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COMENTARIO AL LIBRO

“PHYSICALISM, OR SOMETHING
NEAR ENOUGH”

JOAN CAMARENA BONONAD


FILOSOFÍA DE LA MENTE
CURSO 2018/19
ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN 2

2. FISICALISMO, O ALGO LO SUFICIENTEMENTE CERCANO 3

3. CONCLUSIÓN 11

4. BIBLIOGRAFÍA 12

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1. INTRODUCCIÓN

El propósito del presente trabajo es el de abordar de mejor o peor manera la tesis


central del libro de Jaegwon Kim, “Physicalism, or something near enough”. Para ello, nos
hemos centrado especialmente en el capítulo 6, pero no por eso se han descuidado los
demás, pues lo que se ha querido ha sido, en la medida de lo posible y por las limitaciones
internas del mismo trabajo, presentar las ideas de los otros capítulos en la medida en que
desarrollamos dicho capítulo.
De esta manera, a lo largo del trabajo iremos rescatando algunas posturas que han
intentado dar solución al problema de la causalidad mental y veremos, del mismo modo, las
limitaciones internas de cada una.

2
2. FISICALISMO, O ALGO LO SUFICIENTEMENTE
CERCANO

La idea del conocimiento que dio entrada a la Modernidad, y que fue la


predominante durante todo ese periodo de tiempo, era la de que podemos tener un
conocimiento del mundo claro, distinto, correcto e incluso a priori del pensamiento, nos lleva
a la idea común de que accedemos al mundo físico e independiente de nosotros con
posterioridad temporal, epistémica e incluso lógica al acceso de nuestra mente. Esta es una
forma de entender cómo se configura la barrera infranqueable entre sujeto y objeto, entre
mente y mundo. Junto a esta diferencia crucial epistemológica, esta perspectiva contiene
dentro de sí una presuposición ontológica acerca de la relación entre lo físico y lo mental
que queda expresada, sobre todo, en el discurso de Descartes: la materia, o lo físico, es
temporal y extenso, regido por las leyes mecanicistas; mientras que la mente carecería de
extensión y de localización, evitando estar sometida a las mismas leyes que la materia. A
esta disociación irreconciliable de sustancias, la material y la mental, se la conoce bajo la
noción de ​dualismo ontológico ​o de sustancias.
Sin embargo, las críticas a la propuesta cartesiana del dualismo de sustancias no se
hicieron esperar. Racionalistas como Spinoza y Leibniz señalaron que la relación entre
mente y cuerpo no podía entenderse causalmente si Descartes estaba en lo cierto, puesto
que estos ámbitos constituirían sustancias distintas, con atributos completamente
discordantes, imposibles de relacionar entre sí. ¿Cuál es la relación entre la sustancia
mental y la sustancia material?, ¿Dónde se produce esta relación?, ¿Cómo interactúan
causalmente dos sustancias que, por definición, son irreconciliables?
Así pues, conceptualmente existen demasiadas contradicciones como para aceptar
el dualismo ontológico y entender la mente como una entidad aislada del mundo físico, en
este sentido, su existencia sería inexplicable. En base a estas consideraciones, es
razonable pensar en un alternativa ontológica en la que podamos desenvolvernos de
manera epistemológicamente más productiva. La alternativa, pues, es lo que se conoce
como ​fisicalismo.

El fisicalismo, en una primera aproximación general, podemos decir que sostiene


que, ontológicamente, solo existe un tipo de sustancia, la sustancia material, y, por
consiguiente, todo lo que hay en el mundo es una entidad física. Entonces, ¿en qué se
diferencia el fisicalismo del materialismo clásico? La pregunta no es estúpida ni mucho
menos, pues si aceptamos la definición que acabamos de dar de la noción de fisicalismo,
parecería que usáramos ese concepto por mera afinidad o gusto personal. Pero no es así,
si bien es cierto que el fisicalismo es un heredero directo del materialismo, difieren en un
punto crucial: mientras el materialismo se constituyó como una doctrina metafísica que
intentó especificar apriorísticamente las entidades físicas de nuestra ontología, el fisicalismo
ha devenido en una posición que configura nuestra ontología a posteriori, remitiéndose a lo
que la ciencia llegue a considerar como real. En palabras de Jaegwon Kim:

«Only science can tell us about the origin of life on earth, the causes and
cure of cancer, the depletion of the ozone layer, and the like. On the overall
shape and makeup of the world in essential outlines, we must depend on what

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physics, our fundamental science, tells us. I believe that the broad basic features
of the world as described by modern physics, what is intelligible and is of
interests to those of us who are not science specialists, has been relatively stable
through the flux of changing physical theories, and this is what forms the
background of the debates on the mind-body problem.
A philosophical worldview that has been inspired and fostered by an
appreciation of the foundational position of physics among the sciences is
physicalism.» (K​ im, 2005, p. 149)

A pesar de que el fisicalismo parece la postura más razonablemente aceptable, no


debemos, por eso, dejar de considerar, antes que nada, los problemas o limitaciones que
este pueda generar. Si, según el fisicalismo, la ciencia de la física determina aquello que
debe ser considerado dentro de nuestra ontología, entonces los principios fisicalistas están
basados en la física que conocemos en este momento, ¿qué se quiere decir con esto? que
nuestra ciencia de la física actual no es, ni mucho menos, completa o ideal, y por lo tanto,
muchos principios de esta pueden cambiar en el tiempo, o incluso ser falsos. Esto es lo que
se conoce como el Dilema de Hempel. A pesar de la importancia del asunto, esta es una
cuestión que, no obstante, nos vemos obligados a dejar solamente puntualizada de esta
forma, pues el hecho de tratarla nos llevaría por caminos que nos alejarían del propósito de
nuestro trabajo.

Una vez asumida la tesis del fisicalismo, cabe hacernos algunas preguntas
evidentes. La primera pregunta, la cual el fisicalismo podría compartir perfectamente con el
dualismo ontológico es, ¿cómo la mente puede ejercer su poder causal en un mundo
fundamentalmente físico? y, la segunda pregunta, ¿cómo es posible que algo como la
consciencia, algo subjetivo, exista a partir de un mundo físico, objetivo, compuesto por
partículas de materia que interactúan entre sí acordes a las leyes de la física?
La primera pregunta se corresponde a la cuestión acerca de la agencia causal
humana o de la causalidad mental. Las relaciones causales que incluyen eventos mentales
se dan constantemente a lo largo del día, por ejemplo, mis dedos ahora mismo se mueven
por el teclado del ordenador porqué quiero hacer este trabajo, bebo café en lugar de té
porque prefiero el primero, creo que al salir a la calle hará frío y lo más conveniente será
ponerme una buena chaqueta, deseo alguna vez visitar la Alhambra de Granada, etcétera.
Así pues, como agentes capaces de realizar acciones, nos movemos en una matriz de
deseos-creencias-acciones en la que nuestros estados mentales tienen poderes causales
en el mundo físico. Con la causalidad mental estamos admitiendo, además, la posibilidad
del conocimiento humano, pues, por un lado, se requiere la causación en nuestras
experiencias perceptuales del mundo que nos rodea, y, por otro lado, se requiere para el
razonamiento por el cual obtenemos nuevos conocimientos y creencias. En esta línea,
podemos, finalmente agrupar estas relaciones causales en tres grupos: (i) la causalidad de
lo mental a lo físico, (ii) la causalidad de lo físico a lo mental y (iii) la causalidad de lo mental
o lo mental.
Todas estas consideraciones se sintetizan en la tesis de que somos agentes con
actitudes intencionales (es decir, tenemos pensamientos acerca de algo) y actitudes
proposicionales.

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Con respecto a la segunda pregunta, hay que decir que, como ser sensitivo y
perceptivo, al pasar mis dedos por el teclado siento una determinada sensación, lo mismo
que al beber café, doy un grito cuando experimento “dolor”, etcétera. En cada uno de esos
momentos, soy un sujeto consciente de un estado mental fenoménico cualitativo. Este tipo
particular de estados mentales de la experiencia consciente es a lo que en filosofía de la
mente se llama “qualia”.

Aquí pues nos encontramos en un punto que somos capaces de admitir la existencia
de dos tipos de estados mentales: las actitudes intencionales/proposicionales y los qualia.
Chalmers, en este sentido, distingue de igual manera lo que él llama estados
psicológicos, que se corresponden con las actitudes intencionales/proposicionales que
juegan una suerte de rol causal en el comportamiento, y los estados fenoménicos, los
qualia. De la misma manera, para él, los primeros son propiedades mentales físicamente
reducibles, mientras que los qualia se resisten a la reducción. Pero, ¿qué es eso de la
reducción? Veámoslo.

Como hemos visto al principio, el dualismo de Descartes era un dualismo ontológico


o de sustancias en el que mente y cuerpo constituían dos dominios de entidades
independientes; pero en la filosofía de la mente contemporánea el dualismo de sustancias
ha sido abandonado en favor del fisicalismo. A pesar de este avance, el problema de cómo
las propiedades físicas y las propiedades mentales están relacionadas entre sí ha seguido
con vigente controversia entre el fisicalismo reductivo (FR) y el fisicalismo no-reductivo
(FNR). El FR toma en consideración que no hay propiedades mentales en el mundo, pues
las propiedades mentales son reducibles, en última instancia, a las propiedades físicas. Sin
embargo, el FR se ha sumido en un deterioro filosófico, mientras que el FNR se erigía como
la versión más influyente del fisicalismo. Así, el FNR es la visión que dice que las
propiedades mentales se encuentran en un “nivel superior” de propiedades, constituyendo
un dominio autónomo que se resiste a ser reducido al dominio físico.
De este modo, las actitudes intencionales/proposicionales y los qualia quedarían
como esas propiedades mentales de orden superior a las que se refiere el FNR, a pesar de
que, como se ha dicho, las actitudes intencionales/proposicionales si podrían reducirse de
algún modo. No pasaría lo mismo en el caso de los qualia, los que, por su irreducibilidad,
abrirían el camino a lo que se conoce como ​dualismo de propiedades.
Aquí surge un nuevo problema, ahora que puede ser formulado bajo la siguiente
pregunta, y es que, ¿cómo y de dónde surgen ahora estas propiedades mentales? Para
responder a esto, se suele aludir al argumento de la ​sobreveniencia o ​ ​argumento de
exclusión​. Tal y como dice Kim en el libro, ​«Mind-body supervenience can usefully be
thought of as defining minimal physicalism —that is, it is a shared minimum commitment of
all positions that are properly called physicalist [...]» (Kim, 2005, p. 13), y dice esto
precisamente para que el dualismo de propiedades no caiga en los mismos errores en los
que cayó el dualismo ontológico, ya que muchos filósofos han abrazado el argumento de la
sobreveniencia como una opción atractiva que sea capaz de proteger la autonomía de las
propiedades mentales sin tropezar con el antifisicalismo. En palabras de Chalmers, esta
cuestión puede quedar expresada así: ​«It is widely believed that the most fundamental facts
about our universe are physical facts, and that all other facts are dependent on these [...].

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The philosophical notion of supervenience provides a unifying framework within which these
dependence relations can be discussed.»​ (Chalmers, 1996, p. 32)
En términos generales, podemos definirlo como “Un conjunto de propiedades A
sobrevive a otro conjunto B en caso de que no haya dos cosas que puedan diferir con
respecto a las propiedades A sin diferir también con respecto a sus propiedades B". Pero si
de alguna manera tenemos que presentar el argumento de la sobreveniencia, lo haremos
en dos fases.

La primera fase se puede exponer de la siguiente manera:

(i) Sean M y M* propiedades mentales, entonces: M casusa M*

(ii) Así, por sobreveniencia, tenemos que: Para alguna propiedad física P*, M* tiene
P* como su base de sobreveniencia.

Si nos atenemos a la figura siguiente:

Podemos decir que (i) es una causación al mismo nivel, es decir, una causación
mental-mental, mientras que (ii) es lo que se conoce como ​causalidad descendente, e​ s
decir, si entendemos a M* como una propiedad que ​emerge ​de unas condiciones
físicas/biológicas adecuadas.

En este punto, concederemos un especial paréntesis a esta cuestión, para después


continuar con el argumento.
Hemos dicho que la propiedad mental emerge de unas ciertas condiciones físicas.
Esto es la postura que se conoce como ​Emergentismo. E ​ l emergentismo floreció en la
primera mitad del s. XX como una forma de dualismo de propiedades y como primera
formulación sistemática del FNR, de este modo, recordemos, estarían de acuerdo con las
tesis del fisicalismo ontológico al admitir que todo lo que compone la realidad es físico. Lo
que hace interesante a la postura del emergentismo es que afirma que cuando un
conglomerado de partículas materiales alcanza un nivel adecuado de complejidad, unas
nuevas propiedades emergen de esa estructura. Un ejemplo que se suele usar para
ilustrarlo, a pesar de sus limitaciones, es el siguiente: si consideramos la propiedad de la
“transparencia del agua”, podemos decir que esta es completamente ajena a las partículas
de hidrógeno y oxígeno, pero cuando estas se combinan de una manera concreta, resulta
que emerge la propiedad de la transparencia de la sustancia que conforman. Esta nueva
propiedad que está en un nivel más alto, dirían los emergentistas, además resulta que es
irreducible al nivel más bajo del cual emerge; es decir, una vez la propiedad mental, en
nuestro caso, emerge mereológicamente de la complejidad biológica cerebral, esta empieza
a llevar una “vida propia”; y puesto que es una propiedad ​real d ​ e la ontología fisicalista del

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mundo, esto implica que debe formar parte de la estructura causal del mundo, lo que se
llama ​clausura causal, ​por lo tanto, debe terminar manifestándose causalmente en los
niveles inferiores. Esta es la causalidad descendente que hemos comentado unas líneas
más arriba, o en otras palabras, la influencia causal ejercida por el nivel superior en los
procesos que ocurren en el nivel más bajo.

Volviendo a la figura anterior, vemos como la causalidad mental-mental solamente


es posible si se presupone la causalidad descendente es posible. Surge, por eso mismo, la
tensión de la sobredeterminación, es decir, acerca de entender qué es responsable de que
M* ocurra, pues parece que hayan dos explicaciones excluyentes: porque M causa M*, o
porque P*, siendo la base de sobreveniencia de M*, causa M*. El punto tercero del
argumento de la sobreveniencia lo que pretende es reconciliar esta posición diciendo lo
siguiente:

(iii) M causó M* causando su base de sobreveniencia P*.

Esto es lo que completa la primera fase. En definitiva, lo que este argumento dice es
que una vez asumida la causación mental-mental, se implica directamente la causación
mental-física.
De este modo, parece que el emergentismo y el FNR quede salvaguardado gracias
al argumento de la sobreveniencia y pueda ser expresado, más o menos, bajo tres
principios esenciales (Kim, 2005):

1) La primera, obviamente, es el principio de sobreveniencia que Kim define de


la siguiente manera: ​«Mental properties strongly supervene on
physical/biological properties. That is, if any system ‘s’ instantiates a mental
property ‘M’ at ‘t’, there necessarily exists a physical property ‘P’ such that ‘s’
intantiates ‘P’ at ‘t’, and necessarily anything instantiating ‘P’ at any time
instantiates ‘M’ at that time.»​ (Kim, 2005, p. 33)

2) El principio de la irreducibilidad, que se expresa así: «Mental properties are


not reducible to, and are not identical with, physical properties.» (Kim, 2005,
p. 34)

3) Finalmente, el tercer principio es el de la eficacia causal: ​«Mental properties


have causal efficacy —that is, their instantiations can, and do, cause other
properties, both mental and physical, to be instantiated.»​ (Kim, 2005, p. 35)

La segunda fase del argumento de sobreveniencia puede dividirse, a su vez, en dos


formas, pero nos centraremos en la segunda, pues Kim dice que es esta la más novedosa
por algo que veremos un poco más adelante.. De este modo, si continuamos a partir de (iii),
tenemos:

(iv) M es causa de P*

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(v) Por el principio de clausura causal del mundo físico, tenemos que: P* tiene una
causa física (llamémosla P) que ocurre al mismo tiempo que ocurre M.

(vi) De ese modo, y por irreducibilidad, M ≠ P.


(vii) Así, P* tiene dos causas distintas, M y P, por lo que ahora no estaríamos ante
ningún caso de sobredeterminación causal.

(viii) Por exclusión, debemos rehusar M o P.

(ix) Por el principio de clausura causal del mundo, M debe irse y P se queda.

La cuestión del reduccionismo o no-reduccionismo es de importancia crucial, pues lo


que está en juego es la fundamentación de las ciencias especiales humanas como la
psicología, ciencias cognitivas y economía. Si aceptamos las tesis reduccionistas, nuestros
estados mentales como por ejemplo los sentimientos, los pensamientos, etcétera, estarían
supeditados al simple movimiento molecular de las partículas de nuestro cerebro, y, por lo
consiguiente, estas ciencias especiales humanas estarían en un continuo con las ciencias
naturales, pues el paso de una ciencia a otra se haría a través de una serie de leyes puente
que permitiera que la teoría reducida estuviera incluida en la teoría reductora. En cualquier
caso, el debate acerca del dualismo o monismo metodológico no es algo de lo que vaya a
ocuparme en este trabajo.

¿En qué panorama nos encontramos? Recapitulemos. Partiendo de una


fundamentación fisicalista nos encontramos ante la pregunta de si los objetos físicos
pueden tener propiedades que no sean físicas. A esta pregunta, muchos filósofos han
pensado que ciertamente que sí, que se puede aceptar el fisicalismo, no-reduccionista en
este caso, ayudándose de la sobreveniencia tal y como está formulada en su primera fase,
para decir que existen propiedades emergentes que no son reducibles. Sin embargo, hemos
visto como en la segunda fase del argumento de la sobreveniencia, el emergentismo es
sometido a una dura crítica, pues el argumento de la sobreviniencia enseña que el dualismo
de propiedades emergentista no es capaz de explicar como la causación mental es posible;
en este sentido, Kim diría:

«Nonreductive materialism has been motivated by a desire to save


mentality as something distinctive and special, and something that we value.
Instead of saving it, it loses it by depriving it of causal powers. The important
lesson we have learned from three decades of debate is this: the demands of
causality do not tolerate duality of properties any more than duality of substances,
and both Cartesian substance dualism and contemporary property dualism run
aground on the rocks of mental causation.» (​ Kim, 2005, p. 158)

La formulación de sobreveniencia de Kim se basa en tres supuestos físicos básicos:


(1) el principio de cierre causal, (2) el principio de exclusión causal o de sobredeterminación
y (3) la sobreveniencia.
De acuerdo con la sobreveniencia, cada vez que se instancia una propiedad mental
M, sobreviene de una propiedad física P. Ahora, si suponemos que M tiene la capacidad de
causar otra propiedad mental M*, surge la pregunta de si la causa de M* es realmente M o

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la base sobreviniente de M, P. Dada la exclusión causal, no pueden ser ambas cosas, y por
lo tanto, por sobreveniencia, parece que M* ocurre porque P* ocurrió. Así, parece que M en
realidad causa M* causando P*, y que la causación mental-mental presupone la causación
físico-mental. Sin embargo, el cierre causal determina que P* debe tener una causa física
suficiente P.
Pero, dada la exclusión causal otra vez, P* no puede tener dos causas (M y P). Así,
para que no se viole el cierre causal, entonces P es la causa real de P*

Lo que pretende concluir Kim de todo esto es que si se rechaza que las propiedades
mentales sean reducibles a las propiedades físicas, lo que parecen ser casos de
emergentismo realmente son casos de epifenomenalismo, es decir, la tesis que sostiene
que los estados físicos causan estados mentales, pero que estos, por sí mismos, no causan
nada.
El argumento de la sobreveniencia, en definitiva, lo que hace es mostrar que el
dualismo de propiedades no es capaz de explicar cómo es posible la causalidad mental. De
esta manera, el FNR, algo que había surgido con la motivación de preservar la “mentalidad”,
parece que finalmente se le escurre entre los dedos al no ser capaz de dar razones acerca
de la causalidad.

Ahora bien, tenemos que seguir indagando en posibilidades para conocer qué ocurre
con las propiedades mentales. La primera, queda desechada por el peligro de caer en el
epifenomenalismo. La siguiente a la que Kim alude es el ​eliminativismo, ​una postura que se
fundamenta en el fisicalismo reduccionista y que versa la idea de eliminar de raíz las
propiedades mentales ya que consideran que estas no tienen ningún propósito que servir.
Esta postura, para Kim, no tiene demasiada relevancia para lo que quiere explicar, pues
dice que la cuestión de la causalidad mental es algo innegociable, pues ¿por qué el dolor
surge cuando las fibras-C se activan?¿por qué esa sensación y no otra?, estas son solo
algunas de las preguntas que podríamos hacernos al respecto de la causalidad.

Finalmente, la postura por la que Kim parece decantarse si queremos seguir


manteniendo la causalidad mental, es la del fisicalismo reduccionista, a pesar de que, como
él mismo dice ​«Physical reduction would save causal efficacy for mentality, at the cost of its
autonomy.»​ (Kim, 2005, p. 159)
A pesar de que el eliminativismo comparte igualmente los principios del
reduccionismo, no hay que confundir entre “reducir” y “eliminar”. Por ejemplo, el Flogisto se
eliminó de la explicación, mientras que el concepto de “temperatura” es una reducción que
designa al movimiento cinético medio de las partículas de un cuerpo. Así pues, llegamos al
punto neurálgico del asunto, dejemos a Kim que lo exprese: ​«The substantive question [...]
is whether or not things like belief, desire, emotion, and consciousness are reducible to
neural, biological, and physicochemical properties and processes.» (Kim, 2005, 160) Ahora
bien, nos enfrentamos, con esto, al problema de si se pueden reducir las mentes.

En cuestiones de reducción, suele aludirse al ​funcionalismo c​ omo una herramienta


útil para cometer estos casos. Así, según el funcionalismo, los estados o propiedades
mentales funcionalizables serían aquellos que pueden definirse en términos de su rol
causal.

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Para reducir algo, lo primero que hay que hacer es un paso de interpretación o
reinterpretación conceptual en el que la propiedad o estado mental sea reducido como una
propiedad funcional, esto es, recordemos, según una descripción en términos causales. Una
vez hecho esto, se puede empezar a buscar los realizadores de la propiedad funcional, es
decir, los mecanismos o propiedades que actúan haciendo el trabajo causal. Por último, el
tercer paso, consistiría en desarrollar una explicación en el nivel reductivo de cómo estos
mecanismos hacen su trabajo causalmente.

Pero, con respecto a esto, ¿estamos dispuestos a admitir que lo mental como
totalidad pueda reducirse o funcionalizarse? Aquí volvemos al mismo punto del que
partimos con Chalmers para cerrar todo este ciclo argumentativo. La respuesta que da Kim
es algo parecida a la de Chalmers, es un sí y es, también, un no. Así, diría:

«I will argue that this is in fact the case, namely that much of the mental
domain can be physicalized but not all of it. More specifically, my view is that the
qualitative characters of conscious experience, what are now commonly called
“qualia”, are irreducible, but that we have reason to think that the rest, or much of
it anyway, is reducible.»​ ​(Kim, 2005. p. 162)

Kim considera que las actitudes intencionales/proposicionales sí pueden ser, aunque


costosamente, funcionalizables, pues, en ánimos de optimizar el comportamiento humano,
estos estados mentales sí son capaces de exponerse como explicaciones de rol causal. No
obstante, como él mismo dice en la cita que hemos presentado, los qualia se mantendrían
irreducibles y sin poder ser funcionalizados.
Con respecto a esto, puede venirnos a la mente que, por ejemplo, al sentir una
determinada sensación de “dolor”, yo realizo un determinado comportamiento; es cierto, el
dolor puede ir asociado a un determinado comportamiento, pero este comportamiento no
define o constituye lo que ​es e ​ l dolor, ya que las cualidades intrínsecas asociados a los
qualia son indetectables

A pesar de que los qualia no sean funcionalizables, esto no debe suponer que se
entienda una derrota para el fisicalismo, ni mucho menos, debido a que los estados
mentales intencionales y proposicionales si son, bajo este modelo, explicables
funcionalmente. Los qualia, en su caso, parece que no quedaría otra opción que
mantenerlos epifenoménicamente.

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3. CONCLUSIÓN

A modo de conclusión, podemos decir las siguientes palabras. Lo que ha estado en


juego a lo largo del trabajo ha sido la capacidad de conocimiento humano, pues, parece
indispensable que para que este se produzca se debe producir, de igual manera, algún tipo
de causalidad mental. Así pues, este trabajo ha recorrido tres posiciones: el emergentismo,
el eliminativismo y el fisicalismo reduccionista; en las que, sobre todo, nos hemos centrado
en el argumento de la sobreveniencia de Kim para mostrar las futilidades del emergentismo,
la incapacidad del eliminativismo para dar cuenta de nuestra vida diaria más básica, y,
finalmente, la postura que adopta el autor, a pesar de sus limitaciones, el fisicalismo
reduccionista. En este sentido, el autor señala perfectamente que, habiendo dos tipos de
estados mentales, los intencionales/proposicionales y los qualia, los primeros sí son
funcionalizables mientras que los segundos permanecen como entidades residuales. De
ahí, el ingenioso título del libro “Physicalism, or something near enough”, pues el fisicalismo
lo agota todo, excepto los qualia.

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4. BIBLIOGRAFÍA

● Kim, Jaegwon. (2005) ​Physicalism, or something near enough, ​Princeton University


Press; Princeton & Oxford.

● ​ xford University Press; Oxford.


Chalmers, David J. (1996) ​The Conscious Mind, O

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