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LA CIUDAD DE DIOS

Apellido y Nombre : Gerónimo , Lorena DNI : 41.718.652

Año : 2° Comisión 3

Carrera : Derecho Materia: Teología

GENERALIDADES :

La ciudad de Dios, cuyo título original en latín es De civitate Dei contra paganos, es decir,

La ciudad de Dios contra los paganos, es una obra escrita en 22 libros de Agustín de Hipona ( San Agustín ) que fue realizada durante su vejez y a lo largo de quince años, entre 412 y 426 . Es una apología del cristianismo ( área de la teología que se especializa en usar argumentos racionales para defender y difundir el cristianismo ) en la que se confronta la Ciudad celestial a la Ciudad pagana. Las numerosas digresiones permiten al autor tratar temas de muy diversa índole, como la naturaleza de Dios, el martirio o el judaísmo, el origen y la sustancialidad del bien y del mal, el pecado y la culpa, la muerte, el derecho y la ley, la contingencia y la necesidad, el tiempo y el espacio, la providencia, el destino y la historia, entre otros muchos temas.

BIOGRAFÍA DEL AUTOR :

Agustín de Hipona, conocido también como San Agustín , nació en Tagaste el 13 de noviembre de 354, fue un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. En su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasó de una escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Finalmente abrazó el maniqueísmo creyendo que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y finalmente, decepcionado, la abandonó al considerar que era una doctrina simplista que apoyaba la pasividad del bien ante el mal . Fue en Milán donde se produjo la última etapa antes de la conversión de Agustín al cristianismo. Empezó a asistir como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del obispo Ambrosio, quedando admirado de sus prédicas y su corazón. Fue Ambrosio de Milán quien le hizo conocer los escritos de Plotino y las epístolas de Pablo de Tarso. Por medio de estos escritos se convirtió al cristianismo. Entonces decidió romper definitivamente con el maniqueísmo. Fue en el 385 que Agustín se convirtió al cristianismo . El «Doctor de la Gracia» fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio . Autor prolífico,dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesionesy La ciudad de Diossus obras más destacadas. El mismo fallece el 28 de agosto de 430 , a los 75 años de edad , fue proclamado Doctor de la Iglesia el 19 de septiembre de 1295 por el papa Bonifacio VIII .

La Ciudad de Dios La ciudad de Dios es uno de los libros más importantes del pensador. Es principalmente una obra teológica pero también de profunda filosofía. La primera parte del libro busca refutar las acusaciones paganas de que los cristianos tuvieron la culpa del saqueo de Roma. Conforme avanza el libro, se convierte en un basto drama cósmico de la creación, caída, revelación, encarnación y eterno destino. Según Agustín, las visiones de clase y nacionalidad eran triviales comparada con la clasificación que en verdad importa: si uno pertenece al “Pueblo de Dios”.

Desde la creación, en la historia coexisten la Ciudad Terrenal (Civitas terrea), volcada hacia el egoísmo; y la Ciudad de Dios (Civitas Dei) , que se va realizando en el amor a Dios y la práctica de las virtudes, en especial, la caridad y la justicia. La división agustiniana en dos ciudades (y dos ciudadanías) influirá de forma decisiva sobre la historia del Occidente medieval, marcado por lo que se ha dado en llamar el «agustinismo político». El cristiano que se siente llamado a ser habitante de la ciudad de Dios y que ordena su vida de acuerdo con el amor Dei no puede evitar ser a la vez ciudadano de un pueblo concreto. Sea cual sea este pueblo, no podrá identificarse nunca de forma plena con la ideal ciudad de Dios, motivo por el que el cristiano permanece estructuralmente escindido entre dos ciudadanías: una de carácter estrictamente político, que es la que lo vincula con una ciudad o un estado concreto; y otra que no puede dejar de ser parcialmente política, pero que en buena parte es también espiritual. La teoría de las dos ciudades plantea cómo ha de vivir el cristiano: debe tener la vista puesta en el fin último de la plena ciudadanía celestial, pero sin olvidar, a la vez, dar un sentido a su paso por esta vida terrestre. Teológicamente, La ciudad de Dios es un trabajo muy importante según su visión de la historia de la salvación y por haber dado cuerpo a las doctrinas clave del cristianismo como la creación, el pecado original, la gracia de Dios, la resurrección, el cielo y el infierno. Filosóficamente, por mostrar cómo la filosofía sirve de valor para construir una visión exhaustiva del cristianismo, como por proveer un marco general dentro de la que se hizo la mayor parte de la filosofía política en el Occidente cristiano.

CONTEXTO HISTÓRICO EN EL QUE SE DESARROLLA :

Del Imperio Romano y su grandeza ya no quedaban sino el recuerdo. El proceso de decadencia fue largo y tortuoso, pero el hecho que más impactó a los ciudadanos romanos, fue la invasión por parte de las tropas de Alarico el Godo a la ciudad de Roma ,en el 410. La búsqueda de una explicación para estos acontecimientos llevó a muchos a buscar sus causas en el auge reciente de la religión cristiana. Los reproches se difundieron a lo largo de las ciudades del Imperio, y no tardaron en llegar a oídos de Agustín, quien se dispuso a responderlos con las herramientas argumentativas y retóricas de las que disponía. Fue así como se dio el origen de La ciudad de Dios . Los cambios que ocurrían en los siglos iv y v., son ampliamente conocidos: el crecimiento de la Iglesia favorecida por el edicto de Milán , la crisis arriana, las invasiones bárbaras, la división del Imperio entre Oriente y Occidente, la recuperación económica y la subsiguiente decadencia . En cuanto a la ciudad terrena, es decir, el mundo del tiempo de San Agustín –concretamente la civilización romana– hacía ya mucho que estaba en crisis , no se trataba de un mero cambio de dinastía o de un peor ciclo económico, sino de una división territorial que se conjugaba con una división social , producto de una unidad religiosa fragmentada

La tensión entre la Iglesia y el mundo tenía una base mucho más honda. Se debía en realidad a la diferencia de mentalidad de la fe cristiana y el paganismo. Por su parte el paganismo con algunos de sus más grandes intelectuales –Celso, Porfirio– analizaba críticamente la fe cristiana y el ambiente general no dejaba de exponer sus creencias y costumbres a los cristianos. También encontramos a los gnósticos, diferenciados en innumerables sectas que, influenciaron a algunos círculos cristianos con sus doctrinas y estilo, hasta el punto de que a algunos Padres se los podría considerar gnósticos, en general los gnósticos no eran en rigor cristianos, pues no admitían la historicidad de la Encarnación . De este modo, lo que en realidad estaba en el fondo de todos los cambios era la visión básica de la realidad, una metafísica y una antropología subyacentes, de las cuales dependería todo lo demás.

COMPOSICIÓN :

La ciudad de Dios es el tratado más largo que nos ha legado la antigüedad grecorromana. Se compone de 22 libros que pueden dividirse en dos partes generales, cada una de las cuales también tiene sus subdivisiones temáticas. La primera parte, que va del libro I hasta el libro X, es un análisis del sistema político romano. Desde el libro I hasta el VI, el análisis es histórico, y del libro VII al X, el análisis es más filosófico y jurídico. La primera parte, dedicada a la respuesta a los romanos, hace una crítica de los orígenes y el desarrollo del Imperio, para atacar la idea de un pasado que habría sido destruido por el cristianismo. Roma tenía, según el análisis de Agustín, el germen de su destrucción en su misma constitución, y esto por seguir únicamente los preceptos que constituyen la “ciudad de los hombres”. La segunda parte va del libro XI al libro XXII, y es allí en donde se expone la división entre la “ciudad de Dios” y la “ciudad de los hombres”. Desde el libro XI hasta el libro XIV, se trata del origen de las dos ciudades, de acuerdo con la teoría del origen del mal, a partir de la caída del primer hombre, Adán. Después, desde el libro XV hasta el XVIII, hay un análisis histórico que expone lo que aparece relatado en la Biblia sobre la historia de Israel hasta el nacimiento de la Iglesia cristiana (en donde se conectan las historias de Roma y de Israel) y en donde se mantiene la diferencia de las dos ciudades como hilo conductor. Por último, desde el libro XIX hasta el XXII, el tema son los fines de cada una de las ciudades y la Justicia Divina. El sentido de hacer una historia de la “caída del hombre” como inicio de la segunda parte es mostrar que la “ciudad de los hombres” nace de nuestra naturaleza pecaminosa. Esta debe entenderse a partir de una distinción respecto de los fines humanos: la distinción entre las cosas que han de ser disfrutadas y las cosas que han de ser usadas . Las primeras refieren a aquellos fines que se buscan por sí mismos sin miras a otra cosa; las segundas, a aquellas cosas que buscamos solo para un fin posterior. Para Agustín, la falla del ser humano consiste en confundir ambos términos: en concebir las cosas que solo son de uso(los bienes materiales o el poder político ) como si fueran cosas para disfrutar, o sea fines últimos. Y viceversa, tratar las cosas que deben disfrutarse como fin último (as virtudes morales ) como medios para lograr cosas que deberían ser de uso.

LIBROS :

Libro I :En defensa de la religión cristiana Desde el primer capítulo, San Agustín señala que llegar a la perfección de la justicia es una empresa grande y árdua pero que “Dios es nuestro ayudador” .Establece entre otras cosas que los bienes materiales no representan la riqueza que por encima de Cristo podría dar una vida realmente feliz La mayor riqueza para un cristiano es amar el bien incorruptible. En los últimos capítulos de este libro Agustín encara a los romanos en sus tradiciones y costumbres, pues muchos de ellos viven una vida libertina y lujuriosa, caen en la desgracia y culpan a los cristianos por su situación terrible. A pesar de ello Dios no se olvidó de su misericordia y dio alternativas a esta cultura para poder subsistir, pero convirtiéndose. “Las dos ciudades están mezcladas ahora (la mundana y la divina, a la que pertenecen los cristianos)” pero tanto en un lado como en otro puede haber creyentes o no creyentes:

unos en la misma Iglesia actúan como paganos, y fuera de ella hay quienes viven según la voluntad de Dios. Esta es nuestra situación actual: luchamos por hacer prevalecer una ciudad parecida a la divina, a pesar de las ofensas y de los pecados cometidos, sostenidos por la misericordia de Dios

Libro II:

Los dioses y la degradación de Roma

En este texto podemos observar que ningún precepto y ninguna ley se han hechos los paganos para señalar las buenas o malas conductas. Según San Agustín, el pagano sólo tiene historias de sus dioses, pero nada concreto en cuanto a leyes u otras cosas. Los paganos no tienen ninguna institución, ningún rito como sí lo tiene la Iglesia . Como no tienen ningún respaldo en ninguna parte, el pagano no se puede comparar con el cristiano que si tiene un respaldo racional y religioso en materia espiritual. La corrupción y las situaciones vergonzosas de Roma fueron producto de los paganos y la falta de decencia en sus cultos. No fue hasta que llegó Jesús que las cosas en el imperio comenzaron a ''civilizarse'' o calmarse. Todo el período anterior fue una masa de guerras y rebeliones que no pudieron superar nunca.

Libro III: Los dioses y la historia San Agustín de Hipona pone de relieve en este libro los acontecimientos históricos y su relación tanto con los dioses paganos como con el Dios cristiano que apoya el autor .

Libro IV: Las guerras y los dioses San Agustín hace referencia a que el hombre ha adjudicado los vicios de la guerra con los dioses, como si estos la observaran para ver qué tan poderosos son los hombres. Aquí yace definitivamente la crítica más dura de San Agustín contra los paganos, la cual consiste en separar al mejor de los dioses y ponerlo en primer lugar como punto de adoración, desplazando a los otros a un lugar menos importante . Ya no hay justificación para creer en una multitud de dioses que por lo demás no hicieron nada para proteger a su

pueblo en tiempos de necesidad. La conservación del imperio se debió a la ambición y beligerancia permanente de los hombres.

Libro V: El destino y la providencia Aquí se deja por un momento la réplica contra los paganos y enfoca a los hombres que no están cerca del cristianismo. ¿Qué destino tiene la humanidad? o más bien ¿qué destino tiene el Imperio Romano en tiempos de San Agustín de Hipona? Además de esto, en este texto San Agustín argumenta contra los arúspices y adivinos que decían predecir el futuro.

Libro VI: Teología de Marco Terencio Varrón Este puede ser quizás uno de los teólogos más olvidados en la historia general de la filosofía y la religión. Marco Terencio Varrón fue admirado por San Agustín de Hipona, por Marco Tulio Cicerón y Antíoco de Ascalón, sus escritos significaron una inspiración tanto como para los padres de la iglesia, como para los filósofos en general , es por ello que nuestro autor hace hincapié es el presente libro .

Libro VII: Teología civil y los dioses romanos San Agustín de Hipona entra de lleno a explicar la teología civil que trata sobre el culto que hacen los hombres a los dioses ya sea en los mismos templos o a modo personal. La crítica a los dioses romanos se amplía a lo largo de este libro. Lo que podemos ver ahora es quizás una descripción detallada de cómo estos dioses son lógicamente inconsistentes, ya sea poniéndolos como dueños absolutos de una cosa así como también dividiéndolos más en más estructuras.

Libro VIII: Teología natural y filosofía En el presente texto se encuentra una de las discusiones más interesantes e inquietantes que han traído los filósofos a lo largo de la historia del mundo. El tema en cuestión es la existencia de Dios y su creación en el universo. Además de lo anterior San Agustín concluye en este libro aún más la separación del paganismo con el monoteísmo cristiano. Por otro lado, también une las ideas platónicas, aunque no acepta en totalidad las ideas de Platón, porque el bien del hombre no se da por sí mismo, sino que por medio de Dios. El hombre no es independiente de Dios sino todo lo contrario, por eso que más allá de él mismo está Dios quien lo guiará por la senda.

Libro IX:Cristo, mediador Filósofos, pensadores, letrados, intelectuales o religiosos. Ninguno de ellos ha quedado indiferente a la figura de Cristo como mediador entre Dios y los hombres. ¿Qué significa que Cristo sea mediador entre los hombres? básicamente que es él quien guía a los hombres al camino de Dios. Las cosas ya están dichas y ya no hay vuelta atrás, el hombre que conoce la obra de Cristo conoce el bien y no tendría porqué no hacerlo. En este libro se produce la narración de los distintos paradigmas postulados por los pensadores anteriores a San Agustín . Por otro lado nuestro autor concluye que los demonios no

tienen nada bueno para ofrecer si los hombres siguen la voluntad de Dios mediada por Cristo. Si leemos atentamente, la felicidad la tendremos siempre que sigamos la voluntad de la cual ya fuimos advertidos por Jesús.

Libro X: El culto al verdadero Dios Todos lo relacionado con el culto al verdadero Dios se encuentra en esta parte de la ciudad de Dios. Una vez analizados todos los cultos correspondientes a los dioses paganos, corresponde lo propio con el culto al Dios cristiano ¿Qué podríamos hacer para satisfacer a Dios? ¿Será que él necesita la adoración tal como los humanos tenemos nuestras necesidades? ¿Cuál es el punto de adorar a un Dios que de supuesto no necesita nada? Cuestiones como estas son respondidas en el contenido de este texto .

Libro XI: El orígen de las dos ciudades Es un libro que analiza desde una perspectiva histórico-religiosa, la comparación de la gran ciudad de Dios que sería Jerusalén, contra la ciudad del diablo que sería la mismísima Babilonia. Por supuesto, en términos generales, en estas páginas veremos el análisis de San Agustín de Hipona sobre la eterna batalla entre Dios y el diablo, quien no deja de perturbar el corazón de los hombres. Aquí se describe la ciudad de Dios en todo su esplendor y teoría.

Libro XII:Naturaleza de los ángeles y de los hombres En este libro abordaremos la creación de los seres divinos como son los ángeles . ¿Para qué hizo Dios los ángeles? , y aquí nos acercaremos a la explicación del mismo. En este libro también debemos ver la crítica al ciclo de vida de Platón donde el alma pareciera ser que viaja constantemente del cielo a la tierra. Un nuevo paradigma se posiciona en cuanto a la metafísica, que va de la mano con Cristo y la biblia.

Libro XIII: La caída del hombre hacia el pecado Este es un libro específicamente dedicado al hombre y su relación con el pecado durante la biblia y durante parte del Imperio Romano. Bien sabemos todos los castigos que nos esperan al desobedecer la ley divina de Dios, pero también debemos tener en cuenta la infinita misericordia que tiene Dios para con los hombres. El libro XIII de La ciudad de Dios nos exhorta a pensar que hay una segunda oportunidad para estar en el Reino de los cielos.

Libro XIV:El pecado y las pasiones ¿Cómo podemos evitar los pecados y las pasiones? los hombres se ven ligeramente (o completamente) tentados hacia ellas y por eso cometen lo que cometen. Pero ¿de dónde proviene el pecado? ¿es que proviene del cuerpo como lo dirían los filósofos platónicos que rechazaban el mundo sensible? ¿o será el alma que es divina e intachable que está hecha de manera superior al cuerpo porque la gobierna? Queda establecido que el pecado proviene más del alma que del cuerpo, por supuesto, el cuerpo es un mero instrumento de la razón y por esto quedaría relegado al segundo lugar.

Si todo mal es voluntario tal y como lo dice San Agustín, entonces no nos queda otra que dirigir nuestro pensamiento hacia las cosas buenas (aunque todo lo que existe es bueno).

Libro XV ; Las dos ciudades en la tierra Es un libro que analiza desde una perspectiva histórico-religiosa, la comparación de la gran ciudad de Dios que sería Jerusalén, contra la ciudad del diablo que sería la mismísima Babilonia. En términos generales, en estas páginas veremos el análisis de San Agustín de Hipona sobre la eterna batalla entre Dios y el diablo, quien no deja de perturbar el corazón de los hombres. Libro XVI:Desde Noé hasta los profetas Este libro , es considerado como una segunda parte del libro XV , pues San Agustín de Hipona sostiene lo que habría dicho anteriormente. Más que una descripción de la ciudad de Dios, en este texto veremos la genealogía bíblica a través de los grandes personajes de la misma. Aquí vemos en gran parte resumida la primera obra del Antiguo Testamento

Libro XVII:Desde los profetas hasta Cristo En este Libro veremos lo que falta ver de los profetas hasta llegar a Jesús de Nazareth. Esta puede ser considerada como una guía para saber de la biblia y sus acontecimientos históricos. Podríamos decir que lo que se verá a continuación es un manual de cómo entender lo hecho por las distintas figuras religiosas de cada uno de los libros bíblicos.

Libro XVIII:Paralelismo entre las dos ciudades En los precedentes capítulos se ha hablado de la historia de Israel a través de la biblia, pero ahora San Agustín realiza un paralelo entre las dos ciudades que son el objetivo de este libro. Babilonia que nació de la mano del maldecido Cam por parte de Noé y Jerusalén que fue bendecida por Noé y que su ascendencia proviene de Sem. Aquí se realiza un verdadero análisis histórico de la religión y sus problemas durante toda la historia. el paralelismo que hace San Agustín , es muy importante , sobre todo cuando se hace la diferencia entre las otras ciudades; pues siempre que se lee la religión se hace en consideración a la centralidad de Dios mismo (Israel). Sin embargo, aquí tenemos incluso la mención a los griegos y egipcios en tiempos de los profetas bíblicos o de los pensadores bíblicos más importantes.

Libro XIX: El fin de las dos ciudades Este libro recibe su nombre de ver que las dos ciudades: Jerusalén y Babilonia, se confrontan con sus pensadores, filósofos y reyes que asentaban sus distintas doctrinas. Si bien critica a las filosofías helenísticas, San Agustín hace su propia manera de ver la vida contemplativa, la vida activa y la vida mixta, pues estas no son nada si no son llevadas con la fe en el Señor. Por lo que podemos ver aquí, no se puede ser completamente bueno (a pesar de realizar las mejores acciones) si no se tiene la fe y la creencia en Dios.

Libro XX: El juicio final En esta parte de la ciudad de Dios, veremos la interpretación de San Agustín de Hipona sobre el final de los tiempos guiándose por los profetas y grandes hombres bíblicos. Podríamos decir que tenemos en frente de nosotros un análisis de cómo debemos presentarnos ante Dios para de alguna manera ''conducir'' nuestro destino.

Libro XXI:El infierno, fin de la ciudad terrenal San Agustín de Hipona nos presenta el concepto de infierno bajo la perspectiva cristiana, además de entregar un mensaje a aquellos hombres que aún no conocen el camino iluminado. Una razón más para que el hombre cristiano se mantenga en la lìnea de Dios y no se separe de ella , es el alcance y goce futuro de un lugar perfeccionado por El .

Libro XXII:El cielo, fin de la ciudad de Dios Aquí encontraremos el concepto más importante de La ciudad de Dios. En este capítulo se habla no sólo del cielo que espera al hombre luego de haber seguido los preceptos divinos, sino que también sobre la historia de los santos y cómo se involucra esto con la historia de Roma, pues es esta ciudad el interés de este estudio.

RELACIÓN CON LA ACTUALIDAD :

Existen algunas semejanzas entre los problemas del siglo iv-v y los del nuestro. A primera vista podría parecer quizás extraño, porque entre ellos y nosotros ha pasado mucho tiempo y –según supone la ley moderna del progreso– no debería haber regresiones en la historia. Pero si se consideran más detenidamente el asunto, se pueden ver dos cosas. La primera, que aunque no lo llamemos regresión;ciertamente nuestro mundo ha dejado en gran medida de ser cristiano y, también en gran medida, vuelve a formas de paganismo. La segunda, que tal vez, a pesar de la distancia temporal, el modo de ser del hombre no haya cambiado tanto, sino que siga, por el contrario, teniendo las mismas estructuras básicas de toda su historia . Así, podemos fácilmente reconocer que en nuestros estados actuales una tendencia creciente al control omnímodo del individuo. El secularismo y el laicismo son condiciones necesarias para ello y expresión de esta tendencia. Por eso es lógico que entre el estado y la Iglesia surjan desavenencias. También puede verse una semejanza –aunque con profundas diferencias– entre la invasión de los pueblos bárbaros de aquel tiempo y los flujos migratorios a Occidente en las últimas décadas , producto de las guerras que desde hace décadas se libran en la periferia de Occidente, y el resultado incierto de algunas de ellas, nos recuerda también a determinadas campañas de aquel entonces con los persas, los hunos y los godos Para San Agustín , la experiencia del encuentro con Cristo le ha hecho encontrar su propio centro, un centro que mucho más dentro y mucho más alto que él mismo. A partir de ese encuentro, la fe en Cristo le ayuda a entender no sólo su vida, sino también la realidad del mundo en el que vive. De este modo, entiende que las tensiones de la política mundana, de los maniqueos, de los filósofos, los donatistas y los herejes e incluso determinadas

tensiones en la Iglesia tienen su raíz en un entendimiento de la realidad al margen de Dios, que termina siempre en conflicto, en sometimiento o en indiferencia. Lo que de ese entendimiento se deriva es una voluntad de dominio. El carácter temporal de la Ciudad de Dios plantea necesariamente la relación con los hombres que no forman parte de ella. De este modo habla de su fin, dejando a su camino diversas enseñanzas , analiza su desarrollo histórico, indica el modo en que puede en ella alcanzar la armonía .

RELACIÓN QUE GUARDA CON EL DERECHO :

La idea de Agustín es que el poder político y la justicia ejercidos en la ciudad de los hombres son poderes instituidos (no naturales) para regular las relaciones sociales entre los hombres que han caído en el Pecado Original y que tienden a la guerra en la búsqueda del poder y los bienes materiales.

Como se puede observar, si bien la motivación de La ciudad de Dios es un hecho histórico concreto, el autor va mucho más allá, y se enfoca en la construcción de una teoría que abarca temas como la filosofía de la historia, la política y la teología.

Las dos ciudades, la de Dios y la de los hombres, no están claramente delimitadas: su relación es de conflicto. Agustín ha tratado el problema de la voluntad humana y de la tensión entre la búsqueda de la felicidad verdadera dada por los objetos de disfrute y la búsqueda mal encaminada de los objetos de uso: así como el individuo libra una lucha interna entre su voluntad buena y su voluntad pecaminosa, así también la “ciudad de los hombres” está en una dialéctica entre la búsqueda de la paz y la tendencia a la guerra, entre la justicia eterna y la justicia secular.

“No será de grande ánimo quien se admire de que caen los muros y las vigas y se mueren los mortales “.

El mejor orden político dentro de este marco sería el que permitiera el ejercicio de la justicia dentro de los parámetros de la “ciudad de los hombres”, pero que también diera lugar a la justicia universal que Agustín considera propia de la “ciudad de Dios”. Dentro de los parámetros agustinianos, ni siquiera Roma en su punto más alto podía ser llamada una ciudad justa. A lo sumo, sus leyes permitirían el desarrollo de la virtud cívica y de un buen orden social secular, pero, dado que la justicia es dar a cada cual lo suyo, para Agustín Roma fallaría en dar a Dios la gloria que le corresponde. Esto, en opinión del pensador, impediría que los romanos buscaran una paz verdadera y la llevaría finalmente a su destrucción, como corresponde con todos los imperios terrenales.

De las tesis de San Agustín no se desprende una defensa de la teocracia. Todo lo contrario: el autor es consciente de la necesidad del establecimiento de un orden civil en la “ciudad de los hombres” que regule los asuntos típicamente terrenales y facilite la convivencia entre los ciudadanos.

La “ciudad de los hombres” que aspire a ser verdaderamente justa debe tener en observación las leyes universales de la “ciudad de Dios” y debe generar sus leyes en relación con su situación particular (de lo que surge la diversidad de órdenes políticos), pero siempre evitando contradecir la Ley Divina.

CONCLUSIÓN :

La doctrina de la ciudad de Dios de San Agustín marcó el pensamiento político medieval. La idea fue : una ciudad (o imperio) terrenal que puede ser gobernada según el espíritu de la ciudad de Dios o según el espíritu de la ciudad del diablo. Esto no depende de que la ciudad sea cristiana o pagana, sino de que quien la gobierne se guíe por principios egoístas (ciudad del diablo) o por principios altruistas (ciudad de Dios). La influencia de estas tesis fue determinante en el desarrollo histórico del Occidente cristiano, desde el orden feudal medieval (bajo el dominio moral del papado), hasta los modernos estados seculares que se basan en principios universales que no necesariamente invocan a la religión. Si bien ha habido varios cambios históricos e ideológicos desde la época en que Agustín escribe, la idea de la búsqueda de principios universales que lleven a la paz y la conciencia a la vez de lo inevitable de las tensiones sociales y políticas que se dan en el desarrollo histórico siguen manteniéndose vigentes en el debate político general.