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Biblioteca digital
“Dra. Rosa de Lourdes Camelo Arredondo”
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del
Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa
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Vida y obra de Edmundo
O´Gorman
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Dra. Rosa de Lourdes Camelo
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Arredondo
*
Conferencia magistral, publicada en la
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Memoria del XI Congreso de Historia
Regional

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Homenaje a Edmundo O´Gorman
(1906-1995)
Instituto de Investigaciones Económicas y
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Sociales de la Universidad Autónoma de
Sinaloa. Culiacán, Sinaloa, México, 1997
AHGES. Serie Conferencias /2
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Vida y obra de Edmundo
O´Gorman

Rosa Camelo

Serie Conferencias /2

2|Page
Vida y obra de Edmundo
O´Gorman

Rosa Camelo*

Es para mí un honor estar aquí esta tarde para hablar sobre


la vida y la obra de Edmundo O’Gorman. Acepté gustosa la
invitación que me hicieron los organizadores de este
Decimoprimer Congreso de Historia Regional, porque sentí que
era una magnífica oportunidad de dar testimonio de
agradecimiento y cariño a mi maestro y a mi tierra.

Edmundo O’Gorman nació en la Ciudad de México, en


Coyoacán, como le gustaba señalar, el 24 de noviembre de 1906.
Su padre, Cecil Crawford O´Gorman, ingeniero de profesión y
pintor por vocación, llegó a México en 1895 para trabajar en la
explotación de minas. En México se casó con doña Encarnación
O’Gorman, pariente lejana suya que era descendiente de Charles
O’Gorman miembro de la primera misión británica que llegó a
México al mando de Henry George Ward, en 1824, y de una
hermana de doña Leona Vicario. Justino Fernández, su amigo de
la juventud, decía que había heredado los destellos del intelecto
de su madre y la sensibilidad para el arte de su padre.
* Rosa de Lourdes Camelo Arredondo, nacida en Culiacán en 1933, hija del médico militar Mario Camelo y Vega e
Inés Arredondo Ceballos, vivió lucidamente el Culiacán que definió su estilo decimonónico bajo las ambiciones
políticas, el teodolito y cálculo de estructuras del ingeniero y arquitecto Luis F. Molina. Compartió su vida en la
antigua villa de San Miguel de Culiacán junto a ocho hermanos, entre las que figura la escritora Inés Arredondo. La
familia frecuentó el reducido círculo social de Culiacán, siendo muy estimada en una ciudad que se aprontaba al
cambio posrevolucionario.
Un comentario de Vita Podesta, amiga de la familia refleja mejor el ambiente de esos años: “…la casa de los Camelo
era como un centro de reunión, como casino, porque como eran la Inés, el Pancho, la Rosa, la Techi, la Amparo, el
Pin, la Marisa, había de todas las edades. Y como vivían enfrente de la plazuela, todo el mundo concurría allí…”
(Entrevista a Vita Podesta en Luna menguante. Vida y obra de Inés Arredondo. Claudia Albarrán, Edit. Casa Juan
Pablos, México, 2000).
Alcanzó a ver entera la ciudad porfirista que ya sentía el escozor constructivo de las modernidades revolucionarias de
expansión apertura de nuevas avenidas para una mercadería agrícola que necesitaba otras edificaciones y escaparates.

3|Page
Rosa disfruta el imaginario del Culiacán de su infancia y hasta que leí a Claudia Albarrán descubrí la reminiscencia
de Rosa por los arrayanes, que busca con avidez cuando viaja a su ciudad natal.
El centro histórico de Culiacán fue su espacio lúdico infantil con la plazuela Álvaro Obregón, antes Constitución, con
su kiosco manufacturado en la Fundición de Sinaloa, ubicada en Mazatlán, propiedad de la familia Redo; kiosco del
cual ya no queda rastro alguno, porque algún osado presidente municipal lo consideró que no se avenía a las nuevas
expresiones arquitectónicas de la ciudad, por eso lo encontramos frente al templo de la virgen de la Candelaria en la
ciudad de Quilá, sindicatura muy cercana a Culiacán. Todo esto frente a la casa de los Camelo Arredondo a un lado
de Catedral y los portales del Culiacán, que albergaron las huestes revolucionarias en 1911, 12 y 13. Pupila de
colegios privados y católicos supo romper el cascarón provinciano para salir al mundo de las humanidades
académicas instalándose en las sutiles redes de la historia, llegando a contemporizar con lo mejor de esta disciplina en
México y Francia.
Alumna de Edmundo O’Gorman en la UNAM, al que mostró sincera admiración; escogió el sendero de la
historiografía novohispana, con la consulta permanente de los archivos. Por cierto en el XI Congreso de Historia
Regional, organizado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de
Sinaloa, en 1996 en homenaje a don Edmundo O’Gorman, cumplió brillantemente con la conferencia magistral sobre
este auténtico maestro de la historia mexicana. En las instancias del Instituto de Investigaciones Históricas de la
UNAM y en la Facultad de Filosofía e Historia se le mantiene un aprecio y respeto. En Sinaloa se le reconoce por su
alta calidad humana y académica, también por las asesorías a investigadores sinaloenses en sus tesis de licenciatura,
maestría y doctorado.
Es una de las pioneras sinaloenses en la producción historiográfica y auténtica maestra en el género; alumna de
Marcel Batallón, Fernand Braudel y Ernest Labrouse, desde 1965 hizo presencia en las aulas de la Universidad de
Sinaloa, con un ciclo de conferencias sobre historiografía mexicana. Para entonces ya se había publicado su
traducción de “El libro secreto de Maximiliano”, entre otros trabajos. Profesora de la asignatura Historiografía de
México, licenciatura de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Tutora del posgrado en Historia, UNAM,
también tutora del Posgrado en Restauración, UNAM.
Ha publicado en Históricas, boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM en los volúmenes 4 y 7 e
hizo la presentación del recuento de su contenido. Recientemente publicó, La experiencia historiográfica. VIII
Coloquio de Análisis Historiográfico, edición de Rosa Camelo y Miguel Pastrana, México, Universidad Nacional
Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2009. (Serie Teoría e Historia de la Historiografía, 7).
Historiografía mexicana I. Historiografía novohispana de tradición indígena, coordinación general de Juan A. Ortega
y Medina y Rosa Camelo, coordinación de este volumen de José Rubén Romero Galván, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2003.
Tiene publicados capítulos de libros, tales como: “Los primeros documentos y las historias de las Indias”, Homenaje
a Álvaro Matute Aguirre, coordinación de José Ortiz Monasterio, México, Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Biblioteca Nacional, Hemeroteca Nacional, 2009. “La totalidad
del texto”, en La experiencia historiográfica. VIII Coloquio de Análisis Historiográfico, edición de Rosa Camelo y
Miguel Pastrana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2009.
(Serie Teoría e Historia de la Historiografía, 7). “Dos tipos de crónica: La crónica provincial y la crónica de
evangelización”, en El Historiador frente a la Historia. Historia e historiografía comparadas, coordinación de Alicia
Mayer, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2009. (Serie
Divulgación, 11).
Las líneas de trabajo de sus proyectos de investigación son: Crónica provincial de órdenes religiosas; Memorias de
conquistadores; Historiografía contemporánea. Con Maestría en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la
UNAM. Profesora del Colegio de Historia y de la División de Estudios de Posgrado de la misma Facultad. Autora de
“La idea de la historia en Baltasar de Obregón”, “El cura y el alcalde mayor” “Jorge Gurria y la investigación
historiográfica”. Investigadora permanente del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional
Autónoma de México.
En 1990, publicó el artículo “Carlos Pereyra y Ramón Iglesias. Dos visiones de la historiografía colombina”, en
Históricas N º 30. Septiembre-diciembre. Boletín del IIH de la UNAM. Históricas Nº 21, boletín del IIH (UNAM) le
publicó en 1988 el discurso a nombre del IIH para premiar a Carlos Martínez Marín por el Comité Mexicano de
Ciencias Históricas, por su artículo “Los orígenes del Lienzo de Tlaxcala. Fechas y fuentes”. En el Nº 64 de
Históricas, del año 2002, le publicó el ensayo “La historiografía sobre la Colonia y el Instituto de Investigaciones
Históricas”, en este trabajo la autora revalora la investigación de la historiografía mexicana como una alternativa que
superó las propuestas teóricas del historicismo que en su momento se impuso en Europa y México.
En el año 2003, se publicó el resultado del proyecto Historiografía Mexicana, iniciado en 1991, en cuatro volúmenes
los cuales coordinó junto con Juan A. Ortega y Medina, editados por el Instituto de Investigaciones Históricas de la
Universidad Nacional Autónoma de México. Ella coordinó de manera especial el volumen II, denominado “La
creación de una imagen propia. La tradición española”. El proyecto en general trata de mostrar “…como se ha
concebido la historia de México…La serie de estudios reunidos en ella recoge las reflexiones sobre la historia, el
trabajo del historiador y el sentido que tiene conocer y preservar la memoria del pasado…” (Solapa del Volumen I).
Activa colaboradora de los sinaloenses radicados en la ciudad de México, ha participado en conferencias y
presentaciones de libros, dando realce a esas jornadas de identidad regional. El Consejo de Sinaloenses Ejemplares en
el Mundo le otorgó el Galardón de esta organización civil en el año de 2015 y su retrato figura en la Galería de
Sinaloenses Ejemplares en el Mundo que se encuentra en el Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

4|Page
La primera infancia del niño O’Gorman transcurrió en
Guanajuato, a donde llevó a la familia la profesión del padre.
Cuando se interrumpió el trabajo en las minas como
consecuencia de la revolución, el ingeniero se trasladó a la
ciudad de México y estableció su residencia en el entonces
pueblo de San Ángel. Contaba don Edmundo que su padre, con el
fin de protegerse y proteger a los suyos de los revolucionarios izó
en su casa una bandera inglesa que de algo debió haber servido,
porque su casa fue una de las pocas que se salvaron de ser
ocupadas. De esta época también le gustaba recordar las noches
que pasaba la familia reunida junto a la chimenea leyendo en voz
alta novelas inglesas. De entonces le venía su gusto por la novela
que se extendió a la francesa y a la española y que lo hizo voraz
lector de ese género y gran conocedor de la novelística mundial.

La situación de inseguridad por la que atravesaba el país


hizo que aprendiera las primeras letras en su casa, bajo la
dirección de su madre, primero, y posteriormente en una
pequeña escuela que estableció en el propio pueblo de San
Ángel, Federico Gómez de Orozco, también historiador, uno de
los fundadores por los años treinta del Instituto de
Investigaciones Estéticas de la UNAM y catedrático de la Facultad
de Filosofía y Letras de la misma.

Solo ingresó a un colegio formalmente establecido, el


Franco Inglés, cuando llegó al nivel preparatoria. Allí conoció a
Justino Fernández, quien fue posteriormente crítico e historiador
de arte, investigador y director del Instituto de Investigaciones
Estéticas y, como O’Gorman, un personaje muy importante en la
cultura mexicana y en la UNAM. La amistad que nació se
mantuvo firme hasta la muerte de Fernández en 1972. La
comunidad de intereses los llevó a compartir muchas aventuras.

5|Page
Salían frecuentemente a recorrer los caminos de México en
busca de monumentos históricos que dibujaban. El gusto que le
tomaron al ambiente que se disfrutaba en los abandonados
conventos coloniales hizo que se decidieran a pasar una
temporada en el convento de Acolman. Años después, en un
artículo Justino Fernández contaría:

Nuestro entusiasmo por los monumentos de las


primeras épocas de la Nueva España nos llevó a
cumplir el deseo de experimentar –no muy en
serio- la vida monacal. Nos posesionamos por
ocho días de unas celdas del convento de
Acolman. Llevamos catres plegadizos, cobijas,
linternas, libros papel y plumas; lo demás lo
improvisamos; unas tablas eran las mesas de
trabajo, nos impusimos regla: desayunarnos
muy temprano, trabajar todo el día, comer a las
cinco de la tarde y acostarnos apenas caída la
noche. Estudiamos el monumento con detalle,
nos intrigaba qué partes eran la primitiva, la
posterior y la última. Edmundo especulaba
sobre todo ello, mientras yo dibujaba el mural
de Santa Catarina en la capilla abierta. En
algunos ratos libres leíamos la Vida Interior de
Palafox, o el Santo Tomás de Chesterton. La
experiencia nos gustó, pero no la resistimos por
mucho tiempo. Sin embargo, insistimos en ella
por dos veces más en otras vacaciones.1

1
Fernández, Justino. “Edmundo O’Gorman su varia personalidad” en Conciencia y autenticidad
históricas, escrito en homenaje a Edmundo O’Gorman. UNAM, México, 1968. P. 14

6|Page
También compartieron la experiencia editorial
cuando fundaron la editorial Alcancía, donde comenzaron
formando a mano y experimentando como editores,
tipógrafos e impresores, actividad en la que hicieron libros
que se han convertido en joyas bibliográficas. Muchas de
estas ediciones contienen ilustraciones iluminadas
manualmente.

Al terminar sus estudios de preparatoria, todos los


alumnos de colegios particulares debían presentar un
examen en la preparatoria de San Ildefonso, para que
éstos les fueran reconocidos y pudieran iniciar los estudios
profesionales. O’Gorman contaba que estos exámenes
eran aterradores porque se pretendía ponerles trabas a
los mochos aristócratas, de manera que se presentó
temeroso. Después se inscribió en la Escuela Libre de
Derecho, donde fue alumno de juristas muy importantes
como Emilio Rabasa y Miguel S. Macedo. Se tituló muy
joven, en el año de 1928.

Durante diez años fue un brillante abogado litigante,


pero un buen día abandonó la abogacía para dedicarse a la
historia. Así, con el nombramiento de historiador y un
sueldo miserable, ingresó al Archivo General de la Nación
en 1938.

Entre 1937 y 1950 publicó infinidad de documentos


en el Boletín del Archivo General de la Nación, entre ellos,
por cierto, uno sobre Sinaloa, Relación de la provincia de
Nuestra Señora de Sinaloa 1601.2

2
En Boletín del Archivo General de la Nación. Tomo XVI núm 2.

7|Page
También en este tiempo publicó la Historia de las
divisiones territoriales en un libro conmemorativo de la
Escuela Libre de Derecho.3

En 1940 inició don Edmundo una actividad en la que


perseveró toda su vida y que según dijo siempre, lo llenó
de satisfacciones y de amigos, la docencia. Principió sus
cursos en la Facultad de Filosofía y letras de la UNAM,
impartiendo una materia para entonces muy novedosa y
discutida, Historia de la Historia o Historiografía, después,
impartió otras igualmente controvertidas, geografía
histórica general y geografía histórica de América, donde
no enseñaba lo que tradicionalmente se enseñaba en
estas materias, extensiones de imperios, planos de
batallas y rutas de ejércitos y migraciones, corrientes que
discutían la afluencia del hombre sobre la geografía o de la
geografía sobre el hombre, o nombres y localización de
antiguos estados y naciones, sino que explicaba lo que se
podría describir muy bien con el título de uno de los libros
de otro de sus grandes amigos, el filósofo trasterrado José
Gaos, historia de nuestra idea del mundo.

Años después, fundó en el posgrado de la propia


Facultad de Filosofía y Letras, el seminario de
historiografía mexicana, donde muchos nos inscribimos
para cumplir con el curriculum de los estudios doctorales,
quedando prisioneros en el encantamiento del riguroso
trabajo semanal, de las discusiones sobre problemas de
nuestra historia, de la riqueza de sus conceptos, de lo
imaginativo de sus propuestas y de la fuerza de su

3
“Breve historia de las divisiones territoriales. Aportación a la historia de la geografía de México”, en
Trabajos jurídicos de homenaje a la Escuela Libre de Derecho. XXV aniversario, México, Polis, 1937.

8|Page
personalidad. Y allí estuvimos, por muchos más años de
los que cualquier curriculum pudiera pedirnos martes con
martes, o el día señalado, porque algunas veces
cambiamos el día, en uno de los salones de seminarios de
la Facultad de Filosofía y Letras, primero, y en la biblioteca
del Instituto de Investigaciones Históricas después.
Algunas veces cuando cerraba la universidad nos llegamos
a reunir en algún café o en alguna casa, pero fue la
biblioteca de Históricas el lugar donde más tiempo
trabajamos porque teníamos la facilidad de acceder más
rápidamente a las obras que necesitábamos en el proceso
de la investigación. Los trabajos fueron muy variados,
hicimos el Índice de las actas de cabildo de la ciudad de
México en el siglo XVI,4 un cuidadoso cotejo de las
ediciones en español y en inglés del dominico Thomas
Gage con la segunda edición inglesa publicada en el siglo
XVII, que es la más completa que existe de este texto; la
preparación para su publicación de la Historia de la Nueva
España de Alonso de Zorita, que está publicada sólo
parcialmente. Estos dos trabajos, el de Gage y el de Zorita,
no llegaron a publicarse por diversas circunstancias.
También colaboramos con don Edmundo en algunos de los
trabajos que estaba preparando, así, revisamos El sermón
guadalupano del padre Mier y lo cotejamos con la clave
jeroglífica de José Ignacio Borunda, para la preparación de
la edición de los documentos sobre Guadalupe que
publicó con el título de El Heterodoxo Guadalupano.5
Acompañados de un lúcido estudio que culmina sus
trabajos sobre Mier. Muchas veces, lo que nos producía
4
Guía de las Actas de Cabildo de la ciudad de México. Siglo XVI. Fondo de Cultura Económica, México,
1970.
5
El heterodoxo guadalupano. UNAM, México, 1981. 3 vols. (Obras completas)

9|Page
gran placer, nos convertimos en sus interlocutores y
dialogábamos con él sobre los asuntos que le
preocupaban y las ideas que tenía sobre lo que estaba
trabajando, o nos leía algún escrito que iba a dar a la
imprenta. Así nos ofreció las primicias de algún artículo
por salir o de laguna airada respuesta por publicar, porque
no les daría una visión correcta de O’Gorman si no les
hablara de su rebeldía, de su constante y violenta postura
crítica, de su demoledora lógica puesta siempre al servicio
de su verdad y de su apasionado amor por la historia.

Llegó el momento en que todos los miembros de


este seminario éramos maestros o investigadores en la
UNAM, incluso dos de ellos eran directores, uno, del
Instituto de Investigaciones Históricas, y el otro, del
Instituto de Investigaciones Estéticas. Las ocupaciones de
todo tipo que nos fueron absorbiendo nos llevaron a
retirarnos, poco a poco, de nuestro seminario, hasta que
desapareció, pero todos fuimos fieles a nuestra cita
semanal durante muchos años. En lo personal puedo decir
que estuve puntual en CU a las seis de la tarde de los
martes durante más de once años.

Por los años cuarenta en que O’Gorman se inició en


la docencia, también estaba haciendo estudios que le
permitieron optar a la maestría, en 1948, con la tesis Crisis
y porvenir de la ciencia histórica6 y al doctorado, en
1951, con uno de sus libros más conocidos y clave dentro
del conjunto de su obra. La idea del descubrimiento de

6
Crisis y porvenir de la ciencia histórica. UNAM, México, 1947.

10 | P a g e
América.7 Cuando hacía estos estudios nació su estrecha
amistad con José Gaos, pues fue fiel asistente al seminario
que impartía éste en la Facultad de Filosofía y Letras,
porque se identificó con él intelectualmente a partir de los
puntos de coincidencia que encontró en su pensamiento y
de la admiración que le profesaban a José Ortega y Gasset,
del que Gaos fue discípulo y O’Gorman lector entusiasta.

Después de 28 años de dedicación a la enseñanza, en


1968 fue designado profesor emérito de la UNAM.

Su consagración a la investigación y a la docencia no


le impidieron ser otras cosas como pintor, arquitecto y
hombre de mundo. Como pintor siempre dijo que era
malo y que desde su infancia lo había sido, para probarlo
contaba que cuando era niño su padre les compró a su
hermano Juan y a él unos atrilitos con los que salían a
pintar por los pueblos. Su hermano Juan se mostró
siempre como un magnífico dibujante, pero él, según su
propia expresión, no daba una. Sin embargo alguna debe
de haber dado porque aunque la mayoría de sus pinturas
son copias de pintores modernos a las que les introducía
elementos de su cosecha, en el año de 1964 hizo una
exposición con muy buen éxito.

En arquitectura le hizo arreglos a su casa de San


Ángel y se construyó una en Temixco, Morelos, donde su
imaginativo y adecuado uso del terreno y manejo de los
espacios le mereció ser fotografiada y publicada en la
revista Maisons de vacances.

7
La idea del descubrimiento de América. Historia de esa interpretación y crítica de sus fundamentos.
UNAM, México, 1951. (Centro de Estudios Filosóficos. Ediciones del IV Centenario de la Universidad de
México).

11 | P a g e
Creo que ya es tiempo de hablar de su obra. En 1940
editó la Historia Natural y Moral de las Indias8, de Joseph
de Acosta. Años después, en 1972, diría que al estudiarla
percibió vagamente que la aparición de América en el
seno de la cultura occidental no se explicaba de un modo
satisfactorio, pensando que había sido descubierta un
buen día de octubre de 1492. En efecto en las páginas de
Acosta se transparentaba la existencia de un proceso
explicativo del ser del nuevo mundo, que parecía
innecesario, de ser cierta aquella interpretación.9

Edmundo O’Gorman había encontrado su tema, el


proceso de América. Pero el prólogo de Acosta no fue
solamente el momento de la percepción del asunto que
ocupó toda su vida, sino también de su encuentro con una
nueva forma de acercarse a la historia que lo llevó a
romper con la historia naturalista, como él la llamaba, y
con la manera en que hasta ese momento se habían usado
los textos de los historiadores de los siglos XVI y XVII.
Porque al mismo tiempo que la pregunta cuál fue el
interés de Acosta cuando hizo un estudio tan extenso de la
historia natural y moral americana, lo situaba en la
búsqueda de cómo conceptualizaban o trataban de
conceptualizar algunos hombres del siglo XVI las tierras
encontradas y este asunto se fue convirtiendo en el centro
de su interés como investigador, encontró que sólo
leyendo con otra mentalidad sus textos y acercándose a
ellos con la mente dispuesta a captar ideas y no a recoger
8
de Acosta, José. Historia natural y moral de las Indias, en que se tratan de las cosas más notables del
cielo y elementos, metales, plantas y animales dellas; y los ritos, y ceremonias, leyes y gobierno, y
guerras de los indios. Primera edición mexicana. Edición, estudio preliminar, apéndices e índices por
Edmundo O’Gorman. Fondo de Cultura Económica, México, 1940.
9
La invención de América. Investigación acerca de la estructura histórica del Nuevo Mundo y del
sentido de su devenir. FCE. SEP, 1984. p. 9

12 | P a g e
datos, podría encontrar una respuesta satisfactoria a sus
preguntas. Y así fue como O’Gorman se acercó a Acosta. A
lo largo de su prólogo leemos que es el mismo texto el que
está proporcionando la explicación por medio de un
cuidadoso ejercicio de comprensión. Si el jesuita dice algo
de una determinada manera es porque está respondiendo
a su tiempo y circunstancia y la conciencia de que eso es
así le permite leer entre líneas y con imaginación esa obra
que, a partir de ese momento, deja de ser una informe
reunión de datos para convertirse en lo que su autor quiso
hacer y para trasmitirnos lo que ese autor quiso comunicar
en su momento. Con esta concepción muy clara de la
nueva perspectiva que se abría a la tarea historiográfica
que proponía, trabajó a Oviedo, a Las Casas y a varios
otros autores que lo llevaron a penetrar en el proceso
donde se fue formando la idea del descubrimiento de
América.

Unida a su preocupación por seguir la formación de


la idea de América estuvo la de discutir el sentido de la
Historia y la manera de hacerla. La historia no es algo que
le sucede a una cosa que permanece siempre igual, sino
que es lo que cambia al ente histórico que no puede
permanecer inmutable.

Los principales estudios que publicó entre los años


de 1940 y 1961 tocaron esta temática. En 1942 publicó
Fundamentos de la historia de América,10 allí se pregunta
cómo el pasado de América entró a formar parte
constitutiva de la cultura y de la vida occidental, llegando,

10
Fundamentos de la Historia de América. UNAM, México, 1942

13 | P a g e
a partir de una perspectiva que la consideraba como
mundo natural a ser concebida como mundo histórico.

En 1947 publicó el estudio básico para entender su


pensamiento, que como ya dije, fue su tesis de maestría:
Crisis y porvenir de la ciencia histórica,11 donde pretendía
dar respuesta a

la pregunta histórica fundamental acerca de la


realidad del acontecer americano, o sea, la
pregunta que inquiere por el ser de América12

Para encontrar esa respuesta principia por discutir


los fundamentos y las reglas de la historiografía llamada
científica a partir de la obra de Ranke. Consecuente con su
idea de que la función del historiador no es regañar a los
muertos, sino explicarlos, aclara que con su intento de
poner en crisis los fundamentos de la escuela tradicional,
no pretende negarla, sino que, por el contrario, busca
entenderla y explicarla en su momento y hacer una nueva
propuesta porque le parece que para 1947, año en que el
escribe, esta escuela ha demostrado que es imposible
alcanzar lo que postula.

Esta historia naturalista, como también la llama, se


niega a reconocerse en su propia historia, no admite su
temporalidad ni la de la verdad que alcanza, ve a ésta
como inmutable y a su modo de ser como al único modo
de ser. El pasado es considerado como una cosa, como un
objeto que posee una naturaleza fija que puede ser
11
Op. Cit. nota 6.
12
Ibid. p. VII

14 | P a g e
estudiado, como las demás cosas, con los métodos de las
ciencias naturales.

La historiografía que propone O’Gorman es la que


asume al pasado como algo propio, como aquello que
permite que el hombre vaya siendo, como un poder ser
permanente. Con la conciencia de la historicidad humana
se descubre al pasado como algo nuestro y lo dotamos de
sentido a partir de nuestra circunstancia particular.

Sobre estas bases trabajó su siguiente obra, también


tesis doctoral, publicada en 1951: La idea del
descubrimiento de América.13 En este libro, fundamental
para entender su pensamiento y posterior desarrollo,
busca, por medio de un cuidadoso análisis de los autores
que se ocuparon del momento inicial del proceso que fue
dotando de ser a América, explicar cómo desde el
principio se supuso que el ser americano había existido
siempre y que el hecho del descubrimiento no varió nada
de este ser. A lo largo de todo su análisis O’Gorman
muestra que la metodología propuesta en su examen de la
Historia de Acosta, ponerse en el pellejo de otros para
comprenderlos y explicarlos en su momento, abre nuevos
horizontes a la investigación histórica porque encuentra
por esta vía el proceso ideológico que le proporciona los
elementos para llegar a penetrar y comprender las
estructuras de pensamiento que hicieron posible la
incorporación al conocimiento occidental del concepto de
América que él llamó de invención. Así, publica a
continuación, 1958, La invención de América.14 Donde

13
op. Cit. nota 7
14
La invención de América. El universalismo de la cultura de occidente. FCE, México, 1958.

15 | P a g e
muestra cómo América va siendo y paradójicamente
conforme va siendo, va dejando de ser América.

La significación profunda de su historia estriba


pues en que va aniquilando su ser al mismo
tiempo que se va actualizando.15

Paralelamente a su preocupación por el ser de


América, O’Gorman encuentra, en 1945, otro de los
asuntos a que dedicó su atención a lo largo de su vida. Por
un hecho circunstancial le fue solicitado que hiciera un
estudio y una antología de los escritos de Fray Servando
Teresa de Mier. Consecuentemente con su interés en
penetrar en los procesos ideológicos buscó seguir el de
fray Servando y a partir de este seguimiento vio cómo se
iba constituyendo la idea del México nacional, de la misma
manera en que a partir de Acosta se preguntó sobre el ser
de América, O’Gorman se preguntó por el ser de México.

Pueden observarse varias vertientes a partir de este


trabajo, por una parte el interés en fray Servando que no
abandonaría ya y que lo llevó a publicar, años después, en
1981, el lúcido estudio con que prologó una selección de
documentos dentro de la publicación de las obras
completas del padre Mier, El heterodoxo Guadalupano,

donde intentó seguir, por sus pasos contados,


ese recorrido (la postura crítica de fray
Servando) hasta alcanzar su meta o si se quiere,
hasta lograr una formulación sistemática de la

15
op. Cit. p. 98

16 | P a g e
que llamamos la tesis guadalupana del padre
Mier.16

El asunto a que antes me referí, el ser del México


nacional, y por último, el que fue materia de su última
obra, la tradición guadalupana, estrechamente ligada a
otro de sus caros intereses, el criollismo.

Entre 1945 y 1981, O’Gorman publicó varios trabajos


donde observaba que la lucha entre liberales y
conservadores dio como resultado la elaboración de una
interpretación del pasado mexicano basado en etiquetas,
donde cada uno de los bandos caía en el contrasentido de
negar parte de su historia para estudiar su pasado. Por
esta razón se originaron dos tesis. De acuerdo con una de
ellas la llegada de los españoles y posterior conquista y
dominación del Imperio Mexicano, vino a terminar con
éste, en consecuencia la historia de México se inicia con el
desembarco de Cortés y con la fundación de la Nueva
España. Para la otra, en cambio, la época colonial es un
episodio del pasado de México que debe rechazarse como
algo que no le es propio.

La introducción de una nueva ideología, la


concepción evolucionista de finales del siglo XIX, ofreció la
posibilidad de que esos dos entes históricos, el Imperio
Mexica y la Nueva España, tuvieran cabida en la conciencia
histórica al considerar que el protagonista de la historia
nacional era el mestizo, en quien se reunían ese pasado
prehispánico y ese pasado colonial. Pero o’Gorman no
estaba de acuerdo con los evolucionistas en que el ser de

16
Ibidem p. 99

17 | P a g e
México era un ser esencialista que nunca cambió en el
proceso de su historia para él, había que desentrañar este
ser de México desechando la postura de desconocer la
existencia de una parte de nuestro pasado por lo que en
uno de sus textos declara:

¡Qué jubilo! ¡qué descanso si en la prensa,


el radio, la televisión y el cine; en la escuela y
en los gabinetes oficiales, en las celebraciones
patrias y en los recordatorios de aniversarios se
dejara escuchar el idioma conciliador de una
conciencia histórica en paz consigo misma o, si
se prefiere, de la convicción madura y generosa
de que la patria es lo que es por lo que ha sido,
y que si, tal como ella es, no es indigna de
nuestro amor, ese amor tiene que incluir de
alguna manera la suma total de nuestro
pasado.17

En busca del ser de México, y en relación con la


manera en que se fue constituyendo, O’Gorman también
incursionó en un tema que le fue muy caro, el criollismo.
Para él, el criollismo fue el proceso mediante el cual el
novohispano hizo suya la circunstancia americana con la
consiguiente transformación de su ser. Esta
transformación la apoyó en dos temas que adquirieron
mucha relevancia en la explicación de su proceso de
americanización: la antigüedad mexicana, convertida en su
propio y peculiar pasado y la tradición guadalupana que
tiene primacía en el proceso de formación de la conciencia

17
Del amor del historiador a su patria. Palabras pronunciadas al recibir el premio nacional de letras,
1974. Centro de Estudios de Historia de México Condumex, México, 1974. p. 23-24.

18 | P a g e
nacional, en ese momento en que el novohispano ya no se
considera español, pero en el que todavía no es mexicano.

La obra de don Edmundo tiene una gran coherencia


tanto en lo que se refiere a la relación temática de sus
trabajos como al método utilizado. El ponerse en el pellejo
de… señalado como camino a seguir en el estudio
preliminar de Acosta, fue la manera de trabajar de la que
nunca se apartó y la que le dio los frutos tan ricos,
originales y sugestivos con que renovó y revitalizó la
historiografía mexicana del siglo XX.

Los últimos años de su vida trabajó en el tema criollo


por excelencia: la tradición guadalupana, su último libro,
Destierro de sombras,18 es un cuidadoso y lúcido análisis
del surgimiento de ésta.

Espero que esta breve exposición sobre la obra de


Edmundo O’Gorman sea una invitación a seguir su
ejemplo de entrega a una vocación histórica sea la
nuestra, dentro de la circunstancia que no es propia, tan
rica, tan aportativa y tan generosa como fue la suya.

Para terminar me gustaría recordar las palabras que


don Edmundo dijo en el mes de septiembre de 1985,
dedicadas a Justo Sierra en un homenaje que le hizo la
UNAM en el septuagésimo tercer aniversario de su
muerte. Creo pueden ser aplicables en este homenaje:

Consideremos que también es de nuestra


condición –admirable astucia de la vida
consciente- la posibilidad ¡Qué digo! La
18
Destierro de sombras; luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe del
Tepeyac. UNAM, México, 1986.

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necesidad de recurrir a subterfugios para que la
vida sea algo más que disimulada muerte,
porque no está tan inerme el hombre como
para no poder laurear aquellas ilusorias
victorias en burla del sic transit gloria mundi,
subyacente en toda conmemoración y aquí de
la mayor gloria del historiador: la de
transubstanciar el pasado en presente,
prodigiosa alquimia de esa potencia del alma
que es el recordar y cuya etimología acusa la
vivencia de acarrearle al corazón para que allí
cobre nueva vida lo que el viento de la muerte
se llevó. Y así, si ciertamente la caducidad de lo
humano es condición de la existencia misma de
los aniversarios, (y –digo yo- de los homenajes
como este) conmemorarlos reviste el heroico
sentido de alzar pendón contra el tirano
entronizado en el solio de nuestro ser. No
abdiquemos, pues, el extraordinario privilegio
de comunicarles a los desaparecidos esa
manera de presencia que los capacita a recibir,
sea la ofrenda de nuestro amor, sea el
testimonio de nuestra admiración, sea el
tributo de nuestra gratitud. Los que se han ido,
son palabras del maestro Sierra, resucitan
perennemente en nuestras almas y,
enunciando un artículo esencial al credo de los
historiadores, añadió que en cada momento de
la vida de la humanidad viven más los muertos
que los vivos.19
19
Homenaje al fundador de la Universidad Nacional de México Don Justo Sierra. Septiembre 13 de

20 | P a g e
Muchas Gracias

1985, Centro de Estudios de Historia de México. Condumex, México, MCMLXXXVI. p. 15.

21 | P a g e
Nota: Este texto fue mecanografiado del original por Teresa
Franco, publicado en Memoria del XI Congreso de Historia
Regional ya citada, cotejado por María de la Luz Villegas Yuriar y
arreglado para la versión digital por Gilberto J. López Alanís e
incorporado a la Biblioteca Digital por Carlos Bastidas Calderón,
todos miembros del Consejo Académico de esta biblioteca

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