Vous êtes sur la page 1sur 187

Título original en inglés: Seconds in Paradise “Forever and eternally”

Género: Romántica- fantasía- drama

Saga creada por Alejandro Sartino Schneider & Melanie O´Connor

© 2015 por Alejandro Sartino Schneider & Melanie O´Connor

Escrita por: Alejandro Sartino Schneider, Melanie O´Connor & Ania


Schneider

Traducción y adaptación: Sebastian Reagan & Samantha Sartino


Schneider

Edición: Sebastian Reagan & Lisandro Sartino

Ilustración: Andrea Andrade & Ariel Sartino Escobar

Los personajes y hechos de éste libro están basados en hechos ficticios.


Para proteger la identidad de las personas reales involucradas en éste texto
fantástico han sido alterados. Cualquier similitud con la realidad es mera
coincidencia.
Agradecimientos

Éste libro no se habría escrito sino hubiera sido por el apoyo


incondicional de los lectores que han leído la primera parte de ésta
maravillosa saga. A Ania Schneider, quien ayudó en colaborar como co-
autora desde el 2013, transcribiendo lo que dejó Alejandro Sartino
Schneider (1985-2013) en el primer libro y ahora en éste. Sus palabras
están intactas desde el capítulo quince en adelante. A nuestros
administradores de la página en Facebook: Lisandro Sartino, Sebastian
Reagan, Andrea Andrade, Pedro Schneider y Samantha Sartino, quienes
han participado como editores de principio a fin de éste escrito.
Trabajamos sin editorial porque seguimos el lema de Alejandro, “leer
y escribir deben ser un derecho universal”. Esperamos que disfruten
tanto de ésta segunda parte de “Unos Segundos en el Paraíso” como
nosotros hemos amado escribirla.-

Melanie O´Connor & Ania Schneider


“Porque yo te sufrí. Rasqué mis venas, tigre y paloma, sobre tu
cintura, en duelo de mordiscos y azucenas. Llena pues, de palabras mi
locura o déjame vivir en mi serena noche del alma para siempre
oscura”.-
Amor de mis entrañas, Federico García Lorca

“Mi amor por ti no tiene fin, es eterno, es infinito, es para siempre”.-


No te vayas de mi lado, Alejandro Sartino Schneider (1985-2013)

Booktrailer: https://www.youtube.com/watch?v=992LD-9429w
Elenco: https://www.youtube.com/watch?v=VRF2LvF4aVo
PRÓLOGO

Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y


caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos
años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc
trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y
desapareció, porque le llevó Dios. (Génesis 5: 21-24)

Siglo XIV D.C.

Un grupo de jinetes cabalgaba por la extensa pradera, tierras de lo


que sería la actual Escocia. Cada uno portaba su armadura de acero,
llevaban del lado derecho sus espadas, y en la espalda, un escudo de fondo
dorado con una serpiente roja, insignia representante de los serafines.

-¡Oh, oh!- exclamó uno de ellos, quien descendió de su caballo. Se quitó


el casco para observar mejor el horizonte que tenía ante sí.
-¿Qué veis, Tartahiel?- preguntó uno de los jinetes.
-La aldea no queda lejos, mi lord. Debemos cruzar aquel puente y
llegaremos.
-¡De prisa! ¡No hay que perder tiempo!- dijo el líder y los ocho caballeros
cabalgaron. Lograron llegar a un puente de madera que unía el sur y el
norte.
-¡Zophiel!- exclamó el líder.- Cruza tu primero, si no podemos con los
caballos, tendremos que volar.-dijo Miguel.
-Entendido.- dijo éste. El casco le cubría las mejillas y la barbilla al joven
Zophiel, sólo su boca y sus marrones ojos estaban al descubierto. Agitó las
riendas para que el equino obedeciera y avanzó primero. Las tablas
rechinaban bajo las pezuñas del caballo, Zophiel avanzaba despacio hasta
que alcanzó el otro lado.
-¡¿Es seguro?!-preguntó Uriel.
-Si, pero debéis avanzar uno por uno, las tablas no resistirán a dos.-
Miguel, Uriel, Chamuel, Zophiel, Rafael y Gabriel cruzaron uno por uno.
Quedaban solamente Tartahiel y Elemiah.
Tartahiel era el más joven, un serafín que había sido elegido
dentro de su coro ya que sus destrezas en cuerpo a cuerpo era el mejor y su
manipulación del viento y tierra era inigualable entre sus pares. Fornido,
de melena negra y ojos azules, Tartahiel ladeó la cabeza para que
Elemiah cruzara.
-Los ancianos primero.- dijo Tartahiel.
-Gracias, muchacho. Pero te cedo el honor de que cruces.- asintió con su
mano.-Los niños primero.- le sonrió. Tartahiel frunció una sonrisa y cruzó
con su caballo purasangre. El negro corcel pisaba con lentitud, Tartahiel le
acarició su terciopelado pelaje. -Anda, amigo, avanza así salvamos a esa
gente de los demonios.- le susurró. El corcel le entendió y avanzó a pasos
más largos. Detrás de él iba Elemiah.

-¡¿Qué rayos haces?!- gritó Miguel desde el otro lado. Tartahiel se giró y
vio a su compañero.
-¡Elemiah, no podemos los dos, vuelve al otro lado!- dijo Tartahiel. -¡Mira
chico, no debemos perder ni un segundo, Froimost y los leviatan se
aproximan a la aldea! ¡Hea!- agitó su rienda y el caballo galopó más
fuerte. Tartahiel apresuró a su corcel. Las sogas del puente se tensaron
hasta quedar cada vez más delgadas hasta que se cortaron. Tartahiel
alcanzó tocar tierra.
-¡¡Elemiah!!- gritó Uriel, se bajó de su caballo y miró al profundo
precipicio. De pronto vio dos grandes alas blancas que resplandecían un
dorado brillo por el reflejo del sol que se tapaba por dos tenues nubes. -
¡Dios!- exclamó Uriel.- ¡No vuelvas a hacer tremenda estupidez! –
Elemiah descendió junto con el animal. -¡Era una broma con el chico!
¡Dah! Eres tan aburrido- murmuró. Uriel le miró de reojo y continuaron su
travesía hacia la aldea. Las cabañas estaban cerradas, poca gente transitaba
de un lado al otro. Las mujeres llevaban canastos de mimbre con verduras,
otras con baldes con agua. -¿Habrá acertado Raziel con la visión que
tuvo?- preguntó Chamuel, quien se sacó el casco, sacudiendo su larga
cabellera rubia por la calor. Miguel saltó de su caballo, lo ató a un árbol. -
Nos dividiremos. Elemiah, ve con Tartahiel, Zophiel con Uriel y Chamuel
con Rafael, Gabriel, vienes conmigo.- ordenó Miguel. Se distribuyeron
por el pueblo, merodeando y observando si no había nada inusual. -¿Desde
cuando armaron la Legión?- preguntó Tartahiel a Elemiah. Elemiah era
alto, de cabello corto castaño, ojos marrones que inclinaban a tomar una
tonalidad verde.

-Desde la caída del Imperio Romano, Yahve decidió que desde la muerte
de su hijo debíamos descender a establecer el órden, al menos con el otro
lado.
-¿Acaso Lucifer no pone orden aquí?
-Lucifer no puede con todos sus demonios, hay algunos que logran salir
del Pandemonium y nosotros debemos encargarnos de los desertores de su
reino y enviarlos al abismo. Con este anillo, llamo a los Tronos o las
Dominaciones en caso de requerir refuerzos. Y tu, chico, ¿Todo bien con
Enoc? Ayer no le aceptaste que te diera el caliz. Tartahiel ocultó su
expresión de desprecio al oír ese nombre. Días antes de partir a Escocia,
había escuchado a Enoc, mejor conocido como el
príncipe Metatrón, hablar con un súbdito acerca de derrocar a Yahve. No
sabía si confiar en Elemiah, ya que era subjefe de las tropas. -Si, no estuve
de buen humor ayer, había dormido mal. ¿Tú confías en él? -¿A qué va esa
pregunta? Por supuesto, es el príncipe de los ángeles, se sienta a la
izquierda de Yahve, ¿Cómo no voy a confiar en él? Daría mi vida por la
causa. "Causa" le decían al modo de defender el reino celestial de las
fuerzas enemigas.
-¿No te parece un poco dictador? Digo, su forma de ser con nosotros es...
-Particular.- culminó Uriel, quien se apareció detrás de ellos.- Es malo
andar hablando mal de quien no está presente, ¿Por qué mejor no siguen
patrullando en vez de cotillear como mujeres?-Cuando Uriel se alejó,
Elemiah le hizo caras.
-¡Es un plomo! ¡No le hagas caso, chico! Es un anti-social por eso no
abala el cotilleo. Lo único que hace es ordenar su cuarto, es un obsesivo
de la limpieza- dijo Elemiah, Tartahiel sonrió.
-¡Te oí!- le exclamó.
-¡Me resbala que me escuches!- Escucharon el sonido de un cuerno y
permanecieron serios.
-Son ellos.-dijo Chamuel.- La espada de Tartahiel emitía un brillo rojo. -
Tranquilo, chico, cosa que se mueva rápido, le matas.- dijo Elemiah.
Tartahiel tragó saliva, era su tercera misión en la Legión y aún no se
adaptaba a la idea de matar demonios. Pensaba demasiado, solía mirarlos a
los ojos, tratando de ver si quedaba algo de divinidad en sus esencias o si
realmente la maldad había corrompido sus corazones al verse desterrados
junto a Lucifer.
-¡¡Permanezcan en sus hogares!!- gritó Miguel, mientras que Gabriel
resguardaba a los niños en un establo y Chamuel resguardaba a las
mujeres en una casa.
-No podrán solos- dijo un hombre con un hacha en la mano.- Son
centenares.
-Podremos, ustedes, cuidad a sus mujeres e hijos, hemos venido a
protegeros.- dijo Rafael.-Regresad a su guarida, nos encargaremos de
ellos.

Froimost era el demonio de la guerra y la tempestad, de aspecto


temeroso, ojos negros y cabello oscuro como la noche. Sobre un caballo
blanco y con cientos de criaturas a ambos lados estaba dispuesto a atacar. -
¡Los leviatan están listos, señor!
-Bien. Diles que avancen, mandaremos pocos, luego llama a Moloch. -¡Si,
señor!- la espeluznante criatura peluda se alejó y gritó órdenes a los suyos.

A pie, los leviatanes, criaturas semejantes al hombre pero de piel gris, ojos
rojos y grandes garras avanzaban a toda prisa, se hicieron invisibles así los
arcángeles no los vieran.
-¿Seguro que nos pagará por esto? Mi magia ayudará bastante hasta que se
den cuenta que están en el pueblo- Bechard, un demonio disfrazado de
humano, alto de cabello negro ondulado, barbón y de ojos celestes estaba
en lo alto de la colina junto a Froimost. -Metatron es hombre de palabra.
Al menos pagará con oro, Lucifer no nos dá ni un penique. Nos pidió que
matemos unos cuantos humanos, no será una labor difícil- dijo Froimost-
Y además, me encanta acabar con los humanos, criaturas estúpidas,
ambiciosas y tan vulnerables que los puedes pisar como insectos.- Atrapó
una mosca con los dedos y la apretó.

-¿Sienten algo? Yo nada-dijo Miguel. -


Nada.-reiteró Zophiel.
-Está todo muy silencioso, no me gusta.- dijo Uriel. Sólo se escuchaba el
viento hasta que oyeron un grito de horror donde estaba Chamuel
cuidando a las mujeres, quienes salieron corriendo de la casa de madera.
Los hombres salieron de otra, armados con lo que tenían a mano. -¡Vayan
por las mujeres, llevenlas a un lugar seguro!- exclamó Zophiel al herrero-
Encima de Chamuel habían ocho leviatanes, eran bestias grandes, de un
metro ochenta de alto. Los arcángeles mantuvieron su aspecto humanoide
para no desperdiciar energía transformándose y acudieron a sacar a
Chamuel del tumulto de bestias. Con sus espadas tenían que
decapitarlos, era la única manera de matarlos.
-¡¿Cómo no los vimos?!-dijo Rafael.
-¡Tenían un bloqueo visual con magia! ¡Pasaron por nuestras narices y no
los vimos! En la entrada de la aldea iban ingresando cada vez más
demonios. Elemiah escupía fuego por su boca y manos, quemando a
varios y combatiendo otros, cuerpo a cuerpo. Vio a Tartahiel en apuros y
lanzó su daga a la frente de uno que estaba por atacarle. -¡Gracias!

-¡Cuida tu espalda, chico!- se distrajo y una bestia colosal le empujó,


destrozando una choza.
-¡Elemiah!- gritó Tartahiel. Un leviatán le empujó a él también contra una
casa de barro. La bestia entró allí para acabar con él pero Tartahiel usó su
poder y abrió la tierra en dos, logrando que el leviatan cayera. Sin
embargo, éste le tomó del tobillo. -¡Suéltame! ¡¿Por qué hacéis esto?!
Lucifer prometió que habría paz entre ambos reinos.

-No son órdenes de bajo, serafín. Son de arriba.-dijo el monstruo y cayó


en la profundidad de la tierra.
"¿Ordenes de arriba?", se dijo. Ya no le quedaban dudas, sabía de quién
podía ser. Finalmente, salió de los escombros, los humanos corrían en
pánico por sus vidas mientras los demonios atacaban la pequeña
comunidad. El caos le impedía pensar y concentrarse en buscar a los
suyos. Sintió alguien detrás de él y desenvainó su espada, con un
movimiento veloz mutiló a la cosa que yacía detrás de él.
Era una mujer embarazada y un niño.
-¡No! ¡No, no, no!- gritó. Los demonios se esfumaron y los arcángeles
fueron testigos.
-¡¿Qué has hecho?!- dijo Miguel. Gabriel se volteó, vomitó al ver la mujer
decapitada al igual que el niño.
-¡Creí que era un demonio...! ¡Yo...!- los hombres lo miraban de rodillas
en el suelo. El herrero, ensangrentado con la sangre de los leviatanes vio a
su esposa muerta y a su sobrino.
-¡Nooo!- gritó, empujó a Tartahiel a un lado. Tartahiel miraba sus manos,
bañadas en sangre humana. Sus ojos se tornaron celestes, estaban
vidriosos por las lágrimas.
-¡No era mi intención! ¡Fue un accidente!- a duras penas se puso de pie.-
¡Fue un accidente!
-Tartahiel, me temo que has infringido una regla de Yahve y Metatrón,
"Jamáis matareis a un humano", debemos llevarte ante un tribunal.-dijo
Miguel.
-¡No! ¡Ustedes no vieron! ¡Fue un accidente! ¡Me atacaron y quedé en
shock! ¡¡Tienen que creerme!!- miró a Elemiah, a Zophiel, a Gabriel,
Chamuel y Rafael.
-Eso se verá ante un tribunal con Metatrón como juez. Debemos irnos. -
¡Es un asesino!- empezó a gritar la gente, aquellos que habían sobrevivido
al ataque de los demonios, empezaron a coger piedras del suelo y a
arrojarle a Tartahiel. Zophiel abrió sus alas y las volvió acero, como
escudo. Elemiah le puso unas esposas en las muñecas y ató sus seis
alas con una soga.
-Lo siento, pero es por precaución.
-¡Fue un accidente, Elemiah! ¡Tenéis que creerme! ¡Por favor!- sus
suplicas fueron inútiles, se desvanecieron en el horizonte como haces de
luz hasta llegar a "La Casa", el reino de los cielos. Dos Tronos abrieron las
grandes rejas de oro y accedieron hasta la construcción de mármol. Por
una puerta de madera entraron. Uriel y Elemiah llevaban a Tartahiel.
-Después del juicio nos vemos.-dijo Miguel.
-¡Miguel, por favor! ¡Fue un accidente! ¡¿Acaso nunca te ha pasado?! -
¡Jamás! Los humanos son creación de Dios y son su mejor tesoro.
¡Mataste a una mujer embarazada! ¡A un niño! ¡¡No mediste tu fuerza ni
tampoco agudizaste tus sentidos para darte cuenta que era una humana y
no un demonio!! ¡No eres digno de ser parte de esta Legión!- la puerta se
cerró automáticamente. Tartahiel vio allí por última vez la mirada de
Miguel.
Llegaron hasta lo que era un anfiteatro. Había, en el centro, una
mesa con un mantel largo color vino y un trono forrado en tela y decorado
en oro. A los costados, se ubicaban asientos similares al de al medio pero
sin oro. Un hombre alto de cabello gris, vestido con una túnica blanca y
una capa larga color rojo que cubría su cabeza, llegó al salón junto a dos
ancianos,
quienes parecían ser dos serafines.
-¿Por qué se le acusa?-preguntó el serafín de la izquierda.
-Por asesinar a una mortal preñada y un menor de edad.-dijo Zophiel.
Metatrón miraba fijamente a Tartahiel, y éste hacía lo mismo. Lo intuía, su
corazón se lo decía, aquel era quién le había plantado semejante
emboscada.
Uriel suspiró y Elemiah miraba hacia Metatrón. Tartahiel giró su cabeza a
Uriel, quien parecía no estar del todo conforme con lo que estaban
haciendo.
-Uriel, créeme, lo hice sin querer, fue un atroz accidente, no quería que
pasara.
-¡¡Silencio, acusado!!- dijo el serafín de la derecha, se inclinó hacia
Metatrón, preguntando por la sentencia. Metatron le habló al oído,
Tartahiel no pudo mirarle a los labios pero si había escuchado, Uriel le
había enseñado a entrenar su oído.
-¡No pueden enviarme al abismo! ¡Me matarán!
-¡A los arcángeles presentes les pregunto...!- dijo Metatron- Ustedes
trabajan por la causa pero esto ha sido una violación a las normas, ¡¿Tres
vidas inocentes murieron, seres puros de corazón por un estado de shock?!
Levanten la mano si están a favor de enviarlo al abismo.-Tartahiel estaba
pálido, expectante a que sus compañeros no levantaran la mano. Elemiah
fue el primero en alzar su mano, luego Zophiel. Uriel permaneció quieto. -
¿Y bien, Uriel? -Me parece un extremo innecesario que lo envíen al
abismo, mi lord. Tartahiel ha hecho dos misiones fructíferas en
Normandía, Irlanda y en la península ibérica, me parece que está
exagerando al tomar tal decisión. -¿Y qué proponéis?-dijo Metatron. -
Encerrardle a parte de los demonios, en un lugar donde ningún demonio le
haga daño.- dijo Uriel. Ha pesar de ser tan frío por fuera, Uriel tenía
corazón. Miró a Tartahiel y una lágrima cayó por el rabillo de su ojo
izquierdo. Le vio mover los labios, diciéndole "lo siento, hice lo que
pude". Tartahiel apretó los ojos, los abrió de nuevo y miró con furia al
hombre sentado en el trono. -De acuerdo, entonces que así sea. Seréis
encerrado de por vida en un calabozo subterráneo. Zophiel, avisad a los
herreros a que preparen el sarcófago y las esposas.- Zophiel asintió y se
fue. -Uriel, llévadlo a mi sala, he de hablar con él- Uriel y Elemiah lo
llevaron
mientras que Metatrón descendía las escalinatas.

El cuarto de Metatron era el más grande de dimensiones, de color


dorado, con cortinas rojas y muebles de roble. El tiempo afuera
pronosticaba de noche.
Tartahiel miraba el cielo por la ventana, la última vez que vería las
estrellas y la luna desde tan alto.

-Sabía que eras tú el que me estaba espiando aquel día.


-No te saldrás con la tuya, algún día se darán cuenta de la clase de calaña
que eres.
-¡No lo creo! Esto te pasó por andar escuchando detrás de las puertas,
muchacho. Tenía tanta fé en ti. -Pues yo en ti jamás la tuve. Cuando sea
libre, me uniré con los demonios y te bajaré del trono, Dios sabrá de esto y
acabará contigo.-Metatron escapó una carcajada malévola.

-¡Yahve vive haciendo sus cosas, armando maremotos, terremotos para


hacer que el hombre reaccione por sus pecados! Está ocupado en cosas
más importantes que fijarse en un tonto serafín que mató a tres creaciones
de él. La noticia ya habrá llegado a sus oídos, mi querido.
Te quedan segundos en elparaíso, vete despidiéndote.
-Volveré, no lo olvides.
-Lo mismo dijo Lucifer, y mira dónde quedó, viejo y arruinado, creó el
Pandemonium para hacerse rey de un reino que no existe. -¡Púdrete! ¡Eres
un asco para ser parte de este reino!- le escupió y fue
visto por dos Tronos.
-¡Eh! ¡¿Y éste qué hace aquí!?-dijo un soldado
-¡¡Le traje para conversar y me dijo blasfemias y calumnias!! Les pido que
agreguen esto a su expediente, pueden llevárselo. - hizo un ademán con su
mano.

Dos noches antes de encerrarlo por una eternidad, Metatron fue a


visitarle, Tartahiel ya estaba esposado con siete cadenas.
-¡¿Qué quieres?!
-Verte una última vez antes que tu imagen se marchite con el tiempo.-
Caminó alrededor de él, detrás suyo llevaba una espada, la de Miguel.
Posó su mano sobre las heridas de los latigazos, haciendo que Tartahiel
se torciera de dolor.
-¡¿Duelen todavía?! ¡Qué pena! Porque esto te dolerá más que a mi.- con
la espada, le cortó sus seis alas.
-¡Aaah!
-Los arcángeles siempre estarán de mi lado, no lo olvides.
-Todos no.- logró decir- Uriel no lo está. Al igual que Elemiah, él te
detesta.
-Ya me encargaré de ambos, a su debido tiempo. Elemiah es un rebelde,
sabré como acabar con ellos a futuro. Que tengas un bello encierro para
siempre.
CAPÍTULO 1 Regresar

Dallas,Texas, año 2017

Mirando la mañana lluviosa a través del enorme ventanal estaba


Tartahiel. El reflejo del vidrio le daba la imagen de Darien Rekon. Cuatro
años habían pasado desde que Adramelech le había sacado de su eterna
prisión. Las imágenes de la gente lanzándole piedras e insultos, a Elemiah
espozándolo, a Metatrón cortándole las alas surgían en su mente
constantemente. Ya no lloraba como los primeros siglos de encierro, había
soportado el dolor, la traición de los suyos. De quien recordó más fue de
Uriel, "hice lo que pude", seguía rondando su mente. "¿Hacer qué? Lo
único que evitó fue que me mandaran al abismo con los demonios", pensó.
Posó el puño en el vidrio, viendo el cielo gris, tan opaco como lo estaba su
esencia. Golpeó con furia, dejando el vidrio trizado. No escuchó a Maggie
entrar pero si conocía su perfume, había tocado su hombro con delicadeza.
-Tar, perdona que te moleste. Bechard quiere hablar contigo.-"Tar", era su
modo afectuoso de acortar su largo nombre. Tomó con cariño su mano,
besó sus nudillos.
-Iré en un momento...
-De acuerdo... Yo... Iré a entrenar con Adras.- Estaba por irse cuando la
detuvo.
-Margaret, ¿Eres feliz aquí?
-Si. ¿Por qué no lo sería? No tengo a nadie allá afuera...- Dijo, observando
los rascacielos de la ciudad- No hay nadie allá fuera que se preocupe por
mi. Ustedes son mi familia ahora.- Una mujer de tez morena y melena
pelirroja tocó a la puerta.
-¡Con que aquí estabas! ¡A entrenar!- le indicó con la mano que se
retirara- ¡Andale, chamaca!- dijo en castellano. Miró a Tartahiel, cuyo
aspecto era pálido y lúgubre.
-¿Estás bien? ¿Por qué no te das un baño y te afeitas? Por más que sea una
vasija debes mantenerlo prolijo.- Adras era una mujer demonio, liberada
del abismo por Adramelech, era de estatura mediana, ojos verdes y piel
bronceada.
-¿Estuviste expuesta al sol?
-Estuve en México, una semana antes que Adramelech me llamara.
¿Planeas tomar el cielo? Si es así, cuentas con todo mi apoyo. -No quiero
el cielo. Sólo quiero saldar cuentas con quienes me quitaron la libertad
durante siglos y a quien me quitó mis alas. -¡Oh!- Permaneció callada un
instante.- Lucifer ofrece alas negras en el Pandemonium, no se hacen de
acero pero si de cobre, es el único material terrestre que posee.

-No hago negocios con el Diablo.- le dio la espalda mientras iba por unas
toallas.- Puedes irte.- Adras giró sobre sus talones, llevaba una musculosa
blanca, jeans con parches y botas negras. -Una última cosa, no sobrexijas
a Margaret. En armas la entreno yo, ¿Queda claro?

-Muy claro.-dijo entre dientes y se marchó. Caminó por un hall que


conducía a la cocina, donde Bechard estaba cocinando mientras que
Adramelech estaba vestido de ejecutivo, haciendo unas cuentas y
observando unos papeles.
-El viejo jefe de acciones es un fiasco, necesito uno nuevo.-dijo
Adramelech.- Dirigir una empresa petrolera no es nada fácil. -Entonces
debiste buscar un mendigo para que albergue a Tartahiel- dijo Adras.
Bechard frunció los labios para no reírse. El aspecto de Bechard había
cambiado, tenía el cabello más corto y una fina barba en forma de
candado. Adramelech seguía igual, la misma apariencia oriental, el cabello
más tupido y llevaba sus clásicas gafas violetas.
-¡Muy chistosa! Te hizo mal tener vacaciones en Mexico, querida.
-¡Para nada! Mi piel se adaptó bien a los rayos UV. ¿Y tú, qué estas
cocinando?- Coqueteaba con Bechard, aunque el demonio no respondía a
sus flirteos.
-Omelette de acelga con queso parmesano, carne enrollada con salchichas,
pimientos y morrones. Tartahiel necesita hierro en su sistema. Y comer
carne humana me está cayendo pesado.- agregó.- ¿Tu no deberías estar en
el gimnasio entrenando a la chica? -Está precalentando con la ballesta. Es
muy buena. Tartahiel y Froimost le enseñaron bien en cuatro años. Tiene
su potencial. Ahora le enseñaré a usar la katana.-dijo Adras

-¡No! ¡La katana la maneja Tartahiel, tu puedes lastimarla!-dijo Bechard. -


¡¿Por qué todos la cuidan tanto?! ¡Ni que fuera de cristal! -Es especial
para él- dijo Bechard. Adramelech alzó la vista por encima de sus lentes.

-¿Acaso está enamorado? El amor y la venganza no son compañeras, o


una u otra.
-Es mi arma contra Zophiel y los otros, sabe usar las armas que Froimost y
Bechard diseñaron. Además, es humana, y ellos no la lastimarán.- dijo
Tartahiel, quien se apareció prolijo, con camisa, pantalones y zapatos.-
¿Ahora me veo como Darien Rekon?
-Mucho mejor.-comentó Adras.
CAPÍTULO 2 Un encuentro inesperado

Abril 2017, Aeropuerto deDallas, Texas.

El área de aterrizaje estaba lleno de aviones, uno al lado del otro,


abriendo sus compuertas para liberar a los pasajeros que pasarían su
estadía en la ciudad del petróleo. American Airlines era el último en
descargar pasajeros, en el que los miembros de la tripulación fueron los
últimos en bajar. Las auxiliares de vuelo llevaban sus maletas con
ruedillas, sus pañuelos de cuello sueltos, se veían cansadas por las horas
de vuelo. El piloto y co-piloto iban detrás de ellas.

Alkael era el piloto de aquel vuelo que venía de Ontario a Dallas.


Aflojó la corbata y se puso su abrigo, la noche era fresca a pesar de ser
primavera. Los años le habían acentuado en cierto modo; el cabello lo
tenía más oscuro y cuando fruncía una sonrisa se bifurcaban pequeñas
arrugas a la orilla de sus ojos. Tenía veinte y siete años pero aparentaba
más. Alkael pasó dos largos años fuera de la cotidianidad de la vida
humana, capturando a los demonios fugados del abismo con la ayuda de
su gente, los Siete arcángeles. Con permiso de Metatrón y su mentor,
Alkael tuvo su receso del mundo angelical, dedicándose a lo que había
estudiado durante siete años, la aviación. Tenía su diploma del año 2014 y
llevaba consigo el pin con el escudo de la escuela de aviación prendido de
su saco. Miró su reloj, era medianoche.
-¡Al! ¿Vienes al bar del hotel?- le preguntó el copiloto.
-No lo creo. Estoy cansado, iré a buscar una encomienda al hotel e iré a mi
casa. Alkael tenía un pequeño departamento que rentaba en aquella
ciudad.
-¡Como quieras! ¡Qué tengas buena noche! Nos veremos en noviembre. -
¡Claro!
Alkael se despidió de las azafatas y del copiloto, luego se dirigió a
tomar un taxi para ir al hotel que les ofrecía la aerolínea a buscar un
paquete. El jefe de la aerolínea le concedió siete meses de vacaciones ya
que había hecho varias escalas por América Latina en los últimos dos
años. No había taxis cerca de la acera, suspiró, giró sobre sus talones y fue
a la cafetería del aeropuerto a comer algo. No había mucha concurrencia
de gente a aquellas horas, seis clientes consumiendo café, cerveza o
comiendo algo dulce. Algunos le miraban pero el no devolvía la mirada.
Dos mujeres le vieron dirigirse a la barra, era usual que le mirasen con su
uniforme de piloto. Se sentó cerca a la barra y una señora le atendió. -
¿Qué le gustaría comer? Tenemos hotcakes con nuttela más un expresso,
una napolitana con papas fritas y una coca.
-El expresso y un sandwich, si puede ser. Con dos de azúcar-contestó. -
Está bien.- La señora se fue al fondo de la cocina y dio la orden a un
empleado.
Un televisor pendía de un rincón de la pared, en el que pasaban un canal
de música.
-¡Luego de seis años separados vuelven a reunirse y ésta vez harán un tour
por toda América...! ¡Así es queridos fans! ¡Westlife regresa a los
escenarios!- decía el conductor mientras mostraba un repaso de los
videoclips.- ¡Éste 2017 será prometedor ya que los Backstreetboys serán
sus teloneros! ¡Será un año donde las leyendas se levantan a recuperar su
trono!
-¿Puede cambiar el canal?- pidió Alkael pero la mujer no le escuchó,
estaba clavada mirando al televisor con un paño en sus manos. Justo
pasaban "Mandy" y "You Raise Me Up". Alkael apretó fuerte la
mandíbula, recordar esas canciones le recordaban a Mel. Pagó la cuenta,
bebió la botella de coca y se llevó el sándwich. Afuera el cielo estaba
despejado, la media luna daba un tenue brillo y las estrellas se veían
pequeñas en el horizonte. Alkael miró al tránsito que circulaba, el mundo
no había cambiado en absoluto. Él si, ya no era aquel joven temeroso e
inseguro de lo que le rodeaba. Su corazón era una piedra. En tan sólo dos
años se había vuelto como ellos, los arcángeles, obediente a las reglas. No
supo por qué pero alzó la cabeza al cielo. Su estrella era la más débil en
resplandor, se veía pequeña, así estaba su corazón, tan pequeño como el
corazón de un ruiseñor. Avanzó hacia la orilla de la vereda a tomar un
taxi. Todos pasaban a gran velocidad hasta que silbó y pudo

detener uno.
-¿Podría llevarme al hotel Omni?- preguntó al conductor.
-¡Seguro! - Cuando estaba por subir una voz le llamó por su otro nombre
que ya había dejado de usar. -¡¿Angel?! ¡¿Angel, eres tú?!- Aquella aguda
voz le sonó familiar, se giró y vio a una mujer de cabello anaranjado y
ojos marrones, llevando en sus brazos a una niña de cuatro años. Era
Clarisse O’Connor. -¿Clarisse?

-Necesito que me ayudes, por favor. Me he separado, estoy sola con mi


hija Josephine...- Alkael la miró a ella y a la niña que llevaba apoyada a su
cadera, se parecía a Mel; una obvia casualidad ya que aquella pequeña
sería sobrina de Mel y Maggie.
-Me voy a un hotel, por un trámite. ¿No vivías en Nuevo México?
-Mi tía desapareció. No he sabido de ella y presumo que estará muerta,
han pasado cuatro años y... No tengo a dónde ir.- Alkael no sabía qué
hacer. La mirada suplicante de ella y la pequeña de cabello castaño de
inmensos ojos marrones, del color de Mel, le pedían ayuda.
Clarisse tenía mala reputación, había maldecido a los O'Connor
cuando Mel tenía seis y Maggie ocho años; había causado en Megan, la
madre de las chicas, una profunda depresión y casi suicidio pero la fé de la
familia los había salvado. Alkael suspiró y respondió.
-Sube.- Clarisse subió, él tomó a la niña en sus brazos y subieron al taxi.
Dentro del coche hablaron.
-¿Cómo fue que terminaste así?- preguntó Alkael, la niña tocaba las
hombreras del abrigo de él.
-Conocí a un ingeniero agrónomo hace un tiempo. Vivimos juntos unos
años pero me dejó por su otra familia.
-¿Era casado? ¿Y tu padre, supo eso?
-No he sabido de papá hace mucho. Ni de Megan o de Mel. ¿Tú, sabes
algo de ellas?
-No. Me alejé de Mel. Ya han pasado cuatro años desde que me fui. -Oh,
lo siento. Pásame a Josephine, ¿Te está molestando?- La pequeña de
cuatro años estaba entretenida, apretando su hombrera derecha con sus
pequeñas uñas.
-Está bien. Debo retirar un paquete y te llevo a mi casa.- Llegaron hasta el
hotel, Alkael fue hasta la recepción, le dieron una caja y regresó al taxi. -A
calle Welborn y Cedar Springs al 3600.- dijo Alkael al conductor.
Arribaron a un edificio color ladrillo de departamentos, situado detrás de
un centro comercial.
-Tengo un poco de dinero...-Clarisse llevaba un bolso infantil, con cosas
de la pequeña y un bolso de mano. -Deja, yo pago.- dijo Alkael- Clarisse
llevó en brazos a su hija y Alkael se ofreció en llevar los bolsos y la caja.-
La puerta eléctrica se abrió con su llave y tomaron un ascensor. El
departamento era acogedor, había un sillón de un cuerpo y uno individual
frente a un viejo televisor, un mueble con platos y copas. No había retratos
ni pinturas en el living-comedor, solo una mesa con dos sillas.

Alkael estaba en la cocina, abriendo el paquete. En su interior había


comida enlatada, especias y un libro celeste y un cuaderno viejo. En el
fondo había una carta que decía:

"Es lo que te pude comprar y un libro que rescaté de las ruinas del
departamento. Lamento mucho que hayas perdido tus cosas, encontré tu
diario y una novela, lo demás se hizo cenizas. Metatron me requiere
aquí arriba, desearía saber cómo estás y qué has hecho estos dos últimos
años. He estado buscando a Margaret por todos lados pero sin éxito, si
la encuentras, avísame.
Un abrazo, Zophiel".
Dobló la carta y la guardó en el bolsillo de su pecho. Oyó los llantos
de Josephine y vio a Clarisse zamorrearla.
-¡Deja de llorar!
-¡Hey! ¡Ten más paciencia! ¡¿Ha comido algo?!- se la quitó y la pequeña
se calmó en sus brazos, no hablaba pero se notaba la expresión en sus
ojos.
-No.
-Ha de llorar por hambre, prepararé algo. ¿Quieres que haga atún con
arroz, si?- la pequeña le sonrió. Clarisse frunció una sonrisa, no podía
creer que la estaba ayudando.

-¿El padre de Josephine? ¿No la conoce?- Luego de cenar, ellos se


quedaron en la mesa charlando mientras Josephine dormía en el sofá,
tapada por una frazada.
-Si, pero prefirió tomar el camino fácil.- recibió la taza de café que él le
dio.-No es fácil conseguir trabajo, mucho menos cuando me ven con
Josephine. La hipoteca nos embargó la casa y quedé en la calle. No volví a
ver a Gertrudis desde el 2011. Alkael le contó lo sucedido los años
posteriores hasta el diez de diciembre del 2013.
-¡¿Maggie, secuestrada?! ¡¿Pero por quién?!
-Mi gente cree saber quién pudo ser pero abandonaron la búsqueda. Sólo
Zophiel y yo seguimos buscándola.- Clarisse hurgó en su bolso hasta
conseguir una foto.
-Tengo esta foto de cuando tenía veinte, era cumpleaños de Maggie, quizá,
si puedo hacer un hechizo y encontrarla...
-Te lo agradecería mucho.- le tomó la mano.-Has cambiado, Clarisse.
-Ser madre soltera me hizo cambiar, por el bien de mi hija.

En un bar del centro de la ciudad, un hombre joven vestido de


traje y abrigo entró apresurado, buscando a alguien.
-¡Hola! ¡¿Ha visto a una chica, cabello brunette, ojos marrones, alta,
vestida de negro?!-preguntó al cantinero. -¡¿Esa?! ¡Ya se ha tomado diez
copas de Martini!- protestó el cantinero. El hombre sacó un puñado de
plata y se dirigió a la mujer que estaba sentada en la esquina de la barra. -
¡¡Oh, Mel!! ¡¿Otra vez?!- dijo el hombre. Ella ladeó la cabeza y le miró. -
¡Déjame, Leo! ¡No me des sermones!- masculló. -¡¿Te peleaste con tu
madre otra vez?! ¡El alcohol no solucionará tus problemas!- Leo Wyatt era
medio alto, de cabello negro y ojos marrones

saltones. Se mordió el labio al verla en aquel estado de ebriedad.


-Te llevo a tu casa.
-¡No! ¡Quiero estar sola, por un demonio!- Leo se sentó a su lado.
-A ver... Cuéntame qué pasó.
-¡Estoy cansada de sus reproches! ¡Me culpa que Maggie se fue lejos!-
lloraba, apoyó un brazo sobre el mesón. Se veía pálida. Tenía ojeras y el
maquillaje corrido.-¡¡Lo extraño tanto!!
-¡Ay, Mel! ¡¿Estás así por Ángel, no es cierto?! Ven, te llevo a casa.- le
ayudó sosteniéndola de un brazo.- Andaba con tacos, se torcía un poco y
Leo optó por llevarla en brazos.
-Gracias, amigo.
-No me agradezcas. La metió con cuidado a su coche y la llevó a su
departamento, en el corazón de Dallas.
Mel salió del coche por sus propios medios.
-¡Puedo! ¡Bastante con que me cargaste y metiste a tu auto!
-¿Quieres que te lleve hasta el ascensor?
-Estaré bien, mañana te llamo.
-De acuerdo.- Mel le dio un fuerte abrazo y pasó por la puerta giratoria. El
portero le miró y ella pretendió sonreír. Apretó el botón del ascensor,
luego entró en él.
Apoyada a un lado del metal, Mel cerró los ojos y una visión del pasado
llegó a su mente, un recuerdo de cuando había hecho el amor con Angel.
"-Te amo, Angel.
-Yo también te amo"- Abrió los ojos y una pareja estaba fuera esperando
entrar al ascensor. Salió deprisa y entró a su apartamento. Las luces
estaban apagadas, lo que significaba que Megan, su madre, estaría
durmiendo. Se quitó los zapatos y caminó hasta su cuarto. Se tiró en su
cama vestida, estaba agotada y le dolía la cabeza. Miró al retrato de su
mesa de luz, estaban ella y su padre en su graduación de universidad.
Acarició la foto con la punta de los dedos,
-Los extraño a ambos... Y a Maggie también.-dijo
CAPÍTULO 3 Amanda

Al día siguiente, la alarma despertó a Mel. Eran las cinco de la


mañana. Tenía un ojo nublado por una legaña, se la quitó con el índice
derecho y fue al baño a darse una ducha. El día anterior lo había pasado
mal, discutiendo con su madre sobre Margaret. "¿Dónde estará ahora
luego de cuatro años?", pensó. Dónde estarían ella, Zophiel y Angel. Solía
recordarlo más con ese falso nombre en vez de su verdadera identidad,
Alkaelterhumiel, el humanoide mitad serafín.

Dejó mojar su rostro por el agua tibia para dejar de pensar, se lavó el
cabello y el cuerpo entero. Al salir del baño, la cabeza le daba vueltas,
efecto secundario de su quinta resaca. Se restregó un ojo y limpió el
espejo empañado con un trapo.
-¡Estoy haciendo el desayuno!- gritó su madre.
-¿Cuándo será el día que no grite?-dijo en voz baja.
-El día que vayas a comer a horario con ella.- le dijo Valery. Mel se asustó
al verla.
-Tranquila, soy una ilusión de tu cabeza. ¿Estás sola, no? Por eso me
llamas, inconscientemente.
-¡No te llamé!
-¡Muy patético lo de ayer por la noche, por cierto!- Valery caminó hasta
recostarse en la cama mientras Mel se vestía.- ¡Me cae bastante mal Leo,
aunque parece ser un gran amigo! El único que te queda ya que a Yamille
y Sinead ni emails les mandaste avisando que te marchabas de Nueva
Orleans apenas te graduaste.
-Ellas tampoco se comunicaron conmigo.
-¡¿Por qué esperas que los demás hagan algo por ti?! Eres tu quien debe
dar el primer paso.
-¡Lárgate!
-¡Ese tal Andrew será muy bueno en la cama, te llenará de lujos, pero no
es Angel!- Mel la tomó del cuello contra la pared pero Valery se esfumó
como un humo negro. Vio sus nudillos morados al haber golpeado fuerte
contra el concreto.
-¡¡Mel!!
-¡Allá voy!- Fue a vestirse, tenía su planificación ya hecha para aquella
mañana, asistiría a la preparatoria a la que siempre iba más la escuela
primaria G.W.Bush.
-¡Mamá! ¿Por qué te levantaste tan temprano?-Se puso una musculosa de
cuello redondo y un saco con cierre, Acomodó su cabello.
-¡Tengo 61 años, Mel! ¡Ya no duermo!
-¿Quieres que le pida a Leo pastillas para dormir?
-No, mejor no.
-Dale mis saludos si lo ves, ese muchacho es un sol. Lástima que es viudo
y con una hija. -¡¡Mamá!! Leo es mi mejor amigo. Además, sabes que
estoy con Andrew.- comió una tostada y bebió su café. -¡Ay, Andrew!
¡¿Cómo haremos para regresarle el dinero que nos prestó para remodelar
la casa de Riverside?! -¡Se la devolví peso por peso, madre!- lo había
hecho, Andrew había aceptado y guardado en la cuenta personal de
Megan. -¿Tienes muchas cosas que hacer hoy?- Mel intuía a qué iba esa
pregunta. -¿Qué necesitas?

-Si puedes ir al cementerio a cambiar las flores, por favor.- Mel miró el
portarretrato que estaba detrás de su madre, estaban ella, Maggie, su
madre y su padre.
-Claro, tengo tiempo, iré, te lo prometo.-apretó su mano con cariño. Un
año había pasado desde la muerte de su padre, su madre sólo podía contar
con ella. Faith aparecía raras veces transformada en Maggie pero
desaparecía ya que la mayor parte de su labor era en el cielo.
Lista con su cartera y bolso cruzado, Mel marcó el número de Faith.
-¿Faith? Soy yo, ¿Podrías quedarte ésta mañana y venir a ver a mamá? No
quiero que se quede sola. Gracias. Tomó el ascensor hasta el subterráneo a
recoger su coche, un polo plateado, obsequio de Andrew en su vigésimo
séptimo cumpleaños.
Estaba por abrir el coche cuando sintió unas manos cubriendo sus ojos. -
¡Adivina!
-¡Andrew!- Le sonrió. Andrew Hopkins Stanhope III era el nombre de su
prometido, un hombre de unos treinta años, guapo, de intensos ojos
azules, alto, de un metro ochenta y cinto y cabello corto color negro.
Perteneciente a la clase alta de Filadelfia, Andrew la conoció un día
lluvioso en el que ella estaba haciendo sus prácticas de quinto año en
Nueva Orleans. Desde aquel momento, Andrew se esforzó a conquistarla
hasta entonces. Viudo y con un hijo de seis años llamado Alex, Andrew se
había prometido así mismo que dejaría la soledad para llenar el vacío de
su pecho.
-¿Tu madre no notó el mechón rojo?-dijo con su mejor sonrisa.
-Lo tenía mojado, creo ni cuenta se ha dado.
-Me encanta el nuevo tono de tu cabello, brunette, resaltan tus ojos,
¿Sabías?- la obligó a que alzara el mentón con su mano y le robó los
labios en un beso.
-Iba a verte antes de ir al colegio. Después me toca dar clases al curso de
Alex.
-Traje donas, de las que te gustan y capuccino.-dijo Andrew.- Voy de paso
a una entrevista a Rekon & Co. y te llevo a casa ¿Qué te parece? -Vale.-
Andrew le ofreció su brazo. Angel solía hacer lo mismo.
-No hagas eso.
-¿Hacer qué?
-Ofrecer tu brazo. Es del siglo pasado.
-¡Eres peculiar, corazón! Toda mujer querría un hombre con modales.-
dijo entre risas. Mel trató de sonreír.
Entraron al coche de Andrew, un Alfa Romeo color azul.
-¿Rekon & Co.? ¿Es una corporación nueva?- preguntó Mel.
-No, hace veinte años que está. Echaron al jefe de accionistas y están
haciendo entrevistas. Espero que por mis contactos de Filadelfia pueda ser
seleccionado.
-Va a ser así, ya verás.- dijo Mel.- Aquí está bien.- le dio un beso antes de
irse.
-¿Mel?
-¿Si?
-Sonríe un poco más, te noto apagada.
-Estoy bien.
-¿Segura?
-Si, no te preocupes.
-Al mediodía almorzamos, en el lugar de siempre.
-Bueno.
-Okey. Te amo, Mel.
-Yo igual. Andrew se fue en su auto mientras unos padres iban dejando a
sus hijos. El amigo de Mel, Leo, psicólogo de la preparatoria, entró junto
con ella.
-¿Mejor el día de hoy?
-Si se puede decir...
-Hoy no tengo pacientes así que estás invitada a mi consultorio.
-¡Gracias Leo, pero no!
-¡¿Por qué no?! ¡Conozco esa cara de limón! ¡Estás mal por algo! O por
alguien...-Mel se detuvo.
-Leo, agradezco que te preocupes, por ser atento conmigo y ayudarme a
aniquilar mis miedos.
-Canalizar, yo no mato los miedos.
-¡Como sea! Ahora quiero estar sola, tranquila con mis pensamientos,
¿Puede ser?
-De acuerdo. Pero te recuerdo que si quieres hablar de Angel, de tu madre
o lo que sea, puedes llamarme.
-Gracias.- lo abrazó fuerte.
-¡Ouch!
-¡Para que te acuerdes de mi abrazo!- Leo sonrió y ella igual, ambos se
fueron en direcciones opuestas. Daba inglés hasta mitad de mañana y
después debía irse a la escuela a enseñar español y francés.
Estaba bajando las escalinatas del colegio cuando vio a Leo bajar
corriendo.
-¡Hey, Leo! ¡¿Qué pasó?!
-¡Es mi hija! Margot se cayó en la clase de gimnasia, se fracturó el brazo.-
Lo vio irse mientras ella tomó el interurbano y llegó minutos más tarde.
Llegó a su clase, los pequeños eran un alboroto de risas y charla. Su
mecanismo para que aguardaran silencio era poner una canción de Enya o
la campanilla que solía llevar consigo.
-¡Buenos días chicos!
-¡Buenos días maestra Mel!- dijeron en coro. Primero, tomó asistencia y
llamó a uno de sus alumnos. La directora tocó al vidrio de la puerta. -
Trevor ¿Puedes recordar a tus compañeros las reglas de clase? Hannah,
Lita, Amy, mientras Trevor hace eso, ustedes pongan estas imágenes en la
pared, tomen las pegatinas y las colocan detrás de la imagen y las ponen
sobre el pizarrón. Ahora regreso.- Salio para hablar con la directora, la
señora Trouble.
-¿Dígame?
-Era para avisarte que tienes una alumna nueva, su nombre es Amanda.
¿La registraste en la asistencia?
-Dije su nombre pero nadie alzó la mano.
-No lo hace, ven.- se acercaron a la puerta. Trevor seguía diciendo las
normas.- La pequeña de rizos negros es Amanda. Tengo que decirte cuáles
son sus dificultades al estudiar idiomas.
-Tiene síntomas de autismo, no le gusta trabajar en grupos, no habla
mucho así que no la presiones. -Pero, si tiene rasgos de autismo ¿Por qué
no va a la escuela especial? -Le han hecho estudios y al parecer no es tan
grave como para que vaya a una escuela especial, Mel. Sus padres quieren
que se integre como cualquier niño.-Mel se quedó mirando a la niña que
mantenía su vista en su mesa.

-¿Sufrió algún trauma de pequeña?


-¿Disculpa?
-Eso, algún trauma, abuso, maltrato, lo que fuere que cause que sea así. -
No sabemos Mel.-Esa niña era el vivo reflejo de ella cuando tenía casi su
edad.
-¿Podrás con esto? Eres novata, Mel, temo que no puedas...
-Puedo hacerlo, Fiona. Puedo hacerlo. Debo volver a mi clase.- Ese día
observaría a Amanda en especial, era un reto saber el por qué era así. -
¡Okey! ¡Empezaremos con un juego de adivinanzas y deben decirme qué
animales son! Amy les dio cuatro tarjetas con la imagen en pequeño de las
que están en el Blackboard, right?
-¿Maestra... En español?-preguntó Trevor.
-¡Claro, bobo, estamos en clase de español!- dijo Alex, hijo de Andrew.
-¡Alex! Así no se trata a un compañero, pídele disculpas. Alex...
-Perdón Trevor.- Se acercó al banco de Alex. -Tendré que descontarte una
estrellita de buen comportamiento.- le susurró. Alex se cruzó de brazos,
primera vez que le retaba.

Su cuarta clase con el curso estaba dando frutos. Al final de cada


clase, terminaban cantando una canción sobre el tema visto, aquel día eran
los animales, mientras Mel le repartía caramelos a cada uno. Cuando llegó
al banco de Amanda, la pequeña le retuvo la mano y le sonrió. Eso le
conmovió a Mel, debía trabajar duro para saber más acerca de Amanda,
ese acto ya era un primer paso. Al ir hasta Alex, el niño le rechazó el
caramelo. El timbre sonó y como les había enseñado, formaron fila y
salieron marchando y cantando. -Alex, ven.- le llamó. Alex dejó en el
suelo su mochila de Power Rangers.
-¡¿Qué te pasa hoy?! ¡¿Por qué actúas así?!
-¿Por qué no viniste a casa conmigo y papá?- Mel suspiró.
-No pude porque... Tenía cosas que hacer, cuido a mi mamá, Alex. Es algo
más por lo que te noto enojado.-Mel le tocó el brazo y Alex retrocedió.
-¿Te lastimé?
-No.- Agachó la mirada. Mel acarició su cabellera negra.
-Cuéntame, Alex. Lo que me dices en estas cuatro paredes jamás lo cuento
a Andrew. Dime.- Alex levantó su manga, tenía las marcas de una mano. -
¡¿Andrew te hizo esto?!
-Ayer invitó a sus amigos y estuvieron tomando.- dijo Alex- Quería
llevarme el album de fotos de mamá y él... Me apretó fuerte el brazo. -Ven
aquí.- Lo abrazó, le dolía en el alma ver a sus chicos sufrir. Se
mantuvo fuerte para que Alex no la viera llorar.
-Esto quedará entre nosotros, ¿Vale?- Tomó su carita en sus manos.
-Si. Pero ven a casa, asíél no toma.-dijo Alex.
-Iré a casa.- le besó la cien y lo dejó ir.-Marcó en su móvil el número de
Leo.
-¿Cómo está Margot?
-¡Mejor! Tendrá el brazo enyesado hasta que se cure. ¿Y tú, todo bien?
-No, todo mal. Andrew le ha pegado a Alex borracho.
-¡Joder! Habla con él, esto no puede quedar así.
-¡Por supuesto que hablaré con él!
CAPÍTULO 4 Alex

Eran las siete de la tarde, Mel salió de la escuela y llevaba en su


auto a Alex, sentado en el asiento acompañante. Alex estaba enojado con
Mel por haberle retado luego de empujar a Amanda cuando salieron al
recreo. Cruzado de brazos y con el ceño fruncido, Alex estaba callado. -
¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿Amanda te dijo algo, te trató mal?!- Alex miraba
fijo a los demás niños salir del establecimiento. Mel prendió el auto y puso
las manos al volante.
-Tendré que decirle a tu padre de esto.
-No me hizo nada.-dijo al fin. Mel se detuvo antes de salir del
aparcamiento.
-¡¿Y entonces?!
-No me gusta cuando me mira mucho.-respondió. Alex se parecía a su
padre, tenía el cabello negro y unos ojos color zafiro. -¡¿Cómo crees que
te mira?!- Mel intuía que quizá a Amanda le gustaba Alex, le agradaba
cuando Mel la incluía en trabajar en grupos, en especial
con Alex.
-¡No lo sé! Pero no me gusta cuando me mira.
-Quizá le gusten tus ojos. Tienes unos muy lindos.- le dijo Mel. Alex
sonrió, no era mala con él, no como las previas novias que había tenido su
padre.
-¿Cómo tienes ese moretón del brazo?- le preguntó Mel, cambiando de
tema para no molestarlo por Amanda. -Todavía duele cuando lo toco. Mel
suspiró, tenía que hablar con él seriamente.

Iba conduciendo por calle Elm y Houston, se detuvieron allí a comer


algo. El tráfico era terrible en pleno centro, Mel logró sumarse a la fila de
autos. Algunos coches lograron pasar el semáforo. Por un momento creyó
ver a Angel en una pick up verde pero sabía que a él jamás le gustaría un
auto tan ostentoso como ese. Cuando avanzó otro de calle Houston casi le
rozó pero ella alcanzó a poner el freno. Alex tenía el cinturón puesto y se
sostuvo del portapapeles.
-¡Vaya, debo venir contigo más seguido! Papá conduce muy lento.- dijo
Alex.
-No le digas a Andrew que casi nos chocan ¿Vale?-Alex hizo cruces con
el dedo en los labios.
-Secreto es secreto.

Llegaron al Wilson, ubicado en Main Street 1623, el edificio más


elegante e histórico de Dallas. El edificio de doce pisos se caracterizaba
por su estilo clásico, manteniendo aspectos que daban data a 1920. Ya no
era un edificio destinado a oficinas de altos empresarios y profesionales,
ya que había sido comprado por el Mercantile Building, una gran
corporación, como edificio destinado a departamentos. Mel saludó al
señor de la recepción, se quitó su abrigo blanco, llevaba su bolso terciado
a un hombro y la mochila de Alex. Entraron al ascensor y Mel apretó el
botón doce. Andrew había comprado el último piso, quedándose con el
que daba vista a la esquina y los demás
funcionaban como biblioteca, gimnasio y oficinas.
Mel abrió la puerta con la copia que él le había dado.
-¡¿Andrew?!- Alex entró, le ayudó con las cosas que las dejó sobre el sofá.
-¿Podrás hacerte café solo mientras voy por papá? Creo que está en el
gimnasio.-dijo Mel, Alex asintió y fue a la cocina. Ella le dejó lista la
cafetera funcionando mientras Alex preparaba la mesa, contento que ella
había ido como le había prometido.

Los tacos de sus zapatos resonaban en la madera del suelo, Vio la


luz encendida y música electrónica sonando a alto volumen.
-¡¿Andrew?!- fue avanzando más. Aquel departamento tenía el piso de
cemento, la sala principal eran bicicletas y aparatos, llegó a lo que era el
área del lavado donde Andrew lo adaptó como cuarto de pesas.
-¡Mel! No te oí llegar.- bajó el volumen del estero.
-Quería hablar contigo.- Percibió en su voz enojo. Él estaba por continuar
su rutina pero al verla de brazos cruzados era señal que algo andaba mal. -
¿Qué sucede? ¿Alex se portó mal otra vez? -¿La otra noche bebiste de más
y le pegaste? Y por favor, no me mientas. -¡Borracho o no, tenía mis
razones...! ¡Alex tiene prohibido entrar a mi
cuarto si no estoy allí!
-¡Le marcaste el brazo! ¡¿No sabes medir tu fuerza?!
-Le pediré perdón si es eso lo que quieres. No volverá a suceder, te lo
prometo.- Dejó el objeto pesado en el suelo y se puso de pie. Era cinco
centímetros más alto que Angel, más fornido al hacer tantas pesas.-Te ves
cansada, Mel. ¿Porqué notequedasestanoche?
-No sé, es que mamá es...
-Me imagino como ha de ser, la mía no es un sol tampoco.- Se acercó a
ella y le dió masajes a los hombros. -¡Cielos! Tienes nudos.
-Ha sido unalarga semana,mañananodoyclases.
-Necesitas descansar. Quédate, por favor.- ¿Cómo podía decir que no a
esos ojos azulados? Sus colegas envidiaban que había podido pescar al
último Hopkins Stanhope III. La riqueza era por parte de su madre, Ingrid;
Mel la había conocido el año pasado, una mujer fría, calculadora, su
mirada era cortante como el hielo y desprestigiaba la labor de los
profesionales sin posgrado. Mel le había mentido a su futura suegra,
diciéndole que tenía el título de intérprete y doctorado en lingüística pero
la verdad era que apenas había terminado sus estudios.
Mel había tenido que trabajar para ayudar a sus padres con la casa de
California y la salud de su padre, Charles O'Connor, había empeorado con
los años hasta su repentina muerte, un mes después que se había graduado.

-Desearía que fuera julio, las vacaciones de verano están demasiado lejos.-
comentó Mel.
-Llegarán, ya verás. Recuerda que en agosto nos casamos.- La abrazó por
detrás, quiso besarle el cuello por el lado derecho pero ella se lo impidió.
-Iré a ver qué hace Alex.
-Te espero para el café.-le dio un pequeño beso en los labios. -Te
amo.- dijo él.
-Yo igual.-solía decir ella. Nunca lograba decirle que le amaba, era como
si su consciencia o Valery desde su subconsciente le sellaran la boca para
decir "te amo". Alex estaba en la computadora del living cuando ella
llegó.
-¿Tu ya comiste algo?
-Si.
-¿Y la tarea de lengua e historia?
-¡Oy, dame un rato más!-suplicó. Detrás de ella apareció Andrew, con
ropa limpia y el cabello aún mojado.
-¡Media hora más, después los deberes!-dijo Andrew.
-¡Si, señor!-respondió.
-Lo siento si te hice daño la otra noche.-Alex miró a Mel y después a
Andrew.
-Está bien.
-¿Pero me prometes en no volver a mi cuarto si no estoy? ¿Te gustaría que
revise tus cosas si no estás?
-No.
-Bueno, entonces dame tu mano, haremos un pacto así ninguno revisa a
nadie, ¿Prometido?
-Prometido.- Andrew le dio un beso en la frente.- Te quiero, Alex.
-Te quieromucho. Y a Mel también.-Ella le sonrió
-Ve a jugar un rato más.-dijo Andrew, quien le dio un beso en la cabeza a
su hijo.

Los dos se fueron a la cocina a tomar la merienda. -Si fuera por


mí, me comería una fruta o tomaría un licuado, pero me tienes malcriando
Mel, con todas las comidas.- dijo Andrew sonriendo. -¡Mamá me enseñó a
no saltear ni una comida del día! -¡Ojalá mi madre fuera mexicana! Ella
solo desayuna, almuerza y cena a estas horas. El teléfono de Andrew
vibró.-Hopkins. Si. Dile a Adramelech que mañana iré. ¿Y Rekon no
puede ir? ¿Hace cuánto que no...? ¡Está
bien! Yo me encargo. Hasta pronto.-colgó.
-¿Todo bien en la empresa?
-Mañana quieren una reunión con los accionistas, hay dos que quieren irse
con Shell y quieren que vaya a persuadirlos que se queden. Son todos
bastante extraños en Rekon & Co.
-¿Por qué?
-Hasta ahora no he conocido al presidente de la corporación, sólo a un tal
Adramelech Suzuki, él es mi jefe. Mel se quedó pensando, ese nombre le
sonaba de alguna parte pero no recordaba bien.
-Pues tu jefe tiene un nombre raro.
-Él ya es raro, anda con lentes violeta todo el tiempo.
-¡Vaya! Quizá es daltónico.
-No lo sé pero es un bicho raro.

Departamento de Alkael, 20:00 PM

Alkael llegó de hacer unas compras y vio en la mesa ratona una nota
de Clarisseque decía:
"Voy a una entrevista de trabajo y vuelvo. Jo está durmiendo".

Mucha calma reinaba en el apartamento. Alkael dejó su saco en la


silla y fue al dormitorio. Josephine estaba en la cama, acurrucada con su
conejo de peluche. Alkael prendió la luz de la lámpara con cuidado y le
apartó un mechón de pelo. Era idéntica a Mel de pequeña, sus ojos y las
cejas, de Maggie y Charles la nariz y los labios, el gen de los O'Connor se
podía ver en la pequeña. Abrió los ojos y estiró su mano, le acarició la
mejilla izquierda.
-¡Ane, Ane!- le decía.
-Angel.-le respondió él.
-¡Anel!
-¿Tienes hambre?- La niña asintió, se quitó la frazada que la tapaba,
andaba vestida con una camiseta con un oso en la luna y un pantalón de
jogging verde, no tenía soquetes puestos, Alkael se los buscó dentro de la
cama y se los puso. Ella estiró sus brazos, quería que la cargara en sus
brazos.
-¡¿No quieres caminar?!
-¡Na!- respondió sonriente. Alkael se rió y la alzó a upa. Había comprado
una silla para la altura de mesa para la pequeña. Mientras él hacía la cena,
Josephine lo miraba atenta, viéndolo picar las cebollas y los pimientos.
Alguien tocaba a la puerta.
-Ahora regreso, Jo.- Ella asentía mientras comía un pequeño pote de
gelatina.
Abrió la puerta y apareció alguien a quien hacía cuatro años que no
veía, sólo su letra por medio de cartas y envíos.

La misma barba, los mismos ojos cafés expresivos pero su pelo totalmente
corto, Zophiel estaba en el umbral de su puerta. Había abandonado ese
aspecto hippie de cabello largo y camisas de jean desgastadas por una
chaqueta de cuero negra, una camiseta gris y jeans a juego con la campera.
-¿Vas a decirle hola a este nuevo Paul De la Cruz? Cuatro años sin verte,
Alkaelterhumiel.
-Lo mismo digo, arcángel Zophiel.- se estrecharon en un fuerte abrazo.
CAPÍTULO 5 Reunión

Alkael dejó pasar a Zophiel. Éste miraba el departamento; las paredes


eran de color canela, las cortinas blancas, todo en orden y bien impecable.
-No has abandonado tu obsesión por la limpieza, ¿Ah? -No. Sigue siendo
mi canal de catarsis. ¿Cómo está todo allá arriba? -Demasiado calmo, me
preocupa.- dijo mientras cogió de un mueble el diploma de aviación de
Alkael que rezaba:

"Escuela de Aviación de Nueva Orleans, año 2014, certifica a Angel De


La Cruz Castellar como piloto comercial".

Lo dejó en su lugar y caminó hacia la cocina donde vio a Josephine.


-¿Y ésta pequeña damisela? ¿No me digas que es...?
-No, es hija de Clarisse.
-Espera. ¿Clarisse... O'Connor? ¿Media hermana de Mel y Maggie? - La
puerta se abrió, era Clarisse y Zophiel se había puesto en guardia, sus ojos
se tornaron celestes. Alkael se interpuso.
-¡Es culpa de ella y su tía lo que le ocurrió a Margaret!
-¡Contrólate, Zophiel! ¡Clarisse no es mala!
-¡No me pidas que me calme!-Clarisse estaba asustada, su hija se largó a
llorar y fue corriendo a los brazos de su madre. -¡Nosotros no atacamos
personas! Sé que guardas rencor Zophiel pero ella
ha cambiado.
-¡¿Cómo puedes estar tan seguro?!
-Porque le he dado una oportunidad.-Alkael le obligó a sentarse mientras
que siguió a Clarisse, quien se fue nerviosa a la cocina.
-Lo siento.
-No te disculpes, después de todo, me lo merezco. Fui cómplice de
Gertrudis aquella noche y si no hubiera sido por ella y ese demonio
Moloch, la vida de Maggie sería otra. Está desaparecida desde el 2013 y
debo tener un castigo de tu amigo arcángel.-Alkael la miró a los ojos. -Te
perdono por el mal que has hecho, deja de mortificar tu alma de culpas,
fue Gertrudis quien te inculcó maldad en tu corazón. Nadie nace malo y tu
no eres mala, Clarisse. Saldré fuera a hablar con Zophiel si te
parece mejor.- Clarisse asintió con la cabeza.

Fueron a un café a proseguir con la reunión.


-¡¿Cómo puede ser que abandonaran la búsqueda de Maggie?!- dijo
Alkael.
-Órdenes de Metatron. Cerraron el caso de Maggie como que fue
secuestrada por mortales pero tú y yo sabemos que no es así. Las balas de
los nephilims tenían un grabado.-Sacó de su chaqueta la bala de plata que
tenía tallada una imagen de serpiente.-Éste símbolo perteneció a Legión de
la Rosa Mística, un escuadrón en el que algunos de los Resplandores y tu
padre éramos parte para destruir a los demonios y espíritus provenientes
del Pandemonium. Nos dedicábamos a exorcizar brujas blancas y oscuras,
a matar desertores y leviatan.- La campanilla de la puerta se abrió y tres
hombres más se sentaron donde estaban ellos; eran Miguel, Zadkiel y
Chamuel.
-Tus sospechas eran ciertas, Zophiel. Tartahiel está libre.-dijo Miguel. Su
imagen de mortal oriental se veía más viejo que años atrás al igual que
Zadkiel, habían envejecido sus aspectos menos Chamuel que se regía por
la eterna juventud de Venus, su planeta. -Nos llegó una señal dos noches
atrás de un destello de un vigilante de piedra, ubicado al norte de ésta
ciudad.-dijo Zadkiel. -Creí que ya no existían después del diluvio.-dijo
Alkael, quien sólo sabía por lo que había leído en los libros de Azrael. -
Yahvé no quiso acabar con todos, algunos sirvieron de vigilantes de
aquellos caídos que fueron jefes de tropas.-dijo Zophiel. -¿Por qué
Tartahiel? ¿Crees que él puede tener a Maggie?-preguntó Alkael.- ¿Qué
tiene contra ustedes?

-Mi intuición nunca falla y presiento que ha de ser él.-respondió Zophiel. -


Es una larga historia, muchacho, mucho antes que tu nacieras.-dijo
Miguel.- Tartahiel quebrantó una ley muy importante del reino y por ello
fue preso por su acto más intentar atacar a Metatron en su propia
habitación. Actuó con la misma rebeldía que Lucifer y encarcelarlo nos
ahorramos una guerra. Hemos venido a localizar a Tartahiel, son órdenes
superiores y tanto tu, Alkael, como Zophiel, deben ayudarnos.- Alkael
apartó los brazos de la mesa.
-¿No crees que ya he hecho suficiente por la causa? Di tres años de mi
vida encerrando y decapitando demonios.
-¡¿Te estás rebelando contra tu gente?!- exclamó Chamuel.
-¡No! Quiero una vez en mi vida ser normal.
-No empecemos con estos conflictos como cuando tenías quince años.- le
apuntó Miguel con el dedo índice.-Sabes muy bien cuáles son tus deberes
con nosotros, tu padre fue jefe de tropas, al menos guarda honor a él. -¡No
me hables de honor cuando ustedes mintieron que mi padre estaba vivo
cuando en realidad estaba muerto! Carecen de honestidad.- Alkael y
Miguel se pusieron de pie y Zophiel tuvo que intervenir. -Cálmense, no
causemos jaleo que nos están mirando los humanos. Sentaos ambos. Lo
importante ahora es ubicar a Tartahiel, encerrarle de
nuevo y recuperar a Maggie.- Chamuel le miró al igual que Zadkiel.
-Ese caso quedó cerrado por Metatrón.
-Pues lo reabrimos, el caso O'Connor lo reabriremos, jamás hemos dejado
casos inconclusos-dijo Alkael.-Diremos que está vinculado a Tartahiel y
listo.
-Hay otro problema.- agregó Zadkiel. De su abrigo sacó un talismán negro
y pasó su mano sobre él.-Los guardianes del abismo me han dicho que
faltan cinco demonios: Froimost, Guland, Surgat, Silcharde y Adras.
-¿Los cinco destructores?-preguntó Miguel preocupado.
-¿Quiénes son?-Alkael no sabía.
-Los demonios más fuertes que existen después de Adramelech. Adras era
líder de las arcangelinas pero al defender a Lucifer fue expulsada y
enviada al abismo. Los demás son demonios creados por Lucifer,
representan algunos pecados capitales; Froimost es caos y destrucción,
Guland es la envidia y el maleficio, Surgat es la avaricia y la ambición, y
Silcharde es el poder y la dominación. -Puede que Tartahiel esté con ellos,
es muy probable, los cinco son muy fuertes-comentó Zadkiel.

-Tartahiel no necesita de demonios.-dijo Miguel, cruzado de brazos. -Pero


tal vez ellos necesiten de él. Son rebeldes de Lucifer, no tienen líder que
les dirija.- añadió Zophiel. Se miraron entre sí, tratando de atar cabos.

Alkael se sintió mal, su vista se nubló, apretó los ojos y al abrirlos


estaba como en otro plano gris y frío. La gente que circulaba por la
cafetería andaba a cámara lenta, vio a un hombre entrar. La imagen era
cada vez más dificultosa de mirar hasta que la figura se acercó a él. Para
su sorpresa, era Charles O'Connor, el padre de Maggie y Mel. Se lo
veía más joven, como en los cuarenta o treinta años.
-¡Charles! Pero... ¡¿Cómo...?!
-Sé lo que eres y no he venido por eso.
No tengo mucho tiempo para seguir aquí, sólo te pido que ayudes a mis
hijas, sácales del coma en el que sus corazones han caído.
-¿Qué le sucedió? ¡¿Por qué lo veo joven?!
-Acompáñame y te daré respuesta a esas preguntas. ¿Vienes?
Alkael veía que los arcángeles no eran conscientes de lo que sucedía,
solamente él podía moverse y sentir el frío que recorría por su espalda.
Alkael siguió a Charles hasta lo que era un edificio detrás de un hotel, un
condominio de departamentos se erigía ante ellos.
-¿Qué hacemos aquí? Creí que iríamos a Riverside.
-Ese lugar ya no es más nuestro hogar. Acabaste con la maldición de la
casa pero siguió en nosotros, tuvimos que irnos de allí porque Megan se
estaba enfermando como yo.-respondió Charles. Llegaron a un
apartamento donde vieron a Megan vestida de negro, su rostro estaba más
arrugado por la edad y pequeñas canas tenía en las raíces del cabello;
llevaba dos alianzas en la mano.
-¡No puede ser! ¡Dígame que no está...!
-¿Muerto? Si, lo estoy, hace un año me fui. Caí en los brazos de Mel por
un infarto.- Lo llevó a ver aquel momento de su muerte. Vio a Mel en el
suelo alfombrado estrechando a su padre llorando desconsoladamente. "-
¡No me dejes tu también, por favor! ¡Faith, llama una ambulancia!"-
gritaba. Faith estaba transformada en Maggie y tomó un móvil marcando
al novecientos once.
-Ahora que veo desde aquí, sé que esa no es mi hija. Te pido que la
encuentres y la lleves devuelta con Megan y Mel.- Alkael se mantuvo
fuerte a pesar de sentir el dolor y la angustia de ver el espíritu de Charles. -
Debí cuidar de usted.-Una lágrima le rodó por la mejilla. -La muerte nos
llega a todos, hijo. Inclusive a tu padre.- Viví mi vida con Megan, la mujer
que siempre amé y tuve tres hermosas hijas, una me hizo abuelo y pude
ver a mi nieta antes de morir. Te ruego encarecidamente que salves a
ambas, a Maggie y a Mel. Mel tampoco está muy bien que digamos y
tengo fé que contigo alcanzará la felicidad que sueña. Prométeme que las
cuidarás.
-Se lo prometo. Le doy mi palabra.-estrechó su mano con Charles y éste le
abrazó. Alkael ahogó un grito de dolor.
-¡¿Alkael?! ¡Al!- gritaba Zophiel. El lugar estaba temblando, Alkael abrió
los ojos, los arcángeles le miraron desconcertados. -¿Te encuentras bien?
Estas llorando.-dijo Chamuel, quien le alcanzó un pañuelo.

-¡Te está sangrando la nariz!- dijo asustado Miguel. -A los humanos les
sangra la nariz, Miguel, es normal.- dijo Zadkiel. Alkael miró a la puerta
que se abrió sola y la campanilla que colgaba seguía resonando.
CAPÍTULO 6 Lacrimosa

Eran las tres de la madrugada, pequeñas luces se veían desde


algunos pisos de los grandes rascacielos tejanos. El cielo seguía en
oscuridad, nublado y sin estrellas. Pequeños truenos se visualizaban en el
horizonte.
Mel estaba despierta, mirando el techo. A su lado dormía Andrew,
con un brazo doblado bajo la almohada, tenía el cabello revuelto y ella
pasó una mano por un mechón que caía en su frente, le tapó con el edredón
y salió de la cama sin hacer ruido. En pantuflas y camisón se fue a la
ventana que daba a la esquina del edificio, su rincón favorito del
departamento ya que tenía una especie de sofá pequeño. Mel corrió la
cortina y se quedó allí un momento, contemplando la noche gris. Llevaba
consigo su móvil táctil, obsequio de Andrew por su cumpleaños. Tenía en
su celular el viejo dije de cupido que Alkael le había hecho elegir cuando
tenía ocho años. Pasó el pulgar sobre él. Cerró los ojos, pidiendo a su
mente volver a ese tiempo, cuando su corazón solía latir de manera
incontrolable. Visualizó en su conciencia aquellos ojos verdes que solían
tornarse marrones por la luz del sol. "Fui yo que destruyó ese amor, sólo
yo", pensó Mel. Arrancó el dije de la cinta y lo guardó en el cofre que tenía
en el cajón debajo del pequeño sofá, le hacía daño pensar en el pasado. -
¿Descartando lo viejo por lo nuevo? Me repugnas- dijo la voz de Valery.
- ¿Te parece que hagas una sesión conmigo y no con el psicólogo de tu
amigo?
-Déjame en paz. Quiero estar sola.
-Cuando quisiste dejar de estar sola creí que lo lograrías pero tiraste todo a
la borda cuando peleaste con Angel. Te enfureciste cuando él te reveló que
era mitad serafín llamado Alkaelterhumiel. Cuando se acostó conmigo,
cuando te ocultó que Maggie estaba desaparecida, tantas cosas...
-Déjame en paz, Valery. No me obligues a que te encierre de por vida en
mi cabeza.
-¡¿Lo harías?! ¡¿Por qué mejor no afrontas la realidad en vez de
descargarte conmigo?! Eres patética, me das pena, en serio.- Mel se
levantó del sofá y empujó a Valery contra la pared.
-¡Ah!
-¡Me tienes harta!
-Estás dormida, por eso puedes pegarme. ¡Anda! ¡Pégame! ¡Saca toda esa
frustración que estás acumulando!- Mel se desquitó hasta dejar a Valery en
el suelo. Valery escupió sangre y frunció una sonrisa. -Sería bueno que
algún día fuéramos una y dejaras de ser tan estúpida. Perdiste a Alkael por
tu culpa, por ese carácter insoportable, por tus histerias, por tus constantes
crisis de niña inmadura. Él era la pieza que hacía equilibrio en ti. ¡¿Crees
que Andrew encaja contigo?! No porque
escuche Westlife como tú o Boyzone no significa que son el uno para el
otro. Él es un Hopkins Stanhope III, alta sociedad de Filadelfia, tú del Este
de Riverside. Son opuestos, él tiene mayores ambiciones que tú. -¡Basta!
¡Cállate de una maldita vez!-Valery le pegó una cachetada. -¡Tú cállate!
¡Te estoy diciendo cómo son realmente las cosas! Toma o deja mi consejo,
de todos modos jamás tomaste en cuenta mi opinión. Sigue llorando por
los recuerdos con él. Si yo fuera Alkael, jamás me hubiera fijado en una
mujer tan insegura como tú.-Mel se tapó los oídos. -¡Déjame sola!
¡Lárgate! ¡Lárgate!- Se tomó los cabellos y se mecía en el sofá.- ¡Lárgate!-
repetía. Sintió unas manos sobre sus hombros. -¡Despierta Mel!- abrió los
ojos, era Andrew.- Escuché que algo se rompió.-Mel abrió su mano, tenía
una copa rota en su mano bañada en
sangre. Alex estaba llegando en alpargatas y pijama.
-¿Qué pasa?
-Vuelve a la cama, Alex.- dijo Andrew. Alex se fregó un ojo y vio a Mel
llorando.
-¿Qué tiene Mel?
-¡A la cama, dije!- exclamó con impaciencia. Alex obedeció y se fue con
su oso antes que su padre le gritara más fuerte. -¡Lo siento! ¡No sé qué me
pasa!- Andrew le quitó la copa y le abrazó.
-¡Sh!, tranquila. Ya pasó, estoy aquí contigo.- le acarició el cabello.

A la mañana siguiente, después de dar su clase, Mel se iba al


cementerio a ver a su padre. En el estacionamiento, encontró a Leo.
-¡Mel! ¡Espera!- Ella tenía lentes puestos por las ojeras.
-¿Qué pasa?
-Me llamó Andrew, me dijo que tuviste una crisis anoche.- le vio la
curación en la palma de la mano- ¿Estás tomando la medicación para
anular a Valery de tus sueños?
-Anoche no la tomé. Mira, Leo, no estoy de ánimos...
-Nunca estás de ánimos. ¿Quieres que tomemos un café antes de irte? -
Ahora no. Voy al cementerio, discúlpame. -Te entiendo, ve tranquila.-Mel
le tomó la mano y le besó los nudillos.
-Mañana hablamos en sesión, si quieres.- le dijo ella.
-De acuerdo. Mel subió a su auto y condujo hacia el cementerio
Hillcrest, ubicado en calle Oeste Northwest Highway.
Aparcó el coche y se fue caminando hasta el jardín de cremaciones, un
sitio con placas donde descansaban aquellos que eran cremados y las
familias dejaban lápidas para ir a visitar a sus seres perdidos. Mel llegó
hasta una lápida color granito y una placa dorada con la foto de
su padre en blanco y negro.
En la inscripción rezaba:
Adorado padre, trabajador y dedicado a su familia.
Charles Second O'Connor Reynolds
(4 de Julio 1945- 26 de Junio 2016)

Mel sacó las rosas marchitas y las reemplazó por unas frescas. El
jarrón de la derecha ya tenía rosas nuevas pero eran diferentes, brillaban
como diamantes.
-Lamento tu pérdida, Melanie O'Connor.- escuchó una voz detrás, era el
ángel Ariel.
-No sabes lo que es una pérdida de un ser querido.
-No lo he sentido pero imagino el dolor del alma humana.
-¿A qué vienes aquí? ¿A darme el pésame? ¿O a decirme que han
encontrado a mí hermana?
-He venido a ver cómo estás.
-Destrozada, huérfana de padre y hermana. ¿Parece poco?
-Zophiel y Alkael están buscando a Margaret, no descansarán hasta
encontrarla. ¿No vas a preguntarme por él?
-¿Ha preguntado él por mi?- Ariel guardó silencio.-No voy a preguntarte,
prefiero quedarme con el recuerdo de lo que él fue en mi vida. -Percibo
cierta tristeza en tu aura.-Mel cerró los ojos, seguía de espaldas
ante Ariel.
-Si lo ves, dile que estoy bien. Lo he superado.
-¿Estás segura de ello? Creo que él te sigue amando como el primer día del
primer beso que se dieron.- Mel se mordió el labio y se giró. -Estoy bien
sin él. Tus palabras, de verdad, no ayudan. ¿Quieres hacerme un favor? Si
te apareces de nuevo, sólo dime si encuentran a Maggie, nada más. Y en
cuanto a mi relación con ese serafín, ésta conversación ha terminado.- Pasó
al lado de él y Ariel le tomó del brazo. -El resentimiento es una espina muy
profunda, Melanie. Todo lo que Alkael hizo, lo hizo por ti, por tu bien. -
Entonces que así sea. Quiso poner un fin, acepté el final tal como fue.- la
soltó y la dejó irse. Al lado de él apareció Zophiel. -Cometimos un error
desde el comienzo, Alkael jamás debió cuidarla. Jamás nos pasó que una
familia se derrumbara tanto.-comentó Zophiel. -No todas las acciones son
errores, Zophiel, ocurren por una razón que desconocemos. No manejamos
el destino. Tu también cometiste un error, enamorarte de Maggie aunque
nunca se lo dijiste.-le dijo. Zophiel iba a hablar pero no gesticuló palabra
alguna.
Alkael llegó su departamento y se encerró en el baño. Los
acontecimientos del día anterior le habían afectado demasiado. Charles
muerto le conmovió demasiado, esa visión de su espíritu le había causado
dolor de cabeza y hemorragia nasal. Hasta su poder de serafín se había
descontrolado, casi provocando un temblor en el edificio.
-¡¿Angel?! ¡¿Estás bien?!- era Clarisse.
-¡Deja de llamarme así! ¿Vale?- dijo.- Se sostuvo del lavamanos, abrió la
canilla y se lavó la cara con agua fría. Al levantar la vista vio el espectro
de Gertrudis detrás de él.
-Darien Rekon.-susurró ella. La veía enflaquecida, hecha piel y huesos,
otra vez ese frío por la espalda que le petrificaba la piel. -¿Qué?- Gertrudis
posó su mano en el hombro y Alkael sintió dolor y unas ganas de vomitar.
Afuera, Clarisse oía las arcadas.
-¿Alkael?- silencio.-Dios, nombre más raro, prefiero Angel. ¡¿Te sientes
bien?! Te haré un té si estas descompuesto. La puerta se abrió, Alkael se
sostenía del marco de la puerta, sus manos eran flamas pero no quemaban
la madera de la puerta, estaba pálido.
-¡Dios! ¡Luces horrible!
-Llama a Zophiel- alcanzó decir antes de caer al suelo.

Abrió los ojos, miró a su alrededor, no era su departamento. El techo


era de madera, los muebles eran de roble, rústicos y elegantes.
-¿Dónde estoy?- escuchó a alguien tararear. Caminó hasta una ventana, era
el centro de Dallas, no estaba seguro qué calle pero sabía que estaba en la
esquina de dos calles muy transitadas. Se encaminó hacia la voz que se
escuchaba a lo lejos. Había candelabros colgando del techo. Llegó hasta un
baño amplio y encontró a Mel en una tina, cubierta por espuma y el cabello
recogido, llorando. -¿Mel? ¿Qué haces aquí?- sólo lloraba, no decía nada.
Se acercó a ella y
tomó su mentón con su mano.
-Háblame, por favor.
-Vivo aquí.- Se calló un instante- Te necesito, te extraño...- levantó la vista
a él hasta sus labios.- Extraño todo de ti, estoy en un paraíso oscuro, sin tu
calor, sin tus besos, me estoy muriendo sin tenerte a mi lado. Paso noches
en vela llorándote.
-Estoy pasando lo mismo y me estoy muriendo sin saber dónde estás- vio
que su expresión cambió, de pena a alegría al tenerlo con ella. -Ojalá me
dijeras esto a mí, no a ella.-Alkael se puso de pie.
-Valery.
-¿Recuerdas que te dije que al hacer el amor conmigo estarías conectado
conmigo por los sueños?
-¿Qué pretendes con este montaje, eh?
- Pistas, para que encuentres a Mel. Éste no es un montaje, aquí viene de
vez en cuando.
-No tengo tiempo para tus juegos.
-¡No es un juego! ¡Quiero que encuentres a Mel! Su corazón está en
penumbras desde que la dejaste. Habrás tenido tus buenas razones, no te
juzgo. ¡Haz algo antes que haga una estupidez!- se agachó de nuevo y
tomó su cara con las manos.
-¡¿Qué estupidez?! ¡¿Qué va a hacer?! ¡Dime Valery!- ella le robó un
beso.
-Nos volveremos a ver y hablaremos más, eso espero. Ya sabes al menos
éste lugar. Mel está inmersa en un mundo lacrimoso, llanto todo el tiempo.
Tu partida y la de Charles le afectaron demasiado. Ahora, depende de ti en
hallarla, corazón.- lo volvió a besar con mayor intensidad.

Despertó, tenía enfrente de él a Zophiel tomándole la presión con un


tensiómetro.
-Baja de presión. Desde ayer que estás mal, debes descansar.
-¡No puedo! Debo buscar a Maggie y Mel.
-¡Hoy, descansa! Mañana empezamos la búsqueda.
Al lado suyo estaba Josephine, quien le había tomado la mano.
-¡Desansa, Anel!- decía la pequeña. Clarisse la tomó en brazos.
-¡Vamos, Jo! Él necesita dormir.

Edificio The Element, departamento de Darien Rekon, Dallas.

Maggie estaba disparando contra un blanco, en sus manos, tenía un


revolver Phyton empuñado en sus manos. -Más derechos los brazos, no los
flexiones.-le indicaba Tartahiel- Enfoca directo al corazón.-Maggie cerró
el ojo izquierdo, siguiendo las instrucciones de él, disparó con certeza en
el pecho de la imagen. -Muy bien, vas progresando. Ahora pasaremos a la
Barrett calibre 50. ¿Te parece?

-Por supuesto, estoy lista.


CAPÍTULO 7 Parte 1 Arma letal

En un área en construcción se hallaba un grupo de personas


practicando tiro y arquería; detrás de ellos tenían tres camionetas negras.
En una de ellas bajaron Bechard, Tartahiel y Maggie. La apariencia de ella
había cambiado, su cabello dejó de ser rubio claro a tener una tonalidad
mucho más oscura, su mirada había dejado de ser inocente y pura, pasando
a ser lúgubre y sin luz. -¿Y bien, trajeron al nephilim? Ella debe practicar
con algo vivo.- dijo Tartahiel. Uno de los tiradores dejó de disparar, se
quitó los audífonos y se
acercó a los recién llegados.
-Tartahiel, te presento a Froimost.-dijo Adramelech.
-Oí hablar de ti. El legendario Tartahiel, quien en tiempos del siglo doce
exorcizaba a las brujas oscuras y cuidaba a los desprotegidos.-comentó
Froimost. Éste era alto como Adramelech, de cabello negro corto y
grandes ojos oscuros. Miró a Maggie con incredulidad. -¿Estáis
entrenando a esta mundana? No podrá con los arcángeles ella sola.

-Nadie dijo que luchará con ellos sola.-dijo Bechard.- ¿Tienes al nephilim,
si o no?-Froimost frunció una sonrisa y con la mano llamó a los matones
vestidos de negro, quienes llevaban a alguien encapuchado; le quitaron el
saco que cubría su cabeza.
-¡Suéltenme!- gritaba el joven. Maggie lo miró con frialdad, Bechard le
pasó la Colton calibre cuarenta, la empuñó en sus manos, estiró los brazos
y disparó directo en el pecho. Podía verse cómo la bala perdía el cascarón
de plata y se volvía una pequeña bola roja que voló hacia el corazón del
nephilim. El disparó le mató en el acto. -Es rápida, pero disparar no es
suficiente.-dijo Froimost.-Que pelee conmigo. Adras también estaba
presente, quería ver el espectáculo, observar que Froismost le pateara el
trasero a la joven. -De acuerdo.-respondió Maggie.

-¿Segura?- preguntó Bechard- No es necesario que le demuestres lo que


eres capaz de hacer.
-Se admiten golpes en el cuerpo pero no en la cabeza.-aclaró Adramelech,
quien hizo de arbitro. Maggie se quitó su chaqueta marrón, quedándose
con una sudadera blanca, jeans y botas. Ajustó su cabello en una coleta.
Entre ella y el demonio había armas de todo tipo. -Que la dama elija el
arma.- ella cogió la katana.-Buena elección. Combatieron entre si,
Froimost percibió su fuerza pero no se dejaría
vencer por una mujer, mucho menos por una humana.
-Tartahiel teha enseñadobien.Pero algo tefalta...
-¡¿Qué?! ¡He aprendido todo de él!- quería hacerla enojar para distraerla
pero Margaret no era ninguna tonta. Cruzaron ambas katanas, Froimost
quería jugar sucio y con su poder de demonio usó el viento y le arrojó
arena en los ojos.
Tartahiel quiso intervenir pero Bechard le tomó del brazo.
-Deja que se defienda. Si ocurriera el caso que luchara sola con Zophiel,
debe aprender a pelear sin ayuda de terceros.-Tartahiel le hizo caso, no le
preocupaba eso, sabía que se defendería pero temía que Froimost le hiciera
daño.
Froimost logró arrojar la espada lejos. De pronto, Maggie recordó
que guardaba una hebilla en el bolsillo, la hebilla que le había obsequiado
Zophiel. Tartahiel reconoció esa arma al instante, estupefacto y contento a
la vez, ella y esa espada serían el arma letal perfecta para acabar con
Zophiel y los demás Resplandores que habían actuado como Judas en su
entrega a Metatron.
La espada tocó la piel de Froimost y le quemó, ella actuó rápido y le cortó
la mano.
-¡¡Aaaaah!!- liberó un grito terrorífico que espantó a las palomas que
deambulaban por allí.
-Eso te pasa por subestimar a una mujer.-le dijo Tartahiel, quien apoyó su
mano en el hombro de ella.-Bien hecho, Margaret. Froimost tuvo que
regenerar una mano nueva, le sacó un anillo a la mano
mutilada y estrechó a Maggie.
-Eres un buen contrincante, humana. Dudé de ti pero tienes talento.
-Aprecio el cumplido.-dijo con seriedad.
-La próxima vez la llevaremos al barrio de los nephilims, a ver si se las
arregla por su cuenta.-dijo Adramelech.

A la noche, Maggie se quedó pateando el saco de boxeo hasta llegar


al cansancio. Había reminiscencias en su mente, pequeñas visiones de
recuerdos del pasado.
La noche del viernes trece de mayo del 2011 era su recuerdo más
nítido, el momento en que Moloch la arrojó a la puerta y después cayó la
oscuridad. El tiempo que había estado vacía en el hospital era solo piel,
huesos y órganos, pero cuando parte de su ser volvió del coma todo lo que
tenía eran malos recuerdos, de su madre y hermana, peleas, conflictos,
nada bello que se sintiera capaz de apreciar. Inclusive la imagen de
Constanza en toallas con Zophiel aquella mañana antes del baile y el
momento que él defendió a su arcangelina por encima de ella. El pedazo de
alma que tenía sólo almacenaba odio, ira hacia aquellos que le habían
hecho daño.

Ahora que le dejaban salir del departamento, Maggie aprovechó en


recorrer la ciudad junto con Adramelech, particularmente el centro.
Bechard colocó un GPS en el piercing que ella llevaba en la nariz para no
perderla.
-¿A dónde vamos?- preguntó ella.
-Tengo reunión con el nuevo jefe de accionistas, es un completo inepto. -
¿Por qué no llamaste a Surgat o Silcharde a que ocuparan ese puesto? -
Tartahiel quería alguien fuera del círculo y eligió a este patético humano
ambicioso.
-¿Te llamó a que fueras a su casa?
-Tiene su despacho allí.

Llegaron al edificio "The Wilson". Adramelech mostró su credencial de


Rekon & Co. al portero, quien le indicó el piso donde vivía Andrew
Hopkins.
Adramelech iba a tomar el ascensor pero Maggie tomó las escaleras de
madera.
-Queda en el piso 12.-dijo Adramelech.
-¿Eres tan viejo que no piensas en hacer ejercicio?-dijo Maggie con una
sonrisa maliciosa.
-¿Quieres apostar?
-Apuesto a que llegarás exhausto y me tendrás que regalar la Colton que
usé hoy.
-¡No es mía, es de Bechard! ¡Uy! ¡Está bien! Lo hago porque me caes bien.
Consentida de Tartahiel.-dijo entre dientes.
-Te escuché.
-Ya lo sé. Adras te enseñó a agudizar los sentidos. ¡Bravo, Margaret!-
respondió aplaudiendo las manos.

Tardaron bastante tiempo hasta llegar al último piso.


Maggie sólo secó el sudor de su frente con un pañuelo pero no demostraba
cansancio; Adramelech, por el contrario, estaba agitado. -¡¿Te encuentras
bien?! ¿Quieres agua?- dijo ella, entretenida en verlo en tal estado, le
acercó una botella que sacó de su bolso terciado. Adramelech la aceptó y
de un sorbo se bebió todo el contenido. -¡Pobrecillo! Recuerda, me debes
un arma.-le dijo. Adramelech la miró. -¡Me tomaste en un momento en el
que no estoy en forma! -¡Si, claro! ¡Lo que tú digas! Esperaré en esta
oficina abandonada.-dijo ella ante una puerta que decía en placa dorada
"Detective Wuornos". Adramelech tocó a la puerta y Andrew le abrió. -
Señor Suzuki, pase por favor.- cerró la puerta. Maggie recorrió el despacho
abandonado hasta sentarse en una vieja banqueta. Se quedó mirando a la
nada, pensando. Adramelech y Bechard le cuidaban mucho, quizá por
orden de Tartahiel; los quería, en cierto modo, no eran malos con ella. A
pesar que le habían dicho que eran desertores, ella los había
aceptado como eran, sin pre-juzgarlos por sus acciones pasadas.
Prácticamente eran como su familia.
Margaret sólo tenía pequeñas secuencias en su mente, deseaba saber
si en algún momento hubo buenos recuerdos en su vida, pero, al parecer,
no existían. Oyó unos tacos que sonaban en la vieja madera del suelo, el
ritmo de los pasos se le hacía familiar. Cuidadosamente, sacó la cabeza al
pasillo a ver quién era. Los años habrían podido pasar, pero en su mente
pudo conectar un recuerdo con la persona que veía ante ella; era su
hermana. Estudió a Mel de lejos, se la veía más esbelta pero habían rasgos
físicos que no habían cambiado, como su cintura y sus glúteos; tenía el
cabello más largo y una mecha roja caía del lado izquierdo de la melena
que ahora era brunette. Recuerdos de Mel tenía, no muchos pero si muy
significativos, peleas y discusiones. Tenía odio hacia ella ya que nunca le
defendía de su madre y además terminaba siendo ella la mala de la
película. Pensar que todo este tiempo su hermana menor ni la buscó
engendró en ella más resentimiento. La vio entrar unos segundos para
luego salir deprisa; Maggie oyó que tomaba el ascensor y se acercó a la
ventana a verla salir. Abajo, en la calle, la vio subirse a un auto; en el
asiento acompañante iba su madre, Megan Reyes. Observó el coche partir.
Adramelech se apareció en el umbral, Maggie reaccionó y lanzó un trozo
de vidrio que él atrapó, afortunadamente, sino le hubiera atravesado la
cara.
-¡¿Sabes lo que cuesta mantener este rostro?!
-¿Terminaste? Quiero irme de aquí.
CAPÍTULO 7 Parte 2 Pesadilla

Mel dormía abrazada a Andrew, miro al reloj de la mesa de luz, eran


las tres de la madrugada. Siempre despertaba a esa hora, como si su
cuerpo no quisiera descansar, obligándole a mantener los ojos abiertos. En
un par de horas tendría que levantarse. Fue al baño a preparar la tina a
darse un baño de inmersión mientras recogía su cabello en un rodete. De
los frascos de colores que había a la orilla de la tina, cogió el de color
rosado que decía extracto de rosas; se sacó la bata de levantar y se
introdujo en la tina que ya estaba formando espuma. El agua caliente le
relajó y cerró los ojos; sus hombros dejaron de estar tensos para dejarse
llevar en un profundo sueño.
Estaba en su casa de Riverside, no había nadie en la cocina ni en el
comedor, los muebles eran los que sus padres habían vendido, parecía que
el tiempo jamás había transcurrido. Llegó al cuarto de sus padres, estaba la
pintura del mar colgada sobre la cabecera de la cama, el cuadro de
mariposas disecadas junto al espejo y la máquina de coser junto a la cama
como mesa de luz, todo exactamente igual a cuando ella tenía siete años.
Miró afuera a través de la gran ventana de aquel cuarto, afuera había
oscuridad total, un apagón de luz por como pudo notar que las luces de la
calle estaban apagadas. El cielo era estrellado, no encontraba su estrella
hasta que la vio sobre el techo del vecino. Mel siguió caminando hacia el
cuarto que compartía con Maggie, estaban las dos camas con los
edredones rosados, las dos banquetas negras, una al medio y la otra junto
al ropero de tres cuerpos; pasó su mano por el escritorio blanco que se
ubicaba enfrente de las camas hasta que vio a Alkael junto al armario.
-¿Por qué, Mel?- dijo él.
-¿Por qué de qué?
-¿Por qué me olvidaste? Yo te amo pero abandonaste tu amor por mí. -
¡¿Qué?! ¡Tú me abandonaste!
-¡Lo hice para protegerte! ¡¿Cuándo lo vas a entender?! ¡Todo lo que hago
es por ti! ¡Lo que dije fue mentira! ¡Si te amo!- se acercó a ella y la tomó
del cuello.- ¡¿Por qué, Andrew?! ¡¿Qué tiene él que yo no?! -¡Me estás
asfixiando!- vio en él una sonrisa maliciosa, era Valery.-¡Suéltame,
Valery!
-¡Cada sueño, cada pesadilla te lo haré recordar porque él es tu verdadero
amor! ¡Siempre lo será aunque en tu cabeza te digas lo contrario! -¡Eres
una cobarde en mostrarte como él!- apretó más fuerte el cuello.-¡Juro por
Dios que me las pagaras, Valery! -¡No me amenaces! Puedo hacer que
sufras un accidente así vuelvo a tomar tu cuerpo como en el 2010,
¿Recuerdas?- con la apariencia de Alkael le besó los labios, Mel le pegó,
haciendo que escupiera sangre. -¡Podrás pegarme a mi, espero que cuando
Alkael te vea con Andrew te
devuelva esta trompada!-dijo sonriente.
-¿Cuando me vea? ¿Está aquí? ¡Habla!- la veía marcharse con el aspecto
de Alkael, la vio extender seis alas y su rostro revelando una imagen
espeluznante de ojos dorados y una piel brillante, estaba por lanzar un
cuchillo hacia ella.
-¡Me traicionaste!- la daga iba directo a Mel.
-¡¿Mel?!- despertó agitada, era Andrew quien posó una mano en su
rostro.- Te quedaste dormida en la tina.- contestó él.
-¿Qué hora es?
-Las cuatro y media. ¿Estás bien?-dijo preocupado.
-Una pesadilla, eso es todo.- estaba recuperando el aliento.

A la mañana siguiente, Mel estaba dando su clase de español a sus


alumnos, pensando en lo que le había dicho Valery. "¿Y si él está aquí,
habrá querido decirme que Alkael está en la ciudad?", pensó. Distraída en
sus pensamientos, no estaba alerta de que las niñas de clase agredían a
Amanda arrojando goma de pegar y correctores a la niña. -¡Eh! ¡Ya
basta!- golpeó fuerte el escritorio. No le hicieron caso, sacó del cajón un
silbato, lo hizo sonar y todos quedaron quietos en silencio. -¡¿Qué
significa esto?! ¡Es la primera regla en el trato de convivencia! ¡Que
alguien lea esa norma!- Un niño levantó la mano y Mel le cedió la palabra.

-Primera norma de convivencia: Entre compañeros no nos debemos faltar


el respeto, no agredirnos ni burlarnos entre nosotros, todos somos distintos
y debemos aceptar a nuestros pares sin importar el color de piel, religión,
cultura o discapacidad.- Mel fue hacia el banco de las chicas que habían
arrojado cosas a Amanda.
-Vayan con sus cosas y sus cuadernos de notificaciones a la dirección.-
Alex miraba asustado, primera vez que la veía tan enojada. El resto de la
clase miró al grupo de cuatro niñas que se iban. -Continuamos con la
actividad un rato más y haremos otra cosa.-dijo Mel.
A la salida de clases, Mel bajaba las escaleras cuando se encontró con
la directora Trouble.
-¡Mel! ¡Espera! Quería hablar contigo.
-Si, dígame.
-Vinieron a mi oficina cuatro niñas, muy acongojadas, me dijeron que les
restaste por un mal comportamiento.
-Estaban agrediendo a Amanda, arrojandole lápices y pegatinas.
-Comprendo, Mel. Pero una de las alumnas llamó a sus padres con el
móvil y están muy molestos.
-Hablaré con ellos. No admito bullying en mi clase, señora Trouble.
-¡Por supuesto que nuestra escuela no admite eso! Pero debiste tomar otra
medida, más sutil.
-¿Más sutil? No han dado curso de capacitación como para que me diga
cómo debo actuar. Padecí en mi niñez, señora directora, y no voy a
permitir que mis alumnos pasen por ello, que tenga una buena tarde.- Mel
estaba molesta desde temprano, la pesadilla con Valery y encima esto la
estaba desbordando, debía sacar esa bronca de algún modo.
Para colmo, su auto tenía dos neumáticos pinchados.
-¡Aah!- pateó una llanta con ira. Tuvo la suerte de ver a Leo metiendo en
el coche a su hija Margot.
-¡Uy! ¡¿Te han pinchado los neumáticos?!
-Así parece. Y creo saber quiénes fueron, esta mañana mi coche no estaba
así.
-¿Crees que fueron alumnos?
-No lo dudaría. Tuve que suspender de mi clase al grupito dinámico por
molestar a Amanda.
-¡O sea que hoy estuviste de Mujer Maravilla! ¡Salvando a los vulnerables
de los bullies! Bien por ti, ojala la maestra de Margot fuera así.- dijo Leo.
Una camioneta negra se detuvo cerca de ellos, era Andrew.
-¿Me podrías anotar en tu agenda hoy? - preguntó ella.
-¿Una cita conmigo como psicólogo o como amigo?
-Ambas, necesito hablar con alguien.
-¿Puedes darme un adelanto de lo que hablaremos?
-Valery de nuevo.
-¡Genial! Pasa a las seis, tengo libre ese horario.
-Gracias, nos vemos.- le dio un beso en la mejilla y se acercó al auto de
Andrew.
-¿Podrías llevarme? Me han pinchado el coche.
-¡Por supuesto! ¿Lo dejarás aquí?
-Si, más tarde llamaré a que me lo lleve el mecánico.- Como siempre,
Andrew bajó del auto y le abrió la puerta del acompañante; saludó a Leo y
éste frunció una sonrisa.
-¡Hola, Dr. Wyatt! ¿Cómo le va?
-¡Bien, bien! ¡Que tengan un buen día!- Los vio irse, Leo regresó a su
coche, su celular vibró y lo cogió.-¿Hola?
-¿Estas en Dallas? Tengoun mensajedetuesposa.
-¿Dónde nos podemos encontrar? ¡Ajá! De acuerdo, nos veremos allí.-Leo
colgó, miró la foto que colgaba de la llave, eran él, su esposa y su pequeña
Margot, acarició la foto con el pulgar y encendió el motor.
Cerca de un centro comercial Leo esperaba a aquella persona que le
había llamado al móvil. Eran las cinco y media, en unos minutos debía
encontrarse con Mel en su oficina. Miró nervioso su reloj de pulsera hasta
que vio a un motoquero detenerse cerca de él. -¿Leonard Wyatt?- una voz
grave clamó su nombre, no podía ver su cara por el casco negro, Leo
asintió. El desconocido se quitó el casco. -¡Dios! ¡Por poco y pensé que
eras un delincuente!- dijo Leo asustado. Era Alkael, quien le entregó un
sobre amarillo.- ¿Qué es? -Una carta de ella y el dije que le diste en su
décimo aniversario, antes del accidente.-dijo Alkael.-Me prohíben que
hable con quienes residen en el décimo, Leonard. Pero sé que la extrañas,
es por ello que ella me dio esto.-Leo abrió nervioso el sobre, en su mano
cayó la medalla que tenía el nombre de su esposa y el suyo grabado más
una carta. -¿Cómo puedo agradecerte, Alkael? Esto es mucho para mí.
Desde que Ingrid falleció...

-No debes pagarme con nada.- Alkael estaba por subir a su motocicleta. -
¡Espera! Si tengo algo que ofrecerte. Espero que esta sea la Mel que
buscas.-le entregó una foto donde estaba él con ella. Observó la foto, se
veía diferente, no había más señales de aquel cabello negro y su mirada era
otra.
-¿Cómo...?
-Vive aquí. Es paciente mía, me habías pedido que ubicara a alguien y creo
que es ella. Por lo que me ha contado de su vida y por lo que tú me
contaste supongo que encaja.
-Es ella. ¿Puedo...?
-Quédatela. Creo que estamos a mano ahora.- Alkael estrechó la mano de
él.
-He de irme ahora, pero si sabes de ella, avísame.- Montó la moto y se fue
a toda velocidad.
-¡Rayos! Olvidé decirle que está prometida.
CAPÍTULO 8 parte 1 Edward

Era de noche, Tartahiel iba a cenar con unos accionistas, acompañado


de Bechard y Adramelech. En el estacionamiento los esperaba un joven de
cabello negro corto, tez morena y ojos marrones. Estaba fumando un
cigarrillo y al verlos aproximarse tomó una última colada y lo arrojó al
pavimento.
-¿Es nuevo?- preguntó Tartahiel.
-Si. Le contrató Surgat. Expresidiario, cumplió su condena por matar a un
hombre, su nombre es Edward, no habla mucho.-dijo Adramelech. -Pues
que siga así.- Tartahiel ingresó al coche sin fijarse en la mirada del
muchacho. Edward esperó a que subieran todos y se sentó al volante.
Observó a Tartahiel por el espejo retrovisor, sus miradas se cruzaron por
un instante hasta Edward volvió a enfocarse en la calle. Tartahiel percibía
su aura, oscuridad, maldad pura. Sabía que había mortales que nacían con
un corazón negro pero a quien tenía delante de él tenía tanta maldad que
podría alimentarse de su alma y estar satisfecho
durante mucho tiempo. Se inclinó a Adramelech y le habló al oído.
-¿Qué tiene que Surgat le contrato de chófer?
-Le vendió su alma a Surgat a cambio del trabajo. Sus padres fallecieron,
su hermana no quiere saber de él, no tiene a nadie. -Evita que se acerque a
mí, ya sabes que me alimento de malas almas. -Deberías probar las puras,
como la de Margaret. -Ella fue una excepción, Adramelech. Éste se calló y
llegaron al restaurante donde los esperaba Andrew. Se saludaron de mano
e ingresaron. La conversación era al principio banal hasta que abordaron la
cuestión de los negocios. Shell les estaba ofreciendo una mejor oferta en la
que sus acciones incrementarían más que estando en Rekon & Co. -
Estamos en una época difícil, señores. El petróleo se está acabando y
Rekon & Co. está buscando nuevos recursos para que las empresas
automotoras pongan en funcionamiento los autos con energía eólica. Éste
es sólo un año crítico pero si se van, estarán cometiendo un error terrible.-
dijo Tartahiel.

-Si su padre estuviera vivo, no hubiera permitido que la fuente de ingresos


de la empresa se esté acabando. ¿Y qué tal si la energía eólica no es
rentable?
-Señores, mi empresa tiene lo último en tecnología y están probando de
momento los molinos. ¡Esto es Dallas, señores! El viento circula mucho
más fuerte estos últimos años que antes. Agradezcan al cambio climático.-
bebió una copa de vino y permaneció con la copa en los labios, leyendo la
mente de los accionistas. Dudaban de sus palabras, "malditos humanos",
pensó.
-Y con respecto a nuestras acciones, Darien... ¿Seguirán congeladas o
crees que luego de esta crisis económica vuelvan a aumentar?- preguntó
uno de ellos, un hombre calvo y de panza prominente. -Le aseguro, por mi
padre, señor Field que sus acciones con la empresa aumentarán junto con
los demás inversionistas. Por ahora seguiré explotando los pozos que
poseo hasta que quede la última gota de petróleo, hasta ese entonces faltan
como cuatro años. Pero nunca está de más tener un as bajo la manga. No
es por ser exagerado, pero presiento que para fines de año estaremos por
encima de Exxon Mobil y PetroChina.

-Tenemos fe a que eso suceda, señor Rekon, pero de expectativas no vive


el hombre.-dijo el otro caballero, más joven y de cabello ondulado. Se
estaba parando de su silla.- La cena ha sido estupenda, pero retiraré mis
acciones de su empresa. El calvo permaneció sentado.
-¡¿No me digas que le crees por sus palabras bonitas, Field?!
-Hay que darle una oportunidad, Jeff. Darien está solo, sin su padre a su
lado. Nos necesita.- Tartahiel esperaba que el muchacho cambiara de
parecer pero su decisión era rotunda. -Fue un placer ser accionista cuando
su padre estaba vivo, que tenga buena suerte.- Tartahiel le ofreció la
mano, se despidió y habló a Adramelech al oído.

-Dile a Edward que se encargue de él a la salida. Adramelech asintió, se


puso de pie, alejándose a llamar a Edward. -Es delgado, alto, cabello
ondulado. Encárgate de él. Saldrá por la puerta del ala izquierda en cinco
minutos, fue al baño, prepárate. -Copiado.-colgó, estaba fumando
nuevamente cuando vio salir al joven empresario. Le sonrió apoyado
desde una furgoneta. -¡Oye! Disculpa, mi móvil se quedó sin batería y
quisiera llamar a mi novia.- el empresario dudó al principio, hurgó en su
abrigo y le alcanzó el teléfono. Edward le tomó del brazo y le golpeó
fuerte en el estómago. -¡Quédate el móvil!- dijo, creyendo que era un
robo. -¡No lo quiero, es a ti, idiota!- lo tiró al asfalto dándole patadas hasta
dejarlo inconsciente. Llamó nuevamente a Adramelech.-Lo tengo
desmayado.

-Iré para allá.-Tartahiel oyó, sabía que Adramelech se alimentaría del


alma de Jeff, se lo merecía, pensó él. Los humanos no habían cambiado en
nada, la desconfianza y la falta de credibilidad seguían vigentes a pesar de
los siglos.
-Usted, señor Field, ha tomado una razonable decisión en seguir a mi
lado.- dijo sonriente.
-Por supuesto, Darien. Todos necesitamos que nos den una oportunidad, al
menos. Confío que usted manejará bien la empresa como lo hizo Elijah.

Edward se cargó el cuerpo de Jeff hasta alejarse del restaurant, en la


sombra de un colectivo estacionado a la vereda de enfrente. Allí,
Adramelech se alimentó del corazón y el alma del mortal.
-¿Cuando Surgat me dará lo prometido? Quiero ser como ustedes.
-¿Demonio? ¡Muchos querrían ser lo contrario, chico!
-Quiero ser como tú y como Bechard. Fuerte, ágil, perceptivo.
-No sé que te habrá prometido Surgat, muchacho. Ya has dado tu alma, lo
cual es el primer paso. Llevas poco tiempo con nosotros, tiempo al tiempo.
Trabaja duro y con dedicación, cuando llegues a ganarte mi aprecio
retomaremos éste tema. Ahora vete al auto, me encargaré de esto.-dijo por
el cadáver que tenía a sus pies. Esperó a que Edward se fuera y sus manos
emanaron fuego que calcinaron el cuerpo, dejándolo cenizas. El viento del
oeste empujaba el polvo, lo quedó de Jeff.
Luego de su jornada de trabajo, Edward se iba a dormir a un viejo
hotel en los suburbios de Dallas. Subió las escaleras que conducían a las
habitaciones y llegó hasta el cuarto trece. Unas cortinas rojas descoloridas
tapaban la ventana, su cama estaba igual a como la había dejado en la
mañana, desordenada, ropa en el suelo y su bolso con ropa que le había
comprado el demonio Surgat.
Se sentó en la cama y sacó del cajón un anillo de niña de piedra roja.
Recordaba poco de esa joya, habían pasado muchos años pero lo que no
olvidaba eran aquellos ojos marrones y esa trenza de espiga que solía
llevar la dueña de aquel anillo. Pasó la uña del pulgar sobre la piedra y su
mente le ayudó.
Había sido una clase de gimnasia, un grupo de chicas empujando a
una niña y vio que se desperdigaban pequeños anillos por el suelo, algunos
se los había tragado la boca de una rejilla del conducto de los baños. "¿Eso
había sido antes o después de molestar a la misma niña con una broma
pesada?" trataba de pensar. Se quitó el saco y la camisa, cerró los ojos.
Aquella chica le había gustado pero lo único que había hecho era
molestarla todo el año hasta que ocurrió lo sucedido. La tentación de la
oferta de Lara por jugar una broma pesada le había costado no sólo su
niñez en un reformatorio, sino también su vida completa, siendo tratado
por psicólogos debido a su temperamento y desorden psicótico.
Inconscientemente, acercó el anillo a sus labios y una ira en su interior lo
llevó a tirarlo contra la pared, logrando que la piedra se saliera de la plata.

-Arruinó mi vida desde que me acusó. Algún día te encontraré, Melanie,


algún día.
CAPÍTULO 8 parte 2 Dolor a primera vista

En la terraza de un edificio se encontraban Miguel y Zophiel, bajo un


cielo oscuro. Faltaban horas para el amanecer.
-Le están ocurriendo cosas a Alkael. Primero lo del café y ahora en su casa
tuvo un colapso. Miguel permaneció callado un momento.
-Puede que esté experimentando los dones de su madre.
-¿Crees que también sea...?
-Una conexión con las almas en pena, si. Me temo que si.-apoyó su pie en
una pestaña de cemento, el viento sopló sobre su cara y capturó en sus
manos una hoja.
-Debemos decirle la verdad, que su padre era Uriel, no Elemiah.-dijo
Zophiel.
-Aún no es el momento, Zophiel. Algo se avecina, lo presiento. Y si
decimos la verdad ahora, él se nos pondrá en contra y no puedo darme ese
lujo. Un cuervo sobrevoló cerca de ellos y tomó forma humana, era el
ángel Raziel.
-Mis lords, mis revelaciones eran ciertas, los destructores están aquí. Un
nephilim vio a Froimost y Adras capturar a uno, tres noches atrás.
Debemos apresurarnos enatraparlos.
-No hemos recibido órdenes de Metatron aún.
-¿Le has visto, Miguel? El tiempo que Alkael estuvo arriba con nosotros
jamás se apareció.-contestó Zophiel.
-Tendrá otros asuntos con Yahvé. Ve Raziel, y decidle a Zadkiel que
preparÉ las Potestades.
-Si, mi lord.-le hizo reverencia y al tocar su mano tuvo una revelación.
Los ojos de Raziel se tornaron negros, el cielo se nubló repentinamente. -
¡Raziel!-gritaron ambos arcángeles.
En la visión, Raziel veía el cielo tormentoso, relámpagos y tornados
que destruían todo a su paso. Veía ángeles peleando contra ellos mismos y
una tropa de demonios que defendía a la minoría de ángeles que eran
derrotados por los que descendían del cielo. Vio a los siete, luchando
contra los Tronos y Potestades. En el suelo, Raziel vio junto a sus pies a
Chamuel, Gabriel y Rafael muertos. Miguel estaba con su espada
desenvainada peleando con miembros del segundo coro y para su sorpresa
vio a Lucifer salvando a Miguel de un corte en la garganta. A lo lejos,
Raziel observó a Yahvé malherido, Tartahiel con alas de acero y a su lado
Alkael, ambos se fusionaron y armaron una estela de luz que se proyectó
directo al cielo, de donde provenían los relámpagos. "¿Quién como Dios
podía engendrar semejante poder?", pensó Raziel. Se
desplomó al suelo, Miguel y Zophiel le ayudaron a incorporarse.
-¿Recordáis la visión?- preguntó Miguel.
-¿Qué viste?-dijo Zophiel.
-Quedaron imágenes recortadas en mi mente...-se apoyó a un muro.-Vi
destrucción y guerra. Una fuerza desconocida que se adueñó del paraíso y
a varios resplandores muertos.
-¡Santo Dios! ¿Cuándo ocurrirá eso?
-No lo sé, lord Miguel. Son sólo visiones que no revelan ni tiempo ni
espacio.
-¿Es un acto de Lucifer? ¿Acaso es Tartahiel?
-No son ellos. Al contrario, serán aliados en la batalla
-¡¿Qué?!-dijeron ambos a la vez.
-Tartahiel jugará un rol especial... Al igual que Alkael.
Y presiento que ambos son resplandores.
-¡Eso es imposible!-exclamó Miguel.
-Puede ser cierto, Miguel. Alkael es hijo de Uriel, tiene en sus venas no
sólo sangre humana sino también esencia de arcángel. Tiene sentido.
-¿Y Tartahiel? Él era un simple soldado de su coro.
Y para volver a ser un ángel, debe enmendarse o hacer un acto de
salvación.- respondió Miguel.
-Mis revelaciones jamás fallan, mi lord. Puede que si encontramos a
Tartahiel, el signifique el enigma de mi visión.-Raziel seguía débil.
-Ve con él, de los nephilims iré con Alkael.-dijo Zophiel.
-De acuerdo. Ten, tu medalla.-le lanzó una medalla de cobre con el
grabado de la serpiente alada.
-¿Volveremos a ser la Legión de la Rosa?
-Si, aunque Uriel ya no esté con nosotros, tenemos una parte de él. Alkael
es un arcángel y debemos decírselo, no hoy, pero tal vez mañana.
Clarisse había encontrado trabajo en una empresa como psicóloga del
personal. No le había dicho aún a Alkael sino significaba que tendría que
buscar donde rentar y no quería hacerlo. Su compañía no la hacía sentirse
sola y Josephine empezaba a hablar gracias a él. Vivir allí le hacía pensar
como que tenía su propia familia. -Sabes Jo, la tía Mel es una tonta.
Haberlo dejado irse de su vida. Si hubiera sido ella, no habría permitido
que se marchase así sin más.-
Josephine comía un postre mientras ella cocinaba el almuerzo.
-¡Ya llegué!- dijo Alkael.-¿Y ese olor?
-Estoy haciendo canelones de verduras. Sin cilantro, seguro que a ti
tambiénte molesta.
-Si. ¿Cómo lo sabes?
-A Mel tampoco le gustaba cuando Megan hacía sopa con cilantro. Leí por
ahí un artículo sobre almas gemelas, llegan a compartir hasta los gustos
por la comida.- Alkael frunció el ceño.- Iré a darme un baño, si llega
Zophiel, déjalo que pase.- Clarisse tenía gesto de preocupada. -No te hará
nada. No ataca a los humanos. Está prohibido. Ella asintió y de los nervios
se cortó un dedo.
-¡Rayos!
-¡¿Te cortaste profundo?! Déjame ver.- Él se acercó a la cocina y le tomó
la mano. Una luz dorada que emanó de él cubrió el dedo de ella y poco a
poco se fue cicatrizando.
-Gracias.-Lo tenía cerca a ella. Ahora sabía por qué Mel se había fijado en
él. Era bello tanto por dentro como por fuera. Le miró a los ojos, Alkael
retrocedió.
-No hay de qué. Ya sabes, por si viene él...
-Le abro, no hay problema.
Abrió las canillas de la ducha y se sumergió bajo el agua. Levantó su
cara al chorro y tomó un poco de shampoo para el cabello. Sintió unas
manos delgadas sobre su hombro.
-¿Me extrañaste amor? Lástima que el sueño de la tina fue tan corto. Pudo
haber sido excitante.
-A ver... seguramente estoy desmayado en la ducha y por eso sueño
contigo.
-¡Caliente, eres muy inteligente!-decía ella con su clásica voz ronca.
-O es una ilusión.
-¡Bingo!
-¡¿Qué quieres?!
-¿Sabes de Mel?
-No, aún no. Para tu información, tengo vida aparte de buscarla. Mel ya no
es el centro de mi existencia.
-¡Me encanta cuando te enojas y finges que no te mueve un poquito por
saber ella!
-¡¿Quieres saber lo que ya es obvio?!-Valery vio la foto que estaba pegada
al espejo.
-¡A este tonto lo conozco! ¡Le hace hipnosis a Mel para hallarme a mí!
-¿Qué días va ella a verle?
-¿Lo conoces?
-¡Contesta a mi pregunta!
-¡No lo haré si tu no me dices de dónde conoces a Leo!
-Le ayudo a mantenerse en contacto con su difunta esposa. Eso es todo.
-¿Y él te dio esta foto?-Ella agitó la foto y él se la quitó.
-Si.
-¿Te contó todo de Mel?
-¡¿A qué te refieres con "todo"?!
-Digo, si te contó cómo estuvo ella estos años sin ti.
-No tuve tiempo. Debía encontrarme con Zophiel.
-Mmm... Bueno, entonces lo sabrás en su debido momento.
-¡No empieces con tus juegos, Valery!-la tomó de las muñecas. Ella se
pasó la lengua por los labios.
-¡Dios! ¡Eres la versión angelical de Christian Grey! ¡¿Vas a pegarme por
no contarte todo?! ¿Qué harías por quitarme información de Mel?-Lo
miraba con intensidad, la atrajo hacia sí y la obligó a mojarse bajo el agua
con él. La aprisionó contra la pared y la besó, ella respiraba con dificultad
y le gustaba. Ella se deleitaba hasta recuperó el aliento. -Vive a treinta
manzanas de aquí, vive con su madre. ¡Wow! ¡Hacían años
que no te besaba!- dijo jadeando.
-¿Es eso todo lo que sabes?
-Si quieres saber más...
-No lo haré de nuevo, desaparece de mi cabeza.
-Si me das un beso más te daré un poco más de información.-Alkael puso
los ojos en blanco.
-¡Anda! Admítelo, llevas cuatro años de abstinencia, conmigo te sacarías
las ganas, aunque sea en la imaginación. ¡Mírame! Soy idéntica a ella,
sólo que un poco más atrevida.
-Me estás tratando como sumiso. ¡Y no soy Christian Grey!
-¡No, claro que no eres masoquista! ¡Eres tan tierno como Fitzwilliam
Darcy! ¡¿Qué esperas para darme un besito, eh?!
-No voy a hacerlo por más que lo desees.
-De acuerdo, lo estaba pidiendo a buenas.-Se tiró sobre él, haciéndolo caer
al piso, robándole los labios en un beso apasionado. Las manos de ella se
hundieron en su cabello, Alkael se las tomó con fuerza.
-¡Habla!
-Te diré sólo el apellido: Hopkins Stanhope III.
-¿Quién es en la vida de Mel?
-Deberás averiguarlo...-Ella se puso de pie y le tendió la mano. Ella bajó la
mirada, aprovechando de verle desnudo.
-¡Una pena que hayamos tenido una sola noche aquel 2010! ¡Y me parece
que mis besos dieron su efecto!- dijo con una gran sonrisa. Alkael se miró
y se tapó con la cortina.
-¡Ex hoc nunc, et somnium consurgant tangam, ex hoc nunc, et somnium
consurgant tangam!-dijo ella en latín.
-¡No quiero despertar! ¡Dime quién es!
-Eres inteligente y hábil. Lo encontrarás solo. Tengo fe en ti que
encontrarás a Mel. ¡Ex hoc nunc, et somnium consurgant tangam!
Alkael despertó, le dolía la cien. Se pasó la mano y tenía sangre.
Mantuvo la mano en la herida hasta que se curó por si misma. Tenía
jaqueca, era molesto que Valery entrara en su inconsciente tan de
sorpresa.
Estaba vestido en su recámara cuando vio en el reflejo del espejo a un
chico joven, delgado y bañado en sangre.
-Me llamo Percy y ellos me han matado.
-¿Quiénes?
-Demonios. Busca a Darien Rekon, él es la respuesta.-tocó el hombro de
Alkael y sintió un dolor que oprimía su pecho, era la manera en que había
muerto Percy, el asistente de Darien, le habían arrancado el corazón. -
¡Ah!-se aferró de la cómoda. Zophiel había llegado y alcanzó a verle
desde el comedor.
-¿Al? ¿Qué tienes?
-Una visión. No sé qué me está pasando.- Posó su mano en la frente.-Veo
gente muerta.
-Ven, siéntate.-Zophiel lo guió hasta el sofá. Clarisse se quedó en la
cocina para no molestarlos.
-Se me parte la cabeza y cada vez que veo a alguien puedo sentir el dolor
de cada muerte.-las manos le temblaban, Zophiel le alcanzó un vaso con
agua.
-Al, hay algo que no te hemos contado respecto a... Tu madre.
-¿Qué? ¿Mi madre tiene que ver con esto que tengo?
-Isabel no sólo tenía la capacidad de vernos como realmente somos, tenía
el don de mediar con los espíritus. -¡Dios! ¡Esto es demasiado!- dijo él,
pasándose una mano por el cabello.-No puedo más, Zophiel. Éste último
tiempo estoy colmado de visiones,
Valery que se mete en mis sueños, es...
-¿Valery? Creí que la habíamos devuelto al mundo de los sueños.
-Sigue conectada a mí desde aquella noche... Ya te conté eso.
-¡Ah! Cierto.
-Si Uriel estuviera vivo, me ayudaría a soportar esto, con su método
agresivo podía controlarme pero ahora, si dices que tengo esto de mi
madre, no creo que pueda lidiar con tanto. Mis poderes y esto...
-Sé que podrás controlarlo. Tienes una voluntad de acero, Alkael. He
venido porque necesito que me acompañes a ver a los nephillims. Estamos
cada vez más cerca de hallar a los destructores, si llegamos a ellos,
llegaremos a Tartahiel y a Margaret. -¡¿Qué estamos esperando?! ¡Vamos!
Luego vuelvo- le dijo a Clarisse.
.¡Claro, descuida!
-Guárdame unos canoles.-dijo Alkael.
-Seguro.-sonrió Clarisse. Josephine agitaba su mano diciéndoles adios.
-Muy estilo Ingals lo que acabo de ver...-dijo Zophiel.
-¡¿Qué dices?! Haré oídos sordos de tus teorías locas.
-¿Piensas que Clarisse es una santa? Tengo su historial y con eso me basta
y me sobra.-decía Zophiel mientras subía a su moto.
-No eres de dar oportunidad a la gente ¿No?
-Soy arcángel de la sabiduría, no del perdón. Para eso está Zadkiel. Se
estará haciendo la buena para que tú la cuides... O...
-¡¿O qué?!
-O quizás le gustas.
-¡Por favor! Tiene diez años mayor que yo. Puede ser mi hermana.
-Lo mismo dijiste de Mel cuando tenías quince. ¡Y ups, te enamoraste! -
Con Mel fue diferente.
-¡Claaro! ¡El universo los unió! Tu... Y Mel, dos almas destinadas a estar
juntas, como dice Chamuel.-decía en tono burlón. Alkael frunció los
labios.
-Con Clarisse no pasa nada. Necesita una segunda oportunidad, todos la
necesitamos en la vida.
Llegaron al barrio donde vivían los nephilims. En una capilla
abandonada se reunieron.
-¡Hace siglos que no merodean arcángeles por la tierra! Significa que aquí
no está todo en orden.-dijo un chico vestido de safari. Un hombre de barba
y cabello largo levantó la mano para que guardaran silencio. Se arrodilló
ante Zophiel y prosiguió.
-Cincuenta de los nuestros han sido capturados por Froimost y Adras.
Hace tres noches se llevaron a Deil. Los están usando de blanco de tiro.
Hemos podido encontrar algunos cuerpos y tienen balas que nos queman.-
De su bolsillo sacó un trapo en donde tenía envuelto la esfera de plata.
Zophiel la quiso tocar pero le quemó la yema de los dedos, se miró y no
cicatrizó.
-Esto es malo.-Alkael se acercó, pudo tocar la bala sin que le quemase ya
que era mitad humano.
-Tiene un triskel grabado. ¿Qué crees que signifique?
-Es un símbolo celta, proveniente de los Druidas. En hechicería es un
símbolo de protección.
-Pero por lo visto lo usan como inscripción en las balas para destruirnos.
En los cuerpos encontramos cáscaras de la bala, creemos que se desintegra
hasta ser esa esfera que mata en el acto.-dijo el nephilim. -Esto no sólo les
lastima a ustedes...-Zophiel mostró sus dedos pulgar e índice derecho y la
quemadura le cubrió las yemas, no se curaba.-Impide la autocuración.
Llamaré a las arcangelinas y les proveerán alas y armas
en caso de un ataque.
-¿Se avecina una rebelión?-preguntó una mujer.
Alkael miró a Zophiel, notó preocupación en su mirada.
-No es para alarmarlos, pero Raziel tuvo una visión. De todos modos, les
ruego estén preparados. Necesito llevar esta muestra a Azrael.-dijo
Zophiel y el líder le entregó el paño con la esfera dentro. Mientras se iban,
Amatista, la arcangelina de Zadkiel, y Caridad, la de Chamuel,
aparecieron con bolsos que portaban espadas y un grupo de querubines
que traían alas para los nephilims.

-¿No es que los nephilim no se afilian a ninguna religión?-preguntó


Alkael.
-Como dijiste, el sistema de religiones está ordenado por los humanos,
pero hay un solo Dios y es él quien protege a los nephilim.
-¿Cómo es que existen?
-Son hijos de ángeles que cayeron con Lucifer y se unieron con la
descendencia de Eva. Desde mi coro, Chamuel y Zadkiel se encargan que
nada les falte a los nephilim, comida, techo, educación. En retorno, ellos
nos ayudan a destruir a los demonios que deambulan y a exorcizar
humanos poseídos. Así se mantiene el orden.
-¿Metatrón no se encarga de los nephilim?
-No. Solamente Yahvé y nosotros.
-Entonces no es quien manda a todos.
-Es príncipe de los coros del cielo, pero en cuestiones terrestres, Yahve y
nosotros nos ocupamos.
Zophiel estaba por cruzar la calle pero Alkael le tomó del brazo.
-¡Eh! ¡¿Qué pasa ahora?!- Alkael vio a Mel salir de una boutique. Estaba
más delgada, la piel un poco curtida por el sol, el cabello largo y de un
color castaño. Estaba sola hasta que se encontró con un hombre alto de
cabello oscuro y fornido que vestía de traje. Vio que Mel se acercaba a ese
sujeto dándole un beso en los labios. Agudizó más su vista y pudo ver que
ella llevaba un anillo en el anular derecho. Estaba comprometida. Frunció
el ceño y apretó las manos en puño. Un torbellino de viento se levantó a
espaldas de Alkael y una flama de fuego salía de su puño.

-Esa es Mel.- Zophiel miró a la pareja, se ubicó enfrente suyo y le tomó de


los hombros.
-¡Debes calmarte! ¡Mírame! ¡Tu ira resolverá nada!- Alkael respiraba
fuerte como un toro embravecido.
-Mel... Está con otro.
-¡Al, mírame! ¡Cálmate, sino destrozarás todo!- trató de controlar la
respiración pero su corazón latía rápido. Cerró los ojos para dejar de verla.
-Dime que se fue. ¿Se ha ido?
-Si.- contestó Zophiel. Alkael alzó una motocicleta que tenía al lado y la
destrozó como si fuera una lata.
-Bien, tedesquitaste con lamoto deun mundano.
"Está con otro, no me necesita. Maggie si", pensó Alkael, no podía creer
lo que sus ojos habían visto, a Mel rehaciendo su vida como si nada.
CAPÍTULO 9 Adios, Valery

En un edificio del boulevard Jefferson al trecientos y avenida


Madison quedaba la oficina de Leo Wyatt.
Mel llegó en un taxi, caminó hacia la entrada del edificio de ocho pisos.
La planta baja era un sector de pequeños locales, una joyería y una clínica
de odontología; pudo notar por el nombre del cartel "Bella Dental".
Ingresó a un angosto ascensor y apretó el quinto botón. Vio que salía un
niño de nueve años, de cabello castaño y ojos verdes. Así se veía Alkael
de pequeño, pensó ella. Arrugó el ceño por pensar en él, ya habían pasado
cuatro años, no sabía por qué se sentía tan culpable cuando quien había
dado por terminada la relación había sido él, no ella, o era eso lo que ella
creía.
-¡Nos vemos el próximo miércoles, Trevor!- exclamaba desde la puerta.-
¡Llegaste a hora, milagro! Pasa.-Mel frunció una sonrisa y dejó su abrigo
en la percha de la entrada.
La oficina tenía dos enormes estantes con libros, un cuadro de un
dibujo de Freud, otro de Melanie Klein, Anna Freud y el diploma de
psicología de la Universidad de Columbia. Tenía fotos de su difunta
esposa en uno de los estantes.
-¿Cómo está Margot?-preguntó al levantar una foto en la que estaban él y
su hija, una pequeña pelirroja de adorables ojos cafés. -Mejor, se salvará
de hacer gimnasia por seis meses por el yeso.-dijo él.-Pero no viniste a que
hablemos de mí, sino de ti y de Valery. Mel... Ya hemos hablado mucho
de ella y creo que es tiempo que debas adaptarla a ti.

-¡¿Estás loco?!
-La única persona que aborrece su alter-ego en ésta habitación eres tú.
¿Hace cuántos años vives con ella en tu cabeza?
-Desde los siete hasta los trece.
-¿Recuerdas que sucedió después?
-Actúe como yo misma.
-No, la adheriste a ti, por eso te hiciste fuerte de personalidad. Hay algo en
ella que te hace sentir bien y hubo años de tu vida que tú creías que la
quitabas de tu mente pero no, la hiciste parte de ti.
-Es una loca ninfómana.
-¿Sabes...? Creo que en tu caso, no es que tu alter-ego quiera destruirte
como una especie de Mister Hyde con el doctor Jekyll, o como la lucha de
William Wilson que acuñaba Poe. Puede que, en un modo perverso, ella te
esté guiando por un camino que no estás viendo con claridad. -¡Si, claro!
¡Éste último tiempo no hace otra cosa que provocarme pesadillas,
lanzamientos de cuchillo, asfixias, ahogándome en un lago! ¡¿Qué clase de
guía es esa, explícame?!
-Esa pregunta debería hacerla yo, ya que soy tu psicólogo. ¿Dijiste que te
ahoga?
-Dos veces, una en un lago, otra en la tina.
-Tal vez quiera despertarte de algo, quizá quiere que reacciones frente a
alguna acción que ella estáen contra. Algo como...
-¡¿Qué?! ¡Ve al punto, Leo!
-A que faltan dos meses para que te cases con Andrew.
-¡Oh, por Dios! ¡¿Tú también estás en contra?!
-¡¿Lo ves?! Acabas de decir "también", ese es el punto de su enojo.
-¡Estoy muy bien con Andrew!
-Poco y nada hemos hablado de él en las sesiones. Siempre Angel aquí,
Angel allá. Tu hipnosis me ha develado puras confesiones de él y nada de
Andrew.-Leo bajó la tapa de su anotador.
-¡Quiero ver esas anotaciones!
-¡No puedo! Estás en tratamiento, en las sesiones no eres mi amiga, eres
mi paciente. Aunque te enojes, debo admitir que estoy a favor de Valery,
lástima que practica cosas raras en tu cabeza para que te avives.
-¡Creí que me ayudarías a acabar con ella!
-Mel, los alter-ego no se destruyen como algo concreto, es un proceso
mental. Deberías aceptar sus consejos, con ello puede que se encierre en tu
inconsciente y permanezca tranquila por siempre.
-¡Ten tu dinero de esta sesión! ¡No soy más tu paciente!
-¡Mel, espera!
-No me das solución a esto. Tendré que buscarla yo sola.-tomó su abrigo y
cerró la puerta con fuerza.

Departamento de Alkael, Jueves por la mañana.

Alkael y Zophiel estaban en la cocina tomando un café. Clarisse no


estaba ni tampoco Josephine. El cabello le había vuelto a crecer a Zophiel,
era parte de su naturaleza como arcángel. Aún le ardía la quemadura de las
yemas como si se hubiera quemado recién. Alkael no pudo evitar verle los
dedos.
-Rafael y Ariel están trabajando en ello, junto con Azrael, investigando la
fuente de poder de la bala.
-¿Te ha afectado en tus poderes?
-No. Hasta ahora no he sentido nada grave. ¿Qué hay de ti? ¿Has tenido
visiones?
-De las visiones que he tenido, ya van dos que apuntan al nombre de
Darien Rekon.-decía Alkael.-Vi a Gertrudis, Zophiel. Está muerta.
-¿Le has dicho a Clarisse?
-No, aún no.-el móvil de Zophiel vibró.
-¡¿Si?! Ahora lo llevo, de acuerdo.
-¿Qué sucede?
-Te llevaré a la bóveda de Tartahiel, Miguel, Amatista y Raziel están allí.
¿Listo?
-Si.
Antes solían tomarse las manos para transportarse, pero ahora Alkael
podía manipular sus poderes de viaje de un sitio a otro. Zophiel
desapareció como un destello amarillo y Alkael en un haz de luz dorada.
Llegaron a la cueva que los condujo a la cárcel subterránea. Dos
Potestades estaban como guardias en la entrada. Lo primero que vieron fue
la ropa de Gertrudis en el suelo con lo que quedaba de sus restos. -¡Santo
Dios! Era mala, pero no merecía la muerte.-dijo Zophiel. Una dama
vestida de negro, cabello largo y ojos marrones revisaba los cofres vacíos.

-¿Quién es ella?-preguntó Alkael, ya que no conocía a todas las


arcangelinas, solo a Gracia, Faith, Constanza y Caridad. -Es Amatista,
compañera de Zadkiel, es la segunda líder de las arcangelinas junto con
Faith.
La mujer caminó hacia la mesa de concreto donde yacían las cajas de
acero vacías.
-Se ha llevado sus talismanes, la cruz de La Legión, La Rosa y sus
anillos.-dijo Amatista.-Hubo magia negra aquí.-pasó su mano izquierda
por el polvo de la mesa.
-Se alimentó de Gertrudis.-dijo Zophiel.
-¿Cómo que se alimentó?-preguntó Alkael.
-Loa ángeles al ser desterrados del cielo y enviados a la tierra se
convierten en caídos o "desertores". Se alimentan de las almas y de la
vitalidad de las personas. La gran mayoría de los casos, consumen almas
puras de corazón o almas negras, de asesinos, criminales o violadores, sin
embargo, las almas puras son las que les devuelven la stamina angelical.
Miguel se agachó cerca del sarcófago, vio polvo en las orillas de las
inscripciones, levantó la vista y tenía frente a él el cuerpo de Tartahiel.
Alkael caminó alrededor, vio marcas en la espalda y seis profundas
heridas.
-¿Le sacaron las alas de raíz?
-¿Disculpa?-dijo Miguel.
-Ven.-Zophiel le siguió. Amatista se acercó al vigilante de piedra.
-Hiciste todo a tu alcance, viejo guerrero.
-No recuerdo haber ordenado que le cortasen las alas.-respondió Miguel. -
No tu, quizás Metatrón.-añadió Zophiel.
-¿Qué atrocidad tan grave cometió para que le castigaran así?-Zophiel
notó indignación en la voz de Alkael. -Fue hace mucho tiempo. Era una
época difícil donde los demonios atacaban aldeas, controlaban a los
bárbaros y mataban civiles, cientos,
miles. En una misión, los leviatanes nos tomaron por sorpresa y Tartahiel
actuó sin medir, decapitando a una mujer embarazada y a un niño con su
espada. Por ley de Metatrón, matar humanos es una penitencia que lleva al
exilio y al encierro al abismo...
-Pero por intervención de Uriel, el tribunal dictaminó en enviarlo a una
bóveda a parte del abismo.-agregó Zophiel. -Pero fue un accidente... El
pánico, el miedo... Quizá eso le desconcertó y no tuvo tiempo a
reaccionar-dijo Alkael.
-Esas excusas uso él. Mató humanos, criaturas inocentes. Fue inadmisible,
muchacho. Deberías haber estado allí para juzgar tal acto ruin.
-Fue un terrible error, Miguel. ¡¿Acaso errar es un pecado?!
-¡No me levantes la voz, Alkael! ¡No eres Dios para gritarme así!
-¡Podría haberles ocurrido a ustedes!
-¡Jamás! Nacimos como arcángeles para proteger la creación de Dios, sea
buena o mala, con pecado o sin pecado. Y lo que hizo Tartahiel no tiene
perdón de Dios. ¡Fin de este tema!
Alkael iba a seguir refutando pero Zophiel le tomó del brazo.
-No. Ha puesto fin a la discusión, Al. No presiones en viejas heridas.- Le
parecía injusto y al ver el cuerpo gris, inerte y lastimado de Tartahiel, le
hacía juzgar cada vez más el accionar de los arcángeles. Años que vivía
con ellos, aprendido de ellos y hecho misiones a lo largo de su niñez. Sin
embargo, Alkael comenzaba a poner en tela de juicio que Metatrón se
daba atribuciones extra que quizá ni el mismo Yahvé sabría.
-No se llevó todo.-dijo Alkael al alzar una medalla de bronce.
-Eso es el emblema de la Legión.-dijo Zophiel.
- Uriel había asignado a Tartahiel como integrante desde la caída del
Imperio Romano. Fue un error haberlo integrado al grupo. Era de mal
carácter, rebelde, un soñador. Tartahiel tenía la utopía de que los demonios
debían recibir el perdón por rechazar a Yahve y que debíamos por poco
vivir todos juntos. Eso jamás sucedería ni sucederá. Eran tan
necio como...-dijo Miguel.
-¿Cómo yo?-dijo Alkael.
-No iba a...
-¡Anda, dilo! ¡¿Por eso Uriel me pegaba cuando desobedecía?! ¡¿No
querían cometer el error al igual que Tartahiel?! ¡Podrán pasar años pero
ésta actitud que tienes conmigo, Miguel, jamás cambiará! ¡Me largo! Aquí
no hay pistas de Margaret. ¡La encontraré y luego veremos si mi posición
en tú mundo vale realmente la pena! -¡¿Cómo te atreves hablar así del
Reino...?!- Antes de poder decir algo, Alkael se esfumó.- Quería que fuera
como Uriel, como su padre. -Disculpen que me entrometa pero...-dijo
Amatista.- Creo que no podemos suplantar a alguien que ya no está con
nosotros para hacer la misma imagen y semejanza sobre Alkael. No le
pongáis un peso que él no tiene.
Él nació con su propia esencia, tiene la moral de Adán y sabe lo bueno y
lo malo. No repitan el trato que tuvieron con Tartahiel. Los errores no son
pecados, son actos que salen mal y está la opción de aprender de ellos para
enmendarse y recibir el perdón.
-¿Filosofía de Zadkiel?-dijo Miguel con los ojos entrecerrados.
-No, filosofía del hijo de Yahve. Y Miguel...
-¿Si?
-Alkael no es Lucifer. Deja de ser tan desconfiado.-finalizó Amatista.
-¡No soy desconfiado! Solo pruebo a quienes son dignos para la Legión. -
¡Ajá!-dijo Zophiel. Amatista desapareció como una luz violeta, le siguió
Miguel como un haz color rojo, quedaban Raziel y Zophiel.
-Mi lord...
-Saca el protocolo conmigo.
-Disculpe, Zophiel. Pero... He tenido una revelación suya.
-Dime.
-Va a morir, mi lord.-Raziel le tomó la mano y vio la quemadura en sus
dedos.-Esté siempre armado, por favor.
-Lo estoy, Raziel, lo estoy.

Escuela George W. Bush, Viernes, mediodía

Mel salía del colegio, luego de una mañana agotadora. Tenía ojeras
por madrugar desde las cuatro de la mañana, hora en la que despertaba por
los sueños con Valery. Se colocó sus lentes y hurgó las llaves en su bolso.
Un cartel pegado en la pared continua a la del colegio mostraba a una
mujer de cabello negro ondulado:
"Madame Daphne, la gurú de los sueños, acaba con las pesadillas o
trabas que impiden el buen dormir".
Mel sacó una foto con su móvil. Leo llevaba en brazos a su hija y con
la mano libre llevaba su maletín.
-¿Vas a ir allí a solucionar tu problema de Valery y no conmigo? ¡Qué
amiga!- dijo él.
-Has hecho más que suficiente, Leo. Debo deshacerme de ella de una vez
por todas.
-¡Que te vaya bien con esa ladrona!
-¡Gracias!- dijo con una sonrisa.-Recordó que había mandado el auto al
mecánico. Sintió unas fuertes manos en su cintura.
-¡Andrew! ¡Estamos enfrente de la escuela!
-¡Vine a buscar a la maestra más sexy del mundo! ¿Me hace el honor de
venir a almorzar con estos dos humildes caballeros?-Alex sonreía al verlos
juntos.
-¡Venga, Mel! ¡Vamos a tu restaurante favorito!-exclamó el pequeño con
emoción.
-De acuerdo.- dijo sonriente. Miró una vez más el poster de la guru, no le
vendría mal deshacerse pronto de Valery.
Llegaron al restaurante Porta Di Roma, que quedaba en la planta baja
del edificio "The Wilson", ocupando la esquina entre calle Ervay y Maine.
-¿Vinimos aquí por que quieres que pase la noche contigo?-preguntó Mel.
-Deberíamos ir decidiendo ya a que te quedes de manera permanente.
Puedes traer a Megan, sería un placer.-dijo abrazándola por detrás. -
¡¿Todos bajo el mismo techo?! Conociste a mamá una sola vez y le
mentiste por tu edad.
-¿No le dijiste de Alex?
-No, pero...
-Mel, no me enojo, pero llevamos tres años juntos. Bueno, en realidad dos
años y cinco meses, deberías decirle que tengo a Alex. -¿Podrías al menos
buscarle un departamento en el primer edificio? No sabes lo molesta que
puede llegar a ser. Pronto hablaré bien con ella y le presentaré a Alex.
¿Vale?
-De acuerdo.-le besó los labios hasta quitarle el labial. Mel cerró los ojos,
era un beso en el que ella respondía sin sentimiento, sólo percibía el dulzor
del caramelo de menta que seguramente había comido Andrew una hora
atrás. Recordó que cuando era adolescente, le gustaban los besos de
Alkael con sabor a fruta, a café por la mañana, a mermelada, eran besos de
verdad, no planificados con una menta de por medio.
-¿Vamos?-dijo ella luego de despertar de ese
recuerdo. Apenas entraban, había una pequeña mesa de madera como
recepción con varios carteles pegados.
-Es tan angosto...- Comentó Andrew.- Pero a ti te gusta.
-¡Vamos a otra parte, si quieres!- dijo sonriente. Se salvaría de tener que
hablar sobre convivir juntos. -¡Ah! ¡No señorita! ¡¿Te me quieres
escapar?!-Cuando se ponía mimoso le gustaba, estar rodeada por sus
brazos se sentía protegida, cuidada. Como lo hacía su padre y Alkael.

Vio a dos niños corretear por el restaurante. El varón tenía el cabello


castaño oscuro y la niña de color azabache. Por un instante, la escena que
tenía frente suyo le recordó a Alkael y ella cuando tenían siete, cuando
jugaban a las escondidas o corrían de un lado a otro en el patio de su casa
del este de Riverside.
-¿Mel? ¿Qué vas a pedir?- dijo Andrew. Su hijo Alex de seis años la
quedó mirando consternado como su padre.
-¿Qué? Oh, lo siento.
-¡Mel estaba en la luna, papá! No seas malo, déjala volar.-comentó el
pequeño. Andrew sonrió y tomó la mano de su prometida.
-¿En qué pensabas?
-Nada, tenía la mente en blanco. ¿Qué pidieron?
-El combo especial depollo.
-¿No quieren pizza?
-¿Carbohidratos? Puede hinchar a Alex. Y además, estoy a dieta.-Iban a
comer pechuga con ensalada. Hacía tiempo que no comía pizza y añoraba
comerla en ese instante. "Angel hubiera elegido dos pizzas napolitanas
con dos vasos tamañogrande decoca cola", pensó.
-Está bien, la pizza será en otra ocasión.
Almorzaron y fueron al apartamento. El móvil de Mel sonó, era
Faith.
-¿Hola? ¿Qué ocurre?
-Es Megan, estaba cocinando cuando se me escapó.
-¡Tiene 61 y está cuerda Fa.... Maggie!- exclamó.-Iré para allá.
-¿Ocurrió algo?
-Mi madre, salió sin avisar.
-Ten, llévate mi coche.-le dio un breve beso y le dio otro en la cabeza a
Alex.
-¿Vendrás esta noche?
-Eeh, seguro. Si.- Condujo hasta su casa, esperó el semáforo cuando creyó
ver a Alkael con Zophiel cruzando la calle. Se bajó de la camioneta. -No
puede ser él... No puede... ¡Angel!- gritó. Él no volteó, quizá ya ni
respondía a ese nombre.-¡Al!- volvió a gritar. Él se giró y corrió hacia
ella. Vio odio en sus ojos.
-¡¿Cómo puedes ser tan fría?!- le pegó una cachetada que la arrojó al
suelo. Luego observó la calle, estaba desierta.
-¡¿Es esto un sueño?!
-¡Jamás te engañé con otra! ¡Jamás!
-¡Valery, ya basta!-decía llorando.- ¡Deja de torturarme!
-¡¿Acaso no te ves?!-cambió su aspecto, volviéndolo semejante a ella, con
el cabello ondulado y su ropa escotada de siempre -¡No te preocupas por
tu hermana, te importa tu estúpida felicidad con Andrew! Olvidaste todo
ese amor que Alkael... ¡¿Para qué?! ¡¿Para casarte con éste Max Steel?!
¡No te estoy torturando! ¡Abre los ojos! ¡Abre ese corazón obstinado,
soberbio que tienes! ¡Deja de centrar el mundo en ti y búscalo a él y a tu
hermana, maldita sea!- Mel se puso de
pie como pudo y le devolvió el golpe.
-¡Suficiente! Ésta tarde me desharé de ti.
-¡Hazlo! ¡Acaba conmigo! Veremos si puedes por ti misma darte cuenta
del error que estarás cometiendo en casarte con ese carilindo. -¡Estoy
cansada de que manejen mi vida! ¡Estoy harta de ti, de mamá, de Leo!
¡Déjenme elegir!
-¡Elije, pero al indicado, Mel! Leo tiene razón, siempre hice de guía en ti.
Gracias a mi eres la mujer que eres. Esa fuerza de hielo la tienes por mí.
Te enseñé a que seas pasional, a que te abrieras con él. Mírate ahora, no
quedan ni cáscaras del amor que hubo entre Alkael y tú. Él te dejó para
protegerte, todo lo que siempre hizo, lo hizo para cuidarte a ti y a Maggie.
No sabes el dolor que sigue en él al perder a Maggie, era su hermana
mayor para él también- Valery empezó a llorar.-¡¡Ahora están todos por
Maggie y todo lo que tu quieres es vivir tu vida!! ¡Eres una perra egoísta!
¡Te odio, Mel! ¡Te odio!- le pegaba con los puños en el pecho, Mel se
defendió hasta despertar. -¡Mel, Mel, Mel, Mel! ¡Me estás pegando!-
Andrew la sostuvo de los
brazos, ella despertó con lágrimas en los ojos.
-¡Soy una egoísta!
-¡No digas eso! ¡Sh! Tranquila, estas conmigo.-la estrechó sobre su pecho,
acariciándole el cabello. Andrew miró a la copa de la mesa de luz, un gas
rosado estaba desapareciendo.
Cuando se mejoró, salio decidida a poner fin a Valery. Marcó el
número de la gurú pero no respondía nadie, buscó en la guía y encontró
una dirección de un psíquico que vivía por calle Belt Line al mil
cuatrocientos.
Tomó el interurbano y llegó al lugar, era un local pequeño. Arriba,
figuraba en letras grandes las palabras: "Psíquico, reunir, amantes, hable
en español". En su mente tenía la advertencia de Leo, quien creía que eran
brujos fraudulentos y embusteros. Entró a la puerta, un armonizador
colgaba de arriba y resonaron los palillos en un sonido agudo. Había
lámparas que daban un color rojo al ambiente, velas por doquier, imágenes
de cupidos mezclados con demonios, santos y vírgenes. -¡¿En qué puedo
ayudarle?!-una mujer hispana de ojos negros le atendió, vestía una falda
larga que cubría sus pies y una blusa con tonos de arcoiris. -Eh, no sé
cómo explicárselo, es mi cabeza, tengo constantes pesadillas y su voz
me...
-Sígame por aquí.- dijo la mujer, quien levantó una cortina de
piedrecillas.-Recuestece aquí mientras preparo mis cosas. Mel estaba
asustada, no sabría que sucedería con Valery pero por otro lado estaba
exhausta de ella.

Departamento de Alkael
Eran las siete y media, de acuerdo a lo que dictaba el reloj de pared.
Seguía juntando pistas. Quería llegar a Maggie, lo había prometido a
Charles. Zophiel le vio observar una foto que él tenía.
-¿Es esa Margaret?-preguntó Zophiel.
-¿Nunca la conociste de pequeña?
-No. Nos conocimos cuando ella entró a Loyola en el 2006.-Alkael le pasó
la foto. Zophiel olvidó que lo tenía al lado y pasó sus dedos sobre la
imagen.
-Tan llena de vida y ternura por regalar... Le he fallado a la primera
persona que sabía quien era en realidad. Aún cuando ella te descubrió,
jamás dejó de llamarme Paul.-sus labios temblaban.- Dios le dio una vida
difícil, con muchos obstáculos pero los supo sobrellevar con esfuerzo.
Nunca vi a nadie con tanta voluntad, me recordaba al hijo de Yahvé,
¿Sabes?
-La vamos a encontrar, Maggie es lo que más importa ahora.
-¿Ya no buscarás más a Mel?
-No lo sé. Verla ese día con un hombre me hizo reflexionar, tal vez
Charles estaba equivocado, sólo Maggie es quien debe ser salvada. -Puede
ser, pero que yo sepa, los muertos no hablan de más porque si.-contestó
Zophiel. El teléfono vibraba sobre la mesa ratona, Zophiel prendió el
altavoz.
-¡Zadkiel, dinos!
-¡Apresamos a uno de los destructores!- se escuchaba distorsionado, con el
ruido del viento de por medio.- Te repito, ¡Apresamos a uno de los
destructores!
-¡¿A cuál?!
-Guland.
-¡Ay!- dijo Zophiel, pasándose la mano por la frente.
-¡Son buenas noticias! ¡¿O no?!
-Guland es el más psicótico de los cinco, es un enfermo mental. Nos sería
más útil tener a Bechard, o Astaroth, o incluso a Adramelech.
-Algo ha de saber. Al menos ya tenemos uno.
-Debo irme, tú descansa, mañana te necesito en el interrogatorio.
-¿Para qué?
-¡Para que le quemes y hable!- En eso, llegó Clarisse con Josephine en
brazos.
-¡Cada día más pesada!- pidió bajar para correr a abrazar a Alkael. -¡Al,
Al!- exclamaba contenta.
-Angel... Alkael, he encontrado un trabajo permanente y creo que ya
podría irme con Jo a otro lado, las dos solas.
-Oye, no te estoy echando.
-Eres muy amable y no quiero abusar. Me das dado una mano cuando
nadie más lo hizo y...
-No puedo tener a otra O'Connor lejos, y mucho menos ahora que estamos
cerca de encontrar a Maggie. Necesito tenerte en un lugar donde sé que
estarás bien. Te quedarás y te daré mi habitación. Casi nunca estoy porque
salgo todo el tiempo.-Josephine le tocaba el lunar de la mejilla derecha
con el dedo índice.
-¡Bonito!- dijo.- Ambos rieron.
-Está hablando más desde que estamos aquí.
-¿Ves? No tengo problema que te quedes. Ambas son bienvenidas aquí. -
Gracias, por todo.
-No me lo agradezcas. Como te dije antes, en la vida la gente se merece
una segunda oportunidad, y tu necesitas de una. Cenaron y cada uno se fue
a dormir. Alkael caminó descalzo para abrir las ventanas y regresó al sofá.
Era bastante duro, excepto los cojines de respaldo, ubicó uno como
almohada y se dispuso a dormir.
Estaba soñando, notó al ver el bosque de primavera del mundo de
Valery. El cielo estaba tormentoso y se oía el ruido estridente de los
relámpagos.
-Esto no es bueno. ¡¿Valery?!- sintió ese escalofrío recorriendo su
espalda.- ¡¿Valery?!
Ingresó a la casa a la que una vez había entrado, estaba vacía, sin muebles,
nada. Subió la escalera de caracol, a lo que era el cuarto de ella, vacío;
Paulina no estaba, ni el dibujo, no había papel tapiz de estrellas en la
pared.
-¡¿Valery?!- salió fuera y la vio arriba en el techo. Se mecía y hablaba
sola.
-¡La odio, la odio!
-¡Valery, soy yo! ¡Bájate de ahí!
-¡No se te ocurra subir!
-¡No lo haré, sólo baja!-se puso de pie y se lanzó a donde estaba él. -Te
tengo-la bajó de sus brazos.-¡¿Qué está pasando aquí?!- la vio llorar como
nunca antes la había visto. Era Valery, la fuerte, era extraño verla en ese
estado. -¡Es Mel! ¡No sé qué se le está pasando por la cabeza! ¡Me quiere
destruir!

-¡Dime qué debo hacer!


-Ya es tarde...
-He de hacer algo…
-¡No puedes, Akael! Mel ya me está matando por dentro, puedo sentirlo,
como pedazos de un espejo que se van hundiendo cada vez más dentro de
mí.- Sus lágrimas se convertían en cristales negros al caer al suelo. -¡No lo
voy a permitir! ¡No puedes morir! ¡Tu no!- Ella posó su mano en su
mejilla.
-No tengo mucho tiempo... No sé cómo está logrando deshacerse de mi tan
rápido. Encuéntrala ¿Si? Sácala de ese coma en el que ha dejado su
corazón. Ten esto...- le dio un relicario similar al de Maggie.- Tiene magia
de mi mundo, quizá te ayude a rastrear a Maggie.-Tomó la cara de Alkael
y le dio un beso- No me olvides, al menos no tu. -No voy a olvidarte,
Valery, te lo prometo.-Ella se aferró fuerte a él, un remolino de viento
soplaba a lo lejos, arrancando árboles y arbustos. Las flores de papel
desaparecieron del suelo, solo quedaba un frío cemento
debajo de sus pies.
-¡No quiero morir! ¡No quiero!
-No vas a morir, Valery. Y si ocurre, algo de ti quedará en Mel.-Acarició
su mejilla con el pulgar.
-No, no creo que pueda volver...
-¡Te traeré devuelta cuando recupere a Mel! Sin ti, ella no es Mel. Eres
parte de su alma.
-Eso ya lo sé- La casa de madera se desterró y salió despedida por un
remolino.-¿Sabes? Con tus imperfecciones y todo lo que eres lograste en
Mel lo que nadie pudo, abrir su corazón de hielo cuando era pequeña y
joven. Aunque hoy esté con otro, sé que su alma me dice que es tuya,
siempre lo fue y siempre lo será. No te rindas, Alkael. No lo hagas. -No lo
haré. Por más que intento hacerlo, mi corazón me impide que baje los
brazos.
-Sé que no lo harás. Abrázame fuerte, por favor.- La estrechó fuerte en sus
brazos mientras que las lágrimas de Valery seguían destrozándose en el
suelo.
-Te amo.-le besó la mejilla y se deshizo en un polvo negro y brillante.
Alkael apretó los ojos pero las lágrimas escaparon por su rostro. -
Valery...- susurró.- Con el dorso de sus manos se secaba las lágrimas.
Sintió un fuerte dolor en el pecho, como si una parte de él había muerto. -
¡Valery!- su voz hizo eco en ese mundo vacío.
Mel despertó con lágrimas de sangre.
-¿Qué he hecho?-dijo por lo bajo.
La mujer que le hizo el hechizo para matar a Valery se encerró en un
cuarto, caminó por un pasillo con un frasco negro que almacenaba a
Valery. Su imagen fue cambiando hasta convertirse en un hombre alto, de
cabello corto y ojos claros.
-Hice lo que me pediste, Andrew. Ahora tu prometida no tendrá más
estorbos.
-Gracias, Bechard. No sabes cuánto te agradezco.
-Ya sabes que puedes recurrir a mí. Recuerda que tenemos un acuerdo. -
No lo he olvidado.
-Bien, porque si llegas a traicionarnos, tu hijo pagará las consecuencias.
CAPÍTULO 10 Carnada

Horas antes de entregar a Guland


Departamento de Darien Rekon

Bechard estaba preparando un hechizo cuando Margaret irrumpió en


la cocina. Ella había oscurecido su cabello un poco más con ayuda de
Adras, dejándolo en un tono entre rubio oscuro y cobrizo. Su mirada era
más oscura y la hacía resaltar por el maquillaje, causando que sus pupilas
celestes tomaran un tono más lúgubre. Vestía una chaqueta de cuero, una
blusa holgada color gris, jeans azules ajustados y botas con taco.
Acomodó el piercing en su nariz y se quedó observando a Bechard. -¿Qué
haces?
-Un hechizo para Andrew, su novia duerme mal y tiene pesadillas que le
recuerdan al ex. Intuyo que ha de tener un alter-ego bastante molesto así
que me desharé de eso.
-¿Él sabe lo que haces? ¿Sabe qué eres un demonio?
-Si. Hizo un pacto con Surgat y conmigo a cambio de que sanáramos a su
hijo de leucemia.
-¿Y qué lesdio él a cambio?
-Fidelidad a nosotros.-Maggie alzó una ceja, no le creía.- No me mires así,
no todo se canjea por almas, mi querida Maggie. Él habla con la prensa
cuando Tartahiel no quiere y se encarga de los accionistas junto con
Silcharde y Adramelech, en retorno por sus servicios, su hijo ya está
sano.-Miró su reloj y el panorama del cielo por la ventana.- Debo irme ya,
son casi las siete y debo prepararme-. Se transformó en una mujer con
vestido y camisa de colores.
-Pareces una hippie y no una bruja.
-Pero me veo como una buena señora. ¿Cómo me veo, Adras?- dijo al
sentir su presencia. Adras estaba
cruzada de brazos, con la misma ropa de siempre.
-¡Pareces una vieja vudista!
-¡Gracias, esa impresión quiero causar! Ahora, si me disculpan señoritas,
debo irme. Se despidió de beso en la mejilla con Maggie y Adras le hizo
un leve movimiento de dedos.
Se marchó, minutos después, llegaron Adramelech y Tartahiel.
-Las necesito a ambas, ésta noche saldremos por unos cuantos nephilims y
a agilizar mi plan. Es hora de meter a uno de los nuestros dentro de los
Resplandores, así ve y escucha todo.
-¡Ya era hora!- dijo Adras.
-¡Adras, tu vas con Adramelech, Maggie viene conmigo!
-¡¿Pero si yo siempre me encargo de...?!
-¡Menos quejas, más acción! Te vienes conmigo.-respondió Adramelech.
-¿Y a quién mandarás como anzuelo?- preguntó Maggie. -A Guland. Le
dejarás con una herida para que crean que fueron los nephilims, lo
capturarán y él será nuestros ojos y oídos. Con un localizador implantado
en su frente sabremos donde están, qué hacen, todo. Estoy esperando el
momento oportuno para acabar con todos.-Maggie sonrió.

-Me gusta tu plan.- Intercambiaron miradas, cosa que molestó a Adras. -


Preparen sus armas, en minutos salimos. ¿Has tenido noticias de Astaroth
y Astartea?- preguntó a Adramelech.
-Estarán llegando de Israel la próxima semana. Traen armamento pesado
que nos servirá mucho.
-¡Perfecto! - Cada cual fue a un sector del departamento que habían
modificado como habitación de cada uno. Maggie guardó su Colton en su
funda de la cintura, se terció su katana y acomodó el arma que llevaba
detrás más los cuchillos que tenía guardados, uno en su chaqueta y otro en
su bota. A pesar del calor de
primavera, su cuerpo no sentía la alta temperatura.
Al salir de su pieza chocó con Tartahiel.
-Perdona.
-No, está bien, el acelerado era yo.- Estaban cerca uno al otro, el corazón
de ambos latía con fuerza.
-No... ¿No tienes calor?- preguntó él, que estaba con una simple camiseta
negra de escote en V.
-No tengo calor, ni frío tampoco. ¿Se debe a que tengo poco de mi alma
que ya no siento nada?
-No es eso. Tu entrenamiento ha apagado tu sensibilidad al clima, es
bueno, porque puedes pelear sin que te afecte.-Le acomodó un mechón
que caía sobre su rostro detrás del oído. -Te asienta el piercing.-dijo con
una leve sonrisa. No sabía por qué, pero había bajado la vista a sus labios.
Ella se había acercado más, a punto de besarle cuando desvió sus labios al
oído. -Será mejor apurarnos sino se nos habrán ido los nephilims y todo lo
planeado se irá al Diablo, ¿No lo crees?- le susurró. Tartahiel sintió el olor
de su cabello y el embriagador perfume de frutas que usaba. Parecía que
en su interior, el alma de Darien también lo había notado. Él sonrió y se
mordió el labio para no reír por su comentario. -Tienes razón - Se volteó
rápido para dejar de mirar a Maggie. Ahora comprendía qué había visto
Zophiel en ella, inocencia pura, una mirada que era imposible no ver, una
piel tan blanca como la leche y suave como el ala de una paloma, unos
labios vírgenes de amor que ansiaban ser besados por alguien digno para
ella. Apagó esos pensamientos para enfocarse en lo que debía hacer, lograr
que Margaret matase a dichas criaturas y a dejar a Guland como señuelo.
Distribuidos en dos camionetas, los cuatro junto con Guland y
Froimost, se dirigían al noroeste, al área donde vivían los nephilim. -
¡Guland tiene hambre! ¡Guland quiere sangre de cordero!- el demonio
estaba en el cuerpo de un hombre grande, canoso y de cabello despeinado,
al parecer un paciente psiquiátrico, ya que colgaba de su cuello un papel. -
¡¿No podías haber encontrado una vasija más decente?! - decía Adras. -¡Es
lo más prolijo que ha elegido en siglos, créeme!- dijo Adramelech,
quien conducía. Delante de él iban Maggie, Froimost y Tartahiel.
-¡Guland quiere comer pollo vivo!
-¡Ya cállate!- Adras sacudió su melena pelirroja, encendió sus ojos verdes
como luceros rojos para ver la noche.- ¿Has notado cómo se miran? -
¿Quiénes?
-¡Ay! ¡Sabes de quiénes estoy hablando! ¡La chica ésta y Tartahiel? -Ha
pasado por mucho ese serafín, mal no le haría. Pero él sabe cuáles son sus
prioridades ahora. ¿Estás celosa que no te mira como a la humana? Adras
se ruborizó. Adramelech movió el espejo retrovisor. -Ya me lo temía. Te
gusta Tartahiel. ¡Cariño, nunca se fijará en ti! Puede que sienta algo por
Margaret, una arcangelina o cualquier ser que desprenda luz. Tú eres...
¡¿Cómo decirlo para que no duela...?! Mmm...
Vulgar, demoníaca, hedionda a azufre, mala, eso eres... Aceite, Maggie es
tan clara y pura como el agua, aunque sea oscura ahora su imagen
demuestra eso. Tu, no.
-¡Eres de lo peor!
-Igualmente.
-¡Guland tiene hambre!
-¡¡Cállate!!-le gritaron al unísono.
Llegaron al lugar, habían jóvenes jugando basquetball, eran todos
nephilims y entraron Maggie con Froimost en una cacería mortal. De las
casas salieron los adultos armados, era momento de Margaret demostrar lo
que había aprendido junto a Tartahiel y su gente. Empuñó su revólver y
disparó con certeza uno a uno. Un hombre de cabello largo y ojos color
esmeralda le pasó a cortar el brazo. Tartahiel se encargó de ese. -¡¿Estás
bien?!
-Es sólo un rasguño.- Adras usó su látigo, convirtiendo en polvo a los
nephilim. Adramelech tenía su artillería, una metralleta que descargaba sin
cesar hasta dejar a todos en el suelo.
-¡Guland quiere comer!
-¡Anda! ¡Ve y cómete un nephilim!- le empujó Adramelech.-Es el
demonio más patético que he conocido. -Cuida tus palabras. Guland
parece tonto pero no lo es.- dijo Tartahiel.-Tiene su magia y el poder de
dominar animales, poseer personas y maldecir hogares.
A lo lejos, Froimost pudo ver que dos encapuchados se acercaban.
-Son Zadkiel y Chamuel, se están aproximando.
-Dejemos a Guland y larguémonos de aquí.-dijo Adramelech.
-Espera.-dijo Tartahiel, cogió un tarro de kerosen y armó un símbolo en el
suelo.
Maggie lastimó a Guland con una daga de los nephilim. Guland le
pasó la mano por la cara.
-¡Hermosa Mireia! ¡Buena y mala, bonita eres, luz como Azazel,
oscuridad como Castiel!-le dijo. Maggie le miró, le afectó ese comentario
y luego le ignoró, acercándose a Tartahiel. -En su momento, te encargarás
de ellos, no hoy, pero pronto-Apoyó su
mano en su hombro.
-Lo sé. Pronto atacaremos. Entraron a los coches y se fueron a
toda velocidad.
Zadkiel y Chamuel saltaban sobre los tejados y bajaron a ver lo que
había en el suelo. Cientos de nephilims muertos yacían a sus
pies. Una llama apareció misteriosamente formando un círculo y una
serpiente de fuego en su interior.
-No cabe duda, es Tartahiel. Vieron algo moverse en las sombras.
-¡Alto ahí! - Exclamó Chamuel.
-¡Hijo de Venus y el hijo de la misericordia!-dijo Guland, quien alzó las
manos como un preso.- ¡Tomad y bebed todo de mi, porque soy hijo de
Lucifer, de la vieja alianza y eterna, bebed mi sangre en conmemoración
de Satanás!- decía mofándose de las palabras de Jesús de la última cena.
Zadkiel le tomó del ropaje, lo tiró al suelo y le esposó con una cinta
violeta que emanaba una luz del mismo color.
-Mantenlo así, llamaré a Zophiel, le diremos que atrapamos uno.
-¿Él hizo todo esto?
-No, solo no estaba.-dijo Zadkiel al ver las marcas de autos en el cemento.
CAPÍTULO 11 Interrogatorio

Centro de detención Bill Clayton


En un área lejana de Dallas, al oeste y en otro condado llamado
Littlefield, se ubicaba una cárcel abandonada que iba a usarse como
detención de menores inmigrantes pero los arcángeles lograron ayudar a
los niños que cruzaban la frontera legalizándolos y ubicándolos en casas
de acogida.
El exterior seguía dando la imagen de una prisión, con alambres de
púa enrollados y cercos eléctricos. Allí, los arcángeles tenían al demonio
Guland, encerrado en una celda.
-Guland tiene sed.-murmuró. Zophiel le alcanzó una botella de soda, -¡No
deberíamos darle ni una gota de agua! ¡¿Adivina cuántos civiles ha
matado desde que huyó del abismo?!-Chamuel estaba indignado. Era el
más joven de los siete, o eso aparentaba, era alto como Zophiel, de cabello
rapado y ojos claros.
-No lo sé.- respondió Zophiel.
-¡1250 civiles! ¡En cuatro años! Si no fuera porque debemos hallar a
Tartahiel, lo hubiera quemado con mi espada. ¡¿Por qué tardan tanto?! -
¿Quieres calmarte, por favor? Zadkiel y Miguel vendrán a ver si pueden
quitarle información.
A esa misma hora, Tartahiel y su gente controlaban a Guland desde
un ordenador y una pantalla de localización geográfica. -¿Cómo vas,
Silcharde?-le preguntó a un hombre de cabello negro, nariz fina y ojos
grisáceos. Vestido de traje y con un dispositivo en su oído y
unos lentes, Silcharde podía ver lo que veía Guland.
-Por ahora sólo veo dos, Zophiel y Chamuel.
-Las coordenadas indican que están al oeste.-contestó Bechard desde otra
computadora.
Miguel y Zadkiel llegaron con dos mochilas grandes. Miguel vestía un
abrigo largo rojo, camisa blanca y pantalones negros y zapatos; llevaba su
largo cabello azabache en una coleta mientras que Zadkiel llevaba un
traje mao con un clerical color violeta en su cuello.
-¿Qué traen ahí?-preguntó Zophiel.
-Métodos para que nuestro amigo aquí presente hable.-dijo Miguel.
Guland se aferraba a dos de los barrotes de hierro, tenía su cabeza contra
ellos, observando a los arcángeles con detenimiento.
-¿Ha hablado?-preguntó Miguel.
-No, Pidió agua y comida. De Tartahiel ha dicho nada desde que le
trajimos.-respondió Chamuel. Miguel se acercó hasta Guland y posó su
mano en su frente.
-¡Ay, Tartahiel! ¡Me tomas por un imbécil!-Meneó la cabeza. Usó su
poder y como un imán fue moviendo el rastreador de la cabeza del
demonio hasta sacarlo por la boca. En suelo, Miguel lo pisó, destrozando
el dispositivo.-Ahora cantarás como el ruiseñor, hijo de Belcebú. -Guland
hablará cuando los demonios y desertores se levanten de la oscuridad y
destruyan el imperio de Metatrón.- Le escupió en la cara a Miguel y éste
reaccionó enfurecido.
-¡Cálmate! Haremos que hable, si es preciso con ayuda de Alkael.-dijo
Zadkiel.

-Hay un problema... -dijo Silcharde.


-¿Qué ocurre? ¿Perdimos señal con Guland?- Tartahiel preguntó a
Bechard, quien estaba sentado frente a un ordenador portátil.
-Descubrieron el dispositivo.- dijo Silcharde.
-Si. Sin embargo, eso no será un problema. Con la runa que modificamos
tenemos la localización.- Tartahiel sonrió.- Saben que estoy libre y eso es
lo que importa. No saben lo que les espera.-dijo al ver a Margaret a través
de un vidrio que daba a otro cuarto, en donde ella estaba lanzando navajas
a un blanco.

Martes 30 de Mayo, 2017

El día era soleado a pesar de la cantidad de nubes que cubrían el cielo


en una mañana de primavera. Un coche se detuvo frente al edificio donde
atendía Leonard, era Mel, quien bajaba de un taxi. Fue a visitar a Leo a su
consultorio, a regresar las medicaciones ya que se consideraba curada. -
¡Mel! ¡Te fuiste muy enfadada la semana pasada y quería llamarte pero no
cogías mis mensajes...-No le dejó terminar cuando le colocó en el
escritorio los frascos de pastillas.
-No las necesito más. Estoy sana.
-¿Qué? A ver...-Se tocó la frente y puso las manos en la cintura.- ¿Sana?
¿Por quién? ¿Te curó la bruja que vive en el barrio latino? ¿Cuánto te
robó?
-No me cobró.
-¡¿Qué?! ¡¿Qué te dejaste hacer?! ¡¿Ritos vudistas, hechizos de la bruja de
Blair...?! ¡¿Qué locura has hecho?! -¡Nada malo, Valery ya no está, se fue!
¡Caput, finito, ya no me va
molestar más!
-¡Ella era parte de ti! ¡Es imposible que...!
-¡¿Qué?! ¡¿Acaso querías seguir con las hipnosis, la medicación?! ¡¿Te
gustaba verme mal?!
-¡No, Mel! No es así... ¿Jamás te pusiste a pensar que quizá Valery es tu
verdadero yo y ésta faceta tan... tuya es lo malo de ti?
-¡¿Tan tuyo qué?! ¡Anda, dímelo!
-¡Eres egoísta, toda tu vida quisiste que el mundo girara a tu alrededor y
cuando tuviste la oportunidad de ser feliz te boicoteaste sola por tu culpa!
¡¿Querías oír lo que he visto todos estos años de tratamiento?! ¡Ahí lo
tienes!- Mel vio en el escritorio un anillo que brillaba por el sol, un anillo
que jamás había podido olvidar.
-¿Qué esto? ¡¿Por qué lo tienes tú?! - Leo se mordió el labio. El día
anterior Alkael había ido a verle a dejarle mensajes de su difunta esposa.
Probablemente se le habría caído de la chaqueta.
-¡No te quedes callado! ¡¿Por qué lo tienes?! ¡Contesta a mi pregunta! -
Mel, no sé qué quieres que diga, no sé de qué paciente se le habrá caído...
-¡Este anillo era mío y se lo arrojé a Angel hace cuatro años! ¡¿Por qué lo
tienes tú?!- Leo apretó los ojos, no podía esconderle la verdad, le había
descubierto.
-Conozco a Alkael desde hace cinco años,.. Desde que mi esposa falleció,
Mel. Él me ha ayudado a estar en contacto con ella. -¡¿Cómo pudiste?!
¡¿Cómo se atreve a usarte...?! Me traicionaste, Leo...
¡No tienes cara! ¡No tienes códigos de amigo, nada! ¡Confiaba en ti! ¡Y le
serviste de topo para hacerle saber de mi!- estaba retrocediendo.-¿Sabe
que estoy aquí'? ¡¿Sabe que estoy con Andrew?!
-No sabe de Andrew, no le dije pero...
-¡¿Qué?! ¡Habla!- le tomó de las solapas de la camisa.
-Sabe que estás aquí. Está en Dallas, Mel. Alkael está aquí.
-Creía en ti, Leo. Me fallaste.
-Estaba preocupado por ti, quería saber de ti. ¡¿Acaso sabes cómo se
siente él?!
-¡No quiero saberlo!-tenía los ojos vidriosos.-¡Ya no eres mi amigo,
Leonard!-Mel se marchó con lágrimas en los ojos. Caminó varias horas
hasta que se sentó en un banco. Abrió la palma de su mano y tenía el
anillo dorado y lo acercó a los labios. -¡¿Por qué ahora?! ¿Por qué vuelves
a mí cuando creí que mi vida tenía otro rumbo? ¿Por qué'?

Un avión comercial descendía en pleno amanecer del primer día de


Junio. La puerta de la aeronave se abrió mientras que una escalera se
adosaba en dicha entrada para que fueran bajando los pasajeros. Un grupo
de estudiantes con chaquetas rojas y blancas salían emocionados, detrás de
ellos una pareja fueron los últimos en salir. Se veían como un matrimonio
joven, alrededor de los treinta por su apariencia. La mujer era
increíblemente hermosa, de cabello largo castaño y ondulado, llevaba un
vestido negro que resaltaba su feminidad y elegancia, detrás de ella iba su
compañero, un poco más alto que ella, de cabello moreno como ella y ojos
celestes.
-Veremos cuánto nos paga Adramelech por esto. No me gusta la idea de
cooperar con un desertor, los desertores dan asco. -No tanto como tu, amor
mío.- Ella sonrió al empleado que le alcanzó sus maletas.

-¿Fue un cumplido?
-Tómalo como quieras. Adras y Froimost están con él, por algo será.
-¡Esa! ¡Justamente una ex-arcangelina! Adras será un demonio como
Bechard pero por dentro seguirán siendo lo que son, alimañas de Yahvé. -
Seguiré las instrucciones como pactamos con Adramelech y Tartahiel. No
pienso volver al Pandemonium con Lucifer. Y si me detienen las
Potestades por defender a un caído, me resbala. Ya hablamos de esto
durante el vuelo, Astaroth, ¿Vienes conmigo? Sabes muy bien que sin mí,
no eres nada.
-¿Vas por Bechard, no? Siempre le quisiste más que a mi.- Astartea sonrió.

-Huele a rosas, tú apestas a azufre. Si es por olores, si, le amo a él. Tiene
esa cosa que heredó de Chamuel que me excita, ¿Contento con mi
declaración?
-Eres tan repugnante, mi querida Astartea. -Lo mismo digo, mon cherry.-
Colgó su cartera al hombro y se puso unos lentes negros.- Tu llevas las
armas, yo las maletas.- Astaroth frunció los ojos.

-Siempre cogiendo lo más fácil de llevar.


-¡Anda! ¡No tenemos todo el día!- le hizo un ademán con la mano.
Llegaron hasta la acera cuando una camioneta negra se detuvo frente a
ellos. La puerta corrediza se abrió, era Bechard y Adramelech. -Tartahiel
los espera, bienvenidos. ¡Ah! ¡Sigues tan bella como un rubí!- le halagó
Adramelech, quien tomó su mano como si fuera una reina. -¡Mi querido
Adra! ¡Cómo no ayudaros en una venganza entre ángeles! Es como ver dos
bestias de la misma raza arrancándose la piel a mordiscos.
¿Te acuerdas de Astaroth?
-Ah, tu marido, claro.- Astaroth fingió sonreír.
-¡¿Y para qué ayudamos a un desertor?! ¿Acaso piensa desterrar a Dios del
trono?-preguntó Astaroth. -No exactamente a Dios, pero si a su mano
izquierda y a los 7, una
venganza personal.-dijo Bechard, quien no dejaba de mirar a Astartea.
-¡Entra, amada esposa! Después de ti.-Ella ingresó, Bechard la ayudó a
acomodarse.
-Sigues con esas manos tan fuertes y suaves.-le susurró.
-¡Ejem! ¡Ten un poco de decencia! Estoy a tu lado.-dijo Astaroth.
Adramelech se rió y tomó el asiento de conductor.
-Tartahiel estará encantado con ustedes... Y con lo que trajeron.
-Son armas que encontramos en Egipto en una excavación de arqueólogos
y antiguas runas de Belcebú que le ayudarán bastante, si quiere atrapar
algún resplandor, son muy eficaces.- contestó Astartea.

Centro de detención Billy Clayton

Guland estaba lleno de ampollas y quemaduras en los brazos y en la


cara.
-¡Te preguntaré una vez más! ¡¿Dónde está Tartahiel, cuál es su guarida?!-
le interrogó Miguel.
-¿No sería mejor hablar tranquilamente?- preguntó Gabriel, quien se
cruzaba de brazos.
-¡Quémalo!-ordenó Miguel a Alkael.
-Ya le quemé hace diez minutos. Ya es demasiado, deja que se cure, al
menos.
-¡¿Quieres encontrar a la humana, si o no?!
-¡Hey, hey, hey, heey!- Zophiel se puso en medio de ambos-¡Cálmense!
Esperen a que se cure solo, ¿De acuerdo?
-Creo que podría, si tan sólo... - Alkael posó sus manos en la cabeza de
Guland.
-¡¿Qué haces?!-dijo Miguel, pero Zophiel le alejó de él. -Enséñame a
Margaret.- murmuró. Se desplazó por la mente del demonio hasta ver a
Maggie, su aspecto había cambiado mucho pero algo le decía que seguía
siendo ella. Vio a Darien Rekon, ese hombre, lo había visto en la tele, pero
su visión le reveló algo más, la verdadera imagen de Tartahiel, un ángel de
cabello largo negro y ojos de mar era la esencia que estaba en
el cuerpo de Darien, le miró y éste también.
El ordenador de Silcharde explotó misteriosamente.
-¡¿Pero qué rayos fue eso?!
-¿Qué pasa?- Tartahiel llegó, se estaba vistiendo.
La portátil que Bechard había dejado estalló.
-¡Cuidado!- empujó Silcharde al suelo junto con él. Él vio a Alkael, la
visión le hizo verle. Sacudió la cabeza, volviendo en si. -¿Qué fue eso?-
dijo Tartahiel. "¿Quién era aquel muchacho de la visión?" "Su poder era
muy fuerte", pensó.
-No lo sé, Tartahiel, pero fue una fuerza muy fuerte, ahora si que hemos
perdido a Guland.
-No me importa ese imbécil. ¡Adras!
-¡¿Qué?! ¡¿Quién me grita?!- caminó enfadada hacia la sala de informática
pero al ver las computadoras destrozadas permaneció callada. -¡Prepara a
Margaret con el nuevo revólver! Ya es hora de ir a por ellos. Adramelech y
Bechard llegaron con el matrimonio de demonios. -Tartahiel, te presento al
dúo de la muerte, han matado guardianes y Dominaciones, inclusive al
mismísimo Elemiah, ellos son Astaroth y
Astartea, miembros de la primera jerarquía del Pandemonium.
-¿Saben a qué han sido llamados, verdad?
-Estamos a vuestra disposición.-dijo Astartea.
-¿Por qué motivo mataron al jefe de Tronos?-Tartahiel desconocía esa
información.
-Negocios, con Enoc. Nos liberó hace mucho tiempo atrás-prosiguió ella,
mirando a Silcharde y Adras- Somos mercenarios, lord Tartahiel, por oro
hacemos lo que sea.
-Tengo asuntos privados que debo resolver con los resplandores y en
especial Enoc.
-¿Cuánto nos ofreces?- preguntó Astaroth.
-Lo que ustedes pidan, a cambio sólo les pido cooperación y fidelidad a mi
causa.
-Hecho.-Astartea estrechó manos con él.
-Por cierto ¿Qué pasó aquí?-preguntó Adramelech.
-Den a Guland por muerto, ya es hora de salir de nuestro escondite y a
enseñarles a los arcángeles que con un desertor no deben meterse.
CAPÍTULO 12Puño de Acero

Centro de detención Billy Clayton


1 de Junio 2017, mediodía

-¿Qué has visto?- preguntóMiguel.


-Vi a Tartahiel, está en el cuerpo de un empresario conocido de la ciudad,
Darien Rekon.
-¡Vil canalla! ¡Eligió una vasija que nos costará acercarnos para atraparlo!
–dijo Zophiel.
-No sólo a él, debemos considerar a Adramelech y quienes le ayuden.
Debemos detenerlos a todos.-dijo Zadkiel.
Guland estaba débil, tenía el mentón apoyado a su pecho, escupiendo
sangre al suelo. -No sé cómo lo habrás hecho muchacho, pero no
eres un ángel común y corriente...- le dijo a Alkael.
-Aún debes decirnos dónde se localiza-dijo Chamuel.
-Averigüen ustedes por su cuenta- Guland se torció el cuello hasta
dislocarlo, de su boca desprendía sangre, se había mordido la lengua. Un
humo negro emanó de su oído. Miguel alzó su mano derecha y una luz
roja exterminó el humo.
-¡Maldito demonio!
-No te preocupes, Miguel. Al menos ya sabemos quién almacena a
Tartahiel. Sólo debe andar por dos lugares: la empresa Rekon & Co. y el
domicilio de Darien Rekon.- dedujo Alkael. -Si, pero la empresa es un
sitio que nos expone demasiado. Debemos diseñar un buen plan para
aislarlo y capturarlo. Debemos regresarlo a donde nunca debió salir. Como
nos indicó Metatrón.-dijo Zophiel.

Departamento de Andrew Hopkins, edificio "The Wilson" 12:45 am

Mel estaba allí, había llegado una hora antes que su prometido. En el
colegio, había evitado encontrarse con Leo. No podía creer que Alkael lo
había utilizado como escudo y como fuente de información para saber de
ella durante todo éste tiempo. Debía encontrarlo para enfrentarse a él y
decirle cuánto detestaba su cobardía de no lidiar con ella cara a cara en
lugar de utilizar a terceros por una relación que para ella había terminado
hace mucho.
Miró al reloj de péndulo, debía tomar una medicación a esa hora
exacta, si no la tomaba a horario, cometería un grave error. Caminó hacia
el cajón del asiento que daba a la ventana, allí tenía casi todas sus cosas,
era como su sitio secreto. Sacó una tableta de anticonceptivos y fue a la
cocina por un vaso con agua. Andrew no tomaba precauciones porque
consideraba que ya siendo prometidos no era necesario. El problema era
que ella aún no se sentía preparada para tener hijos. Tenía veintisiete años,
quería tener una vida sin responsabilidades, juntar dinero y viajar, ese
había sido su sueño de adolescente; pero la realidad le cayó como balde de
agua fría. Debía pagar el mantenimiento de la casa de Riverside y ayudar a
su madre con la medicación que consumía por su grado de hipertensión y
diabetes.
El manojo de la puerta sonó y ella se sobresaltó. La tira vacía de
pastillas se cayó de sus manos para caer debajo del sofá. "¡Rayos!",
maldijo. Guardó todo deprisa.
-¡Ya llegamos! ¡Nos ganaste por minutos!-dijo Andrew. Alex sonrió y vio
que Mel cerraba con el pie el cajón, le dio curiosidad pero pretendió no
haber visto.
-¡¿Qué comemos, papá?! Me estoy muriendo de hambre.-dijo al dejar la
mochila en el sofá.
-Prepararé algo...- dijo Mel.
-Descuida, llamaré abajo a que nos traigan una pizza. ¿Qué te parece? -
¿En serio?- ella alzó una ceja.-Tu nunca comes pizza a ésta hora, es uno
de tus enemigos anti-pasto.
-Tengo antojo de carbohidratos. Lo quemaré en el gimnasio... O en la
cama...- le sonrió y se acercó a ella a abrazarla. Le dio un beso en los
labios y descendió en su cuello.
-Está Alex, Andrew.-le susurró.
-Está en su cuarto.- ella se soltó de él y fue a la cocina. Andrew ladeó la
cabeza suspirando.
-¿Cómo te has sentido estos días? ¿Has podido dormir bien, se fueron las
pesadillas?- preguntó él mientras colgaba su abrigo y se quitaba la corbata
roja que llevaba puesta.
-He dormido como un tronco, sin sueños ni pesadillas horribles, me siento
mejor.
-¿No más sueños con tu ex, también?-llamó al restaurante de planta baja. -
Ya no.- respondió ella. Le había contado de Alkael pero sin ahondar en
detalles, se quedó pensativa mientras llevaba los platos a la mesa. -
¿Quieres muzzarela o la especial?-preguntó de nuevo con el teléfono en el
pecho.
-Muzzarela está bien.- Andrew encargó una especial y la de Mel ya que a
él no le gustaba la común. Mel recordó que a Alkael le encantaban las
pizzas con mucho queso, aceitunas, tomate en rodajas y morrones, él
mismo sabía cocinar y como su comida no había nada más delicioso que
ella había podido probar.
-¿En qué pensabas? Te quedaste frizada.
-¿Ah? Nada, cosas de la escuela.
-Mañana quisiera llevarte, si es que te apetece venir, a un festival de cine
que habrá en el Museo de Bellas Artes.
-No sé, no me gusta el cine independiente...
-¡Anda! Una amiga mía estará promocionando un cortometraje.
-Una vez te quise llevar a ver el material de mi amigo y no quisiste. -No
tenía día libre ese entonces. ¡Anda, por favor! -Lo voy a pensar. La rodeó
en sus brazos después que ella dejó las copas
en la mesa.
-Si la mesa estuviera vacía, te haría el amor sobre ella.- susurró.
-¡¿Ah, si?! '¿Si apareciera Alex, qué harías?
-Imagina que él no esté, sólo nosotros.- el timbre sonó.-¡Te salvó la
campana, Mel! - Él fue a atender al repartidor mientras ella fue a buscar a
Alex a su recámara.
-Alex, es hora de almorzar.- Él estaba en la computadora jugando un
videojuego.
-Ahora voy.
-¿No era que tenías hambre?
-Comí galletas que tenía en mi mochila.-contestó. Ella vio el desorden de
dos paquetes vacíos y migas por la madera del suelo.
-Después ordenas éste desorden. ¿Entendido?
Alex apagó la computadora y la miró desafiante.
-Ven a comer, luego limpias.-dijo, tratando de mantener la paciencia.
-No eres mi mamá para darme órdenes.-pasó al lado de ella ignorándola.
La estaba probando, supo darse cuenta que estaba midiendo en ella si
tendría el temple de gritarle o no.
-¿Por qué me hablas así?
-Ya te he dicho. No eres mi madre ni ocuparás su lugar.
Mel almorzó en silencio, esperando en hablar a solas con Andrew por
semejante comportamiento. Luego de comer, él se quedó con ella en la
cocina mientras Alex hacía sus deberes en su habitación.
-No hablaste en todo el almuerzo. ¿Pasa algo?
-Es Alex. Me habló mal. Me dijo que no ocuparía el lugar de su madre.
Andrew frunció el ceño.
-¿Eso te dijo?
-Si.
-Hablaré con él, no te preocupes. No tiene derecho en tratarte así, eres mi
prometida, le guste o no. Miró su reloj, en una hora debía estar en la
empresa. Suspiró y terminó de guardar la copa que Mel había lavado. -
Hablaré con él ahora, después. Debo irme de nuevo a la empresa. Darien
está ocupado en otros asuntos y me necesita. Por Alex, no le hagas caso,
ha de estar así porque falta poco para el casamiento.- Le dio un beso en la
mejilla y fue al cuarto de Alex. Un mes, tenía razón, quedaba solamente
julio y en agosto se casaría. Tenía que hablar con su madre también y
contarle que Andrew era viudo y con un hijo. Se mordió el labio inferior,
estaba repitiendo la misma vida de su madre. Tan sólo esperaba que su
relación con Alex fuera diferente a como fue con Clarisse y su madre.
Andrew se sentó en la cama de su hijo mientras éste estaba haciendo sus
deberes en su escritorio.
-¿Todo bien con Mel?
-Si. ¿Por?
-Un pajarito me contó que estás muy cascarrabias últimamente. ¿Es por
algo en la escuela? ¿Por Amanda, que te gusta? -No es Amanda.-dijo y un
pequeño rubor brotó en sus pálidos pómulos.-¿Quién te contó de Amanda?

-Nadie, solo me di cuenta. Yo también tuve tu edad, hace mucho tiempo, y


me fijaba en las chicas no populares como lo estás haciendo tú. Y es
bueno, ¿Sabes por qué?
-¿Por qué?
-Por que ella sabrá que alguien se interesa por ella. No la maltrates si te
gusta, ve y dile lo que sientes. Ahora, volviendo a Mel, ¿Qué sucede?
Alex se quedó callado por un rato, apretó fuerte el lápiz y lo dejó sobre la
mesa.
-¿Van a tener hijos después? ¿Los querrás más que a mi?
-Los querré a todos por igual, Alex. ¿Por qué piensas eso?
-En la escuela hay niños que tienen medios hermanos y los padres se
aferran a esos hijos y a los otros no.
Andrew respiró hondo y apoyó su mano en la rodilla de él.
-No importa si tendré hijas o hijos con Mel, mi amor no será ni mayor ni
menor, será un amor por igual para ti y para los que tenga con Mel. No
porque mamá ya no esté te voy a dejarte a un lado, Mel te quiere mucho,
no será una madrastra malvada como la de Cenicienta. Y por favor, no le
hables mal, obedécele como me obedeces a mí. En agosto seremos una
familia ensamblada, unida, y quiero que me ayudes a formar los
cimientos, ¿Cuento contigo?
-Está bien.
-Ese es mi chico. ¿Limpiaste tu cuarto?
-Ahora lo hago.-dijo en voz baja. Andrew le abrazó y besó la cien.
-Debo irme ahora. Pórtate bien...
-Si, papá.- Acompañó a Andrew hasta la puerta. Miró a Mel, quien estaba
ocupada con unos papeles del colegio. Lo había delatado ante su padre.
Miró hacia el living, a la ventana que daba a la esquina donde se
ubicaba el asiento con cajón. Observó a Mel concentrada en lo suyo y fue
hacía allá, a ver el contenido de aquel compartimiento. Tiró del manojo
pero no abría, tenía el orificio de una llave pequeña. Buscó a su alrededor
dónde podía esconderla hasta que hurgó en la mesa de té que tenía detrás
suyo, donde habían ornamentos de porcelana y platos con flores. En uno
de ellos, había un plato con cuarzos rosados, las movió con cuidado para
no hacer ruido y halló la llavecilla. La introdujo
en el cerrojo y pudo abrir el cajón. Había cajas de lata, un pequeño cofre.
La curiosidad le mataba, lo abrió y había pequeñas alhajas, pulseras de
mostacillas de cuando Mel era pequeña, viejos aros que ya no usaba; sacó
un saco aterciopelado negro y lo sacudió en la palma de su mano. Había
un pequeño dije de cupido, con alas y las piernas cruzadas portando una
flecha con ambas manos. Le gustó, quizá lo podía regalar a Amanda como
obsequio y confesarle que le gustaba.
-¡¿Alex?! ¿Quieres chocolatada con oreos?-preguntó Mel. El corazón le
latía con fuerza, permaneció callado.
-¿Alex? ¿Estás en el baño?- Vio a Mel yendo hacia su habitación.
Aprovechó para guardar todo a las apuradas pero el cofre se le cayó de las
manos. Escuchaba los pasos de Mel acercándose hasta él. -¡Alex!- Se
encogió de hombros ¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿Qué haces con eso?!-le
preguntó por el cofre. Ella recogió el contenido del mismo,
encontró todo menos el dije de Alkael.
-Estaba buscando algo para regalarle a Amanda.
-¡Podías haberme consultado primero, en vez de registrar mis cosas! Aquí
falta algo... Se agachó a ver bajo los sillones, nada, fue hasta el sofá de un
solo cuerpo, halló la vieja tira de anticonceptivos y la guardó en su
bolsillo trasero del jean. Se puso de pie, dejó el cofre sobre la mesa ratona
y miró a Alex de brazos cruzados.
-Me falta un dije que guardé en una bolsa de terciopelo negro. ¿Dónde
está? Alex permaneció callado, con las manos entrelazadas sobre su
regazo.
-¡Alex! Te estoy preguntando... ¿Dónde está mi dije?
-Nolo sé. Abrí el cofre y estaba lo que había.
-Ponte de pie.- le ordenó. Le registró los bolsillos y encontró el saco.
-Está vacío. Alex, por favor, devuélveme ese dije. Te daré otra cosa para
que le des a Amanda. Alex tenía en sus manos el cupido.
-¿Por qué me delataste a papá? No fue justo.
-¡Me hablaste mal! ¡Fuera de la escuela no me obedeces! ¡¿Por qué?! -
¿Qué tiene este dije? ¿Era de tu primer novio?- preguntó. Mel se volvió
roja.
-Es un regalo que marcó mi vida. ¡Devuélvemelo!
-¿Lo quieres? Ven por él.- Alex se fue corriendo y empezó una
persecución por todo el departamento.
-¡Alex, ya basta! ¡Dame el dije!
-¡No, hasta que dejes de delatarme con papá! -
¡No lo haré más! ¡Ahora, dámelo!
-¡Ven por él!- cayó por un tapiz que le frenó en la entrada de la puerta
principal. Mel le ayudó a levantarse y el niño le dio una bofetada. -¡Yo no
ando diciendo que comes caramelos a cada rato y a escondidas de papá y
tu me delatas por unas tontas galletas! Mel le devolvió el golpe,
justo cuando Andrew abrió la puerta.
Alex se fue corriendo a su habitación.
-¿Qué pasa aquí? ¡¿Cómo te atreves a levantarle la mano a mi hijo?! -
¡Estaba hurgando en mis cosas, sin mi permiso!-Andrew le dio una
trompada que la arrojó al suelo.
-¡No vuelvas a ponerle una mano encima a Alex! ¡No eres quien para
levantarle la mano!- Recogió el cupido del suelo-¡¿Tanto jaleo por esta
baratija?! ¡¿Es por esta porquería que le pegaste a Alex?! -¡No es una
baratija! ¡Significa mucho para mi!-Mel se tocó el ojo, le ardía.

-¡¿Ah, si?! ¡¿Significa más que yo?! ¡¿Ésta lata es del novio que te dejó?!
¿Importa más que nosotros, eso quieres decir?
-No... No quise decir eso.
-¡Yo soy tu presente! Este dije es tu pasado, Mel. Yo estoy aquí, él no.-
Lanzó el dije con toda su fuerza a la pared, logrando que el pie del cupido
se rompiera.- ¡Maldición, Mel! ¡Mira lo que me haces hacer!- Su camisa
emanaba olor a alcohol, había tomado. Él se arrodilló cerca de ella, Mel
temblaba y retrocedió. Andrew le acarició el cabello. - No me hagas
enojar, sacas lo peor de mí. Perdóname, Mel. No quería hacerte daño.
Tuve un mal día, esto...
Mel trató de incorporarse por sus propios medios, aún temblando.
Viudo, con hijo, borracho y ahora golpeador, estaba descubriendo una
faceta que no había notado en él desde el primer momento. Se había
guiado por su imagen de padre ejemplar, su apariencia y su estatus. El
golpe había sido tan fuerte como un puño de acero en su piel, el ardor y el
latido punzante era cada vez más fuerte.
-Debo ir... Por hielo.-Mel caminó hacia la heladera, se apoyó a la puerta.
Valery había tenido razón todo el tiempo, Andrew era un error, ella había
cometido un error, ahora no sabía cómo encontrar la salida de este pozo en
el que se había sumergido sola.
Mel se declaró ausente del trabajo, no podía ir con el ojo en ese
estado. Llamó a su madre, quien había viajado a California en compañía
de Faith por unas cosas que iba a recoger de la casa en Riverside. -¡Tu
hermana no me deja ni a sol ni sombra! ¡Actúa como guardaespaldas!-
decía Megan. Faith estaba transformada en Maggie, con el cabello rubio
claro y ropa casual: jeans, zapatos, blusa y un saco de hilo beige.

-¡Deja que te cuide, pasame con ella!- dijo Mel. Faith atendió, su voz
sonaba igual que la de Margaret, suave, cálida como solía ser ella. Le daba
escalofrío cómo hacía la arcangelina para ser exactamente como su
hermana mayor.
-¡Tu madre es un fastidio! ¡No le gusta nada de lo que me pongo!
-Debes tenerle paciencia.
-Llevo seis años...- se alejó un poco de Megan, quien estaba concentrada,
comprando frutas.- Seis años actuando como Maggie y ha sido un fastidio.
¿Sabes de Zophiel o Alkael?
-Sé que Alkael ronda por Dallas.
-Entonces mis sentidos no fallaban. Puede que esté allá porque quizás esté
tu hermana allí, Mel.
-¿Tu crees?
-Intuyo que si. Jamás fallan mis presentimientos. Cualquier cosa que sepa,
te avisaré. ¡Uy! ¡Tu madre me tiene a los tirones! ¡Ahí voy! Tendrá
sesenta y un años pero no deja de ser Megan Reyes de O'Connor. -Cuídala
mucho, ¿Si?
-¡Vale, vale! Cuídate tu también, te noto triste.- Era obvio, Faith era muy
perceptiva, notaba los cambios de voz.
-Estoy bien. Llámame cuando vuelvan.
-Claro. ¡Nos vemos!- Colgó.
Fue al cuarto a vestirse, andaba en pijamas. Miró a su reloj de pulsera,
eran las ocho y cuarto de la mañana. Oyó alguien en el baño, era Andrew,
salió de traje, estaba por salir.
-¿No irás al colegio, hoy? "¿Acaso es ciego? Tengo azul la orilla del ojo"
pensó Mel. Él le corrió el cabello, posó su mano lentamente en el moretón.
-Perdóname por mi estúpida pregunta. No quería hacerte daño, me
sobresalté. No volverá a suceder, lo prometo. Así comenzaría, con
promesas que no cumpliría, el primer golpe era el inicio, quizá qué
vendría más adelante.
-¿Y Alex?
-Lo llevé temprano a la escuela. Está castigado. Hoy viene mi madre a la
casa del campo, así que lo llevaré con ella hasta que cambie de actitud
contigo. Lo siento, Mel. Ayer reaccioné muy mal. Sé que hay heridas que
no has cicatrizado aún de tu pasado pero es que cada vez que surge Angel
como tema entre nosotros, me brota una ira y unos celos que... -La vio
pálida, frágil.
-No quiero pelear más, Andrew. Ni contigo ni con Alex. Sólo defendía
una pieza que significó mucho, es todo. Tenemos un mes antes de
casarnos y, si no te molesta, preferiría tomarme un tiempo para estar sola.
Andrew se acercó a abrazarla.
-Te amo, Mel. Te daré lo que necesites, si es este tiempo, lo entiendo. -Te
acompañaré al museo pero después me iré a mi departamento. -De
acuerdo. No quería dejarla ir, pero tampoco quería presionarla.
Aeropuerto de Dallas, 10:00 AM

Margaret estaba practicando con un rifle hacia unos blancos circulares


junto a Tartahiel, Bechard y Astartea. En una camioneta gris, estaban
Adramelech y Astaroth observando.
-Es buena. Lástima que es humana.-comentó Astaroth.
-Podríamos convertirla, pero no sería útil. Nos sirve tal como es ya que los
Resplandores no atacan mortales. - Comentó Adramelech. Astaroth giró a
ver a su esposa, quien recibía instrucciones de Bechard, quien no dejaba
de poner sus manos en su cintura.
-¡Saca tus sucias manos de mi mujer, ex-querubin!- Astaroth se bajó del
coche y caminó hacia ellos.
-¡Compórtate delante de Tartahiel! ¡Bechard me está enseñando!- Ella
sacudió su cabello hacia él.
-¡Eres una...!
-Astaroth, contrólese, no busco gente que se la pasa peleando por
banalidades.-dijo Tartahiel, quien estaba practicando lanzamiento de
flechas que portaban sangre de demonio en la punta. Acertó en el centro
del blanco. Inesperadamente, recibió un beso en la mejilla de Maggie. -
Merecías un premio por el tiro.-murmuró. Le alcanzó otra flecha y le guió.

-¿El aprendiz enseñando al maestro?- dijo a Maggie. Los demás seguían


discutiendo. Tartahiel sentía un nudo en el pecho cuando la tenía tan
cerca, le enojaba sentirse tan débil con su proximidad.
-No tiembleso la flecha se irá a cualquier parte.
-No estoy temblando.- Su blanca mano se posó sobre la de él.
-Que tu mano derecha toque tu boca, así.
-He usado arco y flecha hace mucho, antes que tú nacieras, Margaret. -
Supongo que si. Pero sé que eres mejor con la espada y la katana.
Tartahiel tragó saliva pero le costaba. Sentía la boca seca, se humedeció
los labios, respiró hondo y lanzó la flecha. Ésta atravesó a la mitad la
flecha anterior que ya estaba en el blanco.
-¡Wow! -dijo Adramelech. -¡Buen tiro!
-Falta que pruebe el nuevo juguete que diseñé.- dijo Bechard, fue hasta la
camioneta, llevaba consigo un bolso negro, lo bajó con cuidado al suelo. -
¿Qué tienes ahí?- preguntó Astartea.
-Son granadas, pero no son las típicas. Tendrán que buscarse un escudo.-
advirtió.- Las llamo "granadas espina", las arrojas y con sólo tocar el suelo
arrojan espinas con sangre de demonio. Lanzó una. Maggie no alcanzó a
retroceder, Tartahiel se arrojó sobre ella, cubriéndola con su cuerpo. -¡Eres
un idiota, Bechard!- expresó Astaroth.
-¡¿Están todos bien?!- preguntó Adramelech, quien pudo cubrirse con sus
alas de cobre, al igual que el matrimonio de demonios. Bechard corrió
hasta Tartahiel y Margaret. Tartahiel tenía la espalda llena de espinas, él
ayudó a Maggie a ponerse de pie.
-¿No te dio ninguna espina?- le preguntó.
-No, ninguna.- respondió ella. Lo extraño que empezó a suceder fue que
una a una, las espinas fueron cayendo de su espalda.
-Lo siento, no debí...
-¡¿Lo sientes?! ¡Una sola espina la pudo haber matado! ¡Una sola espina
habría acabado con todo lo que he estado planeando!- Tomó del cuello a
Bechard, una pequeña flama de fuego salía de la palma de su mano y sus
ojos se tornaron rojos.
-¡Bájalo, Tartahiel! ¡Fue un incidente!- contestó Adramelech- ¡Suelta a
Bechard! ¡Cálmate! - Arrojó a Bechard al suelo. -Usa tus juguetes cuando
te dé una orden. ¡Vuelves a cometer una impertinencia y te entrego a ellos
como hice con el idiota de Guland! ¡¿Les queda claro a todos?! ¡No harán
nada sin mis órdenes! ¡Nada! - Se fue con Maggie a la camioneta.
Adramelech se quedó observándolo, algo estaba despertando en Tartahiel,
no sabía si era bueno o malo, pero le preocupaba demasiado.

Museo de Bellas Artes de Dallas, 11:30


Había varios stands con folletos de las distintas academias que
ofrecían carreras de cine, música, pintura y baile en el patio externo del
museo. Mel andaba con el cabello suelto, tapando lo que había quedado
del moretón. Se pasó a tocar con cuidado, la piel seguía sensible. Se miró
al vidrio de un retrato. Su reflejo era tan pálido, sin vida, no era la misma
de antes. ¿Cómo fue que pudo haber cambiado tanto? Un cambio que no
fue para mejor, sino todo lo contrario. Había pensado que separándose de
Alkael y de aquella relación que consideraba tan adictiva sería una
solución. Cuando en realidad estaba viendo ahora, en el momento actual
de su vida, que su situación con Andrew la llevaría realmente a un
precipicio sin paracaídas.
Peleó con Leonard, su último amigo, ya no le quedaba nadie, sólo su
madre. "¿Qué haría Maggie en mi lugar?" pensaba. Seguramente, habría
actuado más racional y no se habría fijado en alguien como Andrew, claro
que no, su hermana pensaría mejor, vería los parámetros mucho antes de
que se avecinara lo peor. Miró el video de un cortometraje donde aparecía
una joven rubia de ojos claros, le recordó a su hermana. Dio una vuelta por
la galería de la planta baja y regresó al jardín, en donde Andrew
conversaba con una mujer alta, delgada, parecía una modelo por su
fisonomía.
-Me alegro verte de nuevo, Andrew. Escuché por la prensa que te casas
¿Cuándo es el gran día?
-El primero de agosto, si Dios manda. Y si la novia acepta.- rieron juntos
hasta que Mel se acercó.
-Aquí estás, corazón. Te presento a mi prometida, Melanie. Mel, ella es
Maddie Crowne, mi amiga cineasta.
-Próximamente productora en TNT, estoy tratando de escalar, pero hay
mucha competencia alrededor.-dijo sonriente hasta ver bien a Mel.
El semblante le parecía familiar, el cabello rubio lacio, la nariz fina y
de unos ojos celestes claros. Era tan delgada como un palo de escoba,
llevaba un conjunto de lino color blanco y una blusa naranja que
combinaba con los zapatos de taco. No era nada más ni nada menos que
Lara Crowne, quien había sido compañera de Mel en la escuela por tan
sólo meses hasta que los padres de Mel la cambiaron de división por una
broma que terminó mal, ocurrido hace veinte años. -Un placer conocerte.-
Dijo Mel. Lara iba a inclinarse a saludarse de mejilla pero Mel mantuvo
distancias, estrechando manos. -Tu cara me recuerda a alguien. Mmm...
Creo que te he visto en alguna parte.-Su voz seguía siendo fina, quizá más
ahora que había ido a Londres
por su carrera de cineasta.
-¿Mel? Cambia esa cara, por favor-le susurró Andrew al oído.
-Creo que me has visto por internet. Sabes perfectamente quien soy.
-Melanie O'Connor, la chica blog que causó revuelo con su cuento de
fantasía, soy el personaje más odiado junto a la hermanastra Clodine. Ah,
por cierto, Anastacia planea llevarte a juicio por esa novela digital. -
¿Novela? ¿De qué estás hablando? Mel no es escritora, es maestra.-
intervino Andrew.
-Es un pasatiempo. La publiqué después de graduarme. Al inicio de la
novela dice que es basada en hechos reales y ficticios, tu nombre no está. -
Lo alteraste.
-Porque no te pedí permiso. Es mi novela y de ella hago lo que quiero.
¿Por qué a juicio?
-Será ficción para ti, pero para ella son calumnias y prejuicios a su
persona. ¡¿De verás te vas a casar con esta loca?! ¡Escribe cosas sin
sentido y además estas desquiciada conmigo por una estupidez de hace
veinte años!
-¡Arruinaste mi vida!- Mel tironeó a Lara del cabello, está le arañó pero
Mel le regresó una trompada. Andrew tomó a Mel de la cintura para evitar
que se lanzara sobre Lara. Había gente mirándolas.
-¡Mel, ya basta! ¡Detente!
-¡¿Mamá?!- oyó la voz de una niña. Era Amanda. -¿Estás bien?
-Si, cariño. Mel quedó petrificada, no podía creer lo que veía.
-¿Qué le dijiste a mi maestra Mel para que te pegara así, mami?
Qué pequeño era el mundo y las vueltas de la vida, Lara tenía una
hija, una pequeña como Mel. De un modo raro, el karma había castigado a
Lara.
-No sabía que eras madre de... de Amanda. Ella es mi alumna. -Si, soy
madre de Amanda, madre soltera, en realidad. Me separé de Luke, se fue a
vivir a Nueva Inglaterra. Andrew, ¿Nos dejas hablar a solas? Por favor-
dijo Lara
-Estaré cerca.-lo dijo a Mel, en caso de que se sobresaltara. Él se alejó
mientras ellas conversaban.
-Lo siento si destruí tu vida totalmente. Ahora lo estoy viviendo en carne
propia, como verás.- Amanda se fue a jugar a unos juegos.-Amanda nació
con un leve cuadro de autismo, habla pero le cuesta entablar relaciones
sociales. En la escuela anterior la encerraron en un casillero por ser tan
retraída. Estuvo dos horas allí dentro y la llevaron al hospital, casi la perdí
ese día.- Bajó la mirada y la levantó de nuevo, mirando a Mel.-No sé por
qué lo hice, Mel. Ojalá pudiera volver veinte años atrás, a cuando ambas
teníamos siete años, pero no puedo. Y tampoco voy a echar toda la culpa a
Edward porque fue una broma que se hizo entre los tres.
-¿De Edward y Anthony...? ¿Qué fue de ellos, supiste algo?
-Edward estaba en prisión, por lo que oí por ahí. De Anthony, se suicidó
ante la crisis del 2015, es todo lo que supe antes de irme a vivir a Austin.
Llevo a Amanda a estudiar aquí porque le gusta el colegio. Me habló
mucho de ti, no pensé que eras tú. Sé que me merezco lo que tengo, no fui
ninguna santa, ni contigo ni con Elise, con nadie técnicamente. Debía
disculparme en algún momento y creo que por algo el destino nos reunió
después de tanto tiempo, ¿No lo crees?
-Puede ser.- Mel miraba a Amanda correr.
-Te agradezco por Amanda, está cambiando mucho. Ya no es tan cerrada
conmigo y hablamos más, me conversa sobre lo hace, lo que siente y lo
que piensa.
-Debes dedicarle tiempo y darle cariño. Hazle saber que estás ahí con ella.
Dale abrazos, es lo que más le gusta.
-¿Aceptas mi disculpa?-acercó su mano.
-No soy de perdonar, jamás lo fui. Que me vengas a pedir perdón ahora,
creo que es tarde, Lara. La pequeña Mel murió ese día y los previos que la
molestabas por venir de una escuela pobre. -¡Me estoy disculpando ahora!

-¡Ya prescribió, Lara! Que te vaya bien con tu hija. Ahora, si quieres
hacer algo positivo en tu vida, ayuda a tu hija o a niños que pasen lo
mismo que viví yo.
- ¡¿Quieres que grite aquí?! ¡¿Que diga que era una bullie y que te molesté
por cinco meses?! Todos cometemos errores en la vida, Melanie. Estoy
llevando mi cruz con espinas como cualquiera. ¡Deberías aprender a
perdonar, si no quieres hacerlo conmigo, pues bien! ¡Pero si sigues así
perderás a quienes más te importan! No lo olvides.-Mel se fue furiosa,
chocó con Andrew, quien no pudo impedirle que se marchara.

Perdonar, un verbo que ya ni salía de los labios de Mel. Tanto tiempo


lastimada por otros, había aprendido a ser mala contra quienes le atacaban
y no aceptaba disculpa alguna. ¿Sería lo mismo cuando encuentre a
Alkael? En su corazón ya no había luz, sólo oscuridad. Si le había costado
oír de Lara el perdón no sabría si escucharía suplicas de perdón el día que
tuviera también a Alkael frente suyo.
CAPÍTULO 13 Carpe mortem

19 de Junio 2017

Constanza, la arcangelina de Zophiel, esperaba sentada en un banco


de una plaza, en la periferia del centro empresarial de la ciudad.
Adramelech se sentó a su lado.
-¿Qué quieres? Estoy ocupada allá arriba en asuntos más serios que tener
que hablar contigo.- Su larga cabellera negra revoloteaba por el viento.
Adramelech se quitó las gafas, se restregó los ojos y la miró a los ojos. -
Tengo que hacerte una pregunta. ¿Puede un desertor volver a ser un
ángel?
-Es imposible. Una vez que son exiliados, no hay vuelta atrás. ¿A qué vas
con ese interrogante?
-No es nada.
-Tu sabes de Tartahiel ¿No?
-Sabes bien. Al igual que sé que tu querido Metatron no es trigo limpio. -
No tienes pruebas. Él acabará con todos, armará un nuevo mundo, una
nueva era donde no habrá raza humana. Sólo nosotros, caminando y
volando por la tierra.
-¿Cuántos le seguirán? ¿Diez, cien, mil ángeles? No creo que arme
semejante revolución como la que hizo Lucifer, eso si fue una rebelión.
Constanza se rió.
-Lucifer era un peón como en el ajedrez. El rey aquí es Enoc, el nuevo
Dios.
-¿Dejarás que Enoc acabe con los Siete, incluyendo a tu arcángel,
Zophiel?
-Ya no estoy ligada a él. Lo perdí hace tiempo. Por mí que haga lo que le
plazca con él. Podrías unirte a nosotros, si lo deseas. Dejarías de ser una
criatura del Pandemonium,- Adramelech se puso de pie. -Gracias por la
invitación, pero no, gracias. Nací en la tierra, moriré en la tierra.

-¡Qué patriota a sus raíces!-comentó en tono irónico.


-Fui mano derecha de Lucifer, ¿Qué esperabas? No estoy del lado de
ninguno, ni de Yahvé ni de Lucifer, ya no. Ambos tienen sus fallas,
prefiero vivir independientemente de ellos.
-¿Pero si te dejas mandar por un ex-miembro de la Legión?
-Tartahiel tiene una moral muy diferente, no es una alimaña traidora como
tú ni un demonio del infierno como yo. Obedezco sus órdenes porque
tengo fe en él, podría ser el cambio.
-¿Cambio a qué?
-Aún no lo sé. Es distinto a los arcángeles.
-¿Me dirás dónde está?
-¡Ja! ¡¿Para que vayas como perro faldero a Zophiel y los demás y quedar
como la buena?! ¡Jamás!
Constanza se avalanzó sobre él con la daga de Zadkiel.
-Podría matarte ahora, demonio repugnante.
-Hazlo. Caerán Tartahiel, Bechard y Froimost a arrancarte las alas como
una gallina. Adramelech sentía que las manos de ella le estaban
quemando. Recordó tener una de las armas de Bechard. -No me obligues a
hacer algo que no quiero, no me gustaría lastimar esa cara de elfa que
tienes. No me gustaría tener que matarte. -¿Tartahiel te está enseñando a
ser bueno? ¡Vaya, vaya! ¡Demonios buenos y vengadores junto a un
serafín! Tu no eres de los buenos, Adramelech. Jamás lo fuiste, jamás lo
serás.-Le clavó la daga a un lado
del abdómen, Adramelech le disparó.
-¡Ah!
-Ahora vete con Zophiel y los demás, a que vean que podemos matarlos
con un simple disparo. No debieron traicionar a Tartahiel, esto jamás
estaría pasando.
-¡¿Quién te crees que eres para decir eso?!- Hacía presión en la herida, no
salía sangre, la bala estaba en su interior, pudo notar al levantar su túnica
blanca. Pequeñas venas negrasempezabana expandirse.
-Si fuera tú, me apuraría. No te queda mucho tiempo, mi querida.
-¡Acabas de declarar la guerra!
-Hace tiempo que empezó la guerra. Sólo que Metatrón aún no ha rugido.
Creo que en cualquier momento comenzará la lluvia de ángeles y la caída
de Yahvé por el cielo. No seré el bueno pero si obtuve información de
alguien que lo ve todo... A ver si te suena el nombre de... Raziel. -
¡Mentira! ¡No puede ser!
-Si, si que puedo. Él tiene revelaciones del pasado, presente y futuro. ¿Por
qué crees que yo liberé a Tartahiel? Él acabará contigo, con quienes
quieran romper el equilibrio. Creo en el balance entre ambas fuerzas y tú
sólo buscas destrucción al igual que Metatron. El malo aquí eres tu,
arcangelina, no yo.
Constanza desapareció para transportarse hasta la guarida donde
estaban los resplandores. Cayó al suelo cuando Chamuel y Zadkiel se
acercaron a ella.
-¡Constanza! ¡¿Qué te ha sucedido?!- preguntó Zadkiel.
-Los Destructores... Adramelech me atacó con un disparo, no puedo sentir
nada.-Rafael tiró las cosas que habían sobre un escritorio y la acomodaron
allí. Zophiel junto a Alkael y Miguel llegaron.
-¿Qué pasó?- preguntó Zophiel.
-Le dispararon.- Chamuel introdujo su mano para sacar la bala pero le
quemó.
-¡Ah!
-¡No toquen la bala! ¡Está infectada!- dijo Alkael.
-¡¿Cómo que infectada?!- preguntó Rafael. -¿Con
qué?-preguntó Gabriel.
-Tiene inoculada sangre de demonio.- dijo Zophiel. Él se acercó a su
arcangelina moribunda.
-Si mueres... Moriré contigo.
-No, Zophiel. Le pedí a Metatrón que me ascendiera de puesto y a
liberarme de ti. Venga mi muerte. Todos ustedes, acaben con Tartahiel, él
será nuestro fin.
-Pero en la visión de Azrael...-dijo Miguel.
-No sabemos con certeza si la visión signifique algo bueno.-dijo Rafael.
Zophiel tomó la mano de ella.
-Lo haré. Acabaré con Tartahiel, te lo prometo.
Las venas oscuras llegaron hasta su rostro, una luz emergió dentro de ella,
como una bomba explotó, destrozándola en fragmentos de luz que se
desvanecieron.
Adramelech llegó a la empresa. Para su desdicha, Andrew se cruzó en
su camino.
-Tengo las cifras de las ventas con...
-¡Ahora no! ¡Córrete!- Le empujó y avanzó deprisa al ascensor, sacando a
todo aquel que quisiera tomarlo. Estaba transpirando, la vil de Constanza
le había clavado la daga profundamente. Golpeó el botón del piso al que
quería llegar con prisa.
-¿Dónde...? ¡¿Dónde está Bechard?!-gritó. Lo vio acercarse a él, alcanzó a
aferrarse de su cazadora hasta que se desplomó al suelo. -¿Era ésta la
única forma de quitarle un arma a Constanza?-preguntó Bechard, mientras
se llevaba a Adramelech con ayuda de Silcharde. Lo dejaron sobre un
sofá.
-Es una de las dagas de Zadkiel.-dijo Bechard. Conocía las armas
angelicales al servir por un tiempo a Chamuel.
Astartea iba a sacarla pero él se lo impidió.
-Si tocas, esas bellas manos se quemarán. Tienen agua bendita en el
mango.
-Entonces tú tampoco puedes. Eres un demonio ahora. Tartahiel se acercó,
para asombro de todos, pudo quitarle la daga.
-¡Ah!- despertó del dolor. -¡Podrían tener más tacto!- respondió agitado. -
Haremos más de éstas. Con las runas mejorarán su efectividad para acabar
con ellos. Los demás, vuelvan a trabajar. Bechard, llévalo a que descanse.-
Éste asintió y llevó del brazo a Adramelech.
Juntos se fueron hablando por el pasillo. -
¿Qué te dijo Raziel?-preguntó Bechard.
-Seguirle el rollo a Tartahiel, que le de una patada a esos siete despistados,
luego Yahvé hablará con todos.
-He visto el cielo esta mañana, demasiado tormentoso. -Espera a lo que se
aproxima, colega. Tendremos que prepararnos y pedir refuerzos a
Lucifer.-dijo Adramelech.
-¿Tu crees? No me imagino a Miguel pidiendo ayuda a quien piso la
cabeza hace siglos.
-Tendrán que hacerlo, sino Metatron será nuestra perdición. Y cuando me
refiero a nosotros es a todos, sin distinción de razas.
CAPÍTULO 13 Estoy de tu lado

Tartahiel salió a la calle, tenía que pensar en su próximo movimiento.


Se vistió de joggins, con un buzo con capucha, ya que por su imagen
pública era perseguido por la prensa. Atravesó el corazón de la ciudad, el
epicentro donde se ubicaban los grandes rascacielos, sin problema alguno.
Sentía algo extraño en su interior, no sabía lo qué era. Por su mente,
analizaba cómo continuar su plan. Primero, atacar a los arcángeles,
quienes debían pagar por los siglos de encierro que había pasado por la
traición de ellos. El siguiente objetivo era Metatrón, tendría que atravesar
los demás coros, aún no sabía cómo lo haría.
La visión de ese muchacho desconocido seguía latente, ¿Quién era?
¿Qué clase de poder era ese que lo había podido ver como era realmente?
Éstas preguntas y muchas más se construían en su pensamiento. Cerró los
ojos para recordar su rostro, había algo que le recordaba a Uriel. Se
mordió el labio fuerte, causando un pequeño corte, se tocó con la yema de
los dedos, alzó la mano a la luz del sol del atardecer, la sangre era roja,
pero le pareció ver un tono azulado, lo cual significaba que se estaba
adhiriendo al cuerpo de Darien Rekon. Se miró al reflejo de una vitrina, el
iris de sus ojos cambió a un color dorado. No podía ser posible, no lo
creía.
-Estoy recuperando mi esencia. ¿Cómo puede ser?- se dijo en un susurro.
Por el vidrio, pudo ver que al otro lado de la calle, una niña pequeña
estaba por cruzar la calle que venía infestada de autos que iban y venían
por la avenida.
En la otra vereda, Clarisse estaba buscando su móvil en la cartera
cuando perdió contacto visual con su hija.
-¡¿Josephine?! ¡Jo!- gritó al ver a su pequeña en la mitad del asfalto. Un
coche a gran velocidad se aproximaba. Tartahiel corrió con todas sus
fuerzas hacia Josephine, la pasó a su brazo izquierdo y con el derecho
frenó el auto, dejando una profunda abolladura. El conductor se quedó
atónito.
-¿Es suya?
-¡Si! ¡Jo, no te me vuelvas a escapar así! ¡Muchas gracias! No sé cómo
agradecérselo.- Clarisse recibió a su hija en brazos. -No fue nada. La
pequeña tomó la mano de él, lo cual le tomó por
sorpresa.
-¡Gacias, anel!- Al tocarla, volvió a ver a Alkael en su mente.
-¡No, Jo, no es Angel!
-¿Cómo puedo agradecerle?
-No debe, cualquiera lo hubiera hecho. Clarisse le tomó del brazo.
-Espere... Su cara me suena de alguna parte...
-No lo creo. Clarisse estaba funcionando como anzuelo.
A una manzana de ellos, estaban Alkael con Zophiel y Zadkiel. -¿No
es usted el dueño de la empresa petrolera? Lo vi en la tele hace unos días.

-Me ha confundido. Clarisse le metió un cuarzo de Chamuel en el bolsillo


del jogging.
-Perdone, quizá me equivoqué. Gracias, por salvar a mi pequeña. -No hay
de qué. Se fue deprisa, acomodó su capucha y siguió caminando,
camuflado en su vestimenta. Los demás esperaron a que se fuera más lejos
y se acercaron a Clarisse.
-¡¡Son unos dementes!! ¡Ese coche pudo haber matado a mi Jo!- Clarisse
estaba histérica.
-¡No le pasó nada! Era obvio que él la salvaría.-dijo Zophiel.
-¿Lograste ponerle la piedra?- le preguntó Zadkiel.
-Si. ¡Pero la próxima vez que quieran un anzuelo, no usarán a mi hija!
¿Qué le hará ese pedazo de cuarzo rosado?
-Con tu magia y la de Chamuel, lograremos quitarle la stamina que ha
acumulado, cuanto más débil esté, más fácil se nos hará cuando tengamos
que atraparlo.-respondió Zophiel.
-¿Y cuándo piensan hacerlo? ¡Jo, quieta!- Su hija estaba inquieta en sus
brazos, jugando con su cabello anaranjado.
-Ésta noche.-Dijo Zadkiel, quien se acercó a ellos, luego de comprar una
revista en un kiosco. En un pequeño encabezado, decía:

"Último descendiente de los Stanhope III de Filadelfia, Andrew


Hopkins Stanhope III, encabezará una fiesta filantrópica de la
corporación Rekon & Co., junto al magnate Darien Rekon y demás
representantes de empresas del petróleo con el fin de recaudar fondos
para el Centro Pediátrico de Cáncer y Hematología de Dallas. Además,
cabe destacar, que el jefe de accionistas de Rekon & Co. anunciará su
matrimonio formal junto a la reconocida escritora virtual, Melanie
O'Connor, durante la fiesta de la gala que tendrá lugar el 1 de Julio"

Alkael le quitó la revista de las manos. Zophiel miró el artículo junto


a él.
-Será esa noche.- asintió Alkael.

Tartahiel llegó a su departamento. En la entrada, Adramelech lo


esperaba de brazos cruzados.
-¡¿Se puede saber a dónde demonios estabas?! ¡Han de estar buscándote y
tu paseando por ahí sin custodia! ¡¿Quién te crees, Justin Bieber?! -Me
duele la cabeza. No estoy de ánimos para tus reproches. -¿Cómo seguimos
con el plan, eh?
-Usaremos la noche de caridad y ahí Maggie se cargará a todos. Fin de
ésta conversación.
-¡¿A Maggie sola con esos Siete desquiciados?!
-¡No! ¡Bechard, Froimost y Astartea con Adras la estarán respaldando!
¡No me podré salir de la fiesta de beneficencia así como si nada! ¡Ahora
quiero estar solo! ¡¿Acaso es mucho pedir?!- Hizo temblar el
departamento, una pequeña grieta se formó en la pared de la puerta.
Adramelech le dejó ir. Ahora el demonio estaba seguro en lo que le había
dicho el ángel Raziel hacía unos días atrás. Tartahiel era un enigma, la
clave que cambiaría el destino de lo que vendría pronto.

Rendido, Tartahiel se sentó en la cama del cuarto de Darien. Su mente


trabajaba constantemente. No podía evitar rememorar lo ocurrido en la
tarde, salvando a esa pequeña mundana de una muerte cercana. Su corazón
había latido tan fuerte frente a cada paso hasta tomarla en sus brazos,
rescatándola del impacto contra el automóvil.
Si tan sólo hubiera hecho lo mismo aquella vez, en aquel tiempo. La
campesina, la criatura que llevaba en su vientre y el niño se habrían
salvado de no haber sido por su impertinencia y su falta de experiencia en
un campo de batalla. Se levantó y cogió una silla, arrojándola con todas
sus fuerzas contra el inmenso ventanal.
Oyó los pasos de Margaret que se detuvieron en la entrada de su
cuarto.
-¿Necesitas hablar con alguien?- Le preguntó.
-Ahora no, Maggie.
-Tus "no" son un "si" a mis oídos. ¿Qué ocurre?
-No me siento como antes. Creí tener maldad dentro de mi, odio, ira, y
pareciera que se están desvaneciendo como polvo en el viento. Percibo
debilidad en mí, esa fragilidad que solía tener, justo ahora que estamos tan
cerca de mi plan que...
-No estás solo, ya te lo he dicho. Están Bechard y Silcharde, Surgat y
Froimost, la pareja, Adras... Yo. Estuviste a mi lado desde que desperté
cuando nadie más lo estuvo.
-Te estoy reteniendo, Margaret. Ésta no eres tú.
-Puede que no porque falte una parte de mi alma. ¿Pero, sabes qué? Eso ya
no importa. Y si tuviera toda mi alma, te elegiría a ti.- Tomó el rostro de
Tartahiel para que la mirara y dejará de ver a la nada.
-Estoy de tu lado desde el primer día que me cuidaste.
-¿Estás segura de lo que me dices? ¿No piensas que estás aquí contra tu
voluntad?
-Te aseguro mis palabras y no me siento prisionera al estar contigo. Jamás
lo sentí de ese modo.- Él se acercó a ella, inclinando la cabeza a darle un
beso en los labios. Acarició su mejilla derecha, quería saber lo que era
besar a alguien. En toda su vida como serafín jamás había experimentado
lo que sería un beso. Sin embargo, pensaba que no debía hacerlo, sino,
podría devolverle su alma, lo odiaría y se iría corriendo a los brazos de
Zophiel, o eso era lo que imaginaba en su mente. Estaba a tan sólo
milímetros de sus labios. Abrió los ojos, tenía enfrente de él a Adras.
-¡Rayos! ¡¿Por qué tenías que abrirlos?! Íbamos tan bien...
-¡¡Largo de mi cuarto!!
-¡Qué débil que estás! Fue fácil entrar en tu cabeza.- dijo ella sonriente. La
tomó del cuello y la condujo así hasta el pasillo. Adras agitaba los pies. -
¡No puedo respirar!
-¡No estoy para tus juegos, Adras!- la llevó hasta la cocina, en donde
Surgat, un viejo demonio de ojos negros, y Bechard estaban haciendo
copias de las dagas. Tartahiel la arrojó al piso. -¡Vuelves a molestarme
como recién y te cortaré la cabeza con mis propias manos! ¡¿Me oíste?!

-¡Por supuesto que te escuché!- Surgat la ayudó a ponerse de pie, de los


cinco destructores, él era el más viejo.
-¿Qué le hiciste querida para que reaccione así?
-No hice nada malo.
-¡Claro que no! Seguramente, te habrás metido en su cama, tratando de
seducirle.-dijo Astaroth, quien llegó masticando una manzana roja.- ¡Ay,
Adras, por más que hayas sido una arcangelina, ahora eres un demonio,
demonios y ángeles no tienen sexo entre si!
-¡Ay, cállate!

Tartahiel se restregó los ojos, regresando a su habitación. El vidrio


estaba intacto, todo había sido un sueño, manipulado por aquella mujer
demonio. Escuchó que alguien golpeaba a su puerta abierta. Ésta vez era
la verdadera Margaret.
-¿Realmente eres tú o es un producto de mi debilidad mental?
-¿Soy tu debilidad? ¡Vaya! Creí que eras Batman, sin puntos débiles.-Su
ironía era exclusiva cualidad de ella. Le sonrió y ella se sentó a su lado. -
El primero de julio será nuestro gran día. Mi noche de cacería y en la que
limpiaré tu primer problema. No te ves bien. ¿No has consumido almas
ésta semana?
-Si, pero hoy me siento particularmente débil- Apoyó su mano en su
frente. Maggie le sobó la espalda.
-¿Quieres que llame a Adramelech?
-No. Ha estado muy absorbente y no quiero que esté cerca de mí. Se me
parte la cabeza.
-¿Por qué no te sacas ésta chaqueta? Estás demasiado abrigado.- Le sacó
el saco de jogging, tan sólo hacerlo, Tartahiel se desplomó al suelo. -¡Tar!
¡Que alguien venga!- gritó ella. En el umbral llegaron Bechard con
Silcharde, detrás de ellos aparecieron Astaroth y Adras.
-Mmm... Y así también cayó Aquiles. Nuestro líder se está desmayando...-
comentó Astaroth. Adras le pegó fuerte en el brazo.
-¡Cállate, imbécil!

Silcharde cogió del brazo a Tartahiel y lo subió a la cama. Bechard


ordenó a Adras por sus cosas y a Astaroth por el suministro de almas. -
Está pálido y helado. ¿Qué te dijo antes de caer?- le preguntó Bechard. -Se
sentía mal, frágil. ¿Es malo? ¿Se puede morir?- preguntó asustada.
-Es baja de stamina.
-¿Qué es eso?-preguntó Margaret.
-Fuerza angelical. Puede que haya usado en exceso sus dones, hecho algo
con demasiada fuerza física. Maggie cogió del piso algo que cayó del
buzo.
-Se le cayó esto del bolsillo.- se lo pasó a Bechard. Frunció el ceño,
reconoció la piedra apenas la vio.
-Llama a Adramelech. Saben que en él está Tartahiel. Maggie se fue
corriendo a buscarlo.
-Maldito seas Chamuel. Maldito seas.-Murmuró Bechard mientras le daba
suministros por intravenosa a Tartahiel.
CAPÍTULO 14 ¿No me esperabas?

23 de Junio, 2017

Luego del trabajo, Mel fue a casa de Andrew a dejar a Alex. El niño
ya no le hablaba desde lo ocurrido aquella vez que Andrew le había
pegado a ella. Llegó al departamento de Andrew, vio que él estaba allí.
Alex se fue a su recámara. Ella arrojó la revista a la mesa.
-¿Primero de Julio? ¿Qué significa esto? Te pedí tiempo.
-Y lo estoy haciendo.
-¡¿Anunciando el matrimonio a la prensa en una noche filantrópica?! ¡¿No
estamos bien y ya planeaste una declaración oficial?!
-¿Acaso no quieres casarte conmigo? ¡Estás a tiempo todavía!
-¡Aún no lo sé! No sé qué me deparará la vida contigo. ¡Me pegaste,
Andrew! ¡¿Cómo puedo estar segura de que no habrá una segunda vez,
una tercera, una cuarta?! O hasta que termine en el hospital o en un centro
de mujeres.
-¡¿Me estás llamando golpeador?! ¡¿Quién sacó el tema del ex-novio de
adolescencia en el que pegaste a mi hijo por un dije asqueroso?! ¡¿Fui
yo?! ¡No! -Mel quiso protestar pero él la calló- Déjame terminar... Estoy
dando todo de mi para que ésta relación siga a flote y tu no estás
colaborando, Mel. Estas actuando como una...
-¡¿Loca?! ¡¿Sigues enfadado por cómo traté a tu amiguita Lara?! No me
arrepiento en haberle tomado de las mechas, me descargué de lo que no
tuve valor frente a ella cuando fue una época.
-No estoy enfadado por eso. Es por esto.-Alzó la tira de aluminio vacía.
Mel no sabía qué decir.- ¡¿Te sigues cuidando a mis espaldas?!
-¿Tu acaso no te cuidas?
-No. Habíamos acordado que siendo novios y ya prometidos no nos
cuidaríamos. ¡¿Por qué sigues tomando?!
-Es que... No me siento preparada para ser madre ahora. -¡Tienes 27 años!
¡¿Cuánto más vas a esperar?!
-Soy joven todavía y tengo en mente otras metas que cumplir a parte de
ser madre. Ya tienes a Alex y...- Ese comentario le enojó. Andrew golpeó
fuerte la puerta detrás de ella.
-¡Quiero tener un hijo contigo, maldita sea!-Mel tembló, temía que le
pegara de nuevo- ¡¿Por qué eres tan egoísta?!
-¡No soy egoísta! Mi madre me tuvo a los treinta y creo que a esa edad
estaría bien para mí también.
-¡Para ese entonces estaré pisando los 38, al borde de los cuarenta! Estaré
viejo para ser padre. ¡¿Por qué no ahora, después de casarnos?! Temía
hacerlo enfurecer, le habló con tranquilidad para poder irse.
-Lo pensaré, ¿vale? Debo irme a mi casa, a comer con mamá. -¿No
volverás?
-No hasta que esté segura de que no vuelvas a pegarme. No puedo decir
que no a ese anuncio público, ya está hecho. Nos veremos el lunes. -¿No
nos veremos el fin de semana? Mi madre quería verte. -Dale mis saludos.-
Ella sabía que su suegra lo único que querría saber de ella era si había
aumentado de peso o no, si seguía siendo la indicada para
su único hijo.
Arribó a su departamento temprano, almorzó con su madre y Faith,
quien estaba disfrazada de Maggie.
-¡Hola, hija! ¡Maggie te ganó por minutos!
-¿Qué están comiendo?
-Canelones de verduras, te dejé aparte tu ensalada de remolacha. Tu
hermana está más esbelta y alta. No sé, capaz son los tacos.-dijo Megan. -
Hola, Mel.- Faith la saludó con un abrazo, como solía hacerlo. -Hola.
¿Todo tranquilo, aquí?
-Si. Pero en las noticias decían que había tornados en Sudamérica, al sur
de Brazil y tormentas eléctricas en Europa y Asia. ¡El cambio climático es
cada vez peor!- decía Megan, mientras hacía zapping con el control
remoto del televisor.
-Ha estado así siempre, prendida a los noticieros.- le dijo Faith, con la voz
de Maggie. Se acomodó su cabello rubio claro. Faith daba una imagen
intacta de su hermana, quizá con los años habría vuelto a su color natural,
una apariencia más adulta que la imagen que ofrecía la arcangelina.
Faith fue a la cocina por el postre. Mel aprovechó hablar con su madre
a solas.
-Leí de tu novio en la revista del Vanity Fair.- dijo su madre.
-Si, de él quería hablarte.
-¿Que nos invitas? ¡Claro que iremos! No tienes que preguntarlo, Mel.
-Si, eso y... Quería contarte sobre algo que no te he dicho de él.
-¡Mel, no me asustes! ¡¿No me digas que trabaja para una mafia?!
-¡¿Mafia?! ¡No, no es eso!
-¡¿Qué es entonces?! ¡Déjate de suspenso!
-Es viudo, mamá... Tiene un hijo de seis años.-Megan se paró de su silla. -
¡Ya te hablé de eso con tu hermana! ¡¿Cómo puedes ser tan necia y
buscarte un hombre con hijos?! ¡¿Quieres terminar como yo y tu padre?!
¡Clarisse nos arruinó la vida con ese daño que me hizo! Eres grande, Mel,
yo te enseñé mucho para que sepas caminar en esta vida y tú no lo supiste
incorporar, lo lamento, no cuentes conmigo en esto.
-¡Pero mamá! ¡Escúchame!-Megan caminó hasta lo que era el cuarto de
Mel, donde empezó a tirar ropa a una maleta.
-¡¿Qué estás haciendo?!- Faith apareció detrás de ella.
-¡No te quiero ver cómo arruinas tu vida! ¡Quien se va de aquí eres tú!
Maggie cuidará de mí o me pegaré un tiro, o me tiraré a un puente, pero
no quiero verte desperdiciar tu vida con un hombre y un niño que te hará
la vida imposible como Clarisse me la hizo a mí. ¡A mi!

-¡¿Mel, Mel?! ¡¿Te encuentras bien?!- Leo golpeó al vidrio de su auto,


la había despertado.- ¿Puedo?-le pidió entrar al asiento del co-piloto.
-Te pido disculpas si te oculté lo de Alkael, ¿De acuerdo? Merezco tu odio
y esa ira de tiranosaurus Rex pero me gustaría oír que aceptes mis más
sinceras disculpas.
-Te perdono.-Leo la abrazó fuerte como a una hermana.
-No te he visto en días, ¿Cómo estás? ¿Qué pasó con Andrew? Leí en el...
-Lo del Vanity Fair y en People, lo sé. Está acelerando todo y no estoy
segura de que esté haciendo lo correcto.
-¿Qué te diría Valery en estos momentos?
-¿Qué soy una tonta?
-No, que estás despertando, pero a lo zombie. Espero que él no se enoje si
te doy esto.-Le alcanzó un papel que sacó de su chaqueta. -Vive allí. Habla
con él, creo que es eso lo que ha faltado entre ustedes dos estos años
separados. La comunicación ayuda mucho en las relaciones...
-Ya no estoy con él. Quizá, ya habrá visto la nota y ha de odiarme. -
Bueno, no digo que van a volver a ser los épicos amantes de una
adolescencia que ya se fue...-Mel le miró y él pretendió sonreír por su
comentario.-Pero si hablan, al menos háganse amigos de nuevo, como
empezó todo ¿No? Comenzaron siendo amigos.
-Él te contó todo, ¿cierto?
-No todo. Lo íntimo no, si eso te preocupa.-Mel se ruborizó y le dio un
codazo.
-Mejor me bajo. ¡Ve a verlo! ¡Suerte! -
Ojalá, espero que si.

Condujo hacia el domicilio que le dio Leonard, Welborn y Cedar


Springs al 3600. No conocía esa zona, estaba acostumbrada a deambular
por el centro comercial, las galerías de ropa donde Andrew la acompañaba
a comprarse ropa.
El edificio donde vivía Alkael era rojizo y se ubicaba en las espaldas
de un shopping. Miró su reloj, eran las cuatro de la tarde, no había sido
consciente que había almorzado nada. De todos modos ya no era apetito lo
que tenía, sino nervios de verlo, de saber cómo lucía ahora luego de cuatro
años. "La gente cambia con el tiempo, yo cambié pero para mal", se dijo.
Un hombre que limpiaba le frenó en la entrada.
-¿A quién busca?
-Busco a... Un hombre alto, cabello castaño de ojos verdes. -¡Ah! El
piloto. Suba al ascensor y marque el botón 2, es en el segundo
piso, puerta cuatro mano derecha.- le indicó. El anciano movía la cabeza,
pensaba que Mel era la otra en discordia y Clarisse la esposa.

Sus tacos resonaban en el suelo, estaba por llegar a la puerta de él.


Clarisse estaba cocinando en la cocina, haciendo unos hotcakes. Josephine
se fue a mirar a Alkael, Chamuel y Zophiel. Jo quería jugar, Chamuel la
llamó y la tuvo sobre sus piernas, mostrándole piedras de ónix y cuarzos
con forma de corazones, mientras Zophiel le mostraba a Alkael los planos
que consiguió del edificio donde celebrarían el acto caritativo. -Tartahiel
no andará sólo, podremos entrar por estas dos entradas de emergencia.
Chamuel con Gabriel y Rafael en el tejado, Miguel, Zadkiel y tú dentro o
veremos cómo organizarnos de manera que podamos cubrir toda la zona.

-Yo con Zadkiel, ve tu con Miguel y Amatista al estacionamiento, cuando


salga.Necesitaremos de lasarcangelinas.- agregó Alkael.
-Algunas son buenas con las armas, no todas. - dijo Chamuel. Escucharon
que tocaron a la puerta. Zophiel desapareció con el mapa. Chamuel dejó a
la pequeña en el sofá.
-¿Quién es?- Preguntó Alkael. No oyó respuesta. Giró el pomo y abrió la
puerta, boquiabierto al verla allí.
-Mel...
-¿No me esperabas, cierto? ¿Puedo pasar?-Alkael sostuvo la puerta
-¿A qué vienes? Mejor dicho, ¿A qué viene, señora Hopkins?-Estaba a la
defensiva al igual que ella.
-Quien debería hacer las preguntas debería ser yo. ¿Por qué Leo? ¿Por qué
tuviste a quien te pasará datos de mí por la espalda? ¿Qué sacaste con todo
esto?
-Saber cómo estabas. Lo nuestro terminó mal y quería saber que
estuvieras bien.
-¡¿Te parece que estuve bien después que te fuiste?! ¡¿Te contó Leo que
mi padre...?!
-Falleció. Me enteré hace pocos meses. -¿A
qué viniste a Dallas?
-No vine por tí si es lo que piensas.-Le dolió saber por la prensa que se
casaría, más aquella tarde que la vio dar sus labios a otro era como un
puñal que abría más y más una vieja herida.-Asuntos de arriba y por tu
hermana. Sabemos quien la tiene y la rescataremos en unos días. -¡Estás
mintiendo!
-No lo hago.-La miró a los ojos. Mel detestaba cuando la miraba fijo.
Ahora lo hacía. Sus verdosos ojos se veían más oscuros, como esmeraldas
en bruto. Mel tragó saliva pero se mantuvo fuerte, o al menos eso quería
demostrarle, que ya no se dejaba cegar por su imagen.
-¿No me vas a dejar pasar? ¿Nos quedaremos a hablar en el pasillo? -
¿Leonard te dio mi dirección?
-Le obligué a hacerlo. ¡¿Qué ocultas que no me quieres abrir?!- Le empujó
y vio a la pequeña Josephine aferrada a él. Clarisse estaba con un delantal
a la cintura y los dedos con salsa de tomate.
-¡¿Qué hace ella aquí?! ¡¿Quién es esta niña?! ¡¿Estás con Clarisse?! Y
esa niña es tu...
-¡Baja la voz!- le gritó al ver que Jo estaba por llorar.-No es lo que estás
pensando, Melanie. Clarisse es madre soltera, está sola. Su padre está
muerto, su tía también, no tiene a nadie en el mundo. Necesita de alguien,
me necesita. Clarisse se quedó callada y fue a su hija, a quien alzó en sus
brazos.
-¡¿Por qué la proteges?! Casi me mata a mí, a mi hermana, a mi familia.
¡Por su culpa Maggie no está!
-¡La protejo porque se lo merece! Necesita que le den una oportunidad. ¡Y
Maggie está viva en un lugar rodeada de demonios y un ángel caído! ¡Ella
es tu sobrina, por Dios!-dijo señalando a Josephine - ¡Deja de pensar en tu
y yo por una milésima de segundo y mira a tu alrededor! ¡Tu hermana ha
de estar pasando por peores situaciones que tu y vienes a mi por reproches
del pasado! ¡No te pido perdón porque lo que hice lo debía hacer por una
causa mucho más grande que nosotros dos! ¡¿Qué pasa contigo, Mel?!
¡¿Qué te hiciste para ser tan ciega, tan bloqueada a la realidad?!
-Tu eras mi cable a tierra.
-No. De pequeña te cuidé de la realidad pero mataste a tu conexión con tus
seres queridos. Acabaste con la parte de ti que te hacía sensible y fuerte a
la vez, la vi morir en mis manos, Mel.- dijo refiriéndose a Valery. Alkael
no pudo evitar que una lágrima cayó de su ojo izquierdo.-La vi hacerse
trizas porque no querías ver nada, vivir inerte, en coma. -Debo pedirte
perdón, ahora me he dado cuenta que he sido siempre yo...
-Vete, Mel.-respiró hondo para que las lágrimas dejaran de caer. -Déjame
decirte que...
-¡Vete! Y que seas feliz con quien tú quieras.-Le dolió en el corazón tener
que cerrarle la puerta en la cara. Clarisse bajó a Josephine y fue a darle un
abrazo a Alkael.
-Tranquilo. Ya pasó, ya pasó.

Mel se fue aferrándose al cemento del pasillo. Sentía que merecía


haber oído todo lo que le dijo y por el otro lado no había imaginado que
reaccionaría así, tajante, hostil, frío.
-¿Qué esperaba? ¿Que me diera un abrazo y me arropara como antes? Es
mi culpa.
CAPÍTULO 15 No me rendiré por ti

1 de Julio, 16:00 P.M


Departamento de Alkael

Clarisse veía a los seis arcángeles con un arsenal de espadas, dagas,


armas que tenían data de la época de los templarios sobre la mesa. Era
extraño verlos tan diferentes a la imagen que ella solía ver en las clásicas
estampillas que había hecho el Vaticano hacía siglos atrás. -¿Qué?-
preguntó Zophiel, quien ataba su cabello que habría crecido de nuevo en
una coleta y guardaba su espada en una funda atada en su cintura.

-Y pensar que se ven adorables en las estampitas. No se parecen entre si. -


Esas son representaciones que tienen los humanos de nosotros, no todos
somos rubios de ojos azules. Como verás, cada uno tiene su apariencia.- le
dijo Zadkiel.
-Aunque en los colores de las túnicas acertaron.- dijo Gabriel,
-Pero erraron que tú no eres alto, amigo.-le dijo Rafael.
-¡Muy gracioso!
-Las estampitas son una manera de atraer al público, como una
propaganda del Vaticano. Nuestra verdadera imagen sólo la ve Yahvé y
nadie más que él.-dijo Miguel. La pequeña Jo miraba desde su corta altura
a cada uno de ellos. Chamuel la alzó en brazos para que no la pisaran. -¿A
qué hora es?-preguntó Clarisse.
-A la noche, pero debemos estar listos. La hora pasa y cuando menos te lo
esperes caerá el anochecer.- dijo Alkael, quien apareció de traje.
-¿Y tu qué haces de esmóquin?
-Iré a la fiesta.
-¿A qué? La misión es capturar a Tartahiel, no a brindar con él.- dijo
Miguel tajante.
-Tiene cosas que resolver.-Intervino Zophiel.- ¿Verdad, Al?
-Si.
Zophiel se acercó a él, creó un bloqueo así no los escuchaban.
-¡¿Estás seguro de lo que vas a hacer?!
-Si. Debo quemar el último comodín que me queda. Quisiera rendirme y
dejarla ir, pero mi corazón no quiere.
-Te comprendo. Me pasa lo mismo con Maggie. Aunque jamás le dije que
la quería, no quiero perderla. Por eso sé que hoy es el día, nuestro día...
Haz lo que dicte tu corazón, no te rindas por Mel. Acabaremos con esto de
Tartahiel y la vida seguirá su curso normal, ya verás.

-Eso espero.
-¿Salimos ya?- preguntó Miguel.
-Si.
-¿Y yo que hago?- preguntó Clarisse.-¿Puedo ayudar en algo?
-Hiciste bastante con regar agua bendita a las armas y a ofrecer tus
hechizos de protección. Gracias.-le dijo Zadkiel.
Salieron los seis. Alkael regresó a su habitación. En el cajón de su
mesa tenía el dije de rosa que Valery le había dado antes de desvanecerse
en sus brazos. "No renunciaré a ella, no lo haré" se dijo, lo guardó en
el bolsillo del pantalón.
-Quédate aquí con Josephine. Puede venir Esperanza, una arcangelina, a
cuidarlas.
-¡Sé cuidarme sola!
-Está bien.
-¡Al, Al!- exclamó la pequeña Jo. Alkael le dio un abrazo.
-Volveré con tus tías, ¿si? - Le besó la cien.
-Llévate una botella de agua bendita, nunca se sabe, imagina que hayan
demonios en esa fiesta.-Le aceptó una pequeña botella.
-Gracias, Clarisse, por todo.
-No agradezcas, y suerte con Mel. Alkael frunció una sonrisa.

Edificio The Element, 17:00 PM

Margaret estaba en lo que era su cuarto, preparándose para la noche


de cacería que le esperaba. Se puso unos zapatos de taco bajo para poder
correr bien, unos jeans ajustados y una blusa bordó con botones más una
camisa de gamuza gris. Afuera, el cielo era gris, habían pronosticado
fuertes truenos según había oído en la radio. Tocaron a la puerta mientras
se retocaba el delineador.
-Iremos a patear ángeles, no al evento.-le dijo Adras, quien llevaba un
vestido rojo.
-¿Acaso tu irás así? Pareces una ramera.- Adras se estaba por acercar a ella
cuando Bechard llegó con una funda negra.
-Maggie, esto es para ti. Tartahiel quiere que vayas con él.
-¿Y pero que hay de mi?- preguntó Adras. Bechard le miró el escote y
frunció los labios, con ganas de reírse.
-Me temo que tendrás que ir a vestirte de guerrillera, querida. Irás con
Astartea, Astaroth y Silcharde. Maggie y yo debemos escoltarlo, en caso
que tengan los pantalones de ir al baile.
-¡No es justo!
-Vete a cambiarte. Antes date un baño, hueles a perfume barato.
-Creí que yo debía estar en el estacionamiento con Froimost.- dijo Maggie.
-Un pequeño cambio de planes. Los demás sabrán manejarse. Con las
armas que tenemos los aplastaremos como moscas. Ponte guapa, Tartahiel
te estará esperando.- le dijo al cerrar la puerta. Maggie miró hacia allí y
luego bajó la vista a la funda negra que tenía sobre la cama, le abrió y era
un vestido blanco con pequeños cuarzos incrustados en el corsé. Alguien
tocó la puerta. Ella abrió, no había nadie, sólo una caja blanca, allí tenía
unos zapatos blancos que hacían de juego, con una tarjeta:

"Si esto será mi última fiesta, quisiera compartirla contigo, Margaret.


El vestido está diseñado para que puedas moverte con tranquilidad y
puedas llevar tus armas ocultas. Presiento que irán y te quiero a mi lado
cuando sea el momento. A las ocho te paso a buscar. Tar"

Maggie sonrió e introdujo la caja adentro de la pieza.

Edificio The Wilson, 19:50 PM

La situación con Andrew parecía haberse resuelto. Él se veía más


cariñoso con ella ¿O sería por el simple hecho que no quería perderla?
Una estilista estaba retocando el peinado de Mel, mientras que su madre
estaba en la misma situación.
-¿Tu hermana no va a venir?
-Creo que no.-respondió. Faith no se había comunicado con ella por la
mañana.
-¡Será una noche tan linda! ¡En el hotel Rosewood, siempre quise conocer
ese lugar! Es tan elegante e impresionante. ¿Será afuera en el jardín o en
algún salón del hotel?
-Será adentro, mamá. Dijeron que habrá tormenta a la noche.
-¿Será? Dios quiera que no. Tu vestido es tan precioso, se parece al color
del de tu graduación de preparatoria.
-Si, pero éste es más largo. No tenían en color azul.
-¡Bah! ¡Tu siempre de azul! El móvil de Mel vibró, era un mensaje de
Andrew: "No podré ir a buscarte. La limusina irá a recogerte" con un
emoticón de guiño.
-¿Por qué no quieres venir conmigo?
-No quiero por esa prensa amarilla. ¡Bastante escándalo armaste con esa
novela, contando tu vida!
-¡No empieces, mamá!
-¡Sacaste trapos sucios de la familia! ¡Esas cosas eran privadas, hablaste
de mí, de tu padre! Mel puso los ojos en blanco.
-Debería haberla publicado cuando estuvieras muerta.
-¡Pues lamento fastidiar tus planes! ¿Ves? ¡¿Para qué iré en una limusina
contigo?! Sólo para discutir. Mejor me iré en taxi.
-Como tú quieras. Iré a ponerme el vestido. -
Ya estoy lista, te veré allá.
-De acuerdo. Se colocó unos pendientes de Swarovsky que Andrew le
había comprado, se pintó los labios y se miró al espejo.
El vestido era de ensueño, no le hacía verse gorda ya que sólo era
ajustado en el torso, las telas de la parte superior se entrelazaban dejándole
un diseño como corazón en sus pechos. Echó el cabello hacia ambos lados,
su mechón rojo se había vuelto un rulo con el resto del cabello, su madre
no lo había notado. Con cuidado salió del ascensor y bajó las escaleras de
la entrada del edificio hasta que una limusina negra frenó cerca de la
acera. La última puerta se abrió, era Alkael.
El corazón le parecía haber escapado por la boca al verle.
-¡¿Qué haces aquí?! No te entiendo. Me echaste y ahora vienes hasta aquí.
¿Cuál es tu perverso propósito?
-Vengo a llevarte a que sigas con tu estupidez. Fui tu primer amor, ¿Acaso
no puedo escoltarte? Mel lo miró y pasó a su lado para entrar. La tomó de
la muñeca con fuerza pero ella se soltó con brusquedad. -No me fastidies,
Alkael.
-Eres cruel. ¿Sabes por qué? Porque fuiste tan calculadora en sacar a
Valery de ti, a pensar que tú hermana ya no existe y a tratar a tu madre
como un trapo de piso. ¿Cuándo dejaste de tener corazón? -El día que te
fuiste. Un 10 de diciembre, la Mel que conocías murió. Déjame entrar.- Él
no la dejó, entró el primero. Enfurecida, Mel ingresó a duras penas, de
rodillas hasta caer casi encima de él.
-Antes solías ser más caballero.
-Fíjate que me volví malcriado.
-¿Me quieres cabrear? Lo estás logrando.
-¿Así te molestaba Valery que la despachaste sin más?
-¡Ah! Es por ella que me odias. Querías la parte loca y ninfómana de mi
psique.
-Habrá sido todo eso que dices pero me he puesto a pensar que esa
siempre fue tu versión genuina. Te soporté varios años con tu melodrama
de novela de una niña en crisis. Me dirás que soy perverso, pero amé a las
dos porque sé que son una.
-¡Bájate ya mismo de la limusina!
-¡No lo haré!-Mel quiso acercarse al chófer pero no le hizo caso.
-¡Oiga! ¡Este hombre no viene conmigo!
-Lo tengo controlado.
-¿Usando tus artimañas de serafín? Eres... Imposible.- Se alejó de él,
manteniendo distancias. Se cruzó de brazos. Él se rió.
-¿Qué tiene gracia?
-Tú. Tendrás veinte y siete pero sigues actuando como niñata enojada. A
propósito, cuéntame, ¿Cómo te conociste al viejo con el que te casarás?
-No es viejo. Tiene treinta y cinco.
-¡Vaya! Le había tirado más años. Y es viudo, como lo fue tu padre. Mel
le lanzó una mirada amenazante.
-Ya sé a que vas...
-¿Te das cuenta que estas viviendo la vida de tu madre en carne propia?
Claro, quizá ese niño no sea brujo como Clarisse, pero a la larga, te hará la
vida una pesadilla.
Tomaron por la Avenida Maple al 2508. Allí se erigía el emblemático
hotel. La entrada se caracterizaba por un arco de acero donde rezaba el
cartel "Crescent Court", dos columnas de cemento a cada lado y rejas
grises. La limusina pudo pasar sin problemas, tomó el lado derecho ya que
una pequeña rotonda dividía entre el Banco de América y el hotel, ambos
edificios cara a cara. Estacionando en la entrada principal del Rosewood,
Mel salió deprisa, Alkael le detuvo.
-¡No me sigas!
-No lo hago, tengo mis asuntos por estar aquí también.
La prensa no llegaba aún, sin embargo, varias personas del ambiente
empresarial estaban presentes. Holandeses de la empresa Shell, algunos
oriundos de Medio Oriente, Venezuela y otros países petroleros, se los
podía identificar por la credencial que llevaban prendida a sus sacos.
Andrew estaba hablando con Surgat cuando se giró a verla, bajó unas
escalinatas a recibirla. Ella miró a su espalda, Alkael ya no estaba. -¡Estás
preciosa! ¡Pareces una rosa!- le tomó por la cintura dándole un
beso en la mejilla.
-¿Llegó mamá?
-Si, esta en el Lobbie. Es un encanto. Ven, te presentaré al dueño de
Rekon & Co. Tartahiel estaba de momento solo, la saludó. Notó en ella un
pequeño parecido con Maggie, la nariz, la forma de las cejas.
-Un gusto conocerla.
-El placer es mío. Se nota que trabajan mucho, Andrew pasa más tiempo
con usted que conmigo. Tartahiel rió.
-¡Disculpe que le robe a su futuro esposo! El tiempo es vital para nuestra
corporación y Andrew ha demostrado que es capaz de manejar no sólo a
los accionistas sino a la empresa completa. Es muy probable que tenga un
ascenso después de julio, como contacto con nuestros inversionistas del
extranjero. Muy probable, en París.-Tartahiel quería deshacerse de él, ya
era demasiado molesto con Bechard y sus problemas sentimentales.-Así
que para Agosto o el año entrante, el señor Hopkins será todo suyo en la
ciudad del amor. ¿Me disculpan?- Llamó a Maggie para que estuviera a su
lado. Mel la vio, cruzaron miradas hasta que Maggie se torció.
"Es Maggie, es ella", se dijo. Iba a seguirla, debía hacerlo.
-¡¿A dónde vas?! El salón queda al otro lado-dijo Andrew. La acompañó
hasta el salón.
La decoración era cálida, las cortinas de un color vino intenso, las
mesas con manteles de color marfil, ordenadas con platos de porcelana y
copas con rosas decoradas en el exterior. Tres candelabros pendían del
techo, dando una impresión elegante y romántica.
-¿Vienen los Irlandeses o la banda británica? ¡Si, si, si! Si se demoran, que
el de musicalización ponga los clásicos.- Exclamaba una organizadora. -
¡Mel! ¡Vi a tu hermana del brazo del dueño de Rekon! ¡¿Se tiñó el cabello
más oscuro?! ¡Pero si hace dos días lo tenía claro! - exclamaba Megan.

-¡No te habrá querido decir! La buscaré.- No tenía dudas, era Maggie. "Me
miró pero me torció la vista ¿por qué?", buscó por todos lados, llevaba un
vestido blanco y un corsé con piedras, no la hallaba por ningún lado.

Bechard estaba junto a Tartahiel, vigilando como un águila. -


¿Movimientos?
-Negativo. Froimost está con Adras y Silcharde al final del hotel. Astaroth
y Astartea están en el estacionamiento. ¿Piensas que se atreverán a tocarte
aquí? Hay cientos de mundanos, si arman un tiroteo, será una masacre. -
Puede que Zophiel si, tengo lo más preciado que añora.- dijo al observar a
Maggie, ella le devolvió con una leve sonrisa. Estaba nerviosa por dentro
pero debía permanecer fuerte, debía defender a Tartahiel como dé lugar.

Afuera del hotel, los seis arcángeles junto a las arcangelinas se


dividieron para cubrir el perímetro.
-Vayamos de a dos. Chamuel y Caridad a la otra salida del Hotel. Rafael
con María, al sureste, Miguel con Faith al estacionamiento, Gabriel con
Esperanza dentro del salón al igual que Zadkiel y Amatista.-indicó
Zophiel.
-¿Y tu? ¿Con quién irás?- Amatista le preguntó, finalizando su trenza. -
Vente conmigo.-Dijo Alkael.- Ponte esto.- le alcanzó un esmóquin.
Zophiel negó con la cabeza.
-No. Iré con Miguel y Faith al estacionamiento. ¿No estabas dentro ya? -
Me preocupé que no me llamaban. Está dentro, con Adramelech y otro
más.
-¿No has visto a...?
-No. ¡Anda, vuelve adentro! Estaremos bien. Un fuerte rayo sonó a lo
lejos, el cielo estaba nublado, unas grandes nubes cubrían las estrellas. -
Ariel dijo que estaría despejado, que se encargaría de ello.- dijo Rafael. -
No lo sé- dijo Gabriel.
-¡Andando, no perdamos más tiempo!- interrumpió Miguel. El agua
chapoteaba bajo sus pies. Cada uno dirigía su dupla, las arcangelinas iban
detrás.

Zophiel dirigía junto con Miguel, ambos caminaban a la par y detrás


de ellos les seguía Faith. En el palco de autos se encontraron con el
matrimonio de demonios.
-¡Pero mira qué sorpresa! ¡El trío dinámico! La líder de las leonas, el
inteligente y el jefe supremo de los Siete.- exclamó Astartea. - Deja que
me encargue de ella. Lanzó su cadena a Faith, enredándole el cuello. Faith
tironeó y la hizo caer al suelo.
-Descuida, querida, me encargaré de estos dos idiotas.-Entró a disparar,
ambos arcángeles abrieron sus alas de acero, fueron acercándose hasta
Astaroth y le noquearon pero Astaroth les empujó con una antorcha de
fuego que escupió de su boca. Faith estaba luchando contra la demonio.
Zophiel le lanzó una botella de agua bendita y se la arrojó a la cara. -¡No!
¡No veo nada! ¡Maldita perra alada!- Astartea sacó una daga bajó la
manga y se la clavó en el abdomen.
-¡Faith!- Gritó Miguel. Armó su puño envuelto en una armadura plateada,
golpeando con fuerza a Astaroth hacia la pared. Astartea fue a socorrer a
su esposo. Miguel corrió hacia Faith.
-¡Aguanta, debo sacártela!
-¡No, si lo haces, moriré!
-¡Faith, si tu mueres, muere Miguel!- gritó Zophiel.
-Estamos todas desligadas a ustedes, por si algo malo llegaba a ocurrir. La
Legión no debe morir.- Zophiel levantó un poco la blusa de ella, una
ramificación negra se multiplicaba, lo mismo que le había pasado a
Constanza.
-¡Resiste, Faith! ¡Te enviaré con Azrael! ¡Sabrá qué hacer!- Faith le tomó
de la mano.- Mi fiel Miguel, no puedes hacer nada. Zophiel se puso de
pie, desenvainó su espada y corrió hacia los demonios, un corte decapitó a
Astaroth.
-¡No!-gritó Astartea.
-¡Corre y dile a Tartahiel que le estamos esperando! ¡Corre!- le ordenó.
Miguel estrechó en sus brazos a su compañera. Con su espada, trató de
abrir su abdómen para extraer la bala. Extrajo la bala aunque quemaba sus
manos.
-¡Ah!
-Al menos resistirás por más tiempo.- Faith quedó inconsciente. Amatista
apareció y la llevo consigo a un lugar seguro.
-Cuando lo tenga en mis manos, lo haré pedazos.-dijo Miguel refiriéndose
a Tartahiel. El handie de Zophiel sonó.
-Estacionamiento despejado, muerto está Astaroth.- avisó.- Faith está
malherida, no aguantará mucho, cambio. Del otro lado, Zadkiel y recibió
mensaje.
-Fuera.
-Quedamos cuatro...-Alcanzó decir Amatista. Una daga se dirigía hacia
ellos. Amatista logró esquivar y salvar a su pareja. Adras era quien la
había lanzado.
-La vieja de las arcangelinas, ayudante de Zadkiel. ¡Hacen siglos que no te
veía, querida!
-¡Deja de hablar y pelea!- Amatista entró a dispararle, Froimost apareció y
la empujó contra una pared. Zadkiel peleó con el demonio, rebanándole
las manos.
-¡Hijo de...!
-¡No es a ti quien queremos!- Zadkiel abrazó a Amatista y lanzó una
cápsula que emanó un humo violeta.
-¡¿Por qué hiciste eso?!
-Para salvarnos de una muerte segura. Ve y llama a Ariel. Te quiero
arriba.
-¡No! Me quedo aquí, con ustedes, contigo.
-¡Te vas arriba, Amatista! ¡Es una orden! Ahora, tú diriges a las
arcangelinas, ¡¿Lo entiendes?!
-Pero...-le dio un beso.
-Hazme caso, por favor. Ve por Ariel.

Mel seguía sin encontrar a Maggie. Era por eso que Alkael estaba allí.
Se encontró con amigas del club de golf, amigas de Andrew, recelosas que
era ella quien se casaba con él y no ellas. Andrew la encontró.
-¿A quién buscas?
-A... Mi hermana, me pareció verla con un vestido blanco. Te la mostré en
fotos. ¿Recuerdas?
-Si.
-Mi madre la vio del brazo de tu jefe. ¡Qué locura! ¿Sabías? Andrew
arrugó el ceño, sabía de Maggie, pero esa era su carta bajo la manga por si
Mel pensaba en dejarle.
-No, no sabía nada. Recién hoy le conozco. -¿En
serio? Hablaba muy familiarizado contigo.
-Es muy amable con el personal. Ahora vengo.- Fue a saludar a los dueños
del Centro de Pediatría.
Le llegó un mensaje al móvil, era Alkael.
"Si sigues un paso más, me pisarás los pies" Chocó con él.
-¡¿Qué haces?! Suéltame o te pego.
-¡Ay, vamos! ¡No seas tan gruñona! ¿Recuerdas cuando bailábamos lentos
como éste? Bailando baladas de Westlife hasta caer el sol.
-Ya no escucho esa música.
-¡Seguro! ¿One Direction es tu banda actual?
-No los escucho.
-De acuerdo. Sé que mientes y sigues escuchando nuestra banda favorita.
Siempre lo fue y siempre lo será. Cambiando de tema... Después de acabar
con Valery, ¿Cómo te sentiste? ¿Aliviada, contenta, libre de recuerdos? -
Estupenda.
-¿Y sin ella en tu mente y tu alma, dejaste de pensar en los demás, no? -
Dejé de pensar en los demás para pensar en mí.
-¿Y estás pensando bien en lo que harás con tu vida, con Andrew? Me
mata la curiosidad por saber de él... ¿En que lugar se te declaró? ¿Fue un
flash-mob como soñabas de joven o en un estadio de beisbol? -Fue
privado.
-Y me imagino que quiere algo perfecto para la boda. Se parece a
Superman, por cierto, todo músculo y cero cerebro. ¿Sabrá que tus ídolos
literarios son Louisa May Alcott y James Patterson? ¡Quiza no lee! Y se la
pasa haciendo gimnasia... ¡Qué loco, cuando tu nunca hiciste gimnasia!
¿Cómo es él en la cama? ¿Te arropa? ¿Te sostiene así como te sostengo
yo? ¿Te abraza en las noches cuando tienes frío o te habla al oído hasta
que te duermes? Mmm... No lo creo.
-¿Me tienes bailando a ti para sacarle defectos a Andrew? Tu tono
sarcástico me está cansando.-Quería soltarse de él pero Alkael la tomó con
firmeza de la cintura. Mel ahogó un grito.
-Quiero que despiertes, Mel. Antes que cometas un error.
-Tú fuiste mi error.
-¡Dah, respuesta incorrecta! Te haré recordar lo que me decías cuando
éramos adolescentes: "Eres lo mejor que me pasó en la vida, gracias por
existir, eres mi paraíso" ¿Dónde está el amor que me tenías? Me odias por
haberte dejado por tercera vez aquel diez de diciembre. Pero déjame
decirte algo...- Se acercó más a ella, a su oído, mientras pasó su mano por
la espalda. Mel aguantó la respiración, su corazón latía fuerte, sentir sus
dedos acariciando su columna la hizo estremecer.
-No puedo odiarte por verte con otro. Mi mente quiere hacerlo, pero nace
en mí amarte para siempre aunque tú no lo veas. No me rendiré por ti,
aunque el cielo se parta en dos, aunque tenga que dar mi vida, no me
rendiré por ti porque te amo.- Entrelazó sus dedos con los de ella.
-¿Recuerdas cuando entrelazabas tus dedos con los míos? Nuestras manos
encajaban perfectamente y todavía encajan...-

En ese momento, cuatro hombres estaban en el pequeño escenario,


empezando a cantar.
-"Tomaste mi mano, tocaste mi corazón, me abrazaste, siempre junto a mi,
a mi lado. Noche y día. Atravesando todo, baby fue posible. Todo fue una
ola de emociones, como estar en el centro de una tormenta..."- Cantaba el
primer integrante. Alkael miró hacia ellos.
-Tu futuro esposo es pudiente. Llamando a Westlife a cantar "Irrompible".
Ni mi sueldo de piloto podría hacer eso.- Mel miró hacia el escenario, no
podía creerlo, estaban a metros del escenario, al volver sus ojos hacia él, lo
tenía a milímetros. La inclinó, casi rozando el suelo.
-Esto, nosotros... Lo que tuvimos es irrompible. Y dentro de ti me dice lo
mismo. Y no habrá hombre en la tierra que pueda destruirlo, nuestro amor
es indestructible, intocable, nos conectamos desde el primer día aunque tu
no te diste cuenta. Mel aguantó las lágrimas.
-No me digas eso...
-¿Por qué duele, o porque es cierto lo que digo?- la levantó despacio.
Estaba por besarla, por tener de nuevo sus labios pero ella le esquivó. -Fue
inolvidable, pero debo seguir de algún modo.

Zophiel mandó a Miguel por otra sección del hotel. Él se escabulló


por los interiores, cerca del salón. Recibió un golpe por detrás, era
Adramelech.
-¡Ah!
-¡El genio de los 7! ¡Solo, qué coraje!-le pateó hasta hacerlo traspasar una
pared.-¡Tartahiel te tiene hambre desde que lo arrestaron! ¡Tratarse así
entre pares, qué feo!- le dio otro golpe en la cabeza. -¡Tu fuerte no es el
karate, Zophiel, son los libros, santo arcángel de la sabiduría!-Estaba por
darle otro golpe pero el brazo de Gabriel lo impidió.
-¡El pequeño Jackie Chan! ¡Contigo es digno de pelear, enano!
-¡Ve por Tartahiel!- exclamó Gabriel.
-¡¿Crees que anda solo?! ¡Son unos tontos!- entre patadas y golpes,
Adramelech y Gabriel salieron a otro salón vacío.-¡Se merecen un buen
golpe a ver si reaccionan!
-¡¿Reaccionar a qué?!- decía agitado Gabriel.
-¡¿Están haciendo esto por Enoc?! ¡¿Son ciegos?! ¡Los está usando!
-¡Lávate la boca antes de hablar de nuestro supremo!
-¡Eres un tonto, Gabriel! ¡Me sorprende de ti!
Iba a arrojar una daga pero Miguel le cubrió.
-¡No puedes conmigo, Gabriel! ¡Gracias igual por combatir cuerpo a
cuerpo!
-¡Dame a Tartahiel y nadie más saldrá ileso! Hemos acabado con uno de
ustedes. Astaroth está muerto. Adramelech se volvió serio y desapareció en
una estela negra.
Gabriel cayó al suelo, Miguel le tomó del hombro.
-¡¿Te lastimó?!
-No, estoy cansado. Es todo, ya estoy viejo para esto.
Zophiel siguió avanzando hasta acceder a una sala de reuniones. Las
puertas detrás de él se cerraron.
-¿Sabes lo horrible que se sintió ser apuñalada por Moloch? Seguramente,
no.- De las sombras salió Margaret, llevaba puesto el vestido y empuñando
su Colton ante él.
CAPÍTULO 15 Dispárame Margaret

-Esta no es una sala, es una ilusión. Estaban en el estacionamiento.


Froismost le apuntaba también.
-Baja la espada.
-¡¿Qué te ha hecho?!- preguntó Zophiel a Margaret.
-¡Cállate y tira la espada! ¡¿Qué me has hecho tú a mí?! ¡Me dejaste y con
eso basta! ¡Debes morir!
-¡Dispara! ¡Dispárame, Margaret! ¡Atrévete!
-No me tientes. Maggie disparó una, dos, tres veces. Zophiel usaba sus
cuatro alas de escudo. Detrás de él le apuntó Adramelech con un revólver.
-Obedece a lo que te dijo. Baja la espada. Tus compañeros están dentro
peleando con ilusiones. Elemiah y Uriel están muertos, así que el siguiente
blanco de Tartahiel eras tú. Cierra las alas.-le obligó. Maggie cogió otra
arma y le disparó a Zophiel.
-¡Ay! ¡No te dije que le dispares!- le gritó Adramelech.
-Es un tranquilizante. La compré ayer.
-¡Froi! ¡Ayúdame! ¡Es demasiado alto y pesado!
Mientras los dos lo llevaban, Maggie le mandó un mensaje a Tartahiel.

En medio de la cena en la que hablaban los médicos, su móvil vibró,


logrando ver el recado de ella. "Le tenemos, podemos irnos". Le
respondió, se acercó a Andrew, quien tenía al lado.
-He de irme, encárgate de dar el discurso.
-¿Pero...?
-Recuerda... Ascenso, París, tu hijo y tu mujer. Nueva vida y estarás lejos
de nosotros. ¿Me haces este pequeño favor?-le apretó el hombro.
-Si, Ta... Darien.
Salió por una salida de emergencia. Tomaron una camioneta que
conducía Froimost. Adras, y Silcharde, en otra iban Adras, Astartea con el
cuerpo de su marido y Surgat. No se vieron con la sorpresa de tener
delante a cuatro arcangelinas y a los cinco arcángeles.
-¡Acelera!- gritó Adramelech a Froimost. Maggie se aferró fuerte al
asiento. Pasaron delante de ellos, las arcangelinas sobrevolaron mientras
que Miguel, Zadkiel y Chamuel no dejaban de disparar. Alkael corrió
detrás de ellos, les arrojó una flama de fuego pero fue inútil. -¡Mierda!-
gritó Alkael. Pudo ver que una pequeña luz amarilla salió del
interior de la camioneta.-¡¡Zophiel!!
-¡¿Qué?! Pero si el estaba...-dijo Gabriel.
-Lo tienen, se lo han llevado.
CAPÍTULO 16 Reencuentros y visiones

Atado a una silla de pies y manos, con gruesas cadenas de hierro se


encontraba Zophiel. Había recibido golpes en el estómago de parte de
Astartea. Quería seguir torturándolo pero Bechard la llamó. -¡Ya, déjale!
Vendrá Tartahiel a verle.
-¡Mataste a mi marido, a un compañero con el que compartí toda una vida!
¡Te haré pedazos!- Silcharde llegó a llevársela, Astartea estabaen estado de
cólera.
-Vamos, querida, no te hace bien ver a esta inmundicia de arcángel.
Zophiel alzó la vista, mirando a Bechard.
-Y pensar que antes eras de los nuestros, caíste bajo, Bechard, muy bajo.
Éste caminó hacia él.
-No necesito que me recuerdes por qué decidí el exilio. Después de
Lucifer, muchos desertaron y no fue por Yahvé. Su nueva mano izquierda
es el nuevo Lucifer, pero ustedes no lo ven.
-¡Estás loco! ¡Metatrón no es Lucifer! Después del gran diluvio se
convirtió en un arcángel, aprendió las escrituras, cuida el balance. ¡Es
imposible! Bechard tomó un nudillo de acero para pegarle.
-Dámelo a mi.-dijo Tartahiel, quien se aproximó lentamente.
-Creyeron que con un cuarzo podían quitarme la stamina que he estado
almacenando. ¡Mi gente conoce las mañas de los tuyos, Zophiel!
Recuerda, todos vivimos al menos una vez en el cielo. Retírate, quiero
estar a solas con él.- Bechard asintió.
-Errar es de humanos, pero en nosotros los errores son fatalidad. Ni
siquiera me escuchaste para oír mi versión de los hechos...
-¡Se que estás furioso por haberte encerrado durante siglos! ¡¿Pero por qué
usas a Margaret?! Ella no tiene nada que ver con nosotros.
-No, tienes razón. Pero es tu punto débil, ¿Verdad?
Zophiel se quedó callado.
-¡Un amor prohibido! ¡Pero fuiste tan canalla que no tuviste cojones de
decírselo, preferiste callarte y alejarte con tu emplumada Constanza! ¡Oh,
cierto! Mi más sentido pésame por ella, es una estrella más ahora en el
universo. Zophiel se sacudió entre las cadenas, Tartahiel le pegó con el
nudillo.
-¡Tu y todos ellos pagarán por lo que me hicieron!
Zophiel le escupió en la cara.
-Vendrán por mí y te mandarán al mismísimo infierno.
-¿Ah, si? Veremos si vienen. Los estaré esperando. Le quitó la billetera
que tenía en el bolsillo de la camisa de jean. Había una foto de él y Alkael
juntos.
-¿Quién es éste? ¿Un nuevo peón? ¿Me encontraron un reemplazante
dentro de la Legión?
-Es nadie.
-Mmm... Lo averiguaré. Responderás a mis preguntas a la buena o a la
mala. Puedo llamar a Margaret a que te saque información. ¿Quieres que la
llame?
-¡No!
-¡Margaret! Ven.- ella llegó, vestida con la ropa de siempre. -Enséñale lo
que haces con el nudillo.
-Será un placer. Sobre la cabeza de Zophiel había un círculo de una estrella
de cinco puntas con inscripciones, le anulaba su don angelical. -¡Maggie,
escúchame! ¡Ésta no eres tú!
-No recuerdo quién fui así que mejor cállate.
-¡¿Qué hizo él?!
-Cuidarme, eso hizo. ¿Qué hiciste tú? Nada.

Catedral de Dallas

Ariel estaba allí, esperando en encontrarse con Zadkiel. Éste llegó


minutos tarde, se persignó y se sentó junto a él.
-Lo de Faith fue una tragedia irremediable. Debemos recurrir a Isabel, ella
puede hallar a Zophiel, están conectados desde la noche que Alkael nació.-
dijo Ariel.
-Tendremos que decirle dónde la tenemos. Contarle la verdad de una
buena vez, Ariel. De quien era realmente su padre.
-Lo sé y creo que este momento es oportuno. ¿Llamaste a la clínica? -Si,
podemos ir a verla ésta tarde. Llamaremos a Alkael, vendrá con nosotros.
Debe ver a su madre, los mantuvimos separados demasiados años.-dijo
Zadkiel
-Era por su bien. Ella tenía adicción a las drogas, su don también la estaba
llevando al borde de la locura. No podía cuidar de Alkael en ese estado.
Por ello fue que enviamos a Zophiel a buscarle en 1996.
-Metatrón no sabe que él es hijo de Uriel.
-No, porque si lo sabía, hubiera exiliado a Uriel.
-¿Nunca te preguntaste por qué pudimos cubrir a Uriel y no a Tartahiel?
¿No había una fraternidad tan sólida con él que le mandamos a apresar? -
No lo sé. Cometimos muchos errores.
-¿Crees que la visión de Raziel se hará realidad? -le preguntó. -La
incertidumbre a esa revelación es lo que más miedo me da. Quizá, si
llegara a ocurrir, puede que tanto Alkael como Tartahiel sean la clave pero
aún lo dudo. Tartahiel está lleno de odio hacia nosotros.
-Como arcángel de la misericordia que soy, creo que sería mejor poner fin
a esto y disculparnos con él.
-No ha de estar de ánimos para aceptarlo en palabras, Zadkiel.- dijo
Miguel, quien apareció detrás de ellos.-Por culpa de él, Faithestá
gravemente herida y al borde de la muerte.
-¡Miguel, no te precipites!-le dijo Ariel.
-¡Él quiere venganza, la va a tener!

Edificio The Wilson

Mel se estaba dando un baño. No podía olvidar lo ocurrido anoche.


Cerró los ojos bajo el agua, rememorando cuando Alkael la inclinó y le
dijo que la seguía amando a pesar de todo.
"Esto, nosotros... Lo que tuvimos es irrompible. Y dentro de ti me dice lo
mismo. Y no habrá hombre en la tierra que pueda destruirlo, nuestro
amor es indestructible, intocable, nos conectamos desde el primer día
aunque tu no te diste cuenta" esas palabras seguían latentes. Tuvo sus
labios tan cerca de besarlos, de acariciar su cabello como antes...
Andrew corrió la cortina.
-¡Oye! ¡¿Qué te pasa?!
-¡Esto me pasa!-le acercó el periódico.
Una foto de ella bailando con Alkael con un escandaloso encabezado:

"La conocida autora digital bailando con un enigmático caballero,


¿Será su musa en la que escribió su novela? Muy parecido a su
personaje".

-¡¿Quieres explicarme qué significa esto?! ¡¿Es él, tu ex-novio?!- Mel se


envolvió en la toalla, él le tomó fuerte del brazo.
-¡Contéstame!
-Era él. Sólo fue un baile y... Hablamos. ¡Es todo!
¡Ahora suéltame, me estas lastimando! La soltó, empujándola contra la
pared del baño.
-Mira... -Su móvil sonó y no tuvo remedio que atender. -Te ha salvado la
campana pero después retomaremos esta cuestión de tu ex. ¡¿Qué?! Voy
para allá. Esto no va quedar así, te aviso.-le dijo.

Clínica psiquiátrica, Austin, Texas

En un rincón del extenso jardín, una mujer dibujaba una pintura de un


cielo oscuro, retocando lo que eran relámpagos y tornados. Tenía el cabello
castaño oscuro, ondulado, despeinada, con un saco de hilo largo y un
pantalón que le quedaba suelto.
-¿Isabel? Es hora de tu medicación, ten.-le dijo una enfermera. Le sonrió a
la enfermera, pretendió tragar la pastilla, bebió el vaso de agua. Observó
que se iba y la arrojó al pasto. Sus ojos color hazel brillaban con el sol de
mediodía. Giró su cabeza de nuevo a la pintura, aquella tormenta que
estaba finalizando. "¿Será una visión? ¿Ocurrirá?" pensó. Sintió un viento
familiar recorriendo su espalda. Volteó y vio a Elemiah, sonriendo.
-No sabes lo bello que es... ¿Por qué me sigues visitando? Ya no estás
ni en éste mundo ni en el tuyo.
-De día soy sólo un destello del sol. Venía a decirte que pronto podrás
verlo. A tu hijo, Isabel.
-¿De veras? ¿Estás seguro?
-Sólo lo sé. Se ha vuelto todo un hombre como su padre. Isabel lloraba en
silencio.
-Uriel nunca lo supo, creía que tú eras el padre porque estuvimos juntos un
tiempo...
-Es igual a él. Aunque ha de tener un poco de mí, no lo sé. No dejamos un
ADN definido... Pero por sus venas ha de correr esencia de arcángel. Te
amé pero mi amor no era tan fuerte como el que Uriel sintió por ti. -
¡¿Cómo está él?!- preguntó ella. Una nube tapó el sol y el espectro de
Elemiah desapareció.

Había sangre de un color azulado en el cemento, alrededor de la silla


de Zophiel. Su cara estaba llena de moretones, no cicatrizaba y tenía un
dolor agudo en el costado derecho de su estómago por golpes de Astartea.
No había nadie, intentó sacudir las cadenas pero fue inútil. Inclinó la
cabeza hacia atrás, observando la inscripción que tenía encima de él. Era
rumano con runas que habían sido alteradas con el fin de bloquearle sus
dones.
-No seas necio y pide al menos perdón.- Oyó una voz cerca de él. No
podía ser posible oír esa voz, estaba muerto, creyó Zophiel. Levantó la
cabeza, era Uriel delante de él, envuelto en una flama de fuego. -Eramos
una unión toda. Los ocho, con Tartahiel incluido. "La unión es la fuerza".
Recuerda nuestro lema, escuchadle y sabrás la verdad que nos ha
sido escondida, la verdad detrás de las reales apariencias.
-¡¿Qué quieres decir?!
-No todo lo que obedecemos es luz de Dios. Confía en Tartahiel.
-¡No! ¡Él es malo! ¡Está usando a una humana como escudo, nos quiere
destruir!
-Si lo hubiera querido así, ya estarías muerto. Mi muerte no fue un simple
incidente. Todo se dio por una razón, con un objetivo. Sacarme de la
Legión. Y aquí el culpable no es Tartahiel, no fue Moloch. Fue quien crees
que debes obedecer. Abre tus ojos, eres inteligente pero la lealtad te
enceguece, estás siguiendo órdenes de quien no te ha creado, mi fiel
Zophiel.
-¡¿Con quien estás hablando, arcángel?!- preguntó Adras. La imagen de
Uriel desapareció. Caminó hacia él con un látigo, se sentó sobre él y le ató
al cuello.
-Eras mi preferido de los Siete. Guapo, inteligente, el guardián del
conocimiento. Nunca supe lo que sería probar los labios de un
Resplandor.- Le sonrió y le besó los labios. Zophiel le mordió la punta de
la lengua.
-¡Ay!- dijo al apartarse. Le dio una trompada que lo hizo caer con todo.
Sacó una cuchilla, se la apuntó a la mejilla.
-¡Me encantaría hacer pedazos tu piel por haber matado a Astaroth, era mi
amigo! En eso llegó Tartahiel acompañado de Bechard.
-¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡¿Qué hace en el suelo?! - le gritó él. -
Me divertía con él. Bechard se acercó a ella, le apretó la muñeca para que
soltara el arma blanca.
-No vamos a matarle.- Alcanzó a oír Zophiel de los labios de Bechard.
"¿Será cierto lo que le dijo el espíritu de Uriel?" Tal vez sólo quería
escarmentarlo y oír el perdón de su boca.
-Te pido me disculpes...- logró decir - Cometí el error de llevarte hasta
Metatrón.
-¡¿En serio lo dices de corazón?! ¿O lo haces por miedo a que te mate? -
No lo harías, en el fondo pienso que no.
-Bechard, llévate a Adras.- le pidió. -¡¿Estando atado de pies y brazos te
iluminó la consciencia?!
-"La unión hace la fuerza", solíamos seguir el lema de Uriel y Miguel.
Tartahiel tomó el nudillo de acero y le pegó.
-¡No ensucies el nombre de quienes ya no están para defenderse! ¡¿A qué
le dices unión cuando todos me dieron la espalda, eh?! Quizá Uriel me
hubiera defendido pero tenía miedo de Enoc, aunque si no hubiera sido
por su intervención, me habrían enviado al mismísimo Pandemonium o el
abismo. ¿Tú, qué hiciste? Nada. Como le fallaste a ésta muchacha que te
quería. Les has fallado a todos, Zophiel.
-Tienes razón, he fallado, a ti, a Margaret, a todos quienes me rodeaban.
Pero puedo cambiarlo, te pido perdón.
-¡No es suficiente!- su enojo hizo resplandecer sus ojos dorados. Zophiel
lo miró fijamente.
-Tus ojos, no son rojos...
-¡No! Estoy cambiando en algo que no sé qué es... ¿O acaso tu sabes de lo
que me está pasando?- le apretó los hombros, hundiendo sus dedos en él. -
¡Aah!
-¡Habla!
-Raziel... Tuvo una visión y en ella estabas tú... ¡Ya no aguanto!- Hundió
sus dedos más. -
¡¿Qué más?!
-Vio una guerra, tormenta, caos, destrucción, una fuerza más grande que
nosotros arrasando con todo a su paso... Tú estabas allí... Con nosotros y
Yahvé.
Tartahiel retrocedió,
-Averiguaré si lo que dices es cierto.
-¡Por mi vida que es cierto!
-Ya no puedo creer en ustedes ni sus palabras. Fueron traicioneros y ya no
puedo darme el lujo de dar mi confianza en bandeja. Se estaba yendo. -Per
Virginem, per la Rosa, Legionis Semper lux, semper in incorruptione.
Tartahiel cerró los ojos, apretó la mandíbula, tomó una navaja sin sangre
de demonio, la lanzó y se clavó en el hombro de Zophiel. -¡Aaa!

-¡No vuelvas a usar frases de la Legión! Clamas en vano una unión que
nunca fue sólida.

Clínica psiquiátrica, Austin, Texas, 19:30 PM

-¿Se puede saber qué hacemos aquí?- preguntó Alkael. Miraba su reloj
impaciente, Mel le había llamado varias veces, estaba preocupado por ello.

-Aquí está quien puede ayudarnos a hallar más rápido a Zophiel. -¿Acaso
no podemos por nuestra cuenta?
Ariel miró a Miguel con reprobación, lo estaban llevando de sorpresa
sin decirle que a quien iban a ver era su madre, quien llevaba años allí
dentro.
Zadkiel se acercó al mostrador, dejando su mano derecha que revelaba
su anillo de arcángel. El empleado era un nephilim, asintió la cabeza. -Está
en el cuarto de aislamiento, atacó a sus compañeras de cuarto anoche,
decía que eran ángeles malos.-Alkael miró a los cinco arcángeles y luego a
Ariel. Le tomó del brazo a éste último.
-¡¿Qué hacemos en un manicomio a ver a una paciente desquiciada?! ¿Me
puedes explicar?
-Al, ésta paciente...
-¿Vienen?-Interrumpió Miguel- Tenemos prisa.

Caminaron por un pasillo. Las paredes eran blancas y el suelo gris. El


lugar era lúgubre, no habían cuadros, sólo un televisor en lo que era un
cuarto de entretenimientos con mesas y juegos. Habían puertas grises a
ambos lados con internos dentro, algunos con y sin chaleco de fuerza. -No
todos tienen problemas mentales, algunos sufrieron traumas luego de
ser atacados por demonios.- dijo Chamuel. Alkael miraba por cada puerta
que pasaban, había hombres y mujeres de todas las edades. En un cuarto
había una niña meciéndose en su cama, giró al verle, Alkael apartó la vista
para no perturbarla.
Entraron al cuarto de Isabel, el cual era de dimensiones grandes.
Había retratos colgados, bastidores con imágenes de paisajes. En uno de
ellos había un dibujo de un niño en un columpio, otro con un cielo
despejado con una sola estrella brillante en el infinito, otra pintura de un
ángel con alas de plata y una toga naranja, similar a la que solía llevar
Uriel.
-¿Mmm?- dijo la mujer sin darse vuelta mientras seguía pintando - ¿Qué
quieres ahora, Miguel?-preguntó con tranquilidad mientras mezclaba los
colores en la paleta.
-Venimos a que nos ayudes a encontrar a Zophiel. Le tienen capturado y
no podemos hallarlo. Creemos que lo han de tener con runas que nos
inhiben para encontrarlo. Nos podrías ayudar, lo que tengas de él o con tu
don. La mujer partió su pincel en dos.
-¡¿Por qué debería?! No tienes nada a cambio para darme, he perdido todo
en mi vida.- Se giró mirando a Miguel. Detrás de él, estaban Chamuel,
Rafael, Gabriel, Zadkiel y al final Ariel con Alkael.
-No lo has perdido todo.- le dijo Chamuel.- Fueron abriendo camino hasta
Alkael. No lo reconoció al instante, pero sus ojos, sus cejas, se parecían a
ella. Un semblante que marcaba también a su padre, la forma del mentón,
las facciones de su cara, los labios. Isabel posó sus manos en la boca y sus
lágrimas caían sin cesar.
Alkael la reconoció, esa mirada seguía igual, su pelo estaba oscuro a
pesar de las canas que brillaban entre la espesura de su melena oscura. -
¿Al, eres tú? Él no podía gesticular palabra alguna, caminó despacio hasta
acercarse a ella.
-Ma... ¿Mamá?
-¡Qué grande estás!- le acarició el rostro. Ambos no dejaban de llorar
hasta que se estrecharon en un fuerte abrazo.
-Los dejaremos a solas un momento.-dijo Ariel, quien se restregó un ojo.
Gabriel juntó la puerta, Chamuel le alcanzó un pañuelo a Ariel.
-Gracias, no lo necesito.
-Quisiste llorar, ten.-le cedió de nuevo el pañuelo, Ariel se sonó la nariz. -
¿Tardaran mucho?- preguntó Miguel.
-¡No seas insensible! ¡Llevan años sin verse, por Dios!- le retó Ariel.-Tu
no lo criaste de pequeño, no sabes las noches que lloraba por su madre. -
¡Lo entrené! ¡¿Acaso no cuenta?!- sus compañeros revoleaban los ojos, -
¡¿Qué dije?!
Alkael no dejaba de mirar a su madre. Isabel De La Cruz ya no tenía
la apariencia de aquella mujer fuerte que solía llevarlo de la mano a
caminar y comprar comida, a dejarlo a un hogar cada vez que ella iba a
trabajar para darle de comer. Ésta Isabel era otra, los años habían caído
sobre ella. Delgada, ojerosa, débil, así la veía.
-¿Por qué estás aquí, en este lugar? Creí que estabas en Madrid. -
Permanecí un tiempo pero habían demasiados demonios sueltos y me
trajeron aquí. Es un lugar seguro.
-¡Es un manicomio! ¡Te voy a sacar de aquí!
-Ahora no, Al. Menos ahora, hijo.- Posó su mano en su mejilla y él la
sostuvo.
-Tus manos están heladas. No quiero dejarte aquí.
-Algo malo se avecina. He tenido sueños de lo que vendrá. Será mejor que
me quede aquí.
-Lo sé... Pero... Necesito tenerte cerca de mí para saber que estás bien. -
Estoy bien aquí...- Se limpió las lágrimas para verlo mejor. Le peinó la
patilla con los dedos, no podía creer que del amor de Uriel había creado
algo tan bello como su hijo.- ¿Te han cuidado bien?- preguntó ella,
cambiando de tema.
-Si, lo han hecho a su manera.
-¿Y Uriel, cómo está? No vino con ellos...
-Él ya no está... Fue...
-Perdón, pierdo la cordura de vez en cuando... - Bajó su mano de su hijo y
se quedó mirando el suelo.- No sabes lo mucho que sufrí desde que te
fuiste de mi lado. Caminaba por las calles, drogada, a veces gritaba al
cielo reclamándote pero nunca recibía respuesta.
-¿Y las cartas?
-¿Qué cartas?- le volvió a mirar.
-Escribía cartas y se las daba a Zophiel para que te las diera.
-Nunca tuve cartas en mis manos. Tengo algo de Zophiel que puede
ayudarles a encontrarle.- buscó bajo una almohada, tenía un colgante con
una piedra amarilla.
-Me lo dio cuando estaba embarazada de ti. Con esto y la magia del ángel
hechicero podrán hallarlo. Ten.- Alkael no sabía qué hacer. Odiaba que
Zophiel le había mentido cuando era pequeño, todas esas cartas "¿Qué
habrá hecho con ellas?" "Quemado, eso hizo", pensó. Trató de estar
calmado delante de su madre, la miraba, estaba delgada, la cara angulosa y
con pequeñas arrugas, sus pecas seguían allí, a pesar de los años.
-Te pareces tanto a tu padre...
-¿Sabías que Elemiah murió el día que nací?
-No lo supe en esos años. Me enteré cuando le vi. ¿Tú también lo tienes,
verdad? El poder de ver a quienes ya no están en este mundo.
-Si, a veces duele, como si sintiera sus dolores.
-Te acostumbrarás a ello, con el tiempo.
-¿No te afectó la muerte de papá... de Elemiah?
-¿Elemiah? No, Uriel es tu padre. Dile que venga la próxima vez.- Tenía
un pequeño cuadro de delirio, luego de haber visto su espíritu días después
de su muerte en el 2011, a manos del demonio Moloch.
Alkael se levantó de la cama.
-No puede ser... No... Él me odiaba, me trataba mal...
-¿Quién te dijo que Elemiah era tu padre?- preguntó Isabel.
-Ellos...
-Quise a Elemiah pero no fue tanto como el amor que sentí por tu padre...-
Isabel le dio la espalda y siguió pintando. Alkael abrió la puerta y golpeó
al primero que tomó del abrigo, a Ariel.
-¡Mentiroso! ¡Son todos unos mentirosos!-los empujó a ambos lados.
Miró con odio a Miguel, a quien le arrojó la gema en las manos.
-Busca a ese infeliz así lo mato con mis propias manos.- dijo refiriéndose
a Zophiel.
-¡Hijo!- gritó Isabel, Chamuel la sostuvo.
-Déjenlo, se le pasará...- dijo Ariel, tocándose el labio partido.

Afuera el cielo estaba gris, Alkael estaba atravesando el patio


delantero del predio cuando un dolor de cabeza le obligó a caer al suelo.
Salía sangre de su nariz. Intentó ponerse de pie cuando vio unos zapatos
negros frente suyo.
-¡Pero que carácter de perros! Igual que él...- Se levantó deprisa. Era un
hombre joven, como Zadkiel, de cabello corto castaño y de ojos marrones.
-¡¿Y tú quien eres?!
-Primero, me bajas la voz. Así no se habla entre pares.-Encendió un
cigarrillo- ¿Quieres?- Alkael negó con la cabeza- Te lo pierdes, chico.
Segundo, esos buenos para nada no supieron contarte cómo pasó todo.
Mentiras tras mentiras armaron una telaraña más grande que la de
Charlotte.
-¿Tú eres... Elemiah?
-¡Ding, ding, ding! ¡Acertaste! Te contaré cómo llegaste a éste mundo.-
Caminaba lentamente, Alkael le siguió.
- Fue en los ochenta, andábamos en una época donde el vudú era una
moda, los exorcismos eran corrientes y los demonios albergaban casas
buscando vasijas humanas. Recorrimos Irlanda, Hungría, Escocia,
Inglaterra y España. Tu madre era novicia, oriunda de Barcelona, fue a
Madrid a estudiar para ser monja después de descubrir lo que hacían sus
dones...
-Y perdió el cargo por...
-¡Sh! Déjame terminar... - Exhaló el humo del cigarrillo por los labios.
-Tenía dieciocho cuando conoció a Uriel. Fue épico cuando se
conocieron, en una noche de estrellas fugaces. La Osa menor brillaba con
estupor... ¿Adivina a quien también le guió una estrellita...? -¿A... Mi?
¿Coincidencia? Nah. A veces los destinos se repiten... ¿No lo crees?
Volviendo a tus padres, estaba prohibido que existiera relaciones entre
humanos y arcángeles. Si quitaban a Uriel por andar con ella, el poder de
los Siete se perdería. Él habría sido extraditado al palacio de Lucifer o al
calabozo con los demonios puros. Fue entonces cuando me ofrecí de
encubridor. Amé a tu madre pero me daba pizcas de atención. Yo era una
miga en su vida, Uriel era el pan de su corazón. ¿Me explico? Una noche,
la que tú naciste, íbamos a arrestar a un matrimonio de destructores,
Astaroth y Astartea. Tu padre era tan fuerte como Miguel pero yo sabía
que esos dos lo harían pedazos y me encargué de ellos aunque todo salió
fuera de lo previsto. Él creyó que eras mío y no de él, por eso fue tan
gruñón contigo. Pero en el fondo te amaba, porque le recordabas siempre a
Isabel, su eterno amor. Si vas a cabrearte con esos viejos arcángeles,
hazlo, pero son tu familia después de todo. Como toda familia, tienen sus
fallas, nadie es perfecto. Debo irme ya,.. Y chico...
Suerte con Tartahiel, es otro pringado como tú, seríais un buen dúo.-
Caminó hasta desvanecer en la niebla.

Detrás de él estaban los arcángeles.


-¿Y bien? ¿Nos dejas o te quedas?- preguntó Miguel. Alkael se volteó.
-Me quedo junto a ustedes si dejan de mentirme.
-Hecho.
-¡¿Hecho qué, Miguel?!
-No más mentiras, ya sabes todo. Tienes un lugar dentro de los Siete que
debes ocupar, el rango de tu padre.- continuó Miguel.
-Tanto tu como Tartahiel están en la visión de Raziel pero primero
debemos tenerle en nuestras manos para saber qué sucederá.-dijo Zadkiel.
-Los ayudaré en lo que pueda, pero una vez que acabe esto, haré mi vida
normal.
-No puedes... ¿Acaso no lo entiendes?- dijo Rafael.
-¡¿Entender qué?!
-Ya no eres un simple serafín, Alkael, eres mitad arcángel. No puedes
tener una vida mundana. Eres como nosotros.- dijo Gabriel.
CAPITULO 17 Amor Indestructible

Alkael despertó de una pesadilla. Su mente le devolvía aquella noche


que Valery se había hecho polvo en sus brazos. Ésta vez había sido peor,
viendo a Mel y ella muertas en un suelo neutro, a Zophiel decapitado y a
Margaret en manos de aquel desertor.
Aquella mañana irían a salvar a Zophiel, quizá por eso le inquietaba
tanto. Ya se imaginaba desatando a Zophiel y luego agarrándolo a golpes
por haberle mentido por lo de su madre. Tal vez todas sus cartas se habrían
vuelto cenizas cuando su primer hogar de Nueva Orleans se consumió por
el incendio de aquel escape de gas del 2014.
Fue a ver a su habitación, Clarisse dormía abrazada a su hija, Había
querido tener a su madre allí pero Isabel le pidió que la mantuviera en
aquella institución, en donde estaría a salvo de cualquier peligro.
Regresó al living. El reloj rezaba las cinco de la madrugada, no podía
dormir. Revisó su móvil, tenía varios mensajes de Mel, probablemente Leo
le habría pasado su número a ella. Había un mensaje en el buzón de voz, se
estremeció al oír gritos y cosas que caían en el piso. Salió al pasillo, marcó
el número de Mel, nada, respondía la contestadora. Decidió en montar su
motocicleta e ir a casa de Leonard, él sabría algo. Golpeó la puerta con
impaciencia hasta que oyó que alguien arrastraba los pies. Leo miró a la
mirilla y abrió, se refregó un ojo.
-Son las cinco y cuarto, ¿Qué pasa?
-¿Has sabido de Mel? Ha tratado de llamarme y no he podido atenderle...
Tengo esto.- le prendió el móvil.
-¡Ay no!
-¡¿Qué? ¡¿Dónde vive, Mel?!
-Habrá peleado con Andrew... Espera...- Fue hasta la mesa de la entrada,
buscó papel y lápiz, anotó la dirección de Mel. Alkael se fue a toda prisa,
Leo se quedó en la entrada de su casa. También intentó llamar a Mel pero
no había respuesta alguna.

Llegó hasta un edificio de puertas plateadas, era un complejo de


apartamentos. Iba a tomar el ascensor pero tardaría demasiado, empleó sus
dones y llegó más fácil a la puerta donde vivía Mel. Vio la puerta
entreabierta, lo cual le asustó. Su corazón latía fuerte, con el miedo que
recorría su espalda y su pecho. No había nadie. Megan había vuelto a
Riverside por lo visto, ya que había objetos que pertenecían únicamente a
Mel. Caminó hasta sentir vidrio molido bajo sus pies, era una botella, al
parecer.
-¿Mel?- No hubo respuesta. Un pequeño pasillo le conducía a dos cuartos
y el baño. El primero estaba vacío, llegó al último y encontró a Mel, en un
rincón junto a la ventana que daba a la calle. Su mirada estaba perdida,
observando lo que ocurría fuera.
Alkael se puso de rodillas, cerca de ella.
-Mel... Soy yo.- Le corrió el cabello que cubría su pómulo izquierdo. No
tenía nada, Le quiso tomar del brazo pero le dolió, pudo notar por el gesto
de dolor en su cara.
-Me lo merezco. Fui una idiota...
-No, no eres una idiota.- No lloraba, estaba dura, aferrando sus piernas con
sus brazos.-Deja que te lleve a casa.
-Déjame aquí. No merezco tu ayuda, Angel.- Hacían años que no la
escuchaba decir ese nombre. La vio ponerse de pie a duras penas,
rengueaba, se metió en la cama, andaba con pantalón gris y una blusa
negra de manga corta.
-¿Podrías...? ¿Ver que la puerta esté cerrada con llave?- le pidió. Alkael fue
a ver la puerta y las ventanas. Regresó a donde estaba Mel, llorando
abrazando una almohada. A él se le encogió el corazón, tomó una silla
cerca y le acarició el cabello como solía hacerlo de pequeño. Le cubrió los
hombros y cuidó de ella hasta verla dormir, le curó los golpes de Andrew.
Nacía una rabia en él por hacer pagar a aquel bastardo. Le dio un beso
en la frente mientras acariciaba su cabello.

Al mediodía, iba junto con Zadkiel a buscar a Zophiel, cuando se


detuvieron cerca del centro, a metros del edificio donde vivía Andrew. -Ya
regreso, no tardo.-le dijo Zadkiel. Él asintió hasta que logró ver a Andrew,
dejó su motocicleta apoyada a un poste, sus ojos brillaban como ámbar.

-¡Hey!- le gritó, le dio un golpe en la quijada que lo dejó en el pavimento.


Andrew escupió sangre.
-¡Con que te gusta golpear mujeres! Andrew se limpió la sangre con su
pañuelo, le reconoció por la foto del diario.
-¿Te mandó a pegarme? ¡Es una vil cobarde!- Ese comentario le hizo
enfurecer más, con el puño le golpeó a Andrew en el estómago, éste se
defendió, arrojándolo contra un auto, tenía una fuerza considerable, notó
Alkael.
-No te metas conmigo, Angel.
-¿De dónde tienes esa fuerza? ¿Te la dan para quienes trabajas? -
Te advierto, no te metas conmigo.-arregló su saco.
-Vuelves a ponerle una mano encima a Mel y te arrancaré el corazón con
mis manos, ¿Te queda claro?
-¿Te molesta que te cambió por mi? Le pondré mis manos y todo de mí
cuando se me dé la gana. Por cierto, ya ha probado de mí estos dos años
que estamos juntos...- dijo él sonriente. Alkael le pegó una vez más,
logrando que escupiera una muela.
-¡La tocas y te mato, que te quede claro! Andrew se levantó del suelo. Iba
hacia su coche pero Alkael armó una línea de fuego por las manchas de
aceite de la calle y el coche explotó. -Tendrás que tomar el interubano.-le
dijo Alkael. Regresó a su motocicleta, Zadkiel vio el auto en llamas. -¿Qué
pasó mientras no estaba?
-Nada importante, vamos.

Zophiel despertó, luego de las constantes torturas de Froimost y


Silcharde. Una gota de sudor cayó de su frente en el frío concreto del
depósito donde le tenían encerrado. Margaret estaba de brazos cruzados,
mirando. Su mirada era inexpresiva, no le causaba dolor ver cómo el
demonio le clavaba cuchillas por los brazos. Tartahiel se acercó a ella, ésta
no le oyó venir lo cual le asustó.
-¿Hace cuánto está Froimost?
-Desde el mediodía. ¿Quieres que le detenga?-preguntó ella.
-No te preocupes, me encargaré. Ve a descansar.-le dijo. Ella miro una vez
más a Zophiel, él no dejaba de mirarla y ello le perturbaba en cierto modo.
Tartahiel tomó de un hombro a Froimost.
-Es suficiente, deja que se recomponga nuestro huésped.
-Estoy débil... Lograste tu objetivo...- pudo decir. Tartahiel le levantó la
cabeza cogiéndole del cabello, había perdido su coleta, tenía el pelo
mojado por el agua hervida que le había arrojado Astartea.
-Aún no he terminado... Faltan tus compañeros.
-Prefiero morir a que les hagas lo mismo que me estas haciendo pagar...
He pedido perdón, ¿Qué más quieres de mi?
-Quiero a Miguel suplicando igual a como estás haciéndolo tú. Hasta llegar
a Metatrón y arrancarle las alas, una por una.

Alkael y los cinco arcángeles más dos arcangelinas iban mejor


preparados que la vez anterior, acompañados de un considerable número
de nephilim.
-Armaremos cuatro grupos dirigidos por pares, Zadkiel con Gabriel, Rafael
con Chamuel, Alkael conmigo y Caridad con María. ¡Muévanse!- exclamó
Miguel. Alkael pudo ver una sombra de alguien que les seguía. Se alejó del
grupo, preparó su espada, empuñándola con firmeza hasta que vio que era
Mel.
-¡Dios, Mel! ¡Casi y pude haberte lastimado! ¡¿Qué haces aquí?!
-Si Zophiel está ahí, puede que mi hermana también lo esté, ¿No?
-No debiste venir...
-¡Debo hacer algo! Por favor...-tomó su mano libre, la miró a los ojos. No
podía decirle que no.
-De acuerdo, pero no te apartes de mi. Ven.- Iban apoyados contra la pared
de aluminio de una fábrica contigua al viejo almacén en donde se
encontraban Zophiel y los demonios. Ya se escuchaban disparos y gritos.
Miguel miró molesto a Alkael.
-¡¿Qué hace esa chica aquí?! -Fue lo único que pudo decir luego de ver a
Chamuel siendo despedido por los aires hasta caer al suelo con una herida
profunda en el brazo. Miguel lo arrastró hasta un lugar fuera del tiroteo. -
¡Tienen a una chica! Es muy fuerte y tienen armas que han matado a los
nephilim que iban conmigo y Zadkiel. ¡Debemos irnos!
-¡Eso, jamás!- Miguel entró corriendo con su espada de fuego. Astartea le
lanzó su cadena pero el se la quitó y pudo enredar sus piernas y hacerla
caer contra Bechard. Margaret no dejaba de disparar, Miguel se cubrió de
sus alas de plata, el brillo la encegueció. Miguel la empujó lejos, hacia
donde estaba Zophiel atado.
Alkael corrió hacia él pero Maggie le apuntó con su Colton.
-¡Lo desatas y te vuelo los sesos!
-¡Maggie, no!- le gritó su hermana. Ella se distrajo al ver a Mel. Alkael
forcejeó con ella por el arma que comenzó a disparar hacia el techo.
Maggie le pateó, Mel corrió hacia ella y pelearon entre si, entre trompadas
y patadas.
-¡¡Reacciona, Margaret!! ¡Soy tu hermana!
-¡Me abandonaste como él! ¡Como todos!- Margaret estaba más en forma
que su hermana a pesar de que Mel esquivaba algunos golpes.
Alkael se aceró a Zophiel, había perdido mucha sangre.
-¿Puedes ponerte de pie?
-No creo que pueda, me han quebrado una rodilla. Ya no siento dolor.
Déjame aquí, ya no sirvo.
-Me encantaría golpearte por otros asuntos ahora pero tienes que
recuperarte.- Rompió las cadenas y lo arrastró fuera del círculo. Adras se
acercó a ellos, combatió contra Alkael.
-¡Peleas bien, bonito! ¿Quién eres?
-Un bicho raro como tú.- Adras le envolvió el cuello con su látigo de
cuero. Alkael lo tomó de ambas manos y lo fue prendiendo fuego.
Tartahiel vio que los ojos de Alkael tomaban un color más oscuro que los
de él. No era posible que aquel muchacho fuera un arcángel, pensó
Tartahiel, se transportó hasta Zophiel.
Adramelech tenía en sus manos a Chamuel.
-¡El próximo en mis manos eres tu, Miguel! ¡Y ustedes también!- le gritó
Tartahiel a Zadkiel, Gabriel y Rafael. Ambos desaparecieron. Froimost
creó una tormenta de viento que desplazó a todos.

-¡Maggie escúchame!
-¡No soy tu hermana, olvídate de mi!- Disparó a Mel.
-¡No!- gritó Alkael, quien pudo lanzar a Adras contra Surgat. Froimost
tomó ayuda del clima, formando una lluvia que permaneció todo el día. Él
y los demás demonios se esfumaron.
Miguel lanzaba blasfemias al perder no sólo a Zophiel sino también a
Chamuel. Alkael corrió hasta caer de rodillas hasta donde yacía Mel.
-¡Mírame, mírame, mírame! No cierres los ojos, estarás bien.- Rafael le
sostuvo la cabeza. Tenía alojada en el lado izquierdo del abdomen una bala
con sangre de demonio.
-¡¿Podrás sacarla?!- preguntó Rafael. Éste no podía hacerlo sino se
quemaba. Mel tenía los ojos entrecerrados.
-Respira hondo-le dijo. Metió su mano hasta encontrar la bala, Mel se
retorcía de dolor.
-¡Mierda!- masculló al ver una simple esfera, se había desintegrado. Estaba
nervioso. Si la sangre circulaba por su sistema, podía morir. Trató de
calmarse y cerró los ojos. Posó su mano derecha sobre su vientre y atrajo
como imán las partículas de la bala con éxito.
Gabriel iba del brazo de Zadkiel, estaba levemente herido con
raspones y pequeños cortes que destrozaron su traje mao.
-¿Qué haremos ahora que se ha llevado a Chamuel?- preguntó Rafael. -Por
ahora no lo sé, iremos a la vieja cárcel a curate de las heridas- dijo Miguel
por Gabriel.- Estamos todos cansados. Mañana iremos hasta donde ha de
vivir la vasija de Tartahiel y le arrestaremos a como dé lugar, si tengo que
matarlo con mis propias manos será necesario. Lo quiero en mis manos y
hacerlo trizas.

Tartahiel pateó la puerta, llevaba a Margaret en brazos. Detrás de él,


Bechard llevaba a Astartea y Froimost a Adras. Adramelech se había
encargado de encerrar a Chamuel y Zophiel.
-Ese muchacho te pateó el trasero, querida- comentó Froimost.
-Me tomó con la guardia baja.
-¡Claro!- dijo Bechard luego de dejar con cuidado a Astartea en el sofá. Le
quitó las botas y la cubrió con una manta. - Su marido estaría orgulloso por
cómo peleó hoy.
Tartahiel subió las escaleras que llevaban a su habitación, dejó a
Maggie descalza y la metió con cuidado en su cama. Estaba enfurecido por
el tupé de Miguel arcángel en haberla empujado como un insecto. Apretó
su puño con fuerza hasta tener los nudillos blancos. Regresaron sus ojos a
la inconsciente Margaret. Buscó un paño con agua y le limpió el rostro,
ubicó sus manos sobre sus heridsos brazos para regenerar su cuerpo de las
heridas. Pasó sus dedos por sus labios, se aceró a darle un pequeño beso.
Cerró los ojos al unir su boca con los labios de ella. Una pequeña luz
blanca pasó de los labios de él a los de Margaret.
-Descansa, Margaret.

Bechard había vuelto a la vieja tienda donde guardaba sus pociones y


runas cuando oyó un fuerte golpe en la puerta, era Andrew. Revoleó los
ojos hasta que caminó lentamente para abrirle.
-¿No sabes leer? Dice "Cerrado"
-Necesito una poción de amor. Es para mi prometida, quiero que se
enamore perdidamente de mí.
-Ven mañana, estoy cansado...
-¡La necesito ahora!- Bechard le tomó del cuello y lo apretó contra un
estante.
-¡Mira maldito mundano, tengo cosas más importantes que tener que lidiar
contigo y tu estúpida y ridícula vida de novela barata!- Al empujarlo contra
el estante, un frasco negro se desplomó al suelo, liberando su contenido.
¡Lárgate si no quieres que me cargue a tu hijo de festín!
-No metas con Alex, te estoy pidiendo una mano.
-Lárgate- le murmuró. Le había clavo las garras en la nuca, rasgo que se
caracterizaba al ser un ángel exiliado. Andrew se fue reacio, se tocó la
herida que le dejó Bechard, con ella se hacía fuerte.
Bechard no vio que el frasco que contenía a Valery se había roto,
Cerró las persianas del local hasta que se cruzó con el ángel Raziel.
-Habíamos quedado que no habrían torturas a Zophiel.
-Tu me pediste que lo hiciéramos reaccionar, no cómo. Antes que se le
ocurra hacer lo mismo a Chamuel, ¿Por qué no baja Dios a poner fin esto?
-Hasta que Miguel se dé cuenta. Está tan necio como Tartahiel y ambos
deben hacer las paces.
-¿Y de Metatrón, qué sabes? ¿Por qué no ha atacado aún? ¿Será que tu
revelación no sucederá?
-Va a ocurrir. No se sabe cuándo, sólo sé que se avecinará, pronto.
-¿Crees que Lucifer cooperará?
-Le convendrá hacerlo, su mundo también estará en juego.

Departamento de Mel, 21:30 PM

Mel se estaba dando un baño pero no soportaba las arcadas luego del
disparo que habría sufrido.
-¿Estás bien?- preguntó Alkael.
-Si.- Respondió. La curación de Alkael le estaba haciendo vomitar todas
las pastillas que había estado tomando últimamente.
-¿Segura?- preguntó de nuevo al oír una fuerte arcada. -Si.- Mel tosió. Se
apoyó a la pared del baño hasta que su cuerpo se tranquilizó. Él le estaba
haciendo una maleta, para que se fuera a un lugar seguro. "¿Otra vez la
involucro en mi mundo? ¿Nuevamente en mis problemas?", se decía.

-Angel... Amm... Perdona, ¿Me alcanzarías una


blusa? -Claro.-Se aceró a dársela.- ¿Y Megan?
-Decidió en volver a Riverside. No quería ser un estorbo pero le prometí
que iría a verla.
Alkael pensó que no debía precipitarse en hacer una maleta sin antes
hablar con ella, siempre solía respetar sus decisiones aunque ella con él no
lo hacía. La puerta del baño se abrió un poco por el viento. Alkael estaba
guardando la ropa y no pudo evitar en mirarla. No importaba que los años
se notaran en su cuerpo, sus curvas seguían intactas, los lunares de su
espalda permanecían como antes, su piel un poco bronceada, su cintura
delgada y, sus piernas un poco estilizadas y unas pequeñas, casi invisibles
estrías y celulitis en los glúteos. Tenía la boca seca, arrugó el ceño y se
apresuró en desempacar.

Por la alfombra de la habitación, él no oyó que Mel salió del baño.


Con cautela, llegó cerca de él, tomándole del brazo.
-Cuando te fuiste pensé que no volvería a verte jamás. No puedo retroceder
el tiempo, nos dijimos muchas cosas. Te lastimé mucho y no te lo
merecías.- Sentía que su corazón había vuelto a latir como antes, como si
su alma se hubiera ensamblado a ella.- Quien debe pedir perdón soy yo. No
quise entender por qué te ibas. Cuando me dijiste que no me querías no
noté que lo decías para cuidarme. Fui una imbécil. Ahora con Andrew,
cometí un terrible error, me olvidé de todos, de mi madre, mi hermana...
De ti...
Él no sabía qué decir. Estaba pensando que si volvía con Mel, no
tendría una felicidad completa. Él estaba aferrado al cielo para siempre por
sus deberes ahora como sucesor de su padre. "Si no puedo estar al lado de
Mel, al menos le daré algo de mi para que me recuerde siempre, algo de mi
que le haga rememorar mi amor por ella", pensó. Se dio vuelta para
hablarle a los ojos.
-Sh... ¿Sabes de qué me arrepiento? De no haber tenido el coraje de seguir
manteniendo lo nuestro a flote. Podríamos haber estado más años juntos...-
le costaba mantener la respiración con ella enfrente de él. Acarició su
mejilla derecha con el pulgar. Apenas hizo eso, un hormigueo floraba
dentro de Mel, extrañaba su caricia. -Extrañé cada centímetro de tu piel, tu
perfume, tu voz, tu respiración sobre mí. Déjame tenerte conmigo una
noche que puedas recordar para siempre. Olvídate de Andrew, lo
resolveremos juntos, siempre hemos solucionado cualquier obstáculo. No
puedo arrancarte de mi, Mel. Eres el mejor capítulo de mi vida. Y no me
arrepiento de haberme enamorado de ti, siempre te amé, desde nuestro
primer beso. Eres mi otra mitad, no vivo si no estás conmigo, dependo de
ti cada segundo de mi existencia. Mel, no te...-Ella puso sus dedos en sus
labios.
-Perdóname tú a mí, Alkael, perdóname por todo. No existo si no estas
conmigo. No te dejaré ir, ya no.- Un nudo en la garganta le impidió seguir
hablando, Mel bajó la vista a sus labios. Se puso en punta de pies y le besó.
Él le sostuvo, tocando su cuello hasta hundir sus dedos en su cabello
húmedo. Volvió a mirarla a los ojos, ese brillo perdido había vuelto, una
parte de Mel había regresado y se había hecho una sola al fin después de
todo.
-Hazme tuya, como siempre lo he sido- susurró. La besó de nuevo, con
más pasión, bajó sus manos hasta su cintura. Mel se estremeció, jadeó al
sentir sus manos en ella.
-Angel... ¡Rayos! Alkael.
-Llámame como tú quieras.-respondió con voz ronca. Recorrió su piel.
Subió cuidadosamente su blusa verde hasta chocar con el arco de su
corpiño.
-¿Ayuda?
-No, no apartes tus manos de mí.-le suplicó ella. Mel se humedeció los
labios hasta que él volvió a besarla.
-Tus manos, están calientes...-decía ella agitada.
-¿Quieres que baje mi temperatura?
-No, no lo hagas. Él tenía sus manos ocupadas en ella, acariciando su piel,
besando el néctar de su cuello.
Las manos de ella estaban frías, recorriendo el estómago de él hasta
irse a su espalda. Lo oyó gemir, primera vez que lo hacía ¿O eran siglos
que no lo había oído clamando por placer?
-Nunca dejarás de tener las manos heladas...
-Perdón- se apartó un poco de ella, tenía rubor en sus mejillas. Valery
había vuelto, ella en Mel, Mel en ella, era una sola. Podía notarlo por el
resplandor de su iris color marrón.
-Te amo, Mel.
-Yo también te amo. Con todo mi corazón.- La rodeó en sus brazos, dando
todo de él, su amor, su calor, su ternura, sus labios, entregando su alma
como lo estaba haciendo ella.
Alkael permaneció la noche en vela, una lágrima cayó por su mejilla
hasta morir en la almohada. Pensaba en lo que le habían dicho los
arcángeles. No tendría una vida normal. Estaba unido más al cielo que a la
tierra. "¿Volver a dejarla? No puedo, no quiero hacerlo", pensó. Mel le
abrazaba, con la cabeza apoyada a su pecho. Un pequeño brillo emergía
desde la ventana, estaba por amanecer. Besó su cabeza mientras veía el sol
salir.
-Dejé de escribir mi diario, en él quedó nuestra infancia y adolescencia...
Tiempos que suelen olvidarse pero que de alguna forma u otra se desea
volver a ese entonces. Abandoné el escribir sobre el pasado y miro el hoy,
aquí, contigo, abrazada a mi y ver el sol levantarse una vez más.-le decía al
oído. Sentía la respiración de ella en su piel, adoraba tenerla así. Recuperar
unos segundos de amor que solía tener con ella como cuando eran jóvenes.

Mel abrió los ojos, le besó el pecho, le había tomado por sorpresa. -
¿Cómo dormiste?
-Bien, protegida, cuidada, como antes. ¿Recuerdas cuando me decías,
cómo se siente el amor?
-Como un hormigueo que empieza en las piernas, te sube al vientre y la
sangre hierve... Es... como eléctrico, como si estuvieras tan cargado de
energía que todo el cuerpo hace chispas. Si, lo recuerdo. -Así me siento
ahora. Contigo a mi lado de vuelta.- Él le peinaba el cabello con los dedos.

-Quisiera quedarme así, aquí contigo por toda una eternidad. Pero el deber
llama...- Iba a levantarse de la cama pero Mel le detuvo. -Quédate, un
segundo más...- Alkael le sonrió, sus ojos verdes daban un bello resplandor
con los tenues rayos de sol de la mañana que despertaba. -Eres mi paraíso,
Mel.
-Y tú el mío.
CAPÍTULO 18 Rebelión

Una tenue luz del sol traspasaba la cortina color pastel. Margaret
despertó, aspirando bocanadas de aire como si hubiera estado sumergida en
el agua. Se incorporó en la cama, miró sus manos, tenía las uñas negras y
anillos que no poseía llenaban sus dedos. El reflejo de su reloj le devolvió
una imagen de sí misma que desconocía.
-¿Pero qué he hecho...?- Se tocó un mechón suelto de su coleta. Escuchó
que alguien tocaba a la puerta.
-¿Se puede?- Lo reconoció como Darien Rekon, no como Tartahiel.
"¿Dónde estoy?" "¿Qué hago aquí con él?", su mente arrojaba preguntas
que no tenían respuesta.
-¡Tartahiel! ¡Es Surgat al teléfono!- dijo la voz de Adras.
-Ahora vuelvo. Date un baño si gustas. Has dormido por dos días,
Margaret.- Tomó su mano, besando sus nudillos. Margaret estaba
desconcertada.- ¡Voy! El desayuno está listo.
Para su sorpresa, le dio un beso en los labios.
-¿Estás bien? Te siento preocupada por algo.
-No, me da vueltas la cabeza. Iré a darme un baño. Él frunció una sonrisa.
Esperó a que se fuera. Cerró la puerta con el seguro, hurgó en la
habitación, tratando de hallar el por qué estaba allí, qué hacía allí con
Darien y cómo había cambiado hasta su aspecto.
Había un bolso junto a la cama, lo abrió. Lo único que había eran
armas, nada de ella, municiones, calibres y dagas. En su cabello colgaba
una hebilla, lo único que le quedaba de su pasado, el broche de Zophiel.
Entró al baño, en donde pudo verse con el cabello más oscuro y un
piercing en la nariz.
-¡Dios! Si me viera mamá, me mataría.-dijo en voz alta. Abrió el espejo,
había cajas de tintura, medicamentos y una vieja foto de Darien junto a su
asistente Percy.
"Alguien le llamó Tartahiel pero ¿por qué?". Lo último que recordaba era
que había sido atacada por Moloch y la tía de Clarisse además de las
imágenes que se proyectaban a gran velocidad, visiones de ella disparando,
atacando con destreza, lanzando flechas con Darien hacia un blanco. No
entendía bien. No sabía si su madre y hermana seguían con vida desde
aquel baile en el hotel Le Pavillon en Nueva Orleans. Oyó que alguien
tocaba la puerta. Unos minutos después, caminó hacia la puerta.
-Me tenías preocupado, Maggie.- era Bechard. La miró sorprendido. Había
cambiado su cabello a como era antes, de un rubio claro a pesar de que
mantenía el maquillaje en sus ojos.-Volviste a ser tu. No te gustó el estilo
de Adras, ¿Verdad? ¿O es una estrategia contra Zophiel? Me lo imaginaba.
-Así es.- trató de fingir. No sabía quién era aquel hombre alto de ojos
azules claros. Su mirada era penetrante, como si quisiera leer su mente. -
¡Mejora esa cara, Bechard! Sino, es muy difícil que conquistes a Astartea.-
su mente le estaba ayudando a procesar y recordar nombres de antes y
ahora.
-No me atraen los demonios, para tu información. Recuerda que una vez
trabajé para los de arriba.
-No te aflijas. La venganza está cerca de su fin.

Zophiel miraba el frío suelo de cemento. Gotas de sudor y sangre


caían por su frente. Tenía un ojo inflamado por un golpe de Froimost. Su
poder de autocuración era débil pero se estaba regenerando de a poco. Su
cuerpo ardía en dolor. Alzó la cabeza para ver la runa inscrita en el techo.
Su sabiduría en las escrituras y libros ocultos no era útil del todo pero
debía intentarlo. Oyó pazos que se aproximaban, eran Silcharde y
Tartahiel.
-¿Quién le dejóasí?
-Froimost y Astartea, ella sigue dolida por la muerte de su esposo.
-Está bien, tiene su merecido.
-¡¿Dónde tienen a Chamuel?! ¡¿Qué le hiciste, infeliz?!
-¡Tranquilo! Cupido está bien. Su sangre nos ayudará a acabar con Miguel
y tus hermanos.- Acercó una silla a él- ¿Quién es él?- le mostró una
imagen de una cámara de vigilancia- En la fiesta, la cámara le tomó y sus
ojos brillan como los de Uriel. Contesta a mi pregunta.
-Es nadie. Un guardián como cualquiera. Tartahiel se rió.
-¡No me mientas! Ningún guardián tiene ojos así. Ni un Trono, ni una
Dominación tienen ojos ámbar. Uriel si y está muerto. Silcharde le acercó
el móvil de Zophiel.
-Dejaré un mensaje a tu amigo y veremos si tiene la valentía de venir a mí.
-Por supuesto que vendrá.
-Ya viene Margaret en camino.
-Bien. ¿Sigues sin decir cómo llegar más rápido a "La Casa"? -
¡No te lo diré! Metatrón no es lo que tú crees.
-¡Ingenuo!- le pegó hasta hacerlo caer al suelo.- ¡De gente tonta e ilusa está
lleno el cielo! ¡Así fue como se dejaron engatusar por Lucifer, están
haciendo exactamente lo mismo ahora! ¡Nada ha cambiado, la historia se
repite y esta vez será peor, ya que la creación ya vive en la tierra y miles de
almas inocentes están en juego!
-¡Tú eres nuestra destrucción!
-No. Te equivocas, Zophiel. Enoc será nuestra perdición, y todo por culpa
de Yahve en haberlo elegido como nuevo comandante de los coros.
¡Surgat!- Llamó al viejo demonio.
-¿Si?
-Vigilale. Silcharde, tu también. Corroboren que cuando venga Margaret
no haga nada estúpido.
-Si, señor.- dijeron al unísono.

Dos días pasaron desde que Mel se había encontrado con Alkael en el
apartamento de ella. No sabía de él desde aquel entonces. Tampoco sabía
de Andrew, quien al parecer estaba en Boston por negocios. Alex estaba
con su abuela en Austin.
En el contestador, recibió una llamada de su madre, contando que
estaba bien, rodeada de sus buenos vecinos, cuidando sus flores y su
jardín.
Por ratos, recordaba la noche que había pasado junto a Alkael. Su ser
se había iluminado por completo al tenerlo de vuelta en su vida. -¿Y esa
sonrisa? Se nota que tuviste una buena clase-le dijo Leo, quien le
despertó del recuerdo.
-No es por una clase.
-¡Aja! ¡Ya sé! Déjame adivinar, es por... ¿Angel?
-Se llama Alkael, ese fue siempre su nombre.
-¡Qué más da! Me encanta verte sonreír y que él sea el producto de tu
alegría. ¿Cómo vas con Andrew? ¿Cuándo le dirás que terminas con él?
-Pronto. Está en Boston pero cuando apenas regrese, hablaré con él.
-Me gusta ese tono de seguridad. Haz recuperado tu fuerza.
-Si, la tengo conmigo otra vez, la había perdido pero no la dejaré ir nunca
más.- Ella sonrió al igual que Leo, la ambigüedad de su oración le
demostró que había aceptado a Valery como parte de ella. Se despidieron
en las escalinatas del colegio.

Un hombre de cabello negro y abrigo les miraba de lejos, era Edward.


Mel entró a su auto y se fue. Edward inhaló una última colada de su
cigarrillo y lo arrojó al piso, pisándolo con su zapato.
-Serás mía ésta vez.- dijo en un murmullo.

Zadkiel estaba entrenando con Alkael con el arma que habían podido
tomar de Astaroth aquella noche.
-¡Más rápido!
-¡Hago lo que puedo, Alkael!
-¡Un disparo de esto, y serás ángel muerto!-Ariel apareció.
-¿Podemos hablar, a solas?- Zadkiel se esfumó en una estela violeta.
-¡¿De qué quieres hablarme, ah?! ¡¿A pedir perdón por mentirme?! Todos
sabían quién era mi padre e incluso se lo ocultaron a él. ¡Murió en mis
manos! Y encima me obligan a que ocupe un lugar que no quiero.
-Comprendo que aún estás enojado con nosotros porque no puedes tener la
vida que siempre soñaste. Pero es tu responsabilidad. En la vida como
ángeles y la terrenal hay roles que nos son asignados y deben cumplirse. -
No empieces con ese disco rayado, Ariel. Sé que estoy atado al cielo, que
tengo un deber que cumplir con ustedes pero mi corazón no está atado a
ustedes, está aferrado a Mel eternamente, que te quede bien en claro. Su
móvil vibró en el bolsillo trasero de su pantalón. Era un mensaje de un
número desconocido.
-¿Qué pasa?
-Nada. Le había llegado el recado de Tartahiel que decía:

"Ven a corporaciones Rekon al caer el sol. Tenemos que hablar, hay


verdades que te puedo ofrecer".

-¿Qué sucede?
-No es nada grave.
-¿Seguro?
-Si. Y dile a Miguel que sigo enojado con él, contigo, con todos.
-¿Estás en estado de rebelión? Sabíamos que si te decíamos que Uriel era
tu padre no ibas a obedecer. Deberías agradecernos que fuiste criado en
buenas manos.
-¡¿Y en las de mi madre no?! Se drogaba, terminó loca por culpa de
ustedes, ¡La llevaron a un loquero! No me criaron, me adiestraron a su
gusto.- lo empujó contra un muro.-Me vuelves a decir algo más sobre éste
asunto y te juro que no tendré tacto contigo.
Alkael se fue deprisa, su teléfono cayó al suelo. Ariel lo cogió, viendo
el mensaje. Arrugó el ceño, sabía donde podía ir Alkael. Marcó otro
número.
-Miguel. Él acaba de citarlo en la empresa, ¿Qué haremos?
-Iremos por Zophiel y Chamuel.

Al subirse a su motocicleta tanteó su bolsillo, maldijo entre dientes


que había perdido el móvil. Cuando estuvo por prender, sintió algo
punzante en la nuca.
-Sube a la camioneta, no hagas nada estúpido.- Con el rabillo del ojo pudo
ver que era Adramelech.
-¿Qué lazo tienes con Tartahiel?
-No va el caso en decírtelo. Sube al coche y ponte esto.-Se ató el vendaje,
se dejó esposar por él e ingresó a la camioneta gris. En el interior, podía
percibir aromas de quienes habían estado antes allí, el perfume de Astartea,
rosas pasadas por rocío, el aroma de Bechard, pólvora, debía ser de
Froimost y un olor agridulce, quizás de Margaret. Adramelech lo vigilaba
por el espejo retrovisor, le inquietaba que fuera callado, como si no tuviera
miedo de Tartahiel.
-¿Sabes por qué te llevo, no?
-Si.
-¿No tienes miedo?
-¿Por qué debería? ¿Acaso es Lucifer? ¿Es Yahve o Metatron?
Adramelech retomó el silencio, le sorprendió bastante su tono desafiante.

Adras iba en un auto con Margaret hacia el depósito donde estaban


Zophiel y Chamuel.
-Veo que volviste a tu aburrido look mundano.
-¿Te molesta?
-No. Te veías más ruda con el anterior. Miró al móvil de Adras que estaba
sobre el portamóvil. "Cuatro años, Dios, ¿En qué estoy involucrada que no
se de mis padres, de la universidad, de Mel?" Una visión más regresó a su
mente, en el que vio a su hermana ante una puerta, mayor, con el cabello
largo y los ojos cansados. La había visto a ella y a su madre en un auto a
través de una ventana. De todos los recuerdos del año actual, no había
ninguno de su padre y eso le preocupaba, además de estar con Darien y un
grupo de gente desconocida que la llamaban de un lugar a otro.
Aparcaron cerca del edificio de aluminio y acero. El sol estaba
cubierto de nieves, una tormenta nueva se aproximaba. Maggie podía sentir
el viento tibio en la piel, su blanco cutis parecía no haber sufrido ningún
cambio temporal, seguía manteniendo su tono blanquecino como un copo
de nieve. Adras abrió la puerta corrediza que portaba un candado, la
desplazó e ingresaron. El suelo era un cemento sólido color granito, las
dimensiones eran como un estadio de basketball. Casi al final del sitio
estaba Zophiel, con nuevas heridas en el rostro y un tajo en la ceja derecha.
Margaret estaba horrorizada, quiso abrir la boca del horror que veía pero se
contuvo.
-Trae la picana. Adras le ordenó pero ella permaneció inmóvil. -
¡¿Estás sorda?! Trae la picana. ¡Ah! Y mis dagas también.
-¿Te molestaría que me encargue sola de él?- Adras miró a Zophiel, no
tenía muchas ganas de estar allí.
-Bien. Debo ir a ver al chico cupido a ver cómo está. Si hace algo, ya sabes
qué darle- dijo. Margaret esperó a que se fuera. Al escuchar la lata
cerrarse, corrió hasta Zophiel.
-¡Dios! ¡¿Qué te han hecho?! ¡Dime por favor que no te he hecho daño!- Él
sintió sus heladas manos, eran alivio para el ardor de las cicatrices.
Levantó su cara y pudo verla a los ojos.
-¡Ma…! ¡¿Margaret?! ¿Eres... tú?
-¡Soy yo! ¡La de siempre! ¡¿Qué haces aquí? ¿Por qué aquí?! Recuerdo
poco. Sólo lo que mi mente me está devolviendo. Darien no es Darien, no
sé de mi familia, ni de Alkael. Todo es...
-Confuso, lo sé. Es largo de explicar. ¡Ah!- Gritó al mover su mano
esposada fuera de la runa.
-Tengo que sacarte de aquí.
-No puedes. Estoy bajo una runa que me impide hacerlo aún si me
desatara.
-Tiene que haber una manera.-Le estaba abriendo las esposas que ataban
las cadenas de sus pies.
-Te pido perdón por esa noche con Constanza...
-Han pasado como siete años desde aquel entonces, Zophiel. Lo pasado
pasó y no se puede volver a atrás.
-Lo sé. Pero esa mañana ibas a decirme algo y todo se obstaculizó. ¿Qué
ibas a decirme?- Alzó la cabeza, recordando ese día, un viernes trece de
abril del año 2011, cuando había ido a verle con el desayuno en las manos,
con un discurso preparado mientras subía las escaleras hasta ser recibida
por Constanza, quien andaba vestida solamente con la camisa de él. -La vi
a ella semi-desnuda con tu camisa de jean y pensé que...
-¿Eso? No. No sucedió nada. Te juró por Dios que no pasó nada. Te quise
a ti, Maggie, desde que entré a la Loyola a cuidar de ti. Aún te amo. -
¿Cuidar de mi? ¿Pero creí que Al...?
-Tenías problemas para avanzar y te ayudé a estudiar. Día tras día, nos
conocimos más hasta que supiste la identidad de Alkael y bueno... Desde
ese entonces todo empeoró. Zophiel oyó pasos.
-Alguien viene. Debes pegarme con algo.
-¡No!
-Escúchame. Debes seguir normal, como si nada te hubiera cambiado.
Veré cómo salir de aquí, no te preocupes. Maggie le dio la hebilla como
arma para que pudiera salir de allí.
-Pegame con todas tus fuerzas. Margaret cogió la mancuerna, aguantó las
lágrimas y arrojó su mejor golpe.
-¡Ah!
-¡¿Divertida con Zophiel?! Debemos trasladarlo.- Era Silcharde, un
hombre alto, de ojos platinos y cabello extremadamente corto color negro,
siempre vestido de un traje azul y corbata roja.
-¿A dónde?
-Ya sabrás, querida. Ayúdame a levantarlo.- Silcharde quitó la runa.
Zophiel aprovechó, usando su poca energía, desplazó a Maggie con
cuidado y golpeó a Silcharde, a quien le arrebató el arma de las manos. -
Enséñame dónde tienen a Chamuel.
-¿Qué pasa si no coopero?
-Te volaré los sesos con éste revólver. Tú eliges. -
Es por aquí.
Alkael fue llevado por Adramelech hasta un área de fábricas y
aglomerados. Lo sacó de la camioneta, lo teletransportó hasta Rekon & Co.
Alkael se quitó el vendaje, estaba en lo alto de la terraza del edificio.
-¿Linda vista, no te parece?
-No me has traído aquí a ver el horizonte de Dallas.
-Quiero corroborar lo que mi gente ha descubierto de ti. ¿Eres hijo de
Uriel?
-¿Qué verdad sabes que los Siete me ocultan?
-Contesta mi pregunta, muchacho.
-No estás en condiciones de darme órdenes.
-¡Ah! ¡Con que eres un desobediente! Dime ¿Cuánto te costó para probar
tu disciplina ante Miguel? ¿Cuántas noches pasaste en vela, pensando en tu
mami? ¿Cuántas llagas cicatrizó tu mitad ángel cuando eras un niño, un
adolescente y ahora un adulto? Aquí, el muchacho sigues siendo tú. Así
que responderás a cada pregunta que te haga o llamaré a mi gente a que
empiecen a arrancarle pluma por pluma a Zophiel y Chamuel en un abrir y
cerrar de ojos.
-Haz de ellos lo que se te plazca. Me han hecho vivir en una mentira. -¡Ah!
¡Qué decepción! ¿Debió doler, no? Las mentiras son dolorosas, mucho
más las traiciones. Pero antes que escuches mi cuento, quiero que
respondas.
-Si, soy hijo de Uriel.
-¿Quién te llevó? ¿Cuándo fue?
-Zophiel, cuando tenía seis años.
-¿Conociste a Metatron?
-Si.
-¿Sabe que eres hijo de Uriel?
-No. Lo ocultaron, por temor a que Uriel fuera desterrado y el poder de los
Siete se habría destruído.
-¿Qué sabes de Metatron? ¿Has tenido cercanía con él?
-No. Él sólo habla con los tres supremos: Gabriel, Miguel y Rafael.
-Me imagino que ahora que Uriel ya no está, ahora querrán que tú asumas
el puesto así el poder de los Siete se restaure.
-Si. Ahora, te toca decir la verdad que tanto guardas. ¿Por qué planeaste
ésta venganza? Lo único que supe de ti fue que por una misión ocurrió un
accidente.
-Un accidente que se planeó para que sucediera. No todo ocurre porque si,
Alkaelterhumiel...- Caminaba alrededor de él.-Era joven, como tu. Un
serafín adolescente. Era bueno en lo que hacía. Tenía una destreza que
nadie podía superar, los sentidos tan agudos como el mismo Dios. La
fuerza de mil troyanos en mis manos. La visión de Lucifer, una criatura
perfecta y un soldado leal a Dios.
Luego de una noche de guerra en que se ayudó a los Cruzados y
turcos contra los demonios, escuché a Metatron hablar con una
arcangelina. Planeaban la muerte de un comandante de tropas y de un
resplandor. Sus muertes serían separadas por años, por siglos, para que no
se establecieran coincidencias, sólo ellos eran potencias que podían
despertar a los demás y hacerles ver que a quien tienen por príncipe de
ángeles no es más que el nuevo Lucifer, tres veces más poderoso que
cualquier otro ángel en la galaxia.
-¿Las muertes de Elemiah y Uriel no fueron por el destino?
-No. Metatron hacía negocios con demonios carroñeros, ambiciosos, que
por oro eran capaces de hacer cualquier cosa. Moloch, por ejemplo. Él
seguramente fue pagado por Metatron para acabar personalmente con
Uriel. La situación, me imagino, habrá sido propicia para que ocurriera. Y
veo algo en ti que no está corrupto, por eso te cité aquí, lejos. -Ellos me
han mentido demasiado. Entonces, si Metatron está detrás de todo ¿Por
qué no hacen nada?
-Están cegados por lo que creen defender. Lo mismo ocurrió con Lucifer,
se está repitiendo y es peor. Metatron ha evolucionado tanto como el
mismo Dios que no sé si habrá victoria esta vez. Necesito gente de mi lado,
debo saber si cuento contigo o si estas en mi contra.-Acercó su mano a él. -
No estoy en contra tuyo, busco la verdad tanto como tú. Estoy cansado de
vivir entre mentiras. No creo que mientas.
-¿Por qué crees en mis palabras?
-Percibo tu honestidad. Puedo notar tu dolor, odio, rencor. He pasado por
otras situaciones pero comprendo tu sentimiento.

En ese momento, tres estelas de luz aterrizaron en la terraza, eran


Zadkiel, Gabriel y Rafael.
-¡Aléjate Alkael! ¡Nos encargaremos de él!- gritó Gabriel.
-¡No lo hareis! Aferrate a mi hombro- le dijo a Tartahiel. Rafael disparó
pero se habían esfumado.
-¡Rayos!- maldijo Rafael.

Silcharde guiaba a Zophiel, con el arma apuntando a su nuca.


-Es por aquí. Abrió un compartimiento, en donde había espejos apilados.
Silcharde usó su anillo, lanzando un brillo que cegó a Zophiel. Se
golpearon uno al otro. Silcharde empujó a Zophiel contra los espejos. -
¡Ah!
-¡Tu estamina está baja! ¡Estás débil! ¡Ni con una piedra de rubí
recuperaras tu fuerza!
-No, tienes razón. Pero con tener un arma mía si.- De la hebilla que
Maggie le devolvió pudo desenvainar su espada. La punta estaba a
centímetros de su cuello.
-Ahora, me llevaras hasta Chamuel si no quieres que te arranque la cabeza
de raíz. Entraron a un área de maquinarias, allí, Chamuel estaba atado con
alambre de púas, tenía mordiscos de demonios en los brazos, Adras estaba
mordiéndole el cuello.
-¡Adras, déjalo!-gritó Silcharde.- Ella se incorporó, vio a Zophiel detrás de
él.
-¡Suelta a Silcharde y dejaré libre a Chamuel! -
¡¿Cómo sé que no mataras a Chamuel?!
-¡Si tu no intentas matar a Silcharde! - Se acercaron lentamente a ellos.
Adras soltó lentamente a Chamuel hasta tener cerca a su compañero.
Dislocó el brazo de Chamuel y lo arrojó hacia Zophiel.
-¡Mataré a esa mortal por inepta!-gritó Adras, desapareciendo con
Silcharde.
-¡Debemos ir por Margaret!- exclamó Zophiel, ayudando a Chamuel a
ponerse de pie, trató de curarle el brazo pero fue inútil. Fue cuando
aparecieron Alkael con Tartahiel.
-¡Al! ¡¿Qué haces con él?!- protestó Zophiel.
-¡¿Dónde está Margaret?!-gritaba Tartahiel.
-¡Ella no es de tu incumbencia!-continuó Zophiel.
-¡Basta los dos! ¡¿Quieres que te cure o no?!- dijo Alkael a Zophiel
mientras se acercó a Chamuel a curar su brazo.
-¡¿Me puedes explicar qué haces con él?!-Zophiel no toleraba más a
Tartahiel, por su venganza y por usar a Margaret.
-Creo en él. Tú también deberías hacer lo mismo.
-A... ¡¿Qué?! Alkael encontró a Maggie.
-¿Estas bien?
-Estoy bien- Ella le tomó fuerte de los brazos. Al fin veía a alguien
familiar.

La situación se tornó a peor cuando ambos bandos se encontraron cara


a cara. Adramelech había llegado con Froimost y Surgat mientras que por
el otro lado, Miguel había aparecido con un equipo de Tronos vestidos de
negro con armas.
"Tendré que usar a Margaret de escudo, no tengo elección, aunque no
quiera hacerlo", pensó Tartahiel. Tomó a Margaret.
-Confía en mí. Lo hemos entrenado antes, jamás te haría daño.-le susurró.
Ella asintió con la cabeza.
-¡Tartahiel! Suelta a la mortal. Ya no tienes salida. Dile a tu gente que baje
las armas. Miguel tenía apuntando directamente al corazón de Tartahiel,
pero sabía que podía fallar, así que tenía pensado en utilizar su espada y
decapitarle para poner fin a tal asunto.
-Corre, Maggie.-Le dijo al oído. Ella dudó, por un lado quería quedarse y
protegerle, por el otro quería huir.
-Por favor, corre. -
No quiero hacerlo.
-Sólo hazlo, corre, Margaret. ¡Vete!- Sus ojos tomaron aquel color
amarillo como los de un búho- ¡Natus ex terra, terram peto, da
fortitudinem tuam in furore tuo, eicere!- Golpeó su puño contra el
concreto, logrando partir la tierra en dos.
"No puede ser que haya recuperado sus dones", se dijo Miguel. Para
su sorpresa y la de todos, vieron que seis alas se abrían a su espalda. "Ha
tomado la posesión completa de la vasija"
-Servatis a maleficum.-dijo Miguel en voz baja. Disparó hacia Tartahiel.
No se fijó que Alkael se interpuso, abriendo un ala color cobre que esquivó
el tiro, desviándolo de dirección, yendo hacia Margaret.

La bala atravesó su cuello, provocando una profunda hemorragia.


Margaret cayó lentamente al suelo.
Zophiel corrió hacia ella.
-¡¿Qué demonios me hiciste hacer, Alkael?!- Iba a pegarle a Alkael pero
Tartahiel le sostuvo de la muñeca, sus ojos flameaban como luciérnagas. -
¡¡Suéltame antes que te atraviese con mi espada como lo hice con Lucifer!!

-No le tocarás, o te juro por Dios que ahora mismo te haré polvo, Miguel. -
¡Inténtalo! ¡Anda! Cuerpo a cuerpo, sin armas.-Tartahiel estaba
preocupado por Margaret, Zophiel no hacía mucho, por sus torturas, su
poder de sanación no estaba funcionando. Alkael corrió hacia ella hasta
caer de rodillas.
-Ha perdido mucha sangre-dijo Zophiel con la voz entrecortada. La palidez
era cada vez más evidente por todo su rostro, los labios sin color, el iris de
sus ojos estaba perdiendo brillo.
Tartahiel hizo temblar el suelo, desarmó a Miguel pero éste tomó su
espada y le cortó hasta dejar su camisa en arrapos rajados.
-¡Dijiste sin armas! ¡Eres un traidor!
-¡Tu eres la nueva serpiente, Tartahiel! ¡¿Qué le dijiste a Alkael para se
vuelva en contra?!
-¡¡La verdad!! ¡La verdad detrás de la Rosa de Legión que pretendían ser!!
Trabajan para Dios pero le sirven a alguien que no es digno de dictar
deberes. Uriel me habría defendido aquel día pero el miedo pudo más que
la valentía. En cambio ustedes, eran y seguís siendo necios. Miguel le
clavó la espada en el torax, al lado izquierdo.
-Aún sangras por la vasija de este pobre mortal que has poseído. Muere
con él así las revelaciones de Raziel jamás se cumplirán. -¡¡Te equivocas,
Miguel!!-gritó Adramelech- ¡Él no es la guerra! ¡Es Enoc!

-¡Tonterías! ¡Durante siglos, él nos ha protegido! ¡¿Por qué querría iniciar


una guerra?!
En ese momento, una potente luz dorada se proyectó del cielo que los
separó a ambos. Tarahiel salió despedido, cerca de donde estaba Maggie.
Miró a Alkael por si podía curarla.
-Su cuerpo rechaza mi cura.
-Déjame intentarlo.-dijo Tartahiel.
-¡No!-le gritó Zophiel. Alkael se incorporó y tomó del brazo de Zophiel. -
Deja que lo intente, por favor.
Acarició su cabello que ahora lucía en un claro amarillo manchado con
sangre. Él posó una mano en su cuello y con la otra sostuvo su mano. -
Quédate conmigo, Margaret. No es tu hora, vuelve a mí, te necesito. Te
amé en tu otra vida y ahora. No me abandones de nuevo. No fue un
capricho haberte tenido cautiva conmigo. La luz iluminó todo el lugar,
encegueciendo a todos los presentes.

La tarde se volvió noche en poco tiempo. El cielo rugía en truenos y


relámpagos como un león. Dallas cayó en penumbras, la electricidad murió
a lo largo y ancho de la ciudad.

Un bastón de vieja madera era lo único que poseía luz propia, de la


mano del hombre que salió de las sombras. Era el ángel Raziel,
acompañado de un hombre mayor de cabello castaño y ojos cuyo brillo
reflejaba la galaxia.
-¡Ya basta!- su voz hizo eco. Adramelech junto con Bechard hicieron
reverencia ante aquel hombre. Los demás demonios hicieron lo mismo,
guardando silencio y respeto.
-¡Ya he visto demasiado! ¡Mi corazón ya no aguanta más! ¡Odio,
resentimiento, venganza! ¡¿Para qué les di sentimientos?! ¡¿Para que se
arranquen los ojos entre si?! ¡¿Acaso no es suficiente ver como la raza
humana se aniquila así misma y ahora ustedes también?! - Miguel se
asustó al verle y se hincó de rodilla.
-¡Mi Lord, déjeme explicarle...!
-¡No, Miguel! No necesito explicaciones. Lo he visto todo. ¡Tu extremada
obediencia te cegó, los cegó a todos!
Tartahiel se acercó a él. Alkael sabía quien era por las llagas en forma
de cruz. Había oído de los querubines que Yahve solía llevar las mismas
heridas de su hijo para recordarse del sacrificio que había hecho por la
humanidad. Un tatuaje en cada mano del símbolo alfa y omega. Tenía ante
él a Yahve, a Dios todopoderoso en persona.
-¡¿Por qué ahora?! ¡¿Por qué, ya que viste todo, no hiciste nada?!- le
reprochó Tartahiel con Margaret en sus brazos.- ¡¡¿Me vas a culpar por la
muerte de ésta inocente?!! Jamás te fallé, fui fiel hasta el último día que
pisé el palacio- Sus piernas temblaban para mantenerse en pie. Las
lágrimas saltaban de sus ojos. Yahve se acercó a él, dejando su mano en su
hombro.
-El destino es un cauce que se mueve solo y no debía interferir. Los
eventos suceden por una razón y por ellos tu estás aquí ahora. Al igual que
el hijo de Uriel. Lamento mucho lo que has tenido que pasar pero debía
ocurrir. No he descendido por placer, sino por destierro.-Todos quedaron
estupefactos.-El cielo ya no me pertenece. He podido salir con vida gracias
a Raziel y Azrael. Necesito que estéis unidos y abandonéis los conflictos
del pasado, el ayer ya pasó, los quiero hoy junto a mí, como siempre lo han
estado. El cielo ya no es mío y lo debo recuperar con vuestra ayuda.
Tartahiel sintió la energía de Yahve llenar su cuerpo, la carne
restaurándose rápidamente, los tejidos uniéndose a una increíble velocidad.
Quedaban marcas de sangre en su cara y frente. Tomó con firmeza a
Margaret y cerró los ojos. Había recibido una bendición. Su cuerpo estaba
cambiando en una armadura color rubí que hacía siglos que no sentía en su
cuerpo. Ya no quedaban reminiscencias de Darien Rekon sino del ángel
que estaba emergiendo en él. Dos grandes alas color vino se extendieron,
luego un par y otro más. Su cabello creció más, abrió los ojos. La flama de
serafín había regresado a él. Con su fuerza recuperada pudo traer a
Margaret a la vida. Sintió su respiración en la cara.
-No te dejaré ir. Le pidió a Alkael que la dejara en un lugar seguro.
Intercambió miradas con Zophiel. No era un momento propicio para
pelear, no por lo que se avecinaba.

-Miguel, acércate. Todos, acérquense. Me refiero a todos,


incluyéndolos, Adramelech.-dijo Yahve a los demonios. Adras, Surgat,
Froimost, Silcharde y Bechard se aproximaron. Chamuel era curado por
Rafael mientras oían las palabras del ángel de las revelaciones.
Comenzaron a ver pequeños destellos de luces rojas caer del cielo. -¡Santo
cielo! ¡¿Esos son...?!- Gabriel no alcanzó a terminar de hablar. -Ángeles.-
dijo Miguel con los ojos como platos.
-Es Metatron, deshaciéndose de quienes le han dado la espalda.-prosiguió
Raziel.-Sólo quedamos nosotros, los demonios aquí presentes y las
arcangelinas. Somos un número insignificante frente a las tropas que posee
Metatron.
-Sólo nos queda recurrir a nuestros viejos hermanos y a quien fue mi mano
derecha.-continuó Yahve.-Hemos de ir a ver a Lucifer.
CAPÍTULO 19 Guerra

En lo alto de unas escalinatas se encontraba el trono de Yahvé. En él


se encontraba Metatron sentado, con la corona de cobre y acero que el
Todopoderoso solía llevar consigo.
-Los subversivos han sido ejecutados, mi lord.-dijo una Dominación,
vestido en su típica túnica blanca y corona de laurel. -Puedes retirarte. Se
quedó allí pensando. Había podido echar al creador sin ningún problema.
Había sido demasiado fácil, lo cual lo mantenía inseguro, preocupado. Se
rascó su tupida barba gris, con la mano apoyada a un lado de su rostro.
Ahora solamente falta exterminar la creación de Dios, a Satanás y su gente
para volver a crear el mundo, tal como era antes, sólo con animales y
ángeles, sin raza humana. Permaneció un prolongado momento en el trono
hasta que se decidió en ir a una sala, cuyas paredes eran la noche y las
estrellas. Cogió una de ellas y la ingresó en un cofre de cristal, caminó con
ella hasta otra parte de la construcción del palacio, en donde citó unos
cánticos en latín. La estrella se desvaneció y tomó la forma de una mujer
desnuda, de un largo cabello negro de ojos color zafiro.

-Despierta, mi bella Constanza. Lamento que tuviste que morir para venir
a mí. Ella se irguió, su cabello cubría sus pechos, caminó hacia él. -Todo
sea por restaurar el mundo a su viejo equilibrio, mi señor, mi nuevo Dios.

-Que así sea, hoy y siempre, mi adorada.- acarició su mejilla y su ropaje


volvió a cubrirla.-Dirigirás las tropas con los Tronos y las Lealtades.

Apartamento de Alkael, Dallas, 6:00 AM.

Clarisse estaba con su hija en el apartamento, la cual no podía dormir.


La llevó en brazos hasta el living y encendió el televisor mientras iba al
refrigerador por un yogurt. Casi dejó caer el pote de sus manos al ver las
noticias que repotaban cambios climáticos por todo el mundo.
Inundaciones, tornados donde nunca ocurrían, tormentas eléctricas,
terremotos. Dallas se veía como inmune pero tenía miedo que la ciudad
estuviera tan en calma. Se acercó a Josephine, quien parecía estar
acariciando la mano de alguien. Ella se asustó al ver a Margaret acostada
allí. Maggie despertó y salió de un salto del sofá.
-¡¿Qué hago aquí?! ¡¿Dónde están Alkael y Zophiel?! ¡¿Qué haces tú
aquí?!-preguntó Maggie.
-¡Debería hacerte esa pregunta! Maggie la empujó contra la pared,
tomándola del cuello.
-¡Tú! ¡Por tu culpa y la de Gertrudis he perdido años de mi vida! ¡Podría
matarte ahora mismo!
-¡¿Y dejar a tu sobrina sin madre?!- Maggie se volteó a ver a Jo, llorando
en el piso.-Te pido perdón si intenté matar a tu madre una vez. Si, por mi
estuviste en coma y después te ocurrió todo esto. He cambiado para bien.
Ella me cambió la vida.-dijo mirando a su hija.
-No esperes que creeré ese verso con el que seguramente has comprado a
todos.
-No estoy mintiéndote, es verdad. He cambiado.
-Convéncete a ti misma de ello. Me largo de aquí.
-¡¿A dónde vas?!
-No te metas, Clarisse. Si quieres hacer algo bien, no intervengas.

-¡Está loco, mi lord! ¡Pedir ayuda a Lucifer es una locura! -¿Se le ocurre
alguna otra idea, San Miguel?- preguntó Raziel.- Es nuestro último
recurso.
-¿Qué pasar á si nos traiciona? Ya lo ha hecho, podría hacerlo de nuevo.-
agregó Gabriel.
-No tenemos acceso a su reino.- siguió Zadkiel.
-Yo si.-respondió Adramelech.- Fui su mano derecha y aún almaceno en
mí la llave del palacio. Eso si, guardad sus armas en sus fundas, la luz de
ustedes nos hace mal a los ojos. Síganme. La lluvia de ángeles muertos no
dejaba de cesar.
Todos seguían a Adramelech. Miguel seguía reacio a semejante plan.
Yahve iba último y tomó de su hombro.
-¿A qué le temes, Miguel? Jamás tuviste miedo.
-Es inquietud, mi Dios. Lucifer es una serpiente y tiene muchas artimañas
bajo la manga. ¿Qué pasaría si él derrota a Enoc y toma posesión del
reino?
-No lo hará.
-¿Por qué estás tan seguro?
-Porque él sabe cuál es su deber en el mundo. Cuidar la tierra y almacenar
la maldad que hay en ella. Ten fe, él no hará nada estúpido, confía un poco.

-Mmm.- Miguel no quiso seguir discutiendo y asintió con la cabeza.

Adramelech posó su mano en el concreto, la palma de su mano tenía


una inscripción en latín.
-Ostium aperuit regnum noctis tenebris manducaverimus, confugiendum
ad diem et noctem est enuntiatum Pandemonium input. Un resplandor rojo
partió el cemento en dos, revelando unas escalinatas color negro. -No
toquen nada, tengan respeto a los muros como nosotros tenemos con
ustedes.
Las presunciones que tenían del infierno eran erróneas. No había
fuego ni demonios con cuernos, solamente gente como ellos, con ropas
oscuras y de ojos que daban un resplandor rojo. Adramelech era el guía,
los demonios se sorprendían al ver al mismísimo Dios allí entre ellos.
Varios se hincaron de rodillas. Froimost llevaba el cuerpo de Astaroth
mientras Zadkiel llevaba a Faith en brazos. Dios había perdido su poder y
requerían de Lucifer para traer de vuelta a Faith y Astaroth.
La longitud de las escalinatas era extensa hasta que a lo lejos pudieron
divisar un palacio oscuro con cinco antorchas que iluminaban el perímetro.

-Todo se ve tan... -quiso decir Rafael.


-¿Abandonado? Si, Lucifer no gasta energías en remodelaciones.- comentó
Adramelech.
Estaban llegando a la gran entrada donde una gárgola les impidió el
paso.
-¡¿Que hacen los alados aquí?! ¡Sabes que no son bienvenidos,
Adramelech!- su voz era áspera, sus dientes eran filosos y sus ojos color
sangre brillaban como rubí en bruto. La criatura vio al final a Yahve y se
asustó.
-Pueden pasar.- golpeó tres veces y las compuertas se abrieron
automáticamente. Adentro, había mujeres demonio y algunos soldados con
sus viejas armaduras. Estaban en guardia apenas los vieron entrar, una
mujer de vestido rojo caminó hacia ellos, era Lilith.
-¡¿A qué se debe vuestra presencia aquí?! La tierra no es su territorio. -Me
temo que no están al corriente de los acontecimientos.- dijo Yahve,
quien se abrió paso hasta ella.
-¿Qué es lo que ocurre para que vengas aquí?
-Enoc está arrasando con todo. El cielo, la tierra, y vendrá a por ustedes. -
Estaremos listos cuando se atreva a venir.
-Lo dudo mucho.-dijo Miguel. Lilith quiso avanzar a él pero Yahve le
impidió.
-Venimos en paz, Lilith. Necesitamos apoyo de todos, incluyéndole. -
¿Crees que aceptará ser tu aliado? ¿Después de siglos de rechazo? Me
echaste a mi, tu primera mujer antes que Eva y me expulsaste por no
dejarme reproducir por debajo de un hombre. A él le quitaron las alas, lo
tiraste a la tierra sin nada, solo tuvo que rebuscarse para sobrevivir. -
¡¿Lilith?! ¡¿Con quién estáis hablando?!- se oyó la voz de Lucifer desde el
piso superior. Bajaba las escaleras desganado, acercó la cabeza y los vio. -
¡Vaya, vaya, vaya! ¡Y Dios bajó de las nubes, vino como el servicio social
a ver mi humilde palacio subterráneo! ¡Tengo mis impuestos al día,
todopoderoso! ¡Ah! ¡Y vino con su pollo alado!- dijo por Miguel.- ¡¿Qué
queréis?! Estoy ocupado, encerrando en mi palacio a quienes tus
resplandores no encontraron. Agradécele a los nephilim.
-Vengo a pedir tu ayuda. El cielo está gobernado por la oscuridad en estos
momentos.
-¡¿No me digas?! ¡¿Metatron te echó como lo hicisteis tú y éste conmigo?!
¡Já!- liberó una carcajada espeluznante que hizo eco. -¡¿Por qué debería
ayudarte?!
-Porque Metatron quiere ser dueño de todo, incluyendo tu Pandemonium. -
¡¿Quien puede querer esto?!- dijo con los brazos extendidos.- ¡Esto es
tierra, polvo, cenizas! ¡El palacio es una inmundicia! No tengo tantos
empleados como tu... La mayoría han sido asesinados por tu gente y ya no
tengo personal.
-Metatron quiere adueñarse de tu infierno como lo está haciendo con
nuestro reino. O nos ayudas por la buena, o por la mala- agregó Miguel.
Los dos estaban cara a cara.
-¡Miguel! Retrocede -le retó Yahve- Te estoy pidiendo que juntos
acabemos con Metatron. ¿Es mucho pedir?
-Por favor.- dijo Alkael. Lucifer le miró a él y a Tartahiel. -¿Son nuevos?
Éste se parece Uriel y éste...- no pudo concluir su oración. Le hizo recordar
a él mismo, como cuando era un joven serafín. -Lucifer, no te vayas por las
ramas, te estoy pidiendo un poco de ayuda. -¿Qué hay de los Nephilims?

-Se han revelado en contra. ¡¿Por qué crees que estamos aquí?!- le dijo
Tartahiel. Lucifer vio a Froimost con Astaroth al hombro.
-Traedlo aquí. Dejen que me lo piense mientras curo.- Lucifer tomo la
cabeza de Astaroth, la acercó a su cuello. De sus viejas manos salio una luz
roja cálida. De a poco, el tejido fue reconstruyéndose hasta que Astaroth
volvió a la vida. Astartea corrió hacia él, apretándolo fuerte en un abrazo.
-¡Me lastimas, mujer!
-Nunca más me alejaré de ti, te lo prometo.
-¡¿Quién sigue?!- preguntó Lucifer. Zadkiel se acercó con Faith en brazos.
-No sé si pueda, ella es luz y yo soy el Diablo. Agua y aceite no se
combinan.
-No puedo hacerlo por mi mismo. Enoc robó todo de mi, tu puedes
hacerlo, confío que si.

Lucifer apretó la mandíbula. No quería que notaran sus sentimientos


que aún seguían en él a pesar de los siglos. Tomó con cuidado a Faith, su
querida vieja amiga, a quien alguna vez había amado pero jamás sería suya
por ser complemento de Miguel.
-Et oculi tui videbunt eum, ac galaxia mundi estis in lumine Domini. In
lumine Domini.
Faith despertó con tos, Lucifer le besó la frente para calmar su miedo. -¿Y
bien? ¿Nos ayudarás o no?- preguntó Tartahiel, impaciente. Lucifer alzó la
vista.
-Necesitaré de más demonios, ustedes ya saben dónde están y los quiero
libres.
-No todos te obedecen.- dijo Miguel.
-¡Pues me obedecerán con espuelas clavadas en la espalda si es preciso!
¡Ustedes, prepárense! Los destructores se quedan conmigo y los prepararé
para la guerra. Faith le miró y él a ella.
-Gracias por traerme devuelta.-le susurró.
-No fue por ellos y lo sabes bien, arcangelina.-le dijo en voz baja. -
¡Váyanse, que contaminan mi casa con su luz! Antes de la medianoche
estaré con ustedes.

-¿Cómo haremos para obtener la llave del abismo? Está en la sala de


Uriel.-Comentó Chamuel.
-¿Por transportación?- aportó Zophiel.
-Sería muy evidente. Metatron ha de tener guardias por todos los salones.-
dijo Tartahiel.
-¡¿Qué propones entonces?!
-¡Zophiel, no empieces!- dijo Rafael, quien solía poner la calma entre
aquellos dos.
-Proyección astral.- sugirió Alkael. Tartahiel le miró sorprendido.
-¿Puedes hacer eso? Nadie lo ha intentado jamás.
-Lo hice una vez, creo que podría hacerlo de nuevo.
-Iré contigo.- dijo Tartahiel.
-Ambos son clave de mi revelación, no deberían ir solos.- añadió Raziel. -
¿Proyección astral? Suelo hacerlo constantemente.- opinó Lucifer.- Lilith
se encargará de mis tropas, puedo ir con ellos.
-¡¿Tu?! ¿Recuerdas que tu presencia no es grata allá arriba?- Miguel estaba
cruzado de brazos.
-Es una opción sensata.- dijo Yahve. -
Pero...
-Lucifer conoce el reino tanto como todos ustedes, cuidará de Alkael y
Tartahiel.

Lucifer frunció una sonrisa, abriendo camino entre los arcángeles. Al


ver a Miguel, le sacó la lengua como burla.
-Bien, novatos, tomen mis manos, esto será bastante turbulento. ¡Illumine
Domine, Patri, Spiriti Santus, omnie luminus! Llegaron sin problemas, en
cercanías de "La Casa". Había dos Tronos vigilando la entrada. Alkael se
sentía un poco mareado. Tartahiel le tomó del brazo, los tres se
resguardaron ante el sagrado muro de San Pedro. Tartahiel había perdido
de vista a Lucifer, quien se había transformado en serpiente para traspasar
la reja dorada.
-Escurridizo como siempre. Ven, entremos por aquí.- Tartahiel conocía
otra entrada, por la que solía entrar cuando era joven. Ingresaron por un
túnel que llevaba a la sala de La Rosa Mística, estaban a dos plantas de los
cuartos de los arcángeles. Lucifer llegó un minuto después de ellos.
-Perdón, ser serpiente tiene sus desventajas, tardé en entrar.
-¡¡Quietos!!- dos Tronos les apuntaron armados con arco y flecha y
espadas en sus cinturas.
-Como imagen astral no podemos hacer nada.- murmuró Alkael.
-Ustedes no, pero yo si.- Los ojos de Lucifer brillaban, se movió con
velocidad y les rompió el cuello a ambos soldados.
-Lleven estas espadas, nos servirán. Subieron las escaleras con cautela.
Llegaron al pasillo donde se situaban los aposentos de los Siete hasta hallar
la pintura de Uriel.
-Ha de tener clave. ¿Sigue siendo Ilumine Domine?- preguntó Lucifer. -
Eso fue en tu época. Servatis a maleficum.-dijo Tartahiel y la pintura se
abrió como puerta.
-Sálvanos del mal, buena frase.- alardeó Lucifer con cierto tono sarcástico.

Alkael no conocía ese cuarto, jamás le habían dejado entrar a uno. Las
paredes eran de granito con un leve brillo. En un compartimiento de cristal,
se encontraba su armadura y una pintura en tela de Uriel portando su
espada en una mano y en la otra una flama de fuego.
-Deja el sentimentalismo para otro día, muchacho.-dijo Lucifer.
-No lo molestes.-le advirtió Tartahiel, quien estaba buscando la llave. -No
está en la urna. Alkael sintió un frío recorriendo su espalda. Ante él, vio la
imagen de Uriel.
-No tengo mucho tiempo para volverme una estrella, ve donde toca la luz,
allí hallarás mi llave.
-Todos estos años... Cuidaste de mí, me protegiste las veces que estuve en
peligro y siempre te odié por tu maltrato.
-No sabía que eras mi hijo. Creí que eras de Elemiah, por los rumores que
circulaban en el convento de tu madre. Siempre te quise y te querré.-Una
lágrima cayó por su rostro. El espectro desapareció. Alkael cerró los ojos,
fue levantando la vista hasta ver un orificio por el que el sol daba el último
brillo antes del atardecer. La luz tocaba un cajón de un escritorio de
madera antigua. Fue hacia él, allí encontró pertenencias de su madre, el
rosario que había perdido de pequeño lo metió en su bolsillo. No había
nada allí hasta que tocó el fondo y halló la llave.
-¡La tengo!- Oyeron golpes en la puerta.
-¡Debemos irnos ya!- les gritó Lucifer, quien les cogió de las ropas
segundos antes que los Tronos entraran.
Regresaron al Pandemonium sanos y salvos.
-¡Nos tenían preocupados!- Gabriel se acercó a ellos. -
Conseguimos la llave.- dijo Lucifer triunfante.
-Estamos listos.-apareció Lilith detrás de ellos.- ¿Ustedes? ¿Tienen
armas?- los miró con incredulidad.
-No muchas.
-Vengan.- dijo Lilith haciendo un ademán.
-Me encanta verlos tan pobres.- dijo Lucifer entre risas, Miguel le miró
enojado.
-Esto no es gracioso.
-Para mi si. ¡¿Quién lo diría?! Dios y su gente tan precarios acudiendo
a mí.- Sacó su lengua de serpiente mofándose. Miguel arrugaba cada
vez más el ceño, detestaba haber llegado a semejante necesidad, estaba
asqueado de estar allí.

Maggie salió a la calle pero no había rastro alguno de Alkael, Zophiel


o de Tartahiel. Vio que la gente detenía sus autos mirando al cielo. Un
espectáculo de nubes negras cubría a lo largo y ancho. Truenos que
resonaban en la distancia. Un rayo tocó una antena de comunicaciones,
causando un apagón general. "Debo encontrar a mi hermana y a mis padres
pronto", pensó Maggie. Detrás de ella, estaba Clarisse con su hija en
brazos.
-¡¿Me has estado siguiendo?!
-Le prometí a Alkael cuidar de ti. ¡No debemos estar en el centro, es muy
peligroso!
-¡No confío en ti, Clarisse! ¡Te lo he dejado bien en claro! Debo encontrar
a Mel.

Yahve consiguió una armadura de plata que Azrael había podido


rescatar antes de huir del cielo. Su brillo era tan fuerte como el mismo sol.
Se acercó a los presentes, quienes estaban vestidos listos para la batalla. -
¡Hoy, después de siglos de conflictos, hemos unido fuerzas por un bien
común! ¡La tierra, la humanidad y el cielo! ¡La unión hará la fuerza esta
noche, cuento sólo con vosotros aquí presentes! ¡Servatis a omnie
humanite!- los demonios y ángeles presentes gritaron juntos la frase de
Yahve. Lucifer llevaba su simple ropa oscura.
-¿Por qué no llevas armadura?- Chamuel se colocó su casco con la insignia
de la legión.
-Es mero adorno que a los buenos les sienta bien. No necesito coquetería,
Chamuel. ¡¡Ya oyeron a Yahve!! ¡Servatis a omnie humanite! Miguel se
acercó a Lucifer, con tocar su hombro le devolvió las alas de acero que
había tenido antes.
-Gracias, ex-hermano.
-Sólo por hoy eres mi hermano. Mañana, volveremos a ser enemigos.-
contestó Miguel.
-Claro, como tú digas.

La gente en las ciudades de todo el mundo observaba el cielo,


estupefactos por su oscuro color. La lluvia no cesaba, como si un nuevo
diluvio fuera creciendo paulatinamente.
Tartahiel miraba sus puños envueltos en plata, se dirigió a Alkael,
quien estaba intranquilo.
-¿Tú primera guerra?
-Si.
-No temas. Que el miedo sea tu alimento cuando empuñes tu espada. -
¿Qué pasará si no lo vencemos?
-No interesa ganar o perder. La intención de luchar para salvar a todos es
lo que cuenta.- Miguel oyó a Tartahiel. Arrugó el ceño, pensando en las
palabras de Yahve. Debía disculparse con él por el error de haberlo
encerrado por siglos. Lo haría cuando terminara todo.
-Según la revelación, ustedes tres se unen en un haz de luz.-dijo Raziel. -Él
no resistirá.- dijo Tartahiel por Alkael.- Es mitad humano, moriría una
parte de él.
-No interesa el costo, lo haré si es necesario.
Zophiel se mordió el labio, si Alkael daba su vida, sería arcángel por
toda una eternidad, repitiendo el destino de su padre.
-Ya veremos cuando sea ese momento. Por ahora, debemos estar junto a
Yahve y combatir con las tropas.-agregó Zophiel.

Súbitamente, el cielo se abrió en dos, una potente luz dorada brilló.


Millones de ángeles descendían de aquella luz, una lideraba el ejército. -
¡No puede ser!- logró decir Zophiel. Frente a él y los demás, veían a
Constanza en una armadura dorada, el cabello suelto debajo de su casco.
Las arcangelinas y Adras extendieron sus alas de acero, les siguieron los
arcángeles, Alkael y Tartahiel. Luego los demonios, liderados por Lucifer
y Adramelech, desplegaron sus alas color sangre y cobre, sosteniendo con
fuerza sus espadas.
-¡Servatis per maleficum, servatis per Metatron!- gritó Yahve.

Como grandes masas, se aproximaron hasta chocar unos contra otros.


La humanidad no veía lo que se desataba, sólo relámpagos y luces que
iluminaban la oscuridad por lapsos.
Miguel y Yahve estaban espalda contra espalda, luchando contra los
suyos que estaban hechizados por la dominación de Enoc. -¡Despierten,
por favor!
-Es inútil, Miguel. Están bajo su orden. Una luz desplazó a Yahve lejos,
Lucifer logró ver que era despedido como si fuera una mosca. Éste voló a
su auxilio pero un Trono se interpuso.
-¡No me obligues a rebanarte como un pollo!- le amenazó Lucifer. El ángel
no respondió, le hirió el brazo. Dos más le acorralaron por detrás.
Adramelech alcanzó salvarle.
-¡Ve a ayudar a Yahve! ¡Los distraeré!- gritó Adramelech.
Constanza lanzaba su espada contra Faith sin piedad.
-¡Eres una traidora!
-¡¿Y tu?! ¡Luchando junto a los demonios! ¡¿Quién lo creería?!- La
desarmó, a punto de cortar su cuello sino hubiera sido por Adras.
-¡Adras! ¡¿Ahora son amigas ustedes dos?!
-¡Cállate y pelea!- gritaron ambas.

Yahve estaba mal herido, había caído contra el muro de un edificio.


Oyó unos pasos acercándose a él.
-¡Tan decrepito! Indefenso, inútil. ¿A quién te pareces así? ¡Ah, ya sé! A tu
hijo crucificado. ¡¿Por qué sigues defendiendo a los asesinos de tu hijo?!
¿No te cansas de proteger a tu creación? Podías haber vivido sin
humanidad, como en los viejos tiempos. Claro, sin humanidad, yo no
existiría. Ya soy lo que siempre anhelé. Estuve cerca de ti, aprendí las
sabidurías del mundo y la galaxia entera. Ahora lo controlo todo, el clima,
la tierra, puedo hacer un terremoto global y que el suelo se los trague como
hormigas. ¿Qué te parece mi plan?- Metatron se puso en cuclillas, le quitó
el casco, apretó su herida hasta hundir su mano.
-¡Aléjate de él!- dijo una voz detrás suyo, se volteó y rió.
-¡¿Lucifer?! ¡¿Acudió a ti?! ¡Esto si que se ha vuelto ridículo! ¡Dios y el
Diablo, juntos otra vez!
-Ese nombre lo uso solamente con él. Para ti es Sir Lucifer.
-¡Sir!- rió de nuevo- ¡No tienes título de nada! ¡Te echó, te repudió delante
de todos!
-¡¿Tú qué sabes?! No estabas en ese momento, abuelito de Noe. Metatron
le tiró un rayo que lo dejó adherido a una pared de ladrillo, giró en sus
talones y fue hacia Yahve. La espada de Enoc estaba por atravesar el
pecho de Yahve pero Lucifer corrió a bloquearlo.
-¿Estás dando tu vida por él? Eres patético. Lucifer se retorció de dolor al
sentir el acero en su cuerpo.
-Trabajo con él desde la tierra, mi hogar. Y tu no ocuparás su lugar, Enoc.
Eres un insecto, una sanguijuela. La tierra y el cielo son mi mundo. Antes
de tocar a Dios, deberás pasar sobre mí.
-Y sobre nosotros.-Los Siete arcángeles aparecieron detrás de él, Miguel
empuñando su espada, Chamuel su arco y flecha, Zadkiel su bastón y su
mano envuelta en una flama violeta, Rafael, Gabriel y Zophiel con sus
espadas de color verde, azul y amarillo. Tartahiel y Alkael corrieron hasta
convertirse en una estela color ámbar que se dirigía hacia Enoc.
CAPÍTULO 20 Venganza Personal

Mel despertó de una pesadilla. Asustada se tocó el corazón al sentir


una punzada, como un mal presentimiento. Había llamado a Alkael
centenares de veces pero parecía no responder. Ella intentaba de todos
modos sólo para oír su voz. Miró a su reloj de pulsera, eran las ocho de la
noche, había dormido durante cinco horas. Caminó hacia la ventana. El
cielo era espeluznante y no había electricidad. "Genial, incomunicada",
decía Valery.
Escuchaba leves golpes en su puerta. Cogió un saco de lana negro y
se cubrió con él. Esperaba que fuera Alkael, el corazón le latía fuerte pero
encontró a quien menos esperaba.
-Hola. Logré tomar un vuelo que me trajo hoy. ¿Qué está pasando, Mel?-
Era Andrew.- ¿Puedo pasar? "¡No!", protestaba Valery. -Pasa. "¡Tonta!
Dile la verdad y que se largue de una buena vez". Andrew caminó hasta
contemplar el panorama nocturno de la ciudad. -Creo que habrá sido algún
desperfecto en la central. ¿Sigue Alex con tu madre?

-Si, allí estará a salvo. Quería hablar contigo. No hemos charlado desde
que tuve que viajar. He estado pensando en nosotros y... Te amo, Mel.
Desde que te vi la primera vez.- respondió al darse vuelta.-Y... Quisiera
saber si tu realmente sientes lo mismo. Si respondes de la misma forma de
la que yo he estado haciendo por ti estos años.
-No... No lo sé, Andrew.-Atinó a decir.- De eso quería hablarte también.
Angel ha vuelto a mi y nosotros… Lo nuestro… No creo que funcione…
Y… A decir verdad… No somos iguales. No tenemos nada en común y...
-¿Qué? ¿Angel estuvo contigo los días que estuve en Londres? -
No, estoy diciendo... Déjame hablar.
-¡¿Te acostaste con él mientras estaba fuera, planeando nuestro futuro en
Paris?!
-¡¿Paris?! ¡¿Estás loco?! En primer lugar, me obligaste a poner la cara
frente al anuncio de matrimonio en la noche de beneficencia.
-¡Contéstame! ¡¿Te acostaste con él, si o no?!
-¡Suéltame! ¡Gritaré para que me oigan todos los vecinos!
-No hay nadie en tu edificio. Mel reaccionó al instinto de Valery y le
golpeó en la cara, arañándolo con el anillo de su padre.
-¡Si! Me acosté con él porque lo amo con mi alma ¡¿Contento con mi
respuesta?! ¡Lárgate y déjame en paz!
-¡¿Cómo pudiste ser tan...?!- Iba a devolverle el golpe pero Valery
respondió, tomando su muñeca.
-No me golpearás nunca más.
-Ésta no eres tú.
-No. Tienes razón. No soy la tonta que creías manejar. Volví a ser yo
misma. Vete. Antes que deje tu cara con más marcas.
-Regresaré a por ti. Esto no quedará así.
-¡¿Me estás amenazando?! ¡¿Qué tienes para advertirme, eh?! Nada.
-¿Nada? Tengo a tu hermana. Mel se detuvo en seco. "Ha de estar
bromeando", le decía Valery.
-Rubia, de un metro setenta, ojos celestes. Muy mal carácter, como tú. -
¡Mientes!
-¿Ah, si?- Sacó de su bolsillo una pulsera de corazones de piedra azul,
semejante a la de su anillo. Era de Maggie.-Tengo su relicario, por si lo
quieres.
-¡¿Cómo tienes sus cosas?! ¡¿Qué le hiciste a mi hermana?!
-No le he hecho nada. Hasta ahora.
-¡Dame eso!
-Hasta que recuperes tu cordura, no te lo daré. Regresaré por ti. Trató de
manotear la pulsera pero él la empujó, arrojándola lejos y cerrando la
puerta.
-¡Ah! ¡Maldito!- Se incorporó de nuevo, la caída le había afectado. Se
sentía mareada, quizá por haberse levantado tan rápido. Corrió al baño, a
la boca del retrete y vomitó sangre. Tenía arcadas, se dobló por el dolor.
Oyó voces en el apartamento de al lado. Andrew sólo la había
asustado. La luz regresó. Prendió el interruptor del baño, se acercó al
lavabo y se enjuagó la boca.
-¡¿Qué demonios me está pasando?!- Fue a su recámara. Lo primero que
hizo fue llamar a su madre para saber si estaba bien. Afortunadamente lo
estaba. Pensó en su hermana, "Hay que hallarla, averiguar si él la tiene o si
fue un mero escarmiento", decía Valery. Buscó su chaqueta y salió a la
calle. La lluvia había cesado pero la tormenta seguía presente en el
horizonte. Un auto estaba estacionado en la vereda enfrente de donde vivía
Mel. Edward la vio salir, su móvil sonó.
-Síguela y espera a mis instrucciones.- le dijo una voz grave.
-De acuerdo. Encendió al auto e inició su cacería tras ella.

Metatron derribó el haz de luz que Tartahiel y Alkael habían creado.


Uno a uno, los arcángeles eran derrotados. Sus dones no superaban al
poder que el legendario Enoc había heredado en sus años viviendo con
ellos. Éste desapareció en un tornado. Yahve se arrastró hasta donde se
encontraba Lucifer.
-¡Resiste a que te saque esa espada!
-¿Quién lo creería, no? Dando mi vida por el creador, padre omnipotente.
Ojalá se hiciera otra Biblia dedicada a esta noche. Para su mala suerte, la
espada estaba atravesada sobre su vieja herida, recuerdo del acero de
Miguel. Rafael la extrajo con cautela y Lucifer gruñó de dolor. -¡Es muy
profunda, veré qué puedo hacer!- dijo el arcángel curador. Zadkiel con
Chamuel abrieron sus alas y se fueron a ayudar a las arcangelinas y
demonios en la batalla que aún continuaba sobre sus
cabezas.
-¡¿Dónde están Alkael y Tartahiel?!- preguntó Zophiel.
-No lo sé, Metatron les empujó, habrán sido despedidos kilómetros de
aquí.-dijo Gabriel, quien ayudaba a Yahve a ponerse de pie.

Clarisse persuadió a Margaret que se quedara con ella en casa de


Alkael pero ella insistía en ir por su hermana.
-No sé dónde vive. La encontraremos cuando todo se calme.
-¡¡No entiendes nada, Clarisse!! ¡Algo malo está ocurriendo allá arriba!
No logro comunicarme con Zophiel ni Alkael.- Maggie estaba histérica.-
Llamaré a casa, quizá papá o mamá me contesten. Clarisse bajó la
vista, pensando si sería conveniente decirle o no acerca de Charles.
-¿Qué? ¿Qué pasa?
-Nada. Adelante. Llama a Riverside para saber que tus padres están bien.
Maggie estaba por marcar el número de casa cuando...
-¡¿Qué sucede?!- colgó y puso sus manos a la cintura.- ¿Qué me estás
ocultando? ¿Qué pasó con mis padres estos cuatro años?
-Es sobre papá... Él...- El silencio decía todo.
-No... No puede ser...
-Falleció meses después que tu hermana se graduó.
-¡No puede ser! ¡No, no, no, no!- cayó de rodillas al suelo. Clarisse quiso
consolarla pero ella le apartó.
-¡Quiero estar sola! ¡Déjame sola!
Clarisse llevó a su hija a la cocina. Su tía Gertrudis había desatado
todas las desgracias que cayeron sobre los O'Connor, destruyéndolos y
dividiéndolos de la noche a la mañana. Ella se sentía culpable y sabía que
cargaría con ello toda su vida.
Margaret lloraba desconsolada, cuatro años perdidos que no pudo
estar junto a su padre. ¿Cómo fue que todo se había desencadenado? Su
mente le ayudó a recordar, cuando Alkael se presentó a su casa, la
maldición de Clarisse. Todos eran partícipes de algún modo de su
desafortunado destino. Trató de llamar a su madre con calma, diciéndole
que iba a buscar a Mel y las dos volverían a California.
Se fue directamente a Rekon & Co. Reconoció el auto de
Adramelech. Alargó la manga de su chaqueta de cuero para romper el
vidrio. Hizo contacto entre los cables y condujo hasta el edificio The
Wilson. Tomó el ascensor hasta llegar al último piso.
-¡¿Mel?! ¡¿Mel?!- pateó cada puerta, no había nadie. Oyó unos pasos en
uno de los cuartos y se escondió. Por la orilla de la puerta pudo ver que
eran zapatos de hombre. Andrew se estaba llevando algunas cosas, la
mayoría las había empacado y llevado de a poco a París, en donde
emprendería un futuro con Mel y su hijo. Margaret creyó oír que se iba,
salió con cuidado de su escondite. Para su sorpresa, Andrew la embistió
contra la pared. Maggie se defendió, había aprendido técnicas con
Tartahiel que le estaban ayudando considerablemente.
-¡¿Quién eres?! ¡¿Dónde está Mel?!- le golpeó por detrás de la rodilla,
obligándolo a quedarse en el piso.
-Lástima que no te conocí antes, vales mucho más que ella.
-¡Responde!
-Está muy lejos de aquí.
-¡¿Dónde la tienes?!- Un golpe la tiró al suelo.
-¡¿Por qué tardaste tanto?!- Andrew se incorporó a duras penas, Edward
había ido a socorrerle.
-¿Qué hago con ésta?
-Métela en algún baúl, que se la lleven lejos. ¿Seguiste a Mel? -Si, tengo
gente vigilándola. ¿Puedo irme ya?
-Iré contigo. Edward se mordió la lengua por dentro. Quería llevar a cabo
su plan sin la intervención de Andrew. Mel era su objetivo que debía
eliminar.
Edward trasladó a Maggie inconsciente a otro coche, le indicó
instrucciones al conductor quien se fue deprisa.
-De Mel puedo encargarme solo.-dijo él.
-De acuerdo pero estaré cerca. No la lastimes demasiado o te juro que me
las pagarás bien caro.- le amenazó Andrew.

Margaret iba a ser enviada a un destino desconocido. El chófer se


detuvo cerca de unos transportes que enviaban cargamento por vía aérea
hacia otro continente. Margaret despertó, luchando con todas sus fuerzas
para salir del baúl del automóvil.
Zophiel sintió una puntada, como un mal presagio. Actuó rápido
como un rayo, descendiendo al suelo en una luz amarilla. Detrás de un
container, pudo ver a los sujetos que estaban abriendo un contenedor,
caminó con cautela, tenía su arma empuñada.
-Aléjense del auto, o les disparo.-Los cuatro hombres presentes allí se
rieron, revelaron sus alas, eran Lealtades, dominados por Enoc. -Sabes que
las armas mundanas no nos lastiman.-respondió uno de ellos. -No, pero
ésta si.-dos disparos certeros hicieron perecer a dos de ellos, los otros se
abalanzaron a él como bestias, mordiéndole y atacándolo a golpes.
Oyó el lanzamiento de una daga que mató a uno primero, luego al
otro. Maggie le había salvado la vida. Ella exhaló de agitación antes de
caer al suelo, Zophiel le sostuvo a tiempo. -
Mel... Ella está...
-Tranquila... Llamaré a Al. No puedo quedarme mucho tiempo. Me
necesitan arriba. Antes que él pudiera protestar, Maggie le dio un beso en
los labios.
-Nunca me atreví a decirte que te amo... Iba a hacerlo aquel día, pero...
-Lo ocurrido esa noche fue culpa mía. Nada de esto te habría sucedido.
Debo enmendarlo de alguna manera. Te llevaré con tu madre.
-¡No! Debo buscar a Mel, le dije que volvería con ella.
-Aquí no es seguro, Margaret. Ariel está cuidando de tu madre y allá
estarás a salvo.
-No quiero... No voy a dejar a Mel, Alkael, ni a ti. Ya no. No quiero
perder a la gente que amo.- Sus pequeñas manos tomaron las grandes de
él.-Me quedaré. Él se mordió los labios y aceptó a regañadientes la
decisión de ella.
-Aferrate fuerte a mi.-Maggie se abrazó a Zophiel, éste extendió sus alas
que la envolvieron, huyendo de aquel lugar.

Mel detuvo su coche cerca una farmacia. No se sentía bien y, dados


sus síntomas, quería corroborar lo que su mente venía diciéndole a lo largo
del camino. Logró llegar a la caja, comprando lo que necesitaba con
urgencia. Para su desafortunado día, Leo estaba allí.
-¡Qué cara tienes! ¡¿Comiste algo que te cayó mal?!
-Una descompostura, nada grave. Debo ir a un baño.
-¿No quieres que te acompañe?
-¡¿Al baño de damas?! ¡¿Estás loco?!
-Esperarte, para saber que estás bien.- Su actitud protectora era sofocante,
Mel alzó una ceja y asintió.
-Espera aquí, no tardo.
-Vale.
Mel vio unas mujeres en el baño de la farmacia, esperó a que se
fueran todas, apretaba el tirante de su cartera. "Respira", le decía Valery. -
Como si fuera tan fácil.-respondió. Ingresó a uno, puso el pestillo de
seguro, colocó papel higiénico en el marco, como su madre le había
enseñado. Se sentó no muy dentro por seguridad de higiene, sacó de su
bolso lo que había comprado. Eran tres, en caso de que alguno fallara, o
para asegurarse en caso que diera positivo.
El primero había fallado, lo descartó, tirándolo al cesto que tenía
enfrente suyo. El segundo, positivo y el último, el mismo resultado. El
miedo se apoderó de ella. Escuchó unos pasos cerca de su puerta.
-¡¿Mel?! Entré porque me preocupé que no salieras. ¿Todo bien? "Todo
mal, idiota. ¡Largo!", exclamaba Valery. Le temblaban las manos, no
podía ser posible. De Andrew no podía ser, se había cuidado siempre.
A excepción de aquella noche con Alkael...
-¡¿Mel?! ¡¿Estás allí?!
"Debo buscar a Alkael, decirle que..."
"No sabemos dónde está, Mel".-le decía Valery
"Tiene que saberlo"
"Lo sé" "Escúchame... Debemos ser fuertes, no te decaigas ahora. Hemos
sobrepasado peores situaciones..."- decía Valery desde su consciencia.
"Pero no un embarazo"- Mel dejó caer el test al suelo. -¿Mel?

-Ya salgo. Sacó de su cartera una bolsa negra, metió todas las pruebas en
ella y las arrojó a la basura. Apretó el botón del inodoro, arregló su
apariencia, saliendo con buen semblante para que su amigo no notara que
había llorado.
-¿Y bien?
-Te dije que me esperaras fuera.
-Me inquieté.
-Comí algo mal. Ya estoy mejor. ¿Me puedo ir en paz, oficial Wyatt?- dijo
con el tono irónico de Valery.
-Está libre, señorita O'Connor.
-Gracias. Ahora vete a casa que yo debo ir a la mía. ¿Okey?
-Bien. Pero cualquier cosa...
-Te llamo, lo sé.- Se despidió de él con un beso en la mejilla. Regresó a su
auto. Observó que el de su amigo se fuera y emprendió rumbo
nuevamente. Estaba por encender cuando una mano con un pañuelo quiso
taparle la boca. Su otro instinto le salvó, golpeó con el codo hacia atrás;
abriendo su puerta para correr. Edward salió detrás de ella.

Corriendo sin mirar atrás, Mel seguía a gran velocidad a pesar de sus
cortos tacos que casi le hicieron tropezar. Frenó hasta tener una buena
distancia para tomar aire. Se sostuvo de sus rodillas para descansar.
"¿Quién rayos era?"- preguntó Valery.
-No pude verle. Un ladrón, tal vez. Se irguió, chocando con Andrew.
-¿Qué haces por aquí? ¿Me has estado siguiendo?
-Andaba por aquí.
-¿Qué le hiciste a Margaret?
-La tengo en un lugar seguro. Cuando que te cases conmigo, la liberaré. -
¡Jamás!- Valery respondió por Mel. La ira hacia que ella saliera a la
superficie. Andrew le tomó un mechón de cabello, ella le respondió de un
golpe en la boca que lo hizo caer al suelo.
-¡Me tocas una hebra de cabello y te juro que la próxima vez no seré
piadosa! Andrew se puso de pie, era el doble de alto que Alkael. Escupió
sangre y la miró desafiante.
-Tú me mandaste a encerrar en un frasco. ¡Mala idea, músculos! Ahora,
Mel y yo somos una. Jamás te metas con una chica con alter-ego. -¡Vaya!
Con que salió la mala en escena. Te salvarás de mí por tu hechicería
barata, pero no de él.- Se hizo a un lado, dejando a Edward aproximarse a
ella, sus pupilas eran oscuridad. La arrojó contra un árbol. -Regresaré por
ti cuando te queden minutos de aliento... Mejor, cuando estés débil,
pidiéndome clemencia. Hasta entonces, Edward se encargará de ti.
Andrew se marchó en su auto. Ella se levantó a duras penas. -¡¿Me
extrañaste, Mel?! Después de veinte años sin vernos. ¡Dios! ¡Cuánto has
crecido!
"No puede ser..." "Lara dijo que estaba preso", decía Mel. "Tranquila, haré
todo lo que pueda, para cuidar de ti y del bebé", le respondió Valery.

-¡Omnie re, khatar imte, Omnie re, khatar imte!- No le afectó en nada. -He
vendido mi alma. Soy un demonio ahora y no podrás hacer nada.- La
golpeó fuerte. Ella tosió sangre.
-¡Terras invirte, terras ascenderem!- arrojó tierra a sus ojos para huir.
El día permanecía en una constante oscuridad. Sólo la luz de los
truenos le ayudaba a ver el camino. Corría y saltaba por los probables
obstáculos del parque donde se encontraba. Un lapso oscuro le dejó
ciega en penumbras. Pisó una rama con la que trastabilló.
-¡Ah! ¡Rayos! Una onda expansiva de viento se desató en el cielo que la
hizo chocar con un tronco.
"Santo Dios. ¿Crees que Al esté allá?", preguntó Mel. -Dios quiera que no.
Valery miró a un lado, no había señal de Edward.
Volteó al otro lado, éste la tomó por sorpresa, apretándole el cuello.
-¡¿Sabes lo que es pasar tu infancia en un reformatorio, no?!
-¡Bájame!- Luchaba a pequeños golpes, sentía que se le agotaba el
oxígeno.
-¡Suficiente, Edward! No quiero que me la mates.
-No soy tu empleado, Hopkins. Soy un demonio ahora, y haré lo que se
me plazca con ella.
Andrew se asustó, había cometido un terrible error en usar a Edward
de amenaza, desconocía que lo que aquel joven buscaba era venganza. -
Me arruinaste la vida...-logró decir ella, tratando de deshacerse de sus
manos que la estaban estrangulando.
-No... Tú a mi, si. Desde el día que me denunciaste en la escuela. Me
suspendieron tres semanas. Luego maté a mis padres porque querían
enviarme a un psicólogo y terminé en el reformatorio. Tu desencadenaste
el monstruo que yacía en mi.
-¡Ramnie encanite...!
-¡¿Qué intentas hacer?! La magia sólo me da cosquillas.
-¡Ya, suéltala! Es una orden- Andrew cogió una rama del suelo y se la
clavó. Edward rió y la extrajo sin problemas. Valery le pateó en la
entrepierna, librándose de él. Edward iba a por ella, hasta que el estruendo
de un disparo lo paralizó. Andrew le había disparado en la cien,
matándolo en el acto.
Valery regresó a su refugio mientras que Mel tomó el control de su
cuerpo nuevamente. Caminó en retroceso, temerosa de Andrew.
-Lo siento, Mel. No quería hacerte daño.
-¡¿Qué rayos significa esto?!
-Sólo quería amenazarte, es todo.
-¡¿Ah, si?!- se cruzó de brazos para dejar de temblar.- ¿Quién eres en
realidad, Andrew Hopkins Stanhope III?
-Un hombre que hizo tratos con ciertos seres para sanar a mi hijo de
leucemia. Te conocí y después supe que ellos tenían a tu hermana. -
¡¿Dónde está Maggie?! Sólo dime que ella está bien y...- Una imagen que
corría rápido se abalanzó sobre Andrew. Era Alkael enfurecido. -¡Te lo
dije! Te acercabas a ella y juraba por Dios que vendría a cortarte la
cabeza.
-¡Espera!- intervino Mel. Alkael se giró. Sus ojos eran otros, un color
ámbar flamante en su iris con un aura anaranjado que le envolvía. -¡¿Que
espere qué?! ¡Mírate! ¡Estás golpeada a causa de él!- le tomó con fuerza
de la ropa- ¡No tendré piedad contigo!
-¡Él sabe dónde está mi hermana!
-Ella está a salvo-respondió Alkael. Había algo en él que Mel desconocía,
no era el aspecto con el que había vivido gran parte de su vida, se lo veía
diferente, cambiado.
-Bájalo, por favor. No vale la pena ensuciarte las manos por él. Tenía unas
ganas terribles de arrancarle la cabeza con los dedos pero se contuvo por
ella. Lo hizo descender con cuidado al suelo.
-Llévala a un lugar seguro. Si descubro que la lastimas, te mataré la
próxima vez y Mel no estará para defenderte, ¿Entendido? Andrew asintió
con la cabeza. Alkael se calmó al acercarse a ella, le
abrazó para curar sus heridas.
-Ve con él, está advertido. Debo regresar, me necesitan.
-Debo decirte algo...
-Pronto, Mel. Espérame en el aeropuerto ¿Si?- le dio la sortija que era de
él. "¿Por qué se despide?", preguntó Valery alarmada. Mel miró el anillo,
sus ojos estaban reteniendo las lágrimas.
-Dime por favor que no me dejarás de nuevo. Por favor. No me dejes. -No
voy a dejarte. Volveré. Sabes que siempre volveré.-Tomó su mejilla en su
mano, Mel la sostuvo.
Alkael retrocedió sin apartarle la vista, desenvainó su espada, matando a
Edward, asegurándose que no despertara.
-Te amo.-fue lo último que dijo antes de desaparecer en una luz
anaranjada que se proyectó al cielo.
CAPITULO 21 Tormenta y caos

Lucifer continuaba luchando con su herida vendada, junto con


Bechard y Adramelech, sus dos demonios más fuertes. Froimost generó
un tornado de nubes que desplazó a un grupo de Dominaciones, lo más
lejos posible.
Yahve no tenía mucho poder para derrocar al bando opositor. Alkael
había vuelto, encontrándose con Zophiel.
-¿Has visto a Tartahiel desde que chocamos con Enoc?
-No. ¿Encontraste a Mel?
-Si. La dejé en un lugar seguro.-Zophiel notó cierta frialdad. "El poder de
arcángel está anulando su humanidad", pensó. Debía hacer algo urgente.

Metatron seguía arrojando tropas a diestra y siniestra, algunos


atacando a la gente para distraer a sus enemigos y seguir ganando ventaja.
El agua sería su elemento clave para acabar con toda la creación.
Tartahiel había sobrevivido al choque. Planeaba ascender al reino y
matar a Enoc con sus propias manos.
-¡¿Se puede saber a dónde vas?!- Arrugó el ceño al oír la voz de Alkael. -
Mira, muchacho. Ésta no es tu guerra, es la mía, ¿Vale? Iré yo mismo a
poner fin a todo esto.
-Es mía también porque él mató a mi padre. Iré contigo.- Tartahiel le
empujó, sosteniendo una daga en la mano.
-No me presiones. Este cuchillo no va a tu cabeza, sino a él. No me
fastidies más. Es mi venganza.
-¿No era que habías cambiado? ¿O fue toda una pantomima delante de
Dios y todos los arcángeles?
-¡No tengo por qué responderte! ¡No eres nadie para mí! -Lo sé. Nadie es
importante para ti desde el día que te encerraron. Pero
Margaret si es importante para ti. ¿Por qué?
-Esa es otra historia que aquí no va al caso.
-¿Seguro? Porque para mi si va al caso. Se mordía la lengua para no
contarle, pero no pudo evitarlo.
-Su ancestro nos ayudó a enviar a unos cuantos hijos de Lilith al infierno.
Mireia, era su nombre. Las mujeres de linaje O'Connor son brujos blancos.
Anne Valery O'Connor, Claude O'Connor y Mireia O'Connor fueron las
únicas brujas blancas que ayudaron a la Legión durante diferentes siglos.
Maggie, Clarise y Mel son descendientes de ellas. Perdí a Mireia por culpa
de Lilith, fin del cuento. Por eso, retuve a Margaret estos cuatro años. En
cuanto a tu pregunta, si, fue pura pantomima. Cuando se sufre lo que yo
padecí, no hay vuelta atrás, compañero. El resentimiento es latente y
eterno. Ahora, si me disculpas, he de ir a
matar a Metatron, alias Enoc.
-¡¿Qué estáis haciendo?!- Miguel apareció.-Os necesito en campo de
guerra. ¡Ya mismo! Están atacando mortales. Tartahiel gruñó por lo bajo.
-¡¿Qué?!- gritaron ambos a la vez.
-¡Hay inundaciones, tormentas, caos en la tierra y requiero de sus dones
ya! - Miguel desapareció como una tela roja oscura.
-Aún no es momento para atacar a Metatron.- le dijo Alkael.-Además,
necesitamos de Zophiel, de acuerdo a la visión de Raziel.
-Veremos si eso funciona.- dijo entre dientes.
CAPÍTULO 22 Sin Salida

La guerra seguía en pie. Cinco noches y cinco días habían


transcurrido. Metatron usaba el clima para desatar destrucción mientras
Froimost luchaba por hacer descender las aguas que nacían de la tierra
pero era inútil, el serafín estaba utilizando todo el poder posible para
generar un nuevo diluvio.
-¡¡No puedo solo!! ¡Es demasiado fuerte!- exclamó.
Lucifer le ayudó, sabía manejar los elementos subterráneos.
-¡Hazte a un lado!- le dijo Lucifer, quien arrojó dos flamas de lava a los
orificios que desprendían agua.
-Ha de estar haciendo esto en todo el mundo...- dijo Zadkiel.
Una nueva tropa descendía del cielo.
-Vienen más...- dijo Gabriel, su ropa estaba teñida en manchas celestes, al
igual que los demás.

Miguel agitó su espada como si fuera un abanico, causando una onda


que separó a las Potestades que se aproximaban a ellos.
Adras y las Arcangelinas unieron sus sables, proyectando una luz de
diversos colores, ofreciendo energía a los arcángeles, a Tartahiel y Alkael.
Los demonios y Lucifer protegían la ciudad de los ataques de la
tormenta, utilizando sus alas de cobre para que los rayos no cayeran a la
gente.
Desde una calle, Lucifer divisó el cielo, arrugó el entrecejo. Yahve
estaba junto a él, lo llevaba por el brazo sobre sus hombros.
-Tu hijo no podía hacer mucho contra Enoc, lo sabes.
-Quería venir a apoyarnos, se lo prohibí. No quería verlo muerto de nuevo,
por ello está en un lugar a salvo. ¡Ah!- La herida no cesaba de sangrar.
Lucifer lo sentó en una escalinata de cemento.
-Deja que te cure...
-¡No!
-¡¿No, qué?! ¡No seas cascarrabias, viejo omnipotente!
¡Quédate quieto! Va a doler...- Yahve apretó sus puños mientras Lucifer
curaba de él. - No creo que Metatron esté abarcando todo el planeta, éste es
el centro de energía. El eje está allí- dijo, apuntando al área donde salía la
luz por la que descendían los ángeles a atacarlos.
-Si tu teoría es cierta, tendremos que ir hasta la entrada.
-¡¿Nosotros?! Tú te quedas aquí abajo. No tienes poder, Yahve. Te
aniquilaría como una cucaracha. Los Siete, los chicos nuevos que tienes y
yo iremos.
Margaret no se iba a quedar de brazos cruzados, mirando el
espectáculo que acontecía en el cielo. Con determinación, fue directamente
hasta Rekon &Co., el cual era el edificio más alto de la ciudad. En la
terraza tendría buena vista para disparar y proteger de Zophiel y de los
demás.
Bechard logró verla a lo lejos, descendió con cuidado en la planicie
donde Rekon solía aterrizar su helicóptero.
-¡¿Qué estás haciendo, Margaret?! -
Ser su refuerzo.
-¡Eres una mortal! ¡¿Quieres que te maten?! -Maggie no respondió, le
alcanzó más armamento, pistolas, armas con mirador de distancia y sus
granadas.
-Dijiste que esto serviría algún día.- Bechard atrapó una, frunció una
sonrisa. Ella preparó su ballesta que portaba sangre de demonio en cada
punta de flecha. Bechard llamó a Silcharde y Astaroth, quienes se sumaron
junto a ella para disparar a las Potestades desde ese lugar.

Metatron miraba desde lo alto de un mirador de "La Casa". A su lado


estaba Constanza. El interior del edificio dejó de ser blanco para hundirse
en la oscuridad. El aspecto del serafín reveló su real imagen: una criatura
de blanca piel, ojos color celeste, casi platino, el cabello blanco como las
nubes y su armadura de plata y piedras preciosas.
-Envía más Dominaciones. Constanza asintió, llamó a una Lealtad a quien
le dio la orden.

Zophiel veía que no habría salida alguna de esta batalla. Recordó lo


que le había dicho Raziel, que lo había visto a él muerto en la revelación.
Si estaba escrito, debía cumplirse. Voló como un haz de luz amarilla, tomó
a Tartahiel y Alkael de las manos.

-¡Zophiel! ¡No!- gritó Miguel, pero ya era tarde.


-¡Zophiel!- gritó Margaret.- Bechard logró sostenerla antes de que
avanzara hasta el borde del edificio.

Algo magnífico se desencadenó apenas Zophiel tomó las manos de


ellos dos. Sus cuerpos se transformaron en tres criaturas de fuego, uno
amarillo, uno ámbar y uno de oro. Los tres se ensamblaron en una sola luz
brillante que se proyectó al cielo.
Desde la tierra, Lucifer y Yahve pudieron verlo, sorprendidos. Raziel
estaba junto con ellos.
-Mi revelación ha ocurrido. Miguel, Zadkiel, Chamuel, Gabriel y Rafael
no alcanzaron a perseguir la luz. Ésta duró unos segundos hasta que se
cerró el cielo por completo en una espesa capa de nubes oscuras.

Metatron estaba preparado, escoltado por un ejército mayor de los que


había estado enviando a la tierra.Constanza resguardaba la entrada, con un
casco dorado cubriendo su rostro a excepción de sus ojos y boca.
-Han llegado, los estaremos esperando.-murmuró ella.
Estaban a unos cinco metros de la construcción.
Los tres habían vuelto a su antiguo aspecto, Tartahiel se apartó
bruscamente de Zophiel.
-¡¿Qué demonios acabas de hacer?!
-Lo que debía suceder.
-¡Estamos los tres solos! ¡¿Cómo podremos acabar con él?! ¡¿Me puedes
explicar?!- Alkael se interpuso entre ambos.
-¡Ya basta! Ya estamos aquí y es lo que importa. ¿Vienen conmigo o se
quedarán peleando? - Se miraron y siguieron a Alkael. Para sorpresa de
Zophiel, vio a Alkael transformarse en una serpiente anaranjada. Su don de
arcángel había llegado al límite. Tartahiel miró su expresión, frunció una
sonrisa.
-¿Creías que mantendría su naturaleza humana? Difíciliba a ser. En sus
venas corre la sangre de Uriel. Es todo un arcángel ahora. Actuaste sin
pensar, Zophiel, pequeño grave error.
-Cállate y camina.
-Ha subido "La Casa", debemos pasar por el cinturón de Orion.-Alkael
estaba enfocado en Metatron, en hacerlo pagar por causar todo aquel daño,
por arrebatar su vida humana y por matar a Uriel. Haría justicia a su
manera.
CAPÍTULO 23 Sacrificio

Lucifer llevó consigo a Yahve, sobrevolando el oscuro cielo hasta


donde se encontraban los arcángeles.
-¡¿Qué ha sido eso?! ¡Fue espectacular!- dijo él asombrado.
-Se fueron sin nosotros.- Miguel estaba de furia. Quedaban pocos ángeles
que derrotar. Yahve se soltó de Lucifer, sosteniéndose de su bastón. -
Debemos tener fe en Zophiel y los muchachos. Estarán bien...- dijo el
Todopoderoso, su voz era apagada y sin fuerza. -¡Hay que hacer algo! ¡No
podemos quedarnos de brazos cruzados! ¡Me sorprende tu espíritu, Dios!-
le gritó Lucifer. Los demás lucían fatal, cansados, rendidos.

-¡¿Cómo pueden darse por vencidos tan rápido?! ¡¿Dejarán a Zophiel solo
con esos dos críos?! Los tres están allá arriba a merced de morir y ustedes
sin fuerza.-Pateó el bastón de Yahve, haciendo que cayera. Gabriel
alcanzó tomar su brazo.
-¡Lucifer!- Miguel le empujó lejos de Yahve.
-No sé ustedes, pero no me quedaré de brazos cruzados. ¡Bechard, llama a
los demás!- Éste obedeció, desplegó sus alas, yendo a llamar a los demás
demonios.

Zophiel, Tartahiel y Alkael ingresaron a "La Casa" con precaución.


Una vez dentro, una blanca luz los encegueció. Dicho resplandor los
separó, dejando a Tartahiel y Zophiel juntos y a Alkael en otro lado. -
¡¿Dónde estamos?!
-¡Sh!- le cayó Tartahiel- ¿Escuchas eso? -
No.
-¡Agáchate!- se arrojaron al suelo, eran flechas que eran lanzadas hacia
ellos. Zophiel abrió sus cuatro alas plateadas como escudo, Tartahiel le
imitó hasta que se fueron acercando a la tropa que los atacaba.
Alkael se levantó del suelo, desconocía el lugar donde estaba. Al
parecer, era una casa de madera, antigua, de paredes blancas manchadas
por el tiempo. Bajó las escaleras, podía ver fotos de niños. Comenzó a
recordar, era la casa de acogida en España, donde pasó gran parte de su
niñez, a cargo de una señora que cuidaba de él cuando su madre
desaparecía durante días.
-Tu madre fue muy valiosa para nosotros...- oyó una voz cerca suyo. Era
Uriel.
-¿Dónde estoy? ¿Por qué aquí?
-Estás a salvo. Por ahora.
-Zophiel y Tartahiel están solos. Necesitan mi ayuda. -Debes dejarlos por
éste instante que trabajen juntos para solucionar sus disputas. Había algo
que no encajaba. Uriel jamás lo separaría de los
demás. Alkael retrocedió.
-¿Temes de mi? ¿De tu padre?
-No.
-¿No vas a abrazarme aunque sea?
-Eres un espectro.
-No eres ningún idiota, muchacho.-Lentamente, su aspecto cambió al de
Constanza, dos dagas salieron por debajo de sus largas mangas. Una de
ellas logró cortarle, la herida no cicatrizó.
-Veo que aún queda un poco de humanidad, veré qué podré hacer para
matarte completamente.

Lucifer quería ir a toda costa a matar a Metatron él mismo pero temía


que su fuerza no fuese la suficiente.
-¿Tú qué crees? ¿Resistirá sin su poder inmortal? No creo que Yahve dure
mucho.- dijo Adramelech a Lucifer. Éste último se acercó, posando su
dedo índice en la boca.
-¡Cierra ese pico de demonio inmundo que tienes, Adramelech! No se va a
morir, no si lo impido.
-¿Ah, si? A ver, ¡¿Qué puedes hacer tú?!
-Darle la luz que me queda. Estos siglos he almacenado lo que ha quedado
de mi esencia angelical.-A ver...- Lucifer hizo a un lado a los arcángeles
que rodeaban a Yahve.
-¡¿Qué vas a hacer?!- Miguel le tomó de la muñeca, Lucifer se soltó con
impaciencia.
-Tú a mí no me tocas más. Bastante con la espada que me clavaste hace
siglos. ¡Abran paso! ¡Denle aire a Dios! ¡Despejen!- hizo un ademán con
las manos.
-Te daré todo lo bueno que queda en mi. A ver si con ello recuperas algo
de tu poder.- le susurró al oído.
-Intentemos.
-¡No!- protestó Miguel. Temía que le hiciera daño. Gabriel le retuvo junto
con Rafael. Lucifer extrajo de su pecho una gran luz blanca que era del
tamaño de una estrella, la empujó lentamente al corazón de Dios hasta que
ésta se fue adentrando de a poco. Los presentes estaban expectantes. Los
demonios, quienes habían acabado con las tropas descendieron a ver lo
que ocurría.
Tartahiel y Zophiel dejaron inconscientes a los soldados de
Constanza. Zophiel se transformó en un águila y Tartahiel en un halcón
peregrino para llegar más rápido al aposento de Metatron.

Alkael estaba lleno de cortes en piernas y brazos.


-¿Qué tienen esas dagas?
-Tu peor enemigo, la inmortalidad. ¿No cicatrizas, verdad? Está
recorriendo tu sistema para matar tu humanidad. Adios recuerdos de tu
mundana e insignificante vida.- Alkael se abalanzó sobre ella, forcejeó
hasta sacarle una daga de una mano, la otra iba directo a él, a su pecho.
Una serpiente amarilla mordió la mano de Constanza, había sido Zophiel.
-¡Aah!- Alkael la tomó del cuello. Estaban en lo alto de "La Casa", se
podían ver las estrellas, inclusive la Luna a no muy lejana distancia.
-Si fuera tú, la soltaría ya mismo...- Una voz se oía en la oscuridad.
-¡No seas un cobarde y muéstrate!-le dijo Tartahiel.
-Te estaba esperando, Tartahiel.-dijo Metraton al fin.
-Lo mismo digo. Durante siglos, he ansiado este momento. Juró por Dios
que te haré pedazos. Metatron frunció una sonrisa, una malévola risa
salió de sus oscuros labios.
-Con sólo trocar mis dedos, puedo hacer que tu madre se muera. Tocas a
Constanza, mataré a Isabel, tu decides, Alkaelterhumiel.
-Mientes.-dijo Zophiel.
-¿Me quieres probar, querubín?
Alkael estaba por soltar a Constanza.
-No la sueltes.- le advirtió Tartahiel- Matará a tu madre de todos modos.

Zophiel sentía que su fuerza se había recuperado, podía sentirlo por


debajo de su piel. Sin pensarlo dos veces, arrojó su daga a la garganta de
Metatron, la única zona desprotegida de la armadura. Éste gritó, reaccionó
lanzando un rayo sin acertar y otro a Alkael, arrojándolo al precipicio.
Tartahiel mató a Constanza, cortando su cabeza con su espada, corrió
hacia Enoc.
-¡¡No!!-gritó Metatron.
-Te irás al infierno conmigo.- Zophiel se sacrificó, abrazando a Metraton. -
¡Zophiel! Gritó Tartahiel.Éste se lanzó de la terraza creando una potente
luz dorada que iluminó el cielo.

La luz de Lucifer estaba surtiendo efecto en Yahve, dándole las alas


de él.
-¡¡Miren!!- gritó Bechard. Una onda expansiva los alejó. Veían del cielo el
haz de luz de oro y una flama de fuego que iba directo a ellos, fue
perdiendo fuerza al atravesar la atmósfera, aterrizando en la terraza de
Rekon & Co.

Para el horror de todos, era Zophiel.


-¡¡Zophiel!!- gritó Margaret.
CAPÍTULO 24 Redención, Un nuevo arcángel

El fuego que rodeaba su cuerpo se había apagado por sí solo.


Margaret corrió hacia Zophiel, moribundo en el frío concreto. Quienes
seguían combatiendo cesaron al ver al arcángel de la sabiduría. -¡¿Por
qué?! ¿Qué sucedió allá arriba?- Margaret le sacó unos mechones del
rostro.
-Él lo hizo... Apuñaló a Enoc...- dijo Tartahiel. Miguel no podía creer lo
que oía. Una lluvia torrencial azotaba en el cielo, llorando por la pérdida de
su más preciado arcángel, aquel que cuidaba las escrituras, los libros y
pergaminos. Zophiel trataba de gesticular palabras, la herida de Metatron
era profunda.
-Per... Pe... Perdóname...- quiso levantar la cabeza pero Tartahiel le
impidió.
-No te esfuerces. ¡Lucifer! ¡Haz algo! ¡O tú!- dijo, refiriéndose a Yahve. -
No hay nada que podamos hacer. Lo siento mucho.- fue lo único que Dios
pudo decir.
Raziel observaba, sin expresión alguna en su rostro. Bechard se
acercó a él, enojado.
-¡¡¿Tu sabías que esto sucedería, no?!! ¡¿Sabías que Zophiel iba a morir?!
¡Contéstame, ángel!
-Mis revelaciones jamás fallan. En efecto si, vi que él tenía que morir y ha
ocurrido.
-¡Está agonizando! ¡He de curarle!- exclamó Tartahiel.
Un rayo impactó sobre el edificio, causando una onda que arrojó a
todos. -¡¡Margaret!!- Ella cayó al precipicio, apretó los ojos, cuando
intentó abrirlos se vio envuelta en unas blancas alas, suaves como algodón.
Zophiel la estaba cuidando por última vez. El aterrizaje fue fuerte, él la
dejó sobre sí para que no recibiera el golpe al descender. Margaret se
levantó y se ubicó de rodillas junto a él.
-¡No tú, no me abandones! Por favor...- Las lágrimas de ella caían al rostro
de él. Tartahiel se acercó a ellos. Iba a poner sus manos sobre la herida
pero Zophiel le tomó de una muñeca.
-No, no hay nada que puedas hacer...
-Déjame intentarlo.- Su plan de acabar con Metatron se estaba llevando
demasiados inocentes.
-¿Me...? ¿Me perdonas...? ¿Por no haberte apoyado en aquel entonces? -Te
perdono... Hermano.- Zophiel frunció una sonrisa, luego dirigió sus
ojos a Margaret.
-Te amo, Maggie. Jamás lo olvides.
-No lo haré, nunca te olvidaré. Fuiste lo más mágico que tuve en mi vida.
Te amo.-Le dio un beso en la mejilla y en los labios, como solía hacerlo
siempre.
-Cuida de ella, por favor.-Tartahiel apretó fuerte su mano.
-Te doy mi palabra.

Lucifer ayudó a Yahve a levantarse entre los escombros.


-¡¿Cómo puede haber rayos si dijeron que Enoc está muerto?!
-Si Zophiel le clavó la daga, asumo que ha de estar herido, no muerto. -
Tiene razón, mi lord.- Raziel apareció detrás de ellos, portando el bastón
del hijo de Dios.
-¡¿Qué haces con eso?! ¡No te pertenece!- ladró Lucifer.
-Eres un gran fastidio, Satanas. Apártate y déjame terminar con mi trabajo.
-¿Raziel? ¿Por qué? ¿Qué te ha ofrecido él para que me dieras la espalda?-
Dios hablaba con tranquilidad. Los arcángeles y demonios se estaban
acercando por ambos lados, norte y sur. La lluvia había parado pero el
cielo seguía en penumbras.
-¡Tu! Tuviste la revelación, ¡Tenías todo planeado!... ¡¿Cómo pudiste
traicionarnos?! Eres un traidor, peor que Metatron- Miguel gritó a Raziel.
Nadie podía creer que aquel ángel les estaba apuñalando por la espalda,
trabajando bajo las ordenes de Metatron, quién sabría desde cuándo. -Sabía
que ustedes protegerían el cielo y la tierra, evitando que se desmoronara en
pedazos. Metatron falló. Ahora, es mi turno- Raziel tocó el suelo con el
bastón, provocando así un temblor. La mano libre empuñaba una espada
con la que pretendía matar a Yahve, Lucifer se cruzó y recibió un corte.
Tartahiel fue rápido y logró bloquearle. Un aura dorara le rodeaba, un
increíble poder lo cubría de pies a cabeza. -Soy un arcángel ahora, lo siento
en mis venas. Por el poder que me ha asignado Dios, te condeno al exilio y
a que deshabites el Reino. Lárgate antes que me arrepienta y te mate- Sus
ojos eran oro, claros como rayos de sol.

-Nos volveremos a ver, Tartahiel. Raziel se transformó en un remolino de


arena, logrando escapar.
-¡Lo dejaste huir sin más!- le retó Miguel.
-¡No pienso ensuciarme con más sangre de la que ya he derramado!
Buscaré el cuerpo de Enoc hasta los confines de la tierra y le apresaré
como él hizo conmigo.

Lucifer sonreía en el suelo. Bechard se acercó a él.


-¡¿Tu también te vas a morir?!
-No, chico. Yerba mala nunca muere. Es un rasguño profundo, nada nuevo
que mi cuerpo no haya experimentado.
-¡Venga! ¡Ponte de pie!
-¡Despacito! ¡Me duele!
Era atardecer. Gabriel y Zadkiel estaban cerca de Margaret y
Zophiel.
-No quiere que lo llevemos.- dijo Gabriel.
-Dejen que se quede con él un rato más. Queda tiempo antes de caer la
noche.- respondió Tartahiel, detrás de ellos.

Zophiel estaba en brazos de Maggie. Ella rompió en llanto. En el


horizonte, las nubes grises estaban desapareciendo. El sol, a lo lejos, se
estaba ocultando para recibir la noche. Era el momento en que Zophiel
debía partir, a reunirse con aquellos que murieron en la guerra, con Uriel y
Gracia.
-He sido un tonto... Y un... Un... co...cobarde. Debí haberte confesado mis
sentimientos antes...
-Y ya lo hiciste, Zophiel.
-Siempre te amaré, Maggie, siempre. Para siempre.- Lentamente, el cerró
sus ojos. Margaret gritó su nombre, su voz era un eco en la distancia.
Tartahiel apretó los ojos aunque sus lágrimas escaparon.
Una estela de copos de diente de león giraban en espiral. El cuerpo de
Zophiel desapareció, luego se hizo visible como una imagen transparente
de él. Maggie se puso de pie, le besó la mejilla.
-Te amaré para siempre, mi querido Paul.-dijo el nombre que él solía usar
en la universidad.
-Eternamente - respondió él. Su luz se volvió blanca como un diamante.
Voló como un rayo de luz hasta ubicarse entre la Osa Mayor y Menor.
Ahora Margaret tendría una estrella que la cuidaría desde arriba. -Desearía
buscar a mi hermana ahora... Saber si mi madre está bien, son todo lo que
me queda ahora.- respondió Margaret.
-Me encargaré de encontrar a tu hermana.-dijo Ariel.- Gabriel te llevará a
tu hogar de California.
-¿Qué pasará con Alkael?- preguntó preocupada.
-Lo encontraré.- contestó Tartahiel.-Puedes... Si quieres… Nos
mantenendremos....- Ella le miró pero ya no había esa confianza que él
había creado durante cuatro años. Tenía ante él a la verdadera Margaret
O'Connor, tan valiente y fuerte como lo había sido su ancestro Mireia.
-Claro, en contacto.
Las estrellas eran testigos fehacientes de la cruda guerra que duró
cinco días y cinco noches. El tiempo había sido eterno.
Cientos y millones de ángeles habían perecido, manipulados por la
fuerza omnipotente de Metatron, el viejo Enoc, un simple mortal que había
sido el único en vivir en tierras espirituales, un discípulo, la mano
izquierda de Yahve, Dios Padre todopoderoso, hasta que logró el poder
absoluto y acabó con decenas de demonios y propias criaturas del Señor en
una guerra que no hubo victorias, solo muertes innecesarias.
¿Qué quedaba ahora de la majestuosa y milenaria Legión? Dos
grandes arcángeles estaban muertos, Uriel y Zophiel. Debían restaurar el
orden nuevamente, reparar los daños acontecidos en la tierra, controlar las
aguas y el suelo tembloroso para que no repercutiera en un cataclismo.
Los demonios del abismo regresaron a su calabozo. Al igual que los
ángeles que habían sido manipulados estarían en penitencia. Lucifer, por su
parte, se fue malherido con los Destructores, a excepción de Bechard,
quien pidió a Miguel regresar como ángel.
Desde la terraza de un edificio estaba Raziel, mirando el paisaje. -
¿Dónde te habrás metido, mi querido Enoc?- se preguntó en voz baja.-¿Por
qué estás ocultándote? ¿Para qué?
CAPÍTULO 25 Muerto

Alkael estaba en la costa de una playa, volviendo en sí. Tenía


moretones en la cara y le costaba enfocar la vista. Con pocas fuerzas trató
de ponerse de pie. No sabía dónde estaba. Caminó desorientado hasta que
alzó la vista a las estrellas. Continuó su trayecto hasta llegar a la carretera.
No pasaba ningún automóvil. A no muy corta distancia iban Raziel y
Ariel, yendo hacia él.
-¡Estás vivo, gracias a Dios!- exclamó Raziel al acercarse. Quiso tocarle el
abdomen pero Alkael se apartó a un lado, se miró la herida, era profunda y
parecía no cicatrizar.
-Debo curar eso.-dijo Raziel.
-Puedo solo. ¿Dónde están los demás? ¿Y Tartahiel? ¿Hallaron a Zophiel?
Él también cayó, logré verlo... ¿Qué pasó con Zophiel? ¿Está... bien? -Tu
mentor... Zophiel... No sobrevivió.- dijo Raziel. Ariel lucía poco
acongojado por la noticia.
-No es la única mala noticia.- prosiguió Ariel. Abrió su mano, tenía la rosa
de plata de Mel con cenizas. Alkael se la arrebató de las manos. -¡¿Qué le
pasó a Melanie?! ¡¿Por qué la tienes tú?!- detrás del dije estaba pegada la
Virgen que Mel veneraba, patrona de Medjugorje. -Tomó un vuelo a París.
Éste tuvo un desperfecto en el motor y... - Raziel tomó la palabra,
contando la situación. Ariel parecía estar solamente interesado en
acercarse a Alkael, éste cada vez retrocedía. -¡¿Y qué pasó con Mel?!

-Esto es todo lo que pudimos recuperar. Lo siento.


Alkael se desplomó de rodillas al suelo, la rosa cayó de su mano,
volvió a cogerla. No había podido cumplir la promesa de Charles, en
recuperar a Mel. Llevó el dije a su pecho, llorando desconsoladamente.
Ariel posó su mano en su cabeza.
-Mi más sentido pésame, muchacho, pero a veces el destino juega en
contra, ¿Sabes?- Alkael no podía creer que lo dijera con semejante
frialdad. Alzó la vista y vio a Mel, luego a sí mismo.
-No puede ser... Metatron, no...
-¿No puede ser que haya sobrevivido a semejante apuñalada? Zophiel era
el más fuerte de cuerpo de los siete. Su golpe fue certero, no fue en vano
su muerte totalmente...
-¡¡Asesino!!- Alkael quiso atacarle pero Raziel se lo impidió, arrojándolo
contra con árbol. Caminaron hacia él, Raziel le tomó con fuerza de los
brazos.
-Estoy débil. He perdido el setenta por ciento de mi fuerza y tú serás mi
combustible, Alkaelterhumiel.
-Estoy tan malherido como tú...
-Tienes razón. Pero eres especial. Llevas en tus venas el poder del segundo
arcángel que igualó a Miguel. Uriel almacenaba un don increíblemente
místico y vive en ti. No sabes lo que vales, yo si. Posó su mano en el
corazón de Alkael, extrayendo la totalidad de su poder angelical.-No lo
tomes personal, muchacho. Necesitaba tu poder para restablecer mi poder
angelical. ¿Raziel?
-¿Si?
-Tíralo al océano. Deja que el mar y las criaturas que viven en él lo maten.
Adiós, Alkael, ha sido un placer conocerte.
-¡Ah!-gritó de dolor. Abrió sus seis alas, empujando a Raziel. Metraton
usó sus manos como tenazas, destrozando ala por ala, pluma por pluma.
Alkael se desmayó en el suelo, Raziel lo arrastró hasta ponerlo de pie,
voló alto hasta llevarlo en medio del mar.
-Ya estarás con Mel en el otro lado. Alkael despertó, forcejeó con Raziel
en el aire.
-¡Lux cantatis incidit in oculus!- gritó Raziel, lanzando un destello de luz
en los ojos de Alkael. Raziel se sacudió para que él se soltara de su ropaje,
logrando que Alkael cayera al inmenso azul.
Tartahiel, Zadkiel, Chamuel y Ariel, además de otros ángeles, seguían
en la búsqueda de Alkael y Metatron.
-¡¡Sigan buscando!!- ladraba Tartahiel.
-Llevamos cinco noches buscándolos y nada...- dijo un ángel por lo bajo. -
¡¡Calla y sigue!!- le gritó Tartahiel, estaba impaciente, histérico, quería
asegurarse que Metatron estuviera muerto y que Alkael estuviera ileso.
Chamuel llamó a lo lejos. Tartahiel voló lo más deprisa que pudo. Habían
hallado algo significativo, la cruz de Alkael, manchada con sangre. -No.
No tú, ahora no.-dijo él. Por su accionar, planeando una venganza por
años, gente inocente estaba pagando innecesariamente. Zophiel se había
enmendado pero había muerto. Ahora se temía el mismo final para Alkael.

"¡¿Por qué?! ¡Han pasado cinco días y nadie aparece a dar señales de
Alkael!", era una de las tantas protestas de Valery en la cabeza de Mel. Su
alter-ego hacia estragos en su interior mientras Melanie estaba con la
misma incertidumbre por fuera y con un mal augurio en su corazón. Lo
sentía como si fueran cientos de agujas clavándose en su pecho. Andrew
iba y venía de un lado a otro, llamando a casa de su madre para saber si
Alex estaba bien. La vio tiritar y le cubrió los hombros con su abrigo.

-Gracias- dijo ella alzando la vista. -


¿Sin señales de Alkael?
-Nada, ni un llamado.
-Mel... Quería pedirte perdón por mi actitud. Lamento todo lo que te hice
pasar. En serio, yo...
"¿Andrew pidiendo disculpas? ¡Ja! ¡Enojate así le pego esa cara de chico
arrepentido!", decía Valery.
-Está bien, Andrew, ya sucedió. He aprendido a perdonar y olvidar el
pasado. Enfrentarme a Edward me hizo reaccionar que debí cerrar esa
puerta de mi ayer hace mucho tiempo y nunca lo hice. En cuanto a
nosotros, no debí ilusionarte... -le tomó la mano.
-Ambos buscábamos no estar solos. Pero ya que Alkael regresó, mereces
estar con él.
En ese instante, el verdadero Ariel llegó al aeropuerto, tenía los ojos
rojos. Antes que pudiera decir algo, Mel no aguantó las lágrimas.
-¿Va a venir? Me dijo que vendría a buscarme... -Ariel bajó la cabeza,
hurgó en su bolsillo derecho de su abrigo.
-No sabemos dónde puede estar. Chamuel halló esto y uno de sus anillos.
Hay ángeles y demonios rastreando cerca... - Le entregó la cruz. -¿Puede
que esté herido?
-No sabemos con certeza. Por versión de Tartahiel, sabemos que Enoc le
lanzó un rayo que lo lanzó lejos. Es todo lo que puedo darte al respecto.
Mel miró la cruz, se notaban pequeñas manchas de sangre sobre la plata.

-Lo más probable es que esté...


-¡No! ¡Él no puede estar muerto! ¡Tienen que encontrarlo! Un ángel
descendió cerca de Ariel.
-Señor, han encontrado un cuerpo. Me temo que acoteja con la
descripción.
-¡¡No!!- Mel cayó al piso. Andrew corrió a sostenerla.
-Será mejor que se vayan.- les dijo Andrew.
-¡¡No, no!! ¡¿Por qué me prometió que volvería a mí?!
-Desearía poder hacer algo...- dijo Ariel.
-¡¡Vete, vete!!- gritó Andrew. Ariel retrocedió, se conmocionó al verla
así. Se desvaneció lentamente hasta desaparecer por completo.
Andrew la abrazó fuerte en silencio.
-¡No pude...! No pude ni siquiera decirle...
-¿Decirle qué?
-Llevo una parte de él dentro mío.- Andrew tragó saliva con dificultad. De
alguna manera le dolía oír tal confesión.
-Sh. Tranquila, no estás sola.
-¡¿Qué voy a hacer ahora?! No estoy preparada para esto.
-¿No estás pensando en abortarlo? ¡¿O si?!
-No. No sé qué hacer...
-Te ayudaré a criarlo. Sus lágrimas no dejaban de caer hasta que se
detuvo, mirándolo asustada.
-¡¿Qué dices?! No, no es tu responsabilidad. Te he atado a una relación
que no funcionó, mucho menos un bebé que no es tuyo. -Alkael me
advirtió que si te pasaba algo me mataba y eso lo guardaré como una
promesa de advertencia. No pienso dejarte sola en esto, mucho menos un
bebé que llevas dentro. ¡¿Qué le dirás a tu madre?! ¿Qué ese bebé es hijo o
hija de un hombre que era ángel?- Su móvil vibró, era Bechard y al
parecer la voz de Maggie, pidiendo hablar con su hermana
menor.
-Mel... Es tu hermana.
-En este momento no quiero hablar con nadie.- Se quedó con la mente en
blanco por unos minutos.-Quiero... Quiero irme de aquí. Andrew arrugó el
ceño, se alejó con su celular apegado a su oído hasta adentrarse en el
aeropuerto.
Mel se apoyó en el frío concreto de una pared. Descendió hasta
quedarse sentada con las piernas flexionadas y las rodillas cerca de su
pecho. Apretó fuerte la cruz en su mano derecha. En la otra, llevaba la
sortija de Alkael y el anillo de inicial "A" que ella solía llevar de cuando
era joven.
-¡Vuelve a mi, por favor! ¡Dijiste que estaríamos juntos para siempre!
¡Ven a mi corazón, mi Ángel! ¡Eres mi única estrella en toda esta
oscuridad! ¡Eres mi paraíso en este infierno! ¡Regresa a mi, Alkael, mi
ángel!- Su llanto desgarrador se oía a las afueras de la entrada del
aeropuerto. La lluvia empezó a caer, como si el cielo la acompañara en su
dolor.
EPÍLOGO

Ha pasado un año ya, es difícil no pensar en todo lo ocurrido. Mi


hermana se fue a París sin más. Sé que su dolor por Alkael ha de seguir
latente en su corazón pero me cuesta comprender el por qué se alejó de los
suyos, de mi madre y de mi. Mamá pasó su vejez con la hija que tuvo
ausente por cuatro años, conmigo a su lado, sin saber que tuvo una nieta,
Joanne, hija de Mel y Alkael.
Luego de la partida de mi madre, regresé a Nueva Orleans, donde todo
comenzó. El lugar de mis recuerdos con Zophiel, los años de universidad
que él me brindó toda su sabiduría, su inteligencia, su cariño, su amor que
al principio no pude ver hasta que lo sentí demasiado tarde, el día que se
me quitó la vida y se desató la oscuridad sobre todos nosotros.
Miro al horizonte y sé que cada mañana al salir el sol, Zophiel
desciende como un pétalo de diente de león a visitarme hasta que la noche
cae y regresa a ser una estrella.
Dicen que el paraíso ya no es lo de antes. Miguel aprendió la lección,
a entender que no todos los ángeles son buenos o traidores, que a veces,
los que parecen ser malos son aliados y los buenos son traicioneros.
Lucifer restauró el balance entre la tierra y su reino, con Tartahiel en
la tierra, cuidando de aquellos que han caído en la desesperación, que se
ven hundidos en la oscuridad y atrapados en sus propios demonios.
La herencia de Uriel ha quedado vacía. No hay quién ocupe su lugar.
Por el tiempo, se ha corrido el rumor que Alkael murió en manos de un ser
que tampoco se cree que esté muerto. Metatron, mejor conocido en los
libros como Enoc, ha de estar vivo, deambulando, disfrazado de mendigo,
de portero, de vecino. No se sabe qué forma ha de haber adoptado ya que
su don iguala al mismo Dios.
Trato de mantener mi vida como una rutina mundana, trabajando en
una firma de abogados. Pero, en mi interior, ya nada será como lo fue en
un pasado. Cada vez que camino por la calle los veo, sus alas, su brillo, un
don recientemente descubierto por mi ancestro, Mireia O'Connor, una
joven bruja blanca que veía a los ángeles y demonios tal cual eran, sin
vasijas de por medio. Es espeluznante sentir el olor a azufre pero me
siento segura cuando huelo rosas a mí alrededor, ellos saben que los veo y
me cuidan de los otros.
Sigo sin saber de Melanie. Espero que algún día tenga el valor de
aparecer y poder conocer a mí sobrina. En cuanto a Clarisse y Josephine,
sólo sé que se han ido lejos. Ella sabe lo que ha hecho, la culpa le
mantiene distanciada de mí. Creo que es mejor así, nunca fuimos amigas
ni tampoco creo que podríamos serlo.
Cumplí con mi labor de publicar la historia de Mel. Ojalá que no se
enfade por tal atrevimiento. "Unos Segundos en el Paraíso" se titula, pero
no lo dejé a mi autoría ni a la suya, sino a Alkael. Tengo fe que el ha de
seguir con vida, en alguna parte, probablemente sin memoria,
desorientado. Imagino que, si mi teoría es cierta, si él está vivo y lee el
libro sabrá quién es y quién fue Mel. Recordará su amor por ella y lo que
hizo por todos nosotros durante varios años

El teléfono sonó. Margaret lo cogió.


-¿Hola? Si, ella habla. Aguarde por favor. Si.- Un empleado de
correspondencia le dejaba cuatro grandes cajas.
-Firme aquí por favor. Gracias.
-Hasta luego.-Sonrió. Fue a abrir una con el abrecartas, cientos de copias
del libro habían llegado. Esperaba que se pudieran difundir a lo largo y
ancho del país, inclusive hasta Europa.
Un pétalo de flor ingresó por la corriente de viento de la ventana de su
balcón, cayendo cerca del sofá color pastel. Margaret sintió esa brisa
familiar, el aroma a jazmines y rosas. Debía ser él, Zophiel, quien venía a
visitarla en cada amanecer.
-Viniste.
-Igual que ayer y el día anterior. A la misma hora.-dijo Zophiel,
frunciendo una sonrisa.
-Creí que no vendrías.
-Siempre vendré a ti.
-Ojalá pudieras quedarte. Te necesito. No sabes cuánto.
-Lo sé, y yo a ti.- Ella tomó su mano aunque traspasaran sus dedos. -¿No
hay novedades de Alkael?
-No. Mucho menos de Metatron. Como si nunca hubieran existido. -¿Hay
algo que pueda hacer? Éste don que apareció éste año... Si tan sólo pudiera
manipularlo y brindar mi ayuda...
-No. Será mejor que guardes tu don y tu magia cuando estés preparada.
Tartahiel, mejor que nadie, conoce cómo canalizarla y mantenerte a salvo.
-No, Zophiel. No quiero saber nada de él. Por su culpa tú ya no estás aquí.
Su venganza, todo lo que el desató fue oscuridad...-Suspiró.- Me siento
sola, más ahora… Mamá falleció hace dos meses.
-Lo siento mucho. Ella suspiró y caminó al balcón.
-¿Por qué nos pasó esto? Éramos una familia normal...
Mel está en otro continente, con Andrew. ¿Por qué está con él si su
corazón siempre fue de Alkael?
-En los momentos duros, siempre se busca apoyo en quienes tenemos más
cerca, inclusive nuestros propios enemigos. Andrew fue malo pero quizá
ahora es lo más cercano que tiene Mel para apoyarse.
-¿Y conmigo no? No la comprendo.
-Maggie, debes darle tiempo. No ha de ser fácil para ella.

España, año 2018

Una mujer de cabello castaño corría por la costa de la playa española,


vestida de jogging, zapatillas y con auriculares en los oídos. Arrugó el
entrecejo al ver un cuerpo tirado en la arena. Corrió lo más rápido que
pudo hasta arrodillarse. Era un hombre de cabello castaño oscuro. La
mujer le dio vuelta boca arriba y procedió a darle resucitación boca a
boca. Apretó su pecho tres veces. Le miró el rostro, le parecía familiar
pero le costaba recordar cuándo y dónde.
Alkael tocó el dije de la cadena de la mujera ciegas. Era un copo de
nieve de cristal. Tuvo un leve recuerdo, sabía a quién le lo había dado, a
una antigua protegida suya. Levantó apenas la mano, rozando sus dedos
con el cristal. La mujer abrió los ojos como platos, le había reconocido. -
¡¿Ángel?! ¡¿Alkael, eres tú?!- no hubo respuesta de él. No abría los ojos
como si los tuviera sellados. Leves convulsiones comenzaron a azotar su
cuerpo herido con quemaduras.
-¡¡Qué alguien me ayude!!- Ella gritó. Un hombre acudió a su ayuda.
-¡Señora Santamaría!
-¡Llama a una ambulancia, Basilio!- Su hija corrió hacia ella.
-¡¿Qué pasó mamá?!
-¡Luz, ayúdame a sacarlo de la orilla! ¡Deja de mirarme y haz lo que te
digo!- ladró Valeria. Su hija adolescente le ayudó a mover a Alkael. -
¡¿Quién es mamá?! ¡¿Qué le pasó?!- No podía responder a las preguntas
de su hija. Valeria miraba horrorizada el cuerpo de Alkael, con la ropa
quemada, una franja roja sobre sus ojos y el rostro lleno de moretones. Si
no hubiera sido por los rasgos de la cara y el cabello, no lo habría
reconocido. Era todo un hombre ahora, nada comparado con aquel niño de
ocho años que la había guiado hace años atrás.
"¡¿Qué te ha pasado, amigo mío?! ¿Cómo llegaste hasta aquí?", se
preguntó ella.

Fin del Segundo libro


Acerca de los autores:

Alejandro Sartino Schneider


(1985 Calafate, Argentina - 2013 Dallas TX)
Creador&fundadorde Unossegundos en elparaíso
Autor de la saga completa, se recibió en el año 2009 de médico veterinario
en la Universidad de la UBA, Realizó cursos de teología, ocultismo y
asistió a cursos de demonología en Connecticut entre 2010 y 2011.
Estudió inglés en un instituto en Yale (2009)
nivel básico de francés, latín y alemán. Sus grandes ídolos literarios
fueron J.R.R Tolkien y C.S Lewis. Mientras que como autoras fueron
Virginia Woolf y Gabrielle Charbonnet.
Amante de la angeología y cuestiones relacionadas al campo,
Alejandro creó Unos Segundos en el Paraíso.
El volumen 0 "El Legado de la Rosa Mística" (2008) será publicada en
la página a futuro al igual que el libro final "Unos Segundos en el
Paraíso: El Legado" (el 2019).
Sus personajes en Unos Segundos en el Paraíso y en sus otros
escritos a publicar en la página tienen su toque personal, son retraídos
lobos solitarios.

Melanie O´Connor (4 de Enero de 1990, Argentina)


A los quince años empezó a escribir pero al notarse así misma ciertos
errores se obligó a abandonar su innato hobbie y retomó el amor por
escribir a los veinte y un años. Actual estudiante universitaria de idiomas,
Melanie se dedica full-time a sus estudios y por su pasatiempo a la
escritura. Unos Segundos en el Paraíso es su primer escrito, con el cual
trabajó codo a codo junto a Alejandro Sartino Schneider para combinar
una trama biográfica y fantástica en lo que fue el primer libro, titulado
“Tu & Yo”. La saga se compone de seis libros, incluyendo además “El
Diario de Alkael”. Melanie espera que una vez que dedique años en su
profesión docente y de intérprete pueda dedicarse de lleno a escribir, su
gran sueño de pequeña.

Ania Schneider Rivas (26 de Septiembre de1947, Buenos Aires,


Argentina)
Nacida en Argentina, de ascendencia alemana-chilena, fue criada en
Chile y Alemania de pequeña. Durante el golpe de estado de 1976, Ania se
exilió en España y más tarde se mudó a los Estados Unidos, donde nació
uno de sus tres hijos.
Actualmente jubilada como maestra de inglés de EGB, Ania es co-
autora de Unos Segundos en el paraíso, saga creada por su difunto
sobrino Alejandro.
Próximamente en la página de Factbook, Ania debutará en solitario
con su novela “La Sociedad Ciega”.

Centres d'intérêt liés