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Incremento de la producción

Pareciera que, conforme la raza humana se desarrolla, la necesidad de los recursos lo hiciera
también de manera natural: si hay más bebés en el planeta, por supuesto se requerirán más pañales
y biberones. La relación entre las necesidades de las personas y los incrementos en la producción
no es simple “aritmética” como el burdo ejemplo anterior, si esto fuera así la cantidad de recursos
en nuestro planeta se encontraría en otra condición.

Desafortunadamente la ambición humana no tiene límites, llevamos a cabo ciertas prácticas que
nos separan de esa naturalidad en cuanto a la razón de crecimiento poblacional y el incremento de
la producción de bienes y servicios; tal es el caso de la denominada “obsolescencia programada”.

Obsolescencia programada y su impacto en el incremento de la producción


Organizaciones civiles como Green Peace y “IFIXIT” acusan que existen prácticas en algunas
empresas dedicadas al desarrollo, fabricación y comercialización de tecnología que programa la
fatiga de sus equipos con la idea de que éstos sean desechados con más rapidez para que los
usuarios compren uno nuevo, en promedio, cada año.

Aunque esta idea tiene su origen en el siglo pasado, los fabricantes de tecnologías aplicadas a la
comunicación por medio de los llamados smartphones la llevan al extremo. Empresas como Apple,
Samsung, Huawei, LG, entre otras, optan por incluir en las actualizaciones online de los equipos
programas informáticas que ralentizan su desempeño, o simplemente bombardean al usuario con
mercadotecnia, lanzando nuevas versiones y con ellas el mensaje de que ha llegado la hora de
cambiar ese equipo.

Los países de la Unión Europea han sido los primeros en establecer frenar este tipo de prácticas
estableciendo lineamientos en busca de la protección al consumidor, pero también señalando el
riesgo que representa para la sostenibilidad del planeta debido a la contaminación que generan los
equipos desechados y la extracción de minerales como níquel, cobre, cobalto, entre otros muchos
que se utilizan para la fabricación de componentes cada vez más pequeños, rápidos y eficientes para
avanzar en esta carrera tecnológica.
Ahora bien, a partir de la lectura anterior podemos concluir que la proporción entre las necesidades
de los habitantes del planeta y la producción no está adecuadamente balanceada, por ello cada día
más organizaciones civiles y gobiernos progresistas promueven prácticas que además de ser
consideradas como ambientalistas, como el reciclado y reutilización de los productos, y la reducción
en las tasas de consumo; podrían tener un impacto positivo en el desbalance anteriormente citado.

Debemos entender que los recursos, incluso las llamadas energías renovables, cuentan con
limitaciones y para su adecuada utilización requieren componentes y materiales no renovables, por
ejemplo, los paneles solares están fabricados con materiales no renovables, por ello se deben
desarrollar tecnologías que resuelvan problemas como la durabilidad de los componentes y que,
disminuyan el impacto ambiental en su producción.

Distribución de la riqueza
Más de cien años han transcurrido desde que se plasmó en el texto constitucional mexicano, en el
artículo 27, las bases de modelo económico que se pretende seguir en los Estados Unidos
Mexicanos. Su antecesora la Constitución de 1857, no planteaba tan importante principio, hoy en
día su vigencia se fundamente a partir de la tan necesaria observancia de su cumplimiento, para
mayor desarrollo de la economía y, por ende, de los mexicanos.

El planteamiento central de esta idea progresista parte de la idea de que en la nación se tendrá el
derecho de ejercer la propiedad privada, un relevante postulado a partir del cual se establece un
conjunto de disposiciones y regulaciones que implican las relaciones comerciales dentro del
territorio, bajo la tutela y supervisión del Estado mexicano.

Con el fin de alcanzar estos ideales se postulan cuatro ejes fundamentales:

a. Reparto agrario: la promesa de la Revolución Mexicana, motor principal de la Constitución


de 1917, consistía en ofrecer a todos los mexicanos el acceso al trabajo libre de cacicazgos,
convirtió al peón en el propietario del producto de su trabajo en la tierra, promesa
revolucionaria que duró hasta 1992, cuando se da por culminado el proceso de reparto
agrario.
b. La conservación de los recursos naturales, que promueve permitir su ciclo de renovación,
evitar su destrucción y proteger a las zonas donde la diversidad natural crea un ambiente
propicio para el desarrollo de la vida.
c. Calidad de vida urbana: como fenómeno de migración interna, se han realizado
adecuaciones pertinentes para garantizar condiciones propicias para la urbanización. Los
avances son pocos en efectos tangibles, pero la creación del marco legal es fundamental
para que más y mejores acciones tengan lugar.
d. Ante el desarrollo rural, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece
la obligación del Estado de promover las mejores condiciones para el trabajo agrícola,
ganadero y forestal, garantizarle a la población campesina e indígena su participación,
financiamiento y desarrollo, con la promoción de créditos, insumos, servicios y asistencia
técnica para desarrollar este importantísimo sector.
Nuestra Carta Magna considera la distribución de la riqueza no sólo como un componente de
principios legales y normativos, sino que eleva este principio a proyecto de nación. El Estado guarda
la grave responsabilidad de la creación de estrategias para garantizar que este principio se
materialice y que los diferentes sectores y los actores políticos y económicos estén orientados en
esa dirección.

Las diversas modificaciones y ampliaciones que ha tenido el artículo 27 constitucional apuntan a


promover una mejor distribución de la riqueza mediante estrategias modernas, como la
competitividad, el fomento al desarrollo económico y el empleo, entre muchas otras garantías.

Actualmente la distribución de la riqueza enfrenta los más difíciles retos de la vida nacional, como
la desigualdad; un problema basado en las carencias éticas y la ambición de poder y dinero de
algunos gobernantes y políticos que pone en riesgo la frágil sustentabilidad de los grupos
vulnerables, y que por lo mismo afecta las entrañas del sistema político mexicano; junto con la
corrupción afecta esta adecuada distribución, por lo que la alaceración que vive hoy la clase
vulnerable de nuestro país exige que las promesas de la Constitución sean llevadas a cabo de manera
literal.

Responsabilidad y participación social


En cada empresa o nivel de gobierno; municipal, estatal y
federal, incluso en cada hogar de México y en el mundo, día
a día se presentan oportunidades de revertir las deplorables
condiciones en las que se encuentra nuestro entorno
algunas pequeñas decisiones que generan grandes
impactos. Pareto W. define esto como “el 20% de nuestros
esfuerzos determinan el 80% de los resultados”. Lo anterior
quiere decir que las acciones en lo íntimo, las decisiones
personales de cada individuo, sinergizan y detonan grandes
resultados.

Acciones como separar la basura, no utilizar popotes, no consumir en locales donde se entrega el
producto en envases de poliuretano, revisar fugas de agua, entre muchas otras, son las pequeñas
acciones que suman para generar grandes cambios en beneficio de nuestro entorno.

Entonces, si son pequeñas acciones ¿por qué es tan complicado realizarlas?

A esta falta de responsabilidad haremos referencia en el presente apartado.

Responsabilidad

El origen etimológico de la palabra responsabilidad proviene del latín responsum, que significa
“respuesta”, el sufijo –idad nos refiere a “capacidad”, luego entonces, responsabilidad se define
como la capacidad que tenemos de dar respuesta; éticamente la responsabilidad es inherente al ser
humano, que, en su condición racionalista es el único ser capaz de dar respuesta por sus actos.
Ahora bien, evadir la responsabilidad es una actitud relacionada con poner la responsabilidad fuera
de uno mismo. Por tanto, decir “yo no soy responsable” es una forma muy común de depositar en
alguien más o en algo más la responsabilidad que me corresponde. Pero de nuevo, decir “yo no soy
responsable” es análogo a decir “soy irresponsable”, sin embargo, la connotación moral de la
palabra irresponsable es muy grande. Por tanto, para las personas es más cómodo decir “yo no soy
responsable” que decir “soy irresponsable”, aunque semánticamente es lo mismo.

Una vez establecida la reflexión anterior, permíteme usarla para conectar el poderoso significado
de ser responsable con la participación social, donde este enfoque, sólo las personas que asumen
una responsabilidad son capaces de realizar la actividad de participación social, que pues su
condición social es entendida como dar una respuesta ´participativa a las necesidades que
reconocemos debido a nuestro sentido de responsabilidad.

De la misma manera que las personas pueden o no asumir una responsabilidad, pueden hacerlo las
organizaciones. En los últimos años se han establecido procesos de certificación para que las
empresas obtengan reconocimientos, por ejemplo:

 ISO 26000
 SA 8000
 ESR (Empresa Socialmente Responsable)
 GPTW (Gran Lugar Para Trabajar)

Estas certificaciones son un conjunto de procesos y de regulaciones internacionales que promueven


la responsabilidad social medida a partir de parámetros estandarizados, quiere decir que no se dejan
a la interpretación de lo que podría ser sociedad en una región o en otra.

Los estándares que promueven las certificaciones de empresas socialmente responsables se


sistematizan en el esquema de la siguiente página, extraído de la NOM 26000 (Norma Oficial
Mexicana).

Medio Prácticas
ambiente justas de
operación Asuntos de
consumidores
03 04
Prácticas
laborales
02 05

Participación y
Derechos desarrollo de
humanos 01 06
la comunidad
Gobernanza de la organización
Extraído del documento: Conociendo la norma ISO 26000
Bajo esta óptica, la ciencia y la tecnología están fuertemente alineadas a decisiones humanas:
cuando los ejecutivos de una organización deciden que el apego a una certificación como la ISO
26000 es necesaria, todos los sistemas de la empresa se alinean a esa visión como modelo de
negocio. Ahí es donde todo tipo de hechos buenos suceden: se disminuye la “huella ecológica” de
la empresa, los trabajadores son remunerados de manera justa, los consumidores reciben un
producto con valor agregado, etcétera. Los sistemas científicos y tecnológicos se convierten en
soporte para que todo esto y más tenga lugar.

Bibliografía

Aguado Castaño, Lorenzo Ignacio (2018). Ciencia, Tecnología, Sociedad y Valores. México.Grupo
Editorial Mx. Pp 32-39.