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ABORDAJE NARRATIVO DEL TRAUMA

FRANCISCA CÁCERES PABLO MÜLLER

Monografía presentada en Taller de Terapia Narrativa, Escuela de Psicología, Universidad de Valparaíso. Julio 30 de 2007.

El devenir natural del vivir implica que estemos expuestos a una gran diversidad de

experiencias y situaciones. Ciertas vivencias son más devastadoras que otras. Para describir estas vivencias, dentro del lenguaje del sentido común, la palabra “trauma” se encuentra profundamente arraigada, y conlleva una serie de significados asociados

a las consecuencias de la experiencia, determinando un quiebre en la vida de la

persona, que muchas veces se le otorga un sentido de permanencia e irreparabilidad del daño. Estas vivencias marcan un giro, un cambio en la historia de vida personal de quien ha sufrido aquellas, conformándose un dolor/malestar psicológico asociado a esta vivencia significativa y sus consecuencias. La Psiquiatría y la Psicología Modernas, desde una perspectiva positivista han hecho énfasis en las patologías o problemas que presentan los individuos desde un modelo de déficit. El dolor psicológico y malestar emocional asociados al “trauma” han sido abordados tradicionalmente desde esta perspectiva como un trastorno, una carencia de habilidades en la manera de adaptarse a vivencias devastadoras por parte de la persona o como una incapacidad para integrar estas experiencias en el continuo vital o narrativa autobiográfica. Esto ha llevado al desarrollo de prácticas terapéuticas orientadas a la compensación de ese déficit o disfunción en las capacidades adaptativas de las personas, y a la supresión de síntomas asociados a los recuerdos de las vivencias como una manera de ayudar a las personas a “elaborar” la experiencia traumática. 1 Desde una epistemología socioconstruccionista, la perspectiva Narrativa en terapia cuestiona las prácticas terapéuticas modernas informadas por discursos estructuralistas sobre la vida y la identidad de las personas, proponiendo desde la metáfora del texto una aproximación a la vida de las personas como historias, y un

1 Cornes, J. Manuel; “De la psiquiatría de la pérdida a la psiquiatría positiva”; Rev. Psiquiatría Fac. Med. Barna. 2002; 29(3): 154-166.

conjunto de prácticas terapéuticas que van en la búsqueda de los eventos marginados por los relatos dominantes en la experiencia de vida de las personas, para favorecer la generación de relatos alternativos que validen los conocimientos y habilidades que las personas tienen para hacer que su vida marche según sus preferencias personales. 2 Rodríguez y Mora (2006) señalan, que diversos autores (Kleiman;1989, Rolland; 1993, Walsh, 1989; 2004; Cyrulnik, 2001;2003,2005; Rodríguez, 2005) se han referido a la narrativa como recurso resiliente frente a la perdida. Todos ellos coinciden en que por medio de la narrativa y la re-narración, el ser humano articula las diversas significaciones del trauma, al permitirle crear un sentido de la situación en el que se reconstruyen continuamente significados de los acontecimientos narrados, y se accede a referentes de identidad mucho más amplio sobre la adversidad. Permitiendo a las personas la posibilidad de construir una historia, en la que puedan asignar un orden a las situaciones que experimentaron como traumáticas, abre la posibilidad de explorar discursos alternativos que permitan ampliar los significados, para dar un sentido diferente a la experiencia considerada como traumática y con ello la superación de esta. Dentro de estas diversas perspectivas, Ungar (2004) propone una despatologización de las personas clasificadas en categorías, para poder comprender los procesos de construcción de identidad narrativa por los que alcanzan un bienestar y mitigan el impacto de los sucesos traumáticos de sus vidas. De este modo, propone que la resiliencia es un proceso de negociación entre las personas y sus audiencias, en los que la interdependencia permite la co-construcción de relatos, al posibilitar que la persona, al narrarse un otro, cree y recree los significados que ha aceptado para sus vivencias. 3 Rodríguez y Mora (2006) plantean que al aceptar una comprensión co- constructiva de la resiliencia, es necesario tomar el papel del contexto sociocultural y político; para ello, se remiten a Ungar (2004), el cual adopta la idea del panóptico presente en Foucault; en donde se sostiene que cada persona internaliza un régimen de poder, siendo la función del Panóptico, controlar y vigilar qué tipos de significados son acogidos como verdaderos, para la conformación de la identidad narrativa. Se concluye que el poder tiene dos finalidades; una restrictiva, que subyuga mediante juicios normativos sobre la salud o la enfermedad, que produce tramas dominantes; y otra liberadora, en la que las personas lo utilizan para retar los relatos que reducen su

2 White, Michael; “Medios narrativos para fines terapéuticos”, págs. 46-47. 3 Rodríguez, Carlos; Mora, Adriana; “Narrativas resilientes en policías discapacitados por hechos violentos”; Red de revistas científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal;

2006.

identidad al déficit. En el caso del “trauma” la identidad quedaría subyugada al relato que la persona elabora sobre el suceso que irrumpió de forma destructiva en su vida. Por ello, es substancial determinar qué tipos de significaciones crean las personas mediante las negociaciones que efectúan con sus comunidades, y de qué forma esos significados marginan o cooperan, en los momentos de crisis. Bajo la perspectiva de narrativa y resiliencia propuesta por Ungar (2004) se entiende que las personas conforman su identidad en relación a Otros, que pueden identificarse como la Audiencia. Es en esta relación, que la persona construye y reconstruye su identidad narrativa, mediante la negociación de significados. Este proceso, es denominado Empoderamiento Discursivo, el que otorga a las personas la facultad de volver a contar un relato y re-significar los sucesos, permitiendo transformar una trama dominante del déficit (o trauma) y vulnerabilidad, por otra alternativa resiliente, con la que acceden a nuevos significados sobre sí mismo y la adversidad. Ungar (2004) identifica tres subprocesos en el Empoderamiento Discursivo, que permiten entender y explorar cómo se han construido los relatos de las situaciones que las personas han experimentado como adversas o traumáticas, generando así, posibilidades para el cambio. Ellos son:

1. Adquisición de Relatos: Refiere al momento en que las personas se articulan a procesos de construcción social, negociando relatos con tramas dominantes o alternativas.

2. Mantenimiento de un Relato: Se refiere al proceso de autentificar un relato al conferirle un estatus de verdad, haciendo que después de haber sido adquirido, este se invista aún más de poder, y permanezca en las conversaciones que mantienen a lo largo del tiempo en las conversaciones que mantiene la persona.

3. Retando Relatos que Constriñen: La expresión “retando” alude a una resistencia activa frente a los relatos dominantes de vulnerabilidad que crean en la persona definiciones limitantes. Representa un actividad política en la que se fomenta la expresión de la diferencia, esto es, la expresión de las voces marginadas, mediante la adopción de poder, en forma tal que las personas

experimentan la oportunidad de ser autores de su identidad y de co-construir significados alternativos ante la adversidad. 4

La narrativa asociada a un discurso de resiliencia surge como una alternativa viable para entender y superar las situaciones que las personas han calificado como traumáticas, ya que proporciona un marco de inteligibilidad, en que las explicaciones que operan a nivel de una psicología popular se revisten con un concepto que no esta centrado en el déficit ni en la limitación, sino mas bien, en la superación y las capacidades de la persona. A nivel terapéutico permite construir una relación con una mirada optimista de la persona, en que esta es capaz de ser agente en la construcción de su identidad y en la superación de la adversidad.

Por otra parte, Michael White señala que las conversaciones terapéuticas orientadas desde el enfoque tradicional, pueden propiciar un sentido frágil o débil del self, el cual determinaría que la persona se sienta vulnerable y expuesta a situaciones que escapan de su control frente a las cuales no podrá defenderse, lo que trae consigo una sensación de poca agencia personal en sus decisiones frente a los sucesos que experimenta. Así, el dolor y malestar asociados a una experiencia traumática pueden ser reelaborados otorgando un sentido alternativo a este, fuera de un contexto de entendimientos tradicionales de los mismos, los cuales han oscurecido muchas complejidades y particularidades de la vivencia de aquella experiencia por parte de la persona. 5 En este contexto, el autor plantea que los significados asociados al dolor psicológico y malestar emocional pueden ser reconstruidos en conversaciones terapéuticas, otorgando un sentido alternativo a estos. En primer lugar, se puede concebir al dolor psicológico mantenido, como un testimonio de haber perdido algo valioso y significativo a consecuencia de la experiencia traumática. Aquello que se perdió tendría relación con ciertas maneras canónicas que cómo se debe llevar la vida, ciertos valores, sentidos de justicia, creencias acerca de una vida correcta, entre otros. White plantea que la intensidad del dolor ha sido vinculada con cuán valioso era aquello que se perdió con la experiencia devastadora. En segundo lugar, el malestar

4 Rodríguez, Carlos; Mora, Adriana; “Narrativas resilientes en policías discapacitados por hechos violentos”; Red de revistas científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal;

2006.

5 White, Michael; Workshop Notes; en www.dulwichcentre.com.au, 21 Septiembre 2005.

también se puede concebir como un “tributo” a la habilidad personal para mantener una relación con los valores, propósitos, creencias, aspiraciones, esperanzas, sueños, visiones y compromisos considerados importantes, los cuales en la situación de trauma fueron de alguna manera trasgredidos, y la persona no se encuentra dispuesta a revisar y negociar nuevos significados asociados a estos elementos de su experiencia. La intensidad experimentada de este malestar, se considera como un reflejo del grado en que la persona ha continuado manteniendo una relación con aquello que consideraba preciado. Por otra parte, el dolor psicológico y malestar emocional mantenidos, pueden ser concebidos como proclamación de una respuesta emocional asociada al trauma. Las personas siempre responden a las crisis en sus vidas aun cuando estas sean consecuencia de una situación traumática frente a la cual no tenían muchas posibilidades de control. Estas respuestas son consideradas como actos compensatorios derivados de los estados intencionales en la situación de trauma, y usualmente no son reconocidas por otros y por la misma persona como respuestas válidas dentro del contexto del trauma sino que son ridiculizadas y desvalorizadas. Otra manera de conceptualizar el dolor, se remite al modo de pensamiento dualista, el cual divide la experiencia en mente y cuerpo, emoción/cognición, sentimiento/significado, entre otras. Así al dividir la experiencia esta pierde sentido como un movimiento de cambio, provocando que la persona conciba su vida como estática o congelada en periodo determinado. Al escindir el dolor como una experiencia integrada, pierde la posibilidad de poder adquirir un sentido en la vida de la persona. Cuando la experiencia se concibe como un todo, se le puede otorgar un sentido modificador de vida. Entonces, al entender la experiencia de dolor a través del significado que ésta puede proporcionar, se abre la posibilidad a los cambios. Por último, White habla que el dolor psicológico y el malestar emocional, pueden ser concebidos como un legado de una experiencia que no puede ser banalizada ni ignorada por otros. Esto los mueve a considerar que algo debe cambiar en sus vidas, independientemente de entender la magnitud o sentido de ese cambio, y los insta a mantenerse en contra de todas aquellas fuerzas que disminuyan o reduzcan las vivencias del trauma en ellos y en otros que han vivido la misma situación. Las conversaciones moldeadas por estos entendimientos acerca del dolor psicológico y malestar emocional asociados al trauma, permiten que las personas infieran un sentido firme de su identidad; que se sientan menos víctimas (dañados, maltratados) y más personajes agenciados en sus vidas; y que se reduzcan significativamente el dolor psicológico y malestar emocional. Dentro de este contexto,

las personas encuentran un sitio seguro para poder hablar acerca de lo que no han podido expresar, reformulando en expresiones más significativas acerca de la experiencia del trauma, y para el desarrollo de un “saber” sobre cómo proceder en la vida. 6

Dentro de la diversidad de experiencias traumáticas, la perspectiva narrativa ha hecho ahínco en las vivencias de abuso sexual. En este contexto, diversos autores 7 plantean ciertos principios bajo los cuales ha de manejarse la terapia del abuso sexual. Fundamentalmente, el abuso sexual se devela estableciéndose como una situación que potencialmente genera efectos negativos en la vida de la víctima. Es particularmente interesante el hecho de que, dada la influencia del enfoque centrado en la solución de de Shazer (1985, 1986, 1988), y de las ideas sobre las restricciones y el relato de White (1986, 1989), esta perspectiva se encuentra avocada en las soluciones, recursos y habilidades de las personas afectadas, y en las limitaciones, restricciones y excepciones del problema, siendo relevante distinguir entre “el abuso” y los “efectos del abuso” 8 . Los principios que este grupo de autores propone, dan cuenta, primero, que el abuso sexual no provoca inevitablemente problemas emocionales o psicológicos, que las personas poseen recursos y fuerzas a los cuales apelar para resolver las dificultades; que es más útil preguntarse ¿qué mantiene vivo el problema en la vida de esa persona y qué le impide resolverlo?, a preguntarse ¿qué causó este problema?. Además, resaltan que uno de los principales efectos del abuso sexual es el ataque que perpetra contra la autocaracterización de la persona, lo cual no le permite visualizar ni percibir sus fuerzas y capacidades, por lo tanto la persona elabora una

versión de sí misma dominada por el abuso.

En relación con lo anterior, las personas “registran” y otorgan gran importancia a los “hechos” que concuerdan con aquellas caracterizaciones dominadas por el abuso que ellas mismas han elaborado (sobre sí mismas, los otros, sus relaciones y las situaciones en general), lo que lleva a mantener “vivos y saludables” los efectos del abuso.

6 White, Michael; Workshop Notes; en www.dulwichcentre.com.au, 21 Septiembre 2005.

Sluzki, Carlos E. (director); “Terapia del Abuso Sexual”; Dulwich Centre Publications; 1990. 8 Sluzki, Carlos E. (director); “Terapia del Abuso Sexual”; Dulwich Centre Publications; 1990; pág. 98-99.

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Por otra parte, plantean que los problemas complejos, como el abuso sexual, no necesariamente requieren soluciones complejas, al poner el acento en la solución se reconoce que las soluciones pueden comenzar con cambios pequeños sobre los cuales podrán construirse cambios mayores. También refieren que todo relato dominado por el abuso incluye excepciones, que sirven como indicios para llegar a soluciones, esto es similar a los logros aislados o acontecimientos extraordinarios que White plantea como recurso para elaborar relatos alternativos al dominante. Sobre el enfoque del problema, plantean que al centrarse en la solución se abre una mirada optimista posibilitando que las personas puedan sentirse capaces de resolver las problemáticas asociadas a estas situaciones traumáticas. Como objetivo de la terapia, plantean que es ayudar al o a la persona a superar los efectos del abuso y dar sentido a su vida y su experiencia de una manera que le permita vivir satisfactoriamente, antes que ayudarla/lo a “trabajar abordando” el abuso.

Proponen también cambiar diversas miradas desde que la persona primero se vea a sí misma a través de las lentes de la “capacidad” antes que de la “incompetencia”, del “control” antes que del “descontrol”, etc. Ahora bien, plantean que no es necesario analizar directamente los detalles del abuso a fin de disminuir los efectos. Son las personas afectadas quienes determinan si es útil hablar de aquello, y cuándo hacerlo. 9 Esta perspectiva y sus principios adjuntos, nos resulta bastante coherente para enfocar la terapia sobre el abuso sexual desde una mirada del “trauma” centrado en solucionar aquellos efectos que la situación provocó y sigue provocando en las personas víctimas. Especialmente consideramos fundamental la orientación que promueve sobre que, una situación traumática no genera un quiebre irreparable en la historia de vida de la persona, sino que son sus efectos los que pueden eventualmente seguir presentes en los relatos de aquellas personas, y que centrarse en la situación misma no conlleva soluciones ni empoderamiento personal para alejarse del relato dominante asociado al haber vivido una situación de abuso, sino que todo lo contrario. Nos resulta necesario vincular esta perspectiva con la propuesta de Sue Mann y Shona Russell 10 sobre la terapia del abuso sexual en mujeres víctimas durante su niñez o adolescencia.

9 Sluzki, Carlos E. (director); “Terapia del Abuso Sexual”; Dulwich Centre Publications; 1990; págs 100-112.

Desde la perspectiva narrativa, estas autoras plantean tres aspectos a considerar en la terapia. Primero, la declaración de un mapa posicional, que consistiría en cuatro etapas, que son: La negociación de una definición no estructuralista del problema, lo que implica una negociación colaborativa en la definición externalizada del problema, cercana-a-la-experiencia. Este acercamiento, valida las soluciones que la persona conoce, y se puede ver qué hacer con ellas. A través de las conversaciones, las habilidades y conocimientos propios de la persona pueden ser reincorporados, más explorados y desarrollados. Por ejemplo, cuando ha habido un acercamiento previo de otro profesional de la salud y le ha diagnosticado un trastorno, se puede hacer un acercamiento paulatino, como ¿qué quieres decir cuando hablas de …(trastorno diagnosticado)?, o ¿puedes ayudarme a entender lo que quieres decir con…?. Luego se debe indagar los efectos del problema en la vida de la persona, explorando la dimensión temporal y los diversos ámbitos. Consiguientemente se evalúan los efectos, la evaluación que la persona hace acerca de los efectos que ha tenido el abuso en su vida. Finalmente, se justifican esas evaluaciones ¿a qué se debe que las personas evalúen de tal manera los efectos?, esto da paso a la voz sobre las creencias, valores e intenciones que forman esas justificaciones. Un segundo aspecto a indagar tiene que ver con las experiencias y conocimientos propios de las mujeres, lo cual en este contexto cobra especial relevancia, dado que las situaciones de abuso vividas son característicamente definidas bajo relaciones de abuso de poder, es el adulto que infringe el abuso quien se encuentra en la posición de poder, lo que deja a la menor en una situación desaventajada, y por lo tanto dejan de confiar en sus propios juicios sobre la situación. Se debe indagar en las habilidades, destrezas y estrategias que ha utilizado para enfrentar los efectos del abuso en su vida. Resulta relevante destacar la terapia grupal como parte relevante del proceso terapéutico, dado que el compartir experiencias y significados con otras mujeres que han vivido similar experiencia traumática tiene influencias en cuanto al modelaje de sus descripciones de identidad, en maneras que se encontraban vinculadas a esperanzas que tenían para sus propias vidas, más que con las conclusiones negativas resultantes de las experiencias de abuso. Las ceremonias de definición son una herramienta potente con la que se pueden ofrecer nuevas posibilidades para el desarrollo de historias alternativas. Un último aspecto que las autoras señalan, es el de las conversaciones de deconstrucción, Unas de las reflexiones que las mujeres tenían para no hablar acerca

del abuso, eran por ejemplo que tenían miedo de que la gente no les creyera, que si hablaban algo más iba a pasar, que no sabían qué decir o cómo decirlo, que les preocupa lo que la gente pueda decir, etc. Para explorar estas ideas se pueden plantear las siguientes preguntas: ¿de dónde crees que vienen estas ideas?, ¿cómo crees que estas ideas impactan en las vidas de las mujeres y niñas?, ¿a quiénes benefician más estas ideas?. Cuando este trabajo se realiza de manera grupal resulta una deconstrucción más acabada, y puede dar paso a cuestionamientos y exploraciones más ricas y gruesas de los supuestos base de las conclusiones negativas de identidad. 11

Otra dimensión de las experiencias “traumáticas” tiene relación con la vivencia de la muerte de un ser querido, un familiar. Especialmente encontramos relevante incluir el abordaje narrativo de las vivencias de padres quienes han sufrido la muerte de un hijo/a. Esto resulta de especial importancia, dado que los padres que sufren esta experiencia refieren que es algo que nunca lograrán superar, y revelan un dolor y sufrimiento asociados a la muerte del hijo/a presentes a lo largo de sus vidas. Existen una serie de discursos dominantes en torno a los diversos ámbitos relacionados con la muerte, que llevan a que los padres se sientan inevitablemente atrapados en un sufrimiento que perpetúa a lo largo de la vida posterior a la pérdida. La cultura occidental niega la muerte, según diversos autores, lo que sitúa a los padres en un contexto que no reconoce la muerte del hijo/a y que desesperadamente quiere que los padres lo “superen”. Esto, sumado a las maneras terapéuticas modernas de enfrentamiento del duelo, que suponen una forma determinada de expresar el pesar relacionado con la pérdida más un tiempo límite para “superarlo”, lleva a que los padres se sientan especialmente presionados para resolver el “trauma” por la muerte del hijo/a, y al mismo tiempo sientan que es tan doloroso que no pueden hacerlo. Frente a estos discursos dominantes surgen voces que protestan contra las maneras canónicas de abordarlo. Waldegrave (1999) utiliza la metáfora de las “historias asentadas” (settled stories) para referirse al hecho de que, en vez de situarse desde la perspectiva del “desvincularse” de la persona que ha muerto, se puede mantener la “conexión” con ella, un vínculo significativo. Por otra parte, White (1988) postula la metáfora del “decir hola nuevamente” (say hullo again), para aquellas personas que el “decir adiós” resulta una metáfora poco apropiada para resolver su sufrimiento. La

11 Mann, Sue et. al.; “Responding to Violence”; Dulwich Centre Publications; Australia; 2003. págs. 19-34.

metáfora del “decir hola nuevamente”, posibilitaría que las personas pudiesen “reclamar la relación con el ser amado que han perdido”. Por otra parte, en cuanto a la “resolución” del duelo, en vez de asumir que existe una posible vuelta a un estado de bienestar previo a la pérdida, se puede asumir que el pesar o el duelo no tienen resolución definitiva, sino que el re-memorar puede estar presente a lo largo de toda la vida. Según Niemeyer (2001), la muerte de un hijo/a puede dejar a los padres sin una “narrativa significativa acerca del mundo y del self”, esto significa que puede tener un impacto significativo en su identidad y en su sentido de ser. Para muchos padres su identidad se encuentra basada en la actuación de sus funciones parentales, y en las relaciones que mantienen con sus hijos/as. Esto implicaría que la muerte de estos últimos se encuentra vinculada a la pérdida de la identidad de protector, proveedor y consejero de los hijos/as. 12 En este contexto consideramos que resultaría relevante abordar la temática del “trauma” por la muerte de un hijo/a desde un cuestionamiento de los discursos dominantes relacionados con la muerte, una reescritura de la historia personal considerando la conformación identitaria de los padres, y ofrecer nuevas posibilidades de relación con el ser querido que se ha perdido.

Se nos hace evidente que el abordaje del “trauma” desde la perspectiva Moderna, resulta en un enfoque sobre el déficit, y se hace aún más patente para la persona la “posible carencia de habilidades” que posee para enfrentar situaciones adversas. Frente a esto es que las perspectivas narrativas ligadas al postmodernismo permiten que la persona explore un mismo evento desde distintos ángulos, favoreciendo la descripción densa en el relato de la experiencia, permitiendo rescatar versiones en que esté presente una mayor agencia personal en el manejo de los efectos de la experiencia traumática, generando una amplificación de los recursos personales condiciones de posibilidad al futuro.

12 Biermann, Hugo; “Research: Shattered dreams, pastoral care with parents following the death of a child”; Department of practical theology at Unisa, and Institute for therapeutic development.

Bibliografía

Biermann, Hugo; “Research: Shattered dreams, pastoral care with parents

following the death of a child”; Department of practical theology at Unisa, and Institute for therapeutic development. En:

Cornes, J. Manuel; “De la psiquiatría de la pérdida a la psiquiatría positiva”;

Rev. Psiquiatría Fac. Med. Barna. 2002; 29(3): 154-166.

Mann, Sue et. al.; “Responding to Violence”; 1° edición; Dulwich Centre Publications; Australia; 2003.

Rodríguez, Carlos; Mora, Adriana; “Narrativas resilientes en policías

discapacitados por hechos violentos”; Red de revistas científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal; 2006.

Sluzki, Carlos E. (director); “Terapia del Abuso Sexual; Versión en español, 1° edición, Barcelona, España; 1993.

White, Michael; Epston, David; “Medios narrativos para fines terapéuticos”;

Versión en español, 1° edición; Editorial Paidós Terapia Familiar; 1993.

White, Michael; Workshop Notes; en www.dulwichcentre.com.au, 21 Septiembre 2005.