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Epílogo

Reinventar lo público desde el diálogo de saberes

Este libro configura un aporte sustancial para entender, desde un prisma distante de las
concepciones hegemónicas en la academia, las dinámicas de lucha y las disputas en torno a
lo público que signan la realidad contemporánea de América Latina y el Caribe. Un
continente éste que, desde la perspectiva de los pueblos y clases subalternas que lo han
forjado y habitan, ha sido renombrado como Abya Yala, Patria Grande o Nuestra América,
todos ellos significantes que cargan una historia en común y una identidad cultivada al
calor de las resistencias contra el despojo, la violencia y la explotación de un capitalismo
neocolonial asentado en un entronque de patriarcados, y cuya unidad en la diversidad fue
moldeada borgeanamente más a partir del espanto que del amor. Los capítulos que integran
esta compilación auscultan el subsuelo de nuestras sociedades, hurgando en sus recovecos y
márgenes para identificar, tornar comprensibles y potenciar aquellos procesos de creación,
fortalecimiento y/o recuperación de lo público que, difícilmente, salgan en las tapas de
diarios o los programas de televisión, salvo que acontezcan en ellos actos “delictivos” o
represiones monumentales.
Se adentran por tanto en territorios fronterizos y periféricos, caracterizados por el mestizaje
y lo abigarrado, por la resistencia y el enconado compañerismo entre pares e iguales, que
aspiran al reconocimiento de las diferencias y a la supresión de todo tipo de desigualdad,
rasgos éstos que, por paradójico que parezcan, son centrales en la configuración de una
esfera pública que tensiona las formas tradicionales en las que se la concibe, en la medida
en que desde sus variadas condiciones subalternas buscan de conjunto democratizar lo
público, y lograr que devenga una instancia participativa y popular, comunitaria y
desburocratizada, contraria a las lógicas mercantiles y corporativas: en tanto trabajadores/as
estatales y usuarios/as de servicios públicos que combaten su privatización y ensayan
formas alternativas de gestión, pobladores de barriadas populares que apuntalan embriones
de poder popular en sus espacios vitales de reproducción, educadores/as y/o estudiantes de
escuelas autogestionadas que resignifican y amplían lo público más allá de lo estrictamente
estatal, comunidades indígenas que defienden su identidad y sus territorios frente al despojo
y la mercantilización de los bienes naturales, movimientos campesinos que aspiran a la
soberanía alimentaria y a una ruralidad a contramano del extractivismo, colectivos
feministas que batallan contra el patriarcado y la violencia hacia las mujeres, cooperativas
de vivienda que construyen a pulso una cartografía urbana antagónica a la gentrificación y
en sintonía con el derecho a la ciudad, medios de comunicación alternativos y plataformas
virtuales que disputan hegemonía a través de redes de contrainformación no
convencionales, y un sinfín más de experiencias con pontencialidad emancipatoria.
Pero su aporte no sólo remite a aquello que visibilizan, a los proyectos que gestan y
apuntalan en los más diversos territorios este crisol de movimientos, comunidades,
sindicatos y organizaciones que se dan cita a lo largo de esta compilación, sino también a la
manera en que deciden hacerlo: a partir de procesos de producción colectiva de
conocimiento que tienen como base la ruptura del vínculo unidireccional y cosificador
“sujeto-objeto” (verdadera columna vertebral de las investigaciones académicas y
mercantiles), y en favor de una relación intersubjetiva, horizontal y de reciprocidad, que
potencia la participación popular y el reconocimiento de esos saberes, tradiciones y acerbos
muy otros que son, al decir de Boaventura de Sousa Santos (2006), “producidos como no
existentes” por la colonialidad del poder. Esta vocación dialógica y de mutuo aprendizaje
-que circunda cada capítulo del libro como la sombra al cuerpo- se asienta en una
pedagogía de la escucha y en la convicción de que el camino a recorrer es tan importante
como el resultado que se pretende generar en el andar colectivo, por lo que medios y fines
se conciben de manera amalgamada y en función de una intencionalidad política que
también es transversal: investigar la realidad, no con un ánimo de mera erudición o
sapienza académica, sino con el propósito deliberado de transformarla.
Hace algunas décadas, en el marco del Simposio Mundial de Cartagena, realizado en abril
de 1977 a instancias del entusiasta hicotea Orlando Fals Borda, y donde se congregaron una
pléyade de intelectuales, científicos/as y activistas de nuestro continente y de otras
latitudes, para intercambiar experiencias en torno a las formas de investigación-acción
ensayadas en diversos territorios y debatir el complejo vínculo entre conocimiento y
revolución, Aníbal Quijano advertía lúcidamente acerca de un flagelo que asolaba a gran
parte de las y los investigadores sociales latinoamericanos, cuya radicalización político-
ideológica no era acompañada en el mismo ritmo y en la misma profundidad por la
reorganización radical de su teórica teoría científica y de sus fundamentos epistemológicos:
“la hibridación de una ideología política de izquierda con una epistemología de derecha”
(VV.AA, 1978).
Por ello, si algo tienen de sugerente los trabajos de este libro es que problematizan este
dilema de manera desprejuiciada, sin dejar de restituir a la praxis su sentido original,
haciendo de ella una brújula orientativa, tanto para la sistematización de experiencias, como
para catalizar el estudio riguroso de repertorios y procesos de lucha, la investigación
comprometida, el relevamiento participativo, las cartografías y mapeos colectivos o la
colaboración y acompañamiento en instancias de auto-reflexión junto a organizaciones
populares de la región. En efecto, lejos de considerar a la preocupación teórica y a las
propuestas de autoeducación como algo residual o secundario, ellos/as nos demuestran que,
aunque suene paradójico, en coyunturas adversas como la que vivimos a escala continental,
o en momentos donde la movilización nos encuentra de manera constante en las calles, los
procesos de formación, de análisis y estudio, de lectura crítica e investigación de la propia
realidad que se pretende modificar, resultan claves y de suma relevancia debido a que, al
decir de Mario Benedetti, frente a los palos de ciego recibidos, no queda otra más que
poder dar palos de vidente, y para ello es fundamental asumir que Marx en su tesis XI no
proponía desechar la interpretación del mundo, sino más bien reconocer que ella no debe
disociarse jamás de la intervención crítico-transformadora en él, por lo que quizás debamos
invertir la frase y postular que para cambiar el mundo es imprescindible a la vez poder
comprenderlo.
Se trata, en suma, de desactivar dicotomías que hemos introyectado en nuestro imaginario
intelectual y militante, en pos de volver a ponderar una enérgica unidad entre teoría y
práctica, ya que, si los ámbitos académicos e investigativos hegemónicos tienden a
privilegiar la reflexión desanclada y el estudio exento de vínculo alguno con el qué hacer
cotidiano de las clases subalternas, los movimientos populares suelen caer en ocasiones en
la dinámica opuesta del “practicismo” y la acción coyunturalista. A contrapelo, los trabajos
que componen este libro son parte de un proceso más amplio, variopinto y prolongado en el
tiempo, a través del cual grupos y colectivos integrados mayoritariamente por jóvenes de
gran parte de Nuestra América -que constituyen a una nueva generación de
investigadores/as comprometidos/as, teóricos/as de base, intelectuales orgánicos/as y
activistas de una ciencia popular, surgida al compás del reciente ciclo de impugnación al
neoliberalismo en la región- asume el desafío de sortear estos vicios y aunar cabeza, cuerpo
y corazón, asumiéndose como aprendices y sistematizadores/as de esas maestras y
educadores colectivos que son los movimientos populares latinoamericanos, sin omitir las
tensiones y dilemas que se presentan en todo proyecto genuino de diálogo de saberes.
El encuentro concretado en Quito, Ecuador, en septiembre de 2017, brindó la posibilidad de
comenzar a (re)conocernos y ensamblar las piezas de este caleidoscopio de resistencias y
tramas vitales que configura nuestro continente. Además de permitirnos socializar miradas,
convidar prácticas y enlazar inquietudes sentipesantes, signadas todas ellas por la
rigurosidad investigativa que no omite la toma de partido ni enmascara la implicación
afectiva, varios fueron los ejes, hipótesis y núcleos problemáticos que surgieron al calor del
intercambio y la discusión fraterna entre las y los participantes. Entre ellos, nos interesa
resaltar aquellos que suponen un reto mayúsculo para quienes aspiramos a potenciar las
luchas en defensa y ampliación de lo público a partir del protagonismo popular, en pos de
redoblar la apuesta por el pensamiento crítico y las modalidades contrahegemónicas de
producción de conocimiento:
En primer lugar, no se trata de optar por uno de los polos de la relación intersubjetiva (ya
sea lo popular o lo “científico”, el saber universitario o el plebeyo, la reflexión o el hacer, la
teoría o la práctica, sentir o el actuar), sino de ensayar articulaciones virtuosas entre ellos,
que se sostengan en el tiempo, y batallen contra los mutuos prejuicios y los lugares
comunes que impiden su (re)encuentro y mutua alimentación bajo formatos que rompan
con el colonialismo intelectual y la cultura imitativa. De manera análoga, tampoco es
posible garantizar el abordaje de lo público en toda su integralidad, desde una única
disciplina o punto de vista epistémico, ensimismado y acorde a una división del trabajo
(social, sexual, de clase y racial) que es compatible con la perpetuación del orden
dominante. Ni siquiera basta con ponderar un ejercicio noble de interdisciplinariedad,
porque supone como puntos de partida a nuestras respectivas “especialidades”, ya que
como suele decirse con sorna, el o la especialista es alguien que sabe casi todo de casi nada.
Las disciplinas disciplinan, pues restringen la mirada y dejan “fuera de foco” a esa totalidad
dinámica, en movimiento y permanente transformación, que es la sociedad en tanto bloque
histórico. Precisamente atendiendo a estas limitaciones, el marxista húngaro Georg Lukács
sugirió hace casi un siglo que “el predominio de la categoría de la totalidad es el portador
del principio revolucionario en la ciencia” (Lukacs, 1985). Varios de los ensayos del libro
nos incitan a enriquecer y actualizar esta categoría desde el prisma de la interseccionalidad,
el atravesamiento de opresiones y la concepción del capitalismo como sistema de
dominación múltiple (que involucra una totalidad de totalidades, donde el racismo, el
patriarcado, el adultocentrismo, el despojo socio-ambiental y la explotación de clase se
condicionan y constituyen mutuamente).
De ahí que las problemáticas que se traslucen en cada entramado construido y/o habitado
por estos y otros movimientos populares latinoamericanos, no puedan sino abordarse desde
la más cruda indisciplina, que implica forjar en palabras de Oscar Varsavsky (1969) una
ciencia rebelde y politizada, por contraste y oposición a lo que este investigador insumiso
supo denunciar como cientificismo. “Cientificista es el investigador que se ha adaptado a
este mercado científico, que renuncia a preocuparse por el significado social de su
actividad, desvinculándola de los problemas políticos, y se entrega de lleno a su carrera,
aceptando para ella las normas y los valores de los grandes centros internacionales,
concretados en un escalafón”, afirma en su obra clásica escrita hace 50 años, pero
sumamente actual para estos tiempos de extractivismo investigativo y capitalismo
académico.
En segundo término, resulta evidente que no cabe caracterizar de manera unívoca a lo
público, ni encorsetarlo dentro de una definición escueta, simplista o excluyente. Lo
público es polifónico y multifacético, plural y heterogéneo, territorio de disputa y arena de
conflicto, contradicción en movimiento, espacio a habitar y condensación de fuerzas, punto
de partida, ciclo vital y horizonte al que aspirar. Las experiencias que se entrelazan en este
libro demuestran además que no es posible reducir lo público a lo estatal, ya que también
ha sido y es moldeado por procesos comunitarios, populares y de socialibilidad que lo
trascienden, aunque tampoco es pertinente disociar ambas dimensiones de forma tajante, ya
que se encuentran unidas por lazos sanguíneos y vasos comunicantes difíciles de
quebrantar. En las disputas en y por lo público, el Estado se presenta como interlocutor,
antagonista, espacio armazón adverso a apropiar y desburocratizar, maquinaria no neutral al
servicio de las clases dominantes y comunidad ilusoria. Es conjunto de aparatos,
cristalización de las luchas y materialidad institucional, pero también simbología e
identidades, arco de solidaridad, redistribución de recursos y concentración de poder,
división del trabajo, tensión constitutiva, mediación difusa y frontera porosa. Es parte del
problema y a la vez parte de la solución, y he aquí su carácter contradictorio configuración
contradictoria, de árbitro arbitrario, que vulnera derechos, pero al mismo tiempo puede
ampliarlos y/o garantizarlos.
Este carácter ambiguo y por ello mismo no monolítico de lo público, ha implicado que
muchas de las iniciativas y proyectos impulsados desde abajo por estos movimientos y
asociaciones de base, hayan sido creados por fuera (e incluso a pesar) de la
institucionalidad estatal, no obstante lo cual, han decidido asumir como central a la lucha
por obtener el reconocimiento por parte del Estado (exigiendo desde fondos, personal y
recursos, hasta incidencia y participación protagónica en la formulación e implementación
de ciertas políticas), sin que ello menoscabe las dinámicas internas de funcionamiento
democrático que signan a las organizaciones sociales del campo popular, ni la
subordinación a las lógicas de la administración y gestión de lo público, que suelen operar
en base a mecanismos jerárquicos, burocráticos y delegativos.
Pero también este carácter contradictorio de lo público supuso que durante este ciclo de
impugnación al neoliberalismo otras experiencias fueran gestadas en el seno mismo del
Estado, a partir de una confluencia de intereses que buscó conjugar coaliciones políticas y
plataformas populares que lograron acceder a ciertos resortes claves del poder
gubernamental, con presión y movilización desde abajo, explorando una estrategia de tipo
intersticial que considera a lo estatal como campo de fuerzas, no neutral pero tampoco en
los términos de una fortaleza enemiga, sin fisuras y plenamente ajena; así como otras
situaciones diferentes en las que la confrontación y ruptura con el Estado es lo que ha
estructurado el proceso de lucha, defensa y resignificación de lo público como bien común,
en la medida en que ha sido y es el principal responsable de atropellos y violaciones
sistemáticas que lo vulneran y desarticulan, u oficia de punta de lanza del proceso de
reestructuración capitalista al interior de sus fronteras, que privatiza, desregula y
descentraliza funciones, recursos y personal, a partir de un neoliberalismo de guerra que
hace del despojo de territorios y derechos una constante.
Dentro del Estado, contra el Estado, sin el Estado, o más allá de él, no configuran por tanto
tácticas opuestas ni estrategias necesariamente enemistadas, sino que tal como demuestran
las investigaciones de las que cada capítulo de este libro es una apretada síntesis, pueden
encontrar puntos de juntura y -no sin fricciones, desencuentros y temporalidades
discordantes- conjugarse creativamente en procesos situados y reales, cabalgando con la
contradicción a cuestas. Si bien el balance no es concluyente, las investigaciones y estudios
que dieron lugar a esta compilación, brindan ciertas pistas e hipótesis sugerentes respecto
de esta delicada dialéctica entre poder propio y poder apropiado, así como de las
limitaciones de concebir la relación entre Estado y mercado en los términos de un juego de
suma cero dentro del cual moverse para disputar y/o defender lo público.
Tal como se sugirió en Quito, en más de una ocasión este movimiento pendular o
dicotómico en tensión, si bien puso en crisis la agenda privatista en buena parte de la región
durante el ciclo de impugnación al neoliberalismo (en particular en aquellas realidades
donde el Estado y sus organismos asumieron un mayor protagonismo en detrimento de las
lógicas mercantiles), restringió los imaginarios políticos posneoliberales con proyección
anticapitalista, antipatriarcal y anticolonial, gestados desde abajo y no emparentados con la
institucionalidad gubernamental, a la par que eclipsó las otras acepciones posibles de lo
público de raigambre comunitaria y/o popular. Más allá de las polémicas que circundan hoy
a las izquierdas en la región acerca de los claroscuros de los gobiernos progresistas, al
momento de ensayar respuestas teóricas y repertorios de acción colectiva posibles frente a
la defensa y democratización de lo público, parece aún vigente aquella máxima de Alan
Knight que sugiere que “no puede haber una alta política sin una buena dosis de baja
política”.
Como último punto, y ligado a lo anterior, cabe destacar que estos proyectos e iniciativas
sistematizadas y desde las que se exploran formas disruptivas de pensar-hacer política en
América Latina y el Caribe, evidencian la necesidad de edificar una nueva gramática de lo
público que, si bien asuma la importancia del Estado y su carácter ineludible al momento de
garantizar derechos e incluso ampliarlos desde una perspectiva universal y
desmercantilizadora, ponga “en cuarentena” tanto los conceptos y matrices aprendidos en
textos y aulas académicas, como las envejecidas consignas eurocéntricas y desarrollistas, y
se anime a explorar desde la praxis colectiva otros sentidos y significados que publiciten
conflictos y utopías, e inauguren escenarios novedosos de vivencia democrática, haciendo
realidad en el presente aquel inédito viable al que aspiraba Paulo Freire. Porque como han
postulado Silvia Federici y George Caffentzis (2018), “uno de los desafíos a los que nos
enfrentamos hoy en día es “conectar la lucha por lo público con aquellas por la
construcción de lo común, de modo que puedan fortalecerle unas a otras”. Y esto, agregan,
es más que un imperativo ideológico, ya que “lo que llamamos ‘público’ es la riqueza que
hemos producido nosotros y tenemos que reapropiarnos de ella”.
Al margen de sus especificidades, prácticamente en todas las investigaciones compiladas
una pregunta que resulta crucial es en qué medida se torna posible ensayar políticas
públicas de carácter participativo, que permitan crear y/o refundar una institucionalidad
que no sólo involucre la necesidad de tornar la gestión pública más permeable a las
demandas y exigencias emergentes desde los movimientos populares, organizaciones
territoriales y comunidades, sino también a retirar del Estado y de los actores privilegiados
(empresariado, élite política, burocracia e intelectualidad académica) el monopolio
exclusivo de la definición de la agenda social, así como de la formulación e
implementación de las políticas públicas.
En diferentes grados, escalas e intensidades, las experiencias que nutren a este libro tienen
en común una misma vocación por instituir un sentido compartido en torno a lo público,
que implica una ardua disputa hegemónica por irradiar al conjunto de la sociedad la
legitimidad de sus prácticas, proyectos, reclamos e iniciativas. Visibilizar aquello que
acontece muchas veces “tras bambalinas” y a distancia de los escenarios tradicionales del
poder, con metodologías participativas y basadas en la producción colectiva del
conocimiento, es algo que no abunda en las investigaciones abocadas al análisis de nuestra
realidad latinoamericana contemporánea. En un contexto incierto y de desazón creciente en
la región, donde el fascismo parece acechar como un loco indómito, el imperialismo no
brinda respiro y las derechas no pierden la iniciativa política, vale la pena celebrar la
publicación de una compilación como ésta, que compromete el pensamiento y piensa el
compromiso desde el diálogo de saberes, sentires y haceres.
Las crisis se nos presentan sin duda como coyunturas traumáticas, pero a la vez constituyen
verdaderas escuelas de conocimiento, momentos propicios para producir teoría crítica y
resignificar las prácticas colectivas; balancear lo vivido, enmendar errores y proyectar
nuevos horizontes emancipatorios, en función de los desafíos que nos depara un presente
tan complejo de asir. Pero al margen de estas tareas impostergables, algo resulta claro: el
límite de todo ajuste no es otro que la reacción de las y los ajustados. Al igual que en
muchos momentos históricos similares -nunca idénticos, por cierto, salvo en clave de farsa
o de tragedia, pero siempre presentes en la memoria popular de manera tal que nos evite
recomenzar de cero- las clases subalternas y los pueblos del continente demostrarán, en la
praxis misma de su experiencia colectiva, cómo se resuelve en esta ocasión el apotegma.
Una vez más, será cuestión que combinar en clave gramsciana el pesimismo de la
inteligencia con el optimismo de la voluntad. Porque como supo advertir Walter Benjamin
en tiempos sombríos, si el enemigo triunfa, ni siquiera nuestros muertos estarán a salvo.

Hernán Ouviña (IEALC-UBA)


octubre de 2018

Referencias bibliográficas
Fals Borda, Orlando (1970) Ciencia propia y colonialismo intelectual, Editorial Nuestro
Tiempo, México.
Federici, Silvia y Caffentzis, George (2018) “Comunes contra y más allá del capitalismo”,
en Caffentzis, George: Los límites del capital. Deuda, moneda y luchas de clases, Editorial
Tinta Limón/Fundación Rosa Luxemburgo, Buenos Aires.
Knight, Alan (1996) La revolución mexicana, Editorial Grijalbo, México.
Lukács, Georg (1985) Historia y consciencia de clase, Editorial Sarpe, Madrid.
Sousa Santos, Boaventura (2006) Conocer desde el Sur. Para una cultura política
emancipatoria, Universidad Mayor de San Marcos, Lima.
Varsavsky, Oscar (1969) Ciencia, política y cientificismo, Centro Editor de América Latina,
Buenos Aires.
VV.AA. (1978) Crítica y política en Ciencias Sociales. El debate sobre teoría y práctica,
Editorial Punta de Lanza, Bogotá.