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¡Ahora Estás en el Ejército!

La Guerra del Creyente


Efesios 6:10–19

Tarde o temprano cada creyente descubre que la vida cristiana es un campo de batalla y no un parque
de diversiones, y que sin el Señor enfrenta a un enemigo que es mucho más fuerte que él.

La realidad es que nosotros como creyentes, estamos en Cristo y somos uno con Él. Su vida es
nuestra vida, su poder nuestro poder, su verdad nuestra verdad, su camino nuestro camino, y como Pablo
prosigue a decir aquí, su fuerza es nuestra fuerza.

Si estamos andando como es digno de la vocación con que fuimos llamados, en humildad y no en
orgullo, en unidad y no en divisiones, en el hombre nuevo y no en el viejo, en amor y no en lujuria, en
luz y no en tinieblas, en sabiduría y no en necedad, en la plenitud del Espíritu y no en la embriaguez del
vino, así como en la sumisión mutua y no en la independencia que sirve al ego, entonces podemos tener
la certeza absoluta de que vamos a tener oposición y conflicto.

Si de algo podemos estar seguros es que Satanás intensificará sus esfuerzos en contra de aquellos que
continúan sirviendo al Señor de manera efectiva. A medida que los creyentes crecen y se hacen más
fuertes, lo mismo sucede con los ataques de Satanás. El cristiano que procura crecer en su
conocimiento de y obediencia a la Palabra, y servir al Señor con mayor fidelidad no descubrirá que el
ministerio le es cada vez más fácil de ejercer. A medida que el Señor otorga dominio sobre ciertas
tentaciones y debilidades, Satanás se dispone a atacar en otras áreas.

Como creyentes, enfrentamos tres enemigos: El mundo, la carne y el diablo (Efesios 2:1–3). El
mundo se refiere al sistema que nos rodea y que se opone a Dios, que abastece “los deseos de la carne,
los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:15–17). La sociedad separada de Dios es una
simple, pero exacta definición del mundo.
La carne es la vieja naturaleza que heredamos de Adán, una naturaleza que se opone a Dios y que
no puede hacer nada espiritual que agrade a Dios. Por su muerte y resurrección Cristo venció al mundo
(Juan 16:33; Gálatas 6:14), a la carne (Gálatas 2:20; Romanos 6:16) y al diablo (Efesios 1:19–23). En
otras palabras, como creyentes no peleamos por la victoria, sino desde la victoria. El Espíritu de Dios nos
capacita, por fe, para apropiarnos de la victoria de Cristo.
Un cristiano que deja de tener luchas en contra del mundo, la carne y el diablo es un cristiano que ha
caído en el pecado o en la complacencia.
Un cristiano que no tiene conflicto es un cristiano que ha retrocedido en la batalla y ha dejado su puesto
en las primeras filas del servicio
¿Qué debemos hacer para hacer frente al enemigo?

1.- Debemos tener una buena PREPARACIÓN.


Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. (6:10)

Nuestra preparación consiste en la FORTALEZA en el SEÑOR. “Algo básico para la vida


cristiana efectiva es la preparación. El creyente no preparado se convierte en el creyente derrotado que
procura servir al Señor en su propia sabiduría y fuerzas. La fortaleza de la vida cristiana radica en la
dependencia de Dios, en fortalecerse en el Señor, y en el poder de su fuerza.

La fuerza del Señor siempre es más que suficiente para la batalla. Nuestra propia fuerza jamás es lo
bastante fuerte para hacer oposición real a Satanás, pero cuando somos fuertes en el Señor, y en el
poder de su fuerza, hasta un poco de su fuerza es suficiente para ganar cualquier batalla
La apropiación de esa fuerza se da a través de los medios de la gracia: oración, conocimiento de y
obediencia a la Palabra, y fe en las promesas de Dios.
Tras varios años de ministerio, Timoteo se volvió temeroso y tímido. Estaba enfrentando tentaciones
más fuertes de lo que esperaba y oposición mucho más considerable. Pablo le escribió: "Por lo cual te
aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no
nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te
avergüences de dar testimonio de nuestro Señor ... Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en
Cristo Jesús" (2 Ti. 1:6-8; 2:1).

2.- Debemos tener una buena PROVISIÓN.


…Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes (6:lla)

A fin de aprovechar todo el poder de la fuerza del Señor, un creyente también debe vestirse de toda la
armadura que Él suministra (2 Ca. 10:3-5). Endu6 (vestíos) alude a una acción que se realiza de una sola
vez por todas, de un Toda la armadura de Dios no es algo que se pone y se quita según la ocasión, sino
algo con lo cual debemos estar vestidos de forma permanente. No se trata de un uniforme que solo se
utiliza mientras se juega un partido y que luego uno se quita al terminar el juego. La armadura de Dios
es el equipo y la indumentaria que acompañan al cristiano de por vida. Es lo que provee de poder divino
a los creyentes, el cual procede de "aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin
mancha delante de su gloria con gran alegría" Judas. 24).

Como el apóstol explica en esos versículos, la armadura del creyente le equipa más allá de los hechos
iniciales y básicos del evangelio, y se convierte en la única manera de vivir la vida obediente, dominada
por las Escrituras y llena del poder del Espíritu, de tal modo que estemos en capacidad de estar firmes.

3.- Debemos tener un buen conocimiento de nuestro ENEMIGO


…contra las asechanzas del diablo. (6:11b)

El cuerpo de espionaje cumple un papel vital en una guerra porque les permite a los oficiales conocer y
comprender al enemigo. A menos que sepamos quién es el enemigo, dónde está, y lo que podemos hacer,
se nos hará difícil derrotarlo. No sólo en Efesios 6, sino a través de toda la Biblia, Dios nos instruye acerca
del enemigo, así que, no hay razón para que se nos tome por sorpresa.
El líder: el diablo. El enemigo tiene muchos nombres diferentes. “Diablo” significa acusador, porque
acusa al pueblo de Dios día y noche ante el trono de Dios (Apocalipsis 12:7–11). “Satanás” significa
adversario, porque es el enemigo de Dios. También se le llama el tentador (Mateo 4:3), y el homicida y
mentiroso (Juan 8:44). Se le compara con un león (1 Pedro 5:8), una serpiente (Génesis 3:1; Apocalipsis
12:9), y un ángel de luz (2 Corintios 11:13–15), así como también “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4).
¿De dónde vino esta criatura espiritual que busca oponerse a Dios y acabar con su obra? Muchos
estudiantes de la Biblia creen que, en la creación original, él era “Lucero, hijo de la mañana” (Isaías 14:12–
15) y que fue echado por causa de su orgullo y del deseo de ocupar el trono de Dios. Hay muchos misterios
en relación al origen de Satanás, ¡pero lo que está haciendo y hacia dónde va no es ningún misterio! Ya
que es un ser creado y no es eterno (como Dios es), está limitado en conocimiento y actividad. A diferencia
de Dios, Satanás no es omnisciente, omnipotente ni omnipresente. Entonces, ¿cómo logra tanto en tantas
partes diferentes del mundo? La respuesta está en sus colaboradores organizados.

Colaboradores de Satanás. Pablo los llamó “principados… potestades… gobernadores… huestes


espirituales de maldad en las regiones celestes” (v. 12). Carlos B. Williams lo traduce: “Nuestra contienda
no es sólo con enemigos humanos, sino con gobernantes, autoridades y poderes cósmicos de este mundo
en tinieblas; es decir, con las fuerzas espirituales del mal que nos desafían en la contienda celestial” (The
New Testament in the Language of the People [El Nuevo Testamento en Lenguaje Popular]). Esto sugiere
que hay un ejército definido de criaturas demoníacas que ayudan a Satanás en sus ataques contra los
creyentes. El apóstol Juan insinuó que una tercera parte de los ángeles cayeron con Satanás cuando éste
se rebeló contra Dios (Apocalipsis 12:4), y Daniel escribió que los ángeles de Satanás luchan contra los
ángeles de Dios por tomar el control de los asuntos de las naciones (Daniel 10:13–20). Hay una batalla
espiritual que se está librando en este mundo, en la esfera de lo celestial, y tú y yo somos parte de esta
batalla. Conocer esto hace que el andar en victoria sea una cosa de vital importancia para nosotros y para
Dios.
Lo importante es que nuestra batalla no es contra seres humanos. Es contra poderes espirituales.
Perdemos tiempo cuando peleamos contra la gente en lugar de hacerlo contra el diablo que busca controlar
a la gente y hacer que se oponga a la obra de Dios. Durante el ministerio de Pablo en Éfeso tuvo lugar un
alboroto que podría haber destruido la iglesia (Hechos 19:21–41). No fue causado sólo por Demetrio y
sus socios, porque detrás de ellos estaba Satanás y sus asociados. Con certeza que Pablo y la iglesia oraron
y la oposición fue silenciada. La advertencia del rey de Siria a sus soldados se puede aplicar a nuestra
batalla espiritual: “No peleéis ni con grande ni con chico, sino sólo contra el rey” (1 Reyes 22:31).

Las habilidades de Satanás. Las amonestaciones que Pablo dio indican que Satanás es un enemigo
fuerte (vs. 10–12), y que necesitamos el poder de Dios para enfrentarlo. Nunca subestimemos el poder del
diablo. ¡No por nada se compara con un león y un dragón! El libro de Job cuenta lo que su poder puede
hacerle al cuerpo del hombre, a su hogar, a sus riquezas y a sus amigos. Jesús dice que Satanás es un
ladrón que viene “para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10). Satanás no sólo es fuerte, sino que también
es sabio y astuto, y peleamos contra “las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11). “Asechanzas” significa
astucia, maña, estratagema. El creyente no puede permitirse ignorar “sus maquinaciones” (2 Corintios
2:11). Algunos hombres son astutos y vivos y “emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:14),
pero detrás de ellos está el engañador principal, Satanás. Se disfraza como ángel de luz (2 Corintios 11:14)
y busca cegar la mente de los hombres ante la verdad de la Palabra de Dios. El hecho de que Pablo use la
palabra “lucha” indica que estamos involucrados en una batalla mano a mano y que no somos simples
espectadores de un juego. Satanás quiere usar nuestro enemigo externo, el mundo, y nuestro enemigo
interno, la carne, para derrotarnos. Sus armas y planes de batalla son formidables.