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José María Iraburu 1

José María Iraburu


Síntesis de la Eucaristía
Fundación Gratis Date
Pamplona 2001, 2ª ed.

Siglas
Catecismo = Catecismo de la Iglesia Católica, 1992.
Código = Código de Derecho Canónico, 1983.
Dominicae Coenae = Carta de Juan Pablo II, 1980.
Denz = Enchiridion Symbolorum, Denzinger-Schönmetzer.
Eucharisticum mysterium = Instrucción S. C. Ritos, 1967.
MG = Patrologia graeca, J. P. Migne.
ML = Patrologia latina, J. P. Migne.
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OGMR = Ordenación general del Misal Romano, 1969.
PE = Plegaria eucarística.
SC = Sacrosanctum Concilium, constitución del Vaticano II, 1963.
STh = Summa Theologica, Santo Tomás de Aquino.

Bibliografía
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SUSTAETA, J.M., Misal y eucaristía, Valencia, Fac. Teología, 1979.
VELADO GRAÑA, B., Vivamos la santa Misa, Madrid, BAC pop. 1986
2 Síntesis de la Eucaristía

Introducción

Centralidad de la eucaristía: tal manera, que en cierto modo éstos se nos


fuente y cumbre hacen presentes. Así pues, todas las demás
acciones sagradas y cualesquiera obras de
La Iglesia siempre ha comprendido la vida cristiana se relacionan con ella, pro-
que su centro vivificante está en la eu- ceden de ella y a ella se ordenan» (OGMR
caristía, que hace presente a Cristo, 1).
continuamente, en el sacrificio
pascual de la redención. En la santa
misa, el mismo Autor de la gracia se Ignorancia de la misa
manifiesta y se da a los fieles, santifi- Hay que reconocer, sin embargo,
cándoles y comunicándoles su Espíri- que, a pesar de esa centralidad indu-
tu. El Vaticano II afirma por eso con dable, son pocos los cristianos que tie-
verdadera insistencia que la eucaristía nen acerca de la eucaristía un conoci-
es «fuente y cumbre de toda la vida cris- miento de fe suficiente.
tiana» (LG 11a; +CD 30f; PO 5bc, 6e;
Y esa ignorancia litúrgica viene de
UR 6e). Ella es, secretamente, como
lejos. La Iglesia de nuestros padres y
decía Pablo VI, «el corazón» de la vida
antepasados –que en tantas cosas, si
de la Iglesia (Mysterium fidei). Como
somos humildes, se nos muestra aho-
la sangre fluye a todo el cuerpo desde
ra admirable–, padecía, sin embargo,
el corazón, así del Corazón de Cristo
notables ignorancias en materia de litur-
en la eucaristía fluye la gracia a todos
gia. Todavía hoy, los cristianos de ma-
los miembros de su cuerpo.
yor edad saben que, cuando eran ni-
«La celebración de la misa –afirma la Or- ños o muchachos, era normal que du-
denación general del Misal Romano–, como rante la misa se rezara el rosario, o se
acción de Cristo y del Pueblo de Dios or- hicieran desde el púlpito novenas y
denado jerárquicamente, es el centro de toda
la vida cristiana para la Iglesia universal y
predicaciones morales, que sólo cesa-
local y para todos los fieles individualmen- ban durante el tiempo de la consagra-
te, ya que en ella se culmina la acción con ción, para seguir después. Recuerdan
que Dios santifica en Cristo al mundo y el también las misas de comunión gene-
culto que los hombres tributan al Padre, ral o aquellas especialmente solemnes,
adorándole por medio de Cristo, Hijo de que se celebraban ante la Custodia ex-
Dios. En ella, además, se recuerdan a lo lar- puesta. En alguna ocasión habrían vis-
go del año los misterios de la redención de to cómo en una misma iglesia, en dis-
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tintos altares laterales, varios sacerdo- cristiana está en aprender a participar


tes solos celebraban diversas misas. O plenamente de la eucaristía. En efecto,
es posible que recuerden cómo su pá- «la Iglesia, con solícito cuidado, procura
rroco, a primera hora del día, rezaba que los cristianos no asistan a este misterio
completo el Oficio Divino, para que- de fe como extraños y mudos espectado-
dar ya libre de él durante toda la jor- res, sino que, comprendiéndolo bien a tra-
nada... vés de los ritos y oraciones, participen cons-
ciente, piadosa y activamente en la acción sa-
¿Cómo pudo la Iglesia, incluso en excelen-
grada, sean instruídos con la Palabra de
tes cristianos, ir derivando en su vida litúrgi-
Dios, se fortalezcan en la mesa del Señor,
ca a situaciones tan anómalas? Son muchas
den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a
y graves las causas, pero aquí sóla-mente
sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada
señalaremos una. La capacidad de los fie-
no sólo por manos del sacerdote, sino jun-
les para comprender y participar activa-
tamente con él; se perfeccionen día a día
mente en los sagrados misterios va dismi-
por Cristo Mediador en la unión con Dios
nuyendo, más o menos desde el Renaci-
y entre sí» (SC 48).
miento, a medida que va creciendo en la es-
piritualidad del Occidente cristiano un Es honrado comprobar, sin embar-
voluntarismo de corte semipelagiano. La go, que esta renovación de los fieles en
clave de la santificación, entonces, no está temas litúrgicos no se ha producido sino
tanto en la gratuidad de la liturgia sino en muy escasamente. Todavía la mayor
el esfuerzo de la ascética. Y en ésta es, du- parte de los cristianos de hoy apenas
rante los últimos siglos, donde centran su entiende nada de lo que en la liturgia,
atención los autores espirituales.
concretamente en la eucaristía, se está
celebrando. Los mayores –que ya ve-
Renovación litúrgica nían, si vale la expresión, mal-forma-
En este sentido, la renovación litúr- dos–, porque apenas han recibido en
gica impulsada por el Vaticano II es un estos decenios el complemento nece-
don inmenso del Espíritu Santo a la Igle- sario de catequesis litúrgica que hu-
sia actual. Es una gracia de cuya mag- bieran necesitado; y los más jóvenes,
nitud quizá no nos hemos dado cuen- porque han tenido que sufrir cateque-
ta todavía. Esta renovación, iniciada sis escasamente religiosas, excesiva-
un siglo antes, no sólamente ha verifi- mente éticas, muy poco capaces de re-
cado los ritos litúrgicos en muchos as- velar el mundo formidable de la gra-
pectos, devolviéndoles su sencillez y cia en la liturgia. Y así, unos y otros,
su genuino sentido, sino que, sobre aunque sean practicantes –para qué
todo, ha impulsado la renovación espi- decir de los que no lo son–, entran con
ritual litúrgica del mismo pueblo cris- gran dificultad en las acciones sagra-
tiano. En efecto, el concilio Vaticano II das de la misa; las siguen de lejos, con
exhorta con insistencia a una renova- no pocas distracciones, tan devota-
da catequesis litúrgica –que, por otra mente como pueden, pero sin facili-
parte, es imposible sin una simultánea dad alguna para participar en ellas ac-
catequesis bíblica (SC 41-46)–, especial- tiva y conscientemente. Y no pocos
mente en lo referente a la eucaristía. sufren la mala conciencia de aburrir-
se durante la celebración de algo que
Todos debemos ser muy conscientes saben tan santo...
de que la mejor formación espiritual
4 Síntesis de la Eucaristía

qué algo tan fácil resulta a tantos tan


difícil?
Llamada a los asiduos de la misa Pues, sencillamente, porque muchos
cristianos no entienden suficientemente
Los cristianos fieles conocen la eu- el acto litúrgico en el que, con su mejor
caristía, ciertamente, entienden en la voluntad, están participando. No es que
fe lo principal del misterio litúrgico: tengan el corazón «lejos del Señor»,
que allí está Cristo santificando más no. Muchas veces, en ese mismo mo-
intensamente que en ningún otro mo- mento, estarán pensando en Él, supli-
mento. Y por eso acuden a la misa con cándole y alabándole. Lo que ocurre es
devoción, y perseveran años y años que, psicológicamente, viene a ser en
en esa asistencia. Buscan a Cristo en la la práctica imposible atender sin enten-
eucaristía con sincero corazón, y allí le der. No es posible mantener la aten-
encuentran. Esto es indudable. ción en palabras y gestos cuya signi-
Pero ellos mismos confiesan con fre- ficación en gran parte se ignora.
cuencia que tienen grandes dificultades El sacerdote, por ejemplo, dice: «Orad,
habituales para seguir atentamente la hermanos»... Y el pueblo responde: «El Se-
misa, para participar en todos y cada ñor reciba de tus manos este sacrificio, para
uno de sus momentos sagrados con alabanza y gloria de su nombre, para nues-
fácil y activa devoción... Muy pocos tro bien y el de toda su santa Iglesia». ¿Por
de ellos, si son padres, están en con- qué, tantas veces, esa respuesta tan hermo-
diciones de «explicar a su hijo» la san- sa viene dada por el pueblo sin atención ni
ta misa. No es raro, pues, que el hijo intensidad? Pues porque muchos fieles ape-
la vaya abandonando, y diga como nas saben que la eucaristía es realmente el
sacrificio de la Nueva Alianza; porque no son
excusa: «la misa no me dice nada». Y suficientemente conscientes de que la ala-
aún podría alegar: «¿Y cómo la podré banza y glorificación de Dios es el fin primor-
entender, si nadie me la explica?» dial de la Iglesia; porque apenas saben que
(Hch 8,31). Y el padre, a su vez podría están en la eucaristía para procurar el bien
decir: «¿Y cómo podré explicar a mi de la santa Iglesia, y no solo el bien perso-
hijo lo que yo mismo apenas entien- nal propio... Para ser más exactos: todo eso
do?»... lo saben por la fe, pero, por falta de forma-
ción bíblica y litúrgica, no lo tienen actua-
En la eucaristía, es evidente, debe- lizado mental y afectivamente de un modo
mos procurar que la mente esté aten- suficiente.
ta a las palabras y acciones de la cele-
bración. Pero tantas veces esto no se Es, pues, conveniente y necesario
da. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que, hacer sobre tan grave tema un exa-
incluso en personas de buen espíritu, men humilde de conciencia. ¿Será po-
sea más frecuente en la misa la distrac- sible que un cristiano asiduo a la euca-
ción que la atención? Si en la misa se di- ristía emplee cientos y miles de horas
cen cosas tan grandiosas y bellas, tan en leer los diarios o en desentrañar las
formidables y estimulantes, y después Instrucciones que acompañan a sus or-
de todo tan sencillas, ¿cómo es que denadores y máquinas domésticas, o
tantos fieles no logran habitualmente que van referidas a tantas otras acti-
decirlas, interior o vocalmente, con vidades necesarias o superfluas, y que
sincero y entusiasta corazón? ¿Por apenas haya dedicado en su vida un
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tiempo para informarse acerca de los habían creído «perseveraban en oír la en-
sagrados misterios de la eucaristía, señanza de los apóstoles, en la unión, en la
que constituyen sin duda el centro vi- fracción del pan [la eucaristía] y en la ora-
tal de su existencia? Sí, será posible, es ción» (Hch 2,42). «Reunidos cada día del
Señor [el domingo], partid el pan y dad gra-
posible. ¿Espera, acaso, este cristiano
cias [celebrad la eucaristía]» (Dídaque 14).
progresar en la participación eucarís-
tica por la mera repetición de asisten- Siglo II.–«Celebramos esta reunión gene-
cias? La realidad defrauda, sin duda, ral [eucarística] el día del sol [el domingo],
pues es el día primero, en el que Dios creó
esta esperanza. ¿O quizá espere ese el mundo, y en que Jesucristo resucitó de
progreso espiritual de una cierta cien- entre los muertos» (San Justino, I Apología
cia infusa? 67).
Anímense, pues, los cristianos a pro- Siglo III.–«En tu enseñanza, invita y ex-
curar un mayor conocimiento de la li- horta al pueblo a venir a la asamblea, a no
turgia de la misa, para que puedan ce- abandonarla, sino a reunirse siempre en
lebrar los sagrados misterios con ma- ella; abstenerse es disminuirla. Sois miem-
yor provecho y gozo, y la mente en bros de Cristo; no os disperséis, pues, le-
ellos concuerde con su voz. jos de la Iglesia, negándoos a reuniros. Cris-
to es vuestra cabeza, siempre presente, que
os reune; no os descuidéis, ni hagáis al Sal-
Llamada a los cristianos vador extraño a sus propios miembros. No
alejados de la eucaristía dividáis su cuerpo, no os disperséis»
(Didascalia II,59,1-3).
La vida cristiana es una vida eclesial,
que tiene su corazón en la eucaristía. No Es clara, pues, y constante desde el
puede haber, pues, vida cristiana en un principio de la Iglesia, la convicción
alejamiento habitual de la eucaristía, y de que los cristianos, ante todo, hemos
por tanto, de la Iglesia. Por eso la Igle- sido congregados como pueblo sacerdotal,
sia, que nunca da leyes que no sean para ofrecer a Dios la eucaristía, el sa-
estrictamente necesarias, dispone en crificio de la Nueva Alianza. En me-
su Código de vida comunitaria: «El do- dio de una humanidad que da culto a
mingo y las demás fiestas de precepto los la criatura y se olvida de su Creador,
fieles tienen obligación de participar en despreciándolo (+Rm 1,18-25), ésa es,
la misa» (cn. 1247). Manda esto la Igle- como asegura San Pedro, nuestra
sia porque está convencida de que los identidad fundamental:
fieles no pueden permanecer vivos en «vosotros, como piedras vivas, sois edi-
Cristo si se alejan de la eucaristía de ficados en casa espiritual y sacerdocio san-
modo habitual y voluntario. Desde el to, para ofrecer sacrificios espirituales,
comienzo de la Iglesia los cristianos aceptos a Dios por Jesucristo». Así pues,
«vosotros sois linaje escogido, sacerdocio
han sido siempre hombres que el domin-
real, nación santa, pueblo adquirido para
go celebran la eucaristía. Y así seguirá pregonar el poder del que os llamó de las
siéndolo hasta el fin de los siglos. Re- tinieblas a su luz admirable» (1Pe 2,5.9).
cordemos aquí sólamente algunos tes-
timonios documentales: Sería vano excusarse de la asistencia a
la eucaristía, alegando que, sin ella, puede
Siglo I.–Jesús murió en la cruz «para con- vivirse la moral evangélica, que es lo más
gregar en uno a todos los hijos de Dios, que
importante. Sí, hemos sido llamados
están dispersos» (Jn 11,52). Por eso los que
6 Síntesis de la Eucaristía

los cristianos a una vida moral nueva, sangre permanece en mí y yo en él» (Jn
que sea en el mundo luz, sal y fermen- 6,53.56). Así pues, «tomad, comed mi cuerpo
to. Es cierto. Pero recordemos sobre y bebed mi sangre. Haced esto en memoria
esto dos verdades fundamentales: mía» (+Mt 26,26-28; 1Cor 11,23-26).

1º– La primera obligación moral del Escuchemos, pues, la voz de Cristo


hombre es ésta: «al Señor tu Dios adora- y de la Iglesia, que desde el fondo de
rás, y a Él solo darás culto» (Mt 4,10). los siglos, hoy y siempre, nos está lla-
mando a la participación asidua en la
Lo más injusto, lo más horrible, desde el eucaristía. No despreciemos a Cristo, no
punto de vista moral –peor que la menti-
menospreciemos la «doble mesa del Se-
ra, la calumnia o el robo, el homicidio o el
adulterio–, es que los hombres se olviden ñor», en la que Él mismo nos alimen-
de su Creador, «no le glorifiquen ni le den ta primero con su Palabra, y en segui-
gracias», y vengan así, aunque sea da con su propio Cuerpo.
sólamente en la práctica, a «adorar a la Los alejados, al no asistir habitualmente
criatura en lugar del Creador, que es ben- a la eucaristía, se privan así del pan de la pa-
dito por los siglos» (Rm 1,21.25). Y de esa labra divina y del pan del cuerpo de Cristo.
miserable irreligiosidad, precisamente, es «La palabra del Señor es para ellos algo sin
de donde vienen todos los demás pecados valor: no sienten deseo alguno de ella» (Jer
y males de la humanidad (1,24-32). 6,10). Y el pan del cielo no les sabe a nada:
2º– La fe cristiana nos asegura que es «se nos quita el apetito de no ver más que
la eucaristía la clave necesaria para toda maná» (Núm 11,6). Lo que ellos desean, se-
transformación moral. Cree en lo que gún se ve, es la comida de Egipto: «carne
y pescado, pepinos y melones, puerros, ce-
afirma Cristo: «Sin mí, no podéis ha- bollas y ajos» (11,5).
cer nada» (Jn 15,5). En la misa, no sólo
el pan y el vino se convierten en el Así las cosas, el Señor se queja con gran
amargura, diciendo a sus hijos alejados:
Cuerpo de Cristo, sino también la
«Pasmáos, cielos, de esto, y horrorizáos so-
asamblea de los creyentes se va con- bremanera, palabra del Señor. Ya que es un
virtiendo en Cuerpo místico de Cris- doble crimen el que ha cometido mi pue-
to. Participando asiduamente en la eu- blo: Dejarme a mí, fuente de aguas vivas,
caristía es precisamente como los dis- para excavarse cisternas agrietadas, incapa-
cípulos de Jesús «nos vamos transfor- ces de contener el agua» (Jer 2,12-13). «¡Ah!
mando en su imagen con resplandor Mi pueblo está loco, me ha desconocido»
creciente, a medida que obra en noso- (4,22).
tros el Espíritu del Señor» (2Cor 3,18). Que en no pocas Iglesias locales
Por otra parte, recuerden también descris-tianizadas un 50, un 80 % de los
los cristianos alejados que es Cristo bautizados viva habitualmente alejado de
mismo quien nos convoca a la eucaristía la eucaristía es un espanto, es una in-
con todo amor y con toda autoridad. mensa ceguera, es algo que no es po-
Celebrarla a lo largo de los días y de sible sin una inmensa y generalizada
los siglos es para nosotros un manda- falsificación voluntarista del cristia-
to del Señor, no un simple consejo: nismo. Por eso a todos los cristianos
alejados les exhortamos, como el após-
«En verdad, en verdad os digo que, si no
coméis la carne del Hijo del hombre y no tol San Pablo, «con temor y temblor»
bebéis su sangre, no tendréis vida en vo- (1Cor 2,3), y «con gran aflicción y an-
sotros... El que come mi carne y bebe mi gustia de corazón, con muchas lágri-
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mas» (2Cor 2,4). «En el nombre de cosas sensibles, que él ofrece a Dios
Cristo os suplicamos» (2Cor 5,20): «no como signo de la sujeción y del honor
os engañéis» (1Cor 6,9; 15,33; Gál 6,7), que le debe». Ahora bien, «siendo esto
pensando que la eucaristía no os es precisamente lo que se expresa en la
necesaria, «no recibáis en vano la gra- idea de sacrificio, se sigue que la obla-
cia de Dios» (2Cor 6,1). «Miremos los ción de sacrificios pertenece al derecho
unos por los otros, no abandonando natural» (STh II-II,85,1).
nuestra asamblea, como acostumbran El sacrificio exterior-litúrgico es, pues,
algunos» (Heb 10,24-25). signo del sacrificio interior-espiritual,
Quiera Dios que las páginas que si- por el cual el hombre, él mismo, se en-
guen sean una ayuda para los cristia- trega devotamente a su Creador, y
nos que «perseveran en oir la ense- sólo a Él, en alabanza y acción de gra-
ñanza de los apóstoles y en la fracción cias, en súplica de perdón y de favor
del pan», y un estímulo también para (+85,2; III,82,4). Y suele implicar algún
aquellos cristianos que viven, que modo de alteración del bien ofrecido a
malviven, alejados de la eucaristía, Dios: perfume derramado, incienso
donde Cristo se manifiesta y se comu- quemado, animal sacrificado.
nica a sus fieles. Pues bien, el sacrificio redentor de Je-
sucristo lleva a su plenitud, en la eu-
caristía de la Iglesia, una larga, muy
larga, historia religiosa de la humani-
dad. Y en esto, como en otro lugar he-

1 mos escrito, conviene recordar que


«hay una continuidad entre lo sagrado-na-
tural y lo sagrado-cristiano, que pasa por la
Los sacrificios transición de lo sagrado-judío, por supues-
to. En efecto, la gracia viene a perfeccionar

de la la naturaleza, a sanarla, purificarla, elevar-


la, no viene a destruirla con menosprecio.
Por eso mismo el cristianismo viene a con-
Antigua Alianza sumar las religiosidades naturales, no a ne-
garlas con altiva dureza. Hay, pues, conti-
nuidad desde la más precaria hierofanía pa-
gana hasta la suprema epifanía de Jesucris-
Religiosidad natural del sacrificio to, imagen perfecta de Dios; desde el más
Casi todas las religiones naturales, primitivo culto tribal hasta la adoración
en unas u otras formas, han practica- cristiana “en espíritu y en verdad” (Jn
do sacrificios cultuales, y los han ofre- 4,24)» (Rivera-Iraburu, Síntesis 92).
cido mediante sacerdotes, hombres es-
pecialmente destinados a ese ministe-
Religiosidad judía del sacrificio
rio. En efecto, partiendo de que es
connatural al hombre expresar su es- La vida religiosa de Israel es organi-
píritu interior por medio de signos zada minuciosamente por el mismo
sensibles, Santo Tomás deduce que es Dios, Creador del cielo y de la tierra.
natural que «el hombre use de ciertas Sabemos por la Escritura que Yavé ins-
8 Síntesis de la Eucaristía

tituye sacrificios cultuales y expiatorios,


Dios misteriosamente la salvación de
para fomentar por ellos en su Pueblo
los hombres al sacrificio de un «hijo
el espíritu de alabanza y de reparación
unigénito», sustituido finalmente por
por el pecado.
un «cordero»...
«El Señor habló a Moisés:... Éstas son las
festividades del Señor en las que os reuni- Pero sigue la historia, y los hijos de
réis en asamblea litúrgica y ofreceréis al Se- Abraham, Isaac y Jacob, hacia 1700
ñor oblaciones, holocaustos y ofrendas, sa- (a.C.), se ven obligados por el hambre
crificios de comunión y libaciones, según a abandonar Palestina, para emigrar
corresponda a cada día. Además de los sá- como esclavos a Egipto, donde perma-
bados del Señor, además de vuestros dones necerán durante varios siglos.
y cuantos sacrificios ofrezcáis al Señor, sea
en cumplimiento de un voto o voluntaria-
mente» (Lev 23,33.37-38). Sacrificio del cordero pascual,
Y en el Nuevo Testamento, la carta al salir de Egipto (Éx 12)
a los Hebreos nos enseña que todos Hacia 1250 (a.C.), por fin, el fuerte
estos múltiples sacrificios de la Anti- brazo de Yavé va a intervenir en favor
gua Alianza no eran sino una figura an- de su pueblo, dándole libertad y auto-
ticipadora del único sacrificio de Cristo, nomía nacional, un culto y leyes pro-
ofrecido en la Cruz. Recordemos, pues, pias, como conviene a la nación que
ahora, aquellos antiguos sacrificios ju- está llamada en este mundo a ser el
díos, al menos los más significativos, Pueblo de Dios.
para entender mejor el sacrificio úni- Yavé da entonces a Moisés las órdenes
co de la Nueva Alianza. necesarias. Cada grupo familiar debe tomar
una res lanar, cordero o cabrito, «sin má-
cula, macho, de un año». Y el catorce del
Abraham y el sacrificio mes de Nisan, lo degollará en el crepúscu-
de su hijo Isaac (Gén 22) lo vespertino. Su sangre marcará las puer-
Hacia el año 1850 (a.C.), es decir, en tas de los israelitas, para que así el ángel que
los mismos comienzos de la historia de va a exterminar a todos los primogénitos
de Egipto pase de largo. Su carne, asada al
la salvación, «quiso Dios probar a
fuego, será comida de prisa, ceñida la cin-
Abraham», y le mandó ir a un monte, tura, con el bastón en la mano, listos todos
para que le ofreciera allí en holocaus- para salir de Egipto: «¡Es la Pascua de
to a su unigénito amado, Isaac. Yavé!». «Este día será para vosotros memo-
Sin dudarlo un momento, Abraham va rable, y lo festejaréis como fiesta en honor
con su hijo a un monte de Moriah indica- de Yavé; lo habéis de festejar en vuestras
do por Dios. Por el camino le dice Isaac: sucesivas generaciones como institución
«Padre mío... Aquí llevamos fuego y leña, perpetua».
pero ¿dónde está el cordero para el holo- Moisés cumple estas órdenes, y manda a
causto?». Respondió Abraham: «Dios pro- su pueblo: «¡Inmolad la Pascua!... Habéis de
veerá el cordero para el holocausto, hijo observar esta ordenanza como institución
mío». Y cuando ya alzaba el cuchillo para perpetua para ti y tus hijos. Y cuando ha-
sacrificar a su propio hijo, el ángel del Se- yáis llegado al país que Yavé os va a dar,
ñor detuvo su mano. conforme su promesa, y observéis este rito,
Vemos, pues, ya, al comienzo mismo si vuestros hijos os preguntán: “¿Qué sig-
de la historia sagrada, cómo vincula nifica tal rito para vosotros?”, responderéis:
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“Es el sacrificio de la Pascua en honor de y grandioso, en lo alto del monte Sión,


Yavé”». destinado al culto de Yavé... Así van
Después de cuatrocientos treinta pasando los siglos, y mientras el Se-
años de esclavitud y exilio, el sacrifi- ñor, en su bondad misericordiosa, per-
cio del Cordero pascual, seguido in- manece siempre fiel a la Alianza, son
mediatamente del paso del Mar Rojo muchas las veces en que Israel, su
(Éx 14), significa, pues, para Israel su pueblo, su esposa, la quebranta mise-
propio nacimiento como Pueblo de rablemente.
Dios, y será celebrado cada año en las
familias judías como memorial perma-
Elías, en el sacrificio del Carmelo,
nente de aquella liberación primera.
restaura la Alianza violada (1Re 16-
18)
Moisés, en el sacrificio del Sinaí, Una de las más horribles infidelida-
sella la Antigua Alianza (Éx 24) des de Israel se produce hacia el año
Poco después, al sur de la penínsu- 850 (a.C.), cuando, después de Basá y
la arábiga, Yavé, por medio de Moisés, de sus malvados sucesores, reina so-
en el marco formidable del monte bre Israel el rey Ajab: «Él hizo el mal
Sinaí, va a establecer solemnemente la a los ojos de Yavé, más que todos cuan-
Alianza con su pueblo elegido: tos le habían precedido». Después de
«Escribió Moisés todas las palabras de casarse con Jezabel, hija del rey de
Yavé y, levantándose temprano por la ma- Sidón, comienza a dar culto a Baal, y
ñana, construyó al pie de la montaña un alza en su honor altares idolátricos,
altar con doce piedras, por las doce tribus fomentando en Israel su culto. Jezabel,
de Israel». Sobre él se «inmolaron toros en por su parte, hace cuanto puede para
holocausto, víctimas pacíficas a Yavé». Moi- eliminar a todos los profetas de Yavé...
sés, entonces, «tomó el libro de la alianza,
El principal de ellos, Elías, ha de huir
y se lo leyó al pueblo, que respondió: “Todo
cuanto dice Yavé lo cumpliremos y obede- y esconderse, hasta el día que el Señor
ceremos”. Tomó después la sangre y la es- quiera.
parció sobre el pueblo, diciendo: “Ésta es En efecto, llega el día en que el profeta
la sangre de la Alianza que hace con voso- Elías consigue que Ajab reuna al pueblo de
tros Yavé sobre todos estos preceptos”». Israel en el monte Carmelo, que, a la altu-
Así pues, en esta gran ceremonia li- ra de Nazaret, se alza sobre el Mediterrá-
túrgica, una vez celebrada la liturgia neo. Él es el único profeta de Yavé, y a la
asamblea decisiva acuden cuatrocientos cin-
de la palabra, se realiza la liturgia del cuenta profetas de Baal. Ha llegado el mo-
sacrificio, y en la sangre derramada mento de plantear claramente al pueblo:
viene a sellarse la Alianza Antigua de «¿Hasta cuándo habéis de estar vosotros
amor mutuo que une a Yavé con su claudicando de un lado y de otro? Si Yavé
Pueblo. es Dios, seguidle a él; y si lo es Baal, id tras
Posteriormente, ya en la tierra de él». Sin embargo, a tan clara pregunta, «el
pueblo no respondió nada».
Canán, vivirá Israel bajo la autoridad
de Jueces (1220 a.C.) y de Reyes (1030 Acude entonces Elías a una espectacular
a.C.). Después de Saúl, reinará el gran prueba de Dios. Preparen los profetas de
David (1010 a.C.), cuyo hijo Salomón Baal el sacrificio de un buey, y Elías prepa-
rará otro. Invoquen unos y otro el fuego
construirá el Templo, un lugar estable
10 Síntesis de la Eucaristía

divino para el holocausto. «El Dios que plenitud de los tiempos mesiánicos,
respondiere con el fuego, ése sea Dios». dispondrá el sacrificio de un cordero
Esto sí convence al pueblo, que aprueba: redentor.
«Eso está muy bien».
«He aquí a mi siervo, a quien yo sosten-
Los profetas de Baal, de la mañana al go, mi elegido, en quien se complace mi
mediodía, se desgañitan llamando a su alma. He puesto mi espíritu sobre él, y él
Dios, saltando según sus ritos, sangrán- dará la Ley a las naciones... Yo te he for-
dose con lancetas. Todo inútil. Elías ironiza: mado y te he puesto por Alianza para mi
«Gritad más fuerte; es dios, pero quizá esté pueblo, y para luz de las gentes»... (42,1.6).
entretenido conversando, o tiene algún ne- «Tú eres mi siervo, en ti seré glorificado»
gocio, o quizá esté de viaje»... (49,3).
«Entonces Elías dijo a todo el pue- «He aquí que mi Siervo prosperará, será
blo: Acercáos». Y tomando «doce pie- engrandecido y ensalzado, puesto muy
dras, según el número de las tribus de alto... Se admirarán de él las gentes, y los
los hijos de Jacob, alzó con ellas un al- reyes cerrarán ante él su boca, al ver lo que
tar al nombre de Yavé». Hizo cavar en jamás vieron, al entender lo que jamás ha-
torno al altar una gran zanja, que man- bían oído» (52,13-15).
dó llenar de agua. Y después clamó: «No hay en él apariencia ni hermosura
«“Yavé, Dios de Abraham, de Isaac y que atraiga las miradas, no hay en él belle-
de Israel... Respóndeme, para que za que agrade. Despreciado, desecho de los
todo este pueblo conozca que tú, oh hombres, varón de dolores, conocedor de
Yavé, eres Dios, y que eres tú el que todos los quebrantos, ante quien se vuelve
el rostro, menospreciado, estimado en
les ha cambiado el corazón”. Bajó en-
nada.
tonces fuego de Yavé, que consumió
el holocausto y la leña,las piedras y el «Pero fue él, ciertamente, quien tomó so-
polvo, y aún las aguas que había en la bre sí nuestras enfermedades, y cargó con
nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por
zanja. Viendo esto el pueblo, cayeron castigado y herido por Dios y humillado.
todos sobre sus rostros y dijeron: Fue traspasado por nuestras iniquidades y
“¡Yavé es Dios, Yavé es Dios!”». molido por nuestros pecados. El castigo sal-
Así fue como el gran profeta Elías, vador pesó sobre él, y en sus llagas hemos
en la sangre de aquel sacrificio del sido curados. Todos nosotros andábamos
monte Carmelo, restauró entre Yavé y errantes, como ovejas, siguiendo cada uno
su camino, y Yavé cargó sobre él la iniqui-
su Pueblo la Alianza quebrantada.
dad de todos nosotros.
«Maltratado y afligido, no abrió la boca
Isaías y el cordero sacrificado como cordero llevado al matadero, como
para salvación de todos oveja muda ante los trasquiladores. Fue
arrebatado por un juicio inicuo, sin que
Entre los años 746 y 701 (a.C.) susci- nadie defendiera su causa, cuando era
ta Dios la altísima misión profética de arrancado de la tierra de los vivientes y
Isaías. La segunda parte de su libro muerto por las iniquidades de su pueblo...
(40-55), contiene los Cantos del Siervo
«Ofreciendo su vida en sacrificio por el
de Yavé, al parecer compuestos por los pecado, tendrá posteridad y vivirá largos
años 550-538 (a.C.). Pues bien, en esta días, y en sus manos prosperará la obra de
profecía grandiosa, que se cumplirá en Yavé... El Justo, mi siervo, justificará a mu-
Jesucristo, se anuncia que Dios, en la chos, y cargará con las iniquidades de ellos.
José María Iraburu 11

Por eso yo le daré por parte suya muche- sitado de hacerlos, para, ofreciendo al Se-
dumbres, y recibirá muchedumbres por ñor parte de los dones de Él recibidos, afir-
botín: por haberse entregado a la muerte, mar así su propio corazón en la sumisión
y haber sido contado entre los pecadores, y en el amor, y expiar por tantos abusos co-
cuando llevaba sobre sí los pecados de to- metidos en las criaturas, con desprecio de
dos e intercedía por los pecadores» (53,2- su Creador. La misma verdad inculcará
12). San Pablo a los atenienses, tan apegados a
la veneración de sus templos: «siendo Se-
ñor del cielo y de la tierra, él no habita en
Los múltiples sacrificios de Israel templos hechos por mano del hombre, ni
Hemos evocado hasta aquí aquellas por manos humanas es servido, como si
principales figuras de la Antigua necesitase de algo, siendo Él mismo quien
da a todos la vida, el aliento y todas las co-
Alianza, que anuncian y anticipan el
sas» (Hch 17,24-25).
sacrificio único y definitivo de la
Alianza Nueva. Añadiremos todavía El pueblo de Israel ofrece, pues, al
algunos datos más sobre los ritos Señor de sus propios bienes, de sus
sacrificiales de Israel. medios de sustento, y hace sobre todo
víctimas animales de sus propios ga-
En Israel, como en otros pueblos, el nados. Ofrece también pan, vino, acei-
sacrificio es una acción ritual por la que te u otros alimentos, o incluso oro y
se ofrece a Dios algún bien creado, pri- plata (Núm 7,31-50). Hace oblación de
vándose de él en todo o en parte, para ex- las primicias de los frutos del campo
piar por el pecado (Miq 6,6-7), para eli- o de los ganados. Y según la condición
minar la culpa y la impureza (Lev 14,4- nómada o sedentaria del pueblo, cam-
7.52; 16,21-25; Dt 21,1-9), para expresar bian, lógicamente, las ofrendas pre-
devoción y adoración, y para ganarse, sentadas al Señor.
en fin, el favor y la protección de
Dios. En efecto, no conviene que las En estos sacrificios la víctima pue-
criaturas se acerquen a su Creador si de ser ofrecida totalmente, como en el
no es en actitud de perfecta sumisión caso del holocausto o sacrificio total.
y agradecimiento. Es el mismo Dios Pero otras veces se ofrece sólo una par-
quien así lo manda: «No te presenta- te de la víctima, la grasa, los riñones,
rás ante mí con las manos vacías» (Ex y sobre todo la sangre, es decir, lo que
23,15; 34,20). es tenido como fundamento de la vida
(Lev 3; 17,10-14), y el resto es consu-
Antes de seguir adelante, es importante
advertir aquí que los israelitas –a diferen-
mido en un banquete sacrificial (Dt
cia de babilonios, egipcios y otros pueblos 12,23-27). También en ocasiones se
antiguos–, protegidos por la Palabra divi- hace aspersión de la sangre victimal
na, nunca creyeron que la Divinidad necesita- sobre el altar y el pueblo (Ex 24,3-8)
se ser alimentada con los sacrificios y
libaciones rituales. Yavé, en efecto, dice a su
pueblo: «Las fieras de la selva son mías, Los profetas y el culto de Israel
tengo a mano cuanto se agita en los cam- La legislación sacerdotal y las pres-
pos. Si tuviera hambre, no te lo diría: pues cripciones rabínicas configuran al
el orbe y cuanto lo llena es mío» (Sal 50,8- paso de los siglos, particularmente
13). No es Dios quien «necesita» los sacrifi-
acerca del culto ofrecido en el Templo,
cios rituales; es el hombre el que está nece-
12 Síntesis de la Eucaristía

un mundo ritual sumamente minu-


ra con los labios, pero su corazón está
cioso, en cuyos detalles no entrare-
lejos de mí» (Mt 15,79 = Is 29,13). «Pre-
mos. Se multiplican más y más los sa-
crificios de purificación o de expia- fiero la misericordia al sacrificio, y el
conocimiento de Dios al holocausto»
ción, de acción de gracias o de repa-
(Mt 9,13 = Os 6,6). «Mi casa será llama-
ración, matutinos o vespertinos, etc.
Y el pueblo judío, perdido a veces en- da casa de oración, pero vosotros la
habéis convertido en cueva de ladro-
tre las exterioridades rabínicas, no po-
nes» (Mt 21,13 = Jer 7,7-11).
cas veces no tiene escrúpulos de concien-
cia para unir a esas prácticas rituales ex-
ternas una vida moral indigna, desleal,
injusta, como si la salvación viniera de
la eficacia mágica de ciertas prácticas
rituales reiteradas, y no estuviera más
bien reservada para –como suele de-
2
cirse en la Biblia– «los que aman al Se-
ñor y cumplen sus mandatos» (+Sir
El sacrificio
2,15-16; Dan 9,4; Sal 118; +Jn 14,15;
15,10). El sacrificio exterior, entonces,
de la Nueva
es algo completamente vacío, pues no
va unido al sacrificio interior, es decir,
Alianza
a la ofrenda personal.
Contra esa ignominia claman una y En la plenitud de los tiempos, des-
otra vez los profetas de Israel. En efec- pués de treinta años de vida oculta,
to, el mismo Yavé que ha suscitado nuestro Señor Jesucristo –el Mesías de
esos ritos cultuales, suscita también Dios (Lc 9,20), el Hijo del Altísimo, el
profetas y autores sapienciales que Santo (Lc 1, 31-35), nacido de mujer
con su enseñanza purifican al pueblo (Gál 4,4), nacido de una virgen (Is
de esos errores gravísimos, como 7,14; Lc 1,34), enviado de Dios (Jn 3,17),
también purifican los ritos judíos de esplendor de la gloria del Padre (Heb
toda adherencia idolátrica bastarda (Is 1,3), anterior a Abraham (Jn 8,58), Pri-
1,10-16; 29,13; Jer 7, 4-23; Ez 16,16-19; mogénito de toda criatura (Col 1,15),
Os 4,8-18; 8,4-6.11-13; Am 5,21-27; Miq Principio y fin de todo (Ap 22,13), san-
6,6-8). to Siervo de Dios (Hch 4,30), Conso-
((Es falso, sin embargo, afirmar que los pro- lador de Israel (Lc 2,25), Príncipe y Sal-
fetas de Israel condenasen el culto y los sacri- vador (Hch 5,31), Cristo, Dios bendi-
ficios. Los profetas, lo mismo que los to por los siglos (Rm 9,5)–, durante
salmistas (Sal 39,7-11; 68,31-32), reverencian tres años, predicó el Evangelio a los
el culto del Templo (Is 30,29), y se duelen hombres como Profeta de Dios (Lc
de que los desterrados se vean privados de 7,16), mostrándose entre ellos podero-
él (Os 9,4-6).)) so en obras y palabras (24,19).
Así pues, cuando Jesucristo condena Y una vez proclamada la Palabra di-
toda exterioridad religiosa que esté vacía vina, consumó su obra salvadora con el
de verdad interior, hace suya, esta tra- sacrificio de su vida. Primero la Palabra,
dición profética: «Este pueblo me hon- después el Sacrificio.
José María Iraburu 13

inconcebible que su Maestro, capaz de re-


sucitar muertos, pudiera ser maltratado y
llevado violentamente a la muerte.
El Cordero de Dios, En estas ocasiones, y en muchas otras, el
que quita el pecado del mundo Señor se muestra siempre consciente de
En cuanto Jesús inicia su misión pú- que va acercándose hacia una muerte
blica entre los hombres, Juan el Bau- sacrificial y redentora. Él es el Pastor bue-
tista, su precursor, le señala con su no, que «da su vida por las ovejas» (Jn
mano y le confiesa repetidas veces con 10,11). Él es «el grano de trigo que cae en
tierra, muere, y consigue mucho fruto»
su boca: «ése es el Cordero de Dios, que (12,24). Y por eso asegura: «levantado de la
quita el pecado del mundo» (Jn 1,29.36). tierra, atraeré todos a mí» (12,32; +8,28)...
Él es el que tiene poder para vencer el
pecado de los hombres, Él va a ser ver-
daderamente nuestro Salvador. La multiplicación de los panes
Jesucristo, por su parte, es plenamen- En el tercer año, probablemente, de
te consciente de su condición de Cordero su vida pública, nuestro Señor Jesu-
de Dios, destinado al sacrificio cristo, estando con miles de hombres
pascual, para la gloria del Padre y la en un monte, junto al lago de Tibería-
salvación de los hombres. Si Juan Bau- des, poco antes de la Pascua judía, rea-
tista, siendo sólo un hombre, en cuan- liza una prodigiosa multiplicación de
to lo ve, reconoce en él «el Cordero» los panes y de los peces (Jn 6,1-15).
dispuesto por Dios para el definitivo Más tarde, regresó a Cafarnaúm, y
sacrificio purificador del mundo, ¿no allí predicó, anunciando la eucaristía,
iba el mismo Cristo a ser consciente sobre el pan de vida, un alimento infi-
de su propia vocación? Porque Cris- nitamente superior al maná que Moi-
to conoce el designio del Padre, anun- sés dio al pueblo en el desierto: «Yo soy
ciado en las Escrituras, por eso se re- el pan vivo bajado del cielo... Mi carne es
afirma siempre en la misión redento- verdadera comida, y mi sangre es verda-
ra que le es propia, y por eso rechaza dera bebida... El que me come vivirá por
inmediatamente –como sucede en las mí» (6,48-59).
tentaciones diabólicas del desierto–
toda tentación de mesianismos Muchos se escandalizaron de estas
triunfalistas. palabras, que consideraron increíbles.
Y «desde entonces muchos de sus dis-
Por otra parte Jesús, en varias ocasiones, cípulos se retiraron, y ya no le se-
avanzando serenamente hacia la cruz, meta guían». Pero los Doce permanecieron
de su vida temporal, predice su Pasión a los
discípulos: «Entonces comenzó a manifes-
con Él, diciendo: «Señor ¿a quién iría-
tar a sus discípulos que tenía ir a Jerusalén mos? Tú tienes palabras de vida eter-
y sufrir mucho de parte de los ancianos, de na» (6,60-69).
los sumos sacerdotes y de los escribas, y ser
entregado a la muerte, y resucitar al tercer
día» (Mt 16,21; +17,22-23; 20,17-19). «Ellos Jesucristo, entre Moisés y Elías
no entendieron nada de esto, y estas pala- También, seguramente, en el año ter-
bras quedaron veladas. No entendieron lo cero de su ministerio público, Jesús,
que había dicho» (Lc 18,34). Era para ellos un día que se fue al monte con Pedro,
14 Síntesis de la Eucaristía

Santiago y Juan, «mientras oraba», se «¿Qué hacemos, que este hombre hace
transfiguró completamente, como si muchos milagros?... ¿No comprendéis que
«la plenitud de la divinidad, que en él conviene que muera un hombre por todo
habitaba corporalmente» (Col 2,9), y el pueblo?... Profetizó así [Caifás] que Jesús
había de morir por el pueblo, y no sólo por
que normalmente quedaba velada por
el pueblo, sino para reunir en la unidad a
su humanidad sagrada, fuese ahora todos los hijos de Dios que están dispersos.
revelada por esa misma humanidad Desde aquel día tomaron la resolución de
santísima (Mt 17,1-13; Mc 9,2-13; Lc matarle. Jesús, pues, ya no andaba en pú-
9,28-36). blico entre los judíos, sino que se fue a una
Extasiados los tres apóstoles, vieron de región próxima al desierto, a una ciudad
pronto que «se les aparecieron Moisés y llamada Efrem, y allí moraba con los discí-
Elías, hablando con Él». «Ellos también apa- pulos» (Jn 11, 45-54).
recían resplandecientes, y hablaban de su
muerte, que había de tener lugar en Jeru- Jesús celebra la Pascua
salén». Y al punto salió de la nube la voz
del Padre, garantizando a Jesús: «Éste es mi Los sucesos van a precipitarse poco
hijo, el predilecto: escuchadle». después: la unción de Jesús en Betania,
su entrada triunfal en Jerusalén, el
Jesús, antes de sellar con su sangre
pacto de Judas con el Sanedrín y, final-
una Alianza Nueva y definitiva, reci-
mente, en el Cenáculo, la celebración
be así ante sus tres íntimos discípulos
de la Pascua judía. En ella, hasta el úl-
el testimonio de Moisés, el mediador de
timo momento, observa Cristo con los
la Antigua Alianza, y de Elías, el que la
doce –«conviene que cumplamos toda
restauró. Uno y otro cumplieron su
justicia» (Mt 3,15)– cuanto Moisés ha-
misión sobre un altar de doce piedras,
bía prescrito en este rito, instituído
con sangre de animales sacrificados; y
como memorial perpetuo:
Jesús, en la última Cena, lo hará tam-
bién sobre la mesa de los doce após- «Cuando llegó la hora, se puso a la mesa
toles, pero esta vez con su propia san- con sus apóstoles. Y les dijo: He deseado
ardientemente comer esta Pascua con vo-
gre. Por tanto, el mayor de los patriar-
sotros antes de padecer. Porque os digo que
cas, Moisés, y el principal de los pro- ya no la comeré hasta que se cumpla en el
fetas, Elías, dan testimonio de Jesús. reino de Dios. Y tomando una copa, dio
Todo el misterio pascual de Cristo es, gracias y dijo: Tomadla y repartidla entre
pues, un pleno cumplimiento de «la Ley vosotros. Pues os digo que no beberé ya del
y los profetas» (+Mt 5,17; 7,12; 11,13; fruto de la vid hasta que llegue el reino de
22,40). Dios» (Lc 22,14-28).

Se decide la muerte de Cristo Liturgia eucarística de la Palabra


La resurrección de Lázaro, ocurrida Gracias al apóstol Juan (Jn 13-17),
en Betania, a las puertas de Jerusalén, conocemos al detalle el Sermón de la
y poco antes de la Pascua, exaspera to- Cena, esa grandiosa Liturgia de la Pala-
talmente el odio que hacia Cristo se bra, en la que Jesucristo revela plena-
había ido formando, sobre todo entre mente la caridad divina trinitaria, pro-
las personas más influyentes de Jeru- clamando con máxima elocuencia la
salén. Ley evangélica: el amor a Dios y el
amor a los hombres.
José María Iraburu 15

–Amor a Dios: «Conviene que el dando gracias, se lo dió, diciendo: Bebed de


mundo conozca que yo amo al Padre, él todos, que ésta es mi sangre, del Nuevo
y que, según el mandato que me dio Testamento, que será derramada por mu-
el Padre, así hago» (14,31), «obediente chos para remisión de los pecados».
hasta la muerte, y muerte de cruz» –Marcos 14,22-24. «Mientras comían,
(Flp 2,8). Jesucristo entiende la cruz tomó pan y bendiciéndolo, lo partió, se lo
como la plena revelación de su amor dió y dijo: Tomad, éste es mi cuerpo. To-
al Padre; como la proclamación plena mando el cáliz, después de dar gracias, se
lo entregó, y bebieron de él todos. Y les
del primer mandamiento de la ley de dijo: Ésta es mi sangre de la Alianza, que
Dios: «así hay que amar al Padre, y así es derramada por muchos».
hay que obedecerle; hasta dar la vida
por su gloria». –Lucas 22,19-20. «Tomando el pan, dio
gracias, lo partió y se lo dió, diciendo: Éste
–Amor a los hombres: «Viendo Jesús es mi cuerpo, que es entregado por voso-
que llegaba su hora de pasar de este tros; haced esto en memoria mía. Asimis-
mundo al Padre, habiendo amado a mo el cáliz, después de haber cenado, di-
los suyos que estaban en el mundo, al ciendo: Éste caliz es la Nueva Alianza en
fin extremadamente los amó» (Jn mi sangre, que es derramada por voso-
13,1). Y les dijo: «Amáos los unos a los tros».
otros, como yo os he amado» (13,34). –San Pablo, 1 Corintios 11,23-26. «Yo he
«No hay amor más grande que dar la recibido del Señor lo que os he transmiti-
vida por los amigos» (15,13). El Señor do; que el Señor Jesús, en la noche en que
entiende, pues, su cruz como la plena fue entregado, tomó el pan, y después de
dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuer-
proclamación del segundo manda- po, que se da por vosotros; haced esto en
miento de la ley de Dios: «así hay que memoria mía. Y asimismo, después de ce-
amar al prójimo, hasta dar la vida por nar, tomó el cáliz, diciendo: Este cáliz es la
su bien». Nueva Alianza en mi sangre; cuantas ve-
ces lo bebáis, haced esto en memoria mía.
Liturgia eucarística del Sacrificio Pues cuantas veces comáis este pan y be-
báis este cáliz anunciáis la muerte del Se-
Cuatro relatos nos han llegado sobre la ñor hasta que Él venga».
celebración primera del sacrificio de la
Nótese que el relato de San Pablo,
Nueva Alianza, es decir, sobre la insti-
que se presenta explícitamente como
tución de la eucaristía. Los dos prime-
«recibido del Señor», fue escrito en fe-
ros, de Mateo y Marcos, son muy se-
cha muy temprana, hacia el año 55, y
mejantes, y expresan la tradición
que a su vez refleja una tradición
litúrgica judía, de Jerusalén, llevada
eucarística anterior.
por Pedro a Roma. Los dos segundos
testimonios representan más bien la
tradición litúrgica de Antioquía, di-
fundida en sus correrías apostólicas Institución de la Eucaristía
por Pablo y Lucas.
Según esto, en la Cena del jueves rea-
–Mateo 26,26-28. «Mientras comían, Jesús liza el Señor la entrega sacrificial de su
tomó pan, lo bendijo, lo partió y dándose-
cuerpo y de su sangre –«mi cuerpo en-
lo a los discípulos, dijo: Tomad y comed,
éste es mi cuerpo. Y tomando un cáliz y tregado», «mi sangre derramada»–, an-
ticipando ya, en la forma litúrgica del pan
16 Síntesis de la Eucaristía

y del vino, la entrega física de su cuerpo libre. La Cena pascual de Cristo funda per-
y de su sangre, la que se cumplirá el vier- manentemente a la Iglesia, el nuevo Israel.
nes en la cruz. –Memorial perpetuo. Como la Pascua
–La acción ritual. Conforme a la tra- judía, la cristiana se establece como
dición judía del rito pascual, el Señor un memorial a perpetuidad: «haced
«toma», «da gracias» a Dios (bendice), esto en memoria mía». En la eucaris-
«parte» el pan y lo «reparte» entre los tía, por tanto, la Iglesia ha de actuali-
discípulos. Son gestos también apun- zar hasta el fin de los siglos el sacrifi-
tados en la multiplicación de los pa- cio de la cruz, y ha de hacerlo em-
nes (Jn 6,11) o en las apariciones de pleando en su liturgia la misma forma
Cristo resucitado (Emaús, Lc 24,30; decidida por el Señor en la última
pesca milagrosa, Jn 21,13). Cena.
–Cordero pascual nuevo. «Cristo, –Presencia real de Cristo. En la euca-
nuestro cordero pascual, ha sido in- ristía el pan y el vino se convierten
molado» (1Cor 5,7), para la salvación realmente en el cuerpo y la sangre de
de todos. Hemos sido, pues, rescata- nuestro Señor Jesucristo. Ya no hay
dos «no con plata y oro, corruptibles, pan: «esto es mi cuerpo que se entre-
sino con la sangre preciosa de Cristo, ga»; ya no hay vino: «ésta es mi san-
cordero sin defecto ni mancha, ya co- gre que se derrama». Se trata, pues, de
nocido antes de la creación del mun- una presencia real, verdadera y subs-
do, y manifestado al fin de los tiem- tancial de Cristo.
pos por amor vuestro» (1Pe 1,18-20). –Pan vivo bajado del cielo. Y es una
San Juan en el Apocalipsis menciona presencia que debe ser recibida como
veintiocho veces a Cristo como Cor- alimento de vida eterna: «Tomad y co-
dero. Y es justamente «el Cordero de- med, mi carne es verdadera comida»;
gollado» el que preside la grandiosa li- «tomad y bebed, mi sangre es verda-
turgia celestial (Ap 5,6.12). dera bebida».
–La Nueva Alianza. En la Cena-Cruz- –Sacrificio de la Nueva Alianza. La
Eucaristía establece Cristo una Alian- Cena-Cruz-Eucaristía, por tanto, es un
za Nueva entre Dios y los hombres. Y sacrificio: el sacrificio de la Nueva
esta vez la Alianza no es sellada con Alianza, que tiene a Cristo como Sa-
sangre de animales sacrificados en ho- cerdote y como Víctima. En efecto,
nor de Dios, sino en la propia sangre «Cristo ofreció por los pecados, para
de Jesús: «Este cáliz es la Nueva siempre jamás, un solo sacrificio... Con
Alianza en mi sangre». La alianza del una sola ofrenda ha perfeccionado
monte Sinaí queda definitivamente para siempre a los que van siendo
superada por la alianza del monte Cal- consagrados» (Heb 10,12.14). Volvere-
vario (+Ex 24,1-8; Heb 9,1-10,18). mos sobre esto una vez que hayamos
«La eucaristía aparece al mismo tiempo contemplado la Pasión.
como el origen y fundamento del nuevo
pueblo de Dios, liberado ahora por la pas-
cua de Cristo y fundado sobre la sangre de La agonía en Getsemaní
la Nueva Alianza» (Sayés, El misterio Jesús, en el Huerto de los Olivos, baja
eucarístico 107). La Cena pascual de Moisés hasta el último fondo posible de la angus-
marca el nacimiento de Israel como pueblo
José María Iraburu 17

tia humana (Mt 26,36-46; Mc 14,32-42; el magisterio apostólico, falsificarán o


Lc 22,40-46). «Pavor y angustia» (Mc), silenciarán su Palabra; avergonzándo-
«sudor de sangre» (Lc), desamparo de se de su Evangelio, buscarán salva-
los tres amigos más íntimos, que se ción, si es que la buscan, por otro ca-
duermen; consuelo de un ángel; refu- mino; endureciendo sus corazones
gio absoluto en la oración: «pase de mí por la soberbia, despreciarán los sacra-
este cáliz, pero no se haga mi volun- mentos, y sobre todo la eucaristía, pro-
tad, sino la tuya»... fanándola o alejándose de ella... En de-
¿Es la muerte atroz e ignominiosa, que finitiva, es la posible reprobación final de
se le viene encima, «el cáliz» que Cristo pecadores lo que angustia al Señor, y le
pide al Padre que pase, si es posible? No lleva a una tristeza de muerte.
parece creíble. El Señor se encarna y Como bien señala la madre María de Je-
entra en la raza humana precisamen- sús de Agreda, «a este dolor llamó Su Ma-
te para morir por nosotros y darnos jestad cáliz». Y en esa angustia sin fondo
vida. Desea ardientemente ser inmo- pedía el Salvador a su Padre que, «siendo
ya inexcusable la muerte, ninguno, si era po-
lado, como Cordero pascual que, qui-
sible, se perdiese»... Y eso es lo que, con lá-
tando el pecado del mundo, salva a los grimas y sudor de sangre, Cristo suplica al
hombres, amándolos con amor extre- Padre insistentemente, en una «como alter-
mo. Él no se echa atrás, ni en forma cación y contienda entre la humanidad san-
condicional de humilde súplica, ni si- tísima de Cristo y la divinidad» (Mística
quiera en la agonía de Getsemaní o Ciudad de Dios, 1212-1215).
del Calvario. Por el contrario, cuando
se acerca la tentación y le asalta –
«¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta La libre ofrenda de la Cruz
hora?»–, él responde inmediatamente: Importa mucho entender que en la cruz
«¡para esto he venido yo a esta hora!» se entrega Cristo a la muerte libre y vo-
(Jn 12,27). Y cuando Pedro rechaza la luntariamente. Otras ocasiones hubo
pasión de Jesús, anunciada por éste: en que quisieron prender a Jesús, pero
«No quiera Dios, Señor, que esto su- no lo consiguieron, «porque no había
ceda», Cristo reacciona con terrible llegado su hora» (Jn 7,30; 8,20). Así, por
dureza: «Apártate de mí, Satanás, que ejemplo, en Nazaret, cuando querían
me sirves de escándalo» (Mt 16,21-23). despeñarle, pero él, «atravesando por
No. El «cáliz» que abruma a Jesús es medio de ellos, se fue» (Lc 4,30). Aho-
el conocimiento de los pecados, con ra, en cambio, «ha llegado su hora, la
sus terribles consecuencias, que a pe- de pasar de este mundo al Padre» (Jn
sar del Evangelio y de la Cruz, van a 13,1). Y los evangelistas, al narrar el
darse en el mundo: ese océano de Prendimiento, ponen especial cuidado
mentiras y maldades en el que tantos en atestiguar la libertad y la voluntarie-
hombres van a ahogarse, paganos o dad de la entrega que Cristo hace de
bautizados, por rechazar su Palabra y sí mismo.
por menospreciar su Sangre en los sa- –Cristo Sacerdote se acerca serena-
cramentos, sobre todo en la eucaristía. mente al altar de la cruz. En el Huerto,
Más aún, la pasión del Salvador es cau- recuperado por la oración de su esta-
sada principalmente por el pecado de do espiritual agónico, sale ya sereno,
los malos cristianos que, despreciando plenamente consciente, al encuentro
18 Síntesis de la Eucaristía

de los que vienen a prenderlo: cono- pasión –interrogatorios, bofetadas,


cía ciertamente que era Judas quien azotes, burlas–, «Jesús callaba» (ante
iba a entregarle (Jn 13,26), y «sabía Caifás, Mt 26,63; Pilatos, 27,14; Hero-
todo lo que iba a sucederle» (18,4). des, Lc 23,9; Pilatos, Jn 19,9).
–Hasta en el prendimiento manifiesta –Se entrega libremente a la muerte. Es,
Cristo su poder irresistible. Sin escon- pues, un dato fundamental para en-
derse, Él mismo se presenta: «Yo soy tender la Pasión de Cristo conocer la
[el que buscáis]». Y al manifestar su perfecta y libre voluntad con que rea-
identidad, todos caen en tierra (Jn 18,5- liza su entrega sacrificial a la muerte:
6). Ese yo soy [ego eimi] en su labios es «Yo doy mi vida para tomarla de nue-
equivalente al yo soy de Yavé en los li- vo. Nadie me la quita, sino que yo la
bros antiguos de la Escritura. Y Juan doy por mí mismo» (Jn 10,17-18). Je-
se ha dado cuenta de este misterio sucristo es el Señor, también en Getse-
(+Jn 8,58; 13,19; 18,5). Los enemigos de maní y en el Calvario, por insondable
Cristo caen en tierra, se postran ante él que sea entonces su humillación y aba-
en homenaje forzado, impuesto mila- timiento.
grosamente por Jesús, que, antes de –La cruz es providencia amorosa del
padecer, muestra así un destello de su Padre, anunciada desde el fondo de los
poder divino y manifiesta claramen- siglos. Quiso Dios permitir en su pro-
te que su entrega a la muerte es per- videncia la atrocidad extrema de la
fectamente libre. cruz para que en ella, finalmente, se
–Jesús impide que le defiendan. Detie- revelara «el amor extremo» de Cristo
ne toda acción violenta de quien in- a los suyos (Jn 13,1), pues, ciertamen-
tenta protegerle con la espada, y cura te, es en la cruz «cuando se produce
la oreja herida de Malco, el siervo del la epifanía de la bondad y el amor de
Pontífice (Jn 18,10-11). No se resiste, Dios hacia los hombres» (Tit 3,4). No
pudiendo hacerlo. Y explica por qué fue, pues, la cruz un accidente lamen-
no lo hace: «Ésta es vuestra hora y el table, ni un fracaso de los planes de
poder de las tinieblas» (Lc 22,53). Dios. Cristo, convencido de lo contra-
–Jesús no opone resistencia. Él sabe rio, se entrega a la cruz, con toda obe-
bien, y lo afirma, que hubiera podido diencia y sin resistencia alguna, para
pedir y conseguir del Padre «doce le- que «se cumplan las Escrituras», es
giones de ángeles» que le defendieran; decir, para se realice la voluntad
pero quiere que se cumpla la provi- providente del Padre (Mt 26,53-54.56),
dencia del Padre. Él, que había ense- que es así como ha dispuesto restau-
ñado «no resistáis al mal, y si alguno rar su gloria y procurar la salvación de
te abofetea en la mejilla derecha, dale los hombres.
también la otra» (Mt 5,39-41), practi- La ofrenda sacrificial que Cristo hace
ca ahora su propia doctrina. de sí mismo produce un estremecimien-
–Jesús calla. «Maltratado y afligido, to en todo el universo, como si éste
no abrió la boca, como cordero lleva- intuyera su propia liberación, ya defi-
do al matadero, como oveja muda nitivamente decretada. Se rasga el
ante los trasquiladores» (Is 53,7). En velo del Templo de arriba a abajo, y,
los pasos tenebrosos que preceden a su eclipsado el sol, se obscurece toda la
José María Iraburu 19

tierra; las piedras se parten, se abren 10,41). La alegría pascual que caracterizaba
sepulcros, y hay muertos que resuci- esas comidas, de posible condición
tan y se aparecen a los vivos; la mu- eucarística, con el Resucitado, es la alegría
chedumbre se vuelve del Calvario actual de la eucaristía cristiana.
golpeándose el pecho; el centurión y
los suyos no pueden menos de reco- El sacrificio de la Nueva Alianza
nocer: «Verdaderamente, éste era Hijo
de Dios» (Mt 27,51-53; Mc 15,38; Lc –Sacrificio. Jesús entiende su muerte
23,44-45). como un sacrificio de expiación, por el
cual, estableciendo una Alianza Nue-
va, con plena libertad, «entrega su
Resurrección de Cristo vida» –su cuerpo, su sangre– para el
Los relatos de la resurrección de rescate de todos los hombres (+Cate-
Nuestro Señor Jesucristo y de sus apa- cismo 1362-1372, 1544-1545). De sus pa-
riciones (Mt 28,120; Mc 16,1-20; Lc 24; labras y actos se deriva claramente su
Jn 2021) ponen de relieve la desespe- conciencia de ser el Cordero de Dios,
ranza en que los discípulos quedaron que con su sacrificio pascual quita el
hundidos tras los sucesos del Calvario. Se pecado del mundo. Que así lo enten-
resisten, después, a creer en la realidad dió Jesús nos consta por los evange-
de la resurrección de Cristo, y éste lios, pero también porque así lo enten-
hubo de «reprenderles por su incre- dieron sus apóstoles.
dulidad y dureza de corazón, pues no La enseñanza de San Pablo es en esto
habían creído a los que lo habían vis- muy explícita: «Cristo nos amó y se entre-
to resucitado de entre los muertos» gó por nosotros en oblación y sacrificio a
(Mc 16,14). Es el acontecimiento de la Dios de suave aroma» (Ef 5,2; +Rm 3,25).
Es el amor, en efecto, lo que le lleva al sa-
Resurrección lo que despierta y funda- crificio: «Dios probó su amor hacia noso-
menta la fe de los apóstoles. Por eso, tros en que, siendo pecadores, Cristo mu-
cuando se aparece a los Once, para rió por nosotros» (Rm 5,8; +Gál 2,20). Y por
acabar de convencerles, come delante eso ahora «en Él tenemos la redención por
de ellos un trozo de pez asado (Lc la virtud de su sangre, la remisión de los
24,42). pecados» (Ef 1,7; +Col 1,20). Por tanto,
Y otras muchas veces come con ellos «nuestro Cordero pascual, Cristo, ya ha
(Emaús, Lc 24,30; pesca milagrosa, Jn 21,12- sido inmolado» (1Cor 5,7; igual doctrina en
13), apareciéndoseles «durante cuarenta 1Pe 1,2.9; 3,18).
días, y hablándoles del reino de Dios» (Hch San Juan, por su parte, ve en Cristo cru-
1,3). Pues bien, ese comer de Cristo con los cificado el Cordero pascual definitivo, el
discípulos les impresionó que con su muerte sacrificial «quita el pe-
especialísimamente. En ello ven probada cado del mundo» (Jn 1,29.37). Según dispo-
una y otra vez tanto la realidad del Resuci- nía la antigua ley mosaica sobre el Corde-
tado, como la familiaridad íntima que con ro pascual, ninguno de sus huesos fue que-
ellos tiene. Y así Pedro dirá en un discurso brado en la cruz (19,37 = Ex 12,46). Los fie-
importante, asegurando las apariciones de les son, pues, «los que lavaron sus túnicas
Cristo: nosotros somos los «testigos de an- y las blanquearon en la sangre del Corde-
temano elegidos por Dios, nosotros, que ro» (Ap 7,14), es decir, «los que han venci-
comimos y bebimos con Él después de su re- do por la sangre del Cordero» (12,11). Y ese
surrección de entre los muertos» (Hch Cordero degollado, ahora, para siempre,
preside ante el Padre la liturgia celestial
20 Síntesis de la Eucaristía

(5,6.9.12). Así pues, el sacrificio de la vida «Dios estaba en Cristo, reconciliando al


humana de Jesús gana en la cruz la salva- mundo consigo, y no imputándole sus de-
ción para todos: «él es la Víctima litos» (2Cor 5,19). En efecto, nosotros está-
propiciatoria por nuestros pecados, y no bamos «muertos a causa de nuestros peca-
sólo por los nuestros, sino por los de todo dos», pero Cristo nos ha hecho «revivir con
el mundo» (1Jn 2,2). él, perdonando todas nuestros delitos, y
–Sacrificio único y definitivo. La carta cancelando el acta de condenación que nos
era contraria, la ha quitado de en medio,
a los Hebreos, por su parte, contempla a clavándola en la cruz. Así fue como despo-
Cristo como sumo Sacerdote, y su muer- jó a los principados y potestades, y los sacó
te, como el sacrificio único y supremo, en valientemente a la vergüenza, triunfando de
el que se establece la Nueva Alianza. En ellos en la cruz» (Col 2,13-15). En la cruz,
este precioso documento, anterior qui- efectivamente, Cristo «ha destruido por la
zá al año 70, puede verse el primer tra- muerte al que tenía el imperio de la muer-
tado de cristología. Y en él se enseña te, esto es, al diablo» (Heb 2,14), y «hacién-
que los antiguos sacrificios judíos – dose Sacerdote misericordioso y fiel», de
aunque establecidos por Dios, como este modo misterioso e inefable, «ha expia-
figuras anunciadoras de la plenitud do los pecados del pueblo» (2,17).
mesiánica– «nunca podían quitar los –Sacrificio de acción de gracias. Aho-
pecados», por mucho que se reiterasen ra nosotros, «rescatados no con plata
(10,11), y que por eso mismo estaban y oro, corruptibles, sino con la sangre
llamados a desaparecer «a causa de su preciosa de Cristo, cordero sin defec-
ineficacia e inutilidad» (7,18). Ahora, to ni mancha» (1Pe 1,18-19), tenemos
en cambio, en la plenitud de los tiem- un ministerio litúrgico de alegría infini-
pos, en la Alianza Nueva, nos ha sido ta, que iniciamos en la eucaristía de
dado Jesucristo, el Sacerdote santo, este mundo, para continuarlo eterna-
inocente e inmaculado (7,26-28), que mente en el cielo, cantando la gloria
siendo plenamente divino (1,1-2; 3,6) de nuestro Redentor bendito:
y perfectamente humano (2,11-17; «Él es el verdadero Cordero que quitó el
4,15; 5,8), es capaz de ofrecer una sola pecado del mundo; muriendo, destruyó
vez un sacrificio único, el del Calvario nuestra muerte, y resucitando, restauró la
(9,26-28), de grandiosa y total eficacia vida. Por eso, con esta efusión de gozo
para santificar a los creyentes (7,16-24; pascual, el mundo entero se desborda de ale-
9; 10,10.14). gría, y también los coros celestiales, los án-
geles y los arcángeles, cantan sin cesar el
–Sacrificio de expiación y redención. himno de tu gloria» (Prefacio I pascual).
Cristo nos ha redimido con su propia san- ((Los protestantes primeros –Lutero,
gre, sufriendo en la cruz el castigo que Zuinglio, Calvino–, reconociendo el carác-
nosotros merecíamos por nuestros peca- ter sacrificial de la cruz, niegan que la misa
dos. «Traspasado por nuestras iniqui- sea un sacrificio, porque ignoran que la eu-
dades y molido por nuestros pecados, caristía no es sino el mismo misterio de la
el castigo salvador pesó sobre él, y en cruz. Partiendo de ese gran error, abo-mi-
sus llagas hemos sido curados» (Is nan de la misa, como si fuera una supers-
53,5). De este modo nuestro Salvador tición horrible, y del sacerdocio católico.
ha vencido en la humanidad el peca- Una de las dos o tres ideas fundamentales
do y la muerte, y la ha liberado de la de la Reforma protestante es, sin duda, la
extinción del sacrificio euca-rístico y del
sujeción al Demonio.
sacerdocio católico.))
José María Iraburu 21

En el signo de la Cruz En esto consiste el amor: no en que noso-


tros hayamos amado a Dios, sino en que él
Todo el Evangelio tiene su clave en «la
nos amó y nos envió a su Hijo como víctima
doctrina de la cruz de Cristo» (1Cor de propiciación por nuestros pecados» (1Jn 4,9-
1,18). Por eso el Apóstol no presume 10).
de saber de nada, sino de «Jesucristo,
y éste crucificado» (1Cor 2,2). Según Los Padres de la Iglesia no apartan sus
ya vimos, es en la cruz donde se escri- ojos de la cruz de Cristo, actualizada
be con sangre la ley divina fundamen- siempre en la eucaristía, y no se cansan
tal: cómo hay que amar a Dios y cómo de cantar su gloria en sus escritos y pre-
hay que amar al prójimo. dicaciones. Ningún otro aspecto de la
fe es tratado por ellos con tanta fre-
Pero en la cruz se nos revela también cuencia, con tanto gozo y amor. Y no
el amor inmenso que Dios nos tiene. Es hacen en eso sino prolongar la predi-
en la cruz donde se produce la supre- cación de los apóstoles: «Estoy crucifi-
ma epifanía de Dios, que «es amor» cado con Cristo, y ya no vivo yo, es
(1Jn 4,8). Mirando a la cruz, que pre- Cristo quien vive en mí. Y aunque al
side nuestras iglesias y que honra con presente vivo en la carne, vivo en la fe
su signo sagrado todo lo cristiano, es del Hijo de Dios, que me amó y se entre-
como nos sabemos hijos «elegidos de gó por mí» (Gál 2,19-20). Este espíritu
Dios, santos y amados» (Col 3,12). de los Padres, es el que ha animado a
Pues, aunque sea un misterio insonda- los santos de todos los tiempos. Así
ble, la cruz sucedió «según los desig- San Juan Crisóstomo:
nios de la presciencia de Dios» (Hch
«La cruz es el trofeo erigido contra los
2,23). No fue, como ya vimos, un ac-
demonios, la espada contra el pecado, la
cidente imprevisto, ni un fracaso: fue espada con la que Cristo atravesó a la ser-
un «mandato del Padre» (Jn 14,31), piente; la cruz es la voluntad del Padre, la
obedecido por el Hijo hasta la muerte gloria de su Hijo único, el júbilo del Espí-
(Flp 2,8). Todo lo relacionado con la ritu Santo, el ornato de los ángeles, la se-
cruz del Hijo de Dios es, sin duda, «es- guridad de la Iglesia, el motivo de gloriar-
cándalo para los judíos, locura para se de Pablo, la protección de los santos, la
los gentiles, pero fuerza y sabiduría de luz de todo el orbe» (MG 49,396).
Dios para los llamados, judíos o grie- La cruz, aún más que la resurrección,
gos» (1Cor 1,23-24). La cruz es, en efec- revela que Dios es amor, y manifiesta in-
to, la locura del amor de Dios hacia los equívocamente el amor que nos ha teni-
hombres. do Dios. Esto es lo que hace de la cruz
«La verdad es que apenas habrá quien la clave indiscutible del cristianismo.
muera por un justo; sin embargo, pudiera La resurrección gloriosa expresa de
ser que muriera alguno por uno bueno; modo formidable la divinidad de Je-
pero Dios probó su amor hacia nosotros en sucristo, su victoria sobre la muerte y
que, siendo pecadores, murió Cristo por noso- el demonio, el pecado y el mundo.
tros» (Rm 5,7-8). El Padre, en efecto, «no Pero la cruz, la sagrada y bendita cruz,
perdonó a su propio Hijo, sino que le en- es la revelación suprema de Dios, que
tregó por todos nosotros» (8,32). Este asom-
bro de San Pablo es el mismo de San Juan: es amor, y la prueba máxima del amor
«En esto se manifestó el amor que Dios nos que Dios nos tiene. La misericordia de
tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo Dios con los pecadores, la solicitud
único, para que vivamos por medio de él. paternal de su providencia, la locura
22 Síntesis de la Eucaristía

del amor divino, la misteriosa natura- dos por él. “Y alabarán al Señor los que le
leza íntima del mismo Dios, se reve- buscan” [Sal 21,27]» (Confesiones X,43,69-
lan ante todo y sobre todo en la cruz 70).
de Cristo, esa cruz que se actualiza en La cruz del Señor, actualizada cada día
el sacrificio litúrgico de la misa. «Tan- en la eucaristía, es el sello de garantía de
to amó Dios al mundo, que le entregó todo lo cristiano. Lo que no está mar-
[en Belén, y aún más, en el Calvario] cado por su gloriosa huella es sin duda
su Unigénito Hijo» (Jn 3,16). una falsificación del cristianismo. No
San Agustín exclama en sus Confe- es posible ser discípulo de Cristo, no
siones: es posible seguirle, sin tomar cada día
la cruz (Lc 14,27). El verdadero cami-
«¡Oh, cómo nos amaste, Padre bueno,
que “no perdonaste a tu Hijo único, sino
no evangélico, que lleva a la vida y a
que lo entregaste por nosotros, que éramos la alegría, es un camino estrecho, que
pecadores” [Rm 8,32]! ¡Cómo nos amaste a pasa por una puerta angosta (Mt 7,13-
nosotros, por quienes tu Hijo “no hizo alar- 14).
de de ser igual a ti, sino que se rebajó has- La Iglesia que «no se avergüenza del
ta someterse a una muerte de cruz” [+Flp Evangelio» (+Rm 1,16; 2Tim 1,8) es la
2,6]! Siendo como era el único libre entre
que se gloría siempre en la cruz de Cris-
los muertos, “tuvo poder para entregar su
vida y tuvo poder para recuperarla” [+Jn to (Gál 6,14), y no en otras cosas. Es la
10,18]. Por nosotros se hizo ante ti vence- que en su fe, predicación y espiritua-
dor y víctima: vencedor, precisamente por lidad permanece fielmente centrada
ser víctima; por nosotros se hizo ante ti sa- en la Cruz sagrada, de donde procede
cerdote y sacrificio: sacerdote, precisamen- toda salvación, honor y gracia. En tal
te del sacrificio que fue él mismo. Siendo Iglesia no se requieren grandes expli-
tu Hijo, se hizo nuestro servidor, y nos caciones sobre la eucaristía. Pocas pa-
transformó, para ti, de esclavos en hijos... labras bastan para introducir en el
«Aterrado por mis pecados y por el peso misterio de su liturgia. Por el contra-
enorme de mi miseria, había meditado en rio, allí donde prevalezcan «los enemigos
mi corazón y decidido huir a la soledad; de la cruz de Cristo» (Flp 3,18), allí don-
pero tú me lo prohibiste y me tranquilizas- de se va dejando de lado la Pasión re-
te, diciendo: “Cristo murió por todos, para dentora, para centrar la atención de los
que los que viven ya no vivan para sí, sino
para aquel que murió por ellos” [1Cor 5,75].
cristianos en temas «más positivos», la
eucaristía resulta ininteligible. Y en-
«He aquí, pues, Señor, que arrojo ya en tonces, de poco le servirán al pueblo
ti mi cuidado, a fin de que viva y pueda cristiano las explicaciones sobre la li-
“contemplar las maravillas de tu voluntad”
[Sal 118,18]. Tú conoces mi ignorancia y mi
turgia eucarística, por minuciosas y
flaqueza: enséñame y sáname. Tu Hijo úni- pedagógicas que sean. Alejado de la
co, “en quien están encerrados todos los Cruz, el pueblo ha ido perdiendo la
tesoros de la sabiduría y de la ciencia” [Col inteligencia de la fe.
2,3], me redimió con su sangre. “No me
opriman los insolentes” [Sal 118,122], por-
que yo tengo en cuenta mi rescate, y lo Stabat Mater dolorosa
como y lo bebo y lo distribuyo, y aunque juxta Crucem lacrimosa
pobre, deseo saciarme de él en compañía No hemos de terminar esta breve
de aquellos que comen de él y son sacia- evocación de la Pasión sin decir que
José María Iraburu 23

en el mismo centro del Misterio Pascual dado «ver» cómo Jesús se va del mun-
está la Virgen María: «junto a la cruz do y asciende al cielo (Hch 1,9). Des-
de Jesús estaba su madre» (Jn 19,25). de allí ha de venir, al final de los tiem-
Ella se une tan indeciblemente a Cris- pos, para juzgar a vivos y muertos (Mt
to por el amor, que durante la Pasión 25,31-33). Pero hasta que se produzca
puede decirse que es insultada, tenta- esta gloriosa parusía, una cierta nostal-
da por el demonio, abandonada por gia de la presencia visible de Jesús forma
los discípulos, azotada y despreciada, parte de la espiritualidad cristiana.
y que, como su Hijo, ella también su- Y así dice San Pablo: «deseo morir para
fre pavor y angustia, pensando sobre estar con Cristo, que es mucho mejor» (Flp
todo en la posible suerte de los répro- 1,23); y también: «mientras moramos en
bos. Finalmente, la lanza del soldado, este cuerpo estamos ausentes del Señor,
más que a Cristo, ya muerto e impa- porque caminamos en fe y no en visión;
sible, la atraviesa a ella, que está viva, pero confiamos y quisiéramos más partir
aunque medio muerta por la pena. del cuerpo y estar presentes al Señor» (2
Cor 5,6-8). Por eso, hasta entonces, «mien-
Se han cumplido, pues, aquellas palabras tras esperamos la gloriosa venida de nues-
proféticas que Simeón, con el niño Jesús en tro Salvador Jesucristo», debemos «buscar
sus brazos, «dijo a María, su madre: Mira, las cosas de arriba, donde está Cristo sen-
éste está puesto para caída y levantamien- tado a la derecha de Dios» (Col 3,1).
to de muchos en Israel y para señal de con-
tradicción; mientras que a ti una espada te Ahora bien, no olvidemos que, an-
atravesará el corazón» (Lc 2,34-35). tes de su ascensión, Cristo nos prome-
La pasión de la Virgen María es, tió su presencia espiritual hasta el fin de
los siglos (Mt 28,20). No nos ha dejado
pues, parte integrante del Misterio
huérfanos, pues está en nosotros y ac-
Pascual y, por tanto, de la santa misa,
que lo actualiza bajo los velos de la li- túa en nosotros por su Espíritu (Jn
14,15-19; 16,5-15). Y esta presencia ac-
turgia (+Catecismo 964).
tiva y misteriosa se produce sobre todo
en los ritos litúrgicos. En efecto, as-
cendido a los cielos, Jesucristo, sacer-
dote eterno, «vive siempre para inter-
ceder por nosotros» (+Heb 7,25).
3 La verdadera naturaleza de la liturgia
cristiana nos viene, pues, definida en
El misterio tres afirmaciones básicas del Vaticano
II.
de la liturgia 1. La liturgia es «el ejercicio del
sacerdocio de Jesucristo».
«En ella los signos sensibles significan y,
Ascensión del Señor a los cielos cada uno de ellos a su manera, realizan la
Cristo Salvador, una vez cumplida su santificación del hombre, y así el Cuerpo
obra, ascendió a los cielos. Había salido místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y
del Padre para venir al mundo, y aho- sus miembros, ejerce el culto público ínte-
ra deja el mundo para volver al Padre gro» (SC 7c). En la liturgia, la finalidad
(Jn 16,28). Y a los discípulos les es doxológica, por la que se glorifica a Dios
24 Síntesis de la Eucaristía

(doxa, gloria), y la soteriológica, que procu- sacerdocio real, una nación santa, un
ra al hombre la salvación (sotería), van pueblo adquirido para pregonar el po-
siempre expresamente unidas. der del que os llamó de las tinieblas a
2. La liturgia de la Iglesia visible es su luz admirable» (1Pe 2,5-9; +Ex 19,6).
una participación de la liturgia celestial. También en el Apocalipsis los cristia-
«En la liturgia terrena pregustamos y to- nos, especialmente los mártires, son
mamos parte en aquella liturgia celestial llamados sacerdotes de Dios (1,6; 5,10;
que se celebra en la santa ciudad de Jeru- 20,6). Y esta inmensa dignidad les vie-
salén, hacia la cual nos dirigimos como pe- ne de su unión sacramental a Cristo
regrinos» (SC 8). Esta doctrina es la clave sacerdote.
misma de la carta a los Hebreos, y sin ella Así Santo Tomás de Aquino: «Todo el
no puede entenderse la liturgia cristiana: culto cristiano deriva del sacerdocio de
«El punto principal de todo lo dicho es que Cristo. Y por eso es evidente que el carác-
tenemos un Sumo Sacerdote que está sen- ter sacramental es específicamente carácter
tado a la diestra del trono de la Majestad de Cristo, a cuyo sacerdocio son configu-
en los cielos, como ministro del santuario rados los fieles según los caracteres
y del tabernáculo verdadero» (Heb 8,1-2). sacramentales [bautismo, confirmación, or-
3. La liturgia terrena es, pues, presen- den], que no son otra cosa sino ciertas par-
cia eficacísima en este mundo del Cristo ticipaciones del sacerdocio de Cristo, del
glorioso. mismo Cristo derivadas» (STh III,63,3).
En efecto, «Cristo está siempre presente a Pues bien, en la liturgia Jesucristo
su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. ejercita su sacerdocio unido a su pueblo
Está presente en el sacrificio de la misa, sea sacerdotal, que es la Iglesia. Y «realmen-
en la persona del ministro, ofreciéndose te en esta obra tan grande, por la que
ahora por ministerio de los sacerdotes el Dios es perfectamente glorificado y
mismo que entonces se ofreció en la cruz, los hombres santificados, Cristo aso-
sea sobre todo bajo las especies eucarís-ticas. cia siempre consigo a su amadísima
Está presente con su virtud en los sacra-
mentos, de modo que, cuando alguien bau-
esposa la Iglesia» (SC 7b). Concreta-
tiza, es Cristo quien bautiza. Está presente mente, cualquier acción litúrgica,
en su palabra, pues cuando se lee en la Igle- como enseña Pablo VI, «cualquier
sia la sagrada Escritura, es él quien habla. misa, aunque celebrada privadamen-
Está presente, por último, cuando la Igle- te por el sacerdote, sin embargo no es
sia suplica y canta salmos, aquel mismo que privada, sino que es acto de Cristo y de
prometió: «donde dos o tres están congre- la Iglesia» (Mysterium fidei; +LG 26a).
gados en mi nombre, allí estoy yo en me-
dio de ellos» (Mt 18,20)» (SC 7a). A partir Y por otra parte la misma vida cris-
de la presencia de Jesús, que está en los cie- tiana ha de ser toda ella una liturgia per-
los, han de entenderse todos estos modos manente. Si hemos de «dar en todo gra-
eclesiales de hacerse realmente presente en- cias a Dios» (1 Tes 5,18), eso es preci-
tre nosotros. samente la eucaristía: acción de gra-
cias, «siempre y en todo lugar» (Pre-
facios). Si en la misa le pedimos a Dios
El pueblo cristiano sacerdotal que «nos transforme en ofrenda per-
Todo el pueblo cristiano es sacerdotal. manente» (PE III), es porque sabemos
La comunidad reunida en torno a que toda nuestra vida tiene que ser un
Cristo forma «una estirpe elegida, un culto incesante. Así lo entendió la
José María Iraburu 25
Iglesia desde su inicio: tre sus hermanos. Sacerdos alter
La limosna es una «liturgia» (2 Cor 9,12; Christus.
+Rm 15,27; Sant 1,27). Comer, beber, reali-
En efecto, el Vaticano II nos enseña que
zar cualquier actividad, todo ha de hacer-
«el sacerdocio común de los fieles y el
se para gloria de Dios, en acción de gracias
sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque
(1 Cor 10,31). La entrega misionera del
diferentes esencialmente, y no sólo en gra-
Apóstol es liturgia y sacrificio (Flp 2,17). En
do, se ordenan sin embargo el uno al otro,
la evangelización se oficia un ministerio sa-
pues ambos participan a su manera del úni-
grado (Rm 15,16). La oración de los fieles
co sacerdocio de Cristo. El sacerdocio minis-
es un sacrificio de alabanza (Heb 13,15). En
terial, por la potestad sagrada de que goza,
fin, los cristianos debemos entregar día a
forma y dirige al pueblo sacerdotal, confec-
día nuestra vida al Señor como «perfume
ciona el sacrificio eucarístico en la persona
de suavidad, sacrificio acepto, agradable a
de Cristo, y lo ofrece en nombre de todo
Dios» (Flp 4,18); es decir, «como hostia
el pueblo de Dios. Los fieles en cambio, en
viva, santa, grata a Dios; éste ha de ser
virtud de su sacerdocio real, concurren a la
vuestro culto espiritual» (Rm 12,1).
ofrenda de la eucaristía, y lo ejercen en la
Así pues, todos los cristianos han de recepción de los sacramentos, en la oración
ejercitar con Cristo su sacerdocio tanto y acción de gracias, mediante el testimonio
en su vida, como en el culto litúrgico, de una vida santa, en la abnegación y cari-
aunque en éste no todos participen dad operante» (LG 10b).
del sacerdocio de Jesucristo del mis- Con más fuerza expresiva aún el Sínodo
mo modo. Episcopal de 1971, dedicado al tema del
sacerdocio, afirma estas realidades de la fe:
«Entre los diversos carismas y servicios,
El sacerdote, ministro únicamente el ministerio sacerdotal del
re-presentante de Cristo Nuevo Testamento, que continúa el minis-
terio de Cristo mediador y es distinto del
Todo el pueblo cristiano es sacerdo-
sacerdocio común de los fieles por su esen-
tal, pues tiene por cabeza a Cristo Sa- cia, y no solo por grado, es el que hace pe-
cerdote, y está destinado a promover renne la obra esencial de los Apóstoles. En
la gloria de Dios y la salvación de los efecto, proclamando eficazmente el Evan-
hombres, haciendo de sus propias vi- gelio, reuniendo y guiando la comunidad,
das una ofrenda permanente. Pero perdonando los pecados y, sobre todo, ce-
quiso el Señor instituir un «especial lebrando la Eucaristía, hace presente a Cris-
sacramento [el del Orden] con el que to, Cabeza de la comunidad, en el ejercicio
los presbíteros, por la unción del Espíri- de su obra de redención humana y de per-
tu Santo, quedan sellados con un carác- fecta glorificación de Dios... El sacerdote
hace sacramentalmente presente a Cristo, Sal-
ter particular, y así se configuran con
vador de todo el hombre, entre los herma-
Cristo sacerdote, de suerte que puedan nos, no sólo en su vida personal, sino tam-
obrar como en persona de Cristo ca- bién social» (II,4).
beza» (Vat.II, PO 2c). La gracia propia
del sacramento les da un nuevo ser, Que el sacerdote re-presenta a Cristo
que les hace posible un nuevo obrar. en la eucaristía, y que obra en su per-
En adelante, estos cristianos constitui- sona, en su nombre, es algo cierto en
dos sacerdotes-ministros, han de vi- la fe. Las oraciones eucarísticas presi-
vir, siempre y en todo lugar, el minis- denciales, las que reza el sacerdote
terio de la representación de Cristo en- solo, son oraciones «de Cristo con su
Cuerpo al Padre» (+SC 84). En la litur-
26 Síntesis de la Eucaristía

gia de la Palabra, es Cristo mismo el esa procesión de los ramos él está simboli-
que enseña y predica a su pueblo. Es zando a Cristo. Ignora igualmente el sacer-
Él mismo, ciertamente, quien en la li- dote esa re-presentación misteriosa de Cris-
turgia sacrificial dice «esto es mi cuer- to cuando, modificando los saludos y bendi-
ciones, dice en la misa: «El Señor esté con
po, ésta es mi sangre». Es Él quien sa-
nosotros», la bendición de Dios «descien-
luda al pueblo, quien lo bendice, da sobre nosotros», «Vayamos en paz». En
quien, al final de la misa, lo envía al realidad, actuando no en cuanto ministro
mundo. Con sus ornamentos, palabras representante de Cristo-cabeza, sino como
y acciones sagradas, el sacerdote es sím- un miembro más de Cristo, oculta al Señor,
bolo litúrgico de Jesucristo; no tanto del a quien debería visibilizar en esos actos mi-
Cristo histórico, sino del Cristo resuci- nisteriales.
tado y celestial, que sentado a la dere- Se podrían multiplicar los ejemplos,
cha del Padre, como Sacerdote de la pero todos ellos nos llevarían a la mis-
Nueva Alianza, «vive siempre para ma comprobación: la fe en el ministe-
interceder» por nosotros (Heb 7,25). rio de la re-presentación litúrgica de
Por eso, la vivencia plena de la euca- Cristo está hoy con frecuencia escasa-
ristía exige una facilidad para reconocer mente actualizada, incluso entre los
a Cristo en el sacerdote. Apenas es po- mismos sacerdotes. El igualitarismo de
sible entender bien en la fe la eucaris- la mentalidad vigente es, sin duda,
tía, y participar de ella, si en la prác- uno de los condicionantes ambienta-
tica se ignora este aspecto del miste- les que explican ese oscurecimiento
rio. En efecto, el ministro sacerdote en de un aspecto de la fe.))
la misa visibiliza la presencia y la ac-
ción invisible del único sacerdote, Je-
sucristo. Y, por supuesto, el ministerio Lo sagrado cristiano
del sacerdote visible no debe velar, En la esfera litúrgica es frecuente el
sino revelar esa presencia invisible del uso de la categoría de «sagrado». Pero
Sacerdote eterno. ¿qué es lo sagrado en la Iglesia? En un
((Si no se ve a Cristo en el sacerdote, la misa
sentido amplio, toda la Iglesia es sa-
resulta en buena parte ininteligible, y será in- grada, pues es «sacramento universal
evitable que en su celebración se incurra en de salvación» (LG 48b, AG 1a). Sin
prácticas erróneas –sobre todo si el mismo embargo, el lenguaje tradicional sue-
sacerdote vive escasamente este misterio de le hablar más bien de sagradas Escri-
la fe–. Podemos apreciar esto con algunos turas, lugares sagrados, sagrados cáno-
ejemplos. El presbítero en la sede re-pre- nes conciliares, sagrados pastores, etc.,
senta a Cristo, que preside la asamblea y por supuesto, sagrada liturgia. En
eucarística, sentado a la derecha de Dios efecto, en Cristo, en su Cuerpo místi-
Padre: una banquetilla, que hace de sede, pro- co, que es la Iglesia, se dicen sagradas
clama la ignorancia de esta realidad de la
fe. El Domingo de Ramos los fieles en la
aquellas criaturas –personas, cosas, lu-
procesión aclaman a Cristo, re-presentado gares, tiempos, acciones– que han sido
por el sacerdote celebrante, que entra en el especialmente elegidas y consagradas por
templo –en Jerusalén–, para ofrecer el sa- Dios en orden a su glorificación y a la
crificio, y le acompañan con palmas: si el santificación de los hombres.
sacerdote lleva también su palma no parece Según esto, santo y sagrado son distintos.
que tenga muy clara conciencia de que en Un ministro sagrado, por ejemplo, si es pe-
José María Iraburu 27

cador, no es santo, pero sigue teniendo una Que la mente concuerde con la voz
sacralidad especial, que le permite realizar
Hemos recordado brevemente la
con eficacia ciertas funciones santificantes.
De Dios no se dice que sea sagrado, sino
naturaleza misteriosa de lo sagrado y
que es Santo. Lo sagrado, en efecto, es siem- de la liturgia. Afirmemos ahora, antes
pre criatura. Jesucristo, en cambio, es a un de analizar la celebración de la euca-
tiempo el Santo y el sagrado por excelen- ristía, el valor precioso de la oración vo-
cia. En efecto, la humanidad sagrada de cal, y especialmente de la oración vocal
Cristo, el Ungido de Dios, es la fuente de litúrgica. Toda la liturgia, y concreta-
toda sacralidad cristiana. mente la eucaristía, es una gran ora-
ción, una grandiosa oración vocal:
himnos y colectas, salmos, responso-
La disciplina sagrada
rios, anáforas.
de la sagrada liturgia
La oración vocal –como en otro lugar he-
La Iglesia tiene el derecho y el deber de mos escrito– «es el modo de orar más hu-
configurar las formas concretas de la sa- milde, más fácil de enseñar y de aprender,
grada liturgia, porque ellas son la ex- más universalmente practicado en la histo-
presión más importante del misterio ria de la Iglesia, y más válido en todas las
de la fe. El concilio Vaticano II, por edades espirituales... El cristiano, rezando
ejemplo, ateniéndose a esta verdad, da las oraciones vocales de la Iglesia, proceden-
normas sobre imágenes y templos, tes de la Biblia, de la liturgia o de la tradi-
cantos y ritos (SC 22), y por eso mis- ción piadosa, abre su corazón al influjo del
mo, previendo las arbitrariedades po- Espíritu Santo, que le configura así a Cris-
sibles de orgullosos o ignorantes, or- to orante. Se hace como niño, y se deja en-
señar a orar» (Rivera- Iraburu, Síntesis 434).
dena «que nadie, aunque sea sacerdo-
te, añade, quite o cambie cosa alguna El menosprecio de la oración vocal
por iniciativa propia en la liturgia» cierra en gran medida la puerta a la
(22,3). espiritualidad litúrgica. Por el contra-
Lo sagrado es un lenguaje, verbal o fácti-
rio, tener devoción y afecto por las
co, que establece y expresa la comunión es- oraciones vocales facilita en gran me-
piritual unánime de los fieles. Pero un len- dida la vida litúrgica, y concretamen-
guaje, si es arbitrario, no establece comu- te la vivencia de la misa. En efecto,
nicación, como no sea entre un grupo de una de las maneras más sencillas y efi-
iniciados. Por eso los ritos sagrados impli- caces de participar en la eucaristía con-
can repetición tradicional, serenamente pre- siste simplemente en procurar «que la
visible. En este sentido, los fieles tienen de- mente concuerde con la voz». Esta nor-
recho a participar en la eucaristía de la Igle- ma litúrgica del Vaticano II (SC 90) es
sia católica –no en la de Don Fulano–. Y sumamente tradicional, y la encontra-
para que puedan participar más profunda-
mos, por ejemplo, en Santo Tomás
mente en los ritos litúrgicos, «los ministros
no sólo han de desempeñar su función rec- (STh II-II,83,13) o en Santa Teresa (Ca-
tamente, según las normas de las leyes mino Perf. 25,3; 37,1). Digamos, pues,
litúrgicas, sino actuar de tal modo que in- de corazón lo que decimos en la misa.
culquen el sentido de lo sagrado» Hagamos nuestro de verdad, con una
(Eucharisticum mysterium 20). continua atención e intención, todo lo
que dice el sacerdote. No tenga que
reprocharnos el Señor: «Este pueblo
28 Síntesis de la Eucaristía

me honra con los labios, pero su cora-


zón está lejos de mí» (Mt 7,6 = Is
29,13). 4
Y que la voz se oiga y entienda
La liturgia
El sacerdote que preside, dando a su
recitación la claridad, entonación y
de la eucaristía
velocidad convenientes, ha de preten-
der que los fieles asistentes a la cele- Nombres
bración puedan con facilidad enten- Los nombres hoy más usuales para
der, atender y participar, haciendo designar la actualización litúrgica del
suyo lo que él va diciendo. No está él misterio pascual son: misa, eucaristía,
haciendo una oración sólamente orde- cena del Señor, sacrificio de la Nueva
nada a su devoción privada, sino que Alianza, memorial de la Pascua, mesa del
está orando, en un ministerio sagrado, Señor, sagrados misterios... Otros nom-
en el nombre de Cristo y de la Iglesia. bres, muy antiguos y venerables,
Y los fieles congregados, por supues- como synaxis, anáfora, sacrum, y espe-
to, deben participar también activa- cialmente fracción del pan (Hch 2,42),
mente en aquellos cantos y respues- hoy han caído en desuso.
tas, acciones y aclamaciones que les
corresponden, poniendo el corazón en
lo que dicen o hacen. En la Casa de Lugar de la celebración
Dios están en su casa, como hijos del –El templo. La eucaristía se celebra
Padre, hermanos de Cristo, unidos en normalmente en el templo, lugar de
un mismo Espíritu. No tienen, pues, sacralidad muy intensa y patente. Y
que estar cohibidos. El respeto y la hu- recordemos aquí que porque todo el
mildad con que se debe asistir a los mundo y todos sus lugares son de
sagrados misterios no debe llevarles a Dios, por eso precisamente los cristia-
colocarse al fondo de la Iglesia, lo más nos le consagramos públicamente a Él
lejos posible del altar, o a recitar lo que algunos lugares, los templos, que están
es su parte en voz casi inaudible, como edificados como Casa de Dios, es de-
si en cierto modo fueran espectadores cir, como lugares privilegiados para
distantes o intrusos ajenos a la cele- orar, glorificar a Dios y santificar a los
bración. Los cristianos no van a oir hombres. El Ritual de la dedicación de
misa, sino a participar en ella. Éste es, iglesias y de altares, renovado después
grandiosamente, su derecho y su de- del Vaticano II (1977), expresa estas
ber. realidades de la fe con preciosas lec-
turas y oraciones.
«Con razón, pues, desde muy antiguo, se
llamó iglesia al edificio en el cual la comu-
nidad cristiana se reúne para escuchar la
palabra de Dios, para orar unida, para re-
cibir los sacramentos y celebrar la eucaris-
tía. Por el hecho de ser un edificio visible,
José María Iraburu 29

esta casa es un signo peculiar de la Iglesia la fe, por el sacerdote. Cristo, en efec-
peregrina en la tierra e imagen de la Igle- to, «está presente en la persona del
sia celestial» (OGMR 257). ministro» (SC 7a). Por eso, lugar pro-
Ahora bien, dentro del templo, y en pio del sacerdote, pre-sedente de la
orden a la eucaristía, hay tres lugares asamblea eclesial, es la sede, o si se
fundamentales cuya significación he- quiere, la cátedra –de ahí viene el
mos de conocer bien: el altar, la sede nombre de las catedrales–, desde la
y el ambón. cual, en el nombre de Cristo, el obis-
–El altar. El altar es el lugar de Cris- po o el presbítero preside y predica,
to-Víctima sacrificada. Su forma ha ora y bendice al pueblo.
ido variando al paso de los siglos, con- ((No parece, pues, que una silla normal o
servando siempre como referencias una banqueta sean los signos más adecua-
fundamentales la mesa del Señor, en la dos de algo tan noble. Sería, por otra par-
que cena con sus discípulos, y el ara, te, en general, un error pretender que la li-
turgia de la Iglesia exprese la pobreza que Cris-
significada a veces antiguamente por to vivió en Nazaret o en su ministerio públi-
el sepulcro de un mártir, en la que se co. Entonces sí, la sede sería una banqueta,
consuma el sacrificio del Calvario. En el ambón un atril cualquiera, el altar y los
todo caso, la distribución espacial no manteles una mesa común de familia, etc.
sólo del presbiterio, sino de todo el Pero aunque es verdad que la hermosura
templo, debe quedar centrada en el al- propia de la pobreza evangélica debe mar-
tar. car, sin duda, los signos de la liturgia, és-
tos deben remitir eficazmente a las realida-
–El ambón. Es el lugar propio de des celestiales. Y en este sentido, como el
Cristo-Palabra divina. Los fieles con- Vaticano II enseña, fiel a la tradición uná-
gregados reciben cuanto desde allí se nime de Oriente y Occidente, «la santa ma-
proclama «no como palabra humana, dre Iglesia siempre fue amiga de las bellas
sino como lo que es realmente, como artes, y buscó constantemente su noble ser-
palabra divina» (1Tes 2,13). Ha de vicio y apoyó a los artistas, principalmente
dársele, pues, una importancia seme- para que las cosas destinadas al culto sagrado
jante a la del altar. fueran en verdad dignas, decorosas y bellas, sig-
nos y símbolos de la realidades celestiales» (SC
En efecto, «la dignidad de la palabra de 122b).))
Dios exige que en la iglesia haya un sitio
reservado para su anuncio... Conviene que
en general este sitio sea un ambón estable, Estructura fundamental de la misa
no un fascistol portátil... Desde el ambón
se proclaman las lecturas, el salmo La estructura fundamental de la eu-
responsorial y el pregón pascual; pueden caristía, desde el principio de la Igle-
también hacerse desde él la homilía y la sia, ha sido siempre la misma. Lo po-
oración universal de los fieles. Es menos dremos comprobar, al final, en un bre-
conveniente que ocupen el ambón el co- ve apéndice histórico. Como en la úl-
mentarista, el cantor o el director del coro» tima Cena, siempre la eucaristía ha ce-
(OGMR 272). lebrado primero una liturgia de la Pala-
–La sede. Es el lugar de Cristo, Señor bra, seguida de una liturgia sacrificial,
y Maestro, que está sentado a la dere- en la que el cuerpo de Cristo se entre-
cha del Padre, y que preside la asam- ga y su sangre se derrama; y este ban-
blea eucarística, haciéndose visible, en quete, sacrificial y memorial, se ha ter-
30 Síntesis de la Eucaristía

minado en la comunión. nes hacia el altar: ésta, en la entrada; la que


se realiza al ir a presentar los dones en el
Pues bien, aquí nosotros analizare- ofertorio; y la de la comunión.
mos la celebración eucarística en su
forma actual, que ya halla anteceden-
tes muy directos en la segunda mitad Veneración del altar
del siglo IV, cuando la Iglesia –tras la El altar es, durante la celebración
conversión de Constantino, obtenida eucarística, el símbolo principal de Cris-
ya la libertad cívica–, va dando a su li- to. Del Señor dice la liturgia que es
turgia, como a tantas otras cosas, for- para nosotros «sacerdote, víctima y
mas comunitarias y públicas más per- altar» (Pref. pascual V). Y evocando, al
fectas. mismo tiempo, la última Cena, el al-
Examinemos, pues, la misa en sus tar es también, como dice San Pablo,
partes fundamentales: «la mesa del Señor» (1Cor 10,21).
-I. Ritos iniciales Por eso, ya desde el inicio de la misa, el
altar es honrado con signos de suma vene-
-II. Liturgia de la Palabra ración: «cuando han llegado al altar, el sa-
-III. Liturgia del Sacrificio: A. Prepa- cerdote y los ministros hacen la debida re-
ración de los dones; B. plegaria euca- verencia, es decir, inclinación profunda... El
rística; C. comunión. sacerdote sube al altar y lo venera con un
beso. Luego, según la oportunidad, inciensa
-IV. Rito de conclusión. el altar rodeándolo completamente»
(OGMR 84-85).
El pueblo cristiano debe unirse espiri-
tualmente a éstos y a todos los gestos y
I. RITOS INICIALES
acciones que el sacerdote, como presi-
dente de la comunidad, realiza a lo
-Canto de entrada -Veneración del altar - largo de la misa. En ningún momento
La Trinidad y la Cruz -Saludo -Acto pe- de la misa deben los fieles quedarse
nitencial -Señor, ten piedad -Gloria a Dios como espectadores distantes, no com-
-Oración colecta. prometidos con lo que el sacerdote
dice o hace. El sacerdote, «obrando
como en persona de Cristo cabeza»
Canto de entrada
(PO 2c), en-cabeza en la eucaristía las
Ya en el siglo V, en Roma, se inicia acciones del Cuerpo de Cristo; pero el
la eucaristía con una procesión de en- pueblo congregado, el cuerpo, en todo
trada, acompañada por un canto. Hoy, momento ha de unirse a las acciones
como entonces, «el fin de este canto es de la cabeza. A todas.
abrir la celebración, fomentar la unión
de quienes se han reunido, y elevar
sus pensamientos a la contemplación La Trinidad y la Cruz
del misterio litúrgico o de la fiesta» «En el nombre del Padre, + y del Hijo,
(OGMR 25). y del Espíritu Santo». Con este formi-
Nótese que en las celebraciones solemnes dable Nombre trinitario, infinitamen-
de la eucaristía puede haber tres procesio- te grandioso, por el que fue creado el
José María Iraburu 31

mundo, y por el que nosotros nacimos pueblo cristiano culmina la recitación


en el bautismo a la vida divina, se ini- del Credo o del Gloria con el término
cia la celebración eucarística. Los cris- Amén, y con él responde también a las
tianos, en efecto, somos los que «invo- oraciones presidenciales que en la misa
camos el nombre del Señor» (+Gén recita el sacerdote, concretamente a
4,26; Mc 9,3). Y lo hacemos ahora, tra- las tres oraciones variables –colecta,
zando sobre nosotros el signo de la ofertorio y postcomunión– y especial-
Cruz, de esa Cruz que va a actualizar- mente a la doxología final solemnísima,
se en la misa. No se puede empezar con la que se concluye la gran plega-
mejor. ria eucarística. Y cuando el sacerdote
El pueblo responde: «Amén». Y Dios en la comunión presenta la sagrada
quiera que esta respuesta –y todas las hostia, diciendo «El cuerpo de Cris-
propias de la comunidad eclesial con- to», el fiel responde Amén: «Sí, ésa es
gregada– no sea un murmullo tímido, la verdad, ésa es la fe de la Iglesia».
apenas formulado con la mente ausen-
te, sino una voz firme y clara, que ex- Saludo
presa con fuerza un espíritu unánime.
Pero veamos el significado de esta pa- El Señor nos lo aseguró: «Donde dos
labra. o tres están congregados en mi Nom-
bre, allí estoy yo presente en medio de
ellos» (Mt 18,19). Y esta presencia mis-
Amén teriosa del Resucitado entre los suyos
La palabra Amén es quizá la aclama- se cumple especialmente en la asam-
ción litúrgica principal de la liturgia blea eucarística. Por eso el saludo ini-
cristiana. El término Amén procede de cial del sacerdote, en sus diversas fór-
la Antiguo Alianza: «Los levitas alzarán mulas, afirma y expresa esa maravillo-
la voz, y en voz alta dirán a todos los sa realidad:
hombres de Israel... Y todo el pueblo –«El Señor esté con vosotros» (+Rut 2,4;
responderá diciendo: Amén» (Dt 27,15- 2Tes 3,16)... «La gracia de nuestro Señor Je-
26; +1Crón 16,36; Neh 8,6). Según los sucristo, el amor del Padre y la comunión
diversos contextos, Amén significa, del Espíritu Santo estén con todos vosotros»
(2Cor 13,13)...
pues: «Así es, ésa es la verdad, así sea».
Por ejemplo, las cuatro primeras par- –«Y con tu espíritu».
tes del salterio terminan con esa ex- «La finalidad de estos ritos [inicia-
presión: «Bendito el Señor, Dios de Is- les] es hacer que los fieles reunidos
rael: Amén, amén» (Sal 40,14; +71,19; constituyan una comunidad, y se dis-
88,53; 105,48). pongan a oír como conviene la pala-
Pues bien, en la Nueva Alianza sigue bra de Dios y a celebrar dignamente la
resonando el Amén antiguo. Es la acla- eucaristía» (OGMR 24).
mación característica de la liturgia ce-
lestial (+Ap 3,14; 5,14; 7,11-12; 19,4), y
Acto penitencial
en la tradición cristiana conserva todo
su antiquísimo vigor expresivo Moisés, antes de acercarse a la zar-
(+1Cor 14,16; 2Cor 1,20). En efecto, el za ardiente, antes de entrar en la Pre-
32 Síntesis de la Eucaristía

sencia divina, ha de descalzarse, por- perdón, pedimos también «a Santa


que entra en una tierra sagrada (+Ex María, siempre Virgen, a los ángeles,
3,5). Y nosotros, los cristianos, antes a los santos y a vosotros, hermanos»,
que nada, «para celebrar dignamente es- que intercedan por nosotros.
tos sagrados misterios», debemos solici- –«Dios todopoderoso tenga misericor-
tar de Dios primero el perdón de nuestras dia de nosotros, perdone nuestros peca-
culpas. Hemos de tener clara concien- dos y nos lleve a la vida eterna». Esta
cia de que, cuando vamos a entrar en hermosa fórmula litúrgica, que dice el
la Presencia divina, cuando llevamos sacerdote, no absuelve de todos los
la ofrenda ante el altar (+Mt 5,23-25), pecados con la eficacia ex opere operato
debemos examinar previamente nues- propia del sacramento de la peniten-
tra conciencia ante el Señor (1Cor cia. Tiene más bien un sentido
11,28), y pedir su perdón. «Los limpios depreca-tivo, de tal modo que, por la
de corazón verán a Dios» (Mt 5,8). mediación suplicante de la Iglesia y
Este acto penitencial, que puede realizar- por los actos personales de quienes
se según diversas fórmulas, ya estaba en asisten a la eucaristía, perdona los pe-
uso a fines del siglo I, según el relato de la cados leves de cada día, guardando así
Didaqué: «Reunidos cada día del Señor, par- a los fieles de caer en culpas más gra-
tid el pan y dad gracias, después de haber
ves. Por lo demás, en otros momentos
confesado vuestros pecados, a fin de que
vuestro sacrificio sea puro» (14,1). Antigua- de la misa –el Gloria, el Padrenuestro,
mente, el acto penitencial era realizado el No soy digno– se suplica también, y
sólamente por los ministros celebrantes. Y se obtiene, el perdón de Dios.
por primera vez este acto se hace comuni- El Catecismo enseña que «la eucaristía no
tario en el Misal de Pablo VI. En las misas puede unirnos [más] a Cristo sin purifi-
dominicales, especialmente en el tiempo carnos al mismo tiempo de los pecados co-
pascual, puede convenir que la aspersión del metidos y preservarnos de futuros peca-
agua bendita, evocando el bautismo, dé es- dos» (1393). «Como el alimento corporal sir-
pecial solemnidad a este rito penitencial. ve para restaurar la pérdida de fuerzas, la
–«Yo confieso, ante Dios todopodero- eucaristía fortelece la caridad que, en la
so»... A veces, con malevolencia, se vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta
caridad vivificada borra los pecados veniales
acusa de pecadores a los cristianos pia-
(+Conc. Trento). Dándose a nosotros, Cris-
dosos, «a pesar de ir tanto a mi-sa»... to reaviva nuestro amor y nos hace capa-
Pues bien, los que frecuentamos la eu- ces de romper los lazos desordenados con
caristía hemos de ser los más conven- las criaturas y de arraigarnos en Él» (1394).
cidos de esa condición nuestra de pe- Así pues, «por la misma caridad que en-
cadores, que en la misa precisamente ciende en nosotros, la eucaristía nos preserva
confesamos: «por mi gran culpa». Y de futuros pecados mortales. Cuanto más par-
por eso justamente, porque nos sabe- ticipamos en la vida de Cristo y más pro-
mos pecadores, por eso frecuentamos gresamos en su amistad, tanto más dificil
la eucaristía, y comenzamos su cele- se nos hará romper con él por el pecado
mortal. La eucaristía [sin embargo] no está
bración con la más humilde petición
ordenada al perdón de los pecados morta-
de perdón a Dios, el único que puede les. Esto es propio del sacramento de la Re-
quitarnos de la conciencia la mancha conciliación. Lo propio de la eucaristía es
indeleble y tantas veces horrible de ser el sacramento de los que están en ple-
nuestros pecados. Y para recibir ese na comunión con la Iglesia» (1395).
José María Iraburu 33

En este sentido, «nadie, consciente de


pecado mortal, por contrito que se crea, Gloria a Dios
se acerque a la sagrada eucaristía, sin
que haya precedido la confesión sacra- El Gloria, la grandiosa doxología tri-
mental. Pero si se da una necesidad nitaria, es un himno bellísimo de ori-
urgente y no hay suficientes confeso- gen griego, que ya en el siglo IV pasó
res, emita primero un acto de contri- a Occidente. Constituye, sin duda, una
ción perfecta» (Eucharisticum myste- de las composiciones líricas más her-
rium 35), antes de recibir el Pan de mosas de la liturgia cristiana.
vida. «Es un antiquísimo y venerable himno
con que la Iglesia, congregada en el Espíri-
tu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cor-
Señor, ten piedad dero, y le presenta sus súplicas... Se canta
o se recita los domingos, fuera de los tiem-
Con frecuencia los Evangelios nos
pos de Adviento y de Cuaresma, en las so-
muestran personas que invocan a lemnidades y en las fiestas y en algunas pe-
Cristo, como Señor, solicitando su pie- culiares celebraciones más solmenes»
dad: así la cananea, «Señor, Hijo de (OGMR 31).
David, ten compasión de mí» (Mt
Esta gran oración es rezada o canta-
15,22); los ciegos de Jericó, «Señor, ten
da juntamente por el sacerdote y el
compasión de nosotros» (20,30-31) o
pueblo. Su inspiración primera viene
aquellos diez leprosos (Lc 17,13).
dada por el canto de los ángeles sobre
En este sentido, los Kyrie eleison (Se- el portal de Belén: Gloria a Dios, y paz
ñor, ten piedad), pidiendo seis veces la a los hombres (Lc 2,14). Comienza este
piedad de Cristo, en cuanto Señor, son himno, claramente trinitario, por can-
por una parte prolongación del acto tar con entusiasmo al Padre, «por tu
penitencial precedente; pero por otra, inmensa gloria», acumulando
son también proclamación gozosa de reiterativamente fórmulas de extrema
Cristo, como Señor del universo, y en reverencia y devoción. Sigue cantan-
este sentido vienen a ser prólogo del do a Jesucristo, «Cordero de Dios, Hijo
Gloria que sigue luego. En efecto, del Padre», de quien suplica tres ve-
Cristo, por nosotros, se anonadó, obe- ces piedad y misericordia. Y concluye
diente hasta la muerte de cruz, y aho- invocando al Espíritu Santo, que vive
ra, después de su resurrección, «toda «en la gloria de Dios Padre».
lengua ha de confesar que Jesucristo es
¿Podrá resignarse un cristiano a re-
Señor, para gloria de Dios Padre» (+Flp
citar habitualmente este himno tan
2,3-11).
grandioso con la mente ausente?...
Es muy antigua la inserción, en una u
otra forma, de los Kyrie en la liturgia. Ha-
cia el 390, la peregrina gallega Egeria, en su Oración colecta
Diario de peregrinación, describe estas acla-
Para participar bien en la misa es
maciones en la iglesia de la Resurrección,
en Jerusalén, durante el oficio lucernario: fundamental que esté viva la convic-
«un diácono va leyendo las intenciones, y ción de que es Cristo glorioso el prota-
los niños que están allí, muy numerosos, gonista principal de las oraciones
responden siempre Kyrie eleison. Sus voces litúrgicas de la Iglesia. El sacerdote es
forman un eco interminable» (XXIV,4).
34 Síntesis de la Eucaristía

en la misa quien pronuncia las oracio- normalmente alguno de sus principa-


nes, pero el orante principal, invisible les atributos divinos. En seguida, apo-
y quizá inadvertido para tantos, «¡es yándose en la anterior premisa de ala-
el Señor!» (Jn 21,7). En efecto, la ora- banza, viene / la súplica, en plural,
ción de la Iglesia en la eucaristía, lo por supuesto. Y la oración concluye
mismo que en las Horas litúrgicas, es apoyándose en / la mediación salvífica
sin duda «la oración de Cristo con su de Cristo, el Hijo Salvador, y en el
cuerpo al Padre» (SC 84). Dichosos, amor del Espíritu Santo. Ésa suele ser
pues, nosotros, que en la liturgia de la la forma general de todas estas oracio-
Iglesia podemos orar al Padre encabe- nes.
zados por el mismo Cristo. Así se Otros ejemplos. «Padre de bondad, que
cumple aquello de San Pablo: «El mis- por la gracia de la adopción nos has hecho
mo Espíritu viene en ayuda de nues- hijos de la luz, concédenos vivir fuera de
tra flaqueza, porque nosotros no sabe- las tinieblas del error y permanecer siem-
mos pedir lo que nos conviene; él mis- pre en el esplendor de la verdad. Por nues-
mo ora en nosotros con gemidos in- tro Señor, etc.» (dom. 13 T.O.). «Oh Dios,
efables» (Rm 8,26). protector de los que en ti esperan, sin ti
nada es fuerte ni santo; multiplica sobre
De las tres oraciones variables de la misa nosotros los signos de tu misericordia, para
–colecta, ofertorio, postcomunión–, la colec- que, bajo tu guía providente, de tal modo
ta es la más solemne, y normalmente la más nos sirvamos de los bienes pasajeros, que
rica de contenido. Y de las tres, es la única podamos adherirnos a los eternos. Por
que termina con una doxología trinitaria nuestro Señor, etc.» (dom. 17 T.O.).
completa. El sacerdote la reza –como anti-
guamente todo el pueblo– con las manos Gran parte de las colectas tienen ori-
extendidas, el gesto orante tradicional. gen muy antiguo, y las más bellas pro-
La palabra collecta procede quizá de que ceden de la edad patrística. Vienen,
esta oración se decía una vez que el pue- pues, resonando en la Iglesia desde
blo se había reunido –colligere, reunir– para hace muchos siglos. Cada una suele
la misa. O quizá venga de que en esta ora- ser una micro-catequesis implícita, y de
ción el sacerdote resume, colecciona, las in- ellas concretamente podría extraerse
tenciones privadas de los fieles orantes. En la más preciosa doctrina católica sobre
todo caso, su origen en la eucaristía es muy la gracia.
antiguo.
¿Será posible, también, que muchas
Veamos una que puede servir como veces el pueblo conceda su Amén a
ejemplo: oraciones tan grandiosas sin haberse
/ «Oh Dios, fuente de todo bien, /escu- enterado apenas de lo dicho por el sa-
cha sin cesar nuestras súplicas, y concéde- cerdote? Efectivamente. Y no sólo es
nos, inspirados por ti, pensar lo que es rec- posible, sino probable, si el sacerdote
to y cumplirlo con tu ayuda. / Por nues- pronuncia deprisa y mal, y, sobre
tro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y rei- todo, si los fieles no hacen uso de un
na contigo, en la unidad del Espíritu San-
Misal manual que, antes o después de
to, y es Dios por los siglos de los siglos. –
Amén». la misa, les facilite enterarse de las ma-
ravillosas oraciones y lecturas que en
La oración, llena de concisión, pro- ella se hacen.
fundidad y belleza, se inicia / invo-
cando al Padre celestial, y evocando
José María Iraburu 35

bra, que no tiene otra, y por él nos comu-


nica su Espíritu. En efecto, cuando no-
sotros queremos comunicar a otro
II. LITURGIA DE LA PALABRA nuestro espíritu, le hablamos, pues en
la palabra encontramos el medio me-
-Lecturas -Evangelio -Homilía -Credo - jor para transmitir nuestro espíritu. Y
Oración de los fieles. nuestra palabra humana transmite,
claro está, espíritu humano. Pues bien,
el Padre celestial, hablándonos por su
Hijo Jesucristo, plenitud de su palabra,
Cristo, Palabra de Dios nos comunica así su espíritu, el Espí-
Nos asegura la Iglesia que Cristo ritu Santo.
«es-tá presente en su palabra, pues cuan- Siendo esto así, hemos de aprender a
do se lee en la Iglesia la sagrada Escri- comulgar a Cristo-Palabra como comul-
tura, es él quien nos habla» (SC 7a). En gamos a Cristo-pan, pues incluso del
efecto, «cuando se leen en la iglesia las pan eucarístico es verdad aquello de
Sagradas Escrituras, Dios mismo habla que «no solo de pan vive el hombre,
a su pueblo, y Cristo, presente en su sino de toda palabra que sale de la
palabra, anuncia el Evangelio. Por eso, boca de Dios» (Dt 8,3; Mt 4,4).
las lecturas de la palabra de Dios, que
En la liturgia de la Palabra se reproduce
proporcionan a la liturgia un elemen- aquella escena de Nazaret, cuando Cristo
to de la mayor importancia, deben ser asiste un sábado a la sinagoga: «se levantó
escuchadas por todos con veneración» para hacer la lectura» de un texto de Isaías;
(OGMR 9). y al terminar, «cerrando el libro, se sentó.
«En las lecturas, que luego desarro- Los ojos de cuantos había en la sinagoga
lla la homilía, Dios habla a su pueblo, estaban fijos en él. Y comenzó a decirles:
Hoy se cumple esta escritura que acabáis de
le descubre el misterio de la redención oir» (Lc 4,16-21). Con la misma realidad le
y salvación, y le ofrece alimento espi- escuchamos nosotros en la misa. Y con esa
ritual; y el mismo Cristo, por su pala- misma veracidad experimentamos también
bra, se hace presente en medio de los aquel encuentro con Cristo resucitado que
fieles. Esta palabra divina la hace suya vivieron los discípulos de Emaús: «Se dije-
el pueblo con los cantos y muestra su ron uno a otro: ¿No ardían nuestros cora-
adhesión a ella con la Profesión de fe; zones dentro de nosotros mientras en el
y una vez nutrido con ella, en la ora- camino nos hablaba y nos declaraba las Es-
ción universal, hace súplicas por las crituras?» (Lc 24,32).
necesidades de la Iglesia entera y por Si creemos, gracias a Dios, en la rea-
la salvación de todo el mundo» lidad de la presencia de Cristo en el
(OGMR 33). pan consagrado, también por gracia
divina hemos de creer en la realidad de
la presencia de Cristo cuando nos ha-
Recibir del Padre el pan bla en la liturgia. Recordemos aquí
de la Palabra encarnada que la presencia eucarística «se llama
En la liturgia es el Padre quien pro- real no por exclusión, como si las otras
nuncia a Cristo, la plenitud de su pala- [modalidades de su presencia] no fue-
36 Síntesis de la Eucaristía

ran reales, sino por antonomasia, ya bra de Dios que nos predican, hablando o
que es substancial» (Mysterium fidei). pensando en nuestras cosas, no se desva-
nezca de nuestro corazón. No tendrá me-
Cuando el ministro, pues, confesan- nor pecado el que oye negligentemente la
do su fe, dice al término de las lectu- palabra de Dios, que aquel que por negli-
ras: «Palabra de Dios», no está querien- gencia deja caer en tierra el cuerpo de Cris-
do afirmar sólamente que «Ésta fue la to» (ML 39,2319). En la misma convicción
palabra de Dios», dicha hace veinte o estaba San Jerónimo cuando decía: «Yo con-
más siglos, y ahora recordada piado- sidero el Evangelio como el cuerpo de Je-
samente; sino que «Ésta es la palabra sús. Cuando él dice «quien come mi carne
de Dios», la que precisamente hoy el y bebe mi sangre», ésas son palabras que
Señor está dirigiendo a sus hijos. pueden entenderse de la eucaristía, pero
también, ciertamente, son las Escrituras ver-
dadero cuerpo y sangre de Cristo» (ML
La doble mesa del Señor 26,1259).
En la eucaristía, como sabemos, la li-
turgia de la Palabra precede a la liturgia Lecturas en el ambón
del Sacrificio, en la que se nos da el Pan El Vaticano II afirma que «la Iglesia
de vida. Lo primero va unido a lo se- siempre ha venerado la Sagrada Escritu-
gundo, lo prepara y lo fundamenta. ra, como lo ha hecho con el Cuerpo de
Recordemos, por otra parte, que ése Cristo, pues sobre todo en la sagrada
fue el orden que comprobamos ya en liturgia, nunca ha cesado de tomar y
el sacrificio del Sinaí (Ex 24,7), en la repartir a sus fieles el pan de vida que
Cena del Señor, o en el encuentro de ofrece la mesa de la palabra de Dios y
Cristo con los discípulos de Emaús (Lc del cuerpo de Cristo» (DV 21). En efec-
24,13-32). to, al Libro sagrado se presta en el
En este sentido, el Vaticano II, si- ambón –como al símbolo de la presen-
guiendo antigua tradición, ve en la cia de Cristo Maestro– los mismos sig-
eucaristía «la doble mesa de la Sagrada nos de veneración que se atribuyen al
Escritura y de la eucaristía» (PO 18; cuerpo de Cristo en el altar. Así, en las
+DV 21; OGMR 8). En efecto, desde el celebraciones solemnes, si el altar se
ambón se nos comunica Cristo como besa, se inciensa y se adorna con luces,
palabra, y desde el altar se nos da en honor de Cristo, Pan de vida, tam-
como pan. Y así el Padre, tanto por la bién el leccionario en el ambón se
Palabra divina como por el Pan de besa, se inciensa y se rodea de luces,
vida, es decir, por su Hijo Jesucristo, honrando a Cristo, Palabra de vida. La
nos vivifica en la eucaristía, comuni- Iglesia confiesa así con expresivos sig-
cándonos su Espíritu. nos que ahí está Cristo, y que es Él
mismo quien, a través del sacerdote o
Por eso San Agustín, refiriéndose no sólo de los lectores, «nos habla desde el cie-
a las lecturas sagradas sino a la misma pre-
lo» (Heb 12,25).
dicación –«el que os oye, me oye» (Lc
10,16)–, decía: «Toda la solicitud que obser- ((Un ambón pequeño, feo, portátil, que se
vamos cuando nos administran el cuerpo retira quizá tras la celebración, no es, como
de Cristo, para que ninguna partícula cai- ya hemos visto, el signo que la Iglesia quiere
ga en tierra de nuestras manos, ese mismo para expresar el lugar de la Palabra divina
cuidado debemos poner para que la pala- en la misa. Tampoco parece apropiado con-
José María Iraburu 37

fiar las lecturas litúrgicas de la Palabra a ni- Al paso de los siglos, se fueron for-
ños o a personas que leen con dificultad. Si en mando leccionarios para ser usados en
algún caso puede ser esto conveniente, nor- la eucaristía. El leccionario actual, for-
malmente no es lo adecuado para simboli- mado según las instrucciones del Vatica-
zar la presencia de Cristo que habla a su
no II (SC 51), es el más completo que la
pueblo. La tradición de la Iglesia, hasta hoy,
entiende el oficio de lector como «un autén- Iglesia ha tenido, pues, distribuido en
tico ministerio litúrgico» (SC 29a; +Código tres ciclos de lecturas, incluye casi un
230; 231,1).)) 90 por ciento de la Biblia, y respeta
Podemos recordar aquí aquella escena
normalmente el uso tradicional de
narrada en el libro de Nehemías, en la que ciertos libros en determinados mo-
se hace en Jerusalén, a la vuelta del exilio mentos del año litúrgico. De este
(538 a.C.), una solemne lectura del libro de modo, la lectura continua de la Escritu-
la Ley. Sobre un estrado de madera, ra, según el leccionario del misal –y
«Esdras abrió el Libro, viéndolo todos, y según también el leccionario del Ofi-
todo el pueblo estaba atento... Leía el libro cio de Lectura–, nos permite leer la Pa-
de la Ley de Dios clara y distintamente, en- labra divina en el marco de la liturgia,
tendiendo el pueblo lo que se le leía» (Neh es decir, en ese hoy eficacísimo que va
8,3-8). actualizando los diversos misterios de
Otra anécdota significativa. San Cipria- la vida de Cristo.
no, obispo de Cartago, en el siglo III, refle-
jaba bien la veneración de la Iglesia antigua Esta lectura de la Biblia, realizada en
hacia el oficio de lector cuando instituye en el marco sagrado de la Liturgia, nos per-
tal ministerio a Aurelio, un mártir que ha mite escuchar los mensajes que el Señor
sobrevivido a la prueba. En efecto, según envía cada día a su pueblo. Por eso, «el
comunica a sus fieles, le confiere «el oficio que tenga oídos, que oiga lo que el Es-
de lector, ya que nada cuadra mejor a la píritu dice [hoy] a las iglesias» (Ap
voz que ha hecho tan gloriosa confesión de 2,11). Así como cada día la luz del sol
Dios que resonar en la lectura pública de va amaneciendo e iluminando las di-
la divina Escritura; después de las sublimes versas partes del mundo, así la pala-
palabras que se pronunciaron para dar tes-
timonio de Cristo, es propio leer el Evan-
bra de Cristo, una misma, va iluminan-
gelio de Cristo por el que se hacen los már- do a su Iglesia en todas las naciones.
tires, y subir al ambón después del potro; Es el pan de la palabra que ese día, con-
en éste quedó expuesto a la vista de la mu- cretamente, y en esa fase del año litúr-
chedumbre de paganos; aquí debe estarlo gico, reparte el Señor a sus fieles. In-
a la vista de los hermanos» (Carta 38). numerables cristianos, de tantas len-
guas y naciones, están en ese día me-
El leccionario ditando y orando esas palabras de la
sagrada Escritura que Cristo les ha di-
Desde el comienzo de la Iglesia, se cho. También, pues, nosotros, como
acostumbró leer las Sagradas Escritu- Jesús en Nazaret, podemos decir:
ras en la primera parte de la celebra- «Hoy se cumple esta escritura que aca-
ción de la eucaristía. Al principio, los báis de oir» (Lc 4,21).
libros del Antiguo Testamento. Y en
seguida, también los libros del Nuevo, Por otra parte, «en la presente ordena-
a medida que éstos se iban escribien- ción de las lecturas, los textos del Antiguo
Testamento están seleccionados principal-
do (+1Tes 5,27; Col 4,16).
38 Síntesis de la Eucaristía

mente por su congruencia con los del Nue- el Aleluya –es decir, «alabad al Señor»–
vo Testamento, en especial del Evangelio, , que precede al Evangelio.
que se leen en la misma misa» (Orden de lec-
turas, 1981, 67). De este modo, la cuidado- –El Evangelio es el momento más
sa distribución de las lecturas bíblicas per- alto de la liturgia de la Palabra. Ante
mite, al mismo tiempo, que los libros anti- los fieles congregados en la eucaristía,
guos y los nuevos se iluminen entre sí, y «Cristo hoy anuncia su Evangelio»
que todas las lecturas estén sintonizadas (SC 33), y a veinte siglos de distancia
con los misterios que en ese día o en esa histórica, podemos escuchar nosotros
fase del Año litúrgico se están celebrando. su palabra con la misma realidad que
quienes le oyeron entonces en Pales-
Profeta, apóstol y evangelista tina; aunque ahora, sin duda, con más
Los días feriales en la misa hay dos luz y más ayuda del Espíritu Santo. El
lecturas, pero cuando los domingos y momento es, de suyo, muy solemne, y
otros días señalados hay tres, éstas co- todas las palabras y gestos previstos
rresponden a «el profeta, el apóstol y están llenos de muy alta significación:
el evangelista», como se dice en ex- «Mientras se entona el Aleluya u otro
presión muy antigua. canto, el sacerdote, si se emplea el incien-
so, lo pone en el incensario. Luego, con las
–El profeta, u otros libros del Anti- manos juntas e inclinado ante el altar, dice
guo Testamento, enciende una luz que en secreto el Purifica mi corazón [y mis la-
irá creciendo hasta el Evangelio. bios, Dios todopoderoso, para que anuncie dig-
En efecto, «muchas veces y en muchas namente tu Evangelio]. Después toma el li-
maneras habló Dios en otro tiempo a nues- bro de los evangelios, y precedido por los
tros padres por ministerio de los profetas; ministros, que pueden llevar el incienso y
últimamente, en estos días, nos habló por los candeleros, se acerca al ambón. Llega-
su Hijo... el resplandor de su gloria, la ima- do al ambón, el sacerdote abre el libro y
gen de su propio ser» (Heb 1,1-3). Es jus- dice: El Señor esté con vosotros, y en segui-
tamente en el Evangelio donde se cumple da: Lectura del santo Evangelio, haciendo la
de modo perfecto lo que estaba escrito acer- cruz sobre el libro con el pulgar, y luego
ca de Cristo «en la Ley de Moisés, en los sobre su propia frente, boca y pecho. Lue-
Profetas y en los Salmos» (Lc 24,44; +25.27). go, si se utiliza el incienso, inciensa el libro.
Después de la aclamación del pueblo [Glo-
–El apóstol nos trae la voz inspirada ria a ti, Señor] proclama el evangelio, y, una
de los más íntimos discípulos del vez terminada la lectura, besa el libro, di-
Maestro: Juan, Pedro, Pablo... ciendo en secreto: Las palabras del Evange-
–El salmo responsorial da una res- lio borren nuestros pecados. Después de la
lectura del evangelio se hace la aclamación
puesta meditativa a la lectura –a la
del pueblo», Gloria a ti, Señor Jesús (OGMR
lectura primera, si hay dos–. La Igle- 93-95).
sia, con todo cuidado, ha elegido ese
salmo con una clara intención –La homilía, que sigue a las lecturas
cristoló-gica. Así es como fueron em- de la Escritura, ya se hacía en la Sina-
pleados los salmos frecuentemente en goga, como aquella que un sábado
la predicación de los apóstoles (+Hch hizo Jesús en Nazaret (Lc 4,16-30). Y
1,20; 2,25-28.34-35; 4,25-26). Y ya en el desde el principio se practicó también
siglo IV, en Roma, se usaba en la misa en la liturgia eucarística cristiana,
el salmo responsorial, como también como hacia el año 153 testifica San
José María Iraburu 39

Justino (I Apología 67). La homilía, que La oración universal


está reservada al sacerdote o al diáco- u oración de los fieles
no (OGMR 61; Código 767,1), y que «se La liturgia de la Palabra termina con
hace en la sede o en el ambón» la oración de los fieles, también llamada
(OGMR 97), es el momento más alto oración universal, que el sacerdote pre-
en el ministerio de la predicación side, iniciándola y concluyéndola, en
apostólica, y en ella se cumple espe- el ambón o en la sede. Ya San Pablo or-
cialmente la promesa del Señor: «El dena que se hagan oraciones por to-
que os oye, me oye» (Lc 10,16). dos los hombres, y concretamente por
«La homilía es parte de la liturgia, y muy los que gobiernan, pues «Dios nuestro
recomendada, pues es necesaria para ali- Salvador quiere que todos los hom-
mentar la vida cristiana. Conviene que sea bres se salven y vengan al conoci-
una explicación o de algún aspecto parti- miento de la verdad» (1Tim 2,1-4). Y
cular de las lecturas de la Sagrada Escritu- San Justino, hacia 153, describe en la
ra, o de otro texto del Ordinario, o del Pro-
eucaristía «plegarias comunes que con
pio de la misa del día, teniendo siempre
presente el misterio que se celebra y las par- fervor hacemos por nosotros, por
ticulares necesidades de los oyentes» nuestros hermanos, y por todos los
(OGMR 41). demás que se encuentran en cualquier
lugar» (I Apología 67,4-5).
–Un silencio, meditativo y orante,
puede seguir a las lecturas y a la pre- De este modo, «en la oración universal
dicación. u oración de los fieles, el pueblo, ejercitan-
do su oficio sacerdotal, ruega por todos los
hombres. Conviene que esta oración se
haga, normalmente, en las misas a las que
El Credo
asiste el pueblo, de modo que se eleven sú-
El Credo es la respuesta más plena que plicas por la santa Iglesia, por los gobernan-
el pueblo cristiano puede dar a la Pala- tes, por los que sufren algunas necesitades
bra divina que ha recibido. Al mismo y por todos los hombres y la salvación de
tiempo que profesión de fe, el Credo es todo el mundo» (OGMR 45).
una grandiosa oración, y así ha venido Al hacer la oración de los fieles, he-
usándose en la piedad tradicional cris- mos de ser muy conscientes de que la
tiana. Comienza confesando al Dios eucaristía, la sangre de Cristo, se ofrece
único, Padre creador; se extiende en la por los cristianos «y por todos los hom-
confesión de Jesucristo, su único Hijo, bres, para el perdón de los pecados». La
nuestro Salvador; declara, en fin, la fe Iglesia, en efecto, es «sacramento uni-
en el Espíritu Santo, Señor y vivifica- versal de salvación», de tal modo que
dor; y termina afirmando la fe en la todos los hombres que alcanzan la sal-
Iglesia y la resurrección. vación se salvan por la mediación de
Puede rezarse en su forma breve, que es la Iglesia, que actúa sobre ellos inme-
el símbolo apostólico (del siglo III-IV), o en diatamente –cuando son cristianos– o
la fórmula más desarrollada, que procede en una mediación a distancia,
de los Concilios niceno (325) y constan- sólamente espiritual –cuando no son
tinopolitano (381). cristianos–. Es lo mismo que vemos en
el evangelio, donde unas veces Cristo
sanaba por contacto físico y otras veces
40 Síntesis de la Eucaristía

a distancia. En todo caso, nadie sana de que, por ejemplo, las religiosas de clausu-
la enfermedad profunda del hombre, ra y los humildes feligreses de misa diaria
el pecado, si no es por la gracia de contribuyen mucho más poderosamente al
Cristo Salvador que, desde Pentecos- bien del mundo que todo el conjunto de
prohombres y políticos que llenan las pá-
tés, «asocia siempre consigo a su
ginas de los periódicos y las pantallas de la
amadísima esposa la Iglesia» (SC 7b), televisión. Aquellos humildes creyentes son
sin la que no hace nada. los que más influjo tienen en la marcha del
Según esto, la Iglesia, por su enseñan- mundo. Basta un poquito de fe para creer-
za y acción, y muy especialmente por la lo así.
oración universal y el sacrificio eucarís-
tico, sostiene continuamente al mundo,
procurándole por Cristo incontables
bienes materiales y espirituales, e im-
pidiendo su total ruina. III. LITURGIA DEL SACRIFICIO
De esto tenían clara conciencia los cris-
tianos primeros, con ser tan pocos y tan
mal situados en el mundo de su tiempo. Es A. Preparación de los dones. -B. Plegaria
una firme convicción que se refleja, por eucarística. -C. Rito de la comunión.
ejemplo, en aquella Carta a Diogneto, hacia
el año 200: «Lo que es el alma en el cuer-
po, eso son los cristianos en el mundo. El
alma está esparcida por todos los miembros A. Preparación de los dones
del cuerpo, y cristianos hay por todas las -El pan y el vino -Oraciones de presenta-
ciudades del mundo... La carne aborrece y ción -Súplicas -Lavabo -Oración sobre las
combate al alma, sin haber recibido agra- ofrendas.
vio alguno de ella, porque no le deja gozar
de los placeres; a los cristianos los aborre-
ce el mundo, sin haber recibido agravio de El pan y el vino
ellos, porque renuncian a los placeres... El
alma está encerrada en el cuerpo, pero ella La acción litúrgica queda centrada des-
es la que mantiene unido al cuerpo; así los de ahora en el altar, al que se acerca el
cristianos están detenidos en el mundo, sacerdote. A él se llevan, en forma
como en una cárcel, pero ellos son los que simple o procesional, el pan y el vino,
mantienen la trabazón del mundo... Tal es y quizá también otros dones. En el pan
el puesto que Dios les señaló, y no es lícito y el vino, que se han de convertir en
desertar de él» (VI,1-10). el Cuerpo y la Sangre de Jesús, va ac-
Pero a veces somos hombres de poca fe, y no tualizarse a un tiempo la Cena última
pedimos. «No tenéis porque no pedís» (Sant y la Cruz del Calvario.
4,2). O si pedimos algo -por ejemplo, que «Es conveniente que la participación de
termine el comunismo-, cuando Dios por los fieles se manifieste en la presentación
fin nos concede que desaparezca de mu- del pan y del vino para la celebración de
chos países, fácilmente atribuímos el bien la eucaristía, o de dones con los que se ayu-
recibido a ciertas causas segundas –políti- de a las necesidades de la Iglesia o de los
cas, económicas, personales, etc.–, sin re- pobres» (OGMR 101). Es éste, pues, el mo-
cordar que «todo buen don y toda dádiva mento más propio, y más tradicional, para
perfecta viene de arriba, desciende del Pa- realizar la colecta entre los fieles.
dre de las luces» (Sant 1,17). Es indudable
José María Iraburu 41

–«El Señor reciba de tus manos este sacrifi-


cio para alabanza y gloria de su nombre,
Oraciones de presentación para nuestro bien y el de toda su santa Igle-
El sacerdote toma primero la pate- sia» (OGMR 107).
na con el pan, «y con ambas manos la Las oraciones de los fieles, uniéndose
eleva un poco sobre el altar, mientras a la de Cristo, se elevan aquí a Dios
dice la fórmula correspondiente»; y lo como el incienso (+Sal 140,2; Ap 5,8;
mismo hace con el vino (OGMR 102). 8,3-4). Y el pueblo asistente, uniéndo-
Las dos oraciones que el sacerdote se a Cristo víctima, se dispone a ofre-
pronuncia, en alta voz o en secreto, cerse a Dios «en oblación y sacrificio
casi idénticas, son muy semejantes a de suave perfume» (+Ef 5,2).
las que empleaba Jesús en sus plega-
rias de bendición, siguiendo la tradi-
ción judía (berekáh; +Lc 10,21; Jn 11,41). Oración sobre las ofrendas
Primero sobre el pan, y después sobre El rito de preparación al sacrificio
el vino, como lo hizo Cristo, el sacer- concluye con una oración sacerdotal so-
dote dice: bre las ofrendas. Es una de las tres ora-
–«Bendito seas, Señor, Dios del universo, ciones propias de la misa que se cele-
por este pan [vino], fruto de la tierra [vid] bra. La oración sobre las ofrendas sue-
y del trabajo del hombre, que recibimos de le ser muy hermosa, y expresa mu-
tu generosidad y ahora te presentamos; él chas veces la naturaleza mistérica de
será para nosotros pan de vida [bebida de lo que se está celebrando. Valga un
salvación]».
ejemplo:
–«Bendito seas por siempre, Señor»
(+Rm 9,5; 2Cor 11,31). «Acepta, Señor, estas ofrendas en las que
vas a realizar con nosotros un admirable
intercambio, pues al ofrecerte los dones
Súplicas del sacerdote y del pueblo que tú mismo nos diste, esperamos mere-
Después de presentar el pan y el certe a ti mismo como premio. Por Jesucris-
vino, el sacerdote se inclina ante el al- to nuestro Señor» (29 dicm.).
tar orando en secreto:
–«Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y
nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy B. Plegaria eucarística
nuestro sacrificio y que sea agradable en tu
presencia, Señor, Dios nuestro». -Prefacio -Santo -Invocación al Espíritu
Santo (1ª) -Relato y consagración -Memo-
Ahora puede realizarse la incensa- rial y ofrenda -Invocación al Espíritu San-
ción de las ofrendas, del altar, del ce- to (2ª) -Intercesiones -Doxología final.
lebrante y de todo el pueblo. En segui-
da, el sacerdote lava sus manos, procu-
rando así su «purificación interior» El ápice de toda la celebración
(OGMR 52), y vuelto al centro del al- La cima del sacrificio de la misa se da
tar solicita la súplica de todos: en la plegaria eucarística, que en el Oc-
–«Orad, hermanos, para que este sacrifi- cidente cristiano se llama canon, nor-
cio mío y vuestro sea agradable a Dios, Pa- ma invariable, y en el Oriente anáfo-
dre todopoderoso». ra, que significa llevar de nuevo hacia
arriba. En ningún momento de la misa
42 Síntesis de la Eucaristía

la distracción de los participantes nistro de grado inferior, a la asamblea o a


vendrá a ser más lamentable. Es el cualquiera de los fieles» (S.C.Culto, instruc-
momento de la suma atención sagra- ción 5-9-1970, 4).
da.
«Ahora es cuando empieza el centro y el Las diversas plegarias eucarísticas
culmen de toda la celebración, a saber: la ple-
garia eucarística, que es una plegaria de ac-
En cualesquiera de sus variantes, la
ción de gracias y de consagración. El sacer- plegaria eucarística incluye siempre la
dote invita al pueblo a elevar el corazón acción de gracias, varias aclamaciones,
hacia Dios en oración y acción de gracias, la epíclesis o invocación del Espíritu
y se le asocia en la oración, que él dirige, Santo, la narración de la institución y
en nombre de toda la comunidad, por Je- la consagración, la anámnesis o me-
sucristo, a Dios Padre. El sentido de esta morial, la oblación de la víctima, las
oración es que toda la congregación de los intercesiones varias y la suprema
fieles se una con Cristo en el reconocimien- doxología final trinitaria (OGMR 55).
to de la grandeza de Dios y en la ofrenda Actualmente, el Misal romano presen-
del sacrificio» (OGMR 54).
ta también cinco plegarias eucarís-
Con los mismos gestos y palabras de ticas, y además de ellas existen tres
la Cena, Cristo y la Iglesia realizan para niños y dos de reconciliación.
ahora el memorial que actualiza el mis- I. Es el Canon Romano. Procede del siglo
terio de la Cruz y de la Resurrección: IV, y su forma queda ya casi fijada desde
misterio pascual, glorificación suma San Gregorio Magno (+604). Su uso se uni-
de Dios, fuente sobreabundante y per- versaliza en la Iglesia por los siglos IX-XI,
manente de redención para los hom- y llega casi intacto hasta nuestros días.
bres. Y al mismo tiempo, la plegaria Goza, pues, de especial honor en la tradi-
eucarística, pronunciada exclusivamente ción litúrgica.
por el sacerdote, es la oración suprema de II. Es una reelaboración de la anáfora de
la Iglesia, visiblemente congregada. La San Hipólito (+225), la más antigua que se
forma básica de esta gran oración es la conoce de Occidente. Sencilla y breve, su-
berakáh de los judíos, que se recitaba mamente venerable, es armoniosa y perfec-
en la liturgia familiar, en la sinagogal, ta.
y por supuesto en la Cena pascual: es III. Esta plegaria, expresión de la tradi-
el modo propio de la eulogía, bendi- ción romana y gálica, fue compuesta des-
ción de Dios, y la eucharistía, acción de pués del Vaticano II, y el orden de sus par-
gracias, frecuentes en el Nuevo Testa- tes, así como su conjunto, hace de ella una
mento. anáfora de proporciones ideales. En ella fi-
jaremos ahora especialmente nuestro co-
«La naturaleza de las intervenciones pre- mentario.
sidenciales exige que se pronuncien clara-
mente y en voz alta, y que todos las escu- IV. Procedente de la tradición litúrgica
chen atentamente. Por consiguiente, mien- antioquena, es también una plegaria de
tras interviene el sacerdote no se cante ni composición actual. Con prefacio fijo y
se rece otra cosa, y estén igualmente calla- propio, es una pieza lírica muy bella, en la
dos el órgano y cualquier otro instrumen- que se confiesa ampliamente la fe, contem-
to musical» (OGMR 12). Por eso mismo, plando, a partir de la creación, toda la obra
durante la plegaria eucarística, «no se per- de la redención.
mite recitar ninguna de sus partes a un mi- V. En 1974 aprobó la Iglesia la plegaria
José María Iraburu 43

eucarística preparada con ocasión del Síno-


do de Suiza, adoptada posteriormente por mos levantado hacia el Señor. –Demos gra-
varias Conferencias Episcopales, entre ellas cias al Señor, nuestro Dios. –Es justo y ne-
la de España (1985). En lenguaje moderno, cesario».
y con la estructura de la tradición romana, –La elevación al Padre retoma las úl-
la plegaria, que tiene cuatro variantes, con- timas palabras del pueblo, «es justo y
templa sobre todo al Señor que camina con necesario», y con leves variantes, le-
su Iglesia peregrina. vanta la oración de la Iglesia al Padre
En el Apéndice II reproducimos, dis- celestial. De este modo el prefacio, y
puestas en columnas, las cuatro plega- con él toda la plegaria eucarística, di-
rias eucarísticas principales. Después rige la oración de la Iglesia precisa-
del Padrenuestro, son las más altas y mente al Padre. Así cumplimos la vo-
bellas oraciones de la Iglesia. Convie- luntad de Cristo: «Cuando oréis, de-
ne leerlas primero en vertical, para cid Padre» (Lc 11,2), y somos dóciles al
captar el ritmo y la armonía de cada Espíritu Santo que, viniendo en ayu-
una, y después en horizontal, descu- da de nuestra flaqueza, ora en noso-
briendo los paralelos que hay entre tros diciendo: «¡Abba, Padre!» (+Rm
unas y otras. 8,15.26).
«En verdad es justo y necesario, es nues-
tro deber y salvación darte gracias, Padre
Prefacio santo, siempre y en todo lugar, por Jesu-
En la misa «la acción de gracias se ex- cristo, tu Hijo amado» (Pref. PE II).
presa, sobre todo, en el prefacio: [en éste] –La parte central, la más variable en
el sacerdote, en nombre de todo el sus contenidos, según días y fiestas,
pueblo santo, glorifica a Dios Padre y proclama gozosamente los motivos
le da las gracias por toda la obra de fundamentales de la acción de gracias,
salvación o por alguno de sus aspec- que giran siempre en torno a la crea-
tos particulares, según las variantes ción y la redención:
[hay casi un centenar de prefacios di-
versos] del día, fiesta o tiempo litúr- «Por él, que es tu Palabra, hiciste todas
las cosas; tú nos lo enviaste para que, he-
gico» (OGMR 55a). Viene a ser así el cho hombre por obra del Espíritu Santo y
prefacio el grandioso pórtico de entra- nacido de María, la Virgen, fuera nuestro
da en la plegaria eucarística, que se Salvador y Redentor.
recita o se canta antes (prae), o mejor,
«Él, en cumplimiento de tu voluntad,
al comienzo de la acción (factum) para destruir la muerte y manifestar la re-
eucarística. Consta de cuatro partes: surrección, extendió sus brazos en la cruz,
–El diálogo inicial, siempre el mismo y así adquirió para ti un pueblo santo» (ib.).
y de antiquísimo origen, que ya des- –El final del prefacio, que viene a ser
de el principio vincula al pueblo a la un prólogo del Sanctus que le sigue,
oración del sacerdote, y que al mismo asocia la oración eucarística de la Igle-
tiempo levanta su corazón «a las co- sia terrena con el culto litúrgico celes-
sas de arriba, donde está Cristo senta- tial, haciendo de aquélla un eco de
do a la derecha de Dios» (Col 3,1-2). éste:
–«El Señor esté con vosotros. –Y con tu «Por eso, con los ángeles y los santos,
espíritu. –Levantemos el corazón. –Lo tene- proclamamos tu gloria, diciendo» ...
44 Síntesis de la Eucaristía

pueblo o sólo del grupo de cantores» (Ins-


trucción Musicam sacram 1967,7).
Santo - Hosanna
El prefacio culmina en el sagrado tris-
agio –tres veces santo–, por el que, ya Invocación al Espíritu Santo (1ª)
desde el siglo IV, en Oriente, partici- En continuidad con el Santo, la ple-
pamos los cristianos en el llamado cán- garia eucarística reafirma la santidad
tico de los serafines, el mismo que es- de Dios, y prosigue con la epíclesis o
cucharon Isaías (Is 6,3) y el apóstol invocación al Espíritu Santo:
San Juan (Ap 4,8): «Santo eres en verdad, Padre, y con ra-
«Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del zón te alaban todas las criaturas... Te supli-
universo. Llenos están el cielo y la tierra de camos que santifiques por el mismo Espíri-
tu gloria». tu estos dones que hemos preparado para
Santo es el nombre mismo de Dios, ti, de manera que sean cuerpo y sangre de Je-
sucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro» (III;
y más y antes que una cualidad mo-
+II).
ral de Dios, designa la misma calidad
infinita del ser divino: sólo Él es el El sacerdote, imponiendo sus manos
Santo (Lev 11,44), y al mismo tiempo sobre las ofrendas, pide, pues, al Espí-
es la única «fuente de toda santidad» ritu Santo que, así como obró la encar-
(PE II). nación del Hijo en el seno de la Virgen
María, descienda ahora sobre el pan y
El pueblo cristiano, en el Sanctus, di-
el vino, y obre la transubstan-ciación
rige también a Cristo, que en este mo- de estos dones ofrecidos en sacrificio,
mento de la misa entra a actualizar su
convirtiéndolos en cuerpo y sangre
Pasión, las mismas aclamaciones que
del mismo Cristo (+Heb 9,14; Rm 8,11;
el pueblo judío le dirigió en Jerusalén, 15,16). Es éste para los orientales el
cuando entraba en la Ciudad sagrada
momento de la transubs-tanciación,
para ofrecer el sacrificio de la Nueva
mientras que los latinos la vemos en
Alianza. Hosanna, «sálvanos» (hôsîa- las palabras mismas de Cristo, es de-
na, +Sal 117,25); bendito el que viene en
cir, en el relato-memorial, «esto es mi
el nombre del Señor (Mc 11,9-10).
cuerpo». En todo caso, siempre la li-
«Hosanna en el cielo. Bendito el que vie- turgia ha unido, en Oriente y Occi-
ne en el nombre del Señor. Hosanna en el dente, el relato de la institución de la
cielo». eucaristía y la invocación al Espíritu
El Prefacio, y concretamente el San- Santo.
to, es una de las partes de la misa que Por otra parte, esa invocación, al
más pide ser cantada. mismo tiempo que pide al Espíritu di-
A propósito de esto conviene recordar la vino que produzca el cuerpo de Jesu-
norma litúrgica, no siempre observada: «En cristo, le pide también que realice su
la selección de las partes [de la misa] que se Cuerpo místico, que es la Iglesia:
deben cantar se comenzará por aquellas que
por su naturaleza son de mayor importan- «Para que, fortalecidos con el cuerpo y
cia; en primer lugar, por aquellas que de- la sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu
ben cantar el sacerdote o los ministros con Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y
respuestas del pueblo; se añadirán después, un solo espíritu» (III; +II y IV).
poco a poco, las que son propias sólo del «Por obra del Espíritu Santo» nace
José María Iraburu 45

Cristo en la encarnación, se produce la pan... tomó el cáliz lleno del fruto de la


transusbstanciación del pan en su mis- vid... Esto es mi cuerpo, que será entregado
mo cuerpo sagrado, y se transforma la por vosotros... Éste es el cáliz de mi sangre,
asamblea cristiana en Cuerpo místico que será derramada por vosotros y por to-
dos, para el perdón de los pecados»...
de Cristo, Iglesia de Dios. Es, pues, el
Espíritu Santo el que, de modo muy Por el ministerio del sacerdote cris-
especial en la eucaristía, hace la Iglesia, tiano, es el mismo Cristo, Sacerdote úni-
y la «congrega en la unidad» (I). co de la Nueva Alianza, el que hoy pro-
Todos estos misterios son afirmados ya nuncia estas palabras litúrgicas, de in-
por San Pablo en formas muy explícitas. Si finita eficacia doxológica y redentora.
pan eucarístico es el cuerpo de Cristo (1Cor Por esas palabras, que al mismo tiem-
11,29), también la Iglesia es el Cuerpo de po son de Cristo y de su esposa la Igle-
Cristo (1Cor 12). En efecto, «porque el pan sia, el acontecimiento único del mis-
es uno, por eso somos muchos un solo terio pascual, sucedido hace muchos
cuerpo, pues todos participamos de ese siglos, escapando de la cárcel espacio-
único pan» (1Cor 10,17). Es Cristo en la eu- temporal, en la que se ven apresados
caristía el que une a todos los fieles en un todos los acontecimientos humanos
solo corazón y una sola alma (Hch 4,32),
de la historia, se actualiza, se hace pre-
formando la Iglesia.
sente hoy, bajo los velos sagrados de la
Según todo esto, cada vez que los liturgia. «Tomad y comed mi cuerpo,
cristianos celebramos el sacrificio tomad y bebed mi sangre»... Los cris-
eucarístico, reafirmamos en la sangre de tianos en la eucaristía, lo mismo exac-
Cristo la Alianza que nos une con Dios, tamente que los apóstoles, participa-
y que nos hace hijos suyos amados. mos de la Cena del Señor, y lo mismo
Reafirmamos la Alianza con un sacri- que la Virgen María, San Juan y las
ficio, como Moisés en el Sinaí o Elías piadosas mujeres, asistimos en el Cal-
en el Car-melo. vario al sacrificio de la Cruz...
Mysterium fidei!
Relato - consagración Ésta es, en efecto, la fe de la Iglesia,
Es el momento más sagrado de la misa, solemnemente proclamada por Pablo
en el que se actualiza con toda verdad la VI en el Credo del Pueblo de Dios (1968,
Cena del Señor, su pasión redentora en la n. 24): «Nosotros creemos que la misa,
Cruz. El resto de la misa es el marco que es celebrada por el sacerdote repre-
sagrado de este sagrado momento de- sentando la persona de Cristo, es real-
cisivo, en el que, «con las palabras y mente el sacrificio del Calvario, que se
gestos de Cristo, se realiza el sacrifi- hace sacramentalmente presente en
cio que el mismo Cristo instituyó en nuestros altares».
la última cena, cuando bajo las espe- El sacerdote ostenta con toda reve-
cies del pan y vino ofreció su cuerpo rencia, alzándolos, el cuerpo y la san-
y sangre, y se lo dio a sus apóstoles en gre de Cristo, y hace una y otra vez la
forma de comida y bebida, y les encar- genuflexión, mientras los acólitos pue-
gó perpetuar ese mismo misterio» den incensar las sagradas especies ve-
(OGMR 55d). neradas. El pueblo cristiano adora pri-
«El cual, cuando iba a ser entregado a su mero en silencio, y puede decir jacu-
Pasión, voluntariamente aceptada, tomó latorias como «¡Es el Señor!» (Jn 21,7),
46 Síntesis de la Eucaristía

«¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,28); «el de hacerse presente entre nosotros en la
Hijo de Dios me amó y se entregó por medida en que esa misma víctima y esa mis-
mí» (Gál 2,20). Y en seguida confiesa ma acción sacerdotal se hagan presentes en
comunitariamente su fe y su devo- la eucaristía... En realidad, el sacerdote no
pone otra acción, sino que participa de la
ción:
eterna acción sacerdotal de Cristo en el cie-
–«Éste es el sacramento de nuestra fe». lo... Nada se repite, nada se multiplica; sólo
–«Anunciamos tu muerte, proclamamos se participa repetidamente bajo forma
tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!» (Ap sacramental del único sacrificio de Cristo
22,20). «Cada vez que comemos de este en la cruz, que perdura eternamente en el
pan y bebemos de este cáliz, anunciamos cielo. No se repite el sacrificio de Cristo,
tu muerte, Señor, hasta que vuelvas» sino las múltiples participaciones de él»
(+1Cor 11,26). «Por tu cruz y tu resurrec- (Sayés, El misterio eu-carístico 321-323).
ción nos has salvado, Señor». De este modo la eucaristía perma-
nece en la Iglesia como un corazón
siempre vivo, que con sus latidos hace
Memorial
llegar a todo el Cuerpo místico la gra-
Después del relato-consagración, cia vivificante, que es la sangre de
viene el memorial y la ofrenda, que van Cristo, sacerdote eterno. En efecto, «la
significativamente unidos en las cin- obra de nuestra redención se efectúa
co plegarias eucarísticas principales: cuantas veces se celebra en el altar el
«Así, pues, Padre, al celebrar ahora el me- sacrificio de la cruz, por medio del
morial de la pasión salvadora de tu Hijo, de cual “Cristo, nuestra Pascua, ha sido
su admirable resurrección y ascensión al inmolado” (1Cor 5,7)» (LG 3).
cielo, mientras esperamos su venida glorio-
sa, te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo» (III; +I, II, IV, V). Y ofrenda
Memorial (anámnesis), pues, en pri- El memorial de la cruz es ofrenda de
mer lugar. Los cristianos, de oriente a Cristo víctima: «te ofrecemos, Dios de
occidente, obedecemos diariamente en la gloria y majestad, el sacrificio puro,
eucaristía aquella última voluntad de inmaculado y santo: pan de vida eter-
Cristo, «haced esto en memoria mía». na y cáliz de eterna salvación» (I); «el
Éste fue el mandato que nos dio el Se- pan de vida y el cáliz de salvación»
ñor claramente en la última Cena, es (II); «el sacrificio vivo y santo» (III);
decir, «la víspera de su pasión» (I), «la «su cuerpo y su sangre, sacrificio agra-
noche en que iba a ser entregado» dable a ti y salvación para todo el
(III). Y nosotros podemos cumplir ese mundo» (IV); «esta ofrenda: es Jesu-
mandato, a muchos siglos de distan- cristo que se ofrece con su Cuerpo y
cia y en muchos lugares, precisamen- con su Sangre» (V).
te porque el sacerdocio de Cristo es eter- En efecto, «la Iglesia, en este memo-
no y celestial (Heb 4,14; 8,1): rial, sobre todo la Iglesia aquí y ahora
«El sacrificio de Cristo se consuma en el san- reunida, ofrece al Padre en el Espíritu
tuario celeste; perdura en el momento de la Santo la Víctima inmaculada. Y la Igle-
consumación, porque la eternidad es una sia quiere que los fieles no sólo ofrez-
característica de la esfera celeste... Y si el
can la Víctima inmaculada, sino que
sacrificio de Cristo perdura en el cielo, pue-
aprendan a ofrecerse a sí mismos y que
José María Iraburu 47

de día en día perfeccionen, con la me- Ignacio, tan perfecta:


diación de Cristo, la unidad con Dios «Tomad, Señor, y recibid toda mi liber-
y entre sí, para que, finalmente, Dios tad, mi memoria, mi entendimiento y toda
lo sea todo para todos» (OGMR 55f). mi voluntad, todo mi haber y mi poseer;
Cristo «quiso que nosotros fuésemos un sa- vos me lo diste, a vos, Señor, lo torno; todo
crificio –dice San Agustín–; por lo tanto, es vuestro, disponed a toda vuestra volun-
toda la Ciudad redimida, es decir, la socie- tad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta
dad de los santos, es ofrecida a Dios como me basta» (Ejercicios 234).
sacrificio universal por el Gran Sacerdote,
que se ofreció por nosotros en la pasión
para que fuésemos cuerpo de tan gran ca- Invocación al Espíritu Santo (2ª)
beza... Así es, pues, el sacrificio de los cris- La eucaristía, que es el mismo sacri-
tianos, donde todos se hacen un solo cuer- ficio de la cruz, tiene con él una dife-
po de Cristo. Esto lo celebra la Iglesia tam- rencia fundamental. Si en la cruz Cris-
bién con el sacramento del altar, donde se to se ofreció al Padre él solo, en el altar
nos muestra cómo ella misma se ofrece en litúrgico se ofrece ahora con su Cuerpo
la misma víctima que ofrece a Dios» (Ciu-
místico, la Iglesia. Por eso las plegarias
dad de Dios 10,6). Y Pablo VI: «La Iglesia, al
desempeñar la función de sacerdote y víc- eucarísticas piden tres cosas: –que Dios
tima juntamente con Cristo, ofrece toda acepte el sacrificio que le ofrecemos
entera el sacrificio de la misa y toda entera hoy; –que por él seamos congregados en
se ofrece con él» (Mysterium fidei). la unidad de la Iglesia; –y que así ven-
En conformidad con esto, adviér- gamos a ser víctimas ofrecidas con Cris-
tase, pues, que la ofrenda eucarística es to al Padre, por obra del Espíritu San-
hecha juntamente por el sacerdote y el to, cuya acción aquí se implora.
pueblo, y no por el sacerdote solo: –Súplica de aceptación de la ofrenda. «Mira
con ojos de bondad esta ofrenda, y acép-
«Te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
tala» (I); «dirige tu mirada sobre la ofren-
este sacrificio de alabanza» (I); «te ofrece-
da de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víc-
mos, en esta acción de gracias, el sacrificio
tima por cuya inmolación quisiste devolver-
vivo y santo» (III; +II y IV).
nos tu amistad» (III); «dirige tu mirada so-
Por otra parte, en la ofrenda cultual bre esta Víctima que tú mismo has prepa-
que los hombres hacemos no podemos rado a tu Iglesia»(IV)
realmente dar a Dios sino lo que él pre- –Unidad. «Te pedimos humildemente que
viamente nos ha dado: la vida, la liber- el Espíritu Santo congregue en la unidad a
tad, la salud... Por eso decimos, «te cuantos participamos del cuerpo y Sangre
ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de Cristo» (II); «formemos en Cristo un
de los mismos bienes que nos has solo cuerpo y un solo espíritu» (III); «con-
dado, el sacrificio puro, inmaculado y gregados en un solo cuerpo por el Espíri-
santo» (I). tu Santo» (IV).
–Víctimas ofrecidas. Que «él nos transfor-
Podemos ahora por la oración hacernos me en ofrenda permanente» (III), y así «sea-
ofrenda grata al Padre. Con la oración mos en Cristo víctima viva para alabanza
de María: «He aquí la esclava del Se- de su gloria» (IV)
ñor. Hágase en mí según tu palabra».
Con la oración de Jesús: «No se haga La verdadera participación en el sacri-
mi voluntad, sino la tuya». Con ora- ficio de la Nueva Alianza implica, pues,
ciones-ofrenda, como aquella de San decisivamente esta ofrenda victimal de los
48 Síntesis de la Eucaristía

fieles. Según esto, los cristianos son en –primero la ayuda del cielo, de la Vir-
Cristo sacerdotes y víctimas, como gen María y de los santos, «por cuya
Cristo lo es, y se ofrecen continua- intercesión confiamos obtener siem-
mente al Padre en el altar eucarístico, pre tu ayuda»;
durante la misa, y en el altar de su pro- –en seguida se ruega por la tierra, pi-
pia vida ordinaria, día a día. Ellos, pues, diendo salvación y paz para «el mun-
son en Cristo, por él y con él, «corde- do entero» y para «tu Iglesia, peregri-
ros de Dios», pues aceptando la volun- na en la tierra», especialmente por el
tad de Dios, sin condiciones y sin re- Papa y los Obispos, pero también, con
sistencia alguna, hasta la muerte, una intención misionera, por «todos
como Cristo, sacrifican (hacen-sagra- tus hijos dispersos por el mundo»;
da) toda su vida en un movimiento
espiritual incesante, que en la eucaris- –y finalmente se encomienda las al-
tía tiene siempre su origen y su im- mas del purgatorio a la bondad de Dios,
pulso. Así es como la vida entera del es decir, se ofrece la eucaristía por
cristiano viene a hacerse sacrificio «nuestros hermanos difuntos y cuan-
eucarístico continuo, glorificador de tos murieron en tu amistad».
Dios y redentor de los hombres, como Así, la oración cristiana –que es in-
lo quería el Apóstol: «os ruego, her- finitamente audaz, pues se confía a la
manos, que os ofrezcáis vuestros mis- misericordia de Dios– alcanza en la
mos como víctima viva, santa, grata a eucaristía la máxima dilatación de su
Dios: éste es el culto espiritual que de- caridad: «recíbelos en tu reino, donde
béis ofrecer» (Rm 12,1). esperamos gozar todos juntos de la ple-
nitud eterna de tu gloria».
Intercesiones
Ya vimos, al hablar de la oración de Ofrecer misas por los difuntos
los fieles, que la Iglesia en la eucaris- La caridad cristiana, si ha de ser cató-
tía sostiene a la humanidad y al mun- lica, ha de ser universal, ha de interesar-
do entero en la misericordia de Dios, se, pues, por los vivos y por los difuntos,
por la sangre de Cristo Redentor. Pues no sólo por los vivos. La Iglesia, nues-
bien, las mismas plegarias eucarísticas tra Madre, que nos hace recordar dia-
incluyen una serie de oraciones por las riamente a los difuntos, al menos, en
que nos unimos a la Iglesia del cielo, de la misa y en la última de las preces de
la tierra y del purgatorio. Suelen ser lla- vísperas, nos recomienda ofrecer mi-
madas intercesiones. sas en sufragio de nuestros hermanos
«Con ellas se da a entender que la euca- difuntos. Es una gran obra de caridad
ristía se celebra en comunión con toda la hacia ellos, como lo enseña el Catecis-
Iglesia celeste y terrena, y que la oblación mo:
se hace por ella y por todos sus miembros, «El sacrificio eucarístico es también ofreci-
vivos y difuntos, miembros que han sido do por los fieles difuntos, “que han muerto
todos llamados a participar de la salvación en Cristo y todavía no están plenamente
y redención adquiridas por el cuerpo y la purificados” (Conc. Trento), para que pue-
sangre de Cristo» (OGMR 55g). dan entrar en la luz y la paz de Cristo:
En la plegaria eucarística III, por «“Oramos [en la anáfora] por los santos
ejemplo, se invoca padres y obispos difuntos, y en general por
José María Iraburu 49

todos los que han muerto antes que noso- el sacerdote, y no el pueblo, quien recita las
tros, creyendo que será de gran provecho doxologías que concluyen las oraciones presi-
para las almas, en favor de las cuales es denciales. Y esto tanto en la oración colecta
ofrecida la súplica, mientras se halla presen- –«Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que
te la santa y adorable víctima... Presentan- vive y reina», etc.–, como en la plegaria
do a Dios nuestras súplicas por los que han eucarística –«Por Cristo, con Él y en Él»,
muerto, aunque fuesen pecadores..., pre- etc.–. Y que es el pueblo quien, siguiendo
sentamos a Cristo, inmolado por nuestros una tradición continua del Antiguo y del
pecados, haciendo propicio para ellos y Nuevo Testamento, contesta con la aclama-
para nosotros al Dios amigo de los hom- ción del Amén.))
bres” (S. Cirilo de Jerusalén [+386])» (Cate-
cismo 1371; +1032, 1689).

C. La comunión
Doxología final
-Padrenuestro -La paz -Fracción del pan
La gran plegaria eucarística llega a -Cordero de Dios -Comunión -Oración de
su fin. El arco formidable, que se ini- postcomunión.
ció en el prefacio levantando los cora-
zones hacia el Padre, culmina ahora
solemnemente con la doxología final La primera cumbre de la celebra-
trinitaria. El sacerdote, elevando la ción eucarística es sin duda la consa-
Víctima sagrada, y sosteniéndola en gración, en la que el pan y el vino se
alto, por encima de todas las realida- transforman en cuerpo entregado y
des temporales, dice: sangre derramada del mismo Cristo,
«Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Pa- actualizando el sacrificio redentor. Y
dre omnipotente, en la unidad del Espíri- la segunda, ciertamente, es la comu-
tu Santo, todo honor y toda gloria por los nión, en la que la Iglesia obedece el
siglos de los siglos». mandato de Cristo en su última Cena:
Este acto, por sí solo, justifica la exis- «Tomad y comed mi cuerpo, tomad y be-
tencia de la Iglesia en el mundo: para bed mi sangre».
eso precisamente ha sido congregado
en Cristo el pueblo cristiano sacerdo- El Padrenuestro
tal, para elevar en la eucaristía a Dios
El Padrenuestro es la más grande ora-
la máxima alabanza posible, y para
ción cristiana, la más grata al Padre y
atraer en ella en favor de toda la hu-
la que mejor expresa lo que el Espíri-
manidad innumerable bienes materia-
tu Santo ora en nosotros (+Rm
les y espirituales. De este modo, es en
8,15.26), pues es la oración que nos en-
la eucaristía donde la Iglesia se expre-
señó Jesús (Mt 5,23-24; Lc 11,2-4).
sa y manifiesta totalmente.
Por eso, en la misa, la oración domini-
El pueblo cristiano congregado hace
cal culmina en cierto modo la gran ple-
suya la plegaria eucarística, y comple-
garia eucarística, y al mismo tiempo ini-
ta la gran doxología trinitaria dicien-
cia el rito de la comunión. Comienza el
do: Amén. Es el Amén más solemne de
Padrenuestro reiterando el Santo del
la misa.
prefacio –«santificado sea tu Nom-
((Adviértase aquí, por otra parte, que es bre»–, asimila la actitud filial de Cris-
50 Síntesis de la Eucaristía

to, la Víctima pascual ofrecida –«hága- costumbre antigua, ya practicada por las
se tu voluntad»–, y continúa pidiendo primeras generaciones cristianas, de rezar
para la Iglesia la santidad y la unidad tres veces cada día el Padrenuestro, concre-
–«venga a nosotros tu reino»–. Pero tamente en laudes, en misa y en vísperas.
«Así habéis de orar tres veces al día»
también prepara a la comunión
(Dídaque VIII,3).
eucarística, pidiendo el pan necesario,
material y espiritual –«danos hoy
nuestro pan de cada día»–, imploran- La paz
do el perdón y la superación del mal Sabemos que Cristo resucitado, cuan-
–«perdona nuestras ofensas, líbranos do se aparecía a los apóstoles, les salu-
del mal»–, y procurando la paz con los daba dándoles la paz: «La paz con voso-
hermanos –«perdonamos a los que nos tros» (Jn 20,19.26). En realidad, la he-
ofenden»–. No podemos, en efecto, rencia que el Señor deja en la última
unirnos al Señor, si estamos en peca- Cena a sus discípulos es precisamen-
do y si permanecemos separados de te la paz: «La paz os dejo, mi paz os
los hermanos (+Mt 6,14-15; 6,9-13; doy; pero no como la da el mundo»
18,35). (14,27).
Merece la pena señalar aquí que, en la El pecado, separando al hombre de Dios,
petición «líbranos del mal», la Iglesia entien- divide de tal modo la humanidad en par-
de que «el mal no es una abstracción, sino tes contrapuestas, e introduce en cada per-
que designa una persona, Satanás, el Ma- sona tal cúmulo de tensas contradicciones
ligno, el ángel que se opone a Dios» (Cate- y ansiedades, que aleja irremediablemente
cismo 2851; +2850-2853). Ahora bien, en la de la vida humana la paz. Por eso, en la Bi-
última petición del Padrenuestro, «al pedir blia la paz (salom), que implica, en cierto
ser liberados del Maligno, oramos igualmen- modo, todos los bienes, no se espera sino
te para ser liberados de todos los males, como don propio del Mesías salvador. Él
presentes, pasado y futuros de los que él será constituido «Príncipe de la paz: su so-
es autor o instigador» (2854). beranía será grande y traerá una paz sin fin
El Padrenuestro, que es rezado en la para el trono de David y para su reino» (Is
misa por el sacerdote y el pueblo jun- 9,5-6). Sólo él será capaz de devolver a la
tamente, es desarrollado sólo por el humanidad la paz perdida por el pecado
sacerdote con el embolismo que le si- (+Ez 34,25; Joel 4,17ss; Am 9,9-21).
gue: «Líbranos de todos los males, Se- Pues bien, Jesús es el Mesías anunciado:
ñor», en el que se pide la paz de Cris- «Él es nuestra paz» (Ef 2,14). Los ángeles,
to y la protección de todo pecado y en su nacimiento, anuncian que Jesús va a
perturbación, «mientras esperamos la traer en la tierra «paz a los hombres ama-
gloriosa venida de nuestro Salvador Je- dos por Dios» (Lc 2,14). En efecto, quiso «el
Dios de la paz» (Rm 15,33), en la plenitud
sucristo». Y esta vez es el pueblo el que de los tiempos, «reconciliar por Él consigo,
consuma la oración con una doxolo- pacificando por la sangre de su cruz, todas
gía, que es eco de la liturgia celestial: las cosas, así las de la tierra como las del cie-
«Tuyo es el reino, tuyo el poder y la glo- lo» (Col 2,20). Y así él, nuestro Señor Jesu-
ria por siempre, Señor» (+Ap 1,6; 4,11; cristo, quitando el pecado del mundo y co-
5,13). municándonos su Espíritu, es el único que
Conviene advertir que la renovación puede darnos la paz verdadera, la que es
postconciliar de la liturgia ha restaurado la «fruto del espíritu» (Gál 5,22) y de la justi-
ficación por gracia (+Rm 5,1), la paz que ni
José María Iraburu 51

el mundo ni la carne son capaces de dar, 24,30; 1Cor 11,23-24; Jn 21,13)–: tomó el
la paz perfecta, de origen celeste, la paz que pan, lo bendijo, lo partió y lo dió a los dis-
ninguna vicisitud terrena será capaz de cípulos. Por eso, la antigüedad cristia-
destruir en los fieles de Cristo. na, viendo en esta acción un símbolo
El rito de la paz, previo a la comunión, profundo, dio a veces a toda la euca-
es, pues, un gran momento de la eucaris- ristía el nombre de «fracción del pan».
tía. El ósculo de la paz ya se daba fra- Y la liturgia ha conservado siempre
ternalmente en la eucaristía en los si- este rito, durante el cual el sacerdote
glos II-III. El sacerdote, en una oración parte el pan consagrado, y antes de de-
que, esta vez, dirige al mismo «Señor jar caer en el cáliz una partícula de él,
Jesucristo», comienza pidiéndole para dice: «El cuerpo y la Sangre de nues-
su Iglesia «la paz y la unidad» en una tro Señor Jesucristo, unidos en este
súplica extremadamente humilde: cáliz, sean para nosotros alimento de
«no tengas en cuenta nuestros peca- vida eterna».
dos, sino la fe [la fidelidad] de tu Igle- En todo caso, la significación más anti-
sia». A continuación, representando al gua de esta acción litúrgica está vinculada
mismo Cristo resucitado, dice a los a aquellas palabras de San Pablo: «Porque
discípulos reunidos en el cenáculo de el pan es uno, somos muchos un solo cuer-
la misa: «La paz del Señor esté siempre po, pues todos participamos de ese único
con vosotros». pan» (1Cor 10,17; +OGMR 56c). Es la co-
mún-comunión eucarística en el Pan par-
Y puesto que la comunión está ya tido lo que hace de nosotros un solo Cuer-
próxima, y no podemos unirnos a po, el de Cristo, la Iglesia. Los que partici-
Cristo si permanecemos separados de pamos de un mismo altar, somos uno solo,
nuestros hermanos, añade en seguida: pues comemos y vivimos de un mismo
«Daos fraternalmente la paz». De este Pan, y «hemos bebido del mismo Espíritu»
modo, la asidua participación en la (1Cor 12,13).
eucaristía va haciendo de los cristia-
nos hombres de paz, pues en la misa re-
Cordero de Dios
ciben una y otra vez la paz de Cristo,
y por eso mismo son cada vez más ca- A partir de los siglos VI y VII, du-
paces de comunicar a los hermanos la rante la fracción del pan –que enton-
paz que de Dios han recibido. «Bien- ces, cuando no hay todavía hostias pe-
aventurados los que trabajan por la queñas, dura cierto tiempo–, el pueblo
paz, porque ellos serán llamados hijos recita o canta el Cordero de Dios, repi-
de Dios» (Mt 5,9). tiendo varias veces ese precioso títu-
lo de Cristo, que ya en el Gloria ha
sido proclamado.
La fracción del pan Como ya vimos más arriba, la idea del
Partir el pan en la mesa era un ges- Salvador como Cordero inmolado, ya desde
to tradicional que correspondía al pa- el sacrificio de Isaac, pasando por la Pas-
dre de familia. Es un gesto propio de cua y por el Siervo de Yavé de que habla
Cristo, y lo realiza varias veces estan- Isaías, está presente en la revelación divi-
do con sus discípulos –al multiplicar na hasta el Apocalipsis de San Juan, que
contempla en el cielo el culto litúrgico que
los panes, en la Cena última, con los
los ángeles y los santos ofrecen al Corde-
de Emaús, ya resucitado (Jn 6,11; Lc
52 Síntesis de la Eucaristía

ro-víctima, esposo de la Iglesia (Ap 5,6; 6,1; La comunión


7,10-17; 12,11; 13,8; 17,14; 19,7-9; 21,22). La
La comunión sacramental es el encuen-
misa es la Cena pascual del Cordero inmo-
lado, y el rito de la fracción precede lógica-
tro espiritual más amoroso y profundo,
mente al de la comunión. más cierto y santificante, que podemos
tener con Cristo en este mundo. Es una
Seguidamente el sacerdote, mos- inefable unión espiritual con Jesucris-
trando la hostia consagrada, dice to glorioso, y en este sentido, aunque
aquello de Juan el Bautizador: «Éste es se realice mediante el signo expresivo
el Cordero de Dios, que quita el pecado del pan, no implica, por supuesto, una
del mundo» (Jn 1,29). Y añade las pala- digestión del cuerpo físico del Señor
bras que, según el Apocalipsis, dice en –ésta sería la interpretación cafarna-
la liturgia celeste «una voz que sale ítica–.
del Trono, una voz como de gran mu-
chedumbre, como voz de muchas Es notable, en todo caso, la gran so-
aguas, y como voz de fuertes true- briedad con que la tradición patrística
nos:... “Dichosos los invitados al ban- e incluso los escritos de los santos tra-
quete de bodas del Cordero”» (+Ap tan de este acto santísimo de la comu-
19,1-9). En efecto, dice el sacerdote: nión. Y es que se trata, en el orden del
«Dichosos los invitados a la cena del Se- amor y de la gracia, de un misterio in-
ñor». efable, de algo que apenas es capaz de
expresar el lenguaje humano. Cristo se
A ello responde el pueblo, recordan- entrega en la comunión como alimen-
do con toda oportunidad las palabras to, como «pan vivo bajado del cielo»,
del centurión romano, que maravilla- que va transformando en Él a quienes
ron a Cristo por su humilde y atrevi- le reciben. A éstos, que en la comu-
da confianza: «Señor, no soy digno de nión le acogen con fe y amor, les pro-
que entres en mi casa, pero una palabra mete inmortalidad, abundancia de
tuya bastará para sanarme» (+Mt 8,8- vida y resurrección futura. Más aún,
10). Seguidamente el sacerdote, o el les asegura una perfecta unión vital
diácono, distribuye la comunión: «El con Él: «El que come mi carne y bebe
Cuerpo de Cristo». «Amén». Sí, así es mi sangre permanece en mí y yo en él.
realmente. Y así como yo vivo por mi Padre, así
De suyo, corresponde distribuir la comunión también el que me come vivirá por
a quienes en la eucaristía re-presentan a Cris- mí» (Jn 6,57).
to y a los apóstoles. Es el Señor quien «tomó,
partió y repartió» el Pan de vida. Y en la Los cristianos, comulgando el cuerpo
multiplicación milagrosa, por ejemplo, Cris- victimal y glorioso de Cristo, se alimen-
to, «alzando los ojos al cielo, bendijo y par- tan del pan de vida eterna dado con
tió los panes, y se los dió a los discípulos tanto amor por el Padre celestial, par-
[los apóstoles], y éstos a la muchedumbre» ticipan profundamente de la pasión y
(Mt 14,19). De ahí la tradición universal de resurrección de Cristo, reafirman en sí
la Iglesia de que sean los ministros sagra- mismos la Alianza de amor y mutua
dos –y cuando sea preciso, los laicos auto- fidelidad que les une con Dios, reci-
rizados para ello–, quienes distribuyan la
ben la medicina celestial del Padre, la
comunión eucarística (Código 910).
única que puede sanarles de sus en-
fermedades espirituales, y ven acre-
José María Iraburu 53

centada en sus corazones la presencia (OGMR 240). La Iglesia en Occidente,


y la acción del Espíritu Santo, «el Es- sólo por razones prácticas, reduce este
píritu de Jesús» (Hch 16,7). uso a ocasiones señaladas
Sólo Dios, que por medio de la ora- (Eucharisticum mysterium 32), mientras
ción actualiza en nosotros la fe y el que en Oriente es la forma habitual.
amor, puede darnos la gracia de una –Cuando se comulga dentro de la
disposición idónea para la excelsa co- misa, y además con hostias consagra-
munión eucarística. Por eso la devo- das en la misma misa, se expresa con
ción privada ha creado muchas ora- mayor claridad que la comunión hace
ciones para antes de la comunión, y la participar en el sacrificio mismo de
misma liturgia en el ordinario de la Jesucristo (+Catecismo 1388).
misa ofrece al sacerdote dos, proce- –Sin embargo, cuando los fieles pi-
dentes del repertorio medieval, que den la comunión «con justa causa, se
están dirigidas al mismo Cristo. les debe administrar la comunión fue-
«Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que ra de la misa» (Código 918).
por voluntad del Padre, cooperando el Es-
píritu Santo, diste con tu muerte la vida al
mundo, líbrame por la recepción de tu Disposiciones interiores
Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis cul- para la comunión frecuente
pas y de todo mal. Concédeme cumplir
San Pablo habla claramente sobre la
siempre tus mandamientos y jamás permi-
tas que me separe de ti». O bien: posibilidad de comuniones indignas:
«Quien come el pan y bebe el cáliz del
«Señor Jesucristo, la comunión de tu Señor indignamente será reo del cuer-
Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un
motivo de juicio y condenación, sino que,
po y de la sangre del Señor. Examíne-
por tu piedad, me aproveche para defensa se, pues, el hombre a sí mismo y en-
de alma y cuerpo y como remedio saluda- tonces coma del pan y beba del cáliz;
ble». pues el que sin discernir come y bebe
el cuerpo del Señor, se come y bebe su
propia condenación. Por esto hay en-
Disposiciones exteriores tre vosotros muchos flacos y débiles,
para la comunión y muchos muertos» (1Cor 11,27-29).
–El ayuno eucarístico, de antiquísima Atribuye el Apóstol los peores males
tradición, exige hoy «abstenerse de to- de la comunidad cristiana de Corinto
mar cualquier alimento y bebida al a un uso abusivo de la comunión
menos desde una hora antes de la sa- eucarística... Esto nos lleva a conside-
grada comunión, a excepción sólo del rar el tema de la frecuencia y disposición
agua y de las medicinas» (Código espiritual que son convenientes para la
919,1). comunión.
–La Iglesia permite comulgar dos ve- En la antigüedad cristiana, sobre todo
ces el mismo día, siempre que se par- en los siglos III y IV, hay numerosas
ticipe en ambas misas (ib. 917). huellas documentales que hacen pen-
–«La comunión tiene una expresión sar en la normalidad de la comunión
más plena, por razón del signo, cuan- diaria. Los fieles cristianos más piado-
do se hace bajo las dos especies» sos, respondiendo sencillamente a la
54 Síntesis de la Eucaristía

voluntad expresada por Cristo, «to- Durante muchos siglos prevaleció en la


mad y comed, tomad y bebed», veían Iglesia, incluso en los ambientes más fer-
en la comunión sacramental el modo vorosos, la comunión poco frecuente, solo
normal de consumar su participación en algunas fiestas señaladas del Año
en el sacrificio eucarístico. Sólo los litúrgico, o la comunión mensual o se-
catecúmenos o los pecadores sujetos a manal, con el permiso del confesor. Y
disciplina penitencial se veían priva- esta tendencia se acentuó aún más,
dos de ella. Pronto, sin embargo, in- hasta el error, con el Jansenismo. Por
cluso en el monacato naciente, este eso, sin duda, uno de los actos más im-
criterio tradicional se debilita en la portantes del Magisterio pontificio en
práctica o se pone en duda por diver- la historia de la espiritualidad es el
sas causas. La doctrina de San Agus- decreto de 20 de diciembre de 1905. En
tín y de Santo Tomás podrán mostrar- él San Pío X recomienda, bajo determi-
nos autorizadamente el nuevo criterio. nadas condiciones, la comunión frecuen-
Santo Tomás (+1274), tan respetuoso siem- te y diaria, saliendo en contra de la po-
pre con la tradición patrística y conciliar, sición jansenista.
examina la licitud de la comunión diaria, «El deseo de Jesucristo y de la Iglesia de que
adivirtiendo que, por parte del sacramen- todos los fieles se acerquen diariamente al sa-
to, es claro que «es conveniente recibirlo grado convite se cifra principalmente en que
todos los días, para recibir a diario su fru- los fieles, unidos con Dios por medio del
to». En cambio, por parte de quienes co- sacramento, tomen de ahí fuerza para re-
mulgan, «no es conveniente a todos acer- primir la concupiscencia, para borrar las
carse diariamente al sacramento, sino sólo culpas leves que diariamente ocurren, y
las veces que se encuentren preparados para precaver los pecados graves a que la
para ello. Conforme a esto se lee [en fragilidad humana está expuesta; pero no
Genadio de Marsella, +500]: “Ni alabo ni principalmente para mirar por el honor y
critico el recibir todos los días la comunión reverencia del Señor, ni para que ello sea
eucarística”» (STh III,80,10). Y en ese mis- paga o premio de las virtudes de quienes
mo texto Santo Tomás precisa mejor su comulgan. De ahí que el santo Concilio de
pensamiento cuando dice: «El amor encien- Trento llama a la eucaristía «antídoto con
de en nosotros el deseo de recibirlo, y del que nos libramos de las culpas cotidianas
temor nace la humildad de reverenciarlo. y nos preservamos de los pecados morta-
Las dos cosas, tomarlo a diario y abstener- les». Según esto:
se alguna vez, son indicios de reverencia
hacia la eucaristía. Por eso dice San Agustín «1. La comunión frecuente y cotidiana...
[+430]: “Cada uno obre en esto según le esté permitida a todos los fieles de Cristo de
dicte su fe piadosamente; pues no cualquier orden y condición, de suerte que
altercaron Zaqueo y el Centurión por reci- a nadie se le puede impedir, con tal que esté
bir uno, gozoso, al Señor, y por decir el en estado de gracia y se acerque a la sagrada
otro: No soy digno de que entres bajo mi mesa con recta y piadosa intención.
techo. Los dos glorificaron al Salvador, aun- «2. La recta intención consiste en que quien
que no de una misma manera” [ML 33,201]. se acerca a la sagrada mesa no lo haga por
Con todo, el amor y la esperanza, a los que rutina, por vanidad o por respetos huma-
siempre nos invita la Escritura, son prefe- nos, sino para cumplir la voluntad de Dios,
ribles al temor. Por eso, al decir Pedro unirse más estrechamente con Él por la ca-
“apártete de mí, Señor, que soy hombre ridad, y remediar las propias flaquezas y
pecador”, responde Jesús: “No temas”» (ib. defectos con esa divina medicina.
ad 3m).
José María Iraburu 55

«3. Aun cuando conviene sobremanera que la comunión. Esa «conveniente acción
quienes reciben frecuente y hasta diaria- de gracias», de que hablaba San Pío X,
mente la comunión estén libres de pecados es un momento muy especial de gra-
veniales, por lo menos de los plenamente cia. Por eso es aconsejable realizarla
deliberados, y del apego a ellos, basta sin
fielmente, bien sea en ese momento
embargo que no tengan culpas mortales,
con propósito de no pecar más en adelan- de silencio, inmediato a la comunión,
te... o bien después de finalizada la misa.
«4. Ha de procurarse que a la sagrada co- Es lo que la Iglesia recomienda: para que
munión preceda una diligente preparación y los fieles «puedan perseverar más fácilmen-
le siga la conveniente acción de gracias, se- te en esta acción de gracias, que de modo
gún las fuerzas, condición y deberes de eminente se tributa a Dios en la misa, se re-
cada uno. comienda a los que han sido alimentados
con la sagrada comunión que permanezcan
«5. Debe pedirse consejo al confesor. Pro- algún tiempo en oración» (Eu-charisticum
curen, sin embargo, los confesores no apar- mysterium 38).
tar a nadie de la comunión frecuente o co-
tidiana, con tal que se halle en estado de Después de ese tiempo, más o me-
gracia y se acerque con rectitud de inten- nos largo, «en la oración después de la
ción» (Denz 1981/3375 - 1990/3383). comunión, el sacerdote ruega para que se
Parece claro que en la grave cues- obtengan los frutos del misterio celebra-
tión de la comunión frecuente, la ma- do» (OGMR 56k). Estos frutos son in-
yor tentación de error es hoy la actitud cesantemente indicados y pedidos en
laxista, y no el rigorismo jansenista, las oraciones de postcomunión. En
siendo una y otro graves errores. En- efecto, si hacemos una lectura segui-
tre ambos extremos de error, la doc- da de postcomuniones de la misa, ire-
trina de la Iglesia católica, expresada mos conociendo claramente cuáles
en el decreto de San Pío X, permane- son los frutos normales de la partici-
ce vigente. Hoy «la Iglesia recomien- pación eucarística, pues lo que pide la
da vivamente a los fieles recibir la san- Iglesia en esas oraciones, con toda con-
ta eucaristía los domingos y los días fianza y eficacia, coincide precisamen-
de fiesta, o con más frecuencia aún, te con lo que el Señor quiere dar en la
incluso todos los días» (Catecismo liturgia de la misa. Esto es lo propio de
1389). toda oración litúrgica, que realiza lo
que pide.
Veamos, a modo de ejemplo, algunas peti-
La oración post-comunión ciones incluidas en postcomuniones de domin-
«Cuando se ha terminado de distri- gos del Tiempo Ordinario: «te suplicamos la
buir la comunión, el sacerdote y los gracia de poder servirte llevando una vida
fieles, si se juzga oportuno, pueden según tu voluntad» (1). «Alimentados con
el mismo pan del cielo, permanezcamos
orar un rato recogidos. O si se prefie-
unidos en el mismo amor» (2). «Cuantos
re, puede también cantar toda la hemos recibido tu gracia vivificadora, nos
asamblea un himno, un salmo o algún alegremos siempre de este don admirable
otro canto de alabanza» (OGMR 56j). que nos haces» (3). «Que el pan de vida
La práctica devocional de la Iglesia ha eterna nos haga crecer continuamente en
dado siempre una importancia muy no- la fe verdadera» (4). «Concédenos vivir tan
table a este tiempo de oración después de unidos en Cristo, que fructifiquemos con
56 Síntesis de la Eucaristía

gozo para la salvación del mundo» (5). «Santo y fuente de toda santidad» (PE
«Busquemos siempre las fuentes de donde II).
brota la vida verdadera» (6). «Alcanzar un
día la salvación eterna, cuyas primicias nos En realidad, no es posible nuestra san-
has entregado en estos sacramentos» (7; in- tificación sin verdaderos milagros de la
tención frecuente: +20, 26, 30, 31). «Sane gracia. ¿Cómo, si no, podríamos librar-
nuestras maldades y nos conduzca por el nos de pecados, defectos o imperfec-
camino del bien» (10). «Que esta comunión ciones tan arraigados en nuestra per-
en tus misterios, Señor, expresión de nues- sonalidad? San Juan de la Cruz nos
tra unión contigo, realice la unidad de tu muestra claramente que la purifica-
Iglesia» (11). «Condúcenos a perfección tan ción activa del cristiano no puede al-
alta, que en todo sepamos agradarte» (21). canzar la perfecta santidad, «hasta que
«Fortalezca nuestros corazones y nos mue-
va a servirte en nuestros hermanos» (22).
Dios lo hace en él, habiendose él pasi-
«Sea su fuerza, no nuestro sentimiento, vamente» (I Noche 7,5). Pues bien, aun-
quien mueva nuestra vida» (24). «Nos que nosotros hemos de realizar actos
transformemos en lo que hemos recibido» al comulgar, sobre todo de fe y de
(27). «Nos hagas participar de su naturale- amor –en cuanto ello nos sea posible–
za divina» (28). «Aumente la caridad en to- , lo cierto es que de la comunión pue-
dos nosotros» (33). «No permitas que nos de decirse, más o menos, lo que el
separemos de ti» (34). «Encontrar la salud Doctor místico afirma de la contem-
del alma y del cuerpo en el sacramento que plación: en ella «Dios es el agente y el
hemos recibido» (Trinidad). alma es la paciente»; y el alma está
Éstos y otros preciosos efectos que la «como el que recibe y como en quien
Iglesia pide con audacia y confianza se hace, y Dios como el que da y como
en la oración postcomunión –como el que en ella hace» (Llama 3,32).
también en la oración colecta y la del La comunión eucarística es, pues, un
ofertorio– son los que la eucaristía momento privilegiado para esos milagros
causa de suyo en nosotros, si no pone- de la gracia que necesitamos. Cristo en
mos impedimento a la acción de Cris- ella, con todo el poder de su pasión
to en ella (+Catecismo, frutos de la co- gloriosa y de su resurrección admira-
munión: 1391-1398). ble, nos concede ir muriendo a los pe-
cados del hombre viejo, e ir renacien-
Comunión y santidad do a las virtudes del hombre nuevo.
«Si no coméis la carne del Hijo del Es en la eucaristía donde, por obra del
hombre y no bebéis su sangre, no tendréis Espíritu Santo, el pan y el vino se con-
vida en vosotros. El que come mi carne y vierten en cuerpo y sangre de Cristo,
bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo y donde igualmente, por obra del Es-
le resucitaré el último día» (Jn 6,53-54). píritu Santo, los hombres carnales se
La cosa es clara: la santificación cristia- transforman en hombres espirituales,
na tiene forma eucarística. Es así, al me- cada vez más configurados a Cristo.
nos ordinariamente, como ha querido
Cristo santificarnos. Y nosotros no
Los santos
podemos santificar-nos según nues-
y la comunión eucarística
tros gustos o inclinaciones –es absur-
do–, sino según Cristo ha dispuesto Sólo los santos conocen y viven ple-
hacerlo, y nos lo ha dicho. Sólo él es namente la vida cristiana. Y, concreta-
José María Iraburu 57

mente, sólo los santos veneran como se Sintiendo especial reverencia por el Sacra-
debe el gran sacramento de la eucaristía. mento, digno de todo respeto, ofrecía el sa-
Por eso en esto, como en todo, noso- crificio de todos sus miembros, y al recibir
tros hemos de tomarles como maes- al Cordero sin mancha, inmolaba el espíri-
tu con aquel sagrado fuego que ardía siem-
tros. Santo Tomás de Aquino, por
pre en el altar de su corazón» (II Celano
ejemplo, según declaran en el proce- 201).
so de canonización sus compañeros,
«omni die celebrabat missam cum Es un dato cierto que los santos, mu-
lacrymis» (n.49), sobre todo a la hora chas veces, han recibido precisamente en
de comulgar (n.15). Y también San Ig- la comunión eucarística gracias especia-
nacio de Loyola lloraba con frecuen- lísimas, decisivas en su vida.
cia en la misa (Diario espiritual 14). Recordemos, por ejemplo, a Santa Tere-
No-sotros, hombres de poca fe, no llo- sa de Jesús. Ella, cuando no era costumbre,
ramos, pues apenas sabemos lo que «cada día comulgaba, para lo cual la veía
hacemos cuando asistimos a la misa. [esta testigo] prepararse con singular cui-
Son los santos, realmente, los que en- dado, y después de haber comulgado estar
largos ratos muy recogida en oración, y
tienden, en fe y amor, qué es lo que en muchas veces suspendida y elevada en
la misa están haciendo, o mejor, qué Dios» (Ana de los Angeles: Bibl. Míst.
está haciendo en ella la Trinidad san- Carm. 9,563).
tísima. Por eso han de ser ellos los que
Las más altas gracias de su vida, y con-
nos enseñen a celebrar el sacrificio cretamente el matrimonio espiritual, fueron
euca-rístico y a recibir en la comunión recibidas por Santa Teresa en la eucaristía.
el cuerpo y la sangre de Cristo. Ella misma afirma que fue en una comu-
San Francisco de Asís, siendo diácono, nión cuando llegó a ser con Cristo, en el
pocos años antes de morir, escribe una Car- matrimonio, «una sola carne»: «Un día, aca-
ta a los clérigos, en la que confiesa bando de comulgar, me pareció verdadera-
conmovedoramente toda la grandeza del mente que mi alma se hacía una cosa con
ministerio eucarístico que desempeñan. Y aquel cuerpo sacratísimo del Señor» (Cuen-
en su Carta a toda la Orden reitera las mis- ta conciencia 39; +VII Moradas 2,1). Y Tere-
mas exhortaciones: «Así, pues, besándoos sa encuentra a Jesús en la comunión resu-
los pies y con la caridad que puedo, os su- citado, glorioso, lleno de inmensa majestad:
plico a todos vosotros, hermanos, que tri- «No hombre muerto, sino Cristo vivo, y da
butéis toda reverencia y todo el honor, en fin, a entender que es hombre y Dios, no como
cuanto os sea posible, al santísimo cuerpo y estaba en el sepulcro, sino como salió de él
sangre de nuestro Señor Jesucristo, en quien después de resucitado. Y viene a veces con
todas las cosas que hay en cielos y tierra tran grande majestad que no hay quien
han sido pacificadas y reconciliadas con el pueda dudar sino que es el mismo Señor,
Dios omnipotente [+Col 1,20]» (12-13). Él, en especial en acabando de comulgar, que
personalmente, «ardía de amor en sus en- ya sabemos que está allí, que nos lo dice la
trañas hacia el sacramento del cuerpo del fe. Represéntase tan Señor de aquella po-
Señor, sintiéndose oprimido y anonadado sada que parece, toda deshecha el alma, se
por el estupor al considerar tan estimable ve consumir en Cristo» (Vida 28,8).
dignación y tan ardentísima caridad. Repu- Otros santos ha habido que vivían
taba un grave desprecio no oír, por lo me- alimentándose sólamente con el Pan
nos cada día, a ser posible, una misa. Co-
eucarístico, es decir, con el cuerpo de
mulgaba muchísimas veces, y con tanta de-
voción, que infundía fervor a los presentes. Cristo. En esos casos milagrosos ha
58 Síntesis de la Eucaristía

querido Dios manifestarnos, en una estiércol repugnante. Por lo cual pedía y


forma extrema, hasta qué punto tiene rogaba, a fin de que aquellos placeres tam-
Cristo capacidad en la eucaristía de bién espirituales me fuesen quitados mien-
«darnos vida y vida sobreabundante» tras pudiese conservar el amor de mi Dios.
Le rogaba también que me quitase toda vo-
(Jn 10,10).
luntad y me diera sólo la suya. Efectiva-
El Beato Raimundo de Capua, dominico, mente, lo hizo así, porque me dio como res-
que fue unos años director espiritual de puesta: Aquí tienes, dulcísima hija mía, te
Santa Catalina de Siena, refiere de ella que doy mi voluntad”... Y así fue, porque,
«siguiendo pasos casi increíbles, poco a poco, como lo vimos los que estábamos cerca de
pudo llegar al ayuno absoluto. En efecto, la ella, a partir de aquel momento, en cual-
santa virgen recibía muchas veces devota- quier circunstancia, se contentó con todo
mente la santa comunión, y cada vez obte- y nunca se turbó» (ib. 190).
nía de ella tanta gracia que, mortificados los
sentidos del cuerpo y sus inclinaciones, Los santos han cuidado mucho la
sólo por virtud del Espíritu Santo su alma preparación espiritual para comulgar,
y su cuerpo estaban igualmente nutridos. ayudándose para ello de la confesión sa-
De esto puede concluir el hombre de fe cramental, y encareciendo ésta tanto o
que su vida era toda ella un milagro... Yo mis- mas que aquélla. En la Regla propia de
mo he visto muchas veces aquel santa Clara, por ejemplo, dispone la
cuerpecillo, alimentado sólo con algún vaso santa: «Confiésense al menos doce ve-
de agua fría, que... sin ninguna dificultad ces al año... y comulguen siete veces»
se levantaba antes, caminaba más lejos y se (III,12.14). El laxismo actual en el uso
afanaba más que los que la acompañaban
de la eucaristía lleva a lo contrario, a
y que estaban sanos; ella no conocía el can-
sancio... Al comienzo, cuando la virgen co- comulgar muchas veces, no confesan-
menzó a vivir sin comer, fray Tommaso, su do sino muy de tarde en tarde.
confesor, le preguntó si sentía alguna vez Atengámonos al Magisterio apostó-
hambre, y ella respondió: “Es tal la sacie- lico y a la enseñanza de los santos en
dad que me viene del Señor al recibir su todo, pero muy especialmente en
venerabilísimo Sacramento, que no puedo nuestra vida eucarística, tema grave y
de ninguna manera sentir deseo por comi-
da alguna”» (Legenda Maior: Santa Catalina
altísimo. Son los santos, expertos en el
de Siena II,170-171). amor de Cristo, y especialísima-men-
te la Virgen María, quienes podrán
El hambre de Cristo en la eucaristía era a
enseñarnos y ayudarnos a comulgar.
veces en Santa Catalina torturante. Pero
cuando comulgaba quedaba a veces absor- Ellos son los que de verdad conocen
ta en Dios durante horas o días. Una vez y entienden la locura de amor realiza-
«su confesor, que le había visto tan encen- da por Cristo, cuando él responde con
dida de cara mientras le daba el Sacramen- la eucaristía a la petición de sus discí-
to, le preguntó qué le había ocurrido, y ella pulos: «quédate con nosotros» (Lc
le respondió: “Padre, cuando recibí de 24,29). Así Santa Catalina:
vuestras manos aquel inefable Sacramento,
«¡Oh hombre avaricioso! ¿Qué te ha de-
perdí la luz de los ojos y no vi nada más;
jado tu Dios? Te dejó a sí mismo, todo Dios
más aún, lo que vi hizo tal presa en mí que
y todo hombre, oculto bajo la blancura del
empecé a considerar todas las cosas, no so-
pan. ¡Oh fuego de amor! ¿No era suficien-
lamente las riquezas y los placeres del cuer-
te habernos creado a imagen y semejanza
po, sino también cualquier consolación y
tuya, y habernos vuelto a crear por la gra-
deleite, aun los espirituales, semejantes a un
cia en la sangre de tu Hijo, sin tener que
José María Iraburu 59

darnos en comida a todo Dios, esencia divi- Señor, al despedirse de sus discípulos
na? ¿Quién te ha obligado a esto? Sola la en el momento de su ascensión, «alzó
caridad, como loco de amor que eres» (Ora- sus manos y los bendijo; y mientras los
ciones y soliloquios 20). bendecía, se separó de ellos y fue lle-
vado al cielo» (Lc 24,50-51), así ahora,
por medio del sacerdote que le re-pre-
senta, el Señor bendice al pueblo cris-
tiano, que se ha congregado en la eu-
IV. RITO DE CONCLUSIÓN caristía para celebrar el memorial de
«su pasión salvadora, y de su admira-
ble resurrección y ascensión al cielo,
Saludo y bendición. -Despedida y misión.
mientras espera su venida gloriosa»
(PE III).
La inclusión es una forma poética,
por la que el final vuelve al principio. Despedida y misión
No es rara en los salmos, por ejemplo,
en el 102, que empieza y termina di- La palabra misa, que procede de
ciendo: «Bendice, alma mía, al Señor». missio (misión, envío, despedida), ya
También ocurre así en la misa. desde el siglo IV viene siendo uno de
los nombres de la eucaristía. En efec-
to, la celebración de la eucaristía termi-
Saludo y bendición na con el envío de los cristianos al mun-
Al finalizar la misa, en efecto, se do. Y no se trata aquí tampoco de una
vuelve al saludo de su comienzo: simple exhortación, «vayamos en
paz», apenas significativa, sino de
–«El sacerdote, extendiendo las manos,
saluda al pueblo diciendo: El Señor esté con
algo más importante y eficaz. En efec-
vosotros; a lo que el pueblo responde: Y con to, así como Cristo envía a sus discípu-
tu espíritu». los antes de ascender a los cielos –«id
por todo el mundo y predicad el evan-
Y si la celebración se inició en el gelio a toda criatura» (Mc 16,15)–,
nombre de la santísima Trinidad y en
ahora el mismo Cristo, al concluir la
el signo de la cruz, también en este
eucaristía, por medio del sacerdote
Nombre y signo va a concluirse: que actúa en su nombre y le visibiliza,
«En seguida el sacerdote añade: «la ben- envía a todos los fieles, para que vuel-
dición de Dios todopoderoso –haciendo aquí la van a su vida ordinaria, y en ella anun-
señal + de la bendición–, Padre, Hijo y Espí- cien siempre la Buena Noticia con pa-
ritu Santo, descienda sobre vosotros». Y todos
labras y más aún con obras.
responden «Amén».
–«Podéis ir en paz».
El sacerdote aquí no pide que la ben-
dición de Dios descienda «sobre noso- –«Demos gracias a Dios».
tros», no. Lo que hace –si realiza la li- Entonces el sacerdote, según costumbre,
turgia católica– es transmitir, con la efi- venera el altar [como al principio de la
cacia y certeza de la liturgia, una bendi- misa] con un beso y, hecha la debida reve-
ción, que Cristo finalmente concede a su rencia, se retira» (OGMR 124-125).
pueblo. De tal modo que, así como el La misa ha terminado.
60 Síntesis de la Eucaristía

ta, para salvarnos del pecado y darnos


vida divina. De Cristo nos viene,
pues, juntamente, la capacidad de mo-
rir a la vida vieja, y la posibilidad de
5 recibir la vida nueva y santa. De Él nos
viene esta gracia, y no sólo como ejem-

Fuente plo, sino como impulso que íntima-


mente nos mueve y vivifica.

y cumbre Ahora bien, siendo la misa actuali-


zación del misterio pascual, es en ella
fundamentalmente donde participa-
Comenzábamos nuestro escrito afir- mos de la muerte y resurrección del
mando con la Iglesia que «la celebra- Salvador. Por tanto, de la eucaristía flu-
ción de la misa es el centro de toda la ye, como de su fuente, toda la vida cris-
vida cristiana» (OGMR 1). Volvamos, tiana, la personal y la comunitaria. «To-
pues, sobre este tema, una vez que he- das las obras de la vida cristiana se re-
mos analizado y contemplado las di- lacionan con ella, proceden de ella y a
versas partes de la eucaristía. ella se ordenan» (OGMR 1).
Esto nos hace concluir que la espiri-
tualidad cristiana ha de arraigarse siem-
Eucaristía y vida cristiana pre y cada vez más en la eucaristía. Quie-
En todo momento de gracia, el cristia- re Dios que haya en la Iglesia diver-
no, muriendo al hombre viejo carnal, vive sas espiritualidades, en referencia a un
el hombre nuevo espiritual. Si un cris- santo fundador, a un cierto estado de
tiano perdona, mata en sí el deseo de vida, a un servicio de caridad predo-
venganza y vive la misericordia de minante. Pero, en todo caso, será ex-
Cristo. Si da una limosna, muere al céntrica cualquier espiritualidad cris-
egoísmo y vive la caridad del Espíri- tiana concreta que no tenga su centro
tu Santo. Si se priva de un placer pe- en el sacrificio de la Nueva Alianza. Y,
caminoso, toma la cruz y sigue a Cris- pasando ya del plano teórico al de los
to. Y así sucede «cada día», en todos y hechos, habrá que reconocer que hay
cada uno de los instantes de la vida espiritualidades concretas más o menos
cristiana: muerte y vida, cruz y resu- centradas en la eucaristía. Las más cen-
rrección. No se puede participar de la tradas en el sacrificio eucarístico son
vida divina sin inmolar al Señor las más perfectas, las más conformes
sacrificialmente toda la vida humana, a la revelación y a la tradición; las me-
en cuanto está marcada por el pecado: nos centradas son las más deficientes.
sentimientos y afectos, memoria, en- Éstas, al extremo, pueden ser simple-
tendimiento y voluntad. San Juan de mente una falsificación del cristianis-
la Cruz es, quizá, quien más profun- mo.
damente ha explicado este misterio.
Esto significa que toda la vida cristia- Eucaristía y vida sacramental
na es una participación en el misterio El concilio Vaticano II nos enseña
pascual de Cristo, que muere y resuci- que todos los sacramentos «están unidos
José María Iraburu 61

con la eucaristía y a ella se ordenan, ción de gracias [de la eucaristía], así como el
pues en la sagrada eucaristía se con- recuerdo de los misterios de la salvación,
tiene todo el bien espiritual de la Igle- las súplicas y el gusto anticipado de la glo-
sia, Cristo mismo, nuestra Pascua y ria celeste, que se nos ofrecen en el miste-
rio eucarístico, “centro y cumbre de toda
pan vivo, que por su carne vivificada
la vida de la comunidad cristiana”» (ib.).
y vivificante en el Espíritu Santo, da
vida a los hombres» (PO 5b).
Todos los sacramentos contienen la gracia El Misal de los fieles
que significan, y la confieren a los fieles que Estimamos sumamente recomendable
los reciben con buena disposición. «Pero en el uso habitual del Misal de los fieles. Él
la eucaristía está el autor mismo de la san- pone en nuestras manos las maravi-
tidad» (Trento: Denz 876/1639). Y en todos
y cada uno de los sacramentos –bautismo,
llosas oraciones del Ordinario de la
penitencia, etc.–, participa el cristiano de la misa, especialmente las Plegarias
pasión de Cristo, muriendo al pecado, y de Eucarísticas, y cada día nos ofrece las
su gloriosa resurrección, renaciendo y vi- lecturas bíblicas, las oraciones varia-
viendo a la vida santa de la gracia. bles, que van celebrando, con distin-
tas tonalidades, el Año del Señor, sus
grandes misterios, las fiestas de los
Eucaristía y Liturgia de las Horas santos.
«La “obra de la redención de los Es tal la riqueza del Misal en doctri-
hombres y de la perfecta glorificación na y espiritualidad, que apenas puede
de Dios” (SC 5b) es realizada por Cris- ser asimilada, si sólo en el momento
to en el Espíritu Santo por medio de de la celebración, entra el fiel en con-
su Iglesia no sólo en la celebración de tacto con las oraciones y lecturas,
la eucaristía y en la administración de anáforas, antífonas y aclamaciones.
los sacramentos, sino también, con pre- Sin embargo, la espiritualidad de los
ferencia a los modos restantes, cuan- cristianos, sin duda alguna, debe bus-
do se celebra la Liturgia de las Horas. car y encontrar en el Misal y en las
En ella, Cristo está presente en la Horas las fuentes más preciosas de
asamblea congregada, en la palabra de donde mana inagotablemente el Espí-
Dios que se proclama y “cuando la ritu de Jesucristo y de su Iglesia.
Iglesia suplica y canta salmos” (SC
7a)» (Ordenación general de la Liturgia En los años de la renovación litúrgica que
precedieron al concilio Vaticano II se difun-
de las Horas 13).
dieron abundantemente entre los fieles los
–Preparación a la eucaristía. Pues bien, se- Misales manuales, normalmente bilingües.
gún nos enseña la Iglesia, «la celebración Ellos ayudaron mucho a los fieles a parti-
eucarística halla una preparación magnífica en cipar en la eucaristía. Pero después del Con-
la Liturgia de las Horas, ya que ésta suscita cilio, una vez traducida la liturgia a las len-
y acrecienta muy bien las disposiciones que guas vernáculas, el uso de esos Misales ha
son necesarias para celebrar la eucaristía, disminuido notablemente. Es, por tanto,
como la fe, la esperanza, la caridad, la de- muy deseable que todos los hogares cristia-
voción y el espíritu de abnegación» (ib. 12). nos tengan un Misal de fieles, como deben
–Extensión de la eucaristía. Y, por otra par- tener la Biblia o el Catecismo de la Iglesia.
te, «la Liturgia de las Horas extiende a los dis- Y los utilicen, claro.
tintos momentos del día la alabanza y la ac-
62 Síntesis de la Eucaristía

nos amó y se entregó por nosotros (+Gál


2,20), y se queda bajo los signos que expre-
El culto de la eucaristía san y comunican este amor:
fuera de la misa
«“La Iglesia y el mundo tienen una gran
El pueblo cristiano, con sus pastores necesidad del culto eucarístico. Jesús nos es-
al frente, al paso de los siglos, ha ido pera en este sacramento del amor. No es-
prestando un culto siempre creciente a catimemos tiempo para ir a encontrarlo en
la eucaristía fuera de la misa: oración la adoración, en la contemplación llena de
ante el Sagrario, exposiciones en la fe y abierta a reparar las faltas graves y de-
Custodia, procesiones, Horas santas, litos del mundo. No cese nunca nuestra
visitas al Santísimo, asociaciones de adoración” ([Juan Pablo II], Dominicae cenae
Adoración nocturna o perpetua, etc. 3)» (1380).
Esto lo ha ido haciendo la Iglesia, bajo Todo hace pensar que si Dios le con-
la guía del Espíritu Santo, que nos cede a un cristiano la gracia de la co-
conduce «hacia la verdad plena» (+Jn munión diaria, querrá concederle
14,26; 16,13). Con toda verdad di-jo también la gracia de adorarle diaria-
Cristo del Espíritu Santo: «Él me glo- mente, en una oración más o menos
rificará» (Jn 16,14). prolongada, ante el sagrario.
Recordemos en esto la enseñanza del
Catecismo de la Iglesia Católica: La eucaristía,
«El culto de la Eucaristía. En la liturgia de «prenda de la gloria futura»
la misa expresamos nuestra fe en la presen- «¡Oh sagrado banquete (o sacrum
cia real de Cristo bajo las especies de pan
y de vino, entre otras maneras,
convivium), en que Cristo es nuestra
arrodillándonos o inclinándonos profunda- comida; se celebra el memorial de su
mente en señal de adoración al Señor. “La pasión; el alma se llena de gracia, y se
Iglesia católica ha dado y continúa dando nos da la prenda de la gloria futura!».
este culto de adoración que se debe al sa- Como dice esta antigua oración de la
cramento de la Eucaristía no solamente du- Iglesia, la eucaristía es, en efecto, como
rante la misa, sino también fuera de su ce- dice esta antigua oración de la Iglesia, «la
lebración: conservando con el mayor cui- anticipación de la gloria celestial» (Ca-
dado las hostias consagradas, presentándo- tecismo 1402). Es la reunión con Dios
las a los fieles para que las veneren con so- y la comunión con los santos. Es, pues,
lemnidad, llevándolas en procesión”
(Mysterium fidei)» (1378).
el cielo en la tierra. O si se quiere, es
el punto eclesial de tangencia entre la
«Es grandemente admirable que Cristo esfera celestial y la esfera terrestre.
haya querido hacerse presente en su Igle-
sia de esta singular manera. Puesto que El mismo Cristo quiso que la Cena
Cristo iba a dejar a los suyos bajo su forma eucarística fuera entendida también
visible, quiso darnos su presencia sacramen- como prenda anticipadora del ban-
tal; puesto que iba a ofrecerse en la cruz quete celestial, «hasta que llegue el
por nuestra salvación, quiso que tuviéra- reino de Dios» (Lc 22,18; +Mt 26,29;
mos el memorial del amor con que nos ha- +Mc 14,25). Por eso, «cada vez que la
bía amado “hasta el extremo” (Jn 13,1), has- Iglesia celebra la Eucaristía recuerda
ta el don de su vida. En efecto, en su pre-
sencia eucarística permanece misteriosa-
esta promesa, y su mirada se dirige
mente en medio de nosotros como quien hacia “el que viene” (Ap 1,4). Y en su
José María Iraburu 63

oración, implora su venida: “Marán del apóstol San Juan (Jn 19,27). Como
athá” (1Cor 16,22), “Ven, Señor Jesús” también sabemos que los apóstoles
(Ap 22,20), “que tu gracia venga y que comenzaron a celebrar la eucaristía a
este mundo pase” (Dídaque 10,6)» (Ca- partir de Pentecostés. Esto nos hace,
tecismo 1403). por tanto, suponer con base muy cier-
Cada vez que nos reunimos en la eucaristía ta que la santísima Virgen participó
debe avivarse en nosotros el deseo del cielo, en la eucaristía cuantas veces pudo
pues la celebramos «mientras esperamos la hasta el momento de su asunción a los
gloriosa venida de nuestro Salvador Jesu- cielos.
cristo» (oración después del Padrenuestro;
La Virgen María es, pues, indudable-
+Tit 2,13). Con frecuencia las oraciones de
la misa, especialmente las postcomuniones, mente el modelo perfecto de participación
piden que cuantos celebran aquí la eucaris- en la misa. Nadie como ella ha vivido
tía, lleguen a participar «en el banquete del la liturgia eucarística como actualiza-
Reino de los cielos». La eucaristía, pues, es ción del sacrificio de la cruz. Nadie ha
como una puerta abierta al más allá celes- reconocido como ella la presencia de
tial. Por eso en ella pedimos al Padre en- Jesús en los fieles congregados en su
trar «en tu reino, donde esperamos gozar Nombre. Nadie como ella ha distin-
todos juntos de la plenitud eterna de tu guido la voz de su hijo divino en la li-
gloria; allí enjugarás las lágrimas de nues- turgia de la Palabra. Nadie ha hecho
tros ojos, porque, al contemplarte como tú
suyas las oraciones, alabanzas y súpli-
eres, Dios nuestro, seremos para siempre
semejantes a ti y cantaremos eternamente cas de la misa con tanta fe y esperan-
tus alabanzas, por Cristo, Señor Nuestro» za, con tanto amor como la Virgen
(PE III, en misa por difuntos). María. Nadie en la misa se ha ofreci-
do con Cristo al Padre de modo tan
«La creación entera hasta ahora
total a como ella lo hacía. Nadie ha
gime y siente dolores de parto, y no
comulgado el cuerpo de Cristo, ni el
sólo ella, sino también nosotros, que
mayor de los santos, con el amor de la
tenemos las primicias del Espíritu, ge-
Virgen Madre. Nadie ha suplicado la
mimos dentro de nosotros mismos,
paz y la unidad de la santa Iglesia con
suspirando por la adopción, por la re-
la apasionada confianza de la Virgen
dención de nuestro cuerpo. Porque es
en la misericordia de Dios providente.
en esperanza como estamos salvados»
Nadie, en toda la historia de la Iglesia,
(Rm 8,22-24). Pues bien, en este tiem-
ha estado en la misa tan atenta, tan
po de prueba, paciente y esperanzado,
humilde y respetuosa, tan encendida
la eucaristía es la anticipación y la
en oración y en amor, como la Madre
prenda más segura de «los cielos nue-
de la divina gracia.
vos y la tierra nueva» (2Pe 3,13), allí
donde, finalmente, «Dios será todo en Conviene, pues, que tomemos a la Vir-
todas las cosas» (1Cor 15,28). gen María como modelo y como interce-
sora para adentrarnos más en el miste-
rio eucarístico. Oigamos la Palabra
María y la eucaristía «con la fe de María». Elevemos al Pa-
Sabemos que, después de la ascen- dre la atrevida oración de los fieles
sión de nuestro Señor Jesucristo, la «con la esperanza de María». Acer-
Virgen María fue «acogida en la casa» quémonos a comulgar «con el amor
64 Síntesis de la Eucaristía

de María». Que sea ella, la que estuvo es uno de los más antiguos documen-
al pie de la Cruz, la que, con la pacien- tos cristianos extrabíblicos. En ella se
cia propia de las madres, nos enseñe recogen algunas plegarias de carácter
a participar más y mejor en la santa plenamente eucarístico, en las que se
misa, sacrificio de la Nueva Alianza. describen usos y formas litúrgicas ya
vigentes.
«Respecto a la acción de gracias (eucaris-
tía), daréis las gracias de esta manera.
«Primeramente, sobre el cáliz: Te damos
gracias, Padre santo, por la santa viña de
David, tu siervo, la que nos has revelado
I APÉNDICE por Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por
los siglos.
Textos «Luego, sobre el trozo de pan: Te damos
gracias, Padre nuestro, por la vida y la cien-
eucarísticos cia que nos revelaste por medio de Jesús,
tu siervo. A ti la honra por los siglos.

primitivos «Como este pan partido estaba antes dis-


perso por los montes y, recogido, se ha he-
cho uno, así sea reunida tu Iglesia de los con-
En el libro de los Hechos, San Lucas fines de la tierra en tu reino. Porque tuya
es la gloria y el poder por Jesucristo en los
atestigua la asidua celebración de la siglos.
eucaristía en Jerusalén: los que habían
creído, «perseveraban en escuchar la «Pero que nadie coma ni beba de vuestra
enseñanza de los apóstoles y en la co- eucaristía sin estar bautizado en el nombre
del Señor, pues de esto dijo el Señor: “No
munidad de vida, en la fracción del deis lo santo a los perros” [Mt 7,6].
pan y en las oraciones» (Hch 2,42). El
«día primero de la semana» (20,7) era «Y después de que os hayáis saciado, dad
así las gracias:
el día más apropiado para la celebra-
ción de la eucaristía. «Te damos gracias, Padre santo, por tu san-
to Nombre, que hiciste que habitara en
De las formas en que ésta se celebra- nuestros corazones; y por el conocimiento
ba tenemos huellas muy valiosas. y la fe y la inmortalidad que nos manifes-
Además de la breve descripción de la taste por Jesús, tu siervo. A ti la gloria por
eucaristía que nos ofrece San Pablo los siglos.
hacia el año 55, en 1 Corintios 10,16- «Tú, Señor omnipotente, creaste todas las
17.21; 11,20-34, y a la que ya nos hemos cosas por tu Nombre, y diste a los hombres
referido más arriba, tenemos otras re- comida y bebida para su disfrute. Mas a
laciones de textos muy antiguos. nosotros nos hiciste gracia de comida y be-
bida espiritual y de vida eterna por tu Sier-
vo. Ante todo, te damos gracias porque
La Doctrina de los doce apóstoles eres poderoso. A ti la gloria por los siglos.
(Dídaque) (70?) «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para li-
La Dídaque o Doctrina de los doce brarla de todo mal y para perfeccionarla en
apóstoles, escrita quizá hacia el año 70, tu caridad. Y reúnela de los cuatro vientos,
ya santificada, en tu reino, que le tienes
José María Iraburu 65

preparado. Porque tuyo es el poder y la das las preces, nos saludamos mutuamen-
gloria por los siglos. te con el ósculo de paz. Seguidamente, al
«Venga la gracia y pase este mundo. Ho- que preside entre los hermanos, se le pre-
sanna al Dios de David. El que sea santo senta pan y una copa de agua y de vino.
que se acerque. El que no lo sea, que haga Cuando lo ha recibido, alaba y glorifica al
penitencia. Marán athá. Amén. Padre del universo por el nombre de su
Hijo y por el Espíritu Santo, y pronuncia
«A los profetas permitidles que den gra- una larga acción de gracias, por habernos
cias cuantas quieran (Did. 9-10). concedido esos dones que de Él nos vie-
«Reunidos cada día del Señor, partid el nen. Y cuando el presidente ha terminado
pan y dad gracias, después de haber confesa- las oraciones y la acción de gracias, todo el
do vuestros pecados, para que vuestro sacri- pueblo presente aclama, diciendo: “Amén”.
ficio sea puro. Todo aquel, sin embargo, “Amén” significa, en hebreo, “Así sea”. Y
que tenga contienda con su compañero, no una vez que el presidente ha dado gracias
se reuna con vosotros hasta tanto no se ha- y todo el pueblo ha aclamado, los que en-
yan reconciliado, a fin de que no se profa- tre nosotros se llaman diáconos dan a cada
ne vuestro sacrificio. Pues éste es el sacri- uno de los presentes a participar del pan, y del
ficio del que dijo el Señor: “En todo lugar vino y del agua sobre los que se dijo la ac-
y en todo tiempo se me ha de ofrecer un ción de gracias, y también lo llevan a los au-
sacrificio puro, dice el Señor, porque soy yo sentes (I Apol. 65).
Rey grande, y mi nombre es admirable en- «Este alimento se llama entre nosotros
tre las naciones” [+Mal 1,11-14]» (Díd. 14). eucaristía; de la que a nadie es lícito partici-
par, sino al que [1] cree que nuestra doctri-
na es verdadera, y que [2] ha sido purifi-
San Justino (+163) cado con el baño que da el perdón de los
El filósofo samaritano Justino, con- pecados y la regeneración, y que [3] vive
vertido al cristianismo, escribe hacia como Cristo enseñó. Porque estas cosas no
el 153 su I Apología en defensa de los las tomamos como pan común ni bebida
cristianos, dirigida al emperador ordinaria, sino que así como Jesucristo,
Antonino Pío, al Senado y al pueblo nuestro Salvador, hecho carne por virtud
del Verbo de Dios, tuvo carne y sangre por
romano. Y en Roma selló su testimo- nuestra salvación; así se nos ha enseñado
nio con su sangre. En ese texto halla- que, por virtud de la oración al Verbo que
mos una primera descripción de la de Dios procede, el alimento sobre el que
misa, muy semejante, al menos en sus fue dicha la acción de gracias –alimento de
líneas fundamentales, a la misa actual. que, por transformación, se nutren nues-
«Nosotros, después de haber bautizado al tra sangre y nuestra carne– es la carne y la
que ha creído y se ha unido a nosotros [bau- sangre de aquel mismo Jesús encarnado. Pues
tismo y comunión eclesial], le llevamos a los apóstoles, en los Recuerdos por ellos
los llamados hermanos, allí donde están re- compuestos llamados Evangelios, nos trans-
unidos, para rezar fervorosamente las ora- mitieron que así les había sido mandado,
ciones comunes por nosotros mismos, por cuando Jesús, habiendo tomado el pan y
el que acaba de ser iluminado y por todos dado gracias, dijo: «Haced esto en memo-
los otros esparcidos por todo el mundo, su- ria de mí; éste es mi cuerpo» [Lc 22,19; 1Cor
plicando se nos conceda, ya que hemos co- 11,24], y que, habiendo tomado del mismo
nocido la verdad, ser hallados por nuestras modo el cáliz y dado gracias, dijo: «Ésta es
obras hombres de buena conducta, y cum- mi sangre» [Mt 26,27]; y que sólo a ellos les
plidores de los mandamientos, de suerte dio parte» (66).
que consigamos la salvación eterna. Acaba-
66 Síntesis de la Eucaristía

«Nosotros, por tanto, después de esta San Ireneo (130?-200?)


primera iniciación, recordamos constante-
El obispo de Lión, sede primada de
mente entre nosotros estas cosas, y los que
tenemos, socorremos a todos los abandona-
las Galias, San Ireneo, mártir, ve la eu-
dos, y nos asistimos siempre unos a otros. caristía como el sacrificio de Cristo
Y por todas las cosas de las cuales nos ali- que la Iglesia ofrece siempre el Padre.
mentamos, bendecimos al Creador de todo por «Cristo tomó el pan, que es algo de la
medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu San- creación, y dio gracias, diciendo: “Esto es
to. Y el día llamado del sol [el domingo] se mi cuerpo”. Y de la misma manera afirmó
tiene una reunión en un mismo sitio de to- que el cáliz, que es de esta nuestra creación
dos los que habitan en las ciudades o en los terrena, era su sangre. Y enseñó la nueva
campos, y se leen, en cuanto el tiempo lo oblación del Nuevo Testamento, la cual, re-
permite, los Recuerdos de los apóstoles o las cibiéndola de los apóstoles, la Iglesia ofre-
escrituras de los profetas. Luego, cuando el ce en todo el mundo a Dios» (Adversus
lector ha acabado, el que preside exhorta e haereses 4,17,5).
incita de palabra a la imitación de estos
buenos ejemplos. Después nos levantamos
todos a una y elevamos nuestras preces; y, Traditio apostolica (215?)
como antes dijimos, cuando hemos termi- El canon eucarístico más antiguo
nado de orar, se presenta pan, vino y agua, que se conoce es el que se expone en
y el que preside eleva a Dios, según sus po-
sibilidades, oraciones y acciones de gracias, y
la Traditio apostolica, documento escri-
el pueblo aclama diciendo el “Amén”. Se- to probablemente en Roma por San
guidamente viene la distribución y participa- Hipólito (+235). Esta anáfora, de nota-
ción, que se hace a cada uno, de los alimen- ble plenitud teológica, muy antigua y
tos consagrados por la acción de gracias, y venerable, y que muestra una tradi-
a los ausentes se les envía por medio de los ción litúrgica anterior, tuvo gran in-
diáconos. Los que tienen y quieren, cada flujo en las liturgias de Occidente e
uno según su libre voluntad, dan lo que bien incluso de Oriente. En ella está inspi-
les parece, y lo recogido se entrega al presi- rada actualmente la Plegaria
dente, y él socorre de ello a los huérfanos
eucarística II. Y también siguen su pau-
y las viudas, a los que por enfermedad o
por cualquier otra causa se hallan abando- ta las otras plegarias eucarísticas, por
nados, y a los encarcelados, a los foraste- ejemplo, en el solemne diálogo inicial
ros de paso, y, en una palabra, él cuida de del prefacio.
cuantos padecen necesidad. Y celebramos «Ofrézcanle los diáconos [al ordenado
esta reunión general el día del sol, puesto que obispo] la oblación, y él, imponiendo las
es el día primero, en el cual Dios, transfor- manos sobre ella con todos los presbíteros,
mando las tinieblas y la materia, creó el mun- dando gracias, diga: “El Señor con vosotros”
do, y el día también en que Jesucristo, nues- . Y todos digan: “Y con tu espíritu”. “Arri-
tro Salvador, resucitó de entre los muertos. ba los corazones”. “Los tenemos ya elevados
Pues un día antes del día de Saturno [sá- hacia el Señor”. “Demos gracias al Señor”.
bado] lo crucificaron y un día después del “Esto es digno y justo”. Y continúe así:
de Saturno, que es el día del sol, se apare-
«Te damos gracias, ¡oh Dios!, por medio de
ció a los apóstoles y discípulos, y nos en-
tu amado Hijo, Jesucristo, que nos envias-
señó estas cosas que he propuesto a vues-
te en los últimos tiempos como salvador y
tra consideración» (67).
redentor nuestro, y como anunciador de tu
voluntad. Él es tu Verbo inseparable, por
quien hiciste todas las cosas y en el que te
José María Iraburu 67

has complacido. Tú lo enviaste desde el cie- «Los domingos, si es posible, el obispo dis-
lo al seno de una virgen, y habiendo sido tribuirá de su propia mano [la comunión]
concebido, se encarnó y se mostró como a todo el pueblo, mientras que los diáconos
Hijo tuyo, nacido del Espíritu Santo y de y los presbíteros partirán el pan. Luego el
la Virgen. Él, cumpliendo tu voluntad y diácono ofrecerá la eucaristía y la patena al
conquistándote tu pueblo santo, extendió sacerdote; éste las recibirá, las tomará en sus
sus manos, padeciendo para librar del su- manos para luego distribuirlas a todo el
frimiento a los que creyeron en ti. El cual, pueblo. Los demás días se comulgará si-
habiéndose entregado voluntariamente a la guiendo las instrucciones del obispo» (22).
pasión para destruir la muerte, romper las –La comunión realizada privadamente en
cadenas del demonio, humillar al infierno, casa. «Todos los fieles tengan cuidado de
iluminar a los justos, cumplirlo todo y ma- tomar la eucaristía antes de que coman
nifestar la resurrección, mostrando el pan cualquier otro alimento...Y cuídese que no
y dándote gracias, dijo: “Tomad, comed. la tome un infiel, ni un ratón ni otro ani-
Éste es mi cuerpo, que por vosotros será mal, y de que nadie la vuelque ni la derra-
destrozado”. Del mismo modo, tomó el cá- me, ni la pierda. Siendo el Cuerpo de Cris-
liz, diciendo: “Ésta es mi sangre, que por to, que será comido por los creyentes, no
vosotros es derramada. Cuando hacéis esto, debe ser menospreciado» (37). «También el
hacedlo en memoria mía”. cáliz bendito en el nombre del Señor se re-
«Recordando, pues, su muerte y su resu- cibe como sangre de Cristo. Por eso nada
rrección, te ofrecemos este pan y este cáliz, debe ser derramado... Si tú lo menospre-
dándote gracias porque nos tuviste por dig- cias, serás tan responsable de la sangre ver-
nos de estar en tu presencia y de servirte tida como aquél que no valora el precio por
como sacerdotes. el que fue adquirido» (38).
«Y te pedimos que envíes tu Espíritu San-
to sobre la oblación de la santa Iglesia. Re-
Orígenes (185-253)
uniéndolos en uno, da a todos los santos
que la reciben que sean llenos del Espíritu Asceta y gran teólogo, lleva Oríge-
Santo, para confirmación de la fe en la ver- nes a su apogeo la escuela de Alejan-
dad, a fin de que te alabemos y glorifi- dría, y sufre diversos tormentos en la
quemos por tu Hijo Jesucristo, que tiene tu persecución de Decio. Este gran doc-
gloria y tu honor con el Espíritu Santo en tor venera de modo semejante la pre-
la santa Iglesia, ahora y por los siglos de los sencia eucarística de Cristo en el Pan
siglos. Amén» (4). y en la Palabra:
–La comunión primera de los neófitos. «To-
«Conocéis vosotros, los que soléis asistir
das estas cosas el obispo las explicará a los
a los divinos misterios, cómo cuando reci-
que reciben [por primera vez] la comunión.
bís el cuerpo del Señor, lo guardáis con
Cuando parte el pan, al presentar cada tro-
toda cautela y veneración, para que no se
zo, dirá: “El pan del cielo en Cristo Jesús”.
caiga ni un poco de él, ni desaparezca algo
Y el que lo recibe responderá: “Amén”. Si
del don consgrado. Pues os creéis reos, y
no hay presbíteros suficientes para ofrecer
rectamente por cierto, si se pierde algo de
los cálices, intervengan los diáconos, aten-
él por negligencia. Y si empleáis, y con ra-
tos a observar perfectamente el orden; el
zón, tanta cautela para conservar su cuer-
primero sostenga el caliz del agua; el segun-
po, ¿cómo juzgáis cosa menos impía haber des-
do, el de la leche, y el tercero, el del vino.
cuidado su palabra que su cuerpo?» (Sobre
Los comulgantes gusten de cada uno de los
Éxodo, hom. 13,3).
cálices (21).
–La comunión ordinaria de los domingos.
68 Síntesis de la Eucaristía

San Cipriano (210-258) paz con la Iglesia, ni han hecho penitencia,


ni han recibido la imposición de manos del
El obispo de Cartago, San Cipriano,
obispo o del clero (Carta 15,1; 16,2; 17,2).
mártir, halla siempre para la Iglesia en
el sacrificio eucarístico la fuente de
toda fortaleza y unidad. Eusebio de Cesarea (265?-340?)
La misa es el sacrificio de la cruz. «Si Cris- Nacido y educado en Cesarea, de la
to Jesús, Señor y Dios nuestro, es sumo sa- que fue obispo, Eusebio, afectado por
cerdote de Dios Padre, y el primero que se el arrianismo, es autor de importantes
ofreció en sacrificio al Padre, y prescribió obras doctrinales e históricas. En el si-
que se hiciera esto en memoria de sí, no
hay duda que cumple el oficio de Cristo
guiente texto refleja la profunda uni-
aquel sacerdote que reproduce lo que Cris- dad que la Iglesia antigua descubre
to hizo, y entonces ofrece en la Iglesia a entre la eucaristía litúrgica y el sacri-
Dios Padre el sacrificio verdadero y pleno, ficio espiritual de toda vida cristiana
cuando ofrece a tenor de lo que Cristo mis- fiel.
mo ofreció» (Carta 63,14). «Y ya que hace- «Nosotros enseñamos que, en vez de los
mos mención de su pasión en todos los sa- antiguos sacrificios y holocaustos, fue ofre-
crificios, pues la pasión del Señor es el sacri- cida a Dios la venida en carne de Cristo y
ficio que ofrecemos, no debemos hacer otra el cuerpo a Él adaptado. Y ésta es la buena
cosa que lo que Él hizo» (63,17). La euca- nueva que se anuncia a su Iglesia, como un
ristía, pues, consiste en «ofrecer la oblación gran misterio... Nosotros hemos recibido
y el sacrificio» (12,2; +37,1; 39,3). ciertamente el mandato de celebrar en la mesa
La celebración es diaria. «Todos los días [eucarística] la memoria de este sacrificio por
celebramos el sacrificio de Dios» (57,3). medio de los símbolos de su cuerpo y de su
La plegaria eucarística ha de ser sobria. salvadora sangre, según la institución del Nue-
«Cuando nos reunimos con los hermanos vo Testamento... Y así todas estas cosas pre-
y celebramos los divinos sacrificios con el dichas por inspiración divina desde anti-
sacerdote de Dios, no proferimos nuestras guo, se celebran actualmente en todas las
oraciones con descompasadas palabras, ni naciones, gracias a las enseñanzas evangé-
lanzamos en torrente de palabrería la peti- licas de nuestro Salvador... Sacrificamos,
ción que debemos confiar a Dios con toda por consiguiente, al Dios supremo un sa-
modestia» (De oratione dominica 4). crificio de alabanza; sacrificamos el sacrifi-
cio inspirado por Dios, venerado y sagra-
La comunión es la mejor preparación para do; sacrificamos de un modo nuevo, según
el martirio, y por eso debe llevarse a los con- el Nuevo Testamento, “el sacrificio puro”,
fesores que en la cárcel se disponen a con- y se ha dicho: “mi sacrificio es un espíritu
fesar su fe (Carta 5,2). «Se echa encima una quebrantado”; y “un corazón quebrantado
lucha más dura y feroz, a la que se deben y humillado Tú no los desprecias” [Sal
preparar los soldados de Cristo con una fe 50,19]... “Suba mi oración como incienso en
incorrupta y una virtud acérrima, conside- tu presencia” [140,2].
rando que para eso beben todos los días el
cáliz de la sangre de Cristo, para poder de- «Por consiguiente, no sólo sacrificamos,
rramar a su vez ellos mismos la sangre por sino que también quemamos incienso. Unas
Cristo» (58,1). veces, celebrando la memoria del gran sacri-
ficio, según los misterios que nos han sido
Los pecadores públicos no deben ser recibi- confiado por Él, y ofreciendo a Dios, por
dos en la eucaristía. No han de ser recibidos medio de piadosos himnos y oraciones, la
a ella los que no están reconciliados y en acción de gracias [eucaristía] por nuestra
José María Iraburu 69

salvación. Otras veces, sometiéndonos a no- fue conducido al matadero como una ove-
sotros mismos por completo a Él, y consa- ja, sin que dijera palabra ante el matarife
grándonos en cuerpo y alma a su Sacerdo- [+Is 53,7], purificándonos así con su precio-
te, el Verbo mismo. Por eso procuramos sa sangre, que habla mucho más que la de
conservar para Él el cuerpo puro e inma- Abel [+Heb 12,24] (Carta 1,9).
culado de toda deshonestidad, y le entre- «Nosotros nos alimentamos con el pan de la
gamos el alma purificada de toda pasión y vida, y deleitamos siempre nuestra alma con
mancha proveniente de la maldad, y le su preciosa sangre, como si fuera una fuen-
honramos piadosamente con pensamientos te. Y, sin embargo, siempre estamos ardien-
sinceros, con sentimientos no fingidos y do de sed. Y Él mismo está presente en los
con la profesión de la verdad. Pues se nos que tienen sed, y por su benignidad llama
ha enseñado que estas cosas les son más a la fiesta a aquellos que tienen entrañas se-
gratas que multitud de hostias sacrificadas dientas: “Si alguno tiene sed, venga a mí y
con sangre, humo y olor a víctima quema- beba” [Jn 7,37]» (Carta 5,1).
da [+Is 1,11] (Demostración evangélica 1,10).
En cuanto al sacrificio eucarístico, «de la
misma manera que nuestro Salvador y Se-
ñor en persona, el primero, después todos
los sacerdotes procedentes de Él, cumplien-
do el espiritual ministerio sacerdotal, según
los ritos eclesiásticos, por todas las naciones II APÉNDICE
expresan con pan y vino los misterios de su
cuerpo y de su salvadora sangre. Y estas co-
sas las vio ya de antemano Mel-quisedec,
Ordinario
en el divino Espíritu, pues él usó de figu-
ras de las cosas que habían de suceder, se-
de la Misa
gún lo atestigua la Escritura de Moisés, di-
ciendo: “Y Melquisedec, rey de Salén, pre- Nota.-En el texto que sigue se usan es-
sentó panes y vino; y era sacerdote del Dios tos signos: – habla el sacerdote; > habla el
Altísimo, y bendijo a Abraham” [Gén pueblo, o el pueblo con el sacerdote; ( ) es
14,18ss]. Con razón, pues, sólo a Aquél que acción optativa, p.ej., (incienso); (+) hay
ha sido manifestado “el Señor le ha jurado más fórmulas alternativas.
y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eter-
no, según el rito de Melqui-sedec” [Sal
109,4]» (ib. 5,3). Ritos iniciales

San Atanasio (295-373) Reunido el pueblo, el sacerdote va


Obispo de Alejandría, doctor de la con los ministros al altar, mientras se
Iglesia, San Atanasio hubo de sufrir entona el canto de entrada, lo besa (in-
varios exilios y muchas persecuciones, cienso) y va a la sede.
como gran defensor de la fe católica
en Cristo, contra los errores de los CRUZ - TRINIDAD
arrianos.
–En el nombre del Padre, + y del
«Nosotros no estamos ya en tiempo de
sombras, y ahora no inmolamos un corde-
Hijo, y del Espíritu Santo.
ro material, sino aquel verdadero Cordero que >Amén
fue inmolado, nuestro Señor Jesucristo, el que
70 Síntesis de la Eucaristía

. tierra paz a los hombres que ama el


SALUDO Señor. Por tu inmensa gloria te alaba-
mos, te bendecimos, te adoramos, te
–El Señor esté con vosotros. glorificamos, te damos gracias, Señor
(La gracia de nuestro Señor Jesucris- Dios, Rey celestial, Dios Padre todo-
to, el amor del Padre y la comunión poderoso.
del Espíritu Santo estén con todos vo- Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor
sotros). (+) Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
>Y con tu espíritu. (+) tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros; tú que quitas
el pecado del mundo, atiende nuestras
ACTO PENITENCIAL súplicas; tú que estás sentado a la de-
–Hermanos: Para celebrar digna- recha del Padre, te piedad de nosotros;
mente estos sagrados misterios, reco- porque sólo tú eres Santo, sólo tú Se
nozcamos nuestros pecados. (+) ñor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
>Yo confieso ante Dios todopodero- con el Espíritu Santo en la gloria de
so y ante vosotros, hermanos, que he Dios Padre.
pecado mucho de pensamiento, pala-
bra, obra y omisión. Por mi culpa (gol- >Amén.
peándose el pecho), por mi culpa, por
mi gran culpa. ORACIÓN COLECTA
Por eso ruego a Santa María, siem- –Oremos (silencio):
pre Virgen, a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos, que interce- «Oh Dios, fuente de todo bien, escu-
dáis por mí ante Dios, nuestro Señor. cha sin cesar nuestras súplicas, y con-
cédenos, inspirados por ti, pensar lo
–Dios todopoderoso tenga miseri- que es recto y cumplirlo con tu ayu-
cordia de nosotros, perdone nuestros da» (Dom. 10 T.O.) Por nuestro Señor
pecados y nos lleve a la vida eterna. Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
>Amén contigo en la unidad del Espíritu San-
. to, y es Dios por los siglos de los siglos.
SEÑOR >Amén.
–Señor, ten piedad.
>Señor, ten piedad.
–Cristo, ten piedad. Liturgia de la Palabra
>Cristo, ten piedad.
–Señor, ten piedad. En el ambón.
>Señor, ten piedad.
LECTURA O LECTURAS
GLORIA –Palabra de Dios.
>Gloria a Dios en el cielo, y en la >Te alabamos, Señor.
José María Iraburu 71

y del Hijo, que con el Padre y el Hijo


SALMO INTERLECCIONAL recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, san-
EVANGELIO ta, católica y apostólica. Confieso que
–El Señor esté con vosotros. hay un solo bautismo para el perdón
>Y con tu espíritu. de los pecados. Espero la resurrección
de los muertos y la vida del mundo
–Lectura del santo Evangelio según futuro. (+)
San N.
Amén.
>Gloria a ti, Señor.
Una vez leído:
ORACIÓN DE LOS FIELES
–Palabra del Señor.
El sacerdote inicia a la oración, y él
>Gloria a ti, Señor Jesús. u otro ora, ordinariamente por estas
intenciones:
HOMILÍA –por la Iglesia,
–por los gobernantes y por el mun-
CREDO do,
>Creo en Dios Padre todopoderoso, –por necesidades de particulares
Creador del cielo y de la tierra, de –y por la comunidad local.
todo lo visible y lo invisible. El sacerdote termina con una ora-
Creo en un solo Señor, Jesucristo, ción conclusiva.
Hijo único de Dios, nacido del Padre
antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios
verdadero, engendrado, no creado, de Liturgia eucarística
la misma natu-raleza del Padre, por
quien todo fue hecho; que por noso-
tros, los hombres, y por nuestra salva- A - Preparación de los dones
ción bajó del cielo, y por obra del Es-
píritu Santo se encarnó de María, la En el altar.
Virgen, y se hizo hombre; y por nues-
tra causa fue crucificado en tiempos
de Poncio Pilato; padeció y fue sepul- PAN
tado, y resucitó al tercer día, según las –Bendito seas, Señor, Dios del uni-
Escrituras, y subió al cielo, y está sen- verso, por este pan, fruto de la tierra
tado a la derecha del Padre; y de nue- y del trabajo del hombre, que recibi-
vo vendrá con gloria para juzgar a vi- mos de tu generosidad y ahora te pre-
vos y muertos, y su reino no tendrá sentamos; él será para nosotros pan
fin. de vida.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y >Bendito seas por siempre, Señor.
dador de vida, que procede del Padre
72 Síntesis de la Eucaristía

nombre, para nuestro bien y el de


El sacerdote mezcla con el vino un toda su santa Iglesia.
poco de agua, diciendo en secreto:
–El agua unida al vino sea signo de ORACIÓN SOBRE LAS OFREN-
nuestra participación en la vida divi- DAS
na de quien ha querido compartir –«Acepta, Señor, estas ofrendas en
nuestra condición humana. las que vas a realizar con nosotros un
admirable intercambio, pues al ofre-
VINO certe los dones que tú mismo nos dis-
te, esperamos merecerte a ti mismo
–Bendito seas Señor, Dios del uni- como premio» (29 dicm.). Por Jesucris-
verso, por este vino, fruto de la vid y to nuestro Señor.
del trabajo del hombre, que recibimos
de tu generosidad y ahora te presen- >Amén.
tamos; él será para nosotros bebida de
salvación.
>Bendito seas por siempre, Señor.
Plegarias eucarísticas
SÚPLICA DEL SACERDOTE (en se-
creto)
Iª Plegaria
–Acepta, Señor, nuestro corazón
contrito y nuestro espíritu humilde;
que éste sea hoy nuestro sacrificio y PREFACIO
que sea agradable en tu presencia, Se- –El Señor esté con vosotros.
ñor, Dios nuestro.
>Y con tu espíritu.
–Levantemos el corazón.
(Incienso sobre las ofrendas)
>Lo tenemos levantado hacia el Se-
ñor.
LAVABO –Demos gracias al Señor, nuestro
El sacerdote se lava las manos, di- Dios.
ciendo en secreto: >Es justo y necesario.
–Lava del todo mi delito, Señor, lim-
pia mi pecado.
SANTO - HOSANNA
>Santo, Santo, Santo es el Señor,
SÚPLICA DE TODOS Dios del Universo. Llenos están el cie-
–Orad, hermanos, para que este sa- lo y la tierra de tu gloria.
crificio, mío y vuestro, sea agradable Hosanna en el cielo. Bendito el que
a Dios, Padre todopoderoso. (+) viene en el nombre del Señor. Hosan-
>El Señor reciba de tus manos este na en el cielo.
sacrificio, para alabanza y gloria de su
José María Iraburu 73

PRESENTACIÓN DE DONES PRESENTACIÓN DE DONES


–Padre misericordioso, te pedimos –Acepta, Señor, en tu bondad, esta
humildemente por Jesucristo, tu Hijo, ofrenda de tus siervos y de toda tu fa-
nuestro Señor, que aceptes y bendigas milia santa; ordena en tu paz nuestros
estos + dones, este sacrificio santo y días, líbranos de la condenación eter-
puro que te ofrecemos, ante todo, por na y cuéntanos entre tus elegidos.
tu Iglesia santa y católica, para que le
concedas la paz, la protejas, la congre-
gues en la unidad y la gobiernes en el INVOCACIÓN
mundo entero, con tu servidor el –Bendice y santifica, oh Padre, esta
Papa N., con nuestro Obispo N., y to- ofrenda, haciéndola perfecta, espiri-
dos los demás obispos que, fieles a la tual y digna de ti, de manera que sea
verdad, promueven la fe católica y para nosotros Cuerpo y Sangre de tu
apostólica. Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

INTERCESIONES RELATO - CONSAGRACIÓN


–VIVOS –El cual, la víspera de su Pasión,
–Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y tomó pan en sus santas y venerables
N. y de todos los aquí reunidos, cuya manos, y, elevando los ojos al cielo,
fe y entrega bien conoces; por ellos y hacia ti, Dios, Padre suyo todopodero-
todos los suyos, por el perdón de sus so, dando gracias te bendijo, lo partió,
pecados y la salvación que esperan, te y lo dio a sus discípulos, diciendo:
ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,
este sacrificio de alabanza, a ti, eterno PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE
Dios, vivo y verdadero. SERÁ ENTREGADO POR VOSO-
-BIENAVENTURADOS TROS.
–Reunidos en comunión con toda la
Iglesia, veneramos la memoria, ante Del mismo modo, acabada la cena,
todo, de la gloriosa siempre Virgen tomó este cáliz glorioso en sus santoas
María, Madre de Jesucristo, nuestro y venerables manos, dando gracias te
Dios y Señor; la de su esposo, San José; bendijo, y lo dio a sus discípulos, di-
la de los santos apoóstoles y mártires ciendo:
Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
Juan, Tomás, Santiago, Felipe, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI
Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; SANGRE, SANGRE DE LA ALIAN-
Lino, Cleto, Clemente, Sixto, ZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ
Cornelio, Cipriano, Lorenzo, DERRAMADA POR VOSOTROS Y
Crisógono, Juan y Pablo,Cosme y POR TODOS LOS HOMBRES PARA
Damián,] y la de todos los santos; por EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
sus méritos y oraciones concédenos en
todo tu protección.
74 Síntesis de la Eucaristía

Haced esto en conmemoración mía. sueño de la paz. A ellos, Señor, y a


cuantos descansan en Cristo, concé-
deles el lugar de la luz y de la paz.
–Éste es el sacramento de nuestra fe.
(+) –BIENAVENTURADOS
>Anunciamos tu muerte, proclama- Y a nosotros, pecadores, siervos tu-
mos tu resurrección. ¡Ven, Señor Je- yos, que confiamos en tu infinita mi-
sús! (+) sericordia, admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires Juan
el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,
MEMORIAL - OFRENDA [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pe-
–Por eso, Padre, nosotros, tus sier- dro, Felicidad y Perpetua, Agueda,
vos, y todo tu pueblo santo, al celebrar Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,] y de
este memorial de la muerte gloriosa de todos los santos; y acéptanos en su
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de compañía, no por nuestros méritos,
su santa resurrección del lugar de los sino conforme a tu bondad.
muertos y de su admirable ascensión Por Cristo, Señor nuestro, por quien
a los cielos, sigues creando todos los bienes, los
te ofrecemos, Dios de gloria y majes- santificas, los llenas de vida, los ben-
tad, de los mismos bienes que nos has dices, y los repartes entre nosotros.
dado, el sacrificio puro, inmaculado y
santo; pan de vida eterna y cáliz de DOXOLOGÍA
eterna salvación.
–Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios
Mira con ojos de bondad esta ofren- Padre omnipotente, en la unidad del
da y acéptala, como aceptaste los do- Espíritu Santo, todo honor y toda glo-
nes del justo Abel, el sacrificio de ria por los siglos de los siglos.
Abrahán, nuestro padre en la fe, y la
oblación pura de tu sumo sacerdote >Amén.
Melquisedec.
Te pedimos humildemente, Dios to-
dopoderoso, que esta ofrenda sea lle- IIª Plegaria
vada a tu presencia hasta el altar del
cielo, por manos de tu ángel, para que
cuantos recibimos el Cuerpo y la San- PREFACIO
gre de tu Hijo, al participar aquí de –El Señor esté con vosotros.
este altar, seamos colmados de gracia >Y con tu espíritu.
y bendición.
–Levantemos el corazón.
>Lo tenemos levantado hacia el Se-
INTERCESIONES ñor.
–DIFUNTOS –Demos gracias al Señor, nuestro
–Acuérdate también, Señor, de tus Dios.
hijos N. y N., que nos han precedido >Es justo y necesario.
con el signo de la fe y duermen ya el
José María Iraburu 75

–En verdad es justo y necesario, es a su Pasión, voluntariamente acepta-


nuestro deber y salvación, darte gra- da, tomó pan, dándote gracias, lo par-
cias, Padre santo, siempre y en todo tió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado. TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,
Por él, que es tu Palabra, hiciste to- PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE
das las cosas; tú nos lo enviaste para SERÁ ENTREGADO POR VOSO-
que, hecho hombre por obra del Espí- TROS.
ritu Santo y nacido de María, la Vir- Del mismo modo, tomó el cáliz lle-
gen, fuera nuestro Salvador y Reden- no del fruto de la vid, te dio gracias y
tor. lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Él, en cumplimiento de tu voluntad, TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
para destruir la muerte y manifestar PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI
la resurrección, extendió sus brazos SANGRE, SANGRE DE LA ALIAN-
en la cruz, y así adquirió para ti un ZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ
pueblo santo. DERRAMADA POR VOSOTROS Y
Por eso, con los ángeles y los santos, POR TODOS LOS HOMBRES PARA
proclamamos tu gloria, diciendo: EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
Haced esto en conmemoración mía.
SANTO - HOSANNA
>Santo, Santo, Santo es el Señor, –Éste es el sacramento de nuestra fe.
Dios del Universo. Llenos están el cie- (+)
lo y la tierra de tu gloria. >Anunciamos tu muerte, proclama-
Hosanna en el cielo. Bendito el que mos tu resurrección. ¡Ven, Señor Je-
viene en el nombre del Señor. Hosan- sús! (+)
na en el cielo.
MEMORIAL - OFRENDA
ALABANZA –Así, pues, Padre, al celebrar ahora
–Santo eres en verdad, Señor, fuen- el memorial de la muerte y resurrec-
te de toda santidad; ción de tu Hijo,
te ofrecemos el pan de vida y el cá-
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SAN- liz de salvación, y te damos gracias
TO (1ª) porque nos haces dignos de servirte
en tu presencia.
–por eso te pedimos que santifiques
estos dones con la efusión de tu Espí-
ritu, de manera que sean para noso- INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SAN-
tros Cuerpo y + Sangre de Jesucristo, TO (2ª)
nuestro Señor. –Te pedimos humildemente que el
Espíritu Santo congregue en la unidad
RELATO - CONSAGRACIÓN a cuantos participamos del Cuerpo y
Sangre de Cristo.
–El cual, cuando iba a ser entregado
76 Síntesis de la Eucaristía

>Lo tenemos levantado hacia el Se-


INTERCESIONES ñor.
–VIVOS –Demos gracias al Señor, nuestro
Dios.
–Acuérdate, Señor, de tu Iglesia ex-
tendida por toda la tierra; y con el >Es justo y necesario.
Papa N., con nuestro obispo N. y to-
dos los pastores que cuidan de tu pue- SANTO - HOSANNA
blo, llévala a su perfección por la ca-
ridad. >Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo. Llenos están el cie-
–DIFUNTOS lo y la tierra de tu gloria.
Acuérdate también de nuestros her- Hosanna en el cielo. Bendito el que
manos que durmieron en la esperan- viene en el nombre del Señor. Hosan-
za de la resurrección, y de todos los na en el cielo.
que han muerto en tu misericordia;
admítelos a contemplar la luz de tu
rostro. ALABANZA
–BIENAVENTURADOS –Santo eres en verdad, Padre, y con
Ten misericordia de todos nosotros, razón te alaban todas tus criaturas, ya
y así, con María, la Virgen Madre de que por Jesucristo, tu Hijo, Señor
Dios, los apóstoles y cuantos vivieron nuestro, con la fuerza del Espíritu
en tu amistad a través de los tiempos, Santo, das vida y santificas todo, y
merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, congregas a tu pueblo sin cesar, para
compartir la vida eterna y cantar tus que ofrezca en tu honor un sacrificio
alabanzas. sin mancha desde donde sale el sol
hasta el ocaso.

DOXOLOGÍA
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SAN-
–Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios TO (1ª)
Padre omnipotente, en la unidad del
Espíritu Santo, todo honor y toda glo- –Por eso, Padre, te suplicamos que
ria por los siglos de los siglos. santifiques por el mismo Espíritu es-
tos dones que hemos separado para ti,
>Amén. de manera que sean Cuerpo y + San-
gre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor
nuestro, que nos mandó celebrar estos
misterios.
IIIª Plegaria
RELATO - CONSAGRACIÓN
PREFACIO
–Porque él mismo, la noche en que
–El Señor esté con vosotros. iba a ser entregado, tomó pan, y dan-
>Y con tu espíritu. do gracias te bendijo, lo partió y lo dio
–Levantemos el corazón. a sus discípulos, diciendo:
José María Iraburu 77

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, formemos en Cristo un solo cuerpo y


PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE un solo espíritu.
SERÁ ENTREGADO POR VOSO-
TROS.
INTERCESIONES
–BIENAVENTURADOS
Del mismo modo, tomó el cáliz lle-
no del fruto de la vid, te dio gracias y –Que él nos transforme en ofrenda
lo pasó a sus discípulos, diciendo: permanente, para que gocemos de tu
heredad junto con tus elegidos; con
TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL, María, la Virgen Madre de Dios, los
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI apóstoles y los mártires, [San N., san-
SANGRE, SANGRE DE LA ALIAN- to del día o patrono] y todos los san-
ZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ tos, por cuya intercesión confiamos
DERRAMADA POR VOSOTROS Y obtener siempre tu ayuda.
POR TODOS LOS HOMBRES PARA
EL PERDÓN DE LOS PECADOS. –VIVOS
Haced esto en conmemoración mía. Te pedimos, Padre, que esta Víctima
de reconciliación traiga la paz y la sal-
vación al mundo entero. Confirma en
–Éste es el sacramento de nuestra fe. la fe y en la caridad a tu Iglesia, pere-
(+) grina en la tierra; a tu servidor, el Papa
>Anunciamos tu muerte, proclama- N., a nuestro obispo N., al orden
mos tu resurrección. ¡Ven, Señor Je- episcopal, a los presbíteros y diáconos,
sús! (+) y a todo el pueblo redimido por ti.
Atiende los deseos y súplicas de esta
familia que has congregado en tu pre-
MEMORIAL - OFRENDA sencia.
–Así, pues, Padre, al celebrar ahora Reúne en torno a ti, Padre miseri-
el memorial de la pasión salvadora de cordioso, a todos tus hijos dispersos
tu Hijo, de su admirable resurrección por el mundo.
y ascensión al cielo, mientras espera-
mos su venida gloriosa, –DIFUNTOS
te ofrecemos, en esta acción de gra- A nuestros hermanos difuntos y a
cias, el sacrificio vivo y santo. cuantos murieron en tu amistad recí-
belos en tu reino, donde esperamos
gozar todos juntos de la plenitud eter-
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SAN- na de tu gloria.
TO (2ª)
–Dirige tu mirada sobre la ofrenda DOXOLOGÍA
de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víc-
tima por cuya inmolación quisiste de- –Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios
volvernos tu amistad, para que, forta- Padre omnipotente, en la unidad del
lecidos con el Cuerpo y la Sangre de Espíritu Santo, todo honor y toda glo-
tu Hijo, y llenos de su Espíritu Santo, ria por los siglos de los siglos.
>Amén.
78 Síntesis de la Eucaristía

ALABANZA
IVª Plegaria –Te alabamos, Padre santo, porque
eres grande y porque hiciste todas las
cosas con sabiduría y amor.
PREFACIO
A imagen tuya creaste al hombre y
–El Señor esté con vosotros. le encomendaste el universo entero,
>Y con tu espíritu. para que, sirviéndote sólo a ti, su
–Levantemos el corazón. Creador, dominara todo lo creado.
>Lo tenemos levantado hacia el Se- Y cuando por desobediencia perdió
ñor. tu amistad, no lo abandonaste al po-
der de la muerte, sino que, compade-
–Demos gracias al Señor, nuestro cido, tendiste la mano a todos, para
Dios. que te encuentre el que te busca.
>Es justo y necesario. Reiteraste, además, tu alianza a los
–En verdad es justo darte gracias, y hombres; por los profetas los fuiste
deber nuestro glorificarte, Padre san- llevando con la esperanza de salva-
to, porque tú eres el único Dios vivo ción.
y verdadero, que existes desde siem- Y tanto amaste al mundo, Padre
pre y vives para siempre, luz sobre santo, que, al cumplirse la plenitud de
toda luz. los tiempos, nos enviaste como salva-
Porque tú solo eres bueno y la fuen- dor a tu único Hijo.
te de la vida, hiciste todas las cosas El cual se encarnó por obra del Es-
para colmarlas de tus bendiciones y píritu Santo, nació de María, la Vir-
alegrar su multitud con la claridad de gen, y así compartió en todo nuestra
tu gloria. condición humana menos en el peca-
Por eso, innumerables ángeles en tu do; anunció la salvación a los pobres,
presencia, contemplando la gloria de la liberacióna los oprimidos y a los
tu rostro, te sirven siempre y te glori- afligidos el consuelo.
fican sin cesar. Y con ellos también Para cumplir tus designios, él mis-
nosotros, llenos de alegría, y por nues- mo se entregó a la muerte, y, resuci-
tra voz las demás criaturas, aclama- tando, destruyó la muerte y nos dio
mos tu nombre cantando: nueva vida.
Y porque no vivamos ya para noso-
SANTO - HOSANNA tros mismos, sino para él, que por no-
>Santo, Santo, Santo es el Señor, sotros murió y resucitó, envió, Padre,
Dios del Universo. Llenos están el cie- al Espíritu Santo como primicia para
lo y la tierra de tu gloria. los creyentes, a fin de santificar todas
las cosas, llevando a plenitud su obra
Hosanna en el cielo. Bendito el que en el mundo.
viene en el nombre del Señor. Hosan-
na en el cielo.
José María Iraburu 79

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SAN-


TO (1ª) MEMORIAL - OFRENDA
–Por eso, Padre, te rogamos que este Por eso, Padre, al celebrar ahora el
mismo Espíritu santifique estas ofren- memorial de nuestra redención, recor-
das, para que sean Cuerpo y + Sangre damos la muerte de Cristo y su des-
de Jesucristo, nuestro Señor, y así ce- censo al lugar de los muertos, procla-
lebremos el gran misterio que nos dejó mamos su resurrección y ascensión a
como alianza eterna. tu derecha;
y mientras esperamos su venida glo-
RELATO - CONSAGRACIÓN riosa, te ofrecemos su Cuerpo y San-
–Porque él mismo, llegada la hora gre, sacrificio agradable a ti y salva-
en que había de ser glorificado por ti, ción para todo el mundo.
Padre santo, habiendo amado a los su-
yos que estaban en el mundo, los amó INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SAN-
hasta el extremo. TO (2ª)
–Dirige tu mirada sobre esta Vícti-
Y, mientras cenaba con sus discípu- ma que tú mismo has preparado a tu
los, tomó pan, te bendijo, lo partió y Iglesia, y concede a cuantos compar-
se lo dio, diciendo: timos este pan y este cáliz, que, con-
TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, gregados en un solo cuerpo por el Es-
PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE píritu Santo, seamos en Cristo víctima
SERÁ ENTREGADO POR VOSO- viva para alabanza de tu gloria.
TROS.
INTERCESIONES
Del mismo modo, tomó el cáliz lle- –VIVOS
no del fruto de la vid, te dio gracias y –Y ahora, Señor, acuérdate de todos
lo pasó a sus discípulos, diciendo: aquellos por quienes te ofrecemos este
TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL, sacrificio: de tu servidor el Papa N., de
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI nuestro obispo N., del orden episcopal
SANGRE, SANGRE DE LA ALIAN- y de los presbíteros y diáconos, de los
ZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ oferentes y de los aquí reunidos, de
DERRAMADA POR VOSOTROS Y todo tu pueblo santo y de aquellos
POR TODOS LOS HOMBRES PARA que te buscan con sincero corazón.
EL PERDÓN DE LOS PECADOS. –DIFUNTOS
Acuérdate también de los que mu-
Haced esto en conmemoración mía. rieron en la paz de Cristo y de todos
–Éste es el sacramento de nuestra fe. los difuntos, cuya fe sólo tú conocis-
(+) te.
>Anunciamos tu muerte, proclama- –BIENAVENTURADOS
mos tu resurrección. ¡Ven, Señor Je- Padre de bondad, que todos tus hi-
sús! (+) jos nos reunamos en la heredad de tu
80 Síntesis de la Eucaristía

reino, con María, la Virgen Madre de LA PAZ


Dios, con los apóstoles y los santos; y –Señor Jesucristo, que dijiste a los
allí, junto con toda la creación libre ya apóstoles: «La paz os dejo, mi paz os
del pecado y de la muerte, te glorifi- doy», no tengas en cuenta nuestros
quemos por Cristo, Señor nuestro, por pecados, sino la fe tu Iglesia, y, confor-
quien concedes al mundo todos los me a tu palabra, concédele la paz y la
bienes. unidad. Tú que vives y reinas por los
siglos de los siglos.
DOXOLOGÍA >Amén.
–Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios –La paz del Señor esté siempre con
Padre omnipotente, en la unidad del vosotros.
Espíritu Santo, todo honor y toda glo- > Y con tu espíritu.
ria por los siglos de los siglos.
–Daos fraternalmente la paz. (+)
>Amén.

FRACCIÓN DEL PAN


Rito de Comunión
El sacerdote parte el pan consagra-
do, dejando caer una partícula en el
PADRE NUESTRO cáliz, mientras dice en secreto:
–El Cuerpo y la Sangre de nuestro
–Fieles a la recomendación del Sal- Señor Jesucristo, unidos en este cáliz,
vador, y siguiendo su divina enseñan- sean para nosotros alimento de vida
za, nos atrevemos a decir: (+) eterna.
>Padre nuestro, que estás en el cie- Mientras tanto se dice o canta:
lo, santificado sea tu Nombre; venga
a nosotros tu reino; hágase tu volun- CORDERO DE DIOS
tad en la tierra como en el cielo. Da-
nos hoy nuestro pan de cada día; per- >Cordero de Dios, que quitas el pe-
dona nuestras ofensas, como también cado del mundo, ten piedad de noso-
nosotros perdonamos a los que nos tros. Cordero de Dios, que quitas el
ofenden; no nos dejes caer en la ten- pecado del mundo, ten piedad de no-
tación, y líbranos del mal. sotros. Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo, danos la paz.

–Líbranos de todos los males, Señor,


y concédenos la paz en nuestros días, El sacerdote ora en secreto:
para que, ayudados por tu misericor- –Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
dia, vivamos siempre libres de peca- que por voluntad del Padre, coope-
do y protegidos de toda perturbación, rando el Espíritu Santo, diste con tu
mientras esperamos la gloriosa veni- muerte la vida al mundo, líbrame por
da de nuestro Salvador Jesucristo. la recepción de tu Cuerpo y de tu San-
>Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gre, de todas mis culpas y de todo
gloria, por siempre, Señor. mal. Concédeme cumplir siempre tus
José María Iraburu 81

mandamientos y jamás permitas que


me separe de ti. Rito de conclusión
(Señor Jesucristo, la comunión de tu *BENDICIÓN
Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí
un motivo de juicio y condenación, –El Señor esté con vosotros.
sino que, por tu piedad, me aproveche >Y con tu espíritu.
para defensa de alma y cuerpo y como –La bendición de Dios todopodero-
remedio saludable.) so, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, des-
cienda sobre vosotros. (+)
–Este es el Cordero de Dios, que qui- >Amén.
ta el pecado del mundo. Dichosos los
invitados a la cena del Señor.
*MISIÓN - DESPEDIDA
>Señor, no soy digno de que entres
en mi casa, pero una palabra tuya bas- –Podéis ir en paz. (+)
tará para sanarme. >Demos gracias a Dios.
El sacerdote besa el altar, y se reti-
Comulga el sacerdote y distribuye la ra.
comunión:
–El Cuerpo de Cristo.
>Amén.

Canto de comunión. Oración en si-


lencio o canto de alabanza. El sacerdo-
te purifica el cáliz, diciendo en secre-
to:
–Haz, Señor, que recibamos con un
corazón limpio el alimento que acaba-
mos de tomar, y que el don que nos
haces en esta vida nos aproveche para
la eterna.

ORACIÓN DE POSTCOMUNIÓN
–Oremos (silencio).
«Escucha, Señor, nuestras oraciones,
para que la participación en los sacra-
mentos de nuestra redención nos sos-
tenga durante la vida presente y nos
dé las alegrías eternas» (Martes IV
sem. Pascua). Por Jesucristo nuestro
Señor.
82 Síntesis de la Eucaristía

3. El misterio de la liturgia
Ascensión del Señor a los cielos, 23.
-El pueblo cristiano sacerdotal. -El sa-
cerdote, ministro representante de
Cristo. -Lo sagrado cristiano. -La dis-
Indice ciplina sagrada de la sagrada liturgia.
-Que la mente concuerde con la voz.
-Y que la voz se oiga y entienda.
4. La liturgia de la eucaristía
Introducción
Nombres, 28. -Lugar de la celebra-
Centralidad de la eucaristía: fuente ción. -Estructura fundamental de la
y cumbre, 2. -Ignorancia de la misa. - misa.
Renovación litúrgica. -Llamada a los
asiduos de la misa. -Llamada a los cris- I. RITOS INICIALES
tianos alejados de la eucaristía. Canto de entrada, 30. -Veneración
1. Los sacrificios de la Antigua del altar. -La Trinidad y la Cruz. -
Alianza Amén. -Saludo. -Acto penitencial. -
Señor, ten piedad. -Gloria a Dios. -Ora-
Religiosidad natural del sacrificio, 7. ción colecta.
-Religiosidad judía del sacrificio. -
Abraham y el sacrificio de su hijo II. LITURGIA DE LA PALABRA
Isaac. -Sacrificio del cordero pascual, Cristo, Palabra de Dios, 35. -Recibir
al salir de Egipto. -Moisés, en el sacri- del Padre el pan de la Palabra encar-
ficio del Sinaí, sella la Antigua Alian- nada. -La doble mesa del Señor. -Lec-
za. -Elías, en el sacrificio del Carmelo, turas en el ambón. -El leccionario. -
restaura la Alianza violada. -Isaías y el Profeta, apóstol y evangelista. -El Cre-
cordero sacrificado para salvación de do. -La oración universal u oración de
todos. -Los múltiples sacrificios de Is- los fieles.
rael. -Los profetas y el culto de Israel. III. LITURGIA DEL SACRIFICIO
2. El sacrificio de la Nueva Alian- A. Preparación de los dones
za
El pan y el vino, 40. -Oraciones de
El Cordero de Dios, que quita el pe- presentación. -Súplicas del sacerdote
cado del mundo, 12. -La multiplica- y del pueblo. -Oración sobre las ofren-
ción de los panes. -Jesucristo, entre das.
Moisés y Elías. -Se decide la muerte de
Cristo. -Jesús celebra la Pascua. -Litur- B. Plegaria eucarística
gia eucarística de la Palabra. -Liturgia El ápice de toda la celebración, 41. -
eucarística del Sacrificio. -Institución Las diversas plegarias eucarísticas. -
de la eucaristía. -La agonía de Prefacio. -Santo-Hosanna. -Invoca-
Getsemaní. -La libre ofrenda de la ción al Espíritu Santo (1ª). -Relato-
Cruz. -Resurrección de Cristo. -El sa- consagración. -Memorial. -Y ofrenda.
crificio de la Nueva Alianza,. -En el -Invocación al Espíritu Santo (2ª). -In-
signo de la Cruz. -Stabat Mater doloro- tercesiones, -Ofrecer misas por los di-
sa juxta Crucem lacrimosa. funtos. -Doxología final.
José María Iraburu 83

C. La comunión
El Padrenuestro, 49. -La paz. -La
fracción del pan. -Cordero de Dios. -
La comunión. -Disposiciones exterio-
res para la comunión. Disposiciones
interiores para la comunión frecuen-
te. -La oración post-comunión. -Co-
munión y santidad. -Los santos y la
comunión eucarística.
IV. RITO DE CONCLUSIÓN
Saludo y bendición, 59. -Despedida
y misión.
5. Fuente y cumbre
Eucaristía y vida cristiana, 60. -Eu-
caristía y vida sacramental. -Eucaris-
tía y Liturgia de las Horas. -El Misal
de los fieles. -El culto de la eucaristía
fuera de la misa. -La eucaristía, «pren-
da de la gloria futura». -María y la eu-
caristía.

I APÉNDICE
Textos eucarísticos primitivos
La Doctrina de los doce apóstoles
(Dídaque). -San Justino. -San Ireneo.
-Traditio apostolica. -Orígenes. -San
Cipriano. -Eusebio de Cesarea. -San
Atanasio.

II APÉNDICE
Ordinario de la Misa, 69