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@umpierrezalvaro

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Dedicatoria

Este libro está dedicado a todas las personas que desean paz
y seguridad.
Índice
Capítulo 1

INTRODUCCIÓN

DEFENSA PERSONA

DESARROLLAR AL MÁXIMO EL POTENCIAL DEFENSIVO

CÓMO CONSEGUIR QUE LA DEFENSA SEA EFECTIVA

VENCER CON LA VOLUNTAD

FORMACIÓN Y DISCIPLINA

COMO DISUADIR UN CONFLICTO

LA PRUDENCIA EN LA DEFENSA

COMO APLICAR LA DEFENSA PERSONAL

LA DEFENSA PERSONAL NO ES UN ESPECTÁCULO

LA DEFENSA PERSONAL EN TRES ÁREAS Y TRES NIVELES

SOBRE LAS EMOCIONES

SOBRE LA RAZÓN

SOBRE LO FISICO

EL PRINCIPIO DEL MOVIMIENTO

SOBRE LA RUTINA DE ENTRENAMIENTO


Capítulo 2

FALACIAS SOBRE LOS GOLPES A NERVIOS Y GANGLÍOS

CIEN POR CIEN UNA ZONA MORTAL

ÁREAS DE MÁS SENSIBILIDAD PARA RECEPTORES DE DOLOR


Y ZONAS ALTAMENTE PELIGROSAS

CONCLUSIONES
Introducción

El deseo utópico de lograr la paz entre las personas no


garantiza que esta surja.

Las ideologías separan a las personas, incluso aquellas que


profesan la paz.

Cuando la educación social falla y la empatía comienza a


flaquear, surgen las medidas de contención. Las sociedades
crean medidas de protección para evitar abusos, pero sin
autocontrol individual, las medidas suponen una pérdida de
autonomía personal.

De los abusos, nace la represión y el castigo como respuesta.

La defensa personal es la herramienta por excelencia que


cada individuo tiene para corregir los errores personales y
reeducar sin caer en la tiranía, logrando preservar la
autonomía de las personas, pues una vez evitada la
agresividad y disuadiendo de la intención, el factor regulador
(el practicante de defensa personal) “sale de escena” dejando
únicamente una lección que la persona agresiva tiene para
reflexionar sobre sus actos, dándole la oportunidad de
reencausarse sin sentir que una fuerza mayor le mantiene
vigilado.
DEFENSA PERSONAL

La defensa personal en sí misma es un arte, por ende, es de


máxima prioridad buscar y conocer sus principios a través de
una profunda reflexión.
La incapacidad para dominar los principios que rigen a la
defensa personal debe ser para quienes practican este arte el
peor de los defectos, por el contrario, debe ser la
característica más resaltante de su personalidad.
Aquellas personas que practican defensa personal pero que
por diversas circunstancias no hacen de ese arte una forma de
vida, pueden alcanzar las habilidades de un experto, pero esa
forma de lograr un repentino y azaroso dominio no es
garantía de que en todo momento y circunstancias podrán
mantener ese nivel.
¿Pero cómo hacer de la defensa personal un modo de vida?
El entrenamiento es una constante en la vida, aplicando las
premisas de las artes marciales en todas las áreas personales
y los conocimientos como una ciencia a la cual deben dedicar
seriedad.
La destreza en el arte de la defensa personal va siempre
acompañada con una sólida personalidad.
Los individuos que carecen de personalidad basada en
principios claros y bien definidos son víctimas de la falta de
carácter, no pudiendo controlar sus impulsos ante las
provocaciones y dejándose influenciar ante infinidad de
acontecimientos y personas.
Estas personas carentes de carácter, con el paso del tiempo
terminan dándose cuenta de que no han logrado sus objetivos
por no haber adquirido la facultad de regular sus propios
actos a través de los principios de conducta que desde sus
comienzos debieron trabajar.
¿Y cómo lograr dominar los principios?
Es prioritario tener como complemento a la práctica
continua, seria y dedicada, una vida intelectual de similares
características.
La práctica física y el desarrollo intelectual son claves para
el correcto análisis y la aplicación efectiva de los
movimientos.
En ciertas circunstancias donde inevitablemente la defensa
debe ser aplicada, esta debe estar basada en la actitud y la
confianza, las cuales adquieren verdadero significado cuando
se sustentan en el conocimiento y la certeza de que se podrá
aplicar los conocimientos con suma efectividad, y que
atiende a los actos y conductas moralmente aceptadas para sí
mismo y la sociedad.
Seguir este camino lleva a que el practicante se haga acreedor
de una fuerza espiritual que le hace perseverar más allá de los
límites de resistencia común.
¿Cómo se pueden adquirir los principios de la defensa
personal?
Hay algo muy evidente y es que, si bien es necesario ponerse
bajo la tutela de expertos en el área, no hay garantías de que
se obtendrán todos los principios o que se dominarán a la
perfección.
Un factor que deteriora la práctica es la falta de carácter en el
individuo, jamás se alcanzará tales dominios por más
expertos que siga e imite durante años si la actitud no permite
profundizar en el estudio y la comprensión sobre los puntos
fuertes y débiles de cada técnica, por lo tanto y como
reflexión final, se puede asumir que la iniciativa nunca está
ausente en la personalidad del practicante, aunque esta sea
autodestructiva.
Prácticamente los principios serán develados a quienes por
su cuenta y sus reflexiones puedan abrir las puertas.
Luego no basta con que estos sean descubiertos, deben ser
asimilados para que puedan surgir sin esfuerzo y como una
respuesta natural a la situación.
DESAROLLAR AL MÁXIMO EL POTENCIAL
DEFENSIVO

Debemos partir de la base que el arte de la defensa personal


se ejerce sobre seres humanos con fines de preservar todo
aquello que valoramos.
Los factores como el control y la supremacía sobre otras
personas perpetúan el estado que uno pretende preservar.

¿Qué principios sostienen estos factores?

Es necesario enumerar como principios la inteligencia


aplicada a la técnica, la actitud y el instinto de supervivencia.

Hay tres pautas que con el tiempo y su práctica conducen al


perfeccionamiento de la defensa personal y son:

1. Tener iniciativa aplicada a todo lo referente a la


defensa personal y el mejoramiento constante.
2. Buscar siempre que el entrenamiento sea cada vez
más eficaz.
3. Mantener siempre la confianza por sobre todas las
cosas y situaciones que se presenten.

Quienes ejercen su derecho de aplicar la defensa personal


profesan la premisa de que “nacemos libres y soberanos de
nuestra vida”.
Esta premisa es muy importante para quienes procuran su
seguridad y la de otros, y no por ello se ha de cometer abusos
en nombre de ella. Por eso aquí van tres preguntas que de
seguro podrán guiar al practicante sobre los derechos y
límites con respecto a las libertades:
¿Hasta cuándo y cuánto es suficiente?
Esto se refiere a la medida correcta de tolerancia hacia un
agravio y aplica también al contraataque que se debe dar.

¿Dónde y en qué circunstancias amerita realmente aplicar la


defensa personal y hasta donde es justificada la respuesta
defensiva según la circunstancia?

¿En qué punto una respuesta defensiva pasa de ser una


respuesta justa a un abuso de poder?

Saber valorar la gravedad de la situación y anticipar las


consecuencias de los actos es una prioridad para los
practicantes de la defensa personal.
No es prudente tomar una acción defensiva y no saber los
límites, para eso es necesario evaluar la situación y las
posibles soluciones viables a tomar.
Siempre, toda defensa personal en su raíz ha de ser humana,
ningún practicante tiene más derechos sobre otros, mucho
menos tienen derecho de humillar física o mentalmente a otro
ser humano.
La arrogancia y la brutalidad merecen el peor de los
desprecios por parte de los practicantes del arte de la defensa
personal.
Todo acto de violencia que no aplique directamente a una
defensa justa es ajeno a la premisa que mueve la defensa
personal.
En definitiva, la defensa personal debe ser aplicada con
juicio, razón y respeto hacia los seres humanos. Evitando
caer en la vanidad, el exceso de confianza y la subestimación
de las habilidades del agresor.
La defensa personal no debe aplicarse por gloria o
reconocimiento sino para preservar la vida y todo lo que ella
representa.
La defensa personal no es una utopía sino una fuerte
convicción de quienes toman en serio este camino, todo acto
de violencia para el practicante es ante todo el último recurso
a tomar procurando que sea el menos perjudicial dentro de la
efectividad. Pero es una realidad que, en el momento
requerido, toda la energía, toda la habilidad y todo el carácter
deberán ser desplegados a su máximo exponente
condicionado por el entrenamiento adecuado, es decir, una
formación adecuada de la mente y el cuerpo.
CÓMO CONSEGUIR QUE LA DEFENSA SEA
EFECTIVA

La fuerza interior es el impulso que caracteriza a las personas


que están por encima de los demás y es reflejada hacia el
exterior cuando por diversos mecanismos manifiesta su valía.

La responsabilidad que el practicante debe asumir es la de


buscar los medios adecuados que le permitan estimular su
fuerza interior.
¿Pero... qué es la fuerza interior?
La fuerza interior es un estado de conciencia que hace a toda
persona actuar de tal manera que sus habilidades terminan
superando a la de su par.
La fuerza interior suele nombrarse como arrojo o
determinación, pero sin pasar al extremo de testarudez o
inconsciencia.
Se ve quien tiene esa fuerza ya que siempre está listo y
capacitado para sobrellevar el conflicto y salir airoso, pero lo
que pocos saben es que durante años ha estado preparándose
en todos los niveles y áreas de su persona, dando el máximo
de su potencial en cada entrenamiento siempre con sinceridad
y pasión para conocerse a sí mismo y descubrir sus
debilidades y fortalezas.
La buena práctica lleva al practicante en la defensa personal a
desarrollar formas y movimientos templados que terminan
incorporándose a su carácter.
Estos atributos toman un valor cuantioso cuando el
practicante se encuentra ante circunstancias apremiantes.
Otra prioridad en la formación de una practicante en el arte
de la defensa es la cortesía. La cortesía en situaciones donde
la mayor parte de la sociedad reaccionaria con descontrol
indica una clara señal de que el practicante está preparado
para resolver conflictos, no siente presión por parte de la
situación que se le ha planteado porque su conocimiento y
experiencia lo respaldan.
La premisa de que un sentimiento permita estimular la fuerza
y energía interior se basa en el concepto de dignidad humana.
A través de este mismo sentimiento el practicante promueve
la buena fe de todas las personas y dirige sus actuaciones
procurando cuidar la dignidad de cada persona con la que
trata. Y otros factores que un practicante tiene en cuenta son:
estar siempre alerta pero no caer en la paranoia de la
persecución, no dejarse humillar, pero tampoco reaccionar
inapropiadamente ante los intentos de provocación y
asegurarse que su primera impresión desaliente todo intento
de dominio por parte del agresor sobre su persona.
VENCER CON LA VOLUNTAD

El instinto es fundamental para intuir o percibir los


movimientos que hará el agresor, esta es la verdadera clave
para desarmar a un agresor, si el practicante carece de ese
instinto o le falla en el momento que lo necesita, sus
movimientos serán inapropiados y seguramente fuera de
tiempo.

Lo que permite al practicante tener timing es la mente calma.


La calma en medio de una tormenta solo se logra asumiendo
su lugar y participación en esa situación, así el instinto se
vuelve reflejo y acciones acertadas.

Lo que hace que la mente se perturbe es la inseguridad y la


arrogancia, ambos factores son productos internos que son
afectados por factores externos y que distorsionan la correcta
evaluación de la situación.

La percepción, así como la fuerza interior es un estado de


conciencia y cuanto más pura se mantenga la mente más
efectiva se vuelve la aplicación de la defensa.

Es un grave error caminar distraídos o con aires de


superioridad, despreocupación o inseguridad, siempre se
debe conducir con templanza, serenidad mental y emocional.
Si hay temas para pensar y resolver es mejor hacerlo en un
lugar donde se pueda bajar la guardia.

Moverse de esta manera y sumado la cortesía, el practicante


se convierte en un ser el cual se le debe respetar.
La fuerza interior y la intuición son la clave para la
adaptación a la situación, permiten una rápida movilidad y
adecuación de la actitud, objetivos y prioridades para
aprovechar los puntos flacos que ha dejado el agresor y
golpearlo con la técnica más contundente.
FORMACIÓN Y DISCIPLINA

¿Cuál es el ideal al que un practicante en el arte de la


defensa personal debería aspirar?

¿Qué opciones tomar cuando la vida muestra que la


violencia parece reinar en las calles de una ciudad?

Quizás el practicante debería aspirar a llegar a no temerle a


nada y a nadie, de esa forma respondería a las dos
preguntas... ¿pero... acaso el carecer de temor no pondría al
practicante a merced de un camino ya trazado por el agresor?
Temas como este hace que un practicante deba ser dedicado
y llevar un entrenamiento adecuado que le permita conocerse
a sí mismo.
Cada practicante tiene su propia personalidad y sus propias
tendencias naturales, por lo tanto, debe reconocerlas para
lograr equilibrarlas, estar bien consigo mismo y que pueda
aprovecharla en cada decisión que asuma.
El practicante que realmente se domina a sí mismo está
seguro de sus palabras y acciones, esto le permite conservar
el respeto hacia los demás.
Si comete un error no tiene inconveniente en solicitar
disculpas, pero jamás se rebajará a la disculpa humillante
porque él sabe que lo más importante en la formación y la
disciplina es la disposición a superar el error.
Porque sabe que nadie está a salvo de caer en falta el
practicante de la defensa personal se cuida de reaccionar con
ira y hostilidad ante las ofensas que son lanzadas contra él.
Sin perder la franqueza en sus palabras cuida su tono de voz
y las palabras a utilizar como respuesta, con serenidad y
templanza aclara la situación para dar una nueva oportunidad
a que se le dirija con cortesía.
El practicante en el arte de la defensa personal es quien más
que otro debe mantener la calma y hacer uso de la cortesía,
de esa forma evita cualquier malentendido y a su vez ya da
razones sobradas para no incurrir en la práctica ofensiva
tanto física como verbal.
Mantener una cortesía sin sinceridad es como entrar a un
laberinto; no se sabe si se saldrá airoso de esa situación, en
cambio cuando la cortesía tiene como fundamento la
sinceridad consigo mismo y hacia el otro, el practicante
puede ir estableciendo las pautas y las evaluaciones de cómo
evoluciona la situación sin correr el riesgo de caer en falsas
especulaciones.
Saber expresarse con sinceridad nada tiene que ver con
revelar las intenciones y movimientos antes de tiempo, ser
sincero y cortez significa admitir que existe una dificultad,
pero no perder el control de la situación.
CÓMO DISUADIR UN CONFLICTO

La agresividad es algo inadmisible para su persona y cuando


entiende que hay un agravio se ve en la obligación moral de
repudiar tal hostilidad de forma directa y voluntaria. El
problema surge cuando lo que se hace para frenar el agravio
se aplica con mucha severidad y eso afecta la dignidad de la
persona, cuando la agresividad es verbal y la respuesta es
verbal, esta puede ser adecuada o puede herir la sensibilidad
del agresor provocando reacciones aún más violentas y si la
agresión es física y la respuesta en lo físico es
desproporcional esto puede acarrear problemas legales.
El fin de un entrenamiento en la defensa personal es preparar
al practicante para disuadir el conflicto en el último nivel de
dificultad o sea la agresión física, pero antes existen dos
niveles de situación de conflicto que es prudente que el
practicante por lo menos reconozca para prevenir la
situación.
El más básico es el nivel de la intención, en este nivel no se
sabe si hay predisposición por parte de alguien para
comenzar una agresión o tan solo es un estado emocional
que no necesariamente terminará en agresión, en cada lugar y
momento en que nos cruzamos con personas, el potencial
está presente, los desencadenantes son infinitos y como no se
puede prever la reacción de los individuos a cada paso que se
da, es que se recurre a las medidas básicas de seguridad y
prevención, estas incluyen: estar en calma y atento y
mantener la conducta bajo los parámetros de dignidad y
cortesía. Cuando el conflicto es ya evidente y se ha
determinado que el agresor tiene intenciones hacia uno, se
comienza con la segunda etapa, de prevención y seguridad,
que dependerá de lo comprometida esté la integridad
personal, es decir; si la situación amerita o no actuar de la
siguiente manera; seguir con la calma y con la cortesía
buscando descubrir el móvil de su acto para entender la
necesidad que le impulsa a actuar de esa manera y así bajo la
humanidad llegar a su entender y disuadirlo de su intención.
A modo de ejemplo voy a relatar un episodio de mi vida, no
para aburrir ni postularme como experto, solo lo haré porque
aplica perfectamente a este tema:
Era un día de primavera, hacía dos semanas la empresa en la
cual trabajaba había cerrado y yo opté por caminar por la
rambla un hermoso lugar de la costa de la capital del
Uruguay. Eran alrededor de las cinco de la tarde.
Tomé la decisión de sentarme a ver el mar, de repente mi
instinto me hizo mirar hacia atrás por mi hombro izquierdo y
mi vista se fijó en un joven que caminaba por la acera de
enfrente, entonces me dije: “va por el otro lado no hay un
cruce y pasan muchos vehículos de seguro no cruzará y
mucho menos vendrá hacia mí”. Como ya podrás intuir, este
joven no solo cruzó la cera, sino que vino hacia mí. Cuando
me percaté de la situación él ya estaba sentado a mi derecha,
pero antes que pudiera si quiera sorprenderme sacó de uno de
los bolsillos de su pantalón un arma calibre 38 la colocó entre
sus piernas y la cubrió con su mano derecha dejando el caño
apuntando hacia mí, entonces algo nervioso me dijo: “Dame
la plata y no te pasa nada”.
Supe al instante que no había movimiento que no me
comprometiera gravemente en esa situación y al instante
cualquier idea fue descartada de mi mente, entonces me
calmé y con tono de voz sincero le dije: “No tengo problema
en darte dinero, pero no tengo, estoy en cero”. El joven se
alteró y me contestó: “ Dame la plata porque no estoy
jugando”, en ese momento levanté levemente mi tono de voz
y reafirmando mi idea con seguridad agregué: “Yo tampoco
estoy jugando, te estoy hablando con la verdad”, su tono de
voz cambió, seguía alterado pero con cierto grado de
comprensión dijo: “No te puedo creer”, y yo continué
diciéndole: “acaso voy a estar arriesgándome a discutir
falsamente en esta situación”, pero el agresor se negaba a
aceptar la realidad: “No puede ser que no tengas nada”, y o
volví a insistir; “hagamos una cosa, revísame si tanto
desconfías de lo que te digo”, su reacción de desconfianza le
llevó a decir: “yo no soy ningún policía para revisarte,
revísate los bolsillos”, yo comencé a cacharme los bolsillos
delanteros, pero cuando toqué mi lado derecho dudé por un
segundo ya que tenía mi documento de identidad, ese titubeo
hizo que el maleante se alterara y me dijera: “¿Qué tienes en
ese bolsillo?”, a lo cual respondí: “Solo mi documento de
identidad y una tarjeta para entrar libre al cine”, mi respuesta
no le convenció y me increpó; “¡quiero verlo ahora!”. Yo
tranquilo introduje mis dedos y saqué el documento y la
tarjeta, “es todo lo que llevo encima”, con cara de
descreimiento volvió a decir: “No puede ser”, ahí quise tomar
la dirección del asunto y le dije: “Te voy a ser sincero, hace
dos semanas mi mujer y yo estamos sin empleos y no
sabemos qué vamos a hacer”, hubo un espacio de silencio y
aproveché a decirle: “¿y a ti qué te llevó a tener que hacer
esto?” Este joven, que no tendría más de veinticinco años,
inclina su cabeza y me confiesa:
“soy panadero y tengo dos hijos, estudié para eso es lo que
me gusta y sé hacer, la panadería cerró y mi mujer no trabaja,
no quiero hacer esto de asaltar, pero mis hijos están primero”.
Luego de eso hablamos algo más yo le dije que me tenía que
ir, él se volvió a alterar por mi repentina excusa sintiéndose
una vez más amenazado, la verdad es que me estaba
empezando a poner incómodo su presencia y no quería que
se me fuera de las manos la situación, él supo que la excusa
que le di era falsa, con gestos de nerviosismo me dijo:
“Quédate diez minutos sentado y luego vete”, de inmediato
se levantó y se alejó del lugar. Sin duda tuve errores en el
manejo de esta situación desde no oír a mis instintos de
supervivencia hasta los pensamientos que me delataron, pero
también debo confesar que fue mi primer encuentro de este
tipo.

El practicante en el arte de la defensa personal tiene la


responsabilidad de conocer el área de la humanidad, en-
tender lo que nos hace iguales y aquello que mueve a las
personas, para salvaguardar la dignidad de los que tiene
frente a él hay que saber moverse con cortesía y respeto ante
el enemigo, y reconoce que las necesidades insatisfechas
superan toda lógica de comportamiento.
LA PRUDENCIA EN LA DEFENSA

Una defensa es efectiva cuando los conocimientos y


habilidades están alineados con los acontecimientos de forma
tal que el practicante puede desarrollar todo su potencial
técnico y táctico. Logrando pasar del razonamiento eficaz a
la aplicación precisa de forma intuitiva.
Ya anteriormente hablé sobre la iniciativa, ahora quiero
enfatizar lo importante que es conocer los principios de los
golpes y movimientos.
El practicante del arte en la defensa personal debe tomar esta
disciplina como algo cotidiano, pero no rutinario, para
utilizar las técnicas de forma adaptable y con iniciativa.
El mayor logro está en poder unificar cuerpo y mente con los
principios y no pasar años repitiendo y reteniendo en su
mente infinitas formas de un mismo principio.

La defensa personal tiene un solo fin, aunque en distintos


ámbitos parezca lo contrario.

La fuerza puede ser dirigida a cada uno de los puntos


vulnerables del cuerpo pero no por eso ha de ir a cualquier
punto al azar.

La sistematización de golpes y movimientos sirve para que el


practicante aprenda a controlar su cuerpo y a darle una
dirección a su fuerza.

La mente es la que localiza los objetivos y distorsiona la


interpretación de los sucesos en el campo de batalla.

La energía requerida para afrontar una situación se puede


dispersar o concentrar por estas cuestiones.
La experiencia y el conocimiento otorgan a la conciencia
sabiduría para tomar las decisiones y hacer que el practicante
desarrolle su poder personal. La humanidad y prudencia son
normas garantistas para que el practicante no sienta la
tentación de abusar de su poder, y no se vuelva tirano ni
atraiga la desgracia para sí mismo y los suyos.
CÓMO APLICAR LA DEFENSA PERSONAL

La creencia, la fuerza y la confianza deben estar bien


enraizadas en el practicante antes de cualquier intento de
aplicar seriamente las técnicas y tácticas defensivas en una
situación real.

Cuando el practicante logra la formación en el sentido amplio


de la palabra la aplicación de los conocimientos y habilidades
no serán esfuerzos antinaturales. Una vez se consigue este
nivel de maestría, el resto consiste en captar el momento
oportuno para ejecutar un movimiento y las intenciones del
agresor para anticipar sus futuras acciones. En esta
anticipación se encuentra la clave necesaria para tomar el
control de la situación y la voluntad del agresor.

¿Cómo atacar a quien está siempre un paso adelante?

¿Cómo intimidar a quien sabe cómo acontecerá el futuro?

¿Cómo desalentar a quien no es presa de sus pasiones?

El practicante que logra comprender y aplicar los principios


que regulan estos factores se convierte en seres a los cuales
no conviene enfrentar.

Al dejar de lado las pasiones, el practicante puede enfocarse


únicamente en lo que es prioritario. Con sangre fría se coloca
fuera de su persona, toma la agresión como un
acontecimiento o pasaje dentro de unas series de
circunstancias, la cual debe resolver para seguir en su vida
cotidiana. Su mirada es fría, no se aparta de su rol de
defensor ya que es parte de su carácter y forma de vida.
Jamás emplea la amenaza como medio de defensa ya que
comprende que estando fuera de la cortesía solo logra
incrementar la cólera del agresor.

No habla demás, no demuestra excesivo sentimentalismo y


no exagera en sus ademanes y gestos, por el contrario, se
muestra sobrio, preciso, sincero y firme. Pero solo la
correcta práctica en el arte de la defensa personal puede dejar
luego de años de formación tales virtudes impresas en el
carácter.

Algo imprescindible a la hora de aplicar la defensa personal


es saber valorar el grado de inseguridad o riesgo que
realmente el practicante tiene ante una situación de agresión,
para eso es imprescindible conocer de antemano que es y no
es prudente hacer en cada situación, hay cosas básicas que
seguramente se repetirán o se asemejaran en cada
enfrentamiento y en esas situaciones básicas es donde el
practicante podrá perfeccionar la aplicación de los principios.

Si se pudiera establecer una línea divisoria entre lo


predecible y lo cambiante se debería basar en las reacciones
de ataques básicos, todo fuera de ese margen englobaría en
mayor o menor medida lo impredecible y aquí es donde el
carácter toma un papel determinante en la defensa, para
mantener la calma mental y conectarse con la intuición
defensiva, y para no dejarse arrastrar por la presión de las
circunstancias. Por este motivo la calma y el instinto son
claves para sobrevivir a la agresión.

Al conocerse a sí mismo el practicante se ve capaz o incapaz


de tomar ciertas resoluciones ante el conflicto que se
presenta, su conciencia de la situación y sus capacidades le
permiten optar por la decisión más viable.
Al dominar su carácter no siente pasión por el conflicto y
esto le permite enfocarse en encontrar la manera más viable
de salir airoso de esa situación.
Todo éxito en la defensa gira en torno a los factores de la
educación y adiestramiento físico y mental. El sistema de
entrenamiento y el mejor maestro no bastara para que el
practicante esté realmente preparado para aplicar una defensa
efectiva en una situación de conflicto crítico si no tiene la
sincera voluntad y el deseo personal de mejorar sus
reacciones para ese tipo de circunstancias.
Una vez que el practicante asume su responsabilidad está
pronto para comprender adecuadamente los principios.

Uno de los principios en la defensa personal consiste en


eliminar la resistencia del oponente, esta resistencia
obviamente se encuentra en el plano físico como en el plano
mental, la prioridad reside en saber cómo quebrar la voluntad
o resistencia del agresor para que sus movimientos se
vuelvan ineficaces y así ganarle con una mejor estrategia y
no por fuerza bruta, la cual hace que el agresor se sienta
inclinado a no atacar o si decide hacerlo, entre con dudas y lo
haga con menos celeridad. Para eliminar su resistencia física
necesita encontrar las tácticas y técnicas precisas para el tipo
de ataque que el agresor aplica. La convicción de que se
logrará encontrar la mejor técnica nace de reconocer que
podrá con la situación, esta fuerza interna surge de
desarrollar autoconocimiento y las habilidades que consigue
gracias al estudio y práctica de las estrategias, tácticas y
técnicas. A eso se le suma la comprensión de la naturaleza
humana y los motivos por el cual se revelan las narraciones y
las motivaciones.
Es importante que el practicante entienda que no existen
técnicas o movimientos imbatibles, sino practicantes que
aplican las técnicas y movimientos adecuados en el lugar y
momento oportuno.
Habiendo entendido y dominado los trabajos de
desplazamientos, distancias y direcciones el practicante de la
defensa personal está en condiciones de comenzar a
experimentar con las distintas variantes para captar la esencia
de la adaptación a las infinitas formas de resolver una
situación que puede tener los conflictos, como ya he
mencionado en otras oportunidades los factores más comunes
que influyen en una situación son: el ambiente, el ámbito, las
circunstancias y la situación personal.
Por ámbito me refiero al lugar geográfico específico de ese
lugar, por ambiente me refiero a el “clima familiar, laboral,
de pareja, etc.” que rodea a esa situación y por circunstancia
me refiero a los desencadenantes del momento, por la
situación personal me refiero a los estados que se producen
internamente producto de la historia personal y que
determinan conductas hacia una situación. Estar en
conocimiento y dominar estas áreas permite tomar mejores
decisiones de acción, estas cuestiones las he detallado en mis
libros, El arte de crecer y El cuerpo también habla. Esta
percepción lleva a la decisión de actitudes y acciones que si
no son acordes a lo que en realidad sucede puede que el
desenlace no sea el deseado.
El practicante prudente debe formularse las preguntas
correctas y buscar las decisiones más acertadas.
LA DEFENSA PERSONAL NO ES UN
ESPECTÁCULO

Es fundamental para el practicante entender que todo


movimiento o técnica tiene que aprovecharse del principio
del menor esfuerzo, pues la simplicidad de los movimientos y
la economía de fuerza permite una rápida recuperación y
sobre todo garantiza que ante oponentes más fuertes siempre
habrá mejores posibilidades de ganar.
La energía debe siempre aplicarse a situaciones y
oportunidades concretas tanto sea para golpear como para
salir de la línea de ataque, sin derrochar energía mental y
física en acciones que no dan resultados ventajosos, y
compromete la integridad personal.
La complejidad de los movimientos alarga el tiempo de
reacción y dificulta enfocarse en lo que es realmente
importante, que es predecir las intenciones del agresor y
entender la situación.
Quienes hacen movimientos espectaculares y complejos
dominan la técnica (en ambientes controlados) donde una
falla no compromete irremediablemente su vida.
A lo largo de mi camino en este mundillo de las artes
marciales he visto personas que entrenan esperando lograr
seguridad personal, muchos insisten en aprender técnicas
espectaculares, sin entender que la simplicidad, aunque poco
atractiva para la vista, permite tener mayor porcentaje de
éxito en términos defensivos.
En lo personal desisto de entrenar a quienes insisten en seguir
un camino de búsqueda del dominio del arte de la defensa
por esa vía porque el objetivo de la defensa no se consigue
andando por la vía de la complejidad.
LA DEFENSA PERSONAL EN TRES ÁREAS Y TRES
NIVELES

He determinado tres niveles a estas tres áreas: el nivel de un


aficionado o novato, el nivel de un aprendiz y el nivel de un
experto.
Poder defenderse adecuadamente depende íntimamente en
qué nivel se encuentre el practicante.
Comúnmente se entiende que la defensa personal pasa por
saber evitar un golpe o reducir físicamente al agresor, pero
poco se estimula la premisa de saber controlar la situación y
dominar al potencial agresor antes de que este efectivamente
tome una acción física contra él.
La violencia no surge con el primer golpe físico o emocional
que se recibe, es necesario que el practicante tenga en cuenta
los indicios de potenciales agresiones cuando formule
estrategias defensivas.
Los planos en los cuales una agresión ocurre inicialmente son
en el emocional y afectivo.
Si el practicante no está preparado para responder
asertivamente ante estos ataques perderá el control de sus
emociones y será él quien termine agrediendo
desmedidamente al provocador.
Hoy antes de escribir este capítulo, en el informativo, en la
crónica policial, anunciaban que un oficial del ejército por
cuestiones de vecindad hirió gravemente de un tiro con su
arma de fuego reglamentaria a un civil. Me pareció
interesante tomarlo como ejemplo para que el lector pudiera
entender que las emociones imperan ante la razón y estas
pueden afectar hasta el buen juicio de un especialista en el
combate como es un oficial del ejército.
La destreza, la experiencia y el sistema de entrenamiento,
aunque estricto, quedan sobrepasados al perder el buen juicio
de la razón.
SOBRE LAS EMOCIONES

Las emociones en un nivel de inexperto dentro de las artes


defensivas se caracterizan por manifestarse como inestables y
explosivas antes las provocaciones. Cuando estas emociones
desbordan al practicante, la razón es cubierta por un manto
de irracionalidad y sus acciones físicas quedan a merced de la
situación y a disposición de quien se encuentre bajo control.
Las emociones en un aprendiz dentro de las artes defensivas
están sujetas a control, y cuando estas intentan dispararse el
practicante tiene las herramientas psicológicas suficientes
para apaciguarse y mantener la claridad mental ante la
situación.
El practicante que logra la maestría dentro de su área
emocional se caracteriza por mantener una actitud saludable
y una inteligencia que le permite controlarse bajo
circunstancias adversas.
SOBRE LA RAZÓN

El aprendiz en esta área corre con el peligro de caer bajo


objetivos de una organización o instructor, más influenciable
se hace el practicante a estas razones cuando se encuentra en
un nivel emocional inmaduro.
Las razones que solo sirven a intereses ajenos coartan y
atrofian las potenciales habilidades que el practicante tiene
para desarrollar.
Si bien el novato tiene la necesidad y la obligación de
adoptar un camino como propio y aceptar la guía de un
instructor, debe comenzar una búsqueda de sus propias
razones.
Quienes no logren esta independencia, cuando se encuentren
sin esas guías serán fácilmente absorbidos por las
circunstancias.
Quienes logran avanzar y llegar a un nivel de experto, tienen
un sello característico, la autonomía.
SOBRE LO FÍSICO

El nivel de un aprendiz es característico por tener un


cierto dominio de los conceptos técnicos y tácticos y un
avanzado control y desarrollo de su cuerpo.

El nivel de un experto es característico por tener las


habilidades adecuadas para dominar a un agresor fuera de
ámbitos controlados.

Sobre el cuerpo recaen las emociones, los pensamientos y las


ideas, por eso cuanto mejor se encuentre preparado el
practicante mejor podrá aprovechar sus condiciones físicas,
con el entrenamiento podrá dominar su cuerpo y adaptar sus
posturas y expresiones corporales a la situación.
EL PRINCIPIO DEL MOVIMIENTO

El objetivo del movimiento en las aplicaciones de las


técnicas y tácticas es la fluidez, los antiguos maestros nos
recuerdan que las técnicas han de tener las características de
las olas del mar, en su forma de entrar, envolver, golpear y
retirarse.
La naturaleza del ser humano es estar siempre en movimiento
partiendo desde lo más esencial que es la permanencia del
equilibrio, el cuerpo por naturaleza no puede mantenerse por
mucho tiempo en quietud, inevitablemente el arte de la
defensa debe acoplarse a esta naturaleza, el equilibrio es una
constante de perderse y recuperarse.
Un buen acondicionamiento muscular acorde a las
posibilidades personales permite al practicante llevar su
entrenamiento a niveles superiores, afectando directamente a
la movilidad, flexibilidad, la potencia y el equilibrio.
SOBRE LA RUTINA DE ENTRENAMIENTO

Cuando nos referimos a la rutina pensamos que es un proceso


tedioso pero necesario.
Lo vemos así porque la mente escapa a la atención continua y
el esfuerzo por mantenerla genera estrés, pero al mismo
tiempo es necesario porque la repetición genera reflejo
mecánico y una respuesta rápida a la situación.
Cuando la mente ve los ejercicios de entrenamiento como
algo rutinario se comienza a descuidar la atención sobre los
principios que rigen la defensa personal, haciendo que la
repetición se vuelva vacía en contenido.
El practicante que diligentemente vela por la comprensión y
aplicación de los principios defensivos y no se queda en
repetir formulas huecas, se encuentra en posición de estudiar
la situación con la mente calma pudiendo prestar la adecuada
atención a los movimientos del agresor. Como está en calma
y esta calma le permite dedicarse a la observación y
evaluación de los movimientos del agresor es que puede
analizar y resolver correctamente sobre las medidas a tomar y
predecir en qué momento intervenir.

Algunas pautas generales que el practicante debe considerar


en la observación es determinar con que ventajas o
desventajas, tanto física como de ubicación y situación se
encuentra, distinguir claramente cuando el agresor está en un
estado entre un punto vulnerable por descuidado natural o
provocado generarle dudas en el momento de ejecución y en
el punto de contacto.
Cuando el practicante ejercita sus movimientos y técnicas
bajo la guía de las estrategias y los objetivos tácticos, la
rutina como monotonía queda en el recuerdo. La repetición
de las mismas técnicas y movimientos bajo la perspectiva de
distintas situaciones y compañeros de práctica logra unificar
los criterios básicos con la improvisación táctica.
Saber aplicar un principio a través de las técnicas no significa
que necesariamente todos tengamos que terminar aplicando
golpes o movimientos físicos, los conflictos deben detenerse
antes de que estos se materialicen en actos físicos,
aprendiendo a evitar caer bajo tetras de los oponentes y saber
transpolar los principios al terreno de lo intelectual y social
permite evitar los conflictos físicos.

Es importante que el practicante introduzca a su rutina de


entrenamiento ejercicios de prevención de conflicto basados
en la comprensión de la naturaleza humana y la anticipación
de eventos desencadenantes por medio de la correcta
interpretación del lenguaje físico que permite reconocer el
estado emocional o postura ante la situación, a esto se le
conoce como el principio de seguridad.

La naturaleza de los conflictos proviene de las necesidades


humanas, a mayor urgencia o sensación de la misma, mayor
gravedad de la situación que se tiene enfrente y menores
límites posee el agresor.
FALACIAS SOBRE LOS GOLPES A NERVIOS Y
GANGLÍOS

Pocos son los nervios y ganglios que realmente están tan


expuestos sobre la superficie del cuerpo como para que un
golpe de puño o patada afecte de forma permanente a quienes
se les golpee en esas zonas, ya que hasta los nervios y
ganglios más expuestos se encuentran entre capas de
músculos que los protegen de lesiones irreparables.
Los músculos son blandos por naturaleza y considerando que
los nervios también lo son, un traumatismo por golpe de
puños y patadas y mucho menos por presiones con los dedos
se hace muy poco efectivo.
El máximo logro que puede suceder al golpear en estos
puntos de mayor exposición de los nervios y ganglios es que
provoquen en quien es golpeado o presionado un fuerte dolor
agudo, el cual también es relativo porque dependerá mucho
de quien ejerce la presión o el golpe (lo que signifique esa
persona para quien recibe el ataque) y en qué momento o
circunstancias suceda el acto. Pero el traumatismo o las
secuelas mitificadas por tantas películas o artes están
totalmente lejos de la realidad.
Por lo tanto, un golpe de puño o patada puede ser totalmente
tolerado por cualquier persona, si las condiciones son dadas,
sin importar si tiene entrenamiento para soportarlo, pues la
subjetividad juega un papel muy importante. Es verdad que el
entrenamiento aumenta la tolerancia a los golpes, pues el
umbral de dolor aumenta y que la precisión al ejecutar
técnicas acrecienta las posibilidades de generar los efectos
buscados, pero no son garantistas de que se consigan las
relaciones causales deseadas. También es verdad que ciertas
zonas del cuerpo pueden ser afectadas y provocar
incapacitaciones si los golpes tienen la contundencia
suficiente para generar traumatismos. Es así como las
técnicas que buscan afectar la rodilla, el desplazamiento de la
masa encefálica, el corte de la respiración, la afectación de
las glándulas lagrimales, entre otras pueden prescindir del
condicionante psicológico al momento en que la técnica
afecta la zona, pero la carga subjetiva puede incrementar la
intensidad del dolor por contacto efectivo cuando acompaña
el movimiento previo al golpe (ademanes). A su vez el dolor
provocado por el golpe o presión indirecta a los nervios no se
magnifican por tener tal procedencia ya que hay zonas
sensibles en el cuerpo que si se presionan o golpean pueden
provocar igual o mayor dolor gracias a que hay una mayor
cantidad de los receptores de dolor. Básicamente para
estimular los receptores de dolor se deben generar golpes o
presiones agudas. Estos golpes y presiones estimulan
(simulan la incisión de un corte que viola la integridad del
cuerpo, la mente lo sabe y la señal eléctrica se interpreta
como peligro, haciendo que se reaccione retirando el
miembro expuesto) los receptores de dolor quienes toman esa
señal la transforman en señal eléctrica, la dirigen a los
nervios y estos llevan esa señal al cerebro, pero la señal va
siendo amortizada por cuatro puertas principales constituidas
por neuronas que la van degradando hasta que llega al
cerebro, la intensidad que estas cuatro puertas permiten
circular está regulada por distintas zonas del cerebro
relacionada con la memoria, la afectividad, las emociones y
la lógica, entre otras que determinan que tan grave es el
compromiso que genera tal situación o acto para resolver
retirarse o postergar el acto.
La señal de dolor en la medida en que llegue al cerebro podrá
ser reactor de diversas respuestas en la conducta de la
persona que lo padece, desde la intensidad del dolor hasta
como asimilarla he interpretarla, todo dependerá de la
vivencia, el contexto en que se da la situación, de donde
proviene el estímulo y las prioridades de quien está siendo
afectado. Una misma persona que sienta un dolor en una
zona determinada del cuerpo, en distintas situaciones o en un
distinto contexto lo asimilará de distinta manera. Alguien
que recibe un golpe de puño dos veces con la misma
intensidad y en la misma zona del cuerpo pero quien
proporciona ese golpe en primera instancia es un allegado y
en el otro caso es uno totalmente desconocido, el mismo
dolor será interpretado y asimilado de distinta manera y por
lo tanto la reacción será totalmente distinta, más complejo se
vuelve si se le suma el contexto en que se fueron dando los
sucesos que desembocaron en ese episodio y la situación
emocional y personal de quien recibe el golpe en ese
momento.
El acostumbramiento diario de las neuronas a recibir el
estímulo de los receptores, en este caso los de dolor, es uno
de los factores causantes de que el dolor se sienta menos que
en momentos o zonas del cuerpo donde no se acostumbra a
sentir ese dolor.
Otra forma es estimulando otros receptores y en mayor
cantidad, a modo de ejemplo es el masaje shiatsu, que trabaja
sobre todo el cuerpo activando los receptores de presión los
cuales al final terminan sobrepasando los de dolor en una
zona específica. Si hay algún efecto de desmayo al presionar
las áreas más sensibles de los receptores de dolor no es por
otro motivo que la no tolerancia al dolor y no otro suceso que
comprometa al nervio o al ganglio.
En líneas generales esto es lo que sucede: un ESTÍMULO (E
encerrada en el círculo rojo), que en este caso a modo de
ejemplo puede ser una presión aguda, es aplicada en una
zona del cuerpo donde los Receptores (R encerrada en
círculo relleno color de amarillo) son más sensibles, ese
Estímulo es asimilado Por el Receptor adecuado, en este caso
el Receptor de dolor y transforma esa señal en corriente
eléctrica la cual es transportada por los N.R. (línea de color
gris inferior) o Nervios Receptores hacia el cerebro pasando
por cuatro bases donde se gradúa su intensidad, una vez en el
Cerebro la información se valora y clasifica según factores ya
mencionados y la decisión es enviada hacia los Músculos (M
dentro del circulo pintado de color verde) por vía de los
Nervios Motores N.M. (línea superior de Color gris).
El sistema nervioso está muy bien protegido, el cuerpo se
aseguró a sí mismo la mejor forma posible de proteger su red
principal de comunicación con el exterior de posibles
traumatismos, el cuerpo de por sí es muy resistente y puede
hacerse muy tolerable a las sensaciones, la única forma de
comprometer a un nervio es si se arremete directamente por
perforación o traumatismos directos como cortes profundos,
así que a menos que el practicante se haga experto en el
manejo de cuchillas, afectar el sistema nervioso tan solo con
sus dedos o manos le será imposible. Lo que humanamente
un practicante puede aspirar es a infringir un insoportable
dolor que haga desistir de la intención al agresor o en caso
extremo dejarlo fuera de combate, pero no dejarle secuelas
permanentes o diferidas en el tiempo, que afecten al sistema
nervioso. Si se busca provocar dolor agudo se deben emplear
técnicas específicas en áreas específicas, en líneas generales
las zonas donde el ser humano carece de bello por naturaleza
poseen los puntos más sensibles del cuerpo, en brazos y
piernas esas serían las caras internas. Para provocar el mayor
dolor posible tanto a si sea a través de un golpe, presión o
pellizco la acción ha de tener la menor área de contacto
posible para que la señal de dolor se concentre en unos pocos
receptores de dolor y este se sienta desbordado. Para cada
zona receptiva aplica mejor un golpe agudo, una presión o un
pellizco y dentro de la gama de golpes agudos algunos
aplican mejor que otros en áreas determinadas. Esto se debe a
que los receptores más sensitivos se pueden encontrar en la
piel (a la cual a plica un pellizco), en los músculos
superficiales (la cual aplican según la zona un golpe agudo
mejor que otro y en algún caso un pellizco puede funcionar)
y en los tendones (a lo cual aplican determinados golpes
agudos y manipulación de articulaciones). Existen receptores
en todo el cuerpo, hasta los intestinos están repletos de ellos,
reconocer en donde se ubican las zonas más sensitivas y
como afectarlas es una tarea de mucha dedicación al
conocimiento anatómico y al perfeccionamiento de las
formas más adecuadas y efectivas de activarlas.
Predisponer la mente del agresor a sentir dolor a través del
juego del miedo ayudará a que este sienta a su máxima
intensidad el estímulo provocado, esto es algo que el
practicante debe reflexionar por su cuenta.
CIEN POR CIEN UNA ZONA MORTAL

En este capítulo es mi intención ser poco elocuente, no deseo


que el lector se pierda en palabras explicativas si no que
pueda ver la seriedad de este asunto. En lo que a
continuación el lector va a ser participe consciente de aquí en
más puede que afecte su sensibilidad, pero ha de entender
que ante todo se está ante un estudio de cómo aprovechar la
vulnerabilidad del agresor quien no es más que nuestro
prójimo fuera de sus cabales.

Una vez el lector lea lo que a continuación pondré no tendrá


vuelta atrás en lo que se refiere a la seriedad con que debe
asumir el arte de la defensa personal, ninguna excusa será
válida ante la advertencia que encierra el conocimiento.

Existe una zona del cuerpo que es totalmente vulnerable a


golpes agudos y que en manos expertas se convierte en la
llave para darle paso al agresor al sello de la muerte, en otras
zonas del cuerpo ciertos golpes pueden traer consecuencias a
corto, mediano y largo plazo pero ninguna con la certeza que
garantiza golpear esa zona en cuestión, solo el porcentaje de
riesgo de muerte disminuye en esa zona cuando se carece de
destreza técnica o no se golpea con la técnica adecuada pero
inevitablemente el agresor quedará fuera de combate al
instante pese a no aplicar la técnica en cuestión y sin
tratamiento urgente las secuelas pueden ser muy graves.

Quisiera decir que estoy siendo algo sensacionalista pero la


verdad es que tan solo un simple golpe de puño certero puede
dejar como saldo a una persona muerta.
El área a la cual hago alusión es la que expone el yugo-
carótida, cualquier punto que se golpee agudamente en esa
zona y logré quebrar esa arteria para que el ángulo provocado
no permita el paso de sangre en cuanto recupere su posición
natural un coagulo se formará siendo el causante de la muerte
instantánea de esa persona y la condena de quien propició el
golpe.
ÁREAS DE MÁS SENSIBILIDAD PARA
RECEPTORES DE DOLOR
Y
ZONAS ALTAMENTE PELIGROSAS

1. El nervio supra-orbitario, se encuentra justo debajo de


la órbita superior del ojo, donde sí se palpa con un
dedo se puede sentir una pequeña hendidura, la
correcta activación de los receptores de dolor
irradia un agudo dolor que se extiendo hacia el
cuero cabelludo.

2. El nervio de arnol se encuentra a ambos lados en


continuación con la nuca en la unión del cráneo
justo donde comienza el cuero cabelludo, la
estimulación correcta de los receptores de dolor
irradian para el cuero cabelludo.

3. La glándula parótida ubicada justo debajo del lóbulo


de la oreja, la correcta estimulación da un fuerte y
agudo dolor localizado.

4. Ángulo maxilar inferior, justo donde se produce una


inserción muscular la estimulación de los
receptores de dolor en esa zona provoca un agudo
dolor localizado.

5. Punto de llegada de la arteria temporal, justo por


donde corre en conducto auditivo, la estimulación adecuada
produce un dolor agudo y localizado.
6. La vía aérea, justo en la zona gelatinosa, si se logra la
ruptura de ella puede provocar la muerte por asfixia, de no
ser así puede provocar desvanecimiento por interrupción de
oxígeno.

7. El paquete Vascular yugo-carotideo, esta zona si se


golpea correctamente produce una lesión traumática de la
caja interna con trombosis de la arteria. El daño provoca la
muerte súbita.

8. Entre los músculos epitrócleas, dolor localizado.

9. Arteria umbral y nervio medio, estos se ubican en el


pliegue del codo en la cara interna, el dolor es producido por
los receptores de dolor del nervio y si se provoca un corte el
sangrado es importante.

10. Nervio ciático, se encuentra debajo del glúteo.

11. Terminación del nervio ciático, en la articulación


poplítea.

12. Arteria pedia, se encuentra entre los dedos mayor y


anular del pie (arco plantar).

13. Arteria cubita, se encuentra rente al hueso cubito


cerca de la terminación de la muñeca.

14. Arteria radial, se encuentra frente al hueso radio cerca


de la terminación de la muñeca.

15. Los golpes y presión directa en cualquier parte


gelatinosa del ojo estimulan los receptores de dolor que
posee.
16. Sobre el músculo cleido-mastoideo, se puede golpear
o pellizcar para activar sus receptores de dolor, en algunas
personas el dolor produce desmayo.

17. Tendones de la mano provocan dolor localizado.

18. Articulación de la muñeca provoca dolor localizado.


CONCLUSIONES

La defensa personal es el acto estudiado, medido y


controlado que permite al practicante preservar lo que
considera de gran valor, para lograr este fin, el practicante
cuenta con técnicas de golpes que buscan dejar fuera de
combate al agresor.

La meta de todo practicante al perfeccionar las técnicas de


golpes es poder tener la certeza de que será efectiva en su
cometido, pero la realidad es que a ciencia cierta el efecto
nunca podrá ser adivinado.
La relación causa y efecto enfocado al resultado que una
técnica de golpe pueda traer sobre el cuerpo de una persona
no es válido incluso para un experto.
Todo practicante en algún momento escuchó o escuchará de
los efectos que traen ciertas técnicas de golpes en zonas del
cuerpo, algunas de temer, pero la realidad demuestra que es
poco probable que se consiga lo buscado.

Es muy importante desmitificar la idea de que las técnicas de


golpes de las artes marciales (cuales quieran sean) son
infalibles, porque de ser así el practicante que por años
trabaja y perfecciona esas técnicas puede descubrir con la
dura realidad que el efecto tan promovido por las teorías no
es ciertas, lo cual traerá dudas en el interior del practicante,
que afectaran su concentración y desempeño defensivo. Por
eso el practicante debe conocer los efectos reales de una
técnica de golpe y las probabilidades de que se manifiesten
en situaciones complejas.
Para que esa evaluación sea confiable, el practicante debe
aprender a evaluar correctamente la situación y el contexto
en que se presenta el altercado físico, y discernir quien tiene
mayor predisposición a soportar un golpe, y quien tiene la
mayor cantidad de energía propinada en un golpe.
La práctica de las técnicas, el desarrollo de masa muscular y
el incremento en la velocidad potencia las probabilidades de
que se manifieste el efecto buscado, pero no es garantía de
ello porque estarán limitadas principalmente por la capacidad
del oponente en soportar, amortiguar por bloqueos,
movimientos o posturas el ataque que reciba.
Es prudente considerar que el oponente tiene un cierto grado
de tolerancia a los golpes y que está en constante
movimiento, eso dificulta la correcta aplicación de una
técnica de golpe sobre un punto específico, por eso el sentido
de oportunidad es crucial para que los golpes lleguen a la
zona expuesta, y dominar la distancia para que el movimiento
técnico libere correctamente la energía sin que está quede
bloqueada o dispersada por las tácticas del oponente.
Hay momentos en la lucha donde una técnica de golpe tiene
mayor oportunidad de alcanzar el objetivo, que otra, pero
cada situación de lucha es única en sí misma, haciendo
imposible predecir lo que funcionará tratando de hacer
futurología antes y fuera del combate, ¿qué será efectivo y
qué no?, por este motivo todo se reduce a tres simples
premisas: estudio, práctica y confianza.
Sobre el autor

Álvaro Umpiérrez nació en Montevideo Uruguay.


A los 12 años se vinculó a las artes marciales y la filosofía.
A los 27 años su carrera en las artes marciales tuvo un gran
despegue convirtiéndose en reputado articulista de revistas
especializadas y participando en eventos promovidos en la
IMM sobre bienestar y salud.
Nominado al premio Victoria Alada (2016)
Galardonado por el premio Espíritu Guerrero (2017)
Reconocido por la junta de Extremadura por desarrollar un
proyecto pionero de inclusión social (2018).
Con varios libros publicados, ponencias y talleres.

Conoce otras obras del autor en:

www.facebook.com/viadelguerrero