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SPLENDOR

epistemología y épica de la
complejidad

Enrique Verástegui
Esta versión revisada se ha preparado bajo la supervisión de Enrique Verástegui a quien
conocí junto a Héctor Hernández Montecinos y Rafael García Godos en su casa de Lima,
en el 2008. Enrique, agradezco tu paciencia, tu atención al proceso de edición y tu cariño.
Igualmente a Manuel de J. Jiménez por aquella visita en 2010.
A tu familia generosa como ángeles.

2.0.1.3.Editorial.

[]
* grafo
grafó

ediciones

Splendor, epistemología y épica de la complejidad. Enrique Fidel Verástegui Peláez.


Compilador: Yaxkin Melchy, Prólogos: Yaxkin Melchy, Alba Delia Fede, Elena Cáceres.

ISBN: 978-607-491-XXXX

Primera edición. México (Ciudad de México, Tijuana, Cuernavaca): 2.0.1.3.Editorial


- Proyecto Literal - Kodama Cartonera - Logógrafo ediciones - La Ratona Cartonera.
Septiembre 2013. Cuidado de la edición: Enrique Verástegui, Yaxkin Melchy, Andrés
González.

Ejemplar número: __________


INTRODUCCIÓN
COSMOGÉNESIS

I. Recorrer del libro

Participo de este libro como un cuidador, como un chasqui que dedica su energía
a que las letras de esta flor sigan con vida, leyendo y fluyendo, heredándose en
el código genético que se llama hoy literatura. El cual al fin de cuentas podrá ser
llamado en otro momento genética o cromosomas, y por ello este libro me hace
pensar sobre la necesidad de pasar la vuelta de hoja a la literatura. Los límites de
la poesía están en la expansión del universo, en lo inmanente del campo de humus
donde se configura la vida y de donde brotan las palabras. El desplazamiento
de una letra hacia la siguiente en el alfabeto implica ya el infinito. Estos años
2010,2011,2012 me entregué a la labor de digitalizar y transcribir Splendor con
paciencia y cariño; a recorrer ese universo viviente como una gota de agua, en
sí fue la apertura a la visión de nuevas especies, de nuevos órganos y de nuevas
funciones del lenguaje. Así he leído y trabajado con Splendor, con la tarea no sólo
de reproducir sino de adentrarme en un libro de descubrimientos. Entusiasmado
por los poemas a Giordano Bruno, Leonardo Da Vinci, Isaac Newton y por la
historia del Perú me dediqué a recopilar los cinco libros de la Ética que Enrique
rebautizó como Splendor (escrito entre 1972-1994), y organizado de la siguiente
manera: Monte de Goce, Taki Onqoy, Angelus Novus I y II, y Albus.

Sobre la edición de Splendor pienso que su publicación se consolidará con el


renacimiento actual de las editoriales alternativas y con la poesía escrita por
jóvenes entregados al mundo digital de la escritura, este es un libro que mutó
aceleradamente en técnicas de escritura y es ahí donde siento la llama viva de
Splendor. Supongo que éste es un sueño de una odisea contínua, verbal y rítmica
que irá mutando conforme las décadas y los siglos pasen. Hay un tipo de escritura
frente a la cual uno se siente cuestionado si cruzar o no el umbral de fuego. Libros
que no nos dejarán cruzar sin renacer. Éste es ese tipo de dispositivo, carbón
continente del tiempo acumulado que arderá extraordinariamente en los ojos del
lector. El lector, Enrique, es el esplendor y el resplandor de tu libro reunidos,
las palabras que se superponen como palimpsestos de varias vidas: aquello que
resplandece, brilla, parpadea, los máximos y mínimos estarán en él, un diamante
plural.

5
II. Concierto de flores.

Al igual que Van Gogh, el suicidado por la sociedad, Enrique Verástegui se


entrega con amor y sabiduría en estas flores, porque ese es el afecto del que cultiva
al escribir y es por este desborde de la literatura que digo que Splendor es una
mente que descansa en el cor, pero un corazón que se ejercita mentalmente. Se
trata de una cosmogénesis en sentido vital, creativa, un recorte producido por la
singularidad en que ciencia y arte son sueños que emanan de un manantial de
facultades sensitivas y perceptivas. Hablo de las potencialidades del mundo a
través de la escritura, esto es percepción de un mundo que adviene a los nodos
de sentidos nuevos que se abren como posibilidades de un lenguaje traspasado.
Un lenguaje en que primeramente aparecen formas de la música, programación,
diagramas, cine, pero que luego devienen un único y vivo corpus, singularidad
de biologías, de astros y de teoremas. En Monte de Goce ya las energías pululan
desatándose los cordones de los zapatos; energías liberadas de sexualidad y de
identidad. Escrituras excitadas por un mundo de flujos táctiles—sexuales olfatorios
o papilares. Orgasmos como insectos que pueblan jardines. Brotes que generan
órganos de recepción hacia el aroma, hacia la textura. En Angelus Novus se refunda
la energía del cuerpo en órganos que son como pistilos de flores y espiritrompas de
mariposas, belleza reflorecida que no recae en el romanticismo sino en la apertura
de la flor mística, aquella nueva rosa que es la mente, el despliegue del cerebro, la
apertura del yo como un tercer ojo. Un sentido del éxtasis.

Enrique Verástegui se aventura como uno de los primeros poetas en castellano


que muta la lengua literaria, del libro al ciberespacio, al hipervínculo. Su apuesta
no es sólo primordial sino visionaria para las escrituras actuales en hipertexto y
en multimedia. Splendor enlaza múltiples fuentes de información de la historia,
la religión, la astronomía, la poesía y el new age a partir de la reescritura del
que vuelve a escribir en minúsculas los nombres propios y con la lógica de un
programador que enlaza los mundos, trazando algunos circuitos paralelos,
espiralados o confrontados. Enrique Verástegui es para las letras de América un
valor comparable a Guamán Poma, César Vallejo o Gamaliel Churata, porque
mantiene desde su escritura, y más aun desde su vida, un proyecto de revolución,
de intensificamiento de la vida como Cristo, Apolonio de Tiana o Swedenborg, no
limitándose a un país o a un continente literario sino arrojándose al universo del
lenguaje, ese último reino donde Shamballah tiene lugar. Splendor parte desde lo
intrincado de la historia humana desenvolviéndola como un textil de preguntas
hacia el futuro. El futuro para Verástegui es inseparable de la pregunta sobre nuestra
participación en una conciencia planetaria y cósmica, pero la respuesta que demos
no puede sólo especularse, sino que todas sus implicaciones son necesarias de ser
trabajadas, y por ello este trabajo consiste en desarrollar el espíritu, la mente y el

6
cuerpo. Este reencuentro en Splendor puede verse como del Ingeniero con Ishtar y
en ello estriba una grandeza poética.
Splendor inaugura la edad en que la belleza triunfará científicamente y la ciencia
éticamente, una edad no idílica sino de lucha por el poético habitar y el poético
pensamiento, y ya sea en las universidades o en el hogar se dará la activación
del mundo poético, una nueva entrada al sujeto radical y libre de la identidad y
de las ataduras a las categorías referentes del orden maquínico del capitalismo.
Éste es el sujeto del siglo cuyo torno va haciendo del trabajo el poema y de la
escritura el poema de sí. Un Leonardo reiventándose, un Leonardo divino en
el gerundio, porque así es que se vive la genialidad, sin vitrinas y sin museos,
un Leonardo programándose en cada una de las líneas de una computadora en
donde las palabras que se repiten crean algoritmos, porque hay circulación en
un sistema vivo como el lenguaje. Vida y poesía son las páginas pobladas de
buses y trenes del Angelus Novus en donde Enrique siembra, anuncia y encarna la
mutación, el rizoma brotando por acá y allá. Atravesamientos de China y de París.
Un niño que viaja como un Marco Polo por la ruta del libro que florece como un
Monte de Goce. Splendor pregona por la liberación ante las tiranías culturales,
literarias, artísticas, históricas. Splendor nace con la ética de la liberación, de
hacer la revolución del amor frente al fascismo de los cuerpos sociales e íntimos.
Conforme avanza sigue y sigue mutando poblándose de personajes, de jóvenes
que agencian voces científicas y revolucionarias, jóvenes espiritualidades que
encarnan antigüedades recién naciendo en el libro de Taki Onqoy y que maquinan
técnicas de meditación para la lucha. Esta lucha de combate por el presente se
alía con el anuncio del Angelus y con el advenimiento del concierto espiritual, ese
furor por el renacimiento cotidiano lo vemos en Leonardo, guía de Sophía, que
traza toda una nueva organización en los surcos del libro Albus. Cosmogénesis
es todo Splendor, un libro que nos alienta a la incursión de nuevas eras. Atreverse
es entrever las nuevas revoluciones, informáticas, poéticas, sociales, y ninguna
separada por la otra, ninguna inmesurable. Splendor es parte de un ser bicéfalo
cuya otra cabeza son los libros de ensayo como El Motor del Deseo porque su
habla es ya de un arte que brota de la vida pero que vuelve a ella, Splendor es pues
la llegada al Presente, el baile del recibimiento, la iniciación que es genética, la
cromosómica posibilidad del tercer ojo. Splendor restituye de la antigüedad sus
resplandores y sus halos, del presente el cenit del amor y la revolución, y del futuro
la trascendencia cósmica y matemática. Splendor se puede leer como celebración
de la precesión de los equinoccios o la revolución de lo cotidiano. En este libro
vive la memoria para no olvidar las reconfiguraciones del cielo sobre nosotros, de
épocas que brotan como ésta la del SPLENDOR, rizoma de genes—nudos—ojos
por los cuales el libro—el lirio—el iris brota en la primavera.

Splendor se escribe superando a Dante, Lucrecio, Li Po, Su Sum Po, Omar

7
Khayam, Manes. Como motor del goce que es Splendor contiene en él una
educación prohibida de la literatura. La visualización del niño científico—artístico
que desplaza al hombre de letras. Una visión del niño como un Leonardo, un
Giordano Bruno, un Juan Chocné, como un Ángel de la anunciación. Splendor
es ética en la escritura; ni la academia, ni la poesía, ni la cultura son sus fines,
sino puntos de inicio para buscar la vida en el universo, para reencontrarse con el
mundo y reencantarlo con la apertura primordial: el conocimiento es el don del
niño, el devenir de la vida, la alquimia de las estrellas.

Yaxkin Melchy
Ciudad de México.
Diciembre del 2012.

8
ALBUS: ARROJANDO LA ESCALERA

En Albus, Enrique Verástegui crea el universo. Nos presenta una cosmogonía


poético/matemática, que a modo de un fractal1 permite innumerable lecturas y se
excede a si misma. Parte oráculo parte código secreto, reglas de vida, filosofía,
enunciados matemáticos y poesía, es una obra literaria de deslumbrante originalidad.
Verástegui no dice sino genialmente muestra el tema central de su libro: la felicidad
y perfección obtenidos a través de la búsqueda del conocimiento.

El poeta observa que “lo mismo en cada letra, que en cada número, se encuentra el
contenido ultimo de las cosas que hacemos en el universo” y nos invita a remitirnos
a los números para “encontrar el sentido de nuestro destino en el mundo”. Nos
presenta un método aparentemente aleatorio pero realmente regido por el número
28 para consultar el oráculo Albus2. Los cuatro textos que conforman Albus,
Yachay Hanay (YH), Sabiduría (S), Método de la conciencia debida (MCD), y
Epistrophee (E), pueden leerse independientemente pero el ejercicio lúdico de
lanzar monedas y crear claves claves funciona como una cámara de aire que nos
aisla y prepara para abandonar la experiencia común. Nos fuerza a dejar atrás el
determinismo y confrontarnos con la naturaleza probabilística del universo. El
ritual de lanzar 10x10=100 veces dos monedas mezcladas en el cuenco de las
manos y con estos resultados consultar el Albus pareciera una receta concreta en
la tradición de grandes libros como el I Ching. Pero Verástegui nos lleva más allá;
“Para que el consultor goce la ambrosía matemática debe elevar a 100 el número
100.” Nos remite a 100100 , un número más grande que la cantidad de átomos en
todas las galaxias del universo3. Un número cuya magnitud inevitablemente nos
lleva a pensar en Georg Cantor y mapeos uno—a—uno. Verástegui nos entrega
la libertad de volar sin ataduras mecánicas en un infinito numerable.

La idea de “simplicidad” o “belleza” como criterio de verdad en las ciencias


tiene una larga historia. Desde Pitágoras – que propuso que el movimiento de los
cuerpos celestas se rige por proporciones numéricas armoniosas que describen una
1. Un fractal es un conjunto matemático cuya dimensión Hausdorff—Besicovitch es mayor que su
dimensión topológica. Las características principales de un fractal son que exhibe estructura a cual-
quier escala (generalmente autosimilar) . Como funciones matemáticas son no—diferenciables en todo
punto y por lo tanto no pueden ser medidos en maneras tradicionales.
2. El numero 28 representa el ciclo de la luna, el numero de letras del idioma castellano, el ciclo mens-
trual humano. Es también el único número perfecto de dos dígitos. En teoría de números un numero
perfecto es un entero positivo que es igual a la suma de sus divisores excluyendo a si mismo. El primer
numero perfecto es 6=3+2+1, el siguiente es 28=14+7+4+2+1, seguido por 496, 8128, etc.
3. El número de átomos en el universo observable se estima es 1080.

9
forma de música celeste – hasta Poincaré, Dirac, Feynman, Weinberg, abundan
las reflexiones de científicos sobre el papel de la belleza en una teoría científica.
El matemático Herman Weyl resume la importancia del concepto de belleza en el
quehacer científico: “En mi trabajo trato de unir lo verdadero con lo bello pero si
tengo que escoger lo uno o lo otro, generalmente escojo lo bello”4. La idea de la
belleza de una teoría sobrevive hoy en física de partículas, economía, biología,
etc. Sin embargo cuando un físico declara una teoría o una ecuación “bella” no
significa lo mismo que cuando se dice que un cuadro o una pieza musical es bella.
El concepto de belleza utilizado en la ciencia no es solo el de placer estético,
conlleva también un elemento utilitario: el científico juzga intuitivamente si la
teoría o ecuación va a servir su propósito de explicar la naturaleza. La complejidad
y/o aparente desorden no son obstáculos para que una teoría sea bella. Es mas,
pueden considerarse un tipo más alto de belleza porque reflejan la complejidad del
sistema que se quiere explicar5. En esta tradición, la belleza de Albus no es para
ser absorbida o contemplada pasivamente, Albus más que un texto para ser leído
es un texto para ser vivido. Verástegui, revolucionario siempre, nos llama una y
otra vez a la acción infatigable, al trabajo constante, a la búsqueda activa de la
perfección a través del conocimiento universal, a la belleza.

En (YH), que es “una escuela de guerra contra la fatuidad contemporánea”, el


poeta conjura imágenes de armonía, bondad, y belleza como antídoto al caos y el
absurdo,
5. … Un alma se produce allí
donde se desecha el caos.
Pero (YH) nos advierte que la perfección no se logra en pasividad,
56. El pensar sin lenguaje no es la acción. Decir que la acción elimina al
lenguaje es proponer que el lenguaje se da sin acción, y que la acción
opera sin sentidos: decir esto es fascismo, y significa exterminio.
En cambio, es antifascista concebir al lenguaje como acción.
Concebir que no hay lenguaje sin acción.
Concebir que no hay acción sin lenguaje.
La acción es el lenguaje del pensamiento.

58. Entonces, no hay pensar que no sea practica.
Acción guiada por (YH) es perfección y belleza que trascienden al
individuo,
49…Emprender la lucha contra la nausea es asumir el mas alto grado de
conciencia.
4. Obituario por Freeman J. Dyson en la revista Nature, Marzo, 1956.
5. Steven Weinberg, “El sueño de una teoría Final: La búsqueda de las Leyes Fundamentales de la
Naturaleza”.

10
Asumir la más alta conciencia es proponerse una sociedad superior.

Para alcanzar la sabiduría, el poeta nos llama a seguir el ejemplo del sacerdote,
“aquel para quien no hay horizonte”. El sacerdote es pues, como el universo,
infinito. Más allá del universo no existe ni tiempo ni espacio. Más allá del universo
no existe más allá. Arte y ciencia nos sacan de nuestra realidad cotidiana y nos
muestran estos conceptos eternos. Verástegui plantea un ser/cosmos/sacerdote que
se nutre de conocimiento y trabajo,

8 Aquel que no se acuesta cuando es tiempo de acostarse, que aunque
viejo y achacoso esta poseído por la laboriosidad, cuya voluntad y
reflexiones son enérgicos, aquel hombre ha sido siempre joven y está en
el mundo de la sabiduría.
2 Como una rosa extraída de su rama y arrojada sobre una mesa extraña,
así se marchita nuestra mente cuando no se practica la doctrina.
Pero sabiduría requiere también pureza. Y bondad. Y alegría.
11 A aquel que no sigue los deseos del mundo, que esta enfermo y
sumido en el olvido, que permanece en las bibliotecas, yo, ciertamente,
lo ordeno sacerdote.
14 ... alegre es realizar actos sagrados.

La riqueza de Albus, su poder, radica en mi opinión en su naturaleza fractal:


no importa cuanto nos alejemos o acerquemos a el siempre encontraremos
estructura no trivial. Esta complejidad permite infinitas lecturas. Por ejemplo,
ya que el conocimiento científico transmuta tinieblas en belleza, ¿es la ciencia
el corazón secreto del cual habla Verástegui en (MCD)? , ¿Es la tecnología el
corazón revelado? , ¿Son las bodas alquímicas la unión de teoría y experimento
imprescindible para avanzar el conocimiento científico? Guiados por unos cuantos
principios, el lector/adepto/estudiante encontrara un universo de posibilidades.
Uno de los conceptos guía es la idea de dualidad enunciada al final de (E), el texto
más religioso de Albus,

306 Adentro el lo que esta afuera
307 Arriba es lo que esta abajo
308 Izquierda es lo que esta a la derecha
309 Derecha es lo que esta a la izquierda

Uso el concepto de dualidad en el sentido matemático no en su acepción cotidiana


que alude a la existencia de dos cosas diferentes. Matemáticamente, dualidad
es una relación de involución uno—a—uno que traduce conceptos y estructura
matemáticas en otros conceptos y estructuras matemáticas. Es decir, se define al

11
interior de una familia F de objetos matemáticos de tal manera que a todo X de F
se le asocia otro objeto Y de F. Se dice entonces que Y es el dual de X y X es el
dual de Y. La existencia de X define también la existencia de su dual Y y por lo
tanto X y Y no son pues dos objetos diferentes sino diferentes realizaciones de un
mismo concepto, son uno. Una característica importante es que ambos lados de la
dualidad son igualmente fundamentales. Por ejemplo, en el mundo real la relación
entre un hombre y su sombra, aunque manifestaciones de un solo fenómeno, no es
una relación de dualidad pues la existencia de la sombra es claramente subordinada
a la existencia del hombre, la sombra solo se mueve cuando el hombre se mueve.
Para que exista una dualidad hombre/sombra ambos deben ser igualmente
fundamentales: el movimiento de la sombra mueve al hombre.

Verástegui nos entrega un espejo con el que el Lector, convertido ahora en Ángel
Lector puede remitirse al texto nuevamente y hacerlo suyo. Siendo Verástegui
un escritor visionario podría estar entregándonos el germen de un proyecto de
arte colectivo por internet. La estructura de (E) es fácilmente adaptable a una
plataforma donde el lector escribe sus propias creencias morales/religiosas, en la
tradición del clásico äda’web, y la “obra” termina siendo una amalgama aleatoria,
infinita y siempre diferente de las contribuciones de los lectores.

Esta dualidad también funciona como línea melódica uniendo las 4 primeras
partes de Albus y la ultima, (7TAM). En esta parte final, que se presenta como
un anexo pero que en mi opinión ilumina todo el texto, los números presentan
más de una interpretación. Por ejemplo el numero 249 en base 10 es el número
que viene después de 248 y aceptando el símbolo “+” como la suma y el símbolo
“=” como igualdad escribimos la conocida expresión 249=248+1. Sin embargo
para Verástegui “249” es también una forma de representar el numero obtenido al
sumar los dos primeros dígitos de 249 y así escribe 69—249=0.
En matemáticas, uno definiría una operación, llamémosla SD, que sume los dígitos
de un número entero dado entonces SD(249) = 15. Esta operación SD define una
relación de equivalencia (reflexiva, transitiva y simétrica) y tenemos SD(69) ~
SD(249). Pero Verástegui no usa estas reglas pues, como Aristóteles, el escribe
“matemáticamente fuera de las matemáticas”6.

En el Teorema de la substracción de conjuntos, enunciados como “40 rosas


que destinamos a otros fines y que son el conjunto vacío”7 son eminentemente
poéticos y de una belleza innegable. No siguen la prosaica definición matemática
de conjunto vacío sino parecen apuntar a un concepto ontológico. Es claro que
Verástegui opera con nuevas reglas. No tiene sentido preguntarse si los enunciados
6. Frase de Leibniz referida en el epígrafe de Albus
7. En teoría de conjuntos, conjunto vacío { } es el conjunto que no contiene ningún elemento.

12
son correctos; los teoremas son una expresión místico/poética que usa lenguaje
matemático para construir su propio edificio. Albus demanda, como todo trabajo
intelectual serio, una lectura activa, una imaginación especial, una clase especial
de paciencia, una fortaleza para sobrevivir hasta el amanecer la proverbial pelea
de un hombre con un Ángel. El lector no puede referirse a conceptos establecidos
y debe descubrir por si mismo las reglas del juego, el código secreto. En esta
búsqueda es inservible conocimiento matemático previo, se empieza a tabla rasa.
Verástegui escribe realmente “para el físico y para el carretillero”8.

Abandonada la confianza en los signos, Verástegui lleva al lector, con un pie en


el abismo, por el límite del lenguaje, por el terreno de lo que no se deja decir. Al
igual que Wittgenstein, las proposiciones de Verástegui esclarecen porque quien
las atraviesa, quien arroja la escalera después de haber subido por ellas, las supera
y mira entonces correctamente el mundo.

Elena Cáceres

Ph.D. University of Texas at Austin, USA


Profesora Investigadora
Facultad de Ciencias, Universidad de Colima, Mexico
Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias

8. “Entrevista a Enrique Verástegui” en Peru21, 2007—03—28. http://bit.ly/Ua8kIi

13
NOTAS SOBRE ALGUNAS PÁGINAS DE SPLENDOR

1. El proyecto total

(…) la poesía sigue siendo la mejor posibilidad de operar un encuentro que na-
die describió mejor que Lautréamont y que puede hacer del hombre el laborato-
rio central de donde alguna vez saldrá lo definitivamente humano, a menos que
antes no nos hayamos ido todos al quinto carajo.

Julio Cortázar

¿Y cuál es, nuevamente, la función de un joven poeta y no otro sino éste que
posee la conciencia del progreso del arte de su país?

Enrique Verástegui

Aceptada la noción de literatura como lenguaje que reescribe el resto de los


discursos sociales de una época, no dudamos en afirmar que esta obra que estás
a punto de navegar, lector , fue escrita y archivada en el siglo XX a punta de
máquina de escribir , para otro siglo que ve transformado el paradigma cultural de
Occidente, y con él las formas tradicionales de leer. “¿qué le regalaré a mi pueblo?
le regalaré la posibilidad de ser, la posibilidad de su virtualidad, la posibilidad de
su futuro, a través de la literatura. Una literatura pensada para un futuro lejano,
si quieres, o cercano, pero siempre para su futuro cuando las cosas mejoren en mi
país.”9
Con esto quiero decir que Splendor, el libro de la sabiduría Epistemología y
Épica de la Complejidad te prefiguró visionariamente y, llegado al fin su momento
de ver nuevamente la luz10, reconoce en tu calidad de ciudadano de la era digital la
condición óptima para cumplir su misión: iluminar. Porque en tu necesidad –que
es posibilidad— de saber para comprender podrás experimentar la relatividad del
universo del que tú eres el centro. En este tiempo en que la mentalidad capitalista
ya no esconde las contradicciones que amenazan los valores de la igualdad y la
libertad, eres –en el sentido de una práctica social— el responsable de dar sentido
a tu instante , de encontrar TU verdad y por lo tanto, el hacedor del Tiempo, que
no es otro que TU tiempo.

9. Correspondencia con Enrique Verástegui.


10. La obra llevó en su primera edición como título el de Ética y comprendía los libros I Monte de goce,
II Taki Onqoy y III Angelus novus (I y II).

15
En esta obra confluyen una concepción renacentista de la cultura , un desarrollo
teórico moderno y una textualidad que fagocita y asimila –en el más prístino
sentido de la vanguardia antropofágica— la posmodernidad .

Como un hombre del Renacimiento, Verástegui ubica en el centro de su lenguaje


al hombre y lo piensa atravesado por la ciencia y el arte, abarcado en el espacio
de disciplinas diversas como la filosofía, la lingüística, la matemática, la ética,
la religión. Él mismo se construye —desde una obra, además, fuertemente
autorreferencial— como un hombre “total” que no quiere ser encasillado en la
palabra “poeta”.
Su desarrollo teórico es moderno, en primer lugar, porque se trata en Splendor
de varios libros que conforman un único proyecto ( y entonces es lícito que leas
como si se tratase de un único libro) en función del cual sigue un orden tradicional
—sucesivo y progresivo— de lectura. También lo es porque es actual y –tal como
señalaba Habermas11 —sigue conservando un vínculo secreto con lo clásico como
modelo perdurable, consciente de haber superado sus lazos con el pasado (o al
menos consciente de las rupturas cuando formula sus interrogantes). Hay , además,
un sesgo moderno — en el sentido de una idea progresista de la historia— en la
confianza , primero, en una dialéctica del pensamiento que posibilita la superación
en la práctica del lenguaje, y luego en el compromiso del hombre con principios
morales y éticos (tales como la fidelidad). Es moderna , asimismo, la mentalidad
que en Splendor busca la unidad en leyes universales que constituyen y explican
la realidad. Es moderna, finalmente, porque toda utopía lo es.

De impronta posmoderna es la escritura (ver sobre todo Monte de goce y


Albus) que se aventura en transcribir destruyendo géneros y formas de leer, en
una concepción de la literatura como laboratorio en el que el protagonista es
simplemente el lenguaje “sometido a un gran campo de exploraciones técnicas”
y vuelto así potencial esqueleto y partitura de futuras, sucesivas —e infinitas—
variaciones . En esa escritura, además, las metáforas y las comparaciones
irrumpen concatenando imágenes que estallan como los fragmentos yuxtapuestos
de un espejo .

No ha faltado quien comparara a Verástegui con el Dante; él mismo califica


Splendor como un camino de redención y purificación hacia la felicidad análogo
al que se lee en La Divina Comedia (aunque en Splendor se trata de una aventura
terrenal que termina en el límite con el mundo de los muertos).
Cada una de esas “estaciones” que ese viaje recorre es parte del diálogo con el
11. Jürgen Habermas, “La modernidad un proyecto incompleto”, en H. Foster et al., La posmoderni-
dad, Barcelona, Kairós, 1985, p. 20.

16
resto de los discursos sociales y la forma en que su autor entendió el compromiso
intelectual con su país y su continente, una rueda que echó a andar en 1971 su
primer libro En los extramuros del mundo de la mano del editor Carlos Milla
Batres, quien reconoció de inmediato la estatura del poeta12. — El público confirmó
las intuiciones de Batres y acogió celebradamente a este joven que venía a Lima
desde el interior (Cañete), que representaba en sí mismo la pluralidad de pueblos
que conforman El Perú (los originales y los injertados) y había logrado ingresar a
la Universidad de San Marcos.
En ese contexto de efervescencia universitaria y militancia poética Verástegui
roza los destinos fundacionales de Hora Zero y se coloca en un lugar privilegiado
de las letras peruanas junto a nombres como los de Vallejo. Sin embargo, con
el espaldarazo de la antología que publica en 1974 Julio Ortega13 y la Beca
Guggenheim (1976) Verástegui va a tomar un rumbo propio –Nueva York, París,
Barcelona— en pos del poema integral, al que dedicará horas primero europeas
y más tarde peruanas entre 1977 y 1985. Ricardo Fidel Huamán Zúñiga cree
reconocer en esta búsqueda absoluta la influencia del imaginismo de T.S. Eliot y
la descendencia beatnick de Ezra Pound : “Desmesurada, con vocación totalista,
esta línea cultivó el poema río integral, que reprodujese al modo de los vasos
comunicantes la complejidad de la realidad en varios niveles: personal, histórica,
ideológica, mental, poética, corporal, etc.”14
En síntesis, querido lector, ya en su juventud Enrique Verástegui logra
consagrarse como poeta y pasa a ser uno de los autores peruanos que representa
un hito importantísimo en el grupo de escritores que conforman la que Alfredo
Bosi denomina la parábola de las vanguardias latinoamericanas15.

2. Catábasis, anábasis y ascención

El propio Julio Ortega calificaba la otrora titulada Ética como un “paradigma


del arte contra la crisis” (así como el mismo Verástegui cree que en el ámbito
de la moral, no se ha escrito nada superior). Ética fue editada en 1995 , aunque
es muy difícil precisar fechas en una obra que cuenta con metatextos escritos y

12. El libro fue recientemente reeditado: Enrique Verástegui, En los extramuros del mundo, cuarta
edición, corregida y aumentada, Lima, Grupo Editorial Caja Negra, 2012.
13. Julio Ortega (comp.), Palabra de escándalo, Barcelona, Tusquets editor, 1974.. Textos en el aire
1973—1974, 456 pp. Textos de Héctor Manjarrez, Enrique Verástegui, Eduardo Mitre, Enrique Vila—
Matas, Saúl Yurkievich, Cirstina Peri, Ida Vitale, Mario Vargas Llosa, Roberto Juarroz, Julio Cortá-
zar.
14. Ricardo Fidel Huamán Zúñiga, “Recetas para escribir poesía: el toque peruano”, rev. Poesía digi-
tal, Año 5, disponible en : http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=documento&id=55
15. Jorge Schwartz, Las vanguardias latinoamericanas. Textos programáticos y críticos, Madrid, Cá-
tedra, 1991.

17
reescritos por su autor16, un poeta de los 60/70 sometido epocalmente a la artesanal
Wikipedia y a la crítica en formato web.
La obra constaba de los tres primeros libros: Monte de goce, Taki Onqoy y
Angelus Novus I y II. Cabe señalar que el orden de los libros contempla la idea de
una aventura (un viaje exploratorio hacia lo que vendrá) que supone —a grandes
rasgos— un descenso al mundo del pecado y una posterior redención a través
del mundo concreto de la historia/Historia del Perú , para terminar poetizando en
torno al amor, la pasión y la vida matrimonial. Sin embargo, las series de Angelus
novus precedieron al resto de los libros, además de que en la presente edición se
añade Albus, libro que ahonda tanto el discurso de la matemática como el registro
didáctico de los libros sapienciales.
Es necesario insistir en que toda la obra debe leerse en unidad; sólo así se
puede entender lo que dice una única voz, que va asumiendo distintos rostros (San
Juan de la Cruz, Juan Chocné, un amante, Giordano Bruno, el Ángel Enrique)
en búsqueda de su identidad –de su instante— , de su felicidad; que evoluciona
hacia lo divino partiendo de lo más humano en tanto animal de instintos. Esa
voz no esconde, por ejemplo en Monte de goce – que es necesario habilitar una
lectura alegórica –o al menos analógica— que tenga siempre presente que cuerpo
y escritura son caras de un mismo signo (geno y feno texto en Julia Kristeva17).
No es casual que el epígrafe que encabeza Monte de goce pertenezca a
Wittgenstein , un filósofo que contrapone a la filosofía dogmática y metafísica una
filosofía positiva concebida como actividad que se practica sólo en el lenguaje:

“Lo ético no se puede enseñar. Si pudiera explicarle a otro la esencia de lo


ético mediante una teoría, lo ético no tendría absolutamente ningún valor. Al
final de mi conferencia sobre ética hablé en primera persona, creo que esto es
algo esencial. Aquí nada más puede ser constatado; sólo puedo aparecer como
una personalidad y hablar en primera persona”. (cf. Wittgenstein: En torno a
la ética y el valor)

Con su propia concepción del lenguaje Wittgenstein contribuyó por un lado


a producir el giro lingüístico y, por otro, el giro de los significados puros a las
situaciones concretas y vitales. Además, “Wittgenstein clausura una modalidad de
práctica teórica que durante siglos determinó la modalidad – categórica agrego
yo— del pensamiento occidental, y al mismo tiempo prepara el camino para un
nuevo ejercicio teórico que podemos llamar “posfilosófico” y que se consumará de
modo eminente en los trabajos de Michel Foucault.”18
16. E. Verástegui, Taki Onqoy, “Postfacio del 23 de septiembre de 1992”, pág. 355 en esta edición.
También en este sentido sus entradas a su Diario personal.
17 Julia Kristeva, La révolution du langage poétique. L´avant—garde à la fin du XIX siècle : Laitréa-
mont et Mallarmé, Paris, Éditions du Seuil, 1974, page 83.
18 Esther Díaz, Posmodernidad. Buenos Aires, Biblos, 2000, pág. 115.

18
Wittgenstein inspira la forma el ethos verasteguiano , que no es otro que una
conciencia estética que inaugura una nueva época ,frente a otra que se considera
ya agotada y cuyas fronteras se pretende traspasar.

“(…) el asunto es que yo no escriba por escribir sino que interprete las
necesidades futuras de mi pueblo —que son necesidades intelectuales— que
así lo entiende desde el principio porque de otra forma no se entiende que me
hayan celebrado tan joven y que me continúen celebrando. Por otro lado, yo
no he preferido como algunos exiliarme en España sino que he permanecido en
Perú precisamente para construir mi país a imagen de lo que implica desarrollo
en el mundo”19.

Regresando al paralelismo entre escritura y cuerpo y con palabras de Monte de


goce : sodomizar es la forma que en los cuerpos toma la destrucción de los “límites
del lenguaje” de los que hemos venido hablando cuando nos referimos a la forma
en que EV piensa la tradición literaria en su país. El lector podrá explorar , por
otra parte, las listas bibliográficas con las que concluyen muchos de los textos
de este libro y que formulan relaciones intertextuales que , además de aportar
lecturas sobre el erotismo discuten en sí mismas el problema del canon literario ,
la vigencia de los clásicos ,y abren el juego a otros lenguajes, como el cine:

PRIMERA PROPUESTA BIBLIOGRÁFICA


Marcha Fúnebre de una Marionette, José María Eguren.
Montaje 1938, Sergio M. Eisenstein.
El montaje de atracciones, Sergio M. Eisenstein.
Ensayos sobre la significación en el cine, Christian Metz.
Jean—Luc Godard, Jean—Luc Godard.
El cuerpo del amor, Norman O. Brown

3. Reconocimiento del terreno : Taki Onqoy

hemos hecho la promesa de las flores de nuestra vida que en el


camino brota
para negar el yelmo, el arcabuz, la horca

E. Verástegui, Taki Onqoy, “Rituales y técnicas de meditación”

De todos los libros de Splendor éste es el que más acerca a Verástegui a la tradición
indigenista peruana, presente en su mayor parte en la narrativa. La mayoría de las
19 Correspondencia con Enrique Verástegui

19
propuestas indigenistas se correspondieron con un movimiento en búsqueda de la
auténtica identidad nacional, definida como nacionalidad andina .

“El indigenismo es para nosotros un movimiento que busca expresar la


auténtica identidad nacional, la andina y que representa el anhelo larvario ,
todavía impreciso, para redefinir el Perú total, como un estado multinacional,
en que las diversas etnias o nacionalidades que lo pueblan puedan encontrar
su auténtica liberación y hallar su verdadera identidad.”20

Esta búsqueda de identidad y liberación está presente en muchos de las rebeliones


indígenas y criollas en el Perú de los siglos XVIII y XIX. El movimiento Taki
Onqoy no fue una excepción. Tuvieron con frecuencia un carácter antifiscal –desde
el punto de vista económico—, pero sobre todo milenario (buscaban profundos
cambios inspirados en la organización andina) e incluso hasta mesiánico y
ritual: entendida la conquista como un Pachacuti, un juicio final, un cataclismo
encabezado por seres de un poder superior al humano , recurrían a la genealogía
incaica con la finalidad de restaurar el poder político; el tema central es la figura de
un Principio Unitario que restauraría el orden destruido por la Conquista española.
Esta misma idea se halla presente en “Esquema de la evolución económica”, uno
de los textos que compone José Carlos Mariátegui (1894—1930) en sus Siete
ensayos de interpretación de la realidad peruana.21
Retomando aquella unidad deliberada de la que hablábamos unas líneas atrás,
podemos decir que esa voz que en el primer libro de Splendor perfilaba su lugar
en la tradición cultural haciendo estallar los límites del lenguaje salta ahora a la
Historia y ensaya allí su estética, esto es, su ética. “y toda ética mueve la historia
como la estética al cuerpo”22. Se sitúa en la convicción de este movimiento rebelde
y místico que reconoce en el español al invasor, y que espera –ensimismado— el
momento de restaurar el Tahuantisuyo y su universo político, económico, cultural.
Va del pasado al presente para luego regresar, y pasa revista a mártires y cronistas
sin olvidar al negro, al inti, al inti mestizo, denunciando no sólo la voracidad del
blanco, sino también la eterna discriminación interna entre discriminados .
La coyuntura central es contemporánea a Verástegui y focaliza sobre todo el
gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado —a quien va asociada la figura
del líder Túpac Amaru II—, paradoja de gobierno autoritario que reivindica la
lengua quechua como lengua nacional.
El espíritu es mariateguista; de hecho Verástegui dedica unos cuantos poemas a
este intelectual que sostenía una voluntad programática de abarcarlo todo, de dar
cuenta de todo, para sentar las bases de un marxismo indoamericano globalizante
20. José Tamayo Herrera, Historia del indigenismo cuzqueño, Lima, Instituto Nacional de Cultura,
1980...
21 Enrique Verástegui no es mariateguista sino fundador del pensamiento anarquista peruano
22. E. Verástegui, Taki Onqoy, “Profecía de las rosas”, pág. 187.

20
que contemplara el problema de la tierra (y también el de la crítica literaria), y que
tanto ascendente ha tenido en la cultura peruana . En su libro, las voces hablan
así:

“(…)Y aquí, en nuestra querida tierra, tenemos que luchar por el reconocimiento
de nuestras comunidades indígenas, por una Reforma Agraria Revolucionaria,
por una mejor tecnificación en la actividad del trabajo, por más fábricas, y por
el respeto a nuestros derechos elementales. La huelga empieza dentro de tres
días, camaradas.”23

Me parece por lo tanto interesante en Taki Onqoy , la fuerte autorreferencialidad ,


una marca de la escritura verasteguiana :

“(este poema) se trata de una autobiografía espiritual y de cómo se ha formado


un muchacho de pueblo que por las circunstancias de clase y “de raza”
(que todavía funcionan en Lima) aún no tiene derecho ni a la literatura ni a
expresarse literariamente.”24

En una suerte de topografía, la voz reconoce la filiación con los antepasados


–incas, pero también chinos, vascos, españoles— y se rebela y resiste en y con la
escritura, lejos de los lugares hegemónicos.
Si hay un lugar donde arden la huelga y la escritura, ése es el amado Cañete. Por
Cañete se puede entender mejor, qué es ser un peruano en Latinoamérica.

4. Mucho por decir

“Cada quien es guerrillero en el lenguaje de una visión angustiosamente


esperada”

E.V , Angelus novus I ,“Precisiones sobre un tema (poco tocado) de Marcuse”

Con más de 600 páginas por delante, lector, te pido disculpas si te abandono
en este viaje : te guiarán , a partir de Albus la voz del poeta matemático y
también la del sabio (¿acaso hemos oído a otro que no fuera el sabio?). Ambos
están convencidos de que el universo resplandece en términos numéricos —¿se
equivoca?— y que toda estética es acción en equilibrio. Te he dejado entrever
algunas claves en lo que llevas leído; pero tendremos que hablar de esta sección
de Splendor más adelante, en otro lugar.
Existen quienes le reclaman a Enrique Verástegui por este rumbo que tomó su
producción literaria (lo que equivale a reprocharle por qué hizo lo que anticipó: el
23 E. Verástegui, op. cit., “Vuelo atravesando la bruma del otoño amarillo”,pág.299
24 E. Verástegui, op. cit., nota a “Vuelo atravesando la bruma del otoño amarillo”, pág. 31

21
camino de una personalidad, el camino personal.) Por eso es imprescindible que
realices tú mismo la experiencia significante de iluminación que ha prometido la
escritura (recuerda que ésa es la primera razón por la que su autor ha decidido
rebautizar su obra).
Estoy segura , con todo, de que disfrutarás de la elegancia y la música de los
dos poemarios de Angelus novus. También en estas páginas la sabiduría se viste de
poesía, la poesía se vuelve sabia.
Y fue recordando a Angelus novus que Raúl Zurita supo mejor que nadie resumir
cómo se ve y , sobre todo, quién es este Verástegui que he intentado darte lejana y
parcialmente a conocer :

“(…)su poesía va trazando, bajo la forma de un horizonte utópico, un esfuerzo


que quiere recogerlo todo, nombrarlo todo, reescribirlo todo, y cuya resolución
final debe buscarse en la belleza siempre irreparable que implican las derrotas.
Lo conmovedor de su obra, me atrevo a hablar de la soledad de su obra, de
su incomprensión, es que en ella sí están las claves cifradas de una respuesta
posible a ese sacrificio inaugural, a ese por qué debo, por qué debemos morir.
Como Vallejo, las derrotas del mundo son a menudo un triunfo de la poesía,
y la escritura de Verástegui, su alucinada amplitud, sus extremos, nos está
mostrando la cara de un futuro y de un idioma que le adeuda a todas sus
víctimas, a todos sus incomprendidos, a todos nuestros territorios, el rostro
radiante de sus ángeles nuevos.” 25

Mar del Plata, el mar, 10 de enero de 2013

Alba Delia Fede


Es Profesora en Letras por la Univ. Nac. de Mar del Plata, Especialista en Lectura,
Escritura y Educación (FLACSO), titular del Dipplôme Approfondi en Langue
Française (DALF).
De la amistad por e—mail y teléfono desde 2004 con el poeta nace la idea de
escribir sobre su obra: ha presentado ponencias en Argentina y en Lima y también
ha publicado algunos artículos en la revista cultural Apofántica y en la revista
digital Sol Negro . En 2012 prologa para la editorial peruana Caja negra la reedición
de En los extramuros del mundo. Ha prometido una traducción al francés de este
primer poemario de E. Verástegui.
25. Raúl Zurita, “La letra en la que nació la pena”, en : Letralia, Tierra de Letras, Año IX, Nº 123, 11
de abril de 2005, disponible en : http://www.letralia.com/123/articulo05.htm

22
Poca favilla gran famma seconda:
force de retro a una con miglior voci
se preghera parché Cirra risponda.

Dante: Paradiso, vs. 34-36

Juro por El que graba en nuestros corazones


la Tétrada sagrada, inmensa y puro símbolo,
manantial de la naturaleza y modelo de Dioses.

Pitágoras: Versos Aureos


MONTE DE GOCE
para Queti, que me enseñò mùsica

Escrito por encargo de la dama que me proporcionó los nombres, las figuras, el
de­corado, la mecánica del flash, el grabador, la matemática del sueño, el diseño
cromático del jazz, y la bibliografía necesaria —yo no hice sino programar los
datos a la fría compul­sión de mi Computer
&
el texto se hizo por añadidura.

Escrito fue además como un desplazamiento —en el campo de las alegorías:


arriba en (cielo/sol) la página que es un lienzo, pentagrama en blanco representa
al envés: desublimación, cuerpo del inconsciente, y abajo en (tierra/mar) el
mismo lienzo la escritura representa el revés del envés: expresión, inconsciente
del cuerpo— aunque más que por radical por radial, oblicuo de La venus del
espejo (cf. Velázquez, óleo sobre lienzo: 122.5 x 175, año 1650): toda existencia
es irreal, lo real como existencia de lo irracional
Musa cuéntame aquellas cosas que ni sucedieron anteriormente, ni ocurrirán en
lo sucesivo.

PLUTARCO, Banquete de los 7 sabios, cap. X


DESPLIEGUE I
Goce de la reflexión
Significado/Denotación
(Campo de invierno)
DIBUXO DEL VENERABLE VARÓN F. J. DE LA C.
(Beardsley’s frontispieces: estampado en seda)

I.1. Convento de las Descalzas (Granada, 1581):


un hombre contempla la noche
y esos ruidos lejanos:
y se deja acariciar la mejilla
como las flores son acariciadas
por la brisa de marzo
y esa luz de la luna aquí arriba
es una luz como flor imprecisa
una orquídea en los dedos de Buda
gas trasparente esparciéndose en el espacio
“... los ojos negros, mansos y suaves; nariz igual,
que tiraba algo a aguileña, la boca, labios y barba,
con todo lo demás de su rostro y cuerpo,
en debida proporción;”

“... que sola su presencia y composición exterior


componían a los que le miraban” :
¿como con ojos de violeta?
Un pétalo abierto entre los pétalos de piedra
& esa hamaca de mimbre
¿la hamaca donde está yaciendo Martín Adán
como en un halo celeste?
“Hotel Comercio”, año 1960: alucinación/dip­somanía/psicosis.

¿Hamaca do yace la bella Nannerl


cubierta de sueños?
“Maison de la Musique”, Bruxelles: neurosis/pavor /
Liszt congelado.

V E N U S & TA N N H Ä U S E R

Adonai llegó a Lima


tirando dedo bajo la escarcha de Latinoamérica
la mochila al hombro
el nembutal estirado como el aliento de Venus

33
& Tannhäuser joven poeta se enamoró de Allen como
Allen se enamoró del viejo Adán vestido como gacela
bajo el crepúsculo rosa
Allen & Adán / o Allen & joven amante de Leda
caminan embriagados con licor de cerezos
el silencio traza palabras de flama en el aire
J. Gonzalo vio una sombra como de Rimbaud
escabulléndose tras la mala de lluvia
/ & la náusea
resurrección del culo mejor culeado
esa presencia de mejilla acariciada por la luna
se quedó silenciosa como estatua de cedro
de Indias oró &
acarició la mejilla de Teresa to death because
not death
ese miembro erectus dentro de ella
seráfica sublimada la arrechura es un estado
de derecho
país bodega inacabable: reinos, especias
& el clima como un paraíso con fragancias de vulva.

34
I.2. 3 a.m.: los cuerdos yacen durmiendo en casa &
afuera no es
más esa dicha conocida como tal / tal como: de
Beata Vita,
Cap. II — 11, Augustinus eliminó el pétalo húmedo

infelicidad desdicha no posesión

dijo Agustín: temor infelicidad temor

desdicha no posesión infelicidad

serpiente no posesión nada

dijo Nannerl: sol serpiente sol

no posesión nada serpiente


explicándome su último sueño
voy a cojerte por el rabo & se ríe
te quito el saludo contestó &
Un venado lamía sus tobillos torsos como aguas
en calma

Una cabaña con techo de hojas de palmera &


el agua de los cocoteros
los mochileros han escampado a 3 leguas del sol:
magnetismo / tensión / distensión / tensión / distensión:
ORQUIDEABROTOENELROCE
y la serpiente de su cuello de serpiente
se enroscó bajo mi pecho
¿nos hacemos? la besé &

35
se calló: sueño a medio explicar &
afuera se duerme mejor entre el pasto
soñar es caminar = es dormir como en fragante vuelo
de jazmines e imágenes de Bach
él & ella son
2 sicóticos llorando solitarios / entre la multitud.

36
I.3. ¿Sus cabellos eran serpientes
de escama suavísima?
Ella se colocó en posición contemplativa &
energía la penetró / en asana de 6ta recepción.
Dijimos por qué se ha de hacer lo ya hecho?
Allen dijo: “Your clean sonnets?
“I kiss you on your fat cheek... / Goodbye,
“I’m going to Pucallpa
“to have Visions.
Y dijo Martín Adán —el de los gruesos cachetes:
“... todo es tragedia ... la flor en la maceta,
“la luz donde no está, la mano todavía,
“y este cuerpo que crece y muere de su día,
“y este ir y venir sin querer del poeta...

“¡Era un muchacho ebrio, con su todo y su nada!”


Era un muchacho ebrio: Allen o San Juan
o cualquiera de éstos —muchachos que huyen de los reflectores
de la redada: “... de estatura entre mediana y pequeña; el rostro
“de color trigueño; flaco, pero bien proporcionado”
& libres como son libres los vuelos de la imaginación jeans
african looks el
amor como un sueño con anfetaminas
Odile o Frederic o Hélene o Marianne o
Nannerl una tribu errante en las
autopistas

37
MAC H U P I C C H U

flujo de magnetismo: Ah, un coño


tembloroso instante de la lengua inmóvil
pálidos los músculos elásticos
¡Oh llama de amor viva
mis maires ¿ebrios o villanos? no puedo
definir el ocio creador: yo fui el
expulsado &
eso basta:
¿por qué ha de hacerse lo ya hecho?
la belleza no engrasa las carnes de nadie / exige
delicadeza el caminar con una vulva entre los dedos
serpientes & medianoche: palabra de Ungará.

38
I.4. & nadie jamás fue acariciado como yo soy
acariciado ahora entre el ojo del olmo
& el lecho de Nannerl
.
Canciones del alma en la íntima comunicación de amor con Dios.

Opus III (LLAMA DE AMOR VIVA, 1): el venerable


saboreó su paisaje predilecto del paraíso & dijo
“¡Oh llama de amor viva ¡Oh Nannerl de ojos fresca
que tiernamente hieres & dulcemente inquieta
de mi alma en el más profundo centro! de tu lecho
en el más rico espasmo!
Pues ya no eres esquiva, por eso te me quedas,
acaba ya si quieres, haz algo ya siquiera,
rompe la tela deste dulce encuentro.” Toca el
laúd por este duro cuerpo.
“¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe!” & a candor tan delicado
te asemejas
como toque fresco de tus labios sobre la flor de mi p.
encarnada y dura. ¡Oh dulce Nannerl de pechos
acariciados como luna o noche o brasas!
& dulce Nannerl giró sus ojos
una vez más
giró sus muslos & esa leve espalda suave como
almendra en flor:
dulce pradera donde pastan León & Buey: el
estado de excepción.
mi caricia quedó estampada en mármol
rosa / una historia
sobre la historia de su cutis: out—history
dijimos no
& giró lentamente hacia la presencia de serpiente
inoperante palabra detenida sobre la palabra de la noche
Orfeo ha de dormir como se duerme
mi gran lanza roca & granito en Himeneo
o en meneo de los muslos entre los muslos
fluorescentes:
aquesta Nannerl

39
& su caricia que no nombran
las Estadísticas del año.

40
I.5. Aquí he desbrozado tu sonrisa
& dormí aquí bajo el perfume del jazmín
mes de la mora: desplacé
mi lengua sobre una estancia de lo inmanente

Canciones entre el alma y el Esposo.

Opus II (CÁNTICO ESPIRITUAL, esposo, 1): “¿A


dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?”
Allí, lindura, allí he permanecido
como ardilla entre rama & rama mecido
como un pino
bajo el viento.
“Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.”
Y era ido
en verdad: una masa de ojos idos.
Era un loco encarnado en su intangibilidad
una paranoide —el guitarrero de.
Y sin embargo, Señora, ¿dónde creyó vos
que estaba yo?

Esposa, 3: “Buscando mis amores,


iré por estos bosques y riberas,
ni cojeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.”

Eran las 12 cuando las 12 daban a mi oído


& todos los cuerdos ron ron ron
esos cuerdos roncaban más fuerte que un camión
con carga pesada
& Nannerl can can can
ya estaba esta Nannerl can can can
cantando canción cantando canción
Nannerl era mi libertad de rodar en la esfera
imprecisa
del alma & volvíamos a caminar muy juntos al alba

41
volvíamos a rodar como un sol que se esfuma en
el sueño
como una canción y un fósforo ardiendo.

42
I.6. 3 a.m.: hubimos de estrellar nuestra mochila
sobre aqueste pétalo pardo de la hora

Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la


perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación
espiritual.

Opus I (NOCHE OSCURA, 1): los cuerpos se juntaron


como un trazo tan preciso una pintura un ritmo
y la distribución perfecta formalidad exacta: la
ecuación
& la belleza:
y un color como de lila arrancada del crepúsculo:
“En una noche oscura / con ansias de amores inflamada,
¡Oh dichosa ventura!
salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada.”
¡Oh! de amores voy dichoso y entre amores tú —mi
dulce hurí
tan dulcemente llegan tus cabellos cubiertos de rocío:
ecuación de la belleza:
ni casta ni pura ni blindada: otra es la armonía
como otros son los dioses de su mente
el amante menos casto menos puro
no conoce pureza ni castidad
mayor
que
el
no
ser casto ni ser puro.

43
DOBLADA POR EL PESO DE UN
NU ED OSEP LE ROP ADALBOD
O L L E B N O I R R O G E D E R B M AT S E
ROMA LED (A) SENOZAROC SOL

44
I.8. & Allen se fue como (se fueron) todos:
Telémaco & todos / partieron tras la.
Nannerl volvió a posar ante mi cámara:
C O Ñ O S I LV E S T R E O R Q U Í D E A & L U Z
imagen lánguida bajo el ciprés
Pandora me aplasta contra su languidez &
Tannhäuser aún la contempla en la noche
la arga / a men en / tee:
mes de amor / mes de implosión: Juan de la Cruz
Yu tao k’o: para venir a saberlo todo,
no q u i e r o saber algo en nada
para venir donde tú estás debo estar donde yo estoy
así es
como ha de transmutarse la palabra: sin otra
luz & guía,
sino la que en el corazón ardía.

45
LECTURA AUNQUE RADIAL ALEGÓRICA DE NORMAN
O. BROWN (cf. El cuerpo del amor)

II. 1. Cannabis Indica: una estudiante posa ante Velázquez


Cualquier cantidad de hermosura pude hallar en este vuelo.
2 ojos abriéndose como 2 muslos bajo la bata trasparente (2x2): y la doncella
del poema: tan delgada / tan suave tan de tan (fresca) hermosamente incierta o
el asombro y la sonrisa captada por el lente de algún pintor renacentista
a mediodía: entre las 12 & los campos de amapola
—entre la luz
los floripondios: ella venía o iba hacia la fuente
venía
con la mirada inquieta y la blusa inflada bajo este cielo de hojas frescas:
nadie la miraba porque nadie aquí pudo darse cuenta de
su paseo por el mundo
ninguna profecía la esperaba (los Cantares no hablan del amor bajo los
trailers) y ningún periódico lanzó la noticia al teletipo:
la ceguera reinaba en las visiones de los hombres del país (país de ciegos y la
vista oscura / país de sordos:
no hay razón)
ella dormía sobre las yerbas de mi retina
y sus muslos olían como una pradera de anfetaminas
(2 x 2): 2 ojos posados como 2 muslos entre sus muslos
la sonrisa / el fósforo / las lilas:
el bodegón se fizo.

II.1.2. Una estudiante = Nannerl (objeto erótico primario del Aedo).


Aedo = tú/yo/él (la cualidad personal singular que el lector no—baudelariano/
no—eliotiano quiera darle, ¿sí?). Aedo = también es el lector, lo repito.

Cannabis Sativa: refiere la distorsión visual del objeto me­diante una lente
que no es externa sino química, mezclándose, adentro, entre los pastos oscuros de
la memoria. Ella (la lente convexa y/o también el objeto erótico = transmutación
de Nannerl en partículas alquímicas del alma) es fotografiada desde án­gulos
obtusos por Velásquez oblicuamente capturada entre una multitud ella cuyo rostro
ha sido diseñado con retoques cosmetológicos a lo Twiggy. Velásquez = Aedo o el
Velásquez cifrado por Foucault. Un primer plano logrado frente a un pecho medio
escurrido de la blusa o esta lindura de mujer escogida in­clinó su cuerpo hacia
adelante, muslos delgados & piernas largas, terciopelo rosado entre los muslos,
su juntura que lamo, rodillas levemente dobladas —& brazos estirados (sus) se

46
apoyan contra el borde redondo de una butaca rojo granate aterciopelado formando
con su cuerpo un ángulo entre recto & agudo, mirando hacia ade­lante a los ojos
del pintor, a sus pinceles o a la cámara, pero con ojos (ella) levemente entornados
para arriba: la bolsa blanquísima de la pupila recorrida por finísimas mallas cobre
púrpura, inyec­tados, mira adelante a los ojos del Aedo (reflejado en un enorme
espejo cóncavo con retorcidos marcos en pastel de oro —solo eso ella puede ver)
porque Aedo cabalga sobre sus nalgas, la espada en punta haciéndola sangrar,
gemidos, cosas así. & Aedo la unta suavemente de una pomada que la publicidad
(periódicos) asegura infalible contra las flores almorránicas. El no enfoca la bolsa
de los ojos sino las bolsas de los pechos (duros, pequeños, dulces, opalescentemente
insinuados) / la yerba actúa sobre los dos: pin­tor & partenaire, drogados, arrechos,
cuerpos enlazados a través de la función social de cada uno (fotógrafo/modelo)
trabajando como una pirinola girando (los dos: fuerza impulsora/pirinola) sobre el
espacio intraducible de la tropología incandescente:

Dulce máquina en flor arrojando


serpientes doradas sobre mi sueño
te veo pantera de ojos violetas
que he vaciado con un trozo de lata
tu pubis oscuro como el oscuro mar de tu cuerpo
gotas de luz hendiendo la noche
& colocar mi armonía contra la sal de tus labios
ángel que brota entre lagos de azufre
tu belleza nos cubre de un brillo azulado
& mis labios se adhieren a tu llaga sexual
hermoso reptil engullendo ferozmente mi cuerpo
— & un sonido de flauta guía el místico arrebato
de faunos montando motocicletas
que vuelan degollando difusas cucardas
te quiero te dije al oído
desatando el horror de vivir o morir
tu dulce cuerpo dormido sobre un pétalo oscuro.

II.1.3. La imagen (2 x 2) prolonga (o mejor: prologa / un pre­ludio) el último


movimiento : Síntesis — IV, del presente texto / cuando dice : “2 ojos abriéndose
como un muslo bajo la bata transparente”, no habla metafóricamente o lo hace a
pesar de eso —su asunto es la relación turbiamente matemática de los signos: Ser.
espacio abierto bajo el símbolo, ni la doncella, ni el amante, ni el pintor (o eso es la
convención a que el Aedo se ve sometido por ahora / su sueño: escritura puramente
caligrá­fica, caligrafía psicótica, dibujos inflorescentes de la vulva —por­que soy un

47
vaginófago, todo lo que signifique contacto en la rela­ción Boca/Culo) : un cuerpo
de luz —& sin embargo ni “un”, ni “cuerpo”, ni “de”, ni “luz”, sino el invisible
fluido que se desliza como un tigre sigilosamente fluye deslizándose entre los
corpus dispersos de la página, sin tocar a ninguno, pero religándolos con algo de
por sí indecible (cf. Dante) : el espesor de una transpa­rencia, la fragilidad de una
multitud. Se quiere decir que la ima­gen (2 x 2) (también: “2 ojos posados como 2
muslos entre sus muslos”) es una señal intermitente pero fija & transparente del
concepto 2 / & la imagen (2 x 2) indica una fisión que puede ser fugaz o no entre
dos signos—tipo (en este caso: “ojos” = 2, & 2 = “muslos” / así: 2 x 2 = ojos (del)
muslo, quedando el lector en libertad de construir el verso —y el poema— a su
imagen y semejanza: la presencia divina el lector mismo, su posibilidad de ser
Dios o Satán / el Aedo lo construyó así —dándole una tin­tura particular—: “2
ojos abriéndose como 2 muslos bajo la bata transparente”, ergo: “2 ojos posados
como 2 muslos entre sus muslos”), los dos signos—tipo se insertan (ensartan)
en una cópula analógica hasta que brote otra significancia —o resolución que es
una negación, y eso es también una demostración de lo preca­rio del azar (Oh!
Mallarmé). Sobre la ecuación del (2 x 2), el lector debe ensamblar su confección
textual metafórica/metonímica, si lo quisiera como es su deber (esquizofrenizar su
visualización de lo real) según los signos que se le entregan en Síntesis IV: esa
posibilidad concreta de ejercer la extrema libertad de su imaginación, también la
imaginación extrema de su libertad.

48
II. 2. ESPACIO DE LUZ: aplicación de Kandinsky.
A: Sobre el punto.

El Eón ha descendido al Caos


para renacer como Sophía

49
II. 2.1 Indica al objeto visto verticalmente desde arriba (en vuelo), o al objeto
visto arriba perpendicularmente desde abajo —un pun­to que se aleja en la pampa
helada de tu sueño, o cada vez más cerca (no lo sabes: hombre/andrógino/mujer/
hermafrodita): un cero embudo, un aro, una argolla, un O—O (anteojo), un O(j)O
/ la ¡Oh! pues de una sorprendida boca carnosa abriéndose a lo Marylin, también
la O un sexo latiendo maníacamente bajo el calzoncito ajustado, o la O un ano
circunvalado de violetas, la forma tumescente de tus pechos, tus ojos abiertos, el
hoyuelo cargado de luz de tu ombligo:
/ figuras que yo fui transcribiendo con un lápiz de labios so­bre el tambor de
tu vientre en la demencia de nuestras noches en blanco
/ entre el espacio impreciso de la tropología angustiosa lla­meando como el
rabiar heladísimo de quien sonámbulo no puede contener su deseo de copular con
la 3 veces divorciada pálida y llorosa en un lecho de harapos hasta romper los
somieres
/ & soñando contemplar largamente el rubor destrozado de un cuerpo desnudo
en un paraje sangriento
/ de un festín con muchachas de senos hermosos drogadas y leprosas hablando
de un lugar llamado PAX
/ un lugar muy oscuro y pesado como la boca de un tigre en­gulléndose un
muslo al que le cuelgan las venas doradas las arti­culaciones violetas mezclados a
los hilos amarillos de una trusa
/ manchada en su púrpura con gotas del vidrio precioso ad­heridos a la lepra
del coito en un cáliz tallado en calavera de mono
/ sobre la tibieza de un vientre latiendo como un corazón agitado flotando en
un frasco de alcohol disolvente
/ entre pedazos de niebla ahogándonos en un mar mentolado con begonias
que huelen a esperma podrido amasado al sudor de los pubis
/ & glorias rosadas en la densidad de un vacío que nos tensionaba a la nota
afinada de un piano de cola con una áspid sa­cando la lengua entre las teclas de
mármol
/ ratas rosadas de ojos esmeralda como el barniz de una ba­ñera conteniendo
el alegre chapuceo de un cuerpo que se hace el amor
/ sin la debida compostura enjabonado al verde salivazo de una salamanqueja
cuya lengua expurga los bichos de un sexo latiendo maníacamente bajo el
calzoncito ajustado:
/ chirimachas (orden hemípteros) de costra rocosa engorda­das con incesantes
raciones de sangre,
/ largas ninfas anófeles (o. dípteros) incubándose en las fer­mentaciones
menstruales de las máquinas vírgenes,
/ escolopendras gigantes (phylum artropos—o. clase quílópodos) marchan

50
erguidas hacia las trompas de Falopio,
/ blandas sérpulas (ph. anélidos — o. politiquetos) construyen laberintos
sobre los suaves labios internos del embudo absorbiendo el moco seminal,
/ culebreantes sanguijuelas (ph. a. clase hirudineos) con la hinchada ventosa
chupando restos de libido liquefactado.
/ oscuras lombrices de tierra (ph.a. — c. escifozoarios) de piel escoriada
bogando en el cauce enmielado,
/ desmesuradas amebas (ph. protozoarios — o. ameboides) con hipodérmicas
erectas inyectando gotas luminoscentes sobre las olas oscuras,
/ helechos de trypanosoma gambiense (ph. p — c. flagelados) floreando en
sueños que se hunden bajo los arcanos obsesivos de la divinidad incontinente,
/ paranoicos paramecios (ph. p. — c. cilados) carcomiendo los dulces
membranosos pólipos del placer,
/ inmensísimas hordas bajo el comando del arador de la sarna (c. arácnidos
— o. ácaros) asolan los radiantes jardines exteriores pubianos,
/ garrapatas (c.a. — o.a) agrietan la fría piedra del cuello uterino,
/ circunspectos alacranes (c.a. — c. escorpiónidos) mueven len­tamente sus
finos quelípseros esperando el instante supremo,
/ la araña plateada de los jardines (c.a. — o. escorpiónidos) tejiendo su
maravilloso tapiz persa entre los enmarañados mon­tes del goce,
/ tribus de tarántulas (c.a. — a.o.) se lanzan a través de la noche en busca
de la carne retórica a la que se quiere inocular el goce escatológico de un veneno
dulcísimo,
/ la disposición de un manojo de luciérnagas (c. Insectos — o. coleópteros)
en una arquitectura convexa asegura una ilumina­ción continuada al conducto
lustroso,
/ una arlequín (c.i. — o.c.) con vestimentas de alegre comparsa enciende su
antena captando la señal compulsiva llegada por un sistema eléctrico instalado
bajo la superficie de las mucosas,
/ la mariposa de asclepias (c.i. — o. lepidópteros) depositando una oruga tan
suave como un beso fugaz en la noche,
/ una red invisible tejida por hormigueantes ladillas (c.i. — o. anopluros)
formando una costra de plata en torno del límite donde empiezan las zonas
ultrasensibles del desfallecimiento femenino,
/ sapos (c.a. — o. anururos) que sacan la cabeza curiosísimos por entre la
estrecha abertura sinfónica jazzística,
/ larvas de hormiga león (c.l. — o. neurópteros) escarbando
pacientemente entre tinieblas que bajan de los ovarios:
/ son los bichos el amor pasiones oscuras la risotada que te­mes (yo diciendo:
“si tú eres del todo cuerdo; te falta de talento justamente lo que yo tengo de locura”

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cf. Timón de Atenas, Act. II, esc. 2, Shakespeare)
/ radiantes deseos tu vida latente el festín de la rabia el festín de tu cuerpo el
festín de tu concha
/ el amor deslumbrante tu cuerpo en mi sueño tu sueño en los mares mi sueño
en tu mar el mar de tu cuerpo el rumor de la lluvia
/ la flor de tus labios (Charo) manchados en rouge o tus la­bios hediendo a
licor el sabor de tu cuerpo (Irma) a medianoche en una azotea
/ o tus senos profundos (Elsi) entre mariposas borrachas las flores brotando
en tus ojos callados (Sonja)
/ te dije je t’aime (Anniek) entre una multitud de muchachas tu caminar
elegante tus brazos rodeando mi cuello (Cynthia)
/ repartías volantes secretos oscuros palabras palabras pala­bras (Maritza) o
soñabas con el amor apacible (Ruth) tus manos cogiendo para siempre las manijas
de un colectivo
/ un llanto aplastado por una multitud caminando de prisa cantabas de noche
(Cira) frente al mar desplegando su juego de naipes a tus pies
/ o tu cuerpo dorado (Marianne) durmiendo desnuda en un lecho con
drogadictos hambrientos un sueño rodando en la plas­ticidad del crepúsculo
/ tus cabellos espesos tu mirada estallando (Lita) en partículas tristes tus
amplias caderas (Margarita) rodando entre los par­ques de inteligencia salvaje
/ el farol en la niebla los ojos miran cosas que nadie ve las pesadillas eléctricas
la opacidad del recuerdo
/ tus hombros que muerdo tus piernas metidas entre mis piernas mis dedos
perdidos en tus cabellos acariciándote el cráneo nadie comprende
/ Miles Davis en la grabadora mis dedos crujiendo llevando el compás de tus
caderas en growling ondulando bajo mi cuerpo
/ todo era lindo el sabor de tu vientre — &
mi lengua escarbando impetuosamente serena
encima de un plástico brote de cartuchos y azucenas
entre coágulos de luz deslumbrando
en el tostado sabor del espasmo temblor de una muchacha al sentir
una mano posándose como un cervatillo dorado te lame
la fresca juntura del muslo olor de cerezos
mi rostro dormido sobre esa leve hinchazón donde brotan dispersos
los dulces cabellos del pubis.

II. 3. Con una flor románica —ella sigue posando ante Velásquez

Voy a escribir algo que tú puedas guardar bajo tu


almohada así *

52
como a veces guardas mi rostro encima de tu
vientre —dulce Nannerl
algo de tan parecido a ti cuando la noche no es más
bulliciosa que tu cuerpo entre los pinos sin hojas de la urbe o
cierta doncella
estirándose como el leve rumor de las abejas / los gorriones
o el lenguaje / y los jazmines de tu pelo: tan delgada / tan suave
tan de tan (fresca) hermosamente incierta
ella dormíase con tan *
de tan dulce frescor muy dulcemente como dormíase
la—hurí—ta
en el cantabile de Purcell
a medianoche entre la palidez de luna
y estas sábanas de seda estampada en flor romántica

II.3.1. De cómo un cierto instante del lance del cortés amor, los dos sobre la
espesa alfombra de la sala, desnudos, como dos gatos a cuatro patas, uno frente
al otro, mirándose a los ojos gimen, ronronean, fieros combatientes que estudian
el campo de batalla. Campos de batalla: en lo alto no cuelga un sol azulado sino
la her­mosa araña de cristal que los alumbra, las colinas que habrán de guardarlos
del enemigo no son imágenes de acrílico sino sofás, puffs, sillones de terciopelo,
no crecen yerbas amarillas en el campo sino flores de loza sobre la mesa, no es
violento el viento sino suave el aire acondicionado que los envuelve, no habrán
cargas de caballería sino cargas de infantería: cuerpo a cuerpo es la ley de la
batalla, espadas sangrantes y escudos imantados son objetos convertidos en sujetos,
no habrá belleza sino patencia, no existen gradaciones militares sino soldados
ejerciendo un re­conocimiento de su campo, las armas químicas (expansionadoras
de la conciencia) serán usadas, el choque frontal de los ejér­citos será llamado
Coitus —que (aunque antes habrán algunas escaramuzas) será recodificado en
“Síndrome del orgasmo”.
Música de fondo: una mezcla a todo full de fragmentos de Purcell, Novena
Sinfonía, canciones amorosas de Marie—Claire Pichaud, Cage, Ellington,
Stockhausen, música barroca, Boulez, Joan Baez, Piaf, Simon & Garfunkel,
Coleman, “ansiedad” por Nat King Colé, Bob Dylan, Bach, Chavela Vargas,
Tchaikovsky, María Bethania, etc.

II. 3.2. No que ciertamente no estén ejerciendo esa develación tan requerida: cuando
él traza con la fugacidad del vuelo de su dedo una summa de signos retorcidos
encima de su vientre (cf. “figuras que yo fui transcribiendo con un lápiz de labios
sobre el tambor de tu vientre en la demencia de nuestras noches en blanco”):

53
los 2 riéndose contentamente, el gozo, el arrebato (un desplomarse del vuelo
que los sostiene, un vacío cargado por el sentido clausurado —pero descubierto
como están los cuerpos al deslizarse bajo el lecho: lindo silencio engastado en el
jazmín): siendo los 2 un haz de sutilezas con el Tacto : briosas texturas de la piel,
músculos elásticos, suavidad en los cabellos, hermosura de un momento que no
cesa, contentamente, muy arrebatadamen­te, riendo, gozosamente: & Nannerl (la
Escogida) que hurga len­tamente / lentamente hurga & hurgando lentamente en
len / lenta­mente hurgando en el asombro: el reasimiento desasido / hurgan­do en
el asombro / fiestas del cuerpo estallan en la urbe / lenta­mente hurga & hurgando
lentamente en len / no hay más gozo que el ver transmutarse en flor el aliento de
unos labios al acer­carse al otro / lentamente hurgando en el asombro / trompetas
de triunfo resuenan con aires fantásticos en el apartamento / len­tamente hurgando
en el asombro / los autos velozmente marchan en retroceso por avenidas de neón
/ lentamente hurga & hurgando lentamente en len / los teléfonos anuncian una
primavera perma­nente / lentamente hurgando en el asombro / mares de cerveza
en las tabernas celebran la destrucción de las ideologías / lenta­mente hurgando
en el asombro / años del éxodo a llanuras con frescos manantiales / lentamente
hurga & hurgando lentamente en len / las fábricas no producen más objetos de
consumo sino orgasmos (orgones) azulados / lentamente hurgando en el asom­
bro / emigración hacia bosques perdidos en lo más profundo del inconsciente
/ lentamente hurgando en el asombro / las ciudades no son más un campo de
concentración con horarios fijos / lenta­mente hurga & hurgando lentamente en len
/ inmensas flores trans­parentes brotan de las paredes de los edificios / lentamente
hur­gando en el asombro / palabras como “castidad”, “matrimonio”, “moral”,
“dinero”, “trabajo”, “decencia”, “familia”, “honor”, em­piezan a borrarse del
léxico de los pueblos, y otras empiezan a revalorizarse / lentamente hurgando
en el asombro / las fronteras han desaparecido y no hay policía de tránsito /
lentamente hurga & hurgando lentamente en len / en vez de claxon se tocan melo­
días barrocas / lentamente hurgando en el asombro / nadie será perseguido si no es
para prodigarle con olas de caricias / lentamen­te hurgando en el asombro / no hay
“autoridad” sino hermandad / lentamente hurga & hurgando lentamente en len /
los obreros han tomado el control de sus propias fábricas y no reciben órdenes de
nadie / lentamente hurgando en el asombro / no producen los obre­ros sino bellos
sueños que todos aplican a sus comunas / lentamente hurgando en el asombro
/ los semáforos dejaron de funcionar hace mucho tiempo / lentamente hurga &
hurgando lentamente en len / en los aeropuertos aterrizan naves venusinas con
mujeres de linda piel verdosa y los ojos amarillos / lentamente hurgando en el
asombro / no hay una lengua oficial sino una inmensidad de idiolectos / lentamente
hurgando en el asombro / es feliz aquel que deja ser feliz a otro / lentamente
hurga & hurgando lentamen­te en len / la palabra “orgía” es el máximo valor de
la comuna / lentamente hurgando en el asombro / no existe otra economía que

54
no conduzca al orgasmo / lentamente hurgando en el asom­bro / un cuerpo no es
bello si no ha renunciado al trabajo / lenta­mente hurga & hurgando lentamente
en len / alcanzar un cuerpo de mayor capacidad orgástica es el supremo fin de los
habitantes armónicos / lentamente hurgando en el asombro / alcanzar un cuerpo de
mayor capacidad orgástica tienen por objeto los habi­tantes armónicos / lentamente
hurgando en el asombro = com­bate sexual, el Tacto se expresa como un escorpión
que inocula su jazmín pegajoso, que inocula, es decir: reactiva los contenidos más
substanciosos de la sensibilidad inmanentista, no un cambio de lugar sino el lugar
en cambio de la misma.
II.3.3 Síndrome del orgasmo: & sobre el campo de batalla, des­pués del combate,
no quedará piedra sobre piedra —& donde los cuerpos se acoplaron no volverá
a brotar yerba alguna, es decir: floreros, lámparas, sábanas, sofás, quedarán
totalmente destruidos porque la pasión no existe fuera de sí misma, y no respeta
nada, nada, nada.

II.4. ESPACIO DE LUZ: aplicación de Kandinsky.


B: Sobre la línea. IB.
MOTOR DE MATEMÁTICAS CELESTES, 2.

esta lógica del Caos


es Estructura de noche

El Eón Nannerl
será Demeter

55
II.4.1 La imagen en cuña: dos rectas coincidiendo en un punto tal como L / & tal
vez se continúa opuestamente (formación de ángulos opuestos) (opuestos por el
vértice) : desde un espacio total (concepto abstracto) (¿lo inexistente alienado?:
lectura de Politzer por Althusser) parten las proyecciones radiales hacia el punto
de convergencia —dos imágenes opuestas (& las mismas) separadas por un mar
en calma (horizonte) : cielo/tierra, aden­tro/afuera, perspectividad/lateralidad
= materia/antimateria, los dos orígenes (N/N’) pulsando en su propio espacio
(singular) (espacio = doce sonidos, cf. Kandinsky, cf. Schonberg) / N = negación,
N’ = negación, contestándose: imagen/espejo (N = Narciso), negación de la
negación, negro sobre negro sobre negro, blanco sobre blanco sobre blanco, el
sol en tus ojos, los ojos del sol, el sol de los ojos calcinando introyectadamente la
piel de tu (mi) sueño, no llanto, no risa: una emoción allí contenida justa­mente en
el límite sin soltarla sin poder reprimirla (ni restringirla) —la relojería detenida
en un instante que no es detenible, no es detenible, no es detenible, fijado a eso
te respondo como una corola con forma de hombre, cien flores sobre mi mente,
y no poder decir sí, no poder decir no, la vida se me quiebra entre los dedos (la
incapacidad de sostener una copa de champagne alzada celebrando sabe Dios qué
cosa) —digo Nannerl & no he pronunciado sino un bloque de sonidos girando
en una órbita ina­sible, te me quiebras o me quiebro: sonidos cuyo sentido son
tarántulas que rotan en torno de mi phallus, evitar la castración, no me castres, no
mutiles mi poder no te comas mi clítoris exter­no, Oh! no prosigas, no, no me (lo)
destrozes (& el sudor en su frente, el pulso agitado, los labios resecos, escalofrío
en su piel: esa primera persona masculina del texto tiembla en su lecho, víc­tima
de un fantasma que lo visita cíclicamente los días impares del verano siempre a
las 4 a.m.), no, no, nooooo!!! (& hace intentos por disolverse en un llanto pero
ese llanto no se produce —gargan­ta de afásico que no produce sino ronquidos
desesperados, Oh lector se te invita a recrearte en ese espectáculo, llorando
ese tipo ¿no dan ganas de reírse? / phallus que traza un ideograma en tu rostro
—& es indescifrable esa imagen que ocultas (tú, Aedo, tú) soñando: un animal
unicornio descascarándose infinita­mente en las gradas de piedra sumergidas en
un pantano luminoscente, y no llegas al final (no puedes llegar al final a la inter­
pretación intangible), tampoco le encuentras un por qué (el sen­tido no puedes
hallarlo tampoco tiene un sentido) —& no sé si Nannerl es la proyección gráfica
del “yo” (o del “no—yo” eso que es infotografiable), o si al depositar mis labios
sobre sus labios ¿estaré depositando mis labios sobre un espejo profundo devol­
viéndome una imagen distorsionada de mí? ¿estoy alucinando una sombra que
se desprende de mi cuerpo al situarse la luz casi tocando el dorado horizonte del
mar opuestamente a la forma alargada —culebra que mis ojos captan amando ese
fantasma? —solo sé que eres tú (Nannerl o lo que sea), mi amor te lo arrojo como
una bofetada en el rostro, como una bofetada en el rostro, como una bofetada en
el rostro, mi peso te aplasta con una pura dulzura en las sábanas mojadas de ácido

56
sulfúrico, torturándote (brutalmente) con infinita ternura, la emoción de poseer un
cuerpo cuyo amor significa liquidación de ese cuerpo, el encanto de reventar el
violeta ovalado (tus ojos) con un finísimo alfiler de platino, ha­cer de tu cuerpo (mi
objeto de amor) un objeto de suplicio —& no saber quién tortura a quién, gozar
del suplicio en su estado vir­tual, puro, incontaminado, tu cuerpo se me disuelve
en espuma, lo toco y no toco sino las escamas podridas de un cuerpo que tu mente
abandonó al momento de recibir el primer beso, en la pri­mera conciencia, la
primera sangre, la primera masturbación, el primer vahído entre aguas de azahar
ante los ojos tímidamente puestos en ti por el muchacho del piso de al frente, en el
primer encuentro con una realidad situada en el intramuro de tu disper­so exterior,
no pronuncies mi nombre, porque te llagarás los labios, mi nombre es el tuyo uno
que solo aquellos que pueden leer en los ojos del sexo conocen, vulva me llamo,
falo me llamo, silencio me llamo / & tus párpados se doblan cerrándose hacia
arriba, be­lleza te llamas: vuelo turbio que se desliza concéntricamente enci­ma de
tus cabellos, tu cuerpo lo tengo cifrado como una oscura fórmula alquímica que
al resolverse en el texto (cf. Dibuxo, Sín­tesis IV, B. Sobre la línea. IA., &c.)
irá a complicar mis relaciones fortuitas con la ambivalencia del ser —& por esa
ambivalencia mi enfoque es difícil porque no puedo ya intuir claramente nada a no
ser que esa nada sea la claridad de la nada, o la claridad no es la nada (ni nada) sino
la nada sin claridad de la nada, sino la cla­ridad sin nada de la claridad, no claridad,
no nada: poesía no dice nada / tal vez estás hablando (¡Oh! amada) a través de
mi voz & no me doy cuenta, mis cuerdas vocales vibran ante la deslumbran­te
visión que es tu cuerpo desnudo emergiendo de un entramaje de veranos que arden
silenciosamente en la noche, & de eso es el matorral de tu pubis abierto lo que
aniquila mi conciencia de ser, tu pubis abierto destroza la noción de ser yo quien
te ama, locura es la flor de tu cuerpo, o tu virginidad llena de una flora matemática
y extraña, tu concha latiendo latiendo latiendo en mis manos, tu concha tu concha
perfumando mi cuerpo, tu flor que me piensa en la cópula (no hay otro modo de
pensar la existencia) —& así me gobiernas, me entregas tu cuerpo & mi lengua
dispara estructuras verbales, mi lengua se une a tu lengua coincidiendo en un
punto tal como L, preciosa, te digo al oído,
siento que no tiene sentido no permanecer dormitando
en el calor de tu cuerpo.

57
II. 5. Quinto ejercicio —y otra copa en homenaje a Basho

Puedo acceder a lo más lindo —si quisiera *


a pronunciar
lindura con tu alegre cabello entre los dedos
muchacha
si quisiera: podría elegirte la actriz de mi película secreta
y no sabrías ni la forma oscura de este cielo
no
no podrías ni coger la rama con flores del ciruelo
o esta palabra más bella que la otra —si
quisieras
cogeríamos un poco del follaje de la noche
y actuaríamos
los 2 / tan dulcemente
inciertos / un telón púrpura
hacia el fondo
y yo (o tú) con el amor sobre los pastos.

II.5.1 La abultadura de sus senos proyectados como (como: ade­más de modo


conjuntivo comparativo, aquí quiere conjugar el ver­bo comer: he masticado el
brote castaño del pezón: brote duro, brote elástico, brote carnoso, brote erecto:
mastiqué ese brote castaño que se engasta entre mis labios con su forma de tulipán
aplastado en el crepúsculo: un punto de marfil sobre la mancha elásticamente
dura / mi preferencia por la forma de un seno frágil y maduro) una imagen de
ciruela impresa en el estilo Imperio de su blusa rosa pálido —y Nannerl (la
Escogida) no usufructa de la incomodidad de los brassieres, ninguna clase de
apretadura artifi­cial sobre las telas: ellas (suaves muchachas candorosas) apenas
se dejan insinuar bajo la blusa / apenas los delicados retorcimientos de un rosa
encendido bordado en la transparencia del chiffon recogido con ondulaciones de
encajes en los puños —sus párpados sombreados con un verde nilo plata que se
esfuma al transponer la línea pálida del pómulo delgado. Un débil farol lanza al
espacio su masa ígnea en extinción. Esa luminosidad hace aún más palpa­ble todo
este macizo de sombras que danzan con la levedad de los movimientos de la
cortina de semillas rojas unidas en sus extre­mos por largos hilos que cuelgan de
la entrada. Un cuerpo traspo­ne esa muralla cuyo soporte no es el ajedrez de lozas
enceradas sino las argollas de un cielo empapelado con imágenes de ángeles
tocando las trompetas de la desrealización. El suave deslizar felino de unos
botines aperillados, un aire de suave contorneo en las ca­deras: haces de luz negra
lo cruzan yuxtapuestamente — y donde sus botines se han posado vuelven a

58
brotar las violetas: el taco­neo se mezcla, monocorde, con las pisadas de las parejas
que bailan, y estas con el sonido de la orquesta ya lejana, en un deseo (inconsciente)
de no ser más que ángeles tocando las trompetas de la desrealización. Bamboleo
nervioso, largo, de las piernas en­fundadas en el jeans gastado. El suave deslizar
felino de unos botines aperillados, un aire de suave contorneo en las caderas:
haces de luz negra lo cruzan yuxtapuestamente —y donde sus botines se han
posado vuelven a brotar las violetas: el taconeo se mezcla, monocorde, con las
pisadas de las parejas que bailan, y éstas con el sonido de la orquesta ya lejana, en
un deseo (inconsciente) de no ser más que ángeles tocando las trompetas de la
desrealización. Un débil farol lanza al espacio su masa ígnea en extinción. Una
chaqueta de terciopelo verde olivo. El suave deslizar felino de unos botines
aperillados, un aire de suave contorneo en las caderas: haces de luz negra lo
cruzan yuxtapues­tamente —y donde sus botines se han posado vuelven a brotar
las violetas: el taconeo se mezcla, monocorde, con las pisadas de las parejas que
bailan, y estas con el sonido de la orquesta ya lejana, en un deseo (inconsciente)
de no ser más que ángeles tocando las trompetas de la desrealización. Esa
luminosidad hace aún más palpable todo este macizo de sombras que danzan con
la levedad de los movimientos de la cortina de semillas rojas unidas en sus
extremos por largos hilos que cuelgan de la entra­da. Una chaqueta de terciopelo
verde olivo. El suave deslizar fe­lino de unos botines aperillados, un aire de suave
contorneo en las caderas: haces de luz negra lo cruzan yuxtapuestamente —y
donde sus botines se han posado vuelven a brotar las violetas: el taconeo se
mezcla, monocorde, con las pisadas de las parejas que bailan, y estás con el
sonido de la orquesta ya lejana, en un deseo (inconsciente) de no ser más los
ángeles tocando las trompetas de la desrealización. Un cuerpo transpone esa
muralla cu­yo soporte no es el ajedrez de lozas enceradas sino las argollas de un
cielo empapelado con imágenes de ángeles tocando las trom­petas de la
desrealización. Una chaqueta de terciopelo verde oli­vo. El suave deslizar felino
de unos botines aperillados, un aire de suave contorneo en las caderas: haces de
luz negra lo cruzan yuxtapuestamente —y donde sus botines se han posado
vuelven a brotar las violetas: el taconeo se mezcla, monocorde, con las pisadas de
las parejas que bailan, y estas con el sonido de la or­questa ya lejana, en un deseo
(inconsciente) de no ser más los ángeles tocando las trompetas de la desrealización.
Una chaqueta de terciopelo verde olivo. Bamboleo nervioso, largo, de las pier­nas
enfundadas en el jeans gastado. El suave deslizar felino de unos botines
aperillados, un aire de suave contorneo en las cade­ras: haces de luz negra lo
cruzan yuxtapuestamente —y donde sus botines se han posado vuelven a brotar
las violetas: el taconeo se mezcla, monocorde, con las pisadas de las parejas que
bailan, y estas con el sonido de la orquesta ya lejana, en un deseo (inconsciente)
de no ser más los ángeles tocando las trompetas de la desrealización. Un débil
farol lanza al espacio su masa ígnea en extinción. Esa luminosidad hace aún más

59
palpable todo este macizo de sombras que lanzan con la levedad de los
movimientos de la cortina de semillas rojas unidas en sus extremos por largos
hilos que cuelgan de la entrada. Un cuerpo transpone esa muralla cuyo soporte no
es el ajedrez de lozas enceradas sino las argollas de un cielo empapelado con
imágenes de ángeles tocando las trompetas de la desrealización. Bamboleo
nervioso, largo, de las piernas enfundadas en el jeans gastado. Una chaqueta de
tercio­pelo verde olivo. Nannerl guarda el espejo en su carterita de cuero repujado
con dibujos de auquénidos e incas emergiendo de la espuma del lago titikaka
mientras levanta sus párpados, leve­mente, cansadamente, entregándole el
profundo violeta de sus ojos, en una especie de saludo que es su saludo más
efusivo. El aire acondicionado de la boite sufre de ambivalencia hamletiana: no
semeja ni el primer día de otoño, ni el último día de verano: el aire acondicionado
es el aire neutro de la noche en que los cuerpos habrán de conocerse. La orquesta
cruje ya lejana, en el escenario a un costado —pero lejana para ellos. Bailan
enlazados por los dedos, lentamente, saboreando el placer de excluirse (en el
reducto de ese sótano) de la historia que no es sino la historia de los autos, oficinas,
fábricas, ideologías. Un débil farol lanza al espacio su masa ígnea en extinción.
Esa luminosidad hace aún más palpable todo este macizo de sombras que danzan
con la levedad de los movimientos de la cortina de semillas rojas unidas en sus
extremos por largos hilos que cuelgan de la entrada: el taconeo se mezcla,
monocorde, con las pisadas de las parejas que bailan, y estas con el sonido de la
orquesta ya lejana, en un deseo (inconsciente) de no ser más que ángeles tocando
las trom­petas de la desrealización. Y el farol les revela con su incierta luminosidad
un lugar oscuro sobre el costado izquierdo de la mesa. Esa luminosidad hace aún
más palpable todo este macizo de sombras que danzan con la levedad de los
movimientos de la cortina de semillas rojas unidas en sus extremos por largos
hilos que cuelgan de la entrada. Un débil farol lanza al espacio su masa ígnea en
extinción. El aire acondicionado de la boite sufre de ambivalencia hamletiana: no
semeja ni el primer día de otoño, ni el último día de verano: el aire acondicionado
es el aire neutro de la noche en que los cuerpos habrán de conocerse. Un cuerpo
transpone esa muralla cuyo soporte no es el ajedrez de lozas en­ceradas sino las
argollas de un cielo empapelado con imágenes de ángeles tocando las trompetas
de la desrealización. Bailan en­lazados por los dedos, lentamente, saboreando el
placer de ex­cluirse (en el reducto de ese sótano) de la historia que no es sino la
historia de los autos, oficinas, fábricas, ideologías: el ta­coneo se mezcla,
monocorde, con las pisadas de las parejas que bailan, y estas con el sonido de la
orquesta ya lejana, en un deseo (inconsciente) de no ser más que ángeles tocando
las trompetas de la desrealización. La orquesta cruje ya lejana, en el escenario a
un costado —pero lejana para ellos. Un débil farol lanza al espacio su masa ígnea
en extinción: no semeja ni el primer día de otoño, ni el último día de verano: el
aire acondicionado de la boite sufre de ambivalencia hamletiana. Un débil farol

60
lanza al espacio su masa ígnea en extinción: la orquesta cruje ya lejana, en el
escenario a un costado —pero lejana para ellos: el taconeo se mezcla, monocorde,
con las pisadas de las parejas que bailan, y éstas con el sonido de la orquesta ya
lejana, en el escenario a un costado —pero lejana para ellos. Y el farol les revela
con su incierta luminosidad un lugar oscuro sobre el costado de la mesa: el aire
acondicionado es el aire neutro de la noche en que los cuerpos habrán de
conocerse.
II.5.2. Mañana a las 7 pm. en el Neptuno, dice. Ella, OK mi preceptor.

61
III. 6. ESPACIO DE LUZ: aplicación de Kandinsky
B: Sobre la línea. IA

SIN EL BIG.BANG
MOZART NO SUBLIMARÍA EL PECADO

EL EÓN NANNERL
SERÁ SOPHÍA

62
II. 7. Tan dulcemente inciertos: Nannerl descubre un paraíso.

Encendías una luz verde y dorada como flujo


de palabras bajo sábanas de seda estampada en flor
románica y era (como ser la superficie quietamente en *
vuelo de la flama) esa imperiosidad de nuestro leve
pensar la belleza
y el lugar donde escoran las canciones
las guitarras / nuestros cabellos esparcidos en el lecho
A B B A B B B A B AAA B
era: fue: era: fue: era: fue: era: fue: era: fue: era
un leve descender a la belleza & la bellez de aquesta
sensualidad de nuestra mente embellecida
con la mentalidad de lo sensual.

II.7.1 Quizá lo más valioso de una copulación no sea la copu­lación per se: no el
fin del acto (aunque la descarga de ener­gía es fundamental —pero ¿qué es una
descarga de energía?: no es el semen la energía, ni el shi, la energía se transmite
por una inmensa red subcutánea, y es mensurable la energía: un fluido vaporizado
en sensaciones voluptuosas, una electricidad negra, una carga de láser biológico)
sino los medios (gestuales) / ¿Quizá lo más valioso de una copulación no sea
copulación per se: no el fin del acto sino los medios (gestuales)?: o la copulación
per se no es sino un poderoso despliegue de gestualidad, en el campo de batalla /
la paciente impaciencia que los conjura en el enredo: una develación (revelación)
de la realidad subyacente del Paisaje de la Caricia, del Paisaje del Orgasmo, del
Paisaje del Deleite —mi Tacto reptando sobre la cualidad de los cubos infinitos:
la her­mosa colina de un pecho deslumbrado por el sol, un muslo = extenso pétalo
blanco lleno de reflejos verdidorados bajo el velo transparente, el cuadro de una
nalga (primer plano difuminado) recortada sobre un monte de colchas arrugadas:
no mil coitus para acceder al Paraíso, no mil emisiones seminales / pero sí (“la
conciencia no es un órgano de la naturaleza, sino de los pre­juicios: venzámoslos
y tendremos la conciencia de nuestros órde­nes” cf. Sade). (La limitación de la
libertad de la actividad física y de la crítica mediante la represión sexual, es una
de las razones más importantes del orden sexual burgués” cf. Reich) el Paraíso de
Mil Caricias para ser accedido por la descarga orgástica: no la “fenomenología”
de la conciencia, sino la expresión de una sintaxis libidinosa / liberar la oposición
sujeto—objeto por una permanencia de la gestualidad, bogar (dulcemente) en la
su­perficie de los cuerpos —se trata de (Oh! mon amour): Sodomizar la escritura
—es transgredir la teología de la representación (en la espacialidad semántica), es

63
establecer la praxis metafísica de las perversiones (liquidación del referente), es
dislocar todo sig­nificante (incendio aunque tautológico neutro de la espacialidad
verbal) / en cierto modo lo que ellos dicen:

A: El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te parece?


B: Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo que
cuelga del farol.
A: E1 amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te parece? El amor es un
fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece?
B: Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo que cuelga
del farol. No es el amor: es la emoción el fluores­cente neutro sobre el
mar.
A: El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te parece? El amor es un
fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece? El amor es un florecimiento
incandescente del sentido ¿Te parece?
B: Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo que cuelga del
farol. No es el amor: es la emoción el fluores­cente neutro sobre el mar.
No es el amor: es la pasión el flo­recimiento incandescente del sentido.

[cf. DESPLIEGUE —II (fragmento)]

Todo sentido figurado (espacio tropológico) exige una lectura literal —en el
sentido literal de lo figurado, del modo como todo sentido (texto) (amor) literal
exige más que una figuralidad de lo literal / una logística del geno—texto, en su
sentido figurado: Sodomizar la escritura (sentido alegórico) (literalizar por tanto
algunas secuencias que aunque han sido alienadas por el Pornógrafo conservan
aún su naturalidad mitológica) —propone la pul­verización sintáctica (su relación/
revelación) = Imperativo Ca­tegórico: ser accedido, acceder: transparenta los (dos
primordia­les) estados del ser, v.gr.: mi Escritura preferida (la Nannerl) —te hace,
te deshace, te rehace. Una mujer (escritura) oficiali­zada es una prostituta (cf. Flora
Tristán: “el matrimonio es una prostitución legalizada”) estúpidamente reprimida,
es decir: una frustrada de su condición orgástica, alienada toda (su) actividad ritual.
El legalismo, la praxis hegeliana y capitalista son una colo­nización (agresora) de
un cuerpo por el valor supremo de la pro­ducción real. Esta forma de la rutina
implica desconocimiento de la imprescindibilidad del erotismo, del imperativo
desbordante de la sexualidad —aquella vía directa de conocimiento y ale­gría,
su misticismo. Si esta clase de mujer (conciencia burguesa) (burguesa por haber
rechazado el goce del falo que desea), en un instante convergente de la proyección
inmediata de una lucidez que, en su fragor analítico, se vuelca a impulsos
gozosamente in­versos accede a probar la sintaxis fulminante de los cuerpos

64
(vuelto el armónico rostro a la pasión libertaria, en busca de su oscuro esplendor
= fría imaginación en llamaradas) —la ruptura conceptual (anal) se operará como
flor analógica color matemá­tico de crepúsculo super activo, revelada ella (la
escritura) por su práctica erótica sobre la obstaculabilidad (mercado de consu­mo)
social. Sodomizar la escritura —es, pues, una torción del sentido que al torcerse
se autoliquida, en sacrificio, para evitar caer en la economía de la persuasión, es
decir: en la manipula­ción, para evitar su alienación económica.

65
II. 8. En aquel dulce hoyo: cuadro del Indicativo.

12 de la noche / rocío / frescura

flor implosiva

y el clima como un paraíso con fragancias de vulva

huelo fragante vulva he mordido olido cortado

fragante vulva he mordido fragante vulva fragante


olía fragante fragante habría olido cortado mordido
vulva vulva habría olido vulva fragante vulva
olí fragante vulva hube cortado mordido olido
fragante vulva habré cortado fragante vulva fragante
oleré fragante hube habré cortado olido mordido

y esa ola deslizó su lengua sobre la curvatura dorada.

II. 8.1. Oler, saborear —he allí los dos placeres más inmediatos, más animales,
menos sublimes = analogía del placer sexual (cf. Marcuse).
Oler, saborear —su práctica inmarcesible erotizaría al cuerpo de modo que
respondería contrariamente a la desexualización del cuerpo necesaria para la
manipulación social de este en el prin­cipio de actuación (que hace del cuerpo un
instrumento de tra­bajo) (cf. Marcuse).
Los cuadros semánticos [oler/saborear] se orquestarían sobre estructuras
exteriormente dispersas pero sintácticamente rela­cionadas, de modo que estos
cuadros pueden ser manipulados como fichas de dominó por un lector que al
manipularlos daría el salto hacia la cualidad de “autor” (en el sentido soñado por
Lautréamont = negación del circuito económico autor/lector ca­pitalista) —negaría
(el lector) (con su práctica) al “autor” que “concibió” (“inspiradamente”) el texto

66
primario. Así, el Aedo (yo) sería/es (seré/eres) un lector más, con los mismos
derechos y deberes que el lector cuyos ojos repasan estas líneas. & ese lec­tor
(usted) será, pues, mi escritor favorito —el que yo prefiero.
Los cuadros semánticos [oler/saborear] (& me doy cuenta que no puedo
evitar la referencia “oler/saborear”, quizá porque ella —la referencia, los
verbos— contienen aún reminiscencias ideológicas (en el sentido eminente) o tal
vez por eso es una refe­rencia —claro, el primer problema es que “oler/saborear”
también constituyen —a pesar de su sentido informativo— un sentido sim­bólico,
ideológico, obvio, cosas pensadas por el hombre: allí el pro­blema (semántico) &
desde luego, la referencia empleada en el sentido marcusiano es una distorsión
ideológica, interesante por lo de distorsión, todavía algo masticable ¿no?) [oler/
saborear], a saber:

II.8.2. la. olido haber olido / haber sabor olido = sabor olido vulva haber
2b. vulva saboreando / oliendo vulva = oler vulva oler saboreando
3c. olí vulva saboreaste / vulva sabor = olí tu vulva olí tu vulva
4d. saboreando habré tú / olido habré = habré olido (metido lengua)
vulva
II.8.3. 1b. oler (yo tú tu) vulva / oler sabor = sabor (yo tú tu) vulva oler
2a. saboreado habiendo habiendo / olido habiendo = saboreado vulva
olido
2c. olía vulva olía (tu) / vulva (yo) olía = vulva saboreaba vulva
olía
3d. vulva hube vulva olido / vulva saboreaste (yo) = vulva (tú)
vulva
II.8.4. 1c. saboreo (tu) vulva / huelo (tú yo) huelo = sabor vulva saboreo
2d. había vulva olido / había (tu) vulva saboreado = había olido
3b. saboreado olido / saboreado olido = vulva (tu) olido (yo) saboreado
4c. vulva olerás (yo) / vulva oleré = saborearás (tú yo) vulva oleré
II.8.5. 1d. ha saboreado (yo) / has (yo) olido = vulva he (flor tu) olido
2f. habría vulva olido / saboreado habría = vulva vulva
3g. olieras (tú yo tu) vulva / saboreara = vulva oliere (tu) vulva
3h. saboreado vulva hubiese / olido hubiese = vulva hubiese
saboreado

67
II.8.6. le. vulva olería vulva / saborearía = vulva (te) olería
(tu) vulva
1g. vulva huela (yo tu) / vulva saboree = (tu) vulva saboree
2g. oliera vulva / (te) saboreara = (yo) saboreara vulva (te) oliese
2h. saboreado vulva (te) hubiera / hubiese olido = vulva hubiese olido
II.8.7. 1h. haya olido haya / saboreado haya = olido (te) haya vulva saboreado
li. huéleme (ella) vulva / huélote (yo) vulva = (tu) vulva
saboreóte
2i. huele tú (yo) vulva (su) / vulva saborea él (yo) = vulva oliéndote

II.8.8. RESUMEN.— & la práctica textual como un paraíso con fragancias


de vulva.

68
II. 9. Cifra del sueño: “un hombre pierde su virilidad cuando tiene que
trabajar” (cf. Norman O. Brown)

Si con este amor sobre los pastos de los cuales soñamos cuando Purcell & otros
(Bach, Mozart, Liszt) rodaban
como ruedan en tus labios
3 ó 4 de mis versos / 3 ó 4 de mis lenguas / 3 ó 4 de mis brazos mojados ya con
el tan dulce furor de mis abrazos
y hubimos de ser como un gorjeo detenido en el instante 3 ó 4 del domingo / 3
ó 4 de la tarde / 3 ó 4 del verano
en ese instante ella dormíase con tan de tan tan leve pronunciar
su palabra de orquídea bajo el sueño.

II.9.1. Los amantes sobre un lecho, tarde de verano, las ventanas abiertas. El
tocadiscos es un símbolo del tiempo congelado en que las caricias transcurren —el
volumen muy bajo, música de fondo. Los 7 pecados capitales reproducidos con
muy buenos colores en el álbum de papel couché —pero solo son valiosos estos:
1. Ira, porque es categórica, dulce, las fauces de una Lesbiana asolándonos, su
hablar desbocado (¿escuchas a Marcello? ¿lo prefieres?), noche oscura del
alma.
2. Soberbia, nada mejor que lo mejor de tu cuerpo, o mi “yo” de—construido
de su pretérito indefinido, tu cuerpo o el mío (radiantes) ruedan desafiando
el principio de actuación.
3. Lujuria, de eso se trata, lujuria, lujuria, qué hermoso lujurizar nuestro
campo de amor, lascivia, ternura, mi cuerpo (ella) en tus brazos, protéjeme!
4. Pereza, cf. los versos del “ocio creador” en la explicación de San Juan de la
Cruz.
Los 3 restantes (Gula, Avaricia, Envidia) son principios burgueses —allí tuvieron
razón quienes revelaron esto, pero aquellos que revelaron esto cayeron en los 3
últimos principios negados. & ya se sabe quiénes son. / Los amantes conversan
lentamente, casi sin hablar: un beso en los dedos, una mirada, un silencio, tienen
más hermosura que la palabra comportando la imagen explícita. Sen­tados en la
cama, sus cuerpos se tocan horizontalmente. Él tiene un libro entre sus rodillas,
lo abre, lo cierra, lee unas líneas (¿pensando en los 7 pecados? —aunque prefiera
“las 120 jornadas de Sodoma”), el libro en las manos, lo voltea, lo sopesa —el
cigarrillo en los labios. No hacía mucho había mezclado a Gershwin, Chavela
Vargas, María Bethania, Piaf, Rolling Stones —dos horas atrás. Discos con voces
de Martín Adán, Cortázar, Octavio Paz. Ella mueve sus dedos jugando a bordar
con hilos filosel flores azules en papel satinado. Entre las sábanas se dispersan

69
papeles en blanco, un paper—mate, cigarillos con filtro. El sol arde en las hojas
del árbol (oxigenación natural) que decora la calle. Él viste blue—jeans, y el
torso desnudo, los pies descalzos pero cu­biertos con calcetines. Ella tiene puesto
el brassier, sin faldas se cubre el regazo con una sábana, los pies descalzos (y
felizmente sin panty—hose, es horrible). No tienen ganas de ir a ningún cine—
club, mejor que la historia no pase por ese cuarto, aunque sí: hay un poema de
Cleaver pegado como afiche en la pared. Ya me cansé de bordar, dice. ¿Quieres
(yo) fumar?, solo (ella) un poquito —y le coloca en los labios el cigarrillo a medio
consumir. Ha dejado sus flores a un costado, se levanta, el cuerpo ágil, las piernas
del­gadas, tersas, poderosas. Desde aquí (recostado sobre la almohada) él (yo) tiene
(tengo) una visión expléndida del ballet de sus pies sobre la alfombra entreverada
entre gotas de espasmo y sueños metálicos —logro una perspectiva ampliada,
casi un primer plano (enfocando desde abajo puesto que la cama casi roza el piso)
: sus duras nalgas enfundadas en el brevísimo calzón, la prolongación abultada
de sus nalgas en muslos, la espalda radiante, la cintura, los cabellos peinados
a la usanza de 1910, el cuello largo (me pa­rece la reproducción de una Virgen
del Parmigiliano), los tobillos compactos —su cuerpo es una señal alterando mi
estática. Regresa. Apaga el tocadiscos. Lo mira, sonriéndole. Trae en sus manos
un cuaderno de partituras barrocas, y un Alto Recorder (su praxis social). Hablan.
1: ¿quieres escuchar?
2: ¿qué cosa?
1: ¿Marcello?
2: Never.
1: Te toco a Purcell.
2: Perfecto, pero lo hago yo.

II.9.2. Un beso en los labios, rápido, apenas rozándose como deben ser los besos.
El cuaderno abierto, escogen algo de Purcell, lo más sensual, extraño, tempo de
3/4. La flauta en los labios, a saber:

70
II.9.3. Interrumpen a Purcell solo porque quieren decirle que el amor es también un
silencio apenas alterado por besos, caricias —su valor (Purcell) es introductorio,
luego se arrojarán sobre el sueño, destrozarán sus cuerpos, mi cuerpo objeto de
(tu) compul­sión, hundo mi daga en las vísceras, estudiante de medicina no me
queda sino viviseccionar el cadáver traumático del sueño, no me importa el origen
de tu muerte me importa tu muerte, no me importa tu muerte ni tu vida ni nada
(existes solo porque eres un trozo de lenguaje, una caligrafía, manchando este
papel —mastur­bación, ¿sabes? semen sobre la flor de tu aliento), me importa
tu lengua que cuelga morada los ojos sin ver mi mano cerrándose en tu delgado
pescuezo, eyacular justamente en el instante preciso de tu último aliento, cadáver
sobre cadáver, divorciado de lo real hegeliano, ellos viven su historia. Purcell
prosigue.

71
LECTURA — SENSUAL — ARQUITECTURA
(VALS, OPUS 23, N° 5)

III. 1. Numen volando


(como haz de estrellas negras)
arco azul inmanente
(el cuerpo de Nannerl)
dulce puro Veda o flor que muerdo
(Immon salado)
el concepto inflorescente del sueño
y los miembros / los gustos / el diseño / las partes /
las carnes de su carne de plástico son la delicia
(el cuerpo de Nannerl)
del pastel contemplado

III. 2. lengua vulva falo


vulva falo lengua vulva
falo vulva lengua
senos nalgas dedos
nalgas dedos senos nalgas
dedos nalgas senos

lengua nalgas senos

lengua vulva senos


vulva senos lengua vulva
senos vulva lengua

III. 3. Ella hada en la nada


(tenso vacío helado)
su reino fuera del mundo
(pastel entregado a la bruma)
su cuerpo llameando a través del espejo
(el apartamiento absoluto)
el leve sabor de sus partes
(festín de su cuerpo)
morada amarilla de A/B
(ojo nada fisura cero)

72
su grito callado
(lenguaje angélico orgástico)

III. 4. falo nalgas lengua


nalgas lengua falo nalgas
lengua nalgas falo

vulva senos nalgas


dedos nalgas vulva senos
nalgas senos vulva

dedos vulva senos


vulva senos dedos vulva
senos vulva dedos

III. 5. Signo inopera la unción de su ser


su sentido no
acá (base boreal neblinosa) no acá, va!
en el otro
su ser desconocido
es: luz sobre la luz
lectura/acupuntura de su vulva
fuego en la mente
bolsa blanca del ojo
cargada con semen
un cuerpo en el otro
engastado la
estructura del coito

III. 6. lengua falo dedos


falo dedos lengua falo
dedos falo lengua

dedos nalgas vulva


nalgas vulva dedos nalgas
vulva nalgas dedos

senos falo vulva


falo vulva senos falo
vulva falo senos

73
III. 7. Inmor(t)alidad de amor
pasado se anula en su identidad
A=A
no el pasado
el hoy continuándose en sí mismo
no se retorna al mañana
el mañana es el retorno al ayer
no se retorna al ayer
el ayer es la palabra presente
el mañana es el retorno al ayer
no se retorna al mañana:
las palabras ayer/presente/mañana no
significan nada
son ideologías
son ideologías/represiones/sublimaciones
la palabra tiempo
es una ficción
no se retorna al mañana:
la palabra historia es un espejismo
en medio de un desierto de máquinas
no existen retorno/comienzo/fin/espiral
la palabra tiempo es una palabra
igual que el concepto enajenado de historia
no se retorna al mañana:
la identidad es transferible
los signos ruedan como una bola
en la verde meseta del billar
pero el cuerpo no es ni realidad ni utopía
el cuerpo habla lejos del mundo
el cuerpo no es sino una mezcla de serpientes
y alacranes atrapados en un orden moral
la palabra moral es una ilusión
igual que la palabra palabra es otra palabra
las palabras moral/ideal/finalidad no
son sino una estupidez
el cuerpo no es ni bello ni feo
el cuerpo no es ni dulce ni amargo
ni puro ni impuro
alegre o triste
hablado o callado real o soñado

74
hay la imposibilidad de signar al cuerpo
porque él es un signo
y el cuerpo no piensa ni hace
no se retorna al mañana:
no hay ni eternidad
ni fugacidad
no hay mañana/mañana/mañana
el hombre ha perdido su memoria
la historia enajenó al hombre
su producción lo ha envuelto en su mecánica
su trabajo será siempre alienado
pero el cuerpo es aún el paraíso

III. 8.
nalgas lengua vulva
lengua vulva nalgas lengua
vulva lengua nalgas

dedos senos lengua


senos lengua dedos senos
lengua senos dedos
senos falo lengua
falo lengua senos falo
lengua falo senos
III. 9. El cuerpo de Nannerl
(numen volando)
como haz de estrellas negras
(arco azul inmanente)
cae en la luz del vacío
(dulce puro Veda o flor quemando)
el cuerpo de Nannerl
(delicia del pastel contemplado)
extraña/mente en delirio
(el concepto inflorescente del sueño)
relata otro estilo que la conduce
a ser un entramado de caricias
a poseer al amor en el limbo
y caer en el vacío
de su deseo no satisfecho

75
III.10. falo nalgas senos
nalgas senos falo nalgas
senos nalgas falo

senos nalgas lengua


nalgas lengua senos nalgas
lengua nalgas senos

nalgas dedos falo


dedos falo nalgas dedos
falo dedos nalgas

III.11. Volando en la infinitud


(el numen de Nannerl)
su identidad transmutada
el ser especulativo
(no en el espacio cartesiano):
en la reflexión sensual
LA DUDA ACTIVA
de la reflexión sensual
(la activa noche del alma)
de la duda activa
la identidad es transferible
(la suave ola de su cuerpo)
energía azul bajo la piel
yo muerdo
las lilas de su vientre
yo muerdo tu mirada
Ópera de Canciones Profanas
dulce tersura del orgasmo
Porgy and Bess Carmina Burana
yo muerdo el salvaje olor de tus nalgas
Obertura 1812
y no soy sino la muñeca de tu sueño

III.12.

lengua vulva falo


vulva falo lengua vulva
falo vulva lengua

76
senos nalgas dedos
nalgas dedos senos nalgas
dedos nalgas senos
lengua vulva senos
vulva senos lengua vulva
senos vulva lengua

falo nalgas lengua


nalgas lengua falo nalgas
lengua nalgas falo

vulva senos nalgas


senos nalgas vulva senos
nalgas senos vulva
dedos vulva senos
vulva senos dedos vulva
senos vulva dedos

lengua falo dedos


falo dedos lengua falo
vulva falo senos
nalgas lengua vulva
lengua vulva nalgas lengua
vulva lengua nalgas

dedos senos lengua


senos lengua dedos senos
lengua senos lengua

senos falo lengua


falo lengua senos falo
lengua falo senos

III.12.1. El texto fue transcrito a una gama cromática básica —la escala
dodecafónica: suma de 6 signos (centros primarios del obtener/entregar placer,
últimos reductos del fuego de la imagina­ción) que son a la sensualidad del cuerpo
lo que su descomposi­ción en 12 sonidos interactivos es a la música semántica.

77
III.12.2.A.1.: La comunión erótica (el símbolo Checán = expre­sión de la cerámica
Mochica) juega en el espacio del texto (cuerpo verbal) estructurando, a pesar de la
apariencia de su dispersión sintáctica, el macizo de signos, a saber:

1. Signos femeninos: vulva, senos.


2. Signo masculino: falo.
3. Signos neutros: nalgas, lengua, dedos.

Empero, podría abrirse una variante: senos no es sólo un signo fe­menino, es


también un signo masculino: pecho, de acuerdo al án­gulo de la lente del sujeto
voyeur; aunque si esa misma lente cam­bia hacia otro ángulo, se abre una nueva
variante: senos se con­vierte en un falo —lo que adensaría por lo menos con 2
signos más los signos neutros.
III.12.3.B.1.: La comunión dodecafónica se cristaliza en la parti­tura operando
los sonidos de una manera bicorde. Su tonalidad es persistente, grave. Empero,
podría establecerse variantes de al­tura a partir de cada segunda fila de cada grupo
significante. La lectura de sus columnas exige decididamente una tonalidad grave
invariable, salvo para significar las cesuras correspondientes (que son 20) en la
segunda y en la cuarta columna.
III.12.3.B.2.: La comunión dodecafónica presenta otra forma posi­ble de
estructuración: disolviendo las palabras a sonidos puros monocordes // en estado
crítico de la alteración química de la cannabis, vacila la percepción y la persona
se desdobla dentro de los espejos de una caja que se desdobla al infinito // entro al
es­pacio negro abierto al espacio negro abierto al espacio negro abierto al espacio
negro blanco al espacio negro, lila al espacio negro espacio dulce verde negro
rosa negro azul espacio de mi espíritu // colores puros percibidos por el tacto
inconsciente: & sonidos de olas doradas incidiendo en el foco de mi lengua, & los
colores brotan como mares de la punta de mis dedos, & los sabores son sonidos
que mis ojos miran, & los sonidos son perfumes con forma de hojas que el viento
esparce dentro de mi cuerpo, & los sabores amarillos tienen forma de muslos que
me invitan a una experiencia musical, & dentro de mí yace una mujer que está
mi­rándome de espaldas al espejo donde mis oídos la miran, & fuera del espejo tus
ojos son el vacío donde una llamarada brota, & la flor de tus ojos es un melodioso
olor que como un auto se desliza por la piel del inconsciente // porque en este
nivel cada sonido podría detentar un valor específico (v. gr.: “Vals, Opus 23, n* 5”
cf. Schönberg) :

Sonido 1: len (do sostenido1) Sonido 7: se (si bemol1)


Sonido 2: gua (la2) Sonido 8: nos (re2)
Sonido 3: vul (si1) Sonido 9: nal (mi2)

78
Sonido 4: va (sol1) Sonido 10: gas (mi bemol2)
Sonido 5: fa (la bemol) Sonido 11: de (do2)
Sonido 6: lo (sol bemol1) Sonido 12: dos (fa2)
transpuestos al pentagrama, así:

música persistente

79
PENELOPEA DE ITACA PASO POR LIMA
(Una temporada en Hades)

IV. 1.
Llegó la hora silenciosa a la ciudad.
Ni un ruido fuerte —ni un murmullo.
Los faroles se confunden con la luna
y la luna brilla en los vidrios silenciosos.
Llegó la hora angustiosa del que está parado
(en las esquinas) esperando la señal más leve
algún indicio de la noche. Como en Ítaca,
ella abrirá su puerta o se escapará contigo hacia
algún hotel,
o finalmente lo harán allí parados
sin pensar en nada o pensando que deberán hacerlo allí
con rapidez.
P. estará triste y tocará tu pecho.
Y tú nombrarás flor/angustia
y acabarás hablando de la luna.
(Cuarto crec. 22 / cuarto meng. 7 / recuerdo: ella tiene
3 hijos)
P. no visita ya los cafés del centro: ella es visitada
por jóvenes diletantes : un triste pasatiempo es el arte,
“pretendientes movían alboroto en la oscura sala
y todos deseaban acostarse con ella en su mismo lecho”
365—1, pág. 448 Y P. se agita nerviosa con su trago
de pisco entre los dedos.
“¡Fenio! pues que sabes otras muchas hazañas de hombres
y de dioses, que recrean a los mortales y son celebrados
por los aedos, cántales algunas de las mismas, sentado ahí,
en el centro y óiganle todos silenciosamente y
bebiendo vino.”
Así empezó P. (337—1, pág. 447)
con estas palabras hediondas la reunión en honor de
Minerva :
diosa de la sabiduría y los eructos.
Y el marido no llegaba escenifica ahora un personaje griego
en la cabaña. Y en la reunión Minerva habló
de su educación aristotélica, las monjas, etc.
¡Oh! ¡oh! ¿qué haces mi querida? ¡ Ya lo sé ! Oooh, qué

80
hermosa luna
“moza tan fermoza non vi en la frontera”, cuarto meng.
día 7 (martes & 12 campanadas) medianoche. ler misterio.
Ni un ruido fuerte —ni un murmullo. Perfecto.
La tuberculosis ¿una enfermedad elegante?
Vldo. dice que sí.
La última vez que yo hablé con él (hace ya más de un año
en mayo) en su cuarto había una horca colgando
desde el techo ¿cómo espada de Damocles ?
Vldo. dijo entonces
que la depresión y no hubiera pasado nada,
aquella soga era débil.
Vldo. se cambió de cuarto (donde una tía, según creo)
pero y ¿la espada de Damocles? él prefirió la poesía,
prefirió la poesía y Thanatos se largó a otro sitio.
En fin así es, en fin, los amigos son así : alharacosos.
Y qué te queda sino estar atento a todo,
silbar algo, ver entretanto a esta gente que se acerca,
eh, eh, ¿tienes un cigarrillo ?
Thank you patita,
¿patita? ¿la pipa de la paz? ¿la espada de Damocles?
¡qué va! se está demorando ya van
como 7 u 9 m. que estoy en este sitio.
Pero Venus me protege —hubiera llovido de ella
no quererlo.
Ella, Venus, es mi compañera en la ciudad.
Ni un ruido fuerte —ni un murmullo.
(Cuarto crec. 22 / Cuarto meng. 7 / recuerda : ella quiere
su pedazo.
quiere paz, sosiego) Es verdad —no sabrás ya
si tu verdad es la verdad que tú querías,
pero tu verdad no es más que tu verdad —y constrúyete así
como destruyes tu memoria.
Toda verdad es destruible: esa es la verdad.
P. te esperó sin corsé ni calzón bajo la bata.
Tiempo de piedra, hierro : palabra mal guardada
en el eterno secreto del libro de Tomás.
¿ Volverán las oscuras golondrinas ?
Y recordaste a Nannerl y no supiste más si 3.1416 es
el enigma

81
o el estigma revelado en los antiguos Quillca.
P. te esperaba aquella noche bajo el enrejado más oscuro
de su casa —y bebía nerviosa.
Y eran tantos años como los años juntos de sus 2
primeros matrimonios
sin ver a su Abhm.
Ni un ruido fuerte —ni un murmullo.
Eso acabará por atrofiarse,
y el óxido cubrirá los mecanismos.
Y Abhm. su marido, seducía a otras mujeres en España
como yo acá seducía a su mujer cerca de la Plaza
de Armas
“Es flaca, pálida como la tarde y viste blue—jeans blanco”.
Es flaca, pálida como la tarde y te esperó horas en
aquel lugar.
¿Es Circe? ¿Calíope? ¿Penelopea?

82
IV. 2.

Y P. sigue nerviosa / bebe otra copita


hojea otras revistas.
¿Volverán las oscuras golondrinas?
Tú dijiste: “viste una blusa negra como la mariposa
en larva.”
Pensaste hallarla en el café de los pintores
pero no —no está caaaraay dónde se habrá metido
ella
que ha conocido 3 divorcios: 3 trozos de diversa
calidad metafísica
caray: ella
quiere estar ahora te espera mientras teje su telaraña
(¿y cuántos años sin ver ni la fotografía de su Abhm?
luna brillando sobre los vidrios silenciosos)
“P. fue descubierta al cabo de 3 años de destejer lo tejido
y obligada a terminarlo.” Antínoo, canto 85, cap. II.
Y en un verso de la Pequeña Ilíada (Aristófanes, Caballeros 1056)
una primera pista: introducción al (o, del) asunto,
Hipót. 4 : “También una mujer llevaría la carga,
si un hombre se lo impusiera;
pero no participaría en combate alguno, pues exoneraría
el vientre (y sus caricias) —si combatiese.”
Resp. 2: & los cocteles van & vienen va—i—ven Minerva
en decadencia:
pisco & maracuyá —un trago más un trago menos es igual.
P. está borracha y su alma no encuentra paz.

83
IV. 3.

Llegó la hora silenciosa a la ciudad.


Encendí mi cigarrillo
y me puse a escribir esto: encendí
mi cigarrillo o ya estaba escrito
y el cigarro se quemaba
pero yo pensaba en la imagen que atrapara un solo instante
del amor que ahora buscas en los autos
& en los muslos de la mujer ya calcinada por don Faustus
y Aubrey aún esboza sus trazos nerviosos de la pesadez
subconciente:
Salomé danzando entre los 7 velos
y los 7 soliloquios metafísicos:
y habló de su desdicha de haber gozado de la ciudad platónica.
Soliloq. 1: me casé 3 veces & el divorcio vino a mí 2 veces.
Soliloq. 2: tuve 2 hijas & un hijo: mis 2 hijas me
desprecian.
Soliloq. 3: una viajó a los 19 & no la he vuelto
a ver,
ni me escribe.
Soliloq. 4: una vive con su padre —mi primer divorcio &
no me visita
Soliloq. 5: (antes de hablar esta vez ella bebió 3 copas
más, es decir
8: una por cada vez que habló: los ojos
hinchados lacrimosos
el aliento como 2 kilos de anchovetas en
descomposición
la mano temblorosa / el semblante como una
gallina enferma):
Nausicaa mi yerna mantiene relaciones con
Abhm. mi 3° esposo
Nausicaa está casada con Be. hijo de mi
primer matrimonio
& ... (Pr. el novelista me contó el resto de la historia
Be. es marica / y Abhm. lo inició en este oficio /
Abhm. es marica
y P. se acuesta con Be. / y Be. está celoso

84
de Abhm.
y Nau. ama a Be. / y cuando Be. se acuesta con
Abhm.: Nau. y P. hacen
escenas / y P. ama a Nau.: no se comprenden /
y Be. quiere
acostarse sólo con Abhm. / y Be. no deja
acostarse
a Abhm. con P. / y P. con Be. se tienen celos
de Abhm es
decir:
Nau. ama a Be. / P. ama a Nau. / Be.
ama a Abhm. Abhm.
ama a Nau / y etc,) etc.
Soliloq. 6: mi 3° esposo partió hacia España & tramito
mi 3° divorcio
Soliloq. 7: Be. se fue no sé donde ya casi tengo menopausia.
Bebió 2 tragos más / cerró los ojos
y así se mantuvo como 1/4 de h. / silenciosa.

85
IV. 4.

“Pues si eres diosa y has oído la voz de una deidad, ea, dime si aquel
desgraciado vive aún
y goza de la lumbre del sol,
o ha muerto y se halla en la morada de Hades”. Así habló P. (en el 831—IV)
contestándole al fantasma enviado de Palas Atenea.
5 Hipóts.: Cap. IV & los cantos 804, 810, 831, 836.
Y el fantasma dijo: “No te revelaré claramente si vive o ha muerto
porque es malo hablar de cosas vanas”. Canto 836, cap. IV
Resp. 10: (a) el fantasma es el subconciente de P. liberado en este sueño,
un fantasma es seducido por aedo o Beardsley con su acuarela:
(b) & no puede ser pues más desesperanzada esta respuesta,
(c) & aclarando: P. fue seducida 17 años antes de Odiseo.
.
P. fue seducida bajo la luna en la ciudad
y recibió su trozo (tal como ella quiso) aunque no tuviera ni paz ni
sosiego.

86
IV. 5.

Llegó la hora silenciosa a la ciudad.


Ni un ruido fuerte —ni un murmullo.
Los faroles se confunden con la luna
y esa luna es el ojo que cuelga en nuestra mente.
Y he recordado a P. y a tantos otros asiduos clientes
de la amistad hacia las Artes.
Ya casi no se les ve ni llegan por aquí.
Abhm. los dejó con su reunión —y ahora quiere olvidarse
buscando a Ginsberg, como en el 60.
Fenio es un paquete (95.859 kg—peso neto) vaciado en lentitud
y sólo abre sus labios cuando eructa. ¡Oh! Sabiduría.
Canígula sin lengua. Prometeo en el abismo.
La Corte está cansada.
Y Halcón —símbolo real— fue alcanzado por un rayo.
La Corte está cansada.
Y Odiseo no ha llegado.
Las 7 columnas de Hércules son un límite hacia Hades.
Odisea en brazos de la Sirena. Telémaco & Nannerl.
Calíope se desnuda.
La Corte está cansada.
Ningún verso puede volverse hacia su origen ahora.
________________________________________________

Día 22: esa luna allí en cuarto crec.


flor de plata contra la frescura de esta noche
encendí mi cigarrillo

Venus me guiña el ojo


techo pintado con estrellas
& Platón cayó bajo una flecha
P. había dicho: “Ahora ni me es posible evitar las bodas,
ni hallo ningún otro consejo que me valga” (124 del XIX)
P. había dicho: “Pero si verdaderamente éste es Ulises que vuelve a su casa
ya nos reconoceremos mejor y más; pues hay señas para nosotros que los demás
ignoran” (105 del XIX). Pudo como no pudo ser Ulises.
Pudo como no pudo ser Aquiles.
Pudo como no pudo ser Hornero.

87
¿Era Ulises? realmente ¿era Ulises? ¿era Hornero? ¿era Aquiles?

Aedo acabó de fumar su cigarrillo,


pensó unos segundos más,
la luna giró unos 165° en el techo,
la esfera no estaba ya como había estado,
aedo caminaba en la pradera con flores frescas de su mente,
ningún lector en la Biblioteca,
se acercó a la recepcionista
& entregó su ficha: HOMERO
Obras Completas
882
h72.

88
DESPLIEGUE II
Goce de la pasión
Significante/Connotación
(Campo de setiembre)
TEATRO & PASIÓN DE LAS MARIONETAS EN EL TEXTO

(Donde no hay perspectiva, colores, símbolos,


armonías, melodías, croma­tismo: hay la
gramática de un cuer­po & la pura inflorescencia:
álgebra/matemáticas)
Lugar: un parque, un motel, un aula de clase, un
cementerio o la celda de una comisaría.
Tiempo: los años de la náusea.

EXPOSICIÓN I

Sobre el escenario, bajo el roce de un labio sobre el girasol de la noche, ellos


se miran —exaltadísimos (sudando)— a la marca del hombro: yin/yang,
entre luces que cuelgan como ángeles puros, del cielo de flúor, entre olas de
neón iluminando los nombres, los nombres de neón entre olas de nombres,
iluminando, maceteros que cuelgan, nombres que cuelgan, olas que cuelgan
como ojos sin nombre, los ojos del cuerpo en el macetero florecen: ninguna
aflicción, ningún heroísmo (o tal vez sí), ninguna alegría, nada exul­tante: los
cuerpos se enredan, en uno dormidos (soñando), los cuerpos envueltos en la
desnudez de las hojas de yedra, soñando (la cópula): mirada de un cuerpo
en otro esta­llando, gesto de un cuerpo en otro acoplándose, cordura de un
cuerpo en otro desintegrándose: desintegración de los cuerpos/ cuerpos del
gesto / cuerpos de la mirada, un florecimiento de neón en los espejos que
devuelven, decu­plicada, la imagen en transparente de la noche: los cuer­pos
invaden el espacio real, negando la oferta y la demanda: se entregan a la
producción de placer.

A : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge un globo de aire, se eleva, se cae:
coge y no coge un globo de aire su mano se vuelve un bosque de espasmo: coge
y no coge un globo de aire, se eleva, se cae: su mano se vuelve un conjuro de oro,
coge y no coge un globo de aire, su mano se vuelve —delicada— en dirección de
las flores, diciendo):
¿No es el amor como un lago con riberas doradas?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge la forma del cielo, se eleva, se cae:

91
coge y no coge la forma del cielo su mano se vuelve un faro apagado: coge y no
coge la forma del cielo, se eleva, se cae: su mano se vuelve un espejo sin fondo,
coge y no coge la forma del cielo, su mano se vuelve —intangible— contra la luz,
diciendo):
¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de
niebla?

A: (su mano se eleva, se cae: coge y no coge un gesto increíble, se eleva, se cae:
coge y no coge un gesto increíble, su mano se vuelve un sonido rosado: coge y no
coge un gesto increíble, se eleva, se cae: su mano se vuelve la sombra del sueño,
coge y no coge un gesto increíble, su mano se vuelve —impura— ante la noche,
diciendo):
¿No es el amor como un lago con riberas doradas? ¿no es el amor
como un pasto con reflejos de álgebra?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge la ansiedad del suplicio, se eleva,
se cae: coge y no coge la ansiedad del suplicio, su mano se vuelve un encanto de
azur: coge y no coge la ansiedad del suplicio, se eleva, se cae: su mano se vuelve
la mansión del acrílico, coge y no coge la ansiedad del suplicio, su mano se vuelve
—anhelante— sobre la luz, diciendo):
¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata?

A : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge un mur­mullo de hojas, se eleva, se


cae: coge y no coge un murmu­llo de hojas, su mano se vuelve el rubor implacable:
coge y no coge un murmullo de hojas, se eleva, se cae: su mano se vuelve un ojo en
el cielo, coge y no coge un murmullo de hojas, su mano se vuelve —inviolable—
contra la luz, diciendo):
¿No es el amor como un lago con riberas doradas? ¿no es el amor
como un pasto con reflejos de álgebra? ¿no es el amor como un
espejo en lum­bres disuelto?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge el sol en la flor, se eleva, se cae: coge
y no coge el sol en la flor, su mano se vuelve un alcohol disolvente: coge y no coge
el sol en la flor, se eleva, se cae: su mano se vuelve una emoción desusada, coge y
no coge el sol en la flor, su mano se vuelve —rotunda— en la nada, diciendo):
¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata? ¿un saurio con ojos en trozos de

92
amianto partidos?

A : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge un estambre que tiembla, se eleva,
se cae: coge y no coge un estambre que tiembla, su mano se vuelve una sierpe
en la calle: coge y no coge un estambre que tiembla, se eleva, se cae: su mano se
vuelve un silencio fugaz, coge y no coge un estambre que tiembla, su mano se
vuelve —cariciosa—­ante el aire, diciendo):

¿No es el amor como un lago con riberas doradas? ¿no es el amor


como un pasto con reflejos de álgebra? ¿no es el amor como un
espejo en lumbres disuelto? no es el amor como un sueño que es
real al soñarse?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge la prolon­gación de su gesto, se eleva,


se cae: coge y no coge la prolongación de su gesto, su mano se vuelve una flama
en el auto: coge y no coge la prolongación de su gesto, se eleva, se cae: su mano
se vuelve una insidia imprecisa, coge y no coge la prolongación de su gesto, su
mano se vuelve —invisible— a su propio reducto, diciendo):

¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata? ¿un saurio con ojos en trozos de
amianto partidos? ¿unos ojos con ciruelos en el campo visual que
se doblan?

A : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge su luz congelada, se eleva, se cae:
coge y no coge su luz conge­lada, su mano se vuelve un océano de piedra: coge
y no coge su luz congelada, se eleva, se cae: su mano se vuelve una sanción
delicada, coge y no coge su luz congelada, su mano se vuelve —ansiosa— en el
alba, diciendo):

¿No es el amor como un lago con riberas doradas? ¿no es el amor


como un pasto con reflejos de álgebra? ¿no es el amor como un
espejo en lumbres disuelto? ¿no es el amor como un navío en una
metrópoli varado?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge la mano que arde, se eleva, se
cae: coge y no coge la mano que arde, su mano se vuelve una mano invisible:
coge y no coge la mano que arde, se eleva, se cae: su mano se vuelve una mano
visible, coge y no coge la mano que arde, su mano se vuelve —gimiente— ante
sí, diciendo):

93
¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata? ¿un saurio con ojos en trozos de
amianto partidos? ¿unos ojos con ciruelos en el campo visual que se
doblan? ¿un ciruelo que florece en tu voz inaudible?

A : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge un matiz cadencioso, se eleva, se


cae: coge y no coge un matiz cadencioso, su mano se vuelve un emplasto gozoso:
coge y no coge un matiz cadencioso, se eleva, se cae: su mano se vuelve un abismo
al revés, coge y no coge un matiz caden­cioso, su mano se vuelve —pura— en su
goce, diciendo):

¿No es el amor como un lago con riberas doradas? ¿no es el amor


como un pasto con reflejos de álgebra? ¿no es el amor como un
espejo en lumbres disuelto? no es el amor como un sueño que es
real al soñarse? ¿no es el amor como un navío en una metrópoli
varada? ¿no es el amor como una pro­gresión infinitesimal en el
cielo?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge un vacío repleto, se eleva, se cae:
coge y no coge un vacío repleto, su mano se vuelve un rastro sin sombra: coge
y no coge un vacío repleto, se eleva, se cae: su mano se vuelve una esmeralda
trozada, coge y no coge un vacío repleto, su mano se vuelve —armada— contra
el sentido, diciendo):

¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata? ¿un saurio con ojos en trozos de
amianto partidos? ¿unos ojos con ciruelos en el campo visual que
se doblan? ¿un ciruelo que florece en tu voz inaudi­ble? ¿una flor
pintada sobre un tranvía heliotropo?

A : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge al bosque algebraico, se eleva,


se cae: coge y no coge al bosque alge­braico, su mano se vuelve un florecer del
vacío: coge y no coge al bosque algebraico, se eleva, se cae: su mano se vuelve
una extraña armonía, coge y no coge al bosque alge­braico, su mano se vuelve
—neutra— contra un paisaje de óleo, diciendo):

¿No es el amor como un lago con riberas doradas? ¿no es el amor


como un pasto con reflejos de álgebra? ¿no es el amor como un
espejo en lumbres disuelto? ¿no es el amor como un navío en una
metrópoli varado? ¿no es el amor como una pro­gresión infinitesimal
en el cielo? ¿no es el amor como una introyección de la flor en el

94
ser?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge el envés de los sueños, se eleva,
se cae: coge y no coge el envés de los sueños, su mano se vuelve un bosque
en la mar: coge y no coge el envés de los sueños, se eleva, se cae: su mano se
vuelve un faro de moto, coge y no coge el envés de los sueños, su mano se vuelve
—irascible— ante el gozar, di­ciendo):
¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata? ¿un saurio con ojos en trozos de
amianto partidos? ¿unos ojos con ciruelos en el campo visual que
se doblan? ¿un ciruelo que florece en tu voz inau­dible? ¿una flor
pintada sobre un tranvía heliotropo? ¿un tranvía heliotropo cuya
única luz se desvanece en el cielo?

A : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge un trozo de mar en verano, se eleva,
se cae: coge y no coge / un trozo de mar en verano, su mano se vuelve una ternura
que repta: coge y no coge un trozo de mar en verano, se eleva, se cae: su mano se
vuelve una flor programada, coge y no coge un trozo de mar en verano, su mano
se vuelve —visible— bajo el suplicio, diciendo):

¿No es el amor como un lago con riberas doradas? ¿no es el amor


como un pasto con reflejos de álgebra? ¿no es el amor como un
espejo en lumbres disuelto? ¿no es el amor como un sueño que es real
al soñarse? ¿no es el amor como un navío en una metrópoli varado?
¿no es el amor como una pro­gresión infinitesimal en el cielo? ¿no es
el amor como una introyección de la flor en el ser? ¿no es el amor
como un mecanismo de defensa que sua­vemente agrede?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge un aliento de anfetamina en los


montes, se eleva, se cae: coge y no coge un aliento de anfetamina en los montes,
su mano se vuelve una ola en la arena: coge y no coge un aliento de anfetamina en
los montes, se eleva, se cae: su mano se vuelve una red de caricias, coge y no coge
un aliento de anfetamina en los montes, su mano se vuelve —ambigua—sobre el
crepúsculo, diciendo):

¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata? ¿un saurio con ojos en trozos de
amianto partidos? ¿unos ojos con ciruelos en el campo visual que
se doblan? ¿un ciruelo que florece en tu voz inau­dible? ¿una flor
pintada sobre un tranvía heliotro­po? ¿un tranvía heliotropo? ¿un

95
tranvía heliotropo cuya única luz se desvanece en el cielo? ¿una
única luz que resbala en un vientre?

A : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge una lógica del paisaje arañado por
una mirada, se eleva, se cae: coge y no coge una lógica del paisaje arañado por una
mirada, su mano se vuelve un verde profundo en su lengua: coge y no coge una
lógica del paisaje arañado por una mirada, se eleva, se cae: su mano se vuelve un
festín ecológico, coge y no coge una lógica del paisaje arañado por una mirada, su
mano se vuelve —glamorosa— en el viento, diciendo):

¿No es el amor como un lago con riberas doradas? ¿no es el amor


como un pasto con reflejos de álgebra? ¿no es el amor como un
espejo en lumbres disuelto? ¿no es el amor como un sueño que es
real al soñarse? ¿no es el amor como un navío en una metrópoli
varado? ¿no es el amor como una pro­gresión infinitesimal en el
cielo? ¿no es el amor como una introyección de la flor en el ser? ¿no
es el amor como un mecanismo de defensa que sua­vemente agrede?
¿no es el amor como (qué se dirá) un plástico brote de niebla sobre
tu corazón?

B : (su mano se eleva, se cae: coge y no coge el esplendor de una rosa bajo los
labios que la pronuncian, se eleva,, se cae: coge y no coge el esplendor de una rosa
bajo los labios que la pronuncian, su mano se vuelve la palidez del gladiolo en la
página: coge y no coge el esplendor de una rosa bajo los labios que la pronuncian,
se eleva, se cae: su mano se vuelve un ojo que muerde, coge y no coge el esplendor
de una rosa bajo los labios que la pronuncian, su mano se vuelve —oscura—
contra la sombra en su sombra puesta, diciendo):
¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata? ¿un saurio con ojos en trozos de
amianto partidos? ¿unos ojos con ciruelos en el campo visual que
se doblan? ¿un ciruelo que florece en tu voz inaudi­ble? ¿una flor
pintada sobre un tranvía heliotropo? ¿un tranvía heliotropo cuya
única luz se desvanece en el cielo? ¿una única luz que resbala en
un vientre? ¿un vientre (quizá) reventando como los sueños en la
mirada electrónica?

96
EXPOSICIÓN II

Las marionetas, sobre el escenario (bajo el cono rosado de un reflector),


dejaron —lentamente— de mover sus manos: ni se elevan, ni se caen: los
hilos ondulando (no se ven pero se instuyen) al margen, se preparan a seguir
con los gestos teleguiados por control remoto: son las marionetas de Eguren,
las mismas que un 45 rpm. cantan los “Iracundos”: por control remoto A
elevó & B dejó caer (dejaron) las manos: Significante/Significado, Sol/
Luna, Afirmación/Negación, Día/Noche: los contrarios no exis­ten —liberan
su energía, se disuelven como el viento en la escritura: los contrarios son el
gesto de una hoja ante la brisa, no existen —liberan su energía, se disuelven
(los contrarios) como un espasmo en el vacío de la noche: los contrarios
son el sol en el cinema de los cuerpos, no existen —liberan su energía, los
contrarios se disuelven envueltos en su aroma: los contrarios son una pulsión
que se pro­longa, ondulando, no existen —liberan su energía, se di­suelven (los
contrarios) como una mirada alucinada: los contrarios son el concepto de un
espejo a sí mismo refle­jado, no existen —liberan su energía, despedazando
la escritura de unos ojos, de unas manos, de unos cuerpos, despedazando la
escritura, la tersa & hermosa escritura de un pecho lamido en el crepúsculo:
ni significante, ni signi­ficado, es un paisaje sin sol iluminado por signos de
neón: floresta de papel maché, fauna intestinal, mares de vidrio, arquitectura
sin sombras entre espejos diseñada: trompas de Falopio, sueño de un incesto
en el desierto: A se refiere a B, o A es referido por B: los hilos se mueven en la
esce­na: teatro & pasión de las marionetas en el texto.

A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: oscura es su visión como


es oscuro el astro de su sueño —lentamente, de derecha a izquierda, su cabeza
vuelve: ¿qué verá sino el reburbujeo de una noche en progresión? —su cabeza
vuelve, lentamente, de derecha a izquierda: no ve sino lo opaco del espasmo que
se anula en sí mismo —de derecha a izquierda, su cabeza vuelve, lentamente: en
el espeso mar de las palabras lo neutro florece —lentamente, su cabeza vuelve, de
derecha a izquierda: solo hay un espectro que gimiendo llega hasta sus dominios
—su cabeza vuelve, de derecha a izquierda, lentamente: un movimiento no es un
movimiento si la escena es capturada por el espacio nominal en lugar del espacio
verbal) :

El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te parece?

B : (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: no es oscura su

97
visión como es clarísimo el astro de su sueño —con más lentitud, de izquierda a
derecha, vuelve su cabeza: ¿qué verá sino la quietud de una noche en retroceso?
—vuelve su cabeza, con más lentitud, de izquierda a derecha: no ve sino lo diáfano
del espasmo que se amplifica sobre sí —de izquierda a derecha, vuelve su cabeza,
con más lentitud: en el ingrávido mar de las pa­labras lo preciso florece —con
más lentitud, vuelve su cabeza, de izquierda a derecha: no hay un espectro que
gimiendo se aleje de sus dominios —vuelve su cabeza, de izquierda a derecha,
con más lentitud: un movimiento es un movimiento si la escena es capturada por
el espacio verbal en lugar del espacio nominal):

Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo que


cuelga del farol.

A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: una sombra se coagula


fuera del silencio en la conciencia —lentamente, de derecha a izquierda, su cabeza
vuelve: gris es el objeto si la mirada lo posesiona —su cabeza vuelve, lentamente,
de derecha a izquierda: se desenvuelve el temblor de un lenguaje en el vacío —de
derecha a iz­quierda, su cabeza vuelve, lentamente: no ve sino el ondulamiento
intermitente de una sombra que apenas se desliza sobre el pasto —lentamente, su
cabeza vuelve, de derecha a izquierda: alcanza a percibir su objeto resbalando por
la ventana de un edificio —su cabeza vuelve, de derecha a izquierda, lentamente:
explosión de los morfemas de una lengua que se resiste a desnudarse):
El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te parece? El amor es un
fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece?

B: (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: una luz se dispersa
en el sonido de la inconsciencia —con más lentitud, de izquierda a derecha, vuelve
su cabeza: se disuelve lo gris en el objeto si la mirada se introduce —vuelve su
cabeza, con más lentitud de izquier­da a derecha: se repliega el temblor de un
lenguaje que se colma —de izquierda a derecha, vuelve su cabeza, con más
lentitud: no ve sino el entronecimiento intermitente de una luz que apenas se
desliza bajo el pasto —con más lentitud, vuelve su cabeza, de izquierda a derecha:
no alcanza a percibir su objeto penetrando por la ventana de un edificio —vuelve
su cabeza, de izquierda a derecha, con más lentitud: implosión de los morfemas de
una lengua que se entrega a la contemplación de su interior):

Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo que


cuelga del farol. No es el amor: es la emoción el fluorescente neutro
sobre el mar

98
A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: bloques de cemento
desde su ojo ve deslizarse —lentamen­te, de derecha a izquierda, su cabeza
vuelve: la palidez del paisaje se resuelve en un concepto retroactivo —su cabeza
vuelve, lentamente, de derecha a izquierda: su concepto del paisaje se resuelve
en la concreción de sus imágenes —de derecha a izquierda, su cabeza vuelve,
lentamente: no hay más que un aire gris modulándose en el bosque —lentamente,
su cabeza vuelve, de derecha a izquierda: lejos de la forma imprecisa del bosque
lo pre­ciso se disuelve —su cabeza vuelve, de derecha a izquierda, lentamente: lo
preciso contiene un aire congelado en su sintaxis):
El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te pa­rece? El amor es un
fluorescente sobre el mar ¿Te parece? El amor es un florecimiento
incan­descente del sentido ¿Te parece?

B : (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: bloques de


cemento ante su ojo se desliza —con más lentitud, de izquierda a derecha, vuelve
su cabeza: la calidez del paisaje se complica en su concepto futurible —vuelve
su cabeza, con más lentitud, de izquierda a derecha: su concepto del paisaje se
complica en la gra­nulación de sus imágenes —de izquierda a derecha, vuelve su
cabeza, con más lentitud: no sólo hay un aire claro desmoronándose en el bosque
—con más lentitud, vuelve su cabeza, de izquierda a derecha: cerca de la forma
precisa del bosque lo impreciso se comprime —vuelve su cabeza, de izquierda
a derecha, con más lentitud: lo im­preciso desprende un aire movilizado en su
sintaxis):
Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo
que cuelga del farol. No es el amor: es la emoción el fluorescente
neutro sobre el mar. No es el amor: es la pasión el florecimiento
incandescente del sentido.
.
A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: el mar de las cosas que
persigue se le escapa —lenta­mente, de derecha a izquierda, su cabeza vuelve:
una cosa es a su percepción lo que el amor es para un gato —su cabeza vuelve,
lentamente, de derecha a izquierda: el gato es el objeto cuyo brillo de noche es un
sujeto inalcanzable —de derecha a izquierda, su cabeza vuelve, lentamente: las
cosas empiezan a desmoronarse apenas una mirada obsesiva las toca —lentamente,
su cabeza vuelve, de derecha a izquierda: no existe el salto de un gato si antes el
beso de la luna no cayó sobre su lomo —su cabeza vuelve, de derecha a izquierda,
lentamente: la suave brisa semán­tica envuelve el mar de cosas congelado):

El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te pa­rece? El amor es

99
un fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece?? El amor es un
florecimiento incandescente del sentido ¿Te parece? El amor es una
ficción que se resiste a lo real ¿Te parece?

B : (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: el mar de las cosas
que rechaza, se le incrusta —con más lentitud, de izquierda a derecha, vuelve su
cabeza: un gato es para el amor lo que su percepción es para una cosa —vuelve
su cabeza, con más lentitud, de izquierda a derecha: un objeto aprehensible es la
opacidad en el sujeto del gato —de izquierda a derecha, vuelve su cabeza, con
más lentitud: las cosas empiezan a reordenarse apenas una fugaz mirada las toca
—con más lentitud, vuelve su cabeza, de izquierda a derecha: la inmovilidad de
un gato no existe si el beso de la luna cayó sobre su lomo —vuelve su cabeza, de
izquierda a derecha, con más lentitud: la espesa brisa semántica desenvuelve el
mar de cosas vaporizado):

Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo


que cuelga del farol. No es el amor: es la emoción el fluorescente
neutro sobre el mar. No es el amor: es la pasión el florecimien­to
incandescente del sentido. No es el amor: es la gnoseología la ficción
que se resiste a lo real

A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: la geometría del


sueño no conoce de la armonía de las proporciones —lentamente, de derecha a
izquierda, su cabeza vuelve: la geometría del silencio no conoce de la armonía de
los sonidos —su cabeza vuelve, lentamente, de derecha a izquierda: la geometría
de la sombra no conoce de la armonía de las luces —de derecha a izquierda, su
cabeza vuelve, lentamente: la geometría del espíritu no conoce de la armonía de
los cuerpos —lentamente, su cabeza vuelve, de derecha a izquierda: la geometría
de los edificios no conoce de la armonía de las flores —su cabeza vuelve, de
derecha a izquierda, lentamente: la geometría del significado no conoce de la
armonía de los significantes):

El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te pa­rece? El amor es


un fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece? El amor es un
florecimiento in­candescente del sentido ¿Te parece? El amor es una
ficción que se resiste a lo real ¿Te parece? El amor es una analogía
del mar bajo la piel ¿Te parece?

B : (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: la matemática


del sueño conoce de la armonía de las desproporciones —con más lentitud, de
izquierda a derecha, vuelve su cabeza: la matemática del sonido cono­ce de la

100
armonía de los silencios —vuelve su cabeza, con más lentitud, de izquierda a
derecha, vuelve su cabeza, con más lentitud: la matemática de los cuerpos conoce
de la armonía del espíritu —con más lentitud, vuelve su cabeza, de izquierda a
derecha: la armonía de las flores conoce de la geometría de los edificios —vuelve
su cabeza, de izquierda a derecha, con más lentitud: la matemática del significante
conoce de la desarmonía de los signifi­cados):

Desconfío de tu analogía. No es el amor: es, la muerte el cielo


que cuelga del farol. No es el amor: es la emoción el fluorescente
neutro sobre el mar. No es el amor: es la pasión el florecimiento
incandescente del sentido. No es el amor: es la gnoseología la ficción
que se resiste a lo real. No es el amor: es el sueño la analogía del mar
bajo la piel.

A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: una masa de bruma se


desplaza por el parque —lenta­mente, de derecha a izquierda, su cabeza vuelve: en
el parque la noche rueda como el sol en el follaje —su cabeza vuelve, lentamente,
de derecha a izquierda; una masa de luz se impregna a la página de un libro
—de derecha a izquierda, su cabeza vuelve, lentamente: en la página de un libro
los ciruelos florecen sin cultivo —lenta­mente, su cabeza vuelve, de derecha
a izquierda: una masa de fonemas se extravía en el tranvía de su lengua —su
cabeza vuelve, de derecha a izquierda, lentamente: ha perdido su lengua pero ha
recuperado su identidad):

El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te pa­rece? El amor es


un fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece? El amor es un
florecimiento in­candescente del sentido ¿Te parece? El amor es una
ficción que se resiste a lo real ¿Te parece? El amor es una analogía
del mar bajo la piel ¿Te parece? El amor es un acumulador de
orgones cristalizado en melodía ¿Te parece?

B : (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: el parque se


desplaza bajo una masa luminosa —con más lentitud, de izquierda a derecha,
vuelve su cabeza: la noche rueda en el follaje como la luna sobre el parque —vuelve
su cabeza, con más lentitud, de izquierda a derecha: de la página de un libro se
desprende una masa brumosa —de izquierda a derecha, vuelve su cabeza, con
más lentitud: los ciruelos del libro en una página dan frutos —con más lentitud,
vuelve su cabeza, de iz­quierda a derecha: el tranvía de su lengua se extravía en una
masa de fonemas —vuelve su cabeza, de izquierda a derecha, con más lentitud:
recuperó su identidad porque no ha perdido su lenguaje):
Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo

101
que cuelga del farol. No es el amor: es la emoción el fluorescente
neutro sobre el mar. No es el amor: es la pasión el florecimiento
incandescente del sentido. No es el amor: es la gnoseología la ficción
que se resiste a lo real. No es el amor: es el sueño la analogía del mar
bajo la piel. No es el amor: es el cuerpo un acumulador de orgones
cristalizado en melodía.

A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: los números se


expanden sobre el blanco de la concien­cia —lentamente, de derecha a izquierda,
su cabeza vuelve: en el blanco de la conciencia el smog se esparce —su cabeza
vuelve, lentamente, de derecha a izquierda: los números someten a una clausura
a la pasión —de dere­cha a izquierda, su cabeza vuelve, lentamente: la clausura
de la pasión no es sino el fin de los estados —lentamente su cabeza vuelve, de
derecha a izquierda: los números no son flores de la razón sino el imperio de la
produc­ción —su cabeza vuelve, de derecha a izquierda, lenta­mente: el imperio de
la producción se desmorona bajo las pulsiones de la significancia):
El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te pa­rece? El amor es
un fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece? El amor es un
florecimiento in­candescente del sentido ¿Te parece? El amor es una
ficción que se resiste a lo real ¿Te parece? El amor es una analogía
del mar bajo la piel ¿Te parece? El amor es un acumulador de
orgones cristalizado en melodía ¿Te parece? El amor es una lógica
de la locura que nos muerde ¿Te parece?

B : (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: en la bruma de la


inconciencia los números se desgajan —con más lentitud, de izquierda a derecha,
vuelve su cabeza: un sol es comprimido por la bruma de la inconsciencia —vuelve
su cabeza, con más lentitud, de izquier­da a derecha: la desmesura de la pasión
consiste en el sometimiento de los números —de izquierda a derecha, vuelve
su cabeza, con más lentitud: la clausura de los estados es el fin de la desmesura
pasional —con más len­titud, vuelve su cabeza, de izquierda a derecha: el imperio
de la producción quedará destruido si la razón produce flores —vuelve su cabeza,
de izquierda a derecha, con más lentitud: el imperio de la significancia desmorona
a las pulsiones de la producción):

Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo


que cuelga del farol. No es el amor: es la emoción el fluorescente
neutro sobre el mar. No es el amor: es la pasión el florecimiento in­
candescente del sentido. No es el amor: es la gnoseología la ficción
que se resiste a lo real. No es el amor: es el sueño la analogía del mar

102
bajo la piel. No es el amor: es el cuerpo un acumulador de orgones
cristalizado en melodía. No es el amor: es el misterio la lógica de la
locura que nos muerde.

A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: el significado es la


conciencia corruptora del signo —lentamente, de derecha a izquierda, su cabeza
vuelve: el significado de la producción es la producción del significado —su cabeza
vuelve, lentamente, de derecha a iz­quierda: el significado no lleva sino a producir
un significado mayor —de derecha a izquierda, su cabeza vuelve, lentamente: el
significado en el discurso es la acumulación capitalista —lentamente, su cabeza
vuelve, de derecha a izquierda: el significado no florece sino prolifera bacterialmente
—su cabeza vuelve, de derecha a izquierda, lentamente: el significado no es sino
un medio manipulante de la sintaxis):

El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te pa­rece? El amor es


un fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece? El amor es un
florecimiento in­candescente del sentido ¿Te parece? El amor es una
ficción que se resiste a lo real ¿Te parece? El amor es una analogía
del mar bajo la piel ¿Te parece? El amor es un acumulador de
orgones cristalizado en melodía ¿Te parece? El amor es una lógica
de la locura que nos muerde ¿Te parece? El amor es un sueño que
es real porque se sueña ¿Te parece?

B : (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: el inconsciente


del signo ha sido rescatado por el significante —con más lentitud, de izquierda
a derecha, vuelve su cabeza: la producción del significante es el sig­nificante de
la producción —vuelve su cabeza, con más lentitud, de izquierda a derecha: el
significado mayor es desquiciado por el significante —de izquierda a derecha,
vuelve su cabeza, con más lentitud, vuelve su cabeza, de izquierda a derecha:
el florecimiento del significante des­truye el significado de su bacterialización
—vuelve su cabeza, de izquierda a derecha, con más lentitud: la masa sintáctica
puesta en libertad es su significante):
Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo
que cuelga del farol. No es el amor: es la emoción el fluorescente
neutro sobre el mar. No es el amor: es la pasión el florecimiento in­
candescente del sentido. No es el amor: es la gnoseología la ficción
que se resiste a lo real. No es el amor: es el sueño la analogía del mar
bajo la piel. No es el amor: es el cuerpo un acumulador de orgones
cristalizado en melodía. No es el amor: es el misterio la lógica de la
locura que nos muerde. No es el amor: es la poesía el sueño que es

103
real porque se sueña.

A : (de derecha a izquierda, lentamente, su cabeza vuelve: el hielo de la idea


en su lenguaje se torna en sensación —lentamente, de derecha a izquierda, su
cabeza vuelve: la idea no existe al margen de la referencia hacia su objeto —su
cabeza vuelve, lentamente, de derecha a izquierda: un objeto existe porque existe
la lengua que lo nombra —de derecha a izquierda, su cabeza vuelve, lentamente:
la idea no es el enamoramiento de la luz sino su agresión —lenta­mente, su cabeza
vuelve, de derecha a izquierda: una explosión interna en el objeto se produce si el
ojo lo envuelve —su cabeza vuelve, de derecha a izquierda, lentamente: el mar en
llamas de la significancia destruye para siempre el hielo de la idea):
El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te pa­rece? El amor es
un fluorescente neutro sobre el mar ¿Te parece? El amor es un
florecimiento in­candescente del sentido ¿Te parece? El amor es una
ficción que se resiste a lo real ¿Te parece? El amor es una analogía
del mar bajo la piel ¿Te parece? El amor es un acumulador de
orgones cristalizado en melodía ¿Te parece? El amor es una lógica
de la locura que nos muerde ¿Te parece? El amor es un sueño que
es real porque se sueña ¿Te parece? El amor es el soporte rítmico
del sueño ¿Te parece?

B : (de izquierda a derecha, con más lentitud, vuelve su cabeza: la sensación de


su lenguaje es la llamarada de la idea —con más lentitud, de izquierda a derecha,
vuelve su cabeza: el objeto existe porque es referenciado por la idea —vuelve su
cabeza, con más lentitud, de izquierda a derecha: la lengua si no nombra al objeto
éste no existe —de izquierda a derecha, vuelve su cabeza, con más lenti­tud: la
ternura de la luz emerge del cuerpo —con más lentitud, vuelve su cabeza, de
izquierda a derecha: una implosión externa en el objeto se produce se extenúa si
el ojo lo penetra —vuelve su cabeza, de izquierda a derecha, con más lentitud: el
fulgor del cuerpo se reconstruye para siempre en el lenguaje):

Desconfío de tu analogía. No es el amor: es la muerte el cielo


que cuelga del farol. No es el amor: es la emoción el fluorescente
neutro sobre el mar. No es el amor: es la pasión el florecimiento in­
candescente del sentido. No es el amor: es la gnoseología la ficción
que se resiste a lo real. No es el amor: es el sueño la analogía del mar
bajo la piel. No es el amor: es el cuerpo un acumulador de orgones
cristalizado en melodía. No es el amor: es el misterio la lógica de la
locura que nos muerde. No es el amor: es la poesía el sueño que es
real porque se sueña. No es el amor: es el cuerpo el soporte rítmico

104
del sueño.

Marcha Fúnebre de una Marionette, José María Eguren.


Montaje 1938, Serguéi M. Eisenstein.
El montaje de atracciones, Serguéi M. Eisenstein.
Ensayos sobre la significación en el cine, Christian Metz.
Jean—Luc Godard, Jean—Luc Godard.
El cuerpo del amor, Norman O. Brown.

105
PARA UNA FILMACIÓN EN BLANCO & NEGRO (16 mm.) The Night’s
Fans : elogio de Jack Smith.

C estará siempre situada (tatuaje imperceptible de la nada / una gama perceptible


del fluir) detrás de P guar­dando la perspectiva de un ciprés bajo el inquieto desorden
de la brisa: un golpe de brisa y el sol como esbozado de manera intangible &
moviéndose a la manera a la muy (claro, es un arco en el arco de su muy) fresca
manera de moverse1. Perspectiva en tangente. Un ángulo como de 45°. Película
en Blanco & Negro: cinta granulada. Duración 15 minutos. C deberá dar siempre
la sensación de ser: tal vez, un ser no obstante ser: una obstrucción parecida a
un ojo de espectador (el espec­tador de un sueño cuando sueña el sueño de estar
des­pierto) penetrando inmiscuyéndose en la vida íntima de P o en la propia vida
explícita del sueño. P es a la vez A & B. Y P puede ser también en la circunstancia
de eje magnético el ojo de C. El asunto está planteado sin­crónicamente y se
resuelve diacrónicamente. No hay más. No hay menos. Movimiento sobre el mar
en movimiento. Elementos accesorios: un mar en el instante de flujo —in­clusive:
hasta un flujo del tipo Geri. Unas rocas mancha­das con la forma de un musgo.
Una palabra disuelta como están disueltas las constelaciones en las bóvedas. Este
film deberá estar sonorizado en su totalidad: musicalizado. La música podría ser
extraída de la persistencia de los diversos matices de una lluvia sobre el pasto /
el asfal­to / los cabellos / la dulce curva de los cielos ¿Schönberg? no: Adi Tala:
4/2/4. P pronunciará 3 palabras en todo lo que dure la película: cada palabra por
cada parte de cada palabra. Una parte es la proyección simétrica del todo. Parte: 5
minutos, 7 minutos, 3 minutos. P se moverá se­gún el discurso de una lengua sobre
el objeto más cercano a su razón. C se moverá según el discurso de P. C está en
libertad de captar secuencias adicionales —v. gr.: el proceso de absorción de una
gota elástica de líquido semi­nal por la sed fluctuante de la parte de interés.

Parte A.— P se escabulle de sí mismo.


Parte B.— Desde que P se escabulle de sí mismo hasta que P se escabulle
consigo mismo.
Parte C.— Desde que P se escabulle consigo mismo hasta que P se escabulle
en sí mismo.

Cuestión 1: De la brisa: un golpe de brisa y el sol o el espacio abierto por donde


se mueve el sol de una caricia:

106
ds2 = dx21 + dx22 + dx23

De la espacialidad: entre una caricia & otra caricia se resuelve una caricia se
resuelve:

ds2 = dx21 + dx22 + dx23 + dx24


Cuestión2: El ángulo 45° podría ir ampliándose (el humo de un cigarrillo / una
piedra ramo o gorrión al rebotar sobre la superficie ondulada de un poco de agua
o de un poco de aire es el reflejo condicionado de ese poco de agua o de un poco
de aire es el reflejo condicionado de ese poco de agua) hasta por lo menos unos
80° u 85°. Posteriormente el guión indicará el momento necesario (que nunca
llega: de llegar —si es que llega: como el deseo de un coito inmediato a otro
coito después del deseo inmediato a este coito inmediato a este coito inmediato
a este ... etc): enfoque en primer plano de P pero de frente y después de un
paneo.

Desarrollo del Blanco & Negro:


Parte A : Secuencia 1.— P en un lugar. A se está alejando unos centímetros de
B y mira observa admira el continuo de la existencia. B muerde algunas hojas

107
de ciprés. A gira los ojos a un lado después al otro gira los ojos gira las manos
dispuestas en forma de visera en forma de eso que es una espera (una hez / el viejo
Ez / la pera del bodegón): A descifra algo en el cielo. B mastica sus hojas.
Secuencia 2.— B mira hacia donde estuvo hasta hace unos segundos la forma
inasible de B. B mira hacia donde A mira donde B mira. A está mirando el cielo.
El cielo ha empezado a abrirse como la envoltura platinada de un bombón. ¿Qué
rico — no?
Secuencia 3.— Pero B es B porque A es A. B entrega con mucha solemnidad/
dadimnelos ahcum 2 hojas mascadas entre el tiempo de lo que es el viaje de un
dardo de luz (¿cabello de oro —o: cabello dorado?) y el guiño de un astro al
estallar sobre el instante melódico del ser. Enfo­que en zoom. La inmanencia se
descubre de (& cubre sin) su halo.
Secuencia 4.— Golpe de luz sobre el cuerpo vocal de A3. A flexiona como situado
detrás del leve juego de la trans­parencia ese vórtice de la conciencia anulada por
la conciencia del fluido. No hay más. No hay menos. Movimiento en movimiento.
El movimiento oscilante de los pechos de Venus caminando en busca de Adonai.
Movi­miento detenido en su fluir. Es.
Secuencia 5.— El ritmo es lo inhollado/inhallado / incallado/encallado / enyucado
/enchufado/inchuflado / in (flado/flamado/flagrado/flanqueado/flacortori lado) / es
lo inmarcesible4. No existe un coito parecido a otro. El ser es su ritmo. El ritmo
es su ser. Cada ritmo es su ser. P desconoce el sistema binario de la ontología así
como aprehendió el conocimiento de la fugacidad en la trascendencia: el arco
inmanente del gozar. Y la punta del escorpión se dobló como el arco fulminante
de un goce lanzándose por sobre el lomo de los cielos. Panal de escorpiones. Los
olores emiten frecuencias intermi­tentes de hipnosis no mental. La miel.

Cuestión3: En esta parte se ha de escuchar una palabra:

abra la / abra 1 a P — labra


la (b) ra la ra la
la ra lí la ra la la ra lí la ra lí
P (al): a el oleaje & olea —
je I so
L
go (za) to (nada): Veneris in thalamos ducunt omnes
viae: ulva
z
P — abra: el espacio abierto de la caricia.

108
Cuestión 4: Los tiempos cronológicos de estas 5 secuencias iniciales & de las
secuencias pos­teriores pueden ser:

a: determinados según se crea conveniente. V. gr.:


Sec. 1...................................... 15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡St!
Sec. 2..................................15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡St!
Sec. 3............................. 15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡St!
Sec. 4........................ 15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡St!
Sec. 5....................15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡St!

b: o prolongar el eje de implosión. V. gr.:


Sec. 1........................................ 15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡Of!
Sec. 2................................... 15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡Of!
Sec. 3............................... 15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡Of!
Sec. 4.......................... 15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡Of!
Sec. 5..................... 15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡Of!

c: o prolongar el eje de implosión. V. gr.:


Sec. 5......................15 seg. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡Eh!
Sec. 1........................................ 15 mint. 48 seg. 1 mint. 2 mint. ¡Eh!

Parte B : Secuencia 1.— Miela: mental no hipnosis de intermitentes frecuencias


emiten olores los. ¿Quiénes? A & B permanecen cogidos por sus partes más
sensitivas. Cuerpo de la sensación táctil revertido en el cuerpo de la sensación
pensante revertido en el cuerpo de la sensa­ción volitiva revertido en el cuerpo de la
sensación vibrátil revertido en el cuerpo vibrátil en el cuerpo de esa lengua vibrátil
del cuerpo de la sensación vibrátil del cuerpo vibrátil de A o de B o de A & B o de
A & de B o de B & de A o de B & A bajo el 5to. cuadrante de la subconsciencia.
Secuencia 2.— Una nube se desplaza sobre la cabeza de P. Masa caliente. P está
acostado (a su costado: un bosquejo de hebras solares) sobre esa frescura pegada
en los instantes de la relajación. Primer plano. Sus labios yacen allí enlazados
como un objeto colocado sobre el taberna—culo: el labio superior de A entre los
labios de B o el labio inferior de B entre los labios de A o los labios de A entre los
labios de B y el labio superior de B entre los labios de A o el labio inferior de A
entre los labios de B y los labios de B entre los labios de A. ¿Qué rico —no?
Secuencia 3.— Las ramas del ciprés dan don dan din don dan contra las ramas del
ciprés. El ciprés soltó una hoja sobre la escultura labial. Y esa hoja aún permanece
allí: el ciprés soltó una hoja: & las ramas del ciprés dan don din/din don dan
contra las ramas del ciprés: & la brisa rodaba de este a este cuerpo: envueltos

109
el 1ro. & el 2do. son un solo cuerpo: l/2 nudos de velocidad promedio: & esa
hoja aún descendiendo eternamente descendiendo eter­namente descendiendo allí
descendiendo allí descendiendo allí descendiendo & descendiendo allí eternamente
des­cendiendo eternamente sobre la escultura de carne la escultura en el verde
Park.
Secuencia 4.— No hay movimiento detenido en su fluir. Es. Ni fue. Ni será. Es.
El beso desmenuzó como las Golberg esa astringencia obtusa:
Secuencia 5.— Lengua gustaba amor lengua buscaba amor lengua embriagada
amor lengua sorbía amor lengua soñaba lengua amor lengua agitada amor lengua
cogía amor len­gua amor lengua saciada amor lengua insaciada amor lengua amor
lengua amor lengua amor lengua amor—osa lengua osa amor lengua gozosa amor
lengua osa amor lengua gozosa amor lengua osa amor lengua amor—osa lengua
preciosa amor osa amor osa amor osada amor lengua osada amor osada lengua
osada amor osada lengua osada lengua amor lengua sabía amor lengua preciosa
amor preciaba amor lengua pensaba amor lengua amor magic tongue ton ten ton
tan song can tan can ción song cal zón ton son san san son tang son tang ton san
liin su san son tag tos so cal zo nes son tang magic tongue magic guetto magic
magic mágica bala cabala cábaladro taladro lengua taladro amor lengua amor
lengua pensaba amor lengua bebía amor lengua sentía amor lengua soñaba amor
lengua olía amor lengua pujaba amor lengua empujaba amor lengua re lengua
rempujaba amor lengua empujaba amor lengua caricia amor caricia amor lamido
amor gustado amor beso amor mira amor huele amor coito amor lengua coito amor
coito amor lengua pulpa amor lengua ciruela amor lengua vino amor lengua tierra
amor lengua cielo amor lengua, flus amor flas amor lengua ya amor lengua ya
amor ¿ya? ya amor ya ¿ya? ya amor ya ¿ya? ya amor ya ¿sí? sí amor ¿sí? sí amor
si yeh amor yeh yeh amor lengua amor lengua Eh amor len gua Of amor lengua
St amor lengua no amor lengua adentro amor lengua afuera amor lengua trompa
amor lengua vestíbulo amor lengua mueve amor lengua rico amor lengua olor
amor lente amorescente amor len len len amor ven ven amor len amor lengua amor
lengua tibia amor lengua ascua mor lengua mor lengua morlada amor incontinente
amor lengua primordial amor lengua celeste constelación libertad implosión
aguamarina aguamoviente agu aeternitas aguaviva aguafresca agualenteconvexa
punto brillante punto del punto brillante punto brillante tente agárrate tente lente
convexa lente inmensidad len4 len hexagonal lente en el cubo lengua convexa
culo hexagonal nal nal nan Nannerl amor Nannerl amor lengua amor lengua amor
lengua amor lengua amor lengua amor len gua habla amor habla amor habla amor
habla amor habla amor habla amor habla amor habla amor habla amor habla amor
habla.
Secuencia 6.— A camina dando vueltas dando/odnad satleuv odnad animac:
camina dando vueltas dando: círculo concéntrico/ocirtnecnoc olucric: sobre la

110
base del pie de base. B se ha desnudado. Las estaciones se suce­den se suceden
se suceden se suceden se suceden se su ceden se suceden se suceden se suceden
se suceden se suceden se suceden. A se desnuda. Las estaciones se suceden: B
desnuda las ropas superiores de A & A des­nuda las ropas inferiores de B. Ganges
libera el diafragmaa aaahhhh. En el aire aún puede percibirse el fino trazo de la
mariposa alas color de: & A es desnudado de sus ropas inferiores por B & B es
desnudado de sus ropas superiores por A: el ciprés va ya a cesar el suave balanceo
suave de sus ramas. Y hacia el este todo movi­miento cesó por completo. Aquella
piedra rodó unos segundos más. Y escorpión erecta su punta allá sobre el ojo del
cielo.5
Secuencia 7.— Flores en la mesa verde del Park. Los labios se juntan envueltos
en flamas de seda azul. Un seno se enlaza al otro. Un abrazo se enlaza al otro. Un
espasmo se enlaza al otro. Un testículo se enlaza al otro. A se proyecta hacia A.
B es proyectada por B. La luz se encarna en sí. Nada está. Todo es. Y ser es estar.
Lovely Star. Love. Escorpión envuelto con sépalo amarillo de crisantemo.
Cuestión 4: En esta parte se ha de escuchar una palabra:

Parte C: Secuencia 1.— Miel contenida al reverso del 4* cuadrante de la


subconsciencia. Miel derramada en el espacio inhallable de la inconsciencia. La
brisa extiende sus ojos sobre los cuerpos: & B recita los primeros versos del Veda.
Soma transmutó lo real. Pócima de San Pedrito flor y arbusto montañoso: & el
dulce perfume de la mari­guana impregna el sentido como la perfumada dulzura
de los senos. Cualquier cantidad de hermosura en ese en ese en ese en ese en ese
en ese en: S ( = Splendor): sabor en. A nombró a la estrella de esa primera hora:
deslumbrado: en el cambio de coreografía de la noche a la mañana: excitado. &
han empezado están comiéndose el bombón de una caricia: sus labios son una
mancha de luz fluorescente en el mar.

A: ¿No es el amor como un lago con riberas doradas?


B: ¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
A: ¿No es el amor como un lago con riberas doradas?
¿no es el amor como un pasto con reflejos de álgebra?
B: ¿Como un lago con riberas doradas? ¿un lago con faroles de niebla?
¿un farol con saurios de plata?

Secuencia 2.— El asunto del coito se plantea como la línea inasible de la


curvatura: & se resuelve como una mancha de luz fluorescente en el mar: sobre un
mar capturado más que por los fauves por los impresionistas: & así luz que es solo
lengua sin habla (cf. Barthes): cuerpos deve­lados por una cámara vacía.

111
Secuencia 3.— A & B son aguijoneados por la lanza fugaz de escorpión. Seres
lánguidos: belleza de la transparencia. Una muchedumbre está pasando por encima
de ellos: & ellos permanecen allí en la contemplación: & una muche­dumbre está
pasando por encima de ellos: & ellos son no absorbidos por la muchedumbre: &
una muchedumbre está pasando por encima de ellos: & ellos permanecen solos
entre la muchedumbre: & una muchedumbre está pasando por encima de ellos:
& ellos pasan por sobre ese pasar de la muchedumbre: & una muchedumbre está
pa­sando por encima de ellos: & ellos no pasan como pasa esa muchedumbre:
& una muchedumbre está pasando por encima de ellos: & ellos se comen entre
ellos se comen la caricia se comen el bombón: & una muchedumbre está pasando
por encima de ellos: & ellos permanecen allí lejos del mundanal ruido de la
muchedumbre. En el verde Park (cofre de Neptuno —en la era de Acuario) he
visto revolcar esa palidez de la piel contra la yerba: 2 seres revolcándose en la
noche bajo la noche de Eros. Y flo­tando en una marea de caricias. Y esparciendo
una cari­cia en la mirada.

Esposo: Por las amenas liras


y canto de serenas os conjuro
31. que cesen vuestras liras;
y no toquéis el muro,
porque la Esposa duerme más seguro.
Esposa: Oh ninfas de Judea,
es tanto que en las flores y rosales
32. el ámbar perfumea,
mora en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales.

Dos seres flotando en una marea de caricias. Y espar­ciendo una caricia en la mirada.
El bodegón tan lleno de caricias: & la inhollabilidad de los umbrales de la noche:
ellos se comen entre ellos se comen entre ellos se comen entre ellos: & la hoja del
ciprés aún descendía sobre la escultura en bronce de sus cuerpos: reflejos plata
ver­dosos del cabello a los hombros: & esa nube aún con­tinuaba desplazándose en
el cielo de sus ojos: una cadera entre dos muslos: dos piernas cogiéndose a dos
piernas: & el arco de luz que se encendió como se ha encendido el arco de luz bajo
la yerba.

112
SIMULTAN OPUS / Teoría Difuminada
(Reflejo en 4 de una escritura)

I Todo pasado no es silencio perdido, sino que es susceptible de ser (si no


tocado) (por lo menos) visto a través del espejo retrovisor de un auto que
aplasta las flamas de una primavera desmoronándose.

1.1. Mediodía, larga es la avenida llena de viajeros —aca­bo de comprar un boleto


de viaje y mis cabellos despiden chispas verdes / triste, como siempre mis
sentimientos son tan imprecisos como el mar al sur rompiéndose en pedazos
amarillos, y aún dispongo de unos minutos —es la avenida llena de viajeros
rompiéndose en pedazos ama­rillos: Estación para partir, Estación para llegar —mi
corazón viaja pintado sobre el tranvía heliotropo, te recuerdo Amor / 22 de marzo,
¿qué hago hoy entre la muchedumbre? —yo: realmente sigo un poco como la luz
de un sol ya extinguido y todavía brilla desde mis pupilas, en el bosque de espejos
que me devuelven al di­ván del psicoanálisis que me devuelve al bosque de es­pejos
que me devuelven al sur rompiéndose en pedazos amarillos — como un poste
estoy parado y una abeja liba un néctar desolado en mi silencio — ¿leeré una
revista con cifras de inflación pero sin lirios que me escupan? — luz de sol
engastada bajo la gamuza de un río congela­do — Hamlet ha vuelto y es perseguido
por fauces policia­les sospechándolo — ¿me beberé una naranjada? / en la última
butaca de este cinema donde todos actúan sin saber cómo ni por qué: película de
colores sombríos (Cámara/luces/acción: abro los ojos y lo cauto todo: el revés de
la luz cuerpo de una belleza invisible, y esta pesadez de lo concreto): bocinazos /
las frases se me vuelven, agresivas, no he pensado en nada: larga es la avenida
llena de viajeros — policías y el momento oscuro, ¿oscuro? ¿trágico? — antes me
había dicho: larga es la avenida llena de viajeros, y agregaré, algo más, quizá
menos turbio: larga es la avenida llena de viajeros — las frases se me vuelven,
agresivas, atacándome en sorpresa: bullicioso instante de las despedidas y los
lloriqueos, de las risas con dientes sin brillo, maletas, encomiendas, cartas que
escritas en presente serán ya pasado / la radio anuncia noticias boletines música
palabras que te invitan a consumir deshechos brillantes — entretanto releo (des­
lumbrado) la superficie de un poema en la forma de un seno, muchacha largos
cabellos mi vista te copula en la escritura y mientras la miro un cigarrillo se
consume en mis labios porque mientras la miro un cigarrillo se con­sume en mi
escritura: un seno deslumbra a mis ojos entre la muchedumbre sin nombre en la
Estación — tumbados bajo un montículo de arena el verde jade del mar se extendía
a lo lejos apacible — y yo: muchacha largos cabellos mi vista te copula en la
escritura y mientras la miro un cigarrillo se consume en mis labios, ignoro si el
dulce color del mar brotó junto a ti para decir ignoro si el dulce color del mar no

113
es más que un cuerpo a mi lado mirando la curvatura profunda — un clereci
vaganti qué soy sino un clereci vaganti al margen de la historia y al margen de la
historia que no va en la historia, un goliardo enloquecido por las ruinas (simétricas,
perfectas, codificadas) de su tiempo — Diana en Puerto Vallarta temblando
cagándose de hambre amando el revés de su cuerpo, el delicado — nada ha pasado
nada ha llegado: el nombre de Diana es el nombre de un mar destroza­do — masco
un pezón silvestre encontrado al centro de un brasero de flores — estoy agotado:
perdí la percep­ción de mi tiempo al montarme en un vientre que adoro — retuve
mi semen hasta verlo como una mancha de nieve en tus ojos rosados, bizca se
deshizo el puntito de almendra del ojo y los párpados temblaron: el orgasmo era
inminente, bizca empezó a deshacerse el puntito de almendra del ojo y los párpados
ya temblaban: el orgasmo era inminente, bizca se deshacía el puntito de almendra
del ojo y los párpados temblaban, se deshacía la almen­dra del ojo, se deshacía su
cuerpo en mi ojo y mis pár­pados empezaban a temblar: releo (deslumbrado) la
superficie de un poema en la forma de un seno — envueltos entre las hojas de un
olmo el mar sólo era un rumor, rumor de un inconsciente abriéndose a la luz — vi
una estrella rodando en el granulado de su hombro dorado — le vacié un ojo para
verla mejor por adentro, de un navajazo te vacié el ojo querida — cogí una pestaña
para grabar más que un haiku un pensamiento sobre la are­na — se abrió una rosa
en el mar y era un coágulo puro — caminando a través de la noche, deslumbrantes
palacios brotaban de los pistilos de las flores y eran luciérnagas colgando del cielo
— desnudo y erecto, yo me rascaba los cabellos en un violento cruce de semáforos
violetas, un loco dijeron — la pandilla de locas persiguiéndome para probarme
bañado en jazmín — en una esquina yo veía al loco rascarse la cabeza: verdad del
hombre que es puro — ah, qué manjar, qué manjar / en la Estación muchedumbres
esperando su boleto de viaje — su lengua lamía mis nalgas / ¡noooooo! no querida
— la muche­dumbre trepidaba entre nos poseyéndonos, despedazán­donos — ¿ves
allí?, ¿ves lo que es? un oscuro bulto se movía con calma — ¡noooooo! no ya, pero
insistías — los dos pasando cruzando la ancha avenida: brisa congelada en globos
fosforescentes arriba — un río bordeado con luces que veloces se disolvían en gas
conceptual / el goliardo oraba: su lengua lamía mis nalgas — sígueme, dijo /
sígote, dije — la pareja rodaba: festa colit Veneris, y temblando me dejé conducir
los ojos impuros hacia el palacio floreado de sus muslos / nada con la pinga,
dijeron: vulva sembrada con césped en lo alto un farol chino colgaba / tienes que
arrodillarte, dijeron — el goliardo oraba: vulva sembrada con césped en lo alto un
farol chino colgaba / tienes que lamer, dijeron— cantar para el suplicio del goce,
en una oscura calleja leí / unas gotas de vainilla en el pubis, su fragancia impregnaba
ya el cordón de las fábricas / tienes que arrodillarte, lamer, oler, palpar, chupar mis
excrementos — okey, adorables amantes / y el semáforo era un buen lugar:
escenografía para la representación de los cuerpos que luchan — mi­lita en la nueva
izquierda freudiana, dijeron — ¡noooooo! ¡noooooo! — tu boca era ávida en el

114
parque / pinga de varios ojos te osculaban (auscultaban) en una habitación vacía:
mis labios se abrieron en sépalos puros / cayendo sobre sus senos, ¿qué caía? —
entregar el culo al primer automovilista, palabras que te envolvían / elegantemente
discernir un sabor del otro: es como una cópula, dijiste —sí, al final sólo es un
sabor, la sensación de un mar destrozado / allí no querido, por allí no — inmensas
pra­deras de gas azul fosforeciendo / al ritmo caminabas de una canción, moviendo
el culo pa’ti, pa’mí, pa’ti, pa’mí — y mezclamos sabores pelos sudores miel sangre
un coctel, un verdadero coctel te lo invito / le entregué mi ternura un joven nervioso
él es muy alocado ¿sabes? muy tierno es, muy — caminabas al ritmo de una
canción y yo oraba dentro de una pagoda, eché tierra de incienso sobre tu vientre
lo encendí, ardías — general, general copulación — y Diana leyó esa noche 20
poemas de odio y una canción esperanzada / se está muriendo de hambre ahora,
dijeron / Diana en Vallarta, solitaria — y la brisa era un bloque de caricias aquí, el
mar estallaba dentro de nosotros / ¡Diannaaaaaaaa! — vi que las paredes se
contraían igual que una vulva, la cannabis — mi cuerpo era el mapa sin tesoro,
territorio donde en vano buscaste la soledad que envidiabas / dije: non tikara, y me
torné dulcísima para pronunciarte Heiwa al oído, bajito — abiertos los ojos tu
rostro era y no era más expresivo: Heiwa, te quiero — mi lirio de los valles, mi
rosa de sarón: tu vulva era un gladiolo brillante en el parque / sígueme, dijo — y
al centro de la llaga de sus pechos vi grabado en rosa Heiwa y con tonalidades
rosas / me haces feliz, dije — y arranqué un solo finísimo castaño cabello de su
pubis / estoy felicísima, dijo — y mis dientes le arrancaron un solo finísimo castaño
cabello de su pubis / ama­pola sangrienta arrojada contra la noche, y se disputaban
mi amor, cuchillo en mano se disputaban mi cuerpo para descuartizarlo, y su
disputa consistía en dulcíferas pose­siones de la una por la otra / nadie mezquinaba
su amor, no había avaricia — te haré feliz, dijo / ¡Oh! ¡Oh! ¿qué haces?, y era mi
falo conducido en andas por la ciudad violácea — el murmullo de sus oraciones se
extendía como el otoño en las terrazas de los bares, descalzas iban descalzas
caminando y en sus manos el incienso era un árbol sagrado / no busques el dorado
intermedio, no sigas al burócrata Confucio, escuché / ¡Diannaaaaaa! no comiendo
en Puerto Vallarta / y Nannerl decía: je t’aime, pero sólo era feliz con caricias, no
con el falo — y dije: je t’aime Carmen de Rumanía: femme flambante ojos de
almendra / Diana leía poemas a un camionero — Ma­rianne salió a acostarse con
alguien, era higiénico comerse un falo cada tres horas, ni más ni menos / los
caminos del exceso conducen al palacio de la sabiduría, repliqué poniendo énfasis
en sabiduría / saca el pie, mierda — Larah se inyectaba heroína mientras la pandilla
silbaba su folk song, en la pagoda — mochilas militares, jeans sucios y chaquetas
de los desertores del más poderoso tigre de papel, la pandilla cantaba — frutos de
capulí en tus cabellos Larah, la hindú que del coito hacía un extraño ri­tual / y la
comuna caminando sin rumbo en la calle: Hélene junto a María junto a Margarita
junto a Marianne, cualquier cantidad de hembras desesperadas por una pin­ga

115
poética — ¿qué culo prefieres? ¿la chicana? ¿la pro­vinciana francesa?, las dos en
blue jeans, moviendo el culo / María en sandalias y Hélene con taquitos, movien­do
sus culos en la noche — un par de hembras que / los caminos del exceso conducen
al palacio de la sabiduría, repliqué poniendo énfasis en exceso / déjate llevar
igualito es — la muchedumbre nos miraba extrañada / Tang traba­jando en texturas
negras, un minimalista es — en la tarde, Marianne desnuda a mi lado dormía
soñando la sierpe que le destrozó el ano / Tang dijo: no creas en nada, no te arre­
bates con nada, elige tu soledad — y silbando un folk song nos perdimos por una
oscura calleja, el harem iba delante trazando la ruta / ¡Diannaaaa! te recuerdo:
tiene sus encan­tos ser una mina, te dejas culear y ya tienes comida — puse mi
mano en tu sexo y dije ¿quieres?, dijiste: che, pinga no, che, me gusta tu mujer / y
la calle se bamboleaba según el ritmo de nuestros pasos, el harem iba delante
trazando la ruta — fumados alto en el espacio infinito íbamos, percibiendo el
movimiento universal — nuestros pies no tocaban el suelo, no pisábamos nada:
envueltos en gas, tiempo y espacio no existían, tum tum tum cami­nando por
oscuras callejas, y la noche que ya alargándose, interminable — no hay rumbo, no
hay destino: larga es la avenida llena de viajeros, estoy solo, ningún amigo / el
neón rojo verde rojo verde ámbar rojo verde del semáforo, color colgando en los
ojos: una golondrina cruzó el espacio y dije: ¿golondrina de neón? — y dijo ella
algo de flores o círculos girando — y dije: ¿golondrina de neón? — y ella dijo:
selvas oscuras, años después me entenderán — volví a decir: “¿volverán las
oscuras golon­drinas?” — y un auto veloz pasó enfocándonos / mis labios apenas
rozaron tus pechos y entre otros cuerpos mi cuer­po rodaba — mi percepción
agudizada: ignoro si el dulce color del mar brotó junto a ti para decir ignoro si el
dulce color del mar brotó junto a mí, entre otros cuerpos mi cuerpo rodaba como
sobre la alfombra del mar — no, por allí no quería — ¡noooooo! ¡noooooo! sudaba,
com­bate del cuerpo: festa colit Veneris.

1.2. Entre tus pechos mi deseo dormía y eran tus pechos un trozo de calor: rumor
del bosque bajo la piel y allá lejos: autos, edificios, el semáforo dormido / la
Estación me aterraba y en la escritura mi deseo dormía entre tus pechos: allí, por
allí la ficción del Paraíso nos invitaba: te despertaron esas luces naranjas de la
yerba — y esta­llamos como ese canto en labios de Sybila, y estallamos sin saberlo
— sin haber sabido que la luz brotaba como pasto como yedra como una sucesión
de imágenes (slides, fotografías, secuencias en flash—back) iluminando el espacio
de la mente: flor de pétalos humedecidos con la lluvia — noche de pétalos rodando
sobre la palidez de tus mejillas / pórticos dorados y levemente suaves: silencio
en las calles durante las tardes de los sábados sin flores — el corazón como un
corazón lleno de musgo: palabras, miradas, gorriones, estudiantes apresurados y
nerviosos — yo me he preguntado, dije: ¿Mujer (mi cam­po de amapolas) los diez
cuerpos de tu cuerpo no son el cuerpo de mis cuerpos? — y me posé en ti como

116
se posan los gorriones en la rama — ¿volverán las oscuras golondrinas? — la
primavera de tu cuerpo es la primavera del lenguaje, una escritura que releo a
la luz de mi lámpara, tus pechos son palabras que los signan y el lenguaje de tu
cuerpo a través de mi escritura es expresado, rumor de hojas mecidas bajo piel, y
ese rumor: los 10 cuerpos de tu cuerpo donde he construido mi palacio, mi templo
y mi saber, que es mi cuerpo agotando su pereza entre tu cuerpo.

1.3. El tiempo es un demonio engendrado por la luz (tiempo/demonio/luz = 3


conceptos mentales = 2 pesadillas —f un instante de belleza entre los muslos) con
su piel celeste como gasa / inminencia del orgasmo y el amor como una pisada
húmeda en una habitación oscura = 2 cuerpos = 4 muslos = 4 brazos = 40 dedos
= un falo = una vagina = 2 vientres = 2 nalgas = la incesante res­piración en el
combate, luz expléndida brotando de los ojos.

1.4. Hamlet ha vuelto y es perseguido por fauces policiales sospechándolo, entre


la multitud y Thales entre un problema de amapolas por los corolarios 4 & 8,
riberas del infierno, ríos de azufre y sarna, tullidos que vuelan como luciérnagas
en torno a los faroles, Aqueronte con su talonario de boletos, el ferrocarril está
anunciado pero aún no llega, señales de tránsito, el policía de servicios / hemos
de salir y perdernos en la larga noche y en los parques, en los parques de la
noche y en la noche de los parques: penetrar como salir = entrar es alejarse, no el
infierno ni las aguas del Leteo, no la sublimación ni la hermenéutica, no hay
infierno paraíso cielo, hay la escritura de una vulva y de un sexo ardiendo, hay
el cansancio después de la copulación, la displicencia, el placer de haber sufrido
las dentelladas de los perros que somos en el lecho, dentelladas sin piedad en la
escritura porque atrás de esta piel semántica no hay nada, sólo un enorme sentido
(fresco, puro, incontenible) como una perfecta eyaculada.

1.5. Ni hablar de los internos, ni hablar del contenido, no hablar de nada que
no sea el conceptuar un golpe de fiereza: tu cuerpo montado sobre el mío
comiendo una cereza que se dora en el lenguaje de los cuerpos, me importa
un comino esta luna que cuelga sobre marzo y no me importa sino rozar tus
párpados cargados con nieve, bizqueando ante la inminencia del orgasmo, olas
de fuego reventado contra las rocas de mi sintaxis pero no pronuncies el nombre
aquél que es prohibido, tú eres la prohibi­ción que me atrae, el deseo oscuro,
flores ardiendo en el brasero: deseo de dormir más cálidamente bajo los labios
de la noche y el rocío de mi baba aún brilla en tus pezones.

II Todo presente es inmortal y no un tránsito fugaz del objeto en el espacio


que lo envuelve, igual que el auto aunque veloz no deja de serlo a pesar de

117
no fijarse en un lugar de la autopista porque lo singular es él (expresión
del tiempo), no la realidad de su velocidad.

2.6. Así pues, llegó él con ella a este lugar (parque natural, aldea de pocos
habitantes, una taberna y una iglesia): el mar como un alfombrado cielo verde
pálido y flores como de pubis humedecido con rocío / un viejo templo incaico
donde está marcado el ritmo menstrual de las noches y los días signados con la
luna, allí oraban las mujeres mientras hacían la práctica del coitus per anus 5 veces
por mes (era lo mínimo recomendable) por los 5 días del período, lugares
sacrosantos, al centro del derrui­do templo una mesa de mármol rosa con puntitos
negros brilla bajo el sol, la marea verde espumosa revienta abajo contra las paredes
de piedra y hacia el este: arenales y manchas de vegetación, la piedra rosa con
puntitos negros aún muestra vestigios de una capa ocre, seca, indicios de la sangre
de las vírgenes desvirgadas por el Inti (Sol) y sobre el ocre seco, una mancha viva,
un blanco paño higiénico manchado por el rubí de la sangre de tu cuerpo, indicios
también de que un día cualesquiera de la década del 70 un cuerpo sangró en esa
utopía releída entre los montes y esas largas sábanas de arena, símbolo de una
cópula moderna sobre la antigua piedra nupcial y al revés la verdadera cópula,
encuentro de nuestros cuer­pos con su inmortalidad: no éramos sino unos incas que
perdidos en la jungla de las ciudades regresaban para recuperar su identidad
mediante la práctica del sexo, entre residuos de barro bajo la luna, civilización
perfecta flore­cida aquí hace miles de años, destrozando nuestros cuer­pos a
dentelladas como lobos sobre su presa / por la noche o el amor a mediodía, la
fresca loza del mar al frente y mi lengua se desliza revolviendo tus cabellos, hojas
de un rosal gnoseológico deshojadas por la brisa de la historia, y allá lejos la
ciudad, el más allá, la muerte: autos, anuncios comerciales, smog, policías — y ya
la noche crece pero lejos de la muerte es la respuesta, en posición de loto, dos
vagos que / en el bar una radiola tocando tangos del 30 / y ociosos como no hay
otros ni habrán ya los que no puedan estar como nosotros / en el Neptuno el césped
era un fuego incendiado por la cari­cia de mis labios sobre tus muslos, parque
simbólico = templo de la luna / sólo iban a dedicarse a producir placer = belleza /
esparcidos como flores sobre una pradera de conceptos ruedan los clereci vaganti,
nadie nunca se lavó el rostro ni los genitales como ahora cuando la marea ha
subido, ofrendas a la diosa y el goce para to­dos: litros de semen a flor de labio
entre los labios (fela­ción) y las nalgas (sodomía) de toda la pandilla, millares de
muslos abriéndose con un candor una pureza la posi­ción irrealizable, y me entrego
a la dulzura de un espasmo detenido como cielo estrellado y reflejado sobre los
pár­pados aceitunas del amor, desnuda y ágil como cabra montesa el amor floreció
en nuestras costas (el amor, ¿te imaginas?): mariguana fragante y visible alfabeto
(jeroglífico que habla de sabiduría) entre las tribus, poeta antes de primavera y el
mar como testimonio de otros dioses, oscuros pero substanciosos: mar lleno de

118
frutos, cópulas de oro, escrituras en carmín, amatista de una caricia mientras se
juntan todos los signos de la noche: la mezcla del cuerpo gramático por la cópula
sintáctica con el falo verbal en la vulva semántica, y el sagrado campamento limita
por el norte con la Cruz del Sur, lanzando sus caricias sobre los vientres decuplicados
de la luna (ojo espejo del cielo): chúpalo, muérdelo, lámelo querida, te amo, la
experiencia se iba acumulando a tra­vés de la escritura bajo mi lámpara esta noche:
todo presente es inmortal, y mi escritura que signa a los cuerpos no pervive sino
en un espacio más amplio: templo donde quedan lagartijas, cactos, paredones
donde orinan los gorriones y a cuya sombra nuestros cuerpos siguen inmortales,
restos que él y ella descubrieron para sí: residuos de barro, pedrones, trozos de
cerámica junto a nuestros cuerpos desnudos y bellos como ofrenda, ramo de
cerezos y hojas de mirlo silvestre, vuelo de frutos, los incas vueltos a su identidad
y metros más abajo en el valle la aldea de pescadores, su herrumbrado muelle, sus
pobres embarcaciones, las lechuzas en el faro, antiguo po­deroso puerto de Cerro
Azul hoy desolado destruido, tu soledad no es importante porque arriba entre los
restos del templo el gozo fue rescatado, rumor de las flautas y yo sueño en un
cuerpo: muchacha largos cabellos mi vista te copula en la escritura y mientras la
miro un cigarrillo se consume en mis labios porque mientras la miro un cigarri­llo
se consume en mi escritura, te diré Carmen labios de almendra en el crepúsculo
incendiado por un rosa musical, el sol sobre el mar no se decide aún a penetrarlo,
perdida toda noción de tiempo porque es una ficción: el presente se prolonga en la
escritura del paisaje, paredones del tem­plo que manché con mi semen, arenas
donde orinaste en cuclillas, colillas de cigarrillo, deshechos de alimentos enla­
tados junto a la cerámica ocre indio: nos juntamos, rostro contra rostro en lo
profundo de tu pupila he remirado mi pasado y me angustia no poder reconocerme:
calzo botines y no sandalias de venado, vestido con jeans y chaqueta militar mi
cuerpo elude la caricia del sol, la coca no es más una yerba sagrada sino un blanco
polvillo escamoso brillante que aspiro por la nariz, todo lo he confundido y sin
embargo aún sigo remirándome en la almendra de tu pupila muchacha largos
cabellos mirada de vampi, no te miro a ti miro lo que ha quedado de mí: el
simulacro de una cultura, mi bestialización en los mer­cados de occidente, el viejo
templo ha caído carcomido por la arenisca y la brisa marina, no es sino una cáscara
de barro, un espacio hexagonal residual donde nuestro campamento fue levantado,
nuevo templo de lona donde la piedra nupcial fue reemplazada por un holgado
sleeping—bag, el mar se había engullido los últimos trozos del sol despedazado en
colores, sobre las olas, entre los algodones del cielo la luna se había ocultado y la
ubicación de las estrellas por constelaciones no correspondía con nuestro mapa de
navegación, espejo que refleja a otro espejo: encendimos un lamparín al que
solemnes, de rodillas, le rendimos tributo a falta de la madre luna, empecé a
olfatear como un tigrillo del monte el paisaje sin fin de tu cuerpo, sediento abrevé
en el rebosante manantial de tu sexo, olí el calorcillo congelado de tus nalgas, en

119
tus axilas refugié mi rostro para pensar en lo que iba a ser de mí, te lamía la punta
de tus pies delicados, espejo que refleja un espejo que lo refleja: por el amor la
antigua identidad se reveló siempre nueva en ese espacio donde toda lectura
aunque utópica es real, la flor que estalla en colores no muere porque hay otra flor
siempre dispuesta para la contemplación por el mecanismo de su regeneración,
lec­tura de los cuerpos dentro de un templo que es eterno mientras otros cuerpos,
sigilosamente, se lean allí: el tem­plo está más hermoso que nunca, no la hermosura
del ojo sino el ojo de la hermosura que existe según la mire­mos, templo inmortal,
perdimos la concepción del tiempo: el amor es inaprehensible, cantos, juegos,
recitales del alhelí místico y la ceremonia del licor, pero sobre esta superficie del
comportamiento brilla la mirada de una flor eternamente regenerándose en el
inconsciente: allí perdí mi nombre y lo perdí todo, mi yo no fue más mi yo, el
paisaje era mis ojos contemplando la cópula del sol sobre las olas, un animal
salvaje recuperado por el contexto de una historia que pervive cien kilómetros al
sudoeste de las fábricas, otra vez en posición de Loto: ojos dirigiéndose hacia las
flores de los pubis, los cuerpos envueltos en las texturas del crepúsculo: un muslo
capulí acariciado por el rosa dorado de la tarde sobre un pálido seno transparente
como un cielo lleno de estrellas, te contemplaba: paisaje humano donde el mar
conceptual estallaba contra el amor siempre impuro, el hacer por la contemplación
lejos de la urbe, un pobre fin de semana que la escritura recupera para siempre: los
dos amantes callada­mente miran el atardecer desde la única taberna de la aldea, el
rocío brillando sobre el pubis entre guitarras, mandíbulas de asno, melodías en
cassettes: por un mo­mento hemos tocado el centro mismo de un oscuro Pa­raíso
— ese espacio clausurado por nuestro comporta­miento cultural, historia al margen
detrás de nuestros ojos, viejo templo nuestras pisadas aún no fueron borra­das por
el viento.

2.7. Pero el asunto real es la primera conclusión (Fuga brevis): con mi atado
de versos he llegado hasta / atra­vesé dulces y fluorescentes praderas ámbar al
otro lado del crepúsculo / tiempo es esa luz que rueda sobre la curva del cielo, el
tiempo verdadero: no existe ayer / en los campos mis ojos contemplaban el brote
de un lirio bajo el sol / no hay mañana: un presente reventando como espuma
ante mis pies / restos de un templo donde aún las parejas ofician el ritual de la
permanencia / la palabra hoy no dice nada: rumor de moras, esta mariposa que
vuela sobre mí.
a.— “Cielo de porcelana: ayer & mañana están
como este mar/ojos de la historia / largo espasmo ayer &
mañana: una flor son o siendo (infinitivo)
—mística de un cuerpo incorruptible”
b.— “Mar olas de jade: cántaro matriz

120
vagina pintada con los colores de la rosa
& son vagina/mar/duda — 3 dulces conceptos
—mar olas de la fecundidad”

2.8. Y el turbio Espíritu (leve forma, masa de palabras: levitaba dulcemente


en torno de mi cuerpo, idea corporizada en, sorbiendo en la piel el fluido de
los astros en el parque, voz sobre las nubes, calzoncito sonrosado lívida gasa
trasparente perfumes de una vulva, de izquierda a derecha, con más lentitud,
vuelve su cabeza: Desconfío de tu analogía, cierra y abre los ojos, envuelta
entre las hojas de los sicomoros — en mis manos un olor como de nieve,
lívida gasa rosado pálido puntitos dorados: puse mi nariz sobre la suavidad
del calzoncito sorbiendo tu fluido: bello olor de pubis y en mis venas como un
río le miel el orgasmo empezaba a llenarme: ojos cerrados y el temblor de tus
párpados entreabiertos: muero porque no muero, la pequeña muerte (cf.
Santa Teresa de Jesús/Bataille): ¡noooooo!, en su lengua de oro dijo: No es el
—I amor: es la muerte el cielo que cuelga del farol.

III Todo futuro es un concepto relativo y no un ente que se acerca, igual


que el auto aunque veloz cruzando las autopistas de la historia (una
semiología) lo toca y no lo toca en la medida que por el parabrisas el
paisaje visto es un paisaje recuperado a priori, asible y otra vez inasible: el
paisaje que por el parabrisas vemos es un futuro en presente indicativo.
3.9. Mapa de luces en la noche la gran urbe: caminando por el Centro lleno de
souvenirs, baratijas, vendedores ambulantes a millares, una anciana demente
sobre el río enlocetado de la acera bajo los portales versailleses duerme tapada
con hojas de papel periódico, escena para la exportación de nuestra pérdida de
valores por la alie­nación del trabajo y más allá, ¿o más acá?: nunca uno llega a
auscultar realmente los secretos latidos de un paisaje invadido por la cultura de
las máquinas, problema óptico: el auto policía y las calles desiertas como en un
triste día, once doce de la noche, ¿o todavía no? / y mis pies me conducen pateando
paredes pateando desperdicios vagabundo sin meta ni domicilio conocido, dónde
vives, tus papeles / me paré a conversar con un mochilero ¿país de origen?: no
hay país, no hay territorio, patria es la mochila: el viajar constante como una
constante del vivir, no hay tiempo / Tiempo = aprehensión de la fugacidad que es
la aprehensión de la eternidad por la fugacidad, si profundo hueles una vulva ya
eres eterno, no tenía pasaporte: no tengo documentos, soy del mundo patita, ¿por
qué me cuestionas? / durmiendo una noche en el calabozo, pelucones de mierda /
la poesía ¿qué es? — a mi lado un mendigo pasa recogiendo colillas, un paria entre
otros parias rechazado y silbo algo por acom­pañarme: aterrado vi mis ojos girando

121
en un espejo como un girasol devolviéndome a la locura, asustado me refugié en el
agujero de la noche / veo: mujeres con hermosos pechos donde el neón se empoza,
muchedumbres agitadas pasando y el sentido de la soledad es más atroz aún / un
cartel en la pared: no sé leer, no leo, nada va mejor con coca—cola y el chiclets
no perfuma mi palabra / en hom­bros de la pandilla lésbica rodante: esparciendo
una ca­ricia en la mirada y esparciendo una caricia en la mirada, en la mirada un
revuelo de azucenas, rozando apenas la amarga frontera de la dulce locura como un
despertar bajo sus/mis ojos son una fumadora capturando la vida imprescindible,
en zoom, en travelling / una flor siendo ayer & mañana, desplazándose como mis
manos se desplazan bajo la falda hacia las matas húmedas y dulces, pensamientos
que son olas como un estornudo a medianoche / celeste inercia intangible mi pasión
(plasmación de los orgones): orgasmo inmóvil, miles de visiones escabulléndose
en lo más pálido del pensamiento afilado como navaja en mano, dame tu plata o
te acuchillo / ni una vuelta a la manzana de los balcones españoles, ¿ya comiste?
¿ya comiste, Lita?, no es el tiempo de las man­zanas colgando de sus ramas pero te
ofrezco dos que aunque no puedes morder puedes lamer, no tengo cigarri­llos pero
te ofrezco uno que aunque no podrás fumarlo podrás lamerlo / ¿estoy caminando o
la ciudad camina a través de mí?: paseo nocturno con el frío viento penetrándome
por un resquicio de mi camisa anaranjada bajo un sweater oscuro azul marino
puntito jersey: cielo naranja ópalo y jade en el atardecer: mar entre oscuro y
dorado, pescadores solitarios lanzando sus cordeles del muelle (Cerro Azul), a lo
lejos el nervioso rasgoneo de una guita­rra y una voz casi como de arboleda perdida
bajo la niebla silencio los fulgores repentinos arriba en el templo de­rruido, allí los
enamoraditos aprenden a mordisquearse se pellizcan, rompen escrotos e hímenes,
fosforescencia del globo de plata en la negrura de la noche, por entre la jungla
avanzo metido en mi verde casaca de terciopelo, un viento frío estremeciéndome:
mano en el bolsillo (mano izquierda) acariciándome las pelotas y mano derecha
en ademán de / ¿qué haré mañana? Nannerl: ¿qué hice ayer?, por el retrovisor yo
iba viendo, mañana te llamaré por teléfono como ayer tú me llamaste porque hacer
el amor es prepararse, lo menos romántico del asunto, papel higiénico, vaselina,
jabón, a veces Lorophin, quizá un manual como Las 120 jornadas de sodoma,
toallas íntimas, fornicando de pie en la oscuridad detrás de un enorme edificio
como las culebras dispuestas a morder: corrí el botoncito de esta cremallera
plateada, bragueta abierta, senos floreados y la blusa abultada como ciruelos en
flor, una dalia desprendida del pubis como unos labios sonrosados al natural, ni
crema de rouge, ni polvo de arroz en las mejillas apenas te acepto un delineador
para los párpados mi Proserpina culo de azufre en la escritura, distraídamente
la falda levantada y esta mano sacándose el pájaro de la bragueta a través de
la abertura descorrida, un abrazo nupcial que empieza por ser lento, larga es la
avenida llena de viajeros rompiéndose en pedazos amarillos, praderas de piedras
ámbar que he cruzado enredado entre mis sueños, en el templo incaico millares de

122
muchachas me ofrecían los tesoros de sus muslos y me encargué de masturbarlas
una por una a todas entre un mar que se mecía plácido en la tarde, a un jardín de
faunos llegué donde las fiestas fálicas lavaban los pecados del poder entre montes
de brumas de pronto me encontré santamente orando, un claro manantial brotaba
por entre unos peñones afilados, entre las imágenes de mi alucinación tu cuerpo
se disolvía en olas de sabores, pechos destrozados a mordiscos junto a un falo
ensangrentado yo te llamaba del lecho saltaba a gritos llamándote, vientre que me
enloquece hasta no ser más que una insaciable fauce sin identidad, mejor hubiera
sido revolcarnos como alacranes sobre una colcha entre abrazos llagándonos,
sientes como un temblor un resquebrajido en los riñones, no está muy exactamente
colocado apenas ha penetrado la cabeza ábrete un poquito más riquita, ¿así?, no,
mejor lentamente, respiración agitada y profunda, levantando una pierna una
grada más arriba, se escuchan pasos detrás de esta casona forrada en mármol
sucio, Museo de Arte Italiano, mejor nos vamos de aquí y un ruido de champagne
al descorcharse, ploac / habló conmigo por teléfono, aceptó: mañana en, mi lengua
sobre su lengua le escarbaba el paladar danzando, en el taxi ella iba y recostado
contra el azul descascarado de una pared yo imaginaba versos, el poema perfecto
es un haiku allí donde el sentido se fractura me dije (cf. Barthes): transcurso de las
horas como el transcurso de mis pensamientos, pie izquierdo cruzando el tobillo
derecho un haiku me dije (cf. Li Po/Paz):
Anoche
En tu cuerpo
Yo era la luna que tú
acariciabas

y mientras el haiku pensaba mi pie derecho cruzó el tobillo izquierdo, mi espalda


descansaba contra la pared, nada que hacer sino imaginar versos, ¿nada que hacer?
— manos en los bolsillos, mano izquierda acariciando las pelotas, pelota izquierda
más grande que la otra: pelotas como bombones de chocolate rellenos con fresa,
delicia pura Nannerl, ella debe estar pensando en eso ahora: una culeada un gran
cacherío es la experiencia compartida, caray qué rico fue aquello: ¿el secreto?,
aplicar el “discurso del método”: después de una incesante marea de caricias
que no escatima ni los mordiscos, ni el roce de la lengua sobre el clítoris, ni las
palabritas excitantes, ni la marca de los dientes sobre la suavidad de hombros
y de pezones, ni el dedo índice revolviendo la vagina empujas vigorosamente
el falo cinco veces para después moverse lentamente (tan lentamente) como un
berbiquí agujereando una madera, lento va lento el lento falo lento penetrando
lento entrando lento hasta lento colmar lento por lento completo lento la lento
vagina lento entera lento el lento falo lento va lento otra lento vez lento saliendo
lento emergiendo lento de lento la lento vagina lento hasta lento apenas lento

123
rozar lento los lento bordes lento y lento otra lento vez lento va lento el lento falo
lento penetrando lento entrando lento hasta lento colmar lento por lento completo
lento la lento vagina lento entera lento el lento falo lento va lento otra lento vez
lento saliendo lento emergiendo lento de lento la lento vagina lento hasta lento
apenas lento rozar lento los lento bordes lento y lento otra lento vez lento va
lento el lento falo lento penetrando lento entrando lento hasta lento colmar lento
por lento completo lento la lento vagina lento entera lento el lento falo lento va
lento otra lento vez lento saliendo lento emergiendo lento de lento la lento vagina
lento hasta lento apenas lento rozar lento los lento bordes lento y lento otra lento
vez lento va lento el lento falo len­to penetrando lento entrando lento hasta lento
colmar lento por lento completo lento la lento vagina lento en­tero lento el lento
falo lento va lento otra lento vez lento saliendo lento emergiendo lento de lento
la lento vagina lento hasta lento apenas lento rozar lento los lento bordes lento y
lento otra lento vez lento va lento el lento falo lento penetrando lento entrando
lento hasta lento colmar lento por lento completo completo lento la lento vagina
lento entera lento el lento falo lento va lento otra lento vez lento saliendo lento
emergiendo lento de lento la lento vagina lento hasta lento apenas lento rozar
lento los len­to bordes lento / vulva con olor de cedro: mar descan­sando sobre la
blanca arena llena de rastros de gaviotas pasos como una huella húmeda — flores
de espuma: lento movimiento lento rotando lento las lento caderas escuchas como
un intenso acezido, una fuga de Bach, un allegro de Purcell, la violenta Obertura
1812 de Tchaicovsky y su Trépak, algo como que baja de tu bajo vientre pasando
por la finísima red de arterias de los testículos atravesando el arduo finísimo caño
de tu delicioso y tra­vieso falo: flores de perlada espuma en la puntita, movi­miento
lento furiosísimo lento rotación lento terrestre lento en lento el lento espacio lento
al lento rededor lento del lento sol, astro desplazándose por el espacio (espumoso
de tu adorable y linda vagina): espacio en expansión, un esplendor furtivo, marea
alta con una luna de neón entre sus olas, olas estrellándose contra las rocas
axiológicas, fibras nerviosas musculares en tensión, temblor en la espina dorsal,
alambres vibrando espasmódicamente, gotas de sudor en la frente empapando las
axilas y corriendo por el pecho, espeso como una porción de moco amarillento
flores de espuma felino salta mi semen: manché su trusita bikini bajada hasta las
rodillas, tres cuatro derramadas intermitentes anuncian el fading (cf. Lacan) de
mi ser y en eyaculando persisto en el pujante movimiento rotante de mis caderas
hasta el último momento, en sus labios un fuerte gemido me dice contra­yendo su
cuerpo que ha sido marcada por el goce para siempre un poco más allá el mar ha
entrado en calma y todo es un paisaje vacío, hermoso, en el viejo templo la pandilla
lésbica celebra con aplausos la ceremonia de la iniciación, están repartiéndonos
regalos y con besos con­tinúan felicitándonos, el sol combate con el mar esta tarde
mientras la luna espera paciente entre velos neblinosos reinar en la noche: tres
cuatro eyaculadas intermitentes llenaron el vacío de tu subconsciencia y por eso

124
ella debe estar deseándome ahora / está mano izquierda caliente volteo el rostro
a un costado y observo lo que hay, saqué mano izquierda del bolsillo del jeans
desteñido viejo pan­talón por largos años usado, mano derecha posándose sobre
las pelotas calientes: helada está mano derecha, mano izquierda coge del bolsillo
izquierdo del jeans ochenta centavos 2 complejos B—6 una caja de fósforos
que contiene dos cerillas y un papel arrugado: letra nerviosa sobre papel rosado
cruzado horizontalmente por líneas azules y rosas horriblemente impresas sobre
la superficie superior derecha, Rué de la Musique, volteo la funda del bolsillo no
hay más, espalda contra pared: enfocado por los faros de un auto brillando como
ojos de un tigre queriendo devorarme, reflectores de la redada, mano derecha
en proceso de calentamiento, mano izquierda calien­te fuera del bolsillo, mano
derecha en el bolsillo no tengo sino 30 ctvs., espalda contra pared un haiku me
dije lo imagino:
Anoche
En el templo
mis labios rozaban
la luna de tus pechos

y mientras el haiku pensaba mi pie izquierdo cruzó el tobillo derecho, un día ya


pasó sin verla ni poder imagi­nármela: mano en el bolsón izquierdo de mi casaca,
en­contré cigarrillo solo uno y gastado en sus primeras 1/4 partes, negro tabaco
molido escapándose por los extremos, golpear el menos gastado extremo (golpes
precisos) sobre la caja de fósforos o sobre la uña del pulgar izquierdo crecida
y llena de mugre, tibia mano derecha afuera, mano derecha adentro otra vez a
calentarse un poco más sobre las pelotas, mano izquierda con cigarrillo entre
dedos em­pieza (solemne, pomposa y lentamente) a dirigirse hacia labios, a mi
lado el viento la despeina y ella, graciosa, entorna, soñadora, sus ojos: un bote
medio ebrio cruza el fosforescente océano de la escritura y lentamente las olas se
consumen en una enorme brasa sepultando los deshechos del arrogante sol, hoy
sí puedo probar que te amo mujer durmiendo sobre un césped coloreado como
fuego, resplandeciente vuelo de garza con el sol posado entre las plumas mientras
entre cigarrillo y labio distan­cia aproximada 42 cm. y el tiempo qué es sino el
tiempo de un montón de gestos ocupando un espacio móvil e inmóvil: mover
hombro, volver a pensar según el gesto anterior porque de derecha a izquierda,
lentamente, su cabeza vuelve (El amor es un cielo que cuelga del farol ¿Te
parece?), estiras pierna, colocas almidonado cuello violento de tu camisa sobre
azul marino de sweater tejido a renglones verticales puntito jersey, o velocidad
mano cigarrillo como velocidad empleada tejido chompa, velocidad condicionada
por estado de ánimo, alegre, triste, reflexivo, amoroso, por estado de economía,
por modo de producción específico donde se hace el trabajo, por relaciones de

125
producción explotadoras o socializadas, por avance escaso nulo formidable
de fuerzas productivas, por condiciones objetivas o subjetivas en una parte de
fuerzas productivas, por avance de técnica en otra parte de fuerzas productivas,
tejer con palitos o crochet o a máquina, por situación política interna o externa,
por balcanización de regiones, por división de trabajo internacional, por nuevas
formas estratégicas imperialistas, por hegemonía de un país o bloque de países,
por chantaje en refinanciamiento de deuda externa, por solidaridad política a otros
estados, por llamada telefónica inoportuna, por telegrama no llegó a tiempo, o por
estado climatológico &c:

Temperatura Humedad Pronóstico Meteorológico


para hoy:
Max. (ayer): 22.0* Max. (ayer): 90% Nieblas pesadas sobre la
zona del litoral. Mal tiempo
durante el día, cielo nuboso
bajo variable. Posibles
precipitaciones pluviales en
ho­ras de la tarde. Vientos
del suroeste con fuerza
hasta de 14 nudos.
Hoy: 19.0* a 20.0* Hoy: 84% a 94%
Min. (ayer): 16.0* Mín. (ayer): 50%
Hoy: 15.5* a 16.E* Hoy: 50% a 60%
Horas de sol: 3 hs.

— y exactamente este cigarrillo desviscerado se posó como la paloma del Arca
en mis labios a los 2.5 seg. desde que esta irredimible mano izquierda empezó
a desplazarse oblicuamente igual a un caza mirage supersónico de combate de
abajo hacia arriba del SE al NO con viento más que helado fresco pero favorable:
mano bajando al bolsón de la chamarra, cigarrillo entre mis labios perfec­tamente
engastado en la comisura derecha, rostro entre agresivo aterrado violentado
esquizofrénico paranoide endulzado amargado contrahecho deshecho rechecho
puro impuro alegre triste pero imponente, ojos inmensamente abiertos como un
girasol desorbitado, respiración como un estado bronco—asmatiforme, aletas
inferiores de la nariz infladas como un toro embistiendo, manos en los bolsillos
y no recuerdo dónde puse el fósforo, fósforo de mierda tengo diez bolsillos:
cigarrillo voy encender, mano otra levanto ver reloj, volteo lento rostro, cuerpo
calzada tirado Veo hojas papel periódico, cantar sirenas trae vien­to, tapo oídos
levantando solapas chamarra verde olivo terciopelo, veloz pasa auto policía,

126
encima dulce vuela límpida libélula african look y el hoy valioso negro tabaco
molido desviscerado pendejo cigarrillo sin poder ser en­cendido todavía.
3.10. Segunda conclusión (cantabile): la inmediatez como esa mariposa posada
sobre el hombro de mi lésbica joven dulcísima esposa ella preocupada, conducida
por la pre­mura siempre: muchacha largos cabellos mi vista te copula en la escritura
que es la inmediatez con la que este cuerpo va tocando ese mar de lo mediato y
mi mano acaricia la suave almendra de tus hombros: trazo del falo (verbal) en
la vulva (semántica), árbol genealógico perdido en un inmenso bosque bajo el
río: todas las lenguas transcritas en el lenguaje de mi cuerpo, expresión de un
idiolecto agazapándose para el salto, territorios por los que mi me­moria genética
ha caminado bordeando los precipicios de la historia y en el envés de mi piel
signos del salvaje superviven, te hablo de una inmensidad, ¿comprendes?
c.— “Una sola es mi canción: mas es la analogía
de un sueño entre olas impuras que mis dedos quisieran atrapar
como un espasmo, una luz, una palabra .
y esta flor que he colocado entre tus senos”
d.— “Plaza con árboles de venas como crepúsculo violeta y bancos de
mármol gastado: Biblioteca de la Inquisición a un costado lugar
de mis amores a textos clausurados
—secreto incendio de mi corazón”

3.11. Bajo el espasmo terciopelo rosado de tu cuerpo llueven granizos de oro,


un venado perdido entre malezas de gamuza y atravesado por un turbio dardo ha
rodado entre tus pechos, no miro sino esta llovizna de frescos cabellos atrapados
como ramo de hojas de mirlo entre mis dientes, trusita de encaje aguamarina es
el crepúsculo que envuelve mis sentidos y a la sombra del viejo templo incaico tu
cuerpo se me ha revelado como el cuerpo que fui y aún deseo ser: escritura como
un mundo al que por atraparlo en nuestra mente ya nos había atrapado como esa
palabra esa palabra esa palabra esa palabra a la que temes (o tememos) porque no
es más parecida a la escritura revelada de los cuerpos que una flor transfor­mada
en melodía ante mis ojos, crepúsculo de seda na­ranja encendido besando la cresta
espumosa de las olas, suave mujer entre tus brazos y abrazos delicados me tienes
recomponiendo los trozos dispersos del ser primor­dial, mirada brillosa y morada,
oscuro cantar de un viento llevándose mi cuerpo hacia el vacío: corte (epistémico)
del falo a un espacio del amor, en tu cuerpo re­construí mi falo alienado por la
historia y el trabajo, cuerpo que me ofreció lo mejor del suyo: un estrecho e
inmenso himen complaciente bajo las sombras de un viejo museo, tu joven cuerpo
era el derruido templo inca donde postrado de rodillas oré perdida la mirada entre
las olas del orgasmo, la verde alfombra dorada del mar no es sino el simulacro

127
de mi escritura en la página y sin embargo esa hermosa alfombra marina fue el
lecho donde al amanecer, cada uno por separado copuló con la brisa gnoseológica
del sueño marcados por el destino de torcer al destino, entre el delirio de tus
muslos atrapado, sobre trozos de cerámica o sobre un pasto apenas rozado por la
luz yo iba develando mi inconsciente a la sombra de tu conciencia, enamorados
contemplando sobre la desierta playa sentados su pasado mientras la ciudad se
desinte­graba como gas de neón entre mis dedos, y mi cuerpo se reintegraba al
tuyo.

IV (Resumen) Pasado/Presente/Futuro no son sino abs­tracciones conceptuales


y por tanto inexistentes. Hasta ahora la poesía no ha hecho sino sublimar al
mundo, de lo que se trata es de destruirlo.

4.12. Tu espíritu dio una vuelta más sobre la niebla y descendió a mis muslos: un
trozo de piel ardiendo que a mi piel se acoplaba y por ese modo de significación
la percepción no era sino una aprehensión cognoscente, trans­formada en cuerpo
recién pude conocer el sabor del amor, el dulce conocimiento de las cosas y en
la calle la radio anuncia las últimas noticias: tu espíritu dio una vuelta más y se
desnudó, la gran pasión se plasmó masturbantemente en estas manos adorando un
cuerpo y su sombra, su inmundicia y su delicia: flores abiertas por donde puede
(por el olor) verse (por la melodía) un castillo transparente y sus jardines de piedra
malva, espacio vacío que los cuerpos de la cópula colman a la luz de la luna
saliendo de atrás de inmensos edificios mientras yo, en el parque, buscaba un
amor y no esperaba nada sino el ver a lo lejos una oscura silueta que se acerca, un
hombre en blue—jeans y sin rostro, una verde chamarra de tercio­pelo que aunque
aparenta envolver un cuerpo envuelve una memoria sin escritura — el hombre que
no soy y no seré se me acerca para mirarse en mí porque soy el hombre que fui y
no deja de ser: confluencia de la rabiosa desolación y el suicidio, Eros/Thanatos en
la noche y en el espacio vacío de este parque yo he convocado un nom­bre, dije je
t’aime e inmensas legiones de tarántulas dulces y bellísimas brotaron de las hojas,
mujeres caderas de potranca, los ojos sin pupilas, los cuerpos como culebras sobre
el pasto y en la noche Eros derrotaba a Thanatos — desolado el parque y solitario
yo mi falo atravesaba millares de vulvas y rompía la compuerta de sus hímenes
boquerones que simulaban la entrada al Paraíso y los cuerpos plegados en sólo uno
= “arsénico sublimado” alfombra de suaves muslos donde ruedo como un arcángel
que se duerme sobre la impura sábana del cielo, la conjunción alquímica: mi
lengua escarba tu vagina, mezcla de shi y de saliva el rocío brillaba en el matorral
de tu pubis, muerte del hombre y reino de la mujer — fui engullido por una vulva:
mi existencia no connotaba sino a través de mi amante, feliz y sin fuerzas el placer
me envolvía, las muchachas pasaban y yo me las copulaba en la mirada que es
esta escritura y por mis palabras sé que existieron que esa orgía no fue más real

128
que esta escritura y sin embargo gocé como un alacrán se inyecta su veneno: dos
o tres amigos un saludo nada más, y la pandilla sáfica permutante cochineante
cochinera: Nannerl/Carmina/yo en andas llevada como ofrenda al antiguo dios,
esparcien­do ternura en la mirada, pandilleros en uni—sex: los amantes (A/B) se
encuentran sobre el suave terciopelo azul del parque, transcurso de las horas como
el transcurso de mis pensamientos, luz de cabellos mezclados con flores, contra el
azul descascarado de la pared yo me he recostado y pienso la espesura del haiku:
tu espíritu aún recuerda las últimas dulzuras del verano: acostada con Evans che
lávate los pies Diego no mira pibe ¿no tienes un puchito por allí? Thank you
patita ¿espada de Damocles? no había hojas ¿vous comprennez? y en el verde
Park una orquídea en los dedos de Buda, ¡Oh! ¡Oh! mis maires, pero en la Estación
el tranvía/auto/ómnibus/microbús aún no parte: hombre es un viaje perenne = el
viajar sin fin entre este fin que es el viajar del hombre, el viajar de un hombre (y
este nombre) no es el viajar del hombre: to be or not to be es el sistema binario de
la polaridad: sí/no, sí/no, sí/no y ella se pone a temblar: hay un sistema que ignoras
menos reducido y más perfecto igual al maullido de la gata al desacoplarse de
su falo, ni binario ni unívoco salvaje pensamiento es Ungará, dije je t’aime y el
“spiritus mundi” brotó ante mis ojos: un nombre (y este hombre) es una historia
como es otra historia, historia fuera de la historia, perfumes y ojos de tu vulva
que es el paisaje donde habito, amor sobre la colcha yace postrada esperándome
más fresca que un loto coloreado por la madrugada, los muslos abiertos como
están los párpados entrecerrados y una dulce gotita de jade sobre los pezones y su
lenguaje es el de una lengua rozándose con otra, lenguaje de respuesta: no sistema
binario, 22 de marzo, te recuerdo Amor y en la Estación el goliardo observa con
un boleto de viaje entre sus manos, larga es la avenida llena de viajeros señalados
por el Alighiero mientras en el oscuro templo incaico yo terminé por encontrarte,
muchacha.

Carmina Burana.
La función del orgasmo, Wilhelm Reich.
Ensayos sobre la significación en el cine, Christian Metz.
Vivo sin vivir en mí, Santa Teresa de Jesús.
Las lágrimas de Eros, Georges Bataille.
Las 120 jornadas de sodoma, Marqués de Sade.
La fractura del sentido, Roland Barthes.
Maithuna, Octavio Paz.
Escritos, Jacques Lacan.
Significante y sutura en el psicoanálisis, Lacan, Miller, Leclaire, Milner,
Duroux.
Tesis sobre Feuerbach, Carlos Marx.

129
4 TIEMPOS DE UN MISMO SONETO
(Escrito después de ver el film:
Sweet Sweetback’s Baadasssss Song / Melvin Van Peebles y Constitución
de un nuevo Modo de Producción Ecológico al mismo tiempo que
fundamentación del Derecho Utópico)

I PRIMER RELATO ESCRITO PARA AMBIENTAR AL TEXTO

1.1. Solo una serenísima instancia me cautiva y esa ins­tancia no es menos certera
que la duda. Yo he tenido esta certidumbre, yo caminé por estos sitios —una
conciencia extrema y el perfecto goce que me anula ante la nulidad de lo que
fui. La nulidad gozosa para el goce: una construcción de la certeza. Epicuro &
mariguana: este ser que es entre los tálamos.— Y este ser que es como no es ser
una transparencia sin substancia. Carne de la duda. Epicuro & mariguana, carne
del placer: una sola serenísima instancia me cautiva. El desintegramiento de la
historia.

1.2. Luigi Nono hubiera dicho de “Erano i capei d’ oro all’ aura sparci”: Manantial
para Piano & Alto Recorder bro­tando en la dulzura de un cuerpo en transpirando,
pintura que habla como de igual es silenciosa la noche, claro de luna y un ciervo en
el bosque abrevando bajo la granizada que cubre los ciruelos en flor de la página:
objeto primero de una escritura (tu cuerpo) que es su propio objeto = florecer de
mis dedos haciendo el modelo de un “progresive text” desde el amarillo marfil
de las teclas blancas al marfil de las negras como (analógicamente) existes mi
amor porque yo te acaricio al danzar en las teclas de la máquina que traza un
diseño de muslos/cabellos/caderas/ojos/gestos, confirmando que existo porque te
adoro: rosado capullo de una flor al abrirse (la escritura) bro­tando en la página en
el concepto de un aliento en clausura por contemplar lo perfecto: la clausura de
un cuerpo a otro debido y un dulce nido no entre oficinas sino en el perfumado
follaje de una habitación de motel nos espera, primavera en cuya sombra el corte
epistémico brilla como una táctica no menos inútil que la utilidad de un silencio
precediendo los gimoteos de las que soportan el falo en las nalgas, logística de los
tonos & tiempos que se pro­graman: desconcierto mental + las conversaciones en
baja voz de los mercados, espeso murmullo de las adolescen­tes que se copulan en
el trasfondo de las lecturas con versos callados y el chirriar de los catres que se
despiertan a medianoche, maravillas y faunas de la belleza, monocorde sonido de
la llovizna que pasa detrás del espejo y el calor de un cuerpo en mis manos: un
bloque cromático dividido en III tiempos & un “accelerando” final.
1.3. Motivo: El cuarteto inicial & el terceto final de un soneto presumiblemente
signado (en la versión original y traducción que poseo) con un ≠ f tal como 69:

130
7 versos que serán el soporte armónico de una summa de varia­ciones teóricas/
históricas/eróticas/societales/económicas y analógicas según el texto se vaya
entremezclando a la película de Van Peebles — un solo contexto: Dante/Petrarca
(modo de producción feudal combinado a incipientes producciones industriales)
y que en abanico pero bajo otro fin se continúa: cultivo del arte gótico no en las
catedrales sino en los cuerpos = Twiggy a imagen & semejanza de un culto al
trabajo (“sangre” “sudor” “lá­grimas” me ofrecieron): el cuerpo transmutado en
fuerza productiva y la volición codificada para la sumisión por­que es el cuerpo
reprimido en sus relaciones de producción (bajo el nombre de “racionalización
del trabajo”): el orgasmo es un Paraíso peligroso porque estalla en un espacio
antagónico al principio de la realidad y las caderas no pueden abandonarse
(culeando) bajo los faros de los autos / en los conciertos de Bach y Stockhausen
/ en los altares de los templos / dentro de los féretros / en las vitrinas de los
museos / encima de los monumentos / en el banquillo de los acusados / sobre los
mostradores de los snack—bar / dentro de los escaparates de las boutiques / en las
aulas de clase / sobre el capote de los tranvías / en el cruce de los semáforos y entre
una muchedumbre pasando por encima nuestro y flotando en una dulce marea
de caricias, esparciendo una caricia en la mirada, lánguidos, aguijoneados por
alacranes voluptuosos: los cuerpos dul­cemente refregándose y entre las máquinas
ayuntándose, en los extramuros del mundo felices, displicentemente olvidados del
concepto “trabajo”.
I. A, 4. & él —docto en Trivium et Cuadrivium la veía pasar diariamente después
de los rezos del Angelus, des­pués de la misa temprana la veía pasar diariamente,
después del sermón del domingo la veía pasar diariamente, después de contemplar
el crepúsculo la veía pasar diaria­mente, después de la siega de flores silvestres la
veía pasar diariamente, después de escuchar al juglar la veía pasar diariamente,
después de un paseo en el parque la veía pasar diariamente, después de sus clases
de flauta la veía pasar diariamente, después de la catequesis del sábado la veía
pasar diariamente, después de la confesión la veía pasar diariamente, después de
rezar el rosario la veía pasar diariamente, después de las horas de novena la veía
pasar diariamente, después de su caridad con los pobres la veía pasar diariamente,
después de visitar hospi­tales la veía pasar diariamente, después del consuelo a los
presos la veía pasar diariamente, después de ir al mer­cado la veía pasar diariamente,
después del té con amigas la veía pasar diariamente, después de sus clases de re­
postería la veía pasar diariamente, después del bordado la veía pasar diariamente,
después de la siesta la veía pasar diariamente, después del solfeo vocal la veía
pasar diariamente, después de soñar a la luna la veía pasar diariamente, después de
bañarse en la fuente la veía pasar diariamente, después de la cacería en el bosque
la veía pasar diariamente, después de ordenar el desuello del venado la veía pasar
diariamente, después del lavado de ropa la veía pasar diariamente, después del

131
encerado del piso la veía pasar diariamente, después de ordenar su ventana la
veía pasar diariamente, después de su último rezo la veía pasar diariamente y ante
una cerveza en la taberna yo (Petrarca) la veía por un ángulo obtuso del ventanal
entrar en su palacio, tocar el botón y abrirse el ascensor encenderse las luces de
una recámara muy alta mientras otras luces en edificios vecinos también empie­zan
a encender, Nannerl se pertenecía a su grey divina y su dulce amor no es virtud de
la tierra por lo que no puedo sino contemplarla a lo lejos, soñándola, alucinando
su cuerpo por la sublimación de mis sonetos :

II EL TEXTO EMPIEZA A DESDOBLARSE EN EL ESPACIO


II.5. a.— Erano i capei d’ oro all’ aura sparci,
Ch ‘n mulé dolci nodi gli avvolgea:
E’ I vago lume oltra misura ardea
Di quei begli occhi ch’ or ne son si scarsi;
b.— Uno spirto celeste, un vivo sole
Fu quel ch’ i’ vidi: e se non fosse or tale;
Piaga perallentar d’ arco non sana.

II.B, 6. & él —conquistador et aventurero (Enrique Garcés) en territorio de Indias,


minero, comerciante, un poco perulero, contrabandista, espadachín, sacristán, ve­
cino, navegante, agricultor, mujeriego, gonorreado, tradujo y publicó estos versos
que fueron de Petrarca y hoy son de él enamorado como está de la Idea aristotélica
= el Cielo impuesto por el imperio en cuyos dominios el sol no se ponía por ser
lo que más convenía al colonialismo español: una claridad en el estilo que es
el estilo de la publicidad de los neones que a la noche la cubren con slogans: la
palabra del poder perfuma la palabra y la palabra del amor no perfuma la palabra
sino que la transforma al estuprarla, besuquearla, manosearla y arrojarla contra
el piso del auto volando veloz desde una avenida iluminada a otra solitaria entre
oscuros suburbios que se pierden en la memoria, desde un malecón con olas que el
faro seduce y revierten en el aire pasando por la porta­da de un sórdido edificio sin
calefacción y por entre la escalera de incendios arrastrándola, escupiéndola y por
los cabellos jaloneándola en manos de los adorables irresponsables pandilleros del
barrio (negro terciopelo es su vestimenta y los botones dorados como los obsesivos
ojos hermosos de las lechuzas, una delgada cadena y una cruz, una sirena o un
sátiro colgando como una inevitable reliquia del cuello, amatista y zafiros en las
sortijas de alambre de púas, preciosas hebillas al cinto y los botines aperillados
que tejen la figura de un falo al caminar en la calle): la obligan a beber una gaseosa
mezclada a un blanco polvillo mezcla de yohimbina/anfetamina y sobre un largo
mausoleo de mármol entre delicados velos de nylon, lubrísima, danza la palabra
la danza del lenguaje violado mientras los anarco—socialistas se fuman el último

132
kif y Croniqueur contempla el sudoroso lujurioso vientre de la bailarina Ruskaya,
linternas de mano alumbran en centelleantes paisajes cubistas trozos del macabro
ballet entre las nobles y pulcras tumbas del cementerio limeño y de rodillas, de
rodillas ramera rabo de paja puta y eterna vergüenza, así mierdita, así y no abras
los ojos: me toca a mí, no, a mí, le toca a él, no, a ti, a mí, a él (combinatoria de
la felación): que no desperdicie ni una gotita, que se lo beba todo, la leche cuando
es del alma alimenta, chupa puta asquerosa, mama, mámalo porque perfuma la
palabra, porque todo va mejor con la pichula en la boca y es la ley, alabanza de
Felipe II en perfectos sonetos, claros y precisos, puros y perfectos, las sílabas
trabajosamente contadas con los dedos, simetría del feudalismo, camisa de fuerza
verbal para evitar la duplicidad de “la personalidad dividida” (cf. Ronald Laing),
sanos y limpios como Laura de Noves: el amor no es virtud de la tierra porque son
las Indias de perturbación, a lo que traduje:

II.7. a.—Aquel cabello de oro era esparzido


all aura, que en mil ñudos le enlazaua
y la luz en extremo relumbraua
del Sol, que de mi suele estar huydo.
b.— Un viuo sol, vn noscé que del Cielo,
y aunque algo menos fuera (que no creo)
No porq’ I arco afloxe llega fama.

133
II. C, 8. & él — femenino et estudioso (Clemente Althaus) parnasiano, europeísta,
puro, atildado, pulcro, académico, “romántico pur sang” tradujo y publicó estos
sonetos, plásticamente esculpidos en su oscuro deseo aflorando ya a la superficie
y entre una maleza de textos renacentistas aunque sublimados, que del amor han
dibujado —como ahora se dibujan los sistemas de valor— un valor aparente y no
transparente: el maltrecho amor (salvaje) en lugar de un amor de derecho porque
la expresión de un amor (su sexualidad) que entre quemaduras ontológicas y
dragones roídos por un suave carmín en la noche se abre a una manifestación
—de deconstrucción (abso­luta)— es un estado de derecho que debe ser
consagrado mediante un “aula universal y plena” de poetas/lingüistas/ psiquiatras/
antropólogos/filmakers/economistas/juglares/floricultores/científicos (porque del
modo como es repre­siva es decir sublimante toda inteligencia del poder, así es
liberante es decir gratificante todo poder de la inteligencia), entre las páginas de
los códigos legales, constituciones, principios y declaraciones universales de los
de­rechos del cuerpo; estado de derecho que es un deseo latente y que se manifiesta
en toda la actividad humana —las artes y la economía—, pero como aún a mi
Laura no tenía forma de amarla sino en mi alucinante imagina­ción y porque la
palabra “sexo” (en un momento en que el capitalismo ya empezaba su salto hacia
el imperialis­mo = confiscar al máximo la energía libidinal) era aún y es objeto
básico de la represión, sociedad victoriana que trató de segar la hermosura de
Oscar Wilde, no pude sino traducir aunque perfectos estos y ya míos endecasílabos
sonetos:
III EL ESPACIO DEL TEXTO ES ANALÓGICO AL GOCE:
Signo/Función
III.9. a.— Volaba la dorada cabellera
Al aura que en mil nudos la envolvía
Y de los ojos el fulgor ardía,
como el sol en mitad de su carrera,
b.—Y al mirarla así sola semejante
por lo bella, modesta y pudorosa,
Yo ser juraba tu inmortal amante.

III. D, 10. & él —extrafalario et de la izquierda freudiana (Enrique Verástegui),


escritor o poeta, semanalista y estu­diante de economía —especialmente de la
economía de los símbolos, impuro y erotista — especialmente del ero­tismo del
lenguaje + los signos de una locura en su escritura: sangre en llamas pura, amor dura
y no dura un instante que es dulzura, picadura de un amor la escri­tura: una crítica
de la cordura mas no la cordura de la crítica: el amor dura lo que dura un relámpago
en la escritura: pupila en fogonazos pura, pedrería que dura el relámpago de una
locura: aroma de una vulva que ma­dura, desintegración de la cordura el relámpago

134
dura al menos como una vulva que madura: promesa de una dulzura que dura es
la dulzura que perdura entre la mor­dedura que es la escritura: espléndida verdura
sin cordura la púrpura escritura: mordedura en una vulva que no madura y que
perdura: locura de una vulva que es escritura: dulzura entre suaves llamaradas pura
y no cordura es el oscuro laberinto del deseo que perdura: ausencia de cordura en
la escritura y antes del amor la tonsura, marca primera en la escritura: clausura de
una vulva en el tras fondo del espejo por impura es la hermosura de una vulva que
madura y que es la duplicidad del cuerpo en la escritura: espesura de un sentido
que perdura (en decuplicado) en la picadura del falo que es locura y la escritura:
degolladura del falo en la clausura y su arrechura en la escritura: dulce sabor de
una vulva en la lectura y ruptura anal en la escritura: lectura del falo que niega su
cordura porque son los senderos del sueño la hermosura y no hay nada detrás de la
escritura sino la verde mar en suaves combustiones pura, verdura de la ola que se
destroza im­pura y la mar que en sueños nos perdura: fuera de la escritura nada dura
y es lo que dura la aventura: espesura de un sentido referido a la locura y sentido de
una locura enterrada en la escritura: fulgor de un rocío en la textura porque entre
caricias manchada y mezcla de otras texturas en un cuerpo florece la espesura,
cuadratura y contextura la magistratura se quiebra en la desmesura y florece la
locura a través de la escritura, cultura de la moldura en la cordura rompemos su
envoltura y renega­mos de la cultura: escritura/locura/hermosura/desmesura es mi
aventura que es lectura y apertura, entre flamas de terciopelo y quemaduras en la
mar de tus pupilas descubro que el deseo marca mi escritura en la lectura:
III. 11 a.— Tus cabellos como azucenas de oro en el aura
de tus hombros de almendra caían enlazados:
ardían como gacelas tus ojos que eran un espejo
donde el sol atravesaba la espesura de tu cuerpo.
b.— Oh espíritu que yo gustaba & desnudaba
en el dorado temblor de tus pezones en mi lengua:
ni casta ni pura yo leía la escritura de tu vulva.

III. E, 12. Entre los manuscritos, datzibaos, underground press y samisdats que
circulaban en la época, entre manos secretas que recibían y repartían volantes en
los baños públicos, personas que hacían una cita en las esquinas más concurridas
para decirse una palabra en clave y que no duraba sino una fracción de segundo,
entre las zonas oscuras del campus universitario y bajo los puentes donde dormían
los parías podían hallarse algunos rancios pape­les que la policía había gastado
una millonada en dinero para localizarlos y quemarlos, esos buscadísimos papeles
no expresaban sino un espíritu y una época: el malestar de mucha gente y su
idílica resolución de pasar a la acción por el erotismo y para que la sexualidad
sea considerada como un estado de derecho y de hecho, como una práctica no de

135
reproducción animal sino de producción de cultura y de placer, cosas y peticiones
por el estilo eran repartidas clandestinamente y uno podía leerlas —quizás hasta
ins­cribirse en esas sociedades secretas:
III. 13. a) El derecho a la cópula, cualesquiera sea el ob­jeto elegido, cualesquiera
el lugar y cualesquiera el mo­mento —sin perjuicio del sujeto; b) El derecho a
la vagancia y a recibir una módica, aunque decente, pensión económica para la
subsistencia personal y familiar si los hubiere; c) El derecho a cualesquiera forma
de placer, cualesquiera sea el objeto elegido, cualesquiera el lugar y cualesquiera
el momento —sin perjuicio del sujeto; ch) Es deber del sujeto transformarse en
objeto a la mínima in­dicación de deseo que el objeto contrario manifieste —en bien
de la armonía comunal; d) Es deber del objeto satisfacer plenamente los deseos
del sujeto —en bien de la armonía comunal; e) Es deber del objeto transformar­se
en sujeto cuando el sujeto contrario manifieste el deseo de transformarse en
objeto —en bien de la armonía comunal; f) La armonía comunal es un modo de
produc­ción artesanal y no mecanizado pero combinado a un modo de producción
floral, hortalizado y con jardines; g) El sistema alimenticio será básica y
primordialmente ma­crobiótico; h) Queda eliminada la moneda o cualesquiera
otra forma de valor ficticia y corruptora; i) Las transac­ciones económicas se harán
mediante el intercambio direc­to (y sin mediación ni mediadores) de productos, j)
No existirá aparato burocrático—estatal, debiendo desaparecer de nuestro idiolecto
la palabra “burocracia” y la palabra “estado”; k) Los excedentes económicos —si
los hubiere (lo cual es casi imposible), serán inmediatamente reparti­dos según
y solo la necesidad de cada quien, entre los miembros de la armonía comunal;
l) Los excedentes económicos que sobren después de cubrir las necesidades de
la armonía comunal, serán destruidos en el acto —estando todos los miembros
de la armonía comunal obligados a asistir y a participar en la destrucción total y
efectiva de los mencionados excedentes económicos; m) No habrán arbitrios, ni
gabelas, ni gravámenes, ni impuestos, ni otros similares; n) No se reconocerá a
nadie como jefe, secre­tario, cabeza, responsable u otras palabras similares —que­
dando específicamente aclarado que quien intente asumir­se como tales, o en su
defecto intente acumular alguna forma de poder será inmediata y severamente
sancionado; ñ) No habrá ninguna forma de jefatura tripartita, de co­mité ejecutivo
o central, o lo que fuere; o) La palabra “poder” queda por siempre abolida de
nuestro idiolecto; p) La armonía comunal es un sistema de mallas clandestinas
y situadas tanto en oriente como en occidente, tanto en el sur como en el norte, en
sistemas capitalistas como en sistemas socialistas o de democracias populares, en
países del primer mundo, segundo y tercer mundo; q) El valor de los productos
será establecido por la demanda; r) En el intercambio directo de productos es
ley inexora­ble e inviolable que la oferta se transforme en demanda, es decir
que el valor de los productos será dado por quie­nes lo necesiten; s) Las mallas

136
clandestinas son células hedonistas constituidas por no más de 20 personas; t)
Cada cédula hedonista se establecerá en puntos estratégi­cos de la ciudad y serán
células herméticas; u) Cada célu­la hedonista crecerá en proporción geométrica
según de­saparezca uno de sus miembros, entendiéndose que al alcanzar el máximo
tope de 20 personas la célula madre da origen y presta las mayores facilidades
para la creación de una nueva célula; v) El sistema de mallas clandestinas no
podrá ser detectado por ningún gobierno, porque el sistema de mallas clandestinas
impregnará incluso —si fuera preciso— esferas del gobierno; w) La sanción para
quien incumpla los principios de la armonía comunal será establecida por los
miembros de su célula original, según el principio de no sancionar al sancionado
sino con la exclusión de quien la propuso a la célula, y con la exclusión de las
posibles personas propuestas por el sancionado, quedando entendido que el
sancionado no podrá proponer más personas a las células, y quedando entendido
que si el sancionado incurriera en nueva falta se procederá a la exclusión de la
persona que propuso a la anteriormente excluida; x) Los miembros de una célula
no tendrán con­tacto con los miembros de otra célula, incluso si viven cerca: no
hay modo de reconocerse; y) El sistema de mallas de la armonía comunal no
tendrá prisa en exten­derse a lo largo y a lo ancho del mundo: se podrá tomar el
tiempo de una centena o un milenio de años para copar todo el universo, y la
única tarea dolorosa de sus miembros será no poderse manifestar públicamente
como pertenecientes a la armonía comunal; z) Toda espera es estratégicamente
valiosa porque el fin, el objetivo último y final de la armonía comunal es lograr
un estado de paz eterna entre los hombres, la eliminación de la idea de guerra, de
la idea de lucro, de la existencia de clases sociales, de la injusticia por medio de
la única práctica que disuelve la desconfianza entre la humanidad: la prác­tica del
sexo” [Extraído de un misterioso cuaderno titu­lado: “Monte de Goce / Esquema
alegórico de un modo de producción al revés de la sociedad contemporánea” — la
fecha y algunas de sus páginas están ilegibles]

IV YA SIN OBJETO & SIN FIN EL TEXTO GOZOSAMENTE


SE CONSUME (Accelerando)

IV. F, 14. Y en estos dulces conciertos con la flauta dulce y los ojos del ciprés. Y
las hojas del ciprés y los espasmos que en capullos he recogido de tus labios. Y
entre tu cuerpo —ese tan fresco y suavísimo deleite. Entre las hojas de una historia
que se desintegra, tu cuerpo es una corona de perfumes. La ventana abierta y un
sol rodando en esta página: transparencia de tus ojos, yo saboreo la fruta de tu
lengua. Pagoda de espasmos. Lindura. Venus & Adonai. La noche se deshizo y es
esta furia nuestra noche. Ojo del alma: la transparencia boga hacia el en­cuentro,
trasfondo en la gestualidad. La historia se des­morona y no hay historia, es la pasión
la marca. Cuerpo desnudo ante mis ojos. Ah, la dificultad de ser. Abro los ojos, los

137
abre ella. Y en tanto que hoy Petrarca es releído, no es el alma sino el cuerpo en
el espasmo. Cuerpo tuyo que es mío desnudo y con rocío en los cabellos. Somos
el espacio. Pagoda de espasmos. Están los dos que veo y no recuerdo. Duermes y
soy el que te sueña sin dormir. Nada me interesa sino tú. El dulce concierto de tus
mus­los. La historia se desmorona y no hay historia. Y toda existencia es irreal: lo
real como existencia de lo irracional.

Clemente Althaus, Sonetos italianos.


Ricardo Palma, La bohemia de mi tiempo.
Octavio Paz, Los hijos del limo.
Georges Bataille, El erotismo.
Gary Snyder, Cuatro Cambios.
Ronald D. Laing, El cuestionamiento de la familia.
Ronald D. Laing, The Divided Self.
Octavio Paz, Traducción: literatura y literalidad.

138
REPLIEGUE III
Goce de lo real
Función/Referencialidad
(Campo de verano)
CANTUS FIRMUS
& Corona de Contrapuntos

Tempus adest floridum


colgados sobre Tacna la
comuna amorosa
cantando
Stan prata plena floribus
in quibus nos ludamos flor
con pétalos suaves
that flower of your lips is other history
trazo fugaz de pincel
en la seda del aire
la historia de hoy en un lecho
es el motor de la historia
el florero con su lar de caricias
y un lar de palabras disueltas
ojo muíante
miré su cuerpo de almendra
permutación d’ciprés
rocío en el párpado

armonía del volumen:


un seno equilibra
la luz
a su cuerpo

et la ecuación de los cuerpos es una historia en la historia


un trazo de polvo
gorgeo de un gorrión volando allí arriba
como es el gorgeo inmovilizado en el aire
o es un gorrión que pasa saltando de una rama
a otra rama (más cerca o más lejos de esa otra a esta rama
o más cerca a esa otra que a mí) : pero
siempre estará allí atrapado
o en el aire —o en la historia :
y es una historia sin ser,
no la historia / espasmo tocando la vacuidad
dulce es disiparse

141
pezón esculpido en oro de estío
tocando la vacuidad
en la noche
esculpido por un vuelo de luz

toc toc toc


joven matrimonio intelectual no están
¿en el teatro de Acuña?
acerco mis labios a sus mejillas
prohibido pararse allí dice el portero
la librería abajo permanece cerrada
¿dónde ir?
¡mierda! dice Nannerl la jalo mejor vámonos
¿dónde ir?
dar caminata en la flama celeste
se fueron los tallarines la esposa de Alfredo los prepara perfecto
medio crudos pero perfecto
toc toc toc nadie responde

Ganassa Ganassa ¿cuál es tu onda?


los cuerpos son ese ritmo lento
y secreto: la pintura perfecta
—el bodegón de las luces

vamos escuchando
que tiene ojos de noche cubana un LP de la Vargas
ningún vago conocido / caminando en la zona del centro
me da flojera ir hasta el Paraninfo
toc toc toc mala gran putas dónde mierda
qué películas ni qué Álvarez el asunto se pone jodido
ojos de noche cubana me pareció perfecto su ser lésbico sáfico
atisbos de una época linda (¿?)
en San Blas Hooper quiso que hiciera de lesbiana
me parece perfecto
mariguana abundaba entonces
una se pasaba el día fumando
ayer vi a Lucía pobre mujer está más gastada
que tela de lompa el marido en España
de vista nomás la conozco ¿por qué no la presentas?
astros en la casa de Venus

142
en la casa de Marte
ojo de Saturno
olor de palo santo quemándose
un nativo de Tauro—
et los mochileros sin patria
sin patria ni lengua
ni hogar ni dinero ni matrimonio ni propiedad—
fragante dulzura en el acto de haber muerto /
en la irracional existencia social
los mochileros sin patria ni lengua
hombre et naturaleza / hombre et belleza / la no producción

—el bodegón de las luces y el temblor


de mi lengua como destello rosado acariciando tu vulva
y el olor de las dalias —o un paisaje de fresa
más bien el sabor de tu concha —dorada et latiendo
caricia como flor con pétalos firmes et suaves
temblor de ciprés en la noche
soñando despierta a mi lado
el cabello esparcido entre gestos
era un orden más delicado
natural como un vuelo de abejas—
esperando el despertar de mi mente
en el tapiz dorado de mayo
yo te esperaba
echado: tu cuerpo rodando en mis labios

toc toc toc aquí estuve hace poco con Lita


Nannerl lo ignora

su lengua su patria son el resto de lenguas


el resto de patrias—
despertar de los desposeídos
& al fondo el volumen de cuerpos
en el tapiz dorado de mayo
la pareja rotante
entre la multitud sin razón
la patria no existe como existe la razón de sus parias
no existe la idea de lucro—
ni un mierda cobre patita—

143
una noche en un bar ¿con ella estás? ¿con ella? no creo

bebía su cerveza yo le contaba


una noche con Nannerl sí hace como 4 años se me declaró
no le hice caso
en el bar una chica muy silenciosa
con Nannerl bien parecido el muchacho
bebía su cerveza un poco triste, ¿no?
un año después Charo decía es triste la chica
no la conoces no hables cállate
con Nannerl muchos amigos no lo pueden ni ver
2 a.m. con Santi sentados en la vereda tienes que decidirte
elegir no puedes permanecer así
en el bar estudiaba conmigo en literatura per favore otra
helada ¿sabes? vive en Bruxelles
sentados en la vereda el colectivo no llega dices ¿y
Marianne? ¿qué fue de Marianne?
un año después Charo decía no la conozco pero Santi me ha contado
una noche con Nannerl las chicas se alocaban por él
Charo decía sí una no ve igual como ven todos
en el bar buena la chica
con Nannerl no le hice caso
en el bar ¿y cómo se llevan?
con Santi tienes que elegir una
et dixe tú Charo no la conoces no hables más
¿no quieres otra cerveza?
vamos al Munich le digo a Santi
cállate cállate mejor observemos las hojas Nannerl quedó
mirándome
chau Alfredo mañana paso por tu casa

Adonai contemplando el crepúsculo rosa et perfecto—


un vientre liso como hoja de lluvia
el vientre de Nannerl es una historia
suave fragancia: mariguana cabellos de pubis
en la casa de Venus
dulce solum natalis patriae
cantando
vos relimquam aut eras aut hodie
¡y dale i! ¡y dale i! ¡y dale i! Sí! Sí! Sii—í!
peritarus amori rabie

144
¡y dale i! ¡y dale i! Sí—sí!!!
olor de lavanda en la banda de olor—
una mochilera—
tribu errante en las autopistas—
¿acampaste en Mantaro?
dulce colla bebiendo cerveza en el sótano
no hay plata
una rueda más otra más otra José golpea la mesa ,
cantando
escribo un verso en la pared dura
llevando el compás
Marianne quiere putear alguien debe costear la cuenta
en la tosca mesa relojes pulseras sandalias cuadernos
olvídate dice Santi
bonita palabra “olvídate” dixo Isabella un año antes
Norma en el baño acompañó a Marianne
Isabella cantando un pintor tocando guitarra
para corear todos digo al pianista pálido rostro huesudo
yo hojeaba Venus & Adonai
no tengo edad, ni porvenir canta el poeta
¿qué se celebraba?
anarquistas todos unos pendejísimos todos
Norma hablando en portugués
Lita no ha comido todavía
Ustedes no pasan de yerba ¿tienes blanca? dice un viejo
quítate mierda
Líber anda perdido en Valparaíso
con su judía de oro
muchacho guan jipi turry lan sarco bacán
¿you know le monde?
ya la manyo ¿yilet? se pasó
se pasó camba turry vacilando
¿qué tomas?

anduve en mi ciudad sin conocer el respeto


extendí mis manos por un poco de alimentos
en los mercados pedí unas monedas
pedí comida

¿Lucía fue tu amiga?

145
habla otra cosa ) ( sentados en el bar
tengo para criollos
te pago tu naranjada, un té para mí mozo
bien caliente ¿eh? bien calentito
Günnar es un tipo estupendo
¡Oh! ¡Oh! cámbiame de tema querida tu sueco apesta
¿de quién fue el problema, dime?
¡Oh! ¡Oh! qué jodido
musa que no sabe cuidar sus favores
¿qué se fizo el Lorophyn?
¿por las puras todo eso?
un viejo imbécil el médico de la extracción
¿inyecciones pastillas por las puras?
todo el mundo con el mismo problema
como loco el muchacho ése fuerte noticia, ¿no?
operación carísima a escondidas todo una mierda todo
tu sueco se le declaró a Santi
lo mandó a la mierda
buen matemático / buen político / flambante flambante culo
¿fríos los escandinavos?
no lo fastidies por favor ¿
de quién fue el problema, dime?
¿te guías o no por la tabla natural?
temblaba mirada obsesiva pobre muchacho
casi te vas
ningún hospital donde atenderte
desangrándote
¿salimos? no vino Alfredo
hijos de puta casi te vas ningún
hospital atendía
con hemorragia abortiva
camal lleno de coágulos
muchachas en el matadero
piernas abiertas chorreando trapos manchados.
et 10 mil soles la operación
igual cobraban en Londres
carísimo, & legal
Ganassa Ganassa ¿cuál es tu onda?
no hay hospitales gratis aquí
¿los Provos tienen hospitales?

146
brevaje piri—piri en alto Ucayali
¿la penseé sauvage?
clasificación más precisa que modelo occidental
clan mochila tira dedo camaroneando en todas partes
école quatro ¡oh! Ganassa Ganassa ¿cuál es tu onda?
... y ser feliz es mi destino cantaba el poeta
destino identidad
habrá que variar el sistema de combear
¿quién vivirá por el centro?
no hay papeo hoy día,
¿con ella estás, con ella?
Pedro vive cerca ¿tiempo que lo conoces, no?
¿Benavides o Grimaldo? nunca supe partía al norte
en su casa Vladi, el y yo bebíamos un trago fino borrachos todos
qué buen tipo, ¿no?
su Remington 1910 atracándose
nos sacaron la mierda en la Católica
un escándalo
borrachos recitando tempus adest floridum
rompimos un vidrio
preguntó ¿y cómo está Nannerl? imitando la tonada chilena
¿nos vamos? Alfredo no vino
noche con brisa en las calles
sombras que ruedan en el Museo de Arte I

y el temblor de mi lengua, como destello rosado acariciando tu vulva


y el olor de las dalias —o un paisaje de fresa

Conocí a Nannerl como puede conocerse la letra


de una canción
en un disco que aún gira llevando
secretamente
el color de las playas
y el color del durazno
como el durazno que muerdo
tras el papel
es un papel de Godot: un verso exaltado
ojos colgados bajo los ojos rosados del césped
en Rue Lebeau
Venus guardando la desproporción entre las caderas

147
y el pecho

elegí mi camino
et mi estilo fue causa de iniquidad
mi camino era el camino que sigue el pene
en la vulva
vulva una mata con lilas humedecidas con gotas de flama
la comuna desnuda—
& contemplar: vulva como imagen de la perfección—
perfectible—
y no valor de cambio: mis sueños son mi lenguaje—
realizarse—
& trabajo es el esfuerzo de soñar—
la no operancia
y no producción—
en las calles
se desataba la persecución
et no es un instante que te aprisione lejos
que tu visión (como yo: con ese durazno en la mano)
vuelo de ser, los que ruedan
locura te llama como Himeneo anhelante
je vudrais t’embrasser:
locura de tu condición más que condición
de tu locura inherente a la forma de un beso
al sonido de un paso al hallazgo de ti
por ti mismo
et los meses vedados al amor ya se extinguen
esa llovizna
las maniobras del auto
una luz desciende a tus ojos
y el vaso de mirra en los labios
mente como ríos de lumbre
y la idea del goce
pasto de flamas celestes bajo la piel
la idea te toca
et toca la transparencia del labio
en la oscuridad total de los cuerpos
total de esos cuerpos
et mi cuerpo se duerme en tu cuerpo
caen los cuerpos

148
en tu mirada profunda la noche cae como caen
manchas de luna sobre tu pecho
caen mis labios
mis manos mi cuerpo mi pelo mis náuseas
idéntico ojo profundo
yo caigo en la noche
oscuridad se rompe en arcos de luz
yo caigo en la noche
pictografías de espasmo derramado en tu cuerpo
pensamientos rodando sobre las olas

estafé en los restoranes


et robé libros con margaritas secas impresas
y dormí sobre bancos del parque
dormí bajo las plataformas de los camiones
no tenía cómo cubrirme—
caminando caminando para entrar en calor
ojos húmedos mordiéndome los labios
no sabiendo dónde ir
¡Oh! no quiero recordar no quiero hablar—
tirado en la acera
a medianoche entre focos sin luz—
alto mariguaneado viniendo en un micro
hablando con Gustavo de Adán—
arrojado de un lugar arrojado de otro arrojado arrojado
muchísimo miedo / siempre con miedo
solo en la noche
nadie con quién hablar
todos mirándote sospechando de ti—
tú pidiendo cigarro et
días sin comer—
et dolor de cabeza—
et riéndote a solas—
et conversando a solas—
tu cabeza golpeando en pared—
et días sin comer—
et conversando a solas—
et días sin comer—
tu cabeza golpeando en pared—
et días sin comer—

149
et riéndote a solas
tu cabeza golpeando en pared—
triste triste triste triste
& miedo mucho miedo mucho miedo mucho miedo
et muy et muy muy muy et muy et muy muy solo
nadie nadie nadie nadie nadie nadie nadie nadie nadie
nada nada nada nada nada nada nada nada
sa am boo / sa am boo / sa am boo / sa am boo / sa am boo
aaaaaaaaaaaaaaaaaaffff!!!
¡zas! ¡zas! ¡zas!

para venir a sentirlo todo


póstrate ante Himeneo
no quieras, Nannerl, saberlo todo sin antes
sentirlo todo en nada
venir del todo a la nada es
ir del todo hacia el todo
identidad en la sensación = identidad de la sensación
a que no me quemas, a que no me quemas, a que no me
quemas el alcatraz, el alcatraz, a que no me quemas acá atrás
la dureza del lomo marino descansa sobre la
imperceptibilidad de la curvatura aérea
& el espacio
se extiende en la extensión de un soplo de polen
el tiempo del celo en los animales silvestres
y en las chicas del teatro de Living
general, general copulación
muslos revientan como jazmín en su mata
y eros desgrana su color en los labios
amor brota del arco azul de tu mente
mariguana cabellos de pubis
dos jóvenes locos dos pálidos jóvenes
masas marinas bajo el peso del aire

Fourier et los Sin Frontera


non Fatum non Parca non Sors
non Necessitas
la contemplación por el hacer
et lo contemplado como lo transformado
mi conocimiento no es más que mi desconocimiento

150
et fornicación como el conocimiento de lo real
dentro de mí
la hermosura de un mar de lilas

ni patria ni lengua ni hogar ni dinero ni matrimonio


ni propiedad ni gobierno: el pensar contra
Fatum hombre social, hombre ensamblado, trabajador productivo
non Platón non Spinoza /
soñador es la escoria
mochilero: libre / soñando / no el Fatum

et las mucosas en flor y saladas


gotas frescas sobre los labios
y el fragor de los cuerpos
y ese destello rosado como una fogata encendida contra la
perspectiva del cielo
el amor como un cielo sabor de ciruela
y el laúd entre los dedos de Nannerl
o entre sus labios delgados los acordes de Purcell
una canción como rumor de ciprés bajo lluvia
y la púrpura de venas doradas
bajo esa mata de pelos
no pensé en nada / el pensar trasmutado en polen
erguí mi lengua nerviosa et mojada
su cuerpo como una llama naranja
y un flujo de rosas: razón de los cuerpos
y la mente una flor de Van Gogh
siguiendo la dirección de los vientos
tempus adest floridum
gorjeo de los gorriones saltando sobre las ramas peladas
senderos perdidos en la montaña de roca espumosa
y un abrevadero de cabras bajo el follaje
las lenguas refrescándose en el manantial
Nannerl se apretó largamente contra mi cuerpo
el espasmo brotó como flor de sus pechos
y una escarcha olorosa caía

y habló de la sensorialidad de la idea


levemente rozaba mi pelo
temblor de una hoja en su rama

151
su párpado en trance
deposité mi lengua en sus labios
2 cuerpos frotándose en marzo
arreglo floral en la historia
la mano acariciando un muslo
un beso en la mejilla
dulce pasto creciendo en mi lengua

echado allí te esperaba


desnudo sobre un concierto de muslos

la comuna amorosa volando


cabellos con flor de rocío
halo de orquídeas
llegadas las 3 de la mañana
mariguana escaseó
el último resto rodaba de mano en mano
los cuerpos tirados envueltos
con mantas de alpaca sarapes nadie respira sereno
¿quién te rompió la boca a ti?
habitación repleta de palabras
parejas rodantes en la noche con flores emigrantes de todos los países
conversando en la Tacna
no más de 24 años
Lita ¿de qué país eres?
he soñado un Buda desnudo conmigo
acostados en la lengua
no era promiscuidad sexual
era la comuna asumida
Ramón venía de India
los pies descalzos
estirando su mano en las calles
cuerpos rodando de cuerpo en cuerpo
era la implosión del lenguaje
uno dos tres cuatro ocho veintiocho cuerpos volando
mi país se pudre
no me preguntes
noche del alma
¿you know le monde?
mis pies tocaban sus nalgas me miraba
está volando

152
llegó ayer habla poco acostada con Evans
che lávate los pies Diego no jodas
está en ácido no lo jodas
mira vos... ya ya calla
una pinga erecta cruzó mis ojos
¿quién fue?
Daniel salió corriendo Norma volvía a vestirse
¿no tienes un puchito por allí?
duerme mierda
gritó el antropólogo ¿quién quiere trago?
anarquistas todos unos pendejísimos todos c
he no me confundas yo soy trostkista
huevón
Alaín dijo la Viryen de Guayalup me hiço un milayo
queía sed tostkista ya me ven se cumplió aunque
en Pagís fui de la U.N.E.F.
Lita no sabe nada se caga en todo
¿quieren o no quieren trago?
mañana me pasan brasilera
fumando toé con anfetamina molida
chancro nomás, dijo otro antropólogo
María tiene un hermano jefe de Black Panther
¿no es cierto?
Ginsberg una mierda en California lo vimos hacíamos
sit in no dijo nada queríamos que hablara
media hora sentado no dijo nada
¡no me toquen a Ginsberg carajo!
lo que no es haiku no es poesía
¡ssssshhhiiiiiiii!
a partir de las 6 p.m. hay toque de queda en Harlem
hombre blanco visto es hombre muerto
quema quema en Detroit
¿sabés lo que te falta? ¿sabés la que te falta?
stop war
no soy burgués pero me gusta el combo rico
ya está el brasilero
lo mejor de Machupicchu son 5 ó 6 versitos de Rose
¡bah! lo mejor es comerse un culo hippie allí
piantao piantao canta la actriz
piantao piantao... calla no jodás

153
si no leíste a Michaux no leíste nada
igualito es dijo Daniel
trabajé con 30 comunidades indígenas en Pasco
piantao piantao ese tiene
estómago de piedra papea todo
piantao piantao
como decía mi padre se pertenece a la cofradía de artistas
toreros y maricones dijo Vlado.
¿quién se amarga? dijo Vlado.
estuve en Avándaro más o menos dijo María
¿sabías la última? prohibieron el congreso en Machupicchu
jodido está Chile gobierna el fascismo
la puta que...
Elba en Santiago murió en el parque Forestal
quema quema negro
y la María en el trigal cantó al narrador
me gusta el vino...
Marianne dibujando el perfil de un muchacho
eh, dejá de roncar
el pacto es no trasgredir el estilo
tú prometiste no casarte
¿vivir en el Urubamba?
podríamos cultivar hacer artesanía
che qué querés ¿trabajar?
¡pujjj!
en la bolsa negra el cambio tiene mejor precio
piantao piantao
bota eso está vandeada
no te muevas Ud. tanto
la chicharra jala más yerba secreto indio
¿viste mi sortija?
la poesía exige un mínimo de expresión
el mínimo expresivo es falso
poesía no dice nada es la verdad
piantao piantao
20 meses que Lita no se baña
ingresé sin visa
che en este país todo es ilegal
¿Jacobson? dice Lita
hacer la teoría de la marginalidad

154
yo soy del mundo pata no
digás tonterías
poesía se está callada ¿ves?
decirlo todo en 3 palabras
romper la lengua
¿quién te rompió la boca a ti?
a mí me gusta Morales
a ver joven, lee el amigo del tambor
¡eh! cambia de tema
descubrir el centro rotor de lenguaje
esa célula no existe
putas escritores y cabros se les nota a lo lejos dijo Oscar
el yanqui es un escritor de paso loco rematado
¿se colgó?
el ácido orange dura más
una bala perdida dijo Albert
¿qué diría mamá Cass si nos viera? dijo Vlado.
te voy a traer a Yoní le dijeron
así así, ¿no?
la significación virtual lanza su dardo
la poesía debe contar
bah, tú solo masticas lo masticado
no entiendo esas palabritas
ejercita tu espíritu
¿entiendes? debe desalienar
alienación es concepto económico no literario
literatura es todo
todo lo que ignoras tal vez
no me pajeo en cojudeces
no tienes remedio amigo decimonónico
narrar la realidad
¿como los cantos de Ercilla?
nada de mariconadas
¿como Nixon reprimiendo a los marginales?
eh, quémate esa chicharra
¿por la nariz?
¿sabés lo que sois? unos pelotudos
igualito es dijo Daniel
ni vayas por San Martín
¿hay redada o qué?
siempre hablando huevadas

155
eh Norma ven acá
sos un pendejo Beto
duerman pues ) ( ssshhiii calla
a mí a mí con gracias
saca el pie mierda
¿quién está afuera?
piantao piantao
probé todo soy ministro de aeronáutica
piantao piantao
hay éter quién quiere
general, general copulación canta el actor
es de Australia la gringa no conoce a nadie
¡Oh! tengo sueño
¿quién está afuera?
envuelta en texturas dodecafónicas
che mejor cantate un bolero de Gatica
piantao piantao
buena la chicana, ¿no?
culo más fermozo non vide en la frontera
doux ventre sauvage
no serás nunca un anarquista
andá lavate las patas estás hecho un tango
dulce culo chicano
Lita no mezquina una caricia
doux ventre sauvage
María parte mañana
más bella que Ganassa
¿conociste a Ganassa?
doux femme
muslos largos torso perfecto dulce dulce
¿you know le monde?
mémoire au cercle bleu
flambante flambante mujeres extrafalarias
that’s what love will do cantan los negros
conversen despacio
je t’aime lovingly this night
eh, apaga ya esa luz
illius captus sum flore iunvenculae
doux femme
fleurs girant in le nuit

156
¿quieres?
rodante labios de grana
piel tersa et dorada
¿conoces mundo? ¿conoces el mundo?
¿por qué no Armonía?
softly falling the voices under eyes of vágin
me gustas
no allí no calla ¿verdad que te gusto?
¡ssssshhhhiiiii!
palabra se esfuma el lenguaje del cuerpo
noche oscura del alma
seguí a Blake
en face down aguanté
en lo excesivo
Oh cautiverio suave
a oscuras, y en celadas
no entendían mi lenguaje
me entendían en el lecho
caricia larga como garza volando en el lago
general, general copulación... duerme pues ya
not poder explicar sensation
is moi bello moi bonito
profundas cavernas del sentido
Lita no tiene papeles
you know le monde?
perdí el rastro de Nannerl
debe estar con el sueco culeando
fleurs girant in le nuit
un muslo en mis labios
silbo de los aires amorosos
dulce caer de la lluvia
et pradera de vulvas sorbiendo
estructuradas las hordas
moi bello moi bonito
4 núcleos generando virtud
parejas rotantes el amor hecho por todos
jardín respirante
piedra de rosa con puntos pardos
gorgeo en las ramas
et fragancia de espasmo encendido en el pubis
tocando el silencio / amor se deshoja

157
pendejísimos todos unos anarquistas todos
siguiendo el camino del sol
el emitiente bloque de flores
no tengo edad, ni porvenir...

COMUNA ASUMIDA
1 2 3 4
gustos de gustos de orgullo gustos de gustos de
suciedad impudicia insubordinación
1 funciones artillería 2
inmundas
2 funciones
peligrosas
3 interrelación de calambour 1
lo anterior

rocío en el párpado
permutación d’ciprés
miré su cuerpo de almendra
ojo mutante
et un lar de palabras disueltas
el florero con su lar de caricias
es el motor de la historia
la historia de hoy en un lecho
en la seda del aire
trazo fugaz de pincel
la flor de tus labios es otra historia
flor con pétalos suaves
in quibus nos ludamos
stan prata plena floribus
cantando
la comuna amorosa
colgados sobre Tacna
tempus adest floridum.

158
SÍNTESIS IV
Goce de la voluntad
Símbolo/Significancia
(Campo de otoño)
MONTE DE GOCE / Síndrome del Orgasmo

Mantra, cf. Stockhausen


(Alfons und Aloys Kontarsky, Piano
Seite 1 : (l. Teil) [35’05]
Seite 2 : (2—Teil) [29’55] )

Su cuerpo doblado como las azucenas se doblan ante el ligero peso de un rocío en
sus pétalos, deslumbra con tizones dorados rasgando el suave tul de mis ojos, la
hermosura de un cuerpo desnudo al erguirse en el lecho es la película de un beso
estirado como una lengua que otra lengua se engulle las pelusas de un calor
despren­dido en la gramática dulce de tus nalgas que cagan, cagan, cagan pujando
en cuclillas sobre la sábana im­pura, el amargo furor de morder tus espaldas y atrás
del verde espejo de luz un cuerpo saltaba hacia el tuyo para degollarte, para
castrarte, para arrancarte los senos y arrojarlos en el fogón de la noche, es el deseo
un dragón en tu cuerpo y rodando en la verdura con flores de un vientre humedecido
con salpicaduras de escarcha, me arrojaría con mis fauces babeantes rasgando
furio­samente tus faldas, pegándote, arrojando en tu rostro un escupitajo plateado,
arrancando la trusita de chiffon amarillo que cubre la pureza de un pubis hasta
ahora sólo estremecido por el raptus de autoerotismo impul­sada por el mecanismo
reflejo de tu complejo de culpa no hay sonidos con epidermis de flauta en el disco
me basta escuchar tus gemidos azules brotando bajito de tus labios abiertos,
admirar el esmalte el blanco marfil de tus dientes incrustados en la pulpa cerezo de
la encía sangrante, mis manos heladas imploran la dicha de caer sepultadas entre
el calor de tus muslos, probar la dul­zura de tu piel tostada en campos de luz rodando
en la pupila dorada de un crepúsculo ardiendo tras un follaje de tilos, granos de
azúcar como puntitos de leche en tu pezón que mastico se disuelven en mi lengua
azulada, delicia de tu vulva como una podrida amapola que lamo al acecho es el
dragón saboreando tu sangre menstrual, tu cuerpo lo tengo bajo el luminoso
dominio del vuelo de mis labios planeando sobre la blanca luna de tus nalgas,
poderosa te orinas y me fascinas, en mis manos te cagas embarrando de una suave
fragancia mi cuerpo entre la gamuza del culo sepultarte un falo de goma candente
y profundo, sentir en mi vientre la oscilación de tus nalgas aspirando mi antena
emisora de señales turbadas, o hay impureza en el himen que no se dejó romper un
verano en un baño público a la orilla del mar fluorescente bajo el embate de una
mano que asolaba el pudor, te mueves, te mueves, te mueves las caderas se agitan
suavísimas buscando acoplar tu ritmo interior a la violencia de mi percepción, la
suavidad oscilante es la censura de un yo que permanece ligado al cordón umbilical
de la madre, es tu loco el que lactófago se apodera de tu leche hasta saciar su
apetito insaciable, destrozar entre parques de espuma bermeja la estrecha flor del

161
conducto anal, te mueves, suavísima me mueves las nalgas y mi falo te azota, te
escupe el rostro con desprecio y con amor, saborearte el perlado anaranjado sudor
de tu axila no depilada y te basta con rozar lige­ramente cualquier trozo de mi piel
para lograr tres cua­tro ocho espasmos, no tiene sentido conversar esta noche lo
sabes, el falo turgente y rugiendo traza un corte ab­soluto en tu vida un campo
donde los cuerpos se enredan y difuminan, no puedo hablar no cantar no gemir mi
locura rodando entre mujeres de cuerpo carmín y tan pura y hermosa como una
deposición imprevista encima de la ensalada de legumbres, una mujer aterrada
ante su propia belleza porque no sabe cómo compartirla tú al dormir eres un trozo
de viento que siempre termina como una culebra mordiéndome los testículos y me
posees en lo mejor que puedo ofrecerte, implacable, sádicamente ejerces sobre mí
el imperio de la masturbación, andróginos cada uno ha de masturbarse en el otro,
pero eres mi hombre el marido perforándome el culo, mi amor tus cortos cabellos,
el cuello doblado, mi imaginación del muchacho ideal y así nada más lindo que
dos cuer­pos decuplicados al máximo: no importa que seas mujer soy también tu
muchacha y mis senos son dos frutitas donde aplacas tu sed, tu cuerpo es una
maravilla de pálido un rosado natural en tus mejillas mi amada, el de­leite superior
de entregarme al suplicio del goce enredado entre millares de caricias reflejo de tu
juego de espejos, cojo una mujer vestida con la púrpura del sueño u otra, u otra y
no sé si lo que mis labios acarician es la dulzura de un falo al eyacular, no puedo
evitar que ese cuerpo de miel deje de ser mi propio cuerpo sólo que un poco como
que el rubor musical lo detiene ya sabes dónde, practicar todo el conjunto de
delicias que plácidas duer­men detrás del Paraíso: sodomía te llamas y por eso
sodomía es tu virtud, Sulamita en mi lecho con flores, lindura, sopor, belleza, calor
y decías no te soltaré hasta que te haya introducido en casa de mi madre, al aposento
en el que me engendró, no te irás hasta que hayas hecho de mí tu perra inseparable,
la que no puede vivir sin la dorada luz donde las flores de tu semen germinan es la
imaginación de mi muchacho ideal, yo he venido a gobernar sobre ti, a gozar de tu
cuerpo, a gozar como la chancha en el sueño, a gozar sin delicia porque la delicia
está en el suplicio, yo te destrozo, te fornico, te sodomizo, hago de ti la cueva
profunda donde entre sépalos rojos y corolas doradas mi vida tiene un sentido y
cabalgo sobre la máquina productora de imágenes como en sue­ños ferozmente lo
hago sobre el temblor de tu cuerpo un espectro dormido sobre un pétalo suave, la
flor que te cubre con su lenguaje sin mácula es el verano que rueda como el esperma
en tus muslos, la flor que embe­llece este vuelo de amor destrozado son unos ojos
rodando sobre los ojos de tu cuerpo, un rojo gladiolo se abre al sentir tu aliento
rozándolo, la escarcha dispersa de tu cuerpo en la comprimida luz de un abrazo
bajo el follaje semántico de tu esfuerzo en la noche solar, un sol en­gastado en tus
pechos lunares produce un encanto insi­dioso en mi ser adormido, mis labios se
posan como mariposas inmensas sobre la profunda pradera de tu vientre, tu cuerpo
enrollado como una alfombra con signos indescifrables es la quemadura ontológica,

162
la noche agitada de una mente en delirio, fornicando parados en medio de un
tranvía atestado de gente te sientes mojada y un extraño rocío brilla sobre la tersa
luminosidad de tus ancas vueltas al sol de la noche, en las azoteas te desnudas para
imperar con ternura en los ojos del viento y desflecándose los húmedos cabellos
crespos del pubis fragante el brote de una caricia en la niebla lechosa te escucho
venir a lo lejos, cuerpo olor a flores macerándose dentro de un cántaro de vidrio
refulgiendo en la ventana, te duermes abriendo misteriosamente tus párpados
como el rosado animal que te explica es la pasión fragmentada una visión
transhistórica, de la alambicada teoría a tu cuerpo no y no llegaré así jamás a
saborearte, es por tu cuerpo y por su goce que alcanzo mi existencia un campo de
acción donde combaten los reyes foscos: tecnología sodomizada por la poesía, tu
muslo lo abraza cariño sin­tiendo convulsionarse mi cuerpo y de rodillas te pido
que tengas un poco de ternura por mí, eres mi diosa señora de las ciegas praderas
verde manto de helechos donde vuelan manadas de libélulas blancas —a mi
diestra, te quiero puedo probarlo ahora mismo y decir que te odio, las palabras no
existen sino los gestos, que tus manos lentamente se alcen ordenando mi felicidad,
cari­ño ¿cómo evitar el terror al futuro? ¿cómo evitar el horror del futuro? no tengo
pasado o mi pasado es tu cuerpo que en mi mente delira, ¡Oh! preciosa, florece el
callado rumor de las hojas detrás de tus ojos, la castidad de tu cuerpo rotando
alrededor de mi falo es la armonía heliocéntrica un puñado de astros brillantes
impresos en la negra sábana del cielo y me envuelve un matiz tembloroso cuando
conjuro tu nombre y sé que no existes, tu ropa interior un olor sonrosado estirado
sobre la verde copa de un fresno y son tus fragantes hedores mi fetiche que
envuelve mi mente entre llamas de azufre, mi rostro con placidez dormido en el
calor azul de tu vientre, oler tu pulsante vulva te huelo el dulce polen que allí se
esparce, preciosa, te asemejas al Mito de Nannerl que cada noche laboriosamente
soporta una nueva dulcísima desfloración, sentir la profundidad de tu vulva su
polo magnético atrayéndome a la combustión interior, rica, me hundo sin cesar en
el oleaje de tus muslos que giran como aspas de molino en el viento y allí voy mi
lanza adelante por las salvajes llanuras de tu vientre que mis fauces desgarran, el
falo impertérrito busca elegir su momento preciso delicia de lo imperativo
esquizofrénico, me desnudo para inyectar mi lujuria como se inyecta morfina en la
sanguinolenta vena sedienta, tus senos ¡Oh! esos evanescentes senos que mi lengua
corazón del fuego obsesivamente ha esculpido, senos dorados bajo un follaje de
luz mi lengua gustosa repta sobre la carnescente colina y te gusto tus pezones de
mármol allí como estás inmóvil con una base de césped al centro de la perspectiva
del parque, debo empujar finamente hasta desflorarte una y otra vez hasta que lilas
de sangre rueden como caricias sobre tus muslos y polucionar en la azucena
azulada de tus labios, morder la suavísima almendra de tus hombros nacarados con
gotitas de sudor brillando como rocío, presenciar el ritual de tu higiene después
que emerges del lecho como una diosa entre olas de un fuego blanco y posas ante

163
mi cámara más incitante que una modelo profesional tu cuerpo es un sintagma
alter­nante entre mis manos pulverizado, núcleo de la escritura el gozar se vacía de
objetos/fines/funciones y no quiero sino sentir en mi piel tu castidad de tu cuerpo
rodar mis ojos contemplando el lago con luces de tus ojos, los ojos marrón oscuro
pegados a la punta de tus pechos, bajo el cauce de ámbar de tu sangre brotando
como un flash imprevisto me tienes y retienes en tu lengua el polvo de mi lengua
el hermoso milagro de caer asfixiado entre gemidos de plata, tu cuerpo he
masacrado con lancetazos en la noche y flores sangrientas brotando del perfecto
equinoccio son el rubí de tu ombligo en el lecho, es la noche cegadora de tus
párpados abiertos como fauces marcando mi pecho lo que me deslumbra y mi
lengua que el calor de tus labios aprisiona, sangre de un olor salado resumiéndose
en el manantial de tus muslos que se bi­furcan, violencia sí, pero de una serenidad
desesperante mi imperio sobre ti, tu cuerpo existe como no existe nada fuera de mí
porque fuera de tu cuerpo nada más es lo real en mi mundo y mis ojos no captan
sino lo que cap­tan tus ojos una doble maravilla bajo los olmos, bajo tu cuerpo
rueda el sol de mis labios congelado paisaje que mis manos retocan, impuras,
sobre el dominio de la noche reinando, sobre el dominio del mío cuerpo tus ma­nos
se elevan como quelíceros, doblándome, en la opaci­dad del neón que ilumina tu
rostro atravesado con gotas de lluvia, noche reinando bajo el pertinaz adiós de los
lirios, incesante me enredo como los gatos sobre el soli­tario sofá en medio de una
llanura intangible y en el sofá de pelambre erizada has abierto las piernas
invitándome, felicidad que surge de pronto como la sed por la luz, gatita, con ojos
doblados y blancos, oscuros, vacíos a morder la delicia que amarga pulpa que me
convidas sin cesar saboreada, te poseo en tu convulsión soterrada paseándome por
las avenidas cubiertas con mecanismos y arboledas extrañas, los parques sin un
árbol son un tablero de ajedrez donde la dulce perversión se combina, entre
máquinas que por una moneda te ofrecen un himen de plástico para que lo muerdas,
para que lo rompas, lo muerdas y de un solo fino lancetazo lo rompas, por una
moneda la máquina te emite un gemido a tu gusto te promete un amor verdadero,
entras en circuito cerrado donde entre viudas languideciendo por unos labios
frescos, que celebran sus cultos fálicos entre voyeurs remirándote porque andas
desnuda, la cabeza estirada hacia atrás con el cuello doblado en el borde del sofá,
tus piernas en arco aprisionándome las caderas mientras mis manos cogen,
acariciadoras, el delicado envés de tus muslos, posesionado en tu vida como la luz
en las hojas mejor sentir tu luz resbalando en mi cuerpo desde la sangre, al otro
lado del fuego en la penumbra inviolable soñando, pujando, devolviéndote a tu
vida, la retenida, oscuridad deslumbrante, vida salvaje escondida detrás de tus ojos
que a nadie dicen nada sino a mí, en la noche escondida detrás de tus ojos callados
—murmuras, lumi­nosa, el estigma de tu carne con marcas plateadas de dientes y
tus labios, amor, me detienen exactos en el umbral de lo ignoto te soporto, labios
que me pierden y no me reconozco haciendo de mí la adorable, tu perra inseparable,

164
por el camino del lago me abrazaste con un abrazo lento, entre alacranes lamiendo
los bordes del párpado por el camino que viene de tu sonrisa a mis labios, camino
que llega entre crepúsculos de seda la sonrisa es el lago donde los tiernos jacintos
colorean sus olas, muslos largos y tersos aunque vellosos los muslos que saboreas,
clausurada entre el espacio de una escritura no eres sino un placer que degusto,
adorable en el ter­ciopelo avellana de un nombre que se me oculta obstina­do,
lentamente, tu libido sorbiendo por entre tus garras que a la sangre se acercan,
gatona envuelta envuelta en tu pelambre oscura como el solsticio secreto que
practicamos, dos esmeraldas con chispas por ojos que se vaciaron de todo contenido
real maullando y lastimera­mente maullando, gatita que a tu ratoncito confundes
cabezoncito infladito puntiagudito ratón de tu gato insa­ciable, entre los blandos
almohadones saltando y mau­llando, desprotegido, lanzándote miradas que te
excitaban te quiero y suavemente como las hojas tiemblan sus hermosas
campánulas, digo, amorcito, sobre el cálido dorso de tu cuello que se hincha estoy
besándolo, Nannerl te desfloraré otra vez desflorar el Paraíso de tus nalgas y entre
la delicia del dolor ahogarme en la sangre : no es la obsesión es el deber, no es el
derecho es el trabajo, no es el deseo es la justicia, no es la satisfacción es la ley
gatita que eres mi infierno como tus nalgas que me las saboreo comiéndote entre
la geometría de espejos inversos de la sala contemplándonos, envueltos en la
niebla de verano que entra por el ventalle de cedros fresco aire nos acaricia y a lo
lejos millares de edificios que como un ojo de pez se cierran sobre el horizonte,
entre la luz condensada de tu cuerpo en los jardines blanda­mente me abandono,
hojas temblando bajo una llovizna en ámbar yo eres tú soy, en la morbidez de tu
vientre que late bajo la turbiedad de mis labios es el amor, con el plástico lóbulo
de tu oreja que muerdo te digo pala­britas deshechas, es la hendidura de tu espalda
la abra­sante frescura donde yo reino, cariño, son tus muslos tenaces como el sabor
de las lilas, opacos como un trozo de cielo ya sin estrellas, suaves como es el
vellón de angora perlado muslos que son los míos y que muerdo incrustando las
perlas de mis dientes quedan violáceas las marcas como riachuelos después de la
lluvia atravesando un prado amarillo, el disco de un girasol se abre en el momento
que empiezo a besarte y las flores se doblan como tú cuando es el deseo revolcándose
en el lecho, no es el cuerpo del deseo el nuestro sino otro, extraño como una
atracción repulsiva y doblemente atractiva por las orquídeas de un cadáver en lo
hondo del lago, en la fatiga y su regusto que nos cubre de llamaradas de bronce,
insatisfecho, en la película diferida en el sueño —apareándonos, por lo inversos,
transubstanciados entre olas de lilas que arden bajo un crepúsculo de neón y nos
conocimos impuros allí sin deseo todavía mientras entre los dos un oscuro jazz se
coagulaba, lubriscente, sombra que se añadía a tu sombra, sombra de un
comportamiento galante y sin embargo salvaje esce­nificado en el texto —proyección
alucinada somos de un deseo sin cesar relamiéndonos, en el teatro de los cuer­pos
que se diluyen como tu pezón en mi lengua, la elegante recámara y sus flores de

165
murano caían segadas por nuestros besos campo de batalla la salita cubierta por
una espesa alfombra de esperma violeta, sobre la calentura del sofá desvencijado
sin piedad por los mo­vimientos del deseo rompiendo su atadura, entre la negra
mesa de caoba encharolada la fornicación era la luz que cuelga del florero, lindura
de flores nuestros cuerpos eran pisoteadas por la muchedumbre y los dos allí en un
tiempo detenido en la foto contemplaban el luminoso reflejo de un prado enlazados
por las manos, la pareja al borde de un apacible lago sembrado con lilas naranjas
y un vino rosé en la copa de cristal que se alza hacia el ojo dorado en la comba azul
prusia del cielo, follajes de intenso esmeralda con puntitos de plata delataban el
natural decorado en su entorno, los cuerpos se acerca­ron un poco más a la verdura
del espejo donde el deseo como toda luz transferible dulce y suavemente roía mis
ojos, montados sobre un puff terciopelo granate concho de vino la granulación de
un macizo de luz diseñaba un arabesco de sombras y en el trasfondo del espejo
donde llamaradas de platino eran una maleza casi impenetrable tu opalescente
cuerpo fue por mí descuartizado, captu­rando el amargo perfume espesado en un
negro cubo de blancas flores olor a esperma recién eyaculada —no en su reflejo
cubo rosado de la vagina sino en el calor de tus labios azules como lirio, después
de haberlo como un caramelo con ron mamado yo he sentido tu caliente delirio,
blanco cubo del falo penetrándome, incandescente y espesamente dichoso como
un volcán al revés que soy cuando eres mi marido, madre de la Sulamita en el
texto, azul espesura de los reflejos de un cuerpo sobre el mío y traducido tu cuerpo
a la imagen precedente del sueño, po­sesiva, tirada a un costado del lecho yo te
llamaba mientras tu peluda colita se movía en el aire, maullando los ojos eran
humanos pero en la vieja azotea entre viejos pianos de cola y transistores de
plástico rojo enarcabas tu cuerpo elevando el espinazo brillante por el roce de la
luna, tus metálicas uñas acostumbradas a escarbar en rincones oscuros debajo de
los muebles llagaban mi pecho y ávidamente te bebías el resto de mi sangre
intermitente­mente derramándose, ambigüedad crepuscular de nues­tra lubricidad
te arrastrabas como una serpiente entre el jazmín de mis muslos, cariño, habiéndose
mezclado tu memoria y su luz con mis ojos un solo gemido reso­nando en las
paredes de la sala, entre las colchas mez­clados como un sol se dispersa en manchas
luminosas sobre la sal de las olas que se estrellan en los peñascos y en tu cuerpo
vomitando porque te gusta el olor agri­dulce de mi vómito, mezclados como la
mordedura a la rebosante manzana que la seduce no podemos sino fre­cuentar el
espacio que somos, fuera del cual el sentido que somos se enciende y se extingue
como una llamarada en el espacio sin lámpara, mezclados como el vómito a la
boca que lo vomita hay un sentido que preservamos: el goce de la conciencia por
la conciencia del goce, al otro sentido que liberamos: el cuerpo del goce por el
goce del cuerpo, al otro sentido que buscamos: el espíritu del suplicio por el
suplicio del espíritu, al otro sentido que trastrocamos: el suplicio de la inconsciencia
por la inconsciencia del suplicio, al otro sentido que encontramos: el cuerpo de la

166
conciencia por la conciencia del cuerpo, al otro sentido que hallamos: la
inconsciencia del espíritu por el espíritu de la inconsciencia, al otro sentido que
de­velamos: el goce de la inconsciencia por la inconsciencia del goce, al otro
sentido que palpamos: el goce del espíritu por el espíritu del goce, al otro sentido
que gustamos: el goce del suplicio por el suplicio del goce, al otro sentido que
indagamos: la conciencia de la inconsciencia por la inconsciencia de la conciencia,
al otro sentido que manifes­tamos: el espíritu de la conciencia por la conciencia del
espíritu, al otro sentido que revelamos: la conciencia del suplicio por el suplicio de
la conciencia, al otro sentido que mejoramos: la inconsciencia del cuerpo por el
cuerpo de la inconsciencia, al otro sentido que gozamos: el cuerpo del espíritu por
el espíritu del cuerpo, al otro sentido que somos: el cuerpo del suplicio por el
suplicio del cuerpo al centro de la pintura mística doble ficción de la vida y una vez
más triple por el espejo verde que la refleja, sin nombre como una perra los cuerpos
se enredan bajo los olmos aristipianos: un más allá del sentido que no es en el goce
sino el cuerpo del goce pureza que arde como un paisaje antes de rosas doradas y
hoy decorado en llamara­das azules, juego de espejos que nos devuelven de la
opacidad al dulce gobierno de la ausencia, en el asco por el suplicio del cuerpo al
cuerpo del suplicio entre un mar de azucenas varados, en el rechazo por el espíritu
del cuerpo al cuerpo del espíritu bajo un follaje de —cari­cias encontradas, en la
náusea por el cuerpo de la inconsciencia a la inconsciencia del cuerpo en un cinema
de gamuza deseados, en la pérdida por el suplicio de la con­ciencia a la conciencia
del suplicio entre demonios de plata rescatados, en la expulsión por la conciencia
del espíritu al espíritu de la conciencia ante la suavidad de la noche recuperados,
en el malestar por la inconsciencia de la conciencia a la conciencia de la
inconsciencia en el teatro de un grito callado deliciosos, en el arrastramien­to por
el suplicio del goce al goce del suplicio entre oscuros parajes de orgasmo envueltos,
en el vómito por el espíritu del goce al goce del espíritu entre charcos mentales
caídos, en la repugnancia por la inconsciencia del goce al goce de la inconsciencia
bajo el lento resuello nocturno desolados, en el desagrado por el espíritu de la
inconsciencia a la inconsciencia del espíritu entre arcán­geles en cedro quemados,
en la repulsión por la concien­cia del cuerpo al cuerpo de la conciencia sobre un
fogón de seda retocados, en la obscenidad por la inconsciencia del suplicio al
suplicio de la inconsciencia bajo el lloviz­nar de amatista saboreados, en el repudio
por el suplicio del espíritu al espíritu del suplicio entre un vuelo de setos dulcemente
perdidos, en la aversión por el goce del cuerpo al cuerpo del goce entre praderas
de turquesa naranja exaltados, en la purgación por la conciencia del goce al goce
de la conciencia sobre un ojo que es cegado en el orgasmo y transcritos, los
cuerpos, a la inversión de la escena en el sueño que se produce, incesante, por la
reversión de la réplica reflejo deshecho de una imagen dorada que resumimos,
inflorescentes, con un gesto im­paciente, redimido, en el espacio de la vigilia
interrupta indeterminado y fijado a la fugacidad de una caricia de nylon donde la

167
descarga semántica en el fondo de marzo que somos, al sudorarse los cuerpos y
florecer, impacien­tes por la desdicha que endulza en el imperio del falo, reflejo a
su vez de un sol de vidrio en el sueño, a salvo la masa de electrones verbales que
como una floresta abriéndose en llamaradas de murano y que son el diseño de un
cuerpo rodando en la frescura de una alfombra que nos envuelve bajo una niebla
de ámbar, cuerpos golosamente delicados se insinúan como el trazo nerviosamente
sereno de Beardsley en blancas florecillas impresas en negros espejos son la
gestualidad de la máscara danzando, máquinas esquizofrénicas envueltas con un
ligero musgo floreado ante una caricia en el campo neutro donde yacen emitiendo
capullos eléctricos que al enredarse al pistón explotan como lucecitas de oro dentro
de una pupila vaciada, permanescente ejercicio del amor en una habita­ción
suspendida en la historia como tu cuerpo ligado por una soga en el cuello colgando
del techo y es el misterio adorado, al que me abrazo, feliz llorando desde el
proyecto que subvierte a la represión y manipulando heme aquella deliciosa
maquinaria secreta del goce enredados por la significación en exceso del cuerpo:
una magnética zona pubiana cubierta con un algodonoso vellón de lima­duras de
cobre brilla sangrante en mis manos, tablero de ajedrez tu vientre sobre el que
inventamos batallas donde hermosos y suaves lirios brotan de los residuos de
semen, la posesión del uno por el otro con pasión y sin un fin ya, suave campo
neutro que no diferencia al objeto y que es bello como la noche con flores de neón
invertidas que llueven, violentas, sobre el parabrisas de la nave que nos conduce,
lucífuga, con la pulsión ultra fluida en las neuronas trabajando, expresión última
de la sensualidad no por sintagmática menos alucinada: 200 mcg LSD / 600 mcg
Mescalina / 40 mcg Psilocibina / 60 mcg DMT / 150 mcg Yohimbina diluida en
dextrosa al 0.5 % es la gratificación química: Dharma y Paraíso, Kharma ambarino
y brillan­te y nunca más, nunca más, ambarino brillante y nunca más, nunca más,
brillante y nunca más lo real será lo real sino la realidad del trasfondo donde las
flores son ninfas cuyo licor es un semen con sabor a ciruelas en un bosque de
sátiros que juegan bajo un manto dorado colgando desde el ojo del cielo parques
con manantial de esmeralda y entre las hojas las libélulas son leves puntos de neón
susurrando, el polen esparcido por la brisa se entremezcla a los cabellos húmedos
del pubis y es perfecto el azul empastelado del cielo, grabadas con gran precisión
son las constelaciones cuyos puntos lumi­nosos semejan niñas durmiendo sobre
piedras de zafiros en los senderos del sueño y un batallón de muchachas sobre el
dorado césped de marzo inicia el juego del aje­drez al revés, cada niña es una pieza
que se diluye en la estrategia del juego mientras se desencadenan los átomos sobre
el secreto espacio del secreto, no son muchachas sino muñecas desnudas adorando
un falo de plástico en la deliciosa pradera del saber donde partículas de semen
como pétalos suaves son arrastradas por el viento enci­ma de montañas de cedro,
alguien tañe un bello laúd produciendo un encanto en el ambiente y por entregar
sus favores las muchachas se disputan con feroces mor­discos, danzas y saltitos de

168
ballet que para delicia de los ojos las muñecas ágilmente desnudas como venadillos
entre matorrales de cartón ejecutan, un brillo rosado es todo el claro del bosque y
las danzarinas arrojan flores contra el esplendor de la luna, untadas con perfumes
de sándalo entre los cuerpos ansiosos del lecho van deslizán­dose, juguetonamente,
entre brazos que las reciben para premiar a la poseedora de la vulva más estrecha
y a la que tenga la vulva más amplia porque no hay términos medios, el mejor y
más fino seno es el que todos pre­mian con una caricia perpetua, dulces olas de
orgasmos super intermitentes cruzarán como fuego compacto el campo de frescas
hortensias de tu cuerpo, mi amor oscuro como el botón de un pezón que se curva
hacia arriba y se me insinúa, falo elástico adaptable a la capacidad de absorción del
sujeto y vibrando con la frecuencia u/4L produciendo un sonido armónico impar
al rozarse con las rosadas mucosas del sexo mientras al costado, a esca­sísimos
centímetros, se incrusta dentro del espacio ven­tral como un suspiro un tubo
cilíndrico de paredes del­gadas forradas internamente con un plástico suave, untado
con vaselina, que según el estado anímico del sujeto (al entrar en la maravilla de
Góngora —por ejemplo) puede rotar en torno de su falo, poniendo en práctica su
función de vagina que como una crema con fresas se ofrece a mi lengua y según la
ecuación dL/dt = 0 (o por el vector momento cinético que permanece constante en
magnitud y sentido, ecuación metafórica de la primera ley newtoniana sobre el
movimiento de rotación), o según el prin­cipio del giroscopio que es eros, vueltas
y revueltas en torno de un centro que se disuelve, permutaciones y mu­taciones de
un cuerpo lanceteado por sierpes que se enre­dan como polvos y serpentinas entre
los muslos en el pequeño teatro de la sala, dentro del espejo montado sobre tus
nalgas al espejo de la pared contraria donde veo una lenta sombra coagulándose,
ni sujeto ni objeto es la gramática de uña caricia lo que descifro: M = mgR, dL =
M dt y produciéndose la variación cinética conse­cuencia del par de momento, que
se suma vectorialmente al gran momento cinético sobre la encharolada mesita de
caoba, los cuerpos como un florero son un rocío des­trozado entre un jardín de
poemas, trasfondo semántico de una fornicación que por dL es horizontal y
perpendi­cular a L y es un movimiento de precesión su resultado sobre el que tanto
el vector momento cinético como el eje permanecen como un blanquísimo manto
de nenúfares extendiéndose en un lago de vidrio horizontales y que puede comenzar
con una velocidad angular menor pero que el cuerpo (0.0) al ejercer sobre el pivote
una fuerza mayor, de modo que la fuerza hacia arriba en O (pezón que se curva
ante mis ojos) aumente y, consecuentemente, llegue a ser mayor que mg, igual
como antes mg/2 iluminó la pantalla al saltar las fuerzas verticales hacia arriba,
destruyéndose como los cuerpos al combatirse que­dan deshechos, arqueología del
cuerpo que redescubre la huella morada de un mordisco allí termina el seno y
comienza el abdomen, en su sombra olorosa, mordisco que el inconsciente desea
y lo practica, marcas de dientes bajo la mandíbula casi encima de la garganta
rozando apenas la yugular, en la sombra que es su historia que nos redime al revés

169
del centro de gravedad que se acelera hacia los paraísos de la piel, de las sierpes
que somos imitándonos en alacranes verbales y besando los fríos labios de la
ahorcada en cuya vulva un ligero olor a lavanda y que se esfuma invita aún a la
pasión mientras doy a mi cuerpo un impulso en el sentido de la precesión más pura
para la rotación efectiva hecho una azucena dorando la máquina del deseo, cuando
el crepúsculo incendia la pulpa de tus ojos que como tu cuerpo, de un suavísimo
blanco azucenado haciendo contraste con el intenso verdor de la sábana donde
entre las horrorosas maravillas de tu sueño te agitas, sudando, ruedan como un
alacrán enmielado sobre mi falo que al endurecerse curvándose hacia arriba como
dos pechos que mi lengua desea lamer, se transfigura en solo una llama de amor
pura, mística, como el cuerpo de un sueño sin soporte bogando entre los sueños de
un cuerpo y que es una memoria perdida, energía radiante que brota en tus músculos
trabajando en la cópula, laboriosos y que yo me la absorbo pegado a tu cuerpo,
invernando, por capturar la sabiduría termoerótica: ergios que por millones se
condensan en esa luz brotándote de los pechos, lago azul con tulipanes donde me
sumergí para ver tu cadáver entre galeones cubierto de musgo y es la belleza que
adoro en la morbidez de tu cuerpo unido a mi noche, muñeca caminando con el
combustible de mi aliento y sus moléculas de deseo pulverizadas por la mirada que
como la iguana de mi lengua repta sobre el delicado con­torno de tus muslos,
volando las sierpes envueltas en fuego de tus cabellos enredándose en dulces
copos nebli­nosos sobre mi pecho, dormías y pegada a mí la amapola de tu cuerpo
se difuminaba por todo mi sueño en la habi­tación de espejos en cuyo trasfondo el
lecho del único amor radiante como una amatista no eran sino los cuer­pos, en la
alfombra tirados en la comunión de los cuer­pos se disuelve la oposición binaria
por otra, latente como la muerte, el cuerpo otro que precedimos unas caderas
maduras como un lirio varias veces replantado a un costado de una historia que se
niega a la bolsa de orgasmos y al cambio de caricias, veo una lenta mano
descolgándose por un juego de poleas para acariciar tus cabellos que es mi mano,
hembra que llora porque su deseo de ser hombre no es satisfecho por su amante en
su deseo de no ser más una hembra e inmersos en un mediodía sin continuidad,
dentro del cuadrado de luz es un apacible domingo y desnudo con los labios
resecos mirando, extraviadamente, una gata revolviéndose en el sofá, desnuda
aunque cubierta de vellos mientras una serpiente me ofrece la delicia de su lengua
partida y yo procedo a desnudarme dentro del cuadrado de luz, me­diodía que no
transcurre es un apacible domingo heme desnudo a un costado de ti lamiendo tu
lengua partida, rodando en la alfombra por una gata maullando y yo procedo a
desnudarme, un apacible domingo heme des­nudo mis labios besando una fría
escama plateada, ena­morado, pronunciando palabritas y yo procedo a desnu­darme,
un apacible domingo heme desnudo entre tus muslos persistente como un sol que
resurge, en la esci­sión de mi cuerpo, junto a la gata de ojos hermosos como el
verde mar de una piedra perdida, en un suave lecho de arañas carcomiéndonos en

170
cámara lenta, es un apaci­ble domingo heme observando la pulverización del
paisaje a través del cuadrado de luz y yo procedo a desnudarme, apacible, en un
espejo cóncavo que refleja a uno convexo, extraviadamente, una gata revolviéndose
en el sofá y yo procedo a desnudarme, heme observando la pulverización del
paisaje por un espejo bicóncavo que refleja a un plano convexo y yo procedo a
desnudarme, extraviadamente, una gata revolviéndose en el sofá, lentamente,
enfocada en las ancas por una distorsión en barrilete del modo como antes de
penetrarla la enfoqué por una distorsión en corsé, con lentitud moviéndome en el
jardín de espejos que me reducen a la pulverización de los cuerpos y difuminados
por la pasión delirante, gata revolviéndose en el sofá, es un apacible domingo
heme desnudo observando los retozos de tu cuerpo que me enamoran, tus zarpas
juegan con las muñecas y yo procedo a desnudarme entre floreros de serpientes
que se disuelven en el aire a otra serpiente arrastrándose, obsesiva, en el sofá y yo
procedo a desnudarme, en tus labios con pelitos depositando mi lengua y
reflejándome en el verde espejo de tus ojos, bajo el pálido rosa de tu ombligo
donde, a veces, cuando la mordedura es excesiva, eyaculo, en tus labios con pelitos
depositando mi lengua y yo procedo a desnudar­me, en calma, entre la serpiente
que detrás de tu nombre se agita, es un apacible domingo heme desnudo a tu lado,
en calma, observando tus lentos movimientos que van del sofá a la alfombra y del
sofá a los cojines dis­persos por la alfombra, del sofá a la alfombra y del sofá a los
cojines dispersos por el sofá, es un apacible domingo heme desnudo observando,
en calma, a la gata que va del sofá a la alfombra y de la alfombra a la mesita
encharolada, en calma, observando tu cuerpo que va del sofá al puff donde habré
de montarte, en calma, obser­vando el ámbar de tu cuerpo entre pedazos de luz
caídos y entre cabezas de serpientes con ojos de hermafrodita me esperas, en
calma, inyectadas las pupilas de un violeta en­cendido a tu cuerpo me acerco,
develamiento del verano y comienzo de otoño en un vuelo en la esquizofrenia,
entre la habitación deshaciéndose en mis manos feroz­mente a una frecuencia fluida
he dado velocidad a mi falo, buscándote a tientas en el lecho de la que te parió y te
mueves, los vellos erizados transmiten un intenso caudal de energía radiante, es un
apacible domingo y yo procedo a desnudarme, un falo va penetrándote como una
sensación de calor suspendido, te mueves, es un apa­cible domingo y yo observo la
pulverización de tu cuerpo,, maullando te escucho a lo lejos como un sonido
monocorde que puede ser Stockhausen, a lo lejos un extraño jadeo resuena aún en
mi oído, es un apacible domingo y un falo trabaja perforando los pliegues de
piedra de tu himen retozando en el sofá, caracoleas en mis brazos como una gata
montesa, en calma, mujer de caderas maduras había una lubricidad reprimida en tu
cuerpo que ignoras, cuerpo que no soportaba otro cuerpo años antes sin un falo y
lanzas tu finísima lengua sobre mi ombligo hasta casi rozarme la floresta del pubis,
salvaje pero sabia como una antigua cortesana tu sexo me huele a saber y entre los
espejos que me remiten a un paisaje de paragramas los ángeles vidriosos me hablan

171
sin ver­me, en calma, sobre el sofá me desnudo más puro que un lirio guardado en
tus pechos hecho para tu voracidad y entre tus fauces doradas mi sangre chorrea
sobre tus muslos, las caderas maduras se pulverizan ante mis ojos y es un golpe de
variaciones de un cuerpo que se duplica en la esquizofrenia, cópula analógica en
la economía del inconsciente: no soy sino el falo del padre que buscas y de noche
cuando sobre las azoteas me entregas lo mejor de tu cuerpo, desnuda bajo el negro
caftán el blanco de tu vientre se engasta en mis ojos, entre la distorsión del objeto
que es tu cuerpo, ambivalente, a la vez un mar tempestuoso junto a la timidez de
un huerto de lilas, el feroz león en el zoo junto a la ardilla que huye, por los aires
el clamor de un arcángel que en el magnetófono gime la pasión imposible y en la
noche clamando, gato rodando sobre rasgones de cielo sangriento me acerco a tu
vida, acechante, a tu cuerpo me acerco en la noche atraído por un perfume rodando
de tu cuerpo a mi olfato, atraído por un perfume rodando como un gato en el lecho
del florero a mi cuerpo, a tu cuerpo me acerco en la noche atraído por un olor
resoplando, atraído en la noche por un extraño jadeo a lo lejos imposible no dejar
atraparme en tus labios, en la noche preferir es mejor la apertura del goce por un
juego de pinzas y entre el esquema de una batalla con choque frontal mejor es una
mirada elíptica en torno al amor, campaña de cerco y hostigamiento a tu cuerpo en
mi motocicleta montado, escondido siguiéndote entre los semáforos, laberintos
os­curos, rumor de tus pasos apresurados cruzando una pista, un rostro asomado en
lo alto se esfuma y su luz sólo el rumor de tus pasos y un ligero viento acariciándote
los cabellos, desnuda, mis ojos persiguen el acompasado bamboleo de tus nalgas,
persiguiéndote una cuadra des­pués de otra cerco y hostigamiento, en lo alto luces
que se apagan y encienden, resplandor de un neón detrás de un bloque de cemento
y un cono de luz en el rostro te embiste, en el suelo, el cono de luz de una moto
alum­brando los cuerpos que luchan, sudorosos, con arañazos lanzados al rostro,
sin descansar las caderas se entregan al combate rozándose una vez después de
otra, desflorada, y ahora gimes, llorando, gritas pero de placer, satis­fecha, no es la
persona es un escozor calmado por el feroz descubrimiento del falo y sobre el
lecho feliz por haber transmutado los signos, por permitirme llover sobre ti como
un resplandor de oro detrás de tu cuerpo, alucina­da, el rapto y la violación se te
proyectan en tus pupilas que se vacían al contemplar el Monte de Goce y lo gozas,
paraíso del cuerpo llegas a pensar tu existencia en el diseño natural de tu piel,
objeto conmigo del decorado de un sueño con flamas doradas en el jardín de
espejos abiertos al espacio de la ubicuidad, teatro del cuerpo donde cada miembro
al ser asignado su papel no lo re­presenta y lo trasgrede, las caderas sin cesar como
leones de cera se embisten, hasta derretirse, hasta no ser sino el cono de luz rosada
de una moto alumbrando los cuerpos que luchan, alucinada, solo el rumor de tus
pasos y un ligero viento acariciándote los cabellos, delicadas fucsias brotan en tus
pechos serenamente agitados y a mi oído una melodía barroca me llega desde una
azotea perdida el rumor de tus tacos apresurados cruzando una pista y mis ojos

172
persiguen el acompasado bamboleo de tus nalgas, el mundo nace cuando dos se
besan y las caderas sin descanso como una llamarada que ciega se entregan al
amor, candelabros de plata doblados se hallan dis­persos en la alfombra, amarillos
residuos de semen en el terciopelo granate del puff, pinturas y espejos que­brados
cuelgan de las paredes, del sofá no queda sino un montón de gamuza quemada por
cigarrillos y maderas retorcidas, el lago turquesa y su entorno de hortensias
naranjas son un recuerdo, el teatro vacío y las butacas desiertas forman un inmenso
claroscuro y allí en la esce­na donde sin descansar tu cuerpo se moldeaba a mi
cuerpo el cielo de flúor aún no apagado indica que no hubo teología, hubo el
paisaje de una escritura, flores de topa­cio, el cuerpo como un papiro para el saber,
crepúsculos de celofán quemado por los fluorescentes, el intenso ver­dor amarillo
del mar y su suavidad de gamuza que por un juego luminotécnico produjo el
encanto ha desaparecido ahora en el deshecho sofá, nieblas y maravillas del sueño,
jardines con espejo rosados, paredes empapeladas con paisajes hermosos, marcos
dorados y floreros de murano brillan aún en la noche como tu cuerpo imperando
ahora en el mundo a través del hermoso poder de mi canto.

El arte como artificio, Shklovski.


Introducción a la literatura fantástica, Tzvetan Todorov.
La función del orgasmo, Wilhelm Reich.
Bajo el monte, Aubrey Beardsley.
Cantar de los cantares, Fray Luis de León (versión).
Para una crítica de la epistemología, Dominique Lecourt.
Piedra de sol, Octavio Paz.

173
P/D

Después de mi primer libro: En los extramuros del mundo, el espacio de mi


escritura sólo podía tener un revés, orquídeas que se me espesaron a través de la
locura —no la personal sino otra más ferozmente dulce, la gramática. Por eso es
que Monte de Goce es la explicación, y su complemento de ese primer texto, su
“extramuros” que más que delicioso es sedicioso. El auto—aceleramiento textual
para alcanzar (“Aportaciones a la psicología de la vida erótica”, cf. Freud) una
doble gratificación: la mía, y la tuya, oh lector. Es la combustión interior de una
flor (monocotiledones) lo que esta escritura representa, en el teatro de su cuerpo
gramático —y su tecnología erótica que no es sino la tecnología del lenguaje que
lo expresa: no hay historia. Hay una de—construcción destructiva del mundo
consciente, maravilla y dispersión del sentido, espejos que redupli­can el sueño
del cuerpo. Hay difuminación en la nada, es decir la desintegración de valores
acumulados y de su econo­mía en tanto que la ecuación clasicismo = burguesía
(cf. Barthes) gobierna todavía —simbólicamente— sobre los diversos modos
de significación. Digo pues que escribir es sodomizar, y que el falo marca a la
escritura, alocándola en su orgasmo. Pero más que sodomizar, escribir es estuprar,
violar, hacer del cuerpo una llamarada en el texto. Algunos de los textos los escribí
durante unas ligerísimas “vacaciones” en un Sanatorio limeño —vacaciones que
me demostraron que el mundanal ruido es el imperio de la perversión, y que no es
menos hermosa la locura que la cordura. Decir esto es —lo sé— exhibicionismo,
y en tanto que esto me asumo como un actor que fascina a su lector: todo lector
es siempre una hembra frustrada, alguien marcado por la ausencia del falo (cf.
Lacan). El espacio de esos “extramuros” es pues el “goce”. Penetrar en Monte de
Goce significa penetrar En los extramuros del mundo, puesto que Monte de Goce
representa el teatro de un inconsciente, el proceso de la elaboración simbólica
en el laboratorio de una escritura. He ido a la búsqueda de una gramática que se
perdió cuando fue avasallada por la retórica, es decir cuando la pervirtió la retórica
(la manipulación para la información): los signos se convirtieron en funciones.
Fui a la búsqueda de la persona perdida —esa que subyace entre las tres matronas
conocidas, y creo que un día la “escritura florida” develará a esa persona gramatical
que nos falta, igual como la astrología va descubriendo otros planetas de la órbita
solar. Partí del lenguaje de la reflexión, pero en mitad del camino de mi escritura
me arrojé sobre el lenguaje pasional, vulva que se me ofrecía como una fruta a
los labios, y en la pasión del lenguaje por el lenguaje de la pasión —azucenas
del terciopelo, senos dorados bajo un crepúsculo de seda entre las garras de una
pantera aca­riciados, cuerpo en fucsias despedazado por los flagelamientos de mi
idiolecto— encontré una crítica del mundo. Quiero agregar (quizá con una vana
esperanza) lo que sigue para un mejor encuentro del lector con Monte de Goce:

174
1. El modo de significación existente entre la atracción de dos cuerpos
(singulares) (significancia/significante) queda expresada (transparencia)
en razón directa de la cópula de sus pesos y en razón inversa al cuadrado
de la distancia que los opone, relacionándolos. Siendo k su cons­tante, k =
placer.
1.2. Escritura = Intangibilidad (+k)
Significancia + Significante
1.3. Significación =-------------------------------------------------- (+k)
relación de oposición
2. Escritura = sobrelectura de la lectura.
2.1. Lectura = sobrescritura de la escritura.
2.2. Ley de Verástegui: “Toda sobrelectura de la lectura determina inversamente
una relación proporcional y simétrica a la sobrescritura de la escritura”.
Hoy nombrar el “goce” es, por negación, escribir de la crítica, cuestionar
el mundo urbano que nos ha sido impuesto. Para la burguesía el goce le pervierte la
plusvalía, y en la medida que politicemos el sexo éste será un arma fundamental en
la lucha por el derrocamiento del capitalismo. Si en la represión del sexo el burgués
establece su moral, al desublimarlo e insertarlo en nuestra realidad miserable la
clase obrera podrá cuestionar la moralidad de la burguesía. Esta realidad existe
porque hay otra, simbólica, ideológica, que la sustenta. A su destrucción han de
responder las prácticas simbólicas del arte y la literatura. La burguesía sacraliza
la razón y comercia con ella. En literatura el significado es un reflejo de la razón,
como en economía lo es la mercancía. Su esquema es el que sigue :

razón mercancía

: significado consumo

plusvalía alienación

A la división del trabajo correspondió, en el mundo simbólico, la división


de la literatura por géneros. En el Renacimiento nació y murió el hombre del futuro:
Leonardo fue muerto por el capitalismo. Hoy la vanguardia niega los géneros

175
literarios, y afirma que el lenguaje es una práctica social. La vanguardia afirma
que el capitalismo no produce arte sino retó­rica, que el arte es una ideología que
actúa por oposición a la economía del valor burgués. El producto de la vanguardia
se llama escritura. Monte de Goce no tiene géneros y puede leerse indistintamente
como una secuencia poética, una novela, una reflexión sobre versos y otros libros
leídos; una versión de la historia contemporánea, una transcripción al lenguaje
gramá­tico de una obra musical o de un cuadro pictórico. En suma, como el teatro
polifónico de una escritura, como un film verbal.
La forma del libro nació de su modo de producción: la máquina de escribir.
Al suplicio que es hoy la máquina me permití una secuencia utópica: la máquina del
goce. En Oquendo de Amat encuentro mi contemporáneo más cercano y mi con­
sultor para la obra. Afirmo que apenas alcanzo a ser una Inteligencia/Sensibilidad
programada por el cuerpo para computar, combinar las voces, los gestos, las
sombras, los signos de la subversión. Mi libro es un producto de laboratorio que
no se quiere final y acabado: es apenas el detalle de un fresco, un blow—up, una
variación más en la estructura de mi trabajo. Monte de Goce no ha querido ser el
producto: quiere mostrar sólo su propia elaboración.
Pues bien, ahora —que ya con esta brevísima anotación final voy dejando
de existir, muriendo un poco, puesto que soy en tanto escribo— (con la ciudad
que es otra vez una gra­nulación luminosa, destellos de neón en el atardecer que
es más bien noche) una vez más digo, enfático, que no he hecho ni erotismo
(referencialidad), ni misticismo (simbolicidad). Sino que he tratado de contribuir
a echar las bases científicas para una dinámica de producción serial, desublimada
y codificada del texto llamado literario. Declaro pues —solemnemente— que
Monte de Goce es un Tratado de Gramática, y que así debe leerse.

Enrique Verástegui / San Vicente de Cañete, 1972


San Isidro (Lima), 1974.

176
Postfacio de 1990

El 21 de mayo de 1990 llegué temprano a Lima y desde un teléfono público llamé a


Guillermo Niño de Guzmán para conversar con él; me dio una noticia que, dado los
contratiempos de que había sufrido, me llenó de alegría: él y Jaime Campodónico
habían encontrado, días antes, el manuscrito de mi libro Monte de goce que había
permanecido extraviado durante 14 años, en los archivos de Industrial Gráfica, la
imprenta donde mi anterior editor, Carlos Milla Batres, lo había dejado archivado.
Como estos tiempos se viven a prisa y apenas si uno puede sustraerse un momento
para beberse una cerveza en algún bar barranquino aún no invadido por el turismo
cultural, o en los siempre atractivos bares de Lince, conversamos por teléfono
sobre algunos puntos del libro —el libro es, por supuesto bastante extenso como
para que me lo pudiera leer completo por teléfono— que yo, después de 16 años de
haberlo escrito, no recordaba ya: escribo esto sobre algunas cosas que vagamente
recuerdo de mi libro, y que, me parece, pueden ser cosas fundamentales para su
comprensión aunque el libro posee un Arte Poética a propósito del libro Monte de
goce a modo de introducción y también una nota final que explican, dentro de lo
posible, mis propósitos al escribirlo.
Monte de Goce fue escrito entre los 22 y 24 años de mi edad en San Isidro, San
Vicente de Cañete, y nuevamente San Isidro donde, entre la música barroca que
escuchaba diariamente, las películas de bellas tomas a las que asistía en la Alianza
Francesa de Lima, y algún tranquilo paseo, llegada la noche, por el Olivar de San
Isidro trazaba enfebrecidamente sobre el papel los signos que configuran este texto
al que el lector debe ingresar como si se tratase de una novela cuyo protagonista
principal es el lenguaje —un lenguaje sometido a un gran campo de exploraciones
técnicas que intentaban, sobre todo, buscar nuevos procedimientos e inventar
nuevas formas literarias elaboradas en el pleno vacío, y todo lo transparentes
posibles (el uso abundante de recursos tipográficos, aparte del contenido de su
espectáculo visual, y de su carácter de partitura de los textos, apunta precisamente
a eso), que me permitiesen, en el futuro, emprender un proyecto poético donde
esas estructuras se transformasen en variaciones sutiles capaces de ser percibidas
por un lector atento y una mente inteligente, tal como aparecen en mi libro Angelus
Novus.
Quizá tuve en mente al momento de redactar mi libro La vita nouva de Dante,
ese brillante ejercicio de iniciación del entonces joven poeta florentino, pero mis
textos poseen, me parece, una bibliografía bastante amplia a la que puede remitirse
el lector para aprehender sus efectos intertextuales en mi escritura. Allí en esa
escritura, que puede ser entendida como la destrucción de los géneros (¿no dijo,
después de todo, Mallarmé que la destrucción fue su Beatriz?), o más precisamente
su deconstrucción derridiana, o como la proyección de un nuevo género que sería
el de una escritura andrógina, lo fundamental son las imágenes poéticas y las

177
metáforas que operan siempre como fotogramas inmersos en el film verbal donde
las personas gramaticales van transformándose en personas distintas y donde esas
imágenes poéticas y esas metáforas se enlazan exclusivamente a través de una
violenta yuxtaposición de sus encuadres; esto es, el privilegio de la metaficción, la
textura de un lenguaje que a pesar de la violencia de sus estructuras se manifiesta
totalmente hedonista. Son, según recuerdo diez textos diseñados según la Eneida
de Virgilio y de ellos sólo dos se habían publicado: “Dibuxo del venerable varón
F.J. de la C.” (cf. Palabra de escándalo: Julio Ortega, Tusquets Editor, Barcelona
1974) y Asunto a tratar: “Penelopea de Ítaca pasó por Lima” (cf. Eco N° 169,
Bogotá 1974, precedido de una introducción a Enrique Verástegui por José Miguel
Oviedo). Monte de goce debe ser leído como eso: como un campo de intensa
exploración de nuevas formas literarias y como exclusivamente literatura, sin
ningún tipo de inserción biográfica ni anecdótica, como pura imaginación

Lima, mayo de 1990


Enrique Verástegui.

178
TAKI ONQOY
Para Elena que soñó conmigo este poema
Eran pobres, nada poseían, pero su naturaleza era de hombres prodigiosos.

Popol Vuh: 3, IV.

“Perfección” es trabajo.

Paul Valéry, Tel Quel I.


PROFECÍA DE LAS ROSAS
Lugar: Lima, capital del Perú.
Tiempo: el tiempo de una rebelión espléndida
en la ciudad caótica.
I
Abandonar la historia para siempre,
bellos, perfectos, lúcidos, antes de ser apuñalados por el rencor.
Un buen purgatorio es sufrir la historia
donde héroes, hombres de acción, soñadores redimen su vida.
Tu muchacha son las flores, tu mar, el cielo.
¡Oh! Zeus: Ecce florescunt lilia: gotas de rocío en tus pár­pados.
1: Quien busque realidad
no la hallará
como quien utilizando lucidez se
encontrará transformando lo irreal.

Pero escuchemos todavía por un tiempo más a los amigos —muchachos de pelo
largo como un pincel sobre los cielos
y los muchachos o su música (ama toda la verdad, todo el amor) es­parciéndose
como círculos de tiza
en paredes tan extrañas como un sueño:
imágenes de aves frescas volando contra el viento,
& los gritos ruedan sobre el asfalto: 9:15 a.m.:
se ha cortado el tránsito & “ya nos jodimos”: manifestación relám­pago en
pleno sueño, manos con flores
superpuestas en un lienzo de muslos.

(MI RADIO ANUNCIANDO LOS ÚLTIMOS SUCESOS PARECE UN


ÁNGEL CON LA PRIMERA COPA DE ÚLCERA DEL APOCALIPSIS:
& ¡click!
pongo música sacra: Nobilis, nei... Apago. Enciendo las noticias: el prisma
de mi mente se proyecta analizándolas):

el tiempo es una mercancía que envejece sobre un mostrador, la época una


ladilla arrodillada bajo mi In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti
& entonces nos ponemos a cantar:

1: Quien busque realidad no la


hallará
como quien utilizando lucidez... etc.

Y el más joven (“eh, poeta, déjate de huevadas”) jodidamente parti­cipa


entonces de los hechos,
deshojo las pestañas de la noche y digo
como digo tan dulcemente en el amor cuando me gustas: amar

189
es (por lo visto) un sueño hermoso como un Paraíso:
un cuerpo sobre otro cuerpo como una flor,
y mi punta rosa movible en los muslos de Demeter.

1: Quien busque realidad


no la hallará
como quien utilizando lucidez... etc.

Es necesario pulsar la guitarra y alejarse de las Bibliotecas.


Pulsar una guitarra como se pulsan muslos y pechos bajo la colcha
iluminada con la primera luz del amanecer,
tu dulce belleza desvanecida por las uvas del encanto y Demeter se ha
cogido de mi brazo:
el flujo avanza entonando lemas y canciones,
el flujo de gafas bajo cabellos crecidos avanza cogido en cadene­tas por los
brazos y gritando y entonando lemas
y canciones: los nuevos juglares se adueñaron de los parques:
Universitario, San Martín, Unión, Bolognesi, etc.
1: Quien busque realidad
no la hallará
como quien utilizando lucidez... etc.

Huanacaure: los cuatro hermanos Ayar, un verano como un Paraíso salieron al


mundo para incrustar un Varayoc en la tierra que ahora florece: Manco Capac,
Mama Occllo, flor verde en el lago más alto del mundo. Imperio de los Inkas: ama
sulla, ama quella, ama llulla. Trabajan hombres aguerridos como el paisaje donde
florecen sus obras: templos, andenes, ciudades. El mundo es bello, la naturaleza
no tan cruel como cuando se toman las armas: nuestro Imperio es una máquina
guerrera, el pasado no resiste este avance de Pachacutec.

190
El imperio ha Norte Nuestra frontera
de crecer como es ilimitada como
el conocimiento Oeste Cusco Este nuestra mente
de nuestros ombligo del mundo y cada arco iris
sabios. marca la ruta del
Sur guerrero

Un rostro pétreo e impenetrable como el verano contempla ahora la belleza de un


imperio aguerrido como este duro avanzar de guerreros se­dientos de victoria.

¡Uiskitey! ¡Uiskitey! 7 p.m.


Nuestra flor fue esta oda afinada en el dolor de llagas atroces
como un infierno
y el azufre de Virgilio en su camastro pero con el dragón
bajo los pies del contendor: un anatema a descifrar
en el fino trazo de un anónimo pintor del Cusco: “mierda, ya nos
jodimos” dije y dijo Demeter:
“allí viene la repre” / “pon tu cara de palo” —dije
y vi muchachos como ángeles descendiendo de omnibuses largos como
sierpes: “amigos” dijo Demeter
y Demeter jadeó como la yegua envergada: “vengan”.
“Allá” — señalé sobre la masa oscura cerrando nuestro paso, y el grito
resonaba (aún resuena, ángel de la noche) en
labios de la joven cubriéndose en mi brazo:
“por allá” dije y entonces corrimos a la esquina opuesta:
“uf, por poco” dije,
y nos pusimos a cantar:

1: Quien busque realidad


no la hallará
como quien utilizando lucidez... etc.

b
1. Excursión al Museo de Sitio de Paracas.
1964: los escolares llegaron por el pesado

191
arenal entre plantas de espina y asombro
relampagueando rosa en la cal de la tarde.
El sol del oeste incendiaba las dunas y el cielo
temblaba con chispas azules: sudaba el rostro
con rastros perdidos de acné, casi adolescente.
Allí entre cascajos y arena recogí una piedra
(¿un sílex?): punta de lanza y cuchillo, hacha
con bordes toscos en la luz brilló
su resplandor de miles de años, pescador y cazador
de serpientes, venados, zorros que estas manos
diestramente volvían vestidos, sandalias, comida.
Al calor del desierto el profesor disertaba
muy socrático la vida y edades de Paracas:
comercio de peces, tejido de mantos (que “podrán ver en colecciones
privadas”) y cerámica llena
de polvo y olvido como esta forma rara y punteada
de los cráneos humanos, la trepanación
de los huesos fundidos con oro y estaño —cirugía
perfecta y que persiste en los brujos del campo.
A escondidas fumamos el primer cigarrillo
y las colegialas tan interesadas y aburridas
y luego ruborizadas accedían a pecar inocentemente.
¡Qué sensación de eterna soledad, qué inmenso
y sagrado silencio perdura en mí ante aquellas
tumbas abiertas a flor de tierra! Un cierto temor
impidió que tocáramos dientes y mandíbulas, trozos
de huesos en la necrópolis: un olorcito a muerte
desprendiéndose de vajillas rotas, telas quemadas
como la noche donde velábamos azules y verdes.
Yo me traje esta piedra a mi casa y la acomodé
preciosamente sobre mis libros, como un pisapapel,
un testimonio de haber ya vivido otro tiempo
quizá parecido a este pero sí puro y salvaje.

2. Nazca: copa ritual y calendario.


(s. I-VI d.C.)

Mundo de piedra como esplendor de mil


serpientes en la mano. La mano que cultivó la tierra arrancó los

192
astros de la noche, tornó simétrico lo informe:
sol y viento / lluvia y mares fueron
más que una fría geometría la concepción,
el jardín verde blanco rojo
(depurado como un sueño)
y en el desierto arenal el mono
el pez labraron
el mar inmenso del sueño que como un Apocalipsis
volvía llevándose cosechas, mujeres, ceramios.
La Constelación del Ave perfecta y precisa cayó
en Tierra donde estilizada aún domina
las compuertas del cielo
y rige al viejo labriego.
Siembra y recolección de sus frutos.
El sacerdote en el alba en luna llena
vestido con oro irrumpía
del porvenir
al pasado, del este al oeste y las cabezas
rodaban
degolladas. En alto la copa
bebía la sangre de sus prisioneros, esplendor
de barro, danzaban las sierpes como flores de verano.

3. Mochica (s. I a.C. -VII d.C.): Arte erótico.


La noche nos recibe en su lecho y el viento
arrastra el dulce olor
de la noche cielos y mares
copulan a través de tus ojos, copulan
a través de tu piel que lenta recibe palabras
y está abriéndose a mi goce. Destreza
(primera categoría florida) y sólo destreza
del cuerpo que encaja en el otro,
del cuerpo que ahora contemplo lleno
de luz como un campo de amapolas al llegar
el otoño. Dulces flores brotaban
en tu piel, flores terribles
como este sueño poseyéndote al alba.
Tu cuerpo giró elástico bajo el doble peso

193
del sol en mi cuerpo
—giró como una gacela
que salta y mi cuerpo se dobló
sobre el tuyo
perfecto en el canto del atardecer. Este
movimiento de caricias tenía
en sí mismo el impulso
del fuego la suavidad de una palabra al oído.
Y en la penumbra cuatro muslos con ritmo sereno
de girasol (en busca de luz) se movían
de aquí movían
hasta como
allá y se cuatro
aspas

de un molino que hiende en remolinos


el aire. Yo mordía tu nuca y te escuchaba gemir
en mis manos que rodeando tu busto apretujaban
tus senos y nos doblamos hasta ser tú como yo.

Nuestra obra fue esta flor verde brotada entre las llagas y el azufre de Virgilio:
flor de lucidez y anatema elevándose como Demeter torso cuerpo desnudo en la
calzada y estos ojos henchidos por la belleza de un golpe de luz rosa trazan después
de todo una frase en la pared: ¿en qué círculo de Infernus maquinará Dante la caída
de Pompeya, el final reencuentro, su gran asalto al Paraíso?

No aceptar ninguna proposición de muerte es desalojar


al infierno de tu obra:
rehecho y escrito ahora tan limpiamente como un pincel que se
desliza dibujando flores de luz rosa verde en la noche:
segunda mitad del s. XX sin otro verbo
(ningún verbo dejó de brotar porque no brotaron flores sin furor
en la nada)
que el gusto no tan parco
por mis ángeles incendiando autos sobre el smog urbano.

Suscipe, flos, florem, quia flos designat amorem!

194
Illo de flore nimie sun captus amare —canta Carl Orff
en mi instrumento cuadrafónico:
Hunc florem, Flora dulcissima, semper odora!
Apago.
Me gusta esa tonada: no será historia que guste al poder,
no al menos como una mediocre versificación de Placencia:
—como el Archipoeta olvidado: música
para oídos no alienados. Mi espíritu no está alienado.
No sé palidecer tanto como la noche de otoño en tus ojos: Nam
velut aurora fiet tua forma decora.
He gustado esa tonada: su dulce voz es una flor en la noche:
no como G. Malaver ni como una mediocre versificación de Placencia.
Me arrojo sobre tu cuerpo como sobre un lecho con flores, gustar a tu cuerpo fue
abandonar el intranquilo pasado.

Tenemos la fuerza, el imperio, el poder, no aún las bocas de fuego y esas


bestias que mascan metal con los dientes de espuma. No podemos caer como
Huáscar que permanece en el sur prisionero del poder de Atahualpa pero habremos
de precisar una estrategia.
El conquistador ha recibido una embajada, Atahualpa prefiere ope­rar en la
altura a dejar que los hombres de piel de papel se vuelvan al mar.
Podemos trazar un cerco, no dejar que los demonios vestidos con ropas
metálicas avancen más que las propias patas de sus caballos. La guerra es la
guerra: sus leyes tan inflexibles como una columna de piedra son la flexibilidad
de nuestros guerreros al atacar por los flancos: atacar no es dejar de moverse hasta
que el enemigo quede, como ahora, exhausto. El conquistador ha perdido tres
caballos, un hombre: poca co­sa son y mis hombres cercarán al enemigo allá en
la entrada a los baños termales. Entre nosotros la lucha es más fuerte aún y entre
nosotros se resuelve el mandato: quien se apodere de este enemigo que cae como
fuego del cielo tendrá poder sobre el otro, podrá emprender el designio. Donde
una cabeza dirige otro no puede oponerse: Huáscar, o Atahualpa.
Podemos trazar un cerco, no dejar que demonios vestidos con ropas
metálicas avancen más que las propias patas de sus caballos.
Chalcuchímac tú encárgate de ordenar militarmente esta estrategia política
y que los demonios, que están en Tumbes, no pasen de Cajamarca.

195
¿Ima kkychin kay yana kkuchi
Sayarimun?
Qósqoq aucánpas milla y wacchi
Illarimum,
Túkuy impapi sajra chijchi
Ttakakamun!

Pero la suerte está echada, quien pierde la posibilidad de su unidad —como


un caballo que huye de su función— tiene ya perdida la unidad del poder.

II

¿Sirven para algo orden coraje exposición de un poderío si lo que no


tenemos es lo que podrá derrumbarnos?
Poca luz el oráculo y su flor fragante cuando brota en la yerba se ha vuelto
tiempo perdido, noche fatal como una luz ausentada en tus campos. Sobre una
anda hecha con oro macizo, plata, incrustaciones tur­quesas desciende Atahualpa
hacia la plaza Mayor. Pendones que ondu­lan al Ciento con los colores del Arco Iris
preceden la marcha del Inka que avanza rodeado por cincuenta mil guerreros sin
armas que van al encuentro del hombre que ha llegado del mar. Ni el poderío del sol
que embellece el verano se ha mostrado magnánimo —entre violentos nubarrones
el día, el atardecer parece un signo de mal agüero— y hay ahora un silencio fatal,
un cura con un libro en las manos y una doble cara por donde el demonio asoma
su lengua partida. Triste es la noche, la vida menos tranquila cuando historia y
hombre se dan la mano, masa y pól­vora, jardines arrasados, sonido de un tambor
que suena en una piragua de fuego.
Íbamos desarmados a este encuentro, desnudos bajo el aire del tiempo como
para enfrentar honorablemente el poco gusto de la muerte.
¿Podíamos ver un signo no ausente de lucidez en los ojos de los animales
que no se reflejara en el mínimo cauce del sueño?

Watupakurqan sunqollaymi
Sapakutin;
Musqoyniypipas cheqmi
Uti utm,
Chirinka qhenchataraqui,
Aqoy phutu.

196
El chasqui había llegado de Tumbes trayendo la descripción del hombre
que con la cola se cortaba en dos, echando fuego por los labios: Maizabilica
había enviado a ese chasqui, y el chasqui tan veloz como un rayo que ilumina los
cielos había traído el quipu y con el quipu la escritura sagrada que está bordada
en los mantos sagrados. Tres ladrones de nuestro oro y un caballo habían sido
ajusticiados por Maizabilica, y los ladrones habían echado cadenas sobre los
tobillos de los caciques de Tangarara. Luego, habían llegado hasta aquí Hernando
de Soto con 20 hombres a caballo e hizo antesala para ser recibido por el Inka
que brin­dó en un kero de oro con el hombre venido del mar e hizo pasar ante él a
Hernando Pizarro también que porque Hernando de Soto se había de­morado en la
tienda del Inka conversando con la chicha escandalizó ante el cuerpo de guardia,
y fue introducido ante el Inka. El Inka era el hijo del sol: su descendiente, su
representante, su mano de fuego que alum­bra a esta tierra y ellos sólo capitanes
de un rey de ultramar enviados a parlamentar con su majestad Atahualpa pero
entonces Atahualpa, que permaneció distante inalcanzable como un lucero en el
cielo dijo de pronto que con el sol de un nuevo día llegaría hasta la plaza en el
tambo de Cajamarca precedido de todos sus príncipes y su cuerpo de resguardo
y todo su poder expuesto en cincuenta mil guerreros que iban, como escuadrones
de autodominio, donde se dirigía Atahualpa en su peregri­nar por el imperio hacia
el sur.

Inti tutayan qqelluyaspan


Huj watuypi:
Atawállpa ayachaspa
Chay sutimpi
Wañuyhuklanta chikachaspa
Huj cchillmiypi.

III

Había pasado el caballo y el arcabuz, el cráneo de Gonzalo Pizarro en la pica


de la plaza Mayor. Páginas de sombra se sobreponían al ojo de la luna y daga y
cuchillo surgían como la noche para estampar un sello de sangre sobre el infolio
de la aventura. Ni un lento redoblar de campanas repicando sobre los tejados de la
noche un Ave purísima que se hace dulcísimo —ni una silenciosa oración en torno
a la mano que cambia rosa­rio por vihuela— podía detener el cielo atropellador del
afán. No estaban aquí un corazón grande como la tierra que circundara Vespuccio
sola­zándose en un ventanal de la historia y tampoco el cerebro era un gera­nio que
brota verde en la mano cuando la luz adormece. Quien deseaba la gloria tenía un
talego con oro y el oro se conseguía atravesando —espa­da o arcabuz, mitad de

197
la noche entre capas que el viento ondea en una esquina— el abdomen, el poco
cuidado de aquel minero que ha llegado cargado de Potosí. No hay aún amor sino
una manera particular de con­cebir a la honra: entre la carne ensangrentada y el
cielo median confesio­narios y monasterios. El cura que se opone a la absolución
cae bajo la es­pada de Dios y Fernando VII en cuyos nombres el conquistador
arroja fuego, y saquea, pasa por agua hirviendo a nativos rebeldes y a cristia­nos
dormidos.
Años en que por una puta se dan toneladas de oro, por el mapa de un tesoro
escondido la muerte y un entierro grandioso.
Esta aventura no perdona a pusilánimes ni a letrados y tampoco necesita
cerebros de la que buenas muestras acaba de dar la locura de Fray Luis
de las Casas, esa bestia que ha preferido cohabitar entre indios y no
con el pendón escarlata, el escudo y las frases del reino. Escrituras son
estas sagradas manos de la locura: Biblia, espada desenvainándose para
escribir su ruta en el polvo de los caminos. No doctos poetas barro­cos o
conceptistas: plumíferos y con plumíferos de versos ramplones bastan
notarios y regidores. Tierras son estas de Indias, oro de buena ley, allá
cohabitan lujuria y sangre, triste placer que reproduce una orgía en la corte
y todo lo que llene las áreas del Escorial.

Ah Señor Gobernador,
Miradlo bien por entero,
Allá va el recogedor, aquí
queda el carnicero.

Albores del XVI, galeones cargados con legajos de sueño hunden la panza
en el mar del verano y el mar se revuelve como una yegua salvaje, un puma con
ojos clavados en la codicia que ha despedazado templos, sembríos de yuca y
maíz en terrazas bajo la luna ante un sacerdote alzando lentamente una copa de
sangre para ofrendar al Dios fundador de todas las cosas. Por una ruta de huesos
sembrados en un arenal —cráneo y fémur, sonrisa de huesos calcinados como
una erupción de codicia— una tropa maltrecha intenta nuevamente la conquista
del sur, cantimplo­ras saladas, azufre que brota en ojos abyectos, corto calzón
abombado y en la noche desolada hombres perdidos se revuelven a solas hablando
con monstruos, seres tan terribles como la sed que Dios envía como cili­cios para
la carne. Nada podrá detenerme, detenerlos: ni extrañísimas vi­siones posesionadas
como gárgolas sí pero gárgolas de oro macizo en el cráneo ni súplicas atrabiliarias,
ni amenazas, flores, flechas envenenadas que llueven desde impenetrables alturas
donde los indios se oponen a que el conquistador tome posesión de estas tierras en
nombre de Fernan­do VII, vasallo de Dios y rebelde al protocolo de Roma.

198
Quien saltó hasta esta tierra ha de atenerse a lo que esta tierra da: buen
oro abundante y no es poca cosa que tampoco lo es morir por la gloria de Dios.
Un cuchillo afilado, la horca no valen tanto como el tesoro que he descubierto
y en España se han quedado quienes no saben vi­vir en su tiempo: Reinos del
Pirú —donde el mineral, como el vino, se acumula bajo tantos párpados que se
escapa al talego de prestamistas menos ventrales que España, más cerebrales— y
hasta el amanecer aún un triste curaca va escribiendo la verdadera historia de estos
tiempos.

1: Quien busque realidad


no la hallará
como quien utilizando lucidez se
encontrará transformando lo irreal.

Mujer muslos espléndidos como sabor de cebolla.


Cuyo vientre terso ondulaba bajo el largo navío de mi energía
desbordada.
Pechos duros como una fruta probaba deliciosamente en una calle.
Todo el mundo ahora no parece tan interesante como esta forma perfecta de
tu cuerpo labrado en mis manos.
Una bella pareja,
esta ciudad es un laberinto que nuestro rumbo (¿hacia dónde?) desen­reda
impecablemente:
una teología sin Paraíso como una ciudad sin belleza no puede pertenecemos. Sin
embargo,
no huimos de la época ahora que la destruimos,
y el Paraíso es el lugar donde el hombre es perfecto como un Dios,
un mundo concebido no como tedio
sino como actividad no alejada a los astros.

2: Si la flor deseada de tu cuerpo,


mujer: no arde rosado como un clavicordio lila
Var. a: entonces arroja de ti jeans, brassier,
todo amor es belleza,
y antes de soñar en los brazos de tu muchacho,
pon patas arriba a tu San Antonio.

Pulsar la guitarra y alejarse de las Bibliotecas como por el camino


de una vulva humedecida:

199
In interiori homine habitat veritas (San Agustín dixit)
cuando te enamoras del cuerpo que habrá de proseguir contigo tu rumbo al
Paraíso.
Un lecho no es un Paraíso que puede permitir
ensamblar opiniones contrapuestas en la noche de marzo.
Una única opción. Una sola meta conceptual.
Flores de locura en las manos.
¿No será siempre mejor organizar el Paraíso que vivir fuera de él?
Cada vez que hablamos de Paraíso
el cuerpo se nos aparece como su imagen más perfecta.
Eso está bien pero eso no es todo el problema.
Trasladar a la historia el orgasmo sentido en nuestros cuer­pos entrelazándose
cuando copulamos
es la meta a realizar y Demeter, posición tan perfecta
como una flor esperando abrir sus pétalos, abrió levemente sus muslos
pero dobló sus rodillas sobre el lecho
antes de depositar su rostro en los brazos cruzados
para sentir llamear al falo como un estremecedor orgasmo en su carne,
bello copular como pulsar un clavicordio lila en la noche,
y este bello torso doblado como manta sobre la dulce curvatu­ra de tu espalda de
verde pasto mordido lentamente
sintió estremecerse a tu cuerpo en el pasto turquesa de la no­che: tú sabes, no es
un pecado estarse así
pero haberse problemas por no dejar acoplar mi falo al poder de tus caderas es
estúpido,
tú sabes: Paraíso entró fornido en tu vulva humedecida.
Demeter & Enrique, un corazón, un verano interminable.

2: Si la flor amable de tu cuerpo,


mujer: no arde rosado como una viola lila
Var. b: entonces sombréate azul celeste los párpados,
una ciruela en los labios,
resplandece tierna como un sueño
para el muchacho esperándote
ahora en un aula de la universidad.

Caylla llapi / Puñunqui chaupituta / savansac


Mayninpiri / chiccimunqui ritimungui —rumor
de la historia: un paria bebe guinda en un bar.

200
No el duque de Spatula llevando una rosa ensangrentada
en el smoking ni la industria firmando la guerra.
Oscula des flori! Duke Ellington organizando su jazz.
No batallones infectando aldeas: Pacha rurrak / pacha carnak
Stravinski consagra una primavera que este poema te ofrece.
Gotas de rocío como flores en tu pelo son la sabiduría alejandrina.
No ninguna llovizna de Stronsium-90: no ninguna bomba H.
El arte de componer recrea pero no sustituye al objeto,
y toda ética mueve la historia como la estética al cuerpo.
Wiracocha cay inapak
Enamorados se entrelazan para oler sus cuerpos como flores.
Este poema posee una tan dulce melodía como el Cosí Fan Tutte.
Churasunguic amasungui
Tan solitario como Kierkegaard pero enloquecidamente
hermoso como Don Giovanni salgo ahora a florecer en tus ojos.

IV

Aprendimos a domar el caballo extranjero, sus bocas de fuego son ahora nuestras:
el mundo renace, Juan Santos Atahualpa está en todas partes pero el círculo de
nuestro poder permanece inhallable para el extranjero. Todas las tribus selváticas
disponen ahora hombres y armas bajo mi mando. Huánuco, Tanna, Jauja son
el centro de mi poder que ha destruido al conde de Superunda y al marqués de
Villagarcía. Esta rebelión du­ra ya 14 años pero un amanecer Juan Santos se
consumió como llamara­da en los papeles de una leyenda que aún celebra su
cabalgar sobre las cordilleras de la rebelión.

He puesto un telegrama a mi casa:


“vagabundeando en Chiclayo regreso
pronto”
(año 70).
Aún no he regresado como un buen hijo pródigo a recibir el desayuno en la
cama.
Escapado en el ómnibus que me traslada
por una solitaria carretera del país medito en la noche.
¿Son flores que tiemblan estas muchachas que amo?
Tiempo de verano.
Chavín es una ciudad atrapándote en la noche.
Tras los vidrios de la ventanilla las muchachas aún se levan­tan las largas

201
faldas sobre los muslos
para recoger flores en el borde de la carretera.
Veo entonces ruinas preincas en un poniente enrojecido.
Estoy en casa: tejidos Chismancus cuelgan
como un afiche en la pared de mi escritorio de estudiante.
Puntas de lanza y cerámica negra y rojo indio
desenterrados por abuelo en los años 30 se arruman junto a tazas de
porcelana japonesa.
Años 60: estoy buscando restos preinkas en Cancharí.
Año 64: vi extasiado la Fortaleza colgando sobre el río que pasa por el
valle de Cañete.
Año 71: amo a una muchacha sobre un puente de la sierra de Yauyos.
Año 69: contemplo lomas y quebradas sembradas
con trigales donde revolotean mariposas desde el monasterio de Ocopa.
El bosque de viñedos rosados llamea en el atardecer desolado.
Mis antepasados ¿dónde están?
Sangre salvaje en las venas son ahora
este poeta que no ha vuelto a casa.
No puedo permanecer más tiempo en una sola provincia,
el ómnibus parece una mariposa en un trigal.

¿Tiene sentido no potenciar una bella estructura?


Se me tacha de máquina sin tornillo, y juventud alocada,
me han dicho Leonardo, máquina de pensar cosas incomprensi­bles:
no iluminar mentes obtusas
es no comprobar que el invierno huye de nosotros como de la
peste,
la primavera no se detiene a contemplar tonterías.
Aprende (&/o comprende) &/o analiza:
¿la calidad del presente se determina
por la cantidad de distancia entre futuro y pasado?
Toda ecuación semántica es un bouquet de flores no adormecidas,
y “mierda, allí está la tombería” dije y dije “aprende (&/o comprende)
&/o analiza”: 3 elementos básicos.
1. Comprender es musicalizar sonidos y silencio como un templo.
2. Aprehender es acentuar un sentido en el bouquet semántico.
3. Analizar es diseñar toda la riqueza de la noche.
El mundo necesita de la primavera como de su propio cráneo pero el Circo de mi
tiempo son tecnocracia y fascismo:
patentes usuradas en bóvedas bancarias, palabras sin

202
ninguna lucidez en la mirada.

2: Si la flor dulce de tu cuerpo,


mujer: no arde rosado como un verano lila,
Var. c entonces, mano en la cintura,
cabellera agitándose sedosa en el viento de mayo
plántate en la esquina de los muchachos,
sé tan feliz como la noche,
porque el amor es eterno como el universo.

10:15 a.m.
Y los muchachos ahora han caminado toda la mañana arrojando palabras como
pedradas
y cantando lemas
en contra de la guerra van tomados del brazo en cadenetas de color:
su irresistible alegría
como ángeles que descienden para copar el esquema arquitectónico es música de
salterio en una fiesta,
y la Tecnocracia (Packard obstrusivo) en el poder
gobierna pero no cambia la naturaleza de los medios de comunicación masiva:
estamos en lo mismo (¿todos los caminos te conducen a Hewlett Packard Co.?):
el César reparte palos
& una imagen extraña: máscaras de carnaval en el espejo convexo (de nuestros
televisores a color), &c.

1: Quien busque realidad


no la hallará
como quien utilizando lucidez se
encontrará trasformando lo irreal.

203
II
No hay grandes naciones en el mundo moderno
que no surgieran como un pabellón de belleza en el alba elevándose
sobre sangre, carne quemada, huesos molidos,
y metralla. No hay un muchacho alocado sin el clavicordio
de su patria por quien combatir, o rasgarse
la carne furiosa mientras se arranca un fruto al verano
y uno va allí correteando contra la soledad
o la inhumanidad cuando la lluvia ha ido engredando
un pasto verde furioso en rocas primaverales.
Y todo lo que uno ha amado —su tierra como este cielo donde vuelan
mis ojos
y sus noches sublimes
como un incendio de lirios en lo alto de un cerro,
espléndida laguna encantada, huacas de barro y piedra donde
ramas de viñedos se extienden floreciendo hermosos como toda
bondad cuando uno sueña un verso
en lo hondo de un bosque de manzanos silvestres
y ya no posee sino lo que uno ha sido y será —tierra como
llamaradas de gladiolos anaranjados
con alondras cuyo corazón palpita en tus ojos
y yo he sentido entonces una fuerza que viene,
como el ayer, de un mañana liberado en mi mente donde sol
y luna se aliaban
y fuego y mar, esta terca belleza
de no haber podido aún resistirse a lo bello
ni a la bendición de amar un gran país que nació
a fuego y a sangre, Tahuantisuyu, Túpac Amaru,
guerra de la independencia como puños y hoces segando
el pescuezo de encomenderos inquisidores virreyes
y esto es lo que hemos amado
y ha perdurado en el centro de esta sangre que no es monumento
olvidado —con verjas,
ofrenda de flores pusilánimes— sino impulso
y magnificencia, historia: ríos de lava y horcas donde se
balancea ahora el fantasma
de quienes se autollamaron padres de la patria,
terratenientes, obispos simoníacos, banqueros que son le­ña
quemada,
azufre en la puerta de sus comercios cerrados
y allí donde lo que hoy es quietud, pasto de parque,

207
fue rabia y carne descoyuntada, sablazos,
hombres comiéndose una descarga de pólvora antes
de perderse esta dicha de ver a sus hijos posesionados
como alondras en una primavera arrogante.
Y no hay grandes naciones que no surgieran
tumultuosamente violentas, turbas o masas hambrientas sacudiendo la
madrugada de un libro de visionarios insomnes porque lo que hoy es esta
belleza en el cielo es el coraje
que pudo engendrarlo.

(MI RADIO PARECE AHORA UN ÁNGEL CON LA SEGUNDA COPA DE


SANGRE
DEL APOCALIPSIS EN LAS MANOS:
aviones caídos, bombardeos en
Iraq, tensión el desierto. Apago: esos disparos
atraviesan mi ventana).

¿Gente poca práctica el atardecer de toda una época?


Conocí madrugadas inmensas como un muchacho desarrapado en el
parque —producto de postguerra—
estigmatizado en la calle.
Producto de una época no terriblemente rabiosa pagaba la culpa
de su pasado:
no una producción adecuada como flores deseosas
brotando en los ojos de la pecadora que amas:
lo inadecuado hubiera sido no transgredir lo irreal
aún si la autoconciencia no fuese menos violenta que su propia
actividad:
el sueño de una escritura es un peligro para el fascismo,
su impotencia ordena injuriar:
esos disparos atraviesan mi ventana.

El ruiseñor alemán posesionado en una rama de la noche cantaba:


locura verde arañando a la noche
— “en el sentido etimológico” propuesto por Martínez Estrada:
“veo al libertario”:

208
en los bosques de cedros el conjunto de un cedro es la perspectiva del bosque
—sistema de una totalidad
no sintagmáticamente ilógica en la visión:
“intangible,
imposible de asir por el brazo para llevarlo a cualquier parte,
ni al Paraíso”.
Esta masa verdosa de los bosques se eleva en el cielo azul:
“noli me tangere es también su grito de independencia.
No es Héctor, ya sé: es Teseo.
No mata soldados, ya sé: mata alimañas y quimeras”.
Se equivoca esta vez don Estrada: no existen quimeras capaces de oponerse al
libertario,
o es una quimera combatir contra quimeras.
Heinrich Heine no combatió quimeras: combatió las alimañas de su tiempo.

Los marginales exultantes —un país dentro de otro— caminando


en los extramuros de una economía
que busca venderse como a una flor en los mercados:
“serranos cholos negros de Barrios Altos necesitan su voz” —di­jo
Mateo y dijo:
“hacerles comprender el valor de Malcolm X, y Leroi Jones, y
Eldridge Cleaver, y Dubois, y Jackson”.
Vi esa gente en callejones de un solo caño apretujarse para
cantar un vals en la noche
como para zapatear
el huaino que concluye la fiesta en una madrugada de verano. ¿Podríamos
transportar un plano de Le Corbusier
—organizar una estructura mejor— a un paisaje que envejece
como a un terreno desolado?
Tugurios
como fábricas envejecidas.
Rostros agotados por el trabajo circulan en los omnibuses. Armando dijo:
ensamblar volúmenes diseñándolos bellamente
es destruir el pasado.
Poder comunicar del marginado que sale de la fábrica a
perderse en un pin-ball:

espacio abierto a la subconciencia salvaje,


y una luz unida a otra luz genera belleza en tus ojos,

209
diamante que brilla en los párpados abiertos,
este enloquecido encanto de una luz descascarando la herrumbre
del sueño.

Quisiera ser picaflor Ay mamai nei, La luz se hizo sombras


y que tú fueras clavel ay mamai nei, y nació el indio,
para libarte la miel todos los negros hierve mi entraña
del capullo de tus labios. tomamos café. cuando lo nombro.

3: Cuando nada perturbe tu mundo,


muchacho: la loca energía que mueve tu cuerpo,
Var. d: entonces arroja de ti jeans, casaca,
todo amor es belleza,
y antes de soñar en brazos de tu muchacha
contempla el esbelto cuerpo
que tus manos dibujan.
.
Y fue cuando hacia el principio,
noche y pasión, locura, belleza, magma, lujuria,
estas palabras se deslizaron como una sierpe de la tierra.
Proveniente en línea directa (por la parte materna) de la dinastía
Angola
y el trono legado por los Tang
—idioma de Boxer como una pradera de lanzas doradas flameando en
una madrugada con flores,
coyotes tragando gacelas de papel,
un bello ideograma como una espada de Li Po en otoño,
y dulces canciones folk tan llenas de dolor en estanques
y parques de la noche, sembríos de Arona,
noches de Santa Bárbara donde los negros esclavos
intentaban expresar su interior en su caló tensionado
para recordar cuando se apaña algodón
y los abuelos al cortar caña de azúcar
tejían también figuras con los pies al danzar
una noche de julio antes de lanzarse al monte a plegarse a los
guerrilleros.
Toda esa bella gente cargando el machete en la montonera
cuando el negro esclavo Antonio Oblitas encabezaba las huestes
rebeldes al lado del gran Túpac Amaru.

210
Y Marina emboscaba a las tropas enemigas en Lunahuaná.
Allí vencimos al enemigo, apuñalamos la soldadesca chilena como
a animales.
Todo no era entonces tan extraño como ahora que hablo con mis
antepasados sobre los cementerios desolados,
yerba en las tumbas, luz de la luna sobre los cerros lejanos. Salen de
noche a danzar los gentiles sobre las ruinas incaicas. Pasos aplastados
la yerba danzan en torno a la presa diaria, flauta de hueso de ganso o el
saxo perfecto de Ellington, barrio de negros en El Carmen o La Victoria o
Guadalupe, galope de caballo y piel de leopardo saltando tras una presa
en el algodonal.
¿Jazz, rumba, alcatraz?
¿Flor que llora en las Antillas? ¿Charlie Parker?
¿Una llama iluminando la verde noche de julio en la mente?
El mundo era un negro lleno de músculos rebosantes alzando con
una mano un costal de arroz
y con la otra
empuñaba firmemente una lampa de tosca madera labrada.

Por la línea paterna mi sangre es una flama de flores en lo al­to


del valle de Jauja, en la sierra,
trono de los chankas, José del Carmen Verástegui,
gran héroe de la lucha por la Independencia del Perú.

3: Cuando nada perturbe tu cuerpo


muchacho: la loca energía que produce tu cuerpo,
Var. e: entonces dirige tus manos al cuerpo que amas,
un cigarrillo en los labios,
resplandece tierno como un sueño
para la dulce muchacha esperándote
ahora en un lecho de verano.

Túpac Amaru

Rostro tallado en roca,


noche, flor de yerba en un paraje de la sierra, país salvaje
como una mirada,
hombros tan poderosos como sus manos cuando empuñan pico o espada.

211
¿Existe aún el hombre que ordenó ejecutarme?

Nada perturba su alma serena,


su pecho ancho como un batán vuela en mayo.
Su cuerpo es un eucalipto hecho flor de un verano.
Su corazón no tiembla como las llamas de la noche.

¿Existe todavía el Imperio que ordenó perseguirme?

Corregidor ni Imperio existen ahora.


El siempre fue su conciencia no destruida en su obra.
A las 3 de la tarde subió gallardamente al patíbulo, caballos desatados no
pudieron desmembrar su sueño.

Mi mundo permanece incólume como sierpe.

Rostro tallado en roca,


noche, flor de yerba en un paraje de la sierra,
su cuerpo era un templo, su templo
este saludable vigor de una historia no destrozada por nadie.

Micaela Bastidas

Mandar hombres como lanzas no es innecesario.


Rebelarse contra la opresión de mi pueblo fue mi destino.
El mundo es una flor, la belleza
un lugar conquistado al pasado.
Primero fui una joven señora madre de 4 hijitos
antes de tomar el fusil para seguir a Túpac Amaru. Descendiendo de un
imperio que no se destruye
tuve el valor de no aceptar el fuego de los encomenderos
extranjeros.
Masas de indígenas como flores que brotan
en verano fueron la bandera que yo defendí. Ahora mis hijos
son ajusticiados ante mis ojos. Mi patria es el cadalso donde
ahora
se incinera mi cuerpo.

212
Diego Túpac Amaru

Tengo catorce años, esta tarde subiré al patíbulo a ver


morir a mi padre.
El sol se ha escondido, el cielo entristecido se aleja de
los ojos de la muchedumbre.

Tengo catorce años, esta tarde veré morir a mi


padre.

Caballos amarillo, y verde, negro, y blanco


saltan en direcciones distintas con las extremidades de un hombre
amarrado a sus monturas. El hombre no se descuartiza.
El mundo por el que luchó se reunifica ahora en sus ojos.

Tengo catorce años, esta tarde


subido en el patíbulo asciendo al cielo donde mi padre está.

Antonio Oblitas

Sé que se me acusó de haber colgado


al corregidor Areche con el péndulo de una horca
en la plaza mayor de Tinta
pero no se dijo que tracé con buen pincel
el rostro de mi compañero de armas Túpac Amaru.
Tengo la edad de la rebeldía, mi arte
fue tan fiero como mi espada. Todo ha pasado
pero yo no he muerto, mi color —negro como un pincel—
fue una bendición del cielo, rebelarse
contra la esclavitud en los infiernos llegar al Paraíso.

Si vivo es porque no elegí una causa perdida. Mi nombre es una


flor que el pueblo levanta arrojándola
en la noche.

Flores como llamas de neón rosa


se encendían en la Torre del parque Universitario.
Marchaban estudiantes con sus libros bajo el brazo.

213
Marchaban obreros con pancartas sobre la cabeza,
mineros con sus cascos de linternas encendidas en la frente descendían hacia
Lima.
Demeter & Enrique se habían unido a la protesta.
Todo era tan bello como un sueño que prefigurase el porvenir.
Entre atrapar los contenidos de la realidad para forzarla
a desnudarse como para poder captar el referente invento las flores que tus
manos aprietan ahora para mí.
Copular esta realidad como una muchacha es cambiar su mente,
abrir la flor de sus muslos como desnudar el fonema subyacente del sentido es
precisar un rumbo,
hacer luz en la flor delirante de la noche del s. XX
ahora que otra vez mi lengua afinada por estas correrías como Marx cuando
muy joven leyó a Goethe o Kant o Dante
y amigo de juerga con Heine: “sentí nacer los amores / dentro de mi corazón”
se pone a escribir cosas poemas a escondidas del viejo
y sin embargo todavía el pasto brota fresco como un canto aquí
limpiando este verso de la mala yerba y los tropos no tan necesa­rios como un
cambio de imagen en la realidad
que cambia a la realidad de tus ojos, un terrible deslumbramiento
en la vigilia:
¿la vida se mide con cucharaditas de café, amigo Eliot?

VI

Es peligroso escribir, pensar es un atentado contra el poder: la guardia del rey


exige acrósticos, alabanzas en versos nada desengalanados a su majestad. Sin
embargo, fundamos la Sociedad Amantes del País: nuestras palabras parecen
espadas, explosivos nuestros cerebros que sueñan independizarnos del poder
español. Una lámpara color llamas verde cla­ro se enciende tras los ojos de quienes
abren secretamente un libro: La florida del inca, Los comentarios reales, como
inteligentísima biblia del nue­vo Perú. Detrás de cada esquina hay alguaciles, la
cárcel espera a quien pueda escribir un verso como una horca donde ha de colgar
el último vi­rrey del Perú.

Viracocha apoacochan titu uiracocha hualpi


huana Viracochan topapo achuyo Viracochan runas
rumor de la historia,
no enfrentarse al pasado haría imposible fabricar flores.

214
El poeta investido en la majestad yachachurar huarnay
de sus sueños ocha cuchinir ruinachum: avanza impasible.

llacta pacha casilla aynispilla cachum carnascayquitaqgua


caycha yatalli ymay Pachamamac haycay Pachacamac.
¿Quién puede oponerse a que hagamos del mundo
el lugar del Paraíso soñado? El poder de la flor
—como dijo Marcuse— es un corazón acariciado en tus muslos.
No deseamos neón: buscamos desmistificar la sociedad carnívora.
El trauma del siglo es la guerra bicéfala:
militar & económica, temor de la noche extendiéndose aún
en tus ojos: no sé qué es el demonio
pero la bondad siempre será Dios.

3: Cuando nada perturbe tu mente,


muchacho: la loca energía que florece en tu cuerpo,
Var. f: entonces, casaca sobre el hombro,
tu libro de geometría heliocéntrica en la mano,
plántate en aquella reunión de muchachas,
sé tan feliz como el verano,
porque el amor es eterno como el universo.

(MI RADIO ENCENDIDA PARECE AHORA EL ÁNGEL CON LA TERCERA


COPA
DE LOCURA DEL APOCALIPSIS EN LAS MANOS:
“Que pueda yo morir por la patria...” (música de Stravinski). Giro el rotor:
siguen las balas. Apago.
¿Terminó la guerra fría? ¿Empieza la historia de la rosa? Nuestra rosa es el vivir
alejado de la historia).

VII

El viejo mundo se derrumbó a las tres de la tarde.


Diez mil patriotas tenían hojas de geranio en la mente,
una espada clavada en el corazón del reino enemigo.
Olor a pólvora y a sangre espesa como un río de noche
fueron este bando de libertad pegado a una pared.

215
Combatieron hermanos contra hermanos, padres
contra sus hijos, muchachos contra viejos cañones oxidados
reflejaban, otra vez, la ley fatal de la guerra.
Todo un pueblo se concentró en las laderas del monte Junín
antes de cabalgar contra el pasado
y en Ayacucho se desató la última descarga,
un último preciso escupitajo al monarca enemigo.
El caballo de la cólera se encabritó en primavera
y todo fue tan tranquilo luego como una tormenta pasada,
un ramillete de retamas al borde un largo río verdoso,
un charango triste y bondadosamente pulsado en la noche.

216
III
Por esto nada es imposible ante el poder
de la naturaleza que eres tú hecho tierra, flor, lucidez, programa tan
genético como bella totalidad furiosa,
y voluntad,
ahora que has abordado junto a tu amiga este viajar
de un mundo desde donde por una visión fulgurante
—llamaradas naranjas acarician tus cabellos trayéndote
estas imágenes, primaverales como el orgasmo— te contemplas a ti mismo
en un hombre que en la yerba brota de una muchacha,
gente inopinadamente angustiada, o que está aquí
empezando todavía un bloque de belleza sobre otro
como una fortaleza que se construye desde hace 5 mil años.
Y esto es ebullición de un vivir incesante o economía en el sentido menos
estrecho de su concepto.
Patria es juventud sobre todo con una meta tan razonable
como la gloria y es así como ha de concebirse el vivir
porque no hay, como Shakespeare, o Mozart,
grandes naciones en el mundo moderno que no se hubieron
para sobrevivir agarrado a tiros de cañón
contra flatulencia, y fatiga, contra soborno,
y desgracia, contra herrumbre, y autoconmiseración sin sentido,
y tampoco hubo país que en su belleza no encontrara
su fuerza, y su poderío en destruir toda herrumbre
que presagie cualquier cosa no fértil para el programa
impreso de sangre y huesos y cerebro en el fondo
surgido de la noche terrible donde fuimos procreados.
Si esta bondad una vez prometida por el cielo
se obstinara en permanecer distante a tu fuego
y tu sueño —esto que la torna bondad
porque de ti, el hombre, el poder, la mujer
es donde se realiza la gran promesa— entonces todo derecho
es tu sueño y el soñar tu deber para escribir
la Visión, la profecía, el reino prometido que está
en el futuro, y es una página que ni ha sido leída
aunque su lindo estilo es esta flor incomprensible en quien confluyen
sueños como abejas dulces de la noche,
y estos proyectos
trazados sobre la madrugada, o arrancados a noches
tan puras como toda llamarada dorada donde la pasión florece,
para que tomen la pétrea concreción de toda catedral flameante
una vez salidos —esta sinfonía de flores— del cerebro del arquitecto.

219
&c. / partieron de Letras de Química de Ciencias Económicas de Cirugía
y de Letras Proserpina con su gente.

9:55 am.
Se eleva una llamarada fresca en el follaje de moras de la resi­dencia de la
Universidad, ojos
como relámpagos dorados flores cimitarras guitarras
florecían furiosamente en la marcha:
decenas de miles de obreros marchaban lentamente
por la jungla urbana (senderos de cemento, follajes de vidrio,
orquesta de matracas y consignas):
rumor de girasoles como hélices en toda mente analítica
y gotas de rocío sobre pétalos de tus cabellos que acaricio podían ser el
arco voltaico de la noche, una tierna sabiduría
tu mirada y estos versos
llamaradas doradas que florecían del roce de tus ojos
con la realidad.

Gotas de rocío como flores en tu pelo parecen la sabiduría alejandrina.

Av. Venezuela, Av. Argentina,


el trayecto hacia Lima es una comparsa hermosamente inasible
como esta matraca de gritos que ni la represión puede detener.

Muchachos esbeltos como chompas blusas violeta verde limón y mandarinas


exprimiéndose (canasta de senos)
en mis labios marchan una mañana soleada hacia Lima.
Golondrina emigrando hacia el este (aguja girando en una brúju­la de enero)
en busca de frutas
como de unos muslos donde poder depositar ternura: a eso de las
12 a. m. estuvieron descendiendo
(imagen de aves frescas volando contra el viento)
en las calles más próximas al centro, grupos compactos caminaban
bajo el ardor de un sol que estremecía los cabellos
y era San Miguel
quemando los pastos de cemento y los postes sin locura
reflejados en un charco poseían no tanta verdad como este haber pasa­do por
encima del reflejo.

220
APARICIONES EN EL PARQUE UNIVERSITARIO
(Un film a colores en 16 mm.)

12 a. m.: se reúnen estudiantes, obreros. Pancartas con flores verdes en el aire.


Dirigentes universitarios lanzan consignas. Discusiones como alegorías en un
televisor. Música de palabras no adormecidas en la calle. Violines dorados, pianos
con teclas de flores azules, una orquesta que florece naranja en el cielo de mayo.

Ángel
(primer plano del cuerpo con la espada en las manos)

Un país que no ama su prole


y se obstina en arrojar su cráneo a la noche, machacarlo
como huacatay, apretujarlo, triturarlo,
es un país condenado al fracaso.

Un país sin propósito ni genio,


sin bondad ni talento como una gárgola en lo alto
de una iglesia es una rueda apenas imperdonable,
una madrastra rencorosamente alimentándose
con el poco temor de sus hijos golpeados.

Yo nací en tierra peruana, tierra para soñar,


ciudades que se levantan en la misma puerta del cielo,
allá donde son necesarios vigor y destreza para llegar, corazones de acero,
espadas rebeldes
contra reyes ungidos para ser impecablemente derrotados.
Yo nací en un país tan enmarañado como esta cabeza de donde
han nacido motines,
rebeliones, revoluciones que traían hidroeléctricas,
no oscuridad ni silencio.

Un país donde el fascismo asesina, secuestra, mata, es un país


atrasado y sin armonía en la mano.

Cuando bajo mi memoria el hueso lance su manojo de yerba


y no aspire ya el olor a jazmín en tus pueblitos perdidos
entonces sabremos que la noción de patria

221
se desvanece con la pérdida de uno solo de estos hombres
que florecen como tu marcha por un mundo hecho no para devo­rar otras pasiones
sino para saludar a un hombre que llamea cuando en él los geranios
son la obra que tú has fabricado. Estar
en tierra peruana ahora y sentirse como el primero de los
hombres es un tesoro que habremos
de cuidar magistralmente, un acto para el fracaso
de todo rencor.

(Truenos. Pianos violetas. Una bandera lila flamea en lo alto de la Torre del parque
Universitario. Se abre paso un joven con gafas foto-braum).

Inteligencia
(primer plano del rostro con el micrófono dirigiéndose a la muchedumbre).

No tengo tan poca piedad que no alcance


a consolar tu angustia y toda esta piedad hecha flor
la he depositado una noche en tus manos para cuando sea necesario
sonreír y esta sabiduría sea
finalmente el botín que hallamos logrado arrancar
a toda una época.
Que tú deseches a este infierno de la chatarra
y todo te sea beatífico como una tranquila sonrisa en el arte
de Leonardo
requiere mucha precisión y trabajo, mucha inteligencia
bellamente aplicada en resolver enigmas que la naturaleza renueva
como la época
porque todo esto no es un hombre
sino historia soñada, ese carro cambiando continuamente de corona
pero no de trayecto.

Su amor es todavía tan no imperfecto


como toda esta piedad que he podido repartir entre todos.

(Se baja del banco de mármol del parque Universitario. Suben dos jóvenes.
Jeans. Casaca. Blusas serranas).

222
Amor
(abraza a una muchacha)

De violencia y locura está formado el amor,


caricias y flores como locuras en los ojos son estas uñas
clavándose a una piel en la noche.
Yo que construí el amor me lleno de locura, y asombro.
¿Tanta pasión uno descubre en lo que uno creía apacible?
¿Tantas flores puede contener lo que uno ha modelado con manos
expertas,
y rápidas?

De violencia y locura está formado el amor,

dos jóvenes cónyuges dan la espalda a su época para encontrarse en su lecho de


amor,
su lucidez despierta, la terrible belleza
que habrá de anular lo que no deseamos nunca a nadie.
Toda pasión hecha amor es la belleza esperada,
la comunión de los cuerpos son estas flores que mis labios besan
en tu vientre.

(Clavicordio. Flores. El parque Universitario permanece bello como una


muchedumbre agitada. Bajan. Sube un joven con los cabellos largos).

Tiempo
(primer plano del cuerpo con la mano izquierda
en la cintura mientras eleva la mano derecha en el aire)

Tiene este tiempo su descripción que ha de corresponder a


un tesoro de pirata,
un dulce ejercicio de la inteligencia por sobre el ánimo
dormido tras un ventanal.
No es el límite en la noche
—el chirrido de un auto— una cámara del hombre
que trata de filmar a este infierno.
Toda noche se aleja bajo tus ojos y la lucidez sólo es flor
silenciosa.

223
No es el límite en la noche —el rencor
es una máscara indiscreta— un jardín en el que puedas
nombrar la locura como un mundo que te signe, porque todo
madura incluso en tu mano que florece.

(Truenos. Clavicordios. La misma escena. Baja. Sube un joven con los


cabellos largos).

Dios
(primer plano del cuerpo con una cruz elevada hacia el cielo)

Si no fuera porque las flores son sueños de tu


bondad ya estaríamos lejos de aquí,
tapiados, caídos en polvo y en olvido, comidos
por una mísera náusea.

Tus flores no son el enemigo


y lo que ha procreado tu magnificencia son mis sueños.
Obvía cualquier otra sugerencia,
cualquier luz que no se haya generado
en la terrible bondad no merece tu aprecio.

Pero Dios es el sueño de toda bondad


y la rosa la aparición de un sueño en nosotros.

(Truenos. Flores. Clavicordios. Torre del parque Universitario. Baja. Sube un


joven con gafas foto-braum).

Santidad
(plano del cuerpo arrodillándose con un poema en las manos)

A veces quisiera una palabra de Gerard Manley Hopkins


para mí, una mirada en la que yo pueda
recostar mi rostro, mis párpados llenos de rocío,
el sollozo en los ojos de San Juan de la Cruz
antes que yo me ponga a beber todo el licor,
todo el mar de anclas que llueve dentro de mí.
Yo quisiera ver cómo el hombre desciende del cielo
y he estado aquí contemplando una pluma en las manos del

224
dulce varón, una sonrisa,
unas palomas contra el abedul hecho cuerpo que vuela.
Ellos tuvieron una pluma en la mano,
un algo que hacer —levantar un convento, peregrinar
por el corazón de los hombres— con la otra moviéndose
como bellísimo rosal en conventos lejanos. La causa del mundo
fue su palabra
sin no más enfermedad que la dicha de sobreponerse a la
ruina,
y no otra mejor dicha que cultivar flores bajo una lluvia
de piedras. Como estos santos varones ahora
el poeta no es todavía un árbol deshecho,
un monumento de sufrimiento que es apenas decisión ante
el mundo. La santidad está lejos de mí pero la honradez que
está en la santidad
todavía me pertenece.

Un allegro como un Do mayor, un bello Si bemol sostenido intercalado entre el


grito de las consignas cuando la marcha son llamas de flores doradas —Ángel,
Inteligencia, Amor, Tiempo, Dios, Santidad son agitadores re­partiendo volantes—
en las calles de Lima. Un concierto. Se reanuda la marcha. Palabras como
muchedumbres rosa se dirigen por estas calles trazadas como silencio.

Nuestro tiempo inmerso en la noche


como estos muchachos que avanzan por las calles del verano
es un ojo elevado en la tormenta, el tiempo más duro que cásca­ra de nuez.
Oh mi dulce patria, terrible energía de estos versos,
¿podré yo dejar de sufrir alguna vez por ti?
No existes para mí sino en la noche desnudada bajo el cielo
de setiembre.
Mi bella patria, ¿cómo no dejar de filmarte como un Paraíso
con flores de la mente de la sierra?
¿Tú eres también el enemigo? ¿Interesa ya lo conocido:
vecinos, inventos, cielo azul, peces de colores, la triste heren­cia de
Carlos V?
Hemos caminado ahora toda la mañana arrojando palabras como petardos,
hemos cantado lemas en contra de la época.
Hemos permanecido aquí comiéndonos la mierda, los escollos,

225
sufriendo incomprensiones absurdas como una película de Hitchcock.
Imágenes impresionistas como aves hambrientas nos filman en las
calles. 10 a. m.
“¡Reconocedme! ¡Miradme!”
El tiempo más duro que cascara de nuez: “soy un marginado/pendejo/alucinado/
ladrón de cadáveres en el mercado”.
Un paria delira en la calle: “fornicando, fornicando —prevengo
de la peste, de la enajenación de nuestro sueño”.
Estoy arrecho, muchacha: “¿Cuántos vidrios rompiste y cuántos culos?”
Es subversión lo que digo,
estas manos desencadenadas no poseen moral ni trauma.
Nuestro ojo permanece azuzando la tormenta:
“Oscuramente como un estudiante, dije no a la raza de los poseedores
—y aquí pálido y turbado detrás de la ceniza
besé a mi muchacha y me perdí entre el gentío con mi pancarta cubriéndome de
los insultos.
En la Universidad todo es un chajuaco —maldito enredo donde la
sensibilidad no existe ni la inteligencia,
y yo vi enloquecer a muchos —el muchacho delicado como una flor
de camisa blanca insultado por el profesor:
‘¿ah, qué mira usted? ¡cuídese! ¡yo lo expulso!’
y mis amigos de lengua furiosa en las carpetas: ¿la universidad
no sirve? ¿la universidad es crítica?:
‘En los exámenes conteste con preguntas’ leí en las paredes,
fogatas sobre la noche, Joplin disolviéndose en la nada / cuando
encendemos el televisor
como para abrir
un libro extraño en nuestra casa donde la condición de existen­cia
son flores peligrando en la yerba segada,
conciencia asumiéndose en la perfección de su ser:
Apollinaire como Soderberg parecen una bella guitarra del verano,
Shklovski aún revoluciona la mente de Occidente,
Lefevre planteándose dialectizar la lógica
ahora que mi realidad cayéndose como la manzana de Newton
es el poema donde puedo explorarla y organizarla:
un muchacho triste, ojos palidísimos,
y Hendrix murió como mueren los gallinazos en mi patria.

4: El sol es una mariposa blanca posada


en el verdor de los ojos:

226
tu amor son llamaradas de ternura
brotando en mi amor,
la mariposa blanca aletea en tu pubis ahora.

ESTUDIO DE PINTURA CUSQUEÑA (Relaciones


Alegoría/Poesía)

1. Descripción del motivo.

El ángel se ha clavado al cielo.


Un cielo espeso, salvaje como un mar.
En el hombro la cabellera tosca brilla
como este verso enlacado donde abrevo mi sed.
Trozo de pintura agresiva en una pared
de piedra revestida con yeso y cal.
Asombra no el ángel —el trabajo duro y paciente
con elementos naturales que ordenados
dan el aire salvaje y ya perfecto.
Las yerbas maceradas, las tierras sagradas
se combinaron en la paleta del artista.
La luz oscura duerme en el mural cusqueño.
La proporción de la bóveda mística ha
girado una vez más con las estaciones,
y en verano el sol fatal son los ojos
que se deslumbran entre sombras:
la complicidad con lo bello.
La pintura se ha encendido con el alba.
La variedad de tonos con predominio
de lo azul pálido entre un rosa evanescente,
con fresco dominio de lo verde claro
diluido en blanco azucena: pétalos de sangre.
Otros toques de fuego bien meditado.
El paisaje interior, la memoria
del paisaje que trasciende el acto.
La ecología enmaridada con el arte.
Y todo es leve aquí, dulce, trasparente.

227
2. Alegoría de espadas y batalla.

Y el ángel se duplica en otros ángeles.


El ángel se duplica en flores, arcabuces,
metáforas de una conciencia clandestina.
La luz del pincel ha incidido en la mirada.
El rostro tenso ha vuelto con el alba.
Los ojos dulcemente intensos son algo más
que aceite de lino mezclado con arcilla:
revientan como el mar revuelto del coraje.
Y el barniz asegura más que el brillo
la perduración de una semilla en la memoria.
La difícil perspectiva alude este presente.
La geometría de la bóveda refleja un gusto,
una estación de la razón perdida.
Esa bóveda he trazado como un bello sueño.
En los jardines florece la hipótesis
de lo absoluto que ángeles en masa cantan.
La revuelta. El estampido. El destrozo.
Y la calma luego. Y se deshizo el sueño.
El sol tácito alumbra esta inaprehensible
escena sin dónde ni cómo pero con por qué.
Lo real se ha vuelto una metáfora precisa.
Vuelo de espadas además de una batalla
significan más que acción —meditación.
Abanico de ángeles no son meditaciones:
son un sagaz esquema de batalla.
Vuelo de ángeles / abanico de espadas
escenifican un discurso alucinado.
Y son el ojo izquierdo una ideología,
no una técnica pictórica: un rugido mental.
Los que vuelan no son arcángeles de yeso.
No son de cedro ni pintura más suave
que la seda del crepúsculo el vuelo
de las vestimentas bordadas con fuego.
Que con espada y fuego levantamos nuestro canto.
Pero el Circo aquí —film de Hitchcock como una pesadilla—
desbarranca esa posibilidad de Paraíso
y la vida es la vida de la muerte: “no existe noche más
oscura que el vuelo de la vida”:

228
J. Mario delirando y rugiendo por calles de Lima como
Nietszche (¿como Nietzsche?):
como Nietzsche
(¿como Nietzsche?) por calles de Lima: “sombras capuchinas /
en el hall de las neblinas”,
donde la indiferencia destruye a las mentes más lúcidas de
mi tiempo.
El Arcángel de trompeta amarga
y las legiones (muchachos como ángeles descendiendo en las
esquinas)
que se enfrentan al pasado son mi vida, llamaradas
rosa brotando en el dorso de las
aguas,
según leímos en el Apocalipsis: enigma de números grabados
en la noche:
“aniquilar la luz / aniquilar la oscuridad”,
y esta mística Visión meditada como un Paraíso en acción pudo
alumbrar entonces el rumbo de la marcha:
“ave rapaz / seres
hambrientos de luz: el que hace la luz”: montaje como un ensam­blaje
de pensamiento cuestionándose el mundo:
“qué hacer para decir tal como es la realidad: pálida vida des­carnada
jardín de torturas y más hambre,
bello mar empecinado”: Arcángel tocando su trompeta de frambuesa
en turbulentos cielos del verano:
“¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡Aleluya! ¡Todos somos hermanos, todos
somos el amor!”
y Demeter pálida como espasmo fugaz
—“dardos florecieron en tus manos / y donde tocas brota con más furia tu
belleza”
rueda hermosamente en la yerba del verano
y sus pechos son más dulces ahora: “aún puedo desnudarme para acariciar tus
senos:
y delicadamente como las lluvias / para lamerte vientre
tus alegrías y tus muslos que se abren ahora en mares de lumbre”
como esta imagen de un amor enloquecido: “es como seguir
acariciándonos / como capturar lo inaprensible”:
Demeter descendiendo briosa en las esquinas.

229
4: Tu amor son llamaradas de ternura
brotando en la mariposa blanca
posada en el verdor de mis ojos
cuando las llamaradas
de ternura como este sueño son mi amor.

(MI RADIO ANUNCIANDO LOS ÚLTIMOS SUCESOS PARECE UN ÁNGEL


CON
LA CUARTA COPA DE FUEGO DEL APOCALIPSIS:
música.
Noticias, Música. Noticias. Música: “Que pueda yo morir por la
patria...”. Apago. Noticias).

Pulsar la guitarra y caminar sobre los parques como sobre un


cielo:
“los Museos
¿son el cagadero de los tiempos?
Pero qué hacer para decir tal como es la realidad / más exactamente
cómo cogerla golpe por golpe:
olas de mar encajando en las rocas como el vuelo de los cóndores:
‘cóndor, cóndor’ de Alomías Robles,
y Simon & Garfunkel cantan en mi radio / qué hacer para destruirla
construyendo un nuevo sentido a la vida. Y esta noche sobre el
jardín de torturas escuché a las sirenas.
Ah, las sirenas bogaron sobre el espacio del papel:
en el espacio de la mente reflexiva como un sueño.
¿Puede destruirse lo falso sin no actuar como un Paraíso?
¿Se destruye el pasado en el verano de nuestra creación?
Tiempo más duro que cáscara de nuez
y las sirenas pintadas en mis ojos una a una despaciosamente
vienen rodando hasta caer sobre el estanque del verano,
flores que aprietas en tus manos”.

¿Tú amas no comprender lo que brilla en tu ojo?

“ojo de noche: ojo anhelante, ojo de luz: ojo impaciente,


ojo de roca: ojo quemado, ojo de avispa:

230
ojo revuelto, ojo de espina: ojo espinoso, ojo de azul: ojo
cortante, ojo de cuero: ojo plegado,
ojo de vidrio: ojo escindido, ojo de lis: ojo fragante, ojo
de quiebre: ojo afiebrado, ojo de era:
ojo de ojo, ojo enojoso: ojo de enojo, ojo preciso: ojo de
frente, ojo enfrentando: ojo de enfrente:
ojo enfrentando / ojo marcando / ojo andando / ojo soñando”.

11:55 a. m.: todo ojo araña cruelmente lo que se aparte ahora de él.

4: Una mariposa blanca se posa


en el verdor de mis ojos ahora:
tus llamaradas de ternura brotan
en la mariposa blanca ahora
aleteando como una flor en la locura de tu pubis.

Una retórica envejecida propuesta como símbolo


a nuestras letras no es necesariamente lo que el futuro brotado
en nuestro estilo necesita:
un módulo verbal vaciado en una estatua persiste
como bronce pero no como presente: no Darío
ni Herrera & Reissig / tampoco Lugones / ni Huidobro / ni Silva:
la retórica modernista no poseída por esta espléndida lucidez es
innecesaria.
¿Escribo para ser destrozado como para no comprender a mi pro­pia vida en la
noche de la locura?
Esta flor abierta en mis manos se pregunta: ¿no es historia —la necesaria— toda
muchacha amada apasionadamente
en la noche?
¿es innecesario encontrarse con una muchacha en un parque
de flores delicadas?
100 años después —“mocos por babas”— no puede desearse lo que es
pasado
y toda retórica establecida
necesita ser destruida por estos muchachos que sueñan su polivalencia
lingüística:
no ‘impersonalidad’ (cf. Sollers)
pero belleza para ensamblar el ser en el discurso real como

231
destrucción del referente,
lúcidos en su violenta escritura de un Apocalipsis bondadoso,
un nuevo estilo amoroso: el verano donde poder expresar
una lengua total: ojo enfrentando, ojo impaciente, ojo queman­do,
ojo preciso / alegría
tan irresistible como ángeles descendiendo terriblemente bellos para copar
el esquema arquitectónico:
“esto es más jodido que caminar por el Infernus sin ninguna compañía sin
Virgilio”
y Demeter de ojos hermosos
como almendra levita cuando cazo mariposas de neón bajo la luna: mis fuerzas
no participan de la producción pero mis ojos van
diseñando el tejido de lo real
—el des/enlace del todo— como un producir historia
y agudas percepciones yuxtapuestas en el film del poema: muchacho
caminando solitario en el parque Universitario: cuerpos espléndidos
enlazándose en el dibujo de Blake:
su furor persiste como un bello cielo en la mirada:
sobre la yerba crecida el remolino de las flores recibe a
estos cuerpos que se adoran:
pelos señales el pasto mordido con furor son nuestros cuerpos
que florecen en el cielo:
“& Raimunda Orfi también lejos de Santa Fe camina besando
las aguas del Pacífico (año 1970),
sus senos como flor ardiendo en mis dedos” / limpieza
de lo que persiste sin un perderse en la noche: su ética precisando la
historia pero sin apartarse de su
estética / “y los muchachos
estallaban con sus gritos y la cabellera larga”: 10:15 a. m.:
no palabras con metáforas que no vuelen en tus ojos:
¿no escribo para ser tu flor adorada? ¿escribo no para comprender a mi propia
vida en la noche de los tiempos? caminando sin prisa pero con un rumbo preciso
el desposeído:
su ojo afiebrado
y Demeter & Enrique
permanecen en la marcha como amantes del ser que impulsa el
verano: lo que se quiere decir
y lo develado en la esfera no es lo disuelto en la nada: su
ojo arañando,
enamorados como ser asumido en la conciencia de lo
producido en belleza.

232
TALLER ARTESANAL
(Relaciones Práctica/Gnoseología)

1. Economía del Trazo.

Tal vez trazó un círculo en su memoria. Necesitó inventar


muy bárbaramente el mito para perfeccionar su obra sin
contradecir
lo natural: un bello círculo preciso
girando el índice sin mover la punta
del codo en tierra como el Giotto clásico
que ahora se produce en el taller artesanal.
El navegante lo conoció en las estrellas.
El hombre de montaña en el arco del sol.
El polvo del camino fue la página donde
el caminante se perdió y encontró su ruta
hincado en el mapa de tierra que no tuvo.
Allá donde cae el Arco Iris queda el saber.
Donde el sol se oculta un esplendor se muestra.
La mujer arroja sangre en el ciclo lunar.
El arco de la vida se desdobla como un cerco
de piedra donde el destino se ha perdido.
Aquí y acullá el mismo arco resplandece.
Eterno principio de la intacta simetría.
La matemática vista en el modesto taller
halla su real luz manual del teorema.
Ubicuidad del saber como un dios
se eleva aquí libre en un Paraíso de letras.
El círculo más que locura otra
forma fue de lo perfecto —rodaba
en la memoria del campo y de la urbe.
No fue un accidente —obra pura y natural.
Era el círculo divino como el sol vital.
Y más que vital era como el sol divino.
El círculo hermoso brotó sin historia
sin arte y con geometría y costó sangre:
un principio del trabajo artesano.

2. Armonía del bordado.

233
Tal vez trazó un círculo en su memoria:
culo y ojos hermosos, boca, cielo, sol.
Duro tiempo sin tiempo del instinto.
Aunque no trazó el círculo primero
ni leyó las internas proporciones
que mi adolescencia amó en el colegio
su dura vida brindó al brote de una flor.
Aunque no pronunciara el Phi el artesano
más directamente estableció ese valor.
No trazó tal vez el triángulo ni sumó
la mediatriz con otra y otra mediatriz
llegando al mismo centro sin centro
de la elíptica que su universo con flores,
astros, aves y dioses armónicamente
bordó entre un sueño y su hermosura.
El universo puro y primitivo —incandescente.
No extrajo el diámetro ni sumó el radio
pero yo celebro lo perfecto de su trazo
y celebro la vieja armonía de su obra.

3. Escrito sobre Mates Burilados:

Relumbra el dominio del pulso en flores


muy grácilmente grabadas con la sabia
pausa del instinto, con el saber que llega
a través del lento labrado de los elementos.
Relumbra lo preciso del pulso intrépido.
La lezna con punta al fuego blanco está
penetrando a dos milímetros la cáscara
del ojo entre el cabello fresco y el vuelo
de la abeja estampado con el arte medido.
El verde pastizal se ha dorado con luces.
Muy claro ha brotado un relámpago perpetuo.
La forma esférica lenta gira en la mirada:
cántaro, recinto, bella inspiración sagrada.
Trota eterno el potro fijo en el grabado.
El pastizal dorado ha floreado el néctar
que probé del vientre terso (fiesta, licor)
enlazado como siempre al cuerpo de la noche.

234
Unas frescas yerbas médicas brotaron
con la observación que experimenta sin rubor
vibran sus ramas desprendiendo un suave olor.
Si bello el Mate fuelo más su proceso:
una tierna, inalterable sabiduría en tu cuerpo.
Mates Burilados: plenitud del sentido.
Trozo de lenguaje aún perdido en nosotros. Este
sublimado dolor antiquísimo.

4. Arte de la medicina.

Podría echarte contra el pasto
y rodar tan misteriosamente como el tiempo ha de rodar en ti
este huevo
—¿tres veces
y por cada vez en cruz, en
santo remedio?—
que habrá de quitarnos ansia o miedo, este
tenernos así a punto de ser barridos por la enfermedad
inconstante.
Podría echarte contra el pasto.
Tener que desnudarte para repasar un huevo en tu cuerpo.
Y sacarte luego este mal, tu fiebre, tu dolor de entrañas ahora
que te sacudes acurrucada aquí contra
la colcha
y yo como un poco de pasto,
un rocío en el pasto de tu cabellera de abedul.
Pasar tan lentamente un huevo (y duro y perfecto)
—quizá helado como un estetoscopio golpeando despacito los músculos
de tu espalda,
el levantarse y tranquilizarse de una respiración dormida.
No hay plata para médico.
A esta hora la botica está cerrada,
¿la farmacia de turno no habrá de costarme todo el poco sueldo
que yo y tú ganamos?
Aprendí a combatir este mal viendo cómo se me extraía como una
muela picada el mal -de-ojo con el paso
de un huevo sobre la piel afiebrada —sobre un tiempo incierto.
Cómo con un trozo de cuerno de venado, chamuscado

235
(oliendo todavía el humo del cuerno chamuscado) el tiempo giraba
un tiempo más sobre la tierra,
el mal no afloraba tan bruscamente como un trozo de grasa en el
gancho de un mercado.
Y el agua era límpida en el vaso y luego
—¿qué calentura o qué extraña vibración de la piel puede enturbiar
casi cocer la clara?—
si esta, yema o clara,
se ha enturbiado luego habrás de ir a un hospital,
llamar tal vez a un maestro en el arte de curar al prójimo por
apenas un quíteme estas pajas,
saludos que el respeto adquiere.

Yo podría echarte y podrías tú echarme echarte contra el pasto


y sin embargo,
no. Aquel maestro ha vivido más que yo
y su experiencia aún es este arte
que me ha conducido a tu lecho.

(MI RADIO ANUNCIANDO LOS ULTIMOS SUCESOS PARECE UN


ÁNGEL CON LA QUINTA COPA DE DESESPERACIÓN DEL
APOCALIPSIS:
Piero cantando:
“nació con el siglo...”. Giro a otra estación. Noticias. Apago).

Tecnocracia & Patentes sin contenido humano son una pesadilla


rasgando el arco de perfección de las matemáticas
(cúidate del número, de su vacía fuerza centrípeta: formas como
engranaje sin flor en el movimiento de las máquinas):
“Yanqataq chaupimanta chay / ‘Yetpa’ kaucinwan, ritimantapas astawan
filo kauchiwan ñawikita llidiruwaq”
& esa cuestión aún no perfectamente criticada de los navegantes
sin rumbo en el espacio sideral
—como un pavo real Caronte:
viejo Packard, en las aguas de la impostura: demonios de la cosificación —el pan
de cada día.

236
IV
Finalmente he podido hallarte Giotto. 1 p. m.
Caminé muchos kilómetros bordeando los parques de San Fiero
y recitando:
“acaso no es la vida como el gusto del azufre:
un lucero inmóvil sobre mis mejillas tristes...”
—versos que ya nadie recuerda ni son las aguas que habrían
de lavarnos de las ocurrencias de estos días:
& la maraña mental colgaba como yedra en el arco de piedras
enmohecidas: “Ubú Rey gesticulando en las manos del actor: escena de
locura bajo la carpa y el luminotécnico de luces que se escapan:
& el grupo con sudor en las axilas”:
& / sin embargo aún puedo sentirme con un algo de alivio por
recordar a Marx,
& / tenerlo aquí presente como el eterno flujo y reflujo de las olas:
una visión de setiembre,
y la sal despedazándose en mis labios.

Finalmente he podido hallarte Giotto. 2 p. m.


“Este poema se expresa en el porqué de los finales del s.
XX:
no se aleja y manifiesta su destierro: & su destierro está
manifestado en el entierro de la noche en sus ojos”:
& / en mis labios va rodando una canción:
(y el cassete con Leonardo Favio continúa):
& / “araña escupe patea sobrevive en el destierro”
—pradera de lanzas que florecen en tu mente—
“pero ese gusto que ilumina nuestros ojos después de hacer
el amor es mi alegría mi destino”:
& / “la satisfacción de las cosas muy bien realizadas: la
fresca flor abierta en el corazón de las muchachas”:
& / “de alguna u otra manera el papel es también un receptor de bloques que
se mueven en colores”.

Finalmente he podido hallarte Giotto. 3 p. m.


“Este poema expresa su porqué a finales del s. XX:
no se aleja y manifesta su destierro: y su destierro se manifiesta en el
destierro de la mercancía”
—toda pureza formal (Giotto traza rápidamente un círculo en el aire) libra de no

239
complejidad
al valor de su contenido: luz tus lindos ojos, Demeter,
luz tu bella voz y aquellos labios manchados con rouge que en la marcha
soltaban su buena artillería de palabras
(un Che Guevara, contraste negro sobre naranja, alzado en la pancarta es el arte
masificado)
son ahora el arco volteado de la noche: luz espléndida tu cuer­po situándose ya a
diez cuadras del parque Universitario:
12 a. m. : mar de cuerpos ya a 8 6 4 2 cuadras llegando
—muchachos como juglares— a esta concentración de obreros en huelga:
banderas/flores/molotovs:
y estas imágenes
impresas sobre las blusas con senos enhiestos de las muchachas: banderas,
molotovs, flores,
tan violentamente deliciosas como caminar entre todo este grite­río —el P.U. ha
sido rodeado por la policía—
& / “unos minutos más y empezará la filmación” / Giotto, has de pintar
—marcha de mineros hacia Lima—
trazando tan diestramente —esteta, magister, y arte gráfico:
Jesús Ruiz Durand— tus colores como flor desesperada en el lienzo:
no cuestiones inútiles, lo real analizado
y simbolizado admirablemente en tus pinceles.

2: Si la flor deseada de tu cuerpo,


mujer: no arde posado como un clavicordio lila
Var. a: entonces arroja de ti jeans, brassier,
todo amor es belleza,
y antes de soñar en los brazos de tu muchacho,
pon patas arriba a tu San Antonio.

Entonces en el entorno de Lima se desplegó el abanico: mis amigos como luz de


historia
y de meditación iluminándose los ojos se desplazaban
por calles bellas como una flor bajo el cielo de mayo:
obreros (hélices de hierro en la tormenta) como un pincel impresionista llenan de
vida
y alegría nuestro vivir sentimental (imagen de aves volando contra el viento
—mes de la migración):

240
y gritos
como flores ruedan sobre el asfalto —se ha cortado el trán­sito (coro de cláxones,
voces)
(imagen de flores frescas en el parque): mitin obrero/estu­diantil en pleno mes de
las flores:
imágenes de Mariátegui, contraste negro sobre fondo rojo, presiden nuestra
marcha.

MARIÁTEGUI

Tu nombre florece en una pared.


Trazos fuertes (rojo, negro)
son el brochazo del amanecer.
Tu rostro como un corazón grabado
en las paredes indica la lucha obrera.
Al mediodía una manifestación relámpago
te ha convocado en la conciencia.
Tu nombre se ha elaborado con la práctica.
Aquellas voces roncas se alzan como hoces
donde flamean reivindicaciones como flores.
Lentamente este presente está incinerándose.
La represión sin paz sangra la historia.
Se derrumba el fascismo. Bárbaros muchachos
irrumpen ahora limpiamente en la metrópoli.
La luz explota en los cabellos sudorosos,
encrespados como cedros que se incendian,
esparciéndose como una consigna en las paredes.
Mítines obreros iluminan el camino.

II

Mariátegui murió el 30.


Nació en el brillo del Partido obrero.
Mariátegui severo y sereno. El estilo preciso.
Tu palabra separó lo que será de lo que fue.

241
Podó sin asco esas palabras ya marchitas.
Mi poesía quiere ser el detonante de la significación
poética a través de la manifestación obrera.
Entre esas voces florecen versos más puros
que entre anaqueles y clases académicas,
tan límpidos como el aire puro con rumor.
La poesía de una rebelión contra el capital.
Escribo que en tus páginas entreví otra luz
de historia como un destino de pronto revelado:
lo que será recuerdo amargo en la mañana.
Y el destino claro donde no hay explotación.
Hoy la lucha se ha profundizado. Y este lazo
tendido al porvenir son los mecanismos
de la belleza y el análisis.

III

No hay lámpara ahora. Hay páginas


que iluminan este rostro tranquilo en la mañana,
luces intranquilas como flores que se adensan
con clamor en la conciencia.
En tus páginas vislumbré la poesía.
Allí germinaban reflexión y pasión,
se calcinaba también la herida del pasado.
Una puerta se cerraba como otra podía abrirse
sin gozne ya ni marco y sin paciencia.
Los 7 Ensayos: luz que embellece a la mirada.
Tus palabras constelaron el profundo universo
que no había en el país —y así como el fuego arrasa
lo decrépito pudiste clausurar aquel pasado
en tu escritura que soñó el otro amanecer.
El fuego inventa praderas cuando faltan,
destruye luego el olvido que nos sobra.
No tenemos ya pasado: tenemos apenas
que destruir el largo infierno del presente.
Lo pasado se ha escondido entre aquello
que nos sobra enmascarándose arpíamente.
Tu estilo me enseñó a demoler palabra
por palabra el muro amargo de la historia.

242
A demoler lo no preciso que fue el sentido
y el sofisma de una clase en cuestión.
Aprendí que la imaginación contribuye
como la crítica al clausurar lo que pasó.
Que la literatura es un arma de la Revolución.
Hoy creo en la clase obrera.

IV

Hoy quiero entrar en una biblioteca


y extraer un volumen con tu nombre.
He caminado años errando de un libro
a otro libro. A veces me sorprendió
el alba en unas callejuelas solitarias.
No tuve destino en mi vagancia
ni encontré otra belleza que la angustia.
Fui un personaje del romanticismo.
Soy una versión moderna de la clasicidad.
Mi adolescencia se aventuró entre versos
y praderas para soñar los cielos que creí
ver en cada verso y no conocí la piedad.
No la conozco ni quiero conocerla.
No tuve más razón que mi instinto
y entre el turbarse y el deseo aventurero
te encontré, Mariátegui, a los quince años.
Te apunté en mi cuaderno como un tema
y una cita que hoy —tras mucho tiempo
voy a reencontrar. Esta noche se consume ahora
lentamente (y mi vida) como aquel libro
que fascinados no hemos deseado concluir.
Y tengo rabia. La rabia de cifrarte
y descifrarte como un sueño que es vivir.

Hay lecciones magistrales.


La tuya, Mariátegui, es inevitable.
Mirada múltiple que explota

243
en la historia. Lecciones transparentes
más que el aire del opúsculo, que el silencio.
Tu limpidez de estilo, tu disciplina.
Admiro la dialéctica del tema
que concluye en el inicio de la huelga.
El análisis que habla de la fábrica tomada.
¿Al final del infierno arde el Paraíso?
No. Arde el infierno en la memoria.
Y no es táctica poseer aún el Paraíso
sin liquidar lo que ha sobrado.
Destruir la memoria sí: no la experiencia.
Así he presentido serenamente violenta
la imaginación que acelera su motor
y sus pétalos de hierro en la tormenta.
No hay belleza sino ideología en cada gesto.
Toda flor es un método y una consecuencia.

VI

En tus páginas leí toda historia


del lugar llamado llanto, explotación.
La historia con edad ya de rebelión.
El Perú que una lucidez ve levantarse
en la conciencia del proletariado organizado. Floresta de fuego,
relámpagos perpetuos.
Tu interpretación ha destruido la imagen
colonial de este país que es otra más profundamente lacerada en
tu versión.
Y es otro país más profundamente iluminado.
Tu versión de la hermosa y rotunda subversión.
Así la realidad dejaba de ser una necesidad
y la necesidad es transformar la realidad.
Tu óptica cambió el Perú y su ser quedó condicionado a la
destrucción de su pasado.
José Carlos Mariátegui, han florecido
tus escritos en la lucha obrera donde mejor
que en ninguna biblioteca el socialismo vibra impecable en el
discurso de la insurrección.

244
10:18 a. m.: el flujo avanza entonando lemas: “El maestro en las calles también
está enseñando” / “Más escuelas,
menos cuarteles” / “El maestro en las calles también está enseñando” (rumor de
a-aplau-aplausos)
y cogidos por los brazos (cadenetas, cohesión como fuerzas productivas
dirigiendo la historia):
esta imagen tan bella es una protesta producida por hombres que hacen vida
y obra con sus manos atareadas:
y el flujo avanzaba lentamente y entonando lemas
(estudiantes como juglares con clavicordios en las manos) desembocan en la
esquina
(los enamorados van tomados de la mano) (imagen de muslos rozándole en
penumbras)
—tratan de llegar
y apoderarse del presente (lento y largo travelling del sueño: rostros
iracundos,
rostros curtidos en el duro trabajo de las fábricas,
periódicos bajo el brazo, libros de Bakunin y de Mariátegui en
el bolsillo de las casacas de cuero)
y en las calles se produce esta reflexión: puños en alto, nuestra vida es
un furor inagotable como soñar el paraíso.

2: Si la flor amable de tu cuerpo,


mujer: no arde rosado como una viola lila
Var. b: entonces sombréate azul celeste los párpados,
una ciruela en los labios,
resplandece tierna como un sueño
para el muchacho esperándote
ahora en un aula de la universidad.

Y en mis labios va rodando una canción:

Así / en tus labios va rodando calladamente esa canción y en


las calles Demeter era conducida por Fígaro. Luego / Demeter
era conducida al Paraíso y en las calles
una canción rodaba alegremente como Fígaro.
Así / una flor de belleza son tus cabellos vagamente ascendiendo ahora
hasta el antiguo esplendor de los inkas.

245
Luego / sólo es música el viento del verano y este follaje con
flores lilas extendiéndose bajo un cielo de piedra.
Así / eres (Fígaro se dirige a Demeter) un cuerpo dorado como
el dorso del mar al caer extendido bajo este cielo de flores.
Así / no has de volver ya (Fígaro continúa) al infierno:
ella no volverá allí —imagen de Fígaro abrazando a Demeter
cuando ambos dirigen sus miradas al horizonte— como ha vuelto esta
luz espléndida a sus ojos.
& en el cassette:
pero en las manos de mi muchacha este poema “araña escupe patea
sobrevive en el destierro”
—pradera con lanzas doradas que florecen en tu mente—
“pero ese gusto que ilumina nuestros ojos después de hacer el
amor es mi alegría mi destino”:
& / “la satisfacción de las cosas muy bien realizadas”
—fresquísima flor acariciada como el corazón de las muchachas—
& / “de alguna u otra manera el papel es también un receptor
de bloques que se mueven en color”:
& / “¿tierra dónde jamás brotará una yerba como dicen que decía Atila?”
—ese pasado arrasado por la belleza de sus huestes guerreras—
& / “muchos fueron cegados por la Metro Goldwyn Mayer” 2 horas hueveando
sin reconocerse en la inocencia de Chaplin”:
& / “Fumanchú celebra por un lado que más le convenía delante del
biombo sus más célebres fugas”:
& / “mandarín como Góngora en los recovecos y cantares de Taco­ra: Confucio
buscándole 3 pies al gato”:
& / “etcétera...”:
& / “¿tierra dónde jamás brotará una yerba como dicen que decía Atila?”
—Roma prefiere robustecer el imperio celebrando un perfecto matrimonio con la
hija de un bárbaro—
& / “muchos fueron cegados por la Metro Goldwyn Mayen 2 horas hueveando
en el templo de Chaplin”:
& / “Fumanchú celebra por un lado que más le conve­nía delante del
biombo sus más célebres fugas”:
& / “mandarín como Góngora en los recovecos y cantares de Tacora Confucio
buscándole 3 pies al gato”:
& /”etcétera...”.

2: Si la flor dulce de tu cuerpo,

246
mujer: no arde rosado como un verano lila,
Var. c. entonces, mano en la cintura,
cabellera agitándose en el viento de mayo, plántate
en la esquina de los muchachos,
sé tan feliz como la noche,
porque el amor es eterno como el universo.

Arden mis palabras como las flores ESTÉTICA


que la economía ha cautivado, DE LA FLOR
como esos lirios que la ideología
envolvió con mica en el mercado.
Las flores del poema son más reales
si yo relaciono hermosura con llovizna,
fragancia con pétalos quemados por un beso.
Más dulces y más bellas mis flores
si ellas brotan en la lucha de clases
como que las produjo el jardinero,
no el jardín ni el burgués que las vende.
Por esta página fabricó el follaje,
los pétalos de un pensamiento amargo.
No me engaño: en Lima son amargas
las flores, densas y salvajemente tiernas.
En una página de Marx contemplo la belleza.
Del verso me queda
su compostura y el trabajo,
la rabia que florece en su lectura.
No existe poesía sin economía que negar
como no hay luz que no descorra
el cortinaje de la noche.
La mano que fabrica el producto
impulsa mi “estro” por el texto.

(MI RADIO ANUNCIANDO LOS ÚLTIMOS SUCESOS PARECE UN ÁNGEL CON


LA SEXTA COPA DE SEQUEDAD DEL APOCALIPSIS:
“Somos libres, seámoslo siempre...” & click).

247
Finalmente he podido hallarte Giotto. 4 p. m.
& / “la primavera del 66 me encuentra iniciándome esa madruga­da en el
secreto de la poesía”:
& / “Marco Polo aferrado a las escalas de Gershwin”
—música de cláxones en una urbe cuando caminas al trabajo—
& /”ningún atisbo de yerba en los complejos de cemento”
—Elseneur ahora arrestada en un castillo de perversiones es liberada
por Fígaro en un acto valeroso—
& / “King Lear transmuta su energía enloquecida en olas salva­jes que
florecen como rocío de tus pechos”:
& / “aguas bajando turbias: ninguna embarcación podía atrave­sar las dudas
los tormentos”:
& / “Blake Donne Rimbaud Villon Oquendo Dylan
Hopkins bebían cerveza conmigo una madrugada de octubre”:
& / “mi buen amigo Curay productor director redactor diagrama­dor poeta
ensayista narrador dramaturgo de la revista Sendero”:
& / “ahora, ¿nos interesa la amarga bondad de las ciudades?”

Unos obreros salieron a encontrarse VITARTE: 1919 / 8 hrs.


con el Manifiesto de las rosas de la noche.
Tomar el poder era su derecho a la vida.
Su luz invisible florecía entre las fábricas,
alumbraba el sindicato como una insurrección
laboriosamente argumentada, que va a despedazar
mausoleos y libros de la prehistoria.
La violencia de la revuelta arderá otra vez
en los barrios obreros. Aquel Vitarte del 19
es ahora el mismo lleno de experiencia.
Lima será envuelta no entre las llamaradas
de la metáfora ni en el sol cansado del crepúsculo
Lima reflejará su angustia. No habrá luz
sino un fogonazo cruzado de los oprimidos.
Se habrán volado puentes, lugares estratégicos.
La huelga revolucionaria paraliza la producción.
Lima es sólo una pieza de ajedrez en el país.
El jaque-mate ya lo ha ido preparando
el proletariado. Y alucino este rumor
de consignas y pasos tropezándose sin ruido.

248
Hay un claroscuro como un cuadro de Goya.
Envuelve a Lima un humo espeso y ocre
nada bello. El parto doloroso y difícil.
Entre la oscuridad salta un puño crispado como un
trazo bien rotundo de Sabogal.
La hora del adiós y la bienvenida.
Llega ya el aire fresco de los pobres.

El año 19 se arrancó las 8 horas. VITARTE 2:1919 / 8 hrs.


La obra del proletariado organizado.
Una conquista sindical y popular.
Miles de obreros (himnos, banderolas,
bandas de música, flores de pólvora)
se desparramaron por las calles cantando
La Internacional, La Marsellesa proletaria,
llenaron parques y teatros con sus asambleas,
cada sindicato legisló la libertad.
Una victoria muy larga llena de sangre
y muertos: en la memoria aún brillan
los cadáveres, las balas rebotaron del pecho
de las mujeres que abrían el desfile.
Rugían las hélices obreras.
El instinto de clase ruge más fieramente.
En la clandestinidad alumbra el sol sin pausa
en la conciencia: el sol de madrugada.
Las paredes se han pintado con consignas.
La carretera de Chosica está bloqueada.
El gobernante ordena reprimir todo signo
de dignidad, todo indicio de pensamiento.
Florecen asambleas populares en la sombra.
Hay más impuestos, todo cuesta más.
El hombre que trabaja no puede ya ni hablar.
Los dirigentes ruedan en las cárceles
extrañados del país sin documentos, reprimidos.
La policía viola domicilios, cartas;
intercepta teléfonos, dispara y quema libros.
Toda acción determina una reacción igual
y en sentido contrario: ley físico-matemática
que aplicada a la política es tan real

249
sólo que en lo social la reacción es doble.
Y Vitarte: barrio obrero, concentración fabril,
lo sabe desde siempre como condición vital.
La Comuna volverá como vuelven las pinturas
del jardín, las flores, la marea eterna.

Finalmente he podido hallarte Giotto. 5 p. m.


& / “silenciosos y tristes frente al mar de Barranco colgados
como ángeles en la noche de Delfín”:
& / “me acariciabas yo bajé tu calzón yo diciéndote palabras como estas tristes
dulzonas”:
& / “todo lo que se le dice a una mujer cuando el amor extiende
sus dedos acariciándonos ligeramente el párpado”:
& / “al final de cuentas el recuento de todo esto es más valioso
que todos los estilos de arena que hayamos podido destruir”.

Apunchao ynca inti yayay Cusco tambo cacho aticcaella sacoc


cachum ñispa charac camac muchascay (inmensa luna de mayo)
quicusi : historia bella como un bosque de manzanos.
Demeter & Enrique: amantes perfectos como un Beethoven.
quispo cachum amatisca amalla sasca cachuncho
aticucpacllas capac camascayqui churascaypi.
El ángel de la dialéctica transforma la noche en amor.
Toda precisión en el montaje produce
velocidad en el mundo: ¿nos alejamos ya
del infierno? Subvenir. Menos insensato que copiar
la Comedia es leerla desechando palabras inservibles
como Infernus para crear un Paraíso necesario al corazón.
Demeter & Enrique van en la marcha alejándose del pecado.
¿Su Dios? La belleza. ¿Su Paraíso? El amor.
¿Su amor? La libertad que ellos levantan tan perfectamente
como esta computadora de flores donde trabajar es ahora delicioso.

Camino del cielo destroce alambradas de púas casetas de


pesadilla torres de concreto
edificios inmensos
como un techo de basura donde todo —amor y belleza esta dulce

250
ternura que pudo florecer
en mis ojos como una lila de furor
estaba tan podrido como lo que no deseábamos producir
para esta vida pero belleza fueron estos largos cabellos
trotando en tus hombros como caballos que se alocan
ahora que dejo de ser para ti un ser
solitario
cuando desnuda
me miras aparecer con mis versos como con flores de ternura en las manos que
te modelan como a un florero
mientras los autos van pasando veloces
en la noche de agosto

y ahora explicar una época a través de una ciudad


que se critica como a un gastado módulo verbal parece un problema
tan hermoso como identificarme con algo

que sin desear


amé a través
de lo que desprecio y al final solucioné esta época sin dejar de
cambiarla como a las flores
del florero de tu cuerpo acariciado ahora en un parque.

3: Cuando nada perturbe tu mundo,


muchacho: la loca energía que mueve tu cuerpo,
Var. d: entonces arroja de ti jeans, casaca,
todo amor es belleza,
y antes de soñar en brazos de tu muchacha
contempla el esbelto cuerpo
que tus manos dibujan.

10:24 a. m.
& / “destrozando las malezas de un viejo libro omnipotente: cojo una
Biblia”:
& / “se observa que llegas gran Isaías / majestuosamente vas llegando como un
joven testarudo”:
& / “entre las olas de muchachos copando los vacíos del P.U. y su barroca
distribución arquitectónica”:

251
& / “sembrando otras flores y otra manera de segarlas: ape­nas acariciadas por la
brisa como un verso lírico”:
& / “Jorge Manrique o Juan de la Cruz negaron sus texturas pa­ra alegría del
mercado”:
& / “hoy no hay esclavos pero ¿si no te vendes te mueres de hambre?”
—los obreros empuñando sus máquinas diseñan un tiempo más bello para un
mundo angustiado como una flor—.

12 a. m.
Y el terror del infierno se abre (imagen en sepia de camio­nes descargando
policías
—un primer plano para el casco: GC/SE):
tiembla el seno de una joven
y grita
(“Abajo la represión”) (coro: “Abajo”) (puños en alto: “abajo”)
(bocas abiertas: “abajo”) (dientes cariados blancos nicotina: “abajo)
(camisas coloreadas abiertas: “abajo”)
(chompas serranas sobre el cuello: “abajo”) (senos hinchán­dose: “abajo”)
—estalla una granada lacrimógena
(toses, ardor de nariz, picazón de garganta, lágrimas: el
flujo no se detiene).
Y grita: “¡Las calles son del pueblo!
¡Hambre! ¡Hambre!
¡Las calles son del pueblo!”

Era el mitin de mayo en el parque Universitario


y entrelazados como lanzas alzadas en el viento íbamos cantan­do el último
estribillo de una oración rebelde:

2: todo amor es belleza,


y antes de soñar en los brazos de tu muchacho,
pon patas arriba tu San Antonio.

10:21 p. m. llamaradas inmensas arden en el centro de Lima.


Demeter desnuda a mi costado —avalancha de flores
son estas lanzas cogiendo el tránsito tranquilo en la Avenida

252
pero en el rápido prisma de mi mente
esta acción se proyectaba como un vuelo de aves
iluminando la posibilidad de una acción concreta: atrapar la realidad
como una muchacha dejándose montar en el
crepúsculo
y forzada a fornicar como una corza
con rocío en la punta de sus pechos: resplandor anaranjado
y un brotar de flores dulces en los muslos:
todos los jóvenes marchaban tan brillantes como esta agresiva
pupila de los pumas
y desnudos como flores en mis manos leían El
cantar de los cantares: Demeter brindándome
sus labios probados como una cereza
era tan hermosa como un swing de Ellington en esta madrugada —una loca
melodía visual como afiches en las paredes—
iluminando a los cuerpos en su eterna ley de atracción: continuamos a través de
toda la marcha y enamorados del arte
como del trigo que florece en primavera:
—ahora hay que correr (¿hay que correr? —abres los ojos).
Te estreché la mano y te dejaste guiar por estrechas calles
como por círculos dantescos
mientras la policía cargaba por allí / por acá / por allí
y ángeles bellos como un Leonardo
revolotean sobre el pavimento: hasta que hicimos frente
y entonces cantamos y arrojamos piedras con las manos.
Ángeles no más perdidos que una margarita en primavera pero
enfrentándonos a las fuerzas del pasado.
Los muchachos se abrieron como un abanico en las calles
y plantados como casuarinas eran un bello proyecto de futuro. Un coro
polifónico lanzando una canción estratégica preferida:

2: todo amor es belleza,


y antes de soñar en los brazos de tu muchacho,
pon patas arriba a tu San Antonio.

y lentamente c/u se fue colocando tras los postes en la esquina bajo los
portales

253
con marcos de puertas talladas suavemente
para poder enfrentarse —una flor, un libro en las manos— en condiciones
superiores a la represión.

1: Quien busque realidad no la hallará


como quien utilizando lucidez se
encontrará transformando lo irreal.

& / dice Isaías: “predicar buenas nuevas a los oprimidos”:


& / “los muchachos de pelo largo iluminando el cielo con foga­tas y carajos”:
& / “han caminado toda la mañana arrojando sus palabras y cantando”:
—transmutando su energía mental en praxis son entonces un va­lor de uso: no un
valor de cambio—.
& son ahora 10:21 de la noche: enormes llamaradas
se elevan de llantas quemadas en todo el centro de Lima.
Toda una época se incendia bajo estudiantes como flores rabiosas brotando para
derrocar la opresión.

(MI RADIO ANUNCIANDO LOS ÚLTIMOS SUCESOS PARECE UN ÁNGEL CON


LA SÉPTIMA COPA DE RELÁMPAGOS DEL APOCALIPSIS:
y apago.
Y enciendo, las noticias: el prisma de mi mente elimina lo fú­til pero
proyecta lo verdadero en esta página.

& / en la escena ondulan armoniosamente cuerpos como flores: & los


colores integrándose perfectamente a la noche son el
verano de los cuerpos:
en el papel estos signos vuelan como navegantes siderales:
& en el diseño urbano esta ecuación entre volúmenes y vacíos es perfección
moral: la noche suelta su telón tercio­pelo enrojecido tras un mar de cabellos
pero a lo lejos
la madrugada es bella: ningún símbolo obstrusivo en la visión: sin la flor
marchita de una retórica envejecida los sujetos esplenden en el cielo.
Ese es el Paraíso: la rosa que florece
fuera de toda persecución.

254
TAKI ONQOY
I. y si no adoraban las dichas guacas o hazían las dichas
serimonias o sacrificios que les predicauan morirían y
andarían las cabecas por el suelo y los pies arriba y
otros se tornarían guanacos venados vicuñas y otros
animales y se despeñarían dessatinados...

Archivo General de Indias, Audiencia de Lima.


cf. Cuaderno de 1571, ff. 32 v. 33 r., legajo 316,

II. Así un libro, siendo él mismo una pequeña máquina,


¿en qué relación, a su vez mesurable, se encuentra
esta máquina literaria con una máquina de guerra,
una máquina de amor, una máquina revolucionaria,
etc. —y una máquina abstracta que las arrastre?

Deleuze/Guattari: Rhizome
I

RITUALES Y TÉCNICAS DE MEDITACIÓN


1

Todo parece la nostalgia donde la noche delira. Permanezco pensativo y


distante a los caballos que vuelan,
el mundo soñado
se pierde tras el yelmo extraño, pertenecí
a una cultura nunca abatida, el tiempo de la soledad
se yergue en la noche donde si el mundo no renace,
aquel tiempo en que fundándose el imperio
para la comprensión de la vida, la organización de los días haciéndose flores, las
flores mariposas como ojos del cielo en
la noche
donde, frente a los cerros, alzamos los brazos
al conversar con la eternidad encarnada en el templo,
para que esta vida nos sea saludable, habitable la tierra por la que transitamos
como por la rueda del cielo
que nos depositó
en el destino, ése ante el que ya no sollozamos,
ni bajamos la cabeza, ni nos dejamos maniatar,
y ante el que ahora, cuando el destino son las ofrendas
donde la huaca florece,
hemos hecho la promesa de las flores de nuestra vida que en el
camino brota
para negar el yelmo, el arcabuz, la horca,
mientras todo renace, el Dios soñado,
este saber antiguo como la primavera
sin el que nuestra vida no tendría el cielo donde llamea el
Tahuantisuyu.

Si la nobleza es el mundo de la felicidad,


allí donde se yerguen las flores, las luces sin el arco nocturno,
este sentirse la imagen
del cielo cuando nuestros párpados contemplan
las aguas que pasan sin que se quedara nuestro cuerpo mientras la imagen
que persiste en la memoria
brota en cada flor, eucalipto, quipu
para la organización de la vida, el arte,

261
preciso siempre, perfecto, alambicado allí donde esta forma contiene
no al alfarero,
su maestría, la tela bordada para que los ángeles,
una recta como un eucalipto, los triángulos donde el horizonte del
mar
son flores para que las muchachas dancen
en cada primavera, al llegar el amancebamiento,
la habitación, el cuadrado verde trazado entre canales, las terrazas
escalonadas
sin las que las llamaradas verdes no vuelan
hasta la cumbre donde estas palabras se depositan,
un haylli, un taki, un haraui en tiempo rosa,
el ondular azul, el tiempo cambia pero no el corazón,
ni la mente deshaciendo aquello que desagrada
a la vida, trae irremisión pero no la perfección
conseguida allí donde un fa continúa a geranios
que, tras la noche, vuelan un amanecer donde la belleza, la tristeza
se hunde,
la nada se hunde, el miedo se hunde, la niebla se hunde,
pero no nosotros ni la sangre hecha una llamarada deslizándose detrás del
destino, un sufrimiento,
extrañísimo, como aquello que no buscamos,
ni deseamos, tras el que hemos situado nuestra mente,
situándonos también nosotros, el corazón, párpados,
manos, Santa María, Santa María Magdalena,
sacerdotisas, habiendo bebido ayahuasca, quienes buscan la
resurrección
después que el mar de la tierra eleve sus olas,
danza, estalla, sepultando el tiempo marchito, los arcones,
dagas, arcabuces, como ahora, esta noche eterna en el corazón,
un mundo sin que la destreza no sería mundo,
ni la eternidad convocar nuestras vidas haciendo donde la
tierra se encuentra con el cielo,
para contemplar las luces de la noche, trazar el vuelo
de un gorrión, bordar piernas cuyos ojos miran a través de
los nuestros cuando
rugen en los cerros, cuando estos cerros somos nosotros,
un templo, la piedra sagrada ante la que un sacerdote
pronuncia su plegaria soñada, alejados de lo irreal,
preocupándonos sólo de florecer en la noche,

262
cuando la primavera sucede al hastío,
y el hastío es haber sufrido apartados de nosotros mismos,
nada se corrompe, el mundo se aleja del hastío
allí donde la vida se acerca a la belleza,
esta sangre, estos cuerpos, esta dignidad conquistada
para las flores
son el trasmundo donde danzan nuestros antepasados,
nada muere, y cada generación se prolonga en la obra de lo
que ahora hacemos
para la gloria de nuestra sangre, sabiéndonos nobles, bellos, honestos,
porque el tiempo de la felicidad
renace en nuestro mundo.
Todo aquello que vive me conduce al Tahuantisuyu.
Subí hasta lo alto de un templo de Pachacamac para encontrar
la civilización:
barbarie, contumacia, desorden destruyen la primavera.

¿Qué hago aquí? Rosas: eso es lo soñado en setiembre,


el Dios al que imploro, busca la perpetuidad de su sangre encontrada entre las
flores que brotan, después que el cielo se
desgarrara,
en Pachacamac donde si Pachacútec despertase el mundo
se apartaría de su desamparo, como ahora nosotros solitarios
que contemplamos las constelaciones bordadas en la noche
alejamos la soledad, la tristeza, el suplicio, deslizándonos
hacia la primavera donde nada se aleja de su lucidez,
ni se desesperan las azucenas, ni el tiempo es el enigma
en el que sollozan las rosas, ahora cuando, la mirada perdida
en el horizonte,
pensativos, contemplamos un infierno de garfios,
un horizonte sin rosas, tras cuyo espectro pueda aparecerse
nuestra belleza,
nuestra locura presentida tras un valle de azucenas,
las montañas, altas, majestuosas, entre cuyas piedras brotan
estas flores desgarrándose
en la herida de un guerrero, la selva espesa
entre cuyas catedrales de extravío nada, ni la noche,
la nostalgia, o lo extraño se deteriora, un mar verde como un

263
manto Paracas,
una tempestad de flores donde el hastío se destruye,
se destruye la nada, el olvido, la envidia,
el tiempo cambia pero no nuestra sangre, que brota en la noche,
triste, acongojada, silenciosa,
para desear que, tras de aquello
que desde lo alto del templo contemplo,
se aparezca la vida, o su concepción,
esta tempestad de perfección,
una fábrica de lucidez, la matemática sentimental,
cuando los calendarios destruyeron el desorden,
el quipu, perfecto y manusible, registra la riqueza imperial,
el arybalo lleno de chicha, hojas de coca donde se concentra el
enigma, el mundo
deseado apartado a lo tenebroso, salta,
como un puma montés, entre caravanas de náusea,
ingresa setiembre, apoderándose de las rosas,
un mundo de insurrección, el incario que vuelve
como la primavera, el verano a posesionarse de la realidad
que permaneció, atenta y distante, en la mente,
el corazón desgarrado de retamas, sangrante,
eterno, florece en mis manos, rueda entre los peñascales, mezclándose el mar
cuyas olas recibe una mujer que abluciona su
cuerpo,
sin pecado original, sin vergüenza que ocultar,
sin ausencia de poder, la estirpe, perfecta y admirable,
florece en el templo del cielo primaveral,
desde antes de la noche, desde muchísimo antes del suplicio, después de la
noche, cuando la música se apodera del cuerpo para ser llama en el paisaje cuyos
eucaliptos, al florecer
en la noche, son este arte de contemplar la vida,
la historia que vuelve como una rueda celeste,
este meditar, solitario, zamaqueado, envuelto en llamas,
ahora, cuando sumido en mi laboratorio de introspección,
contemplando
el horizonte interior, dialogo con Dios, el tiempo,
el cielo, para implorar equidad a estas tierras,
implorar el tiempo de la justicia a estos hombres,
implorar el tiempo de la felicidad a este mundo,
hasta que, hecho una rosa, y habiendo rendido culto a Pachacamac,

264
yo también me reintegre a la mitología de
setiembre.

Y millares de campesinos como sauces que brotan


en el pequeño poblado llegaban con banderolas y hoces: 1º de
Mayo.
Dirigentes obreros tan pobres como el micrófono cogían
el micro y en Quechua blandían el Machete de su protesta.
Las mujeres (polleras verde amarillo violeta) en quechua
se dirigían a las mujeres y el dulce cielo celeste ardía
como una franela rosa desplegándose en la noche estrellada. Ni doblegados
ni tristes:
imponentes
como una lenta montaña que avanza
y en masa compacta avanzaban
—BRONCAS VOCES QUE CANTAN / GRUESOS PUÑOS EN ALTO
retumbando como flores insubordinadas entre peñascos
y cumbres donde un sol espléndido
como una hoja sin pausa se pone
a picotear sin piedad: —Camaradas, en 2 arcones de hierro
duermen 50 Máuseres (voz pausada y gesto seguro):
50 Máuseres con un agujero en la recámara.
—No importa camarada los técnicos los reacondicionarán
a las particulares del terreno.

Un viejo sótano oscuro


una pequeña ciudad provinciana
CORO un valle que se lo traga el infierno
y la gente que dice que no
y que no y se envalentona.

C./l.: El delegado campesino tiene un mensaje.

265
Dlgd./c.: Hemos preparado cuidadosamente
como un reloj esta huelga
y los cc. de la organización se han portado bien.
C./2: Continúe camarada.
Dlgd./c.: Sin embargo recién empieza, como se dice, el bailon­go. Los
terratenientes han traído bandas armadas y es seguro que el
suprefecto ya mandó llamar a la GC.
Pensamos que frente a esto tenemos que actuar de otro modo.
C./3: De acuerdo, camarada. En principio no hay que desesperarse. En
principio debemos saber que no sólo en situa­ciones favorables sino
también en condiciones adversas podemos y debemos desarrollar
mejor nuestros reflejos.
Dlgd./c.: El comité de lucha me ha propuesto que consiga armas para
defender nuestra huelga.
C./2: De acuerdo camarada si ello es un deseo de la mayoría:
las conseguiremos. Hemos organizado ya el apoyo y vamos a
combinar la lucha legal con la ilegal.

Nuestras armas están


CORO en las cartucheras del enemigo.
Estas armas están
a un paso de nuestras manos.

Chocné: el último paquete (dijo, mientras una linterna cubierta con un arru­gado
pañuelo lanzaba una debilísima luz que, sin embargo, des­pués de unos
rápidos 12 o 14 minutos: no más, emergía entre los ojos golpeados por
las tinieblas como un poderoso alicate destro­zando suavemente cerraduras
y armarios, escritorios y estantes, anaqueles llenos de óxido y estos dos
viejos arcones: —cedro —ha­bían dicho y por todo comentario—, pero
los han forrado con fie­rro —por cuyo pesado pero incuestionable vital
contenido se esta­ban ahora —noche triste de sábado y jaranas que como un
sueño estallaban a lo lejos— jugando la vida o la cárcel, la comodidad de
una cama, los estudios, un mendrugo de pan, o el tener que vivir perseguido
como una alimaña toda la vida mientras la policía te pone tu foto en los

266
diarios y te ponen un alias, te fichan, violan tu domicilio, queman tus
libros, le hacen la vida imposible a tus fa­miliares). El nudo está medio
flojo, agárralo fuerte.

Pedro: (contuvo un poco la respiración justo en el momento en que reci­bía en su


antebrazo, que hizo un gesto leve y decidido hacia abajo —los bíceps se le
endurecieron— como para amortiguar unos 25 ki­los de peso, los últimos 5
fusiles que colocó inmediatamente en bloque contra su pecho mientras con
el otro brazo, en cabestrillo, los sostenía para dirigirse luego —con paso
ahora un poco cansado pero seguro, sudando a chorros por el esfuerzo— al
patio trasero: patio sembrado con cajas de basura, cáscaras de huevos
podridos, botellas vacías y sucias, puchos de filtros quemados —el piso en
el que se acumulaban estos desperdicios y residuos de toda especie no
había sido barrido, se notaba a la legua, por lo menos veinte años— donde
en lo alto de una descascarada pared revestida con yeso y con manchas de
algún lejano conato de incendio sobre un rosa ya viejo y como nicotinado,
coronada a su vez por algunas hileras torcidas de picos rotos de botellas
antiguas de cerveza y trocitos de vidrio hundidos en una gran costra de
barro seco, lo esperaba Túpac que, previamente, había tenido que sacarse
el an­cho descostrándola, abriendo cuidadosamente una brecha —ochenta
centímetros bastaban y sobraban para poder pasar los fu­siles por allí: había
calculado— entre tantos vidrios que ya casi le habían descolgado la goma
de las zapatillas, limpiándola en fin con esa meticulosa aplicación
característica de quienes cuando tenían un trabajo que hacer —cuando
sobre todo del trabajo depen­día, como en todo trabajo surgido por una
necesidad vital e inme­diata, el éxito en la acción de la célula— lo hacían a
cabalidad y hasta sus últimas consecuencias: —milicos de mierda, milicos
conchesumadre, hijos de puta, abusivos —escupió a un lado—¿por qué no
se meten con los blanquitos? ¿por qué? ¿a los blanquiñosos si les tiemblan,
no? allí sí se bajan se chupan se aperran pero cuando vienen aquí son unos
káiseres unos mandamases unos sobrados sacan pecho insultan a las
mujeres las tratan peor que a putas les bajan las faldas patean a los escolares
los hacen cuadrarse mar­char por las huevas los ponen a barrer las calles las
letrinas a los más rebeldes nos ponen como cojudos a marchar los domingos
los días de fiesta se creen la divina pomada y todos, no todos: al­gunos, esos
pituquitos esos que tienen puestitos en el Estado los que sólo conocen de
tarjetazos los que ponen sus edificios sus co­fres de perlas sus toallas tan
tibiecitas como los asientos de sus ca­rritos que porque los tiempos han ido
cambiando y nosotros h.l.r. dudan están inseguros los platudos los saludan
los soban les invi­tan un traguito le dan su damajuana les traen sacos de

267
papa ca­mote coliflores pichones gallinas chanchos y chanchos gallinas eso
es lo que son igualitos pues que los tiras esos rayas creídos y abusivos que
con la paradita que tienen se creen dueños de todo y cuando se enchatan se
la agarran con uno con cualquiera el más humilde y nomás te sacan su
placa pa sacarte la plata te amena­zan te gritan por gusto te quieren llevar a
la cana te pisotean te in­sultan y están en combina con las dicen “fuerzas
vivas” pendejas serán con los gamonales los ricachos con los tombos
aunque con estos tienen sus roces ¿no ves que se creen más que tombos
coju­dos? ¿no ves que tombo anda arrastrado echándose hasta ante el tira
más aguardientoso? pero roces de falsedad será porque cuan­do llega la
Leva todos se ponen de acuerdito subprefecto alcalde notarios jueces
milicos fascistas comisarios PIP y GC tiras y tom­bos para hacer batidas en
las haciendas chacritas cerros caseríos distritos barriadas poblados ciudades
puertos caletas y llenar cár­cel pidiendo papeles a pueblerinos muchachos
campestres pesca­dores obreros mecánicos vendedores de baratijas aceite
de cule­bra mercachifles escolares caras de serrano recién bajaditos son
cercados como ganado a la salida de sus chambas talleres algodonales
fábricas tambos tiendas los sábados domingos en la noche a cualquier hora
día de la semana por sorpresa papeles carajo y tu­vieras o no tuvieras papeles
a punta de metralleta te llevaban con Belaúnde más todavía a la comisaría
te empapelaban en calabo­zos todos sorteaos, todos sorteaos, tudu pinta
serranu sorteau puis y si nuay platita chivilinis a Lima puis, si nu tienes
vara a Li­ma puis, si nu das cincu ucho jornales pal patronato uncial a Li­ma
puis, tudu el mundo pa Lima puis y cumu nuay chamba pa Lima puis,
servir patria dicen, servir patria puis y quién mante­ner familia dar pal
papeo, cun prupina puis dicen, ¿y prupina al­canzar? dicin puis, ¿y tú ceer
patria? patria puis, ¿y qué te da pa­tria?... puis, ¿entonces pa qué hablas
patria? patria puis, ¿y nu te gusta mujer? me gusta puis, ¿pa que te cierras
en patria puis? de­fender patria puis dicen, ¿y quién defender mujer hiju
chacrita?... ¿quién defender Ayllu comunidad acasu fascista tombu
blanquito? nu sé puis, ¿acasu tombu buina gente blanquito porta bien? nu
sé puis, ¿acasu serranu nu es juguete pa blanquito nomás?... ¿acasu pishtaco
nu hace grasa de avión con serrano perdido en pampa puna?... ¿no ves que
pishtaco nústi tiene buina casa buin papeo?... ¿no ves que blanquito engorda
y engorda nomás?... ¿no ves que pishtaco súlu quiere carru engañándute
trampeándute?... ¿acasu tu amigo fascista? nu puis, ¿tú papear con
blanquito? nu puis, ¿entonces pa qué hablas patria? ¿nu ves que es para
sacar utilidad de ti? ¿nu ves que pishtaco ruba y ruba por que no tiene
originalidad? ¿no ves que pishtaco es perro supaypa fachistoide? patria de
blancos será patria de mentiras de supayapas patria pish taca pa joder

268
nomás sirve para fregar pa que vengan tombus y maten paisanos se lleven
chuño vaquitas te metan en cárcel abusan mujer te castiguen pur gusto
insulten ¿acasu no saben quí li pasú al Gabriel cúmu se perdió la Graciela?
¿acasu nu viste cúmu entraron trapas al Ayllu cúmu destruyeron tudito?
¿acasu no viste que blancos fascistas cumandan tropas? entunces pa qué
ha­blar patria patria de blancus será y nosotros querer patria de tra­bajadores
nomás y caraju caraju llegaba la leva y el que no salía embalau comu un
pedu pal monte o no se iba a esconderse con el compadre en la quebrada se
lo cargaban a la cómica y allí se jodía por serrano por zambo por cholo por
negro por cholo por pobre por recién bajadito por huele a huanaco por
tienen alas de gallinazo por su pinta su apellido y estos tombos abusivos y
estos tiras chuchasumadre estos cachacos milicos fascistas maldecidos
estos subprefectos que están con Apra o Belaúnde y con Belaúnde Perú se
hunde, Haya canalla, Bedoya trampoya y empolla estos perros pa lo único
que sirven es pa disparar sobre el pobre, como son chupamedias de ricos
entonces se creen ricos y abusan con los po­bres, como son perros de ricos
y por eso ahí mismo entraron con inmorales entonces muerden al pobre,
milicos generales mojones de mierda la gente no es tan cojuda como
piensan, no, estos mojo­nes no piensan, tienen un excusado en la cabeza
tienen corazón de serpiente alma de perro cuerpo de chancho y balas contra
el pueblo esto es lo que son los fascistas tiras torturadores tombos prefectos
subprefectos estos blanquiñosos pishtacos que creen que las cosas no
cambian y los ricos siempre seguirán tan ricos y tan con sus edificios y
carrazos de siempre, pero no, tan bien quinceados, tan bien huevones,
huelga hemos dicho y huelga es lo que vamos a darles huelga revolucionaria
huelga armada —rezongó para sí Tupac envuelto en la fresca camisa del
cielo de octubre, agazapado en lo alto de un muro más grueso que lo
corriente y desde donde podía dominar, sin ningún problema, tanto el espa­
cio que ocupa ese espacio pestilente —en el que seguramente se meaban
cuando estaban borrachos estos chanchos fascistas uni­formados— como el
que desde allí se iniciaba —en la calle espera­ban dos camaradas con la
maletera del auto abierto en la que iban metiendo, sin ninguna concesión a
la lentitud que, por otra parte, tampoco se podían permitir, el producto de
lo que el comando 1 le estaba expropiando— y se extendía, más profundo,
por sobre la triste y la serena noche campestre de Cañete esperando los
fusiles que Pedro habría de alcanzarle, pensando en su vida pasada y fu­
tura, más decidido que nunca a que el fuego de su corazón torpe­deara los
cielos y se fundiera en una sola brasa inextinguible con la lucha de todo un
pueblo): Apúrate con el resto, necesitamos tam­bién todas las libretas que
encuentres.

269
Chocné: de acuerdo (el silencio tronó como un látigo que había que eludir
a como dé lugar. La serenidad en esta como en cualquier otra pa­recida
circunstancia era una cuestión no visceral ni personal —la linterna saltó y
se cogió como una mandíbula hambrienta a las chapas del primer armario
de la izquierda—, tampoco tenía que ver la serenidad con algún tipo de
conturvenio con la nada o con algún otro tipo de concepto sectario: en la
acción —en todo tipo de acción encaminada a satisfacer el encargo social
de la historia— es­to más que una pura cuestión funcional era una pura
función tra­ducible en términos de eficacia. De lo que ahora se trata era
del lenguaje de la eficacia —no de la utilidad ni del pragmatismo, sino
de los efectos que inutilizan la realidad —abriendo paso a la ver­dad de lo
real— como consecuencia de la marcha de una teoría y de su estrategia.
“El corazón ardiente y la cabeza fría” —lo recordó pero no tenía necesidad
de recordarlo, corría por su sangre desde que se sumergió en la lucha
como el insistente golpetear de su propia sangre en las venas de un pulso
seco y firme. “El corazón ardiente y la cabeza fría” hubiera parecido una
frase más entre otras frases, en otros tiempos, con alguna película en sepia
—pero ahora, cuando la historia apremiaba y no se tenía ni tiempo para
dormir, no era ni un lema ni una frase más: era como la propia linterna que
ahora tenía en su mano proyectándose azul —pensó que allí se escondía
sin duda más de un tapado— sobre la rocambolesca cerradura del armario
metálico. La rapidez —aunque no la precipitación, a la que siempre su
instinto salvaje le aconsejaba imponerse y a la que había combatido muchas
veces sin éxito— no podía sino medirse —la rapidez en él no era menos
intensa que sus párpados cuando se entrecerraban— por la capacidad para
sortear los accidentes posibles o no en el ejercicio de los actos y ahora
ha­bía que ser, costara lo que costara, eficaz —un diestro manejo del
desarmador pudo eliminar rápidamente cuatro tornillos de la ar­mella que
sujetaba el candado en vez de haber perdido inútilmen­te unos minutos de
más tratando de serrucharlo—. Esta eficacia no entraba, como ya lo había
dicho otras veces, en el terreno inservi­ble de la precipitación: no obstante,
tampoco significaba —todo lo contrario— una evasión al problema de la
velocidad. Quien era efi­caz era porque había actuado al problema de la
velocidad. No era este pues un momento apropiado para el nerviosismo:
tiempo de sobra tendría luego, y eso —cuando hubiera cumplido con
su tra­bajo— para relajarse, ahora no: —mierda —dijo—, aquí sólo hay
lega­dos —pero había más. Viejos paquetes de La Crónica y Libertad
Empresarial fuertemente amarrados en cruz por una piola se arrumaban,
amarillentos, llenos de polvo y telarañas en uno de los compartimientos
del sucio armario que exploraba: esta mier­da, como todas esas notitas

270
de brindis y agasajos capitalistas, no le servía para nada: a todas luces el
papel higiénico —respetando la dignidad del papel higiénico— ofrecía un
uso más adecuado y natural a las necesidades del cuerpo. Y por el brusco
relámpago secreto de su linterna girando —el sucio crema sarroso de la
pared soportaba las huellas de clavos que habían sido desclavados, esas
pequeñas erupciones de yeso que indicaban que alguna vez allí se tambaleó
el marco de una foto que por alguna razón cambió de lugar o había sido
arrojado a la basura— y desviándose hacia arri­ba —saltó un kepí, saltó
un uniforme, saltó una corbata, saltaron los tallarines dorados de unos
galones, saltaron las condecoracio­nes, saltaron las cintitas coloreadas,
saltaron los grandes contra­bandos: un presidente cualquiera del Perú— y
bajo —el zócalo en mayólicas ocre estaba lleno de esputos verdosos y
resecos— y nue­vamente arriba —en el vértice de la esquina que soportaba
el techo colgaba unas madejas espesas y blandas, sedosas, blanco perlado
en la que unos puntitos negros irradiaban locamente los hilos de una red
que ni la andanada de carajos, lanzada cada cierto tiem­po, ni la escoba
había podido desbaratar— y un poco más allá, en la misma línea pero bajo
el foco del milico o lo que fuera se retor­cía, como un animal hambriento, el
escudo peruano —fauce en vi­gilia, cuerno donde volvía a derramarse una
pus maloliente y devaluada: —pobre Perú— se dijo. Abajo un escritorio de
metal tipo 501 destartalado y sin un ápice de gracia se inclinaba como una
tortuga coja y maloliente: —los sellos —pensó, pero no hizo ningún gesto
pues se podían rehacer en menos de un dos por tres y la muñeca, aunque
inexperta, poseía una precisión que en otras oca­siones había demostrado
ya ampliamente en lo que a la fabricación de las molotov tanto como a su
colocación le concernía, con­tinuó girando rápidamente hasta desembocar
intempestivamente en las grietas de un túnel lóbrego y oscuro —un largo
pasillo que conducía al baño, se dividía en dos habitaciones que recorrieron
apenas entraron y terminaba, finalmente, en el patio trasero por donde
habían saltado para establecer allí entre el basural y la deli­cada complicidad
de la luna un primer angustioso y quizá decisi­vo cuartel de mandos para
el operativo—, mientras al lado, en un mástil clavado en un pequeño pero
macizo taco de madera —un pésimo gusto lo había colocado allí para que
sirviera de marco con la puerta— un trapo de satén rojo descolorido al que
atravesa­ba una franja blanco amarillenta en cuyo centro volvía a destacar­
se, aunque en tamaño reducido, ese mismo zorro hambriento pe­ro esta vez
con algún lema alusivo a la patrona de algún caserío colgaba en forma
de rombo. La bandera peruana era lo primero que agujereaban las balas
del ejército fascista y de la policía cuan­do éstos iniciaban la represión de
cualquier manifestación, y era lo segundo que —junto con sus portadores—

271
pisoteaban sin mira­mientos: —humjú —la débil proyección azul volvió a
agarrarse a dentelladas sangrientas con los perros guardianes de chapas,
ar­mellas y candados desaforados que sólo alcanzaron a soltar unos cuandos
“cruc” “cruc” “cruc” nada sensuales en el momento en que una ligera
placidez sudorosa se extendía por su entraña—, aquí están —y allí estaban.
La linterna había parado en seco los músculos, tensos, trabajaban. Armario
revuelto, ocho segundos. Una cuestión de oficio, como la del mecánico que
a un sencillo pe­ro eficaz golpe de vista sabe dónde está la falla y cuál es
su traba­jo. Extendidas, sin doblar se apilaban en pequeños paquetes unos
tras otros las L.E. de cartón claro con fondo verde y sufragio per­dido: una
bolsa de plástico grueso se abrió justo para embucharse todo lo que quiso
embucharse —aquí no cabía ningún tipo de chá­chara, ningún discurso que
no se ajustara con precisión a los diversos momentos de la práctica— y
antes de volverse a cerrar un par de ágiles pasos ya se habían clavado
como un puñal en la me­sa del escritorio —relampagueó una ganzúa como
una hipodérmica ante el ojo de la linterna y se introdujo en el tercer cajón
de la derecha —donde dormitaban, sin duda, lo que a veces se desperta­ba
entre bostezos crueles y roncos: —humjú —la bolsa se abrió una vez más,
engulló lo que tenía que engullir, se tambaleó en la ma­no y ya no sería
abierta sino mucho después. Enfocó luego hacia el lóbrego pasillo, unos
pasos imperceptibles se acercaban).

Pedro (volviendo): ¿ya? (La voz tembló con un ligero tono impaciente):
¿sacaste el resto?

Chocné (con una bolsa en la mano): todo.

Pedro: entonces vuela (hizo un leve gesto con la cabeza). Tenemos


reunión de célula dentro de una hora.

¡¡¡ AL PUEBLO DE CAÑETE !!!

Ante la represión que vienen ejerciendo los gamonales, las autoridades


locales —léase GC y PIP principalmente— y demás adulones contra el pueblo
trabajador en su conjunto y contra los trabajadores del campo en particular, ante
la miserable explotación (bajos salarios que ya no al­canzan para nada, tratamiento
inhumano) de que venimos siendo vícti­mas los trabajadores todos; ante la represión
social (inestabilidad labo­ral, despidos de dirigentes sindicales, desconocimiento
de sindicatos) decretada por el régimen títere de Morales Bermúdez; ante el alza

272
del coste de la vida, la carestía de alimentos y el quebrantamiento de la eco­nomía
familiar, las organizaciones populares y sindicales cañetañas ha­cen un llamado
clasista al bravo pueblo de Cañete para profundizar la lucha a muerte contra la
dictadura militar antipopular y vendepatria —tal como en un pasado reciente lo hizo
al apoyar a los guerrilleros que lu­charon contra la dictadura parlamentaria de los
agentes gran burgueses Belaúnde, Haya de la Torre, Villanueva del Campo, Odría
y Bedoya—, a reprender el combate victorioso contra este gobierno hambreador y
bu­rocrático nucleándose en torno a la huelga de los proletarios agrícolas y de los
campesinos sin tierra que vienen luchando heroicamente contra el gamonalismo,
la gran propiedad y por mejores condiciones de vida para todo nuestro pueblo.
Cañete es un valle rico en recursos naturales que, debido al régi­men
capitalista imperante y a la llamada “economía de mercado” dicta­minada por las
grandes empresas transnacionales, ha sido sometido a una agricultura exportadora
de sus materias primas... [Después de estre­mecerse, frenar y volver a estremecerse
al auto saltó como un disparo guinda en la cruda carne de una madrugada inaudita.
Una cuadra más allá, justo antes de chocar con El Paso, dobló en primera por 9 de
Di­ciembre: —pucha, el burdel que se va a armar cuando...
Un dedo apretó el botón de la guantera: —léete esto primero (Ante la represión
que vienen ejerciendo los gamonales, las autoridades locales...) —el consejo sonó
como las gotas de una amarga recriminación rebotando y disolviéndose en la dulce
música que lentamente se escapaba de la radio encendida a bajo volumen esa
noche fresca y tranquila, clara y profunda como son en primavera —manzanos,
duraznos, jazmines llenan con su perfume los aires que acarician el rostro del que
noctámbulo sale a to­mar el fresco en las calles todas las noches de este valle febril
y hermoso.
Tan hermoso que cuando la naturaleza repartió abundantemente sus virtudes
entre la accidentada geografía donde se había aposentado nuestro pueblo, debió
haber estado locamente enamorada de algún muchacho cañetano pues —no es
por vanidad, pero la literatura oral de esta región así lo confirma— en lo que a
belleza y a riqueza y a calidad se refie­re este valle no podía dejar de ser comparado
con cualquier otro hermo­so valle de la tierra. Sin embargo, el chico —como,
por lo demás, todo buen Adonis que se haya construyendo sus armas— debió
ser, también, no tímido pero sí arisco y rebelde: la falla geológica en Mala (y
su reflejo en el zócalo continental, a cientos de metros de profundidad en pleno
mar), que eran la causa de muchos de los temblores y terremotos que asolaban la
zona de la costa central, no debía interpretarse sino como un coqueto recurso de
Venus para recordarle a los hombres que el sentido último de la vida y de todas
las cosas en esta tierra era la creación que surge por el trabajo. Que el trabajo se
encontrara ahora alienado, que existiera capitalismo, que existieran residuos de
feudalismo, que incluso hubieran hasta formas de esclavitud indirecta —ahora a

273
cuatro quinque­nios del próximo siglo— eso ya no era problema de la naturaleza
sino de los propios hombres que tenían y debían (cuanto más antes mejor) resol­ver
sus propias contradicciones. La naturaleza había cumplido, y estaba cumpliendo,
con lo que no podía dejar de cumplir: tierra, agua, plantas, mares, noches dulces
y ardientes. En cambio, cuatro animales (la gran burguesía) querían echar a
perder este portentoso designio humano y de hecho se habían apoderado ya (estos
mismos cuatro animales, mediante trafas y guerras) de la tierra y de todos los
medios e instrumentos de producción en y con que centenares de miles y millones
de hombres trabajan. Para resolver este asunto pendiente, para poner las cosas
en su si­tio (llevar adelante la guerra contra la burguesía y destruirla) además de
para llegar a enamorar totalmente a la naturaleza (para acostarse con ella por
completo), miles de hombres trabajaban organizados como células, partidos,
sindicatos, movimientos de liberación ecológica en toda la tie­rra, a esta misma
hora, empleando métodos adecuados para cada caso.
El comando que a toda velocidad había doblado —hará tres segundos—
por 9 de Diciembre se había propuesto como su meta más inmedia­ta castigar y
expulsar a la burguesía y a los gamonales de Cañete.
—... “estos mismos intereses gran burgueses” —leyó en voz no muy alta
Isidoro— “impiden la industrialización de nuestro valle pues la riqueza que
producimos se la llevan lejos de aquí”.
—Correcto —dije—. Pero una vez satisfechas nuestras necesidades el
plus producto debe distribuirse de acuerdo con las necesidades de la economía
nacional.
—Bueno, eso es exacto hasta un cierto punto —terció Pedro—. Un gobierno
popular, un gobierno de los proletarios primero tiene que planifi­car la producción
a escala nacional de acuerdo con los intereses de cada región pero teniendo en
cuenta que cada región debe supeditarse a los intereses de todo el pueblo.
Las llantas chirriaron...] con el consiguiente detrimento económico para su
población.
La riqueza producida por el pueblo de Cañete es succionada vorazmente
tanto por los terratenientes como por los monopolios encargados de la compra—
venta e industrialización del algodón a la vez que es utili­zada para sostener a
la burguesía agropecuaria y a su régimen central que... [mientras desembocaban
virando otra vez en ángulo de 90° en la espejeante brea oscura de la Panamericana
Sur: —eso —señaló a su iz­quierda levantando los ojos del volante que a partir de
ese día iba a dis­tribuirse profusamente entre la población de Cañete (una lucecita
roja se encendía y apagaba intermitentemente en lo alto de una antena que, co­mo
una lanza larguísima, se clavaba en el corazón de una caseta color beige llena
de turbinas y motores Diesel: “eso” —que con tanta rabia, una rabia ancestral y
terrible, había señalado Isidoro— era, naturalmente, la pequeña central eléctrica

274
de radio ERPA, uno de los tantos tentáculos —el cerebro quedaba en Piura— de
la empresa eclesiástica del Opus Deis que aparte de difundir rosarios, sermones,
y jaculatorias no se dedicaban a otra cosa que a rezar entre los campesinos más
pobres)— tendremos que volarlo pronto —se apresuró a decir, cargando el acento
en el vocablo vo­larlo, cuando ya no era más que un punto indistinguible en la
distancia.
—Copar la radio sería más correcto, camarada —cortó Pedro.
—No. Volarlo, volarlo.
—Usted se equivoca, camarada: eso sería lo último que haríamos y eso.
Además los del Opus Dei están perseguidos por los fascistas.
Con un cierto regusto amargo en la boca agregó: —los instrumentos de
producción también son nuestra arma...] como todos los gobiernos que hemos
tenido hasta ahora en nuestra expoliada república, es un régimen de turno al
servicio de una economía oligárquica.
Nuestra tierra, Cañete, se ubica en la estructura neocolonial de la sociedad
peruana desarrollada fundamentalmente sobre la base de la feudalidad existente
en las partes altas y en las serranías de Yauyos, Canta, Matucana y Huarochirí que
aportan abundante mano de obra ba­rata. Nuestras tierras de cultivo alcanzan las
24 000 hectáreas pero se en­cuentran en manos de la gran propiedad terrateniente
y de los medianos propietarios en la proporción siguiente: 1) gamonales, 35%; 2)
cooperati­vas estatales, 33%; 3) pequeños propietarios, 17%; 4) medianos propieta­
rios, 15%; lo que hace que cerca del 70% del área cultivada, y hasta el porcentaje
restante, obedezca al gran capital financiero gran burgués que sólo tiene interés en
los llamados cultivos industrializables (algodón fun­damentalmente).
Sin embargo, estos mismos intereses gran burgueses impiden la
industrialización de nuestro valle pues la riqueza que producimos se la lle­van
lejos de aquí. Esa riqueza vuelve después en forma de productos manufacturados
e industrializados (ropas, telas, zapatos, aceite, jabones, etc.) de por sí ya caros
y a precios exorbitantes, dejándoles una amplia ganancia multiplicada a un
porcentaje inimaginable a los monopolios intermediarios. Por otra parte, nuestro
valle tampoco puede capitalizarse debido, entre otras razones, al altísimo costo
de los intereses bancarios para el crédito agrícola (al 31% como promedio), a los
excesivos impues­tos cobrados por el Estado (17% a la exportación y 22% a la
renta), al pa­go de la deuda agraria, a la existencia de distribuidoras de productos
im­puestas en muchos casos por el Estado, como en el caso de la leche que hay
que entregar (15.000 litros diarios) bajo amenaza y coacción estatal a las empresas
capitalistas especializadas en su envasado... [Al llegar a la altura de Dos de Mayo,
el desvío al centro de San Vicente, dos o tres des­tartalados cartelones de neón
suspirantes, por entre los que se pasa bor­deando la plaza de Armas, cuatro o cinco
bares —uno de los cuales permanece abierto día y noche—, se llega a la San

275
Martín y se continúa luego —a través de lo que se conoce más como Valdivia
Alto (5 o 6 minutos a unos 50 km/h) pero también se puede seguir por Valdivia
Bajo, un cami­no estrecho y de tierra, sembrado de casitas sinuosas, pasar por
el viejo Lazareto, cruzar el cementerio que colinda con el estadio, doblar a la
de­recha tras el estadio donde duermen y gimen las putas de un burdel que se
sostienen, canasta de mugre y placer, sobre los bordes de un antiquísi­mo canal de
regadío inkaico, y salir a los mismos límites de Hualcará —hasta llegar a ese bello
potencial de agresividad —los sábados por la no­che las botellas se quiebran en
las mesas y saltan por el aire— encarnado en Imperial y alrededores, disminuyó
un poco su velocidad y el pie— hi­zo un rápido cambio con la palma de la mano
vuelta hacia arriba (Ferrus, como todo socialista probado en innumerables luchas,
en contiendas innumerables y sinfónicas era impenetrable tanto como imper­
turbablemente frío en sus decisiones aunque sus ojos centellearan como piedras
profundas e indescifrables) sin perder ni una gota de la un poco relapsante conversa
(había actuado, es cierto, aunque fría ardientemente en todos los detalles para el
logro de un trabajo eficaz y contundente pe­ro en cierto modo la alta tensión a la
que estuvieron sometidos se disten­día —los asientos, el balazo guinda en el que
habían depositado sus cuer­pos se estremeció ahora— suavemente como la tierna
pincelada de un co­mentario aquí, el meditado toque a cello de otra acotación allá)
pues consideraba como un deber ineludible intervenir ya para poner orden o zanjar
en contra de lo que podría considerar incorrecto (aunque desde luego tampoco
ello lo eximía, en modo alguno, de la autocrítica)— volvió a presionar con no
demasiada suavidad la plantilla del acelerador y el motor a explosión, las gardenias
y turbinas en marcha, el cielo profundo y extenso, las escrituras multiplicadas, las
sintaxis de fuego y la semánti­ca como velocidad controlada: orquesta que como el
universo delicadísi­mo de una flor tanto como la turbadora energía de esta flor de
un uni­verso en el que acción humana es conciencia, corola de hermosura y co­rola
tan incomprensible como el asombro que por asombro inventó lo incomprensible,
se abría o abría, enrumbaba, volvía a enrumbar y enrumbaba por una noche que
se desesperaba como los cuadros de una pe­lícula en que el desenlace es enlace,
flujo de fuego.
Y continuó velozmente por aquella Panamericana envuelta en el aire salobre
—no menos ajardinado, pero como el ajardinado en que entre los gladiolos se
alzan legumbres y arvejas, que un aire en abonado— de un mar, ahora tranquilo y
plateado, con pequeñas llamas indicando la posición de los pescadores nocturnos,
que años antes (mediados y fines de la década de los 60) había sido brutalmente
expoliado por millares de redes y miles de brazos, espaldas desnudas, pechos
tostados al sol, an­zuelos, camionadas de licor, poleas que trabajan y se elevaban
de entre las olas, dársenas, rompeolas, grúas como cangrejos de metal clavando su

276
garra en el crepúsculo, hombres de voces roncas y ariscas, pieles cur­tidas, barcos
de carga y descarga, toneladas de aceite fétido y amargo, muelles apestando a
pescado podrido, carnadas y nuevos sueños hun­diéndosele como una enorme
mano en las entrañas rosadas y con vege­taciones de coral y revolviéndole y
arrancándole tripas y vísceras, des­cuajaringándole la placenta robusta y fructífera.
Las fábricas de harina de anchoveta surgieron, como hongos voraces, bajo una
lluvia de inver­siones —una imagen ficticia de bienestar se tradujo inmediatamente
en un escape a la realidad de los problemas, a lo largo de toda la costa, y el hu­mo
pestilente de sus chimeneas inundó por algunos años (los escolares de aquella
época no podían ni respirar encima de sus techos donde, bajo un firmamento
celeste y profundo, se ponían a estudiar sus materias) las chacras y calles, los
cultivos, las ilusiones del valle de Cañete. La anchoveta desapareció (o mejor:
fue exterminada en epopéyicas jornadas) y, junto con la anchoveta, volvieron a
desplomarse las fábricas que la proce­saban en Cerro Azul que ya había sufrido
un golpe mortal con la cons­trucción de la misma Panamericana, primero —que
redujo a dos horas el traslado del azúcar a Lima lo que a comienzos de siglo se
hacía en un poco más de veinticuatro—, y en los años 50 y 60 con la tecnificación
del puerto de Pisco —lo que volvió tan remota como la luna la posibilidad de que
un barco de gran tonelaje volviera a atracar en el romántico muelle de Cerro Azul.
Banchero Rossi era, entonces, entre otras cosas, dueño de todo el litoral peruano,
de todos los peces habidos y por haber, disponía como quería de una docena de
almirantes de la Armada y de otra canti­dad parecida de generales en el Ejército,
tres cuentas cifradas en Suiza, el directorio de un gran periódico limeño, vicios
menores y ya iba a meter sus pulcras manos en las recién descubiertas minas de
cobre —una verda­dera herejía para el capitalismo internacional que no permitía
que sus subordinados se apoderaran de rubros estratégicos— cuando, una maña­
na apareció muerto (lo asesinó una mujer en complicidad con un hom­bre y un
alfeñique al que ella, tan buena en la cama como en la oficina, convenció con
el cheque en blanco de una culeadera a las mil maravillas) en su residencia de
Chosica. Pero todo esto había pasado, formaba parte ya de la leyenda popular: sus
consecuencias en lo económico, sin embar­go todavía se sentían.
El mar, entre tanto, esmeralda enorme y con reflejos dorados y matices de
plata y jade aguamarina descansaba, reponiéndose, recuperando sus fuerzas, listo
ya para lanzarse a las grandes tormentas, contra las ro­cas rosadas de una costa
angustiada y empobrecida de pronto. La pesa­dilla había pasado —en el horizonte,
siempre hay un horizonte por donde el sol aparece, los lugareños veían ya la
materialización de sus sueños— y Ferrus continuaba acelerando, en aquella noche
heroica y temible, sobre una pista llena de curvas y camiones que iban o venían
de Lima, contra el tiempo, contra la misma noche que ya terminaba, contra sus
propias ganas de fumarse un cigarrillo —aunque ello le pareciera un gastadero de

277
plata por gusto— pero con mano precisa y perfecta.
—El arma principal es la propia situación estratégica de los trabajadores en
la producción —dijo alguien.
—El poder nace en el fuego del fusil y es el Partido quien dirige al fusil
—añadió Túpac.
—Ello no está en discusión.
—¿Entonces?
—La estrategia y la táctica dentro de una situación concreta, ahora.
Y ahora había ocurrido, estaban ocurriendo muchas cosas en el país.
Ni Túpac ni Pedro, Isidoro ni Chocné se equivocaban. Campesinos y obreros
—presionados por las propias contradicciones que repercutían agudamente sobre
ellos— intervenían y movían las poderosas e inmensas ruedas dentadas de la
historia, tomaban conciencia.
Sobre el pequeño recuadro de metal, en el iluminado tablero de mandos,
la aguja nerviosa e insistente oscilaba marcando 90 100 120...] Lo que hace que
siendo Cañete un valle rico seamos un pueblo empobrecido.
La existencia del monocultivo exportador impide el desarrollo de mejores
condiciones de vida para nuestro pueblo pues los ricos, los gamonales, los
hacendados y sus gobiernos (ya sean estos civiles o milita­res) nunca van a tomar
en cuenta las reales necesidades del pueblo cañetano, se llevarán nuestras riquezas
y se llenarán de plata los bolsillos. Só­lo un Gobierno del Tahuantisuyu, surgido
de las entrañas mismas de nuestro pueblo y en guerra a muerte contra la gran
burguesía y la buro­cracia militar, expulsará al gamonalismo de nuestras tierras,
resolverá nuestros problemas y planificará la producción de acuerdo con los inte­
reses populares.
No es una agricultura exportadora lo que necesitamos sino una agricultura
que convenientemente planificada no olvide sino más bien intensifique la
producción de alimentos de primera necesidad y que la riqueza generada por esta
producción —tanto como la que se genera en las zonas que deberán forzosamente
dedicarse al cultivo industrial— se quede en nuestro valle para de este modo
industrializarlo y tecnificarlo aún más. Nuestra riqueza en lugar de servir a los
festines de los ricos debe emplearse en la construcción de centrales eléctricas,
represas y cana­les de regadío, la canalización del río y de los sequiones ya
existentes, fá­bricas acorde con las necesidades de la producción agrícola y de todo
el país, modernos hospitales y postas médicas con todos sus implementos médicos
y sanitarios, unidades habitacionales bien ventiladas y huma­nas, medicina y
fármacos gratuitos, carreteras asfaltadas que puedan co­nectar todas la zonas del

278
valle, escuelas y universidades gratuitas para todos los obreros y campesinos,
bibliotecas con todo el patrimonio cultu­ral y los últimos adelantos de la ciencia y
el saber humanos, centros de recreación y de diversión, en toda clase de mejoras
sociales y en la crea­ción inmediata de más puestos de trabajo para la juventud
cañetana que hoy día se ve obligada a emigrar por falta de los mismos y por la
preca­ria situación económica en que nos han sumido tanto este como los ante­
riores gobiernos... [100 120 km/h bajo la cáscara de un vidrio duro y transparente,
en la almohada inalcanzable del negro velocímetro ilumi­nado con iridiscentes y
euclidianos listones verdes en el que se prendía de vez en cuando una plaquita rojo
encarnado alternándose —guiños de ojos que las bujía y baterías, los chicotes, caja
de cambios, piñones y em­bragues se permitían intercambiar entre sí— con otra
azul adorable (que indicaba los niveles o densidad del aceite) cuando llegaron,
suspiro inobjetable, destreza reposada y alerta en la muñeca del chofer enfunda­do
en su gruesa chalina de tosca lana tejida a mano doblada y volteada sobre un saco
raído y parchado, a la doble curva en S (la bordeaban una catedral de pinos rocosos
y oscurecidos en cuyas ramas como duras cuerdas de un tierno violoncello atizado
por corazones implorantes —corazones, parejas inscribieron en las cortezas los
maremotos de una cópu­la sin lado— se desprendía, a veces, el fugaz quejido de
un Do mayor cla­vándose en los lomos de un cielo donde como una muchacha se
enlaza­ba con el rocío de un Fa que prendido a la amapola del Re se deslizaba entre
los crocantes pezones castaños de La que ondulándose bárbara­mente caía en un Si
lánguido y morboso como el cálido lago de una vul­va suavemente entreabriéndose
—ploac, gotas de sudor en los pechos y muslos humedecidos... inscribieron en
las cortezas los maremotos de una cúpula sin lado... ploac, entreabriéndose— en
clave de Sol...]
Por ello, la lucha de los proletarios del campo es la lucha de todo el pueblo
de Cañete hoy levantado contra el capitalismo, las condiciones semifeudales aún
supervivientes en nuestras serranías, el gamonalismo y su régimen militar (que
sólo ha servido para llevarnos a la debacle económica).
[(lago de una vulva suavemente entreabriéndose —ploac, gotas de sudor en
los pechos y muslos humedecidos... inscribieron en las cortezas los maremotos
de una cúpula sin lado... ploac, entreabriéndose— en clave de Sol para un Mi
concentrado en la electricidad de los mundos y en el rebosante poder de los
músculos trastornando montañas y despedazando los muros y lindes o roturando
los campos y trabajando en el fuego fe­bril de las fábricas que trae el anarquismo
después de los partos rom­piendo las cadenas que entraban este callado y tierno
entrecortado gemi­do imprudente de unos enamorados perseguidos por la moral
clerical) de Montalván: “Elle a parler des frases sur la revolution d’ octovre” —
oh, qué bonita canción— no me aguanté. A bajo volumen, el tuning de la ra­dio se
había encontrado —baraja de barajas: As— con esta popular chanson francesa:

279
“j’ai feuse dejá contre la tombe de Lenin on irait où café Pushkin...” —oye —dijo
alguien—, a mí también me gusta pero hay que es­tar al tanto de las noticias.
—Sólo un momento —dije.
“La place rouge etait vide je lui presencha...”
Las buenas canciones populares peruanas, las que podían expresar deseos
de rebelión (o que mostraran, también, la rebelión de los deseos) precisamente
por eso y porque a través de su belleza (la que no deja de ser tampoco un arma
infalible) una realidad nada bella se mostraba no se podían encontrar —excepto
en casos o momentos rarísimos (el discjockey se quedó dormido o se pasó de
copas)— en las emisiones de la radio peruana: estaban si no directa tácitamente
prohibidas por el gobierno peruano.
Nathalie se había transformado en un diamante inencontrable y los
corazones chispeaban —café Pushkin, Lenin, su pieza de la universidad—con su
letra entristecida (gotas de un oboe en el maremoto substancial).
—Los patas tienen problemas con sus directivos pero de todos modos pasan
esta canción por las radios cañetanas —dije—
—Si pueden pasarla —agregó Pedro—, está bien. Bueno —se dirigió a
Túpac—, sigue.
—“Por ello, la lucha de los proletarios del campo es la lucha de todo el
pueblo de Cañete hoy levantado” (tono contundente) “contra el capitalismo, las
condiciones semifeudales aún supervivientes en nuestras se­rranías, el gamonalismo
y su régimen militar” —chispas duras y amargas—” (que sólo ha servido para
llevarnos a la debacle económica)”— levantó los ojos...
La única arma contundente que poseemos en estos momentos es la huelga y
apelamos a ella para hacer valer nuestros derechos y para luchar contra la patronal
que ha desatado una feroz represión en el campo mediante su conturvenio con la
subprefectura, la alcaldía, la GC, la PIP y la contratación de mercenarios armados
que ya el 22-9-1978 al mando de los siniestros gamonales Valle Riestra, Alayza
Grundy, Beltrán sucesión, hermanos Ramos y otros dispararon a mansalva contra
un grupo de nuestros compañeros que se encontraban rastrojeando en Cachibana.
Es­to no es nuevo: cada vez que el pueblo sale pacíficamente a protestar lo reciben
con balas. Los cañetanos recordamos muy bien a ese siniestro ga­monal que mandó
acribillar a balazos a los heroicos compañeros campe­sinos que durante la huelga
general de 1965 salieron al frente en defensa de los intereses del pueblo cañetano...
[(—te toca a tí— dijo).
Pedro cogió el volante, Ferrus continuaba acelerando, la noche era fresca
y terrible —tan terrible como un florero de abejas hambrientas— en aquel motor
disparado sobe los portentosos caminos que se acercaban al horizonte.

280
Esta ópera zurda (escritura de actos que impulsaban los mundos, ajetreo y
agitación en el valle) tronaba ahora —violines y campanazos borgoña, máquinas
dominadas por el obrero, cielos y órganos y aperos de labranza, proclamas,
clarinetes, saxos, flores (De pie obreros del mun­do —himno de victoria y de
guerra, tronaba ahora), puños en alto— con más luz y energía que nunca, masa en
acción, izquierda, tronaba ahora en la noche triunfal.
— Espera —su voz sonó tan seca como el choque de dos piedras—. Tú ibas
a decir algo —se dirigió a Chocné.
—Bueno —empezó, y seco y directo:— ya tenemos lo que queríamos
y también —abrió una bolsa y metió una mano en ella— ésto —el frío cañón
recortado de una pistola emergió como un naipe marcado en la penumbra.
—Cuántas.
—Nueve —la llama de un fósforo se alargó en el aire mientras se colocaba
un Belmont en los labios.
—Ferrus, también tenemos nueve pistolas de yapa.
—Señores —Ferrus ladeó ligeramente la cabeza empujándola hacia atrás,
la voz irrumpió suave como una esquirla en un balón de gasolina—, me alegra lo
de las pistolas pero no hay por qué alardear demasiado]...
Frente a esta flagrante provocación, que por otra parte constituye el modo
de ser del capitalismo, no nos queda sino constituir nuestros pro­pios piquetes de
autodefensa, nuestras propias milicias armadas, como una forma superior de la
guerra económica a la que pasa la sociedad peruana en circunstancias en que el
Estado oligárquico se descompone a causa del proceso de neocolonización del país,
en que las condiciones objetivas para el triunfo, de la revolución proletaria están
maduras sobre la base de la persistente, heroica y fructífera lucha desarrollada por
nuestro pueblo contra la dictadura militar antipopular, vendepatria y buro­crática...
[Menos de treinta segundos después un centelleo de colores difuminándose anunció
que pasaban por la primera gasolinera y en línea recta (la aguja oscilaba entre
120 140 km/h) estaban ya sobre la polvo­rienta y oscura boca de Arona (hilera de
árboles que desembocaba en una casona estilo s. XIX, donde había vivido el poeta
que le dio su nom­bre a la hacienda —que fue un regalo del gobierno a don Hipólito
Unanue—, tras la cual se levantaban los archipiélagos tristes de rancherías, ca­
ballerizas y chozas de mirada perdida y golpeada en los que se podían encontrar
las raíces —amargas, lejanas, cercanas, violentas raíces flore­ciendo— de otros
poetas anunciando los miles de años de hermosura en la tierra).
—Bien —el auto era un dardo clavado en el terciopelo carbonizado de un
paisaje arrasado por bacterias racionalmente producidas (los terratenientes poseían
no sólo pequeños aeropuertos privados, que les servían para el “weekend” y los

281
contrabandos y para que las avionetas rociaran con folidol todos los algodonales
del valle en época de fumigación —épo­ca en que alondras y tórtolas y animales
acuáticos desaparecían por mi­llares, aunque también caían envenenados niños y
campesinos—, sino también su propio laboratorio de experimentos agropecuarios
en el que se producían estas bacterias o se procesaban los datos que cientos
de computers manuales recogían contando hasta los huevos, de las distin­tas
gusaneras)—. El objetivo de las armas se ha cumplido. El trabajo se vuelve ahora
más importante, más delicado, más prioritario que nunca y exige de nosotros —el
pie en el acelerador, la mano serena empuñando el timón a la altura de la siguiente
gasolinera que apenas pudo ser un sus­piro prendido como una placa robada al
parachoques del automóvil (que horas antes fue extraído de una calle de Miraflores)
igual que la vie­ja fábrica de insecticidas (rodeada por alambradas y vallas, techos
in­mensos de calamina) que ya no era más que un esputo deshilachado y oscuro
como una champa de barro en la ventanilla trasera— el máximo de nuestras
capacidades, toda nuestra entrega al Partido del Tahuantisuyu.
El auto (ocho cilindradas, pintura descascarada en la que se consumían
algunos pétalos guindas, motor en buen estado) avanzaba feroz­mente incontenible
como el indetenible proyector de una máquina de imágenes frescas tragándose
kilómetros interminables de negra cinta de brea: —todos estos gamonales, todo
estos ricachos de mierda van a sentir ahora el puñetazo en la cara que le vamos
a dar los campesinos, los po­bres, los cañetanos encojonados —agregó—. Unos
segundos más tarde]... Sabemos bien que cuando el pueblo avanza en la defensa
de sus dere­chos, los explotadores no temen desatar la represión o la guerra de
clases o la guerra civil, o recurren a la guerra contra otros países para exacerbar
el espíritu nacionalista de las masas y desviarlas así de sus objetivos clasistas. El
pueblo hoy, como entonces, no se amilana ni se dejará enga­ñar. El pueblo hoy,
como entonces, se mantiene al margen de estas com­ponendas y manifiesta su
espíritu pacifista. Lo único que el pueblo quie­re es que los fascistas y la gran
burguesía se vayan porque no sólo con la actual dictadura, sino también con los
otros gobiernos que hemos teni­do, se han mostrado incapaces de resolver los
problemas populares y los problemas nacionales. El combativo pueblo de Cañete
—que ya en el pa­sado contribuyó con partisanos a la lucha de liberación nacional
contra el colonialismo español e igualmente integró las montoneras alzadas contra
el poder central—, esta vez con sus braceros agrícolas y con sus trabajadores
eventuales y sin tierra a la cabeza en tanto que fuerza prin­cipal pero en estrecha
alianza y bajo la dirección política de la clase obre­ra, no sólo no se intimidará
ante las amenazas del explotador sino que sabrá responder golpe por golpe a
la represión desatada por gamonales, capitalistas y militares... [Unos segundos
más tarde —unas pocas decenas de metros antes de la entrada al desolado y casi
abandonado pueblo de San Luis— entre el chimar de las llantas ardiendo doblaron

282
a toda veloci­dad con la maletera y el piso de los asientos posteriores repletos de
fusi­les por el bien conservado circuito Soriano en dirección a la gran esplen­dorosa
revolución galopante en la que estaban inmersos desde antes de nacer.

—Esta huelga y —sus ojos poseían ahora toda la inescrutable belleza de


una luna nueva en un cielo despejado— la lucha que vamos a desarrollar a partir
de ella —chispas de sílex—, la lucha armada, será la respuesta práctica de nuestro
pueblo a la explotación, la represión y la incapacidad de la burguesía para resolver
los problemas de la sociedad peruana —un levísimo resplandor violeta anaranjado
se levantaba al fondo, bien al fondo, en el terciopelo azul y agreste configurado
por las estribaciones serranas que como eternas plantas de metal acarician nuestras
partes ba­jas, esa tierna y ardiente sedienta costa peruana]... Estamos seguros que
esta medida de huelga, así como todas las luchas que forzosamente ha­brán de
emprenderse, decretada por los campesinos pobres de la capa más explotada,
por los obreros, los maestros, los intelectuales, los artesa­nos, y garantizada por
nuestros propios grupos de autodefensa, va a obtener un éxito rotundo porque
cuenta con el respaldo absoluto y com­bativo de todo el pueblo de Cañete.

¡ ¡ VIVA LA HUELGA DE LOS PROLETARIOS DEL CAMPO ! !


¡ AFUERA LOS GAMONALES DE CAÑETE !
¡ NO A LA DEUDA AGRARIA !
¡ AFUERA LA DICTADURA MILITAR !
¡ PROPONEMOS RENACIMIENTO DEL TAHUANTISUYU !
¡ TIERRA Y TRABAJO ! ¡ VENCEREMOS !

283
II

AL ABRIR UN LIBRO EN EL FERROCARRIL DE


HUANCAYO
5

Engranajes de soledad no tienen lo que tiene


el dulce mar en sus olas Paqsa quilla paqsa quilla
diámetro de hermosura que rueda
como las ruedas
que impulsan mi vida warakas
Himnos de guerra
Fortalezas y kéros donde yo pruebo como en un vientre
terso y combado este polen sagrado: ah, intrepidez del peligro,
arisca dulzura producida como manos empuñando flores y má­quinas,
muchachas como un estío en mis ojos:
mi mundo me brota dulce para sacudir un mundo marchitándose
bajo esta lucidez verde como violines que arrojan
sudor groserías nada tranquilas como una música fresca
desplegándose en el firmamento de mis ojos saltando como fe­linos:
dulces corolas:
belleza para sacudir este mundo,
tiempos tan lúcidos como la noche donde estos hombres
se elevan hasta ser más que hombres, carne y huesos,
cantos gloriosos, grass, mandolinas azules,
fuego interdicto / hermosura como una sabiduría salvaje:
Ancash 1885 / ATUSPARIA: caciques exigen supresión de trabajos forzados y
gratuitos,
no pagar impuestos de la república, no aceptar esos abusos del gobierno
central y local:
100.000 indios se lanzan como pliego del cielo, imprentas de carne,
Memorial del furor extendiéndose desde Huaraz —ah Huaraz eucaliptos y llanto
sobre la nieve
Marcará Yungay Caraz Pallasca Huari Aija: columnas armadas, ejército indio
transportando
su propio gobierno, Andes fogosos y Ucchu Pedro minero —brazo entre los
brazos de Atusparia— propone
exterminio total de todos los mistis. Minas asaltadas, libe­rar
inmediatamente a los siervos:
40 cajones de dinamita son un buen argumento
colocado sobre los mapas de una guerra
cuyo destino reside en la conducción de la guerra: Mosquera —nombrado por
Atusparia “Prefecto

287
y Comandante General de Ancash”— se resiste a tomar, infier­no saqueo a los
ricos estaban al medio,
se resiste a tomar a esta Huaraz que Iraola injuriaba.
Y100.000 indios esperan, piedra y musgo en las cumbres,
tropel yéndose en estos versos, entrechocar de espadas.
Atusparia herido se ha vuelto nieve escarcha que cae todavía en Huaraz, Ucchu
Pedro fusilado me habla
dulcemente en el clavicordio de una azucena cariñosa.
Puno 1886/87: mansedumbre desbordándose ahora del lago,
tristeza quebrándose como hielo celeste bajo este trotar de potrancas:
una extraña y salvaje e imperdonablemente hermosa muchacha
—VIRGEN DEL ROSARIO te llaman
desciende a fuentes
plazoletas mareas humanas donde la flor de su vida predica
con flores de un templo
(con que mi cuerpo se hundió en su cuerpo)
oh oh
Wiracocha predica trae en sus
pechos coraje
rebeliones extendiéndose por Chucuito y el Cusco Huancané en conexión con
Yunguyo Zepita Ilave Sta. Rosa La Paz
(Alto Perú, zonas bolivianas).
Castrovirreyna 1887: no más deudas ni más contribuciones al fisco, no más
miseria tampoco por estas alturas;
comuneros han tomado su pueblo y destruido el cuartel, a balazos atrapan y
expulsan al prefecto.
Chiclayo 1887: barricadas atrincheramiento en los techos: Maisera se llama mi
calle, gargantas
pulmones no tienen abasto en lanzarse un esputo preciso.
Pagar contribuciones es menos bello que eliminarlas.
Cusco 1894: toda esta amargura hojas de coca que van destrozando
mis carnes, hiel en la tarde
cuando suavemente coloco mis párpados como el pliegue de una
bahía donde naufraga quien hiere
a mis lomos tiene su línea de límite más allá de la que no queda otro
sentido que el que una aldea se arme
y se largue hacia el monte ejecutando al comandante Medina al suprefecto
de Canchis
y al recaudador Larrañaga.
En los pliegues de mi bahía no hay carabela

288
que a un sólo de mis zarpazos no fuera hundida.
La Mar 1895: Y en aquella noche de luna,
luz en las plantas, riego en las chacras,
cientos de campesinos —gatos monteses
pumas arrastrando cadenas sin que se sientan sus ruidos,
saltan sobre subprefecturas estanquerías sitiando
al escarnio al abuso, y las autoridades no tienen otro camino que su
propio retiro.
Cerro de Pasco 1893: hasta lo que no tenemos
nos roban y lo que me roban me lo devuelven con balas.
¿Qué hacer ahora contra una época que no termina de pasar todavía?
Tutupaka, mancebo de las alturas, mi arte es una flor en tus manos.
Chinchay, comunidad de Chinchay se lanza contra hacienda Pucurhuay —por
abusivos.
Gente de Yanachocha no se resigna y se arroja contra hacienda Chincha
—por rateros de terrenos.
Y Chinchay Yanacocha tienen ahora muy buenos motivos para embria­garme más
de la cuenta celebrando
esta su inobjetable recuperación de sus tierras.
Puno 1896: hora de beber este licor de maíz
(que es lo único que ya tenemos) y
toparse con lo que alumbra a los cielos.
La Paz de que hablan es la guerra que nos declaran,
José Gabriel es la antorcha que secretamente guía mis pasos.
Y estos hombres que van caminando tristemente agotados por entre la yerba de
los senderos no saben
por dónde caminan pero saben a dónde van.
Machetes que caen donde antes imperaba don látigo.
Fuego tragándose eso ante nos masticado por el duro aymará.
Cuervos azules posándose sobre 9 mistis ajusticiados: Samán.
Y en los montes de Huilacollo —hondazos y lanzas de una escritu­ra
cercando a Ilave.
9 mistis ajusticiados, poco pago para tanta vida perdida.
Huanta 1896: flores extrañas brotan como sierpes por las laderas, azucenas
amargas desprendiéndose del monte,
entrañas con signos inevitables hablaron de un dios que volvía:
a las 3 de la tarde el silencio
era silencio, negras hogueras envolvían al sol y los pies desnu­dos
nerviosamente
temblaban alrededor de estas interjecciones que los convocan:

289
comandantes guerrilleros anunciaron
(a la subprefectura) no pago de impuestos
y 50.000 indígenas: hiel en sus ojos rasgados
se descuelgan presurosos
a un precipicio de brumas
tejados inconsistentes: llamaradas murciélagos
tumulto impíos en que todo mundo
como un alma sin rumbo
es envuelto en las páginas
de una historia no existible sólo como decretos
que ordenan arrasar caseríos dioses que viven en el corazón de los hombres:
Julián Abad, suprefecto, muere apaleado
y estas grandes casonas solares apestando a muerte
se han derrumbado saqueadas1,
viento no dejándonos sin flores para acariciarlas.
Especuladores hambreadores bolsistas son ajusticiados.
Y el prefecto del Callao comanda una tropa especializada en la muerte que
trae desolación
a estas tierras pacíficas: fusilamientos desollamientos en masa
para los hijos de Huanta,
flagelamientos cupos confiscaciones son un diluvio del que nadie
(ni los más niños) se han salvado.
Y estos pobres hombres ni sus aguerridas mujeres han quedado
con vida: los heridos se pudren
en montañas lastimeras que son blanco para tropas macabras, carne de una
incineración instantánea.
Todo este vocabulario tuvo holocaustos ilimitados.
Cusco 1896: veintisiete
setiembre
Maras
pueblo de Maras sabe que
amotinarse cansa menos
que soportar
y diciendo no a los impuestos Maras se está amotinando. Diciendo no
continúa su sangre echando en la historia.
Bilis verde para unos campos con flores de uñas de gato.
1 Y hasta los que en esos finales y comienzos de siglo poseían la ciencia, se ven en
la obli­gación (aunque con una óptica de un racismo bajo su forma positivista) de dar una ex­
plicación: “el carácter belicoso de los hijos de Huanta es tradicional”, cf. Boletín de so­ciedad
geográfica de Lima, Tomo VI, p. 272, Lima 1897.

290
Juli 1895: todos los apus ayllus de Sihuairo Ccallín Callaccani Paisiri
Yacango Sales se han reunido
— quenas, noches de luna llena
y alfabeto de cólera
— tamboras, viento terrible
y el furor habla con truenos
que salen del fondo del llanto
— charangos, hondas que se van preparando
y como hablan los pumas monte adentro
hablaron
— quenas, charangos, tamboras los ayllus que gimen adentro. Esta reunión en la
clandestinidad ha terminado.
Y no hay más destino que resistir hábilmente al impuesto.
Y la ferocidad que nos imputan es la misma que emplearon es­tos blancos señores
contra nosotros.
El camino acertado es cercar Juli. Y Juli no salió de este cerco.
Y el amanecer era oscuramente terrible: no eran oscuros los ojos que lo
contemplaban.
Azángaro 1906: la guerras concluyen cuando las guerras comienzan y
cuando se disuelven las cosas
se encienden los astros.
Tiempos duros se acercan como masacradores que no han de volver.
Y los indios de Escachauri a balazos han sido cocidos.
Y los de Cuturi en 1911 a balazos son victimados por unos patrones con ojos tan
azules como piedras de una sortija.
Y en 1912 en Samán Achaya Laninaca Chupa fusilamientos masacres caen como
peste en maizales crecidos.
Y en 1913 los gamonales han fusilado a los pueblerinos de Asillo.
Y en Samán y Achaya no hay cómo cruzarse de brazos: guerri­llas (“bandoleros”)
surgen como fogatas:
ser descendientes de Inkas es imponencia que da derecho a la tierra. Y en
Santiago de Pupuya (en 1920)
señores y gamonales destruyen sembríos, hijos de Llalahua
se pudren con balas en el estómago.
1915 / Azángaro:
200.000 campesinos confluyen confluyen
desde todos los Andes a un parque florido
donde con su alfabeto ancestral ruge Rumi-maqui.
Y el ejército campesino se pone en marcha.
Y otras leyes surgen como dulces frutos masticados ahora por todos.

291
En adelante: independencia.
No más trabajar gratuitamente.
No más servidumbre para el Estado (ni para nadie).
Y en adelante: libertad. Tierras habrán para todos mientras no haya nadie
que no deje de trabajar.
República Quechua/Aymará: Tahuantisuyo en las manos.
200.000 indios sueñan como recodos furiosos en un río tran­quilo, geranios
silvestres, retamas con flores para soñar.
Lo mucho que se requiere es lo poco que se desecha. Ejército nómada
y arpas, diestro coraje como camino.
1919 / Lima: sindicato textil El inca, 23-XII-18 y obreros de Vitarte: huelga
general.
Y Lima se ha sublevado: 8 horas es nuestra meta.
Olla común, marchas, mítines, asambleas.
5 de la tarde, 15-I-19, obreros conquistan este pan de las 8 horas bien
conseguidas.
1922: Ezequiel Urviola presenta un Memorial al Parlamento.
Campesinos de Puno: trabajos gratuitos cárceles torturas masacres es lo que
tragan a diario:
119 asesinatos sólo entre 1920/22
y el Parlamento manda archivar el Memorial.
Huancané 1923: diciembre tiene ahora presagios amargos.
Indios de Huancané han demandado justicia: trigo
maíz como tiernos granos endulzando la boca parten lejos de aquí y aquí apenas
queda el sudor
con que sembré mi verde maizal. No hay nada en las chacras pero hay hombres
armados, uniforme,
pisoteo a mis plantas. Y los gamonales mandaron masacrar a los insurrectos que
están prestos
a defenderse: “acción desigual y sangrienta”
“escenas macabras” —cuellos cortados, cráneos destrozados.
Se bebían la sangre del gamonal expirando con el pescuezo quebrado en sus
manos,
la entraña aún caliente era mordida y escupida era en el barro donde sangre
y sesos hedían:
así murieron los mistis pero así no murieron los indios.
Indescriptible matanza, día sombrío: 2 mil indios fueron desollados y enterrados
vivos en tumbas con cal.
Y Carlos Condorena antes de caer dijo: “debemos organizar un ejército con todos
nosotros

292
y reconquistar nuestras tierras, matar a los principales y a las autoridades y
volver
a implantar nuestra antigua forma de vivir inka”.
Palabras que son no sólo palabras: luz como verdades para aplicar.
La Mar 1923: donde hay linderos no hay nada cierto,
ninguna belleza puede construirse con lo que llaga mis lomos.
En estos sitios ni una piedra se mueve sin el permiso de Albi­no Añaños y “de sus
cachorros”.
Tristeza para mi vida, dolor sentido allí donde mi perspectiva rebota en los
paredones
de una hacienda sombría que es razón del infierno: mil latiga­zos insultos fuego, y
no me doblego.
Y un 24 de junio el abismo de un dolor queda abierto:
campesinos y gamonales chocan tan brutalmente como en un in­fierno,
terrible épica bárbara sin sosiego: hondazos y balas chocan
como la trompeta de un regimiento y el alarido salvaje de unas gargantas
enronquecidas
sin más luz que la que les sale del ojo y se arroja contra la noche.
Quebradas y cerros prueban el sabor ácido de la muerte:
60 indios + 5 mistis quedan arrojados para pasto de cuervos.
Y el 5 de julio en San Miguel, segundo enfrentamiento.
Taquigrafía maldita como no producir flores, 4 horas.
En menos de lo que dura el tiempo de un parpadear un mar de brazos hizo
astillas la hacienda
(que ni para leña sirvió). Y es el subprefecto ajusticiado.
Y son ajusticiados 2 hijos (“sus cachorros”) de Albino Añaños
que huye, un cobarde, rabo entre las piernas.
Y 6 gendarmes de los que la suprefectura
envió han sido ajusticiados también.
4 horas y el tiempo arde como estas mujeres lloran por quienes —marido, niños,
futuros de flores— ya no han de volver:
miles de hombres son una montaña de carne insepulta,
tripas con llagas de pólvora azul, labios amoratados como en una película
expresionista,
ojos en blanco, carne vidriosa.
Mujeres criaturas caseríos enteros fueron destruidos por las tropas llegadas
de Lima.
Y la desolación es total,
mi lamento no llora todavía lo que mi sangre derramó ese día.
Paulino Romero en Chiquintirca es proclamado Presidente de la República

293
Inkaica, cumbres
se cubren con flores frescas, alhelíes,
una acción necesaria como vivir.
Yanahuara 1924: no existe nada más terco que el hambre,
zarpa dulce, nada más victorioso que lo soñado para siempre.
Dos mil campesinos con los pequeños agricultores cercan la subprefectura
exigiendo
derogación de la Ley Regional N° 239.
Dos mil campesinos con los pequeños agricultores cercan la subprefectura
exigiendo
derogación de la Ley Regional N° 239.
Dos mil campesinos con los pequeños agricultores cercan la subprefectura
exigiendo
derogación de la Ley Regional N° 239.
Dos mil campesinos, verdes maizales sobre las cumbres doradas.
Cajamarca 1919/25: despliegue de guerrillas, bosques de cedros.
Eleodoro Benel todavía lucha espléndido en esas tierras.

1. la cosmogonía andina fue el elemento subjetivo que im­pulsó los


movimientos campesinos que desencadenaron “la tempestad en
los Andes”. Allí donde las fuerzas produc­tivas mantenían sus
formas arcaicas, esta ideología milenarista mostró mayor fuerza
y proyección (Cuzco, Puno, Ayacucho, Apurímac). Su expansión
al resto del país se realizó a través del Comité Pro-Derecho
Indígena Tahuantisuyo, y la acción de los intelectuales y dirigentes
progresistas2”

Y el C.P.D.I.T. celebra su I Congreso.


Y en reacción más de 200 indígenas son masacrados. (Canas,
Espinar). El suprefecto ordenó arrancar ojos y lengua brazos de un
indio al que per sécula seculorum ha dejado colgado en la torre de una
iglesia.

Y el C.P.D.I.T. celebra su II Congreso.


Y en reacción el Parlamento organiza su Liga de Hacendados.
Y el C.P.D.I.T. en todo el país se ha puesto a la cabeza.
2 Wilfredo Kapsoli: Los movimientos campesinos en el Perú 1879-1965.

294
Y en 1927 el gobierno declara fuera de ley al C.P.D.I.T.
Y el C.P.D.I.T. no ha cesado. Y la F.Y.C.P.
Y el Grupo Resurgimiento de Cusco fueron cosecha abundante.
Y en 1929 el partido de los que no tenían sino fuerza
e inteligencia en los ojos, Partido Socialista,
se ha organizado para crear un país en cada acto de masas.

1. Beneficio a la pene-
Ley de tración imperialista,
a) Circunscripción 2. a los terratenientes
2. Condiciones Vial nacionales,
objetivas 3. a las autoridades
locales

b) Ley de vagancia.

Y Domingo Huarca desde Tocroyac levantó su puño:


¡ABAJO EL GAMONALISMO!
¡VIVAN LOS CAMPESINOS!
¡VIVA EL TAHUANTISUYO!
Miles y miles de campesinos marchan
apoyando al llamado de un dios nada invisible,
carne y hueso, harapos como los que llevan quienes llevan
su vida como un atado de granos tostados al hombro.
Y un maldito jueves 1921 una tropa especial masacra a los indios que
osaron establecer combate indiscriminado.
Domingo Huarca desangrándose es apresado y ejecutado.
Su cuerpo como geranios clamando por un poco o mucho de belleza en la tierra
será arrojado
sobre los techos de una iglesia, ara de roca,
clavecines dorados en los blancos cartuchos donde Domingo Huarca,
domingo de todos,
es mi lamento que voy derramando sobre estas noches con menos luz que las
flores que yo entresacaba en mis versos.
Y Domingo Huarca Ucchu Pedro Atusparia Urviola
Virgen del Rosario Paulino Romero Carlos Condorena
Rumi-maqui Chilihunani son la fuerza perdurable de un Himno

295
aún tronando en campos de fuego, guía del hombre buscándose una
identidad perfecta como un amor en los mapas de una guerra desatada
por estas calles inciertas.

Manos que florecen callosas como puños en el torno de la fábrica


y en el lienzo del cielo en mi mente canto salvaje
misterioso calendario diseño sagrado: aquí
las Montoneras (con el Máuser levantado) resolvieron
rebelarse y aquí unos enamorados se han venido a acariciar
o contemplarse (llenos de deseo: templo puro) como un firmamento
azul tranquilo
y aquí (en las alturas)
los bandoleros resolvieron proveerse en armas
y asaltar el mismo Palacio de Gobierno
porque aquí donde el rugido de un puma son luceros verdosos
rodando sobre cerros desolados
(& estas madrigueras son chozas de lata y posibilidad ninguna
para el costo de vida; jardines de rabia
y amargura cercando estos tristes rascacielos de la Capital)
un saber me espera como un dulce muslo de margaritas
que he delicadamente mordisquedado / aquí...
en que el futuro es el despliegue de un sorprensivo ataque rojo
a Usura
(con consideraciones críticas de un orgasmo fugaz en un Óvalo
de neón)
porque aquel pasado indeseable continúa
tan presente como ayer y aquí habrá siempre un soñar
como alguien rebelándose en todo el centro de la noche
porque aquí (en las barriadas) donde la dulzura
es sólo una palabra desvaneciéndose como todo lo que toca la
neblina
y el esputo una rosa seca prendida a las paredes
como en el charco de orina uno distingue a veces la calavera
de una insuficiencia hecha Kosch, araña, burocracia, pendejada
y aquí (en el Perú)
el hambre se reparte como panes sin ternura
y ahora hay tristeza en tu familia
porque hay un padre que murió y 7 niños se quedan solitarios
y a Eustaquio — “no se puede contra la muerte”, últimas pala­bras—

296
se lo llevó un ataque al corazón
no mientras barbechaba: luchando, lampazo en tierra,
amargo, trago de licor de uvas para adormecerse
la herencia de una infección a las amígdalas,
hundido en el barro de una chacra que apenas podía reportarle embargos
deudas hipotecas, 20
treinta años luchando por un pedazo de tierra
o 30 años caramboleado de una oficina
a otra, entre pasillos, papeles sello 6°, comparendos,
abogados, juicios que no avanzan, viajes a la capital de una provincia tan
polvorienta
y abandonada como todos sus distritos
y doblado en un forro de plástico
Eustaquio ha traído lleva va rebota el Memorial de los Yanaco­nas de Mala
en que un poco más de medio siglo antes bajó
y encontró una mujer hizo los hijos que debió hacer
formó sindicatos habló por los suyos
fue padrino en chonguiñadas cortapelos
y malaya se pasó 20 treinta años escupiendo amargura
contra un patrón que era ineptitud o soborno
y ahora el yanacona campesino pobre ha muerto pero no ha muerto y estos niños
tendrán todavía
que terminar el colegio, aprender un oficio, una profesión,
y no olvidar que aquí su padre dejó años de su vida
ellos crecieron antes de ser arrojados a una periferia limeña desde cuya
periferia:
bulbo raquídeo pulmón bilis de una escritura / lentamente
avanza sobre Lima, vida tan pura como estas agallas que me sa­len,
ese algo de nosotros que tiene los pies desnudos,
mirada aterrada, cuerpo mugroso
y aquí
(ferrocarril deslizándose por una bella sierra atareada)
acaricio tranquilamente estos versos como azucenas sombreadas
en verano
y aquí (campo de letras) converso con las plantas
porque aquí (edificios, letreros luminosos)
las plantas son cemento plástico tubería transparente
y aquí (en la vieja Fortaleza) yo encontré sabiduría
quenas de unos hombres que a la luz de la luna se levantan
o cosechan pastan como truenos en cerros azules zapatean armándose en noches

297
no tan tristes
como las que caerán sobre el mundo cuando de entre esta
oscuridad toda una terrible hermosura
surja para el mundo.

Intica quillacar Trato de


ppunchauca tutuca comprender:
pocyca chiroca manan
yancacho:

porque el sol y la luna, el día y la noche


o la libélula en verano y estos pétalos que ruedan en otoño
no han sido excluidos del movimiento:
camachiscan purim
(ordenados están)
y se desplaza el uno en el otro
como una punta de negro en el rojo que arde en el negro
de los huayruros de mi amuleto / mar tragándose dulcemente esta luz que una
luna devuelve anaranjada:
unanchascaman tupuscamanmi —hasta la eternidad.

Ah Wiracocha, principio del Universo


ya seas niña o varón —> tierra o sol luna o cristal
& / movimiento del Ying en el Yang que se mueve en el Ying
o / contradicción entre la semilla y su fruto:
Vilca / ulca? / apu hinatin achiccha camacmay
pin canque maypin canqui manacho ricayquiman
hanan pichum hurínpichum quinrayninpichum capac
osnoyqui:

298
estás
como diástole y sístole en nos:

WIRACOCHA // WIRACOCHA: llantos del pueblo


te imploran, ojos como fuego se adhieren a ti hoz geranios niña o
varón:

WIRACOCHA
Ying / Yang
los hombres del mundo
con lomos cansados
en ti se iluminan, verte desean:

yachaytiy (cuando pueda saber)


CORO ricuptiy (cuando pueda ver)
unanchaptiy (cuando sepa nombrar)
me verás me entenderás, oh sí palomitay arí arí:
ricucanquin
yachawanquin.

299
III

VUELO ATRAVESANDO LA BRUMA DEL OTOÑO


AMARILLO
7/8/9

Puede usted comunicarle al comité de huelga, compañero, que


C./l.: el Partido del Tahuantinsuyo ha conseguido las armas y que estas
armas serán distribuidas en su momento adecuado. Así mismo puede
usted comunicarle a los cc. campesinos que el Partido ha dispuesto
que las zonas de Yauyos, Canta y Huarochirí se plieguen a la huelga
como medida de solidaridad. Esta es una huelga que se origina en
el campo pero que va a contar con el apo­yo de la clase obrera y de
todo el pueblo: la dirección de la huelga le pertenece, sin embargo,
a la clase obrera por dere­cho histórico, y lo fundamental aquí es
unir nuestras fuerzas contra el enemigo principal que es la gran
burguesía y su dictadura. Por ello, la unidad de todo el pueblo, la
unidad de todas las masas trabajadoras es la meta histórica inme­diata
que estamos consiguiendo: unidad que —¡no debemos olvidarlo
nunca!— ha sido y será siempre el arma invencible de los explotados
contra los regímenes de la burguesía aquí y en todo lugar.
La reivindicación andina continuará acentuándose cada vez más,
y con ella la situación revolucionaria irá madurando también cada
vez más: por ello, la condición de la unidad ha devenido como una
de las tareas más necesarias en estos momentos. Yauyos, Canta
y Huarochirí por sus lazos históricos y sociales con Cañete, así
como porque nuestro Partido tiene profundas raíces en estas zonas,
conseguidas a través de grandes sacrificios en medio de una labor
dura y persis­tente, no podían dejar de estar presentes en esta huelga
y lo van a hacer con el temple que caracteriza a todo revolucio­nario
y que necesitamos para la lucha que mañana vamos a empezar.

Cámara 1 / Cero horas, Cañete, todo continúa moviéndose.


Desde no hace mucho picaflores y abejas de una primavera largamente
azotada por inviernos casi perpetuos, pugnaban por acercarse a las
matrices —los tiernos botones, como corcheas, estallaban en unas
llamas blancas y delicadas— de aquella suave catarata de jaz­mines
que, sacudida por un viento tranquilo, dejaba escapar granos de una
fragancia inobjetablemente intranquila. Las flores que despedían es­te
agradable perfume no tenían culpa alguna (sobre todo, en estos últi­
mos tiempos) en pasar desapercibidas: no ante los pobladores de esta
tierra que, como gotas de lluvia, no dejaban de colocar con el mismo
amor de siempre el refresco de un riego en las raíces, sino ante un

303
sinnú­mero de preocupaciones que surgidas de los entreveros de este
tiempo no dejaban ya tiempo alguno (excepto en algunos poetas,
jóvenes que a pesar de todo se preocupaban menos por las flores que
por las flores de su tiempo o por los contornos donde estas flores
brotaban: somos pobres —eso lo sabemos, pero tenemos inteligencia
y así no desesperamos, como había dicho certera y deliciosamente
en una hoja a mimeógrafo uno de ellos) para aquellos ejercicios que
se llaman de “contemplación activa”. A lo más, para hablar con un
lenguaje que los “anacoretas modernos” —ayunos y conventos no
son otros, digámoslo así, que estas grandes ur­bes contemporáneas—
llamarían “místico”, se encontraban tal vez atrave­sando por el
temporal de un mar bastante difícil: la “vía purgativa”. (Pe­ro que para
el hombre actual no puede ser más que —en un lenguaje que no sería
otro que el de “las máquinas de guerra”— etapa de organización y
lucha). Pero por estos lares ni flores ni pobladores tenían más tiempo
que el estrictamente necesario para dedicarse a sus propias cosas: la
lu­cha por supervivir era una de ellas, y aquí la gente luchaba. De esto
no quedaba la más mínima duda.
A esta hora todo está como en la superficie de un río en el que se reflejan
una serie de hechos pero en que los hechos mismos del río no se reflejan sino a
través de lo que él con su fuerza de siglos atraviesa, apa­rentemente en calma.
Detrás, hierve la noche. Las llamaradas de plata que se clavan a la partitura
infinita del firmamento se desplazan —navíos que surcan y se van bordando en
silencio: del oriente hacia el este: Pléyades— en un firmamento que cuando lo
miras en su totalidad convulsiva sientes como que se mueve suavemente en tus
ojos. Entonces, ya sabes, surge la certeza de lo que está escrito en el libro de los
cielos, las revoluciones imparables. En la plaza de armas, lago de cemento con
ocho islotes de yerba, geranios, frondas de viejos ficus girando... (la igle­sia tiene
un túnel que ahora han tapiado pero que se comunica por el norte con la hacienda
Arona, por el sur con la hacienda Unanue y por el oeste con Montalván. El túnel
de Montalván todavía se puede ver, está enladrillado, lleno de murciélagos y
comunica con las playas de Santa Bárbara)... como cometas en torno a un disco
de yerba más grande, con hojas frescas como lechugas picadas... (y es que por
ese túnel que iba a Santa Bárbara se escapaban los Beltrán cada vez que se olían
un motín de esos que amenazaban con quemarles la casa-hacienda, y dejaban a
sus mayordomos para que se encargaran de joder a la gente —hizo una pausa,
conversaban apasionadamente—. Velasco no les quitó la casa-ha­cienda pero los
Beltrán, cuando se repartieron las tierras para evitar que se las quitaran, se hicieron
otra casa con paredes de vidrio justo encima de una loma que ahora está llena de
manzanos y duraznos, y el que trata de acercarse se friega porque le meten bala.

304
Así que nadie pasa por allí)... pero surcado por cuatro senderos de loseta oscura que
lo dividen en cuatro trapecios que dan sobre una pileta de florcitas de mayólicas
azul sobre fondo blanco... (mi primo, que vivía en la ranchería, me ha dicho que
estos desgraciados le dijeron a los cooperativistas que para qué dia­blos querían
todos esos muebles viejos, y tú sabes —se puso todo serio mi amigo— que esos
muebles son históricos, estaban allí desde el tiempo de la colonia, también tenían
cuartos llenos de libros antiquísimos pero que nadie leía ni limpiaba y que allí
estaban apolillándose, sus alfombras, sus vasijas de plata, candelabros, todo eso, y
entonces estos mierdas les dijeron que para qué mierda querían todo ese vejestorio
si eso era puro vejestorio y no les iba a servir de nada y que para basura nomás
servía y que mejor los Beltrán se llevaban todo ese vejestorio a Lima para botarlo
en Tacora y en cambio les iban a traer muebles nuevos, recién comprados, y bueno,
los cooperativistas atracaron y los Beltrán se llevaron toda esa riqueza histórica
a Lima y les trajeron sillas 501. La gente se quedó contenta por un tiempo)... en
cuyo centro, a su vez, gimen los bronces de cuatro sirenas enseñando sus pechos
desnudos y extendiendo los brazos —moños de ballerinas, muslos suavemente
entreabiertos, piernas enroscadas, pechos saltando como la luz que en ellos rebota
sobre los ojos de transeúntes apurados— que son... (y aquí en el centro, bajo la
pileta de agua, hay un volcán que puede explotar en cualquier momento y por eso
dicen que hace años un cura le echó agua bendita y le puso un can­dado para que
todavía no explotara pero hay gente que ha visto que a eso de las doce de la noche
en punto se escucha llorar y llorar nomás a la pileta y también a veces se ven a
los duendes chiquitos con sus tremen­dos sombrerazos andar y andar nomás por
las chacras para llevarse a los moritos que no han sido bautizados. Yo ya no creo
en estas cosas pero a veces, cuando me pongo a pensar en ellas, me da un poco
de miedo por­que hay gente que se volvió loca viendo que en una casa había harta
gente una noche y a la mañana siguiente se da con que hace años que ya nadie
vive en esa casa y hay un árbol que se cae por San Luis por la no­che y nadie pasa
en la noche delante de ese árbol)... sin contar la gruesa columna coronada por una
rosa de lava echando, cuando hay, un chorro de agua que cae sobre el polvo y las
colillas de los cigarrillos [contraste de cámara 1 en primer plano directo sobre la
iglesia del fondo, contraste de cámara 2 girando 180° sobre su objetivo sensual
pero esta vez con el edificio municipal al fondo], toda una ecuanimidad en cuanto
a defensa de la vida sensible contra la “austeridad” —esa palabrita del señor Barúa
y la economía fascista—, aparte de dos o tres muchachos que a un poco más de las
9 p.m. estuvieron nerviosamente conversando, no hay nadie. Tarde en la noche,
ya poca gente camina por estos sitios. Los que sufren de insomnio, o de algún tipo
de sed aguardientosa, se van donde “Giro” —un bar situado una cuadra más allá,
en la 2 de Mayo.
Sin embargo, habían estado sentados en una banca inquieta y verduzca,

305
frente al hotel “Palacio” —propiedad de un ex-mayor de la GC, Godoy, uno de los
contrabandistas y coimeros más connotados de la región. Al lado del “Palacio”,
a su izquierda, se alzan los dos pisos cremas con puertas de madera enlacada del
municipio de Cañete que pocos días antes fuera apedreado por unos manifestantes
que, entre otras cosas, protestaban contra el alza del precio de los alimentos
(esa triste y célebre “canasta familiar”) y contra el maltrato que algunos de sus
sucesivos al­caldes —“alcaides, estos son unos alcaides”, decía la gente— sobre
todo aquellos que fueron nombrados a dedo por Morales Bermúdez infligían a
viejos trabajadores— “hasta cuándo, hasta cuándo vamos a aguantar a este que cree
que haciendo su desfilito de chalanes o de zambas que vie­nen a mover la cintura
ya nos solucionó el problema...”, comentaban en sus cocinas algunas personas— o
a muchachas solteras o no solteras, con hijos o sin hijos. Pero con el tiempo, las
cosas habían ido cambiando. No se sabe si Velasco fue nasserista o cardenista, en
cambio no se ignora que transformó las grandes haciendas en tierra para todos.
Su gobierno ha­bía sido, como se conoce, un proceso reformista y el Perú pudo
sentirse un país digno de la amplia comunidad de Tercer Mundo. Este proceso
se encontraba en plena radicalización cuando un golpe fascista interrumpió la
historia peruana, y trató obtusa y vanamente de dar marcha atrás al reloj de la
historia: coimas, inmoralidades, indignidades de todo tipo volvieron a cocinarse,
como fideos —esta imagen es sobre todo precisa porque la comida desapareció
totalmente— en ollas inencontrables. Con el golpe fascista de Morales Bermúdez
no sólo se empobrecieron aún más las capas populares, proletarizándose también
las clases medias, si­no que las propias transnacionales volvieron a meter sus
mugrientas, antihigiénicas y nada médicas manos en la riqueza nacional. Entonces
ocu­rrió lo que tenía que ocurrir: sin trabajo, sin pan en las mesas, sin un go­bierno
popular revolucionario, sin nada que pudiera asegurarles un fu­turo claro, vigoroso,
hermoso, las capas más pobres entre los campesi­nos, los obreros sin trabajo, los
estudiantes, la juventud, en fin, se lanzó a la lucha armada, a la guerra de guerrillas
para enfrentarse al régimen co­rrupto de Morales Bermúdez. Morales Bermúdez
desató una feroz persecución contra el pueblo, y dejó sin trabajo a decenas de
miles de obreros por el sólo delito de haber ido a la huelga como protesta por
la carestía de la vida: en las barriadas, los niños empezaron a alimentarse con
“nicovita” —un producto maloliente, parecido a pequeños perdigones de tie­rra,
que se arroja a las aves de corral. El señor en Lima, se hizo más mi­llonario de lo
que era y sus ganancias líquidas se multiplicaron a la velo­cidad de la tuberculosis,
la poliomielitis, la malaria, el sarampión y otras enfermedades entre los niños.
Para la TXH, esa agencia de noticias que no se ocupa para nada de los pobres,
esto pudo parecer sensacional: que la derecha cavernaria, a través de Morales
Bermúdez, y el hambre y las enfermedades se mandaran un saludo nada atractivo
en este bello país latinoamericano. Menos sensacional, más discreta fue la dación
de otros de estos decretos en el que, a pesar de su pluralidad nominativa, entre las

306
sombras los únicos beneficiarios eran los propios ex-terratenientes. Estas y otras
muchísimas cosas desde luego que habían sucedido, acá en el valle —que ya había
hecho una serie de fuertes huelgas, formando su Frente de Defensa de los Intereses
del Tahuantisuyu—, en todo este tiem­po.
Últimamente el mayor Godoy, que aunque medio chato le gustaba mirar a
la gente con un soberano desprecio y de arriba abajo, especialmente con los que
él consideraba unos calatos o que no merecían el pre­mio de su saludo porque
eran o serranos sin lana o negros aserranados o cholos, le estaban sucediendo
cosas extrañas: el otro día un muchacho, uno de esos mataperros salidos de una
de esas barriadas que se han for­mado con toda esa gente venida de los cerros (“un
cualquierita, un calatito cariño”) había osado levantarle la voz a él, nada menos
que a él que sufre de insomnio consuetudinario en la piel y hasta casi lo había
man­dado a la mismísima mierda (“es un soez no tiene cultura cariño”) delan­
te de una cola de amas de casa que aferrando desesperadamente las asas de sus
canastas vacías contra sus pechos lanzaban el rosario de un coléri­co murmullo
porque el mayor Godoy le gustaba pasar por encima de to­dos y a él le gustaba que
lo atendieran primero: —a la cola... uiiiii... a la cola— gritaban secamente algunas
personas cuando vieron que él los atropellaba y como un pelícano desplumado se
plantaba delante del tipo que vendía el pan. Este parpadeó un segundo, dio una
rápida ojeada a la gente y ya se disponía a atenderlo cuando de en medio de la
cola —no ha­bía contado con Abilio que también estaba haciendo, calmadamente,
la suya— salió un muchacho que en la perfecta lengua de los que aunque vestidos
con harapos no dejan de poseer la clave en la producción del universo, dijo:
— Oiga, señor. Aquí, que yo sepa, nadie tiene corona y los cuentos de Alí
Baba y sus cuarenta ladrones —subrayó tanto la palabra ladrones que, por un
momento, pareció como si el rayo de un acento grave en la á hubiera saltado
para pelearse con el inanotado de la o e, incluso, le hubiera lanzado la zarpa de
una leve caricia sobre el eco de la és— hace tiempo que dejaron de asustarnos.
Usted acaba de llegar, se lanza con un codazo abusivo y nosotros hace media hora
que estamos esperando a que nos atiendan: por favor, haga su cola —el mayor
retrocedió, sorprendido, un paso. Estaba sudando.
—Insolente, a mí el dueño me conoce y además estoy apurado —fue todo
lo que pudo decir.
—Nosotros también estamos apurados, ¿qué se cree? —recontraatacó—
¿que no tenemos nada que hacer? Si quiere pan, haga su cola —dijo mientras
serenamente y fieramente se interponía entre el vendedor y el ma­yor. La gente
—cuadro renacentista— continuaba levantando los puños y gritando, rostros
bellos y con coraje, colores portentosos, ahora con más fuerza: —que haga su
cola... uiiiii... a la cola.

307
—Oiga atrevido, me está usted faltando el respeto.
—Defendiendo un derecho, señor.

El mayor, que por aquellos días movía todas sus influencias entre los
primeros “espadas” de su promoción para ser subprefecto ya que alcalde o síndico
de gastos no podía ser pues hubiera arrasado con las inexis­tentes arcas municipales,
chupaba con los apristas, seguía a los belaundistas y no queriendo continuar con
este escándalo que para sus fines arribistas no le convenía, dio media vuelta y con
paso decidido y taco­neando fuerte como para que no se olvidara que aquí él era
uno de los mandamases salió por donde había entrado, pero antes de desaparecer
de la puerta dijo: —voy a sentar una denuncia por faltarme el respeto —es­taba
colorado, sofocado.
—Siéntela donde quiera —dijo Abilio y agregó dirigiéndose al muchacho
que repartía el pan: —y tú, so cojudo, ¿qué te has creído? ¿no ves que aquí todos
hacen su cola?
Para el mayor aquello no pasaba de ser un incidente más en su ya larga vida
dedicada a la sobonería y ya casi lo había olvidado. Por otra parte, los muchachos
ahora con eso de la “moda” de la educación para todos —pensaba—, con el
relajamiento de las costumbres, con aquello de que hasta los profesores eran unos
rojimios como él mismo había tenido oportunidad de comprobarlo al escuchar
cada año, todos los 28 de julio, ante el escándalo de las autoridades que no sabían
qué hacer con sus dedos que se les escapaban tamborillando peor que redoblantes
por sobre sillas y pantalones, que el profesor encargado del discurso de fondo
so­bre las siempre refrescantes fiestas patrias (refrescantes para los mucha­chos:
feriados y asuetos se recibían como al maná) metía palabras medio desconocidas y
con una cierta tintura de desorden como “sociedad neo-colonial” “imperialismo”
“socialismo” o “allí donde impera la razón de la fuerza no queda otro camino
que el uso firme de la fuerza de la razón, que siempre vence” (aplausos desatados
entre los estudiantes y entre los pobladores que, en silencio, escuchan y aprenden)
“ni ninguna otra arma capaz de enfrentarse exitosamente contra el capital que la
huelga de obreros y campesinos”, lo cual para él sonaba como si las entrañas de
la tierra se dispusieran una vez más a tambalear el mundo, summun del summun
del atrevimiento, el acabóse. Todos estos cholitos que dicen que son profesores
—volvió a amargarse Emilio Godoy— vienen aquí a so­liviantar a la gente: con
toda esta educación moderna —continuó pensan­do más asustado que preocupado
pues, por otra parte, aparte de este ho­tel mal avenido y de algunas pocas acciones
en la Asociación de Militares Retirados no poseían más cosas sobre esta tierra—
los muchachos tie­nen que salir unos rebeldes y unos insolentes de mierda. Cosa
que, en cierto modo, tenía una ligera punta de verdad puesto que ni sus hijos le
hacían el más mínimo caso y esto (que tampoco se escapa a esta ligera punta

308
de verdad) le preocupaba mucho menos que asistir al tradicional agasajo de los
viernes en el Rotary Club —o en el Club Social— donde entre el abanico de
los platos a la criolla, toneles de cachina traída especial­mente desde Lunahuaná,
palitos insertando la carne asada de los anticu­chos, picarones, jarrones con “pisco
sauer” o whisky “juaite jorse” — ondaroc, te he dicho mil veces que se dice
ondaroc, intervenía extasiada doña Dorita— tenía oportunidad para zamparse el
mal gusto de una verba pa­triótica, llena de lujuria por la billetera de la juventud,
esa pujante juven­tud que ya debería dejarse de trabajar, hic, y tomar las riendas
de las em­presas que sus padres, nosotros... (habla, habla nomás sonso cojudo)
...nosotros, sus padres hemos levantado entre sudor, lágrimas y sangre... (sí, sí
so huevón)... ya que los negocios... (pasa, pasa gusano de mier­da)... traen plata
bastante... (fuera, fuera de aquí): se echaba en suma, co­mo cualquier borrachera
en un chifa bajopontino, lo que él pensaba era la verba florida —eso era lo que él,
pobre chistoso, pensaba sin darse cuenta que para los bien vestidos asistentes que
con las justas ¡y eso!: só­lo sobornando habían podido terminar primaria o cuarto de
media en el Sophianum, Recoleta, La Salle, ello no pasaba de un típico ladrido a lo
milico— de un discurso sobre la prosperidad de la provincia, el departa­mento y el
país pues “sólo la empresa privada” —decía— “o la economía social de mercado”
—no comprendía esta frasecita pero la había dicho Be­doya (la moda, que no
incomoda es estar fuera de moda) y este era el momento de demostrar que, aunque
milico de la patria (¿la moda? no: la mona que aunque se vista de seda...), también
le daba por decir sus frasecitas aguardientes y huachafas... (tienes que levantar tu
ondaroc cari­ño, aconsejaba Dorita)— “son una empre, hic, una empre...” (brinda
con el ondaroc cariño, jodía Dorita) “... un empréstito nacional” terminaba afir­
mando, sin saber lo que afirmaba, entre hipos y grandes y prolongados aplausos
de la concurrencia a lo que a continuación rubricaba con el clá­sico, chic y criollo
pero definitivamente aguardientoso “¡Viva el Perú carajo!”. Los poderosos
mandamases de la región haciendo crujir sus botas con espuelas y sus casacas
color marrón chocolate [flash en diapositivas con el mismo color de los ojos de
Farah Diva mirando un imperio que se va y se va y se fue a la mierda, traqueteo de
ametralladoras, murmullo de túnica blancas haciendo pedazos la estatua del Sha]
con largos flecos de cuero cheyenne se paraban entonces al unísono, emocionados,
y des­pués de aplaudir, levantar hasta el techo la copa de champagne [el soni­do de
un auto tosió, compulsivo, a lo lejos] y volver a aplaudir se diri­gían, uno por uno,
hacia el sitio del oferente y le entregaban “el abrazo fuerte, grande, emocionado”
de la agradecidísima Asociación de Agri­cultores de Cañete: — a ver esas cinco
—decía, feliz, el gamonal Ramos—: Godoycito vales un Perú.
El mayor Godoy, lógico, no valía ni un pallar pero como quiera que el había
sido sucesivamente el “hombre de confianza” de los gobiernos de Odría, Prado,
Pérez Godoy, Lindley, Belaúnde, aunque no con Velasco —en ese tiempo anduvo

309
medio jodido con eso de que “Velasco se está metiendo con los grandazos”—, y
ahora era totalmente partidario de todas las bufalerías que se le ocurrían a Morales
Bermúdez, la gente, cuando él se dignaba mirarla, lo trataba fríamente de usted
pero conservando siempre (con este conchesumadre: nada) su distancia. Pero
no le impor­taba: su Paola, que había cumplido ya los bellos y sensacionales 15
[dijo Lucho: este es el momento, no hay nadie...] y había debutado bajando por la
escalera del fondo, rápidamente alfombrada, flores pisoteadas ba­jo unos taquitos
plateados —se sintió orgulloso al llevar en sus propios brazos a este utilísimo
producto de su naturaleza, carne de su carne, y sangre de su sangre, y bueno,
de Dorita también—con un peinado estilo “sueño del misterio imperial” que esa
misma mañana se había mandado confeccionar, previa cita especial, en Choco
coiffure [y dijo Cancharí: a tí, Chocné, te toca ahora depositar el frasco...] con lo
que batió todos los records de ida y vuelta de Lima en menos de lo que canta un
gallito, mientras se resbalaba en los acordes azules como billetes del ya clásico Vals
de Strauss atronando [y Chocné y Lucho, suaves como gatos mon­teses, llegaban
y doblando por la Bolognesi a los bordes de aquel lago de silencio que a esta hora
era la plaza de armas...] el edificio todavía sin terminar pero prestamente y de
cualquier modo engalanado en granate oscuro con borlas doradas y fluorescentes
en formas de aros con serpen­tinas y ramitos de clavel pinchados con alfileres sobre
un blanco y largo mantel del Rotary Club [y un frasco que pesaba menos que una
flor, más que una montaña...] —la orquesta, como el peinado, la mandó traer desde
Lima don Ramos [y el frasco rodó, alguien pestañea, por la pequeña abertura de
un vidrio hecho trizas cuando dos suaves sombras dejaban ya atrás aquel lago de
silencio y, contra el tráfico, bajaban por la 2 de Mayo...] como obsequio delicado
y cumplido de un caballero (tortuga puro sebo y puro sebo) a la hija de este su
compadrazo el mayor en reti­ro—, estaba en melosos amores tipo Samoa fin del
mundo con uno de los Rizo Patrón:
—... o, carajo, Paolita, inexperta como es, aún no se decide porque la
semana pasada le consentí su huikén con el tercero de los Alayza en el Waikiki y
la antepasada se fue a hacer equitación en San Benito pero este próximo sábado,
carajo, es mi hija y tengo que velar por su futuro, va a salir con uno de los Beltrán
y esa gente es de quitarse el sombrero —alcanzó a coordinar el mayor antes
de probar por última vez su whisky on the rocks y deplomarse, borracho, en la
perezosa de mimbre que a esa hora, ¿nueve, diez, once de la noche?, le soportaba
los ronquidos etílicos en el hall oliendo a cera “Johnson” (“se dice yonson y
cuidado que te resbalas cariño”) del Palacio.

La hora de la rebelión ya se acerca.


Las mujeres escondieron la corriente del río
en sus tinajas de barro.

310
Y las bodegas han trancado sus puertas.

CORO Los hombres no pueden ya más.


Y hasta lo que era inservible
puede servirnos ahora.
Porque la hora de ajustar cuentas ya
llega.

Dlgd/c: Tendré un gran placer en llevar esta comunicación a mi co­mité y a las


instancias superiores de nuestra organización campesina. Sólo con
armas en las manos haremos respetar nuestros derechos y conquistar
lo que nos hemos propuesto. Somos conscientes de que nuestra lucha
ha sido y será larga, de que nuestra lucha ha dado y dará hermosos
y mejores frutos, de que sólo persistiendo y profundizando nuestra
lu­cha contra los racistas la victoria de nuestro pueblo se hará cada
vez más cerca y el Tahuantisuyo será una portentosa y extraordinaria
realidad: esto, en el nivel político estratégico que, por otra parte,
ya se encuentra a la orden del día. En el nivel táctico, tenemos que
profundizar nuestra lucha por conquistas inmediatas y que son
reivindicaciones necesarias para nuestro pueblo: en primer lugar,
vigencia de todas las libertades democráticas y sindicales, reposición
inmediata de todos los despedidos incluyendo a los trabajadores
esta­tales, anulación de los estados de emergencia dictados con­tra
nuestros hermanos mineros y pesqueros y cañeros, anu­lación de la
deuda externa contraída por este y todos los an­teriores gobiernos con
la banca internacional. Y aquí, en nuestra querida tierra, tenemos que
luchar por el reconoci­miento de nuestras comunidades indígenas, por
una Refor­ma Agraria Revolucionaria, por una mejor tecnificación
en la actividad del trabajo, por más fábricas, y por el respeto a
nuestros derechos elementales. La huelga empieza dentro de tres
días, camaradas. Pensamos que las cuestiones estratégico-logísticas
deben correr a cargo de ustedes.

C./2: A ese respecto debe usted, camarada, coordinar mañana antes de las 8 con
la c. Aleja, que está al tanto de lo que sucede y va a intervenir en representación
del sindicato de profeso­res de la G.U.E. Sepúlveda que, conjuntamente con
todos los otros colegios de la provincia, irá al paro. Igualmente ella lo pondrá
en contacto, a su debido tiempo, con las compañeras que trabajan en La

311
Paradita, con representantes de los profe­sionales y los artesanos y con el Frente
de Defensa del Pue­blo de Cañete. Y a partir de ahora usted va a coordinar las
situaciones puramente político-sindicales de la huelga y to­dos los problemas
que puedan derivarse de ella con el c. Yachay, quien estará en contacto orgánico
permanente con el Partido desde su centro operativo en Cerro Aspa.

Cámara 2 / En realidad, Paolita podía ser inexperta en cuestiones que tuvieran


que ver con la filosofía de las finanzas pero en los asuntos que se
dan con el catre era no menos experta que las que hacen del catre sus
finanzas: salió tan putita como la doña —embara­zo regular, algunos
antojos poco exquisitos (“no sé si comerme un chupe de camarones
o una lazaña rellena en salsa crocante, no sé si irme a las playas del
Samoa cariño”)— que la parió. Y por allí andaría Paolita, por allí
—rabito que no tiene compasión— Dorita: el mayor, hacía bastante
tiempo ya que se había zampao.
A su lado, un perrito movía la cola y trataba de repetir, sapito, los
etílicos hipos de su dueño.

— Se parece a Perro loco. —dijo Chocné.

—¿Quién?

— ¡Quién va a ser! !E1 mayor! —observó uno de ellos antes de pararse


y aplastar su pie sobre una cucaracha que aprovechando el pánico lamía las
patitas de una mosquita muerta—. Aunque también, claro, Salchicha no anda
muy lejos — levantó los ojos.

Y era verdad: por estos años todos se marcaban a presión. Y no se podía hacer
otra cosa tampoco. El mundo anda medio convulsionado —todo se está reestruc-
turando y los poderes nos salen ahora con el sanguinario inventito de las “gue-
rras localizadas” porque ya no pueden ni con el chômage ni con la inflación y el
petróleo que se les acaba y el Tercer Mundo que se rebela y, además, se libera.
Cada quien quisiera meterse en sí mismo, pero ahora este sí mismo forma parte
del mundo: de modo que, aunque no quieras, tienes que declararle tu guerra a la
guerra. Contemplar una flor ya es una guerra. Besar los labios de una muchacha
ya es una guerra. Ponerte a discutir con un búfalo ya es una guerra (y tam­bién, una
pérdida de tiempo porque no tienen cerebros sino manoplas). Cañete, como toda
ciudad, tiene también su zoo y sus animales y tal co­mo toda ciudad exhibe para
algún tipo de orgullo sus ejemplares curio­sos el zoo cañetano exhibía la ausencia

312
de uno: el búfalo, a quien las au­toridades contrataban —cada vez que se anunciaba
una huelga— para “amedrentar” a la población. Pero la población hacía bastante
tiempo que se había curado y no se asustaba así nomás porque así.
Búfalos no habían pero algunos —por meterse en la Villareal— podían
contagiarse: —estudio en la Villareal porque no pude ingresar a San Marcos,
mejor dicho, los exámenes de ingreso son más difíciles, pero bú­falo no soy
—charlaba, cierta vez, pura pose alimeñada, uno de esos que sin sus sortijitas y
sus pulseras baratas ante una botella de cerveza no se sentirían como en el mejor
de los mundos. Pero era en vano: el mundo no es un terno (y mucho menos una
camisa negra).

- Salchicha estudia en la Villareal.

- Bueno. Eso de que “estudia” está por verse —rió, porque la verdad, a
veces, da risa—. Por cada cabeza que rompe de un manoplazo tiene un examen
aprobado: eso es lo que pasa —concluyó.

- Nadie ha dicho que la bufalería no tenga por característica la brutalidad


—acentuó, lúdico, la tonalidad de la frase en la palabra brutalidad—. Son dos
veces brutos. Primero, porque no entienden de razones. Segundo, porque lo único
que saben es pegarle a la gente. Y tercero, porque son brutos. Yo sólo dije que me
sorprendía que Salchichita hubiera ingresado a la Villareal porque ese no sabe ni
dónde está parado.
- Los que no se meten de apristas no pasan de año y, además, tienen que
aguantar los golpes de la bufalería— sentenció, apodíctico, Lucho.

- Aquí Salchichita, cuando viene, no hace nada. Pero en Lima es un


rompehuelgas de primera —conversaban suavemente. Al frente, el Palacio.

Y arriba, la luna se desnudaba y, desnuda, danzaba.


El cielo tenía un color zafiro claro. El viento era fresco.

En grupos de a cinco, ocho, nueve personas o también envolvién­dose en parejas


como vértigos —ah, flechas certeras de una incorregible Eloísa no: sabia y
divinamente incorregible Chupiñamca bordando entre la muchachada (chicas,
chicos con todo un mundo en los ojos) de esta parte explosiva del mundo, las
tiernas ferocidades de un amorío que —no como en un film cuyas sombras y luces
evitan otras percepciones sensi­bles— va a dar en chacras donde rocío, pétalos de

313
un capulí en el borde de un caminito de tierra y arriba las Pléyades hablan flores
como en la len­gua de los pastores de Tupe y no, según se acostumbra en todas
estas perdidas urbes de Babilonia, entre las sábanas al paso de los hoteles que no
sólo por caros sino porque (como al través) tienen que ver con aque­llos refranes
que empiezan por tratar de la i en el Diccionario de los refranes populares
escandalizarían ya (hablando en términos de a calzón quitado, que no son los del
frío %) a las poblaciones (más nómadas al este y menos sedentarias en el oeste) de
ambas márgenes de aquella sime­tría excavada en la tierra que son el sequión
principal y sus florituras acuosas (herencia entre otras de los Chuquismancu:
muchos años antes de Pachacutec, que cambió dos veces su ejército y demoró diez
años en atravesar este valle aguerrido que con su paso pasó a denominarse Huarcu,
ahora canalizado) de este lugar aguerrido y pacífico, silencioso y que suena a costa
bravía como todos los lugares hermosos del mundo, la gente, reflejo de un universo,
flujo marino, leños ardiendo y conversa­ciones de caminantes al descansar la
jornada, giraba suavemente ilumi­nando aquel trozo de esmeralda depositado por
el oleaje de un Pacífico nada pacífico en esta noche fresca de primavera. Para los
males del amor, el agua de chamico, decían los médicos descalzos en estos lares.
Y para todos los males juntos, un buen emoliente —me invitaba mi amigo J.M.,
que leía a Marx y Friedman como no se podía leer nada tan inigualmente bello.
Pero es que Marx y Friedman tenía que ser la solución cien­tífica a los problemas
de Cañete, y no sólo de Cañete, y esto es indiscuti­ble. Lo discutible es que todavía
hay algunos pobres tipos que creen que los que nacieron en cuna rica tienen
derecho a abusar de los que no na­cieron con nada en los bolsillos (y estos son el
99%, ahora sí en términos fríos). Y los muchachos seguían conversando furiosa y
animadamente: uno de ellos andaba siempre con un librito en el bolsillo y dizque
era poeta y como era poeta tenía la cabeza en la luna (pero los pies los tenía bien
puestos sobre la tierra): el muchacho seguía o se había dado el tra­bajo, que era su
vida, de continuar la tradición poética en Cañete que en los años del 20 al 30 dio
sus buenos y sabrosos frutos: Edilberto Zuleta de Aliaga fue un poeta que las
capillas gustan olvidar pero que yo, clereci vaganti, no he olvidado. Desde el
Olimpo, Zuleta aún desconocido no ha cesado todavía de enviarme sus rayos
inspiradores: en cambio, con Juan de Arona tengo los mismos problemas que tenía
mi abuela cuando trabajaba y era tratada como una bestia de carga —sangre
coagulada en lirios, latigazos surcando sus lomos— en la hacienda del filólogo Paz
Soldán y Unanue. No sólo mi abuela, hay mucha sangre mía metida en esos surcos
y muchos llantos: gente que enloquecía, hojas de berro yo he mor­dido y sábila
—para espantar al malagüero. Flamas de jade con rocío: sá­bila —mano abierta,
amuleto con vida y signo de una resistencia a la opre­sión: aún sin agua viviremos
y aún sintiendo hambre no hemos dejado que el hambre venza. Enterrada en el
umbral del marco de la puerta —una herradura, y colgando en el mismo marco
arriba —una lámpara ver­de: sábila. Y los que se fueron al monte, los que se

314
largaron de esta ha­cienda y en la noche volvían por un algo de placer en los muslos
de las negras y serranas hacinadas como forraje para el látigo y luego: arrear con
el ganado, arrear con la despensa, meterle fuego a la casa de los se­ñoritos, antes de
volverse en plena madrugada otra vez al monte tuvie­ron palabras que sin palabras
heredé —mucho hay de mi sangre en esos goces, rebeliones adorables. Látigos en
fábricas, sangre mía también en estas Desmotadoras y ¿qué hacer? Son cosas de la
vida no: de un tiempo, una sociedad que no nos pertenece y al mal tiempo, buena
cara. Pero a la mala cara, esta crítica de un lenguaje que es el lenguaje de la cólera:
sig­nos que florecen en análisis o en metáforas (dulce zarpa que todo lo tras­toca)
—frutos que mi escritura cosecha en medio de una tempestad de se­da. Buena cara:
seguir con esta alegría y un no ser escéptico, mi curiosi­dad. Mala cara: el capital =
“cuerpo sin órganos del capitalista”, el “ser capitalista”. Arrasar, escritura mía, con
esta sociedad del capital. Porque todo lenguaje que se desprende como una fruta
de uno es insurrección y en la escritura cada letra es un arma, un deseo y mil
jardines silvestres que se enlazan y multiplican allí donde la luna, el sol llegan para
acos­tarse en el templo de una fornicación salvaje. Cada letra, un camino y en cada
solitario camino que va entre quebradas y malezas mis pasos que prosiguen lo que
mi escritura diseña: belleza/rebelión, precisar otro mundo que es este mundo que
mis palabras tanto como la pura acción van cambiando. Y la acción es una
transcripción menos inaprehensible que el jardín de una conciencia que la imagina
y que en tanto que escri­tura vuelve a transcribirla para la acción que es conciencia
y no deja de ser el vuelo metódico que somos cada uno y todos: imaginación.
Cambio de tonalidades y velocidades, aceleración: escritura ritual y técnicas de
combate (automonía orgánica, despliegue de células de guerrillas como manojos
de llantén) contra “la máquina capitalista” “civilizada”. Y todo este mi pasado no
escrito es mi riqueza, mi riqueza son mi estilo y los frutos de una cólera que yo voy
a cosechando para el mundo. Entre las tumbas hay seres que ya duermen, cumplido
lo que tenían que cumplir y paz, hartísima paz para los que ya cumplieron lo que
habían de cumplir. En las oficinas: muertos. Y en la burocracia: muerte y son la
muerte que respira, la muerte anonadada y torpe como los comunicados que se
difunden por la radio —lo tardío, lo sin imaginación, lo sin delirio, lo sin coraje, y
lo repetitivo, lo sin ojos, y lo aceptado, lo sin crítica real, y el embuste, la viveza,
y lo ya hecho, la utilidad, y la misma cojudez de siempre, gusanitos y sapos que se
arrastran diciendo huachaferías sin dominio de lo que en su huachafería dicen son
la muerte y son la muerte apuñaleándose por subir un puestito más en el negro
ovillo de las ofici­nas. Pero no porque esta (dejo bien subrayado el vocablo esta)
muerte exista voy a dejar de luchar contra la muerte y no porque esta muerte exista
voy a evitarme el bienaventurado placer de lanzar un zarpazo a la misma carótida
de esta muerte que mis palabras van como a una víbora de lengua de metal
niquelado macheteando: alto a la muerte, y destruc­ción contra la muerte. Mi
alusión en contra —directa y compacta: no a es­ta muerte sistemática, escritorios

315
lentos y rampantes, corte de energía. Pero la escritura es vida y en la vida la muerte
siempre salió vencida. Vi­vir cuesta mucho pero no más que la muerte. Y vivir es
un delito —fabri­ca flores deliciosas, entonces. Cultivar nuestra belleza en la
máquina sil­vestre: transplantar a nuestras páginas de uniones y disyunciones
aloca­das el ritmo de los astros —danza de unos muslos en el lecho del viento, ojos
terribles como la noche pero como una noche que ya va precipitán­dose en los ojos
del alba bañándome de luz. Amapolas de un vientre me miran dulcemente bajo
estos pechos que se han embriagado con mi frote y me enamoran. Y es el acto. Y
lo sagrado. Y el combate: que es lo sagra­do, y es terrible: escritura. No alienación,
ni cosificación: no reificación. Movimiento de metáforas eidéticas o transparentes
o herméticas —¿qué hacen en tanto ellas se materializan siendo?: reflejan un ahora
que niega al ahora, centro de la virtualidad (no metáfora sino producto de la per­
petuidad del movimiento). Prometeo entonces: lo perpetuo en sí, y para sí:
Einfühlung. Pero la escritura —destruye. Y en destruyendo ha construi­do un algo
—zarpa de un amanecer de lilas espantando al malagüero, en unos muslos que
sitúa como la pantera de una mariposa desgarrando a la tristeza, brillo en las llamas
que se desprenden como catedrales de tus ojos. Noches por donde me he perdido
y me encontré al encontrar una mujer distinta en cada noche —otra y el mismo
amar a cada instante: pa­sión irrenunciable, apasionado cuerpo de caricias
transfigurado en un abismo de golondrinas con el horizonte pendiendo de sus alas.
Madrigal de belleza —madrigal rosáceo y duro como el coral de una herida que se
agita dulcemente, lámpara encarnada, cáliz que me transporta a los cie­los de la
necesidad (que es libertad, y lucha por la libertad): cuerpo nue­vamente y cuerpo
hecho mecanismos de la naturaleza —todo se ilumina en la rueda del cosmos. Y
en cada cuerpo: un cosmos. Desnúdate: lo infi­nito no se compadece. He sido y seré
tranquilo como un mar —mi imagi­nación se acelera y se está acelerando: lo que
he querido está en lo que quiero, aquello que me parió es lo que yo soy. Estoy
volando —mi mente como una molotov está por estallar. He sido y seré violento
—lo infinito es luz que más se aleja cuando más cerca estamos. Y la molotov es un
trabajo delicado: el primer momento del estallido es la concepción, y el segundo
la preparación: el tercero es ir acercándote, y el cuarto alejarte rápidamente —los
frutos fructifican siempre (y no lo dudes: la escritura estalla como una ola contra
lo relativo). Pero el absoluto está aquí y es tierra: llegar a lo absoluto es llegar a
nuestra tierra (pero a nuestra tierra sólo se llega por el corazón). Y la escritura
totaliza y canta. Porque la es­critura es partitura: organización de tonos y notas que
vuelan, pinceles mojados en belleza, navíos que se deslizan levemente como un
aerógrafo de Wunderlich dibujando lo que delicada y dulcemente voy palpando en
unos pechos y en tus muslos —fuego (pero fuego verde) y en el fuego silencio
(pero silencio rojo): apenas parpadeos (pero parpadeos negros), apenas gemidos
(pero gemidos índigo), unas cuantas frutas que sacuden a nuestros vecinos
carcomidos por toda una ideología inmovilista del aparato del Estado transnacional.

316
Música y luz: gloria de nuestro ser pri­mordial. El espacio es música en la pantera
antes de saltar y desbarran­car a su presa —música es luz en la pantera que sigue
adelante. Máquina de escritura y guerra ya perpetua sin tiempo y sin otro espacio
ya que esta ciudad una y misma en todo este diseño de occidente. La energía del
campo es inagotable (y por eso es campo): la ciudad no vive sin la con­moción
despiadadamente dulce del campo en sus venas. Llegué y te di belleza, te di
energía: cachetéame entonces (sabré responder). No una te­rapéutica sino una
transfiguración de los signos industriales necesita­mos. Y como los grupos
autónomos de guerrilla (vascos, irlandeses: los camisards, Rote Armee Fraktion,
Brigate rosse) —violento y como los Puruchucos y beduinos, pastores de Tupe,
montoneras que iban y resistían a los ejércitos en Lunahuaná y Yauyos violento
destruyendo estratos, je­rarquías, pirámides que no interesan sino a positivistas
siempre fuera de foco y siempre dentro de un globo que los maquina. Y pienso en
una re­volución Quechua/Aymara —lo que ha dado como cultura esta costa que
arde como un caldero recalentado— rituales—fonográficos de Boras/Shipibos que
reflejan la rueda encendida de la máquina silvestre—punta de una lezna al rojo
vivo grabando en la corteza del poro escenas de una sabiduría aldeana en Mates
Burilados—todo un material de sentimientos andando por calles oscuras y mal
alumbradas —montones de tristeza y desesperación en los ojos. Máquina oriunda/
simbiosis. El orgasmo es la tierra de la casuística y la casuística es soñada por el
orgasmo que debe reconocerse como orgasmo. Nuestras minas son nuestra sangre:
minas espirituales, no geográficas. Y nuestras minas son invencibles —no se
venden, doctor: se trabajan. El trabajo te da la medida de la riqueza de lo que eres.
¿Descansar? Tuvimos bastante tiempo para descansar cuando no habíamos nacido.
Combatimos por el sentido más que por palabras —la inflación alcanza ahora la
esfera del lenguaje y luchamos contra esa in­flación. El combate por el sentido
siembra la noción de realidad pero el sentido del combate es el cambio de la
realidad. La realidad se produce eliminando lo falso en la verdad. En cambio no
hay verdad que no sea sueño del trabajo y efecto de la acción. El trabajo del sueño
es el cuerpo y se produce en el cuerpo donde todo es belleza —jardín que no
buscas en ninguna otra parte. El sueño del trabajo es tu cosmos —no metáfora sino
verdad de la realidad. Deseo y sueño son objetivos en tanto que no eva­den la
realidad —se dan como necesidad. Pero la necesidad es expresión de los
mecanismos que conforman la totalidad del cosmos (y no sólo conforman, sino
que mueven al cosmos de lo que se da como sociedad). Por eso lo falso es el error
—que en economía es la alienación del cuerpo (todo lo que significa un cuerpo
como socialidad) por la mercancía y sus “marketing”. El error de lo falso en
política es no destruir sino reproducir la mercancía —lo falso es eliminar la
humanidad. Entonces lo falso —fascismo— es criminal. Y a lo criminal como a un
tumor infeccioso se lo ex­trae y se le arroja a la pouvelle (en francés, basura). Y no
queda más. Es una cuestión de vida o muerte. Los hombres de las barriadas que

317
son el sagrado almácigo de sus pueblos en la ciudad no pueden más, y no pue­den
más. Por eso deseamos, amamos una revolución Quechua/Aymará —idealismo es
lo que queremos: humanidad floreciente, conciencia y no mercancías. Y pienso en
mi costa que arde como un motor recalentado. Pienso en un pastor con sus labios
enverdecidos por la chacha de coca, invitándome un trago de yonque que encendió
mis entrañas en el Mantaro. Quien transmite su energía y su dirección a la máquina
sabe que no es un problema la máquina —el problema es destruir al bussiness men
que se roba el producto de nuestro trabajo. La destrucción del fascis­mo no pasa por
la destrucción de la máquina sino, apenas, por la destrucción de lo que se constituye
como diferencia social en los seres humanos. Terrible problema —pero solución
inmediata, solución necesaria: destruir la reificación, destruir las relaciones
productivas y su código. No la fuerza del trabajo como objeto mercantil en la
ciudad. No el hom­bre como objeto mercantil estamentizado en el campo.
Liberación. Belleza. Inteligencia. Tribu nuestra en el ferrocarril de la historia:
almácigo salvaje, célula de combatir sembrando hermosura —destruyendo el
automatismo de la maquinaria. Unos van al “compás”. Yo, contra el compás,
listando en Lima hablé con el Bosco disperso en láminas y museos euro­peos:
estando en París hablé con plantaciones de uvas y jazmines en Ca­ñete. Y tierno.
Tierno como los campesinos que llegan para formar el proletariado en la urbe, o
que llegan para formar el lumpenproletariado también. Ómnibus interprovincial
que vienen llegando sin más memoria que sus huayllas bailando el sábado toda la
madrugada empatando con el Coliseo un domingo escuchándose, música
alegrándose, labios enverdecidos, dientes negros, cosecha de trigo, cebada dorada
oscuro en hori­zontes azul profundo con un sol quemándome la espalda, empapado
en sudor en lomas que ondean como retamas —tierra mía por la línea pater­na con
abuela quechua y bisabuelo vasco— y un pan de trigo rico como ninguno en
hornos cavados en tierra a un lado del patio, pachamanca exquisita, olor a comida
ahumada o patasca que hacía mi madre en ho­nor de mi padre y se hace poniendo
a hervir cabezas y patas de ternero —hasta que salga su gelatina— y tiernos
choclos y papas arenosas de huayro, cilantro, perejil y qué sé yo todo lo que se
encuentre a mano se pone a hervir y se hierve durante horas enteras hasta que eche
su sustancia y quiero volverla a comer como la comí en el alba después de un viaje
de horas en un tambito de Jauja con mi tío Pancho que volvía a ver mis otros tíos
que no conocían a su sobrino estudiante sanmarquino y mis primas desconocidas
y el Mantaro tenía la serena majestuosidad de quien ha comprendido y le da un
sentido a la vida, color de un caldo de yacuchupe —agua arenosa y con huacatay
y papas que se cocinan en huacatay y eso es el yacuchupe probándolo en silencio
en una aldea perdida en la margen derecha del Mantaro y por la otra margen al
frente conven­to de Ocopa donde un sacerdote me abre su biblioteca y me deslumbra
en un latín que no comprendo y entonces Ramón Llull y Eckart y Scivias de
Hildegarde y Mechtilde de Magdebourg y Mechtilde de Hackerborn y el Aminadab

318
de San Juan y Teresa y Eckart: El infierno del mundo es el espejo de nuestra propia
grandeza que siempre los sobrepasa y los janse­nistas y el tacneño González Vigil
jansenista y el cubano José Martí entre jansenistas también y entonces John Donne
y estos Cantos de Cambrid­ge, llueve en París, cuarto sin calefacción pero yo estoy
ardiendo, pre­sión arterial alta, ojos enrojecidos, zapatos destrozados por la lluvia
pero en rumbo a los cielos, en rumbo a lo que va naciendo de mí y de ti y de todos,
en rumbo con mis pecados, en rumbo con mi locura, en rumbo con mi vida que
continúa adelante, viajando en el bus atestado de gente, radios con música, llegando
a la Av. Grau, callejuelas amargas como be­rro de la Victoria, descendiendo con sus
frazadas a perderse por las si­nuosidades de Lima, le Marais de París, comité de
transportes interpro­vinciales, estaciones de Metro, ferrocarriles, conventículos
arrumados de El Agustino: Encargué a una mariposa, / envié a una libélula, / para
que fuera a ver a mi madre, / para que fuera a ver a mi padre. Y te recuerdo tío
Eustaquio “cutreándote” porongos de leche que nos traías a nuestra casa y allí
hacíamos mantequilla / y quesos y arroz con leche y leche avi­nagrada y leche
tostada / y yo estaba todavía en primaria y mi tío Eusta­quio, mi tío Eustaquio. / Y
mi tío Pancho —casita en un callejón del Porve­nir, genio duro y arroz y cariñosos
frijoles también antes de ser gerente en unas minas de capital francés. / Tía Pilar
—en un convento al que in­gresó después de concluir dos profesiones en San
Marcos: la de econo­mista y la de químico farmacéutico, para rezar por la
humanidad. Y otros igualmente queridos —en San Martín de Porres. / Poca gente,
mucho amor. / Y por la línea materna, gente mía. / Tío Ubín trayendo una corvi­na,
coliflores, dónde está esa gente diciendo / y a cada uno entre los ocho chiquillos
nos iba dando la pascua / y todavía hasta grandes nos sigue dando su pascua y
nosotros vamos a velar / por él cuando viejo porque se casó y no tuvo hijos y
nosotros tío Ubín, tío Ubín. / Y allí está Antonio trayendo un pote de colao, conejos
asados. / Y la tía Arsenia —en Aro­na. / Y Juan mi bisabuelo traído desde China a
trabajar de administra­dor / en una hacienda de Monterrico —maestro coolí y con
su larga trenza de coolí colgándole/ a la espalda: Yi Je-Tuan, célula secreta de
Boxers en Lima. / Juan padre de Paulino mi abuelo —89 años / y todavía con más
fuerza que yo. / Y mi abuelo Paulino —trabaja y trabaja y trabaja dentro de una
moral radicalmente estoica que le permitió ser un burgués pro­vinciano. / Y por
toda esta mi gente yo aprendí a escribir. Y escribo. / Por el honor de lograr un
poema, / un verso que merezca apenas ser dulce­mente leído por una muchacha
solitaria en un tren que nos lleve a los cielos. / Y aprendí a escribir después de
rechazar mi educación burguesa / aunque no mi formación cristiana. Y aprendí a
escribir para dejar constancia de nuestras luchas y nuestros sueños, / de nuestras
victorias y derrotas, / de todo lo que desde hace siglos hemos venido haciendo en
esta vida. / Y aprendí a escribir como se aprende a tocar el tambor de la guerra /
para ponerme como carne de cañón adelante. / Y aprendí a escri­bir para eliminar
el prejuicio / de que calatos y mestizos somos unos analfabetos / —para eliminar

319
las burlitas de los blanquitos creídos. / Y aprendí a escribir para darle incluso mi
amor / a esos blanquitos creídos. / Y aprendí a escribir por amor. / Y por rabia. /
Por transplantar hermosura allí donde no hay hermosura. / Por colocar un molotov
allí donde es preciso colocarla. / Porque no sólo son los míos sino toda una historia
/ y to­do un pueblo mío quienes me dan su fuerza para escribir. / Porque es ne­
cesario que nuestra sabiduría quede escrita. / Porque tengo que combatir lo
ineficiente / y porque escribir es combatir. / Y por todo esto y porque lo necesario
/ sin dejar de ser lo que nunca terminará de llegar hasta noso­tros / cualidades de lo
absoluto / que tampoco puede ser sin el ser de no­sotros mismos / es esto que uno
va haciendo aprendí a escribir/comba­tir/sacarme la mierda hasta para hacer el más
mínimo de mis actos: im­placable conmigo mismo / y una letra —un zarpazo. / Una
letra, una forni­cación. / Una letra, maleza que encuentro por todos los caminos:
yerba-luisa, llantén. / Y aprendí a escribir por el amor a mi gente. / Y aprendí a
escribir por aquellos muchachos que se paran en las esquinas, / los par­ques, yendo
a jugar pelota sábados y domingos / en las canchas de las haciendas hasta que el
administrador ordenaba botarlos / y no saben có­mo decir lo que tienen que decir /
y me invitan un trago / poeta diciéndome / y son buena gente / trabajan toda la
semana en lo que sus padres tra­bajan / y la destreza en carpintería / ebanistería /
mecánica la heredan por­que aquí no se hereda / más riqueza que la destreza para
poner en fun­cionamiento el corazón del mundo / aunque hayan sapos que no vivan
sino en saunas. / Y por todo esto aprendí a escribir. Y escribo. / Y por mi gente /
mis tíos / hermanos / primos / amigos. / Y aprendí a escribir por­que mi abuelito
Paulino quería que yo estudiara / y me lo dio todo para que yo estudiara. / Y
estudié. / Y mi abuelito Paulino —trabaja y trabaja y trabaja: / pone en movimiento
la casa. / Y mi abuelito Paulino siempre nos dice que hay que trabajar / y yo he
trabajado / y sé manejar una lam­pa / un pico / y sé manejar una plomada / y sé
cómo se tartajea una pa­red / y colocar un ladrillo sobre otro ladrillo en la champa
de una mezcla de hormigón / y sé diferenciar claramente una arena gruesa de una
arena delgada / y para qué sirve una arena gruesa / y para qué una arena delga­da /
y sé como se maneja un catalejo como una cuchara pero más suave­mente que una
cuchara / y sé poner la medida exacta de cemento en tres carretillas de arena / y
uno o dos baldazos de agua / y después remover como se remueven papayas
plátanos naranjas en una licuadora por el mercado mayorista pero con gotas de
miel de algarrobo / una maña­na / siempre una mañana llegando con mi padre a
Lima / invitándome un vaso de jugo pero con gotas de algarrobina y un huevo
crudo para que yo tenga fuerza / y no me vaya a malograr de la cabeza / y entonces
ese era mi desayuno y ya me iba a tomar mi ómnibus para San Marcos / y en San
Marcos yo no era poeta sino un estudiante más / y llegué a Lima a inscribirme en
la universidad / pero en la tarde ya tenía que irme a Cañe­te porque no tenía dónde
quedarme / y todos vestían colores chillones / y yo estaba allí con mis pantalones
epatantes y mis camisas epatantes / ele­gidos así porque quería distinguirme de una

320
burguesía considerada sin espiritualidad por mí / y a veces tenía vergüenza de mi
sobriedad / entre tanta gente inconciente / pero yo había ido a estudiar / y entonces
me pa­sé toda una noche estudiando para el ingreso / y a las cinco de la mañana no
había pasajeros / y todo estaba oscuro y hacía frío en la plaza San Martín / y yo
estaba allí dentro del auto haciendo mis últimos repasos de matemáticas / y a las
cinco y media de la mañana no había pasajeros / y a un cuarto para las seis ya llegó
una pasajera / y como a las seis y cuarto ya el carro salió para Lima / mientras en
mi casa todos rezaban para que yo ingresara a la universidad / y a las ocho ya
estaba yo en Jardín Botáni­co dando mis exámenes / y entonces esa tarde me fui a
Cañete / y seguí estudiando para el examen del otro día / y el otro día tocaba
literatura / y tocó sobre Góngora y escribí que Góngora era el deshueve pero no
escri­bí que era el deshueve sino que Góngora manejaba el endecasílabo / co­mo un
tipógrafo su linotipo / y al otro día otra vez estaba yo en Jardín Botánico buscando
mi nombre entre miles de nombres / y buscando un sitio entre miles de sitios / y
me sudaban las manos / yo me decía ya me cagué / mi madre ya me jodí / y
empezando a ver de costadito / chucha diciendo / carajo diciendo / por el último y
de abajo hacia arriba / y chucha diciendo / mi madre ya me jodí diciendo / de abajo
hacia arriba yo busca­ba mi nombre entre miles de nombres / y me sudaban las
manos / y en Cañete todo el mundo rezando con una mechita votiva encendida en
aceite en un vaso de agua / y yo aquí chucha diciendo / carajo ya me jodí diciendo
/ nunca más voy a estudiar diciendo / pero encontré mi nombre muy bien situado
y mi alegría fue un placer sereno / ay chucha/ fue to­do / ah chucha / y entonces me
sentí como de aquellos intelectuales cami­nando por St. Germain / y entonces
recordé La edad de la razón —un librito que me gustaba porque trataba de los
intelectuales y su vida: / la sensa­ción de haber ingresado a San Marcos / y de haber
llegado a Lima sintiéndome un sanmarquino / lo mejor del mundo / lo increíble /
lo más ma­ravilloso que podía existir en esta tierra / la sensación espléndida y ado­
lescente de ser un sanmarquino / la conquista absoluta de la apoteosis que era el
ser un sanmarquino y no otra cosa sino un sanmarquino / y na­da más que un
sanmarquino / y poder decir a la gente yo soy un sanmar­quino / estudio en la
primera universidad de Latinoamérica / la más anti­gua / la mejor / la que ha parido
los mejores cerebros del Perú / esa sensa­ción de profundidad y transparencia / esa
pura tumultuosidad en que to­do se ve como a través de lo diáfano y que es el ser
sanmarquino perte­nece a la condición del trabajo / esa condición humilde pero
coherente del universo / esa condición rebelde en sí misma pero siempre creado­ra
/ y esta condición humana que es mi condición por mi origen y por mi desarrollo
hecho ahora escritura tiene la cualidad de la adolescencia y la cualidad de las
relaciones conflictivas / y ser sanmarquino implicaba pa­ra mí ingresar en la
madurez sin salir de mi adolescencia / y por eso la li­bertad no era otra cosa que el
estallido de los conflictos / y por eso mismo aquella sensación de la apoteosis
sanmarquina que marcó mi adolescen­cia hecha conflicto constituye el impulso de

321
mi escritura / al mismo tiem­po que mi modo de ver las cosas / y al mismo tiempo
que mi praxis en la historia que para mí es una vida, una vida tan plena como la
propia vida cotidiana en la que encarna la rosa mística y simbólica —por la que
lucha­mos. / Me gustaba pues San Marcos / y aquella sensación maravillosa de
estudiar en San Marcos llenaba mi vida / pero yo no había ido a San Mar­cos por
encontrar una sensación maravillosa / sino que esta sensación maravillosa me
llegó como una serie de espasmos en el momento en que me sentí en San Marcos:
/ sin embargo yo había ido a San Marcos ligera y francamente con la vaga esperanza
de nunca terminar de estudiar / por­que lo único que yo deseaba sentir era aquella
sensación de absoluto que me dio San Marcos / y por otra parte merecer ser
considerado como un sanmarquino / por sí mismo / no como poeta/ sino por sí
mismo / y por sí mismo llegué a ser un sanmarquino / no en la Facultad de Letras
donde no estudiaba / sino en Económicas donde en vez de estudiar los cursos
programados estudiaba lo que me gustaba: literatura / y no es que estudiara
literatura sino que me ponía a hacerla al modo como yo entonces entendía la
literatura: / asistiendo a los mítines estudiantiles / y cuando una vez fui invitado a
dar un recital en Letras / me pareció entonces más adecuado coger un periódico y
leer algo sobre (contra) la guerra en Vietnam / pues leer uno de mis poemas hubiera
sido un acto de vanidad que no me podía permitir: / en cambio, asistir en contra de
todos los malos presagios a un recital en Villarreal donde precisamente el Apra no
se ca­racterizaba por su amor a la literatura / era el acto que transfiguraba mi
vanidad en coraje / afirmar la negatividad literaria en el terreno mismo del enemigo
/ ver que llovían bombitas apestosas de todos lados y ver que no asistían hombres
sino mujeres llenando todo aquel anfiteatro / y ver que las mujeres no se movían
resistiendo a pesar de gritos y bombi­tas apestosas / no era sino comprobar que la
imagen de que las mujeres son como vaporosas es una vulgar convención machista
/ pero nuestro recital fue interrumpido cuando bombitas apestosas ni amenazas
dieron resultado / y entonces no recuerdo sino un manotazo ciego que se venía
desde el fondo con un tipo gritando y el búfalo Pacheco y unos cien apristas
vestidos de negro lanzando silletas / bancas / masacrando todo lo que encontraban
a su paso / y de pronto verme rodeado por mujeres que me protegían como una
coraza fue como tener aquella experiencia del arte corporal / que a las obras del
artista prefiere al artista como obra / no el signo ni el significado sino la significación
/ en el instante en que en las sociedades tecnológicas algunos artistas lo planteaban
como teoría y lo hacían en sus propios cuerpos / como imagen de una autodestrucción
/ yo lo sufría en mi propio cuerpo como destrucción de aquella ima­gen que en la
realidad histórica peruana era incierta. / Las mujeres son sólidas / y a San Marcos
me unía no una relación sexual sino algo como una ternura que me envolvía cada
vez que me encontraba con una sanmarquina en aulas y cafés / pero las chicas de
la Católica son inaccesibles / no como expresión sino como relación espiritual / y
había como una bondad en cada sanmarquina / que en una joven de la Católica yo

322
encontraba co­mo la insatisfacción de un interés que las deslumbraba / una especie
de entremetimiento natural pero no con “perversité” y muy lejos de la “perversité”.
/ Las sanmarquinas son más seguras de sí mismas y más tran­quilas y más pacientes
y más sólidas / —San Marcos era mi casa / pero co­mo yo deseé no terminar mis
estudios aun no he dejado de ser sanmarquino. / Llegar al Palermo a las diez de la
mañana y no salir de allí sino hasta las dos de la mañana / era evidenciar una
tristeza que deseaba evidenciar / pero por otra parte también era no arriesgarme a
que me nega­ran un café en el Versailles. / Y de pronto probar el sabor de un cierto
fra­caso. / Yo estaba enamorado de ella / y ella se correspondía a la imagen de una
ternura que se sienta en un jardín / para contemplar la tranquili­dad de un mar en la
noche. / Encontrarse con una mujer de la que se es­tuvo enamorado en los umbrales
mismos de la pubertad es conocer la emoción de una paz absoluta / y yo me había
encontrado con esta mujer cuyo destino ya era opuesto al mío cierta vez en una
librería / hojeando con esa serena convulsión con que se hojean los libros / en que
la relación no fue sino una sonrisa / una sonrisa triste y tierna y tan hermosa y llena
de beatitud como la sonrisa de la Mona Lisa / y un ¿cómo estás? y un aquí que duró
apenas unos cuantos segundos pero de unos cuantos se­gundos llenos de intensidad
/ en que la intensidad fue un mirarse tierna­mente a los ojos y esa sonrisa / esa
dulcísima sonrisa / y todo eso fue co­nocer por primera vez el sentimiento de una
paz absoluta irrepetible e innombrable / y aquella tarde en verano al ir por las
calles todo fue como si caminara en un campo inmenso y con yerba / y ahora ella
permanece para mí todavía en aquella librería donde lo absoluto se reveló para mí
en la forma de una tan delicada intensidad. / Pero ella era mi amor y por ella había
escrito unos versos / largos cabellos como flores que uno reco­ge de la humedad de
la madrugada. / Por ella y por otra ella que era tris­te y bella y por otra ella que era
dulce y larga / —el amor es conflictivo / (y por eso es amor). / Pero por ella / otoño
con gotas de lluvia / Munich una noche en la madrugada / y por ella por la que
había escrito unos ver­sos / mirada que desciende a un mar que reventaba a lo lejos
/ cogidos de la mano / sollocé / cine Colón / cuando preferí no irme con ella
invitándo­me a la locura para amar su inaccesibilidad / paradero a cualquier par­te /
y ella que partía en un micro / y yo me iba a escribir otros versos a otra ella para
que ella volviera a mí. / Toqué sus senos años después / y me embriagué los labios
con sus pezones / nada ha terminado y en cada mujer que yo encuentro la vuelvo
a encontrar / (y me encuentro) / pero ahora he ido a pescar camarones a la mina de
jabón / debajo del cemente­rio de los chinos que ya casi fue arrasado por los
Beltranes. / Y los cadá­veres allí estaban a flor de tierra y como si los hubieran
acabado de enterrar / momificados / rostros como de palo y piel amarillenta / y yo
pasaba por allí y me ponía un pañuelo en las narices / mientras pasaba por allí
jugando y después no podía dormir / visiones terribles y desoladas / —estaban allí
los chinitos acostados en un ataúd deshecho apretando todavía en sus manos un
contrato que les aseguraba el regreso a su China / pero habían trabajado de peones

323
y no habían podido regresar a la China / y los muchachos pasábamos por allí /
mientras yo me ponía a llorar / y al volver a mi casa me empezaba a lavar y nunca
terminaba de lavarme con detergente alcohol ron de quemar thimolina. / Y este
cementerio que­daba en medio de unos algodonales de los Beltranes / mina de
jabón tam­bién le llamaban al cerro porque en sus piedras blanco jazpeadas con
la­drillo salía una espuma en la acequia / detrás de Sta. Rosalía. / Y por estos
algodonales los muchachos salían a seguir el rastro que en el barro hú­medo dejaban
los zapatos de las parejas. / Y yo iba con estos muchachos también. / Y todos estos
muchachos se pasaban horas en las esquinas viendo qué pareja estaba a punto de
salir hacia el campo para seguirla con una linterna. / Y esto era una distracción en
los chicos que tenían más de diez años. / Pero había en esto un cierto sadismo que
yo no compartía: / seguir a las parejas no sólo para mirar / y dejarlas hacer sus
preám­bulos / las seguían sobre todo para lanzarles piedras en el momento en que
empezaban los movimientos del coito / y era como si me estuvieran lanzando
piedras a mí mismo. / Y las acequias los sábados servían para lavar ropa. / Mientras
que las mujeres criadas en la ciudad se forman una conciencia del enseñar los
pechos desnudos como un pecado / las campe­sinas tienen otra conciencia del
pecado en cuanto a sus pechos: / enseñar sus pechos desnudos no es un pecado / y
no los enseñan sino que senci­llamente tienen sus pechos desnudos como uno tiene
las manos desnu­das. / Mi padre nació y se crió en la sierra —valle del Mantaro— /
Mi madre nació y se crió en la costa —valle de Cañete. / Y mi padre trabajó como
obrero en una fábrica / y durante toda mi vida ha sido chofer / levantan­do, con su
propio esfuerzo, y con la misma moral estoica, su propia empresa de transportes
de la que es el presidente del directorio. / Mi madre­se ha pasado toda su vida en
nuestra casa / y va a misa / pero hasta ahora no ha ido a una sala de cine todavía. /
Y mi abuelito sólo fumó y fue al ci­ne una sola vez en su vida / y no ha vuelto a
fumar ni a ir al cine todavía. / Y mi abuelito / mi abuelito Paulino empezó a trabajar
cuando tenía cuatro años como ayudante de una herrería / y su primer jornal
semanal era una taza de arroz que llevaba a su abuelita. / Y este jarro de arroz era
lo que llevó como un macetero con dalias durante toda su infancia a su abuelita. /
Siguió trabajando pero no pudo seguir estudiando —terminó el tercero de primaria
/ pero continuó manejando la tabla de restar y multiplicar mejor que el mismo
Neruda. / Entonces la letra con sangre entraba y lo de a rincón quita calzón
funcionaba / como ahora funciona una bujía en un automóvil. / Mosaicos se
llamaba el libro donde aprendía a escribir y leer. / Y los maestros no entendían de
contemplaciones. / Mi abuelito tuvo que dejar su escuela y muchachito todavía/ se
puso a trabajar en una piara que recorría Cañete Bujama Chincha Yauyos Ica
Lunahuaná / y en andando en su piara se conoció todo su valle como quien se
conoce montes y líneas en la palma de su mano. / Y en andando en su piara con mi
tío Francisco a quien recuerdo ya muy ancianito y a lo lejos, / pa­só toda su
adolescencia. / Mi tía Marina, hermana de mi abuelito, todavía recordaba que la

324
gente de aquí se atrincheró por las serranías de Yauyos contra las tropas chilenas.
/ Paulino dormía donde lo cogía la noche / y donde lo cogía el amanecer empezaba
a buen caldo con yerbabuena y ajos chancados / que ligeramente fritos en una
cacerola le dan todo un buen sabor a un caldo con papas y la mitad de un ternero
cebado en maíz (costaba dos centavos). / Pero la carne de estos terneros de ahora
ya no es la misma de antes: ahora son / como los pollos de las granjerías pu­ra
química. / Y qué vas a ser como antes: el vino de ahora es pura quími­ca. / Pero
después ya tuvo que buscar mujer y cuando se juntó con María Luisa, mi abuela, /
el capital de las nupcias eran dos ollas de barro y esas mantas de un rocío en las
chacras por donde las piaras iban sembrando camino./ Y por este honor de haber
nacido en una cuna trabajadora y re­belde es que yo escribo. / Y así es como escribo.
/ Y seguiré así escribien­do. / Y por eso es que aprendí a escribir. Y escribo. / Yo sé
cómo coger una lampa. / Y sé cómo sembrar / y cómo regar / y cómo cosechar
porque yo he cogido la lampa / y porque yo he sembrado / y porque he regado / y
porque he cosechado. / Yo sé cómo subirme en un árbol y coger aceitu­nas. / Yo sé
cómo coger el fruto de los paltos / y cómo se matea para coger el fruto de los
paltos. / Qué ricas son las ciruelas / y cómo duelen riñones y lomos al ir paso a
paso arrancando el tomate / sacando las yucas / de­senterrando las papas / cortando
a los zapallos. / Abuelita: estoy comién­dome un puñado de pasas mientras escribo
estos versos. / Y yo he sabido cómo colocar losetas sobre una cama de fresco
cemento para que unos zapatos en piel de becerro taconeen / lo que uno hizo con
tanta energía / y tanto amor. / Y por eso es que me gustan los campesinos / por eso
las fá­bricas / por eso tengo gusto cuando penetro en una Desmotadora y veo
máquinas que se mueven / y veo a obreros moviendo a las máquinas. / Y es porque
veo el poder del hombre sobre las máquinas. / Y es porque siento que sin máquinas
tampoco estos versos podrían llegar a más gente. / Y yo estoy escribiendo por
aquellos hijos de campesinos que se ve­nían a pie desde muy lejos a estudiar en el
colegio del pueblo. / Yo estoy escribiendo por aquellos hijos de obreros que no
tenían una refrigerado­ra / pero tenían su Underwood en la que yo escribía mis
versos de ado­lescente. / Yo estoy escribiendo por aquellos que bajaban de Yauyos
/ y su vida era muy solitaria en el pueblo. / Yo estoy escribiendo por aquellos que
llegaban a Lima/ y en Lima no encontraban dónde vivir para seguir sus estudios. /
Y yo estoy aquí desangrándome por toda mi gente./ Mis lágrimas son rabia / y mi
rabia energía que mueve a mi poesía. / Yo sé de­sarmar y armar una radio. / Yo sé
desarmar y armar un motor. / Y por eso es que me gusta el olor de las fábricas /
actividad febril y coordenada co­mo astros de un universo en las fábricas. / Pero
qué duro es ir recogiendo algodón con un saco amarrado y colgado de la cintura /
y cómo quema la espalda. / Qué sagrado y qué inmenso y cuántos motores y
máquinas / qué pasión / actividad / flexibilidad / pechos gritando / belleza desen­
cadenada en el recinto de la fábrica mucho más imponente / que esta os­curidad de
las catedrales góticas flamboyante. / Oh el honor del trabajo / nacer y mantenerse

325
en lucha constante contra todo aquello que sale en “Vanidades” “Cosmopolitan”
“Buen Hogar”. / Amar / carajear como un obrero. / Cada letra —una revolución. /
Cada letra —un tan explosivo or­gasmo. / Y por todo esto / —por Paulino mi abuelo
/ y por lo que he sufrido y por lo que he gozado / porque en la amargura de tu decir
no se go­za / es que aprendí a escribir. / Aunque por ser tercera generación he sido
siempre un Dandy delicado. / Y aprendí a escribir porque escribir es combatir / y
combatir es amor. / Y porque el mundo necesita belleza / y to­da belleza es
transformación. / Porque mi pueblo odia a la opresión / y porque mi pueblo odia a
la explotación. / Porque mi pueblo ama a la revolución. / Porque todo es bello si
uno combate / y porque todo es bello si uno ama —pero amar a quien. / Y porque
todo es bello si uno odia —pero odiar a quién. / Porque todo es bello si uno ama. /
Porque todo es bello si uno ama. / Porque todo es bello incompasiblemente en el
acto de rebelarse. ////// uno va por estos precipicios como senderos donde una
maleza llena de flores me rozaba los tobillos, aspirando todo un olor incontroversible
como el olor de una vagina que se humedece al depositarle mi lengua mientras el
atardecer y el amanecer eran alas de una misma mari­posa terrible y ahora era
noche, orquestas que murmuraban como abejas a lo lejos entre mis hieles
torciéndole el pescuezo a una economía bufalesca e iletrada. Estas son madrugadas
que yo abro como se abre un libro interminable. Estos son tiempos privilegiados
porque asistimos a la des­trucción de la peste y la estupidez —a la destrucción del
cáncer de la bur­guesía. Estos son los tiempos heroicos. Y nos ha tocado vivirlos. Y
va­mos a poner nuestros puños para aplastar a la muerte. Y vamos a elevar nuestros
puños como un canto de gloria en el momento en que el Estado de la burguesía y
el ejército de la burguesía sean aplastados como gusa­nos leprosos por nuestros
cantos de gloria elevándose como chimeneas de fábrica y lampas de los campesinos.
Lo que reflejamos, como teoría, es lo que no reflejamos si en la teoría el ser queda
eludido: virtualidad es lo que se organiza como escritura. Peligro: empirismo (pero
no irresolu­ble). La crítica del empirismo, en los textos, es el excesivo despliegue
de la negatividad.

1o / La máquina de escritura en tanto que organización de sus mecanismos y


líneas —todas sus líneas: analíticas, críticas, combativas: que pueden ser también
sólo una metáfora— destruye a lo empírico.
2o / En la escritura se cohesiona lo que se da como amorfo en el mundo
(un mundo mítico, semifeudal, o neocolonial, capitalista). Pero esta cohesión
es el sentido de la precisión del sentido del movimiento del mundo: el mundo
del sentido no es otro que el mundo en movimiento. La escritura cohesiona y
tendencializa en un sentido absoluto este movimiento.
3o / El movimiento se expresa a través de la forma. La forma en la

326
escritura es conciencia: allí donde nada se da como forma el contenido no existe
simplemente. Ello quiere decir que una forma sin contenido tampoco tiene calidad
de existencia.
4o / La escritura es máquina de guerra: es Panfleto. La relación en­tre una
carta de amor y un volante sindical es su grado de intensidad, cualidad esencial de
la máquina de escritura como máquina de guerra.
5o / Toda la escritura es reflejo pero reflejo crítico en tanto que forma y
sentido. La cualidad del reflejo es la cantidad de realidad sometida a crítica. Una
cantidad de realidad sólo se logra a través de una in­mersión en la totalidad de la
realidad.
6o / La totalidad es la contradicción: la escritura refleja esta contradicción.
Como reflejo, es un efecto directo de la escritura socio-económica. Pero la escritura
que es puro reflejo no es reflejo puro sino reflejo crítico (en el que entra toda la
subjetividad): como reflejo crítico, tendencializa la contradicción y es causa de
transformación de la misma estruc­tura socio-económica.
7o / La relación entre el reflejo y la realidad es el ser social del escritor (que
en tanto que tal es un trabajador del producto social del len­guaje) y su técnica de
escritura. En esta relación se da todo el trabajo de la literatura.
8o / Sin escritura el mundo no existe sencillamente.
Atrás quedó ya lo empírico. Atrás lo naif (y Arvatov tenía razón). Atrás lo
estático. Atrás lo frío. Atrás la incomunicación. Atrás lo inemotivo y lo cuyo motivo
es una paralización mercantil. Atrás lo que no es de­seo o no tiene deseo o no desea.
Atrás lo sin locura. Atrás lo sin razón. Atrás lo inaternurado y lo malaventurado.
Y atrás lo que no se desnuda. Atrás lo que no tiene oído. Y atrás el fuego que no
quema y los que ha­blan del fuego sin que su fuego queme. Y atrás todo lo que no
sirva a la causa del torbellino transformador de la historia.

Pero la escritura es organización y es coherencia —como una Internacional


orgiástica: Máquina de combate/cuerpo de amor.
Escritura salvaje/estilo sabotaje
(contra la burguesía).
Y yo iba cruzando esta y otra y la misma ciudad. Yo iba por
caminos que se decuplicaban en la historia.3
3 Pero no hablo más que de una violencia que se multiplica como el llantén en
montes y acequias —de la calidad de una violencia (toda aquella revulsión real) que
impulsada por las condiciones histórico—sociales que despueblan al campo se vuelca
sobre la ciudad para formar en ella la vida de una propuesta. Como escritor —dando
que opero so­bre un producto social como la lengua y el lenguaje— mi ámbito es el del

327
Mochila de metáforas al hombro. Alfombras de flores de Tarma: apoteosis
de unos detalles como sueños sagrados de sus tejedores.
Yo estaba en un puente del Rímac, arcos de piedra oscura y labrada donde
laúd y mandarinas en las cuerdas de su laúd Ventadorn me cantaba: Chantars no
post gaire valer / si d’ins dal cor no mou lo chans. Cantos del pastoreo y del arreo
al ganado yo cantaba: Volvió la mariposa, / volvió la libélula, / tu madre está
llorando, diciendo; tu padre está sufriendo, diciendo. Un viaje hacia el infinito que
era todo este viaje, un viaje del aquí y el ahora —llanto y placer, lágrima muda,
voz como un to­rrente hecho tic-tac en un sitio que ya se conmueve. Trozos de
verdor en los ojos, desiertos amarillos, montañas que resuenan como charangos
trabajo: en tan­to que escritor no soy más que un trabajador más. Pero como L.E. 1971302
sencillamente no existo y esto es lo que me permite la condición de vivir y luchar: quien
posee la L.E. 1971302 no puede existir más que levantado contra una cifra que lo nombra
“ciu­dadano peruano” pero que le niega su esencia nacional en tanto que lo convierte en
una mercancía dentro de una geopolítica planificada por el Estado transnacional de una
Trilateral. Me explico mejor: en las sociedades capitalistas a los hombres se les con­sidera y
efectivamente son tratados como mercancías por la burguesía (y por eso los hombres se
rebelan). La esencia nacional es relaciones humanas —no relaciones mercantiles. La esen-
cia nacional, esto es: las relaciones humanas no mercantiles, son una condición rebelde. En
cambio una condición democrática tiene que ver con la eliminación de la gran burguesía.
Por ello: quien posee la L.E. 1971302 no posee nada, pero se esencializa a través de su
levantamiento mismo contra el Estado de la burguesía. Este levanta­miento forma parte
de la literatura y toma parte en la realidad (que engendra a mi lite­ratura). Entre algunos
de los personajes de este poema estoy yo mismo en cuerpo y es­píritu —pero estoy como
nombre de guerra, que es mi verdadera condición de exist­encia. Como nombre de guerra
soy yo mismo en tanto que tal, en tanto que E.V. las ac­ciones político-sindicales (y a veces
político-militares) de las células que se mueven y actúan a través de todo este poema como
reflejo de un momento histórico constituyen mi propio espíritu, y mi espíritu se expresa
y existe precisamente en el momento en que se niega como espíritu. Mi espíritu existe en
el momento en que se transforma en acción. Quien quiera encontrarme entre los nombres
de guerra que actúan no encon­trará más que a la praxis de unos hombres que existen
porque son praxis. Lo funda­mental del poema es que lo que he llamado mi espíritu no
existe en tanto que soledad y tampoco existe en tanto que un yo egoísta sino en tanto
que relación política y en tanto que inmersión en el pueblo pero como una inmersión que
tiene un destino final humanista. He querido escribir este poema como lo mejor que he
podido escribir y en este poema he puesto toda mi vida y he puesto toda mi sangre —se
trata, por ello, de una autobiografía espiritual y de cómo se ha formado un muchacho de
pueblo que por las circunstancias de clase y “de raza” (que todavía funcionan en Lima)
aún no tiene derecho ni a la literatura ni a expresarse literariamente. Creo en la libertad, y
lucho por la libertad. Sé que mi literatura está por encima de la burguesía, y se sitúa lejos
de la re­latividad de las modas. Pero no lucho por la libertad para dejar el hastío: lucho
por la libertad para que otros jóvenes, si su vocación es la literatura, tengan la posibilidad
de encontrarse a sí mismos. Abandoné la universidad y esa fue mí victoria. Ahora escribo
este poema y ello será otro fracaso para la burguesía.

328
en cada plaza de pueblo, aves con largas patas picando unos granos río arriba. Yo
mismo fui, / yo mismo me trasladé, / y en verdad mi madre lloraba, / y en verdad
mi padre sufría. Y todo era terrible. Puro es lo que vuela como una mariposa en
mis labios, y podrida estaba aquella con­serva que abrí —mierda de “St. Didier”
—y arrojé de inmediato. Ciudades por las que uno no cesa nunca de pasar, campos
de donde uno nunca terminará de salir.
Pero el almácigo está aquí, aquí mismo en mi corazón.
Y me acaricia una mujer en una penumbra. Me está acariciando enloquecida por el
deseo. Día de Corpus Christi: danza desnuda y fiesta en que mujeres y hombres se
unían bailando y acariciándose suavemente en los cerros. Fiesta de la fecundidad
de los inkas en un templo majes­tuoso y sin muros, cumbre más alta: falo/vulva
y algo más alto que fa­lo/vulva: orgasmo que era más que un orgasmo porque
era como un canto al poder de la vida en toda la tribu, felicidad anunciándose
en el velo transparente y salpicado de verde en los cerros —gotas de lluvia so­
bre el andén, embriaguez no sólo de chicha sino con una alegría que sa­cerdotisa
Chuquissuso, sagrada y consagrada Chupiñamca y vuelta a ser consagrada por
mí. “Súcubo” —te hubieran dicho los frayles, tal vez tam­bién Francisco de Ávila
(pero no eras eso y estabas muy lejos de eso). Eras, Chupiñamca, pan para todos
—trabajo y maíz para toda la tribu. Pe­chos y labios, muslos, vientres, piernas que
yo acariciaba y el estilo de amar Checan (cultura Mochica, al norte de la costa
peruana) no se habla sino se hace y tú sonreías y te dejabas acariciar y te me
arrojabas contra los muslos: el arte Mochica es tan perfecto tan vigoroso como
las apsaras de Khadjuraho —más cerca como cotidianidad a la Ukiyo-é japonesa
pero no más distante como finalidad ritual que la Than-ka nepalesa (cuyos colores
sin embargo me han recordado a la cerámica Nazca). Checan/Dzogchen (y lo
hicimos). Adoración de la luna: Chanchán. Adora­ción de la tierra: Pachacamac
(y descálzate). Pero adorar nuestro cuerpo es elevar una cúpula en el abismo. Una
cúpula como un relámpago eter­no en la noche. Potenciar la energía del mundo. El
sentido de la ecología es oponerse a la territorialización mercantil del capitalismo
transnacional. Pero la ecología en tanto que ecología tiene sus límites: estamos
más allá de la ecología. Poleas, motores y maquinarias son los aparatos genitales
de una historia que surge en quienes mueven esta poleas, motores y ma­quinarias.
Pero el sentido de la belleza no es volver a decir lo ya dicho, no es no decir fuego,
sino que el fuego aborda lo que no pudo soñar aquel hombrecito que hoy es una
factura que yo arrojé en un charco de la rue Mandel. Es inevitable lo bello como
no es impertinente nada que pueda sabotear a una falsa conciencia. Uno levanta
una arquitectura como uno se maravilla en cada arabesco: vivir es tan difícil como
lograr el goce de apenas una flor perdurable. No perdona la belleza (y trágate eso).
Fuente de Barranco, cuatro de la tarde: brota el amor.

329
Existe un equinoccio. Pero ese equinoccio no existe sin la imaginación de
los hombres. No existe ese equinoccio sin relojes de piedra, brú­julas, mapas de
viaje.
Cinemateca de todas partes: Réquiem por un rey virgen / La caída de San
Petersburgo (cf. Syberberg/Poudokhin). Obras maestras. Arte de la historia —no
historia del arte.
¿Qué queda de los 70? —muchachas como flores brotadas de nuestra página
mientras Dany Cohn-Bendit —su acción es el sueño de mi página—lucha contra
desempleo + inflación.

Parque Universitario, siete de la noche.


La multitud merodea en torno a la torre del verano y el amor. Casona
de San Marcos, una pareja se besa entre geranios.
—Volantes con palabras revolucionarias.
Ha salido la luna.
Espero a mi amor.
Ha salido la luna.

Cámara 2 / En realidad, Paolita podía ser inexperta en cuestiones que


tuvieran que ver con la filosofía de las finanzas pero en los
asuntos que se dan con el catre era no menos experta que las que hacen
del catre sus finanzas: salió tan putita como la doña —embarazo regular, algunos
antojos poco exquisitos (“no sé si comerme un chupe de camarones o una lazaña
rellena en salsa crocante, no sé si irme a las playas del Samoa cariño”)— que
la parió. Y por allí andaría Paolita, por allí —rabito que no tiene compasión—
Dorita: el mayor, hacía bastante tiempo ya que se había zampao.

A su lado, un blanco perrito movía la cola y trataba de repetir, sapito, los


etílicos hipos de su dueño.

Y por aquel ruedo que como los ruedos de San Luis: antigua capi­tal —en
realidad la primera capital (o mejor digamos, cuatro solares) que fue fundada
por el virrey Hurtado de Mendoza quedaba en un punto equidistante entre
Cerro Azul y San Luis: punto que fue destruido por el pirata Drake en una de
sus varias incursiones sobre la costa peruana—, que cuando el algodón terminó
definitivamente por desplazar más al norte a la caña de azúcar se alejó, como
tiendas de verjeleo: burbujas de soda que se prueba con el ajenjo, mujeres de buena
carne que sin bikinis daban los pasos que ni en el mismo Moulin rouge de allá por
Montmartre se daban o polainas y pistolas al cinto entre los cuatreros pero no sólo

330
entre los cuatreros asaltando las haciendas vecinas, para ocupar un lugar y su lugar
de inocente barbarie entre la mitología dorada del novecentto —época era en que
la gente de estos sitios andaba con sus pistolas, dispa­raban al aire para celebrar
alguna festividad o no disparaban sino que sencillamente las llevaban colgadas al
muslo hasta que algún gobierno nos salió con el inventito de la Guardia Urbana
y a pesar de que ni esca­ramuzas ni refriegas desaparecieron por eso las pistolas
tuvieron que ser escondidas en viejos arcenes, enterradas en los huertos y de vez
en cuan­do volvían a ser furtivamente sacadas pero esta vez para traerse abajo al
subprefecto que terminaba pidiendo refuerzos a Lima. En fin, por estos ruedos de
San Vicente la gente (pocas personas ahora) caminaba. Rue­dos como aquel ya casi
desolado de Cerro Azul, mar verde plata, retreta y proscenio de nogal con tórtolas
y el aire de algún clarinete que aún se escucha cuando hablan las olas pero los
dulces muslos con sabor a cru­dos mariscos tienes que probarlos como se prueba
la pólvora peleár­telos —en realidad aquí las muchachas son quienes deciden su
amor, pero los muchachos ociosos no terminan de comprender todavía el por qué
sus amigas tienen ganas de salir a bailar con muchachos de poblaciones vecinas
también— como no quisieras peleártelos: chairas y callejones os­curos, los celos
porteños. Y en aquellos ruedos de Quilmaná, como en los de Nuevo Imperial, todo
lo transparente: templos y precipicios por Paullo —deslumbramientos y rayos de sol
o luna que rasgan las aguas de un río que corta en la niebla azulina el negro granito
de las cordilleras de Lunahuaná y Yauyos bajando sobre la costa como trozos de
artesanía, manos de gruesos granos de uva, vainitas, frijoles, tomates jugosos y
suaves en un delta y en una enredadera de calles y paraditas sinuosas como el Le
Marais, el Marché aux Puces/Clignancourt, una Kasbah de Dheli en Imperial con
miles de personas caminando, tropezándose, aceites de culebra, tijeras solingen,
remedios para todos los males, pomadas, camisas abiertas, adivinos, astrólogos,
griterío, zurcido invisible, agujas mágicas, piedras magnéticas, anticuchos, orates,
gente medio desnuda embroncándose y enredándose en un remolino de carne y
sudor, griterío y escupitajos. Esto, los domingos que empiezan con música a todo
volu­men en radios y tocadiscos. Pero ahora es noche y el silencio es un ámbi­
to encarnizado. La plazuela de San Vicente tiene, también, sus propias simetrías
ocultas que reflejan las praderas y recovecos de una mitología, sus propios jardines
llenos de barro y flores que sólo se abren cuando el mal-de-ojos ha pasado, plantas
de aquí que no se plantan allá y entonces (para no joderte) tienes que eludir
sucesivamente el Palacio, la municipalidad, casas que se quedaron sin portales,
centros de billar y fulbito me­cánico, bazares, tiendas, oficinas bancarias, la catedral
y más bazares, y restaurantes y más bares (todos de capa caída):

“Perdida te ha llamado la gente


sin saber que has sufrido con desesperación.

331
Vencida quedaste tú en la vida por no
/ tener cariño
que te diera ilusión...”

tarareaba Salchicha, siguiendo el compás de la radiola: “Perdida porque al fango


rodaste después que destrozaron tu virtud y tu amor”, lo ojos aguados pensando
en su amor que —con su foto iluminada por una velita—lo esperaba en el cuarto
número 15 del burdel:

—Qué haces —preguntó ella, coqueta, casi sin vellos en el pubis.

—Dicto clases en Villarreal —mintió, pendejísimo—. Nada del otro


mundo: un cursito de mercadotecnia —ella parpadeó, admirada: “No te
importa que te llamen perdida” —pensaba él, cervecita helada en las manos—
“yo le daré a tu vida que destrozó el engaño” —chupó— “la verdad de mi amor”.

(— El deshueve cumpa. No me cobró nada —volvió a chupar “perdi­da te ha


llamado...” (bis)—. ¿Qué buen bolero, no?

— Qué buena hembra, querrás decir.

— Sí. Una buena hembra.)

— Tú debes ser muy culto, ¿no? ja ja —rió nerviosamente, ella.


.
— Fíjate —dijo él—. ¿El trago es o no es necesario? —estúpido como
siempre.

Oye conchetumadre, le dije, ¿quién mierda eres tú para meterte conmigo? —dijo
Chocné.

— Ese es una mierda completa.

— Ruega a Dios que no me encuentre contigo porque te pongo en tu sitio


—hizo una pausa—. Perro loco se asustó y se quitó más rápido que inmediatamente
—sonrió.

Una camioneta pasó dando la vuelta, lentamente, a la plaza de armas.

“Perro loco” era el perfecto ejemplo de la estupidez provincial. Tenía un

332
soporífero programa radial dos veces a la semana (martes y jue­ves a las 8.30 p.m.)
en el que —entre otras de sus poco inteligentes perlas que entresacaba de otro
radioperiódico limeño, el de Ramírez Lazo— se dedicaba al poco estimulante hobby
(“mi jobi es jugar a la dupleta cari­ño”) de hacer el kung-fu con ladridos: agredía
todo lo que fuera organi­zación popular, cualquier movimiento reivindicativo de los
obreros de Unión, todo lo que fuera acción campesina sin contar que ya había desa­
tado una feroz campaña contra las guerrillas del 65 y contra quienes en un valiente
y hermoso acto de solidaridad pudieran manifestar cual­quier tipo de apoyo a los
movimientos de lucha anticapitalista y antifas­cista: esto último ya era el acabóse
y cuando escuchaba hablar de Refor­ma Agraria era como si le hubieran hablado,
por ejemplo, de comunis­mo. Reforma Agraria, aumento de salarios, invasión a las
tierras de los Beltrán sucesión, huelgas en las fábricas ya eran como banderolas
rojas que él veía flamear en cada casa.

— ¿Y eres profesor o alumno nomás? —preguntó, encandilada.

— Uff, alumnito nomás —dijo, grasoso—. Me faltan dos años.

— ¿Qué pose te gusta? —manos bajando hacia las ingles, besuqueándolo.

(— Pucha —dijo—. El filo al catre lo hace como la puta mare —bebió un


trago—. Oye, tiene mi foto y le ha prendido una velita en su altar.

— El otro día la vi. Estaba en un bazar comprándose una loción.)

— Desde entonces Perro loco no pasa, por lo menos, por mi calle.

— Ni por la mía. Aquí le hemos dicho que tiene que pagar peaje. Dijo
Canchari

— Ja —hizo un gesto con las manos—. Son varios los que tienen que pagar
peaje.

Últimamente había celebrado el despido de los varios miles de trabajadores


estatales que la dictadura de Morales Bermúdez había decreta­do. También había
apoyado —ladridos de un perrito al que un puntapié manda a la otra esquina— a
todos esos apristas y agentes contrarrevolu­cionarios que se encaramaron en La
Prensa después que sacaran —eso es lo que editorializaba él en “Nuestra palabra”
(disculpas por la palabra “editorializaba”)— a esos rojimios del suplemento
Jornada laboral. Pero matoncito como era (por eso mismo), Lescano Ladilla
hacía por lo me­nos una década que no comía ni dormía tranquilo: cierta vez, un

333
mucha­chito de esos que no tienen más riqueza que sus propios conocimientos
(“un malcriadito un cualquierita cariño”) le había advertido que de pro­seguir en su
nefasta intentona antipopular el segundo en sufrir las con­secuencias de un suave
tate quieto so cojudo sería él porque el primero se lo estaban disputando varios
gamonales.

—Tenía un marido, pero se fue con otra —se puso triste, sus largas pestañas
postizas le rozaban el pómulo—. Pero ya desde joven me gusta­ba.

—Me casé porque le hice un hijo a una hembrita, y ahora ya me voy por el
tercero —se lamentaba.

—Déjale —intrigante—. ¿No has visto que culeo rico? —seductora, so­ñaba
con ser la otra querida.

(— No Compadre. Una puta es una puta, y la esposa es la esposa.

— Sí carajo —se echó cerveza en su vaso—. A las putas les gusta mucho, y a
la señora de uno no hay que acostumbrarla tanto —se puso refle­xivo.

— Los científicos, y esos sí que saben —afirmó con la cabeza—, dicen


que una vez al mes está bien.

—¿Cómo? —saltó—. Yo creo que eso de vivir aguantado a la larga


perjudica —dijo, preocupado.

—Si no me crees, lee Ultima Hora.)

—Dicen que la mujer de Perro loco se acuesta con Fermín, y que Perro lo­
co sabe pero se hace el cojudo. —dice Lucho.

—Es que Fermín le pasa un barril de cachina en cada cosecha.

—Ah, bueno. Ese no tiene bandera.

Eso a “Perro loco” lo tenía sin cuidado, aunque los directivos de ra­dio
FESSA no podían decir lo mismo: como tampoco comulgaban no só­lo con las
cojudeces de este señor sino (y muchísimo menos) con las lus­tradas y su arrastre
—en cierta ocasión había dicho que él estaba para “servir a las fuerzas vivas”—
ante los tirantes de la PIP, resolvieron que para suciedad ya tenían bastante con la
que se acumulaba en sus wáteres y que mejor se largara a otro sitio.

334
—Pero si yo te quiero a ti —estaba cariñoso, la manoseaba.

—¿Verdad? —bajando los ojos—. Tú eres mi tipo y estás bien papeao


le mordisqueó el lóbulo de la oreja—. Eres culto —estaba ante su príncipe
azul, en persona.

—Te voy a sacar de aquí —prometió—. Te voy a llevar al Rímac —vol­vió


a prometer.

(— A mí me parece que con que la dé una vez por semana, me con­tento


—estaban sudorosos, se excitaban conversando.

—Hay que tener cuidado con la luna de miel —se puso a aconsejar. —
Tú todavía no te has casado— chupó otro trago—, así que no sabes qué se
hace en la luna de miel.

—Bueno, se chupa un poco nomás. No hay que quedarse dormido


tampoco.

—Sí, pero tienes que hacerlo con cuidado, y una sola vez. Una sola
vez —dijo, convencido—, si no la cagas.

—Cumpa —dijo—. Aquí el único que la caga es don Rífoli, que no sabe
que su mujer es puta. Yo creo porque el hombre se dedica mucho a los negocios,
francamente.

—O sea, tienes que vaciarte una sola vez y, de allí, hasta el próximo
mes. Si la malacostumbras, te jodiste. Uno tiene que tener, también, sus
cositas, por otro lado.

—Y si no se tiene, para eso se inventó el burdel.)

—Además, todo el mundo sabe que Perro loco es un sacabetún de mierda.

—Eso es cierto. Sin embargo, lo correcto sería que Víctor, que también
tiene su radioperiodicucho, empezara ya a dar las primeras salvas contra este
coju­do. —ijo Chocné.

—Yo creo que Víctor, a pesar de sus problemas organizativos, estaría

335
dispuesto.

Y “Perro loco” se largó: ahora sacaba su radioperiódico en radio IMPERIAL


(sus directivos se opusieron al comienzo, y luego se lamenta­ron durante un buen
tiempo pero al final tuvieron que atracar para evi­tar que el más joven de los
Ramos, los dueños pretéritos de aquel lugar, cogiera su teléfono y hablando con
el mayor enviara una orden cortán­doles el fluido eléctrico). “Perro loco” tenía una
voz insuficiente y nasal, y su “Nos preocupa” —la muletilla final del programa—
era, como por lo demás todo lo que él hacía, hizo y haría en el futuro (si es que
futuro se le puede llamar al tedioso tocadiscos que se compró por lo bajo y a pla­
zos), un atentado directo al buen gusto, al sentido de la proporción, a la belleza en
la formulación de las cosas.

—Tú eres muy, muy agarradora —le iba quitando el sostén.

—¿Entonces me quieres para divertirte nomás cuando estás sin mu­jer? —la
empujó suavemente contra la cama, que rechinó. Una oblicua luz de sol trataba
de atravesar el celofán rosado de la ventana. Mujeres y hombres en posiciones
difíciles, desnudos, pero inmóviles, trataban, des­de que fueron recortados y
pegados como tapiz sobre la fría pared de ce­mento, de seducir y lograr la erección
en los clientes de la carne.

—Ponte a Pedrito Otiniano —dijo. Ella alargó su brazo y volvió a co­locar


la aguja sobre el disco que, por novena vez en aquella tarde, iba a dejar escapar
la chillona voz del melódico cantante entreverándose a los ruidos de la cama que
fluían por todos los oscuros resquicios de aquel cuarto.

—No. No te quiero para divertirme —puso su boca en el cuello me­loso,


sudoroso—. Tengo algunos problemas en mi casa —agregó.

—A ti no te cobro nada —ella se acomodaba bajo su peso—. Después de las


doce podemos dormir juntos.

—¿Y por qué no ahora, amorcito? —pidió—. Tengo la pichula al palo.

—¿Sí? —dijo, cachacienta—. No siento nada.

—Tremendo hueco que te manejas —conversaba—. Qué mierda vas a sentir.

—¿Tremendo hueco, o tremenda pichulita? —se preguntó—. Quien la tiene


más grande manda más —sentenció.

336
—Yo la tengo más grande, pero tú eres un túnel de La Herradura —
comprobaba.

—O sea que cachas gratis, y todavía me vienes a joder —se empezó a


mover.

—No amorcito —dijo—. Tú eres la única que me arrecha —se movía.

(— Si sabes guardarte una vez al mes, podrás culear hasta viejo —chupaba
hasta el último cartucho. Pidió media caja más, dos paquetes de Norton
. —Yo creo que a una vez por semana, también llego a viejo —se entu­
siasmó.

— Sí, pero que le guste poquito nomás a tu señora.

— Poquito nomás, pues cumpa. Mucho, está bien bravo.

—Después va a querer todos los días —aconsejaba—. Si después no


puedes, se te va con otro.

—Lo mismo que le pasó a conejito, pero ese todavía estaba joven
reflexionaba—. No sé qué le pasó, francamente.

—Y otra cosa —meticuloso—. Dos veces nomás por noche, y nada más.

—Ya lo sé compadre —agregó—. Como uno es un arrecho de mierda, uno


tiene que darla primero.

—Dicen que no hay que dejar insatisfecha a la mujer —pensó—. Pero yo


me sigo preguntando, ¿y si se malacostumbra? —se preocupó.

Hay que ser muy cojudo pa’dejarla malacostumbrarse –valientito.

—Claro pues hermano.)

—Creo que le estamos dedicando mucho tiempo a Perro loco —dijo—. Algún
día la va a pagar todas.

—Yo creo que ya las empezó a pagar, puntual, como siempre.—dijo Can­
charí.

337
Para él, Ramírez Lazo —esa huachafería que ventoseaba en vez de hablar—
era la mayor lengua (sí, lenguaza atorada de búfalo) con que contaba, aujourd’ui
(“quiero aprender francés cariño”), el tan cuarteleado Perú: —después de Juan
Ramírez Lazo, yo, que me resbalé primerito, a ra­dio Moteles y después me pasé
a radio VICTORIA —gritó una vez, borra­cho hasta el cien, en una reunión de
notables. Pero en esto, tampoco de­jaba de parecérsele al mayor (quien le permitía
ir a dormir, de vez en cuando, al Palacio como pago por pedos que el éter
inmisericordemente arrojaba sobre el valle, del tipo de “Nos preocupa que... el
mayor Godoy le hayamos encontrado colorado por el sol... nos preocupa que...
no nos haya invitado a su última comilona”): allí donde hubiera oportunidad de
lamerle el culo a los entallarinados tiras y policías, a los que tenían la marmaja
(“se dice cuenta corriente y libreta de ahorros es otra cosa cari­ño”) estaban ellos,
de cabeza.

—Hombre es quien bombea cinco veces seguidas —lo abrazaba,


seductoramente—. ¿Tú puedes? —toda miel—.

—¿Cómo que no puedo? —saltó—. Tengo una hembrita en la Villarreal y


otra flaquita, en el Troca del Callao. También tengo otra aquí que me está jodiendo
porque te estoy viendo a tí —se había azorado.

—¿Entonces lo hacemos ahorita? —le ponía los muslos—. Todas las


poses que tú quieras —se le sobaba los senos.

— Pero ya hicimos uno enantes —sus manos bajaban por la cintura.

— No. Cinco polvos seguidos, o nada —ojos de Libertad Lamarque.

— No me has entendido: contigo tengo cuatro hembritas fijas


—explicaba—, sin contar los jales ocasionales. La del Troca del Callao me saca
el jugo —semental.

—Para qué te va a servir una flaca —se amargó—, si la abrazas y te


agarras tú mismo. Yo soy pura carnecita —se comprobó.

—Pero después no pidas chepa —matoncito.

—Oye, qué te pasa —cogida por sorpresa—. No creas que porque me ves
aquí no voy a culear, también, al Cinco y medio. Allí van los de pla­ta, no cojudos
como tú.

338
(— Pero la Zoilita no está nada mal, ¿no? —se sirvió más cerveza—. Qué
suertudo es usted compadre —admirándolo—. Yo, en su lugar, me ponía marco
a mí mismo.

—Cuando seas universitario vas a tener hembras como mierda —di­jo—

—Una hembrita así como la Zoila nomás quisiera yo, qué deshueve.

—Pero antes de ir al Troca tienes que tomarte una pastilla de penici­lina


si no te jodes.

—No compadre, yo no me jodo. Con tal de no besar la cosa, el resto se


soluciona al toque. Pero con la esposa de uno sí se puede hacer, ¿no?

—No mano, ni le enseñes esa cosa a tu señora cuando te cases. Eso,


déjala para las hembritas de al costado —se sirvió más cerveza.

—¿Por qué crees que se le fue la mujer al Conejito? Pues porque es­te
cojudo empezó a hacerle la cosa con la lengüita, y después la hembra eso nomás
le gustaba y como al Conejito ya le habían salido callos ya no la hacía feliz. ¿De
dónde crees que le viene su chapa de Conejito? —se ras­có la cabeza—. Usted se
me está poniendo difícil, cumpa.

—No compadre, fácil. ¿Para qué cree que son las putas?)

—Bien —se acercó Chocné, volvía de aparentemente ciríar a Paolita—.


Esta noche damos el operativo decisivo.

Y por allí andaría Paolita, por allí —rabito que no tiene compasión—
Dorita. El mundo daba vueltas y ellas, también.

Con más sentido del pragmatismo que sus propios maridos (en re­alidad
eran mucho más pragmáticas que cualquier político de la dere­cha), las mujeres
del mayor y de “Perro loco” preferían no meter sus ma­nos en asuntos que ellas
conocían tanto como un carnicero conoce de medicina y, a las cuatro de la tarde
—hora en que se acostumbraban citar para tomar el té con algún pastelito, que
Dorita preparaba en su horno—, que encontraban con algunas otras amigas de esas
que tenían plata y un buen apellido en casa de cualquiera de ellas para conversar
de cosas ver­daderamente interesantes y no tan áridas como los gráficos de las
altas finanzas, que conocían sus maridos (¡eso era lo que ellas pensaban!): co­

339
leccionar cuernitos (“blancos efluvios en negros deseos me gustan o no me gustan
cariño”) es un hobby que tenía que ver con los favores que un peinado estilo
“imperio”, un vestido sin mangas pero con hombros ranglan producían en sus
galantes admiradores.

—Yo, con mi Emilito, no tengo ningún problema —acostumbraba a decir


Dorita—. Desde que no se le arma —bajaba la voz—, el muy chic se di­ce feminista
—para las amigas.

—Y yo con el mío, ninguno —agregaba otra—: con tal de que le tenga sin
ninguna arruga su camisa, le ponga su pisquito y su ensaladita para el colesterol
me deja libre.

—Hija —decía, oportunísima, otra—, si se mete conmigo le tiro un za­patazo


y le digo machista. Por lo menos ya hice que la cuenta corriente figure a nuestro
nombre.

Sin embargo, existía —leve como una arruga más en la pata de gallo—una
diferencia: doña Dora no se iba a quitar, ni como cagando, el apelli­do del marido:
le cogiera quisquillosamente la cosa a quien le cogiera (“blancos efluvios en
negros deseos qué frase más poética cariño”) ella sería siempre Dorita de Godoy
para usted y para todo el mundo. En eso, no había vuelto que darle.

Cuarentona y entrada en carne, pintarrejeada como una Semíramis pero


como una Semíramis sin más imperio que el propio hotelucho de su marido,
ella, nacida en Magdalena, nace y deshace, chupa, baila como puede una todavía
apetente huaracha y, cuando ya tiene tres traguitos encima, también el mambo
—aunque esté prohibido—, no deja de armar sus jueguitos de canasta y de bridge,
fuma largos “Pal Mall” (“se dice pal-mol cariño”) y allí donde el primer ministro
inglés se había ido a la mier­da ella le hace una poco leal competencia a su Paola
pues —aunque cua­rentona no dejó de ser ligeramente apetecible todavía— con lo
zorra que es sabe cómo sacando la lengüita (“ay, hija, mi vida es una novela”) y
co­locando los labios como potito de gallina mientras con las manos acari­ciando
en lento vaivén al susodicho y volviendo a colocar el potito de gallina como un
sombrerito sobre el susodicho pero apretándolo suave­mente contra el paladar y
moviendo ahora muy ágilmente la lengüita que está que se solaza puede sacarle un
tarjetazo al administrador de cualquier haciendita de por allí obrando maravillas
especialmente si el dueño del susodicho se encuentra atravesando por un vomitivo
estado etílico, y generalmente —al menos después de una comida en el Rotary,
con sus respectivos discursos a la bandera, a la “economía social de mer­cado” y a
esa “gorda, gorda billetera... (habla, habla nomás sonso cojudo) ...de la juventud

340
cañetana”...— los caídos susodichos tienen que reanimar­se con diez tabletas de
“alka-seltzer” disueltas en agua de San Mateo pa­ra poder batirse en igualdad de
condiciones con doña Dora, la pisahuevos. Y el mayor, en este asunto, como en
todo lo que tuviera que ver con las matemáticas puras, las sociología y la historia,
se consideraba un “pi­sado”, públicamente y sin murmuraciones ni sonrojos porque
no podía considerarse —excepto en las innegables connotaciones filosóficas (es
de­cir, financieras) del asunto— otra cosa tampoco. Todo el mundo sabía (“hay
que vivir la vida cariño”) que más que un pisado era un perfecto atrasado —los
escasísimos clientes que se quedaban a dormir en su hotel, que no era sino su
propia residencia a la que le había agregado unas cuantas divisiones en triplay (el
decorado lo recortó de “Cosmopolitan”), no eran otros que sus propios amigos
de juerga y estos tenían sus pro­pias casas. El gato encerrado era evidente pero no
resultaba tan evidente que todas las prebendas del mayor surgían precisamente de
este gato en­cerrado.

La boca como potito de gallina y el meñique levantado son los sig­nos


metódicos de un inquietante atractivo.

La otra, tan caída del catre como su marido pero no menos hábil que sus
compañeras de timba, cogió sus maletas, metió dos calzonazos de los antiguos
(“me acabo de comprar unos eslípines muy apretaditos cariño”), y un vestido
de rosas blancas sobre fondo azul (que lo compró en la boutique más parisina
de Cañete), un par de zapatos negros charol con hebillas relucientes y —cuando
Andrés Lescano Ladilla salió con su cartapacio carcomido por las polillas, cierto
jueves en la noche, para continuar fregándole la paciencia al público (que a eso
prefería naturalmen­te escuchar su “chichita” y toda aquella cosa del “yo soy
sensacional”) desde radio IMPERIAL— se fue rápidamente y sin esperar siquiera
un minuto por si las moscas al cafetucho “No Se Fía” donde la esperaba (só­lo
había pedido un té con limón) su príncipe azul, que no tuvo tiempo de probar su
té, y se embarcaron en un colectivo que tras dos tres cuar­tos de hora de bache y
barro los depositó sanos y salvos a los pies de unas paredes de quincha en uno de
los caseríos más apartados de la pro­vincia.

Manuela Cordano, ex-de Lescano Ladilla, dejó de salir en las ruti­lantes


páginas sociales del radioperiódico “Nos preocupa” pero desde entonces sintió
como que ahora nadaba en un largo pozo de tranquili­dad y frescura.

—Por lo menos, ya no tendrá que lavarle los calzoncillos —rió. Chocné.

Los muchachos habían estado conversando nerviosa y animada­mente:


—jeje, no sólo a Perro loco, también a ese ¿cómo se llama? ¿Chulo? —agregó

341
uno.

Era verdad. Chulo era un fotógrafo por correspondencia y sin clientela, y


los billetes los sacaba sacando retratos de quienes tenían la soberana desgracia
(ladronzuelos, forajidos de una noche de sábado) de haber sido detenidos e
interrogados entre científicas pateaduras por la PIP.

Mejor dicho, era el fotógrafo oficial de la PIP en Cañete —una mier­da, entre
todas las mierdas, la más completa.

Y un especialista en mirar con desprecio a la gente.

A los que no tenían plata o que tenían pinta de serranos o zambos y a los
escolares (sobre todo a aquellos que editaban y distribuían unas encantadoras
hojas a mimeógrafo: Vanguardia estudiantil) no los podía ni ver. Y, ay, de aquellos
a quienes hubiera visto conversar —o por algún chisme se hubiera enterado que
conversaban— con campesinos de las haciendas vecinas ya podían considerarse
ipso fichados o miembros de una lista de sospechosos en la PIP porque para lo único
que servía este tipo — huesudo y sarnoso, pelo al rape, caminar descoordinado—
era para alardear de su sobonería con los tiras. Sin embargo, no por cepillo de
ti­ras andaba tranquilo por las calles: en cualquier momento, tarde o tem­prano, una
justicia que él desconocía —la justicia de nuestra tierra, le dijo bien claro una vez
un comunista que cayó preso— le iba a caer como un huayco encima.

Y el huayco estaba que se acercaba cada vez más.

Todos aquellos humildes y orgullosos estudiantes que se leían con una pasión
admirable los versos terribles de los grandes poetas, todos aquellos estudiantes que
se reunían para estudiar con una sed infinita la hermosura contenida en los cielos
de Lobachevsky, brillantes diagramas de Venn y de Euler, todos aquellos que con
sus guitarras salían a los bos­ques de pinos para celebrar discusiones en honor
de un equinoccio que multiplica los luceros hermosos y todos aquellos que con
sus libros sa­lían a reunirse bajo los sauces con campesinos que no tenían dónde
dor­mir o dónde o qué cosa comer, y todos aquellos que no tenían un mise­rable
camastro pero tenían una máquina para escribir y otra máquina para imprimir
y no tenían un pan en la boca pero tenían sueños que co­municar a su tierra o
tenían libros pero no tenían con qué vestirse y que fueron —entonces teníamos
quince dieciséis veinte treinta años— golpea­dos y torturados, tratados peor que
delincuentes, fichados, ¿dónde esta­ban? “Tú eres rojo, ¿no?” —decían—. “Así
que tú eres comunista, ¿no?” —de­cían—. “Tú quieres que las haciendas sean de
los serranos, ¿no?” —decían—. “Tú has leído mucho, ¿no?” —decían—. “Tú eres

342
el primero en matemáti­cas en tu clase, ¿no?” —decían—. “Así que tú has leído
mucha literatura, ¿no?” —decían—. “¿Tú no sabes que unos nacieron ricos y otros
pobres?” —decían—. —Tú eres serrano, ¿qué haces con negros” —decían—. “Tú
eres ne­gro, ¿qué haces con serranos?” —decían—, “Tú eres blanco, ¿qué haces
con rojos?” —decían—. “¿Para qué lees libros” —decían—. “¿Para que te vuelvas
comunista” —decían— “Los libros son peligrosos” —decían. Y decían. Y de­
cían.—Y decían. Y diciendo se ensañaban. A los más menores los patea­ban. A las
solteras les metían la mano. A las casadas las empujaban. Y a los más serranos se
los llevaban a una playa desierta y allí los pateaban (tira Percovich, tira Estornuda o
algún apellido ponja parecido y todo un tropel de detectives embozados pegándole
a unos niños esposados). Di­cen que el Código de Menores prohíbe los malos
tratos, los interrogato­rios abusivos, el tomado de huellas dactilares, el fichaje y la
toma de fo­tos para niños y adolescentes encarcelados —no lo creo. Esa vez, (era
el primer gobierno de Belaúnde), los tiras en Cañete ficharon y fotografia­ron hasta
niños de apenas once años (además de haberse ensañado en los interrogatorios).
Pero el mundo da vueltas, y todo cambia. Todos aquellos humildes y orgullosos
estudiantes que se leían con una pasión admirable los versos terribles de los grandes
poetas, todos aquellos hu­mildes y orgullosos estudiantes que eran los primeros en
su clase y se ponían a estudiar en torno a los diagramas de Venn y Euler, y que
fue­ron golpeados y torturados, fichados y enjuiciados, ¿dónde estaban? Sí, ¿dónde
estaban? Ahora les tenía que decir doctores — médicos, catedrá­ticos, ingenieros,
abogados, profesores, e incluso mecánicos.

Doctores, pero seguían siendo tan puros como cuando —entre bur­las,
risotadas, ridiculeces, carajeadas y mentadas de madre— los había obligado a
dejarse retratar, uno por uno, de frente, de perfil, y con un largo número en el
pecho y otro número encima de la cabeza: —todos juntos carajo, para el recuerdo
—ordenó Chulo.

Y ahora, pero ni ahora —a estos que el fotógrafo había insultado,


estigmatizado, perseguido y sañosamente maltratado— podía decirles doc­tores.

Ahora lo único que tenía que hacer era andarse con cuidadito nomás. Pero
no porque le fueran a poner una bomba ni cosas por el estilo, sino porque la gente
lo despreciaba.

Y esa misma gente que antes anduvo un poco despolitizada ahora había salido
a las calles (esto no se vio desde las Montoneras de Cáceres y otras Montoneras
que en otros tiempos habían sacudido a la historia del valle) y portando enormes
cartelones con frases rebeldes y banderas dejó bien en claro que con Morales
Bermúdez no querían saber nada. Y no só­lo participaron obreros y campesinos

343
en la marcha —la clase media (que nunca se mete en nada y cuida muy bien sus
corbatas) también participó en la marcha convocada por el Frente de Cañete. Y la
marcha fue de lo más pacífica, la marcha: fue de lo más serena y era esta serenidad
popu­lar lo que se iba tumbando a la dictadura.

Nada podía perpetuarse a las márgenes.


Un río venía y trastornaba a las cosas.
En la propia correntada

CORO se decidía cambiar el destino.


El momento había llegado
—los hombres estaban alertas.

C./l: Te hago entrega de este revólver y dos caserinas para tu defensa personal.
En ningún caso lo uses si es que no sufres una agresión antes. Terminada
la huelga me lo devuelves. Yachay va estar en contacto con nosotros,
pero en su caso extremo puedes incluso sobrepasar la directiva de supedi­
tarte a él y consultar cualquier problema en forma directa conmigo o con
cualquier otro camarada en funciones de res­ponsable que va a situar su
centro de lucha en la zona de Herbay Alto. Tú eres un camarada fogueado
ya en estas lu­chas, el Partido del Tahuantisuyu tiene una gran confianza
en ti y una enorme estima por la forma como llevas adelante tu trabajo.
El Partido estará junto a ti y todos nuestros camaradas van a actuar, desde
sus lugares de trabajo, en esta huelga. El Partido garantiza la victoria
de esta huelga pero recuerda siempre que la medida de todo militante
es su práctica. Esta será una huelga victoriosa y lo tiene que ser: hemos
analizado y organizado al máximo los más mínimos detalles, todo ha
sido resuelto ya por el Partido. Y recuerda que lo importante aquí es la
dirección que el Partido sepa imprimir a esta lucha revolucionaria del
pueblo de Cañete contra los terratenientes y contra la dictadura. Y bien,
creo que esto es todo por el momento. Ahora todo depende de la voluntad
de acero de nuestro pueblo. Ahora todo depende de la combatividad
revolucionaria que nuestro pueblo va a oponer contra la dictadura.
Estaremos contigo hasta el final, hasta la victoria total.

Cámara 3 / Morales Bermúdez se iría por las buenas, o por las malas: con elecciones,
o sin elecciones. Esto es lo de menos: lo importante es que el pueblo (bajo la
dirección de la izquierda revolucionaria) arroje a los fascistas del poder. Y hace

344
una buena cantidad de tiempo que el pueblo había dicho que Morales Bermúdez se
re­grese a sus cuarteles. No más dictadura: esta era una de las consignas principales.
Pero Morales Bermúdez a las malas aún trataba de quedarse y hacía lo posible y lo
imposible por detener el reloj de la historia: los apristas (esto tampoco sorprendía
a nadie —por lo menos los apristas de la facción de Villanueva del Campe) se
habían metido de rompehuelgas y hasta habían nombrado a Remigio, el hijo del
dictadorzuelo, como su “embajador diplomático” (sic...) ante algunos partidos
europeos que ni siquiera lo recibían. Y claro, con toda esa facción aprista, también
se me­tían de rompehuelgas una cantidad (que en realidad era mínima) de ti­pos
que habían servido a los gobiernos de Odría y Prado para acá: estos flotaban peor
que un corcho hinchado en un charco de agua apestosa, y había ya que sacarlos
de escena.

Esta huelga era uno de los métodos —quizá el método principal pues tal
como se constituía no podía significar más que la condición de la unidad: o estabas
con la huelga, o estabas contra la huelga (y los apris­tas estaban contra la huelga)—
en la lucha de todo un pueblo contra las cadenas que lo atenazaban: los otros,
surgirían a su debido tiempo de acuerdo con la realidad de las contradicciones y la
única escuela donde la gente podía asistir para prepararse no quedaba más que en
la tierra por donde la gente caminaba y cantaba, amaba y gritaba, soñaba y lu­chaba
(fábricas, calles, chacras, parques, colegios, talleres, oficinas tam­bién eran sitios
donde la gente en su relación cotidiana aprendía lo que era la vida y cómo había
que defender nuestra vida contra los tiranos).

Mañana se verían los primeros efectos de la huelga, pero mañana era ahora
mismo.

Dentro de unas horas (en realidad, muy pocas) serían las 7.30 a.m. como
ahora: a las cero horas, cuando ya el tic-tac del reloj corría indicando que el paro
había empezado, la gente —que entre las cuatro paredes desnudas de su casa se
preparaba con todo lo que tenía a mano para re­sistir— prefería no perder tiempo,
no perder energías, y acudir mejor en masa mañana (dentro de unas horas) a las
puertas de sus lugares de tra­bajo donde con la plataforma de lucha en la mano —
mediante asambleas masivas ininterrumpidas, contando con el apoyo pero también
con la coordinación de todos los más combativos sindicatos (aquellos, en reali­dad
casi todos que no estaban en manos del agente aprista cruzado) —podía enfrentarse
exitosamente a las amenazas nada invisibles de un capi­tal más bien invisible. Allí
pronunciarían acuerdos inmediatos según se desarrollaran los acontecimientos,
armarían sus propios piquetes que por el sólo hecho de haberse constituido sería
un buen motivo para que el posible amarillaje cruzadista desistiera de cualquier
cavernaria inten­tona antipopular. Organizarían, también, y prepararían los potajes

345
para la olla común: —¿qué fue eso? —la anciana tenía ya más de setenta años y
en su vida, vida difícil, vida dura, vida que no había conocido ni de fies­tas ni de
grandes jaranas, ni el más ligero descanso, acostumbrada a te­ner un sueño ligero
y menos reparador (emocionalmente, no físicamen­te) que el tiempo que se había
pasado zurciéndole la ropa a sus hijos, le­vantándose a la madrugada apenas el
negro azulado del cielo se diluía en un rosado antes de ser despejado por un sol
que sale por entre las cor­dilleras anunciando que había que trabajar ahora en un
nuevo día, frien­do —en tiempos de camote— los camotes que se había podido
rastrojear o sancochado —en tiempos de papa— estas papas que aún (después de
mu­chas horas de escarbar en la nada) se podían entresacar en los surcos cuando
sobre los surcos ya había pasado la cosecha: una vida que agota­ba, una vida que
envejecía y que sacaba arrugas, dura como los latigazos que lanzaban los caporales
contra los siervos, silvestres como las hierbecillas que crecían en el borde de las
acequias pero dolorosamente dramá­tica, terriblemente angustiante como la de una
pueblerina cargada de hi­jos en una época en que la falta de pan (aquí no podría
hablarse ya de flores, aunque habría que hacerlo: maceteros no faltaban nunca
hasta en los hogares más humildes) crecía a más velocidad que los hijos que los
vientres iban pariendo: —Dios santo, ¿qué fue eso?— había visto y aún ve­ría
muchísimas cosas más como no lo había hecho desde que entre sus más lejanos
recuerdos se levantaban voces de parientes que una clara mañana, machete en
mano, charqui y mote en las alforjas: —hija, ya vol­vemos— entonces autos no
habían y entre el vuelo de los peregrinos sur­gía, libre como un monte de lirios,
la rosa de los vientos—: —tu padre salió de caza, Leonor —pero su padre, los
hombres de aquella dulce quebrada a las montañas se habían ido y de las montañas
habían vuelto, todo era bello pero tampoco era bello y desde aquí la sierra (lo que
desde aquí se podía ver de la sierra como una bruma persistente y lejana) era fresca
y azul y era —como la noche— inabarcable: —Manuel —despertó al marido—.
Han tirado una bomba.

— ¿Qué? —restregándose los ojos.

— Parece que han tirado una bomba —encendió la luz.

Cuatro de la mañana: el reloj despertador, esfera luminiscente, se hallaba


sobre una silla, a un lado de la cama: —esto se pone bravo —dijo.

Siete treinta de la mañana: la gente se iba congregando, poco a po­co, en sus


lugares de trabajo. El aire estaba calmo, todo era sereno.

Al otro lado, muy al otro lado de donde Leonor había encendido la luz y
cruzando calles desiertas y mal iluminadas, charcos de tierra pol­vorienta que se

346
te metía por las narices, casas que permanecían cerradas desde por lo menos tres
lustros y paredes que con el tiempo, los terre­motos, el abandono se habían venido
abajo, chimeneas de alguna fábrica con algo de una imponencia — sólo la catedral
de San Vicente irradiaba esa misma luminosidad y esa grandiosidad que surgía en
las naves in­mensas y febriles de la fábrica Unión— que los años a pesar de todo
había sabido respetar, la ventana derecha —uno de cuyos vidrios fue roto, días
antes, de un seco y soberbio pelotazo que a uno de los chiquillos mal­criados del
barrio en una de esas que pasó a uno, chocó con otro, amagó, pelotera, volteo...
y el vidrio se hizo trizas— de la planta baja y de color crema con zócalo grande
del municipio provincial se desplomaba asalta­da por las llamas de un fuego que
tras el seco y chispeante —la explosión se sintió a un kilómetro a la redonda—
pero retumbante sonido de la bomba casera al abrirse se precipitaba ya sobre un
enmarañado de ofici­nas y alfombras y cuadros al óleo de los terratenientes del
valle: —¿te sir­vo un pocillo? —dijo doña Leonor, la tetera con yerbaluisa humeaba
en sus manos: cinco de la mañana.

Manuel estaba vestido. El tono ahora rosado del amanecer era pro­fundo
y contemplarlo —desde el patio de tierra apisonada y húmeda, fresca— daba
una sensación de inmensidad increíble, las plantas adqui­rían un tinte extraño y
heroico. Ahora es cuándo — solía repetirse la gente de aquellos sitios. Y ahora es
cuándo tendría posibilidades de ser algo real a partir de las 7.30. En otras cosas,
en muchas otras cocinas la luz de los fogones se estaba encargando de espejar con
los sonidos de sus leños ardiendo a las tinieblas. Ahora los hombres conversaban
con sus mujeres mientras los niños dormían —en asamblea habían decidido ir al
paro esta mañana, y ya estaban dispuestos. Los acontecimientos, estas dos pasadas
semanas, aunque nacidos en el drama de estos años, cayeron sobre el valle con
la fuerza de un terremoto: conversaban pues —como en este instante tras las
puertas de todo Cañete— de la bomba que le acababan de poner al alcalde, un
tipo abusivo y altanero como ninguno, del que dicen que los campesinos están
armándose, de que ya era hora de que aumentaran los salarios, de que los bancos
no les querían dar crédito a los campesinos, de que antes una cajita de fósforos
costaba 30 centavos y ahora diez soles, fíjese usted, el pan está por las nubes y
con las huelgas algo vamos consiguiendo de todos modos. Conversaban de todo
—de los ni­ños que no pudieron terminar el colegio y ni trabajar podían porque
no había trabajo. Accedía, en fin, a la opinión pública por efectos de una crí­tica
directa a la teoría de Mc Luhan lo que antes —ese pretérito ya pasado y vencido
que muchos deseaban pero que no podía volver— no hubiera pasado de ser algo
empírico, desechable en su propio hecho anecdótico. No es que por estos sitios
se negara o previamente se le conociera a Mc Luhan sino que esta negatividad
(a su vez comprobada, determinada y creada por uno de los tipos de práctica: la
propaganda del hecho) lo preexistía y sobrevivía desde siempre: desde que, por lo

347
menos, los prime­ros gérmenes de industrialismo hubieron de desplazar a un tipo
de pro­ducción ligeramente más manufacturera que artesanal y con ello permi­tir el
surgimiento de un pensamiento crítico que desplazó a una mitolo­gía vuelta ahora
raíz, flores, frutos de toda una literatura. Esto quiere de­cir que la mitología sólo
puede lograr su expresión más real a través de la perspectiva que este pensamiento
crítico pueda ofrecerle. Y este pen­samiento crítico es el pensamiento libertario:
Aquello de lo que anima­damente la gente —ahora, seis en punto de la mañana—
conversaba, y en lo que (algunos pocos ciertamente a pesar de sí mismos) se veían
meti­dos hasta los páncreas, era la cualidad material de la propaganda. El res­to...
no había, no podía haber ya resto y el tic-tac del reloj nadie lo ha po­dido detener
hasta ahora. Ni Borges. Ni el emperador amarillo.

La vida se iba a imponer, contra la muerte, una vez más.

Y la vida iba, tenía que vencer.

348
IV

SÍNTESIS/SUEÑO
10

Encontrar a Dios detrás de la soledad,


este caminar, haber atravesado la historia como por la noche,
sembrar un rosal sobre el ara sagrada, la acción
pertenece al mundo pero no, a la eternidad,
la desesperación de permanecer aquí,
este mundo al que fuimos arrojados para florecer
contra lo irreal, precisar la producción de nuestras manos,
la luz brotada en el corazón, el tiempo produciéndose
en nosotros ahora cuando para llegar a la flor
que se espera hemos derrocado el sinsentido,
una náusea, nada debemos a este mundo,
cuando nos alejamos del destino después de haber puesto al
mundo en su lugar,
y somos una oración en labios de la rosa.

11

¿Cuál nuestra función? Soñar el templo de la rosa


donde llameamos, hacer del templo
esta vida, eternizar el vivir brotado de las rosas,
antes de desaparecer en la contemplación, la amada,
tan lejos, el hombre solitario lucha en la historia
como contra la náusea, todo es negación,
su gobierno, cuando se busca la felicidad
mientras voy alejándome de la historia, esta herida
por la que sangran las horas, habiendo precisado
el combatir, la espada, sin dejar de mirar la belleza,
una imagen presentida en la noche,
todo espíritu ilumina, él es el templo hecho carne,
un obrar sin imperfección, habiendo derrocado al mal,
la historia hecha bien ahora encaminándose
desde las rosas, el bien una rosa empuñaba por ti,
la oración al reencontrarse con la amada, un mismo ser.

12

Toda sabiduría huye de la historia, toda bondad,

351
toda belleza, mi destino se cumplió transfigurándose
en un rosal, mi vida es la amada que teje esperándome,
el templo está allí ahora, el signo de lo soñado,
elevándome por sobre la noche, salgo de la historia,
allí queda la acción, el estrépito, el cambio,
un mundo para la náusea, el llorar sin pausa,
el enloquecer, el luchar contra el destino,
las rebeliones inclementes, allí el delirio,
el mundo tiene un sentido ahora, otra es la historia,
el fuego de ser me conduce a la amada, la contemplación.

(El sacerdote ha terminado su meditar.


Juan Chocné se encamina ahora a su hogar).

París, Café de Trocadero, agosto 1979/8-1-1980.

352
POSTFACIO DEL 23 DE SEPTIEMBRE DE 1992

El proyecto de escribir un libro total me surgió ya en mi adolescencia, en los


años 60, pero la estructura del libro —esquemas, apuntes, esbo­zos de temas— la
realicé al comenzar los años 70. En el Diario personal que, en todos estos años,
he escrito para testimoniar los avances de mi trabajo literario aparece la fecha
del 22/4/1982 como el día, quizá al ano­checer de aquel día, en que se concretizó
en forma absoluta el proyecto del libro bajo el título que lo expresa: Ética. Ese
fue también el día en que di por concluida mi Ética, aunque continué realizando
algunas correccio­nes hasta el 7/10/1985, según aparece apuntado en mi Diario. El
epígrafe de la Ética es un texto de Wittgenstein: “Lo ético no se puede enseñar.
Si pudiera explicarle a otro la esencia de lo ético mediante una teoría, lo ético
no tendría absolutamente ningún valor. Al final de mi conferencia sobre ética
hablé en primera persona, creo que esto es algo esencial. Aquí nada más puede
ser constatado; sólo puedo aparecer como una personalidad y hablar en primera
persona” (cf. Wittgenstein: En torno a la ética y el valor, Biblioteca Filosófica,
San Marcos, Lima 1967). Por ello, Wittgenstein precisa: “este arremeter contra los
límites del lenguaje es la ética”. Si la ética no puede expresarse en forma teórica
más que a través de una forma estética, la destrucción de los límites del lenguaje
—que son los límites de una época, finiquitada hace tiempo, y de la que solo nos
quedan formas obsoletas como el soneto— es la ética, según afirma Wittgenstein
y, con él, todo lector de literatura moderna. De este modo, mi trabajo plantea una
nueva forma —que surge de la fuga clásica de Bach pe­ro, también, de sinfonías
modernas como las que, en este siglo, escribie­ron Orff, Berg, y Stravinski y una
estructura a la que he denominado signagógica.
La estructura del libro es:
ÉTICA
I. Monte de goce.
II. Taki Onqoy.
III. Ángelus Novus.

Así, el primer libro, Monte de goce, analiza el pecado en la sociedad moderna


y su campo de acción es lo que la filosofía denomina como axiología.
El segundo libro, Taki Onqoy, se ocupa de la redención del pecado a través
de la acción política y su campo de acción es, según Aristóteles, la gnoseología.
El tercer libro, Ángelus Novus, analiza la experiencia de la virtud a través de
la vida en pareja, y su campo es la ontología.
Por ello, el primer verso de Monte de goce ocurre en un convento donde
un hombre, que es San Juan de la Cruz, acariciado por la brisa nocturna, se
dispone a descender al infierno e, incluso, a vivir el pecado para después, en Taki

353
Onqoy, y asumiendo la personalidad de Juan Chocné —el chamán que dirigió la
rebelión indígena del siglo XVI— intervenir en el campo de la acción (y eso es
precisamente la historia), hasta que alcanza la virtud a través de una vida de pareja
que concluye allí donde los cuerpos concluyen, cuando los huesos son enterrados
en la misma tumba. Sólo que la dialéctica —ese método de análisis tan fasci­nante
como la teología en la antigüedad— promete la eternidad de la vida a esos huesos
que se aman a través de las flores que brotarán sobre sus tumbas. Así, si la aventura
de Dante, aquel maestro que guió mi mano mientras escribía mi Ética, ocurre en
el mundo de ultratumba, esta aven­tura moderna no puede sino ocurrir en el mundo
visible y terminar en el cementerio, con la promesa que la felicidad continuará
eternizándose en las flores que brotan en los huesos que se aman.
El lector tiene ante sí la Ética y su autor espera que esa belleza lo conduzca
hacia la felicidad.
Ahora estamos en setiembre, mes de la primavera, y estoy vestido con la
casaca, y los colores, de Beatriz, y como los templarios —aquellos caballeros de
las sociedades secretas europeas que no sólo lucharon por Cristo sino que, también,
hicieron revoluciones políticas en sus socieda­des, incluyendo la revolución de la
independencia en América Latina—ahora, empuñando una rosa en la mano, debo
terminar este escrito para continuar mi camino solitario por el mundo y, desde la
clandestinidad, luchar por la vida, la belleza, la libertad, y el amor.

Lima, 23 de setiembre de 1992

Enrique Verástegui.

354
ANGELUS NOVUS
I
Para Carmen, Vanessa y Stefano la felicidad de hacer belleza.
Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel al
parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los
ojos desencajados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe
tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. En lo que para nosotros
aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que
acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera
detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta
desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no
puede plegarlas. Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual
vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el cielo. Tal
tempestad es lo que llamamos progreso.

Walter Benjamín: Tésis de filosofía de la historia, IX.


NATURALEZA DE UNA COMPOSICIÓN
DE VERANO
ENSAYO SOBRE LA RECIPROCIDAD DE LAS OPOSICIONES
CONTÍNUAS

Todo se revuelve: días, noches, el tiempo vuela y el amor es fuego.


¿A qué se podrá comparar la belleza, la soledad, el olvido?
La soledad y el mar soy yo mismo reventando contra la nada
y una flor de recuerdo son estos ojos: infancia,
adolescencia, todo este mundo que arrojo en una Revista cualquiera:
percepciones,
o Letras donde poesía y belleza no se intercambian.
¿Será comparable la poesía, el silencio,
el sonido de hojas de un bosque a estos muchachos que buscan, entre las flores
que vuelan,
un lugar para estrecharse a su propia soledad?
Hablo tal vez de un amor silencioso una noche
en un parque perdido, un verano arrojando estos versos
como pétalos de geranio en el mar de la tarde donde todo es tristeza,
y la tristeza algo parecido a la realidad de haber volteado el rostro
contra el pasado.
No son lo mismo deseo y noches de tristeza que no se destro­cen contra bondad
y dulzura.
El deseo produce realidad en ti
y no soledad en los labios porque producir más
nunca ha sido saludable para el cuerpo,
producir menos no le asegura ganancias al gobierno:
las arcas se repletan cuando la belleza se corrompe y cuando el cuerpo
ha producido más, y no salud,
su ganancia no es otra que morir.
Cuida entonces la riqueza de tu cuerpo, tu energía
como el trazo de un artesano es el tranquilo leopardo de mi vida abrevando
dulcemente
en este sueño de realidad.
No estoy solo y en el follaje dulcemente azulado salta
hasta mí una mujer que yo contemplo como al mar de mi vida y su salto de una
figura graciosa
que utiliza un adjetivo de seda
muestra
(¿y qué muestra?) el deseo como flecha insatisfecha en su carne. El amor rueda
herido en la yerba de tus labios y
el cielo

361
es un Vals de las flores de Tchaikovski,
eternidad de un tiempo que vuela como un Jet donde poesía y
belleza no se intercambian
pero lo que florece en nosotros es lo que no se escabulle en la nada.

II

Tenemos colores, formas, ruidos


y yo quisiera saber si todo esto es gris,
si todo es turbio como la nada, si todo existe o no
y sólo la historia —método, poética— sabe que el presente es tan
inapelable
como el porvenir donde existe todo
lo que se modifica: colores y formas, ruidos
conforman el sentido de lo que se trasfunde a la mente
y todo es reciprocidad en un mundo en que lo opuesto, día, noche, cielo, tierra,
se sostiene
como una contradicción encadenada a la vida.
Se puede discutir una palabra, un concepto, una idea.
Tú podrás proponerme un absurdo pero aun el absurdo enaltece a lo cierto.
No habrá perspectiva para que tus sentidos capten lo que volve­rá a ser cuadro,
geometría, música si
no te sitúas en un lugar adecuado como palabras reveladas
en el instante irrecuperable donde lo conocido se presenta
desconocido
y lo invisible se vuelve más visible que nosotros mismos:
no tanto criticar a esta época como a sus sueños,
sus momentos de racionalidad equívoca, sus valores irrespetables como
máquinas
donde el hombre no predomina aún sobre su propia invención
son estos sueños, y esta escritura no ha rehuido a su época pe­ro alude
(y no cómodamente) a ciertos desplazamientos
como alejamiento de un vivir en común ahora que cada quien ha
buscado
lo que necesita: Andrómaca un vacío
para colgar suspiros de su vuelo
en el cielo de abril y la eternidad algo fugaz
con que demostrar que el presente es perdurable como una emoción
compartida
y el extravío de amor una realidad subsanada, o transformada en un
error liquidado en tu propia poesía. Todo esto es inquietud
y mis sueños son estas cosas, emociones como verdades
dibujadas una noche de mayo en que me

362
hundí
dulcemente en mis libros como para organizar este tema y me alejé de
la cosa para estar más cerca al signo,
y entre pasado y futuro pude situar a lo desproporcionado como una
palabra todavía infaltable
en el equilibrio posible de todas las cosas.
Trasfundiendo signo por cosa
me alejé de lo empírico
pero no de mi vida y toda esta razonable locura
de un muchacho que lo dejó todo en la vida por ponerla ante ti fue tu propia
conciencia
en acción: notas que una
orquesta desentraña
en la hora del concierto y así este
poema destruyó el anterior
y es iluminación para un otoño que no existe.

III

Temprano a la mañana abrí esta página de Epicuro: “el límite


cuantitativo del placer” —se dice allí— “está en
la supresión
de todo dolor”. No recortaba aún estas flores tranquilas de mi mente como
versos que yo coloqué en el temblor de tus pechos
y esta imagen
corresponde al amor, no a la vulgaridad
de ese vientre bajo y banal.
El placer en Epicuro es lo que no corresponde a la muerte y para algo
existimos. En esta vida, ¿qué esperamos?
¿La oposición entre naturaleza y cultura, y entre vida y tra­bajo debe
tener todavía
su misteriosa irrealidad bajo esta técnica
que transforma la superficie del sueño?
No tuve vanos deseos
y he puesto elegancia a mi cuerpo dominándolo estoicamente,
procurándole un no dolor sin caer bajo el pasado.
Permanecí amable y sencillo labrando tercamente estos versos.
Maestro Epicuro, y también tú: Demócrito.
¿Qué he podido hacer si se me considera político y no escritor?
¿Sí se ha tomado mis palabras
como molotovs que un estudiante envuelto en su chalina viole­ta lanza
contra la inercia,

363
y la insuficiencia, contra la esterilidad de este tiempo?
¿Si para todo el mundo soy un agitador haciéndose pasar por escritor? (¿Por qué
no
se considera mejor que el mejor poema, y no al revés,
no es el peor panfleto, o que el mejor panfleto no superará nunca a este
poema?).
Abandona tus imágenes gastadas, multiplica
tu creatividad por el cuadrado de la diferencia que te separa, y te relaciona,
a una época terrible como ésta.
Yo estaba frente al mar como un verso de Demócrito en los la­bios
y comprendí que todo este furor de olas revolviéndose en mis versos como una
espada
que ha deshecho la niebla
son paisajes que una ideología ha develado
mientras otra inmoral como rapiña se ha escandalizado con el cuerpo —su
bienestar elimina
a lo inmoral del comercio espantoso—
y lo persigue esclavizándolo
a lenguajes que entrechocan como máquinas tristes y sombrías y yo invento
entonces un nuevo lenguaje
al encontrar este poco de verdad perdida en cada gesto,
o seña que la historia olvida. Se acercará la gloria
y no me encontrará en su sitio: estaré, como siempre, curvándome sobre esta
página como sobre una flor que arranco
para colocar en tus manos y la historia no espera:
su transcurrir
florece contra esta época como contra metáforas inapropiadas a su propia
desesperación sin salida.
El equilibrio está en contraponerse
y su energía revuelve a lo que se voltea turbiamente
contra mi propia belleza: todo esto son no sólo palabras amables como un
presentador de TV
y si busqué comparar estos sueños y verdades
fue en la forma de esta realidad surgida en la diferencia entre lo que rechazamos
impacientemente

y lo que asombrosamente ha sido develado


en la locura de verbalizar nuestra muy discretísima verdad
nos lleva sobreponer el canto a la estupidez
de la época, a cantar que la época reprime nuestro canto.

IV

364
El empirista y el pragmatista dirán que un poema
sale extraño si el azufre es la carne de todos los días.
Que un poema, si el papel que se emplea no es mucho,
no tiene más versos que una dulce pérdida de tiempo
y que la tinta, si escasa, sobra donde no sobra este poema.
Un buen poema se escribe en lo que puede durar fumarse
una cajetilla de cigarrillos y esto sería lo que cuesta
un buen poema que un empirista no se atrevió siquiera a so­ñar el poema que lo
describe inactivo y cansado.
Pero un empirista no sabe cuánta dificultad es sufrir
y qué es contemplar el corazón de una flor que acaricia
este coro de pétalos, besar los senos inapreciables
de una muchacha que al alejarse quedó
como una luz para siempre
en este poema.

Al trasfundir este sueño a mis palabras


brotó distinto lo real que era sombrío.
Lo real en el lenguaje
había muerto
y la metáfora yacía
destrozada en el poema. El lenguaje
como un mecanismo cuyo símbolo estaba muy lejos de nosotros
se había vuelto moho,
estupidez, inercia. ¿Dónde encontrar nuevamente
a esta ansia de una felicidad misteriosa? Mucha
extrañeza y ninguna verdad
bajo toda esa retórica inservible.
Tu cuerpo gruñó entonces como una flor bajo el furor de mis
ojos.
Como en todo lo agotado aquella vieja clase buscaba escandalizarse: la
caída
o el horror,
conceptos sobre los que debía hundirse
el retroceso de un estilo cuyo pasado se marchita aún
bajo el florecer de mi poema. ¿Y en qué consistía el misterio
de toda esta felicidad que existe en este cuerpo,
esta mente, y el deseo que la profiere?
Detrás del sueño como en el reflejo de un paisaje
florecía otro mundo no menos translúcido que esta mente en
plena actividad —metáfora

365
y sueño del cuerpo que goza el otro cuerpo del espejo
convexo
y es reverso del mío
en la belleza del verano. Este es el conocimiento
que yo he obtenido en el mundo y tras los velos transparentes de la belleza
una verdad a la que hay que saber llegar
como a tu propia mujer permanece fresca y esperándote.
Y el que lodo deba sistematizarse es un problema que se resuelve como poner un
pistón
en la máquina carnal, intuición
de un instante apenas en el instante
donde nada perece y lo que perece es rencor.
A lo lejos los lentos movimientos del amor
como el gesto que imita animales gruñéndose en el pasto, cuadrúpedos
implumes, o también aves, gatos
como flores bajo la brisa
eran convulsiones
y un desborde de semen
en la flor de los labios, senos, vientre,
pubis se fundían al pasto de las sábanas, el cielo
de los ojos que yo contemplaba en el espejo: dos pinceladas
como dos curvas ondulaban
en la noche donde unos muslos dulcísimos
se abrían y me engullían en la noche donde lo real era nuevamente
cierto
y fresco como estas palabras ahora humedeciéndote labios y
mente.

NATURALEZA DE UNA COMPOSICIÓN DE VERANO

Desplegué al verano como una escena de Bertolucci para comprender


tu época.
Nada era cierto
y todo —sentido, imaginación, análisis— era un pasado
planteándose mucho menos iluminación, o futuro,
que esa barbarie apolillada en la noche.
Tu cuerpo era una flor, yo el cielo donde tus ojos dormían.
Entonces desmonté el mecanismo interno de lo que ocurría
para conocer lo que se había paralizado en tu ojo
y después de haber acariciado tus muslos
y pechos, bella muchacha, tratando de procrear,
belleza perdida en tus labios, todo

366
este polen de una pasión insatisfecha, esta luz natural posándose
dulcemente en la amapola de tu cuerpo como sobre este lecho
atareado,
estos discos y libros
con Vivaldi y Rimsky-Korsakov, con Bela Bartok,
sueños y suplementos literarios revelándome algo
de las flores de Pushkin —una violenta
foto-síntesis vuelca su llanto
en mi composición:

este haberme hundido en la noche para poder acariciar


tus muslos fue conocer un horror que yo mantuve alejado de mí
y toda urbe hiede a llora descompuesta, hartazgo,
desmonte de imágenes arruinadas como muerte, o silencio.

Enciendo la radio: el mundo se incrusta


como una pesadilla en mi música y he cambiado el rotor, otra
conclusión: no se puede ser tan poco ético
como para no dejar a tu vida florecer conmigo y esta noche iremos al
cine: un negro leopardo atrapa una flor
y se la traga
(¿se la traga?) montándola como a una holandesa tras el mostrador donde
íbamos a beber
cerveza. Primero fue un negro poderoso leopardo
y cuando se encontró contigo salió una llamarada rosa —tú arañabas mis lomos,
colcha verde como pasto— antes que la llamarada, hambre en la noche,
mordiera a tus labios y el orgasmo estremeciera tu cuerpo. ¿Desde cuándo es un
delito enamorar al amor, compartir
la misma belleza, mantener una vida terriblemente pura como escarcha en
pétalos abriéndose
en tus brazos? Llegó la hora de plantear este nuevo proyecto. Años en que una
nueva visión ha ido imponiéndose,
otro furor, esta bella sensibilidad abarcando a esta época
como un dulce cuerpo —bello leopardo agazapado—
en nuestros párpados
y he tenido que darte todo lo poco
o mucho de belleza —estas páginas
esta dignidad— en estos besos dulces como uvas maduras,
una caricia sobre tus muslos donde mi eficacia revienta
como un mar
y esta época —una época terrible para mí
y mis palabras tratando de acariciarte contra la noche a pocos
kilómetros del alba— es menos propicia
a la belleza que todo lo que abandonamos

367
por ponerla a nuestro alcance.
Todo es nada en un tiempo considerado deleznable
y la urbe hiede a flora descompuesta, esta tarde
el brillo del mar tiene el mismo peso de un inatrapable poema
que soñamos, planteamos,
y aun nos limpiamos en él: el concepto de perfección
son estas flores extrañas como amantes
en una calle, flor de un poema sobre esta mesa de trabajo. Critica todo lo que no
se adecúe a la verdad
y evita confundir acontecer y verdad: el mundo puede
cambiar pero no concluir como una película.
Un tiempo preciso como un sueño ha de volverse amor o cuerpo o no es un
tiempo —ni mí tiempo
y todos estos matices
has tenido que ir deshojándolos como pétalos en ti mismo porque la realidad
cambia a veces menos
que en el fondo del poema donde toda vida se agita
y estas luces:
proyecciones de tus versos
como un mar bajo la luna, son el estilo a que he sido condenado por el
propio maridaje de entendimiento y sentimiento.
Un tema entonces tiene no sólo exclusivamente palabras,
o palabras cruzadas en un sueño. El hombre que acaricia a su
mujer en el fondo
de la noche es también motivo para un arte tan natural
como la primavera que ha llegado,
y yo anclo en tus ojos.

II

He vuelto a escuchar música


y te construyo mi poema: música existió siempre pero no este
aparato donde Chopin se ha ido despertando
lentamente.
Esa es la diferencia entre una época que concluye (terminaré esto y nos
largamos al mar) y otra, que sin terminar de empezar,
se derrumba. Entre la
edad medieval
y esta espléndida sordidez
—cada quien posee sus programas favoritos— cambiamos a Chopin
y no la programación de lo sórdido: no se puede
decir aún que hayamos aprendido historia del arte fabricando
juguetes a nuestros niños
y el modo como una sordidez —desajuste entre electrónica y cultura— queda

368
hecha silencio, conmiseración, o pasado
se asemeja a un cambio de canal pero no es todavía vida real
como una muchacha esperándote en una esquina en Leal, un bar en penumbras a
un costado de un hotel de Apurímac
donde el amor cortés no será descontrol pero parece un buen muchacho formal y
tranquilo haciéndote leer nerviosamen­te
estos versos que amas
bajo toda esta desesperación encendida bajo una lámpara donde tú
dulcemente me muestras tus pechos
y eres belleza ejemplar
en un mundo todavía irreal.
El poema que no ha sido escrito rabiosamente permanece ilegible a
sensibilidad y talento. Salir
y volver a tu cuerpo como a un parque en la noche es saluda­ble
como contemplar esta luna suspendiéndose en la niebla lejana
y todo lo que huela a ciudad tiene tantos paisajes
como capas de pintura se han superpuesto a frescos de Iglesia
y este vuelo ha quedado
delineado como un ángel: arrabales
como plantas de hierro, turbinas devorándome
en un atardecer dorado al pasear con fondo de chimeneas rojas soñando estos
versos, estas muchedumbres como reflexiones
se despiertan en nuestros ojos al acariciarnos dulcemente
en una calle apurada. Volver
de la calle refrescado y con sensaciones frescas
como una fruta permite una comprensión interna ahora que todo
lo he ordenado
para acometer este oficio, este lento ocio
de palabras vulgares y hermosas que tienen un sabor
a ciruela en los labios como la vida
y las flores silvestres, esta sábila
y mis flores de yantén que podo
y he decorado como un Ikebana en una ciudad donde el viento
y la luz son una metáfora extrañamente destructiva
en este terrible desequilibrio de nuestro tiempo.
Y el arte como un sueño —máquina de belleza— no diluye sino un pasado
lentamente consumiéndose
en tus ojos: memoria
y experiencia me acompañan como trenes halados por esta lucidez
—mil caballos de fuerza— en busca siempre
de un pasto mejor, una lluvia fructífera
como este pensamiento y las flores en la yerba pulida
son el arte de escribir que ha durado tanto como el mundo
y puede no durar el arte

369
—puede incluso el artista durar menos que su arte—
pero dura más que un mundo su escritura antepuesta a lo que no
perdura sino como cambio
de luz en la mirada: esta página donde Chopin es aún
un programa romántico como sentir la frescura de la noche luego
que apago la radio
y mis manos buscan acariciar
lentamente tus muslos.

III

Tú, tan perfectamente pronunciable como un sueño


—malecón barrido por el viento y tus cabellos, palabras
dulces, un mirarse largamente
a los ojos— posabas, manojo de trigo,
tu tristeza en mis hombros. Te he acariciado luego
que he escrito estos versos y tú eres ahora
interlocución en la escena del poema.
Sobre esta página llena de flores y belleza yo he trazado un
tropo preciso
como un cuerpo desnudándose
y te comparé con el viento y la noche donde yo te leía versos
de Ovidio.
Te comparé con la noche, y con la lluvia,
con la escarcha que brilla en las flores mientras el taxi
corría entre Arenales
y Salaverry, bajaba por Canevaro, daba una vuelta
en octubre y la primavera llegaba como una postal con buenas
noticias.
El mar se agitaba tranquilo y azul,
y para nosotros empezaba con un beso fresquísimo
a las 10 de la mañana.
Tu piel es sonrosada, y tus labios rojos como una ciruela.
Allí tienes mi vida —dije:
es el mar que pondrá locura y belleza,
orden, furia, y prestancia a tu vida.
Tú eres también ese mar, y este poema como algo de teología
—no precisamente Bonhoeffer— en un tiempo deshecho
como su economía destruye a la niebla,
es un sol que destella en tus ojos.
Todo lo hermoso no es más fugaz que lo que perdura
y lo que ha vuelto pasa y es menos real que una muchacha
aferrándose ahora

370
contra mi pecho.
El taxi dio una vuelta más en diciembre y luego descendió hacia la plaza Unión.
Entre una y otra vuelta el mundo había cambiado
pero el sentido de belleza permanece: tú aún como una flor
y yo como el cielo —vuelvo a cambiar la radio—
donde tu belleza se ha desbordado en mi cuerpo.

371
RÉQUIEM POR UN VIEJO PUNK SIN TALENTO

take now as i am
pull me close try and understand

Patti Smith: Because the night

Me has pedido ahora que te enseñe a escribir.


Tienes diez años más que yo, un cheque mensual de papá
y los cabellos largos y sucios.
No ha caído granizo en Lima, y no caerá,
pero con los cambios climáticos —una atmósfera sintética
—se puede prever brotar yerba en tu piel de cera.
Tienes diez años más que yo y nada tras tus ojos vacíos.
En el Mantaro el cielo aún es tranquilo
y límpido como cuerpo de muchacha que ha hecho el amor bajo
esta lluvia de un sueño
donde Nana Mouskouri era mi canción preferida. La
noche en Colmena fue una borrachera para ti
y un aprendizaje dulce y difícil
como este cuaderno de Schubert donde tú te marchitas y
yo lavo los trapos sucios
de toda esta época.
Todo lo que sean flores tiene silencio armonía cereza noble­za
en los ojos
y tú has venido hasta aquí
y no has osado inclinarte para replicar a mis antiguos pro­fetas. No
he sentido imaginación en tus manos —una lata de cerveza
en el estómago nunca fue
(ahora lo sabes ya) una inspiración cuidadosa
y tu Impala azul & plateado
no pudo ser más poderoso que estas circunvoluciones
de mi cerebro finalmente
atrapándote
contra mí y los antiguos profetas.
Y no has contribuido a tu tiempo más porque el tiempo no se
iluminó en tus ojos
que porque no escribiste tan bien —tu justificarte absurdamente
y el absurdo es,
vuelve a saberlo, prevaricador— como lo que has hecho

372
pésimamente, ineptamente
(y sin ningún amor por Rimbaud).
Demasiado poco intelecto en tus músculos cultivados
y el acceso de profunda tranquilidad que sostiene a toda crea­ción
compulsiva
no floreció en ti
y por esto tu energía se pierde, pura chatarra gris
en el trasfondo de tu cerebro agotado.
Y yo te comprendo, yo he de enseñarte cómo se predestina a
la noche de este mundo incierto y perdido.
¿Por qué no has dedicado tu vida a algo menos profundo
y sencillo?
Querer hacer muchas cosas es no hacer cosa ninguna.
Ya te he visto paletear en la tarde y observando tu poca
delicadeza al champear tu lienzo cuya perspectiva me alejaba
de ti
para acercarme a lo bello
puedo aconsejar a tus manos apartarse de mis flores.
Te he visto desgañitarte además mordiendo flautas metálicas.
¿Qué más luz para saber que esta lux, esta música florida
y abrupta, este durazno, esta sensación intranquila y todo es­to
es sentimiento ordenado,
grosellas brotando una noche de amor?
Necesitas mucha cerveza, o vino, o champagne helado
para apenas poder perder la conciencia de un mundo que no pu­diste ni
podrás ya
labrar en tus manos.
Y tienes diez años más que yo, un cheque mensual de papá, y
los cabellos largos y sucios.
Un atardecer te presentaste ante mí.
Te acompañaba otro como tú imbécil y ruin.
Mucho bíceps y ninguna intrepidez en tu vida íntima y sin complicidad
con esta belleza aún mirándote
chapotear fango
contra mi vida que aún se desesperaba por ti,
que aún se desespera por ti.

II
desire is hunger is the fire I breathe

Patti Smith. op. cit.

Ahora hemos ido lentamente bajando


por esta calle de los charangos azules.

373
¿Qué he podido decirte aún sobre mí
y sobre mi poesía sin no poder decirte, además, que ha basta­do
que ignores la belleza
por donde vamos para que hayas vuelto a ignorarte
a ti mismo, y lo que buscas no es sabiduría
sino iniquidad? Yo he tenido cuántos amores cuyas manos he
dirigido
como otros dirigen sus automóviles en forma de bala,
sus camionetas bestiales como este tiempo: un librito de cuen­tos
no necesita estar bien
o mal escrito para ser gustado
en la noche
pero la trama —que se repite, sin orden
y sin pureza— me espanta como la truculencia: una fiesta,
y unos muertos, un final tan consabido
como toda película de horror.
Ninguna delicada sinceridad tuviste para conmigo
y sin embargo yo aún he permanecido como una flor negándose
a abandonarte aquí solo
con tu casaca de plástico, sandalias y pezuñas malolientes,
tu aire de algarrobo lleno de arañas y sierpes y niebla del
norte.
Mira este cielo que se despeja azul fresco como los ojos profun­dos
de una muchacha
y ámala dulcemente, dulcemente
—luego, escribe o retrátamela —dulcemente,
dulcemente— como azucenas en el florero de mi deseo.
Y no porque no encuentres amor al poder en mí vas a decirme que
yo te he gustado más
que un clásico griego y este tiempo,
esta luz son un reinado que Píndaro no coloca en tus labios.
En tu haber querido pasarme la mano —que fue tan ruin como
haber tratado de pensar
por mí— se nota que bien mereces este
y muchísimos otros inextinguibles poemas.
Sa va bien? Non sa va, et tu est loin de la virtú.
Al venir hasta aquí te has confundido: yo soy
mi abogado y mi defensor intachable, este bellísimo trabajo
cuya escritura no se improvisa como cualquier consejo de Ministros
florece para ti
y para todos.
Tu est loin de la virtú y tu ne pas est le mal
Apártate entonces de mí pequeña rama torcida
y búscate otro maestro que busque tener discípulos sin tálento porque aquel

374
cappo que buscas (ese es tu sueño)
no soy yo que apenas he podido darte este poco de calma,
esta música, un poco de sabiduría paseándote aquí y allá
por estas calles azules, los algarrobos floridos,
y rectos.

III
love is a banquet on which we feed

Patti Smith, Ibídem.

¿Sin haber tenido silencio, luz y murmullo, cómo


y qué vas a escribir? Fuiste demasiado poco osado en tu vida
como para no haber tenido el cuidado en no escribir algo real­mente
hermoso, esta poesía
que vuela aún perfectamente como un avión
sobre la noche. Poca explicación tiene el argumento,
la trama, el tema inoclusivo si no te has podido convulsionar
con lo que no has sufrido
y tampoco en tus labios la yerba ha sido niebla deshecha,
pétalos de luces.
Mira que la noche avanza. Mira que sin noche aún más oscura ha sido imposible
descender
hasta la aurora que rueda como todo
—no como tu Impala azul & dorado— en este mundo.
No porque me has visto aquí más silencioso que un gorrioncillo
prendido a una ventana creas
que mi silencio es la compostura de una perfección conseguida
con una vulgar borrachera. No bebo
sino para los grandes días. Y me he preparado.
Resistir es enfrentarse contigo, rechazar a esta estupidez
insinuada tan incoherentemente
como una carrocería absurda.
El sonido que se desprende en tus instrumentos eléctricos
no se compara con la belleza de mi mente: ese es tu error
y la larga preparación que antecede a la belleza no puede ser
confusión preterida
en una improvisación cualquiera.
Si necesitas instrumentos, técnica, argumento: tú mismo
serás lo que no has poseído y suavemente la melodía vendrá
como primavera a tus labios amargos. Has
perdido tu adolescencia
y estás muy lejos de la adultez. El pelo largo
y sucio, tu dura flauta descuidada

375
dibujan mejor que tu hastío lo que no pudiste hacer hasta aho­ra.
¿Y qué puedo hacer ya por ti? Déjame observar
cómo
has movido tu cuerpo en todo este tiempo:
tus maneras, tu tema, tu avasallarme —eso que has creído
avasallar en un poeta irremediable
como el verano— hablan por ti más que tú por ti mismo
y esto es la base, el impulso primero de una impostergable
emoción.
Necesitas más amistad y yo estoy aquí
para hacerte recordar que amistad es una verdad compartida,
no un propósito inarmónico
sin un sueño común.
Si porque encuentras que no estoy más en mí
que en estas flores que destruyes crees que me he recluido
te equivocas: me distancio sólo para atraparte mejor.
He amado
y te he podido escupir (y no he querido),
y he cantado y te he podido odiar (y no lo hice)
pero te he recibido como a la peste para probar solamente que
aún puedo
desechar en mí lo que no está en mí evitar recibir.
Tu envidia te ha liquidado. Y tu propia agresión. Tu burla.
Sin dominarte, ¿cómo y qué vas a escribir:
estas palabras no son una flor que yo pongo en tus manos?
No descalzándote ante estos viejos profetas has probado —para
mayor gloria no de T.S. Eliot
sino del Eclesiastés— que el camino de vuelta
es tu estupidez que yo he rechazado
y allí está la salida: lárgate entonces como excrecencias
de todo este tiempo
e higienizarse es también enseñar a soñar.

Toqué entonces este hermoso Requiem por ti


y yo hube de limpiarme una vez más en el mar, estas praderas
con flores donde todo pervive y se obstina en
sobrevivir a su oficio.

376
MUCHACHOS DE FÁBRICA EN UN BAR DE LOS BARRIOS ALTOS

Engendra la lucidez un amor que el otoño aborrece.


Estos son dominios terribles como adolescentes destrozando
vidrieras.
Prados de violencia de Barrios Altos donde todo es tranquilo
como una tarde perdida en un bar conversando cuestiones
trascendentales.
Estos son mis dominios, saca la chaveta si puedes
y clávala en el cielo con flores de estos versos.
Un pobre matón amenaza destrozar el mundo de mis sueños.
Saca la chaveta pero no escondas el cuerpo,
no escondas la risa ni tu máscara de plástico.
No tengo más pasado que ocultar
ni futuro
por el que evitar sacarme esta casaca de cuero
para poder defender mi derecho a leer la palma de tus manos.
Estoy con una muchacha de cuerpo nervioso y muslos apurados.
No te muevas —digo a mi chica que implora que no pierda mi
tiempo con ese matón.
En una época donde todo es tiempo perdido, yerba dormida,
apenas podemos no dedicarnos a cosas tan poco turbias como el amor.
Todo esto es realidad soñada
y mi belleza diestramente virtuosa como un pincel
me arroja sobre tu cuerpo para apretarlo a mis labios.
¿Quién sino tú podría amarme contra toda soledad?
Allí donde yo he navegado con no más serena belleza que esta destreza
encontrarás algo de mí:
tu cuerpo por ejemplo que es mi riqueza, una flor
muy triste en la primavera que se desborda en tus ojos.
Y como ha sido mi vida —combatir a la poca intrepidez
de esta época— ha sido mi obra,
y lo que he recibido:
muerte. ¿No llegué a conocer acaso que la muerte vestía ojos
grisáceos, doble sonrisa, frente lenta como tranvía?
No he tenido tan poca desesperación como para no haber hundi­do al
pasado
en su noche podrida. Y la época declinaba
terriblemente enceguecida como un mamotreto perdido.
Hay que abandonar el invierno como bares maltrechos.

377
Nada de esto tendría por qué importarme si mi vida, o la tuya,
no hubiese sido una larga preparación en enfrentar el pasado.
No tengo un domicilio hacia donde volver como a un reclinato­rio
de Iglesia a escribir
estos pocos versos terribles como tus labios cuando se amargan.
Y me dice que la noche es gris, la tristeza dulce
como una brisa en un parque perdido.
He tenido que llegar hasta aquí a buscar el fugaz hospedaje
en el tiempo
de lo que puede durar probar una cerveza.
Nadie escuchó nunca El arte de la fuga de Bach en un bar.
Sin piedad y lleno de cólera he ido trotando en el caballo de
fuego de la noche de Cangallo
sin poder terminar aún de guerrear con mi tiempo
y la paz me ha sido negada. Sólo la muerte triunfa sobre mí.
Sólo la muerte,
y la nada.
Mis madrugadas inextinguibles y perfectas teclean flores
sacudiéndolas en su hastío pero esta gramática logró plantear
la verdad que faltaba.
No existe inconciente
y el
psicoanálisis
es
una derivación paranoica de la ciencia, un afianzarse a la inexistencia de la
conciencia negada por el terror a vivir en una ciudad aún espantosa y cruel,
esplendorosa maqueta de una comprensión que no llega
y
lo
que he definido
del mundo
traduce mi acción
en la tranquilidad de lo que me ha contemplado. El mundo actúa sobre mí y en
mí está el mundo: y el mundo es lo que yo determi­no a través de este mundo.
Toda concepción de bondad y maldad permanece aunque inmersa extraña al
hombre concreto en un mundo de conceptos toda —belleza o no belleza es
vanidad y lo que no es vanidad
no
puede
tener
lugar
en
el
mundo.
Así tu cuerpo que amo me evitará poseer soledad

378
y nuestra propia belleza será comprendida como la suma de dos
cuadrados en esta página.
Yo soy la conciencia
y
mi
inconciente
está lejos de mí
como un enemigo
o garra agazapada y sin embargo lo que ha de florecer aquí es este libro
estructurado como un concierto acerca de la lucidez inspirada = obra apenas en
la vida de un estudiante imaginativo y activo
/ aquel loco muchacho científico, o un técnico en ciberné­tica espiritual,
la bio-magnetización en cuerpos juntándose para
amarse bajo la luna ha reunido todas las formas posibles como un verdadero
concierto en ideas y sentimientos, situaciones, pro­yecciones de realidad
sistemática en estructuras de expresividad significativa / es una topología de la
conciencia en si­tuaciones tan extremas como desesperación o plenitud, belle­
za y tristeza, equilibrio y desequilibrio, tranquilidad o intranquilidad bajo toda
esta serie de situaciones que refle­jan al conocimiento de todas estas cosas.
Reconociendo que el mundo es equilibrio entre cuerpo/mente/acción reconozco
una luz que elimina la distancia entre mi yo y el mundo y esa luz soy yo cuando
está con el mundo porque luz es todo lo que nombro
y
todo
lo
que
se deshace
ante mí
es
aquello que no existe.
Hoy es una larga tarde donde aparezco
intranquilo como sobre un arisco caballo, lleno de flores
que arrojo en tus pechos calientes.
Y tú que me has sentido tierno prefieres no verme encoleriza­do
como un sable en la noche: ¿has llegado a entender
lo que quiero decir cuando digo que no existe inconciente?
Todavía no se acostumbran a ver una mujer sentada en un bar
igual que en la anquilosada retórica —muerte
y escarnio contra mí— no aparece aún el obrero que come
su pan con relleno adornado con rodajas de camote frito como
frescas lechugas con rocío.
No hay lechugas, y el salario no alcanza:
sólo eso

379
y un buen jarro de aluminio con un litro de café hirviendo,
humeando
esta mañana en el parque antes de entrar a la fábrica.
“Tarde lunar” “carne prístina” “noche augusta” —dice
tan poco del presente como del nivel mental preferido: un buen
ejemplo
para no pensar a través de ningún lenguaje sin vida.
Tú puedes ser una puta en este bar donde tu blusa desabrocha­da es
todavía demasiada atracción
para gente cuya conversación no diferencia deseo
y escote abierto en una estación calurosa.
Pero es mejor eso a ser una triste Colombina.
Ya nos iremos de aquí pero no antes que el matón deje de armarnos
pelea.
Te ofrezco sólo emociones verdaderas como un buen trago en la
garganta.
Por eso estamos aquí y es mucho más romántico
que ninguna película sin pensamiento, acción, y belleza.
El antiguo combate entre cielo e infierno es un mecanismo de
preservación de lo mejor de la vida,
Y se desarrolla en este mundo como en cualquier buen poema
que tengas para leer en tardes como ésta —te doy la flor de mi
corazón
desgarrado
en tus labios— cuando sientas ganas de purificar tu vida. Si
no desechas lo peor —dejar que el mundo piense por ti trae torpeza
y abulia— no tendrás elegancia
al moverte ni fuerza para creer en ti misma.
Te habla un viejo puma montés —recuérdalo cariño recuérdalo.
El infierno es una bóveda con plata, y oro, y dinero arrancado a la gente. Y el
cielo no será ninguna pésima pelí­cula absurda
pero luego de hacer el amor tus ojos brillan, y eso es cielo.
Yo soy la conciencia
y
mi
inconciente no duerme
como aquel horrible retórico
gastando
su
olvido
como una tinaja con pus.
En
la
lucha entre

380
conciencia e inconciente pierde quien se desposesiona del inconciente y quien
se posesiona de la conciencia no es la conciencia: es el propio inconciente.
El inconciente es la fuer­za natural y la conciencia es lo designado como
sobrenatural por lo natural: de este modo la autoconciencia es fuerza uni­da al
criterio y lo perdurable es la acción, lo que determina el cambio
y
sus
nuevas relaciones.

Meterse a un hotel pero no al verano desagrada al cuerpo,


y a la naturaleza.
Al saltar del lecho uno debe saber elegir el bar
donde arrojará el nada insustancial comentario de su pasión:
aquella moledora de tus muslos desmenuzaba
mi cuerpo hasta ser solamente una flor en tus labios
probados tan furiosamente como una cerveza.
Tú dirás que sé removerme en ti como en un verano.
Y me mirarás entrecerrando un párpado.
¿Por qué habremos de hacerlo siempre en el mismo lugar,
la misma pose, incluso la misma mierda de vocabulario como
“caricias de seda”?
Atracarás que acierto llamándote puta, Tus pechos son
pechos dulcísimos como peras de agua —eso es
una imagen por ejemplo.
Una metáfora es un legado feudal, será inútil seguir rebuscan­do
mis palabras para encontrar una
como un rulero que colocar en tus cabellos dormidos.
Tienes cabellos de hidra: mi amor, y todos te miran.
¿En esta metáfora qué puede pesar más: denotación —cabellos e
hidra—, o
connotación —te miran como a una hidra?
Una puta es mejor
como cuando tu cuerpo apretado a mí se estremece lentamente al
sentir el orgasmo entonces
vislumbro mejor el tiempo que fluye en tus párpados.
Y me veo a mí mismo cabalgar contra algo que está a mis espal­das
sintiéndome
música pero no tan desafinada como la que sale de la rocola.
Trato de no perder el sentido de belleza perdido en estos
años.
Y ése es el resplandor que condujo tu volar hacia mí como a
una lámpara encendida
toda la noche.
Alzo el rostro
y te contemplo como un residuo de métrica

381
sobre el que salta la poesía —una cierta alianza entre el
lenguaje y su ser
(como para un mejor dibujar tu cuerpo en la historia).
¿En el trasfondo en que el poema medita podrá hallarse
lo que me angustia, y lo que me llevó a tus labios,
el buen clima de la cólera y su no imposible belleza?
Esta tarde es hermosa, y te digo flor de mi vida: te amo,
o espérame como a la primavera donde muerdes ciruelas.
Toda escritura es como un gran fresco mural con ángeles
y demonios combatiéndose a medianoche y la página es una
computadora
con líneas punteadas
donde la belleza son estadísticas bajo puntos de vista
y gráficos a color que puedan permitirme saber
no sólo por qué el precio de una flor cualquiera —no nombremos
flores descompuestas—
impide
que tú no hayas rodado dócilmente expuesta
lejos de todo este mal gusto que nos rodea
y he podido explicarme por qué me gusta más esta flor de tu
vientre
y no, sencillamente,
la palabra soledad.

Si hay quantum y su energía es cuerpo aún dulce


entonces su luz es vida engendrada en tu vientre antes de salirnos del lecho
pero no más antes que mi mirada se transformara en tu carne.

382
ESTUDIOS SOBRE FLORES CON PÁJAROS Y AMANECERES DE
PRIMAVERA

I Flores

Te he visto igual a una traviesa cuchilla tratando


de arrancarme del sueño. Mi loco pelo se llena de temor
y te implora perdón.
Otras margaritas se aferran a mí y los crisantemos tiemblan cuando abren sus
ojos en la noche. En un pétalo carnoso
una gota de rocío rueda como un milagro en tus ojos
y tu cuchilla, tu mano pro corrupta se acerca
y me lleno de espanto,
y para eso existo.
¿Vas a matarme a cometer un crimen de lesa—bondad
para satisfacer
tu insensata vanidad?

(Pero la flor es trágica, y palidece exhalando


su último aliento en los cabellos de una muchacha).

II Pájaros

Alcanzaré a sobrevolar todavía este verano


y bajaré a picotear más granos. Saltaré en la rama,
un leve golpe de piano, flauta
intranquila en manos de la mañana.
Un hacha estúpida como duende diabólico derrumbó mi sueño. Entre el bullicio
del radio-a-transistor mi sonido
saltará delicado como un sueño en los noticieros.
Tú te encabritarás, verás
un pechito rojo
y alas negras revoloteando en el follaje verde
y dorado de tus ojos.
Atreviéndote a salir hasta la ventana
y contemplar la vida que se mueve bajo tus párpados sabrás que mi existencia ha
embellecido tus días.

(Te has acercado un poco más a tu sueño, y el hombre que te coloca en su mira
es la música que se desploma).

383
III Amaneceres

Abriste tus ojos para recibir frescura.


Cuando la noche es lima flor pálida que abandonas, otra
soledad comienza.
Escribes frescura flor fresca piel cálida sobre el cuaderno
donde arrojas tus sentimientos.
Una bella cosa es tener la inteligencia fresca
como una flor.
¿Tengo yo misterio y bondad que no puedas
arrojar tú contra mí cuando mi rotar le coloca nuevamente
ante mí?
Sucede en un instante,
y parecen horas
cuando sucede al abrevar la flor nocturna en mis labios
antes de palidecer ante el instamatic del cielo.
Despoja tu inercia y busca la perfección transformando
el pasado en garra profunda como este mar verde o celeste
—manto turquesa donde palidecen estrellas
como un verso, una clasificación astral tiene
sus tonos rosados y chispas rojas al este, como un carburador
encendido,
este oleaje dorado entre lila y fuerza atormentadamente dominada allá donde un
mar acaricia
mi yerba lentamente masticada bajo el deseo,
esplendor revoloteando como pájaros
entre rocas azules en el contrafuerte serrano
y esto es tu mañana, tiempo travieso como un gato,
toda la buena calidad de este amanecer
se depositó en tus ojos que escriben flor fresca
piel cálida en el viento.

(Tú has salido otra vez para el mundo,


pero la flor en mi libro es una mañana donde yaces invitándome a vomitar mi
pureza).

IV Mediodías

Tú estás caminando en la calle, camisa abierta,


y enchompado. Caminas: allí hay vértices de grandes avenidas,
edificios, autos, parques grandes, y perdidos. Un trozo
de nada —un pañuelo— te recoge
como a una hoja que cae
en la nada y toda tu biografía será esa caída.

384
Entonces voltearemos la página y nuestra historia habrá
florecido. ¿De dónde vienes, y a dónde vas? Mucho verdor
es el mar en los ojos, estas palabras una mariposa en tu piel.
Puedes estar aquí o en un campo donde labras,
por ejemplo, tu cansancio, un ruido de avión coloca tus manos
como largas viseras
sobre tus ojos y una cápsula plateada se hunde,
a lo lejos, en el cielo. Gruesos postes telegráficos sostienen
el trapo azul del cielo.
Alzas o bajas la vista, pero el calor persiste:
y este verano es agreste.
Un paso hacia el este acortará tu sombra, uno
al oeste te la alargará: corta o larga, tu sombra
tiene menos consistencia
que tu cuerpo. Gires donde gires tu sombra se proyectará
en sentido contrario a tu visión y no la borrarán
trapos ni la inexactitud de lo que no es tu hora.
Has vuelto a levantar tus ojos
y compruebas que el sol es un dulce coro
de pétalos en tus cabellos, cuerpo inclinado
desde el balcón al cielo: hora del Angelus, y ¡Angelus! ¡Angelus! Mi cénit te ha
mostrado el horizonte verdadero.

(Pero la clepsidra una vez más dejó caer un solo grano de arena, y el cénit que se
pierde volverá a llenar de inteli­gencia
a tus ojos).

V Atardeceres

Se han desprendido hojas dulces que se levantan


como faldas enseñando buenos muslos en el viento, tienes
tus ojos soñadoramente clavados en mí
y esta tarde tus cabellos se revuelven
como turbias flores en mis labios. Soy tristeza
o belleza, un sentimiento en tu vida.
Quisieras envolverme como una túnica de frescor
al cuerpo que acaricias: una dulce música son estos gorriones posándose en tus
ojos, silencio ligeramente destrozado
por el estampido de hojas que crujen bajo autos que arrancan.
Todo esto es demasiado para ti, y muy poco
cuando tú —grácil y delicada— miras intensamente
este verdor dorándose bajo una fronda florida, y el mar,
y esta tarde, y tus ojos se encuentran conmigo como con una
muchacha que espera a su amor.

385
Ah, qué música de hojas, o flautas, o zampoñas serranas llegan hasta
aquí y demoran aún mi partida, enamorándome como una muchacha.

(pero ahora se ha hecho lentamente noche, y millares


de innumerables estrellas te miran sollozar quietamente en mis
labios).

VI Noches

Más que un poco de yerba en las manos esta noche parece una noche posible:
conversación
entre la mente y su símbolo, un auto deslizándose siempre
a la altura de la U. del Pacífico,
una orquesta lejana.
“Eres una tuerca, la perfecta tuerca que faltaba” —te permites agregar esta
pequeña acotación sincera
en torno a la fantasía insincera de una maravilla de mal profesor
persiguiéndome
en sueños, dibujándome contra una pizarra
como en un verso poco elegante, obligándome
a ponerme como una estrella en el cielo. Fuera
de toda esta inexplicable contingencia la noche es la noche que eternamente
ha rotado,
flor húmeda en el tiempo, cualquier metáfora bella.

(Pero a la mañana siguiente sólo quedan palabras, y el arte es nostalgia de lo


pasado).

VII Lagos

Todos se alejan, se pierden, se van dejándome


depositada en estas montañas con flores de mis labios, abrevan
y se pierden
como un gemido en la noche.
Un delicado pensamiento como un bote perdido boga lentamente
en mí y escucho
un rumor de cuerpos en los eucaliptos.
¿Palabras a la fugacidad de las cosas, gemidos
de amor como ruedas a tracción, música a esta hora triste
y perdida? Y el viento pasa,
y no existe noche inexplicable y perdida.
A esta hora mi quietud se estremece en tu alma. El amor
chapoteando lentamente como una muchacha es un muchacho que juega con

386
ella.
Y un pescador solitario arroja su anzuelo
y me arranca una trucha plateada
que caracolea en el aire antes de caer en la brasa.
El ganado abreva en mis labios y el viento me impele suavemente
entre montes donde me agito. No soy una postal
pero en mi dorso surcan palabras que se cruzan dulcemente quienes se aman
atravesándome
con brazadas lentas y profundas.

(Pero tu tranquilidad durará no tanto como aquella postal


porque cuando despiertes una hidroeléctrica te habrá hecho bri­llar en
bombillas de cristal)

VIII Máquinas

Unir el agua con estos proyectos que brotan


en la visión que el artista dibuja sobre un papel: un primer pla­no inclinado,
primera máquina
como ruedas a tracción para llevar agua
hasta tu cacerola que hierve con papas bajo la noche,
o el hambre, fue un acto supremo
de imaginación, supervivencia, y cultura: un juego
de poleas como un nudo de corbatas, esta concepción de lo que al ir bajando
sube es el ángel de lo aprendido
y la marea que baja es energía elevada
a turbinas que recogen la luz
en espejos convexos
y todo se ha modificado
como un nuevo edificio: tú eres más tú, y más generoso,
y humano.

(Pero en todo este cambio sólo algo persiste,


el hombre que no cambia sino cuando tiene deseos de cambio
es la satisfacción de su obra).

IX Jinetes

Paisaje: rocas, cielo.


Cabalgo (desde hace) un siglo.
Arriba: azul. Abajo: sueños como tranquilos trigales en tu falda.
Apresuro el caballo: vuelo.

387
Cielo que vuela:
el valle
cuelga
como la luna en la noche de Cangallo. Los caballos
taladran el cielo: ríos
turbulentos.
Pechos como colinas, cielo fresco —te amo. Resplandece
(intacto)
un bosque con retamas en un río.
¿Me apeo? —no.
Recojo una flor al pasar,

(y tú has soltado ahora el caballo, tu flor


son estas manos modelando los pechos de tu muchacha).

388
AGREGADO (SIN CORRECCIÓN) A LOS ESTUDIOS DE POESÍA:
Estilo y gramática en la contemplación del mar.

1. Si busco una comparación del mar


llevando a la composición una serie
de texturas, pliegues, cavidades, cimas
tan parecidos a un cuerpo humano:
mar intenso y gramático, encuentro que la vida es
un poco
de lenguaje,
la formulación de unos signos
ya grabados del ayer
& allí/está
el
VOLVER centro
A del
LEER problema:

2. ¿Cómo no acertar
algunas metáforas del mar (y no decir / la mar
violeta?
¿O decir que el mar (que fue un momento en
ti) es sólo
un estado espiritual — > una ideología?

3. ¿El mar de un poema acaso


(densidad del perfume, color de la ola,
alta y baja marea)
no transluce también un cierto eco de historia?

4. Y el eco repercute frontal o lateral


en ti — > pero repercute igual
a una cachetada, un beso que complementa
esa hipótesis de Horacio, Ovidio
y complementa el mar de una oda futura.

5. en esa palabra misteriosa


y transmisible
más que a la realidad
se envuelve en sí
dulce
permisible

389
como una viajera solitaria
que en un bar cualquiera
acepta tu mirada
y
es
un mar áspero
su cuerpo.

6. Pero el bello tempestuoso tierno mar


tiene las cualidades de tu estilo, la

390
AGREGADO (SIN CORRECCIÓN) A