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JOTA MARIO VERGARA ESCUDERO

CC. 1026550522
SEMINARIO: LA NOCIÓN DE LO SAGRADO

EXPOSICIÓN SOBRE EL ENSAYO


EL CAPITALISMO COMO RELIGIÓN –WALTER BENJAMIN

Fue Max Weber quien en su conocida obra “La ética protestante y el espíritu del
capitalismo” propone la tesis según la cual las actitudes y el comportamiento que
adquieren forma en la idea de profesión y en el estilo de vida ascéticos del
calvinismo puritano influyeron poderosamente en el desarrollo del capitalismo en
Europa, es decir, que el capitalismo está determinado en sus bases por la ética
protestante. Walter Benjamin pretende ir más allá de esa tesis para señalar que no
se trata de un mero, y con eso se dice mucho, no se trata de que el protestantismo
haya condicionado al capitalismo, sino que este se ha desarrollado como una
estructura religiosa, según Benjamin, con una sofisticación inigualable. El interés
del crítico cultural alemán a lo largo de este pequeño ensayo es mostrar que el
capitalismo es un fenómeno esencialmente religioso. La igualdad funcional que
sustenta esta afirmación es que tanto, religión como capitalismo dan respuesta a
las mismas preocupaciones, suplicios e intranquilidades.

Benjamin es consciente de que estableciendo esta igualdad funcional está


quebrando una evidencia culturalmente consolidada en la percepción social de la
religión como una esfera separada, como algo específico relacionado con una
realidad trascendente. Para justificarlo se remonta al paganismo, es decir, a una
etapa en la que la diferenciación de esferas propia de la modernidad todavía no ha
tenido lugar, en la que por lo tanto la religión forma parte del desempeño real de
vida social y material. En un temprano ensayo «Sobre el programa de una filosofía
futura» (1918), Benjamin había definido la religión como «la totalidad concreta de la
experiencia» Es quizás en este sentido en el que se puede hablar del capitalismo
como religión, como lo que abarca y determina toda posible experiencia. En cuanto
realidad que todo lo engloba y determina poseer un carácter religioso, tenga o no
dogmas, rituales o iglesias.

Intentemos, siguiendo los argumentos estructurales desarrollados por Benjamin en


el presente ensayo, dar respuesta a la tajante identidad que establece entre
capitalismo y religión. Para ello señalemos dos de los principales conceptos por él
utilizados y que sin duda funcionan, como ya Nietzsche lo había planteado, como
base esencial de la religión occidental, esto es deuda y culpa.

Ya desde finales del siglo pasado Benjamin estaba planteando, de la manera más
lucida, la importancia de la deuda dentro del seno del sistema económico y al
respecto podríamos afirmar que una de las principales consecuencias de la crisis
actual que más traumatismo ha generado es el endeudamiento tanto de las
personas jurídicas como naturales. Quizás, lo realmente importante de este
panorama sea la imposibilidad de pagar o redimir la deuda y entrar de ese modo,
en un círculo vicioso donde el acreedor tiene la posición privilegiada y el deudor se
ve culpabilizado, castigado y hasta sacrificado en un ciclo que parece no tener fin.
Quién está endeudado es culpable y debe pagar sus deudas: incluso con su propio
cuerpo.
Para intentar comprender este discurso del endeudamiento sobre la crisis podemos
encontrar en el breve texto del filósofo Walter Benjamin "El Capitalismo como
religión" las bases históricas y culturales de esta relación entre deuda y culpa, que
adquiere un carácter teológico en nuestra sociedad actual y es incluso recogida en
las estructuras legislativas de casi todos los países occidentales. Para Benjamin el
capitalismo no solo tiene un origen religioso, sino que es una religión. Retomemos
lo dicho anteriormente, a saber, para Weber las prácticas capitalistas tenían un
origen religioso en la creencia calvinista de la predestinación donde el éxito
económico se interpretaba como signo de elección, Benjamin nos expone que
el capitalismo no es un conjunto de prácticas de origen religioso sino que es una
religión en sí misma con tres características que la definen:

 Es una religión completamente ritual sin dogmas. Podría esta afirmación,


apoyándonos en otros textos del autor, apuntar a los dos grandes ejes del
capitalismo, la producción y el consumo principios que funcionan como el
altar de bronce en donde es quemada las ofrendas dedicadas a la deidad.
Es una religión sin dogmas, imposible salvo en el capitalismo.
Aquí entra otro de los conceptos fundamentales de la religión occidental, la
fe, o lo que es lo mismo el crédito, recordemos que estos términos son
sinónimos. La religión está basada en el milagro y, quienes tienen fe
depositan su creencia en dioses quienes conocen su historia. En la teología
se considera, a partir de algunos enfoques, que se llega a creer a partir de
las historias. Sabemos por el relato sagrado de los evangelios que la hija de
Jairo fue resucitada por Cristo, este último hace un milagro y así la resucita,
al conocer la historia es que llegamos a creer. Poniendo a conversar la
confianza en la religión y en el capitalismo podemos afirmar que el capital, el
dinero, en el tiempo actual posee un poder inigualable, en términos generales
podemos afirmar que lo puede todo. Tenerlo puede hacer cualquier tipo de
milagros: comprar una casa, estatus, tener buena salud, prestigio y riqueza.
Pero es una religión sin historia, la clave está en que el dios dinero es todo
poderoso: puede hacer “milagros”. Es un objeto de fe cuyo valor, al mejor
estilo del Dios judío, es auto-referenciable.

 Ese culto no tiene ningún descanso. Todos los días son fiestas de guardar,
de producir o consumir a crédito. Esto convierte nuestro tiempo en
una repetición circular donde todos los días son festivos en una reiteración
vacía de novedades que se repiten. En la religión católica, protestante, etc.,
el culto es un espacio temporal que rompe la forma tradición de una vida. Se
reza un momento del día o un día de la semana. Es un culto que tiene un
espacio propio: la iglesia. Emitimos nuestra fe y nuestro llamado al milagro
en medio de una comunicación con el ser trascendental (Dios) en un espacio
definido. Para Benjamin, el capitalismo con el dios capital, universal y usado
todo el tiempo, tiene un culto permanente. Todo el tiempo, sin salida,
requerimos del capital para resolver nuestras necesidades y sin él no somos
nada.

 Es capitalismo en una religión de la culpa. En alemán "culpa" y "deuda" se


dicen con la misma palabra "Schuld" y el español funcionan como sinónimos.
Pagar la deuda se corresponde con la expiación de la culpa. La religiosidad
del capitalismo es mítica. Lo propio del mito es la transmisión de la culpa,
recordemos que en el mito, la culpa heredada, generación tras generación,
vuelve justificable el sufrimiento, esta hace tolerables y admisibles los
padecimientos del hombre ocultando así la injusticia.

Lo específico de la religión capitalista es que la culpa/deuda no se salda nunca. El


objetivo es transformar en deudor/culpable a todos los hombres. El capital se
convierte en un generador global de deuda de personas que pierden así
su autonomía, parece que el crédito domina el mundo y el futuro de los hombres. El
capitalismo es una religión que no incluye la redención, la expiación, la liberación o
el perdón y por tanto la cancelación o condonación de la deuda. Esta imposibilidad
de desendeudamiento y de expiación provoca el agotamiento y la depresión del
sujeto. El gran objetivo neoliberal ha sido siempre la individualización de los riesgos:
si no se tiene éxito, si no se pueden repagar las deudas y te desahucian, la
responsabilidad única es del individuo ocultando de este modo factores
estructurales del sistema que generan injusticias, castas extractivas o desigualdad
de oportunidades a las que el individuo no puede hacer frente.

El capitalismo debe ser entendido como una religión basada enteramente en la fe,
una religión cuyos seguidores, obedeciendo el lema de la lucha emprendida por
Lutero siglos atrás, viven sólo por medio de la fe. Y como, según Benjamin, el
capitalismo es una religión en la que el culto se ha emancipado de todo objeto y la
culpa de todo pecado y, por lo tanto, de toda posible redención, así, desde el punto
de vista de la fe, el capitalismo no tiene objeto: cree en el hecho puro de creer, en
el puro crédito-Culpa, es decir: en el dinero. El capitalismo es, por ello, una religión
en la cual la fe –el crédito– ha sustituido a Dios. En otras palabras, en tanto que la
forma pura del crédito es dinero, es una religión cuyo dios es el dinero.

Esto significa que el banco, que no es más que una máquina de fabricar y manejar
crédito, ha tomado el lugar de la iglesia y, mediante la regulación del crédito,
manipula y administra la fe –la escasa e incierta confianza– que nuestro tiempo
todavía tiene en sí mismo.
Benjamin sugiere que para la derrota de esta religión, más enajenante que las
anteriores, es urgente destruir el mundo moderno, el capitalismo, por medio de la
revolución: cambiar el mundo que es el dolor perpetuo, el origen central del
sentimiento teológico, para luchar contra la necesidad de la religión.