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Pontificia Universidad Javeriana

Horizontes Históricos y Teológicos de la Educación


Prof. Rosana Navarro
Elaborado por Johnny Torres Flórez

El termino evaluación siempre ha sonado como el “coco” de la educación, entendiéndose


como una de las formas más clásicas de medir los conocimientos por parte de un maestro a
sus estudiantes por medio de distintas metodologías, que en algunos casos resultan ser un
poco destructivas en vez de ayudar al crecimiento del estudiante. La evaluación en la mayoría
de los casos determina la calidad de la clase y del estudiante, aunque a veces nos encontramos
con estudiantes brillantes en clase, participativos, interesados y colaboradores, pero en las
evaluaciones les va mal. Con estos casos y con el miedo- si se puede decir así- que genera en
los estudiantes la evaluación nacen tres preguntas: ¿será necesario seguir evaluando? ¿cómo
y qué evaluar? ¿la evaluación tiene la última palabra en el acto educativo?
En el texto “La evaluación del proceso de aprendizaje. Fundamentos básicos”, se puede
encontrar una explicación que da respuesta a las preguntas anteriores. Se inicia diciendo que
la evaluación es una obligación del docente, pero que el fin de esta no es catalogar o ponderar
más a unos estudiantes que a otros; lo que busca es ser una herramienta para poder tomar
decisiones sobre el curso o clase que se va a desarrollar en un periodo de tiempo. Aunque en
términos pedagógicos este sea el fin en el modelo tradicional se sigue con la idea de
cualificar, de colocar la responsabilidad solo en el estudiante, cuando muchas veces el
docente también necesita ser evaluado.
La evaluación debe ser una forma de dialogo entre estudiante maestro, que les permita
conocerse y saber cómo se pueden ayudar entre sí. El maestro debe prestar toda la ayuda que
pueda desde su labor y el estudiante debe ser presto a aceptar esta ayuda y ser sincero con su
propia forma de aprender, aquí todos lo que rodea al estudiante y al profesor influye y ejerce
ayuda para que la evaluación sea fructífera. Herramientas tecnológicas, disposiciones
espaciales, creatividad metodológica, intercambio de saberes entre otras son ayudas que
permiten un desarrollo del acto educativo.
Dentro de las definiciones y significaciones epistémicas de la evaluación, se puede considerar
que la más cercana a un modelo educativo que se re-interpreta y se innova es la de Jesús
Nieto en su libro “Autoevaluación del docente. Como puede el maestro evaluar su práctica”
donde define evaluación como un acto de valor que permite re- pensar el sistema escolar
según el desarrollo y las necesidades educativas que se van presentando, abarcando todo el
sistema.
En relación con lo mencionado el texto “La Evaluación de Enseñanza-Aprendizaje.
Conceptos básicos” desarrolla la evaluación en dos campos el primero en el de la enseñanza
y el segundo desde el aprendizaje. Cabe resaltar que enseñanza es el proceso de ayuda al
crecimiento del alumno, y aprendizaje es el proceso de retrocesos o avances que el alumno
va presentando dentro de la enseñanza. Con esto claro se puede decir que tanto métodos,
como tiempos y resultados de ambas formas de evaluar deben ser diferentes y deben de igual
forma dar información necesaria para poder comprender si la labor se está haciendo de la
mejor manera.
A nivel de la evaluación de la enseñanza se pretende que el objeto a observar es el programa
y la participación del docente como animador-no jefe- del acto educativo, en conjunto con
los recursos, espacios y tiempos que se establezcan; el manejo de grupo y sus formas de llevar
una continua revisión y en términos ignacianos un examen que le permiten ir valorando su
función.
Esta evaluación permite descubrir que se necesita a nivel humano y material, es una
herramienta que nutre al profesor y le abre el panorama sobre el contexto en el que desarrolla
la clase y como la desarrolla.
Esta evaluación, según el texto, debe hacerse en dos ámbitos, el primero en el aula y el
segundo en el conjunto como tal de la institución, faltaría un tercer momento y es el desarrollo
del estudiante en la vida cotidiana fuera del ámbito escolar, dado que lo que se pretende es
formar al ciudadano y no únicamente al ser que asiste al aula; y hasta un cuarto momento que
debería ser el estudiante el que manifiesta los frutos obtenidos gracias por la enseñanza no
por los aprendizajes.
Cada uno de estos espacios tiene o deben tener un responsable, en el caso de la evaluación
en el aula es cada maestro el que se evalúa desde como es el ambiente y manejo de grupo,
como hace uso de los espacios, como es la comunicación con los otros docentes del grado,
en el caso de la evaluación de la institución se debe evaluar los procesos de promoción y
evaluación, la relación entre centro familias, las relaciones entre áreas del conocimiento entre
otros puntos, esto a cargo del equipo administrativo del lugar.
Para el tercer y cuarto momento se propone que el estudiante sea el responsable de este
proceso evaluativo, es necesario darle en esta parte también darle protagonismo. Se sugiere
que el proceso evaluativo sea constante, se plantea un recoger de datos y de ahí ver que se va
mejorando se va repitiendo o que no se ve que cambie.
Como ya se mencionó también el aprendizaje necesita su propia forma de evaluación,
aprendizaje se puede considerar como el objetivo final de lo que el estudiante debe responder
desde la metodología y didáctica que el maestro impone sobre cada área de conocimiento.
Cada profesor debe colocar un mínimo de logros que el estudiante debe alcanzar, se sabe que
lo que refleje la evaluación practicada aquí solo mostrara una pequeña parte de lo que el
estudiante aprendió en el proceso, pues esta busca dar respuesta a los objetivos planteados
por el maestro.
Para que esto se dé el maestro debe conocer como parten sus estudiantes, que falencias nota
en cada uno y de ahí reforzar lo que se necesita, pues se busca que respondan al final y que
no se aplique una pedagogía de querer hacer perder a los estudiantes los logros y junto con
estos el tiempo invertido en aprender, es necesario aquí fortalecer el compromiso por parte
del estudiante.
Se pide evaluar al principio, punto de partida, de manera continua para revisar cómo va el
refuerzo y captación de los contenidos expuestos y al final para poder ver los frutos y
resultados de este proceso.
Uno de los resultados obtenidos gracias a esta evaluación de aprendizaje es el proceso de
promoción y evaluación, podemos decir que aquí está la parte cuantificable o valorativa del
proceso educativo. El tomar esta decisión debe tener presente todas las áreas que componen
el pensúl educativo al igual que el proceso personal de cada estudiante. Solo si se ve que el
repetir un año, como se le conoce coloquialmente, va a nutrir y va a permitir crecimiento en
el estudiante se debe tomar esa decisión.
Con esto decimos que la evaluación tiene distintas funciones que permiten un mejor
desempeño docente, da la oportunidad de acercarse a las realidades de cómo se aprende,
como se enseña y como se valora todo esto dentro del proceso educativo. Tenemos que tener
presente quien la evaluación no se puede dejar de lado, lo que se debe intentar es con todo
esto que aclara el hecho de evaluar, poder curar/ sanar heridas que técnicas mal aplicadas de
este proceso han dejado en estudiantes y personas.
La invitación que deja la lectura de este texto es poder recrear la evaluación desde adentro,
no hay que cambiar los modelos, simplemente es saber aplicar lo que hay con un toque de
innovación que a veces cuesta, más aún cuando se está en un modelo tradicional. La
evaluación debería permitir crecer a los agentes del acto educativo, no debería ser perjudicial
para maestros y alumnos.

Bibliografía
- NIETO, J.M., 1994, Autoevaluación del docente. Como puede el maestro evaluar su
práctica. Escuela Española Madrid.
- GONZÁLEZ, Noelia. GONZALEZ, Miguel. La evaluación del proceso de aprendizaje.
Fundamentos básicos.