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RESPONSABILIDAD CONTRACTUAL

Como es evidente, la responsabilidad contractual deviene de una obligación preconstituida, es


un efecto propio de la obligación preexistente y se manifiesta ante el incumplimiento de la
misma. El vínculo jurídico que une a las partes contratantes ha emanado del acuerdo de ambas
voluntades, de una relación obligacional, por lo que el carácter volitivo de dicha relación hace
surgir de manera espontánea, natural, la obligación de reparar el daño causado por la
inejecución de las prestaciones a cargo de los contratantes. “La culpa contractual supone una
obligación concreta, preexistente, formada por la convención de las partes y que resulta violada
por una de ellas.”

En tal sentido, en palabras de José Luis de los Mozos, “... tenemos que partir de la idea de que
el quebrantamiento de la preexistente relación obligatoria imputable al deudor es la fuente o
ratio de la responsabilidad contractual. En ese sentido, dice el maestro Castán: ‘como la
obligación lleva consigo la ineludible necesidad de su cumplimiento, si el deudor no la cumple
por causas que le sean imputables, el Derecho ha de procurar de un modo u otro su efectividad,
su cumplimiento forzoso o anormal’ que, de no poderse alcanzar de otra manera, tiene lugar
mediante la indemnización de daños y perjuicios.”

El criterio de equivalencia por el incumplimiento de la prestación original, es el sustento de la


responsabilidad contractual. La expectativa trunca del acreedor debe ser resarcida,
compensada, indemnizada. Del mismo modo, Fernando de Trazegnies señala que “La
responsabilidad contractual cubre fundamentalmente dos supuestos de daño: el
incumplimiento de la prestación contratada – o el cumplimiento parcial, tardío o defectuoso
(que es una forma de incumplimiento de la prestación) – y la mora (que es el incumplimiento de
una obligación radicalmente vinculada a la prestación principal, constituida por el compromiso
de ejecutar tal prestación principal en un plazo igualmente contratado).”

Si bien es cierto el autor distingue dos casos de incumplimiento, en esencia lo que se busca al
definir la responsabilidad contractual es proteger el legítimo interés del acreedor de ver
satisfecha su expectativa. El creditor (el que presta fe) no puede quedar desamparado ante el
quebrantamiento del programa obligacional. Es evidente, pues, que el sustento de la
responsabilidad contractual es la lesión al id quod interest del acreedor, es decir, a la pérdida
sufrida o a la ganancia dejada de obtener debido al incumplimiento de la prestación a que se
compromete el deudor, derivada de una relación obligatoria preconstituida.

Explicando las razones que justifican la responsabilidad contractual en nuestro Código Civil, hace
una análisis del alcance de los artículos de nuestro Código Civil referidos a la Inejecución de las
Obligaciones (arts. 1314 al 1332), concluyendo en que el deber de responsabilidad en el
incumplimiento de las obligaciones es siempre objetivo: “...se responde por qué se debe. Se deja
de responder cuando se aporta la prueba positiva del caso fortuito.” Y añade más adelante
“Cabe entonces señalar el verdadero alcance del art. 1314º del C.C.: Cuando el deber accesorio
de diligencia le implica necesariamente al deudor el despliegue de conductas de protección de
la utilidad comprometida en el deber central, la prueba del empleo de la diligencia debida no
significa otra cosa que una prueba de cumplimiento. Y esto es cierto, inclusive, en los casos en
donde el deber de prestación recae en una utilidad.