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COMENTARIO

Kahl K autsky. BERN STEIN UND DAS SOCIALDEMO-


KRATISCHE PROGRAMM. EIN E AN TIKRITIK*

. . . Kautsky formula en el prólogo algunas ideas justas y


muy valiosas sobre los requisitos que debe llenar una crítica seria
y escrupulosa, si quienes la emprenden no quieren encerrarse
en el marco estrecho de la pedantería y el escolasticismo sin
alma; sino quieren perder de vista el íntimo e indisoluble vínculo
que une la “razón teórica” y la “razón práctica”; no la razón
práctica de los individuos, sino de las masas de la población
colocadas en condiciones especiales. Por supuesto, la verdad está
por encima de todo —dice Kautsky—, y si Bemstein llegó a la
convicción sincera de que sus viejas opiniones eran erróneas, su
deber inmediato era expresar tal convicción con toda claridad.
Pero la desgracia es que Bemstein no es directo ni preciso; su
folleto ofrece un asombroso carácter “enciclopédico” ( como ya
lo señaló Antonio Labriola en una revista francesa), encara
superficialmente una serie de problemas, infinidad de cuestiones,
pero sobre ninguna de ellas el crítico expone sus nuevas opi­
niones en forma integral y definida. ,Se limita a . expresar sus
dudas y deja a un lado, sin someterlos a ün estudio personal, los
problemas difíciles y complicados. De» ahí surge —observa sar­
cásticamente Kautsky— una situación muy extraña; los partida­
rios de Bemstein interpretan el libro de muy diversas maneras,
en tanto que todos sus adversarios lo entienden del mismo modo.
La réplica esencial que Bemstein opone a sus adversarios con

* Karl Kautsky. Bemstein y el programa socUddemócrata. XJna anti­


critica. (Ed.)
C O M E N T A R I O 197:

siste en decir que no lo comprenden, qué no quieren compren»


derlo. Toda una serié de artículos escritos por Bemstein en
diarios y revistas respondiendo a sus adversarios, no arrojaron
luz alguna sobre sus conceptos positivos.
Kautsky comienza su anticrítica por -el problema dél método.
Examina las objeciones de Bemstein sobre la concepción mate­
rialista de la historia, y demuestra que confunde la noción de
“determinismo” con la de “mecanicismo”, que confunde el libre
albedrío con la libertad de acción, que identifica, sin ningún
fundamento, la necesidad histórica con la situación sin salida
de los hombres víctimas de la compulsión. La remanida acusa­
ción de fatalismo, que Bemstein repite, ya ha sido refutada pol­
las propias premisas de la teoría histórica de Marx. No se puede
reducir todo al desarrollo de las fuerzas productivas, dice Bems­
tein. También hay que “tener en cuenta” otros factores. Muy
bien, responde Kautsky, pero eso es lo que debe hacer todo
investigador, cualquiera sea la concepción de la historia que
lo guíe. Quien pretenda obligarnos a renunciar al método de
Marx, que tan brillantemente se ha justificado y se justifica en
la práctica, debe elegir entre dos caminos: o renuncia por com­
pleto a la idea de las leyes objetivas, de la necesidad del proceso
histórico —y entonces arroja por la borda todas las tentativas de
dar a la sociología una base científica—, o bien debe demostrar
cómo, partiendo de otros factores (por ejemplo, de concepciones
éticas), se puede llegar a la conclusión de que el proceso histó­
rico es inevitable, debe demostrarlo por un análisis que sea
capaz de resistir por lo menos una comparación remota con el
análisis que hace Marx en E l capital. Pero Bemstein no realiza
el menor intento en ese sentido; por el contrarió, como se limita
al insustancial lugar común de “tomar en cuenta” otros factores,
continúa sirviéndose en su libro del viejo método materialista,
¡cómo si no lo hubiera declarado insuficiente! En algunos pasa­
jes —como lo destaca Kautsky—, ¡Bemstein llega a aplicar ése
método con la tosquedad y la arbitrariedad más, inadmisibles!
Además, las acusaciones de Bemstein se dirigen contra la dialéc­
tica, la que, supuestamente, conduciría á construcciones arbi­
trarias, etc., etc. Bemstein repite esas frases (de las que ya
están aburridos hasta la náusea los lectores rusos) sin hacer
la menor tentativa de demostrar en qué consiste la falsedad de la
dialéctica y si Hegel, o Marx y Engels son culpables de érrorés
198 V. I. LENIN

metodológicos (y exactamente de qué errores). E l único medie


por el cual Bemstein pretende justificar y fundamentar su punte
de vista, es el de señalar el “carácter tendencioso” de uno de lew
párrafos de las conclusiones de E l capital (sobre la tendencia
histórica de la acumulación capitalista). Esta acusación ya está
muy gastada; fue formulada por Eugen Dühring, por Julius Wolf
y por muchos otros, en Alemania; fue presentada también —agre­
garemos por nuestra cuenta— por el señor I. Zhukovski en la
década del 70 y por el señor N. Mijailovski en la del 90 (el mismo
señor Mijailovski que en otro tiempo, por idéntica razón, acusó
al señor I. Zhukovski de acrobacia). ¿Y qué pruebas alega
Bemstein en apoyo de este gastado desatino? Sólo la siguiente:
Marx inició sus “investigaciones” mediante conclusiones prepa­
radas de antemano, ya que E l capital llega en 1867 a las mismas
conclusiones que Marx había enunciado ya en la década del 40.
Semejante “prueba” constituye en definitiva una tergiversación
—dice Kautsky—, ya que Marx basó sus conclusiones, no en una,
sino en dos investigaciones, como él mismo lo indicó exnresa-
mente en el prefacio a Zur Kritik (cfr. traducción rusa: Crítica
d e algunas tesis d e econom ía p olítica)*. Las primeras investi­
gaciones fueron realizadas en la década del 40 después de que
Marx dejó Iajnedacción de Rheinische Zeitung26. Marx había
salido de la Redacción porque debía hab’ar de intereses mate­
riales y reconocía su falta de preparación para ello. De la escena
pública me retiré al gabinete de estudio, escribía Marx con ese
motivo. De esa manera —subraya Kautsky, aludiendo a Bems­
tein—, Marx, si bien dudó de la validez de sus juicios sobre los
intereses materiales y de la validez de las opiniones corrientes
en aquella época, sobre esta cuestión, no juzgó que sus dudas
fueran lo bastante importantes como para escribir sobre ellas
un libro entero e informar a todos y a cada uno. No, Marx se
propuso estudiar, para- pasar de las dudas sobre las viejas con­
cepciones, a nuevas concepciones positivas. Se puso a estudiar
las teorías sociales francesas y la economía política inglesa. Se
vinculó con Engels, quien en esa época efectuaba un detallado
estudio del estado real de la economía nacional en Inglaterra.

* Zur Kritik: primeras palabras del titulo de la obra de Marx, Zur


Kritik d er politischen O ekonom ie (Contribución a la crítica d e la econom ía
política)} Lenín alude aqui a la edición rusa de 1896. (Ed.)
C O M E N T A R I O 199

El resultado de este trabajo en común, de esta prim era Investi­


gación, fueron las conocidas conclusiones que los dos escritores
expusieron con toda claridad a fines de la década del 40*. A
partir de 1850 Marx se estableció en Londres, y las condiciones
favorables que la vida en esa ciudad ofrecía a sus ocupaciones
científicas lo decidieron a “emprender el estudio de este pro­
blema desde el com ienzo y proceder a la elaboración crítica de
nuevos materiales” (Crítica d e algunas tesis, 1* edición, pág. X I**.
E l subrayado es nuestro). El fruto de esta segunda investiga­
ción, que se prolongó durante muchos años, fueron las obras
Zur Kritik (1859) y D as Kapital (1867). Las conclusiones a
que llega E l capital concuerdan con las conclusiones anteriores,
las de Id década del 40, porque esta segunda investigación con­
firmó el resultado d e la primera. “Mis concepciones, sea cual
fuere el juicio a que se llegue sobre ellas, son el resultado de
concienzudas investigaciones que duraron largos años, escribía
Marx en 1859 ( ib íd ., pág. X II)* * * . ¿Acaso —exclama Kautsky—
estas conclusiones parecen preparadas mucho tiempo antes que
las investigaciones?
Del tema de la dialéctica, Kautsky pasa a la cuestión del
valor. Bemstein dice que la teoría de Marx es incompleta, que
en ella subsisten muchos problemas “que no han sido aún ente­
ramente aclarados”. Kautsky ni piensa en negarlo: la teoría de
Marx —dice— no es la última palabra de la ciencia. La historia
aporta hechos nuevos y nuevos métodos de investigación que
exigen que se persista en el desarrollo de la teoría. Si Bemstein
intentara basarse en hechos nuevos y en nuevos métodos de
investigación-con vistas a; continuar desarrollando la teoría, todo
el mundo le estaría reconocido. Pero Bemstein no ha pensado
en eso; se limita a lanzar acusaciones gratuitas contra los discí­
pulos de Marx, a formular observaciones confusas, eclécticas,
como esa de que la teoría de la utilidad marginal de la escuela
de Gossen-Jevons-Bohm no es menos justa que la teoría marxista
del valor-trabajo. Las dos teorías -d ic e Bemstein— conservan
su importancia dadas sus distintas finalidades, ya que Bohm-

* Lenin se refiere al M anifiesto ¿leí Vertido Comunista escrito por


C. Marx y F . Engels y editado en 1848. (Véase C. Marx y F . Engels,
Obras escogidas, ed. d t., 1957, págs. 9-39.) (Ed.)
* * Véase C. Marx y F . Engels, Obras escogidas, ed. dt., pág. 241. (Ed.)
Id ., ibíd., pág. 242. (Ed.)
200 V. JL L E X I X

Bawerk tiene tanto derecho a hacer abstracción a priori de esa


propiedad de las mercancías —la propiedad de ser producidas
por el trabajo—, como Marx de hacer abstracción de la propie­
dad que poseen de ser útiles. Kautsky señala que es un absurdo
considerar que dos teorías opuestas, que se excluyen la una a la
otra, son válidas por perseguir objetivos diferentes (y Bernstein
no dice, además, qué objetivos son los que dan validez a una
u otra teoría). La cuestión no consiste, de ninguna manera, en
saber de qué propiedad de las mercancías tenemos el derecho
de hacer abstracción a priori (von H ause aus), sino en saber
cómo explicar los fenómenos esenciales de la sociedad actual,
basada en el intercam bio de productos, cómo explicar el valor
de las mercancías, la función del dinero, etc. Si la teoría de
Marx deja muchos problemas sin aclarar, la teoría del valor
de Bernstein es un problema que no está aclarado en absoluto.
Bernstein cita además a Buch, quien creó el concepto de la
“densidad máxima” del trabajo, pero no ofrece una exposición
completa de la posición de Buch y no revela concretamente su
propia opinión sobre el tema. Buch se embrolla visiblemente
en contradicciones y presenta al valor como dependiente del
salario y al salario como dependiente del valor. Bernstein se
da cuenta del carácter ecléctico de sus observaciones sobre el
valor, e intenta una defensa del eclecticismo én general. .Lo
llama “una rebelión del sentido común contra la tendencia inhe­
rente a todo dogma de oprimir el pensamiento en una morsa”.
Si Bernstein recordase la historia del pensamiento —responde
Kautsky—, vería que los que con más vigor se rebelaron contra
la opresión del pensamiento en límites estrechos jamás fueron
eclécticos; qúe, por el contrario, siempre los caracterizó la aspi­
ración a la unidad, a la integridad del/pensamiento. El ecléctico
es demasiado^ timorato para atreverse it rebelarse. En efecto,
si yo reverencio cortésmente a Marx»y al mismo tiempo reve­
rencio cortésmente a Bohm-Bawerk, ¡entre esa actitud y la rebe­
lión hay una gran distancia! ¡Que se me nombre —dice Kautsky—
un solo ecléctico de la república del pensamiento que merezca
el nombre de rebelde!
, Pasando del método a los resultados de su aplicación, Kauts­
ky se detiene en lo que llamamos Zusammenbruchstheorie, teoría
del hundimiento, de la quiebra súbita del capitalismo de Europa
occidental, de esa quiebra que presuntamente Marx juzgaba
c o m e n t a r i o 201

inevitable y vinculada a una tremenda crisis económica. Kautsky


afirma y demuestra que Marx y Engels jamás formularon una
Zusamm enbruchstheorie especial, ni vincularon indefectiblemen­
te el Zusammer^hruch a la crisis económica. Esta es una defor­
mación imputable a los adversarios que exponen en forma uni­
lateral la teoría de Marx, tomando al azar pasajes aislados de
diferentes obras, para caer en seguida victoriosamente sobre el
carácter “unilateral” y “burdo” de la teoría. En realidad, para
Marx y Engels la modificación de las relaciones económicas de
Europa occidental dependía de la madurez y la fuerza de las
clases creadas por la historia moderna de Europa. Bernstein
trata de sostener que ésta no era la teoría de Marx, sino su
interpretación y ampliación por parte de Kautsky; pero Kautsky,
mediante citas exactas, tomadas de las obras escritas por Marx
en las décadas del 40 y del 60, así como con el análisis de las
ideas fundamentales del marxismo, rebate completamente esta
artimaña de Bernstein, que con tanto descaró acüsó a los discí­
pulos de Marx de ser “apologéticos y leguleyos”. Éste pasaje
del libro de Kautsky es especialmente interesante, tántó más
cuanto que algunos escritores rusos ( por ejemplo, el señor Bul-
gákov en la revista N achalo) se apresuraron a repetir esa defor­
mación de la teoría de Marx que Bernstein presentó bajo la
apariencia de una “crítica” (el señor Prokopóvich la adopta
también en su libro E l m ovimiento obrero éri O ccidente, San
Petersburgo, 1899).
KaUtsky examina cón especial detenimiento las tendencias
esenciales del desarrollo económico actual, para refutar la opinión
de Bernstein según la cual dicho desarrollo no sigue la dirección
señalada por Marx. Se comprende que el capítulo L a grande
y la pequ eñ a producción, así como otros del libro de Kautsky
dedicados a un análisis político-económico y que contienen un
amplio material estadístico, no pueden ser transcritos aquí, y
que debemos limitarnos a una breve exposición de su conte­
nido. Kautsky destaca que se trata de la dirección del desarrollo
en general, y no de particularidades y de hechos superficiales,
que no pueden ser estudiados en toda su diversidad por ninguna
teoría. (Esta verdad tan simple y tan a menudo olvidada la
expone también Marx en los capítulos de El capital que se refie­
ren a este tema.) Mediante un detallado análisis de los datos
que proporcionan los censos industriales alemanes de 1882 y
202 V. I. LENIN

1895, Kautsky demuestra que esas informaciones son una brillante


confirmación de la teoría de Marx y dejan a salvo de toda duda
el proceso de concentración del capital y la eliminación de la
pequeña producción. El propio Bemstein, en 1896 (cuando él
mismo —ironiza Kautsky— pertenecía todavía a la corporación
de apologistas y leguleyos, había reconocido decididamente ese
hecho, en tanto que ahora exagera en forma desmedida la fuerza
e importancia de la pequeña producción. Por ejemplo, Bemstein
calcula el número de empresas que tienen menos de 20 obreros
en algunos centenares de miles, “y agrega, al parecer llevado
por su afán pesimista, un cerito de más”, ya que sólo existen
49.000 empresas de ese tipo en Alemania. Por otra parte, ¡¿a
quién no incluye la estadística en el rubro de los pequeños
empresarios?!: ahí están también los cocheros, los mensajeros,
los sepultureros y vendedores ambulantes, las costureras (aun­
que trabajen a domicilio para un capitalista)., efe., etc. Desta­
quemos la observación de Kautsky —importante sobre todo desde
el punto de vista teórico— acerca de que las pequeñas empresas
comerciales e industriales (del tipo de las aue acabamos de
mencionar) son, muy a menudo, en la sociedad capitalista, una
de las formas en que se expresa la superpoblación relativa:
pequeños productores arrumados, obreros que no encuentran
trabajo, se trasforman (a veces temporariamente) en pequeños
comerciantes, vendedores ambulantes, se dedican a subalquilar
piezas y camas ( itambién a esto se llama “empresas” y se las
incluye en la estadística en los mismos rubros que los demás
tipos de empresas!), etc. El hecho de que se multipliquen estas
ocupaciones no revela, de ninguna manera, la vitalidad de la
pequeña producción, sino el aumento de la miseria en la socie­
dad capitalista. Pero Bemstein destaca y exagera lá importancia
de los pequeños “industriales” cuando." considera que dan argu­
mentos en su favor (en el tema de la grande y la pequeña
producción), y los pasa por alto cuando se constituyen en argu­
mentos en su contra (en el tema de la miseria).
Bemstein repite el argumento, conocido desde hace ya mu­
cho tiempo por el público raso, de que las sociedades por
acciones “permiten” fraccionar el capital y “hacen superflua”
su concentración, y ofrece al respecto (cfr. Zhizn, núm. 3, 1899)
algunas cifras sobre el número de pequeñas acciones. Kautsky
responde que esas cifras no prueban nada en absoluto, ya que
C O. M E N T A H I O 203

las pequeñas acciones de diferentes sociedades pueden ser de


propiedad de grandes capitalistas (cosa que el mismo Bemstein
se ve obligado a reconocer). Bemstein no suministra prueba
alguna para confirmar que las sociedades por acciones aum en­
tan el número de poseedores de dinero, y no podría hacerlo, ya
que en realidad las sociedades por acciones sirven para expro­
piar a gente confiada y de escasos medios, en beneficio de los
grandes capitalistas y especuladores. El aumento del número de
acciones sólo muestra que la riqueza tiene tendencia a adoptar
la forma de acciones, pero ese aumento no es en absoluto un
índice de la distribución de las riquezas. En general, Bemstein
trata con suma ligereza el tema del aumento del número de
rióos, de propietarios, lo que no impide a sus partidarios bur­
gueses ensalzar precisamente esta parte del libro de Bemstein
y proclamar que se basa en una “enorme cantidad de material
estadístico”. ¡Bemstein se muestra tan hábil —ironiza Kautsky—,
que concentra esa enorme cantidad de material en dos paginitas!
Confunde a los ricos con los capitalistas, aunque nadie discute
el aumento del número de estos últimos. Toma los datos del
inapuesto a las rentas, y hace abstracción de su carácter fiscal
y de la confusión que presenta entre ingresos provenientes de
la propiedad e ingresos provenientes del sueldo, etc. Compara
datos concernientes a épocas diferentes, y obtenidos por dife­
rentes medios (por ejemplo, sobre Prusia), por lo cual no son
CGtnparables. ¡Llega a extraer cifras sobre el aumento del núme-
rót de ricos en Inglaterra, del artículo de un pasquín que celebra
el jubileo de la reina Victoria y que maneja la estadística con
üna ligereza nec plus ultra! (y destaca esas cifras en gruesos
caracteres, como si fuera ésta su carta de triunfo). No se conoce
la fuente de esta información, y no es posible, tampoco, apo­
yarse en los datos referentes al impuesto inglés a las rentas, pues
tales datos no permiten determinar el número de contribuyentes,
ni el total de los ingresos de cada uno de ellos. Kautsky toma
del libro de Kolb datos sobre el impuesto a la renta en Ingla­
terra en 1812 y 1847, y demuestra que, al igual que los que
Bemstein extrae de aquel periodicucho, indicarían (supuesta­
mente) un aumento del número de ricos, ¡y eso eñ un período
en que crece horrorosamente la más espantosa miseria del pueblo
en Inglaterra! Un análisis minucioso de los datqárde Bemstein
204 V. I. L E NI N

lleva a Kautsky a la conclusión de que Bemstein no ofrece cifra


alguna que demuestre realmente el aumento del número de ricos.
Bemstein trata también de explicar este fenómeno mediante
un razonamiento teórico: los capitalistas, dice, no pueden con­
sumir por sí mismos toda la plusvalía, cuyo monto crece de
manera tan colosal, y por lo tanto, el número de ricos que la
consumen se acrecienta. A Kautsky no le cuesta mucho trabajo
refutar ese cómico razonamiento que ignora por completo la
teoría de la realización de Marx (ya expuesta en la literatura
rusa más de una vez). Pero lo que presenta un especial interés,
es que Kautsky rebate ese razonamiento de Bemstein no sólo
con razonamientos teóricos, sino también por medio de datos
concretos que testimonian el aumento del lujo y del despilfarro
en los países de Europa occidental, la influencia de la moda,
que cambia tan rápidamente y agrava tanto ese proceso, la
existencia de una masa de desocupados, el enorme' aumento del
consumo productivo ’ de plusvalía, es decir, la inversión de
capital en nuevas empresas, en especial del capital europeo en
los ferrocarriles y en otras empresas en Rusia, Asia y Africa.
Bemstein declara que la “teoría de la miseria” o “teoría de
la depauperación” de Marx es abandonada por todo el mundo.
Kautsky demuestra que también esto es una exageración y una
desfiguración propia de los adversarios del pensamiento de Marx,
quien jamás expuso semejante teoría. Marx habló del aumento
de la miseria y de la degradación, etc.; pero al mismo tiempo
señaló la tendencia opuesta y las verdaderas fuerzas sociales que
son las únicas capaces de hacer surgir esa tendencia. Las pala­
bras de Marx sobre el aumento de la miseria están plenamente
justificadas por la realidad: en primer lugar, vemos que efecti­
vamente el capitalismo presenta una, .íehdencia a engendrar y
acentuar la miseria, y que ésta alcapzá enormes proporciones
cuando falta la tendencia opuesta, antes mencionada; en segun­
do lugar, la miseria aumenta, no en el sentido físico, sino en
el sentido social, es decir, ahondando la desproporción entre el
constante aumento del nivel’ de las necesidades de la burguesía
y de la sociedad en su conjunto y el nivel de vida de las masas
trabajadoras. Bemstein ironiza sobre tal concepción de la “mise­
ria”, y dice que se trata de una concepción a lo Pickwick.
Kautsky, en respuesta, demuestra que hombres como Lassalle,
Rodbertus y Engels’ manifestaron claramente que se debe com­
C O M E N T A R IO 205

prender la miseria no sólo en el sentido físico, sino en el sentido


social. ¡En el “Club Pickw ick” —dice replicando a la ironía de
Bemstein—, se reúne, como se ve, una sociedad bastante buenal
Por último, en tercer lugar, las palabras sobre el aumento de la
miseria conservan íntegramente su validez en lo que se refiere
a las “regiones fronterizas” del capitalismo, entendiendo la pala­
bra fronterizas en un sentido geográfico (países donde apenas
comienza a penetrar el capitalismo, engendrando a menudo, no
sólo la miseria física, sino directamente el hambre de las masas
populares) y en un sentido económico-político (el artesanado,
y en general, las ramas de la economía nacional donde aún
subsisten modos de producción atrasados).
El capítulo sobre el “nuevo estamento medio” es especial­
mente interesante e instructivo para nosotros, los rusos. Si Bems­
tein sólo se proponía decir que en lugar de los pequeños pro­
ductores que desaparecen se va creando un nuevo estamento
medio, la intelectualidad, tendría razón —dice Kautsky—, y señala
que hace algunos años él ya había indicado la importancia de
ese fenómeno. En todas las esferas del trabajo que existen en la
nación el capitalismo aumenta con particular rapidez el número
de em pleados, expresa una demanda creciente de intelectuales.
Estos ocupan una posición peculiar entre las otras clases, perte­
neciendo en parte a la burguesía por sus relaciones, por sus
concepciones, etc., y en parte a los obreros asalariados, ya que
el capitalismo, a medida que va privando a los intelectuales de
su posición independiente, los trasforma en asalariados depen­
dientes, y amenaza con rebajar su nivel de vida. Esta situación
de transición, inestable, contradictoria, de la capa social que
examinamos, se refleja en el hecho de que en su seno se propa­
gan más ampliamente esas concepciones indecisas, eclécticas, esa
mescolanza de principios y criterios contradictorios; esa aspira­
ción a elevarse a los dominios de la retórica y a esfumar con
bellas frases los conflictos qué enfrentan a los grupos históricos
d e la población, características éstas que tan despiadadamente
fustigó Marx con sus sarcasmos hace ya medio siglo.
En el capítulo sobre la teoría de las crisis, Kautsky demues­
tra que Marx no expuso “teoría” alguna sobre el ciclo decenal
de las crisis industriales, sino que se limitó a dejar constancia de
«n hecho. La modificación de este ciclo en el curso de los últi­
mos años fue observada por el propio Engels. Se dice que los
206 V. I. LENIN

cártels de empresarios pueden impedir las crisis, limitando y


regulando la producción. Pero he ahí que Norteamérica es el
país de los cártels y allí, en lugar de una limitación de la pro­
ducción, se observa un enorme aumento de ésta. Es más, al
limitar la producción para el mercado interno, los cártels aumen­
tan la producción para el mercado exterior, vendiendo en él aun
con pérdida y haciendo pagar precios de monopolio al consu­
midor de su propio país. Con el proteccionismo, este sistema es
inevitable; y no existe motivo alguno para esperar que el sistema
proteccionista sea remplazado por el del libre comercio. Al cerrar
las pequeñas fábricas, al concentrar y monopolizar la produc­
ción, y al introducir mejoras, los cártels agravan considerable­
mente la situación de los productores. Bernstein piensa que la
especulación que engendra las crisis se debilita a medida que
las condiciones indefinibles del mercado mundial se trasforman
en condiciones definibles y conocidas; pero olvida que esas con­
diciones “indefinib’es” de los países nuevos, dan un enorme
impulso a la especulación en los viejos países. Kautsky demues­
tra, con datos estadísticos, el aumento de la especulación en el
curso de los últimos años, asi como también la acumulación de
síntomas anunciadores de una crisis en un porvenir no muy
lejano.
Del resto del libro de Kautsky destaquemos, además, su
análisis del error en aue suelen caer quienes confunden (coma
lo hace el señor S. Prokopóvich en la obra citada) la puianza
económica de ciertos grupos con sus organizaciones económicas;
señalemos la observación de Kautsky, acerca de que Bernstein
erige las condiciones puramente circunstanciales de una situación
histórica dada, en ley general; la refutación de las opiniones
erróneas de Bernstein sobre la esencia.'de la democracia, y la
aclaración de un error estadístico de pernstein que compara el
número de obreros industriales en Alemania con el número
de electores, pasando por alto la nimiedad de que no todos
los obreros gozan en Alemania del derecho al voto (sino sólo los
hombres mayores de 25 años1), y que no todos participan en las
elecciones. Al lector interesado en la significación del libro de
Bernstein y en la polémica provocada alrededor de él, no pode­
mos menos que recomendarle con insistencia que recurra a la
literatura alemana, y que en caso alguno confíe en estos infor­
mes tendenciosos y parciales de los partidarios del eclecticismo
C O M E N T A R IO 207

que dominan en la literatura rusa. Hemos oído decir que se


piensa traducir al ruso parte del libro de Kautsky que bemo?
examinado” . Sería muy conveniente, pero no suplantaría el
conocimiento directo del original.

Escrito a fines de 1899. Se publica de acuerdo con el


Publicado por primera vez en manuscrito. ^
1928 en Léninski Sbóm ik, V II.