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Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de ciencias sociales-Departamento de antropología


Taller de medios y escritura
Docente: José María Baldoví
Estudiante: Alejandra Medina Molina

La otredad desde Occidente

El presente ensayo se refiere al fundamentalismo islámico entendido como una construcción


cultural, política y altamente estereotipada hecha por la mayor parte de las potencias europeas y
por Estados Unidos, países que se rigen bajo modelos políticos, económicos y sociales
occidentales, en cuanto a: el establecimiento de un Estado democrático, de una economía
neoliberal y de una sociedad de consumo.

Sin embargo, con lo anteriormente planteado no se busca negar ni invisibilizar las problemáticas
de intolerancia generadas por convertir una religión en un dogma, lo que se busca es ir más allá
de la visión occidental y combatir el Peligro de una sola historia, tal y como lo expone la
novelista nigeriana Chimamanda Adichie (2009), cuando afirma que: “las historias importan.
Muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las
historias también pueden dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un
pueblo, pero también pueden reparar esa dignidad rota.”

De igual manera, con el fin de evidenciar que las construcciones hechas por occidente para auto
reconocerse como un “nosotros” superior en contraposición a un “otro” inferior son una constante
histórica, se analizarán el movimiento de la Ilustración y los atentados del 11 de septiembre del
2001 puesto que, a pesar de las diferencias de contexto espacio-temporal, en ambos
acontecimientos históricos se da la creación de una serie de ideales, principios y valores que
reordenan las relaciones culturales entre los actores de una serie de dicotomías atravesadas por el
uso del poder.

La Ilustración

Este paradigma histórico se constituyó como un movimiento que buscaba la supremacía de la


razón del hombre, como elemento fundamental en la renovación de la sociedad europea por
medio de la influencia de una serie de filósofos y teóricos, los cuales reflexionaron en torno a los
ideales de igualdad, libertad y fraternidad. Al igual, el concepto de civilización empieza a
propugnarse como un modelo de diferenciación entre culturas, una unidad compleja y
polifacética que abarcaba la esencia de occidente y su supuesta razón de superioridad ante otros
territorios que eran vistos como faltos de civismo, urbanidad y sabiduría administrativa.

Immanuel Kant (1978) sostenía que: “La Ilustración es la salida del hombre de su auto culpable
minoría de edad. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio
entendimiento, sin la guía de otro” (p. 25)

Así pues, se puede evidenciar cómo el Siglo de las Luces estuvo al servicio de una clase de
ciudadanos: hombres europeos que tuvieran acceso a una educación por medio de los privilegios
asociados con la clase social burguesa, mientras que los seres humanos que no reunieran las
condiciones establecidas por las instituciones europeas no contaban con ninguna clase de
dignificación ya que su dominación estaba plenamente justificada por la creación de la necesidad
de acceder al proyecto civilizatorio.

Una nueva Ilustración

El ideal ilustrado de tolerancia concebía que:

El furor que inspiran el espíritu dogmático y el abuso de la religión cristiana mal entendida
ha derramado tanta sangre, ha producido tantos desastres, en Alemania, en Inglaterra, e
incluso en Holanda, como en Francia: sin embargo, hoy la diferencia de religiones no causa
ninguna perturbación en esos Estados; el judío, el católico, el griego, el luterano, el
calvinista, el anabaptista, el sociniano, el menonita, el moravo y tantos otros viven como
hermanos en esas regiones, y contribuyen por igual al bien de la sociedad (Voltaire, 2016,
p.45)

La realidad del mundo contemporáneo dista mucho de las perspectivas ilustradas del siglo XVIII
puesto que con los atentados realizados por la organización terrorista Al Qaeda hacia los
epicentros más importantes de Estados Unidos, como las Torres Gemelas, se evidencia el choque
entre los fundamentalismos impulsados tanto por Oriente como por Occidente, que se basan en la
lucha por un territorio que posee una gran influencia cultural y económica.

Por consiguiente, la respuesta de Estados Unidos fue la creación de la doctrina Bush, en la cual se
designó un modelo de política exterior para señalar los países terroristas o enemigos del sistema
democrático mundial, los cuales se debían someter a las constantes invasiones de militares
estadounidenses con el fin de prevenir nuevos ataques al orden establecido. En consecuencia, se
le ha otorgado el poder a un solo territorio de designar una zona con multiplicidad de etnias y
problemáticas, que van más allá de la religión, bajo el termino de fundamentalismo, además de
poder ocupar estos territorios libremente con el fin de hacer uso indiscriminado de sus valiosos
recursos naturales, tales como los yacimientos de petróleo, por medio de una estrategia que
designa a la visión imperialista como la única posibilidad de salvar al resto del mundo de los
males de Oriente.

Para concluir, es correcto afirmar que la otredad desde la Ilustración o desde el paradigma
contemporáneo ha generado un sistema mundial hegemónico que solo funciona como una
posibilidad de autoconciencia para occidente por medio de la creación de un “otro”
completamente opuesto a sus lógicas y los parámetros establecidos. Además, estos modelos han
servido para justificar la extensión de la civilización imperial por medios violentos para alcanzar
determinados beneficios en cuanto al control económico y político de una zona de influencia
mundial.

Bibliografía

Adichie, Chimamanda (Julio de 2009). El peligro de una sola historia. Conferencia ofrecida en el
marco del evento TEDGlobal Ideas Worth Spreading llevada a cabo en Oxford, Inglaterra.

Kant Immanuel (1978). Filosofía de la historia. Madrid, España. Ediciones F.C.E España S.A.

Voltaire (2016). Tratado sobre la tolerancia. Zaragoza, España. Editor digital Titivillus