Vous êtes sur la page 1sur 24

les plus anciens", en Hélary, X y Prov- Armando Torres Fauaz Armando Torres Fauaz es bachiller

ost, A. (dir.), Les archives princières, en Historia por la Universidad de

La Edad Media en perspectiva latinoamericana - Armando Torres Fauaz


Este libro es una obra colectiva y constituye la primera publicación (Editor)

La Edad Media
XIIe- XVe siècles, Artois: Presses Costa Rica (2006), máster en Estu-
Université d’Artois, 2015 y los conjunta realizada por los investigadores de la Red Latinoamericana dios Medievales por la Universidad
artículos "La pesquisa por jurados de Estudios Medievales. Los textos que lo componen son el producto de Utrecht, Holanda (2009) y
y los modos de gobierno de los
de la primera reunión de trabajo de la Red, celebrada en octubre del doctor en Historia por la Universi-
2016 en la ciudad de Heredia. Tres ejes temáticos estructuran la obra:
en perspectiva latinoamericana
duques de Borgoña, siglo XIII", en dad de Borgoña, Francia (2014).
la coyuntura entre la Antigüedad y la Edad Media, vista en una
Signum, ABREM, Brasilia, vol. 17, n. Realizó estudios de maestría en la
perspectiva multidisciplinaria; la dinámica de las relaciones de poder
2 (2016) y “Mutación del pensami- Escuela de Altos Estudios en Cien-
en el medioevo cristiano, y el carácter y la dirección actual de los estu-
ento político y sofisticación admin- cias Sociales de París (EHESS,
dios medievales latinoamericanos.
istrativa en el ducado de Borgoña. 2008-2009) y ha llevado a cabo
El papel de los primeros juristas pasantías de investigación en la
Los autores, miembros de once universidades y centros de investi-
(1230-1290)”, en Temas Medievales, Società Internazionale per lo
gación en cinco países de América Latina, exponen sus preocupa-
CONICET, Buenos Aires, n. 24 ciones intelectuales, sus experiencias como docentes e investigadores Studio del Medioevo Latino (SIS-
(2016). de temas medievales en sus respectivos países, y debaten sobre la MEL, 2007), el Deutsches Histor-
pertinencia e importancia de investigar el medioevo en el contexto isches Institut de París (DHIP, 2012)
latinoamericano. Con ello, hacen de esta obra un importantísimo y la École Française de Rome
testimonio de lo que significa hacer historia medieval en América (2013). Actualmente, labora como
Latina, tomando en cuenta tanto las dificultades y carencias como las profesor e investigador de la Escue-
ventajas que implica trabajar desde una posición excéntrica. la de Historia de la Universidad
Nacional de Costa Rica (UNA) y es
investigador asociado del laborato-
rio ARTeHis (UMR 6298) del
CNRS, Francia. Entre sus
publicaciones, figuran La confor-
mación de las relaciones vasallo-feu-
dales en la Europa Occidental: Debate
epistémico y estudio empírico, San
José: EUCR, 2013, el capítulo "Les
archives ducales bourguignonnes. Une
étude à la lumière de leurs inventaires
Red Latinoamericana de Estudios Medievales
Armando Torres Fauaz
(Editor)

La Edad Media en perspectiva


latinoamericana

Publicaciones de la Red Latinoamericana


de Estudios Medievales - I
©EUNA
Editorial Universidad Nacional
Heredia, Campus Omar Dengo
Costa Rica
Teléfono: (506) 2562-6754
Correo electrónico: euna@una.cr
Apartado postal: 86-3000 (Heredia, Costa Rica)

© La Edad Media en perspectiva latinoamericana


Armando Torres Fauaz, coordinador
Primera edición 2018

Dirección editorial: Alexandra Meléndez C. amelende@una.cr


Diseño de portada: Mundo Creativo S. A.

980.012
E21e La Edad Media en perspectiva latinoamericana / Armando
Torres Fauaz (editor). -- Primera. edición -- Heredia, Costa Rica:
EUNA, 2018.
300 p. : ilustraciones ; 24 cm.

ISBN 978-9977-65-505-5

1. EDAD MEDIA 2. AMÉRICA LATINA 3. COSMOGRAFÍA


4. HISTORIOGRAFÍA 5. PODER (CIENCIAS SOCIALES)
6. CRISTIANISMO 7. ASPECTOS POLÍTICOS 8. LITERATURA
I. Torres Fauaz, Armando

La Editorial Universidad Nacional (EUNA), es miembro del


Sistema Editorial Universitario Centroamericano (SEDUCA).

De conformidad con el Artículo 16 de la Ley N.° 6683, Ley sobre Derechos de Autor y Dere-
chos Conexos, se prohibe la reproducción parcial o total no autorizada de esta publicación por
cualquier medio o procedimiento mecánicoo electrónico, con excepción de lo estipulado en los
artículos N.° 70 y N.° 73 de la misma ley, en los términos que estas normas y su reglamentación
delimitan (Derecho de cita y Derecho de Reproducción no autorizada con fines educativos).
Contenido

Presentación................................................................................................... 9
Primera Parte
Entre la Antigüedad y el Medioevo: Cosmografía, ideas, historiografía
Cosmografía antigua y cristianismo: hacia la concepción de una geografía
universal en la Edad Media
José Miguel de Toro Vial ............................................................................... 15
Géneros literarios e Historia Social: La hagiografía cristiana
en el Cercano Oriente
Héctor R. Francisco ...................................................................................... 35
Entre a Antiguidade e o Medievo: A escrita da Historia das Guerras
por Procópio de Cesareia. século VI
Renato Viana Boy .......................................................................................... 53
Algunas consideraciones en torno a la inteligibilidad del concepto
de “crisis” desde la teoría del conocimiento de Tomás de Aquino
Sebastián Buzeta Undurraga ........................................................................ 71
Segunda Parte
El poder en la Edad Media: Análisis, reflexiones, discusiones
Sucessões régias e conflitos em três crônicas do Sul da Itália ou
Características literárias do poder no reino de Nápoles
(séculos XIII e XIV)
Igor Salomão Teixeira ................................................................................... 91
Pregação em tempos de crise ou de como a pregação ajustava-se aos
sistema político comunal (século XIII)
André L. P. Miatello .................................................................................... 109

7
Armando Torres Fauaz

Um universo plural: política e poderes públicos na Idade Média


(séc. XII-XIII)
Maria Filomena Coelho.............................................................................. 133
Jurisdicción y poder público en el Occidente Medieval.
Borgoña, siglos XII-XIII
Armando Torres Fauaz ............................................................................... 151
Tercera Parte
Los Estudios Medievales en América Latina: Balance y perspectivas
A Idade Média e a América Latina
Marcelo Cândido da Silva .......................................................................... 181
Edad Media e historiografía: la construcción de las identidades
nacionales en el siglo XIX. El caso español
Martín F. Ríos Saloma ................................................................................ 201
Estudiar la Edad Media desde México: Problemáticas en torno al
estudio de la obra de Chrétien de Troyes desde una latitud no europea
Diego C. Améndolla Spinola....................................................................... 219
De la cátedra a la calle: divulgando la Edad Media en Chile
José Manuel Cerda y Paz Crovetto ............................................................. 233
Por que Idade Média? Dos motivos de se ensinar História Medieval
no Brasil
Cláudia Regina Bovo ................................................................................. 257
Conclusión
O que a perspectiva latino-americana pode oferecer aos
estudos medievais?
Néri de Barros Almeida .............................................................................. 279
Lista de Autores
Miembros de la Red Latinoamericana de Estudios Medievales ................. 297

8
A Idade Média e a América Latina

Marcelo Cândido da Silva1

A Idade Média é, sem sombra de dúvidas, um tema atual. Não são raras as
vezes em que se recorre a ela para realçar um aspecto negativo da atualidade:
a tortura, a submissão da mulher e os crimes hediondos, a intolerância religio-
sa, entre outros. Ainda que nenhuma dessas práticas seja monopólio da Idade
Média, elas são sistematicamente qualificadas de “medievais”. Para citar ape-
nas um exemplo: ao comentar a execução de um brasileiro no início de 2015,
condenado à morte na Indonésia por tráfico de drogas, mais de um artigo na
imprensa fez referência a uma “pena medieval”2. Por outro lado, e paradoxal-
mente, o período medieval é visto por muitos como o nascedouro de valores
coletivos de solidariedade e da ética cavalheiresca; em suma, um contraponto
ao mundo contemporâneo, ao seu individualismo exacerbado e à desagrega-
ção dos valores tradicionais. Entre os historiadores, as clivagens já foram mais
agudas: a visão negativa sobre a Idade Média, como uma época de barbárie e
de decadência, não é, hoje, muito representativa das pesquisas sobre o perío-
do. Isso não significou, por outro lado, o triunfo de uma “lenda dourada” dos
tempos medievais. Graças à arqueologia funerária, por exemplo, é possível
reconstituir um quadro bastante completo das terríveis condições sanitárias,
da baixa expectativa de vida – inclusive entre os membros dos estratos privi-
legiados da sociedade3 –, bem como das carências alimentares – quadro esse

1 Professor de História Medieval da Universidade de São Paulo (USP), Coordenador do Laboratório de


Estudos Medievais (LEME), membro da Rede Latino-Americana de Estudos Medievais (RED/E) e
Pesquisador do Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (CNPq).
2 https://noticias.terra.com.br/mundo/asia/entenda-como-e-aplicada-a-pena-de-morte-na-indonesia,1d92ba-
b68247b410VgnVCM4000009bcceb0aRCRD.html [consultado em 15/12/2016]; http://www.cartaforense.com.
br/conteudo/artigos/a-pena-capital-aplicada-ao-brasileiro-na-indonesia/14965 [consultado em 15/12/2016].
3 Ver, a esse respeito, as conclusões de Marie-Cécile Truc sobre as descobertas de alguns túmulos aris-
tocráticos em Saint-Dizier (França): “Probable Frankish burials of the sixth century AD at Saint-Dizier
(Haute-Marne, Champagne-Ardenne, France)”, ACE Conference Brussels: The very beginning of Eu-
rope? Early-Medieval Migration and Colonisation (2012), p. 51-66.

181
Armando Torres Fauaz

completado, especialmente no que se refere às crises de abastecimento e às


crises alimentares, pelos textos (crônicas, anais, histórias), que mencionam,
entre os séculos VIII e XIII, a média de um episódio de fome a cada sete anos4.
O título deste artigo, “A Idade Média e a América Latina”, pode parecer
pretensioso, pois abrange um espaço geográfico, político, cultural dos mais
heterogêneos. Seu objetivo, no entanto, não é o de traçar um panorama dos
estudos medievais nos países que compõem esse bloco que convencionamos
designar de América Latina. Trata-se de discutir as respostas dadas por alguns
historiadores latino-americanos à questão “por que estudar a Idade Média?”.
Gostaria de abrir um breve parênteses, para explicar a escolha da América
Latina como objeto de reflexão deste texto. O presente livro é o resultado de
uma iniciativa que congrega medievalistas da Argentina, do Brasil, do Chile,
da Costa Rica e do México. Natural, portanto, que o foco desta reflexão seja a
América Latina. Contudo, esses países partilham algumas características que
justificam o escopo geográfico deste texto: em primeiro lugar, uma mesma
classificação geopolítica/econômica – a de países em vias de desenvolvimento
(ainda que, entre eles, Brasil, Argentina e México apareçam como “emergen-
tes”), que indica um conjunto de limitações econômicas, entre elas a baixa
capacidade de investimento dos governos (sobretudo no que se refere à edu-
cação e à pesquisa) –; e, também, o que é bastante importante para aquilo que
gostaria de discutir aqui, a ausência, nesses países, de um “passado medieval”.
Essas duas características – o fato de que nenhum desses países experimentou
uma “Idade Média” e também a limitação dos recursos dedicados à pesquisa
e ao ensino superior – estão na origem da maior parte dos questionamentos
quanto à legitimidade dos estudos medievais na América Latina.
Tais questionamentos não são uma exclusividade de compatriotas latino-
-americanos que acreditam que os recursos destinados à pesquisa e ao ensino
de História Medieval seriam melhor empregados em outros setores da pes-
quisa, por exemplo, no estudo de histórias regionais ou nacionais, ou mesmo
em outras disciplinas. Durante meu Doutorado na Université Lumière Lyon 2,
entre 1998 e 2001, fui questionado diversas vezes a respeito de meu interesse
pela Idade Média, uma vez que o Brasil não teria experimentado esse período.
O pressuposto da indagação é que, via de regra, devemos estudar períodos
ou fenômenos pelos quais passaram o nosso país, ou ainda a nossa própria
comunidade de origem, ao longo de sua história. Qualquer outra escolha seria
4 O levantamento das menções às crises alimentares medievais, feito por Fritz Curschmann há mais de
um século (Curschmann, F., Hungersnöte im Mittelalter: ein Beitrag zur deutschen Wirtschaftsgeschi-
chte des 8. bis 13. Jahrhunderts, Leipzig, B.G. Teubner, 1900), permanece globalmente atual e, em que
pesem algumas lacunas geográficas e temporais, vem sendo utilizado com frequência, por exemplo,
nos estudos de Jean-Pierre Devroey, de Alexis Wilkin, entre outros.

182
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

“exótica” e mereceria, no mínimo, uma explicação. Meu estranhamento diante


da repetição da mesma pergunta acabou por me fazer refletir sobre o porquê de
eu ter naturalizado a escolha pelo estudo da Idade Média. Entendo, hoje, a ra-
zão dessa “naturalização”: o conhecimento das sociedades do passado sempre
me pareceu algo universal, ao alcance de todos, estivessem eles em Paris, em
Buenos Aires, em Diamantina, em Corumbá ou em Nova Viçosa. Nunca acre-
ditei que o passado que escolhemos estudar devesse ser o “nosso passado”.
Por outro lado, a repetição da pergunta acabou por me fazer ver a necessidade
de explicar e, em muitos casos, de justificar a escolha de meu objeto de estudo.
Gostaria, em primeiro lugar, de evocar o fato de que essa relação de “pos-
sessão” com o passado, em sua forma mais radical, fez com que a Idade Média
fosse considerada, na maioria dos países europeus, como uma espécie de pa-
trimônio nacional e, mais importante ainda, como o berço das nações moder-
nas. O período medieval foi e ainda é o teatro de diversas disputas políticas
no Velho Continente. Como lembra Patrick Geary, em seu livro O Mito das
Nações, a interpretação do período compreendido entre o “declínio do Impé-
rio Romano” e as “invasões bárbaras” tornou-se o sustentáculo do discurso
político na maior parte da Europa5. A Idade Média, mais precisamente a Alta
Idade Média, foi considerada a matriz das identidades nacionais europeias e,
nos últimos anos, de uma identidade comum “europeia” e também – parado-
xalmente – das identidades regionais. Não se pode subestimar o papel desem-
penhado pela Idade Média no debate político contemporâneo e na elaboração
de estratégias de distinção, de agregação. As “continuidades medievais”, reais
ou imaginadas, fundamentaram, em graus variados, ações políticas na França
da III República6, no País Basco7, na Sérvia de Slobodan Milosevic8 ou mes-
mo no seio da União Europeia – como veremos mais adiante.
É importante ressaltar que as relações entre a Idade Média e as identida-
des nacionais, regionais ou suprarregionais não são simplesmente o resultado
de uma apropriação daquele período por parte de grupos políticos desejosos
de inscrever suas ações ou mesmo a identidade de suas comunidades em um

5 Geary, P., O Mito das Nações. A invenção do nacionalismo, São Paulo, Conrad, 2005.
6 Cf. Hartog, F., Le XIXe siècle et l’histoire. Le cas Fustel de Coulanges, Paris, Seuil, 2001.
7 Para dar um exemplo, a águia negra (Arrano Beltza), um dos símbolos do nacionalismo basco, era,
originalmente, o selo do rei Sancho III de Navarra (†1035).
8 Refiro-me, sobretudo, ao evento fundador do moderno nacionalismo sérvio: a comemoração, em 1989,
dos 600 anos da batalha que opôs os sérvios aos turcos na região do Kosovo. Vale lembrar que essa
comemoração não apenas reforçou o poder de Slobodan Milosevic no seio do Partido Comunista,
mas também precipitou o afrontamento entre os sérvios e as outras nacionalidades que compunham
a Iugoslávia. Sobre o tema, ver Camic, E., “Mobilisations nacionalistas et mythes politiques dans les
guerres de l’ex-Yougoslavie”, In: Monneyron, F., Mouchtouris, A. (Org.), Des mythes politiques, Paris,
Editions Imago, 2010, p. 85-103.

183
Armando Torres Fauaz

passado remoto. Ela é, igualmente, uma construção acadêmica, visível, por


exemplo, por meio de livros e artigos publicados nos últimos anos na Fran-
ça, na Itália, na Alemanha etc. Em 1963, André Loyen publicou um artigo
intitulado Résistents et collaborateurs en Gaule à l'époque des na Grandes
Invasions, no qual reivindicava claramente o paralelo entre as invasões bárba-
ras e a ocupação do território francês pelo exército nazista durante a Segunda
Guerra Mundial9. Esse tipo de paralelismo não era um caso isolado na França
do pós-guerra. Também no início dos anos 1960, o arqueólogo Edouard Salin
dedicou seu livro sobre a arqueologia merovíngia ao seu mestre, o Marquês
de Baye, que teria sido o primeiro a entrever “o alcance profundo das gran-
des invasões do século V”, e ao arqueólogo Joseph Déchelette, cuja “fecunda
carreira foi quebrada às vésperas das grandes invasões do século XX”10. Esses
exemplos mostram a persistência, no âmbito da historiografia, dos rancores
derivados dos grandes conflitos mundiais do século XX, e até mesmo da guer-
ra franco-prussiana, entre 1870 e 1871. De um modo mais amplo, eles também
mostram o quanto a Idade Média se consolidou como o teatro de afrontamen-
tos entre historiografias nacionais. Um dos objetos dessa contenda foi Carlos
Magno, cujo nome recebeu diferentes grafias na França – Charlemagne – e na
Alemanha – Karl der Grösse –, bem como a “capital” imperial – respectiva-
mente, Aix-la-Chapelle e Aachen –, refletem a disputa em torno do persona-
gem: soberano francês, para uns; imperador germânico, para outros. Alguns
editores, talvez considerando a si próprios como porta-vozes das opiniões pú-
blicas de seus respectivos países, também intervieram nesses afrontamentos.
Em 1989, o livro de Patrick Geary, intitulado Before France and Germany, foi
traduzido e publicado na França, mas com o título Naissance de la France – e
isso contra a opinião do próprio autor11. Nos exemplos elencados anteriormen-
te, os paralelismos com a Idade Média são a iniciativa de autores e/ou editores,
de líderes políticos, e o resultado da projeção sobre a História Medieval da
ideia de nação e dos conceitos que a acompanham. Cada um desses atores,
a seu modo, e ainda que indiretamente, respondeu à questão do “porquê” do
estudo da Idade Média por meio de uma associação direta entre sociedades
medievais e identidades nacionais contemporâneas.

9 Loyen, A., “Résistants et collaborateurs en Gaule à l'époque des grands invasions”. Bulletin de l'Asso-
ciation Guillaume Budé: Lettres d'Humanité, 22, p. 437-450, 1963.
10 Salin, E., La Civilisation mérovingienne, Paris, Picard, 1950-1959, 4 volumes (Les idées et les faits;
Les sépultures; Les techniques; Les croyances).
11 Geary, P., Before France and Germany: The Creation and Transformation of the Merovingian World,
Oxford, Oxford University Press, 1988; Naissance de la France. Le monde mérovingien. Paris:
Flammarion, 1989.

184
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

Nos últimos anos, observa-se um movimento, nas pesquisas consagra-


das à Idade Média, que consiste em privilegiar uma perspectiva “europeia”,
em detrimento das perspectivas nacionais. As origens da Europa ocupam hoje
muito mais a atenção dos historiadores desse continente do que as origens da
França ou da Alemanha. O projeto europeu, cujo motor foi a reconciliação
franco-alemã, teve um impacto considerável no âmbito das pesquisas acadê-
micas. O mesmo período que havia sido terreno da disputa franco-alemã ha-
veria de ser também um dos terrenos da reconciliação. A fronteira identitária
se expandiu, abrangendo, a partir de então, a Europa como entidade política
depositária de uma mesma unidade. Importantes projetos coletivos dos últi-
mos 30 anos, realizadas com financiamento da União Europeia, respondiam
a uma agenda de pesquisa definida por essa entidade, e que tinha como eixos
programáticos temas como “European Identity/Identities”12.
Os títulos de algumas obras fornecem, mais uma vez, um precioso tes-
temunho dessa mudança de orientação. Em sua tradução inglesa, de 1975, o
livro do historiador francês Lucien Musset, a respeito das invasões bárbaras,
ganhou um subtítulo que não estava presente na edição original, de 1965: The
making of Europe13. Em 2005, a Tese de Doutorado de Bruno Dumézil, inti-
tulada originalmente Conversion et liberté dans les royaumes barbares d’Oc-
cident, de l’édit de Théodose à la conquête arabe, foi publicada, em 2005,
com o título Les racines chrétiennes de l'Europe (Fayard). O impacto do livro,
além de sua inegável qualidade, se deveu também ao fato de que seu título
caía como uma luva em um debate que girava em torno da importância do
cristianismo na formação da Europa. Todavia, não são apenas pelos seus tí-
tulos que obras publicadas a partir dos anos 1960 testemunharam das novas
funções identitárias associadas à Idade Média. Em um de seus últimos livros,
L’Europe est-elle née au Moyen Age?, Jacques Le Goff colocava claramente a
questão das origens medievais, para, ao longo da obra, avaliar cada experiên-
cia histórica (carolíngios, IV Concílio de Latrão, as ordens mendicantes etc.)
à luz de sua contribuição para a ideia de Europa14.
Algumas vezes, as críticas às abordagens nacionais ou nacionalistas do
segundo pós-guerra trouxeram consigo um simples deslocamento das fron-
teiras identitárias, do Estado Nação para a União Europeia. Ou significaram
a reafirmação de uma identidade europeia, nos mesmos padrões nos quais se

12 https://ec.europa.eu/research/social-sciences/pdf/policy_reviews/development-of-european-identity-i-
dentities_en.pdf [consultado em 19/12/2016].
13 Musset, L., The Germanic Invasions. The Making of Europe AD 400–600, Londres, Paul Elek, 1975;
edição original: Les invasions : le second assaut contre l'Europe chrétienne(VIIe-XIe siècle), Paris,
Presses universitaires de France, 1965.
14 Le Goff, J., L'Europe est-elle née au Moyen Âge? Paris, Éd. du Seuil, 2003.

185
Armando Torres Fauaz

defendiam as identidades nacionais15. No entanto, é preciso reconhecer que


essa mudança de foco nem sempre significou a adesão a um discurso identi-
tário, além de ter trazido ganhos metodológicos significativos. Certos temas,
como o espaço, a economia rural ou as trocas mercantis – para citar apenas
alguns exemplos – encontraram o seu melhor desenvolvimento em um espaço
geográfico mais amplo do que o dos Estados Nacionais modernos. É o caso
do Programa de Pesquisa Collective identifiés and transnational networks in
medieval and early modern Europe, 1000-1800, da Universidade de Leiden16,
ou ainda das duas grandes sínteses recentes sobre a Alta Idade Média, Fra-
ming the Early Middle Ages, de Chris Wickham, e Puissants et misérables,
de Jean-Pierre Devroey17. Dignas de nota também são as perspectivas menos
marcadas pelas oposições nacionais, sobretudo no que se refere ao tema po-
lêmico das invasões bárbaras. Os trabalhos, publicados sobretudo a partir dos
anos 1960, passaram a sustentar a ideia de que, ao invés de invasões bárbaras,
teriam havido “migrações”; que o Direito e as instituições romanas não desa-
parecem com o advento dos reinos bárbaros, mas constituíram a ossatura dos
sistemas políticos medievais18. Desde o final dos anos 1970, a própria ideia de
que os bárbaros constituíam grupos étnicos homogêneos foi posta em xeque
por historiadores que destacaram o processo de construção das identidades.
Os povos que os romanos tardios chamavam “francos” ou “godos” não se-
riam fenômenos naturais, mas meios cultural e politicamente construídos de
categorizar pessoas que podiam diferir muito umas das outras e que podiam

15 É o caso de um livro recente do historiador belga David Engels, no qual ele traça paralelos entre a crise
do mundo romano e a situação da Europa no início do século XXI, sob fundo de defesa dos valores
tradicionais europeus: “La tentative aussi désespérée qu'infructueuse de rejeter les valeurs tradition-
nelles du passé et de construire une nouvelle identité collective européenne basée sur des idéaux uni-
versalistes ressemble plus à un symptôme de la crise actuelle qu'à sa solution” (Le déclin. La crise de
l'Union Européenne et la chute de la République Romaine, Paris, Le Toucan, 2012).
16 https://www.universiteitleiden.nl/en/research/research-projects/humanities/collective-identities-
-and-transnational-networks-in-medieval-and-early-modern-europe-1000-1800 [consultado em
19/12/2016].
17 Wickham, C., Framing the Early Middle Ages: Europe and the Mediterranean, 400-800, Oxford, Ox-
ford University Press, 2005; Devroey, J.-P., Puissants et misérables. Système social et monde paysan
dans l'Europe des Francs (VIe-IXe siècles), Bruxelles, Académie Royale de Belgique, 2006.
18 Esse “aggiornamento historiográfico” foi tão rápido e tão radical que, em 2005, Bryan Ward-Perkins lem-
brava os riscos de se perderem de vista as ideias de crise e de declínio: “My worries about the new Late
Antiquity, however, go deeper than a concern that it is so restricted by its religious focus as to be decepti-
vely wrong. I also think there is a real danger for the present day in a vision of the past that explicitly sets
out to eliminate all crisis and all decline. The end of the Roman West witnessed horrors and dislocation
of a kind I sincerely hope never to have to live through; and it destroyed a complex civilization, throwing
the inhabitants of the West back to a standard of living typical of prehistoric times. Romans before the fall
were as certain as we are today that their world would continue for ever substantially unchanged. They
were wrong. We would be wise not to repeat their complacency” (Ward-Perkins, B., The Fall of Rome and
the End of Civilization, Oxford, Oxford University Press, 2005, p. 183).

186
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

não ser tão diferentes das pessoas que não se integravam nessa categoria. H.
Wolfram e W. Pöhl afirmam que os povos bárbaros seriam inicialmente consti-
tuídos por grupos restritos de pessoas (os “face-to-face groups”), que consisti-
riam de algumas dezenas, algumas centenas ou milhares de pessoas. Ao longo
das migrações, esses grupos recebiam a adesão de populações diversas que
adotavam o nome deles e suas tradições. Os historiadores e arqueólogos da
chamada “Escola de Toronto” vão ainda mais longe, e questionam a existên-
cia desses “núcleos de tradição” dos povos bárbaros: de fato, é praticamente
impossível identificá-los por meio das escavações arqueológicas. Apesar das
polêmicas, há um consenso de que nomes, mitos de origem e leis constituíam
discursos por meio dos quais um grupo inicialmente heterogêneo pretendia
reivindicar sua unidade criando-a. Tais discursos tinham como objetivo a rei-
vindicação de parcelas de território e de poder no interior do Império Romano.
A historiografia medieval e a historiografia moderna tomaram esses discursos
como a prova de que sólidas comunidades étnicas constituíam a base dos rei-
nos que levavam seus nomes19. Essas ideias constituíram o mais importante
golpe sofrido pela perspectiva nacionalista: ficava difícil raciocinar em termos
de uma relação direta entre os francos e os franceses, os lombardos e os ita-
lianos etc., quando a própria existência dessas comunidades bárbaras como
grupos coesos e etnicamente homogêneos era questionada.
Em maio de 2008, o Laboratório de Estudos Medievais organizou, na Uni-
versidade de São Paulo, o colóquio intitulado: Por que estudar a Idade Média
no século XXI? Na ocasião, historiadores brasileiros, franceses, além de um co-
lega israelense, refletiram sobre o estudo das sociedades medievais, a dinâmi-
ca das ciências sociais e as expectativas do público não acadêmico. Os textos
apresentados ao longo do colóquio foram reunidos em um livro, publicado pelas
Éditions de la Sorbonne, em 2012, sob o título Pourquoi étudier le Moyen Âge?
Les médiévistes face aux usages sociaux du passé20. Visto de uma maneira po-
sitiva, o colóquio representou a pujança de um campo de estudos que buscava
refletir sobre o seu sentido na sociedade do século XXI. Em sua acepção ne-
gativa, talvez tenha sido uma demonstração da imaturidade da área de estudos
medievais, insegura quanto à sua utilidade no mundo contemporâneo. Como um

19 Uma das melhores introduções à questão da etnogênese é o artigo de W. Pöhl: “Aux origines d’une Eu-
rope ethnique. Transformations d’identité entre Antiquité et Moyen Age”, Annales H.S.S., 60/1 (2005),
p. 183-20; ver também: Wolfram, H., History of the Goths, Berkeley, Los Angeles, London, University
of California Press, 1987; do mesmo autor, “Le genre de l'Origo gentis”, Revue belge de philologie et
d'histoire, t. 68, fasc.4, p.789-801, 1990; Coumert, M., Origines des peuples. Les récits du Haut Moyen
Âge (550-850), Paris, Institut d’Études Augustiniennes, 2007.
20 Almeida, N., Cândido da Silva, M., Méhu, D. (Org.), Pourquoi étudier le Moyen Âge? Les médiévistes
face aux usages sociaux du passé, Paris, Publications de La Sorbonne, 2012.

187
Armando Torres Fauaz

dos organizadores do colóquio, prefiro uma acepção menos negativa: é saudá-


vel, para qualquer especialidade, colocar em xeque, em algum momento, a sua
utilidade, bem como refletir sobre o seu sentido. Apesar do título pretensioso, os
objetivos do colóquio, bem como os do livro que se seguiu, eram mais modes-
tos: tratava-se de discutir as relações entre a História Medieval e as demandas
sociais e, sobretudo, institucionais, particularmente no âmbito das instituições
de ensino superior. As respostas dadas pelos participantes do evento à questão
iam desde a afirmação mais ou menos explícita da “inutilidade” da História
Medieval21 até uma defesa do papel dos historiadores em geral, e dos medieva-
listas em particular, de intervenção na sociedade contemporânea22. Não havia
nenhuma pretensão à exaustividade nesse colóquio, e é importante reconhecer
que as respostas dadas à questão do título certamente seriam distintas se os parti-
cipantes fossem outros. Cumpre salientar que a questão da História Medieval no
Novo Mundo não foi um dos eixos de preocupação dos autores, e isso apesar de
o colóquio ter sido sediado no Brasil e ter entre seus participantes pesquisadores
atuando no Brasil e no Canadá.
E, no entanto, há várias décadas, autores latino-americanos tentam dar
uma resposta à questão da pertinência e do lugar dos estudos medievais na
América Latina. Talvez a mais recorrente delas, representada notadamente por
meio dos trabalhos do jurista mexicano Luis Weckmann, consiste em dizer,
grosso modo, que o estudo da Idade Média nessa região é relevante pois tal
região possui suas raízes no período medieval. Essa resposta não se assemelha
à visão, predominante até os anos 1970, por exemplo, que entendia a História
do Brasil como o resultado da transposição para o Novo Mundo das estru-
turas do Feudalismo ibérico. Não se tratava, então, de justificar os estudos
medievais no Brasil, mas de utilizar a Idade Média para explicar o atraso bra-
sileiro. É importante lembrar que, naquele contexto, predominava uma visão
negativa acerca do período medieval, que o associava ao atraso, à ausência
de poder público, à barbárie e à violência endêmica e sem limites. Assim, a
“herança feudal” portuguesa explicaria o atraso do Brasil em engajar-se de
forma eficaz na via da modernização, diferentemente dos Estados Unidos, por
exemplo23. Segundo Nelson Werneck Sodré, a sociedade brasileira dos anos
1950 seria ainda marcada pela servidão da população rural, traço típico do
Feudalismo que, segundo ele, subsistiu às margens do regime escravista. A
abolição da escravidão não teria modificado de maneira substancial o regime

21 Demade, J., “L’histoire médiévale peut-elle exciper d’une utilité intellectuelle qui lui soit spécifique?”,
p. 15-60.
22 Méhu, D., “L’historien médiéviste face à la ‘demande sociale’”, p. 93-121.
23 Cândido da Silva, M., “Pourquoi étudier le Moyen Âge au XXI siècle, au Brésil?”, p. 197-214.

188
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

de possessão da terra, mas, ao contrário, reforçado e ampliado a dominação


feudal no campo24. Alberto Passos Guimarães, em sua obra Quatro Séculos de
Latifúndio, sustentava que, apesar do papel importante desempenhado pelo
capital comercial no processo de colonização do Brasil, a sociedade não teria
integrado ainda as características da economia moderna. O capital comercial
teria sido submetido à estrutura nobiliárquica e ao poder feudal instaurados
na América Portuguesa pelos nobres sem fortuna determinados a reproduzir
no Brasil os tempos dourados do “Feudalismo clássico”25. Esse ponto de vista
suscitou numerosas críticas, inclusive no seio da historiografia marxista26. Os
trabalhos escritos desde os anos 1970 colocaram em dúvida o suposto caráter
“feudal” da colonização portuguesa no Brasil, ao mesmo tempo em que subli-
nhavam que essa última se inscrevia inteiramente no contexto do mercantilis-
mo e da consolidação de uma “economia-mundo” europeia.
Uma nova abordagem a respeito das “origens medievais” da América La-
tina começou a se estabelecer a partir dos anos 1980, e se beneficiou do avan-
ço da história cultural, bem como de uma melhora em geral da reputação do
período medieval (graças ao sucesso da Nova História e da popularização da
Idade Média na cultura popular: filmes, literatura etc.). Nessa perspectiva, rei-
vindicar as origens medievais não mais servia para explicar as razões do atraso
latino-americano, mas para compreender a riqueza das nossas tradições, ou
melhor, a filiação europeia delas. Além do mais, o Feudalismo não era mais o
eixo em torno do qual se traçavam paralelos entre a Europa medieval e o Novo
Mundo. Os melhores exemplos dessa tendência são dois livros de autoria de
Luis Weckmann, La herencia medieval del México (publicado em 1983), e
La herencia medieval del Brasil (de 1993). Segundo Weckmann, não teria
havido, na Península Ibérica, um “outono da Idade Média”. Os espanhóis e os
portugueses teriam podido, assim, transmitir ao Novo Mundo instituições e
modelos da Idade Média que ainda estavam em vigor em seus países.
No que diz respeito precisamente ao Brasil, Weckmann estabelece um qua-
dro bastante exaustivo – e em boa medida tão desconexo quanto amplo – do
que ele chama de “frutos tardios do espírito medieval”. A lista é extremamente

24 Sodré, N.W., Formação Histórica do Brasil, 11a ed. São Paulo, Difel, 1982. Para uma melhor com-
preensão do papel de Nelson Werneck Sodré no âmbito da historiografia brasileira, ver Ricupero, R.
“Formação Histórica do Brasil”. In: Silva, M. (Org.), Dicionário Crítico Nelson Werneck Sodré, Rio
de Janeiro, UFRJ, 2008, p. 120-127.
25 Guimarães, A.P., Quatro séculos de latifúndio, Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1968.
26 Entre os maiores críticos dessa perspectiva está Caio Prado Jr.: “O fato, contudo, é que o Brasil não
apresenta nada que legitimamente se possa conceituar como “restos feudais”. Não fosse por outro
motivo, pelo menos porque para haver “restos”, haveria por força de preexistir a eles um sistema
“feudal” de que esses restos seriam as sobras remanescentes” (Prado Jr., C., A revolução brasileira,
7a ed., São Paulo, Brasiliense, 1987, p. 39).

189
Armando Torres Fauaz

longa: os conselhos municipais, a devoção à Virgem, a nobreza, a Ordem do


Cristo, a encomienda, a música, as danças e os jogos, a navegação, os regula-
mentos administrativos e comerciais, o artesanato, as técnicas de produção, a
escolástica, o ensino, os debates teológico-políticos, as múltiplas manifestações
da religião cristã, tanto do ponto de vista litúrgico quanto do ponto de vista das
numerosas formas de devoção etc. A lista é igualmente exaustiva no que se refe-
re às “origens medievais do México”. A conquista e o povoamento da América
teriam significado, além da transmissão das instituições medievais e sua adapta-
ção ao Novo Mundo, o renascimento de velhas instituições já em “decadência”
na Europa. No Brasil, o regime das Capitanias Hereditárias teria instituído os
privilégios senhoriais e feudais. Aceitar os paralelos propostos por Weckmann
traz o risco de obliteração de uma parte importante do complexo processo de
formação dos países latino-americanos, quer seja a diáspora africana, a contri-
buição das populações indígenas, quer sejam as sucessivas levas de imigração
europeia e também asiática. Não pretendo, aqui, evidentemente, negar a im-
portância da influência europeia sobre as sociedades do Novo Mundo, mas não
acredito que tal influência possa ser qualificada de “medieval”. Claro, podemos
traçar paralelos entre a Idade Média e certas características das práticas reli-
giosas, do urbanismo, da organização militar trazidos pelos portugueses para
a América; tais paralelos são variados, e incluem até mesmo a Cruz de Cristo
que estava estampada nas velas dos navios que aportaram pela primeira vez em
Porto Seguro, no dia 22 de abril de 1500. No entanto, nada disso pode nos fazer
esquecer que o processo que deu origem à ocupação e à exploração do território
americano consistiu na criação de uma economia-mundo de matriz europeia.
O comércio triangular é um excelente exemplo nesse sentido. A integração das
Américas, mas também da África e de parte da Ásia, à dominação europeia
ocorreu no âmbito de uma expansão que se pode designar como capitalista27.
Por outro lado, ao sustentar a existência de uma “longa Idade Média”, que
teria se prolongado até o século XVIII, Jacques Le Goff não dissociou Idade
Média e expansão europeia, ao contrário. É nesse sentido que alguns dos pro-
ponentes da abordagem cultural viram em aspectos modernos traços de uma
mentalidade e de uma sociedade medievais. É o caso de Jerôme Baschet, que,
em seu livro A Civilização Feudal: Do Ano Mil à Colonização da América, se
mostra crítico da abordagem de Weckmann a respeito da herança medieval e
propõe que se renuncie à ideia de ruptura entre Idade Média e Renascimento:

27 Ver, por exemplo, artigo de Rafael Marquese sobre a importância do conceito de capitalismo para a com-
preensão da escravidão no Novo Mundo (Marquese, R. de B., “As desventuras de um conceito: capitalismo
histórico e a historiografia sobre a escravidão brasileira”, Revista de História, 169, 2013, p. 223-253).

190
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

“Uma visão histórica mais global deveria, inevitavelmente, reconhecer


o peso de uma dominação colonial surgida da dinâmica ocidental, que
conduz à transferência e à reprodução de instituições e de mentalidades
europeias, mas sem ignorar que uma realidade original, irredutível a
uma repetição idêntica, toma forma nas colônias do Novo Mundo”28.

Maria Eurydice de Barros Ribeiro, uma das pioneiras da introdução da


Nova História no campo dos estudos medievais no Brasil, utilizou a noção
de “longa Idade Média” para destacar as relações entre a história brasileira
e a história portuguesa. No entanto, a autora não enxergou no processo de
implantação do regime monárquico no Brasil uma linearidade em relação às
instituições portuguesas, ou ainda uma transposição das mesmas para o Novo
Mundo29. Na mesma linha argumentativa, José Rivair Macedo sustenta a ideia
de “adaptação” de práticas medievais, em vez da ideia de uma transposição
das instituições medievais para o Novo Mundo, que é o que se desprende da
análise de Luis Weckmann:

“Por ‘resuidades medievais’ ou ‘reminiscências medievais’ devem-se


entender justamente as formas de apropriação dos vestígios do que um
dia pertenceu ao medievo, alterado e/ou transformados no decurso do
tempo. Nesta categoria encontram-se, por exemplo, as festas, os costu-
mes populares, as tradições orais de cunho folclórico que remontam aos
séculos anteriores ao XV e que preservam algo ainda do momento em
que foram criados, mesmo tendo sofrido acréscimos, adaptações, alte-
rações. Festas como a de Corpus Christi, as Folias de Reis e a Festa do
Divino Espírito Santo, o Natal, e mesmo o Carnaval, foram um dia ‘me-
dievais’, e persistem... mas não da mesma forma, nem desempenhando
os mesmos papéis na Europa ou em outras partes do mundo para onde
foram levadas”30.

Sobretudo, o que me parece importante destacar nessa abordagem é o


reconhecimento de que os usos e as apropriações da Idade Média não são o
monopólio dos “países novos”, desprovidos de um passado medieval. Citando
Umberto Eco, José Rivair Macedo evoca o caso das fachadas da Catedral de
Nápoles, da Catedral de Amalfitana, de Santa Cruz e de Santa Maria del Fiore,

28 Baschet, J., A Civilização Feudal: Do Ano Mil à Colonização da América, São Paulo, Globo, 2006, p. 32.
29 Ribeiro, M.E., “A monarquia em Portugal e no Brasil - Uma longa Idade Média”. In: Macedo, J.R.
(Org.), A Idade Média Portuguesa e o Brasil: Reminiscências, Transformações, Ressignificações, Por-
to Alegre, Vidráguas, 2011, p. 131-143.
30 Macedo, J.R., “Sobre a Idade Média residual no Brasil”. In: A Idade Média Portuguesa e o Brasil:
Reminiscências, Transformações, Ressignificações, p. 9-20, aqui, p. 13.

191
Armando Torres Fauaz

construídas e reconstruídas para a alegria dos turistas, em busca desesperada


de autenticidade histórica. Não há, portanto, na perspectiva de autores como
Baschet, Ribeiro e Macedo, nenhuma tentação identitária, mas o reconheci-
mento das reinterpretações de símbolos e de práticas medievais trazidas pelos
colonizadores, bem como da artificialidade de muitas dessas reconstruções
medievais, na América Latina e na Europa. É o caso, igualmente, das reflexões
de Martín Rios Saloma sobre o mito da Reconquista Ibérica31.
O tema da herança medieval, desenvolvido na obra de Luis Weckmann,
constitui, em última instância, uma resposta ao “porquê” de estudar a Ida-
de Média europeia no Brasil e na América Latina. Trata-se, no entanto, de
uma resposta insatisfatória à questão. Por vários motivos. A historiografia la-
tino-americana é, em geral, bastante cética em relação à noção de “herança
medieval”, esse conjunto de tradições, de práticas e de instituições que teria
atravessado o Atlântico nas bagagens dos colonizadores europeus para se esta-
belecer sem nuances no Novo Mundo32. Além do mais, a explicação proposta
pelo jurista mexicano se fundamenta em um procedimento mais analógico do
que analítico. É o caso, por exemplo, do conflito ocorrido em Salvador em
meados do século XVI entre o governador português e o bispo da cidade, e
que Luis Weckmann interpreta como um “eco” da Querela das Investiduras do
século XI. Ou ainda, quando ele menciona os viajantes portugueses do início
do século XVI que teriam observado leões na floresta brasileira: isso seria a
prova de que esses viajantes estavam guiados por uma “concepção medieval
do mundo”. Não há muitas dúvidas de que os exploradores portugueses, es-
panhóis, franceses, genoveses ou ingleses enxergaram a paisagem do Novo
Mundo a partir de sua própria experiência, mas daí a qualificá-la de “medie-
val” vai uma distância que a análise do autor não torna inteligível ao leitor.
Outro motivo pelo qual a ideia da “herança medieval” do Brasil e do México
é insatisfatória é porque ela supõe, ainda que indiretamente, que só podemos
estudar um período em direta relação com a história do nosso próprio país.
Isso equivale a dizer que, em última instância, nenhum período que esteja em
dissonância, ou que não comprove o seu atestado de herança ao Brasil ou ao
México modernos, merece ser estudado. Esse tipo de atitude é incompatível
com os princípios de curiosidade e de universalidade que fundamentam toda
atividade científica, seja ela na área de Humanidades ou não.

31 Saloma, M.R., La Reconquista: génesis de un mito historiográfico, Historia y Grafia, UIA, 30, 2008,
p. 191-216.
32 “Como sempre, em história, a noção de herança não deixa de ser arriscada, pois, como a noção de
influência, sugere a retomada passiva de elementos anteriores e incita o historiador a sucumbir a esta
‘obsessão das origens’ denunciada por Marc Bloch” (Baschet, J., A Civilização Feudal, p. 31).

192
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

Todavia, esses argumentos, embora sejam úteis como uma crítica a cer-
tos aspectos contidos na ideia da “herança medieval” da América Latina, não
constituem por si mesmos uma resposta suficiente à questão proposta neste
texto. Gostaria, agora, de fazer a crítica às minhas tentativas de resposta à
questão do lugar dos estudos medievais na América Latina. Desde quando me
tornei Professor de História Medieval da Universidade de São Paulo, há treze
anos, a resposta que costumava dar à questão era bastante simples, talvez ex-
cessivamente simples, e podia ser expressa mais ou menos da seguinte forma:
a Idade Média é um período histórico e, como qualquer período histórico, me-
rece ser estudada. Homens viveram e construíram sociedades entre os séculos
V e XV; portanto essas sociedades podem e devem ser objeto de estudo dos
historiadores, seja no Brasil, no México, na Argentina, na França ou no Viet-
nã... No início de minha carreira como professor universitário, eu costumava
afirmar isso para os meus alunos de maneira um tanto quanto caricatural, di-
zendo que a verdadeira resposta para a pergunta seria: “estudo a Idade Média
porque eu quero”. Em que pese a caricatura contida na afirmação, havia algo
de real nela, e de profundamente sincero também: a reivindicação da liberdade
acadêmica, da possibilidade dada a qualquer estudioso de escolher o seu tema
de pesquisa. Ainda reivindico o princípio da liberdade de pesquisa, mas devo
dizer que não da mesma forma que antes. Hoje, não mais diria aos meus alu-
nos que estudo a Idade Média simplesmente porque quero.
Em 2005, ao receber um aluno de Graduação, que havia solicitado uma
releitura e uma reavaliação de sua prova final do curso de História Medieval I,
questionei-o sobre o porquê de ter feito determinada análise. Ele então respon-
deu que havia sido uma “escolha pessoal”. Entendi essa resposta da seguinte
forma: ele havia escrito aquilo porque queria, era um direito dele, e cabia a
mim apenas respeitar a sua escolha e aceitá-la, sem mais questionamentos.
Interrompi imediatamente o aluno para lhe dizer que, sendo aluno de uma
instituição de ensino, ele tinha a obrigação de justificar as suas escolhas, não
em função do princípio da vontade pessoal, ou da verdade subjetiva, mas a
partir de critérios que são, ao mesmo tempo, partilhados com os seus pares e
passíveis de questionamento, de crítica e de refutação. Ao terminar de falar,
dei-me conta de que a resposta daquele aluno ao meu questionamento era uma
variação do mesmo princípio que eu usava para responder à questão: “Por que
estudar a Idade Média na América Latina?”. A crítica que eu havia feito a ele
servia perfeitamente para mim.
Professores e pesquisadores da área de História Medieval no Brasil e em
outros países da América Latina – e por que não de História ou de qualquer ou-
tra disciplina –, somos, em nossa esmagadora maioria, funcionários públicos,

193
Armando Torres Fauaz

e também financiados com recursos públicos, por meio de bolsas, auxílios à


pesquisa diversos, auxílios à mobilidade e à publicação etc. Nossas escolhas
temáticas, por mais que sejam movidas por nossas vontades e informadas por
nossas experiências, devem ser justificadas segundo critérios que podem e
devem ser publicamente enunciados. É evidente que a resposta que damos à
questão do “porquê” de estudar determinado tema deve se dirigir também, e
talvez sobretudo, à sociedade que mantém a universidade com seus impostos.
Assim, acredito que é necessário justificar perante a comunidade aquilo que
fazemos, ou pelo menos não perder de vista a necessidade de fazê-lo.
Não propus, neste artigo, uma reflexão em torno do “Para que estudar a
Idade Média na América Latina?”. Prefiro pensar no “porquê”, pois o “para
quê” está por demais associado a um imperativo utilitário que nem sempre é o
mais adequado para se avaliar a pertinência e a legitimidade dos estudos na área
de Humanidades. Lembro-me do momento em que optei por fazer o curso de
História e não parava de ouvir, de familiares e de amigos, perguntas que, formu-
ladas de maneiras mais ou menos gentis ou mais ou menos diretas, convergiam
para a mesma interrogação, quando não a continham clara e explicitamente:
“para que serve isso?”. Desnecessário dizer que, em mais de uma ocasião, a
pergunta era meramente retórica, os inquiridores tinham uma convicção que
não mudaria, qualquer que fosse a minha resposta. Há, portanto, no “para que
serve?” uma exigência de utilidade imediata que, de antemão, coloca em xeque
não apenas a História Medieval ou a História, mas todas as disciplinas que não
possuem uma aplicação prática evidente, ou pelo menos aquelas cuja aplicação
é visível a olho nu. Diante da pergunta formulada dessa forma, saem-se melhor
os engenheiros, os arquitetos, os advogados, os professores de línguas. Colocar
a questão na forma do “por quê?” conduz a uma reflexão, que pretendo realizar
aqui, sobre as razões e os fundamentos da nossa disciplina, sem que passemos
necessariamente pela questão da utilidade imediata.
Nos anos 2000, graças ao aumento do número de pesquisadores de Histó-
ria Medieval nas universidades públicas brasileiras, a participação de medie-
valistas nos encontros da Associação Nacional de História (ANPUH) ganhou
força. Vimos a criação, tanto em encontros regionais quanto nos encontros
nacionais, de vários Grupos de Trabalho que passaram a contar com histo-
riadores de outros períodos, com destaque especial para a História Antiga e
para a História Moderna. O Núcleo de Estudos Mediterrânicos, da Universi-
dade Federal do Paraná, o Programa de Estudos Medievais, da Universidade
Federal do Rio de Janeiro, ou ainda o Scriptorium, da Universidade Fede-
ral Fluminense, organizaram simpósios temáticos nos encontros da ANPUH,
ampliando o debate entre historiadores e, por vezes, integrando à reflexão

194
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

especialistas de outros períodos. Essa integração ocorreu também por meio


de publicações coletivas, reunindo especialistas da Antiguidade, e das épocas
Moderna e Contemporânea. É o caso, por exemplo, do livro Missão e Prega-
ção – A Comunicação Religiosa entre a História da Igreja e a História das
Religiões, de 2014: o escopo cronológico dessa obra coletiva vai muito além
da Idade Média, na medida em que busca compreender o impacto sociopolíti-
co dos sistemas de comunicação cristãos fundados sobre a palavra missioná-
ria do século V ao século XXI. A obra tem por objeto as dinâmicas políticas
das experiências cristãs, comuns tanto ao período medieval quanto ao período
contemporâneo33. É evidente, por meio dessas iniciativas, um esforço de di-
álogo e de interlocução que vai além do âmbito da Idade Média, e que busca
congregar a comunidade de historiadores, mas também antropólogos, histo-
riadores da arte, filósofos, cientistas sociais etc. Parte da resposta à questão
central deste artigo se encontra, portanto, no fato de que a questão de “por que
estudar a Idade Média?” não pode ser dissociada de uma questão mais ampla,
e que se traduz em “por que estudar história?”, no caso dos historiadores,
mas que pode se declinar também em “por que estudar literatura?”, “por que
estudar filosofia?” etc. Buscar uma resposta especificamente “medieval” para
cada uma dessas questões consiste em reificar uma convenção cronológica,
atribuindo a uma criação do século XIX uma correspondência com o passado
que ela não possui. Concordo com Joseph Morsel quando ele afirma que não é
a Idade Média que salvará a História Medieval, e sim sua inserção no campo
científico: a História da Idade Média é, segundo esse autor, um nível inade-
quado de mobilização:

“La production d’un discours de légitimation ne peut donc certaine-


ment être considérée comme un pis-allé, une solution temporaire, tacti-
que, qui ne doit en aucun cas risquer de se détourner de la seule chose
qui compte: cette insertion dans le champ scientifique”34.

A ideia de uma “herança” medieval é filha de uma percepção da Idade


Média como um período à parte; percepção essa que tende a se diluir gra-
ças aos avanços do trabalho em rede e da interdisciplinaridade. As pesquisas
em rede no âmbito dos estudos medievais na América Latina se fortaleceram
nos últimos anos, com a constituição, sobretudo na Argentina, no Brasil e no

33 Almeida, N.; Moura, E. (Org.), Missão e Pregação– A Comunicação Religiosa entre a História da
Igreja e a História das Religiões, São Paulo, Editora UNIFESP, 2014.
34 Morsel, J., “L’Histoire (du Moyen Âge) est un sport de combat… deux ans après: retour sur une tenta-
tive de légitimation sociale”, In: Pourquoi étudier le Moyen Âge au XXIe siècle?, p. 61-92, aqui, p. 92.

195
Armando Torres Fauaz

Chile, de grupos reunindo historiadores, historiadores da arte, filósofos35. A


associação de historiadores de diversos países latino-americanos em torno de
uma rede de pesquisa de alcance continental é, hoje, a mais importante inicia-
tiva no âmbito continental. Esperemos que seja coroada de êxito.
Tendo em vista os diversos problemas colocados pela interpretação das
fontes, a Idade Média se presta, como qualquer outro período, às abordagens
multidisciplinares. Gostaria de evocar o exemplo da fome. Dizer que a fome
é um problema atual surge de um lugar-comum: segundo estimativas da FAO,
cerca de 70 milhões de pessoas morreram de fome ao longo do século XX, 30
milhões delas na China, durante o “Grande salto para a frente” (1958-1961).
Ainda segundo a FAO, em 2012, cerca de 870 milhões de pessoas estavam
em situação de carência alimentar. Esse tema abrange aspectos variados no
interior de uma sociedade: as hierarquias, as políticas públicas, a produção
agrícola, a distribuição de gêneros alimentícios, entre outros. A fome se en-
contra na encruzilhada de diversos campos de estudo, ela é objeto de interesse
de historiadores, de sociólogos, de economistas, de matemáticos, de filósofos,
de agrônomos etc. Além do mais, o estudo desse fenômeno permite que ultra-
passemos os limites estritos de uma periodização que pode, algumas vezes, ser
artificial, limitada e infrutífera para o trabalho dos historiadores: a Idade Mé-
dia. Por fim, a fome produz transformações no interior das sociedades sobre
as quais ela age. Ela é, em suma, um mecanismo de transformação social. Na
China, por exemplo, a fome conduziu a um processo de “descoletivização” no
início dos anos 1960 (interrompido pela Revolução Cultural, diga-se de passa-
gem). Na Coreia do Norte, ela trouxe consigo a emergência de uma economia
informal, que convive ainda hoje com uma economia altamente centralizada.
Em ambos os casos, a fome parece ter provocado mudanças que as lideranças
políticas dos dois países não quiseram ou não puderam evitar. Compreender o
impacto da fome a longo prazo é fundamental para elaborar novas estratégias
de desenvolvimento nas sociedades contemporâneas. As mudanças provoca-
das pela fome podem nos ajudar, tanto quanto a compreensão de suas causas,
a compreender o fenômeno de uma maneira mais ampla: quais alterações ela
provoca no equilíbrio social, como reagem as autoridades públicas… No fi-
nal das contas, trata-se de, por meio da fome, compreender as sociedades e
suas dinâmicas. Quer estudem a Idade Média, a época contemporânea ou a
Roma Republicana, os historiadores se interessam pelas formas por meio das
quais as sociedades são construídas, como elas se transformam. Desvendar os

35 Cândido da Silva, M.; Almeida, N., “Le Moyen Âge et la nouvelle histoire politique au Brésil”. Mé-
langes de l’École Française de Rome - Moyen Âge, 126, 2 [consultado em 15/01/2017]. URL: http://
mefrm.revues.org/2070]

196
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

mecanismos de construção social na Idade Média, independentemente da rela-


ção entre esses mecanismos e aqueles vigentes entre nós, nos ajuda a entender
de que maneira produzimos o social.
Ao buscarmos no estudo das sociedades medievais uma maneira de me-
lhor compreender a sociedade em que vivemos, não estamos construindo, ne-
cessariamente, uma relação de subordinação do passado em relação ao presen-
te. Não se trata aqui de dizer que apenas o estudo do presente importa, e que
o estudo do passado seria tão somente um meio para melhor compreender o
tempo presente. Não se trata tampouco de incorrer no “pecado das origens”,
contra o qual tantas vezes os historiadores, entre eles Marc Bloch, alertaram.
Não acredito que haja uma linha direta, povoada pela tradição e pela herança,
que associa a Idade Média e o mundo em que vivemos. O que importa é o
estudo do social e de sua construção – talvez de uma maneira mais diacrônica
do que sincrônica, aliás.
Se se trata do estudo do social e de sua construção, qual a relevância par-
ticular da Idade Média? Gostaria de responder a essa questão evocando aquilo
que as sociedades medievais têm de específico, destacando, pelo menos, um
desses elementos de diferenciação. Tomemos o exemplo da noção de pobre,
pauper em latim. Na passagem do século VII para os séculos VIII e IX, há
um aumento impressionante da quantidade de menções a pauperes nas fontes
escritas, histórias, crônicas, atas conciliares, textos narrativos etc. À primeira
vista, e tendo por referência a maneira como entendemos esse fenômeno, é
possível afirmar que essa multiplicação das referências é o sintoma de um
aumento significativo da pobreza no mesmo período.
Entre os textos que mencionam os pobres, temos esse texto de caráter
hagiográfico, redigido por Gregório de Tours, um bispo da segunda metade
do século VI:

“Em outro pagus de Tours existe um túmulo localizado entre arbustos e


espinhos. Dizem que um bispo foi sepultado neste túmulo, mas não sa-
bemos o nome dele. O filho de um pobre (pauper) morreu. Em seguida,
o rapaz foi enterrado, o pobre homem não pôde encontrar uma cobertura
para o seu sarcófago, por isso ele foi lá e tirou a cobertura do túmulo [do
bispo]. A tampa era tão grande que foi necessária a força de três bois para
puxá-la. Através do roubo da sepultura de outro homem, o pobre cobriu
o corpo do seu filho. Mas, ao fazer isso, ele se tornou surdo, mudo, cego
e paralisado. Durante quase um ano, ele sofreu com essa angústia. Em
seguida, o bispo apareceu em um sonho e disse a ele: 'Qual é o mal que eu
fiz a você e à sua família para você me descobrir removendo a cobertura
de meu túmulo? Vai agora se quiser ser curado e ordene que a tampa seja

197
Armando Torres Fauaz

rapidamente restabelecida. Se não o fizer, você morrerá imediatamente.


Pois sou o Bispo Benignus, que veio como um estrangeiro a esta cidade.
O homem ordenou com a cabeça aos seus servos para ir ao túmulo de
seu filho. A tampa de pedra foi levantada e colocada em uma charrete.
Em seu retorno, a cobertura de pedra era tão leve que dois bois puderam
transportar o que a força de três bois havia removido36.

O pobre ao qual faz referência o autor desse texto não é o “pobre econô-
mico”. Nesse sentido, o aumento significativo das referências a pauperes nos
textos carolíngios deve ser explicado de outra maneira. Não pretendo discor-
rer sobre essa questão aqui, mas apenas ressaltar que a familiaridade com a
noção de pobre nos induz ao erro. Há algo de específico naquela sociedade, e
que merece ser compreendido, explicado. Mas os instrumentos para compre-
ensão dessas especificidades não são distintos daqueles que utilizamos para a
compreensão da Roma do Alto Império ou da Espanha de Felipe II, para citar
apenas alguns exemplos. Nesse sentido – e traço aqui um paralelo –, a distân-
cia cultural que nos separa de nosso objeto é, sem sombra de dúvidas, uma
vantagem. Nasci em Nanuque, no interior de Minas Gerais, e cresci em Nova
Viçosa, no Extremo-Sul da Bahia; o primeiro castelo medieval que vi foi du-
rante o início do doutorado. Claro que essa ausência de familiaridade não me
tornou nem mais nem menos apto a entender o significado desses castelos. No
entanto, o que é mais importante, jamais tive a impressão de que tais castelos
faziam parte das minhas origens. Eles definitivamente não pertenciam ao meu
repertório de referências. A familiaridade no exercício da pesquisa histórica,
muitas vezes, funciona como os falsos cognatos na língua. Eles nos dão a
falsa impressão de conforto, lá onde a dúvida e o estranhamento devem ser de
regra. No fundo, por meio desse pequeno exemplo sobre a noção de “pobre”,
e poderia apresentar outros, o que quero salientar é que o estudo de nossa pró-
pria sociedade é insuficiente para compreendermos o complexo processo de
36 Gregório de Tours, Liber in gloria confessorum, 17, ed. Krusch, B., Monumenta Germaniae Historica,
Scriptores: MGH, Scriptorum Rerum Merovingicarum, t. I, parte II, Hanover, 1885: “In alio loco pago
Turonico erat inter vepres et rubos sepulchrum positum, in quo ferebatur episcopum quendam fuisse
sepultum; nomen ignari erant [incolae, et licet pauci, tamen officium inpendebant]. Contigit vero, ut
cuiusdam pauperis filius moriretur. Quo sepulto, cum operturium sarcofagi non inveniret, ad hunc
locum accessit, ablatumque de hoc sepulchro cooperculum, qui tam inmanis erat, ut trium duceretur
paria boum, texit corpusculum filii furto alterius de sepulchri. Quod cum fecisset, surdus, mutus, cae-
cus ac debilis est effectus; mansitque in hoc supplicio integrum fere annum. Dehinc apparuit ei quidam
sacerdos per visum, dicens: “Quid”, inquit, “tibi tuisque vim intuli, o vir, quia detexisti me, auferendo
operturium tumuli mei? Vade nunc, si vis sanus fieri, iube eum velociter revocari. Quod si nolueris,
protinus morieris. Ego enim sum Benignus episcopus, qui in hac urbe peregrinus adveni. At ille suis
innuens, accessit ad monumentum filii sui, elevatumque lapidem plaustro inposuit, reportatumque ut
sarcofago reddidit, ilico sanus effectus est. Nam ad redeundum ita lapis levis erat, ut, quem tria paria
boum evexerant, boves deinceps duo revocarent”.

198
La Edad Media en perspectiva latinoamericana

construção social. É nesse sentido – e não no sentido teleológico – que afirmo


que a compreensão desse processo em outras sociedades nos ajuda a compre-
ender a nossa própria construção social.
O estudo da Idade Média não se restringe, portanto, às sociedades medie-
vais. Ele compreende, igualmente, um entre outros meios de compreensão das
sociedades contemporâneas. A Idade Média é, por vezes, utilizada como refe-
rência histórica para uma Europa que estaria ameaçada por novas levas migra-
tórias37. Essa posição é minoritária no meio acadêmico europeu, felizmente.
Todavia, não podemos subestimar seu impacto na opinião pública, sobretudo
em tempos de radicalização política, como aquele que vivemos. É evidente
que o fato de não termos conhecido, na América Latina, um período medieval
não nos protege dos mitos das origens e da instrumentalização deles a fins
políticos. Por isso mesmo, o estudo das sociedades medievais, mas também
dos usos e da recuperação da Idade Média, se impõe como uma necessidade.

37 Minc, A., Le nouveau Moyen Âge, Paris, Gallimard, 1992.

199