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CURSO: SSCE0110 DOCENCIA DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL PARA EL EMPLEO

EXPEDIENTE: 3681/FOD/47/2018

FORMULACIÓN Y NORMAS DE REDACCIÓN DE OBJETIVOS FORMATIVOS

Los objetivos han de ser formulados de manera clara y concisa ya que una de
sus características principales es que al finalizar la acción formativa deberemos
comprobar si el alumnado lo ha alcanzado o no. En este sentido, han de ser
redactados en términos de lo que se espera de los alumnos.

Una de las principales autoridades en la formulación de objetivos de


aprendizaje es Robert Frank Mager, quien en su libro “Preparing Instructional
Objectives” (Preparando Objetivos de Aprendizaje) describe una serie de
pautas para el diseño efectivos de estos.

Mager propone que para establecer objetivos de aprendizaje realmente útiles


se deben tener en cuenta cuatro factores:

- Audiencia. Hace referencia a QUIÉN ha de alcanzar el objetivo. En


nuestro caso los alumnos.

- Conducta o desempeño. Describe QUÉ se espera de los alumnos.

- Condiciones o exigencias, que deben darse en la realización de la


conducta. Esto es, CÓMO debe realizarse esa conducta.

- Grado. Determina el criterio de desempeño aceptable y permite


evaluarlo. CUÁNTO de buena debe ser la conducta, para ser
considerada aceptable.

Así, siguiendo a Mager, los objetivos se redactan incluyendo:

- La conducta a desarrollar en términos observables y medibles.

- Las condiciones bajo las cuales se avaluará el logro de la conducta.

- El nivel de ejecución o estándar aceptable para el dominio del


aprendizaje.

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De cara a la redacción de objetivos operativos podemos seguir la siguiente


estrategia:

1. Tomando en consideración el objetivo general nos plantearemos la


siguiente pregunta: ¿Qué necesita saber el alumno para lograr la
conducta descrita en el objetivo general? Realizaremos un listado de
conductas teniendo en cuenta que estas conductas me servirán para
comprobar que el alumno ha aprendido lo que queríamos que
aprendiera.

2. Agrupamos las conductas de nuestra lista en acciones significativas y


amplias.

3. Redactamos un objetivo específico para cada categoría de conductas.

4. Comprobamos la redacción de nuestro objetivo constando


afirmativamente a estas preguntas:

a. ¿Se inicia con un verbo en infinitivo?

b. ¿Está redactado de una forma sencilla y fácil de entender?

c. ¿Está expresado de forma que admita otras conductas


significativas que lo hagan medible?

En este sentido, de cara a su formulación deberemos tener en cuenta las


siguientes pautas o normas de redacción:

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Asegurar la claridad de los objetivos

- El lenguaje utilizado no ha de contener siglas o abreviaturas sin explicar.

- Redactar los objetivos en forma de frases enunciativas y afirmativas, que


permitan observar qué resultados se pretenden conseguir tras el
proceso de formación. Evitar frases complejas y subordinadas.

- Diferenciar entre objetivos generales y específicos para evitar confusión


entre ellos.

- Comenzar los enunciados con verbos de tiempo infinitivo que indiquen


resultados de aprendizaje:

o Para los objetivos generales utilizar verbos que aludan a procesos


mentales internos (como conocer, saber, adquirir, etc.)

o Para los objetivos específicos utilizar verbos que hagan referencia


a acciones concretas (con conductas externas y observables)
(medir, clasificar, manejar, aplicar, discriminar, seleccionar, etc.)

Garantizar la objetividad

- Definir el resultado que se pretende obtener en términos de capacidad o


de competencias de los alumnos. Hay que evitar objetivos que hagan
referencia a intenciones del formador o a hechos administrativos
(conseguir el Certificado de Profesionalidad de…)

- No definir los objetivos en términos de juicio de valor (ej. Aprender


correctamente…)

- Los objetivos específicos deben traducirse en competencias


profesionales, diferenciando al menos entre conocimientos, habilidades
y actitudes.

- Los objetivos deben referirse a un solo aprendizaje. Tienen que ser


concretos y no referirse a más de un resultado.

- No debe existir duda alguna sobre el significado de lo que se pretende


alcanzar. Evitar un lenguaje ambiguo.
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Mantener la coherencia

- Tiene que existir una relación entre el objetivo y la actividad a realizar.


En realidad, la actividad se diseñará teniendo como referencia qué
conducta se pretende que aprenda el alumno.

- Ha de existir una relación clara entre los aprendizajes que se persiguen


desde los objetivos específicos y los resultados. A su vez, todos han de
encontrarse en sintonía con el objetivo general.

- Los objetivos específicos y los objetivos operativos (operativos o


procedimentales) de las acciones formativas han de ser coherentes, es
decir, debe existir una estrecha relación entre ellos.

Organizar de forma operativa

- Hay que establecer niveles o grados de definición de objetivos en


relación al nivel de complejidad, desde los más simples a los más
complejos a lo largo de la actividad.

- Los objetivos tienen que expresar diferentes niveles de concreción


desde el objetivo general hasta los objetivos operativos.

Unos objetivos claros e inequívocamente establecidos van a posibilitar la


selección del resto de componentes de la programación de la acción formativa.
En este sentido, los contenidos, actividades, métodos y formas de evaluar a los
alumnos van a estar determinados por los objetivos planteados y su
formulación.

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