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Las industrias culturales


en lá integración latinoamericana

Néstor García Canclini


Carlos Moneta
COORDINADORES

Lugo Achlzi r
Sealtiel Alatriste
Gabriel Omar Alvarez
Lluís Bonet
Albert de Gregorio
Daniel Mato
Germán Rey
Rafael Roincagliolo
Raúl Trejo Delarbre
George Yúdice

Convenio Andrés Bello/ Fondo Nacional de las Artes/


Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires/ SÉLA/ UNESCO

..0-5-eudeba Secretaría Permanente


del Sisterría Económico Latinoamericano
La incomprensibilidad del ser
económico, o acerca de cultura,
valor y trabajo en América Latina

Hugo Achugar*

Reflexionar sobre la producción de valores económicos y simbólicos o sobre la


producción cultural y la creación de empleos en América Latina implica, antes
que nada, tener que fundamentar su existencia o su legitimidad como temática,
así como las fundamentales consecuencias que la misma tiene para la elabora-
ción de políticas culturales. Implica, de hecho, reflexionar sobre la incomprensi-
ble invisibilidad que parte de la academia -en particular pero no únicamente los
economistas- y de los administradores políticos tienen de un fenómeno cuya
presencia es insoslayable.
La investigación y el análisis de la relación entre cultura, valor y trabajo en Amé-
rica Latina hañ sido si no nulos, bastante escasos y, en el mejor de los casos, han
sido realizados desde presupuestos teóricos y disciplinarios antropológicos o
sociológicos, como una parte menor de investigaciones cuyos intereses no esta-
ban centrados en la elaboración de políticas públicas de la cultura. Esto se debe
a varias razones, pero entre las fundamentales es posible enumerar:

1) La persistencia en la sociedad latinoamericana de una concepción acerca de la


cultura que entiende que el "valor" cultural es simbólico y por lo mismo redituable
sólo a nivel espiritual, así como de una concepción "demonizada" de la "cultura
masiva" y de las llamadas "industrias culturales"';

* Profesor de la Universidad de la República, Montevideo, Uruguay.


1. Se entiende por "producción cultural", en el presente trabajo, no sólo la producción artística
tradicional -literatura, pintura, música, teatro y equivalentes- sino el conjunto de bienes y servicios
relacionados tanto con lo que se ha llamado "alta cultura" como lo que resulta de las "industrias
la ausencia de interés por la "economía de la cultura", tanto entre los encargados de d
y administrar políticas culturales como entre los economistas latinoamericanos, y lá
cuente ausencia de dicha problemática en los planes de estudio de las universidades dé
región; y en parte en función de lo anterior:
la ausencia de datos desagregados relativos a los bienes y servicios culturales en los info
y estadísticas suministrados por las reparticiones estatales que tienen a su cargo la infolio*,
ción económica a nivel nacional así como a nivel internacional en organismos regionales
como ALADI, CEPAL, SELA, etc.
El presente trabajo considera tanto las relaciones entre economía y cultura así como la relevan.-
cia del tema para la creación de empleo y para la instrumentación de las políticas culturales en
América Latina.

1. Introducción: el debate acerca de la cultura

La cultura entendida como el campo de las producciones simbólicas que incluye la producción _
artística tradicional pero no se limita a ella; es decir, la cultura como un sistema que incluye
llamadas "alta cultura", "cultura popular" y "cultura masiva" ha comenzado a ser objeto
análisis en América Latina desde hace un tiempo relativo. Sin embargo, los estudios y análi:
sis que han intentado dar cuenta de dicho sistema cultural no han considerado la variable--
económica y, de modo particular, no han considerado las implicaciones laboralés y económi-
cas de dicha producción tanto a nivel nacional como continental; salvo, claro está, la aten-
ción que se le ha prestado al "consumo cultural". Por otra parte, del lado de los economistas'T2
apenas comienza a ser considerado como un objeto legítimo de estudio y de investigación?
El debate sobre las relaciones entre economía y cultura, así como la información sobre
significado económico de la cultura, presentan un desarrollo claramente diferenciado en los
países latinoamericanos; según los ámbitos en que se realice: en ámbitos político-administra- -
tivos y económicos está todavía en una instancia de legitimación; es decir, la propia pertinen-
cia o legitimidad de que los economistas, los cientistas sociales y/o los encargados
diseñar e instrumentar las políticas culturales estudien las implicaciones económicas y labo---
rales del sistema cultural está en un proceso de discusión. A lo más que se ha llegado es a - -
analizar desde un punto de vista económico algunos sectores del sistema cultural, en particu-
lar el vinculado con las "industrias culturales" (cine, video, televisión, etc.), mientras los

culturales" o "cultura masiva" -radio, televisión, revistas, discos, conciertos, recitales, videos, cable,
etc.-, de la "cultura popular" o "cultura folclórica" -artesanías, eventos populares del tipo ferias.
"fiestas folclóricas", etc.- y de las diversas instituciones "culturales" -casas de cultura, museos.
galerías, etc.-; sin tener en cuenta, por otra parte, todo lo relacionado con el ámbito de la educación.
Algunos trabajos e investigaciones sobre el significado económico de la cultura tienden a incluir
además otras áreas entre las que se destaca: el turismo, la informática y el deporte, Ver al respecto
el análisis de Maurcio de María y Campos en relación con el TLC.
2. Entre los pocos ejemplos posibles de ser nombrados cabe mencionarse en Uruguay los trabajos
de los economistas Claudio Rama y Luis Stolovich.
sectores tradicionales -"alta cultura" o las instituciones vinculadas al sistema de la "alta
cultÚra" (museos, conservatorios, etc.) y la "cultura popular"- quedan fuera del alcance de
dichas investigaciones o reflexiones. Por otro lado, en el ámbito de los estudios culturales
hace poco tiempo se ha comenzado una reflexión que aparece foealizada en torno al llamado
"consumo cultural" y a la "integración regional".
Por oil.' a parte, el debate latinoamericano -desarrollado entre algunos administradores cultura-
les- sostiene posiciones como la siguiente, del director de Cultura de la Intendencia Munici-
pal de Montevideo, que demuestra el estado de la investigación y de la discusión:

"(...) la costumbre es oír a la gente de la cultura hablando délos valores sublimes del
arte o del próximo evento a realizarse, pero no es común participar en discusiones
acerca de la incidencia del hecho cultural en la economía del país y viceversa." -
"(...) conviene evitar algunos reduccionismos que se han expresado desde que apa-
recieron las primeras cifras (se refiere a los avances de una investigación sobre el
significado económico y laboral de la cultura en Uruguay realizado en 1996, H.A.).
No se trata de "demostrar la rentabilidad" de la cultura para poder "vender" o "nego-
ciar" con la autoridad o el patrocinante de turno. Eso puede ser una consecuencia del
estudio realizado, pero es menor. En el fondo está todo lo otro que puede resumirse
en la necesidad de conocer dónde estamos parados, sobre qué bases ciertas se
desenvuelve una actividad que refiere a una necesidad básica del ser humano."
(Gonzalo Carámbula, 7 y 9).

Por su parte, desde la Presidencia de República de Colombia se recoge -en una publicación que
da cuenta del debate desarrollado en 1995 "en torno a la Ley General de Cultura y a la creación
de un Ministerio de Cultura en Colombia"-, entre otras, la opinión de Cristobal Halffter quien
sostiene lo siguiente:

"Claro que las más importantes instituciones culturales de una nación son deficitarias;
siempre lo han sido y así lo serán en el futuro. Pero ya es hgra de hacer saber a quien
corresponda que su rentabilidad consiste en proporcionar otros bienes que no son
mensurables en dinero pero sí en grados de libertad, en nivel de independencia de
pensamiento y formación, que son lo que hacen que el ser humano pueda adquirir
madurez y la sociedad en la que vive una mayor capacidad de enjuiciar su entorno y no
dejarnos embaucar por demagogias baratas". (313).

Sin embargo, en la misma publicación, Giovanna Carvajal Barrios sostiene que:

"Lo lamentable es que (...) en muchos países, de manera particular en el nuestro (Co-
lombia, H.A.) los dirigentes aún ignoran la presencia de las industrias culturales en la
conformación de la cultura. Esto tiene que ver, en primer lugar, con la noción de cultura
que manejan instituciones gubernamentales y sus funcionarios, según la cual cultura
se reduciría al folclore o las bellas artes, y las políticas culturales se limitarían al rescate
y conservación de los mónumentos". (197).
-
La diversidad de opiniones refleja el estadio de transición en que se encuentra el debatéláti
I „
americano respecto de la ecuación economía-cultura y, en especial, la problemática del "<
i. .
y la cultura" así como de la relación entre cultura e industrias culturales. Sin embarg-o-J.--4-a
jos recientes —sobre todo a partir del análisis de los fenómenos de globalización y de-lot7
procesos de integración regional— han comenzado a discutir no sólo los aspectos del "C-o
sumo cultural" sino también las implicaciones que el sistema cultural y la producción- én-lir
bienes y servicios tienen para con la vida económica de los países latinoameriCands.
Si bien en Cierto modo se puede afirmar que el debate latinoamericano está mayoritariamente"
influido por una concepción frankfurtiana, según la cual las industrias culturales son "enerni::
gas" de una concepción humanista de la cultura y propenden a la "alienación" de los sereST
humanos —posición sostenida si no estrictamente en estos términos al merios en su espíritu- L y
que, por lo mismo, implícitamente rechaza o resiste Un análisis que tienda ya no a vincular valor -
económico y valor cultural sino a integar en su "valoración" y en sus análisis aquellas manifes-:
taciones culturales que estén vinculadas al "mercado"; también es cierto que hay trabajos más
recientes que aspir'an a otra lectura del fenómeno sin que ello suponga una posición a-crítica
la "calidad" de la producción Cultural relacionada con la "cultura masiva". -

Entre otros, Néstor García Canclini plantea en Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales— _
de la globalización no sólo la ausencia de "una teoría sociocultural del consumo" sino que —ló
cual es más relevante para la presente reflexión— a partir de una definición del consumo como "el
conjunto de procesos socioculturales en que se realizan la apropiación y los usos de los produo,
tos" se propone ver a "los actos a través de los cuales consumimos como algo más que ejercicios
de gustos (...) tal como suelen explorarse en encuestas de mercado" (42-43).
Fuera de América Latina, el debate presenta aspeCtos específicos; en este. sentido, resultá dé -
interés la posición del inglés Andrew Sayer quien en "The dialectics of culture and economyis;
the economisation of culture and the culturalistation of economy" sostiene que:

"Against those cultural theorists who have claimed that the distinction between culture
and economy is now defunct, I argue that the former includes intrinsic or non-instrú-
mental values while the latter is essentially a kind of instrumental action, and that this -
distinction is of considerable moral and political importance. By reference to the social
and cultural embedding of economic practices, work culture and consumption, and
especially politics and the alleged shift from an economic politics of distribution to a
cultural politics of recognition, it is argued that what appear to be cases of
`culturalisation of economy' often involve an instrumentalisation of culture for economic
ends. Although cultural values are not always good, and the instrumentalisation of
culture for economic ends has good as well as bad effects, recent kinds of cultural
studies have been complicit in the economisation of culture and its reduction of moral
and political values to matters of lifestyle and consumer preference"3.

3. En la página "Cultural Turns 1 Geographical Turns. Plenary talks: titles, abstracts and further
reading." De Internet se recoge lo planteado en el Modulo 3: "Culture and political economy" Andrew
Lo postulado por Sayer parecería ir a contra corriente de la posición que reclama la necesidad de
andizar las características y la importancia de la relación entre economía y cultura rescatando
la distinción entre cultura y economía en función del valor; es decir, rescatando una distin-
ción fundada en el carácter instrumental o no de la cultura. De hecho, dicha posición evoca
o parecería evocar la distinción entre "valor de uso" y "valor de cambio" de cuño marxista e
insistirla en el carácter particular que presenta la producción cultural en relación con el tema
del valor.

Ahora bien, la posiCión de Sayer supone un estadio del debate donde lo discutido no es la
relevancia económica de la cultura sino por el contrario los riesgos de una "excesiva"
economización de la cultura. En este sentido, parecería ser que el debate hubiera superado
ampliamente el estadio de su pertinencia o legitimidad y hubiera alcanzado un nivel de con-
froni ación en torno a temas vinculados con la conexión entre "comsumo" y "ciudadanía",
que si bien pone en cuestión la disolución de la frontera que separaría "cultura" de "econo
mía" —como argumenta Sayer— no deja de reconocer que las relaciones existan y que su
debate supoga materia de relevancia a nivel moral y política. De hecho, la argumentación
acerca de los riesgos de una "excesiva" y eventual economización de la 'cultura parecería
hacerse eco del debate en torno a la función que cumple el "mercado" y la producción
cultural .4
Pero el debate acerca de la relación entre economía y cultura ha introducido otras posiciones
acerca la "economización de la cultura"; esto es lo que ocurre por ejemplo en el Reino Unido
con lo que podría denominarse el estudio del "consumo cultural". Así Suzanne Reimer y
Deborah Leslie sostienen que:

"...that a commodity chain, or systems of provision, approach allows researchers-to


address more carefully the complex interplay between morñents of production and
consumption (,.. y en ese sentido entienden que se debe considerar seriamente el

Sayer plantea bajo el título "The dialectic of culture and economy: the economisation of culture and the
culturalisation of economy." Lo siguiente: "Abstract: The paper is prompted by the 'cultural turn' and
the accompanying decline in interest in economic matters, and the possibility that it may be a
responsé to a change in the dialectic of culture and economy, in which economic phenomena are
becoming increasingly 'culturalised'. Against those cultural theorists who have claimed that the
distinction between culture and economy is now defunct, I argue that the former includes intrinsic or
non-instrumental values while the latter is essentially a kind of instrumental action, and that this
distinction is of considerable moral and political importance. By reference to the social and cultural
embedding of economic practices, work culture and consumption, and especially politics and the
alleged shift from an economic politics of distribution to a cultural politics of recognition, it is argued
that what appear to be cases of 'culturalisation of economy' often involve an instrumentalisation of
culture for economic ends. Although cultural values are not always good, and the instrumentalisation
of culture for economic ends has good as well as bad effects, recent kinds of cultural studies have
been complicit in the economisation of culture and its reduction of moral and political values to matters
of lifestyle and consumer preference." Internet: http://www.geogiamp.ac.uk/culturalturns/Page4c.html
4. El análisis de la relación entre "mercado" y "cultura" está presente por ejemplo en el trabajo de
Alicia Entel recogido en Cultura Mercosur, donde se expresa una de las posiciones en las que está
planteado el debate.
argumento de) ... Jackson and Thrift's (1996) ... that boundaries between the eco
and the cultural still remain remarkably persistent. "It is still too often assumed,?
argue, "that cultural approaches to the economic are confined to the field of consum
(rather than extending to all areas of economic life)." (ibid. 229)5.

En ese sentido, el debate acerca de la relación entre economía y cultura no parecería radicádo.,__
sólo en el ámbito del llamado "consumo cultural" sino también en otras "áreas de lá -Vida
económica" lo que permitiría suponer que junto al "consumo" estarían, por lo menós, lis--
instancias de producción, circulación y reproducción así como otros aspectos referidos a la
socialización en el lugar de trabajo y en los demás ámbitos de la vida cotidiana.
La diversidad de posiciones presentes en la reflexión referida a la relación entre cultura y econo-
mía no sólo tiene que ver con distintas posiciones teóricas o con distintos ámbitos disciplt-
narios desde donde se desarrolla, tiene que ver además con el dato obvio de que se discute -
y se teoriza a partir de distintos lugares. Es decir, tiene que ver con el desigual desarrollode
la cultura y de las disciplinas y teorías pero muy especialmente con las diferentes agendas.
r políticas donde se desarrollan y desde donde se partipa en dichos debates; es decir, del lugar
desde donde se habla6.
En lo que refiere a América Latina es posible señalar que existen distintas problemáticas:
1) La primera está referida a la ausencia de investigaciones vinculadas al establecimiento del -
significado económico de la cultura.
Esto también presenta diferencia en su tratamiento entre América Latina y algunos países del
llamado primer mundo. Así, mientras es posible disponer de datos referentes al peso del sector :-
cultural en el PBI y en el empleo para países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Suecia
y los Países Bajos en relación con los países de América Latina esa información es escasa.'

La cita completa es como sigue: "Questions surrounding the nature of tinkages between economy
and culture form the central focus of the paper, which draws upon plenary talks presented by
Andrew Sayer and Linda McDowell. Arguments derive from a collaborative research project examinin g
commodity chains in the borne furnishings industry, which seeks to explore the specific relationships
that unite production and consumption and the role that space plays in mediating relationships
across the commodity chain. The first section of the paper argues that a commodity chain, or
systems of provision, approach allows researchers to address more carefully the complex interplay
between moments of production and consumption. Here, the paper takes seriously Jackson and
Thrift's (1996) claim that boundaries between the economic and the cultural still remain remarkably
persistent. "It is still too often assumed," they argue, "that cultural approaches to the economic are
confined to the field of consumption (rather than extending to alt areas of economic !líe)" (ibid, 229).A
second section utilises the authors' ongoing study of the home furnishings industry in the UK and
Canada to illustrate interactions between different sites in the commodity chain. We would argue that
links are not strictly linear, but rather that the connections are forged in a weblike fashion"
La idea del "lugar desde donde se habla"(Achugar, 1994) es afín a lo planteado por Walter
Mignolo en relación con los "loci de enunciación" y a lo planteado por Michel de Certau en relación con
el "lugar donde se discute la cultura". De Certau señala al respecto que "Nao poderemos, portanto,
discutir a cultura assim como seus aspectos globais, sem reconhecer, em primeiro lugar, o fato de
que tratamos desse assunto apenas segundo um certo lugar, o nosso. Nunca podemos obliterar
nem transpor a alteridade que mantém, diante e fora de nós, as experiéncias e as observaÇóes
ancoradas alhures, em outros lugares. Estamos. portanto, sujeitos á lei tácita de um lugar particular"
(222).
segunda se relaciona con la importancia que el conocimiento del volumen económico de la
ltura tiene respecto de las políticas públicas.
cho, aparentemente de escasa trascendencia para el debate teórico, tiene una relevancia
ndamental a la hora de la elaboración de las políticas culturales, tantg a nivel público como
ivado. Por ejemplo —para referirnos sólo a los procesos vinculados con negociaciones
mo las de la Ronda Uruguay o a los tratados de integración regional—, cuando en los países
tinoamericanos se intenta responder a preguntas como las siguientes: ¿qué está pasando
on las políticas culturales en tanto espacio de confrontación y de negociación de los diver-
s agentes sociales del país?, o en otros términos: ¿cuál es el posicionamiento que el Estado
la sociedad civil tienen respecto de los diversos proyectos de país en el marco de los
versos procesos de integración regional y de la globalización?, o incluso: ¿cuáles son los
ectores de la actividad cultural pasibles de ser negociados y en qué condiciones se deben
ealizar tales negociaciones en el marco de los procesos de integración regional o de las
egociaciones mundiales? Se procede, en general, sin contar con una información adecuada
cerca de cuál es la realidad económica de la actividad cultural.
os debates acerca de la circulación de bienes y servicios culturales en muchos de nuestros
aíses aparecen atravesados por la oposición entre "universalismo" versus "nacionalismo"
ultural y suelen derivar en otros debates respecto de la necesidad de replantear la función
el Estado como productor de cultura, argumentándose fuertemente la necesidad de un
Estado de bajo perfil" en relación con la cultura y también la necesaria "privatización" de la
ultura.
aspecto del debate muestra una preocupación o un nivel de discusión centrado en uno de
os clivajes tradicionales de la "alta" cultura latinoamericana: la tensión entre "universalis-
mo" y "localismo"; tensión que atraviesa la historia de la cultura continental desde, por lo
menos, el siglo pasado y que ahora se sobrepone a la de la transformación del Estado y a la
de la "globalización". Pero dicho debate se desarrolla en medio de un desconocimiento casi
absoluto de los datos básicos o "datos duros" relativos al comportamiento y al desarrollo del
sistema cultural de los distintos países de América Latina, lo que a la hora de elaborar
políticas culturales, en relación con los procesos de integración regional y con la globalización,
no permite que el debate intelectual logre dar cuenta de las transformaciones económico-
culturales.

. La producción de valores económicos y simbólicos.

ngoise Benhamou comienza La economía de la cultura con la siguiente afirmación de Alfred


Marshall realizada en 1891:

"Es imposible evaluar objetos tales como los cuadros de los grandes maestros o las
monedas extrañas, puesto que son únicos en su especie y no tienen equivalente ni
competidor (...) El precio de equilibrio en las ventas [de dichos objetos] se fija muchas
veces al azar; sin embargo, un espíritu curioso podría obtener cierto grado de satisfac-
ción realizando un minucioso estudio de este fenómeno." (Benhamou, 19).
De 1 /591 i
al presente la economía de la cultura se ha ido desarroll , -,. .
reconócimiento in stitucional con un trabajo de ando hasta obtener en I
inv estigación de David Throsby
of Economic Literature.
El hecho de que en algunas ec eller-fi;
sólo la i ndustria cultural sea una onomías la cultura en -- ...,
parte im geneiaLy
- • -.. 4.
reconocido en los países portante del PBI no ha sido lo suficientem
latino americanos como
para que la inv estigación y el
relevancia de la cultura en relación con la fuerza de trabajo an álisis dé
sido e y su portancia im--
eco nómica ha
ncarados con el rigor que otros aspectos de la
ono
economía y del trabajo —
con un significado mucho menor— son realizados. muchas v_

Es evidente,y ha sido señalado en muchas
oportunidades, que la relación entre valor econó .. . ,..,
y valor cultural (o simbólico) no es n
generan . valor ec onómico lo ecesaria. Es decir, mientr as algunos productos cul
c ontrario — turales.
productos con valor económi
mpre es cierto. El tema es particularmente co que generan valor- .:
relevante pues supone no sólo —
diferencia entre valor económico y una .- _- -
cia en el func ionamiento de ambos valor cultural o simbólico sino también una cia ra difer: -
v en'
entre bienes ( mercaderías) y alores; más aún, cabría en el caso de la cultura diferente
servicios'. ar .. -
Ahora bien, si es cierto que una de las d
otro c iferencias más e
videntes entre un "producto cultural"
ualquiera radica en el hecho de que ambos mantienen
inversión, trabajo y re relaciones no homólogas
ntabilidad, también es ciertoqu e ntre- - -
para todo tipo de producto cultural. Es d e esto no funciona de manera univ
ersal
ecir, en algunos casos —sobre todo en el ámbito
la "alta cultura"— la relación entre inversión, trabajo y rentabilidad 4_ _
es medible ya no con los pa c así omo su d urabilidad
rámetros de referenci a de los p nii'- --
sino que tampoco lo es en referencia con lo roductos culturales en general,;1--:--
No cabe duda que esta suerte de "especificidad"s productos culturales de la cultura masiva. . ,« A _,...,,,
ec
desafíos a la teoría e onómica del producto cultural ha planteado'----'-'-
conómica
_ general. En especia
tiene que ver con el com l, uno de los factores más problemáticos
durabilidad. La caducidadportamiento
o la per
de ciertos "productos c
ulturales" en términos de la

manencia del producto cultural no es det _


antemano como ocurre con otro tipo de p erminable de
materiales o del trabajo inv roductos ni tampoco depende de la i
olucrados en su producción. nversión, de los .
Así, es posible pensar que ciertos productos
c ulturales pueden producir una
ofrecer una d rentabilidad y
urabilidad en
doctos de gran rentabilidad y d proporción inversa a su inversión; es decir, mientras ciertos pro- ---
urabilidad fueron realizados
inversiones multi millonarias no logran
imp revisibilidad del producto cultural re ntabilidad y su d
— urabilidad es escasa. La -------
pertenezca ya a la cultura masiva, ya a la alta cultura—
es uno de desafíos centrales en relación con el análisis del valor
especificidades. Otra, como ya y c onstituye una de su
v iéramos, lo con stituye las s
dad, pero en el caso articularidades de su
.o de la re ntabilidad el rentabili- :.:.?„,
.1 debate —como surge de la posición expresada por
-Ialffter— no sólo se da en sus peculiaridades económicas.

rela
7• De hecho, la diferencia ya existe por ejemplo en el modo en que ALADI registra los rubros
cionados con cultura pues dicha institución sol
culturales pero no el de los servicios. amente toma en cuenta el int
ercambio de bienes

316
Sin embargo, estas especificidades del comportamiento de la producción cultural no parecen
resolvIrse tampoco recurriendo a la tradicional caracterización que supone una diferente
función del producto cultural. Es decir, no parece suficiente señalar que el producto cultural
satisface necesidades "espirituales" y . que su consideración debe regirse por teorías del
valor propias. Por lo anterior, un análisis que enfatice la condición de mercadería y considere
de modo, especial el llamado "consumo cultural" no sería —de acuerdo con esta concepción-
pertinente.

Ahora bien, para la línea de argumentación precedente parece seguir teniendo validez la distin-
ción entre "valor de uso" y "valor de cambio" a la hora de considerar la producción cultural,
lo que cuando se trata de determinar políticas culturales y sobre todo de definir la función del
ámbito público y del ámbito privado en relación con el sistema cultural se vuelve particular-
mente relevante.

La tradicional y decimonónica concepción de la cultura como "bellas letras" o "bellas artes" se


apoyaba en su oposición con el interés mercantilista de la actividad industrial o comercial
desarrollada por la sociedad en su conjunto. En ese sentido, se entendió en muchos países
latinoamericanos que la producción cultural era una tarea que por sus especiales caracterís-
ticas —entre las cuales no era menor el hecho de su "escasa" rentabilidad— debía ser encarada
por el Estado o de no ser así al menos subsidiada. Más aún, a pesar de que la primera etapa
del desarrollo de la industria cultural —cine, radio e industria discográfica— se dio antes de la
década los cincuenta cuando todavía no se había instalado plenamente la televisión, la
vinculación entre "cultura" e "industrias culturales" no sólo no era considerada válida sino
que además era una cuasi contradicción en términos. De este modo, los nuevos productos
culturales podían ser entendidos como productores de valor en el sentido de "valor de
cambio" mientras que no se consideraba que su "valor simbólico" o "cultural" fuera especial-
mente significativo.

La concepción tradicional reconocía ámbitos diferenciados para la "alta cultura" y para la "cultu-
ra comercial" en términos de actividad económica que hoy no parecen ya tener sentido. Las
empresas editoriales, los mega shows de tenores líricos, las galerías de arte y las subastas de
arte suponen una "industrialización" de la "alta cultura" impensable para el paradigma espi-
ritualista y anticomercial de la cultura.

En este sentido, se ha producido un parcial retiro del Estado en la financiación de la cultura


que apenas se limita, en el mejor de los casos, a hacer inversiones estratégicas para proyec-
tos políticos o inversiones de infraestructura (complejos culturales, teatros, museos, etc.)
que aun cuando no siempre sean rentables a nivel económico, los son a nivel de la "renta-
bilidad" política.

Por último, la idea de que uno de los problemas centrales de la producción cultural contemporáea
es la financiación y la inversión no siempre rescatables ha determinado modificaciones —en
algunos países— del sistema tributario. En ese sentido, la antigua "ley Sarney" de Brasil, así
como la ahora vigente, han "privatizado" la financiación de la producción cultural, en
lar aunque no únicamente de la "alta culttira", y restituido de hecho la vieja füriCi
"mecenazgo cultural".

Lo anterior muestra que la producción de valores simbólicos y econó micosplantea para


concepción tradicional de la cultura una serie de desafíos cuya resolución incide de m
fundamental en la elaboración de políticas públicas. Más aún, muestra que la determinad&
del valor económico de la cultura no significa desconocer su valor simbólicoy a la vez que
más que posible que el valor simbólico implique un valor económico no siempre visible:-

2.2. Invisibilidad de la generación de empleos

El trabajo cultural en términos de empleo parece, a su vez, también ser invisible en América :
Latina. Esta invisibilidad no sólo refiere al hecho de que la sociedad no "valore" el trabaid_
cultural como fuente de empleo y de riqueza sino además al hecho de que se desconozca
importancia y significado.
En ese sentido, la fuerza de trabajo involucrada por el sector cultural es mucho mayor de lo que
comúnmente se cree y de lo que registran los diversos estudios sobre el empleo en nuestros
países. Entre otras rázones, porque gran parte del trabajo aparece registrado en rubros
desagregados en función de la variable cultural. Esto es válido no sólo para el empleo a nivel_:7"
estatal sino también privado.
Pero el hecho de que el trabajo generado por el sistema cultural sea invisible en censos y análisis
del empleo no explica todo. Tampoco lo explica el hecho dé que el número de "trabajadorés
- culturales" que logran altos niveles de ingreso sea reducido. Después de todo, si se analiza
la estructura de ingresos en la mayoría de las actividades el número depersonas que logran
• una remuneración comparable a la de los creadores, intérpretes o empresarios exitosos no es:-ter-
muy diferente.
Es posible que además de la tradicional desvalorización y por lo tanto del "desprestigio" del
empleo cultural operen otros factores en esta desatención. Una parte importante de los
trabajadores culturales —sobre todo entre creadores, intérpretes y artesanos— presentan
características propias del sector informal y por lo mismo no están integrados al aparato de
prestaciones sociales, seguros médicos, tributación, sistemas jubilatorios, etc. Esta "infor-
malidad" de gran parte del sistema de producción cultural lo vuelven —a menudo de modo
inconsciente— asimilable a una suerte de "marginación" del sistema laboral y productivo.
Marginación que opera además en el sistema de valores de la sociedad supuestamente
"productiva" y también en el horizonte de expectativas del conjunto de la sociedad que
desecha la posibilidad del trabajo en el sistema cultural y apuesta a los otros tipos de trabajo.
Sin embargo, y a contrario de lo que se podría suponer, como señala Luis Stolovich no son todos
informales y sólo creadores quienes trabajan en la cultura.

La cultura es una importante fuerza de trabajo para creadores, intérpretes, empresarios,


empleados y trabajadores independientes de empresas productoras, industriales, de
, medios, de comercialización mayorista y minorista de agencias de publicidad, institu- .
Eones culturales, etc., así como para quienes se ocupan en actividades anexas, enca-
denadas a la producción cultural, en servicios técnicos, de apoyo, etc. (289).

esta enumeración de trabajadores es posible agregar a aquellos, '"más cerca de la imagen


informálizada del trabajo, que "realizan una práctica amateur de las artes y la cultura, como es
el caso de los plásticos o músicos" (...) y aquellos "familiares no remunerados en algunas
actividades como la artesanía", donde se estima —para el caso de Uruguay— que hay entre
uno y dos familiares por cada artesano (Stolovich, 290).
cierto también que el número de trajadores involucrados por el sistema cultural no se refiere a
personas con empleo de tiempo completo y que el multiempleo ha sido una característica de
la producción cultural. Sin embargo, el trabajo —directo e indirecto— generado por la actividad
cultural es mucho mayor del que normalmente se piensas.
hecho de que en varios países el complejo cultural tenga un peso mayor al de varias
industrias de importancia tradicional tanto en relación con el PBI como en la generación
de empleo —en el Reino Unido supera a la industria del automóvil y de la alimentación
situándose en el mismo nivel que las industrias químicas y los textiles sintéticos y en
Estados Unidos sólo el subsector de las actividades culturales realizadas por organiza-
ciones sin fines de lucro emplea casi tantas personas como el sector de la construcción
y más que la minería, los servicios jurídicos, la policía o la forestación-9 no parece, sin
embargo, haber generado entre los responsables tanto de la conducción como de la
sistematización de la información económica de América Latina una preocupación por su
recopilación y por su estudio.
a invisibilidad del trabajo generado por el sistema cultural se vuelve particularmente relevante
no sólo por indicar los "silencios" que suponen los estudios que intentan dar cuenta de
nuestra sociedad sino por la importancia que representan a la hora de determinar las políticas
de creación de empleo en nuestros países. La creciente preocupación respecto del desem-
pleo estructural y la multiplicación de planes, en los distintos países y en algunos organis-
mos internacionales, no parece considerar el sector cultural como un área de gran potencia-
lidad en la generación de empleos.
sto, sin embargo, plantea el desafío de atender a la parcial "informalidad" que presentan ciertos
sectores de la producción cultural, lo que obligaría —como empieza a ocurrir en varios países—
a estudiar no sólo sistemas de tributación que los integre m sino también sistemas de recono-

Para el caso de Uruguay -con una población total de 3. 142,000 habitantes- se ha calculado que
la cultura emplea cerca de 65,000 personas.
Estos datos son citados por Luis Stolovich en La cultura da trabajo (11). En el mismo estudio se
aportan datos relativos a Argentina donde el "complejo editorial, sonoro, audiovisual y las inversio-
nes institucionales realizadas en la cultura, representan entre el 4 y el 5 por ciento del PBI, según
datos de 1992; (y que) duplican el nivel de minas y canteras e igualan el nivel de la construcción y del
sector transportes y comunicaciones" (11).
10. Y que evite el desarrollo de industrias culturales al margen de convenios internacionales, como
durante mucho tiempo ocurrió en Paraguay donde no se cumplían los acuerdos del Convenio de
Berna respecto de los derechos de autor.
cimiento y de aporte a las distintas formas deprevisión social que permita inclur,
trabajadores involucrados en el sistema cultural. •r

3. Consecuencias para la reelaboración de políticas culturales .


En el debate en torno a la Ley General de Cultura y a la creación del Ministerio de Cultura éá
Colombia, Carvajal Barrios señalaba que "las personas que tuvieron bajo su responsabilidad..
la redacción de la nueva ley de la cultura se encuentran muy distantes de la perspectiva”
(199) que tomaba en cuenta el papel de las industrias culturales. En esa línea de argumenta;T?---
ción se preguntaba:

¿Por qué negar que en muchos de los casos las industrias culturales representan una
alternativa para afrontar el problema económico (financiación de los costos de produé=1'.
ción y distribución) y para lograr un desarrollo significativo en el campo cultural (ami.
.
pliación del público receptor) (198-199).

Resulta claro que la persistencia de nociones anacrónicas de la cultura así como la ignorancia yliz- J-..;
no del potencial económico y de la importancia a nivel del empleo de la actividadculturarn-: -
—incluidas las industrias culturales y las artesanías— afecta de una manera fundamental la _•.-
elaboración de las políticas culturales entre nuestros países.
....
Al mismo tiempo, la función del Estado en términos asistenciales o de inversión ha llevado'
algunos responsables de la administración cultural a preguntarse:

... si se trata de una política asistencial o de inversión; si se va a financiar la oferta o si


se prefiere subsidiar la demanda; si se trata de una política de coyuntura o un plan a
largo plazo; si se va a intervenir en cultura erudita o en cultura contemporánea; si se va
a crear cultura o a articular iniciativas sociales, o ambas (Errandonea, 65).

Las preguntas acerca del papel del Estado respecto de la cultura no supone sin embargo que la ,
producción cultural dependa exclusivamente de éste. Después de todo y como señala el
mismo Errandonea "en materia de políticas culturales se necesita de un insumo de la socie-
dad" a lo que agrega que "En el límite, si desapareciera el Estado, la cultura subsistiría" (66).

Todo esto plantea que la elaboración de las políticas públicas respecto de la cultura siendo
responsabilidad del Estado no se agotan en su protagonismo. Lo que no significa que el -
Estado no tenga una función a cumplir; entre otras la de elaborar "estadísticas culturales"
que como señala Mara Pérez, encargada del Departamento de Estadísticas de la Dirección de
Educación del Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay, adquieren relevancia

...cuando permite la comparación con otras realidades, por ejemplo en el marco regional
Mercosur o con países más desarrollados...;
La incomprensioidaaa Gel ser eculiulinuu u dueiud ue 1.U11Uid,

o que le permite afirmar que

es necesario poner las estadísticas al servicio de las necesidades actuales de diagnós-


tico mediante la construcción de indicadores que permitan irilerpretar las estructuras y
qináinicas que caracterizan al sector cultural. Un sistema de indicadores como una
herramienta más para la generación de políticas culturales, la toma de decisiones, la
implementación de acciones y su evaluación (129).

¿Significa lo anterior que el papel del Estado en relación con la cultura deba reducirse al de
instrumentador de estadísticas e investigaciones? La respuesta obviamente es negativa.

Lo señalado por Mara Pérez es relevante en otro sentido. Es relevante en cuanto señala la
necesidad de conocer las realidades que caracterizan al sector cultural y su importancia
respecto de la elaboración de políticas culturales. Es relevante además para poder procesar el
tema central de cuál debe ser la función del Estado —asistencial o de inversión— respecto de
la cultura. Pero además es fundamental para poder dar cuenta de algunas de las problemáti-
cas implícitas en el planteamiento de Carvajal Barrios que, aun cuando referidas a Colombia,
• tienen validez para toda América Latina. Me refiero a la democratización de la cultura o, como
ella dice, de la ampliación del público receptor. Y también para poder elaborar algunos de los
desafíos económicos represantados por la generación de empleo y de riqueza.

A lo largo del presente trabajo se ha insistido en señalar que la invisibiliaad de la economía y del
trabajo en relación con el sistema de producción cultural es determinante a la hora de la
elaboración de las políticas culturales. Esto no impide afirmar que esta invisibilidad es incom-
prensible en tiempos en que la globalización económica y cultural no permiten ya continuar
trabajando con concepciones anacrónicas de la cultura y exigen una absoluta eficiencia. Lo
cual, es importante recordar, no significa una "economización de la cultura" ni una sustitu-
ción de la cultura por el mercado.

Por el contrario, hacer visible la relación que el sistema cultural tiene para con la economía y la
generación de empleo en nuestros países en estos tiempos de globalización posibilita pensar
políticas culturales que permitan el desarrollo pleno del potencial creativo de los latinoame-
ricanos.
Hugo Acnugar

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Germán Rey