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LA BIBLIA PALABRA HUMANA Y DIVINA

Con la lectura y el estudio de los Libros Sagrados "la palabra de Dios se difunda y
resplandezca" y el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los
corazones de los hombres. Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la
renovación constante del misterio Eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la
vida espiritual de la acrecida veneración de la palabra de Dios que "permanece para
siempre" (Is., 40,8; cf. 1 Pe., 1,23-25)1.
El mundo de la palabra humana2
La biografía del hombre es en el fondo una biografía de la palabra. La palabra autentica
es misterio, porque tiene su fuente en el ser mismo. Los profetas y los poetas – y todo
hombre tiene un poco de profeta y de poeta- son los pastores del ser. Ellos son quienes
conocen las fronteras del ser de donde brota la vida misteriosa de la palabra: “Tú no
aclaras nada, oh poeta, pero a través de ti todas las cosas se hacen comprensibles” (Paul
Claudel); “yo no invento, descubro” (CH. Peguy).
Mediante la palabra el hombre penetra el sentido de las cosas, les da un nombre, las
humaniza, las comunica. La palabra provoca la escucha.
En la biografía de la palabra entran el hablar y el escuchar. A la palabra del otro, el ser
mas profundo del hombre se estremece: “yo duermo, pero mi corazón vigila. ¡Un susurro!
Es mi amado que llama…mi ser se ha sobresaltado al oír su voz” (Ct 5,2-4).
La escucha de la palabra da comienzo a la gran aventura, a la búsqueda del otro (Ct 3,1-
3) que une a todos: “¿Dónde se ha escondido tu amado, para que podamos buscarlo
contigo?” (Ct 6,1).
El hombre es realmente un ser esencialmente visitado y la casa de su hospitalidad es la
palabra. Aquel que sabe custodiar la palabra se convierte en morada, más aún, en icono
de las cosas, los sucesos y las personas que lo visitan, preparándose así para albergar al
Poeta absoluto, Dios
La historia de la Biblia es la Historia de la Palabra de Dios a los hombres: Dios que había
hablado muchas veces ya en los tiempos antiguos y de diversas formas a nuestros padres
por medio de los profetas, últimamente, en nuestros días, nos ha hablado por medio de su
Hijo…” (Hb 1,1-2)
El AT y el NT no hacen otra cosa que descubrirnos el itinerario de la palabra de Dios, la
cual: Crea el mundo (Gn 1), llama a Abraham (Gn 12,1 ss) y a Moisés (Ex 3,7 ss), lleva
a feliz cumplimiento la promesa de la tierra prometida (Jos 1, 1 ss; 21, 43-45), “es dirigida
a los profetas” de Israel (Os 1,1; Jer 1,2), toma rostro humano en Jesús de Nazaret (Jn
1, 1-14), “se difunde, crece, se afirma con fuerza” con la expansión de la Iglesia católica
(Hch 6,7;12,24:19,20), regula el fin de este universo y el comienzo del mundo nuevo (Ap
19,11-16,21,1 ss).
Pero en ningún lugar de la Biblia nos encontramos con la palabra de Dios directamente.
Siempre llega a nosotros por medio de determinados hombres, siempre de una forma
humana y un lenguaje humano; y la narración del diálogo entre Dios y sus interlocutores
privilegiados ha sido enteramente redactada por hombres.

1
DV 26
2
MANNUCCI V., La Biblia como Palabra de Dios, Desclée de Brouwer: Bilbao, 1997, I parte: La
Palabra de Dios.
El antiguo Israel confesaba su estupor por haber “oído la voz de Dios en medio del fuego
y desde lo alto del cielo” (Dt 4, 32-36)
Del breve recuentro de la palabra, emergen tres funciones principales del lenguaje
humano: la primera, en relación con la naturaleza, el mundo, la Historia es la información;
la segunda es relación consigo misma es la expresión; la tercera, en relación a los demás,
es la llamada. Saber distinguir y captar las tres funciones de la palabra en su especificidad,
es decisivo para comprender la palabra de Dios en la Biblia, que a menudo la
empobrecemos, reduciéndola a mera “información”. Dios ha tomado la palabra humana
en la integra totalidad de sus manifestaciones.

FUNCIONES DE
LA PALABRA

INFORMACIÓN EXPRESIÓN LLAMADA

La Palabra amistosa de Dios3


La DV del Concilio Vaticano II habla en estos términos de la Revelación: “en esta
Revelación, el Dios invisible (cfr. Col 1,15; Tm 1,17) habla a los hombres como amigos
(cfr. Ex. 33, 11; Jn 15, 14-15), movidos por su gran amor y trata con ellos (cfr. Ba 3,38),
para invitarlos y admitirlos a la comunión con Él” (DV 2)4.
El Concilio Vaticano II ha recuperado en la Biblia el carácter interpersonal, existencial,
dinámico y comunicativo de la Revelación- Palabra de Dios. Dios nos es solo un Maestro
que enseña, sino que al revelarse Dios habla el lenguaje de la amistad y del amor:
- Dios llama, convoca, interpela a los hombres; los creyentes que escuchan, acogen
y viven la Palabra de Dios, son los “kletoi”, es decir, los llamados; la comunidad
de los creyentes es la Ekklesía, la asamblea de los convocados.
- Dios narra, interpreta al hombre, la existencia y la historia, enseña. Así la Palabra
de Dios juzga, amenaza, promete, consuela, enseña. Pone al descubierto el
misterio del hombre, se hace “autocomprensión” ya que “no solo de pan vive el
hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Dt 8,3). En otros
términos, el hombre se conoce a si mismo y la plenitud de sus ser y de su destino
no a través de lo que él mismo realiza, busca u obtiene por su experiencia, sino
escuchando la Palabra de Dios.

3
Ibidem
4
DV 2: Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad,
mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu
Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible
habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la
comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y
palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la
salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras,
por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca
de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo
mediador y plenitud de toda la revelación.
- Dios se expresa, habla de si mismo, se revela a Sí mismo a los hombres, y les
revela su vida íntima, para invitarlos y admitirlos a la comunión de vida con Él.
No habla a distancia, sino haciéndose presente: lleva el nombre JHWH, es decir,
Él que está ahí, el que está presente, está con, es el Enmanuel, Dios con nosotros.
La aventura milenaria de la Palabra de Dios (cfr. Hb 1, 1-2), a la Tienda en la que
Dios mora (Jn 1,14b) y conversa con la familia humana: la Palabra de Dios se
llama Jesús (Dios salva).

REVELACIÓN

FINALIDAD
OBJETO MODO TRANSMISIÓN
ÚLTIMA

Inspiración divina de la Sagrada Escritura y su interpretación 5


Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura,
se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. la santa Madre Iglesia, según la fe
apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo
Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo,
tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la
redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias
facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos, escribieron, como
verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería.
Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse como
afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan
firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas
letras para nuestra salvación. Así, pues, "toda la Escritura es divinamente inspirada y útil
para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre
de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena" (2 Tim., 3,16-17).
Cómo hay que interpretar la Sagrada Escritura
Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera
humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que Él quiso
comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los
hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los
géneros literarios". Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en
los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios.
Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó
el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según
los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor
sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas

5
DV 11-12
nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo,
como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.
Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que
se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos
diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta
la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar
según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura,
para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo
lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última
instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de
interpretar la palabra de Dios.

CONSECUENCIAS PARA LA LECTURA Y


COMPRESNSIÓN DE LA BIBLIA

IRREDUCIBLE A UNA EL MAGISTERIO AL


PRIMACÍA DE LA LECTURA
FUNCIÓN SERVICIO DE LA
ESCUCHA SAPIENCIAL
INFORMATIVA PALABRA

Recomendación de la Dei Verbum (nº 25)


Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás
que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la palabra,
se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno
de ellos resulte "predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en
su interior", puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en
la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la palabra divina.
De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos […], a
que aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las
divinas Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de
Cristo". Lléguense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto, ya por la Sagrada
Liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por instituciones aptas
para ello, y por otros medios, que con la aprobación o el cuidado de los Pastores de la
Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. Pero no olviden que debe
acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre
Dios y el hombre; porque "a El hablamos cuando oramos, y a El oímos cuando leemos
las palabras divinas.