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MEDIDAS CAUTELARES PERSONALES.

Cuestiones generales:

Bajo esta denominación se engloban ciertas medidas que, para asegurar


las finalidades del procedimiento, pueden decretar los tribunales de garantía o del
juicio oral, por regla general a petición del Ministerio Público o del querellante,
excepcionalmente de oficio, y que importan para el imputado, restricción o
privación de su libertad.
Estas medidas presentan un primer problema básico que superar. Si
entendemos que el proceso penal en un Estado Democrático de Derecho
reconoce ciertas garantías básicas a los imputados, entre las cuales, la de
presunción de inocencia, una de cuyas manifestaciones, el trato como inocente,
supone que mientras no se dicte una sentencia condenatoria y la misma no se
encuentre ejecutoriada, no puede imponerse, por anticipado, consecuencias
propias de una sentencia condenatoria, como ser, precisamente, privaciones o
restricciones de su libertad, resulta necesario determinar que puede permitir
imponer, en el curso del procedimiento, medidas que sí lo permiten y que resultan
incongruentes con esta garantía.
A este respecto podemos señalar, en términos generales, que se
reconoce por la doctrina y la normativa internacional que en ciertos casos los
requerimientos del procedimiento llevan a que no exista otra posibilidad que
aplicar ciertos niveles de coerción estatal en contra del imputado, especialmente
para asegurar su presentación a los actos del juicio y al cumplimiento de la
sentencia definitiva. De esta manera se entiende legítima la posibilidad que,
durante el desarrollo del procedimiento penal, se pueda imponer ciertos grados de
restricción o incluso privación de libertad personal, pero siempre que ello sea
estrictamente necesario y cumpliendo requisitos que deben estar precisamente
determinados por la legislación, cuanto más, en caso de que la medida cautelar
personal a imponer conlleve una mayor afectación del derecho a la libertad, como
ser tratándose de la detención o la prisión preventiva.
¿Cuales son los fines del procedimiento que permiten la aplicación
de medidas cautelares personales?.
Es indiscutido que el peligro de fuga autoriza la imposición de una
medida cautelar, con la finalidad de garantizar la presentación del imputado a los
actos del procedimiento y cumplimiento de la eventual pena que se le imponga.
En forma más discutida se entiende que también resulta legítimo la
imposición de una medida cautelar en caso de peligro de obstaculización a la
averiguación de la verdad o, en otros términos, frente a un peligro de destrucción
de pruebas por parte del imputado. Así lo estiman por ejemplo, Julio Maier y
Alfredo Vélez Mariconde y lo establece el Código Procesal Modelo para
Iberoamérica en su artículo 202. Sin embargo, otros rechazan esta posibilidad
sobre la base que esta causal no puede ser justificada a la luz de la normativa
internacional y, además, como lo dice Alberto Binder, por entender que el Estado
cuenta con otros medios que pueden precaver suficientemente un eventual
perjuicio a la investigación y que la ineficacia en su utilización no puede perjudicar
al imputado.
También algunos destacados procesalistas como Julio Maier,
entienden que puede imponerse una media cautelar fundándola en el peligro para
la seguridad de la víctima por vía de la necesidad inmediata de prevención sobre
hecho concreto.
En cambio se rechaza por la doctrina la legitimidad de medidas
cautelares basadas en existencia de peligro para la seguridad de la sociedad,
posibilidad consagrada en diversas legislaciones, entre otras la nuestra y, aún
más, considerada por el Comité de Derecho Humanos de la Organización de
Naciones Unidas y contemplada en las reglas mínimas de Naciones Unidas sobre
medidas no privativas de libertad, denominadas Reglas de Tokio que, refiriéndose
especialmente a la prisión preventiva, luego de recalcar su carácter de último
recurso, permite que sea dispuesta: “teniendo debidamente en cuanta la
investigación del supuesto delito y la protección de la sociedad y de la víctima.”
(Resolución 45/100 de la Asamblea General, de 14 de diciembre de 1.990, citada
por Cristian Riego en Sistema Jurídico y Derechos Humanos, pag. 327)
Debe señalarse que este último criterio de justificación de las medidas
cautelares y especialmente de la prisión preventiva, es el más cuestionado desde
que se utiliza para fines ajenos al proceso, como ser, la prevención de futuros
delitos y se sustenta en la supuesta peligrosidad del imputado.
Ahora, si bien la imposición de una medida cautelar tiene como
exigencia la necesidad de su imposición acorde con las finalidades expresadas,
ello no satisface enteramente los requerimientos para ello.
En efecto, en cuanto atentado a la presunción de inocencia se
requiere para su imposición un acto de imputación delictiva por el órgano de
persecución penal y, además, que la misma aparezca sustentada en antecedentes
que den verosimilitud a la imposición, lo que exige del poder jurisdiccional la
realización de un juicio de probabilidad de la misma sobre la base de los
antecedentes que se le proporcionen, por regla general recopilados durante la
investigación, en términos que permitan suponer que el imputado va ser
eventualmente condenado en el juicio penal. Se hable así en doctrina de la
exigencia de apariencia de buen derecho o “fumus boni juris” que supone un
análisis sobre la probabilidad de una sanción. Así la justificación de la privación o
restricción de libertad que conlleva la medida cautelar va estar en la existencia del
juicio jurisdiccional que estima probable, con los antecedentes reunidos hasta el
momento de la resolución, que se va a establecer el hecho punible y a demostrar
la participación del imputado.

Características de las medidas cautelares.

Podemos señalar que las medidas cautelares presentan las siguientes


características:

a) Instrumentalidad:

Se dice que las medidas cautelares son instrumentales desde que no


constituyen un fin en sí mismas sino que están vinculadas a la sentencia que haya
de dictarse desde que están esencialmente dirigidas a garantizar la presentación
del imputado al juicio y al eventual cumplimiento de la sentencia condenatoria que
se dicte, sin perjuicio de que, además, sirvan a otros fines del procedimiento.

b) Provisionalidad:

Esto quiere decir que, durante el procedimiento, pueden ser decretadas,


dejadas sin efecto o modificadas en el evento que varíen las circunstancias que se
tuvo presente al resolver, sin perjuicio de que, además, se contempla la posibilidad
de revisiones, aún sin petición de parte, transcurridos ciertos plazos.

c) Jurisdicionalidad:

Las medidas cautelares sólo pueden ser decretadas por los tribunales,
previo cumplimiento de las exigencias que establezca la ley, salvo algunas
situaciones excepcionales, como la detención en caso de delito flagrante que
pueden practicar funcionarios policiales o cualquier persona.
Objetivos generales de la reforma en esta materia:

El Código de Procedimiento Penal del año 1.906, propio de otra época, no


sólo desconoció garantías básicas, (piénsese, por ejemplo, que nunca contuvo
una consagración expresa de la presunción de inocencia) sino que reglamentó las
medidas cautelares personales en sentido contrario a tales garantías, lo que se
aprecia, ora en la denominación de “medidas para asegurar la persona del
delincuente” que otorgó a las mismas, ora en diversos aspectos sustantivos
como, por ejemplo, regular la prisión preventiva y el arraigo como un efecto
normal de la resolución de procesamiento, sin exigir ningún análisis de su
necesidad para los fines del procedimiento, estudio que sólo se producía,
tratándose de la prisión preventiva, si el imputado pedía su libertad o nunca, como
ocurría en el caso del arraigo derivado de la resolución que sometía a proceso a
una persona, pues en ningún caso podía ser alzado hasta el fin del procedimiento.
De esta manera el diseño del sistema cautelar tenía como base la
prisión preventiva que pasaba a ser así el régimen normal de los procesados
quienes debían bregar por obtener su “libertad provisional o excarcelación”, lo que,
en algunas épocas, respecto de ciertos delitos, incluso, resultaba imposible al
establecer la ley delitos inexcarcelables.
Tan cierto es lo señalado que en el evento que el tribunal sometiera a
proceso a una persona disponiendo, consiguientemente, su prisión preventiva o
bien que rechazara su excarcelación, dicha resolución podía ser revisada por la
Corte de Apelaciones sólo en el evento de que se interpusiera un recurso en su
contra. Por el contrario, en el evento de que el tribunal dispusiera la libertad
provisional de un imputado preso, si el delito merecía pena aflictiva, el sistema
estableció el trámite de la consulta con la finalidad de revisar la decisión del
tribunal de primera instancia, posibilitando así su revocación, sin que mediara
recurso alguno en contra de la resolución, aún existiendo parte activa en el
proceso sin perjuicio de que, además, aún en el supuesto de una resolución
aprobatoria, importaba demora en la obtención material de la libertad.
De este modo desde un principio todos los actores de la reforma,
sin ninguna excepción, entendieron y plantearon la necesidad de superar el
sistema de medidas cautelares de inocultable raíz inquisitiva por uno que se
adecuara al sistema acusatorio pretendido y fuera respetuoso de las garantías que
en todo Estado Democrático de Derecho corresponden a las personas.
Esta intención se ve ya en el Mensaje del Presidente de la
República que acompañó el proyecto de Código Procesal Penal en el que se
indicó a este propósito: “En lo fundamental, este rediseño de las medidas
cautelares se basa en la afirmación de la excepcionalidad de las mismas y en su
completa subordinación a los objetivos del procedimiento. En cuanto a lo primero,
el proyecto propone dar plena aplicación a la presunción de inocencia, afirmando
que quien es objeto de un procedimiento criminal en calidad de imputado no debe
sufrir, en principio, ningún detrimento respecto del goce y ejercicio de todos sus
derechos individuales en tanto éstos no se vean afectados por la imposición de
una pena.”
Otro tanto se dijo en la tramitación legislativa. Así en el informe de la
Comisión Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados textualmente se
señaló: “No obstante, a partir el reconocimiento de la necesidad de proteger los
objetivos del procedimiento respecto de actuaciones del imputado que pudieren
afectarlos, se autoriza al juez para adoptar un conjunto de medidas específicas,
debidamente fundadas, que restringen los derechos del imputado, cuando ello
aparezca indispensable para garantizar su comparecencia futura a los actos del
procedimiento o al cumplimiento de la pena, o para proteger el desarrollo de la
investigación o a las víctimas, o para asegurar los resultados pecuniarios del
juicio.”
De esta manera podemos señalar que se pretendió adecuar las
medidas cautelares al principio de inocencia, lo que se traduce en el
reconocimiento de su carácter excepcional, la interpretación restrictiva de las
normas que las permiten y la exigencia de una resolución judicial fundada que las
autorice, previo debate, evitándose su consideración como efecto de otras
resoluciones. De la misma manera el legislador dejó manifiesta la intención de
que estas medidas cautelares sólo podías decretarse para la realización de fines
del procedimiento y nunca podían tener el carácter de pena anticipada.
REGLAMENTACIÓN DE LAS MEDIDAS CAUTELARES:

Reglas generales:

Las medidas cautelares se encuentran reglamentadas en el Título V


del Libro Primero del Código, entre los artículos 122 al 156.
Este título contiene seis párrafos y en el primero, constituido
exclusivamente por el artículo 122, el legislador consagró un principio general en
materia de medidas cautelares.
Así, dicha norma indica que las medidas cautelares sólo pueden ser
impuestas cuando fueren absolutamente indispensables para garantizar los fines
del procedimiento y duran mientras subsista la necesidad de su aplicación.
La norma agrega que las medidas deben siempre ser decretadas por
medio de resolución judicial fundada.
Por medio de esta norma el legislador plasmó las ideas
fundamentales del nuevo diseño de las medidas coercitivas: excepcionalidad,
deriva del reconocimiento del derecho de presunción de inocencia; subordinación
con finalidades del procedimiento, lo que excluye su consideración como pena
anticipada y, por último, su origen jurisdiccional.
En lo que se refiere a la imposición de las medidas cautelares por
resolución judicial el Código no hace sino obedecer el mandato contenido en el
artículo 83 de la Constitución Política de la República. En efecto, esta norma,
inscrita en el Capítulo VII sobre el Ministerio Público dispone, en su inciso tercero,
que las actuaciones que priven al imputado o a terceros del ejercicio de los
derechos que la Constitución asegura, o lo restrinjan o perturben, requerirán de
aprobación judicial previa. Lo anterior lo reitera el artículo 4 de la Ley 19.640,
Orgánica Constitucional del Ministerio Público.
De esta manera ya el constituyente rechazó la posibilidad que el
Ministerio Público, por sí, pudiere imponer algún tipo de medida cautelar respecto
del imputado, lo que se deriva de la concepción que estas medidas importan un
conflicto que, en un Estado de Derecho, debe ser resuelto por el juez, sobre la
base de que este sea convencido de la necesidad de adoptarlas, recayendo en el
ente persecutor la carga de lograr tal convencimiento.
A tales principios generales consagrados en el artículo 122, debe
unirse el de proporcionalidad de las medidas cautelares personales pues, si bien
no se encuentra establecido expresamente en el Código, e incluso, habiéndose
modificado el artículo 141 del Código que lo consagraba a propósito de la prisión
preventiva, resulta pacífica la necesidad de considerarlo aplicable a todas las
medidas cautelares. En efecto, íntimamente ligado a la excepcionalidad de las
mismas y a la aplicación de la presunción de inocencia, este principio predica que
las medidas no pueden conllevar una afectación de derechos que sea superior a la
pena que pudiera imponerse al acusado en el evento de ser condenado. Así,
respecto de un hecho sancionado con penas de multa o privativa de derecho
resulta, en principio, innecesario imponer una medida cautelar de privación de
libertad como la detención o la prisión preventiva o, incluso, una restrictiva de esta,
como la prohibición de salir del país, pues aparecen desproporcionadas al hecho
sólo imputado.
LA CITACIÓN JUDICIAL: (artículos 123, 124, 134 y 33)

Cuestiones generales y concepto:

Esta es la medida cautelar personal de menor intensidad dentro del


sistema. Se trata, como su nombre ya lo indica, de una mera convocatoria que el
tribunal hace al imputado para presentarse a actos determinados del
procedimiento. Como lo señaló la Comisión de Legislación y Justicia de la
Cámara de Diputados al emitir su primer informe: “En el proceso penal la citación
es una vinculación que se produce entre el proceso y el sujeto, conforme al cual
el tipo queda convocado a presentarse a los actos de instrucción del juicio y a la
ejecución de la sentencia, pero no en términos neutros, sino que bajo una
amenaza vigente: que su incumplimiento tornará ese simple llamado en una orden
de privación de libertad.”
De inmediato, y para evitar confusiones, debe señalarse que la
citación, en cuanto medida cautelar, es aquella que dispone por la judicatura
respecto de un imputado cuya presencia es necesaria en un tribunal. Por
consiguiente, no quedan comprendidas en esta categoría las citaciones que, de
conformidad al artículo 23 del Código, practica el Ministerio Público, ni las
citaciones que disponga el tribunal respecto de terceros.

Procedencia y requisitos:

Esta medida puede ser decretada exclusivamente por un tribunal y, a


diferencia de las otras que requieren la existencia de antecedentes que la
justifiquen, la citación exige como único fundamento, conforme lo señala el artículo
123, que: “fuere necesaria la presencia del imputado ante el tribunal.”, lo que
puede ocurrir, por ejemplo, cuando el fiscal quiera formalizar la investigación. (231
inciso tercero) o bien discutir la procedencia de la prisión preventiva en una
audiencia citada especialmente al afecto, (142 inciso tercero)
Ahora, debe tenerse presente que de conformidad al artículo 124 del
Código Procesal Penal, existen ilícitos penales respecto de los cuales sólo puede
emplearse la citación, estando vedado pues, recurrir a las otras medidas
cautelares. Así, dicha norma establece que: “Cuando la imputación se refiere a
faltas, o a delitos que la ley no sancionare con penas privativas ni restrictivas de
libertad, no se podrán ordenar medidas cautelares que recaigan sobre la libertad
del imputado, con excepción de la citación.”
La misma norma, en su inciso segundo, dispone que ello no resulta
aplicable en los casos a que se refiere el inciso cuarto del artículo 134 (faltas que
admiten detención) o cuando procediere el arresto por falta de comparecencia, la
detención o la prisión preventiva de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 33.”
De esta manera, y conforme a los principios ya señalados que
informan el Código en esta materia, se evita la utilización de medidas cautelares
personales respecto de faltas y delitos menores. Así, si el ilícito imputado tiene
como techo de penalidad sesenta días de prisión u otro menor, para lograr la
comparecencia del imputado a una actuación del procedimiento que requiera su
presencia el tribunal debe limitarse a citarlo y, sólo en el caso de que no se
presente, la ley permite que se despache arresto a su respecto conforme a lo
dispuesto en el artículo 33 del Código.
Debe sí indicarse que la ley 19.789, publicada en el Diario Oficial el
día 30 de enero del año 2.002, restringió el catálogo de ilícitos que sólo admiten
citación. En efecto, el Código, en su concepción original, por lo demás, la misma
del Código del año 1.906, establecía dentro de estos los delitos que tuvieren
establecidas penas que no excedieran las de presidio o reclusión menores en su
grado mínimo, esto es, hasta quinientos cuarenta días. Sin embargo el legislador
optó por excluir de los delitos que sólo admiten citación aquellos sancionados con
cualquier pena privativa de libertad, tratando de dar una señal de dureza en el
entendido que el diseño de medidas cautelares era demasiado liberal y estaba
afectando la imagen del sistema judicial.
En concordancia con lo que se viene señalando el artículo 134 del
Código establece que si la policía sorprende a una persona cometiendo in fraganti
un hecho de los señalados en el artículo 124, debe limitarse a citarla a la
presencia policial, mientras que si se hubiese procedido a la detención del
imputado, el Fiscal informado de tal hecho debe otorgarle su libertad en el más
breve plazo.
Sin perjuicio de lo anterior, la citada Ley 19.789 y la 19.950
permitieron que respecto de ciertas faltas fuera procedente la detención,
considerando la imagen negativa que socialmente pudiera producir la no-
aplicación de medidas cautelares duras respecto de ciertos hechos, como ser,
amenazas con arma blancas o de fuego, lesiones leves, hurto simple y de
hallazgo, ciertos fraudes e incendios, daños, ocultación de nombre, negación a
manifestarlo o señalamiento de domicilio falso y, por último, lanzar piedras u otros
objetos arrojadizos en perjuicio de casas o edificios o con peligro de personas.
Efectos de la incomparecencia del imputado citado.

La respuesta a esta interrogante la da el artículo 124 inciso segundo,


que se remite a todas las posibilidades del artículo 33.
En efecto, si se lee el artículo 33, referido a las citaciones judiciales,
en su inciso tercero, dispone que el imputado que no compareciere
injustificadamente puede ser detenido o sometido a prisión preventiva hasta la
realización de la audiencia respectiva. Pero, además, el artículo 124 hace
referencia a la posibilidad de disponer el arresto, que no constituye una medida
cautelar personal sino que exclusivamente, un medio para obtener el cumplimiento
de las resoluciones judiciales.
Debe indicarse que si bien estos conceptos no están definidos en la
ley, de lo dispuesto en los artículos 125 y siguientes aparece que la detención (a
diferencia de lo que establecía el Código de Procedimiento Penal, que la hacía
procedente respecto de testigos y peritos reticentes de concurrir al tribunal), sólo
se contempla como una medida cautelar personal aplicable, por consiguiente,
exclusivamente a los imputados de un proceso penal, salvo los casos previstos en
el inciso cuarto del artículo 129 del Código, esto es, la obligación policial de
detener al condenado a penas privativas de libertad que quebrante su condena, al
que se fuga estando detenido, al que fuere sorprendido en violación flagrante de
de las medidas cautelares que se le hubieren impuesto o el que violera la
condición impuesta al otorgársele la suspensión condicional del procedimiento de
abstenerse de frecuentar determinados lugares o personas, prevista en la letra b)
del artículo 238 del Código, en la medida que la misma se le hubiere impuesto
para la protección de otras personas, sin perjuicio que en estos casos claramente
podemos hablar también de un imputado o incluso, como se vio, de un
condenado.
Por el contrario, el arresto es una medida compulsiva establecida en
diversas partes de nuestro ordenamiento jurídico como medio de obtener el
cumplimiento forzado de resoluciones judiciales. Así lo establece, por lo demás
con carácter general, el artículo 238 del Código de Procedimiento Civil, que
inscrito el Libro I de este cuerpo legal, de conformidad a lo dispuesto en el artículo
3 del mismo resulta aplicable a todas las gestiones, trámites y actuaciones que no
tengan una regla especial diversa.
La diferencia entre el arresto y la detención no resulta baladí pues en
el Código Procesal Penal, como se señala expresamente en el inciso final del
artículo 33, el arresto tiene una duración máxima de 24 horas, mientras que la
detención, conforme lo establece el artículo 132 inciso segundo, admite una
ampliación hasta por tres días.
De lo anterior sigue que, según el caso y de acuerdo a la situación
fáctica y jurídica, el tribunal puede, ante la incomparecencia del imputado,
disponer su arresto o las medidas de detención o prisión preventiva hasta la
realización de la audiencia a la cual no ha concurrido.
En esta materia el Código también fue modificado por la ley 19.789
pues en el diseño original se discutió cual era el efecto de la inasistencia del
imputado a una actuación del tribunal en la medida que el artículo 124, si bien se
remitía al artículo 33 del Código, sólo hacia referencia al arresto por falta de
comparecencia y no a la detención ni a la prisión preventiva.

Forma de practicar la citación:

Los artículos 123 y 124 no lo señalan la forma de practicar la


citación.
Así, debiera entenderse que debe aplicarse lo dispuesto en el
artículo 33 del Código, norma común a la generalidad de las citaciones judiciales,
que, como ya vimos, también resulta aplicable a la citación como medida cautelar,
claro que por remisión expresa del artículo 124, mas se trata de una norma
contenida en el Libro I que contiene, precisamente, disposiciones generales.
Pues bien, el inciso primero del artículo 33 indica que cuando fuere
necesario citar a una persona se le notificará la resolución que ordena su
comparecencia, mientras que el inciso segundo señala que se debe hacer saber al
citado el tribunal al cual debe comparecer, su domicilio, fecha y hora de la
audiencia, la identificación del proceso de que se trata y el motivo de la
comparecencia, más la advertencia de la posibilidad de ser conducido por medio
de la fuerza pública si no asiste de manera injustificada.
Esta notificación debiera practicarse de conformidad a las reglas
generales, es decir, de acuerdo a lo previsto en los artículos 24 y siguientes.
Por lo demás esto no debiera extrañar pues, no obstante la inclusión
de la citación judicial del imputado como medida cautelar personal, sus efectos
esenciales son los mismos que los de la citación judicial genérica utilizada para
obtener la comparecencia de cualquier persona al tribunal, particularmente
testigos y peritos, es decir, imponen la obligación de asistir el día y hora indicada
bajo el apercibimiento de poder ser conducidos por medio del auxilio de la fuerza
pública en caso de audiencia injustificada, sin perjuicio de que, tratándose del
imputado, el tribunal pueda, como se vio, decretar su detención o incluso la
prisión preventiva.
La interpretación anterior no es pacífica. El Fiscal Nacional del
Ministerio Público ha entendido que, al no establecer la ley la forma de practicar la
citación pudiera ser aplicable analógicamente lo dispuesto en el artículo 23,
referido a las citaciones practicadas por el Ministerio Público, de manera que
podría realizarse “por cualquier medio idóneo”.
LA DETENCIÓN: (art.125 a 138)

Concepto:

De acuerdo a su reglamentación en el Código Procesal Penal,


podemos definir la detención como una medida cautelar personal, decretada por
el tribunal cuando la comparecencia del imputado pudiera verse demorada o
dificultada, o bien practicada por un agente de la policía o de cualquier persona en
caso de delito flagrante y que consiste en la privación de su libertad por un lapso
no superior a veinticuatro horas, con el único objeto de ponerle a disposición del
tribunal competente, sin perjuicio de que, cuando ello se verifica, el juez, a
petición del fiscal del Ministerio Público, pueda ampliar el plazo de detención hasta
por tres días cuando existan antecedentes que lo justifiquen.

Antecedentes:

El Código de Procedimiento Penal del año 1.906, si bien regulaba la


detención, según la nomenclatura entonces existente, como una medida para
asegurar la persona del delincuente, esto es, como una medida cautelar, también
la estableció con otras finalidades.
Así se la utilizaba para obtener la debida cooperación de terceros en
el procedimiento, en la medida que se facultaba de detención de testigos y peritos
rebeldes de concurrir al tribunal; cuando existía temor que un testigo no se
presentara a prestar declaración o, aún más, en caso de que varias personas se
encontraran presentes en el lugar de comisión de un delito, el juez podía dispone
su detención si estimara necesario que ninguna de ellas se separe del lugar para
practicar diligencias indagatorias. Por otra parte también se la empleó como un
medio de prevención criminal, finalidad que se manifestaba nítidamente en la
existencia de diversas causales que genéricamente recibieron la denominación de
detención por sospecha.
Dentro de las características que merecen ser destacadas en el
anterior estatuto de detención cabe consignar los plazos de duración de la misma
que, objeto de severas críticas, como se verá, fueron drásticamente reducidos por
el nuevo ordenamiento. Así en el sistema anterior, producida la detención de una
persona la policía, para ponerla a disposición del tribunal competente, tenía 24
horas en caso que la misma se hubiere practicado por delito flagrante y 48 horas
en caso de que hubiese existido orden previa de alguna autoridad con facultad
para ello y, más aún, el juez podía ampliar estos plazos de 24 y 48 horas hasta un
total de cinco días. Una vez que el detenido era puesto a disposición del tribunal
en los plazos antes señalados, recién empezaba a correr el denominado plazo de
detención que, generalmente era de cinco días sin perjuicio de que, como se vio,
las personas hubiesen estado privadas de libertad previamente hasta por varios
días.
A este respecto debe considerarse que si bien el Código de
Procedimiento Penal establecía la obligación de la policía de poner a disposición
del tribunal a las personas detenidas en los plazos ya señalados, si el plazo para
presentar al detenido a disposición del tribunal vencía fuera del horario de
funcionamiento del mismo o bien en un día inhábil, se ingresaba al detenido en un
recinto de Gendarmería de Chile, institución que, a su vez, debía presentar a la
persona privada de libertad al tribunal a primera hora de su funcionamiento. De
este modo, no obstante los plazos de horas establecidos en la ley para que el
Juez controlara la legalidad de la detención de un imputado, en la práctica, podían
extenderse otras tantas horas o, incluso días, en casos de fin de semana y más
aún si existían feriados inmediatamente antes o después.
Por último, debe tenerse en cuenta que el Código de Procedimiento
Penal facultaba a ciertas autoridades administrativas: Intendentes, Gobernadores
y Alcaldes, para disponer la detención de inculpados por ciertos delitos graves
cuando por la demora en recabar la orden del juez competente pudiera burlarse la
acción de la justicia. Esa posibilidad desapareció del nuevo Código.
La breve reseña anterior respecto de ciertas características de la
detención en el régimen del Código del año 1.906, resulta paradigmática para
indicar que pretendió el legislador del año 2.000 en la materia.
Así, en primer término se procuró regular la detención
exclusivamente como una medida cautelar personal, excluyendo la posibilidad de
aplicarla con objetivos distintos. No significa que el nuevo Código haya dejado de
lado tales fines, pero no contempla la detención para ello. Así, para garantizar la
presencia de terceros en los actos del procedimiento se regula el arresto, medio
compulsivo de aplicación general para lograr el cumplimiento de resoluciones
judiciales; mientras que para prevenir la comisión de delitos se contempló el
denominado control de identidad establecido en el artículo 85, sin perjuicio de que
la ley 19.693 de 28 de septiembre del año 2.000 también lo introdujo en el Código
de Procedimiento Penal al suprimirse la detención por sospecha.
A su vez, y en la medida que dentro de los objetivos de todo el nuevo
sistema de mediadas cautelares estaba el reconocimiento de la presunción de
inocencia, se redujeron los plazos para poner a disposición de los tribunales a los
imputados, sin perjuicio de establecer, en caso de detención por delito flagrante,
que resultan ser aquellos con mayores posibilidad de vulneración de derechos de
las personas desde que la misma se practica sin orden previa, un primer control
de legalidad de la detención por parte del Ministerio Público, que se practica
dentro de los doce horas siguientes a la práctica de la misma.
Por la misma razón, se establece que el imputado debe ser
efectivamente puesto a disposición del tribunal competente dentro de los plazos
establecidos en la ley y, además, se elimina la posibilidad que autoridades
administrativas pueden disponer la detención de imputados por ciertos delitos.
Para ello, el artículo 133 expresamente prohibió a los encargados de
establecimientos penitenciarios aceptar el ingreso de persona sino en virtud de
órdenes judiciales, terminando así con las denominadas remisorias por las cuales
la policía, luego de practicar una detención por delito flagrante, ponía al detenido a
disposición del tribunal competente por medio de su ingreso a un recinto
penitenciario el que, en la práctica, sólo lo presentaba efectivamente a la
presencia judicial al siguiente día hábil de funcionamiento del tribunal.

Reglamentación de la detención.-

Cuestiones generales.

Para comenzar debe indicarse que, de conformidad a lo dispuesto en


el artículo 125, nadie puede ser detenido sino por orden de funcionario público
expresamente facultado por la ley y después que dicha orden le fuere intimada en
forma legal, salvo el caso de delito flagrante. Repite así el Código lo dispuesto en
el artículo 19 N° 7 letra c) de la Constitución Política de la República.
Como ya se señaló en el nuevo Código sólo los tribunales pueden
disponer la detención de las personas eliminándose la facultad que Intendentes,
Gobernadores y Alcaldes tenían en el Código del año 1.906 para ordenar la
detención de los imputados por ciertos delitos en situaciones excepcionales. Ello
no significa que sólo los tribunales pueden disponer la privación de libertad de una
persona. Piénsese, por ejemplo, en las facultades que la propia Constitución, en el
artículo 41, entrega al Presidente de la República a propósito de los estados de
excepción constitucional, sin perjuicio de estimarse en la Comisión de Legislación
y Justicia del Senado que debía mantenerse la referencia genérica de funcionario
público y no limitarla exclusivamente al juez como lo prevé el Código por tratarse
de una norma tomada de la Carta Fundamental que admite la posibilidad que
leyes especiales faculten a otros funcionarios.
Si bien la Carta Fundamenta mantiene los plazos de detención de
cuarenta y ocho horas para poner a disposición del tribunal en caso que la
detención haya sido practicada por una autoridad y los plazos judiciales de
detención de cinco días y diez en caso de delitos terroristas, no debe estimarse
que esa disconformidad con los plazos del Código vigente constituya una eventual
inconstitucionalidad de las normas legales o interpretarse que, en desmedro de
estas puedan aplicarse derechamente los términos establecidos en la Carta
Fundamental pues sus normas al efecto, insertas dentro de los Derechos y
Garantías de las personas, constituye un límite mínimo que el legislador, en todo
caso, debe respetar al establecer la legislación pertinente, pero nada impide que
establezca plazos menores en mayor resguardo de los derechos de las personas.
Otra cuestión que merece algún comentario a propósito de la orden
de detención es la exigencia constitucional y legal de que sea “intimada” al
afectado.
Esta obligación debe relacionarse con el derecho del imputado,
contenido en la letra a) del artículo 94 del Código, a que se le exhiba la orden
que disponga la privación de libertad de manera de determinar si la exigencia de
intimación y la de exhibición de la orden son una sola o, por el contrario, se trata
de cuestiones distintas.
Necesariamente debe estarse con la segunda posibilidad. El término
“intimación” da cuenta que la exigencia constitucional y legal, al momento de
practicarse la detención, se cumple lisa y llanamente dando aviso o noticia de la
causa de la detención, sin que sea menester, en ese momento, que quien practica
la detención exhiba materialmente la orden judicial pues ello supondría que todos
y cada uno de los funcionarios policiales del país debieran andar trayendo consigo
las miles de orden de detención expedidas por los tribunales de justicia. Cuestión
distinta es que una vez que la detención se practique y se haya intimado la orden,
por regla general una vez que el detenido haya sido trasladado al cuartel policial,
se le exhiba la orden correspondiente.
Tipos de detención:

1.- Detención previa orden judicial.-

De conformidad a lo dispuesto en el artículo 127 el tribunal puede


decretar la detención de un imputado en dos circunstancias:
a) Sin previa citación, cuando de otra manera la comparecencia del
imputado puede verse dificultada o demorada y,
b) Respecto del imputado que, legalmente citado, no concurra a una
audiencia judicial resultando su presencia una condición de ésta.

1. a) Detención sin citación previa:

En lo que se refiere a este caso el Código permite que el tribunal, a


petición del Ministerio Público, pueda disponer la detención del imputado para
que sea conducido a su presencia, sin previa citación, cuando de otra manera su
comparecencia pudiera verse demorada o dificultada.
Excluye sí el artículo 127 inciso primero los casos contemplados en
el artículo 124, es decir, aquellos ilícitos que sólo admiten citación que, como se
dijo, no admiten otra medida cautelar, salvo el caso de incomparecencia del
imputado a la audiencia a la que fuera citado.
De esta manera, salvo que el hecho sólo admita citación, el
Ministerio Público, puede concurrir directamente ante el Juez de garantía y pedirle
derechamente que disponga la detención del imputado cuando, a su juicio, la
comparecencia del imputado pueda verse demorada o dificultada.
Así, pareciera del tenor de la ley que el legislador, al regular la
detención, sólo consideró como criterio válido para su utilización el peligro de fuga,
descartando así las otras finalidades del procedimiento que justifican la imposición
de medidas cautelares personales que sólo operarían respecto de la prisión
preventiva y de las otras cautelares del artículo 155. No obstante ello, el Fiscal
Nacional del Ministerio Público, en su instructivo general N° 13, luego de indicar
que los fiscales pueden pedir la detención en caso de información sobre una
próxima fuga del imputado o de un posible ocultamiento, indicó que también deben
pedir esta medida cuando conozcan de: “otras circunstancias que obstruyan la
acción de la justicia”, pareciendo desprenderse que se hace referencia al peligro
de destrucción u ocultamiento de pruebas por el imputado, posibilidad que, como
se dijo, no sería fundamento válido de una detención, más aún cuando de
conformidad a lo dispuesto en el artículo 5 en esta materia rige estrictamente el
principio de legalidad y la prohibición de interpretación analógica.
Lo anterior sin perjuicio de que resulta difícil que a la hora que el
tribunal determine si la comparecencia del imputado puede verse demorada o
dificultada, no considere criterios que a la luz de lo dispuesto en el artículo 140,
corresponderían estimar como situaciones de peligro para la seguridad de la
sociedad, de la víctima o para el éxito de la investigación.
Una primera duda que resulta de la redacción de la norma es de si
otro interviniente, un querellante por ejemplo, puede pedir directamente al tribunal
la detención del imputado o bien disponerlo el tribunal de oficio o sí, como
pareciera desprenderse de la ley, ello sólo puede solicitarlo el Ministerio Público,
como por lo de más entendió el Fiscal Nacional en su Instructivo General N° 13.
Si bien buenas razones pudieran llevar pensar la conveniencia que
no sólo el Ministerio Público pueda pedir directamente la detención de un
imputado, el tenor literal de la norma y la restricción que el artículo 5 impone al
intérprete llevan a responder de modo negativo esta inquietud.
En cuanto a la forma de solicitar la detención nada dice la ley, por lo
que no cabe duda que puede formularse verbalmente, en una audiencia, o bien
por escrito. Además, tratándose de casos graves y urgente, en que la inmediata
autorización u orden judicial sea indispensable, de conformidad a lo dispuesto en
el inciso final del artículo 9 del Código, puede solicitarse y otorgarse por cualquier
medio idóneo, como teléfono, fax, correo electrónico u otro, sin perjuicio de la
constancia posterior que se deje en el registro correspondiente. En este caso, eso
sí, el funcionario policial que practique la detención debe entregar una constancia
que señale el tribunal que expidió la orden de detención, el delito que le sirve de
fundamento y la hora en que se emitió.
Cuestión distinta es la orden que expida el tribunal en caso de acoger
la solicitud de detención pues, de conformidad a lo dispuesto en el artículo 154,
debe ser otorgada por escrito y contener las menciones que dicha norma indica,
salvo, claro está, la situación de excepción del inciso final del artículo 9 del
Código, señalada en el párrafo anterior.

1.b) Detención imputado que no concurre a audiencia.

El inciso segundo del artículo 127 del Código permite disponer la


detención del imputado que, legalmente citado, no asiste a una audiencia
resultando su presencia condición de ésta. Por ejemplo, la audiencia de
formalización de la investigación.
A su turno el artículo 33, a propósito de las citaciones judiciales,
dispone que el imputado que no asista a una audiencia judicial de manera
injustificada, sea detenido o sometido a prisión preventiva hasta la realización de
la audiencia respectiva.
Por último, debe señalarse que resultando obligatoria la presencia
del acusado en la audiencia del juicio oral conforme a lo dispuesto en el artículo
285 del Código, su inasistencia injustificada puede acarrearle derechamente la
prisión preventiva, como aparece de lo dispuesto en el artículo 141 inciso final,
siempre que lo pida el querellante o el Ministerio Público.
Sin perjuicio de los problemas interpretativos que originan las
normas indicadas, lo que se analizará al momento de estudiar la prisión
preventiva, por ahora bástenos con tener presente esta posibilidad de ordenar la
detención por el acaecimiento de una circunstancia de objetiva constatación, como
la inasistencia a una audiencia, lo que distingue esta causal de las otras de
detención e, incluso, de las otras medidas cautelares que siempre presentan
circunstancias de valoración subjetiva.

2.- Detención en caso de delito flagrante.

El artículo 129 del Código Procesal Penal establece que cualquier


persona puede detener a quien sorprenda cometiendo un delito flagrante,
debiendo entregarlo inmediatamente al aprehendido a la policía, al Ministerio
Público o a la autoridad judicial más próxima.
De este modo la ley establece la facultad de toda persona para
practicar una detención de quien sorprenda cometiendo un delito flagrante.
Además, el inciso segundo de esta norma establece, ahora con
carácter de obligación funcionaria, que los agentes policiales deben detener a
quienes sorprendan in fraganti cometiendo un delito.
Esta obligación se extiende también, conforme lo dispone inciso
cuarto del artículo 129 del Código, a la detención del condenado a penas
privativas de libertad que quebrante su condena, al que se fuga estando detenido,
al que fuere sorprendido en violación flagrante de de las medidas cautelares que
se le hubieren impuesto o el que violera la condición impuesta al otorgársele la
suspensión condicional del procedimiento de abstenerse de frecuentar
determinados lugares o personas, prevista en la letra b) del artículo 238 del
Código, en la medida que la misma se le hubiere impuesto para la protección de
otras personas. En este caso técnicamente no se trata de delitos flagrantes y el
funcionario policial no hace otra cosa que cumplir con un mandato de privación de
libertad preexistente que puede ser, incluso, una sentencia definitiva condenatoria,
o bien, se permite la detención ante la constatación manifiesta de la vulneración
una resolución judicial.
En otro orden de ideas debe indicarse que el artículo 129, en su
inciso tercero, resolvió el problema de la detención en caso de que el delito
flagrante sea de abuso sexual, es decir, aquellos previstos en los artículos 361 a
366 quater del Código Penal, pues se trata de delitos que requieren previa
instancia de particular, lo que pudo llevar a pensar, a falta de disposición expresa,
que mientras no se produjera el impulso del interesado terceros o la policía
estaban inhibidos de practicar algún tipo de detención en estos casos. En la
historia del establecimiento de la ley (Segundo Informe de la Comisión en el
Senado) expresamente se indicó que se autorizaba la detención en estos casos
para proteger al particular o policía que actuaba en estos casos e incentivar a las
personas a proteger a las víctimas.

2.a) Casos de flagrancia.

Si bien pudiera dar lugar a dudas cuando un delito está en situación


de flagrancia que autoriza la detención, la ley, en el artículo 130, precisa los casos
en que ello debe entenderse, superando así dudas que pudiere surgir a este
respecto, sin perjuicio de las que nacen de la descripción de las mismas.
Debe indicarse que los casos de flagrancia, y sin perjuicio de algún
tipo de modificaciones meramente gramaticales, son los mismos que contemplaba
el artículo 260 del Código de Procedimiento Penal, salvo en la ampliación de la
causal de la letra e) del artículo 130, que a partir de la Ley 20.074 quedó como
una causal genérica y no sólo para delitos de robo o hurto y la determinación
legislativa de lo que debe entenderse por tiempo inmediato.
Así, en primer término, la letra a) de la norma contempla la
flagrancia propiamente tal, al autorizar la detención de quien se encontrare
cometiendo un delito.
La letra b) permite la detención del que acaba de cometer un delito.
Por su parte la letra c) permite detener al que huye del lugar de
comisión del delito y es designado por el ofendido u otra persona como autor o
cómplice. Aquí la ley parece exigir continuidad espacio - temporal entre el lugar
de comisión, la huida y la designación del presunto responsable.
La letra d) ya se aleja de la conexión espacio temporal con el delito e
incluso de la designación del presunto responsable por alguna persona, para
permitir la detención de quien, en un tiempo inmediato a la perpetración del delito,
fuere encontrado con objetos procedentes de aquél o con señales, en sí mismo o
en sus vestidos, que permitan sospechar su participación en él, o con armas o
instrumentos que hubieren sido empleados para cometerlo.
Por último, la letra e) del artículo 130, señala que se encuentra en
situación de flagrancia el que las víctimas de un delito que reclamaren auxilio, o
testigos presenciales, señalaren como autor o cómplice de un delito que se
hubiere cometido en un tiempo inmediato.
Este caso, a diferencia de la letra c), permite que exista una
desconexión espacial entre el lugar de comisión del hecho y aquel en que es
detenida la persona. Esta fórmula permite la práctica policial, una vez recibida una
denuncia especialmente por delitos de robo con violencia e intimidación, de
recorrer el sector de comisión del delito con la víctima buscando que esta
reconozca a él o los autores.
Debido a las disímiles interpretaciones que originó la determinación
de lo que debía entenderse por “tiempo inmediato”, el legislador, en la Ley N°
20.253, agregó un inciso final nuevo al artículo 130 del Código, señalando que
debe entenderse por tiempo inmediato todo aquel que transcurra entre la
comisión del hecho y la captura del imputado, siempre que no hubieren
transcurrido más de doce horas.

3.- Detención dispuesta por cualquier tribunal.

El artículo 128 del Código permite que cualquier tribunal, aún cuando
no ejerza jurisdicción en lo criminal, pueda dictar órdenes de detención en contra
de las personas que, dentro de la sala de despacho, cometieren algún crimen o
simple delito, debiendo conformarse a las disposiciones del título del Código.
El Código repite esta norma que el Código de Procedimiento Penal
contemplaba en su artículo 256, precisando que debe conformarse a las
disposiciones del título. Puede plantearse la duda si una vez practicada la
detención por los organismos policiales corresponde a estos avisar al Ministerio
Público de conformidad a lo dispuesto en el inciso segundo del artículo 131, lo que
resulta aplicable a los casos de detenciones practicadas por delito flagrante y, si
bien un análisis exegético de la norma pudiera llevar a concluir que no, la
respuesta parece ser necesariamente positiva.
El depositario constitucional de la acción penal pública es el
Ministerio Público de manera que el aviso, además de permitir un primer control de
legalidad de las detenciones practicadas por terceros o la policía, permite a este
organismo analizar la plausibilidad de ejercer algún tipo de pretensión penal
respecto del detenido, de modo que pueda disponer de inmediato la libertad
respecto de quienes tal análisis resulte negativo acortándose así el tiempo de
detención de las personas respecto de las cuales no se ejercerá, al menos en el
tiempo inmediato, una acción punitiva. Cuando se trata de una detención previa
orden judicial conforme al inciso primero del artículo 127, la misma sólo puede
dictarse a petición del Ministerio Público, obviamente cuando estimada pertinente
ejercer algún tipo de pretensión penal respecto del imputado, por lo que el aviso
señalado carece de sentido. Por el contrario, tratándose de la detención ordenada
por algún juez por estimar que se ha cometido un delito en la sala de despacho, el
objeto garantista del aviso cobra valor pleno no siendo óbice para ello que la
valoración del mérito de la detención la haya efectuado por un juez, pues la
atribución primaria de responsabilidades penales corresponde de manera
exclusiva al Ministerio Público, más aún cuando este, aún estimando que exista
algún tipo de responsabilidad penal, puede ejercer algún de las manifestaciones
prácticas del principio de oportunidad.

Plazos de detención.-

Se debe distinguir si la detención ha sido practicada previa orden


judicial o bien practicada en un caso de flagrancia y, en este último caso, además,
quien practicó la detención.
En el primer caso, es decir, cuando la detención ha sido practicada
previa orden de tribunal competente, el artículo 131, en su inciso primero, dispone
que los agentes policiales que hayan practicado la detención o bien el encargado
del recinto de detención, deben conducir, inmediatamente al detenido a la
presencia del juez que hubiere expedido la orden. De no ser ello posible por no ser
hora de despacho, el detenido puede permanecer en el recinto policial o de
detención, por un período que no puede exceder de veinticuatro horas.
Debido a los problemas que pueden presentarse en el caso que la
detención sea practicada en una ciudad distinta a aquella en que tiene su asiento
el juez que la dispuso y en que por su distancia resulte imposible o difícil cumplir el
plazo máximo de veinticuatro horas señalado por la ley, la ley dispone en el inciso
segundo del artículo 70 del Código Procesal Penal, que si la detención se
practicare en un lugar fuera del territorio jurisdiccional del juez que hubiere emitido
la orden, también es juez competente para conocer de la audiencia judicial del
detenido el juez de garantía del lugar en que se practicó la detención, siempre que
la orden respectiva hubiere emanado de un juez con competencia en una ciudad
asiento de Corte de Apelaciones diversa.
En caso que se disponga la prisión preventiva, el juez debe disponer
el traslado inmediato del imputado al establecimiento penitenciario del territorio
jurisdiccional del procedimiento.
Lo anterior no tiene aplicación cuando la orden y la detención se
dicta y practica en la Región Metropolitana, desde que, en todo caso, la audiencia
judicial debe ser realizada por el tribunal naturalmente competente.
Tratándose de detenciones en caso de delito flagrante, como se
adelantó, debe distinguirse si la detención fue practicada por un particular o por un
agente policial.
En el primer caso, el particular que practica la detención, de
conformidad a lo dispuesto en el inciso primero del artículo 129 del Código, debe
entregar al detenido inmediatamente a la policía, al Ministerio Público o a la
autoridad judicial más cercana. De este modo ningún particular puede detener a
una persona por más tiempo que el estrictamente necesario para proceder a la
entrega inmediata ya señalada. Lo anterior sin perjuicio que la policía mantenga la
detención por el término legal conforme a lo que se señalará a continuación.
En el segundo caso, tratándose de una detención por delito flagrante
practicada por la policía, o bien una vez que el detenido es entregado por un
particular a la policía, el encargado del recinto de detención o el funcionario que la
hubiere practicado, de conformidad al inciso segundo del artículo 131, debe
informe de ella al Ministerio Público en el término de 12 horas. El fiscal que recibe
la información puede dejar sin efecto la detención o disponer que el detenido sea
conducido ante el juez dentro del plazo máximo de veinticuatro horas, contados
desde que la detención hubiese sido practicada. Ahora, si el fiscal nada manifiesta,
la policía debe presentar al detenido ante la autoridad judicial en el plazo indicado.
Por medio de esta obligación de información al Ministerio Público la
ley permite, desde luego, introducir un mecanismo que permite controlar la
legalidad de la detención pues esta noticia, por regla general efectuado de
manera verbal, debe permitir al Fiscal verificar si efectivamente estamos ante un
caso de delito flagrante que autorice la detención del imputado, el mérito de la
misma e incluso una posible selección de casos sobre la base de analizar desde
ya la posibilidad de sostener con éxito una imputación penal, la aplicación de una
forma de terminación anticipada o de una salida alternativa, todo lo cual pudiera
decidirlo a que la privación de libertad resulta innecesaria disponiendo la inmediata
libertad del detenido.
No obstante el claro tenor y espíritu de la norma, el primer Fiscal
Nacional, haciendo eco de la opinión sostenida por don José Luis Cea Egaña, en
orden a que la norma sería inconstitucional pues al exigir el artículo 19 N° 7 letra
c) inciso primero de la Constitución Política de la República que la persona
sorprendida por delito flagrante sea puesta a disposición del juez competente
dentro de las veinticuatro horas siguientes, consagra un derecho para el imputado
siendo el juez el único órgano competente para recibirlo en la medida que por la
medida cautelar de detención se estarían afectando sus derechos esenciales,
respecto de lo cual el Ministerio Público carecería de jurisdicción, instruyó a sus
fiscales en el sentido que la facultad de disponer la libertad de un detenido podrían
ejercerla únicamente en los casos en que exclusivamente proceda la citación.
En ningún caso parece sostenible esta opinión. El que para hacer
efectiva la garantía de presentación del detenido ante juez competente sea
necesario prolongar una privación de libertad que el propio ente de persecución
penal estime ilegal o inconducente para los objetivos del procedimiento, constituye
un absurdo lógico y jurídico que contraría al sistema general de garantías
consagrado en el ordenamiento jurídico, más aún cuando nada impide que
posteriormente, con el imputado en libertad, se califique la legalidad de la
actuación de quien efectuó la detención.
Por último, debe señalarse que la Policía cumple con el plazo de 24
horas dejándolo bajo la custodia de funcionarios de gendarmería del respectivo
tribunal, evitando así el legislador que pudiera pensarse que el plazo supone que
el detenido quede efectivamente en presencia del juez de garantía, en una
audiencia formal.

Comparecencia judicial del detenido.


Todo detenido, sea por orden judicial o por delito flagrante, debe ser
puesto a disposición del juez de garantía correspondiente, originándose así una
audiencia que es conocida como “audiencia de control de la detención”.
En esta audiencia el tribunal debe verificar los motivos que originaron
la detención del acusado, como asimismo, fiscalizar que la policía y el Ministerio
Público cumplieron con el deber de información de sus derechos al detenido,
conforme lo establecido en los artículos 135 y siguientes. En el evento que
determine que dicha información no se entregó, el juez debe proporcionarla y
oficiar, con los antecedentes que correspondan, a la autoridad competente con el
objeto de que aplique las sanciones disciplinarias correspondientes o inicie las
investigaciones penales que procedieren. (136)
A esta audiencia debe concurrir el fiscal del Ministerio Público o su
abogado asistente pues, si no lo hacen, conforme lo establece el inciso primero
del artículo 132, el juez debe disponer la libertad del imputado.
En la audiencia, acorde a lo dispuesto en el inciso segundo del
artículo 132, el Fiscal o su abogado asistente puede adoptar diversas actitudes:
a) Asistir pero no formalizar la investigación ni solicitar ampliación del
plazo de la detención. En este caso debe disponerse la libertad del detenido.
b) Si está presente el defensor del imputado y cuenta con los
antecedentes necesarios puede formalizar la investigación y, con ello, queda
habilitado para solicitar la prisión preventiva del detenido o bien la aplicación de
alguna de las medidas cautelares previstas en el artículo 155 del Código. De
todas formas puede suceder que el fiscal formalice la investigación pero no pida
ninguna medida cautelar con lo que el detenido también debe ser puesto en
libertad.
c) En último lugar puede pedir la ampliación del plazo de la
detención hasta por tres días. Esto lo hará cuando no tiene los antecedentes
necesarios para formalizar o bien estima que le faltan elementos para solicitar una
medida cautelar. El juez accederá a la solicitud cuando estimen que los
antecedentes justifican esta medida.
Conforme al tenor literal de la norma, en cuanto permite formalizar la
investigación en el evento que esté presente el defensor del acusado, pareciera
que esta audiencia puede celebrarse sin la presencia de este, sin embargo ello
choca con lo dispuesto en el artículo 102 en cuanto exige la designación de un
abogado defensor, incluso de oficio por el tribunal, antes de la realización de la
primera audiencia a que fuere citado el imputado. Cierto es que el imputado a la
audiencia de control de la detención técnicamente no es citado pero con mayor
razón aún se justifica la necesidad de cumplir con esta exigencia.
Desde otro punto de vista origina algún tipo de duda determinar que
sucede si el juez de garantía, en la audiencia de control de una detención,
supuestamente practicada en caso de flagrancia, determina que la misma no
encuadra estrictamente dentro de las situaciones previstas en el artículo 130, o
bien que desde que la detención fue practicada y hasta que el imputado es puesto
a su disposición se han infringido, de alguna manera, los derechos de este y
procede a declarar la ilegalidad de la detención.
En atención a las distintas interpretaciones que se sostuvieron, el
legislador, en la Ley N° 20.253, determino los efectos que produce la declaración
de ilegalidad de la detención.
Así, en primer término, debe indicarse que el fiscal o su asistente,
pierde el derecho de solicitar la ampliación del plazo de la detención, pero nada
impide que se formalice al imputado y se pida y decreten medidas cautelares
personales a su respecto. (132 inciso final)
Además, la ley señala que la declaración de ilegalidad de la
detención no produce cosa juzgada en relación a la eventual exclusión probatoria
que pudiere derivarse de misma, la que deberá solicitarse, debatirse y resolverse
en la audiencia de preparación del juicio oral de acuerdo a lo dispuesto en el
artículo 276 del Código, oportunidad en la que se determinará si la actividad de
investigación fue realizada en contravención de las garantías fundamentales o
bien proveniente de actuaciones o diligencias declaradas nulas, y con ello la
exclusión de la prueba con tales vicios obtenida.
En todo caso, debe indicarse que la declaración de ilegalidad de la
detención realizada respecto de ciertos delitos de especial connotación social,
puede ser apelada por el fiscal o su asistente, concediéndose el recurso en el sólo
efecto devolutivo. (132 bis del Código)

Detención domiciliaria.

Como última cuestión dable de mencionar es que el artículo 138 del


Código establece que en aquellos casos en que pueda estimarse que una persona
ha actuado en legítima defensa conforme a lo dispuesto en el N° 6 del artículo 10
del Código Penal, la detención debe hacerse efectiva en su residencia y si el
detenido tiene su residencia en un lugar distinto de a ciudad donde funciona el
tribunal de garantía competente, la detención se debe verificar en la residencia
que el imputado señale dentro de la ciudad en que se encontrare el tribunal.
LA PRISIÓN PREVENTIVA.

Concepto:

La prisión preventiva es una medida cautelar personal que sólo


puede ser dispuesta cuando las demás medidas cautelares son insuficientes para
garantizar las finalidades del procedimiento, que consiste en la completa privación
de libertad del imputado en un recinto penitenciario, por tiempo indeterminado
durante la tramitación del proceso y que el tribunal puede disponer cuando estime
que existen antecedentes que justifican la existencia del delito que se investiga,
permiten presumir fundadamente que el imputado ha tenido participación en este
y que lleven a considerar que la medida resulta indispensable para el éxito de
diligencias precisas y determinadas de investigación o que la libertad del
imputado es un peligro para la seguridad de la sociedad o del ofendido o existe
peligro que el imputado se dé a la fuga.

Cuestiones generales:

Ya a propósito de las medidas cautelares en general se indicaron los


objetivos de la reforma en la materia y los problemas que origina la aplicación de
este tipo de medidas, lo que resulta especialmente aplicable a esta medida en
cuanto necesariamente es la más grave a que puede quedar sujeto un imputado,
pues, como dice Winfried Hassamer: “es la privación de libertad frente a un
inocente”.
Debemos recordar, además, que durante la vigencia del Código de
Procedimiento Penal uno de los puntos más discutidos y modificados fue el de las
medidas cautelares y, especialmente el de la prisión preventiva.
Así, en materia de prisión preventiva, fue frecuente una cada vez
mayor rigurosidad legislativa estableciéndose causales de inexcarcelación durante
el proceso o que se limitara la libertad provisional respecto de los procesados por
delito que mereciera pena aflictiva.
Sin embargo, en el año 1.976 el Acta Constitucional N°3 estableció
que la libertad provisional era un derecho, a menos que el juez la estimare, entre
otras razones, necesaria para la seguridad de la sociedad. El acta motivó
discusiones en orden a si las normas restrictivas continuaban vigentes, resultando
mayoritario así estimarlo.
La Constitución del año 1.980, innovó en la materia pues eliminó la
referencia al “derecho a la libertad provisional”, sin perjuicio de establecer en el N°
7 letra e) del artículo 19 que la libertad provisional procederá siempre a menos que
la detención o la prisión preventiva sea considerada por el juez como necesaria
para las investigaciones del sumario o para la seguridad del ofendido o la
sociedad...” Pero, eso sí, el artículo 356 del Código de Procedimiento Penal
estableció que la libertad provisional es un derecho de todo detenido o preso.
A partir del año 1.991 se dictaron una seria de leyes conocidas como
“Leyes Cumplido” que buscaron adecuar el sistema inquisitivo, en la medida de lo
posible, a la normativa internacional de derechos humanos, dentro de lo cual se
tendió a disminuir la prisión preventiva como sistema general facilitando la
obtención de la libertad provisional o excarcelación. Sin embargo ya en el año
2.000 la ley 19.661 tendió a evitar el otorgamiento del beneficio de libertad
provisional especialmente a imputados por delitos graves tanto por la vía de
obligar al juez a considerar “especialmente” una serie de circunstancias para
estimar que la libertad del imputado podía ser considerada un peligro para la
seguridad de la sociedad, como obligándolo a fundar las resoluciones en que las
otorgara.
En lo que se refiere al Código Procesal Penal, sin perjuicio de
tratarse de uno de los puntos más discutidos en la reforma en el que claramente
pueden distinguirse posiciones antagónicas y la búsqueda de lo que se denominó
un “justo término medio”, el legislador entendió que el sistema de la prisión
preventiva debía fundarse en el respeto a la presunción de inocencia, la
prohibición de exceso y el principio de la proporcionalidad. Sin embargo, las leyes
N° 19.789, 20.074 y 20.253 han modificado el sistema original del Código,
buscando endurecer la normativa mediante la objetivación de los casos de
procedencia de este medida cautelar e impidiendo, respecto de ciertos delitos, que
los imputados pueden ser puestos en libertad existiendo un recurso de apelación
contra la resolución que así lo dispusiere.

REGLAMENTACIÓN DE LA PRISIÓN PREVENTIVA EN EL


CÓDIGO.

Cuestiones generales.
Consecuente con lo afirmado en el párrafo anterior debe señalarse
que la prisión preventiva está consagrada como ultima ratio en el Código.
En efecto, si ya a propósito de la finalidad y alcance de las medidas
cautelares el artículo 122 indica que estas sólo pueden decretarse cuando fueren
absolutamente indispensables para asegurar la realización de los fines del
procedimiento y sólo duran mientras subsista la necesidad de su aplicación, la
mayor excepcionalidad de la prisión preventiva queda remarcada en el artículo
139 que, en su inciso primero, establece el derecho de toda persona a su libertad
personal y seguridad individual, mientras que en el inciso segundo indica que la
prisión preventiva sólo procede cuando las demás medidas cautelares fueren
insuficientes para asegurar las finalidades del procedimiento, la seguridad del
ofendido y de la sociedad, eliminando así para estos efectos toda discusión de si
estos dos últimos pueden ser considerados como un fin del procedimiento.
Por lo demás, a igual conclusión se arriba por la aplicación de los
principios básicos del Código, particularmente el de la presunción de inocencia
contenido en el artículo 4 y el de legalidad de las medidas privativas o restrictivas
de libertad del artículo 5.
Por último, cabe indicar que el principio de la proporcionalidad de la
prisión preventiva debiera entenderse aplicable en la materia, sin perjuicio de
haberse eliminado su consagración legislativa explícita en el artículo 141 del
Código por la ley N° 20.074.

REQUISITOS DE PROCEDENCIA DE LA PRISIÓN PREVENTIVA :

Estos están señalados en los artículos 139 y 140 del Código:

a) En primer lugar, como lo dispone el artículo 139, la prisión


preventiva sólo procede cuando las demás medidas cautelares personales fueren
insuficientes para asegurar las finalidades del procedimiento. De esta forma la ley,
de manera expresa, remarca el carácter de ultima ratio de la prisión preventiva.
b) En segundo término la ley, en el inciso primero del artículo 140,
exige que la investigación esté formalizada. Lo anterior también está establecido,
de modo genérico para todo tipo de medidas cautelares en el inciso segundo del
artículo 230 y se desprende del artículo 132 inciso segundo del Código.
Recuérdese que la doctrina exige, para la imposición de una medida
cautelar personal, un acto de imputación formal por parte del órgano de
persecución penal, lo que nuestra legislación cumple requiriendo que la
investigación esté formalizada conforme al artículo 229 del Código
c) Petición expresa de un interviniente autorizado. El artículo 140, en
su inciso primero, expresamente señala que el tribunal “a petición del ministerio
público o del querellante”, puede decretar la prisión preventiva..
De esta manera se supera el diseño del Código de Procedimiento
Penal del año 1.906 que consideró la prisión preventiva, al igual que el arraigo,
como un efecto de la resolución de procesamiento, sin que se necesitara discusión
o debate respecto de su procedencia o, al menos, un pronunciamiento fundado del
tribunal sobre ella.
d) Existencia de antecedentes que justifiquen la existencia del delito
investigado (artículo 140 letra a) y que permitan presumir fundadamente que el
imputado ha tenido participación en el delito como autor, cómplice o encubridor.
(artículo 140 letra b)
Vimos a propósito de las exigencias generales para la procedencia
de una medida cautelar personal que la imputación efectuada por el órgano de
persecución penal debía aparecer sustentada en antecedentes que den
verosimilitud a la imputación, de modo que el tribunal efectuase un juicio de
probabilidad de la misma sobre la base de los antecedentes que se le
proporcionen, por regla general recopilados durante la investigación, en términos
que permitan suponer que el imputado, eventualmente, va a ser condenado en el
juicio penal.
Los antecedentes deben proporcionarse por el solicitante de la
medida al tribunal y este debe proceder a su valoración con el fin de determinar si
está justificada la existencia del delito imputado y puede presumirse fundadamente
la participación del imputado.
Por regla general estos antecedentes serán los de la investigación y
la forma de proporcionarlos es una cuestión no determinada en la ley. En la
práctica el fiscal, al fundar su petición, reseña los antecedentes con los que
cuenta, sin perjuicio de que el tribunal pida ampliación de la información o detalle
en algún tipo de antecedente. Si la defensa no objeta la información
proporcionada en lo relativo a su sentido o integridad el tribunal resuelve con el
mérito de lo expresado en la audiencia. Si sucede lo contrario es factible que se
exhiban los antecedentes de investigación al tribunal o bien que sean leídos
textualmente.
El estándar exigido por los tribunales para estimar acreditados la
concurrencia de estos requisitos es una cuestión que deberá determinar la
jurisprudencia, mas parece obvio que el mismo no puede ser aquél requerido para
sustentar una sentencia condenatoria, sin perjuicio sí de ser lo suficientemente
sólidos y serios para permitir la privación de libertad de una persona por tiempo
indeterminado.
e) Existencia de antecedentes calificados que permitieren al tribunal
considerar que la prisión preventiva es indispensable para el éxito de diligencias
precisas y determinadas de investigación, o que la libertad del imputado es
peligrosa para la seguridad de la sociedad o del ofendido o que exista el peligro
que el imputado se dé a la fuga.

e.1) Consideración del éxito de la investigación:

Con las prevenciones ya señaladas respecto de la avenencia de


esta causal con la normativa internacional sobre derechos humanos, debemos
indicar que el artículo 140 precisa que se entiende que la prisión preventiva es
indispensable para el éxito de la investigación cuando existe sospecha grave y
fundada que el imputado puede obstaculizar la investigación mediante la
destrucción, modificación, ocultación o falsificación de elementos de prueba; o
cuando pudiere inducir a coimputados, testigos, peritos o terceros para que
informen falsamente o se comporten de manera desleal o reticente.
En otros términos no basta para que concurra esta causal la
conveniencia que el imputado esté privado de libertad para facilitar la práctica de
diligencias probatorias que requieran de su presencia, por ejemplo, un
reconocimiento en rueda de preso, sino que deben existir antecedentes que
puedan llevar a presumir una acción positiva del imputado a impedir o estorbar la
investigación.

e.2) Peligro para la seguridad de la sociedad.

Como ya se dijo esta causal es una de las más discutidas en


doctrina. Al mismo tiempo, debe indicarse que es la que fue objeto de más
modificaciones en el Código de Procedimiento Penal y no precisamente por que
haya habido algún interés en excluirla sino por la precisión del concepto de que
debe entenderse por seguridad para la sociedad, particularmente por cuanto el
criterio utilizado por los tribunales fue objeto de duros cuestionamiento, ya por una
dureza excesiva, ya por excesivo liberalismo.
De ahí que se optara por dar pautas o lineamientos a los jueces
respecto de cuando debe estimarse que la libertad de un imputado es peligrosa
para la seguridad de la sociedad.
Estas pautas también fueron recogidas por el nuevo Código. Así el
artículo 140 inciso tercero señala que para estimar que la libertad del imputado es
o no peligrosa para la seguridad de la sociedad el tribunal “deberá” considerar
“especialmente”, alguna de las siguientes circunstancias: la gravedad de la pena
asignada al delito; el número de delitos que se le imputare y el carácter de los
mismos; la existencia de procesos pendientes y el hecho de haber actuado en
grupo o pandilla.
Sin perjuicio de la intención legislativa que los jueces se ciñeran
estrictamente a tales parámetros, no es menos cierto que los mismos resultaban
meramente ilustrativos por lo que, en último término, la determinación de la
concurrencia de estos factores era una cuestión que los jueces debían apreciar
conforme a los antecedentes que se le proporcionaban.
Por ello, con la intención de rigidizar los parámetros y disminuir la
posibilidad de calificación judicial a su respecto, el legislador, como se dijo,
modificó la regulación de esta materia, señalando que: “se entenderá
especialmente que la libertad del imputado constituye un peligro para la seguridad
de la sociedad, cuando los delitos imputados tengan asignada pena de crimen en
la ley que los consagra; cuando el imputado hubiere sido condenado con
anterioridad por delito al que la ley señale igual o mayor pena, sea que se hubiere
cumplido efectivamente o no; cuando se encontrare ,sujeto a alguna medida
cautelar personal, en libertad condicional o gozando de algunos de los beneficios
alternativos a la ejecución de las penas privativas o restrictivas de libertad
contemplados en la ley.”
De este modo se pretendió introducir una verdadera presunción de
peligrosidad en los casos señalados en el párrafo anterior desde que la
calificación, como se puede apreciar, es efectuada por el legislador.

e.3) Peligro para la seguridad del ofendido.

Como también ya se dijo este es otro elemento que autoriza la


prisión preventiva que suscita reparos en doctrina, sin perjuicio de que por la
centralidad que se le quiere dar a la protección de la víctima como objetivo del
proceso penal, modernamente se le acepta como criterio válido, eso sí, de
aplicación muy restringida y solo para “situaciones muy concretas de peligro”.
El Código Procesal Penal, en el inciso final del artículo 140, también
precisa este concepto, señalando que se entenderá que la seguridad del ofendido
se encuentra en peligro por la libertad del imputado cuando existieren
antecedentes calificados que permitieren presumir que éste realizará atentados
graves en contra de aquél, o en contra de su familia o bienes.

e.4) Por último, a partir de la ley N° 20.253 el legislador permite


imponer la prisión preventiva al imputado cuando estime que existe peligro de
fuga.
Si bien, resulta evidente que la verdadera razón por las cual puede
imponerse una medida cautelar personal es el peligro de fuga, como quiera que
consagrando el legislador la prohibición de juzgamiento en ausencia, la evasión o
fuga del imputado frustra el objetivo intrínseco del procedimiento, la realización del
juicio y la eventual presentación del condenado a la pena que se le imponga, lo
cierto es que el legislador original del Código contempló el peligro de fuga en
términos explícitos, de manera excepcional en aquellos casos que, en principio,
era improcedente la prisión preventiva conforme a lo dispuesto en el artículo 141
del Código.
Sin embargo, hoy configura derechamente una causal de prisión
preventiva de lo que sigue que aún no configurándose alguna de las hipótesis de
peligro contempladas en la letra c) del artículo 140, de todas formas puede
imponerse esta medida cautelar de estimarse que existe el peligro que el imputado
se sustraiga de la persecución penal.

IMPROCEDENCIA PRISIÓN PREVENTIVA.

El Artículo 141 del Código establece tres casos objetivos en que no


procede la imposición de esta medida cautelar.
En primer lugar cuando el delito estuviere sancionado únicamente con
penas pecuniarias o privativas de derecho.
Ahora bien, necesariamente debe concordarse esta norma con el
artículo 124 del Código, estos es, con aquellos delitos que sólo admiten citación.
Así esta norma establece que sólo admiten citación y, por tanto, no se podrán
ordenar medidas cautelares que recaigan sobre la libertad del imputado: “Cuando
la imputación se refiere a faltas, o a delitos que la ley no sancionare con penas
privativas ni restrictivas de libertad”.
La misma norma, en su inciso segundo, dispone que ello no resulta
aplicable en los casos a que se refiere el inciso cuarto del artículo 134 (faltas que
admiten detención) o cuando procediere el arresto por falta de comparecencia, la
detención o la prisión preventiva de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 33.”
El segundo caso de improcedencia de la prisión preventiva es el
señalado en la letra b) del artículo 141 del Código que comprende los delitos de
acción penal privada, esto es, aquellos establecidos en el artículo 55 del Código.
Por último, la letra c) dispone que resulta improcedente la prisión
preventiva respecto del imputado que está cumpliendo efectivamente una pena
privativa de libertad. Sin perjuicio de ello la ley contempla la posibilidad que el
fiscal o querellante soliciten una medida cautelar personal si por cualquier motivo
fuera a cesar el cumplimiento efectivo de la pena privativa de libertad.
Con esto la ley quiere evitar el problema que presentaba que
imputados con condenas previas por cumplir efectivamente, quedaran sujetos, por
nuevos delitos, a la medida de prisión preventiva pues en caso de que fueran
absueltos en estos, el tiempo de prisión preventiva, en principio, no podía ser
imputado a las condenas antiguas.
Sin perjuicio de lo anterior, la misma disposición contiene una contra
excepción al permitir que pueda decretarse de todas formas la prisión preventiva
cuando el imputado hubiere incumplido alguna de las medidas cautelares del 155,
o bien, si el tribunal considera que puede incumplir su deber de permanecer en el
lugar del juicio hasta su término y presentarse a los actos del procedimiento como
a la ejecución de la sentencia, inmediatamente que fuera requerido o citado
conforme a lo dispuesto en los artículos 33 y 123.
Por último, también puede disponerse la prisión preventiva en caso
que el imputado no asiste a la audiencia del juicio oral. En este último caso la
resolución se dicta en la misma audiencia a petición del Ministerio Público o el
querellante. (relación con inciso tercero artículo 33)

TRAMITACIÓN Y RESOLUCIÓN DE LA PRISIÓN PREVENTIVA.


(artículos 142 y 143)
a) Tribunal llamado a resolver sobre su procedencia.

Naturalmente el tribunal llamado a conocer las solicitudes sobre


prisión preventiva es el de garantía. Sin embargo, de acuerdo a lo establecido en
el artículo 18 letra b) del Código Orgánico de Tribunales, los tribunales de juicio
oral en lo penal también deben conocer sobre la libertad o prisión preventiva de
los acusados puestos a su disposición. A este respecto, el artículo 281 del Código
Procesal Penal dispone que el juez de garantía debe hacer llegar el auto de
apertura del juicio oral al tribunal competente dentro de las cuarenta y ocho horas
siguientes a desde que quede firme, oportunidad en la que, además, debe poner a
disposición del mismo a las personas sometidas a prisión preventiva o a otras
medidas cautelares personales. Luego, el conocimiento de este tipo de solicitudes
corresponde al tribunal de juicio oral desde la recepción del auto de apertura del
juicio oral hasta que la sentencia definitiva que se dicte quede ejecutoriada.
Debe indicarse que entregar esta materia al tribunal del juicio oral,
particularmente cuando la misma debe conocerse antes de la realización del juicio,
es criticada por la doctrina en la medida que la imparcialidad del tribunal se ve
afectada al tomar conocimiento de los antecedentes de investigación, lo que se
opone a la prohibición que en tal sentido establece el artículo 334 para el juicio
oral.

b) Forma de solicitar la prisión preventiva.

En cuanto a la solicitud de prisión preventiva la misma puede


efectuarse verbalmente o por escrito.
Verbalmente, de acuerdo a lo previsto en el artículo 142, en las
audiencias de formalización, preparación del juicio oral y la del juicio oral.
Por escrito, de acuerdo a esta misma disposición, durante el
desarrollo de la investigación, caso en el cual el juez debe fijar una audiencia para
la resolución de la solicitud, citando a ella al imputado, su defensor y a los demás
intervinientes.
Problema puede presentar la redacción del artículo 142 respecto de
la posibilidad de solicitar esta medida en audiencias distintas a las señaladas y la
respuesta, no obstante el tenor de la ley, pareciera ser positiva pues, en la medida
que se respeten los principios de bilateralidad de la audiencia, contradicción y
derecho de defensa del imputado, nada pareciera poder impedirlo, más aún si se
trata de casos graves que ameriten una pronta discusión y ningún perjuicio se
provoca a las partes.
Del mismo modo, el tenor literal de la norma pareciera impedir que
fuera de la etapa de investigación, y particularmente en la del juicio oral, pueda
pedirse la celebración de una audiencia para discutir la procedencia de esta
medida. Sin embargo, el artículo 18 letra b) del Código Orgánico de Tribunales
permite también responder positivamente a esta cuestión, en cuanto hace de
cargo del tribunal de juicio oral la resolución de la libertad o prisión preventiva de
los acusados puestos a su disposición sin límite alguno.

c) Desarrollo de la audiencia.

Como primera cuestión debe indicarse que el inciso tercero del


artículo 142 del Código expresamente señala que la presencia del imputado y de
su defensor constituye un requisito de validez de la audiencia en que se resuelva
una solicitud de prisión preventiva.
En lo que dice relación con la presencia del imputado hay que
entender que no es necesaria para disponer su prisión preventiva cuando no
asiste a una audiencia a la que ha sido legalmente citado, pues en tal caso el
inciso final del artículo 33 acepta derechamente que se disponga la prisión
preventiva. Lo anterior resulta especialmente aplicable si se trata de la audiencia
del juicio oral pues, en tal caso, sin perjuicio de lo dispuesto en el citado inciso
final del artículo 33, el inciso cuarto parte final del artículo 141 lo dispone de
manera expresa.
En lo que se refiere al desarrollo de la audiencia propiamente tal, de
acuerdo a lo dispuesto en el artículo 142 inciso final, el tribunal debe oír los
fundamentos de la solicitud por quien la formuló para luego, tener siempre que
escuchar al defensor y a los demás intervinientes si estuviesen presentes y
quieren hacer uso de la palabra y al imputado.

d) Resolución:

De acuerdo a lo previsto en el artículo 143 la resolución que se


pronuncia sobre la solicitud de prisión preventiva debe ser fundada, en la cual
debe expresar claramente los antecedentes calificados que justifican la decisión.
Como se ve, debido a la importancia de esta resolución, ya sea que
el pronunciamiento sea positivo o negativo, el legislador vio la necesidad de
explicitar la necesidad que el mismo sea fundado, no obstante que el artículo 36
del Código establece la obligación genérica de fundar todas las resoluciones
judiciales, advirtiendo, además, que la simple relación de documentos del
procedimiento o la mención de los medios de prueba o solicitudes de los
intervinientes no sustituye la fundamentación. Debe indicarse que la Comisión de
Legislación y Justicia del Senado dejó constancia que la obligación de fundamento
de la resolución supone que sea lo suficientemente explícita como para bastarse a
sí misma y que pesa sobre el tribunal ya sea que acoja o rechace la solicitud.
Además, expresamente la norma exige que la resolución sea
adoptada al concluir la audiencia, es decir, dentro de la misma, lo que excluye la
posibilidad que el tribunal, luego de escuchar el debate, de término a la misma y
dicte, por escrito, en acto separado y fuera de la audiencia, la resolución que se
pronuncia sobre la solicitud.

MODIFICACIÓN, REVOCACIÓN, SUSTITUCIÓN Y TÉRMINO DE


LA PRISIÓN PREVENTIVA.
(artículos 144, 145, 146)

1.- Reglas generales.

De conformidad a lo dispuesto en el artículo 144 del Código la


resolución que ordena o rechaza la prisión preventiva es modificable de oficio o a
petición de cualquiera de los intervinientes, en cualquier estado del procedimiento.
La norma, como se ve, hace manifiesta la característica de
provisionalidad que tienen las medidas cautelares, al permitir, incluso de oficio,
que el tribunal pueda dejar sin efecto la prisión preventiva que haya decretado.
Esta norma se relaciona con el principio general contemplado en el artículo 122 en
orden a que las medidas cautelares duran sólo mientras subsiste la necesidad de
su aplicación, y el que el tribunal pueda disponerla aún sin que el interesado lo
solicite debe entenderse dentro de las garantías establecidas por el sistema.
Lo anterior se ve corroborado, específicamente a propósito de la
prisión preventiva, por el artículo 152 del Código en cuanto dispone que el
tribunal, de oficio o a petición de cualquiera de los intervinientes, debe decretar la
terminación de la misma cuando no subsistieren los motivos que la hubieren
justificado.
Por el contrario, el que el artículo 144 del Código señale que el
tribunal puede, de oficio, modificar la resolución que rechazó una solicitud de
prisión preventiva contraría los principios que informan el Código, particularmente
en esta materia. En efecto, el artículo 140 expresamente señala que la prisión
preventiva sólo puede ser decretada a petición del Ministerio Público o del
querellante y, además, supone que alguno de estos intervinientes la estimen
necesaria para algún fin específico del procedimiento. De esta manera que el
tribunal puede de manera oficiosa modificar una resolución negativa, disponiendo
esta medida cautelar en una oportunidad distinta puede ya no servir a ningún
objetivo del procedimiento pues esa es una cuestión que debe evaluar el órgano
de persecución penal, sin perjuicio que debe mediar una resolución judicial. Por lo
demás, si se piensa que tal facultad debiera ser ejercida de oficio por el tribunal
exclusivamente en el caso de incomparecencia del imputado a una actuación
judicial, como pudiera desprender de lo dispuesto en el inciso final del artículo 33
del Código, debe recordarse que tratándose de su inasistencia a la audiencia del
juicio oral, quizá la más importante de cuantas puedan celebrarse, la ley, en el
inciso cuarto del artículo 141, expresamente dispone que la prisión preventiva sólo
puede dictarse a petición del querellante o del fiscal.

2.- Tramitación de la solicitud de modificación o revocación.

2.a) Si se acogió la solicitud de prisión preventiva.

De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 144 inciso segundo, cuando


el imputado solicite la revocación de la prisión preventiva el tribunal puede
rechazarla de plano, lo que supone que no cita a audiencia para debatir sobre la
procedencia de la medida.
Puede el tribunal, si lo estima necesario citar a todos los intervinientes
a una audiencia y abrir debate sobre la subsistencia de los requisitos que
autorizan la medida.
Además, de acuerdo a lo previsto en el inciso final del artículo 145
del Código, pasados seis meses desde que se ordenó la prisión preventiva o
desde el último debate oral en que ella se hubiese decidido, el tribunal, de oficio,
debe citar a una audiencia, con el fin de considerar su cesación o prolongación.
Por último, de conformidad a lo dispuesto en el inciso segundo del
artículo 152 el tribunal, también de oficio, debe citar a una audiencia con el fin de
considerar la cesación o prolongación de la prisión preventiva cuando su duración
hubiere alcanzado la mitad de la pena privativa de libertad que se pudiere esperar
en el evento de dictarse sentencia condenatoria o de la que se hubiese impuesto
existiendo recursos pendientes.

2.b) Si no se acogió la solicitud de prisión preventiva.

De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 144 inciso final del Código,


en el evento que la prisión preventiva hubiese sido rechazada ella puede ser
decretada con posterioridad en una audiencia, cuando existieren otros
antecedentes que, a juicio del tribunal, justificaren discutir nuevamente su
procedencia.
De esta manera, sólo para discutir la procedencia de la prisión
preventiva, la ley exige nuevos antecedentes y en el evento de que estos no
existan está autorizado para rechazar la solicitud de plano.
Eso sí, los términos “nuevos antecedentes” no dicen relación
exclusivamente con antecedentes de investigación o probatorios, sino están
utilizada en un sentido amplio, relacionada con la variación de las circunstancias
fácticas existentes a la fecha del debate primitivo.

c) Sustitución de la prisión preventiva.

De acuerdo a lo establecido en el inciso primero del artículo 145 en


cualquier momento del procedimiento el tribunal, de oficio o a petición de parte,
puede sustituir la prisión preventiva por alguna de las medidas cautelares
contempladas en el artículo 155.
La ley no señala si para la sustitución es necesario que el tribunal
disponga la realización de una audiencia para escuchar a los intervinientes mas,
para el debido respeto de los principios que informan el Código, particularmente
los de bilateralidad y contradictorio, pareciera, por lo menos prudente, que así se
haga.
Además, el artículo 146 permite, cuando la prisión preventiva hubiese
sido o debiese ser impuesta únicamente para garantizar la comparecencia del
imputado al juicio y a la eventual ejecución de la pena, que el tribunal autorice su
reemplazo por una caución económica suficiente cuyo monto debe fijar.
Esta norma fue modificada en la Comisión de Legislación y Justicia
que limitó la posibilidad de constituir una caución exclusivamente cuando la prisión
preventiva hubiese sido impuesta únicamente para garantizar la comparecencia
del imputado al juicio y al eventual cumplimiento de la pena, dejando constancia
expresa que no era procedente en los casos que la prisión preventiva se impusiera
por constituir la libertad del imputado un peligro para la seguridad de la sociedad o
de la víctima, o es indispensable para la realización de diligencias precisas y
determinadas de la investigación.
De esta forma debe entenderse que la posibilidad de sustituir la
prisión preventiva por una caución sólo procede en los casos en que, por
excepción, se impone la prisión preventiva por peligro de fuga, como asimismo,
en las situaciones que prevé el artículo 33 inciso final.
Por otra parte debemos señalar que el inciso segundo del artículo
146 precisa que, para estos efectos, caución puede consistir en un depósito de
dinero o valores, constitución de prendas o hipotecas o fianza de una o más
personas idóneas calificadas por el tribunal.
A su turno, los artículos 147 y 148 reglamentan la ejecución y
cancelación de las cauciones constituidas.

d) Término de la prisión preventiva.

Sin perjuicio de que la prisión preventiva sea revocada, modificada o


sustituida en los casos ya señalados, el Código prevé, en su artículo 153, que si
el tribunal dicta sentencia absolutoria o bien un sobreseimiento definitivo o
temporal, debe poner término a la prisión preventiva, aún cuando la resolución no
se encuentre ejecutoriada. Sin perjuicio de ello el inciso segundo de la norma
permite imponer alguna de las medidas cautelares establecidas en el artículo 155
del Código cuando se consideren necesarias para asegurar la presencia del
imputado.
Hay que tener presente que en el caso de una absolución dispuesta
en un juicio oral, el artículo 347 del Código señala que el tribunal, al momento de
dar a conocer el veredicto conforme al artículo 343, debe disponer, en forma
inmediata, al alzamiento de las medidas cautelares personales que se hubiesen
decretado en contra del acusado, ordenando que se tome nota del alzamiento en
todo índice o registro público y policial en el que figuraren, como asimismo, debe
ordenar la cancelación de las garantías de comparecencia que se hubiesen
otorgado. La no distinción entre la prisión preventiva y las demás medidas
cautelares personales el artículo 155 plantea la duda de la aplicación, en este
caso, de la posibilidad establecida en el inciso segundo del artículo 153.
Además, la prisión preventiva termina por el ingreso del imputado a
cumplir efectivamente la pena privativa de libertad que se le hubiese impuesto una
vez que la sentencia condenatoria está ejecutoriada; por el egreso, una vez que la
sentencia condenatoria está ejecutoriada, si es que se le ha concedido al
condenado alguno de los beneficios alternativos a su cumplimiento efectivo
establecidos en la ley 18.216, y, por último, en caso de que se hubiese aplicado
alguna salida alternativa.

EJECUCIÓN DE LA PRISIÓN PREVENTIVA. ( artículo 150)

Las reglas respecto de la ejecución de la prisión preventiva están


señaladas en el artículo 150 del Código.
En síntesis podemos indicar que el Tribunal que la dictó debe
supervisarla; los imputados sujetos a esta medida deben estar separados de los
condenados; el trato que debe dispensársele es el de inocente, teniendo presente
que no se trata de una pena; se debe disponer las medidas necesarias para la
protección integridad física de los imputados; puede concedérsele, de modo
excepcional, permiso de salida durante el día, salvo que se trate de un delito que
la misma norma excluye y, por último, cualquier restricción impuesta por autoridad
penitenciaria debe ser comunicada al tribunal que puede dejar sin efecto la medida
si la considera ilegal o abusiva.
La ley, en el artículo 151, permite que el tribunal, a petición del fiscal
restrinja o prohíba las comunicaciones del imputado detenido o preso hasta por 10
días cuando lo considere necesario para: “el exitoso desarrollo de la
investigación”.
En todo caso no se puede restringir acceso del imputado a su
abogado en los términos del artículo 94 letra f), ni al tribunal ni a una apropiada
atención médica.
Además, esta incomunicación en ningún caso puede consistir en el
encierro en una celda de castigo.

RECURSOS
Conforme al artículo 149 debe distinguirse si la resolución que se
pronuncia sobre la prisión preventiva se dictó en una audiencia o fuera de ella.
Si se dictó en audiencia procede el recurso de apelación en contra de
la resolución que ordenó, mantuvo, negó lugar o revocó la prisión preventiva. En
estos casos los recursos se conceden en el sólo efecto devolutivo conforme a la
regla general en materia de recursos establecida en el artículo 355 del Código. La
circunstancia que se hubiere impuesto al imputado una medida cautelar de
aquellas prevista en el artículo 155 del Código no obsta a la procedencia del
recurso, solucionando así el legislador la discusión en orden a si podía
considerarse agraviado el Ministerio Público o querellante en el caso que no se
accediera a la prisión preventiva del imputado pero sí a peticiones subsidiarias
respecto de estas otras medida cautelares.
Si la resolución se dictó fuera de audiencia no es susceptible de
recurso alguno.
Existe una situación de excepción introducida por la Ley N° 20.253,
denominada de agenda corta, establecida en el inciso segundo del artículo 149
del Código, en virtud de la cual, en los delitos que la misma norma señala, el
imputado no puede ser puesto en libertad mientras no se encuentre ejecutoriada la
resolución que negare o revocare la prisión preventiva, salvo el caso que el
imputado no haya sido puesto a disposición del tribunal en calidad de detenido.,
esto es, cuando se presenta voluntariamente a la audiencia en que se debate la
medida de prisión preventiva.
En este caso el recurso de apelación debe ser interpuesto
verbalmente, en la misma audiencia y goza de preferencia para su vista y fallo
debiendo ser agregado extraordinariamente a la tabla del mismo día de su ingreso
o al día siguiente hábil.
Tratándose de otros delitos, el fiscal o el querellante tienen la
facultad de pedir a la Corte de Apelaciones respectiva que se decrete una orden
de no innovar para impedir la posible fuga del imputado

NORMAS COMUNES A LA DETENCIÓN Y PRISIÓN PREVENTIVA.


(art.154)

De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 154, toda orden de prisión


preventiva o de detención, debe ser expedida por escrito por el tribunal y contener
el nombre y apellido de la persona o, en su defecto, las circunstancias que la
individualizaren o determinen; el motivo de la prisión o detención; y la indicación
de ser conducido al establecimiento penitenciario o lugar público de prisión o
detención que determinará, o de permanecer en su residencia, según
correspondiere.
Lo anterior sin perjuicio de los ya señalado con relación al artículo 9
del Código.
OTRAS MEDIDAS CAUTELARES PERSONALES (155)

Tienen por objeto garantizar el éxito de diligencias de investigación, la


seguridad de la sociedad, proteger al ofendido o asegurar la comparecencia del
imputado a los actos del procedimiento y ejecución de la sentencia, pero sin
afectar de manera tan grave al imputado como la prisión preventiva, restringiendo
su libertad con menor intensidad.
Por ello ley, de manera expresa, en el inciso segundo del artículo 139,
prefiere estas otras medidas cautelares a la prisión preventiva.
El propio artículo 155 establece su finalidad, esto es, garantizar el
éxito de las diligencias de investigación, la seguridad de la sociedad, proteger al
ofendido o asegurar la comparecencia del imputado a las actuaciones del
procedimiento o la ejecución de la pena.

¿Cuales son?
De conformidad al citado artículo 155 estas medidas cautelares son
las siguientes:
a) La privación de libertad, total o parcial, en su casa o en la que el
propio imputado señalare, si aquella se encontrare fuera de la ciudad asiento del
tribunal;
b) La sujeción a la vigilancia de una persona o institución
determinada, las que informarán periódicamente al juez;
c) La obligación de presentarse periódicamente ante el juez o ante la
autoridad que él designare;
d) La prohibición de salir del país, de la localidad en la cual residiere
o del ámbito territorial que fijare el tribunal;
e) La prohibición de salir de asistir a determinadas reuniones,
recintos o espectáculos públicos, o de visitar determinados lugares;
f) La prohibición de comunicarse con personas determinada, siempre
que no afectare el derecho de defensa, y
g) La prohibición de aproximarse al ofendido o a su familia y, en su
caso, la obligación de abandonar el hogar que compartiere con aquél.
Debe considerarse que conforme al inciso tercero el artículo155 el
tribunal puede disponer la aplicación de una o más de estas medias, debiendo
ordenar las actuaciones y comunicaciones necesarias para garantizar su
cumplimiento.
A su turno, el inciso final del artículo 155 establece que: “La
procedencia, duración, impugnación y ejecución, por las disposiciones
aplicables a la prisión preventiva en cuanto no se opusieren a lo dispuesto
en el párrafo.”

PROCEDENCIA:

Por la aplicación de las normas sobre prisión preventiva y las


especiales contenidas en el párrafo respectivo, podemos señalar que para
disponer alguna de las medidas cautelares indicadas en el artículo 155 del Código
se requiere:
a) Que el Ministerio Público hubiere formalizado la investigación (155
inciso primero)
b) Que existan antecedentes que justificaren la existencia del delito.
(140 letra a)
c) Que existan antecedentes calificados que permitieren presumir
fundadamente que el imputado ha tenido participación en el delito como autor,
cómplice o encubridor. (140 letra c)
d) Que la medida sea necesaria para garantizar el éxito de las
diligencias de investigación, la seguridad de la sociedad, proteger al ofendido o
asegurar la comparecencia del imputado a las actuaciones del procedimiento o la
ejecución de la pena. (155 inciso primero)
Así, existiendo norma expresa, no se requiere la exigencia de la
letra c) del artículo 140.
Además, debe tenerse en cuenta la posibilidad de decretar alguna
de las medidas cautelares del artículo 155 respecto del imputado que,
encontrándose en prisión preventiva, es puesto en libertad de conformidad a lo
dispuesto en el artículo 153 del Código, es decir, por haberse dictado a su
respecto sentencia absolutoria o sobreseimiento definitivo o temporal, siempre que
se consideren necesarias para asegurar su presencia, como lo señala el artículo
153 inciso segundo, sin perjuicio del problema que plantea, respecto de la
sentencia absolutoria dictada en un juicio oral, el artículo 347.
Otro problema se presenta por la eventual aplicación del artículo 141
del Código, en cuanto establece casos de improcedencia de la prisión preventiva,
a las medidas del artículo 155.
Debe distinguirse.
En lo que se refiere a la letra a) del artículo 141, esto es, delitos que
sólo admiten citación, en principio podríamos señalar que también es aplicable a
estas medidas cautelares, pues el artículo 124 expresamente señalan que
respecto de este tipo de ilícitos: “no se podrán ordenar medidas cautelares que
recaigan sobre la libertad del imputado, salvo la citación.” Así prohíbe la
aplicación de todo tipo de medidas cautelares, no sólo la de prisión preventiva.
En cuanto a las letras b) y c) del artículo 141 la respuesta puede ser
diferente pues si se lee su inciso cuarto, por excepción, es procedente la prisión
preventiva, entre otras razones, en los casos que el imputado hubiere incumplido
algunas de las medidas establecidas, precisamente, en el artículo 155, de lo que
deviene que, en estos casos es posible decretar, desde luego, alguna de estas
medidas, lo que por lo demás se aviene con el inciso segundo del artículo 139, en
orden a que la prisión preventiva es procedente sólo cuando las demás medidas
cautelares fueren insuficientes para asegurar las finalidades del procedimiento.

PROCEDIMIENTO:

El Código nada dice pues el artículo 155 hace aplicable de manera


supletoria las normas sobre prisión preventiva en lo que dice relación con la
procedencia, duración, impugnación y ejecución de estas medidas.
Por ello debe entenderse que estas medidas deben ser decretadas
en una audiencia citada al efecto, respecto de las cuales es aplicable lo dispuesto
en el inciso tercero del artículo 142 en orden a que sería requisito de la esencia
de la audiencia la presencia del inculpado y su defensor.
Ello resulta claro si consideramos que la naturaleza y efectos de las
medidas, en cuanto imponen una afectación de derechos para el imputado, hacen
necesaria la realización de un debate para garantizar el derecho de defensa que
asiste al imputado en todo el procedimiento, como asimismo, el principio de la
contradicción que lo informa, lo que sólo se logra de manera efectiva en una
audiencia oral.
Pero, además, el artículo 156, a propósito de la suspensión
temporal de estas medidas, da un argumento de texto para esta posición, como
quiera que señala que puede disponerse, a petición del afectado, oyendo al fiscal
y previa citación de los demás intervinientes que hubieren participado en la
audiencia en que se decretaron.
En cuanto a la posibilidad de solicitar este tipo de medidas
cautelares en la audiencia de formalización o de preparación del juicio oral, como
lo permite el artículo 142, la respuesta debe necesariamente ser positiva.
En primer término el artículo 132 expresamente permite al fiscal,
en la audiencia de control de detención, formalizar la investigación y
seguidamente: “solicitar las medidas cautelares que procedieren.”
Sin perjuicio de lo anterior, resulta de toda racionabilidad y lógica
permitir solicitar estas medidas cautelares en dichas audiencia, ya que si es
posible pedir la mayor afectación de derechos del imputado - prisión preventiva-
también puede impetrarse una medida que contiene una carga menor para el
afectado con la misma lo que, además, se aviene con la estructura el sistema de
preferir este tipo de medidas, si es que hay que aplicar alguna, por sobre la prisión
preventiva (139 inciso segundo) pues de sostenerse una posición contraria se
obligaría al ministerio público y, en su caso, al querellante, a pedir, en este tipo de
audiencias, exclusivamente la prisión preventiva, perjudicando así al imputado.
Lo anterior también debiera ser aplicable a la posibilidad contenida
en el artículo 142 de solicitar la prisión preventiva en la audiencia del juicio oral,
para ser resuelta por el propio tribunal el juicio oral. Sin embargo aceptando que
resulta anómalo que este tribunal se pronuncie sobre medidas cautelares con
antelación a la dictación de la sentencia e, incluso, eventualmente, de manera
previa a escuchar alegaciones y presenciar la rendición de pruebas por las partes,
desde que este tipo de resoluciones necesariamente importa un prejuzgamiento
que afecta la imparcialidad del tribunal, lo que conlleva a interpretar
restrictivamente la facultad del tribunal, pudiera sostenerse que en esta audiencia
sólo podría solicitarse la medida de prisión preventiva que exige la conjunción
cabal de los requisitos de procedencia de la medida, particularmente los
antecedentes que exige la letra c) del artículo 140 y salvo esta calificada situación
rechazar la aplicación de alguna de las medidas cautelares del artículo 155,
interpretación que puede encontrar algún apoyo en lo dispuesto en la letra b) del
artículo 18 del Código Orgánico de Tribunales que entrega al tribunal de juicio oral
en lo penal, exclusivamente, la resolución de la libertad o prisión preventiva de los
acusados puestos a su disposición y no sobre otro tipo de medidas.
Puede sí, hacerse otra lectura de la disposición orgánica antes
señalada, como quiera que si se interpreta el término “libertad” con independencia
de la referencia siguiente a la prisión preventiva, puede entenderse que se hace
referencia a todo tipo de afectación de la libertad individual, entre otras, las que
acepta el artículo 155.
RESOLUCIÓN:

Conforme al artículo 122 la resolución que decrete una medida


cautelar siempre debe ser fundada, sin perjuicio que a igual conclusión, y también
respecto de la resolución que niega la aplicación de una de estas medidas, se
llega por el deber general de fundamentación de las resoluciones judiciales
contenido en el artículo 36 del Código.

CONTROL:

De conformidad al inciso segundo del 155, el tribunal debe


ordenar las actuaciones y comunicaciones necesarias para garantizar el
cumplimiento de estas medidas cautelares.
Pero, por la propia naturaleza de algunas de las medidas existen
grados importantes de dificultad en su control lo que deberá verse en la práctica.

DURACIÓN:

Se aplican las normas sobre prisión preventiva. Así debe


considerarse las reglas sobre modificación y revocación de medidas cautelares
contenidas en el artículo 144.
También resulta aplicable la substitución del inciso primero del
artículo 145, debiendo necesariamente entenderse que la misma se refiere al
cambio de medidas de mayor afectación de derechos por una de menor como, por
ejemplo, mutar el arresto domiciliario por la de prohibición de salir del país.
De la misma manera corresponde aplicar las normas sobre
revisión de oficio de las medidas contenida en el inciso segundo del artículo 145 y
los límites temporales del artículo 153.
l También debe entenderse que respecto de estas medidas cabe la
posibilidad de remplazarlas por una caución aplicándose así lo dispuesto en los
artículos 146 a 148 del Código, lo que resulta obvio si se considera el tipo de
afectación de derechos involucrada y que esta posibilidad dice relación tanto con
la procedencia como con la duración de las medidas a que se refiere el inciso final
del artículo 155.
Lo anterior sin perjuicio de la posibilidad de aceptar una caución para
suspender temporalmente una de estas medidas conforme lo permite el artículo
156.

SUSPENSIÓN TEMPORAL DE LAS MEDIDAS:

Se aplica el artículo 156, por lo que el tribunal puede disponer la


suspensión, a petición del afectado, oyendo al fiscal y previa citación de los demás
intervinientes que hubieren participado en la audiencia que se decretaron, en la
medida que estime que no se pone en peligro los objetivos que se tuvieron en
vista al imponerlas.

EJECUCIÓN:

Resulta aplicable el artículo 150, pero por la naturaleza de estas


medidas se restringe, en la práctica, a la supervisión de su ejecución por el
tribunal que la dictó y al trato de inocente.
Eventualmente, y especialmente respecto del arresto domiciliario o la
sujeción a la vigilancia de una institución y presentación ante una autoridad,
pudiera aplicarse el inciso final del 150 si es que esta institución fuere la autoridad
penitenciaria e impusiere al imputado algún tipo de restricciones.

RECURSOS:

Como se trata, según si se concedió o no la medida de su


procedencia o impugnación, resulta aplicable el artículo 149 referido a los recursos
relacionados con la prisión preventiva de modo que deben efectuarse las
distinciones allí señaladas.