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SOLUCIÓN SUPUESTO 3 – DELIMITACIÓN DEL TRABAJO POR CUENTA

AJENA

Con respeto al deslinde entre lo civil y lo laboral en la prestación de este tipo de


servicios conviene comenzar indicando que la jurisprudencia ha fijado una serie de
pautas generales que conviene recordar.

En efecto, la sentencia de la Sala Cuarta del Tribunal Supremo de 29 de noviembre


de 2010 (recurso 253/2010 ), siguiendo los previos precedentes de sus sentencias de
7 de octubre de 2009, 10 de julio de 2007 y 9 de diciembre de 2004 ( recursos
4169/2008 , 1412/2006 y 5319/2003 ), las expresa de la siguiente forma:

"1) La calificación de los contratos no depende de cómo hayan sido denominados


por las partes contratantes, sino de la configuración efectiva de las obligaciones
asumidas en el acuerdo contractual y de las prestaciones que constituyen su objeto [
SSTS, entre otras muchas, 11-12-1989 (RJ 1989, 8947) y 29-12-1999 (RJ 2000,
1427) ].
2) La configuración de las obligaciones y prestaciones del contrato de
arrendamiento de servicios regulado en el Código Civil (LEG 1889, 27) , no es
incompatible con la del contrato de trabajo propiamente dicho "al haberse
desplazado su regulación, por evolución legislativa, del referido Código a la
legislación laboral actualmente vigente" [ STS 7-6-1986 (RJ 1986, 3487) ]: en el
contrato de arrendamiento de servicios el esquema de la relación contractual es un
genérico intercambio de obligaciones y prestaciones de trabajo con la contrapartida
de un "precio" o remuneración de los servicios; en el contrato de trabajo dicho
esquema o causa objetiva del tipo contractual es una especie del género anterior que
consiste en el intercambio de obligaciones y prestaciones de trabajo dependiente por
cuenta ajena a cambio de retribución garantizada; cuando concurren, junto a las
notas genéricas de trabajo y retribución, las notas específicas de ajenidad del trabajo
y de dependencia en el régimen de ejecución del mismo nos encontramos ante un
contrato de trabajo, sometido a la legislación laboral.
3) Tanto la dependencia como la ajenidad son conceptos de un nivel de
abstracción bastante elevado, que se pueden manifestar de distinta manera según
las actividades y los modos de producción, y que además, aunque sus contornos no
coincidan exactamente, guardan entre sí una estrecha relación; de ahí que en la
resolución de los casos litigiosos haya de recurrirse con frecuencia para la

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identificación de estas notas del contrato de trabajo a un conjunto de indicios o
hechos indiciarios de una y otra; estos indicios son unas veces comunes a la
generalidad de las actividades o trabajos y otras veces específicos de ciertas
actividades laborales o profesionales.
4) Los indicios comunes de dependencia más habituales en la doctrina
jurisprudencial son, seguramente, la asistencia al centro de trabajo del empleador o al
lugar de trabajo designado por éste y el sometimiento a horario; también se utilizan
como hechos indiciarios de dependencia, entre otros, el desempeño personal del
trabajo [ STS 23-10-1989 (RJ 1989, 7310) ], compatible en determinados servicios
con un régimen excepcional de suplencias o sustituciones [ STS 20-9-1995 (RJ 1995,
6784) ], la inserción del trabajador en la organización de trabajo del empleador o
empresario, que se encarga de programar su actividad [ SSTS 8-10-1992 (RJ 1992,
7622) y 22-4-1996 (RJ 1996, 3334) ], y, reverso del anterior, la ausencia de
organización empresarial propia del trabajador.
5) Indicios comunes de la nota de ajenidad son, entre otros, la entrega o puesta a
disposición del empresario por parte del trabajador de los productos elaborados o de
los servicios realizados [ STS 31-3-1997 (RJ 1997, 3578) ], la adopción por parte del
empresario -y no del trabajador- de las decisiones concernientes a las relaciones de
mercado o de las relaciones con el público, como fijación de precios o tarifas,
selección de clientela, indicación de personas a atender [ SSTS 15-4-1990 (RJ 1990,
3060) y 29-12-1999 (RJ 2000, 1427) ], el carácter fijo o periódico de la remuneración
del trabajo [ STS 20-9-1995 (RJ 1995, 6784) ], y el cálculo de la retribución o de los
principales conceptos de la misma con arreglo a un criterio que guarde una cierta
proporción con la actividad prestada, sin el riesgo y sin el lucro especial que
caracterizan a la actividad del empresario o al ejercicio libre de las profesiones [ STS
23-10-1989 (RJ 1989, 7310) ].
6) En el caso de la profesión médica y en general las profesiones liberales,
son indicios contrarios a la existencia de laboralidad la percepción de
honorarios por actuaciones o servicios fijados de acuerdo con indicaciones
corporativas [ STS 15-4- 1990 y 3-4- 1992 (RJ 1992, 2593) ] o la percepción de
igualas o cantidades fijas pagadas directamente por los clientes [ STS
22-1-2001 (RJ 2001, 784) ]; en cambio, la percepción de una retribución
garantizada a cargo no del paciente sino de la entidad de asistencia sanitaria
en función de una tarifa predeterminada por actos médicos realizados [ STS
7-6-1986 (RJ 1986, 3487) ] o de un coeficiente por el número de asegurados
atendidos o atendibles, constituyen indicios de laboralidad, en cuanto que la
atribución a un tercero de la obligación retributiva y la correlación de la remuneración
del trabajo con criterios o factores estandarizados de actividad profesional

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manifiestan la existencia de trabajo por cuenta ajena [ STS 20-9-1995 ].
7) No está de más señalar, por último, que tanto en la profesión médica
como en general en las profesiones liberales la nota de la dependencia en el
modo de la prestación de los servicios se encuentra muy atenuada e incluso
puede desaparecer del todo a la vista de las exigencias deontológicas y
profesionales de independencia técnica que caracterizan el ejercicio de las
mismas [ STS 11-12-1989 (RJ 1989, 8947) ]".

En nuestro caso partimos de que la retribución por los servicios médicos se fija en
función de tarifa predeterminada en el caso del señor José y en el caso de la señora
Esperanza de un porcentaje sobre lo efectivamente facturado por la recurrente al
cliente, a salvo un tratamiento de blanqueamiento dental concreto, por el que cobraba
una cantidad fija. Ello apunta a la laboralidad.

También corrobora tal idea que Unidad de Estética, S.A. sea quien aporte los
materiales, tanto sanitarios como quirúrgicos, que los dos facultativos necesitaban
para prestar la actividad médica, siendo también Unidad de Estética, S.A. quien
aportaba el local donde éstos prestaban actividad y el personal auxiliar existente en el
mismo, sin que conste el pago de gastos de especie alguna relativa a uso de aquellos
materiales y similares, pese a lo expuesto en la cláusula quinta del contrato de la
señora Esperanza.

También parece muy relevante recordar que tal personal de Unidad de Estética, S.A.
es quien recibe al cliente que entra en el local, a nombre de la empresa. Si era primera
visita, el mismo era primero entrevistado por la gerente del local, personal de la
demandada y luego era recibido por el facultativo correspondiente. Tras salir de esta
primera consulta, el cliente de nuevo pasaba a hablar con la gerente que, recibida
información del médico, fijaba las condiciones económicas con el cliente, en base al
diagnóstico del facultativo. Por tanto, tal cliente no elegía el profesional médico, sino
que éste era proporcionado por la recurrente.

Por lo que respecta a la capacidad de autogestión de tales médicos y partiendo de


que, en este tipo de actividad profesional titulada y muy cualificada entendemos que
no es relevante la mayor o menor libertad horaria (en realidad, en nuestro particular
caso, sabemos la jornada y el horario que cumplían en la consulta de la empresa,
pero no quien lo fijó) y que, precisamente por alta cualificación se supone que nadie

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debía dirigir su actividad como cirujano plástico y odontóloga, aplicando de propia
mano la "lex artis" que se les ha de suponer, pues ello "no implica que la relación
sea mercantil, como tampoco obsta al carácter laboral que sean los odontólogos
quienes se organizan la agenda, siendo lo determinante la prestación de un servicio
en el ámbito de una organización empresarial que pone a disposición de los
odontólogos los medios humanos y materiales imprescindibles para hacerlo, que fija
el precio de ese servicio, que asume el riesgo de su impago (el que el odontólogo
entonces no cobre no quiere decir que lo asuma pues no repercute negativamente los
gastos generados en esa atención), y tampoco puede hablarse de riesgo empresarial
asumido por estos profesionales pues solo pagan en función de los servicios que
presten a los clientes, que apreciamos que son de la Clínica, acuden al reclamo de los
servicios ofrecidos por la empresa, sin perjuicio de las preferencias y de la relación
más o menos estrecha que tengan con alguno o algunos de ellos".

En similar sentido y considerando mediante relación laboral, tratándose también de


casos muy parecidos al presente, las sentencias de la Sala Cuarta del Tribunal
Supremo de fecha 29 de noviembre de 2010 (RJ 2011, 1355) y 7 de octubre de 2009
(RJ 2009, 5663) ( recursos 253/2010 y 4160/2008 ) que se refieren a actividad de
médicos en clínicas en las que atienden a clientes de las mismas. Tratándose de
odontólogos, aparte de la ya citada sentencia de esta Sala de fecha 28 de octubre de
2014 (PROV 2015, 15806) (recurso 1882/2014 ), también en similar sentido cabe citar
las recientes sentencias de esta Sala de 21 de octubre de 2014 (AS 2015, 41) y 19 de
noviembre de 2013 (PROV 2014, 139556) ( recursos 1806/2014 y 1968/2013 ) y la ya
apuntada de 5 de octubre de 2010 (PROV 2014, 175438) (recurso 1994/210 ).