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CONQUISTA Y COLONIZACIÓN

José Juan Suárez Acosta - Félix Rodríguez Lorenzo - Carmelo L. Quintero Padi ''^«> ÉS-M'^ ¡

CENTRO DE LA CULTURA POPULAR CANARIA

CONQUISTA Y COLONIZACIÓN

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JOSÉ JUAN SUAREZ AGOSTA FÉLIX RODRÍGUEZ LORENZO CARMELO L. QUINTERO PADRÓN

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HISTORIA POPULAR DE CANARIAS

PRIMERA EDICIÓN: ENERO 1988

I CENTRO DE LA CULTURA POPULAR CANARIA

Dirigen y producen La Bibiioteca Canaria: M^ del Carmen Otero Alonso y César Rodríguez Placeres

Asesor líterarío: Félix Casanova de Ayala Cubierta: Obra de Luis Morera (fragmento) Diseño de Cubierta: Elsa de La Hoz y Ellzabeth Ramos (Dpto. de Diseño del CCPC) Fotocomposlción: RELAX Rambla de Pulido, 85 Santa Cruz de Tenerife impresión: LITOGRAFÍA ROMERO, S.A. C/. Ángel Quimera, 1 Santa Cruz de Tenerife

ISBN: 84-404-1254-1 (obra completa) ISBN: 84-404-1251-7 (Tomo II) Depósito Legal: TF. 4-198 8

Ninguna parte de esta publicación, incluyendo el diseño de la cubierta, puede ser reprodu- cida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.

"Otras islas se

ven, que blanco, velo

las ciñe en torno menos elevadas; llamólas por su fértil cielo y suelo la Antigüedad las Islas Afortunadas (—)"

T.

Tasso,

Gerusalemme

Liberata,

 

XV, 35-36

INTRODUCCIÓN

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La conquista y colonización de Canarias es un tema que lia in- teresado durante largo tiempo a la historiografía canaria. Las prime- ras referencias históricas que sobre las islas se escribieron son las crónicas. A ellas le sigue toda una serie de obras que se centran en los momentos en que ios europeos llegan al Archipiélago. Pese a mantener una visión de la realidad desde el punto de vista de los conquistadores, desde muy temprano cobra fuerza la defensa del aborigen frente a los recién llegados. Los escritos de Torriani, Via- na, y luego Viera y Clavijo o Millares Torres mantienen esta actitud. Ya en nuestra centuria, la importancia de los estudios sobre el siglo XV y XVI en las islas ha cobrado un nuevo impulso con nuevas interpretaciones de este proceso histórico. Este esfuerzo se eviden- ció gracias a que desde la década de los cuarenta, la historia mo- derna ocupará un sitio preferente en las investigaciones. Destacan asi los trabajos de Peraza de Ayala, Elias Serra Rafols, Leopoldo de la Rosa Olivera y tantos otros, que abrieron las primeras sendas que permitieron a las nuevas generaciones de historiadores adentrarse en una de las etapas más sugerentes y problemáticas de la historio- grafía canaria.

Por otro lado, se crean

una serie de

revistas en las cuales han

publicado la mayoría de los trabajos que sobre este período se han realizado en Canarias: La Revista de Historia, complementada por la que publica el Museo Canario de Las Palmas. A ellas se sumará en 1955 el Anuario de Estudios Atlánticos, dirigido por otro notable in- vestigador: el profesor Antonio Rumeu de Armas.

Ya en la década de los setenta, la creación del Departamento de Historia Moderna en la Universidad de La Laguna bajo la direc- ción del Dr. Antonio Betliencourt Massieu, dio un nuevo impulso a las investigaciones históricas, con la introducción de un concepto de historia global más enriquecedor. De este momento son obras fundamentales, elaboradas por Manuela Marrero, Ladero Quesada o Aznar Vallejo, sobre el siglo XVI en nuestras islas. Los problemas que se plantean en la investigación de ese siglo, al igual que para otros posteriores, son varios: dispersión de fuen- tes, existencia de lagunas en las mismas, etc. Con respecto a este libro, segundo de la colección que edita el Centro de la Cultura Popular Canaria, hemos intentado cumplir dos objetivos: en primer lugar, una síntesis basada en los diversos tra- bajos que sobre el tema se han escrito, con la intención de ofrecer un panorama global del proceso histórico desde la llegada de los primeros exploradores europeos hasta su establecimiento definitivo y consolidación en el siglo XVI. En segundo lugar mostrar la necesi- dad de una revisión histórica de esta etapa, al ser muchos aún los aspectos que sobre la realidad canaria en el siglo XVI desconoce- mos. Hemos pues intentado realizar una visión amplia de todas las transformaciones de la sociedad del momento, marcada por una se- rie de peculiaridades económicas, políticas y culturales, aun sabien- do que no es tarea fácil y que muchos de los datos no son generali- zables y sólo responden al momento y lugar en que han quedado re- cogidos por las fuentes. Para concluir esta breve introducción, pedimos disculpas de an- temano por las posibles lagunas que el lector pueda encontrar a lo largo de las siguientes páginas en nuestro afán por abarcar quizá demasiados aspectos y problemas que nos parecían sugerentes. También reconocemos el interés que hemos puesto en que se con- sidere esta obra como algo abierto, que invite al lector a profundizar en otras obras afines, que suscite dudas y, sobre todo, que se in- tente contrastar con la realidad del presente canario.

1. LA EXPANSIÓN EUROPEA EN LAS COSTAS AFRICANAS Y EN CANARIAS

Desde finales del siglo Xlil se producen diversas arribadas de marinos europeos al archipiélago canario. Estos primeros pasos, previos a la ocupación efectiva del territorio, están relacionados con el fenómeno de la expansión por el Océano Atlántico, que comienza en estos momentos y se continúa en los siglos posteriores. Sin embargo, no se puede hablar de un verdadero descubri- miento, ya que las islas son conocidas desde mucho antes por las gentes que habitan el entorno del Mar Mediterráneo, concretamente desde la Antigüedad Clásica. Autores como Plutarco, Salustio, Pli- nio el Viejo o Ptolomeo hablan reiteradamente de archipiélagos a los que llaman Hespérides o Islas Afortunadas, situados más alia de las Columnas de Hércules. Pero resulta difícil deslindar la realidad de la ficción mitológica en las nociones que estas fuentes transmi- ten, y que serán estudiadas también en esta colección. Los últimos datos aparentemente fiables son los referentes al poblamiento de Canarias, que los expertos sitúan en los siglos in- mediatamente anteriores y posteriores al comienzo de la Era Cris- tiana. Los vestigios arqueológicos que informan de la presencia de pueblos antiguos en las islas son escasos y se limitan a algunas ánforas romanas, encontradas en las costas de las dos islas más orientales. Se ha especulado con la existencia de un tráfico comer- cial con Canarias para la e)iplotación de productos tintóreos; por ejemplo la orchilla, y como punto de recalada de los pesqueros que faenaban en el litoral africano, pero no se tienen todavía pruebas evidentes de ello. El final del Mundo Antiguo supone un eclipse de las noticias so- bre el archipiélago, al menos en las fuentes conservadas. Así pues, hasta las últimas décadas del siglo XIII la realidad de las islas atlán- ticas es desconocida para los geógrafos. A pesar de ello y durante la Edad Media hay indicios que apuntan a un cierto conocimiento, más o menos legendario, de las Canarias. Los árabes, herederos del

saber clásico, conservaron los testimonios literarios y geográficos que recogen referencias de las islas. Algunos autores actuales sos- tienen que los musulmanes, por interés científico y mercantil, fre- cuentaban ei Océano Atlántico y las costas africanas. Existen dos viajes constatados, uno en el 956 d. C. y otro^en el 1013 d. C. Ya en el siglo XIV, las reiteradas expediciones y la infor- mación que acerca de estas aguas tienen musulmanes y cristianos hacen suponer que, en las regiones próximas, debió de mantenerse la idea de la existencia de éstas y otras tierras y es probable que fueran visitadas con mayor frecuencia de la que podemos constatar.

1.1. Europa en la Baja Edad Media

La época y el contexto en el que se desenvuelve el Viejo Conti- nente en el momento de su expansión hacia el Atlántico es denomi- nado por los historiadores como "el tránsito a la modernidad". Es una etapa en la cual el mundo medieval y sus estructuras empiezan a declinar para dar paso a un nuevo orden, el renacentista, principio de la Edad Moderna. Cronológicamente, abarca desde finales del si- glo XIII hasta el siglo XV o principios del XVI y se puede dividir, a su vez, en dos grandes etapas consecutivas.

  • - La primera corresponde a la totalidad del siglo XIV y se carac-

teriza por ser un momento de crisis, que se extiende por todo el continente a excepción de algunas zonas marginales o periféricas. Son estas últimas las que, por hallarse en mejores condiciones, en- contrarán soluciones nuevas a los problemas que la depresión plan- teó; ellas inician la exploración de las regiones situadas al occiden- te y sur de Europa, movidas por coyunturas tales como romper el bloqueo musulmán de la ruta mediterránea hacia Oriente o la nece- sidad de acceso directo al oro africano, indispensable para el revita- lizamiento de la economía europea.

  • - La siguiente fase se inicia hacia la mitad de siglo XV y alcanza a los primeros momentos del siglo XVI. Se desarrolla gracias al aprovechamiento que se hace de la etapa anterior, rentabilizando los logros efectuados en ésta. El dominio de nuevas rutas, tierras y productos conllevan la existencia de una época de crecimiento en el continente europeo, tanto en las zonas iniciales de la expansión como en otras de evolución más tardía (Inglaterra, Francia y Países Bajos).

Interesa a continuación analizar algunos aspectos de la fase inicial ya que en ella se produce la llegada de los europeos a Cana- rias.

Durante la segunda mitad del siglo XIII, Europa vive unos años de crecimiento, auspiciados por los resultados alcanzados en mate- ria de nuevas técnicas y herramientas agrícolas, entre las que des- tacan el arado con ruedas, la collera o el molino de viento. Estos avances propician el aumento de la productividad de los campos y, en ocasiones, la existencia de las tierras roturadas hacia el Norte y Este de Europa. Unido a ello se encuentra el fenómeno del creci- miento demográfico, la mejora de las condiciones de vida y la ten- dencia a la ruptura de la incomunicación entre las diversas regiones europeas. Existe también una progresiva internacionalización de las relaciones comerciales, aunque la navegación marítima por el Atlán- tico sea todavía marginal y se limite al tránsito costero que pone en contacto el Mediterráneo y la zona norte de Europa. El Atlántico al sur del estrecho de Gibraltar es presumiblemente poco conocido y el tráfico con el continente africano se lleva a cabo a través de las rutas caravaneras que atraviesan el desierto del Sahara, con lo que ello tiene de lento e irregular para las transacciones.

Esta fase de auge se frena a principios del siglo XIV como con- secuencia de varios factores:

10 Las posibilidades de desarrollo técnico son limitadas y no generalizables a todo el contexto continental. Es, en suma, una so- ciedad anclada en estructuras que evolucionan muy lentamente. 2o Un período de enfríamiento climático que provoca el abando- no de las zonas colonizadas de manera marginal en el norte y este de Europa. A su vez, las cosechas de regiones más al sur sufren un descenso de su productividad. La consecuencia inmediata son las épocas de hambre que marcan los primeros años del siglo y una de- saceleración del crecimiento demográfico.

30 La población, hambrienta y debilitada, no puede hacer frente a las epidemias que se extienden por Europa desde 1313 a 1352 y que diezman su contingente humano; ello origina, a su vez, que las tierras y el resto de las actividades no se puedan atender por falta de mano de obra.

La recuperación será lenta y diferente, según las zonas del con- tinente. Lo cierto es que el mundo feudal se va a transformar econó- mica y socialmente, aunque de manera progresiva. Los cambios que originan los factores arriba enunciados durante la larga etapa de crisis son los siguientes:

En el plano demográfico, la Peste Negra divide la historia de Occidente en dos etapas, según argumenta Pierre Chaunu. En el si-

glo XIII se calcula que en Europa habitaban alrededor de cuarenta o cincuenta millones de personas. Tras el ciclo epidémico, la pobla- ción no se recupera y sólo alcanzará una cifra parecida ya en el si- glo XVI. La peste se difunde preferentemente en zonas muy pobla- das como las ciudades, preservándose mejor el ámbito rural. El azo- te tiene, por otro lado, el carácter de nivelador social ya que afecta tanto a las masas populares como a las élites; a quienes se inculpa, junto a una relajación de costumbres, de este supuesto castigo divi- no. Tampoco faltan los brotes de antisemitismo, ya que se supone al judio como otro causante de estos males. En el plano económico, el despoblamiento de los núcleos rura- les es la nota más significativa. Ello es consecuencia de la huida del campesino ante el aumento de la presión fiscal por parte del señor, que ve mermados sus ingresos por la falta de mano de obra que las epidemias y las guerras ocasionan. Los vínculos feudales que atan a los siervos a la tierra se reducen: el señor debe transformar un sistema económico asentado en los servicios personales obligato- rios y gratuitos que presta el agricultor, por otros como el arrenda- miento de terrenos a cambio de una renta fija. Esto posibilita al cam- pesino para obtener algún rendimiento propio de las cosechas y al señor la oportunidad de desentenderse de la explotación directa de la tierra. Pero estas medidas sólo favorecen al labrador que tiene capacidad adquisitiva para arrendar, el resto permanece bajo servi- dumbre o engrosa las masas de jornaleros. Por otro lado, la posibili- dad de cultivar tierras en beneficio propio fomenta también un des- plazamiento de la agricultura de autoconsumo hacia otra que combi- na esta característica con la de una producción orientada al inter- cambio. Otro factor de desarrollo económico, asociado a esta transfor- mación de la agricultura, es el progresivo auge que recobra el co- mercio y el fortalecimiento de lo que algunos autores catalogan de incipiente burguesía comercial o mercantil. El auge de los mercade- res está asociado al desarrollo de las ciudades, junto a una sene de elementos técnicos tanto industríales como mercantiles y a cierta regresión del comercio interíor por problemas de baja demanda, lo que obliga a colocar los productos en mercados nuevos; esto fo- menta a su vez la apertura de otras vías y regiones al mercado inter- nacional. A ello se suman una sene de nuevos valores que se irán imponiendo progresivamente, aunque no en la totalidad de Europa, ya que en estos momentos es sólo una minoría la que los comparte; durante el siglo XIV la exploración de nuevos territoríos será privile- gio y tarea de este grupo social. En el plano político, el continente está marcado por la guerra, siendo una consecuencia del impactb que las crísis socioeconómi-

cas tienen en las relaciones feudales e interestatales. El conflicto más importante es la Guerra de los Cien Años, iniciado como una contienda feudal y que culmina como lucha entre dos estados, el francés y el británico. Por otro lado, el poder feudal va perdiendo progresivamente su ascendiente sobre el real, que se fortalece. EL papado se encuentra en estos momentos inmerso en una grave crisis. Las luchas entre facciones desembocan en el cisma de Avignon, tras el que se establecen dos papados. Empiezan a suce- derse también las luchas entre las iglesias estatales y la curia ro- mana. En el plano popular, surgen herejías como la husita, y la peste provoca reacciones diversas, apareciendo por un lado la exaltación religiosa, que se traduce en las comitivas de flagelantes que reco- rren Europa y, por el otro, se acentúa la relajación de las costum- bres. Se adivina ya en esta centuria la creación de una nueva cultu- ra, el humanismo renacentista, que da un mayor protagonismo al hombre como dominador y centro de la naturaleza.

1.2. Viajes y exploraciones del Atlántico

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En el siglo XIII ninguna cultura tiene conocimiento de más de un tercio del planeta, como indica Fierre Chaunu. A finales del siglo XVI en cambio, ya se domina casi todo el orbe. La concepción del mundo se transforma: ha pasado de ser un plano rodeado de abismos a te- ner forma esférica; los mares anteriormente plagados de monstruos y rodeados de un cinturón de fuego en los trópicos, son ahora rutas comerciales y campo de batalla de las potencias que aspiran a su posesión. Son las transformaciones apuntadas las que hacen que el hombre se aleje de las costas del Atlántico europeo o abandone la seguridad del Mediterráneo. Pero existen unas causas directas, unos medios técnicos y unos pueblos que van a la cabeza de esta expansión. En primer lugar, las motivaciones directas que posibilitan en el siglo XIV y XV la exploración del Atlántico son varias:

- Destacamos inicialmente la interrupción del comercio de las especies, existente entre Europa y Oriente a través de territorios controlados por el Islam, que actúa como intermediario. La inestabi- lidad política y el ascenso de los turcos dentro del mundo árabe difi- culta enormemente el tráfico de productos. Otras rutas más al norte

tienen los mismos problemas por el obstáculo que suponen las hor- das nómadas que controlan las estepas euroasiáticas. Las fabulo- sas ganancias que este mercado ofrece a los italianos obliga a acli- matar algunos de estos productos en el Mediterráneo, como es el caso del azúcar y la hierba pastel, la búsqueda de sus sustitutos en África y a fomentar la apertura de nuevas rutas directas hacia Oriente. Además, Europa se encuentra en una fase de acumulación de capitales que se ve frenada por la escasez de oro que le permita continuar con su expansión. Las minas de oro y plata de la Europa Central no abastecen la demanda de estos metales. Se intenta su- plir entonces con el oro sudanés, que atravesando el desierto del Sahara llega a las costas mediterráneas donde es monopolizado por los genoveses, pero es un proceso lento y se busca el acceso directo. Portugal, atraída por este mercado y por la obtención de es- clavos, inicia los viajes que le permitirán integrarse en este circuito. Existen otra serie de razones no menos importantes para en- tender el comienzo de estos viajes; algunos son de carácter religio- so, como es la búsqueda de un mítico reino africano, gobernado por el Preste Juan, un cristiano al que se ve como posible aliado frente al Islam. Otras razones derivan de la curiosidad y afán de aventuras que despiertan los viajes de algunos europeos a Oriente, siendo el más conocido el de Marco Polo, que en su "Libro de las Maravillas" describe las múltiples riquezas que guarda Oriente.

  • - En segundo lugar, la exploración de las nuevas rutas no sería

posible sin una serie de adquisiciones técnicas para la navegación. Entre el siglo XII y el XIII, cuando los italianos crucen el estrecho de

Gibraltar y unan el Mediterráneo y el Atlántico en la ruta que condu- ce a Flandes, se producirá el encuentro de dos formas diferentes de navegar.

El navio mediterráneo es largo, de poco calado y estrecho, sien- do su fuerza motriz principal los remos; su principal problema reside en que es poco apto para trasladar mucha carga. Con esta embar- cación se llevan a cabo los primeros viajes de exploración de Cana- rias y pronto resulta evidente su ineficacia para la navegación atlán- tica. El buque nórdico, en cambio, es redondo, de alta borda y movi- do por velas, siendo apto para transportar gran cantidad de carga; sus inconvenientes son la lentitud y la dependencia de vientos y co- rrientes. Con el tiempo, la fusión de las características de estos dos navios da como resultado la carabela, a la cual se le añaden una se- rie de aparejos nuevos como el timón axial que sustituye al lateral, permitiendo una mayor maniobrabilidad de la embarcación; el au- mento del número de mástiles y la combinación de la vela cuadrada

Atlas Catalán de 1375 atribuido a Cresques Abraham

y la latina. El problema de la carabela sería su poca capacidad de carga extra, una vez completo el tonelaje que se precisa para el sostenimiento de la tripulación. Por ello es destinada a la explora- ción acompañándola otro tipo de buque de carga si la travesía es larga. Otro de los adelantos técnicos es la progresiva utilización de la navegación con instrumentos astronómicos; esto permite obtener puntos de referencia de la latitud, por la posición del sol y las estre- llas, en alta mar. La brújula, la rosa de los vientos y otros útiles náu- ticos se van incorporando en fases sucesivas; muchos de ellos son creados y adaptados por los geógrafos y estudiosos de las universi- dades y centros fundados especialmente para ayudar a los nave- gantes, como la escuela de Sagre, fundada por el príncipe portu- gués Enrique el Navegante. Sin embargo, no se deben menospreciar muchos años de experiencia directa, como señalan los estudiosos del tema, en el conocimiento de mareas, corrientes y vientos, que permiten al hombre alejarse de las costas.

También son de utilidad los portulanos, mapas que señalan los puertos -de ahí su nombre- y rutas que los comunican. Posterior- mente se introducen cartas que contienen meridianos y algunas longitudes. Otro instrumento muy útil incorporado desde el siglo XIV son las tablas de martilogio, en que mediante cálculos trigonométri- cos permitían averiguar la desviación de un navio respecto de su ruta, ya que una nave a vela rara vez avanza en línea recta, por lo que precisa corregir frecuentemente el rumbo. - La tercera causa motivadora afecta a los grupos humanos que emprenden la exploración, éstos habitan en puntos privilegia- dos con importantes intereses en las actividades mercantiles y ma- rítimas, que han resultado menos afectadas por la crisis europea y con capacidad de buscar soluciones a ésta. Los italianos, catalano- mallorquines y portugueses son los pueblos a la cabeza de la em- presa, conectados con el tráfico comercial mediterráneo o el ribere- ño atlántico, participando desde mucho tiempo antes en las rutas que enlazan el norte y sur del continente a través del mar. Los italianos, preferentemente genoveses, controlan el comer- cio con Oriente, ahora cerrado, y con Flandes, afectado por la peste y la guerra. Han desarrollado un sistema financiero que permite las transacciones a larga distancia, no sólo con el empleo de oro sino también con la letra de cambio, los bancos y las compañías comer- ciales, que mantienen esta red de comercio. Aunque existen empre- sas directas de los marinos italianos en colaboración con reinos pe- ninsulares para adentrarse en el Atlántico no prosperarán de la mis- ma manera que tampoco lo hacen los proyectos catalano- mallorquines. Ello se debió fundamentalmente a la escasez de me-

dios y la poca rentabilidad que suponen unas exploraciones orienta- das hacia el comercio más que hacia el asentamiento en nuevas tie- rras.

Será desde los enclaves comerciales establecidos al sur de la Península y a cargo de unas minorías como las italianas quienes participarán de las nuevas rutas. Pero previamente a este hecho es necesario explicar cómo funcionan las compañías comerciales. La primera formación mercantil es la familiar, entendiéndola como gru- po amplio de personas relacionadas por lazos de sangre. Se dedi- can a las transacciones de todo tipo y gracias a su solidaridad de grupo pueden establecer redes comerciales; en ellas no sólo partici- pan los grandes comerciantes sino también los parientes humildes, aunque siempre respaldados por los más ricos, que intervienen di- rectamente cuando las posibilidades comerciales están consolida- das.

Otro tipo de compañía es la llamada a carati o por acciones, que dividía el capital en veinticuatro participaciones en un principio y luego cada una de éstas se fraccionaba a su vez, lo que permitía in- tervenir en la compañía a un buen número de personas sin necesi- dad de poseer un gran capital. Este tipo de empresas domina mayormente los monopolios de un determinado producto. Ambas, la familiar y la carati procede de las llamadas societas man, unos acuerdos de carácter temporal entre un comerciante y un patrón para realizar una determinada empresa con un posterior reparto de beneficios. Así, los pobladores de la Baja Andalucía conforman junto con los portugueses la avanzada artífice de las primeras exploraciones ultramarinas. El reino de Aragón, como veremos posteriormente, a pesar de ser el iniciador de los viajes a Canarias con intenciones de ocupación, sufre más fuertemente el impacto de la crisis siendo, por otro lado, el Mediterráneo su zona natural de expansión. El reino castellano no sufre con demasiado rigor en cambio la depresión continental y pronto logra superarla, dando lugar a un mayor dina- mismo demográfico centrado en las ciudades y en el desarrollo cre- ciente de la economía gracias a la exportación de lana hacia el nor- te de Europa, potenciando a su vez la marina de este reino; también la moneda saneada que sostiene el oro llegado desde África apun- tala este crecimiento. Como aspectos negativos, Castilla tiene una dependencia excesiva de ese comercio lanero, lo que frena el desa- rrollo agrícola y artesanal; la burguesía existente es muy escasa y está impregnada de una mentalidad hidalga de rechazo al trabajo. La Baja Andalucía es en estos momentos una zona de reciente reconquista y repoblación. Aunque el poder señorial es importante, el motor económico lo impulsa una ciudad realenga, Sevilla, que

CIERRE DEL COMERCIO CON ORIENTE Y EXPLORACIÓN DE ÁFRICA RUTAS COMERCIALES AFRICANAS Y CIRCUITO REALIZADO POR VASCO DE GAMA

4a ETAPA 14a?-99

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Ruta de Vasco de Gam; para atravesar el Cabo de Buena Esperanza

Cabo de Buena Esperanza

Rutas de la exploración y colonización

Etapas de la exploración

portuguesa en África.

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Antiguas rutas marítimas y terrestres • desde Europa hacia Oriente y África.

Regiones europeas pioneras de las nuevas rutas.

controla el tráfico del río Guadalquivir. Demográficamente, esta zona tiene un importante crecimiento que combina con una economía orientada hacia la exportación y de carácter muy fértil: trigo, vino, aceite, frutos secos, pescado, sal y toneles se exportan al resto de la Península, a África y Europa. Esto dará a Sevilla la categoría de punto de enlace entre el Mediterráneo, el norte del continente euro- peo y la costa africana. En ella se asientan importantes colonias de mercaderes que pronto reciben las primeras noticias sobre los des- cubrimientos que se efectúan en el Atlántico. De esta costa parten los conquistadores de Canarias, ios pescadores que explotan con regularidad el banco pesquero sahariano y los aventureros y corsa- rios.

Pero serán los portugueses a quienes corresponde el honor de haber iniciado la expansión y apertura de las nuevas rutas hacia África y Oriente. Tienen un papel destacado en el descubrimiento de Canarias y en el control de un ámbito que algunos historiadores lla- man el "Mediterráneo Atlántico", que comprende el sector sudoeste de la Península Ibérica y las islas adyacentes del Atlántico. A Portu- gal le ocurre un fenómeno similar a! castellano, aunque se anticipe en el tiempo. El reino lusitano termina su reconquista con anteriori- dad a Castilla y emprende una verdadera reconversión de sus me- dios humanos y económicos para continuaria en África. Las causas son diversas: por un lado, la salida natural de Portugal es el mar y la costa de Marruecos; por otro, el país necesita territorios agricolas para hacer frente a su crecimiento poblacional ya que era deficitaria en cereales que importaba del otro lado del Estrecho; la nobleza, aspirante a un mayor número de tierras que le proporcionasen ren- tas; la burguesía, muy activa, desea participar del oro y los esclavos africanos para incrementar su capital. Este último grupo, en contac- to con los genoveses, ve factible establecer una comunicación ro- deando África con el Oriente. La Corona debe contentar tanto al grupo nobiliario como al burgués, a la vez que se beneficia de las posibles rentas que fortalecerán su posición. Por esto, la empresa portuguesa revestirá un carácter estatal y no privado como es la ita- liana y, en parte, la castellana.

Las fases de exploración y asentamiento en África coinciden con la conquista y colonización de Canarias; en el caso portugués, el Archipiélago tiene relevancia en las dos primeras etapas de ma- nera directa y, posteriormente, como posesión castellana en los conflictos que enfrentan a las dos potencias. Ya en el siglo XVI las relaciones de Canarias con Portugal serán de carácter comercial al servir las islas de punto de abastecimiento en el tráfico de las facto- rias portuguesas de Berbería y Afríca Negra con la metrópoli. En una primera etapa, la expansión portuguesa llega hasta el

Cabo Bojador en 1434. En este momento se coloniza Madeira, se descubren las Azores y se intenta la ocupación de algunas islas ca- narias. En ella ya interviene una figura clave: el príncipe Enrique el Navegante. La segunda fase se inicia cuando al superar el Cabo Bojador es necesario alejarse de la costa. Comienza así la verdadera etapa de navegación de altura. Se alcanza Cabo Verde y posteriormente la desembocadura del Senegal. Se inician también las capturas siste- máticas de esclavos como motivación fundamental de los viajes. La tercera etapa, que iniciamos en 1444 y tras un paréntesis de silencio en las fuentes de quince años -quizá originado por los mis- mos portugueses para salvaguardar sus exploraciones-, se atiende más a los aspectos organizativos de la explotación de los nuevos territorios. La cuarta y última fase comienza en 1482 con la navegación por la costa del Congo y se prepara ya el salto al océano Indico; en 1488, Bartolomé Díaz dobla el cabo de Buena Esperanza. Durante esta etapa la amenaza de los andaluces en Guinea se ve frenada por la construcción de la fortaleza de La Mina. Canarias, por su par- te, sufre asaltos lusitanos debido a la guerra de sucesión que los enfrenta con Castilla. En 1492 Colón abre una nueva ruta por el oeste con la intención de llegar a las Indias. La divergencia del ex- pansionismo castellano y portugués favorece que este último logre la circunnavegación de África, llegando en 1499 Vasco de Gama a Calicut, en la India.

  • 2. EL REDESCUBRIMIENTO DE CANARIAS

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Para el período que llamamos "redescubrimiento" del Archipié- lago canarío, se pueden distinguir dos etapas. La primera abarcaría la totalidad del siglo XIV y los viajes serían esporádicos a la búsque- da de esclavos. Ya en la segunda época, durante el siglo XV, se iniciaría la con- quista y ocupación de las islas, incorporándose finalmente a la co- rona de Castilla. Como antecedentes de estas arribadas, podemos señalar que en el siglo XIII se produce una revalorización de las vias comerciales que costeaban África en la búsqueda de una nueva ruta oceánica hacia las Indias Oríentales. Con tal motivo se suceden distintas ex- pediciones desde finales del siglo Xíll y a lo largo del siglo XIV, aun- que algunas no estén del todo confirmadas. Así, en la primavera del año 1291, los hermanos Ugolino y Van- dino Vivaldí partieron de Genova con la intención de llegar a la India por via marítima en diez años. La expedición estaba auspiciada por Tedisio D'Oria y guiada por pilotos mallorquines. Tras costear el lito- ral marroquí, jamás se volvió a tener noticias de ellos. Resulta difícil saber si en su expedición pasaron por Cañarías; pero el descubrí- miento confirmado de las islas fue consecuencia directa de su viaje, ya que en las distintas tentativas que por hallaríos y seguir su ruta se efectuaron, el Archipiélago dejó de ser un mito para incorporarse al conocimiento geográfico de la época. Fue también un genovés, llamado Lancelotto Malocello, posible- mente en busca de los restos de la expedición de los hermanos Vi- valdi, el que arríbó a Lanzarote en 1312. Allí permanece durante casi dos décadas, siendo finalmente expulsado por un levantamiento in- dígena, aunque no se conocen muchos datos al respecto. La evi- dencia de la ocupación de Lancelotto viene probada por varias fuen- tes, entre ellas la del testimonio de los cronistas de la conquista normanda, según los cuales aún quedabanrestos de construcciones levantadas por el genovés al iniciarse la ocupación de la isla casi un siglo después.

La siguiente expedición, organizada por italianos y portugueses hacia 1341, resulta de interés por ser la primera descripción que se hace del Archipiélago y sus aborígenes, debida posiblemente a uno de sus jefes. El rey de Portugal es quien abastece la flota y este pa- tronazgo es lo que argumentará Alfonso IV de Portugal al reclamar sus derechos sobre las islas. La empresa estuvo bajo la dirección técnica de los italianos, entre quienes destacan Nicolosso da Recco y Angiolino de Teggia dei Corbezzi, capitán de la misma. ¿Qué con- clusión podemos extraer de este viaje? Principalmente, la evidencia de que las islas han dejado de ser un lugar remoto y desconocido para convertirse en un paraje frecuentado y codiciado por los mer- caderes y aventureros.

En 1344, el papa Clemente VI nombra a D. Luis de

la Cerda, in-

fante de Castilla y miembro de la embajada del rey francés en la sede papal de Avignon, como soberano de las Islas Canarias. Tanto el príncipe como el papa habían sentido curiosidad por este lejano archipiélago conocido a raíz de las expediciones de Nicolosso da Recco y de las referencias que los textos antiguos hacían sobre las islas. Por la bula "Tua devotionis sinceritas" se otorgó al infante el feudo de Canarias, con plena jurisdicción para eliminar el paganis- mo de aquella zona. La concesión papal tenía como contrapartida la obligación de pagar anualmente cuatrocientos florines de oro por parte del nuevo reino. Don Luis, que tomará el título de "Príncipe de la Fortuna", bus- cará ayuda inmediata en los restantes monarcas cristianos para que éstos apoyen la cruzada y evangelización de las Islas. Para ello, Clemente Vi dirigirá bulas a los reyes de Aragón, Castilla, Portugal y Francia. Pero inmediatamente el rey castellano Alfonso XI alegará que Canarias había pertenecido a la Mauritania Tingitana, dominio de la monarquía visigoda, de la cual los reyes castellanos se creían sucesores. Alfonso de Portugal, por su parte, invocará la expedición de 1341 como derecho probatorio de sus aspiraciones sobre el ar- chipiélago. Desde un punto de vista jurídico, en estas protestas se esgrime la teoría de que la proximidad de un reino cristiano a una zona sin ocupar le da derecho a su soberanía. El interés de los mo- narcas por impedir la donación papal no iba específicamente contra la autoridad papal sino contra la introducción de un obstáculo en las zonas de expansión de esos reinos peninsulares. El principe de la Fortuna, al no poder realizar la empresa por su cuenta, acudirá a Pedro IV de Aragón para solicitar su ayuda, reali- zando un acto de subordinación feudal que dará lugar a la interven- ción de este reino en Canarias. Pero D. Luis de la Cerda, que ya en 1345 trabajaba- para equipar una flota expedicionaria, morirá en 1348 sin que las naves zarpen de los puertos europeos.

Además de ser valorada y conocida ya a mediados del siglo XIV como paso hacia una futura expansión por África, Canarias también pone de manifiesto en el contexto europeo una serie de problemas jurídicos que pasamos a enunciar brevemente:

En primer lugar, la donación papal es un acto de fuerza por par- te de Clemente VI para demostrar su poder en los asuntos tempora- les y concretamente en los internacionales, ya que éste había sido dañado por ios problemas internos que sufría la Iglesia desde varias décadas atrás. Como ya dijimos, se cuestionan las distintas posturas sobre el derecho que tienen los príncipes cristianos, en función de su proxi- midad, a ocupar nuevos terrítoríos. Frente a ellos, el papado insiste en su prerrogativa para crear principados como vicario de Dios en la tierra y, por tanto, soberano del mundo y de los príncipes por ley di- vina. En años posteriores este debate dará lugar no sólo a la puesta en duda de este poder del pontífice, sino incluso a cuestionar qué derechos tiene la cristiandad, el papa y los príncipes, sobre los pue- blos paganos. En torno al año 1350 se difunde el prímer libro de geografía uni- versal, escrito por un franciscano español y basado en relatos ára- bes, mallorquines y en las noticias que las misiones de su Orden en el Mogreb daban, señalando las Canarias con notable precisión. Por la misma época, el archipiélago ya aparece en los principales ma- pas y portulanos, fijándose y difundiéndose su conocimiento.

  • 2.1. Los viajes Catalano- Mallorquines

Junto a los italianos, que utilizaban los puertos de Andalucía para sus internamientos en el Atlántico, la Corona de Aragón, bajo cuyo dominio estaban los reinos de Cataluña y Mallorca, tendrá en la segunda mitad del siglo XIV un protagonismo indudable en los viajes a Canarias y a las zonas de África al sur de estas islas. Para los catalano-mallorquines sus exploraciones respondían, en princi- pio, a empresas puramente mercantiles, conjugadas con las tareas evangelizadoras, encargadas por el papa y que ayudaban a un mayor entendimiento con los aborigénes; sin embargo, no podemos desdeñar en absoluto esta correlación de intereses, ya que entra de

lleno en la mentalidad impregnada de religiosidad de la época. Pero la mayor importancia que tiene Canarias para estos navegantes es la de servir de plataforma de operaciones en el continente vecino. Desde un principio, las islas no ofrecían grandes riquezas y sus po- sibilidades se reducen al posible abastecimiento de buques y la ob- tención de plantas tintóreas como la orchilla, siendo la única fuente de ingreso rentable la captura de esclavos. Aunque la Historia ha dado primacía a los portugueses en el descubrimiento del Atlántico sur, es un hecho probado que los cata- lano-mallorquines habían alcanzado ya en estas fechas zonas más allá del cabo Bojador. Los problemas con que chocarán estas em- presas serán de tipo técnico y financiero, ya que son normalmente privadas, aunque fueran alentadas por los reyes con la aportación de algunos recursos. Se piensa que ya desde 1432 han partido una serie de expedi- ciones mallorquínas hacia las Islas Canarias con la intención de ob- tener esclavos. De estas primeras arribadas no se sabe su resulta- do, pero son importantes porque inauguran una etapa de regulari- dad en los viajes de exploración. Un ejemplo sería la expedición de Jaume Ferrer a Río de Oro, que se recoge en el planisferio catalán de 1375 y que certifica el conocimiento que tienen los marinos so- bre estas aguas ya en ese momento, gracias a una labor continua de exploración. En 1351 el papado erige el obispado misionero de Fortuna, nombrando Clemente VI al carmelita fray Bernardo como titular del mismo. Al mismo tiempo, se arma para el siguiente año una expedi- ción al mando de Amoldo Roger y que patrocinan Juan Doria, Jaime Segarra y Guillen Fuser. Esta empresa aunaba el estímulo comercial y la finalidad evangelizadora, para ésto último se formó una cofradía con intención de recabar fondos con que financiar el viaje. La opera- ción se vio apoyada por el patronazgo real, lo que muestra la inten- ción del soberano aragonés de establecerse en Canarias de una manera permanente. En la expedición iban, junto a unos treinta mi- sioneros, doce canarios bautizados. En Telde, sede de uno de los guanartematos grancanarios, se establece el nuevo obispado, que perdurará más de cuarenta años. Sirvió esta misión de avanzadilla para los contactos comerciales con las islas, si bien tenia como fin primordial la evangelización de los aborígenes de manera pacifica, al tiempo que frenar las conti- nuas capturas de esclavos, como demuestran noticias de 1370 so- bre la venta de canarios en puertos del Mogreb. Este enclave misio- nero se extinguirá trágicamente en 1391 al ser asesinados sus monjes por los grancanarios, a raíz de las razzias protagonizadas por los andaluces en la isla.

La última expedición, fecliada en 1391, coincide con la pérdida de interés por Canarias al crecer las dificultades para los mercade- res catalano-mallorquines en la ruta atlántica. Esta empresa nace de la asociación de dos genoveses, Scariafiga y Sargazo, que, junto al sevillano Juan González, fletaron la nave "Santa Ana", con tripula- ción catalana y andaluza, y se dirigieron a Guinea tras hacer escala en Fuerteventura. ¿Qué factores propiciaron el abandono de la zona atlántica? De modo general se puede decir que desde 1380 Cataluña y Mallorca hablan entrado en una fase depresiva, tanto demográfica como eco- nómica y financiera, acompañada de alteraciones sociales y políti- cas. Los inicios de esta crisis pudieron tener su origen en el conflic- to castellano-aragonés a mediados del siglo XIV. Se asiste desde entonces a un proceso de retraimiento comercial en aquellos reinos. Castilla, por el contrario, vivirá una fase alcista que potencia su ma- rina, convirtiéndola en protagonista, junto a Portugal, de la expan- sión atlántica. Andalucía, especialmente Sevilla y Cádiz, eran paso obligado de las expediciones catalano-mallorquinas y es probable que los andaluces ya navegaran por aguas de Canarias al mismo tiempo que los aragoneses. Como causa de esta penetración castellana se puede percibir una estrategia expansionista con la ocupación de Tarifa, Algeciras o Gibraltar, la apertura de nuevos mercados, la lu- cha contra el infiel y la evangelización. Pero frente a Castilla, con problemas tan importantes por resol- ver como la conquista de Granada, Portugal había acabado su re- conquista y se alzaba como fuerte competidora por el dominio de África. Canarias suscitará conflictos entre las dos potencias, que ya habían tenido un primer choque de intereses en el episodio del Prín- cipe de la Fortuna. Ya en 1393, como indica Pedro de Ayala en su "Crónica del rey D. Enrique III", toman la iniciativa los castellanos al preparar una nueva expedición esclavista en Sevilla, a cargo de andaluces y vas- cos, que entrará al menos en Lanzarote, apresando a uno de los je- fes isleños y unos ciento cincuenta aborígenes. Por tanto, las raz- zias debieron continuar durante los últimos años del siglo, aunque no se tengan noticias seguras sobre el archipiélago hasta que en 1403 lleguen los normandos a Lanzarote.

3. LA ETAPA SEÑORIAL

Tras el siglo XiV, en el que los intentos de asentamiento perma- nente son escasos, el siglo XV es el momento en que comienza la verdadera ocupación. Una vez conocidas las posibilíjjades económi- cas de las islas y llevado a cabo un preasentamiento por parte de los misioneros, se intentarán crear nuevas estructuras de corte eu- ropeo. Esto conlleva un dominio militar eficaz del territorio, la remo- delación de la población, incluyendo la destrucción o subyugación de gentes y culturas aborigénes y la imposición de un nuevo siste- ma administrativo-fiscal. El proceso conquistador no es rápido ni continuo y abarca prác- ticamente todo el siglo. En una primera época que llega hasta los años setenta, reviste un carácter señorial, adquiriendo progresiva- mente la Corona un mayor protagonismo en la ocupación de Gran Canaria, La Palma y Tenerife, etapa que por este carácter se deno- minará realenga.

3.1. La conquista normanda

La ocupación se inicia a principios del siglo XV con la llegada de contingentes normandos contando con el apoyo de Castilla. Este reino, al acoger la empresa francesa, se adelanta a Portugal en la pugna por dominar las islas. Los protagonistas de la conquista son Jean de Bettiencourt y Gadifer de La Salle, ambos subditos feudatarios del rey de Francia; como tales, y con el permiso de su monarca, emprenden su aventura en el Archipiélago. Bethencourt y Gadifer tienen sobrados motivos para embarcarse en ese intento: no sólo los mueve el afán de aven- tura, o la religiosidad sino, ante todo las necesidades económicas. El primero de ellos posee en Normandía propiedades vinculadas a la industria textil que necesita productos tintóreos que se encuentran

en Canarias con relativa abundancia. Jean de Betiiencourt es el prototipo de la pequeña nobleza que las crisis del siglo XiV han hun- dido, reduciendo sus ingresos con la relajación del sistema feudal. Gadifer es también un noble sin fortuna, pero experto militar que ha participado anteriormente con el normando en campañas militares en el Mediterráneo. Posteriormente, una vez llegado a las islas, Jean de Bethen- court acudirá a la corte castellana para rendir pleito homenaje a En- rique III en 1402. Se trata pues, del acto de enfeudación o reconoci- miento oficial de las islas como señorío vinculado a Castilla. Portu- gal cuestionará la validez de este hecho, presentando diversas ar- gumentaciones que le permitan justificar su posible soberanía sobre las Canarias. En la decisión de Jean de Bethencourt de subordinar- se al monarca castellano quizá contó, junto a otras motivaciones, el probable apoyo de un poderoso pariente suyo en la corte del rey En- rique, su primo Rubín de Braquemont, artífice de las alianzas entre Castilla y Francia, y que además había obtenido del rey el privilegio sobre Canarias, que cede posteriormente al conquistador norman- do. Lo cierto es que Rubín juega un papel importante en la acepta- ción de Jean de Bethencourt por parte del monarca. Sobre el viaje y ocupación normandas se tiene un detallado co- nocimiento -aunque su verosimilitud esté cuestionada-, gracias a la crónica conocida como Le Canarien, que fue redactada en el mo- mento de la conquista por los capellanes de la expedición francesa, Pierre Bontier y Jean Le Verrier. Sin embargo, ésta no es la fuente que se conserva en la actualidad, los historiadores han utilizado, por el contrario, dos versiones reformadas que sirvieron de alegato legal tras la ruptura entre Gadifer y Bethencourt y que están entresaca- das de la original escrita por los religiosos normandos. Gadifer ha- bría redactado la versión más antigua sobre el manuscrito de los ca- pellanes entre 1404 y 1408; predomina en ella cierta exactitud en las descripciones de las islas y sus habitantes, como han señalado los profesores Serra y Cioranescu. El segundo texto es una refundi- ción de éste y adjudica a Jean lo que Gadifer presenta supuesta- mente como obra propia. Fue escrito por el sobrino de Bethencourt como crónica familiar y es el más inexacto de los dos textos. A partir de la información de la crónica francesa podemos referir los primeros acontecimientos de los normandos en las islas:

Los dos conquistadores parten de La Rochela -Francia- en 1402 con unos doscientos hombres. Tras hacer escala en la Coruña y Cádiz llegan a Canarias. En el trayecto Bethencourt tendrá proble- mas, debiendo responder de una acusación de piratería en Cádiz, con lo que el viaje sufre cierto retraso, que permite contactar con marinos andaluces que frecuentaban las aguas del Archipiélago. En

el verano de ese año desembarcan en Lanzarote, donde establecen un pacto de amistad con un jefe aborigen, aunque las reticencias de una y otra parte son constantes. Se funda un campamento, el Casti- llo del Rubicón, al sur de la isla, desde donde se intenta el asalto a Fuerteventura varias veces, pero con escaso resultado por la beli- gerancia que muestran sus fiabitantes. Ante esta situación y para conseguir apoyo económico, bastimentos y hombres, Jean de Bet- hencourt marcha a la Península, donde consigue la ayuda de Enri- que III a quien rinde vasallaje, obteniendo importantes prerrogativas. Mientras esto sucede, en Canarias la situación interna del grupo normando es tensa: Bertin de Berneval con varios gascones se re- vela contra Gadifer, aprovechando que éste se encuentra en el islo- te de Lobos para conseguir pieles con que reponer el calzado de sus hombres, donde queda aislado. Bertin, puesto de acuerdo con los marineros de una nave andaluza, la "Tajamar", que navegaba por la zona, saquea el fuerte y esclaviza a los aborígenes y a su rey, que logra huir, marchando Bertin a Cádiz en ese navio. Este suceso acaba con la buena disposición de los indígenas, que temen se re- produzcan los apresamientos de esclavos que vienen sufriendo desde el siglo anterior, y obliga a los normandos a mantenerse a la defensiva en condiciones precarias, hasta la llegada del auxilio en- viado por Bethencourt desde Andalucía en julio de 1403.

La conquista de Fuerteventura no era fácil y hubo de esperarse el regreso de Bethencourt en 1404 para emprenderla. Antes, Gadi- fer lleva a cabo un reconocimiento de las restantes islas. Desembar- có en Gran Canaria, donde tuvo noticia de la muerte violenta de los misioneros mallorquines, acontecida años atrás y ante la actitud hostil de los naturales, Gadifer decide continuar su viaje. Tras cos- tear Tenerife y penetrar en La Gomera y El Hierro, hizo una última escala en La Palma, regresando a Lanzarote. Aquí terminó de pacifi- car la isla, tras algunos enfrentamientos con los indígenas, y el rey Guadarfía se sometió junto a una población que las enfermedades y la esclavitud habían diezmado considerablemente. Bethencourt regresa con el título de "rey de Canarias" lo cual da lugar a disputas con Gadifer, y comienza la ocupación de Fuerte- ventura. En esta isla se establecen dos bases: el castillo de Ricorro- que, supuestamente construido en la costa oriental, donde se con- centra el bando bethencuriano y el castillo de Valtarajal, ocupado por los seguidores de Gadifer. La llegada de nuevos refuerzos en 1405, entre los que se encuentran algunos aborígenes de Lanzaro- te, acelera la capitulación indígena. Se supone que en estos mo- mentos o en los inmediatamente posteriores Gadifer abandona el Archipiélago y vuelve a Francia en busca de apoyo para recuperar los derechos que Bethencourt le ha hurtado, pero no regresará

jamás a las islas. Tras la rendición, los conquistadores se dedican a eliminar paulatinamente los últimos focos de resistencia y ocupar el territorio. Para ello Bethencourt retorna a Normandía con la inten- ción de reclutar colonos; con ellos vendrá Maciot, su sobrino, que quedará a cargo del feudo cuando Bethencourt regrese definitiva- mente al continente en 1412. En estos años se intentan ataques frustrados a Gran Canaria y Tenerife, logrando sólo dominar la isla del Hierro, que es inmediata- mente repoblada con ciento veinte normandos, al ser su población muy escasa debido a las continuas acciones piráticas y esclavistas, incluidas las de los propios normandos. El sistema de poblamiento de las islas implantado por la con- quista bethencuriana es de origen francés, aunque menos riguroso, para atraer a los posibles colonos. El beneficio económico obtenido por Bethencourt tras el pacto con el rey castellano le otorga el mo- nopolio sobre el comercio exterior de las islas, principalmente el de la orchilla y la obtención del quinto real sobre las importaciones. En 1412 estas prerrogativas se ven aumentadas cuando Bethencourt reitera su enfeudación al nuevo rey, Juan 11, de quien obtiene ef pri- vilegio de acuñar moneda, regalía que siempre fue defendida por los reyes y que dice bastante del carácter especial que tiene el pacto con el vasallo normando. Pero Bethencourt no obtiene nuevas ayu- das económicas para seguir la conquista de otras islas y regresa a Normandía, desde donde gestiona el comercio de la orchilla, sin re- tornar más al archipiélago.

3.1.1. Los problemas jurídicos de la conquista normanda

Actualmente, las investigaciones que se llevan a cabo sobre los problemas jurídicos que orígina la conquista de Canarias en el dere- cho medieval europeo muestran la existencia de muchas cuestiones que aún no aparecen del todo claras. En el presente apartado inten- taremos recoger algunos datos sobre el estado de la cuestión. Jean de Bethencourt llega a Cañarías como feudatarío del rey francés, que según Roussel, concede la autorízación para partir ejerciendo su autoridad como príncipe crístiano para ocupar tierras de infieles y paganos, sin contar con una previa autorización papal. Luego, por motivos de financiación y ante el grave conflicto que en- frenta a Inglaterra y Francia, Bethencourt ofrece su conquista al mo- narca castellano; a cambio recibQ veinte mil maravedíes, protección

y una serie de concesiones. Con posterioridad se dirige al papa de Avignon para pedir el reconocimiento de sus conquistas, obteniendo los beneficios y las gracias que corresponden a una empresa de cruzada. Quizá también intentaba Betiiencourt convertirse en suce- sor de ios dereciios reales que el pontífice otorgara a D. Luis de la Cerda medio siglo antes, asegurando asi el respeto internacional ante otros principes cristianos, con el respaldo papal. El feudo que ostenta Bethencourt ha sido definido por el profe- sor Aznar como "señorio inmune"; ¿qué podemos entender por este término? Se observa que el rey posee la soberanía eminente y se reserva el derecho de intervenir en cuestiones de carácter muy gra- ve mediante el envío de un pesquisidor, si bien Bethencourt tiene ta- les prerrogativas que lo convierten en un señor autónomo. Por otro lado, es de señalar que este sistema de enfeudación no correspon- de en absoluto a los usos castellanos. Para Ballesteros Gaibrois, otro investigador, el pacto del conquistador normando es una "su- zeranía", es decir, la relación que se efectúa cuando un rey se hace feudatario de otro rey. Igualmente, la conquista plantea una serie de problemas con respecto al derecho vigente en Europa. Estas discusiones se cen- tran en cuestionar la soberanía que ejerce el papa y la Cristiandad sobre el resto del orbe y la consideración juridica que han de tener los pueblos no cristianos. Se enfrentan dos posturas, aunque en el desarrollo del debate se llega a posiciones intermedias cuando no contradictorias:

- Por un lado, una doctrina papalista, que argumenta que el vi- cario de Dios tiene poder ilimitado sobre tocios los hombres. La úni- ca sociedad legítima es la congregación de los fieles y ningún grupo fuera de ella posee legitimidad sobre el territorio que ocupa. El papa, emperador del mundo, tiene el derecho a disponer de esos estados y delegar su dominio en un príncipe cristiano; éste, a su vez, puede esclavizar a la población si se niega a la conversión. En esta doctrina se contemplan dos grupos de no cristianos: los infieles -judíos y musulmanes, que niegan la salvación y contra los cuales la cruzada militar es lícita- y los paganos, que son los que desconocen la doctrina de Cristo, y con los cuales se impone una tarea evengélica y, en caso necesario, una acción militar. - La teoría contraria a la papal nace entre los siglos XIII y XV por la influencia de pensadores como Juan de París, Guillermo de Ockam y Marsilio de Padua. Se defiende que la congregación de los fieles sólo representa una entidad espiritual sin funciones políticas y que, conviviendo con ella, existe una sociedad humana que com- prende a todas las gentes, crístianas o no. Estas forman sociedades legítimas sobre las cuales el papa no tiene poder directo alguno.

Para Guillermo de Ockam los cristianos no gozan de privilegios es- peciales, aunque defienda su primacía sobre el resto de los hom- bres. Esta doctrina llega incluso a plantear que las congregaciones de fieles no tienen por qué regirse de una misma forma, con lo cual se defiende al estado naciente contra el poder papal. Este último aspecto quizá explique el comportamiento del rey francés y de Bet- hencourt, quien acude el papa con posterioridad a su llegada a Ca- narias, evidenciando la pérdida de poder del pontífice para disponer la ocupación de nuevas tierras. Mientras las doctrinas antipapalistas no tienen excesivo eco, la teoría papalista si se aplica en los argumentos que justifican jurídi- camente la conquista de Cananas. El papa, sin embargo, no jugará un papel preeminente en la dirección de éste. En realidad, actúa como juez en las contiendas internacionales que se suscitan. En cuanto a la consideración que los europeos tienen con res- pecto a los aborígenes, ésta cambia a lo largo de la conquista. La conversión de los paganos de Lanzarote es una obligación que tiene un príncipe cristiano para poder reinar en un territorio hasta ahora no crístianizado. Agustino de Ancona, otro pensador medieval, opi- naba a este respecto que los paganos tienen el derecho a ser sal- vados aunque desconozcan tal circunstancia. La explotación y posteríor ocupación de las islas dio ocasión a los europeos de tomar contacto con pueblos y culturas ajenos a los conocidos hasta el momento. El viaje de Nicolosso da Recco ofrece a Europa una visión distinta de los paganos: los canaríos poseen gobierno, construyen casas y adoran dioses. Son asi para los euro- peos susceptibles de ser evangelizados y, por tanto, pueden mante- ner su libertad y sólo podrán ser atacados si se niegan a recibir la fe católica -argumento que esgrimirán los conquistadores para escla- vizarlos-. La conquista normanda llega a Cañarías como empresa de cru- zada y, aunque se establecen pactos con el rey de la isla y se res- peta su gobierno, es difícil asegurar que no fuera por haber encon- trado una buena acogida más que por pensarse en una evangeliza- ción pacífica. En todo caso, vemos cómo las diversas doctrinas se modifican en la práctica sobre el terrítorío en que se ejercen y según los intereses en juego. Un sector de la cuna romana empezó pronto a defender postu- ras que intentaban proteger a los aborígenes y que se alejaban de

la creencia de que se debía

someter por la fuerza a éstos. Asi, Eu-

genio IV dará un salvoconducto, a petición de los misioneros, para proteger a los aborígenes, viajando algunos de ellos a Europa. Tam- bién la bula de' 1434 "Regimino Gregis" prohibe la esclavitud de los recién convertidos.

LA CONQUISTA SEÑORIAL, 1402-1477

1448 Cesión de Maciotalbsiusos\

Conquista normanda, 1402-18 Conquista y entradas castellanas, 1418-77

1403 Periplo de Gadifer

Entradas y ataques portugueses,

1424-1479

Bases de asentamiento

  • 3.2. La Conquista señorial castellana

La etapa normanda finaliza hacia 1418 cuando IVlassiot vende los derechos sobre las islas al conde de Niebla. Esta etapa se ca- racteriza por no basarse en un pacto feudal sino en-una delegación del rey en los nuevos señores. Las leyes normandas son sustituidas por las leyes generales del reino y el señorío pierde parte de su au- tonomía y se acentúa la intervención regía. El traspaso de las islas bethencurianas ya conquistadas por Massiot tuvo como contrapartida que éste quedara como adminis- trador perpetuo del señorío. Las razones de esta cesión debieron ser de tipo económico, por la escasa rentabilidad y la falta de apoyo de Castilla, y político, debido a los problemas que ocasiona la gue- rra de los Cien Años en Francia. Para el conde de Niebla el interés de la zona radica en que sus tierras tienen como área de expansión natural a esta región africa- na, donde existen importantes pesquerías frecuentadas por los an- daluces. Pero en 1420 Juan II dona a Alfonso de Las Casas las islas que todavía quedan por conquistar, lo que provoca un conflicto con el conde de Niebla que tardará diez años en resolverse. En 1430, el conde de Niebla cede sus derechos sobre toda's las islas al heredero de Alfonso de Las Casas, Guillen, y a su socio y tío Juan de Las Casas. Con ello queda resuelto el problema de la titula- ridad del señorío. La familia de Las Casas eran ricos comerciantes, vinculados desde antiguo a la conquista de Canarias y emparenta- dos con Rubín de Braquemont. Así, tras el pago dé cinco mil doblas de oro por el traspaso, co- mienza la etapa del señorío castellano. Massiot se asegura en esta transacción el señorío vitalicio de Lanzarote, Guillen pasa a dirigir el Hierro y a obtener la mitad del quinto sobre las capturas de las islas sin conquistar, Juan de Las Casas toma para sí Fuerteveníura y \a otra mitad del quinto; éste último cederá sus derechos a su hija Inés de Las Casas, casada con Hernán Peraza el Viejo. En 1445 Guillen de Las Casas permuta sus derechos por tierras en Andalucía, a los hijos de Hernán Peraza, Guillen e Inés, por ser los herederos de Inés de Las Casas. Con ello se unifica el señorío de las islas conquistadas y el derecho sobre las no conquistadas.

Hernán Peraza y su hijo Guillen acometen juntos la ocupación de La Gomera y realizan varios asaltos a Gran Canaria y La Palma, en esta última y a consecuencia de una emboscada muere Guillen. Desde este momento, Inés Peraza y su marido Diego García de Herrera detentarán el señorío hasta 1477. En este año, Inés cede a su hijo, Hernán Peraza el Joven, el gobierno de La Gomera con la in- tención de fundar un mayorazgo; a la misma vez cede sus derechos sobre las tres islas que quedan aún por conquistar a la Corona. Con anterioridad y entre 1445 y 1465, los señores intentarán consolidarse en las islas, amenazadas por las razzias portuguesas. Diego de Herrera y su hijo Hernán Peraza, forzados por esta cir- cunstancia y el afán de lucro, realizan entradas e intentos de asen- tamiento en casi todas las islas. En Gran Canaria y Tenerife consi- guen establecer pequeñas fortificaciones y oratorios; se efectúa un acercamiento pacífico a los aborígenes y se logran pactos que per- miten aprovechar algunos recursos económicos, entre ellos los es- clavos que hacen los propios indígenas entre sus enemigos. En 1477 estas relaciones parecen rotas y la causa de ello quizá radi- que en las continuas incursiones en busca de esclavos que se su- ceden en esta época. En Lanzarote y Fuerteventura la colonización sigue su curso normal, aunque con un aumento progresivo de las presiones fisca- les de los señores que traerán conflictos a finales de esta etapa. En el Hierro, tras un levantamiento en época normanda contra el gober- nador Lázaro Vizcaíno, se asiste a la llegada de nuevos contingen- tes repobladores de origen gallego y asturiano. La Gomera tiene una incorporación en dos fases: la primera es en la época señorial y consiste en una lenta asimilación; la segunda se desarrolla en época realenga, aunque bajo dirección de los seño- res y de manera violenta. La ocupación la había iniciado Maciot, alentado por su señor el conde de Niebla, en 1420 para contrarres- tar el supuesto derecho de Las Casas sobre las islas aún no con- quistadas. Guillen de Las Casas logra apresar a Maciot en 1423, lo que provoca la intervención portuguesa, que ya en estos momentos tenían relaciones con el sobríno de Bethencourt. Desde 1445, y con la injerencia lusitana reducida, se continúa la ocupación de la isla, aprovechando los pactos de amistad con dos de los cuatro bandos en que se dividía la Gomera. El final de la conquista tiene lugar en los años setenta, como tendremos ocasión de explicar más adelante.

3.2.1.

El conflicto luso-castellano en África y sus manifestaciones en Canarias

Ya se ha comentado el papel principal que juega Canarias en los intereses portugueses en África. En 1433 el rey Duarte de Portu- gal concede a su hermano el principe D. Enrique el control total de la empresa africana; para el infante esto significa obtener la sobera- nía sobre los territorios más allá del estrecho de Gibraltar y se tra- duce en un constante conflicto jurídico y militar con los intereses castellanos en la misma área. La primera tentativa de ocupación del archipiélago sucede en 1424. Aprovechando las desavenencias entre los presuntos seño- res de las islas, Fernando de Castro realiza una incursión a las islas sin conquistar y, aunque no tiene éxito, provoca la protesta del rey castellano Juan II.

Tras este fracaso, D. Enrique cometió lo que varios autores han clasificado de "error judicial": suplica al rey de Castilla que le con- ceda la investidura de Canarias. Esta propuestas es rechazada, pero supone reconocer implícitamente a este reino sus derechos sobre el Archipiélago en detrimento de los intereses portugueses. Tras una tregua en las acciones militares conseguida por el condestable castellano Alvaro de Luna en 1431, el príncipe lusitano emprenderá acciones diplomáticas para obtener las islas. Empieza así la primera fase del conflicto luso-castellano, que se prolonga hasta 1460. El rey de Portugal, a instancias de su hermano y con la oposición de ciertos sectores de la corte, pide al papa Eugenio IV que se abra una encuesta para resolver dos problemas:

  • - ¿Es lícito que un príncipe cristiano haga la guerra contra los

infieles en el caso de que éstos ocupen tierras que pertenecieron a

un estado cristiano?

  • - ¿Es lícito hacer lo mismo con territorios que nunca pertene-

cieron a estados cristianos? Para responder a estas cuestiones se convoca a dos conocidos especialistas en las materias jurídicas, Antonio de Roselli y Aldo Mi- nucci. La respuesta de este último defiende la tesis papalista y es la que finalmente triunfa: Así, el papa tiene jurisdicción sobre tierras de paganas y de infieles y se les debe catequizar por la vía pacífica o la militar; la respuesta de Roselli que ataca la injerencia papal no será tomada en cuenta. A raíz de esta decisión el papa emite una bula en 1433 concediendo a Enrique la conquista de territorios to- davía en manos de paganos, a quienes los portugueses no dudan de calificar como salvajes con un gobierno anárquico y enemigos de la cristiandad.

Por su parte, el rey castellano protesta por esta decisión y en- carga a Alonso de Cartagena, representante en el Concilio de Basi- lea -reunido para resolver estas cuestiones- que defienda las pre- tensiones de su reino. La defensa está recogida en el libro titulado Allegatione en el que se defiende la tesis papalista y también se ate- rra al carácter salvaje de los aborigénes, pero defiende el derecho del territorio cristiano más cercano y anterior ocupante de esa zona. Se presenta a la monarquía castellana como heredera de la visigóti- ca, que había ejercido el dominio sobre la Mauritania Tingitana, área que se extendía por el Marruecos actual y que supondría la inclu- sión de Canarias. Por ello, y ayudándose de diversas presiones con- tra el papado, se consigue que en 1436 se promulgo la bula "Dudum cum ad nos" que reconoce el pleno derecho de Castilla en detri- mento de los argumentos portugueses.

D. Enrique no admitirá el dictamen y en 1448 obtiene el arren-

damiento de la isla de Lanzarote de manos de Maciot de Bethen- court. Este, que era gobernador perpetuo de la isla, ya tenía contac- tos con los portugueses que le habían ayudado en otras ocasiones y respetaban su dominio cuando dirigían ataques contra las islas. Contraviniendo a Hernán Peraza, que tenía derecho al traspaso de esta isla como señor de Canarias, Maciot deja entrar a los portu- gueses, estableciéndose militarmente y llegando a imponer moneda y leyes lusitanas hasta que son expulsados por una rebelión en

1450.

Las entradas y bloqueos a las islas no cesan y se acentúan hasta la proclamación de la bula "Romano Pontifex" de 1454, en que se otorga el dominio de África al sur de Bojador a los portugue- ses. Dicha bula recoge el pacto al que llegan lusos y castellanos, se termina la guerra que se mantenía de forma solapada en las costas africanas, los portugueses renuncian a Lanzarote y dejan de ayudar a dos de los bandos de la Gomera contra su señor y a cambio obtie- nen el monopolio de Guinea. A pesar de ello, Don Enrique enviará una expedición en 1459 al mando de Diego de Silva y Meneses, que arrasa Lanzarote y Fuerte- ventura y también entra en Gran Canaria, apoderándose de la torre de Gando. Enrique IV de Castilla, el nuevo rey, protesta ante el tam- bién sucesor Alfonso V de Portugal. La muerte del Infante D. Enrique en 1460 acelera el proceso de entendimiento y hasta 1474 no se inician de nuevo las luchas entre los dos estados. En este clima de concordia, sucede otro episodio que pone en peligro los intereses de Castilla en Canarias: el rey Enrique IV con- cede en 1463 a dos cortesanos portugueses, Martín de Ataide y Pe- dro Meneses, el derecho de conquista sobre Tenerife, La Palma y Gran Canaria, que es revocado en 1468 ante la protesta de Herrera.

Este singular episodio se explica por el matrimonio del rey castella- no con la infanta doña Juana de Portugal y la necesidad de mostrar las buenas relaciones entre los dos reinos; el casamiento provocará después la guerra de Sucesión que afectará a Canarias al reanu- darse los ataques contra las islas. Efectivamente, el segundo momento del conflicto luso- castellano se inicia en esta guerra entre 1474 y 1479 por los dere- chos de sucesión al trono de Castilla entre Isabel y Juana, apoyada esta última por Portugal. Los reyes Católicos, para colapsar la eco- nomía portuguesa envían sus naves a Guinea con la intención de cortar el flujo de oro que se dirigía a la Península; la respuesta es el ataque portugués a las fuerzas de Juan Rejón, que en ese momento iniciaba la conquista de Gran Canaria. La paz llega tras el tratado de Alcazovas, en 1479, con la victoria a favor de Isabel y Fernando; en él se reconoce a Portugal su soberanía sobre Fez y Guinea, en cam- bio Canarias queda en manos de Castilla, así como la franja costera entre el cabo Arguer y Bojador. En 1494 se firman los tratados de Tordesillas con motivo del descubrimiento de América, en el que se vuelve a delimitar las fron- teras de la costa africana que corresponde a cada reino.

3.3. Peculiaridades de la conquista señorial

La primera característica es la lentitud del asentamiento de nuevos pobladores debido a la falta de rentabilidad de la empresa y lo poco atractivo que resultaba el régimen señorial para los colonos. La conquista sirve a la Corona como avanzadilla en el sometimiento del Archipiélago; se establecen señoríos en las islas más fáciles de conquistar y desde allí se dispone de una buena plataforma para la ocupación de las islas más belicosas. Por otro lado, la repoblación y la explotación tienen dos momen- tos diferentes:

- El señorío normando, con privilegios económicos y jurídicos feudales, frente a la menor autonomía del señorío castellano. En cuanto a la financiación, el dominio normando tiene su sostén en una renta territorial; el colono, tras nueve años de franquicia, debe pagar un quinto de la cosecha anual, además se cuenta con el mo- nopolio de la orchilla.

PARTICIÓN DEL ÁFRICA CONTINENTAL SAHARIANA ENTRE CASTILLA Y

PORTUGAL. EL BANCO PESQUERO.

PORTUGAL

CASTILLA

Madeira

Cabo Aguer-

ZONA CASTELLANA

Canarias

^

Stareruz de la Mar Pequeña

Cabo-Boja

ZONA PORTUGUESA

Río de Oro

Guinea

•Zona de delimitación de las posesiones castellanas

y portuguesas en África tras el tratado de Tordesillas {1494)

pesquera castellana
pesquera
castellana

Zona de cabalgadas permitida por Portugal

- El señorío castellano tiene la fuente de sus ingresos en un gravamen sobre la exportación y los monopolios de dehesas, explo- tación de conchas, etc., reservándose la Corona los quintos espe- ciales como son los de botín de guerra. Sin embargo, el señorío cas- tellano irá incrementando su presión fiscal, cobrando un 3% por la entrada de productos y un 6% por la salida; llega incluso a apropiar- se del diezmo eclesiástico y los quintos reales en varias ocasiones. Todo ello propicia la huida de los colonos hacia las islas realengas donde el fisco es menos gravoso. Otro aspecto destacado de la época señorial es el proceso de evangelización. En 1403 se crea el obispado del Rubicón, que inten- ta la conversión de los aborígenes de las islas ocupadas y que se establece en las no conquistadas, donde crea un clima favorable a los europeos y defiende a los habitantes de los intentos de esclavi- zaHos. Las bulas en este sentido son varias, promulgándose en 1434, 1462 y 1472.

  • 4. LA ETAPA REALENGA

"^^¿I^^^

4.1.

Características y financiación

La conquista realenga abarca la segunda gran etapa del siglo XV y será entonces cuando finalice definitivamente la ocupación del Archipiélago. Esta se produce en los últimos veinticinco años del si- glo y de manera más acelerada que la llevada a cabo por los seño- res, debido a que se aportan más recursos a la empresa. Cabe se- ñalar que las tres islas sobre las que se ejerce la conquista, Gran Canaria, La Palma y Tenerife, son las más pobladas y las que mayor resistencia ofrecerán al invasor. Pasemos ahora a definir otros fac- tores y caracteres de importancia que enmarcan este proceso. El primero a destacar es de índole internacional: así, a la guerra luso-castellana de 1475 por problemas sucesorios se une la expan- sión africana, y basta recordar las continuas expediciones portu- guesas a Canarias tras el acuerdo de 1454. Las razones de esta ac- titud son diversas, pero es evidente que Alfonso V de Portugal tenia como pilar básico de su economía el comercio de oro africano. Es- trangular esa vía es uno de los objetivos de los Reyes Católicos y desde las Islas se hostigarían las costas del Sahara y las rutas ha- cia el África negra. La Corona adopta también una nueva política ante la imposibilidad de controlar el Archipiélago por parte de los señores de las islas. El segundo factor, de carácter económico, fue la necesidad de fortalecer el patrimonio real qua había sido mermado por las merce- des dadas a dichos señores. Había también un interés por el comer- cio con Guinea, que se realizaba intercambiando oro por conchas, que circulaban por África como unidad monetaria. De ahí que, mien- tras los monarcas se proclaman con derecho a la conquista de Áfri- ca y Guinea enviando expediciones desde Andalucía a estas regio- nes, los portugueses entorpezcan las maniobras que se llevan a cabo para conquistar Gran Canaria; ese es el objetivo de una es- cuadra lusitana mandada a esta isla en 1478.

En tercer lugar, está el levantamiento contra los Herrera Peraza por parte de los vecinos de Lanzarote y que presenta el carácter de un movimiento antiseñorial. No era la primera vez que ocurría, recor- demos la aspiración que ios mismos lanzaroteños tuvieron de con- vertirse en subditos de la corona tras la expulsión de los portugue- ses, a quienes habla arrendado la isla en 1454 Massiot de Bethen- court. La dureza del régimen señorial provocará en el periodo estudia- do otras revueltas, como la de los gomeros, y también las emigracio- nes constantes de pobladores hacia las islas de realengo debido a la pobreza y los impuestos. Algunos de ellos, como el quinto sobre agricultura, ganadería y comercio, sumados al diezmo eclesiástico, y otros servicios -la guardia y defensa en las islas, la participación en cabalgadas-, dejaban a los vecinos en una miseria casi permanen- te.

En 1475 los habitantes de Lanzarote enviaron un memorial a los reyes, que ya desde la época normanda tenían derecho a dirimir las cuestiones más graves de las islas de señorío. Junto al memorial, se desarrolla en la isla el levantamiento con la consiguiente represión por parte de los señores. El expediente real que siguió fue realizado por el pesquisidor Esteban Pérez de Cabitos, resolviendo a favor de los señores de las islas, que ratificaron sus derechos sobre Lanza- rote y las otras islas ocupadas. Ya desde 1477 los Reyes Católicos habían tomado la resolu- ción de conquistar las islas que faltaban. El expediente de Pérez de Cabitos tenía un objetivo subyacente: tantear la posible atribución real legitima sobre estas islas. Inmediatamente se entra en negocia- ciones con los señores de Canarias; se les ofrecerá cinco millones de maravedíes y el título de Condes de la Gomera y el Hierro, junto al derecho a fundar mayorazgos a favor de Hernán Peraza el joven, aunque el título no se hará efectivo hasta 1516 cuando Guillen Pe- raza de Ayala se convierte en el primer conde de la Gomera. El dine- ro se abonará en cuatro plazos establecidos entre 1487 y 1490; a cambio, les cedería la conquista de la Palma, Tenerife y Gran Cana- ria a los monarcas. El último paso se da cuando Portugal en 1480 reconoce a Castilla como soberana del Archipiélago, al convertirse los señores canarios en vasallos de los reyes. La financiación de la conquista estaba contemplada desde 1476, adaptándose posteriormente según las necesidades lo im- pongan. Así, en un principio los monarcas se responsabilizan de ésta, pero más tarde se dará curso a la coparticipación de personas privadas. La primera recaudación comienza en 1477 con una bula de Sixto iV, realizándose fundamentalmente en Castilla. De la mis- ma manera, el alistamiento militar siguió también los cauces norma-

les de la reconquista peninsular. En vez de un salario, los soldados y jefes de la conquista recibían promesas de botín o la participación en el quinto real durante una serie determinada de años para re- compensarlos. Respecto a la estrategia militar, se sustituirán las pequeñas partidas señoriales por ejércitos con gran movilidad, provistos de ar- mas más modernas, tropas organizadas como las de la Santa Her- mandad, auxiliados por contingentes de reos que lograban su liber- tad a cambio de servir como peones en la empresa.

  • 4.2. Resistencia y conquista en Gran Canaria

La conquista de Gran Canaria comienza en 1478 bajo el mando de Juan Rejón, acompañado por el deán Bermúdez, que representa al obispo del Rubicón Juan de Frías. Este último iba a hacerse cargo de financiar la conquista, Para ello aprovechó parte de las rentas de la diócesis de Sevilla, de la cual era sufragáneo, junto a otros capi- tales que se acordaban en las capitulaciones. Dichos ingresos no se aportaban al principio, debiendo el obispo adelantarlos. ¿Cuáles eran estos medios de financiación? Por un lado, tendrían los quintos reales sobre los apresamientos y corsos hechos en Guinea y que corrían a cargo del contador Gómez de Enebro y, posteriormente, Alonso de Quintanílla. Unido a ello, estaban las indulgencias crea- das para evangelizar las tierras paganas y que se recaudaban en todo el reino. Los reyes facilitaban por su parte el transporte y tro- pas de la Santa Hermandad, unos treinta caballeros y seiscientos peones. La primera actividad que desarrolla Rejón al desembarcar en la Isleta es fundar un campamento -el Real de Las Palmas-, junto al barranco Guiniguada. Aquí tiene lugar un enfrentamiento con los aborígenes, capitaneados por Doramas, Maninidra y Adargona, que sufrirán la primera derrota; pero más temían los castellanos a los portugueses, cuya flota estaba en aquellos momentos en la isla, por el peligro de que formaran una alianza con los canarios. Rejón logra hacerse con el control de la costa nordeste comen- zando la penetración por esta zona, a la vez que los aborígenes se repliegan hacia el interior, donde el relieve es más acusado. En el invierno de 1478 se paralizan las actividades, debido en parte a que

el dinero se había agotado. También comienzan las disensiones en- tre Rejón y Bermúdez al relegar el capitán a este último en las ac- ciones que se emprendían. Ante tal situación los reyes enviaron para imponer la paz al primer gobernador de Gran Canaria, Pedro de Algaba, que encarcela y envía a Sevilla a Rejón. Pero éste obtiene el apoyo de la Corona, se replantea la situación económica de la con- quista y además consigue iniciar la destitución del gobernador. La financiación cambia de sistema y se nombra a Alfonso de Quintani- lla para la recaudación de novecientos mil maravedíes. Se suman por otro lado los recursos de la bula, que adelanta la Santa Herman- dad, y el resto se concierta entre Pedro Fernández Cabrón y el nue- vo gobernador Pedro de Vera. Este llega a Canarias en 1480, pero Rejón se había adelantado logrando capturar a Bermúdez y Algaba: destierra al primero a Lan- zarote y decapita a Pedro de Algaba, alegando que colaboraba a fa- vor de los intereses de Portugal. Pedro de Vera detiene de nuevo a Juan Rejón, lo envía a Castilla y allí es absueito otra vez de las acu- saciones imputadas, consiguiendo el título de Adelantado para la conquista de La Palma. A su vuelta a Canarias hallará la muerte en La Gomera, en un confuso episodio a manos de los vasallos de Her- nán Peraza, señor de la isla. ¿Qué acontecimientos suceden cuando Pedro de Vera retoma el mando de la conquista? Esta se hallaba paralizada en la etapa de Pedro de Algaba, salvo algunas escaramuzas, y la principal activi- dad se centró en la recolección de orchilla. Como primera maniobra dirigida contra los canarios. Vera intentó ganarse a uno de los dos guanartematos en que se dividía la isla, aunque sin demasiada for- tuna. En 1481, el gobernador inicia un ataque al guanartemato de Gáldar por dos puntos: uno en el Este y otro a espaldas de la pobla- ción desembarcando en Agaete tropas al mando de Alonso Fernán- dez de Lugo, futuro conquistador de La Palma y Tenerife. A su vez Pedro de Vera, avanzando desde la primera ruta, dará muerte a Do- ramas en un choque armado. Desde Agaete,y con la ayuda de ian- zaroteños y gomeros enviados por Hernán Peraza, se hostiga a Gál- dar; Alonso de Lugo, tras algunas escaramuzas, logra apresar al guanarteme Tenesor Semidán, dando un nuevo rumbo a las opera- ciones. Miguel de Mújica, por encargo de Vera lo llevará a Castilla, donde se somete con sus subditos a los reyes y es bautizado con el nombre de Fernando Guanarteme, convirtiéndose a partir de ese momento en el más fiel colaborador de los castellanos. Al regreso de Mújica y Guanarteme a Canarias con nuevos re- fuerzos, los canarios se encontraban ya reducidos en varias fortale- zas naturales. Las operaciones ahora se suceden en rápida secuen-

cia: Fernando Guanarteme intenta atraer con poco éxito a los tel- denses; Pedro de Vera ataca entonces la fortaleza del Bentayga con la pretensión de cercarles, rindiendo a los aborígenes por ham- bre; pero este plan fracasa teniendo que retirarse los castellanos a Tirajana. Se inician entonces las operaciones en el campo de Amo- dar, donde vencen y se internan por Fataga y allí se entrega un im- portante grupo de canarios por la intervención de Fernando Guanar- teme. En las maniobras siguientes, para lograr el control final de la

isla. Vera organiza un ataque a la zona de Ajodar: un grupo se en-

cargaría de cerrar

la salida

por

el

mar y otro

lo haría por tierra. El

primero, dirigido por Mújica, es derrotado y éste muere junto a sus vizcaínos; Pedro de Vera se retira y agrupa sus fuerzas en Gáldar. Bentejuí, que ha unificado gentes de los dos guanartematos y ha contado con el apoyo de Masquera y Guayarmina -princesas de Gáldar- y con el faycan de Telde, se refugian en Ansite. En la primavera de 1483, Vera marcha hacia esa fortaleza. Por la mediación de Fernando Guanarteme los canarios se rinden, mien- tras algunos resistentes, entre los que se encontraban Bentejui y el faycan, prefieren despeñarse a capitular. El 29 de abril, según cuen- tan las crónicas, los canarios se presentaron en el Real de Las Pal- mas, dando por finalizada una larga campaña de cinco años. A pe- sar de ello, grupos de indígenas siguen alzados en las cumbres; en 1485 todavía se efectuaban "cacerías" contra éstos y contra guan- ches de Tenerife que^^una vez esclavizados y trasladados a la isla, huían y se sumaban a los últimos aborígenes que en Gran Canaria escapaban al dominio castellano.

4.3. Ocupación definitiva de La Gomera

Los intentos de ocupación de la Gomera por parte del clan se- ñorial de los Peraza-Herrera vieron su logro a mediados del siglo XV. No se trató tanto de una conquista militar como de una penetra- ción progresiva, ya que los originarios pobladores no opusieron una tenaz resistencia al invasor, conservando los gomeros buena parte de su modo de vida tradicional sin excesivas interferencias.

Una vez cedido el gobierno de

la isla en forma de señorío

por

sus padres a Hernán Peraza, éste comenzó a gobernar de forma

LA CONQUISTA REALENGA, 1478-1496

La Palma 1492-1493

Tazacorie

 

Gran Canaria

1478-1483

Conquista de Gran Canaria

_

• -

Conquista de Tenerife

Conquista de La Palma

Enfrentamientos y puntos de resistencia

Bases de asentamiento

efectiva hacia 1478. El intento de aplicar en la Gomera el sistema de las restantes islas de señorío dio lugar a los primeros choques con los aborígenes. Tras los acontecimientos que produjeron la muerte a Juan Rejón en la isla, Hernán Peraza es llamado a la corte para res- ponder de ese crimen, por el cual no será excesivamente castigado:

tenía que contribuir con sus vasallos a la conquista de Gran Canaria y además se concierta su boda con Beatriz de Bobadilla. Podemos suponer que la situación continuaba empeorando en la Gomera a medida que el expolio señorial se acentuaba sobre los bienes aborígenes. En 1485 Hernán Peraza hubo de solicitar ayuda a Pedro de Vera, lo que indica que con sus propias fuerzas era inca- paz de reprimir a los gomeros. La unión de los cuatro cantones de la isla y su levantamiento culminó en 1488 con la muerte del propio Hernán Peraza. Tras la petición de ayuda al gobernador Pedro de Vera por parte de Beatriz de Bobadilla y sus fieles, cercados en la torre señorial de la isla, su llegada supuso el desencadenamiento de una feroz represalia: se dio muerte a doscientos implicados en la revuelta y se esclavizó a un número aún mayor de mujeres y niños. Está documentado el paso de estos isleños por los diferentes cen- tros de venta de esclavos peninsulares y, pese a las gestiones de familiares, del obispo Frías e, incluso, de la propia reina, muchos de estos deportados jamás pudieron regresar al Archipiélago. En lo que atañe a las comunidades de la isla, éstas quedaron gravemente afectadas, por lo que la llegada de nuevos colonos obligó a los go- meros a ocupar una situación marginal, contribuyendo aún más al proceso de aculturación.

4.4. Rendición de La Palma

La isla de La Palma había conocido durante el siglo XV varios intentos de ocupación sin resultados positivos de ninguna de las expediciones. En ella morirá Guillen Peraza, hijo de Hernán Peraza el Viejo, en una de las múltiples escaramuzas y celadas que enfren- taron a los aborígenes con los cazadores de esclavos que asaltaban sus costas. ¿Cómo se desarrolló la conquista de Alonso de Lugo en La Pal- ma? Como antecedente, podemos decir que este noble había obte- nido un repartimiento en Agaete y se dedicó al cultivo de la caña de azúcar. Posteriormente, se trasladó a Granada en 1491 para reafir- mar la entrega de tierras que Pedro de Vera le había otorgado y que estaban sujetas a revisión por parte del nuevo gobernador Maldona-

do. Al año siguiente obtuvo los derechos de conquista sobre La Pal- ma y Tenerife^ y en las capitulaciones correspondientes se acuerda el derecho de conquista, el quinto de ios cautivos apresados en La Palma y la mitad de los que tomase en Tenerife y Berbería, además de setecientos mil maravedíes, si la conquista se concluía antes de un año. También recibe promesa del gobierno de la isla, justicia y ju- risdicción civil y criminal. Cabe señalar que necesitaba conseguir el dinero para sufragar los gastos de tal empresa, por lo que formará compañía con Juanot- to Berardi, mercader florentino, y el genovés Francisco Riberol. Par- ticiparía cada uno en la tercera parte de los desembolsos y la misma proporción correspondería de los beneficios, recibiendo al terminar la conquista un tercio también de los setecientos mil maravedíes prometidos. Lugo recluta gente en Sevilla, a los que se unirán pos- teriormente Fernando Guanarteme y Pedro Maninidra que, con otros canarios y gomeros, formarán una armada de novecientos hombres. El primer desembarco ló realiza en Tazacorte sin que se produz- can enfrentamientos con los naturales. Esta ausencia de hostilidad se debió a que la zona pertenecía a los bandos de paz, y ello favore- ció el internamiento de las fuerzas expedicionarías. Los anteceden- tes de la creación de estos bandos se sitúan en el período inmedia- tamente anterior a la conquista, cuando en ese mismo año de 1492, el gobernador Maldonado y el canónigo de Las Palmas habían ini- ciado la captación de aborígenes enviando a Francisca de Gazmira, esclava palmera, y a los cabecillas cautivos y bautizados de cuatro cantones del suroeste de la isla con ios que se ajustó una paz, de- volviéndolos con el encargo de evangelizar a los miembros de sus bandos. Aunque no se conocen bien los pasos de la expedición tras el desembarco, se supone que avanzaron hacia el sur y el este sin en- contrar resistencia hasta el cantón de Tedote, donde libraron una corta batalla. A partir de ahí se dirigieron hacia la zona más abrupta, el cantón de Aceró, que correspondería a la actual Caldera de Tabu- ríente, y que estaba bajo el gobierno de Tanausú. En 1493 se inician las escaramuzas para el asalto de este baluarte natural, de accesos difíciles que lo hacía casi inaccesible. Viendo Lugo que iba a cumplir el año prefijado para finalizar la ocupación, recurre a negociar y soli- cita una entrevista a Taunusú con la condición de dejar las tropas acampadas en Los Llanos. Pero éstas se apostaron en los pasos de salida de la Caldera y/ rompiendo la tregua pactada con el isleño, Lugo lo apresa junto a sus seguidores y lo envía a Castilla, murien- do en el trayecto. El resto de su gente es esclavizado y de paso, bajo pretexto de una rebelión, serán cautivados también muchos aborígenes pertenecientes a los bandos de paz.

4.5. El último episodio: La Conquista de Tenerife

Acabada la conquista de La Palma y dada su relativa facilidad, Alonso Fernández de Lugo acude a la corte en 1495 y realiza las capitulaciones para la conquista de Tenerife. Renuncia al premio prometido en la anterior empresa a cambio de que se le asegure el gobierno de la isla y otras prerrogativas similares a las de La Palma, aunque no tendrá participación en el quinto real. Lugo pensaba qui- zá obtener un gran botín con la venta de esclavos, ganado y orchilla. Para hacer frente a esta campaña, venderá sus propiedades, debiendo además realizar contratos con algunos comerciantes ita- lianos en Sevilla. Pretendía también conquistar Tenerife en diez me- ses, posiblemente tomando la ocupación de La Palma como referen- cia. A la recluta de soldados hecha en Sevilla se unieron canarios y gomeros que vivían en la Baja Andalucía; en Gran Canaria además incorporan un contingente de tropas, formando en conjuntó una fuerza expedicionaria de dos mil hombres a pie y doscientos a ca- ballo. La isla de Tenerife estaba en la época aborigen dividida en una serie de menceyatos y ya había sido visitada años atrás por Diego de Herrera. También unos frailes comenzaron la evangelización de los guanches, consiguiendo que los menceyatos de Güímar, Abona, Adeje y, posteriormente Anaga, se convirtiesen en bandos de paz, procurando ampararlos contra el constante asalto de los cazadores de esclavos. A fines de abril de 1494, Lugo y sus hombres desembarcaron en Añazo; una vez fortificado el campamento -el Real de Santa Cruz-, avanzan hacia el interior confirmando los pactos con los cuatro ban- dos de paz ya existentes. Iniciarán también un acercamiento al resto de los bandos, sobre todo con el de Taoro, siendo su mencey Ben- chomo. Este no acepta las condiciones impuestas y realiza a su vez alianzas con los menceyes de Tacoronte, Tegueste, Daute e Icod.

Alonso de Lugo, ya en acto de guerra, se

internará por La Laguna

avanzando hasta el barranco de Acentejo. Allí,los guanches, aprove- chando su mejor posición estratégica, cercan y diezman al grupo expedicionario estando a punto de morir el propio Lugo, que con los supervivientes huye al Real de Añazo y reembarca hacia Gran Ca- naria. Había perdido las cuatro quintas partes de su ejército en la denominada "matanza de Acentejo". En Las Palmas, Alonso de Lugo tiene tiempo de reflexionar so- bre la derrota, producto de diferentes circunstancias: la inexperien-

cia dé los soldados, pese a su número y armamento, junto al ataque llevado a cabo en gran escala por los aborígenes y no en pequeños cuadríllas, que había sido la táctica habitual hasta el momento. Ello le decide a emplear tropas veteranas en un nuevo intento y a conso- lidar una cabeza de puente que sirviera de refugio si los combates eran adversos. Para esto necesitaba mucho dinero y sólo le queda-

ba la mitad del plazo para conquistar la isla, debía pagar a

los su-

pervivientes y levantar nuevas levas. Vende entonces los restos de su hacienda a Francisco Palomar y concierta una nueva sociedad en 1494 con el anterior, además de Guillermo Blanco, Nicolao Ange- lote y Mateo Viña. Cada uno de ellos tiene una participación desi- gual y recibirían su beneficio según lo invertido, llevando el mayor porcentaje Angelote y Blanco. Actualmente, no se sabe bien si este contrato fue una renovación del hecho en la primera entrada o uno completamente distinto. Estos aspectos son claves para entender al funcionamiento de la conquista realenga, pues ésta había empeza- do con una financiación similar a las empleadas en la reconquista peninsular y acaba con otras que son comunes a las empresas en el Nuevo Mundo. Junto a los genoveses, Lugo pedirá ayuda al duque de Medina Sidonia, quien le promete mil peones que habían participado en la guerra de Granada, y también a Inés Peraza y Beatriz de Bobadilla, que en ese momento ostentaban el poder de las islas señoriales. Posteriormente, se dirigirá a los reyes solicitando una prórroga, concediéndole los monarcas diez meses más para un nuevo intento. En 1496 Lugo desembarca y edifica dos torres en el mismo lu- gar que su primera expedición, siendo aprovisionado por los bandos de paz. Durante el tiempo que duraron las tareas para fortificar el Real, logran capturar bastantes esclavos y a finales de año, con los pertrechos completos, Lugo se adentra y establece un nuevo cam- pamento en Gracia, cerca de La Laguna, entablando un combate con los guanches de los bandos de guerra, quienes esta vez come- ten el error de luchar en tierra llana, donde son aplastados por la caballería. La ayuda de tropas de refresco que se incorporan al mando de Fernando Guanarteme completan la derrota de los abori- génes. Muerto Benchomo, los castellanos pactan con el nuevo men- cey Bentor. Por otro lado, a raíz de la batalla, una enfermedad con- tagiosa contribuirá aún más a la mortandad entre la población de la isla. En un nuevo avance se dirigen los castellanos hacia el Valle de Taoro y cerca de Acentejo, escenario de su primera derrota, triunfan en otro encuentro con los guanches. Queda consumada la conquis- ta, aunque también hubo quienes no aceptaron esta suerte, por lo que se prolongaron las operaciones militares contra los isleños has- ta 1496.

  • 5. CONSECUENCIAS DE LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN

5.1. ¿Qué fue de los aborígenes?

La conquista de las islas tuvo para los canarios una serie de consecuencias de tipo demográfico y cultural, por lo que dedicare- mos este capitulo a esbozar las manifestaciones de este proceso. Serra Ráfols, un eminente investigador de nuestro pasado his- tórico, planteó hace algunas décadas una cuestión problemática:

¿Hubo genocidio en Canarias? No es posible aventurar una res-

puesta terminante, pero lo que si resulta evidente es que los aborí- genes en general fueron esclavizados, fusionados y trasladados de

una isla a otra o bien hacia el continente. Si se añade la muerte

de

muchos de ellos, es evidente que la suma de estos actos contri- buyeron a su desaparición definitiva como conjunto de pueblos au- tóctonos.

Ahora bien, donde el impacto tuvo efectos mayores fue en el ámbito cultural, por lo que sólo existirán grupos reducidos que con- serven ciertos rasgos de su pasado, sobre todo en zonas alejadas o poco accesibles. Pero, ¿cuál era la situación de cada isla? Veamos ahora cada una de ellas de forma particularizada. Respecto a las conquistas por los normandos, no tenían éstas una población cuantiosa que se intentó conservar, a pesar de la es- clavización y traslado de muchos isleños. La más afectada fue el Hierro, que según las crónicas había sido reiteradamente castigada por incursiones de piratas y colonizada con posterioridad por nor- mandos, quedando sólo mujeres y niños como supervivientes del pueblo aborigen. La Gomera, en una primera etapa de dominio castellano, con- servó gran parte de su población, aunque muchos fueron vendidos como esclavos por los Peraza pese a estar cristianizados. Hernán Peraza acudirá también con un contingente de gomeros a la con-

quista de Gran Canaria, permaneciendo allí muchos de ellos al fina- lizar la campaña. Por último, tendrá gran incidencia en la población gomera la represión que realiza Pedro de Vera tras la muerte de Hernán Peraza a manos de sus vasallos, siendo por esta revuelta muchos aborígenes ejecutados y esclavizados. Las islas de realengo eran las más pobladas, pero también ha- bían sufrido continuas rapiñas desde las primeras arribadas de ex- ploradores europeos y en ellas tuvieron lugar las batallas más san- grientas durante la conquista. Tras ella, en Gran Canaria, los aborí- genes que no habían sido esclavizados ya son masivamente depor- tados por Pedro de Vera, salvo contadas excepciones como las de Fernando Guanarteme y otros nobles de la isla. Se tenía miedo, in- fundado o no, de que si los canarios permanecían allí podían levan- tarse contra sus nuevos ocupantes. Por otro lado, muchos participa- rán con Alonso de Lugo en la invasión de Tenerife, instalándose de- finitivamente en aquella isla. De todas maneras, Gran Canaria aún contará con nativos, ya como esclavos o libres, a los cuales se su- marán los que pudieron retornar de Andalucía y de otros lugares del Archipiélago. La Palma, castigada por las capturas de cautivos por parte de piratas portugueses y castellanos, sufrirá un largo proceso de es- clavización progresiva de sus moradores. En 1503, una esclava pal- mera iniciará un pleito para reclamar su libertad, apareciendo la re- ferencia a una figura jurídica interesante: el procurador de los natura- les, creada por aquellos castellanos que trataron de auxiliar a los bandos de paz, aunque con pocos resultados positivos, debido a las trabas administrativas que les impusieron. La población, según se deduce de las datas, debió quedar bastante diezmada y concentra- da en el sur de la isla. En Tenerife podemos distinguir dos grandes grupos: los perte- necientes a los bandos de paz, que no podían ser apresados en vir- tud de los pactos establecidos con los castellanos, pero que al te- ner Lugo urgentes problemas de pago y pretextando que ayudaban a los fugitivos de los bandos de guerra, los esclavizará sin reparo al- guno. El segundo grupo, compuesto por los aborígenes de los men- ceyatos que lucharon, eran considerados botín de guerra y serán vendidos como esclavos o expulsados a Gran Canaria. Se calcula para el mercado de Valencia que más de ciento setenta guanches fueron vendidos desde 1494 a 1496, en su mayoría mujeres y niños. Los supervivientes se concentraron en la comarca de Güímar, que- dando otros grupos de menor importancia diseminados por toda la isla.

5.2. Repoblación y repartimiento

La repoblación de Canarias, una vez conquistadas, no se va a efectuar de la misma manera ni en igual periodo de tiempo. Además, las diferencias se harán patentes según sean las islas realengas o señoriales. Respecto a la repoblación señorial, veremos en el siglo XV y XVI una evidente heterogeneidad que tiene sus raíces en la peculiar conformación política, administrativa, económica, demográfica, etc" que acontece a cada isla en estos momentos. Se caracterizaron por una población poco numerosa, y esa escasez está relacionada con las excesivas cargas que imponían los señores, que dieron lugaj; a las deserciones de colonos, llegando incluso a un retroceso global de lajDoblación, como ocurrió en el Hierro. Esta tendencia se mani- fiesta en las reiteradas prohibiciones del tránsito de pobladores en- tre las islas de señorío y realengo. ¿Quiénes integran la población señoríal en este momento? Su origen es diverso: aparecen por un lado franceses y castellanos, luego los indígenas y otros grupos de menor entidad. Lanzarote, Fuerteventura y el Hierro están poblados en su mayoría por norman- dos, en la fase bethencuriana, andaluces y moríscos, creciendo és- tos en importancia numéríca a partir de la intensificación de las en- tradas en Afríca a fines del siglo XV y que en las islas oríentales su- plirán el éxodo masivo de sus anteríores pobladores. En La Gomera resalta el distanciamiento que existe entre la so- ciedad indígena y la europea durante largo tiempo. Aquí el elemento normando no arraiga y será después del traspaso del señorío a ma- nos de los castellanos cuando la isla se convierta en una avanzadi- lla de los puertos andaluces, lo cual es lógico por tener uno de los mejores refugios de las islas, y ello se demostrará en la época del tráfico comercial de la Compañía de Indias. Aún así, no será sino después de la rebelión de 1488 cuando se ocupe la isla con nuevos repobladores. Por último, se evidencia que las islas de señorío presentan una estructura social muy jerarquizada, que gira alrededor de la pose- sión de la tierra. La preeminencia corresponde a los señores y sus allegados, distinguiéndose según su categoría nobiliar, siendo ade- más un estamento poco propenso a mezclarse con grupos sociales inferíores; por debajo de ellos estarían los campesinos repoblado- res, cuya situación económica irá empeorando con el paso del tiem- po, propiciando las revueltas antiseñoríales.

¿Cómo fue la repoblación en las islas de realengo? Estas islas tuvieron un notable crecimiento gracias al atractivo que su situación y recursos ofrecen. Es un proceso brusco y temporalmente más bre- ve que el acontecido en las islas de señoríos. La principal caracte- rística de sus pobladores es la mayor heterogeneidad debida a sus diferentes procedencias. Los grupos más importantes serán los por- tugueses, castellanos, italianos y flamencos; junto a ellos los judíos, negros, moriscos y una población indígena que, salvo los que se fu- sionan por ser nobles con los jefes de la conquista, se dedica a la ganadería y se integra con otros grupos de su mismo nivel y consi- deración social. Sólo algunas mujeres, por el escaso número de eu- ropeas que vivían en las islas, acceden por el vínculo matrimonial a la categoría de los colonizadores.

La aristocracia, en principio militar o mercantil, se irá fusionan- do entre sí; en otros grupos medios y bajos se hará lo mismo siendo la capacidad económica la que marque la escala social. Debajo de ellos están los bergantes, personas que llegan en busca de fortuna pero que no son auténticos repobladores y que normalmente mar- chan en busca de nuevas oportunidades en otras tierras. Junto a todo esto es necesario apuntar ta diferencia de estatutos jurídicos, cultura y mentalidad entre los diversos sectores de la sociedad que provoca un proceso de fusión lento y difícil, sobre todo para los ne- gros, moriscos, aborígenes y los que eran perseguidos por motivos religiosos, contra los cuales la cerrazón y desconfianza irán en au- mento, convirtiéndose en punto de mira de la Inquisición y del recelo popular.

  • 5.3. La explotación económica

La estructura económica señorial es bastante limitada a fines del siglo XV, centrándose en la ganadería -ovina, caprina y asnar fundamentalmente-, la agricultura de subsistencia y la recolección. La agricultura se reduce a la cebada y algunos frutos y hortali-

zas. Ni el trigo ni el vino lograron demasiada importancia antes del

siglo XVI. La pesca era reducida

y limitada a las aguas próximas.

Los productos más destacados en estos momentos serán la orchilla y las conchas. Aún así no podemos hablar de economía cerrada, ya que el comercio esta presente desde el principio tanto en la expor- tación, con el cuero, sebo y otras materias primas, como en la im- portación de aceite, vino, trigo y manufacturas básicas. Este comer-

DISTRIBUCIÓN

PORCENTUAL DE LA POBLACIÓN POR ISLAS (AÑO DE 1580)

 

Tenerife

G. Canaria

La Palma,

Gomera

Fuerteventura

Hierro

Lanzarote

 

y.

  • 10 20

30

40

50

60

Total habitantes: 30.964

'

Fuente:

"Censo de la población de las provincias y partidos de la Corona de

Castilla en el siglo XVI"

CÍO exterior se realizaría también con las islas todavía no conquista- das, de-las que se obtenía madera y savia de drago. Posteriormente se incorporaron otras actividades como los rescates y las pesque- rías en las costas africanas, que tuvieron cierta incidencia en la econoriiíá insular. La economía realenga se constituye basándose en la consoli- dación del cultivo de subsistencia, sobre todo cereales, y la implan- tación de otros de carácter especulativo como el azúcar, más bene- ficioso a corto plazo. La actividad pesquera será importante, tanto li- toral como africana, y también la explotación de los bosques insula- res. El comercio era lógicamente más destacado al existir productos de exportación que propiciaban los intercambios. La artesanía por el contrario se ocupa sotjre todo del trabajo de algunos tejidos, cue- ros, etc. sin alcanzar un notable desarrollo. Otra pregunta que debemos tratar se refiere a cómo se estruc- tura la propiedad de la tierra en las islas de realengo. Aquí, el siste- ma se conoce como repartimiento y es heredero de las fórmulas aplicadas en el sur de la Península, consistiendo en la entrega de tierras y aguas para aprovechamiento individual en proporción a los méritos y calidad personal del beneficiario, quedando además suje- tos al cumplimiento de una serie de requisitos. El sistema de entre- ga se hacía por delegación de poderes del monarca a los goberna- dores, siendo para el caso tinerfeño y de La Palma Alonso de Lugo y para el de Gran Canaria, Pedro de Vera. Pero este repartimiento im- plicaba una gran complejidad, ¿por qué? El problema deriva de la arbitrariedad en el reparto, así como la necesidad de pagar las deu- das de la conquista por sus promotores, con lo cual algunos nobles y mercaderes se apropiaron de las mejores tierras. En Tenerife y La Palma, quienes se comprometen a plantar caña de azúcar y edificar ingenios obtendrán importantes extensiones de regadíos. Junto a ellos estarán comerciantes y armadores, italianos y genoveses, relacionados con la financiación del cultivo y contra los cuales, ya en 1499, se insiste en prohibir que adquieran bienes raíces por más de doscientos mil ducados; todos ellos formarán la base de un fuerte sistema oligárquico que perdurará durante varios siglos. Las tierras de menor calidad serán las distribuidas entre los labradores; esta situación será motivo de tempranas protestas, y dio lugar a la reforma del repartimiento, aunque no se alteraron sustan- cialmente las estructuras de propiedad ya establecidas.

  • 6. LA NUEVA SOCIEDAD

^<^^^ /

  • 6.1. La sociedad de fronteras

La conquista cambió las estructuras aborígenes, dando paso a una organización, que diversos autores lian denominado "sociedad de frontera" y que está en la base de lo que puede ser la población canaria de hoy, tanto desde el punto de vista de sus componentes como de los aspectos culturales. La población de frontera se caracteriza por el mestizaje y tam- bién por un cierto igualitarismo, que permitió la atenuación de barre- ras sociales y una mayor movilidad, a pesar de que las estructuras jerárquicas castellanas se trasladan a Canarias y se imponen sus propias categorías. Desde el punto de vista cuantitativo, hay un predominio de gru- pos humanos extranjeros sobre los locales; si bien el contingente conquistador es escaso, el colonizador será más abundante, atraído por la oferta de tierras, un régimen fiscal poco oneroso, mejores sueldos o posibilidades de inversión mercantil y, por último, por ra- zones religiosas. Analizando globalmente la composición de este conjunto, Cana- rias aparece caracterizada por la heteregeneidad de procedencia de sus pobladores, pudiéndose éstos incluir en tres grupos: europeos, indígenas y africanos. A su vez, dentro de ellos existen subdivisio- nes, dependiendo de su origen o nacionalidad. Nos interesa, sin em- bargo, subrayar ahora que gracias a [a sociedad de frontera no hubo excesivas trabas para la fusión racial; así, la estructura de la socie- dad estará marcada principalmente por el aspecto económico. Tam- bién es cierto que los grupos pobladores tendían a mantener su co- hesión, bien aislándose o fusionándose con otros grupos de su mis- mo nivel social o similar cultura. Es interesante observar también que en una sociedad de fronte- ra las estructuras familiares son más débiles, pues a Canarias sue- len venir sólo hombres en los primeros momentos a ocupar las nue-

vas tierras; se establecen, por ello, relaciones paralelas a las fami- liares: creación de confradías, agrupación por nacionalidades, etc. Socialmente podemos distinguir dos grandes grupos:

  • - El grupo dominante, formado por aristócratas, clérigos y mer-

caderes. En suma, todos aquellos que desempeñan los cargos poli- ticos y controlan el poder económico.

  • - Por otro lado, la mayoría dominada, que se diferencia entre sí

por su categoría económica, desde el propietario al jornalero y ocu- pando el último lugar, el marginado, discriminado por causas religio- sas o por condiciones jurídicas, entre las cuales se incluía la de ser esclavo.

  • 6.2. La evolución demográfica en el siglo XVI

Cuantificar la población isleña en el siglo XVI presenta algunas dificultades por la falta de datos fiables. Sin embargo, es evidente el desarrollo que tuvo gracias a la inmigración, que remite después del primer tercio del siglo XVI al desviarse hacia América; menos peso tendrá el crecimiento vegetativo de las gentes que habitaban Cana- rias en aquel momento. Por otro lado, el volumen de población era desigual en las dis- tintas islas, siendo Tenerife y Gran Canaria las más pobladas, se- guidas de La Palma y el resto del archipiélago a bastante distancia, como se deduce del "Censo de la población de las provincias y parti- dos de la Corona de Castilla en el siglo XVI", hecho en 1586 y cuyos datos aparecen en el siguiente gráfico. A finales de siglo, la población debió alcanzar globalmente de veinticinco a treinta y cinco mil habitantes, de los cuales casi dos tercios los componían europeos y el resto, aborígenes y africanos. La mayor concentración de Tenerife y Gran Canaria se debe a su ri- queza económica y a su carácter burocrático y comercial. Aun así, en estas islas existían grandes zonas despobladas, preferentemen- te en el sur. En la primera de las citadas, donde se fundan ciudades como La Laguna y La Orotava, se logra incrementar la población gracias a una política de repoblamiento, consistente en la exención de algunos impuestos y el control sanitario. De igual manera acon- tece en la segunda; destacando núcleos urbanos como Las Palmas, Gáldar, Telde y Arucas.

6.3.

Los europeos

  • 6.3.1. Los castellanos

La población castellana que viene a Canarias está compuesta en su mayor parte por andaluces. Estos hablan participado desde tiempo atrás en los viajes de exploración, saqueo y posteriormente de conquista, que llevan a cabo los señores andaluces. Junto a ellos, aparecen los gallegos, cuya arribada coincide con la conquis- ta y que se ocupan de la agricultura, la ganadería mayor, sobre todo en Gran Canaria, y del acarreo de leña para los ingenios azucare- ros; en una época posterior seguirán llegando a Canarias pero sólo como escala en su emigración a América. Por último, algunos extre- meños, especializados también en tareas agrícolas, y burgaleses, que controlaban una parte del comercio.

  • 6.3.2. Los portugueses

Ocupan un lugar destacado en el poblamiento desde los prime- ros tiempos, sobre todo en las islas de realengo. Aparte de su arri- bada como conquistadores, en la que tuvieron serios problemas para su asentamiento, será al término de la conquista castellana, cuando se documenta su presencia con mayores datos; los portu- gueses se instalan en Canarias para desempeñar oficios relaciona- dos con el azúcar, importado desde Madeira al archipiélago; además se emplean en trabajos artesanos como zapateros, plateros, y como mercaderes, preferentemente de esclavos; otros se asientan en las zonas de medianías como labradores. Otra causa por la que llegan los lusitanos a Canarias, es la pro- ximidad de estas islas a Madeira y al sur de Portugal, y también la facilidad que aquí existía para trasladarse a América, en un momen- to en que ésto les estaba prohibido. Su importancia numérica se re- fleja en aspectos económicos y sociales, pero no en influencia polí- tica ya que no suelen formar parte de los sectores dominantes. En las ordenanzas de los Cabildos existen varias referencias a los ha- bitantes de origen portugués, se habla, entre otras cosas, del exce- so de ceutíes que existe en las islas o de como algunos de ellos se dedican al contrabando de trigo hacia el reino lusitano.

6.3.3.

Los italianos

Proceden mayormente de Genova y se encuentran vinculados a la financiación de la conquista y posteriormente al azúcar, que con- trolan en un 90%, tanto en el proceso de producción como en su co- mercio. Tendrán una notable relevancia social pese a ser una mino- ría. Sus más destacados artífices son las familias de los Ponte y Viña para Tenerife y la de los Riberol y Cairasco para Gran Canaria. Los italianos asentados en las islas mantienen un fuerte vinculo con sus colonias de la Península, en la Baja Andalucía mayormente, y con Italia. Se fusionan rápidamente con las familias aristocráticas y ocupan puestos claves en la administración.

  • 6.3.4. Los judíos

Los judíos, expulsados del reino de Castilla y de Portugal en 1492 y 1496, buscaron refugio en Canarias a pesar de las prohibi- ciones oficiales. Desde el primer momento se intentaron fusionar con el resto de la sociedad en las islas, cambiando sus nombres y adaptando sus costumbres para no levantar sospechas. A pesar de ello y como consta en algunos procesos inquisitoriales, continuarán, al igual que los moriscos, practicando sus ritos y creencias en secreto. En el aspecto económico, se ocupaban de algunas actividades artesa- nales, la agricultura y también de la medicina.

  • 6.3.5. Los flamencos

Se establecen en las islas como comerciantes y prestamistas, relacionados con la exportación del azúcar a Europa del Norte y con el comercio de importación de manufacturas. Algunas de las familias más irnportantes asentadas aquí serán los Monteverde, Van Dale, Artiles. Otros grupos o minorías comer- ciales europeas los compondrán ingleses, holandeses e irlandeses que irán llegando posteriormente atraídos por el comercio del vino.

6.4. Los aborígenes

Ya se ha comentado en el capítulo anterior lo que sucede a los aborígenes en cada una de las islas en el momento de la conquista. Pasamos ahora a comentar la manera en que el indígena se va in- corporando a las nuevas estructuras impuestas por los castellanos. En un libro de reciente aparición, los profesores A. Tejera y R. González Antón explican que el fenómeno de la transculturación tuvo en Canarias una especial incidencia. Este término podría definirse como el proceso por el que una población prímitiva entra en contac- to con sociedades más avanzadas culturalmente, adquiríendo una serie de "defensas" necesarias para su pervivencia como entidad étnica autónoma. Dicho proceso se realiza medíante cambios adap- tativos en sus componentes biológicos, en su cultura y en su forma de relación con la sociedad conquistadora. La transculturación, así enunciada, sólo se produjo en algunas islas que quedaron a salvo del rápido descenso poblacional que sufríó el archipiélago con la in- vasión, europea; fue éste el caso de la isla de La Gomera y La Pal- ma. Es muy probable que finalmente, en el transcurso del siglo XVI, estos grupos étnicos también fueran totalmente integrados en la nueva sociedad, quedando únicamente algunas manifestaciones materíales de la cultura aborígen.

Para los autores citados, el proceso transculturativo canario se produciría de forma individualizada y en un marco social extraño que ha sido impuesto normalmente por la violencia. Esta transcultura- ción se realiza en dos momentos diferentes:

En el prímer momento se trata de una transculturación espontá- nea, normalmente pacífica y con una población aborígen mayoríta- ría, aún cohesionada culturalmente. Coincidiría con las prímeras lle- gadas de exploradores y la acción misionera; posteríormente ocurrí- rá lo mismo con algunos casos concretos, como serían los de los bandos de paz. Pero no todos los contactos son^espontáneos y amistosos: las incursiones esclavistas, que desde los prímeros momentos azotan el Archipiélago, propician otro tipo de aculturación, de tipo violento e individual con los esclavizados, que arrancados de su lugar de orí- gen, son obligados a vivir en otro extraño. En realidad, aquí no exis- te intercambio, limitándose a ser la mera imposición de la cultura del captor sobre el aborígen. El segundo momento del proceso acontece después de la con- quista, bajo una forma denominada aculturación compulsiva, en la

cual el grupo dominante no deja opción a! aborigen para seguir con la vivencia de su cultura, sino que impone la suya de manera total. La conquista violenta supone la rápida implantación en las islas de unas estructuras sociales, económicas y político-jurídicas totalmen- te nuevas y ajenas a las anteriores. Es necesario, desde el punto de vista de los conquistadores, acabar totalmente con la cultura abori- gen como única manera de rentabilizar la empresa de asentamiento. Este cambio se deja sentir sobre todo en el aspecto económico al introducirse un sistema de propiedad privado que es ajeno a los is- leños. Este le quita sus tierras y pastos, sometiéndolos al trabajo como esclavos o siervos, o expulsándolos de la isla alegando que representan un peligro social. La reacción aborigen no es unitaria, ni siquiera dentro de una misma isla. Solo aspectos como la liberación de esclavos por sus hermanos de sangre o la protesta colectiva de grupos aborigénes nos muestra cierta cohesión étnica. Pese a ello, estas manifestacio- nes no tienen una gran repercusión y se hace dentro de las normas jurídicas de ios conquistadores. Ya en el nuevo orden social y a lo largo del siglo XVI, pueden di- vidirse las "agresiones transculturativas" en tres planos principa- les:

  • - El biótico, que supone un despoblamiento aborigen como con-

secuencia de enfermedades ante las cuales los canarios no tenían defensa inmunológica alguna, lo que causa verdaderos estragos, de manera similar a lo que ocurría en América poco tiempo después; la "modorra" -¿gripe quizás?- afecta a poblaciones enteras a las que deja en tal estado de postración que son incapaces de buscar- se el sustento, acelerándose su extinción a consecuencia del ham- bre. Las pestes que afectan tanto a castellanos como aborígenes y otro tipo de enfermedades, contribuyen no sólo a la despoblación sino también a la desintegración de las estructuras socioeconómi- cas, el habitat y otros componentes de la cultura aborigen;

  • - El ecológico, ya que al apoderarse el conquistador de tierras

y ganado, no sólo acaba con las formas de explotación aborigen sino que destruye también el equilibrio ecológico que éste tenía con el medio. A ello se suma la introducción de nuevos sistemas de pro- piedad de la tierra: las mejores tierras y el aprovechamiento de los acuíferos no serán para el aborigen, que se ve confinado en los si- tios peor acondicionados o, si consigue una parcela de tierra, estará

obligado a cultivar e intercambiar sus productos dentro de las nue- vas prácticas comerciales. El sector más afectado por todas estas transformaciones es el ganadero, ya que éste era uno de los recur- sos más importantes en las islas. Las prácticas económicas, socia- les y religiosas que vienen aparejadas, al ganado desaparecen y el

aborigen en la mayoría de los casos queda convertido en un simple pastor a sueldo.

- En el plano socioeconómico, se impone un sistema de pro- ducción de carácter mercantilista. Los naturales ya no serán dueños

de sus

bienes, a la vez que se ven sometidos a unas relaciones de

trabajo totalmente distintas de las suyas. En el aspecto social, el aborígen se integra ya de manera libre, ya como esclavo. En el caso de la integración libre, ésta se efectúa muchas veces de forma jerárquica. Los indígenas pertenecientes a las estirpes nobles se unen con la nobleza castellana, el resto lo hace con los estratos inferiores y preferentemente entre ellos mis- mos. Otro importante elemento de integración será la cristianiza- ción: bautizados en masa, siguiendo a sus jefes o al ser obligados por los señores castellanos, los aborígenes en muchos casos com- binan la nueva doctrína con prácticas religiosas de sus antepasa- dos, como es el caso de seguir enterrándose según los viejos ritos. Otro aspecto de esta integración es el mito de la Virgen de Cande- laria en Tenerife, produciéndose un sincretismo entre dos religiones bien diferentes, la crístiana y la guanche.

La familia también se verá afectada por la nueva situación, ob- servándose que el índice de natalidad es menor en los matrímonios mixtos que en los realizados entre los propios canaríos, aunque no se ha hallado respuesta satisfactoria para este problema. Sí es evi- dente que las familias aborígenes se descomponen, y aunque en los prímeros momentos los lazos de sangre se mantienen, poco a poco se verán reducidos a los habituales en la nueva sociedad. Respecto a la vida material, se debe hacer una diferenciación entre el habitat rural y el urbano; en el segundo la aculturación es más rápida, mientras en el campo, preferentemente en zonas aisla- das, los aborígenes seguirán manteniendo sus costumbres y rela- ciones socioeconómicas.

La conquista y aculturación compulsiva supuso una reacción de los aborígenes que se manifestó de dos formas. En lo colectivo con la huida a sitios inaccesibles, la fuga de la isla -como ocurre en Fuerteventura-, o el paso de población desde los bandos de guerra a los de paz, lo que dio oportunidad a los conquistadores para ata- car y esclavizar a sus habitantes, acusándolos de encubridores. De manera individual, aparte de los suicidios, el canario em- prende la fuga hacia zonas de difícil orografía, donde se mantiene precariamente. Este fenómeno conocido como "alzamiento" se dio en varias islas y no sólo se limitó al isleño, sino también a los escla- vos africanos, que una vez fugados se unen a aquellos en las mon- tañas.

Los continuos robos de ganado, ya que el aborigen no entiende que éste pertenezca a una sola persona y no pueda aproveciiar sus productos libremente, choca con la idea de propiedad colectiva de su sociedad y lleva a los colonos a acusarlos de ladrones y a exa- gerar su peligrosidad para conseguir su expulsión de las islas. La necesidad de acabar con estas capturas de ganado y recuperar los esclavos, obliga a organizar verdaderas batidas, compuestas mu- chas veces por indígenas integrados, que tienen un mejor conoci- miento del terreno. Un indicador de la importancia que para los con- quistadores llega a alcanzar este problema son las reiteradas pro- puestas del Cabildo de Tenerife para la expulsión de los guanches, que finalmente no consiguieron.

  • 6.5. Las minorias africanas. La esclavitud en Canarias

Las necesidades de mano de obra para realizar las tareas más duras de cultivos como el azúcar, y la desaparición de gran parte de la población aborigen, entre otras causas, dieron lugar a la introduc- ción de esclavos africanos en Canarias. Si dejamos a un lado la esclavitud aborigen, vemos como la lle- gada a Canarias de contingentes desde el exterior es muy tempra- na. Los primeros serán los apresados en cabalgadas a las zonas de Berbería, iniciadas desde el siglo XV. Posteriormente se dará entra- da a los negros, importados desde las factorías portuguesas de Cabo Verde, comprados directamente en los mercados de Berbería, o mediante captura en las costas del África Negra. El número de esclavos en las islas, sobre todo en las orientales, debió ser bastante alto. Para Gran Canaria, el profesor Lobo Cabre- ra, calcula unos 10.000 a todo lo largo del siglo XVI y una entrada regular de unos 100 individuos por año. Por razas tenemos que para Gran Canaria existe un equilibrío entre moríscos y negros, aunque éstos últimos sean algunos más; para Tenerífe el predominio es ne- tamente de los negros; para Lanzarote y Fuerteventura la presencia morisca es masiva, ya que sirven de elemento repoblador tras la muerte o huida de los aborígenes. El esclavo es ante todo una inversión económica, un verdadero capital; el valor medio de un negro es de 15.000 maravedíes y el de un morísco de 13.000. El precio oscila ^egun raza, sexo, edad, com-

plexión, etc.; las mujeres suelen valer dos o tres mil maravedíes me- nos que los hombres, ya que se les dedica a tareas domésticas y a la reproducción. Un negocio bastante corriente es el alquiler de es- clavos; su dueño lo arrienda por unos 600 a 1.200 maravedíes al mes, con lo cual amortiza su compra en dos años. Los traficantes de esclavos suelen ser mercaderes, de origen portugués, genovés o castellano, y marineros. Los compradores pertenecen a todas las clases sociales; no se suele tener un núme- ro alto de esclavos y se emplean en una variada gama de tareas, aunque predominantemente en el azúcar; en el transcurso del siglo XVI irá cobrando importancia la esclavitud dedicada a la servidum- bre doméstica, sobre todo entre los nobles y la Iglesia. Gran Canaria es un puerto importante en la trata de esclavos, tanto para los desti- nados al mercado insular como para los que son conducidos a Amé- rica.

Socialmente el esclavo es considerado un mero objeto por las leyes de la época, la responsabilidad legal de sus actos correspon- de a su dueño, que puede hacer lo que quiera con él, menos darle muerte. Muchos de ellos conseguirán con el tiempo manumitirse por diversos medios: por conversión al cristianismo, siendo esclavo de un infiel; por testamento de su amo; por mandato real; comprando su libertad gracias a su trabajo o por la aportación de amigos y familia- res ya libres. Pero el esclavo es comúnmente un marginado social y sobre él recaen los apelativos de vago, hechicero o rebelde, especialmente por las frecuentes tentativas de huida y alzamiento. El miedo a su número y las dificultades para controlarlos, hacen que se dicten una serie de disposiciones, como son las de no poder ser recibidos en casa ajena, portar armas y tener casa propia, normas que se am- plían normalmente a los libertos. La esclavitud tiene un aspecto económico muy importante, /a cabalgada. Estas son expediciones organizadas para capturar es- clavos o intercambiarlos por mercancías que se hacen en Berbería y en África Negra. Estas actividades tienen su inicio en el siglo XV, primero desde Lanzarote y Fuerteventura, posteriormente desde Gran Canaria y el resto de las islas. Su origen está en la práctica andaluza de la guerra de frontera contra Granada, pequeños golpes de mano que tienen como objetivo apropiarse de botín. Los señores de las islas eran asiduos de esta práctica, pero también las islas realengas lo practican pues los reyes están deseosos de cobrar el quinto de las capturas a que tienen derecho. La cabalgada es una mezcla de empresa económica, de recon- quista y cruzada, y de fundación estratégica para la consolidación de los caladeros de pesca en el litoral sahariano. Canarias es para

Castilla la punta de lanza de su asentamiento en África, lo que se manifiesta en la pronta edificación de una base defensiva en la cos- ta de Berebería, Santa Cruz de la Mar Pequeña, encomendada a Diego de Herrera. Financieramente la cabalgada llega a obtener unos beneficios del 200% sobre el dinero invertido; sus organizadores son personas de solvencia que concertan las entradas con capitanes de navios y que suministran al barco y a los hombres, los víveres, armas y obje- tos de comercio necesarios. En las cabalgadas participan marineros y soldados, junto a los llamados adalides, moros conversos que sir- ven de intérpretes. Estas cabalgadas se suceden con cierta frecuencia en el siglo

XVI

hasta 1572, fecha en que son prohibidas por Felipe II. Ello es

debido a la necesidad de frenar los asaltos que como represalia lle- van a cabo los corsarios berberiscos contra las islas orientales. Desde ese momento y hasta 1579, la práctica más usual es la del rescate de prisioneros de ambos lados, ya por dinero, ya por pro- ductos como el marfil y el oro por parte beréber y trigo y manufactu- ras por la parte cristiana. En 1579, el regidor Escobar obtiene el permiso real para que desde las islas se efectúen dos cabalgadas al año. En la década de los noventa las empresas decrecen debido a que las represalias no cesan y se hacen cada vez más terribles. Estas respuestas inciden también de manera negativa sobre las faenas en la plataforma pes- quera africana y a finales de siglo pocos son los buques que se aventuran en aquellas aguas. Junto a estas empresas, se prodigan las navegaciones a Cabo Verde para comprar esclavos a los portugueses; estas actividades eminentemente comerciales reportan grandes beneficios e incenti- van la producción de vino en las islas ya que éste era uno de los productos con que se comerciaba con esta zona de África. En los momentos de guerra con los lusitanos y posteriormente de manera ilegal se efectuaron también algunas cabalgadas a esta zona y a la de Guinea.

6.5.1. Los negros

Proceden de las compras en Berbería y Cabo Verde. Se ocupan con preferencia del trabajo más mecánico de los ingenios, aunque también se les utiliza como leñadores y ganaderos. Los libertos es- tán sujetos a las mismas restricciones que los bereberiscos, ya por

su escasa cristianización ya por el peligro de que se alzen y se alien con otros marginados, provocando revueltas. Una vez manumitidos, se incorporan con normalidad a la socie- dad, encontrándose diseminados por todas las islas y ejerciendo oficios como el de leñador o boyero. En Gran Canaria, y en otras islas también, llegaron a fundar ba- rrios como el de las laderas de San Juan, en el cual tenían incluso una cofradía. La procedencia de estos negros es variada. Las fuentes regis- tran gente de la etnia fulo del Senegai, berebezis de Guinea, man- dingas de Sudán, etc.

6.5.2. Moros y moriscos

Su número e implantación en las islas es variables, aunque en ninguna llegaron a ser especialmente numerosos. Su presencia puede atribuirse a un factor económico: la imperiosa necesidad de mano de obra en el cultivo azucarero y en la repoblación. Según plantea Lobo Cabrera, proceden en su mayoría de las costas africanas, zona de las incursiones de los señores isleños, especialmente los de Lanzarote y Fuerteventura. No siempre estas empresas tendrán carácter comercial, ya que en algunos casos los esclavos se obtenían mediante comercio a cambio de telas, alimen- tos, etc. Una vez vendidos en las islas en pública subasta, eran dedica- dos a los trabajos más duros, siendo el pastoreo una actividad en la que destacan. Mantienen vínculos de solidaridad muy estrechos entre ellos y luchan juntos para lograr la libertad, ya ahorrando a los esclavos, los que ya son libres. O escapando a Berebería, normalmente ayu- dados por los corsarios bereberiscos que saltan las islas para libe- rarlos. Una vez manumitidos, optan por permanecer en el Archipiélago, dedicándose a tareas de acarreo de-madera y abastecimiento para los ingenios. En lugares como Lanzarote o Fuerteventura se dedican a la agricultura. Bajo la atenta mirada de la Inquisición, que procesó a muchos de ellos a lo largo del siglo XVI, estos aportes se fueron mezclando racialmente con cristianos viejos y con otros grupos marginales. Su captura y su comercio decae en la segunda mitad del siglo XVI por las causas anteriormente referidas sobre ios ataques de corsarios en represalia por las cabalgadas.

  • 7. LA ORGANIZACIÓN ECONÓMICA

La conquista de las islas supone la sustitución de la estructura económica aborigen por otra orientada a la explotación de los recur- sos ya existentes y a la implantación de nuevos cultivos. Estos ser- virán tanto para el autoabastecimiento de productos básicos como para el aprovechamiento del territorio en función de las necesidades que demande el Continente. La nueva economía es fundamental- mente agrícola y ganadera y se asienta a través de dos sistemas convergentes:

El primero fue el tipo de repoblación: se llevaba a cabo de ma- nera planificada, dando facilidades para una rápida puesta en ex- plotación, con ello se consigue en un principio tener un gran número de propietarios, pero algunas injusticias cometidas a la hora de asignar las tierras y la escasez de población traen consigo una con- centración de la propiedad. Por otro lado, existen algunas zonas más favorecidas por este sistema, al tiempo que las islas, por su he- terogeneidad sufren una evolución económica diferente. Todo ello establece desde los primeros momentos un desarrollo desigual del repoblamiento dentro de cada isla. La segunda es la incorporación del Archipiélago al circuito co- mercial europeo como productora de artículos de exportación y par- ticipando de las importaciones de diversas manufacturas. Canarias aprovecha también su posición estratégica en las rutas que enlazan África, América y Europa, lo que da lugar al asentamiento de colo- nias extranjeras, preferentemente en Gran Canaria y Tenerife.

  • 7.1. El predominio áe las actividades agrícolas

Se ha dicho muchas veces que Canarias tuvo un régimen de explotación colonial generalizable a todo el conjunto de las islas y fundamentado en la exportación de materias primas y la importación

de manufacturas y productos básicos. Pero la realidad histórica del Archipiélago nos presenta algunas diferencias que contradicen este esquema. Así, en primer lugar, no hay una agricultura de monoculti- vo que además se encuentre en todas las islas; los cultivos de ex- portación conviven con un sector de autoabastecimiento muy impor- tante, al que se dedica buena parte de la población y que se mantie- ne en los momentos en que el ciclo de exportación entra en deca- dencia. Este sector puede verse afectado a su vez por crisis de sub- sistencia que aún teniendo incidencia sobre el resto de la economía no suponen el aniquilamiento del sector exportador. La economía básica de las islas es por tanto la del autoconsumo, que permite mantener un mínimo de actividad económica cuando se produce el agotamiento de un ciclo y su sustitución por otro, como ocurre con el azúcar por el vino en el siglo XVI. Lo que sí sucede es que el sec- tor de intercambio externo hipoteca la balanza comercial de las is- las, propiciando el desarrollo de una economía dependiente, ya que a través de ese intercambio llegan productos manufacturados y ca- pitales que no pueden originarse en las islas por la pobreza de re- cursos y escasa capacidad competitiva frente a los extranjeros.

7.1.1. Sistemas de propiedad y explotación

El sistema de propiedad se origina en la etapa de los reparti- mientos y aunque conforma grandes y pequeñas propiedades, éstas son explotadas en extensiones de tipo medio, debido a la carencia de elementos técnicos y a la escasez de mano de obra en los prime- ros momentos. Si se exceptúan las explotaciones azucareras, el resto de las grandes tierras son divididas y arrendadas. En el caso de la pequeña propiedad no es raro contemplar como su propietario es también arrendatario de parcelas ajenas, cuando no pasa a con- vertirse en jornalero debido a la competencia de las grandes propie- dades o a la improductividad de sus tierras. El sistema de propiedad se complementa, en palabras del profe- sor Aznar, con el de la explotación del acuífero, unido generalmente al repartimiento, pero sujeto como bien común a una serie de regu- laciones en su usufructo. Para ello se crean las heredades de agua que regulan mediante la figura del alcalde de las aguas aquellos pro- blemas que surgen por las horas o cantidades de agua que disfruta cada uno de los agricultores de una comunidad de usuarios, a la vez que cuida del mantenimiento de la infraestructura de acequias y juz- ga los frecuentes litigios.

El sistema de explotación no directo de la tierra presenta tantas modalidades como diferentes intereses puedan tener los contratan- tes. Esta variada tipología se puede dividir en dos grupos:

El primero está compuesto por aquellos contratos efectuados a los jornaleros sin tierras. Estos trabajan a sueldo, pagado en espe^ ele normalmente, y se contratan por tarea o por meses. Los contra- tos, cuyas condiciones se hallan recogidas en las ordenanzas muni- cipales, suelen especificar el número de días y las condiciones de pago, que incluyen el mantenimiento del empleado durante el de- sempeño de su trabajo. El segundo grupo lo componen aquellos contratos que se reali- zan como asociación y alquiler. El más usual es el arrendamiento, tí- pico de las tierras de "pan llevar" -las de cereales-; son contratos anuales y el arredador suele contratar no sólo la tierra sino también las herramientas, animales e instalaciones anexas a la explotación. El sistema de pago es en moneda o, preferentemente, en especie. Otro tipo de contrato es el de aparcería, en el que se especifica la proporción de la cosecha que cada una de las partes obtiene: la mi- tad, un quinto, etc. La participación es variada, tanto en la forma de repartir los trabajos como en la aportación de semillas y aperos. La tercera modalidad es el censo, y consiste en el alquiler de una tierra por un periodo de tiempo, por la cual se paga regularmente una can- tidad en metálico. Es utilizado este sistema en tierras concejiles y eclesiásticas ya que proporciona una renta fija. Existe también el llamado censo enfitéutico que se da a perpetuidad a un arrendata- rio.

La complantación es otro tipo de asociación nacida de la necesi- dad de roturar nuevas tierras al principio de la colonización. Dada la falta de mano de obra y capital para emprender la tarea, se suele ceder el terreno a otro agricultor por dos o más años sin pagar nada a cambio; éste, a su vez, se compromete a poner en explotación la tierra. Al agotarse el plazo, la parcela es dividida a medias entre el propietario y el explotador. Otra variante de contrato sobre nuevas tierras se denomina "de plantación" y presenta los caracteres co- mentados para los de aparcería, aunque mantiene la salvedad de no pagar renta en los primeros años. Todos estos contratos suelen combinar el alquiler de las tierras con clausulas de asociación en el cultivo y difieren en condiciones debido a la calidad de tierras o al tipo de producto y tareas que aquellas necesitan.

7.1.2.

La agricultura de autoconsumo

Podemos dividirla en dos sectores: cereales y "parrales y huer- ta", como se cita en las fuentes de la época. Se encuentra implanta- da en todo el Archipiélago, aunque algunas islas sobresalen en un producto determinado, lo que crea un circuito interinsular de inter- cambio. - Los cereales alcanzan un desarrollo importante en el siglo XVI al ser un componente básico en la alimentación de los canarios. Su distribución geográfica es la zona de medianías y en las partes resguardadas de los montes, como señala Camacho y P. Galdós. Las especies más importantes son el trigo, la cebada y el centeno. Al no estar repartida su explotación y consumo de una manera ho- mogénea, existen islas excedentarias como Tenerife (que en 1522 producía 100.000 fanegas de cereal y sólo consumía 30.000), La Palma, Lanzarote y Fuerteventura. Otras son deficitarias, destacan- do Gran Canaria, que por su mayor población y dedicación al cultivo azucarero necesita importar trigo. El comercio interno a que da lugar este desequilibrio es objeto del control de los concejos; éstos se encargan de importarlo o exportarlo, regulan los precios y persiguen la reventa y la compra o almacenamiento de grano antes de la cose- cha para evitar su especulación. Pero, aunque se permita la expor- tación de un tercio de las cosechas cuando estas son excedenta- rias y cuando se ha abastecido primero al archipiélago, los impor- tantes beneficios que se pueden obtener vendiendo el cereal al ex- terior propician que el fraude y el contrabando sean frecuentes. Los precios alcanzados por la fanega de cereal son variables, oscilando entre los 150-200 maravedíes para el trigo en islas exce- dentarias y los 300-400 maravedíes que cuesta en las islas deficita- rias. Relacionado con el cultivo de estos productos están los silos, que suelen situarse en cuevas a usanza de los aborígenes; los moli- nos, normalmente de los ricos propietarios que arriendan su uso, y los llamados "guardas de los panes", vigilantes de cultivos depen- dientes del municipio.

  • - Los parrales y huertas suelen estar unidos en la misma explo-

tación y los terrenos dedicados a estos cultivos se asientan prefe- rentemente en zonas medias y bajas, alternados con las plantacio- nes de azúcar. Son parcelas de regadío y suelen ser de alto precio. Esto quizás se explica por el alto consumo interno que tienen estos productos y la rentabilidad que se obtiene. Desde los primeros mo- mentos reciben un trato favorable en la legislación por parte de las autoridades. La extensión de una de estas explotaciones es peque- ña, una o dos suertes de tres fanegadas cada una por término me-

dio; su precio es casi el doble de un terreno de las mismas dimen- siones dedicado al cultivo cerealero. La huerta destaca por la variedad de cultivos: verduras, higue- ras, cítricos, membrillos y otros frutales. El abastecimiento de estos comestibles a las ciudades está regulado estrictamente; los hortela- nos, por ejemplo, están obligados a acudir diariamente al mercado con sus productos, con un precio y lugar de venta que fijan los dipu- tados municipales encargados de su control. El viñedo y su producción principal, el vino, adquieren importan- cia a lo largo del siglo XVI, sustituyendo progresivamente al azúcar como mercancía de exportación. Al principio su cultivo está limitado a la demanda interna, donde se consume abundantemente; se ex- plota en todas las islas, pero destacan Tenerife y La Palma. La ex- portación se inicia con los intercambios con África y su envío a América, y continúa en la segunda mitad del siglo con el tráfico cre- ciente hacia Europa por medio de los ingleses; desde este momento se intenta proteger su comercio frenando las importaciones de vino de Madeira y la Península. Con todo, el vino no constituye en el siglo XVI un aporte de riqueza tan importante o rápido como lo había sido el azúcar, debido a que su comercio se ve entorpecido por las gue- rras anglo-hispanas que se suceden en las últimas décadas del si- glo. Asimismo, al no necesitar de una infraestructura muy compleja, no atrae la inversión de grandes capitales y la riqueza que esto pu- diera generar.

  • 7.1.3. La explotación de recursos naturales

La mayoría de estos productos ya eran aprovechados con ante- rioridad a la llegada de los europeos y fueron uno de los factores que impulsan la conquista de las islas. El producto más codiciado es la orchilla, un planta tintórea utili- zada en las industrias textiles de Flandes, Italia y Levante. Es una regalía que ostentan los señores en sus islas y los cabildos en las realengas, obteniendo ambos una rentabilidad elevada. Se recoge en todo el Archipiélago, destacando la producción gomera. Se desti- na a la exportación, aunque también se utiliza minoritariamente en las islas para algunos trabajos. El comercio, sin embargo, está mo- nopolizado por extranjeros que la exportan y a veces obtienen el arrendamiento de su recolección. En un principio la orchilla es con- trolada por los genoveses, pasando posteriormente a manos de in- gleses y holandeses.

otra planta tintórea muy apreciada es la hierba pastel, introdu- cida por los genoveses y que se encuentra preferentemente en las islas orientales. Las conchas son también objeto de exportación a las factorías portuguesas en África, donde sirven para intercambiar por oro. La silvicultura tiene un peso fundamental en la economía cana- ria desde estos primeros momentos, pero su explotación incontrola- da conduce rápidamente a la deforestación de las islas. Las reitera- das medidas que se tomaron en el siglo XVI para regular la tala de árboles o el pastoreo, resultaron ineficaces por las continuas infrac- ciones e ilegalidades cometidas. La primera utilidad rentable del bosque es su uso como com- bustible, tanto para la industria artesana y los ingenios como para el consumo doméstico. La segunda y no menos importante es la ob- tención de pez para el calafateado de buques, utilizada por la indus- tria naval de las islas -próspera en esta etapa, pero limitada-, o ex- portada en bruto hacia América y la Península. Unida al bosque está también la apicultura para el aprovechamiento de cera y miel, labor que alcanza cierta relevancia en el Hierro, La Gomera y La Palma. Pero la actividad que acapara mayor consumo de madera y que es la causante de la deforestación es el azúcar. Al consumo de combustible para el ingenio, se suma la madera necesaria para construir aparatos y embalajes para los panes de azúcar. La mayor relevancia de este cultivo en Gran Canaria hace que la masa fores- tal de esta isla se vea seriamente disminuida y obliga ya desde fe- cha temprana a importar madera desde las restantes. La pesca se erige también como una actividad básica en Cana- rias y se pueden diferenciar tres zonas de aprovechamiento piscíco- la: el litoral, que incluye la recolección de mariscos, las aguas cer- canas a las islas, y el banco pesquero sahariano. La pesca está asociada a las salinas, mayormente en las islas orientales, ya que es su medio de conservación más común.

  • 7.1.4. El azúcar: el primer cultivo de exportación

Esta planta es el primer cultivo de exportación de Canarias y abre los grandes ciclos que continuarán el vino, la cochinilla o el plátano. Su llegada al Archipiélago es el resultado de la orientación económica que Europa marca a las islas del Atlántico Mediterráneo; estas tierras sirven d.e asentamiento para los cultivos que necesitan unas condiciones especiales y cuya producción en el Mediterráneo se ve dificultada por el avance turco. La.caña de azúcar había sido

importada desde la India al sur de Europa y de aquí pasa a Madeira, desde donde Pedro de Vera la trae a Gran Canaria. El motivo de su llegada es la necesidad que tienen los grupos inversores y los gran- des propietarios de rentabilizar rápidamente los gastos que la con- quista y colonización han ocasionado. El primer ingenio queda ins- talado en el Guiniguada y posteriormente se extenderá a las islas de Tenerife, La Palma y La Gomera. Su área de dispersión geográfica comprende las zonas de cos- ta, con altitudes inferiores a los 500 metros sobre el nivel del mar. Los terrenos de estas características no abundan y ésto, unido a la necesidad de agua abundante, convierten los sitios propicios en zo- nas muy codiciadas a la hora del repartimiento. El cultivo es protegi- do por los concejos, que otorgan más y mejores tierras a quienes se comprometen a la plantación del cañaveral. Pero la rentabilidad es tan alta que hace disminuir los terrenos dedicados a bienes de con- sumo básicos, debiendo las autoridades frenar su extensión. Tanto la puesta en explotación como el cultivo y transformación de la caña son un proceso costoso y potencian tempranamente la introducción de capital extranjero, que acabará controlando la ex- portación y redistribución del producto y de las ganancias. Italianos como los Rizzo y holandeses como los Monteverde, se establecen de manera permanente en las islas productoras, obtienen concesio- nes de tierras y actúan en asociación con los dueños de los inge- nios. La financiación de los ingenios y los cañaverales se hace ade- lantando dinero o provisiones para la campaña que se inicia y a cambio se pacta una parte de la cosecha o la opción de su comer- cialización. Las rentas que se obtienen van destinadas a la importa- ción de objetos y manufacturas que el país no produce. El camino que recorre la caña hasta llegar a convertirse en azú- car es largo y laborioso. El primer trabajo que se efectúa sobre el te- rreno es la sorriba para acondicionarlo. Luego se plantan los tallos, cuyos primeros brotes reciben el nombre de cañaveral de hoja y que tarda dos años en florecer; éste da lugar, a su vez, a/ cañaveral de soca y posteriormente al de resoca, con una periodización de dos años para cada uno de ellos. Otras labores que se efectúan en el terreno y las plantas son el riego artificial por medio de acequias, la escarda, la cava o colocación de varas para sostener la caña, el ex- terminio del gusano y de los ratones y, como último paso, la recogi- da y el desburge o limpia. En el ingenio -palabra que procede del portugués engenho- se elabora el azúcar mediante varias transformaciones. El ingenio no es sólo el artefacto de molienda sino todo un complejo industrial:

conducciones de agua y establecimientos de almacenaje y habita- ción. El artificio, propiamente dicho, está hecho con madera y piezas

de hierro y cobre; normalmente es movido mediante un salto de agua continuo, natural o artificial. Este último se conoce como "cu- bo" y consiste en un embudo de mamposteria elevado que retiene el agua y la hace salir con fuerza a través de un orificio practicado al efecto. Los ingenios son construidos por los llamados hacedores de molino y su mantenimiento técnico se efectúa por contrato en épo- cas de zafra. La instalación suele costar unos dos millones de mara- vedíes y su amortización se realiza en un corto espacio de tiempo ya que en un plazo máximo de dos años se pueden obtener benefi- cios por la molienda y elaboración azucarera que alcanzan el millón y medio de maravedíes. El funcionamiento del ingenio es sencillo, el agua impulsa unas palas sujetas a una rueda, con lo que se logra un movimiento circu- lar que hace girar un cilindro. Este tritura la caña contra otros dos rodillos de movimiento libre. Posteriormente se prensa la caña, re- duciéndola a lo que se conoce como bagazo, que es utilizado como pienso y abono. El jugo que se extrae del prensado se cuece en cal- deras de cobre hasta obtener el temple o densidad deseada. A con- tinuación, se vierte en las "formas", unos recipientes de barro en forma de cono invertido; aquí el jugo cristaliza y se purga de las mie- les, que gotean por la vertedera de la forma. Tras estas manipulacio- nes se deja secar unos veinticinco días en moldes adecuados y al aire libre, tras lo cual el lealdador, un inspector del concejo, examina y valora la calidad del azúcar obtenido. De todo este proceso se obtienen varios tipos de azúcar. En pri- mer lugar, el azúcar blanco, que es el de más alta calidad y que se destina a la exportación; le sigue el azúcar quebrado, que es aque- lla porción del primero que no ha logrado obtener la calidad o pureza suficiente para su exportación, bien porque presenta impureza del barro de los moldes o no ha cristalizado correctamente. Otros tipos son el azúcar de espuma, que se obtiene de los restos del primer jugo; el azúcar de tercera categoría que surge de la cocción de las primeras mieles. Luego viene la remiel, que se logra aplicando el mismo proceso a las mieles de la segunda cocción. El resto ya es una melaza que se utiliza como dulce. Además de su consumo di- recto, el azúcar sirve para elaborar productos como las conservas, hechas con el azúcar de primera, y las confituras, cocidas con las refinadas. Existen una gran variedad de oficios, en el ciclo de la caña: por un lado, los agricultores poseedores de terrenos de cañaveral que venden su producto al ingenio; su faena está dividida en dos tempo- radas, de enero a junio es el cultivo y la zafra, y el resto del año se dedica a la preparación de la temporada siguiente. Son ayudados en su trabajo por jornaleros que se suelen contratar para determina-

das tareas. Relacionados con el ingenio están los almocrebes o arrieros que se contratan para la tala y acarreo de leña que se con- sume como combustible, embalaje y construcción. Trabajando en el complejo se encuentra un personal especiali- zado, siendo el más importante el mayordomo, encargado de dirigir la explotación. De las tareas técnicas se ocupan los maestros del azúcar, el espumero, el refinador, el cocedor, etc., todos ellos alta- mente cualificados y que son previamente sometidos a un examen por una junta antes de ejercer. Estos tienen a su cargo a oficiales y ayudantes. Lothar Siemens apunta que muchos de estos últimos pueden haber sido aborígenes canarios esclavizados que trabaja- ban en Madeira, que toman nombre portugués y que regresan a Ca- narias -expulsados de las islas portuguesas por el peligro que re- presentaban al estar continuamente alzándose-. Los trabajos de tipo mecánico los llevan a cabo los esclavos, que fueron introduci- dos en las islas de forma masiva con motivo de la implantación de este cultivo. Normalmente el contrato de los trabajadores se hace por zafra y suelen pagarse con sueldos elevados, utilizando como moneda el azúcar debido a la escasez de numerario. El precio del producto os- cila a lo largo del siglo desde los 300 maravedíes por arroba en 1495 a los 650 maravedíes por el mismo peso en 1522 para el azú- car blanco. Progresivamente, el azúcar canario irá perdiendo competitividad frente a otras zonas productoras como Guinea o las Indias Occiden- tales, a donde lo llevan los mismos isleños, y desde la década de los sesenta su rentabilidad y su cultivo comienzan a declinar.

7.2. La ganadería

El aprovechamiento de los animales completa el eje central de la economía canaria. Se explota como algo autónomo, continuando con las pautas transhumantes de la ganadería aborigen, pero tam- bién como animal de tiro asociado a la agricultura. Es un comple- mento a la dieta alimenticia y es susceptible de una utilidad indus- trial suministrando materias primas como el cuero. El auge que co- bra la ganadería puede decirse que es una herencia directa de su explotación por los aborígenes de todas las islas, que tenían una economía esencialmente pecuaria, debido a que ésta se adapta a

toda clase de terrenos, incluidos los muy pobres y sin posibilidades de cultivo.

Desde el momento en que comienzan los repartimientos se tie- nen en cuenta las necesidades ganaderas y se favorece su expan- sión, concediendo espacios para el pasto de los animales, pero con posterioridad estos pastizales sufren un cierto retroceso; sirva como ejemplo la roturación que se efectúa en la dehesa lagunera en 1521 para aprovechar la demanda de cereales exportables. Para el desa- rrollo de la transhumancia se crea una mesfa, que es una institución castellana que acoge a todos los ganaderos y que regula las condi- ciones en que se realiza el pastoreo. En Canarias el régimen de la mesta es algo diferente: su alcalde está subordinado al concejo mu- nicipal y su calidad es la de regidor. Al ganado se le obliga a mestar o reunirse dos veces al año en una zona concreta; en enero lo hace el vacuno y el porcino y por la festividad de San Juan el de ovejas y cabras. En estas mestas se suelen concertar los tratos, juzgar los delitos y pleitos, se devuelve el ganado mostrenco o "guanil", como se denomina en lengua aborigen, y se vigila para que se deposite el ganado enfermo en majadas apartadas. También se revisan y regis- tran los cortes y hierros con que se señala la propiedad de un reba- ño, estas marcas se guardan en un libro al cuidado del alcalde de la mesta. El ganado menor es identificado a los seis meses, el mayor al primero o segundo año. La mesta se encarga junto con el consejo de organizar las batidas contra los perros asilvestrados o salvajes, por los daños que ocasionan a los rebaños.

Las especies que conforman la cabana ganadera de Canarias se pueden dividir en dos grupos:

- El ganado menor, que es el más numeroso e importante. La cabra ocupa el lugar preponderante y se encuentra presente, al igual que el resto de este tipo de ganado, desde la época aborigen; este animal por su resistencia y frugalidad es idóneo para todo tipo de terreno y clima, su aprovechamiento es completo: carne, leche, queso y piel, amén de servir como moneda; su valor en un ejemplar adulto varía según sus condiciones pero los cabritos suelen tener un valor fijo, un real; el ganado caprino se reúne en cuadrillas de va- rios cientos de ejemplares, cuidados por pastores y supervisados éstos por un veedor. La oveja es también un elemento importante y suele incorporarse al rebaño de cabras; se explota de la misma ma- nera que éste y cobra importancia con su transporte desde Cana- rias a América para allí aclimatarla. El cerdo es el tercer componen- te del ganado menor; es un tipo de rebaño muy controlado ya que su habitat natural es el bosque y es bastante destructivo, llegándose en algunas zonas a no permitírsele el paso o la estancia.

ESQUEMA DEL COMERCIO INTERINSULAR

Cereales y carnes

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Tejidos y utensilios metalúrgicos

Fuente: Canarias (Anaya, p. 145)

- El ganado mayor tiene un gran desarrollo sobre todo en las islas occidentales, está protegido y se fomenta su cria debido a su utilidad en el transporte y el trabajo agrícola. Incluye caballos, as- nos, importados de Berbería y criados en libertad, y muías, cuyo va- lor y abundancia es superior al de los caballos debido a su buen comportamiento en terrenos de difícil orografía como son la mayoría de las islas. El ganado bovino tiene también gran importancia y su aprovechamiento es mixto: por una parte, los productos lácteos y el cuero para una importante industria de pieles y cordobanes que suelen exportarse a América; por otra,su utilización como animal de tiro, de lo cual los boyeros obtienen gran rentabilidad gracias a su alquiler. El dromedario es utilizado con asiduidad en las islas orien- tales ya que por su perfecta adaptación a climas áridos es más efi- caz y barato de mantener que otro tipo de ganado.

El pastoreo da empleo a gran número de personas. Los aboríge- nes, tanto libres como esclavos, con los más abundantes y se en- cargan del ganado menor, mientras los colonos, principalmente ga- llegos y moriscos, lo hacen del ganado mayor. El contrato de un pastor es a sueldo, que incluye el mantenimiento, o a partida, que es cuando se encarga de un ganado ajeno a cambio de una parte de lo que produzca.

7.3. Canarias como plaza comercial

El intercambio comercial está ya documentado para las prime- ras expediciones de exploración a las islas canarias. Ya en los mo- mentos de la colonización y posteriormente con mayor fuerza, la ac- tividad mercantil ocupa un lugar destacado en la economía aunque su beneficio circule entre una minoría. La inclusión de las islas en el circuito económico europeo como zona de cultivo de productos de lujo, su situación estratégica y el desequilibrio entre las islas condu- cen al desarrollo de contactos con múltiples regiones extrainsulares y a la creación de una red interna importante. - El comercio interno se realiza mayoritariamente por mar, aprovechando playas y barrancos propicios a la creación de puertos o desembarcaderos que comunican con zonas que por su orografía no permiten un transporte de elementos pesados. El mercado es muy reducido y se utiliza el trueque como moneda corriente. El tráfi- co interinsular favorece la circulación de bienes de unas islas a

otras; las zonas entroncadas con el comercio internacional reexpi- den manufacturas al resto del Archipiélago a cambio de productos de consumo, como ya se ha visto. Los encargados de este tráfico son los mercaderes, extranjeros o peninsulares, y los revendedores, que se encargan del trato dentro de la isla y que actúan a veces como agentes del primero por una comisión. La labor de ambos está regulada en las ordenanzas y de su cumplimiento se encargan los almotacenes que vigilan en los mercados las relaciones de precios, las calidades y los puestos de venta, y evitan el monopolio, para lo cual no se permite, por ejemplo, la reventa de mercancías durante los nueve días posteriores a su llegada a la plaza, lo que favorece el abastecimiento directo de los vecinos.

El transporte marítimo de esta mercadería, como expone la pro- fesora Calero Martín, se lleva a cabo de tres maneras: el cabotaje directo entre islas, el cabotaje menor circunnavegando una isla y haciendo escala en distintos puntos y el mixto, que es combinación de los anteriores.

  • 7.3.1. El comercio exterior. Características y orientación

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Esta actividad está en manos de elementos foráneos y aunque existen burgaleses, levantinos, catalanes y vascos, las colonias más amplias son las de italianos, flamencos, portugueses y poste- riormente ingleses. Sus compañías se hayan establecidas por toda Europa y cuentan con redes de redistribución eficaces, por lo que cualquier competencia es harto difícil. La única empresa castellana que tienen cierto poder es la Casa de Contratación de Sevilla, que ostenta el monopolio oficial de el comercio con América, al cual los europeos no tienen acceso directo, al menos de forma legal. Por lo general, las compañías se establecen en Canarias en un primer momento para controlar las exportaciones de azúcar y tintes, a cambio introducen capital en estas empresas o importan manufac- turas. Las empresas dedicadas a este tipo de comercio son estables, formadas por socios o familiares, y se diferencian de las creadas por los vecinos que se dedican al comercio con América en los pri- meros tiempos y que son temporales; la misma característica revis- ten también las destinadas al comercio con África y a las cabalga- das.

En cuanto a la orientación comercial, la estratégica situación de

Canarias en la ruta hacia tres continentes le permite operar como base de abastecimiento en la navegación del Atlántico. - Las razones del tráfico con América son obvias, tanto por mo- tivos geográficos al estar el archipiélago en la zona de los vientos alisios, como por motivos comerciales al ser la última plaza castella- na donde la flota de Indias se abastece antes de cruzar el océano y desde donde se exportan productos de consumo que los europeos solicitan al no cultivarse allí. A cambio, Canarias recibe algunos pro- ductos, aunque no muchos ya que son similares a los obtenidos aqui. El intercambio directo está regulado y frena constantemente a lo largo de siglos su desarrollo; desde los primeros momentos el co- mercio americano esta regido por la Casa de Contratación que favo- rece los intereses sevillanos y posteriormente gaditanos frente al resto del reino. A Canarias se la intenta someter a su control, pero el archipiélago consigue algunas excepciones al monopolio para este siglo XVI; puede así exportar productos de la tierra sin límite en la cantidad. Para ello se establecen unos factores de la Casa que se encargan de vigilar las cargas efectuadas en los puertos, de las cuales levantan un acta que es enviada a Sevilla. No se permite, asimismo, comerciar a los extranjeros si éstos no lleva residiendo diez años en la isla y están casados con una na- tiva. La historia de este tráfico tiene varias etapas, como señala Ru- meu de Armas, marcadas por la evolución de la legislación; en 1526 se da la primera concesión para poder comerciar durante un deter-

minado número de años, es tiende al resto, a cambio se

otorgada a Tenerife y en 1534 se ex- ha de depositar una fianza en la Casa

de Contratación. Desde 1548 se indican los puertos de salida y los de arribada obligatoria ya que no se permite hacerlo a otros, el tor- naviaje se debe realizar directamente a la Península. Con Felipe II se llevan a cabo una serie de reformas para evitar el continuo fraude a que son sometidas las normas y obliga a la flota canaria a viajar con la flota de las Indias que zarpa regularmente de la Península, para ello las naves de las islas tienen que esperar en nuestras aguas a que aquella pase camino de América e incorporarse; se nombra un juez especial de registros que sustituye a los escribanos públicos que anteriormente tenían ese cometido.

A pesar de ello, el contrabando y el fraude son corrientes; ex- tranjeros e isleños navegan sin licencia, descargan en puertos que no están en su ruta obligatoria o embarcan productos prohibidos fuera de los muelles una vez que tienen permiso para zarpar. El trá- fico ilegal más importante es el de esclavos y el de las manufactu- ras extranjeras. El comercio con América tiene dos consecuencias añadidas:

La primera es la emigración, que si al principio está compuesta por soldados y aventureros, da paso luego a colonos y a sus fami- lias. Desde 1511 se necesita un privilegio real para emigrar y todo pasajero queda registrado, pero ios que marchan sin licencia debie- ron de ser muchos pues en 1579 se prohibe cualquier emigración desde las islas debido al peligro que existe de despoblamiento. Se ha especulado sobre cual ha sido el papel que Canarias ha tenido en la colonización de América como supuesto "laboratorio de pruebas", pero si es verdad que en algunos planos de la conquista como el fortalecimiento del poder real o cierto tipo de financiación existe algunas semejanzas, también lo es que el archipiélago parti- cipa más de las estructuras castellanas que de las creadas para América. El segundo efecto del comercio indiano, generalizable a los res- tantes, es la llegada de piratas y corsarios (piratas con patente real para atacar y saquear buques enemigos) a las aguas de Canarias. El paso obligado de la flota hacia América y su recalada en refugios y puertos de las islas es una presa codiciada que involucra el archi- piélago en las luchas europeas por el dominio del Atlántico y en su secuela, la piratería. Desde 1515 el tráfico tanto internacional como

interinsular se ve constantemente amenazado. En 1525, con motivo del conflicto entre el emperador Carlos V y el rey de Francia, llega a estas tierras Jean Fleury que ocupa la Gomera, isla que por las ex- celentes condiciones de su rada de San Sebastián se había conver- tido tanto en puerto de la flota de Indias como de los piratas que ocasionalmente pasaban por aquí. El papel del señor de la isla, al permitir esto último, no está esclarecido: no se sabe si fue impoten- cia para defenderse o conveniencia para no hacerlo. Los ataques de armadas corsarias francesas se suceden continuamente hasta 1559 en que remiten. En este año Le Clero saquea e incendia Santa Cruz de La Palma; ésta y las anteriores acciones urgen a la creación de un sistema defensivo más eficaz. Para ello se organiza la milicia, cuerpo de defensa integrado por todos los hombres útiles entre 16 y

  • 60 años, que recibe intrucción periódica y que combina su quehacer

civil con la guarda y defensa de las costas. Por otro lado se trae al

ingeniero Torriani que elabora un plan de fortalezas que no se lleva a efecto en su totalidad, lo que tendrá consecuencias nefastas en años ulteriores. A su vez se crea en 1589, con carácter temporal, la figura del Capitán General, que se elimina en 1594 hasta 1629 en que se repone ya con carácter permanente.

La piratería francesa cede su lugar a ingleses y holandeses en las últimas décadas del siglo XVI, debido a que ahora la rivalidad enfrenta a Felipe II y a la reina Isabel I de Inglaterra y a sus aliados holandeses. Con el comercio del vino malvasía, las relaciones con

Gran Bretaña se habían ido estrechando y el contrabando y cierta piratería estaban en un momento de auge; algunos autores señalan, por ejemplo, los buenos negocios que realizaban familias importan- tes de Canarias con el aventurero inglés Hawkins en el tráfico de esclavos. Va a ser éste y Drake, al servicio de su majestad, quienes ataquen reiteradamente las islas durante la guerra anglo-española. Holanda, por su parte, protagoniza una de las entradas más duras en 1599; Pieter Van Der Does arrasa Las Palmas de Gran Canaria y San Sebastián de La Gomera. A estos corsarios europeos se unen los berberiscos que atacan las islas en respuesta a las razzias que organizaban los señores de las islas más orientales en el cercano continente africano. La más importante es la invasión de Lanzarote por el Morato Arráez. Con ella y con posteriores ataques a Fuerte- ventura, ambas islas quedan despobladas, proceso que se acentúa con el éxodo hacia otras islas de los supervivientes por miedo a ser atacado de nuevo y esclavizados.

  • - El intercambio con Europa se realiza a través del azúcar y la

orchilla en la primera mitad del siglo XVI, los puertos de destino son preferentemente los mediterráneos y los de Flandes; a cambio se reciben tejidos, herramientas, objetos suntuarios y manufacturas varias. En la segunda mitad de la centuria, el tráfico cambia de rum- bo y se orienta hacia Inglaterra, preferentemente, con el comercio del malvasía. Para la Península se destina también un gran volumen de productos; a Castilla y Levante se exporta azúcar, tinte, vino, ce- reales y cueros, y se reciben manufacturas. Con Portugal, además de abastecer a sus barcos, se hace el mismo comercio que con el resto de la Península, aunque a sus posesiones americanas y afri- canas se dirigen de manera un tanto ilegal productos que se prohi- be exportar a la América española.

  • - El tráfico con África tiene dos vertientes:

Con Guinea y Cabo Verde se mantienen relaciones exportando conchas, vinos, pieles y sebo, a cambio de oro y esclavos, aunque el comercio sufre ciertas restricciones debido a la reserva que Portu- gal mantiene para la navegación al sur de Cabo Rojador. Con Berbería se frecuenta el intercambio comercial aprove- chando el contacto que se tiene desde los primeros momentos con esta zona. A pesar de las prohibiciones sobre algunos productos como el cereal y las armas, éstos son objetos de frecuente inter- cambio para obtener esclavos, oro y ganado. Es común también la práctica de la cabalgada y del rescate, éste tiene como objetivo el intercambio de prisioneros, pero es más frecuente el del pago en oro o productos para liberar a moros capturados deliberadamente con este fin. El asentamiento de pesquerias y la construcción de to- rres en tierra para su protección comienzan en el siglo XV. En 1488

las pesquerías son incorporadas por la corona como regalías, son de libre acceso a los pescadores pero ciertas zonas son arrendadas directamente por la corona, como es el caso de Mar Pequeña a los andaluces Venegas y Cansino. Las relaciones con los habitantes de la costa, los jerifes, tienen altibajos y se hacen por mediación de los lusitanos que sí mantienen acuerdos con ellos; a pesar de todo, las condiciones de explotación se vuelven más difíciles por ataques de estas tribus y por la presencia de piratas musulmanes en la segun- da mitad del siglo XVI.

  • 7.4. Otros aspectos de la organización económica

La artesanía, orientada a la realización de reparaciones y fabri- cación de manufacturas de primera necesidad como aperos, cerámi- ca o cantería. Existen otras labores que tienen cierta importancia en la exportación como el calzado, los cueros y la seda, que decae con la prohibición de exportarla a América y la competencia de la grana- dina. En el sector de la minería existen a lo largo del siglo XVI in- fructuosos intentos de encontrar metales, especialmente preciosos, guiados quizás por las leyendas y hallazgos que se efectuaban en América. Otras industrias transformadoras importantes son la del azúcar y los molinos de cereal. El sector servicios, muy reducido, está compuesto por los traba- jadores de la hostería, taberneros y mesoneros, el servicio domésti- co, abundante en la ciudad y realizado en su mayoría por esclavos, y las profesiones liberales. Toda la vida económica está regida por los municipios, que tie- nen entre sus tareas más destacadas el abastecimiento, asegurán- dolo a bajo costo, y el control de los monopolios o rentas de propios, que se arríendan. También cuidan de regular los oficios y el control de calidad de sus productos; sobre lo primero se puede decir que en Cananas no existen verdaderos gremios como consecuencia del poco desarrollo artesano y la escasez de mano de obra, lo que lleva a una práctica de contrato libre, aunque con ciertas condiciones que sí siguen los reglamentos de gremios peninsulares. Estos contratos son heterogéneos y oscilan desde el simple acuerdo al contrato por aprendizaje, por el cual un maestro se compromete a enseñar un oficio y a mantener a un muchacho a cambio de que éste trabaje

para él. Los encargados de que se cumplan las ordenanzas son los veedores, que vigilan precios, calidades y cuidan de que los vecinos se vean favorecidos ante la injerencia extranjera a la hora de optar por un trabajo. Los municipios se financian a través de percepciones de bienes de la corona en las islas realengas, mancebías, bodegones, carnice- rías, aprovechamiento de bosques, multas y tasas extraordinarias como son las sisas de jabón, pescado, vino aceite y ciertas cantida- des a pagar en los repartimientos. Pero es un sistema poco gravoso, exento de impuesto a excepción ide los almojarifazgos (un 5% sobre entradas y salidas de productos) y un impuesto a pagar cada 7 años por los villanos. Dada la escasez de moneda, ésta se premia frente a la castella- na, pudiéndose hablar de una "moneda de las Islas". El premio varió a lo largo del siglo XVI, al principio la moneda de oro valía un 33% más, la de plata un 23% y la de vellón un 50%. La consecuencia in- mediata fue la fuga de monedas de oro y plata y la llegada masiva de moneda de cobre como eran el vellón y el ceutí portugués (este valía en la Península menos que aquí). Por otro lado, desde los pri- meros años las monedas no van a tener el mismo valor en todas las islas, como señala el profesor Aznar, aunque las sucesivas quejas indican un deseo de equidad, cosa que se consiguió. En 1521, el real que equivalía a 42 maravedíes pasa a valer 48, llegando la plata en que se acuñaba a estar primada en un 41 %.

  • 8. LAS NUEVAS INSTITUCIONES EN EL ARCHIPIÉLAGO

La definitiva ocupación de las islas por los castellanos supuso, como ya hemos visto, la destrucción de unos valores y formas de vida aborígenes y la implantación de otros muy diferentes de proce- dencia peninsular. Esos cambios vienen acompañados de un con- junto de normas e instituciones que regularán la vida política, eco- nómica y jurídica del Archipiélago. Los modelos que se toman son los del ámbito castellano, y a su estudio vamos a dedicar las si- guientes páginas. Ya referimos que Canarias debe integrarse en el amplio proce- so que supuso la expansión castellana hacia el sur, que afectó pri- mero al área peninsular -ocupación del reino de Granada- y que luego fue extendiéndose a las islas como una prolongación de esa política de nuevas conquistas. Así, hemos de considerar Canarias vinculada al área jurídica andaluza. Esa relación no implica una dependencia política, sino en cuanto a las leyes. En Andalucía, de forma contemporánea al proce- so canario, se precisaba también implantar nuevos marcos legales para el funcionamiento de las ciudades recién tomadas a los hispa- noárabes. No fue el Archipiélago, desde el punto de vista jurídico, una zona de privilegio especial, aunque la puesta en práctica de al- gunas normas no siempre fue posible por haberse creado para un territorio y circunstancia diferentes a las que presentan las islas. Veamos ahora qué instituciones se trasladan a Canarias.

  • 8.1. Los concejos municipales

Los concejos o cabildos, como señala Aznar Vallejo, se consi- deran como la unidad primaria de la administración de un lugar, siendo su estructura bastante compleja por la variedad de compe- tencias que abarcaba.

En el ámbito canario, la demarcación territorial de cada cabildo coincidía con una isla, estando los caseríos y aldeas de la misma vinculados a su correspondiente cabildo.

Las normas reguladoras de estos ayuntamientos tienen como origen teórico el fuero de Toledo, inspirado a su vez en recopilacio- nes de leyes más antiguas. Este fuero sirvió de modelo para la orde- nación de la vida municipal de las ciudades andaluzas, por ejemplo Sevilla, Baza o Córdoba. Paralelamente, los fueros de estas ciuda- des inspiraron las normas que regularon la incipiente vida municipal isleña. Esta característica puede aplicarse tanto a las islas de seño- río como a las de realengo. La diferencia consistía en que el modelo de las islas señoriales procede de las normas aplicadas en los se- ñoríos andaluces y que con posterioridad se trasladaron a las Islas Canarias. En las islas de realengo sólo se conoce un fuero, que se dictó para Gran Canaria y cuya influencia afectó a la organización municipal de Tenerife y La Palma, carentes de fuero propio. En se- gundo lugar, estaría el sometimiento orgánico de los cabildos rea- lengos a los gobernadores, designados por el monarca, frente a los de las restantes islas, que los harían a su señor. Hemos de señalar también la particularidad de que las islas de Tenerife y La Palma es- taban bajo el mandato de un solo gobernador, mientras otro presidía el cabildo de Gran Canaria.

Respecto al funcionamiento y composición de los concejos, és- tos adoptaron un sistema restringido o de "regimientos", que de he- cho era una asamblea de notables del lugar, aunque en determina- das circunstancias especiales se contará con la participación de los vecinos, sin que tuvieran un carácter decisorio. Los acuerdos se adoptaban por mayoría de votos entre sus miembros en las sesio- nes capitulares, de los que daba fe el escribano. En cuanto a la composición del cabildo, pueden distinguirse tres grupos principa- les:

  • - Los gobernadores, nombrados por la Corona y bajo su control

directo por los juicios de residencia, que eran inspecciones realiza- das por un juez que investigaba la integridad y eficacia de los go-

bernadores en el ejercicio de sus funciones. Las competencias del gobernador eran variadas: presidia las reuniones del cabildo, vigila- ba el cumplimiento de las ordenanzas, ostentaba el cargo de Justi- cia y además tenía atribuciones en la política administrativa, econó- mica y militar de la isla. Podía a su vez nombrar lugartenientes, con funciones prioritariamente judiciales, cuya finalidad era establecer un control por parte de las autoridades gubernativas en todo el ám- bito insular. Este sería el caso de los tenientes de gobernador, los alcaldes y los alguaciles mayores.

  • - En segundo lugar aparecen los regidores, cuyo número era

variable, aunque oscilaba en torno a los doce miembros. Habitual- mente eran designados por el rey y componían la célula básica de poder en el cabildo. Se trataba por tanto de un cargo que desperta- ba la apetencia de la oligarquía isleña como medio de control políti- co y administrativo. Dentro del ayuntamiento aparecen otros cargos específicos, de- sempeñados por los miembros del regimiento, como serían los fieles ejecutores, los personeros -cuya función era la personificación del pueblo en el concejo, con voz pero sin voto- y los jurados, con idén- ticas funciones que los personeros y sólo documentado para Tene- rife.

  • - Otro amplio grupo los componían los oficiales concejiles, en-

cargados del funcionamiento interno del cabildo: son, por ejemplo, los mayordomos, dedicados a la administración de bienes de pro- pios, los escríbanos, pregoneros, carceleros, verdugos, aunque esta relación no completa el amplio número de funcionarios dentro del regimiento. En cuanto a los recursos económicos, se basaban fundamental- mente en unos de tipo ordinarío y otros extrarodinaríos. A través de ellos, se lograba la financiación de Cabildo y de sus inversiones. El problema surgía al existir un número elevado de competencias con escasos resultados económicos. Asi, la hacienda concejil se veía con frecuencia obligada a solicitar préstamos a particulares, a re- caudaciones extraordinarias o recurrir a la ayuda real si se presen- taba algún gasto cuantioso. Los recursos ordinaríos procedían príncipalmente de una seríe de tributos como eran el "haber del peso", un gravamen por la com- praventa de determinados productos; los "bodegones", al comercia- lizar mercancías en régimen de monopolio; las "mancebías", una re- caudación por ejercer la prostitución en ciertos lugares; el arrenda- miento de aguas, maderas y resinas; los "aferimientos" o control de pesos y medidas, etc. Los ingresos extraordinarios se obtenían por el sistema de si- sas, es decir, el cobro de un impuesto mediante el gravamen sobre algún producto. Otro método, poco aplicado, era conocido como de "repartimiento", que valoraba los recursos de cada persona cobran- do el impuesto proporcionalmente. También, por último, se podía re- currír a participar en las rentas reales y en las penas establecidas por sentencia judicial.

8.2. La audiencia de Canarias

Antes de realizar este resumen de la actuación de la Audiencia en las islas, debemos establecer unas ideas previas. En primer lugar, no existe en el Antiguo Régimen una sola insti- tución o persona encargada de la administración de justicia, lo que supone la indeterminación de jurisdicciones entre los diferentes or- ganismos. Por otro lado, existían unos tribunales de apelación a los cuales podía acudir una persona que no quedaba conforme con la sentencia dictada por un alcalde o gobernador ordinario, recurrien- do a esa instancia superior. El sistema se traslada al Archipiélago tras la conquista, y se debe diferenciar primeramente entre las islas de señorío, en las cuales la tarea judicial se atribuye a los alcaldes ordinarios nombrados por el señor, y las realengas, en que es reali- zada por los gobernadores y sus subordinados (alcaldes mayores y tenientes de gobernador). Tras la conquista, y durante casi tres décadas, las islas tuvieron como tribunal superior a la Audiencia de Granada. Los problemas de traslado para la resolución de pleitos que suponía esta situación le- jana, propició la creación en diciembre de 1526 de la Real Audiencia en las Islas, estableciendo su sede en Gran Canaria y con jurisdic- ción sobre las islas realengas y de señorío. Además del deseo por parte de la Corona de mejorar la eficacia judicial, se apunta otra teoría para explicar la implantación de este órgano en el Archipiéla- go: en síntesis, con la Audiencia se procuraba el control efectivo de toda Canarias, incluyendo tanto las islas de señorío como las de realengo. La consecuencia más evidente será que las competencias de la Real Audiencia de Canarias no sólo sean judiciales sino tam- bién políticas económicas y militares. Así, a mediados del siglo XVI se remédela la institución y uno de los jueces que la componían ini- cialmente pasa a ser Regente, presidiendo a partir de entonces la Audiencia. La inestable situación internacional y los ataques piráticos a partir de 1550 propiciarían que se creara en 1589 el cargo de go- bernador. Capitán General y presidente de la Audiencia, cuyo primer titular fue Luis de la Cueva y Benavides. Quedaba unificado enton- ces el mando político, militar y judicial en Canarias. La Audiencia, salvo leves variantes, permanecerá con esta es- tructura a lo largo del Antiguo Régimen. Tampoco se pueden omitir las tensiones que supuso esta centralización del poder, cuyo ejem-

pío más evidente sería la casi interminable sucesión de conflictos con diferentes instituciones -Cabildos, Iglesia, Inquisición-, y en el seno del propio organismo, entre el Capitán General y ios jueces.

  • 8.3. El obispado y el clero

Ya habíamos señalado el establecimiento de las primeras sedes del obispado canario en Telde y El Rubicón; la conquista de Gran Canaria propició el traslado del obispado a esta isla en 1485, donde permanecerá como única sede durante más de tres siglos, hasta la creación de la diócesis de Tenerife. ¿Qué ocurre durante el siglo XVI? El dato más relevante es la consolidación progresiva de la ins- titución eclesiástica a través de diversos medios: fundación de pa- rroquias y conventos con el establecimiento de nuevas órdenes reli- giosas, tanto masculinas como femeninas. Los ingresos económicos, cada vez más importantes, consoli- daron este proceso; el más conocido de ellos era el diezmo, que consistía teóricamente en un 10% de todos y cada uno de los bene- ficios obtenidos por cualquier trabajo. Esta contribución obligaba a todos los fieles, ai contrario que otras rentas de carácter voluntario, como las obenciones o las primicias. A ello se sumaban todas aque- llas funciones propias del clero y que continuamente crecían, debido sobre todo a las donaciones por misas de difuntos, rogativas, óbo- los, etc., que demostraban el importante peso económico y social de la Iglesia. La organización interna de la diócesis estaba perfectamente je- rarquizada, con el obispo como máxima autoridad en aspectos juris- diccionales, económicos y administrativos. Por debajo de él se ha- llaba el Cabildo Eclesiástico, con una serie de funciones especifi- cas. Además, en cada isla había un vicario representante del obispo con funciones delegadas, sobre todo en aspectos judiciales. Desde el punto de vista económico y cultural, existieron gran- des diferencias entre la cúpula de poder y el bajo clero, siendo la distribución de las rentas eclesiásticas muy desigual. No se puede olvidar tampoco que la ordenación religiosa en el Antiguo Régimen era una de las pocas vías de ascenso social para los grupos más empobrecidos, cuya aspiración mayor era que sus hijos tomaran los háljitos sacerdotales. El alto clero estaba ubicado en la catedral, como es el caso de los prebendados, contando con numerosas rentas y personal a su

servicio, ya que no sólo funcionaba como entidad religiosa sino tam- bién económica. En un nivel inferior estaban los beneficiados, es decir, religiosos que poseían rentas y por último los había que care- cían de beneficio, debiendo dedicarse a trabajar para los beneficios titulares o como capellanes de las fundaciones privadas, teniendo que competir con el clero regular, que era bastante solicitado para estas actividades. El clero regular se organizó en pequeñas comunidades, llegan- do a alcanzar pronto un notable poder económico al regentar mu- chas de las misas votivas y de aniversario, además de ser llamados como predicadores, ya que tenían un gran ascendiente social. Globalmente, la etapa inicial de la Iglesia en las Islas se carac- teriza por el absentismo de los obispos para presidir la diócesis, de- bido quizá a las convulsiones religiosas que se producían en Europa al mismo tiempo con la Reforma. De hecho, alguno de estos religio- sos participó en el Concilio de Trente, alejándose de su tarea evan- gélica. En cuanto a las relaciones con el poder civil, éste colaboraba en la fundación de cofradías, iglesias y para recaudar los ingresos por las bulas. Ello no evitó que existieran ciertos enfrentamientos por problemas de jurisdicción, ya que el clero no estaba sujeto a la-aur toridad seglar. Junto a la administración, muchas de las rentas de la Iglesia se destinaban a la enseñanza y a la asistencia benéfica, al inhibirse el Estado de tales responsabilidades. Otro importante organismo, liga- do a la iglesia, es el tribunal del Santo Oficio, que se tratará con mayor detalle en el siguiente capítulo dedicado a las mentalidades.

9. CULTURA Y MENTALIDADES EN EL SIGLO XVI

  • 9.1. Las manifestaciones artísticas

A lo largo del siglo XVI Canarias importa una serie de modelos artísticos que proceden de Europa, formando parte del amplio baga- je cultural que llega con los distintos pobladores. Ello se plasma tanto en las grandes obras como en el arte que pudiéramos llamar popular, al que se puede añadir, en este caso, la impronta aborigen. El primer condicionante del arte en las islas es su lejanía de los focos creadores e innovadores. A esto se suman problemas tales como el tipo de materiales utilizados, al carecer las islas de algunos de los empleados en Europa en la arquitectura y escultura, o la ine- xistencia de escuelas artísticas propias, que configuren obras con rasgos peculiares. En cuanto a la pervivencia indígena, se ha de se- ñalar que ésta no continúa como un todo cultural sino que lo hace de manera inconexa: las ropas, juegos y creencias se fusionan con las costumbres y usos de la mayoría. En el siglo XVI, los promotores de obras artísticas son las cla- ses dirigentes y la Iglesia; ésta última absorbe el mayor porcentaje de los objetos que se realizan o importan, además da cobertura ideológica a este arte, ya que todas las obras están regidas por los cánones y motivos que emanan de la devoción cristiana. Es, por tan- to, un arte esencialmente religioso, orientado hacia el culto, aunque también lo hay de carácter suntuario. No pensemos que en Canarias existen grandes mecenas sino que quienes adquieren obras de arte son personas que lo consideran como una inversión, tanto económi- ca como social, ya que su adquisición es una muestra más de su categoría dentro de la sociedad. El artista, por su lado, es conside- rado como un mero artesano y carece de libertad en la creación de sus propias obras.

9.1.1. Arquitectura y Urbanismo

Existe una triple división desde el punto de vista arquitectónico a la hora de su análisis. La primera corresponde a las viviendas y edificios públicos. La casa en Canarias varia mucho en riqueza y estructura, acorde con el rango y poder económico de su propietario. La casa señorial es normalmente de grandes proporciones. En el ámbito rural, a la estructura habitacional se añaden dependencias dedicadas a la explotación agrícola y que suelen estar rodeadas por un muro, a usanza de los cortijos peninsulares. En la ciudad, pre- senta una fachada sencilla al exterior y tiene su mayor desarrollo en torno al patio, en forma de "L" o de "U". Es una vanante de la casa andaluza, influenciada a su vez por la árabe; además suele tener va- rias plantas y estar poco amueblada, cubriéndose las habitaciones más nobles con un techo artesonado. La casa popular, por el con- trario, es más sencilla y de una sola planta. ¿Cuáles son las influencias de la casa tradicional canaria? Va- mos a ver que son diversas por su origen y que crearán un estilo pe- culiar para las islas: los balcones y techumbres son mudejares; los cerramientos de huecos, de tipología diversa, proceden del norte de Europa; las técnicas de franja y piedra esquinera al descubierto son portuguesas. Todo ello se ve singularizado a su vez, por el tipo de clima o relieve donde se asienta. En el ámbito urbano la casa es ce- rrada y ocupa un espacio limitado. En el rural es abierta y tiene ca- pacidad para crecer mediante añadidos y se aprovechan los mate- riales del entorno cercano. Dentro de las casas rurales, la agrupación más significativa es el caserío; éste puede definirse como el conjunto de viviendas y otras instalaciones que sirven como centros de la comarca donde se ubican, siendo el orígen común de muchos pueblos de las islas. No existen prototipos concretos, aunque si se aprecian ciertas simi- litudes en cada una de las dos zonas del archipiélago, la occidental y la oríental. Otros tipos de viviendas son las cuevas excavadas o naturales, de raigambre aborigen, y las casas de piedras seca, que parecen tener un orígen similar. Los materiales más comunes en la casa tradicional son: el pino de tea, caracterizado por su dureza y resistencia; la toba, de diver- sos colores y labrado fácil, aunque también de rápido deterioro; el basalto, que se trabaja en mampostería mezclándolo con barro, cal o arena para utilizarlo en esquineras y soportes; la teja árabe, de gran fragilidad y los revestimientos, tanto al exterior como al interior, hechos de cal, arena y tierra mezclada.

Evolución del casco urbano de La Laguna

Barrio fundacional

Fuente: Ga de Canarias, p. 215

Dentro de los edificios civiles oficiales destacan los cabildos con fachada renacentista, como es el de Santa Cruz de la Palma, hoy día ayuntamiento de esa ciudad. La arquitectura religiosa se concentra en iglesias, conventos y ermitas. Desde muy pronto, en la ciudades y pueblos con mayores medios económicos se emprende la construcción de edificios de gran porte, destacando la catedral de Las Palmas. Pero el modelo común de iglesia canaria es más sencillo: se trata de una arquitec- tura práctica y con pocos adornos, de muros de mamposteria grue- sa, ventanas estrechas y planta de salón con dos o tres naves de igual altura. Los techos suelen ser de madera y estar decorados en estilo mudejar andaluz. A esta corriente se añaden algunas influen- cias góticas y renacentistas, preferentemente en las portadas. Otras construcciones religiosas son la ermita, que se caracteriza por su forma sencilla y sus pequeñas dimensiones, tiene una sola nave y la planta es rectangular, siendo un modelo muy difundido por todo el archipiélago. Los conventos, por último, son edificios idea- dos para el aislamiento, que presentan formas cerradas, con pocos huecos hacia el exterior, distribuyéndose las habitaciones en torno a un claustro interior y presenta una iglesia adosada al convento con fachada hacia la calle. La arquitectura militar se concreta en los primeros momentos en pequeñas torres y fortines de planta sencilla y de sillares calzados con lajas; su ejemplo más significativo es la torre del Conde en la Gomera. Posteriormente, y con el aumento de las necesidades de- fensivas del archipiélago, se construyen castillos y fortalezas de mayor porte y planta más complicada; a éstos se suman una serie de baterías que se instalarán posteriormente en los puertos más im- portantes. La fundación de ciudades y el desarrollo urbanístico de las mis- mas comienza inmediatamente después de la conquista. La pobla- ción se va a distribuir de manera dispersa, pero supeditada a unos centros militares y administrativos; en ellos se concentra además la clase dirigente y la jerarquía de la Iglesia. Estos focos son los em- briones de las ciudades actuales en la mayoría de las islas; su asentamiento coincide algunas veces con los poblados aborígenes, como es el caso de Gran Canaria, donde dos de los primeros nú- cleos urbanos se fundan en Gáldary Telde, sedes de los dos anti- guos guanartematos. En otros sitios las fundaciones se realizan en lugares sin habitar, localizados preferentemente en la fachada de Barlovento debido a la mayor riqueza agrícola de estas zonas. A estas fundaciones principales, se añaden ios polos urbanos que unen una comarca-con otra y con la capital. Estas demarcacio- nes municipales son el producto de la división en parroquias ecle-

Evolución del casco urbano de Las Palmas de G. Canaria

Ps ^

Barrio fundacional

Fuente: Ga de Canarias, p. 206

siásticas y de las necesidades de puntos de reunión y avitualla- miento de las milicias. Estos puntos, aldeas o pueblos, mantienen un mínimo de vida urbana y comercial; en ellas se encuentra la igle- sia, el mercado y los establecimientos administrativos. Pasamos a continuación a comentar algunas características de las principales ciudades fundadas en esa época.

  • - La Laguna: Es un buen modelo de núcleo interior por necesi-

dades defensivas y geográficas; en ella reside el gobierno de la isla y tiene un carácter marcadamente agrícola y administrativo. La loca- lización es favorecida por la fértil llanura que la rodea y una posición que le permite establecer la comunicación con el norte y sur de la isla. El crecimiento de la ciudad se inicia desde la Villa de Arriba ha- cia el este, alineando las calles en paralelo a la casa del Adelanta- do. Torriani señala que a finales del siglo XVI existían más de mil casas en la ciudad.

  • - Las Palmas de Gran Canaria: Es una ciudad típicamente mari-

nera y comercial, donde se establecen las colonias mercantiles ex- tranjeras. El núcleo urbano tiene su origen en la fundación del fuerte del Real de Las Palmas. Desde el primer momento quedó dividida por el barranco del Guiniguada; a la izquierda de éste, el núcleo de crecimiento es la ermita de Santa Ana, que configura el barrio aris- tocrático. En la orilla derecha se encuentra el barrio de Triana, que será ocupado por los mercaderes. En 1599 sufre un ataque pirático que provoca la remodelación parcial de la ciudad. En cuanto a la población del núcleo urbano en el siglo XVI, no superó los cinco mil quinientos habitantes a pesar de su importan- cia como puerto integrado en el circuito de las rutas atlánticas.

  • - Santa Cruz de La Palma: Se asienta en la vertiente oriental de

la isla, al abrigo de los vientos del norte, como casi todos los refu- gios portuarios del archipiélago. Gracias al comercio, su población crece a lo largo del siglo XVI y la ciudad se extiende hacia el sur en una estrecha franja costera. Santa Cruz fue destruida por los corsa- rios en 1553, pero a finales de siglo sabemos por la visita de Torria- ni que la ciudad se había reedificado.

9.1.2. Escultura y Pintura

La ausencia de artistas cualificados en las islas y la creciente demanda de obras de arte para el culto, determina que lleguen pie- zas escultóricas y pictóricas desde diferentes zonas de Europa. Mu- chas de ellas tuvieron un valor comercial ya que se intercambiaban

Evolución del casco urbano de S/C de La Palma

Fuente: GBdeCanarias,p.218

por azúcar y otros productos de exportación. Por todo ello no exis- ten conjuntos de obras con un estilo homogéneo, sino individualiza- das y que son las que conforman el patrimonio artístico canario del siglo XVI. En escultura encontramos estatuillas de estilo gótico, retablos flamencos como el de San Juan de Telde, y obras procedentes de la Península, como el Cristo de La Laguna. En pintura se dan las mis- mas condiciones que se han establecido para la escultura, como son la limitación temática o su origen extranjero. Destacan en estilo gótico flamenco el tríptico de Nuestra Señora de Las Nieves en Agaete, la Adoración de los Reyes en Taganana y el tríptico de San- tiago en el Realejo Alto, todos fechados a comienzos del siglo XVI.

  • 9.2. La literatura, la educación, la música y el habla

Las primeras obras literarias de las que tenemos conocimiento son las crónicas; estos relatos sobre la conquista y la vida aborigen se empiezan a elaborar con la llegada de los normandos. De este momento es Le Canaríen a la que siguen, en época castellana, las crónicas de Alonso Jaime de Sotomayor, las de Sedeño y las de Gó- mez Escudero. Otros textos de esta época son de carácter poético como la endecha, una pequeña composición que podía acompañar- se de música. Algunas son de procedencia aborigen y se conservan en su lengua original; otras son castellanas y destaca la compuesta a la muerte de Guillen Peraza en La Palma. Durante el siglo XVI, las minorías cultas en Canarias llevan a cabo una labor literaria amplia, sobre todo en el campo de los temas religiosos. Algunos autores destacados son González de Bobadilla, Bernardino de Riberol o Gaspar López Canario. Pero los literatos más conocidos son Cairasco de Figueroa y Viana, aunque este últi- mo se incluye en el movimiento barroco de la centuria siguiente. Cairasco, canónigo de la catedral de Las Palmas, sigue las ten- dencias manieristas de finales del siglo XVI. Su Templo militante es la obra más conocida, junto a la traducción de Jerusalen Liberada, de Torcuato Tasso, en la cual se incluyen pasajes sobre las islas y las costumbres de sus aborígenes. También en este período aparece la obra poética de Viana titulada Antigüedades de las Islas Afortunadas

de la Gran Canaria, conquista de Tenerife y aparecimiento de la ima-

gen de Candelaria, que exalta el mito del buen salvaje canario frente a los conquistadores, que acaban destruyendo su cultura.

En estos momentos aparecen también, en el plano histórico, la

obra de Torriani, Descripción e Historia del reino de las Islas, la de Fray Abreu Galindo, La Historia de la conquista de las siete islas, y la de Fray alonso Espinosa, Del origen y milagros de la santísima ima- gen de Nuestra Señora de la Candelaria.

Desde los primeros momentos, Canarias se incorpora a las co- rrientes culturales europeas y pronto aparecen los primeros libros y bibliotecas. Con los conquistadores llegan libros de rezos y los li- bros "entretenidos", tanto de carácter hagiográfico y moral como los de caballerias. En la segunda mitad del siglo XVI, según el profe- sor Lobo Cabrera, aumenta el número de libros en Canarias. Se crean bibliotecas importantes, como la de la Catedral o la del Santo Oficio; se leen libros prohibidos, incluyendo la biblia luterana, que llegó muy pronto a Canarias. En las capas populares y medias circu- lan diversos papeles con coplillas religiosas y satíricas. Pero la mayoria de los libros pertenecen a los comerciantes, los dedicados a profesiones liberales y eclesiásticos. La enseñanza superior en el siglo XVI será impartida por Domi- nicos y Agustinos. Las cátedras de Filosofía y Gramática Latina da- tan de 1532; la de Filosofía se imparte en La Laguna, en el convento dominico, y la segunda en el Cabildo Catedral de Las Palmas. Por otro lado, los llamados "maestros de enseñar mozos" estaban en- cargados de educar a los jóvenes en sus primeras letras; lo atien- den mercaderes, curas o personas que poseían un mínimo de cultu- ra y normalmente eran contratados por las familias adineradas o por los cabildos. La enseñanza media, centrada en el latín y el canto, se impartía en los conventos. Puede verse entonces que las letras si- guen siendo un camino esencialmente eclesiástico, de escribanos y abogados. El resto de la minoritaria población no analfabeta sólo poseían una cultura elemental exigida por las necesidades y la eti- queta de la época. Dentro de la música y la danza se puede diferenciar entre las tradiciones populares, que entroncan con reminiscencias aborigé- nes junto a las aportaciones de los conquistadores, y la música cul- ta, totalmente dependiente de la cultura europea. Fruto del proceso de síntesis que se da en la primera, es la difusión de bailes como "el canario", que una vez asimilado a las danzas cortesanas europeas, regresa al Archipiélago como baile castellano: una derivación actual es el sirinoque palmero. La música culta, por su parte, tiene un gran desarrollo en las iglesias, no sólo con composiciones importadas sino también con partituras elaboradas aquí.

otras manifestaciones son las comedias religiosas y profanas que, acompañadas de música y cantos, se celebran en el interior de las iglesias en las fiestas de Corpus, como recoge IVIillares Torres. Brevemente, puede decirse que el habla que hoy se practica en Canarias tiene un componente diferenciado de otras zonas del ám- bito de la lengua castellana. ¿Cómo se origina? Principalmente lo hace por la fusión de los diversos grupos repobladores junto a la pervivencia de palabras aborígenes. Señalamos ahora algunos vo- cablos y su procedencia:

  • - Guanchismos: Tienen relevancia sobre todo en topónimos y

nombres de plantas y animales, por ejemplo "gofio", "guanajo", "baifo", "tabaiba", "gánigo", "jameo", "guirre" ...

  • - Arcaísmos: quedan en las islas gracias a cierto aislamiento y

modo de hablar; son los casos de "antier", "mesmo", "gago", "bo- tar".

  • - Andalucismos, como "burgado", "aulaga", "candela", "las-

ca", "afrecho".

  • - Portuguesismos, que son muy frecuentes por la influencia de

este grupo: "Bosta", "cambado", "enchumbado", "relance", "ca- cho", "empeñado", "fañoso", "fogalera", "talla", "tontura", "ma- gua", etc. Debemos señalar que esta evolución en el habla es mucho más amplia que el período que abarca este volumen, siendo necesaria una perspectiva de varios siglos para entender perfectamente este proceso.

9.3. Mentalidad y vida cotidiana:

el papel de la Inquisición

Este apartado corresponde a un aspecto poco estudiado por los historiadores, por tanto se pueden apuntar sólo algunas costumbres o hábitos que han pervivido en la sociedad a lo largo del tiempo en las creencias, alimentación, trabajo, etc. Nos interesa ahora destacar dos ideas fundamentales: La pri- mera, expuesta por el profesor Clavijo Hernández, opina que en el siglo XVI en la sociedad canaria se originan algunos rasgos de nuestra idiosincrasia, es decir, se empieza a pensar en canario, y ello se logra pese a la heterogeneidad de.culturas e intereses que

participan de la colonización, lo reducido y concreto del entorno que supone la condición insular y aunque las ideas europeas impacten con nuevos valores en Canarias. Además, en la formación de esta sociedad no todos ios grupos tienen la misma penetración y varía en función del número o poder de los mismos. La segunda idea es la de cierta permisividad que existe en las islas en cuestiones de pensamiento, creencias y hábitos con res- pecto a otras zonas de España. La institución creada en Europa para vigilar posibles heterodoxias o desviaciones de la religión fue la Inquisición. Este tribunal se introdujo también en Canarias para velar por la fidelidad a los postulados del catolicismo impuesto en las islas tras la conquista. Su sede se establece en 1504 en Las Palmas, aunque la comi- sión venía funcionando desde finales del siglo XV. El tribunal depen- dió inicialmente del sevillano hasta que en 1567 pasó a tener cate- goría propia. Su fundación obedece a la necesidad de vigilar a los judíos que se habían asentado en Cananas tras su expulsión de la Península. Esto desmiente, como apunta Lobo Cabrera, que el Santo Oficio lle- gase a Canarias para perseguir a los aborígenes, contra los cuales existía cierto recelo por su conversión superficial; pero es muy es- caso el número de ellos que pasan por el tríbunal como reos. Los procesos contra los aborígenes en el siglo XVI no representan más allá del 1,5% de ios totales y se refieren a delitos de amanceba- miento, blasfemia y prácticas heréticas; existe sólo un caso de con- dena a muerte en 1557, el de Agustín Hernández, entregado a la justicia civil para su ejecución y que fue sólo quemada su estatua, ya que escapó al castigo inquisitorial. Es en Gran Canana donde se ejerce un mayor control, quizá por ser la sede de este tribunal y po- der actuar directamente sobre los inculpados. La mayoría de los reos son de reciente conversión, como judíos, moriscos o negros que, sometidos obligatoriamente a ja fe católica, siguen practicando sus anteriores creencias en secreto. A partir de 1557 son procesados también los protestantes, que abundaban en las colonias de mercaderes extranjeros establecidos en las islas. Existen dos etapas diferenciadas "en la actuación del tríbunal en el siglo XVI. La prímera llega hasta 1567, estando los últimos diez años marcados por la inactividad hasta la reorganización que efec- túa Ortiz de Funes. Es el período más rígorísta y en el que se cele- bran seis autos de fe, castigándose mediante el fuego o con el es- carnio del sambenito a los desviados de la ortodoxia dictada por la Iglesia. Los condenados se ven proscritos junto con sus familias por generaciones, se confiscan sus bienes y se recuerda a todos su culpa en los sambenitos colgados a las puertas de las iglesias.

También en este período se configura la red de comisarios y familia- res o colaboradores del Santo Oficio por todo el Arciiipiélago. En la segunda etapa se asiste a una cierta relajación debido a la imposibilidad material de controlar un territorio que combina el aislamiento de muchas zonas con su carácter de puerto internacio- nal y una mezcla de culturas muy amplia. El excesivo control podía llevar a perjudicar el comercio y la actuación del tribunal se ve en- torpecida constantemente. La composición de la institución en esta época es de dos inqui- sidores, un fiscal, un notario del secreto (ya que los juicios y las de- laciones son secretas y se declara por separado), un alguacil, un receptor, un notario del secuestro, un contador, un alcalde, un nun- cio, la guardia y un médico para asistir a los presos en las sesiones de tortura. Todos los funcionarios quedaban fuera de la jurisdicción civil, acogiéndose para resolver todos sus conflictos a la del Tribu- nal. La tarea más importante en esta segunda época será el control de los herejes protestantes y la captura de libros prohibidos en los puertos. Relacionado con el control ideológico y social que lleva a cabo la Inquisición, se encuentran las prácticas hechiceras, que alcanzan hasta la actualidad un gran desarrollo. Como comentan algunos au- tores, la hechicería canaria tiene una influencia social grande, tanto en las capas populares como en las dominantes. ¿Qué puede expli- car este fenómeno? Los factores pueden ser diversos, pero es posi- ble que en una sociedad agraria y atrasada, la necesidad de conju- rar catástrofes naturales, enfermedades del ganado o las propias enfermedades humanas conviertan a la hechicería en un sustitutivo de la medicina, a la vez que proporciona, asociada a la religión, cier- ta seguridad y consuelo en un mundo y unos tiempos adversos para un amplio sector social. Desde un punto de vista histórico, la magia en Canarias es el fruto de una mezcla cultural: en ella se encuentran ritos y supersti- ciones aborigénes, como las tibicenas o perros lanudos, junto a la influencia morisca en cuestiones de hechicería y la introducción de ritos relacionados con el vudú por parte de los esclavos negros. A todo esto se añaden las influencias europeas y una religión católica cargada de manifestaciones externas y cuyos practicantes a veces rayan la herejía por su escasa comprensión de los dogmas.

EPILOGO

Nos hemos enfrentado, finalmente, a uno de los períodos más complejos de la historia del Archipiélago, tanto por la variedad y ri- queza de sus protagonistas, como por las consecuencias que en los siglos siguientes tendrán los acontecimientos que entonces suce- dieron. La ruptura del mundo aborigen y la llegada e imposición de nuevos valores económicos, sociales y culturales, dio lugar a una peculiar síntesis de la que todos somos herederos. No es cuestión de juzgar la mayor o menor importancia que tuvo Canarias dentro de la compleja trama de las relaciones internacionales durante el siglo XV y XVI. Basta decir que jugó un papel sin cuya explicación resulta di- fícil entender los intereses y aspiraciones de las potencias euro- peas -y no sólo Castilla como reino promotor de la conquista- en el Atlántico.

Por otro lado, ya anunciábamos en la introducción de este libro nuestro deseo de que el mismo se considerase una obra abierta. Esta necesidad también viene impuesta en parte por pertenecer a un proyecto editorial más amplio, que continuará estudiando la evo- lución histórica de Canarias a lo largo de los siglos siguientes, per- mitiendo dar respuesta a muchas de las incógnitas que pudieran haberse formulado los lectores a lo largo de estas páginas. También queremos reiterar la idea de que la historia nunca está acabada del todo. Al contrario, ella se forma y encuentra su verda- dera dimensión por los progresivos acercamientos a la realidad des- de perspectivas diferentes. En este intento hemos puesto nuestro modesto interés y empeño, reconociendo la amplia tarea que aún queda por realizar sobre el pasado de nuestras islas.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

ABREU GALINDO, Fr. J.: Historia de la conquista de las siete Islas de Cana- rías. Goya Ediciones. Santa Cruz de Tenerife, 1977. AZNAR VALLEJO, E.: La Integración de las Islas Canarias en la Corona de Castilla (1478-1526). Col. Viera y Clavijo no VI. Secretaría de Publica- ciones de la Universidad de La Laguna y Universidad de Sevilla, 1983.

La Organización Económica de las Islas Canarias después de la conquis-

ta (1478-1527). Col. Guagua, 4. Exorno. Cabildo Insular de Gran Cana- ria. Las Palmas, 1979.

BERTHELOT, 8.: Etnografía y anales de la conquista de las Islas Canarias. Ed. Goya. Santa Cruz de Tenerife, 1978. BONTIER Y LE VERRIER: Le Canarlen. Crónicas francesas de la conquista de Canarias. Fontes Rerum Canariorum, VIII, La Laguna. CASTRO ALFIN, D.: Historia de las Islas Canarias. Ed. Nacional. Madrid,

1983.

CHAUNU, P.: La expansión europea (s. XIII-XV). Col. Nueva Clio, Vol. 26. Ed. Labor. Barcelona, 1982. LADERO QUESADA, M.A.: Los primeros europeos en Canarias, s. XV-XVI. Col. Guagua, no 3. Las Palmas, 1979. LOBO CABRERA. M.: Aspectos artísticos de Gran Canaria en el s. XVI. Exo- rna. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas. Las Palmas, 1981. Grupos humanos en la sociedad canaria del s. XVI. Col. Guagua, no 8. Mancomunidad de Cabildos y Museo Canario. Las Palmas, 1979. La esclavitud en las Canarias Orientales en el s. XVI. Excmo. Cabildo In- sular de Gran Canaria, 1^982.

MILLARES TORRES, A.: Historia General de las Islas Canarias. Vol. II. Edirca. Las Palmas, 1977. Historia de la Inquisición en las Islas Canarias. Vol. I. Ed. facsímil. Ed. Benchomo. La Laguna, 1981. ROMANO, R. y TENENTI, A.: Los fundamentos del mundo moderno. Ed. Siglo XXI. Madrid, 1972. TEJERA GASPAR, A. y GONZÁLEZ ANTÓN, R.: Las culturas aborígenes ca- narias. Ed. Interinsular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1987. TORRIANI, L.: Descripción de las Islas Canarias. Goya ediciones. Santa Cruz de Tenerife, 1978. VARIOS AUTORES: Canarias -América antes del Descubrimiento. La expan- sión europea. Vil Jornadas de Estudios Canarias-América. Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1985.

111

VARIOS AUTORES: Geografía de Canarias. Vol. II. Editorial Interinsular Ca- naria. Santa Cruz de Tenerife, 1985. VARIOS AUTORES: Homenaje a Elias Serrá Rafols. Vol. I-IV. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de La Laguna. La Laguna, 1970-73. VIERA Y CLAVIJO, J. de: Historia de Canarias. Ed. Goya. Santa Cruz de Te- nerife, 1982.

Conviene la consulta de las siguientes publicaciones:

Revista del Museo Canario. Revista de Historia. Anuario de Estudios Atlánticos. Coloquios Canarias-América. Jornadas de Estudios Canarias-América.

112

ÍNDICE

 

Pág.

  • 0. INTRODUCCIÓN

7

  • 1. LA EXPANSIÓN EUROPEA EN LAS COSTAS

AFRICANAS Y EN CANARIAS

9

1.1. Europa en la Baja Edad Media

10

1.2. Viajes y exploraciones del Atlántico

13

  • 2. EL REDESCUBRIMIENTO DE CANARIAS

23

  • 2.1. Los viajes Catalano-Mallorquines

25

  • 3. LA ETAPA SEÑORIAL

29

  • 3.1. La conquista normanda

29

  • 3.1.1. Los problemas jurídicos de la conquista

normanda

32

  • 3.2. La Conquista señorial castellana

36

  • 3.2.1. El conflicto luso-castellano en África y sus

manifestaciones en Canarias

38

  • 3.3. Peculiaridades de la Conquista señorial

40

4. LA ETAPA REALENGA

43

  • 4.1. Características y financiación

43

  • 4.2. Resistencia y conquista en Gran Canaria

45

  • 4.3. Ocupación definitiva de La Gomera

47

  • 4.4. Rendición de La Palma

49

  • 5. CONSECUENCIAS DE LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN

53

  • 5.1. ¿Qué fue de

los aborígenes?

53

  • 5.2. Repoblación y repartimiento

55

  • 5.3. La explotación económica

56

  • 6. LA NUEVA SOCIEDAD

59

  • 6.1. La sociedad de fronteras

59

  • 6.2. La evolución demográfica en el siglo XVI

60

  • 6.3. Los europeos

61

6.3.1.

Los castellanos

61

6.3.2.

Los portugueses

61

6.3.3.

Los italianos

62

6.3.4.

Los judíos

62

6.3.5.

Los flamencos

62

  • 6.4. Los aborígenes

63

  • 6.5. Las minorías africanas. La esclavitud en Canarias ..

66

6.5.1.

Los negros

68

6.5.2.

Moros y moriscos

69

  • 7. LA ORGANIZACIÓN ECONÓMICA

71

  • 7.1. El predominio de las actividades agrícolas

71

7.1.1.

Sistemas de propiedad y explotación

72

7.1.2.

La agricultura de autoconsumo

74

7.1.3.

La explotación de recursos naturales

75

7.1.4.

El azúcar: el primer cultivo de exportación ....

76

  • 7.2. La Ganadería

79

  • 7.3. Canarias como plaza comercial

82

7.3.1.

El comercio exterior. Características

yorientación

83

8.

LAS NUEVAS INSTITUCIONES EN EL ARCHIPIÉLAGO ...

91

  • 8.1. Los concejos municipales

 

91

  • 8.2. La audiencia de Canarias

94

  • 8.3. El obispado y el

clero

95

9.

CULTURA Y MENTALIDADES EN EL SIGLO XVI

97

  • 9.1. Las manifestaciones

artísticas

97

 

9.1.1.

Arquitectura y urbanismo

98

9.1.2.

Escultura y pintura

102

  • 9.2. La literatura, la educación, la música y el habla

104

  • 9.3. Mentalidad y vida cotidiana: El papel de la inquisición

106

10. EPILOGO

 

109

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

111

Carmelo Labré Quintero Padrón

Nace en la Isla del Hierro en 1962, trasladándose desde muy peque- ño a Tenerife. Aquí realiza todos sus estudios y obtiene la Licencia- tura en la Facultad de Geografía e Historia en la promoción 1981 -86. Actualmente es profesor de Enseñanza Media en Arrecife de Lanzarote. A su vez, continúa sus investigaciones sobre la cons- trucción naval en el Archipiélago durante la Edad Moderna.

Félix Rodríguez Lorenzo

Nace en Maracay (Venezuela), en febrero de 1963; el siguiente año marcha a La Palma con sus padres, realizando allí sus estudios de Básica y Bachillerato. En 1980 inicia en Tenerife la carrera de Geografía de Historia, licenciándose en 1986. En estos momentos está adscrito al Plan de Formación del Per- sonal Investigador, trabajando en su tesis sobre el siglo XVII en Te- nerife.

José Juan Suárez Acosta

Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1963. Cursó sus estu- dios universitarios en La Laguna, en la Facultad de Geografía e His- toria, y es de la misma promoción qufe los anteriores. En la actualidad es becario de Investigación y está adscrito al Departamento de Historia, centrando su atención en el estudio de la Inquisición en el S. XVIII en Canarias.

La Historia Popular de Canarias, es el fruto

del esfuerzo conjuntado de un

grupo de profesores universitarios y el Centro de la Cultura Popular Canaria, en el ejercicio de un deber social; poner el alcance del gran público, por su bajo cos- te y sus características de alta divulgación, una historia global de nuestro Archi- piélago asequible y útil.

El saber histórico, resumen y crisol del saber humano, es, quizá, una de las necesidades más perentorias de la sociedad canaria actual. Una sociedad que co- bra conciencia de sí misma y que, por lo tanto, parece sufrir las crisis de creci- miento y de identidad propias de tal proceso.

I.

LOS

ABORÍGENE S

Juan Francisco Navarro Maderos y M' del Carmen del Arco Aguilar

II. CONQUISTA Y COLONIZACIÓN José Juan Suárez Acosta, Félix Rodríguez Lorenzo y Carmelo L. Quintero Padrón

III. EL ANTIGUO RÉGIMEN Adolfo Arbelo García y Manuel Hernández González

IV. LA ILUSTRACIÓN Manuel Hernández González

V. HISTORIA CONTEMPORÁNEA I Oswaido Brlto

VI. HISTORIA CONTEMPORÁNEA II Oswaido Brlto

Vil. PENSAMIENTO CONTEMPORÁNEO Juana Sánchez y Manuel de Paz

VIII. CANARIAS-AMÉRICA Julio Hernández García

IX. CANARIAS EN LA MITOLOGÍA Juan Régulo Pérez

X. TEXTOS DE HISTORIA DE CANARIAS Manuel de Paz

Directores de la colección:

Oswaido Brito, Julio Hernández García y Manuel de Paz

Secretariado Técnico:

Manuel de Paz