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3.

El influjo de la deuda en el neoliberalismo

3.1. Foucault y el “nacimiento del neoliberalismo”


De acuerdo a Lazzarato, Foucault omite el tratamiento de la deuda, a pesar de tratarse,
desde fines de la década de 1970, de uno de los principales “dispositivos estratégicos del
gobierno neoliberal” (p. 104). Esta omisión no escapó, dice Lazzarato, al análisis de Deleuze
y su concepto de las sociedades de control: “el hombre ya no es el hombre encerrado, sino
el hombre endeudado”.
Si bien la descripción foucaulteana del homo economicus es cierta, pues efectivamente el
sujeto del intercambio propio del capitalismo ha sido superado por un sujeto empresa o, en
palabras de Lazzarato, un capital-competencia, Foucault no considera que el marco de este
sujeto es el de la “economía de la deuda” (p. 105). A juicio del autor, Foucault se aferra a la
versión industrial del ordoliberalismo a pesar de que en la década de 1970 “surgen y se
afirman una lógica de empresa, financiarizada esta vez, y un capitalismo en el cual el interés
colectivo es representado por los empresarios de las finanzas” (p. 106). La acción neoliberal
moldea al sujeto a través de la economía de la deuda bajo el discurso de la independencia
laboral (“soy mi propio jefe”) y podrá estar más o menos endeudado, ser más o menos
pobre, pero “siempre precario” (p. 108).

3.2. La deuda y su reconfiguración del poder soberano, disciplinario y bipolítico


Si bien Foucault desarrolló un buen análisis del advenimiento neoliberal, “sólo supo prever
en forma muy parcial la reconfiguración del poder soberano, el poder disciplinario y el
poder biopolítico”.

3.2.1 El poder soberano


La economía de la deuda neutralizó la exclusividad del poder soberano de poder destruir y
crear moneda. Las finanzas se apropiaron, dice Lazzarato, “de las funciones de la moneda
bancaria” condicionando incluso la acción de los bancos centrales. “La independencia del
Banco Central frente al Tesoro es, en realidad, el nombre de su dependencia de los
marcados” (p. 113)
“El poder soberano de los Estados se ve gravemente menguado por la intervención de esas
agencias calificadoras, de los inversores financieros y de instituciones como el FMI” (p. 115).
Estas instituciones han formado un bloque cuyo poder ha reconfigurado al poder soberano
a través de la deuda.
3.2.2. El poder disciplinario
De acuerdo a Lazzarato, la economía de la deuda también reconfigura al “más importante
de los poderes disciplinarios”, la empresa, a través del restablecimiento del poder del
accionista sobre “todos los actores de la empresa” (Los accionistas son los únicos “en
beneficiarse con los incrementos de productividad” (p. 116)) y mediante la dependencia de
las empresas con respecto a ingresos financieros (“las inversiones en productos financieros
efectuadas por las sociedades no financieras han aumentado con mayor rapidez que sus
llamadas “inversiones productivas” en máquinas y fuerza de trabajo. La dependencia de las
empresas con respecto a esos ingresos financieros no ha dejado de incrementarse” (p. 118)

3.2.3. El poder biopolítico


Finalmente, la política de la deuda “inviste de lleno lo que Foucault llama bipoder”. “Al
reducir al mismo tiempo los gastos sociales y los impuestos, la política neoliberal del Estado
opera un doble proceso: una transferencia masiva de ingresos hacia las clases más
acomodadas de la sociedad y las empresas, y una profundización de los déficits causados
por las políticas fiscales” (p. 119). En otras palabras, los derechos sociales se transformaron
en deuda y sus usuarios en deudores. Pero, a diferencia de lo que ocurre en el mercado
financiero, el deudor “no tiene que hacer sus reembolsos en dinero contante y sonante,
sino en comportamientos, actitudes, maneras de actuar, proyectos, compromisos
subjetivos, tiempo dedicado a la búsqueda de empleo, tiempo utilizado para formarse de
acuerdo con los criterios dicados por el mercado y la empresa, etc.” (p. 121).