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Bernárdez, Enrique, Viaje lingüístico por el

mundo: Iniciación a la tipología de las lenguas,


Madrid, Alianza Editorial, 2016, 317 páginas.
Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan.
(Fernández Flórez, El Bosque Animado)

«La diversidad lingüística es un hecho natural» (p. 275). Esta


es una de las conclusiones a las que llega Enrique Bernárdez en
su última obra: Viaje lingüístico por el mundo, un libro que nos
propone una visita detallada por ocho lenguas habladas en
variopintas regiones del mundo. Así, aquel lector ávido de
conocer la diversidad lingüística del planeta encontrará en esta
obra un pasaporte para visitar monumentos lingüísticos de
distintas épocas, zonas geográficas y culturas. Diversos lingüistas
habían hecho aportaciones en castellano a propósito de las
distintas lenguas que componen el mapa lingüístico global (p. ej.
Junyent y Muncunill, 2010; Martí et al., 2006). Lo novedoso del
enfoque de Bernárdez reside en permitir que el lector conozca
rasgos más específicos y singulares de diversas lenguas antiguas
y recientes, en lugar de seguir la tendencia centrada en la
descripción sistemática de rasgos comunes de distintas lenguas
dentro de una familia, sin llegar a entrar en detalle. Es así como
Bernárdez da la oportunidad al lector de convertirse en viajero, y
no simplemente en turista.
La obra que nos ocupa, recientemente reseñada por Jiménez
Palmero (2016), constituye la más reciente aportación en formato
de libro de un catedrático que ha brindado más de 45 años de
dedicación y trabajo a la ciencia en general y a la lingüística en
particular. Viaje Lingüístico por el Mundo sigue la estela que

[Dialogía, 12, 2018, 235-241] Recibido: 26/04/2018


Aprobado: 09/11/2018
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Bernárdez dibujó en obras previas como El Lenguaje como Cultura


(2008) o ¿Qué son las lenguas? (1999), encuadrándose en una
tendencia que ha ganado en relevancia y aceptación en las últimas
décadas hasta convertirse en prevalente: el lenguaje (y, por tanto,
las lenguas) no emerge aislado del resto de funciones cognitivas
y sociales del ser humano, sino que se entrelaza con ellas para
formar un conjunto de competencias que se retroalimentan y
cuyo resultado es la existencia de la herramienta más poderosa y
efectiva para la interacción social (p. ej. Evans 2014, Cuyckens y
Geeraerts 2007). Sin embargo, Bernárdez mantiene firme su
compromiso con la divulgación científica desde una perspectiva
abierta y huye de cualquier religión o dogma lingüístico,
ejerciendo de guía en nuestro viaje “no a través de postulados
teóricos ejemplificados, sino de la realidad de lenguas concretas”
(p. 13).
El libro está dividido en dos partes que se desarrollan tras una
breve introducción a modo de índice de conceptos lingüísticos a
los que se aludirá en el grueso del texto. En la primera parte,
Bernárdez se ocupa de abordar el tema de la gran diversidad
lingüística existente en el mundo a modo de presentación. En un
fructuoso esfuerzo por dar cuenta de los factores que se hallan
detrás de la existencia de múltiples lenguas, el autor cita y
desarrolla la teoría de las zonas lingüísticas propuesta por
Johanna Nichols, aludiendo a factores históricos (p. ej.
migraciones, cambios de hegemonía político-económica…)
como los principales causantes de la multiplicidad lingüística (p.
39). Así pues, respaldando la teoría inicialmente apuntada por
Tomasello (2005), Bernárdez se erige como un firme defensor de
la visión del lenguaje como actividad para explicar la diversidad
de lenguas, la cual es vista como algo natural e inevitable. El
siguiente tramo se centra en describir el estudio de la diversidad
lingüística y la agrupación de lenguas en distintas familias, lo cual
es expuesto con el rigor que caracteriza al autor. De este modo,
el lector es informado de las ventajas, desaciertos y limitaciones

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que presentan ciertos enfoques a la cuestión, como el método


histórico-comparado, la comparación multilateral o las nuevas
perspectivas en la agrupación de lenguas. Por último, esta parte
introductoria concluye con la clasificación de las lenguas
atendiendo a criterios tipológicos, donde se apunta la mayor
validez de las clasificaciones de base sintáctica frente a las de base
morfológica, si bien las primeras también presentan ciertos
problemas.
En la segunda parte de la obra emprendemos rumbo a ocho
lenguas que fueron elegidas siguiendo distintos criterios que las
hacen peculiares, incluyendo en la visita los rasgos más
característicos y tipológicamente llamativos de cada una (p. 14).
De este modo, pese a que todas las visitas comienzan con un
breve apunte histórico-dialectal seguido de un sucinto análisis
fonológico, cada una de ellas tendrá un énfasis distinto, ya que
hay rasgos más peculiares que otros, al igual que al viajar por
distintos territorios encontramos distintos monumentos (p. 13).
Es aquí donde iniciamos un viaje apasionante por distintas
lenguas y culturas del mundo, sin exhaustividad, pero con alto
grado de detalle.
La primera lengua solo podía ser la más antigua que se ha
documentado: el sumerio (llamada eme-gir por los sumerios, sur
de Mesopotamia, actual Iraq). En esta parada, el viajero tendrá la
ocasión de conocer la importancia de la distinción entre seres
animados e inanimados para esta lengua extinta (p. 90) o de
entrar en contacto con un concepto recurrente en la obra: la
ergatividad (p. 99). El segundo destino del viaje es el groenlandés
(o kalaallisut en lengua local, Groenlandia), una lengua carente de
flexión temporal (p. 122) y que conserva una cuarta persona
gramatical (p. 123), además de un interesante rasgo diatético: la
voz antipasiva (p. 126). La tercera parada es una de las más
exóticas del recorrido: el samoano (o Gagana Sāmoa, archipiélago
de Samoa, Pacífico Sur). El lector descubrirá cómo no existe una
diferencia real entre sustantivo y verbo, ya que en samoano no se

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distinguen nombres y acciones, sino más bien estados o


procesos, cosa que también afecta a las palabras que
comúnmente se consideran adjetivos (p. 141). Asimismo, se
contemplará la peculiar manera de comunicar los hechos y
eventos por parte de los samoanos, quienes prefieren no indicar
quién hace la acción (p. 148). Antes de marcharnos, el autor
menciona otros rasgos de esta singular lengua, incluyendo el
peculiar uso de los artículos (p. 150), la distinción entre
pronombre inclusivo y exclusivo (p. 152) y la noción cultural de
posesión alienable e inalienable (p. 157). La primera mitad del
viaje en cuestión termina con el burúshaski (Paquistán), un destino
asilado lingüísticamente (al igual que el primero, el sumerio) que
cuenta con cuatro géneros gramaticales (p. 171) y un complejo
sistema de formación del plural con «más de treinta posibles
desinencias de plural» (p. 174). Otros de los monumentos más
exclusivos de este destino son la existencia de un sufijo
indeterminado a pesar de la inexistencia de un artículo
determinado (p. 174) y la posibilidad de «sobredeclinar» el verbo,
proceso a través del cual se pueden combinar distintas
desinencias de caso (p. 178).
La segunda mitad del viaje se inicia con el quinto y menos
poblado destino: el cha’palaa o cayapa (Ecuador). En esta parada
el viajero tendrá la ocasión de entrar en contacto con fenómenos
lingüísticos menos comunes como la evidencialidad o
mediatividad (p. 197), así como la importancia de la noción de
movimiento en la cultura cayapa, lo cual repercute en la
formación verbal (p. 202). El recorrido continúa en nuestra sexta
parada, el swahili (o kiswahili, originaria de Kenia, Tanzania e islas
aledañas, lingua franca en África Central y Oriental), la cual
contrasta con la anterior al ser la de mayor población. En ella, el
lector dedicará tiempo observando rasgos fonológicos menos
comunes en su ámbito lingüístico, aunque muy habituales en
África (p. 212). Pese a su pertenencia a la familia bantú, el swahili
carece de sistema tonal, lo que no impide que nuestro guía

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aproveche la ocasión para informarnos de la tonalidad, un rasgo


lingüístico muy común (p. 215). La penúltima parada nos lleva al
islandés (o íslenska, Islandia) una de las lenguas más jóvenes y
seguramente una por las que Bernárdez siente más apego, dada
su trayectoria académica. El autor aprovecha la parada en la
cultura quizá más similar a la nuestra dentro del viaje para realizar
una interesante reflexión sobre lengua y sexismo (p. 238).
Asimismo, el lector observará la voz media (también existente en
español) y el interés de esta lengua por aclarar el grado de
responsabilidad de alguien en la realización de una acción (p.
260). Nuestro viaje termina en la estancia más breve, que
corresponde a la única lengua criolla del recorrido: el papiamento
(Antillas Holandesas e islas de Aruba, Curaçao y Bonaire, Mar
Caribe). En ella descubrimos cómo la ajetreada historia de la
zona geográfica donde se habla repercutió en la lengua, lo cual
sirve al autor para explicar el proceso de criollización y cómo se
suele, injustificadamente, desprestigiar a las lenguas resultantes
del mismo (p. 268). Por último, el autor ofrece una serie de
ejercicios que refuerzan el carácter instructivo de su obra con el
objeto de consolidar y poner en práctica los conocimientos
adquiridos durante las distintas visitas.
Con esta rigurosa y sugestiva obra, Bernárdez pretende
darnos a conocer la vasta inmensidad lingüística que atesora
nuestra especie. Tal y como sugiere el subtítulo del libro, aquellos
estudiosos de la lingüística encontrarán una herramienta con la
que poder apreciar el campo de la tipología, así como las ideas
básicas para emprender estudios relacionados con esta área. Sin
embargo, el libro está escrito con un carácter didáctico que
permite que aquellas personas no especialistas que estén
interesadas en las lenguas del mundo puedan asimilar la
información contenida a través de una lectura atenta. Con ello,
el autor consigue abrir la mente del lector hacia formas menos
familiares de estructurar el lenguaje. Esto le hará plantearse la

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adecuación de viejos mitos y falacias relativos al lenguaje y al


prestigio de las lenguas.
En definitiva, Viaje lingüístico por el mundo es una feroz defensa
de la diversidad lingüística y cultural que nos invita a reflexionar
acerca del valioso patrimonio cultural que constituye el lenguaje
en general y las lenguas en particular. De él se desprende la
necesidad de implicarse en la conservación y protección de las
distintas lenguas que componen el mapa lingüístico mundial, ya
que «cada una representa una forma de organizar y expresar el
mundo» (p. 275). Pese a que su anterior obra, El lenguaje como
cultura, dé mayor cuenta de la relación existente entre cultura y
lengua, Viaje lingüístico por el mundo constituye otra contribución
provista de claros ejemplos de una verdad que cada vez es más
irrebatible: el lenguaje no es una facultad aislada e independiente
del resto de contexto socio-cultural. Al contrario, este influye, en
combinación con factores cognitivos, biológicos e históricos, en
el desarrollo y evolución del mismo. Sin duda, este hecho habría
de servirnos a los lingüistas para tender puentes con el resto de
la sociedad, especialmente con aquellos sectores que ven en la
lingüística un campo ajeno a las inquietudes sociales y aislado del
resto de disciplinas científicas.
A modo de postdata considero necesario señalar algunas
erratas e imprecisiones incluidas en la versión final impresa que,
sin rebajar la calidad del contenido del libro ni el trabajo del
autor, desmerecen la presentación de la obra: la nota al pie en p.
68 (número 8 en la sección) comienza con el número 11, cuando
probablemente no se pretendía su inclusión; la noticia a la que se
refiere el autor en p. 94 como publicada en La Vanguardia el 4 de
agosto de 2014 fue, en realidad, publicada el 5 de abril de 2013;
no quiero en p. 122 pretendía seguramente decir no quiere;
seontimiento p. 202; en p. 212 las grafías respectivas de las
consonantes l y r en la grafía estándar (columna de la derecha)
aparecen unidas, cuando deberían estar separadas.

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Referencias bibliográficas

Bernárdez, Enrique (1999): ¿Qué son las lenguas?, Madrid, Alianza.


––– (2008): El lenguaje como cultura, Madrid, Alianza.
Cuyckens, Hubert y Dirk Geeraerts, eds. (2007): The Oxford
Handbook of Cognitive Linguistics, Oxford, Oxford
University Press.
Evans, Vyvyan (2014): The language myth: why language is not an
instinct, Cambridge, Cambridge University Press.
Fernández Flórez, Wenceslao (1986): El bosque animado, Madrid,
Anaya.
Jiménez Palmero, Diego (2016): Reseña de Viaje lingüístico por el
mundo: Iniciación a la tipología de las lenguas, de E. Bernárdez.
Estudios Interlingüísticos, 4, 121-124.
Junyent, M. Carmen y Cristina Muncunill (2010): El libro de las
lenguas, Barcelona, Octaedro.
Martí, Fèlix, Paul Ortega, et al. (2006): Palabras y mundos: informe
sobre las lenguas del mundo, Barcelona, Icaria.
Tomasello, Michael (2005): Constructing a Language: A Usage-Based
Theory of Language Acquisition, Cambridge, MA: Harvard
University Press.
Javier Olloqui Redondo
Universidad Complutense de Madrid


Javier Olloqui Redondo es licenciado en Filología Inglesa por la
Universidad Complutense de Madrid en 2013 y realizó un máster en
Lingüística Cognitiva en la Universidad de Bangor (Reino Unido),
culminando en 2015 con una tesina sobre cognición y lenguaje espacial en
inglés y español. Actualmente, es doctorando en el programa de Lingüística
Inglesa de la Universidad Complutense de Madrid. Su artículo más reciente
se titula ‘La patria en el discurso político de Pablo Iglesias: La construcción
del concepto de patriotismo constructivo a través del lenguaje metafórico’,
publicado por Cuadernos de Investigación filológica a finales de 2016. Asimismo,
ha realizado ponencias en diversas instituciones, tanto de Reino Unido
(Edimburgo, Bangor), como de España (Alcalá, Sevilla, Complutense y
Comillas).

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