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La Constitución de 1980.

Apuntes para la discusión


ideológico-política
Marcos Muñoz Robles,
Sociólogo
Magíster en Investigación Social y Desarrollo.
Militante del Movimiento Autonomista-Comunal STGO
marcosmunozrobles@gmail.com

1. Una perspectiva sociológica sobre la Constitución de 1980


Las más de doscientas reformas constitucionales no han sido impedimento para que los
preceptos doctrinarios de la Constitución de 1980 continúen siendo la base de lo que suele
llamarse en la actualidad el ‘modelo’, teniendo, por lo tanto, plena vigencia la discusión
sociológica de la constitución chilena de 1980.1

La visión de mundo que materializa la Constitución de 1980 ha exaltado el valor de la


libertad, representándola en torno a un conjunto de ideas afines: i) propiedad privada, ii)
derechos individuales, iii) libertad de enseñanza, iv) libertad de asociación y de empresa, y
que punto por punto, se opusieron a la noción de Estado-social, que fue consagrado en Chile
con la Constitución de 1925, gracias al proceso de colectivización de la sociedad chilena, el
cual se extendió durante gran parte del siglo XX2.

Sin embargo, para analizar la Constitución de 1980 desde una perspectiva sociológica, en
primer lugar, debemos analizar los conceptos que han tomado por objeto el derecho
constitucional, y valorar en seguida, el aporte de la perspectiva sociológica a los estudios
constitucionales.

En primer lugar, diremos que el concepto de Constitución se ofrece una pluralidad de


formulaciones; dado su carácter polémico, es una noción combatida en su ratio y un nexo de
diversas esferas de la vida política, jurídica y sociológica.

1
“…desde el punto de vista de la existencia política del pueblo chileno esos cambios han sido efectivamente
‘gatopardismo’: más de doscientas reformas constitucionales, nos dicen, para que esa forma política sigue
igual”. Gatopardismo: que todo cambie para que todo siga igual. (Atria, 2012, p: XX)
2
Tal vez, sostiene Cristian Viera (2013, p. 182) “la Constitución del 25 es la que más se acerca a una
Constitución de un Estado social, no sólo por la presencia de un catálogo de derechos sociales (art.10), sino
porque tratándose de ciertos derechos específicos, como el derecho de propiedad, a éste le corresponde una
‘función social’”, para el servicio de la colectividad y la elevación de las condiciones de vida del común de los
habitantes.
Siguiendo a Gilberto Giménez (1980, p.97-98) se intentará aquí reconocer el estatuto
sociológico del derecho constitucional, planteando teóricamente la tesis de “indisociabilidad
entre factores jurídicos y factores socio-políticos en la configuración de los sistemas o
regímenes políticos realmente vigentes”. De esta tesis se derivan algunas consecuencias
importantes:

a) La imposibilidad de un análisis puramente jurídico de las disposiciones


constitucionales, al margen de las variables históricas y socio-políticas;
b) La no- pertinencia científica de las clasificaciones y tipologías puramente formales
de los Estados y de los regímenes políticos, en la medida en que no permiten prever
el funcionamiento real de los mismos;
c) La necesidad de una estrecha colaboración interdisciplinaria entre constitucionalistas
y cultores de la sociología política.

Una constitución puede entenderse como una institución jurídico-política que es resultado de
un poder constituyente que otorga fundamento a todo un ordenamiento político. Para el
constitucionalismo democrático, en cambio, una constitución sería un organismo supremo
en el Estado, que tiene como determinaciones básicas el reconocimiento de las libertades de
los ciudadanos, la soberanía popular y la superioridad de la constitución sobre el
ordenamiento jurídico3.

El estatuto sociológico del derecho constitucional, por su parte, trataría de revalorar la vieja
distinción entre constitución formal y constitución material descartando de entrada “los
extremos del formalismo jurídico (que considera al derecho como un sistema autosuficiente,
susceptible sólo de un análisis inmanente) y del reduccionismo sociológico (que considera al
derecho como un epifenómeno de las relaciones sociales e ignora su especificidad y
consistencia propia)” (Giménez, 1980, p.97).

Por constitución formal se entendería como un ‘sistema de normas’ que sirve como esquema
de organización para el Estado, y en la cual quedarían aquí subsumidos todos los casos
particulares posibles. En cambio, la constitución material, integraría en su conjunto toda la
normatividad jurídica junto a las variables históricas y socio-políticas, teniendo ésta un origen
histórico y cambiante, según los acontecimientos sociales.

El análisis de la constitución material, indica preferentemente las dimensiones históricas y


socio-políticas de una constitución, siendo la perspectiva propiamente sociológica. En
nuestro análisis sociológico del derecho constitucional, nos ceñiremos a estas dimensiones

3
“a) Reconocimiento de libertades de los ciudadanos que son previas y superiores al Estado que surge para
garantizaras; b) El poder político se concibe y construye como una emanación del pueble al que pertenece de
modo indelegable la soberanía; c) De lo anterior se deriva la necesidad de carácter normativo de la Constitución,
su superioridad sobre todo el ordenamiento y la necesidad de que el Derecho sea aplicado e interpretado
conforme a la norma suprema, que puede ser invocada directamente por todos los ciudadanos” (Díaz, R. 1997,
En: Monroy, 2007, p. 51)
desde el aspecto ideológico de la misma, tomando el caso de la Constitución Política de la
República de Chile de 1980.

El concepto de ideología aquí lo entenderemos en el sentido señalado por Karl Mannheim


(1993), es decir, como una particular visión de mundo (westanschauung) socialmente
existente4.

Para Mannheim, cada clase social tendría su propia visión de mundo, la cual sería fruto de su
lugar correspondiente en la estructura social. Por lo tanto, de ello se derivaría una serie de
consecuencias; como que las visiones de mundo serían múltiples y divergentes entre sí,
diferencias que serían explicadas por estructura social. Tales visiones, sin embargo,
competirían por ser la visión de mundo ‘verdadera’, y por tanto, la “posición no –ideológica”.

El conflicto dependería de una correlación de fuerzas políticas, y por lo tanto, de la


consecuente dinámica histórica, en donde sólo las clases en ascenso lograrían una visión de
mundo ‘verdadera’, correspondiente objetivamente a la realidad histórico-social. Mientras
que en las clases en descenso ocurriría lo contrario: su visión de mundo se volvería
propiamente ‘ideológica’ y su conciencia, ‘falsa’, debido a esa misma posición de decadencia
en que se hallan colocadas (Germani, 1986)

En la configuración de la Constitución chilena de 1980 creemos encontrar claras visiones


mundo que la fundan, pero que, según Cristian Viera (2013, p: ¿?) manifiestan en sí mismas
una verdadera contradicción. Ello daría lugar a un sincretismo ideológico, que “forzaría
muchas veces el texto para tratar de conciliar las posturas enfrentadas”. De las variadas
fuentes ideológicas de la constitución, este autor destaca la influencia del pensamiento
cristiano y el neoliberalismo.

Como veremos más adelante, la figura política e intelectual de Jaime Guzmán resulta central
para el esclarecimiento de esta contradicción ideológica que fundamenta la Constitución de
1980.

1.1 Jaime Guzmán: intelectual orgánico de la derecha chilena.

A juicio de Renato Cristi (2000) Jaime Guzmán fue un genuino pensador práctico que como
político conservador estuvo decisivamente inmerso en la contingencia histórica. En modo
alguno puede identificarse a Guzmán como un pensador teórico: no tuvo la oportunidad de

4
Nos referimos aquí al concepto total de ideología, de una época o de un grupo histórico-social concreto, y no
al concepto de ideología que analiza las ideas desde un punto de vista meramente psicológico. Aquí la ideología
representa a un cierto mundo intelectual y sistemas de pensamiento divergentes.
desarrollar un sistema explícito y acabado de sus ideas, aunque no cabría lugar a dudas de
que fue “el autor intelectual de este proceso político refundacional”. De un “modo análogo
al de los Founding Fathers de la Constitución americana, sus ideas políticas, particularmente
en el ámbito del derecho constitucional, son coherentes y admiten sistematización” (Cristi,
2000, p. 17)

Como bien ha indicado Belén Mondaca (2003) su visión política estuvo fuertemente marcada
por los años del gobierno de Eduardo Frei Montalva y más tarde por el gobierno de Salvador
Allende5. En un contexto donde predominaron los intentos desarrollistas y se pudo
implementar en Chile un amplio programa de nacionalización de las actividades
empresariales y los sistemas productivos. Transformaciones que a su vez obedecían a un
contexto sociopolítico internacional más amplio: “…en consonancia con las tendencias
mundiales de la época, la sociedad se politizó en todas sus esferas, y lo civil se convirtió
necesariamente en político”. (Moncada, 2003, p. 474)

Desde una perspectiva sociológica, el pensamiento político de Guzmán estaría representando


la particular visión de mundo de la derecha chilena de la segunda mitad del siglo XX. En este
período, Guzmán pudo desarrollar una ideología política sincrética, de ideas liberal-
conservadoras que dotó a la derecha de un análisis total de la sociedad y, conjuntamente,
permitió elaborar una propuesta alternativa al proyecto político de la Unidad Popular, que
luego se institucionalizaría con la Constitución de 1980. El apoyo intelectual y colaboración
política de Guzmán a una dictadura militar que, a sabiendas del propio Guzmán, violaba los
derechos humanos, ha permitido a algunos calificarle como el principal intelectual orgánico
de la derecha. (Peña, 2003)6

Rasgos fundamentales de su pensamiento quedaron plasmados en la Declaración de


Principios del Gobierno de Chile el 11 de marzo de 1974, el Discurso de Chacarrillas el 9
de julio de 1977 y en la propia Constitución Política de la República de 1980.

Básicamente, su pensamiento se habría concretado por impulsos externos, marcados por los
siguientes tres hitos históricos, manifiestos por:

I. La elección presidencial de Eduardo Frei en 1964;


5
El período en cuestión abarca parte importante del siglo XX, pues la radicalización progresiva que
dicho proceso de democratización puso de manifiesto, se puede constatar, primero, de modo incipiente, en el
triunfo de los gobiernos radicales de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), Juan Antonio Ríos (1942-1946) y
Gabriel González Videla (1946-1952). Ellos tuvieron el mérito de haberse hecho cargo, por primera vez en
Chile, de modo sistemático e institucionalizado de los problemas relativos a la implementación de cambios
estructurales que modernizaron en muchos sentidos el aparato estatal chileno heredado del período oligarca
parlamentario (1891-1924. (Martínez, s/f)
6 Como el término orgánico puede dejar comprender, los lazos que unen a los intelectuales con las clases
sociales proceden de las organizaciones en las que los intelectuales actúan. El carácter orgánico del intelectual
depende, pues, de los lazos más o menos estrechos que unan a la organización de la cual él es miembro con la
clase que representa. https://kmarx.wordpress.com/2012/11/20/el-intelectual-organico-en-gramsci-una-
aproximacion/
II. El golpe militar que derroca al gobierno de Salvador Allende en 1973;
III. La puesta en vigencia por parte de la junta militar, de una nueva Constitución en
septiembre de 1980.

La primera etapa del pensamiento de Jaime Guzmán, se determinan las orientaciones de su


fundamentales su ideología. Esta etapa está caracterizada por la asimilación de los ideales de
autoridad y libertad; conceptos filosóficos derivados de la obra de autores como Osvaldo
Lira, Jaime Eyzaguirre y Julio Philippi, los cuales mantenían un estrecho lazo intelectual y
personal, donde se nota la profunda herencia y compromiso político con el proyecto
conservador portaliano, desde donde se desprenden las ideas de autoridad y libertad. Con tan
sólo 15 años, ya demostraba una ferviente oposición a la Democracia Cristiana, además de
demostrar una fuerte admiración por el franquismo. Las cartas enviadas desde Portugal
demuestran su marcada postura conservadora en relación a estos dos conceptos, “no hay
libertad sino dentro del orden” señalaba el propio Guzmán (Rosario Guzmán Errázuriz,
1991:80, citado en Cristi, 2011, p: ¿?). Libertad y autoridad se traducirían finalmente en un
‘Estado fuerte’ y en una ‘sociedad libre’ (Cristi, 2011).

En su etapa de juventud, Guzmán fue fundador y principal ideólogo del gremialismo en


Chile: una corriente de pensamiento social, político y económico, inspirada en la doctrina
social de la Iglesia, que designaba que todo el ordenamiento social debía basarse en que los
‘grupos intermedios’, que se suponía debían ser libremente generados y conducidos por sus
integrantes. Éstos a su vez cumplirían sus fines propios y específicos (y no otros). Los grupos
intermedios debían tener un carácter autónomo, y no podían depender de una determinada
doctrina o partido político. Con esta definición política quedaba claramente circunscripta a
la mera ‘conducción del estado’ y ajena de la sociedad7.

En esencia los valores gremialistas han buscado despolitizar la sociedad; en su defensa del
bien común, critican al colectivismo pues refiere este concepto al todo colectivo o estatal,
frente al cual el bien individual de cada persona desaparece por completo. Este sincretismo
de valores liberales y conservadores está la base ideológica de pensamiento político de Jaime
Guzmán. En él intentó combinar un sistema autoritario primero, y una democracia protegida
después, proyectando una ‘sociedad libre’ donde la participación ciudadana fuera parte de la
misma (Mondaca, 2003).

En los años que comienza a realizar sus estudios de derecho en la Universidad Católica, se
encarga de publicar diversos artículos que afinan su contribución al conservadurismo
chileno; dicha contribución tiene directa relación con su rechazo, tanto hacia el liberalismo
7
En la década del ’60, mientras lideraba el Movimiento Gremial de la Universidad Católica (MGUC), Guzmán
fue un encarnizado opositor a la reforma universitaria impulsada por grupos de izquierda y centro. Los
gremialistas veían una fuerte influencia de los partidos políticos en el movimiento reformista y pensaban que
la FEUC, como grupo intermedio, debía ser autónomo, y en consecuencia, debía de mantenerse ‘independiente’
de influencias políticas externas.
económico –durante la primera etapa de su pensamiento-, como al socialismo. Este rechazo
que sintió Guzmán hacia el liberalismo económico se centraba principalmente en la idea que
éste “no reconoce nuevas formas de asociación y de organización social, que han respondido
al impulso natural del hombre de constituir sociedades intermedias” (Guzmán, 1965:11,
citado en Cristi, 2011).

II

La segunda etapa estuvo marcada por una profunda vinculación de Guzmán con el gobierno
militar, su puesta en marcha y posterior concreción. Durante esa época Guzmán se erigió
como uno de los hombres más influyentes del proceso, siendo el principal artífice del actual
sistema constitucional y político chileno que reemplazó al régimen definido dentro de la
Constitución de 1925, y en donde, como proyecto político, fue tomando fuerza el ensamble
de las nociones de autoridad y libertad, que le permitirían a Guzmán su anhelada
domesticación de la democracia8.

Durante los 1973 y 1974, se dictaron una serie de Decretos-leyes, que legitimaron a la
autoridad de la Junta Militar; asumiéndose durante los dos años primeros, luego de la
instauración del régimen militar en Chile, la vigencia de la Constitución de 1925, pero al
mismo tiempo declaraban como suyo el ejercicio del Poder Constituyente. Ya en el año 1973,
en el acta de la primera sesión secreta de la junta militar, quedó consignada la intención de
promulgar una nueva Constitución. La llamada Comisión Ortúzar estuvo abocada
principalmente a preparar un anteproyecto para construir una nueva Constitución. No se
trataría entonces de una reforma constitucional, para lo cual hubiese sido necesario que la
Junta Militar asumiera el poder constituyente derivativo. Se trataba en cambio de dictar una
nueva Constitución donde la Junta asumiría el Poder Constituyente Originario, suprimiendo
el Poder Constituyente del Pueblo. (Cristi, 2011)

En este contexto, para Renato Cristi y Ruiz-Tagle (2006, p: 161-176) sería esencial reconocer
a la influencia del pensamiento de Carl Schmitt en Jaime Guzmán, influencia mediada por
constitucionalistas schmittianos en España, quienes guiaron los estudios de toda una
generación de constitucionalistas chilenos. En la teoría constitucional schmittiana el Poder
constituyente funcionaba como el substituto de la noción de soberanía9. Schmitt rehusó

8
“El 11 de septiembre de 1973, una junta militar derroca al gobierno constitucional de Salvador Allende. Dos
días más tarde, en su primera sesión secreta, la junta gobernante acuerda encomendar el estudio de una nueva
Constitución Política del Estado. Determina también que ese estudio estará ‘dirigido por el Profesor
Universitario Don Jaime Guzmán” (Junta de Gobierno, 13 de septiembre)” (Cristi, 2000, p. 33)
9
En la definición de soberanía que Schmitt elabora en su Teología Política (1922) el soberano queda
determina como el agente político que decide la excepción. Se plantea así su oposición al normativismo
kelseniano, y su aproximación al conservantismo revolucionario de Maistre y Donoso Cortés. (Cristi,
2008)
reconocer que sólo el principio democrático fuese fuente de legitimidad. También podría
serlo el principio monárquico (cf. Kaufmann, 1906, citado en Cristi, 2008).

De este modo se puede establecer que la génesis de la Constitución de 1980 no se encentraría


en el Pueblo, sino en poder monocrácrito de la dictadura, con lo cual la Dictadura pasa a
destruir la Constitución del 25 y se constituye, además, como sujeto único de Poder
Constituyente.

Paralelamente, en esta misma época Guzmán fue reemplazando el corporativismo político


por un nuevo ideario político: el neoliberalismo. Durante este período el pensamiento de
Hayek y los Chicago Boys juegan un papel fundamental en configuración del pensamiento
político de Jaime Guzmán, donde consagra constitucionalmente los principios del liberalismo
económico y abandona definitivamente el corporativismo.

En esta etapa abandona, por tanto, la doctrina social de la Iglesia, donde se hace problemática
la relación entre ésta y los postulados sobre el liberalismo económico de Hayek sobre la
necesaria restauración entre el capitalismo y el liberalismo. Esto trajo un claro cambio en el
pensamiento de Guzmán, con la aceptación de los postulados del liberalismo económico,
desde un capitalismo orgánico y corporativo, concebido como un obstáculo para el pleno
funcionamiento de la sociedad de mercado, a la defensa del capitalismo liberal. Aquí Jaime
Guzmán juzga a la doctrina social de la Iglesia argumentado que “el afán de lucro se justifica
en virtud de su eficiencia para contribuir al crecimiento económico” (Cristi, 2011, p: ¿?).

Pero justificar el afán de lucro por su contribución al crecimiento económico significa tomar
en cuenta el punto de vista de la moral utilitaria, la cual busca maximizar el bien o utilidad
del mayor número de individuos a través del crecimiento económico.

Lo paradójico en Guzmán es que su defensa del capitalismo liberal se fundamenta en una


interpretación sui generis de la Doctrina Social de la Iglesia, particularmente en Mater et
Magistra de Juan XXIII. En base a esta interpretación, Guzmán sostuvo que la ciencia
económica, entendida bajo el alero de las ideas provenientes de Hayek y la ‘experiencia
contemporánea’ que se fragua en la actual sociedad capitalista chilena, debían ser
profundizadas por la doctrina social de la Iglesia (Cristi, 2011).

En Mater et Magistra Guzmán creyó encontrar una reafirmación del valor permanente del
derecho de propiedad y la libertad de empresa, por fundarse sobre la “prioridad ontológica y
de finalidad” de los individuos (Juan XXIII, 1961: p. 52; cf. Guzmán, 1965a: p. 4, citado en:
Cristi, 1999, p: 87).

De este modo, con la redacción de la Constitución de 1980 ya finalizada, se abrían los


caminos hacia la sociedad de mercado. Como veremos más adelante, elementos
fundamentales de este sincretismo ideológico los podemos evidencia el Artículo 1° de la
Constitución.
III

La tercera etapa del pensamiento guzmaniano se encontraría marcada por la desvinculación


de Guzmán del gobierno militar, una vez que ya ve los resultados de lo proyectado en la
segunda etapa de su pensamiento político, esto es, el término de la redacción de la
Constitución del año 198010. Luego de ello, Jaime Guzmán percibió necesaria una
reconciliación con la democracia instrumental, en el sentido hayekiano, con el fin de lograr
una transición desde el gobierno militar a una democracia protegida, en donde se podría
expresar los dos conceptos que Jaime Guzmán creía que eran la base fundamental del Estado:
la Autoridad y Libertad, los cuales permitirían un acceso al modelo filosófico del
neoliberalismo clásico.

Durante esta etapa, además, Jaime Guzmán, busca darle solución a los problemas que
conlleva el sufragio universal, viéndolo como limitado y poco conveniente. Dentro de las
soluciones pragmáticas que propone, se encuentra el salvaguardar los valores asociados a
autoridad y la libertad que se ven vulnerados por el sufragio universal, ya que “establece una
igualdad irreal entre todos los ciudadanos” (Guzmán, 1978a, citado en Cristi, 2011, p: ¿?).

La libertad también se ve vulnerada por el sufragio universal, ya que “no permite medir ni la
intensidad ni los matices de las preferencias” (Guzmán, 1978a, Citado en Cristi, 2011). Es
así, como esta solución pragmática que busca, debe tener en cuenta la preservación conjunta
de los ideales de libertad y autoridad, en conjunto con el sufragio universal. En el mismo
período, concibe que es perfectamente posible pensar que los métodos democráticos en la
generación de poder, permitan un ejercicio no democrático del mismo, y es por esto que
Jaime Guzmán se muestra dispuesto a avanzar por la senda de la reducción de la democracia
a un mero método de generación de poder político (Cristi, 2011).

Es así como adquiere una concepción de soberanía basada en la representación, en la cual el


representante ejerce el mandato independientemente del representado, además de ejercer la
representación bajo la concepción elitista en donde “las autoridades públicas pueden obrar
de acuerdo a su libre y recta conciencia orientada al bien común” (Guzmán, 1978a, citado en
Cristi, 2011, p:¿?).

Finalmente, promulgada ya la Constitución en Marzo de 1981, Jaime Guzmán considera que


ya su tarea en la redacción y creación de la nueva institucionalidad está terminada, y se
prepara para el comienzo de una nueva etapa: la transición a la democracia. Acá se presentan
como tareas la consolidación y defensa de los logros obtenidos en las etapas anteriores.

10
En el año 1978 concluye la labor dentro de la Comisión Constituyente, y Jaime Guzmán enfoca su atención
en la realización concreta de la nueva institucionalidad. Aquí es donde inicia la tercera etapa de su pensamiento,
en la cual, entre otras cosas, funda la revista Realidad, cuyo objetivo principal es abrirle el paso a la nueva
institucionalidad, en donde encuentran como principal obstáculo, el tema de la democracia. En Chile, se
entiende como democracia no solamente como un modo instrumental para la generación y ejercicio del poder,
sino que también es sustantivo, tal como lo es la democracia participativa.
2 El sincretismo ideológico de Jaime Guzmán.

2.1 Ontología de la persona humana

Las nociones de autoridad y libertad definen los aspectos axiológicos y conceptuales del
pensamiento de Jaime Guzmán (Cristi, 2000), que es a su vez mezcla de iusnaturalismo
escolástico y pensamiento neoliberal (Viera, 2013). Tal sincretismo ideológico ha sido
calificado como “la expresión más elaborada, coherente y efectiva del pensamiento
conservador chileno en su historia” (Cristi, 2000, p: 20).

Según el análisis de Cristian Viera (2013) de la Declaración de Principios del Gobierno de


Chile, en ella se observa con nitidez el influjo de Mater et Magistra a propósito de la
concepción del hombre y la sociedad. Dice el texto que:

“…en consideración a la tradición patria y al pensamiento de la inmensa mayoría del pueblo,


el Gobierno de Chile respeta la concepción cristiana sobre el hombre y la sociedad. Fue ella
la que dio forma a la civilización occidental de la cual formamos parte, y es su progresiva
pérdida o desfiguración la que ha provocado, en buena medida, el resquebrajamiento moral
que hoy pone en peligro esa misma civilización”

Más adelante en el texto se añade:

“Tanto desde el punto de vista del ser como desde el punto de vista del fin, el hombre es
superior al Estado. Desde el ángulo del ser, porque mientras el hombre es un ser sustancial,
la sociedad o el Estado son sólo seres accidentales de relación. Es así como puede concebirse
la existencia temporal de un hombre al margen de toda sociedad, pero es, en cambio,
inconcebible, la existencia de una sociedad sin seres humanos. Y también tiene prioridad
desde el prisma del fin, porque mientras las sociedades o Estados se agotan en el tiempo y en
la historia, el hombre los trasciende, ya que vive en la historia, pero no se agota en ella”

A partir de esa Declaración deduce Viera (2013) ciertos efectos, v. g. describir un


fundamento para el derecho natural:
a) Son derechos que arrancan de la naturaleza misma del ser humano, por lo que tienen
su origen en el propio Creador.
b) El Estado debe reconocerlos y reglamentar su ejercicio, porque “no siendo él quien
los concede, tampoco podría jamás negarlos”

En los términos descritos anteriormente, se supone que los derechos y deberes del hombre
emanarían de una dignidad que es intrínseca a la naturaleza de la persona humana, y por lo
tanto, que éstos serían anteriores al Estado y superiores a él “dado que el ser humano es
ontológica, deontológico y cronológicamente precedente a la sociedad política o al Estado”.
Al decir de Viera (2013), “el influjo del lenguaje filosófico iusnaturalista, postulado por la
escolástica y el catolicismo, es (en esta declaración de principios) evidente” (p: 150).
Aunque la primacía del hombre sobre la sociedad ha sido contradicha incluso desde
perspectivas liberales como las Rawls y el factum de la sociedad, lo más discutible en la
ideología de Guzmán, resultaría ser este “valor trascendente del ser humano, pues reviste con
caracteres de teoría política lo que son las convicciones religiosas” (Viera, 2013, p: 213)

Guzmán intentó fundamentar su pensamiento político en la teoría de los entes relacionales


de G. M. Manzer, que básicamente ha postulado un grado más alto y sustancial en los
individuos y un carácter accidental en la comunidad o sociedad.

Para Manzer, la sociedad no es substancial, sino una relación social cuyo orden específico es
accidental, la unidad de relación de los muchos es accidental (ente relacional). “…los
individuos en la sociedad son la sustancia y todo lo demás resulta accidental, aunque resulte
paradigmático que los entes relacionales tengan una finalidad y esa sea el bien común,
entendido en la concepción de Guzmán no como la mera suma de bienes individuales, sino
de una naturaleza distinta y superior al bien individual” (Viera, 2013, p. 153)

La teoría de los entes relacionales le permitió a Guzmán justificar los derechos individuales,
asumiendo en ellos un carácter substancial, tomando distancia de cualquier asomo
colectivista (estatal o socialista), por el cual se pretenda dar a la sociedad o al Estado,
derechos de interferencia en la libre actividad de los individuos.

Al mismo tiempo, pudo a partir de estas ideas formular una teoría no colectivista del ‘bien
común’. Esta teoría se ha fundamentado en la noción de autoridad, que Guzmán definió como
la ‘forma de toda sociedad’. Para Guzmán, nos explica Cristi (2000), la constitución de toda
sociedad supone una materia y una forma. La materia estaría constituida por los individuos
que se relacionan y se ordenan entre sí en busca de una finalidad o bien común. Pero esta
finalidad estaría dada, únicamente por el orden de esas relaciones sociales, su forma social.
Sin embargo, el orden de relaciones sociales no sería un orden espontáneo, no se hace solo,
ni se realiza de una vez y para siempre, y ello por dos razones:

a) No es auto-originante porque los individuos son imperfectos, es decir, tienen


percepciones irrevocablemente parciales y subjetivas del bien común.
b) Todo orden social, dejado a su suerte, es intrínsecamente inestable.

2.2 Autoridad

Para Jaime Guzmán el orden social debería ser mediado por una autoridad como condición
de su existencia. La autoridad sería el fundamento del origen y permanencia de la sociedad,
la verdadera forma social. “Los seres humanos no son esencialmente sociales, pues carecen
de una orientación natural hacia el bien común. Sólo una autoridad puede garantizar una
noción no subjetivizada del bien común y darle la estabilidad necesaria” (Cristi, 2000, p.28)

En un comentario sobre la mejor forma social de autoridad, Guzmán argumentaba a favor de


la monarquía, y no de la democracia. El aspecto monárquico o unipersonal resulta necesario,
no sólo porque confiere a las funciones ejecutivas un carácter expedito y eficaz, sino que
además, induce coherencia y unidad intelectual a la función misma de gobernar. “No en vano,
la unidad de un cuerpo colegiado es simplemente accidental, relacional, mientras que la de
una persona natural es substancial. Y ésta es y será siempre, de suyo, más perfecta que
aquella”. (Guzmán y Novoa, 1970, En: Cristi, 2000, p. 29)

Para Guzmán, la verdadera autoridad ha de ser substantiva, por lo cual se comprende su


inicial inclinación hacia la monarquía. No obstante, luego integrará al argumento el
componente aristocrático, y no el monárquico, como el que mejor se adecua a la función de
gobierno. De este modo se comprende su preferencia por el gobierno de las elites y las
tecnocracias, como también por los sistemas democráticos restringidos y autoritarios. “No
quiere decir esto que la autoridad que concibe tenga por objeto suprimir absolutamente la
libertad. Por el contrario, Guzmán reafirma una concepción ultraliberal del derecho de
propiedad y de la libertad empresarial (…) (Guzmán) rechaza el estatismo como atentatorio
contra la libertad de los individuos” (Cristi, 2000, p.33).

Cristi (2000) también ha analizado su postura en torno a la legitimidad de la autoridad. En


este sentido, cree Guzmán que para legitimarse en su ejercicio, una autoridad no necesita más
que promover y mantener el bien común. La cuestión acerca de la forma de su génesis sería
entonces secundaria. Por definición, la democracia debiera entenderse como un medio para
alcanzar el bien común de los individuos, una forma imperfecta de gobierno que debiera
corregirse, limitándose.

2.3 Libertad

A la fundamentación metafísica de la libertad que postula la prioridad ontológica y de


finalidad de la persona humana, Guzmán añade una constitución de principios entronados en
la libertad personal. Es el período que Guzmán entra en contacto con el pensamiento de
Hayek a través de sus seguidores chilenos (Cristi, 2000).

Como consecuencia, la idea de libertad aparece determinada ahora principalmente por el


lugar de preeminencia que obtiene la idea de una individualidad privada, libre de
interferencias. El lugar donde mejor puede florecer esa idea es en una economía de mercado
libre.

Guzmán adopta de Hayek su rechazo al Estado benefactor, su denuncia del totalitarismo y la


democracia ilimitada que lo genera, y su rechazo al constructivismo social. Pero en ningún
caso significa esto un abandono de la idea de una autoridad fuerte. Piensa, por ejemplo, que
una constitución no debe considerarse como un obstáculo o una limitación de la actividad
económica (Cristi, 2000, p.22).

Por lo tanto, frente a los atropellos que se cometen en nombre del Estado benefactor y la
democracia, la constitución deberá enarbolar los principios de la libertad personal. Pues
“Sólo la libertad tiene un valor absoluto y los demás valores son puramente relativos. La
libertad no es “un valor particular… sino la fuente y la condición de la mayoría de los valores
morales” (Hayek, 1960, p.6)

Esta afirmación radical de la libertad como fin último, implicaría una concepción pre-política
de la libertad. La libertad se define entonces negativamente y se identifica con una mera
ausencia de interferencias. De Hayek también adopta Guzmán la concepción instrumental de
democracia, pues si la libertad pudiese asegurarse mediante formas alternativas de gobierno,
sería imperativo adoptarlas y abandonar la democracia.
2.4 Subsidiariedad

La categoría de grupos intermedios guarda una relación orgánica con determinados


postulados iusnaturalistas escolásticos y neoliberales. En la primacía ontológica de la
persona humana respecto de la sociedad política, encontramos una justificación para el
reconocimiento del derecho de los grupos intermedios para la organización y estructuración
de la sociedad por sobre el Estado, en la medida que deberá – según dicta en Artículo 1° la
CPR’80- “…garantizar a aquellos adecuada autonomía para cumplir sus propios fines
específicos”.

Asimismo, en torno a los grupos intermedios se tejería el principio de subsidiariedad


(servicialidad) del Estado que defiende su abstencionismo, siendo “una garantía a favor de
la autonomía de los grupos intermedios y protección del intervencionismo estatal (…) una
garantía destinada a la cautela del derecho de asociación relacionado con la libertad de
iniciativa económica” (Bassa, 2008, En: Viera, 2013a)

Ruiz-Tagle (2008, p.329-330) explicando el principio de subsidiaridad de la doctrina y


jurisprudencia chilena describe su evolución, desde el origen del concepto, en la encíclica
Quadragesimo Anno de Pío XI hasta el más reciente Catecismo de la iglesia Católica, en sus
Arts. 1883, 1885, 1894 y 2209. En síntesis explica que:

“En primer término, este principio se refiere directamente a la relación entre las personas, la
sociedad y el Estado. Segundo, el Estado debe respetar ciertas esferas de las personas, y debe
proteger una esfera de acción a instituciones no estatales con miras a evitar toda forma de
colectivismo. De allí que al Estado se le imponga el deber de no suplantar la iniciativa y la
responsabilidad de las personas. Tercero, el Estado considerado ahora como un grupo social
superior puede sostener a los grupos sociales inferiores en caso de necesidad. Debe coordinar
su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común. (p.330)
Figura n° 1: Categorías principales Artículo 1 CPR’80

seguridad
Nacional

Igualdad de
Oportunidades
Estado
en la vida
nacional

persona
humana
grupos
intermedios
Integración de
Bien común
la Nación

Protección a la
población y la
familia

Elaboración propia, en base a la CPR’80 Art.1°

La figura n°1 de categorías principales en el Art. 1 de la CPR’80 se ilustra la centralidad de


la persona humana y de los grupos intermedios en torno a las cuales el Estado sirve bajo el
principio de la subsidiariedad.

Ya en la Declaración de los principios del gobierno de Chile, la junta militar afirmaba que
“El fin del Estado es el bien común general, definido (…) como el conjunto de condiciones
sociales que permiten a todos y a cada uno de los chilenos alcanzar su plena realización
personal” Más adelante la declaración intenta diferenciar esta concepción del bien común de
las que sustentan al ‘individualismo liberal’ y el ‘colectivismo totalitario’11, para señalar su
propia concepción de bien común:

“La verdadera idea de bien común se aparta de ambos extremos, y los supera. Ve en el bien
común un bien de orden o de relación, que hace que la obtención del bien individual de cada
uno exija para ser verdaderamente tal una preocupación y respeto solidario y activo por el de

11“El individualismo liberal concibe al bien común como la simple suma de los bienes individuales, que cada cual procura
obtener con casi total prescindencia del de los demás. El colectivismo se sitúa en el extremo opuesto, y entiende el bien
común como un concepto referido al todo colectivo o estatal, frente al cual el bien individual de cada persona desaparece
por completo. De este modo, nuestro siglo ha presenciado las horribles masacres del comunismo o del nacionalsocialismo,
justificadas por sus autores en nombre de un supuesto ‘bien o necesidad colectiva’, lo que revela un desconocimiento
absoluto de que la persona humana, en virtud de lo expuesto en los puntos anteriores, goza de un ser y de un fin último que
le conceden derechos que ninguna autoridad humana puede legítimamente atropellar”. JUNTA DE GOBIERNO
“Declaración de los principios del gobierno de Chile” N° III
los demás, lo cual descarta la concepción liberal. Pero, al mismo tiempo, parte del
reconocimiento de los derechos naturales de la persona humana, y niega que en nombre de
un falso “bien común” pudiera llegar a ser admisible su conculcación. (…) El bien común,
no es, pues el bien del Estado. Tampoco es el bien de la mayoría, y mucho menos es el de
una minoría. Es el conjunto de las condiciones que permiten a todos y a cada uno de los
miembros de la sociedad alcanzar su verdadero bien individual. El bien común se orienta a
posibilitar la obtención de los bienes individuales de los hombres, pero no de algunos de
éstos, sean mayoría o minoría, sino de todos y cada uno de ellos”12

2.5 Poder constituyente

El poder constituyente consiste en la atribución de estructurar libremente una Constitución,


de constituir un orden jurídico en base a la soberanía del Pueblo, pudiéndose entender como
el arma más poderosa del constitucionalismo democrático, desde su emergencia durante la
Revolución francesa.

Sin embargo, en el caso de la Constitución chilena hubo un ejercicio paradojal de este


mecanismo de elaboración y aprobación formal de la Constitución de 1980. Al contrario a
los preceptos democráticos “la primera construcción de corpus dogmático de la Constitución
es fruto de una Comisión integrada por abogados y profesores de derecho político y
constitucional mayoritariamente ligados a la Facultad de Derecho de la Pontificia
Universidad Católica de Chile, que no se caracterizó por la pluralidad política de sus
integrantes ni tampoco por postular cosmovisiones diferentes, en circunstancias que la vida
en comunidad (democrática) se caracteriza por ello: convivencia pacífica, razonable y plural”
(Bassa y Viera, 2008, p:132)

Es Renato Cristi (2008) quien nos permite analizar el concepto de poder constituyente que
subyace a la Constitución de 1980, a partir de la influencia de constitucionalistas schmittianos
españoles sobre Jaime Guzmán. Al respecto, indicaron Cristi y Ruiz-Tagle (2006) que
Sánchez Agesta y otros juristas españoles, no solamente recibieron la influencia de Schmitt,
sino que buscaron acomodar su teoría constitucional a las circunstancias españolas. En
particular, “…al señalar la destrucción por parte de Franco de la Constitución española de
1931 y la creación de una nueva”. (Cristi y Ruiz-Tagle, 2006, p: 174)

De este modo, los juristas españoles confirmaban la intención contrarrevolucionaria y


autoritaria de Schmitt. Cristi (2008) ha interpretado la obra de Schmitt como un pensamiento
liberal autoritario, en el cual los conceptos de poder constituyente y soberanía estarían
estrechamente ligados. Básicamente, estos dos conceptos buscarían negar al pueblo su
potencia y poder transformador en la democracia, despojándole su estatus de sujeto del poder
constituyente. “Así, el pueblo sería solamente convocado para decidir, con un sí o un no, los
temas que se le propongan en un plebiscito, en un referéndum, etc. Por tanto la teoría de

12
JUNTA DE GOBIERNO “Declaración de los principios del gobierno de Chile” N° III
Schmitt niega la democracia participativa e instaura una democracia plebiscitaria”.
(Bohórquez, 2006, p: 529)

Para Cristi y Ruiz-Table (2006) los hechos acaecidos en el 11 de septiembre de 1973,


permiten la comparación con imposición del régimen franquista y su legitimación por la
teoría constitucional schmittiana “…las fuerzas armadas comandadas por Pinochet derrocan
al Presidente Allende, acusándolo de graves violaciones a la Constitución de 1925. Pero esta
defensa de la Constitución dura muy poco. Dos días más tarde, el 13 de septiembre, la Junta
Militar decide, en forma secreta, iniciar el estudio de una nueva constitución, lo que ya indica
su intensión de abrogar la Constitución de 1925. Ese mismo día la junta encarga a una
catedrático de derecho constitucional, Jaime Guzmán Errazuriz (1946-1991), la tarea de
preparar un nuevo texto (Cristi, 1998a; cf. Cristi, 2000). Se impone una comisión
constituyente de cuatro miembros que encabeza Guzmán. El 11 de marzo de 1974, el
gobierno militar publicita una Declaración de Principios, redactada por Guzmán, y que guía
el trabajo de la comisión de ahí en adelante. El papel de Guzmán Kronjurist de Pinochet es
hegemónico”. (Cristi y Ruiz-Tagle, 2006, p: 174)

3. Post-scriptum: El Plan de Chacarrillas

En un artículo publicado en la Revista Ercilla del 19 de septiembre de 1979 titulado “La


médula del mensaje presidencial”, Guzmán celebraba la visión integradora y global que
Augusto Pinochet había declarado en el Plan Chacarillas. Guzmán analizó allí estos aspectos
bajo un concepto de libertad, que integraba a su vez las esferas política, económica y social.

En este artículo Guzmán escribía:

“El Presidente Pinochet resaltó el valor de la libertad política, y señaló que gradualmente
continuaríamos avanzando hacia su plena vigencia, en el bien entendido de que su ejercicio
no podría extenderse nuevamente a quienes, a través de doctrinas totalitarias o violentistas,
sólo pretenden valerse de dicha libertad para destruirla. Pero simultáneamente, el Jefe de
Estado fue enfático para descartar la igual o mayor trascendencia de la libertad económica y
la libertad social – más tangibles y esenciales en la vida diaria del ciudadano medio – y que
tan gravemente fueron cercenadas en Chile durante las últimas décadas, por el estatismo
socializante y por lo monopolios u oligarquías gremiales y profesionales amparados
legalmente.”13

En esta declamación, la libertad política quedaba positivamente indicada como un valor que
debería alcanzarse a partir de las medidas políticas que tomaba la dictadura pinochetista
contra las doctrinas ‘totalitarias’ y ‘violentistas’ que según su diagnóstico, habrían destruido
tal forma de libertad.

13
Guzmán, J. “En torno a la médula del mensaje presidencia”. Revista Ercilla, 19 de septiembre 1979.
En seguida, iguala o subordina la libertad política a la libertad económica y la libertad social,
destacándose aquí el fundamento autoritario de su pensamiento. “Hoy nuestra patria vive un
régimen autoritario y no integralmente democrático, que en cambio está afianzando la
libertad económica y social, y perfilando las bases de una plena libertad política futura, tras
una parcial restricción de ésta por razones sobradamente conocidas.”14

Para Guzmán, a través de estas medidas se intentaba dejar atrás la vieja democracia que
favoreció “el totalitarismo, el estatismo, la subversión y la demagogia” y permitía avanzar
hacia una nueva democracia “que – como forma de gobierno – sólo adquiere su validez en
su capacidad de servir a la libertad, la seguridad, el progreso y la justicia (…) Por eso es que
la democracia es un medio y no un fin” 15

Guzmán entendió que a través de estas acciones, el país dejaría definitivamente atrás una
concepción simultáneamente totalizante e inorgánica de libertad. En su diagnóstico “…lo
político fue tradicionalmente enfocado desde el sólo ángulo de la libertad, y lo económico-
social desde el sólo y presunto prisma del progreso y la justicia, la nueva institucionalidad
introduce en cambio una visión integradora y global de dichos valores en todo el quehacer
nacional”16

En consecuencia, el discurso de Chacarrillas fue en propiedad la carta de navegación de la


dictadura cívico-militar que integró en su estrategia un nuevo diseño constitucional,
nítidamente definido en lo político, económico y social:

En este Plan, la libertad política dependería de los siguientes aspectos:

a) La proscripción de las doctrinas totalitarias o violentistas de la vida cívica;


b) La aprobación popular de la nueva Carta fundamental y avance gradual hacia su plena
vigencia
c) Progreso integral y armónico de la nueva institucionalidad en sus tres campos
mediante establecimiento de un tiempo necesario para que el esquema económico-
social en marcha brinde todos sus frutos de desarrollo y libertad, siendo considerados
los cimientos insustituibles de una democracia estable.

Por su parte, la libertad económica quedó establecida en los siguientes postulados:


a) El establecimiento de mercados abiertos y competitivos
b) El reconocimiento de la iniciativa privada como motor básico del crecimiento
económico
c) Un Estado subsidiario que estimule y defienda la iniciativa particular frente al Estado,
en todos los campos de la vida nacional

14
Guzmán, J. “Esclarecimientos necesarios”. Revista Ercilla, 18 de julio de 1979.
15
Guzmán, J. “Esclarecimientos necesarios”. Revista Ercilla, 18 de julio de 1979.
16
Guzmán, J. “Esclarecimientos necesarios”. Revista Ercilla, 18 de julio de 1979.
A vez, a la libertad social le fue indicada las siguientes medidas:
a) El fortalecimiento de los derechos personales, incluidos el recurso de protección y la
jurisdicción contencioso-administrativa;
b) Un sentido de Justicia que se procura a través de una mayor igualdad de
oportunidades
c) Fortalecimiento de los grupos intermedios, impedir en el futuro circunscribir la
libertad social al mero ejercicio de los derechos políticos.
Referencias bibliográficas

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BASSA, J y VIERA, C. (2008) “Contradicciones de los fundamentos teóricos de la
constitución chilena con el estado constitucional: Notas para su reinterpretación”. Revista
de derecho, Vol. XXi - nº 2 - diciembre 2008, 131-150
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monárquico”. Revista de Ciencia Política, volumen 28 Nº 2 2008 17 – 31
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Santiago de Chile: LOM.
CRISTI, R. y RUIZ-TAGLE, P. (2006). “La República en Chile: Teoría y práctica del
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GUZMAN, J. (1979) “En torno a la médula del mensaje presidencia”. Revista Ercilla, 19 de
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común y el poder constituyente”. Santiago de Chile: LOM.
VIERA, C. (2013a). “Libre Iniciativa Económica y Estado Social: Análisis al estatuto de la
libertad de empresa en la Constitución chilena”. Santiago de Chile: Thomson Reuters.
VIERA, C. (2013b). “Aproximaciones al sincretismo ideológico de la constitución chilena.
Especial referencia al iusnaturalismo escolástico y neoliberalismo”. Revista de Derechos
Fundamentales - UNIVERSIDAD VIÑA DEL MAR - Nº 9 (2013), pp. 113-142

Recursos electrónicos

BIBLIOTECA DEL CONGRESO NACIONAL DE CHILE. “Historia constitucional de


Chile”.
http://www.bcn.cl/ecivica/histcons/
Página consultada en abril del 2015.
GIMÉNEZ, G. (1980). “El estatuto sociológico del derecho constitucional”
http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/2/805/31.pdf
JUNTA DE GOBIERNO. (1974), “Declaración de Principios del Gobierno de Chile.”
http://www.archivochile.com/Dictadura_militar/doc_jm_gob_pino8/DMdocjm0005.pdf
PEÑA, C. (2013). “Jaime Guzmán y la dictadura.”
http://www.elmercurio.com/blogs/2013/09/04/14970/Jaime-Guzman--y-la-dictadura.aspx