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Judith Herman

TRAUMA y RECUPERACIÓN
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-- CÓMO SUPERAR LAS CONSECUENCIAS


DE LA VIOLENCIA

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«Antes de comenzar pensaba qUe lo qUe tenú¡ entre manos

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era un cuento c¿¡si exceslúunerue masculino, ~ma saga de ri-

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validad sexual, ambición . poder trazúón, muerte .'¡ vengan-
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za, Pero parece que fas mujeres se h"7l hecbo con et poder;
entraron desde las penferias de la historú¡ para exigir que se

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incft,yeran sus propias tragedias, historias y coraedúzs, obli-
j'-~' ESP.",-S,-\, g: HOY gándome a doMar mi narrativa con todo tipo de sinuosas
.• .•.......• comple;i'dades para ver rai trama "masculina", por decirlo de
".. Edición original: Tn:l!-ima and R;:w~·-eTy. The Aj,ermczJh of l/ieience from Domestic Abuse to
?otiúca! Terrer. Basic BOOKs, 1997 alguna maneta, a través de! prisma de su lado inverso y 'fe-
i::x, .f) Basic Books (Grupo Per5cus), 1992, 199: menino". Ale parece que las mujeres sabían muy bin! qué es-
k,. 'Q Espasa Cúpc, S. i"L, 2004 taban haciendo.: sus bistorias explican, e incluso resumen} fas
de los hombres. La represión es un traje si?! costuras; una so-
Lo-
~
ciedad que es autorz"taria en sus códigos sociales :'i sexuafej~
M DiseTio de la colección: T asmanias que aplasta a las mujeres bajo las intolerables cargas del ho-
ke nor }' la decencia, cambién produce represión en tos demás.

--
Ilus¡:raciór: de cubierra: Phoror-ica. Brad 'X!ilsor:
Realización de cubierta: . .~. Zlgel Sa..'l.z .\LU-:h! Los dictadores siempre son ------o al menos lo ::jon en público-------
~.
unos puritanos_ Así que, después de todo, resulta que mú
tramas "masculina" y "femenina" son fa misma historitl,>~
,......
' ='lO
.• Depósúo legal; M. 16.209,2004
ISBN: 84-670-14/3-3 S_A.LYL.J,.0j RliSHDIE, Shame, 1983

~
~
-- I{eserifados rodos los derechos. No se De!TIlite reproducir, almacenar en sisremas de recuperación
de la inroI:naciórr ni [ransmiür algun~ parre d; cs¡::± publicación, cualquiera que sea ~l medio
empleado ~electrónico, mecánico, fotocopia, grabación, crc.-, sin el permiso previo de los
ciEulazes de los derec..l-tos de la propiedad Í:."1rdecmal.

.::,spasG. e:l su deseo de mejoraz sus publicaciones, agradeced cualquier sugeéencÍa que los lecwres
!::aga.c'1 al departar71emo ediwrial por correo electrónico: sugerenc:as@espasa.es

~ L'l1preso en Espfu~a/Pri.med b Spain


~ Irr:.presión: Huertas, S. A.

~
La
. . . ·.·
~
~ Ediwrial Esoasa Caloe, S. A.
~ Complejo Arica - Edificio 4

~
'/La de las Dos Castillas, 33
28224 Pozuelo de .'\larcón (MacL."id)
~
,
INDIcE

AGR\DECIMIE1'TOS 13

hTRODCCCIÓ1' 17

PRIMER" P_,,""CTE

LOS DESÓRDENES TRAUl\!L"TICOS

1. UNA HISTORL". OLVIDADA ... 25


La era heroica de la histeria 29
La neurosis traumática de guerra 4-1
La neurosis de combate de la guerra de los sexos ... 56

2. EL TERBOR ..... _.. 63


Hiperactivación 67
Intrusión ........... . 69
Constricción. ¡/
La dialéctica del trauma .......... _.......... . 84

3. DESC01'EXIÓN 91
El yo dañado ........ _... . 93
Vulnerabilidad y resistencia 100
El efecto del apoyo social_ ...... _....... _..................... _.... -..... . 108
El papel de la comunidad 121
"1:
I.·.·.•n
. .....

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10 t\DICE 11
rt
4. C\UTIVID.ill.
127 9. RECUERDO y LUTO 271
Dominación psicológica .. Reconstruir la historia .... ro
-j)
130
Rendición absoluta 140 Transformando el recuerdo traumático 280
tt El síndrome de trauma crónico 1"" ., Llorar la pérdida traumática ..... 289
ft
I 5. ABUSO ¡l'H:\TIL . 159 lO. RECONEXIÓN ....... . 301
i El entorno abusivo ............ . Aprendiendo a luchar 303
~

,•
161
Pensamiento doble. 166 Reconciliarse con uno mismo 309
Un doble yo. 169 Reconectarse con los demás 313
t Ataques sobre el cuerpo 175 Encontrar la misión del superviviente 316

;•
El niño que ha crecido. 179 Resolver el trauma 322

,,• 6. U:\ :\UEVO DL\G:\ÓSTICO ............. . 187 11. COMUNIDAD ............. . 325
t Errores en la clasificación del diagnóstico 188 Grupos para la seguridad.. ............ . 330
La necesidad de un nuevo concepto Grupos para recordar y llorar la pérdida .. 335

,
192
Los supervivientes como pacientes psiquiátricos 197 Grupos para la reconexión 349

t EpÍLOGO: CONTINC\ L-\ DLlLÉCTICA DEL TIHUoH ......................... . 355

,t
SEGU:\DA PARTE
p ÍNDICE A.'iALÍTICO .. 371
FASES DE LA RECUPERA.CIÓN

t 7. UNA RELACIÓ:\ CUR-\T!VA


211
Transferencia traumática ...................................................... . 216
Contrarransferencia traumática 222
El contrato de terapia r?
-~-
El sistema de apoyo del terapeuta 237

8. SEGURIDAD
243
Ponerle nombre al problema 245
Resrablecer el control
249
Establecer un entorno seguro 253
Completar la primera fase ...... . 266
I

AGRADECIMIENTOS

E ste libro debe su existencia al movimiento de liberación femenina.


Su concepto intelectual es parte de un proyecto feminista colectivo
para reinventar los conceptos básicos de desarrollo normal y de psico-
logía anormal, tanto en los hombres como en las mujeres. Mis mento-
res en este anhelado proyecto han sido Jean Baker Miller y sus colegas
en el Stone Center; y mi madre, Helen Block Lewis. La práctica profe-
sional diaria que ha dado pie a escribir este libro comenzó hace veinte
años con la fo rmación del Colectivo de Salud Mental para Mujeres en
Somerville (Massachussets). El Colectivo sigue siendo mi hogar inte-
lectual, un espacio protegido en el que se pone nombre y se da validez
a las ideas de las mujeres. Un miembro del Colectivo, Emily Schatzow,
ha sido mi colaboradora más cercana y mi socia.
~ Hace siete años tuve la suerte de conocer a Mary Harvey, del Cam-
bridge Hospital; nuestra colaboración ha dado como ftuto el Progra-
ma para Víctimas de la Violencia, un servicio para supervivientes de
traumas en e! departamento de psiquiatría de! hospital. Mary es la di-
" recrora de! programa. Su profundidad y su claridad intelectuales me
han enriquecido. Janet Yassen, de! Centro de Crisis de Violación de la
zona de Boston, me supervisó a mi y a Emily Schatzow en nuestros pri-
;- meros trabajos con grupos de supervivientes de incesto. Más recien-
temente también ha empezado a colaborar con el Programa para Vícti-
mas de la Violencia.
En estos últimos años también he tenido el privilegio de trabajar
mano a mano con dos hombres, Besse! van der Kolk y J. Christopher
14
.\GRiOECI-'!IENTOS 15

Perry, ambos colegas míos en el Departamento de Psiquiarría de la


producción de! libro tuve la suerte de trabajar con dos modelos de efi-
Harvard Medical Schoo!. Besse! y yo hemos dado jumas cursos sobre
cacia edirorial: Jo Ann Miller y Virginia LaPlante. Jo Ann vigiló el
[rauma y colaborado en investigaciones. Él fue uno de los artífices en
proceso de edición desde su inicio y lo mantuvo en su CamLJ1o. VirgLnia
la creación del Grupo de Estudio del Trauma de la zona de Boston, un
comprendió inmediatamente qué se necesitaba para centrar el libro y
seminario informal que une a médicos e iDvesIigadores que uabajan
darle su forma definitiva.
con refugiados, veteranos de guerra y vícrimas de deliLos criminales. El
Pero sobre todo estoy en deuda con mi familia. Mi marido, J erry
alcance imaginativo de sus ideas siempre me ha inspirado; nueSIras
Berndr, sabía en qué se meda cuando me embarqué en este proyecro,
opiniones sobre remas de género han dado pie a calurosas discusiones.
porque ya pasó por mi primer libro. Debido a su dedicación a su pro-
Como a ambos nos gusta ranro estar en desacuerdo Como estar de
pia visión artística, resperó la mía, quizá incluso más que yo. Nunca me
acuerdo, nuesna colaboración ha sido siempre placentera.
falló su apoyo moral e intelectual, ni su sentido del humor.
Chris Perry me ha inspirado con su generosidad de invesrigador y
Con ¡amas bendiciones tan solo me queda un deseo que no me ha
su imegridad. Como investigador principal de un esrudio de personas
sido concedido. Deseaba que mi madre viviera para ver este libro. Su
con desórdenes de personalidad, al principio se mosrraba escéptico
entendimiento psicológico, su atrevimiento e integridad intelectual,
ante la imponancia del trauma infantil, pero puso a mi disposición to-
su compasión por los que sufren y por los oprimidos, su justificada in-
dos sus recursos para poner a prueba la hipó[esis del trauma. Aunque
dignación y su visión política son mi legado. Este libro se lo dedico a
empezamos el camino siendo U110S colaboradores inverosímiles, hemos
sumemona.
crecido juntos y nos hemos in±1uido e! uno al otro de formas inespera-
das ..Mi manera de pensar se ha hecho más profunda y más rica gracias
a nuestra colaboración.
Finalmeme, estoy en deuda con los muchos alumnos, colegas, pa-
cientes y sujetos de invesIigación que han compartido su experiencia
conmigo. Por motivos de confidencialidad, a la mayoría de ellos no les
puedo dar las gracias citando su nombre. Las excepciones Son aquellos
que accedieron especrricameme a ser emrevistados para este libro: las
supervivientes de trauma Sohaila Abdulali, Sarah Bue!, Sharon Simone
y Ken Smith; la instructora de defensa propia Melissa SoaIr, y los
¡erapeutas Terence Keane, Shirley Moore, Herbert Spiegel, J essica
Wolfe y Par Ziegler.
El trabajo formativo conceptual se realizó gracias a una beca de un
año en el Marty Ingraham Bunting Insritute de! Radclíffe College, con
apoyo de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation. Bessel
van der Kolk, Susan Schechter y Bennetr Simon aportaron sus críticas
sobre los primeros borradores de ciertos capítulos. Emily Schatzow y
Sandra Burler leyeron devotamente todo e! manuscrito. Sus comenta-
rios me sirvieron de mucho para valorar la calidad del trabajo. En la
INTRODUCCIÓN

La respuesta habitual a las atrocidades es borrarlas de la conciencia.


Ciertas violaciones de! orden social son demasiado terribles como para
pronunciarlas en voz alta: ese es el significado de la palabra impronun~
ciable.
Las atrocidades, no obstante, se niegan a ser enterradas. Igual de
poderoso que e! deseo de negar las atrocidades es e! convencimiento
de que la negación no funciona. La sabiduría popular está llena de fan~
tasmas que se niegan a descansar en sus tumbas hasta que se cuente su
historia. Recordar y contar la verdad sobre acontecimientos terribles
son dos requisitos imprescindibles para e! restablecimiento del orden
social y para la curación de las víctimas individuales.
El conflicto entre la voluntad de negar los acontecimientos horri~
bIes y la voluntad de desvelarlos es la dialéctica central del trauma psi~
cológico.fLa gente que ha sobrevivido a atrocidades a menudo cuenta
su historia de una manera altamente emocional. contradictoria y frag~
mentada que resquebraja su credibilidad y, por lo tanto, cumple los
dos requisitos imprescindibles: decir la verdad y mantener e! secreto.]
Cuando por fin se reconoce la verdad, los supervivientes pueden em~
pezar su curación. pero, con demasiada frecuencia, e! secreto es el que
gana, y la historia de ese acontecimiento traumático no sale a la super-
ficie como una narración verbal, sil'o como un síntoma.
Los sintomas de angustia psicológica de las personas traumatiza~
das llam"", la atención sobre la existencia de un secreto impronurlCia~
ble y, al mismo tiempo, distraen la atención de ella. Esto resulta aún
lCiTRODCCCIÓN 19

más aparente en la forma en que las personas traumatizadas t1ucrúan pSlqwatría, escuché de mis pacientes numerosas historias sobre violen-
entre mostrarse bdolentes y revivir el aCODl:ecimiento. La dialéctica del cia sexual y doméstica. Debido a mi afiliación al movimiemo femiIlÍSta,
naUilla da paso a complicadas, y en ocasiones misteriosas, alteraciones pude hablar en comra de la negación de las auténricas experiencias de
de la conciencia, que K;;eorge Of\veU, uno de los más comprometidos las mujeres denrro de mi propia profesión y exponer aquellos hechos
defensores de la verdad de nuestro üempo, llamó «pensamiento do- de los que había sido [estigo. Mi primera ponencia sobre el incesto, es-
ble» y que los profesionales de la salud mental, que buscan una defini- crita junto a Lisa Hirschman en 1976, empezó a circular «clandestÍIJa-
ción tranquila y precisa, Llaman «cüsociación>& Esto tiene como resulta- mente» como manuscrito un año antes de su publicación. Empeza..rnos
do los sím:omas proreiformes, dramáticos y a menudo extraños de la a recibir cartas de mujeres de todo e! país que nunca a.'lres había.'1 con-
histeria, que Freud reconoció hace un siglo como lli""1a expresión disfra- rada sus historias. Gracias a ellas nos dimos cuenra del poder que tenía
zada del abuso sexual durante la infancia.
decir lo indecible y fuimos testigos de primera mano de la energía
Tanto los testigos como las víctimas son susceptibles de la dialécti- creativa que se libera cuando se derriban las barreras de la negación y
ca del trauma. Al observador le resulta difícil manrener una mente cla- la represión.
ra y tranquila, ver más que unos pocos fragmentos de la imagen tOtal, TRACM" y RECCPEIL\CIÓN es fruto de dos décadas de investigación
retener todas las piezas y ser capaz de encajarlas. Todavia es más difícil y de rrabajo clínico con víc[imas de la violencia sexual y doméstica.
encontrar un idioma que pueda describir total y gráficarnente todo lo También refleja una creciente experiencia con muchas arras personas
que han visro. Aquellos que intentan describir las arrocidades de las que traumatizadas, especia1-nente veteranos de guerra y víctimas de! terror
han sido [estigos tarnbién arriesgan su propia credibilidad. Hablar en político. Este es un libro que habla de restaurar conexiones: emre el
público sobre lo que uno conoce acerca de dichas atrocidades es invi- mundo público y el privado, entre el individuo y la comunidad, emre
tar al estigma que persigue a sus vÍctilllas.
hombres y mujeres. Es un libro sobre puntOS en común: entre supervi-
El conocimiento de acontecimiemos terribles emra de vez en cuan- vientes de violaciones y veteranos de guerra, entre mujeres maltraradas
do en la conciencia pública, pero rarameme esta lo retiene duranre mu- y prisioneros políticos, entre supervivientes de enormes campos de
cho tiempo. Negación, depresión y disociación operan tanro a nivel so- concentración creados por tiranos que gobiernan naciones y supervi.-
cial como individual. El estudio de! rrauma psicológico tiene una viemes de pequeños y escondidos campos de concentración creados
histotia «comraculrural». Al igual que a las personas rraumatizadas, se por tiranos que gobiernan sus hogares.
nos ha impedido el conocimiemo de nuestro pasado. y, lo IJljsmo que Las personas que han pasado por experiencias [erribles padecen
ellas, nosotros también necesitamos comprender el pasado para recla- un daño psicológico predecible. Hay un espectro de desórdenes rrau-
mar e! presente y e! futuro. Por consiguien[e, para comprender e! [rau- máticos que van desde los efectos de un único y espa.'ltoso aconteci-
ma psicológico debemos comenzar redescubriendo la bsroria.
miento a los efectos más complicados de un abuso prolongado y repe-
Los psicólogos clínicos conocen e! momento privilegiado en que tido. Los conceptos diagnósticos establecidos, especialmeme los graves
las ideas, sentimientos y recuerdos reprimidos salen a la superficie en desórdenes de personalidad diagnosticados frecuentemente en muje-
la conciencia. Esos mamemos ocurren ramo en la historia de las socie- res, en general no han conseguido reconocer e! iInpacto de ser víctima.
dades como de los individuos. En los años setenta, las portavoces de! La primera parte de este libro esboza el espectro de la adaptación hu-
movimiento de liberación femenino llevaron a la conciencia pública los mana a los acontecimientos traumáticos y da un nuevo nombre diag-
frecuentes crímenes de la violencia de género. Las victimas que habían nóstico al desorden psicológico que se encuemra en los superviviemes
sido silenciadas empezaron a contar sus secretos. Como residente de de un abuso prolongado y repetido.
!:"TRODCCCIÓ:" J' ¡
20
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cías al mOvilTiento feminista, y cuando la discusión pública sobre J.as 4
Como los síndromes traumáticos tienen rasgos básicos en común,
el proceso de recuperación también sigue un camLT10 común. Las fases atrocidades habituales en la ,ida política ha sido posible gracias al mo- 4
fundamentales de la recuperación son recobrar la seguridad, recons- vimiento de derechos humanos. Estoy convencida de que el libro será «
truir la historia del trauma y restaurar la conexión entre los supervivien-
tes v su comunidad. La segunda parte del libro desarrolla una visión de!
controvertido; primero, porque está escrito desde UDa perspectiva fe~
minista, y segundo, porque reta conceptos diagnósticos establecidos. ~
proceso de curación y ofrece un nuevo marco conceptual para la psi- Pero en tercer, y quizá más Lmportante, lugar, porque habla sobre co- ~
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coterapia con personas traumatizadas. Tanto las características de los sas horribles, cosas de las que nadie quiere oír hablar. He intentado
desórdenes traumáticos como los principios del trat~rniento están ilus- presentar mis ideas con un lenguaje que preserve las conexiones, llI1
trados con el testimonio de los supervivientes y con casos extraídos de lenguaje que sea fiel tanto a las tradiciones no pasionales y razonadas
lL.'1a amplia bibliografía. de mi profesión como a las vehementes reivindicaciones de las perso- ~
iI

Las fuentes de investigación de este libro incluyen mis an.terÍores nas que han sido violadas y vejadas. He procurado encontrar un len-
estudios COn supervivientes de incesto y mi más reciente trabajo sobre guaje que pueda hacer frente a los imperativos del pensamiento doble
el papel del trauma de infancia en la condición conocida como desor- y que nos permita a todos acercarnos un poco más y enfrentarnos a lo ~
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den de la personalidad border!zne. Las fuentes clínicas son mis veinre impronunciable.
años de práctica profesional en una clínica mental feminista y los diez ii!
años como profesora y supervisora en un hospital universitario. ei
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~
El tesrÍInonio de los supervi-vientes de traumas es e! corazón del libro.
Para mantener la confidencialidad he protegido a todos mis informantes
bajo seudónimo, con dos excepciones. En primer lugar, he identificado ~
a los terapeuras a los que he entrevistado sobre su trabajo y, en segundo, a ~
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supervivientes que ya habían hecho público su caso. Las tablas de casos
que aparecen son ficticias; cada una de ellas está basada en la experien-
:J
~
cia de muchos pacientes diferentes y no sobre la de un individuo.
Los supervivientes nos retan a que volvamos a juntar los fragmen-
tos, a que reconstruyamos la historia, a que encontremos significado a
sus síntomas presentes bajo la luz de aconteci.mientos pasados. He in-
tentado integrar las perspectivas clínicas y sociales del trauma sin sacri-
ficar ni la complejidad de la experiencia indi,idual ni la amplitud del
contexto político, He procurado unificar conocimientos aparentemen-
te divergentes y desarrollar conceptos que se puedan aplicar de la mis-
ma manera a las experiencias de la ,ida doméstica y sexual, que es el
entorno tradicional de las mujeres, y a las de la guerra y de la vida polí-
tica, el terreno tradicional de los hombres.
Este libro aparece en un momento en que la discusión pública so-
bre las atrocidades de la ,ida sexual y doméstica ha sido posible gra-
1
UNA HISTORIA OLVIDADA

El estudio del trauma psicológico tiene una historia curiosa: una de


amnesia episódica. Los períodos de investigación activa se han alterna-
do con períodos de olvido. En el siglo pasado se emprendieron líneas
parecidas de i¡wesügación para ser luego abandonadas y redescubier-
tas mucho tiempo después. Con frecuencia, los documentos clásicos
de hace cincuenta o cien años parecen trabajos contemporáneos. Aun-
que lo cierto es que este campo de investígación tiene una tradición
abundante y rica, ha sido olvidado periódicamente y debe ser reclama-
do también del mismo modo.
Esta amnesia intermitente no es resultado de los cambios normales
en las tendencias que suelen afectar a cualquier iniciaüva intelectual.
El estudio del trauma psicológico no languidece a causa de falta de in-
terés, sino que el tema provoca una controversia tan intensa que, con
frecuencia, se convierte en un anatema. El estudio de! trauma psicoló-
gico ha cruzado repetidas veces la frontera hacia los territOrios de lo
impensable y ha erosionado dogmas de fe.
Estudiar el traurna psicológico es enfrentarse tanto a la vulnerabili-
dad humana en e! mundo natural como a la capacidad de hacer mal
que hay en la naturaleza humana. Estudiar e! trauma psicológico signifi-
ca ser testigo de acontecÍrnientos terribles. Cuando estos son desastres
naturales o «hechos de Dios», los que los han presenciado simpatizan
con facilidad con las vícti..mas. Sin embargo, cuando han sido diseñados
26
UNA HISTORIA OLVIDADA -,
?"

por la mano humana, los que los presencian se ven atrapados en un Los argumentos de los perpetradores resultan irresistibles cuando
conflicto emIe vícuma y perpe¡rador. Es moralmeme imposible mame- el testigo se enfrenta a ellos en aislamiento. Si no existe un entorno so-
nerse neutral en este conflicto. Al testigo se le exige romar posiciones. cial comprensivo lo más frecueme es que el testigo sucumba a la rema-
Resulta muy temador ponerse al lado del perpetrador. Que no haga ción de mirar a arro lado. Esto es cieno incluso cuando la víctima es
nada es lo único que este pide al tesugo. Apela al deseo universal de no un miembro idealizado y valioso de la sociedad. Los soldados que han
ver, no oír y no decir nada. Las víctimas, al comIario, le piden al ¡estigo luchado en cualquier guerra, incluso los que son considerados héroes,
que compana con ellas su carga de dolor. La vÍcrima exige acción, com- se quejan amargamente de que nadie quiere conocer la aUlénIÍca ver-
promiso y recuerdo. Leo Eringer, UT1 psiquiarra que ha estudiado a los dad sobre la guerra. Cuando la víctima es un miembro infravalorado
supervivientes de los campos de concentración alemanes, describe el (una mujer, un niño) puede enconuarse con que el acontecimiento
cruel canHieto de intereses entre la vÍcúma y el testigo. «La guerra y las más traumático de su vida ocurre fuera del territorio de la realidad va-
victimas son algo que la comrmidad quiere olvidar; se corre till velo de lidada socialmente. Su experiencia se convierte en algo impronun-
olvido sobre todo aquello que es doloroso y desagradable. Encontra-
ciable.
mos a ambos lados enfrentados cara a cara: por till lado tenemos a las El estudio de! trauma psicológico debe estar constamememe en
víctimas que quizá quieran olvidar, pero que no son capaces de hacerlo, lucha con la tendencia a desacrediIar a la vícrima o a hacerla invisible.
y al otro a todas aquellas personas con motivos poderosos, y a menudo A lo largo de toda la historia de este campo ha existido una disputa so-
inconscientes, para olvidar y que consiguen hacerlo. El contras re [ ... ] es bre si las pacientes con condiciones postraumáticas merecen ser cuida-
con frecuencia muy doloroso para ambas panes. La más débil sigue das y respetadas o si merecen ser despreciadas, sin que importe si en
siendo la pane perdedora en esre diálogo silencioso y desigual» : realidad sufren o fingen, sin importar si sus historias son verdaderas o
El perpetrador hace todo lo posible para promover que se olviden falsas, y, si son falsas, si han sido imaginadas o fabricadas consciente-
sus crimenes y así poder escapar de su responsabilidad por ellos. Su pri- mente. A pesar de que existe una enonne canudad de textos que docu-
mera línea de defensa son el secreto y el silencio. Si fracasa el secreto, el meman e! fenómeno del trauma psicológico, e! debate se sigue cen-
perperrador erosiona la credibilidad de sus victimas. Si no es capaz de si- trando en una cuestión elemental: si estos fenómenos son creíbles y
¡enciarlas de! todo, intemará asegurarse de que nadie las escuche. Para
reales.
conseguirlo, esgrime una impresionante canridad de argumentos, desde ¡'No solo se pone en duda repetidamente la credibilidad de los pa-
*--'-- .
la negación más absoluta a la racionalización más e!egame y sofisticada. cientes; también se pone en duda la de los investigadores de las condi-
Después de cada atrocidad cabe esperarse las mismas y predecibles dis- ciones postraumáticas. Los médicos que escuchan demasiado tiempo
culpas: nunca ocurrió, la \Iictima miente, la víctitlla exagera, la vicrima se y con demasiada atención a paciemes traumatizadas a menudo se con-
lo buscó y, en cualquier caso, es hora de olvidar e! pasado y seguir ade- vierten en sospechosos para sus colegas, como si se contaminaran con
lante. Cuanto más poderoso es e! perperrador, mayor es su prerrogariva el contacto. Los investigadores que analizan este campo y se alejan de-
para nombrar y definir la realidad, y más domina su argumemo 2 masiado de las fromeras de las creencias convencionales a menudo se
ven someridos a una especie de aislamiento profesional]
1. Eüi,.'1ger, «Ine Concemration (amp Synerome me I[s late Sequelae», en SUT"'vivors,
Mantener la realidad traumáuca en la conciencia exige till comex-
Victims alld Perpemuors, ea.]. E. Dizrlsdale, He~isphere, Nueva York, 1980, págs. 127-162. to social que reafinne y proteja a la vícrima, y que una a esta y al resti-
2 la tendencia del observador a volverse en contra de la vfcrLrna se explora en profundidad go en tilla alianza común. En e! caso de la victima individual, este con-
en M. J. Lemer, The Be!ief in el JUS! V7ori4 PlenuIrl, Nueva York, 1980.
texto social se crea mediante su relación con amigos, amantes y familia.
~
28

En el caso de la sociedad en general, el contexto social se crea a través


C::\A HISTORIA OL \lDAD_.l,. 29 "
.~a -,v

LA ERA HEROICA DE LA HISTERL~


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.....
de los movimientos sociales que dan voz a los desamparados.
Por consiguiente, el estudio sistemático del trauma psicológico de-
pende del apoyo de un movi.rniento político. De hecho. el que dicho
Durante las dos décadas de finales del siglo XIX el desorden llama-
do histeria se convirtió en un objetivo fundamental de la iIlvestigación
:1
estudio pueda ser emprendido o discutido en públíco es, por sí mismo,
seria. En ese momentO el término histeria era tan bien entendido por
una cuestión política. El estudio del trauma de guerra se hace legítimo
tan solo en un contexto que cuestiona el sacrificio de vidas de hombres
jóvenes en combate. El estudio del tranma en la vida sexual y domésti-
todos que nadie se había tomado la molestia de definirlo de forma sis-
temática. En palabras de un historiador1·«durante vein.ticínco siglos la
"
~
~
histeria había sido considerada una enfermedad extraña con síntomas
ca solo se hace legítimo en un contexto que cuestione la subordinación
incoherentes e incomprensibles. La mayoría de médicos creían que era
de mujeres y niños. Los avances en este campo solo OCurren cuando
están apoyados por un movimiento político lo suficientemente podero-
una enfermedad propia de las mujeres y que se originaba en el
e1
so como para legitiInar lL.'"la alianza entre investigadores y pacientes, y
útero» 3. De ahí su nombre, histeria. Como explicaba otro historiador, ~
la histeria era una «dramática metáfora médica para tOdo aquello del _ . ....
d;'"
~

..:1
para contrarrestar los habituales procesos sociales de silencio y nega-
ción. Si no existen poderosos moviIIúentos políticos a favor de los de-
sexo op~esto que a los hombres les resultaba misterioso o incontro-
~
rechos humanos, el proceso activo de prestar testimonio no hace sino
lable>, ".:
El patriarca del estudio de la histeria fue el gran neurólogo francés ~ ..•....;
....••..

dar paso al proceso activo del olvido[La represión, la disociación y la


Uean-Martin CharcotJSu reino era el Salpetriere, un antiguo y enorme
negaci~;: son fenómenos tanto de la concíencia social como de la indi-
vidual.S complejo hospitalario que llevaba tiempo siendo el centro de benefi-

Durante el pasado siglo) una determinada forma de trauma psico-


cencia de los más desdichados del proletariado parisino; mendigos,
prostitutas y locos. Charcot transformó la descuidada institución en un
-t
•..,;;;1
lógico subió a la superficie en [res ocasiones. En cada una de ellas, la ~
templo de la ciencia moderna, y los nombres más prestigiosos y a¡nbi-
investi"ación
~ -' del trauma ha florecido en asociación con UIl movimien-
ciosos de las nuevas disciplinas de la neurología y la psiquiatría viaja-
to políticolEl primer trauma que apareció fue la histeria, el arquetípi-
ron a París para estudiar con el maestro. Entre los distinguidos médi-
co desorde~ psicológico de las mujeres. Su estudio floreció entre el
cos que hicieron el peregrinaje al Salpetriere estaban Pierre Janet,
movimiento político republicano y anticlerical francés de finales del si-
William James y Sigmund Freud '.
glo AL". El segundo fue el tral.Lrna de guerra o neurosis de combate. Su
El estudio de la histeria cautivó a la imaginación públíca como una
estudio comenzó en Inglaterra y en Estados Unidos después de la Pri-
gran expedición a lo desconocido. Las L'lvestigaciones de Charcot eraJ)
mera Guerra Mundial y alcanzó su punto álgido tras la Guerra de
Vietnam. Su contexto político fue el derrumbamiento del culto a la
H. Ellenberger, The Disco"!.;er)' oj the Uncanscious. BaslcS Books, 0Juev8. York, 1970.
guerra y el crecimjento de los mOvimientos pacifistas. El último y más pág. 142.
reciente trauma que ha alcanzado la conciencia social es la violencia se- me
J M. :'vlicale, «Hysceria Its Hiscor.iography: A Revie\v oE Past arre Presem \Y' rich,gs», HiJ'
xual y doméstica. Su contexto político es el movimiento feminista en tary al5cience 27: 223-267 y 319·351 (1989), cir. en pág. 319.
5 Para una discusión más a.,nplia sobre la influencia de enareN. véa.nse H. Elle:-,cerger
Europa occidental y Norteamérica. Nuestra comprensión contemporá- T.he Dúco,,·ery aÍ ,he Unconscious; G. F. Drinka. The Birth ol ¡\"eurosú: ,vlyth Maiad), and the
nea del trauma psicológico se basa en una síntesis de esas tres líneas de Fletorians, Sirnon & Schuster. Nueva York, 1984: E. Showaher. The Jemale ;\,faiady: "Q7omen
investigacíón independientes] A-fadness, and Engiúh Cultzlre, 1830-1980, Pantheon, :\"ueva York. 1985: J. Gol¿s¡:ei.n. Consoie
dnd Ciassify: The Freneh Psychiatric Prolession in the Nmeteenth CentuT), Ca.:.-nb,idge Unive,·
sity Press, Nueva York, 1987.

I
30 31
C:--d HISTORH Ol VeDADA

conocidas no solo en el mundo de la medicina, sino rambién de la lite- dibujos y fotografías. Charcot se centtó en los síntomas de la histeria
ratura y de la política. Sus conferencias de los martes era:.'l. aconteci- que se parecían al da..í1o neurológico: parálisis motrices, pérdidas sen-
miemos ¡ea¡rales a los que acudía «un público multicolor venido de soriales, convulsiones y amnesia. En 1880 había demostrado que estos
rodo París: autores, médicos) actores y actrices, damas mundanas y se- sL.fJxomas eran psicológicos, ya que se podían inducír artíficialmenle y
ñores de la sociedad, codos ellos arraídos por su morbosa curiosi- aliviar a rravés del uso de la hipnosis.
dad» '. En dichas conferencias, CharcO[ ilusrraba sus descubrimiemos Aunque Charcot prestó una minuciosa atención a los síntomas de
con demostraciones en vivo. Las pacientes que exponía eran jóvenes sus pacientes histéricas, lo cierto es que no sentÍa ningún interés por su
mujeres que habían encomrado refugio en el Salpérriere y que habían vida interior. Contemplaba sus emociones como síntomas que debían
vivido la violencia consrame, la exploración y la violación. El hospital ser catalogados. Describió su habla como «vocalización». Su actitud
les daba más seguridad y protección de la que jamás habían conocido; hacia sus pacientes queda evidente en la transcripción de una de sus
para un grupo selecro de mujeres que se convinieron en las estrellas de Conferencias de los Martes, en la que una joven en ¡rance hipnótico
las demostraciones de Charcot, el hospital ¡ambién les proporcionaba estaba siendo utilizada para demostrar un ataque histérico con convul-
algo parecido a la fama. SlOnes.
Todos reconocían que Chareat tenía una gran valenúa por atrever-
se a esrudiar la his¡eria; su prestigio le daba credibilidad a un ca.rnpo CBARCOT: Volvamos a presionar sobre el punto histerogénico. [Un médico
que había sido considerado muy inferior a la investigación científica tOca a la pacieme en la región ovárica.] Ya empieza Otra vez. OcasionaLrneme,
las paciemes llegan a morderse la lengua, pero esw no es frecueme . .(yliren la
seria·CA.ntes de la época de Charcot, las mujeres histéricas habían sido
espalda arqueada, que tan bien describen en los libros de texw.
consideradas unas ma.'1ipuladoras y su tratamiento había quedado rele- PACIE\TE: l\hdre, tengo miedo.
gado al dominio de los hipnotizadores y curanderos populares; Cuando CHARCOT: Observen el estallido emocional. Si dejamos que se descomrole
murió Charcot, F reud le elogió como el patrón liberador de los afligi- pronto volveremos al comportamiemo epileptoíde. [La pacieme vuelve a gri-
dos:~«A la histérica no se le daba ningún crédiro por nada. Lo primero tar: «¡Oh, madre!».]
que hizo el trabajo de Charcot fue devolverle la dignidad al tema. Poco CH.-\.'l..COT: Una vez más, pres¡:en atención a estos gritOs. Se podría decir
que es mucho ruido y pocas nueces s.
a poco empezó a desaparecer esa sonrisa despectiva que la paciente
podía esperar de la gente. Ya no se la consideraba necesariamente una
La ambición de los seguidores de Charcot era demostrar cuál era
farsante, porque Charcot había defendido con roda el peso de su auto-
r la causa de la histeria y así superar su trabajo. La rivalidad era especial-
[idad la aurenticidad y objetividad del fenómeno de la hísreria» 7,:c
mente intensa entre Janet y Freud. Cada uno de ellos quería ser el pri-
El planteamiento que hizo Charcot sobre la histeria era el de un
mero en hacer el gran descubrimiento 9. Estos investigadores se dieron
¡axonomista. Puso el énfasis sobre la observación cuidadosa, la des-
cripción y la clasificación. Documentó de manera exhaustiva los sínto-
3 C. Goe¡:z (ed. y trad.), Charcot the Clinician: The Tuf?sday Lessons. Excerpts /rom J.\Jine Case
mas característicos de la histeria, no solo por escrito, sirlo también con
Presentations on Genera! Neurotogy De!iuered at the Sa!phriere Hospital in 1887-1888, Raven
Press, Nueva York, 1987, págs. 104-105.
i' Esu rivalidad degeneró en una prolongada animosidad, Cada uno de eUos reclamó la prio-
G A. .\Iumne, de por DrL'1Ka, Tb!? Birrh OjNe!tTOSis. pág. 88. ridad de su descub~,l.,niento y desdeñó el uabajo del ouo como una derivación ¿el suyo propio .
., S. Freud, «CharcoD>, [1893], en Standard Editioll 01 che Complece Psycho!ogicai Wor.h 01 í/éase C. Perry y J. R. Laurer:.ce, «Mental Processing OUIside oE A\vareness: Tne Conrriburions oE
5igmund Fre!.td (en adelame, Standard Edition), vol. 3, trad.;' Stracney, Hoga,.:: Press, Londres, FreuG ili"ldJanet», en The Unconscious ReconJide7ea~ ed. K. S, Bowers 'i D. Meicne..'1baurn, Wiley,
1962, pág. 19.
Nueva York, 1984.
'1 32 LSA HISTORLl,. OL \'1D,-ill.-\ 33
1
cuenta de que, para alcanzar su objetivo, no bastaba con observar y conscientes fijas» derivadas de los recuerdos de hechos traumáticos ;)
clasificar a las histéricas. Era necesario hablar con ellas. Durante una Breuer y Freud, en una recapitulación inmortal, escribieron que «las
breve década, hombres de- ciencia escucharon a las mujeres con una de- histéricas sufren principalmente de reminiscencias» 2.c.,~~,
voción y un respeto que no ha tenido parangón ni antes ní después. A mediados de la última década del siglo XE, estos investigadores
No eran infrecuentes las reuniones diarias con pacientes histéricas, y tarnbién habían descubierto que los síntomas histéricos podían ser ali,
muchas de dichas sesiones se alargaban durante horas, Los casos estu, vl.ados cuando los recuerdos traumáticos, así como las intensas emocio-
diados en este período erar) casi como colaboraciones entre médico y nes que los acompañaban, eran recuperados y puestos en palabras.
paciente. Este método de tratamiento se convinió en la base de la psicología mo-
Las investigaciones dieron su fruto. A mediados de la década de derna. Janet llamó a la técnica «análisis psicológico»; Breuer y Freud,
los nownta, Janet, en Francia, y Freud con su colaborador Joseph «abreacción» o «catarsis»; y posteriormente, Freud, «psicoanálisis».
Breuer, en Viena'\habían llegado por separado a formulaciones sor, Pero el nombre más sencillo, y quizá el mejor, se lo inventó una de las
prendentemente p~recidas: la histeria era una condición causada por el pacientes de Breuer, una joven inteligente, talentosa y gravemente per-
trauma psicológico. Reacciones emocionales insoportables a aconteci- turbada a quien dio el seudónimo de Anna 0, Ella llamó a su íntimo
mientos traumáticos producían UD estado alterado de la conciencia diálogo con Breuer la «cura de hablar» :5:
que, a su vez, creaba los síntomas de la histeria, A esta alteración en la y
Estas colabor;~iones entre médico paciente adquirieron la cali-
conciencia Janet la llamó «disociación» ,0; Freud y Breuer la llamaron dad de expediciones, en las que la solución al misterio de la histeria se
«doble conciencia» t<)..ji podía encontrar en la dolorosa reconstrucción del pasado de la enfer,
Tanto Janet com;;" Freud reconocieron la similitud esencial entre ma, Al describir su trabajo con una paciente, Janet observó que, a me,
los estados alterados de conciencia índucidos por el trauma psicológi, dida que se desarrollaba el tratamiento, el descubrimiento de los trau'
co v aquellos inducidos por la hipnosis, J anet creía que la capacidad de mas recientes daba paso a la exploración de hechos anteriores, «Al
disociación o de trance hipnótico era una señal de debilidad psicológi, quitar la capa superficial de los engaños, favorecí la aparición de anti,
ca o de capacidad de sugestión, F reud y Breuer argumentaban lo con, guas y tenaces ideas fijas que todavía permanecían en lo más profundo
trarÍa: que la histeria) con sus asociadas alteraciones de conciencia, po- de su mente, Estas últimas también desaparecíeron, teniendo como
día darse entre «personas del más claro intelecto) de la más grande consecuencia una gran mejoría» L6:Al describir su trabajo con L'illna O.
fuerza de voluntad, con el mayor carácter y con la más elevada capaci, Breuer hablaba de «seguir hacia atrás el hilo de la memoria» :7',~'
dad crítica» ¡2 Fue Freud quien siguió más lejos el hilo yeso, invariablemente, le
¡~Tanto Janet como Freud reconocían que los síntomas somáticos de llevó a la exploración de la vida sexual de las mujeres, A pesar de una
la histeria eran representaciones disfrazadas de acontecimientos inten- antigua tradición clínica que reconocía la asociación entre los síntomas
samente perturbadores que habían sido borrados de la memoria, J anet
describió a sus pacientes histéricas como gobernadas por «ideas sub, Seg1Ín Ellenberger, Janet fue el primero en acuñar la palabra subconsde:1te. H. EUenbe:;:-·
ge::. The Disco;;ery 01 the Unconscious, ob. cit., pág. 413, n. 82.
~G P. Janee L'automatisme psychologique: essa: de psycho!ogie expénmentaie sur tes formes in- ;~ J. BreueryS. Freuc., Studies on Hysterü,. ob. dt., pág. l.
jénóres de l'activüé huma in e. Féli."{ Alean, Pans. 1889; SociéIé Pierre ]aIleI/PayOt, Parfs, 1973. :5 Ibídem, pág. 30.

J. Breucr y S. Freud, «5tudies on Hysteria». [1893-1895i, en Standard Editiol1, voL 2. trad. :s P. Jap. et, <<Éi:.ude sur un cas d'aboulie et d·idées Eixes». R:?"'.;ue PhiIDsophú¡zle 31 fl89L
J. Sr¡:acney, Hogar--u"S. Press. Londres. 1955. Trad. y cit. por Ellenbe:ger, Discoverj o/ the Unconscious¡ págs. 365-366.
,: fbidem. pág. 13. :7 J. Breuer y S. Freud, Studies on HysteTia, ob. cit.. pág. 35.
34 UNA P.1STORL',. OLV1DADA 35

de la histeria y la sexualidad femenina, los mentores de Freud, Charcot cuencia y mic¡uciosamente razonado. Su triunfante dtulo y su exultante
y Breuer se habían mosuado muy escépticos ante el papel de la sexua- tono sugieren que Freud consideraba que su contribución era un gi-
lidad en los orígenes de la histeria. El propio Freud se mosuó inicial- gantesco logro en ese campo.
mente reticente ante esra idea: «Cuando empecé a analizar a la segun- Sí.11 embargo) la publicación de La etiología de la histeria significó
da paciente ... las expecrativas de que una neurosis sexual fuera la base el fín de esta línea de invesTigación. Tan solo un año después, Freud
de la histeria eran bastante remotas en mi mente. Acababa de salir de había repudiado en privado la teoría traumática de los orígenes de la
la escuela de Charcot y consideraba que el vínculo de la hisreria con el histeria. Su correspondencia deja claro que estaba cada vez más preo-
tema de la sexualidad eta casi un insulto.. que es lo que piensan las cupado por las radicales implicaciones sociales de su hipótesis. La his-
pacientes» 18. teria era ran común entre las mujeres que, si las historias de sus pacien-
Esta enfática identificación con la reacción de sus pacientes es ca- tes eran cierras y su teoría era correcta, se vería obligado a concluir que
racterística de los primeros escritos de Freud sobre la histeria. Los his- lo que él llamaba «actos pervertidos contra los niños» eran endémicos,
:ariales de sus casos nos tevelan a un hombre con una curiosidad tan no solo entre e! proletariado de París, donde estudió por primera vez
apasionada como para superar sus propias convicciones y estar dis~ la histeria, sino también entre las respetables familias burguesas de
puesto a escuchar. Y le abrumó el resuhado. Sus pacientes le hablaron Viena, donde había instalado su consulta. La idea era sencillamente
una y Otra vez de asaltos sexuales, de abusos y de incesto. Siguiendo ínaceptable. Estaba lejos de ser creíble 20
hacia atrás el hilo de la memoria, F reud y sus pacientes descubrieron Enfrentado a este dilema, Freud dejó de escuchar a sus pacientes
importantes hechos traumáIicos de la infancia escondidos bajo Otras femenínas. El punto de inflexión queda documentado en e! famoso
expetiencias más recientes y relativamente tó,~ales que habían dispa- caso de Dora. Este, el último de los de Freud sobre hisreria, parece
rado el comienzo de los síntomas histéricos. En 1896, Freud creía ha- más una batalla de voluntades que una empresa de colaboración. La
bet encontrado el origen de la enfermedad. En un ínforme sobre die- iIlteracción entre F teud y Dora ha sido descrita como un «combate
ciocho casos titulado La etiología de la histeria hacía una afirmación emocional» n En este caso F reud todavía reconoce la tealidad de la
dramática: «Por consiguiente, presento la tesis de que bajo cada caso experiencia de su paciente: la adolescente Dora había sido utilizada
de rüsteria hay una o más incidencias de experiencias sexuales prematu- como UIO premio en las elaboradas intrigas sexuales de su padre. Este
ras, experiencias que pertenecen a los primeros años de la ínfancia, la había ofrecido como juguete sexual a sus amigos. No obstante,
peto que pueden ser reproducidas a través del uabajo de! psicoanáli- Freud se negó a validar los sentimientos de ira y humillación de Dora.
sis a pesar de que hayan transcurrido décadas. Considero que este es En lugar de ello, Ülsistió en explorar sus sensaciones de excitación se-
un hecho importante: el descubrL'11iento de un caput Nili en neuropa- xual, como si la situación de explotación fuese una saTisfacción de sus
tología» 19. deseos. En un acto que Freud consideró como una venganza, Dora de-
Un siglo después su informe wdavía rivaliza con descripciones cidió termínar el tratamiento.
contemporáneas sobre los efectos de los abusos sexuales en la infancia.
Es un documento brillante y compasivo, y está argumentado con e!o-
2Q 11. Bonaparre, A. Freuci y E. Kris (ees.}, The Origins oí Psychoana!ysis: Lerters to Il7i!helm

F!iess, Drafts ilnd Sotes by Sigmund Freud, Basics Books, Nueva York, 1954, págs. 215-216.
2: S. Freu¿, Dora: An AnaJysis oÍ a Case 01 I-Iysten.a, ee. P. RieE, Collier, Nueva York, 1963,
:s J. Breuer y S. Freud, 5tuclies Ol'! Hysteria, ob. cie, págs. 259~260. pág. 13. Pan:. u.,.,a c!'Írrca feminisra ¿el caso Dora, véanse H. B. Le\vis, Psychic War in }¡[en and
,9 S. Freud, «The Aeriology oE Hysteria», [1896J, en Standard Edition, voL 3, ,rae. J. Sera-
Women, :--Jcw York University P::ess, Nueva York, 1976; C. BeJTl.heimer y C. Ka..1ane (eas.), In
chey, Hoganh Press, Loneres, 1962, pág. 203. Dora'; Case: Frev.d-Hysteria-Feminism, Columbia Cl"iversity Press, Nueva York, 1985.
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La ruptura de su alianza marcó el amargo final de una era de cola-
Ved HISTORI." OL \¡lD"IH

Este dramático cambio no fue obra de un solo hombre. Para en-


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boración entre ambiciosos investigadores y pacientes histéricas. Du- tender cómo pudo venirse abajo el estudio de la histeria y cómo pu-
rante casi otro siglo, estas pacientes volverían a ser despreciadas y si- dieron olvidarse tan rápidamente descubrimientos tan importantes, es
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lenciadas. Los seguidores de Freud sentían un especial renCor hacia la necesario en primer lugar comprender el clima iIltelectual y político
rebelde Dora, que posteriormente fue descrita por un discípulo como que dio origen a la investigación.
«una de las histéricas más repulsivas que conoció jamás» 2J. El principal conflicto político de la Francia del siglo AL" era la lu-
.,¡
Freud creó el psicoanálisis sobre las ruinas de la teoría traumática cha entre los partidarios de una monarquía con una religión estableci- ~
de la histeria. La teoría psicológica dominante del siguiente siglo se
basó sobre la negación de la realidad de las mujeres 23 La sexualidad
da y los que se inclinaban por una república, una forma laica de go-
bierno. Desde la Revolución de 1789, este conflicto había derrocado al "•
~

..
siguió siendo el objetivo central de la investigación, pero el contexto gobierno en siete ocasiones. Con el establecimiento de la Tercera Re- -. -1
social de explotación en el que tienen lugar las relaciones sexuales se ~
pública en 1870, los padres fundadores de una nueva y frágil democra- •
hizo prácticamente invisible. El psicoanálisis se convirtió en el estudio cia promovieron una agresiva catlipaña para consolidar su base de po- 'iiiJoI
de las vicisitudes internas de la fantasía y el deseo disociadas de la rea- der Y. de esta manera. minar la autoridad de su principal oposición: la ;,\

lidad de la experiencia. En la primera década del siglo xx. sin siquiera Iglesia católica.
presentar documentación clli-1Íca de falsas quejas. Freud concluyó que Los líderes republícanos de esta época eran hombres hechos a sí
los relatos de sus pacíentes histéricas sobre abusos sexuales en la infan- mismos pertenecientes a la floreciente burguesía. Se consíderaba..'1 re-
cia eran Íalsos: «Por fin me ,,ri obligado a reconocer que estas escenas presentantes de una tradición de ilustración comprometida en una lu-
de seducción nunca habían tenido lugar y que tan solo eratl fantasías cha mortal contra las fuerzas reaccionarias: la aristocracia y el clero.
que se habían inventado mis pacientes» "- Sus principales batallas políticas se libraban por el control de la educa-
La retractación de Freud significó el fin de la heroica era de la his- ción. Sus batallas ideológicas. por la fidelidad de los hombres y el do-
teria. Tras el cambio de siglo, toda la línea de investigación comenzada minio de las mujeres. Como dijo Jules Ferry, uno de los fundadores
por Charcot y continuada por sus seguidores cayó en el olvido. La hip- de la Tercera República: «Las mujeres deben perrenecer a la ciencia o
nosis y los estados alterados de conciencia quedaron una vez más rele- pertenecerán a la Iglesia» 26.
gados al terreno de lo oculto. Se puso freno al estudio del trauma psi- Charcot, el hijo de un comerciante que había alcanzado la riqueza y
cológico. Después de un tiempo. se dijo que había prácticamente la fama, era un destacado n1Íembro de esta nueva élite burguesa. Su sa-
desaparecido la enfermedad de la histeria 25. lón era punto de encuentro de los m.i.c"listros del gobierno y otras perso-
nalidades de la Tercera República. Compartía con sus colegas de gabi-
• nete la pasión por la expansión de las ideas seglares y científicas. Su
22 F. Deutsch, «A Footnore to Freud's Fragment of an Analysis oE a Case oÍ HysLeria». PSi- modernización del Salpetriere en la década de los setenta se llevó a
choanalytic QUl1rteriy; 26: 159-167 (1957).
n F. Rusch. «The Freudían Cover-u!:m. Chysa!is 1: 31-45 \1977':]. L. Herr;-¡an- Fad;!?r-
cabo para demostrar las virtudes superiores de la enSeñfu'1Za laica y de la
Daught2r Incest. Harvarel Universíty Press. Cambridge. 1981; J. :ve ;\.fasSOD., The Assautt on administración hospitalaria. Y emprendió la investigación de la histeria
Truth. F'eud's 5uppression 01 the Seduct:on The'Jr:J, Farrar, Straus 6::: Giro1.:x. ::<ueva York, 198..:1. para demostrar la superioridad de un marco de trabajo conceptual laico
2~ S. rreud, «.-\.n Amobiographical Srudy)} =1925J, en Standard Edition. vol. 20, trae. 1. Stra-
chey, Hoganh Press, Londres, 1959, pág. 34.
2, I. Veith, «Four ThouSa.i,d Years aE Hysteria», en HysteTri:a! Personalü·y. ed. M. Horo"itz. 1~ Cit. en P. K. Bidelman, Pariahs Stand epi The Founding 01 the LibeTa! Feminist .'vlovement
Jason Aronsan, Nueva York. 1977, págs. 7-93. in France, 1858-1889, Greenwood Press, \'('esport (Connecticuc), 1982, pág. 17.
38 UN.-\. P..lSTORIA OLVIDADA 39

sobre uno religioso. Sus Conferencias de los Martes eran un teatro polí- lliam James se hizo eco de estos sem:imientos una década más tarde:
IÍco. Su misión era reclamar a las mujeres histéricas para la ciencia. «Entre las muchas víctimas de la ignorancia médica recubierta de au~
Las formulaciones hechas por Charcor sobre la hisreria ofrecían raridad la pobre histérica era considerada la peor; y su gradual rehabi-
una explicación científica a fenómenos como la posesión diabólica, la litación y rescate serán considerados una de las conquistas filantrópi-
brujería, e! exorcismo y el éxtasis religioso. Uno de sus proyecros más cas de nuestra generaóón» 30.
queridos era el diagnóstico retrospectivo de la histeria tal y como apa- Aunque esws hombres de ciencia se creían benevolemes rescata-
rece a lo largo de la hisroria en las obras de arte. Jumo a su discípulo dores que sacaba...fl a las mujeres de su condición de degradación, ni si-
Paul Richer publicó una colección de obras de arte medieval que ilus- quiera por un instante se plantearon una situación de igualdad emre
uaban su tesis de que las experiencias religiosas retraradas en el ane mujeres y hombres. Las mujeres debían ser objews de! estudio y de
podían ser explicadas como manifestaciones de histeria". Charcor y cuidados humaniIarios, no i11dividuos por derecho propio. Los mismos
sus seguidores también entraron en agrios debates sobre fenómenos hombres que defendían lma comprensión ilustrada de la histeria a me-
mÍsLlcos contemporáneos, entre ellos casos de estigmas, apariciones y nudo se oponían con rotundidad a que las mujeres fueran admitidas en
curaciones por la fe. A Charcot le imeresaban especialmente las curas la educación superior o en la vida profesional, y contrarios tajamemen-
milagrosas que supuestamente esraban Ieniendo lugar en el recién es- te al sufragio femenino.
trenado templo de Lourdes. A Janet le preocupaba el fenómeno ameri- El movimiento feminista era relativamente débil en los primeros
carlO de la Ciencia Cristiana. Desiré Boumeville, discípulo de Charcot, años de la Tercera República. Hasta finales de 1870, las organizaciones
utilizó el nuevo criterio diagnóstico en un intento de probar que u.r¡a femirüstas ni siquiera tenían derecho a celebrar reuniones públicas o a
célebre esrigmatizada de la época, una devota joven llamada Louise divulgar sus textos. En el Primer Congreso Imernacional por el Dere-
Lateau, era en realidad una histérica. Todos estos fenómenos fueron cho de las Mujeres, celebrado en París en 1878, no se permitió hablar
reclam.ados para e! campo de la parología médica 28 a las defensoras de! derecho al voto porque se las consideraba dema-
Por lo tanto, fue una poderosa causa polírica la que estimuló siado revolucionarías", Los partidarios de los derechos de las mujeres,
este apasionado imerés en la histeria y dio ímpetu a la investigación reconociendo que su destino dependía de la supervivencia de una frá-
de Charcot y sus seguidores durante e! final del siglo XIX. La intención gil democracia, tendía..l1 a subordinar sus intereses al consenso dentro
era que la solución de! misterio de la histeria demostrara el triunfo de de la coalición republicana.
la ilustración laica sobre la superstición reaccionaria, así como la supe- Sin embargo, una generación más tarde el régimen de los padres
rioridad moral de una forma laica de ver el mundo. Los hombres de fundadores había quedado firmemente establecido. El gobierno repu-
ciencia contrastaron su benevolente actimd hacia la histeria con los blicano y laico había sobrevivido y prosperado en Francia. A finales
peores excesos de la Inquisición. Charles Richet, un discípulo de Char- del siglo XIX la batalla anticlerical estaba prácticamente ganada. En
cot, observó en 1880: «Entre las paciemes que están encerradas en el ese tiempo se había vuelto más problemático para los hombres ilustra-
Salpétriere hay muchas que hubieran sido quemadas en tiempos ante- dos actuar como defensores de las mujeres, ya que estas estaban em-
riores, y cuya enfermedad hubiera sido considerada un crimem>29 Wi-
lO w. Ja...rnes, «Review oi Janer's essays, "L'état memal des hysrériques" 'j "L'a...rnnésie conti-
nue", Ps,/cbological Review 1: 195 (1894.1.
27 r M. CharcO[ y P. Richer, Les démoniaques dans l'art [1881], Macula. París. 1984. " Para una Disrafia del movimiemo feminista en la Frarlcia del siglo X1:'<, véanse P. K. Bidel-
28 J. Goldsrein, Canso/e and e/amI)', ob. cie. maIl, Pariahs Stand Up.!, ab. cir.; C. G. Mases, French Feminism in !he Ninet2e7l!h Century, State
N Cir. y erad. por]. Golds!ein, ob. cíI., pág. 312. UrúversÍty oÍ New York Press, Albany (Nueva York), 1984.
J.1
40 l'''-i"" HISTORIA OL \1DAIH

pezando a atreverse a hablar por sí mismas. La militancia de los movi- dictado por su médico bajo hipnosis. En apariencia, al final de su vida
mientos feministas en democracias establecidas como Inglaterra o Es- se arrepentía de haber abierto ese terreno de investigación;5.
tados Unidos había empezado a extenderse al continente, y las femi- A medida que Charcot se alejaba del mundo de la hipnosis y
nistas francesas se habían hecho mucho más activas en su defensa de de la histeria, Breuer se distanciaba del mundo de los vínculos
los derechos de las mujeres. Algunas de ellas eran abiertamente críti- emocionales de las mujeres. La primera «cura de charla» finalizó
cas hacia los padres fundadores y retaban e! benevolente patronazgo con Breuer alejándose precipitadamente de Anna O. Es posible
de los hombres de ciencia. En 1888, una escritora feminista se mofaba que terminara la relación con la paciente porque su mujer se re-
de Charcot por su <<vivisección de las mujeres bajo el pretexto de es- sentía de la intensa relación que el médico tenía con esta fascinan-
tudiar una enfermedad», así como por su hostilidad hacia el hecho de te joven. Dio por finalizado de forma abrupta un tratamiento que
que las mujeres entraran en la profesión médica l2. había significado dos años de encuentros casi diarios con su pa-
Con el cambio de siglo el impulso político que dio pie a la he- ciente. El precipitado fin provocó una crisis no solo en la paciente,
roica era de la histeria se había disipado. Ya no había ningún motivo que tuvo que ser hospitalizada, sino al parecer también en el doc-
para continuar una línea de investigación que había alejado tanto a tor, que se sintió abrumado al darse cuenta de que su paciente se
los hombres de ciencia de! objetivo que habían querido aleal1zar en sentía apasionadamente vinculada a él. Terminó su última sesión
un principio. El estudio de la histeria les habÍ8. arrastrado a un mun- con Anna O con «sudores fríos» 34.
do de estados de trance, emotividad y sexo. Les había obligado a es- Aunque posteriormente Breuer colaboró con Freud en la publica-
cuchar mucho más a las mujeres de lo que ellos jamás habían espe- ción de este extraordinario caso, era un investigador reticente y lleno
rado, y a descubrir sobre la vida de las mujeres más de lo que jamás de dudas. A Breuer le preocupaban en especial los repetidos descubri-
quisieron saber. Evidentemente, nunca habían pretendido Ínvestigar mientos de experiencias sexuales en la raíz de los síntomas histéricos.
el trauma sexual en la vida de las mujeres. Los descubrimientos en Como se quejó Freud a su confidente Wilhelm Fliess: «No hace mu-
dicho campo eran aplaudidos y los investigadores científicos eran cho, Breuer pronunció un largo discurso ante la sociedad médica so-
valorados por su humanidad y valor siempre que el estudio de la bre mí, presentándose como un converso en la fe de la etiología sexual.
histeria fuera parte de una cruzada ideológica; pero, una vez que Cuando se lo agradecí en privado, me chafó toda rrü alegría al decir:
ese ímpetu político se hubo desvanecido, estos mismos investigado- "De todas formas, yo no creo en ello"»}5.
res se vieron comprometidos por la naturaleza de sus descubri- Las investigaciones de Freud fueron las que más avanzaron dentro
mientos, y se sintieron demasiado involucrados con sus pacientes de la realidad no reconocida de la vida de las mujeres. Su descubri-
femeninas. miento de que la explotación sexual durante la infancia era la raíz de la
El retroceso comenzó incluso antes de la muerte de Charcot en histeria superaba los límites de la credibilidad social y le llevó a una si-
1893. Este se encontró con que cada vez se sentía más obligado a de- tuación de total ostracismo dentro de su profesión. La publicación de
fender la credibilidad de las demostraciones públicas de histeria que
tanto habían encandilado a la sociedad parisirla. Se rumoreaba que las ;; G. Tourene, ,<lean MarJ..., Chareot», Nou-veüe Iconographie de L1 Sa!pétriáe 6: 241-250
actuaciones estaban preparadas, que se utilizaban mujeres fácilmente (1893).
-;~ E. Jones. He Life and Wor.k 0/5igmund Freud, Basics Books. ~ueva York, 1953; ).,'Í. Ro-
sugestionables que) consciente o inconscientemente, seguían un guión
senbaum. «Anna O (Berth;:o Pappenheiml: H\:';r Hisroty», \:';n Amza O fourteen Contemporar-y
Reinterpretations, e¿.l'v1. RosenbalL.T. y 1'10'1. ?vlurotl, Free Press. Nueva York, 1984, págs. 1-25.
;2 C" en]. Goldstein, ab. cit .. pág. 375. 55 :'vI. Bonaparte y otrOS (eÓ.). Origins ofPsychoanalysis, ob. cit., pág. 134.
MW-N"C''''~=''''''''''T,'''-'~_'''''''''''''c,' ..

42 U'iA P1STORE OL \!1DADA 43

L:~ etiologia de la histeria; que él pensaba que le daría la gloria, fue reci- Quizá se pueda entender la rewrcida retractación de F reud si se
bida con el silencio frío y universal de sus predecesores y colegas. Tal y ciene en cuenta el rew tan exuemo al que se eI11rentaba. Aferrarse a su
como escribió poco después a Fliess: «Estoy tan aislado como le gUSIa- reoría hubiera significado reconocer la profundidad de la opresión se-
ría a ti que estuviera: la consigna es abandonarme, y a mí alrededor se xual de las mujeres y los ni.ños. La única fuente de validación imelec-
está creando un vacío» 36. rual posible, y el único apoyo a su posición, debía venir del naciente
El consiguieme aba.I1dono de Freud del estudio del trauma psico- movimiento feminista que amenazaba los valores patriarcales de
lógico ha sido considerado como un escándalo 37. Que se renactara ha Freud. Aliarse con dicho movimiento era algo impensable para un
sido imerprerado como un acto de cobardía personal 38 Sin embargo, hombre con las ideas políticas de Freud y con sus ambiciones profesio-
entrar en este tipo de ataque ad hominem parece una curiosa reliquia nales. Eso resultaba demasiado, así que se desvinculó del estudio del
de la época de F reud, en la que los avances en el conocimienro eran lrauma psicológico y de las mujeres. Siguió trabajando para madurar
considerados como actOs "ptometeos» de genialidad masculina. Da una teoría del desarrollo humano en la que la lrlferioridad y la mez-
igual lo conVLncentes que fueran sus argumemos o lo válidas que resul- quindad de las mujeres son puntos fundamentales de la doctrina 39 Su
Laran sus observaciones, los descubrLrnientos de Freud no podían ser teoría prosperó y floreció en un clinoa político amiferninista.
aceprados sin un contexro político y social que apoyara la investigación La pacieme de Breuer, fu-ma O, fue la única de esos prinoeros in-
de la histeria, dondequiera que condujera. Este comextO no había exis- vestigadores que siguió con la exploración de la ~jsteria hasra sus con-
tido jamás en Viena y estaba desapareciendo en Francia. El rival de clusiones lógicas. Al parecer, después de que Breuer la abandonara, si-
F reud, Janet, que nunca abaIldonó la teoría traumática de la histeria y guió enferma durante varios ~í1os y luego se recuperó. La histérica
que jamás se desvinculó de sus pacientes histéricas, vivió para ver muda que había invemado la «cura de charla» recuperó la voz, y la
cómo se olvidaba su trabajo y se rechazaban sus ideas. cordura, en el movinoiemo de liberación femenina. Bajo el seudónimo
Pasado el tiempo, el rechazo de Freud a la teoría traumática de la de Paul Berthold, tradujo al alemán el clásico rrarado de Mary Wolls-
histeria adquirió una cualidad especialmeme dogmática. El hombre tonecraft Una vindicación de los derechos de las mujeres; y escribió una
que había llevado más lejos la investigación y que había emendido me- obra de teatro, Los derechos de las mujeres. Bajo su nombre real, Bertha
jor sus i..'1lplicaciones se había recluido en los últinoos años de su vida Pappenhei..m, se convirtió en una destacada trabajadora social feminis-
en la más absolura negación. En ese proceso, deslegitinoó a sus pacien- ta, en una intelectual y una organizadora política. A lo largo de una
tes femeninas. Aunque siguió centrándose en la vida sexual de sus pa- prolongada y fructífera carrera dirigió un orfanato para niñas, fundó
ciemes, ya no reconocía la naturaleza de explotación de la experiencia una organización feminista para mujeres judías y viajó por toda Euro-
femeni..na. Con una obsti..nada persistencia que hizo aún más retorcida pa y Orieme Medio haciendo campaña COntra la explotación sexual de
la teoría, mSlsIÍó en que las mujeres imaginaban y anhelaban los en- mujeres y niños. Fueron legendarios su fuerza, su energía y su compro-
cuemros sexuales abusivos de los que se quejaban. miso. En palabras de un colega, «En esta mujer vivía un volcán [ ... ] Su
lucha contra el abuso de mujeres y ni.cios le producía casi dolor físi-
3" S. Freud, cafI;,. para WiL~elm FUess de .:+ de mayo de 1896, cíe por Masson, Assauft on
Tru!.6, pág. lO.
'7 J. ).,L Masson. Assauft on Trurh,- ]. MalcoL-n, In che Freztd Archives, KrlOpf, Nue\'a York, 39 La critica remi:'"11sra de la psicología remc..'1.lna de Freud es voluln.LrlOsa. Para dos eje.rnplos
1984. El litigio ent:re ,\¡fassor:: y )¡Ial:::olm se sigue desarrollando en el momento en que estoy escri· clásicos, véazlse K. Horney, «rne Flighr From Woma!'_~ood: The MasculiP.ir:y Complex in \Y!o-
biendo. ffien as Viewed by ~len and by Women>~, Internacional Journa! a/ Psycho-Analysis 7: 324-.329
)~ J. )"lasson, Assl1uit 011 Truth, ab. ciL (1926), y K. Millet, Sexual Po!üú:s, Doubleday, Nueva York, 1969.
44 LN~-\ HISTOR!.'.. OLVIDADA 15

ca» ..loJ. Cuando murió, el filósofo i\iartin Buber le rindió homenaje: mudos y no respondían a estimulas. Perdían la memoria y su capaCl-
«No solo la admiraba, la quería, y la seguiré queriendo hasta el día que dad parasensorial. El número de bajas psiquiátricas era tan grfulde que
me muera_ Hay gente con espíritu y gente con pasión; ambas cosas son se tuvo que pedir a los hospitales que las acogieran. Se calcula que los
menos frecuentes de lo que cabe esperar. Pero aún menos frecuentes trastornos mentales supusieron el 40 por 100 de las bajas británicas en
son las personas con espíritu y con pasión. Y aún m.ás raro es un espíri- batalla. Las autoridades militares intentaron ocultar los informes sobre
tu apasionado. Bertha Pappenheim era una mujer con un espíriru asÍ. las bajas psiquíátricas porque tenían un efecto desmoralizador sobre la
Hagamos que su memoria perviva. Seamos testigos de que sigue exis- población ").
tiendo»"'". En su testamento expresó el deseo de que aquellos que visi- Inicialmente los Shltomas del derrumbamiento mental se atribuye-
taran su tumba dejaran una pequeña piedra, «como una promesa silen- ron a una causa física. El psicólogo británico Charles Myers, que exa-
ciosa L.. .] de servir a la misión y al deber de las mujeres y de su alegría minó alguno de los primeros casos, atribuyó sus síntomas a la conmo-
[... ] sm flaquear y con valor» 42. ción causada por los efectos de las bombas y llamó a este desorden
nervioso «trau.."'TIa de bomba» +..;. El nombre cuajó, aunque enseguida
fue evidente que el mismo sindrome lo tenían soldados que no habían
LA NEUROSIS TRAUMAnCA DE GUERRA eSlado expuestos a ningún trauma físico. Gradualmente, los psiquia-
tras militares se vieron obligados a reCOnocer que los síntomas del
La realidad del trauma psicológico se impuso una vez más sobre la trauma de guerra se debífu¡ a un trauma psicológico. El estrés emocio-
conciencia pública con la catástrofe de la Primera Guerra Mundial. En nal de estar expuesto de manera prolongada a la muerte violenta era
esta larga guerra de desgaste murieron más de ocho millones de hom- suficiente para crear un síndrome neurótico que se parecía a la histeria
bres en cuatro años. Cuando se acabó la carnicería, cuatro imperios en los hombres.
europeos habían quedado destruidos y muchas de las creencias que Cuando ya no se podía negar la existencia de una neurosis de gue-
sostenían a la civilización occidental habían quedado pulverizadas. rra, la controversia médica, de forma parecida a lo que ocurrió en el
Una de las muchas bajas de la devastación de la guerra fue la ilu- anterior debate sobre la histeria, se centró en el carácter moral del pa-
sión de honor y gloria masculinos que suponía la batalla. Bajo condi- ciente. En opinión de los tradici~nalistas, un soldado normal debería
ciones de incesante exposición a los horrores de la guerra de trinche- sentirse glorificado en batalla y no debería mostrar ningú.i1 signo de
ras, los hombres empezaron a venirse abajo en cifras apabullantes. emoción. Y, evidentemente, no podía sucumbir al terror. El soldado
Confinados e indefensos, sometidos a una amenaza de aniquilación que desarrollaba una neurosis traumática era, en el mejor de los casos,
constante) obligados a ser testigos de la mutilación y la muerte de sus un ser humano constitucionalmente inferior, y en el peor, un vago y un
compañeros y sin esperanza de salvación, muchos soldados empezaron cobarde. Los escritores médi<"Os de la época describieron a estos pa-
a acruar como mujeres histéricas. Gritaban y lloraban descontrolada- cientes como «inválidos morales» -"5 •.Algunas autoridades militares
mente. Se quedaban paralizados y no podían mOverse. Se quedaban mantenían que estos hombres no se merecían ser considerados pacien-

-'O Cl. pOr i\t Kapla.."1, {<i\nna O and Bertha Pappenheim: i-\.I.' }-T.iscorical PerspeC;:Í\'e», en

M. Rosenbaw"1l y M. Murofi, Anna 0, ob. cit., pág. 107. E. Sho-w-alre:. He Female .\Jalaay, ab. cic-. págs. 168-170.
~¡ Ce. ;JOr M. Rosenbaum, «An..:."'1a O (Bercha Pappenheimi: Her Hiswry», en }vL Rosenbau.rTI C. S. ?vlyers. 5heil Shoc.k in France. Carnb,i¿ge University Press, Ca.."1loridge. 1940.
y M. MurofE Anna o, ob. cic., pág. 22. J5 A. Ler:, Sheil Sboc.k Commodonal and Emotional Aspects, University oE Loncon Pres;:.

J2 Cl<:. por M. Kapla.."1. «.~. .na O a.."1d Berrha Pappenhei.,n». ob. cit .. pág. 114. Loneres. L919, pág. 118.
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46 ,~

U;\A HISTORB OL v1D,',DA ~¡

tes y que debería...11 ser sometidos a un consejo de guerra o ser expulsa- Soy un soldado. Convencido de que actúO en favor de los soldados, creo
dos deshonrosamente en lugar de darles un trara...rniem:o médico. que esta guerra, en la que enrré creyendo que era una guerra de defensa y libe-
El defensor más destacado de la postura ¡radicionalism era el psi- ración, se ha convertido ahora en una guerra de agresión y conquisLa ... He 1,115-
quiarra briránico Le\\~s Yealland. En su trarado de 1918, Desórdenes hú- m y soportado el sufrlIrliemo de las tropas y ya no puedo seguir siendo parte
de esto y prolongar eSle sufrin1iemo p8.ra alcanzar unos objetivos que conside~
tincas de guerra) defendía lli"La esrraregia de Irmarrllem:o basada c....T1 aver-
ro malos e injustos';
gonzar, a..rnenazar y casrigar al paciem:e.TSíntomas de histeria como el
°
mutismo, la pérdida sensorial la parálisis motora eran rratados con
Temiendo que Sassoon fuera sometido a un consejo de guerra,
choques elécrricos~Llos pacientes eran maltratados por su vagancia y co-
uno de sus camaradas oficiales, Roben Graves, arregló que fuera hos-
bardía. Aquellos q~e manifesmban el «ridículo enemigo del negativis-
pitalizado bajo el cuidado de Rivers. Su declaración comra la guerra
ffiO» eran amenazados con un consejo de guerra. En un caso, Yealland
sería atribuida a un colapso psicológico. Aunque Sassoon no sufría un
trató a un paciente que se había quedado mudo arándole a una silla y
derrumbamiento emocional toral, tenía lo que Graves describió como
aplicando choques elécuicos en la garganta. El trata.rniento siguió sin
un «mal estado de nervios» 48 Estaba inquiero, irritable, y le arortnen-
pausa durante horas hasra que, por firl, el paciente habló. Mientras le
taban las pesadillas. Su exposición L'11pulsiva y arriesgada al peligro le
daba los choques,
- Yealla.'ld lo exhortaba diciéndole: «recuerda.. debes
había valido que le pusieran el apodo de Jae/e el Loco. En la acmalidad,
componarte como el héroe que yo espero que seas [.. .J Un hombre que
esos síntomas, sin duda, le hubieran valido el diagnósrico de desorden
ha estado en ta..l1tas batallas debería tener más control sobre sí mismo»..f6.
nervioso posuaumáIico.
{J..as autoridades médicas progresistas argumentaban lo opuesto:
El traramiento que Rivers aplicó a Sassoon estaba pensado para de-
que la neurosis de guerra era una condición psiquiátrica genuLT1a que
mOstrar la superioridad del tratamiento humanitario e ilustrado sobre el
podía manifestarse en soldados con una personalidad moral muy alta.]
más punitivo enfoque tradicionalista. Su objetivo, como en toda la me-
Defendían un tratamiento humanitario basado en los principios del
dicina milirar, era devolver al paciente al combare. Rivers no cuestiona-
psicoanálisis. El cabecilla de este pumo de visca más liberal era \Y.!. H.
ba este objetivo, pero, sin embargo, sí que defendia la eficacia de algún
R. Rivers, un médico de inquieto intelecto que era profesor de neurofi-
tipo de cura de charla. En vez de ser humillado, Sassoon fue trarado
siología, psicología y amropología. Su paciente más famoso era un jo-
con dignidad y respeto. En vez de ser silenciado, se le animó a que es-
ven oficial, Siegfried Sassoon, que se había distinguido por su gran va-
cribiera y hablara librememe sobre los horrores de la guerra. Sassoon
lentía en combate y por su poesía sobre la guerra. Sassoon se hizo
respondió con gratitud: «Enseguida me hizo sentirme a salvo, y parecía
famoso cuando, tOdavía luciendo el uniforme, se afilió en el movimien-
saberlo rodo sobre mí [ ... 1 Daría mucho por tener las grabaciones de
to pacrrisra y denunció públicamente la guerra. El texto de su Declara-
algunas de mis charlas con Rivers. Lo que importa es mi recuerdo del
ción del soldado, escrito en 1917, se lee en la actualidad como un mani-
gran y buen hombre que me dio su amistad y su guía» 49
fiesro comemporáneo contra la guerra:
La psicoterapia de Rivers con su famoso paciente fue considerada
un éxito. Sassoon deslegirimó públicamente su declaración pacifista y
Eswy haciendo eSIa declaración como un acto de conscieme desaÍÍo a la
auwridad militar porque creo que la guerra es-¡:á siendo deliberadarneme pro~
longada por aquellos que ::ienen poder para termlIlar con ella.
~~ P. FusseU (ed.J. Siegfried Sasson"s Long Iourney: Se!ections from the SherstOn }¡fe??Joirs, Ox·
rard Universi.ty Press, Nueva York, 1983, pág. xiv.
~8 R. Graves, Goodbye ta At! That [1929J. Doublecay. :\ueva York, 1957. pág. 263.
;(, Cit. por E. Sho\,;altcr, The Female }.¡[a!ady, oo. ti:., pág. 177,
•r ~9 P. FusseU (ed.), ob. cit., págs. 134 y 136 .
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regresó al frente. Lo hizo aunque sus convicciones políticas no habían las salas más escondidas de los hospitales de veteranos, su presenciá se
cambiado. Lo que le impulsó a regresar fue la lealtad que sentía hacia había convenido en una vergüenza para sociedades civiles que lo úni-
sus camaradas que seguía11 luchando< el sentimiento de culpa de haber co que querían era olvidar.
escapado de su sufrimiento y la decepción que sentía por lo ineficaces En 192L un joven psiquiatra americano. Abram Kardiner< regresó
que resultaban sus aisladas protestas. Siguiendo una línea de trata- a Nueva York tras una peregri...'1ación de un año a Viena, donde había
miento humanitario< Rivers había establecido dos principios que serían sido analizado por F reud. Le i.¡lspiraba el sueño de hacer un gran des·
utilizados por los psiquiatras militares americanos en la siguiente guerra. cubrimiento. «¿Qué sería más aventurero -pensaba- que ser un Co-
iÉn primer lugar había demostrado que hombres de ind~dable valentía lón en la relativamente nueva ciencia de la mente?» 51. Kardiner esta-
habían sucumbido ante un abrumador miedo y, en segundo, que la bleció una consulta privada de psicoanálisis en una época en que no
motivación más efectiva para superar ese miedo era algo más ruerte había más que diez psicoanalistas en Nueva York. También empezó a
que el parriotismo< los principios abstractos o el odio hacia el enemigo: trabajar en la clínica de psiquiatría de la Oficina de Veteranos. en la
era el amor que sentían los soldados los unos hacia los otros~" que vio a numerosos hombres con neurosis de combate. Le preocupa-
Sassoon sobre\tl\ió a la guerra, pero, como muchos supervivientes ba la gravedad de su sufriIniento y su incapacidad para curarles. En es-
con neurosis de combate, quedó condenado a enfrentarse a ella durante pecial recordaba a un paciente que había tratado durante un ai"ÍG sÍn
el resto de su vida. Se dedicó a escribir y reescribir sus memorias de guerra, progresos notables. Posteriormente. cuando el paciente se lo agrade·
preservando de esta manera la memoria de los que habífu'1 caído y defen- ció, Kardiner protestó: «Pero si nunca he hecho nada por usted. Desde
diendo la causa del pacifismo. Aunque él se recuperó de su «mal caso de luego que no he curado sus síntomas». «Pero, doctor -contestó el pa-
nelV'ios» lo suficiente como para tener una vida productiva, siempre le ciente-, lo intentó. Llevo mucho tiempo en la Administración de
persiguió el recuerdo de aquellos que no habían tenido tanta suerte. Veteranos y sé que ellos ni siquiera lo intentan: y que no les importa en
absoluto. Pero a usted< sÍ»".
Tra1..una de guerra. ¿Cuántos breves bombardeos tuvieron efectos retardados
Posteriormente, Kardiner reconoció que la «pesadilla Í11cesante»
en la mente de estos supervivientes, cUfuldo muchos de ellos habían mi;.-ado a sus
compa.-.l.eros y habían reído mientras el in.nemo intentaba destruirles con todas
de su infancia -pobreza, hdJ.Llbre, descuido, violencia doméstica y la
sus fuerzas? Ese no fue el peor momento, lo es ahora; ahora, en la sudorosa sofoca- temprana muerte de su madre- había i.c-ü1uenciado en la dirección de
ción de la pesadilla, en la parálisís de los miembros, en el tartili"1ludeo del habla. Lo sus inquietudes h-ltelectuales y le había permitido identificarse con los
peor de todo es la desintegración de esas cualidades que les habían hecho tan ga- soldados traumatizados 53. Durante mucho tiempo, Kardi.c-¡er luchó por
lantes, tan altmistas y tan estoicos. Esto, en los meíores hombres, era la tragedia desarrollar una teoría sobre el tralliLla de guerra dentro del marco inte-
Li'npronliLlciable del trauma de guerra L... ] Estos soldados habífu"1 sido martÍriza-
lectual del psicoanálisis, pero eventualmente abandonó el empeño.
dos en nombre de la civilización. y a esta le queda por de:nostrar que su martirio
no fue un sucio engúio 50 . considerándolo Lllposible, y siguió adelante en su destacada carrera,
primero en el psicoanálisis y luego, como su antecesor Rivers, en la an-
El interés médico por el tema del trauma psicológico volvió a de- tropología. En 1939, junto a la antropóloga Cora du Bois< escribió un
caer unos pocos años después del firlal de la guerra. Aunque numero- texto fundamental de la antropología, El individuo y su sociedad.
sos hombres con desórdenes psiquiátricos de larga duración atestaban
5i A. Karcl.h,er, i\Iy Analysis w¡"th Freud. ;(Oftoc. 0iueva York, 19Ti. pág. 52.
Ibrdem. págs. 110-11l.
jQ P. Fussell (ed.l. ob. cit" pág. 141
53 Ib¡¿em. págs. 27 y 101.
50 UN!, HISTORB OLVIDADA 51

Tan solo entonces, después de escribir el libro, pudo volver al Con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial llegó el rena-
tema del trauma de g-tlerra, en eSTa ocasión utilizando la anlfopología cer del irlterés médico por la neurosis de combate, Con la esperanza de
como marco concepmal que reconocía el impactO de la realidad social enconrrar un tratamiento rápido y eficaz, los psiquiatras militares in-
y le permiúa comprender el trauma psicológico, En 1941, Kardiner tentaron quitar el estigma a las reacciones de estrés del combate, Por
publicaba LL."1 imponam:e estudio clínico y teórico, La neurosú traumá- primera vez se reconoció que cualquier hombre podía venirse abajo
tica de guerra, en el que se quejaba de la amnesia episódica que había bajo el fuego y que las bajas psiquiátricas podían ser previstas en pro-
obstaculizado repetidas veces este campo: porción directa a la severidad de ia exposición al combate. De hecho,
se dedicó un considerable esfuerzo a determinar el nivel exacto de ex-
El [eilla de las penurbaciones neuróticas a consecuencia de la guerra ha es-
tado, en los úlü-,!loS \,reimíclnco a...iios, sujeto a lLl18. gran cfu'1üead de caprichos en
posición que podría provocar lli, colapso psicológico, Un :L"io después
el iIuerés público, así como los caprichos de la psicología. El público no ma...TlÚe- de que terminara la guerra, dos psiquiatras americanos, J. \Y!, Appel Y
ne su incerés, que fue muy grfu"1de después de la Pri..rnera Guerra fl/llL'1diaI, y G, 'Vil Beebe, concluyeron que entre doscientos y cuatrocientos días en
campoco lo hace la psiquiatría. Por ese motivo estos leInas no son objew de es- el frente serían suficientes para que irlcluso al soldado más fuerte se vi-
turno cominuado [... ] sL110 de esfuerzos perIódicos que no pueden ser conside- niera abajo: «No existe tal cosa como "acosrumbrarse al combate" [".]
rados muy diligentes. EIl parTe esro se cebe al esrams menguante del veIerano
Cada momento de combate crea una presión tan fuerre que los hom-
después de lli"1a guerra [... ] Aunque no sea cierw para la psiquiatría en general,
es un hecho deplorable que cada invesúgador que emprende el estudio de estas bres se derrumbarán en proporción directa a la btensidad y duración
condiciones considere que es su sagrada obligación empezar de cero y E·abajar de su exposición a él, Por consiguiente, en la guerra las bajas psiquiá-
e!"? el problema como sí previamente nadie hubiera hecho nada al respeCIQ ~-! tricas son tan inevitables como las bajas por herida de bala o de metra-
lla» 56.
Kardiner desarrolló las líneas maestras de! sbdrome traumático tal Los psiquiauas americanos centraron su energía en idenüficar
v como lo comprendemos hoy. Su formulación teórica se parecía mu- aquellos factores que pudieran proteger a los hombres de un trauma
cho a las hechas por Janet a fbales del siglo XL'\: sobre la hisreria, De agudo o que pudieran conseguir una rápida recuperación. Una vez
hecho, Kardber reconocía que las neurosis de guerra representaba más, descubrieron lo que Rivers había demostrado en el trat:L'Iliento
una forma de hisLeria, pero también se daba cuenta de que el térmi.110 de Sassoon: el poder del vbculo emocional entre los combatientes, En
se había convenido, una vez más, en tan peyoraIivo que su mismo uso 1947, Karcliner revisó su textO clásico en colaboración con Herberr
desacreditaba a sus pacientes: "Cuando se utiliza la palabra "histéri- Spiegel, un psiquiatra que acababa de regresar de tratar a los hombres
co" [",] su significado social es que e! sujeto es un bdividuo mezqubo en el frente, Karcliner y Spiegel argumentaban que la protección más
que está btentando conseguir algo a cambio de nada, La víctima de di- fuerte contra el terror era e! grado de relación entre el soldado, su uni-
cha neurosis no tiene, por lo tanto, ia simpatía de! tribunal que lo juzga dad de combate y su líder, Descubrimientos similares fueron bforma-
y [",] tampoco tiene la simpatÍa de sus médicos que, a menudo, bter- dos por los psiquiatras Roy Grbker y John Spiegel que argumentaron
pretan que "histérico" significa que el bdividuo sufre de alguna forma que la situación de peligro constante llevaba a los soldados a crear una
persisrente de maldad, perversión o debilidad de la voluntad»", dependencia emocional extrema hacia sus colegas y superiores, Obser-
vaban que la protección más fuerte contra el derrumbamiento psicoló-
:04 A. Kardiner y H. Splege1, War¡ 5t¡-ess, and Ne:.<rotic Wness !.rev. ed. The Traumatic S2'uro-

sesofWarj, Hoeber, Nueva York. 1947. pág. ¡r, J. \YJ. Appd YG. w. Bcebc, «Prever:.IÍve Psychiatry: A__'1 Epidcmiological Approaó», Jour-

55 roidem, pág. 406. na! o; tiJe American ~'v[edicat Association 131: 1468-1471 il946), cié. en 1470.
r,

52 53
L:\A HISTOPl-\ OL \"-wADA

gico era la moral y el liderazgo de las pequeñas unidades de com- cambiáll.dolos de forma tan radical como cualquier experiencia crúcial
bate 5-::.
que puedful vivir» Gú.
Las estrategias de tratamiento que evolucionaron durante la Se- Estas sabias advertencias fueron por lo general ignoradas. En la
gunda Guerra Mundial estaba.'l diseñadas para minimizar la separación época, se consideraba muy eficaz el nuevo tratamiento rápido para las
entre el soldado afligido y sus camaradas. Se defendía una interven- bajas psiquiátricas. Según un informe, el 80 por 100 de los soldados
ción médÍca breve lo más cercana posible a las líneas de combate, americanos de la Segunda Guerra rvlundial que padecían un estrés
con el objetivo de devolver rápidamente al soldado a su unidad ss agudo volvían a algún tipo de servicio, normalmente, en tan solo una
En su búsqueda de un método rápido y efectivo de tratamiento, los semana. El30 por 100 volvía a sus unidades de combate"'- Se presta-
psiquiatras militares descubrieron una vez más el papel mediador ba poca atención al destino de estos hombres una vez que habían re-
de los estados alterados de conciencia en el trauma psicológico. En- gresado al servicio activo y mucho menos cuando volvían a casa des-
contraron que los estados alterados artificialmente inducidos podían pués de la guerra. Se consideraba que se habían recuperado siempre
ser utilizados para acceder a los recuerdos traumáticos. Kardiner Ji que pudieran funcionar a un nivel mínimo. Con el final de la guerra
Spiegel utilizaron la hipnosis para crear un estado alterado, mientras volvió a aparecer el ya familiar episodio de amnesia: había poco inte-
que Grinker y Spiegel utilizaban ami tal sódico, una técnica que lla- rés médico o público por la condición psicológica de los soldados que
maban «narcosíntesis» ..AJ igual que en el trabajo realizado prevÍa- volvían a casa. Una vez más se olvidaron los efectos del trauma de
mente sobre la histeria, en el caso de la neurosis de guerra el objeti- guerra.
vo de la «cura de charla» era la recuperación y el alivio catártico de No se emprendió UIla Ítlvesügación sistemática ya gran escala de los
los recuerdos traumáticos con todas sus emociones de miedo, ira y efectos psicológicos a largo plazo del combate hasta la Guerra de Viet-
alivio.
nam. En esta ocasión la motivación para el estudio no provenía del
Los psiquiatras pioneros en estas técnicas comprendían que de- mundo militar o del médico, sirlO de los esfuerzos organizados de los
senterrar los recuerdos traumáticos no era por sí mismo suficiente para soldados afectados por la guerra.
conseguir una cura duradera. Kardiner y Spiegel advirtieron que, aun- En 1970, mientras estaba en su punto álgido la Guerra de Vietnam,
que la hipnosis podía acelerar la recuperación de los recuerdos trau- dos psiquiatras, Robert Jay Lifton y Chairn Shata¡l, se encontraron con
máticos, una sencilla experiencia catártica era, por sí misma, inútil. La los representantes de una nueva organización llamada Veteranos de
hipnosis fracasaba, explicaban, donde «no hay suficiente seguimiento Vietnam Contra la Guerra. Que unos veteranos se organizaran contra
y progreso» 59 También Grinker y Spiegel observaron que el trata- su propia guerra cuando esta aÚl1 no había terminado era algo sin pre-
miento no tendría éxito si los recuerdos recuperados y descargados cedentes. Este pequeño grupo de soldados, muchos de los cuales se
bajo la influencia del amital sódico no se integraban en la conciencia. habían distinguido por su valentía, devolvieron sus medallas y ofrecie-
El efecto del combate, argw-nentaban, «no es como escribir en una pi- ron testimonio público de sus crímenes de guerra. Su presencia daba
zarra que pueda borrarse, quedándose la pizarra como estaba antes. El credibilidad moral a un creciente movLmiento antiguerra. «Plantearon
combate deja una impresión duradera en la mente de los hombres, dudas -----escribió Lifton-, sobre la versión del guerrero socializado y

;~ R. R. Gri.,ker y]. SpiegeL AJen Unda SI/ess, Blakeswn. Filadelfia. 1945.


&DR. R. GrÍllker y J. SpiegeL oo. cit .. pág. 3/l.
)~ Gr:"-,ker y SpiegeL Men Under Stress: Kardiner y Spiegel, War, Stress.
b, ]. Ellis,
TJ:.e 5harp End oj \t'ar: Tú Fighúng :\Jan in World War Ir, Dayi¿ an¿ Chades.
¡ ,9 Ibidem, pág. 365.
Londres, 1980.

I
54
F\A }-l:::ISTORIA OL \TIDADA 55

del sistema de guerra, y dejaron en evidencia las rei\i.fJ.dicaciones que


hacía su país de que esa era una guerra justa» 62. A mediados de los setenta ya se habían organizado cientos de gru-
pos de crítica i..rtformales. A finales de la década la presión política de las
Los veteranos anriguerra organizaron lo que llamaron «grupos de
orgwizaciones de veteranos dio como resultado una ley para un progra-
crítica». En estas ím:imas reuniones de camaradas, los veteranos de Viet-
ma de tratamiento psicológico llamado Operación Outreach dentro de
nam contaban y revÍ'vÍan las experiencias traumáticas de la guerra. Solici-
la Administración de Veteranos. Se crearon más de un centenar de cen-
taron a los psiquiatras que sirnpanzabaIl con su causa que les prestaran
tros arendidos por veteranos y basados en un modelo de tratamiento de
su ayúda profesional. PosrEriormente, Sharan explicó el motivo de que
autoayuda y de asesoramiento por parte de personas que estaban en la
muchos hombres buscaran a)mda fuera de un entorno psiquiátrico nor-
misma situación. La insistente organización de los veleranos impulsó
mal: «Muchos estaban "heridos", como decían ellos. Pero no querían
la invesngación psiquíátrica sistemática. En los años siguientes a la Gue-
pedir ayuda a la AchrJnistración de Veteranos ... Necesitaban algo que
rra de Viemam, la Administración de Veteranos encargó estudios para
estuviera en su propio terreno, allí donde ellos [enÍa..l1 el control» 63.
analizar el impacto de las experiencias de guerra en las vidas de los sol-
Los grupos de crítica tenían tL.'1 doble propósito: dar refugio a ve-
dados que habían regresado a casa. Un estudio de cinco volúmenes so-
tera.llOS i..'1dividuales que habían padecido traumas psicológicos y crear
bre el legado de Viemam marcó las líneas generales del síndrome del de-
una conciencia pública sobre los efectos de la guerra. El restimonio
sorden de esrrés posrraumático, y demostró, más allá de cualquier duda
que salió de estos grupos hizo que la atención pública se centrara so-
razonable, su relación directa con la exposición al combate 65.
bre las duraderas heridas psicológicas del combate. Estos veteranos se
La legitimidad moral del movimiento pacifista y la experiencia na-
negaban a ser olvidados. [vIás aún, se negaban a ser estigmatizados. In-
cional de derrota en una guerra desacreditada hicieron que fuera posi-
sistían en que su desgracia era legírima y digna. En palabras de un ve-
terano de la mari..'1a, Michael Norman: ble reconocer el trauma psicológico como un legado duradero e inevi-
rable de la guerra. Por primera vez, en 1980 el característico sindrome
La Íamilia y los amigos se preguntaban por qué estábamos tan enfadados.
de uauma psicológico se convirtió en un diagnóstico «real». Ese año,
¿Por qué lloras?, solían pregumar. ¿Por qué tienes mn mal hUITIor y eSIás Ia.,.'1 la Asociación Psiquiátrica Americana incluyó en su manual oficial de
encerrado? Nuesuos padres y abuelos habían. ido a la guerra, habían cumplido desórdenes mentales una nueva caregoría lla.mada «desórdenes de es-
con su deber, habían vuelto a casa, y habían seguido con sus v'idas. ¿Qué hacía trés postraumático» 66 Los rasgos clínicos de este desorden eran con-
que nuestra generación fuera tfu"l diferente? Resulta que nada. No hay nL.'lguna
gruemes con la neurosis traumática que Kardiner había esbozado cua-
diferencia. Cuando a los viejos soldados de guerras «buenas» se les saca de de-
renta años antes. Por lo tanto, el síndrome de trauma psicológico,
Irás de las cortinas del mito y del semin:úento y los vemos bajo la luz, también
ellos parecer arder con cólera y alienación Así que estábamos enfadados. períódicamente olvidado y también periódicamente redescubierto a lo
Nuestra ira era vieja y atávica. Estábamos enfadados como [Ocio hombre civili- largo del siglo anterior, por fin consiguió un reconocimiento formal
zado que haya sido enviado alguna vez a asesinar en nombre de la vircud &.l. dentro del canon diagnóstico.

/02 R. Linao, Home ¡mm the War: Vietnam Veterans: Neither Victims ?tOT EXEcutioneTS; Simon
& Schuster, NUeva York, 1973, pág. ) 1.
M A. Egendorf y otros, Legacies o/I/iemam, vals. 1-5, U. S. GOl/enunen! Priming Office,
6, «L'1cerview wirh Chab Sharan», lvlcGift :.\'e>J..-·s, Momreal, Quebec, rebrero 1983.
6..; M. Norman, These Cood AJen: Friendships FOTgea From WaT; Crown, .Nueva York, 1989,
íX'aslüngton, D. c., 1981.
págs'. 139 y 141. ~ó Asociación A_111ericana de Psiquiatría, Diagnostic and Statistical ,I.¡Ianua! 01 }¡Ienta! Dúor-
ders, 3.~ ed. (DSM-Ill), American Psychiarric Associarion., iX'ashingwu, 1980.
56 C?'-L\ HISTORL\ OLViDADA 51

L~ NEUROSIS DE COMBATE DE LA GUERRA DE LOS SEXOS de la psicoterapia: tenían la misma intinlidad, la misma confidencíali~
dad y el mismo h-nperativo, decir la verdad. La creación de un espacio
Los estudios realizados a finales del siglo XL' sobre la histeria se ba- privilegiado hizo que fuera posible que las mujeres superaran las
saban en la cuestión de! trauma sexual. En la época en que se realizaron barreras de la negación, el silencio y la vergüenza que les impedia dar
esas íIlvestígaciones DO había conciencia algLLl1a de que la violencia fuera nombre a sus heridas. En e! entorno protector de la consulta, las muje-
una pane cotidiana de la vida sexual y doméstica de las mujeres. Freud res se atrevieron a hablar de violación, pero los sabios hombres de
vio esta verdad y aterrorizado, se escondió de ella. Durarlte gran parte ciencia no las habían creído. En el entorno protector de los grupos de
del siglo xx, fue el estudio de los veteranos de combate lo que llevó al creación de conciencia las mujeres hablaban de violación, y otras muje-
desarrollo del conocimiento de los desórdenes traumáticos. No fue hasta res las creían. Un poema de esta época ilustra el entusiasmo que sen-
el moviIniento de liberación femenino de los años setenta cuando se re- tían las mujeres aí poder hablar y ser escuchadas:
conoció que los desórdenes postralunáticos más frecuentes no eran los
de los hombres en la guerra, sino los de las mujeres en la vida civil. Hoy
Las verdaderas condiciones de la vida de las mujeres estaban es- en mi pequeño cuerpo natural
me siento y aprendo
condidas en la esfera de la vida personal e íntima. El atesorado valor
mi cuerpo de mt:jer
de la intLTTlidad creaba una poderosa barrera a la conciencia y hacía como el tuyo
que la realidad de las mujeres fuera prácticamente irlvisible. Hablar so- objetivo en cualquier calle
bre experiencias en la vida sexual o doméstica significaba enfrentarse a arrebatado
la humillación pública, al ridículo y al escepticismo. A las mujeres las cuando tenía doce años ..
Veo a una mujer atreverse
silenciaba el miedo y la vergüenza, y su silencio daba licencia a todo
me atrevo a ver a una mUjer
tipo de explotación sexual y doméstica. nos atrevemos a elevar nuest::as voces 09.
Las mujeres no tenían un nombre para la tiranía de la vida priva-
da. Era difícil reconocer que una democracia establecida en la esfera Aunque los métodos para crear conciencia eran 3...T1álogos a aque-
pública pudiera coexistir con condiciones de autocracia primitiva o de llos de la psicoterapia, su propósito era causar un cambio más sociai
dictadura avanzada en el hogar. Por lo tanto, no era ningún accidente que individual. El entendimiento por parte del movimiento femÍJ."l.ista
que, en el primer manifiesto del resurgente movimiento femÍJ."1ista ame- de la violencia sexual hizo posible que las víctimas rompieran las
ricano, Betty Friedan dijera que e! tema de las mujeres era el «proble- barreras de la intimidad) que se apoyaran las unas a las otras y que em-
ma sin nombre» ". Tampoco era accidental que el método inicial de! prendieran una acción colectiva. La creación de conciencia también
movimiento se llamara «creación de conciencia» 68. era un método empírico de investigación. Kathie Sarachild, una de las
La creación de conciencia tuvo lugar en grupos que compartían fundadoras de la creación de conciencia, ío describió como un reto a ía
muchas de las características de los grupos de crítica de los veteranos y ortodoxia intelectual imperante: «La decisión de poner énfasis en
nuestros propios sentimientos y experiencias como mujeres y poner a
~7 B. Frie¿arl. The Feminine ;\¡Iystique, Deil, 2\7ueva York 1963.
prueba todas las generalizaciones siguiendo nuestra propia experiencia
ss K. Axr:.amiek (Sarachil¿). «ConscioüsLess-Raíshlg». en Ne1.1; York Redstoc,kings: Notes from
,he 5econd 'leal, 1968 (autopublicadosl. Para :.lIla historia sobre los orígenes ¿el mov-1..-IlÍemo fe- 69]. Tepperma.:."l., «Going Tbrough Ch8.J.""1ges», en 5isterhood Is Pou;erfuZ, R. Morga." :.ec.,
min.isra e11 ese período. véase S, Evatls, PersonaL Potitics, Vi.ntage. Nueva York, 1980. Rancom House. :'<ueva York. 1970, págs. 507-508.
58 l::\_~ HISTORIA OL VIDAD.~ 59

fue en realidad el método científico de invesIigación. De hecho, está- un siglo antes. Los ataques sexuales contra las mujeres y los niños se de-
~'bamos repitiendo el reto que hizo la ciencia al escolasticismo en el si- mostraron como algo endémico en nuestra cultura. La investigación
glo XVIII: ;, estudia la ciencia, no los libros" y somete todas las teorías a epidemiológica más sofisricada la llevó a cabo a principios de los años
la prueba de la prácTica y la acción» 70., ochenta Diana Russell, una socióloga y acrivisIa pro derechos humanos.
(El proceso que comenzó con la c~eación de conciencia llevó poco Más de ochocientas mujeres elegidas al azar fueron entrevisradas en
a p;;co a mayores niveles de conciencia pública. El primer miTin sobre profundidad sobre sus experiencias con la violencia doméstica y la ex-
violación fue orgarüzado por las Femirlistas Radicales de Nueva York ploración sexual. Los resultados fueron terroríficos. Una de cada cuatro
en 1971\ El primer Tribunal sobre Crímenes Contra las Mujeres se mujeres había sido ,~olada. Una de cada tres había sufrido abusos se-
consTituyó en Btuse!as en 1976. Las reformas sobre e! delito de viola- xuales durante la infancia n.
ción en la legislación fueron emprendidas en Estados Unidos por la [:\.demás de documentar la violencia sexual, el movimiemo feminis-
Organización Nacional de Mujeres a mediados de los años serema. En ca ~Irecía un nuevo lenguaje para comprender el impactO de los ara-
tan solo l.ma década, las reformas se habían aplicado en los cincuema ques sexuales. Al emrar por primera vez la violación en la discusión
estados para animar a las víctimas silenciadas de crímenes sociales a pública, a las mujeres les resulró necesario defirür algo que era obvio:
que hablaran. que la violación es una aIfocidad. Las feministas redefinieron la viola-
A partir de mediados de los años setema, el movimiemo feminista ción como un crimen y no como un acto sexual 12 . Esta formulación
amerÍcaIlo rambíén generó una explosión de investigación sobre un ran simplisIa se hizo para contrarrestar la idea de que la violación satis-
tema anteriormeme ignorado: el asalto sexual. En 1975, respondiendo facía los más profundos deseos de las mujeres, una opinión que enton-
a la presión feminista, fue creado dentro de! Instituto Nacional de Sa- ces prevalecía en todo tipo de literatura, desde la pornografía popular
lud Mental un centro de investigación sobre la violación. Por primera a los textos académicos~-
vez, se abrieron las puenas a las mujeres como los agentes y no tan Las feministas también redefinieron la violación como un méro-
solo como los objetos de una invesIÍgación. A diferencia de las normas do de control político, forzando la subordinación de las mujeres me-
habituales de in.vestigación, la mayoría de los «investigadores principa- diame el terror. La amara Susan Brownmiller, cuyo histórico [farado
les» financiados por el cenIro eran mujeres. Las investigadoras feminis- sobre la violación convirtió este tema en asunto de debate público,
tas uabajaban muy de cerca con los sujetos de su investigación. Repu- llamó la atención sobre la violación como forma de mantener e! po-
diaban la lejanía emocional como medida de! valor de la investigación der masculino. «El descubrimiento de los hombres de que sus geni-
científica y honraban sinceramente la conexión emocional con sus h"1- tales podían ser utilizados como arma para generar el miedo debe
formantes. Al igual que en la era heroica de la histeria, una vez más las considerarse como uno de los descubrimientos más importantes de
largas e í11l:imas enIrevisIas personales se convirtieron en una fuenre de los tiempos prehistóricos, juntO con e! uso del fuego y de la primera
conocimiento. hacha de piedra. Desde los tiempos prehistóricos al presente, creo
Los resultados de esras invesrigaciones corJirmaron la realidad de yo, la violación ha desempeñado una función importante. No es
la experiencia de las mujeres que Freud había rechazado como fantasías nada más ni menos que un proceso consciente de intimidación me-

7, D. E. H. Russell, Sexual Exploúation: Rape, Chila" Sexual Abuse, and Sexual Harassment,
70K. Suachild, {{Corrsciousness-RaisL.'lg: A Radical iXieapon», en Feminist Rf!1.)ofution, K. Sa- Sage, Beberly Hills, 1984.
,achild (ed'), Ra.:,dom House, 0.'ueva York, 1978, pág. 145. (Ed. orig., l\iew York Redstoc.h-ngs, ;2 S. Brownmiller, Against Om' Will: ,'..,fen, Women, and Rape, Simor: & Schus[er, :\'ueva
1975')
York,1975.
60 l.::;A HISTORL~ OLVIDADA 61

di ante el cual todos los hombres mantienen a todas las mujeres en un se entendía más el fenómeno, la investigación sobre la explotación se-
estado de miedo» 73 . xual crecía para incluir relaciones más complejas, en las que se mezcla-
El mOv-1Iniento femirlista no solo elevó la conciencia pública sobre la ba la violencia y la intimidad. El primer objetivo, la violación callejera
\iolación, sino que Iambién inició una nueva respuesta social hacia las cometida por extraños, llevó paso a paso a la exploración de la viola-
\ictimas. El primer centro de crisis para mujeres violadas abrió sus puer- ción cometida por un conocido. por un novio o por el marido. Elobje-
tas en 1971. Una década después se habían extendido por todo Estados tivo inicial de la violación como forma de violencia contra las mujeres
Unidos cientos de centros como ese. Organizados fuera del marco del llevó a la exploración de la 'violencia doméstÍca y otras formas de coer-
sistema de salud médico o mental convencional, estos centros ofrecían ción en la iIltimidad. Y el objetivo óicial, la violación de adultos. llevó
apoyo práctico, legal y emocional a las \ictÍlnas de violaciones. Los vo- invariablemente al redescubrimiento de los abusos sexuales a niños.
luntarios de los centros de crisis a menudo acompañaban a las victimas Al igual que en el caso de la violación, el trabajo inicial realizado
al hospital, a la comisaría de policía y a los juzgados, para asegurarse de sobre la violencia doméstica y los abusos sexuales a niños superó el
que recibían una atención digDa y respetuosa, algo muy infrecuente en ámbito del movimiento femit-lÍsta. Se organizaron servicios para las víc-
aquellos tiempos. Alli'"1que sus esfuerzos COD frecuencia eran contestados tiInas fuera de! sistema tradicional de salud, a menudo con la ayllda de
con hostilidad y resistencia, lful1bién eran en ocasiones fuente de inspira- mujeres profesionales inspiradas po: el mov"i.inienro .,). La investÍgación
ción para las mujeres profesionales que trabajaban en esas irlstituciones. pionera sobre los efectos psicológicos en las víctimas fue llevada a cabo
rEn 1972, Ann Burgess, una enfermera de psiquiatría, y Lynda por mujeres que se consideraban participantes activas y comprometi-
Hühl1stroffi, una socióloga. se embarcaron en un estudio de los efectos das en el movimiento feminista. ~;} igual que ocurrió en el caso de la
psicológicos de la violación. Estuvieron de servicio día y noche para violación, las investigaciones psicológicas sobre la violencia doméstica
poder entrevistar y aconsejar a cualquier víctima de violación que lle- v, los abusos sexuales a niños llevaron
, a un redescubrilTuenro del sÍ.rl-
gara a la sala de urgencias de! Boston City Hospital. En un año, vieron drome de trauma psicológico.~.i.DJ describir a las mujeres que habían
a 92 mujeres y a 37 niños. Observaron un patrón de reacciones psico- huido a un refugio, la psicóloga Leonore Walker defiIlió lo que llamó
lógicas que denominaron «sindrome de! trauma de violación». Obser- el «síndrome de la mujer maltratada» 76 Mis propias descripciones
"aron que las mujeres experimentaban la violación como un aconteci- iniciales sobre la psicología de los supervivientes de incesto recapitu-
miento que ponía en peligro sus vidas y generalmente temían ser laba las observaciones hechas sobre la histeria a firlales de! siglo xo,j:;
mutiladas o asesinadas durante e! ataque. Señalaron que, después de la Eran solo después de 1980, cuando los esfuerzos de los veteranos·
violación, las víctimas se quejaban de insomnio, náuseas, sobresalIes y de guerra habían legitimado el concepto de desorden de estrés pos-
pesadillas, así como síntomas de disociación. También comentaron que traumático, quedó evidente que e! sódrome psicológico observado en
algunos de los síntomas de las VÍctilllaS se parecían a los descritos ante- víctimas de violación, violencia doméstica e incesto era esenciaL-nent.~
riormente en los veteranos de guerra ~~ el mismo que e! sÍIldrome observado en los supenivientes de guerf?,
j La violación fue e! paradigma i;:;icial del movimiento feminista
l para la violencia contra las mujeres en la -,ida personal. A medida que ~5 Para una historia sonre el mo\.imie.:1to de mujeres maltratadas. véase S. Scnechter. V7om¿?¡
and ";![¡¡fe í/ioZence: T~e Visions an¿ Sm¡gg{es o/ :be Bat;:e;<ed ~í7Qmen's ;I:fove'nent. 50mh Erd

,
1
S. BrOw-Cl7'.illeL 0'0. cit, págs. 1"--15
Press. Basten, 1982.
,~ L Waiker. The Batterd 1.Y7oman. Harper & Raw. 0:ueva York., 19/9.
A. \YJ. Burgess y L. L HoL-nscrom. «Rape T mema Syndrome». American Journal af Psy- 7""": J. L. Herman y L Hirsch.m.arl. «Farher"Daughcer lnces;:». 5igns: JouTnal cjWomen m Cul·

I chiatry 131: 981"986 (1974). ture and Societ:¡ 2: 735-756 (1977).


,. ")Y

62

Las implicaciones de esta conclusión son ran terroríficas en el presenle


como lo eran hace un siglo: Uas condiciones de subordinación de las
mujeres se manIienen gracias a la violencia escondida de los hombres.
Hay una guerra enue los sexos. Sus bajas son las vÍcrimas de violacio-
nes, las mujeres maluaIadas y los niños abusados sexualmente_ La his-
'[eria es la neurosis de la guerra de sexos .-·1
Hace cincumta años, Virgirtia Woolf escribió que dos mundos públi~ 2
co y privado está,"l conectados inseparablemente [... llas tiranías y escla,~~
rudes de uno son las üranias y las esclavitudes del otro» 7'. Ah.ora también
EL TERROR
es evidente que los traumas de uno son los traumas del orrolLa histeria de
las mujeres y la neurosis de guerra de los hombres son lLTla misma cosa.
Reconocer los puntos en común de las atlicciones puede que, m ocasio~
nes, llegue a hacer posible que crucemos el inmenso abismo que separa la
CEl trauma psicológico es la aflicción de los que no üenen poder. En el
esfera pública de la guerra y de la políTica --el mundo de los hombres-
momento de! trauma la víctima se ve indefensa ante una fuerza abru~
y la esfera privada de la v~da doméstica --el mundo de las mujeres.;
madora. Cuando esa fuerza es la de la naturaleza hablamos de desas~
¿Perderemos una vez más esta perspecüva? En este mome;;to el
tres, Cuando pertenece a otro ser humano hablamos de atrocidades.
estudio del trauma psicológico parece haberse esrablecido firmemente
Los acontecimienlos traUtlláticos desuozan los sistemas de protección
como un campo de invesLigación legílimo. Con la energía creariva que
normales que dan a las personas una sensación de control, de conexión
acompaña el regreso de ideas reprimidas, el campo ha crecido de for~
y de significado_l
ma espectacular. Hace veinte años, la bibliografía sobre el tema consis~
Hubo una época en que se creía que díchos acontecimientos eran
tÍa solamente en unos cuantos textos des catalogados que acumulaban
poco habituales. En 1980, cuando se incluyó por primera vez en el ma~
moho en esquinas olvidadas de la biblioteca. Ahora, cada mes se publi~
nual de diagnóstico el desorden de estrés traumático, la Asociación
can nuevos libros, nuevos descubrimientos, nuevas discusiones en los
Americana de Psiquiatría describió los acontecimientos traumáticos
medíos de comunicación.
como «fuera de! ámbito de la experiencia humana habitual» '. Ha que~
¡'Pero la rustoria nos enseña que este conocimiento también podría
dado tristemente demostrado que esta definición no es exacta. La ,~ola~
desaparecer. Nunca ha sido posible avanzar en el campo del trauma
ción, los malos tratos y otras formas de violencia sexual y domésüca son
psicológico sin el contextO de un movimiento políTico. El destino de
tan habituales en la vida de las mujeres que no pueden ser descritas
este campo de conocimiento depende del desTino del mismo movi~
como fuera del ámbitO de la experiencia habitual. Y en v~sta del número
ffiÍento políüco que lo ha inspirado y apoyado durante el último siglo.
de personas que han muerto en guerras durante el úlümo siglo, también
A finales del siglo XLX el objetivo de dícho movimiento era el estableci~
e! trauma militar debe ser considerado como una parte habitual de la ex ~
miento de una democracia laica; a principios del xx, la abolición de la
periencia humana. Tan solo los afortunados creen que es poco habitual.
guerra; al finalizar el siglo pasado, la liberación de las mujeres. Todos
ellos siguen vlVOS. Todos estáIl, al final, inseparablemenle conectados."'-;
.'
Asociación i\J."D.enca,'la de Psiquiatría, Diagnostic and Stl1ústica! "-[anual 01 Psychiatric Disor-
7S v. \'V'ooif, Three Guineas [1938J, Harcourc, Brace, Jovanovich, Nueva York, 1966, pág. 147. ders, vol. 3 (DSL\I-llI), .A__m.erícan Psychiatric Assoóaúon, Washingwn, D. c., 1980, pág. 236.
Iil
ti!
~
.,

64 El TEfu'\OR 65

. 'N

Los acontecimientos traumáncos son extraordinarios no porque


ocurra,.'1 raramente, SitiO porque superan las adaptaciones habituales de
los seres humanos a la vida. A diferencia de las desgracias de! día a
cíones normaies: a menudo las personas que corren peligro son capa-
ces de ignorar el hambre) el cansancio o el dolor. Fi.lia111ente) la al11e-
naza despierta intensos sentimientos de miedo y de Íra. Estos cambios
.,
ti
il1
día, los acontecirníentos traumáticos norrr1almente implican amenazas
contra la vida o la íntegridad física, o un encuentro personal con la vio-
lencia y la muerte. Hacen que los seres humanos se tengan que enfren-
tar a los extremos de la indefensión y del terror, y evocan las respuestas
de la catástrofe. Según el Comprehensive Textbook o/ Psychiatt}/, ~T de-
en la reacción, atención, percepción v emoción son reacciones de
, - ~ .1

adaptación normales; movilizan a la persona amenazada para que lleve


a cabo una acción, luchar o huir. :,
ibas reacciones traumáticas tienen lugar cuando la acción no sirve
para nada. Cuando no es posible ni resistirse ni escapar, el sistema de
.
:1
.j
-t
nominador común del trauma psicológico es un sentimiento de «in-
menso miedo, de indefensión, de pérdida de control y de amenaza de
autodefensa humano se siente sobrepasado y desorga,'1izado. Al perder
su utilidad, cada componente de la respuesta normal al peligro tiende :1
~
aniquilación» 2'- a persistir en un estado alterado y exagerado mucho después de que
La gravedad de los acontecimientos traumáticos no puede ser me- haya terminado el peligro real. Los acontecimientos traumáticos pro-
dida en li11a única dimensión: intentos simplistas de cuantificar el trau- ducen profundos y duraderos cambios en la respuesta fisiológica, las ~i%
ma han conducido a meras comparaciones sin sentido de la intensidad emociones, lo cognitivo y la mem0ria. Los acontecimientos uaull1áti-
de! horror sufrido. No obstante, se han identificado ciertas experien- cos pueden llegar a dañar estas funciones que normalmente están inte-
cias que pueden hacer aumentar las posibilidades de ser dañados, gradas, y que sufren un extrañamiento las unas de las otras. La persona
• 1 ¡ . " . .
como, por ejemplo, ser cogidos por sorpresa, atrapados o expuestos traumatlzaaa pueae expenmentar una emOClOn mtensa SIn tener un re-
hasta llegar al agotamiento 3 Las posibilidades de ser dañados también cuerdo claro del evento, o puede recordar todo con detalle pero sin
aumentan cuando los acontecimientos traumáticos incluyen la viola- niIlguna emoción. Puede encontrarse en un estado de activación y de
ción o daño físicos) verse expuesto a una violencia extrema o ser testi- irritabilidad constante SÜl conocer el motivo. Los síntomas traumáticos
gos de una muerte violenta 4. En cada uno de los casos la característica tienen tendencia a acabar desconectándose de su origen y a cobrar
sobresaliente del acontecimiento traumático es su poder para provocar vida por sí mismos]
url~ sensación de indefensión y de terror. Este tipo de fragmentación con la que el trauma destroza un
.~. La respuesta humana normal al peligro es un sistema complejo e complejo sistema de autoprotección que normalmente funciona de
integrado de reacciones que abarcan tanto cuerpo como mente. Una manera integrada es un punto central de las observaciones históricas
a..rnenaza hace que el sisrema nervioso simpático se despierte: la perso- realizadas sobre el desorden de estrés postraumático. Hace un siglo,
na que está en peligro siente una subida de adrenalina y se pone en es- Janet bautizó la patología fundamental de la histeria como «disocia-
tado de alerta. La amenaza también hace que la atención de la persona ción»: las personas COn histeria habían perdido la capacidad de inte-
se centre en la situación iIlmediata. Asimismo puede alterar las percep- grar e! recuerdo de sobrecogedores aconteciInientos de su vida. Con
cuidadosas técnicas de investigación, incluida la hipnosis, Janet de-
2 N. e
A.J.,dreasen, ({Post-<:raumatic Stress Disorder», en Comprehensive Textboo.i.c: 01 Psy- mostró que los recuerdos traumáticos se preservaban en un estado
chia:r), ed .. H. 1. KaphJ....'1 y B. J. SaaocK (eds.L WilliruT.s & \\"7"iikíns. Balti.¡nore, 1985, págs. 918-92'"-\.
~.' anormal, separados de la conciencia normal. CIeía que el daño causa-
B. L Gree:". J. D. Lindy. ;\-í. e G,aC!~ y otros. ,{Burralo Creek Survivors in [he Secand De-
do a las conexiones normales de la memoria, e! conocimiento y la
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na! of.\;"err;ous and ~"Ienta! ViseaSe i73: .106-411 (1985). cimientos traumáticos, Escribió sobre los efecros «disolventes» de la
66 EL TERB.oR 67

emoción Intensa que incapacitaban la función «sintetizadora» de la H1PERACTIVAC1ÓN


5
mem:e .
Cincuenta años después, Abram Kardiner describió la patología Después de una experiencia traumática el sistema humano de auro-
esencial de la neurosis de guerra en térrnLT10S parecidos. Cuando tLTla preservación parece ponerse en alerta permanente, como si e! peligro
persona se ve abrumada por el terror y se siente indefensa, «queda des~ pudiera volver en cualquíer momento. La activación fisiológica conti-
trozado todo su mecanismo para realizar una actividad concertada, coordi- núa sin disminuir.iÍ;n este tipo de hiperactivación, que es el primer sín-
nada y deliberada. Las percepciones se vuelven Lnexactas y, teñidas por el toma fundamental del desorden de estrés postraumáIico, la persona
terror, fallan las funciones coordinadoras del juicio y de la discrimina- traumatizada se sobresalta con facilidad, reacciona con irriración a las
ción l ... ] los órganos sensoriales pueden incluso dejar de funcionar [ ... ] pequeñas provocaciones y duerme maljKardiner propuso que «e! nú-
Los impulsos agresivos se vuelven desorganizados y no tienen relación cleo de la neurosis [traumática] es una fisioneurosis» 8. Creía que mu-
con la situación que debe ma..r¡ejarse c. .. ]
Las funciones del sistema ner- chos de los síntomas observados en los veteranos de la Primera Guerra
"~oso autónomo también pueden disociarse de! resto de! organismo» '. Mundial-reacciones de sobresalto, acúvación por e! regreso de! peli-
La gente uaumaIizada puede sentir y actuar como si su sistema gro, un estado exagerado de alerta, pesadillas y quejas psicosomáti-
nervioso hubiese quedado desconectado del presente. El poeta Roben cas- podría..'1 ser interpretados como resultado de un despertamiento
Graves relata cómo seguía reaccionando en la vida civil como sí siguie- crónico de! sistema nervioso autónomo. También ínterpretó la irritabi-
ra estando en las trincheras de la Primera Guerra Mundial: «Seguía lidad y e! comportamiento explosivamente agresivo de los hombres
mentalrnem:e organizado para la guerra. Las bombas seguían explotfu"'1- traumaIizados como fragmentos desorganizados de una respuesta de
do en mi cama en mirad de la noche, aunque N ancy la compania con- ducha o huida» quebrantada a un peligro abrumador.
rrügo; durante e! día los extra..ños tenían e! rostro de amigos que habían Roy GrirLl;:er y John Spiege! observaron también que los soldados
muerto. Cuando estuve lo suficientemente fuerte como para subir la traumatizados de la Segunda Guerra Mundial «parecen padecer una
colina que había detrás de Harlech y visitar mi paisaje favorito, no po- estimulación crónica de! sistema nervioso simpático l ... ] Las urgentes
día evitar verlo como un posible campo de batalla» 7. reacciones psicológicas de ansiedad y de alerta fisiológica [ ... ] se han
Los muchos síntomas del desorden de estrés postraumáIico pue- solapado y se han hecho no episódicas sino casi continuadas [ ... ] Even-
den catalogarse en tres categorías principales. Estas son: «hiperacIiva- tualmente, e! soldado es apartado de! entorno de estrés y, después de
ción», «intrusión» y «constricción», La hiperactivación refleja la per- un tiempo, su ansiedad subjetiva disminuye. Pero los fenómenos fisio-
sistente expectativa de peligro; la intrusión refleja la huella indeleble lógicos persisten y ahora se adaptan mal a una vida pacífica y segura» '.
de! momento traumático; la constricción refleja la respuesta embota- Los investigadores consiguieron confirmar estas hipótesis tras la
dora de la rendición. Guerra de Viemam, documentando alteraciones en la fisiología del sis-
tema nef\~oso simpático de los hombres traumatizados. El psiquíatra
Lawrence Kolb, por ejemplo, reproducía cintas grabadas con sonidos
5 p, Janet, L'Automatisme Psychologique, Félix Alean, París, 1889, pág. 457. Para una crítica
y resumen sobre el trabajo de Jane!: sobre el trauma psicológico, véase B. A. Val1. der Kolk y
de combate a los veteranos de Vietnam. Cuando escuchaban las cintas,
O. van ¿er Harr, «PieHe Janet and me Brea..!<.down oÍ Adap¡arioo m Psychological TrauITIa», los hombres con desorden de estrés postraumático mOSTraban un pul-
Amerkan Jouma! o/ Psychiatry 146: 1530-1540 (1989).
s A. Kardiner y H. Spiegel, 1,Var Stress, and Seurotic Itlness (ed. rev. The Trauman"c )ieuroses
oÍWarJ, Hoebet, Nueva Yotk, 1947, pág. 186. A. Kardiner y H. Spi.egel, ob. cit., pág. 13.
; R. Graves, Goodbye to Ail Ihat [1929], Doubleday, Nueva York, 1957, pág. 25/. 9 R R Gri.Il..1cer y J. Spiegel, Men Under Stress, Blakeswn, Filadelfia, 1945, págs. 219-220.
68 EL TERROR 69

so más acelerado y una presión arterial más alta. Muchos de ellos se.al- INTRUSIÓN
teraban tanto que pedían que se interrumpiera el experimento. Los ve-
teranos que no padecían el desorden y los que no habían enrrado en Las personas traumatizadas reviven el hecho como si estuviera
combate podían escuchar las cintas del combate sin alteraciones emo- ocurriendo una y otra vez en el presente mucho tiempo después de
cionales y sin mostrar respuestas fisiológicas significativas LO. que haya pasado el peligro. No pueden retomar el curso normal de su
~_Una amplia gama de estudíos parecidos han demosuado que los vida porque el trauma la interrumpe constantemente. Es como si el
cambios psicofisiológicos del desorden de estrés postraumático son ex- tiempo se parara en el instanteJEl momento traumático queda codifi-
tensos y duraderos. Los pacientes padecen Ull.a combinación de SL'1tO- cado en una forma anormal de ~emoriaJ que aparece espontáneamen-
mas generalizados de ansiedad y miedos específicos [l. N o poseen un te en la conciencia tanto con formajlashbade en estado de vigilia como
nivel de alerta «básico» y una atención relajada, sino que tienen un ele- en pesadillas traumáticas durante el sueño. Rememoraciones pequeñas
vado nivel de alerta: su cuerpo está siempre esperando el peligro. Tam- y aparentemente insignificantes pueden evocar estos recuerdos que a
bién tienen una extrema respuesta de sobresalto a los estí¡nulos inespe- menudo regresan vívidos y con la misma fuerza emocional del aconte-
rados, así como QTla reacción intensa a estímulos específicos asociados cimiento original. Los entornos normalmente seguros pueden percibir-
al acontecimiento traumático i2. También parece ser que las personas se como peligrosos, ya que la superviviente no puede estar: segura de
traumatizadas no pueden «desíntonizar» estímulos repetitivos que re- no encontrarse con algún recuerdo del trauma.-~
sultarían molestos a ouas personas, sino que responden a cada repeti- El trauma paraliza el curso del desarrollo~normal porque hace in-
ción como si fuera un nuevo y peligroso sobresalto ". Este aumento de cursiones repetidas en la vida de la superviviente. Janet describió que
la reacción aparece tanto en el sueño como en la vigilia y da origen a sus pacientes histéricas estabaIl dominadas por una idée jzxe. Freud,
numerosos tipos de alteraciones del sueño. Las personas con desorden que luchaba por conciliarse con las aplastantes pruehas' q':;-e existían de
de estrés postraumático tardan más en quedarse dormidas, son más la neurosis de combate después de la Segunda Guerra Mundial, co-
sensibles al ruido y se despiertan más veces durante la noche que las mentó: «Se podría decir que el paciente tiene una fijación con el trau-
personas normales. Por lo tanto, los acontecimientos traumáticos pare- ma [ ... ] Esto nos sorprende demasiado poco» ". Kardirler describió la
cen reacondicionar el sistema nervioso humano ~.l.1 <<fijación en el trauma;» como uno de esos rasgos esenciales de la neuro-
sis de combate. Observando que las pesadillas traumáticas pueden re-
ID L C. Kolb, «A ~euIOpsychological Hypothesís Explaining PoSt-Tralli-natic Stress Disor- petirse sirl modificación alguna durante años, 'describió los sueños re-
ders», American journal ofPsychiatry 144: 989-995 (1987). currentes como «uno de los fenómenos más característicos v, al mismo
R. Pitffi2.n, Biologicai Findings in PT5D: Implications lar D5i\tI-IV Classzfication (ms. sÍ!¡ pu-
blicar), Verera:.'"los Adm~jstration Center, Mancnester C\ueva Hampshirel, 1990, pág. 16.
tiempo, más enigmáticos que encontramos en la enfermedad» (6:
:2 M. E. McFall,?vI,).tI. Muóurg, D. K. Roszell y otros, «Psychophysiologic ane Neuroendo- Los recuerdos traumáticos tienen una serie de cualidades ÍIlusua-
crine Findings iI1 PoSt-Tralli"TIaUC Stress Disorder: A Revi.ew ofTheor;/ and Research», Ioumal 01 les. No se aglutinan como los recuerdos normales en una narrativa ver-
Anúety Disorders 3: 243-257 (1989-). bal y lineal que es asimilada en la historia de una vida. Ja¡let explicó la
u A. Shalev, S. Ort, T. Pen y otros. «lmpaired Habituaüon of L.~e Amomauc Compon~"lt cf
che Acousti.c Starcle Response in Post·Tral.l!."TIatic Stress Disorder» [Informe presemado en el diferencia:
Congreso Anual de la Asociación America.-'1a de Psiquiatría, 0Iueva Orleac"1s (Lusiana), 1991].
:~ L C. Kolb y L. R. Mubpassi, «The Conditione¿ Emouoilal Response: A Subclass oí
Ch:ronic and Delayed Post-Traumatic Stress Disorder», Psychiatn'c Annais 12: 979-987 (1982). 1. M. ;5 S. Freud, «Beyoild the Pleasure Principie» [1922J. en Standard Edition, vol. 18. HogarJ-l

Keane, R. 1. ZL.'11ering y J. .\'l. Caddell, «A Behavl.oral Formwation of Post-T raumatic Stress Di- Press. Londres, 1955, págs, 7·64; elt. en pág. 13.
sorder in Vietnam Veterans», Tbe Behaviol" Therapist 8: 9-12 (1985). 16 A. KardL'1er y H. Spiegel, ob. cit., pág. 201
·",-",-··.~""""·.~,·,·.""=.=,."",=:.",,.,,,.,,,·;C"'7C;'.~'-·~·~-

70 EL TERROR 71

[La memoria normal], como todos los fenómenos psicológicos, es una ac- en lo que Líflan llama el «horror esenciah~-:; Que se centre intensamen~
ción; en esenóa es la acción de contar U:.'la hiswria e,,,] Una situación que no se te en la sensación fragmentaria, que sea una imagen sirl com:exto, eso
resuelve saüsraccoria.ileDte l. .. ] hasw que no logremos no solo una reacción
es lo que da a la memoria traumár:ica esa inmensa sensación de reali-
hacía el eXIerior a través de nuestros movh!llemos, sino rambién una reacción ha-
cia el interior a rravés de las palabras que nos dirigirnos a nOSOtros mismos me- dad. Tim O'Brien, veterano de la Guerra de Vietnam, describe un re-
ruame la organización de la narración del acontecimiemo a otrOS y a nosouos cuerdo traumático: «Recuerdo el hueso blanco de un brazo. Recuerdo
mismos, y poniendo dicha narración en su lugar como uno de los captmlos de los trozos de pie! y algo húmedo y a..'TIarillo que debían de ser los intes-
nuestra hiswria personal L.. ] Por lo Lamo, en realidad no se puede decir que Unos. La imagen era horrible, y permanece conmigo. Pero lo que hace
aquel que reúene una idea fija de un suceso tenga un "recuerdo" [ ... ] solo de- que me despierte veinte años después es Dave Jensen cantando Leraon
C1IDOS que es un "recuerdo traumático" para nuesua propia comodidad» ::-.
Tree mientras tirábamos los reSlOS» 21.
:Los recuerdos traumáticos se parecen a los sueños de los niños pe-
La naturaleza congelada y silenciosa de los recuerdos traumáticos
queños en la predominancia de las im~genes y de las sensaciones físi-
queda capmrada en el retrato que esboza Doris Lessing de su padre,
cas' yen la ausencia de narrativa verbal~2 De hecho, los estudios reali-
un vetera..'1O de la Primera Guerra Mundial que se consideraba afortu-
zados con niños nos ofrecen algunos de los ejemplos más claros de
nado por haber perdido solo una pierna mientras que el resto de su
recuerdos traumáticos. La psiquiatra Leonore Terr descubrió que, en-
compañía había perdido la vida en las trincheras de Passchendaele:
Ire vemIe niños con hisIorias documenIadas de abuso, ninguno era ca-
«Los recuerdos de su infancia y de su juventud, que seguían fluidos, se
paz de hacer una descripción verbal de los acontecimientos que habían
vieron ampliados y crecieron como lo hacen los recuerdos vivos. Pero
ocurrido antes de que tuvieran un año y medio o dos y, sin embargo,
sus recuerdos de guerra quedaron congelados en historias que contaba
esos recuerdos estaban indeleblemente grabados en la memoria. Die-
una y otra vez, con las mismas palabras y gestos, en frases estereoripa-
ciocho de los veinte niños mostraban signos de memoria traumática en
das [".1 Esta zona negra de él, dominada por el destino, donde no ha-
su comportamiento y en su forma de jugar. Tenían miedos específicos
bía nada cierro más que e! terror, era expresada de forma inarticulada
que estaban relacionados con los acontecimientos rraumáIicos, y eran
en breves y amargas expresiones de ira, incredulidad y traición» 18
capaces de reproducirlos con extraordinaria exactitud en sus juegos.
Los recuerdos traumáticos carecen de una narrativa verbal y de un
Por ejemplo, un niño que había sufrido abusos sexuales por parre de
contexto, y están codificados en forma de sensaciones vívidas e imáge-
su canguro durante sus dos primeros años de vida no era capaz de re-
nes 1'. Roberr J ay Lifwn, que estudió a los supervivientes de Hiroshi-
cordar, a los cinco años de edad, el nombre de dicha persona. Aún
ma, desastres civiles y de combate, describe la memoria uaumática
más, negaba cualquier conocimiento o recuerdo de estos hechos, pero
como una «imagen indeleble» o la «huella de la muerre,,20.1l',. menudo
en sus juegos interpretaba escenas que reproducían exactamente una
lo que cristaliza la experiencia es un grupo de imágenes en particular,
película pornográfica hecha por su canguro 23. Este tipo de recuerdo

¡7 P. Jane:, Psychofogica! Heafing [1919J, vol. 1, trad. E. Paul y C. Paul, Macmillan, Nueva
York, 1925, págs. 661·663. "' T. O'Brien, ~~How 1:0 Tell a Tme \Y!ar Swry», en The Things they Carried, Houghwn ;\-H-
¡d D. LessL.""1g, «lvly Faóer», errA 5maf! Persona! 'foice, Random House, Nueva York 1975, fin, Bosron, 1990, pág. 89.
pág. 87 I! B. A. Vfu"1 der Kolk, «Tile T rau...rna Spectrum: rhe breracdon oE Biological and Social

;9 E. A. Brete y R. OSUOIT, dmagery in Post-Trsumatic S¡:ress Disorder: An Overviev.r>}, Everm in eh.e Genesis OI c...h.e T raUIIla Response», Joumal 01 Traumatic Stress 1: 273-290 (1988).
American Jouma! oíPsychiatry 142: 417 -424 (1985). 13 L. Terr, «What Happe.'1s to Early Memories ofTrauma? A Srudy ofTwemy Cl->.ildren Un-

"0 R. J. Lifwn, «Tue Concept oE SUrviVOD>, en 5urvivors, Victims, and Perpetrata?s: Essays on der ,:\ge Five ae the Ti..rne oE Documemed T raumatic Evems», Journai 01 the American Academy 01
the Nazi Holocaust, ed,]. E. Dirosdale, Herrüspnere, Nueva York, 1980, págs. 113-126. ChiZd and,AdoZescent Psychiatr-j 27: 96-104 (1988).
72
ETE&'<.OR 7)

tan visual y consolidado, típico en los niños pequeños, aparece tam-


nes:'::Esta reproducción de las escenas traumáticas es más que evidente
bién en los adultos en circunstancias de un terror apabullante.
en los juegos repetiLÍvos de los niños. Terr hace una diferenciación es-
["Las ínusuales características de la memoria traumática pueden es-
tre juego normal y los «juegos prohibidos» de los nmos que han sido
tar basadas en alteraciones en el sistema nervioso central. Una serie de
traumatizados: «El juego cotidiano de la infancia [ ... ] es libre y fácil.
experimentos con anlrnales demuestran que, cuando circulan altos ni-
Es alegre y despreocupado, mientras que el juego después de un trau-
veles de adrenalina y otras hormonas del estrés, los rastros de la me-
ma es triste y monótono [ ... ] El juego no se interrumpe fácilmente
moria se graban profundamente 2<1. Esa misma grabación trawnátíca de
cuando está inspirado por un trauma. Y puede que no cambie mucho
recuerdos puede ocurrir en los seres humanosJEI psiquiatra Bessel varl
con el paso del tiempo. Al contrario del juego de un niño normal, el
der Kolk especula que, en estados de elevada activación del sistema
juego postraumático se repite de forma obsesiva [ ... ] El juego postrau-

..
nervioso simpático se inactiva la codificación lingüística de la memoria
mático es tan literal que, si lo distingues, puedes adivi!1ar el trauma sin
y el sistema nenTioso central recurre a la forma sensorial y a la ieónica que hagan falta muchas pistas más» "-
de la memoria que predomina en los primeros años de vida 25:J Los adultos, al igual que los nmos, se sienten empujados con fre-
Si los recuerdos traumáticos no se parecen a los normales, los sue- :¡s
cuencia a recrear el momento de terror, tanto de ma..nera literal como
ños traumáticos tampoco son iguales que los normales. En su forma
disfrazada. En ocasiones, las personas reviven el momento traumático
estos sueños comparten muchos de los rasgos inusuales de los recuer-
empujadas por la fantasía de poder cambiar el resultado de ese es-
dos traumáticos que tienen lugar en estados de vigilia. En ocasiones h'1-
cuentro peligroso. En su intento de invertir el momento traumátÍco.
duyen fragmentos del acontecimiento traumático en su forma exacta,
los supervÍvientes pueden incluso arriesgarse a sufrir más daños. Algu~
con poca o ninguna elaboración imagLTJ.ativa. A menudo se repiten sue-
nas revisiones son elegidas conscíentem,ente. La superviviente de una
ños idénticos. A veces se viven con una cercanía aterrorizadora, como
violación, Sohaila Abdulali, describe su empeño en regresar al lugar de
si estuvieran ocurriendo en el presente. Estímulos ambientales peque- los hechos:
ños y aparentemente h'1significanles que tienen lugar durante los sueños
pueden ser interpretados como señales de un ataque hostil y despertar Siempre he odiado la sensación de haber sido derrotada. Cuat."1do ocurrió
reacciones violentas. Y las pesadillas traumáticas pueden ocurrir en fa- eso tenía una edad muy \,T"ulnerable, diecisiete
6..;.'"105. Debía demostrar que no

ses del sueño en las que las personas no suelen soñar 26 Por consi- me iban a derrotar. Los dos que me violaron me dijeron: «Si volverr::.os a en.
guiente, los recuerdos traumáticos parecen estar basados en una orga- contrarte aquí sola, te lo volveremos a haceD>. Y yo les creÍ. Así que siempre
siento un poco de miedo al caminar por esa calle, porque temo que les veré.
nización neurofisiológica alterada tanto en el sueño como en la vigilia.
De hecho, nadie que yo conozca caminaría por esa calle de noche, porque no
(Las personas traumatizadas reviven el momento del trauma no es segura. Han atracado a muchas personas, y no hay duda de que es peligroso.
solo en sus pensamientos y en sus sueños, sirlo también en sus accio- y, sir:. embargo, hay una parte de mí que siente que, si no caml\1o por ahí, en-
tonces sí que me habrán derrotado. Así que, con más motivos que cualquier
otra persona, camt"naré por esa calle 2s .
2-1 R PitIIla.c" «Post- T raumatic Stress Disorders, Hormones. anc Memcry"». Biological Psy-

cbiatr}' 26: 221-223 (1989).


21 B. A. va..1"l del" KaIk., ab. eíc. Lo más frecuente es que las personas traumatizadas se encuentren
26 B. A. van der KoIk., R. Blitz, W. Burr y ouos, «Nightmares and Trauma», American Jour-
reviviendo algún aspecto de la escena del trauma bajo alguna forma
nal 01 Psychiatry 141: 187·190 (1984); R. J. Ross. W. A. Ball, K. A. Sulliva.cl y otros. «Sleep Distur·
bance as che Hallmark of PoS¡·Traili"TIatic Stress Disorder">~, American Journa! o; Psychúltr)" 146:
697·707 (1989).
1. Terr, Too Scared to Cry, Harper Collins. Nueva York, 1990, págs. 238·239 y 2.-1-"7.
28 Entrevista a S. Abdulali, 2-rl/.1991.

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74 EL TER..R.OR 75

oculta, sin ser conscientes de lo que están haciendo. La superviviente subidón de adrenalina que IenÍa en el cuerpo me daba energía para las siguien-
[t [es cien llamadas ,0.
de inces-¡:o Sharon Símone narra cómo descubrió que su comporta-
It, miento arriesgado y peligroso estaba relacionado con su historial de
[t Hay algo misIerioso en esto de revivir las situaciones. Se sienten
t abusos en la infancia:

,•
como involunIarias, au..J1 cuando se elige hacerlo de manera consciente.
Dmame un par de meses esmve jugando a hacer carreras con hombres en Tienen urla cualidad tenaz y magnética, pero no son peligrosas. Freud
[t la auropista y finaLrneme me vi involucrada en un accidc-ue de coche. Un ca- llamó «compulsión repetitiva» a esta intrusión recurrente de la expe-
mionero esraba Ll1tentando cortarme el camino y me dije a mí misma, con el riencia traumática. Al principio la explicó como un intento de dominar
[t peor de los vocabularios, ni de coña vas a mere m pene en mi carril. ¡Me salió' e! acontecimiento traumático, pero esa explicación no le satisfacía por-
í así! ;Boom! ;Por las buenas! Fue muy raro.

•t
que, de alguna manera, no consegwa capIurar lo que él denominaba la
En realidad no me habIa estado enfrentando al tema del inces1:O. Sabía va-
gamente que fu~í había algo, sabía que tenía que enfremarme a ello, pero no
cualidad <<demoníaca» de la revisión. Como la compulsión de la repeti-
quería. Súnplemente estaba muy enfadada con los hombres. Así que dejé que ción parecía retar cualquier inIentO consciente y se resistía tan wzuda-

t
¡,
eSle hombre chocara conmigo y fue una escena muy absurda. Estaba realmeme
fuera de comro[ cuando salí del coche, enfadadíslt-na con ese hombre. No se lo
comé a mi [empeuea dmame unas seis semanas; sLmplememe lo archivé. Cuan-
mente al cambio, Freud dejó de intentar encontrar una explicación
adaptativa que reafirmara la vida, y se vio obligado a apelar a! concep-
tO de «instinto de muerte»);:-';


t
~
do se lo comé, me enÍremé a los hechos. Hice algo muy peligroso. así que pro-
me1:Í que me enÍremaría al tema de mi relación con los hombres 29.

Revivido no es siempre tan peligroso. Algunas revisiones son, de


La mayoría de teóricos han rechazado esta explicación maniqueís-
ta y están de acuerdo con la primera formulación de Freud. Argumen-
tan que revivir recurrentemenIe la experiencia uaumática debe repre-

•~
It sentar un inte.'lto espontáneo y fracasado de curación. J anet habló de
hecho, adaptativas. Los supervivientes pueden encontrar la manera
la necesidad que tiene la persona de «asimilar» y diquidar» la expe-
de revivir sus experiencias para inIegrarlas en su vida de manera conte-
riencia traumática y de que, cuando lo consigue, le produce una sensa-
nida e incluso socialmente útil. El veterano de guerra Ken Smith des-
ción de «triunfo». En su utilización de! lenguaje, Janet reconocía im-
cribe cómo consiguió recrear algunos de los aspectos de su experiencia
t de combate en su vida civil:
plícitamente que la sensación de indefensión constituye el insulto
fundamenta! del trauma, y que la cllración exige la restauración de
Estuve en Viernam ocho meses, diez días, doce horas y cuarenta y cinco
una sensación de eficacia y de poderlSegún él, la persona traumatiza-
Son cosas que recuerdas. Regresé a casa siendo una persona muy Gis-
ffih"1UtOS. da «sigue enfrentándose a una situación difícil, en la que no ha con-
tima de la que se marchó . .Me puse a trabajar como enfermero de ambulaIlCÍas, seguido desempeñar un pape! satisfactorio, en la que su adaptación
y obtenía mucha satisfacción con ese trabajo. Era casi como una comrnuación ha sido imperfecta, así que continúa haciendo esfuerzos para adap-
de lo que había hecho en Vietnam, pero en un nivel mucho, mucho más bajo.
tarse» )~1
No había heridas de bala, no había quemaduras, no recia que limpiar he::ridas
Teóricos más recientes también interpretan e! fenómeno de la in-
en el pecho, ni renía que hacer a.rnpuraciones o quimr merralla. Veía un fion-
rón de urgencias médicas, muchas urgencias por causa de la diabetes, mucha trusión, incluida la reproducción de las situaciones, como intentos es-
geme anciana. De vez en cuando había un accidente de uáfico, que era la guin-
da del pastel. Hada que sonaran las sÍreIlaS y sabía que iba a hacer algo, y el
JO b"1rrevista a. K. SmiL.h., 14-Yl-1991.
S. Freud, «Beyond me Pleasure Principle)~, ob. ele
29 Emrevis(a a S. Simone, 7-V-1991. 32 P. Janet, ob. cit., pág. 603.
l~
11: J
I
76 EL TERROR / I

pontáneos de integrar e! acontecimiento traumático. W:l psiquiatra aunque tiene una intención de autoprotecciÓD, no hace más que agra-
NIardi Horowitz postula un «príncipio de terminación» que «resume var e! síndromeiPostrawnático, ya que e! intento de evitar reproducir
la habilidad intrínseca de la mente humana para procesar nueva infor- el trauma con frecuencia tiene como consecuencia el esuechamiento
mación y así poner al día los esquemas internos del ser y del mundo». de la conciencia, que la persona se encierre en sí misma y que su vida
Por definición) el trauma destroza estos «esquemas internos>;: Horo~ se empobrezca.~\
\vitz sugiere que las experiencias traumáticas no asimiladas se almace-
nan en LUla especie de «memoria activa» que tiene «una tendencia in-
trínseca a repetir las representaciones de contenidos». El trauma tan CONSTRICCIÓN
solo se resuelve cuando la supervivieme desarrolla un nuevo «esque-
ma» mental para comprender lo que ha ocurrido 3~ Cuando una persona está indefensa y resulta inútil cualquier for-
El psicoanalista Paul Russell defiende que la experiencia emocio- ma de resistencia puede entrar en un estado de abandono. El sistema
nal ygo la cognitiva de! trawna es e! motor de la compulsión de repeti- de autodefensa se bloquea totalmente. La persona indefensa escapa de
ción.tLo que se ~~produce es «lo que la persona necesita sentir para su situación no por una acción en el mundo real, sino alterando su es-
curar la herida»]]'>ara él la compulsión de la repetición es un intento tado de conciencia. Se pueden observar estados parecidos en los ani-
de revivir y domh,ar los fuertes sentimientos de! momento traumáti- males, que a menudo se «congelan» cuando son atacados. Estas son las
co 34. El sentimiento sin resolver más dominante puede ser terror, ira respuestas hacia su depredador de una presa capturada, o de un con-
producida por la indefensión o simplemente e! difuso «subidón de tendiente derrotado en la batalla. Una superviviente de violación des-
adrenalina» de estar en peligro mortal] vela cómo es su experiencia de este estado de derrota: «¿Alguna vez
rRevivir un trawna puede suponer la posibilidad de dominarlo. Sin has v~sto a un conejo parado ante la luz de los focos de tu coche cuan-
embargo, la mayoría de los supervivientes no lo buscan consciente- do conduces de noche) Hipnotizado. Como si supiera lo que iba a pa-
mente ni se alegran de ello, sino que más bien lo temen. Revivir una sar. Eso es exactamente lo que pasó»". En palabras de otra superv~­
experiencia traumática, sea en forma de recuerdos intrusivos, de sue- viente de violación, «No podía gritar. No podía moverme. Estaba
ños o de acciones, acarrea la intensidad emocional de la situación ori- paralizada [ ... ] como una muñeca de trapo» 36.
ginal. La superviviente se siente a menudo dominada por el miedo y la Estas alteraciones de la conciencia son el núcleo de la constricción
ira. Estas emociones son cualitativamente distintas al miedo o la ira o embotamiento, el tercer síntoma fundamental del desorden de estrés
normales. Se salen de los parámetros de la experiencia emocional nor- postraumático. En algunas ocasiones, las situaciones de peligro inevita-
mal, y superan nuestra capacidad para sentir emociones.::~ ble pueden evocar no solo terror e ira, sino también, paradójicamente,
Como revivir una experiencia traumática provoca un sufri..miento un estado de extraña calma en la que se disuelven sus angustias. Los
emocional tan grande) las personas trallillatizadas se afanan por evitar~ acontecimientos siguen registrándose, parecen estar desconectados de
lo. Sin embargo, el esfuerzo de protegerse de los síntomas intrusivos, su significado habitual. Las percepciones pueden embotarse o disror-

;; i\t Horow-itz, Stress Response Syndromes, Jasan ,--\.ronson, 0J"orr:1vale (Nueva Jersey), 1986. ,5 .iY1iti.., femirllsra radical, Nueva York, 1971, elt. en S. Bro\J.'Ilrniller, Agaz"nst OUT Wili: Men.
págs. 93-94. Woman, and Rape, Simún & Senuster, Nueva York, 1975, pág, 358.
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Rounds. Cambridge Hospital, Ca.-nbridge (Massacnusetts). 5-LX-1990]. Nueva York, 1985, pág. 47.
,'.'.<',ft>~"'~"''''='.=''-'o..--',~_.___"_____
h
~

,.,."
..•..

L.":" 78 EL TERROR 79
~

sionarse, con anestesia parcial o pérdida de sensaciones determinadas. Den lugar durante los aConteClffilentos traumatlcos se parecen a los

,.,te Puede que el sentido del tiempo quede alterado; a menudo da la sensa- fenómenos de la absorción hipnórica, los Sh-otomas de embotamiento

,." ción de que las cosas se mueven a cámara lenta, y la experiencia puede
perder su calidad de realidad normal. La persona puede sentir que el
acontecimienlO no le está pasando a ella, como si lo estuviera observan-
son símil,ares a los fenómenos complementarios de la disociación hip-
nótica": o,.:
Janet pensó que la capacidad de sus pacientes histéricas para en-
trar en estados de tra.¡1Ce era la evidencia de UIla psicopatología. Estu-

'"
do desde fuera de su cuerpo o como si roda la experiencia fuera un mal

h sueño del que se despertará poco después. Estos cambios en la percep- dios más reciemes han demostrado que la habilidad para entrar en es-

'h
h
ción se combLT1an con una sensación de indiferencia, de extrañamiento
emocional y con una profunda pasividad que hacen que la persona re-
nuncie a toda iniciativa o resistencia. Este estado alterado de la concien-
tados hipnóEicos varía según la persona; el trance es una cualidad
normal de la conciencia humana .n,rLos acontecimientos traumáticos
sirven de poderosos activadores de l~ capacidad de entrar en ¡rance

l.E
' \,:' ' cia puede considerarse como uno de los pequeños regalos de la natura- Como señala el psiquiatra David Spiegel, «sería realmente sotprenden-
leza, lEla proreccÍón contra un dolor Lflsoportable. Una superviviente te que la gente no utilizara de fortna espontánea esta capacidad para
de violación describe este estado de enajenación: «En ese momento reducir su percepción del dolor durante un trauma agudo»". Sin em-

,,.-.
~
~
abandoné mi cuerpo [ ... ] Me disocié de la indefensión. Estaba de pie
juntO a mí, yen la cama solo había un cascarón vacío. Lo veo desde un
lado de la cama. Desde ahí es desde donde lo contemplaba» ". Un vete-
rarlO de la Segunda Guerra Mundial habla de una experiencia símilar:
bargo, mientras que las personas normalmente entran en estados hip-
nóticos en circunstancias comroladas y por elección propia, los es¡ados
de trance traumáticos ocurren de forma íncontrolada, por lo común
sin elección conscienIe.

,...
~

"Como la mayoría de la cuarta, estaba compleramente abotargado, en é.iguen siendo un enigma los factores biológicos subyacentes bajo
un escado de absoluta disociación. Hay una condición [ ... ] que nosotros estos estados alterados, tanto el trance hipnótico como la disociación
~ ilamábamos la mirada de los dos mil años. Era una mirada anestesiada, traumática.lEl psicólogo Emest Hilgard plantea que la hipnosis «pue-
con los ojos abiertos y vacíos de UIl hombre al que todo le da igual. Yo de actuar de manera paralela a la mortina»';' Se conoce desde hace

-1:. .•.
~
no había llegado a ese estado, pero el embotamiento era absoluw. Casi mucho tiempo el uso de la hipnosis como sustituto de los opiáceos
sentía que nunca había entrado en batalla»".
.. eEstos estados de alejamiento de la conciencia son símilares a los ~c D. Spiege1, «Hyprwsis, Dissociauon, <L'1d T rall.Gla.>~, en Repressiort and Dissoczaúon: ImpJ!~

estados de ¡rance hipnórico. Comparten los mismos rasgos de rendi- cations lor Personality Theory, Psychoparhology and Heahh, J. L Si..'1ger (ec.), Universidad de
Chic.9'go, Chicago, 1990, págs. 121-142.
d<'¡_ ción de la acción voluntaria, de la suspensión de la iniciativa y del jui-
~: E. Hilgard, ob. cir.
cio crítico, de un alejamiento subjerivo o calma, de sensación alterada, -'2 E. Hilgard, Personality and Hypnosis.' A. 5tudy 01 Imaginative Invoft,'emerJ!, University oE

con aterimiento y analgesia, y de distorsión de la realidad, incluyendo Chicago Press, Chicago, 1970; R. K. Stutman y E. L. Bliss, «Post-Traumaüc Stress Disorder,
la despersonalización, pérdida de sentido de la realidad y cambio en el Hypnoci.zabiliry, and Imagery», American IournaJ 01 Psychiatry 142; 741-743 (1985); D. Spiegel,
T Hum y H. Dondershine, «Díssociation and Hypnotizabiliry in PO$é-Traumaüc Scress Disor-
sentido del riempo)9 Mientras que las percepciones exaltadas que tie- der», _A_merican ]ouma! oí Psych'¡atT'j, 145: 301-305 (1988']; J. L. Herman, J. c. Perry y B. A. van
der Kolk, «Chi1.'-lOOd T [auma in Borderline Personality Dísorder», American Journai af Psychiatry
146: 490-495 (1989).
Cíl:. por R. Warshaw, 1 Never Called it Rape, Harper & Row, Nueva York, 1988, pág. 56. ~; D. Spiegel, E. J. Frisch.I:.olz, H. Spiegel, y otrOS, «Dissociation, Hypnotizability, an.d Trau-
;S Cir. por \". Fra..nJ:.el y L. Smió, Patton's Best, Hawt..h.orne BOOKs, Nueva York, 1978, pág, 89. ma» (L."lÍorme presemado en el Congreso _A..:."1ual ¿e la Asociación .P'. .,-.nerican.a de Psiquiatría, San
,9 E. f-ijJgard, Divided Consáousness: Muitipte Con:rols in Human Thought and Action, Job:. Fta,.""1.cisco, mayo de 1989, pág. 2).
Wiley, \"ueva York, 1977. .;.; E_ Hilgard, ob, ciL, pág. 246.
80 El TERROR 81

como analgésicos.jTanto la hipnosis como la morfina producen Un es- Los hombres usaban el alcohol y los narcóticos para iTltentar controlar
tado disociativo en el que se reducen la percepción del dolor y las res- los síntomas de híperactivación e intrusivos: insomnio) pesadillas, irri~
puestas emocionales normales al doloQ Tanto la hipnosis como los tabilidad y explosiones de ira. Sin embargo, el abuso de drogas no ha-
opiáceos reducen el sufrimiento de un dolor insoportable sin anular la cía más que aumentar sus dificultades y les alienaba aún más de los
sensación. Los psiquiatras Roger Pitman y Van der Kolk, que han de- otros '8 La más amplia ir¡y-estigación de todas, el Estudio Nacional de
mostrado persistentes alteraciones en la percepción del dolor en los Reajuste de los Veteranos de Vietnam) contenía hallazgos casi idénti-
veteranos de guerra con desorden de estrés postraumático, sugieren cos: el 75 por 100 de los hombres que padecían el desorden acababan
que el trauma puede producir duraderas alteraciones en la regulación teniendo problemas o dependencia con el alcohol '9
de los opiáceos endógenos, que son sustancias naturales que tienen el Aunque las alteraciones disociativas de la conciencia, o incluso la
mismo efecto en el sistema nervioso central que aquellos"¡5. intoxicación, pueden ser adaptativas en el momento de la absoluta irl-
Las personas traumatizadas que no pueden disociarse espontánea- defensión, se convierten en maladaptaciones una vez que ha pasado el
mente pueden intentar conseguir efectos parecidos con el alcoholo los peligro. Como estos estados alterados mantienen la experiencia traumá·
narcóticos. Grirlker y Spiegel, observando el comportamiento de los sol- tica alejada de la conciencia normal, impiden la hitegración necesaria
dados durante la guerra, descubrieron que el hábito incontrolado de para la curación. Por desgracia, los estados disocíativos, como otros sín-
beber aumentaba en proporción a las bajas ocurridas en la unidad tomas del síndrome postrawnático, resultan ser extraordi.I1ariamente te-
de combate: el uso que los soldados hacían del alcohol parecía ser un naces. Lillon comparó la «anestesia emocional», universal en los super-
intento de olvidar su creciente sensación de indefensión y terror..l 6 . Pa- vivientes de desastres y de la guerra) con la «parálisis de la mente»5G.
rece evidente que las personas traumatizadas corren un elevado riesgo Los sintemas constrictivos, al igual que los intrusivos, fueron des-
de huir de sus dificultades desarrollando una dependencia con el alco- critos por primera vez en el terreno de la memoria. iJ anet obsen/ó que
hol y las drogas. La psicóloga Josefina Card, en un estudio sobre los la amnesia postraumática se debía a «una constricción del campo de la
veteranos de Vietnarn y sus colegas civiles, demostró que los hombres conciencia» que mantenía los recuerdos dolorosos separados de la con-
que desarrollaban un desorden de estrés postraumático tenían muchas ciencia normal} Cuando sus pacientes histéricas estaban en un estado
más posibilidades de acabar abusando de los narcóticos y drogas calle- de trance hipnótico también eran capaces de revivir con todo lujo de
jeras, Ji de haber recibido tratamiento por problemas con el alcoholo detalles los acontecimientos disociados. ,por ejemplo, su paciente Irene
las drogas después de haber vllelte de la guerra '7 En otro estudio de relataba que había sufrido una profunda amnesia durante dos meses,
cien veteranos con grave síndrome de estrés postraumático, Herbert en el período de la muerte de su madre. En trance era capaz de repro-
Hendin Ji Ann Haas observaron que el 85 por 100 desarrollaba graves ducir todos los atormentantes acontecLrnientos de esos dos meses, i11-
problemas con el alcohol y las drogas después de su regreso a la vida cluido el momento de la muerte, como si estuvieran ocurriendo en el
civiL Tan solo el 7 por 100 había bebido mucho antes de ir a la guerra. 5t
P resent e i:~,

"5 R. K Fítman, B. ,;, va,¡ der Kolk, S. P. Orr y otros, «Na.!oxone~Reversibie A,nalgesic Res- ~3 H. He.'1din y A.. P. Haa5, Wounds o/ -War: The Psychological Aítermafh o/ Combat in +';/iet-
ponse la Combat-Related Stimwi in Posl-Traumaüc Sl:::ess Disorder: A PUO[ Srudy-», Archi"iJes oi nam. Basic Books, Xueva Yor:..;:, 1984.
Genera! PS'jchiatr"j 47: 541-547 (1990). ~9 R. A. KuIka, W. E. Sd-Jenger, J. A. Fairba:""1k y otros. Trauma and the 'Vietnam W'ar Gene-
.:.,; R. Grinker y J P. Spiegel, ob. at. ration, Brulh"le!"/MazeL :"-Iueva York. 1990 .
4; ]. J. Card, Liú'es After Vietnam' The Persona! lmpact 01 }¡Ji!itafij Ser,.)ice, D. C. Heaó, Le· 5ü R. J. Lmon, ob. cit.

xi.r¡gton CvIassachl1setts), 1983. 5, P. Janee L'Efat menta! ¿es hystérz"ques, Féli:x Alean, París, 1911.
,-,·"~>o~~.,w',,,"","e~'""_''',,,'''"'''',,'''iI,,,"''q,,,,,,,pH.'

82 EL TElUZOR 83

Kardíner también reconoció que un proceso consuÍcIlvo mantenía Los síntomas constrictivos de la neurosis traumática no solo se re-
los recuerdos uaumátÍcos fuera de la conciencia normal, permiIiendo fieren al pensamiento, la memoria y los estados de consciencia, sino
que tfLl1 solo un fragmento del recuerdo apareciera como un síntoma también a [Oda el terreno de la acción y la iniciativa. Las personas
imrusivo. Citaba el caso de UT) veterano de la Marina que se quejaba traumatizadas limitan sus vidas con la intención de conservar cieno
de una sensación persistente de aborargamiemo, de dolor y de frío de sentido de seguridad y de comrolar su miedo. Dos vícIiInas de viola-
cin¡ura para abajo. El paciente negaba haber tenido experiencias trau- ción describen cómo restrirlgieron sus vidas después del trauma:
máticas durante la guerra. Después de ser preguDIado de manera insis-
rente, y sin utilización formal de la hipnosis, recordó que su barco se Me arerrorizaba ir sola a algún sirIo L. .. ] Me semía demasíado indefensa y
habia hundido y que había pasado horas en el agua helada esperando a demasiado asusrada, así que dejé de hacer cosas L... ] ~vfe limiraba a quedarme
en casa y a eSBr asustada 53 .
ser rescaLado, pero negaba tener ninguna reacción emocional al acon-
Me cané el pelo. Ko quería resuhar aE"acLiva a los hombres =__ .j Solo que-
tecimiento. Sin embargo, como informó Kardiner, cuando se le presio- , , . l ' . ,
na rener un aspeCIQ neutro c.urame un nempo porque eso me [laCla senur mas
naba el paciente se aonía agirado, enfadado v asustado:
_ Jo '-' , a salvo 54.

Le señalamos las similiWelC:s entre los síntomas de los que se quejaba e... ] y
El veterano de guerra Ken Smith explica cómo racionalizó la cons-
el haber eSwao sumergido en el agua fría de cintura para abajo. Reconoció
que, cuando cerraba los ojos y se permitía a sí mismo pensar sobre sus sensacio- tricción de su vida que tuvo lugar después de la guerra. Dicha cons-
neS, se seguía L'11aginarldo agarrado a la balsa, medio sumergido en el mar. En- tricción impidió que, durante mucho tiempo, se diera cuema de lo mu-
wnces decía que, mientras estaDa agarrado a la balsa, sus sensaciones era:.'1 ex- cho que el miedo dominaba su vida: «Trabajaba exclusivamente desde
rremadarnente dolorosas y que no pensaba en nada más durante esas horas. la medianoche a las ocho, o desde las once a las siete. Nunca entendí el
Tarnbién recordó el hecho de que vanos ,hombres habían quedado inconscien-
motivo. Me preocupaba tamo estar despierto de noche porque me
tes y se ahogaron. El paciente evidememente debía el seguir vivo a haber esta-
daba mal rollo tener miedo a la noche. A.hora sé que es así; emonces no
do (an concentrado en las sensaciones dolorosas que le causaba el agua fría.
Por lo ramo, el símoma represemaba una [ .. J reproducción de las sensaciones lo sabía. Lo racionalizaba diciendo que no me controlaban tan[Q, que
orighiales de estar sumergido en el agua 51. tenía más libertad. No tenía que escuchar los malos rollos que había
demro de la policía, nadie me molestaba, estaba a mi aire» 55.
En este caso, el proceso constrictivo derivó no en una amnesia Los sintomas constrictivos también interfieren con la anticipación y
compleca, sino en la formación de un recuerdo truncado, vacío de la planificación del futuro. Grinker y Spiegel observaron que, durante la
emoción y de significado. El paciente no «se permitía a sí mismo pen- guerra, los soldados respondían a las muertes y bajas en su grupo con
sar» sobre el significado del síntoma porque hacerlo sería recordar una disminución de la confianza hacia su propia capacidad para hacer
[Oda el dolor, el miedo y la cólera de haber escapado por los pelos de planes y tomar iniciativas) con creciente superstición y pensamiento má-
la muerte y de haber sido testigo de la de sus compañeros. Esta supre- gico y con una mayor dependencia en los talismanes y augurios 56, Terr,
sión vohmtaria de los pensamiemos relacionados con el aconteciInien-
tO traumático es característica de las personas traumatizadas) como
5; Iv1itL."'1 felT'jpjsra radical, Nueva York, 1971, cir. en Rape: The First SourcebookJoy Women,
también lo son las formas menos conscientes de disociación.
N. Connell y C. Wilson (eds.), New Amenca.'! Library, Nueva York, 1974, pág. 44.
5.; Cit. por R. Warshaw, ob. CIt., pág. 33.
55 Entrevista a K. SlT'jili, 1991.
,:! A. Kardiner '! H. Spiegel, ob. ciL, pág. 128, caso 28 (la cursiva eS mía). 56 R Grinker y J. P. Spiegel, ob. ciL
.,•
~"'­
."..iii
84

en un estudio sobre nii10S secuestrados, describió cómo después de la


EL TERc'ZOR

brio satisfactorio entre ambos. Pero equilibrio es justaInente algo que


85
"rol)
fié"'!
liberación los niños creíaIl que habían tenido revelaciones que les ad- le falta a la persona traumatizada. ;Se encuentra aprisionada entre los ~
vertían del acontecimiento traumático. Años después del secuestro, los extremos de la amnesia v de revivi~ el trauma, entre mareas de senti- ~
niños seguían buscando augurios que les protegieran y guiaran su com- miento Í.IltenSO y abrumador y áridos estados en los que no tiene nirl- ~
portamiento. Y lo que es peor, años después del acontecimiento. los gÚll. sentimiento) entre la acción irritable e impulsiva y una completa

"~
-=
niños seguían teniendo un limitado sentido del futuro. Cuando se les inhibición de la acción. La irlestabilidad que producen estas alternan-
preguntaba qué querían ser de mayores, muchos contestaban que cias periódicas exagera aún más la sensación de incapacidad de prede- ~
nunca imaginaban o hacían planes de futuro porque esperaban morir cir el futuro y de indefensión de la persona traumatizada 59. La dialécti-
jóvenes) ca del trauma es, por consiguiente) potencialmente perpetua: ~
Cuando evitan cualquier situación que recuerde el trauma pasa- Esta dialéctica sufre una evolución con el paso del tiempo. Al
do o cualquier iniciativa que signifique planear el futuro o tomar al- principio predomina la reexperiencia intrusiva del acontecimiento ~
gún riesgo, las personas traumatizadas se niegan a sí mismas nuevas traumático y la v'Íctima permanece en un estado muy agitado, alerta a f.~
oportunidades para manejar con éxito su situación, algo que podría nuevas amenazas.iJ....os síntomas intrusivos surgen principalmente en
mitigar el efecto de la experiencia traumática. Por lo tanto. aunque los primeros días o semanas después del acontecimiento traumático,
puedan representar un intento de defenderse contra estados emocio- disminuyen hasta cierto punto entre los tres y los seis meses, y luego
nales agobiantes, los síntomas constrictivos piden un precio demasiado se atenúan lentamente con el paso del tiempo. Por ejemplo, en un
alto por la protección que dan. Restringen y empobrecen la calidad estudio a gran escala de víctiInas de violaciones, las supervivientes ge-
de vida y, finalmente, perpetúan el efecto del acontecimiento traumá- neralmente informaron de que sus síntomas intrusivos más graves dis-
tico. minuyeron entre tres y seis meses después del suceso, pero seguían
sintiéndose ansiosas v teniendo miedo un año después de la viola-
ción 6Q~=Otro estudio ~obre las supervivientes de violaciones también
descubrió que la mayoría (80 por 100) seguían quejándose de miedos
LA DIALÉCTICA DEL TRAUMA
intrusivos un año después 61 Cuando, dos o tres a,'íos después de ver-
las por primera vez en la sala de urgencias del hospital, se volvieron a
Después de una experiencia de peligro abrumador, las dos res-
poner en contacto con un grupo diferente de víctimas de violación, la
puestas contradictorias de intrusión y constricción establecen un ritmo
mayoría todavía padecía síntomas que se podían atribuir a aquel he-
oscilante. Esta dialéctica de estados psicológicos opuestos es quizá e!
cho. Los síntomas más frecuentes de estas víctimas eran miedos espe-
rasgo más característico de los síndromes postraumátícos 58. Como ni
los síntomas intrusivos ni los de evitación facilitan la integración del 59 Van der Ka&' señala que los sbtomas de ruperactivación del sfndrome de estrés pos;:rau-

acontecimiento traLLTIlático, la alternancia entre estos dos estados ex- mático son cong::-u.en:es con los del sfndrome de abstL.""1er..cia del opio, y postula por el equilibrio
tremos puede ser entendida como un intento de encontrar un equili- nor;:n.a[ entre los sistemas ce.'1trales adrenérgicos y los opiáceos. Véase su «Inescapable Shock.
Neurocansmitters, an¿ Addiction to Trauma: Toward a Psychobioiogy oE Post:-Trau::natic
Stress», Biologic:1Z Psychiatry 20: 314-325 1985")
1:

60 D. G. Kilpatridc L. J. Veronen y P. A. Resick. «The [\..l~erm.ath oE Rape: Recem Empirical

,~ L. C. TeE, ~~Chowchilla Revisted: The Effects of Psychic Trauma Four Years AÍter a FL."1ciI1gS». American }ournai olOrthopsychiatr¡ 49: 658-669 ;1979}.
Scnool-Bus Kidnapp-i:-1g>~, American Journa! 01 Ps)'Chiatry 140: 1543-1550 (1983). 61 J. V. Becker, L J. SkiI:ner. G. G. Abel y Otros. «The Effects oE Sexual Assa'-.tl: on Rape

58 A. KardL,er y H. SpiegeL ob. cit.; M. HorO\ll1.rz. ob. cit.; E. A Breet y R Ostroff, ob. cit. and Attempted Rape VictL.J1s». Victimology 7: 106-113 (1982).
86 EL TERROR 87

cíficos del rraurna, problemas sexuales y restricción de las actividades [e, las pesadillas y los síntomas inlruSÍVOS aparecían repentinamente, y
coüdianas 62. con un reuaso de treÍ11ta años) en un vetera,'10 de la Segunda Guerra
La herida traumáIica dura aQT1 más tiempo. Por ejemplo, de cuatro Mundial 6".
a seis a..í1os después de su estudio de las víctimas de violación en la sala C· A medida que dismínuyen los síntomas imrusivos, empiezan a pre-
de urgencias del hospiral, A.nn Burgess y Lynda Ho!mstrom se volvie- dominar los de evitación o constrictivo(-La persona traumatizada ya
ron a poner en com:acw con las mujeres. Para em:onces, tres cuartas no parece asustada y puede recuperar su anterior forma de vida 67,
parres de ellas creí",'1 haberse recuperado. En retrospeniva, alrededor pero en ella persisre el mecanismo de despojar los acontecimiemos de
de un rercio (37 por 100) pensaba que les había llevado menos de un su significado normal, así como la distorsión en el sentído de la reali-
año recuperarse, y un rercío (37 por 100), que había necesitado más de dad. Puede que la victima se queje de fíngir que sigue adelante con sus
un año. Pero una mujer de cada cuatro (26 por 100) creía que todavía quehaceres cotidianos, como si eSluviera observando los acom:ecimien-
no se había recuperado 53. ros de la vida diaria con un enorme distanciamiento. Solo la repetida
Un esrudio holandés sobre víctirnas de secuestros rambién docu- reexperiencia del momento del terror consigue rraspasar remporal-
menta los perdurables efectos de un Qnico acontecimiento traumático. mente la sensación de emboramiento y de desconexión. La alienación y
Todos los rehenes tenían síntomas los primeros meses después de ser la muerte interior de la persona rraumatizada quedan capturadas en el
liberados, yemre seis meses y un año después el 75 por 100 todavia te- clásico retrato que Virginia \'Voolf hace de los vereranos de guerra:
nía símomas. Cuamo más tiempo habían estado en caurividad, más
síntomas renÍan y más lenta era su recuperación. En un seguimiento a «Hermoso», [su esposa] murmuraba in:vi1:a..'1do a Sepúmus a que mirara.
Pero la belleza estaba derrás de un pa..T1eI de cristal. Incluso el sabor (a Rezia le
largo plazo, de seis a nueve años después del acontecimiento, casi la
gusrab~~ los helados, los chocolates, las cosas dulces) no suponía nL'1gllil pla-
mirad de los superviviemes (46 por 100) seguían informando de símo- cer para éL Colocó su taza en la pequeña mesa de mármol. !\-liró a ia geme que
mas constrícIivos, y un tercio (32 por 100) todavía tenía síntomas rn- había fuera; parecían felices, reuniéndose en mitad de la calle, gríta..l1do, rien-
trusivos.f~liemras los símomas de ansiedad general rendían a dismi- do, peleando por nada. Pero no podía sentir el sabor, no podía semir. En el sa-
nuir a lo largo del riempo, los síntomas psicosomáricos empeoraban.'.:'; lón de té, entre las mesas y los parlanchines camareros, el Ierrible temor se
Aunque los sLntomas específicos relacionados con el rrauma pare- apoderó de él .. no podía sentir 68.

cen desvanecerse con el tiempo, pueden reproducirse íncluso años


después del acomecLmiento a raíz de recordatorios del trauma original. \=Son síntomas negativos tamo la restricción de la vida ínterior de la
Kardiner, por ejemplo, describió a un veterano de guerra que sufría un persona traumatizada como la de su actividad exterior. Carecen de
«maque» de síntomas intrusÍvos en el aniversario de un accidente aé- dramatismo; su importancia radica en lo que falta. Por este motivo, los
reo al que había sobrevÍvido ocho años antes 65. En un caso más recien- síntomas constricrivos no son fácilmente reconocibles y a menudo no

~ c. C. Nadelson, M. T. NoC:.-nan, H. Jackson y otros, «A Follow-up Snldy oÍ Rape Vic- Qé C. van Dyke, N. J. Zillberg y J. A. McKirmon, <<PISD. A .30-year Delay h"l s. 'V/IW II Com-

tiros», American ¡oumal o/Psychiarry 139: 1266-1270 (1982.1. bar Vererau», American ¡ouma! o/ Psychiatr"j 142: 1070-1073 (985).
6J A. W. Burgess y L. L. HohnsrroGl, «Adapüve Strategies a..r.td Recovery Erom Rape», Amen:' ,,7 S. Suthedand y D. J. Scnerl, «Pav:ems oE Response A.mong Vicrims oE Rape», American

cal!. ¡ouma] oÍ PSJchiatry 136: 1278-1282 (1979). Journal oÍ Psychiatry 40: 50)-511 (1970); E. Hilberma..í, The Rape Victz"m, American PsycruarI'Íc
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65 A. Kardiner y H. Spiegel, ob. cit., caso 40, págs. 381·389. ,s¿ V. ~roolf, !'\lfrs. Dalloway [1925J, Har\/est, Nueva York, 1975, págs. 1.32-13.3.
~
~
~

88 EL TER.c"ZOR 89 ~
~
se reconoce su origen en un acontecimiento traumático. Con el paso ción no habían tenido más tendencias suicidas que cualquier orra per-


del tiempo, a medida que estos síntomas negativos se convierten en el sona, casi una de cada cinco mujeres (19,2 por 100) habian intentado
rasgo más predominante del desorden postrallillático, cada vez es más suicidarse después de La violación 7e.
Las estimaciones de suicidios después de un trauma grave están
=
fácil ignorar el diagnóstico. Como los síntomas postraumáticos son tan
salpicadas de controversia. Los medios de comunicación han ~"1forma­
ti
persistentes y tan variados, pueden ser confundidos con rasgos de la
ti
personalidad de la víctima. Este es un grave error porque la persona do, por ejemplo, de que hubo más muertes de veteranos de Vietnam ti
con desorden de estrés postraumático irreconocible se ve condenada a después de la guerra que en combate. Estas informaciones parecen es- .;
una vida disminuida, atormentada por el recuerdo y limitada por la in- tar muy exageradas, pero, no obstante, los estudios de mortaiidad su- ,.¡
defensión y el miedo. Aquí está, de nuevo, e! retrato que Doris Lessing gieren que el trauma de guerra puede reahnente aumentar el riesgo de
iIÍ
.
~
hizo de su padre: suicidio 7r. Hendin. y Haas encontraron en su estudio de los veteranos
de guerra con desorden de estrés postraumático que una m1.tloría signi-
~
El joven empleado de oarlC2 que trabajaba t:lJ.~tas horas por taIl poco dine- ficativa había intentado suicidarse (19 por 100) o pensaban constante-
ro pero que bailab8., cfu"1taba, jugaba y Üirteaba ' .. este ser oaturaL-nente vigoro-
so y alegre murió en 1914, 1915, 1916. Creo que lo mejor de P.1t padre murió
mente en el suicidio (15 por 100). La mayoría de los hombres que te- .¡
ell esa guerra, que su espíritu quedó tullido por ella. La gente que he conocido,
nían impulsos suicidas persistentes habían estado expuestos a cruentos
~
especialmente las mujeres que le conocieron de joven, hablan de su ánimo, de combates. Padecían de un sentimiento de culpa no resuelto sobre sus
~'{

~
su eeergÍa, de su disfrute de la vida. También de su amabilidad, de su compa- experiencias en la guerra, de ansiedad intratable, de depresión y de
~.. ::;}
sión y -una palabra que se repite una y otra vez- de su sabiduría .. No creo síntomas postraumáticos. Tres de los hombres se suicidaron durante el
que esas personas hubierfu"'1 reconocido con facilidad al hombre enfermo. lHl- tiempo del estudio 72. .,./e::
table, abstraído e hipocondríaco que yo conocí 69.
Por lo tamo, la mera «amenaza de aniquilación» que definió el ...•..•..,::,
momento traumático puede atormentar al superviviente mucho des-
Tiempo después de que haya pasado e! acomecimiemo muchas pués de que haya pasado e! peligro. No es de extrañar que Freud en-
personas trawnatizadas siguen sintiendo que ha muerto una parte de contrara en la neurosis trawnática signos de una «fuerza demoníaca» 73.
ellas. Las más afligidas desearían estar muertas. La información más El terror, ira y odio de! momento traumático perviven en la dialéctica
perturbadora sobre los efectos a largo plazo de los acomecimiemos del trauma.
traumáticos nos la proporciona un estudio comunitario sobre las victi-
mas de violaciones, realizado con cien mujeres violadas. El tiempo me-
dio que había pasado desde la violación era de nueve años. El estudio
registraba solo los problemas memales graves, sin prestar atención a
niveles más sutiles de simomatología postraumática. A pesar de medi-
70 D. G. Kilpatric, C. L. BeSe. L. J. Vercnea y otl"QS, «.Ylemal Health Correlates cE CrL."11Ll,u
das tan extremas como estas, eran evidemes los duraderos efectos des-
Vicili-nization: A Random Comrr:.lli-Üty Su~.¡ey», }ouT?lal o/ Consulting and Clinica! Psycho!ogy 53:
tructivos del trauma. Las superviviemes de violaciones se quejaban de
866-873 (1985:
más «crisis nerviosas», de más pensa..rnientos suicidas y de más intentos 7¡ D. A. Pollock, ::Vi. S. R,\o¿es, C. ,'\. Boyle y Otros, «Estimating me NU:'""Dbet oE Suicides ,-\o'TIong

de suicidio que cualquier otro grupo. Mientras que ames de la viola- Viecn2ITJ. Veterans».American JournÚ ofP?'jchlatry ld.¡: ¡12-/76 (19"A)).
72 H. Hendin y A. P. Haas, «Suicide lli"ld GuilI as Manuesraüons oE PTSD h¡ Vietnam Como

bae Veterans», American ]ournal of Psychiatry 148: 586-591 (1991).


,,9 D. Lessh""lg, ob. cit., pág. 86. ,5 S, Freu¿. «Beyona w.1e Pleasure PrincipIe». ob. dt., pág. 35.
3
DESCONEXIÓN

CLos acontecimienros uaumáticos ponen en duda las relaciones huma-


nas básicas. Rompen los vinculos de familia, amisrad, amor y comuni-
dad. Destrozan la consrrucción del ser que se forma y apoya en rela-
ción con los demás. DebiEran los sistemas de creencias que dan
significado a la experiencia humana. Violan la fe de la víctima en un
orden namral o divino, y la condenan a un eSIado de crisis exislenciaf':;
El daño a las relaciones no es un efecto secundario del trauma
como se pensaba al príncipio. Los acontecimientos uaumátícos tienen
efectos no solo sobre las estructuras psicológicas del yo, sino también
sobre los sistemas de vi11culación y significado que unen al individuo
con la comunidad. [Ylardi Horowirz define los acontecimientos Irau-
máticos de la vida como aquellos que no pueden ser asimilados con los
«esquemas i.rlternos» del yo de la víctima en relación con el mundo 1~.
Los acontecimientos traumáticos desrruyen los conceptos fundamen-
tales de la vícrima sobre la seguridad del mundo, el valor positivo de la
persona y el semido de la vida 2. La superviviente de una violación, Ali-
ce Sebold, da reslÍmonio de esta pérdida de seguridad: «Cuando me
violaron perdí mi virginidad y casi pierdo la vida. También descarté

M. Horow1tz, Stress Response 5yndromes, Jason <'\ronson, North...,ale (:\iuevaJerseyl, 1986,


R. Janorr-BuLrnan, «Tne A-t.'!ermat.h. of Vicri..TT'jzatlon: &buildin.g Sharrered AsslL.'TIpnons»,
en Trauma and les Wake, C. Figley led.), Brun..'1er/:0.fazel, Nueva York, 1985, págs. 15-35.
~
.
92
~•
CIertas Ideas que tenía sobre cómo funcionaba el mundo y sobre lo
segura que yo estaba» .3 •
DESCOC;EXlC)C;

niños a un muneo como este. Uno no pueee perpetU2.r el suErimiemo, ni ayu"


ear a que se reproeuzca.:.'1 esLOS lujuriosos anímales que no tienen emociones
93
•~
,;o·"El sentido de seguridad en el mundo, o confianza básica, se adquie- euraceras, solo caprichos y va.:.'1icades. arrastrá.!1doles en lli'1 reIalino dlOra en ~
esta dirección, a.:.~ora en la otra ~ ... J Porque la verdad es [ ... ] que los seres nlli""11a-
~
re en los primeros tiempos de vida mediante la relación Con el primer
cuidador. Este sentimiento de confianza se origina con la propia vida y n.os no tienen ni a.:.llabilidad, ni re. ni caridad más allá de aquello que les siri'e
~

..a
sostiene a la persona a lo largo de su ciclo vital. Constituye la base de to- para aumentar el pbcer del momento. Cazal1 en manadas. Sus manadas re-
corren el desierto y hacen que los gritos se desvanezcan el] la l.I1mensidac 5 él!
dos los sistemas de relaciones y de fe. La experiencia original de cuidado ~
hace que sea posible que el ser humano imagiIle un mundo al que perte-
nece. un mundo hospitalario para la vida humana. La confianza básica
EL YO DAÑADO

es el cimiento de la creencia en la continuidad de la vida, en el orden de
la naturaleza y en e! orden trascendente de lo divi110'.
Una sensación segura de conexión con personas que se preocupan
..¡
En una situación de terror, las personas buscan espontáneamente
su primera fuente de bienestar y protección. Los soldados y las muje- por ti es el cimiento del desarrollo de la personalidad, y cuando se w1
...,¡
rompe esta conexión la persona traumatizada pierde el sentido básico

..
~
res \cioladas gritan llamando a sus madres, o a Dios. Cuando este grito
de su yo. Se vllelven a plantear los cont1ictos de desarrollo en la infan-
no encuentra respuesta, se derrumba el sentimiento de confia..l1za bási-
co. Las personas traumatizadas se sienten absolutamente abandonadas,
cia y adolescencia que hacía tiempo que se habían resuelto. El trauma
obliga a la superviviente a revi-,ir todas sus luchas anteriores por tener
.f
absolutmnente solas, exiliadas del sistema humano y divino de cuidado
autonomía) iniciativa, competencia, identidad e intiInidad.
y protección que mantienen la vida. A partir de ese momento cada re-
lación, desde los vínculos familiares más intiInos a las afiliaciones más El sentido positivo del yo de la niña que se está desarrolla..l1do de-
abstractas Con la comunidad y la religión, está dominada por un senti- pende del uso benigno que haga su cuidador del poder. Cuando un
padre, que es mucho más poderoso que ella, muestra un respeto hacia
miento de alienación y desconexión. Cuando se pierde la confianza, las
la individualidad y la dignidad de la niña, esta se siente valorada y res-
personas traumatizadas sienten que pertenecen más a los muertos que
petada. Desarrolla la autoestima. Asimismo desarrolla su autonomía, es
a los vivos. Virginia Woolf refleja esta devastación interior en su retrato
del veterano con trauma de guerra Septimus Smith:: decir, el sentido de su propia individualidad dentro de una relación.
También aprende a controlar y regular sus funciones corporales, y a
Esto fue entonces revelado a Septimus Smith; el mensaje escondido en la
formar y expresar su propio punto de vista.
belleza de las palabras. La señal secreta que una gerleraóón pasa, disfrazada, a ILos acontecimientos trauDláticos violan la autonomía de la perso-
la siguiente es el desprecio, el odio, la desespera..'1za L..] Uno no puede traer na al nivel de la inregridad corp®ral básica. El cuerpo ha sido irlvadi-
do, dañado, profanado. A menudo se pierde el control sobre las fun-
ciones corporales; en el caos· de la guerra y la violación, esta pérdida de
o A. Sebold. «SpeakiI1g of üL¡e Unspeakable», Psychiatric Times, pág. 34 (enero 1990).
control a menudo se cuenta corno el aspecto más humillante del trau-
" E. Erikson, Childhood únd Soáety, Norrcn, Nueva York, 1950; C. E. Franz y K LVI. 'iJJ'hüe.
«L-::dividuation and Attacnmem Ln Personalir:' DeveIopment: Extendiog Erikson's Therorj», e;1 ma. Además, en el momento de! trauma, por propia definición, el pun-
Gender and Personaiity: Curren: PeTspective 011. Theory and Research, A. L Stewart y M. B. Lykes to de vista del individuo no cuema para nada. Por ejemplo, en la viola-
(eds.), DlL1ce Vniversity Press, Durnarn (Carol:L.-¡a del Norte), 1985, págs. 136-168; J. B. !.\:1iller.
ConnecÚons, Disconnections and Vioia:ions, Swne Cemer Working Paper Series, núm. 3.3.
Wellesley (Massacnuset'"cS), 1988.
5 V. Woolf. Mrs. DalloU'ay Cl925]. Harves¡. 01ueva York, 2975, págs. 134-1.36.
94 DESCONEXIÓ::'-i 95

ción, el propósito del aLaque es precisamenre demostrar un desprecio Por deÍinicióI1, los acontecimiem:os traumáticos frustran la h-uóaüva y
hacia la amonomÍa y la dignidad de la víctima. Por lo tamo. el acame- destrozan la competencia individual. No importa lo valiente y lo llena
cÍmien(o [raumático desIruye la creencia de que uno puede ser uno de recursos que esté la 'líctima; sus acciones fueroD insufícientes para
mismo en relación con los demá~,~¡ evitar el desastre. Después de los acom::ecÍmientos traumáricos las vícti-
La resolución insatisfactoria de los conflicms de desarrollo norma- mas revisan y juzgan su propia conducta, y los sentimientos de culpa y
les con respecto a la autonomía hace que la persona tienda a senrirse de inferioridad son prácticamente universales_ Roben Jay Lifton en-
avergonzada y a tener dudas. Estas mismas reacciones emocionales com:ró que la «culpa del superviviente» era una experiencia común en
aparecen después de los acontecimientos tralli"'TIáticos. La vergüenza es las personas quehabían vivido guerras, desastres naturales o el holo-
una respuesta a la indefensión. a la violación de la imegridad física y la causto nuclear'. La violación produce el mismo efecto: son las vícti-
indignidad sufrida a ojos de ocra persona'. La duda refleja la Lncapaci- mas, no los violadores, las que se sienten culpables. La culpa puede ser
dad de mantener un puma de \~sta propio miemras s~ está vinculado a entendida como un intento de extraer una lección útil del desastre y de
Otros. Después de los acontecimienlos traurnáúcos, las supervivíentes recuperar cierto semido del poder y del comro!. Imaginar que uno po-
dudan tanto de los demás como de sí mismas. Las cosas ya no son lo dría haberlo hecho mejor puede ser más tolerable que enfrentarse a la
que parecen. El veterano de combate Tim O'Brien describe este pe- realidad de estar absolutamente indefenso'~:
netrante semimiento de duda: Los sentimienros de culpa son especialmente graves cuando la
supervivieme ha sido restigo del sufrimiento y la muerte de otras per-
Para el soldado normal L. .. ] la guerra produce la sensación -tiene la rex- sonas. El que uno se haya salvado sabiendo que otros han tenido un
rura espiriwal- de una enorme y Ía.'1[asmagórica niebla, espesa y permaneme. destino peor crea un pesado cargo de conciencia. A los supervivien-
No hay claridad. Todo es lL.'1 wrbellin.o. Las viejas reglas ya no son \lL'1culames,
tes de desastres y de la guerra les persiguen las imágenes de los mori-
las viejas verdades ya no son cierras. Lo cor~ecw se conviene en lo h"l.COrrecw.
El orden se conrunde con el caos, el amor con el odio, lo feo con lo bello, la ley bundos que no pudieron salvar. Se sienten culpables de no haber
con la anarquía, lo civilizado con lo salvaje. Los vapores pene!fan en ti. No sa- arriesgado su propia vida para salvar a otros o de no haber podido
bes dónde estás o por qué estás ahí; la úrica certeza es una a..rnbigüedad apabu- responder a las súplicas de una persona moribunda 10 En combate.
llante. En la guerra pierdes [ti sentido de 10 definido y, por lo lamo, de la ver- ser testigo de la muerte de un compañero hace que el soldado tenga
dad en sí misma, y podría decirse que en li.!.""la verdadera historia de guerra nada
un riesgo particularmente alto de desarrollar un desorden de estrés
es absolmameme cierro 7.
postraumático t I De forma parecida, en un desastre natural, ser testi-
go de la muerte de un familiar es uno de los acontecimientos que con
A medida que se desarrolla la niña normal, su creciente competen-
cia y capacidad para la iniciariva se van sumando a la imagen positiva
que tiene de sí misma. La resolución insatisfactoria de los conflictos , R.]. Lifcon, «Tne Concep[ oÍ the Survivor», en 5uTlJivors, Victims, and Perpe,rl1tors: Essays
normales del desarrollo con respecIO a la L'1iciativa y a la competencia on the 0"azi Holocaust, J. E. Dimscale (ec.), Hemisphere, Nueva York, 1980, págs. 113-126.
dejan a la persona vulnerable a semimiemos de culpa e inferioridad. 9 RJa,."1.offBuhnan, ob. Cle.

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96 DESCO'\EXIÓ'\ 97

más probabilidad dejarán al superviv-iente con un síndrome traumáti- r'La creencia en un mundo con sentido se forma en relación con
co duradero ,'- los ~'tros y comienza en los primeros años de vida. La confianza bási-
La violación de la conexión humana y, consiguientemente, el ries- ca que se adquiere en las primeras relaciones íntimas es la base de la
go de un desorden postraumático son más elevados cuando la supeni- fe. Elaboraciones posteriores del sentido de la ley y la justicia se de-
viente no ha sido una mera testigo pasiva, sino también una participan- sarrollan durante la infancia en relación tanto con los cuidadores
te activa en U11a muerte violenta o en una atrocidad 13. El trauma de la como con los iguales. Cuestiones más absIractas sobre el orden del
exposición al combate se hace aún más fuerte cuando la muerte violen- mundo, el lugar del individuo dentro de la comunidad y el sitÍo que
ta ya no puede ser racionalizada en términos de un valor o un significa- ocupa la raza humana dentro del orden natural son preocupaciones
do más elevados. En la Guerra de Vietnam los soldados llegaron a es- normales de la adolescencia y del desarrollo adulto. La resolución a
tar profundamente desmoralizados cuando la victoria en la batalla era estas preguntas de significado exige el compromiso del individuo con
un objetivo imposible y la medida del éxito se convirtió en el número la comunidad".~';
de muertes. tal y como queda ejemplificada en el recuento de cadáve- Los acontecL-nientos traumáticos, una vez más, destrozan la sensa-
res. Bajo estas circunstancias. lo que hizo a los hombres más vulnera- ción de conexión entre el LfJ.dividuo y La comunidad, creando una crisis
bles al daño psicológico no fue simplemente estar expuestos a la muer- de fe. Lifi:on descubrió que, después de haber experimentado desas-
te, sino su participación en actos de destrucción maliciosa y sin tres y la guerra, eran reacciones habituales una permanente descon-
sentido. En un estudio sobre los veteranos de Vietnam) un 20 por 100 fianza hacia la comunidad y una sensación «falsificada» del mUll.do 16.
de los hombres admitió haber sido testigo de atrocidades durante su Un veterano de la Guerra de Vietrlam describe cómo perdió la fe: d'io
servicio en Vietnam, y otro 9 por 100 reconocía haber cometido perso- era capaz de racionalizar en mi mente que Dios pudiera dejar que mu-
nalmente dichas atrocidades. Años después de haber regresado de la rieran hombres buenos. Había acudido a varios ... sacerdotes. Estaha
guerra, los hombres con más síntomas eran aquellos que habían sido ahí sentado con un sacerdote y dije: ~'Padre, no entiendo esto; ¿cómo
testigos o habían participado en la violencia abusiva 14. Otro estudio deja Dios que mueran nmos pequeños? ¿Qué es esto, esta guerra, esta
confirmó estos hallazgos, descubriendo que cada uno de los hombres mierda) Tengo todos estos amigos que están muertos" [ ... J El sacerdo-
que reconocían haber participado en dichas atrocidades tenía desor- te me miró a los ojos y dijo: "No lo sé, hijo mío; nunca he estado en
den de estrés postrau.'Ilático más de una década después de haber aca- una guerra". Yo le dije: "No le he preguntado por la guerra; le he pre-
bado la guerra 15 guntado por Dios"» "-
El daño a la fe del superviviente y a la sensación de comunidad es
,2 B. L GreeI!,J. D. Ln¿y,:Vi. C. Grace y ot;:-os. «Buffalo C:eek Sun;ivors in the Secon¿ De- especialmente grave cua11do los propios acontecLrnientos traumáticos
cade: StabililY oE Stress Symptoms». American Journat 01 Orthopsychiatry 60: 43-54 (1990) . implican una traición a relaciones imporrantes. La hl1aginería de estos
•3 0;. Speed. B. Engdahl. J. Schwanz y orfOS. «Post-Traumatlc Stress Disorder as a Coose-
acontecimientos cristaliza a menudo alrededor de un momento de trai-
ql1ence oE u\e POW Experience». }ourna¿ 01 NeT'v'ous ami Mental Disease 177: 1447 -1453 (1989);
D. Fay. R. Sipprelle. D. Rueger y otros. «E¿oiogy or Post-T raumanc Stress Disorder h:. Viemfu'TI
ción, y es esta ruptura de la confianza lo que confiere su poder emo-
Veterfu'1S: Analysis oi Premilitary. Y1ilitary and Combat Exposure Influences», }ourna! el Consul-
ting ami Clinica! Psycholo!!,.y 52: 79-81 (198-f}.
:~ R. S. Laurer. E. Brete y .ivl. S. GalJops. «Symptom Patterns Associated \l¡-lth Post-T raumatic ,6 RJ. Lilion, «((oncepe oE "-'":te Sun·'ÍV00>, ob, ciJ.,: R. J. L±on. Home from ¡he War 'V:'2,nam

Stress Disorder a,."TIoog Viemam Veteraos Exposed to War Trauma», American }ournaZ 01 Psy- Veterans: Neither Victims nar Executloners. Sim.on & Schuster, Nueva York. 1973.
chiatr} 142: 1304-1311 (1985). .7 Cit. en M. NOrrDa,." These Good Men: Fn~ndships Forged 'Xrar, Cro'W"D, :-¡ueva Yo:-k.. 1989.
,5 ~. Breslau y G. Dav-ls, ob. cir. pág. 24.
98 DESCONEXIÓN 99

cional a las imágenes im:rusivas. Por ejemplo) en la psicoterapia que La naturaleza contradictoria de las relaciones de este hombre es
hizo Abram Kardiner al veterano de la i'Vlarina que había sido rescata- algo común en las personas traumatizadas, Debido a su dificulcad
do en el mar después de que su barco se hundiera) se mostró especíal- para modular la ira intensa, las víctimas oscilan entre incontroladas
meme disgustado cuando reveló que se había semido defraudado por expresiones de ira y la intolerancia hacia la agresión de cualquier
los suyos: «El paciente se mOStró muy agirado y empezó a sudar profu- tipo. Es decir, por una parte, este hombre sentía compasión y un afán
sameme; su ira estaba causada por incídemes relacionados con el res- de protección hacia los demás y no podía soponar la idea de que al-
cate, Habían esrado en el agua alrededor de unas doce horas cuando guien pudiera sufrir daño, y por otra) era explosivo e irritable hacia
un destructor les recogió. Evidentemente) los primeros rescatados fue- su familia. Su propia inconsistencia era una de las causas de su tor-
ron los oficiales que estaban en los botes salva\~das, Los ocho o nueve mento.
hombres que se aferraban a la balsa en la que estaba el pacieme tuvie- ~Oscilaciones parecidas tienen lugar en la regulación de la intinlÍ-
ron que esperar en el agua durante seis o siete horas más hasra que lle- dad, El trauma empuja a las personas a rehuir las relaciones de in-
gó la ayuda» lS. timidad y, al mismo tiempo, a buscarlas desesperadamente, La
Los oficiales fueron recogidos primero, aunque estaban relativa- ['rofunda ruptura de la confianza básica, los sentimientos de culpa,
meme a salvo en los botes salvavidas, miemras que los soldados rasos vergüenza e inferioridad, y la necesidad de evitar los recordatorios
fueron ignorados y algunos de ellos se ahogaron mientras esperaban del trauma que podría.'1 encomrar en la vida social, todos esros ele-
a ser rescatados. Aunque Kardiner aceptaba este procedimiento mentos favorecen que rehúyan las relaciones cercanas, Sin embargo,
como parte de la jerarquía militar normal, el pacieme estaba horrori- el miedo al acontecimiento traumático intensifica la necesidad de re~
zado de haberse dado cuema de que era prescindible para su propia laciones de protección, Por ello, la persona traumarizada con fre-
geme, El desprecio de los rescatadores hacia la vida de este hombre cuencia fluctúa entre aislarse y aferrarse ansiosamente a los demás.
le resultaba más traumático que el ataque enemigo, el dolor físico de La dialéctica del trauma no solo funciona en la vida interior de la su-
estar sumergido en el agua fría, el miedo a morir y la pérdida de los perviviente, sino rambién en sus relaciones más ínIÍrrlas. Una supervi-
Otros hombres que compartieron con él este sufrimiento, La indife- viente de violación describe cómo el trauma modificó su sentido de
rencia de los rescatadores destruyó su fe en la comunidad, Como conexión con los demás: «No hay manera de describir lo que estaba
consecuencia de este acontecimiento) el paciente mostraba no solo ocurriendo en mi interior. Estaba perdiendo el control y nunca, en
síntomas postraumáticos clásicos, sino también muestras de a±ucción toda mi vida, había estado tan aterrorizada e indefensa, Sentía como
patológica, relaciones rotas y depresión crónica: «De hecho, tenia si se le hubiera dado una patada a todo mi mundo y me hubieran de-
una reacción profunda a cualquier tipo de violencia y no podía ver jado Hotando, sola, en la oscuridad, Tenía horribles pesadillas en las
cómo otros eran dañados, heridos o amenazados [--,J [Sin embargo] que revivía la violación [ __ ,J Me aterrorizaba estar con gente y me
afirmaba que de repente senIÍa ganas de pegar a la gente y que se ha- aterrorizaba estar sola» 20~
bía vuelto muy agresivo con su familia. Comentó: "ivle gustaría estar Las personas traumatizadas sufren daños en las estructuras básicas
muerto; hago sufrir a todos los que me rodean"" 19 del yo, Pierden la confianza en sí mismas, en otras personas, yen Dios,
Su autoestima se ve asaltada por experiencias de humillación, culpa e
IS A. Ka.rdiner '/ H, Spiegel, War, Stress and Neuroác Wnes (ed. rev. The Traumaác Seuroses
Of\'!7dT), Hoeber, Nueva York, 1947, pág. 128.
l~ Ibídem, pág. 129. :0 Cit. e..'1 R. Warshaw, I Ne-r.JeY Called It Rape, Harper & Row, ~ueva York, 1988, pág. 68.
100
DESCO"EXIÓ" 101

indefensión. Su capacidad para la intimidad se ve comprometida por dos al teatro de la guerra, así como con civiles. Quince años después
intensos 'y' contradictorios sentimientos de necesidad y miedo. La iden- de que terminara la guerra, más de un tercio (36 por 100) de los vetera-
tidad que habían formado antes de! trauma queda irrevocablemente nos de Vietnam que habían estado expuestos a duros combates todavía
destruida. La víctima de 'violación Nancy Ziegenmayer testifica sobre seguían cualificándose para un diagnóstico de desorden de estrés pos-
esta pérdida del yo: «La persona que yo era la mañana de! 19 de no- traumático. En contraste, solo padecían el desorden el 9 por 100 de los
viembre de 1988 me fue arrebatada a mí y a mi ramilia. Nunca volveré veteranos que habían estado expuestos moderadamente al combate,
a ser la misma durante el resto de mi vida» 2l . un 4 por 100 de los veteranos que no habían sido enviados a Vietnam
y un 1 por 100 de la población civil "- Aproximadamente e! doble del
número de veteranos que todavía tenían el síndrome en el momento en
VULNERABILIDAD y RESISTENCIA que se realizó el estudio habían tenido síntomas en algún momento
desde su regreso. Habían sufrido el síndrome postraumático aproxi-
madamente tres de cada cuatro hombres que habían estado expuestos
Eí determinante más poderoso del daño psicológico es e! propio a duros combates 26.
carácter del acontecimiento traumático. Las características de la perso~ No hay ninguna persona inmune si se ve expuesta lo suficiente al
nalidad ínrnvidual cuentan poco en circunstancias de acontecimientos acontecimiento traumático. Leonore Ten, en su estudio de los niños
domillBntes y abrumadores 22. Hay una relación sencilla y directa entre que habían sido secuestrados y abandonados en una cueva, descu-
la gravedad del trauma y su impacto psicológico, tanto si este se mide brió que todos tenían síntomas postraumáticos, tanto en los momen-
en términos de número de personas afectadas como en la irltensidad y tos inmediatamente posteriores al acontecimiento como cuatro años
duración de! daño 2J. Estudios sobre la guerra y los desastres naturales más tarde. Aunque los niños resultaron físicamente ilesos, el ele-
han documentado una «CliDia dosis-respuesta»: por la que cuanto ma~ mento de sorpresa, la amenaza de muerte y la deliberada e inescru-
yor es la exposición a los acontecimientos traumáticos, mayor es el table maldad de los secuestradores contribuyeron al grave impacto
porcentaje de población con síntomas de desorden de estrés postrau- del acontecimiento"- Ann Burgess y Lynda Holmstrom, que en-
~. .. )
matICO»-~.
trevistaron a las supervivientes de violación en las urgencias del
En e! estudio nacional realizado sobre la reinserción de los vetera- hospital, encontraron que, inmediatamente después del ataque, to-
nos de Vietnam a la vida civil, los soldados que cumplieron servicio en das las mujeres tenían síntomas de síndrome de estrés postraumá-
e! país asiático fueron comparados con los que no habían sido asigna- rico 28.

2! Ct. en]. 5chorer. Jt Ccu¿dn't Happen lo me: One Woman's Storj, Des Maines (Iowa) (Des
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Se, Helens Experience», American Joumal o/ Psychiatry 143: 590-596 (1986), chiatry 231: 981-986 (1974).
102 DESCO"iEXIÓ" 103

Estudios de seguimiem:o indican que, si se comparan con las «rompían» con mayor facilidad que otros 31. Solo una pequeña minoría
vÍcümas de OtrOS delitos, las supervivientes de violación tienen al- de personas excepcionales parece ser relarivamente invulnerable en si-
tOS niveles de persistente síndrome de estrés pos traumático 29. Estos tuaciones extremas. Estudios realizados sobre diversas poblaciones
efectos malignos de la violación no resultan sorprendentes si se tie- han alcanzado condusiones parecidas: los individuos resistentes al es-
ne en cuema la profanación física, psicológica y moral de la perso- rrés parecen ser aquellos con alta sociabilidad, un estilo de manejar la
na. El propósito del violador es aterrorizar, dominar y humillar a su vida reflexivo y adaptativo, y una fuerte percepción de su capacidad
vícIima, dejarla indefensa, Por lo ¡amo, la violación esIá, por natu- para controlar su destino 32. Por ejemplo, cuando se hizo un segui-
raleza, intencionadamente diseñada para producir uauma psicoló- miento de un gran grupo de ni.i1os desde su nacimiento hasta llegar a la
gICO. edad adulta, aproximadamente un niño de cada diez demostró UIla ca-
Aunque la posibilidad de que una persona desarrolle un desorden pacidad inusual de soportar un emorno adverso temprano. Esws niños
de esués postraumático depende pri.11cipaLmente de la naturaleza del se caracterizaban por un temperamenro despierto y acrivo, una socia-
acontecimiento traurnáúco, la diferencia individual juega UT} papel im- bilidad inhabitual, una gran capacidad para comu.nicarse con los de-
ponante para deterrnmar. 1a lorma
[ que ad ' el cesorcen,
oprara ' , 1""'\JO nay más y un fuerte sentido de su capacidad para determinar su propio
dos personas que tengan reacciones idénticas ante un mismo aconteci- destino, lo que los psicólogos llaman «!ocus interno de control»)3. Se
miento. A pesar de sus muchos rasgos constantes, el síndrome traumá- han encomrado capacidades parecidas en personas que muestran una
rico no es igual para IOdos. Por ejemplo, en un estudio realizado sobre especial resistencia a la enfermedad o una enorme fuerza de ánimo
los vereranos de guerra con desorden de estrés posrraumátíco, el pa- ante las tensiones de la vida normal)4.
trón predominame de símomas de cada hombre estaba relacionado Durante acontecimientos estresantes, las personas muy fuertes san
con su historia personal de la infancia, con sus conilieros emocionales capaces de aprovechar cualquier oportunidad para emprender una ac-
y con su estilo de adaptación. Los hombres con tendencia a tmer un ción decidida en conjunción con otras, miemras que la gente normal
componamiento asocial solían tener sÍTltomas predomina.rnes de irrita- queda paralizada con mayor facilidad o aislada por el miedo. La capa-
bilidad e ira, mientras que los hombres que tenían altas expectativas cidad para conservar las conexiones sociales o estrategias activas, in-
morales de sí mismos y un fuerte senti.miemo de compasión hacia los cluso cuando uno se enfrenta a UTla situación extrema, parece proteger
demás tenían más posibilidades de tener sintomas predominames de hasta cierto puma a las personas contra el desarrollo posterior de sin-
depresión 30. dromes postraumáticos. Por ejemplo, entre los superviviemes de un de-
Hasta cierto pumo el impacIO de los acontecimiemos traumáticos
también depende de la elasticidad de la persona afectada. Aurlque los
estudios sobre los veteranos de la Segunda Guerra Mundial han de- 31 R. Grh:.ker y J. Spiegel, }¡len Under Stress, Blakeswn, Filadelfia, 1945.
52 M. Gibbs, «Facw[s i.:.-1 che V¡crlm Ihac Mediare Bet\lleen Dis:asrer a."1d Psycnopa::h.ology: A
mostrado que cada hombre tenía su «punto de ruptura», algunos se
Revie\1,l», Iournal ofTraumatic Stress 2: 489-514 (1989); S. S. Lumer y E. Zigler, «Vuinerabiky me
Compecence: A Review oE Researen 01'.. Resilience in Chilhooc», American ¡ouma! o/Orrhopsy-
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Scress Disorder in an Urba.c."1 Popu1aclor:. oE YOlli"1g Aduhs», Archives o/ General Psychiatry 48: Birrh to 32 Years», American Jouma! oí Orthops/chiatry 59: 72-81 (1989),
216-222 (1991), '-.i R FlanIlery, «From Victim ro Survivor: A Suess-Managemem Approacn in [ac TreaL"Ilec.:.t
)(1 H. Hendi.'1 y A. P. Haas, VC'ounds 01 War.- Tbc Psychological Afte-nnath 01 Combat in Viet- oE Learned Helplessness», en Psychologicai Trauma, ed. B. A. van der KoLk., A.Inerican Psycnía¡:rlc
nam, Basic Books, Nueva York, 1984. Press, Washington, D.C., 1987, págs. 217-232.
~

104 DESCO:';EXlÓi'\ le5


••.,
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.J.
~iii
sastre marítimo) los hombres que consiguieron escapar cooperando proteger hasta cierto punto. Las mujeres que se mantuvieron calma-
con otros mostraron posteriormente pocos L1l.dióos de desorden de es- das, utilizaron muchas estrategias activas y lucharon al máxL-no de su
trés postraumático. Aquellos que se habían «congelado y disociado» capacidad no solo lenÍan más posibilidades. de tener éxito frustrando
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;,';·'
solían mostrar más síntomas después. También tenían muchos sínto- la violación, si.no que tenían menos posibilidades de padecer graves
síntomas incluso aunque, finaL-nente, sus esfuerzos fracasaran. A dife-
i'II
mas los «rambos», hombres que se habían lanzado a una acción impul-
siva y aislada y no se habían unido a otros 35. rencia de ellas, las mujeres que quedaron inmovilizadas por el miedo v ~
Un estudio realizado con diez veteranos de Vietnam que no habían
desarrollado el síndrome de estrés postrau.¡nático a pesar de haber esta-
do continuamente expuestos al combate, demostraba una vez más la
se sometieron sin forcejear no solo tenían más posibilidades de ser vio-
ladas, sino también de ser autocríticas y estar deprimidas después de:
suceso. Sin embargo, la alta sociabilidad de las mujeres era a menudo
3
~
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~
tríada caracterÍstÍca de estrategias de adaptación activas y orientadas a una desventaja y no una ventaja durante un inlento de violación. :vlu-

~
U.¡O objetivo, fuerte sociabilidad y locus i.¡oterno de control. Estos hom- chas mujeres intentaron apelar a la hurnanidad del violador o estable-

..
cer algún tipo de conexión empática con éL Estos intentos fueron, casi
bres extraordinarios se habían centrado conscientemólte en conservar la
calma, el juicio, la conexión con los demás, los valores morales y su sen- universalmente~ inúIiles 3/. ~
tido del significado incluso en las condiciones más caóticas del canopo Aunque las personas más resistentes tienen más posibilidades de wt
de batalla. Para ellos la guerra era «un reto peligroso al que había que sobrevivir ilesas, ningún atributo personal de la \ictima es suficiente
enfrentarse mientras se luchaba por seguir vivo» y no una oponunidad por sí mismo para oftecer urla protección fiable. El factor más impor-
para demostrar su hombría o una situación en la que eran victimas in.de- tante citado mayoritariamente por los supervivientes es la buena suer-
fensas 36 Luchaban por construir un objetivo razonable para las acciones te. rvIuchos son conscientes de que el' acontecimiento traumático po-
que llevaban a cabo y por comunicar esta idea a los demás. Mostraban un dría haber sido mucho peor y que podrían haberse «roto» si el destino
alto nivel de responsabilidad hacia la protección tanto de los demás nO les hubiera salvado. En ocasiones, los supervivientes atribuyen su
como de sí mismos, evitando riesgos Íllnecesarios y, en ocasiones, cues- supervivencia a la imagen de una conexión que consiguieron conservar
tionando órdenes que consideraban equivocadas. Aceptaban el miedo incluso viéndose enfrentados a una situación extrema, aunque también
en ellos mismos y en otros, pero se esforzabfu"l por superarlo preparán- son conscientes de que esta conexión era frágil y podría haber sido
dose lo mejor que podian para él. Tanobién se esforzabfu"l por no ceder destruida con facilidad. Un joven que sobrevivió a un intento de asesi-
ante la ira, que consideraban peligrosa para la supervivencia. En un ejér- nato describe el papel jugado por dicha conexión:
cito desmoralizado que favorecía las atrocidades, ninguno de estos hom-
Tuve suerte en varios aspectos. Al menos no me violaron. No creo que hu-
bres expresaba odio o fu"lS;a de venganza hacia el enemigo, y ninguno de
biera podido sobrevivir a eso. Después de que me aplli"'1alaraIl y me dejaran por
ellos cometió violaciones, torturó, asesL."1Ó a civiles y prisioneros, o muti- muerto, de repente tuve una imagen muy poderosa de mi padre. Me di cuem2.
ló a los muertos. de que ilO me podía morir porque le causaria demasiado sU±ili-memo. Tenía
Las experiencias de las mujeres que se han encontrado con un vio- que reconciliarme con él. Una vez que hube decidido seguir \i"ieildo ocurrió
lador sugieren que las mismas características de resistencia pueden una cosa increíble. Visualicé el nudo alrededor de mis muñecas, aUi1que mis
manos estaban atadas detrás de la espalda. Me desaté y me arrastré hasta el pa·

35 A. Holen. A Long-Term Outcome Study ofSurvivOTS from Dúaster, University or Oslo


Press, Osio (i<oruega), 1990. ¡- P. Ban y P. O'Brieu, 5topping Rape: 5uccessfd Su-r,JivaL Strategies, Pergac--non. :\üeva York.
}6 H. HencS-;,g y A. p, Haas, ob. de, pág. 214. 1985.
106 DESCONEXIÓN 107

siUo. Los VeCh'"lOS me encomraron jusw a ci.empo. CrlOS ml.o""J.uws más y hubiera dades que sus compañeros adultos de desarrollar un sí"drome de es-
sido demasiado :arde. La vida me dio una segunda oportunidad 3'3 trés posuaumático en combate~), y las niñas adolescentes son especial ~
meme vulnerables al trauma de la violación". La experiencia de Ierror
Aunque algunos íIldíviduos con recursos pueden ser especialmen~ e indefensión durame la adolescencia pone en peligro las tres tareas
Le resisrentes a los malignos efectos del trauma, los índividuos que es- adapIativas normales de esta fase de la vida: la formación de la idemi-
tán al orro extremo del especuo pueden ser muy vulnerables. Como dad, la separación de la familia de origen y la exploración de un mun-
cabe esperar, los que más peligro corren son aquellos que ya están in- do social más amplio.
defensos o desconeCTados de! resto. Por ejemplo. los soldados más jó- El combate y la violación, las formas pública y privada de violen-
venes y con menor educación que fueron enviados a Víernam tenÍa...ll. cia social organizada, son esencialmem:e experiencias de la adolescen~
más posibilidades que aIraS de verse expuestos a experiencias exuemas cia y de la primera vida adulta. El ejército de Estados Unidos recluta a
de guerra. También había más posibilidades de que IUvieran menor jóvenes de diecisiete años; la media de edad de los soldados de Viet-
apoyo social a su regreso a casa y, por consíguiente, menos posibilida- nam era de diecinueve años. En muchos otros países, los chicos son re-
des de hablar sobre sus experiencías de guerra con amigos o familiares. clutados para el servicio rniliIar cuando son adolescemes. Los últimos
\~o resulta sorprendente que estos hombres corrÍera..'1 un gran riesgo a años de la adolescencia es e! período en que hay más riesgo de ser vio-
desarrollar un desorden de estrés postraumárico. Los soldados que ya lado. La miIad de todas las víctimas tienen veinte o menos años en el
renÍan un desorden psicológico am:es de ser env-1ados a Vietnam reman momento de la violación; rres cuanas partes tienen entre trece y veinti ~
más posibilidades de desarrollar una amplia ga.ma de problemas psi- séis años". En realidad se puede decir que el período de mayor vulne-
quiátricos a su vuelta, pero esra vulnerabilidad no era específica del rabilidad psicológica es también el período de mayor exposición trau-
síndrome postraumático 39. De forma parecida, las mujeres que renÍa..ll. mática, tanto para los hombres jóvenes como para las mujeres. Por lo
desórdenes psiquiátricos antes de ser violadas padecían reacciones tanto, la violación y el combare pueden ser considerados ritos sociales
pos traumáticas especialmenre graves y complicadas 40. Los aconteci- complementarios de iniciación a la violencia coercitiva que está en el
mienros traumáticos de la vida, como arras desgracias, son especial- corazón de la sociedad adulIa. Son las formas paradigmáticas de trau-
meme crueles con aquellos que ya tienen problemas. ma para mujeres y hombres, respectivamente.
Los niños y los adolescentes, relarivamente indefensos si los com-
paramos con los adulws, también son especialmente vu1,erables al
daño ". Los esrudios sobre niños v1crimas de abusos demuestran que
hay una relación inversa emre el grado de psicopatología y la edad de!
comienzo del abuso ". Los soldados adolescentes tienen más posibili-

~3 B. A. van de!" Kolk, «Tue TratLrna Spectn.!.m: The b.teracüor:. oE Biological and Social
)3 Entrevista B. elyde, 1988. Events in me Genesls oE ú'"J.e T raur"a Response», Iouma.! o/ Traumatic Stress 1: 273-290 (1988):
.l9 B. L. Greer:. y ocros, «BuHalo Creek Survivors .. », ob. cIt. R. A. Kulka y orros, ob. cit.
.;0 A. \'jI. Burgess y L. L. HoLrnstrom, «Adapcive 5rraregies a..'1d Recave!"y from Rape», Amer,·- 0;"; A. W. Burgess, «Sexual Vi.ctimizaüon oE Adolescems», en Rape and Sexual AJsault: A Re-

~'an foumal ofPsyc.6iatry 136: 1278-1282 (1979). search Handbook, A.,.,n W. Burgess (ed'), Garland, Nueva York, 1985, págs. 123-138; S. S. Age·
'1 M. Gibbs, ob. cir. ton, «Vulnerabiliry to Sexual Assault», en Rape and Sexual Assault, vol. 2, PUln ~-r.. Burgess (ea.).
"2 A. H. Green, «Dimensions Di Psycnologícal Trauma in Abused Children», foumal 01 ¡he Cariand, Nueva York, 1988, págs. 221·244.
American Association 01 Child Ps/chiatT)1 22: 231·237 (1983). 45 D. E. H. Russell, Sexual Exploitaúon, Sage, Beverly Hills (California), 1984.
108 DESCO:-';EXlÓ:\ 109

EL EFECTO DEL APOYO SOCL>\L quiatra Herbert Spiegel describe esta estrategia para conservar los V1..i'1CU-
los y recuperar la sensación de seguridad básica enEe los soldados del
Como los acontecimientos traumáticos invariablemente dañan las frente: «Sabíamos que el soldado estaba perdido cuando se le separaba
relaciones, las personas que forman pane del mundo social del supervi- de su unidad. Así que sí veía que alguien se eSlaba viniendo abajo, le
viente tienen el poder de influir sobre e! resultado eventual de! tra\hua 46 daba la oponunidad de pasar la noche en la zona de cocinas porque es·
Una respuesta comprensiva de otras personas puede mitigar el L111pacto taba un poco alejada, pero todavía permili""1ecía dentro de la unidad. Los
del acontecimiento, mientras que una respuesta hostil o negativa puede cocÍ..í1eros estaban allí. Les decía que durmieran, incluso les daba alguna
multiplicar el daño y agravar el síndrome traumático.:!r, Las supervivien- medicación para dormir, y era como mi unidad de rehabilitación. La
tes son muy \iulnerables después de los acontecirnientos traumáticos de neurosis traumática no ocurre irLmediatamente; en sus fases iniciales tan
su ,ida. Su sentido de! yo ha quedado destrozado y solo puede ser re- solo se expresa como confusión y desesperanza. En ese período, si el
construido tal y como se construyó: en conexión con los demás. entorno fu'"1L.--na y apoya a la persona, puedes el/itar lo peor»':8.
El apoyo emocional que buscan las personas traumatizadas en su Cuando e! soldado regresa a casa no suelen surgir problemas de
familia, amantes y amigos íntimos adquiere muchas formas y cambia seguridad y protección. En el caso de desastres civiles y delitos norma-
durante el curso de la resolución del trauma. En el tiempo inmediata- les, la fili--nilia lll.mecliata y los amigos de la víctLrna normahnente se mo-
mente posterior al trauma) la principal tarea es reconstruir alguna for- vilizan para proporcionarle refugio y seguridad. En la vl01encía sexual
ma mínima de confianza, y para ello son de extrema importancia la y doméstica) no obstante, la seguridad de la V1ctÍIna sigue estando a..rne-
reafirmación de seguridad y la protección. La superviviente, que a me- nazada después del ataque. Por ejemplo, en la mayoría de casos de vio-
nudo ¡jene miedo a quedarse sola, anhela la mera presencia de una lación) la víctima conoce al violador: es un conocido, un compañero
persona comprensiva. Como ha experimentado ya la sensación de ab- de trabajo, un amigo de la familia, un marido o un amante". Además,
soluto aislamiento, la superviviente es intensamente consciente de la el violador a menudo tiene un estatus superior al de la victima dentro
fragilidad de las conexiones cuando uno se enfrenta al peligro. Necesi- de su comunidad y puede que las personas más cercanas a la victima
ta reafirmaciones claras y explícitas de que no volverán a dejarla sola. no corran a ayudarla. Incluso puede ocurrir que la comunidad sea más
En e! caso de los hombres que luchan en una guerra, la sensación comprensiva con e! violador que con ella. Es posible que la dctima
de seguridad la representa el pequeño grupo de combate. Los hombres tenga que retraerse de algmla pane de su mundo social para huir de su
dependen los unos de los otros en condiciones prolongadas de peligro, ,iolador y puede que acaben expulsándola de una escuela, un trabajo
y e! grupo desarrolla una fantasía companida de que su lealtad y devo- o un grupo de iguales. Una adolescente superviviente de una violación
ción mutuas pueden protegerles de! daño. Llegan a temer la separación describe cómo fue rechazada: «Después de esto, todo fue cuesta abajo.
más que a la muene. Los psiquiatras militares de la Segunda Guerra A las demás niñas les prohibía..,., que yo fuera a sus casas, y los chicos se
Mundial descubrieron que separar a los soldados de sus unidades mul- me quedaban mirando en la calle mientras iba al colegio. Me quedó
tiplicaba enormemente e! trauma de estar expuestos al combate. El psi- una reputación que me marcó durante el resto del instituto» 50.

"6 B. L. Green,rp, Wilson y J. D. Lindy, «Conceptualizing POSt-T raumatic Stress Disorder: -'8 Emrevis¡:a a H. SpiegeL 14-V-1990.
A Psychosocial Framework», en C. Figley, ob. c1r:. -'9 D. E. H. RusseU. ob. tit.
~7 R. B. Flfui.nery, «Social SUPPOri: an¿ Psychological Trauma: A Methodological Review», 50 j\,.liún femirllsta radical. 0ueva York. 1971: cir. por S. Brownmiller . .Against OUT WiL
Joumal ofTTaumatü: Stress 3: 593-611 (1990). Men, Women, and Rape, SL.-non & Schuster. Nueva York. 1975, pág. 364.
110 111
DESCO:\EXIÓ:\

Por lo rauco, los sentimientos de miedo, descon±la:.'lza y aislamien- Muchos soldados que regresaron de la guerra hablan de sus difi-
w ce la superviviente pueden verse acentuados por la incomprensión o cultades COfi la intimidad y la agresión. El veterano de combare Mi-
abierta hostilidad de aquellos a los que pide ayuda. Cua.¡1do el violador chael Norman da fe de estas dificultades: «Inquiero e irritable, me
es un marido o un novio, la persona traumarizada es la más vllL'1erable comportaba mal. Buscaba la soledad y luego recriminaba a mís amigos
porque a quien normalmente acudiría a pedir ayuda y protección es que se alejaran de mí [ ... 1 Ladraba a mi hijo que me adoraba y reñía a
precisamente la fuenre de peligro. mi mejor aliada, mi mujer»)}. Este tipo de testimonios aparece con fre-
En contraste, si la supen.riviente riene la suerte de tener una familia cuencia en los esmdios. La psícóloga]osefina Card señaló que los vete-
que la apoya, o una pareja y amigos que la comprendan, sus cuidados ranos de Viemam expresaban con frecuencia que cenían dificultades
y protección pueden tener una fuerte int1uencia curativa. Burgess y para llevarse bien con sus mujeres y novias o para sentirse emocional-
Holmsrrom, en su estudio de seguimiento de las VÍClimas de violación, meme cerca de cualquiera. En esre aspecto había ,-ma clara diferencia
informaban de que el tiempo necesario para recuperarse dependía de con sus compañeros que no habían ido a la guerra 54. Otro estudio so-
la calidad de las relaciones Íl1LÍ.lnas de la persona. Las mujeres que las bre la reínserción de los veteranos de VietnalTI documentaba un pro-
¡enían estables con una pareja solían recuperarse más rápidamente que fundo impacto del trauma de guerra. Los hombres con síndrome de
aquellas que no las renían". De forma parecida, Otro estudio observa- estrés postraumático se casaban menos, tenían más problemas cony'U-
ba que las supervivientes de v-iolación que tenían menos sím:omas eran gales y con los hijos, y se divorciaban más que aquellos que habían es-
las que habían tenido una mayor experiencia en las relaciones íntiInas capado sin sufrir el desorden. Muchos se aislaban o recurrían a la vio-
y amorosas con hombres 52. lencia con los demás. Las mujeres veteranas que sufrían el mismo
Cuando se ha resTaurado la sensación de seguridad básica, la desorden demostraban problemas parecidos en sus relaciones íntimas
superviviente necesíra la ayuda de los demás para reconsIruir una aunque raramente recurrían a la violencia 55.
\/lsión positiva de su persona. Es necesario recuperar la regulación En una especie de círculo vicioso los vereranos de guerra con fa-
entre intimidad y agresión que ha sido alterada por el trauma. Para milias poco comprensivas parecen correr un altO riesgo de padecer
ello es imprescindible que los demás demuestren cierta tOlerancia a persistentes sÍl1tomas pos traumáticos, y aquellos que rienen desorden
la necesidad fluctuante de la superviviente de cercanía y distancia, y de estrés postraumático alejan aún más a sus familias 56 En un estudio
muestren respeto hacia sus intentos de restablecer la autonomía y el sobre las estructuras sociales de apoyo a los soldados que regresaban a
auto controL No es necesario que los demás Toleren explosiones in- casa, el psicólogo Terence Keane observaba que, míentras estaban en la
controladas de agresión y, de hecho, dicha tolerancia es contrapro- guerra, rodas los hombres perdían alguIlas de las conexiones impor-
ducente, ya que no hace más que aumentar la carga de culpa y ver- tantes de su vida civil. Los hombres sin síndrome de estrés postrau-
güenza de la vícrima. En realidad, la restauración de la amoeslÍma mático recuperaban gradualmente sus conexiones de apoyo cuando
requiere el mismo tipo de respeto hacia la amonomía que impulsó volvían a casa. Sin embargo, los hombres que sufrían el sÍl1drome per-
el desarrollo original de la amoestÍma en los primeros años de
vida.
5; M. Norrnar:., Tbese Good }¡[en ... , ab. cit ,pág. 5.

5: "'1.. \Y/. Burgess y L L HoLrnstrom, ~<Adaptive Strateg¡es ... », ob. cit.


j~ J. r
Card, Uves Afrer Vietnam, ob. cíe.
55 R. A. KuLl.;:a y otros, N'vrvRS, ab. cit-
51 D. G. Kilpatrick, L. J. Veronen 'j C. L BeSe, d'acrors Predicüng Psycnological Disw:ss "6 J. S. Frye y R. A. Scockton, «S;:ress Disorder í.,."'1 Viema..'1'. "í/eterans», Amf!rican ¡ouma!' o/
:\.rnong Rape VicUm.s», en Egley, Trauma and lts Wake
Psycbiatry 139: 52-56 (1982).
I~
1,
~i
J:
:00
112 DESCO\:EXIÓ\: 113

sistente no podían reconstruir las conexiones sociales y, a medida que otros veteranos de guerra, luchaba con los mismos temas de agresión y
pasaba el tiempo, sus estructuras sociales se deterioraban aún más 57. autocontrol a los que ya se enfrentó cuando era un niño de parvulario.
El daño de la guerra puede, de hecho, verse irlCrementado por la El traurna de guerra había deshecho cualquiera que fuera la resolución
amplia tolerancia social hacia la desconexión emocional y la agresión de estos temas en sus primeros años de vida.
h'1conuolada de los hombres. Las personas más cercanas al veterano de Las mujeres traumatizadas por su vida sexual y doméstica luchan
guerra traumatizado pueden no saber enfrentarse y recrllnL..'"1ar su com- con temas parecidos de autorregulación. Sin embargo, a diferencia de
portamiento, permitiéndole demasiado espacio para sus explosiones de los hombres, sus dificultades pueden verse agravadas por la poca tole-
ira y su aislamiento emocional. Esto no hace más que agravar su senti- rancia de las personas que más cerca están de ellas. La sociedad es
miento de inadaptación y de vergüenza, y lo aleja de sus seres queridos, poco permisiva hacia la mujer tanto si se encierra en sí misma como si
Las normas sociales de agresión masculina también producen una con- expresa sus sentimientos_ Intentando ser protectores, la fa..rnilia, la pa-
fusión permanente en los veteranos que intentan crear relaciones farni- reja o los amigos pueden ignorar que la superviviente tiene la necesi~
liares pacíficas y carmosas, La trabajadora social Sarah Haley cita a un dad de recuperar su sensación de autonomía. Después de un aconteci-
veterano con síndrome de estrés postraumático que había conseguido miento traumático, los miembros de la familia pueden decidir qué
casarse y tener una familia y ernpezó a padecer una intensa recurrencia acciones tomar e ignorar los deseos de la superviviente quitándole, una
de los síntomas cuando su hijo empezó a jugar con juguetes bélicos: vez más, el poder jo. Pueden demostrar poca toleraIlCia a su ira o absor-
«Creía que podría manejarlo, pero la ma.iíana de Navidad, un muñeco berla en su propia búsqueda de venganza, Este es el motivo de que las
Gl Joe y una ametralladora de juguete fueron el detonante de todo [ ... ] supenlivientes duden con frecuencia abrirse a los miembros de su fa~
Lo habíamos pasado mal con el niño, que tenia tres años, y no sabía milia) no solo porque temen que no vayan a comprenderla, sino tam-
cómo solucionarlo l.,,] Supongo que fui un ingenuo, Todos los niños bién porque temen que su reacción eclipse la suya, Una superviviente
pasarl por esa fase) pero realmente me afectó porque había estado así en de violación narra cómo la reacción in.icíal de su marido la hizo sentir-
Vietnam, Pensé que yo le había hecho así y que yo tenia que hacer que se más ansiosa y fuera de control: «Cuando se lo conté a mi marido
cambiara» 58. tuvo una reacción violenta, Quería ir detrás de esos tipos, En ese mo-
A este hombre le preocupaban las crueldades gratuitas que había mento yo estaba muy asustada y no quería que se enfrentara a esa gen-
cometido cuando estaba en el ejército, y le decepcionaba el hecho de te. Se lo hice saber claramente, Por fortuna, me escuchó y se mostró
que nadie en una posición de autoridad se lo hubiera iInpedido, Su dispuesto a respetar mis deseos» 60.
irritabilidad en casa le recordaba su anterior agresividad incontrolada Reconstruir la sensación de control es especialmente problemático
en Vietnam. Avergonzado tanto de sus actos pasados como de su com- en las relaciones sexuales, Después de una violación, prácticamente la
portamiento en el presente, se «sentía como un mal padre» y se pre- mayoría de las supervivientes declaran tener alteraciones en sus ante-
guntaba si merecía tener una familia, Este hombre, como muchos riores patrones sexuales. La mayoría desea alejarse del sexo completa-

;, T. :'vL Keane. S. W. üw-en. G. A. Charoya y otros. «Social Support L.:. Viet.n.arn Veren!.D.S 5? 1. S. Foley, «Family Response tO Rape 2..<,d Sexual Assault». es Rape ana' Sexua! AssauZt:

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~

114 DESCONEXIÓN 115

mente dUlfu'T¡:e algún tiempo. Incluso después de que se restablezcan juicios realistas disminuyen los sentirnÍentos de humillación y culpa, y)
las relaciones LflIÍInas, los problemas en la vida sexual se curan muy conuaríamem:e, la crítica dura e ignora..l1te, o la aceptación ciega, no ha-
lent:amente éL. Durante el acto sexual, las supervivientes a menudo se cen sino agravar la culpa y el aislamiento de la superviviente.
reencuentran no solo con eSIÍJ.llulos específicos que producen flash- Los juicios realistas incluyen el reconocimiemo de las [erribles cir-
bac.ks, sino tfu'TIbién con un sentimiento más general de estar presiona- cunstancias del acom:ecímiento traumático y la gama normal de las
das o coaccionadas. Una superviv1.ente de violación narra cómo la reac- reacciones de la vicrima. Incluyen además el reconocí..miento de los di-
ción de su novIO la hizo sentirse víctima una vez más: «Nle desperté lemas morales de la persona que se erurema a algo con un poder de
durante la noche y me encontré a mi novio encima de mí. i\1 principio elección limitado, así como el reconocí..miento del daño psicológico y la
creí que [el violador] había vUelIO, y semí pánico. Mi novio me dijo aceptación de un largo proceso de recuperación. A diferencia de estos,
que solo estaba intentando volver a "acostumbrarme" para que no fue- los juicios críticos negatívos a menudo imponen una vi.sión preconce-
ra frígida durarlte e! resto de mi vida. Estaba demasiado agotada para bida ramo de la namraleza del acomecizniemo traumático como de la
luchar o discmir, así que le dejé hacerlo. Durame e! sexo mi mente es- gama de respuestas apropiadas. Y aceptar ingenuamente dichas opi-
taba completa..rnente en blanco. No sentÍ nada. Al día siguiente hice mi niones itllplica descartar las cuestiones de juicio moral, alegando que
último examen; hice las maletas y me marché. Rompí con mi novio du- dichas preocupaciones no tienen importa..l1cia alguna en circunstancias
ra..flte ese verano» 62. de limitada libertad de elección. No obstante, las emociones morales de
Debido a las arraigadas normas de permisividad hacia los hom- vergüenza y culpa no desaparecen ni siquiera en estas situaciones.
bres' muchas mujeres están acostumbradas a complacer los deseos de La cuestión del juicio es fundamental para recuperar la sensación
sus parejas y a subordinar los suyos propios, incluso en el sexo consen- de conexión entre el veterano de guerra y las personas cercanas a él. El
suado. Sin embargo) después de una v"Íolación muchas supervivientes \'eterano está aislado no solo por las imágenes de! horror del que ha
descubren que ya no pueden soportar esa situación. Una superviviente sido tesIigo y del que ha formado pane, sino rambién por su estatus es-
de violación debe establecer una sensación de autonomía y aurocomrol pecial como iniciado en e! culto a la guerra. El veterano piensa que
para reclamar su propia sexualidad, y para ello necesita una pareja que ningún civil, y desde luego ninguna mujer o niño, puede comprender
coopere, que sea sensible y que no espere [ener sexo cuando lo exija. que ha estado cara a cara con el mal y la muerte. Comempla al civil
La recuperación de una percepción posiciva del yo incluye no solo con una mezcla de idealización y de desprecio: es, al mismo riempo,
una sensación renovada de autonomía dentro de la conexión) sino inocente e ignorante. Él ha violado e! [abú del asesinato. Lleva la mar-
también un renovado respew por uno mismo. La superviviente necesi- ca de Caín, Un veterano de Vietnam describe cómo se sentía contami-
ta que los demás la ayuden a superar su sensación de vergüenza y a ela- nado:
borar una valoración justa de su componamiemo, y las ac!iwdes de las
personas más cercanas a ella son esenciales para que lo consiga. Los La ciudad no podía hablar y no quería escuchar. «¿Te gustaría que re ha-
blara de la guerra?», podría haber preguntado, pero el lugar solo hubiera pes-
tañeado y se hubiera encogido de hombros. ~'o re..'1Ía memoria y, por lo ~a..."1ro,
61 C. C. l\'ade1son, M. 1. ;-'¡orma.:.'l, H. Zackson '! otroS, ~(A Follow-Cp Srudy oE Rape Vic- no tenía culpa. Se pagaba..l1 los L.'npuestos y se camaban los VOtoS, y las mstim-
rims», American Iournai o/?SJchit1!ry 139: 1266-~270 (1982); J. V. Becker, L.]. Sk1'--'."ler, G. G. Abel ciones del gobierno haclfu"1 su rrabajo con eficacia y educación. Era una ciudad
Yotros, «TiII!.e-Lirnited L'1erapy wió Sexually Dysfunctional Sexually Assaulred \Vomen», Jour- eficaz y educada. No sabía una mierda de la mierda, y no le imeresaba saberlo.
na! Social 1,'(7or.k and Human Sexualú:y 3: 97 -115 (1984). [El ve[erano] aprendió y se preguntó qué podría haber dicho sobre el te..-rna. Él
-ó2 Oc. en R Warshaw, ob. cit., pág. 76. conocía la mierda. Era su especialidad. En especial el olor, pero también las
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116
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DESCO'iEXIÓ'\ 117

<1; variedades de texeura y sabor. ,,'\lgÚD día daria UIla conferencia sobre el tema. mujeres viven como una terrible violacÍón pueden no ser considerados
Se pondría li...'1 ;:raje y corbata, se levaIltarÍa delante del dub Ki.rY.-"fullS y hablaría
i~' como tales, incluso por personas cercanas a ellas. De esta manera, las
;;} a esos gilipollas de toda la mierda que conocla, Quizá también repartiría algu-
nas muestras 63. supervivientes se ven en la encrucijada de tener que elegir entre expre-
sar su PWl.to de vista o seguir conectadas con los demás. En estas cir-
Esa idea del veterano apartado de los demás es compartida con cunstancias, muchas mujeres tienen dificultades incluso para poner
demasiada frecuencia por los civiles que se contentai1 con idealizar o nombre a su experiencia 65 Si queremos crear una conciencia, la pri-
<

despreciar el servicio que prestó en el ejército, evitando conocer con mera y más fundamental tarea es, sencillamente, llamar a la violación
detalle en qué consistía ese servicio. Si existe algún apoyo social hacia por su nombre,S6.
el hecho de que se hagan públicas las historias de guerra, normalmente Las actitudes sociales convencionales no solo no reconocen la ma-
esta narración queda restriilgida a los propios veteranos de guerra. Las yoría de violaciones como tales, sino que además las interpretan como
historias de guerra se conservan entre los hombres de una misma épo- relaciones de sexo consentido, y consideran que la 'VÍctima es la res-
ca, que están desconectados de la sociedad en general, que incluye dos ponsable. De esta manera las mujeres descubren una terrible disloca·
sexos y muchas generaciones. Por lo tanto, la fijación en el trauma -la ción emre su experiencia y la construcción social de la realidad 67 Las
sensación de un momento congelado en el tiempo- puede verse per- mujeres aprenden que, con la violación) no solo han sido violadas, sino
petuada por unas costumbres sociales que favorecen la segregación de también deshonradas. Se las trata con más desprecio que a los solda-
los guerreros del resto de la sociedad 6". dos derrotados, ya que no existe el reconocimiento de que han perdi-
Las supervivientes de violación encuentran también dificultades do lli"'1a batalla injusta. Se las culpa de traicionar sus propios estándares
parecidas con el juicio social, pero por motivos distintos. También ellas morales y de haberse dejado derrotar. Una superviviente describe
pueden verse estereotipadas. Las actitudes rígidas y críticas son algo cómo la criticaron y culparon: «Era tan terrible que [mí madre] no
generalizado, y las personas más cercanas a la superviviente no son creía que me habían violado. Estaba segura de que me lo había busca-
inmunes a ellas. Maridos, novios, amigos y familia, todos ellos tienen do [ ... J [Mis padres] me lavaron el cerebro de tal manera de que no
ideas preconcebidas de qué es una violación y cómo deben reaccionar me habían violado que iIlcluso empecé a dudarlo. O realmente quería
las víctimas. Existe un inmenso abismo entre la experiencia real de las dudarlo. La gente decía que a una mujer no la violan si ella no
supervivientes y los conceptos preestablecidos sobre la violación, yeso quiere» 68. Las respuestas comprensivas de las personas más cercanas a
crea en ellas una gran sensación de duda. Los veteranos que regresan a
casa pueden sentirse frustrados por la visión ingenua y poco realista 55 11/1. P. Koss., «Hidden R2pe: Sexual Agg:cesslon and ViC"illnizatÍon i,.--¡ a Naüonal Sarr,pLe of

que sus falnilias tienen de la guerra, pero por lo menos disfrutan de Studens of :H:igner EducatioM, en Rape and Sexual Assault, vol. 2, A. IYJ. Burgess (ed.), Garlae'1d.
?\uev2 York. 198/, págs. 3~26. De las mujeres de este estudio que ¿enlli"1ciaron un. .tncideme de
cierto reconocimiento por haber estado en combate. Esto nO ocurre en
sexo forzoso que e:s.caj2oa con. la defL.'1ición legal de violacíón. rae"1 solo llij 27 })OI" 100 ¿escribió
el caso de las víctimas de una violación. Muchos de los actos que las su experiencia corno «definitivae-nente una violación».
S6 Esta lucha básica con la defL.-úción queda renejada e,--¡ los dtulos de ,nuchos textos recien·

tes sobre la violación, por ejemplo. S. Estrich, Real Rape, Han;ard Driversit;; Ptess, Carnbridge.
1. O'Br.ien. The Things They Ca-rried, ob. cit., pág. 163.
S3 1987;:'vI. P. Koss, HirMen Rape... , ob. cÍt., y R Warsnaw, ob. cit.
R. Grbker y J. Spiegel.lvIen UnderStress, ob. cít.: A Scnuetz. «The Homecomer», A...meri-
;~ ó; S. Esdch, 00, cit.: C. ?vfacKic'1.rlOn, «FemirJsm, :\larxisffi, Method ae"ld óe Staee: Toward
can Joumal olSoáoiog;y 50: 369·376 0944-45); R J. LifwI!. Home Imm lhe War, ob. cit.: C. Fí- Fem1."11st jurispn¿e.'1ce»), S¡'gns: Jouma! 01 Women in Culture and Sodet}' 8: 635·658 (1983),
gley y S. Levantm2n \.eds.), 5trangers at Home: Vietnam \/eterans Sinee the War, Praeger, :-'¡-'ueva fE Milli-: fern.L.'l.ista radical, :\ueva York 1971; cit. par:\r. CanneU y C. lYJilson. Rape: The
York, 1980. Fr'rst 50urcebookjo7 Women, oo. cit., pág. 51.

EL
118 DESCOC:EXIÓC: 119

la superviviente pueden des intoxicarla de su sensación de culpa, estig- que se hiciera el viaje en eljeepJ él no se negó, a pesar de que sabía que
ma y desprecio. Otra superviviente de violación mucho más afortuna- la orden era insensata. Por consiguiente, por un acto de omisión) se
da describe cómo la consoló un amigo. «Le dije: "Tengo catorce años y había puesto en peligro él y sus hombres. En este sentido metafórico
ya no soy virgen». Él dijo: "Esto no tiene nada que ver con ser virgen. se culpaba de no haber estado «en el asiento del conductor» 70.
Algún día te enamorarás y harás el amor) y eso será perder la virgini- En el rratamiento de ~as supervivientes de lUla violación surgen a
dad. No lo que ocurrió. -No dijo violación-o Eso no tiene nada que menudo temas parecidos.lCon frecuencia, estas mujeres se castígan a sí
ver con ello"» 59. mismas amargamente por haberse puesto en peligro o por no haber
A.demás de la sensación de vergüenza y de la duda, las personas conseguido resistir al ataque. Estos son precisamente los argumentos
rraumaúzadas luchan por llegar a una valoración jusra y razonable de que utilizan los ,~oladores para culpar a sus víctimas o para justificar la
su conducta, por encontrar un equilibrio entre la culpabilidad no rea- violación. La superviviente no puede llegar a una valoración jUSIa de
liSIa y la negación de toda responsabilidad moral. Para que pueda asu- su propia conducta si no comprende con claridad que ningún acto
mir los temas de culpa, la superviviente necesita la ayuda de OtrOS que suyo absuelve al violador de su responsabilidad en el crimen."
estén dispuestos a reconocer que ha ocurrido un acontecimiento trau- En realidad, la mayoría de la gente se arriesga sin necesidad. Con
márico, a olvidar sus juicios preconcebidos, y simplemente escuchar lo frecuencia las mujeres corren riesgos ingenuamente, ignoraIldo el peli-
que ella ciene que contar. Cuando los demás son capaces de escuchar gro, siendo rebeldes y desafiando al peligro. La mayoría de las mujeres
sin repanir las culpas, la superviviente puede aceprar que ha fracasado na reconocen el grado de hosrilidad masculina hacia ellas, y prefieren
al no haber esrado a la almra de los esrándares ideales en una simación pensar que la relación entre sexos es algo más inofensivo de lo que real-
extrema. Puede además llegar a tener un juicio realista de su conducta mente es. A. las muj'eres también les gusta pensar que tienen más liber-
y a repartir de forma justa las responsabilidades. tad y un estatus más alIO de lo que en realidad tienen. Una mujer es es-
En su esmdio sobre veteranos de guerra con síndrome de estrés pecialmente vulnerable a la violación cuando actúa como si fuera libre,
postraumático, Herbert Hendin y Ann Haas descubrieron que resolver es decir, cuando no respeta las restricciones convencionales sobre el ves-
la culpa exigía una profunda comprensión de los motivos específicos tido, mOvilidad física e iniciativa social. Las mujeres que se comportan
que renía cada hombre para culparse a sí mismo, en lugar de una mera como si fueran libres a menudo son descritas como «sueltas», que se
absolución generalizada. Por ejemplo, un joven oficial que sobrevivió refiere no solo a que «no están atadas») sino también a que son provo-
cuando eljeep en que viajaba pasó por encima de una mina que explo- cativas sexualmente.
tó y mató a varios hombres se culpaba a sí mismo por haber sobrevivi- Una vez que están en una simación de peligro, la mayoría de las
do mientras que los GIros habían muerto. Sentía que él debería haber mujeres tiene poca experiencia para movilizar una defensa adecuada.
conducido el jeep. Su autocrítica parecía compleramente infundada. La socialización tradicional garantiza que ellas están poco preparadas
Sin embargo, tras una cuidadosa exploración de las circunstancias que para el peligro, se vean sorprendidas por el ataque y esrán mal equipa-
produjeron el desasue, se desveló que este oficial tenía la cosmmbre das para proregerse 71. Al revisar después las condiciones de la viola-
de evitar la responsabilidad y no había hecho todo lo posible por pro- ción, muchas mujeres dicen haber ignorado su primera percepción de
teger a sus hombres. Cuando un comandante sin experiencia le ordenó

;0 P. Hendi.."1 y p, Haas, ob.


ciL, págs. 44·45.
", Bosron Area Rape Crisis Ceme!", «lf I can survive uús.,.». Cima de vídeo, 1985. P. Ban: y P. O'Brien, ob. cit.;]. V. Becker y Otros, «Time-Linüred 'Dlerapy», ob. cir.
120 DESC00:Ex.1Ó~ 121

peligro, perdiendo, por consiguiente, la oportunidad de escapar 7'. El didas normales de la vida existen numerosos rituales que ayudan a la
miedo a plantear un conflicto o a la vergüenza social puede impedir a persona durante su período de luto, pero curiosamente na hay ningu-
las victimas el tomar medidas a Liempo. Posteriormente, las que igno~ na costumbre o ritual que respete el luto que sigue a los acontech"Tlien-
raron su propia «voz interÍor» pueden volverse furiosamente críticas tos traumáticos de la v~da. En ausencia de dicho apoyo, el potencial de
hacia su propia «estupidez» o «ingenuidad». Ser capaces de transfor- un dolor patológico y de una depresión grave y duradera es extrema-
mar este sentimiento de culpa en un juicio realista puede ayudar a la damente alto.
recuperación. Entre las pocas consecuencias positivas que reconocen
las supervivientes de violación está su firme determiIlación de depen~
der más de sí mismas, a tener mayor respeto hacia sus percepciones EL PAPEL DE LA COMUNIDAD
y sentimientos y a estar más preparadas para manejar el conillcto y el
peligro 73, l.__Compartir la experiencia traumática con otrOS es una condición
La vergüenza y la culpa de la superviviente pueden verse exacer- indispensable para restituir la sensación de la existencia de un mundo
badas por el juicio de los demás, pero no quedan totalmente mitigadas con sentido."";En este proceso la superviviente necesita ayuda no solo de
con simples pronunciamientos que la absuelvan de la responsabilidad. aquellos que est<L'l más cerca de ella, sino también de la comunidad en
Esto se debe a que esos simples pronunciarrclentos, incluso los favora- generaL La respuesta de esta tiene una poderosa influencia sobre la re-
bles, significan una negación a involucrarse con la vÍctLrna en las dolo- solución defil"litiva del trauma. Restaurar la grieta que se ha creado en-
rosas complejidades morales de la situación extrema. La superviviente tre la persona traumatizada y la comunidad depende, en primer lugar,
no busca absolución, sino justicia, compasión, y que se le permita com- del reconocimiento público del acontecimiento traumático y, en seglli"'1-
partir con los demás lo que le ocurre a las personas cuando están en si- do, de algúIl tipo de acción comunitaria. Una vez que ha sido pública-
tuaciones extremas. mente reconocido que una persona ha sufrido un daño, la comunidad
FiIlalmente, la superviviente necesita la ayuda de los demás para debe tomar medidas para asignar la responsabilidad por ese daño y
llorar sus pérdidas. Todos los escritos clásicos reconocen la necesidad para curar la herida. Estas dos respuestas -reconocimiento y restitu-
de guardar luto y de reconstruir su v~da para llegar a la resolución de ción- son necesarias para reconstruir el sentido del orden y de la jus-
los acontecimientos traumáticos sufridos. No conseguir completar el ticia de la supervi,~ente.
proceso normal de duelo perpetúa la reacción traumática. Lifton ob- Los soldados siempre han sido extremadamente sensibles al grado
serva que «li.n luto irresuelto o incompleto tiene como consecuencia el de apoyo que reciben cuando regreS8....1"1 a casa. Buscan pruebas tangi-
estancamiento del proceso traumático» 7'. Chaim Shatan, que estudió a bles de reconocimiento público. Los soldados han expresado después
los veteranos de guerra, habla de su «dolor impactado» 75. Tras las pér- de cada guerra su resentimiento ante la falta general de conciencia pú-
blica' de interés y de atención: temen que su sacrificio se olvide rápida-
mente ". Después de la Pri.¡nera Guerra Mundial, los veteranos se refe-
~2 P. Bart y P. Q'Brien. ob. cit.; R. Warshaw. oo. cit.; A. Medea y K. Thompson. Againj-' rían amargamente a la guerra como la «Gran Innombrable» 77. Cuando
Rape: ;l~ Su.rvival il¡Ianua! far Women, Farra, Strauss & Giroux. Nueva York. 1974.
e c. Naddson yotros, ob. cíe.
,J R. J. Lifton, «Concept of rne Survivor», ob. dI., pág. 124. ,6 R. Grbker y J. Spiegel. ivIen Under Stress, ob. ci1:.; C. Figley y S. Levent..1TIar-:. Strangers;1.,
;:; e
Sha@«Tne Grié of Soi¿iers: Vietnam. Combat Veterans, Self-Help )¡[ovement».
Home .. _, ob. cit. '.
American Journai o/Orthopsyehiatry 43: 640-653 (1973). Ti D. LessL.""1g, «My FaÓen), en A SmalL Personal "\/oiee, Random House, Nueva York, 1915.
122 DESCOt\EXIÓt\ 123

los grupos de veleranos se organizan, sus primeros esfuerzos se cen- debería haberse resuelLo antes de que se arriesgaran sus vidas, al regre-
[faTI en asegurarse que sus sufrimientos no desaparezcan de la memo- sar a casa los soldados se senIÍan rraumarizados por segunda vez al en-
ria pública. De ahí la Í.t1sistencia en las medallas, los monurnentos, los conttarse con la crítica y el techazo de la población hacia la guerra que
desfiles, las celebraciones y las ceremonias públicas de homenaje, así habían libtado y perclido 79
como la compensación individual por los daños sufridos. No obsrante, Quizá la contribución pública más significativa a la curación de es-
ni siquiera las ceremonias públicas satisfacen el a..T1sía de reconocimien- tos vetetanos fue la construcción del Memotial a la Guerra de Vietnam
to que liene el veterano debido a la distorsión sentimental de la verdad en \~TashíngIon, D.C. Este monumento, que registra sencillamenIe por
de la guerra. Un veterano de Viemam habla de esta tendencia universal el nombre y la fecha de la mUerte la cifra de bajas, se com~ene en un
a negar los horrores de la guerra: «Si después de escuchar una historia lugar de duelo. El «dolor impactado» de los soldados es más fácil de
de guerra sientes que tu espíritu se ha elevado o notas que se ha salva- tesolver cuando la comunidad reconoce el dolor de su pérdida. Este
do un poco de rectitud de ese desperdicio IOn grande, es que has sido monumento, a diferencia de OtrOS que honran el heroísmo de la guerra)
vÍCIiffia de una mentÍra muy antigua y terrible» 78. se ha convertido en un lugar sagrado, en un lugar de peregrinaje. La
En la acritud de la sociedad civil los soldados no solo buscan un te- genle va a ver los nombres) a locar la pared. Traen ofrendas y deja..n.
conoci.rnienro, sirlo rarnbién el significado de su encuentro con la muer- notas a los muenos, notas de disculpa y de gratitud. El veterano de
te. Necesitan saber si sus acciones se consideran heroicas o deshonrosas, Vietnam Ken Smíth, que ahora organiza servicios para otros veteranos)
valientes o cobardes, necesarias y con propósito o sin smlido. Un cli¡na describe su prLrnera visita al monumento: «Recordaba a ciertos tipos)
de aceptación realista en la opinión pública favorece la reinregración de recordaba ciertOs olores, recordaba cienos mamemos, tecordaba la
los soldados a la "rida civil; un clima de rechazo agrava su aislamiento. lluvia, recordaba la Nochebuena, recotdaba cuando me marché. Había
La Guerra de Vietn~'11 es UIl clásico ejemplo de cómo la sociedad estado metido en un par de cosas desagradables allí; las recordaba. Re-
techaza UIla guetra no declaIada y que se ha librado sin la tatificación cordaba los rostros L..,] Recordaba L.,] Para algunas personas es como
fotmal según los procesos establecidos de toma de decisiones demo- un cementerio) pero para mí es más como una catedral. Es más como
ctáticas. A pesar de haber sido incapaz de conseguir un consenso para una experiencia teligiosa. Es una especie de catarsis. Es algo difícil de
la guerra o de definit un objetivo militar tealista, el Gobierno de Esta- explicar a los demás; yo soy pane de eso y siempre lo seré. Y corno fui
dos Unidos reclutó a millones de jóvenes para que cumplierarl con el capaz de hacer las paces con eso, fui capaz de sacar fuerzas para hacer
sef\~cio militar. A meclida que crecía el núrnero de bajas, también cre- lo que hago» 80.
cía la oposición pública a la guerra. Los mlenIos de contener el senti- Los mismos temas de reconocimiento y justicia públicos son la
miento de oposición a la guerra tuvieron como consecuencia decisio- preocupación fundamental de los supervivientes en los traumas de
nes políticas que aislaron a los saidados tanto de los civiles como entre la vida civil. En estos casos el sistema de justicia criminal es el territorio
ellos mismos. Los soldados eran enviados a Vietnam y regresaban a sus en el que se pueden encontrar tanto el reconocimiento como la restitu-
casas como i..;¡clividuos, sin que se les diera la opommidad de organizar ción, y desgraciadamente es una institución en la que las víctimas de la
despedidas, de crear vínculos entre sus unidades, o de celebrar cere- violencia sexual y doméstica están prosctitas. En un nivel básico de re-
monias públicas de bienvenida. Atrapados en un conflictO político que conocimiento, las mujeres normalmenle se encuenlran aisladas y son

79 R. J. Li.fcon, Home from the U7 ar, ob. cit.; C. Egley y S. Levent.'lla.c'"1, ob. elt.
;g 1. O'Brien, The Tbings They Carried, ob. eh:., pág. 76. so Entrevisra a K. Smiw, 1991.
~
¡ DESC00:EXlÓ0: 125
I í24
!ji
~: invisibles ante la ley. Las contradicciones entre la realidad de las muje- para el combate físico. L11cluso las que sí están preparadas se encuen-
I! res y las definiciones legales de la misma realidad son con frecuencia tran en una situación de desventaja por la sistemática parcialidad legal
tan extremas que prohíben a las mujeres la participación en las estruc- y por la discrirninación institucional contra las muí eres. El sistema le-
,

}
turas formales de la justicia. gal ha sido diseñado para proteger a tos hombres de! poder superior
~
¡, Las mujeres pronto aprenden que la violación es un crimen solo en del Estado pero na para proteger a las mujeres y a los niños del poder
teoría; en la práctica el estándar que determina qué es una violación na superior de los hombres. Por consiguiente, proporciona muchas ga-
se fija al nivel de la experiencia de las mujeres, sino justo por encinla rantías para los derechos de los acusados, pero ninguna para los de la
del nivel de coacción aceptable para los hombres. Y ese nivel resulta víctima. Si pretendiéramos inveDlar un sistema que provocara sínto-
estar situado demasiado alto. En palabras de la catedrática de Derecho mas posuaumáticos intrusivos no conseguiríamos superar a un tribu-
Catherine MacKinnon, «la violación, desde el punto de vista de las nal de jusricia. Las mujeres que han pretendido encontrar justicia en el
mujeres) no está prohibida: está regulada» SI. Los estándares legales sistema legal suelen comparar esta experiencia con ser vÍoladas una se-
:j uadicionales reconocen un delito de violación solo si el violador usa gunda vez 83 .
,. {No resulta sorprendente que, como resultado, la mayoría de las
una fuerza extrema que supere en mucho la violencia necesaria para
~
aterrorizar a una mujer, o si ataca a una mujer que pertenece a una ca- víctL-=nas de violación consideren que los mecanÍsmos sociales formales
tegoría de acceso social restringido. El caso más destacado de esto es de justicia les están vetados, y que decidan no hacer una denuncia o
un hombre negro que ataca a una mujer blanca. Cuanto mayor es el queja oficial. Se denuncia a la policía menas de una violación entre
~ grado de relación social, más amplios son los márgenes de la coacción diez. Solo liil. 1 por 100 de las violaciones se resuelven finalmente con
% la detención y la condena del violador "'. Por eso, el [[auma más co-
K permitida, de tal manera que un acto de sexo forzado cometido por un
extraño puede ser reconocido como vÍolación) mientras que no lo es si mún entre las mujeres sigue limitado a la esfera de la vida privada, sin
el acto es cometido por un conocido. Como la mayoría de violaciones que exista un reconocimiento formal o una restitución por parte de la
i: comul1idad. No hay ningún monUfnento público dedicado a las super-
'.~ las cometen conocidos o personas cercanas a la víctima, la mayor parte

i de violaciones no son reconocidas por la ley. Muchos Estados conceden vívienles de una violación."'''.¡'
;~)
~ una prerrogativa permanente y absoluta para el acceso al sexo dentro En su recuperación~ ~~da superviviente debe encontrar su propio
~ del matrimonio, y se permite legalmente cualquier grado de fuerza camino para restaurar su sentido de conexión con la comunidad en
ji empleada 82. general. No sabemos cuántas lo conseguirán) pero sí que las que mejor
!j
'i
Esperar que se haga justicia o que se resarza a la víctima a menudo se recuperan son las mujeres que descubren algún significado en su
X
significa que se agrave el trauma, ya que el sistema legal es con fre- experiencia que trascienda los lín1ites de la tragedia personal. Lo más
frecuente es que las mujeres encuentren este significado uniéndose a
t cuencia abiertamente hostil a las víctimas de violación. De hecho, un
sistema legal adverso es por definición un entorno hostil; está organi-
zado como un campo de batalla en el que las estrategias de argumento
agresivo y ataque psicológico sustituyen a la fuerza física. En general, 5:; C. MacKi.Il:.lon. ob. cil.: S. Est.rich. 0'0. cit,; S. Browlimille;:, ob. cit.; P. BaE y P. O'Brien.

las mujeres no están mejor preparadas para esta forma de lucha que 0'0. cí.L: ConneÜ y Wuson (eó Rape: The First Sourcebook for \llomen, New /\jTIencarr Libr~ry,
Nueva York. 19"1-4.
3.! D. E. H- Russe.U, 0'0, dL Los datos de Koss (1987) confirman estOs descubrL.üiemos. En

3; C. MacKi.IlUon,oo. cit. pág. 65l. su estudio a grfu:' escala de la ·vic"¡LnlZaÓÓn de urrÍversi<:arias, Ul, 8 por 100 ¿e las violacior:.es rue·
~2 S. Estrich, ob, cü.: C. MacKmnon. ob. dt. ran denunciadas a la policía.
126

ouas en una acción social. En su eSIUruO del seguirnieüIo de las super-


vivienIes de \riolación, Burgess y HolmsIfom descubrieron que las mu-
jeres que mejor se habían recuperado eran las que se habían involucra-
do acIivamente en un movimienIo antiviolación. Se convinieron en
consejeras en cenIras de crisis para mujeres violadas, en abogadas o en
defensoras de reformas legislativas. Una mujer viajó a otro país para
hablar sobre la violación y organizar un centro de crisis para viola- 4
das ss. Negándose a esconderse o ser silenciadas, insistiendo en que la
violación es un asunto público y exigiendo un cambio social, las super- CAUTIVIDAD
\ivieuIes crean su propio monumenIO vivo. Susan Estríeh, supervivien-
te de violación y profesora de Derecho, da su testimonio:

/J escribir sobre la viobción lo eswy haciendo sobre mi propia vida. No


creo que conozca a una sola mujer que no viva con miedo a ser violada. Unas Un 1Í.r üco acontecimiento Iraumático puede ocurrir en casi cualquier
pocas de nosotras -en realidad, más que unas pocas- vivimos CaD. nueSIras
lugar; sin embargo, el trauma prolongado y repetido solo pasa en cir~
propias hiswrias [ ... j De vez en cuartdo -digamos a las dos de la maIlfu"1.a,
cuando alguien que afirma ser uno de mis alumnos ;:ue llama y me amenaza cunsrancias de cautividad. Si la víctima puede escapar no será abusada
con violarme- pienso que hablo demasiado. Pero no es -mn malo la mayor una segunda vez; el trauma repetido solo sucede cuando la víctima está
pane del uempo. CU8.Ildo vlola.:.i. a mis alumnas (y las ha..'l. \"-101ado) saben qUe prisionera, es incapaz de escapar y está bajo el control del perpetrador.
pueden hablar conmigo. Cuando violan a mis amigas saben que yo sobrevivf36. Ev~dentemente, dichas condiciones existen en las cárceles, los campos
de concentración y los ca¡npos de trabajo. Estas condiciones también
pueden existir en culIos religiosos, burdeles y otros entornos de explo-
ración sexual organizada, así como en la familia.
Es algo normal reconocer que existe la cautivídad política, mientras
que la cautividad doméstica de las mujeres y los niños suele pasar inad~
vertida. El hogar de un hombre es su castillo, y rara vez se entiende que
este pueda ser 1ma prisión para las mujeres y los niños. En la cautividad
doméstica son infrecuentes las barreras físicas de las que se debe esca~
par. En la mayoría de los hogares, incluso en los más opresivos, no hay
barrotes en las ventanas ni cercas de alambre de púas. Normalmente no
se encadena a las mujeres y a los niños, allilque esto ocurre con más fre-
cuencia de lo que podemos imaginar. En general, las barreras son invisi ~
bIes) pero, no obstante, son muy poderosas. Los niños son hechos cau-
tivos gracias a su condición de dependencia. Las mujeres, por su
35 A. W. Burgess y L L. Holrr:strom, ,ddapüve Strategi.es ..)}, oo. cíe subordinación económica, social, psicológica y legal, así como por la
% S. Estrich, ob. cit., pág. 3. fuerza física.
II 128 CACTl\lDAD 129
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La cautividad, que hace que la \~íctima esté en continuo contacto era precisamente que había muchas personas como él, y que esos mu-
con el perpetrador, crea un tipo especial de relación, una relación de chos no eran ni pei'iertidos ni sádicos y eran, y siguen siendo, terrible
control coercitivo. Esto se aplica tanto a las víctimas que son tomadas y terroríficamente normales. Desde el punto de vista de nuestras ósti-
cautÍvas completamente a la fuerza, como en el caso de prisioneros o tuciones le.gales y de nuestros estándares morales) esta normalidad era
rehenes, como a las \ictÍmas hechas prisioneras mediante una combi- mucho más terrorífica que todas las atrocidades que había cometido
nación de fuerza, intimidación y seducción, como en el caso de los juntas» 2.
miembros de sectas religiosas, mujeres maltratadas y niños abusados. El perpetrador puede ser autoritario, reservado y en ocasiones sober~
El impacto psicológico de la subordi.¡1ación al control coercitivo puede bio e 1.:."""lcluso paranoico, pero también es exquisitamente sensible a las ieali~
tener muchos rasgos en común tanto si dicha subordinación ocurre dades del poder y de las nODIras sociales, Rara vez se mete en líos con la ley;
dentro de la esfera pública de la política como si se enn1arca dentro de más bÍo"1 busca sÍtuaciones e.."1 las que su comporta..rnierlto Úflli"lÍco sea tole~
la esfera privada de las relaciones sexuales y domésticas, rado, perdonado o incluso admirado, Su fODIra de ,ida le sirve de excelen~
[En situaciones de cautividad, el perpetrador se convierte en la per- te camuflaje, ya que hay pocas personas que crean que hombres con ut1 as~
sona más poderosa en la vida de la víctima, y la psicología de esta se ve pecto tat"""l convencional puedan cometer crímenes horrendos.
moldeada por las acciones y creencias del perpetrador. Se sabe poco El prilTIer objetivo del perpetrador parece ser la surnisión de su
sobre la mente de este, Como desprecia a aquellos que pretenden en~ víctima, y consigue este objetivo ejerciendo un despótico control sobre
tenderle, no se presta voluntario a ser estudiado, y como no reconoce su vida. SLI1 embargo, rara vez se siente satisfecho con el mero cumpli~
que haya algo malo en él, no pide ayuda, a menos que tenga problemas miento de su objetivo, Parece tener la necesidad psicológica de justifi~
con la ley. Su rasgo más destacable, según el testimonio de las victimas car sus crLrnenes, y para ello necesita la reafirmación de su víctima y
y la observación de los psicólogos, es su aparente normalidad, Los con~ exige repetidamente que esta le demuestre respeto, gratitud o incluso
ceptos normales de la psicopatología no consiguen ni definirle ni com- amor. Su verdadero objetivo parece ser la creación de una víctima
prenderle' 2; complaciente, Rehenes, prisioneros políticos, mujeres maltratadas yes-
Esta idea resulta perturbadora para la mayoría de la gente, Sería clavos, todos ellos han desta<::ado la curiosa dependencia que tiene el
mucho más reconfortante que el perpetrador fuera fácilmente recono~ apresador hacia sus victimas.lGeorge Orwell da voz a la mente totalita-
cible, y resultara evidente que está perturbado, Pero no lo está, La aca~ ria en la novela 1984: «No n¿s contentamos con la obediencia negati-
démica de Derecho HannalJ Arendt provocó un escándalo cuando di- va, ni siquiera con la más servil sumisión. Cuando finalmente te rindas
vulgó que Adolf Eichmann, un bombre que había cometido terribles ante nosotros, debes hacerlo por propia voluntad, No destruimos al
crimenes contra la humanidad, había sido definido como una persona hereje porque se oponga a nosotros; mientras se resista, nunca le des-
normal por media docena de psiquiatras, «El problema con EichmaIlD truiremos. Le convertimos, capturarnos su mente interior, le volvemos
a dar forma~ Quemamos todo el mal y todo el engaño que hay en él; le
llevamos a nuestro lado) pero no en apariencia) sino genumail1ente, de
G. L. Borovsky y D.]. Brand, «Personality OrganizadoD and Psychological Functioning of corazón ,v de aLena» j~'iEl deseo de tener el control absoluto sobre otra
~-d.

,he Nuremberg \'I?ar Cri.."11tnals» . en SurJiuors, í/ictims an¿ Perpetrars: Essays on the ,\;a:::i Ho~
j

[ocaust, ]. E. DL.-nsdale \ed.), Hemisphere. Nueva York, 1980, págs. 359-403: J. Steiner. «The SS
Yesterday and Today: A Sociopsycnological Víe",». en Dirnsdale. Suru¡voys, 'í/ictims, and Perpe- :: H. A.rendc Eichmann in jerusaZem: A Repore on the Banality o/ E¡;i!, 2.' ed .. PenguiIl
trators, págs. 405-456:]. L. Herrnan, ~(Consideri.n.g Sex Offenders: A Modd of Adciiczion», Signs: Books, Nueva York, 1964, pág. 276.
Joumal ofWomen in Culture and Societ"j 13" 695-724 U988). 3 G,Orv;elL 1984, :-<ew Arne;:ÍCa¡l. Signet Gasslc Edition. Nue-,¡a York, 1949, pág. 210.

,
i;
uo CACm1DAD 131

persona es el denominador comÚIl en [Odas las formas de tiranía. Los de coacción para obligar a las mujeres a ejercer la prostitución se cono-
gobiernos rotaliIarios exigen la conversión polítíca de sus víctimas; los ce como «aclimatación» 6. Incluso en situaciones domésTicas en las que
craficanres de esclavos, la graritud de sus esclavos; las sectas religiosas, el maltratador no forma parte de una organización y no tiene insuuc-
sacrificios riIuales como símbolo de sumisión a la voluntad divína de ción formal en eSTas récnicas, el perpetrador parece reinventarlas una y
su líder; los delincuentes sexuales, que sus víctimas encuentren la satis- otra vez. En su estudio sobre mujeres maltratadas la psicóloga Lenore
facción sexual en la sunüsión. El control absoluto sobre otra persona \'V'alker observaba que las técnicas coercitivas de los maltratadores
es la dinámica de poder que sustema la pornografía. El arractivo se- «aunque son únicas en cada individuo siguen siendo sorprendente-
xual que LÍene esta fanrasía sobre millones de hombres terroríficamen- .,
mente pareClaas» '
te normales es la base de una industria que abusa de mujeres y niños, y r~os métodos para obtener control sobre Otra persona se basan en
no en la famasía, sino en la realidad '. infligir el trauma psicológico de forma sistemática y repetitiva. Son téc-
nicas organizadas de debilitamiento y desconexión. Los mérodos de
control psicológico están pensados para causar terror e indefensión y
DOMINACIÓN PSICOLÓGICA para destruir el sentido del yo de la víctima en relación con los demás.';
Aunque la violencia es un método de terror universal, puede que
Los méTodos que permiten a un ser humano domiIlar a otro son el perpetrador utilice raramente y tan. solo como último recurso la vio-
sorprendentemente uniformes. Los tesrimonios de rehenes, prisione- lencia. No es necesario utilizar la violencia de manera frecuente para
ros políticos y superviviemes de campos de concemración de todos que la víctima viva en un constante estado de miedo. La amenaza de
los rincones del planeta son escalofriantememe parecidos. En 1973, muerre o de sufrir un daño grave se utiliza con más frecuencia que la
basándose en testimonios de prisioneros políIicos de culturas muy di- propia violencia. Las amenazas contra otros pueden ser tan efectivas
reremes, ArrmisIÍa Internacional publicó un «gráfico de coerción» des- como las amenazas directas a la víctima. Por ejemplo, las mujeres mal-
cribiendo esws méwdos en detalle j. En los sistemas políticos riránicos tratadas a menudo dicen que su abusador a..rnenazó con matar a sus hi-
a veces es posible rastrear la transmisión de métodos coercitivos de jos, a sus padres o a cualquier amigo que las protegiera si ellas intenta-
una tuerza policial clandestina a otra, o de un grupo terrorista a OtIo. ban escapar.
ESTaS mismas técnicas se utilizan para someter a las mujeres en la El miedo también puede verse multiplicado por explosiones
prostitución, en la pornografía y en el hogar. En el crimen organizado, inexplicables e impredecibles de violencia y por la aplicación capri-
los proxeneTas y pornógrafos en ocasiones se instruyen los unos a los chosa de reglas mezquinas. El efecto de estas técnicas es convencer a la
otros en el uso de métodos de coacción. El uso sistemático de técnicas víctima de que el perpetrador es omnipotente, que resistirse es inútil y
que su _vida depende de que se gane su indulgencia a través de la sumi-
4 A. Dworkin., P01i1ography: )¡len Possesing V7omen, Perigee, Nueva York, 1981; C. :\'lacKin-
sión más absoluta. El objetivo del perpetrador es crear en su víctima
non, Fem:-/lism Unmodified, cap. 3: Pornography, Harvard Universüy Press, Ca...rnbrídge, 1987. no solo miedo a la muerte, sino tarnbién gratitud porque se le permite
5 A..rnnistia 1--w¿:.cnacional, Repon on Torrure, Farra::-, S[rauss & Giroux, Nueva York, 1973.

Este h:.Ior2e cita en par-cicular el trabajo de Alfted Biderman, quíen estudíó los eÍecws de lava-
do de cerebro e.'l. los prisíoneros de guerra americanos. Véap..se A. D_ Biderman, «Communíst 6 K. Barry, «Did I Ever Realiy Have a Cha.l1Ce: Pat::-iarchal Judgmem of Patricia Heans»,
Arrempts ro Elic1<: False Codessions trom ;\ir Force Prisoners oÍ 'X7an>, Bulletin o; Seu· York Chysatis 1: 7 -17 (1977); K. Bar.y. C. Bunch y S. Cascley (eds.), ,\h:twor.king Agains! Female Sex:/al
..:·kade17tJ oí Afedic;ne 3.3: 616-625 (1957); 1. E. Farber, H. F. Harlow y L. J. West, «Brainwashing, Sievery, Naciones Unidas, btematÍonal 'Y/omen's TriblliÍ-e Cemre, :\ueva York, 1984.
ConditionL.'1g, a..'1d DDD (Debility, Dependency, and Dread)>>, Sociometry 23: 120-147 (1957). -¡ L. Walker, The Battered Women, Harper & Row, ?\ueva York, 1979, pág. 76.
132 C-\ CTI\'IDAD 133

seguir \'iva. Los supervivientes de la cautividad doméstica y política a interrogatorios, así como tener que pasar por un meticuloso escrutinio
menudo describen ocasiones en las que estaban convencidas de que de su forma de vestir, aspecto, peso y dieta. Y en el caso de las mujeres
iban a morir para que las salvaran solo en el último momento. Después prisioneras, tanto en la vida política como en la doméstica, casi siem-
de varios ciclos de verse a..'Tlenazada por una muerte segura y luego sal- pre se incluyen amenazas sexuales y violaciones. Una mujer maltratada
varse de ella, la vicrima puede llegar a pensar que, paradójicamente, su describe su experiencia con la violación marital: «Era un hombre muy
captor es su salvador. brutal. Era muy patriarcal. Pensaba que era mi dueño y el de los ni-
r~demás de aterrorizar, el perpetrador busca destruir el sentido de ños ... que éramos de su propiedad. En las prL1TIeraS tres semanas de
autonomía de la víctima. Esto se consigue observando minuciosamente matrimonio me dijo que debía pensar que él era Dios y que sus pala-
y controlando el cuerpo de la víctima y sus funciones corporales. El bras eran el EvaIlgelio. Si no quería tener sexo) mis deseos no importa~
perpetrador supervisa qué come la víctima, cuándo duerme, cuándo va barl. En una ocasión ... no quise hacerlo, así que nos peleamos de ver-
al baño, qué ropa viste. Cuando a la víctima se la priva de comida, sue- dad. Estaba furioso porque le había rechazado. Yo protestaba y
ño o ejercicio, el resultado de este control es el debilitamiento físico~·. suplicaba y él estaba enfadado porque decía que yo era su mujer y que
Pero incluso cuando se cubren adecuadamente las necesidades física;' no tenía derecho a rechazarle. Estábamos en la cama y consiguió impo-
básicas de la víctima este ataque a la autonomía física la avergüenza v nerse físicamente. Él es más fuerte que yo y siInplemente me sujetó y
desmoraliza. Irina Ratushinskaya, prisionera política, describe los mé- me violó» ':l.
todos de sus captores: Una vez que el perpetrador ha conseguido establecer un control
diario del cuerpo de la víctima se convierte en la fuente no solo del
Todas esas normas de compoftfuTIemO htLlUano que le i.J.'1CWCfu"1 a ili"10 des- miedo y de la humillación, sino también dd alivio. La esperanza de
a
de la cuna son sometidas una destrucción deliberada y sistemática. ¿Es nor- una comida, un baño, una palabra amable o algún tipo de consuelo
mal querer estar limpio? Tener sarna y hongos, vivir en la suciedad, respirar el puede resultarle muy atractiva a una persona que lleva tiempo privada
hedor del cubo de heces L, .. ] ¡entonces te arrepentirás de tu mal comport2.-
de todo ello. El perpetrador puede debilitar aún más a la víctin}a ofre-
miemo~ ¿Las mujeres suelen sentir pudor? Más motivo aún para dejarlas com-
pleta:.l1ente desnudas durfu'1te los registros L... ] ¿A una persona normal le repe-
ciéndole drogas adictivas o alcohol. Conceder caprichosamente peque-
len la rudeza y las mentiras? Te encontrarás con tal cantidad de ambas cosas ñas indulgencias debilita la resistencia psicológica de la víctima con
que tendrás que acudir a tus últimos recursos interÍores para recordar que hay más efectividad que la privación y el miedo. Patricia Hearst, que fue
[ ... ] otra realidad. Tan solo utilizando al máximo ro fuerza de voluntad podrás rehén de un grupo terrorista, describe cómo su complacencia era re-
conservar tu a.i"1terior y normal escala de valores s. compensada con pequeñas mejoras de sus condiciones de vida. «Si me
mostraba de acuerdo con ellos, me sacaban más y más del armario. En
LEn las sectas religiosas los miembros pueden estar sujetos a estric- ocasiones me dejaban comer con ellos y, ocasionahnente) me sentaba
tas regulaciones en su dieta y su forma de vestir, y someterse a exhaus- con los ojos vendados hasta la madrugada mientras tenían una de sus
tivos interrogatorios si se desvía!1 de estas reglas. De forma parecida, reuniones o grupos de estudio. Me permitían quitarme la venda cuan-
las prisioneras sexuales y domésticas a menudo describen largos perío- do me encerraban en el armario durante la noche, yeso era una ben-
dos en los que se vieron privadas de sueño durarlte sesiones de celosos dición» :0.

~ D. E. H. Russell, Rape in _\.Jarrt"age. Macmill~" :\ueva York, 1982, pág. 123.


L RatuShL.íSkaya. Grey is Color oÍ Hope, Vimage, Nueva York, 1989, pág. 260. :0 P. C. Hearst y A. Moscow, EI/er}" 5ecret Thing, DoubLeday, Nueva -'{ork. 1982. pág. 85.
'J!If

, ,
1)'-r C~¡;TI\¡lDAD 135

L.Los prisioneros polúicos que son conscientes de los métodos de manos de ella y que tiene el poder para acabar con la violencia ofre-
cODtrol coercitivo dedica...T1 especial atención a consenrar su sentido de la ciendo pruebas aún más grandes de su amor por él. W/alker observa
autonomía~-1una forma de r~sistencia es negarse a cumplir exigencias que la fase de «reconciliación» es un paso fundamental para destruir la
sin sentido"o a aceptar recompensas. La huelga de hambre es la expre- resísrencia psicológica de la mujer maltratada u, Una mujer que consi-
sión final de esta resistencia porque el prisionero se somete voluntaria- guió escapar evenrualmente de una relación de malos tratos describe
mem:e -a una mayor privación de la que le L'11pOne su captor. De esta cómo eSlas recompensas intermitentes la ataron a su abusador: «En
manera reatinna su sentido de la integridad y del autocontrol. El psi- realidad era muy cíclico l ... ] y lo más exrraño es que, en los períodos
cólogo Joe! Dimsdale describe a una prisionera de un campo de con- buenos, apenas recordaba los momentos malos. Era casi como si estu-
cemración nazi que ayunó durame e! Yom Kippur para demostrar que ,~era llevando dos vidas distimas» e'.
sus captores no la habían derrotado L1, El prisionero político Nalan Sin embargo, normalmente se requieren. métodos adicionales para
Sharansky describe el efecto psicológico de la resistencia activa: «En conseguir la dominación absoluta. j\Iienrras la víctima consenle cual~
cuamo arlUncié mi huelga de hambre me libré de! sentimiento de de- quier otra conexión humana, el poder del perpetrador es limitado. Por
sesperación e indefensión, y de la humillación de verme obligado a tO- este morivo el perpetrador pretende aislar a su víCtima de cualquier
lerar la riranía de la KGB L.. ] La alTIargura y dererminación que había otra fuente de información, ayuda malerial o apoyo emocional. Las
ido acumulando durame los nueve meses amenores cedió ahora ame historias de los prisioneros políticos eStán llenas de los inrentos de sus
una especie de exuaño alivio; al fh'1al me estaba defendiendo a mí mis- captores por impedir su comunicación con el mundo exterior y por con-
mo y mis palabras de ellos» 1.2. vencerles de que sus aliados más cercanos les han olvidado o uaiciona-
El uso de recompensas intermitentes para atar a la víctima a su do. Y la historia de la violencia doméstica está llena de relatos de vigi-
capWf alcanza su forma más elaborada en los maltratos domésticos. lancia celosa, como seguir a la víctima e in[erceptar la correspondencia
Como no hay ninguna barrera física que impida su fuga, la víctima o las llamadas telefónicas, que tiene como consecuencia el confina-
puede imemar huir después de una explosión de violencia. A menudo miemo solirario de la mujer maltratada en su propio hogar. Jumo a
se la persuade de que regrese, no utilizando más amenazas) sino con acusaciones implacables de infidelidad, el maltra[ador exige que su
,~ disculpas, expresiones de amor, promesas de cambio, así como apelan- víctima le demuestre su fidelidad hacia él abandonando su [rabajo y,
do a su lealtad y compasión. Durante un instante, miemras el maluata- con él, la fuente de su h'1dependencia económica, sus amistades e in-
dar hace Lodo lo que está en su mano para ganarse a su victima, se i...11- cluso los vínculos con su familia.
vierTe la balanza de poder en la relación. La intensidad de su atención La destrucción de los vinculas exige no solo el aislamiemo de la
posesiva no cambia, pero su calidad se ,ransforma de manera dramáti- víctima con respecEO a los demás, síno también la desuuccÍón de sus
ca. Insiste en que su comportamiento dominante sencillamente de- L111ágenes internas de conexión con los otros. Por este motivo el perpe-
mues'ra su necesidad desesperada y su amor por ella. Puede que él trador llega al extremo de privar a su víctima de cualquier objeto que
mismo lo crea. Aú..n. más, suplica y afirma que su destino está en las pueda tener una in1portarlcia simbólica. Una mujer maltratada descri-

,
¡¡j

~
J. E. Dimsdale, «The Coping Behs.vior oE Nazi Concemracion Camp Survivors», en Dims-
dale, Sum:'vor; i/icrún_'. Perperratrors, págs. 163-174.

339.
0:. SharacÁsky, Fear No EviL, trae. S. Hortmar'.., _Mndo!::'_ Rouse, Nueva York, 1988, pág,
:3 L. 'X!allcer, ob. c1[.
l~ Cit. por L Kelly, en «Ho\v Women Define Their Experie.-'1ces of Violence», en K YUo y
11. Bogara, Feminist Perspe'.:tive on Wife flbuse, Sage, Bevedy Hills (CaliforPja), 1988, págs. 114-
132, cL!. e..'1 127.
1.36 CACTIV1J):\D 137

be cómo su novLo exigía un sacrificio ritual de sÍrrlbolos de vincula- una foto o cualquier otro pequeño recuerdo de cariño emocional. Estos
ción: «No me pegaba, pero se enfadaba mucho. Yo pensaba que se de- riesgos, que pueden parecer heroicos o estúpidos a ojos extraños, se
bía a que me quería y que estaba celoso, pero hasta después no me di asumen por motivos muy pragmáticos. Bajo condiciones de aislamiento
cuenta de que no tenía nada que ver con el amor. Era algo muy dife- prolongado, los prisioneros necesitfu'1 «obíetos de transición» para con-
rente. Me formuló un montón de preguntas sobre con quién había esta- servar su sensación de conexión can los demás. Ellos saben que perder
do aIltes de conocerle y me hizo traer a casa un montón de cartas y de estos símbolos de carÍ.t=}o sería perderse a sí mismos.
fotos. Se quedó vigilándome mientras me ponía delante de una alcan- A medida que la víctima va quedando cada vez más aislada, de-
tarilla de la calle y las tiraba ahí una a una [... ] romperlas y tirarlas» ',5, pende más y más del perpetrador, no solo para su supervivencia y sus
Al principio de la relación esta mujer fue capaz de convencerse a sí necesidades corporales básicas, sino también para obtener ir"lformación
misma de que tan solo estaba haciendo una pequeña concesión simbó- e incluso sustento emocional. Cuanto más asustada está, más tentada se
lica. Los relatos de las mujeres maltratadas están llenos de estos sacri- siente a aferrarse a la única relación que le está permitida: la relación
ficios hechos a regañadientes y que, de forma lenta e imperceptible, con su captor. En ausencÍa de cualquier otra conexión humana, jj1ten-
destruye sus lazos con los demás. En retrospectiva, muchas mujeres tará encontrar la humanidad en él. Invariablemente, como carece de
se describen como cayendo en una trampa. La prostituta y estrella del cualquier otro punto de vista, la vícLÍma empezará a ver el mundo a
pomo Lj,-Jda Lovelace describe cómo fue atrapada por un astuto chulo través de los ojos del perpetrador. Hearst describe cómo participó en
que primero la convenció de que rompiera sus dnculos con sus pa- un diálogo con sus secuestradores pensando que podía superarles
dres: «Le seguí la corrÍente. NIientras digo estas palabras me doy en rngenlo, pero cómo. poco después, ellos la habían superado:
cuenta de que tragué demasiadas cosas en esos tiempos [ ... J Nadie me
estaba forzando, todavía no. Todo fue suave y gradual: primero un pe- iJ tiempo, aunque casí no era consciente de ello. me dieron la ;..uelra COffi-
queño paso, luego otro [ ... l Empezó tan poco a poco que no me di ple;:amente, o casi cocpleta.r;¡enre. Era lliía prisÍonera de guerra y me tuvieron
cuenta de que seguía un patrón hasta mucho, mucho más tarde» ~s. encerrada en UJ.i. aED.a:clo con los ojos vendados Gur::Ulte dos meses. Me hacían
bombardeado de forma i.i'1Cesa.''1te con la interpretación del ESL sobre la vida,
Los prisioneros de conciencia, que normalmente tienen una idea
la política. la economía, las condiciones sociales y la actualidad. Cuando me sa-
muy desarrollada de cuáles son las estrategias de control y de resisten- caron del armarle, per:sé que les estaba complaciendo repiúendo como un lore
cia, comprenden que el aislamiento es el peligro a evitar, y que no hay sus tópicos y lemas sin realmente creer en ellos. Entonces [ ... J entré en W.la es-
tal cosa como una concesión pequeña cuando lo que está en juego es tu pecie de sbock callado. Para conser¡. . ar la cordura y el equilibrio mientras fun-
conexión con el mundo exterior. Si sus captores intentan con tenacidad cionaba día a día en este nuevo entorno, aprendí 9. actuar mecánicamente
destruir sus relaciones¡ ellos son igual de tenaces intentando ma.rltener como llií buen soldado, haciendo lo que me decíful y bo~rando de mi mente
cualquier duda L .. J Para ellos la realidad era algo muy dis::into a lo que yo ha"
una comunicación con el mundo exterior. Evocan deliberadamente
bía conocido has::a entonces. y ya su realidad se había convertido en rr:l
LLl1ágenes mentales de la gente que aman para presen-ar su sensación de realidad :7.
conexión. También luchan por conservar muestras físicas de fidelidad.
Pueden llegar al extremo de arriesgar su vida por un anillo, una carta, Los prÍsioneros de conciencia son conscientes del peligro que corren
al relacionarse de forma normal con sus captores. Entre todos los pri-
R E. Dobash y R Dobasn. 'i/iolence Against Wives: A Case ilgainst ¿he Patriarch:;. Free
Press. :\uev2 York. 1979, pág. 84.
:,; L. Lovelace y M. ?vlcGrady, Ordea!, Gtade!, Secaucus (Nueva Jersey), 1980, pág. 30. ,7 P. C. Hearst y A. Moscow. 00, cí;: .. págs. 178-179.

H.
13S CAUTIVIDAD 139

sloneros, este grupo es el que está mejor preparado para soportar los dor, tiene unas características propias basadas en el cariñ.o especial
corrosivos eÍecr:os psicológicos de la cautividad. Han elegido un ca- existente entre la víctima de los abusos domésticos y el maltratador 20.
TI1ino en la vida siendo conscientes de sus peligros y tienen una defirlÍ- Un rehén es secuestrado por sorpresa. En cm principio no sabe nada
ción clara de sus propios prlI1cipios, así como una fLlene fe en sus alia- sobre su secuestrador, o le considera el enemigo; eventuahnenre, por
dos. No obstanre, incluso esre grupo de personas concienciadas y coacción) pierde su anterior sistema de valores y llega a empalizar con
. das es consclenre
D10nva . 1
oe que corre el' . 1
nesgo oe 1 ,.
aesarrollar una de- el secuesrrador y a ver el mundo desde su puma de visra. Sin embargo,
pendencia emocional hacia sus carceleros. Se proregen a sí mismos ne- en los abusos domésticos la víctima va haciéndose prisionera poco a
gándose tajanremente a entrar siquiera en una relación absolutamente poco, a través del conejo. Una s¡mación análoga la encomramos en la
superficial con sus adversarios. Sharansky describe cómo se sintió atraí- técnica de recluIamiento de «bombardeo de 2-mor» utilizada en algu-
do hacia sus captores: «Esmba empezando a darme cuenta de todas las nos cultos religiosos 21.
áreas humanas que teníamos en común los de la KGB y yo. Aunque La mujer que esrá emocionalmente involucrada con un maltrata-
era natural, también era peligroso, porque la creciem:e sensación de dar interpreta en un principio su posesión como una muestra de amor
nuestra hlLT1l3J."'1idad común podía convertirse con facilidad en el pri- apasionado. Puede que al principio se sienta halagada y reconfortada
mer paso hacia mi rendición. Si mis interrogadores eran mi único por el intenso interés que muesua hacia cada aspecto de su 'lida. A
vinculo con el mundo exterior, empezaría a depender de ellos y a bus- medida que él se va haciendo más dominante, ella disculpa o illLrJ.irniza
car aquellos aspectos en los que podíamos esrar de acuerdo» '8 su comportamiento, no solo porque le teme, sino también porque sien-
i\lientras que los prisioneros de conciencia necesitan uIilizar todos re algo por él. Para evitar desarrollar la dependencia emocional de un
sus recursos para evitar desarrollar una dependencia emocional con sus rehén tendrá que llegar a tener una visión nueva e independiente de su
carceleros, la geme que carece de este alIO nivel de preparación, de situación, en activa contradicción con el sistema de valores de su abu-
conciencia política y de apoyo moral normalmente desarrolla algún sador. No solo tendrá que evirar desarrollar la empatía con su abusa-
grado de dependencia. El vinculo emre el rehén y el secuesuador es la dor, SIDO que también rendrá que borrar el cariño que siente por éL
regla y no la excepción. Un confina.'1lÍento prolongado en el que se teme Tendrá que hacerlo a pesar de los persuasivos argumemos del maltra-
por la vida de uno y en el que se está aislado del resIO del mundo pro- tador de que solo un sacrificio más, una prueba más de su amor, termi-
duce invariablememe un lazo de idemificaCÍón entre secuestrador y nará con la violencia y salvará la relación:tComo la mayoría de las mu-
víctima. Los rehenes, tras ser liberados, a menudo defienden la causa jeres alimentan su orgullo y su autoeslÍma con su capacidad para
de su secuestrador, le visitan en la cárcel y recaudan dinero para su mantener las relaciones, el maltratador podrá con frecuencia arrapar a
defensa 19 su victima apelando a sus valores más apreciados~\Por lo tanro, no re-
El vínculo emocional que se desarrolla emre una mujer malrratada sulta sorprendente que a las mujeres malrrara6s se las pueda con-
y su abusador, alliClque puede compararse al del rehén y el secuesua-

20 D. L. Grfu~a.lJ1, E. Rawlings y N. Rirnini, <<Sur'llvors afTerror: Bartered \X'ornen, Hostages,

~s N. Shara,.,sky, ob. elL. pág. -+6. and the Scockholm S;mdrorne», en Yllo y Bograc. Femimsr Perspecr:·v·es ... , ob. cit., págs~ 217 ·233;
:9 .0.L Sy!!:.onds, «VictiIn Responses co Terror: Understanding a.fld Tream1e.,"1D>, en T/ictims o/ D. Duccon y S. L. Paimer, «T rauInatic Bonding: The Developmem oE Emocionai At::achments L."1
Tel7onsm, F. M. Ochberg y D. A, Soskis {eds.), \Vesrv-!ew. Boulder (Colorado), 1982, págs. 95- Batte:red Women a.'1d Oth.er Relarionsrüps oE béermiu:em Abuse», Fictimo!ogy 6: 139-l55 (198 L)
103; T. S[remz, «The Srockholm Syndrome: Law Enforcemenc Policy and Hostage Behaviof». en 2: D. A. Haiperin, «Group Processes in Cult AffJiation and Recruitmem», en Psychodynamic

Ocnberg y Soskis, í/ictims GjTel7orúm, ?ágs. 149-163, Perspectives on Rdigion, Sect, and Cult, D. A. Halperin (ed.),JohIl Wrighe, Boswn, 1983,
140 C\L:TIVID.ill 141

vencer con frecuencia de volver después de haber huido de sus abu~ ser complacientes y les castigan por quejarse. Una vez más, el patrón
sadores 12. de traición puede comenzar CaD concesiones en apariencia pequeñas
e ir progresando eventualmente hasta llegar a un punto en el que se
sufre en silencio el más escandaloso abuso físico o sexual de los ni-
RENDICIÓN ABSOLUTA ños. En este momento~ la desmoralización de la mujer maltratada es
absoluta,
l,JJ terror~ la recompensa intermitente, el aislamiento y la depen- Los supervivientes de encarcelamientos por motivos políticos y de
dencia forzosa pueden acabar creando un prisionero sumiso y compla- tortura describen también haber sido obligados a contemplar irrlpo-
ciente, pero no se da el paso definitivo hacia el control psicológico de ten tes las atrocidades cometidas contra personas que a,.'1laban. En su
la víctima hasta que esta no se haya visto forzada a violar~,sus propios narración de cómo sobrevivió en los campos de exterminio nazis de
prrncipios morales y a traicionar sus vhlculos humaIlos básl'cos~ Psi co- Ausch\Nitz~Birkenau, Elie Wiesel habla de la devoción y la lealtad que
lógicarnente~ esta es la más destructiva de todas las técnicas d~ coac- le mantuvieron vivos a él y a su padre en condicíones de sufrimientos
ción, ya que la victima que sucumbe se desprecia a sí misma. Es en este LfJ.enarrables. Describe varias ocasiones en las que ambos se enfrenta-
punto cuando la víctima bajo coacción participa en el sacrificio de ron al peligro para seguir juntos, y muchos momentos de ternura. No
otros, el momento en que realmente se «rompe». obstaIlte, le persiguen las L"'11ágenes de las pocas ocasiones en que no
En los malos tratos domésticos, la violación de los principios in- fue fiel a su padre: «[El guardia] empezó a pegarle con una barra de
cluye con frecuencia la humillación sexuaL Muchas mujeres malIra~ hierro, ill priIlCipio mi padre se dobló bajo los golpes, luego se partió
tadas describen haber sido forzadas a realizar prácticas sexuales que en dos como un árbol seco tronchado por un rayo, y se derrumbó, Ha-
encuentran desagradables o inmorales; otras describen haber sido bía observado toda la escena sin moverme, Me quedé callado, De he~
obligadas a mentir, a cubrir la falta de honestidad de su pareja o cho, estaba pensando en cómo alejarme más para que no me pegaran,
incluso a participar en sus actividades ilegales 23. La violación de la y lo que es peor~ en ese momento mi ira no estaba dirigida [al guar-
relación a menudo significa el sacrificio de los niños, Los hombres dia], sino contra mi padre, Estaba enfadado con él por no haber sabi~
que maltratan a sus mujeres también pueden abusar de sus hijos 2", do evitar el enfado de Idek, En eso es en lo que me había convertido la
Aunque hay muchas mujeres que, a pesar de que no se atreven a de~ vida en el campo de concentración» 25.
fenderse a sí mismas, sí que protegen a sus hijos) otras están tan aco- Siendo realistas podríamos decir que hubiera sido inútil que el
bardadas que no son capaces de intervenir ni siquiera cuando ven hijo fuera en ayuda de su padre y que, de hecho, una demostración ac~
que están recibiendo malos tratos. Algunas no solo suprimen sus tiva de apoyo hacia él hubiera podido irlcrementar el peligro hacia los
propias dudas y objeciones, sino que también fuerzan a sus hijos a dos. Pero este argumento sÍrv-e de poco consuelo a la víctima que se
siente absolutamente humillada por su indefensión, Incluso la sensa~
ción de ira no consigue salvar su dignidad porque ha sido moldeada
.:: yL J. S¡::ube. «The Decislon te Leave an Abusi;¡e Relamionship». en G. 1. Horaling, por sus enemigos y se ha vuelto en contra de la persona que quiere, La
D. Fü,kehl:or.]. T. Kirkpatrick y otros leds.'!, Coping u;úh Family Vio!ence.- Research dnd Paitey' sensación de vergüenza y derrota no solo proviene de su incapacidad
Pei"spectives, Sage, Beverly Hills (California). 1988, págs. 93-106.
2, L WaL1cer. oh. cit.
2_ L. H. BowKe.r, M. Arbitel y J. R. )V1cFen:on, <<üo the RelaLionshtp Bet\Veen \V",ie·Beatin_g

and (hild Abuse», e:l Y110 y Bograd (eds,\ ob. cit .. págs. 158-174. 2; E. \í:J'iesel. :\'ight, :;rad. S. Rodway. P..ill ano W211g, :\Iueva York 1960, pág. 61-
142 ClUT!\:1DAD 143

para intervenir, S1Il0 también de haberse dado cuenta de que sus cap- cualquier emoción o sensación significaba desperdiciar ÍIlútílmente mi
cores" hall usurpado su vida interior. energía» 23. ~ ..
':,Los prisioneros, incluso los que han conseguido resistirse, com- Este es-[ado de degradación psicológica es irreversible. Durante el
prenden que pueden «romperse» bajo lli'1a coacción extrema. Normal- tiempo de su cautividad, las ,1ctimas describen haber flucmado con fre-
mente se disúnguen dos fases en este proceso. La prLmera se alcanza cuencia entre períodos de sumisión y períodos de resistencia más aGÍva.
cUfuldo la víctima cede su am:onomÍa interior, su visión del mundo, sus La segunda, e irreversible, fase de «romper» a lLl'1a persona se conSlLma
principios morales o su conexión con los demás sLmplemente para so- cuando la vícIÍIDa pierde las ganas de vivir. No es lo mismo que volverse
brevivir. Hay un bloqueo de los senIimientos, pensamientos, iniciativa suicida: la gente en cauuvídad vi.ve cünstantemenre con la fantasía del
y juicio. El psiquiaua Henry Krysral. que ha trabajado con supervi- suicidio, y los intentos ocasionales de suicidarse nO están reñidos con la
vi emes del holocaustO nazi, describe este estado como «roboriza- determinación de seguir viviendo. De hecho, Timerman describe el de-
ción» 26. Los prisioneros que han pasado por este estado psicológico a seo de suicidarse en circunstancias extremas como lUl signo de resisten-
menudo se describen a sí mismos como seres reducidos a una forma de cia y de orgullo~~,El suicidio) afirma, «sigrüfica llrroducir en tu vida diaria
vida no humana. Aquí está el testimonio de Lovelace, que llegó a este algo que está a la par con la violencia que Ee rodea [ ... J Es ponerse al
estado de degradación cuando se vio obligada a ejercer la prostitución mismo nivel que tUS carceleros» 29L La postura del suicidio es activa;
y la pornografía: «Al principio estaba convencida de que Dios me ayu- mantiene tLna sensación Ínterna de control. Como en el caso de la huelga
daría a escapar, pero, con el tiempo, se me acabó la fe. La mera idea de de hambre, el cautivo afinma su desafio al estar dispuesto a perdet la
escapar me reswEaba Eerrorífica. Se me había degradado de tOdas las vida::;'
formas posibles, se me había despojado de [Oda dignidad, y se me ha- [Perder la voluntad de vivir represema la última fase del proceso
bía reducido a ser un animal y luego a ser un vegetal. La fuerza que me que TiInerman describe como adoprar una «actimd de absoluta pasivi-
quedaba empezó a desaparecer. La mera supervivencia la requería dad». Los supervivientes de los campos de exterminio nazis describen
toda. Llegar al dia siguieme era una victoria» n Y aquí está la descrip- esta condición desesperada a la que dieron el nombre de «musulmán>~.\
ción de una experiencia parecida, narrada por Jacobo TiInerman, edi- Los prisioneros que habían llegado a ese punto de degradación ya no
tor y hombre de letras, encarcelado y ranurado por ser un disidente seguían intentando encontrar comida o calentarse, y no hacían nin-
político: «Aunque no puedo Eransmitir la magnimd de ese dolor, quizá gún esfuerzo por no ser apaleados. Se les consideraba los muenos vi-
pueda ofrecer algunos consejos a aquellos que sufran torturas en el vientes.3o. Los supervivientes de sÍIuaciones extremas a menudo re-
ruturo [ .. ,J En el año y medio que pasé bajo arresto domiciliario de- cuerdan un punto de inflexión en el que se simieron temados a emrar
diqué mucho riempo a pensar en mi acritud durame las sesiones de en este estado tenminal, pero tomaron la decisión activa de luchar por
tortura y el aislamiemo. Me di cuema de que había desarrollado ins- su vida. Hearst describe este momento durante su caUEiverio:
timivameme una actitud de absoluta pasividad [ ... J Sentía que me
estaba conviniendo en un vegetal; había dejado a un lado todas las
emociones y sensaciones lógicas -miedo, odio, venganza- porque
Zg J. Tünermatl, Prisan!?? Wúhout a Name: Cea Wúhout a Number, trad. 'T' TalboL Vimage,
Nueva York, 1988, págs. 34-35.
29 Ibídem, págs. 90 y 9l.

26 H. Kr;-'scal, «Trauma arrd Aifecrs», Psycboana!ytic Study 01 the Chzld 33: 81-116 (1978). 30 P. Levi, SU7viva! In Auschwüz on Humanity [1958J, uad. Seuare \Vol!. CoSer, ;'\ueva

17 L Lovelace y M. McGra¿y, ob. cit., pág. 70. York, 1961; E. Wiesel, ob. cit.; H. Krystal, ob. cit.
1~4 C:\C1T\.-m.c\D 145

Sabía que cada vez estaba 1112.S débil a causa de mi enca~celarDiento. Pero tenía como consecuencia un L'1CTemento de la acrividad, agitación, gritos
en ese momemo tU"i.'e la semación de que me estaba muriendo. Había un um- y lloros. Las mujeres seguían vi.gilantes, bcapaces de relajarse o dormir.
bral sin retorno y podía sentir que estaba próxirna a cruzarlo. ;\Ji cuerpo es-
Las pesadillas eran u.:.--llversales, con temas de víolencia y peligro»3~~~~
:aba agOLado, me faltaba la fuerza. No podría levantarme siquiera aunque ;ne
permítieran ma~cbarme ..J Estaba tan cansada, tan cansada: lo único que de- f-Las personas crónicamente traumatizadas ya no úenen un estado
rr
seaba era dormir. sabía que era peligroso, letal, COlT'.O el hombre perdido en bá~ico de calma física o paz. Con el paso del tiempo perciben que sus
ia nieve del Artico que se tumbó para dormir una siesta y DO se volvió a des· cuerpos se han vuelto en su contra. Empiezan a quejarse no solo de in-
pertar. De repeme mi mente estaba viva y alerta a todo eSlQ. Podía ver lo que somnio y agitación, sino también de numerosos tipos de síntomas so-
me estaba ocurriendo como si estuviera fuera de mi mÍsma [ .. .J Se estaba ü- máticos. Son muy frecuentes la tensión, los dolores de cabeza, las mo~
blarl¿o una batalla a..'tí dentro del armario, y ganó rrj meme. De forma delibe·
lestias gastrointestinales, y los dolores abdominales, de espalda o
rada y clara decidí que no moTiría, al menos no por propia voluntad. Seguiría
lucna.¡1do con todo lo que estuviera en mi mano para sobrevi'¡;ir 3, pélvicos. Las supervivientes pueden quejarse de temblores, de sensa-
cíón de ahogo o de palpitaciones. En e::itudios realizados con supervi-
"rientes del holocausto nazi, se descubríó que las reacciones psicosomá-
EL SÍNDROME DE TRAUMA CRÓNICO ticas eran prácticamente generalizadas 53. Se han hecho observaciones
similares sobre los refugiados de campos de concentración en el sudes-
Las personas gue han estado sometidas a un trauma prolongado y te de Asia 3J . Algunos ?upenivientes pueden proyectar ei daño de su
re¡Í~Iido desarrollan una forma de desorden de estrés postraumático prolongada cauti"vidacr~en términos somáticos, o es posíble que se acos-
progresiva e insidiosa que ir1Vade y erosiona la personalidaqJl\1ientras tumbren tanto a su condición que ya no sean capaces de reconocer la
que la victima de un único y agudo trauma puede sentir que, después conexión entre sus síntomas de sufrimiento físico v el clima de terror
'4 "
del aconteciIniento, no es «ella misma»,Ha víctima de un trauma cróni~ en el que se formaron estos síntomas. ,,)
ca puede sentir que ha cambiado irrevocablemente, o puede perder Los síntomas h'1uusivos del desorden de estrés pos traumático tam~
para siempre la sensación de su propio yo. bién persisten en las víctimas de un trauma prolongado y repetido.
',El peor miedo de cualquier persona traumatizada es que vuelva a Pero, a diferencia de los sintomas i..¡1trusivos después de un único trau·
ocurrir el momento de horror, y este miedo se cumple en las vicIimas del ma, que suelen suavizarse en unas semanas o meses) estos síntomas
abuso crónico. No resulta sorprendente que la repetición del trauma pueden persistir con leves cambios durante muchos años después de la
amplifique todos los síntomas de hiperactivación del síndrome de estrés liberación de la cautividad. Por ejemplo, los estudios realizados sobre
postral.unático. Las personas crónicamente traumatizadas están siempre
hipervigi]a¡1tes, ansiosas y agitadas. La psiquiatra Elaíne Hilberman des·
cribe el estado de miedo permanente que experimentan las mujeres mal· 32 E. P.ilbermai"1. ,<Toe "\X7ie-Bealer's \'(.'iie· Reconsi¿ei."ed·'». American jouma! 01 Psyc.0ú¡!ry

tratadas: «Acontecimientos remotamente vinculados con la violencia 137: 1.336-1347 (19801, cita er:. pág. 1341.
33 K. D. Hoppe, «ResomatizatioD. oE ,'1.,Efects te: Sunisors or Pe::securLon», International ]our-
-sirenas, truenos, puertas abatibles- creaban un intenso miedo. Había na! ofPsycho.ana!/sis .:\9'. 324-326 (1968): H. K:ysca.l y"V;(,r Niede:lanc. «ClL.-¡ical Observations on
una aprensión crónica de desastre inminente, de algo terrible que siem· che Survivor Syndrome». en Massive Psychic Trauma. H. Kr:v'SIal (ed.), L,IemationaI Universiries
pre está a punto de ocurrir. Cualquier simbolo o indicio real de peligro Press, Nueva York. 1968, págs. 327·348: \'1,', de Loos. «?sychosomatic .YIlli,,"iiestations oE Chrorüc
PTSD», en Post-traumatic Stress Dúorder: EtioLog;y. Phenomeno!og;y and Treatmenc, M. E. "\('df Y
A. D. MostlaL."D. (easJ. fu-nencan Psycrua(:ic Press. 'X-'as.bégtofl. D.e., 1990, págs. 94-105.
;4 ]. Kroil, M. Habeních;:, 1. ;vIackel!zie y otros, «Depression lli"1d Pos;:;:raumauc Stress Dtsor·

;: P. C. Heal"St y A. )"'foscow, ob. elL págs. 75 y 76. de! in Sourbeast Asían Refugees». American ]ournal 01 Ps)"chiatry 146: 1592-1597 (1989).
1..;.6 C,CTIVIDiID 147

soldados que habían sido hechos prisioneros durante la Segunda conscientes. Quizá el mejor nombre para ello sea pensamíet~rg_ .clobJe y

Guerra ?vlundial o la Guerra de Corea, encontraron que entre ueLT1ta y según la defirlÍción de Orwell: «Pensamíento d()Gl~-·~'li~~~.~-a ~l.po_ªer
cinco y cuarenta años después de su liberación la mayoría de estos de defen?er s4'TIult?neamente en -i~"~ente dos creen~ias opuestas;, y
hombres seguían teniendo pesadillas, flashbacks persistentes y reaccio- acep[~;arr;bas. La [perso;;a] sabe en. qué direcciÓn debe altera~ su Q¡;-
nes extremas a recordatorios de sus experiencias como prisÍoneros de ;;:;o~;á;po~ 'l~ lfu-1tü-:-sabe' q~~ está engañando a la realidad;. per:o, me,
guerra 35. Sus síntomas era.l1 más graves que los de los veteranos de guerra díanle--ere1e-rdcl~ -de pensamiento doble, tarnbiép se as,~gur~ de.,que_Do
de la misma época que no habían sido capturados O encarcelados 36. se violeb r:.eilldad.iEsI~ proceso ~iene que ser consciente porque, de
Después de cuarenLa años, los supervivientes de los campos de con- -~-; ~;-así) no se lle'i¡:;ría a cabo con la precisión necesaria) mas también
cenLraóón nazis tenían tenaces y graves sÍt""1tomas intrusÍvos 37. tiene que ser inconsciente porque, de no ser así, tendría una sensación
Tpero los rasgos del desorden de eSIrés postraumático que más se de falsedad [ ... ] Incluso para utilizar la expresión pensamiento doble es
exageran en las personas crónicamente traumatizadas son los de evita- necesario ejercer el pensamiento doble» 3-~- La capacidad para tener si-
ción o constricción. Cuando la víctima ha quedado reducida al obje- mulTáneamente cre~ncias contradictoria; es -"car:~~l~~ístl¿a de J;'s--esta--
ti vo de la mera supervÍvencia, la constricción psicológica se convierte q.~~ d~ trance.' Otr'a caract~~ís~ica es la capacidad para alrerar la per-
en una forma esencial de adapTación. Este eSIrechamiento se aplica a ~~p¿-ió·n. C'~n frecuencia, los prisioneros se instruyen los unos a los
IOdos los aspectos de la vida: relaciones, actividades, pensamientos, re- Otros en la inducción de estos estados mediante cánticos, oraciones y
cuerdos, emociones e incluso sensacÍones. Y aunque eSTa constricción sencillas técnicas de hipnosis. Estos méTodos se aplican consciente-
es adaptativa durante el cautiverio, también produce una especie de mente para aguantar el hambre, el frío y el dolor. Alicia Parmoy, una
atrofia en las capacidades psicológicas que han ,~ido suprimidas, y un mujer «desaparecida» en Argenu..TJ.a describe su primer mIentO fracasa-
exagerado desarrollo de una vida interior solitaria ..) do de entrar en un estado de trance: 1'" ,<Probablemente fue el hambre lo
L Las personas en cautividad se convienen en adeptos practicantes que despertó mi interés por -errr;;:;-;:;d~ extrasensorial. Empecé relajan-
de la conciencia alterada. A través de la práctica de la disociación, la do los músculos. Pensé que mi mente, aliviada de su peso, viajaría en la
supresión del pensamiento voluntario, la minimización y en ocasiones dirección que yo quisiera. Pero el experimento fracasó. Esperaba que
la rotunda negación, aprenden a alterar una realidad insoponable. El mi psique, elevada hacia el techo, pudiera observar mi cuerpo tendido
lenguaje psicológico normal no tiene nombre para esta compleja gama en el camastro manchado de rojo y de suciedad. No ocurrió de esa ma-
de maniobras mentales que son, simultáneamente, conscientes e in- nera. Quizá también los ojos de mi mente estuvieran vendados»
Tras haber aprendido técnicas de meditación de OtrOS prisioneros,
Alicia fue capaz de limirar su percepción física del dolor y de las reac-
)5 G. Golds(eirl, V. va..'1 Kamr.'1leu, C. Sheily y otros, ~<Sun1vors oE Imprísonmem h, óe Pacillc ciones emocionales al terror y a las humillaciones, alterando su sentido
Thea!er Dur-'.!lg \)(lad¿ War lh, American [auma! o/Psychiatry 144: 1210-1213 {1987J;J, C. KIuz- de la realidad. Para ilustrar el grado que alcanzó en la disociación de
rú.k, N. Speed, C. '1aI1 Valkenburg y OlIOS, «(Forty Year FollO\v Up oÍ Unired Séares Prisoners oÍ
War», American Journal ofPsychiatry 143: 1443·1446 (1986).
su experíencia, la narra en Tercera persona:
,6 P. B. S:lL!.::er, D. K. íX'ir.,stead, Z. H. GaL,a y ouos, «Cognicive Dencits acld Psychopatho-
lagy ,wong Former Prisoners oÍ \Y!ar and Combat Veterans oÍ ü'l.e Korean ConBio>, American
Jouma! o/Psychiatry 148: 67-72 (1991).
)7 W. W. Eawc, J. J. Sigru y M. Weideld, «Impairmem i...'l. Holocaus[ Survtvors Arter 33 ,8 G. Orv.reU, ab. cit., págs. 176-177.
Yese;: Dam from an Unbiased Communiry Sarnple», American Joumal 01 Psychiatrj 139: 173·777 39 A. Par-::nay, The Lide School: TaleS o/ Dúappearance and Survivai in Argentina, Clcis
(1982). Press, San Francisco, 1986, pág. 49.
148 CAL'TI\"ID.-\D 149

«Quítate toda la ropa.» cen vulnerables a la decepción y que esta acabará haciéndoles sentirse
Se quedó de pie, en ropa ircte-ior.la cabeza alta. Esperó.
desesperados. Por lo tam:o, reducen deliberadamente su atención y se
«He dicho toda la ropa.»
Se qUltó el resto de la ropa. Senda como 51 los guardias no existieran,
centran tan solo en objetiv-os muy limitados. El futuro queda reducido
como si fuezan solo ur:os gusanos repugnantes que podía borrar de la :neme a unas horas, como mucho a días.
pensando en cosas agradables ~:). Las alteraciones en el sentido del tiempo comienzan borrando el
futuro de la mente, pero eventualmente acaban con el individuo
Durante UD encarcelamiento o aislamienTo prolongado, algunos borral"1do también el pasado. Los prisioneros que se resisten de forma
prisioneros llegan a desarrollar la capacidad de entrar en trance . De- activa cultivan de manera consciente los recuerdos de su vida anterior
sarrollan habilidades que solo se encuentran en personas propensas a para combatir el aislamiento,[Sin embargo, a meclida que la coacción
ser hipnotizadas, incluyendo la capacidad para formar alucinaciones se hace más extrema y se desmorona la resistencia, los prisioneros pier-
positivas y negativas, y de disociar partes de la personalidad. Elaine den el sentido de continuidad con su pasado. Este, al igual que el futu·
Mohamed, una prisionera política de Sudáfrica, describe las alteracio· ro, se conVlerte eI: algo demaslado doloroso porque la memona, al
nes psicológicas que sufrió en cautívidad: igual que la esperanza, despierta la nostalgia de lo que se ha perdido.
De esta maIlera,. los prisioneros se verán eventualmente condenados a
~ '-

Empecé a alucL."1ar en la pristón. probablemente para h!.temar comba;:ir la vivir lL'1 presente interminable. ¡'primo Levi, superviviente de los cam-
soleead. Recuerdo que alguieil me pregu..l1tó ¿ura...'i.te el tiempo que duró mi
pos de extermi11ío nazis, describe este estado sin tiempo: «En el mes
juicio: «Elaine, ¿qué estás haciendo?». No paraba de mover la ffiS"10 detrás de
la espalda, y ie dije: dI/le estOy acariciando la cola». Me había L'TIagin.ado a sí
de agosto de 1944, los que habían10s entrado en los campos cir1CO me-
:nisma como una ardilla. Un momón de mis alucinaciones trataban sobre el ses antes ahora éramos los antiguos [... ] Nuestra sabiduría consistía en
l1
miedo. Las ventanas de mi celda estaba.'1 demasiado altas para mirar por ellas, "no intentar comprender no imaginar el futuro, no atormentarnos
"

pero alucinaba que algo entraba en mi celda como, por ejemplo, un lobo ... preguI1tándonos cómo y cuándo acabaría todo; no haciendo preguntas
y empecé a hablar conmigo misma. ?vE segundo nombre es Rose, y siem- a los demás o a nosotros mismos [ ... ] Para los hombres vivos, las uni·
pre he odiado ese nombre. Algunas veces era Rose ia que hablaba con Elaine y
dades de tiempo siem"pre han :enido un valor. Para nosotros, la histo·
otras era Elaine hablando con Rose. Sentía que la parte Elaine de mí era la par-
te más fuerte, mientras que Rose era la persona que despreciaba. Ella e;:-a la dé- ria se había parado» "",\
bil, la que lloraba y se disgustaba, y no podía soportar la detención, y que se Con frecuencia esta ruptura en la continuidad entre presente y fu-
iba a venir abajo. Elame sí que podía soportarlo~:. turo continúa después de que el prisionero haya sido liberado. Puede
que dé la sensación de que el prisionero vuelve al tiempo real, pero en
Aparte de utilizar estados de trance, los prisioneros desarrollan la realidad sigue psicológicamente unido a la falta de tiempo de la pri·
capacidad voluntaria de restringir y eliminar sus pensamientos. Esto se sión. Puede que, al intentar reincorporarse a la vida normal, los antÍ-
aplica especialmente a los pensamientos de futuro. Pensar en el futuro guas prisioneros borren o eviten conscientemente los recuerdos de su
despierta un anhelo y una esperanza tan intensos que resultan insopor· cautividad aplicando todos los poderes de control del pensamiento
tabies a los prisioneros; pronto aprenden que estas emociones les bao que han adquirido. Como resultado, el [rauma crónico de la cautividad
no puede integrarse en la historia de la vida de la persona. Por ejem-
.;0 A. Parmoy, oo. cit .. pág. /l.
"] Cit. ,;J0r D. E. H. RusselL en Uves 01 Courage' T:i1omen /or a Sew 50utb ;1.fricú, Basle BooKs.
Nueva -{ork. 1989, págs. 40 y 4l. J2 P. Lev:. ob. cir., págs. 106 y 107.
""J

150
C-\UTIVID_r\D 151

plo, algunos estudios sobre prisioneros de guerra Ll1forma.:.'1 con perple- establecidos por el perpeuador. El prisionero ya no piensa en cómo esca-
jidad de que los hombres nunca hablaron de sus experiencias con na- par, sino en cómo ma.T1tenerse con vida o cómo hacer más soportable el
die. A menudo, aquellos que se casaban después de la liberación ni si- cautiverio. Un prisionero en LLl1 campo de concencraóón piensa en cómo
quiera habían com:ado a sus mujeres e hijos que fueron prisioneros"]. obtener unos zapatos, una cuchara o una manta; un grupo de prisioneros
De la misma manera, los estudios sobre los campos de concentración políticos conspiran para cultivar unos pocos vegeTales; una prostituta pla-
repiten una y OEra vez que los prisioneros se negaban a hablar del pasa- nea cómo esconder un poco de dinero de su chulo; una mujer maltratada
do ~.,. Si11 embargo, cuanto más se niega el período de cauIlvidad, más enseña a sus hijos a esconderse cuando es Lnminem:e lL"1 ataque.
vivo permanece ese fragmemo desconecIado del pasado con las carac- ~:,Esle estrechamiento de la gama de iniciativa se convierte en algo
terísticas inmediatas y presentes de la memoria traumática. habitual en una cautividad prolongada, y debe ohidarse después de
Por consiguiente, incluso años después de la liberación, el prisio- que el prisionero es liberado. Mauricio Rosencof, disideme político.
nero sigue ejerciendo el pensamiento doble y existiendo simultánea- describe las dificultades de volver a una vida de libertad después de
mente en dos realidades, en dos pum:os en el Iiempo. La experiencia muchos aúos de encarcelamiemo:-·
del presente es a menudo borrosa y sorda, mientras que los recuerdos
rnLrusÍvos del pasado son iIlcensos y claros. Un estudio sobre los super- Cuando sali"'110S, de repente nos [mimos que enEremar a todos esIOS pro-
vivientes de los campos de concentración encontró esta «doble con- blemas [ ... ] Problemas ridículos. Por ejemplo, los pomos de las pUefras. Ya no
ciencia funcionando» en una mujer que había sido liberada veime [enla el retlejo de agarrar el pomo. No lo h~bü hecho, no se me habia pemúú-
a.:.~os antes. i\l ver a los soldados israelíes pasando por delante de su do hacerlo durante más de ;:rece años. Llegaba a una puerta cerrada y me que-
daba mOmentfu"1cili-nente paralizado. No era capaz de recordar qué [enÍa que
ventana, la mujer afirmó que sabía que los soldados iban a luchar a la
hacer a comlrmación. O cómo encender la luz en una habitación a oscuras.
frontera. Al mismo tiempo, sin embargo, «sabía» que iban a morir a Cómo uabajar, pagar las facIliras, tr de compras, vislrar aInigos. lvE hija me
manos de un comandante nazi ''. A pesar de que no había perdido dice que tengo que hacer esw o lo o[ro, y puedo manejar 11.:.'1 problema, puedo
comactO con la realidad del presente, era más poderosa la del pasado. manejar dos, pero cuando aparece lirIa tercera dificuhac puedo oír la voz de
Paralelameme a las alteraciones en el sentido del tiempo se produce mi hija pero mi cabeza está perdida en las nubes ~6.
U..'la constricción en la iniciativa y la planificación. Los prisioneros que no
han sido «rotos» del todo no renuncian a la capacidad de vincularse acti- '::.Esta constricción en las capacidades para relacionarse activammte
varneme con su entorno. Al contrario, a menudo emprenden las peque- con el mundo, algo habitual después de U11 único trauma, se hace mu-
ñas Lareas diarias de supervivencia con extraordinario ánimo y empeño. cho más pronunciada en las personas crónicamente traumatizadas que
Pero la gama de iniciativas se ve cada vez más mennada por los límites a menudo son descritas como pasivas o indefensas. Algunos teóricos
han aplicado de forma equivocada el concepto de «indefensión apren-
dida» a la situación de las mujeres maltratadas y Otras personas cróni-
.;) c. C. TcpS:.ar,r, K.]. Gouls::on y O. F. Dem, «ln.: Psycnological Efrecr:s oE Bein_g a Pri- camente traumatizadas ,'- Dichos conceptos tienden a retratar a la VÍc-
soner of \,(1ar: Fowj Year-s mer Rdease), Amer¡'can- Jouma! 01 Ps-ychiatry 14.3: 618-622 (1986);
]. e Kluzni..l.c ymIOS, oo. cit . tima como un ser derroIado o apático cuando la realidad es que en su
.;~ H. KrystaI, }lassi-ue Psychic Trauma, oo. cÍr.: J- D. Ki,zie, R. H. Fredrickson, R. Beo y
aErOS, <<...PTSD Among Survivors oE Cambodian Concem:-acion Camps», ¡{meriean Jouma! o; Psy- .;6 eü. por L. WescJ.-.Jer, er. «Tne Gre:ar Excepcion: Pan 1; Liberty», N¿'1.f.,' Yor.ker, .3-I\/-1989,
chiatry 141: 645-650 (l98.:!).
págs. 43-85; ciI. en págs. 81 y 82.
"5 R.Ja"f:fe, «DissocÍauve Phenomena in FOEDe:- Concemration Camp bmares», Intemationa! ~7 R. Fla\1nery y M. Har,,.ey, {(Psychological TraU-:T:.a and Leame¿ Helplessness: Seligman's
]o-urna¿ olPsycho-Anaiysis 49: .310-.312 (1968).
Paradigm Reconsiderec1». Psychotherapy 28: 374·378 (1991).
152 C-\ L:TTVID_w 153

interior se está librando una bmalla mucho más vital y compleja. En la relación que han manrenido con las personas que han compartido su
mayoría de los casos, la víctima se ha rendido, pero ha aprendido que destino. Los prisioneros que han tenido la suerte de relacionarse CaD
cada acción suya será vigilada) que la mayoría de sus acciones serán otros conocen la generosidad, el valor y la devoción que nace en algu-
frustradas, y que pagará un alto precio por su fracaso. Como el perpe- nas personas cuando viven situaciones extremastLa capacidad de crear
trador ha conseguido que se cumpla forzosamente su exigencia de su- vinculas fuertes no queda destruida ni siquiera en las condiciones más
misión absoluta, la -victima considerará cualquier ejercicio de su inicia- diabólicas: la amistad nació incluso entre los prisioneros de los campos
tiva como una insubordinación. Antes de ejecutar cualquier acción de exterminio nazis. Un estudio sobre las relaciones entre los prisio-
,
oosen-ara " el entorno, esperan d o una repres al·la. neros de estos C8.l11pOS descubrió que la gran mayoría de los supervi-
La cautividad prolongada mina o destruye-la sensación normal de vientes eran parte de un «par estable», una leal relación amistosa de
una esfera relativamente segura de iniciativa, en la que existe cierta to- generosidad y protección, y llegó a la conclusión de que el par y no el
lerancia para probar y equivocarse. Cualquier acción tiene desastrosas individuo era «la unidad básÍca de supervivencia» -l9.'-i
consecuencias potenciales para la persona traumatizada y, por lo tanto, Sin embargo, entre los prisioneros aislados que no tenían la opor-
no ha lugar para la equivocación. Rosencof describe que siempre espe- tunidad de unirse a otras personas que estuvl.eran en sus mismas con-
raba que llegara el castigo: «Estaba en perpetuo sobresalto. Constante- diciones, ese vhJ.culo puede crearse entre la víctima y el carcelero, y
mente me paro para dejar pasar a quien va detrás de mí: mi cuerpo es- esta relación se puede malinterpretar como la <<unidad básica de su-
pera recibir un golpe» ~8. penrivencia». Este es el «vínculo traumático» que se crea entre los
La sensación de que el perpetrador sigue presente incluso tras la rehenes, que llegan a considerar que sus secuesrradores son sus salva-
liberación significa una importa.l1te alteración del mundo relacÍonal de dores, y a temer y odiar a sus rescatadores. :\-Jartin Sy111onds, psicoana-
la víctima. La relación forzosa durante la cautividad, que por necesi- lista y agente de policía, describe este proceso como una regresión for-
dad monopoliza la atención de la víctima, se convierte en parte de su zosa al «infantilismo psicológico» que «obliga a las víctirnas a aferrarse
vida interior y sigue atrayendo su atención tras la liberación. En el caso a la misma persona que está poniendo en peligro su vida" 50 Observa
de los prisioneros políticos, esta relación continuada puede adquirir la regularmente este proceso en policías que han sido secuestrados y he-
forma de una preocupación pesimista con las carreras criminales de chos rehenes durante el cumplimiento de su deber.
sus captores o con inquietudes más abstractas sobre las fuerzas del mal LE] mismo vinculo traumático puede tener lugar entre la mujer mal-
en el mundo. A menudo los prisioneros liberados siguen los pasos de tratada y su abusador ". La experiencia repetida de terror e indulto,
sus captores y continúan temiéndoles. En los prisioneros sexuales, do- especialmente demro del contexto aislado de una relación amorosa,
mésticos y de sectas religiosas esta relación continuada puede tomar una puede derivar en un sentimiento de ÍI1tenSa dependencia y adoración
forma más ambivalente:ja víctima puede seguir temiendo a su antiguo
carcelero y esperar que eventualmente la encuentre, pero también se
"q E. Luchterland. «Social Behavior oE Concentration Camp Prisoners: Concinuiti.es anc
puede sentir vacía, confundida e inútil sin é1.1. Discontinuities wiÓ Pre- an¿ Pos~-Camp Life)). en J. Dims¿ale, 5urviz,·OTs, Victims¡ Pf?lpetla-
/'
En los prisioneros políticos que no han estado totalmente aislados, tlOrS, págs. 259-282. Otros relatos sobre el par como uuidad de superviveucia puede" encono

la maligna relación con el perpetrador puede verse mitigada por la [rarse en j. Dünsdale. «Tbe Copir:.g Bé.avlor oE ~azi ConcentratioD Camp Survtvors». er:.
J. Di.msdale.Sui"uú)OTS, íj;c!zms, Perpe;r:;tTors, págs. 163-174. Véa.."'"lse tar"bién P. Le,,-l. ob. cit.:
.t.:. Wiesel. ob. cit.
)"G .:'vI. Symonds. ob. d::., ;xig. 99.

JS Cit. por L. WeschleL e:.1 «The Great Exceptiom>, ob. ciL pág. 82. 5i D. Dutton y S. L Painter. ob. dI.
154 C-\UTIVIDA.D 155

en una autoridad todopoderosa y casi divina. La vícTima puede vivir "-La cautividad prolongada altera rodas las telaciones humanas y
aterrorizada por la cólera de su perpetrador, pero también puede con- multiplica la dialécrica del ¡rauma. La superviviente fluctúa emre el
siderarle la fuente de la fuerza y de la vida, y hasta pensar que es su vínculo intenso y el alejamiento aterrorizado. Se planrea cualquier re!a-
guía. La relación puede convenirse en algo muy especial. ~Algunas mu- ción como si eSTuvieran en juego temas a vida o muerte. Puede aferrarse
jeres maltratadas hablan de entrar en un mundo exclusivo, casi fantás- desesperadamente a una persona que percibe como tes catador" huir de
tico, de comulgar con el grandioso sistema de creencias de su pareja y repente de una persona que sospecha es un perperrador o cómplice,
.de suprimir voluntariamente sus propias dudas como prueba de su demostrar una gran lealtad y devoción a una persona que percibe
leahad y sumisión. Algunas personas que han emrado en sectas religio- como aliada, o dirigÍr su ira y su desprecio hacia alguien que parece ser
sas hablan con frecuencia de experiencias parecidas 52 ~-., un testÍgo complaciente, Los roles que asigna a los demás pueden carH-
[Cuando la víctima ha escapado no es posible reco~·struir las rela- biar tepentinameme como resultado de pequeños lapsos de decepción
ciones tal y como existÍan antes de la cautividad, porque ahora rodas porque ya no confía en ninguna represen ración interna de otra perso-
las relaciones se observan a través de la lupa de la extremidad. Al igual na. Una vez más, no hay sitio para las equivocaciones. Como la mayo-
que no existe una gama de compromiso o de riesgo moderado para la ría de la gente no consigue aprobar los exigentes exámenes de confian-
iniciatÍva, tampoco existe una gama de compromiso o de riesgo mode- za que establece la víctima, esta acaba alejándose de las relaciones. Por
rado para la relación. }Ninguna relación normal-ofrece el mismo grado lo tanto, e! aislamiento de la supervivieme perdura mucho después de
de intensidad que el vfuculo patológico con el abusadoI:I~ su liberación.
En cada encuentro se cuesLÍona la confianza básica. Para el prisio- Una cautividad prolongada también produce protul1das alteracio-
nero liberado solo hay una historia: la de la a¡rocidad. Y can solo hay nes en la identidad de la víctima. Todas las estructuras psicológicas de
un número limitado de roles: uno puede ser un secuesrrador, un testi- la persona -la i.lnagen de su cuerpo, las imágenes que tiene de los de-
go pasivo, un aliado o un rescacador. Cada relación nueva o vieja lleva más, y los valores e ideales que le dan una sensación de coherencia y
ímplícíra la pregunta: ¿De qué lado estás? La víctima reserva su mayor propósito- han sido invadidas y derribadas sistemáticameme. En mu-
desprecio no para e! perpetrador, sino para e! testigo pasivo. Una vez chos sistemas totalitarios, este proceso de deshumanización se lleva
más escuchamos la voz de la prostituta Love!ace despreciando a aque- hasta e! extremo de quitarle e! nombre a la víctima. Timerman se llama
nos que no intervinieron: «La mayoría de la gente no sabe lo duramen- a sí mismo el «prisionero sin nombre». En los campos de concentra-
re que la juzgo porque no digo nada. Lo que hago es borrarlos de la ción, el nombre del cauIÍvo es susIÍtuido con una designación nO huma-
lista. Estos hombres tuvieron la posibilidad de ayudarme y no respon- na: un número. En la política, las sectas religiosas y en la explotación
dieron» 53. El prisionero político Timerman expresa la misma amargura sexual organizada, a menudo se le da a la VÍctima un nombre nuevo
y sensación de abandono: «El holocausro no será recordado tanto por que significa que se ha borrado por completo su identidad anterior
el número de VÍctimas sino por la magnitud de! silencio. Y lo que más y que se somete al nuevo orden. De esta manera, Patricia Hearst fue
me obsesiona es la tepetición de! silencio» ". baurizada como Tania, la revolucionaria; Linda Boreman, reemplazada
por Linda Love!ace, la pUta.
[La vícUma no es capaz de recuperar su identidad anterior aunque
r
52 R. r
Lifton, «Cults: Religious T otalism arrd Ci-I.il Lberries», en R Li.fcon, The FUtu7e o; haya sido liberada. Sea cual sea la identidad que desarrolle en liberrad,
ln.'JZorfalÚy and Other Essays for a \'uelear Age, Basie Books, Nueva York, 1987, págs. 209-219.
5) 1. Lovelace y M. 1IcGrady, ab. elt" pág. 134.
debe necesariamente incluir e! recuerdo de su yo esclavizado. Su ima-
J'¡ J. Ti...rr:.e.rman, ob. cit.) pág. 14 L gen debe incluir un cuerpo que puede 'ser controlado y violado. La
CACTIVIlVJ) 57
i56

imagen de sí misma con respecto a los demás debe h'1cluir una perso- ':." Estas impactantes pérdidas psicológicas pueden tener como con-
na que puede perder, y perderse, ante otros. Y sus ideas morales de- secuencia un tenaz estado de depresión. La depresión prolongada es
ben coexistÍr con el conocLllÍento de su capacidad para el mal: tanto el hallazgo más habitual en todos los estudios sobre personas cróni-
dentro de otros como dentro de sí misma. Si durante el período de camente traumatizadas ". Cada aspecto de la experiencia del trauma
coacción ha traicionado sus propios principios y ha sacrificado a otras prolongado influye en agravar los síntomas depresivos. Los sÍtltomas
personas, a..1.ora tiene que vivir con la imagen de sí misma como cóm- intrusivos y de hiperactivación crónicos del síndrome de estrés pos-
plice del perpetrador, como una persona «rora». Para la mayoría de traumático se fusionan con los síntomas vegetativos de la depresión,
víctimas el resultado de todo esto es una identidad contaminada. produciendo lo que i\iederland llama la «tríada elel s.uperviviente» de
)\ las víctimas les persigue la vergüenza, el autodesprecio y una sensa- {insomnio, pesadillas y quejas psicosomátic~;'5,:'-ios síntomas rusocíatÍ-
ción de fracaso .. -'vos del desorden se combinan con las dífic~tades de concentración
En los casos más graves, la víctima conserva la identidad deshuma- típicas de la depresión. La parálisis de la iniciativa del trauma crónico
nizada de un cautivo que ha sido reducido al nivel de la superVi'ilencia se combina con la apatía y la indefensión de la depresión. La ruprura
más elemental: e! robot. el animal, e! vegetal. El psiquiatra \VilIiam de las relaciones humanas del trauma crónico refuerza el alslamiento de
Niederland, en sus estudios de los supervivientes del holocausto nazi, la depresión. La degradada imagen de uno mismo provocada por el
observó que las alteraciones de la identidad personal eran un rasgo trauma alímenta los sentímientos de culpa de la depresión, y la pérdida
constante del «síndrome del superviviente». lVlientras que la mayoría de la fe provocada por el tralMPa crómco se -combina con la sensación de
de sus pacientes se quejaban: «Ahora soy una persona diferente>>¡ los indefensión de la depresión.)
casos más graves afirmaban sencillamente: «No soy una persona»)5. La intensa ira de la persona prisionera también aumenIa la carga
Estas profundas alteraciones en el yo y en Las relaciones tienen depresiva. Durante su cautividad la víctíma no puede expresar su hu-
como consecuencia que se cuestionen los principales dogmas de fe. millada ira hacia el secuestrador porque, de hacerÍo, pondría en peli-
Hay personas con sistemas de creencias fuertes y sólidos capaces de gro su supervivencia. Incluso después de la liberación, el antiguo pri-
soportar e! sufrímiento de! encarcelamiento y de salir de ello con su fe sionero puede seguir temiendo el castigo y puede tardar en expresar su
intacta O fortalecida. Pero se trata de unos pocos y extraordinarios ira contra su captor. No solo eso) sino que en la víctima permanece el
seres. La mayoría de las personas experímentarl la amargura de haber peso de una ira irlexpresada hacia todos aquellos que perma.c"1ecieron
sido abandonadas por Dios. El superviviente de! holocausto \Viesel ex- indiferentes a su destino y que no consiguieron ayudarla. Explosiones
presa esta amargura: «Nunca olvidaré esas llamas que consunueron mi ocasionales de ira pueden alejar aún más al superviv~ente de los demás,
fe para siempre. Nunca olvid~ré el silencio nocturno que me arrebató, e impedir que se reconstruyan sus relaciones . .L'\l intentar controlar su
para toda la eternidad, el deseo de vivir. Nunca olvidaré esos momentos ira, la víctilTla puede distanciarse todavía más del resto, perpetuando
que asesinaron a mi Dios y a mi alma y convirtieron mis sueños en pol- de esta manera su aislamiento.
vo. Nunca olvidaré esas cosas, ni siquiera si me condenan a vivir tanto
como e! propio Dios. Nunca»", ,:'/ .
5, \\'all:e:-, The Battered Woman; Hilbe,marr. «\:ilire-Beater's \Y/ue> Reconsieered»'. Kr-:'SLal,
Massiue Psycbic Trauma; Terulam y otros, «Psycnological Effec:s oÍ Beirlg a POW», Gol¿s:eL., y
55 W. G. :--'¡iedertand, «CJir,jcal Obserilat:'ons 011 :.b.e "Survivor Synch:ome·'». International otros, «Survivors oE Imprlson;nenp>; Kinzie y otros, «5urvivors of Cambodiar! Concencu;::on
Joumal o/ Psycho-Ana!ysú 49: 313-315 d96S}. Camps».
56 E. v;7ieseL ob. cit" págs. 43 y 4.;!. )8 \Xl. G. Niederland, ob. cit .. pág. 313.
_·'Y

158

Finalmente, la vícúrna puede dirigir su odio y su ira hacia sí mis-


ma. Las tendencias suicidas, que a menudo se interpretan como una
forma de resisrencia durllilte el encarcelamiento, pueden durar mucho
tiempo después de la liberación, cuando ya no tienen ningún propósito
de adaptación. Los estudios realizados sobre los prisioneros de guerra
que voh~eron a casa documeman lm índice de mortalidad incremema-
do como resultado de los homicidios, suicidios y accidemes sospecho-
sos ". Los estudios hechos sobte mujeres maltratadas también irlfor-
5
man de una marcada tendencia al suicidio. En un grupo de cien ABUSO INFANTIL
mujeres maltratadas, el 42 por 100 había imemado suicidarse 6G
De este modo, los antiguos prisioneros llevatí consigo el odio de
sus captOres incluso después de haber sido liberados, yen ocasiones si-
guen ejecutando con sus propias manos los propósitos destructivos de
sus secuestradores. La gente que ha sido sometida a un control coerci- Si en la vida adulta el trauma repeIido erosiona la estructura de la
tivo sigue llevando las cicaLrices psicológicas de la cautividad mucho personalidad ya formada, en la infarlcia forma y deforma la personali-
-'"
después de haber sido liberada. N o solo padecen un clásico sindrome dad.\ba niña atrapada en un entorno de abusos se enfrenta a la enorme
posrraumárico, sino que también rienen profundas alteraciones en su tarea de la adaptación. Debe encontrar la manera de conservar un sen-
relación con Dios, con otras personas y consigo mismas. En palabras rido de la confia.'lza en personas en las que no se puede confiar, de se-
del supervivieme del holocaustO Levi{«Hemos aprendido que nueSIra guridad en una situación que es insegura, de poder en una situación de
personalidad es frágil, que corre mucho más peligro que nuestra vida; indefensión. Incapaz de cuidar de sí misma o de protegerse, debe com-
y hubiera sido mucho mejor que los ancianos sabios, en lugar de recor- pensar los fallos en el cuidado y en la protección que le proporcionan
darnos "recuerda que debes morir", nos hubieran recordado este peli- los adultos con los únicos medios que tiene a su disposición: un siste-
gro todavía mayor que nos amenaza. Si desde demro del Lager hubié- ma inmaduro de defensas psicológicas:-':;
ramos podido enviar un mensaje a los hombres libres, hubiera sido el r Un entorno psicológico de abusos infantiles fuerza el desarrollo de ca-
siguiente: "Cuidaros mucho de no sufrir en vuestros propios hogares pacidades extraordinarias, tanto crearivas como destructivas. Estimula el
el sufrimiento que nos han impuestO aqui" >;'6J. desarrollo de estados anormales de conciencia en los que ya no se pueden
aplicar las relaciones normales entre cuerpo y mente, realidad e imagina-
ción, conocimiento y memoria. Estos estados alterados de conciencia per-
mita"! la elaboración de una impresionante colección de símomas, tanto
somáticos como psicológicos. Yesos síntomas esconden y, al mismo riem-
59 J. Segal, E. J. Humer y Z. Segal, «Universal Consequences of Captívi"Cy: Stress Reacuons po, revelan sus orígenes: hablan 0.'1 lenguaje oculto de secretos demasiado
;W.Of'.-g Divergem Populations oE Prlsoners oE War arrd cheir Families», Intemaúonal Joumal 01 terribles para ser expresados en palabras.)
Socia! Science 28: 593·609 (1976).
W J. J. Gaytord, «Wife-B~Htering. A Preli'nic,ary Survey oE 100 Cases», Brúish Aledical Jaur.
Los observadores han descrito estos fenómenos tanto con fascina-
nall: 194-197 (1975). ción como con horror durante cientos de años. El lenguaje de lo sobre-
&, P.le,,1, oo. ciE., pág. 49. natural, desterrado del discurso científico, sigue apareciendo en los
160 Aseso L\FA.:\7TIL 16]

más sobrios intentos de describir las manifestaciones psicológicas del En épocas a¡1teriores, observa Fraser, podría muy bien haber sido
trauma L....lfantÍl crónico. Así, Freud, un hombre apasionadamente laico, condenada por brujería. En la época de Freud se le habría diagnostica-
reconocía las analogías entre sus investigaciones y anteriores inquisi- do como una histérica clásica. En la actualidad se trataría como un de-
ciones religiosas en el momento de su más profunda in.mersión en la sorden de personalidad múltiple. Padecía numerosos sintomas psicoló-
exploración de los orígenes traumáticos de la histeria: gicos, entre ellos, convulsiones histéricas y amnesia psicogénica, que
empezaron en la h'1fancia; anorexia y promiscuidad, en la adolescencia:
Por cieno, ¿qué tenéis que decir a la sugerencia de que (Oda mi nueva reo-
ria sobre los orígenes de la histeria ya es conocida y ha sido publicada ciemos
disfunciones sexuales, relaciones íntimas problemáticas, depresión e
de \íeCeS desde hace siglos? ¿Recordáis que siempre digo que la teoría medie- impulsos suicidas, en la vida adulta. En su amplio conjunto de sínto-
val de posesión que defendían los tribunales eclesiásticos era idémica a nuestra mas, su personalidad fragmentada, sus graves dificultades y su eXIraor-
teoría de un cuerpo extraño y la división de la concrencia? Pero ¿por qué el dinaria fortaleza, Fraser encarna la experiencia de los supervivientes.
diablo que tomaba posesión de las pobres VÍCth-n3S se portaba siempre tan mal Con sus excepcionales dotes creativas es capaz de reconstruir la historia
con ellas, de manera tan horrible? ¿Por qué erfu'1 las confesiones ton:adas bajo
de una personalidad fonmada bajo el peso de unos abusos repetidos de
tortura IB.n parecídas a lo que me cuentan mis pacientes dUrfu'1Ie el tratfu-nÍento
psicológico? : los que no podía escapar, y dibujar con claridad los caminos de la evo-
lución de víctima a paciente psiquiátrico, y de paciente a supeJC\;iviente.
La respuesta a esta pregunta nos la proporciona!1 los afortlL'1ados
supervivientes que han encontrado una forma de controlar su propia
recuperación, y se han convertido en los sujetos de su propia búsqueda EL ENTORNO ABUSIVO
de la verdad ji no en los objetos de m1a inquisición. La autora ji super-
viviente de incesto Sjilvia F raser narra su viaje de descubrimiento: El abuso infantil crónico tiene lugar en un clima familiar de te-
«Tengo más conv-wsiones cuando mi cuerpo representa otros escena- rror dominante en el que las relaciones normales de cuidados han
rios que algunas veces surgen de las pesadillas ji dejan mi garganta ul- quedado profundamente alteradas. Los supervivientes describen un
cerada y mi estómago lleno de náuseas. Estas contracciones son tan patrón característico de control totalitario impuesto mediante amena-
fuertes que a veces siento que, para respirar, lucho contra una pegajosa zas de violencia e incluso de muerte, la aplicación arbitraria de reglas
sanguijuela que cuelga de mi pecho, invocando pensamientos del íncu- estúpidas, de recompensas intermitentes y de destrucción de todas
bo que, según las leyendas medievales, violaba a mujeres mientras dor- las relaciones mediante el aislamiento, el secrelÍsmo y la traicióntLos
mían y que luego daban a luz a demonios [ ... ] En una sociedad más su- niños que crecen en este clima de dominación desarrollan vínculos
persticiosa podrían haber diagnosticado que era una niña poseída por patológicos con aquellos que abusan de ellos y que los descuidan,
el diablo. Cuando en realidad había sido poseída por el instrumento vinculas que intentarán mantener h'1cluso sacrificando su propio bie-
de papá [ ... ] el diablo hecho hombre»'. nestar, su realidad e incluso su vida.)
El testimonio de numerosas supervivientes nos revela un omni-
presente miedo a la muerte.tn ocasiones, a la niña se le silencia a tra-
1v1. Bonaparre. A. Freud y E. Kris (eds.), The OrigúH ofPsychoanaiysis. Letters to Wdhefm
vés de la violencia o de una amenaza de muerte directa: con mayor
Fir"ess, Drafts and Notes: 1887-1902. erad. E. Mosbacher y J. Strachey, Basic Books, Nueva York.
1954. págs. 187 y 188 frecuencia las supervivientes hablan de haber sido amenazadas de
2 S. Fiaser, Aly Father's House: A Memoir o! Incest and 01 Healing, Harper & Row, Nueva que, si se resistían o desvelaban el secreto, otra persona de la familia
York, 1987. págs. 222 y 223.
moriría: un hermano, el padre inocente o incluso el perpetrado~:La
162
ABUSO E\FANTIL 163

violencia de las amenazas de muerte puede eSlar también dirigida a No había reglas; las reglas se disolv"l.eron después de un. tiempo. Me daba
las mascotas; muchas tesügos dicen haber sido obligadas a comem- [}'lieGO ir a casa, Nunca sabía qué iba a ocurrir. La amenaza de una paliza era
plar el sádico abuso de los animales. Dos super'ii'iiemes describen la IerroríÍica, porque veÍa..."'110S lo que mí padre le hada a mi madre. En el ejército
'Iiolencia que Iuvieron que aguantar: hay un dicho, «la mierda rueda cuesm abajo». Solía hacérselo a ella y luego nos
lo hacía a nosotros. En una ocasión me pegó con el atizador. Después de un
tiempo me acostumbré. Solía plegarme como un ovillo 6.
Vi a mi padre darle UIla patada al peEO, y le lanzó al otro lado de la habi-
ración. Mi perro era mi mundo. rvIe acerqué y acaricié al perro. Él estaba muy
enfadado. :\fe zarandeaba y decía que era una puta y una zorra. Podia ver su ¡"Aunque la mayoría de superviviemes de abusos infantiles ponen el
cara, muy desagradable, como si ruera alguien que no conocía. Decía que me énfasis en la aplicación caótica e irnpredecible de las reglas, algunos
enseñaría para lo que servía si es que creía que valía tamo. Me puso contra la describen un patrón ahamente organizado de casIigo y coaccióg!Es-
pared. Todo se puso blanco. No me podía mover. Tenía mi.edo de panirme
tas superviviemes a menudo hablan de castigos parecidos a los que se
en dos. Emonces me quedé compleJ:a..'ueme sin habla, Pensé: realmeme vas a
monr. Sea lo que sea lo que has hecho, esa es la semencia J aplican en las prisiones políticas. Muchas describen el comrol intrusi-
vo de las funciones corporales, como la alimentación forzada, la inani-
Cuando mi padre estaba borracho, a menudo pensaba que nos iba a maTar. ción, el uso de enemas, la privación de sueño o la exposición prolonga-
En U:.ia ocasión nos aplh'l.tó con una piswla a mi madre, a mi hermano y a mí. da al calor o al frío; otras, haber sido encarceladas; aradas o encerradas
Estuvo así durante horas. Recuerdo la pared en la que esTába.\"Tlos apoyados. [11- en armarios o sótanos. En los casos más extremos el abuso puede ha-
temé ser bue...'1a y hacer lo que se suponía que debía hacer~.
cerse predecible porque se organiza como un riIual, como ocurre en
las organizaciones de pornografía o prosúIución o en las sectas religio-
Además del miedo a la violencia. las supervivientes hablan de una
sas clandestinas. Cuando se le pregumó si consideraba que las reglas
dominante sensación de indefensión. En un entorno familiar abusivo el
eran injustas, una superviviente dijo; <1 amás nos planteamos si las re-
ejercicio de la autoridad paterna es arbitrario, caprichoso y absoluto. Las
glas eran justas o injustas; solo intentábamos seguirlas. Había tantas
reglas son erráticas, LnCOnSiSleTIIeS o abienamenIe injustas, Con frecuen-
reglas que era difícil cumplirlas. Viéndolo en retrospecriva supongo
cia las supeI'<iviemes recuerdan que lo que más les asustaba era la natura-
que eran demasiado estrictas. Alglmas de ellas eran bastante raras. Te
leza impredecible de la violencia. Incapaces de encontrar una manera de
podía castigar por sonreír, por ser irrespetuosa, por la expresión de
e\~tar el abuso, aprenden a adoptar una posrura de absoluta rendición.
car~. que tenías» 7,
Dos supervivientes describen cómo intentaron manejar la \iolencia;
tLa adaptación a este clima de peligro constante requiere un estado
de alerta comiIlUo. Las niñas que viven en entornos abusivos desarro-
Cada vez que imemaba encontrar una manera de adaptarme a ella, las reglas
c8...l11biaban, Casi rodos los días me pegaba con lL.""1 cepillo o con la hebilla del cin- llan unas capacidades extraordinarias para reconocer las señales de un
turón, Cuando me pegaba -yo salla queda...rme e..'1 una esquina con las rodillas posible ataque. Acaban sintonizando con los estados internos de sus
elevadas- su cara cambiaba. Era como si ya no me estuviera pegando a mí, abusadores. Aprenden a reconocer las señales de excitación sexual,
como si esruviera pegando a otra persona. Cuando esmba uanquila le enseñaba borrachera o disociación en cambios sutiles en la expresión facial, la
los enormes moratones y ella me pregumaba: «¿De dónde ha salido eso?»5.
voz y el lenguaje corporales. Esra comunicación no verbal se conviene

E.'1Ire,,-1s(a a Karer:., 1986.


Entrevista a T ani, 1986. Emrev-lsta a Archibald, 1986.
S""1trevisra a GL'1ger, 1988. Entrevista a Meadow, 1986,
164 ,',Beso ¡;o;E,;o;TIL 165

en algo muy automático y ocurre, en su mayoría, fuera del ámbito de fuerzas para controlar la situación de la única manera que creen posi-
lo consciente. Las niñas víctimas aprenden a responder SiIl ser capaces ble: «intentando ser buenas»,
de nombrar o identificar las señales de peligro que han despertado su Mientras que la violencia, las amenazas y la aplicación caprichosa
alarma. El psiquiatra Richard Kluft estudió un caso extremo, el de tres de las reglas causan terror y producen el hábito de la obecliencia auto·
nmos que habían aprendido a disociar automátícamente en cuanto su mática, el aislamiento, el secretismo y la traición destruyen las relacio·
madre se ponía violenta 8:-::> nes que podría.'1 proporcionar protección.lj:n la actualidad es de sobra
Cuando las niñas ab~sadas perciben las señales de peligro intentan sabido que las familias en las que existen abusos infantiles están social·
protegerse, bien evitando o bien aplacando a su abusador. Los i.11tentos mente aisladas. Se reconoce menos frecuentemente que el aislamiento
de escapar de casa son habituales y normalmente empiezan a los siete social no ocurre de manera arbitraria, sino que con frecuencia es im-
u ocho años de edad. Muchas supervivientes recuerdan esconderse duo puesto por el abusador en su propio interés: mantener el secretismo y
rante largos períodos de tiempo y asocian sus únicas sensaciones de se- el control sobre los miembros de la familia. Las supervivientes a menu·
guridad con determinados escondites más que con las personas. Otras do describen UTl patrón de celosa vigilancia de todos los contactos so·
describen sus esfuerzos por pasar tan inadvertidas como fuera posible, ciales. Sus abusadores pueden prohibirles participar en actividades
y evitar llamar la atención hacia sí mismas quedándose congeladas en normales o pueden 111.sÍstir en su derecho a inteI'i1enÍr en estas activida-
un sitio, haciéndose un ovillo o manteniendo su rostro ínexpresivo.';De des tal y como ellos quieran. Las vidas sociales de las niñas abusada,
esta manera, aunque están en lLl1 estado perpetuo de hiperactivadÓn también se ven profundamente limitadas por la necesidad de mantener
amónoma, deben también quedarse callados y quietos, evitando cual· las apariencias y presenlar el secretismo. Por lo tanto, incluso las niñas
quier expresión física de su agitación interior. Este es ese peculiar esta- que consiguen mantener las apariencias de tener una vida social la ex-
do de ~<vigilancia congelada» que se ha observado en los niños maltra· perimentan como algo no auténtico.;
radas 9 j" ~
('La niña abusada no solo se aísí~ del mundo exterior; también lo
Si fracasa la evitación, las niñas intentan apaciguar a sus abusado· hace del resto de los miembros de la familia. Ella percibe a diario no
res con demostraciones de obediencia automática. La aplicación arbi· solo que el adulto más poderoso en su mundo íntimo es peligroso para
traria de las reglas combinada con el constante miedo a morir O a sufrir ella, sino que también los otros adultos que son responsables de cui·
un grave daño produce un resultado paradójico. Por una parte, con· darla no la protegen. Los motivos de este fracaso en la protección son,
vence a las niñas de que están absolutamente indefensas y que resistir· de alguna manera, irrelevantes para la víctima, que lo experimenta, en
se es inútil. Muchas llegan a creer que sus abusadores tienen poderes el mejor de los casos, como un síntoma de irldiferencia y, en el peor,
absolutos o incluso sobrenaturales, que pueden leer sus pensamientos como una traición. Desde el punto de vista de la niña, el progenitor
y controlar por completo sus vidas. Por otra, motiva a las niñas a de· desarmado por el secretismo debería haberse enterado; si le importara
mostrar su lealtad y complacencia. Las niñas doblan y redoblan sus es· lo suficiente, debería haberlo descubierto. El progenitor desarmado
por la intimidación debería haber intervenido; si le importara lo sufi·
ciente, debería haber luchado. La niña siente que ha sido abandonada
, R. Klut:, «Childhood Multiple PerSOi1ality Disorder: Predictors, Clüücal Fin¿L."1gs, a.:.i¿ a su desti.l"lO, y con frscuencia se resiente más de este abandono que del
Treatmem Results».> en Chi/dhood Antecedents 01 }.¡[ultipLe Persona!üy Disorder, R. Klili~ (ed.l, propio maltrato. Una superviviente de incesto describe la ira que sen·
Atnetkan Psychiatric Press, Washirlgton, D.C., 1985, págs. 167-196.
" C. Ounsted, «Biographical Scíence: A Essay Developmental Medici.'1e», en Psychiatric
tía hacia su familia: «Tengo tanta ira, no tal1.to por lo que ocurría en
iispects o/ AIedicaL Practice, B. Mandelborte y M. C. Gelder (ed.), Scaples Press, Londres, 1972. casa, sino porque naclie me escuchó. Mi madre sigue negando que lo
166 A.BUSO ¡1'-iF A1'-iTIL 167

que ocurrió fuera mil grave. A_hora de vez en cuando dice: :;?vIe siento Todas las adapraciones psicológicas de la niña maltratada sirven al
u.n culpable; no me puedo creer que no hiciera nada", En su momento propósÍIo fundamental de preservar los vínculos primarios con sus
nadie lo reconocía, simplememe dejaron que ocurriera. Así que me padres, aunque refljendo pruebas diarias de su malicia, indefensión o in-
tuve que convertir en una loca» LO,-; diferencia. Para conseguir su propósito, la niña recurre a una amplia
gama de defensas psicológicas. En virtud de estas defensas, los maltratos
son aparrados de la conciencia y de la memoria para hacer como si nun-
PENSAl>lIENTO DOBLE ca hubieran existido, o minimizados, racionalizados y excusados, para
convencerse de que lo que ocurrió no erarl realmente abusos. C;:Q[I1CJ_no
La niña se enfrenta a un formidable esfuerzo de desarrollo en este puede escapar o alterar la realidad, la nii1g1a altera en sumente.
clima de relaciones profundameme rrasrornadas. Debe encomrar una -- -i~'víctima TiíIinúf pr~fi~;~ ¿reer que el atlUs¿ no ocurrió. Para
m:mera de formar un vínculo primario con sus cuidadores, que son o conseguirlo, intenta mantener el abuso en secreto para sí misma. Los
peligrosos o) desde su pum:o de vista, negligentes. ¡TIebe encom:rar la medios que tiene a su disposición para conseguirlo son la negación,
manera de desarrollar una sensación de confianza b:fsica y de seguridad la supr"sión voluntaria de pensamiemos y una legión de r;;~~¡-;~~s
con unos cuidadores que no son dignos de confiarlza y que no propor- dis-;;Zia;i;;;s-:-L~- ;:-~p~-¿i.d~d d~ auroi..,.,ducir un rrance O estados disocia-
cionan seguridad. Debe desarrollar un concepro del yo en relación con ti~;;-;:'p¿ rl()genei~l_alta ;';;T05 il1D.oseIl eclacl es (dar; se'conV'í¡;n¡; en
otros que están indefensos, no se preocupan por ella o son crueles. ro do,llfl~rt,,_eI1J();:-rliii:¿~que¡;ª~~id¿' se;;erame~t~ ~astigados o ªbu-
Debe desarrollar una capacidad de aurorregulación del cuerpo en un :i~d¿s. Los estudios realizados documeman la conexión entre la grave~
enromo en el que su cuerpo esrá a disposición de las necesidades de dad. del. ~~~~~¡;'fap;Ü y~fg;~~;;'d~'fu;:;IIªr;a~a~~o~Io~~t~1os=cl1So-
otros, así como una capacidad para consolarse a sí misma en un entor- c~íai.tio·~ E. Aunque la mayoría de niñas supervivientes' de ab~·os
no en el que no hay consuelo. Debe desarrollar su capacidad de íniciati- ínfantiles describen un alto grado de competencia en el uso del tran-
va en un entorno que exige que acepte una absoluta conformidad con ce, algunas desarrollan una especie de virtuosidad disociativa. Pueden
su abusador. Y, fínalmeme, debe desarrollar una capacidad de íntimidad llegar a aprender a ignorar el dolor más fuerte, a esconder sus recuer-
en un emorno en el que todas las relaciones íntimas son corruptas, y una dos en complejas amnesias, a alterar su semido del tiempo, lugar o
identidad en un emorno que la defíne como una puta y una esclava. persona, y a inducir alucinaciones o esrados de posesión. En ocasio-
La tarea existencial de la niña abusada es igual de formidable. nes, estas alteraciones de la conciencia son deliberadas, pero a menu-
Debe encontrar la manera de conservar la esperanza y el significado, do se convierten en automáticas y se sienten como exuañas e involun-
aunque se percibe a sí misma como abandonada ante un poder que no tarias. Dos supen,~vientes describen sus esrados disociativos:
tiene piedad. La alternativa es la más absoluta desesperación, algo que
níngún niño puede soportar. Para preservar la fe en sus padres debe
re~ha~ar la primera y más evidente conclusión: que hay alg~'-;;',J~;; c.
!: J. L. Herrna\'l, J. Per-r)/ y B. A. van der KoLk:, «Childhood Trauma in Borderline Persa-
ellos. Hará ~ualquier cosa por elaborar una explicación Para slld';-';;;:o nality Disorder», American Jouma! oÍPsychiatry 146: 490-495 (1989); B. Sanders, G. r.icRabens y
que absuelve a sus padres de roda culpa] r~spomabi]idac:l, c. T oilefsor:., «Cr..ildhood Stress and Dissociatior:. in. a Coilege Popularior:.». Dissoáation 2: 17 -23
IJ989); J. A. Chu y D. L Dill, «Dissocíative Sympwms in Relarion te Cl-ü!clhood Physical and Se-
xual Abuse», Amencan Jouma! oÍ Prychiatry 147: 887 -892 (1990); B. Sa.'1ders y M. Ciolas, «Dis-
socianon and Childhood Traurna mPsychologically Dismrbed Adolescems», Amencan ¡ouma! oÍ
:0 Entrevista a Ta.ni, 1986. Psychiatrj 148: 50-54 (1991).
168 :\BCSO I~F_-\0i ilL 169

Lo hacia desenfocando los ojos. Lo llamaba la no realidad. ~..IJ principio tenía dos yoes: la nL.-l.a que sabe. cor:. liT"! cuerpo culpable poseído por papá. y la
perdí la percepción profunda; todo me parecía plano y todo me parecía nifia que ilO se atreve a saber más, con lli"12 cabeza inocente sintonizada con
frío. i.\le sentía como un niño muy pequeño. Luego mI cuerpo se ponía a mamá :5.
notar en el espacio como un globo 12

Me solían dar ataques. i'v'1e quedaba muda, rrj boca se movía. Oía voces y
UN DOBLE YO
semÍa que roJ cuerpo ardía. Pensaba que estaba poseída por el diablo ,;.

No todas las niñas abusadas tienen la capacidad de alterar ia reali-


Bajo las condiciones más extremas de abuso temprano) severo y
dad a través de la disociación, e incluso las que tienen esta habilidad
prolongado, algunas niñas, quizá las que están más dotadas con
no pueden depender de ella todo e! tiempo, Cuarido es i¡nposible evi-
fuertes capacidades para los estados de trance, empiezan a formar
fragmentos separados de personalidad con sus propios nombres, fun- tar la realidad de! abuso, la niña debe construir algún tipo de sistema
de significado que lo justifique, Inevitablemente, la niña llega a la con-
ciones psicológicas y recuerdos secuestrados, De esta manera la diso-
clusión de que el motivo es su maldad ínnata, La niña se convence de
ciación se convierte no solo en una adaptación defensiva, sino en el
esta explicación muy pronto y se aferra a ella desesperadamente por-
principio fundamental de la organización de la personalidad, Nume-
que le permite conservar un sentido del significado, de la esperanza y
rosas investigaciones han verificado la génesis de fragmentos de la
de! poder, Si es mala, entonces sus padres son buenos, Si es mala, en-
personalidad, o alteraciones, en situaciones de trauma infantil masi-
tonces puede íntentar ser buena, Si de alguna manera ella se ha busca-
vo ", Las alteraciones hacen posible que la víctin1a ínfantil maneje el
do ese destíno, entonces de alguna manera tiene el poder de cambiar-
abuso mientras mantiene fuera de la conciencia normal tanto e! pro-
lo. Si ha empujado a sus padres a maltratarla, entonces, si lo íntenta
pio abuso como sus estrategias de manejo, Fraser describe el naci-
con todas sus fuerzas, puede que algún ,día se gane su perdón y fínal-
miento de una personalidad alterada durante la violación oral cometi-
mente se gane la protección y los cuidados que desea con taIlta deses-
da por su padre:
peración,
Me sÍento aITIordazada. Me estoy asfixiando. i Socorro ~ Cierro LOS ojos para Culparse a uno mismo es congruente con las formas normales de
no ver. ~1í padre coloca mi cuerpo enCllTla de él como mamá pone un calcetÍn. pensamiento de los prLmeros años de ínfancia en los que el yo es to-
sobre un huevo para zurcir. Sucio sucÍo que nunca te pill~ vergüenza vergüen- mado como punto de referencia para todos los acontecín1ientos, Es
za sUCIO papá no me querrá no me querrá sucio amor sucÍo le quiero le odio le congruente con los procesos de pensamiento de las personas trauma-
temo que nunca te pille sucio sucÍo aJuar odio culpa vergüenza miedo r!'úedo
tizadas de cualquier edad, que buscan faltas en su propio comporta-
miedo miedo miedo mt·edo ..
Recuerdo ese mome...""1to precIso cuando mi indefensión era tan profunda miento con la íntención de encontrar un sentido a lo que les ha ocurti-
que cualquier cosa era mejor que eso. Por lo tanto. desenrosco mi cabeza de do, Sín embargo, en un entorno de abuso crónico, ni el tiempo ni la
mi cuerpo como si fuera la lapa de un tarro de cristal. A partir de ese momemo experiencia proporcionan níngún correctivo a esta tendencia a culparse
a uno mismo, sino que más bien se refuerza continuamente. El sentido
Entrevista a Sara Jane. 1986.
.2
de la maldad ínterna de la niña abusada puede verse clirectan1ente con-
Entrevista a Nadi..."1e, 1986. firmado por la tendencia de los padres a encontrar UTl chivo expiato-
,~ R. Kluf.:. ob. cit.; E. Bliss. ,\;[ult(üle Personality, Ailied Disorders, ana' Hypnosrs, Oxfor¿
Universíty Press, ~ueva York, 1986; F. Pumam, Diagnosis and Treatment 01 J'"fultiple Personality
Disorder, Guilford Press, Nueva York, 1989. l5 S. Fraser, ob. cit., págs. 220 y 221.
170 _-4.BVSO I~FANTIL 171

rio. Con frecuencia las supervivientes describen haber sido culpadas Finalmente, la sensación de maldad mterior de la niña abusada se
no solo de la violencia de sus padres o de su conduCta sexual, sino ve consolidada por su forzosa complicidad en crímenes hacia otros.
también de otras muchas desgracias familiares. Las leyendas familiares Las niñas se resisten con frecuencia a convertirse en cómplices, e inclu-
pueden L"lcluír hisrorias de! daño que causó la niña por haber nacido, so pueden llegar a elaboradas negociaciones con sus abusadores, sacri-
o la deshonta a la que parece esmr destinada. Una superviviente des- ficándose ellas mismas para pro[eger a los demás. ESIas negociaciones
cribe e! papel de chivo expiatorio que desempeñó: «Me pusieron el fracasan invariablemente, porque ninguna niña tiene el poder o la ca-
nombre de ITlj madre. Ella se tuvO que casar porque estaba embaraza- pacidad de desempeñar el papel de un adulto. En algún puntO la niña
da de mí. Huyó de casa cuando yo tenía dos años. Me criaron los pa- puede invem:ar una forma de escapar de su abusador, sabiendo que
dres de mi padre. Nunca vi una foto suya, pero me decían que me este encontrará otra víctima. Puede mantenerse callada cuando es tes-
parecía a ella y que seguramente acabaría siendo una zorra como ella. tigo del abuso hacia otro niño O incluso puede verse forzada a partici-
Cuando mi padre empezó a violarme, me dijo: "Llevas mucho tiempo par en la victimización de OtrOS niños. En la explotación sexual organi-
pidiendo esto y ahora lo vas a tener"» 16. zada, la iniciación completa en el culto exige la participación de Otros
Los sentimientos de ira y las fantasías de venganza asesina son res- en e! abuso '8 Una superviviente describe cómo la obligaron a tomar
puestas normales a los Itaros abusivos. Al igual que los adulros abusa- parte en el abuso de un niño más pequeño: "Yo más o menos sé lo que
dos, los niños son irascibles y en ocasiones agresivos. A menudo care- hacía mi abuelo. Nos solía atar, a mí y a mis primos, y nos obligaba a
cen de las habilidades verbales y sociales para resolver el conllicro y coger su, ya sabes, en la boca. La peor vez de todas fue cuando atamos
manejan los problemas con la expecmtiva de un ataque hostil". Las a mi hermano pequeño y le hicimos hacerlo a él» 19
predecibles dificultades de la niña abusada para modular su ira no ha- La niña que se ve metida en este tipo de horrores desarrolla la idea
cen más que reafinnar la idea de que posee una maldad innata. Cada de que ella, de alguna manera, es responsable de los crímenes de sus
encuentro hostil la convence de que realmente es una persona odiosa. abusadores. Su experiencia en la tierra la lleva a creer que ha empujado
Esa condena de sí misma se hace alÍ,.'1 más grave cuando, como ocurre a la persona más poderosa de su mundo a hacer cosas terribles y que,
con frecuencia, tiende a dirigir su ira lejos de su peligroso origen y a por consiguiente, lo más seguro es que su naturaleza sea completamente
descargarla injustamente en aquellos que no la provocaron. mala. El lenguaje del yo se convierte en el lenguaje de lo abominaJ)le.
La panicipación "n una actividad sexual prohibida también con- ª
~gn., fr~<:uencia 19S ~:upervivienJes _ s~ _4e~<;~_~b~D:_ sí mismos como seres
firma la sensación de maldad de la niña maltratada. Cualquier gratifi- fuera de las relaciones humanas normales, como criaturas sobr"naturales
cación que la niña es capaz de sacar de la situación de explotación se ó-fó~;;sde vida no humanas. Se consideran brujas, vampiros,zo~ra;,
convierte en su mente en la prueba de que fue ella la instigadora y la P~'"i~ós~;;':t~ose;:P;~';:~~ ;o~Aíg~os. utili;";" l~a .U;;aginerla: de~x~~~­
responsable del abuso. Si alguna vez experimentó placer sexual, dis- IJ2~m0S_0.&uciedad.¡;-';:;:;':describir su sentido interior del yo. En palabras
frutó de la especial atención que le prestó el abusador, negoció sus fa-
vores o utilizó la relación sexual para obtener privilegios, estos peca- ~8 A. W. Burgess, C. R. Hartman, 2vI. P. McCausla.r:.d y Otros, «Response Panerns i..!l Children

dos son utilizados como prueba de su maldad mnata. <L0.d Adolescems Explotted Through Sex Rings and Pornography>}, American ¡ouma! of Psy-
chiatr¡ 141: 656-662 (1984).
19 Emrevisra a Nadine, 1986.

20 J. L. He!TI!.an, Father-Daughter Incest, Harvard U¡üversiry Press. Cambridge ü'vl.assacnu-


:6Emrevisra a Conrue, 1986.
1,L Terr, To" Scared to Cry Harper & Row, ::\ueva York, 1990; K. A. Dodge, J. E. Bates y ser::s), 1981. Véase también la discusión de «Rae People», e.'1 L Shengol¿, Sou¿ ~vlurder: The Effects
G. S. Pe:rit, «ÑIecharúsills L'1 tb.e Cyele al Vialence», 5áence 250: 1678-1683 (1990). oí Chddhood Abuse and Depnvation, Yale L'niversiry Press, New Have.'1, 1989.
172 ABCSO I\T.'\..'\'TIL 1i.3

de una superviviente de incesto: «Estoy llena de lodo negro. Si abro la Si la n.1.:::ta abusada es capaz de rescatar una identidad más pcsitiva.
boca saldrá fuera. Pienso en mí como QT1a cloaca en la que criaría una a menudo llega hasta el extremo de la autoirlffiolación. E2.,q¡;:;a,si,()pes
. í'
serplente»-', las niñas mah~atadas int~rpr~taIl que han sido c:onvertidas, en víctimas
Al desarrollar una identidad contaminada y estigmatizada, la vícti· P9r una especie depropósiio divino. Abrazan la identidad del santo
ma infantil coge el mal del abusador y se lo mete dentro, y de esa ma· elegido para el martirio como una forma de conservar un sentido del
nera preserva sus vínculos primarios con sus padres, Como su sentido valor, Eleonore Hill, superviviente de incesto, describe su estereotipa-
interior de maldad está preservando una relación, la victima no pres· do rol de virgen elegida para el sacrificio, un papel que le dio una
cinde de él con facilidad ni siquiera después de que hayan acabado los identidad y la sensación de ser especial: «En el mito de la familia, yo he
abusos. De hecho, se convierte en una parte estable de l".es~~,:,ctura de sido la elegida para ;¡1terpretar "la bella y la piadosa". La que tenía que
su personalidad. Los t~abajadores so'ciales que inte~~ienen ~;:; casos atender a mi padre. En las tribus primitiv'as las muchachas vírgenes
de abusos deben convencer a las víctimas i¡llantiles de que la culpa no es son sacrificadas a los dioses masculinos más irascibles. Eso mismo ocu·
suya, pero. por regla general, las niñas se niegan a que se les absuelva rre en las fa..rnilias» 22.
de su culpa. De forma parecida, las supervivientes adultas que harl es· t:~.'!?jcl.emielªg~~,-ontr'Lclk'-Qrias, .un yoclegradado y un yo exaltado,
capado de situaciones de abuso siguen despreciándose y asumiendo la .11.().pu"..d5'n.ÍIlt."gEarse. La nie'}a abusada no puede desarrollar una Í.<'11agen
culpa y la vergüenza de sus abusadores.lEl profundo sentido de mal· cohesionada de ella misma con virtudes moderadas y fallos tolerables.
dad interior se convierte en el núcleo alrededor del cual se forma la En el entorno de los abusos, la moderación y la tolerancia son cosas des·
identidad de la niña abusada, yeso persiste hasta la vida adulta. conocidas. La autorrepresentacíón de la victima se ffifu"1tíene rígida, exa-
Este sentido perverso de la maldad interior a menudo se calnu±1a gerada y dividida. En las situaciones más extr~'llas, estas dispares repre·
con los persistentes intentos de la niña por ser buena. En su esfuerzo sentaciones de uno mismo forman el núcleo de los álter ego disociados,
por aplacar a sus abusadores, la víctima infantil a menudo se convierte En la representación interior que la niña tiene de otras personas
en una intérprete excepcional. Intenta hacer todo lo que se requiere también ocurren fallos parecidos de la mtegración. En su intento de·
de ella. Se puede convertir en una estupenda cuidadora de sus padres, sesperado por conservar su fe en sus padres, la victima desarrolla h-Jlá·
en un ama de casa eficiente, en una gran estudiante, en un modelo de genes muy idealiz'\º.ascle.. al.menos uno de ellos. En ocasiones, la niña
conformidad social. Motivada f'.'2!:..la necesidad desesl2.erada de conse· i;;tenta~~;;;~-;:";;el vinculo con el progenitor que~~¡a atac~, yexcusa
guir el favor de sus padre~-:-;;-plica un ansi~- de perf~~ción a todas -;'~~s 'óricíóna!iza el fallo en la protección atribuyéndolo a su pro¡oiª faltad~
t~i~;s. E;ª<::~I1;petenc¡a~cr'eada premat;;-~~;;;:~;:;te puede tener comO yalor. Más común aÚ¡1 es que la niña idealice al progenitor. que abusa
~º~secu;nciaun '~o;;s;cÍer;bíe-é;¡t;- PI"f~iiºQ,;,J..m-j;;~i4~--~dvlt;:S;; de ella v dirija toda su ira al---- otro
-----'.--~"'''-_._.~--".,-- - -------
progenitor
... ---_..
-"-',---_.,,'~,,"-,""'."','-,."-,
que
- -,---
ella-----considera indife·
'-- _ ~--. --' '-".

embargo, la superviviente cre~ q;;-~no tiene crédito por ninguno de r1'.[1;.e. El abusador también puede contribuir a esta idealización adoc·
esos logros en el mundo porque normalmente ella percibe a su yo exi· trinando a la víctima y los otros miembros de la familia con su paranoi·
toso como algo no genuino y falso. La apreciación de otros sencilla· co o arrogante sistema de valores. Hill describe la imagen divina que
mente reafirma la sensación de que n.i!5ii.~J~..<;()r:()-,,"e.r~aJ.Ilmlte.y.que¡.si tenía roda su familia de su padre abusador: «El hombre del año, nues·
conocieran
,- . su verdadero yo, sería rechazada
-----~---'._---- _-0-- . -,,-y desprecia.ela.
-- ,.-' - tro héroe, el que tenía el talento, la inteligencia, el carisma. Nuestro ge·

22 E, Hill, The Family Secret' A Personal Account 01 rncest, Capra Press, Sfulta Bá~bara (Cali-
21 Entrevista a Joharilla, 1982. fornia), 1985, pág. 11.

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"-""00"','''.,,,.,'''',,-==,"''. Te' ~-?''' ","1:%';'/,;;;,'/"'-,' ·-·JI

174 ABUSO 12\F A0."TIL 175

rlio. Todo el mundo le reverenciaba. Nadie se arrevÍa a disgusmrle. Él Por consiguiente, bajo condiciones de abuso infantil crónico, k._
era la ley desde el momemo de su nacimiemo. Nada poclía cambiar fragmemación se conyierte eneLmins:ipio_lundament".l<:ielaclrganiza-
eso. Hiciera lo que hiciera, reinaba como el elegido, el favorito» 23. ~ión de la personalidad. La fragmemación en la conciencia impide!a
No obstante, es imposible mantener de manera eSIable imágenes integrad6;"D.onn-ard-~ conocimiento, memoria, estados emocionales y
glorificadas de los padres como esra porque ignoran dehberadanleme exp_~ri~ncia corporal. La fragmentación en las representaciones inre-
demasiada información. La verdadera experiencia de los padres abusa- riores del yo impide la imegración de la idemidad. La fragmemación
dores o negligentes no puede ser integrada en estos fragmentos ideali- en las representaciones inreriores de Otros impide el desarrollo de un
zados 'y', por consiguiente, las representaciones iIlteriores que la niña sentido fiable de la independencia dentro de la conexión.
tiene de sus principales cuidadores, al igual que las imágenes que EÍene ESIa compleja psicoparología ha sido observada desde los üempos
de sí misma, se mamienen comradictorias y divididas.(La niña abusada de Freud y]anet. En 1933, Sandor Ferenczi describió la «aromización»
es incapaz de formar represemaciones inremas de un cuidador fiable y de la personalidad del niño malrrarado yreconoció sllfLl!1cI¡;il.aeadap-
eficieme, y esto, a su vez, impide el desarrollo de capacidades norma- úlclóri para conservar la esperanza y la relación: «En el tr8...Tlce rraumá-
les para la auwrregulación emocional. Las imágenes fragmenrarias e rlCO el niño cons·igué iiúuirener "laá·nIe~{~r--~ituación de ternura» 24. iVle-
idealizadas que la niña es capaz de formar no pueden ser evocadas para dio siglo después, otro psicoanalista, Leonard Shengold, describió las
cumplir la labor de consuelo emocional. Son demasiado escasas, dema- «operaciones de fragmemación de la mente» elaboradas por los niños
siado incomplems, y tienen demasiada rendencia a convenirse, sirl ad- abusados para preservar la "famasÍa de unos buenos padres». Señaló el
venencia previa, en imágenes de terror. J «esrablecimiemo de divisiones aisladas de la mente en las que nunca se
A lo largo del desarrollo nonnal, el niño adquiere una sensación se- permite que se cohesionen las imágenes contradicrorias del yo y de los
gura de aUlonOITÚa mediante la formación de representaciones interiores padres» en un proceso de «separación vertical» 25. La socióloga Patri-
de cuidadores fiables y eficiemes, las cuales pueden ser evocadas memal- cia Rieker y la psiquiatra Elaine Carmen describen la parología cemral
mente en mamemos de sufrimiemo. Los prisioneros adultos dependen en las víctimas infantiles como «una identidad desordenada y fragmen-
de estas imágenes internas para conservar su sentido de la independen- tada que deriva de la acomodació¿~los jui~io~ de otros;; 26. . -
ciaLEn un clima de abuso infantil crónico, esms represemaciones inter-
nas no pueden formarse: son repetida y v~olemamente destruidas por la
experiencia traumática. Incapaz de crear un sentimiento interior de se- ATAQUES SOBRE EL CUERPO
guridad, la niña maltratada se hace más dependiente de las fuentes ex-
ternas de consuelo que los demás niños. Incapaz de desarrollar un senti- Estas defonnaciones en la conciencia, la individualidad y la identi-
miento sólido de independencia, la niña abusada cominúa buscando dad sirven al propósito de mantener la esperanza y la relación, pero de-
desesperada e indiscriminadameme a alguien de quien depender. El re-
sulrado es la paradoja observada con reiteración en las víctimas inJantiles
de abuso: al mismo tiempo que se encariñan con los extraños, también 24 S. Ferenczi, «Confusion of Tongues Benveen Adulrs and [he Child: The La.n_guage oE

se aferrarl renazmente a los padres que las maltrataron) Tendemess and oE Passion» [1932], en Final Contributions to the Prebtems and iVlethods al Psy-
choana¿ysis, BasicBooks, Nueva York, 1955, págs. 15.5·167.
25 L. Shengold, ab. cit., pág. 26

26 P. P. Rieker y E. Carmen (Hilbcrman), «The VíCU.l1Ho-Patient Process: Tb.e Discanfirrna-


2) E. Hill, ab. ci!. dar::. and T ransformauon of Abuse», American Jouma! 01 O,,};opsychiatry 56: 360-370 (1986).
176 _-\.BCSO I~-",,\C;TlL ",

jan sin resolver otras importantes tareas adaptativas o llegan incluso a El estado emocional de la niña crónicamente abusada se mueve
agravar la dificultad de estas. Aunque la niüa ha racionalizado e! abuso o entre una linea base de intranquilidad, estados intermedios de ansie-
lo ha borrado de su mente, sigue notatldo sus efectos sobre su cuerpo. dad y disforia, y extremos de pánico, furia y desesperación. No es de
La regulación normal de los estados corporales se ve alterada por la extrañar) por consiguiente, que muchas supervivientes desarrollen an-
hiperactivación crónica. La autorregulación corporal se ve complicada siedad y depresión crónicas que persisten en la edad adulta 29 El que
aún más por el entorno abusivo; ya que el cuerpo de la victíma está a dis- se recurra a menudo a las defensas disociativas puede acabar agravan-
posición del abusador. Los ciclos biológicos normales de sueüo y vigilia. do el estado emocional disfórÍco de la víctima, porque en ocasiones el
alimentación y eliminación pueden verse caóticamente alterados o exa- proceso de disociación va demasiado lejos. En lugar de producir un
gerada..rnente controlados. La hora de acostarse puede ser un momento sentimiento protector de distancia puede derivar en una sensación de
terrorífico en lugar de un momento de conforr y carmo, y los rituales de absoluta desconexión de los demás y de desintegración de la persona.
irse a la cama, en vez de tranquilizar al niño, pueden verse distorsiona- El psicoanalista Gerald Adler llama a esta sensación intolerable «páni-
dos y puestos al servicio de la excitación sexual de! adulto. La hora de co de aniquilación» 30. Hill describe el estado en estos términos: «Estoy
las comidas puede también convertirse en un momento de extrema ten- helada por dentro y mis superficies están Sill cobertura, como si estu-
sión en lugar de un instante de comodidad y placer. Los recuerdos de las viera fluyendo y derramándome y nada me mantuviera ya unida. El
comidas de las victitnas están llenos de relatos de terroríficos silencios, miedo me atenaza y pierdo la sensación de estar presente. Me he
de alimentación forzada seguida por vómitos, y de violentos ataques de ido» 3:.
ira. Lxapaces de regular las furlciones biológicas básicas de forma segu- Las medidas normales que emplea una persona para consolarse a
ra, consistente y reconfortante, muchas victimas desarrollan perturbacio- sí misma no se pueden utilizar para salir de este estado emocional, nor-
nes crónicas del sueüo, desórdenes alimenticios, enfermedades gastroin- malmente evocado como respuesta a una amenaza de abandono. En
testinales v numerosos síntomas físicos 27. un momento determinado, las víctimas de abusos infantiles descubren
~a r;gulación normal de los estados emocionales también queda que pueden salir más eficazI1l~[lt_, sle est~sentirniento' cOl1tJlla fuerte
alterada por las experiencias traumáticas que evocan terror, ira y dolor. s~acudidadel cuerpo, ye! métod Cl más dramático para conseguir este
Estas emociones acaban uniéndose en un terrible sentitniento que los resultado es infligirse daño a propósito. A estas. alturas ya está bien
psiquiatras llaman «disforia», y que a los pacientes les resulta casi i1TI- -d9~1.l,mentada la conexión-entre ei abuso inf~til y la conducta de auto-
posible describir. Es un estado de confusión, agitación, vacío yabsolu- lesionarse. Los daños causados a sí mismo y otras formas paroxisma-
ta soledad. En palabras de una superviviente: «A veces me siento como f~s de ataqueal-c";erpo parecen desarrollarse con más frecuencia en
un oscuro paquete de confusión. Pero eso es ya un paso adelante. Hay aquellas víctimas que empezaron a ser abusadas muy pronto en su
veces que ni siquiera sé eso» 28. infancia 32

29 A.. Browne y D. FiIl.~elhor, «L-npact oE Child Sexual Abuse: A RevÍe\v' oE The Resear:::n».

"' R. Loewep.steL.'1, <<Somawfonn Disorders 1i1 Victi...-ns oE Incest ar.'1d Child Abuse», e..'1 Incest- Psychological Bulletin 99: 66-77 (1986).
Re!ated 5yndromes o/ Adult Psychopathology, R. K.luft (ed.\ A¡nerican Psychiarric Press, W'as- ;0 G. Adler, Borderline Psychopatho!ogy and Lts Treatment, Jason AroLlson. Nue'¡a York,
hic-¡gWD, D.C.. 1990, págs. 75-112; M. A. De.'TIltrack F. W. Pumam, T. D. Brewe¡:¡:on y otros, 1985.
«Relation of Clinical Variables te DissocÍative Pbe:lomena in Eating Disor¿ers», American Jour- " E Hill, oo. cit., pág. 229.
na! ofPsychiatry 147: 1184-1188 (1990). }Z B. A. V2D der KoLi.c. J c. Perr:,¡ y J. L. Herma."1. «Chilcihoo¿ Origi..rls oi Self-Des;:ructive Be·
lS Ent::evlsta a Meadow. 1986. havioD>, Amen'can ¡oumal o/ Ps)'chiatiY 148: 1665-1671 (1991).
~ - """wY'",""-'",,,Mh0Biili'iO>6,,"" '"Yf - '~''1 V"''''~ 2'"'1°'$'17' 'T;e'~"5·~'i!gjjj!iJJJ.ÜX;;;;:,';,''''·

li8 ABUSO !)iFA)iTIL 179

~~.Las superviviences que se automulilan describen un proftmdo es- sexual compulsivo, un comporta...rniento arriesgado compulsivo o una
rado de disociación previo al acro. La despersonalización y la anesresia exagerada exposición al peligro y el consumo de drogas psicoactivas se
esLán acompañadas por un senIÍmiento de agitación insoportable y una convierten en los vehículos con los que los niños abusados imeman
compulsión a aracar el cuerpo. Las heridas iniciales a menudo no pro- regular sus estados emocionales interiores. A [ravés de dichos meca-
ducen ningún dolor. La muúlación conIÍnúa hasIa que produce una nismos las víctimas de abusos intentan borrar su disforia crónica y es-
poderosa sensación de calma y alivio: el dolor físico es preferible al do- timular, aunque sea brevemente, un esrado interno de bienestar y
lor emocional al que reemplaza. Como explica un supe,,~viente: «Lo consuelo que no pueden conseguir de otra manera. Esros síntomas
hago para demostrar que exislo»}3. "",',;, autodestrucrivos a menudo están ya bien consolidados en las vícrimas
Contrariamente a lo que se cree, las vÍcrimas de abusos infantiles incluso antes de llegar a la adolescencia, y se acemúan mucho más du-
rara vez recurren a autolesionarse para «manipular» a aIras personas, rante los años de la pubertad::;
ni campoco para comunicar su sufrimienco. Nluchos supervivientes di- Estas tres principales formas de adapración -h elaboración de
cen que desarrollaron la compulsión a mutilarse muy pronto, con fre- defensas disociarivas, el desarrollo de una identidad fragmentada y la
cuencia antes de la pubenad, y la practicaron en secrero durante mu- regulacióI1pªt9l<5gic:ag,,)QSeSl>lcl0s eDlocionales- permiten a la niña
chos años. Con frecuencia sienten vergüenza y repugnancia por su sobrevi'l.rir en un entorno de abuso crónico y, además, mantener una
componamiento y hacen rodo lo posible por esconderlo. apariencia de normalidad que es de gran imponancia para la familia
Con frecuencia se confunde el acto de autolesionarse con el impul- abusiva. Normalmente se esconden bien los sintomas de angustia de la
so suicida. Es cieno que muchos supervivientes de abusos infantiles in- niña: los estados alterados de conciencia, los lapsus de memoria y de-
rentan suicidarse ", pero, no obstante, hay una clara distinción entre más síntomas de disociación no son por lo general reconocidos; la for-
las reperídas autolesiones y los intentos de suicidios.[Autolesionarse mación de una idenridad negativa maligna es normal que se disfrace
está pensado no para morir, sino para aliviar un dolor emocional inso- con el «falso yo» socialmente aceptable; los sínromas psicosomáricos
ponable, y paradójicamente muchos supe,,~vientes la consideran una rara vez se siguen hasta su origen y normalmente pasa inadvertido el
forma de autopreservación.') comportamiento auto destructivo que tiene lugar en secreto. Aunque
;' Infligirse daño es quiz'" el más espectacular de los mecanismos algunas víctimas infantiles o adolescentes pueden atraer la atención ha-
pa~~ calmarse; sin embargo, solo es uno entre muchos. En algún mo- cia sí mismas mediante un comportamiento agresivo o delincuenre, la
memo de su desarrollo las niñas abusadas descubren que pueden mayoría es capaz de esconder sus dificultades psicológicas. Lill11 ayoría
producir importantes, aunque temporales, alteraciones en su estado de los secretos dejas VÍctimasde,abusos infantiles llegan intactos a la
afectivo induciéndose voluntariamente crisis autónomas o extremos edad adulta. . . . . . -
despertamientos autónomos. Purgarse y vomitar, un comportamiento

EL NIÑO QUE HA CRECIDO


;; Emrevista a Sara ]fu"1e, 1986. Relaws similares sobre la experiencia subjetiva en la auto-
lesión se pueden encontrar en Mary de YOLL'1g, «Seu Injurious Eehavior in Iuces¡: Vicü..'TIs: A Re-
Muchas víctimas infanriles se aferran a la esperanza de que, cuan-
sc:lrch No[e», Chilá We!jare 61: 577 ..584 i.1982); ye..'1 E. LeibenhL<i:, D. L Gardner y R \Y!. Cowdry-,
{~Tr¡e L.-mer Experience oE :.l1e Borderline Self. Mutilator», }ourna! oí Personality Disorders 1: .317-
do hayan crecido, podrán escapar y enconrrarán la libertad. Pero la
324 i.l987J. personalidad formada en un entorno de control coercitivo no se adap-
)4 B. A. van der KoIk y orros, ob. cit.
ta bien a la vida adulta. La superviviente riene problemas esenciales
180 ABCSO E\FA:\T1L 181

con la confianza básica) con la autonomía y la iniciativa. Se enfrenta a con los deseos de otros y sus hábitos automáticos, y a menudo incons-
las labores propias del joven adulto -establecer la independencia y la cientes, de obediencia también la hacen vulnerable a cualquiera que
intimidad- cargada con el deterioro de funciones como el cuidado de esté en una posición de poder o autoridad. Su estilo de defensa diso-
sí misma, la cognición y la memoria, la identidad y la capacidad de for- ciativo tmnbién hace que le resulte difícil formar una evaluación cons-
mar relaciones estables. Sigue siendo prisionera de su infancia; al in- ciente y exacta del peligro. Y su deseo de revivir la situación peligrosa
tentar crearse una nueva vida) se reencuentra con el trawna. El autor y que salga a la superficie puede llevarla a reáctuar otra vez el abuso.
Richard Rhodes, superviviente de graves abusos infantiles, describe Por todos estos motivos, la superviviente adulta corre un gran ries-
cómo reaparece el trauma en su obra: «He sentido algo diferente con go de seguir siendo una víctima en la vida adulta. Los datos sobre este
cada uno de mis libros. Cada uno de ellos cuenta una historia diferen- tema hablan por sí mismos, al menos en lo que respecta a las mujeres.
te .. Sin embargo, me doy cuenta de que todos son repeticiones. Cada El riesgo de violación, acoso sexual y malos traros, aunque son altos
uno de ellos se centra en uno o varios hombres con carácter que se para rodas las mujeres, se multiplicall aproximadamente por dos en el
enfrentan a la violencia, se resisten a ella y descubren, más allá de su caso de las mujeres que han sido objeto de abusos sexuales infantiles~)
inhumanidad, un pequeño margen de esperanza. La repetición es el Ene! estudio realizado_ por Diana Russellsobre las lTIlljeresquehabían
lenguaje sordo del niño abusado. No me sorprende encontrarlo expre- sido incestuosamente "abusadª-.s ..~lll.rante.la infancia,. dos tercios.f~~~9n
sado en la estructura de mi trabajo en una frecuencia de onda demasia- vi~i~9a.S ~0n. p.osterioxiqqd 36. De ~sta' ;';~era 'í~ ~'Í~ti~a' inf~til que ya
do larga como para ser articulado, como ocurre con la resona.'1cia de h;¿recido parece destinada a revivir_sus experien9_as_Jraumáticas no
_,o '. ~,_"._ •.. "_,, ___ ~_~_~ ______ • _ _ '

un tatlibor sagrado que no se oye taIno en el templo como se siente en solo en la memoria, sino en la vida diaria. Una superviviente reflexio-
la cavidad del corazón»)'. na-Y"soE"re 13:" contm'ua-~~lolencia en su~vida: «Casi se convierte en una
e El motor de las relaciones intimas de la superviviente es su ansia de profecía. que cllm plesl\l..mi§"'IJlb.:E.mpiez.asa,-,,~P:~;:~l.Ú~-i9~~~;~,;;la­
encontrar protección y cuidados, y su mayor temor es ser abandonada o ciónas la violencia con el amor_df'sde,ql1e_,eresmuv peq~~ña.'A-mlme
explotada. En su necesidad de ser rescatada puede toparse con podero- violaron s~i~- Y--e~~s~~-~,~;~4-;-;~' ~scapaba 'd~'''~~;;~h~~T~-_;~t;'e'~_t¿i/'o
sas figuras autoritarias que parecen ofrecer la promesa de una relación bebía Todo eS_Q~i,c_;';binaba para hacerme un objetivo fácil. Lo más
especial basada en los cuidados. Idealizando a la persona de la que se ;bsurdo de todo es que;,} princÍpio estaba segura de que [los violado-
encariña, mantiene a raya el temor constante a ser dominada o traicio- res] me matarían porque, si me dejaban viva, ¿cómo podrían salirse
nada:-, con la suya) Finalmente, me di cuenta de que no tenían nada de qué
Sin embargo, resulta inevitable que la superviviente tenga grandes preocuparse; nunca se haría nada al respecto porque "yo me lo había
dificultades para protegerse en el contexto de las relaciones intinlas. "·- -~
busca do»)!. \
:.~u desesperada ansia de protección y de cuidados hace que le resulte El fenóm;o de la victimización repetida, que es indiscutiblemente
difícil marcar limites seguros y apropiados con los demás. Su tendencia real, exige que lo interpre;;;;-;~~;;,;~cid~d;-.-Durante demasiado tiempo
a denigrarse a sí misma y a idealizar a las personas con las que se rela- la opinión de los psiquiatras se ha limitado a reflejar el crudo juicio social
ciona nubla aún más su capacidad de juicio. Su exagerada sintonización de que las supervivientes «se buscan» el abuso. Los antetiores conceptos

35 R. R.c10des, A Hole in the WorltL.4n Amen"can Boyhood, Simon & Schuster, Nueva York. ,6 D. E. Russell. TheSecret Trauma, Basic Books, Nueva York. 1986.
1990, pág, 267. Entrevista a Joanie, 1987.
.
~

l8
"
~ 182 ABUSO ¡'ir A'iTIL 183

"
jiI
~
l8
de masoquismo y las más recientes formulaciones de adicción al IraUnla
insinúan que las victimas buscan y encuentran gratLlicación en e! abuso
repetido. Esto ocurre rara vez. Algunas supervivientes coPliesan haber
Un estilo disociativo bien aprendido rambién hace que las supervi-
vientes ignoren o minimicen indicios sociales que normalmente las
alertarían de! peligro. Una supervivieme describe cómo se encomraba

"~
le
sentido excitación sexual o placer en situaciones abusivas; en estos casos,
escenas tempranas de abuso pueden ser erotizadas y reacruadas compul-
sivamente. Sin embargo, incluso en esos casos hay una clara disrinción
entre los aspectos deseados y no deseados de la experiencia, tal y como
explica lLTla superviviente: «?vle gusta que abusen físicamente de mí, si
repetidamente en situaciones vulnerables: ,<La verdad es que no lo sa-
bía, pero sí que sabía cosas. Encomraba a esos hombres mayores y pa-
ternales, y enseguida ... Una vez me lié con un viejo en un horel de mala
muerte en e! que vivía -las prostitutas, los alcohólicos y yo-o Limpia-
ba para él y llegué a quererle. Emonces lUl día me lo encomré en la
pago a 9lguien para que lo haga. Pero me gusta tener e! control. Pasé por cama. Me dijo que e! médico no quería que viera a prostitutas y que yo
lUla época en que bebía mucho, e iba a un bar y elegía al hombre más su- podía ayudarle y masturbarle. No sabía de qué me hablaba, pero él me
cio y asqueroso que podia encontrar y me acoscaba con él. Me humillaba enseñó. Lo hice. Luego me sentí culpable. No me enfadé hasta mucho
a mí misma. Eso ya no lo hago»;8. más tarde» -¡Q.

"; Es más frecuente que el ab~so reperido no se busque activamen- :;:Las super>~vientes de abusos infantiles tienen muchas más posibi-

,•
te) sÍno que se experimente de forma pasiva como un destino temido
'
.•..~.:~,
.•.........
lidades de ser víctimas o de hacerse daño a sí mismas que de hacer víc-
pero inevitable, y que se acepte como el precio indiscutible de una re- timas a otras personas. De hecho, resulta sorprendente que no sea más
lación.4Yluchas supervivientes IÍenen deficiencias can profundas en su frecuente que las vícrimas acaben comeriendo abusos. Quizá e! hecho
autoprotecóón que casi no se pueden imaginar a sí mismas en una sÍ- de que las super>'¡vientes parezcan más dispuestas a dirigir las agresio-
mación en la que puedan elegir con libertad~·Puede resultar práctica- nes bacia ellas mismas se deba al proflUldo desprecio que siemen hacia
lit mente inconcebible la idea de poder decir n;; a las exigencias emocio- su persona. Mientras que los inrentos de suicidio y la automutilación
P nales de un padre, esposo, amat'"l.te o figura autoritaria, y, por lo tanto, están estrechameme vinculados con los abusos ülfantiles, el Víl1Culo en-
t. no es infrecuente encontrar supervivientes adultas que siguen cum- rre abuso durante la infancia y e! comportamiento antisocial en la vida
P pliendo los deseos y las necesidades de aquellos que una vez abusaron
de ellas y que siguen permitiendo graves intrusiones sin poner límites.
adulta es relativamente débil '1 Un estudio de más de novecientos pa-
ciemes psiquiátricos descubrió que aunque la tendencia al suicidio es-
1"Las supervivientes adultas cuidan a sus abusadores cuando están en- taba estrechamente ligada a un historial de abusos sexuales, los impul-
"fermos, les defienden en la adversidad e incluso, en casos extremos, sos asesmos no .
siguen sometiéndose a sus exigencias sexuales. Una supervÍv1.ente de Aunque la mayoría de víctimas no se convierten en abusadores,
incesto describe cómo siguió cuidando de su abusador cuando era eSTá claro que hay una minoría que sí lo hace. El Trauma parece ampli-
adulta: «A mi padre le pillaron después. Violó a la hija de su novia ficar los TÍpicos estereotipos de género: los hombres con una hiSTOria
y ella presemó cargos comra él. Cuando ella le echó no tenía dónde de abusos en la infancia tienen más tendencia a ser agresivos con OTroS,
ir, así que me lo traje a vivir conmigo. Rezaba porque no fuera a la mientras que las mujeres suelen ser victimas de otros o se dañan a sí
cárcel» 39.

~o Entrevista a T anÍ. 1986.


~l J. L. Henna.'l y otros, ob. dI.
¡~ Emrevi:ca aJo, 1987.
..2 G. R Brov.rn y B. Anderson, «Psychiatrtc 1-!orbidüy ín Adult Inpauens v.rit..~ Childhood
39 Encrevista a Ginger, 1988.
:Histories oE Sexual artd Prusycal Abuse», American Jouma! 01 Psychíatry 148: 55 -61 (1991 i.
184 .~BCSO I:\FA:\TIL 185

mismas -'3. Un estudio comunitario de doscientos hombres jóvenes se- posible por impedir que esto ocurra. Por el bien de sus hijos, los super·
ñalaba que los que habíal1 sido abusados físicamente en la infancia te- vivientes a menudo son capaces de movilizar capacidades de carÍ.t~o y
nían más posibilidades de haber hecho daño a alguien, haber pegado a protección que nunca han sido capaces de aplicarse a sí mismos. En un
alguien en una pelea o haber cometido actos ilegales"'. U na pequeña estudio sobre madres con desorden de personalidad múltiple, el psi·
minoría de supervivientes, hombres sobre todo, desempeñan el papel quiatra Phillip Coons observó: «En general me ha impresionado la acti·
de abusadores y literalmente reactúan la experiencia de su infancia. Se tud positiva, constructiva y carmosa que muchas madres con personali-
desconoce la proporción de supervivientes que sigue este camino, pero dad múltiple tienen hacia sus hijos. Fueron abusadas cuando eran niñas
se puede extrapolar un cálculo aproximado de un estudio de segui. y lucban por proteger a sus hijos de desgracias parecidas» '8

•ti
miento de niños que habían sido explotados en redes de prostitución. A medida que las víctimas íntentdJ.'1 negociar las relaciones adultas)
lIlrededor del 20 por 100 de estos niños defendían al perpetrador, mi· las defensas psicológicas que se formaron en la infancia se vuelven más ~.i'
,;;¡¡.,. .

nimizaban o racionalizaban la explotación y adoptaban una actitud ano y más inadaptadas. El doble pensamiento y la doble personalidad son
tisocial-l5 . Un superv-iviente de graves abusos Ll1fantiles describe cómo ingeniosas adaptaciones i.nfantiles a un clima familiar de control coer- •...,~
se hizo agresivo hacia los demás: «Cuando tenía trece o catorce años citivo, pero son menos que inútiles en un entorno de libertad y de res-
decidí que ya había aguantado lo suficiente. En una ocasión una chica ponsabilidad adulta porque impiden el desaJIollo de las relaciones -.,"
ti •••

~'.'. ':.'
se estaba metiendo conmigo y le dí una paliza de muerte. Empecé a mutuas e íntimas,. o una identidad ínteQrada. ~ElleQado de su hí.faI1cÍa
"- _."-
,:'V;


llevar pistola. Así es cómo me pillaron y me encerraron, por llevar un se convierte en una carga cada vez más pesada a medida que el su- ;:;;

arma sin licencia. Cuando UlO chaval empieza a pegar para defenderse y perviviente se enfrenta a las tareas de la vida adulta. Evemualmente
se hace delincuente, llega a un punto sin retorno. La gente debería la estructura defensiva se puede empezar a venir abajo, por lo general
descubrir qué diablos está ocurriendo en la familia antes de que el chao en la tercera o cuarta década de la ·vida. Con frecuencia, el detonfulte es
val arruine su vida. ¡No encierres al chaval'» ". un cambio en el equilibrio de las relaciones más intimas y cercanas: el
En los casos más extremos, las victimas de abusos sexuales pueden fracaso de un matrimonio, el nacimiento de un hijo, la enfermedad o la
atacar a sus propios hijos o no cuidar de ellos. Sin embargo, a pesar de muerte de un padre. La fachada ya no se sostiene y se manifiesta
que el pensamiento popular afirma que existe un «ciclo generacional la fragmentación subyacente. Cuando esto ocurre puede tomar fOill1as
de abuso», la mayoría de supervivientes ni abusan de sus hijos ni son sintomática~.que111imetizanprkti~arn~~t~·~~d~ c~teg~~í~ deides~~den
negligentes con ellos '7 Muchos supervivientes tienen un miedo terrible p;¡q;iit~¡·co. Las ví~tima~ t~~en;;oí;;erselocas o acabar mu;ienclo
a que sus hijos sufra.,"1 un destino parecido al suyo, así que hacen todo lo :fraser"describe el terror y el peligro de enfrentarse cara a cara como
adulta a los secretos de su infancia:

"; E. E Carmen, P. P. Rieker y T. ZvIills, «VictL.""11S of Violence and Psyc.lüatric JJ.lnes». Arae- ¿Rea1-neme quería abrir la caja de Pandora que estaba bajo la cama de mi
n"can journal 01 Ps:.¡chiatry 141: 378-383 (1984). padre? ¿Cómo me sentiría al descubrir que el premio, t¡-as cuatro décadas de
.w V. E. Pollack. J. Briere y L. Scnneider y otros. ({Childhood ALntecedenrs oÍ A.'1.úsocial Be- seguir pistas y de resolver enigmas, sería la revelación de que mi padre había
naV10[: Parental ,,'-\lcoholism and Physical Abusiveness»_ American journal 01 PSyChiatiy 147: abusado sexualmeme de mí? ¿Podría reconciliarme sin a...--nargura con la C2J."1t1-
1290-1293 {19901. dad de energía vital que habta desperdiciado E!J."1 tapar un cri.c-nen? Loo.}
~5 A. W. Burgess y otros, ob. cit.
"6 Entrevista a Jesse, 1986 .

.1"} ] . Kaufman y E. Zigler, «Do Abused Children Become Abusive Parems?», American jour- "S P. M. Cooes, "Children of Parems lNith Multiple Personality Disorden>. ~n Ch,¡;"j.dhoo¿
nal oIOrthop5");chiat"f}157: 186-192 (1987), Antecedents. R P. Klut: (ed.!. págs. 151-166; cit. en pág. 161.
186

Creo que ocurren muchas muen:es inesperadas cUfu-ldo alguien acaba lli'1a
rase de la vida y se debe converur en un IÍpo de persona difereme para poder
seguir adelante. El fénix se mere en el ruego con la mejor de las m::encíones de
volver a volar, y luego vacila al despegar. En el momemo de la transición estu-
ve cerca de morir ju...l1to a mi otro yo ~9.

6
UN NUEVO DIAGNÓSTICO

La mayoría de la genre no Liene conocLrniento de los cambios psicoló-


gicos que tienen lugar en cautividad, y ese es el mo¡Ívo de que el juicio
social sobre las personas crónicamente traumatizadas suela ser excesi-
vamente duro. La aparente irldefensión y pasividad de la persona abu-
sada con reiteración, el haber estado arrapada en el pasado, su intrata-
ble depresión y sus quejas somáticas, y su ardieme ira, a menudo
frustran a las personas que la rodean. Pero aún hay más: si la supervi-
vieme fue coaccionada y traicionó relaciones, lealtades o valores mora-
les, es frecuente que sea sometida a una furiosa condena.
[Las personas que nunca han experimentado el terror prolongado
o que no conocen los métodos coercitivos de comro! asumen que, en
circunstancias parecidas) mostrarían un mayor valor y resistencia que
la victima. Este es el motivo de que haya U11a tendencia a explicar el
comportamiento de la víctima encontrando defectos en su personali-
dad o su carácter moral~<A menudo los ptisioneros de guerra que su-
cumben ante el «lavado de cerebro» se consideran unos traidores t
Con frecuencia son criticados públicamente los rehenes que se some-
ten a sus secuestradores. Por ejemplo, en el famoso caso de Patricia
Hearst, el rehén fue juzgado por delitos cometidos bajo coacción y se

; .A. n Biderman y H. Zim..rner {eds.), The }vianipulation 01 Human BehaviúY, John \'filey_
~~ S. Fraser. ob. cit., págs. 211-212.
Nueva York, 1961, págs. 1-18.
188 L'~ NCEVO DL\G:\ÓSTICO 189

la impuso una condena de cárcel más larga que la de sus secuestrado- bién se ha centrado en rasgos de personalidad que pueden predispo-
res 2. De forma parecida) se juzga severamente a las mujeres que no ner a una mujer a someterse a una relación abusiva. Aquí tampoco ha
consiguen escapar de sus relaciones abusivas y a aquellas que se p~ostí­ surgido un perfil sólido de una mujer susceptible al maltrato. Mientras
tuyen o traicionan a sus hijos bajo coacción 3. algunas mujeres maltratadas sí que tienen importantes dificultades psi-
La propensión a juzgar mal el carácter de la víctima puede verse cológicas que pueden hacerlas vulnerables, la mayoría no muestra evi-
incluso en el contexto de un asesinato masivo políticamente organi- dencía alguna de haber tenido una psicopatología grave antes de co-
zado. Después del holocausto tuvo lugar un prolongado debate sobre menzar la relación de explotación. La mayoría se une a sus abusadores
la «pasividad» de los judíos y su «complicidad» en su destino. Pero la en un momento de crisis vital temporal o de pérdida, cuando se siente
historiadora Lucy Dawidovvicz señala que «complicidad» y «coopera- sola, alienada o triste 6. Un informe realizado en relación a los estudios
ción» son términos que se pueden aplicar a situaciones en las que hay sobre los malos tratos concluye: «La búsqueda de características en las
libertad de elección; no tienen el mismo significado en situaciones de mujeres que contribuyan. a su propÍa conversión en víctimas es inútil ..
cautividad' . A veces se olvida que la violencia de los hombres es el comportamien-
to de los hombres. Como tal, no resulta sorprendente que los esfuerzos
más fructíferos para explicar este comportamiento se hayan centrado
ERRORES EN LA CLASIFICACIÓN DEL DIAGNÓSTICO en las características masculi11as. Lo que sí es sorprendente es el enor-
me esfuerzo de explicar el comportamiento masculino examinando las
Esta tendencia a culpar a la victima ha influido notablemente en la características de las mujeres» 7.
dirección de la investigación psicológica. Ha llevado a los investigado- Es evidente que personas normales y sanas pueden verse atrapa-
res y médicos a buscar una explicación en el carácter de la victima para das en situaciones abusivas prolongadas, pero también lo es que. des-
los crímenes del perpetrador. En el caso de los rehenes y los prisione- pués de huir de ellas, ya no son ni normales ni sanas. Un abuso cró-
ros de guerra, han dado pocos resultados consistentes los numerosos nico puede crear un grave daño psicológico. La tendencia a culpar a
intentos de encontrar supuestos defectos de la personalidad que pue- la víctirna ha obstaculizado la comprensión psicológica y el diagnósti-
den predisponer a los cautivos al «lavado de cerebro». Resulta inevita- co de un síndrome postraumático; con frecuencia los profesionales de
ble llegar a la conclusión de que hombres normales y psicológicamente la salud mental han atribuido la situación de abuso a la supuesta psi-
sanos pueden ser efectivamente coaccionados de forma ip"humana 5 En copatología subyacente en la víctima en lugar de conceptuar su psi co-
situaciones de malos tratos domésticos donde las victimas se ven atra- patología como una respuesta a la situación de abuso.
padas por la persuasión en lugar de la captura. la investigación tam- Un escandaloso ejemplo de esta forma de pensar es el estudio so-
bre mujeres maltratadas de 1964 titulado «La esposa del maltratadoI
de esposas». Los investigadores, cuya intención original era estudiar a
2 P. Hearst y A. Moscow. Ez:ery Secret Thin& Doubleday, Nueva York, 1982.
Para una crítica de cómo se culpa a las víctima~ en los malos tratos domésticos, véase
los maltratadores, descubrieron que los hombres no querían hablar
L WardelL D. L Gillespie y A Le.."i1er, (<5cience arJ.d Violence Against Wives», en The Dar/e 5ide con ellos, y entonces redirigieron su atención hacia las mujeres maltra-
olFamzlies: Current Famz!:; Violence Research, D. FinkeL~or, R. GelIes, G. Hotaling y otros (eds.).
Sage, Bevedy Hills CCalifom.ia), 198), págs, 69-84.
~ 1. Dawid01.v1cZ, The War Agaz"nst the ]eu.:s, Weidenfeld and 0iicolson, Londres, L975. G. T. Hotaling y D. G. Sugarman, «A., Analysis oE Risk Markers 1,."1 Husbaüd-w-Wife Vio·
5 A. D. BidermaI1 Ji H. Zimmer, ob. cit.; F. Ochberg y D. A. Soskis, l/ictims 01 Terrorism, lence: Ihe Cun:enr Srate oE Knowledge». Violence and "l/ictims 1: 101-124 (1986l.
Wesrview, Boulder (Colorado), 1982. fbídem, pág. 120
190 UN NUEVO DL~GN6STICO 191

radas, más dispuestas a colaborar, a quienes definieron como «castra- ochenta de! siglo xx, cuando se revisó el manual diagnóstico de la
doras», «frígidas», «agresivas», «indecisas» y «pasivas». Concluyeron Asociación Americana de Psiquiatría. Un grupo de psicoanalistas
que la violencia doméstica satisfacía las «necesidades masoquistas» de hombres propuso que se añadiera e! «desorden de personalidad ma-
estas mujeres. Después de haber identificado sus desórdenes de perso- soquista». Este diagnóstico hipotético se podía aplicar a cualquier
nalidad como origen del problema, emprendieron su «tratamiento». persona que «permanece en relaciones en las que otros explotan,
En \E} caso consiguieron convencer a la esposa de que estaba provo- abusan o se aprovechan de él! ella, a pesar de tener oportunidades
cando la ,~olencia y le enseñaron cómo ca..mbiar su forma de compor- para alterar la relación». Varios grupos feministas se escandalizaron
tarse. Su tratamiento fue considerado un éxito cuando ya no dejó de por ello y se creó un tenso debate público. Las mujeres insistieron
buscar la ayuda de su hijo adolescente para protegerse de las palizas y en abrir e! proceso de redactar el manual de diagnóstico que hasta
ya no se negaba a tener relaciones sexuales cuando su marido lo exigía) entonces había sido territorio exclusivo de hombres y, por primera
aunque esre estuviera borracho y agresivo 8:. vez, participaron activamente en la tarea de dar un nombre a la rea-
Aunque este descarado sexismo rara vez se encuentra en la literatu- lidad psicológica.
ra psiquiátrica de la actualidad, siguen predomi.r¡ando los mismos erro- Yo fui una de las participantes en el proceso. Lo que más me sor-
res conceptuales, con su implícita parcialidad y su desprecio. El retrato prendió en el momento fue lo poco que parecían iInpartar los argu-
clínico de una persona que se ha visto reducida a manejar las preocupa- mentos racionales. Las representantes de las mujeres participaron en la
ciones básicas de la supervivencia se sigue confundiendo a menudo con discusión preparadas con informes cuidadosamente razonados yexten-
el retrato del carácter de la victima. Se aplica..r¡ a estas los mismos con- samente documentados que planteaban que el concepw diagnóstico
ceptos de organización de la personalidad que se desarrolla..r¡ bajo cir- propuesto tenía escaso fundamento científico, ignoraba por compleIO
cunstancias normales, sin tener en cuenta la corrosión de la personalidad los avances recientes en la comprensión de la psicología de la victimi-
que ocurre bajo condiciones de terror prolongado. Por ello, los pacien- zacÍón, era socialmente regresivo y su i..rnpacto sería discriminador, ya
tes que sufren los complejos efectos del trauma crónico siguen corriendo que sería utilizado para estigmatizar a personas indefensas to Los hom-
el riesgo de ser erróneamente diagnosticados con desórdenes de la per- bres de la asociación persistían en su rechazo. Admitían con descaro
sonalidad, y pueden ser descritos como inherentemente «dependientes», que ignoraba," la extensa literatura que se había publicado la década
«masoquisIas» o «derrotistas». En un estudio reciente de los casos trata- anterior sobre el trauma psicológico, y mantenían que no entendían
dos en las urgencias de un gran hospital urbano, los médicos describie- por qué tenía que preocuparles. Un miembro de la Junta de la Asocia-
ron de forma rutil1aria a las mujeres maltratadas como «histéricas», «ma- ción Americana de Psiquiatría consideraba que la discusión sobre las
soquistas», «hipocondríacas» o, sencillfu-nenre, «personas agotadas» 9. mujeres maltratadas era «irrelevante». Otro afirmaba sencilla..mente:
Esta tendencia a diagnosticar erróneamente a las vícTimas fue «Yo nunca veo las víctimas» ll.
motivo de una controversia que surgió a mediados de los años
!O Para una crítica de la mala aplicación de los conceptos de masoquismo, véase P. J. Caplan,

The :vfyth oÍ\Vomen's i.viasochúm¡ Dunon, 0:ueva York, 1985. Mas reciemememe, Caplan ha es·
3 ]. E. Snell, R.]. Rosenwald '! A. Robey, «The \"Xhfe~Bearer's Wife», Archives oÍ General Psy- crlW ll..T1a crítica sobre el desorden de personalidad derrotisw. (ms. no publicado, Depanamenco
de Psicología Aplicada, LT1SÓUto de Esmdios en Educación de Omario, 1989).
ch.ia:ry 11: 107-112 (1964).
'] D. Kurz y E. Stark, «Not-So-Benign Neglect: The Medical Response [Q Battering». en Reunión del Ad Hoc COIP..Imttee de la Board oE T rustees y Assembly oE DistrÍC! Branc.:"-es
de la Asociación ..Americana de Psiquia¡:rÍa para revisar el borrador DSM ..ID-R, Washington, D.C.
K. YIlo y M. Bograd, Femz"llist Perspectz"ves on Wtfe Abuse, Sage, Beverly Hills I.Califotpja), 1988,
del4-XII-1985.
págs. 249-268.
J
.
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~1
3~
192 c'i 'iUEVO DL',G'iÓSTICO 193
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Al final, debido a las quejas de los grupos feministas y la amplia SI se quejan, sus lamentos no son bien recibidos. Pueden coleccionar
publicidad que engendró la controversia, se llegó a una especie de una farmacopea virtual de remedios: uno para los dolores de cabeza.
t
.
compromiso 12. El nombre de la entrada propuesta se cambió a «desor- otro para el insomnio, O[ro para la ansiedad, otro para la depresión, .;~
den de personalidad autoderrotista», Se cambiaron los criterios de! Ninguno de ellos suele fUIlcionar bien, ya que no se está tratando el 4

,
diagnóstico para que la etiqueta no pudiera ser aplicada a aquellas per- trauma subyacente. La tentación de aplicar un diagnóstico peyorativo
sonas que habían sido abusadas física, sexual o psicológicamente, Y lo se hace más fuerte cuando los cuidadores se cansan de estas personas i1I,11
que es aún más importaIlte, e! desorden no fue incluido en el cuerpo crónicamente infelices que no parecen mejorar nunca.
~
principal del texto, sino como un apéndice, Quedó relegado a un esta- No encaja todo lo bien que debería ni siquiera el diagnóstico de
tus apócrifo en el canon, donde hoy dia sigue languideciendo, «desorden de estrés postraumático», tal y como se define en la actuali-
dad. Los criterios diagnósticos existentes para este desorden se derivan
~
-1
LA NECESIDAD DE UN NUEVO CONCEPTO

Puede que la aplicación equivocada del concepto de personalidad


masoquista sea uno de los errores diagnósticos más estigmatizadores,
principalmente de los supervivientes de acontecimientos traumáticos
limitados. Se basan en los prototipos de combate, desastres y violación.
En las supervivientes de un trauma prolongado y repetido la gama de
síntomas es con frecuencia mucho más compleja. Las superv-ivientes
de abusos prolongados desarrollan cambios de personalidad caracte-
.
II1II

~
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¿"~~

pero de ninguna manera es el único, En generaL las categorías diag- rísticos, incluyendo deformaciones en la capacidad de relacionarse y
nósticas del canon psiquiátrico existente no están sencillamente di- en la identidad. Las supervivientes de abusos infantiles desarrollan
señadas para las víctimas de situaciones extremas, y no encajan bien problemas parecidos con las relaciones y con la identidad; pero ade-
con ellas, La aIlsiedad persistente, las fobias y los pánicos de dichas más son sobre todo vulnerables a ser dañadas repetidamente, [anto le-
víctimas no son iguales a los desórdenes psicosomáticos normales, Su siones inducidas por ellas mismas o producidas por otros, La formula-
depresión no es igual a la depresión normal, Y la degradación de su ción actual del desorden de estrés postraurnático no consigue capturar
identidad y de su vida sentimental no es igual a un desorden de perso- ni las proteicas manifestaciones sintomáticas de un trallilia prolongado
nalidad normal, o repetido, ni las profundas deformaciones de la personalidad que tie-
La carencia de un concepto diagnóstico exacto y detallado tiene nen lugar en cautÍvidad.
graves consecuencias sobre el tratamiento, porque con frecuencia se El sindrome que se deriva de un trauma prolongado y repetido ne-
pierde la conexión entre los sintomas presentes del paciente y la expe- cesita un nombre propio, Yo propongo que lo llamemos «desorden de
riencia traunlática, Los intentos de hacer que el paciente encaje en el estrés pos traumático complejo». Las respuestas al trauma se pueden
molde de un diagnóstico existente no suelen, en el mejor de los casos, comprender mejor si se analizan más como un conjunto de condicio-
tener como resultado una comprensión parcial de los problemas y un nes que como un único desorden, Van desde una breve reacción de es-
enfoque fragmentado del tratamiento, Las personas crónicamente trés que mejora por sí sola y nunca se puede cualificar para el diagnós-
traumatizadas sufren en silencio con frecuencia; pero lo cierto es que, tico, al complejo síndrome del trauma prolongado y repetido,
Aunque el sindrome traumático complejo nunca ha sido defiIlÍdo
sisternáticamente con anterioridad, el concepto de un conjunto de de-
!2 D. Goleman, «New PSYCJ.LUai:r1c Syndromes Spur Protest». Neu. : York Times, 19-XI-1985,

pág. C9; «Bar-Ji.-¡g over Masochism», Time, 2-XII-1985, pág. 76; «Ideas fu,-d Trends: Psycruatrists sórdenes postraumáticos ha sido señalado, aunque de pasada, por
versus Fe.i"Ilh-lists», Neu.: Yor/'f. Times, 6-v1-1986, pág. (5. muchos expertos, Lawrence Kolb comenta la «heterogeneidad» del
UN 'mEVO DBGNÓSTICO 195
194

desorden de estrés posuawnáüco, que «es a la psiquiatría lo que la sífi- que llama [fauma «Tipo 1», de los efectos de un trauma prolongado y
Lis fue a la medicina. En un momento u ouo lesre desorden] puede pa- reperido, que llama [[auma «Tipo II". Su descripción del síndrome
recer inlÍlar a cualquier desorden de la personalidad [' .. J Son aquellos «Tipo II" incluye la negación y el embotamiento psíquico, la amohip-
que han sido a.111enazados durante largos períodos de tiempo los que nosis y la disociación, y las fluctuaciones emre una pasividad extrema
sufren una duradera y grave desorganización de la personalidad» t3. y explosiones de ira '9 La psiquiatra Jean Goodwin ha inventado el
OtrOS también han llamado la atención sobre los cambios de personali- acrónimo MIEDOS para el desorden de estrés postraumático sencillo, y
MIEDOS ~jALOS, para el grave desorden pos traumático observado en
dad consecuencia de un trauma prolongado y repetido. El psiquiaua
Emmanuel Tanay, que trabaja con supervivientes del holocausto nazi, supervivientes de abusos infantiles 20.
observa: «La psicopatología puede esconderse bajo cambios caractero- Por consiguiente, los observadores han visto con frecuencia la unidad
lógicos que se manifiestan solo en relaciones perturbadas y en las acti- presente en las manifestaciones del síndrome traumáIico complejo y le han
dado muchos nombres disn...-¡tos. Ya es hora de que el sindrome renga un
tudes hacia e! rrabajo, el mundo, el hombre y Dios» ".
Muchos médicos experimentados han insisIido en la necesidad de nombre oficial y reconocido. En la aCtualidad se está considerando incluir el
una formulación diagnóstica que vaya más allá del simple desorden desorden de estrés postraumático complejo en la cuarta edición del manual
de estrés poStraumático. William Niederland piensa que «el concepto de diagnóstico de la Asociación Ameneana de Psiquiatría, basándose en siere
neurosis rraumática no parece suficiente para cubrir la mulIitud y grave- enrenos diagnósticos (véase tabla 1). Se están realizando pruebas de campo
dad de manifestaciones clínicas» del síndrome observado en los supervi- empíricas para determinar si dic.ho síndrome puede ser diagnosticado fie!-
v'Íentes de! holocausIO nazi 15 Los psiquiatras que han trarado a refugia- mente en personas cróDÍcarnenre traumarizadas. El grado de rigor cienúfico
dos de! sudeste de Asia también reconocen la necesidad de un «concepIO e inte!ecrual de este proceso es considerablemente más alro que e! de los las-
expandido» del desorden de estrés postraumático que tenga en conside- timosos debates sobre el «desorden de personalidad masoquista».
ración el trauma psicológico grave, prolongado y masivo ~6. Una autori- Como e! conceptO de un síndrome tralLmático complejo ha obreni-
dad sugiere e! concepIO de un «desorden postramnático de carácteD> 17 do un amplio reconocimiento, se le ha dado varios nombres adiciona-
Otros hablan de desorden de estrés posrraumáIico «complicado» 18 les. El grupo de rrabajo que se encarga del manual de diagnósrico de la
Los médicos que rrabajan con supervivientes de abusos infantiles Asociación Amencana de Psiquiatría ha elegido la etiquera de «desor-
rambién reconocen la necesidad de un concepro diagnóstico a..mplia- den de estrés exrremo no especificado de otra manera». La Clasifi-
do. Leonore Terr distingue los efectos de un único golpe traumático, al cación Internacional de Enfermedades está considerando una entidad
similar bajo el nombre de «cambio de personalidad a raíz de una expe-
riencia catastrófica». EstOs nombres pueden ser difíciles y complica-
,; L C. Kolb, carca al ediror; American Journai 01 Ps)'chiatry 146: 811-812 (1989).
dos, pero lo cierto es que cualquier nombre que reconozca el síndrome
t.; H. KryStru. \ed.J, Alassive Psychic Trauma, btematianal UniversÍúes Press, ?\'ueva York, es mucho mejor que no tener ninguno.
1968, pág. 22l.
,5 Ibídem, pág. 314.
:6 J. Kroll, M. HabenichE, T. Mackenzie y mros, «Depression fuJ.d PosnraumalÍc Stress Di-

sarde:: in Sourheusr Asian Refugees», American Joumal o/Psychiatry 146: 1592-1597 (1989).
:9 1. C. Te:L:L, «Child'nood Traum.as: A..n Oudine ::;nd Overview», ilmerican ,Íoumai 01 Psy-
cbiatry 148: 10-20 (1991).
,~ M. Horowitz, Stress Response 5yndromes, Jasan Aromon, Norchvaie (Nueva Jersey), 1986,
20 J. Goodwin, «Applying ta Adule Ineest VicUr.'Tls ~'haI We Have Learned frorr:. Vicclmize¿
?ág.4 Q . Chilaren», Inc:?st-Related Syndmmes 01 Adult Psychopatholog;y, R. Klufc: (ed.), Ar!!erÍean Psyehia-
:3 D- Bro\lJTl y E. Fromm, Hypnotherapy and Hypnoanalysis, Lawrence Eúbaurn, Hillsdaie
trie Press, Washingtor:.., D.c., 1990, pá::,o-s. 55-74.
CNuevaJersey),1986.
196 ce: e:LEVO DLIG:\ÓSTICO 197

Darle nombre al síndrome de estrés postraumático complejo signi-


5. ,'"\heraciones en la percepción del perpetrador. L..·xluyendo:
fica un paso fundamental para que los que hall. sufrido una explota-
• Preocupación por la relación CaE el perpetrador (incluye la preocupa-
ción prolongada consigan un poco del reconocimiento que se mere- ción por L>. ver:.ganza).
cen. Es un intento de encontrar un idioma que sea; al mismo tiempo, • Atribución no realista de poder LOta] al perpercador (cuidado: la ':80ra-
fiel a las tradiciones de la observación psicológica minuciosa y a las ción que la vÍctL.'Tla hace de la realidad del poder puede ser rrc.ás realista
exigencias morales de las personas traumatizadas. Es un intento de que la dd médico).
• Idealización o gratitud paradójica.
aprender de los supervivientes, que comprenden los efectos de la cau-
• Sensación de una relación especial o sobrenatural.
tividad con mayor profundidad que cualquier investigador.
• Aceptación del sistema de valores o de la racionalización del perperrador.
6. Al.ltezaciones en las relaciones con los demás, h'1cluyendo:
• Aisla.:"11ienLO y distanciamiento.
Tabla 1 • Perturbacíones en las relaciones im:imas.
DESORDEN DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO COMPLEJO • Búsqueda constante de un rescatador (puede alternarse con ais1aInienro y
distanciamiento).
1. "Una historia de sometimiemo a U~ cont;:ol totalitario en un período de • Descorrtifu"'2za persistente.
tiempo prolongado (de meses a fu'l.OS). los ejemplos h"1cluyen rehenes, pri- • Fracasos repetidos en la autoproteccÍón.
sioneros de guerra, supervivientes de los campos de concentración, y super- Alteraciones en los sistemas de significado:
viiiientes de algunas sectas religiosas. Los ejemplos también incluyen a • Pérdida de una fe de apoyo.
aquellos sometidos a sistemas totalitarios en la v-1da sexual y domésüca, hí.- • Sensación de hídefensión y desesperación.
cluyendo supervivientes de malos [raLOS domésticos, abusos físicos o sexua-
les en la L..ífancia, y la explotación sexual organizada.
2. Alteraciones en la regulación de las impresiones, lc"1cluyendo: Los SUPERVIVIENTES COMO PACIENTES PSIQULÁ.TRICOS
• Disforia persistente.
• LllPulsos suicidas crónicos. El sistema de salud mental está lleno de supervivientes de traumas
• Autolesiones. de infancia prolongados y repetidos. Esto es cierto a pesar de que la
• Ira explosiva o extremadamente inhibida (pueden alternar). mayoría de las personas que han sido abusadas durante la infancia
• Sexualidad compulsiva o extremadamente inhibida (pueden alternar). nunca recurren a la atención psiquiátrica. Sea como sea su recupera-
3. Alteraciones de la conciencia, L.."1cluyendo:
ción, lo hacen ellas solas 2l. Aunque solo una pequeña minoría de su-
• _Pu-:nnesia de los acontecL."J1ientos traumáticos.
• Episodios disociativos pasajeros.
pervivientes, por lo general aquellos con los historiales de abusos más
• Despersonalización/Desrealización. graves, se convierte eventuahnente en paciente psiquiátrico, muchos,
• Revivir experiencias, tanto en forma de síntomas intmsivos del desorden o incluso la mayoría de los pacientes psiquiátricos, son supervivientes
de estrés postrau.-rnático como en forma de preocupación reflexiva. de abusos en la infancia 12. Los datos sobre este aspecto son iIlContes-
4. l\lteraclones en la percepción de sí mismo, incluyendo: tables. Después de ser interrogados cuidadosarnente, entre el 50 y el
°
• Sensación de indefensión parálisis de la iniciativa.
• Vergüenza y culpa.
2: J. 1. Herman. D. E. H. Russell y K. Trocki «Long-Yerro Effects oE bces¡uous Abuse Í.c,
• Sensación de proÍa..íación y estigma.
Childhood», American Jouma! o/ Psychiatry 143: 1293-1296 (986).
• Sensación de absolma diferencia con respecto a otros (puede incluír la
21 N. Draijer, The RoLe o/ Sexual and Physt'cal Abuse in the Etiolo6:/ Women's iVfen,ai Dúor.
sensación de ser especiales, de absoluta soledad, la convicción de que na-
ders: The Dutch 5un'e'j on Sex:tal Abuse o/ Gúts by Family Members. (ms. 110 [)ublícado, Uciversi-
die podría comprenderlo, o la identidad no hUili8l1a). dad de A;ns¡:erd~'11. 1989).
"~, ~·"''',"Á''~~~_ '='"",;;,,,",,"'ú,u

198 UN NUEVO DL~GNÓSTICO 199

60 por 100 de los pacientes psiquiátricos internados y entre el 40 Y Cuando ías supervivientes de abusos en la infancia buscan un tra-
el 60 por 100 de los pacientes externos tienen historiales de abusos fí- tamiento tienen lo que la psicóloga Dense Gelinas llama una «presen-
sicos o sexuales, o ambos 23. En un estudio de la sala de urgencias psi- tación disfrazada». Piden ayuda debido a sus muchos sínromas o a su
quiátricas, el 70 por 100 tenía un hisrorial de abusos ". Por lo ranto, el dificultad con las relaciones: problemas de inth'Tlidad, respuesta excesi-
abuso duram:e la infancia parece ser uno de los principales faCIores va a las necesidades de arras, y víctímización repetida. Con demasiada
que llevan a una persona a buscar ayuda psiquiátrica cuando es adulta. frecuencia ni paciente ni terapeuta reconocen el vínculo entre el pro-
Los supervivientes de abusos L"1fa...l1tiles que se convierten en pacien- blema presente y el historial de trauma crónico".
tes aparecen con un desconcertante conjunxo de síntomas. Sus niveles ge- Las víctimas de abusos infantiles, como otras personas traumatiza-
nerales de angustia son más elevados que los de ortoS pacientes. Quizá el das, a menudo reciben un diagnóstico erróneo o un mal tratamienLo en
descubrimiento más impresionante sea la longitud de la liSIa de sínromas el sistema de salud mental. Debido al número y a la complejidad de
relacionados con U11 hisrorial de abusos en la i..r¡fancia 25. El psicólogo sus síntomas, su tratamiento es con frecuencia fragmentado e incom-
Jeffrey Bryer y sus colegas ínforman de que las mujeres con historias de pleto y, a causa de sus características dificultades para tener relaciones
abusos físicos o sexuales tíene.T1 una punruación más alta que otros pa- cercanas, son especialmente vul'1erables a volver a ser víctimas de sus
cientes en las medidas de somatización, depresión, a¡1siedad general, an- cuidadores. Pueden involucrarse en interacciones continuadas y des-
siedad fóbica, sensibilidad ínterpersonal, ['aranoia y «psicoricismo» tructivas en las que el sistema de salud mental repite el comportamien-
(ptobablemente síntomas disociativos) 26 El ['sicólogo John Briere ínfor- to de la familia abusiva.
ma de que los supervivientes de abusos ínfanrlles muestran más ínsom- A menudo las supervivientes de abusos ínffu.'1rlleS acumulan muchos
nía, disfunciones sexuales, disociación, ira) impulsos suicidas, autolesio- diagnósticos diferentes antes de que se reconozca el problema del sí.'1dro-
nes, adicción a las drogas y alcoholismo que orros pacientes". La lista de me posrraumárico complejo. Suelen recibir un diagnóstico con fuertes
síntomas se puede prolongar casi índefinidamente. connotaciones negativas. Con frecuencia se han aplicado a las supervi-
vientes de abusos ínfantiles tres diagnósricos especialmente problemá-
ticos: desorden de somaIÍzación, desorden de personalidad borderltne, y
Z> A. Jacobson y B. Richardson, «Assawr Experiences oE 100 Psychiacric bpatients: Evide11ce

QE L.'J.e Need for Routlt'le Inquirp>, American Joumal 01 Psychiacry 144: 908-913 (1987);]. B. Bryer, desorden de personalidad múltiple. Estos tres diagnósticos estmieron
B. A. Nclson,]. B. iY1iller y P. A. Kml, «Childhood Sexual Physical Abuse as FaCIQrs iIJ. Adult Psy- una vez íncluidos en el ahora obsolero nombre de húferú¡ ". Los pacien-
cillarác lllness», AJ1"u!n.can Journa! oí Psychiatry 144: 1426-1430 (1987); A. Jacobson, «Physical a...""1d tes, normalmente mujeres, que reciben estos diagnósticos despiertan
Sexual Assauh Hiswrics A.mor:.g Psychiaéric Outpatiems», American Iourna! o/ Psychiatry 146:
755-758 (1989l;J. Briere y ~L RUflU, «Post Sexual Abuse Trauma: DaLa and blplications ror Cli-
reacciones muy íntensas en sus cuidadores. Su credibilidad se pone bajo
mcal Pracüce», Journa! oflnterpersonat l/io!enee 2: 367 ·379 (1987). sospecha. Con frecuencia se las acusa de manipuladoras. A menudo son
;H J. Briere y L. Y. Zaidi, «Sexual Abuse Histories ami Sequelae il1 Female Psycniatric Emer- sujeto de una controversia furiosa y partidista. En ocasiones son sencilla-
gency Room Patienrs», American JournaL olPrychiatry 146: 1602-1606 (1989). mente odiadas.
"~ Para una critica de los esmeios empiricos de las secuelas a largo plazo ¿el abuso sexual
infantil, véz.se A. Bro\l.rne y D. Finkelhor, «Impact oE Child Sexual Abuse: A Review oE me Litera- Estos tres diagnósticos están cargados de significado peyorativo.
cure», Psycho!ogical Bul!eún 99: 66-77 (1986). Estos textos están [a...-nbién resurrúdos por C. Cour- El más conocido es el diagnóstico de desorden de personalidad border-
~ois, Heaiing the Incest Wound: Adu/t SUl'1./tvors in Therapy, Norran, Nueva York, 1988; y J. Bnere,
Therapy for Adu!cs }¡Io!ested as Children: Bejond 5urmi'a!, Sp~illger, ~'ueva YorK, 1989.
26 J. B. Bryer y Otros, ob. de 25 D. Gelinas, «The Persistent Negative Effects of Incest», Psychiatry 46: 312-332 (1983).
2"i J. Briere, «Long-Term Cli.'1ical Canelares of Childhocd Sexual Victinüzarion», Amw!s 01 29 Asociación Americana de Psiquiarría, Diagnostic and 5ta,úúcaJ Manual 01 i\¡ünta! Dúor-
,he Neol) Yor.f¿ Academy 015ciences 528: 327-334 (1988). ders, 3: ed. (DSM-ill), A.rnencan Psychiauic Press, Washir:.gtcn, D.c., 1980, pág. 241.
200 U::\ :\CEVO DL\C:-;ÓSTICO 201

lineo Este término se utiliza con frecuencia dentro de las profesiones de experimentan tilla grave depresión 35. La mayoría ta.lllbiér; encaja en los
la salud mental como poco más que un insulto sofisticado. Como con- criterios diagnósticos del desorden de personalidad borderline ';";. y nor-
fiesa ingenuamente un psiquiatra: «Cuando era médico residente re- malmente tienen muchas manifestaciones psícosomáticas, entre ellas
cuerdo preguntar a mi supervisor cómo tratar pacientes con desorden dolores de cabeza, dolores inexplicados, molestias gastrointestinales y
de personalidad borderline, y él contestó con ironía: "Derivarlos a síntomas de conversión rustérica. Estos pacientes suelen recibir Ull.a me-
otro"" 30 El psiquiatra Irvin Yaiom describe el término borderline dia de tres diagnósticos psiquiátricos o neurológicos antes de que el pro-
como <<la palabra que hace que el corazón del psiquiatra acomodado blema subyacente, el desorden de personalidad múltiple, sea por fin re-
de mediana edad se estremezca de terror»)l. Algunos médicos han ar- conocido 3; .
gumentado que el término borderline se ha hecho tan perjudicial que Todos estos desórdenes se asocian con altos niveles de hipnotiza-
debería ser abandonado del todo. al igual que se hizo con su predece- bilidad o de disociación, pero, en este aspecto, el desorden de múltiple
sor, histerza. personalidad es una categoría por sí mismo. Las personas con desor-
Estos tres diagnósticos tienen muchos rasgos en común y¡ a menudo, den de personalidad múltiple poseen extraordirlarias capacidades para
se solapan unos con otros. Los pacientes que reciben cualquiera de estos la disociación . .Algunos de sus sÍl"l.tomas más extraños pueden ser con-
tres diagnósticos normalme..'lte también podrían cualificarse para muchos fundidos con los de la esquizofrenia 38 Por ejemplo, pueden tener ex-
O[ros diagnósticos. Por ejemplo, la mayoría de pacientes con desorden de periencias de «influencia pasiva» de ser controladas por otra personali-
somaúzaóón asimismo tienen depresión, agorafobia y pánico, además dad, o alucinaciones de las voces de álter ego que se pelean. Aunque
de sus numerosas ffiatlifestaciones físicas 31. A más de la mitad igualmente raramente son capaces de conseguir el mismo virtuosismo en la diso-
se les da diagnósticos adicionales de desorden de personalidad «histrióni- ciación) los pacientes con desorden de personalidad borderline tam-
ca», «antisocial» o borderline 33 . Además) con frecuencia, las personas con bién tienen niveles 8..J."l.ormalmente altos de síntomas msociatívos 39. y los
desorden de personalidad borderline también padecen una fuerte depre- pacientes con desorden de somatízación tienen altos niveles de hípno-
sión, abuso de sustancias, agorafobia o pánico, y desorden de somatiza- tizabilidad y de amnesia psicogénica 4Q.
ción 30 . La mayoría de pacientes con desorden de personalidad múltiple

j5 F. 'I:r. Pumarr., Diagnosis and Treatment 01 Muttipie PersonaLt,! Disorae7, Guilfor¿ Press.

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.d. ,•."",._,.,""",,,,,"=," -"'C"',",- ,,"',' ""¿'iE:C:;-,:-;:'

202 e" ';UVO DHG';ÓSTICO 203

Los pacientes que Lienen los tres desórdenes también campan en interpretados por personalidades «álter» disociadas. Los pacientes
las dificultades caracrerÍsticas en las relaciones íntimas. Las diferen- con desorden de personalidad múltiple también tÍenen tendencia a
cias interpersonales han sido mejor descritas en pacientes con desor- desarrollar relaciones intensas y muy «especiales» llenas de violacio-
den de la personalidad borderline, y, de hecho, uno de los principales nes de los límites, de conflictos, y con un potencial de exploración"5.
criterios para hacer este diagnósüco es un patrón de relacÍones Ínten- Los pacientes con desorden de somatización preseman dificultades
sas e inestables. A los pacientes borderline les resuha muy difícil tole- en las relaciones íntimas, incluyendo problemas sexuales, maritales y
rar la soledad, pero también son muy desconfiados hacia los demás. problemas con los hijos 46
Por un lado, les aterra ser abandonados; por OIrO, ser dominados, y En pacientes borderline y con múltiple personalidad (no ha sido
por ello oscilan entre extremos: por una pane se aferran a los demás, estudiado sisremáricameme en el caso del desorden de somatÍzación)
v por otra, se distancian de ellos, basculando entre e! someIÍmiemo y también son características las penurbaciones en la formación de la
la rebelióü más furiosa". Tienden a entablar relaciones «especiales» identidad. La fragmentación del yo en otras personalidades disociadas
con cuidadores idealizados en las que no se respetan los límites nor- es el rasgo fundamental del desorden de personalidad múlriple. La
males ". Los amores psicoanalíticos atribuyen esta L'lestabilidad a un gama de personalidades normalmente incluye al menos un álter ego
fallo en el desarrollo psicológico de los años formativos de la primera «odioso» o «malvado», así como llil álter ego complaciente sociaLrnen-
infancia. Una amoridad en e! tema describe e! principal defecto del re y sumiso, o «buen» álter ego·.¡j. Los pacientes con desorden de per-
desorden de personalidad borderline como un «fracaso en e! estable- sonalidad borderline carecen de la capacidad de disociación suficiente
órrüento de la constancia») es decir, no conseguir formar representa- para formar áher ego fragmentados, pero tienen una dificultad pareci-
ciones imemas fiables y bien definidas de las personas en las que se da para formar una identidad integrada. Las imágenes interiores del
confía '3. Otro habla de! «relativo fallo del desarrollo en la formación yo se dividen en extremos de bueno y malo. Un sentido L'lestable de! yo
de imágenes internas» que cumplen una función de «seguridad y es uno de los principales criterios de diagnóstico para el desorden de
consuelo». Es decir, las personas con desorden de personalidad bGl- personalidad borderline, y algunos teóricos consideran que la «divi-
derline no pueden calmarse o consolarse a sí mismas invocando una sión» de representaciones irlreriores del yo y de otros es la patología
imagen mental de una relación segura con un cuídador 44 . central subyacente en e! desorden 48
En pacientes con desorden de personalidad múltiple también se El denominador común de estos tres desórdenes es que su origen
encuemran patrones similares de relaciones tormemosas é inestables. está en un historial de trauma infantil. La evidencia de esta vinculación
En este desorden, con su extrema comparrimentación de las funcio-
nes, los patrones altamente contradicIOrios de relaciones pueden ser ~5 R p, Klurr, «lncesI and Subsequem Revicrimizacion: The Case ofTherapis¡:·Pariem Sexual
ExploÍLatíon, wit:.'1 a Description oE che Sitting Duck Syndrome», en Incest-Refated 5yndromes o;
Adu/t Psychopatho!cg:y, R. P. K1ufr: (ed.), .A. merican Psychialric Press, Washington, D.C., 1990,
~¡ F. T. Mdges y "'1 S. Swan:z, «Oscillauons of Anacrúllem in Borderline Personality Disor~ págs. 263-288.
der», Ame..ican }ourna! o/ Psychiatry 146: 1115-1120 (1989). .;6 Para una cntica amplia de la literatUra sobre el desorden de somacizacióf!, véase R J. Loe-

.;2 M. Zanarini, J. Gunderson, F. Frankenburg y Q[ros, «Díscriminating Bordedbe Persona- wenSreL'1, «Somatoform Disorders h'1 Viccims oEkees( and Child Abuse», en R P. K1UIT, ab. ar.,
Líry Disorder Eran: Ot.!-:!er Axis II Disorders», American Jouma! 01 Psyc.biatry 147: 161-167 (1990). págs. 75-112 .
.lj L Gundersor:., Bora'edine Personali!y Disorder, i\. merican Psydúarric Press, Wasni.'1gtol!, 47 E. L. Bliss, ~'vIultipte PE!rsonahty, Atlied Disorders, and Hypnosis, Oxford Universiry Press.

D.C., 1984, pág. 40. Nueva York, 1986; F. W. Puma.m, Diagnosis and Treatment, 0'0. cit.
'4 G. Adler, Borderline Psychopathoiogy and Its Treatment, Jasor:. Aronsan, Nueva York, "'8 O. Kemberg, «Borderlin.e Personaliry OrgaJ"lizatiom>, Jouma! 01 the American Psychoanaly~

1985, pág. 4. tic .Association 15: 641-685 (1967).


204 C0: ~TEVO DIAG:~<ÓSTICO 205

ya desde lo definitivo a lo indicativo. En e! caso de! desorden de perso- vaciones de Briquet sobre pacientes con e! desorden están llenas de
nalidad múltiple, a estas alturas ya ha quedado firmemente establecido comentarios lli"1ecdóticos sobre violencia doméstica, trauma infantil y
el papel etiológico de un trauma L"1fa..l1til grave '"'9. En un estudio realiza- abuso. En un estudio de ochenta y siete niños menores de doce años,
do por el psiquiatra Frank Putnam entre cien pacientes con e! desor- Briquet observó que un tercio había sido «maltratado habitualmente o
den, noventa y siete tenían historiales de importante ttauma infantil, mantenido en un estado de temor, o había sido duramente dirigido
generalmente abusos sexuales, abusos físicos, o ambos. Un sadismo con dureza por sus padres». En otro 10 por 100 atribuía los síntomas
extremo y una violencia asesina eran la regla más que la excepción en de los niños a experiencias traumáticas que no tenían que ver con el
estas terribles historias. Casi la mitad de los pacientes habían sido tes- abuso paterno 53, La investigación sobre la relación entre el desorden
tigos de la muerte violenta de alguien cercano a ellos 50. de somatizacÍón y el abuso infantil ha sido recientemente retomada
En el desorden de personalidad borderline, mis investigaciones tras un paréntesis de un siglo. Un estudio más reciente de mujeres con
también han documentado historias de grave trauma infantil en la gra..l1 desorden de somatización encontró que un 55 por 100 había sido aco-
mayoría de los casos 181 por 100). Por lo general el abuso comenzó en sado sexualmente durante la infancia, a menudo por parientes. Sill em-
los primeros años de vida y fue grave y prolongado, aunque rararnente bargo, este estudio se centraba solamente en las experiencias sexuales
alcanzó los extremos letales descritos por pacientes con desorden de muy tempranas; a las pacientes no se les preguntó sobre abusos físicos
personalidad múltiple. Cuanto más temprano es el comienzo de! abuso o un clima más general de violencia dentro de sus familias ". Todavía
y mayor es su gravedad, aumentaban las posibilidades de que e! super- se debe emprender una investigación sistemática sobre los historiales
viviente desarrollara sintomas de desorden de personalidad borderli- infantiles de pacientes con desorden de somatización ..
ne 5!. La relación específica entre los síntomas de! desorden de perso- Estos tres desórdenes quizá puedan ser entendidos mejor como
nalidad borderline y el historial de abusos infamiles ya ha sido variaciones de! desorden de estrés postraumático complejo, derivando
confirmado por numerosos estudios 52, cada uno de ellos sus rasgos más característicos de una forma de adap-
Todavía no se han reunido evidencias suficientes para vincular el tación al entorno traumático. La fisioneurosis del desorden de estrés
desorden de somatización y e! trauma infantil. En ocasiones, e! de- postraumático es el rasgo más destacado en el desorden de somatiza-
sorden de somatización también se llama síndrome de Briquet, por el ción, la deformación de la conciencia es e! más relevante en el desor-
médico francés de! siglo XIX, un predecesor de Charcot. Las obser- den de personalidad múltiple, y las perturbaciones en la identidad y las
relaciones son los más importantes en e! caso del desorden de persona-
lidad borderline. El concepto abovedado de un sÍIldrome postraumári-
"9 R. P. KlUr.~. Childhood Antecedents,; F. W. Pumanl y otros, «Clinical Phenomenology»: E. L.

Bliss. ,vfuitipie Persona!üy; e A. Rass, S. D. -"-'filler, P. Reagor yOtros. «Structured Intervie",r Data». co complejo explica tanto la particularidad de los tres desórdenes
5G F. W. Pumarn y otws, «Chil¿'1ood Phenomenology». como su interconexÍón. La formulación también reúne los fragmentos
51 ]. L. Herman y otros. ({Childhood T ralL.-rla».
descriptivos de la condición que una vez se llamó histeria; y reafirma
;2 J. Erle,e y L. Y. Zaidi, «Sexual Abuse Histories»: M. C. Zanarirj.j. G. Gundersor" M. F.

i\hrino y otros, «Childhoo¿ Experience cf BorderlirJe PatÍems», Comprehensiue Psychatry 30:


su origen común en una historia de trauma psicológico.
18-25 (1989): D. lX'esten. P. Ludolph. B. ?vlisle y otros, «Fhysical and Sexual Abuse LL'1 Adoles-
cem Girls with Borcteúine Personality Disorder». American }ournal 01 Orthopsychiatry 60: 55-
66 (1990); S.;,J. Ogata, K. R. SiL~, S. Goodrich y otros. «Childhood Sexuallli""1d Physical Abuse '3 F . .M. ;\laí y H. Merskey, «Briquet's Treatise on Hysceria: Synopsis ano Commenta~y').
in Adult Patients vlltI, Borderline Personality Disorcer», American Jouma! o/ Psychiatry,- 1008- Archives o/ General Psychiatry 37: 1401-1405 (1980), eie en pág. 1402.
1013 (J99O'J; G. R Bro"W!1 y B. Anderson, «Psychiatric Morbidity in Adult Inpatients w"ith Child- 5" J. Mornson, «ChilhoOG Sexual P.Jstories oE \;Comen '",-ith Somatlzaúor: Disorder», Amm-

hood Hístones oE Sexual and PhysicaI Abuse». American ¡oumal 01 Psychiatry 148: 55-61 (1991). can ¡ouma! o/ Psychiatry 146: 239-241 (1989),

I
206 UN NUEVO DL~GNÓSTICO 207

iVluchos de los rasgos más perturbadores de estos tres desórdenes [~/Ii rerapeutaJ y yo hemos decidido que tengo estados disociados. Aunque

Se hacen más comprensibles vistos a la luz de LLl1a historia de uauma SOl"lmuy parecidos a las personalidades múltiples, sé que son pane de mi.
Cuando aparecieron por primera vez los horrores pasé por una muerte psico-
infa11til. Y lo que es más imporrante, las supervivientes se hacen com-
lógica. Recuerdo estar flotando en una nube blanca en la que había mucha
prensibles a sí mismas. CuaI1do estas reconocen los orígenes de sus di- geme, pero no podía reconocer las caras. Entonces aparecíeron dos manos y
ficultades psicológicas en un enLOIno infantil abusivo) ya no necesitan presionaron mi pecho y UJla voz dijo: «No vayas ahí».
atribuirlos a un defecto inherente de su yo. Así se abre el camino a la Sí hubiera acudido en busca de ayuda cuando mve mi prirnera crisis, creo
creación de un nuevo significado en la experiencia y una nueva idenri- que me hubieran considerado una enferma mental. Posiblemente: el diagnós-:::i-
dad Sh'1 estigmas. ca hubiera sido maníaca depresiva con un toque de esquizofrenia, desorden de
pánico y agorafobia. En ese momemo nadie tenia las herra..'11iemas adecuadas
Comprender el papel desempeñado por e! trauma infantil en e! para llegar a un diagnósrico de desorden de estrés posEaumáúco [compteíoJ ~5.
desarrollo de esros graves desórdenes también nos da información so-
bre cuál debe ser su tratamiento. Este conocimiento nos da la base La segunda superviviente, Tani, fue diagnosticada con un desor-
para crear una alianza terapéutica de colaboración que normaliza y va- den de personalidad borderline:
lida las reacciones emocionales de la superviviente a los acontecimien-
tos pasados, reconociendo al mismo tiempo que dichas reacciones Sé que las cosas están mejorando con borderline y eso. Tener el diagnósüco
puedan ser maladapraciones en el presente. Lo que es más, una com- tuvo como resultado que me trataran exactameme de la misma ma..1"lera en que
prensión compartida de las características dificultades de la paciente me trataban en casa. En el mismo momemo en que me dieron el diagnósüco la
con las relaciones y el consiguiente riesgo de volver a ser víctima es la gente dejó de tratarme como si lo que yo hacia tuviera un mOtivo. Todo ese
tratamiemo psiquiátrico rue mn deslfUcrÍvO como lo que había ocurrido ames.
mayor garanIÍa contra inconscientes representaciones del trauma origi-
Negar la realidad de mi experienci.a -eso fue lo que más daño me hizo--.
nal en la relación terapéutica. No ser capaz de volver a connar en nadie fue el efecto más grave [ ... ] S¿ que
El testimonio de las pacientes habla elocuentemente sobre la im- me comportaba de manera despreciable. Pero no estaba loca. L-\lglli"1aS perso-
ponancia del reconocÍIniemo de! rrauma en e! proceso de recupera- nas va..1"l por ahí companándose de esa manera porque se sienten indefensas.
ción. Las supervivientes que han tenido largos traramiemos psiquiárri- Finalmente, por el camino encomré a algunas personas que podían semirse
bien corunigo aunque tuviera graves problemas. Los buenos terapeutas rLleron
cos pueden hablar por rodas los paciemes. Cada una de ellas acumuló
los que reaL'11eme validaron [flj experiencia 56.
numerosos diagnósticos equivocados y sufrieron variados tratamiem:os
sin éxito antes de descubrir por fin e! origen de sus problemas psicoló-
La tercera superviviente es Hope, que manifiesta los síntomas pre-
gicos en su hisroria de graves abusos infantiles. Y rodas ellas nos reran
dominantes del desorden de personalidad múltiple:
a que descifremos su idioma y a que reconozcamos, detrás de la varie-
dad de disfraces, e! síndrome posrraumárico complejo. Hace mucho tiempo, una niña preciosa fue marcada con la erigueta de
La pri..rnera superviviente, Barbara, m"-mEiesra los síntomas predo- esquizofrénica paranoíca [ ... ] La etÍqueta se volvió una carga muy pesada.
minantes de! desorden de somatización: Una cama procrúslea en la que siempre encajé a la perÍección, porque nUIlCa
crecí [ ... ] Me quedé envuelta, a...r:norIajada. Ningún psicólogo con gafas y aterra
Vivía un i.,."1Íierno en la tierra si..!"l que me a;illdara un médico o la medica- había entrenado una mente profesional en mi aburrida pesadez. No. El diag-
ción L. .. ] No podía respirar, tenía espasmos cuan.do L.l1tenraba rragar la comida,
mi corazón palpitaba en mi pecho, tenia la cara paralizada y el baile de San
V:w cuando me metía en la cama. Tenía migrañas, y los vasos sanguíneos enci- 55 Barbara, testtmonio personal, 1989.
ma del ojo derecho estaban tan tensos que no podía cerrar el ojo. 56 Entrevisra a Tani, 1986.
208

nóstico de esquizofrénica parauoica no me fue ofrecido en algún luga:- en que


pudiera mirar amablemente al Donrado médico y decirle: <<Se equivoca. En rea-
lidad carl solo se Irata de wda una vida de dolor, pero no pasa nada».
De alguna manera las remidas palabras fueron espolvoreadas sobre mis ce-
reales, salpicaron mis ropas. La sentía en miradas duras y en manos que, inad.
verridameme, me presionabful. Vi las palabras en la cabeza que me evitaban.
las preguntas que .co se hacían, los cuidadosos y redundantes confines de un
concepto hecho más pequeño y más sirnple en beneficio mio. Los años pasan.
Siguen. El fascillame estríbillo se ha convertido en una forma de 'vida. Las ex- SEGUNDA PARTE
pectativas se hacen más lemas. El progreso te resulra nostálgicamente pasado.
y IOdo ese tiempo una serpiente acecha escondida en el corazón.
FL'1alrnente. los sueños empiezan a desentrañarlo. Espoleada por el fresco
aumento de la Pequeña Voz empiezo a ver algunas de esas palabras silenciosas
FASES DE LA RECUPERACIÓN
y no pror;unciadas que nunca dije. Veía una máscara. Se parecía a mi. Me la
quité y contemplé a un grupo de personas ateI"LOrlzadas y apretujadas que se
encogÍa.r., para esconder terribles secretos [... ]
Las palabras «esquizofrénica paranoica» empezaron a encajar en su lugar.
letra a letra, pero parecían sen;:imientos y pensamientos y actos que hacían
daño a los nÍJ.~os, y mentían. y tapab2.J."l. la vergüenza, y mucho terror. Empecé a
darme cuenta de que la eriquera, el d.iagnóstico, había sido algo parecido a la
letra «A» que Hester Prynne bordó en su pecho [ ... ] Ya lo largo de todos los
días y todas las horas bordadas, otras palabras echaban a un lado la etiqueta, el
diagnóstico. «NL.~os que sufren.» «Aquello que es L11decoroso.» «Las mujeres
con las mujeres, y los hombres con los hombres, haciendo lo que es indecoro-
so.» L .• J
Rechacé mi esquizofrenia paran oí ca. la metí con mis problemas, y la emié
a Filadelfia 5,.

5, Hope. «A Poern for My Family». testirnonio personal, 1981.


7
UNA RELACIÓN CURATIVA

Las experiencias centrales del uauma psicológico son la indefensión


y la desconexión con otros. Por consiguiente, la recuperación consisle
en devolverle el poder a la superviviente y en la creación de nuevas co-
nexiones.[La recuperación tal1 solo puede ocurrir dentro del contexto
de las relaciones; no puede ocurrir en aislamiento] En sus conexiones
renovadas con otras personas, la superviviente recrea las facultades
psicológicas que quedaron dañadas o deformadas por la experiencia
[raumática. tEstas facultades incluyen las capacidades básicas para la
confianza, la autonomía, la iniciatíva, la competencia, la identidad y
la intimidad l. Al igual que fueron originalmente formadas en conexión
con otras personas, estas capacidades deben ser reformadas dentro de
dichas relaciones.]
El primer principio de la recuperación es que la superviviente
recupere el poder. Ella debe ser autora y árbitro de su propia recupe-
ración. Los demás pueden darle consejos, apoyo, ayuda, afecto y cui-
dados, pero no la curación. Muchos intentos bienintencionados y be-
nevolentes de ayudar a la superviviente fracasan porque no se observa
este principio fundamental de recuperación del poder. Ninguna inter-
vención que le arrebate poder a la superviviente puede i.mpulsar su

E. Eríkson, Childhood and Society, 2.~ ed., Narran, Nueva York, 1963.
212 C:\_, RELICIÓ:\ CCRUlV_, 213

recuperación, no importa que parezca ser en su propio bien. En pala- autonomía indi\i.dua1>5. Desde su pu.TJ.to de vista, la misma mujer que pa-
bras de una superviviente de Ítlcesto, «los buenos terapeutas fueron los rece un paciente ii1defenso y «deteriorado» en el contexr:o de una clí.c-uca
que realmente dieron valor a mi experiencia y me ayl1daron a controlar de salud mental tradicional puede parecer y comportarse como una «su-
mi comportamiento en vez de intentar controlarme a mí» 2, perviviente fuerte» en el contexto de un centro de acogida en el que valida
Los cuidadores formados según un modelo médico de tratamiento su experiencia y se reconocen y estimulan sus esfuerzos.
a menudo tienen dificultades para entender este principio fundamental La relación entre la superviviente y la terapeuta es solo una más en-
y para ponerlo en práctica. En circunstancias excepcionales, en las que tre muchas. De ninguna maIlera es la fu"1ica o la mejor relación en la que
la superviviente ha abdicado del todo en la responsabilidad de su pro- se puede fomentar la recuperación. Las personas traumatizadas suelen
pio cuidado o amenaza con hacerse daño a sí misma o a otras perso- mostrarse reticentes a pedír ayuda, y mucho más a empezar una psicote-
nas) es imprescindible intervenir rápidamente, con o sin su consenti- rapia, pero muchas de las que padecen un desorden de estrés postrau-
miento. Pero Ítlcluso en esos casos no es necesaria la acción unilateral; mático acaban picliendo ayuda al sistema de salud mental. Por ejemplo.
la superviviente debería ser consultada sobre sus deseos y se le debe- un estuclio a nivel nacional de los veteranos de Vietnam demuestra que
rían ofrecen tantas posibilidades como sean compatibles con la preser- la mayoría de los veteranos de gLlerra con síndrome postrauInático bus-
vación de la seguridad. carOD, al menos en una ocasión después de regresar de la guerra, lit"l. ua-
El principio de devolverle el control a la persona traumatizada es am- tamiento para sus problemas mentales 6.
pliamente reconocido. Abram Kardiner define el papel del terapeuta tLa relación terapéutica es única en varios aspectos. En prÍJner lu-
como el de un ayudante del paciente, y su propósito es «ayudar al paci"''lte gar, su único propósito es estimular la recuperación de la paciente.
a term.LJ.ar la tarea que está intentando hacer espontáneamente» y a reL.ls- Para conseguir este objetivo la terapeuta se convierte en el aliado de la
taurar «el elemento de un control renovado» 3. Trabajando con rehenes, paciente, poniendo a su disposición todos los recursos de su conoci-
Martin Symonds describe los principios del tratamiento como la reinstau- miento, capacidad y experiencia. En segundo lugar, la relación terapéu-
ración del poder a las v1ctimas, reducir el aislami",'lto, reducir la sensación tica es única debido al contrato que se establece entre paciente y tera-
de indefensión aumentando las posibilidades de elección de la v1crima, y peuta y que define la utilización del poder. La paciente comienza la
eliminar la dinámica de dominancia en el trato con esta'. Los activistas co- terapia porque necesita ayuda y cuidados y, por ello, se somete volunta-
munitarios Evan Stark y Arme Flitcraft afirman que su objetivo terapéutico riamente a una relación desigual en la que la terapeuta tiene un estatuS
con las mujeres maltratadas es la reconstrucción de la autonomía y de la y un poder superiores, e inevitablemente surgen los sentimientos rela-
sensación de poder. Definen autonomía como «un sentido de estar aparte, cionados con la experiencia infantil universal de dependencia a un pro-
de flexibilidad y de posesión de uno mismo que sea capaz de definir el genitor. Estos sentimientos, conocidos coma transferencia) exageran to-
propio interés ... y de tomar decisiones significativas», míentras que la sen- davia más el desequilibrio de poder en la relación terapéutica y dejarl a
sación de poder consiste en <<la convergencia del apoyo mutuo con la la paciente vulnerable a la explotación. Es responsabilidad de la tera-

: Entrevista a T ani. 1986. 5 E. Stark y A Flitcrarr. «Personal Power and IEstitutional Vicili-nizatior:.: T reat.L.i.g óe Dual

A. Karditler 'j A. SpiegeL Wúr, Stress,. and ¡\Ieurotic Iflnes (ed. rev. The Trauma/ie ,\ieuroses TrauIna oE Woman Battering», en Post·Traumatic Iterapy and 'v'ictims o/l/ioLence, F. Ochberg
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~ ),"1. Symonds, «Victi,,1 Responses tO Terror: Understanding an.d TrearmenD>, en í/ictims 01 6 R A. Kulka, W. E. Schlenger,]. A. Faü:-baILÍ<. y otros. Trauma and the i/ietnam War Genera-

Terrorism. F Ochberg y D. Soskis (eas.), Westview, Boulder (Colorado), 1982, págs. 95-103. tion, Brunner/j'\iIazel, Nueva York, 1990.
214
C:\"A RELACIÓN CUR.A..TIVA 215

peuta utilizar el poder que le ha sido O"LOrgado por ella para fomentar la luto normal. E! uso de la palabra "muerte" para describir el destino de
recuperación del paciente resistiendo cualquier impulso de abuso. Esta los familiares, amigos y la comu..nidad de los supervivientes parece una
promesa, que es flL."ldamental para la Líuegridad de cualquier relación forma de no reconocer el asesinaro y, posiblemente, la realidad más
terapéutica, es de especial imporrallcia en el caso de pacientes que están crucial del holocausIO» '.
sufriendo como consecuencia de orfO ejercicio de poder arbitrario y E! papel de la rerapeuta es tanto intelectual como relacional, v
I dorJ-
exp_OIa debe fomentar cantO la re±1exión como la conexión empátíca. Kardiner
[Al entrar en la relación de tratamiento, la rerapem:a promere res- observa que <<la pane fundamental de esta terapia debería ser siempre
perar la amonomía de la paciente siendo desinteresada y permanecien- ilustrar al paciente» con la naturaleza y significado de sus síntomas,
do neutral. «Desinteresada» significa que la terapem:a se abstiene de pero, al mismo tiempo, «la actitud del médico al tratar estOs casos
usar su poder sobre la paciente para gratificar sus necesidades perso- debe ser la de un padre protectOr. Debe ayudar al paciente al reclamar
nales. «Neurral» significa que la terapeuta no toma posiciones en los su conuol sobre el mundo exterior, yeso nunca se puede conseguir
conflieros interiores de la paciente y no LrlIenra dirigir sus decisiones con una actitud rutinaria que se limite a prescribir píldoras» s El psi-
vitales. Debe recordarse constantemente que la paciente Iiene el con- coanalisIa OLtO Kernberg hace observaciones parecidas sobre el tra~
Irol de su propia vida, y frenarse en el momento de marcar objetivos ¡amiento de pacientes con desorden de personalidad borderline: «La
personales. ESea actitud desinteresada y nemral es un ideal que se debe actitud empática del terapeuta, que se deriva de su comprensión emo-
buscar, aunque nunca se alcanza del todo) cional de sí mismo y de su identificación transitOria con su paciente,
La nemralidad técnica de la terapema no es lo mismo que nemra- tiene elementos en común con la empatía de la "buena madre" con su
lidad moral. Trabajar con personas victirnizadas exige que se tenga una niño [ ... ] Sin embargo, hay un aspeCIO totalmente racional, cognir:ivo e
actimd moral de compromiso. A la terapeuta se le exige ser testigo de incluso ascético en el [rabajo del terapeuta con el paciente que da a su
un delito, debe tomar una posición de solidaridad con la víctima. Esto relación una cualidad completamente diferente» '.
no significa que deba tener una idea simplista de que la víctima no La alianza de la terapia no se puede dar por hecha; debe ser cuida-
puede hacer nada malo, cino que exige el entendimiento de la i.I1jUSti- dosamente construida por los esfuerzos tanto de paciente como de te-
cia esencial de la experiencia traumática y de la necesidad de una reso- rapeuta. La terapia exige una relación de trabajo y colaboración en la
lución que devuelva a la vícIima alguna sensación de justicia. Esta afir- que ambos socios actúan según una confianza implícita en el valor y
mación se expresa en el [rabajo diario de la terapema, en su lenguaje y, eficacia de la persuasión en lugar de la coacción, en las ideas más que
sobre todo, en su compromiso moral con la búsqueda de la verdad si.rl en la fuerza, en la igualdad más que en el control autOritario. Estas son
evasión o disfraz. Yael Danieli, una psicóloga que trabaja con supervi- precisamente las creencias que se han visto destrozadas por la expe-
vientes del holocausto nazi, asume eSIa actitud moral incluso en el pro- riencia traumática. El trauma destroza la capacidad de la paciente para
ceso ru[inario de anotar una historia familiar. Cuando las víctimas ha- crear una relación de confianza; también tiene un poderoso, aunque
blan de sus familiares que «muerell», ella afirma que más bien fueron
«asesinados»: «Los terapeutas e investigadores que trabajan con los
miembros de las familias de los supervivientes se encuentran con indi- 7 Y. Danieli, «Psychomerapisrs' Particlparron i...n. G~e Conspiracy oE Silence abo m ,he Holo-
vidl:oS que, con el holocausto, fueron privados del ciclo natural de las caUSD>, Psychoanalytic Psychology 1: 23-42 (1984), cié. en pág. 36.
s A. Kardiner y H. Spiegel, ob. CtL, pág. 390.
generaciones y las edades. El holocaustO también les robó, y les sigue
3 O. Kernberg, Severe Personality Disorder: Psychotherapeutic Strategies, Yale Universiry
robando, la muerte natural, individual [. .. ] y, por lo tanto, les robó el Press, New Haven, 1984, pág. 119.
216 C?\A RELACIÓ:-: CCR:\Tri/.\ 217

indirecto, impacto en la terapeuta. Como resultado, tanto la paciente te indefensa en el momento del trauma. Incapaz de defenderse, pide
como la terapeuta tendrán predecibles dificultades para crear una ayuda; pero nadie viene a socorrerla. Se siente totahnente abandonada.
aiíanza que flli"1Cione. Estas dificultades deben ser comprendidas y an- El recuerdo de esta experiencia domina todas las relaciones subsi-
ücipadas desde el principio. guientes. CU8J."lto mayor es la convicción de la víctima de su indefen-
sión y abandono, más desesperadamente necesita un rescatador omni-
presente. A menudo otorga ese papel a la terapeuta. Puede que
TRANSFERENCIA TRAUMÁTICA desarrolle expectativas intensamente ideaiizadas de la terapeuta. En la
fantasía de la paciente, la idealización de la terapema la protege de vol-
Las pacientes que sufren de un síndrome traumático forman un ver a revivir el horror del trauma.(En Ufl caso ejemplar, tanto la pacien·
tipo característico de transferencia en la relación terapéutica. Sus res- te como el Ierapeuta llegaron a comprender que el terror era el origen
puestas emocionales a cualquier persona que esté en posición de auto- de las demandas de rescate de la paciente: «El terapeuta comentó:
ridad han quedado deformadas por la experiencia del terror. Por este "Asusta necesitar tanto a alguien y no ser capaz de controlarle". La pa-
motivo las reacciones de transferencia traurnática tienen una cualidad ciente se emocionó y siguió con el pensamiento: "Asusta porque pue-
irltensa; un.a actitud de a ,rida o muerte, que no tiene paralelismo en la des matarme con lo que dices [".J o porque no te importe o porque
experiencia terapéutica normai. En palabras de Kernberg, «es como si me dejes)). Entonces el terapeuta añadió: "il_h_ora entiendo por qué ne-
la vida del paciente dependiera de mantener al terapeuta bajo con- cesitas que yo sea perfecto"» 12J
troh> 10 l'ugunas de las observaciones más astutas sobre las vicisitudes Cuando la terapeuta no consigue estar a la aitura de esas expecta·
de la transferencia traumática aparecen en los textos clásicos sobre el tivas idealizadas -aigo ine,-itable- a menudo a la paciente le domina
tratamiento del desorden de personalidad b01derfine, escritos cuando la ira. Como esta siente que su vida depende de su rescatador, no pue-
todavía no se conocía el origen traumático del desorden. En estos in- de permitirse ser tolerante: no hay lugar para el error humano. La ira
formes una fuerza destructiva parece invadir repetidamente la relación i¡1defensa y desesperada que la persona traumatizada siente hacia un
entre terapeuta y paciente. Esta fuerza, que tradicionalmente fue atri- rescatador que flaquee, aunque sea momentáneamente, en su labor,
buida a la agresión innata de la víctima, se puede reconocer ahora está descrita en el caso del veterano de Vietnam Tim O'Brien, que ha·
como la violencia del perpetrador. El psiquiatra Eric Lister comenta bla de cómo se sintió después de haber sido herido en batalla:
que la transferencia en pacientes traumatizados no refleja una sencilla
relación diádica, sino más bien una tríada: «El terror es tal que parece l\Ie comia la necesidad de venganza. Algunas veces bebía demasiado por la
como si el paciente y el terapeuta se reunieran en presencia de otra noche. Recuerdo que me pegaron ilií Ü;:O y que gritaba pidiendo un médico, y
persona más. La tercera imagen es el abusador, que [... ] exigía silencio luego esperé, esperé y esperé. me desmayé una vez y luego me desperté y volvI
y cuya autoridad está siendo ahora retada» 11. a gritar, y recuerdo que gritar parecía crearme más dolor, el hedor de mí mis·
mo, el sudor y el miedo. los LOrpes dedos de Bobby Jorgenson cuando final-
La transferencia traumática no solo refleja la experiencia del mente se puso a trabajar en rrIÍ. ::Jo paraba de revivido todo, cada detalle [, .. ]
terror, sino también la de la indefensión. La víctima está completamen- Quería gritar: «Cabrón, estoy en shock.. me estoy muriendo»,' pero lo ÚDico

¡G O. Kemberg, ab. cit., pág. 114.


E. Lister, «Forced Silence: A Neglec!:ed DLllension oE Trauma»), American ¡oumal 01 :2 R. J. Wald1'1ger y J. G. Glli'1derson; Effectzve Ps)"chotherapy with Bo,dertine Patiens' Case

Psychiatry 139: 872-876 (982). 5tudies, A..merican Psycruatríc Pres5. WasÍ'ington, D.C, 1987. caso de z,,1artha. págs. 34 y 35.
'"I'\'W

218
UNA RELACIÓ0: CUR.A.TIVA 219

que conseguía era gin10tear y quej:::.rme. Recuerdo eso, yel hospúal, y las enfer-
de guerra l5. Supen.lÍvienres de violación, rehenes¡ prisioneros políticos)
meras. Incluso recozc1aba mí ira. Pero ya no la podía semir. Al fi..rlal lo único
que senúa era táo dentro de mi pecho. Número uno: el Tipo casi me había ma-
mujeres maltraradas y supervivientes del holocausro, todos ellos sien-
tado. Número dos: Ienía que haber consecuenciasl3, ten una desconfianza parecida hacia la capacidad de los rerapemas
para escuchar. En palabras de una superviviente de incesto) «estos te-
Este testimonio nos revela no solo la ira que siente la víctima cuan- rapeutas parecen tener todas las respuestas, pero se achantan cuando
do se ve índeÍensa y en peligro de muerte, síno ta..-rnbién cómo deriva sale la mierda».
su ira del perpetrador al cuidador. Él siente que el que casi le mara es Sin embargo, al mismo tiempo) la paciente desconÍía de los moti-
el médico, no el enemigo. Su furia se ve alinlemada aún más por su vos de cualquier rerapema que no se achante. Puede que le arribuya
sensación de humillación y de vergüenza. Aunque necesita desespera- muchos de los mismos motivos del perpetrador. A menudo sospecha
dameme la ayllda del sanitario, le monifica que le vean en esa condi- que riene intenciones de explorarla o que, simplemente, riene una ten-
ción física ran denigrante. Mientras cura sus heridas en el hospital, tra- dencia voyeur 16 Cuando el trauma ha sido repetido y prolongado, las
ma un plan de venganza no contra el enemigo, sino contra el inepto expectarivas que la paciente riene de una intención perversa o malvada
enfermero. Muchas personas traumatizadas siemen una cólera pare- son especialmeme difíciles de cambiar. Las pacientes que han sido so-
cida hacia los cuidadore~ que hí.tentan ayudarles, y albergan Íantasías mecidas a un rrauma crónico y, por consiguiente, padecen el sindrome
de venganza parecidas LEn
estas fa.l1tasías desean reducir a la decepcio- posrraumárico complejo también tienen complejas reacciones de trans-
nante y envidiada terapeuta a la misma condición insoportable de ferencia. Su prolongado vinculo con el abusador ha alrerado la forma
terror, indefensión y vergüenza que ellas mismas han padecido.] en que se relaciona, de tal forma que la paciente no solo teme volver a
Aunque la paciente traumatizada siente una necesidad desespera- ser victima, sino que parece incapaz de defenderse de ello, o incluso
da de confiar en la integridad y competencia de la terapeura, no es ca- parece propiciarlo. La dinámica de dominación y sumisión se reprodu-
paz de hacerlo porque su capacidad de confianza ha sido dañada por ce en todas las relaciones subsiguientes, incluyendo la terapia.
la experiencia traumática. Aunque en otras relaciones terapéuticas se Las personas crónicamente traumatizadas t.ienen una finísima sin-
puede dar por supuesto que existe desde el principio cierto grado de tonización con la comunicación no consciente o no verbal. Durante
confianza) esta presunción nunca está garantizada en el tratamiento mucho tiempo se acostumbraron a leer los escados emocionales y cog-
de pacientes traumatizadas ". La pacieme entra en la relación rerapéu- nitivos de sus caprores, así que aportan esta habilidad a la relación te-
tica presa de todo tipo de dudas y sospechas. Normalmeme asume que rapéutica. Kernberg desraca la habilidad «pavorosa» que tienen los pa-
la rerapeura o es incapaz o no está dispuesra a ayudar y, hasta que se le cientes borderline para conocer a sus terapeutas y paca responder a su
demuestre lo comrario, da por hecho que no está preparada para escu- vulnerabilidad ". Emmanuel Tanay destaca la «sensibilidad y la imensa
char la verdadera hisroria del trauma. Los vereranos de combate no percepciÓn» de los supervivientes del holocausto nazi, añadiendo que
formarán una relación de confianza hasca que esrén convencidos de
que los terapeutas pueden soportar escuchar los detalles de la hisroria
15 H. Hendirl y A. P. Haas, Wounds oí War: The Psycholog:ca! Aftermath 01 Comba! in VÚ!t-
nam, Basic Books, Nueva York, 1984.
:6 D. S. Rose, «Worse th.an death': Psychodynamics oE Rape Vicrl,-ns and ¡he need tor Psy-
~} 1. OtBrien, The Tbings Thcy Caneel, Houghton MiEt1i..T1, Boswn, 1990, págs. 227 -228. choóerapy», Amen-can Jouma! oíPsychiatry 143: 817 -824 (1986).
,4 ]. A. Chu, «Ten Traps fer Therapists in me T rear..\nem oE Trauma Survivors», Dissociacion ,~ O. Kernberg, M. A. Selzer, H. Koenigsberg, A, C. CaH y otros, PS)'chodynamic Psychothe-
1: 24-32 (1988).
rapy oíBorderline PaiÍents-, Basic Books, Nueva York, 1989, pág. 75.
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11

220
Ci\A REUC¡Ói\ CCRATI\'A 221

«las Huc!uaciones en la atención del terapeuta son recibidas por estos d ar por senta d o que e.¡. l.llJICO
,.,
valOr que pue d e tener a oJos
. ,oe lOS
, d e-
paciemes con rapidez y con hipersensibilidad patológica» '3 más, especialmente a los de una persona poderosa) es ser un objeto se-
La pacieme analiza cada palabra y cada gesto de la ¡erapeuta in- xual. Por ejemplo, aquí un terapeuta describe la última sesión de UD
tentando protegerse a sí misma de las reacciones hostiles que espera. largo y exitoso tratamiento de una superviviente de incesto que había
Como no tiene confianza en las intenciones positivas de la terapeuta, sido diagnosIÍcada con desorden de personalidad borderline: «Ahora
malinterpreta constantemente sus motivos y reacciones. Puede que, se sentía como una hija adulta; aun aSÍ, si no tenía relaCIones sexuales
eventualmem:e, la terapeuta reaccione a estas atribuciones hostiles en conmigo, quizá se debía a que no era lo suficientemente sexy. En la
una forma en que no está acostumbrada. i\Ietida en la, dhlámica de do- última sesión se preguntaba si yo podía saber lo mucho que valoraba
minación y sumisión, la terapeuta puede reproducir de manera incons- la terapia si no hacía nada más que darme las gracias verbalmente.
cieme aspectos de la relación abusiva. Esta dinámica, que ha sido más Cuando estaba en la puerta, se dio cuenta de que tal vez darme las
extensamente estudiada en los pacientes borderline) ha sido atribuida gracias sí era suficiente. Eso fue siete años después de nuestro primer
al estilo defensivo de «identificación proyectiva» de la paciente. El encuentro» 20.
perpetrador juega, una vez más, un papel escondido en este tipo de Las pacientes pueden ser bastante directas sobre su deseo de una
interacción. Cuando conoce el trauma original, la terapeuta puede relación sexual. Unas pocas pacientes pueden exigir una relación de
encontrar una escalofriante similitud entre el trauma y su reproduc- este tipo como única prueba conviI1cente de que la persona que las tra~
ción en la terapia. Frank Putnam describe una situación así con una ta se preocupa por ellas. Sin embargo, incluso estas pacientes temen la
~ paciente que tenía desorden de personalidad múltiple: «Cuando era reproducción de Ul1a relación sexual en la [erapia; una reproducción
.;:/ niña, la paciente había sido repetidamente atada y obligada a hacerle de este tipo sencillamente confirma la cOEvicción de la paciente en que
;,;'
una felación a su padre. Durante su última hospitalización se había todas las relaciones humanas son corruptas.
vuelto peligrosamente suicida, y anoréxica. Los miembros del equipo [La paciente con desorden de personalidad múltiple representa el
intentaron alimentarla a través de un tubo nasogástrico, pero ella no extremo en las complicaciones de transferencia traumática. En este
dejaba de quitárselo. Se vieron obligados a atarla de pies y manos. caso) la transferencia puede ser muy fragmentada y tener diferentes
Ahora la paciente estaba atada a la cama y tenía un tubo metido por componentes representados por álter ego diferentes. Putnam sugiere
la boca, todo en nombre de salvar su vida. Cuando se señaló a todas que los terapeutas que trabajen con estos pacientes se preparen para
las partes interesadas la similitud entre estas intervenciones "terapéu- transferencias intensamente hostiles y sexuadas, que llegan a ser algo
ticas" y su anterior abuso, fue posible interrumpir la alimentación for- rutL.'1ario en estos casos 2i. La transferencia puede ser desorganizada y
zosa» 19.
fragmentada, sujeta a las frecuentes oscilaciones que son la marca de fá-
Esta reproducción de la relación con el abusador es todavia más brica de los síndromes traumáticos, incluso en pacientes que carecen de
evidente en la transferencia sexualizada que surge en ocasiones entre capacidades clisociatívas tan extremas. Las vicisitudes emocionales de la
las supervivientes de abusos infantiles prolongados, La paciente puede relación de recuperación están, por consiguiente, destÍlladas a ser impre-
decibles y confusas tanto para la paciente como para la terapeuta.")
!S E. Ta.."1ay. «PsychoÓerapy viil:h Survlvors oE Nazi Persecution», en Massi¡;e Psychic Trau-

ma, H. Krystal (ed.), bternadonal Uillversities Press, ;'¡ueva York, 1968, pág. 225.
i9 F. PUt;J.a.r."U, Diagnosis únd Treatraent o/ :'v[uitiple Personalúy DiJorder, Guilford Press.
20 R]. Waldi.c'ger y]' G. Gunderson, ab. cit., caso de]ennifer, pág. 128.
Nueva York, 1989, págs. 178-179.
1, F. Pumam, ab. cít.
222 7)"
UNA REL\CIÓI\ CUREIV,'. --)

CONTRATRANSFERENCIA TRAUMÁTICA no hay ningún superviviente que pueda recuperarse solo, tampoco hay
ningún terapeuta que pueda trabajar solo con el trauma.
El trauma es contagioso. En ocasiones la terapeuta se siente emo- Las contrarransferencias traumáticas incluyen toda la gama de las
cionalmente abrumada por su papel de ser ¡estigo de desastres o atro- reacciones emocionales de la terapeuta hacia la supen~viente y hacia el
cidades. Experimenta. en menor grado. los mismos sentimientos de aCODlecimienro traumárico. Enrre los terapeutas que trabajan con su-
terror, ira y desesperación que su paciente. Este fenómeno se conoce pervivientes del holocaustO nazi, Danieli observa una uniformidad casi
como «contrarransferencia traumática» o «rraumatización vicaria» 22. impersonal de respuestas emocionales. Sugiere que la principal fuente
La terapeuta puede empezar a sentir síntomas de desorden de estrés de estas reacciones es el propio holocausto más que las personalidades
posrraumático, y escuchar la histOria del trauma del paciente puede individuales de terapeutas o pacientes n Esta in¡erpretación reconoce
hacer que reviva cualquier experiencia traumática que haya tenido en la presencia en la sombra del perpetrador en la relación entre pacieme
el pasado. También puede observar que la imaginería asociada con la y terapeuta, y rastrea la contratransferencia, al igual que la uansferen-
historia de la paciente invade sus fa:.'1rasías o sueños. En un caso, una cia, hasta su origen más allá de una simple relación diádica.
[erapeuta empezó a tener las mismas pesadillas que su paciente, Arrhur, Además de sufrir símomas de estrés posuaumático, la ¡erapeuta
un hombre de rreinta y cinco años del que su padre había abusado sá- tiene que luchar con las mismas perturbaciones en las relaciones que
dicamente durante su infancia: tiene su paciente. Es inevitable que estar expuesta repetidamente a una
historia de rapacidad humana y de crueldad cambie las creencias bási-
Annur le dijo a su terapeuta que Seguía temiendo a su padre aunque lle- cas de la terapeuta y haga que aumente su sensación de vulnerabilidad
vara mueITO diez años. Semía qUe su padre le vigilaba y que podía comrolar- personal. La terapeuta puede empezar a sentir miedo de orras personas
le desde la tumba. Creía que la única manera de acabar con el poder diabóli- en general) y a mOSIfarse más desconfía da en sus relaciones íntiInas;
co de su padre era desenterrar su cuerpo y clavarle una eS1:aca en el corazón.
también puede volverse cada vez más cinica sobre los motivos de los
l.a terapeuta empezó a tener vEvidas pesadillas del padre de Arthur levamán-
dose de la tumba y entrando en su cuarto en forma de un cadáver pudrién- demás y más pesimista sobre la condición humana ".
dose. La terapeuta también comparte la experiencia de indefensión de la
paciente. Es posible que estO la lleve a infravalorar su propio conocí-
Involucrarse en un trabajo así puede implicar, por consiguiente, miemo y capacidad, o a perder la perspectiva de la fortaleza y los re-
cierto riesgo para la salud psicológica de la terapeuta. Las reacciones cursos de la pacieme. Bajo la presión de una indefensión de contra-
adversas de esta, a menos que sean comprendidas y controladas, tam- transferencia, la terapeuta puede perder confianza en el poder de la
bién pueden conducir a perturbaciones en la alianza terapéutica con relación de psicoterapia. N o es infrecuente que terapeutas con expe-
los pacientes y a conillcros con los colegas de profesión. Las terapeutas riencia se sientan intimidados y «carentes de sus capacidades» cuando
que trabajan con personas traumatizadas necesÍtan un sistema conti- se encuentran con pacientes con desorden de personalidad múltiple".
nuado de apoyo para manejar estas reacciones intensas. Al igual que SentinlÍentos parecidos surgen en aquellas personas que trabajan con

23 Y.
D~jeli, ob. eit.
!: l. L McCann y 1. •.l,.. PearLrnan, «Vicarious TratlJ.""T!.anzanon: A Fram.ework for Undersran- 2~Y. Fisc..11r.nan, {{Imeracting uri± Trauma: Clinicians' Responses w Treating Psychologica!
d1"1g [he Psychological EITectS oE WorkLr¡g '.Vit.b. Victims», Iournal oÍ Traumatic Stress 3: 131-150 Ahe:reffens oE Political Repressíon», Amen'can }ournl11 oÍ Orrhopsychiatí)l 61: 179-185 (1991}.
i.l990).
25 F Purna.'1l, ab. c͡.
224 C:\,-\ REL\CIÓ~' O_&;T1\,-A 225

los supervivientes de la violencia extrema o de la represión política 26. (Como defensa contra la insoportable sensación de L'1defensión) la
El caso de Irene, víctima de terrorismo sexual, ilustra un estancamien- Ierapeuta puede íntentar asumir el papel de rescatadm]Puede que asu-
to temporal de la terapia ocasionado por la pérdida de confianza del ma cada vez más el papel de abogado de la paciente y, al hacerlo, está
terapeuta: insínuando que esta no es capaz de actuar por sí mismal Cuanto más
acepta la terapeuta la idea de que la paciente está indefensa, más per-
Irene. UDa mujer de: veinticinco años, empezó el Lratami.emo queján¿ose petúa la transferencia traumática y más poder arrebata a la víctima)
de un síndrome postraumático con hiperactivación, sínromas L:i¡:rusivos y gra-
Bajo las intensas presiones de la transferencia y la contratransfe~
ve cODStricción. Aunque antes era sociable, se había retraído de la mayoría de
las actividades y vivía virtualmente en su casa como una prisionera. Un año rencia traumática, muchos terapeutas experimentados que normal-
antes se había resistido a un intento de violación en. una cita: desde entonces mente observan escrupulosamente los lÍlllites de la relación de terapia
el atacame la había acosado con llar."TIadas telefónicas obscenas y amenazantes se encuentran violando las fronteras de la terapia y asumiendo el papel
por las noches. También la seguía y mantenía su casa vigilada, y eUa sospecha- de rescatador. La terapeuta puede sentirse obligada a ampliar los lími~
ba que había matado a su gato. En una ocasión había acudido a la polícía, tes de las sesiones de terapia o a permitir frecuentes contactos de ur-
pero "o se Lrneresaron e?t su problema porque «en realidad no había pasado
nada».
gencia entre sesiones. Puede contestar llamadas telefónicas de ma-
El terapeuta se idenrificó con la frustracÍón y la ir:derensión de Irene. Al drugada, durante los fines de semana. o incluso en vacaciones. Estas
dudar de que la psicoterapia tUviese algo que ofrecerle, empezó a darle conse- medidas extraordinarias rara vez tienen como resultado una mejoría.
jos prácticos. Irene rechazó todas sus sugerencias, tal y como había hecho con Al contrario, cuanto más indefensa, más dependiente y más incompe-
las de sus a.rnígos. de su familia y de la policía. Estaba segura de que el perpe- tente se sienta la víctiJ.l1a) peores se vuelven sus síntomas.
trador superaría tOdos los obstáculos que ella pusiera. Tampoco la estaba ay'U-
Llevada a su extremo lógico, la defensa de la terapeuta contra los
dando La terapia; sus símomas empeoraron y empezó a hablar de suicidio.
Revisando el caso bajo superv-isión. el terapeuta se dio cuema de que, al
sentimientos de indefensión la llevan a actitudes de soberbia u omni~
igual que Irene, se habia visto derrotado por una sensación de L:"1defensión. potencia. A menos que se analice y se controle esta tendencia, el po~
Como consecuencia, había perdido confianza en la utilidad de escuchar, su tencial de corrupción de la relación de terapia es muy gtande. Todo
pÓ1Cipal habilidad. En la siguiente sesión le preguntó a Irene si algu\"1a vez le tipo de extremas violaciones de los límites, incluyendo la irltimidad se~
había comado a alguien toda la historia de lo que le había ocurrido. Irene dijo xual, son con frecuencia racionalizadas de acuerdo a la desesperada
que nadie quería oírla; la gente si.J.uplemente quería que se pusiera bien y vol-
necesidad de la paciente de ser rescatada y de las extraordinarias dotes
viera a la normalidad. El terapeuta comentó que Irene debía sentirse realmente
sola y le preguntó si sentía que tampoco podía confiar en él. Irene se echó a de la terapeuta como rescatadora. Henry Krystal, que trabaja con su~
llorar. Realmente había sentido que el terapeuta no quería escuchar. pervivientes del holocausto nazí, observ-a que el «impulso de jugar a
En sesiones siguientes, a medida que Irene comaba su historia. sus sínto- ser Dios [del terapeuta] es tan omnipresente como patogénico»27. Los
mas empezaron a meíorar. Comenzó a tomar más acciones para protegerse, a psicoanalistas John Maltsberger y Dan Buie hacen una advertencia pa~
movilizar a sus a..-nigos y a su familia, y a encontrar maneras más efectivas de recida:t<Las tres trampas narcisistas más comunes son intentar curarlo
conseguir aY'..lda de la policía. Aunque re\,isaba sus nuevaS estrategias con el te-
rapeuta, las desarrollaba por iniciativa propia.
todo, saberlo todo y amarlo todo. Como dichos dones no son más ac~
cesibles al psicoterapeuta contemporáneo de lo que lo eran a Fausto, a
menos que se trabaje..1l. dichas tendencias ... [el terapeuta] se verá so me-

¡ro L. Comas-Díaz y A. Padilla, «Coumen:-arl.sference hí Working w-ith Victims oi Political


Repression.». American Jouma! oí Orthopsychiatry 60: 125-134 (1990). 27 H. Krys1:al. ob. cit.. pág. 142.
226 U"J_, REBClÓN CUR-A,TIVA 227.

ticio a una sensación de h"1defensión fausriana y al desánimo, y se sem:i- ma esrá de lUIO. Leonard Shengold se refiere a la «vía dolorosa» de la
rá renrado a solucionar su dilema recurriendo a tLTla acción mágica v psicoterapia con supervivientes 29. Los Ierapeutas que trabajan con su-
, - 78" '
desrrucnva» -' ) pervivientes del holocausIO nazi declaran haberse sentido «engullidos
Además de identificarse con la indefensión de la víctima, la re- por la angustia» o «hundiéndose en la desesperación» 3D A menos que
mpeuta se identifica con su ira. La terapeuta puede experÍmenrar los la terapeuta tenga un apoyo adecuado para soportar este dolor, no será
extremos de la cólera, desde la furia irlarticulada, pasando por las fases capaz de cumplir su promesa de ser testigo de la hisIOria del rramna, y
intermedias de frustración e irriLabilidad, y llegando a la indignación se distanciará emocionalmente de la alianza terapéutica. El psiquiatra
absuaCLa y virulenta. Esta cólera puede estar dirigida no solo al perpe- Richard Mollica describe cómo el personal de su Clínica de Refugiados
[rador, sino también a los tesügos que fueron incapaces de interceder, Indochinos casi sucumbió a la desesperación de sus pacientes: «Du-
a los colegas que no lo comprenden y a la sociedad en general. A través rante el primer año la principal labor de tratamiento era paliar la inde-
de la identificación empática, la terapeuta puede también llegar a ser fensión de nuesrros pacientes. Nos dimos cuenta de que los sentimien-
consciente de la profundidad de la ira de su paciente y puede empezar "[os de indefensión eran muy contagiosos». La situación mejoró cUfuí.do
a sentir miedo de ella. Una vez más, si no se analiza esta reacción de el personal se dio cuenta de que se estaba sintiendo abrumado por las
contrarransferencia, se pueden emprender acciones que merma...T1 el po- historias de sus pacientes: «A medida que crecía nuestra experiencia se
der de la víctima. En un eXIremo la rerapeUIa puede priorizar su cólera empezó a desarrollar el sentido del humor y el afecIO entre nosotros y
,1 la de su paciente; en el orro, puede volverse demasiado deferente ha-
los pacientes. Por fin se rompía ese ambiente fúnebre [ ... ] no solo des-
cia la cólera de su oaciente. El caso de Kellv,
~ , sUDer\lÍviente de abusos
~
pués de ser Iestigos de cómo mejoraban algunos de nuestros pacientes,
infantiles, ilustra el error de adoptar una animd de deferencia hacia la sino también de que el personal reconociera que muchos de nuestros
paCIente: pacienIes nos estaban contagiando su indefensión»3~.
La identificación emocional con la experiencia de la víctima no
Kelly, Ul1a mujer de cuarema años con un largo his1:Orial de relaciones 1:Or- agora la gama de la contratraIlsferencia traumática de la terapeuta. En
mentosas y de psicmerapia fracasada, empezó una nueva relación terapéutica
su papel de testigo, esta se ve atrapada en un conflicIO entre la víctima
con el objeúvo de «liberar mi ira». Convenció al rerapema de que solo la acep-
y el perperrador. Llega a identificarse no solo con los sentimientos de
tación i..rlcondicional de su Íra podría ayudarla a desarrollar un sentLlTIÍemo de
confianza. Sesión [ras sesíón, Kelly rega.~aba a su rerapema, que se senda !..,...ui- la víctima, sino también con los del perperrador. Mientras que las emo-
midado e incapaz de poner límiIes. En lugar de desarrollar la conlianza, Kelly ciones de identificación con la vÍnima pueden ser extremadamente do-
llegó a pensar que el rerapeuca era un L'1epW y un L'1COmpeteme. Se quejaba de lorosas para la terapeuta, las de identificación con el perperrador pue-
que el terapeuta era ígual que su madre, que habia [Dlerado la violencia de su den resulrarle terroríficas porque representan un enorme reto a su
padre en la familia.
identidad como persona solidaria. Sara.f, Haley, trabajadora social, des-

La terapeuta también se identifica con la paciente a través de la


experiencia de UTla profunda pena. Puede llegar a sentir que ella mis- Zg L. Shengold, Sau! lvJurd!:/": The E//ects oí Childhood Ahuse ami Deprit.'atzon, Yale Univer"

sir! Press, Nueva Haven, 1989, pág. 290.


JO Y. Da.rlieli, ob. cir.

R. Mollica, «T:."1.e TrauHn Story: Psychiatric Care oE Refugee Survivors oÍ Vioience and
T.l\Ialrsoc:rgc:r y D. H. Buie, «COUT!.[emansÍC:Ic:nce Hare in me Treacmem oÍ Suicidal
2S ].
T orcure», el:. Post· Traumatic Therapy and Victims oÍ i/ioLence, F. Ochberg (c:d.l, Brunner/Mazel,
P"clenrs», Archives oÍ Genera! Psychiatry 30: 625-633 (1974); cit. en pág. 627.
:-iueva York, 1988, págs. 295·314; cíe. en pág. 300.
228 C'i.\ RELAClÓ" CCRATIV A

cribe su trabajo con los veteranos de combate:G<El primer objetivo de! dividuos masivamente traumatÍzados L.. J debido al extraordi.11ario im-
tratamiento es que el l:erapeuta se enfrente a sus senü.rnÍentos sádicos, pacto de las historias de sus vidas» 3.1.
no solo en respuesta al paciente, sino también en [érmÍnos de su pro- Finalmente, las reacciones emocionales de la terapeuta incluyen no
pio potencial. Un terapeuta debe ser capaz de contemplar la posibili- solo las relacionadas con la \iÍctiIIlJ y el perpetrador, sino también aque-
dad de que él/ella también pueda asesinar bajo un extremado estrés llas exclusivas del pape! del transeúnte ileso. La más profunda y uDlver-
físico o psíquico, o en un ambiente en el que eso se permite o se fo- sal de eSIaS reacciones es una especie de «culpa del testigo», parecida a
menta» ~) ""
~- ...J la «culpa de! superviviente» de las pacientes. Por ejemplo, en el caso de
La identificación con el perpetrador puede tomar varias formas. terapeutas que tratan a supervivientes del holocausto, la reacción
La terapeuta puede volverse muy escéptica hacia la historia de la pa- de contra transferencia más común es la culpa 35. La terapeuta puede
ciente, o puede empezar a minimizar o a racionalizar su abuso. Tam- sentirse culpable sencillamente por el hecho de que ella se libró del su-
bién puede sentir repulsión hacia el comportarniento de la paciente, o fri..miento que padeció su paciente. Como consecuencia, puede tener di-
juzgar y censurar cuando la paciente no consigue estar a la altura de ficultades para disfrutar de las comodidades y placeres normales de su
alguna idea idealizada de cómo se debería comportar una «buena» vida, y puede además sentir que sus propias acciones son itlútiles o ina-
víctima. Puede empezar a sentir desprecio por la indefensión de su decuadas. Es posible también que se juzgue duramente por no tener e!
paciente o tener un miedo paranoico al impulso de venganza de la pa- suficiente rigor terapéutico o compromiso social, y ilegar a sentir que
ciente. Puede pasar por momentos de sincero odio y desear librarse solo una dedicación sin limites puede compensar sus defectos.
de la paciente. Finalmente, la terapeuta puede sentir cierta tendencia Si la terapeuta no es capaz de comprender la culpa del testigo y
voyeur:. fascinación e incluso excitación sexual. La contra transferencia contenerla, corre el riesgo de ignorar sus propios intereses legítill1oS.
sexualizada es W1a experiencia frecuente, especialmente en el caso de Puede asumir demasiada responsabilidad personal en la vida de su pa-
terapeutas hombres que trabajan con pacientes que han sido sometidas ciente y, una vez más, ser condescendiente o arrebatarle el poder. Tam-
a violencia sexual)). Krystal observa que el encuentro con la paciente bién puede asumir demasiada responsabilidad en su entorno de traba-
traumatizada obliga a las terapeutas a hacer las paces con su propia ca- jo, corriendo e! riesgo de acabar quemada.
pacidad para hacer e! mal: «Podemos rechazar aquello que no somos La terapeuta también se puede sentir culpable de ser la causa de
capaces de reconocer en nosotros mismos. De esta manera, la actitud que la paciente reexperimente el dolor del trauma durante el trata-
amistosa y compasiva que consideramos más efectiva puede verse sus- miento. El psiquiatra Eugene Eliss describe el tratar pacientes con de-
tituida por ira, desprecio, pena o vergüenza. El examinador que expre- sorden de personalidad múltiple como «hacer una operación sin anes-
sa su ira [ ... ] está mostrando sintomas de su propia dificultad, al igual tesia general» 36. Como resultado, la terapeuta puede evitar explorar el
que lo hace e! que sufre de depresión, o el que tiene la necesidad de trauma aunque la paciente esté dispuesta a hacerlo.
complacer o de seducir al paciente. Lo que he dicho es de sobra cono- Se pueden esperar complicaciones adicionales de contratransfe-
cido. pero debemos ser especialmente precavidos cuando tratamos in- rencia cuando se trabaja con pacientes que tienen un síndrome pos-

;2 S. Haley, «\X'ben the Patient Re?om Ac;:"ocíties. Spedal T rea¡:~errt Considerations of ¡he 3~ H. Krjstal, ob. ót., págs. 140-141.
VietnaIn VeteraD», Archives o/ General Psychiatry, 30: 191·196 (197.1); dr. en pág. 194. ;5 Y. Da.-Üeli. ab. cit .
.ii R S. Shrum. Tbe PS;ichotherapy 01 A.dult Women with Incest Histories: Therapists' Affec- 3(, E. Bliss, iviultip[e Personality, Atiied Disorders, and Hypnosú" Oxfor¿ Cniversi;:y Press.
Úue Responses (Ph. D. Diss., Cniversidad de l\hssachusetts. 1989). Nueva York, 1986, pág. 213.
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","~""",,~,~.~_~~_,~' __ ~_.~

230 U;"¡A REL.l,.CIÓN CURA.TIVA

Iraumárico complejo, especialmem:e cuando se trata de supervivientes ladameme. clavó las uñas en las palmas de las ma..I1QS y apretó los píes para sen-
urse «en nerra».
de un abuso prolongado y repetido en la infancia. En esos casos, la re-
rapeuta puede reaccionar más al deteriorado estilo de crear relaciones
La terapeuta también se puede sentir completarnente desconcerta-
de la paciente que al propio trauma. La paciente puede ignorar el ori-
da por las rápidas fluctuaciones en los estados de ánimo de la paciente
gen de sus perturbaciones en un hisIOrial de abusos infamiles y, con
o en su forma de relacionarse. El psicoanalista Harold Searles observa
demasiada frecuencía, eso ta..rnbién es ignorado por la terapeuta. Una
que la terapeuta puede tener extrañas e íncongruentes combinaciones
vez más, la lireraIura uadicional sobre el desorden de personalidad
de respuestas emocionales hacia el pacieme y puede sentirse agobiada
bOlderline contiene algunos de los más sutiles análisis sobre esra com-
por una sensación de constante suspense}s. Este suspense refleja en
pleja conuauansferencia.
realidad el perperuo estado de miedo de la víCTima en relación con el
Los símomas de la pacieme llaman la arención sobre la exisrencia
caprichoso e impredecible abusador(La reproducción de la dinárnica
de un secreto impronunciable y, simuháneamente) disuaen la aten-
de víctima y abusador en la relación terapéutica se puede convenir en
ción de él. El primer indicio de que puede haber una hisIOria rraumáti-
algo extremadamente complicado. En algunos casos la terapeuta acaba
ca suele venir de las reacciones de contrarransferencia de la terapeura.
sinEiéndose como la víctima de la pacieme. Con frecuencia, se queja de
Es-ta experimenta hacía los síntomas de la paciente la confusión interna
semirse amenazada, manipulada, explorada o timada por sus pacien-
de un ni.i1o abusado. Las rápidas fluctuaciones en el esrado cognirivo de
tes. Un terapeuta que se tuvO que enrrenLar con las interminables
la pacieme pueden dar a la rerapeura una sensación de irrealidad. Jean
amenazas de suicidio de su pacieme describe semirse como «si alguien
Goodwin describe un sentimiento de contratransferencia de «pánico
me apuntara a la cabeza con una pistola cargada» 3~
existencial» cU8....fldo trabajaba con supenlivientes de graves abusos en
Según Kemberg, la labor del terapeuta es «idemificar los aCTores»
la pri.Inera infancia ". Infinidad de rerapeutas han confesado tener imá-
en el mundo L'lterior del paciente borderline, utilizando la contratrans-
genes, fantasías y sueños pavorosos, grotescos o extraños mientras tra-
ferencia como una guía para entender la experiencia de la paciente.
bajaban. con este tipo de paciemes. Pueden incluso llegar a tener expe-
['f:mre las parejas más represemativas de actores que pueden poblar la
riencias disocialÍvas que incluyen no solo disrorsiones de los sentidos y
vida li1terior de la víCTima están el «nmo malo destructivo» y el «padre
percepciones, sino rambién despersonalización, irrealidad y experien-
castigador y sádico»; el «ni.i1o no deseado» y el «padre insensible y
cias de influencia pasiva. En ocasiones, la terapeuta puede disociar de
egoísIa»; el «niño defecruoso que no vale nada» y el «padre desprecia-
acuerdo con la pacieme, como ocurre en el caso de Trisha, una chica
rlvo»; la «víctin1a abusada» y el «aIacame sádico»; y la «presa asaltada
de dieciséis aÍi.os que se había fugado de casa y que tenía una historia
sexualmente» y el «violador»") Aunque Kemberg emiende estos acto-
sospechada pero no demostrada de abusos en la infancia:
res como representaciones distorsionadas y famásticas de la experien-
En su primera sesión con T [isha, la terapeuta [UVQ de repeme la sensación cia de la paciente, hay muchas posibilidades de que reflejen con exacti-
de que flotaba fuera de su cuerpo. Semia como si esmviera mirándose a sí mis-
ma y a T rlsna desde el techo. l\unca ames habia tenido esa sensación. Disimu-
,3 H. Searles, «The Coumenransference w1Lh Borderline Patiem», en EssemiaL Papers on
Borderhne Disorders: One Hunared Years at the Border, M. Stone (ed.l, New York L'niversity
)7 J. Good",'i.'1, At the ACTOpo¿is: A Disturbance o/ Memory in a Context ofTheoreticaL Debate Press, Nueva York, 1986, págs. 4498-4526.
no publicado, Departamento de Psiquiatrfa, Coiegio .Médico de Wisconsin, Milwaukee,
\!!?5. 19 R J, Waldinger y J. G. Glli"lderson, ob. cü., pág. 114.

.;j) O. Kernberg y orfOS, ob. cit., pág. 103.


1939).
232 U;\A REL--\CIOl\" ClJRATIYA

tud el entorno de relaciones del niño traumatizado. Las oscilaciones La terapeuta debería poner un gran énfasis desde el principio en la
rápidas y confusas en la contratransferencia de la terapeuta son un es- importancia de decir la verdad y abrirse del todo, ya que es probable
pejo de las oscilaciones de la transferencia de la paciente; fu-nbas [ene- que la paciente tenga muchos secretos, incluso algunos guardados a
jan el irnpacto de la experiencia traumática. ella misma. La terapeuta debería dejar claro que decir la verdad es
Las reacciones de transferencia y contratransferencia traumática una meta por la que se debe luchar constantemente y que, aunque
son inevitables, como también es inevitable que estas reacciones inter- es difícil conseguirlo al principio, se irá haciendo más fácil con el paso
fieran con el desarrollo de una buena relación de trabajo. Se requieren del tiempo. Con frecuencia las pacientes tienen muy clara la impor-
ciertas medidas de protección para garantizar la seguridad de ambos tancia de comprometerse a decir la verdad. Para facilitar la terapia
participantes. Las dos garantías de seguridad más importantes son los una superviv-iente aconseja a los terapeutas: «Que se sepa la verdad.
objetivos, reglas v límites del contrato de terapia, y el sistema de apoyo No participéis en taparla. Cuando se pongan tan claros, no dejéis que
de la terapeuta. se callen. Es como ser un buen entrenador. Empujarles a que corran y
que luego consigan sus mejores marcas. Está bien relajarse en los mo-
mentos adecuados, pero siempre es bueno enseñarle a la gente cuál es
EL CONTRATO DE TERAPIA su potencial» ".
Además de la regla fundamental de decir la verdad, es importante
La alianza entre paciente y terapeuta se desarrolla mediante un que destaquemos la naturaleza cooperativa del trabajo. La psicóloga
trabajo compartido. El trabajo de la terapia es tanto una labor de Jessica \!('olfe describe el contratO terapéutico que establece con los ve-
amor como un compromiso de colaboración. Aunque la alianza tera- teranos de guerra: «Está claramente deletreado como una sociedad,
péutica tiene algo de las costumbres de las negociaciones normales, para evitar cualquier repetición de la pérdida de poder del trauma. No-
no es un mero acuerdo de negocios. Y aunque evoca todas las pasio- sotros [los terapeutas] somos gente que sabe algo sobre el tema, pero
nes de las relaciones humanas; no se trata de una relación amorosa ni ellos saben más, y acordamos compartir. En algunas cosas debemos
de una relación paternofilial. Es una relación de compromiso existen- recomendar, servimos como guía». Terence Keane añade su propia
cial en la que ambos socios se comprometen en la labor de la recupe- metáfora para las reglas básicas y los objetivos de la relación de tera-
ración. pia: "Cuando empecé me sentía como un entrenador. Era porque solía
Este compromiso adopta la forma de un contrato de terapia. Los jugar al baloncesto y lo sentía así: yo era el entrenador y esto era un
térmL'los de este contrato son los necesarios para promover una alianza partido, y así es como juegas el partido, y así es como se hace, y el ob-
de trabajo. Ambas partes son responsables de la relación. Algunas de jetivo es ganar. Yo no se lo digo así a los pacientes, pero así es cómo lo
las tareas, como, por ejemplo, respetar las citas religiosamente, son veo yo» --\2.
iguales para paciente y terapeuta. Algunas tareas son diferentes y com- La paciente entra en la relación de terapia habiendo sufrido un
plementarias: la terapeuta contribuye con sus conocÍInientos y sus ca- grave daño en su capacidad para crear una confianza apropiada. Como
pacidades y la paciente paga una tarifa por el tratamiento; la terapeuta la confianza no está presente al principio del tratamiento, tanto la tera-
promete confidencialidad, mientras que la paciente se compromete a
abrirse; la terapeuta promete escuchar y ser testigo, y la paciente, decir
la verdad. El contrato de terapia debería ser explicado a la paciente de "1 Eücrev-lsta a :'vlelissa. 1987.
manera clara y detallada. 41 Entrevista ajo Wolfe y 1. Kea..ie. 11,1-1991.
rv
W
¡.,
"-loe 234 U0:" REL~CIÓ0: CUltUIVA 235
loe
loe pelEa como la pacienre deben prepararse para probar cosas, para sor- D...11.a larga experiencia con pacientes traumatizados: «Los pacientes tíe~
loe tear los obsráculos y para reconsrfuir la relación terapéutica. Cua11do nen que acceder a no volverme loca. Les digo que yo también soy sen-
loe la paciente se involucra, reexperi..rnenra iIleviIablemente la inrensa an- sible al ab"-ndono. Es la condición humana. Les digo que lo invierto
w sía de rescate que sentÍa en el momenrQ del trauma. La rerapeuta ram- todo en este tratamiento y que no quiero dejarles y que no quiero que
loe bién puede desear, consciente o inconscientemente, compensar las ellos me dejen. Les digo que me deben e! respero de no matarme de un
~ arfoces experiencias que ha vivido la paciente. De esta manera surgen SUSto» ~5.
¡. expectativas imposibles que se ven, inevirablemenre, decepcionadas. A pesar de los esfuerzos de la terapeuta para definir unos límites
~ Los iracundos esfuerzos que siguen a la decepción pueden reproducir claros, es lógico que la paciente encuentre zonas de ambigüedad. Nor-
¡" la sÍl:uación abusiva y reavivar el daño orígL.'1al';3 . malmente las terapeuras descubren que también es necesario tener
P
l'
[La mejor prm:ecóón conrra las reacciones de transferencia y COD-
rrauansferencÍa excesivas e inmanejables es prestar una cuidadosa
cierto grado de t1exibilidad: los límites aceptables para ambas partes
no se crean por mandaro, sino mediante un proceso de negociación, y
atención a los límites de la relación terapéutic:1j'. Los límites sólidos pueden evolucionar con e! paso de! tiempo. Una paciente describe su

E
r-
crean un terreno sólido en el que se puede desarrollar la labor de recu-
peración. La terapeuta accede a estar disponible para la paciente d",'1-
opinión sobre e! proceso: «Mi psiquiatra tiene lo que él llama "reglas",
que yo he definido como "objetivos volantes". Los límires que ha esta-

.
Íi:;.,¡
.•.••.•. . tro de unos IL-nites que están claros, son razonables y rolerables para blecido entre nosotros parecen t1exibles y a menudo intento modiÍicar-
~ ambas. Los límites de la terapia existen en beneficio y para la protec- los o estirarlos. En ocasiones él lucha con esos límites, intentando equi-
t,
ción de ambas partes y están basados en el reconocimiento de las nece- líbrar sus reglas con el respeto que siente hacia mí como ser humano.
P
g¡,
sidades legítimas tanto de la terapeuta como de la paciente.[Esros lími-
tes incluyen una clara comprensión de que el contrato de terapia
Cuando le veo luchar así aprendo a luchar contra mis propios límites,
no solo los que hay entre él y yo, sino también los que hay entre yo y
P excluye cualquier otro tipo de relación social, una clara definición de todas las personas con las que trato en el mundo reab".
P la frecuencia y duración de las sesiones de terapia y unas reglas básicas Salirse un poco de las estrictas reglas básicas de la psicoterapia es
P
'{!Ji'-
claras en referencia a los contactOs de urgencia fuera de las sesiones ya
plarleadas;J
algo frecuente en la práctica y, en ocasiones, puede ser de gran ayu-
da"'. En e! caso de Lester, un hombre de treinta y dos años con un
Las decisiones sobre los limites se toman basándose en si devuel- historial de graves abusos infantiles, una simbólica violación de los
ven la sensación de poder a la paciente y estimulan una buena relación límites fomentó su capacidad para cuidar de sí mismo e hizo más
de trabajo, y nunca en si la paciente debería sentirse complacida o profunda la relación de terapia:
frustrada. La terapeuta no insiste en que existan unos límites claros
para controlar, racionar o privar a la paciente, sino que reconoce desde Lester trajo una cá..llara a una sesión de [erapia y preglli'1tó si podía hacerle
una foro a su terapeuta. Esta se sintió emre la espada y la pared. Aunque no se
el principio que es un ser humano límitado y falible que necesita que
le ocurría niIlgún motivo para negarse, tenía una sensación irracional de eS1:ar
se den ciertas condiciones para poder vincularse en una relación emo-
cionalmente exigente. Como dice Patricia Ziegler, una terapeuta con
~5 P. Ziegler, ent~evi.sra, 1986. Véase cambién, P. Ziegler, The R:?c-ipe /07 SUToi'uing ,he Firs¡
Yeilr wilh a Borderline Patient [ms. no publicado, Depa~;:amemo de Psiquiatría, Hos?1tal de
Cambridge, Cambridge (!v1assachusecrsl, 1985].
~) ]. A. Chu, ob. cir. "1, .-\ru""1, carta al editor, American ¡ouma! oíPsychiatry 14: 13917 (1990) .

.;. ; O. Ke~nberg, ab. CÍE; O. Kemberg y mrQS, ob. ciL ~~ R. J. Waldir:ger y J. G. Gl4"1.derson, ob. cit.
)'C
_,'1
C!'\A RELACIÓI\ CCR:-\T1V:\
236

síer:do controlada e invalidada. CODO si la cámara fuera a arrebaIarle «su La terapeuta puede esperar sentirse entre la espada y la. pared con
alma». ~~ccedió a permitirle tomar la fotografía, pero con la condición de que las conflictivas exigencias de flexibilidad y de límites. Distinguir cuán-
Les~er accediera a su vez a hablar de lo que sign~fícaba para él. do ser rígida y cuándo ser flexible es un constante reto. Tanro las tera-
En los meses siguientes, la fowgrafía se COD."v'Írtió en la base de una com- peutas novatas como las experimentadas pueden tener la sensación de
prensión más profunda de la transfere:1cia. Lester reahneme queria comrolar a
estar dependiendo de la intuición. Siempre que tengan una duda no
la terapeuta para defenderse del terror que semía a ser abandonado. Tener la
foto le perrr:itía hacer esto en la fantasía sin tener que meterse realmente en deben vacilar en pedir ayuda.
la vida de la terapema. A menudo para trmquilizarse en ausencia de la tera-
peuta usaba la fowgra.."1a como recordatorio de la relación.
EL SISTBL"- DE APOYO DEL TERAPEUTA

En este ejemplo, la decisión de la terapeuta de permitir que se hi-


ciera la foto se basaba en una comprensión empática de su importancia La dialéctica del trauma reta constantemente el equilibrio emocio-
para el paciente como «objeto de transición». El objeto desempeñaba nal de la terapeuta, que, al igual que la paciente, puede defenderse de
la misma función con su paciente adulto que hubiera significado para los abrumadores sentimientos con el distanciamiento o con una acción
un niño normal en los primeros años de vida: acentuaba la sensación Ll1pulsiva o intrusiva. Las formas más habituales de acción son inten-
de un \inculo seguro a través del uso de la memoria evocadora. Con tos de rescate, violaciones de los límites o intentos de controlar a la pa-
frecuencia los prisioneros recurren a esos objetos de transición para re- ciente. Las respuestas constrictivas más frecuentes son dudar o negar la
forzar su sensación de conexión con las personas que aman. Aquellos realidad de la paciente, la disociación o el embotamiento, la minimiza-
que fueron prisioneros durante su infancia pueden recurrir a los mis- ción o evitación del material traumático, el distanciamiento profesional
mos mecarlÍsmos cuando se enfrenta..11 a la tarea de construir vinculas o e! abandono de la paciente. Probablemente sea inevitable cierto gra-
seguros por primera vez en su vida adulta. do de intrusión o embotamiento '+8; y la Lerapeuta debería esperar per-
tPermitir que el paciente tomara una fotografía representaba una der su equilibrio de vez en cuando con este tipo de pacientes. Al fin y
ruptura con la regla básica de la psicoterapia que requiere que la ex- al cabo, no es infalible. La garantía de su integridad no es su omnipo-
presión de sentimientos se formule más en palabras que en acciones, 1 tencia, sino su capacidad de conriar en otros. El trabajo de la recupera-
pero) no obstante, se convirtió en una incorporación constructiva a la ción exige un sistema de apoyo seguro y fiable para la terapeuta '9
terapia más que una violación de los línlites de seducción, ya que se Idealmente, el sistema de apoyo de la terapeuta debería induir un
analizó por completo su significado. La terapeuta re±1exionó cuidado- fórum seguro, estructurado y regular para revisar su trabajo clínico.
samente tanto sobre sus fantasías como sobre las de su paciente, sobre Puede ser una relación de supervisión o un grupo de apoyo formado
el impacto de la foto en la alianza terapéutica, y la función que de- por colegas, preferiblemente ambas cosas. El entorno debe permitir
sempeñaba la foto en el proceso general de recuperación de! paciente. que se expresen reacciones emocionales y preocupaciones técnicas o
N egociar los límites que ambas partes consideran razonables y justos intelectuales relacionadas con el tratamiento de pacientes con historia-
es esencial para construir la alianza terapéutica. Pequeñas desviaciones les de trauma.
de las estrictas convicciones de la psicoterapia psicodinámica pueden
ser una parte beneficiosa de este proceso de negociación, siempre y
cuando dichas desviaciones se sometan a un análisis detallado y se "8 Y. Darüeli, ob, c.r.t.
49 Véase, por ejemplo. L. Comas-Díaz y A, Padilla. ob. el.
comprenda por completo su significado.
r-"'" .... _~- ••. ~~~~------~

238
C:\" ..--\ RELACIÓi\ CL'R..--\TIVA 239

Desgraciadfu'11ente, debido a la historia de la negaCÍón dentro de las

.
la realidad de su propia experiencia, deciden hacer honor a la realidad
profesiones de la salud mental, muchas terapeutas se ven obligadas a
¡¡¡...,.
..• arriesgando la ortodoxia . .Al igual que sus paciem:es, empiezan a tener
~,y trabajar con pacientes traumaIÍzadas fuera de un contexto de apoyo.
una vida secreta. Como dice un terapeuta, «creemos en nuestros pacien-
Las terapem:as que trabajan con pacientes traumatizadas tienen que

=
res; solo que no se lo conramos a nuestros supervisores». Estas prácIi-
luchar para superar su propía negación. A menudo se sienten desacre-
",;-'.--'
cas escondidas pueden ser positivas, como en el caso de Shareen, una
ditadas y silenciadas cuando se encuentran con la misma negación en
~
mujer de rreinta años con un historial de abusos infantiles y de aban-
sus colegas, tal y como se sintieron las víctimas. En palabras de Jean
dono de varios de sus cuidadores:
Goodwill: «i\Jis paciemes no siempre se creen del todo que existen y
mucho menos que yo existo [...J Esto empeora aún más cuando mis Shareen salia volverse desorganizada durame las ausencias de su terapeuta.
compañeros pSlqmauas me UaIan a mí y a mlS pacientes como SI no JliSIO ames de las vacaciones, Le pidió a su terapemu que le: prestara una muñe'
existiéramos. EsEO últi..mo lo hacen sutilmeme, no abiertamentel ... J Si ca rusa que decoraba su consulta. Creía que esw le a;/udaría a recordar su cone"
solo hubiera ocurrido una vez, no me preocuparía que nos borraran, xión cominuada con su terapeuta. Esta accedió. pero Le dijo a Shareen: «No le
cuentes a nadie que re prescríbí una muñeca; ITle echarían de la ciudad a carca-
pero son CIen y cien veces CÍen, y miles de pequeños actos de nega-

...
¡;;
ción» 50.
Las rerapeutas que uabajan con supervlviem:es acaban entrando
inevitablmente en coni1ieto can sus colegas. Algunas terapeutas se ven
jadas».

En este caso no se puede criticar la técnica rerapéutica de la doc-


rora, porque e! verdadero problema era su aislamiento. A menos que la
~.,:,. metidas en L11sulrames debates i..r¡telecwales sobre la credibilidad de los
terapeuta sea capaz de encontrar a o[ros que comprendan y apoyen su
sindromes ualli'TIáricos en generala de la historia de un paciente en
~ uabajo, su mundo empezará eventua1-nente a empequeñecerse, que-

'".."
p8.n:icular. Las respuestas de contra[ransferencia con pacientes trau-
dándose sola con la paciente. La "terapeuta puede llegar a sentir que es
W
. ·. '" macizados a menudo se hacen fragmentadas y polarizadas, de tal ma-
r'" la única persona que realmente comprende a la paciente, y puede vol-
~ nera que, por ejemplo, una terapeura puede ocupar e! papel del resca-
utdor de la paciente, mientras que otra puede adoptar una postura
verse arrogail.[e y oponerse a sus colegas escépticos. A medida que se
siente más y más aislada e indefensa, se vuelven irresistibles los impul-
de duda, juicio o castigo hacia la pacieme. En emornos instituciona-

~';.
sos de tomar acciones grandiosas o de huir del caso. Más pronto o más
les, surge con frecuencia el problema de la «división del personal» o
tarde, cometerá graves errores. No se puede repetir con demasiada fre-
los con±1icros imensos sobre el [[atamiento de pacientes difíciles. Casi
cuencia: nadie puede enfrentarse al trauma solo. Si una ¡erapema se
siempre, el sujeto de la disputa resulta tener un hiswrial de trauma.

1:
i.().~•.,.~:'.'.'
·1
Las discusiones entre colegas reflejan la inconsciente revalidación de la
dialéctica del ¡rauma.
siente aislada en su práctica profesional debería dejar de tratar a per-
sonas traumatizadas hasta que haya encontrado un sistema de apoyo
fiable.
Imimidadas o enfurecidas por estOs conHictos, muchas terapeutas
Además de! apoyo profesional, la terapeuta debe cuidar el equili-
que tratan a supenliv-ientes deciden dejarlo en vez de rnelerse en lo que
brio entre su vida profesional y su vida personal, mosrrando respeto y
parece un debare irltructUoso. Sus prácticas se hacen a escondidas. Di-
prestando atención a sus propias necesidades. Enfremada a la realidad
vididas, COmo sus paciemes, entre la ortodoxia oficial de su profesión y
diaria de las paciemes que necesitarl ayuda, la terapema corre constan-
temente el riesgo de compromererse demasiado con su uabajo. El pa-
p. . , JO ]. Gooó.lliIl, ob. ci-c.
pel de un sisrema de apoyo profesional no consiste solo en analizar las
~ tareas de! tratamiemo, sino también recordar a la terapeuta en sus pro-
p
240 C:-<A RELACIÓN CURAW/ A 241

píos límites realistas e insistir en que cuide tanto de sí misma como de rafrasear aún más la relación entre la integridad adulta y la confianza
los demás. infantil, diciendo que los nmos sanos no temeráll a la vida si sus mayo-
La terapeuta que se compromete a trabajar con supervivientes se res tienen la h"'1tegridad suficiente para no temer a la muerte» 5-'.
enfrenta a una continua contención de sí misma; para ello debe depen- La integridad es la capacidad de afirmar el valor de la vida en
der de la ayuda de otros y recurrir a sus habilidades más maduras para comparación con la muerte, de recoDciliarse con los límites finitos de
manejar la situación. La sublimación. el altruismo y el sentido del hu- la vida de uno y con las trágicas limitaciones de la condición hu.rnana, y
mor son las capacidades que salvarán a la terapeuta. En palabras de un aceptar estas realidades sin desesperación. La integración es el cimÍen-
trabajador de los serv-ícÍos de rescate: «Para ser sL11cero, la única forma to sobre el que se puede volver a construir la confianza en las relacio-
que encontramos mis amigos y yo para mantenernos cuerdos es hacer nes. La si.ncronización de la integridad y la confianza en las relaciones
bromas y reímos. Cuanto más burda la broma, mejor»". completa el ciclo de las generaciones y hace que la paciente recupere el
La recompensa de este compromiso es la sensación de enriquecer sentido de la existencia de una comunidad humana que el trauma ha~
tu vida. Las terapeutas que trabajan con supervivientes dicen apreciar bía destruido.
más la vida: tomarla más en serio, formar nuevas amistades y relacio-
nes Íntimas más profundas, y sentirse inspiradas por los ejemplos dia-
rios de valor) determinación y esperanza que les dan sus pacientes 52.
Esto es especiahnente cierto en aquellas personas que, corno resultado
del trabajo con sus pacientes) se involucran en la acción social. ESlas te-
rapeutas dicen que tienen la sensación de tener UTl propósito más ele-
vado en la vida y un sentimiento de camaradería que les permite man-
tener una actitud positiva cuando se enfrentan al horror 53 .
AJ fomentar constantemente la capacidad de integración, tanto en
sí mismas como en las pacientes) las terapeutas comprometidas hacen
más profunda su propia integridad. Al igual que la confianza básica es
el gran logro del desarrollo en los primeros años de vida, la iIltegridad
es el gran logro del desarrollo en la madurez. El psicoanalista Erik
Erikson recurre al diccionario Webster para definir la interconexión
entre la integridad y la confianza básica: «Confianza l ... ] aquí se define
como "la dependencia segura en la integridad de otro"[ ... ] Sospecho
que \'\7ebster tenía los negocios en mente más que los niños, los crédi-
tos más que la fe. Pero la formulación se sostiene. Y parece posible pa-

,: D. R. Jones, «Secondary Disaster Vicüms: Toe Emocional Effec:s oE Recoverli"J.g 3.J."1d I¿en-
cif;,ing Humar: RemaL.""J.s», American journat o/Psychiatry 142: 303-307 (1985)
52 1. L. McCann y L A Pearban. ob. cir.

53 L. Comas-Díaz y A. Padilla. ob. cit.


5~ E. Erikson, ob. cit .. pág. 169 .
8
SEGURIDAD

LLa recuperación se desarrolla en tres fases. La principal tarea de la


primera fase es establecer la seguridad; la de la segunda, el recuerdo y
el luto; la de la tercera, la re conexión con la vida normaljComo cual-
quier ouo concepto absuacto, estas fases son lli"'1a ficción muy conve-
niente y no se deben tomar demasiado literalmente. En realidad, pre-
tenden imponer la simplicidad y el orden en un proceso que es, por
naturaleza, turbulento y complejo. Pero este concepto básico de las fa-
ses de la recuperación ha surgido repetidamente, tanto en el clásico
trabajo de JaIlet sobre la histeria hasta descripciones recientes del tra-
bajo con el trauma de guerra, los desórdenes disociativos y el desorden
de personalidad múltiple'. No todos los observadores dividen sus fa-
ses en tres; algunos distinguen cinco y otros llegan a marcar hasta ocho
fases en el proceso de recuperación 2, No obstante) exÍste una COD-

O. van oer Han, P. Brown y B. A. van de! Kolk, «Pierre Janec's Tream,ent oE POSe-Trau-
r.natic Sucss», }ouma! ofTrflumatic Stress 2: 379-395 (1989); R. !\-1. SCl.lúiel¿, «Posr-T rauma Suess
Assessment and TreaLrnem: OveI'/iew md Formwacions», en C. R. Figley, Trauma and Its Wake,
vol. 1, BrunnerlMazel, Nueva York, 1985, págs. 219-256; F. Pumam, Diagnosis and Treatmem oÍ
Af«ftiple Penonality Dúorder, Guillord Press, Nueva York, 1989.
2 D. P. Brmvn y E. FroIT'...ffi, Hypnorherapy and Hypnoanalysis, La\Her:.ce Erlbaum, Hillsdaie,

(~ueva Jersey), 1986; E. R. Parsan, «Past·Traumauc Self Disorders: Theoreti.cai ane Practica!
Considerarions in psycnoóerapy oE Viemam V/lar Ve[erans», en Human Adaptaúon to Extreme
Stress, J. P. Wilson, Z. Harel y B. Kahana (eds.), Plenum, Nueva York, 1988, págs. 245·283:
F. PUmaJD, ab. cito
244 SEGl)Rll)AD :245

gruencia entre estas formulaciones. Se puede observar una progresión vado. Un terapeuta describe la progresión a través de las fases de recu-
de recuperación parecida en todo el espectro de los síI1dromes traumá- peración como una espiral en la que continuamente se 'ii1.1elven a visitar
ricos (véase tabla 2). 0;0 hay ningún proceso de recuperación que siga temas anteriores, pero, cada vez, con un nivel más alto de integración 3.
estas fases con una secuencia lineal constante. Los sL.ldromes traumáti- En el transcurso de una recuperación con éxito debería ser posible re-
cos, oscilantes y dialécticos por naturaleza, retal'} cualquier intento de conocer un cambio gradual desde una sensación de peligro l.iTIpredeci-
establecer un orden tan Shilplista. De hecho, tanto las pacientes como ble a una seguridad fiable, del trauma disociado al recuerdo reconoci-
las terapeutas se sienten frecuentemente desanimadas cuando reapare- do, y del aislamiento estigmatizado a la restauración de la conexión
cen obstinadamente algunos temas que, se supone, ya se habían archi- social.
Los síndromes traumáticos son desórdenes complejos y, por lo
Tabla 2 tanto, requieren un tratamiento complejo. Como el trauma aieGa a
FASES DE LA RECUPERACIÓN todos los aspectos del funcionamiento humano, desde lo biológico
a lo social, el tratamiento debe englobarlos a todos.!. Como la recu-
Sin¿ror::.e PrImera rase Segunda r:ase Tercera fase
peración ocurre en varias fases, el tratamiento debe adecuarse a
Histeria Estabilización. Exploración de Rel:.itegn:ición de
cada una de ellas. Una forma de terapia que puede serIe útil a una
1889) tratamiento los recuerdos la personalidad. paciente en una fase, puede ser de poca utilidad incluso períudi- °
orientado a los traumáticos rehabilitacíón cial para la misma paciente en otra fase. Aún más, incluso un.a inter-
Sh-ltomas vención terapéutica bien planeada puede fracasar si faltan los otros
componentes del tratamiento apropiados para cada fase. El trata-
T ralli"Tla de guerra Confianza. Volver a Integración ¿el
(SCr..:~l.U:.LD. manejo ¿el estrés, experlInemar el
miento debe ocuparse, en cada fase de la recuperación, de ios carac-
trauma
1985) educación trauma terísticos componentes biológicos, psicológicos y sociales del desor-
den. No hay una única y eficaz «cura mágica» para los síndromes
Desorden de es- Estabilización Integración de Desarrollo ¿el yo, traumáticos.
trés postraumático recuerdos inregración
complicado
(BRO\x·?\ y FRO~L'vI,
1986) PONERLE NOMBRE AL PROBLEMA

Desorden de per- Diagnósüco. j'vIe::aoolismo del Resolución, Los shldromes traumáticos no pueden tratarse apropiadamente si
sonalidad múlti· estabilización, trauma integración, no se diagnostican. La primera tarea de la terapeuta es llevar a cabo una
pIe (P1JT~ A:.'{ CODUI'Jcación. desarrollo de evaluación diagnóstica rigurosa e informada, siendo totalmente cons-
19891 cooperación habilidades para
ciente de todos los disfraces bajo los que puede aparecer un desorden
maneíar la
pos,esolución traumático. Con pacientes que han sufrido ful trauma agudo reciente,

Desórdenes trau- Seguridad , S. Sgroi. «Stages or Recoverf for Adule Survivors oi Child Sexual Abuse», en '/dnerabie
Recuerdo y duelo Reconexión
máticos (P.t.ER.'vBl\:. Populations, vol. 2. S. Sgroi (ed.J. D. C. Helló, Lexh,gton Cvlassactusem), 1989. págs_ Il·l3G.
J L. S. Schwanz, ~<A Biopsyctosocial Treatment Approacn te PTSD».Ioumai OfTraumat:c
1992)
Stress 3: 221·238 (1990).
'f

246 SEGURIDAD 247

normalInente el diagnóstico es bastante sencillo. En es laS situaciones, pIe es de seis años') En este caso puede que ambas partes de la rela-
con frecuencia la informaciór¡ clara y detallada sobre las reacciones pos- ción terapéutica conspiren para evitar el diagnóstico: la terapeuta, por
traumáticas es de un valor incalculable para la pacieme, su familia y sus °
mera ignorancia negación; la paciente, por vergüenza o miedo. Aun-
fLrnigos. Si la paciente está preparada para los sím:omas de hiperacIÍva- que hay una minoría de paciemes con personalidad múltiple que pa-
c.ión, iI1Irusión y embotamiento, se senürá mucho meDOS asustada CUllil- rece disfrutar y acentuar los rasgos dramáticos de su condición, la ma-
do estos ocurrarl. Si ella y las personas más cercanas a ella están prepa- yoría pretende esconder sus sinromas. Y no es raro que, después de
radas para las perturbaciones en las relaciones que suelen seguir a la que se haya llegado a un diagnóstico de supuesw desorden de perso-
experiencia traumácica, las tolerarán mucho mejor y se adaptarán a ellas. nalidad múltiple, la pacieme lo rechace 6
Si se aconseja a la paciente sobre esuategias adaptativas y se le adviene Sí la terapeuta cree que la paciente sufre un síndrome traw-nático,
de cuáles son los errores más frecuentes, se estimulará su sensación de debería compartir roda esta información con ella. El conocimiento es
competencia y eficacia. Para las terapeUTas uabajar con supervivientes poder. La persona traumatizada a menudo se siente aliviada al conocer
de graves rrau...rnas recientes significa la oportunidad de dar una educa- el verdadero nombre de su condición. Al reconocer su diagnóstico em-
ción preventiva muy eficaz. pieza a dominarlo. Ya no eSTá inmovilizada porque el trauma no tiene
El asunto del diagnóstico no es ¡a.r¡ sencillo con paciemes que han nombre, y descubre que hay un lenguaje para su experiencia. También
sufrido un trauma prolongado y reperido. Las presemaciones disfraza- descubre que no está sola, aIrOS han sufrido de manera parecida; que
das son algo común en el desorden de esués postraumático complejo. no está loca, porque los SLndromes rraumáticos son respuesras humanas
En lli'1 principio la paciente puede quejarse solo de los síntomas físicos, normales a circunstancias extremas; y, fL."1almente, descubre que no
°
de insomnio crónico ansiedad, de depresión inuatable, o de tener re- está condenada a padecer para siempre esa condición, sino que puede
laciones problemáticas. A menudo se necesita hacer un interrogatorio recuperarse, como lo han hecho arras.
explíciro para determinar si la paciente vive en un estado de temor La oClorme importancia que tiene compartir la información en los
preseme por la violencia de alguien, o ha vivido bajo e! miedo en algún momentos irunediaramente posteriores al trauma queda ilustrada por la
momento de! pasado. ESIas pregumas no solían hacerse ames y, sin experiencia de un equipo de psicólogos noruegos que romaron parte en
embargo, deberían ser l~na parte rutinaria de cualquier evaluación e! rescate de un desastre marítimo. Después de haber sido rescatados,
diagnóstica. los superviviemes de una plataforma perrolífera que se había hundido
Cuando la pacieme ha sido someEÍda a un abuso prolongado du- fueron tratados brevelnente por un equipo de profesionales de la salud
rante la infancia, la labor diagnóstica se vuelve aún más complicada. memal. Se les dio una hoja informativa con datos sobre el desorden de
Las paciemes pueden no rener un recuerdo completO de la hisIOria estrés pos¡raumárico. Además de hacer una lista de los síntomas más fre-
traumática, y muchas empiezan negando dicha historia, aun cuando cuentes, la página daba dos recomendaciones prácticas: se aconsejaba
se les interroga mjnuciosa y directamente sobre el tema. Es más fre- que los superviviemes hablaran con otras personas sobre su experiencia,
cuente que la paciente recuerde, al menos, alguna parte de su historia resisriendo la predecible tentación de encerrarse en sí mismos, y se les
¡ralffi1áIÍca, pero no relacione e! abuso en e! pasado con los problemas advertia que evitaran e! uso de! alcohol para controlar sus sLT1tomas. Se
psicológicos de! preseme. Lo más difícil de todo es llegar a un diag-
nósIÍco en el caso de un desorden disociarivo grave. ¡P tiempo medio 5
6
F. Pumam, ob. cit.
R. P. Kiu!:, «The ~atural lliswry oE Mubple Personaliry Dísorder», en Childhood Aniece-
que paca emre que la paciente se encuentra con e! sistema de salud dents ofMultiple Personafiry Disorder, R P. KluTI (ed.l. _~erican Psychiatric Press, Washi..."1gwn,
mental y se llega a un diagnósIÍco de desorden de personalidad múlti- D.C., 1984, págs. 197-238.
248 SEGUR.LTD.ill ?~a
_-:'/

volvió a contactar con los supervivientes para hacer unas entrevistas de era el dolor que sentía en las piernas y en los pies. Sus terapem:as le pre-
seguimiento un año después de! desastre. Muchos de ellos seguíaI} lle- guntaron L...] sobre su pasado político, y K les dijo que era marxista y
vando en la cartera la hoja que se les había entregado e! día que fueron que había leído a Freud, ":/ que DO creía en todas esas cosas. ¿Cómo po-
rescatados, y que ahora estaba destrozada de tanto leerla UD.a y otra vez 7, día desaparecer su dolor por hablar con un terapeuta?».
Con los supervivientes de traumas prolongados y repetidos es es- Eventua1"11ente, este paciente accedió a contar su historia a un te-
pecialmente importante darle nombre al desorden postraurnático com- rapeuta, DO para ayudarse a sí mismo, sino para reivindicar su causa
plejo y explicar las deformaciones de personalidad que tienen lugar política. Aunque durante el proceso consiguió un considerable alivio
bajo cautividad. Las pacientes con desorden de estrés postraumático de los síntomas, nunca reconoció ni el diagnóstico ni que necesitara
simple temen estar perdiendo la cabeza, pero las aquejadas COn e! de- tratamiento: «K dijo que quería dar su testimonio, pero que también
sorden complejo sienten que se han perdido a sí mismas. La pregunta quería saber por qué la terapeuta estaba dispuesta a ayudarle a hacer-
de qué les pasa se ha confundido y complicado con juicios morales con lo. La terapeuta contestó que consideraba que reunir información so-
demasiada frecuencia. Un marco conceptual que asocie los problemas bre lo que ocurría en. las cárceles de este país era una parte importante
que la paciente tiene con su identidad y con las relaciones can el histo- de su trabajo. También explicó que su experiencia demostraba que
rial de trauma proporciona una base muy útil para la formación de la contárselo a los demás ayudaba a las personas que habían sido tortura-
alianza terapéutica 8 Este marco reconoce la naturaleza dañina del das y que tenían pesadillas sobre eso. Entonces K tomó la actitud de
abuso y, al mÍsmo tiempo, proporciona una explicación razonable para "Bueno, si puedo usar a la terapeuta para mis propios propósitos, en-
las persistentes dificultades de la paciente. tonces vale ... pero no tiene nada que ver con la terapia"» 9.
Aunque muchas pacientes se sienten aliviadas al saber que su sufri- CA menudo es necesario que la terapeuta transmita a la paciente
miento tiene nombre, algunas se resisten a Ui1 diagnóstico de desorden que aceptar aYlJda es un acto de valoi}Reconocer la realidad de la con-
postraumático. Puede que se sientan. estigmatizadas por cualquier diag- dición y dar pasos para cambiarla se convierte en un signo de fortaleza,
nóstico psiquiátrico o puede que su orgullo les lleve a negar su condí- no de debilidad: de iniciativa, nO de pasividad. Emprender acciones
ción. Algunas personas sienten que reconocer un daño psicológico signi- para estimular la recuperación, lejos de darle la victoria al abusador, da
fica una victoria moral para el perpetrador, mientras que reconocer un poder a la 'víctima. Puede que sea necesario que la terapeuta exprese
daño físico no lo hace. Reconocer que necesita ayuda también puede esta v'1sión de forma clara y concisa para tratar los sentimientos de ver-
acentuar la sensación de derrota de la víctima. Los terapeutas Inger Ag- güenza y derrota que h'11piden que la superviviente acepte el diagnósti-
ger y Soren Jensen, que trabajan con refúgiados políticos, describen e! co y busque UIl tratamiento.
caso de K, un superviviente de torturas con graves sÍt-ltomas posIfaumá-
ticos que afirmaba tozudamente que no tenía problemas psicológicos:
«K [... ] no comprendía por qué tenía que hablar con \LO} terapeuta. Sus RESTABLECER EL CONTROL
problemas eran médícos: el motivo de que no durmiera por las noches
El trauma arrebata a la víctima su sensación de poder y de control:
A. Holen, A Long-Term Outcome 5tucly ol 5umi!.Jors ¡,0m a Disaster. University of Oslo
7
[e! principio que guía la recuperación es devolverle e! poder y el control a
Press, 0510 (Noruega). 1990; ídem. <<Surv!v-ing aMan-Mace Disaster: Five·Year Follow-up of fu'1
Oil-Rig Collapse)} (Informe presentado en Boston Area Trauma Study Group. marzo de 1988),
~ V¿ase, por eíemplo, la discusión sobre la formulación irJcíal de los efectos del incesw en q I. ,"',gger y S. B. ]ei:.sen, «TestL-nony as Ritual and Ev-idence in Psycholherapy :0, Political
J. Herman, Father-Daughterlncest, Har'\lard University Press, Cfu"11bridge, 1981. Retugees». Joumal ofTraumaúc Stress 3: llS-DO (1990); cit. en pág. 124.
.~
~
lit

•re
~ 250 SEGCRlDl\D 251

la \'íctLrnalLa primera tarea de la recuperación es eSlablecer la seguri-

•r.re
~{"

dad de la supenríviem.:e. Esta tarea es prioritaria sobre todas las demás,


porque DL'1gún trabajo rerapéU1:1co puede tener éxiIo 51 no se ha eSLable-
ño, la alimentación y el ejercicio, el manejo de los S1nromas postraumá-
ticos, y el conlrol de los comportamientos autodestructívos. Los temas
medioambíenrales incluyen el esrablecimiento de una situación de vida
cido flrmemente la seguridad. De hecho, no se debería emprender nLfJ.- estable, la seguridad económica, la movilidad y un plan de autoprotec-
le gún Otro "abajo terapéUtico hasta que se haya alcanzado UT' nivel razo- ción qUe incluya rodo e! espectro de la vida diaria de la paciente.
le
re
v,
nable de seguridad. Esta fase inicial puede durar desde días hasta
semanas con las personas traumatizadas, y de meses a años con supen/i-
Como nadie puede crear por sí solo un emomo seguro, la [area de de-
sarrollar un plan de seguridad siempre debe incluir un componente de
!le
re vientes de abusos crónicos. El trabajo de la prLrnera fase de recupera-
ción se complica en proporción a la gravedad, la duración y el tempra-
apoyo social.
En los casos de un trauma recieme, e! control de! cuerpo comien-
lit
.
p
no comienzo del abuso.
[Las supervivientes DO se sienten a salvo dentro de su cuerpo. Sus
emociones y sus pensamientos parecen estar fuera de control. También
za con la atención médica a los daños que haya podido sufrir la super-
viviente. El principio de respetar la autonomía de la paciente es de
gran ímporIfu'lcia desde el principio, incluso en el reconocinliento mé-

•.,.
Itlt se sienten inseguras en relación con otras personas. Las estraIegias de
[erapia deben centrarse en las preocupaciones de seguridad de la pa-
dico rutínario o en el tratamiemo de lesiones. Un médico de urgencias
describe las reglas básicas para tratar a las víctimas de una violación:

... ciente en rodas esos terrenos} La íisioneu7osis del desorden de estrés


postraumárico puede ser modificada con estrategias físicas como el uso
de medicación para reducir la reac!Ívidad y la hiperactivación, y la uti-
lización de técnicas de comporramiento como la relajación y el ejerci-
Lo más imporcarne al examinar a una persona que ha sido atacada sexual-
meme es no volver a violar a la victi.-na. ena regla fundamemal de la medicL'1a
es: ame rodo, no hagas d~~o [ .. J Con frecuencia, las víct:imas de violación ex-
perimeman una l:."1tensa sensación de indefensión y de pérdida de control. Si
cio físico duro para manejar e! estrés. La confusión de! desorden pue-
te ves esquemáúcameme lo que hace un médico a la vícrirna poco después del
k,
P
¡¡
. de ser tratada con esrrategias cognirívas o conducrÍstas como el
reconocimiento de los síntomas, el uso de diarios para registrar los sín-
tOmas y las respuestas adapmtivas, establecer unos «deberes» y e! de-
sarrollo de planes concreros para la seguridad. La desrrucción de los
asalw con un mínimo grado de consemirniemo pasivo: un extraño úene un rá-
pido camacto [nümo y mete un L.'1suumemo en la vagina con muy poco can-
uol o posibilidad de elección por parte de la vícürna; esa es una descripción
sL."1lbólica de llfla nueva violación psicológica.
Así que, cuando tengo que hacer un reconocimiemo, me paso mucho tiem-
vínculos personales que tiene lugar con e! desorden debe acometerse
po preparando a la vlctLrna; intento darle el control en (Odos los pasos del pro~
con estrategias interpersonales como el desarrollo gradual de una rela- ceso. Digo: «Nos guswrÍa hacer es(O, y cómo lo hagarnos es decisión tuya», y
ción de confianza en la psicmerapia. Fínalmeme, la alienación social luego le doy mucha información, aunque supongo que la VíCtill18. no procesa
del desorden debe ¡rararse mediame estrategias sociales, emre ellas gran parre de ella; pero aun así le transmite que nos preocupamos. Imemo ha~
movilizar los sistemas de apoyo narurales de la supervivieme, como su cer que la vÍctL'11a sea, denrro de las posibilidades, una p8.rricipame activa UJ.
familia, su pareja o sus amigos; introducirla en organizaciones de autQ-
ay.lda; y a menudo, como último recurso, recurrir a las instiruciones Cuando ya se ha proporcionado el cuidado médico básico, el con-
formales de salud mental, bienesrar social y justicia. uol del cuerpo se centra en restablecer los ritmos biológicos de ali-
[Esrablecer la seguridad empieza tratando e! control de! cuerpo y memación y sueño, y en la reducción de los símomas de hiperactiva-
poco a poco va saliendo hacia fuera, hacia e! comrol de! emomojLos ció n o intrusivos. Si la superviviente es muy sintomática se debería
remas de ÍIltegridad física íncluyen la atención a las necesidades bási-
1ft cas de la salud, la regulación de las funciones corporales como e! sue- :0 CiI. porT. Ber::.eke, en ll¡fen on Rape, Se. Martin's Press, Nueva York, 1982, pág. 137.
lit
252 SEGCPJD.ill r"
-)~

considerar la medicación. Aunque la investIgación en el tratamiento ESTABLECER UN ENTORNO SEGURO


farmacológico del desorden de estrés postraumático aún está en paña-
les, ciertos tipos de medicación han demostrado ser lo suficientemente Después del control del cuerpo, el objetivo de la seguridad se am-
prometedores como para garantizar un uso clínico. Algunos antidepre- plía a controlar el entorno. La persona agudamente traumatizada nece-
sivos han sido moderadamente efectivos en los estudios sobre vetera- sita un refugio seguro, y encontrarlo y asegurarlo es la tarea inmediata
nos de guerra, y no solo para aliviar la depresión, sino también para los de la intervención de crisis. En los primeros días o semanas después de
síntomas intrusivos y de hiperactivación. También resultan bastante un trauma agudo, la superviviente puede querer recluirse en su casa, o
prometedoras algunas categorías nuevas de antidepresivos que afectan puede no sentirse capaz de volver a ella. Si el causanTe del trauma es
principalmente el sistema de serotonina del cerebro 11 Algunos galenos un miembro de la familia, el hogar puede ser el lugar menos seguro
recomiendan medicaciones que bloquean la acción del sistema nervÍo- que puede elegir y, en ese caso, la i.11tervención de crisis puede exigir
so simpático, como el propranolol, u otros que disminuyen la reactÍvi- una huida a una casa de acogida. Cuando la persona traumatizada ha
dad emocionaL como el licio, para aminorar la activación y la irritabili- establecido un refugio, puede progresar poco a poco hacia obtener
dad, Probablememe la medicación que con mayor frecuencia se una esfera más amplia de relación con el m.undo. Puede necesitar se-
prescribe en el desorden de estrés postraumático sean los tranquilizan- manas para sentirse Jo suficienterrlente segura como para retomar acti-
tes menores, como las benzodiazepinas, Estas resulIan efectivas para vidades normales como conducir, ir de compras, visitar a arnigos o ir a
su uso a corto plazo JUStO después del acontecimiento traumático, aun- trabajar. Cada nuevo entorno debe ser estudiado y valorado según su
que conllevarl cierto riesgo de habituación o adicción 12. potencial para el peligro o la seguridad.
El consentimiento informado de la paciente puede tener mucho ivIientras establece esa sensación de seguridad, las relaciones de la
que ver Con el resultado de la medicación prescrita. Si simplemente se supen..iviente con otras personas suelen oscilar entre extremos: puede
le ordena tomar una medicación para anular los síntomas) una vez más buscar rodearse de personas en tOdo momemo, o puede aislarse por
vlJelve a arrebatársele el poder, Si, al contrario, se le ofrece la medica- completo. En general se la debería anL."TIar a recurrir a otros en busca
ción como una herramienta que debe ser utilizada teniendo en cuenta de apoyo, pero se deben tomar precauciones que garanticen que elige
su propio criterio, eso puede estimular de manera significativa su sen- a personas en las que puede confiar. rvEembros de la familia, novios y
sación de eficacia y control. Ofrecer medicación Con este espírÍtu tam- amigos L'1timos pueden ser de gran a)tuda; pero también interferir en la
bién construye una alianza terapéutica de cooperación. recuperación o li"lcluso ser peligrosos.[La evaluación i11jcial de la perso-
na traumatizada debe incluir una cuidadosa revÍsión de sus relaciones
J. Davidson, S. Rotn y E. NeWITlai1. «FluoxetiCle in PTSD», .huma! o/ Traumatie Stress.:1: más importantes, en las que cada una de ellas se valore como Uil.a fuen-
419-424 !J 991); P. J. Markovitz, ]. R. Calabrese, S. C. Sóulze y otros. «FluoxetÍr"1e in che T :-ea¡:. te de protección, de apoyo emocional, de aylJda práctica, y también
mem oE Borderke 2nc SÓizotypal Personality Disorders», Amen'can joumaf o/ Ps;:ehiatry 148;
r
1064-1067 (1991)', Shay, «Euoxetine Reduces Explosiveness and Elevares Mood oÍ Vietnam
como un foco potencial de peligroJ
Comba;: Verera..'1s 'w-¡th PTSD». Jouma! o/ Trdumatie Stress 5 (1992.1. en prensa; B. A. van der En los casos de trauma aguJ;, la intervención de crisis ta.tnbién
KoLL:. datos prelíminares, estudio controlado de nuoxitina en 55PT (T raUDa Clir.¡Íc, Hospital. Ge- puede incluir Ul1a reunión con miembros de la familia. La decisión de
ne.ral. de Massacbusetts, Bastan. 1991).
tener dichas reuniones) a quién convocar y qué tipo de información
,2 Para u"a crítica sobre la farmacología dd S5FT. véa,,¡se M. rrieci.1Tlfu""l. (Biologícal. Approa-
ches :0 L.':e Diagnosis ar:.¿ T reat.rne...Tlt oE PTSD», Joumai o/Traumatie Stress 4: 69-72 (1991):]. :VI. compartir corresponde a la victirna. Debería quedar muy claro que el
SilveL D. P. Sa.ndberg y R. E. Hales, «New Approaches in w'Ie Pharrnacotherapy oE POSt- T rauma- objetivo de las reuniones es impulsar la recuperación de la supervivien-
tic St,ess Disorder». Iourna¿.'J1 Chmc Psychiatry 51 (SupU: págs. 33-38 (1990). te y no tratar a la familia. Sin embargo, un poco de información preven-
,
0- , SEGCRIDAD 255
0'

ares corrIeron a asis:irle. Dan esuba aterrorizado de que descubrierfuí. su se-


Ü'\/d sobre los desórdenes post:raumáticos puede resultar de gran ayu-
crew, qUe nunca les habia revelado. /'>.1 principio les cor.tÓ que ie habían dado
da a [Odos los implicados. Los miembros de la familia no solo com- la paliza duranee un ¡memo de atraco. Su madre se mostraba comprensiva, su
prenderán mejor cómo ayudar a la superviviem:e, sino que también padre estaba lnrugnado y quería ir a la policía. A.rnbos bombardearon a Dan
aprenderán a manejar su propia traumarización vicaria l3. con pregumas sobre el incideme. Dfu'1 se seneÍa h"1defenso y atrapado: cada vez
Los parÍenres o amigos ínürnos que emprenden la labor de partici- le resultaba más difícil maneener esa hisLOria ncrióa. Sus sbwmas empeoraron,
par en el sistema de seguridad de la víctima deben esperar que su vida empezó a estar cada vez más ansioso y agitado, y finalmeme dejó de cooperar
con sus médicos. En ese momemo Se recomendó una consulta de salud mental.
umbién se vea alterada por algún tiempo, porque es posible que esta
El ¡:erapema, al reconocer el dilema de Dan, le hizo revisar los mmÍvos de
les pida un apoyo las veinEicuauo horas para realizar las rareas básicas su secretismo. Darl cemÍa los prejuicios homófoDos de su padre y su violenta
de la vida diaria. La superviviente de una violación Naney Ziegenma- personalidad. Esnba convencído de que su padre le repudiaría si lo supiera.
yer se apoyó en su marido) Steve) para recuperar la sensación de segu- Un análisis más profundo de la situación rereló que la madre de Dan lo sabía y
ridad después del ataque: «Solo habían pasado seis semanas desde que que aceptaba tácirameme que era gay. Si..Tl. embargo, Dan renía miedo de que,
en un enúemamiemo, ella cediera aIl[e su marido, como hacía siempre.
un hombre se metió en su coche en w'1 aparcamiento de Des J\ifoines y
El terapema se ofreció a mediar en una i"eunióo emre madre e hijo. La reu-
ia violó. El hombre estaba en la cárcel, pero la imagen de su rostro rúón confirmó algunas de las percepciones de DaD.: su madre sabía desde hacía
s.parecía ame ella cada vez que cerraba los ojos. Se sobresaltaba cons- mucho que era gay y agradeció que se abriera a ella. También reconoció que
ra..'11:emente. Se estremecía cada vez que los amigos la abrazaban o la tenia la cosmmbre de llevarle la corrieme a su maádo en vez de enfrentarse a
:acaban. Solo unas pocas personas sabían lo que le había ocurrido [ ... ] él con hechos desagradables. Sin embargo, dijo a Dan que la infravaloraba si
Las noches eran lo peor. Algunas veces se quedaba dormida solo para pensaba que ella rompería su relación o permüiría que su marido lo hiciera.
Quizá mviera prejuicios, pero no peHenecÍa a la misma ca-cegorla que los cri.rn1-
que Steve tuviera que despertarla porque tenía una pesadilla que le ha-
!Jales que había.:.'1 pegado a Dan. Expresó su deseo de que el incideme les unie-
bía hecho golpearle lUía y otra vez. Tenía miedo de levantarse en la os- ra todavía más como familia y que, cuando llegara el momemo oportuno, Dan
curidad para ir al baño, así que le pedía a Steve que la llevara. Él se se planteara decírselo a su padre. Después de esa reunión, los padres de Dan de-
COD\1.rtió en su fortaleza, en su apoyo» 1-\. jaron de inteEogarle sobre las circunsm.l1Cias
. del ataque y se cemraron en ayu-
Las tensiones subyacentes en las relaciones familiares nor- darle en los problemQs prácticos de su recuperacÍón.
malmente salen a la superficie durante este tipo de crisis. Almque la in-
tervención debe centrarse en ayudar a la superviviente y a su familia ESlablecer un entorno seguro exige no solo la movilización de las
para manejar el trauma inmediato, en ocasiones la crisis obliga a la fa- personas que quieren a la víctima, sino también el desarrollo de un
milia a tratar con temas que habían sido negados o ignorados. En el plan para la protección en el fumro. Después del trauma, la supervi-
caso de Dan, un hombre gay de veintitrés años, el equilibrio de la fa- viente debe valorar el grado de amenaza existente y decidár qué tipo de
milia se vio alterado después de 1m acomecimiento traumático: precauciones son necesarias. También debe decir qué acciones quiere
tomar contra su atacante. Como rara vez es evidente la mejor dirección
A Dan le dieron una gran paliza ruera de un bar un grupo de hombres que a seguir, la IOma de decisiones en esIOS temas puede ser especialmeme
había ido a la «caza de gays». Cuando le hospi1:alizaron por sus heridas, sus pa- estreSanIe para la superviviente y para los que están cerca de ella. Pue-
de semirse confundída y ambivalente y puede ver su ambivalencia re-
\; Para el esrudio del papel de la ra.'nilia en respuesta a episodios traumáücos, véase C. Figley flejada en las opiniones contradácIOrias de amigos, pareja o familia. En
i.ea.). Tre;¡ting 5iri!ss in Familíes, BrunnerlMazel, Nueva York, 1990.
este terreno suele violarse el principio fundamental de devolverle el
'" r Scnorer, It Couldn't Happen to ,\,fe: One Tlloman's 5tory, Des }"Ioines Registe;, Des
poder a la vinima, porque los demás intentan dictar sus decisiones o
Moi.rleS (Iowa), reed. 1990, pág. 6.
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