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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

Facultad de Estudios Superiores Zaragoza


Médico Cirujano
Fisiopatología I
1509

EXÁMENES DE LABORATORIO Y GABINETE BÁSICOS EN CIRUGÍA

Todo paciente que se va a someter a un procedimiento quirúrgico, con anestesia, necesita una
evaluación preoperatoria, importante para el proceso quirúrgico. La mayoría de las veces, la
evaluación clínica es suficiente para establecer el riesgo perioperatorio y determinar los
factores de riesgo del paciente susceptibles de ser modificados durante el período cercano a la
intervención, sin necesidad de recurrir a exámenes de apoyo complementarios ni interconsultas
a especialistas. Desde el punto de vista estadístico, ya en la década de los 80, investigadores
como Kaplan y cols, Turnbull y Buck, entre otros, plantearon análisis retrospectivos de la
utilización de los exámenes de rutina, ambos con resultados muy similares, donde se
demuestra que hasta un 60% de estos fueron innecesarios y que los resultados serían
previstos con una buena historia clínica y examen físico.

La evaluación preoperatoria es un proceso que trata de identificar la presencia de factores


determinantes de riesgo perioperatorio, cuya detección y corrección permiten la disminución de
la morbilidad y la mortalidad.

Los factores de riesgo pueden ser de 2 orígenes: aquellos propios del paciente y los que se
asocian al tipo de cirugía que se planea realizar.

Los factores dependientes del paciente se relacionan con sus características, con la presencia
de comorbilidad y con las alteraciones fisiológicas secundarias como resultado del cuadro que
motiva la cirugía.

Los factores de riesgo dependientes del procedimiento quirúrgico se relacionan con la


repercusión funcional que determinará el procedimiento quirúrgico por realizar. Cada uno de
estos factores debe ser evaluado en forma independiente, tratando de establecer las relaciones
existentes entre ellos, para planificar las medidas que permitan disminuir su impacto. Este
proceso se realizará fundamentalmente a través de la historia clínica y del examen físico.

Los llamados "exámenes de rutina" o "exámenes preoperatorios" debieran reemplazarse por el


término "exámenes complementarios de los hallazgos de la historia o examen físico". Estos
permitirán confirmar o cuantificar la presencia de un factor de riesgo, establecer el valor basal
de algún parámetro que pueda ser modificado por la cirugía, cuya cuantificación preoperatorio
pueda facilitar y optimizar el manejo del paciente.

Grupos interdisciplinarios de especialistas, principalmente anestesiólogos, han elaborado


protocolos para el manejo preoperatorio. Uno de los mejores ejemplos es el del National
Institute for Clinical Excellence de Gran Bretaña, que en 2003 publicó ​"The use of routine
preoperative tests for elective surgery", ​que recapitula la experiencia en varios centros de salud
británicos y genera una guía para la utilización de los exámenes preoperatorios. Dicho análisis
aborda múltiples aspectos: edad y género del enfermo, su estado según la American Society of
Anestesiologyst (ASA), complejidad del procedimiento quirúrgico, apoyado en la historia clínica
y el examen físico, pilares fundamentales en la adecuada valoración preoperatorio y puntos de
partida para la correcta selección de los exámenes que el paciente requiere.

Según el sistema de clasificación que utiliza la American Society of Anesthesiologists (ASA)


para estimar el riesgo que plantea la anestesia para los distintos estados del paciente se
considera:

Clase I: Paciente saludable no sometido a cirugía electiva.

Clase II: Paciente con enfermedad sistémica leve, controlada y no incapacitante. Puede o no
relacionarse con la causa de la intervención.

Clase III: Paciente con enfermedad sistémica grave, pero no incapacitante. Por ejemplo:
cardiopatía severa o descompensada, diabetes mellitus no compensada acompañada de
alteraciones orgánicas vasculares sistémicas (micro y macroangiopatía diabética), insuficiencia
respiratoria de moderada a severa, angor pectoris, infarto al miocardio antiguo, etc.

Clase IV: Paciente con enfermedad sistémica grave e incapacitante, que constituye además
amenaza constante para la vida, y que no siempre se puede corregir por medio de la cirugía.
Por ejemplo: insuficiencias cardiaca, respiratoria y renal severas (descompensadas), angina
persistente, miocarditis activa, diabetes mellitus descompensada con complicaciones severas
en otros órganos, etc.

Clase V: Se trata del enfermo terminal o moribundo, cuya expectativa de vida no se espera sea
mayor de 24 horas, con o sin tratamiento quirúrgico. Por ejemplo: ruptura de aneurisma aórtico
con choque hipovolémico severo, traumatismo craneoencefálico con edema cerebral severo,
embolismo pulmonar masivo, etc. La mayoría de estos pacientes requieren la cirugía como
medida heroica con anestesia muy superficial.

Elaboró:
Castillo Miranda José Guadalupe
Islas Balderas Silvana