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UNIVERSIDAD NACIONAL DE PIURA

FACULTAD DE CCSS Y EDUCACIÓN

ESPECIALIDAD: LENGUA Y LITERATURA

TRABAJO: ARTÍCULO ACADÉMICO

TEMA: ¿Alguien nos vigila? El Proceso – Franz Kafka

AUTORÍA: DAVID FLORES SERNAQUÉ

E.mail: davidfloser20@gmail.com

FECHA DE ENTREGA: 23 OCTUBRE 2018


¿Alguien nos vigila? El Proceso – Franz Kafka

En El Proceso, Kafka nos afirma que muchas veces estamos sumergidos en una realidad a la
cual nos acostumbramos, sea buena o mala, ya que esa es nuestra naturaleza, adaptarnos al
medio en el que vivimos. Pero la sociedad en que vivimos a los que inventan nuevas ideas
oprime y persigue por temor a que estas ideas los haga perder el poder. Parece que la única
forma de salir de esa cárcel en la cual nos encontramos es la unión. Si las personas se unen,
aquellas que tienen el poder serán derrocadas y se establecerá una nueva ideología, pero qué
ocurre cuando una sociedad supuestamente está independizada ¿esa idea de independencia
nos hace libres completamente? Y luego de la supuesta libertad viene una nueva forma de
gobierno con sus leyes que vuelve a sumergir a la sociedad. Esto parece ser un círculo vicioso
del cual nunca vamos a salir.

Tal como en La Metamorfosis, todo parte en el cuarto de Josef K, aquí los guardias toman la
representación de la realidad que ingresa de una forma absurda y hace que lo detenga. Un
aspecto inexplicable de la condición humana es que las personas terminan por acostumbrarse
a las injusticias, hasta el punto que las toman por normales. Como cualquier persona, cada día
tiene un objetivo por más mínimo que sea, pongamos un ejemplo, el sobrevivir un día más
cumpliendo todo lo que se le ordena sin saber que sigue órdenes. K., él también tiene que ir a
trabajar, su trabajo es muy importante, trabaja en la Banca, hay una breve descripción de la
rutina de K.

La presencia de mujeres tienen una carga muy importante: o lo distraen de sus causas y son de
moral cuestionable o, como su casera, resultan irritantes y no entienden nada, aunque sean
eficiente, son las únicas que parecen querer ayudarlo, aunque su relación con ellas es
problemática, K. se da cuenta que tienen un gran poder y pueden corromper a cualquier
hombre, incluso a un juez. A partir de ahí, tiene lugar realmente el proceso, la culpa lo
persigue y crece sin saber cuál es mientras la va asumiendo.

En esta etapa aparecen matones, mujeres provocativamente serviciales, jueces vanidosos,


retratistas que pintan a la justicia, acusados e inocentes. Este conjunto de personajes hacen
que el lector se identifique con el angustiado señor K. en su lucha contra el corrupto sistema
judicial que lo procesa sin motivo considerándolo culpable en potencia. En un momento del
proceso, K. llega a la angustiosa conclusión de que a veces es mejor estar encadenado que
libre, pues la angustia de esperar a que en cualquier momento lo detengan, es en sí mismo un
castigo peor que estar preso. Pero en este caso K. se reprime porque no sabe de qué lo acusan
y no puede entregarse, pero la desesperación es tal que prefiere estar preso ya que se ha
convertido en un castigo abstracto. En este sentido, Josef K. sería, entre los acusados y en el
contexto del relato, un caso diferente ¿acaso K. sabía algo que desequilibraba el círculo en el
que se manejaban las cosas? Por otra parte, los jueces y abogados, a pesar de tener el poder
sienten miedo de K. que se desvíe de esa línea que todos caminaban, de una posible
revolución o de un pensamiento reformista que no solo afectaría a las personas que lo rodean
sino a ellos mismos.

Hasta que un día lo retienen en su casa a la fuerza, lo llevan fuera de la ciudad, la policía ve
que lo arrastran y no dice nada. Ahí la indiferencia no solo de los que nos tienen que cuidar,
sino de los demás, quizá sienten temor y piensan que cuando sucede un arresto se está
haciendo lo correcto, más no se interrogan si será o no inocente y todo por no meterse en
problemas, porque el egoísmo de cada uno va aumentando con la indiferencia hacia los
demás. Cuando llegan a un lugar en las montañas, le pasan un cuchillo, seguramente para que
él mismo le ponga fin a su vida, como no lo hace lo toman y lo asesinan. Con el último aliento
de vida, Josef K. nos interpela, casi nos hace sentir vergüenza porque somos testigos de una
flagrante injusticia y no hemos hecho nada por ayudarlo. Esta escena parece tan real que si
revisamos las últimas noticias donde las autoridades en ocasiones presencian hechos que
atentan contra los derechos humanos, y hacen caso omiso y hasta se ponen de parte del
verdugo y no de la víctima.

Siempre hay alguien que nos vigila a cada momento. Esa misma sensación la percibimos cada
vez más los ciudadanos en nuestras sociedades modernas, sabemos que no estamos presos
porque nadie nos ha retenido y no hemos cometido ningún delito. Aceptamos que pongan
cámaras en los bancos, en la calle, en las universidades, que incorporen sistemas de rastreo en
nuestros teléfonos celulares; todo esto para que estemos más seguros, supuestamente, pero
¿podemos estarlo sabiendo que a cada momento alguien nos vigila?

El hombre moderno es dominado por fuerzas que desconoce, pero piensa que es libre de usar
su libre albedrio como mejor le plazca. Vivimos dentro de la “burbuja” y por eso no podemos
verla, estamos atrapados en un sistema social injusto pero no logramos romper con él. En mi
opinión esta novela nos da un mensaje muy importante a los ciudadanos de este siglo y es que
no podemos acostumbrarnos a las injusticias y a las arbitrariedades, aunque a veces nos
cueste la libertad, pues la peor tiranía no es la de estar preso tras las rejas, sino la de no
expresar nuestros pensamientos por temor al castigo o a la vergüenza pública.

BIBLIOGRAFÍA

Kafka F. (1925). El proceso. Francia: Editorial Verlag Die Schmiede

Welles O. (1962). El proceso . Francia: Cine fantástico

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