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ANALISIS "LOS DESAPARECIDOS DEL SANTA"

ALUMNA :
PALACIOS GARCIA KELY STEFANY.

DOCENTE :
Abg. WILSÓN CHUNGA AMAYA.

CURSO :
DERECHOS HUMANOS.

:
CICLO
X - SUA

Piura,Noviembre del 2018

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"LOS DESAPARECIDOS DEL SANTA"

Después de 19 años y tres meses, familiares reconocen a víctimas de la violencia política.


Según los hallazgos del equipo forense, los nueve desaparecidos fueron atados y asesinados a
balazos por el escuadrón de aniquilamiento.

La acusación formulada por la fiscal anticorrupción Ana Cecilia Magallanes contra los
presuntos responsables de la desaparición y muerte de los nueve campesinos en el valle de
Santa no hace más que confirmar las denuncias sustentadas durante varios años por los
familiares de las víctimas ante la Policía, el Ministerio Público y el Poder Judicial, sometidos
al régimen fujimontesinista.

Jesús Noriega Cardozo, incansable agricultor que sigue buscando justicia tras la desaparición
de su hijo Jesús Noriega Ríos, dijo que los comandos del grupo Colina fueron contratados a
cambio de 15 mil dólares por el empresario casmeño Jorge Fung Pineda, quien tenía una
desmotadora de algodón en el distrito de Santa.

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"El empresario tenía un trato abusivo y hostil contra los agricultores, su abierto enfrentamiento
a los campesinos sin tierra lo llevó a contactarse con el grupo Colina, a través del ex congresista
fujimorista Juan Hermoza Ríos, quien le cedió el encargo a su hermano, el entonces jefe de
Comando Conjunto de las FFAA, General (r) Nicolás Hermoza Ríos", manifestó Noriega
Cardozo.

Por estos delitos de lesa humanidad los familiares exigen cadena perpetua, como sanción para
los culpables materiales e intelectuales, entre ellos el ex asesor de inteligencia Vladimiro
Montesinos y el prófugo ex presidente Alberto Fujimori.

Los familiares demandan, además, la entrega de los cuerpos de los desaparecidos secuestrados
de sus casas la madrugada del 2 de mayo de 1992. Los desconocidos de porte militar ingresaron
con metralletas y pasamontañas a los asentamientos humanos de La Huaca, Javier Heraud y
San Carlos y se llevaron con vida a los nueve pobladores del valle de Santa.

Con la promesa de una millonaria


recompensa por realizar un "trabajo
particular", los sicarios del grupo
Colina, encabezado por Santiago
Martin Rivas, armados y provistos de
palas, picos y bolsas de cal se
encaminaron el 1º de mayo del 1992 a
la localidad del Santa, en Chimbote.

Su objetivo era eliminar a nueve


pobladores que chocaban con los
intereses del empresario Jorge Fung
Pineda y culpar a Sendero. Así lo indica
la denuncia presentada por la fiscal Ana
Cecilia Magallanes Cortez a los
juzgados anticorrupción a la que La
República tuvo acceso y en la que acusa de
homicidio calificado y secuestro agravado a Vladimiro Montesinos, el ex jefe de las Fuerzas

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Armadas Nicolás de Bari Hermoza Ríos, su hermano Juan Bosco Hermoza Ríos, el empresario
Jorge Fung, el ex jefe del SIN Julio Salazar Monroe, el ex jefe de la DINTE Juan Rivera Lazo,
a Santiago Martin Rivas, jefe del grupo Colina, y 20 integrantes del sanguinario grupo.

La matanza ocurrió la madrugada del 02 de mayo de 1992.

"...El mayor EP Santiago Martin Rivas por disposición del jefe de la Dinte, general EP Juan
Rivera Lazo, convocó a los tres jefes de los subgrupos operativos del "Destacamento Colina".
Ellos son Antonio Sosa Saavedra, Julio Chuqui Aguirre y Pedro Guillermo Suppo Sánchez,
además de Carlos Eliseo Pichilingue Guevara, a una reunión en una vivienda ubicada en una
transversal de la avenida Benavides en Miraflores- Lima", indica el documento.

En esta reunión estuvo presente el empresario "Jorge Fung Pineda, quien deseaba encomendar
un "trabajo particular", pues en su empresa algodonera en Chimbote tenía trabajadores que
hacían problemas, solicitando que se les involucre con la subversión y se les dé un escarmiento,
hecho que conocían el ex Comandante General del Ejército Nicolás Hermoza Ríos y su
hermano Juan Hermoza, quien tenía interés en que se realice tal trabajo, por el que se ofreció
una millonaria recompensa".

Concluida la reunión -señala la fiscal- Santiago Martin Rivas dio la orden para viajar a la
localidad de el Santa, Chimbote, por lo que los jefes de los subgrupos convocaron a los
miembros de sus equipos para salir al día siguiente. Es así que a las 8 de la noche del 1º de
mayo de 1992 el "grupo de la muerte" emprende su viaje.

Todos estaban vestidos de civil con chompas "Jorge Chávez" y pasamontañas. Partieron en
varios vehículos con dirección a Chimbote por la Panamericana Norte. En el camino, al
promediar la medianoche, hicieron un alto ingresando todos a un restaurante en donde Rivas
se reunió con un colaborador que sería un militar retirado; éste se encargó de llevarlos al lugar
donde deberían incursionar, y les señaló a las personas que deberían de intervenir.

Detalla el documento que su destino era los AAHH "La Huaca" "Javier Heraud" y "San
Carlos", para ello ingresaron por un desvío a través de una pista carrozable, entre cañaverales.
En el camino encontraron a su primera víctima Gilmer Ramiro León Velásquez montado en
una bicicleta. Al verlos, intentó huir pero se cayó. Luego se dirigieron a los mencionados

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AAHH, en donde violentamente ingresaron a las casas y subieron a sus víctimas a los
camionetas, pero antes pintaron las casas con frases alusivas a Sendero Luminoso.

Según la denuncia, Martin Rivas no presenció la ejecución, ésta se la encargó a Carlos


Pichilingue, a quien ordenó que "termine el trabajo" retirándose con Chuqui Aguirre y Vera
Navarrete a su casa en Trujillo. Es así que, según el documento de la fiscal, Pichilingue y el
resto de este grupo asesino Colina dan muerte a los hermanos Carlos y Roberto Barrientos
Velásquez, Denis Castillo Chávez, Federico Coquis Vásquez, Gilmer León Velásquez, Pedro
López Gonzales, Jesús Noriega Ríos y los hermanos Carlos y Jorge Luis Tarazona More.

Posteriormente, todo el grupo se reunió en el restaurante llamado el "Pato 1" en donde


Pichilingue dio cuenta a Rivas de las ejecuciones, comentándole que como estaba
amaneciendo los habían enterrado a flor de tierra, en una chacra cerca del lugar de la
intervención.

Asimismo, la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos ( CIDH ) en el caso


denominado “Barrios Altos”, tiene alcance general para otros casos similares, puesto que las
leyes N° 26479 y 26492 eran nulas ipso iure y sin validez alguna, debido a la naturaleza
normativa de los actos violatorios de derechos humanos, como en los casos conocidos de “La
Cantuta”, “Los desaparecidos del Santa” y, de “Leonor La Rosa”, pues teniendo en cuenta el
artículo 138° de la Constitución Política del Perú, el Poder Judicial y por extensión el
Ministerio Público como custodio de la Ley y la defensa de los derechos humanos, están
habilitados para ejercer el control difuso de constitucionalidad, respetando las normas
imperativas estatuidas en el artículo 139° de nuestra Carta Magna y desechando la impunidad
conseguida merced a procesos penales “simulados” incoados ante el fuero militar en la última
década, pues por adolecer de vicios insubsanables conlleva a nulidad en los mismos y por ende
carecen.