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Círculo de lectura: escritoras mexicanas

Módulo I: Principia, Elisa Díaz Castelo

KARLA CHÁVEZ CERRITEÑO

ANA KARINA GUZMÁN

I

El primer muro: los prejuicios clásicos

Laura S. Maquilón (La Nave Invisible)

Las mujeres somos más sensibles y dadas al romance. Esto es relativamente cierto, puesto que gran parte de la educación tradicional que recibimos se basa en la necesidad de ser empáticas y darnos por los demás, mientras que el hombre no debe mostrar sus sentimientos. Pero reducir a las mujeres a un solo rango emocional es solo una muestra de cuán arraigado continúa el machismo en nuestra sociedad, incluso en muchas personas progresistas.

De esta forma, hay lectores que se escudan en que las mujeres solo saben escribir sobre estas cuestiones (sentimientos, romance) para rechazar su lectura. Así pues, lo de Geralt con Yennefer debería quedar reducido a mera tensión sexual; lo de Ned y Catelyn Stark, al platonismo; lo de Raoden y Sarene, a un proceso burocrático. Los hombres no escriben sobre romances y venganzas por amor, al parecer. Lo suyo es… otra cosa, una más digna de ser leída.

A pesar de esta reticencia, algunas mujeres han conseguido saltar este primer muro y llegar a la suficiente

cantidad de público como para levantar la curiosidad de los más prejuiciosos. Ellas «escriben como

hombres», porque hablan de guerras, de sangre y violencia. Sin pretenderlo, son convertidas en «las otras»,

la excepción al resto de escritoras, las que son aceptadas porque no responden al rol que se les presupone.

Son víctimas de la misoginia y, si son aceptadas, es porque se las ha sacado de la muralla que rodea a las demás para meterlas en otra más cercana a la medida masculina, el defecto, la normalidad.

De la poesía y la ciencia

Es común que en la actualidad se contraste el discurso poético con el científico como si se tratara de los

extremos más lejanos del conocimiento. El discurso poético, se dice, parece estar dotado de la mayor carga de subjetividad y emotividad posible; el otro, el científico, parece pleno de objetividad y lógica. Es cierto que hay una larga tradición que da cuenta del conflicto entre ambas disciplinas. Las tensiones entre ciencia

y poesía pueden rastrearse desde el momento mismo de su conceptualización, aunque de manera más

evidente desde la cosmovisión renacentista del Anima Mundi: si el Universo es eterno, como se afirmaba desde este tópico, el hombre también merecía esa eternidad; si bien esta fastuosidad humana fue derrumbada entonces con la llegada de la teoría galileana de la imposibilidad del antropocentrismo. El conflicto se radicalizó siglos después desde los presupuestos de la Naturphilosophie del Romanticismo alemán que retomó la idea del Anima Mundi renacentista alejándose de la concepción científica newtoniana del universo que sometía la concepción religiosa de la naturaleza. El hombre romántico europeo se rebeló entonces contra la concepción positivista del mundo y contra el hombre newtoniano:

aquel que observa la naturaleza de una manera mecánica que le hace perder su grandeza, el que temerariamente cree que ha conseguido el dominio del mundo mediante la razón pero que a cambio ha perdido la gloria de sus sueños. Este repudio hacia la ciencia alcanzó su punto más álgido en el célebre brindis de Lamb y Keats contra Newton: “Malditas sean las matemáticas”, afirmaban, por haber destruido la poesía del arcoíris. Mientras que Blake introducía en su poesía diatribas contra Newton o Locke: “And there behold the loom of Locke whose wool rages dire/Washed by the water-wheels of Newton” y Allan Poe exponía abiertamente sus acusaciones hacia la ciencia (ave de rapiña que devora el corazón de los poetas) en su soneto intitulado “To Science”: “Why preyest thou thus upon the poet’s heart/ Vulture, whose wings are dull realities?”. Es entonces que parece establecerse el tópico del poeta rebelde en perenne disputa con el científico, y viceversa, la descalificación de la ciencia hacia el mundo literario. Esto sucede porque para el hombre romántico la ciencia viene a derrumbar el reino de lo mágico y acusa al científico de sumisión pasiva ante su entorno. Esta postura rebelde continuó en el simbolismo, el decadentismo y el modernismo: el gran anhelo de Darío no era otro que el de querer recuperar el impulso y la grandeza del hombre: otra vez sería el centro del mundo, esta vez desde la poesía. La fuerza del Romanticismo llegó incluso hasta las vanguardistas estéticas del moderno siglo xx: el pensamiento y la estética surrealistas, con Ernst, Éluard y Breton, no eran otra cosa que una actualización de la rebeldía romántica: muera el orden y la razón, afirmaban, liberémonos de las reglas de la lógica, bienvenido el mundo de la infancia, la locura, el sueño, la alucinación, el non-sense …

Pero es también en el siglo xx que, a la par de las vanguardias primitivistas, el surrealismo la más destacada, surge también una vertiente que acoge al mundo científico. Esta otra no puede negar la estrecha relación entre los productos de la ciencia y la tecnología del periodo entre guerras que le toca vivir: las máquinas, las armas, los aviones… el futurismo. El poeta futurista se aleja del paisaje natural tan caro a los renacentistas y románticos y se centra en un escenario urbano devastado por la guerra; canta a la belleza de los automóviles en movimiento, los puentes de hierro, los tanques y taladros, los cables del telégrafo o

los cuerpos desmembrados. Así, los títulos de los textos programáticos de Marinetti son elocuentes:

“Manifiesto técnico de la literatura futurista”, “El esplendor geométrico y mecánico y la sensibilidad numérica”, “El hombre multiplicado y el reinado de la máquina”… escritos que anuncian una nueva mentalidad que ya no se rebela contra la ciencia sino que la hace suya para ofrecer una lectura profundamente crítica: el hombre moderno y tecnologizado, a pesar de su aparente dominio sobre la naturaleza, a pesar de dominar el mundo del conocimiento, se siente tan desvalido como el hombre primitivo, y sin dios; parece ser cierto, como afirmaba Goya un siglo atrás, que el sueño de la razón produce monstruos. En esta época militar-industrial el hombre se cosifica y mecaniza; hay una relación ambivalente que mantiene el hombre con la tecnología, ya como extensión de su ser, de donde provienen las fusiones tan típicas de la vanguardia, en la literatura o en el arte plástico, como los manequinos , los hombres robot, el hombre-bala… o bien como contracción del ser: la deshumanización y cosificación; el hombre pierde su identidad al ser invadido por el mundo tecnologizado, aprisionado por un espacio hostil donde se cancela la idea de la ciudad como progreso (repunta el tópico de la ciudad devastada por la guerra) y se anula cualquier tipo de certeza. El mundo de la ciencia y la tecnología permite al artista, eso sí, imaginar de nuevo un dios, convertido esta vez en un soldado en plena guerra protegido por uniforme, fusil, botas y máscara antigas, como lo retrata Ernst Friedrich en “La imagen de Dios con máscara de gas”… y así transcurre y termina el siglo xx, así da inicio el siglo xxi, con las inevitables tensiones y evitables descalificaciones entre ciencia y poesía.

Pero no hay conflicto: poesía y ciencia no son más que dos maneras, no tan divergentes, de tratar de dar respuesta a las circunstancias del hombre. Ambas parten de la incertidumbre y argumentan desde un discurso subjetivo. El conocimiento científico, tarea racional en tanto que la ciencia parte de la práctica auxiliada con las herramientas que el juicio y la teoría le proporcionan, establece un diálogo específico y dinámico para explicar al mundo. Pero también la ciencia debe difundir y validar el conocimiento desde la persuasión y la retórica, de ahí que su discurso incluya, a la par de la lógica y el discernimiento empírico, todos los elementos comunicativos de cualquier otro discurso humano. Como han mostrado recientes estudios abocados al análisis del discurso, no puede evitarse la presencia del sujeto en el discurso científico: polifonía, heterogeneidad y subjetividad que permiten al articulista comentar y validar su propia argumentación y discrepar, por ejemplo, del discurso ajeno.

Es cierto que el positivismo, aquel tan odiado por los poetas románticos, intentó conjurar del discurso científico la presencia del sujeto destacando la objetividad de su propio discurso, pero es un hecho también

que las marcas del sujeto se encuentran en todos los aspectos de producción y validación del conocimiento. Sin duda, el discurso científico tiene su propia especificidad pero no puede negarse que comparte también un conjunto de elementos con otras esferas del conocimiento como pueden ser el mito o la poesía; el científico debe convencer, y esto lo hace desde el ejercicio de una correcta argumentación y de todos los recursos disponibles de la retórica, metáforas incluidas. Al final, todo lenguaje es profundamente metafórico en esta oscilación del conocimiento que busca comprender, pero que también debe explicar. El discurso científico no es tan objetivo, neutro e impersonal como se piensa; también, como la poesía, para poder referir la realidad externa no puede prescindir de las emociones y apreciaciones autorales. No existe el discurso neutro ni monológico, tenemos, eso sí, el diálogo y la polifonía; seguramente será desde ahí que podrán resolverse los conflictos y arreglarse las fisuras.

Dra. Carmen Álvarez Lobato Coordinadora del Área de Ciencias Humanas y de la Conducta CIENCIA ergo-sum.

II

¿De dónde nace su pasión por la poesía ligada a la ciencia? Dos conceptos que usualmente las personas consideran opuestos.

Entrevista a la poeta italiana Laura Garavaglia.

La ciencia y la poesía parecen ser dos campos distantes, indiferentes entre sí. En realidad, tienen una serie de cosas en común. En primer lugar, intentan dar respuestas a las preguntas fundamentales de nuestra existencia: entender cómo se crea el mundo en el que vivimos, la naturaleza, el universo, de dónde venimos y hacia donde estamos destinados a ir. Combina un auténtico deseo de conocimiento. ¿Y qué es del conocimiento si no se nutre del espíritu? Necesitamos alimentos para nutrir el cuerpo. Pero al mismo tiempo, por la razón real que se encuentra dentro de nuestras acciones más bellas, para dar sentido a nuestra vida, sentimos la necesidad de nutrir el corazón y la mente con el arte, la literatura, la ciencia. Ya un escritor de la altura de Primo Levi, que también era químico, había notado que la fractura entre la literatura y la ciencia no es natural: los grandes genios del pasado no lo sabían: Empedocles, Dante, Leonardo, Galileo, Descartes, Goethe conocido Einstein. La creatividad, que es intuición e imaginación, es otro aspecto que une a científicos, matemáticos, físicos y poetas. Giorgio Parisi, físico teórico del Departamento de Física de Sapienza en Roma, escribió: “Muy a menudo el científico primero tiene la intuición de lo que quiere demostrar y luego lo demuestra”. Cómo no pensar en la creatividad de físicos,

matemáticos y astrónomos para imaginar todos los universos posibles, derivando de las complejas ecuaciones de Einstein, hasta la teoría del multiverso, un universo que contiene todos los universos posibles. De la misma manera el poeta intuye que, a través de la palabra que quiere mostrar. Una sugerencia, un recuerdo o una iluminación repentina pueden permanecer latentes por más o menos tiempo y luego ser percibidos como una pregunta, una provocación de la existencia que debe ser clarificada hasta el final por medios poéticos, como destaca Vittorio Sereni. Uno de los más grandes poetas del segundo 900. Andrea Zanzotto, otra voz de la poesía italiana, escribió: “La creatividad de la ciencia, aunque tiene que ver diariamente con la dureza y la concreción de la realidad, si no solo puede basarse en la fantasía. Sin embargo, también beneficia y a menudo tiene algo similar a la poesía “; y cita el ejemplo de la manzana de Isaac Newton “en su paradoja y quizás irrealidad, resume este elemento: la enorme fantasía de Newton que podría saltar en un instante todas las conexiones entre la caída de la manzana y la gravedad”. La misma imaginación ferviente, que limita con el genio, era un talento natural, por ejemplo, de otro gran representante de las llamadas “ciencias duras”, el matemático indio Srinivasa Ramanujan. Leonardo Sinisgalli, poeta ingeniero y matemático que ha explorado ampliamente la relación entre poesía, arte, ciencia y tecnología, resumió el vínculo entre la cultura científica y literaria en un punto esclarecedor:

“¿No les parece que en los cristales / la naturaleza se expresa en versos?” .Inteligencia del corazón y la mente: para mantenerla viva es necesario nutrirla.

III

El sueño de toda célula, de Maricela Guerrero, Ediciones Antílope.

Reacciones metabólicas

Se trata de un tema de comunicación: agudezas de ingenio y oscuridad y luz e

intranquilidad: transformación producir azúcares sin resabios sin contaminantes.

Un contaminante es una sustancia que excede sus niveles: es decir que estaba ahí,

aunque todo tiene un límite y si se sobrepasa, acontecen eventos no deseados

excesos de azúcar, de dióxido de carbono, de ácidos, de azufre: sulfatos exceso

de agua en los pulmones no lo llamamos contaminación, pero parece:

inundaciones diques presas que ahogan pueblos: casas en nombre de compañías

constructoras, mineras sustractivas, excesos; en todo caso se trata después de

aclarar de volver a acomodar y no siempre salir huyendo.

[Vamos en el lomo de una loba bosque arriba.]

Ahora voy detrás de algo o alguien que huye por los rápidos que se han formado en esta ciudad de terreno accidentado: y no es fluir es sólo ir persiguiendo y ya no se trata de eso que es angustia. Me quedo sin aire: sólo persigo una forma una presencia que me duele: una célula que se está quedando sin vida que detiene su intercambio biomolecular y duele mucho.

Sulfatos sulfuros: cómo reducir el impacto de los excesos de los venenos, en las palabras las cosas que dijimos, lo que terminamos haciendo: exceso de encono y mala voluntad, imaginación desaforada: nos vale más la realidad, la percepción de lo que hay: esta tarde te veo así en tu belleza celular y descifro los excesos de las palabras, los colecciono, los acomodo: hermosura en ebullición: un deshuesadero de autos: ordenados por colores, por formas, por fechas y por eventos catastróficos ocupan el lugar que les corresponde: y sé que cada uno de ellos es una posibilidad de abrazarte, de serenar, de limpiar la biósfera: percibo tu respiración, recuerdo tus palabras, los pasos vacilantes de tus primeras correteadas: resistir y refrenar en mantos acuíferos: extraer los contaminantes los excesos y ordenarlos: que la belleza de su exceso fulgure y se transforme en otra cosa aquí cerca o tan lejos como el palmar de dátiles de Elche o el baldío de al lado: pienso en ti y en las cosechadoras de jazmín pienso en la forma en dibujas en que llevas el lápiz o la pluma en que iluminas una orilla en que trazas formas de hojas y árboles frutales. Percibo entonces todas las reacciones metabólicas de los billones de células de la loba que nos echa a su lomo y nos lleva bosque arriba. Respiramos juntos y la angustia es un animal que se echa a nuestro lado y duerme.