una falsa generalización de las cualidades de los casos
particulares al caso general. El error consiste en que el sentido atribuido o encontrado en
algunos, se pasa al conjunto.

5. División. Es la contraparte de la falacia de composición. En ésta se aplican las cualidades


del todo a cada una de las partes y, entonces, se considera que si el conjunto al que pertenece
algo tiene ciertas características, igualmente las tendrán sus partes, lo cual es falso.

RESUMEN
Buena parte del por qué nos parecen argumentaciones válidas las falacias consiste en
que tienen regularmente una estructura premisas-conclusión y eso nos hace suponer que
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existe relación entre ellas; pero es exactamente en este punto que tales argumentos se
convierten en falaces al no mostrar relación, ni necesaria, ni de relación de consecuencia
lógica entre las premisas y su conclusión; al tener esta falta en vez de razones ponen en su
lugar otros elementos que no son pertinentes, o no vienen al caso; no tienen relación lógica.
Conocer los diferentes tipos de falacias, sus características y los errores en la argumentación
en la que incurren nos permitirá no cometerlos, identificarlos cuando otros los usen y
contrarrestarlos.

III. ¿CÓMO COMBATIR LAS FALACIAS?


Participar de la lógica y la racionalidad no lleva de manera mecánica a que, indefectiblemente,
nuestros argumentos sean siempre correctos o válidos. Esto se debe a factores, externos e
internos, que nos llevan a error en la argumentación debido a:
la falta de desarrollo de habilidades lógicas aplicadas en el diálogo racional,
el debate razonado o la discusión crítica;
falta de conocimiento y habilidad para detectar la inconsistencia en el lazo
necesario de consecuencia lógica entre las premisas y la conclusión en
nuestros razonamientos;
mal uso o abuso del lenguaje en sus términos o proposiciones
estructurantes de premisas y conclusiones;
la influencia del contexto o circunstancia en que se desarrolla nuestro
argumentar;
las limitaciones o condicionantes personales que interfieren en nuestros
razonamientos, como prejuicios, emociones, etc.

Podemos añadir que no estamos acostumbrados a sostener diálogos racionales, debates


o discusiones críticas, frente a frente de manera continua y sostenida que nos vaya dando
experiencia en la argumentación interactiva y real; al menos no todos, y cuando se tiene la
oportunidad, continuamente caemos en falacias, en la formulación de argumentos inválidos o
incorrectos.
Para evitar esos errores, y combatir las falacias, podemos considerar sugerencias como
las siguientes.

Para combatir las falacias ¿qué podemos hacer?


Conocer sus diferentes tipos, su clasificación y división, para ubicarlas e
identificarlas;

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Conocer sus características y en qué radica su error lógico en la
argumentación;
Contrarrestarlas de manera argumentada (no señalarlas, ni quedarse en ellas),
buscando resolver el tema o problema, pasando más allá de la falacia misma;
En la argumentación y contra-argumentación “jugar limpio”, es decir, con base
en reglas de discusión y respetando a la persona con la que discutimos, debatimos y/o
dialogamos.

Copi y Cohen (2005: 163-164) nos indican también cómo evitar las falacias. “La
comprensión de éstos errores en que podemos caer y el desarrollo de la habilidad para
analizarlos y nombrarlos puede sernos muy útil para evitar caer en ellos…requiere de una
constante vigilancia intelectual…Tener conciencia de la flexibilidad del lenguaje y de la
multiplicidad de sus usos nos ayudará a alejarnos de los usos expresivos del lenguaje cuando
no son pertinentes. Conscientes de la multiplicidad de funciones del lenguaje, estaremos
menos propensos a aceptar una exhortación emocional como si fuera un argumento válido
para apoyar la verdad de una conclusión determinada o tratar de atacar al adversario como si
con esto presentásemos un argumento contra sus puntos de vista… Para evitar las diferentes
falacias de ambigüedad debemos tener presentes, con claridad, los diferentes significados de
los términos.”

Herrera y Torres (1994:8) también tienen sus consideraciones para contrarrestar las
falacias:
Conocerlas para descubrirlas en los discursos, los regaños, las moralinas o los
debates.
al comprenderlas replicarlas inteligentemente;
evitarlas nosotros mismos;
desarrollar la habilidad para reconocerlas y debatirlas, dialogar o confrontar.

Subrayamos la idea de replicarlas inteligentemente, pues no se trata de


crearnos problemas con los otros por una réplica poco inteligente, inadecuada;
requiere ser inteligente lógica y emocionalmente.

Para enfrentar las falacias, muy particularmente podemos hacer lo siguiente, que
describiremos paso a paso, mostrando el proceso para desarrollar la habilidad lógica.

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1. Si en términos generales las falacias son argumentos inválidos o incorrectos, pero
que parecen válidos o correctos, debemos primero tratar de reconocer o identificar
el argumento —Recuerden lo visto en la Unidad 2.
2. Debemos comprender en qué consiste el error lógico de las argumentaciones
falaces, en qué consiste la falla que las hace inválidas por un lado (la mala,
irrelevante, no pertinente, nula, relación de consecuencia lógica entre las premisas
y la conclusión); los usos inadecuados del lenguaje (la ambigüedad), por otro; y
finalmente si coincide con alguna de las estructuras argumentales que sean
inválidas.
3. Así, podemos detectar en forma específica cómo la falacia falla en relacionar sus
premisas con la conclusión, pues le falta el lazo necesario de la relación de
consecuencia lógica, sin la cual la conclusión no se infiere de las premisas o no se
apoya en ellas.
4. Al no haber relación de consecuencia lógica, la falacia, sin embargo, “nos parece
buena”. En este punto hay que buscar qué ha puesto la falacia en lugar de esa
relación de consecuencia lógica, qué elemento extraño ha puesto en vez de dar
razones, qué premisas no pertinentes ni relevantes se encuentran en la
argumentación falaz. Recordemos que esos elementos extraños pueden ser: la
fuerza, la autoridad, la ignorancia, causas falsas, equívocos, emociones como la
piedad, el temor o miedo u otros sentimientos, el mayoriteo, peticiones de
principio, accidentes, etc.
5. Si se trata de falacias informales, su aparente validez estriba en que sí tienen una
forma argumental, pero el error lógico de estas falacias consiste en que no hay un
lazo necesario y pertinente que permita inferir la conclusión de las premisas.
6. Con las falacias informales de inatinencia, basta con mostrar esa falla o falta de
relación de consecuencia lógica a través de develar o establecer qué tipo de
premisas presenta, en lugar de dar razones, para supuestamente hacer valer la
conclusión.
7. Específicamente con las falacias informales de ambigüedad, como resultan de un
mal uso del lenguaje que lleva a la ambigüedad y que hacen irrelevantes o
multívocas la conclusión o las premisas, habrá que poner atención en definir y
clarificar los conceptos que intervienen en el argumento y que se están manejando
con varios sentidos; o bien establecer el sentido de una proposición para evitar
confusiones y ambigüedades.

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8. Por último, reconstruir los argumentos falaces y corregirlos. Debe hacerse con
miras a lograr resolver algún problema, lograr un objetivo positivo, evitarlos, etc.
Pero debe además ser realizado con lógica para darle corrección o validez, además
con prudencia y autodominio y respetando al interlocutor y a su esfuerzo (aún
cuando sea intencional su pretensión de llevarnos a error).

Recapitulando: Hemos dado algunas indicaciones sobre los factores internos y externos
que debemos tomar en cuenta cuando dialogamos o debatimos de manera racional,
desarrollando algunas sugerencias para enfrentar falacias en la discusión. Otras sugerencias
para el desarrollo de las habilidades lógicas aplicadas son No enfrentar sólo los argumentos
falaces (valorar los que valen la pena), ni quedarse en ellos, pasar más allá, al logro del
objetivo, a la resolución del problema, a intencionalidades más elevadas.

Para finalizar, el intercambio dialógico racional, como lo comprendemos, puede darse lo


mismo en la comunicación que establecemos cotidianamente con nuestros familiares, en
algún momento con otras personas en la vía pública, en la resolución de algún problema en el
centro de trabajo, en alguna asamblea o junta o entrevista, en la escuela, en la iglesia, etcétera.
Aplicar nuestros conocimientos lógicos, tomando en cuenta las circunstancias o factores
externos e internos, con prudencia y autodominio, nos permitirá desarrollar las habilidades
lógicas aplicadas en la argumentación y tomar decisiones pertinentes y adecuadas para la
resolución de la diversidad de problemas en nuestra vida cotidiana, de la forma más
pertinente, conveniente, ética, racional y lógica.

Y en cualquiera de estas situaciones tenemos la oportunidad de establecer no sólo una


comunicación lógica, racional, sino también humana, que nos permita mejorar nuestras
relaciones personales, defender nuestros derechos y realizar una crítica de todo lo que no
debe existir en nuestro entorno social.

Así, sobre la base de la lógica, con prudencia y buscando objetivos más altos, éticos y
humanos, podemos mejorarnos a nosotros mismos y contribuir a hacer de este mundo algo
mejor.

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