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Pobreza en Guatemala

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2006 -ENCOVI 2006- realizada en


Guatemala en el año 2006 estableció que en el país habían 12 987 829 personas,
de las cuales un 51 por ciento vive bajo la línea de pobreza. Esto se traduce en 6
625 892 personas categorizadas como pobres, dentro de las cuales un 15.20 por
ciento del total del país se encuentran en la Pobreza Extrema -1 976 604-
(“Presentación de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2006“, s.f).

En comparación con el último censo similar, efectuado en el año 2000, la Pobreza


Extrema en el país pasó de un 15.7 por ciento a un 15.2 por ciento. La región más
afectada por el azote de la Pobreza Extrema en Guatemala es el área norte, seguida
del área norte-occidental. Ambas tienen más de un 25 por ciento de su población
bajo la denominación antes detallada (“Presentación de la Encuesta Nacional de
Condiciones de Vida 2006“, s.f).

En el 2011, el Instituto Nacional de Estadística efectuó la Encuesta Nacional de


Condiciones de Vida 2011. Ésta especifica que dentro del umbral de pobreza
extrema se incluye a todas las personas que durante el año viven con menos 4380
quetzales -esta cifra era en 2006 de Q.3206 y en 2000 de Q.1911-. En este informe
estadístico se detalla que el nivel de pobreza total dentro de la población
guatemalteca pasó de un 51 por ciento en 2006 a un 53.71 por ciento en 2011. Sin
embargo, la pobreza extrema pasó de un 15.20 en 2006 a un 13.33 en 2011
(Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2011, 2011).

Violencia

La violencia1 es el tipo de interacción humana que se manifiesta en aquellas


conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada,2 provocan
o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o
psicológico) a un individuo o a una colectividad;3 o los afectan de tal manera que
limitan sus potencialidades presentes o las futuras.4 Puede producirse a través de
acciones y lenguajes, pero también de silencios e inacciones.
Se trata de un concepto complejo que admite diversas matizaciones dependiendo
del punto de vista desde el que se considere; en este sentido, su aplicación a la
realidad depende en ocasiones de apreciaciones subjetivas.

La violencia fue asociada desde tiempos muy remotos a la idea de la fuerza física y
el poder. Los romanos llamaban vis, vires a esa fuerza, al vigor que permite que la
voluntad de uno se imponga sobre la de otro. Vis tempestatis se llama en latín el
‘vigor de una tempestad’. En el Código de Justiniano se habla de una ‘fuerza mayor,
que no se puede resistir’ (vis magna cui resisti non potest).

Vis dio lugar al adjetivo violentus que, aplicado a cosas, se puede traducir como
‘violento’, ‘impetuoso’, ‘furioso’, ‘incontenible’, y cuando se refiere a personas, como
‘fuerte’, ‘violento’, ‘irascible’. De violentus se derivaron violare --con el sentido de
‘agredir con violencia’, ‘maltratar’, ‘arruinar’, ‘dañar’-- y violentia, que significó
‘impetuosidad’, ‘ardor’ (del sol), ‘rigor’ (del invierno), así como ‘ferocidad’, ‘rudeza’ y
‘saña’.

TIPOS DE VIOLENCIA Y SU INCIDENCIA EN LA ECONOMIA

Violencia autoinfligida
Esta es una de las clases de violencia más estigmatizadas que existen, ya que en ellas es la propia
persona la que se daña a sí misma, algo que es muy difícil de comprender desde el punto de vista
del resto de la gente.

Violencia interpersonal
Este es el tipo de violencia en la que un individuo agrede a otro. En esta categoría podemos
encontrar la violencia doméstica, el bullying, los casos específicos de atraco con violencia, etc.

Violencia física
Este es quizás el tipo de violencia más típico y fácil de imaginar, ya que es muy visual y fácil de
identificar.

Violencia verbal
La violencia verbal es aquella en la que se pretende dañar a la otra persona es un mensaje o un
discurso.
Violencia sexual
En la violencia sexual se dan comportamientos y tipos de contacto físico que denigran a alguien a
través de la apelación de su dimensión sexual.

Violencia económica
Se trata de un tipo de violencia en la que se daña la capacidad de una o varias personas para
utilizar el dinero que ganan.

La violencia disminuye la actividad económica aumentando los costos directos en cuanto a


seguridad que las empresas y los individuos deben incurrir para trabajar. En un ambiente inseguro
los negocios y los hogares se ven necesitados de contratar empresas privadas de seguridad, instalar
alarmas y utilizar otros medios de prevención situacional como candados, perros, y protecciones
físicas.

Los recursos del presupuesto nacional son desviados desde la inversión social o productiva hacia el
financiamiento de las instituciones encargadas de la seguridad pública que se ven sobrecargadas
en las exigencias que el contexto les impone. También se ve afectada la salud pública por cuanto
preciosos recursos que podrían destinarse a programas de salud preventiva o a mejorar la calidad
de la atención brindada a los enfermos deben ser reorientados hacia la atención urgente de
víctimas de heridas por arma de fuego u otras lesiones producidas por la violencia. El país sufre una
desviación de la inversión directa internacional y una pérdida de ingresos por turismo cuando cierta
proporción de los inversionistas y vacacionistas extranjeros prefiere invertir o viajar a un destino
con mayores niveles de seguridad.
DELINCUENCIA

Guatemala atraviesa actualmente por uno de los períodos más difíciles de su historia en lo atinente
a la evidente incapacidad del gobierno para proveer a los habitantes un mínimo de seguridad frente
al desbordado Vandalismo que impera en todo el país especialmente y en una dimensión que raya
en la barbarie a nivel de la ciudad capital y municipios aledaños, es tal el poder que han logrado
alcanzar la delincuencia y las maras, que la autoridad titular encargada (PNC) de atender tal
situación confiesa (y aun no lo hiciera) no disponer de la capacidad necesaria para ejercer algún
control sobre tales grupos de maleantes mucho menos para reducirlos.

Los guatemaltecos presenciamos con horror como cada día crece, se amplía y se afianza el poder de
la delincuencia común y las maras, los pandilleros se están haciendo poderosos a costillas del
ciudadano honrado e indefenso, cobran arbitrios para no matar, amedrentan a los vecinos que en
resguardo de su vida abandonan sus viviendas cediéndoles más territorio, las maras intimidan,
extorsionan, secuestran, roban, violan, asesinan y frente a esta desolación, el ciudadano descubre
que está totalmente desprotegido, no solo se siente impotente realmente lo está, porque no tiene
la posibilidad de defenderse o de enfrentar a estos grupos criminales.

El clima de zozobra generado por la empeñosa actividad de las maras y la incomprensible pasividad
de los entes gubernamentales encargados unos de ejercer su autoridad para proteger a los
guatemaltecos y otros de impartir pronta justicia nos está llevando al caos total. Ante el panorama
incierto que plantea la manifiesta ingobernabilidad que alienta la flojera del Gobierno y como
consecuencia de su situación desesperada el ciudadano común, cae en la tentación de organizarse
(y talvez armarse) por su cuenta para hacer justicia por propia mano, cegado por la desprotección
que afronta no logra visualizar los riesgos inherentes a esta nueva amenaza, la organización que
inicialmente se inspira en los nobles postulados de proteger y resguardar la vida y los bienes de
quienes la integran pudiera en algún momento llegar a ser poderosa, ese mismo poder a su vez será
capaz de corromperla y Dios no lo quiera, un día no muy lejano convertirla en un nuevo enemigo de
la comunidad que la creo y alimento esperanzadamente.