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Carlos Javier Fuentes Agudelo

Teoría y epistemología de la historia


Informe de lectura No. 5

Merleau-Ponty, Maurice. “Prologo”; “II. La temporalidad”. En Fenomenología de la


percepción, 418-441. [Traducción: Jem Cabanes]. Barcelona: Planeta-Agostini, 1993.
Figura destacada dentro de los máximos representantes de la fenomenología en su país, Maurice Merleau
Ponty (Rochefort-sur-Mer, 1908 – París, 1961) es conocido por ser un gran defensor de la teoría de la
percepción como fuente del conocimiento, así como por sus interesantes aportes en el campo de la teoría
del comportamiento. Su pensamiento, de marcada tendencia existencialista, denota una clara posición de
izquierda revolucionaría abierta al marxismo del psicoanálisis y de la "Gestaltpsychologie”. Sin embargo,
su trasegar intelectual, influido fuertemente por Edmund Husserl, haría que su ideario político evolucionara
hacía posturas más de orden reformista. En este pequeño informe intentaré dilucidad algunos de los aspectos
centrales de un pequeño apartado localizado en la obra Fenomenología de la percepción, y en la cual el
autor hace un tratamiento particular al tema de la temporalidad, a la vez que intentaré precisarlo desde
algunos postulados consignados en el prólogo.
Como elemento introductorio es pertinente señalar, pues, que Merleau-Ponty abre esta obra presentando
una pregunta que es pertinente señalar aquí para así, posteriormente, dar tratamiento al apartado en cuestión.
En este orden de ideas, la obra se inicia con una pregunta: ¿qué es la fenomenología? Si bien el autor no
tiene la pretensión de darle respuesta concreta a esta cuestión, pues no concibe tal objetivo posible, sí aporta
una aproximación al decir que la fenomenología es
“[…] el estudio de las esencias y, según ella, todos los problemas se resuelven en la definición de esencias: la
esencia de la percepción, la esencia de la consciencia, por ejemplo. Pero la fenomenología es asimismo una
filosofía que re-sitúa las esencias dentro de la existencia y no cree que pueda comprenderse al hombre y al
mundo más que a partir de su «facticidad». Es una filosofía trascendental que deja en suspenso, para
comprenderlas, las afirmaciones de la actitud natural, siendo además una filosofía para la cual el mundo
siempre «está ahí», ya antes de la reflexión, como una presencia inajenable, y cuyo esfuerzo total estriba en
volver a encontrar este contacto ingenuo con el mundo para finalmente otorgarle un estatuto filosófico […]” 1.

Hecha esta aclaración aproximativa frente a la idea de lo que puede ser entendido como fenomenología, el
autor señala que esta solo puede obtener su estatuto filosófico a través de un método propio, es decir una
metodología fenomenológica. A razón de ello, Merleau- Ponty señala que el acto de comprensión de ese
mundo que “está ahí” ronda en el campo de la descripción, más no en el de la explicación ni del análisis.
Esto se entiende mejor si se tiene en cuenta que la fenomenología intenta reconocer la consciencia como un
proyecto del mundo, como un producto de la experiencia en la interacción del sujeto cognoscente con el
mundo. Ante esto, la consciencia está destinada a ser un proyecto inacabado ante un mundo que no logra
poseer, pero del que no cesa de dirigirse, y que, por tanto, le prescribe a su cognición, a su comprender
mismo, una meta inalcanzable2. Desde aquí es donde parte la idea de un conjunto de temas fenomenológicos
que se han trabado en la vida de los sujetos y sus experiencias y que para el autor, son fundamentales en el
ámbito de la percepción
Lo que se entiende hasta este punto es que una aproximación a cualquier tema en el mundo, sujeto a la
descripción de la fenomenología de la percepción demuestra, por tato, un sentido tras el cual se transparenta
la intersección de mis experiencias y en la intersección de mis experiencias con las del otro, por el engranaje
de unas con otras. Así las cosas, el filósofo o el historiador que haga uso de los estatutos filosóficos de la
fenomenología, a través de su intencionalidad, debe entender que tratar de pensar al mundo, al otro y a sí

1
Maurice Merleau-Ponty y Jem Cabanes, Fenomenología de la percepción (Barcelona: Planeta-Agostini, 1993), 7.
2
Merleau-Ponty y Cabanes, 17.
1
mismo y concebir sus relaciones es estar siempre dispuesto a entrar al campo de la duda, del equivoco,
puesto que es en este espacio en donde el descubrimiento del error desarraiga al sujeto de toda verdad y lo
aproxima a la experiencia de la verdad3.
La esencia de la percepción es declarar que la percepción no se presume verdadera, sino definida para
nosotros como acceso a la verdad. En otras palabras, «Toda consciencia es consciencia de algo»4 y en este
orden de ideas, la descripción de la temporalidad no es la excepción, puesto que el encarar un análisis del
tiempo es derivar en las dimensiones constitutivas que erigen al sujeto. En consecuencia, el sentido del
pasado y del futuro no son datos de la consciencia, sino que el tiempo en general es pensado antes que las
partes, y son las relaciones que establecemos, por medio de las experiencias, las que posibilitan los
acontecimientos en el tiempo. De manera que el tiempo se convierte en elemento inmanente de una
consciencia, el cual, por su naturaleza no está constituido sino solamente por un todo. Este tiempo se
constituye, así pues, es en razón a las relaciones posibles según el antes y el después que queda en el registro
del paso de un pensamiento cognoscente, el cual es contemporáneo a todos los tiempos5.

En este orden de ideas, el tiempo se describe y se percibe como una interrelación establecida desde las
experiencias con los “ahoras” que componen mi consciencia y la de los otros, en un intento por dar posición
temporal y sentido a la cadena de acontecimientos, a manera de síntesis. No obstante, este constructo
siempre está sujeto a re-edificarse en razón a que suponerla como algo acabado es sentenciarla a su
inmediata negación6. La médula de este cuestionamiento radica, por lo tanto, en que el problema del
posicionamiento temporal y de la consciencia del tiempo son sustratos descriptivos que implementan nuestra
percepción y nuestro sentir, a través de las intencionalidades, para dotar de sentido nuestro trasegar como
seres finitos en el gobierno del mundo. En otras palabras, el tiempo como constructo dotado de sentido,
siempre se encuentra en un estado naciente, y, en conclusión, no es un objeto de nuestro saber, sino una
dimensión del ser en si mismo.
Llegados a este punto dentro de la estructura argumentativa del autor, se puede encontrar que el autor nos
entrega dos aportes con los cuales nos permite comprender mucho mejor la anterior descripción señalada.
En un primer momento nos señala la importancia de tener en cuenta el campo de presencia, el cual se
entiende como un el momento o horizonte desde el cual entro en contacto con el tiempo y su curso, se
convierte así en el factor que permite al sujeto establecer una experiencia originaria en la que el tiempo y
sus dimensiones aparecen en persona, sin distancia interpuesta y en una evidencia última 7. Este campo de
presencia se ve, a su vez, afectado por un campo perceptivo de retenciones y pretensiones que convierten
esas experiencias del presente en momentos y momento precedentes, erigidas sobre una delgada capa de
tiempo.
En resumen, el análisis del tiempo realizado por Merleau Ponty desde la perspectiva fenomenológica nos
permite ver una nueva forma de sentir y de comprender la experiencia de la temporalidad como la de
cualquier tema en el mundo, y es la de entender y tomar consciencia de que la temporalidad no tiene mayor
sentido para nosotros, que por el mismo hecho de que nosotros “lo somos”, es decir, estamos en y somos al
mismo tiempo del pasado, el presente y el futuro8. Quizá sea este aporte que el autor nos hace de manera
tan puntual el que más sea resaltable desde mi perspectiva como historiador, pues que el enriquecimiento
de la teoría hermenéutica en consonancia con las fenomenología de la percepción del tiempo son sustratos
que me permiten comprender de una manera más aterrizada los enormes complejos que se atraviesan en el

3
Comparar con, Merleau-Ponty y Cabanes, 17.
4
Merleau-Ponty y Cabanes, 17.
5
Comparar con, Merleau-Ponty y Cabanes, 423.
6
Comparar con, Merleau-Ponty y Cabanes, 423.
7
Comparar con, Merleau-Ponty y Cabanes, 424.
8
Comparar con, Merleau-Ponty y Cabanes, 435.
2
camino de la investigación documental al momento de encarar las percepciones y el sentir de los actores
que, en un momento precedente a mi presente, me plasman sus sentires desde un tropos distinto.