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A G U S T Í N B A S A V E B.

MÉXICO MESTIZO
Análisis del nacionalismo mexicano
en torno a la mestizofilia

Prólogo de
C arlos F uentes
N** tu OH' •I-Ili t>OtlM
iU>U'd.U¡A \-i x itlM
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.¡vENTARIO
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Distribución
munditil

D.R © 1992, Fondo de


CulturaEconómica
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d medio, sin Uíiw h ik u pc*r csente del titular d e k*> detvchc'v

47S-9&S16-6W
Imfi
VM . VW \KV.
A México, mi patria y mi filia,
con«*reconcomiode haber tenido que alearme de ella para entenderla mejor
PRÓLCXX)
C arlos F uentes

¿C u á l es l a relación entre una nación y su cultura? Ésta es la pregunta que


late en el corazón del ya clásico y excelente libro de Agustín Basave Benítez,
Méxi co mestizo. Históricamente, la cultura precede a la nación. ¿Por qué?
Porque la cultura, por mínima y rudimentaria que sea, es anterior a las for
mas de organización social, a la vez que las exige. Familia, tribu, dan, socie
dad, Estado, son organizaciones que preceden a la idea de nación, una idea
que no está inserta en el orden natural y que sólo apareció en el Renacimiento
europeo para legitimar ideas d e unidad territori al, política y cultural, ne
cesarias para la integración de los nuevos estados europeos nacidos de la
ruptura de la comunidad medieval cristiana.
México y la América española accedieron a la idea de la nacionalidad al
ocurrir
nizamos:otra
lasruptura:
fronteraslade
dellosImperio español
virreinatos y lasdecapitanías
las Américas. No nos
generales balca-
permane
cieron más o menos iguales, aunque México perdió a Centroam érica, y Chil e
ganó, a expensas de Perú v Bolivia, los territorios del norte. La idea de “la
nación" aparece, según Emite Durkheim. porque se pierden viejos centro s
de identificación y de adhesión. La nación los suple. Isaiah Berlin añade que
todo nacionalismo es respuesta a una herida infligida a la sociedad. La
nación la cicatriz,».
El nacionalismo mexicano e hispanoamericano cabe dentro de estas defi
niciones, pero constituye una excepción a la regla. Las naciones emancipa
das de España hacia 1821 decidieron que podían hacer caso omiso de las
culturas existentes ya en grados diversos (indígena, africana, europea y
mestizaje d e las tres) y optar por un solo mod elo excluyente, el de la cultura
del progreso imperante en Francia, Inglaterra y los Estados Unidos. La
"imitac ión extralógica" denunciada por Gabriel Tarde veló la preexi stencia de
las culturas a la nación. Optamos oficialmente por el modelo occidental blan
co y corrimos el velo sobre las culturas indígenas y negras de las Américas.
Pero éstas, convertidas por fíat en fantasmas culturales, no tardaron en
manifestarse, rompiendo la barrera del silencio a través de un suceso no
sólo visible , sino mayoritario: el mestizaje.
Las naciones hispanoamericanas decidieron que ser independient es su
ponía poner la idea de nación por delante de la idea de cultura y obligar a
ésta a seguir los dictados ideológicos de la nación democrática, progresis
ta o, implícitamente, blanca, blanqueada v filoccidontal plasmada en las
constituciones y las leyes. IV allí que la reaparición de los huéspedes indo-
sead os los iiulios, los negros provoc ase man ilestacione s racistas tan
irracio nales V rabiosas. Agustín Basave da cuenta de ellas en su libio. El indi-
I' k OI tx,c>
l'NÓUXiO
, __El Villano liberal Lorenzo de Zavala pide
Constitución de 1857, es el parteaguas de nuestra primera independencia
^ ‘'^''V.flec d oc cid cn taliz.'rM 0 e xpu ls ar lo s. El ic ono li ber al Jo sé
educad os (es drástic0. En Wx ico y sus Revoluc iones pide, en efecto, Quedan atrás el capricho y la irresponsabilidad de la dictadura santanista v
Mana L u i s „ a esos "Cort0s v envi le ci dos rest os de la ant igua po - su terri ble her enc ia: la m utila ción de la mitad del territorio nacional Para los
des -na aon a ^ bus car el cará cte r mexicano en la poblac ión liberales, no hay indios. Hay ciudadanos. Y si para muchos liberales el mejor
indio no es el indio muerto, pero sí el indio invisible, la visibilidad indígena
b ™ca lusto Sierra O'Reilly no se queda atrás en su in dofo bia. En 1 848 pide :'A«..Í : . de Benito Juárez, Ignacio Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez el Nigro-
pxDulsar a los indios de Yucatán por no "amalgamarse ' con el resto de la mante lleva a éste —adelantándose a la "raza cósmica" de Vasconcelos— a
comunidad ¡como si la comunidad no fuese, srcin alm en te, indíg ena decir que la sangre d el "ho mb re del fu turo " "será a) mismo ti empo africana,
v los obligados a "amal gamarse" no fueran los con quis tado res intrusos! esquimal, caucásica y azteca". México, declara generosamente Vicente Riva
’ I a fobia contra el indio no se limitó a México. En Ar gen tina , u no de sus Palacio, tiene nacio nalid ad propia . ¿Y qué es esa nacionalidad étn icamente?
más virulentos campeones fue José Ingenieros, para quien la Argentina es Es mestiza. Pues si, según Justo Sierra, los indios adolecen de una "pasivi
grande porque es blanca, “liberada.,. de razas inferiores". Estas no eran pala dad incurable" y los criollos son apenas una "seudoaristocracia sin raíces",
bras limitadas a la opinión, sino llamados a la acción racista y genocida. Las los mestizos son "la familia mexicana". Pero, para activar la mezcla, se
campañas del general Roca contra los indios en Argentina, las del general requiero una creciente inmigración europea.
Hulnes contra ios mapuche s chilenos, las p ropia s ca m pañ as del presid ente Andrés Molina Enrique/, nacido en 18bS —es decir, roción restaurada la
Porfirio Pía.’ contra mavos v yaquis en nada desmerecen de las políticas de República Iras el triunlo «fe luóro/ y los liberales contra Maximiliano v los
exterminio v reducción de los indios practicad as p or la expa nsió n imperial i'onsorvxulou's . cixvo v se «xluc.i en t ih h í io «1c «Nías tensiones ¡rrosm'ltas en-
«!<•los Estad«« l:ni«t««s «tcl Allanheo al IV il ii V . tro la na« ÍOn v sus olmas, agravadas |V«r una nueva imitación extralogioa el
IYt\> si en lesI m .Mo x buidos salvo vives muv aislada s, no hu bo ««pos! impon«' «Id p««sit¡\ism«> «vuvttiuno a«t«'ptado por h«s Yi«'ntih«x's «lci tViii-
oton a la política «le VI nii'iur indi«« «-s el in«li«' muer)«« «>n Mexi«\' una ixxi riat«« Kijo otra guisa m«'m«s cionlllion: el «lar«« mismo ««vial la xti|vrvi«»'ivu
h«L\«1 racial much«« mas dinámica. (I nve nte, a ba rca du ra ha cia pre sen te «h'l mas tuerte v la ivhgion «te un pn'givs«« qu«' ixxpiit'm «h'sh.KviN«' «lo lu'livs
nuestra raí/ indígena a través «leí mesli/e. aunque «'si«', a v«ves. también se raciales v cultu rale s «pie m«s rezagan. A giutam cntc tsis,iw «e en H erbert
distra/ara «te blanco para participar en to que Altense Reves llamé "el han- Speneer. mas «pie en Angustí« Comte. al wixLnler«« fil«>M't«> «tetras «fe la i«l«x>-
«juete d«‘ la en ili/aeión occidental“, Hay que lomar dos «latos en cuenta. logia V ie m ifi ca " «fcl Portiriat««. Spe neer no solo acuño el lema ‘la suporvi-
El primero es que el reino azteca no logre« uniticar a México. Un centro vencia del más ap to", sino que ace ptó la teoría danvinist a de la «eleeeu'n
imperial rodeado de pueblos vasallos facilitó, como todos sabemos, la con natural" y llegix a considerar que ser moreno equivalía a ser bárbaro. Ello no
quista por los españoles apoya dos por indígenas desco ntento s. Espa ña, por obsta para que Speneer, al mismo tiempo, esbozara una teoría evolutiva de
lo demás, traía una paradoja a cuestas. Los monarcas españoles sacrificaron carácter aba rcante, no exclu yeme, en virtud de que nada e s homogé neo si es
e multiculturalismo en la pení nsula expulsando sucesi vam ente a los judíos activo, sino «que la actividad en sí misma es programa de diversificación.
v a los moros. Pero Fernando el Católico, desde 1514, había expedid o una Acaso esta dimensión del pensamiento spencerista escapó a Molina ya
cédula real propiciando el mesti zaje en el Nu evo Mu ndo y au toriz and o los los "científicos", quienes lo redujeron a términos de progreso racista y ex
FsanI- 1'° ni?S-m*Xl0S' no ev‘!° Ia bastar día, pero, con o sin ley, la Nueva cluyeme. En todo caso , M olina E nríquez abando nó muy a tiem po el ferroca
i , ; " ! ' 0 ro !yiu7 Pront° cará cter mesti zo. Añádase a estos hechos la pug - rril de Speneer y sus rígidos rieles industrialistas, para embarcarse en la
Bartolnnm a 3 i* 1J!,man‘dad del indígena , enc arn ada en la disp uta entre nave de Franz Boas y sus amplios horizontes marinos. El relativismo cultu
mexicano con I T C?sas 7 Giné s de Sepú J veda, para ilum inar el m estizaje ral de Boas le permite a Molina romper con ios positivistas y declarar que no
ciones m e t e s . « Una Pre°eu pación totalme nte ausent e de las coloniz a- hay soci edad es atra sad as, "si no puebl os diferen tes" Gracias a Boas, 0 ina
de la humanictiH '!n¡r?sa ,u llo*anc*esa de las Américas. De la disputa acerca separa raza de cultura. Gracias a Molina, podemos ver nuestra propia cu
un concepto del rl<f "u sur8'°- gr acias a los escritos de Vitoria y Suárez, ra sin carga gené tica de term ina nd o "re tra so " o "progreso • ,
resi-Ji6*'a ?lnmtcrn
fundado en el respeto ac>onal,
criJacion aE bien llam
ll am ado ""ddeerreech
ch o ddee ge
gennte
tess", La socio logía m olini sta no di o fin, desde luego, a la querella de a nux
Peto
peto« es indispensable
¡„ a i- ^ to nn
lou ' iolaron a lovilfue
X* hov llamen«,«,
Eamamos derech
- os humanos. Dicho res- nidad
su mexicana
racismo y latinoamericana.
de 1S36 Si el doctor Mora
propon iendo arrepentido, fue capaz
e n 184Ó, « «e e iw ‘ry*g
la fusión
la hacienda la ‘mientie porque es violad o con la co nst anc ia que
razas, tan tard e com o Martin Luis Guzmán caracteriza al indi o com ^
^e|^enc*a- may os cacicazgos antes y desp ués de la Inde-
bel que sigue ciegamente lo designios de su amo" (La ‘ j
113 Pero, para entonce s, había cobrad o enorme fue rza la visión uim -
“ f los
105 md
“'dios?no
f .Lardamn
Us.reacciones
,^ llt^iCOntra *a dis crim inac ión y [a vio len cia con- noam ericana de E udid es d e Cunha en Brasil, viend o en el mestiz«
riumfo del m o v im ie n ^ V ora r En Méxi co, la Revoluc
—’'-Vf ión de uv
nc» uiuuuit Ayutl
/s; --a,
consol idado en
onsolidado en las
las guerras de Reforma
R eforma y y Ia de la nacionalidad.
10 PRÓLOGO PRÓLOGO
Después de la revolución liberal de 1854, es la Revolución mexicana de obligación al mestizaje: proteger a las minorías indias, liberarlas resnet, i
1010-1940 la que con más vigor reivindica la caracterología mestiza del país. O como lo dice lúcidamen te Luis Villoro, "Al busc ar la salvado; deUndílt
El "carácter introspectivo'' de la Revolución, como lo llama Basave, es ante na, el mestiz o se encu entra a si mism o". ma.ge-
todo un acto de autorreconocimiento. El zapatista bigotudo, sombrerudo y Molina no era un socialista. Su darwinismo social lo llevó a admitir la
charrasqueado tomando café en el antiguo Jockey Club de la aristocracia sociedad con clases. Pero su conciencia social lo llevó a proponer una nación
poríiristu es sólo la imagen más llamativa del espejo desenterrado: Así sin castas. La justi cia soc ial y la jus ticia racial se confund ieron en él pues por
somos. Somos todo esto. Indígenas, europeos, mestizos. Que a menudo la más que dijese que las diferencias de clases eran tolerables cuando no se
cultura promovida por la Revolución haya sido demagógicamente naciona combinaban con las diferencias raciales, decirlo revela ya que, en México
lista no oculta la verdad dicha por Manuel Gamio: "Ante el arte no hay pue existe una intolerable correlación entre raza y clase. Ser indio es ser pobre.
blos excluidos ni pueblos predilectos". Las opciones nacionalistas de los Ser blanco es s er rico. Pero más allá d e este prejuicio y de es ta suerte de fatali
muralistas, por ejemplo, no alcanzan a disfrazar la presencia europea dad, México es hoy un país de cien millones de habitantes, y por lo menos la
del Renacimiento italiano en Rivera, del futurismo italiano en Siqueiros o del mitad — todo s los ind ios y la ma yoría de los mestizos— vive e n la pobreza.
expresionismo alemán en Orozco. La reacción cosmopolita del grupo El mestizaje se ha identificado con la nacionalidad en México. Eso está
de Contemporáneos representó un saludable contrapunto: México estaba en bien, siempre y cuando no signifique, en un extremo, darle la espalda al
el mundo. Y una vez más, quien aclara las cosas es el más grande humanista mundo con actitudes xenofóbicas y chovinistas que afloran a cada rato. Y en
mexicano del siglo xx, Alfonso Reyes: México "le da color al agua latina". La el otro extremo, celebrar a los indios en los museos y despreciarlos en las
política cultural de José Vasconcelos como primer sec retario de Educación calles. La rebelión en C'hinpns, con torios sus discutibles dichos y hechos,
de los regímenes revolucionarios abarca, en fin, todas las dimensiones do tuvo el inmenso mérito de hacer visible, de nuevo, al imlio invisible y ríe pro
nuestra cultura incluyente. Alfabetiza en la base. Publica los clásicos univer ponerle al mestizo, identificarlo con la nacionalidad, que ésta es injusta si es
sales en lae cima.
cósmica" instalaProhija el amuralismo
a Buda, Mahoma, nacionalista.
a Jesús en losNos propone
palios de la como "raza
Secretaría excluyenle
punto, puedey que carecea ríe
bastarse trituro si es
sí mismo carece de pasado.
respetarlo. Pero El
al indio, hasta
mesli/o cierto
le corres
de Educación Pública. ponde, por su propio bien, atender al indígena, no por anammía, no por
Pero en "la grieta histórica", como la llama con acierto Basave, en esa fall, anlioccidentnlismo ni por folklore, sino por tener presente una de las ver
sísmica entre el Porfiriato y la Revolución, el que construye el puente, ines tientes ríe nuestra cultura y de nuestra existencia nacional, y "entreverar lo
table, de tablas en el medio aunque de mármol en las orillas, es el inquieto mejor de ella a su contraparte en un plano de igualdad", escribe lumino
inquietante, contradictorio don Andrés Molina Enríquez. Aun en los años samente Agustín Basave.
cincuenta, Los ¡¡mudes problemas nacionales era lectura obligatoria para to "Existen tantos modelos de modernidad como pueblos capaces de conce
dos estudiantes y maestros— en la Facultad de Derech o de launam . Molina birlos", dice con precisión y autoridad humanistas el autor. Su mensaje, a
es mestizófilo, pero con adornos positi vistas de Co mte y Spen cer. Cae en es doce años de los fastos del Quinto Centenario, a ocho años dol levantamien
tereotipos. El México indio es melancólico. El México criollo es triunfalista to zapatista y a dos años de la renovación democrática de México, es más
El México sintético o idea l es el mestizo. ¿Por ex clusión ? ¿Po r m alas razo que nunca pertinente: nuestras etnias portadoras de ricas culturas y de pro
nes? ¿Por una especie de "pioresnada" congénito? Molina lucha por no lle- yectos válidos deben estar dispuestas a "una apertura recíprocamente enri-
\ar vicios y virtudes preconcebidos a las razas. Pero es él, al cabo, quien nos quecedora, condicio nada al propósito de producir algo mejor ■
en ereza y perfila hacia una concep ción de la variab le étn ica en M éxic o y Ese "algo mejor" es vernos a todos, indígenas, blancos y mestizos, como
e a correlación entre raza y clase. A pesar de su linaj e pos itiv ista , Molina ciudadanos mexicanos.
nos impu sa a superar los índi ces puramente bio lógicos. La v ariable étnica
¡rrn«ac , en¿!menos humanos. Las pola rizac ione s cu ltur ales son peli-
coloca ^ ,mutl es; h>spanofilia, indofilia, incluso mestizofilia. Molina nos
sienoH p ^ 3S j e .a fctual de las filias: el multic ultur alis mo como
culturas m emi 3<^^ba liza da . El respeto a todas las razas y a todas las

mestiza. P e r o T n ' t é ^ n cujtu ra Puede y de be ser o ccident al, indi a y


dental ni p u n W n te L ^ w T w 5' n° ®xiste >'a UÍ1 México purame nte oc cx-
da racial que dice R.-,ca, ®ena' Hay entre no sotro s un a din ámi ca d e la m ez-
etnias indígenas neces''a gestores. Pero como sigu en existie ndo
S as, reza gadas , olvidadas, la justicia impon e una
INTRODUCCIÓN

El propósito primordial de este libro es estudiar lo que aquí ha sido bautiza


do como "mestizofilia". La mestizofilia puede definirse, en su más amplia
connotación, como la idea de que el fenómeno del mestizaje —es decir la
mezcla de razas y/o culturas— es un hecho deseable. En particular, la tesis
mestizófila de Andrés Molina Enríquez —epicentro de la investigación-
parte de la premisa de que los mestizos de México, entre los que él induye
fundamentalmente a quienes poseen un linaje mixto hispano-indígena, son
los mexicanos por antonomasia, los auténticos depositarios de la mexica-
nidad, y pretende demostrar histórica y "sodoetnológicamente" que México
no puede co nverti rse en una nación desarrollada y próspera mie ntras no cul
mine su proceso de mestizaje y logre homogeneizar en lo étnico la población
mediante la fusión racial de las minorías de indios y criollos en la masa mes
tiza.1 Para rea liza r el est ud io de dicha tesis se ha recurrido tanto al análisis
comparativo
nario empleadod e la
en obra de Molina Enríquez,
su demostración cotejando
con las fuentes el instrumental
srcinales doctri
del mismo,
como al análisis de la propia argumentación moliniana y a la evaluación de
su contribución a la historia de las ideas en México.
No obstante, en virtud de que la mestizofilia mexicana es toda una
corriente de pensamiento que antecede y trasciende con mucho a Molina, y
tomando en cuenta que pese a ser México un país mestizo no existen trabajos
de investigación sobre esa corriente,2 se juzgó necesario incorporar en este
libro un breve recuento monográfico de algunas de las tesis mestizófilas que
se dan antes y después de la del jilotepequense. Sin ello la aportarión moli
niana, que se nutre de unas y alimenta a las otras, quedaría fuera de contexto,
y no se contaría en consecuencia con la perspectiva adecuada para apreciarla
cabalmente. Por otra parte, se consideró que una exposición cronológica de
las posturas que una porción importante de la intelectualidad mexicana ha
tomado con respecto al mestizaje,3 por somera que sea, puede ofrecer la ven-
taja de propi ciar el r esca te de u na línea de pensamient o hasta ahora olvida a
por los espe ciali stas . La tesis d e Molin a Enríq uez es la más rica y elabora a
de todas — no por otra razón se decidió hacerla objeto pr incipal del presen e

1 Para efectos de este libro, los vocablos "raza" y "etnia" y sus derivados se emplearán
sinónimos.
2 Hay una notable excepción: la magnífica (aunque tangencial, puesto que su£!!í]?ÍLl¡zada

* ^firdio
107 es el Indigenismo)
(nU1S^*^oro en Posgrandes reflexión
momentossobre la tesis deen
del indigenismo varios mesfiz
Méjico (ed.ófüos
de a m México,
v/9),especialmente pp 175-223. ¡„iones deextranjerosilustres
—n u f acarar <lue'si bien se reconoce la importancia de las opuv ocupa de la forma
•H.Lawrence, por ejemplo— con respecto aj mestizaje, este li
** que los mexicanos (y novohisp anos) han reaccionado frente al fenómeno.
13
INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN 15
los movimientos nacionalistas se caracterizaran, a diferencia del era
l u d i o - , pero eso no obsta para que no sea enrique cida por las de sus duali smo, el integ racion ismo o el sep aratism o europeos», por l a ten tativa de
definir el elemento con que en mayor medida Europa ya contaba: la iden-
^ h 'o T b ie a - la mestizofilia es, en efecto, urv, idea. Conviene pues aclarar
de antemano'de qué clase de idea se trata y ofrecer un marco conceptual en tidad naciona l.
Así sucedió en México. Pues si bien por un lado la europeización de su
efque^jueda ubicarse su anáüsis. Para ello, y por prmcp.o de cuentas, vale
mtelligentsw pro pició la im itación extralógica de exaltar un abig arrado amasi
rZ rd ir que la tendencia a vincular mestizaje y mexicamdad resp ond e esen 
cialmente a una búsqueda de identidad nacional. En es e s entid o, la c om en te jo his tórico y c ul tu ra l qu e pr et en día re pr es en tar " b m exi ca no ", y por otro las
mestizófila se inscribe en el ámbito del nacionalismo. Mas en este punto es tendencias anticolonialistas e incluso las latinoamericanistas se mantuvieron
necesario deslindar conceptos. A pesar de la selva semántica que rodea al po vivas,9 la preocupación por enco ntra r com unes denominadores y fact ores de
lifacético térmico,4 varios de los más conspicuos estudios os d el tema coin  unidad nacional ganó cada vez más adeptos. Ése fue el caso de la comente
ciden en interpretarlo como el proceso mediante el cual una "n ac ió n" — un mest izófila, que en su s oríg enes atribu yó el desorden y la anarq uía de l Méxi
coryunto de personas que se sienten parte de una m isma "na cio na lid ad " — co independiente a las diferencias raciales de la población —pugnando en
intenta crear un Estado que la contenga y la separe de las demás. Con énfasis consecue ncia por errad icarla s— y que pronto se perfiló como un l ongevo
en el lenguaje (Hayes), en la raza (Akzin) o en la religión, las tradiciones y movimie nto intelectual nacion alista que postulaba el mest izaje co n» quin 
otros factores de unión (Kohn), ya sea explicándolo a partir de la uniformi taesencia de la mexican idad. Po r ello no d eja de ser sorprendente que lo s es
dad cultural generada por la industrialización (Gellner) o de la extrapolación tudios de este tipo de movimientos en México se hayan concentrado en el
al plano colectivo de ¡a idea kantiana de la autodeterminación individual bien llamado "patriotismo criollo", el cual se desarrolló primordialmente en
(Kedourie), los autores más disímbolos ostentan así un común denominador: la era novohispana y que, salvo por el guadalupanismo y alguno que otro
el eurocentrismo.5El
estudian blanco
el nacionalismo de sus
desde observaciones
Estados Unidos——aun
suele en
serellacaso de losdeque
historia rasgo, desapareció con ella, desdeñando en cambio el "nacionalismo mesti
zo", que en más de un sentido se conserv a vivo en la act ualidad.1 0
Europa. Por eso sus teorías rara vez se aplican a A mérica La tina .6 Tales son el marco conceptual y los objetivos de este libro; es decir, sus
En los países latinoamericanos el proceso fue al revés: primero se tuvieron puntos de partida y de llegada. Lo que sigue es el trayecto entre ambos, el
los Estados y luego se intentó crear las "naciones". Las colonias españolas, al
cual está dividido en tres partes: "Los orígenes de la corriente mestizófila",
inri'ua'<MarSe de S» ™ tróPoli' "Atu vie ro n en lo general la divis ión terri- "Andrés Molina Enríquez o la notificación del mestizo" y "El desenlace ac
mpen0' At,' 0S anti8uos virreinatos dieron o rigen a las n uev as tual de la mestizofilia". En la primera se relata la actitud de las élites colo
senda de ' , 1 7 r r * °S carecían sin embargo de con cienci a nacional; l a au- niales para con el mestizo, pasando también revista a algunos de los pioneros
incomunicarii'irwHo'i3 pr°pla ^ homogénea, el ínf imo ni vel ed uc ati vo y la de la mestizofilia ("El México colonial: el mestizaje a contrapelo"); se recuerda
proyecto de unificar el lnPlens? mayoría de sus habitantes descartaban el ‘f Postnra de los liberales decimonónicos frente al indio y la cuestión racial
S l ™ : r nen!e y hacían <Jue la ¡d« de "nacion alidad" ( El México liber al: un bu en in dio es un indio invisible"); se analizan las
50,0 “ la mente de sus élites.7 En tales circuns tancias , era natu ral
8 'a Primera categoría son, por ejemplo, Inglaterra y Francia, de la segunda Italia y Ale-
«s ^ X puBde consuha,se Louis L Snyder- ,,, n¡'5 y de la tercera Hungría y Rumania. Véase Hugh Seton-Watson, Nations and States
Istmioy maón(F ^ o^ZT“ ^ Mxmillan- Co., N. Y., 1960), pp. 2-8; (Meütuen, Londres. 1982), pp* 15-191.
Véanse Ignacio Sosa, "De la patria del criollo a la idea de nadón hispanoamericana , y Mar-
i ■ ” E1 nad °nalis mo en América La tina-Vicisi tudes y perspecti vas", en El nacionalismo m
la J™ “ U‘hnü <UNAM. Méx ico, 1984 ) pp. 11-13 y 33-40. Sob re el nacionalismo como resultado de
pp-« yi *» y (ion r íT Td? entre las na°° m s, puede ve rse Karl W. Deutsch, Nationolísm
aaPWnSZ
port. 1976) T P.w S S 1 ^nacionalismosudamencano-^on dalmllo Technol°gy Press of the Mrr, John WUey & Sons, y Chapman & Hall, N. Y,
'^analuaU
poco conoc^T búsoued,de la ‘are —
J í r ? *■búsqueda » ¡Mn Amerim
L“ mA m en a (GreerovoodPress,
(Greerovood Press, West-
West- M am a o . 164 167. Un análisis marxi sta del mismo a sunto está en H oj **
** ,
10 0 contemporánea- el m i ? Penden a centrarse en un fenómeno heory ° f nationalism (Mont hly Re view Press, N- Y., 1978), pp. 182-201 y 245. _ _ _ _ _

Con (Ed UníÍ2LÍT


Latina BideP in de Urán, Naaona- en su a , ^ de lucha
Sl„ie ^ ba rg oconcibiéndolo
5411
política, , los estudiosa del nacio nalismo
la mane ennMéxico
ra de Joh Bremllyben
a\ , aj¡¡¡ ¡he
a .. reflexiones
p-‘S yB e r « ^ ^ » n yD.S m, *™f c " de1« Andes,B ogotá,1983). ^(M an ch est er U niW áty Pre ss, Manchester. 1985), P. 3. Ejemplos de esto »n jas r ó i ™
" T“ 1 f ^ ^ ° r t? L o n d r e s .1983), mas Dn t- ?C10nalismo revolucion ario de Rafael Segovia, H naaonali. ,p, Coieeio de México,
lenguas vem jy^ ^ uy ee l simami....n ^trons a nd NLB, Londres 1985), MéX f c ? ^ reVOlucionarios (192 9-19 64)", en Lecturas de potílu* n«M*n a ^ £ ),g - albo Mé)d.
tegraa6n hlsP«noamehc^VOCada P4* 13imprentaranafíadQS’nacion es a 13 estandarización co, j S . I9v81)- PP 37-53, y de Enrique Montal vo, El» ^ ' ‘f, 0^ ^ (^d dá ad on al ismo,
«.nsidera sin embargo que la corno en ri* "I? ^ míenlos de inc luir en un estudio ,od^ .l?f „¡„^mlionalism (Universty of
1capitalismo esparto! Norihr CO,hXe de Frederick C. Turner, The dynanuc s of Menean nanom,
'-arolina Press, Cha peí Hill, 1968).
16
INTRODUCCIÓN

i mesti VìSntJeT r Iw p j 0rrienf ("Francisco Pimentel


. ?-«-. co“ « víte
Si err a : el „ va Palacio:contrato
el contrato y "i ' ‘
racial"
ol y fte»tO
H» * ^ a parte, d ff ia a M N ,“ la
^ \ tív^ w. a I. LOSorígenes d e l a corriente me stizóf il a
Z e n v yo lt raa7 8 Ln " pn^r r y
vida ("N ota biográfica") y una ex fxrsiaó ^d T s"u teV Cu nacronologi a de s u 1.1. E l M éxico colonial e l mestizaje a cont rapelo
tres etapas de su obra ("Su Densam ente mf hzófila a través de
üd aa ón de su tesis pro-mestizaje" y "Su f° rma‘;il5n"' "Co"*> M estizaje y latinoamericanidad son conceptos indisolubles. De hecho, con la
da ); la segu nd a contien e la crítica de dic ha toc- ^ la corre g‘da y aumenta- posible exclusión del cono criollo formado por Argentina, Uruguay y, en
de las teo rías en que se inspira com o de sus Dror í-,deSdeJ aJ erSpeCtiva tanto menor medida, Chile, la región bien podría denominarse Mestizoamérica.
Porque a diferencia del melling poi yanqui, renuente a amalgamar ya no se
diga a blancos e indios (o a blancos y negros), sino a los mismos nórdicos y

1itixí'zs%sp~
•**-*“¿¿ssüS&tzs; mediterráneos que emigraron de Europa a los Estados Unidos, en el Sur sí
existió un verdadero crisol étnico en el que se fundieron gradualmente las
más disímiles razas humanas. 1.a mezcla racial que se ha dado en América
y íiltima Parte del libr o trata de l boom de la mestizofilia entre los Latina, en verdad, no tiene paralelo.1
deólogos revolucionarios ("El México revolucionario: la mestizofilia en su Más allá de las enormes dimensiones cuantitativas y cualitativas de las
rPOxg/ 7 h ^ ai1Za laf Í esls m estizófil as de los dos más i mpor tantes sucesores civilizaciones precolombinas de la zona intertropical vis-à-vis los indios del
de M olin de
¡Mestizos a ( América,
Ma nue lunios!")
Gam io:ylatermina
reencarnación
con un del indio"
vistazo a la ynueva
" Josémesti
V asconcelos: Norte, hubo una causa determinante del gran mestizaje hispano-indígena:
muy pocas españolas se embarcaron a "hacer la América".2 Así, como era de
zofilia cultural en algunos estudios de la mexicanidad ("El México posre esperarse, la unión de los peninsulares con las indias se constituyó desde un
volucionario: el mexicano bajo la lupa"). Después vienen las conclusiones. principio en el srcen de una nueva población3 y, en consecu encia , en una
La bibliografía empleada consiste, en términos generales, en las obras de fuente de preocupación para las autoridades imperiales. A diferencia de
los pensadores analizados, sus biografías y el material historiográfico nece otros imperios, sin embargo, y acaso desinhibida por su propio linaje multi-
sario para situarlos en su tiempo. Por lo que toca a Andrés Molina Enríquez, rracial, España no rechazó la consanguinidad. Más aún, como Alejandro
se recurrió también a documentos oficiales de carácter biográfico —acta de Magno 18 siglos atrás,4 las autoridades hispánicas llegaron a promoverlo ofi
nacimiento, certificados de estudio, oficios de nombramientos— y a lo que cialmente. Apenas 11 años después de que Colón tropezara con América, en
sobre él se ha dicho, así com o a los escritos de los teóri cos que lo in fluyeron y 1503, el gobernador Ovando recibió en Santo Domingo la instrucción real de
a fuentes secundarias sobre las corrientes antropológicas del momento. procurar el casamiento de españoles con indios a fin de que éstos se transfor
Por otra parte, aunque en la exposición de la tesis de Molina sólo se citan maran en "gente de razón". Un poco más tarde, en 1511, Fernando el Católi
sus libros y folleto s, se reunieron asimismo varios artí culos que escr ibió para co escribió al virrey Diego Colón para indicarle que evitara amanceba
periódicos o revistas y que sirven en las otras secciones para explicar sus mientos y propiciara la unión legítima de ambas razas, y tres años después el
posiciones políticas y, sobre todo, para precisar ciertas facetas de su pensa mismo monarca expidió la cédula real que autorizaba formalmente los matri-
mien to. El gru eso de su tesis mestizófila, sin embargo, se en cuent ra en su pro
ducción no hemerográfica, particularmente en su obra cumbre Los grandes
Boston, 1967), p.1 .
p M Z s n a a o n a M e s y después de ésta únicamente hay anUapos y rei 2 Una aproximación estadística divide a los españoles inmigrados a México en 90% de hom
teraciones o en miend as de las mu y detall adas ideas d el libro en cue sho njor bres y 10% de mujeres. Véase Gonzalo Aguirre Beltrán, "Los símbolos étnicos de la identidad
lo dem ás, no existe un archivo perso nal de Molma Enr íque z po q ece nacional", en Obra Polémica (se p-inah , México, 1975), pp. 121-123.
3 Es importante hacer hincapié en el hecho de que los esclavos negros también contribuye
epistolario (p robablemen te escueto debido a que via jo muy P oc° J ron, sobre todo en las costas, al mestizaje mexicano, aunque para efectos de este libro se consi
hab son
tos er t enido mayor
difíciles de correspondenci a inter que
localiza r.- Las cartas nacional)
nra sady slf n °c citan fu dere
xerseprimordialmente
Gonzalo AguirreaBeltrán,
la mezcla
La hispano-indígena Sobre la
población negrade México influencia
(Fondo negra en Méxic o puede
de Cultura'Económica, Mé-
xico, 1972). '
halladas en archivos y colecciones de otros personajes historíeos.
, ASpbre los interesantes intentos de Alejandro Magno —probablemente el primer mestizófilo
u La única colec ción conocid a de documen tos de Molina , Lbro se la identi- ae la historia— por realizar una síntesis racial entre Oriente y Occidente, véase, por ejemplo
Enríquiez, y desafortunadamente es muy pequeña y no esta dasifurada. En este ^yrU E Robinson,A History of Cnx x(Methuen Educatio nal Londres, 19S3), pp 405-415, K
ñcara simplemente con las siglas aame . 17
CORRIENTE MESTIZÓF1LA
LOS ORIGENES DE LA LOS ORÍGENES DELA CORRIENTE MESTIZÓFI LA 19
18
., manifestó también Bartolom é de las Cas as5 que se desvanecían las esperanzas mestizas. Co n todas las desventaj as prácti
onios mixtos,
monios mixtos. cuEn esesentí o h¡:os¿e labrad ores españoles con los de cas de las castas y ninguna de las ventajas legales de los indios, los nuevos
en 1516al sugerir la "mezcla o ^ J¡ménez de Cisneros, regen te de
híbridos ilegítimos se llevaron la peor parte en el choque de los dos
sus indios. Más pragmático, e mismo año para que fueran esp añ ole s mundos.10
Castilla, giró instrucciones herederas de los caciq ues ind ígen as, vien - La gestación del patriotismo criollo, empero, inició un proceso que a la
rT n ee“ onrstiz o un instrumento de control pol ítico sobr e las c o- postre modificaría la imagen del mestizo. Desde la Conquista, los descen
dientes de españoles nacidos en America habían sido relegados a un segundo
' ^ £ odo, la rotervención ^ plano por los peninsulares, quienes ocupaban el vértice directivo de la pi
rámide social. Gradualmente, la indignación de cada uno de esos criollos se
españolés'e in d iK f e d o s 2 pudo log rar mayor cosa . Independie nte- tradujo en una conciencia colectiva de empresa común versus la metrópoli.
merne de regulaciones, el cruzamiento racial proh ero, mas rara vez cobijado Surgió entonces, como reacción en contra de su marginalidad, una corriente
por el mamo de la legitimidad. El español y la india engendraron un de pensamiento que pretendía revalorar lo autóctono, aquello cuya pater
bastardo el cual pronto fue marcado con el baldón de las castas para recibir nidad no podía ser reclamada por España. Probablemente la primera mani
la más despiadada discriminación. Mestizaje y bastard ía, en efec to, pro nto se festación intelectual de ese descontento en México fueron los esfuerzos que
volvieron sinónimos. Y cuando, en la segunda mitad del siglo xvn, se pre ten van de Sigüenza a Mier por establecer la conexión Quetzalcóatl-Santo Tomás,
dió enmendar el rumbo poniendo en vigor las leyes de segregación, era ya Tonantzin-Virgen de Guadalupe, cuyo evidente corolario era que la Nueva
demasiado tarde: la multiplicación del mestizo era avasalladora, y su España no debía el cristianismo a la antigua España.11Pero el catalizador que
situación
lonia porsocial deplorable.
la puerta traseraElpara
nuevo personaje
unirse entraba
al elenco de losalmarginados.
escena rio deSi la
el CIm
o aceleró
que la ores
escrit consolidación de esaBuffon,
europeos como corriente
De fue,
Pawsin
y duda, la retahila
Robertson de diatribas
lanzaron en la se
perio español no se había escandalizado ante la perspectiva de entrelazar su gunda mitad del siglo x vm al "n ue vo " conti nente y a sus ha bí tan tes(Tferida
raza con la indígena, tampoco lo nada frente a la idea de arrojar a la existen en su orgullo, la élite intelectual criolla respondió a su vez con una amanada
cia un ser que sólo le merecía el más profundo desprecio.8 de argumentos en defens a no sólo del crioüaje sino también, y oon significat i
La hisaxía no fue distinta en la Nuev a España. País mestizo entre mesti vo empeño, de la herencia prehispánica . En M éxico, don de esta herencia era
zos,’ México emprendió su síntesis racial con una excepción: el matrim ordo muy rica y en donde a diferencia del Perú ya no había quien pudiera suble
da náufrago Gonzalo Guerrero con la hija de un cacique yucateco, alrededor varse en su nombre, la corriente patriótica desembocó en lo que ha sido ati
de 1512, y la procreación de los primeros mestizos mexicanos. Pero la regla nadamente considerado cpmo la virtual expropiación del pasado indígena
no tardó en confirmarse. La pardal legitimidad de los hijo s d e G ue rrer o — le por pa rte de los criollos.12/
gítimos para los indios, pero ilegítimos a los ojos de los esp año les po r s er fru <^Ésa expropiación, sin embargo, reveló al criollo su crisis de identidad. Se
to de un enlace pagano a la usanza indígena— se convirtió tras la Conquista trataba de defender una patria, y no quedaba muy claro lo que ésta implica
en a to ilegitimidad de la inmensa mayoría de sus herm ano s de sa ngre . Ni ba. Si por un lado la intelectualidad criolla no tenia más remedio que valerse
siquiera e ejemplo de Hernán Cortés, quien al menos reconoció a cuatro de del indígena para legitimarse en su pugna contra Europa, por otro le parecía
imposible considerar a semejante espécimen su compatriota. La solución
Cortés el zos’ ^ caPaz ‘ttspirar a los demás gachu pines. Martín adoptada fue, naturalmente, la de apropiarse del esplendor del indio muerto
la Malínrhe^l y? m0Xlcano Por antonomasia, el vastago del c on qu ista do r y a cambio de desvincularse de la miseria del indio vivo^Pcro tal transacción,
qu et!¿to co C :,M P-0: y a quien su padre declaró con la que los criollos pretendían romper el cordón umbilical histórico que
artm Cortés criollo, acabó siendo el espejismo en el no les permitía ponerse al tú por tú con la madre patria, no podía sostenerse
por mucho tiempo. Les servía, subjetivamente, para alegar una tradición
^ 7 dias"'
,n 811 ° bms ‘* coguh6 (Bi' propia y arrancarse así la etiqueta de españoles degenerados cuyo destino no
W*.,t «.pp 1S-20. Véax^^, £* 2®“ I I rKSI‘Z‘)' en América(Ed. Nova, Buenos Aires, era mis que hacer una copia defectuosa de España; mas la realidad de la
7
Rxñani « . PPj 25-2éy
><- - . -----• riTT^nrn.-.« a- —37.
----r- en América", n El
<~u<KiaL4 ,ecu mestizaje
tu mesauMfc c« ol
* la escisión socia l novohispana pronto habrí a de hacerles ver que su "m estizaje
Historia,México, t%l),pp-59-é0.
« se Momer, op cil.,pp. 35-90; Rosenblat, op- w Una breve exposición sobre el mestizaje en México puede verse en RoscnbUt. op. cü., t 5,
pp. 33 y 54-66.
11 Sobre esta teoría puede verse Jacques Lafaye, Quetzalcóatl y Guadalupe (Fondo de Cultura
Rodriguez r* r^sto ^ America Latina es la premisa de Económica, México, 1983)
«ea pre da ren l« ;° y nS £!f,,, i cosmic race (U. of California P,
1.1pp B732IL p 3/y ^ pveáe 12David Brading. Losorígenes d el nacionaUsmo mexicano (Era, México, 1983), pp.3741
“ ‘ME.Iicas recopiladas por Rosenblat, op. at .
AcTHíKIhNT I Mi'STI/ÓÍ'H A
. „ic ocií ¡I.NESPI-i LOS ORlt ,1.1913 IIP l.A l/ORKIEKTF MFSTIZOFII A 21

1.2 l-I.MÍXICOUníRAIUNmrrVIVtlfOl.
vUNtMtiiiMN’VMBIf

Con lod o, en las postrimerías de la Colonia el Indo todavía oslaba verde Ni


la perspectiva histórica ni el grado de avance del proceso de mezcla r-Kial
pase permitían aún la maduración de un autentico pensamiento mesti,otilo.
no aceptar ei pn*n* >si h \> «•»' ............... i Medio siglo después de publicadas las palabras de Clavijero, la patria criolla
que el, Fgtiiara y compam a intentaran delimr se volvía realidad I a momen 
Pl>VÍn'1 l'' 'a ' 'M' PJM tánea convergencia de la i-lite criolla y de las masas indígenas y mestizas en
el antii'spañolismo había iniciado un movimiento de independen, i.i que cul
Con notable a,it,c,P.iv,on.eMu minaba co n la suprem acía del c riolla ie.1" Mas aun . el mesti/aie salía de 1 «
a r r u m o riel palnotismo criollo pl asmo de sdo s u exilio en agenda en la disputa ideológica. Para los conservadores el arquetipo era ei
W » moiuiv tw preludio de lo que a s, el ti empo hahna de l or- hispanismo, y aunque el mismo Lucas Alaman concediera que las castas eran
mar ti comente mestizorila. al considerar que "susceptibles de todo lo malo y todo lo bueno"/7 muv poco se podía argu
mentar en favor del mestizaje desde su punto de vista. Para los liberales
hubien <«*, mis icertida ti política de los españoles si en \e, de llevar mineas, —quienes habrían de llevar el hilo de la historia— la solución al problema
de Eumpi i esctiwvde Ame*, se hubieran enlajado con las mismas casa» .unen- indígena era el teórico igualitarismo de su credo, que de un plumazo elimuia-
canas. hLta hacer de avias una sola e individua nación.14 ba todas las diferencias raciales. Asi, mágicamente, la Constitución había
hecho desaparecer a los indios, creando en su lugar abstractos ciudadanos
El mentó no estaba en el diagnóstico sino en la velada prescripción. Ni la mexicanos. Sólo un puñado de visionarios previeron que ese determinismo
ausencia de matrimonios mixtos se debía a la presencia de mujeres europeas, legal fracasaría (aunque posiblemente ni ellos imaginaron su actual longevi
que las había muy pocas, ni había que lamentar la falta de acercamiento entre dad). Ya desde la proclamación de la efímera Constitución liberal de Cádiz
las “casas" americanas y Las españolas, que sin haber mediado mayor proto en 1820, José Joaquín Fernández de Lizardi, el célebre “Pensador Mexicano",
colo estaban va bastante "enlazadas". Pero el proloquio sentaba un prece había satirizado sobre los efectos milagrosos de una legislación sobre los
dente trascendental: el mestizaje dejaba de ser una generosa dádiva de razón problemas ancestrales de los indios18, y el ilustre diputado y educador Juan
humana o un cínico vehículo de manipulación política y se convertía en la Rodríguez Puebla, indio para más señas, haría lo suyo con la Constitución de
fórmula para unificar una sociedad y forjar una nueva nación. Pese a la "con 1824. Rechazando el concepto constitucional de equidad y pidiendo un trato
ciencia histórica mestiza" de los Alvarado Tezozómoc y los Alva Ixtlilxóchitl especial para los indígenas, su discurso pone de manifiesto el abismo que
es difícil saber lo que los indios o aun los propios mestizos pensaban de la fu aún dividía a la sociedad mexicana: "pues por más que me digan que des
sión racial,15mas es indudable que los criollos, que tras los peninsulares for ciendo de un español ", exclama, "¿cómo he de creerlo, si cuando vuelvo la
maban la clase dominante de la Nueva España, empezaban a percatarse de cara hacia atrás, en toda la serie de mis predecesores no encuentro uno solo
as imitaciones de una patria dividida. Y aunque el de se ch ar el m estizaje que no haya sido tiranizado por los pen insulares?"1 9
como oportunidad perdida sólo embozaba su probable rechazo a la idea de Desde el punto de vista de la igualdad constitucional, ciertamente, el mes
esto Claviier0 había abierto la puerta a un nu evo pro ye cto . De tizaje no tenia razón de ser. ¿A qué mezclar razas, si la homogeneidad estaba
sitario de°únx nnChT16”0 raí a* de *a ®Poca y en su car áct er d e ún ico de po  alcanzada? Tal era el razonamiento de la nueva élite en el poder, que archiva
ba el pasado indígena y el guadalupanismo prehispánico a la Fray Servando
los P « o le g t 5 m e ^ ? s íS S ^ Í<,na1' *' me Sf a° C OmenZaba 3 reC¡bir para poner en su lugar el expediente de una corriente de srcen eur opeo que
se adueñaba gradualmente del país: el liberalismo^ México independiente,
apropiar». del pasado prc hi ao ^l ^f .f. hl f ' f ct'!’idali de leKitimación que llevó a los criollos a 16 Véase Francisco López Cámara, Ia génesis de ¡a conciencia liberal en México ( unam , México,
convivencia íamjnj,UJI¡^ (nj. J , 0,40tuenle de "mestizaje espiritual" del criollo: su
,WJ¡>PP aít-242 ' remando Benítez,í m prim en* mexicanos (F.ra, México, 1977), pp. 140*146.
17 Lucas Aldm.in,Historia de Méjico desde los primeros movimientos que prepararon tu independen-

209 Clavijero, opr derie, c*-mp¡iífca


"t ff,h la> (Porróa, México, 1958), t, II., pp,,.208- cia en el año de 1803, hasta la ¿¡toca presente (Jus, México, 1968), p. 26. Originalmente publicada en
1849.
:«« W . ■ l í Ü f e la d«-'identidad del criollo en si u uso de i0 José Joaquín Fernández de Lizardi, Ct indio y la india, del pueblo de Actopan (oficina de don
Me-- S°h|* i hu|or¡cjsmo mestizo „a •Véase Lafayc.op. ci l po 166-169 José Marín Detancourt, México, 1820), pp. 6-7.
» . » 1. FI“ o ,' M em or é mexi cana (J, Mo rtíz , 19 Juan Rodríguez, Discurso (.. .I sosteniendo el dictamen de que se apliquen al Colegio de San Grc
(UNAM, l3w m "iomui 1“ esplendida laborde M lÍf ‘m COn una cabal recopilació n de testi- gorio los bienes del hospital que fue de naturales (Imprenta del supremo gobierno, México, 1824),
' ^ durante la época colonial ^ bedn Por,1" a y su Visión de los vencidos pp. 8-9. Pronunciado el 11 de octubre de ese año.
LOSORICENESMUCORRÍENTÍMBSTIZÓFI^
L0 5 0RICE NES DE LA CORRIENT E MESTTZÓFH A 23

voz cantante la empezaba a llevar la xenofilia y su obsesión de atraer colonos


tos vernáculos para á?°™ [ deJa „ación , efect ivamente, "nacion alidad y europeos, y blanquear sería pronto la consigna. Un ejemplo elocuente: entre
idea liberal; para los tóIla° J T S » £n ^ batalla por imponer las distintas 1846 y 1848, en plena guerra, el Congreso discutía un proyecto para conceder
liberalismo fueron una mi ^ demás se volvió irrelev ante. L a nu be de la tolerancia de culto a los extranjeros, con el ostensible propósito de hacer
versiones de la p a n a « muzas e ntre escoc eses y york inos ocult ó lo s más atractiva la inmigración a los protestantes de la Europa nórdica.25 Y
mientras los conservadores suspiraban por un príncipe europeo que gober
la joven república, que se debatía en interminables nara el país, los liberales, sin dejar de hablar de igualdad ante la ley y de con
denar los prejuicios raciales, pugnaban por un México alternativamente
'UC!w ÍuranteU^prim eras tres décadas de independen cia, lo me jor d e la europeizante y "ayanquizado". Monarquía o república, centralismo o fede
J S t £ li b er a l desdeñó, a la población indígena, y en el m ejor de los c as i* ralismo, el modeki estaba en el extranjero, precisamente en los dominios del
k T í^ o s se volvieron el lastre que por humanitarismo habr.a de s er arras- hombre blanco^Ni el triunfo de las teorías no racistas parecía mejorar la
ZdTu» ejemplos son elocuentes, lorenz o de Zavala prop one edu carlo s o, situación: el indio estaba en Méxínidemasíado cerca para personificar
enel caso de los revoltosos, emular a Estados Unido s y ob liga rlos 'a s ali r del siquiera al bon savage rousseauniam^J’or eso, aunque en la generalización
territorio de la República".21 Para Mariano Otero, mien tras no se les e du qu e pagan justos por pecadores, se ha dicho con razón que los criollos de la pre-
y mantenga "su estado semísalvaje", estos seres "apenas pueden considerar Reforma se "erizaban" al pensar que el sistema democrático podía implicar
se como parte de la sociedad".22 Y, por si alguna duda quedara, José María el gobierno de un mestizo como Vicente Guerrero o la participación de la ma
Luis Mora se encarga de emitir un decreto de desnacionalización de esos yoría indígena en la vida política del país^El lema de las clases privilegia
"cortos y envilecidos restos de la antigua población mexicana" y, lo que es das de la época bien pudo haber sido —y en él Iq s mestizos llevaban su

máseran
llos importante, de dejar
"más iguales" quebien claro que
los indios aunque
y los todos eran iguales, los crio
mestizos: parte—
Pero ellosdeindios
que unsebuen indioaesesfumarse
negaron un indio invisible/2
e irrumpieron, redivivos, en la
escena. Sus rebeliones convencieron a la intelligentsia mexicana, empeñada
La población blanca es con mucho exceso la dominante en el día, por el número de hasta entonces en soslayarlos, de que el compartir una ciudadanía republi
«us Individuos, por su Ilustración y riqueza, por el influjo exclusivo que ejerce en cana no había creado lazos de identificación entre los grupos étnicos ni mu
los negocio* públicos y por lo ventajoso de su posición con respecto a los demás: cho menos una verdadera conciencia nacional. En particular, la Guerra de
en ella es donde se lia de bus car el carácter mexicano, y ella e s la qu e ha d e fijar en ( ’astas en Yu catán, librarl a al tiempo que el país sufría la agri lló i expansio-
todo el mundo el concepto que se debe formar (le la República .21 nisla norteamericana, sacudió a la opinión pública al cerrarse el medio siglo.
A fines de 1848 el periódico I',l Mnnllnrse hacia eco de la disyuntiva que
U senlntcla era, pues, Inapelable Ningún Indio o mestlz.o osarl a i totu rpar lu asallaba a los habítenle* de los centros urbanos: o se exterminaba a los Indios
nivea pulrrllud del México Idílico de lis.i rinllo*. o se les hacia de sapare cer en el crisol racial.27 fin ese mismo a ño el separatista
Así la» cosas, la fusión racial íoniinualm y, *ln embargo, las parios en ella yucateco jtislo Sierra O’Rellly publicaba un libro en el que clamaba por la ex
mvolurrada« paretlan más alejada» que nunca. Hubo, es verdad, hechos pulsión de las poblaciones Indígenas yucatecas por no "amalgamarse" con el
insólito» tomo el plan de monarquía mestiza proclamado en 1834 por los resto de la comunidad28 El consenso empezaba a tomar forma. Por temor a
, í ,S eP'5to:o y Epigmenio de la Piedra, median te el cual u n con gre- que los levantamientos se generalizaran y afectasen los intereses de su clase o
Mrvier. ?rmac*0 P° r Io5 12 jóvenes más cerca nos de sce nd ien tes de por el deseo sincero de evitar que la patria se desgajara en refriegas intesti
se cnn una tu ^'nan un emPerador que, en caso de ser indio , deb ería casa r- nas, los ideólogos criollos cambiaban el rumbo .
a, y en caso de ser blanco, con una "india pura".24 Pero la En 1849 es el doctor Mora, el mismo que 13 años atrás había decretado la
expatriación mental de los mexicanos de color, quien envía desde su misión
diplomática en Londres la tajante señal de viraje, aconsejando al gobierno
LD, p. 4SL ' RbrTBÍisffiomaricffno (Fondo de Cultura Eco nómica, Mé xic o, 1982),
sobre

„e IB47- m,o_. ,D
--------- . ' 13 situación ______ _ _______
25 Reyes H eniles, op. cil., 1. III, pp. 278-287.
•W «Pomia.México,,%7), 11, p. ,3o' O n ffn ír^ p ^ ca d o i 26 Charles A. Hale, El tlbemlisnw mexicano en la ¿poca de Mora (S. xxi, México, 1985). p. 306. Vale
“ losé María Luis M
ora,Méxi añadir que Hale coincide con la apreciación sobre el desdén de los liberales mexicanos por lo
On^nalmmleputiHcndnen jsy , “Y (Pornia.México, 1%5), t. I., pp. O y 7 indígena. Véase op. cil., pp. 221-254.
Véase
Moisés
González
N r »fililí., p. 244,
RcnwaMcna iar feSe ey^í M^“^ , El' mestizaje mexicanoen el periodo nacional”, < 28 González Navarro, up clí., pp. 36-37.

• ■« Mx,núm 1, enero-mnr/o de 1968).


LOS ORIGENE S DE LA C O R R IG A MESTIZÓF1LA
LOS ORIGEN ES DE LA CORRIENTE MESTI ZÓFILA
„ ,, e sublevaciones de castas no sólo cesen, si no que sean
la necesidad de hacer que las s q dg ,ograri0 es )a fuslón de todas Us
de todos los alumnos en una sola escuela, será la de borrar rápidamente toda dis
^ ° s; UX ° s S e C tfn eyn la R ep ica en una so la.» tinción de razasy de orígenes entre los mexicanos, educándolos a todos de una
misma manera y en un mismo establecimiento, con lo cual se crearán lazos de fra-
nnr no haber cicatrizado las heridas que la vorágine de temidad intima entre todos ellos,y se promoverán nuevos enlaces de familias;
Es verdad que, acaso p ^ seguían a Hidalgo infligiera n a su propia único medio con que podrán llegar a extinguirs
e las funestas divisiones de razas.»
las gordas indio- h |a| eforma continuaba apela ndo a la inm igrac ión
familia,® * ^ contr a el oscurecimiento de la raza en El cambio era patente; con la revaluación del indio se perdía todo respeto por
la pureza criolla. Y por si fuera poco, dos arios después y para cerrar con bro
S o m b í e avance del mestizaje. Pero la em ien da era irrever sibl e. La bel l che de oro, el "Nigro man te" columbra con penetr ante visión una r aza cósmi 
o t e Afectibilidad del indio no haba podido hacer mucho para li brar lo ca: "el hombre de los siglos venideros", vaticina, "no podrá lisonjearse de la
dTsu explotación, pero sí había logrado, sin propo nérs elo po ner a l me stizo unidad de su procedencia; su sangre será al mismo tiempo africana, esqui
ha» los reflectores de la especulación sobre el futuro rostro del mexicano. mal, cau cásica y azte ca. » Grién dose al plano nacional, otros se sumarían al
VÉl avance de la mestizofilia continuaba pues inexorable^v quienes soña- coro. La República Restaurada era el principio del fin. Muy pronto el México
fe n cm un México criollo despertaban a golpes de real ida c^L a mentalid ad criollo sólo podría manifestarse en la clandestinidad.
caniáaha p oco a poco, en la me dida en que la anarqu ía r einante se interpré
tate como resultado de la heterogeneidad étnica. La nueva generación, con
una nejar digestión de las doctrinas humanistas, ya había manifestado en 13. F rancisco Piment el : el genocidio humanitario
voz de Guillermo Prieto su distinta eosmovisión. Y si bien en ella los indios
siguen siendo vistos como 'raza abyecta y envilecida", la autopercepción La luz republicana, sin embargo, no se había encendido cuando se publicó la
criolla da un giro de 180 grados: “nosotros", se lamenta Prieto, somos "ex primera investigación seria y minuciosa que abordaba prepositivamente el
tranjeros en nuestra patria".31 Más no se podía pedir. tema del en
francesa mestizaje.
la épocaEn
enefecto, prevalecían
que Francisco aún las
Pimentel tinieblas de
(1832-1893), la intervención
filólogo aguasca-
Posteriormente, el ascenso al poder de esa generación atizó la hoguera;
¿quién podía entonces subestimar la sangre que en mayor o menor medida lentense de rancia alcurnia criolla, produjo su Memoria sobre las causas que han
corría por las venas de los Juárez y Ocampo o de los Ramírez y Altamirano? srcinado la situación actual de la raza indígena (1864), libro que dedicó a Maxi
El segundo gran capítulo de la historia de México era escrito hombro con miliano "e n pru eba de amor y respeto ".
hombro, en el más alto nivel, por indios, mestizos y crio llos e n u n p lano d e Poco puede decirse de la vida del autor sin mencionar su malhadada in
igualdad sin precedentes, y hajo el liderazgo de un descendiente directo de la cursión en la política. Tras recibir una esmerada educación de maestros par
ticulares, Pimentel se dedicó de lleno a estudiar las lenguas indígenas. Fue
raza indígena. Cierto, se tratada de indios y mestizos criollizados, que de sus
poco después, siendo aún joven, cuando manchó su imagen ante la historia
antepasados autoctonos sólo conservaban lo que no podían quitarse de enci
al colaborar como prefecto político de la capital con el espurio emperador
ma; mas para el criterio de aquel tiempo, que estaba lejos de plantearse el
austríaco, de quien aceptó además el reconocimiento de su título de Conde
m es áa s cutasa L eso era más que su ficiente. La "raz a abyecta v envilecida" de Fieras. Retirado a la vida privada al triunfo de los republicanos padeció
praiKsz ir. bdet de gran capacidad de mando v enorme dignidad v a varios represalias económicas y morales, manteniendo a pesar de ello su singular
x» tüentosmfc preciaras del país. En ese contexto, la mestizofilia tenia mezcla de conservadurismo liberal en la que tanto coincidió con eí segúralo
■?*gnte»kept 3s. Y mí o de dios fue re más ni menos que G a bino Barreda, el Imperio . Co n el tiempo, no obstante, y dado su prest igio Kriemaocnal como
T - ., positi iBmc y artífice del sistema educativo juarista que habría lingüista, que lo hizo m iembro laureado de va rias asooapones ex entas ^ de
, varlas generaciones de mexicanos. Las pala bras qu e Barred a Europa y Estadas Unidas, los circulas culturales de México fe
rxvra> J5? * 65 0; rerarnB *2 d ém a en 187 0 mer ecen ser atada s m exten so, Cu rio sair erte fu e Altamirano quien expresó su admirac ión por a y
pon**- primer miento oficial de poner en práctica la rrestiz ofilia: a colaborar en su semanario de li teratura E RerocinaertíoLa x.
Geografía y Estadística, de la que había sido expulsado
Ora infiuaiaa soáal de la más aha importancia que podrá sacarse de esta fusión el gobierno imperial, también le readmitió en su seno,} se
^ José María Luis Mesa
«»-ir*
fe ,
mcaoón fechada A 31 de julio <fefí £) ihpto,mha ** *>■ Mor» (sr e , México, 1931), p- 151. Comu- 35 Gabino Barreda. G t9« esteilu
¡zi strejUó so
p f^
m fp
rrtm
rt i (Tipogrifia
kri
“ Hdtop.dl^ pp. 26-27. M
arianoR ha-Pakaoesp inandodP landeE stuJ**de■
f
Guillermo Pílelo, "Zace™ vi -r .. Económ ica, Méxic o, 1909), p. 51. Fechada et 10 de . ' joy Fragmento de un decurso
neo, México, 19«), p . 293. ArtkSn ori ril^“ ’ “ Cuillt™ Prido (Club de Periodistas de Mé- 33 Ignacio Ramírez, Obras (Ed. Nacional. México 19« ). 1.1. P- * ' 8-
de 1843. srcinalmente p ill ea d o en El Siglo XIX el 28 de noviembre leído en la Sociedad de Geografía y Estadística en 18/2.
,0SORIGENES DE LA CORRIENTE MESTIZÓFILA
26 LOS ORlCEN ES DE L.ACORRIENTE MESTIZÓF ILA 27
, . ,vo renombrada polém ica lite rari a con su
del Liceo Hidalgo, o vida permaneció alejado de la políti- raíz del desorden mexicano. Pero su análisis contiene observaciones que tras
^ t J S r a rc íw a to ac adémicas e in .elec lua .es, y au nq ue es cr ibió cienden su conciencia de clase /tl condenar e l afán de edi ficar g randes obras
o b ra s 'íá í( m o m ia política e historia de la literat ura mexicana ninguna materiales antes que atender los cimientos humanos^ Pimenlel percibe pre
alcanzó el éxito de su célebre Cuadro comparativo de las lenguas indígenas de cozmente un error en el que han incurrido muchos gobiernos latinoameri-
canosreSu critica a la modernización espectacular, al desarrollo glganlisLt del
M bfcíulfneva a [’¡mentid a proponer el mestizaje es su análisis de la que sólo se benefician unos cuantos, goza imilalis mnlandis rio una eran ac
tualidad^
población indígena. La lamentable situación del indio, razona, se debe a las
desfavorables condiciones en que ha vivido. El que sea ' grave, taciturno y C Queremos caminos de fierro, y la mayor parle de nuestra población no sabe andar
melancólico, flemático, frío y lento, sufrido, servil e hipócrita", y que única más que a pie; queremos telégrafo, y el indio ve su aparato como cosa de nigro
mente posea "las virtudes propias de la resignación", es "el resultado natural mancia; queremos introducir el gas en nuestras ciudades, y casi todos nuestros
de los tristes acontecimientos que le han educado". El indio es susceptible de compatriotas se alumbran conocote;queremos extender nuestro comercio y no hay
civilización —su ángulo facial es tan extenso com o el d e los eu rop eos — y la consumidores.37)
clave es educarlo como a los blancos.35Su desdichada situación no debe con
tinuar por una razón primordial: es un obstáculo a la homogeneidad del Y no es que el Conde de Heras haya sido hombre de veleidades socializantes.
país, al establecimiento de creencias y propósitos comunes y, por lo tanto, no Todo lo contrario; a pesar de su desliz aristocrático, su ferviente fe en el lais
permite que México aspire "al rango de nación, propiamente dicha". Porque, sez-faire nunca estuvo en tela de duda. Se trata, simplemente, del sentido
"¿qué analogía existe en México entre el blanco y el indio?": común de un hombre a quien sus tendencias elitistas no le impidieron ver las
trabas que se oponían a la gestación de una nación social y étnicamente
El primero habla castellano y francés; el segundo tiene más de cien idiomas dife viable. Su razonamiento es claro. Si el país, como tal, ha de progresar, es
rentes en que da a conocer sus ideas. El blanco es católico, o indiferente; el indio es men ester "de sind ian izar " a los indios. Que olviden su idioma, su religión,
idólatra. El blanco es propietario, el indio proletario. El blanco es rico; el indio po su propiedad comunal; que adopten, en suma, la cultura del criollo. "Sólo de
bre, miserable. Los descendientes de los españoles están al alcance de todos los este modo perderán sus preocupaciones, y formarán con los blancos una
conocimientos del siglo, y de todos los descubrimientos científicos; el indio todo lo masa ho mogénea, una nación verdadera."3 8
ignora. El blanco viste conforme a los figurines de París y usa las más ricas telas; el Ahora bien; hasta aquí nada implica la necesidad del mestizaje. De los
indio anda casi desnudo. El blanco vive en las ciudades en magníficas casas; el in- argumentos esgrimidos se podría deducir que la meta es un país con unifor
10 está aislado en los campos, y su habitación son miserables chozas. Éste es el
midad cultural, lo cual desde luego no excluye la diversidad racial. Mas para
0 0 0 i j 16Presen*a México: ¡con razón dijo Humboldt que era el país de la desi- su autor existe un grave escollo: el indio educado sería peor que el ignorante,
®ua. ,a u ^°S Pue^ os diferentes en el mismo terreno; pero lo que es peor, dos porque su rencor contra el blanco tendría mejores medios de venganza. ¿Qué
pueblos hasta cierto punto enemigos.36
hacer entonces con la población indígena? Destruirla sería inhumano, y el
sólo pensarlo le hace "palidecer de espanto". No, lo que hay que hacer es
xicam^nrTpc* escisit>^ ^ a *a concomitante fa lta de co he sió n pa trió tica :I me - emprender la titánica tarea de vencer su proverbial terquedad y acercar al
extranjero el que pac^que ^l p a lf ° ^ e" ° ^ fenÍ d° qUB S6r U" eÍérdt° indio a l nivel de educ ación del blanco, a fin de que éste lo vea como su igua .
De ese m odo se facilitaría la fusión racia l, en la que tarde o temprano os
del Méxic^derimrfnA^faClr-Un cuaclro más vivido de la realidad sociorracial indígen as serían diluidos por una adecuada inmigración europea, len u
caso 1 r ; ei deFrandsc° pimentei « * típ¡co cado , el mestizo resultante no heredaría lo s vicios sino las virtu es e sus
la Guerra de Castas en Y n° P° r aS lnsurrecciones indígen as en Sono ra y proge nitores . Y, lo que es mucho más import ante, la mezcla no so se
Lastas «n Yucatán, encuentra en la presencia del jano étnico ¿ entre blanc os e indios sino también entré blancos y mestizos que y3__
mayoría—, con lo cual se garantizaría que la población
í ¡a5 e Eranosco Sosa. "Notoc ia preliminar . Vida y dualmente "blanqueada". Así, "la raza mixta [...] sena una
r.,p p v a Pimenld, Ofres complots (Tipografía Económica,
y *" ** *® * sc** * ta actitud de tos indÉaTarute? ^ también mestizófilo, aunque sus áón;desp ués de poco tiempo todos llegarían a , p
«f . pp- xuvcjv.
°p mesáz^e son tan denigrantes como infusos,
francisco rimenW, More™ « r_ san do que entr e las caracte rísticas heredadas por esa pIXV
2U« U * M¿m° 5 maln * nwniúrt* 1“r ha" or'gi”* t o I* silmáán actual de la raza colarse la obstinación indígena, lo que podna pro
pp 217.21fi <mPTO1U d' ^ r a d e y Escalante, México. 1 8« ), RP
37 Ibid., p. 219.
5* Ibid,, pp 226.
„ LOS ORIGENES DE LA CORRIENTE MESTIZÓFILA
2o LOS ORÍGENES DE LA CORRIENTE MESTIZÓFILA
. . , "transición", don Francisco dec ide hac er la
longa ción del per‘° f difícil, habic|a cuen ta de que el he cho de 1.4. V icente R iva P ala cio : el contrato racial

^ « ^ - d e p e n d e n c ia prueba que es m uy fuerte; la


Veinte anos después de publicada la Memoria de Pimentel se inauguró una
experimcte demuestra que es, asimismo, alegre, gastador, agudo, despejado nueva modalidad del pensamiento mestizófilo. La República había sido
X S o r gusto que el indio. Y no hace falta más p orque a fin de cuentas, restaurada, Juárez y la Reforma estaban ya en los textos escolares y el Porfi-
L L hrata de elegir entre el mestizo y el cno llc» -q ui en bene d e ante ma no riato balbuceaba por boca de Manuel González. Apareció entonces una obra
eanada la batalla— sino entre el mestizo y el indio, lo cual lleva a una obvia que no tardaría en ser considerada, sin lugar a dudas, la historia nacional
decisión- "El mestizo puede corregirse con sólo que se le modere por medio clásica: México a través de los siglos (1884). El responsable de tal opas magnum y
de una saludable disciplina; pero ¿dónde encontraremos un tónico lo bas autor del segundo de sus tomos fue Vicente Riva Palacio (1832-1896), insigne
tante activo para elevar al indio a la vida civi lizad a? ss militar, político y hombre de letras capitalino heredero del abolengo meshzo
Es interesante notar las influencias intelectuales de Pim entel. Pa ra resalta r de Vicente Guerrero, su abuelo materno.
la importancia del papel de la educación en los indios se basa en Clavijero y Su carrera fue polifacética a cual más. Los estudios que realizó en el Cole
Humboldt, y cita a Alamán para apoyar su rechazo del determinismo gio de San Gregorio y en el Instituto Literario de Toluca durante la guber-
ambiental y de las teorías racistas. Ni el medio ni la raza, sostiene, pueden natura de su padre en el estado de México no impidieron que, tras de una
frenar la acción de leyes, capaces de modificar cualq uier c om po rtam ien to h u brillante carrera en la milicia, el abogado don Vicente se transformara en el
mano. Pero esta suerte de voluntarismo, evidentem ente, no em bon a m uy bien general Riva Palacio. Jefe del Estado Mayor de González Ortega y líder gue
con su obsesión por la inmigración europea como fuente d e m uta ció n g ené ti rrillero contra la intervención francesa en apoyo de Zaragoza, a la muerte de
ca. Por otra parte, demuestra la factibilidad del mestizaje amparado en un Arteaga se convirtió en general en jefe del Ejército del Centro, y contó entre
hecho que contradice su confianza en la omnipotencia de la legislación. De sus acc iones militares contra el Imperio el sitio y la toma de Tol uca y de Zit.i-
que el mestizaje es posible dan fe los cua tro m illones de mes tizos que , a duce , cuaro y su participación en el sitio de Querétaro. Igualmente exitosa fue su
hay en el país; cabe entonces preguntar: ¿de qué s irviero n las leyes de segre trayectoria política, que incluyó tres diputaciones —empezando con una
gación? Ésta y otras preguntas deja sin responder Pimentel. curul suplente en el Constituyente de 1856—, dos gubematuras —México y
Pao ninguna de Us ambigüedades presentes en sus consideraciones sobre Michoacán durante la intervención— y una secretaría de estado —Fomento
!ü!i in£*ios y *os mest'zos detiene la conclusión de su estudio. Después de en el primer gobierno porfirista, en el que por cierto erigió la estatua de
todo, su interés primordial no está en ellos, sino en el albo futuro de su Méx i Cuauhtémoc en la ciudad de México—. Estuvo a punto de ganarle a José
co cnollo. "Queremos", afirma, María Iglesias la presidencia de la Suprema Corte de Justicia y pudo haberle
ganado al mismo Porfirio Díaz la de la República, lo cual provocó su exilio
que el nombre de raza desaparezca de entre nosotros, no sólo de derechodesino como Ministro de México en Madrid, donde habría de morir. Su combativi
irm-uó <ju®remos 9“®en e' país nohaya más que unas mismas costumbres, e dad lo llevó a frecuen tar la cárcel, a la que lo enviaron desd e Zuloaga y Mira-
.guales interesesYa hemos indicado el medio
: lainmigración. món hasta Manuel González, y precisamente en la de Santiago Tlaltelolco
escribió la obra histórica en que plasmó sus ideas sobre el mestizaje. Su arma
favorita fue el periodismo satírico, y sus ataques al gobierno de Sebastián
claro que los "iv íaí00^ !' 3 00 * Puede acusar a Pi mentel. Que da bastante Lerdo de Tejada en el periódico El Ahuizote hicieron época. En las letras prác
«?yq q“ d que pr0pone imP,antar son los de los crio- ticamente no dejó género sin cultivar; escribió drama y comedia, poesía y
Como en sus predecesores^¿iT6 desaParecería no sería el de los blancos, cuento, y se le considera fundador de la novela romántica de tema y am
realidad, un criollo disfrazad * nae^ zo^l'a es relativa. Su me stizo es, en biente coloniales. Perteneció a la Sociedad de Geografía y Estadística, a ia de
la población de color. El viejo’d ^ t t e a° h* Tr0>^ c aucásic0 d iriB»d° contra Historia Natural y a varias asociaciones intelectuales extranjeras, y llego a
de cometer —vajea U na r31 ¡^ eSeo ° e aca^ar caritativam ente co n los indi os,
en una
una íAm...u.
fórmula..i P. Ia un genocidio hum anitario, crista liza al fin presidir el Liceo Hida lgo.41 , . . ,
El en foq ue que el mesti zo Vicente Riva Palacio da al mestizaje i iere un
culmina una labor de variafoerü'0 ve^ cu*° P31^ criollizarlos. De ese modi damentalmente del de su coetáneo criollo Pimentel. Más que una me amor
un ciclo de la corriente en pro del ^ ^ J ^ e Pranc‘sco Pimentel cierra a sí todi
fosis del
nacion indio,propia.
alidad R iva Palacio
Para él, quiere la creación
la Colonia inicia e de un pue o que
l cruzamiento urlic°ha
’ de
!r le-

41Sobre la vida y obra de Riva Palacio, puede verse >psh. |,bro se conside-
°P- a <. pp. 231-237. g°", en Vicente Riva Palacio, Los cuentos del General
(Porrea, México, es
rarpor cierto, lo mejor de su obra narrativa.
LOS ORIGENES D E LA CORRIENTE M ESTIZÓ FIU LOS ORÍGENES DE LA CORRIENTE MESTTZÓFILA
, . .. ■ nueva raza para form ar la naci onal ida d mex i-
var aJ a ión de España se logra gracias al avan ce de la fusión más equitativo , se convierte en un verdad»™ ,. .
S teXtT va de independencia", sostie ne,' era fru ctu os a mien tras fuer za ant ropo lóg ica . Y, lo más importante en élT a ^ a re a T w ™ 3 T”
^cruzamiento de razas no produjese un pueblo nuevo, exclusivamente me- marión recae en ambas partes, que ceden su Existencia a un tercero E^pacto
x míose explica por el hecho de que en tanto ha ya en un p aís d istintos se convi erte asi, inusita dame nte, en una especie de contrato ranal « P
Z Z étnicos, no puede existir un a lma na cio na , puesto q ue a ello s e opo ne
El instrumental analítico de Riva Palacio es claramente de
mar ca: ev oluci onismo . Lo s de Darwm y Haeckel son los n o m b ré “
iTdistmta "idiosincrasia de raza", contra la cual todo esfuerzo educacional
es ooco menos que inútil. "Los hombres sienten y piensan y cre en y quieren, Spencer es la referencia tanta. Pero el suyo es un caso más complicado dé lo
que parece. Don Vicente representa al intelectual de transición entre el libe
no sólo según su particular org anismo, sino según la raza a que perte nece n", ralismo dieciochesco y el positivismo decimonónico, que deja renuentemente
por lo que para alcanzar la armonía y la fortaleza que da la cohesión patrióti a un lad o lo que co nsidera el santo y noble principio de la fraternidad uni
ca es imprescindible que los individuos de una sociedad estén sujetos "a las versal'' para internarse en la selva del darwinismo social. De ahí su krausis-
mismas vicisitudes morfológicas y funcionales" y "a los mismos peligros mo y su ambiv alenc ia pa ra con la postura antirracista de Renán45 y de ahí
epidémicos", es decir, que sean de la misma raza. En el caso de México, la ho- también su contradictorio desempeño en lo que pronto sería la doctrina ofi
mogeneización racial se lleva a cabo a través de las modificaciones que el cial del porfirismo. Por ello, poco queda de su argumentación en favor del
indio —absolutamente carente de "preponderancia de transmisión"— hace mestizaje tras su innecesaria caída en el pantanoso terreno de la genética. Si
lentamente a la raza española, que por el momento domina en el mestizo. la raza in dígen a "c arece absolutam ente" de "prepond erancia de transmisión",
Esas modificaciones, "acentuándose más y más llegarán a formar, con el ¿de qué sirve en el mestizaje el "progreso corporal" de los indios? Algo simi
transcurso de uno o dos siglos, el verdadero mexicano, el mexicano del por lar ocurre con su manejo, siempre subrepticio, de la cuestión cultural. Todo
venir, tan diverso del español y del indio como el italiano del alemán".42 parece indicar que, para el General, el mestizaje obedece a un imperativo de
Como
indios sonsemexicanos
ve, el prurito desensu,
stricto Riva Palacio es parecen
porque se la diferenciación. Ni criollos
a los españoles ni
y a los divergencia,
mente a la
distinto ideademás
a los de que
no un conglomerado
justifica humano
su existencia comoque no sea
nación. Estaétnica
idea,
antiguos aztecas o mayas. Por primera vez se hace una vinculación explícita que más que del nacionalismo romántico alemán le viene —como en menor
entre mestizaje y mexicanidad que otorga al mestizo la exclusiva de la medida a Pimentel— de la observación estereotipada de las nacionalidades
nacionalidad mexicana. El razonamiento implícito es revelador. ¿Qué razón europeas y de la creencia en el instinto racial, lo lleva a pasar por alto o al
de ser tendría México si estuviera destinado a albergar seres que no se sien menos a subestimar el papel igualador-diversificador de la cultura. Nada
ten extraños en Europa o en alguna reserva ción^ ^ Italia es para los italiano s dice al respecto, y no parece cuestionar en lo absoluto el prospecto de un
y Alemania para los alemanes, México es para los me stizos. Ellos s on los úni mestizo culturalmente europeizado, indistinguible en ese sentido de sus ex
cos que pueden sentirlo como una patri^Jaorque nadie más puede amos. Podría suponerse en su defensa que de acuerdo con su teoría la con
distinguirse de los hab itantes de España y del Anáh uac, nacio nes alejada s de formación de una nueva raza traería como consecuencia la creación de una
la mexicana respectivamente en virtud del espacio y del tiempo. nuev a cu ltur a, p ero a decir verd ad su exposición no ayuda mucho a la causa.
El criterio de distinción, desde luego, sigue siendo puramente racial. De Donde Riva Palacio se luce es en su novedosa interpretación histórica. Se
hecho, en ello estriba la aportación del elemento prehispánico, que según gún ésta, mientras que a fines del siglo xvi los indios disminuían en número
Riva Palacio no tiene mucho que ofrecer al mestizo desde el punto de vista debido a las epidemias y al maltrato y los españoles se reproducían con nor
cultural. Antropológicamente, en cambio, y "juzgada conforme a los princi malidad, "los hombres de casta se multiplicaban rápidamente, comenzando
pios e a escuela evolucionista", la raza indígena supe ra a la europe a, a senti rse e ntre s í unid os po r vínculos de desgra cia y de esperanza, orman
tiusten vanas pruebas del gran "progreso corporal" del indio: la ausencia de do el n úcl eo de la futura nacion alidad ". Esta multiplicación se acentúa a Por
.. d ,es aPen<rices cutáneos" que cubren varias partes del cue rpo de los el deseo de las mujeres de la "raza vencida" de evitar la esclavitud de su des
v Dresr inHo^ ?caon Jf den tadura, que sustituye un canino por un molar cendencia. Pero los españoles detestaban a los mestizos, porque es
rario" en la níem a ¡“jHo, 'a prese ncia de un músculo "sup em um e-
zaje. La mezcla nn 6 °S otor¡:ues‘U He aquí una nueva co ncep ción de l mesti- eran el germen poderoso de un pueblo nuevo “ ^¡üñptónd ose
ficia
^ de la suDerinnH^01^
** S? ° a* *nc*io'
ad evoluhva sino ro.
del prime también
El tratoal propu
criollo,esto
qu esesevuelve
b ene- con
tildesel ytranscurso
víaos de las
de razas
los años,
diversas
llegarían
a,l me"es
a adquirir
d , tadiSpU
P table derecho de su
de una mayor capacidad de
1521 a 1808", enMüi co*a trm¡¿¡ de 13 dominación española en México desde 44 En la obra se concede también a los españoles la aportad
. ° A *. P . 472 Vafe ’ «8 4), L a, pp. 47W 72.
toeníe americano. 00 creÍ3 que la raza indígena era srcinaria del con-
adaptación.Véase op. cit., pp. 479-480.
45 foid ., p. 471.
LOSORIGENES DE LA CORRIENTE MESTIZÓFILA
LOS ORIGEN ES DE LA CORRIENTE MESTIZÓFILA 33
autonomí a forma ndo una nueva racionalidad en aquel tem ton o q ue tan tas razas
Góngora para no sentirse "raza inferior",48 ello tal vez se debe a que su
se habían Arrebatado unas a las otras, y que por su pos.crón geografica y por sus
elementos naturales estaba destinado a ser el asiento de una nación importante en
autor no experimenta ningún rechazo por el criollaje, con el cual departe
sucesivam ente en la élite del México liberal y de l Porfiriato. Mas su afinidad
el confinen te americano. ideológica con la intelectualidad criolla de la Reforma no se interpone en el
Y como los españoles "reconocían y confesaban que su inteligencia era camino de la exaltación del mestizo. El criollo podrá ser un buen aliado,
pero es el mestizo, y nadie más, el depositario de la auténtica nacionalidad
notable, y muy grande su aptit ud para las ciencias y las ar tes" , lo s m argin a
mexicana.
ban y hacían lo posible por cerrarles el paso. Por ello los integrantes de la
raza híbrida
1.5. Justo Sierra : el mestizó se vuelve burgués
resultaron astutos, porque comprendieron que solamente a fuerza de astucia
podrían abrirse paso en aquella sociedad compuesta por dos razas antagonistas
por naturaleza, y cada una de las cuales veía en los mestizos, no a una parte de su Sólo cinco años transcurrieron entre la publicación de México a través de los
sangre, sino al representante de la parte contraria [... ] siglos y la obra que continuaría ¡a corriente del pensamie nto meslizófilo. Ya
entrado el Porfiriato, apareció en ios primeros números de la Revista Nacional
•No debe, pues, sorprender que los mestizos hayan sido audaces, intrigante de Letras y Ciencias un ensayo titulado "México social y político" (1889), el
y poco confiables para el gobierno virreinal. Y más explicable aún es el hechi cual retomaba la hebra extendida por Riva Palacio. El autor era Justo Sierra
(1848-1912), el gran historiador, literato y educador campechano, nieto del
de queen"no
lucha dejaron
la cual de pensareizaban"
se "homogen nunca en independizarse
c on los cr iollo s.46de la metrópoli", uní cacique independentista criollo de la península yucateca Santiago Méndez, e
hjjo del recién nombrado representante del gobierno separatista de Yucatán
La vindicación del mestizo es, junto con el enfoque histórico de su sitúa en Washington, el jurista Justo Sierra O'Reilly.
ción, la gran contribución de Riva Palacio. En forma escueta y casi furtiva Nacido en medio de la invasión norteamericana y la Guerra de Castas,
don Vicente pergeña una interpretación étnica de la historia de México en 1¡ Sierra pasó sus primeros años en Campeche y Mérida y luego se trasladó a la
que el nuevo protagonista es el héroe. El mestizaje abandona su carácter di ciudad de México, donde ingresó al Colegio de San Ildefonso para recibirse
estratagema criolla para convertirse en fenómeno con vida propia. El mestizi poco después de abogado. Su precoz fama como escritor se inició gracias a
ya no es un medio sino un fin; es un ser que se vuelve deseable no por su cer Altamirano, quien lo apadrinó y le abrió las puertas de las célebres veladas
carua al blanco sino en la medida en que se asemeja a sí mismo. Y es tambiéi literarias en las que se daban cita las más grandes personalidades intelec
quien comienza a dominar la escena histórica, quien asume el papel de tuales del momento, gente de la estatura de Ramírez, Prieto, Payno y Riva
patriota libertador de un pueblo oprimido. La apología es completa; sus vi Palacio. En el primer gobierno porfirista emprendió con Telésforo García,
dos se reparten entre sus progenitores y sus virtudes se acumulan en él: Francisco G. Cosmes y Santiago Sierra la publicación de La Libertad, diario
"liberal-conservador" que reflejaba su versatilidad política y en el que, tras
La violenta organización y las condidones históricas de la Colonia habían produd expiar sus pecados decembristas, se pronunció abiertamente en favor de un
do aquellos defectos en el carácter moral de los habitantes de la Nueva España gobierno fuerte de "orden y progreso". Al término de esa Administración fue
pero vivían y germinaban las virtudes nacionales de las razas y el patriotismo d' elegido diputado suplente por Sinaloa al Congreso de la Unión, actividad
,e 6 uau*'|^moc se almacenaba en los corazones de la nueva po blación,; que ejerció sin abandonar sus clases de Historia en la Escuela Nacional Pre
nrrolfh.ntaf a^i la
presentantes ? a^ne8aci°n Y Ia caballerosidad romanesca iban ten iendo sus re
nueva raza.»7 paratoria. Su postura doctrinal estaba para entonces definida; en su polémica
con José M aná Vigíl represe ntó la posición del surgente grupo "científico" en
contra de los liberales de la vieja guardia. Fue sucesivamente ministro de la
sino a^título'npr^TU^c m resPuesta a Ia cuestión indígena, com o Pim entel Suprema Corte de Justicia y subsecretario y secretario de Instrucción Pública
proyecdón desu nmn SUmterPreta ción histórica el mestizo es, quizá, un; y Bellas Artes en la última década del Porfiriato, al fin de la cual fundó la
en la Independencia vc o'r m ^ 11C° m° heredero del patriotism o de G uerrerc Universidad Nacional. Al triunfo de la revolución maderista fue nombrado
la República. Si en tafanáT° fiKura señera en la lucha por la restauración d< ministro de México en Madrid, donde murió. Su espléndida obra abarca
total independenda tenida ” mestiz<3 novohisp ano no alcanza todav ía st prácticamente todo el espectro de las letras; como historiador alcanzó espe
canonización de Sari Felino a° Sue.Pedir prestados los trofeos crio llos de 1; cial relevancia con su Evolución política del pueblo mexicano(1910), que consti
pe e Jesus o de los éxitos de Carlos d e Sigüe nza ) tuye un parteaguas en la historiografía nacional. Su fama intelectual

48lbid.r pp. 667-669-


M W o«CI NE5l* W OW ^M I 5TI 2Cni >
LOS ORÍGENES LA
d eCORRIENTE MESTIZÓFILA 35
, v su epistolari o incluyó nom bres del cali-
trascendió las fronteras de * " * p„ sentante de la incipiente clase media porfiriana de la que él como intelectual
bre de VíctorHugo Y ^desíenT^los indios viven envina "pasividad y político forma parte. Si entre los antepasados de Sierra existen indígenas o
i n c ^ í b i d a a la op^sidn y al '^temalismo espartóles. Éste es un pro no es ¡¡relevante; su posición ideológica y social suple cualquier deficiencia
sanguínea. No en balde se indigna ante los epítetos denigrantes que "sabios
blema colectivo. extranjeros" como Gustave Le Bon dirigen a la raza híbrida recreando "la
Suele alguna individualidad poderosa surgir de improviso de esta inactiva y um- profecía de nuestra incurable impotencia" que provoca "el pesimismo
forme masa social, como para demostrarde qué vrgoren lo resortes morales es nacional". Como un siglo atrás lo hicieron los patriotas criollos en contra de
a ^ z todavía; pero esa individualidad vive y progresa en otro medio: el mundo Buffon et al., Sierra asume ahora la defensa de lo mexicano. Historia en ristre,
indígena permanece quieto, monótono, mudo. recuerda que la Independencia y la Reforma fueron "actos de inmensa
energía de la raza bastarda de México". "El hombre más enérgico que haya
El de la raza indígena no es, empero, más que "un problema de nutrición y aparecido en nuestros breves y trágicos anales", añade contundente, es José
educación". Su alimentación hace al indio "un buen sufridor", pero le resta María Morelos, el gran mestizo." La diatriba, pues, es refutada.51
creatividad; copia y se asimila, pero no mejora su situación. Mas no hay que Pero las cosas no quedan ahí. Don Justo no se detiene hasta sentar un
alarmarse porque, en efecto, "el problema es fisiológico y pedagógico: precedente trascendental en el pensamiento mestizófilo: la violación del fue
ro de los criollos, a quienes acusa de conservadores y, como teles, traidores a
que coman más carne y menos chile, que aprendan los resultados útiles y la Patria. Amortiguando el golpe con su guante sociológico, se refiere a los
prácticos de la ciencia, y los indios se transformarán: he aquí toda la cues "criollos ricos", quienes
tión". De hecho, muchos de ellos ya se han "tran sform ado" :

Se han transformado en n osotros, en los mestizos [... ]; hoy, la m estiza con stituye la { han
dad constituido una clase
radical del pueblo pü siva,X'n
mexicano donde el dogma
para gobernarse políticoy ha
a sí mismo sido l a incapaci
la necesidad de
familia mexicana, propiamente dicha, con un tipo especial y general a un tiempo, una intervención, yi n donde el amor por la pat ria mexicana es, cuando existe, un
cada día más marcado; la población mestiza confina por un extremo con los indi sentimiento de vanidad, no un afect o activo y profundo ^
gnas, cuyas costumbres y hábitos conserva, y por otro con los elementos exóticos,
blancos sobre todo. Mas con todo y guante, el tabú queda rgtfl^Los criollos ricos forman una
"seudoaristocracia sin raíces en el pasadoj^ue se dedicó a gastar sus rentes
Por eso, porque es susceptible de transformación, el he cho de qu e el indio nc en los centros de placer de Europa y que se ha visto "disminuida por la mez
practique "el maltusianismo" derivará probablemente —en una época er cla" y "reempjazada por elementos blancos de otra procedencia y otras
que gobernar es poblar", cabe añadir— en "un bien en todos s en tid os ". L¿ aspiraciones"0\ esa "clase pasiva" México no le debe nada? La transforma
alimentación, la educación y, sobre todo, el mestizaje, harán el resto. E ción del indígena, en cambio, "traerá consigo la fuerza y la grandeza para
desafío está claro: "el pueblo terrígeno es un pueblo sentado; hay que poner nuestro país, porque una raza entera habrá ascendido entonces a la civi
o en pie . Y no será difícil lograrlo, porque la rápida abs orción d e ra zas per lización". Más aún, todo el progreso alcanzado se debe a los mestizos o
.e 7 ? el tiempo no muy lejano en que el mexi cano (en el sentidc "neomexicanos", quienes han sido históricamente los patriotas y los
socia! de la palabra) formará la casi totalidad de los habitantes".“ demócratas:
mucho nnrTat qUf í’ierra' a diferencia de Pime ntel, no se preoc up; La familia mestiza, llamada a absorber en su seno a los elementos que la engen
Tfo stón e st p Un Ki6 ^ eStlZaÍe' C° m0 Riva Pa,aci0' da « s i Por hecho q u< draron, a pesar de errores y vicios que su juventud y su falta de educación expli
cepfo del m ¿ S t (Pe£ en contraste con sus dos predecesores, su con can de sobra, ha constituido el factor dinámico en nuestra historia (...].
sí mismo dentro de fa rrú liT m eT s,?aol ógi«>- La categ órica inclusi ón d(
hábitos" indígenas que qU6 'e atribu ye "co stu mb res 3 Gracias a esa "familia" y a nadie más, "la nacionalidad mexicana fará da se"
que no le eraí en absnlutñ " I I a u de Poseer y "eleme ntos" blanco; en un futuro no muy lejano. Y para acelerar ese proceso y estar pronto en
sa. Racialmente, el mestizo es el fod’' ^ Y clasiflcaci6n aún ^ engaño posibilidad de saldar la deuda de los "neomexicanos" ("que ahora gober
seguramente una inquietud que rw he^ T^ 0^ 0' qU6 para él conSht uy‘ namosunelsiglo"),
hace país") es
para con los
preciso indiosla("nuestros
"activar hermanosinmigración
mezcla" mediante de infortunio de
euro
nencias en la Guerra de Castas d SU padr e y de sus ProPias expe pea. Fomentando de ese modo el mestizaje se resolverán los problemas
“ ‘as- Socialmente, el mestizo parece ser el repre

Yiftoz- D
' on i“510 fierra.Su vida, su
: 51 Ibid., pp. 128-130.
*"" • «W ypoh W * & £ ^ Míxico- L PP-9-218.
di., I. Dt, pp. 126-128.
I A CORRI ENTE MESTIZÒH LA
36 LOS ORIGENES DE
todo, el "problema supremo de la naciona I3DS ORIGENES DE LA CORRIENTE MEST1ZÓFILA 37
socioeconómicos del país y, sobre
lidad''.52
1.6. El.México rasinviSTA-
i .a iroría vs. l a praxis 54
biológico de )usto Sierra no puede divorciarse de
Como se ve, el análisis el )'dudarlo, el del intelectual porfiristn que ha I a generación que en el siglo xx coronaría la corriente mestizófila creció y se
la cuestión ¡ ^ ucsa y vieja formó en el l'oríiriato. En él encontró, paradójicamente, su freno y su impul
adquirido sercmo ntan hasta el inicio de la Co- so. Por un lado, se enfrentó a la era de la xenofilia institucionalizada, de la
aristocracia rratenu
Abad y Queipo, pugna por el surgimiento de una clase media de obsesión por la inmigración europea, del desprecio social por el "lastre indí
¡^ueñrp0ropttnos“mSzosT pero su mira apunta más alto, hacia la in- gena" y de la voluntad política de destruirlo por la fuerza de las armas; a los
dStrialización que consolide la preeminencia de los centros urbanos, coto de tiempos, en suma, en que el paradigma social era el afrancesa.miento ver
los "neomexicanos" Apoyándose selectivamente en R icard o y e n M ili, y re sallesco y el triunfo militar la aniquilación de yaquis y mayas. Pero por otra
chazando de su admirado Spencer el axioma de la inac ció n b ené vo la del parte, se halló montada en el punto más alto de la curva ascendente que en la
Estado", lleva a cabo un examen de "los tres factores económicos por exce segunda mitad del xix trazó el pensamiento mestizófilo; en una época en que
lencia" —la naturaleza, el trabajo y el capital—, en el que juega con los con el medio intelectual, acicateado por la imagen de los grandes hombres de
bronce de la Reforma y por la del nuevo dictador mestizo, volvía los ojos al
ceptos de raza y clase.53 pasado prehispánico y empezaba a aceptar su realidad étnica. Así pues,
Y precisamente en ese juego residen, a un tiempo, lo positivo y lo negativo
del análisis Porque si bien es un acierto superar el mo nism o é tni co de su s aunque su praxis lo desmintiera, el Estado porfirista sentaba las bases teóri
cas del indigenismo y del auge de la corriente pro-mestiza a través de aque
predecesores y correlacionar la problemática racial con los factores sociales, llos miembros de su intclligentsia que evitaron contaminarse con las teorías
no lo es el cruzar indiscriminadamente la frontera entre las d os vari able s, por racistas europeas al ad aptarlas a su conven iencia.55
inseparables que sean
teoría evolucionista, en Sierra
Justo el casosabe
de México. Como buenindustriales
que las sociedades partidario de
de la Un síntoma
mirano inequívoco
a crear una demexicana,
literatura lo anteriorque
fueprivilegiaba
la respuestaun
al llamado de Alta-
género que pese
Europa no padecieron la heterogeneidad étnica latin oam erica na, cuya errad i a su tardía aparición —si se considera El periquillo santienlo la obra pionera—
cación considera un paso previo y conducente a la etap a de ind ustr ializ ació n se constituyó en puntal de la cultura nacionalista: la novela. En la bibliografía
que ya estaba avanzada en aquéllas. Se trata entonces de prestar atención a narrativa de la época puede apreciarse la revaloración de las raíces indígenas
dos puntos en una misma agenda, que en ocasiones son indebidamente con y de la verdad racial de México. Y la tendencia no se quedó en los libros; du
fundidos. El hecho de que los indios —pese a ser redimibles comiendo "más rante el último decenio del siglo la prensa reflejó las mismas inquietudes.56
carne y menos chile y educándose mejor— vayan a tran sfor ma rse en mes ti Eran tiempos, pues, de nacionalismo teórico y malinchismo práctico.
zos, no garantiza su urbanización ni mucho menos su ascenso en la escala Esa ambigüedad d el Porfiriato tuvo m ucho que ver con su doctrina oficial.
social. A la inversa, el desarrollo de la burguesía tampoco otorga un sal Inaugurado por Barreda en 1867, el positivismo57 recuperó para Francia al
voconducto a la síntesis racial. México que Napoleón III había perdido. Comte logró lo que Maximiliano
En México existe, es verdad, una íntima relación entre el color de la piel y nunca pud o obtener: la total adhesión de los liberales, es decir, del grupo que
absórho r°C1f ^ er° si ^ mestizaje y la industrializ ación e stán destina dos a descorría el velo de la historia mexicana. Pero la dinastía comtiana no pudo
ser eterna; un nuevo rival apareció pronto disputando el cetro positivista,
entrrnspn tac n ° Sa Uf ^a^¡tan tes' será n "n eom exica no s" tam bié n quien es esta vez procedente de Inglaterra. En efecto, la doctrina de Spencer fue des
de DroDoner I*/5 3 Pr0j etan2ac'ón. Y finalm ente, qu eda la inc on gru enc ia plazando gradualmente a los comtistas, infiltrándose hasta en su propio
necesidad hav .“Un!gracion e“ r0Pea como catal izad or de l m est iza je. ¿ Qué feudo. En 1877, la Asociación Metodófila Gabino Barreda realizó un debate
fi- T t p « í X h " la "fr üa mestiza" se ha mos tr ad o ta n p rolí- sobre el darwinismo —cuya versión sociológica representó la base del evolu
"pesimismo nacional" n \ ^ 3 propuesta un trasfondo de este nefast o cionismo spenceriano— sólo para corroborar que, con la notable excepción
tencia"? Justo Sierra ü UCt|° de *a P1”0 ^ 13 de nuestra in cu rab le impo- de su epónimo, dicha teoría gozaba de una gran aceptación entre sus miem-
aportación - q ue va es ba^anl3"^ 3 ,eSUs Pregunta s- El nu do detie ne su
guíente generación el deshacerfiT 3 3 corriente me stizóf ila. T ocar á a la si- 54 Véase, por ejemplo, Moisés González Navarro, "El Porfirialo-vida social", en Historia mo
difícil madeja. vy 'continuar en la tarea de desenredar
‘ la derna de México punto
55 Sobre este(Ed. Hermes,
véaseMéxico,
Martin 1957), csp."tndigenism
S. Stabb, pp. 134-184.and Racism in Mcxican thought:
1857-1911", en Journal o f Inter-American Studies (Washington, enero de 1959), pp. 405-423.
56 Véase Juan Gómez Quillones, Porfirio Díaz, los intelectuales y la Revolución (ed. El Caballito,
México, 1981), pp- 61-83 y 130-134.
«’“hpp. 130-133,140,148 y 167. 57 El término "positivismo" será empleado, a lo largo de este estudio, en su acepción genéri
Sierra, op.ni._pp i31_ls i' ca, qu e engloba las escuelas comtiana y spenceriana.
LOS ORI GENES DE LA CORRIENTE MESTIZ ÓFILA
38 LOS ORIGENES DE LA CORRIENTE MESTIZÓFILA 39
, u oposic ión de Barreda a la política porf irista
bros.58 Un año más tunde, P dg embajacja en Berlín; era el fin de la su- hay que prolongarle caritativamente la existencia "durante el mayor tiempo
pmvocabasu desherró ^ ^ ^ década previa a |a Revolución posible , pero teniendo en cuenta la advertencia de Spencer de que una
premacia comhsta. 4 . ._n Ara„ón se aferrarían a su cred o desd e sociedad que conserva de manera artificial a sus miembros más débiles está
cómban os ortodoxo gu mayoría de los intele ctuale s porfiria- condenada a la extinción. Sobre la mayoría mestizo-criolla no hay para el
138 S e s d e t ie l o a i* danvinistas so ciales.» El in fluye nte grupo de l os neogachupín motivo de alarma: "intelectual y moralmente hablando, somos
españoles , un tanto modificados por el medio".6 2
rientíficos, que tanta ascendencia tuvo en la dictad ura d e Día z est ab a fo r
a d o fundamentalmente por políhcos de ese corte Y aun que todo ind.ca Lo sorprendente del exabrupto de Cosmes no es tanto su españolismo
trasnochado cuanto la reacción que motivó. Polemistas del fuste de Ezequiel
aue la doctrina spenceriana es, como se vera más adelante, menos idónea aún
Cháv ez, Del Toro y Justo Sierra contestaron indignad os, extendiendo la con
que la comdsta para defender la mestizof ilia, resulta signi ficat ivo ob ser va r que troversia a las imprentas de El Monitor Republicano, El siglo XIX, El Diario del
hasta uno de los más fervientes admiradores de la ley selvática del darwi- Hogar y otros periódicos. La respuesta se cifró básicamente en defender la
nismo social como Limantour llega a encomiar el mestizaje mexicano.60 Sin herencia prehispánica y en refutar la exclusividad de lo hispánico en la nacio
duda, la adaptabilidad del nuevo grupo positivista porfiriano era considera nalidad mexicana. Mas el alud de críticas que se precipitó sobre quien creyó
ble. De todo había en la viña del señor don Porfirio. hacer una gran concesión al llamar a Cuauhtémoc "heroico salvaje" repre
La mejor muestra tanto de esa variedad como de la tendencia predomi senta el mejor síntoma del alto grado de aceptación de lo indígena que la in
nante es la polémica que en 1894 desencadenó Francisco G. Cosmes. Este po telectualidad porfirista, contra lo que generalmente se supone, había alcanza
sitivista egresado de la redacción de LaLibertad, ardiente promotor de la tes is do. Salvo Telésforo García, quien prologó la compilación de artículos de su
de la "tiranía honrad a",61 armó sonora escandalera cu ando en una serie de compañero de lides pro tiránicas, pocos se atrevieron a apoyar a Cosmes. Y
otorgó a Hernán Cortés la García —por cierto español de nacimiento— lo hace con tan mal tino que a
artículos
paternidad iniciada
de la en el periódicoy El
mexicanidad Partido Liberal
a Cuauhtémoc tanta nacionalidad mexicana tres lustros de la Revolución mexicana habla de "un indigenismo bien muer
como a Sócrates. El caso es digno de atención. En sus delirantes colaboracio to y bien enterrado desde hace siglos en los cementerios de la historia"63 (sale
nes, Cosmes despliega una apasionada hispanofilia y un rabioso antiindi sobrando decir que cuando el movimiento revolucionario demostró que el
genismo, llegando a decir que a la civilización española "debemos los mexi indigenismo gozaba de cabal salud las credenciales de visionario de Telésfo
canos del día cuanto somos, cuanto valemos, y c uanto habre mos de ser y de ro quedaron seriamente en entredicho). En realidad, aunque la alta sociedad
valer en el porvenir", y a contrastarla con "esa fuente ex hau sta casi de nue s festejara discretamente las ocurrencias de Cosmes, México era arrastrado por
tro dudoso abolengo indígena, que, además del raquitismo cerebral y de la la corriente del creciente mestizaje, y sus mentes más dotadas empezaban a
barbarie, representa la abyección de una servidumbre incurable [...]". Obli aceptar la mitad indígena. Ser antiindigenista, como ser mestizófobo, se esta
gado a reconocer el mestizaje, sostiene sin embarg o que ba volviendo un asunto delicado. De grado o por la fuerza del debate, de
"espíritu" hispánico o no, la aprobación que el mestizo recibía lo acercaba
cada vez más al consenso.
e'f ment,OS comP°nemes de la actual nacionalidad mexicana: uno deellos Poco después, a cinco años de iniciada la polémica de marras, otro cons
M f tX rV e ln ^ '“ C10,í’ el descend,ente<por la sangre o por el espíritu, de los
1< es- picuo científico se m anifestó en favor del mestizaje. Justo Sierra había dado el
'y completamente inepto para el progreso, el indíg ena^ primer paso y ahora Francisco Bulnes, su colega de infortunio, daba el
segundo. Famoso iconoclasta y agudo tribuno, Bulnes había probado justa
mente al lado de Sierra la hiel de la impopularidad cuando en 1884 su acti
rio mamme Hnia^ e f'¡liere. lril|nfar en la lucha po r la ex iste nc ia" , es i vidad parlamentaria en favor del pago de la deuda inglesa se granjeó la ene
ñol, que afortunada mente*^ ¡nleleclll í' 1« 1y morales de srcei mistad del movimiento estudiantil encabezado por Carlos Basave y Diódoro
instintos "apenas le dan .,n*i ^ SdbrePuesto " en >« fusió n. Al in dio Batalla, que boicoteó sus clases de Ingeniería en la Escuela Nacional Prepara
lugar más elevado que el de las bestias di toria.64 Bulnes, pues, no rehuía los temas candentes, y consecuentemente
Roberto MorenoLa enlAmi*,jj .
tomó el toro por los cuernos escribiendo un libro en el que expuso su punto
Véanse m inlsnio ai México-siglo XIX (UNAM, México, 1 62 Los artículos de Cosmes fueron compilados y publicados dos ailos después Véase Francis
co G. Cosmes, La dominación ap and a y la Patria Mexicana(Imprenta del Partido Liberal, México,
Ze^Ejposnioismo enMér.cv (Fondodec M iguel Macedo y Manu el Ramos en 1877 en l
. “y é** J«* I Limantour * u i í h? ^ ^ « " ¿ m ic a , México, 1984), pp. 166-178. 1896), pp. 4,42-44 y 83-85.
d Por^tl’9011'P 63 Sobre él raciano Homestead”,enRevista Positiva (Méx « Véase*Daniel Cosío Villegas, "El Porfiriato-vida política interior", primera parte, en Histo
d Porfiaste(sepMéxico.
. 1975) científico véaseWilliam D. Raat,El pasitivism ria moderna de México ( Ed. Kermes, México, 1970), pp. 771-798
6 Sobre %is ideas, puede verse
7 ~,
^ °P pp.255-261.
„ LOS ORIGE NES DE LA CORRIENTE MEST1ZÓFILA
LOS ORÍGENES DE LA CORRIENTE MEST1ZÓ FILA 41
., . . pn ¿i amuye que existen tres razas en el
de vista sob re la cuesí!A" ^ 'DOr el cereal del que se alimen tan. D os de acentuaban. Ése era el aire que respiraba la nueva generación. Un aire enra
mundo, las cuales se disti gt F déb¡|es por no con sum ir sufic ien tes mi- recido en el que, a pesar de los pesares y movida por la ineluctable difusión
ellas, las del maíz’J . d* " t^o , en camb io, es la má s pod er os a gracias de la mezcla racial y por el pragmatismo positivista imperante, la intelli-
nerales, fósforo, etc La za ^ a , > entaci 6n Ése es el problema de América gentsi a mexicana se abría paso entre prejuicios raciales para aceptar la reali
a las bond adesn utn lad®uestjón étnica per se; |os mexica nos p ueden desa- dad étnica del país y sacarle el mayor provecho posible. Si la coexistencia de
Latina y de Méxicoy Darticuiar el mestizo es "su scep tibl e de gran civi- razas "antagónicas" había provocado la inestabilidad del periodo preporfíri-
co, el mestizo, en su calidad de elemento unificador y patriota, era el único
capaz de sacar a México del sendero de las inveteradas luchas intestinas. AI
naníraíeza! anticlerical y jacobino, progresista en una palabra. Sus defectos, menos así interpretaba las enseñanzas de sus maestros uno de los jóvenes
mmTl«w de criollos e indios, se deben en buena p arte a la inf luen cia del yu go que con más fruición seguía el devenir del pensamiento mestizófilo. Un fla
«oañol con su conservadurismo irracional. Sm embargo, la me)or manera mante escritor que comenzaba a destacarse por sus ideas progresistas.
de acabar con los problemas del país es la colonización, porque Alguien que, al paso de los años, habría de darle a la mestizofilia una exten
sión y profundidad nunca vistas, elevándola al rango de una auténtica teoría
una buena inmigración acabará por matamos, esclavizamos o nos regenerará, si globalizadora. Su nombre era Andrés Molina Enriquez.
acaso somos dignos de vivir, en virtud de ese resto de sangre celta que aún agita
nuestro corazón lacerado por arcaicos sentimientos de bárbaros corrompidos.

La solución, entonces, se encierra en dos palabras: alimentación e inmigra


ción.65
Aunque la conclusión es similar a la de Sierra, el razonamiento de Bulnes
discurre por cauces menos sociológicos que los de aquél. La biología vuelve
por sus fueros, y con ella la añoranza por una insospechada "sangre celta" y
el desprecio hacia los "bárbaros corrompidos". No obstante, lo inusitado del
caso es el hecho de que un mitófago de la estofa de d on Fran cisco acep ta, así
sea a regañadientes, lo que a l a vuelta de la esq uina habría de con vert irse en
el gran mito mexicano. El efecto que su reconocimiento de la potencialidad
del mestizo tuvo sobre el pensamiento de quienes abrevaban en sus ideas es
fácil de imaginar. Si hasta el más escéptico de los positivistas porfirianos se
pronunciaba en favor del mestizaje, ¿quién podría objeta rlo? Bu lnes arrojaba
la go ta que derramaba el vaso, y el agua em peza ba a pe rm ear la op inión
pública: la mestizofilia —franca o solapada, orgullosa o vergonzante— se
estaba traduciendo a vox populi. Hasta los periódicos se hacían eco de ello, y
ya a principios de siglo algunos de ellos identificab an me stiza je co n n aciona 
lidad. Se anticipaba así un dogma de los tiempos por venir.66
Pero no todo era color de rosa . Curiosame nte, pa recía c om o si la teoría e s
tuviese luchando con la práctica. La sociedad porfirista se polarizaba cada
'T ’ concentrando en unas cuantas mano s la riquez a del país y orillando
coim ortam i* ‘S61^ 5 ^ mesdza s al a bismo de la m iseria. Los patrones de
nunca v la mode,os estéti cos eran más extranjerizan tes que
soñada tíemn oterf6 * e* mundo occident al difer ía poco de aquel la
Porfiriato recibía ln! 05 criollos liberales . El sep ulc ro bla nq ue ad o del
últimos toques al tiempo que sus contradicciones se

América, B, Us '“««« Ittin atm m ar u s (El Pensamiento Vivo de


*< ***Q uil tan^^; p 3^ 38 y 2SJ. Publicado srcinalmente en 1899.
ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 43

suceder, la pareja se salió con la suya y de su unión nacieron los Molina


Enríquez: Everardo, Agustín, Cristina, Elodia y aquel cuya existencia mar
ILANDRÉSM C X JN A M lgjgO LA MmHC A C I Ó N caron indeleblemente los mismos abuelos que de algún modo trataron de
impedirla.
Andrés Eligió de la Luz pusieron por legítimo y singular nombre a este
niño, nacido a las 11 de la noche del 30 de noviembre de 1868 en la fierra de
n.l. V id a y obra : génesis d e u n a obsesión
su linaje materno.3 Su lugar de nacimiento no es anecdótico: población rural
de la zona norte del estado de México, Jilotepec fue también determinante en
la vida de Andrés Molina Enríquez. El escenario de este su pueblo natal,
a) Nota biográfica1 otrora importante centro ceremonial de toltecas y otomíes, tuvo efectivamen
te mucho que ver con la imagen del México indio-mestizo que se grabó muy
pronto en la mente del niño Andrés. Con 8 255 habitantes en 186?] en su ma
En el ocaso del primer tercio del siglo xix, en algún lugar de la agreste región yoría campesinos indígenas, Jllolepec y sus alrededores fueron durante el
otomí en el corazón de Móxico, se empezó a gestar el destino de un hombre Porfiriato un lugar idóneo para palpar las injusticias cometidas por los terra-
que habría de nacer tres décadas después. El casamiento entre un criollo y lenien tcs criollo s.4 Y si bien los mismísimos Enríquez se hallaban del otr o
una india significó en esa ocasión mucho más que una simple reincidencia lado del m ostrador gracias a su hacienda de Doxichó, la tradición liberal-pr o
—atípica, a juzgar por su legitimidad— del ya para entonces secular fenóme gresista del resto de sus antepasados, entre los que se encontraban un gober
no del mestizaje. Significó el entrelazamiento de la sangre que tanto habría nador juarista, un guerrillero republicano y, más cercanamente, un director
de pesar en la conciencia de uno de los nietos de ese matrimonio; uno que del Instituto de Toluca5, hacían a Andrés Eligió inmune a la mentalidad lati
transformaría sus genes
Ésa es la historia, enha
si se obsesión
de dar ycrédito
trocaría
al su herenc
nieto ia en c om
en cuestión. Lospro mis o.
abuelos fundista. Su infancia y adolescencia, además, transcurrieron en el seno de
una familia de clase media, que pese a provenir de estirpe ilustre se vio en la
fueron el señor Enríquez, propietario de un servicio de diligencias en Jilo- necesidad de obtener una beca para que él pudiese estudiar.6
tepec, de origen aragonés y quizá sefardita, y la señor a De l a C abr era , d escri Ciertamente no fue este Andrés Eligió de la Luz en modo alguno ajeno al
ta como otomí "de pura sangre".2 Ambos engendraron a Francisca, quien a medio urbano, y se equivoca quien afirma que aprendió la "lengua indíge
su vez casó con Anastasio, hijo del capitán de guarnición de Veracruz de na" antes que el español7 —los testimonios indican que ni en su madurez
ascendencia antillana llamado Agapito Molina. La secuela de este enlace es llegó a dominar idiomas autóctonos—, pero es evidente que eso no inhibió
digna de mención: don Juan Ignacio Enríquez y su se ñora se o po nía n al cas o su sensibilidad para captar objetivamente la iniquidad del campo mexicano
rio de su hija Francisca con Anastasio, para entonces abogado jalapeño que y el sufrimiento de los indios. La casa de la Rinconada de San Femando en la
de secretario de un ministro de la Suprema Corte se había convertido en que vivió en la ciudad de México, descrila por un observador como "mitad
notario público de Jilotepec. La razón era tal vez la juv ent ud de la mu chach a, ranchera y mitad citadina"8, fue en más de un sentido representativa del
quien se hallaba recluida en el Colegio de las Niñas, y el hecho de que para espíritu del hombre encrucijada que pronto llegaría a ser Andrés Molina
su preten ¡ente 14 años mayor que ella— aqu élla s sería n sus segu nda s Enríquez.
Jíf| Claf i Puef' f ranc¡sca tuvo que esc apa r del Co le gi o pa ra pro voc ar,
a vo untad de sus padres, su matrimon io con Anasta sio. C om o suele 3 Acta de nacimiento núm. 329, Jilotepec, Edo. de México; registrada el 10 de diciembre de
368. Su fe de bautismo, que lo acredita como hijo legítimo, quedó asentada en el libro 60, partida
52 de la Parroquia de Jilotepec el 1“de diciembre de 1868, siendo su padrino Enrique Molina.
explícita en notas^Di^ao^i s?cc,°n —c™ excepción de aquellos cuya procedencia se hace 4 Sobre Jilotepec, véase Antonio Huitrón H„ /ilotepec (H. Ayuntamiento de Jilotepec de
Molina Enríquez DriVoca „ F ^1Dli 1íin s;ho obtenidos de las siguiente s fuentes: Alvaro lolina Enríquez; Edo. de México, 1987). Cabe mencionar como dato peculiar que existe la
RenatoMolina E "Córese«^3 de Andrés Molina Enríquez (Ed. Oasis, México, 1969), reencía, que Molina compartía, de que la Malinche está enterrada en jilotepec. n
. Bo /e¡.„------á*drés
(SHCt, México, 15
ÓHCe, ddeíagosto
Z r J a» ,„^éxl c0: An [trés Molina Enrí , ene n Boletín
quez"z", btbhográfico 5 María del Carme n Reyes, "Detalle s sobre la vida y obra de Andrés Mohna Ennquez , en
UUJ México,
' vJ 15 agosto de 19o5l:la -ln ” ! ? 1. Andrés Molina
___,, En ríque
2 a
1Boletín del Archivo General del Estado de México (Toluca, num. 9, sept.-oct. 1981), p. 60.
MoltiuEnriquez(5EF,México 19691 ^ Historiador indiano ", Pensamiento y obra de Áru
6 Véase la "Cer tificación del Jefe Político del Distrito de Jilotepec de fecha 2 de jumo de
“™‘ 6n de Molina de que U ? uen° dei Pacífia¡ ( se p-t g n , México, 1937), p- 5. La 882 [,..J de que el n iño Andrés Molina pertenece a una familia pobre de este lugar a la cual no
bar debido a que en lot rema tro, v, ™ tema m "india de pura sangre" es difícil de corr ; es posible sufragar ios gastos de la colegiatura . u - t í « M c ma i; «
*■** éoriSen indígena de la ta de éPoca l1835) en Jilotepec sólo se esp 7 Rafael Heliodoro VÍlle, "Andrés Molina Enríquez" en (vanos autores) Andrés Mohna
P ^ - to eran. Er _____
_Ttodo caso. nríquez(Colección Testimonios del Edo. de México, Toluc , ), P Enríauez" en
8 Ricardo Cortés Tamayo, "Un sencillo recordara™ , de don Andrés Mohna Ennquez , en
^P ° uná india, por b que u i, CVIria luan Ignacio Enríquez se haya casado el
«da una «pLcarjfin n^satbfa ctoiü’’6 “ “ de qUe la “ A0” ° e Cabrer a era mestiz a 'arios autores) Andrés Molina Enríquez, op. cit.,p p. 1 -

42
cvnim IE7 OLA MITIHCACIÓN DEL MESTIZO
l a
M ANDRÉS MOLINAENRltíUEZ u ANDRÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA MITIF ICACIÓN DEL MESTIZO 45
. o Dor influenci as políticas d e su padre 9 ni
Haya sido del Apuntamiento de Jilo tep ec pa ra estud iar critor, habilidad que habría de demostrar el resto de su vida. Pero si su ca
^ e b r e M tu to C iS fic o y L iterario de Toluca. Si l as imágenes de s u rrera en e l 5 ° ^ ™ ° de su estado marchó pronto s obre las ruedas de l régimen
abull mttema v de su berra natal pueden considér ame los do s prim eros, su del gen eral V,liada su reputación académica no recibi ó el pri mer gr an
impulso sino cuando, gracias al éxito de su primer libro —La Reforma y
paso por el Instituto debe juzgarse como e tercer luto qu e h ab na de deja r
juarez (1906) , Genaro García lo invitó a integrar se al Museo Nacional de
huHlaen su futura producción intelectual. Allí, en esa tnnchera contra el con
Arqueología, Historia y Etnografía como profesor de Etnología (1907)
servadurismo que fundara Lorenzo de Zavala, por cuyas aulas pasaran li
Encontró entonces el más perdurable y entraña ble refugio de s u vida intelec 
berales de la talla de Altamirano eyl "Nigromante" a cuya instancia se fundó tual: del Museo ya no se alejaría más que por fugaces y generalmente
el sistema de becas del que se benefició Molina—10, abrevó el jilotepequense infortunados momentos.15
en los veneros del positivismo, se recibió de a bogad o (1 901 )” e i m pa rti ó sus El prim ero de eso s mo mentos, acaso el menos fugaz y el más info rtunado,
primeras cátedras jurídicas. Allí, en suma, recibió su bautizo de fuego como llegó muy pronto. Acucioso observador del porfirismo, Molina Enriquez sé
miembro conspicuo de la gran tradición liberal mex icana a la qu e él h ab ría de encontraba sensatamente preocupado por la suerte del régimen, y compren
dar un nuevo giro. Además, durante su estancia en el Instituto en la última día que el arre glo de una trans ición política pací fica era impostergable Así,
década del siglo contrajo matrimonio con doña Eloísa Rodea'Miranda, oriun como much os otros intelectuales marginados por el grupo cient ífico, decidió
da de /ilotepec, con quien procreó dos hijos: Andrés Augusto Napoleón dar su apoyo a Bernardo Reyes como eventual suces or de Díaz, empr esa a la
—nombres que, dicho sea de paso, reflejan las inclinaciones y la personalidad que dedicó buena parte de sus esfuerzos y de la que recibió el beneficio de
que no tardaría en manifestar el padre— y José Dolo res Re na to. 12 que su obra cumbre, Los grandes problemas nacionales (1909), fuera publicada
Ya titulado, y con la experiencia que había obtenido en su carácter de gracias a los auspicios del general.16 No obstante, cuando el reyismo recibió
escribano público en la notaría de su padre, se desempeñó como juez de pri el golpe de gracia del dictador, Molina optó por ser institucional como su ex
mera
menteinstancia
entabló suenamistad
Tlalnepantla (1902),
con Luis distrito
Cabrera, taneste último
decisiva en donde
su vidaprobable
pública. candidato y, a diferencia
Corral, intentó persuadir de suscientíficos
a los correligionarios, aceptó lanecesidad
de la imperiosa postulación
de de
reali
Tanto su judicatura como su escribanía, vale añadir, la cu al eje rció ad em ás de zar reformas sociales y rechazó en un principio a Madero e incluso a la Re
en Jilotepec (1891), en Toluca (1893), Sultepec (1894), Tenancingo (1898) volución.17 Mas el levantamiento popular avanzó y el ex reyista pronto se
Otumba y Tenango (1899)n, contribuyeron seguramente a consolidar su volvió ardiente y sincero revolucionario, tanto que el proyecto político de su
aversión por las desigualdades étn íco -si ial es . co ns ol id ar su amigo Madero le pareció insuficiente o, mis bien, inadecuado.18 Ya entrados
en gastos, razonó, la insurrección debe servir para implantar cambios pro
h i ^ i ^ s ^ 1 Camu" d 0 LS!«lc>“ edil6 «I periódico 1m Hormiga, fundos en la estructura agraria y socioeconómica de México. Y con esa idea
primer decenio del xxAndrés Molin^í-1^ 8US Pn "?CTOS op úsc ul os. Para el en mente, y considerando el pacto del autor del Plan de San Luis con Fran
sus responsabilidades en el gobiernot^ ue x^ab' a a Pren di d» a combinar cisco León de la Barra una traición a los verdaderos móviles de la insurgencía
f & cmo con su act ividad como pensador y es-
18 Se cree que en los primeros años del siglo abrió también un despacho de abogados con
Í TÍ S " '^ W ^' Sr e r «P T tr ; m Ant0ni? Huitr6n H., "Lie. Andrés Molina Cabrera. Por otra parte, acerca de su cátedra en el Museo, vale mencionar que coniò con dis
* 1986), p 5, Raúl
y CusUvo de Sann (ed' “ P<*>al, Tolu ca, 1» de agosto cípulos de la talla de Miguel Othón de Mendizábal. Véase al respecto Horacio Labastida
Andrés Molina Enrique*", 1, en El M "TeÓric0 del nacionalismo mexicano: Muñoz, Prólogo a Andrés Molina Enriquez, La Revolución agraria de México: 1910-1920 (uNAM-
ultimo que MoUna „ " ^ (Aguascalientes, 23 de marz o de 1986). Este M. A. Porrúa, México, 1986), 1. 1, p. 20.
'“ ^ ú a en 1880 y ,882, qUe P° r eU° su ~»¡d h.d de beca fue 16 La filiación reyista de Molina se manifiesta en varios de sus artículos periodísticos.
10Us becas estaban o n ^ a ln Z ^ u ^ud ulen tos" de su padre. Véase, por ejemplo, Andrés MoUna Enriquez, "Lo que significó el reyismo" y "La fórmula de
solución momentánea del conflicto poUtico actual", en México Nuevo (México, 21 de septiem
Altamirar>°. "Biografía^íe ™ 05 ^ breS y de raza indígena. Véase bre y 20 de noviembre de 1909). Sobre el patrocinio de Reyes, véase MoUna, La Revolución
, 11Algums 8 6 IgnaC‘° RamíreZ"' en rS"acio Ramfre2' agraria, t. iv, pp. 45-46.
17 Véase Andrés Melma Enriquez, "Un buen consejo a ios reyistas", y “La solución del
O ' a^ r ^ ef T 0 “ n Pe^™ui?como l~^ en e a n m de Derech o en la ciudad conflicto revolucionario", en El Tiempo (México, 9 de marzo de 1910 y 31 de marzo de 1911).
existe un d^ um ^t 0^Eadf su «da aún no ha^ idnT ? U™eta'|orSe Vera Estañol y Francisc o Poco después, MoUna aceptó la existencia de cuatro fuerzas políticas que deberían, a su juicio,
aprobó por unánim e ^Ue Prueba que el9a ? ac arac*a suficiente mente . Lo c ierto es que constituirse en partidos políticos: el "conservador puro", el "conservador progresista , el
Tribunal, 'Superior
Tribuna '°8 deJusticia del Fehü!4^ exime
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profesionales
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correspondientes
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de sePtíembre
rtnrí ¡Anjps ;19°í el
de ante "renovador evolucionista" y el "renovador radical”, los cuales deberían ser presididos por
Manuel F. de la Hoz, Rosendo Pineda, Carlos Basave y Madero o Vázquez Gómez, respechva-
. 12 sus ulteriores relaciones a * * Méxica mente. Véase An drés Molina Enriquez, "Lo que Madero debería pedir , en E, Tiempo (Mexico,
^os hijos más ^Vícto rv'ra K^ conoce muy poco, pero es sabido que don Andrés
13aame con una mujer de nom bre Asu nción García* 27 de 1911).
de abril ... . ... „
18 Molina afirma míe él inspiró el artículo 3 del Plan de San Luis, que Madero lo visito en
"A Ò d ^e E« - e^ri aU ste su casa y que, aunque el caudillo no estuvo de acuerdo con las reformas sociales preconizadas
«mpleten£!anta po( a,Sün tiempo. Véase Luis Cabrera,
p “ ltd. Oasis, México, 1975), t. IV, p. 409.
^ u au u r mm uo u >" ™ “ cl 'w DH-M EO TZ O ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MrílF ICA OÓN DEL MESTIZO 47
46
„ * * * *» A nd,« da ™» yy °*m ' " pl" de T' ” 0C» tana despejar él mismo tiempo despuég^eí Plan de Texcoco estaba destinado
(Wll). w cl lW rsión era tan revolucionario com o rom ántico . al fracaso político-militar en aras del éxito ideológico-propagandístico^y
El proyecto de M federal y estatales, suspend ía el or de n con stitu - Vale aclarar, no obstante, que esa propaganda ideológica no se la aieron
únicamente los periodistas. Ésa fue una de las ventajas que sacó a su estancia
DesconOC 8 3 movisionalmaite a su propio autor los po der es legis lativ o en la Penitenciaría, donde pudo hacer proselitismo nada menos que con
cional, otorSandoPa v¡ cinc0 decretos revelad ores de l pen sam iento
Panch o Villa y co n alg unos líderes zapattstas.25 Allí afianzó además sus idea
i X T á & l fraccionamiento de las grandes pr opi edade s, sob re l a li- les revolucionarios, sosteniendo la posición de avanzada en su polémica
b ^ ^ d e importación y exportación de cereales, sobre la pr otecció n y gra- agrarista con Wistano Luis Orozco. Y fue asimismo durante su paso por la
dualdisolucito de rancherías, pueblos y tribus sobre la su pre sión de los prisión, según se desprende de su correspondencia, cuando se convenció de
“ fe, políticos y sobre la regulación del trabajo a salario o jorn al. S in em barg o, la inevitabilidad del triunfo de la Revolución.26 Al recobrar su libertad
v pese a la colaboración de Paulino Martínez y a la supuesta adhesión de (1912)27, r eanudó su cátedra en el Museo e inició la efímera primera época de
Zapata al plan20, éste resultó un sonoro fracaso. El Imparcial informó que El Rejunttíuior (1913), periódico agrarista que fue patrocinado por Cabrera y
Molina Enriquez, “muy conocido en los círculos intelectuales y políticos", los diputados "renovadores" y que más de 20 años después, en su segunda
pretendía "volar con dinamita el cuartel que ocupa el cu erpo de cab aller ía de época, se ufanaría de haber sido el único en circular en plena Decena Trági
guarnición en Texcoco", liberar a los presos y dirigirse a las haciendas. Y ca.28 Su posición política en ese periódico —dicho sea como una posible ex
aunque el sensadonalismo del periódico involucraba inicialmente a "multi plicación de su postrer antihispanismo— le granjeó la animadversión de un
tud de partidarios" campesinos, la verdad es que nadie secundó la rebelión grupo de españoles, de quienes sufrió persecución y saqueo.29
y Molina fue fácilmente detenido.21 Más aún, el secretario de Co mu nic acio  Tras el golpe de Estado, Molina Enriquez fue comisionado por Huerta para
nes Manuel Bonilla declaró poco después que el Plan de Texcoco produjo realizar proyectos de ley y aceptó algunos nombramientos en el gobierno, por
"hilaridad" y que su autor —a quien "un alto funcionario" describía en la lo cual se co nvirtió d espués en el blanco de la incomprens ión de algunos críti
nota periodística como un "hombre muy singular"— sería examinado por cos.30 El huertismo lo embarcó también en una inútil correría electoral. Ya
"alienistas”. Pero lo peor del caso fue que hasta al licenciad o Em ilio Vázq uez había probado Molina la miel de las campañas políticas: fungió como síndico
Gómez, para cuyo liderazgo fue en principio disertado el plan22, se en Jilotepec (1890), ganó una diputación local por Otumba (1910) y, previa
atribuyeron comentarios en el sentido de que la fallida sublevación había convocatoria para la formación del Partido Renovador Evolucionista, se lanzó
sido verdaderamente risible" y que el incitador debería ped ir p erd ón por su como can didato a la gubem atura del Estado de Mé xico (1911).31 Pero en esta
desvarío.23Que el diario de marras —tribuna reacciona ria qu e e n su mo men -
basbón del partido científico— dedicara al Plan los más enconados 24 Ibíd., t. v, p. 87.
ep etos era comprensible. No así el que don Andrés se hubiese lanzado a 25 Ibid., t. v, pp. 92-95.
26 Cartas de And rés Molina Enriquez a Carlos Basave y del Castillo Negreta, fechadas en la
una aventura que de antemano le garantizaba la cárcel. La incógnita la inten- Penitenciaría de México el 20 y 26 de mayo de 1912. En ellas le pide prestados a su amigo 75
pesos para enviar un correo de Zapata a Pascual Orozco, y habla del inminente triunfo de la
ie/i ra í Molina Enriquez,Dictamen acerca de la legalidad de Revolución.
2 5 KN5** * )y l' *«* •** » asm™, pp. 143-146 y 169. 27En un curriculum elaborado por el propio Molina un año antes de su muerte, se afirma que
de »ptianbre. d tamo i mari ** 5 *? *“ ^acaso' Molina fue aprehendido el 12 su prisión politica se inició el 15 de julio de 1911 y terminó el 25 de marzo de 1912 (a a MTVSí la
>*Wx* Agusta asw ohT p < L> * la 1900-1940 (edi-
primera fecha es —como se vio— poco confiable, la segunda lo es aún menos, tomando en cuenta
las cartas que envió a su amigo Basave.
Véase esla última
cta! ta »toba enteradodel Plan, y una de ellas que lo apo- 28Molina, la Revolución agraria, t. v, p. 118.
25 Alfonso Taracena, "Molina Enriquez, articulo 27", en Antonio Huitrón H. (compilador).
y rmncauarónro (Méjico 1953) p ^ n<P*ei ó'*)0)- E1
agrarismo de la Revolución: exégesis,
198/j^ Enriquez:la propiedad agraria en Mérito (Gobierno dei Estado, de México, Toluca.
m tos centros cu lhS ig. no ltatr^ f! ^ «ra ’conocidísimo como pensado r e idealista
30 Su apoyo a Huerta fue congruente con sus ideas sobre !a dictadura mestiza que México
<*» solo-.Véa»Qldard^kf ^ f * SnCamp<!sin*s' P « lo que en el Plan de Tex- necesitaba y nunca estu vo exento de criticas al dictador, especialmente cuando se convenció del
W51),t-a.p.50. Emiliano Zapata y d agrari smo en Mixim (Ed. conservadurismo del régimen. Véanse Andrés Molina Enriquez. "El Pacto de la Gudadela y sus
consecuencias inmediatas", "El desenlace de la Gudadela" y "La finalidad del gobierno del Se
^ t V ' P*^ ^ A.N. Molina Enriquez, «f- A GraL Huerta", en El Imparcial (México, 21 y 24 de junio y 2 de julio de 1913). Mis aún. dos
décadas después, cuando Huerta fue c onsensualmente condenado por k s historiadores. Molina
continuó defen diendo lo qu e consideraba positivo de éL Véase Molina. La Revolución agraria,t v,
por partida tWjTÍSf1 ** ““ntuvo por m.^h. * ^ nimdonardeque
MoHn*
U relación i Mob- PP-132-142
*K^ ^ ^ Wp0- A me m« de co nsuegre* 31 aame . Véanse también la "Convocatoria (para la formación) del Partido Renovador
Evolucionista* en El Tiempo (México, 20 de mayo de 1911), y "Dos de las Leyes del Pueblo que
.p 1“ exentaron meterio
al marecomio Vésse La Re-
„ PMRIOUEZ Ol a mi tifica ción d e l mest i zo
w ANDRÉS MOLINA ENRIQUE ANDR ÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA MITI FICACI ÓN DEL MESTIZO 49
, i„ „rande v fue postulado a la vice pre sid enc ia de |a
ocasión (1913) se fue a lo ^ 7 M, Repub |jcan0/ que apo yó al ingeniero f r íto íl fl lf a AgUaS der! c Secretaría de Agricultura y Fomento (1917), de
República por el Gra u(, ¡n,enl0 J e alcan zar la prim era ma gistra tu- 'a 9 ’,ai^.p nu im m°A Pílrn, ° bras de Irri gación y Fomen to de la Agricultur a
David de la Fuente « benlaron el mono polio de la ing enu ida d: sus con- dB 3 3 , 919\ y de la Secretaría de Gobernación (1922), jefe del Dep ar-
ra. Tor supuesto, e los miete gente de la talla de los católicos tomenlo de Legislación y Política Hacendarla de la shcp (1920), representante
roncantes vam i .u leros ck l ^ ^ n li b e r a le s Manue l Caler o y Jesú de to Hacienda I ublica Federal en los Juicios Sucesorios (1925), ingeniero de
‘^ b ié n pre te ndi ero n derrotar a los m i.„are s U Dirección de Pob ación Rural, Terrenos Nacionales y Colonización de la
Secretaría de Agricultura y Fomento (1934) y economista de la misma depen
V ctor ano Huerto y Aureliano Bla n qu eé El resultado es de sobr a con ocido. den cia (19 35). - Los cargos mencionados e ran generalmente de corta
Pc t o es interesante^hacer notar que el manifiesto de Molina y De la Fuente dura ción pocos se extendieron más de un afio— y para subsistir Molina
deia claro que su objetivo es impedir el triunfo de la reacción y que su apoyo Enriquez debía llenar los huecos dando sus clases de Etnología o, en el mejor
a Huerto emana de la coincidencia con éste en la creencia de que sólo un go de los casos, dirigiendo ese Departomenteo en su fiel Museo Nacional. Su
bierno autoritario podría controlar el "desbordamiento revolucionario" y paso por el Poder Legislativo fue igualmente fugaz, primero como asesor del
"hacerlofecundo".33 _ , . .. Congreso Constituyente en la elaboración del articulo 27 (1916) y después
Con todo, la actuación de Molina Enriquez en el régimen huertista fue como consultor supernumerario de la Comisión Técnica de Gobernación de
secundaria. El periodo del usurpador le sirvió únicamente para consolidar su la Cámara de Diputados (1925). Tal vez las únicas excepciones longevas sean
futuro modiisvivendi: trabajar en puestos públicos sin descuidar la produc sus trabajos como compilador de leyes de la Suprema Corte de Justicia, al
ción de su obra intelectual. Su trayectoria en el gobierno del Estado de cual le dedicó prácticamente una década (1920-1929), y como profesor de
México fue el inicio; mientras preparaba en diversos escritos su tesis en favor Historia del Instituto de Preparación del Profesorado de las Escuelas
del mestizaje, fue sucesivamente oficial auxiliar de la Oficialía Mayor de la Secun daria s, en el que permaneció otros dos lust ros (1927-1937).36
Secretoria General
esa Secretaría de Gobierno
General (1900),
(1901), oficial Jefe de
mayor delalamisma
Seccióndependencia
de Fomento(1904)
iv en A pesar
ámbito de ladepolítica
sus penurias burocráticas
nacional, don Andrésy de
eranoa haber sobresalido
sus sesenta en arios
y tantos el
y vocal de la Comisión de Límites (1905), e Incluso llegó tiempo después a lodo un personaje. Los presidentes y los artistas lo respetaban y varios de
culminar su carrera escalafonaria como secretario general de Gobierno y, ellos fueron sus am igos. Ob regón le concedió der echo de picaport e y, al igual
posiblemente, encargado del despacho en ausencia del gobernador (1917).34 que Portes CiJ, Bassols y Diego Rivera, lle gó a asistir a las comidas de Molin a
En el Tribunal Superior de Justicia de su estado también destacó como ma en su casa de Balbuena .37 Calles lo nombró asesor suyo en Gobernación y le
gistrado interino (1908) y dos veces magistrado (1918 y 1938). Pero fue en el dio, como se verá más adelante, un insólito boletín oficial para defender su
Poder Ejecutivo Federal donde sus nombramientos burocráticos proliferaron: interp retació n pers onal d e la Constitución de 191 7 y en particula r del artículo
oficial de la Dirección General de Agricultura (1911), director del Instituto de 27; además (seguramente con el fin de que minara al Partido Nacional
Industrias Etnográficas (1914), titular de la Dirección Sexta de Legislación y Agrarista) lo hizo presidente de la Confederación Nacional Agraria (1925).38
Trabajo (1914), consultor técnico de la Secretaría de Industria y Comercio Su prestigio intelectual era ya incuestionable, y la época en que sus críticos
(1914), jefe interino de la Dirección de Bosques e Industrias de la Secretaría podían juzgarlo "loco" por su audacia y srcinalidad había quedado casi en
rePresentante de la Secretaría de Hacienda y Crédito el olvido .39 Además, su fama de jurista e ideólogo de la Revolución le daba
ubllco (surcante la Comisión Nacional Agraria (1916), abogado consultor
35 AAMIl. Molina fue también avente fiscal de sucesiones
«1 el distrito de p.iliH-oanila. re-
tonto de la Dirección Auxiliar de la Comisión Nacional Agraria (1916) como presentnnte de Jtlolcpcc nnle el Congreso General de Ayunlamlenlos de 1« República
Mexicana (1920), abogado consultor del Uonro de Cuanojuolo (191H), y profesor de cura» «pe
t*rW íiün^ i,mio lí inim n 1* * m electo Cubomad or del Estado de México dal en la Secretaria de Educación Público (1929).
11 Sobre « L r.náiH , ' 4 85 <
Artlllvo Uasovc del Castillo Negrele, CKSU-UNAM). 36
(Pondo de Cultura Eco n^ l^M A* ^ ^ anuc* González Ramírez, La revolución social de México 37 Entrevista de A.B.B. con el licenciado Alvaro Molina Enriques nielo de dOT Andrés
x> " M a m r ™ ' Méluco' 1960), 1. 1„ pp. 394. 395. (Mé xico, 19 de dicie mbre de 1986). Véase también Emilio Portes Cil, Andrés Molina
candidatus de! Cran ®av'<^de la Fuente y Lie. Andrés Molina Enriquez, Enriquez", en Andrés Molina EnHquez.op. cii^
p. 43. v, _ . ., A t ■.
tjepóbtka, respectivamente,dirigen*8ePu^ i?ai]0 Para la Presidencia y Vicepresidaia^deja “ A11'® había abandonado(en pugna 'ron'Marta MagaL^m°priiner vicepreád
entadé
convirtiéndose en 1924. bajo la presidencia de Cddardo / v P d ,
de
f** votas
* y* deen próxima
retlas
iev CQnoUífadanos,
Tte tod enc ^tL ÍMé,?C0,19 exponiendo
* octubre su programa
de 1913), BOO M, 91. El en dananda
manifiesto la Confederación callista (y su hij o N’J^ l'^ ^ £ ^ "e n d ó n (Mélic o. agosto de 1924), « 04 ,
MEn d relata de una ex n ^ JZ b l°n íte<teM o,i'u X5,1 desdén por la dem ocracia electoraL Confederadón N acional Agraria pos pon go ^ ^ ^ ^ ^ j^ T o g r a r fe m o mi s
M u^ deSt al ^-M 0¿ 2 ^ ^ Í Í Í * í°« ’c o m p a ñ íadGalos
e Basa ve y Antonio Co rlésJ J- 5, 32 5, André s Mo lina Ennquez. "H ?"^°D ^ xnit (M W ro^ í de m ayo de 192 S) y De
I ? Yí ü* Knári* ¿m&do eseCobwmo (del Es tado de México) alg a» dario que lo» mis mo» latíf und«tas , « 9deiuriodt» 86)
i r E t m ^ ^ ' Ex pe di c ión da es t udi o dd Mus eo Nado na l d e Santia go Gómez,
" Exroe totc¡t.,v,enE
n lesop Soféef
onw» de 2qu ___ ^ w^^Tlt
e con Iraprm xraeKaXta fanc«oo
nto.* ceTi
ro óbxe méndegne ^
A»*i M M m a ¡ de Subepec, Estado de M én c° , <*>
B ANDRÉS MOLINA ENRIQUES O LA NOTIFICACI ÓN DEL MES TIZO ANDRÉS MOUNA ENRIQUEZ O LA MTTIHCACIÓN DEL MESTIZO SI
entre los veteranos del movimiento, que le valía ser
un lugar pwsninen re «o Había ingresad o a tem pra na ed ad a la artículo 27tó y —cardenista converso— se enfrascaba en una polémica de
consultado por gobe Estadística (1902) y a la Allmnce Scien tifi- tintes racistas con su amigo Cabrera para defender la política agraria de don
des Hommes de Science (1908), Lázaro. Defensor de los indios y detractor de los españoles, recibía, en un
tjue
UnrreRdlf de ^ mnotable reconocimiento internacional a peculiar acto de proclamación de la "segunda Independencia de México", el
nombramiento de líder de la lucha contra "el pulpo colonial español" para
y >yeZ ^ l K ladormles libro que un profesor norteamericano equi- lograr la emancipación económica del país (1933).46 Era, en síntesis, un
S a C ^ fi^ m b o ld Íy la marquesa Calderón de la Barca como una de Molina que se alejaba definitivamente de su antigua admiración por la cul
tura hispánica y se acercaba al indigenismo.
TuTa d es b rid ad se aúna el as pecto pat riar  Poco tiempo le quedaba de vida. Decía sentirse tranqui lo por haber alcan
cal de Molina Enríquez, se obtendrá una imagen fidedigna de su personali zado a p ublicar los cin co tomos de su tercer y último libro. Esbozo de la histo
dad Carlos Basave y del Castillo Negrete, quien fue su je fe e n la C aja de ria de los primeros diez años d e la Revolución Agraria de México —de 1910 a 1920
Préstamos y su amigo de toda la vida, lo describe como un hombre solemne (1932-1936). Por lo demás, sus servicios como pensador y luchador social
y adusto "siempre grave y pausado ".« Y Ricardo Cortés Ta mayo , qui en pese habían sido hasta cierto punto reconocidos. Quería sin duda descansar el
a ser mucho más joven que Molina lo conoció bien, ofrece toda una foto resto de sus días. Pero la burocracia —ésa a la que tanto sirvió— no halló en
grafía: él méritos suficientes para otorgarle una jubilación. A punto de cumplir 70
años (1938), en respuesta a un mensaje que dirigió a su admirado Lázaro
Recordamos bien a Andresito, mediano de cuerpo —a nosotros se nos antojaba Cárdenas (y que seguramente nunca llegó a manos del Presidente ) solicitan
muy alto—, robusto, ancho de hombros, de florida y entrecana barba muy peinada do una pensión de 20 pesos diarios similar a la concedida a otros profesores,
y abundante, largas las guías de bigote, cabeza vigorosa, un tanto a la de don Justo don Andrés recibió con nueve meses de retraso un oficio (ni siquiera dirigido
[...]. Vestido de colores claros, pocas veces de oscuro; su sombrero de anchas alas, a él) firmado por un funcionario de cuart a categoría en el que se le informaba
un sombrero algo bohemio y revoludonario de cinta corta y pedradas a los lados, con argumentos de la más pura cepa leguleya que su petición no proced ía.«
y su grueso bastón muy de la época.43 Más sabio, el gobernador de su tierra natal lo acogió como magistrado. De
este modo, sin mayores aspavientos, volvió a su patria chica para cerrar el
Una figura hierática que coincidía con su carácter circunspecto. Sedentario, ciclo de su existencia. Fue, en palabras de Luis Cabrera, "como si él mismo
nunca salió del país y rara vez se alejó del Valle de México.44 Su mundo fue el hubiese querido, deliberadamente, morir en silencio".48 El 1° de agosto de
altiplano, de él se nutrió y a él entregó lo mejor de sí mismo. Ésa fue la reali- 1940, en Toluca, don Andrés Molina Enríquez se durmió para nunca más
dad que plasmó en su obra, la cual culminaría en la segu nda y la te rcer a e ta despertar.
pas de E Rafüimador,transformado en foro de los indios y los mestizos mexi
canos (1905-1937). 7 b) Su pensamiento mestizófilo enformación
dantas era ya otro Molina Enríquez. Enemigo de los crio-
-fisftnaca vmemertemenÉE a quienes ponían en duda su paternidad del I El primer opúsculo de Molina Enríquez se publicó en 1895. Su título es El
evangelio de una nueva reforma,y a partir de él se irada la génesis de su pen
I 190. "XX UtSf
ll M
T. Vc q t, afe»
*rta^TTTDigi '• samiento mestizófilo. Propone la supresión de la herencia al identificaría
--------- —— au su czi et D eeàc, IK a u , 1S & \ pi 27.
e Sotw sis alegato ; en esto sentido con Pas tar R o o » y José N. Macase psedep verse sis
« «MC sz 3Ba ara . B ad a arc i àe H ?t d e x c s ià x & Saracrt Là * comentarios en El l/aievrss.'(México. 1S de atril de 1921 y 23 de septiembre de 1937).
-ŒH . aaüûa. * V&afaxa s * zaro ea cc r zabbo ^ * ty iméBcìo fis- Cotayándok e s pasable vish e t s a el casntao de actitud de Mofan.
**» 9 wau. T a. ïmim* mvr
46 Véase ai resp ecta B R rfara aire, se pitada época (M éxico, 15 de futió de 193SR p. 3 , la
* < -^âO T =cr= aèâ at xr?3 E rf« àe jaLjàr- saiai de Beï t af ac C *e aft*±ri?* fecha det acto fu e, sagnfieativamenÉe. el 16 d e septiembre. Po r o to lado, cabe aAatfir que so
=tBe * *»sœ * ot s t rnne-sâa£ eœ a Mrifen<1agents ecœfaàrô qœ sefaitô para af aa aá ó n por C ad sito fue muy gr ande y se manáe sae de de que esto s a -wríH atr pr esa
X a crai 5a t ànaà n=ee c cxEa do sot ei «sAs era? m aM no . \ «* * dent iaL Véa nse Mofan, 'La ^n iosa cruzada d et May afe*. p. 3L donde don A rries cce ay ra a
don Lázno con Hnún At-RanchaL y el prólogo de Mofan a F. Palomo Váienaa. Loe ca fas d r Yto-
f* Cti» W c«T C odfa y d imnynjt (Librería de Lector. Robcntox Méasccc 13341 pe L det que se desprende sai
' -pplS4& ' fenprana adhesión al Censal.
fa M
i àxr ® 451 » “ iSn. Es facfcatèe qoe sâ o m a vez haï» vjàtwto « * c La petición fue hecha en un "mensaie ordinario* (telegrama) fechado ei febeeao
3 de de
s De Sn vti^p Géan fa. «F- 1938; et olido fue dirigido al general lenaro Amezcua, secretario general de la Ufñón
ilo haya conocido; E tór- Re cdod oran a de Agnnstas de l Sug por Teitar Rendó cv s fa f a itor de Cr édi to de h s o ei
1 pfaoipjededtaópor nso tirosdesatad. Véase 19 de novientar e de 1938. .
a m e

a d à™Marato*. s i M oina. Fâcr 44 Luis Cabrera op. a i. p 409.


SC E * ? f ¿ c TF.
f . Palatici! y
* l®d. Môâco (t o n o , Mètri co, 1937), pp- 7 -S-
FNRlüUEZOI^MfflFICAClONDKLMHSTlZO
ANDRÉS MOLINA
52 ANDRÉS MOLINA ENRlQUEZ O LA MIT1FI CACIÓN DEL MESTIZ O 53
J , .n ^¡( ma lda d que existe entre la cond ición de los
como "la causa de la mlus'a. , r°es^, yv muestra ante todo. los
capitalistas y la de los trabajado . . ímpetus !juve-
. maridaje entre raza y nacionalidad. Su idea de la nacionalidad etnográfica
ideaHsta'y soñador, seguro de que su doctrina "cambiará —es decir, de la imposibilidad de constituir una nación multirracial— es el
niles .......
de un Molina
.......- , la v de que la transform ación por ella preludio de su futura tesis en pro del mestizaje. Y si bien dicha tesis aparece
el rumbo de y benéfica, despué s de la lleva da a cabo aquí relegada tácitamente por una tendencia al segregacionismo racial, pron
implicada sera la m J joven autor afirma sen tirse "ca pa z de to cristalizará en la obra de Molina como la única opción realista para
por el crisbanism •‘ de ^ onr en ja cruz como Cristo, para hacer México. Su sueño de un mundo sin fronteras es, de hecho, una precoz extra
soportartódoe^ ad"4, ^ ^ más importante del foll eto es que cont ien e polación de lo que pronto será su credo: la fusión de razas.
En 1898, un año después de publicar un folleto sobre don Porfirio en el
f e n demes, variaí de las constantes de la obra mo limana : su p ositiv ism o, que analiza la política del régimen y su posición frente a la doctrina Mon-
no exento de heteróditos nbetes de una mística cnsh ana mu y a lo Tols toi; su roe53, Molina Enríquez emprendió en Sultepec la breve edición de La Hor-
anhelo de ¡ustida sodal, que no obstante su tendencia a acentuarse rechaza la miga. El pequeño periódico, que presumía de ser el más barato del país (dos
tentadón marxista; su afán de reforma agraria, medio de reivindicaciones números sueltos por un centavo), tenía una sección minera (a veces en inglés),
cuva relevancia ¡o disfraza de fin; y, desde luego, su mestizofilia, impregnada avisos de misas y ceremonias religiosas, un santoral, una sección de "corre
de una obsesión por la homogeneidad racial. rías por los mercados" (con críticas al alto predo de las cebollas) y noticias
En el Molina positivista se vislumbran, a la vez, signos de avance ideoló que iban desde alguna riña callejera hasta la fuga de una señorita del pueblo
gico y de indigestión doctrinal. Si bien prueba haber montado ya, sobre el con su novio. Mas a Molina, su "director y responsable", la publicación ser
andamiaje comtiano propio de la primera época del por firism o, una elem en vía como tribuna para polemizar. En ella sostiene contra su amigo Francisco
tal plataforma darwinista y spenceríana que le permite hab lar de "se lec ció n" M. de Olaguíbel y en favor de Victoriano Salado Álvarez —quien había refu
y de "evoludón" —evidentemente la eliminación de la herencia tiene como tado la afirmación de Amado Ñervo en el sentido de que la literatura no es
propósito permitir que la lucha por la supervivencia se dé en un plano de hija del medio— que "el poeta es una harpa que la sociedad hace vibrar". O
igualdad—, también demuestra que es capaz de derribar el pedestal mismo fustiga a los diarios "de la República" por menospreciar La Hormiga, argu
de su propia argumentación evolucionista al afirmar que "la humanidad no mentando que "no ha escrito una línea que no tenga interés local, patriótico y
está ahora menos mal que cuando vino Jesucristo a redimirla". En el Molina científico" y que "guardadas las proporciones (su [periódico) vale más que
justiciero se aprecian tanto su indignación an te una soci eda d qu e ob liga a los lodos sin excepción alguna".5* Lo más relevante para la trayectoria del pen
desheredados "a apurar los sufrimientos de una lucha que de antemano samiento de Molina, sin embargo, es que en sus páginas refrenda su compro
están condenados a perder" y que Ies provoca "justísimos odios" contra los miso social —"La mayor honradez se encuentra en la clase trabajadora que
ricos, como su desprecio por las "estúpidas ideas socialistas y comunistas".50 goza el mediano bienestar, que por cierto no es la más instruida "— , se rebela
El Molina agrarista, por su parte, considera benéfico el hecho de que con su contra la xenofilia —habla con indignación de la impunidad con que un ale
propuesta la propiedad territori al se dividiría e xtr em ad am en te" . Y el mán injurió públicamente a los mexicanos— y, sobre todo, divide a la histo
o “ia fundamental, el que desarrollaría sus demás ideas en tomo a su mes- ria nacional en tres periodos —desintegración, transición e integración, que
z? . 13' no ^u ltasu dese o de sustituir el principio convenc ional de nacio- se inician respectivamente con la Primera República, el Plan de Ayutla y el
i a por el principio de las nacionalidades etno grá fica s", y se aven tura de Tuxtepec— y argumenta que por "sus antecedentes de medio, de raza y de
r ^ ^u*ur0 en úue "la humanidad entera form e un solo mom ento" el México independiente nece sitaba
avizora pi de todos,ellos “ tá ya, agazapado, el Molina pro feta. El que una organización militar que procurara la agregación forzosa como preliminar de
U^ t u ^ de«amiseriadelp u eb lo .« la voluntaria de todas las unidades sociales divididas por profundas diferencias
de primordial imoortanri ' r <)UeZ fn;nte a Ia cuestió n inte rna cion al e s aquí de raza, dom inando un medio físico naturalmente opuesto a esa agregación.
mas naaonalesen^T^ mJt- ^ l í " * 3ños 311105 de Publicar Eos gra nd es p roble -
ma piedra aneúlar d» u tSbozo Importante de su pensa mi ento , sien ta ya Esta unificación, agrega, se empezó en el segundo periodo y se afianzó en el
, gmar de lo que sena su concepci ón mestizófila: el inescind ible tercero, y sólo resta que el general Díaz la consolide y se extienda a las demás
"naciones hispanoamericanas" a fin de lograr un "equilibrio americano
ííaíti0“ ^
nnf5u" quien lohrmj creí u romo nUmeref orma drí fToluca,
resultado instinto 1895),
de conse
pp-rvació
1-5,16-17
n dely semejante al europeo".55
cualT ^ i í ^ ‘°a ed * <- 41 <”° n r aquél. ésta debe rec ibir «s e
» v,,* v ***°110 imponer cont ribucio nes a sus C1U'
51 blatas sobre la polilien id ¡m or General Díaz (Sultepec, 1897).
i- 15-16* » 54 VéaseLa Hormiga (Sultepec, 11 y 14 de enero de 1898,1.t, núms. 7 y 10).
PP Jt-B
55La Hormiga(Sultepec,4, 16 y 22 de enero de 1898,1.1-, núms 2,12 y 17).
ANDRÉS MOLINA ENRÍQUíZ O LA N OTIFICACIÓN DEL M ESTIZ O
5* ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MITIFICAOÓN DEL MESTI ZO &

1900, Molina despliega toda su cr eativid ad inte-


Poc d bempo Oespue, ' pen cad o por el Instituto de Toluca —ya todos mo dos M olina recibe el siglo xx con dos de los rasgos claves de su obra
futura esencialm ente definidos: su progresi smo social y su concepción etno
para entonces ñamado marcadas por la prepond erancia de un med io lógica d el d evenir histórico.5 9
e ta ^ r ^ n tu r a , que va de los egipci os a lo s gri egos ; la de En 1902 Molina Ennquez da otro paso. Tr as de haber reiterado en previ a
^ ex pr es an , Media; la de La arquitectu ra, en la Edad alocución su fe en "esa providencia inmensa y bienhechora como llama
M S ^ y U tó iiK ^ u r g e con la burguesía en e l Re na cimi en to pa ra aca- Spencer a la selección",60 expone en su discurso de ingreso a la Sociedad
Mexicana de Geografía y Estadística su preocupación por "las diferencias de
barcori la teocracia y el feudalismo. Pero se aveana un nuevo cambio: "el tra raza profundas como abismos" que existen en el país. Para entonces es evi
ba» va a matar al capital: los trabajadores van a matar a la burguesía: el dente que el arrojado estudiante del Instituto de Toluca ha dado paso al abo
fonógrafo va a matar a la imprenta", la cual tiene en sí los gérmenes de su gado cuya experiencia profesional e intelectual se manifiesta en una mayor
descomposición. "Como los burgueses, los jornaleros llegarán a dominar el madurez. En el discurso reitera las ideas vertidas en La Hormiga, pero les da
mundo" cuando gracias al fonógrafo —que les permitirá educarse sin apren mayor claridad y coherencia. Así, apunta que al romperse con la Indepen
der a __se difunda el "ide al urúfica dor" de supr imir la here ncia, o bstác u dencia el orden y la cohesión coloniales, la anarquía se adueñó de México.
lo a la selección natural y por ende fuente de degeneración. El "nuevo Napo- Afortunadam ente, sin embarg o,
léon" que logre erradicar la herencia —quien seguramente saldrá de Estados
Unidos— dominará al mundo. Cuando llegue la era del fonógrafo, la propie el desorden de estos tiempos hizo nacer la cuestión de razas que dividió a la
dad estará "mejor repartida que ahora", la ley natural de la oferta y la de población en dos partidos, cada uno de los cuales se organizó en defensa de sus
manda triunfará, la gente se amará más y la música alcan zará su apo geo .56 intereses, lo que, por una parte, significaba un principio de integración, y por otra,
Lo interesante
intelectuales de sudeautor.
este ensayo es laderevelación
En alarde deMolina
ecleticismo, las primeras influencias
Enríquez realiza un principiomejor
indígenas, de lucha [...].entre
dicho, Al aparecer los dos partidos,
sangre indígena y sangrelacriolla:
lucha era
los entre criollos
de ésta en sue
un amasijo de Spencer, Marx y Smith, rematado por Tolstoi y Víctor Hugo, a carácter de producto étnico híbrido, como habían roto con una de las razas de que
quienes junto con Castelar considera los últimos grandes exponentes del derivaban su existencia, rompían con la otra, es decir con la indígena, atacándola
reinado del libro. El escrito sugiere, antes que nada, que Molina conoció por en su religión, mezcla de fanatismo y de idolatría, y en sus añejos intereses comu
esas fechas la teoría marxista, aunque quizá de fuentes secundarias. Pero nales: a los indígenas, por identidad de circunstancias, se unían los restos de los
también demuestra que únicamente tomó de ella una suerte de determinis- elementos virreinales, el clero y los privilegiados. El primero de esos partidos era
mo justiciero, sin renunciar en modo alguno a la propiedad privada y a las el liberal, y el otro el religioso conservador De .su lucha resultó el triunfo del par
leyes del mercado. Sin duda su rudimentaria creencia en la lucha de clases tido libera], y a consecuencia de ese triunfo se formó en el país un poder superior a
fue siempre superada por su convicción de la lucha d e ra zas, c osa qu e él mis  todas la voluntades. La integración, pues, había avanzado: el poder llegaba por fin
mo se encargaría de dejar en claro. a ser capaz de dominar las diferencias de raza.61
En un discurso pronunciado apenas un mes más tarde57, en efecto, habla
Con todo, el triunfo no era todavía definitivo. La raza vencida invocó la
/JLaJwüS!3 ,raC'^ 00,1,0 motor de la historia y, por vez primera, alude con- intervención francesa, y no fue sino hasta la derrota de ésta cuando "la patria
nnr d mnm~,!T f? ntanll?nt0 de ^ P 05 ét nicos e n México. Y a pesar de que quedó definitivamente constituida para lo porvenir". México entró así, con
zos irnolíritam h,*21?6 °/ orman más indio s y crio llos , con los mest i- su problema político resuelto, al Porfiriato, que constituye el "periodo inte-
en la d L j u i s i c i ó í . * éstos' ambos toman 3® Partid°
dos como iihpraiJ pnmeros como conservadores y los según- 59 Podría decirse que también la obsesión homogeneizante, otro de sus rasgos claves,
dor; defiende a Inc rrJ? a estas alturas Molina se muestra concilia- empieza a tomar forma en los albores del siglo. Su rechazo al federalismo, al que con Fray
Servando acusa de haber sido una imitación extralógica que fragmentó el lodo mexicano,
existía noción de rJ r riT Vad° r!S con.el argument° de que en esa época no apunta en cierto modo en esa dirección. Véase al respecto Andrés Molina Enríquez, Cuáles
mexicanos. No hJwnr? vT° ^ ^ace en la hermandad de todos los deben ser las bases de la legislación particular del Estado. Prindpios fundamentales de todo
manifiesta imr>ehinL.!IÜ ? aun' P°r *° demás, su venaromántica, la que se trabajo legislativo local", en el Bole/ín del Instituto Científico y Literario " Porfirio Díaz" (Toluca,

6 60 al6unas de sus intervenciones-5* Pero de diciembre


60 Andrés
de 19
Molina
01, t iv,
Enríquez,
núm. 10),
"Discurso
pp. 289-292.
pronunciado (...) en la solemne Inauguración de las
clases del Instituto Científico y Literario del Estado", en el Boletín del instituto Científico y Lite-
5d^ mT ¿larácaJaqueUo” en el BoMn M Ins tit uto CienMcoy rario "Porfirio Díaz" (Toluca, enero de 1901, l. iu. núm. 11), p. 215. Esta revelación, como se verá
‘5T T rJbVamen,e; MoIm3 tomóei 5 ^ abril de 190°- ^ núms. 1 y 2), pp. 1-5 y 19' más adelante, reviste una gran trascendencia.
tó ^ ndréLM°lma dC511' " “ l'0 de Vfrtor Hugo. 61 Andrés Molina Enríquez, La cuestión del día: la agricultura nacional(Imprenta La española,
fr°lu<a' 9 de ™ y° pr0nunc“d° el 5 «le ma yod e 1900", en L» Cateto México, 1902), pp. 5-7.
GoWm” d^unio de taS n1* 7 Ul..,umba del poeta José Bustillos", en La Gaceta áá
' quí ata, significativamente, a Schiiler.
5* ANDRÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA MITIFICACI ÓN DEL M ESTIZO
ANDRÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO
, . , rriaí-inn mcional. Resta, empe ro, solu cion ar una par le del
¡T ilo m a econ ómico - la cuesl.ón agr ar ia- lo cual h a menester de medidas imu,„ uiuiuii
.. v, marco legal adecuado, creando leyes ejemp la
res.66 Molina Enrique/ sostícne además que, a no ser por el mestizo Morelos,
Molina Enrique/ no habla aún de la necesidad del solo un principe español hubiera podido organizar un gobierno ordenado y
• C„ ni 11íms rlnoeráliro de la hi storia pa rece conf orm ars e con |¡, esta ble en el Méxic o independiente. Pero romo nada de eso sucedió surgió l a
t i i n de un ‘poder políhfo con.entrado, autoritari o y dominad or otra anarquía d e la etapa ríe "desintegración", en la que lo s criol los -her ed ero s de
r r 'u i: ,n .r ; <V de <o nlro l.tr las fri. cl one s en tre los gr up os la primacía apañóla — lucharon entre sf desde sus ríos trincheras- el clero y el
" , N(1 „ „venturado colegir, además, c|lie el he, tío <Je asociar a los íridí- gobierno. Posteriormente, en 1854, Juan Álvarez derrocó con el Plan de
eenas con los conservadores y el no distinguir entre mestizos y criollos son Ayulla a Santa Anna —encu mbrado gracias a l desgaste d e los criol los— ini
síntomas meciuívocos de que Molina se siente a esas alturas rnás ligado a ciando la etapa de "transición" en la que los mestizos se adueñaron del poder,
ést06 . Ello hace comprensible que, pese a su compasión por el indígena, res en alianza con una facción de los criollos, para combatir el bastión de la otra
pete al criollo y no tome una posición drástica contra su feudo. Sin embargo, facción criolla: la Iglesia. Y finalmente, en 1876, el general Díaz emprendió
de su balbuceante concepción racial de la historia a la tesis del mestizaje sólo con su Plan de Tuxtepec la consolidación de los triunfos mestizos de la Re
forma y la República, dando forma a la etapa "integral", la que perpetúa "el
media un paso. periodo de la nacionalidad".66 En alegórica síntesis:
Ese paso y muchos más los da en 1906. Con motivo del centenario del
natalicio de Benito Juárez se cele bró en México un certam en en el que Molina
participó con una obra cuyo título srcin al f ue La Reforma y ¡uárez, por la cual El polluelo una vez formado necesita, para nacer y converlirse en ave, dejar el
resultó premiado junto con Porfirio Parra y Ricardo García Granados.« En huevo que lo encierra. El elemento élnico llamado a hacer la nacionalidad mexi
la obra, que es publicada por primera vez en ese mismo año y que consti cana, había sido formado po r el cruzamiento del elemento (tíni co español y del ele 
tuye su primer libro propiamente dicho, Juárez y la Reforma son ios pretex mento étnico indígena, y era el elemento mestizo. Éste, antes de surgir, tenía que
tos para exponer toda una interpretación del acaecer histórico del país. De romper los obstáculos que lo envolvían. La independencia quebró el cascarón. El
acuerdo con ella, "una vez que la Conquista puso en contacto íntimo a la periodo de la desintegración eliminó los fragmentos de él que estorbaban el
raza española y a la raza indígena, no era posible que con ellas se formara nacimiento de la nacionalidad .67
una verdadera nacionalidad, sino a virtud de su cruzamiento". Y fue la férrea
dominación española la que log ró iniciar lo que p arecía imp osible : la fusión No cabe duda, pues, de que el Plan de Ayutla es el verdadero parleaguas
de dos razas antagónica^separadas por un abismo evolutivo. En lodo caso, de la historia de México, el "punto de partida de nuestra nacionalidad".68
ésa era la mejor opciónüu los españoles solos hubieran podido desarrollarse Con él llegaron al poder los mestizos, gracias a la mayor energía que les pro
en un medio ajeno, ni los indígenas hubiesen sido capaces de crear una civi porcionaba la preponderancia de su sangre indígena, suspendida en pleno
lización tan avanzada como la europea sin el concurso de los conquista- ascenso evolutivo por la decadente sangre española. Porque si por un lado
dore:^)! acaso, lo ideal hubiera sido que la conquista se retrasase algunos los m estizos pad ecen de la desventura de los híbri dos, al her edar "las locuras
años, los suficientes para dar tiempo a que los aztecas unificaran en una raza de Don Quijote sin el buen sentido de Sanch o", por otr o está n destinados
y una cultura homog éneas los disti ntos grupos indígena s; d e esta man era, la a desprenderse de sus razas de srcen, a eliminar los defectos heredados y a
síntesis étnica y concomitantemente el surgimiento de una nueva nacionali mantener sus ventajas sobre indígenas y criollos. Esas ventajas son evidentes:
dad se habrían facilitado.64
Para Molina Ertnquez, sin embargo, dadas las circunstancias reales la ac- Como los mestizos estaban unidos a la raza indígena por la sangre; como llevaban
acion e os españoles fue muy sabia. Por un lado, rec ono ciero n que la edu consigo una gran suma de energía; como no tenían tradiciones monárquicas, como
cación no puede sustituir a la evolución y actuaron en consecuencia, y por no tenían tradiciones religiosas; como no tenían tradicio nes aristocr áticas; y como a l
preponderar dentro del país mejoraban de condición, podían decir con justicia que
solucionadocon ri3alrm?foui<|Uj Par? Mollna laolra mitad del problema económico se había
dedica buena parteé£?u d£ u J reformas * “ >“ de ta Reforma' P°r ^ « Véase Andrés Mo lina Ennquez, Breves instrucciones de adm nmUa cm a los alcalá és o ju ra *
agricola en dos rubros ao,,,, ,, ™ 2 vanas Proposiciones concretas para resolver el problema auxiliares dependientes de las Ayuntamientos del Estado de México (Casa °,
“ El concurso f 8 y comun,cac'ones. Siglo, México, 1903), p. 32. Cabe señalar que desde esla obra Molina adopta el orden |un o
Juárez, integrada entre P°r J a Comisión Nacional del Centenario del Natalicio de cofonial como punto de referencia, al emplear por primera vez el argumento de que la
Pablo Macedo, y se dividid*1^?00 ldades porGabriel Mancera, Victoriano Salado Álvarez y Independenc ia transmitió la potestad del rey de España a a nací n mexi
Reformay composición naui?,!' r.es, ,emas: biografía de Juárez, estud io so cio lógic o de la 66 Molina, ¡uárez, pp. 73-97.
prólogo a Porfi rio ParraSor/n/n-v,j ,^ ° 'Lna rocttñó accésit en el segundo tema. Véase el w ÍM., p. 74.
64Andrés Molina E n r i n u ( E m p r e s a s Editoriales, México, 19 67), p- 7. « Ibtd.. pp. 23-24.
nquez, /uflrrzlayReforma(Libro-Mex Editores, México, 1961), pp. 47'7 2
ANDRÉS MOLINA ENRlQUEZ O LA MITIFICAC1ÓN DEL MESTIZO
58 ANDR ÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 59
los verdaderos fundadores de la nacionalidad, Ubre
eran los verdaderos patriotas, incurre en una contradicción que no podrá nunca sacudirse al reconocer que
de roda dependenoa civil, religiosa y tradtctonal. no existe una separación absoluta entre razas y empeñarse al mismo tiempo
en ajustar casuísticamente la realidad a sus rígidos estereotipos raciales. Y si
.U K .1 In, mestizos gozaban de tales ventajas, ¿por qué tuvieron
bien en la tesis moliniana todavía no se define con claridad la cuestión
oue a ^ L a^ s cnollos anticlericales en el periodo de transición? Molina no agraria, el problema de la tenencia de la tierra ya está enfocado a través del
^ m^h o tiempo en la respuesta: porque por su inex perienci a los mesb- prisma histórico de la lucha racial, y sólo resta correlacionarlo expresamente
zMcarec ííroaún dedotes de gobierno, yn eces taba n la ciencia adm imstr ab- con los grup os étnicos.
d?te?nolbs" que encabezó ComonforL No obstante, la alianza en cues- No toma más de unos meses a Molina hacer esa relación. En la exposición
va
bón sele deterioró seriamente cuando el poderoso Congreso Constituyente de su proyecto de ley de aguas determina que la cuestió n de raza, e n el pro
-a u e carecía de contrapeso étnico por ser de abrumadora may oría me stiz a blema de la agricultura nacional, se resolvería al
dlo a la Constitución de 1857 un giro demasiado radical para el carácter mo
derado de los aliados criollos.7^ esto se aunó el gran error qu e M igue l U rd o borrar las diferencias que existen, como último resto de las anteriores diferencias
de Tejada cometió al no distinguir en las leyes de desamortización entre la de raza que dividían la población nacional, entre las grandes propiedades rurales,
propiedad de las comunidades y la propiedad comunal, afectando junto con las haciendas, las pequeñas de srcen semejante al de las haciendas o provenientes
la Iglesia a los indígenas, a quienes se les fragmentó su tierra en parcelas del fraccionamiento de ellas, y las propiedades de srcen comunal [...]
.*>
individuales tan pequeñas que sólo vendiéndolas les podí an s er pro duc tivas .
De este modo, los criollos desertaron de la alianza y los in díg ena s per jud ica Más claro ni el agua: los modos de propiedad de la tierra son reductos de los
dos apoyaron a sus congéneres que se habían refugiado de sde la Ind epe nd en grupos raciales. Ahora está completo el bagaje ideológico de su mestizofilia,
cia en el bajo clero.7’/7 y sólo le hace falta profundizar, perfeccionar y desarrollar sus conceptos fun
En medio de tal aislamiento estalló la Guerra de los Tres Años. Con todo damentales en la obra totalizadora que habría de ser Los grandes problemas na-
en su contra, los mestizos hubieran sido fácilmente d errota dos de no ser por cionales, que por entonces —anuncia— empieza a escribir y a publicar par
Juárez, quien enmendó el yerro de Lerdo de Tejada con las leye s de na cio na  cialmente en los folletines del diario El Tiempo.76Acaso sea el presentimiento
lización, limitando su efecto a los bienes de la Iglesia y atrayendo el apoyo de su célebre libro lo que lo hace sentir que ha realizado "el modelo de arcilla
necesario para la victoria. La inquebrantable voluntad de Juárez llegó así, que deberá servir, para que un maestro vacíe en bronce la obra definitiva de
con las limitadas pero eficaces acciones militares de Degollado, al triunfo la historia contemporánea nacional".77 Y si la obra que vendría difícilmente
definitivo de Calpulalpan, mediante el cual se afianzó la nacionalidad mexi habría de ser la definitiva, el maestro destinado a vaciarla era ya, sin discu
cana en lo interior. Únicamente restaba demostrarla al mundo, lo que final sión alguna, Andrés Molina Enríquez.
mente se logró derrotando al imperio de M axim ilian o.77
Como se ve, la tesis mestizófüa de Molina Enríq uez e stá a pun to de ma du
rar. De hecho, sus avances con respecto a su obra precedente son muchos, y c) Consolidación de su tesis promestiznje
ai * ' J! *? esencia^es esl^n y? trazadas. Ya afirma, en este su prim er lib ro, q ue
,,n ST 00 K f^ ^ n te para ordenar la heterog énea sociedad mexi- La efervescencia política y social en México era intensa. Corría el año de 1908
nadón vIUr i ^ d errf^bando las diferencias de raza se podrá constituir una y de la publicación del libro La Reforma y ]uáreza la fecha varios presagios
de tormenta electrizaban el ambiente previo a la séptima reelección del ge
v de DrptMvf 0tnJ ?do' aclern^s defin irse sin am ba ges co m o me stiz o neral Díaz. Los aislados pero incisivos embates periodísticos de Ricardo
indígenas y criollos77, identifica sus fuentes
Flores Magón y los "regeneracionistas", las sangrientas huelgas de Cananea
ftiva PaUdo y S i e r r a S,Pencer y G um plowicz , ha sta Pi me ntel, y Río Blanco, el recrudecimiento de la pugna entre científicos y reyistas, la
gráfico estratódm v „ de U> na de >°s cereales" como centro geo- aglutinación del talento joven marginado por el régimen en núcleos intelec
mestizo se sentía llamad SU Proyecc'dn de mayor alc anc e, a ntic ipa qu e " el tuales de oposición y la insólita entrevista Díaz-Creelman, todo había puesto
tÜ llamad0 a o menos tarde, el due ño de A m ér ic a" 7' en tela de duda la invulnerabilidad de la tan inveterada como mítica paz
“ ¡W. pp, 114-115. porfiriana. Mientras tanto, desde su trinchera del Museo Nacional, Molina
Molinapretendíanbeneficiarse del re
par to de los 75 Andrés Molina Enríquez, Proyecto Je Ley Je Aguas Federales para los Estajos Unidos
” |W.,pp. 123-146.
Mexicanos
74 tbid., (Tip.
p. 31.Particular de la Sociedad
Tiempo después, Agrícola
en 1909, MolinaMexicana,
volverla aMéxico,
publicar1906). p. 24, de Los
fragmentos
nt o ^ m ’" 'p pUM68 grandes problemas nacionales en el periódico El Partido Democnitico.
77 Molina, luárez, pp. 169-170.
ANDRÉS MOLINA
ENRIQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 61
60
, „ »rica taha su obra cumbre, en la que hab ría de peores tierras, recibieron el reconocim iento de su posesión comuna *DEn efec
Enri que s rondaba el re^ ysl^ ' nsamiento mestizófilo.
píasmar de u m v b port ad 1 * ^ e, pr6|ogo de u,s gand es proble mas na to: "todas las cuestiones sociológicas en que consisten los grandes problemas
to fin, en abril de 1 ,
de nu estro pro greso, tom an su punto de partida en la época c olonial, que fu e
minucioso.78 Para abr ir boc a, se est ab lece n para nosotros el periodo de formación."79
S bs ba S d e^ u ^ lisis en un "apunte cien tífico ". Se gún Moli na, el ser A todo esto, Molina considera necesario hacer otro de sus apuntes ci entífi
r ^ ^ fc T d e l oxíeeno y del carbo no para vivir, pues to que de l a com- cos para definir su concepto de raza. La influencia de las fuerzas del medio
bustión'de'eU« m su onanism o emana la fuerza vital Pero m ientra s que el sobre lo que Haeckel denomina en su Historia de la Creación "fuerza formatr iz
p r íi^ im m to se encuentra en el aire, el segu ndo sól o exist e en cantidad y intema" produce en el ser humano los grupos raciales. Éstos se ensanchan
dhStón adec uadas en los cereales. De ahí qu e -^o m o demostró R e c lu í- la hasta d onde las barreras geográficas se lo permiten, pasando entonces de l in
producción agrícola determine la existencia de la s socied ade s y que la zona cremento cuantitativo al cualitativo causado por lo que Darwin llama "selec
fundamental" de la que depende cualquier civilización sea la de los cereales. ción ". Una vez perfeccionadas, las razas tiende n a expandirse más al lá de sus
En el caso de México, dicha zona comprende principalmente la mesa central límites naturales y a chocar con otras, de lo que se deriva el exterminio o la
de la altiplanide interior. Esta región es la única capaz de producir cereales de mezcla. De modo que existen de una parte Estados como el Imperio alemán,
alta calidad en cantidad superior al consumo de sus habitantes, lo que ha pro en donde prepondera la identidad de srcen y la reincorporación de una
piciado que sea la más poblada y poderosa del país. Ello tuvo una influencia raza, y de otros estados como la Gran Bretaña, en los que predominan los in
tal en la vida de los indígenas, que las innumerables y disímiles tribus que lle tereses que cpnvergen en la fusión de distintas razas. En todo caso, por raza
garon a México del Norte adquirieron un mayor o m enor grad o e volu tivo en se entiend^un conjunto de hombres que por haber vivido largo tiempo en
la medida que controlaron la zona de los cereales. condiciones iguales de medio, han llegado a adquirir cierta uniformidad de
La evolución, no obstante, fue relativa. Para medirla le basta a Molina organización señalada por cierta uniformidad de tipo^°
analizar los derechos de propied ad, que constit uyen un indicad or m uy apro Una vez legitimado el mestizaje étnico, Molina emprende la exposición
ximado del estado de desarrollo de una sociedad. Así, en una escala qué va del proceso de ajustes étnico-sociales en México. De acuerdo con ésta, con el
de la ausencia de toda noción de derecho territorial que ostentan las socie tiempo se suscitó una leve movilidad en la estructura social del Virreinato.
dades nómadas, a los derechos de propiedad privada que rigen a las socieda Por un lado, los criollos y los inmigrantes que se hicieron rancheros tuvie ron
des más modernas, los indígenas mexicanos más avanzados, aquellos que acceso lim itado a la gran propiedad ; por otro, el res to de los ranchero s penin
poseían comunalmente la zona fundamental de los cereales, apenas supe sulares, deb ido a la creciente mezcla racial en el campo, fueron transf ormán
raban el punto intermedio en el momento en que fueron conquistados por dose paulatinamente en mestizó La indep endenc ia de México c onsumó e l
uno de los pueblos más desarrollados del mundo. Siendo, pues, abismal la desfasamiento de la estratificación novohispana. Con la expulsión de los
superioridad de la evolución española sobre la desintegración indígena, españoles, los criollos monopolizaron el primer escalón, dividiéndose en
resulta lógico que haya sido el periodo colonial —y n o el pre hisp áni co— el "criollos señores" —aquellos que se apoderaron de las minas y de las tierras
queinició la integración del conglomerado humano en cuestión. En ello la liberadas por la repatriación— y "criollos clero" —aquellos que reemplaza
,, , “ tierra fue determinant e. El gran inst into juríd ico españ ol, infe- ron en la Iglesia a los exp ulsados— ; los primero s separados a su vez en "con
ide0 y obtuvo la bula Novennt Universi, por m edio de la servadores" y "p olíticos o m oderados", mejoraron su posici ón econó mica y se
to rm én » ¡.h? Co*^ UISta y d¡0 a ,a Corona la propiedad de los n uev os terri- convirtieron en gobernantes, y los segundos, compuestos por religiosos y
prtiDiedad *\rivaron va n° s instrum entos leg ale s pa ra rep ar tir la por auxiliares laicos, formaron el partido reaccionario y pasaron de la clase
eclesiástica media a la privilegiada. Por su parte, los mestizos se adueñaron
misioneros ? 0Se una nu?va estructura social: los conquistadores y
de la propiedad agrícola y abandonaron el bajo clero para aprovechar las
rural, a la que en v ^ X t e e r T i^ '0™ '65 acaP arar on la 8ran propiedad mejores opcion es que se les abrieron como e mpleados, profes ionales y re
crético con sus ¡nc ra cc 3Cer P'taducir sostuvieron como sím bo lo ansto - volucionarios". Y los indígenas, para su fortuna, llenaron en el clero el vacío
mente provenientede laTtee Ta ia ^ leFs'ásbcos<?os inm igrante s, gener al- dejado por los mestizos o se volvieron soldados o permanecieron corno pro
pequeñas proDiedadps n ^ . t s Paña ' se volv iero n ag ricu lto res en pietarios comunales y jornaleros. A los gmpos mencionados se añadieron,
que soba hacerse
rancherías cuandoeneranel camnn
a c e m6 a d ^° ^S rnestizos' produ
^ 01^ 6 ind¡ cto del cruzanam
as' permanecí eniento
las finalmente, los "criollos nuevos o liberales", producto de la inmigración
europea no hispán ica cuyo srcen les dio orient ación libe ral.
clero cuando eran rechazados-1, wí ^°r e*Padre 0 se refugiaban en el bajo Esos grupos raciales constituyeron el motor de la historia de México, la
ecnazados, y !°s aborígenes, a pesar d e ser releg ado s a las
71 lf * párrafos m* sitúen i
«Tiando camC TiUro^r a° 'UT un» síntesis de Los grandes proble- 79 Andrés Molina Enríquez, Los grandes problemas nacionales (Era, México, 1981), pp. 73-99.
Ju*c'os no sean los d el mismo Molina “ Ibút.,pp. 102-104.
M 0 »AMlm U-M. .V J Ohi.M.íS1ia >
ANimf!,NK.UNA..NRW»H/.
AND KfiS MOLINA RNRÍQLJEZ O LA M1TIFICACIÓN DEL MESTIZO Al
.i v ... . mu, las lineas traz .ula s en su estudio sobre la
«Xrm . "i tro e ñayor detalle conceptual que ya ha log rad o le permite
tacto, ln mezcla y la confusión de las razas, preparando la formación de una
l<tforma, l ero e > (os Entre otros, el de que la alianza entre los sola". Con todo, existe todavía una clara separación entre ellas que permite
emplear, como se ha hecho, la clasificación "seguramente incompleta y defec
cíiollíis pá ticos y los mestizos para combatir a la Iglesia se ba só en una coin- tuosa" pero válida de la relación entre los grupos raciales y las clases so
ddenda*coyuntural de intereses: aquéllos, mas regabstas que catolices, pre ciales.03 Tal clasificación es, de hecho, la que prevalece en el periodo integral,
tendían imponer su hegemonía mermando la riqueza d e cler o, la que con una mínima añadidura provocada por dos sucesos del Porfíriato. En el
Quedaría en poder de éstos. El enlace entre ambos fue Comonfort, cuya posi primero, el afianzamiento de los mestizos en el poder disolvió a los revolu
ción intermedia de criollo nuevo le permitió atraer a los dos bandos. No cionarios en "directores" —funcionarios públicos y jefes militares— y "ejérci
obstante el catolicismo y el carácter de los criollos m oder ado s — represe nta to" —oficiales y rurales—; en el segundo, el desarrollo de los ferrocarriles y
dos por Lerdo— les hizo disfrazar su ataque al clero y beneficiarse con las la industrialización trajo como consecuencia la inmigración temporal de
tierras expropiadas a los criollos liberales, lo que perjudicó a los indígenas extranjeros europeos y norteamericanos, y la aparición de obreros superiores
propietarios comunales y a los mestizos. La Iglesia aprovechó el descontento e inferiores, reclutados respectivamente de los grupos mestizo e indígena.
de los afectados y ayudada por los indígenas, soldados y clero y bajo la batu Tomando en cuenta lo anterior, la acomodación soci al de las razas es en 1909
ta de los criollos clero —tanto eclesi ásticos como reaccionar ios— contraat acó como sigue:
al gobierno al grado de ahuyentar a los criollos conservadores de la lucha
y lograr la neutralidad de los criollos nuevos o liberales. Entonces Juárez,
confundido con los mestizos, se hizo cargo del movimiento, pidió en la irre norteamericanos
flexión de su apuro el apoyo de los Esta dos Unidos y enco men dó al "inm en extranjeros
samente genial" Degollado la acción militar. Éste tuvo dos intervenciones europeos
decisivas; por un lado, comprendiendo como nadie que sólo es poderoso nuevos
quien controla la zona de los cereales, impidió con su constante acecho que
los reaccionarios consolidaran su dominio en la capital; por otro, viendo moderados
que los mestizos se apoderaban de los bienes del clero, instó a Juárez a que criollos señores
expidiera las leyes de nacionalización. conservadores
Todo lo anterior, si bien propició la victoria de la Reforma y con ello el Clases altas o clero
primer gobierno formal de los mestizos como clase de intereses, no impidió privilegiados
la imposición del segundo Imperio. Mas la intervención, como demostró directores
Sierra, estaba destinada al fracaso debido a su incapacidad de comprender el profesionales
juego de los elementos de raza. Para triunfar hubi ese sid o nec esa rio unifica r empleados
a todos los grupos en contra de los mestizos, repudiando las reformas libera- ejército
es y dañando con ello a sus primigenios beneficiarios, que eran los criollos obreros superior«
nuevos, franceses en su mayoría. Ninguna de las dos cosas era aceptable para
rancia, que decidió dejar derrumbarse a Maximiliano y a sus únicos aliados, ^ indígenas clero inferior
los crio'los conservadores, ya divorciados de los criollos reaccionarios. Así, el
mestizos" >|E mf>eno Am ostró al mundo " la firm eza d el go bie rno d e los Clases medias I mestizos pequeños propietarios
y rancheros
de dtsinñ^ra^tÓr'^° anter'omente descrito, que comprende los periodos
la Colonia^'tmH-n y * transición' es Pai3 Molina de capital importancia. Si soldados
obreros inferiores
Independencia ál rom™®32 aljrlSfn“ a a Ia fusión de todos los g rup os" ,82 la propietarios comunales
de losdistintos'elPm^ E !.r l 0" U ngida e?tructu™ virreinal, aum entó el roce Clases bajas j indígenas
jornaleros
su inteertóóa Y « a l i e " í* y COn eUo a b an to en el larg o ca mino de
cana es el de 1taber hedí *! may° r ^ene^c*° que
x debem os a la form a republi-
naber hecho la lgUaldad dvil que ha favorecido mucho el con-

E ÍW , p.
WU'íqUe2, grandes pa l m e s nacionales (de aquí en adelante citado como I
83 Ibid., p. 105.
.ANDRÉS MOUNA ENRlQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO
64 ANDR ÉS MO UNA ENRlQÜEZ O LA MITIFI CACIÓN DEL MESTIZO 65
,w ,n Moli na, erares trastornos. Si exist ieran
Esta esfratiticacxm pw. ,^ amplias, eUas podría n resistir la El mestizo es plebeyo: se apellida Pérez, Hernández, Flores, etcétera. De color
clas es t r ae dor as cM se, ^ ¿ P e m nQ e s ^ a moreno, que en las mujeres se dice color apiñonado, es más moreno que el
^cason 'poique
d e ' las privilegiadas y t i europeo meridional, aunque menos que el indígena puro, y en las costas es pinto;
s ólo unasj s cuantas clases
clases trabajadoras,
trabajadoras,la_
la rmayoría indígenas, su cabello es en lo general negro y rebelde, su barba negra y escasa, su cuerpo
"soportin el peso colosal de doce clases supenores o privilegiadas ■En con tosco y robusto, su continente serio y grave, y su conjunto a la vez fuerte y dulce.
El mestizo, que siempre ha sido pobre, es vulgar, rudo, desconfiado, inquieto e
secuencia: impetuoso; pero terco, fiel, generoso y sufrido. Nada puede identificarlo mejor que
Por ahora nuestro cuerpo social es un cuerpo desproporcionado y contrahecho, la palabra con que fue bautizado por la "gente decente": "chinaco", derivación de
del tórax liada arriba es un gigante, del tórax hacia abajo, es un niño. El peso de la "chinacati", o sea para no traducir literalmente esta última palabra, "desarrapa
parte de arriba es tal, que el cuerpo en conjunto se sostiene difícilmente. Más aún, do". En sus gustos, muestra inclinación a los placeres sensuales: cuando gasta no
está en peligro de caer, sus pies se debilitan día por día.84 es elegante como los criollos señores, ni lujoso como los criollos que más adelante
llamaremos "criollos nuevos", sino simplemente derrochador.87
Ésa es precisamente una de las cuentas pendientes del periodo integral: con
No o bstante ser resultado de la unión entre el criollo y el indígena, e l mestizo
trarrestar los problemas económicos que dimanan de la construcción defec
tuosa de la sociedad mexicana. El acaparamiento de la riqueza por parte de anhela separarse y sobreponerse a esos grupos, con quienes tiene una aver
sión mutuaífY es que los mestizos sienten repugnancia tanto por el cato
una minoría, la iniquidad e ineficiencia de la gran propiedad territorial, la licismo y el "sentimiento de autoridad" de los criollos, como por la idolatría
opresión de los agricultores y el estancamiento de la industria por falta de y la "abyección de raza servil" de los indígenas^Por ello, porque luchan con
mercado interno son todas consecuencias de la heterogeneidad racial y su "una mezcla de furor antirreligioso, igualitario, vengador e iconoclasta" por
resultante socio-económica. Para solucionarlas es menester, pues, equilibrar liberarse de sus ataduras, se vuelven "lib erales" y aspiran al bienestar que les
el cuerpo social mediante la integración étnica y la concomitante justicia permita mejorar su raza. Para Molina —huelga decirlo— todo esto es evi
social.8’
Lo expresado hasta ahora implica, de algún modo, la existencia de una dente. Com
y de tan fácilocomprobación
en otros casos,histórica,
se puede que
asentar como algo
no necesita en "este tan claro,una
estudio tanri
cierto
caracterología de los grupos raciales. Y en efecto, Molina no duda en estable gurosa y completa comprobación".86
cerla: Sin embargo, vale preguntarse: ¿qué ventajas tiene el mestizo para que
Molina Enríquez lo considere el elemento llamado a formar la nueva
El cnoUo es en lo general de alta sangre: se apellida Escandón, Iturbe, Cervantes nacionalidad mexicana? La respuesta está en su energía, que "estriba en su
Landa Cortma Cuevas, de la Torre, Rincón, Pimentel, Rui, Terreros, Moneada, naturaleza antropológica y en su fuerza selectiva" y que le viene de herencia
. . re^_ V^Z/. Caza" e*c&era-Es generalmente rubio, de un rubio meridional, c indígena, porque el mestizo no es una raza nueva, es la raza indígena, con
gu o tngutóo según la Academia,es un color entre rubio y moreno— de siderada como la totalidad de las razas indígenas de nuestro suelo, modifi
fiívnin ? maS '*?' <lue. azules>de continente orgulloso, de aspecto más bien cada por la sangre española". Riva Palacio observa atinadamente que los
de mnnrirf conjunto a la vez delicado y fino. Es generalmente hombre indígenas tienen un progreso corporal superior al de todas las razas, lo cual
las condemnrin ’ y r®^na_d°: en sus gustos se muestra elegante, le agradan demuestra que "son de una antigüedad remotísima y están compuestos de
susCarruaies
sus carruaies y se hacen016
v ^ llamar3"gente
a^cióndecente".“
los honores cortesanos;Kpinta blasones en unidades de una poderosísima fuerza racial". Más aún, esa fuerza los hace
superar a los blancos, y prueba de ello es que se adaptaron perfectamente a
las regiones más inhóspitas en las que sus conquistadores no se atrevieron
conjunto, eran vs on <tnd'°^aleS caia c‘erjsticc,s de lo s ind ios d e raz a p ura , en a en trar; los españoles, en cambio, agotaron su energía en América y decaye
dos, sincera en los sometióW' SU sumisión servil, hi pó crita en los inco rpo ra- ron en Europa. E sto tiene un motivo: si bien la raza blanca es superior por su
• odear ^ ^ r aJ^S S^ r M P"*- "acción", producto de su más adelantada evolución, la raza indígena es su
perior por su "resisten cia", resultado de su más adelantada selecc ión.
La p eculiar distinción se aclara con un apu nte científico. En reahd ad, toda
evolución es consecuencia de la selección, pero ésta puede ser individual o
colectiva. La primera asegura la supervivencia del individuo más apto den
^ c fi«i-Pp.JÜS.322. Presenlada « e l cuadro antejustificad
““ y««® rior. on « a la s tro de un grupo —co mo en el caso de la ensimismada China adaptándola
P- 106. Crix SOtabtr t*. i
°*ras , P ^ < ^ - B ^ ° B * ^ dcScnl0 es el crioUo señor. Para
SdkW adlet" '« -U b o n o sT ^ 0^ 1’ DuP°n*' DureC Lanz, Henkel, L 87 lb¡d.f p. 110.
' lnstrui<lo, sociable y prudente" M i' econi*Inico, previsor, calculador, 'a 88 Molina Enríquez, LGPN.
™ - . Véase op.ctt.,p. m
« Á m t, uo í. ,» t W W ° “ m K K 'M a ¡ L U ' * " ZO ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MELIFI CACIÓN DEL MESTIZO 67

bolos grupos raciales, ha sido la suya una obra "sin precedente en la historia
grupos -c om o m el cas ®amjen¿ geográfi co( los indígenas m exican os de la huma nidad".92
individuos. Dfb,d? V sj^,ad5n( |0 que los hizo adaptars e a su am biente No obstante, amigo de sus amigos, Porfirio Díaz protegió la gran propie
estuvieron eri la P ^ blo amer¡cano; así se explica el hecho de que no dad de los criollos. Ese es el primer gran problema nacional que prevalece.
Recorriendo en ferrocarril la zona de los cereales es fácil constatar las
S T g a n por su ballet ni p or su cultura, pero ta mbié n el de que teng an enormes extensiones de tier ra que cubren —que no aprovechan— las hacien
US I resistir enormes sacrificos físicos^ Y esa fuer za pasa s. n reser  das. Apoyado en O rozco y en Jovellanos, Molina sostiene que la hacienda es
vas Amestizo por derivarse del cruzamiento de pocos españoles y criollos una forma de "feudalismo rural" injusta e improductiva que se sostiene por
con muchas indias y por continuar mezclándose los mestizos con éstas y no la "vanidad y orgullo" de los terratenientes. En ella el déspota hacendado
con aquéllos, absorbiendo gradualmente al indígena. Por eso y más es el "manda, grita, pega, castiga, encarcela, viola mujeres y hasta mata", todo
mestizo el que prevalecerá e impondrá la nacion alidad mexi cana.*» impunemente. Con ella se desperdicia la zona fundamental, que de estar
Todo lo anterior implica, según el esquema moliniano, que el mestizo ha ocupada por pequeñas propiedades produciría cereal suficiente para incre
estado siempre destinado a detentar el poder. El periodo de transición afian mentar colosalmente la población. Y como siempre, las víctimas de los incon
zó su predominio político con la ley fundamental d e la na cio na liza ció n — re tables males que produce la anacrónica gran propiedad son los indígenas y
dactada "con tan poca voluntad" por el criollo Lerdo d e Tejada— per o fa lló los mestizos, cuya posición social es la más desventajosa.
en su intento de equilibrar la sociedad con una clase media de pequeños Frente a tal situación, pues, no queda más que la alternativa de fraccionar
propietarios porque, además de permitir que los criollos e incluso los mesti y vender la hacienda, para lo cual Molina propone la formulación de leyes
zos despojaran a los indígenas, no dividió la propiedad de la Iglesia. Si esto que igualen la propiedad ante el impuesto y que estimulen la división volun
último, como quería el mestizo Ocampo, se hubiese realizado, "la paz porfi- taria o, en última instancia, obliguen a la expropiación y partición forzosas en
riana de que con tanto orgullo nos envanecemos sería ya tal vez la paz defi el momento de la herencia. Y quien juzgue que esto último atenta contra el
nitiva."90 De todos modos, la paz surgió y con ello la figura de quien había derecho a la propiedad privada, debe recordar que
de imponerla con su "inspirada, feliz y afortunada política": Porfirio Díaz, el
gran mestizo, cuyo éxito estriba en haberse situado por encima de todos los en nuestro país, toda restricción de la propiedad privada que ayude a la forma
ción, a la constitución y la consolidación de nuestra nacionalidad, en tanto no
partidos y los grupos raciales, concentrando el poder y ejerciéndolo me ahogue la propiedad privada, será constitucional y por lo mismo legítima.93
diante favores o con mano dura, según "la cantidad de acero que hay en las
unidades de cada raza". Así, "profundo conocedor de todos los mestizos", Pero para que la fragmentación de la gran propiedad sirva a ese propósito es
les ha dado los pues tos públ icos, avalando su corrup ción y s acián dolo s en el indispensable que la tierr a fragmentada vaya a parar a las manos de los mes
presupuesto. A sus amigos revolucionarios los ha llevado al gabinete, al tizos. Cualquier otro resultado rompería el equilibrio racial logrado por el
senado o a la diplomacia, donde se codean con los criollos; a los empleados y porfirismo y empeoraría la situación social porque "de salojaría del centro de
pro esionales los ha convertido en funcionarios y a los agricultores en milita gravedad de la nación" a quien la sostiene "por su adhesión al suelo, por su
res, a os bandoleros tos ha transformado en tropas rurales. Infortunadamen- sentimi ento de indepe ndencia y por su energía de acción" .9,1
'¡'í * presupuesto ni la industria han podido soportar a todos los mestizo s, De aquí se deriva el segundo gran problema nacional. A fin de evitar que
riada! ! ! ! n. mUC^OS C*e e,*os <lue Perturban la tran quili dad c on su s apa sio- la clase privilegiada de los extranjeros y los criollo s nuevos se apoderen con
"asnirárírm 60 pcnódicos "baratos y malo s" en los que difu nde n sus su dinero de las haciendas arrebatadas a los criollos señores, es imperativo
dar a las mestizos el poder adquisitivo del que carecen. De lo contrario, el be
pesar de todo 've'en ellos "a^los^f5 X COnfuSas"' Y aunc)ue el Seneral Dlaz' a neficio de la división de la gran propiedad sería "inmensamente contrapesa
nir" también v p „„o ~. °* 3 ^ suyos<a su raza, a la nacio nalid ad, al porve-
do por el a crecentamiento de las clases altas, por el alejamiento de éstas con
« eí diario El T/mpo.J i r? r ¿ ? r t o í t o ,a ¡°* CrÍ0" ° S SeftonB “^ Uya respecto a las bajas, y por la falta de lastre de las clases medias", desencade
El País—, y castiear a ind™ i„„08 cno *°s c,ero —representados por el diano nando "el pauperism o" que es en la historia "la lepra que nos mata".95 Luego
cuando es necesaria De este SU perfidía 3 ,0 Luis Richelieu entonces, es menester implantar el crédito territorial que dé a los mestizos
integral, la cual, bien vista "no es 8ara ntiz ado el ord en d e la política acceso a las tierr as en cuestión. A eso dedica Molina su análisis jurídico.
cías". Y por eUo, por intecrar “ v*rreinal adapta da a las circu nstan 
te po integ rar exitosamente bajo su gob ierno a tantos y disím -
pp.333-354 92 IM., pp. 132-147.
93Molina Enríquez,
ICPN,p. ISO.
9<IM., pp. 151-199.
95 IM., pp. 178-199.
hkms <IUe ” dlano ‘ crioU° ' publicó Molina extractos de Im ¡¡nndrJpro-
IF7 0 l i mi tifi ca ción d el mest i zo

68 ANDRÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA MI ANDRÉS MOLINA ENRlQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 69


., inferir—■de nada sirve la tierra sin el agu a. Segu-
Sin embargo —es l o^ g iócfa
a ) no
^ ps. un recurso
€S un rGCui&u seg uro y/ abundante
h u u u u u u i i en
. u todo
t tuu u deseos, los propósitos y las tendencias generales", lo que a su vez genera "la
rameóte por eso y Por^ ^ ¡ luye )a irrigación en su estudio com o el ter- unidad del ideal"; luego "la patria, pues, es, en resumen desde el punto de
el territorio mexicano, M desempolva su vieja Ley de ag ua s para vista sociológico en que la venimos considerando, la unidad del ideal co
«?■*"
resolver,
F-aasrtlSísi & «j***•* ,4«¡*.
stricfo sen "zona fundamental de los gra- su,
mún". De ahí que la homogeneidad sea condición sirte qua nonde la existen
cia de una patria como tal, y que el encuentro de dos "agregados humanos"
distintos no pueda constituir una pat ria sino hasta que éstos "se confundan
^ eP, °rT m X ió n geñerafen nuestro país", p orque en el la se c ult iva en uno solo" que desarrolle su propia cohesión social".99
también^? frijol.96 -A s í las cosa s, con pequeña propied ad, créd ito para La definición de la patria como "el altar y el hogar" que da Justo Sierra es
tamcien e i dud[. el mestlz0 se adueña ría de la nació n.
para Molina Enríquez "demasiado profunda" pero correcta: el altar simbo
3 EUu irto problema nacional es el de la población . Mo lina En ríq ue z lo liza el ideal común y el hogar la población y su territorio. En México se tiene
estudia con peculiar detalle, desde la forma en que los mexicanos sostienen un hogar endeble porque la propiedad comunal indígena no tiene las raíces
la tortilla al comer hasta la manera en que la capacidad consumidora de cada firmes en la tierra como la propiedad individual, y la gran propiedad indi
uno de los grupos raciales del país crea una crisis crónica en su industria. vidual criolla los pierde por "la dilatación de los derechos que la forman".
Todo ello, aclara, determina a partir del hábitat nacional la distribución y la Pero lo más grave es que se carece por completo de altar, porque no hay uni
estructura de la población, que se refleja en el deforme cuerpo social prevale dad de srcen, ni de religión, de tipo, de costumbres, de lengua o de desa
ciente. Pero la solución al problema no es "el absurdo criollo" de la inmigra- rrollo evolutivo, ni de deseos, propósitos y aspiraciones; porque no existe, en
dón que, a más de fomentar la injusta discriminación contra los mexicanos en consecuencia, el ideal común. Como grupo en sí, los indígenas mismos pade
su propia tierra, ha probado ser muy poco viable debido a la inadaptabilidad cen de una absoluta ausencia de unidad, mientras que los criollos tienen
de otras razas a las difíciles condiciones de México. La población nacional comunidad de ideales, pero la patria que sienten como suya no es la mexica
existente tiene todo lo necesario no sólo para desarrollarse, sino también na, sino la de sus antepasados. Los mestizos, en cambio, poseen unidad en
para defenderse y vencer —cuando el mestizaje sea total— en el inevitable todos sentidos, lo cual explica que históricamente nunca hayan sido traidores
choque racial con los vecinos norteamericanog/Y es que la vecina raza del como los criollos sino siempre patriotas. Y para consolidar el hogar basta re
Norte, que debe su prosperidad a que su territorio es propicio para una in partir la tierra de acuerdo con lo hasta ahora prescrito, es decir, imponiendo
mensa producdón agrícola, es débil porque se compone únicamente de ele la pequeña propiedad e igualando l as condiciones de vida. "Cu and o así to
mentos de muy adelantada evolución, los cuales rechazan la mezcla con dos los habitantes de la República tengan hogar, necesariamente tendrán que
razas de avanzada selección. Cuando México produzca una gran población defender ese hogar en caso de una guerra extranjera ." La creación del altar ,
en 50 años llegará a tener 50 000 000 de habitantes97— enviará a Estados empero, presupone la unificación de los factores que forman el ideal, y para
Unidos una enorme cantidad de jornaleros que no se confundirán con la facilitarlo es preciso an alizarlos uno por uno.100
mayoría de los norteamericanos. Y cuando la síntesis del mestizaje culmine, Por principio de cuentas, sigue especulando Molina, la unidad de srcen
se logrará cuando los miembros "adoptivos" de la "familia" nacional —los
como indudablemente sucederá, entonces, nuestra población compuesta de criollos— se "disuelvan" y se "confundan" en ella. Ellos, naturalmente, in
unidades superiores a las indígenas que ahora van a Estados Unidos, hará sentir tentarán evitarlo a toda costa, y para eso invocarán la ayuda de algunos
"mestizos extraviados" y de los extranjeros, por lo cual la posibilidad de que
muchas^sorpresas!98^ 6" SUaCd°n Y P°der ["'1' L° Porvenir nos ^ aTá¡> México se convierta en otra Cuba o en otra Polonia es un grave peligro. A fin
de eliminar ese riesgo, los mestizos deben neutralizar el carácter extranje
es aue'X rere ^i™ 0 8? n Pro^ ema nacional es el polític o. Y tan importante rizante de los criollos —contra el cual ha de esgrimirse The American Ideald e
arrolla varias de íashhl-f Clml£fic° 'mas saliente de tod os" , en el que des Theodore Roosevelt— financiando la reforma agraria con capital extranjero e
demostrar que la oatri exPresadas en los anteriores. Allí Molina pretende involucrando así poderosos intereses que los apoyen en sus esfuerzos por
forjar la nacionalidad mexicana. En segundo lugar, en cuanto a la unidad de
íad ónd lTo aC r ^ d '7 °r Sá" '« de la ^ dda'
dad", se traduce c o n e lt il^ ! “ , T ' de con diciones de vi da, y de ac tivi- religión, sus bases están dadas y sólo hace falta fortalecerlas. Todos los grupos
bres, la lengua, ciertas condirT 3 ldentidad del "t ip o físico, las cost um -
gua, ciertas condiciones provenientes del estado evolutivo, y los
99 Ibid.,sociales"
"agregados pp. 359-370. Cabe del
depende mencionar que,de
"coeficiente según Molina,
cohesión ei resultado
social" del de
de cada uno choque
ellos.de
Si dos
uno
» 'i tT aicr” P*t‘° 1P- « , pp. 200-238 v 230 m o ambos se rompe(n) en la colisión, ios fragmentos conservarán la cohesión que tenía su agre
pp 352-353 Sobre«te punlü M,. . gado y absorberán o serán absorbidos en función dei mayor o menor coeficiente que posean.
hace un mayor abundamiento en op . cd-, pp- >“>fWd.,pp. 375-396.
MESTIZO
70 ANDRÉS MOLINA ENRl QUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O
LA MJTIFICAaÓN DEL MESTIZO 7
„ „,,Ai¡rns ñor lo que no hay más que ve nce r los es-
raciales son, a su maner - l ara aicanzar la uniform idad religio sa. En Todos como los hermanos de una familia, libres para el ejercicio de sus facultade
de acción; pero unidos por la fraternidad del ideal común, y obligados a virtud di
esa misma fraternidad por una parte, a distribuirse equitativamente el goce de 1.
tewer lugar « t ít í e ^s ald rá sobr ando convence r a los mestizos común heredad que los alimenta, y por otra, a tolerarse mutuamente las diferen
mestizaje se £ r * ( s„ merecido bienes tar, "su tipo se her mo sear á y se cias a que ese goce dé lugar.
afinará considerablemente"). En cuarto lugar, en lo tocante a la unidad de
c o s ta r e , ha brá que contrarrestar la n efasta influ enci a extranjera -s o b re Cuando todos piensen así, "cuando hayan desaparecido todas las diferen
todo norteamericana— que pret ende sustitui r con cosh imb res ajen as los v a cias de clase y de condición que ahora contraponen a los elementos compo
lores familiares de México, así como su comida, vestido y habitación. Feliz nentes de la población nacional", cuando se haya alcanzado un sólido desa
mente como los mestizos valen mucho más que los invasores, no hay duda rrollo con base en el esfuerzo interno para evitar las influencias extranjeras
de que tarde o temprano se impondrá n sus "p uras y sa nas" tradicio nes.")! (como aconsejó Spencer y como hizo Japón), cuando, en síntesis, "los mesti
Por lo que se refiere al quinto punto —la unidad del lengua je— bas ta de zos hayan consumado su obra", México será grande. "Entonces sí habrá
cir que "nuestra hermosa lengua española" debe en señarse a todo s los ind ios patria mexicana."105
y debe defenderse de la infiltración extranjera que asimismo padece. La uni Ahora bien; esa patria debe preservarse y para ello ha de ser capaz de
dad del estado evolutivo, que corresponde al sexto punto de la agenda de defenderse m aterial y moralmente. A fin de resolver lo primero, Molina dise
Molina, implica adelantar a los indígenas y a los mestizos y retrasar a los ña finalmente todo un plan militar estratégico; por cuanto a lo segundo, pro
criollos. La indeclinable fusión de los grupos tendrá, en principio, la conse pone m antener el desarrollo, l a unidad y la "fu erza de esp íritu" del amor a la
cuencia infortunada de hacer desaparecer buena parte de la alta cultura, pero patria.106 En política exterior es igualmente preciso: en asuntos “extraconti
nentales", sostiene, lo más sensato es aceptar 1a doctrina Monroe y apoyar a
la homogeneidad que resultará de la unión acelerará a la postre el progreso.
Estados Unidos y al resto del continente; en asuntos "intracontinentales", la
Ésta es la única
la evolución opción;
es, como la creencia
demuestra criolla
É lisée en laen
R eclus educación como sustituto
Les Primitifs, de
un anacronis mejor fórm ula es la n o intervención. Aquí la situaci ón geopob' tica de M éxico
tiene la ventaja de ser "moralmente saludable", dado que permite compren
mo ilusorio. Por último, la unidad de deseos, propósitos y aspiraciones ema der a un país débil como Guatemala mediante la propia relación con un país
nara de la formación de un carácter único, que habrá de ser el mestizo. "El poderoso como Estados Unidos, y viceversa. La relación vecinal, por consi
carácter criollo vale poco como factor de constitución de la nacionalidad guiente, ha de ser de "amistad y generos idad" con los hermanos guatemalte
porque no es muy firme", mientras que el carácter de los mestizos, que ya cos y de "d ignidad y amistad" con los colosos norteamericanos . De éstos, vale
posee lo mejor del indígena, "no puede ser más firme ni más poderoso", añadir, no hay por qué temer una agresión, ya que como toda nación posee n
como lo demuestra su ascenso al fioder.102 Por eso es imperativo "refundir" por encima de sus intereses materiales "un tilma que está siempre de rodilla s
en el mestizo los criollos e indígenas restantes y "formar con toda la pobla ante un ideal de justicia superior". Además, debido a su magnitud, México
ción, una verdadera nacionalidad, fuerte y poderosa, que tenga una vida y no significa ni significará una ame naza para su vecino del Nor te.107
Tal es, en esencia, la compleja tesis mestizófila expuesta en Los grandes pro
Para Molina Enríquez, como se ve, todos los factores de unificación que blemas nacionales. Para Andrés Molina Enríquez, las condiciones para la gran
conducen a forjar el ideal común emanarán de la fusión étnica que haga posi- transformación están dadas:
° S ^ru^0s rac'a'es ^ México "no sean más que un o so lo". Esta fu-
derívarfaL6"! C° mCL to do trabajo encami nado en lo futuro al bien d el paí s", Tiempo es ya de que formemos una nación propiamente dicha, la nación mexi
derante v c°ntmuación de los mestizos com o elemento étnico prepon- cana, y de que hagamos a esa nación, soberana absoluta de sus destinos, y dueña y
zos? Poraue snn°iaSe P<LtÍCa dlrectora de la población". ¿Por qué los mesti- señora de su porvenir.106
Una vez^aue el nur"eroso s, los más fuertes y los má s pat riot as.104
reniegue de lo Dmnt/ i3 estén así culm inad os, no hab rá ya quie n
La Revolución n o lo dejaría ment ir. La suerte estaba echada.
tnotismo" quedaráPbien cla ^a ^ ° eXtrañ°' suPuesto que la " no ció n d el pa-

'■» Wna ^ qu^ °r- «>- PP 396-409. 105 Molina Enriquez, LCPN, pp. 424-427.
« 0° ' Apen¡,S PUede un mestizo que no tenga grane 106 Ibid., pp. 428-431.
409-424. 107 Ibid., pp. 434-448.
'"f l’uLpp. 357-359. 108 Ibid., p. 448.

e
ANDRfS M OLINA ENR IQUK OI A i t MIT1F1CACIÓNDEL MESTIZO ANDR ÉS MOLINA ENRlQUEZ O LA MITIF ICAC1 ÓN DEL MESTIZO 73
d)Sum tsi,nfil iacor,eX idaV aumentada escribe también un artículo en el que reitera su rechazo a la inmigración y en
el que deja entrever un signo de su próximo viraje, subrayando que "los mes
.....„„ i.if i'tvdsmm'nU' un éxito ctlilori.il.mv tizos no somos en realidad más que indios transformados" y refiriéndose a
fes guinde*yn>WA»MS »Mi ‘ • t,n',i iiulml.il'li'iiH ’nli’ m.iy nr ¡nlliu-ncín Cuau hlémo c como héroe y a Cortés como v illano.1 12 Y dos aftos después, en
^ lVI,u, medios 1'obUco* ivm Molin.i Inri- el Inusitado boletín de la Secretaría de Gobernación que le regala rimaren
l.mlv' en i irvuliw. i |,.,|i|a logr.ido contribuir A "u biir ■<!miivo " lílías Calles, expresa sin cortapisas oficiales sus ideas en un análisis jurídico
911- ' m' ol mismo ospomlv. so conver tirín en ol ite la Constitución de 1917. Entre artículos, cartas y entrevistas en los que él
'lucl7 í ' ! lll „ coritenle renovadora: la Kovoluoiou mex ican a. Su li bro, es la figura central, declara que la Carla Magna fue acertadamente impuesta
adoniAs^resulto profetice en nvw de un sentido. Por olio, el estallido revolu por una minoría, y que si los españoles fueron los herederos del gran instinto
cionario hizo crecer sus expectativas y, cuando creyó que el movimiento ter jurídi co rom ano ent on ces Méx ico , por ser "el pueb lo más dif ícil de gob ern ar
minaba sin haber resuelto los grandes problemas nocionale s, su des esp era ció n de toda la tierra", al tener en su población representantes de todo el espec
lo llevó como ya se dijo, a la insurrección y a la cárcel. A llí re cibió de ma nos tro de la evolución hu mana, ha tenido que ser el heredero de Esp aña.113
de su amigo Carlos Basave un folleto mediante el cual Wistano Luis Orozco, En 1924, en un discurso con motivo del aniversario de la muerte de Za
su inspirador y maestro, atacaba el proyecto de reforma agraria moliniano por pata, se muestra consciente de una distinción "geoétnica" que, sin embargo,
considerarlo atentatorio contra la propiedad privada. Desde allí, pues, habría de pesar poco en su visión del país: reconoce que el norte de México
escribió una respuesta a las críticas de Orozco que tituló Filosofía de mis ideas es predominantemente criollo como el sur es indígena, y que el centro "vive
sobre reformas agrarias, en la cual reitera tanto su posición "radical" de que "la en perpetua lucha de razas", por lo que más que de problemas nacionales ca
propiedad existe para las sociedades, no las sociedades para la propiedad", bría hablar de problemas regionales.114
como su móvil integrador. Esto último es, sin duda, lo más revelador del fo Tras otro largo silencio, en 1929 publica un opúsculo en el que manifiesta
lleto de Molina, quien pese a estar envuelto en una polémica meramente los pródromos de su futura campaña en contra de la universidad, a la cual
agrarista —en la que, por cierto, declara haber basado sus propuestas en el califica de institución anacrónica incapaz de sentir las "palpitaciones" del
proyecto para "germanizar" la Prusia polaca— no pierde de vista su objetivo pueblo, y propone la creación de "escuelas de expresión" para la enseñanza
primordial de "hacer la transformación social y económica del país, para crear primaria del lenguaje. Esta propuesta deja entrever una revaloración en su
una nacionalidad orgánica, grande y fuerte, rica y dichosa".1111 otrora bajo concepto de la educación a la que ahora parece ver como un buen
La Revolución pospuso los escritos de Molina Enríquez por varios años. vehículo para inculcar en los niños la conciencia de las diferencias de raza y
Aunque no abandonó por completo sus actividades periodísticas y académi de nacionalidad.115
cas, la praxis burocrática absorbió mucho de su tiempo. Al fin, en 1920, salió No obstante, como puede apreciarse, la relativamente magra producción
del ostracismo editorial para publicar suClasificación de las ciencias fundam en- de Molina Enríquez en las dos décadas que siguen a la publicación de Los gran
taes, obra que vio la luz gracias a la "protección" del entonces "buen amigo" des problemas nacionales no añade prácticamente nada a la tesis mestizófila
-L s‘‘ ‘í;.l<ector de ia Universidad Nacional de México , Jos é Vasco nce los. En desarrollada en esa su obra cumbre. Dicha tesis, que con tanta minuciosidad
e orna refrenda su fe positivista median te un recu ento de las do ctri nas fue presentada en 1909, no sufrió, pues, alteraciones sustanciales sino hasta
e om e y pencer y sus clasificaciones científicas, y aporta su propia ord e que la década de los 30 presenció una ostensible polarización del pensamien
nación y nomenc atura de la ciencias básicas.11' Por esas mismas fechas to moliniano. La nueva versión de su mestizofilia empezó a plasmarse en el
primer tomo del tercero y último libro de Molina, La Revolución agraria, publi
Cámara deDípuradoT)'!
<Hp^m07uÜS bn
, 5Udiscurso sobre la reconstitución de ejidos en la cado en el año del Maximato de 1932. He aquí algunas de sus nuevas ideas:
camales¿ L , t n Übmaue rat
a u í . 1912>' Cabrera 11311,3de P">«™as » -
"surnamenTp^do^a o “ uní ^ d°” LuiS atribu^ a 9ue ‘° consÍderat’ 112 Andrés Molina Enríquez, "El problema de la colonización nacional", en la
versión de Cuadros Caldas en el « . í ” c Cltas de auíores extranjeros. Existe también la Revista de
órdenes de Porfirio Díaz. Véanse c*h ' ° ílue ,a °hra lue retirada de la circulac ión por Economía Rural (México, s. f.), pp. 27-38. Probablemente publicado en 1920.
Julio Cuadros Caldas, México srniel k ,!?' 7 “cur eo"'’ en Obras completas, cil., t. i, p. 141, y 113 Botetín de la Secretaría de Gobernación, 1 . 1, núm. 4 (Imprenta de la S. C-, México, septiem
1,11Andrés Molina EnrS oT tí, f° Uy ° Ed ' Pucbla- 1926), p 9. bre de 1922), pp. 12 y 83.
ffirmaa *5 “*C?S Sobrereformas agrarias. Contestación al fo -
líelodel Sr. Lie. D. Wistano Luis Orozco 114 Andrés Molina Enríquez, Aspectos de la cuestión agra ria (Fragmentos del discurso oficial
de 1911, folleto impreso en CuadalaU ai ° 6 r a Penitenciaría de México el 30 de octubre que pronunció en el Teatro Iris en nombre de la Confederaaón Nacional Agraria; México, 10
acu les , sostiene Molina, "no se hacen L , iPP i^' y 15' ' ,-as gran des tr ansfo rmac ione s de abril de 1924). Aquí añrma Molina que por sus características étnicas los norteóos se pre
ice mi inteligente amigo el Sr. D.Carine n ° ,ra de un s0,° hombre. La principal es, como ocupan por problemas políticos mientras que los sureños lo hacen por problemas agrarios, en
B m v/ 0rmará Cl cauce ” asave, 'abri r el surc o' que la co rrie nte misma aparente alusión a Madero y a Zapata.
115 Andrés Molina Enríquez, "La reforma urgente de la escuela primaria elemental, y un
Imprenta de Murguía,México, 1920),U
pp!^ ‘flcac' »n de las ciencias fundamentales (Antigua nuevo tipo de Universidad para los estados", en la revista (Revista de Ciencias Económicas y
Sociales (México, 1929), pp. 13 y 5-9.
74 ANDRÉS MOLINA ENRIQUE2 0LnA, AMIUF1CAC1ÓN DEL MESTIZO ANDR ÉS MOLINA ENRiQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 75

.. J J „„ rulturas —oriental y occid enta l— , las análisis de la Reforma y la Intervención francesa algunos cambios en su clasi
concibe al mundo d'vi d'do d _ vjsua| fonéti ca_ y reafirma como
ficación racial de los personajes históricos. Ahora hace alusión al "ejército
cuates distingue por su es grupos raciales el tipo de sele cció n criollo de Santa Anna", a Comonfort como mestizo y a los constituyentes
causa de las Argum enta que los de 1857 como criollos en su mayoría, explicando esto último el que la
—individual o colecb q J iáüc0Fque América ha de lograr la fusión Constitución haya sido "individualista por excelencia ".121 Finalmente, recha
indios meoucaMS t^ y en una trascendental recapi tula ción , di ce que no za el "matriarcado racial" que España pretende ejercer sobre "las naciones
^ a % a yy S o ria común" n> una meta única de "dviliz ació n" para todos indohispánicas", y compara a los indios con una planta y a los españoles con
t e nTeblos si bien insiste en que los españoles estaban más a de lan tad os" la yema d e un injerto. Con esto concluye que deb e ser la planta la que abs or
nue sus conquistados.117Denigra a Cortés y a los conquistadores por aprove ba la vida de la yema para formar "las unidades de nueva raza, de nuevo
char el carácter pacífico de la mayoría de los naturales para exterminarlos; corazón y d e nueva cu ltura" de la nacionalidad m exicana.1 22
habla de una indianización de los inmigrantes blancos causada por el am En el tercer tomo d e la obra, aparecido en 1933, señala Molina (no sin antes
biente de la influencia negra y de la formación d e las c asta s y, p or últim o, citar la teoría del pacto social de Rousseau, a quien llama "filósofo francés a
afirma que el mestizaje resultante del "encuentro de las dos cu ltu ras " tiende fines del siglo xvui") que en Oriente el respeto a la libertad individual ha sido
a ser más indio que español, poniendo como ejemplos —en tre los qu e no es tan grande que nunc a ha existido la escl avitud, por lo que no puede aplicarse
casean las referencias a Jilotepec— el sistema de propiedad, la lengua, las allí un análisis clasista de la historia como en Occidente. Eso explica que los
artesanías, la pintura de Diego Rivera, la música de Julián Carrillo y la arqui indios mexicanos, de srcen oriental y en consecuencia cunan tes de la libertad,
tectura diseñada por españoles pero interpretada y ejecutada a su manera hayan sucumbido en gran número víctimas de los "actos de horrible violencia
por indios.118 y de despiadada ferocidad" de los conquistadores, prefiriendo morir a ser
En el segundo tomo, editado también en 1932, Molina emprende el análi esclavos.123 Y si por un lado acepta que una minoría de aborígenes practicaba
sis de la historia del México independiente apoyándose selectivamente en los sacrificios humanos y la antropofagia, por otro asevera que en su gran
Pereyra y Bulnes. La Inde pendenc ia debería c elebra rse — y s e ce lebr ará mayoría las prácticas religios as prehispánicas eran "pacíficas y po líticas" com 
cuando culmine el mestizaje— el 6 de noviembre, fecha (en 1813) en que la paradas con el catolicismo "combativo, intransigente y feroz" que ejercieron
declaró el mestizo Morelos. Hidalgo, "criollo al fin" (aunque por momentos los españoles.124 Los indios no eran inferiores a los españoles, como por algún
Molina duda de tal filiación porque no se fía mucho de la autenticidad de los tiempo hizo creer una errónea interpretación de la teoría evolucionista que
retratos que del cura se hicieron), no quería separarse de España, y por ello y suponía "un camino común de desarrollo que forzosamente tenían que reco
porque tuvo miedo de que las masas indias que formaban su ejército se rrer todos los grupos humanos". La teoría de la evolución es "fundamental
adueñaran del país no atacó la ciudad de México, con el desenlace conocido. mente aceptada como cierta todavía" pero ya se sabe que no hay una trayec
Otra habría sido la historia si la Independencia hubiese sido consumada por toria única hacia el progreso —ni siquiera en el plano económico— y que el
os mestizos e indios, apropiándose éstos de los bienes españoles y criollos "industrialismo" no es una etapa evolutiva superior, de lo cual se desprende
para o lfc,ner a fuerza económica que necesitaban para nu trir su ra za " y for- que los conquistados tenían un proyecto propio de civilización tan válido
la nueva nacionalidad. Pero no se hizo cas o a M o re lo s -V ¡e n a como el de los conquistadores.125 Y por último, con respecto al papel de los
rediNb-ihiinísIf!^^ *¡e 3 y sistema polític o españoles propuso l a grupos raciales en la historia de México, insiste en que los criollos sólo han
^ v P?” dar el P°de r mest izos y fundir las cas - buscado someter a mestizos e indios, y que "dado lo escaso de su número" y
prometía respetar a híL ?rtlcl^0 ^ del Flan de Iguala; de este artíc ulo , que su españolismo no puede el criollaje ser "de la nación lo principal". Porque
líos incluidos— se d e m a n ^ T ^ "35 SUS ProP ieda des — españoles y cri o- tras de l os crioll os, a i efecto, han estado sie mpre los españoles como "d ifu
sores de la pertu rbación"; fueron éstos los que prepararon entre otras cosas la
a partir de la In d e p e n d e n c i^ M C ft0 daS laS nacion ales
" te trágico de la historia de Méxirn Mnifn8” ™ wr resP° ndie nte al cap ítulo invasión francesa, y a no ser por la protección de Estados U nidos — iniciada
lustifica la pérdida de la mitad qUlere de ten ers e de ma sia do : por Poinsett — su intromisión habría sido aún mayor.138
•era su admiración por Estad.«11 h\ l,üno naciona l como inevitable y rei -
"evKam * la Monroe deben los 151 núl„ pp, 107,110y 117-118. Dì» lomlxen q u el» crinita hkwn vn *Le »s de cióse" po ra
P*- cor otra parte, se descubren en su mi teneficio y m i cnntr* ile mintiros e indio«, cenno »1 Inicio «le Amparo Veese ep. o», p. 148
i a INJ.,pp. 147 y 154.
111IKM. Ul, pp 18-24.
114 I W , pp, N¿ Ss Militivi tómenl a que no hov* s uryjdo en lo tndepe ndeocw un* tgta ui
nocional.
, s lliJ,,pp. 54-58
1J* Molino Enrique?. Lo Rmituroín..., pp 4+55
ANDRÉSMOUNAENRlQUHZOLAMmF.CAC.ÓNDELMEST.ZO
ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 77

sión del desarrollo de "las dos grandes hegemonías del mundo occidental"
S s iS S S S S ^S ttS S S ÜS^
Nacionales" - e s decir, un dictador ".nd.o-meshzo que c on pe ga a ambo
—la inglesa y la norteamericana— y del surgimiento del imperialismo
económico, citando a Lenin como "autor de mayor excepción" y exclamando
que en el sentimiento de los pueblos "la idea de que en toda gran fortuna
grupos—, extirpó los cacicazgos e hizo poca p olib ca y mu cha adm inis tra! hay mucho de robo" es imborrable. En este maremágnum internacional
ción" Tuvo el acierto de "mantener la preponderanc ia d e l os m est izo s" me — "ya no hay pueblos de soberaní a absoluta", apunta— la nave de México ha
diante atinados fraudes electorales, porque en elecciones libres "la minoría llegado a su Revo lució n.131 El criollo Francisco I. Madero la principió y creyó
de los criollos hubiera ocupado todos los puestos públicos valiéndose de arti culminarla con el beneplácito yanqui, pero Pascual Orozco, representando
mañas legales". La decadencia de Díaz se debió a que la nefanda influencia sin saberlo los intereses indio-mestizos, desató un nuevo movimiento que
de los criollos —quienes lograron envolverlo en "la red de los encantos de irónicamente terminó en un cuartelazo de los criollos felicistas, inconformes
una nueva Dalila", la criolla Carmelita— y su postrer decrepitud lo hicieron con el rumbo que la reforma agraria empezaba a tomar con el maderismo.
traicionar a los suyos con actos como la legislación de baldíos, el restable- Afortunadamente, el golpe de Estado llevó al poder a Victoriano Huerta,
dmiento de la Universidad y el nombramiento del hispanófilo Justo Sierra indio huichol qu e nunca se acomplejó ante criol los ni extranjer os y que estu
como rector y la eliminación de Cajeme y los indios yaquis.127 Esa traición vo a punto de estructurar una dictadura aún mejor que la de Porfirio Díaz,
desembocó en el exitoso bloqueo que los criollos nuevos, ahora convertidos pero que fue derribado por Estados Unidos a causa de su condición racial. El
en el grupo científico, hicieron a las aspiraciones presidenciales del general "mestizo triple" Emiliano Zapata enarboló a la sazón la bandera de los indio-
Bernardo Reyes, el candidato de los mestizos y "el más grande gobernador mestizos junto con el mestizo Francisco Villa, quien era "un bello tipo de la
de estado de todos lo tiempos", y todo ello generó el estallido revolucionario contextura y la potencialidad de los hombres que van formando la nacionali
dad mexicana" y quien pronto se convirtió en "el hombre más grande de la
Los olvidados
para resurgir encriollos señores elquisieron
el maderismo, cual con entonces
el apoyo aprovechar la coyuntura
norteamericano provoca- Revolución".132 No obstante, el ganador fue Venustiano Carranza, reconoci
do por Woodrow Wilson por ser el único candidato blanco. Y su reforma
o por las decisiones de don Porfirio de negarles la concesión de la bahía agraria, pese a haber sido radicalizada por la presión de indios y mestizos, se
P? ¡dr te Zel aya, der rocó al dicta- quedó corta por estar en manos de hombres como Luis Cabrera, talentosos
euiente tomr^ nno t U Revoluc_
. lón' emPer °, la deja ría Mo lina para el si- pero criollos al fin y al cabo, y como tales incapaces de sentir con la intensi
satisfecho dennp|n n ^ d uS * f 0S en Publlcarse. Por el mom ento se sent ía dad indomestiza la aversión al latifundio. Porque los campos estaban defini
satisfecho de que lo que llevaba de su obra hubiera podido ayudar a que dos: los criollos y los "criollo-mestizos" estaban en el carrancismo, mientras
que los indios y los indomestizos engrosaban las filas del villismo y el zapa-
turaleza la reroíuSrwt^l *** nu^f.tra nacionalidad, arrancando de su propia na- tismo, y si bien es cierto que la influencia mestiza triunfó en el artículo 27 de
puedan f o r Z * de su “ W-nización común, la Constituci ón de 1917 al encontrar la síntesis de la propiedad privada occi
lización de su propia cultura ^ h SU nUeV° corazón'Y apresurar la crista- dental y la propiedad patriarcal del Oriente en la preeminencia de la nación
sobre el individuo, no lo es menos que
cosmovisión en efqu¡ntnUf! -^ k n is ta , Molina termina de e sbo zar su nueva la Revolución [...] no ha llegado a su fin, porque los indios y los indio-mestizos,
cerrar con broche de oro decid v „ men¿e La Revolución agraria. Y para paralizados por un incomprensible complejo de inferioridad, no han acertado a
explícitamente el error dpi - er 11113 ^ s a c io n a l co nf esi ón ": recono ce liberarse de ia aparente superioridad social y de la perversa acción política de los
en 1111 «m ino único al DroorncnC1° miSm0 ~ P aral el° al d e Marx — de creer españoles, de los criollos y de los criollo-mestizos.133
ciencia superior, muy po r j e e va 'a e tno log ía al rango máximo de
r Por encima de la histor ia.1* Acto segu ido, da su ver- Así, con un dejo de desilusión, concluye Molina su esbozo sobre la Revo
127 lb¿d., t |V, pp 12-2Au lución. Muy pronto, sin embargo, el cardenismo le devolvería la fe en los
mestizos.
re IOSWr0res de 0132 y el inido de la debacle de su régi-
18 ^ ‘"adversión de Estados Unidos y U transi- 131 Molina Enríquez, La Rr.vl lición , pp. 1361
e^ 1"y ^ el lo la ^ Btete-a8renMol^ '5P^^^9,53-61 yl29-176. 132 Sobre el devenir revolucionario desde Madero hasta la Convención de Aguascaüentes,
130 De hecho, Molina *!'i“*Pretendíaa n ^ ? a, ,áe l lnsif5ni: error de que somos un pab véase op. c¡l„ pp. <3-153.
aparenlonerte histórico íf ? habw hecho a Mé*ico umantour. Véaseop. di., p- i33- 133 Sobre el periodo carrancista, la Cuerra Mundial y la conclusión final, véase op. dt., pp.
Véaseop. L v ^ ^ la obra, la que“ etnológico" escondido tras el carácter 155-193. Cabe hacer notar que Molina reconoce a Carranza el mérito de haber llevado una
to quiso crear "para modelo universal ■ digna polítea exterior, campo en el cual lo sitúa a la altura dejuárez.
* ANDRÉS MOLINAENRlQUEZ O LA MfflFICACIÓN DEL MESTIZO ANDR ÉS MOLINA ENRfQUEZ O LA MITIFI CACIÓN DEL MESTIZO 79
. Dara especulaciones. Tres cam bio s fun-
La Revolución agraria no' ^ 8 MPolina E tiq u ez se aprecian a primera significativo es el epígrafe de su escrito, en el que reafirma con visos racistas
«Jámenteles con r e s p e c t e br¡ 0 m estíz6fdo y la a do pc ió n de u na su propia conciencia étnica: "Si no sois indio-mestizo de sangre, no toquéis a
vista: el abandono ae lap .. ~3 ¡sta |a apar ición en un pr im er plan o los indios; no los comprenderéis, y lo que por ellos pretendáis hacer, más que
T e T a tt Í' ts S o 0S z a ,e cultural, y el ro mpi mi en to co n el e vol uci oni s- favorecerlos contribuirá a perjudicarlos."135
1 enta w r de u na conc epci ón multil .neal del progreso hum ano. Se A m ediados de ese mismo año Molina dej a ver que el cambio en su valo
ñeciben además, dos modificaciones menores al esquema srcinal: por un ración de las culturas hispánica e india no está desvinculada de una mutación
fado el otrora monolítico grupo de los mestizos e s partido en d os - in d io - en su propia autopercepción. En La guerra del Pacífico, compilación de la po
mestizos y criollo-mestizos- en razón de la preponderancia de una u otra lémica intemacionalista que 10 años atrás había sostenido con Rafael Nieto,
sanere en el híbrido; por otr o, Méxi co es cabalm ente in scrito en el con texto publica un prólogo firmado en mayo de 1935 en el que define diáfanamente
internacional al considerarse que las acciones extr anjer as — ele m ent o s ecu n la nueva imagen que de sí mismo se ha forjado. "El indio que hay en mí",
dario en Losgrandes problemas ratciomiles— so n cap aces de inf luir en el ru m bo declara tras proclamarse otomí de ascendencia, "ha sido educado en la cul
del país. Desde luego, estas variaciones no son aleatorias. Para desequilibrar tura occidental o europea, con todos los prejuicios brutales de esa cultura que
la balanza hacia el lado de l os indio s (aunque bien podría argu me ntar se q ue ha hecho de la depredación un sistema, y de la violencia una religión." No
el "equilibrio" anterior favorecía a los criollos) Molina necesitaba atacar la obstante, por "atavismos infinitesimales", sus sentimientos apuntan a "las
cultura hispánica y, consecuentemente, revalorar la prehispánica, así como equilibradas, tranquilas y refinadas delicadezas de la cultura oriental". No en
desechar la escala de evolución eurocentrista. La división de los mestizos es balde seguía desde joven la trayectoria del Japón, deseoso de que la fuerza
una sutileza metodológica que sirve al mismo propósito y, para rematar, la de ese país salvara a los pueblos asiáticos de "los bárbaros imperialistas occi
inclusión de la variable extranacional permite la reaparición de la perversi dentales". Mas esa inclinación no le impide oscilar, como todo mestizo, entre
las culturas occidental y oriental, vacilación que ha sido históricamente la
dad de losCon
de razas. españoles en esencial
todo, lo la escenadey demuestra la universalidad
la primigenia de lamoliniana
tesis mestizófila lucha fuente principal de "las desgracias nacionales". Por ello propone "una re
permanece. La culminación del mestizaje —ahora en su connotación ínte sultante":
gra— sigue siendo vista como la condición sine qua non para el surgimiento
En otros términos, nosotros en lo personal, nuestro país como nación, y nuestro
de la verdadera nación mexicana y el mestizo —así se le llame ahora indio- continente total, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, no somos ni debemos ser
mestizo— persiste como el único depositario de la m exican idad . integrantes de la cultura occidental o europea, ni de la cultura oriental o asiática,
La nueva tendencia de Molina se ahonda en el resto de su producción de sino que debemos formar nuestracultura propia intermedia, una cultu ra nueva
la última década de su vida. En 1935, en su contribución al séptimo Congreso que deberá ser la cultura continental americana, de la que se elaboren en el
Científico Americano, confiesa no encontrar otro medio de liberar de la pre Canadá, y en los Estallos Unidos las fuerzas económicas y en México y en los paí
sión de la cultura occidental a los indios —que ya no Indígenos, vocablo de ses Indolnlinos que no se declaren españoles, las direcciones culturales.
sechado aparenlemenle por ser de srcen criollo— que el de que eleven "su
n uenc a mental lo necesario "para enfrentarse a la ment alid ad b lan ca ", y Y justificando su sempiterno panamericanismo, explica que "no hay labor
afvule que en la unificación mental de los indios " está "el n ud o centr al del más funesta" que predicar la unión de América Latina bajo la hegemonía de
. . n 2 SU‘¡f vaJ;^n' y punto de partida de ta elabo ración definitiv a de España, la cual se pmpone apoyar a Inglaterra en sus designios contra Esta
dos U nidos. Quienes eso pretenden no han comprendido que si los norteame
tal" Fnpfm ^ Ur3|C|Ut’ debt‘ ser la titexlcana "y pos ible me nte la con tinen - ricanos llegan a dominar económicamente a América, México los dominará a
oricen asiáHrA™ documento sosti ene que los indios a meri canos, por ser d e
ellos por su fuerza cultural.136
los euroDen« con a vlsta como los chin os y no con el oíd o com o La preocupación de Molina por la creación de una nueva cultura es tan
fonética con 01 consecuencia reem plazar la escri tura indíge na novedosa como saliente. Pero sería erróneo inferir que su flamante mestizo-
de los grupos indíeen kasa<*a 01 *as raíces de los diversos signos figurativos filia cultural ha mermado su creencia en la primacía de lo étnico. Todo lo
profeso r^ pones pafa cuya elaboració n prete nde aux iliars e de un contrario. Ya se apreció en La Revolución agrariael reforzamiento de su enfo
el rescate de la rnlhir!; ^fe fren da claramente la nueva po stura de Mo lina: que racial, de lo que se puede deducir sin mayor riesgo que "la nueva cul
detrimento
idioma, que«Je la esDsñrí¡re\
ahora nirle >íS'?an'Ca
“ cua' —^ ue acepta
y® no ta nto hniabíe)a nom
m en bre
os proficia
eciadlo— en
de su tura" de que habla es el corolario lógico de la constitución de la "nueva
raza". De hech o, tal es el razonamiento que pone de manifiesto en su Tintado
VU . 3 P‘de Hamar ^ P'e m en te "lengua nacional". Y aún m ás
lOriex Uflfl pp, 3-4.
1S35), pp escritura común para los indios(Talleres Gráficos de 136A nd rés M olina En ríqu ez, La guerra dti Pac ifico (SE)'-Taüerx^ Gráficos d<* U Nación,
México, 1937), pp. 5-7.
80 ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA M.TIFICACIÓN DEL ME STIZO

de etnología, obra inconclusa e inédito que probablemente redactó a mediados


de lo s a o s 30. E n ella sosti ene —no sin antes rechaza r la pohg enesia,
«pMcar la génesis racial y aventurar que el verdadero srcen del hombre se
debi ó^l encuentro de su predecesor con los cereales que le d iero n fuerza
pira mantenerse erguido- que en una agrupación humana la unidad de
raza implica una mentalidad común, la que a su vez gener a lazo s de mutua
conexión" que llevan a una nacionalidad propia, con sus correspondientes
características culturales.07 Y por si fuera poco, en "La gloriosa cruzada del
Mayab", su crítica agrarista a Cabrera publicada en 1 937 jun to con escri tos de
Palavidrú y González Aparicio, defiende al ejido (como forma de propiedad
transitoria y previa a la pequeña propiedad, pero necesaria para destruir la
hacienda) basado en que este sistema ha despertado las poderosas energías
latentes en la sangre india, que tiende por imperativos atávicos a la tenencia
comunal asiática.138 Queda claro, así, que en el nuev o M olina lo cu ltural no
es excluyente sino complementario y resultante de lo racial.
Finalmente, en lo que habría de ser el último jirón de su producción inte
lectual, Molina Enríquez revive el 1° de agosto de 1935 su vieja tribuna
agrarista El Reformador,iniciando con un nuevo giro la "segunda época". Su
propósito es tan claro como la tinta con que imprime, en cada número, la
composición
de vista de losracial
indios deyMéxico y la advertencia
los indio-mestizos, "quede que difunde
actualmente no sólo el punto
tienen repre
sentación en la prensa del país". La tendencia del periódico, más que indi
genista, raya en el racismo y es, por supuesto, furiosamente antihispanisto:
tilda de falsos a los indigenistas criollos "como nuestro amigo" Manuel
Gamio; atribuye al prólogo del "Gran Indio" Altamirano la celebridad de "la
mejor novela de todo el mundo y de todos los tiempos"; considera que "lo
malo del monopolio del papel de San Rafael, no está tanto en que es un mo
nopolio cuanto en que es español"; reproduce toda clase de ataques a los
españoles, como un manifiesto que había prometido respetar la vida e inte
reses de todos los extranjeros menos los de los nacidos en España.139 Otra
orlei' taci^n fiue Molina da al periódico e s la de la cam paña con tra la un iver-
si ad, institución medieval" y "elitista" a la que acusa — en obvi a alusió n a
asconcelos de adoptar "un lema en que sentó, para la ideolog ía de la
juven , la reincorporació n racial de Méx ico a la de pe nd en ci a esp añ ola,
° 3 exlst®'cia de los elementos indios en todo el C on tin en te" .140
rechazo rJ ü ^ 01^ ' ^ Rfowador pasa de un coqueteo con el fascismo a su
aui v l . e° 1°8 ía extran)era, se mantiene mo derad ame nte pro yan-
número uno" cont'? ^ Inglater ra —a la que califica de "enem igo
íal y de su "vasalla" España, consid erand o que con la
¡osé Vasconcelos

(prólogo y cumpilaáón)
0
!i!«oim!S<£ * í ' j 1.ra.l?do de etnoloKla”. en Alvaro M olina E nríquez

1935. y 1 de marzo de 1937¡ La de . (México, 15 de julio y 15 de agosto de


140Andrés Molina Enríquez “b nove*a Para Molina es Marí a, de Jorge Isaacs.
15 de agosto de 1935), ' “ supresión de la Universidad ', en El Reformador (México.
!

ItlS i'flSU
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Las castas

Vicente Riva Palacio


FriíHc'/st'oPimentel
Ma nu el Can tío
Lus üistas

André* Molniii l'nritiiivï


¡jis útstos
AND RÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MITIFIC ACIÓN DEL MESTIZ O SI

desaparición del imperialismo inglés "todos los demás problemas del


mundo se resolverán por añadidura".14!
Pese a su extremismo, Molina conserva en su nueva faceta de editor sus
postulados más importantes, marcados con el ahora característico sesgo pro
indio. Los epígrafes son más que elocuentes: "NUEVA RAZA—NUEVO
CORAZÓN—NUEVA CULTURA" (con mayúsculas en el periódico): "A la
larga, siempre podrá más el yunque de la sangre india que el martillo de la
sangre españo la"; "la chispa no brota del eslabón que golpea , sino del peder
nal que resiste". Por otra parte, su idea de que "la nacionalidad y la patria
implican acomunamiento en un ideal por los hijos de un mismo país y cohe
sión en la defensa de sus propios intereses" es reiterada sin modificación sus
tancial.142 Donde sí se percibe un contraste es en su aparente e inusitada ten
dencia a la segregación racista. Pero ese racismo es primordialmente una
reacción contra la inequidad y por lo mismo tiene un propósito equilibrador.
Molina Enríquez, que siempre comprendió la importancia de la igualdad
social como catalizador de la mezcla racial, subordina ahora su prédica en
favor del mestizaje a la redención de los indios por considerar absurda "la
unión de españoles y mexicanos, a título racial", en tanto que no se nivele
económicamente a 'l o s qu e nada poseen, los mexicanos" y a "l os que todo lo
tienen por la perpetuación del despojo de la Conquista". Se trata, pues, de un
viraje táctico. Pragmático, Molina decide echar toda la carne al asador de la
redistribución de la riqueza en vez de seguir disertando sobre las bondades
de la homogeneidad resultante. Más contTa lo que prima facie pueda interpre
tarse, lejos de abandonar su tesis mestizófila, la refuerza negando que la infe
rioridad económica de indios y mestizos sea ingénita’43 y formando, para
nivelarlos, la "Organización Nacional de los Indios de la República", cuyas
"Bases Generales Constitutivas" consideran indios "exclusivamente a los
indios de raza pura y a los indio-mestizos en que aparece de un modo claro,
por su tipo físico o por su orientación mental, que en ellos domina la sangre
india a la sangre española o a cualquier otra sangre extranjera".144
La ilusión redentora duró poco. En 1938, los indios y los indio-mestizos
mexicanos se quedaron de nuevo sin representación en la prensa del país.
Restaban solamente dos años de vida a Andrés Molina Enríquez, quien
regresaba, acaso instintivamente, a morir en su patria chica. Creía poder des
cansar en paz. Su obra estaba ya completa, lista para guiar a quien se deci-

141 Véanse los artículos y notas de B Reforma dor (México, 15 de octubre de 1955 y 1* de
marzo de 1937).
142 Andrés Molina Enríquez, "La mistificación del antiimperialismo con fines políticos', en
Reformador (México, Io de noviembre de 1935).
143 Andrés Molina Enríquez, "Los causantes de la miseria', en B Reformador (México, 1®de
setiembre de 1935).
144 Lo de la "orientación mental" como compens adora de l 'tipo físico' i^ o^ cO TO se verá
T ® Melante, lleva autodedicat orla personal véase l a nota al resp ecto en B Reformador (Me
luco. 1“ de enero de 1936). Cabe agregar, para ilustrar el apasionamiento con que Molina llevó
Su tuzada racial, que en la "tercera época" del periódico se ufanó de haber logrado que Uza
m Cárdenas declarara que su gobierno representaba "preferentemente a los indios y a los
"dio-mestizos"; véase El Reformador (México, 2 de abril de 1937).
82 ANDR ÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA M/TIFICACIÓN DEL MESTIZO 83
„ todas la patria mestiza que albergara la única
diese a fraguar, de una vez por todas, * F do al ámbito intelectual, al menos en su patria chica: sus restos descansan en
y'vCTdaderanacionalidad mexicana. la Rotonda de los Hombres Ilustres de Toluca, tiene una estatua en la Cámara
de Diputados local y un busto en su pueblo natal, el que hoy lleva por nom
bre oficial rü más ni menos que "Jilotepec d e Molina Enríq uez".1**
1J 2 EvALL'AOÚNCRtTKA. UN PROBLEMA DE ENVOLTURA Sin emb argo, su obra tan citada como poco leída— apenas se ha estu
diado. Más aún, lo poco que sobre ella se ha escrito ha girado principalmente
a) Encasillando su inencasillable pensamien to en tomo a su carácter de precursor de la reforma agraria, por lo que ha sido
llamado "el clásico entre los clásicos del agrarísmo",147y sólo recientemente
La aportación de Andrés Molina Enrique* a los anales ideológicos de la se ha apreciado en él una nueva faceta de ideólogo del autoritarismo, campo
p l X t ó n mexicana ha sido puesta de relieve por algunos autores. Franlc en el que ha sido situado en la categoría de "genio".148 Pero como teórico del
Tmnenbaum y Cuillermo Bonfil Batalla consideraron Los grandes problemas na- nacionalismo, es decir, de la mestizo/ilia como respuesta a la interrogante de
cionales como el estudio más importante y sólido que se ha realizado sobre la identidad nacional, Molina permanece aún sepultado bajo los escombros
los problemas sociales de México. Anita Brenner y Lui s C hav ez O roz co e qui del olvido.149 La cuestión es significativa: simboliza, a un tiempo, el éxito y el
pararon la trascendencia del mismo a la que El contrato social de Rousseau fracaso de Molina. Porque es innegable que sus ideas agrarias y presidencia-
tuvo para la Revolución francesa. Con más tino, Luis Cabrera afirmó que listas trascendieron el ámbito intelectual, cristalizando en normas y hechos
"Molina Enríquez fue, para la Revolución agrarista, lo que don José María concretos, m ientras que su tesis mestizófila continúa, en e l mejor de ios casos,
Luis Mora fue para la Revolución de la Reforma", y catalogó su libro como en el éter de los mitos inconclusos. Que ésta se halle virtualmente inexplora
"el documento más importante como precursor de la Revolución, tanto en lo da es quizá, a fin de cuentas, un síntoma del pragmatismo que anima por
social como en lo económico". La obra en cuestión fue también señalada por momentos a la historia de las ideas.
Juan Comas como la más in fluyente en la era pos rev olu cion aria y po r Agu s
tín Cue Cánovas como "el estudio sociológico más notable" que se ha escrito Enrique/.", enEl Universal (18 de septiembre de 1956); Andrés H*ru*trou, "La nota culiuní", en
El Nacú>nal(28 de noviembre de 19a6), Roberto Calvo Ramírez, "La ref'rrma liberal y dtm Benito
en México, e incluso llegó a ser vista como "la biblia d e la R evo luc ión ". V íctor Juárez" , en l'.xcélsior(20 de marzo de 1958); Román Badil]o, "El padre de la reforma agraria", en
Alba le dio a Molina el rango de "clarividente" y Am aldo Cór dov a lo calificó, Cl Nacional (3 de agosto de 1958); Salvador Azuela, "Un a antología de Motina Enrique?.", enU
junto con Madero, como "el mayor ideólo go de la R evo lución m exi ca na " por Universal (2 de diciembre de 1959); Raúl Lemus Carcía, "Andrés Molina Enríquez", en O Día (14
de marzo de 1980). Cabe añadir, por último, que existe un testimonio de que José C. Valadés
ser el creador de "la verdadera teoría política" de ese m ovi mi ento .145 Y por si preparó un trabajo sobre el doctor Mora, Flores Magón y Molina, d cual quedó inédito; véase
eso fuera poco, el reconocimiento a los méritos del mexi quen se ha trascen di- Abelardo Iparrea Salaia, Mensajero de la Revolución (ipn, México, 1982), p. 109.
146 El nombre anterior del pueblo, Jilotepec de Abasólo, fue cambiado a instancias del licen
ciado Antonio H uitrón. Véanse laProposición que dirige el C. Cronista municipal de Jilotepec, México
1U Véanse Frank Tannenbaum, Peace by rewlution (Columbia U. Press, N. Y., 1936), p. 118; I...I (Gob. del Edo. de México, Jilotepec, 12 de julio de 1985) y el decreto número 106 por medio
Cuillermo Bonñl Batalla, "Andrés Molina Enríquez y la Sociedad Indianista Mexicana. El del cual la legislatura estatal oficializa el cambio en la Caceta del Cobiemo (periódico oficial del
Indigenismo en vísperas de la Revolución", enAnales del .NA.H.(México, xvm, 1965), p. 228;
1
Gob. C. del Edo. de México, t. cxui, núm. 35, Toluca, 18 de agosto de 1986). Cabe añadir, como
Amia Brenner, The wínd that sweptMéxico (U. oí Texas Press, Austin, 1971), p. 27; Luis Chávez dato curioso, que si bien es sabido que el Congreso Federal "c ongeló" en 1985 (al parecer por sus
Orozco, prólogo loa s grandes problemas nacionales (Problemas agrícolas e indu striales de México, anteceden tes huertistas) una iniciativa para inscribir el nombre de Molina con letras de oro en el
México, 1953), p. 5; Cabrera, "Andrés Molina Enríquez", op. cíl., p. 407, y "Veinte años después. recinto de la Cámara de Diputados, también lo es que el entonces presidente de México Miguel
H balance de la Revolución", Obras en completas, di , t ui, p. 664; Juan Comas, "Razas, mestizaje y de la Madrid tituló un libro suyo Los grandes problemas nacionales de hoy, demostrando con ello
clases sociales en la obra de A. Molina Enríquez-1909", en sobretiroCuadernos de americanos (Mé cl pr estigio de que aún goza en el más alto nivel político la obra del jilotepequense.
xico, 21 marzo-abril de 1966), p. 153; Agustín Cue Cánovas, prólogoJuáre a z y la Reforma, cií., p- 147 Chávez Orozco, loe. eit., Díaz Soto y Gama lo llamó "una autoridad en la materia" y Barba
li snf“ U as SOCm,escorlten¡poráneas enMéxico (Fondo de Cultura Económica, México, González el "gran paladín de la reforma agraria", mientras que González Navarro le otorga
~ I) ' ámaldo Córdova, prólogo a Los grandes problemas nacionales (edición de 1981), pp- primerísimo lugar como ideólogo agrarista y Huitrón lo considera el sistematizador del derecho
v. ' len' además, multitud de artículos en la prensa de la ciudad de México que de un agrario. Véanse Antonio Díaz Soto y Gama,La Revolución agraria del sur y Emiliano Zapata, su cau-
o u o oexaltan la figura de Molina. Véanse, por ejemplo, Alfo nso Favila, "An drés Molina dillo (México, 1960), p. 57; Silvano Barba González, La lucha por la tierra (Ed. del Magisterio,
cubu £^£rí ' “ El U"lversal Ilustrado(9 de marzo de 1933); Humberto Tejera, "Nuestra México, 1963), p. 75; Moisés González Navarro, "La ideología de la Revolución Mexicana", en
muerte e 3 .°'exicana" ™ £1 blaáonal (3 de septiembre de 1939); Teodor o Hernández, La Historia Mexicana (México, t X, abril-junio de 1961), p. 631, y Antonio Huitrón H., prólogo a An
ricio "DonA mí'ritan°' ' 611 ^ Prensa (9 de agosto de 1940); Enrique González Apa- drésMolina Enríquez, precursor de la reforma agraria ua EM,Toluca, 1959), p. 15.
"Mcíina E n rí ^ í? ® El Nacional (13 de agosto de 1940); Alfonso Taracena, 148 Véase Córdova, op. cit., pp. 52-54.
Nuftez, ' en la revisU (H de septiembre de 1943); Lud o Mendieta y 149 Existen dos breves excepciones: el capítulo dedicado a Molina en el libro de Moisés
González Navarro, Soá ologk e historia en México (El Colegio de México, Méxko, 1985), pp. 40-52, y
JeósR omer o .^ ar tíc ul o 2 7 c on sbt ud on aT en El Universal (2 de ctubre de 1946),
d suplemento def í Molina Enríquez, y el estudio de nuestros problemas , ef el opúsculo sobre Molina y Vasconcelos de David Brading, "Soda! Darwinism and Romanbc
nai Sw m B ‘MrZO Salvad«- Ortiz Vidales, "Doit Andrés Mob- Ideaban. Andrés Molina Enríquez and José Vasconcelos in the Mexican Revotaban*, en fapfacy
and Myth m Mcxioan history (Crotre oi Latín American Stvxbes, Cambridge, s. t ). pp. 63-80.
voluciow io' en * 1953); Manuel Gonzále z Ramírez, "Un precurso r ^
■® Nawfate (21 de agosto de 1953); Alfonso Francisco Ramírez, "A. Molina
M ANDRÉS MOLINA ENhl
c mu Id I QU
JEZEZUu
O LA/ MIT1FICAC1Ó
N DEL MESTIZO AND RÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA M1T1F1CACI0 N DEL MESTIZO 85
m„rho más que un ideólogo de la reforma agraria o
Molina Enrlquez es n ^ ¿ os rubros lo anteced en W istano Luis contra los privilegios criollos, es imperativo tener una fuente de poder dicta
del ré gime n Pres '" ; ^ 'a ^ litóioeos porfi ristas. S u preocupación m ás pro- torial. Agrarismo y autoritarismo son, así, dos requisitos básicos para forjar
Orozco y los socio'ogos y pOp nacion alidad ver da de ram ent e mexi- el México mestizo. H e aquí la lógica de la mestizofilia molin iana.
funda está en la co , divisiones intern as, y en ese cam po su apor- Por otra parte, puede parecer exagerado, pero no sería sorprendente que
más que su fondo haya sido su forma lo que ha contribuido a la falta de inte
cana, ^ f rada. para Molina el problema de la propied ad rural y riorización y al consecuente soslayo de la mestizofilia de Molina Enríquez.
tecionno ha s do rP o co son )os medios trans itorio s para alcanz ar el
Porque si la dificultad para penetrar en sus escritos es de sobra conocida por
f i n T S v o de la unificación de una pat ria m est iza . Difícilmente habr ía todo el que se ha aventurado a leerlo, muy pocos han experimentado la
sido su agrarismo tan apasionado si hubiera encontrado a hacendados y peo sensación de triunfo que inevitablemente asalta a quien logra explicar en
nes convertidos en mestizos; y muy probablemente habría relegado a un detalle su pen samiento. La complicación, no obstante lo que se cree, no estr i
nlano secundario su prurito dictatorial si h ubiese halla do las d ifere ncia s étni ba de manera exclusiva en su estilo literario. Si éste es, como advierte Jesús
cas erradicadas por el mestizaje. Quería afianzar un gobierno leviatánico Silva Herzog, "profuso y a veces de difícil y tediosa lectura", o "execrable" y
para mantener en el poder a los mestizos, y por medio de ellos a los indíge "francame nte feo y con frecuencia pedantesco", como lo describen con menos
nas y poder así trocar la hacienda en pequeña propie dad. Per o si que ría d ar contemp laciones David Brading y Amaldo C órdova153 se debe en gran parte
la tierra a los mestizos era para igualarlos ante los criollos y hacer posible la a que Molina no logra interrelacionar todos los eslabones de su compleja
culminación del mestizaje. Y quería ese pueblo mestizo porque concebía la tesis mestizófila. De ahí la expresión alambicada, redundante e inconexa,
unificación racial como el demiurgo de toda homogeneidad necesaria en una envuelta en una escritura que, a juzgar por los resultados, no profesa mucha
nación cohesivamente equitativa, de la cual dimanaría una cultura propia. simpatía por la sintaxis. Aunque las líneas generales de su tesis se aprecian
Quería, en suma, que surgiera la mexicanidad, un "nuevo corazón" que hi sin mayor esfuerzo y los argumentos en que se apoya están allí, di
seminados entre ellas, el lector debe suplir la carencia de deslindes y enlaces
ciera de Cabrera,
Luis México unque
paísfue
más
sinjusto,
dudamás fuerte
quien y mconoció
mejor as grand e.
y comprendió a Mo conceptuales, abr irse paso entre algunas vaguedades repetitivas y encadenar
lina Enríquez, se percató muy bien de lo anterior. Y pese a que el Molina que los pormenores de la argumentación global.154 Pero por supuesto, todo ello
más influyó en él fue el agrarista, al cual con toda autoridad declaró inspi no quita un adarme a la sustanda de su tesis. Molina sabe muy bien lo que
quiere y si incurre en contradícdones —como a continuación se vera— no es
rador del Plan de Arala, de la Ley del 6 de enero y del artículo 27 de la Cons por la manifestadón desordenada de sus ideas ano por la inadecuación de
titución,® Cabrera no perdió de vista que tanto la reforma agraria como la su doctrina.
Revolución representaban para su amigo únicamente un escalón rumbo a Ahora bien, ¿cuái es su doctrina? Andrés Molina Enríquez es, 3 no dudar
la meta de la gran nadan mestiza: lo, un positivista sui geiuris. Su positivismo, fuertemente enraizado en á
desde sus é pocas de estudiante en el Instituto de Toluca , transita de Comte a
La idea hxtdamental alrededor de la cual giraba el espíritu y el corazón de Molina
Enríquez, y a la que consagró su esfuerzo como pensador y su inteligenda como
escritor, era la de que el engrandedmiento de México solamente podrá lograrse defendió el ejido como instrumento útil para destruir la hadorda y necesario para el estadio
gracias a la fuerza vital del mestizo mexicano [...).151 de desarrollo de indios y mestizos, siguió considerando la pequeña propiedad familiar como
la meta deseable a largo plazo. Sus referencias al respecto abundan; como ejemplos de diver
sas épocas de su vida, véanse Andrés Molina Enríquez, “El aspecto fiscal del problema
el mestízale pÓ, eeco‘ Para engrandecer a Mé xico es preciso culminar agrario", en El Independiente (México, 17 de septiembre de 1913); "Si, la Revolución es la
muy lejos del i J T K menester acercar l os grupos raciales: el indio n o está Revolución', 'la paz es la paz'", en La Convención (Aguascalientes, 28-30 de abril y 3-6 de mayo
de 1915); la entrevista "Cómo se juzga el agrarismo en el país y cómo debe resolverse este
el criollo existe un ah° ^ Pronto sera absorbido por él, mas entre el mestizo y problema", en Excéisior (México, 16 de septiembre de 1924); el y articulo escrito en1937 La
con ello su mezcla p!m° s°cia*' económico y cultural q ue im pide su roce y gloriosa cruzada del Mayab", cii, pp. 5-31. Por lo demás, sus principales influencias en mate
agraria, que dará la Hei^ Saívar °' eJ instrumento más eficaz es la reforma ria agraria —Jovellanos y Orozco— fueron partidarios de la pequeña propiedad; al respecto
pueden verse Gaspar Melchor de Jovellanos, Informe sobre la ley agraria (Instituto de Estudios
píelaria;>H v na™í „ „ i 3 ? os mestizos y con ella su ascenso a la clase pro- Políticos, Madrid, 1955), y Wistano Luis Orozco, Legislación y jurisprudencia sobre terrenos
P an ar esa reforma, como cualquiera otra que atente baldíos (Imp. de El Tiempo, México, 1895).
153 Jesús Silva Herzog El pensamiento económico, social y político de México: 2870-1964 (Fondo

—dicho sea de paso—se cueeimJ* m uenaa de Molina en la elaborac ión del artículo de Cultura Económica/México, 1974), p. 472; Córdova, op. cii., p. 25; Brading, "Social
miano. Una conciliación
sem«™. 3 SU j Uloría' n0 su carácter de inspirador del espíritu 1 Darwinism", cii-, p. 79.
154 Seguramente también por todo ello José López Portillo y Rojas (quien discrepaba del
gnso Consiiiuymiejíc
1916 7917 m ! Puede verse en Gabriel Ferrer Mendiolea,Historia del Ci agrarismo moliniano) se refiere a "el famosísimo y aburridísimo Molina Enríquez en una
Cablera, "AndrésMolin ,oteca deI 'nehrm , México, 1957), pp. 135-136 y 143. carta a su hija Blanca López Portillo de Basave (fechada el 13 de julio de 1913; bcn .->-2, 392).
” Co ntra lo que a W o s^ r^ T ,“ ’ ' cií ' PP- 408-409.
partidario de la pequeña propiedad i °i!'na siem pre, debido a su evoluc ion ismo , íí’n
^ piedad. Incluso en su etapa cardenista. cuando defendió el eji
ENRÍQUEZ
o l a mitificación d e l mestizo
ANDRÉS MOLINA AND RÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA MITIFI CACIÓN DEL MESTIZO 87
%
L ^ &te el evolucionismo y el darvinismo social.155 Es don A ndrés da al férreo régimen virrei nal, y de ahí también la excel encia que
Spencer, abrazando coi" “ e ^ adentró en las obras de ambos pen- atribuye al sistema porfirista, que al concentrar el poder en manos de un
dificil dilucidar hasta qé p ^ jm i6n de ignorar hechos tan elementales mestizo no sólo evita la desintegración sino que además propicia la mezcla
sadores -p o r p0stuló el evolucionismo en su Social Statics una racial.
como el de que Spencer posru ^ ^ ^ ^ mas nQ raho
antes de que apareciera On the srcin of the speaes156 , rmas no cabe Es precisamente en este punto donde embona la tesis de Spencer que
década Hombre de
duda
duda ddeequen lolos
s conocía
conocía toen, sobre to do la d el segundo de ellos, sirve para justificar la tiranía en una sociedad atrasada como la mexicana.
lsu éépoca,
^ a Mol.na
MolinaEnríquez
Enríqu encuentra la leona spencer, ana más aco rde con su Pero es también aquí donde se aprecia la selectividad de Molina Enríquez,
Ü T l 'n r i , noIftica v se une así a la corri ente predominante entre los pos i- quien toma de dicha tesis solamente lo que cree conveniente para sus pro
tT tes ^x ica m 'i'Te lC firia to . Como ellos se acer ca a Spencer en busc a de pósitos mestizófilos. Porque ni acepta el corolario individua lista de ésta,1 “ ni
u L variante de su credo que, sin contradeci rlo, legitime la necesid ad de a n aplica cabalmente su principio universal de la evolución del militarismo al
teponer el orden a una libertad que en México sólo puede resultar de la Industrialismo. En cuanto a lo primero, no cabe duda de que en su convic
ccten-ltiva erradicación de la anarquía.1* Porque e n ef ecto , la te sis s penc erin- ción respecto a la preeminencia (no transitoria) de la sociedad por sobre el
na, que divide la evolución de las sociedades en dos etapas, la militar y la individuo, Molina permanece más cerca del creciente control social previsto
industrial, considera que en los pueblos "bárbaros" prevalece una situación por Comle que del fanático respaldo al laissez-faire socioeconómico —que no
de conflicto endémico que deriva en un sentimiento de mied o y de reveren al antropológico, al cual don Andrés se acoge sin reservas— ofrecido por
cia por el poder. Dentro de semejantes agrupaciones humanas, en consecuen Spe ncer .161 Por lo qu e toca a lo segundo, podría decirse que en el análisis mo-
cia, la única forma de lograr la cooperación necesaria para desarrollarse es la liniano, los periodos de desintegración, de transi ción e integr al que divide n
imposición de un centralismo rígidamente jerárquico, es decir, de una dicta la historia del México independiente — y que por cierto ignoran las épocas
dura. Sólo cuando esa disciplina fructifica en progreso, cuando se deja atrás prehispánica y colonial— no corresponden propiamente a la dualidad evo
la etapa de la violencia anárquica para entrar de lleno a la industrialización lutiva de marras (ni mucho menos a la trilogía comtiana, como se verá más
—concluye el sociólogo inglés— es posible la cooperación voluntaria y, adelante) desde el momento en que el criterio para medir el progreso es el
concomitantemente, el desvanecimiento del Estado y el reinado de la libertad triunfo de los agricultores m estizos y no el avance de la indust rializ ación.
individual.158Así pues, alejándose del "libertinaje" comtiano Molina se topa Com o se ve, el cargo de sumisión doctrinal no puede achacársel e a Molina
con lo que buscaba y más: encuentra una teoría que, con apego a los nuevos Enríquez. Si bien en ¿o fundamental se le puede catalogar c o it vj spenceríano,
descubrimientos de Darwi n, ofrece una explicación o rgán ica, " cie ntíf ica ", d e no es posible sostener que lo sea incondicional ni exclusivamente .M Como
la evolución del hombre Es evidente que para un h om bre i nm ers o en el buen positivista, nunca abandona por completo a Comte, preíiréndoki en
íbrumadorarnente "ciwuificista" ambiente finisecular el magnetismo fie di- cierto* aspecto* —como en lo que te refiere a su clasificación áe Las am 
(ha teoría e» irrifiosibte de resistir. elas— por enc ima d el mi smo Sp en ce r.Y es esa procer»ió n ecléctica que se
Gm Hreconfortante aval de Spenrer y H apoyo localde Justo Sierra, como extiende m ucho más allá dei ámbito del positivismo Ja que irde a McJsnsen
era dr suponerse, Molina Enríquez no vacila en proclamar que "hasta en vanos prob lema s. G imo d que descubrió desde 1ÍW uno de sus primaros y
Unió no se constituya definitivamente nuestra patria" es indispensable con más perspicaces críticos, el reelección» ta Esteva Ku<z, quien loacusa de
tar con un grénemo autocrítico.15* Sólo asf se puede conseguir que el abiga
rrado conjunto de grupos raciales antagónicos intrínsecamente inicuo y '•’ Eetn lo apreciacon cUndéd Amtedo Córdoea, m CtVdova tp a l., p 26 Cteie «apertáv.
propenso a la confrontación que es México se unifique por medio de la ten embargo.que m como algu no s «Ar man H e rctu cinnÉ nr ie*a. rit e r te u ii * a te te tp*
propone, s contr ade ci r d indivk lute isnio. entonas M ain en te nd ió te q w s u n e a o npnr
nmón étnica. Por ello, porque dejados a su arbitrio los criollos marginan a que d m am o Spencer. Véaee Wiltshire, op.eH.p p 2 j 256.
TOMaos e indios, amenazando desintegrar al país y obstaculizando el mesti- 181 Para un a nálisis compa rativo de e ste a spe cto de la s posnem s ideol ógicas de Co mte y
no existe otra alternativa que la dictadura. De ahí la justificación que Spencer, vía se Jo hn C. C reene, "Biology and social theory m the nineteenth century: Auguste
Comte and Herbert Spencer", en Marshall Clagett (comp.Jt C ritical Pmhicme in the Union/ afi an 
ce (The U. of Wisconsin Pres. Madison. 1959). 428-131
pp. Los respectivos argumertos de cada
te n m a ra iM Íu e' d ** ™ P lt*n hatotualmente como sinónimo«, aunque en rigor pu«te uno de ellos
et Filis, se pueden
Paris,186«), apreciar
I. IV,
pp. 383-441,eny Auguste
Herbert Cumie,
Ca tín de Philosophic Positive Q. B. Bailltere
Spencer, "Reasons for dissenting from the phi
IS* Véeet Moüna. n«fí ^ superv ivenc ia como el motor de las soae dad es human**- losophy of M. Comle", enThe C lassification o f the Sciences (Williams and Norgate, Londres,
19 u**P«ciónde tas ckncmt, p. 62. 1864).pp. 40-41.Vale aftadir que Molina también estuvo mis cerca de Comte en su concepción
*•Cute« E c u S !’^ poldo Zea, El poaiUoano m México (Fondo dd amor —y no del Interés— como base de la unidad sosia]
Un* cuno s* «KDlwrxriA« _ / _ .. . grtj 142 De hecho, pocos de les seguidores del sociólogo inglés adoptaron la doctrina Spence
I t e u g t e w ^ ,r w ( ^ l >ti? 0n>e en c uw t r* e n D a vi d W ilt s hThe
Patatal i r e , tocó i I黑 rian« en su totalidad Véase Wiltshire, tp o h p- 256.
2CIL24V * t°*f<»d U. Prms, Oxfort. 1978). esppp 202-2Ü3, H»-*,3 1,0 Véase Molina, Oesifkmcal n de tescencías, pp 20-21
m Muirte. ice*. P «34
gg ANDRÉS MOLINA ENRIQU
n=7n AmiM
EZ lOLA inITIFI
 CACIÓN DEL MESTIZO AND RÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA MIT IFIC ACIÓN D a MEST IZO
sumirás" 164La contradicción imputada está en que un
desconocer "las leyes co:smi mexiCana evo lucio ne en dir ecc ión de r a ------ ooi^i a ------P
ueicn uer ei aerecho a la autodeterm i
evolucionista , imDiica una mutació n de un esta do de heter o- nación afirma que el estado perfecto de una nación es la Elnarquia v previen
do el encuentro de diferentes razas en un mismo territorio, sostiene que en
U uniformidad étn,5®' eida[). Porque efectiv ame nte, seg ún el prin cipio
geneidad a otrode tM n.g cerlana-siem pre bio log izan te— el avance se tal caso sólo puede obtenerse una nacionalidad mediante la fusión de ellas
que dé co mo resu ltado una nueva raza de carácter compuesto 171 ¿Suena
^ e n ^ d o mve^o, de lo homogéneo a lo het erog éne o, y la dif erenc iaci ón familiar? No debe, pues, extrañar el disgusto que Molina causa a los posi
í «vial no cesa sino cuan do éste se aproxi ma a la dec ade ncia.'« tivistas ' puros , horrorizados al presentir la irrupción en su casto recinto
Mas°Speneer no se refiere a diferencias raciales y, según Molina, desconoce la científico del romanticismo alemán, del que está ostensiblemente imbuido el
rwlidad U tincamenearía (en Los grandes problemas hay una implíci- internacionalism o de don Pasquale.
t, ñero clarísima queja contra el maestro en ese sen tido '« sup ues to q ue sus Con todo, Mancini no es más que un punto de partida. Sirve a Molina En
inducciones parten de sociedades que nunca han padecido la diversidad ríquez de catalizador y legitimador de su surgenle mesti/ofilia, peni no lo
étnica por lo que don Andrés no se acongoja ante la d iscrep ancia . Ante s bien, acompaña en el resto del trayecto. Para su interpretación de la historia echa
parece aceptar sin contratiempos la justificación que Leopoldo Zea descubre mano de otra fuente, una cuyo influjo, a diferencia del ejercido por el evolu
en los spencerianos del Poríiriato, en el sentido de que México debe homo- cionismo, se acrecienta en la última década de su vida; la teoría de la lucha
geneizarse antes de emprender la heterogeneidad del progreso.'67 El silencio de razas. Aunque solamente lo cita una vez para refutar su concepción de la
de Molina al respecto, en todo caso, indica que n o tie ne la me nor inten ción de historia como el resultado de la actuación de los grandes hombres, es pro
descuidar el supremo quehacer del proselitisimo en favor del mestizaje para bable que sea Ludwig Gumplowicz el principal responsable de transmitír
discutir nimiedades doctrinales; la diversificación vendrá a su debido tiempo sela.172 Gumplowicz, sociólogo polaco, reduce el darwinismo social al plano
y en los rubros adecuados. De manera que el escollo no es insa lvab le. étnico, aseverando que el inevitable conflicto entre razas se convierte con el
De lo anterior, sin embargo, se desprende un cuestionamiento obligado: tiempo en pugna de clases y partidos. Observador de la realidad europea y
¿de dónde llega a Molina Enríquez la idea de que una nación precisa de sustentador de la poligenesia, cree que todas las sociedades parten de la
homogeneidad racial, idea cuya inserción en el esquema evolucionista pro heterogeneidad racial y se unifican en la medida en que se desarrollan.173 El
voca la crítica a su eclecticismo? ¿Se trata, como en Pimentel o Riva Palacio, principio cardinal de la tesis de Gumplowicz lo sintetiza él mismo:
de la interpretación estereotipada del mapa étnico de Europa, o hay otra
fuente doctrinal? La respuesta a ambas preguntas tiene nombre. Se llama La lucha de razas por la dominación, por el poder, la lucha bajo todas sus formas,
Pasquale Stanislao Mancini y, por extraño que parezca, de él toma Molina lo bajo una forma violenta o latente y apacible, es el principio propulsor, propia
mente dicho, la fuerza m otriz de l a historia .174
que en 1901 traduce como "la teoría de las nacionalidades etnográficas"168
Cómo obtiene el jilotepequense tan temprano acceso al oscuro Mancini es di Estas palabras, evidentemente, las pudo haber firmado Molina. De hecho,
fícil de saber, puesto que si las ideas de Darwin, Spencer, Haeckel y compa sólo suponiendo que éste conoce incompleta e indirectamente la obra en
ñía se difundían en México desde que Molina era niño,169 no hay indicios de cuestión o que se niega a suscribir el resto de la misma por discrepar de la
que ocurriera lo mismo con las del primero. No obstante, muestra conocerlas mencionada concepción histórica y del postulado poligenético en que se
y adoptarlas— esencialmente bien. Mancini, jurista italiano del siglo xtx, apoya puede explicarse el que no se haya escudado en ella para defenderse
preconiza la nacionalidad como base del Derecho Internacional, argumentan- de los ataques puristas. Lo que sí está claro, en todo caso, es que el principio
o que la nación es la sucesora política del imperio. Y como base de la na- del conflicto racial como motor de la historia es piedra angular del pen
ciona i a incluye la unidad de territorio, de raza, de cos tum bre s, de lengua samiento moliniano.
y e r igion, todo lo cual gai era a su juicio la con cien cia na cio na l.170 Per o lo Lo de la influencia de Gumplowicz o de algún homólogo de éste tiene aún
más relevancia de la que aparenta porque es el srcen de una controversia en
torno a una presunta filiación marxista de Molina Enríquez. Hay incluso
« S e dela

en * sys,emofsy" 171 Pasquale Stanislao Mancini, Della Nazionalità come fundamento del dritto deli geni,

¡^ZM.op.al,p.3Q5 (Tipografia
172 VéaseEredi Botta,
Molina, Turín,
ludnrz. p. 1851),
24. Porpp.3!-43.
alguna razón Molina, tan desusadamente explícito . . . en . lo
que se refiere a sus influencias intelectual es, en ésta calla mist erios ame nte............ ...............
oOorc tcSJS “j »“^ti « ^ “"¿us-2
1ri7 2'1en la solemne ‘naugurad<3n de dases'- P , 173 Sobre Gumplo wicz pu ede verse Harry E Barnes y HowaM to ke r W .tram
Mancini a la teoria psicoloe ia'cW Z i!?*6 consullarse Giuseppe Carle, 'Pasquale Stai Ion fo science (D. C Heath an d Co., Estados Unidos de Amenca. 193S), 1.1 pp. ' 1J'716
quarta, volumo vi O ÌK »rT fi-,T i?nS Cn.'0. naz‘onale' cn Atri dilla R. Accademia dei L 174Ludwig Gumplowi cz, U luclut de razas(Ed. Fas. Buenos Aires, 1944). p. 211.
( P^ afia deUa R A. L. Roma, 1889), pp. 548 -567.
w ANDRÉS MOLINAmoulnUEZOLA
ENRIQUESlua MITIFICACIÓNDEL MES TIZO
ANDRÉS MOLIN A ENRIQUEZ O
I.A MITIFICACIÓN DEL MESTIZO
J Airar al as unto una prolo ngada e innecesaria discusió n . it s
quienes llegan a cieoica ¡,mntics problemas nacionales evade la cues- pueda enco ntra r en ésta la huell a marxista 181 |W , cío r.,,t
está
Ningun odel«|P r0,» f ^ “ ' i * cambi an do l a nome nc lat ur a de ra zat claro que ambas teorías son mutuamente excluyeles v m T ' mKÍOl6!

^ .^ r n t S M a r x aparece i nc ue st ion ab lem en te en es e li br o; Hi ri ai i nunca el deslinde de su terreno: contra el homo IconomJu HfJó™ rt'huyP
singular hom o etlmicus. económicas tiene su pr op io y
clase, la ‘ e/c(mCepU> de clas e es an teri or al m arx ism o; a am- -- i: -l-J ..1 __
aclara, P 'V ’ £ ¿ escapa que la verdadera fuente del análisis históric o En realidad, el problema es más profundo. Proviene de las entrañas
mismas de la tesis mestizófiln de Molina Enríqui-z, precisamente de ese
i ^ \t. m 7-is 176 Porque aunque n*) se le pueda a,rd "Vn' “ — la,
enc<wtlW salvto,o rlpaor* s im-
la homo etlmicus con cuyo concurso pretende fundar una raza mestiza y arrancar
dísmo manlqueo- tomo un '’tipleo liberal decimonónico",177 n() cabe duU., a partir de ella el desarrollo de la nueva sociedad mexicana. Porque resulta
de <ue Molina Enrique* dista mucho de ser consciente o inconscientemente que esa raza no es otra cosa que un híbrido, de aquéllos a los que l! cumia do
marxista Más aún, si bien con seguridad cono ció d esd e su juv en tud las Ideas la época lia endilgado, enlre otros denuestos, el de propender a la esterilidad
básicas es probable que su primer encuentro serio con los textos de Marx y ¿Cómo encomendar a semejante engendro una patria que, antes que aspirar
sobre todo de Lenin no haya tenido lugar sino hasta la década de los 30, a otra cosa, debe multiplicar su población? Afortunadamente, el mestizo me
cuando además de citarlos demuestra en La Revolución agraria —donde sí xicano empieza a desmentir esa calumnia con su reproducción. Mas para
está claro el cambio de terminología— haberse internado en ellos.'78 En esa acabar de d isipar las dud as que esa vieja idea ha dejado, ex iste la posibi lidad
obra recuerda que las doctrinas de Marx y Engels se leían en francés en el de recurrir a la moderna autoridad de Darwin, quien ya ha dado su bendición
México porflrista y que había incluso "comunistas positivos", alegando ai hibridismo.182 Y por si eso fuera poco, el híbrido recibe también el espalda
haber recibido influencia socialista pero, a d iferen cia d e s us ob ras anteriores, razo de Emst Haeckel, divulgador alemán de Darwin, del cual Molina toma
aportando elementos que dan credibilidad al aserto, como su queja de que sus bases antropológicas, como las teorías del carbono y de la "fuerza forma
"los mes tizos ganan el poder con las revolucio nes, y los cr iollo s siem pre se lo triz".183 Haeckel, quien presupone una continuidad entre la teoría de la des
quieren quitar, con las elecciones". No obstante, ni su manejo de los concep cendenciano
bridismo de sólo
Lamarck y la teoría
transmite de la sino
fertilidad, selección de una
que es Darwin, aclara
fuente del que
srcenelde
hi
tos de infra y superestructura ni su apre ciación d e M arx — a q uien achaca el
error de ignorar la preemine nte cuesti ón étnica — m ues tran ascen den cia nuevas es pecies distinta a la selección. Mas aquí Molina pier de más de lo que
alguna del socialismo científico, al que sigue rech azan do co n la m isma deter gana: Haeckel da el visto bueno a la mezcla de especies, pero por lo que se
refiere al hombre ofrece una pésima impresión de las razas no caucásicas,
minación de sus anteriores escritos.179 Ni siquiera el primero de ellos, en el
entre las que están, por supuesto, los indígenas mexicanos y sus descendien
que pugna por la abolición de la herencia, puede considerarse fruto de la
tes mestizos.184 La ineluctable contradicción empieza a tomar forma. El tomar
propuesta que e n ese sent ido hace el difun dido m anifie sto com unis ta.180 como inspiración a un precursor del racismo alemán explica en buena parte
Pueden aducirse, eso sí, influjo s socialistas ind irectos y sup erficia les e n toda el gran dilema de Molina, quien cifra todas sus esperanzas en quienes él
la obra moliniana, no al estilo del popular y hete rod oxo He nry Ge orge , sino mismo se ve por momentos obligado a considerar de "raza inferior".185
tal vez provaiientes de la teoría de la lucha de razas, en la medida en que se Y es que el hecho de que el mestizo pueda reproducirse y formar una
i u* '■'“ «'l™ '« L. Hamon y Stephen R. Niblo,Precursores de la Revolución agraria de México: nueva raza dista mucho de eximirlo de estar "científicamente" condenado a
T r ? Wlmms"‘na Luis 0m2a> y M olina En riqu e z (SEP, México, 1975), pp. 110-119. la inferioridad. De hecho Spencer, quien incluso tema dudas sobre la fertili
mas n m ,.V|eZ,<
? n0ZCO\<7’.'cil'' P 6; Humberto Hiriart Urdanivia, prólogo a Los g ra nd es p ro bl e- dad del híbrido, afirma en forma categórica que las sociedades de raza mez-
y ^ Me »™, 1964), p. 10; Cóidova, op.a l.,35- 36. V éale también Gonzalo de
rico dA J r ^ - J nscm‘‘ cnca del pen samie nto de don An drés M olina E nríquez , en el proceso hisl ó-
nco dcl Derecho Agrano iresrs de Lie. en Derecho, UNAM, 1963 ), pp. 27-28
181 Irving L. Horowitz, en la introducción a Ludwig Gumplowicz, Outlines o f Sociology (Pai
1900-1913 (U nf T<.,Ca|fmes P‘ Cockcroft en Intell ectual precursors a f llre M ercican R eoolulion: ne-Wh itmar» Pub lish ers, Nu eva York, 1963), pp. 39-44, afirma que Marx influyó en Gumplo-
AXMSia^.ofTexas Press, Austin, 1968), p. 76. wicz- Sobre el socialismo en la tenencia de la tierra preconiz ado por George y diametralmen te
lo del N w D re 'r ^ M S,?Uef" *“ década el éxit o de la Revolución soviética, del surgi mien- opuesto al agrarismo moliniano, puede verse Henry George, Progress and poverty (C. Reagan
tas y leninistas * C0, 3 entron‘zac^^n del cardenismo, popularizaron las tesis marxis- Paul & Co., Londres, 1881), pp. 295-386.
182 Véase Charles Darwin, On The srcin of ¡he species (John Murray, Londres, 1860), pp.
m “*ra™' “ P '•IV, PP- 30-55 ; t. V, p. 11, t. II, p. 43. 276-277.
w rearma—que, se ouede a%mria' l- lv/P- 33, qu e la tesis de El evangelio de una nue- 183 Haeckel es considera do un defensor a ultranz a de las ideas de Darwin Véase Marvin
Federico Eneels hacen pt. *>i Prov**ne de la propuesta estratégica que Carlos Marx y Harris, The rise of anthropological theory (Routledge & Reagan P auL Londres, 1969), p 294. U s
está inspirada en el "filósofo al ^ Partido Comunista (Grijalbo, México, 1970), p- 49 teorías adaptadas por Molina pueden verse en Emst Haeckel, The history of creation (Henry S.
taní*0 1* argumentación cr»« em^n (s‘c) Nordau. Esta afirmació n pu ede corr obor arse c oí ^ u - Kúig & Co,, Londres, 1876), 1. 1, pp. 316-349.
Nordau en C onventi onaI -Sue en contra de la herencia hace el austrohúngaro Max 184 Ibid., 1. 1, pp 275 t ti d p 304-333. Sobre la conexión Umarck-Darwín, véase op. cit.. t. II.
(un libro que, por cierto influvrt f- ” ?. (WiUiam Hetn emann , Londre s, 1895), pp- 244-25 p. 264. K
y tambiénen Ricardo FloresMagón; véase Iparrea, op . c it p* 49)- 185 Véase Molina, LCPN,p. 110.
„ ANDRES MOLINA ENRlQUEZ O LA MrílFlCACIÓN DEL MESTIZO ANDR ÉS MOLINA ENRIQU EZ O LA MmFICA OÔN DEL ME STI ZO
On les dédaigne comme rietant que des peuples enfants, on les méprise comme
n'ayant que les rudiments de I intelligence et de la moralité '*
menos que al milico mestizo mexicano.
Si había un solo camino evolutivo que todos los pueblos tenían que recorrer,
~ half-caste inhentine rfom one line of ancestry proclivities adapted to one set entonces esos pueblos podían ser comparados entre si y clasificados como
of'mstttulions and from the other line of ancestry proclivities adapted to another primitivos o civilizados, explotables o civilizadores (adivínese cuáles razas
« t of institutions, is not fitted for either. He is a unit whose nature has not been eran según ese c riterio eurocen trista las destinadas a ser colonizadas y cual la
moulded by any sodal type, and therefore cannot, with others like himself, evolve elegida para llevarles la ben dición redentora). El razonamiento e stá casi c om
any social type Modem Mexico and the South American Republics, with their pleto. Un pa so m ás y se entra de lleno en e l racismo .
perpetual res olutions, show us the result."4 Conviene recordar, sin embargo, que ei racismo no es hijo sino en cierto
Es harto difícil imaginar un drama intelectual de mayor intensidad que el de modo padre del siglo xix. En ese sentido, tal vez sea preferible dar un paso
Molina Enriquez. Spencer destruye sin misericordia la plataforma de una menos. Porque ese periodo hereda una concepción básicamente estática, no
tesis que se ampara en él. El adalid doctrinal de Molina es, irónicamente, su evolucionista de la raza, cuyo representante más conspicuo es Cuvier v cuyo
instrumento principal es la anatom ía comparada; o sea. una tradición rac ista
peor enemigo.
En el dilema moliniano las exageraciones salen sobra ndo. A un qu e es ver en ia más estricta de sus connotaciones. La cual domina la primera mitad de
dad que no es el único mestizófilo e n enfren tarlo,187 quizá nad ie s e h aya com  la centuria y llega a su apogeo en los años e0.N: Es en ese tiempo, en el que
penetrado tanto en la mesbzoftlia ni lo haya padecido en consecuencia tan antropología y determinismo racial se han vuelto casi sinónimos, cuando el
profundamente como Molina Enriquez. Trátase, a todas luces, de un proble conde de Gobineau publica su famoso ensayo, una de las obras clásicas del
ma estructural: fundamentar la reivindicación de una raza de color en teorías racismo.192 Pero a partir de entonces la tesis dieciochesca del determinismo
ambiental —en la que se basaron Buffon y compañía— vuelve a tomar
diseñadas paraSpencer
desprecio que legitimar el imperialismo
siente de la
por el mestizaje no raza blanca.
se refiere Obviamente,
a los europeos o ela fuerza, modificando gradualmente la anterior corriente de pensamiento
los norteamericanos, quienes según él provienen de la mezcla feliz de distin racista con la idea de que las razas, lejos de ser inmutables, son el producto
tos grupos caucásicos, sino a los pueblos que han resultado de la unión de de su medio. A esta tendencia, precisamente, pertenece por obvias razones
razas "ampliamente dispares" (léase de la contaminación de la sangre ibera Spencer, y con él Molina Enríquez, conscientes ambos de que bajo la premisa
con la indígena).188 En su escala de evolución los m ayas y los azte cas result an de la inmu tabilidad racial no puede operar el evolucio nismo.
muy agraciados al recibir, por sobre otros indios americanos, la etiqueta de No obstante, el hecho de que las razas sean susceptibles de modificación
salvajes avanzados", a la altura del antiguo Egipto. ¿Cómo es posible que la por efectos del medio no cancela la posiblilidad de expedir certificados de
sociedad híbrida producto de esas "tribus incivilizadas", que para evitar el superioridad o inferioridad racial ni les da a éstos necesariamente validez
caos debe estar permanentemente sujeta a la "cooperación compulsiva", sea temporal. Para Spen cer las características de las razas , gracias a l a genét ica,
capaz de evolucionar a la era ind ustr ial?189 Y este m enospr ecio n o s e en cue n llegan a ser o rgánica s con el paso de las generaciones.1 93 Así que, aunque
un tanto matizado por una especie de determinismo "etnoambiental", el
da, por supuesto, únicamente en Spencer. El "antropogeógrafo" francés Élisée
marbete de racista no le viene tan mal a don Heberto. Y precisamente por
“ ;,en m llb r° que lnfluye en buena medida en el crite rio de Molina, re- ello, y preocupado porque la circunstancia ambiental de un pueblo suele
l i i r i u n ; ír!¡nCa Y elocuente la opinión prevaleciente ent re l os evo- ser constante, Molina se acoge como Sierra al postulado de los tres elemen
norteamericamwCCldente ^eclmon<^nico Por 1° que se refiere a los aborígenes tos que de acuerdo con Taine determinan a las sociedades humanas -—la
raza, el m edi o y el m om ent o19^— ■Mas aun así su situación es asaz compli-
190’ JI J1 tlis
Élisée Reclus, Les primitifs (C. Chamero!,
ée Reclus, Criamerot, París,
raris, 1885).
ivn>, p.
p- 393.
w - La innportancia de
t Ü T '? P.rinciPleso í Sociology", C¡l„ p. 592. »cine
is en -pensamiento
one!/vi : _ europeo
--------- __ -
________ _ __!.. verse
puede ..ñeco en
on Bames
Ramo« vy Rorkor. 00. Cll..
Becker,op. t. ti,
cit.. t. ti.DD-
pp-819-82U.
81
Hale sostiene que
la era del positivismo debidn^i
,tu9'e™ '' el mismo problema, y no sólo en Mé)
^ ectua* América Latina llegó a su apogeo dur
191 Véase 1
- -Ceorge W.. Soteking,
—W EC»V JUILRUIE,Jr.
Jf. Race, culture, and — — »-
evolution (CoHier-MacmilIan, N. Y.1968), 1*
a . PP -iMl
"Political and s S 'i d e t t I * ‘“J ’“* ! ' d<*Wnasdiscriminatorias. Vé ase Ch arles E 1,1 Véase Harris, op. cil.. pp. 103-105 Vale aclarar que aunque G°b,nwu

Americ
ltt Se
a (Cambridge
trau, de ifmism
U Press
^ ' Cambnd8e'
r-tmK ■siner1 19fH 1- V, p. 400. en The Cambridge* histor *y o f U
!J ?' 1870-1930", uesia, consi
ferencias dera
étnic as que una vez creadas
se volvieron las razas
permanentes. por M.
Véase la acción
A. de del medio y ei osur mtya
Gobineau, a
que la mezcla de razas muy d i f e T S ’f “ P° 1' 4 Bon <|ue,a nt0 mQl « ‘ó 4 Justo Sierra, esti humaines (Librairie de Finnin Didor Frères, Paris. 1853), 1.PP- 1, — ■ ,
TOHerbert Spencer, The Prináptes
>855). PP- $3 -5 30 . Véase también Spencer. "The principiesqí Sooology et pp. 590-5S1
m Véase Hippolyte Taine, Histoire de lo littérature anglaise (Librairie de L. Hachette et Cie.,
ris, 1863), 1. 1, pp. ¿ - 33 .
94 ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA M ITIG AC IÓN DEL MEST IZO ANDR ÉS MOLINA ENRlQUEZ O LA MTTIFICACIÓN DEL MESTIZO 95

cada: sigue teniendo por primer guía a un contumaz mestizófobo que defien miaje menos inadecuado para su mestizofilia que el spenceriano: el mismo
de a capa y espada la supremacía del blanco. Comte. A diferencia de Spencer, don Augusto no "biologiza" la sociología y
U complicación, claro está, no tiene que ver solamente co n Sp ence r. Toda puede, por tanto, evad ir la tentación de explicar el progreso como el pro
la camada"cienlificisla" en la que abreva en mayor o menor medula el pen ducto de conIfictos individuales o raciales, hablar de una "hermandad uni
samiento molinlano —Gumplowicz, I laeckel, Redus, etc.— fluye en dilec versal" y prever la transformación de las especies en un solo "intlivitluo".-»’1
ción opuesta a la del meslizófilo mexicano, siguiendo el rumbo que asocia Mas acaso la reticencia a aceptar en este aspecto a Comte o a alguien más
indisolublemente la barbarie con la piel oscura.19* Molina Enríquez puede, y por parte d el jilolepequen.se se deba precisamente al profundo apego de és te
de hecho lo intenta, poner de cabeza esas teorías para fundamentar la suya, a |a idea con que Spencer, siguiendo más a Malthus que a Darwin, le dio
pero sin duda queda en una posición doctrinal mucho más endeble que la fama al darwinismo social, es decir, la omnipresente y depuradora lucha de
de, por ejemplo, sus homólogos yanquis. Porque mientras Molina hacía ma Individuos y pueblos por la supervivencia.202 Después de todo, la biología
labares eclécticos para adaptar esas doctrinas europeas a su México mestizo, y la etnología son para Spencer y para Molina las ciencias por antonomasia, y
en Estados Unidos, donde el racismo ya había sido invocado para mutilar el quienes no se apoyan en ellas pierden el máximo valor de la era positivista:
territorio mexicano, el darwinismo social caía como anillo al dedo blanco e el rigor científico.
imperialista de los Eiske y Strong y servía a las mil maravillas para justificar Así, no obstante incompatibilidades, Molina Enríquez. se las ingenia para
, "científicamente" el "destino manifiesto " y el frenesí expansio nista rooseve l- mantenerse fiel a la "ciencia", sorteando penosamente el embate spenceriano
tiaiio,197 contra su mestizofilia. De una parle, no le queda más remedio que aceptar
Huelga decir que no fallaban en Europa pensadores ajenos o incluso que los mestizos, "como todos los productos híbridos, reflejan los defectos y
adversos al racismo. Desde los siglos xvn y xvm, en efecto, en el menú de vicios de las razas primitivas", pero se tranquiliza confiado en que su próxi
Ideas europeas existían opciones humanistas. Al problema que la existencia mo bienestar social e incluso la educación que tanto menosprecia les hará
del "salvaje" siempre ha representado para la mente occidental fue aplicada posible evolucionar favorablemente. De otra, refuta con habilidad la acu
entonces, además de la receta discriminadora, la conocida idea del bou sa- sación de S pencer en el sen tido de que la inestabilidad polí tica es inherente al
vage, el hombre puro y noble que no ha sido corrompido por la civilización y mestizo, argumentando que no hay razas ingénitamente revolucionarias y
que es teóricamente útil como unidad de medida humana.19» Molina Enrí- que la violencia del híbrido mexicano responde a su opresión social.203 Pero
quez lo sabía. Y también sabía que en plena euforia evolucionista, en medio ni con esa adaptación a su tesis se despeja todo el camino; permanecen toda
del ensanchado racismo decimonónico, se abrían paso defensores de la vía vallas doctrinales que saltar.
igualdad racial de la talla de Durkheim en Francia y de Mili —positivista Una de ellas la percibe Humberto Hiriart, quien no entiende el que para
por cierto- en Inglaterra, y se publicaba el clásico ensayo de Renán en el un positivista "la religión sea la argamasa de la nacionalidad si ya ese e stado
- P° r °bs0let0 el criteri0 etnog ráfico para de finir una ha sido sup era do" .204 Ciertamente, de acuerdo con la ley comtiana de los tres
íHpic Mo ! maS' *¡l f ^ u*era tema Molina necesida d de con oce r esas estados del progreso huma no —el teológic o, el metafísico y el positivo la
hirerln ° ^ j Ea ac lance su mano estaba la obra de algu ien que, sin pretensión de Molina de que la unidad religiosa sea "la más importante de
gar e sus dogmas esenciales, podía proporcio narle un and a todas las que constituyen el ideal"205 equivale, en cierto modo, a un retroceso
del estado metafísico que México parece haber alcanzado al estado teológico.
tarseen VN^hshire^op^U ^pp^o^B SobreTal e.l,determirüsm° ambiental puedeconsul En el mejor de los casos, confiar la cohesión de la patria al catolicismo impli
ta ol.. p . 84ss. VPierre P v X X n í 1' dt/usión de esas¡deasen Europa"véase aHrrts, ca perpetuar el régimen monoteísta en una sociedad que, habiendo superado
esp.pp. i]-i8, n ^er^ie'^ace an^
racism (John Wiley & Sons, N. Y., 1967),

H^ Jü Sm oCt¿ S¡10Ckin?' ^ CÍ'-'PP-13M32' 201 Véanse Greene, ap. cil.. pp. 422-427, y Edward Evans-Prilchard, A Hislari, o f Anlhm-
mantener la"purezji^dTsu™zad V ^ n Riíl? “ 1 anl'imperial istas yanquis que querían pologicnllltoiighl (Faber and Faber, Londres, 1981), pp . 51-52. Aunque Comte “ incide con
Hioughi, 1860-1915(1)
of Pcnnsvluíni n R Social Darwinism in American Spencer en cuanto a la influencia del medio y de la raza, su convicción de la igualdad esencial
Vm
éase Mul W. Bum,w ^ pp. 146-166. de los seres humanos es mis profunda, y por ello le basta estudiar la trayectona dedas :socie-
svt"y los ¡guainaristas raciales (CambridgeU, Press, Cambridge, 1970), pp. 3-4. dados euro peas ha cia el est ado po sitivo para definir el m odelo que tarde o’ rano bind,
h n í\ 47ci Fl aterid o es, desde lumX la*” FT ' dt' c;>n5ul,Jrso a I larris, 0/1. cil.. pp. 101 dará a toda la humanidad. Véase Augusto Comte, Cours * Plnlwphu lesiliw (Huclul er
Imprimeu r-Ubrair le, París, 1842), t. VI, pp. 872-873. , 0,
UluladaQu
“ la obra ni de
ce Molrna
ifu'unetida
alien?
acha(Cilinann
te a Z Íi*'?t'Ed"°U
í- ^°nferencia
r' de Emest llenan en l a Sor bona
>«)■ 202 Sobre la Influenc ia de Malthus véase Burrow, ep 'nt.. tx u a Hay
sus lecturas, Vatadés, no obstante, sugierem,'1'1pif* con resP*rt» * la amplitud y variedad de Spencer coqueteó con la idea de la lucha de razas, al wsy »P
l i ó * ' ' , 1“ C Vatadés, Hutona ~ Z ? I! * 1"“'«p equense erj un hombre "medi o iluslra- PP-437-441.
W5), pp. 5)1 y 1&2-163. En todo caso 4 “ Rew,ucián Mexicana (str-Cuemika. México, 210Molina, l c j 'N, pp. 109 y 420-4-21
con menor facilidad, el inglés. ' ' V'denta P™ sus fuentes que podía leer et francés y. 204 Hiriart, op. cit.,p.3\.
205 Molina, l g pn , p. 400.
ANDRÉS MOLINA ENRIQUEZ O LA MITIF1CACIÓN DEL MESTIZO ANDRÉS MOLINA ENKlQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 97
9h
el politeísmo debe pugn.ir por "la religión de la hum an.d ad .206 Eni este otrora admirada disciplina se torna oprobiosa; si antes su único estigma era
punto ev^dentemenle Molina podría argumentar con razón que él no ser conservadores, ahora critica en retrospectiva a los criollos nuevos por jus
emplea en su análisis el criterio evolutivo de Comte. El problema es que en tificar su arrogancia en "el lenguaje spenceriano de la época" y anatematiza
cuestión
* de
1
religión
!• todos Irse rpositivistas -c om tia n os , spe ncer iano s y de
l nJ/w< los solapadamente el positivismo al señalarlo con gesto condescendiente como
más— están de acuerdo en que no es muy científico recurrir a ell a. V a unque una doctrina criolla que se acomoda muy bien a las "pretensiones de sufi
Spencer acude insólita y momentáneamente al auxilio de Molina, contradi ciencia científica" del neocriollaje.212 El dilema moliniano ha terminado. Para
ciendo a Comte y justificando la religiosidad como una tendencia innata en llevar a buen recaudo la meslizofilia ya no hay que remar contra la corriente.
el ser humano, muy pronto ambos maestres se alian en contra de su alumno Resta precisar, empero, de dónde saca el nuevo Molina Enrfquez estos
en una categórica condena de las religiones convencionales. Torque si argumentos que hacen a Spencer revolverse en su tumba. Afortunadamente,
Spencer refuta la posición comtlana por pretender retrógradamente la onnu- en contraste con la nebulosa procedencia del Irasíondo racial de su finí», aquí
llzaclón del sentimiento religioso hacia un ente conocido y finito como la los Indicios no de|an lugar a iludas. I.a paternidad correspondlenle llene
humanidad, también reionuce que los "sistemas de leologla dogmática" alrlbiilrse sin reservas a l'ranz Unas, el antropólogo norlcamerícano por natu
constituyen un impedimento al desarrollo de la ciencia social.207 Ante ello, ralizació n que fundó la doctrina del relativismo cu ltural.21 1 Según ésta, la
Molina -¿católico "sublim ado" al fin?20*— opta por soslay ar su postura evolución humana no es unilineal sino mullilineal, y no cabe por ende com
contradictoria y se mant iene como siempre a parentemen te im perturb able. parar el desempeño de las distintas razas para dictaminar sobre su superiori
Pero su aparente imperturbabilidad es engañosa. Molina Enrfquez está dad o inferioridad. Los delerminismos racistas, además, son falaces puesto
cada vez más consciente de sus incongruencias, acentuadas después de la que el desarrollo de cada pueblo no está condicionado por sus características
publicación de Los grandes problemas nacionales con su conversión a una étnicas sino por su historia. Enemigo del a prioñ biológico, Boas separa los
curiosa amalgama de evolucionismo revolucionario y, aunque tardíamente, conceptos de raza y cultura, liberando a la herencia cultural de toda carga
encuentra
cambio queenestoel implica,
último lustro de su en
consignado vida la coyuntura
páginas para
anterio res y dponerles
e h echo fin. El
inad genética. Sostiene
sobre la cultura asimismo
y, por todo loque el ambiente
anterior, rechazaejerce
tanto sólo un efecto limitado
el "absolutismo" cultu
vertido por los estudiosos de Molina209, es verdaderamente radical y bien ral de Tylor como el darwinismo social de Spencer.214 Ahora bien; está claro
amerita la "sensacional confesión" que anuncia en el último tomo de La Re- que no todas estas ideas —que con toda seguridad Molina relee, tiempo
volución agraria.En síntesis, su nueva postura es en el sentido de que la in después, en la serie de conferencias de Boas que publica entre 1911 y 1912 la
dustrialización de Europa y similares no es más que la versión occidental del Universida d Nacional de México215— son incorporadas al selectivo esquem a
progreso humano, y que no hay en el mundo sociedad es a delan tadas o a tra moliniano. En realidad, de ellas no hace suyo sino el corolario de la evolu
sadas "sino pueblos d iferentes que viven y luchan con arreglo a su s c ondicio ción multilineal; adoptar también la idea de la irrelevancia de lo racial en
nes y a sus capacidades propias".210 Aquí don Andrés no se anda con rodeos; cuestiones culturales y el concomitante menosprecio por la dimensión étnica
mayor prueba de su rompimiento medular con Spencer y compañía no se del hombre ¡mplicarfa asesinar a su entrañable homo elhnicus, que no sólo ha
puede pedir. A pesar de que cuatro décadas de profesar la fe spenceriana no probado ser más fuerte que su convicción positivista sino qu e se ha prodiga 
pasan en vano (Mntma insiste en refutar a Spencer con analogías "biorgáni- do y robustecido para llenar el vado dejado por Spencer y sostener él sofiTu
ias que no ruegan la cruz de tu parroquia evolu cion ista) 211 y de que la Iner tesis mestizóíila. Y eso no es posible. La nueva etapa del pensamiento moli-
cia resultarse lo arrastra a un t/xntrariirVmri e inútil inten to de co nci liación , el niano exige una suerte de rar ismo al revé» que pule a grllo» la conservación
e* de !¡Ki grarir* pr* m is que quiera suavizado, el ata que a su antiguo lie importantes residuos de darwinismo social. Aunque * tríelo trnsu nunca
<*—esuo <i a u yutyiUr Más aún,*/, esta nueva fweta de Moleta Enrique/, la alifara *-|Indigenismo,219 don Andrés lo corteja ahora y quiere dar al Indio y

/»7V » 0 7 '* * * * * **' '' «T «« (U b n u * pésiosuptaque | Vnn. Pad».


Hay <X*en*prefieren llamarla "purucu
lanaeno héskJnco'Véna kWn», cual p 250
a» ** * “ "I“ ** - P *1. y 'Prosapie»o í Soóulogy', à t., p. OTA
fw k T III litu i ** ** e y aevWi de su obra. Moina rsafció en su juventud un*
T * * * 101^ 'o p w » d e je e n t r ev er s u p ro p ia ve nw n
m RS». P *E ^ < 5R j ! SJJ 1í u í “ "r ^ ^ " ” W - e- tn .
Meé— eiEm
d»m f f—I3etyV
137-13* vi i . tMBbM
***— J~ 01 e*Cmam
Abelardo VHleg»
(México, voi.re31,sunúm.
articulo ‘ Andrei
3, septiembre , México, MéxicCuno
de o. 19 11 •i'lhavc
* -1 hifitlígene
912). Én mlnd
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. T U, Universidad N* s,™ J
114M eé». u Rrsuluc ^ -.„ JL . '0 '“*rS°- n° identifica U fuente dei viraje Mota» ata para apoyar su deeermitssmoamtscntal (la mención que Boa, hace de cku*jS u J a
ai vta* t r « , i v, p i*a «quele* Inmigrantessuftvn en Estado»U nid,«);véase Molina.Le KreotucaR. mm, i . . „ n
caus» apencaron. ’ **■P 35 Cun» es ubido. ha analogías «gèni ca» fueron
m-U»«I ■* rol .1 1^ °P •P' ^ Z * S «* vxfigvsusnvi * , como a i™ * « Agiurrv H eW v fc íre ú ,
piallila .le k« no Irvin« osi impecio al «alo cassia! que lia d* darse Tla [Xéila.tón^ushJaJü
MESTIZO
ENRIQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL
ANDRÉS MOLINA ANDRÉS MOLINA E NRÍQUEZ O LA MITIFI CACTÓN DEL MESTIZO 99
■ , , ílp desnudarse del criollo. Es el mom ento de
Aquí termina el laberinto intelectual de Andrés Molina Enríquez De lo
al ind‘^ r i " lucha de razas no va a detenerse justo cuand o los blan cos expuesto hasta ahora puede colegirse fácilmente el desatino de juzgar como
ajustar
(Illpor
están mis.*«vez
L>l/I L'i
primera ' - "en desventaja. ^ ncer llega demasiado larde. Molina "darwinisla social ortodoxo" a quien como buen mcslizófilo vive su mestiza
Pero por desgracia, la ruptura con bpei je doctrina l al punió de conv enirse en el ccleclici smo encarna do.221 Porque
Enrktue'z no tiene a estas'ahuras tiempo ni ánimos de rcconslruir su tesis encasillar a un pensador que desafía todas las clasificaciones diciendo lisa y
mest zrifila sobre el andamiaje boasiano, y opta por dejarla prácticamente llanamente que no es más que un positivista en general y un spenceríano en
mtacta para la posteridad. Su recapitulación, de todos modos, es tan enco- particular es un reduccionísmo inaceptable. Si algún calificativo soporta sin
míable como radical. Y tal vez en ella tenga que ver, como mas adelante so condicionamientos Molina Enríquez es sólo el de mcslizófilo, Su mestizofilia
dirá la propia personalidad de don Andrés. Lo cierto es que al tiempo que es lo único que nunca mueve un ápice, manteniéndola admirablemente incó
comprende que el evolucionismo es el medio menos idoneo para desarrollar lume en medio de mudanzas de instrumentos teóricos y vaivenes de auto-
su mestizofilia, Molina parece quitarse un peso de encima. Y es que ha pasa percepción. Co mo en II Cattopardo,Molina cambia para seguir igual, siempre
do mucho tiempo desde la última vez que pudo escribir sin tapujos sobre su en aras del mestizaje. En este sentido, don Andrés bien podría defenderse del
"temperamento" y su "alma de poeta" ("yo como artista y poeta", exclama cargo de incongruenci a doctrinal arguyendo con Maquiavelo que, cuando se
en un insólito artículo de 1909, "puedo decir sin énfasis de propia alabanza, trata de fraguar una nación, el fin justifica los medios. Sólo restaría ver si los
que cual otro Rodin, siempre he estado lo co"). 217 Desde ento nces su emo tivi medios justifican el fin.
dad ha alimentado un idealismo clandestino, incon fesable a la luz de la cien-
da pero visible en los momentos que su subconsciente lo traiciona, como al b) Losentretelones de su mestizofilia
admitir en la más pura tradidón rodoiana-arielista que prefiere la "hidalguía
española" al pragmatismo anglosajón.218 Por eso no debe sorprender su ¿Qué impulsa a un mexicano abrumadoramente influido por teorías que
desahogo
gruesa pielalpositivista
librarse dedeataduras "científicas";
Molina Enríquez contra
fluye una lo que se sangre
vigorosa cree, bajo
ro la conducen
depositariodeexclusivo
manera ineludible al desprecio
de la mexicanidad? El del
de mestizo a elegir Enríquez
Andrés Molina a éste como
no
mántica. Díganlo si no su espiritualismo tosltoiano, su mitificación del mesti es el caso de ninguno de sus predecesores mestizófilos pero sin duda tiene,
zo y, especialmente, su sentimiento del honor patriótico , que le ha ce rebela rse como descendiente en línea recta de la corriente de pensamiento a la que
contra el triunfo del más fuerte y gritar desde el más recóndito lugar de su pertenecen, un poco de todos. Pimentel, Riva Palacio y Sierra son sus mento
ser que "si hemos de desaparecer, más vale que sea pront o": res en la ¡dea de que México no podrá ser una verdadera nación mientras no
termine de mestizarse, y de ello adquiere razones en favor de su proyecto; la
Si por acaso siempre lo llegamos a jaerder todo en definitiva, entonces erraremos a estabilidad, la srcinalidad y la modernidad son, respectivamente, los resul
través de los siglos como los judíos, sin tierra y sin hogar; pero con el nombre de tados deseables del mestizaje que Molina Enríquez les suscribe. En el jilote-
México siempre en los labios, y con el recuerdo de México, siempre en el alma.219 1 pequense, sin embargo, se da con respecto a sus antecesores (y a sus suceso
res) una situación singular: es él quien posee el instrumental analítico menos
¿Quién si no un idealista romántico puede suscribir sin reservas la ideología apropiado para defender la meslizofilia y, al mismo tiempo, es él quien la
del my country, right or wrong
de Theodore Roosevelt? ¿Y quién que la suscri abraza más ardientemente y quien erige la tesis más refinada. ¿Por qué?
ba puede soportar por mucho tiempo el calificativo de desequilibrado que le La respuesta está en el plano personal. Como habitante de un país en el
ap ica Herbert Spencer?22» No hay contradicción que dure cien años ni pen que la mezcla racial es creciente y ostensiblemente generalizada, Molina
sador que la aguante.
responde al igual que los demás mestizófilos mexicanos a una realidad pal
pable. El punto de partida de la mestizofilia moliniana se explica teniendo en
un'wuDo cníonces Molina no es indigenista ni cuando ve a los indios cor ( mente que si en esa realidad sólo una minoría cada vez más exigua de la
reámenlos de la nnWaeír "'o5“ etapa, mienta confundirse con ellos en contra de olí población puede acreditar una estirpe indígena o un linaje español más o
S^icmia.,
^ 2 ^ 2a 5l Rostulado de indigenista", menos puros, y si por otra parte el proceso de mestizaje que ha dado srcen a
va, México. 19S5), ¿ ¿ i S y á ManeA-nantal Barre, Ualogus indigenistas ymovimientos indios
la mayoría de la población es irreversible, lo más lógico en el ambiente etni-
marzo de im o^ T u n a^ ^ J'aí“ y0 dldendo_." en Lo Democracia (Toluca, 20 i I cista imperante es exaltar al mestizo como símbolo de la identidad nacional
'•nwimenu*, ivde^odKjn de tmar en lj que Molina vincula colores Mas esa fría conclusi ón tiende a convertirse en un partidarísmo apasionado
W at |a;To jlu
^ Sr^ J 3 ^ ^ Í J ^r r rt‘
^ Moh“
Ui n“J‘ CIWT'Q‘'-i«vl“
a»*«- * deales,en
m^idon su ef to
- ‘' MüÜCU 1C* \ p ' I
roosevelh.m.1 que lamo entusiasmé a Melma puede verse en Theodore Roosevelt. Anwrtom wr
ais and iitlieressays(U,. I*. Ihitnam's Son. N V, ItNT). esp. ppIt o
emeSpore«. The«udy rfu* ^ (IW> & ^ ^ p^ 321 Véase, entre vjuienes cometen evphvilamente ese error, a Staab. i’f o f . p to?
,00 ANDRÉS MOLINA ENRIQUE/-O LA MI'nHC AC.ÓN DLL MESTIZO
AND RÉS MOLINA ENRlQUEZ O LA MITIP1CACI ÓN DEL MESTIZO 101
„,. i. ¿niriia correlación entre raza y clase que Molina
desde el momento en qr t j ;uc¿iciaL agudizada en el ento rno rural reflejando siempre su percepción idealizada de México. Si en sus primeros
r r ” 4 “ o hacerTiden tificar las di fe re nci as folletos se siente mas criollo que indio, a la larga su predisposición afectiva
fad afe co m ola s causantes de la injusticia social Es ese „paríheid que mar- por el débil, avivada por una honda imaginería atávica, resulta vencedora.
Cinco años antes de su muerte escribe:
gma a^a mTyoria de color el agravante étnico que lo .m ta y acab a por sacarlo
A pesar de que el color de la salud y la barba florida, dan a mi cara de perfiles
de Hasta^aquí el asunto es sencillo. Las complicac iones em pieza n, no o bstan te, mitad árabes y mitad judíos, cierta apariencia de tipo español, en el fondo de mi
cuando ú toma en cuenta que su irritación no le impide ver la r ealid ad soc ial ser, por enlaces de mis antepasados aragoneses y andaluces con unidades indias
de México a través del prisma de su venerado darwmismo social, lo que natu (mí abuela materna era india de pura sangre), me sienlo indio de raza, indio de
ralmente invierte sus apreciaciones en beneficio del fuerte y apto criollo. Así corazón e indio de cultura; soy uno de tantos indios otomíes como hay muchos en
M- gesta la co lisión. Y no es preciso escarbar mucho para d escub re q ue, en el el lugar en que vi la primera luz (Jilotepec, Estado de México).1»
leudo li e la misma, .subyace un móvil m as profundo: el m íe nl o co nlli elo en tre
su /oyes y su Poique, per sim plisla que pare zca, la luelia de roza s que Su apariencia física y su genealogía se tornan irrelevantes. Con o sin abuela
lanío obsesiona a Molina se libra en realidad dentro rio él, enlre m i pielereiu ¡a otoml, Molina ha oscurecido su epidermis imaginaria para estar a tono con la
racional |«>r el criollo y su mi Imanen -.i-nlmu-iitol |iur el indio, es dei ir, enlre de la mayoría de los mexicanos.” ''
su film anón •.p eni enan a y sus alan és |uslii-jetos li e bei lio, m i s i imlruilii ¿Que por qué larda Linio en nacer su autoperrepclón Indio-mestiza ? f’or la
i iones no son sino el resollado de esa disputa en la que la ra/On pnsilivisLi va sene Illa razón de q ue la Imagen del México de bronce no puede explayarse en
gradualmente |x-rilli-inlii leneno a manos de lo que m i piopio nielo ileseribe él sin la consab ida mu Lición doctrinal, l a crónica de este nacimiento anuncia
como "un d/ms allivamente ri'activu",22 2 y que l’a.slor Koua ix qu izó un la nío do llene tres acLis: 1) con un bagaje evolucionista fuertemente atrojado en su
rigorista- atribuye al "t emperamento pasional" de M olina, que mente, don Andrés se ve obligado a catalogar a los indios como seres inferio
res, en congruencia
vuelve creativo y, encon los cánones científicos
la imposibilidad dogmática dede
la valorar
época; 2)lalacultura
compasión lo
indíge
lo hada discurriry obrar guiado por los prejuicios, simpatías o antipatías que lie*
vaba arraigados en sí y que lo hacían desarrollar sus ideas, siempre subordinadas na, se aferra a la cuestionable hipótesis de la superior "selección individual"
a esos sentimientos, acomodando los hechos y los sucesos a la comprobación de de la raza roja; 3) es e endeble asidero resulta insuficiente para soportar su cre
ellos.223 ciente carga emotiva — tal vez acicateada por el recuerdo de viejos agravios
gachupine s— por lo que se decide finalmente a hacer a un lado las trabas doc
Y aunque en un principio "los hechos" se niegan a comprobar unos sen trinales que le impiden aquilatar y reconocer cabalmente a los indios. En
timientos entonces mesurada pero indudablemente conmovidos por el indio, suma, para sincronizar la pasión con la razón había que renunciar a la defe nsa
éstos se imponen a la postre.24 Por eso su mestizofilia, sin dejar jamás de del indio o al evolucionismo, y el hilo se rompió por lo más delgado. Boas
serlo, comienza con una propensión al criollismo y termina ladeándose apa apareció en el momento justo para facilitar la mimetizaci ón de Molina.
sionadamente hacia el indigena. La susodicha enmienda boasiana, como lo sugieren la líneas precedentes,
Esto último merece mayor atendón. tPor qué el apasionamiento que fana además de resolver la gran contradicción de Molina Enriquez le permite al
tiza, que^ciega? Para comprenderlo hay que penetrar en los hondones de la fin revalorar la cultura indigena vis-á-ris la española. Pero en sus manos el
conciencia moluuana. \ es que el problema de Molina Enriquez es el pro espíritu armonizador del relativismo cultural adquiere un efecto revanchista.
blema de su necesidad de afiliación, de su búsqueda de identidad personal, De ahí que en sus últimos escritos, lejos de reiterar su admiración por "la
inextricablemente entreverada a su imperiosa búsqueda de identidad hermosa lengua española" proponga llamar al idioma hablado en México
nauona tanto que y cthos chocan en su interior, él no puede evitar el "lengua nacional" y se interese por primera vez en la escritura prehispáiuca.
poderoso miluio existencia! que lo impele constantemente a tomar partido, De ahí también que ya no hable del “gran instinto jurídico español" ni del
derecho de reversión317 sino que se refiera al “despojo de la Conquista* y
^ Alv.iii Molina ínrh|ucr,op cit , n. 13
kouaix, UZtnu trticulc ' » Molina, prólogo a Ia gutvni Parifico,
07 p. 5.
Meneo, Ñüi/pTÚ"' 27 y * loCiiiiíIilii.-ulM
Po/ifica de 191’ (r> 234 La* fotografía« V lw W im on k* ixihviden con su mencionado autorretrato criollo. adr-

motilo* *c obtuvieron en rom-vistIVivir


.mpugnactón '¡‘TI 1" ' ’* dt-hl1lu,* d t,or *1 ¡»dio. véase 1.1 <-11100' cuodamcnte ataviado, Molina podría inadvertido en muchaspartm de España tan-
Loa
as wallzadas en la ciudad de México con « nieta* Alvaro
Muitiu. pp 2o> J 07Culi .I* 1™“ México independiente por tu discriminac ión r Molina Enriquez (19 de diciembre de 19Bft) y Luí* Mohna Enriquez (14 de abril de 19WV v con
morimlum ■] Muxro na . aAn definitiva hacia lo Indio queda manifi esta en su ni do* pe rsona * que lo conocieron personalmente Blanca Basave (10 de diciembre de 19 *<>) y
ya como domíname sobre ei * " l>vleinhle dl' en el que pmp one "q ue se cnns lde Antonio Huitrón (29 de enero de 1987)-
sobre el espaftul", aawr ™ a '!'|Un,n de nuestra nauonailri ad, el carácter ind 127 Cabe señalarque todavía en 1929 Molinase apoya jurfdicamenlc eo la facultad de irverti i
(. .i w n iA MITIFICACIÓN DEL MESTIZ O
102 ANDRÉS MOLINA ENKIQUEZO LA Mil ANDRÉS MOLINA ENRlQUEZ O LA MITIHCACIÓN DEL MESTIZO 1CB
. , . a a: , la arauitectura colonial. En este orde n de ideas,
resalte la influencia indi. a J ¡m¡]S ma 0nal es y La Revolución agraria no en más de un sentido un campo de batalla en el que el supuesto vencedor
el co ntra ste^ tre É « rf« P ¡mer libro la apologí a indiana se centra queda en realidad muy mal parado. Porque después de leer la retahila de
impro penos con qu e el autor , en su infruc tuoso a fán de defenderl o describe
^ ata d e tv a Macio^^exclusivamente en las bondades de la constitución
a su híbrido, casi se escucha al mestizo proferir un "no me ayudes, com
padre".
vernáculas ni remotamente consideradas por el primer Molina, encuentran Aquí vale la pena abrir un paréntesis. Cierto, se ha mostrado que los mo
cabida como "la resultante" predominantemente ind.a del encuentro de las tivos personales de la mestizofilia de Molina Enríquez son tan atfpicos como
dos culturas, anunciándose así el advenimiento del próximo giro en la co su tesis. Pero precisamente por ello, y en aras de una mejor perspectiva, es
rriente mestizófila.228 Pero la mestizofilia cultural del segundo Molina, como importante prevenir que la fascinación ante su subjetivismo psicológico haga
su abandono del evolucionismo unilineal, es demasiado tardía. Acaso por perder de vista el contexto objetivo que propicia la preocupación central del
ello y por las concomitantes reminiscencias que dificultan su adaptación a la jilo tep eq ue ns e y de los dem ás mest izófi los mexicano s. Y para logra rlo las
nueva doctrina se muestra a veces renuente a apreciar la cultura indígena en comparaciones podrán ser odiosas pero resultan indispensables. Partiendo
su propio contexto, recurriendo al expediente de la filiación oriental de la po prácticamente de las mismas premisas que Molina —las ideas de Darwin,
blación autóctona americana.229 De cualquier m anera, el facto r cu ltur al incli Spencer, Gumplowicz, etc.—, su contemporáneo argentino José Ingenieros
na el fiel de la balanza en favor del indio. (1877-1925), también sociólogo y luchador social, llega a conclusiones opues
A pesar de la relevancia de los extremos, empero, al analizar la contraposi tas a las del mexicano. En un libro publicado un año después de Los grandes
ción indio-criolla en que oscila la mente de Molina Enríquez no debe perder problem as nacion ales, Ingenieros sostiene que la grandeza de Argentina estriba
se de vista el papel central del mestizo. Él es la constante, el fruto conciliador en que es un país blanco, "libre ya, o poco menos, de razas inferiores". Con
del antagonismo entre sus dos progenitores, la imagen que, más allá de tona una facilidad que, como a la de los imperialistas yanquis anteriormente men
lidades, nunca deja de aparecer en el espejo del enigma moliniano. El mes cionados, envidiaría cualquier mestizófilo spenceriano, don José lleva a sus
tizo representa
principio la salidadescubre
a fin, Molina salomónica, la solución
dos Méxicos dialéctica delmagnéticos:
antitéticamente conflicto. De
el consecuencias
para mal lograrnaturales las doctrinas
sus propósitos. que Molina
"Un país Enríquez
donde lo tiene
corriente es elque retorcer
negro o el
México melancólico del indio y el México triunfante del criollo. Mas como mestizo", afirma refiriéndose a Brasil, "no puede aspirar a la hegemonía so
el primero demostró ser menos apto y el segundo es cruel y apatrida, vislum bre países donde el negro es un objeto de curiosidad" y en donde del indio
bra un tercero: el México ideal, sintético, del mestizo. En tan amplia concep sólo queda un "exiguo resto".231
ción la funcionalidad del mestizaje puede pasar del vehículo de criollización Un representante del país aludido, en cambio, el periodista y escritor
de los indígenas tomado de Pimentel al instrumento de indigenización de los brasileño Euclides da Cunha (1866-1909), piensa de manera muy distinta.
criollos proclamado en la segunda etapa de El Reformador sin desvirtuar el Igualmente coetáneo de Molina, con su misma carga doctrinal y sin haber
autorretrato mestizo.230 V si el péndulo no se detiene en el justo medio se tenido comunicación alguna con él,232 Da Cunha concluye en un libro publi
debe a que, a diferencia del mestizo rivapalaciano, el d e don An dré s no logra cado tres años antes de La Reforma y Juárez y considerado "la biblia de la na
aC|ürrarSj Una f>ersona^ ad propia y aparece finalm ente com o un indio cionalidad brasileña", que en un país de marcada diversidad racial como el
m i irado. En consecuencia, desde las primeras escar am uza s en La Rcfor- suyo el mestizo es el grandioso núcleo de la nacionalidad. A diferencia del
may ¡uarez hasta la exacerbación de la guerra racial en los escritos molinianos mexicano, sin embargo, y dada la mayor heterogeneidad étnica de Brasil, don
■e ° s a. os ' os mestizos lucen como unos mediador es parciales, que sufren Euclides tiene la posibilidad de escoger entre varios tipos de mestizos y de
j* . a con m8ente indígena los e mbates de los crio llo s y qu e só lo al final minimizar así su violación de los principios antihibridistas: acepta que las
piezan a recuperarse. No debe, pues, extrañar que la obra de Molina sea mezclas son generalmente perjudiciales —las de los negros en las costas lo
prueban — pero proclama la síntesis indoeuropea del serta nejo como la excep
ción.233
Condición ,urí di aZ Hostia/1f e /csiis^Hocu^ ^ 'a .Corona esPafto la- Andr és M olina Enríquez ,
octubre de 1929);aa me ‘ (documento dirigido al president e de la República, México,
231 José Ingenieros, La evolución sociológica argentina (Librería J. Menéndez. Buenos Aires,
S l éT ** Eluc ión agraria , 1. 1, pp. 129-152 1910), p. 102 (véanse también pp. 21-52 y BS-10S). Sobre las ideas de Ingenien* puede verso
cú., p 61° 03 6 McmPre admirador del mundo oriental. Véase Ma. del Carmen Reyes, op- Ricaurle Soler, El fosUivismo argentino (Imprenta NacionaL EanamA, 1959), pp. 97-14tv
151
mismo, como afirma en^l 928 varic' Molina nun ca deja de con sider arse n ^ tomos Durante
del mismoel auge
en México.
del positivismo
Brasil y Argentina
en América
Véase
Latina
Artunr
no hubo
Anlao,
contacto
" AwimlUNon
entre loa represen
arrdtrarvs.
(entonces todavía pensaba y sentía v \ ^'P^'^nlaüvo del elemento mestizo" de México formatton nf prerltlvlsm In Ulln America', en Jou rnalofIh eIhshn ynf U nas(Londres, t. xxiv,
Véase Andrés Molina Gnríuue/ -I rx. n ! Vcon el alma latino del inierto espartol")- mtm. 4, ocluhmdicie mbre rio l9náL p 51tx
<& , ,6 1,1 27 y I- Ru i ’it u mundial *■ w Euclides da l unha, t V ScrriV* (Lamber! & O Editores. Rm de larretrv. IW >. p p, ftlS-Mh
ANDRÉSMOLINA ENRIQUEZ O LA MIT 1F1CACIÓN D EL MES TIZO ANDR ÉS MOLINA ENRlQDEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 105
104

Sobra aclarar que este análisis comparativo no se propone inducir la fa Ahora bien; entre México y Perú existe, además del paralelismo histórico-
lacia de que para ser'Tüwtizófito basta vivir en un país con mezcla racial. demografico y a pesar de diferencias entre la rapidez y la lentitud de sus
Evidentemente, n i el racismo es privativo de as sociedades co n m ayor uni respectivos mestizajes, una similitud fundamental: la correlación entre raza y
formidad étnic a ni éstas detentan el monopolio de la m estizofo b.a y para clase. No es casualidad que en el país sudamericano los alegatos en favor de
comprobarlo no es necesario ir m. 1 s allá de las fronteras de México. Si acaso, la justicia social también surjan transidos de un intenso sesgo étnico, como
v par a no dejar una impresión parcial del pensamiento etnosocial latmo- lo atestiguan las reivindicaciones indigenistas de Conzález Prada y, princi
americano, cabe recordar brevemente dos ejemplos ilustrativos: primero, que palmente, de Mariátegui y Haya de la Torre .333Discrepancias ideológicas
en un país de población mixta como Bolivia se publica en 1909 la primera aparte, en todos ellos se da, como en Sierra, Molina Enríquez y tantos otros
edición del conocido libro en el que Alcides Arguedas acusa al mestizaje de mexicanos, la articulación de este binomio conceptual que en la historia de
ser el único factor que explica el retraso boliviano; y segundo, que en Chile, Mestizoamérica es difícilmente escindióle. No obstante, por lo que respecta
cuya inmigración caucásica diluyó la limitada presencia india del norte de su al jilolepequense, existe el riesgo de que la extrapolación de la prioridad que
territorio, Nicolás Palacios hace en 1904 la apología del mestizo "araucano- muchos de sus colegas mestizoamericanos otorgan al factor socioeconómico,
gótico" cómo el representante por antonomasia de la raza chilena.334 así como la tentación de conferirle vigencia irrestricta al pensamiento moli-
No se trata, pues, de generalizar en ese sentido. Lo que se pretende es su niano, provoquen una interpretación errónea del mismo. Los estudiosos de
gerir que las probabilidades de que un pensador enarbole la mestizofilia su obra, por ejemplo, concuerdan consensualmente en señalar que Molina
varían en proporción directa del nivel de disparidad de los grupos raciales juega con los co nceptos de raza y clase, y este razonamiento puede incitar la
srcinales y el grado de avance del mestizaje de éstos en su entomo social. O, creencia de que en su esquema lo racial sólo sirve para disfrazar lo social. Y
para decirlo con la precisión de Perogrullo, que hay una receta sumamente no es así. Cierto, si se desmonta la estructura etnológica de su tesis en pro del
eficaz para producir mestizófilos, la cual combina dos ingredientes: la mestizaje y se realizan las adaptaciones convenientes queda, como en el caso
aspiración subjetiva a la homogeneidad étnica total y la existencia objetiva de de los peruanos, un análisis sociológico coherente. Don Andrés fue un
una heterogeneidad racial incontrastable (es decir, irreductible por medio luchador social —de hecho ésa es su faceta humana más digna de respeto—
de la segregación y/o el genocidio); receta que se vuelve virtualmente infali y dedicó gran parte de su vida y de su inteligencia a la empresa de erradicar
ble, con fuerza para remontar cualquier adversidad intelectual, cuando se le las lacerantes injusticias de la sociedad mexicana, por lo que es lógico que
añade un tercer ingrediente: la viabilidad histórica y palpable de la fusión. sus escritos contengan un penetrante examen crítico de corte social. Pero afir
No parece entonces aventurado afirmar que la feracidad del campo mestizó- mar que sus disquisiciones emplean una terminología racial para explicar
filo en América Latina se deriva en buena medida de ese común motivador, fenómenos cuyo srcen reconocen extrarracial es ir demasiado lejos. Lo
único capaz de explicar el hecho de que personalidades tan dis ímiles como , inseparable no es necesariamente indiferenciable, y en este punto la tesis
por ejemplo, el brasileño Gilberto Freyre y el peruano José de la Riva Agüero moliniana tiene bien delineadas las fronteras.
coincidan en señalar que la esencia nacional de sus pueblos está en el mesti Molina Enríquez no quiere una sociedad sin clases, sino una nación sin
zaje lo brostleiroencamado en el triple maridaje indio-negro-europeo y "la castas. El que haya diferencias de clase como resultado natural de las dife
Peru3n^ at* forjada por "el legítimo cruzamiento de lo espa ñol co n lo indí- rencias de aptitudes está plenamente justificado por su darwinismo social;
^ si ése es el caso de quienes responden a un proceso de mezcla pero la arbitraria e inicua predestinación socioeconómica del indio y del
racial hasta cierto punto tardío, con mayor razón puede presumirse tal moti- mestizo sublevan su ser temperamental. Trátase, en cierto modo, de un .
VaC1ua c Í Andrés jolina Enríquez, el máximo exponente de la corriente ansia por la justicia racial más que por la justicia social. Su lucha es contra
0165 j c f 11 ^ P3*5 <1 ue ®s visto desde la zona preponderantemente indí
la inequidad de oportunidades, y su meta es trocar el fatalismo de la derro
gena de Sudamerica como ejemplo de mestizaje exitoso”33« ta indígena en el determinismo del triunfo mestizo. Y aunque esta postura
liberal, apoyada en la correspondencia cuasi biunívoca entre los grupos
raciales y las clases sociales que Molina encuentra en el 'cuerpo social de
veTseThónaiE^Slúd SObr<L!ÍS * 03 CunhaYe* pensamiento racista brasileño México, pudiera ser traducida del lenguaje "socioetnológico neologismo
“ “ •« *(Oxford
* U. t>re£ N. Y, 1974), pp. 98-123. significativamente acuñado por él — 338 al estrictamente sociológico, dicha
NicoUs P a l a o ^ t ^ ^ X (E<1&cma' de Chile, 1937), esp. 264,y
Un. yJ ± * r ñi‘ A‘emana- VV a í® , 1904), ¿¿ p p .
«ncumjra a, Hate. "PoUbcal Sd id al ¡d e ^ ^ ^ ^ tM o T ” *" ** P" '° d0 *" * «eso
mera de mestizaje
parte de este en México en comparación con Sudamérica fue
libro. . documentado
. . ,en la
Janeiro, 1947, esp p. 226,Fyl ^' ,fc io B"sü (l-ivraria josé Olimpo Editora, Rio de 237Una visión ztobal de ésta y otras corrientes del
pensamiento suda mericano aludidas en
mano integral", Otnsen wmelrUs "Rectificaciónnecesaria:profesión de perua- r anáUsisV
puede verse * Sberto ZumMete. Imhxcnteu * i. terral»« tespan-u-rr»«(Ed
, um
“ culturw* naopntl
peruano “ ra)
Pm3' Um*- 1%^ arania,México. 1954). ,t esp.
l pp 241 360.
cultu en el Peni*, en V' fonrwcidn
P"L
^ Mol ina , i c t n , p. 322.
[ Méx*°r 197$), « p. pp. i_g 0 mayoravance<W
u* ANWÍÉSMOUNAENKta0HZ Ol > Mm n CA a 0 NU £LMti ,T1ZO
ANI.WÉSMÍAiSA K\* lr/,>y.0 U MnifVM tjt í MI VJ// , VJ7
. kain la consideración de que el glo sario de térmi- yecto para germanizar la l'rusia polaca que a bismarck le resultó contrapro
traducciónse < |4* v,rt'3* ,, rdJ ¿ a raza- clase está destinado a desap arecer en ducente — 242 es un med io de lograr el fin de mestizar e l reducto criollo el
nos obtenido de l a ^ ^ ‘^ ^ ü z o s , convertidos en raza L ea , p er-
cual a su vez constituye un medio de obtener el fin de la estabilidad política
t e niveles sodales. Sin duda, don Andrés desea urra sociedad que, a la postre, engendrará el país de sus sueños .243Sin embargo, aun en
nvís equilibradamente estratificada, pero eso, al igual que otros resulta- esta lectura de la tesis moliniana salta a la vista la obsesiva presencia del fac
S S d S e ib L como la cohesión y el patr iotismo, será subproducto del tor racial, de esa "macana azteca" que agudamente distingue Luis Cabrera
surgimiento de la nadón ommmestiza. en la polémica agrarista que ambos sostienen y que, más allá de ironías, sig
Donde hay que concentrar el esfuerzo es en el designio de la homogeneiza- nifica la corroboración de la fijación etnicista de don Andrés por parte del
dón étnica porque las diferencias de clase son tolerable s cuan do n o se c om  hombre que mejor lo conoció .244Es verdad que ante la imposibilidad de me
binan con diferencias raciales y no viceversa. Esto lo deja bien claro Molina: dir los ángulos faciales o de constatar la melanina de sus personajes históri
cos Molina recurre en ocasiones a criterios culturales para realizar distincio
Ahora si la población nacional fuera homogénea, si d e un mismo elem ento de raza nes étnicas, pero no lo es menos que su fuente prioritaria de discernimiento
pudieran ser las personas que formaran el grupo dispensador de las gracias de la es la apariencia física; de ahí su desmesurado interés en el retrato de Morelos
justicia, y las que tuvieran que sufrir los perjuicios d e esa Justi cia dist ribu ida por y la profusa inclusión de fotografías de héroes en la edición srcinal de La
la más desenfrenadas arbitrariedades, el mal no sería tan grave, porque todas las Revolución agraria.
unidades de una misma raza se consideran de una misma familia, y entre ellas los
sentimientos simpáticos, más o menos desviados, pero persistentes, se hacen sen Desde cualquier punto de vista, pues, la cuestión racial ocupa un lugar
tir unas y otras, esas unidades se tienen piedad; pero en nuestro país, donde las preeminente en el pensamiento de Molina. Más aún, con excepción de algún
diferencias de raza establecen antagonismos feroces, existe una marcada animad lapsus insignificante, sus alusiones a la raza son consistentemente congruen
versión de los criollos contra los mestizos y los indígenas, y de los mestizos y de tes con su definición antropológica del término, incluso en la estrecha vincu
los indígenas, contra los criollos, y como por su mayor cultura los criollos forman lación que le encuentra con la patria. También aquí, pese a admitir que "la
el
se ambiente
establece,en
se que viven
forma nuestros
entre gobiernos,
los criollos, resulta
el grupo que tan
superior pronto unde
dispensador Gobierno
la justi patria y la raza casi se confunden", tiene clara la idea de esta última:
cia, como un azote terrible contra los indígenas y mestizos.239 Por el mismo proceso evolutivo por el que una familia al dilatarse se convierte en
una patria, se convierte en una raza: en el proceso, la raza es el resultado material;
Y si bien de todo lo anterior puede tranquilamente colegirse que la lucha d la patria el resultado —l lamémos le así— moral.245
razas no es la única causa de la existencia de las clases so ciale s — la luc ha in
dividual por Ja supervivencia también cuenta— de igual manera puedi Lo que sucede es que para él la patria no puede existir sin la raza, dado que
inferirse de ello y de las habituales referencias a "los impulsos de la sangre' la unificación racial genera la cohesión comunitaria — el altar— que con el
de que está plagada la obra moliniana que mientras un país sea étnicamenti territorio —el ho gar— conforma la patria. Lo indefinido aquí e s la patria, no
heterogéneo los instintos raciales conforman en lo intranacional el principa la raza. La m estizofiiia moliniana puede confundir muchas cosas fie ro no su
factor que prohija la estructura socioeconómica y determina la ideología .240 quíntaesencial variable étnica.
Con todo, el asunto no es tan sencillo como parece. En la tesis de Molíru Donde Molina Enríquez sí se mete en problemas es en sus generalizacio
tnnquez las relaciones de causalidad, siempre nebulosas, se multiplican 3 nes raciales. Por decreto establece que
.. , zf n' or pn^cipio de cuentas, podría decirse que el tan anhela do ob je
todos los indígenas son pasivos, impasibles y taciturnos; que todos los mestizos
Molina norc nrunaa<^¡ ryiesÜzaje no es en rigor un fin en sí mism o: lo qu< son enérgicos, perseverantes y serios; y que todos los criollos son audaces, impe
tética rf 1^ *f 60 •j *üna ^iS^ancia n° es evidentem ente una e specie de es tuosos y frívolos 246
des amUar la^c^1™ ^ f ,1™ 03 sin0 la edificación de una nación moderna )
ese sentido su nfoíTÜ6 a , ener&a étnica" desencadenada por la fusión .241 Er V pese a reconocer la dificultad de distinguir razas tan mezcladas y la inutUi-
P e reforma agraria —que por cierto se inspira en el pro
z» 242 Sobre el proyecto que inspiró a Molina y sus tristes resultados, puede consultarse
junio de 1913)MOUna Enrí<'uez- "H Programa de paz y justic ia-, en El Impanial (México, 28 d arman Davis, God’s plaggroitnd (Clarendon Ptess, Oxford, 1981), t. íi. pp- 112-138.
243 Véase Andrés Molina Enríquez, "El aspecto jurídico del problema agrario", en El Imíe
mu;a , "Lo que significa el reyísmo", "La fói adíente (México, 9 de septiembre de 1913).
Sr Oral. Huerta" del Confllcto Pá ti co actual", y "U finalidad del gobierno de 244 Véase
245 Luis
Molinaic ó nCabrera
, n 370. "Tu Quoque,
Aquí MolinaBrutos",
refrendaensu
Obrascompletas,decti,lat.raza
concepción IV, pp. IMM
como la66.agru-
MolinaEnríquez, ‘'Cu ad ro -p n> ^^ ^a. COino ^pulsor a del cambio social, véaseAndré ción de unidades humanas de idénticos caracteres morfológicos derivados de la igualdad y
de satisfacerunasy otras",en Mérito ™*esidades yaspiraciones del país y del mod la continuidad de las condiciones generales de vida
ueVo (México, 21 de septiembre de 1909). 244 MolinatGI’N. p. 418,
UB ANDRÉS MOLINA ENRiQVEZ O LA NOTIFICACIÓN DEL MEST IZO ANDR ÉS MO LINA ENRIQUEZ O LA MITIFI CACIÓN DEL MESTIZO 109
dad de separar grupos que en última inst ancia han de fo rmar u no so lo se al final de su vida en un superhombre un tanto niestzcheano.252 La tenden
atreve a^venturar un censo racial que su enemigo político Olaguíbel des cia de Molina hacia esa comente se manifiesta en forma diáfana en su ulte
m a te con facilidad.247 No contento con ello, dedica largas pag inas a su ca  rior concepción de la verdadera univers idad", a la que imag ina como el
racterología étnica, en cuya sutil minuciosidad Uega a clasificar geográfica lugar
mente Amestizo como “alzado" en el Norte, "echado r o papero en las cos tas
v “ladino" en la zona de los cereales. En ella sufre mu üples tropie zos qu e v an donde meritísimos profesores dedicados por completo al estudio, y a la me
desde ligerezas como la de hacer a los criollos en los que prepo ndera el o rigen ditación, tracen nuestro futuro destino nacional, como trazaban el curso de los
francés "rubios septentrionales", hasta verdaderos problemas como el de astros, en siglos remotos, los sacerdotes y los magos, desde lo alto de sus torres a
tener que justificar que "si nuestros indios, por lo general, son feos, ello se cuyo pie vertían a estrellarse los embates furiosos de las frenéticas agitaciones de
debe a que viven en condiciones muy miserables".*44 Tras de todos esos cu- las multitudes.353
nosos enredos, por supuesto, está la desventurada insistencia en ensalzar al
mestizo con una doctrina que no puede más que denigrarlo. Sólo a la luz de Quizá con esa idea en mente, don Andrés se dispone a trazar el excebo desti
semejante obstinación se entiende que aun creyendo que el mestizo supera al no de los mestizos de sde lo alto de su torre etnográf ica, form ular io para ello
criollo única v exclusivamente en "energías de voluntad", teniendo este últi su interpretación de la historia de México. Y fiel a la teoría de la lucha de
mo "mayores capacidades de percepción, mayores aptitud es de comp rensión , razas, reivindica al vapuleado mestizo asignándole el papel de liberal y
mayores fuerzas de raciocinio, mayores facultades de expresión, y mayores dejándole a su contrincan te criollo el de conservador ; el indíge na, como siem
seguridades de suficiencia", Molina proclame que confiar el destino nacional pre, hace las veces de comodín pasivo, inclinado por naturaleza a su herma
a quien no seo mestizo es poco menos que hacer tra ició n a la pat ria ".240 no liberal. Si la sociología sólo sirvió para hundir al mestizo, la historia lo
Desde luego, las manifestaciones de esa contradicción tienen su historia. salvará.
En su desesperada búsqueda dy virtudes mestizas, Molina Enriquez se con El análisis casuístico es contundente. Mestizos fueron nada menos que
vence con la a^uda de Riva Palacio de que el único resquicio evolucionista Morolos, Guerrero, Gómez Farías, Ocampo, Degollado, González Ortega,
por donde puede infiltrar la supremacía de su híbrido —indígena modifica Escobedo, Corona, Riva Palacio, Díaz "y otros muchos a quienes poco faltó
do al fin— está en la "resistencia" de su raza ancestral. A ella atribuye, por para alcanzar la alta estatura histórica de los anteriores". Los traidores a la
misteriosas razones, el "firme, ardiente y resuelto amor patrio" del homogé patria fueron, por supue sto, criol los.
neo producto de su mezcla, 250 y a ambos factores se aferra como a un clavo Molina Enriquez hace evaluaciones étnicas a cathedra, pero se vale hasta
al rojo vivo. Así, armado de fuerza y patriotismo, el mestizo recibe la bendi de la prosodia cuando lo juzga necesario, como en el caso de don Porfirio,
ción de don Andrés para enfrentarse al criollo, cuyo carácter refinado y eu cuya filiación mestiza reafirma mediante la forma en que el dictador pronun
ropeizante (no hay que olvidar que Molina vive en la sociedad porfirista) le ciaba "máiz" y "páis".254 En general, sin embargo, parecen bastarle los retra
vuelve débil y apatrida. Pero en la refriega entran inesperadamente en juego tos y su insólito don para determinar con exactitud la composición sanguínea
otras armas, como la inteligencia, la cultura e incluso la belleza, con lo que la de las personas, del cual hace alarde con su afirmación de que Zapata poseía
ucha se toma desigual. Es entonces cuando surge la agigantada figura del "un quince por ciento de sangre negra".2 55
crio o vendepatrias y malévolo, presto a victimar al patriota pero insignifi Por otra parte, anticipando la crítica de Esteva Ruiz, quien le haría notar
can e mestizo Pese a su inminente derrota, Mo lina d ecide s olid ariam ente que ha habido en la historia de México hombres buenos y malos en los tres
permanecer al lado del mestizo hasta las últimas consecuencias, salpicando bandos, 256 Molina pretende asegurar sus generalizaciones curándose en
el escenario de la pugna de contrasentidos. salud: conv ierte al indígena Juárez en mestizo deJacto y, ante la imposibilidad
ó» mestizófilo no se rinde con facilidad. En su deter mina ción de hacer lo mismo con el criollo Lerdo de Tejada, lo acusa de traición a la
nprsnnCLf ,mestl^0' Molina Enriquez echa mano del análisis histórico de causa liberal.257 Con el tiempo, cuando su radicalización lo empuja hacia los
resultarlo H»T s°kresa^entes- Y aunque niega concebir la historia como el indio-mes tizos, no tiene empacho en exculpar al "mestiza nte Zavala de su
ante la ^ ^cclonef de *os grandes hombres, sucum be por mome ntos "desn acion alizac ión" y en h acer un panegíri co del indí gena Victoria no Huer-
cion e una épica heroica"2 51 a lo Carlyle e incluso llega a soñar

Reelección(México^d^i xmbr/de2 ^ !» ! crítlca de FranC‘Sco Olaguíbel puede verse en La


3 Molina, La reforma urgente, p. 14.
«Iw-PP ' 112' 405? 41^ 454 Molina, l g pn , pp. 133 y 423.
® S PP"395Jr*16- ^Molina, La Revolución agraria, t. V, p. 147. ...... . » .
“ /W.,pp.393 y419
256 Véase, R. A, Esteva Ruiz, "El progreso del retroceso^programa étnico de la
Molina Enriquez, op. cif., 17
p.^ a4m<3slera que Molina asig na a la histo ria. Vé ase Alvaro cación de srcen", en La Reelección (México, 2 de octubre de 1WW).
257 Molina, Juárez , pp. 116 y 152.
110 ANDRÉS MOUN A ENRlQUE Z O LA MITIF ICACI ÓN DEL MESTIZO AN DRÉ S M OLINA ENRIQUES 0 LA MIT tFICAClÓN DEL ME STIZO

la patria, y persistir los caracteres del tipo físico'^ tó a -


t a » Con esa s adapt acio nes, y salvo pecata minuta como la de ensalzar al de desc on cier to se encue ntra en su partid Dación a i dav,a urla fíe nl e más
criollo Limantour, 259 confirma sus estereotipos nevóles. F ¡ patria en la bipola rid ad de altar y hoga r cuando f pr,íx:,eso f°rmativo de la
Desde luego, al realizar la evaluación de personalidades Molina Enríquez
cuida meticulosamente su metodología Y la vuel ve ton ve sát; .que m el na in esc ind ible me nte en la repartición del terr itnri rea ldad el ideal se srci-
criollo Calero se salva, previa traducción de algunas pa'ab rejas jaco bin os Córdo va, es en última instanda el único gran nmhi! qU e' C0m0 bien <*s«va
por "mestizos", v. gr. -, de utilizarla inconscientemente^“ A demá s, frente a postrera contribución a la ya de por sí considerahT“ naaonal2u Y en una
la ineludible porosidad de su esquema, elabora la subdivisión del grupo Molina olvid a integr ar por completo a su obra el úlfim " - i concePtual,
criollo de manera que la presencia de caucásicos inconfundibles dentro de las des problemas nacionales — evidentem ente redactado -d m° caPIhd” de L°sgnm-
filas liberal es no manche su s conclusi ones. Así, el hecho de q ue C om onfor t y dejando al arbitrio del lector la conexión de concentos ^ '°S demás~-
"n ac ion alid ad " y "p atr ia" . conceptos tan relevantes como
los Lerdo sean conspicuos forjadores de la Reforma se explica por las nece
sarias pero temporales alianzas que los mestizos entablan no con los criollos,
sino con los criollos nuevos y los criollos señores moderados, facciones menos E^ - z . U na
deleznables que las de los criollos clero y los criollos señores conservadores. tocia y nebu losa. Un conflicto entre f l L
Mas como esta clasificación no resulta suficientemente flexible, Molina acaba resuel ve parcial y tardí amente sin supe rar jamá s la deturpadora o b E
ideando una menos elaborada pero más práctica: la de dividir al grupo mes racial. Un problema de envoltura que impide a su autor por lo dZ T
tizo en indi o-mest izos —a donde van a parar los m estizos buenos— y criollo- escaparse de sus dos mundos reales para encontrar el edén onírico del nue
mestizos —en donde c aen los mal os— . De este modo p one el corola rio final a nunca acierta a construir la maqueta, dejando a sus lectores sin posibilidad
su omnipresente disquisición étnica sobre el comportamiento de los person de juzgar que tan hipotéticamente deseable sería el paraíso mestizo y en
ajes de la historia de México, dejando al lector con la sensación de que, en dado caso, como se evitaría el retomo de la heterogeneidad étnica. En esto
este punto, don Andrés omite el "apunte científico" más importante de su com o en mu cha s otras cosa s, el interesado deb e llenar las lmeas en blanco '
obra. Porqué
explican queclase
a fi n de cuentas ni zonas de cereales
influjo cromosómico impulsanialselecciones individua les
hombre a enfrascarse
en una encarnizada lucha de razas que, por sobre todas las cosas, ha de c) El germen y elfruto de su legado
determi nar su sid a.
Nada de eso, sin embargo, impide a Molina Enríquez coronar su teoría La aportación de la mestizofilia de Andrés Molina Enríquez a la historia de
nacionalista con su disertación sobre la patria, ésa si con el apunte de rigor. las ideas en México, ciertamente, brillaría con más intensidad sin su fardo
Mediante una peculiar amalgama teórica de H aeckel, Spencer, Sch openh auer doctrinal. De hecho, al terminar de leer su obra cuesta trabajo dejar de
v Sieyés con el Derecho Romano y el Padre Nuestro, y sin ocultar su concep lam ent ars e d e q ue e l ji lotep eque nse hava vivido en l a era positivista. En
ción hobbesiana de la naturaleza del hombre ni su noción patriarcal de los todo caso, asi sea parcialmente, el que un hombre tan arraigado a su circuns
sexos, determina llanamente que la patria es la dilatación de la familia.261 Lo tancia como él se haya sobrepuesto a los sesenta y tantos años de edad a un
que nunca queda muy clar o es si la constitución d e esa patria es en realidad credo que le había sido inculcado como sustrato de la verdjd bien puede
para Molina la predicc ión que deri va de un determ inismo histórico , o es más contarse como un primer punto en su faxor. Ademas, en no pocos aspectos
bien el propósito que nace de un voluntarismo justiciero. Tampoco es fácil su contribución llega a ser más que sobresaliente sin necesidad de maquilla
discernir aquí l as causas de los efectos, particularmente en el c aso d e la u nifi je, y la co yu nt ur a tem po ral qu e le toca vivir y que provoca su desasosiego
cación del ideal, en la que la homogeneidad étnica aparece en ocasiones intelectual es también, paradójicamente, fuente de aciertos. Porque Moluvi
condicionada a la presencia de los factores de cohesión que ha de generar. Enríquez personifica inigualablemente la transición del Portinato a la Re
Por otro lado, tr as haber reitera do hasta el cansa ncio qu e raza implica nacio- volución Mexicana. El hecho de haber realizado, armo sugiere
na idad y luego de confirmarlo ron su aserto de que el advenimiento de una la primera erítiea al porfirismo en el propio idioma científico de los porfiris-
raza trae aparejado e l surgimiento de los sentimiento s patriótico s, invierte la las<es el más ostensible síntoma dé su incómodo entreveramiento en la
ecuación y sostiene que "pueden desaparecer esos sentimientos, desaparecer metam orfosis. Co n un pie atado al México po rfiriano y otro af errado al Me-
Xll:° revo lucio nar io, Molina padece como nadie el acrecentami ento de la
grieta histórica. Pero es él quien decide abrirla y, pese a su difícil posición.
CarlosPerévra II ^ i™
" C'¡6" ™' 1 PP'
a inT os.nm'nL., en el104-108 y •v-
libro de •un autor
PP 140-142. Vale señalar
hispanófilo que su
y conservador
262 ÍWd., p. 371.
» i t e X ' T ^ A,nfria (M'A«uilar'Madrid' 1930>-
,^ ase Córdova, op. d i., p. 25. j mtriaiiw(Era. México.tS(H). p125.
261 Véase Arnaldo Córdova, La M o g ia de k Revoluaón menoma i
-/ S s tk s T o 385-390-
u; ANU KISMUU NA NNKlU<JHK <»I-A MIl 'IMCA<- l()N U BI.M líil l/X ) ANDIlftS MOI.INA PN lllQU I;/,, !.A Mm Hr.AClON DCX Mfd ,TI/-0 ,, J

anpnrt.i i'sl.ili nm.'iiii* til vértigo .Id hempo. Y m Au »u condición de |.u.-iU« ,.| afán <Je srcinalidad y atraídas por el mito del indio-mestizo. En su recha
cuín- don épocas unte l.i cual, |' 0 >cierto, no (modo menos que admirarse zo a la dependencia de la cultura mexicana, Molina lo advierte proíétíca-
U oxl.aordinana continuidad de sus idean dnnmle lauto« y Un difíciles m ente en lv(W: r
anos- la <|ue le permit e ergu irse por encim a de amba s, De ese m od o, el
pensudor imbr icado en su |>ic m -h u1poede tornarse agoieio del ín lnro, no SI nuestros pintores en lugar de pintar tipos exóticos [,..j pintaran nuestros tipos
solo el de la Revolución sino también, hasta cierto punto, el de la posruvolu- prop ios |...| es seg uro qu e alcanzaría n mayo r srcinalidad, que l ograrían mayores
prove chos y q ue contribuirían a (ijar bien los rasg os hermosos de nuestr o tipo ge 
uón:v' neral .270
lin su postulación de un patriotismo introspectivo, no xenófobo, detona
dor de la s "energía s orgánica s interiores" de la raza, en su rechaz o fina l (aun 
Pero su lucha, que adquiere un tono inusitadamente fuerte, es contra toda
que en esto muestra primero algunos titubeos) a la inversión extranjera, 266 y, una invasión d e culturas:
por supuesto, en su preconización de un poder supremo capaz de conciliar
los conflictos "socioetnológicos", don Andrés prevé la proclividad de los Hay imbéciles que siendo mexicanos afectan no usar el idioma nacional, sino
primeros gobiernos posrevolucionarios a fomentar la mística nacionalista algún otro extraño mal aprendido en el extranjero. Abandonan los criollos en esta
como fuerza propulsora del desarrollo endógeno y, como ya se ha dicho, se capital a los mestizos los teatros en que despunta el florecimiento de nuestra cul
anticipa al establecimiento del presidencialismo como pilar del sistema po tura propia, y llenan a reventar cualquier otro teatro en que una compañía de
lítico mexicano. Obviamente, es difícil precisar hasta qu é pu nto influye en los mérito dudos o, representa en italiano, en francés o en inglés.271
constructores del nuevo orden político la tesis mestizófila moliniana. Mas de
lo que no cabe duda es que, al menos en la fundación del Partido Nacional Apenas asoma la idea de desarrollar una "cultura propia". Pero aunque no
Revolucionario, varias ideas con el inconfundible sello racial de Molina esté todavía claro lo que ésta implica, Los grandes problemas nacionalespuede
hacen acto de presencia.267 ya co nsider arse una proclam ación de la independenci a cultural de M éxico.
El Molina profeta, empero, alcanza su máximo esplendor en el campo de Empecinado pues con la emancipación de la cultura mexicana, Molina
la cultura. Independientemente de la cristalización de su pensamiento en el Enríquez se adelanta a los acontecimientos y plasma en ideas una tenden
ámbito del Esta do —cuyo análisis rebasa los lím ites de este libro— 268 su obra cia que habría de manifestarse de muchas otras formas. Su tesis no sólo se
prefigura como ninguna otra el llamado nacionalismo cultural revoluciona materializa en la escuela mexicana de pintura: su preocupación de que los
rio. Con su mestizolilia, Molina Enríquez fundamenta el imperativo de que escritores nacionales "pierden la srcinalidad que pudieran alcanzar del
México deje de mirar a otros horizontes y se vuelque sobro sí mismo, pro desenvolvimiento libre de sus facultades, en hacer serviles imitaciones de
veyendo a la Revolución del andamiaje teórico del ensimismamiento en el producciones extranjeras"272 pronto es atendida por la novela de la Revo
que se inspira el movimiento artístico de mayores alcances que se haya visto lución . Alg o sim ilar suce de con la música, á por si fuera poco, su ulterior de
lamas en estas latit udes y mitificando, como dice Villero, al m estizo26" (q uien seo d e que Mé xico escarb e dentro de sí mismo para encontrar su nuevo
a su vez mitifica al indio). Asi, escuelas de la envergadura de la muralista corazón" empieza a verse colmado por las reflexiones sobre la mexicanidad
elevan a alturas insospechadas las artes plásticas mexicanas, impulsadas por que se emp rend en en la era posrevolucionar ia. Más aún, pr ecisamente en lo
que se refiere al complejo de inferioridad que atraería ei interés de varios
Danvinísm", cit., p. 71. Su condición de profeta, dicho sea i de los exponentes de esa nueva corriente, Molina puede ser considerado un
H. tdxn" ‘én reconocida en un desafortuna do juicio peyorati vo por par le de un detracb iniciador. Al respecto, primero sanciona la realidad:
México 1973) pp 3+r ,Ón mex*carva; véase Daniel Cazés, Los revolucionarios (Grijalb
El hecho es que la opinión plenamente admitida en nuestro propio país acerca de
en U eut Uo án r^ Z .01^e' desarrollo endógeno, cuasi aislacionista, se manifies este punto es la de que somos un pueblo de unidades socales que saben menos
trióticu „ , Japón; su rechazo a la xenofob ia lo rubrica cons ider ando antip pueden menos, que hacen menos y que merecen menos que las un.dades de los
PP «4-427. Su oposición a la Invertii
it la ‘¡a rria rla Je ir,br,ua, íoú iu í' , "* Enriquez, "1.a capitalización Interior", en el Holelh demás pueblos ríe la tierra ,271
Subii: la i„. luaión “ J1" e' " bre diciembr e de 1922), pp 3HS-.lHh .1...: 1, --i
l is eUeula ,|ja :|a iiaiUmalldad ‘t" " “btobvoa del CNNile lia ses como
.te ......l ■- “In ihdrcrr
1
;r ;, " ■::« : *" ■ •• ° iu*w: ......- *•
fl /*a riw,. áa la «am ia, a l i n e . ) , "ó, I •»“*<■■Verta lu i. lav isi tianld
II. de Mulina el (m, s„ Dar,), i r UH IM I a Inllti-i ''"Molina iv.rN,i' 404
■Imnae a i •nmihm a tomando no inv ola la iv o aula dal |llolep ífl Ibil p 4iw
rí’ IM.p.éHl
w* Vsaae Villini, opni p ¡ r ;*'* V**' *" *t’*v podi!« denom inante rull imi po lllk a 171IM, p ,11.3. |,(, 4é-141. Véan? laminen,y> c il .t n. p. »*>
1

!7< Molina: U Koviin uhi AV"1’“ -


m ANDRES MOLINA ENRIQUEZ O LA M1TIFICACIÓN DEL MESTIZO ANDRÉ S MOL INA ENRÍQUEZ O LA MIT1F1CACIÓN DEL MES TIZO 115
. .■  rnnsiderarlo un resultado del problema étnico, lo
A o
y finalmente sin dejar d ^ hist oria dg independie ntes"275 xico posrevo lucionario es de sobra conocido. Lo que no es tan conocido es qu e
juzga como lam al^ ‘ ofecias de Molin a En riqu ez y dó nd e em pieza su Tannenbaum, profundo admirador de don Andrés, fue también uno de los
primeros conversos de su mestizofilia. En México: The s tru ggl efo r peace an d
¿D,°nde^ r o "No Tp oslble dete rminar lo a cien cia c ier ta. Pero s i se bread hay páginas que fueron virtualmente arrancadas de los escritos moli-
papel de ideolog ^ P sus muy probables diálogos con Ma-
nianos en que se profetiza la supremacía del mestizo.279 Y si bien el "ano-
así como la celebridad nacional que en los
nimismo" del historiador norteamericano le impide reconocer el liderazgo
l o s 20 y 30 alcanzó su obra, no parece arriesgado afirmar que en algo se le intelectual del Molina revolucionario,280 nada hay que le vede adoptar la
T Z el auge cultural revolucionari o. Cierto el movim iento p rece de y tras - guía del Molina mestizófilo. Así, gracias a la incubadora tannembaumiana,
dende el pensamiento moliniano; mas en todo caso es suyo el mentó de ha la tesis del m exicano prolonga por algún tiempo su vida teórica .
ber explicado racionalmente algo que para muchos era un impulso indesci No deja de ser irónico, por otra parte, que un hombre tan retraídamente
frable lo cual en cierto modo lo convierte en precursor. El n o h abe r dejad o inmerso en su país haya visto más reconocida su obra en el extranjero.
discípulos directos de renombre no supone esterilidad en su labor docente o Porque, en verdad, Molina Enríquez no es muy afecto a las variables exóge-
intelectual Las ideas de Molina influyeron más de lo que s e cree, in cluy end o nas en su análisis del devenir intranacional. En su cosmovisión —sobre todo
entre otras personalidades a José Vasconcelos,*76 quien por ser el más inde en la de su primera etapa— los factores int ernacionales no tienen mayor pe so
pendiente de los mestizófilos mexicanos hacía suponer una ruptura en la co en la conformación de la patria mestiza. Vaya, ni siquiera parece afectarla la
rriente. Y no hay que olvidar que Vasconcelos fue el mecenas del muralismo periferia mexicana. Para él México —la república— es México —el estado y
y uno de los más conspicuos forjadores de todo el movimiento cultural de la la ciudad— y un poco m ás; la suya es algo así como una visión de Anáhu ac
Revolución. De don
mestizofilia de manera que,en
Andrés enelmayor o menordegrado,
renacimiento la ascendencia
la cultura mexicana es de la cinco siglos
extraer quizádespués.
algunas Del mundoy,exterior
moralejas hay que un
en este aspecto, conocer
hechosupinta
historia y
a Molina
innegable. de cuerpo entero: no sólo no vivió nunca fuera del país, sino que propuso
Pero la respuesta del párrafo anterior, lejos de agotar la cuestión de su impedir legalmente que otros mexicanos lo hicieran.2 81Ciertamente, esta per
influencia, genera otra interrogante: ¿la repercusión del pensamiento de cepción aislacionista del escenario mundial cambió de manera radical con el
Molina Enriquez se agotó en el movimiento cultural en cuestión o trascendió tiempo hasta caer, por los años 30, en un conspiracionismo que atribuye
su tiempo? La pregunta es pertinente porque existen indicios capciosos que todos los males de la humanidad a Inglaterra y a España. Pero aun en esa
pueden llevar a un equívoco. El hecho de que muy poco se haya escrito acer época presenta a los grupos étnicos de México como arquitectos de su propi o
ca de su obra no quiere decir que ésta no haya influido en muchos de los destino. Jamás, desde luego, descarta la posibilidad de una invasión provo
estudiosos de México, especialmente extranjeros. Es más, al decir de Brading, cada por los inevitables choques raciales; mas escéptico como es de las inje
ese influjo llega hasta autores contemporáneos como Eric Wolf, François rencias externas, asocia el peligro a la acción maligna de ciertas fracciones
Chevalier y Enrique Florescano.277 Y lo que es más importante, la huella que criollas, cuya fusión
Los grandes problemas nacionales ha dejado no sólo es patente en su vertiente
agrarista sino también en lo que respecta a su tesis mestizófila. Tal es el caso, ha creado el Scyla y el Charibdis entre los cuales boga la nave nacional, que si
por ejemplo, de académicos extranjeros de distintas épocas como Ernest escapó del peligro del Scyla eurojaeo de la intervención no escapa todavía del peli
~r je™n8' Na than L. Whett en y, en mayor medida, C harles C. C um ber gro del Charibdis americano.282
land. Mas por encima de todos ellos, las ideas del jilotep equ ens e tuvieron Y aunque en su odisea "la nave nacional" tiene todavía que escapar de un
un receptor determinante que propició su difusión allende los confines mexi monstruo no previsto en la mitología griega —el de la invasión asiática—
canos y a que no sería aventurado responsabilizar de divu lgarla s, ac aso más nada hay que temer si se cuenta con la solidaridad continental.283
Tinn^rnh^11'0 ° acluen^e l°s mismos. Se trata, por sup uesto , de Frank Es aquí donde se halla, si bien ensombrecida por una contradicción, otra
annembaum, cuyo enorme ascendiente sobre todo tipo de analistas del Mé- de las ap ortaciones de la mestizofilia moliniana, la que a más de poseer plena
275 Ibid , t. v, p. 142.
En su polémica con Cráteren iqiq ,, , . . , 275 "The mestizo has arisen from the strife between European and Indian to rule the present
de acatamiento" en relación mn i, VasconÇelos cita a Molina Enriquez en una actitud scene ", resum e Tannenbaum. Véase Frank Tannen baum, M ex ic o: th e st ru g gl e J a r p e a ce an d br ea d
antología de Molina Enriquez" enh -J f rn'jstlz6fi, a de ést e. Véase Salvador Azuela, "U na (Jonathan Cape, Londres, 1965), esp. p. 15. La influencia de la mestizofilia moliniana también
" B-ding, "So cial ^ d' l P' 224' se percibe en Tannenbaum, Peace by R evolution, cit. , pp. 3-33.
280 Véaseop. cit., p. 118.
pp 111-167, Nathan L w S tt lj ‘tura!M,H r ’ (StarJey Paul & Co Londres, 1928), esp. 281 Véase Molina, "Cuadro-programa".
114, y Charles C. Cumberland M e í T á ^ of ChicaS° p« » , Chicago, 1964), esp. p- 282 Molin a, LCPN, p. 385.
Austin, 1974), esp. pp. 3-29. Revolution; genesisunder Madero (U. of Texas Press, 2,2 Véase Mo lina, "La doctrina Monroe de Occidente", en La guerra del Pacífico, pp. 28-29,
116 CMpfni IF7OOLA
ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ LAMMITIFICACIÓN
i. DEL MESTIZO
ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZ OMITIFICAC
U IÓN DEL M
ESTIZO
,a lin „otencial sumamente atractivo. Conviene antes que
vigencia proyecta P Ferviente panamericanista, Molm a sintió por los menuuiidaa, es que su extravío no
nada desterrar las s0 . _ jón que fue siempre en asce nso. Ese sentim ien - impide a don Andrés adelantarse a su contexto etnomestizófilo y plantear el
Estados Unidos una desventur a geopolítica de los mex icanos , surgimiento en México de una nueva cultura síntesis destinada a ser "la ban
dera verdadera de todo el continente".282 La idea, lejos de implicar imperia
lismo cultural, es integracionista y muy sugerente:
loable primero predice una conflagración étnica, e incluso vaticina que el
México mestizo "no sólo resistirá el inevitable choque con la raza americana El continente americano parece haber sido colocado sobre la Tierra para resolver,
del Norte, sino que en ese choque la vencerá ; después teme una invasión en una resultante de nueva orientación y de nuevos procedimientos, el conflicto dé
militar total y hasta vislumbra la bandera enem iga on dea nd o en e l Pala cio la divergencia de las dos grandes culturas ya formadas, o sea el conflicto de la
Nacional- finalmente se desdice por lo que toca al enfrentamiento, arguyen incomprensión de la cultura oriental y de la cultura occidental.28*
do lo inofensivo que la nación mexicana siempre sera para la norteamericana
y confiando en la nobleza que, según él, caracteriza la política exterior yan No se trata, pues, de una embozada sujeción de Mestizoamérica a la super-
qui.284 Posteriormente, en la polémica que sostiene con Nieto en 1925, afirma potencia, puesto que es en aquélla y no en ésta donde surgirá la nueva cul
que si los criollos se inclinan hacia el Occidente y los indios hacia el Oriente, tura: "Porque los Estados Unidos, país esencialmente occidental, no podran
los mestizos lo hacen hacia el Norte por la gratitud que guardan a la "nación crear una cultura; pero nosotros que con la cultura occidental, llevamos las
poderosa y benévola" que los ha ayudado "en todas sus revoluciones liberta orientaciones orientales, sí podemos crearla."289 Y como para descalificar a
rias"; agrega además que son potencias latinas —Francia y España— las que quien conserve alguna duda de su patriotismo, Molina deja el interesante
han agredido a la América supuestamente Latina, opta por la amnesia en vaticinio de que la venganza m exicana contra los cerce nadores de l territori o
nacional la lograrán los inmigrantes mestizos en Estados Unidos, quienes
cuanto al despojo
trina Monroe de 1847 y propone
de Occidente" para queque
todoseael México el que
continente formule
apoye la "doc
a Estados por su unidad racial "minarán la solidez de ese país".290
Unidos en una eventual guerra contra Asia.2 85 V po r úl timo , en 1932 refrenda A estas alturas es necesario hacer una breve digresión. La reden acotada
su simpatía por el gigante de Norteamérica y, echando la culpa a los criollos, proposición de la síntesis cultural, así como las demás ideas de Molina Enrí-
lo absuelve darwinistamente de su pecado e xpan sionis ta.286 Los com entar ios, quez q ue son a quí consideradas el legado vivo, el ger men y el fruto de l pen
por supuesto, salen sobrando. sador, están circunscritas por obvias razones al ámbito de su tesis mestizófila.
Lo que de ninguna manera sobra es dar una explicación de la actitud de Pero no está de más aclarar que se ha excluido de este análisis el resto de su
Molina Ennquez. Retrocédase para ello en el tiempo; imagínese en 1898 a un contribución intelectual por imperativos de especialización académica y no
joven intelectual de 30 años de edad , pro fun da me nt e en rai za do en la en  por restarle m érito alguno. Porque —dicho sea de paso— además de las ala
tonces científica" creenc ia en ese ¡aissez-faire antropológico cuya mano banzas previamente citadas que estudiosos de otros aspectos de su obra le
han hecho, Molina merece reconocimiento por su incursión, no pocas veces
invisible debía transformar la lucha por la supervivencia en el perfecciona atinada, en diversas materias. Existen artículos suyos nada desdeñables
miento de la humanidad, presenciando atónito el impresionante despliegue sobre temas económicos,291 así como testimonios de uno de sus amigos en el
del poderío estadounidense que corta las barbas de los vecinos de México. sentido de que el jilotepequense anticipó "por instinto", en su intento de
orno todo darwinista social que se respeta, ese joven debe admirar —aun arruinar a los grandes terratenientes, la estrategia "monetarista" empleada
que e pese a quien logra imponer su férula sobre los demás. Y eso es lo por Lenin con propósitos similares.292 También quedan pruebas de que su
que a parecer e sucede a Molina. Pero aquí, en contraste con su mezcla de
rr, ^ T ^ ^ e n t o Por 'a dualidad triunfadora-explotadora de los 287Ibid., t IV, p. 10.
demás la h-arU°-Á‘ ,!Jx 'r'aJ'a balanza en favor del primer sentimiento. P or lo 288Ibid.f 1.1, p. 32.
dero dista mnrb" a ^ ^ *a flue ^ es a su manera un incuestionable he re- 289 Molina, prólogo a La guerra del Pacífic o, pp. 6-7.
290 Molina,LGPN,p. 353.
s,omst de, 98 - ^ I Ct Csarle PreÍUÍd° S 3ntiy3^ - Así. el hito expan- 292 Véans e por ejemplo, Andrés Molina Ennqu ez, “Valor económico de la función legislati
afectan sin di irla m í i Pocos acontecimientos internacionales que lo va”, "H ay que restablecer la normalidad de la tributación , El peso mexicano como moneda

incluso'que
proponer una política ext
para él V
er n pro
*
la primera Guerra Mundial e
ñ° ^ 3 e*altar al primer Roosevelt Y 3
pronorteamericana.
de
liarcirculación universal"
de los pueblos" en ElyEconomista
"Las disidencias
(México, de la 18 Conferencia
de agosto, 3 de
de Londres y lay estructura
noviembre pecu
1° de diciembre
*ierior de 1932, y 1° de septiembre de 1933), pp. 3-4,180,260 y 850, respectivamente. Por otra parte, su
interesante posición intermedia en este campo, que resulta de rechazar el marxismo pero pre
decir la desaparición del sistema capitalista, puede verse en Andrés Molina Enriquez,
"Conferencia ante la Confederación de Cámaras Industriales", en L a Raza (México, 20 y 24 de
mayo de 1922).
* Molina' U ppC89-95e" PP- 3M 7’ 292 Se trata de Carlos Basave,M em or ia s, ci l. , p. 31.
n8 ANDRÉS
MOL.NA ENRÍQUEZLA
O NULIFICACIÓN DEL MESTIZO
AND RÉS MOLINA ENRÍQUEZ O LA MITIFICACIÓN DEL MESTIZO 119
Larrn rosas tan disímbolas como el turismo y la ciencia
interés creativo aba^ ° una parte, en su inten sión de crear un ban co rimadamente viva la clasificación racista colonial. Por lo demás, ¿cuántos
política, lo cual se apr -:P por 0tra, en su disqu isició n en tom o a mexicanos, intelectuales o no, discreparían en la actualidad de la idea nodal
para fomentar el [e separación de poderes inspira da en el cons ejo de don Andrés de que México es y debe ser un país mestizo? Muy pocos
ciertamente.295 1 r
cte Estadtfde Napoleón.293 V desde luego queda a bund ante evid enci a de la Por otro lado, apreciada desde el punto de vista cultural que él mismo
más encomiable de sus preocupaciones, la que lo sitúa en un plano muy adopta en la última etapa de su obra, la tesis de Molina Enríquez adquiere
superior a la mayoría de los mestizófilos de su época que, como Francisco una vigencia inusitada. La lucha de culturas se dio y se sigue dando en
Escudero Votros miembros de la Sociedad Indiamsta M exican a seg uían em México, por más que la occidental dominante oculte en ocasiones los ingre
peñados en mantener elstatu quo:su sincera preocupación por los desprote dientes extraoccidentales, que han logrado sobrevivir admirablemente a más
gidos que lo llevó a convertirse en los últimos anos d e su vida e n una e spe cie de cuatro siglos y medio de opresión. Ahí sí, la batalla de lo indio-mestizo
de gestor de los de abajo.294 Esa sola faceta, la del Molina solidario, sería sufi por resistir los embates criollistas ha sido y es real, no una mascarada
ciente para enaltecer su memoria. "socioetnológica". Y por último, en cuanto a este tan socorrido trasfondo
Pero no es el activista sino el pensador lo qu e intere sa e n es te libro. Y, más social del enfoque étnico de Molina, puede decirse que, en efecto, el sedimen
concretamente, su mestizofilia. Por eso es p reciso cerr ar es te re paso de cuan to to estrictamente sociológico que se encuentra una vez desbrozada su mesti
hay de fructífero en la tesis mestizófila de Molina Enríquez con una evalua zofilia es de gran valor para la cabal comprensión de la sociedad porfirista y
ción gestáltica de la tesis misma. Más allá de las contradicciones doctrinales también valioso para combatir, apoyándose en su principio de la pree
que la fragmentan y descomponen, tomada en su conjunto, ¿qué queda de minencia de lo social sobre lo individual en una nación subdesarrollada, los
ella?
mas noEs indudable que hoy
es menos cierto queen día su insistencia
la variable étnica, noenoblostant
racial
e susuena
actuaanacró nica,
l d espre sti desequilibrios
racializar" que moliniana
la tesis aún padeceesladesvirtuarla,
sociedad mexicana actual.
don Andrés Si aquí
sabrá "des- el
perdonar
gio, ha sido y sigue siendo imprescindible en los análisis históricos y socio atrevimiento. Después de todo él sabe bien que las ideas, una vez nacidas,
lógicos de México. El hecho de que las atrocidades cometidas en nombre de tienen vida propia.
la antropología racista sobre todo en este siglo hayan convertido en tabú Eso y más puede extraerse puliendo el contenido de la rica veta de la
toda consideración etnográfica no debe impedir q ue s in caer en estéri les rigi mestizofilia moliniana. Riqueza que emana, en buena medida, de la condi
deces taxonómicas se reconozca la importancia de la correlación raza-clase ción de hombre encrucijada de Molina Enríquez; de ese estar parado en el
que aún existe en el país. Si se pasa por alto su determinismo racial y su in- vértice del tiempo, de ese absorber la confluencia de dos épocas que lo con
flexibilidad "cientificista", el esq uema moliniano retiene eleme ntos válid os y vierte en "autor desconcertante"296 pero fecundo. Y es que Molina no fue ni
útiles para un examen de la sociedad mexicana conte mpo ránea . N adie puede el típico porfirista ni el típico revolucionario. Evolucionista, pero con sufi
negar que la marcada heterogeneidad y los prejuicios raciales, si bien en mu ciente dosis de inconformidad social, no se sintió.a gusto —ni a disgusto—
cha menor medida que antes, obstaculizan todavía la movilidad social en en ninguna de las dos eras que le tocó vivir. Lo único que le preocupaba, en
México. Y aunque ya se sabe que debemos eliminar no tanto la heterogenei- el fondo, era que se llevaran a cabo las transformaciones necesarias para dar
a cuanto los prejuicios, el minucioso dictamen que Molina h ace d e la rea paso al nuevo México mestizo. Nuevamente es Luis Cabrera quien lo com
lidad étnica nacional constituye, a la fecha, una consulta obligada para quien prende:
esee en en erla. Porque los resabios segreg acioh istas de la trilog ía racial
exicana, aunque en realidad obedezcan a factores de índole sociocultural, Habría sido porfirista, si el General Díaz hubiera podido darse cuenta de los pro
blemas de la tierra en los últimos días de su poder; y habría sido huertista, si en el
aiu es an con frecuencia en un antagonismo estético que m antie ne infor- régimen de Huerta hubiera encontrado un propósito de renovación [...].297

de mayo de1913). L a l a c i ó n j * cam'n0 de la paz'', en El Independíenle (México, 19 Esto, al contrario de lo que una apreciación superficial podría hacer pensar,
ni aparente destinatario- aameanC0 tuñsmo la propone en un memo rándum sin fecha
dista mucho de implicar oportunismo o traición. Quienes eso concluyan no
consultar a Bonfil, "And té s Mnl; M0*403y los miembros de la Sociedad Indianista, es úril saben lo que
221. U labor de 0_„w„a
gestoría ue {Dfo|;n.
deMol ™ H .7 y ia sociedad Indianista
h Sociedad indianista Mexicana",
Mexicana , cu.,
cit., pp-
pp- n1H' telectual y sudicen; si algo
profundo dejaa bien
amor claroPor
México. donesoAndrés es su honestidad
fue revolucionario, in
porque
le pedía la aplicaciónde medida«; Sefman^esta er*las cartas que envió a Cárdenas, en las qt comprendió que no había otra forma de cambiar al país. Y por eso mismo se
creación del"Departamento Indin", 1 3V° r ^ desprotegidos «capiuiegiaos (en
ten una de
ae ellas
euas le propone
cesión. Véanse-----las
- cartas ue de An a ! cartaClUe
Ca¿ta querecibc
recibede
deun
un Preso
preso9ue
que lelePide
pide SUl5íe
su inte
noviembrphde
noviembre * iou \. y. . a. Luis- I.. Qres Molina
1934) hnaEnríquez
Enn> eza aLázaro
LázaroCárdena
Cárd enas s(Méx
(Mé ico,
xico ,2323<c 295 Más adelante se analiza la situación actual de la mestizofilia en México.
r * * de 1934), y la carta del reo a SIV" ^cretario particular del General (México, 14 de d 296 La frase es de González Ramírez, op. cit., P 137.
(Archivo General de la Nación) expedientes 444^ g*'na Oilotepcc, 4 de noviembre de 1934 297 Cabrera, "Andrés Molina Enríquez", cit., p. 909.
120 ANDRÉS MOLINA ENRÍQUEZO LA MÍTIFICACIÓN DEL MESTIZO

situó por arriba de facciones y de pugnas entre caudillos. Y precisamente por


eso pudo producir una tesis mestizófila contradictoria pero nca y fascinante
“ ePa muchos pasos antropológicos de distancia, es mas que re sca tab le.
q Quizá fue también esa posición coyuntural la que le perm itió vi slum brar ,
El. EL DESEN LACE A CTU AL DE LA MESTIZ OFI LI A
desde 1911 el destino dual de su obra. En octubre d e ese ano, en la soled ad
de su celda Molina pu do descifrar simultáneam ente su pa sad o y su futu ro:

Confieso sin rubor, que en la mayor parte de las batallas que he librado, el derrota 1. E l M éxico revoluc i ona rio :l a mestizofil ia e n su apogeo 1
do he sido yo, pero así y todo he logrado llamar la atención general hacia los pro
blemas que la repetida transformadón entraña y enfrentar resueltamente al país A ndrés M ol i na inauguró lo que bien puede considerarse la época
E nríquez
con esos problemas. Si otros méritos no logro hacer para merecer de mis conciu de oro de la mestizofilia. En efecto, a partir de Los grandes problemas nacio-
dadanos el título de patriota, creo que ése cuando menos me deberá ser reconoddo nales, y gracias al influjo revolucionario, la vinculación mestizaje-nacionali
en justicia. Y no aspiro a más porque creo que yo, como Degollado, no recibiré de dad se enfiló rumbo a su entronización definitiva. El carácter introspectivo
mis contemporáneos mientras viva otra recompensa que la prisión que ya sufro, y de la Revolución mexicana minó poderosamente la obsesión por buscar mo
que la indiferencia y el olvido que más adelante sufriré.298
delos extranjeros y acabó sepultando la quimera del México criollo. Ahora
Presintió su triunfo, pues supo que por encima de contradicciones doctri sólo qued aban en teoría dos opciones: un M éxico indi o o un México mesti zo.
nales su mestizofilia habría de mantener viva la llama del sueño mestizo. Y Y p ese a que la euforia indigenista creó por momentos la ilusió n del retomo a
presintió su fracaso, pues previo estos largos años en q ue el tri ste m arid aje de un prehispanismo idílico, la realidad se impuso de nuevo. Los tres siglos de
dom inación esp añola habían calado tan hondo como los que pr ecediero n a la
raza
en el ypaís.
dasePero
contra el que
quien tanto
piense queluchó
éste habría de prevalecer
es un caso en buena
perdido haría bien enmedida
recor Con quista, y a esas alturas toda visión unilat eral era ostensible mente est éril.2
dar ese don profètico que sólo el Varón de Jilotepec y un puñado de hombres La historia estaba allí, desafiando con todo su peso a quienes se negaban a
de su laya han tenido. Porque con toda seguridad, armado de su fe criolla aceptar el sincretismo mexicano. El alud revolucionario empezaba a lapi
darios.
y de su paciencia indígena, don Andrés Molina Enriquez aún está esperando
En esas circunstancias, era lógico que la cuestión étnica preocupara a los
ver a México encamar el mito del mestizo para r etirarse a des can sar en p az.
ideólogos de la Revolución. Ya en La sucesión presidencial de 1910 Madero
había dedicado algunas páginas a deplorar las brutalidades del porfirismo
en contra de los yaquis, procl amando a los i ndios "raza hermana".3 En ade
lante, pocos rehuirían el tema. Ocho días antes de la fecha estipulada para el
estallido de la lucha armada, con motivo del linchamiento de un mexicano
en Estados Unidos, Ricardo Flores Magón fustigaba en Regeneración al ca
pitalismo norteamericano por fomentar los odios raciales. Y aunque en su
denuncia se declara "em ancipado de los prin cipios de raza", no puede ocultar
su indignación ante lo que describe como "una turba de sa lvajes bla ncos lan
zándose furiosos sobre un hum ilde mexicano".4 Poco después , en su célebre
1 De entre la extensa bibliografía general sobre la Revolución mexicana se sugieren dos obras
Je, por su solidez académica y por su actualización, pueden situar esta sección en su contexto
stòrico. Ellas son la colección Historio do ¡o Revolución Mexicano(el Colegio de México, México,
>81-1982) y el libro de Alan Knight,The Mexican Revolution(Cambridge U. Press, Cambridge,
>86).
2Hubo, desde luego, indigenistas mestizófobos y remisos del racismo más anacrónico, pero
nbos fueron minorías. Como ejemplos véanse, respectivamente, a Pedro Lamicq (Cníter),
Criollos, indios y mestizos", en Madero por uno de sus íntimos (Of. Ed. Azteca, México, s.f.), esp.
á ir P- 16-113 (probablemente pubUcado entre 1914 y 1915) y a Alberto MCar refl o, H peligro
!gro " (discurso ante la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 28 de abnl de 1910).
3 Francisco I. Madero, U sucesión pn^dettcial en 1910 (Ed. Epoca, México, 1985), pp. 200-201,
>1 y 349
29$ 4 Ricardo Flores Magón, "La ivpervusión de un linchamiento" ^ R^enenaón 1900-1918
Mo"n., ■'Filosofiade mis p ira, Móxico, 1985), pp. 252-256. Articulo publicado el 12 de noviembrv de 1910.
121
EL DESENLACE ACTUAL DE LA MEST1ZOF1UA
EL DESENLACE ACTUALDE LA MESTIZOFI
UA 123
^ . . . . . . . . w .Hprn Luis Cabrera afirma que las causas del malestar
En ese orden d e ideas es interes ante notar que ha sta los "latinis tas" - lo s
* , , pf . » co"- ' ° que insistían en ver la latinida d como esencia de lo m ex ican o- acept aban
el mestizaje. Un curioso folleto de la época, por ejemplo, dice que los indíge
“ * £ K S Í S J S S r m «S Tv » -™y°' B ' «h a“ ' > »i«™ iba de ñas están deg ener ado s por la embriaguez, estúpidos en una inercia de i ¿ t
la mano del desdén por lo antipopular, y en ambos casos el enemigo era típi tas", y tras de espetar semejantes epítetos su autor se extraña ante la descon-
ca mmte blanco. Lo £>p¡o y lo popular eran lo indígena y cada vez más, lo fianza del ind io y se pregunta: ¿quién sabe cuál hado siniestro se interpone
mestizo que como tal ejercía un magnetismo irresistib le al cua l suc um bía n y lo aleja, como si temiera un contubernio infamante con nosotros7" Y uno
muchosde los intelectuales del momento y , med iante los n uevo s ed ucad ores, no acierta a resp onder. Pero así y todo, desafiando al "hado siniestro" el au
del futuro.6 . . , , tor del folleto autoriza a los miembros de esa "raza simpática" a "que vengan
La celebración de la convención de Aguascalientes fue, en ese sentido, la con nosotros a sentarse al convite de la civilización" no sin antes aceptar que
apoteosis. Un conspicuo observador de la época llega a juzg arla "m ás repre corre por las venas del mexicano "sangre ibera e india" y enorgullecerse de
sentativa nacional [...] que todos los Congresos que hemos tenido de la Inde que ello le confiera "el esp íritu del Cid y el de Cuauhtém oc".10C omò se ve,
pendencia a la fecha" por e l hecho de que "su s com ponen tes re flejan mejor la aunque el indio sigue siendo subestimado, ya ni siquiera desde el punto dé
ética y la ideología del mestizaje".7 Y a pesar de que no faltó en ella quien vista de los neocriollófilos sale mal librado el mestizo.
diera la nota disonante —Antonio Díaz Soto y Gama estuvo a punto de ser Así, independientemente de algunos remisos del sueño criollo, la mesti-
acribillado por hacer alarde de internacionalismo y faltarle al respeto a la zofilia avanzaba a pasos agigantados. El fracaso del Portinaio, el poderoso
bandera nacional— el espíritu reinante era de patriotismo y de búsqueda y flujo de movimientos populares como el zapatismo y el villismo, compuestos
apego a las tradiciones populares mexicanas. preponderantemente de campesinos indígenas y mestizos, el hálito justiciero
Lo anterior, obviamente, no quiere decir que la Revolución haya estado y reivindicador de la Revolución, todo conspiraba en favor de la corriente

exenta de residuos
constitucional deicó
se publ ideología
un libr ocriollista. En plena era
que, reclamando convencionista
creden y ciona
ciales revolu pre  mestizófila.
y Se trataba de
realismo progresista queuna singular
impelía amalgama
a desgarrar las de romanticismo
máscaras redentor
y a mostrar or-
rias, excluye lo indígena de "lo nacional" y reniega del mestizaje por ser el gullosamente al mundo el verdadero rostro, cualquiera que éste fuera. Era
"producto forzado del beso fisiológico, sin amor", de razas antagónicas.8 Y una ruptura de viejos clichés que permitía develar la cara oculta de México y
para esas fechas el criollismo había ganado como adepto nada menos que a dejaba al desnudo, por vez primera, la fisonomía completa del país. Y era la
Martin Luis Guzmán, quien no tuvo inconveniente en hacer suya la causa determinación de un pueblo de verse a sí mismo sin distorsiones miméticas.
retardataria; El muralismo, la novela de la Revolución y la música nacionalista no fue
ron más que el reflejo artístico de ese despertar de la conciencia colectiva, del
La masa indígoia es para México un lastre o un estorbo, pero sólo hipócritamente sacudirse complejos inhibidores de la autenticidad. Como antítesis del siglo
puede acusársela de ser elemento dinámico determinante. En la vida pacífica y xix mexicano, la eclosión revolucionaria dio un viraje de 180 grados, tras
normal, lo mismo que en la anormal y turbulenta, el indio no puede tener sino una ladando la obsesión de la intelectualidad a la búsqueda de las propias raíces
función única, la de peno fiel que sigue ciegamente los designios de su amo. (ejemplificada insuperablemente por la pretensión de Diego Rivera de elabo
rar su pintura a par tir de la savia del maguey).1 1 Y aunque "lo propio se
Aun así, Guzmán al menos incluye al mestizo, junto con el "am o" ci identificó con "lo popular", con las preponderantemente indígenas clases
entre las clases "socialmente determinadoras".» Y es que para entone mayoritarias, el resultado fue, desde luego, un movimiento cultural sincréti
eran muy pocos los que ai antiindigenismo aunaban la mestizofobia; lo co. Los pintores pintaron indios con técnicas europeas, los juristas rescataron
, to como los indigenistas,se las ingeniaban para ver al rv
r la legislación española de las Indias, los músicos, en fin, hicieron música
como uno de los suyos. ° ^
"m estiz a". M éxic o fue cubier to por un aluvión de creatividad simbiótica^ . i
° * m‘ arn!^das. di.. I. III, pp. 205-233. A
pubbcado d 18-19 delbr t d9^u ^ COOfl*c, ° ' *n
la Revolu ción pose ía un program a", sostiene el observador extranjero, era
para cre ar una nac ión ".12 Una nación mestiz a, cabrí a agregar.
X mestuófilos, véase Josefina Zoraída Vi
7 Cario, Leve del C ^ T l ^ í ^ L * *V7V), pp. 143-146. T Salesiana, Míxku , 19
10 Véase- José Cantó Corro, fot™ y raza (Escuela ip 24), pp^27.SI B
(1914'19lS) (México,
1947 ), p 26 rW?®re' tNota*
' para ta fusiona de ¡a Convención Rjevoiuc contenido del folleto es un discurso que el autor, sacerdote mexicano, pronuncio el 1. de octubre
* C« iu» Treio Lerdo
A» t •
Y La Estrella, Lo Habanahíijl ?** *' ^ faxdtxtón y el nactunalismo: todo para todo'.
“No! X sobre
Notas ! el la
mov,mil‘nl°
cultura mexicana en el ** «en n o céó^ésAd<s
* M«t¿n Luí. Cmmín . ™ J29’231
da Edacione»,Míxku , 1959 ) n ^ "i ^ orillas del Hudson — Oiráspágina* (Cía. Méxtco, México, 1981), t. 9, PP U77*1^ sobre u Revolución Mexicana- en
Stanley
°fipnaim*niem 1915 intu ^ntn*ra —d# U cual provien e U cita 12 Frank Tannenbauni, 'Algunas reflexiones soore
* * * " amp ielas. Fondo de Cultura EcorJómka|
EL DESENLACE ACTUAL DE
LA MESTIZOHUA EL DESENLACE ACTUAL DE LA MESTIZOFILIA
124 125
oran idóneas para el auge del pensamiento mes- el con tarto con los na turales despertó su int erés por la cuest ión indí gena Tras
Las circunstan cias, p u , influenci as intelectuales prov enie ntes del
tizófilo. La situación internadlas ^ ti rraosta— allanaban el camino. Salvo la ru ina de los ne goci os pa ter nos o btuvo admis.ón p rimero en el ¡ C ¡£ ?
exterior - e l cr ece _ int emaci onal ist a,13 las pu bli cac ione s de l a ép oca aonal para «tudiar arqueología y posteriormente en la Universi^d de
Columbia en Nueva York, en la que recibió los títulos de maestría y doctora
Í S b Í fervor patriótico. Pero a d,lere nda de las oleada s de patriot ismo do en an tropo logía bajo la supervisión del célebr e Franz Boas Su tray ectoria
en índependenaa, el despojo de 1847 o la Intervención francesa , su rg ía s profesional estuvo ligada a varios gobiernos revolucionarios- fue sucesiva
como reacción contra las intromisiones extrajeras, el sentimiento revolucio mente inspector general de monumentos arqueológicos y director de antro
nario era de introversión A falta de un enemigo externo frente al cual cerrar pología durante el carrancismo, subsecretario de Educación Pública con
filas v aparentar una unidad nacional tan heterogénea como abstracta, la Calles —puesto del cual fue cesado a causa de sus actividades contra la co
nueva intelligentsiase preocupó por definir los factores de cohesión que una rrupció n del equ ipo de Puig Casauranc— y direct or del Institu to Indigenista
vez plasmados en la ideología de la Revolución habrían de unificar al país. Interamericano desde el último año de la administración cardenista hasta su
El momento histórico exigía dar una expresión concreta a lo mexicano, y muerte. Dirigió asimismo la Escuela Internacional de Arqueología y Etnolo
dada la efervescencia popular y la fijación de homogeneidad prevaleciente, gía Americanas y la revista Etimos, que él mismo fundó y en la qué colabo
el factor de identidad étnica no podía ser otro que el mestizaje. Siguiendo a raron Miguel Othón de Mendizábal, Lucio de Mendieta y Núñez y otros.
Molina Enríquez, Luis Cabrera lo refrendó en 1931: Aunque escribió cuentos y sus intereses se extendieron desde la criminología
hasta la físic a, sus o bras más importantes fu eron La fioblación del valle de Teoti-
Yo estoy enteramente de acuerdo en que la unificación debe procurarse alrededor huacán (1920), magno estudio antropológico que constituyó su tesis doctoral,
del elemento mestizo, que es el tipo más numeroso y homogéneo y de condiciones y Forjando patria (1916), su análisis sociológico de México que habría de con
de procreación y resistencia más adecuadas al clima para el crecimiento de la
población.14 vertirse en un
emigración de clásico de suhacia
mexicanos género. Trató Unidos
Estados tambiénycon éxito un
publicó el problema
segundo de la
volu
men sobre su pensamiento sociológico, Hacia un México nuevo (1935). Fue
Cabrera, sin embargo, representaba la última manifestación de la mestizofilia miembro de asociaciones científicas de diversos países de América y Europa
de srcen evolucionista, que no había podido aprovechar las ventajas de las y recibió doctorados Honoris Causa de Columbia y la unam . Se le considera el
doctrinas relativistas que acompañaron al proceso revolucionario. Y es que, a padre de la antropología moderna en México.15
no dudarlo, el surgimiento de escuelas antropológicas más ad hoc para la El interés de Gamio por el mestizaje está íntimamente ligado a su obsesión
apología del mestizaje así como el derrumbe del positivismo a manos del por la homogeneidad. Para él, la mayoría de los países latinoamericanos no
Ateneo de la Juventud facilitaron la tarea a los próximos exponentes de la son p rop iam ente na ciones porque, a diferenci a de Alemania, Fr ancia o
corriente. Si ésta fue capaz de germinar aun a contrapelo del pensamiento ra Jap ón , care cen de unid ad étnica y d e identidad cultural. México es, en reali
cista decimonónico, con mucha mayor razón florecería ahora que encontraba dad, un heterogéneo conjunto de "patrias" en el cual los indígenas son
un an amiaje teórico propicio. Y daría frutos. De ello se e nc arg aría n M anu el marginados por la raza blanca. Por ello y porque lo antropológico es preemi
Gamio y José Vasconcelos. nente, la "avanzada y feliz fusión de razas, constituye la primera y más sóli
da bas e del na cion alism o".16Para conformar la na ción mexicana e s entonces
fundamental redimir a "la clase indígena, a fin de que esté en posibilidad de
mezc larse co n la población blanca". Porque, en efecto, no hay razas supenores
2. M anuel C amio :la ree ncar nación d e l indio
ni inferiores, y los indios, pese a vivir "con un retrasóle 400 anos , poseen
"ap titu des intelectu ales comparables a cualquier raza . pro ejna es n
en que los poh'ticos de Méx ico han gobernado pa ra el grupo) so social dominante,
taü™M a t u d G ^ i o ^ antr°P óloS ° V sodóloS° prepond erantemen te caucásic o, sin atender a la an °P? °8 ' 7 ¡mita-
esmerada educación en coleJint0 !,° s u 'arS a carrera acad ém ica coi En c ons ecu enc ia, las leyes que han regido al país han ^ resultad« d -
Preparatoria Nacionalinor 8 ° SPn^ados-Después de realizar estudios ____ _ olvida n del elemento indígena y que, como la
ciones extralógicas que se olvidan aei eiememu j '
la abandonó yy se marcho
marchó a trabajar
Irah 3 3en
Es,la
cu®la
fincadedeMinería,
su pad repero al poco
en Verac ruz, ti.
c Consti tución de 18 67, h an sido ^ " d ^ n d f o * ^ ¿b re todo, sacarlo de su
fon do" . Lo que se necesita es entender ai /'
(Premiá Ed. u red de Jonás, Jlahua par
, pn Áneeles González Gamio, Manuel Gamio: una
15 Sus datos biográficos pueden verse g
Nieto“ (Andrés B°^« Hijo,México, 1922).Elu lucha sin final ( unam , México, 1988). , 1960) pp. 7-13.
UB krera, "El balance de la RevolnriA ^ en 1111análisls primo rdialm ente econóro 14Manuel Gamio, Forjando paíru, (Porrua, Mex.co, l*U), PP
n ' 611 Obras completas , cit., I ni, p. 678.
126 EL DESENLACE ACTUAL DE LA MESTIZ OF1LIA
EL DESENLACE ACTUAL DE LA MESTIZOFILIA

miser ia acerca ndolo a l niv el de l criol lo. Lo dem ás vend rá p or añ adidu ra, cuando la clase media y la indígena lengan el mismo criterio
en materia de arte,
puesto que "el transcurso del tiempo y el mejoramiento economico de la cla estaremos culturalmente redimidos, existirá el arte nacional, que es una de las
se indígena contribuirán a la fusión étnica de la población", y con ello y la grandes bases del nacionalismo.
integr ación cul tural surgir á una verdadera patria me xican a.17
Como se ve, en el sentido estricto del término, Gamio es el primer indige El arte prehispán.co no tiene nada que envidiar al español, y la unificación
nista dentro de la corriente mestizófila. A diferencia de sus predecesores, el de crite rios no h a d e ser, como antaño, la entroni zación de lo s paradigmas es 
interés por el bienestar del indio — vis-à-vis el del criollo o el de la nación en téticos occidentales, sino un verdadero maridaje producto del acercamiento
su conjunto— ocupa un lugar preeminente en su cruzada en favor del mesti del uno hacia el otro.20 Y en este esfuerzo es el criollo, por obvias razones,
zaje. Cierto, pugna por la desaparición de los indígenas, pero lo hace precisa qui en de be tom ar la iniciativa: en vez de europeiza r al indi o, exclama Ga mio,'
mente porque presiente que su suerte como tales no puede ser más negra; en "indianicémonos nosotros un tanto para presentarle, ya diluida con la suya'
ese sentido puede afirmarse que, más que su desaparición, Gamio quiere su nu estr a civi lizaci ón Con la excepción del idioma —el españ ol debe
reencarnación en mestizos. Y no sería muy aventurado pensar que su fijación ser, s in m eno scab o d e la riqueza lingüística regional, l a lengua nacional—,21
homogeneizante sea efecto y no causa de una visión de la desigualdad étnica la meta es una "cultura intermedia", la cual "acabará por imponerse cuando
como fuent e de entuert os. Es esta visión de injusticia la que le inqu ieta. la población, siendo étnicamente homogénea, la comprenda". Mientras
Ahora bien; no cabe duda de que bajo el prurito unificador del indigenista tanto, y por lo que se refiere a la más necesitada de las dos partes, es menes
revolucionario subsiste una peculiar amalgama de compasión orgullosa por ter se gu ir una serie d e criterios mediante los cuales e l indíge na cons ervará su
la porción desventurada de la mixtura mexicana: arte a cam bio de ado ptar la ciencia occ idental. 22
La relación raza-cultura es fundamental para comprender cabalmente la
¡Pobre y doliente raza! En tu seno se hallan refundidas la pujanza del bronco ta- tesis de Manuel Gamio. Si bien su pensamiento se inscribe en la tradición et-
rahumara que descuaja cedros en la montaña, el exquisitismo ático del divino teo- nocentrista que proclama la primacía de la mezcla racial, a partir de él la co
tihuacano, la sagacidad de la familia de Tiaxcallan. el indómito valor del sangrien rrien te m estizófila entra e n un recodo irrevers ible: por prime ra vez se pro po
to mexica. ¿Por qué no te yergues altiva, orgullosa de tu leyenda, y muestras al ne sin am bag es el m estizaje cultural. Más aún, éste se plantea, a un tiempo,
mundo ese tu indiano abolengo?10 como un importante catalizador de la fusión étnica y como su imprescindible
producto. Por más que los genes sigan constituyendo ei demiurgo de la ho-
Más allá de afanes retóricos, está claro que se trata de una preocupación tan mogeneización, y desigual o no, el intercambio se da ahora en la esfera cul
auténtica como desesperanzada. Contrapuntualmente romántico y pragmáti tural. Y es que la civilización indígena ha producido grandes manifestaciones
co, Gamio llega por último a la conclusión de que el "indiano abolengo" no artísticas, pero
desembarazará a sus detentadores de su secular carga de infortunio. Tras la
máscara mestiza, en cambio, el indio puede colarse al banquete de la mo ístá retrasada con respecto a la civilización contem
poránea, ya que ésta, por ser en
dernidad, el del México urbano e industrial que empieza a gestarse en la Re parte de carácter científico, conduce actualmente a mejores resultados prácticos,
volución. Así, el objetivo del mestizaje ha dejado de ser la eliminación de la :ontribuyendo con mayor eficacia a producir bienestar material e intelectual,
amenaza roja, como quería Pimentel, o la prevención de la traición blanca, tendencia principal de las actividades humanas.23
como pretendía Molina Enríquez, para convertirse en el acceso de los indíge
nas a la nueva sociedad.19 ne el arte, pero le falta la ciencia. He ahí el meollo de su desdicha. Su
lación no es síntoma de inferioridad racial, sino resultado de un desequi
Pero a Gamio debe atribuírsele otra aportación, acaso más importante que
do cultural que existe en todos los pueblos y que impide a cada uno, por
la anterior. Tres lustros antes de la postrer introdu cción qu e M olina hace de la
tud de una "ley de compensación", llegar al "perfeccionamiento inte-
variable cultural en su mestizofilia, don Manuel erige las manifestaciones ar — -i— i,. iv>nd.-iHps del mestizaje y, de
tíst icas en pi edra ang ular de sus anális is. Partiendo del postulad o de que
ante el ar te no hay pue blos exclui dos ni pueblos p redilecto s", sostie ne qu e
ri.. pp.
pp.39-41.
109-111. Podría añadirse como salvedadreligión,
la aunque no que da muy claro
eretismo religioso de los"católicos-paganos" ha de prevalecer (véanse también pp 8>92).
17 fíná, pp. 18-39. A esa fusión étruca coadyuvaré también la fusión cultural. 'id., pp. 96-98. Sobre los crilerios'científicos" y "comerciales", véase el artículo de
10Gamio.op al , pp. 21-22 El párrafofue escritoongmalmente para un artículo de Gamt' ca indígena" (octubre de 1942) Incluido en el apéndice de la citada edición de forjeiaSe
la revistaModern México publicado en 1907
wHuelga decu que en tal escenario también loacriollos (un de desaparecer, tanto por la 1 >p. 192-201.
ca del crisol como a fin de evitar que la ex
istencia de dos razas perpetúela dualidad sujeto amio, op.al., p. 96.
plotadur-objeto explotado. át„ pp. 104-105.
u 8 EL DESENLACE ACTU AL DE LA MESTIZ OFILIA EL DESENLACE ACTUAL DE LA MESTIZO FILIA
129

paso resuelve sus dos contradicciones cardinales. l’or un lado con cilia su gración de razas europeas "afines" como catalizador del progreso cultural3' e
SS» un tanto cuanto herderiano con su pragmahsmo de cor te an- insiste en el rezago de las indígenas. ¿Como armonizar esta posición evolu
X X Por otro, y acaso en forma paralela, satisface simultàneamente su s cionista con el relativismo boasíano? Muy sencillo: el conocimiento cien-
dos influencias primordiales: el relativismo cultural que aprendió de s u maes  tífico y tecnológico, que es el que genera el bienestar material, evoluciona
tro Boas y los resabios del evolucionismo que en su juventud le inculcaron unilineal y ascensionalmente y, por ende, aquí sí puede hablarse de socie
los educadores positivistas del Porfiriato. dades atrasadas o adelantadas; en cambio, la producción artística, así como
Aunque ambos contrastes se aprecian virtualmente en todas sus obras, su las m anife stacio nes religiosas, éticas o polít icas, son el resul tado de a ctivida
imagen más nítida se obtiene cotejando Forj ando patr ia y H acia uu M éxic o des "m eram ente convencionales, emo tivas y sentimentales" que observan
mimo. Si en la primera una postura de optimismo relativista inyecta el ánimo ciclos de florecimiento y decadencia.32 Aunque Gamio no hace explícita esta
del autor, en la segunda es un pesimismo evolucionista —acaso fruto de su distinción, es evidente que en ella se apoya para construir su tesis. No
decepción del callismo— el que lleva la voz cantante. Mientras que en una obstante, el discípulo de Boas se cuida de dejar bien claro que no existen
Gamio ve al mestizo aparecer "con prístina pureza" como el "primer produc pueb los su per iore s, reitera su rechazo a la "tiranía est ética" de lo s poderosos
to armonioso" de la Conquista,25 en otra considera que el mestizaje "estuvo que pretendan imponer sus cánones de belleza33 e incluso llega a avizorar, en
muy lejos de ser eugènico" y que por ello su producto "surgió defectuosa y su siguiente libro, su propia raza cósmica.34 Y es interesante hacer notar que
lentamente".26Y pese a que en casi todos sus escritos es posible encontrar la aunqu e en esta nueva obra corona su campañ a por la mode rnización indíge
influencia del darwinismo social, llama la atención el hecho de que ésta, en na sugiriendo la implantación de un "taylorismo rural", la amenazadora
vez de disminuir, aumente con el tiempo. En el segundo libro mencionado, presencia de la segunda Guerra Mundial impulsa el péndulo gamiano hacia
publicado casi dos décadas después del primero, el uso de conceptos como su lado romántico, desde el cual formula su deseo de que las "viejas culturas
ios ladeevolución",
"selección"esymucho
"adaptación", así como la referencia indígenas vuelvan a surgir" en consorcio con la occidental.35 La repugnancia
de más patente. Sin embargo, hay aque
"latener
ley inevitable
presente a la explosión de racismo en Europa, al parecer, le devuelve la vehemencia
que la inferioridad evolutiva que atribuye a los indios no es racial. (Paradóji indigenista y con ella el aliento para defender la causa autóctona y, como
camente, Gamio cree tanto en la imposibilidad del mestizaje cultural sin la Herder, proponer el respeto y la valoración del folklore de cada nación.36
base de homogeneidad racial como en la igualdad esencial de las razas.27) Es Hay algo, empero, en lo que la posición de Manuel Gamio nunca fluctúa,
la cultura la que provoca su hundimiento socioeconómico: su aversión por la imitación extralógica y su afán de srcinalidad. En este
rubro pued e con siderársele, después de Mo lina Ennque z, como e precursor
El indio defendió y aún defiende su herencia cultural, siendo esto lo que en reali del nac ion alis mo cultural de la Revolución mexicana. Al igua que 0 a'
dad lo mantiene en los estratos sociales inferiores, pues esa cultura, por pintoresca Ga mi o fustig a ard iente me nte a los "extranjeristas ridicu os y su cu ra cis
o interesante que sea, resulta anticuada e ineficiente para competir en pugna
la mática", a la que juzga "patrimonio de pedantes y de im ea. es , ex■
social con la cultura de tipo europeo.^®
el mura lismo y la música "indoeuropea" de Manuel M. o y ,
a la creación de una literatura nacional.37 De hecho, la acUtud mesurada,
Po r ello, el nivel cultural d e l mexicano "está en razón inversa de la propor "centrista", que caracteriza la resolución de la ten e que
ción de sangre indígena" que posea.25 Y la solución de ese problema don Man uel — quien incluso prefiere ser considera 0 nacional se trata,
-G am io es siempre más prepositi vo que especul ativo— es la fusión racial y in d ig en is ta ^ sa a segundo tér mino cuando de la cultura naaon al
I r r r ' T * !mte sis de la cultura m°dema con "las características utili-
zaDles de la decadente cultura indígena".30 31 Ibid., pp. 44-46. Después especificaría que ll pmblema mdignia (Institu-
rieses serían bienven idos. Véase Manuel Gamio, fue publicado srcinalmente
ex ah acS r^ G i10 f 1 “ “ etaPa del pensamiento de Gamio es ostensibl e. La to Indigenista Interamericano, México, 1966), pp- l67'169' *** ™
t ó r n e n t u Preh,s Pánic° ^ cedido el paso a la ins isten cia en lo en 1948.
anacrónico de la ciencia y la tecnología indígenas. Ahora prepone la inmi- 32 Gamio, Méxic o nuevo, p. 61.
33 Ibid.t p. 183.
Ibid
.,
25 p. 66. 34 pp.Consideraciones,
Gamio,
35 Ibid., 84-86 y 193. p-152. He armonía mundial. Gamio no
* W y *“? nu no ÍIN
I- Mé»CÜ- »87). P- 34. * íbid./p. 229 Cabe aña dir que no obsla nte» ^ ra ci ó n internacional', en b que -con -
que begar al mestizaje cu itad ? * " ' aUnque él afirme en un breve P“ ?>* altera su anterior oposición a formar P3^ . Véase Gairuo,M éx ic o n u e v o , p- • nuevo
do Yéw eip a i, p.46. P3^ P°r el racial no es imposible sino muy difícil y tarda- sidera— los pederásoj uzgarí ana l « d ^ ^ lg ümb,én Canuo. M a to <•««*-
a ft ü,p. 147.
MItut , p . 134, pp. 57 Gami0- ¥0,ianá°^
184-185. PP' ' “gì prunito de CM1,o por el equmbn oy la arm ón» se
socialismo y ai capitalismo, en
x lb id. ,p. Z¡S. 38 Gamio, Forjando jMtruhp- taJnbtón en su
advierto no sàio en su m est izó 13 51
T

--
EL DESENLACE ACTUAL DE LA MEST1ZOFILIA
130 EL DESENLACE ACTUAL DE LA MEST1ZOFIL1A 131
XI esta blec e, aunque con me nor minu -
Como buen claseme diero —< ^ entre raza y clase— otorg a a los es- que en ese ramo se haya visto en México, creando escuelas, alfabetizando,
ciosidad que Molma, ^ xclusiva del arte me xican o,39 y cul pa a los difundiendo la cul ura y encarnando el mecenazgo del muralismo y el
tratos mestizos intermedios e* ra,es causados por la do m ina ción espa- movimiento cultural nacionalista en general. Al final de la administración
dese quilibno s etnic°s' ^ verdadera id entidad nacional . Felizmen te, añade, obregomsta, opuesto a la candidatura de Calles, renunció al gabinete para
ñola de la ausen cia de u |a Revo lución ha enm end ado buscar inútilmente la gubematura de Oaxaca. Tras de algunos viajes por
tanto en el aspecto cultur al como a i 10 foljar "una patria po Europa y Sudamenca y mucha actividad periodística y literaria, aceptó su
postulación como candidato a la presidencia y se enfrentó al callismó en la
derosa y°ima^nacionalidad coherente y definida", Manuel Ganúo ha cumpU- histórica campaña del 29. Amargado por su derrota, se convirtió en uno de
do su cometído proporcionando un programa de acción . Fu sió n de r azas, los más acérrimos críticos conservadores del sistema político mexicano, se
convergencia y fusión de manifestaciones culturales, unificación lingüistica y dedicó a escribir y terminó sus días como director de la Biblioteca México.”Su
equilibrio económico de los elemento sociales" son, en ese orden, las piezas producción intelectual fue principalmente filosófica, entre la cual destaca su
d¿l rompecabezas llamado México.“' En la magna empresa de armarlo no Estética (1935), aunque se le conoce más por sus libros autobiográficos, espe
excluye a nadie: criollo, asigna un papel determinante a los blancos; indi cialmente su Ulises criollo (1935) —considerado por algunos la mejor novela
genista, hace a los indios objeto de redención. Ambos, sin embargo, habrán de la Revolución—, y por sus ensayos La raza cósmica (1925) e Indoiogía
de desaparecer. En el México posrevolucionario —p ronto en toda Am érica (1926). Escribió asimismo cuentos e historia. Fue proclamado "maestro de la
Latina— no parece haber lugar más que pa ra el mest izo. ju ve n tu d " en C en tr o y Su da m éri ca, in gre só com o mie mb ro fun dad or al
Colegio Nacional y a la Academia Mexicana de la Lengua y ocupó la
vicepresidencia de la Federación Internacional de Sociedades Filosóficas.
o sé asconcelos i estizos de mérica u n o si
3. J V : M A , I Contó entre sus amigos
latinoamericana (y enemigos)
y española a louna
y mantuvo másexcelente
granado relación
de la intelectualidad
con Romain
El encargado de enarbolar la bander a de la unificación m estizo am erica na fue Rolland.42
José Vasconcelos (1882-1959), el cont rov ertid o f iló sof o y e d uc ad or oa xa qu eñ o La mestizofilia de Vasconcelos empieza a manifestarse en sus Estudios
que tantas mentes, en favor y en contra, ha logrado ofuscar. Nacido en el indostánicos.Aquí sostiene, si bien con algunos titubeos, que sólo las razas
seno de un a familia criolla de clas e media, Vasconc elos v ivió su infan cia bajo mestizas pr oducen grandes civilizaciones, y pone como ejemplo la mezcl a de
la influencia del esplritualismo religios o de su m adre en la p ob lació n fron te arios y drávidas en la India. Además, vaticina que en la zona ecuatorial
riza de Piedras Negras, sede tempor al del trabajo de su pad re, qu ien fungía — concretam ente en la India y en el Brasil— florecerán grandes crea ciones
como agente aduanal. Realizó sus primeros estudios en Eagle Pass, donde artísticas que harán palidecer el art e europeo contemporáneo: "Porque no es
resintió la discriminación con tra el mexicano, y contin uó su e du cac ión en los el frío, sino el calor, la condición del verdadero progreso homogéneo de
distintos lugares de México en que la familia tuvo que vivir. Se recibió final- todas las potencias hum anas."4 3
mente de abogado, y ejerció la profesión en distintas etapas de su vida, Pero es en La raza cósmica donde la tesis vasconceliana del mismo nombre
undó, con Antonio Caso, Alfonso Reyes y Pedro H enríqu ez Ur eña el fa mo so se desarrolla a plenitud. En esa obra afirma que "las distintas razas del
mundo tienden a mezclarse cada vez más, hasta formar un nuevo tipo
Ateneo de la Juvenhid, y c reó la Univers idad Popu lar. L a R evo lució n lo hiz o
humano, compuesto por la selección de cada uno de los pueblos existentes" y
a a onar por un tiempo sus proyectos académ icos y afiliar se al mad erism o,
que, por supuesto, la sede de semejante síntesis racial será Iberoamérica.
6 “ nanimP°rtante Participación como ide ólo go de l Partido Negros, rojos, amarillos y blancos formarán aquí "una quinta raza universal,
P r e o r t 'r r ? ' Pa s? fu gazmente P°r l a d irección de la Escu ela Na ciona l
do ministro U-6 c®s?c'0 Por Carran za, para ser má s tard e nom bra - i
42 No deja de ser sorprendente que la mejor biografía de Vasconcelos siga siendo su propia
Gutiérrez Exiliarlo ”C^ °n ^úbl*ca del gobier no con ven cion ista d e Eula lio autobiografía, pese a tratarse, como bien señala Enrique Krauze en "El regreso de Ulises", en
Coros de la historia (J. Mortiz, México. 1983), p. 108 de "el mexicano mas biografiable del
y ,E- ^ *»y *»- siglo". Lo que sobre don José se ha escrito, salvo honrosas excepciones, no contiene sino

durante de
cretario el interinato
Educaciónde De ía H
Púhlir» H n ^ta' n0bi^re~~a
8onlaloque
noml eS°
bróescu dode
po co y lema"
spué s se- refritos de
ejemplo los argumentos
pueden autoglorificantes
verse los extremos o autodenigrantes
del espectro: del mismo
la emotiva apotogia biografiado.
de jMquin Cardenas Como
n Publica, puesto en el cual realizó la labor má s fr uctífera Noriega, José Vasconcelos, gu ia v profeta (Ed. pa c , México 1985), la desafortunada pa rt ía de la
su método de fiduc 3cióii j-.« . vida y obra vasconcelianfs de José Joaquín Blanco, Se llamaba Vasconcelos (Fondo de Cultura
119 141 y 159-161. e8ral y hastaen su concepciónde la "mujer ideal". Véaseop. cit., PP
Z“ fl’id„pp.
l 4*!s e o p 167
ü , '-170
W - .«-im. ECO"3 ^ “ onc¿los83"Es tudios in dostánicos". en Obras Completas. 1. m.( limusa , México,
1959), pp. 98-99, Publicado srcinalmente en 1919.
" Ibid.,p. Ig3 Con mayúsculas
en el texto
desenlace actual de l a MESTIZOFILIA
132 EL EL DESENLACE ACTUAL DE LA MESTIZOFILIA 133
c„norar¡An de todo lo pasado".44 A diferencia de
fruto de las antenores y s P limitará a repetir el m od elo exclu - tendencia al hispanismo. De hecho, su concepto del mundo prehispánico es
tan bajo que bene que recurrir al mito de la Atlántida para no denigrar a los
Estados U n id o s ¿ " jf ‘SC* 0 que creará una civiliza ción "hecha con el genio y indios. Incapaz de poner en un plano de igualdad a conquistadores y conquis-
smsta de su metrópol , o q lo ^ sm o, más capaz de verda dera
tados, presenta a la población autóctona como los restos de los fabulosos
con la ^ ^ fe ^ tó n re^me nte un iversal". La cap ital de l a nueva zona atlantes, quienes degeneraron en "los menguados imperios azteca e inca, in
S ^ v e L t . U s " y estará situada cerca del río Amaz ona s, en el cor azó n dignos totalmente de la antigua y superior cultura".4« De ese modo justifica el
d e l ^rióntotertropical. S i el blanco triunfó contra el frío su m ism a cien aa ingreso de los rojos en la raza cósmica no por lo que son sino por lo que fue
t o u S también contra el calor, y entonces " a humani dad entera s e derra ron, aceptándolos como una suerte de aristócratas de la raza venidos a menos:
mad sobre el trópico". Porque "las grandes civilizaciones se iniciaron entre
trópicos y la civilización final volverá al trópico .4 Dígase lo que se quiera, los rojos, los ilustres atlantes de quienes viene el indio, se
Vasconcelos apoya su profecía en dos premisas teóncas. Una de ellas es su durmieron hace millares de años para no despertar. En la historia no hay retornos,
"Ley de los tres estados sociales", la cual sostiene que la evolución de la porque toda ella es transformación y novedad. Ninguna raza vuelve; cada una
humanidad se divide en tres periodos: "el material o guerrero, el intelectual plantea su misión, la cumple y se va.
o político y el espiritual o estético". Según esta ley, el ser humano se libra
gradualmente de la necesidad como motivación primordial hasta llegar a Y para dar coherencia a su tesis, anuncia el próximo declive de los blancos:
sustituirla por el gusto. Así, en la tercera etapa, que es en la que se forjará la Los días de los blancos puros, los vencedores de hoy, están tan contados como lo
raza cósmica, el hombre ya no se guiará por móviles materiales o intelectua estuvieron los de sus antecesores. Al cumplir su destino de mecanizar al mundo,
les sino por instinto espiritual y se reproducirá de acuerdo con una "eugénica ellos mismos han puesto, sin saberlo, las bases de un periodo nuevo, el periodo de
misteriosa
zación final,delpues,
gusto estético"
estará que hará
constituida pordesaparecer a feos yque
una raza superior tontos. La civili
se habrá for la fusión y la mezcla de todos los pueblos.49
mado mediante una "selección por el gusto", y de este modo "la vida funda Sin em bargo, además de d ejar a los negros ayuno s de misión h istóri ca, don
da en el amor llegará a expresarse en formas de bell eza" .46 La ot ra pre mi sa es Jos é n o pon e en claro a qué raza le co rresp ond e la nueva tarea del mestiza je,
la interpretación de la historia reciente de Europa y América como resultado puesto que tanto los rojos como los blancos cumplieron ya la suya. En reali
de la pugna entre la "latinidad" y el "sajonismo". España, que tras la dad, se trata más bien de una "subraza", la caucàsico-latina, que al ser
desaparición del Imperio romano se erigió en el bastión de la cultura latina, marginada de la empresa científica por sus hermanos nórdicos tiene pen
empezó a ser rebasada por Inglaterra desde la derrota de su Armada Inven diente su aportación. Por eso los indios no enfrentan otro camino al futuro
cible. Y ahora que el conflicto ha cruzado el océano Atlántico, los latinoame que el de la civilización latina, que es la destinada a llevarlos a la tierra
ricanos continúan cediendo terreno ante los yanqu is de bid o a su des un ión: prometida.
La mezcla vasconceliana, como se ve, no es muy equitativa. Por medite
La raza que había sodado con el imperio del mundo, los supuestos »descendientes
c rráneo que sea, es el blanco el que impone sus condiciones en ella. Sin mi
e{ g.-oria roman -------
• a, cayeron en lar—
pueril satisfacciónucde
uwfcrear nacionc ysobera-
nacioncitas ramientos, Vasconcelos afirma que Latinoamérica "debe lo que es al europeo
e principado, alentadas por almas que en cada cordillera veían un muro y no blanco" y presiente que en la raza final predominarán los caracteres caucási
una cúspide. cos.50 Es obvio que en este ensayo don José se esfuerza por armonizar su his-
panofilia con la idea del mestizaje. Pero el precario equilibrio que de ello
e* sa)onismo « imperativo unir la América Latina. Y resulta se hace pedazos cuando el resentimiento del político fustrado amar
elerror d e e x t p r m J Ü T Capacesy Uevan t“13amplia ventaja, cometieron ga, a partir de los años 30, la segunda parte de su obra. Para entonces La mza
¿ l3tmOS' “ “ nü*>, la asimilaron, y cósmica pasa a ser "un ensayito miserable" y la elegida América un "conti
loria, dlvina de «alizar "el fin ulterior de la His- nente moroso" habitado por "razas de segunda". El antiindigenismo aflora
por todas partes: sin "lo español" México serí a "un a colección de tribus inca
05 pueblos y135 cuw ' 47 paces de gobierno p ropio"; el único legado del indio es el salvaj ismo; Molina
también es relativa mí , S ant*cesores, la mestizofilia de Vasconcelos
a. mi en su meyjr época -l a de antes de 1929— oculta su Enriquez y Gamio son títeres del Smithsonian y la Camegie.51 La asombrosa
44José Vasconcelos."La rara . 44 Ibid., pp. 907-909.
a ' w ° bns Completas, t. II ( umusa , México, 1958), pp. 49 Ibid., p. 917.
“ «■é.pp. «21-926 50 Ibid., pp. 926-927.
“ IW-pp. 926-936. 51 Véase José Vasconcelos, "La tormenta", en Memorias (Fondo de Cultura Económica,
47IW.,pp. 909-912 y 916-919 México, 1983), esp. pp. 531, 626,674 y 795. Publicado srcinalmente en 1937.
hl desenuceactu al delames t .z o f .u a

134 EL DESENLAC E ACTUA L DE LA MESTIZOFILIA 135


flamante Ulises arrasa todo a su paso, hacten-
Ho .
capacidad para la diatriba dei se inscr¡be níti da me nte en la Aunque para respaldar sus supuestos científicos cite a Mendel o a Ledere du
do evidente que su nuev° / , y Hesc raciadamente no logró "c on ve rti r a Sablón, y aunque intente con denuedo demostrar que Spencer y Darwin no
rancia tradición
más rancia tradición criolla,m
4 Ho la lapen ínsu la. a,Dero
penínsul perorocon
n <=„su tiene nada que ver en ella, es evidente que en su formulación intervienen
la Nueva España en de los no-blancos, el otrora pe- reminiscencias de un positivismo preateneísta. Su ley de los tres estados so
sangre, con nuestra sangre ^ & acierto México debió haber ciales, si bien por su esplritualismo difiere sustancialmente de la de Comte,
ostenta la misma variedad de progresismo unilineal que la del pensador
V ^ on 'lor pm apenas queda n rastros. Es, sin duda, francés. Y su imagen del hombre cósmico huele a la bestia rubia de Nietzs
S fq u e í de 653 f°rma 3 che, por más que el mexicano aclare que el suyo será un "totinem" distinto al
superhombre nietzscheano.55 La quinta raza, en todo caso, se formará por
" r e p r e n d e una pregunta o bligada: ¿ qué l leva selección; así sea ésta estética y amorosa, los individuos inferiores desapare
entonces a losé Vasconcelos a formular la tesis del mestizaje universal? No es cerán para dar paso al perfeccionamiento de la especie. ¿No se escuchan por
el miedo a los levantamientos indios de Pimentel, ni el afan de diferenciación ahí los discretos pasos de Darwin y Spencer?
de Riva Palacio, ni el deseo de fortalecer a una clase social de Sierra, ni el Desde luego, esto no quiere decir que la tesis en cuestión sea de corte pri
anhelo de cohesión y justicia de Molina Enríquez, ni el ansia de redimir al mordialmente evolucionista. El influjo de los demás maestros de Vasconce
indígena y homogeneizar a México de Gamio. Es, sí, un poderoso argumento los, con Bergson a la cabeza, está asimismo patente: la idea del gusto como
que ayuda a persuadir a todos y cada uno de los miembros de la corriente guía del comportamiento es claramente ¡ntuicionista, como lo son muchas de
mestizófila: la avasalladora e irreversible realidad del mestizaje. Este común las argum entaciones que d e ella se derivan. Lo que pasa e s que, como en mu
denominador, que en mayor o menor medida influye en sus predecesores, chos d e sus coetáneos, el estudiante po rfiriano no se desvanece del todo en e l
adquiere en Vasconcelos un relieve tan preeminente como explícito. En ese pensador revolucionario. A pesar de su neoplatonismo plotínico y de su cru
sentido se revela en él, como para desmentir su fama de romántico, un insóli zada con tra el positivism o, el joven filósofo no ha logrado sacudirse por com
to pragmatismo. Porque, afirma en suIndoiogía, pleto las bases de su educación barrediana.
Con todo, su contribución a la corriente mestizófila no se devalúa un ardi
es demasiado ta rde para que nosot ros quisiésemos intentar un cam bio de práct i- te. Aun cu ando la tesis de la raza cósmica, al aparecer desprovista del propó
cas; no nos queda más re curso que seguir valientemente p or la ave ntu ra del mesti- sito de justicia social, significa un retroceso con respecto a Molina Enríquez y
zaje, fortaleciendo nuestro intento con todos los pode res d e la r efle xió n y de l saber, Gamio, José Vasconcelos da un paso adelante elevando al mestizo a rango
dejándole entero el sentido todavía inso ndable de su mis ión.53 universal. Los híbridos nacionales —la nación para él es América Latina—
no sólo ya no tienen que sufrir para ponerse al tú por tú con los extranjeros
En otras palabras, hay que sacarle provecho a lo ineludible. El Vasconcelos "pu ros ", sino que ahora son el ejemplo a seguir.56 La pretensión eurocentrist a
que esto escribe, por supuesto, no se ha convertido todavía en "Ulises criollo" de trasplantar el modelo europeo al "nuevo" continente queda invertida, ya
y puede, pues, lamentar el no tener sangre negra y enorgullecerse de poseer que "para un objetivo tan menguado no se quedó en reserva cinco mil arios
una corta porción de sangre indígena".54 Su inteligencia no se ha obnubila- la América".57 El tono profètico va, aquí y en otras partes, aparejado al anti
oau n. ero ese es el Vasconcelos que interesa aquí: el q ue ac epta la pre- colonialismo. Y es que el Vasconcelos de antes del 29 es ante todo un "filo
intetrr a"^0!1^ 13 de mest'zo e intenta convertirlo en el eje mítico de la neista", un ideólogo de la emancipación cultural latinoamericana. Éste es su
va3 céb anL ae T me HCa,na' Porque en efect0' el propósito de la profecía otro gran mérito: la exhortación a innovar no sólo en materia de arte sino en
dor Su elaborariiS 3 raza cósmica un mdo y de éste un im án unif ica- todos los ámbitos del conocimiento. "Precisamente", recalca, "en las diferen
í 'S t ? eÓnCa enCubría un f?ito * acción : ¡mest izos de Amón cias encontramos el camino; si nomás imitamos, perdemos; si descubrimos,
si creamos, triunfaremos." Y añade: "Cada raza que se levanta necesita cons
en su obra fllosófi^1 ^ ^ d* Vasconcelos' Por otra parte, t an complej as truir su propia filosofía, el deus ex machina de su éxito."58 Su lucha es contra el
' en su ,esis del mestizaje relativam ente sencillas. colonialismo mental, contra la imitación de doctrinas que en Mestizoamérica
sólo pueden traducirse en autodepreciación. El caso de México es elocuente:

a José Vasconcelos,-i„dol “"»" ám en te en 1938.


0bras espidas, t. IV (LIMUSA, México, 55 tbid., p. 1190.
56 Como Gamio, Vasconcelos supedita el "internacionalismo" a la integración nacional (en
“ coautor con Camio^a<~ümPIet
as’ t II, di., p. 1188. Véase la misma idea este caso subcontinental) por considerar que aquél serviria para consumar el triunfo de los
v mX . p'“ 6' Ncago' 1926>- P- 89 E ^ lf , r ' S °f Mcxican amíÍM"on (The University of poderosos. Véase Vasconcelos, "Laraza cósmica",of. di., p. 912.
57 Ibui., p. 919,
h * GamÍ° 51 íbid., pp. 918-935.
EL DESENLACE ACTUAL DE LA MES TIZOFILIA
EL DESENLACE ACTUAL DE LA MESTIZOFILIA
136 137
i «,.resiva superposi ción de capas cu lturale s que
su historia no es más que la su*. srcinalidad que da a luz la idea de un filósofo con inclinaciones psicológicas quien inaugura propiamente la
no se mezclan. » De ahí el imperativo o b
la síntes is universal. . sonar hoy des cab ella da , per o en su Samuel Ram os discípulo de Caso y Vasconce los, pu blica en 1934 El perfil
del hombre y la cultura en México y desata la inquietud. Siguiendo a Adler
La tesis de la raza ¿ racional de uno de los intelec tuales latí-
momento represen tó e le ¡na rar ^ tradici ón cultural propia. De sostiene que el mexicano padece un complejo de inferioridad que deriva dé
noamencano s más creativa po polítíc a y las incon tables polém i- su condición de impotencia pueril frente a la magna presencia de Europa
Mas independientemente de esta tesis, lo importante aquí es notar que las
nuevo, es delamwB q ,sado a abrazar el más auto den igran te
cas que ella provocó K ^ armas para e, debate ldeológico ,Q reflexiones sobre la mexicanidad se inician con un paso hacia atrás (aunque
quizá para dar después dos hacia adelante). Ramos, en efecto, es un euro-
ímtimdigenismay ^o^r ,a cfeación de su propio arsenal y a parapetarse en peísta que nada tiene que decir en favor de la cultura indígena. Ve a los
f f i £ a del cSse rva dur ismo más ana crónico. Pero es de felici tarse que, a indios como seres ingénitamente pasivos e indiferentes. Peor aún, rechaza el
^ d e su hispanismo, su circunstancia le haya permibdo eng rosar las filas mestizaje cultural afirmando que la parte autóctona fue destruida por los
d f b mestizofilia. Después de todo, su ulter.or extravio n o t.e ne por qué conquistadores y que, en todo caso, "el sedimento criollo de cultura repre
ensombrecer su genio srcinal. senta la porc ión má s rígida del carácter mexican o".61 Su posición es diáfana a
cual más:

4. E l M éxico posrevoluc i ona rio e l mexi ca no bajo l a lupa Debemos aceptar que nuestras perspectivas de cultura están encerrad
as dentro del
marco europeo [...] Tenemos sangre europea, nuestra habla es europea, son tam
la rom cósmica constituyó el colofón de la era etnocentrista de la corriente bién europeas nuestras costumbres, nuestra moral, y la totalidad de nuestros
vicios y virtudes nos fueron legados por la raza española.62
mestizófila mexicana, de alguna manera preludiado por la creciente presen
cia de la variable cultural en las obras de Molina Enríquez y de Gamio. En Ni una huella dejaron los indios. Ni siquiera en los genes, puesto que Ramos,
ello, ciertamente, tuvo mucho que ver la decadencia del pensamiento racista
quien coquetea con la versión de la lucha de razas de Spengler y llega a
occidental, el cual pronto habría de explotar en el absurdo nazi para exhalar
admitir la existencia de "ra zas sup eriores", se afil ia colecti vamente a "la raza
con el fin de la hecatombre bélica su último aliento am ena zan te. Pero la
hispánica, a la que nosotros pertenecemos". Y aunque por momento s él mis
responsable directa del deceso de la mestizofilia racial en México fue una
mo oscurece su epidermis y habla de los mexicanos "como hombres de color "
nueva escuela filosófico-psicológica creada por el influjo introspectivo de la
— ¿influencia morisca, tal vez?— queda claro que "nuestra raz a es una rami
Revolución y su eclosión creativa. En efecto, además de presenciar el sur ficación de una raza europea".63 Ciertamente, el hecho de escribir todavía
gimiento de las multicitadas tendencias pictórica, literaria y musical, la época bajo los efectos de las últimas ideas racistas contribuye a que don Samuel
posrevolucionaria vio florecer un movimiento de indagación sobre lo mexi llegue a la desoladora conclusión de que la cultura mexicana no puede ser
cano que pretendía descubrir sus características distintivas y, en particular, la srcinal y que debe derivar de Europa. "Para volver la espalda a Europa
razón de su subdesarrollo. Este aspecto del vuelco de los mexicanos sobre —exclama agudamente— México se ha acogido al nacionalismo... que es
si mismos no hay que olvidar que la auto ausc ultac ión n o se qu ed ó en una idea europ ea. "64 No hay, pues, salvación.
cenáculos intelectuales, sino que llegó a manifestarse en el cine y en la músi- El gran legado de Samuel Ramos, no obstante, fue el hab er desper tado vo
ca po pu la, - fue, sin duda, uno de los frutos menos pe recede ros d e la guerra caciones mexicanistas y el haber desencadenado una sumamente fecunda
f lv 6 i ' wtonces se han derramado verdad eros ríos de tinta que controversia. A raíz de su libro y su cátedra, así como de la de José Gaos, sur
corriente mexican'dad, entre los cuales corre un afluente de la gió en 1949 el grupo filosófi co Hiperión, que designó a México y lo mexicano
identidad na<-¡n° en8rosa *a renovad a bú sq ued a de la po lifa cét ica como objeto de su estudio. Y exactamente bajo ese nombre, ‘ México y lo me
racial ha DerrlidnV n nuev0 movim iento, sin em bar go, el me stiza je xicano", se publicó una colección de obras dirigidas por Leopoldo Zea en la
meta por alcanzar v anteno r importancia al d ejar d e ser c ons ider ado com o
«Who histórico, irrelevante salvo por sus sostiene allí la necesidad de que la disímil población mexicana sea "machacad a por el mortero

— téhCas' Y 51 blen Y* Ezequielmexicano,60


Chávez -meses precisamente
tiz óf ilo por de la
61historia"
Samuel aRamos,
fin de culminar
El perfil el
Jelmestizaje.
hombre y la cultura en México (Espasa Calpe. col. Austral.
México, 1985), pp. 28-36.
u Ibid.,pp. 68-69.
“ Hnd., pp. 106-109 y 13 3.
arícSBr Macano*, en ¿rom *
fw*,,, de U sensibil idad como /actor 64 /Wd., pp. 85 y 94-%
" l*d * marzo de 1901) pp 844 ». Chávez
138
IDO -EL--------
DESENLACE ACTUAL DE LA MESTIZOF1LIA EL DESENLACE ACTUAL DE LA MESTIZOFILIA

^ ,a « ^ ^ VS , « P,0PÍ0 del meStiZ°' del h¡i° del bl- ° y d* tedia que

Si Paz no repara en la solución al sincretismo mexicano, Zea no encuentra en


S r o S a t e y ¡ ¡ ftmKa definitiva la obsesión ét nica y sustit uirl a por el pri s- él ningú n prob lema No sólo ve en la mezc la cultural un p roceso deseable,
sino que no halla obstáculos en su camino. Que el mestizaje resulte de dosis
"^Ma s'a Desarde l o anterior, el mest izaje cultural se adop tó, co n pesim ismo asimétricas no es tampoco un inconveniente. Los partidarios del México
u optimismo? como algo ineluctable o a punto de consumarse y, por ende, la mestizo pueden descansar: el advenimiento de la patria por la que tanto
nueva corriente mestizófila perdió el sesgo prepositivo de sus antecesores. Ya lucharon es inminente.
no se juzgó necesario elaborar proyectos para culminar la síntesis final. Para Para Santiago Ramírez, en cambio, el asunto es más complicado. Como
algunos, el srcen mestizo se volvió un hecho tan presente como pasado, buen psicólogo —freudiano para más señas— descubre la fuente de los
algo qué el mexicano recuerda para olvidar. Este es el caso de Octavio Paz, complejos del mexicano en su relación con sus padres. Y como el mexicano
quien en su célebre ensayo de 1950 piensa que es mestizo, es decir srcinalmente vástago de padre español y madre india,
busca las causas de su desequilibrio en los sentimientos encontrados que le
la extraña permanencia de Cortés y de la Maünche en la imaginación y en la sensi invad en a fuer de prision ero atrapado entre el mundo maternal indígena,
bilidad de los mexicanos actuales revela que son algo más que figuras históricas: pasivo y estigmatizante, y el mundo paternal español, violento e inalcan
son símbolos de un conflicto secreto, que aún no hemos resuelto. zable. Pero Ramírez tampoco propone una terapia de mestizotropismo; la
patología habrá de superarse, si acaso, por otros medios.68
Pero según Paz, pese a la evidente dualidad de su progenie el mexicano re Algo similar sucede con dos de los más recientes estudios sobre el mexi
niega d e su hibridismo: cano,
de loslos
másque vale la pena citar
representativos. Unopara
de completar
ellos —poreste somero
marxista repaso de
atípico— noalgunos
se con
El mexicano no quiere ser indio ni español. Tampoco quiere descender de ellos. forma con soslayar el mestizaje, sino que rechaza incluso la existencia del
Los niega. Y no se afirma en tanto que mestizo, sino como abstracción: es un hom "mexicano típico", la que interpreta como "un problema completamente
bre. Se vuelve hijo de la nada.66 falso, que sólo tiene interés como parte del proceso de constitución de la cul
tura política dominante" cuyo fin es legitimar la explotación. Según esta tesis
Su voluntaria orfandad se convierte así en una crisis de identidad cuyt (que aunque exagerada sirve para moderar en forma dialéctica los excesos en

i
desenlace, sin embargo, queda en suspenso. que ha incurrido la literatura de la mexicanidad), el remedio de México está
Leopoldo Zea abandera tres años después otro punto de vista. Su visiór exclusivamente en el plano socioeconómico, y en esto "el famoso anfibio del
e mestizaje cultural es optimista, dado que conside ra q ue su av an ce h a side mestizaje" no tiene más función que la de una metáfora provocadora.69 El
y será, para bien de México, inexorable. En contraste con la imagen negativí otro estudio , por último, sí asigna al mestizaje un papel fundamental de
hecho es la obra actual que más importancia otorga al mestizaje pero com
que o ece amos, Zea asegura que "el espíritu mestiz o ha dad o lu gar a ur parte el optimismo de quienes piensan que la síntesis cultural mexicana
c de s®g'jrjdad, superioridad y efic acia ". Y si bien el mexi- "camina hacia su cabal maduración", erradicando a su paso mimetismos y
deiado He sor * le¿o ° a ln^uenc‘a de la cultura occide ntal , su actitu d ha comp lejos de inferi oridad. " El mestizaje, h echo consumado , afirma afinada
i va t i f o n S o Ca' U 0CCldental"' rei[era, "hast a aye r posti zo y f also mente su autor, "es también un proceso por cumplir". Mas todo indica que
tura." Ello se dehp c J u ^ P°r esenci al, propio de nuestra cul- ese proceso cristalizará sin mayores contratiempos.70
sutilmente alimenta i U^ íf me<^icla a *a acept ación de la raíz i nd íg en a que En suma, la incipiente neomestizofilia mexicana introduce dos vanantes
« - D E SA SÍ" Y« 1 “' meSh 1«* esenciales. La primera es el afianzamiento del enfoque cultural del mestizaje

67 Leopoldo Zea, Conciencia y p o s ib il id a d d el


pero a jaesar de ello^disfiml” emP f za a Perfilarse es occidental, ni qué negarlo, M éx ic o /D os e n s a y o s s ob re M éx ic o \j lo m ex ic an (Porrua,
o México, ), pp-

ano, así
el indígena haP»aportado
así como también Esta
se la distinción se la odamodo
da ese espíritu esa parte que la
de sentir 13in n a to " Ra mírez, El mexican o -ps ,colo Sla de sus motivaciones (Enlace-Grijalbo, México,

? La editorial fue Ponda » nh__ , &


“ Qrtawo Paz, £/ tabcrij0% ^ £ ¿3
78-79 (Fondo de Cultura Económica, Méx ico, 1987), pp- pp. 396, 414 y 535-557.
desen l ace actual d e l a mestizofil ía

140 EL
a n a d ó n por lo racial. La se gunda es la perce pció n
a costa de la antigua ostens ible como irrem ediab le o bien
del sincretismo cu,lm™ “ r enfiia por sí solo a su culm inación , y la
como un procesobimhedi q ptescriptivo de los etnom estizófilo s. Esto
concomitante comprensib le: a los estu dio sos de la
CONCLUSIONES
ultimo f ^p^serva r desde un mejor ángu lo histónco la arr asad o«
m ew ^d ad les toe serv^ racja|. pero es evidente que la fu sión cultu ral
m^avTnzó como lo hizo la étnica. En ese orden d e ideas se e xpl ica l a c onf ian Internarse en la corriente mestizófila mexicana es asombrarse de su abigarra
za enlarínercia del mestizaje radal, pero no se justifica la expectativa de da coherencia. Pensadores de las más disímiles tendencias coinciden —y en
moereso en lo que al mestizaje cultural se refier e. Y p or ot ra pa rte , qu eda por algunos casos es de hecho su único común denominador— en la mestizofilia.
dilucidar la relegación del tema del mestizaje a un plano secundario en la Criollos y mestizos, liberales y racistas, positivistas y románticos llegan a
obra de los pensadores mexicanos contemporáneos. Porque al menos en idéntica conclusión: el mestizaje es la esencia de la mexicanidad. Y cuando
la producción intelectual de Molina Enríquez, G amio y V asco ncelo s e se tema desde tan diversos puntos de partida se arriba al mismo punto de llegada es
ocupó un lugar primordial, mientras que ahora apenas arran ca un os cuant os imposib le des echar la idea de que antes de emprender el camino se tiene una
párrafos a la caracterología del mexicano. ¿ Será e sto sínto m a d e q ue la meta prec oncebid a. En otras palabras, que la conclusi ón es también premis a.
discusión ha sido superada y de que el choque de los dos mundos ha en ¿Qué hace a esos intelectuales europeizados elegir de antemano la mezcla
gendrado finalmente una nación distinta a la suma de sus predecesores, de racial, tan menospreciada en su admirada Europa? Gonzalo Aguirre Beltrán
finida y armónica? ¿O será más bien que la obstinada renuencia de una resume elocuentemente la respuesta. Mientras los europeos se preocupaban
verdadera síntesis ha abrumado a los intelectuales mexicanos, quienes han por unirse en torno a la "pureza" de su linaje, apunta,
optado por considerar resuelto el conflicto y escudarse tras el misterio del
Jano de México? la innovación mexicana residía precisamente en la búsqueda contraria; la única
unicidad que le era posible, la unicidad en la mezcla.1

Y es que más allá de cualquier obsesión personal, estaba claro que alguna
otra característica en común habrían de tener quienes vivían entre el Bravo y
el Suchiate para llamarse mexicanos.
A lo anterior, no obstante, hay que agregar el catalizador que representó el
surgimien to de la autopercepción mestiza en la intelectual idad mexicana. Así
concientizado, el modelador se convirtió en su propio modelo o, al decir de
Luis Villoro, el mestizo resultó "el impulso y el fin". Y fue ciertamente el in
dio quien hizo las veces de la otredad:

El mestizo, al volver sobre él su atención, ve reflejado en los ojos del indio su pro
pio proyecto. Sólo porque el indígena está ahí, separado, en su radical aislamiento
y diversidad, se le hace consciente al mestizo su propio ideal. Al buscar la sal
vación del indígena, el mestizo se encuentra a sí mismo.2

De ese m odo, además de ser su único destinatario posi ble, el mestizo es tam
bién el remitente d e la misiva de la "unicid ad" mexicana. Algo así como juez
y parte de una causa justa. A la racionalidad objetiva de la mestizofilia mexi
cana se aunó, pues, el apasionamiento subjetivo del pensador que de una u
m .' otra forma s e siente mestizo .
El caso más fascinante es sin duda el de Molina Enríquez. Nadie como él

> Aguirre Beltr án, "Op osición de raza y cultura en el pensamiento antropológico mexi-
cano", en Obra polémica, cit., p. 44.
2 Villoro, op. cit., pp 181-183.

141
CONCLUSIONES
142 CONCLUSIONES 143
tuvo que soportar una carga doctrinal aplastantemente adversa y, sin embar absurdo que en un pueblo abrumadora y conscientemente mestizo7 rija la
go nadie llevó a mayores alturas intelectuales la mestiz ofiba. Po rqu e a pesar inercia social de arquetipos culturales que deprecian su insoslayable raíz
de'sus contradic ciones, la tesis m esti zól a moluuana es un^ port ento de so indígena?
fisticación que logra integrar en un sistema gobabzador a socioet nolop a , Los esc rutado res de la mexicanid ad afirman que, para bien o para mal el
la historia, la política y el derecho. Teórico "confl.ct. sta al estilo d e Mar x, mestizaje cultural está virtualmente consumado. Pero ¿puede llamarse mesti
Spencer y Gumplowicz,8 Molina no se conformó con la simple preconización zaje a una inicua superposición de culturas? ¿No sería más exacto decir que
del mestizaje sino que, si bien con bases inadecuadas, erigió una estructura en ese campo el estrato indio, lejos de permear a los demás, se ha mantenido
conceptual propia. Una estructura que —cabe añadir— pued e ser ad mir ada heroi cam ente vivo b ajo el alu vión de hispanismo, a francesa miento y ayan-
hoy sin necesidad de cerrar los ojos a su sustrato étnico o de pretender que quización que ha cubierto a México? En efecto, en muchos sentidos la cultura
éste es tan sólo un camuflaje sociológico. Nada de extraño tiene que alguien mexicana es ostensiblemente occidental y subrepticiamente indígena. O, para
que vivió inmerso en una era biologizante haya creído en la preeminencia de expresarlo con la bella imagen de Alfonso Reyes,
lo racial, y nada impide tampoco que se le valore en su contexto histórico.
Por lo demás, ya se sabe que en México todo analista de la realidad social que el espíritu mexicano está en el color que el agua latina, tal como ella llegó hasta
se precie de serlo debe incluir en su repertorio las categorías étnicas. nosotros, adquirió aquí, en nuestra casa, al correr durante tres siglos lamiendo las
arcillas rojas de nuestro suelo.8
No se requiere, en verdad, ser un dechado de perspicacia para percatarse
de que la correlación entre raza y clase impugnada por Molina Enríquez y
Cierto. Aunque rojiza, el agua sigue siendo primordialmente latina. Español
compañía persiste en buena medida en la sociedad mexicana contemporánea.
salpicado de aztequismos. Cristianismo con tenue olor a copal. Barroco que
Es cierto que la Revolución menguó tabúes racistas y propició el ascenso esconde grecas furtivas. Tiempo que fluye rectilíneo sobre esporádicas ca
social de los no-criollos,
la correlación comotan
de marras sería también lo es quecomo
poco confiable una precisión estadística
innecesaria.3 de
45Pero más briolas cíclicas. Individualismo pragmático que aplasta asomos de colectivi
dad. Tal es —irreversible en algunos casos, compensable en su conjunto— la
allá de rigideces taxonómicas, no cabe duda de que la presencia de rasgos asimetría del sincretismo mexicano .
indígenas en la población de México es todavía inversamente proporcional a Con todo, la vitalidad del sustrato prehispánico es admirable. Pisoteados
su nivel socioeconómico. Y esa composición étnica de las clases representa un durante siglos, asfixiados por las capas sobrepuestas, los restos de la cultura
"sedimento racista" que, en palabras de Abelardo Villegas, "influye mucho en indígena sobreviven agazapados tras la submodemidad, aflorando por mo
los juicios estético-eróticos".’ Huelga decir en perjuic io de quién. mentos con la vorágine de lo largamente contenido. Es el "México profundo"
He aquí la cuenta pendiente de la mestizoñlia mexicana. La ob sesión bio de que habla Guillermo Bonfil Batalla. El México irreductible que hace que,
logizante, por fortuna, ha sido superada, en primer lugar porque ahora se también en el ámbito cultural, el purismo criollo no sea más que una quime
sabe que la variable étnica no es capaz de explicar los fenómenos humanos, y ra. Pues se ha demostrado hasta la saciedad que desde el momento en que
en segundo porque la dinámica de la mezcla racial ha demostrado que no España y el Anáhuac emprendieron un sino de convivencia, la cultura mexi
necesita de gestores. Mas en buena medida debido al triste maridaje raza- cana no pudo ser ya, como la de Estados Unidos, un trasplante europeo a
c ase, e mestizaje cultural no pudo en la época racista p rogresa r p aralela- América. Así, en el Sur el futuro se presentó en un escorzo mucho más com
men®y Por_eso mismo se siguen difundiendo en México, a contrapelo de plicado: había que crear la mexicanidad a partir del agua y de la arcilla.
|a^ r !n m ^ ni0íi a f ^ indiSe™sta, paradigmas e stéticos que deni gran a ¿Qué hacer entonces? Es obvio que una civilización truncada en el siglo
síntesis ^ * il a c ió n . Más que eso: la ausencia de una verdadera xvi no puede ser plenamente incorporada al siglo xx. Y tampoco se trata de
occidental dom i né ^U? ^ re^undado en la entronización de una cultura inventar una nueva cultura por prurito de extravagancia. Pero si se aprendió
na, es en eran Darte 3 mar8'rv'ción de una subcultura indígena clandesti- la lección histórica y se reconoce que lejos de blanquear la raza lo necesario
evóque (al menos en el e de <lue adn hoy en día el co ncepto "in dio " es mestizar la cultura,9 nada impide iluminar la cara oculta de México y
medio urbano) una connotación peyorativa.6 ¿No es
7 En la actualidad es común que el "mexicano corriente", como señala acertadamente
guirre Beltrán, se considere a si mismomestizo. Véase op. cit., p 118.
w
3 Como ellos, Molina interpreta el devon;- 8 Alfonso Reyes, Láx enl a fre nte (Porrúa y Obregón, México, 1952), p. 92 (también, Otitis
tazas, en su caso— que ha de cesar *1 . |nano como resultado de un confli cto —de
4 Existe, con J o , un de '* -1 . inpktas,
Fondo
9 Estodeno
Cultura
quiereEconómica).
decir que la cultura deba adecuarse a la raza, s,no que .una cultura imposi-
Méxicoen estadísticas. Véase losé
E. Ihirri c^ce sustentar la correlación raza-clasede
tamente asimétrica es, además de injusta, incapaz de generar una solida conciencia nacional
de Cultura Económica, México195n nn esíructura social y cultural de México (Fondo
5 Villegas,op. tít., p. 135. ' * PP-*¿3-124. >r lo demás, no sale sobrando apuntar una sugerente coincidencia: también *" e' Pla™
®Sobre este punto puede varm a „
onómico, la asimetría - l a ausencia de un desarrollo armónico que provoca profundos dese-
nacional', ca„ pp.119-120. gUUTe Bellrán- "Los símbolos étnico s de la identid ad úlibrios sociales— es la principal característica del subdesarrollo.
CONCLUSIONES CONCLUSIONES
144
145
,1 asnéelos de su actual cosmovisión. Se trata, ante blos capaces de concebirlos; es decir, media toda
enriquecer con ella algu P imperativo de la justicia soc ial medi ante i una cruzada por la creativi-
dad- Porque ante el embate de la modernidad occidental como historiadlo,
todo, de avanzar hacia e d , postro indio de la clan des tinid ad y su México tiene tres opciones: el tradicionalismo^! mimetismo o el filoneísmo.
un lance .mpostergab e^ e - - a t e de r ,0 cual es pred s(/mo.
La prim era — cerrazón a ul tra nz a- es impen sable en un mundo con la capi-
srcen occidental que provocan laridad del actual; la segunda —imitación indiscriminada— se ensayó en el
cómp íeÍTde inferioridad. Pero tamb ién se trata de dar solución a la crisis de siglo pasado y sus tristes resultados están a la vista; la tercera, en cambio,
identidad del mexicano y de dar simetría al mestizaje a fin de renovar una consiste en una apertura recíprocamente enriquecedora, condicionada al
adtura que, a decir verdad, no se ha adaptado a la realidad mexicana n. se compromiso de producir algo mejor. Por ello, asimilar los orígenes indohis-
ha distinguido por su creatividad. De ver, como quiere Bon fil Bat alla , a O ca  pánicos de la nación no es más que el primer paso; el resto se dará a golpes
dente desde México y no viceversa. Y para lograrlo de libertad y de creación, puesto que únicamente quienes conciben su propia
cima de grandeza pueden aspirar a escalarla.
la única salida posible, ardua y difícil sin duda, pero la única, es sacar del México Por fortuna, de cara a la pendiente una paradoja esperanzadora presagia
profundo la voluntad histórica para formular y emprendernuestro propio proyec el éxito: el mexicano reconoce que desconoce su identidad, y la indaga con
to dvilizatorio.10 ahínco. Y e sa concienc ia de la inconci encia suele ser f ecunda. Quizá graci as a
ella y a la esencia bondadosa del tiempo logrará consumar la fusión de lo
El resultado, sin embargo, no sería una "nación pluricultural" (eso es lo que que pa recía inam alga mab le, forjará un a cultura propia y construirá al fin
México ha sido, así sea en dosis desproporcionadas, desde la Conquista). La una sociedad libre y justa. Inserto en el contexto mestizoamericano, podrá
nación resultante sería —y eso e s lo que sin darse cue nta prop one Bonfil— 11 entonces pensar en la instauración de un orden metanacional entre iguales
una nación única, nueva, distinta a la suma de su s pred ecesor as. que reemplace la actual subordinación internacional de los desiguales. Y
Rehabilitar
tampoco lo indíg
atentar contraena
lo no es resucitar
occidental, formas
ni caer de vida anacrón
en folklorismos. icas. No es
Es, simplemen podrá
do unaver caraversión
nueva a cara de
a lalohumanidad. Porque
humano: la del almasólo entonces
sublimada dehabrá germina
este México
te, desenterrar la vertiente extraoccidental de lo mexicano y entreverar lo mestizo.
mejor de ella a su contr aparte en un plano de igua ldad que perm ita una au
téntica síntesis cultural y que dé al mexicano seguridad en sí mismo. Y es
volver los ojos a la herencia olvidada para hacer de ella fuente de inspiración
en la conformación de una nueva cultura que retribuya al resto de la huma
nidad —aportando, ya no adoptando— lo mucho que México ha tomado.
Trátase, pues, de digerir el pasado para estar en posibilidad de entender el
presente y así encarar el futuro. Sin tradición no suele haber creación, y el sal
to al mañana tiene que darse desde una plataforma cultural sólidamente
asentada en la historia, sin dualidades desequilibradoras. Porque el Jano del
mestizaje asimétrico puede ver hacia los lados, mas nu nca hac ia el frente.
México es el germen de una nueva revelación humana. Más que una pa
bia, es una fi lia, un hijo que ha padecido los devaneos de q uien es se empe
ñan en ser sus hijos, en dar menos que en recibir. Su historia es una azarosa
usqueda de identidad nacional: una Independencia que a fuer de emanci
padora c onfunde el espejo con la ventana; una Reforma cuy o exh aus to resi
duo no acierta sino a cambiar de grilletes; una Revolución que, al fin, trueca
f 1 or‘ginalidad e in icia el peregrinaje ascensional del m exicano
hacia el encuentro consigo mismo. ’
el j 1*™ 5 ^vislumb ra. Enríe ella y la reali dad actual media
el reconocimiento de que existen tantos modelos de modernidad como pue-

Véase op. cu..pp.73-96 y 229-237 ** e Mr cü-l 19S7)'


P lu ra p 223'
sino su injusta asimetría.
EPÍLOGO

Con un adicional y significati vo agradecimiento


a Carlos Fuentes, por su generosidad

H a tra nscurri do y a u n a década desde que se publicó la primera edición


de México mestizo. C uando terminé de redactar el texto, de hecho, todavía l e
quedab an unos meses de vida al muro de Berlín, unas semanas al sexenio de
Miguel de la Madrid y unos días a mi creencia de que el debate sobre la
mexicanidad iba a resurgir en un contexto empírico. De entonces para acá
han corrido tantas aguas de cambio en México y en el resto del mundo que
el río ha modificado su cauce y ya no pasa bajo el puente. Por principio de
cuentas, quebró el socialismo real y nos cayó encima la globalización. Y por
si eso fuera poco, el gobierno mexicano firmó un Tratado de Libre Comercio
con E stados Unidos y Canadá, surgieron varios movimientos guerrilleros y el
Partido Revolucionario Institucional perdió la Presidencia de la República.
Semejante mutación, evidentemente, ha transformado las ideas dominan
tes en el recodo intelectual en que se inscribe esta obra. Las autoridades del
globo aldeano han sofocado la rebelión en contra de la tesis del progreso
unilineal, infiel dama de compañía del pensamiento occidental de Protá-
goras a Marx, sepultando bajo los escombros de la vieja izquierda la irrup
ción sub versiva que represent ó el relativismo cultural. Aunque de alguna
manera el planteamiento del marxismo fue una posdata a la ruta evolutiva
que conceb ían los liberales —a ellos les faltaba una estación— y en ese senti
do constituyó otra manifestación de la manía de buscar un plan en la histo
ria y construir la maqueta de la tierra prometida, su cancelación propició el
retorno a la uniformidad de principios y valores. Para bien y para mal volvi
mos al camino único. Para bien porque se han aceptado la universalidad de
los derechos hu manos y los valores fundamentales de la democracia; para
mal porque se vuelve a imponer la visión de unos — un sist ema económico
injusto e inmutable— como la que los demás debemos tene r. Ya no queda
más que una sopa en el menú del desarrollo.
El saldo, sin embargo, es preocupante. Prevalece una suerte de esquizo
frenia doctrinaria: se pregona el triunfo de la sociedad abierta pero ya no
hay m ás que una op ción ideológica, se pres ume el respeto a la diversi dad
pero cada día nos homologamos más. Y la homogeneidad resultante no es la
que profetizó la raza cósmica vasconceliana, porque no nos estamos globali-
zando mediante la fusión de todas las culturas sino por la entronización de
una de ellas. Ahora se habla de diversidad pero bajo su manto se esconde la
unicidad, y no la que es producto enriquecido del sincretismo sino la del
arquetipo de siempre. Pareciera, en suma, que las únicas diferencias que
persisten son las que no se pregonan: las soci ales. 1o r eso la globalitobia,
147
EPÍLOGO EPÍLOGO 149
' a nprceoción burda y confusa de que así
siglo pasado. Vamos, entre la Primera Declaración de la Selva Lacandona y
dicho sea de paso, noJ * ™^moderó la amenaza comunista, que lo forzó la entrevista en el periódico Reforma en la que dice respetar el derecho de los
como al capitalismo saKaI )a g]0balización salvaje la deb en mo de-
millonarios a tener el auto que quieran con tal que respeten el derecho de
a construir el Estado de 1 ( ' pr0testas de los abigarrados conting entes los indígenas a existir media un abismo que sólo puede franquear la obse
sión por mantenerse d entro de los márgenes de lo intemelical ly corred.
Pero también hay que decir que el Subcomandante y el ezln tienen méri
“ lior fb Te nlla tpo cre sía no puede operar sin su liturgia E n medio de tos que nadie les puede regatear. Como en la Guerra de Castas y la del
este proceso de estandarización política, económica ycu ltu ral , se da la b en Yaqui a mediados del siglo xtx, su levantamiento acabó con el lema tácito de
dicen global a una versión del particularismo histórico que invoca una es que un buen indio es un indio invisible y devolvió a tos mexicanos la capa
pecie de proteccionismo cultural, una estrategia aislacionista que rechaza la cidad de indignación frente a la terribl e marginación que sufren las comun i
mezcla y reivindica el purismo étnico. Puesto que su correl ación de fuerz as dades indígenas (las máscaras enseñan tanto como lo que ocultan). Por otra
hace inviable las fracturas, es globalmente correcto para las naciones consoli parte, su estrategia militar, reprobable como todo acto de violencia, se ha
dadas en Norteamérica y Oceanía apartar a las minorías autóctonas. Pese a ir mantenido sin em bargo ajena a la barbarie polpotiana o al terrorismo estilo
en contra del liberalismo, los paladines dellaissezfmrc han aceptado fueros y Sendero Lum inoso. Por si eso fuera poco, la inteligencia, el buen sentido del
normas de excepción. El timing, desde luego, es clave: cuando todavía no humor y las alegorías his tóricas del Sub han contribuido a mermar la solem
eran grupos minoritarios, mientras la cohesión de los Estados que los alber nidad y el acartonamiento de la vida pública mexicana y a elevar el nivel de
gan estuvo enjuego, la política no fue conservarlos sino diez mar los. En ton ilustración del debate. Y algo que algunos tildan de demagogia o de cursile
ces no hubo protección, mucho menos mezcla. Hubo imposición de una raza ría pero que para mí tiene un valor especial: el romanticismo de su discurso
y una cultura que ni siquiera subrepticiamente dio cabida a la alteridad. y su vena literaria contienen un germen de redención de la política y un
La porosidad del mundo actual hace que México no sea ajeno a esta ten ingrediente de m ística idealista que a mi juicio nos hace mucha falta. Yo, al
dencia, aunque a ella, como a muchas otras, hayamos llegado tarde a la menos, no puedo p ermanecer indiferente ante una propuesta ca paz de con
usanza de los buenos imitadores. La decisión de abrir la economía e integrar trarrestar el hiperpragmatismo que concibe al ejercicio del poder como el
el país a un bloque comercial se topó con su antítesis, el surgimiento de una arte de asesinar esperanzas. Si el neozapatismo contribuye a construir un
guerrilla que pasó de las proclamas marxistas a las reivindicaciones indige proyecto de nación que recobre el aliento épico del idealismo revoluciona
nistas. Su influencia ha sido tan grande que ciertamente no puedo escribir rio, si ayuda a devolver a tos mexicanos el derecho a soñar con un M éxico
este epílogo sin referirme al Ejército Zapatista de Liberación Nacional y al más justo y la obligación de hacerlo a golpes de realidad, su lucha no habrá
Subcomandante Marcos. Juzgarlos, sin deificarlos ni satanizarlos, es, sin sido en vano.
duda, un desafío portentoso en este nuestro México maniqueo. Con todo, Pues bien, he aquí que este ezln converso y magnético, oportunista y
hay que decir que se trata de un proyecto con varios de los vicios del viejo romántico, fue el que finiquitó el ungimiento del indigenismo como custodio
socialismo real y otras tantas contradicciones producto del injerto de resi- de la identidad nacional. Con el aval del éxito zapatista ante la intelligcntsia y
uos de marxismo en laweb.Su disc urso es zigzagueante —del paradigm a la opinión pública, tos indigenistas sacaron a empellones al mestizaje del
de la revolución violenta al de la democracia liberal y de ahí al del indige nicho de la mexicanidad —e incluso de la latinoamericanidad, puesto que
nismo, proclamados todos con la fuerza persuasiva que da una mezcla de fue buque insignia de la flota mestizoameri cana— y pusieron allí a la pluri-
i d J E °Hrlnt?" 0' voluntarismo y aut oen gaño— y su consi stenc ia culturalidad y la plurietnici dad. México dejó de ser, com o querían Pimentel,
Riva Palacio, Sierra, Molina Enríquez, Gamio y Vasconcelos, la sede oficial
sedan las insieH nable' ¿Cuál65 el dP° de nadó n a la que aspir an? ¿Cuá les del mito mestizo. La escuela de antropólogos que tiempo atrás había equi
socialistas o snrC"l>HeS ^Ue conservanari y cuáles las q ue de sec har ían ? ¿So n parado mestizaje y etnocidio se adueñó del escenario y decretó que mesti
c ^ nenl a s Se, P i doresdd Che o de Rawls? ¿De veras zar es destruir civilizaciones. Olvidó que pese a todas sus infamias el mes
de la derecha en el p o d e c '^ r e iv m ^ “8-1311^ '' 11 imPÜcar la Permailencia tizaje tiene la gran virtud de prevenir purismos raciales, riesgosos hasta
Mariátegui y en Hava He i / t eiv indicaciones étnicas están inspiradas en en manifestaciones atractivas como la del color de la tierra. Olvidó también
periodoeclécticas
temente de gestación
para del movimiento
eludir el b 8 a ^adoPtar
^ posturas
06^ ° L'arS°
crecien- que de
gió si bien nuestra cultura
la imposición mestiza es injustamente
y el avasallamiento que hicieronasimétrica porque sur
que lo occidental sea
dinámica de la que ya no puede ,cronismo' y que Marcos se metió en una dominante y lo extraoccidental clandestino, fue ella la que nos dio viabili
al mundo mediáticoy a la vertie ít HP.rotd*ve colr|o es a la mercadotecnia, dad como nación. Y lo más importante , olvidó que quienes privilegian círcu
asume heredera de la internactoñaL 6 - »loralización cuya legitimidad se los de afiliación cerrados pueden, aún sin desearlo como es su caso, so cavar
dad que le impide ahorahablar r„IZaC,'0n Pr°letaria, abrazó una moderni- la percepción de pertenencia nacional. La unidad en la diversidad se da
omo hablaban tos líderes comun istas del
e píl o g o
EPÍLOGO i5i
■ i Hp pvrluir una dosis de similitud que
culturales. Y para lograrlo no hay que alejarnos unos de otros sino, por el
e n " ^ X a ndivis?ón8 la puede gestar la mismísima gl oba lización y contrario, acercamos.
Discrim inar es distinguir. El primer paso de la discriminación es e l deslin
S“s T ^ es asimétrica, lo lógico es luchar contra la asim etría, no de, hay que apartar a los otros para señalarlos como diferentes. Después se
con a la mezcla. El mestizaje es un hecho tan contundentemente cohes.o- endilga el juicio de valor, el que descarta la diferencia que no hace a los demás
nador que une hasta a quien es lo za hieren. Hemos presenciad o m arch as de mejores ni peores, el que le agrega la etiqueta de inferioridad. Y finalmente,
grupos de indígenas de la mano de un mestizo, y escuchamos las voces una vez que se justifica el desprecio por esa otredad claramente identifica-
de diversas etnias que sólo se entienden entre si cuando hablan español. ble, se formaliza la segregación oprobiosa. Por eso la manera más eficaz de
Yo lamento que no se ha ya crea do una suerte de esp eranto me xican o co n la combatir la discriminación es obligar a la mayoría a convivir con las minorías.
riqueza del castellano y de todas las lenguas vernáculas de nuestro país, y En la mezcla se iguala, en la igualación se confunde, y en la confusión se
soy el primero en demandar que se conserven los idiomas y las manifesta acepta. Si el que discrimina separa, el que quiere acabar con la discrimina
ciones artísticas de los indios de México; pero no pu edo sin o a cept ar la rea ción integra. La clave es evitar las formas de integración que implican una
lidad de nuestro lenguaje común y pedir que, sin mengua de nuestras distin conducta vergonzante del discriminado o, peor aun, que presuponen su
tas tradiciones, sigamos mestizándonos y creando nuevas manifestaciones renuncia a aquello que lo hace diferente. De lo que se trata es de encontrar
culturales. La cultura es un ente vivo, y si queremos que la nuestra se man una m anera d e juntar a todos sin mutilar a nadie, forzando al discriminador
tenga y se enriquezca debemos recrearla todos los días. Ya es hora, por lo a respetar la diferencia. Es, en cierta medida, un ejercicio de aprendiza je for
demás, de que la creatividad de los mexicanos aporte a la humanidad el zoso de pluralismo y tolerancia. Se condena al representante de la porción
equivalente de lo que de ella hemos tomado. presuntamente mayoritaria de la sociedad a ver la realidad, a confrontar la
El punto es si creemos o no en la pertinencia de las naciones. Una nacio existencia de personas que le incomodan. Se le impone así el deber de admi
nalidad es una urdimbre de subjetividades, y se conforma cuando un con tir a los que no son o piensan como él, correspondiente a su derecho de ser
junto de pers onas se percib en a s í m ism as c om o int eg ran tes de un a mi sm a como es y pensar co mo piensa, y se le acostumbra a la disi militud.
nación. Es la comunidad imaginaria de que habla Benedict Anderson, esa Esto no cancela, huelga decirlo, esa suerte de prerrogativa de privacidad
que existe en las me ntes de los ci udadanos a partir de aq uello que asum en colectiva que han de ejercer los similares. Entreverar no quiere decir hacer co
compartir entre sí. Y es que también llegamos tarde a la génesis de esa ima munes las características o las preferencias de unos y otros en el sentido de
ginería colectiva en México. El choque de culturas y la incomunicación la que otros hagan suyas las de unos, sino en el sentido de que unos no vean
impidieron por mucho tiempo: ¿cómo podían establecerse comunes deno como exóticas y deleznables las de otros. Por eso siempre tiene que haber
minadores entre gente que en más de un sentido no hablaba el mismo idio- espacios en los que los coincidentes puedan reunirse a compartir su intimi
n?a‘'¿ C0Ini ) Poc^a un maya o un yaqui imaginar se conn acio nal d e un c rioll o dad. Vamos, el propósito no es estandarizar o uniformar; es abrir expla
C1f imCj mesüza¡e ' de pasar de la glorific ación al ana tem a, el nadas de coexistencia, construir vías y plazas mentales de indiferencia por
ca iza or e nuestra concienc ia naciona l. Nos guste o no, la mezcla cultu - las que todos deambulen para acudir, cuando así lo deseen, al reducto en el
que encuentren una identidad particular que no excluya su sentido de per
^ir¡^nlH ^ COmÍt^I!jtei a^rÍCac^ n comPatibilidad es perm itió que la sen-
tenencia general.
Dular decirlo,0nallidad P853™ de las élites a *as masas. Hoy en día es impo- La cuestión de fondo es la educación de la gente. Por supuesto, es im
esDarció la aní? ™ ° a er to fs <fue a Pesar de iniquidades fue el mestizo quien perativo hacer enmiendas a nuestras leyes, pero el destino final de esas re
esparció la autopercepaon del mexicano.
formas legales debe ser la heterofilia; es decir, su objetivo debe ser la cons
cultura! Mas no^nn^0 es' s‘rl duda, una nac ión plu riétn ica y plur i- trucción de una mentalidad no sólo respetuosa sino también amiga de la
omrnó la mesfcohha f " 8a" emos; I* base de cohesión nacio nal que le otredad. En la medida en que el ciudadano pueda salirse de su cárcel de
no ha bría su stantivo. Es* un ílT sto a ldr iaY ° brand° P° rque seguram ente subjetividad para entender a los que están afuera, será armónica su convi
tan injusto, pero nadie nneH„ • j 3 que e mest iza je mexicano haya si do
a
vencia con ellos. Por más lejanos que parezcan, por más distintos que sean,
dades que 9»«. sin ese mín imo de afiru-
viable en el actual (desborden -^dlmbre de subjetividades y el país no sería serán
de suscomprensibles y aceptables
ojos. Pero para eso hay queen emprender
el momentounenviaje
que por
vea elelcamino
mundomas
des
y cultu ral pero no alent emos la ‘ernacio nal-R espetemos la plur alidad étnica largo y sinu oso que p ueda recorrerse: el camino que separ a a un ser humano
que bien puede admitir la un¡rJa8meintación de una identidad inconclusa de otro. , .. ..
conservar la factibilidad de nuesh-a 611 ■- div ersi dad . Si juz ga m os de sea ble México es m estizo, multiétnic o y m ultic ultural . No hay co ntradicci ón en
tores de cohesión ni retroceder en ?ac‘°n' no debemos alejarnos de los fac- los términos: el mestizaje es hilo conductor, no madeja homogeneizante.
sino acercamos a la equidad v al re«3 us,<fueda del común d enom inado r, Mestizar no es hacernos idénticos sino compatibles, es poner un pedazo de
a y al respeto de todas nuestras manifestaciones
EPÍLOGO
152
mí en los demás y un trozo de ios demas en mí. En buen a tesis, la m estizo filia
es heteroíilia: quiere mezclar para igualar, para un ir persona s y com uni dad es
que no de jan de ser diferentes. Lo que no admite es, justam ente, la c onn o-
t^riíSn de diferencia que lleva a la de superioridad-inferioridad, la que hace
creer que la diversidad excluve
w-w—.— la convivencia. Después de todo,, pese
. mestizo , fnai ai BIBLIOGRAFÍA
tiempo que ha pasado _.,. desde que apareció
mí mi México
México mes tizo yv desde
desdplalapers
pectiva de un mundo tan distinto al que albergó mi i nves tigaci ón o rigin aria ,
refrendo la convicción a la que arribé al terminar mi recorr ido por la histo ria A utores
de las ideas de nuestro país. Si existe una balbuceante versión mexicana de
lo humano es porque a pesar del srcen traumático y contrastante de nues
tra historia mixta y tras de que nos cercenaron el territorio hemos podido Aguirre Beltrán, Gonzalo. La población negra de México. Estudio etnohistórico
mantenernos juntos. Si hemos sido capaces de evitar una mayor fragmenta (Fondo de Cultura Económica, México, 197 2).
ción es porque la realidad se impuso ai segregacionismo e hilvanó como ----------. "O posición d e raza y cultura en el pensamiento a ntropológico mexi
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141n, 142n, 143n Breuilly, John, 15n
Akzin, Benjamín , 1 4,14n Buffon, George-Louis Lederc, Conde de, 19
Alamán, Lucas, 21,21n, 28 35,93
Alba, Víctor, 82,82n Bulnes, Francisco, 39,4 0,4 0a 74
Alejandro Magno, 17,17n Burrow, John W., 94a 95n
Al-Raschid, Harún, 5ln Bushllos, José, 54n
Altamirano, Ignacio Manuel, 24, 25, 33, 37,
44,44n, 80 Cabrera, Luis, 44, 44a 45a 47, 51, Sin, 72n,
AJva Ixtlilxóchitl, Fernando de, 20 77, 80, 82, 82n. 84, 84a 107, 107n, 119,
Alvarado Tezozómoc, Femando, 20 119a 122,124,124 n
Alvar ez, Juan, 57 Cabrera, Sra. de La, 42n
Amezcua, Jen aro, 51 n Calderón de la Barca, Marquesa, 50
Anderson, Benedict, 14n Calero, Manuel, 48,110
Aragón, Agustín, 38 Calles, Plutarco Elias, 73,112a 125,131
Ardao, Arturo, 103n Calvo Ramírez, Roberto, 83n
Arguedas, Alcides, 104,104n Cantó Corro, José, 123n
Argucdas, José María, 104n Cárdenas, Lázaro, 51,51a 81n, 118n
Arteaga, José María, 29 Cárdenas Norícga, Joaquín, 131n
Azuela, Salvador, 83n, 114n Carle, Giuseppe, 88n
Carlyle, Thomas, 108
BadiLlo, Román, 83n Carranza, Venustiano, 77, 77n, 130
Barba González, Silvano, 83n Carreño, Alberto, 121n
Barnes, Harry E., 89n, 93n Carrillo, Julián, 74
Barre, Marie-Chantal, 97n, 98n Carrióa Jorge, 138
Barreda, Gabino, 2 4, 25n, 37,38 Casas, Bartolomé de las, 18,18n
Bartra, Roger, 139n Casasola, Agustín, 46
Bnsave del Castillo Negrcte, Carlos, 39, 45n, Caso, Antonio, 130,137
47n, 48n, 50, 50n, 72,72n, 117n, I22n Castillo Ledón, Luis, 50n
Basnvc Fernández del Valle, Agustín, 139n Cozés, Daniel, 112n
Basave López Portillo, Blancn, lOln Clagett, Marshall, 87n
Dassols, Narciso, 49 Clavijero, Francisco Javier, 20,20n, 21,28
Batalla, Diódoro, 39 Cockcroft, James D., 90n
Becker, Howard, H9n, 93n Colón, Cristóbal, 17
Beiiítez, Fernando, 20n Colón, Diego, 17
Bergson, Henrl, 135 Comas, Juan, 82,82n
Bidcgaín de Urán, Ana María, 14n Comonfort, Ignacio, 58,7 5,11 0
Bismark, Otto Von, 107 Comte, Auguste, 37, 72, 85, 87, 87n, 95, 95n,
Blanco, José Joaquín, 131n 96, 96n, 135
Blanquet, Aureliano, 48 Córdova, Arnaldo, 82, 82n, 83a 85, 87n, 90,
Boas, Franz, 97,97n, 101,125,128,129 111, lll n
Bonaparte, Napoleón, 118 Corona, Ramóa 109
Bonfíl Batalla, Guillermo, 82, 82n, 97n, 118n, Corral, Ramó a 45
143,144,144n Cortés, Antonio, 48n
Bonilla, Manuel, 46 Cortés, Hernáa 18,38,73, 74,138

167
ÍNDICE ONOMÁSTICO
Garda Grandes, Ricardo, 56 ÍNDICE ONOMASTICO
Cortés, Martín, 18 „ García, Telésforo, 33,39
Cortés Tamayo, Ricardo, 43n, 50,50n Garrido, Luis Javier, 112n Kaplan, Marcos, 15n
Cellner, Emest, 14,14n Kedourie, Elie, 1 4, 14n Molina Enríquez, Andrés, 13, 15, 16, 41, 42
George, Henry, 90 ,91n Knight, AJan, 121n *? 't 4' 45' ^ 46, 46a 47 , 47a 4 8,'
Costa Pinto, L A* 14n Koh a Hans, 14,14n 48n, 49,5 0,50n, 51 ,52,52n, 53,54,54a 55,
Gobineau, M. A. Conde de, 93 ,93n 55n, 56, 56a 57a 58, 59, 59a 60, 60a 61,
Credman, James, 59 Gómez Farías, Vale ntía 109 Konetzke, Richard, ISn
Cristo, 52 Krauze, Enrique, 131n 61n, 62, 62a 64, 64a 65, 65a 66a 67, 68,
Gómez, Marte R., 49n 68a 69, 69 a 70, 70n, 71, 71n 72, 72n, 73,
Cruz Reyna, Gonzalo de la, 91* Gómez Quiñones, Juaa 37n, 40n
Cuadros Caldas, jubo, 72n 73n, 74, 74a 75, 75a 76, 77, 77a 78, 78n,
González Aparido. Enrique, 50n, 80, 82n Labasüda Muñoz, Horado, 45n 79, 79a 80, 80n, 81, 81n, 82, 83, 83n, 84,
Cuauhtémoc, 29,32,38,39,73,123 González Gamio, Angeles, 125n Lafaye, Jacques, 19n, 20n
Cue Cánovas, Agustín, 82,82n 84n, 85, 85a 86, 86a 87, 87a 88, 88a 89,
González, Manuel, 29 Lamarck, Jean-Baptiste de Monet de, 91,91n 89n, 90, 90n, 91, 91a 92, 93, 94, 94n, 95,
Cumberland, Charles, C, 114,114n Lamicq, Pedro, (Cráter), 114,121n
Cuvier, Georges, 93 González Navarro, Moisés, 22n, 23n, 37a 83n 95n, 96, 96a 97, 98, 98n, 99 ,99n, 100,101,
González Ortega, Jesús, 29, 109 Lawrence, D. H., 13n 101n, 102, 102n, 103, 104, 105, I05n, 106,
González Prada, Manuel, 105 Le Bon, Gustav e, 3 5,92n 106a 107,107a 108, 109, 109a 110, llOn,
Chávez, Ezequiel A., 39,136, 136n Ledere Du Sablen, 135
Chávez Orozco, Luis, 83a 90,90n González Ramírez, Manuel, 48n, 82n, 119n 111, 112, 112n, 113, 113n, 114,115, 115n,
Lemus García, Raúl, 83n 116, 116n, 117, 117n, 118, 118n, 119, 120,
Chevalier, François, 114 Greene, John C., 87n, 95n Lenin, Vladinríir Dich, 77 ,90 ,117
Gruening, Emest, 1 14 ,114n 121, 124,126,129, 130,133,134,134n, 135,
Guerrero, Gonzalo, 18 León de la Barra, Francisco, 45 136,140,141,142,142n
Da Cunha, Euclides, 103,103n, I04n León Portilla, Miguel, 20n Molina Enriquez, Andrés A. N., 44, 46n
Darwin, Charles, 31, 61,86, 88, 91, 91n, 95, Guerrero, Vicent e, 23 ,29 ,32 ,109 Lerdo de Tejada, Miguel, 58 Molina Enríquez, Cristina, 43
103,135 Gumplowicz, Ludwig, 58, 89, 89n, 91n 94 Lerdo de Tejada, Sebastián, 29,62,66,109,110 Molina Enríquez, Elodia, 43
Davis, Horace B-, 15n 103,142 ' ' Limantour, José Ives, 38,3 8a 76n, 110 Molina Enríquez, Everardo, 43
Davis, Norman, 107n Gutiérrez, Eulaiio, 130 López Cámara, Frandsco, 21n Molina Enríquez, Francisca, 42
Degollado, Santos, 109 Guzmán, Martín Luis, 12 2,122n López de Santa Arma, Antonio, 57,75 Molina Enríquez, Gabina, 44n
Deutsch, Karl W., 15n López Portillo y Rojas, José, 85n Molina Enriquez, Luis, lOln
66
Díaz,
72n,Porfirio,
76, 76n,28,
77,109,119
38, 45, 53, 57, 59, , 67, Haeckel,
Hale, Emst,A.,
Charles 31,623n,
1,8824n,
, 9 1,91n,
92n 94,1 10 Luis XI, 66 Molina Enríquez,
Enriquez,Renato,
Víctor, 44 ,46n
44n
Díaz soto y Gama, Antonio, 83n, 122 Hamon, James L, 90n Macedo, Miguel, 38n Monroe, James, 53, 71, 74,1 16
Díaz y de Ovando, Clementina, 29n Harris, Marvin, 91n, 93n, 97n M acedo, Pablo, 56n Monsiváis, Carlos, 123n
Durkheim, Émile, 94 Haya de la Torre, Víctor Raúl, 105 Marias, José Natividad, 51n Montalvo, Enrique, 15n
Hayes, Cartón J. H., 14,14n Maclachlan, Colín Mv ISn Mora, José María Luis, 22, 22 a 2 3,24n, 82 ,83n
Engels, Federico, 90,90n Heliodoro Valle, Rafael, 43n Madero, Francisco I., 45, 45n, 72, 73n, 77, 82, Morelos, José María, 35,5 7,74,1 07,10 9
Enriquez, Juan Ignacio, 42n Henestrosa, Andrés, 83n 121,121n, 122 Moreno, Roberto, 38n,88n
Escobedo, Mañano, 109 Henriquez Ureña, Pedro, 130 Madrid, Miguel de la, 83n Moreno Villa, José, 138
Escudero, francisco, 118 Herder, Johan Cottfried, 129 Magaña, CÜdardo, 46a 49n Mömer, Magnus, 17n, 18n
Esteva Rui
2, R, A, 87,88a 109,109n
Hernández, Teodoro, 82n Malinche, 18,138
Ev^ns-Pritchard, Edward.95n Malthus, Thomas Robert, 95,95n Napoleón DI, 37
Hidalgo, Miguel, 24 ,74 Mancara, Gabriel 56n Ñervo, Amado, 53
Hiñan, Humberto, 90,90n, 95, 95n Mandni, Pasquale Stardslao, 88, 88a 89n Nibkj, Stephen R.9 0n
Favila, Alfonso, 82n Ho&adter, Richard, 94n
Femando ei Cai ófca 17 Maquiaveto, Nicolás» 99 Nieto, Rabel 79,124n
r« iw aez oe Lgarm, fosé Horowitz. Irving L , 91n Mariátegui, José Caries» 105 Nietzsche, Federico. 135
Mendjoiea. Cabrid, Un
Hoz, Manuel F. de la, 45n Martínez, Paulino, 46 Ncrdaa Max, 9Qn
Huerta, Adolfo de la, 45n Marx, Kart, 54, 76,9(19&v 142
RwesMagdaleüs.« Huerta, Victoriano, 47 ,47 a 48, 77,10 9-110 Maximiliano de Habsburgo, Femando, 37, Cbregócv Alvaro, -49,1X1
Hvgo, Víctor, 34, 54 58,62 Ocampo, Mekh or, 24,66» 109
Ricardo. 59, So. 90n12! Huitrón, Antonio, 43 a 83 ,4 7a 101n Mendel Gregor Johann, 135 Oiaguibel Francisco, 44.53» IOS, 108n
” “rescano' Enrique, ¿n , 114 *
"vyre. Gilberto, 104,104n Humboldt, Alejandro de, 28 ,50 Méndez. Santiago, 33 Orozco, Luis Chávez, 82,S¿n
Fuente, Cfcviddel* 48,48n Mendieta y NúfVez, Ludo de, 82n, 125 Orozco, Pacual 47a 77
Iglesias, José María, 29 Mendizáb&l Miguel Otón de, 45a 125 Orozco, Wistano Luis» 47,67,72, 84,S5n
Gamboa, Fedenco,48 ingenieros, José, 1 03 ,103n Mier Noriega y Guerra, Fr. José Servando Ortiz Vidales, Salvador, 82n
Iparrea Salala, Abelardo, 83n Teresa de, 19,21,55 Otero, Mariano, 22,22n
Isaacs, Jorge, 80n Mili, John Stuart, 36,94 Ovando, Nicolás de, 17
Molina, Agapito, 42
Zurriaga, José E„ U2n Molina Enríquez, Agustín, 43 Palacios, Nicolás, 104,104n
Asunckiiv 44n Molina Enríquez, Alvaro, 16n, 42, 49n, 80, Palavicinl Félix F., 50ri, 80
Jiménez de Cisneros , Card enal Franci sco, 18 Parra, Porfirio, 56,56n
G*«*», Genaro, 45 lOOn,108n
jovellanos, Gaspar Me lchor de , 67 , 85n Molina Enríquez, Anastasio, 42 Paw De, 19
Juárez, Benito, 24, 29, 56, S6n, 58, 62, 77n, 109
índice on omá sti co ÍNDICE ONOMÁSTICO
170
Salado Alvar«, Victoriano, 53,56n Yáñez, Agustín, 34
Payno, Manuel, 33 Sánchez Vega, Baltasar, 50n Vera Estaño),Jorge, 44n
Pw l Octavio, 138>13 8a 139 San Felipe de Jesús, 32 Vigil,José María, 33 Zapata, Emiliano, 46, 46n, 47n, 73, 73n, 77,
Ptíayo, Don, 32 Santiago Gómez, Raúl Gustavo de 44o rn_ Villa, Francisco, 44, 77 \09
Villegas, Abelardo, 96n. 142,142n
PweyTa, Carlos, 74, UOn Santo Tomás, 19 ,50n ViJloro, Luis. 13n, 112,112n, 141,141n Zaragoza, Ignacio, 29
Piedra Epigmenio de la, 22 Santos Zelaya, José, 76 Zavala, Lorenzo de, 22, 22n, 44,109
IW n te l Francisco, 16,25,2* 26a 27, 26,29, Schiller, Friedrich Vorv, 54 MñiPttcn. Nathan L, 114, ll4n Zea. Leopoldo, 38n, 86n 88,88n 137,138,139,
31, M, 5$, 88,99,102,126.134 Schopenhauer, Arthur, 110 139n
Pineda, Rosendo, 45n Segovia, Rafael, I5n Zuloaga, Félix, 29
Poinsett, Joel Roberts, 75 Seton-Watson, Hugh, 15n Zum Felde, Alberto, 105n
ftjnce, Manuel M-, IH 129 Sierra, Justo, 33, 34, 34n, 35, 36, 36a 39 an
Portes Gil. Emilio, 49,49n 58,62,76, 86, 92n, 99,13 4 ’ ’
Priestley, J. R, 5íkr Sierra O'Reilly , Justo, 23,3 3
Prieto, Guillermo, 24,24a 33 Sierra, Santiago, 33
Puig Casauranc, Manuel 125 Stéyes, Emmanuel Joseph, 110
Sighenza y Góngora, Carlos de, 19,32-33
Quetzalcóatl, 19 Silva Herzog, Jesús, 85 ,85n
Skidmore, Thomas, E., 104n
Raat, William D., 38n Smith, Anthony D., 14a 54
Ramírez,Alfonso Francisco, 82n Snyder, Louis L., 14
Ramírez, Ignacio, 24,25a 26,33,44n Soler, Ricaurte, 103n
Ramírez. Santiago, 139,139n
Sosa, Francisco, 26n
Ramos, Manuel, 38n Sosa, Ignacio, l5n
Ramos, Samuel, 137,137n, 138 Spencer, Herbert, 31,36 , 37 ,39, 54, 55, 58, 72,
Rascón, Eugenio, 48 86,87,87a 88, 88n, 91,92,92n, 93,93n, 94,
Redus,
Renán, Élisée, 60,70,92,93n,
Emest, 31,9 4,94n 94
94n, 95,95 a 96, 96n, 97,9 8,98 a 103,1 05,
Rendón, Víctor, 5ln 110,135,142
Reyes, Alfonso, 130,1 38,1 43,143n Spengler, Oswald, 137
Reyes Amador, 118n Stabb, Martín S., 37n
Reyes*, Bernardo, 45, 45 a 76 .76n Stocking, George W. Jr., 93n, 94a 97n
Reyes Heroles, Jesús, 22n, 23n Strong, William O., 94
Reyes, Ma. del Carmen, 43n,102n
Reyes Nevares, Salvador, 138 Taine, Hippolyte, 9 3,93n
Ricardo, David, 36 Tannembaum, Frank, 82, 82a 114,115,11 5a
Richelíeu, Armand-Jeendu Plessis de, 66 124n
Riva Agüero, José de la, 104,104n Taracena, Alfonso, 47n, 82n
Riva Palacio. Mariano, 25n Tejera, Humberto, 82n
Riva Palacio, Vicente, 16,29,29n, 30,30n, 31, Tepisteco, Carlos, 22
32,33,34,58,65,88,99,102.108,109,134 Tolstoi, León, 54
Rivera, Diego, 49,74,1 14,123 Tonantzin, 19
Robertson, William, 19 Trejo Lerdo de Tejada, Carlos, 11 0,122n
Robtnson, Cyril E^ I7n Turner, Frederick C., 15n
Rodea Miranda, Eloísa, 44 Tylor, Sir Edward Burnett, 99
Rodin, Augusto,98
Rodríguez, Jame E., 18n Unamuno, Miguel de, 34 ^
Rodríguez, Juan, 21n Uranga, Emilio, 138 **“•
Rodríguez, Luis 1., 118n Urueta, Jesús, 44n
Rodríguez Puebla, Juan,21
Rofland, Romain, 131 Valdés, José C, 83n 94n
Romero Horas, Jesús, 82n Valencia, F. Palomo, 51n
Romero Rubio, Carmen, 76 Van den Berghe, Pierre L , 94n .
Roosevdt, Theodore, 69,9 8,99n. 116 Vasconcelos, José 16, 72, 80, 83n, 11A '
Roeenblat, Ángel, 18a lfti 124, 130, 131, I31n, 132, 132* 1??' ldJn*
Roas,
Rouaw, Stanley,
Pastor,124n
100,ICC* 134,134a 135,135n, 136a 137.140
Vázquez Gómez, Emilio, 45 a 46 ,46n
Rousseau. Juan Jacobo, 75 Vázquez, Josefina Z., I22n
INDICE GENERAL

Prólogo .............................................................................................................. 7
Introducción .................................. ................................. 13

I orígenes de h corriente mcstizófila .................................................... 37


1 1 . El México colonial: el mestizaje a contrapelo ........................... 37

1.2. El México liberal: un buen indio es un indio invisible ............ 21


1.3. Francisco Pimentel: el genocidio humanitario ........................... 25
1.4 . Vicente Riva Palacio: el contrato racial .......................................... 29
1.5. Justo Sierra: el mestizo se vuelve burgués ................................. 33
1.6. El México positivi sta: la teoría vs. la p ra x is .............................. 37

II. Andrés Molino Enríqucz o la nulificación del mes tizo ........................... 42

11.1. a)
Vida y biográfica,
Nota obra; g énesi s de
42; b) una o bs es ió
Su pensamiento n ........................................
mestizóíilo en formación,
42

51; c) Consolidación de su tesis promestizaje, 59; d) Su mestizofilia


corregi da y aum entada, 72
11.2. Evaluación crítica: un problema de envolutra ........................ 82
a) Encasillando su inencasillable pensamiento, 82; b) Los entrete-
lones de su mestizofilia, 99; c) El germen y el fruto de su legado, 111

III. El desenlace actual de lamestizofilia ......................................................... 121


1. El México revolucionario: la mestizof ilia en su apo ge o ............ 121
2. Manuel Gamio: la reencarnación del in d io ................................. 124
3. José Vasconcelos: ¡Mestizos de Amér ica, U n io s! ........................ 130
4. El México posrevolucionario: el mexicano baj o la lu p a ............ 136

Conclusiones ....................................................................................................... 141


Epílogo ................................................................................................................. 142
Bibliografía .......................................................................................................... 1^
Indice on omásti co ................................................................................................ 1^7

173
M éx ic o me sti zo , de Agustín Basave B.,
se terminó de imprimir y encuadernar en agosto de 21)11
en Impresora y Encuadernadora Progreso, S. A. de GV.(iei ’sa .).
Calzada San Lorenzo, 2+4; 09S30 México, D. F.
La edición consta de 400 ejemplares.