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REVISTA NACIONAL 299

las Relaciones Exteriores, el Ejército y las Policías (arts. 79 y 145),


con un Consejo Nacional de Administración compuesto de nueve miem-
brQs a quienes corresponderían «todos los cometidos de administración
que expresamente no se hayan reservado para el Presidente de la Re·
pública o para otro Poder, tales como los relativos a Instrucción Pú·
blica, Obras Públicas, Trabajo, Industrias y Hacienda, Asistencia e
Higiene» (art. 97). Por el inciso 15 del art. 79 al Presidente corres·
pondía el nombramiento de los Jefes de policía de los Departamen·
tos, pero eligiéndolos de una terna propuesta por el Consejo en cada
caso.
Con respecto a la elección de Presidente de la República, a di-
ferencia de la Constitución de 1830 que establecía su elecc · ón por el
Cuerpo Legislativo, se mandaba que fuese elegido directamente por
el pueblo a mayoría simple de votantes, mediante el sistema del do-
ble voto simultáneo y con las garantías que para el sufragio estable·
ce la Sección II, considerándose a la República como una sola cir·
cunscripción (art. 71).
Los Consejeros serían elegidos también directamente por el pue·
blo, .mediante el mismo sistema del doble voto simultáneo por lista
incompleta y con las garantías que para el sufragio establece la Sec·
ción II, correspondiendo las dos terceras partes de la representación a
la lista más votada. Y la tercera restante a la del otro partido que le
siga en el número de sufragios obtenidos (art. 82).
El Presidente duraría cuatro años en sus funciones y no podría
ser reelecto ni ocupar la Presidencia durante un interinato o período
complementario Ein que mediasen ocho años entre su cese y su reelec·
ción ( art. 73). Los Conse,ieros durarían seis años en el ejercicio de sus
funciones, debiendo. renovarse por terceras partes cada bienio ( art 85).
Se cons'gnaba una importante descentralización de func:ones al
establecer que las administraciones locales y sus gobiernos serían ejer·
c"dos por una Asamb~ea Representativa y por uno o más Consejos de
Administración autónomos elegidos popularmente con las garantías
que para el sufragio establece la Sección II (art. 130).
Contribuía a esa descentra1izac· ón el art. 100 al ordenar que los
d've~sos rnrvicios que constituían el dominio industrial del Estado, la
Instrucc;ón superior, secundaria y primaria, la As:stencia y la Higie-
ne públicas, serían administradas por Consejos autónomos.
Descartando aquel original E.iecutivo plural, lo demás que llevo
dicho era la constituc'.onalización de lo que la experiencia había acon-
sejado conservar.
Lo más importante desde este punto de vista, era el capítulo de
las garantías consagradas en la Sección II. El art. 9Q del capítulo II
de esta Sección determinaba que el sufragio se ejercería con arreglo
a las bases siguientes: 1) Inscripción obligator:a en el Registro Cívi·
co. 2) Los fucionar:os policiales y los militares en actividad deberían
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abstenerse, bajo pena de destitución, de formar parte de com1s10nes


o clubs políticos, de suscribir manifiestos de partidos y, en ge:neral,
de ejecutar cualquier otro acto públi.co, salvo el voto. 3) Voto secreto;
y 4) Represen tac· ón proporcional integral.
Este artículo 99 terminaba mandando que todas las corporacio-
nes de carácter elect;vo que se designase para intervenir en las. cues-
tiones del sufragio, deberían ser elegidas con las garantías colllsigna·
das en él.
Por lo que hace a la extensión del ·sufragio, nuestra evo1 ució:i po·
lítica nos llevó a admitir en la Constitución de 1917, que el sirviente
a sueldo y el peón jornalero no tenían suspendida su ciudadan.ía, co-
mo no la tenían el que que no sabía leer ni escribir, ni el deudor fa.
llido, ni el deudor al Fisco declarado mororn, causales que limitaban
esos derechos en el art. 11 de la Constitución de 1830. Por lo iilemás
el límite de edad para estar en aptitud para sufragar, se rebajó de los
veinte años que marcaba la Constitución de 1830 a loa dieciocho que
rnña!ó el art. 12 de la Constitución de 1917.
Sobre tan importante punto no debe olv'darse el progreso rea-
lizado en esta última Constitución al establecerse en su art . 10 que «el
reconocimiento del derecho de Ja mujer al voto activo y pasivo en ma·
teria nacional o municipal, o en ambas a la vez, só~o podrá ser hecho
por mayoría de dos tercios sobre el total de los m:embros de cadla una
de las Cámaras». Durante la vigencia de esta Constitución se sancio-
nó la ley a que este artículo se refiere facultándose a la mujer desde
los dieciocho años de edad para el ejerc:cio del sufragio.
En cuanto a las relaciones entre los Poderes Legislativo y Eje-
cutivo permanecieron los viejos moldes presidencialfotas. Se conrnr-
vaba la institución de Ministros responsables, sin los cuales el Presi-
dente de la República ninguna orden podía expedir, y a quienes ca-
cla Cámara podía hacerlos concurrir a su Sala para req¡uerirles y re-
cibir los informes que estimare convenientes. (Artículos 53, 83, 86,
88, 89 y 90 de la Constitución de 1830; y artículos 80. 106, 108, 109 y
110 de la Constitución de 1917).
Algnnos perfeccionam!entos deben notarse acerca de tan iin-
portante punto. El artícu~o 53 de la Constitución de 1830 deda que
cada una de las Cámaras tenía la facultad de hacer venir a su Sala a
los Ministros del Poder Ejecutivo para pedirles y recibir informes.
Esta prerrogativa quedó ampliada del siguiente modo: por el a.rt 49
de la nueva Constitución todo legislador tenía facultad para pedir a
los Ministros de Estado los datos e pformes que estimare necesarit;>s
para llenar su cometido. Por el art 50 se consa¡?;raba el principio de
qne cada Cámara tenía facultad, por resolución de la tercera parte de
8118 miembros (de este modo era colocada en manos de la mtnor.ía) de
hacer concurrir a su S•ala a los Ministros de Estado para pedirle¡¡ y re·
cibir los informes, que estimase convenientes ya fuese con. fines legis-
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lativos, de inspección o de fiscalización; y el artículo 51 atribuía a las


Cámaras el poder de nombrar Comisiones parlamentarias de inves-
tigación o para suministr.ar datos con fines legislativos (1).
Para resolver los conflictos de jurisdicción entre el Consejo N. de
Administración y el Presidente de la República, quedaba facultada la
Asamblea General, constituída por las dos Cámaras legislativas (inc.
19 del art. 18).
En el artículo 59 en fin, a la vez que se consagraba expresamen·
te la libertad de cultos, se separaba la Iglesia del Estado, reconocien-
do a la Iglesia el dominio de todos los templos que hayan sido, total
o parcialmente, construidos con fondos del Erario nacion1'l, excep·
tuándose sólo las capillas destinadas al servicio de los asilos, hospi·
tales, cárceles u otros establecimientos públicos. En su inciso final se
declaraba «exentos de toda clase de impuestos a los Templos consa-
grados actualmente al culto de las diversas religiones> •


* •
La forma especial de división del Ejecutivo adoptada en la Consti·
tuyente de 1917 tuvo sus panegristas entusiastas dentro del país y al-
gunos fuera como Mariano de Vedia y Mitre ( 2 ) y Mario García Kohly
( 3 ), y sus detractores en el interior desde el comienzo de su vigencia en
la prensa del partido riverista, y luego, después de haberla cumplido y
reverenciado con los más altos d:tiramhos durante varios años, en dos
fracciones desgajadas de los partidos tradicionales, el herrerismo y el
terrismo que se unieron para dar el golpe de Estado del 31 de Marzo
de 1933 y echar por tierra el colegia1ismo y la Const:tución de 1917.
Coronando su elogioso comentario., de Vedia y Mitre termina su
libro haciendo votos porque la nueva vida institucional contribuyera
a afianzar la felicidad y la grandeza del Uruguay ( 4 ).
Como el objeto de este trabajo es tan sólo presentar los puntos
más salientes de nuestra evolución política a través de las institucio-

(1) Sobre el progreso que significaban estas modificaciones, ver: Martín


C. MARTINEZ: «Ante la nueva Constitución>, Garantías de orden parlamentario.
( 2 ) Mariano de Vedia y Mitre dice, en un a modo de resumen: <Nosotros
los argentinos, que palpamos idénticos problemas a los que han provocado la
reforma, debemos contemplar con qonda simpatía el paso arriesgado y progre•
11ista, tanto más arriesgado cuanto más progresista que han dado los uruguayos
hacia el perfeccionamiento de sus instituciones políticas. La contemplación de
la reforma y de su aplicación será útil a todos. Se nos ofrece una experiencia
que no debemos desaprovechar h•sta por egoísmo patriótico>. (pág. 194).
(3) M. GARCIA KOHLY: «El problema constitucional en las democra·
cias modernas>, Madrid 1931. - Este escritor cubano no vacila en calificar la
división del Ejecutivo en la Constitución de 1917 de admirable fórmula de de·
mocracia americana>, y la incluye en lo principal en las bases que propone de
una estructura esencialmente democrática del Estado. (pág. 151 a 162).
(4) M. de VEDIA Y MITRE: Op. cit., pág. 195.

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nes constitucionafos, cumple a ese fin, sin que ello signifique dar una
opinión completa y definit;va sobre todas y cada una de las diEposi-
ciones de la Const:tución de 1917, comprobar que gracias a sus textos
relativos a las garantías del sufragio, de un cierto descongestionamien-
to de las funciones del Ejecutivo (producido por la vida independien-
te de los Municipios y Entes Autónomos), de la elección d:recta de
todos sus miembros por el pueblo y de la coparticipación de los par-
tidos que, aunque en forma imperfecta consagraba, conquistamos du-
rante su vigencia un estado de paz completa y afianzamos, por e:l ejer-
c' cio continuado del sufragio libre, durante catorce años, las venta-
jas morales que habíamos ido obteniendo al amparo de la Constitu·
ción de 1830.
Muy grande fué la experiencia política de esos años, pues los ac-
tos comiciales eran asaz repetidos a causa del número de magistrados
que había que elegºr, diputados cada tres años, colegios electorales de
r;enador cada dos (los senadores duraban seis años renovándose por
tercios cada bienio), Presidente de la República cada cuatro, y Con-
Gejeros cada bienio.
Tan larga experiencia pacífca puede inducir a escribir el juicio
que ha dado uno de los más distinguidos miembros del Partido Na-
l cionalista: «La Constitución ho ha producido ciertamente un régimen
1 ideal, desprovisto de inconvenientes y de imperfecciones; pero, en
1 cambio, nadie puede negar que ha establecido la verdad del gobier-
no repubr cano, que ha cimentado las libertades públicas rnbre: bases
inconmovib~es, que ha consolidado la honradez administrativa, que ha
garant:zado la paz sobre el respecto a los derechos de todos. No hay
patrias en el seno de la patria: todos los ciudadanos sienten el ampa-
ro de la ley, todos participan por medio del voto en el gobierno de la
Nación». (1)
Habría, no obstante, que hacer algunas reservas por cuanto ta·
les resultados no pueden atribu:rse, por entero, a la Constituciéin, con
arreglo al criterio antes sustentado, sino muy principalmente al desa-
rrollo de la just:cia política de nuestro pueblo traducido felü~mente
en algunas de l?s disposiciones constitucionales precitadas.
Por otra parte, a mi juic:o, la división del Ejecutivo-no fué ferz,
sobre todo por ser una forma todavía empírica de coparticipación de
los partidos en el gobierno desde que ese exped'.ente alcanzaba única-
mente a un partido, a la minoría mayor. Del punto de vista de la cien-
cia constitucional habría grave imperfección en tal sistema, y mucho
más racionales hub'eran sido el parlamentarismo o un pres:dencia-
lismo bien contrapesado. .
Y me refiero a éste último sistema, porque por las garantías del
sufragio, la elección directa del Presidente de la RepúbI:ca y el des-
.. ,; ,,:~~: (
(1) Juan A. RAMIREZ: «Sinopsis ... >.

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