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NAVIDAD: EL ROSTRO DE LA HUMILLACIÓN Y LA EXALTACIÓN

Dependiendo de las costumbres y los lugares, preparan sabrosas cenas, gastan enormes cantidades de dinero para demostrar
nuestro amor por los seres que más amamos. Visitamos a los amados y a los que hace mucho no vemos. Enviamos correos
electrónicos y saludos deseando felicidades.
Contamos a los niños sobre “Papa Noel”, “Santa Claus” o como se le denomine. Se busca el mejor árbol para adornar nuestra
sala. Ponemos un moño rojo en la puerta, aunque no sepamos su significado.
Compramos cohetes y bengalas para que disfruten nuestro hijo. Para terminar, armamos un pesebre que colocamos bajo el
arbol porque es tradición.

Pero, ¿haz notado algo? El verdadero actor de la navidad no está presente.


La navidad es la conmemoración del nacimiento de Jesús. Obviamente no nació un 24 de Diciembre. Mucho menos a las doce
de la noche. Meses más, días menos, lo importante es que Jesús nació.
Él vive hoy entre nosotros y espera habitar dentro del corazón de cada uno de los humanos.
Nació para salvarnos del pecado que reina en nosotros.
Invítalo a tu mesa este año. Celebra el que haya nacido. Él es el centro de la celebración, más que un árbol o un hombre de
rojo que reparte regalos.
El regalo ya nos lo hizo Jesús al nacer siendo Dios y morir en la cruz por nuestros pecados.
Celebremos una navidad distinta.

 EL ROSTRO DE LA HUMILLACIÓN
1. Isaías comienza diciéndonos que el mismo quien es el Dios Altísimo también es el niño que ha nacido. El Padre eterno es
ahora el hijo dado. El descenso divino no pudo ser más grande. Dios haciéndose hombre. ¡Bendito misterio! El que ha sido en
forma de Dios como lo expresa Pablo a los filipenses “no le importó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino
que se despojó así mismo, tomando forma de hombre…” (Fil. 2:6). O como lo expresó Juan, quien, al hablarnos de la
Navidad, no lo hizo en términos de cumplimientos proféticos, o haciendo alusión a sitios geográficos, sino que se encumbró
entre la filosofía y la teología al decirnos que “aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria
como la del unigénito del Padre, lleno de gra cia y de verdad”. La Navidad es “Emmanuel”. Dios se hizo como uno de
nosotros.
2. De manera que lo primero que nos dice el profeta fue que él fue dado. Dado de una manera libre. Es dado para todos por
el puro afecto de la voluntad divina. Fue dado por el exclusivo amor de Dios: “Porque de tal manera amó Dios al mundo
que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Fue dado, y lo único que se hace con un regalo es recibirlo. Las religiones que “venden” su fe ignoran que Dios ha dado a su
Hijo. De modo que Cristo fue dado para la salvación de la humanidad. En todo caso, la misión del ángel fue la de anunciar su
nacimiento al decir a los pastores: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David un salvador que es Cristo el Señor” ¿No es esto
algo sublime?
 EL ROSTRO DE LA EXALTACIÓN
1. Después que Isaías nos habla del niño que nos ha sido dado, presentándonos con eso todo un estado de humillación,
ahora nos muestra el otro rostro de la Navidad: su exaltación. Y lo primero que dice es que ese bebé iba tener “el principado
sobre su hombro”. Muchos infantes o infantas, quienes son los herederos de alguna realeza, lo han sido para su país. Pero
el único infante que nació para tener el “principado”; o sea, el dominio universal, se llama Jesús. Ese testimonio lo comprobó
Pablo, quien tuvo un vivo encuentro con el Jesús resucitado: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de
la Deidad” (Colosenses 2:9). Y Juan dijo: “Y el verbo se hizo carne… y vimos su gloria”

2. Normalmente estamos acostumbrados, en especial para este tiempo de Navidad, a escuchar el nombre del “Niño Jesús”.
Sobre el mismo se ha hecho toda una tradición que se asocia con los regalos y costumbres de la época. Pero cuando
analizamos los nombres que el profeta le dio a ese “hijo que nos es dado”, vemos que tales nombres se salen de lo temporal
para conducirnos a lo eterno. Todos son nombres que lo exaltan. Es como se ha dicho: “Cinco Títulos para un sólo Bebé”.
ahora él es Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.

 ADMIRABLE: Jesús es admirable porque reúne en sí mismo el lado divino, pero también el humano. Él es admirable
en su carácter. Su bondad, amor y misericordia no han sido visto en ningún otro ser. La hermosura de su santidad
acompaña este nombre. Pero sobre todas las cosas, sus obras, todas, son admirables. Todo él es admirable.

 CONSEJERO. Lo es en primer lugar por su sabiduría. De él dijo el mismo profeta Isaías “Y reposará sobre él el Espíritu
de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor
de Jehová” (Isaías 11:2).

 DIOS FUERTE. Jesús fue el Mesías prometido pero también es Dios mismo. Esto es lo que muchos ni entienden ni
quieren aceptar. ¿Por qué afirmamos esto? Porque nadie pudo hacer lo que Jesús hizo, a menos que fuera Dios
mismo. ¿Quién ha hecho los milagros que solo Jesús ha hecho? ¿Quién es el único que se ha atrevido a perdonar
pecado? ¿Quién ha caminado sobre el mar? ¿Quién ha resucitado de la muerte venciendo a todos los enemigos que
nos esclavizaban?
 PADRE ETERNO. Cuando la Biblia nos habla de Dios como Padre, nos revela una de las figuras más tiernas y
compasivas que se conozcas. Pero además nos refiere a Dios como el creador, protector y sustentador. Sin embargo,
nos está diciendo que el niño de Belén también es el Padre eterno, de modo que es más que un padre humano que
cuida a sus hijos. Los padres terrenales mueren o abandonan a sus hijos. No será lo mismo con nuestro Padre eterno.
Él siempre estará allí para bendecirnos.

Pero sobre todo, el niño de Belén sería el PRÍNCIPE DE PAZ. Así lo declararon los ángeles la noche que Jesús nació: “¡Gloria
a Dios en las alturas y en la tierra paz…!”. Jesús vino a ponerle un cese a los conflictos del alma, la primera batalla que el
hombre libra. Vino a darle paz al espíritu angustiado. A poner en reposo a la conciencia culpable. A dejar que un hombre
atormentado por demonios ahora pueda estar: sentado, vestido y en su juicio cabal. Cristo vino a sacar a los hombres del
dominio de la oscuridad donde Satanás les tiene esclavizado para trasladarlos al reino de la luz.

CONCLUSIÓN: La Navidad tiene, por lo tanto, estos dos rostros: la humillación y la exaltación. El niño que “os ha nacido
hoy”, según les dijeron los ángeles a los pastores, confirmando con esto la profecía de Isaías, nos muestra la humildad de la
Navidad. Pero esto por su encarnación. Sin embargo, ahora él es Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre eterno, Príncipe
de paz. ¿Quién es Jesús para ti? ¿Sigue siendo el niño de Belén, o es lo que dijo el profeta Isaías? ¿Es él tu Príncipe de paz,
tu Dios fuerte, tu Padre eterno, tu Consejero? ¿Es Jesús Admirable para ti? No hubo un lugar para él nacer cuando vino a la
tierra. Hoy busca tu corazón para nacer. ¿Le permitirás nacer en tu vida hoy?