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Análisis cinematográfico – Tema 2

Joshua Ometeotl Ramírez Martínez

Podría decirse que el cine como medio bebe de las fuentes de la literatura
al momento de construir sus géneros. La lírica, trata las impresiones sensoriales
que el autor intenta transmitir en su audiencia, sensaciones plasmadas en poemas
cuyas figuras, cuyo dominio de las palabras desea instalar a su receptor dentro de
estados emocionales determinados, sin que intercedan argumentos específicos; el
equivalente en el cine es lo experimental, usualmente relacionado con los
movimientos vanguardistas cuyas imágenes, de cariz abstracto, inestable,
aparentemente aleatorias, pretenden conseguir lo mismo que el lenguaje verbal.

Una vez establecidos relativamente los códigos principales en el lenguaje


cinematográfico, la historia daría paso a muy diversas corrientes o movimientos
artísticos alrededor del mundo, todas ellas bastante relacionadas con las
complejas convulsiones del siglo XX.

Encontramos, por ejemplo, que acabada la primera guerra mundial, Europa,


y en particular Francia, se encontró sumergida en un conjunto de artistas que
intentaron innovar y experimentar por todos los medios posibles. Lo que había
empezado casi medio siglo antes cuando Manet, Monet o Cezanne habían
trastocado los límites en las formas de representación, ahora, en una suerte de
explosión, nos encontramos con que ahora un mingitorio acostado o una plancha
con clavos eran objetos que retaban los parámetros de lo que debería
contemplarse y analizarse. El mundo intelectual se llenó de ismos: fauvismo,
impresionismo, dadaísmo, surrealismo, cubismo, etcétera.

El cine, como forma expresiva, no quedó exento, encontrándonos con


piezas que subvertían intencionalmente los códigos de sus estructuras, por
ejemplo, una pieza de Man Ray donde un resorte en negativo gira al igual que el
torso desnudo de una mujer, con una de Dimitri Kirsanoff donde cada plano nos
trasmite el estado de duelo de su protagonista que pasea por un bosque, con otra,
más reconocida, de Luis Buñuel y Salvador Dalí en la que siempre recordaremos
una navaja atravesando un ojo como una nube a la luna o una pieza de René Clair
donde una mujer barbuda danza ballet o un séquito funerario persigue un féretro
autónomo por toda la ciudad.